Por:
Verónica Valdés Salmerón
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Fecha:
2020
Para la transmisión de conocimientos, valores, normas o actitudes dentro de un salón de clase, es importante la participación de todos los actores educativos que acompañan a los jóvenes, pues tienen el objetivo de conocerlos, entenderlos y guiarlos, ya que educar es orientar para la vida. Desde hace décadas, la orientación educativa y tutoría son parte importante del sistema educativo, ya que mientras la primera implica una tarea con la colaboración de padres de familia, profesores e instituciones, así como el desarrollo de acciones de acompañamiento socioemocional; la segunda ayuda a mejorar el rendimiento de los alumnos, parte fundamental para facilitar las actividades que propicien la aplicación de estrategias y técnicas para la auto orientación cognitiva y pedagógica de los estudiantes, así como el desarrollo de acciones de acompañamiento socioafectivo. En el contexto del Bachillerato General, la orientación educativa tiene como propósito el desarrollo integral del alumno atendiendo diversos aspectos que permiten reafirmar su personalidad mediante valores, actitudes, conocimientos y habilidades que contribuyan a la adquisición de aprendizajes para construir un proyecto de vida. Al igual que la orientación, la acción tutorial apoya el desarrollo del bachiller, pero desde la prevención de los problemas de rezago y deserción escolar favoreciendo, siempre, la superación académica, los procesos de pensamiento, la toma de decisiones, la solución de problemas, así como el sentido de responsabilidad que afiancen dicho plan de vida.