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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 144 y 145

Por: | Fecha: 31/03/1900

AN01V Bogotá, Marzo 3 1 de 1900 SU M. 1« y 145 ---··~--- ORGANO DEL MINI 'fERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DJUCTOil AD-HONOAEM, FRANOISOO J. VERSARA y V. General, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefe• 7 Oft.ciales del Ejército de la República OFif~IAI. (26 DI! FEBR.2RO) por el cual se abren varios créditos •uplementales al Presupuesto de Gastos tlel .Wiftia­terio de Guerra correapoodiente al bienio de 1899 y 19oe El PrnitltnU "' la Repú/J/ittt En uso de la atribución que le confiere el arde ulo 121 de la C•as­tituci6n, y CONSIDERANDO Que por razón de la guerra y de la organización consiguiente e~ un numeroso Ejército como el que hoy mantiene la República, el a - mento de los gastos ha sido proporcional, y son insuficientes las partidas sefialadas á varios Capítulos del Presupuesto de 1899 y 1900, y Que el Consejo de Ministros ha determinado la apertura de loe créditos suplementales de que se tratará en seguida, OECR~TA Artículo único. Abreose al Presupuesto de Gastos del Minietcrie· de Guerra, correspondiente al bienio de J 899 y 1900, los siguiente~ ~réditos suplcmentales: Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN Hl.LITAB VIGENCIA DB 1 899 Y 1900 rJ~jJartament6 de Guerra-Capítulo 40-Ministtrio de Guerra- Material Art. 293. Para gastos de escritorio y aseo del Minis-terio. . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . • . . . . . • • - .... $ C apítul(/ 41 -Ejército de la República-Penonal Art. 294. Para el gasto que ocasione el personal del Ejército . . . . . . . . . . . .. ....................... . Art. 29 5. Para personal de E s tados Mayores, Audi­torías, Parques y demás empleados administrativos del Ejército ........ . ...•...•.... . ...............• Capítulo 42 - Ejército de l a República- Material Art. 296. Para arrendamicn to y reraración de e uar-f. OOO 7.000,000 1.200,000 teles y parques.... . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Ioo,ooo Art. 297. Para compra de armamento y municiones. to.ooo,ooo Art. 298. Para gastos de vestuario, equipo y menaje, escritorio, alumbrado y lavado, empaques, transportes, co-misiones, mobiliario, pastajes y otros gas tos cau~ados por la fuerza pública. . . . . . . . . . . . . • . . • . • • . • . . . . . . . . . . 1 o .ooo,ooo Capítulo 43-Marina de Guerr.:z-Personal y material Art. 299. Sueldos de los empleados de las cañ0neras La P1pa, Boyacá, General Nariño, Cruuro Córdoba y de las demás embarcaciones que se juzguen necesarias para las costas de la República... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5oo,ooo A~t. ,3?0- Para provisiones de personal, combustibles y demas uttles...... . . . . . . . . • . . . . • . . . . . . • . . • . . . . . Joo,ooo Capítulo 44-Hospitales militarts-J1tateria/ Art. 302. Para los gastos de ropa, muebles, enseres, medicamentos, escritorio, a] umbrado, etc .............. . 170,000 Capítulo 45-Gnstos varios Art. 305. Para gasto~ imprevistos de este Ministerio. 6o,ooo Suma.... . . . ...••..•.... $ 29·334,000 \ Por el Ministerio de Guerra se dará cuenta de este Decreto al Congreso en sus próximas sesiones, de acuerdo con el artículo 6.e de la Ley 19 de 1894. Dado en Tena, Departamento de Cundinamarca, á 26 de Febrero ele 1900. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Gobierno, RAFAEL M. PALACio-El Ministro de Hacienda, CARLos CALDERÓN-El Ministro de Guerra, Jos:R SANTos­El Ministro del Tesoro, MARGELIANO VARGAs-El Ministro de Instruc­ci6n Pública, MARCO F. Sv.Á1taz. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN JdiLITAk 355 SE~;ciON DOCrrBINAL TABLAS UE TIRO Con el nombre de tablas d~ tire se designan unas tabl..ts uu­méricas, de doble entrada, que dan los elementos dd tiro para cada boca de fuego y para cada género de tiro de la pieza en referencia. A la cabeza de las tablac: figuran las indicaciones concernientes al pesfl de la carga ó cantidad de pólvora necesaria para el disparo, el peso del proyectil, la velocidad inicial, e~ decir, la con que el pro­yectil sale del caiión, y el ángulo de altura, porque el conocimiento de esos elementos es indispensable para reglar el tiro. Cuanto al cuadro, contiene una serie de columnas que de or­dinario se disponen en el orden siguiente: I . 0 Aleonas ó distancias, de I oo en 1 oo metros; 2.0 Alzas, expre aJa en milímetros; 3. 0 Desvíos, expresados en la misma unidad y que juntos con lo anteriores permiten obtener en cada caso la línea de mira corres­pondiente á un alcance dado; 4·u .Angula de t;ro, para obtener los mismos alcances ó distancias cuando en vez de alza e apunta con el nivel de puntería; 5.0 Angulo de caída, correspondiente á los di­versos ángulos de tiro, para así determinar la forma de las dos ra­mas de la trayectoria; Ó. 0 Yelocidades restantes, que indican la fuer­za de traslación que el proyectil ha perdido en cada aistancia por la resistencia del aire; 7. 0 Duración del trayato, en segundos; 8.0 Desvzos de los proyectilu, ósea el número de metros que ellos se alejan á la derecha de la prolongación del eje de la pieza en cada al­cance; 9.• Flechas máximas de la trayectoria, ósea la altura máxima á que el proyectil pasa sobre el plano del cañón en cada caso y co­rresponde al punto de unión de las Jos ramas de la trayectoria; ro. 0 , 11.0 y 12.o Duvíos probables en alcance, dirección y altura para las correcciones de la puntería, y 1 3· '? y 1 4· 0 Zonas peligrosas, para la caballena y la infantería, ósea el número de metros en que antes del blanco el proyectil pasa á tal altura del suelo que alcanza á herir un jinete ó un hombre de pie que esté colocado en el plano vertical del tiro. Estos di ver os datos permiten efectuar el tiro del cañón en toda circunstancia con perfecto conocimiento de causa. Otras tablas dan los mismos elementos no ya para el tiro diruto ó con carga normal, sino con cargas variables con el alcance por ar­gumento. Al reprvducir en seguida las tablas de tiro de los cañones que constituyen nuestra artillería de montaña, naturalmente principia­remos por las del Bange, por constituír éste el material regular, ya que )os otros sistemas en uso apenas pueden mirarse como auxiliares~ ó 5ea como material irregular. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. CAÑON BANGE-TABLA PRIMERA Tiro directo: carga 400 gramos de pólvora: C 1 -peso del proyectil 5.605; vel cirtatl inicial, ~51 (Comisión de Bourges, Diciembre de 1879) Aogulo de altnra, 40' o ~ ANGULOS ~ ~... P&l B.ABLBI ZONA P& • 2 "" DI:SVJOI - 1 ~ - ~ : LIGROII.A ~ _e ª á .::: ""' E Metros M etros 'O i ~ ~~ !! ] "' .o 1 .~ ~ ~ ! o ~ ~ ~ .g ~ -: :g = ~ ~ ·~ ~ 4 ~ z 1 ;. .!:: ~ •ü ~ ~ &, '~ ~ ~ ~ ~ ~ .:. :! !!!! co ~ ... u ..=!~ .... Q .,~ c.a.... co ....... tD QJ • .. ..-: ~ ~ "' "' ..,..e; l ::sen ..,,... ~,.e; s:: s:: s:: e i5 1 ü o .ü 1 4 1 8.9 o 2 0.2 6oo 13. 6 o .5 1 3.') 2.20 2 ,~0 2 o 0.8 6 8 9 0.2 0 .3 200 tsol 600 18.0 0.5 2.0 2.50 :l40 2.4 1 1 8 :8 9 0.3 o 4 1 700 22.0 1.0 2 30 3.25 235 2.85 J .4 1 J 8.9 o 3 0.5 800 26.0 J .O 3.0 1 3.55 2351 3 . 3 1.7 H 9.0 O 4- 0.6 69 51 1 900 30.5 }.(1 3 30 4.30 ;l30 3.15 2.1 18 9.0 o 5 o 7 ' 1,00l• 35.0 1.0 4.0 1 5.0 2301 4 2 2 ~ 2~ 9.0 0 .6 0.8 . 1,1011 39.0 }..'j 4.30 5 .35 225 4.6:> 3.0 27 9.0 0.7 0 .9 1,200 43 5 1.5 5 .0 6 . 15 225 lU 3 5 3:l 9.1 0 .8 J. O BO ~3 1 1,300 4~ . 5 1 5 5.30 6.:,o 220 5 M 4 1 3H 9. 1 O 9 1.1 ' 1,400 53.0 1.') 6 .5 7.30220 6 .0 47 44 92 1.0 1.2 1,600 58.0 2.0 6.35 8 . lCJ215 6 .5 53 51 92 1.1 13 Cl,&OO 630 20 7 . 10 8.50215 7.0 60 59 9.3 13 1.4 1,100 68.o 2.0 7.4:) 9 . a5 210 7.6 6.8 68 9.4 1 5 1.5 1,800 73 . 5 2.0 8.20 10.20 21<1 8 .0 7 .7 77 9 5 1 7 l. 7 1,900 79.0 2.5 9.0 Il-5 210 8.5 8 7 87 9.6 1.9 1.9 2,ooo 84 o 2. 6 9.3.5 11.50 ~o 9 .o 9.8 9~ 9 .8 2 1 2.1 21 u 2,1001 HO.O 2.h 10.15 12.40 205 9.61 10. 9¡'110 10 O 2 .4 2 3 2.200 96.0 3.0 10.60 13.30 20.:> 10.1 12 1 122 10.2 2.7 2.5 :l,soo 102.0 so 11.30 a .·w 2ou 10.1 13.4 135 10 .5 3.0 2.1 15 11 2.400 108.0 3.5 12.15 15~ 10 200 11.2 14.8, 1 ·1 9 10.8 3.4 2 .9 2500 114.5 3.5 12.55 16 ~ 200 11.8 16.4.1164 11.1 3.8 3.2 1 , 1 2 600 121.5 3.5 18.40 17.0 195 12 4 18 2 11 180 11.5 4.2 8.5 ~ ~·700 128. 5 4.0 14.25 18.0 195 13.0 20. 1 198 120 4.7 38 12 9 2:800¡ 136 6 4 .0 15.10 19.0 195 13 .6 22 1 218 ¡2.5 52 4-.2 2 900 143.0 4.5 15.55 20 . ~ 190 14 2 24 2 239 13.0 58 47 3'ooo 1 151.0 4.5 16.45 21.10 I9o 14.9 26.5¡ 261 18.6 6.5 5 .2 ' , 1 · 1a 100 159.0 so t7.40 22 20190 I5.6 29.01 286 14 2 7.2 58 a'2ool67.5 5.01830 23.30190 163 31.81 310149 s .o 6.5 3'3oo11n.o 55 19 . 30 24.45 19u 11 o 34.8 337 15 7 8 9 12 9 J 7 l s'4oo! l86.5 6.o 20.30 26.0 185 118 38.oj 366 16 6 9.9 8.1 j •1 ¡:a:soo 197.0 6. 6 21.30 21.20 185 18.6 42.ol 398 11 6 1 10 9 9 1 9 tJ ! 3.600~ 208. 0 7.0 22.35 28.45 185 19.4 46.0 433 18.7 12 1 10 3 j ~ 700 220 . .5 7 5 23.45 30.15 !85 20.3 51.0 472 19 9 13 5 11 6 5 3 a;8oo 234.0 8.5 25.5 3t.50 185 21.2 57.o 1 515 21.8 J5.o 13. 2 ... 3 1 a,go 249.5 9 o 26.30 33.35 180 22.2 65.o '63 22 9 16 8 15.2 a ~ -t,OOO 266.5 10.5 28.5 35.35 180 23.3 74.0 620 24.8 19.0 17.7 .•...... -t,too ....... 12. 0 2~.55 a7.551SO 24.6 86.o 658 27.4 21.1 21.0 ~::: ·.:::. -t,IOO .•••• 14 5 32 20 40.50 180 26.2 104.0 774 30 4 25 4. 26.3 . • • • • . •.~oo ..•.. 20.0 36 2 0 45.20 180 28. 6 140 o 916 36.2 32.1 a6.o ... . . . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE'I'ÍN MILITAR 357 " . 1 } TA.EL.A.. SEG-LT~D.A.. ro COR carga mediana: cuga, ok300 de pólvora C¡ -Peso d~l proyectil, sk6os Velocidad inicial, 216 (Comiaión de Bourgea, Diciembre de 1879) hgulo de elevacion o altura, 35' ..¡ u z ;5 1 ANGULOS 1 ~ la < lo4 ~ "" "" 1 DRsvios PROBABLES ZONA PE ~ LlOROSA o-1 < ,o < - o e ~ ~ t;~ E .. ~ i 1 < N ~ < o "" ~ ~ Q ~ ~ ~ ~ ¡;: ~ ; :¡ -9 ~ Q.,. '<•:::!:~ z ~ e ~ -~ -g ., e < !:; ~ ~ g~~~~~=~ ~ ,_¡~ , "'~ :;;~ ~~ ~ ~ ~ ~ ~ e .,.. Q Q .., z ~ Metroa z ,o ü u lo4 "' E z ~ z ~ Metros ., lo4 ~ z < ... ~ 0.0 0.0 5.5 o 5 11.0 0.5 16.5 1.0 22.0 1. 0 ---,- ------ 0.00 0.35 215 0.1·5 0.1 1 10.5 0.1 0.1 .......... . lOO 200 310 400 e~ OO 0.40 1.10 21 o¡ o.9 0.3 2 10.5 0.2 1.15 1.50 210 1.4 0 .5 3 10.5 0.3 0.2 200 200 0.3 135 90 1 55 2 . 25 205 1.9 o. 7 5 10. 5 o . 1< 0 . 4 ... . ...... .. 2.3t't 3 .5 205 2.4 1.2 7 10.5 o 5 0.5 79 58 600 700 800 900 1,000 1,100 1,200 1,300 1,~00 1,500 28.0 33.5 39.5 4.5.5 52.0 1 58.0 64 .• 5 71.0 78.0 85.0 1.0 1.5 ].5 20 2.0 2.5 1 2. 5 2.5 8.0 3.0 3.10 3 .• so 4.30 6.15 5.55 3 . 50 20.') 2.9 1.7 4.30 200 1 3.-1· 2.2 5.15 2001 3.9 2.8 6.0 ] !15 4 .4 3.4 6 .• so 195 4 9 4 1 1 6.·10 7.40 7.'20 8 30 8.05 9.25 8 . 50 10.20 9.35 11.20 l !M 5 .·:J. .... H ] ~)Q : 6 o 5. 8 190 6 () 6.8 1851 7.2 7.9 185: 7 .s ~u 1,600 92.0 1 3 5 10.25 12.20 1,700 99.5¡ 3.5 11.15 13 20 1,600 107.5 4.0 12.0.5 14.25 1,900 115 5 4 o 13.0 15.35 2,ú00 124.0 4.5 13.55 16.45 1851 .4 lOA· 1so 1 9.0 11.8 1801 9.6 13.3 175, 10.3 14- .9 175 11.0 16.7 1 2,1 01) 133.0 2,200 142.5 2,300 152.5 2,4oo 162 5 2,500 173.5 2,600 185.5 2.700 1985 2,800 213.0 2,900 228 5 3 , 000 246 o 3,100 3,200 3,300 4 5 14 .• 55 1 17.55 5.0 , 15 .55 19.10 5 . 5 1 16.5{) 20 30 5 5 18.0 21.55 6.0 19.10 1 23.25 6 5 20.20 1 25.0 7.5 , 21.40 , 26.40 8.0 23 .5 28.30 9.0 1 2-t-.;~.'i 30.25 10.0 26 . 10 32.35 11 5 28.5 1 35.0 13 5 30.30 1 38.0 17.5 33.55 42.15 1 1 175 11.7 18.7 170 12.4 20 9 170 13.1 23 •. '3 170 13.8 26 o 165 H.7 29 . 1 1 165; 15.5 32.6 16.5 , 16.4 36 .7 1 165 17.3 41.4 1651 1 .3 47.0 160 19.4 53.8 1601 20.6 62.7 160 ' 22.1 7 .... 8 160 24-.1 95.0 l JO 10.6 14 10 . 7 19 10.~ 2+ 10.9 30 ll.l 361 11.3 43· 11..5 51 l 1 71 61 12.0 72 l ~.3 , 83 12.7 95 1 13.1 109, 13.6 1 124 1 .. 1 1401 H.6 157 15.2 176 15.9 197 , 16.7 220 17.5 2 ·1-6 , 18.5 274 19.6 305 20.8 339 22.2 378 1 23.8 422 25 7 475 , 28.0 543 30.9 645 : 35.7 g: ~ , 0. ~ 0 . 9 1.1 0. 7 ...... . .... . 0 .8 · ····· .. .. .. 1.0 40 30 1.1 ........... . 1.3 .......... . 1.2 1.5 28 20 1,1: 1.7 . .. . .. . ... .. 1.6 1.9 ...... .... .. ~ : ~ g .. úf"i"4 ~~i l ;:~ "'i'6 1"'i'21 3.0 3 6 ...... ...... , 3.4 1 4.0 ..... . ... .. ::: ::; .. :.~ .... -~1 4 . 8 5.8 ........... ,, 5.... 6.5 . ......... .. 6 l 7.4 .......... .. ;_:¡ :.: .... 9 .... 6 8 .8 10.9 .......... .. 9.9 12. 5 .......... . 11.2 145 .......... .. 12 8 16.9 7 ¡ 5 14.8 19.9 .......... . 17.4 24.3 ........... . 21.6 31.8 4 311· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 358 BOLETÍN lrHLlTAR T.A.::SL.A... TE.R..OEJR..A-Carga de tiro reducid(\: o ka. :r.oo gn. de pólvora Ca - Peso del pro yectil, 5 i.1 . 'os ­Velocidad inicial, 172 (Comiaión de Bourgea, Diciembre dt 1879) Angulo de aUura 30' - .;. o lo Esv tu ut i-o 1111 Col o < Z O MA PZ - o Á~OULOS :: Col :z: z - •O >- o PROBABLES LtORO~A < g < :..:1 o . ~ ...l - ~ ~ Metro• ...l g 6 < o i-o Col < M e tro• < z!:i ...l Q ::;¡ ----- - -- V '..::1 ... " z 1 •O 6 ~ ... ~ Col < ;;< j.¡J • O 11 - ~ Q 1 Q - ...l '< o ü < < 1 ~ < Col z o ·<"' ;a .. z o a:: . - .. O "'' < ::> :111 o o 1 U) o Q e i-o - d U) o < ~ o l.:l i-o "' '"' z .. o a:: o z o ::1 o!:; :z: ... ...l a:: ...l .,¡ <~ > ¡:: < en z z z z .. Q ...l 1112 .. Col foil ~ :; < Q .:::1 Q > Q Q "" "' llll j.¡J .... --- --- -- --- --- -- -- - -- -- - -- -- -- 100 4.0 0.5 0.25 l. O 170 0.6 0.1 1 12 ,9 0.1 0 . 2 lOO 100 200 12 .5 0. 5 J .25 1.55 167 1.2 0.3 3 13 0.2 o ... 9 5 90 300 21.0 1 o 2.25 2.5 5 165 1.8 07 !j 13.1 0.3 0.6 90 90 400 29.5 1.0 3. 25 4.0 165 2.4 1.2 8 13 . 2 0.4 08 80 70 600 38.6 1.5 4.25 5.0 165 3.0 1.8 l:l 13 .41 0.6 1.1 65 .50 600 47 . 5 2.0 6.25 6.5 160 3. 7 2.5 17 13. 6 1 0.8 1.4 45 32 700 57 . 0 2.0 6.30 7.15 160 4.3 3.3 23 13.91 l. O 1.7 40 36 800 66.5 2.5 7.35 8.25 155 5.0 4 .2 30 14.2 1.2 2. 1 301 20 900 76.5 3 8.40 9.40 155 5.7 5.3 38 1461 1.5 2.5 25 JO 1,000 86.5 8.5 9.50 11.0 155 6.3 6.6 48 15. 1 1.8 2.9 20 16 1,100 97 .0 4.0 11.0 12 20 150 7.0 8 .1 59 15.6 2.1 3.4 19 ¡ 15 1,200 108.0 4.0, 12.15 13.45 150 7. 7 9.8 71 16 2 25 4.0 18 14 1,300 120.0 4 . 5 13.30 1 15.20 150 8.5 11.6 85 ¡ 16. 8 2.9 4.7 17 u 1,400 132.5 1 5 1 1+.50 17 .0 14.5 9.3 13.5 101 17.5 3.4 5.5 16 12 1,500 146 o 5 .. 5, 16 15 1 18.45 145 10.1 15.6 120 18.3 4.0 8.4 15 11 160.0 1 1 1,600 6.0 17.45 20 35 145 10.9 18 .0 Hl 19.3 4.7¡ 7. 4 Hl ]~ 1,700 176.0 6 .5 19 .21J I 2:l.35 140 11.8 20 .9 164 20.4¡ 6.5 8.6 12 1,800 192 5 7.5 21.5 24 .45 140 12.7 24. 5 191 21.7 6.4 10.1 11 1,900 211.5 8.5 22.55 27.10 140 13.7 29 .0 222 1 23.3 7.4 12.0 10 2,000 283.0 9.5 , 25 .0 29 .45 135 14.8 34.6 2561 25.2 8 .7 14.3 9 2,100 ..... 11.01 'J.7.25 32.45 18.') 16 .0 41.9 300 27.6 10.3 17.5 8 ··~ 2,200 ...... 14 o 30.35 36.30 135 17.6162.9 356 30.8 12 5 22.5 7 2,300 ...... 21.0 35.30 42.10 130 19.8 78.0 452 36.7 16.5 32.5 6 2,400 ...... ... , ...... ... . .. . .. ... . .. 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ' 'BOLBTfif KlLITAK T ..A.. EL .A. OU .A .R. T .A.. COMPAftAClÓN DE LOS ELEMt:NTOS PRINCIPALES D~ L-.s ANTBiliOlll!la { 400 gramo& Velocidad inicial, ~17. Aogulo de elevación, 4-0' Cargas 300 gramos. Velocidad inicial, 216. Angulo de elevación, 35' 200 hramo • Velocidacl inicial, 172. Angulo de elevación, ~o· ,;, o ~ t.: (,) ~ DESVÍOS .., cz: .., =: 11 ÁNGULOS (,) ;... (,) PROBABL~S :z; . -o w < • < ~ a: . ,J , e: (,) o w Metros ~ ,J -~ 1 < e ... Q ~ o ~ zt: ,J ~ " e cz~ w < :z; ~ o ~ Q ,J >< ~al '() (,) < :..::l Q 1 .. -< (,) ü ~ Cal - .. ~ 1 < < w z o ~ ::a ., :z; (,) " -o-c ~E ~ ::::» Q (,) o o Q e~ - d < e w :z: .... 1 ..8 " (,) cz: .. .., ~~ ;:: < (,) z ~ ~ -4) :!: .... ,J Q ,J Wl ~~ ~ ~ (,) o< ~~ ~~ ~ ~ ~ N lll ,J ~ ~(/) ,J Q ,J r.;¡ Cal Cal w w ,J :z; z :r; (,) ~ Q Q Q > Q Q c.. Cal rol w --- --- ----- --- --- -- --- -- -- -- -- -- 1 0.0 M 100 0 .0 0.0 1 0.25 255 0.4 0.1 1 8.9 0.1 0.1 m ...... 00 0.0 00 0.35 215 0.45 0.1 1 10.5 o 1 0.2 m ...... 4.0 0.5 0.25 1.0 170 0.6 0.1 1 12.9 0.1 02 M so o 13 5 0.5 1.35 2.20 240 2.0 0.8 6 89 02 0.3 m ······ 22 o 1.0 2.30 3.5 205 2.4 1.2 7 10.5 0.5 0.6 m ······ 38.5 1.5 4.25 5.0 165 8.0 1.8 12 13.4 0 .6 1 1 M ~·:~~~~ 35.0 1.01 4.0 5.0 230 42 2.5 22 9.0 0.6 0.8 Jll 52.0 2.0 5.55 6 50 195 4.9 -l-.1 30 11.1 1.1 1.3 .,. 86 .• 5 2.() 9 . .50 11.0 155 6.3 6.6 48 15.1 1.8 2.~ M 2,000 84.0 2.5 9.35 11.50 2051 9.0 9.8 98 9.8 2.1 2.1 m ...... 124.0 4.5 13.55 16.45 175 ] 1.0 ~6.7 140 14.6 38 4.5 m ...... 233.U 9.5 25.0 29.45 135 14.8 34.6 256 25.2 8.7 Ht.3 M 3,000 151.0 45 16.45121.10 190 149 26.5 261 13.6 6.5 5.2 m ..... 246.0 10.0 ~~~~-~ ~::~.~ 160 19.4 53.8 422 25.7 12.8 16.9 m ...... ... , .. ... . ...... ... ... . .. . .. . .. M 4,000 266.5 10 5 28.5 35.3.5 ~.~o~~~:~ .. 74.0 620 24.8 19.0 17.7 m 1 , ..... ...... . .. ...... . ...... ... ... . .. . .. . .. m ...... ... .. ... ...... ······ ... . ..... ... ... ... ... . .. • M, carga múima ó normal; m, carga median a; m, carga mfnima a6n efleas NoTA--Esta tabla permite elegir r'pidamente, en cada caso, la oarga eoa­• enieote, y por ende los elementos del fuego cuando se trate del tiro en eondieiea• .determinadas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. TABLA.. QUIN"T.A.. TABLA DE LA C.UA CAIL, ó SEA LA CASA CONSTRUCTORA Pese del proyectil, 6 kilogramos; catga de pólvora, 400; velocidad iuicial, 2.).5 cott pólvora negra, 265 con pólvora sin humo r 1 1 .. ~ ~ 1 = u z -e u ...:¡ ~ 500 1,ooo ! t,socJ 2,0001 2,soo 3,000 3,5oo 4,000 f,soo .. ~ o Cll ~ e ::; ¡... 1.<1 ~ e ! o 14 -e p H Cl ...:¡ :r. ~ ~ 1 3· 5 1.30 35·0 4 ss.o 6.30 8f·5 9·3° 1 If·S J 3·0 151 .o 16.45 197·0 21.30 z66.5 28 --.. fO e :z: .. ... lklg c.. rol V A RIACIÓlf DE ;:·~ - ¡... 100 MTe. :t.lf ~ ~ ll;=:: c.: ALCANCE <11 ¡. e;: -~ ~ ...:¡ wl p.¡ ~ Q"' "' ..; Q)l: OB•ERVACIÓN 7-.g .. )!:g l i .o e o u tá 3» ... u o 1 tJIII ~ce -¡; ~bl) < Prn "' Ql! <11 N "'~ ..: ... 14 prn w :z; .. ..,Q _. J-Q _..:- -<~ > ------ 0.5 2.0 f.O 0.30 1 o.o ~ ~-¡; ~ ¿, ·- :Q (.) > (,) ce ~.e cr. \0 u¡ l. O .:f-.20 4·50 o 30 5·0 :0 ~ b 'll-~ 6.50 e~~~\:!$ 2.0 s.o 0.30 3·5 Q) ~- ~ cu ~'":?=3~E 5·5° 0 ·45 c:o~"',... 2.5 9·0 2.5 'O ...... - ~ '(j e::~~ g 3·5 1 1.8o 6.so 0.45 2.0 ~:_o.,u~~ 8.o :.aC/)~~~8 4·5 I.f.·9° l. O 1.5 ~ 8 ca :O •1"'4 ·¡: - ....... "' e: G) !t.o ¡l. S ;>-.(1)~+-J-~ 6.s t8.6o,II.O 41 s > "' 41 ~ -<11 ~ g .,~ >-.3 ~ 10.5 23.10 16.o 1.30, 1.0 ~-;; ~ ].ql zo.sl 30-30,25.0 2.0 1.0 _ 41 S "'¡:_ ~ OONVERSION de minutos 6 segundos sexagesimales en decimales y viceveTsa ( 60 : 1000) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BóLK'l'fr. MlLtTAR 361 T ABL.A SEl~TA Comparación del tiro con cañ6n de 80 m. de camp11ña que usa el m;smo pruyectil, tJUe el de montaña tiundo en éste con carga llormal ( 400 gs.), y en el otro con normal (lk.SOO) y reducida (400 gs.) f-4 < o 1 • ÁNGULOS ~ ~ ~ oesvtos PROBABLES! Metros .. e z ~ ~ g o ------ ~ ~ ¡:; -<: "' e U) Q e := ~ cj < ~ ----z-- := :E Q Q .., ~ -~ ~ 'G < Cll ~ 1 ... < ... 7. o -< - ;::¡¡ "' z u e:.: lli!IS 1 en · Qo -o-o cno o~ IU :::> ~~ U) .e ~ ~ ü~ tj~~~~~ ~e:!:; ~::E ~ 1 ;';; f-4 1 ~ 3::E ~~ ~::E ~~ < Q < ~ ~ ~ ¡:.¡ .... .... :::> ¡:.¡ ~ 7. z z < < Q Q Q;;. Q ~'"' t:J ¡:.¡ ... --¡--- -- -----,-- 600 4·0 l. O 2.55 :1 . 1 o 21 o 2 2 1.1 1 6 1 o 91 o. 1 o 6 1 1 ;3.;) O 5 1.30 2 20 NO 2 O 0 .0 6 8 9 0.2 0.3 ¡ -:.s ';; sj ;20 1 M5 7os 1-:; ;;-21 15 ;o ;1 ; 1 1,000 1);) 21.5 1 6.5 6.3.í 200 4 7 3.51 27 11.4 0.3 1.3 ~ ~... 4 1 ~o .:_so 4_;o ::_s 32 ~o ~> ~8 16 0.5 ;10 1 1.50 360 2.4 o 7 1 7 8.0 0.2 0.3 1,500 135 4 o 9.35 10 40 190 7 4 8 o 1 6·1- 12. 3 0.6 2 3 ~ ¿ ~3o 1 ~~o .:_15 6~0 ~a ¿• ~2 ~l ~3 295 1.0 2.5 3.10 325 39 l.P J 17 82 0.4 05 81-.5 2.5 9.30 11.50 205 9.0 9 8 9~ 9 8 2.1 1 2.1 2,0tJ O 191-5 6 O 14AO 15.35 180 10 3 15 .0 122, 13 7 1.0 3 8 1 , ¡.; u¡ 3~1s ;so 7oo s~ ;1 -:;4 1 ;5 ¡ ;;-7! ;;:; 1 2,5001267.0 8.5 18.25 21.30 174 13.4 25 4 210 15 .8 1.6 6.4- 114.5 3.5 13 165 20011.80 164 16411.1 38 3.2 63 8,000 866 5 151.0 1;; 25 12.5 45 3 .5 4.30 24. 35 16.45 5 55 280 7.2 7.6 6.501 29.20 170 17.7 43.4 2:.201 ~90 ~~ 2~5 9.0 266 9 o 12 ~919~0 344118 .8 ~1¡1~6 961 9.7 0.9 J. l. 2 4 10.5 6 5 5.2 1.3 1.5 • En carl:1 grupo de 3 cifras la marcada con un'-" corresponde sl cañ6n tle moBtaña, la inferior lll de campaña con•carga notmal, y la superi"' á e te mi. mo con la .:ar¡-a mínima. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 62 DOLBT'Ú4 KILI,.A..lt CUADRO COMPARATIVO de los datos de tiro del alza y ele las tablas • ALOA NCE !- -- ALZ ~ ! ANGULO DE TIRO pieza Metro11 Alza Tablaa \ Alza de la Tablas 1 ~-- --5oo¡--w --13.5 ~ --- - 1040· --1.30 1,000 1 37 1 35 1 4015' 4. 1,500 62 58 70 5' 6.30 2,000 90 84.51 10°15' 9.30 2,500 121.32 1145 , 13°4-7' 13.0 3,000 160. 3 151.2 17°50' li.45 • Los mi mos elatos figuran en las tabln para proyectil cle 5•600 y 6". Las cli· ferenci:u: entre los datos del alza de la pieza y de las tablaa de tito, deben re oluue experimental mt!nte. __ __ . ...__ _ _ PililZAS :EOTOEXIGS . El cafi6n Hotchkiss, de montaña, es una pieza de tiro rápido, c¡ue ranza granada perforante y bote de metralla. En el concurso abi~rto por el Almirantazgo inglés con el fin de prnveer á la marina de una. pieza ligera, fue aceptado por las siguientes razones: ser de retrocarga y muy preciso hasta los 3,500 metros; comunicar al proyectil velocidad inicial considerable; usar proyectiles de hierro ó acero, unidos á la car­ga por medio de un cartucho; disparar, apuntando, por lo menos cinco tiros por minuto; mínimo de retroceso volviendo las piezas á so sitio después de disparadas; admitir manteleta, ó pieza de quita r pon para resistir el fuego de fusilería, y escaso peso. Desgraciadamente el pro­yectil pesa muy poco, pero podría emplearse mayor, disparándolo con . p61 vora sin humo. Como puede construirse la pieza de mayor calibre, $in que el pe5o llegue á 1 ooks, máximum de la carga normal de una mula en nuestras montañas, usando el gatillo para disparar y lanzando granadas hasta de sks., con estu condiciones sería una pieza de arti· llería de montafia casi ideal. El catión es de acero Withworth, flufdo, comprimido y templado en aceite. Consta el cuerpo principal de un tubo y un manguito, con su culata y muñones; únese el manguito al tubo por contracción, y ambos estin sujetos con un anillo roscado para evitar todo movimiento: ~n este anillo va colocada la mira. El mecanismo para abrir y cerrar la culata consiste en una cuña, movida horizont.almente por medio de una palanca, á la vez sencilla y fuerte y que funciona con gran comodidad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. OAftON BOTOHKISS DE KONT~ A Tabla de Clro C~alibre, 42 mm.; longitud de la línea de mira, 456 mm .; peso del proyectil. ftk. 880; carga, 17 5; pólvora, MC3o; velocidad inicial, -t-10 mb.¡ carga de pól­vora sin humo, 100; velocidctd inicial con (!sta, 500 ; presión máxima en la n­cámara, 2 toneladas. bgulo de alton, ~O' c.Ofh 1 el> "' .. 1 ..; ·~ .. ..., =ói § ·a ·;; .... o ., ... _..., J).l1'108 u ;i IUCI) -o! "' ., ., ...,, =·· ...... ,.,. .. .., -ce; .., .o¡ do .. -o'<:! O .,.., 1~ o o .. o :S~ :gti oso ~H.~~ ..,.- :; -::s A .. ¡:U oo"' =- '3 ~Q) ~~ .. ::sa 2~ tw to~oS 1>1) ~lO .. :;- ... O'-- !!6 t:: ¡:d d Q) ... ~ ::s ... ~a ~M:::I < < < < ""11 > · ~- ~ u-& --- -- --- ---- ---- -- --- ----- ·-- 100 o. o 0.0 0.10 0. 0 388 0.3 0 .0 o. o 2110 os 02 o 22 ..... 869 06 00 00 800 1.8 0.14 0.84 ...... 862 0.9 o. o o. o 4tJO 34 O.'l6 0.46 ... ... 83'7 1.2 0.1 0.1 600 6.2 o 39 0.59 1.13 324 1.6 02 0.2 600 7.1 o 64 1.14 ...... 813 1.8 3 0.2 700 9 l 1.9 1.29 ....... 804 2.1 0.4 O. S 800 1 .2 1.26 1.46 ...... 2t5 14 0.5 O. S ~00 13 4 1.41 2 1 ....... 287 2.7 0.7 0.4 1,oot 16.8 1.69 2 . 19 8.0 280 3.0 0.9 0.4 1,100 18 3 2 .19 2.38 ...... 2'13 8 .4 }.1 0.6 1,200 20.\f 2 87 2 67 ...... 266 3.8 1.8 0.6 1,800 28.5 2. 6'7 3.17 ...... 260 4.2 1.& 0.6 1,40() 2t\.2 3.18 3.88 ...... 264 4.6 20 ().6 ' 1,600 29.0 3 39 a 61* 6.26 248 5.0 ~.4 07 1,600 82 o 4 1 4.21 ...... 243 ISA 2.8 0. 8 1,700 86.0 4.24 4.44 ...... 238 58 83 0.9 1,800 88.1 4.47 67 ....... 238 6.3 3.9 1.0 1,900 41.3 6.11 5 S1 ..... 228 6.7 46 1.1 2000 44'7 6.37 6.67 8.38 228 7.2 6.2 12 1 2,100 48 3 63 6 23 ...... 218 7 6 6.9 1.3 2,200 62 o 6 31 6.5\ ...... 218 8 1 6.7 1.4 2,300 l>b 9 7.0 7.20 ....... 208 8.6 7.6 1.6 2,400 69.\J 7.29 7.49 12 3ó 203 9.1 8.6 1.6 ~500 640 8.0 8.20 ...... 199 9.6 9.7 1.8 2,600 68 3 8.32 8.ó2 ...... 196 10.1 10.9 2.0 2,700 72.8 9. 6 9.26 ..... 191 10.6 12.2 2.1 2,800 7'1.6 9.41 !0.1 ...... 187 11.1 13.6 2.3 2,900 82 6 111. 16 10.36 ...... 183 11.'7 16.1 2.4 3,00U 87.6 10.6;-i 11.13 17.40 179 12.3 16.8 2.6 8,100 92.8 11.82 11.62 ······ 176 12.9 18.8 2.8 8,200 98.6 12.13 12.83 ...... 171 18 6 20.9 3.0 3,800 104 6 12 66 13.16 ······ 167 14.8 28 2 3.~ 8,400 110 9 13. 42 14.2 ······ )6:{ 16.0 26.6 8.6 8,600 117.7 14.80 14. 60 24.20 169 16.'7 !8.3 3.8 ll,600 124.8 16 19 15 39 ····· 166 16.4 81.6 4.1 8,700 1!32.2 16.11 ló.81 ...... 163 17.1 849 4.6 3,800 140.41 17. & 17.26 ...... 160 17.9 39.0 4..9 ~.900 148.8 18.4 1~.24 , ..... 146 18.7 43 6 6.4 4-,000 167.3 19.4 19.24 32.40 148 19.6 ~8.6 0.8 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 364: BOLB'l'ÍN KILITAR P I E Z A Calibre •••••.••••• Longitud total. •.... Longitud del ánima ... Número de rayas .•• Angulo de inclinación de ]as rayas ..•••• Longitud de la líne.1 de mira ......... . Pe o total. ...•....•• f2"' .. 1•17CS, 2 5 calibres. 10 PROYECTIL Peso del cartucho.... 1 so gramos Peso de la carga para la granada . . . . . • • 17 5 íd. Peso íd. bote de me-tralla.. . . • • • • . . .. . . 1 so íd. Peso de la granada co-mún...... . . . • . • ok88o Peso de bote de me - tralla . .......... 1k28o ~ granada .. Pec;o total b o te de metralla .. Peso total del cartu-cho .... . .••.•.. Carga para la granada común ........ . Balas del bote de mc-trall a .........•• 1k210 okso 30 Longitud de la cureña. I m40 Peso de la cureña.... +tk Peso de las dos ruedas. Altura del eje de mu­ñones sobre el suelo. Diámetro de las rue-das • . •••••.....• Longitud del eje .••• VARIOS Campo de tiro (verti- 1) { elevación ... ca d . , epres10n ... Peso del cañón con cureña • • ..... .. Peso del avantrén ..• Peso de las 4 cajillas .. Peso de las íd. carga-das (112 tiros) ..•. Peso del avantrén car-gado ... . ........ . Peso del cañón, avan­trén, etc. • . • . .. Peso del arnés y basto del cañón ...•.. . • Peso que transporta la mula de pieza .••• Peso del arnés de la mula de cureñas .• Peso que transporta la mula de cureñas .. Peso del arnés de la mula de c~jillas .... Peso que transporta la m u 1 a de cajillas, inclusos 56 ti ros ... 56 k 1 S S • IOOk. t6k I54k 375k 130k ~6k J26k Los cañones Witbworth son piezas de acero rayadas de modo espe­cial (hacia Ja derecha), de carga por la boca ó por la culata; las rayas, en número de 6, tienen fondo formado por un arco de círculo tangente á los costados, tc.mbién inclinados. Aquí e:x:isten cationes de este sistema, de dos especies diferentes,. aun cuando del mismo calibre, á saber: los de dos y media libras el pro­yectil (tres libras corto), utilizables como piezas de montaña, y los de tres libras y carga por la culata, que! p r u peso no pued~n servir sino como artillería de campaña. Los proyectiles son de dos especie ~ : u11o prismáticos, en su parte posterior terminados por un e u lote ó cara plana, y en la anterior por Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN KILITA.R 36~ una ojiva; otros, tronco-cónicoJ, terminados atrás por una ojiva trun.­cada, y adelante por una ojiva semejante á la de los anteriores. En am­bos la sección entre el culote y la ojiva delantera, siguiendo un plano perpendicular al eje, es un polígono regular de seis lados con ángulos redondeados; la su pcrficie lateral del proyectil resulta, pues, formada por seis caras que corresponden á los flancos 6 lados de las seis rayas. La base fllndamental del sistema consiste en que el metal es acero comprimido por fuertes presiones en estado flufdo, el ánima de figura exagonal y la recámara cerrada por un largo tornillo, que se enrosca por medio de una anilla que hace las veces de cascabel: esto en las pie­zas que se cargan por la boca. En las de retrocarga el cierre es una cufia de tamaño considerable, que por medio de una cremallera corre de iz­quierda á derecha y viceversa, trasversalmente al ánima, para descubrir la recámara y permitir la carga, y 1 uégo cerrarla convenientemen­te. Las piezas de carga por la boca, por su ligereza, largo alcance y emplear granadas explosivas, son muy apreciables como artillería lige­ra de montafia, á falta de piezas Hotchkiss. ELE:MENTOS NUMÉRICO. P 1 lE Z A Calibre (diámetro entre dos paredes opuestas) Diámetro entre dos rayas opuestas .•••.•.••. 'Número de rayas 6 planos ..•••....••.••• Paso deJas rayas (constante) ....••...••.•• Longitud del ánima .......•.•.•••..•.••.• Peso de la pieza ...•..•.•...•...•.••.•.• e U R E ~ A P d ) ñ ( . d ) { madera ...... . eso e a cure a sm rue as hierro ........ . Peso de las ruedas •.•••• . ..••.••••••••..• Peso de la limonera ..•..........••••...• Peso de la caja de municiones (con ellas) •... Peso ciel avantrétt (con ruedas y cajas) .•.•. Número de cargas que caben en la caja ..... . PROYECTILES Calibre ............••.••.•..•..•.•..... Longitud de la granada (prismática) .••...•.• Peso de la granada, inclusa la espoleta Du-mar<:' St ...........•........•.•...•... Peso de la carga interior de la granada •..•• B d IJ { Peso total .•...••.•.... ote e metra a Número de bala• .•....• e A 1t. e A 2l libru 3 libras (~ libras eorto) +3 •• 59 ...8-13 6 6Js·~~~ 1m070 IJJk i-7k 133k 1-f.+k -f.Sk 90k 12k -f.O k 220 20 1-0 (36 granadas, y + botes de metralla) 1k190 fOgr IkSS• sogr 1kzoo '%7 (9 capas) Clase de pólvora .••• , • • • . . . • • • . . . • • • . • Ordinaria R. L. & de taft6n Bouc hct, d•rll Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLB'l'Ü~ 111LIT.A.1l Peao de la carga... . . . . . . . . . . . . . •.... Alcance máximo •••.•. . .... - •. . ....... Velocidad inicial . . . . . .... . ... . •.... Angulo de tiro del alcance máximo ...... . 1 sogr •h400m 316m25 3 5°46' OAÑON WITHWORTH 250gr 5,4oom 384m6o 37°5 1' T.-bla de tiro del de do• y media libraM (3 libra• corto ) Veloeidad inicial. 300 metros ~------~----·----------~-----~--~--~------------~ 1 1 ~ t 1 IUE VIOS ó ERRORES < i:í E 1 PROBABLE EN (metros l ~ Q ~ ~ : 1 ~ Q ..J o lA = = Q Q , ..., )1 ~ ~ 7 ~ ~ ~ ~ :¡ ;;! ¡ ~ 1 ~~ ~ ~8 ~ ~ e:~ ~-g ~~ 1 ~ '? < 7. z O'l ~= .:: .. - - ~ .... :: :.., ::S UJ !:: ~ ~ =:: .... :::l 1:> .... >"' <~ 1 .... < lol ;:) U :;::! N;::;l "' ~ t!l t!l r.:;a ¡o:(/) z;:a ~ <:! .. ~· ~ ~ 1 ~ ~ ~ ~ ~ 1 ~ ;; ~ -----------1------- 200 5, 7 2,9 0,21 0,36 O,t>4 0,6, 171,0 19,0 0,25 0,2 400 16,4 3,0 0,58 -- 1,40 ] ,3 89,0 19,b 0,55 0,4 6oo 26,2 3,2 1)37 . . 2,20 2,0 54,0 20,9 o,oo ¡ o,7 800 37,6 3,4 2,19 -- 3,00 2,7 37,5 21,8 1,301 1,1 1,000 49,5 3,7 3,03 3,46 4,00 3,5 27,5 22,9 1,70 1,5 1,200 62,3 4,2 3,50 -. 5,20 4,:.3 21,4 23,8 2,10 , 2,0 1,400 75,8 4,81 4,40 .. . 7,00 5,1 17,5124,8 2,60 2,6 1,600 90,6 5,4 5,34 . - 9,40 6,0 14~5 25,8 3,10 3,2 1,80Q 105,2 6,0 6,31 . . 12,00 6,9 12,4¡ 26,8 3,60 3,9 2,000 123,8 7,0 7,.'35 2,200 142,6 8,5 8,43 2,400 162,3 11,0 9,54 2,600 183,0 ] 4,0 11,08 2,800 205,6 17 ,o 12,28 9,54 15,00 7 9 1 10,41 1 27, 1 . . 19,00 8,9 9,0 28,8 . . 24,00 10,0 7,8129,8 . . 30,00 11 ,t) 6,9 30,8 . . 32,00 12,0 6,0 31,8 4,201 4,8 4,90 5,8 5,601 6,9 7,40 8,1 8,50 9,6 1 3,000 230,4 21,0 13,55 19, lo 43,00 13,5 5,3 32,8 9,80 11,2 3,200 270,6 26,0 15,32 . . üO,OO 14,9 4, 7 34,0 11,40 13,0 3,400 294,4 31,0 17,34 . . 75,00 16,51 4,1 , 35,5 13.:>0 15,4 3,600 337 ,8¡ 36,0 19,58 . . 93,00 18 3 3,9 38,0 . - . - . 17,5 3,800 386,51 43,0 22,34: . . ] 20,00 20,01 3,8 42,5 .... 20,0 4,000 447,2157,0 25,41 135,33 130,00 1 22,2 1 3,7 47,0 ..... 23,0 4,200 531,8¡ 29,461 . - . -.... . . . . . .... 4,400 570,0 35,46 . . . .... - .. - .. - . -. NoTA-Los datos correspondientes á distancias intermedias entre dos alcances consecutivos se obtienen por interpolación empleando una simple proporción ó mejor las fórmulas que se hallarán más adelante. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOJ.BTÍN KILlTAB. 367 -rAOTIOA DE l'"OEOOS EL TIRO nE METRALLA En el tiro de metralla el bote que guarda las balas es roto por el choque de los gases que produce la deflagración de la pólvora, y los dichos proyectiles, golpeados entre sí y contra las paredes del ánima del cañón, salen de é te con velocidades variable y di ver­sos ángulos de proyección. Por regla general las velocidades ini­ciales son menores que las de la granada comun y shrapnel, por­que una gran parte de lo gases de la pólvora e escapa por lo intersticios que se producen en el ánima, por lo cual no puede· estimarse en más de 400 metros por segundo. Las trayectorias de las balas, consideradas separadamente, forman, pues, un cono de dis- · persión: unas tocan inmediatamente el suelo y otras dan más allá del punto de caída de las más. En todo caso, ese punto queda rela­tivamente cercano, porque lo ángulos de proyección son pequeño y porque la resistencia del aire ejerce grande influencia sobre la balas pequeñas, que en el presente caso tocan el suelo, siguiend ángulos de escasa magnitud, rebotan del mismo modo y dan así una serie de saltos ra ante ha ta agotar su fuerza viva. El nÚTl'ero de balas del bote de metralla (93 para el Bange, 97 para el Withworth, 20 para el Hotcskiss) y su fuerza de percusión son los dos factores de los cuales depende la eficacia de este tiro, en el que naturalmente tiene superioridad la pieza de mayor carga calibre. La naturaleza del suelo tan . bién ejerce una grande in­fluencia en el particular: firme, igual ó ligeramente inclinado, favorece el rebote, en tanto que blando, ascendente ó desigual, le es desfavorable. La disper ión de la~ balas puede estimarse en el décimo de la distancia y posee su máximum de eficacia entre los I 50 y los 300 metros. A partir de los I oo metros la dispersión de las balas es bastante granrle para batir todas las piezas de una baterÍa estable­cida en batal1a á distancias cerradas ; á más de 300 se aumenta de tal modo, que ya no es posible obtener acción re:¡Jmente eficaz sobre un espacio reducido, á que se agrega que la fuerza de percu­sión que aún resta á las balas es muy pequeña. En fin, más allá de los 400 de ordinario no es suficiente para poner fuera de com­bate hombres y animales. Además, por ser rasante la trayectoria de las balas, el tiro de metralla no puede emplearse sino cuando se trata de batir un blan­co al descubierto, pero demanda menos precauciones á causa de la gran dispersión de los proyectiles. El servicio de la boca de fuego se abrevia: no hay que escobillonarla, la punterÍa no exige la mis­ma precisión y no hay espoleta que reglar, por Jo cual se distingue por la rapidez que alcanza, y conviene, sobre todo, en la defensiva contra un ataque brusco y cercano. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 368 BOLETÍN MILIT A.R. El shrapnel, merced á su espoleta de tiempo, estalla á dis­tancias de 150 á 200 metros, y por lo mismo, en ciertos casos, puede reemplazar ventajosamente el tiro de metralla; pero bueno es recordar que el error que se comete en la puntería al apuntar por el guión y la escotadura de mira antes cid blanco, en vez de hacerlo sobre el pie de éste, puede producir fácilmente un falso punto de caída, lo que haría nulo el efecto del disparo. Otro incon­veniente del shrapnel, es que á distancias inferiores á 200 metros casi no produce efecto: en este caso no obrará sino como bala rasa. Mas si se pudiera reglar el cohete de modo que el shrapnei estallara en el acto en que sale tiel ánima, desaparecerían los dos inconve­nientes apuntados, y el bote de metralla podría suprimirse en las municiones de la artillería de campaña. Bien que el tiro de metralla sea el natural contra las sorpre­sas ó ataques cercanos y pueda hacerse con gran rapidez, para que produzca efecto es preciso hacerlo con gran calme~, pieza por pie­za, á la voz de los jefes de sección y de preferencia á la de los jefes de pieza. Para andar más aprisa basta apuntar la pieza dirigiendo la. visual por la generatriz superior de la recámara. Teóricamente, para obtener el máximum de efecto debería darse á la pieza el ángulo necesario para que la trayectoria del centro del haz de ba­las pase por el blanco; pero la experiencia demuestra que sin in­conveniente mayor, basta dirigir el eje de la pieza sobre el blanco, y aun colocarla horizontalmente en la dirección del blanco, lo cual depende de que si en este caso disminuye el número de im­p~ etos dirutos, el de impactos por rebote aumenta de tal modo, que hay compensación, y por lo tanto es posible un tiro rápido y dicaz, cosa indispensable cuando se trata de rechazar un ataque inopina­do. Conviene, pues, tener presente corno regia general para el tire de metralla con las piezas de que dispone la artillería de montaña, que sus efectos son púco menos que nulos á más de 6oo metros; que á la voz tiro de m etralla, todas las piezas, incluso las que estén cargadas con granada, se dirigen sobre el blanco señalado y se colo­can poco más ó menos horizontalmente, y que para los disparos siguientes no se vuelven á poner los cañones en batería y sólo se revisa la puntería á la ligera, en dirección, para restablecerla é can biarla, si hay tiempo, y si no la maniobra se reduce á introdu­cir el bote y la carga y disparar ; para recorrer 300 metros, por ejemplo, un batallón que ataca emplea por Jo menos cinco minuto¡ en tierra quebrada (una falda), y en ese intervalo un cañón puede lanzarle una docena de botes, ó sea un millar de balas, que de ordi­nario bastarán para destrozar!.:> y contenerlo en su marcha ofensiva. Cuando fuere posible apuntar la pieza, en este tiro se em­pleará el alza así: para 200 metros, 5 milímetros; para 300 me­tros, 10 milímetros; para 400 metros, 20 milímetros; para 500 metros, 30 miJímetros, y para 6oo metro,, 50 milímctrot. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'fÍN MILITAR 369 NO~MA Y DIREOOION DEL TIRO DE LA ARTILLERIA EN CAMPAÑA seg(í.t el Aide 111emoire des offici(;rS d'artillerie • Preliminares- Para reglar el tiro se emplean todas las piezas de la batería. Antes de l:omenzar el fuego se indica á lo~ jefes de seccion, tan claramente como sea posible>, e] blanco que se trata de batir, el género de tiro que habrá de emplearse, la distancia y las correcciones que demanJen las circun tancias del momento. El fuego se principia emp~eanc4o alcance inferior á la distan­cia calculada, y tanto más cuanto menos probabilidades de exacti­tud presen~e dicho cálculo; por regla general esa disminución será de 2 0 0 metro . El fuego se manda por el jefe, situado sobre el llaneo de la batería, del Lt do del viento, á di ~ tancia que no haga imposible á la tropa o í r su voz; el jefe ob rva la caí-.la de lo proyectiles sea á la simple vi s ta, se: a con bi núculo á ser posi blc; si dispone de an. teojo de batería no lo empleará sino en casos extremos y nunca en los primeros disparos. Tiro d e ensayo-Los di s paros se escalonan mandando que en las pieza · se dé suce ivamente un nÚm.:!ro dado de vueltas de ma­nivela, en progre::,ión aritmética, hasta que se observe un error de sentido contrario al del primero. De ordinario hacer aumentar el nú­mero de dtchas vu e lt..~s, u na por una, cuando la distancia se calculó inferior á 2,0::>0 metrus; de dos en dos vueltas, si se estimó entre 2,ooo y 4,000 metros, y de cuatro vueltas, si lo fue superior ~ 4,000. A partir del momento en que el blanco re ulte enmarcado entre dos disparos, corto uno y largo el otro, estrechar el haz hasta ! de vuelta, disminuyendo progresivamente la amplitud de los mo­vimientos de la manivela; cada una de las nuevas modificaciones será la mitad de la anterior. Transformar en milímetros las vuel­tas de manivela que dieron disparo corto en el haz; modificar en consecuencia el alza y tomar la que así se obtiene como alza de ensayo. Cuando contra las previsiones, ó á causa de las circunstan­cias locales que obligaron á reglar el tiro por medio de disparos largos, el primero que se haga resulta largo, se acciona la m a ni ve­la en el sentido más próximo, de acuerdo con lo antedicho . Tiro de conjunto-Basar las modificaciones que se introduz­can en el alza de en ayo, primero sobre la observación de una serie de 6 disparos y en seguida sobre series de I 2 proyectiles. Para or-fll Publicada en 188 3 y aún vigente. Las notas han sido arregladas por la Dirección, y en próximo número ae msertará lo conducente del curso de la ~cuela de Versalles, pu­b · icado el año pasado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 370 BOLETÍN MILITAR denar esas modificaciones tener pre ente que una va.riac10n de r milímetro en el alza hace variar 2 sobre 6 el número de disparos largos. Si se hace fuego sobre una l1r1ea delgada y descubierta se tratará de obtener por mitad que lo tiros sean largos y cortos; si fuese profunda ó cubierta, obtener ; de di paros cortos. Funciones de l?s jifes de sección-Indicar claramente á los jefes de pieza y á los sirvientes apuntadores el punto sobre el cual deben apuntar y reglar el tiro; rc.;petir en alta voz las indicaciones del capitán; a:segurarse de que l.ls pieza descansan sobre la cabeza del tornillo de puntería, arrcglaJo a la distancia pre·crita; situar las piezas, en cuanto sea posible, sobre un suelo firme y horizontal, vigilando que de pues de cada disparo sean de nuevo puestas en batena en el mismo ::;itio. Verificar el alza; indicar la corrección necesaria cuando las ruedas no que den al mi m o ni vd *; hacer jalonar (reperer) las pie­zas después de la primera puntería; cuando Ja seccion está lista, acercarse al capitan y mirarlo levantando la mano; ob ervar la di­rección de los disparos de la sección y ordenar las correcciones ne­cesarias al de v í o. Tan luego como el capitán dé la orJen de repartir el fuego, indicar la parte de objetivo que deben batir las pie&as de su sec­ción; ob ervar lo:s punto:, de caíJa y prescribir, si fuese preciso, las modificaciones que necesita el alza, previo permiso del capitán, por causa del viento *, altura, alcance, etc. Blancos poco visibles-Si el btanco no fuere bien vi ible para todos los apuntadores, tan solo se indica la dirección del tiro, seña­lando para ello un punto que se vea pcrfectamen te, y las piezas se apuntan con el nivel. Jalonar la puntena con el al&a y reglar ésta en seguida, conforme queda dicho. En el caso en que no se en­cuentre un satisfacrono 0bjeti vo auxiliar de puntena, se regula el alcance con el nivel como si fuera con el alza, recordando que un milímetro de alz<:~ corresponde á cinco minuto. de angulo, termino medio, para todas las piezas de montaiia. Cambio dt objettvo-El capitán prescribe el número de vuel­tas de m a ni vela y la m o di ticación necesaria del alza para dirigir el tiro sobre el nul'!vo objetivo. Las piezas ya apuntadas sobre el blanco anterior se dirigen sobre el nuevo sin cambiar el alza, y terminada que sea la punte- • Para esto basta aplicar la siguiente regla práctica: mover el ojo de la planchuela de desv10s hacia el lado de la rueda mas alta, un número de mihmetros igual al producto de multiplicar la sexta parte del alza, valorada en cent1metros, por su inclinación (lateral) medida en grados. • La influencia de un viento que sople perpendicularmente á la línea de tiro seco· rrige para cada cinco metros de velocidad, corriendo eJ. ojo de la planchuela de mira hacia el lado de donde supla el viento, tantvs milímetros ó fracciones de mihmetros como kilÓ· metros y fracciones njunto de la manivela para todas las piezas. Verificación dt los disparos -Para verificar un disparo se le re­pite; si el segundo da un resultado del mismo signo que el prime­ro (-=corto; +=largo), se tiene éste como bien observado. Si el segundo disp.1ro e de igno contrario al primero, se tira otras dos veces con la mi · ma alza. Cuando sobre las cuatro observacio­nes así hecha hay tres en un sentido y una en el contrario, se tiene p r exacta la respalddda por las tre ; si hay do en un senti­do y dos en otro, se adopta como alza de en::,ayo el alza media que Jos produjo. Tiro fusante- El alza se regula como para el tiro percutan te, y desde que se enmarca el blmco entre do · disparos que sólo difie­ran media vuelta de manivela, el capitán ordena á una de las alas continúe el tiro percutante, en tanto que la otras piezas se prepa­ran para arreglar la espoleta de lo shrapndes. ~l capitan prosigue la determin tción del haz de { de vuelta de la m a ni vela con las piezas cargada , fija el alza y manda arre ­glar la espoletas de tiempo: sobre una línea delgada se adopta el alza del disparo corto del haz; sobre otra profunda la del disparo largo. El cohete de la espoleta se arregla conforme al alza, siendo de advertir que en el shrapnel Bange de 80111111 conviene disminuír el cálculo de la duración del trayecto en cuatr.o décimos de segun­do. Para los disparos siguientes las piezas no vuelven á cargarse sino cuando el capitán prescribe la nut.va graduación para el cohe­te. Hace variar ésta, si fuere preciso, de dos en dos décimos de segundo, hasta que se obtenga una serie de cuatro disparos que contengan á la vez tiros fusantes y percutantes. En seguida se re­gla el tiro de modo que se obtengan del tercio al cuarto de disparos percutan tes, recordando que una variación de un décimo de segun­do hace variar el número de proyectiles que estallan por percusión en cada cuatro disparos. Tirar en seguida una serie de ocho gra­nadas con el cohete así corregido, y cuando la serie sólo presenta dos ó tres percutantes, el cohete e tá convenientemente arreglado. La sección que hacía fuego percutante pasa entonces á hacerlo fusante. Sobre una línea delgada en un tiro fusante bien reglado, el nú­mero de proyPctiles que estallen por percusión más acá del blanco debe ser superior al de los que lo hagan más allá: si no se observa esta proporción, se ejecuta una salva percutante para corregir el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN .MILITAR 373 alza y paralelamente el cohete, recordando que cada un milímetro más ó menos de alza corresponde, término medio, á un décimo de segundo en la duración del trayecto del proyectil. Para escalonar las alza en el tiro fu san te, ya determinadas aquéllas por el percutan te, los jefes de sección ordenan que en cada pieza se arregle el cohete de modo que corre ponda con su alza; el ca pi tá n observa, como queda dicho, la re.lación entre el número de disparos percutan tes y fusantes, y ordena las modificaciones de conjunto que pueda nece itar el arreglo de las espoletas. Para reglar el riro fusante directo se principia con una sola alza corta y el cohete arreglado para ella; conservar el cohete y modificar el alza para producir el estallido á la altura del blanco, partiendo del hecho de que á distancias de r ,ooo, 2,ooo, 3,ooo me­tros un octavo de vuelta de manivela modifica la altura en cosa de r, 2, 3 metros. Tan luego como un cohete ha dado origen <Í un disparo per­cutante (corto ó largo), se modifica su graduación, y con la mani­vela se corrige paralelamente el alza. Las primera variacione del cohete y la maní vela serán Cohete: o•6 1 8 2 2 4 M a ni vela: r vuelta 2 \'ueltas 4 vueltas según que el tiro e haga á di tancias inferiore á 2,:::>:::>:::> metros, La m;mivela empleada como instrumento de reglaje del tiro cxiae rle los oficialca el perfecto conocimiento de la corresp ndcncia que existe entn: loa movimientos ele ella el alza. el ángulo de tiro y la duración del trayecto) á fin de que puedan ciar las órdcnc; del caso sin esfuerzo ele intcli.;cncia ó memoria, sino maquinalmente, por decirlo así. MOVI t t F:!I:TOS DE AT,Z C:'>: IÁ.'OUf,() DJ DURACIÓN DJFERP.:NCJAS DE ALCANC1 1'.: METROS DEL 1-------~~------- TillO TRAYECTO Ha.tn 2,500 De 2,500 ií término medio 4,1100 metro!\ LA L\1'\lVELA .\lll.Í .\11 ~T lto~ r-----------1-------- ---·--1------ ---- -1'------ o S 1 vuelta ............ . 7·5 o. so 1.3 320 260 t ... ........ 3·S 0.25 0.4 200 ISO * ............ 2 . 0.12 02 lOO 8o * ········· .. o.6 0.1 so 40 2 ........... . J S 1.45 2.2 3 23 z . .¡.o 3· 4 ······· .. J2. 3·45 4· 5 40 4·35 4·7.::> 6 48 5·3° S·5° 7 ............ ~6 6.10 6.3 8 6s 7·2S 7· Este Cll:'lrlro indica la cor¡cspondenci'l en el cañón de mootañr~ aunque con e"ca~a aprox.im1ción, brer, que lnst~: 1·n la práctica. Debe observarse: ;ulemás, que el empleo de la manivcl.t p<~ra vari:tr metódicamente la inclinación de las picz.1s 1 aun cuanrlo rápido y cómodo, alarga las órdenes, necesita transformaciones de vueltas en mil! metros, gradoa 1 etc Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 374 BOLETIN MILITAR de 2,ooo á 4-,000 ó á más de 4,ooo. Cuando se observa un disparo de signo contrario al de los anteriores, se aplica el procedtmiento de los términos medios sucesivos hasta obtener un haz de 083 de amplitud. Verificar en seguida los límites del haz y adoptar para toda la batería el cohete y el alza del disparo corto. Tiro sobre blanco móvil-Si el blanco está animado de escasa velocidad se observa ésta y su dirección para determinar la canti­dad en que es preciso modificar el alza y el desvío, á fin de tomar en cuenta el tiempo necesario para cargar, disparar y que el pro­yectil llegue al blanco. Cada apuntador, después de dar el alza y el desvío convenientemente calcubdo *, hace desplazar progresi­vamente la pieza~ de manera que la línea de mira se dirija sobre el punto al cual se ha de apuntar. A la voz tal pieza, el apuntador se levanta y ocupa su puesto, lo mismo que el segundo sirviente de la derecha; el primero de este lado coloca el estopín, y al man­dato fuego, dispara. En las otras piezas se corrige en el acto el des­vío, si es preciso, de acuerdo con la observación que se haga del primer disparo, corriendo la plancheta sin sacar el alza de su canal, y en seguida, cuando el apuntador se levante, se corrige el alza por medio de la manivela. De esta suerte se siguen haciendo las correcciones conforme atrás se dice para blanco fijo. Ejecutado el primer reglaje, si el blanco se aproxima á la ba­tería, se dispara lentamente con la alza que dio el mejor disparo corto hasta que resulte uno largo, en el cual momento ~e hace fuego rápido hasta que no se obtengan sino disparos largos, pues entonces se disminuye el alza (á la manivela), en I 50 á 250 me­tros, se;ún la velocidad del blanco. Si el blanco se aleja de la batería se dispara lentamente con el alza que dio el mejor tiro largo y se manda fuego rápido en el momento en que se presenta el primer tiro corto, pues entonces se aumenta el alza en 150 á 250 metros, como en el caso anterior. Cuanto á los errores en dirección, cuando el proyectil cae sobre un punto que aún no ha alcanzado el blanco, basta aumentar el intervalo entre las dos voces de mando: tal pieza y fuego. Es lógico, por otra parte, que el haz sea tanto más abierto {largo} cuanto más dista el objetivo, y el empleo de la manivela conduce á la adopctón de haces expresados en vueltas y fracciones de vuelta, de suerte que la extensión abarcada disminuye á medida que la distancia es mayor, pero esto no presenta inconvenientes graves para distancias infe­riores á 2 1ooo metros. En el tiro el haz largo mide una vuelt11, el normal de tiro fusante media v elta y el de percutante un cuarto. Por esto la adopción del alza de cremallera, en la que las modificac10ne3 se ejecu­tan con rapidez y precisión, sin tener que sacarla del canal, ha permitido acelerar la ve­locidad del fuego y adoptar haces idénticos, expresados en metros, para todas las distancias. Para casos de urgencia tos jefes de sección tendrán siempre á la mano una regleta de co­rrespondencias entre los milímetros del alza y los grados del nivel de puntería A nuestra• piezas de montaña no ha sido difícil arreglarles alza cie cremallera siendo de advertir que la necesitan con más urgencia que si fueran de batalla. • Convendría construir tablas que permitieran dar estas órdenes con rapidez y exac­titud en los casos más comunes (infantt> al paso, al trote, de.), porque do otro modo este importandsimo tiro dará escasos resultados entre nosotros. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 375 También puede arreglarse el tiro sobre un blanco m6vil, re-gulando la puntería sobr .... un punt escogido en el c1mino que parece seguir el blanco, y mandar fuego ra pido cuando el blanco llega á dicho punto *. TirCJ sobri? una caballería que se aproxima á los cañones. I . 9 Dis­posicione. preparatoria de combate: ·oflamar las piezas; escalonar la alza : por ejemplo, para r ,ooo metros en la sección de la izq uiercla, 1, ro o en la del centro y r ,200 en la de la derecha; dar los de,;víos de dichas alzas; colocar el tornillo de puntería como para el tiro á esas distancias en terreno horiz.ontal; cargar los cañones; los pri­meros sirvientes de derecha se proveen de esto pi ne ; 2.° Coloca­ción en batería: la pieza no se enrayan ni se vuelven á poner en batería; el capitán pre cribe el número de vuelta de manivela que necesita la di t~ ncia, pero de manera que las alzas queden cortas; el fuego se ejecuta por de cargas; lo irvientes apuntadores siguen el blanco ~on la línea de mira y se levantan á la voz de piezas; 3· 0 Reglaje y dirección del fuego; como regla general la piezas se apuntan con el alza de partida y no se ha e transformación al­guna de vueltas de manivela en milímetros de alza: a) Si una des­carga enmarca el blanco de manera sati factoria, la siguic11te se hace con un-a vuelta de m.111Ívcla menos; b) Si queda corta, no se hace rnoditicaci6n ó á lo umo media vuelta, i fue muy corta. • Ob enmcioncs sobre /r¡ l'elncidad del tiro -Dur:a11te el período d e rc:;l<,je, ;~ntl·. di' hn ·cr 1111 rli p .aro, e, prec i o ,, ~ t anl.11 !i qne . e h ¡t y.t oh.et v,ulo el :tutcrior,· ;¡hor:carga c~uida . T;,n ltaeg-o COIIlO ,e ha rtgl"cl. el tiro contra tropa en posición, e· de principio ejecnt;ar el fiuf!o rápido á mzón de T \ . ·To rlisparos po1· pitz.a, á fin de lanzar :subte el enemigo una vcnbdeta 11 tt \'ia lt 1 rnyecti es; el c fl'cto mor;.! e· tanto mayor cua11to menor es el tiempo en que .e causa una gran mortand.td. De ahí proviene la impor­tancia de los caiiones de tiro tápido. L ·1 rapiclt•z del tiro dcpe 1dc esenci .dmente de l,as siguientes operacione : n- tt­Licc ·er la pit:za eu b .t ... ría, HJ nntarla, 11 rreglar )¡,s espoletas de tiempo, carg1r y di ·. patar el proyectil. El rettoc ·. o, a11n cu.llldo lo iit11iten los freno , delllora el tiro pOl­que h1.ce nf·cesario vol\'l'r á coluc:tr la pi za en b · terf:a y desarregla la puntería. } .. 1 1stema ó 11111do de apuntar l ~t s pit·za a1¡uí ex.i . tente. e· largo y poco preci:-.o i uo ·e ejeL·ut l~OII ~r.an le ¡, t , tH:ión; :e impone un mccani. mo que permita el ele ·plaz:1- mit·nto l u tc l' al <.le la curcñ '· El ,¡ tema ue a e.:opolet, de tiempo ubre lento, incó­modo y oc:a, Íil ll<•.do á crrurc:, 110 dej 1 l111ell ·1 lle la durc.ci6n t:IIIJ•It:11tla, Para a<'eler;ar el tim u11 lll p ·1:-ib ie cunve 11tlrit adcuHÍ. el uso de la c'p.ttla 6 cartucho metálico en el cnñ6n y el di p;.uo pur percu~ión pam evitu el estopín, yuc dej.L aúu mucho qw~ desear cuanto á perfecciOJnmicrito. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 376 BOLETlN MILITAR Tiro de grupo de baterías-Llevarlas imultáneamente á la línea de fuego, y si esto no es po ible, hacer entrar primero la que deba quedar bajo el viento: en e te caso cada batería regla su tiro, tomando como punto de partida los resultados obtenidos por las baterías ya instaladas. Cuando todas entren al tiempo en línea, cada una regla su tiro como le sea más cómodo. Tan luego como cada batería esté reglacb, hará conocer al jefe de todas el alza empleada, para que e ·te pueda ordenar las correcciones y recti ficacione que es ti me convenientes, valiendose para ello de fuegos por descarga si fuere preciso, pero por baterías y sucesivamente á partir de la que esté bajo d viento. Cuando el humo, un vient fuerte, etc., no permita á las baterías hacer simultáneamente el reglaje de su ti ro, el jefe su pe­rior de ellas determinará el alza por descargas por batería ó media batería, como lo hace el capitán con la suya ai lada. Indicadtt el alza, cada capitán acaba luégo de rectificarla como queda dicho. La& baterías reunida que empleen pól\'ora negra deben ponerse en guardia contra el humo, para emplertr el nivel cuando no sea po ible apuntar directamente la pi eza y darle la r:Jirección empleando cualquier procedimiento para jalonarla. Notas complementarias. 'J'iro c?Jltra trinch eras. Tiro parabólico. El alcance y el ángulo de caítla on la ba-:e para reglar este tiro. Tomar como ángulo de caída L1 inclinación de la línea que úna la cima de la cresta ó parapet en el punto más bajo en que ~e la pueda alcanzar á batir ; e m picar la carga de pólvora correspon­diente. Amplitud de /()s desvíos.-Cuando éste se conoce se princtpla con el ángulo de tiro de la tablas ; se disparan cuatro proyectiles por vía de en ayo, haciendo de puc de cada uno una corrección igual al desvío observado dividid por el número del proyectil, no tomando en cuenta las cifi·as inferiore á una y media veces el pro­bable de la pieza ; en este ca o el desvío que no se corrige se añade al del disparo anterior. Dirección de los desvíos. Ensayo-Cuando se conoce la direc­ción del desvío para reglar el tiro, ·e hace un primer di ·paro em­pleando los elementos de las tablas: si es corto ó largo, se aumenta ó disminuye suce~ivamente el ángulo de tiro una cantidatl igual á ocho veces el desvío probable de la pieza, hastc1 ob ervar un di paro de signo contrario. Obtenido é:.te, se cierra el hr.z hasta dos des­víos probable , empleando por ángulo de tiro el que ea término medio entre los dos ángulos que dieron el último corto y el pri­mero largo, ó viceversa. Cuando el reglaje se hi7. ·obre un objeti­vo auxiliar, se transporta sobre el real después del primer tiro de conjunto. Efectos de loJ proyectiles de artillería.-- El calón de 8omm de montaña da con la granada común 32 cascos, 4 de más de 300 gra­mos de pe~o y 7 de menos de 25; el shrapnel rs.;, de los que 33 varían de JO á 300 gramos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 377 La granada de e~pole'ta percutante, al tocar c ... ] suelo bajo ángu­lo pequerw, exc~va un. urco, se levanta de nuevo y estalla en esta segunda trayectoria: como la altura á que lo hace es casi nula, la posición y forma del haz depende de tres elementos: retardo de la espoleta, ángulo del rebote y amplitud del cono que abarca los c:a. cos. El retardo e de ordinario de 2 metros á los I,ooo metros, di ·minuye con la di tancia, y á 3,ooo la granada estalla al tocar el suelo formando fogata; el rebote en terreno firme y horizontal va­ría de uno y meJio á do veces el ángulo de caída; la amplitud del cono de casco depende de la velocidad restante, de la ve.locidad de rotación y de la velocidad que imprime á las caras la carga in­terior: con proyel:tilcs bien con:.truíJos puede mirarse corno de­pendiente solo de la di tancia. El proyectil de 8.J 111 m sobre objetivo de 2 metro de altura, 40 de frente y 40 de profundidad en que se pongan 4 filas de blanco, , á 2,ooo metros, si es ligeramente corto el tiro, da ha ta 50 imp:tcro., ó en otros término , si estalla á 100 metros del blanco ya no cau a daño sensible, pre:entando el máxi­mum de.: efecto si lo hace á 1 o metros de distancia. En el tiro fwante la di:.pcr. iún de lo cascos obedece á las misma cau_a señalada para el pcrcutante, pero en el centro del cono habrá un vacío o c upad ~pena~ por lo, ca. co del culote si la carga interior ocupa es, acio sobre el eje del proyectil, lo que no sucede si é . ta e coloca en la parte del s 2.z669 y 184 88. Con la pólvora Or p tra e l proy ectil de So milímetros k= 370.6 y su largo 2. s689. para di e ha pó l vora el logari t mo a =0·3 718 ; logari t­mo b=o.26619; el valor de m e::s :.438 y el error relativo mí.ximo de temerse en el alcance / 0 • La intercalación se efectúa conforme á la regla de N ewton: los medios acitméticos usuales y diferencias primeras y segundas, son: om o' 1:::. b. 2 soo 44 I,ooo 99 x,soo 164 2,000 237 z,soo 319 44' (+9·5) SS ( 6o) 6s (69) 73 l 1 lO 8 La fórmula cf>=cf>+-11 - b. + ~ {- n- -) 2 b. 2 upo niendo á nL 500. ;oo 50" Para buscar entre 1,soo y z,oo ome tros losalcanc csde 100 en 100 me ­tros, por ej emplo, á 11 se dará sucesivamente el valor de roo, zoo, 300 y +OO. ángulo vertical del alcance; n=-}, }; : y ! respectivamente; b. =69 b. z=8. Para la primera intercalación para obtener el ángulo sería: 1600= 164-+; (69) + ~(!) 2 8 = I6++ 13.8 +o.I6= 178 La m.1 nivela-Empíricamente cada vu elta de manivela equivale :í. 7 milímetros de alza para todas las distancia ; pero si se trata de un gran número de vueltas deben tomarse 32 milímetros cíe alza por cua­trn vueltas. En tesis general puede usarse el siguiente cuadro para las variaciones de alcance. á 1 ,ooo metros I vuelta 250 " ~ " 125 t " 6o á z,ooo 180 90 45 á 3,000 140 JO 35 á 4,000 100 so 2j POR H. H ELVIG, DEL ESTA DO MAYOR ALEMÁN Versión libre para el Boletín Militür PARTE PRI:llEltA-EL BA.TALLON CUARTO EJEMPLO Un bat ollón contra batallón y medio (cuatro compañías contra st:is compaiHas) Cot..Jideraciotus tácticas Si el enemigo, superior en número, se divid~ en porciones iguales y no concentra .\ grueso de su fuerza contra un punto detcrminado de la posición, es preciso tratar de reunir momentáneamente fuerzas superiores Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 379 contra una de 1as alas del adversario, y tomar allí la ofensiva: semejante contraataque puede ser decisivo si al mismo tiempo se amenaza la línea de retirada que debe seguir el enemigo para reunirse con otras tropas. El batallón ha tomado posiciones. La cuarta compañía, adelantada como vanguar:iia, se cubre con algunas patrullas; la tercera se sitúa 300 pasos atrás como línea avanzada; las compañías primera y segunda otros 300 pasos atrás de la anterior, en columnas de compañía á intervalo de despliegue, funcionan como grueso 6 línea principal. PRIMER MOMENTo-Las patrullas señalan la aparición del enemigo. l)lsposlclóo : la cuarta compañía despliega su pelotón de tiradores; fuego lento y cuidadosa puntería. SEGUNDO MOMENTo-E/ ttumigo.• • • • • * • * •..., • • • • • • • •"" •"" •""..., muestra fuerzas superiores y 4vanza 4· a t contra nuestro fruiU. ¡ Dlsp6slclón : cuarta compañía, ¡e despliega íntegra en tiradores; terara compañ í r, en línea funciona como sostén 1 so pasos á retaguar­dia de la cadena; primera y segun­da compañías se aproximan hasta quedar á 300 pasos del sostén. • :•so ~ :, pasos 3·· 8 egundo m~mtnto 300 : pasos o o o o 1 t TERCER MOMENTo-E/ adverJario despliega en tiradores dos compa­ñías, qut avanzan apoyadas por cuatro co/umlJas de compañía, y obliga á ajar á nuestros tintdores. Ulsposlclón : tercera compañía, se sitúa á la derecha de la cuarta, en posición de refugio para sostenerla por el flanco . • .... . . . .... .... . .... .... . . .... .... .... . .... .... . . . .... . • • • • • • • • 4·a •• ... • • •• '··.... • • :¡p. ·, •• ~'i> ···..•. . :. ')' · .......... ~· ~0 :8$.~~ ~~ ~ ~~~ ~~ 2.a La. T erar momento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 380 BOLETÍN MILITAR Señal: después de verificada la operación anterior: cuarta ~ompa­ñía, lentamente en retirada, hasta colocarse á la altura del ala izquierda de la tercera. • ••• • • ,+.._ •• . . .'- .. .. ~ / .. . . ')' / .. CuARTo MOMENTo-E/ enemigD despliega otra com­pañía e11frente de la terce­ra, y trata de ~ogerla de flan~ o. • • • • • • • • • 1 • • • • • • • • • • /-- ----------+ 4·" // Disposición: tercera ~ompañía, martillo defen­sivo en el ala derecha; primera y segunda ~ompa­ñías avanzan á apoyar el ala izquierda. • e uarto momento QuiNTO MOMENTo-E/ enemigo se presenta ~on tres ~cmpaíiím despftg,¡das en tiradores apoyados por tres en orden cerrado. Ulsposlclón : tercera compañía lentamente en re· tirada, hasta alinearse con Quint, momento la cuarta; primera y se-gullda compañías, desp,iegan sus pelotones de tiradores de modo que for­men martillo ofensivo á la izqui -:rda de la cuarta, con los pelotones en filas cerradas 1 so pasos atrás. SExTo MOMENTo-E/ enemig(/ refuerza sus tiradores y aprieta nuestra tercera "mpaílía. Señal: fuego rápido 1 IHsposldón: la tercera compañía contiene al enemigo que tiene al frente cuanto sea posible; primera y segunda compañías avanzan, el ala izquierda adelantada á la c;eñal de avancen!,· la cuarta compañía se enla­za con los pelotones de tiradores de las compañías primera y ugundtJ, de­jando atrasada su ala derecha. SÉPTIMO MOMENTO - E 1 mo1.timiento orde110do amenaza el flanco derecho dd enemigo y contin1e su marcha ofensiva. Señal: avancen! (La mar­cha ofensiva se ejecuta con­forme á la disposición indi­cada). • . .. x ••• -ttt **-11 • • ... ?( ~~~ :. -$--m..•. ..:x -$-"'~ ••. · . ~ ......... . • • • • • • • • • 4·& J.a Séptimo mdmentQ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. not.E~ÍN MILITAR 381 ÜCTAVO MOMENTo-E/ ene· migo haa af/anzar u1111 CIJflt­pañ !a en filas cerradas sobre la línea de combate, del lad~ de su ala amenazada, y ejem­ta juego de descargas. Seña/u: para todos, alto! fuego rápido! •• -$e •• -~~ .. ... ~. •* .· ~··. •• ~ .. ~-'- .. ~ ;ttT •• •• ~ ·:. ./;~ .. •• •• •• •• • . . . .... • • • • • O ctaf/o momento 4· a 3. a NovENO MOMENTo-E/ ene­migo se tJe obligado á haar replegar un poco su ala de­recha . . · ~. . . • •• -$;: • • Ut. po~lción ; la tercera -x=$--ttr • • compañía queda en la posi- ,/, • • • • • • • '6 _.. ~ • • • • • • • c1 n que ocupa . . · 3.• Señal: afiancen! Nof/eno moment1 DÉCIMO MOMENTo-E/ enunigo, amenazado en stt línea de retirada, trata de resistir con su derecha, para entre tonto acercarle su alo izquierda af/anzada con exceso. Señales: para todos, alto! fitego rápido! avancen! A esta última se­tia} ]a primera, segunia Y cuarta compañías se lanz.m al atae¡ue de la de­recha enemiga; la tercera sostiene el ataque con fuego rápido. U N DÉCIMO MOMENTo-E/ ala derecha tnemiga retrocede lentamente. Señalts: para todos, avance rápido! .?í . .· ••••• '!~.:. ..x .L: ~· ./'~·· .. . .. · • ..d:t. •• ""tfT..d:t. •• ~ .-.;¡:r • .?í • • • • • • • • • • • • • • 3·· Undécimo momento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 382 BOLETíN MILITAR. DuoDÉCIMO MOMENTO - Nuntro ataque es recibido por 1111 fuego violento; el enemigo entre tanto ha reunido JUJ fuerzaJ Jobre JU ala derecha y u retira !eJJtamente. Seña fn: para todos, alto! Uisposlclón : primera J ugw1d11 compaiiíaJ siguen al adversario con fuertes en­jambres de tiradores; tercera y cuarta u r eÍinm. El bata­llón vuelve á s u primitt\ra posición y no deja avanuda sino la primera compañía. •• •• •• :' ··. . " .. ~~ ~ l888B~ ~~ ~~ ~~ 4 .a l. a •• • • a ~ • • .'~-t¡r •• -(., Duodéc imo momento --··· -- SOBRE EL U !FORME MILITAR El traje mdit4r ha si.lo en casi todos los ejércitos, obj:to de estudios y de cambios que demuestran su indudable Importancia. Apartándose por lo general de antigl.Jos caminos, ya desusados, no se trata de conseguir en él un aspecto agradable ó humildemente sujeto á las volu ble:s é irrazonadas exigencias de la moda ; pues si bien es cierto que no debe separarse por completo de la manera de vestir de los contemporáneos, no debe tampoco ser copia exacta de cuanto se idea por quien tiene su principal ocupación y oficio en inventar nuevo, y sobre todo variados modos de vestir. Otras son ciertamente las condiciones con que debe cumplir; y ejemplo de ello tenemos en las ropas usada-; por los que á ocupaciones es­peciales se dedican. No viste el cazador de la misma suerte que el albañil, ni el maquinista como el que á las labores del campo ptde el pan de cada día. ¿Por qué, pues, siendo la guerra el principal empleo y mas excelso del soldado, ha de vestírsele á semejanza de los que viven al seguro abrigo de intemperies y fatigas en las calles r casas de poblado? La estancia del militar bajo techado es acci­dental, pues no ha de cumplir su cometido encerrado en los cuar­teles. Si ha de arrostrar toda intemperie y de soportar cualquier fatiga por desempeñarlo, parece lógico no aumentar su ya penoso oficio con molestias artificiales; sí, por el contrario, acuoir en lo hacedero á su reparo para evitarles las posibles, y amenguar las irremediables. Debe ser el uniforme, puesto que en el campo ha de usarse, traje de campo y no de ciudad, y si bien no ha de tenerse compla- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 383 cencia en darle aspecto sobremanera agreste, tampoco d~be sacri­ficarse á la buena vista condición ninguna esencial, que no es ne­cesario para llenar el primer objeto vestir al soldado de tan extraña suerte que llame la atención de su inu s itada apariencia. Las actuales costumbres, prácticas ante todo, han allanado grandemente el camino para esta reforma, y ciertamente el ejérci­to no se adelantaría á sus coetáneos hacient'o más convenientes y apropiados sus vestidos; la moda, con tnás entendimiento del que podía suponerse en tan caprichosa señora, ha adoptado trajes en general cómodos y holgados y no exige á sus adoradores que su­fran, por acatar sus imaginaciones, los tormentos que los corbati­nes, calzones ajustado , mangas estrechas y cinturas microscópicas les ocasionaban no hace aún medio iglo. Y no se diga que la rigidez y tiesura son necesarias para inculcar al camp .... sino y al ciudadano costumbres militares; esto sería bueno en el tiempo en que la uniformidad y acompasamiento en el manejo de las arma , el canto d el fusil y su brillo deslumbra­dor, unos bucles bien empolvados, el paso á la Federico, y otras mil cosas de igual jaez, se tenían por el colmo de la perfección en el arte militar. El tiempo que se perdía en obtener tal resultado, se aprove­chará dedicándolo á ejercitar en la paz lo que en la guerra se practica. Hoy que á todo militar se le exige, dentro de sus obligacio­nes, una gran iniciativa y que el último soldado ha de saber gober­narse y combatir aisladamente, parece contradictorio hacer de él una máquina y pedirle luégo que marche sin dificultad, entregado á sí propio. Hoy que por la índole misma de las modernas guerras son más necesarias que nunca costumbres de obediencia y disciplina, si no ha de convertirse en lamentable barullo lo que debe ser, según las recientes di posiciones tácticas, ordenado desorden (en realidad lo primero y en apariencia lo segunrio), es preciso que de­jando aparte lo accesorio, se dedique especial atención á lo esen­cial, que es procurar rapidez en las marchas, seguridad en el tiro y agilidad en los movimientos. Dos de estas condiciones exige que se eduque al soldado con el objeto de obtenerlas, y por lo tanto que se le ponga en condi­ciones físicas tales que no encuentre en su propio individuo, es decir, en su vestuario y equipo, los principales obstáculos á su logro. Sobradas causas externas, ya vengan del enemigo, ya del terreno, ya de las intemperies, encontrará con qué luchar sin que se aumenten otras más, que haya de vencer, so pretexto de endu­recerlo contra las fatigas de la guerra, ó que su aspecto sea más militar. Puesto que el ejército ha de servir para el combate, debe ser la aspiración de los militares, tratar de colocarlo en las mejores Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 384 BOLETÍN MILITAR condiciones para guerrear, prescindiendo de que á los paisanos les agraden más ó menos la tropas cuonJo las ve.tn en la· paradas ó desfiles, que no irán seguramente á aplaudirlas en las penosas marcha , los inclem~!ltcs alojamientos ó los sangrientos campos de batalla. Si por dicha el Erari anduviese tan sobrad de recursos que pudiera, sin quebranto, dedicar uno cuanto~ cientos de millone á lo superfluo, despue d ... haber ga · tad e11 lo nece:,ario que fd!ta otroi mucho·, en buena hora que se.: i .. learan lujo,í_imos unií rmes para usarlos en las poblar:iones, sin p erjui ·i ele almacenarlos y vestir otros más cómr Jos cuando de f.tenas militare· e tratara; per de graciadamen te no acontece t ti cosa , y, aun á trueque de descontentar los ojos de los pagan>, h1brá qt~e ver ele emplear con la p si ble utdidad dd E jérc1 to y del Estado los exiguos recursos de que se di p ne. Esto por lo que hace á lo extrañ á la pr~fe·ión militar, pues los que cursan las ·o a~ de 1· :Tuerra, pvco ó n..1d ,1 han de fijarse en si es m ' ó meno- vi.,to,o d un i~>rrne , ante bien, dán­dole la import,lllcia que verlladeramente tiene, ¡Mr.1dn la conside­ración c:n cualidade más ho:tdas é interc antes. En dos cJtegorías pueden encarars' ésta:s: mi lit, res é higié­nicas. Por cualidades mili tares ueben entenderse las q te cxclusi va­mente se refieren á la e.)peci,ll ocupación del o dad. > y us medios de llevarla á término, y p r hi 0 iéni ·a la que e diri6 ·n á con er­varle en estad de saluJ ó precaver la.; causas que puedan alterarla ó destruírla. Líganse aquellas y é;:,ta.- 111timam-...nte, y no es fácil á veces cumplir con l.ts una_ si11 pcrju,li(: 1r ,t la otra., pero siempre que.da el recurso de optar por la :sol11 ión de que menos daño pue­da originarse, que en vano sería disponer los wldado con prefe­rente atención para el mo nento de la lucha i, por haber desaten­dido las precauci nes higiénicas, las enfermedades ó las fatigas los postrasen, impidiéndole llegar á este último y apretado trance de la guerra. Y de nada serviría tampoco mante11erlo., sanos y robus­tos á costa de disposiciones que llegarían á empecer sus aptitudes militares. Por tanto, cualidades militares y cualidades higiénicas espe­ciales debe tener el uniforme, combinadas en justa medida, para que mutuamente no se perjudiquen, antes todas ellas concurran al mismo deseado fin. Los primeros, por las razones dichas, han cambiado notable­mente, pues ya no es posible pedir al vestido que se defienda fuerza á fuerza de los golpes de las armas enemigas. En lo.) combates á alguna distancia, porque á tanto no llegan ni aun verdaderas armas defensivas como la ro raza, y en los combates al arma blanca, por­que no se podría lograr eficaz prutccci ó n sino á trueque de au­mentar sobren1anera d peso que ha de llevar el soldado. Lai pocas Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR veces que se llega á las manos no ,notivarían la adopción de trajes muy defensivos, convenientes para este caso, pero paco á propósito para marchar con velocidad y moverse ágilmente. Pero si no puede buscarse la protección del indivicluo en estos medios directos, debe buscarse en medios indirectos que serán tan eficaces por lo menos. Si no :;e puede contrarrestar la fuerza LOR..EJS CONDICIONES 11 En terreno descu~icrto .... . ---- --.-- -- ---- En terreno roque no ....... . Al horde del mar ...... .. . Sobre el agua.. . ....•••• Sobre obras de tierra ..... . Sobre obras de piedra . ... . e \ Al amanecer . .... .. . . ~tAl alir el sol ..... . . . ~ A medio día ... ... . ~ A la puest::l del s 1 . .. . \Al amanecer.... . . .. ~ J Al salir el sol ....... . ~ J A medio día.. . . ... . :.á 1 A la puesta del sol ... . ~ 1 Lloviendo .....•.. . .. l Lloviendo y con niebla. --5 { Con luna . . .•.• .. .... ~ Estrellado . ......... . En terreno descubierto .... . En terreno roqueño ...... . Al borde del mar.. . . . • •. Sobre el agua . ......... . Sobre fortificación de tierra. Sobre fortificación de piedra + 2 1 J 2 1 1 2 1 8 8 1 8 2 2 8 8 I l 1 t l 2 2 4- 3 7 3 2 2 5 ~ 1 6 1 6 3 8 ! j 3 + 1 2 1 3 4 5 3 2 4 + 3 2 5 4 4 3 3 + + 3 4 6 3 3 4 5 4 S 3 S 5 4 3 5 4 4 4 3 3 4 4 3 5 3 7 8 4 4 ! 1 3 + 5 4 + 3 7 7 7 S 6 7 7 6 7 S 8 8 5 8 6 6 8 8 1 6 8 7 8 8 7 8 8 6 8 6 -------------- S u mas ..... . ..... 68 90 1 9+ 98 165 l 16é .. .. 11 Pardo ó gris plomizo resultan ser en efecto los colo:-es que menos se ven en el campo, y aunyue éste no sea de las calidades antes dichas, también son éstos los colores más favorecidos en los demás ten enos 'y ocasiones que se consignan en el adjunto Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ROLETiN MlLl'l'.AR 387 cuadro formado por el renombrado cazador Julio Gerard y el ar­mero l\tl. Devisme. El número 1 indica los colores que más se ven y el número 8 los que no se ven ab ·olutamente nada. Inducidos por la experiencia y por análogos ensayos, la mayor parte de los estados mili tares han modificado el color de sus ejér­citos. Austria, prescindiendo de antiguas tradicione:.i, ha desterra­do sus levitas blanc<1 , Alemania emplea los colores azul y gris, Rusia el verde oscuro, Italia el gris y el azul, únicamente Ingla­terra conserva la casaca graca, y Francia y E!paña los pant Iones encarnados. El negro azulado, y mejor aún, el gris plomizo, ó el pardo, son los colores cuya dopción presenta más ventajas, no sólo por las razones que se originan de los cuadros anteriores, sino también porque son colores sufrido , que no se deterioran fácilmente ni descubren las injurias del uso, lo cual los hace al mismo tiempo ser baratos por su mayor duración en buen estado. Contra las herida que infieren las armas blancas, debe tener el soldado su mejor defen a en el buen manejo del fusil armado de bayoneta. Las charret<:ras llevadas con el objeto de amortiguar la violencia de los sablazos en el hombro, son excesivamente moles­tas, y no tan eficaces que no las sustituyan, sin gran desventaja, las hombreras de paño almohadilladas. Estas tienen sobre aquélJac; ]a ventaja de evitar la incomodidad que el peso del fusil causaría en la posición de armas sobre el hombro, ya apoyándose sobre la charretera, que como cuerpo duro transmite su presión á la claví­cula, ó ya sobre este mismo hueso, si no se interpone más que una tela delgada. El casco de cuero, el morrión ó el chacó se han usado con el objeto anteriormente expue to, desempeñando su ofi cío protector respecto á la cabeza; pero el haber sido desechados, adoptando ke­pis, cuyas únicas propiedades militares son la ligereza y la estabi­lidad, es razón bastante para no volver sobre ello. Y aun á riesgo de repetir lo dicho, debe insistir e en que la infantería lucha tan pocas veces cuerpo á cuerpo con la caballería, que no habría pari­dad entre las ventajas que proporcionase un cubre- cabeza resisten­te al sable en absoluto, y los inconvenientes debidos á su pPso y á lo molesto de 5U uso. En las refriegas entre caballería tampoco son tántas las ven t ajas del casco de hierro ó acero, que se deban pasar por alto los graves inconvenientes que re ultan para el jinete de la elevación del centro de gravedad y del golpeteo sobre el cráneo en los aires violentos. Las correas que soportan y sujetan el equipo se han preconi- 7ado como protectoras, llegando, en algunas ocasiones y con tal pretexto, á dárseles exageradas dimensiones y á disponerlas de ma­neras viciosas, como cuando se cruzaban sobre el pecho, sobre­cargándolas con chapas de metal, cuyo único efecto era aumentar Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 388 BOL.K'l'IN MIL1'1'Ah el peso sin lograr detener las balas (faltando al encargo que tenían de salvar á su dueño). Otros medios se han propuesto, tales como petos, almohadi­llas, mochilas para balas, medias corazas, etc., que acaso fueran útiles para desempeñar servicios especiales, trabajos de zapa, defen­sas de posiciones, etc., pero que en tesis general no pueden acep­tarse, siendo, como es, muy dudosa su eficacia, aun en estos casos particulares. Resulta, por lo dicho, que el medio de que se dispone para cumplir esta primera condición sin perjudicar a las demás, estriba en adoptar uno de los colores mencionados, el negro azulado, el pardo ó el gris plomizo.-(Continúa). N AZARIO CALONJE INFORl\~E OBRE EL EJÉHCITO ALEMÁ!i (Continuación) Las Í'tspucionu Como la mayor parte de las inspecciones y las más importan­tes se aplican precisamente á los ejercicios del período de prima­vera, parece sea esta la ocasión de decir algunas palabras. Primero vamos á dar la lista de ellas, luégo examinaremos la manera coma se pasan, y, en fin, procuraremos poner de manifiesto su carácter general y dar á conocer las particularidades más importantes. Desde el día de la incorporación de los reclutas hasta aquel en que son licenciados los hombres clasificados para la reserva al fin de su tercer año, se puede enumr-rar como sigue la serie de inspecciones que tiene que sufrir un soldado prusiano. En Enero, es decir, antes de la inspección de los reclutas, de que ya hemos hablado más arriba: 1.0 Inspección de la instruc­ción individual, teórica y gimnástica (y 1por consecuencia es­grima, que siempre van unidas) de los soldados antiguos, pasada por compañías por el jefe del regimiento. En Febrero: 2.0 Inspección de los reclutas. Ya hemos dicho en qué consiste y cómo se pasa. En la línea * no tiene lugar ge­neralmente hasta principios de Marzo; 3.0 Inspección del perso­nal sanitario por el jefe del regimiento. En Marzo: 4.0 Examen de los sargentos y de los reengan­chados que siguen el curso de la escuela regimenta], por el jefe del • Las fechas indic1das se refieren á la Guardia, en la cual se hace la instrucción, como ya hemos dicho, de una manera más regular. Por esta causa se encontrarán men­~ ionaifas así, cuando se ofrezca, las épocas correspon d ientes para la línea. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 389 regimiento. 5.0 Inspecciones de compañía * por el mismo. En la línea tienen lugar en Mayo. En Abril: 6.• Inspecciones de batallón, pasadas por los jefes de brigada ó de división. En la línea tienen lugar en Junio. En Mayo: ].0 Inspecciones de regimirnto, pasadas en la Guar­dia por el Emperador, y en la línea, en la cual se efectúan duran­te el verano, portlos comandantes generales de cuerpo de ejército. 8. 0 Inspecciones de gimnástica y de instrucción teórica, pasadas á cada compañía por el jefe del regimiento. 9. 0 En la Guardia, re­vista general, por el Emperador, de todos los regimientos de guar­nición en Berlín. Esta revista en parada nu se pasa en la línea. A fin de Junio: 1 o.0 Inspección del tiro, pasada en la Guar­dia por los jeft:s de brigada, y en la línea por los de regimiento. A principios de Julio: 1 I. 0 Inspección del servicio de campa­ña, pasado por compañías por el jefe del regimiento. En Agosto: 12.0 Inspección de gimnasia por el jefe del regi­miento. En Septiembre, antes de empezar las grandes maniobras y ge­neralmente en el punto de la concentración de fuerzas: 13. 0 Re­vista general de todas las tropas que deben tomar parte en ellas, pero sólo en el caso de que el Emperador asista en persona. En el caso contrario esta revista no se pasa por los comandantes genera­les de cuerpos de ejército sino cuando ello lo juzgan conveniente. A fin de Octubre: 14.0 Inspección de las fracciones regimen­tales de ingenieros, por el jefe del regimiento. A esta inspección se puede, además, agregar una revista de detall *, pasada cada tres ó cuatro años al principio del verano, por los jefes de brigada, y una inspección de las armas, que no tiene lugar sino cada diez ó doce años, en épocas indeterminadas. Se pasa por un oficial general que designa á este efecto el Ministro de la Guerra. Lo que sobre todo Í.Jnpresiona en la manera como se organi­zan estas di versas inspecciones es, por una parte, el minucioso cui­dado con que se sostiene, en todas circunstancias, el principio de la independencia personal á que cada uno tiene derecho en los límites de su esfera de acción; y por otra, las precauciones constantes que se observan para no quitar á la instrucción de los hombres sino el menor tiempo posible, concediendo plenamente á cada oficial los medios para que pueda darse cuenta exacta, desde todos los puntos de vista, del estado en que se encuentren las tropas sobre las que ejerza mando. • Es preciso entender por tál la inspección con que se termina la eacuela de compa­ñía; más adelante se verá la misma inspección para el batallón, regimiento, etc. • Que no ea en verdad sino una revista de material como lo veremos más adelante. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 390 BOLETÍN MILITAR A primera vista parecerán e~tas dos condiciones contradicto­rias é inconciliables; pero la práctica ha demostrado que no lo son, y q u P. de hecho es muy posible conciliarlas, ob ervando riguro a­mente las reglas iguientes, a la cuale s e conforrr1an siempre en el jército alemán : 1: No pasar jamás dos vece .~ :í la misma tropa el :·ni~mo gé­nero de inspección. Dos oficiales subordinados el uno al otro, pa­san á la tropa que mandan do::. inspec iones diferente, pero nunca la misma. 2. 8 En lugar de consagrar á la inspección una e ión espc-­cia1, convenirse, tan o como sea posible, para aprovechar el mo­mento en que la tropa recibe preci amente el genero de instrucción que se quiere examinar. Contentar e asimi ·mo en rigor, en pre­sentar á la in. pección ó á b re vi · ra, una parte solamente de las tropas, aquellas cuyo trabajo de instrucción pueda re:;entirse menos. Conformándose estrictamente á e::.t s principios fundamenta­les es como la autoridad uperior ha llegado á e tar siempre de un modo perfecto al corriente del estado de la tropa , sin pasar más que un número de inspecciones tan reducido como es posible, á fin de no entorpecer nunca la march~ de la in trucción. t\lgunos ejemplos harán comprender bien c<)mo se con igue sati facer las condiciones indicadas más arriba. En la lista que hemo;, dado de la diversas inspeccione se puede notar que las de gimnasia é instn.:cción individual y teórica se repiten en realidad varias veces al año. Es una prueba de la i m­port. mcia que e concede en el ejercito alemán á todo lo que puede contribuír al de arrollo Í1sico e inttlectual del S< ldado. Pero en cambio ha de bid o ver e también que estas mú !ti p!es inspecciones se pasan por 1 jefe del regi mient , c · to es, por el hombre que está en las mejore· condtciones de ob en ar lo que se hace sin in­terrumpir la marcha de la instrucción. Este c., por lo demás, un principio al que los coronele se conforman e· crupulo amente, y tienen siempre el cuidado de ele­gir, para ver tal ó cuál parte de la in trucción de una compañí2, el momento mismo en que la ecíbe. A 1, por ejemplo, el coronel sabe que mañana hay gimnasia en la tercera compañía e instruc­ción teórica en la séptima, ha. ce saber p r medio de la orden, con ervando en lo po ible las horas fijadas por los comandarne5 de compañía, que mañana habrá para la tercera compañía inspección sobre gimna ia, y para la séptima examen de enseñanza teórica. Toda la diferencia entre semejante inspección y la instruc­ción de cada día, con iste implemente en que en t:des circunstan­cias el capitán presenta el completo de su fuerza, incluí dos los or­denanza , con el traje ordenado para la inspección, y entrega al coronel un estado que contiene todas las noticia que e le piden. Jamás estas inspecciones e pasarán por otro que no sea el jefe del regimiento. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI'l'AR 391 Si dos oficiales di fe rentes tienen que pasar á una tropa el mi mo género de inspección, hé aquí cómo obran siempre de ma­nera que la tropa no sea inspeccionada dos veces sobre el mismo asunto. En la época de la in pecciones de batallón, en d mes de Junio, el comandante general de la di vi ión dará á los de brigada orden para inspeccionar los segundos batallones de su regimientos, re ervándose ver los primeros y terceros ó inver amente, y jamás un comandante general de división inspeccionará un batallón que lo haya sido ya por el de brigada. El mi mo principio se igue aun cuando se trate de la ins­pecci<') n de unidade5 tá ticas má considerables. Así, en 1a Guardia, cuyos regimientos y brigadas se presentan al Emperador mi mo, 61o el r :1 sará la inspección de brigada ó regimiento; pero como todos asi&ten á las que él pasa, es siempre perfectamente posible á cada Jefe de cuerpo aprovechar la ocasión para ver su tropa. Podrá uno quizás inclinarse á creer que un comandante ge­neral de división que no haya in-peccionado sino el segundo ba­tallón de un regimiento, no cst. rá enterado del mérito del pri­mero y tercero. Nada de e · to: los conoce tan bien como al otro, porque ha a istido á la in pección que hizo á estos batallones el jefe de la brigada, en las que escuchó las obse-rvaciones críticas finales, y quizá también haya sorprentfido así algún detalle que se le hubiera escapado con ocasión de su inspección particular. Y aun en las má elevada graduaciones de la jerarquía mili­tar e e fuerzan para no del\componer jamás la marcha regular de la instrucción, aprovechando para las inspecciones los días en que el regimiento se encuentre reunido en su campo de in trucción. Por lo que toca al Emperador, se comprende que no pueda stempre someterse á esta regla, pero en todo caso cuida de fijar el día de sus inspe ciones en lvs límites habituales de los períodos de in - truccion corre pondiente . V éa e cómo se dispone en la Guardia : el Jefe de E tado 1vlayor, despu és de poner ~ e de acuerdo con los jefes de regimiento, brigada, t:tc., formaliza una lLta de todas las inspecciones que debe p:1 sar el Empera dor, a igna ndo á cada cuer­po un día elegido de manera que di s traiga lo menos posib1e su ins­trucción. Este programa se somete en se g uid:-t á la aprobación de S. M., después de lo cual se litografi::t y ¿ : ~tribuye con profusión de modo que todos aquellos á qüienes la cosa intere s e pu e dan asistir á las inspecciones. Otro tanto se hace para to d a la inspecciores que se pa an en las di visiones, brig!!da - y regí mientos, púr sus jefes re. pectivos, etc. Se da cuenta al .E tad ·> iVl ayor del cuerpo de ejército, quien formaliza á su vez la lista general y la comunica al Emperador y á toda la guarnición de Berlín y us inmediaciones: resultado, que todo oficial que lo desee puede a istir á estas inspecciones, siendo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 392 B:)LETÍN MILITAR muchos los que aprovechan las facilidades que se conceden. EI mismo Emperador va con frecuencia á las inspecciones que pasan Jos jefes de regimiento, y en general también los oficiales genera­les van á las que pasan sus subordinados. En todas estas circunstancias se renuevan las escenas que ya hemos descrito. Los altos personajes no asisten más que como es­pectadores, muy atentos sin embargo, á la inspección, que cuidan de no turbar en nada, manteniéndose generalmente á distancia; pero yendo siempre á escuchar la crítica final. Así se encuentra mantenido el principio de independencia individual, á la vez que se desarrolla entre los oficiales la facultad de explicar abiertamente sus ideas, con lo cual todos ganan, pues además de sus observacio­nes personales, puede también aprovecharse de las de otros. Para todas estas inspecciones las tropas se disponen en orden desplegado, hasta el regimie11to inclusive. Las brigadas se forman casi siempre en columnas, como en el orden de reserva. En todo caso, el oficial encargado de la inlipección es el único que pasa por el frente de las tropas; ni sus superiores, aun cuando a i tan á la revista, ni sus subordinados, por más que le esperen sobre el terre­no, no inspeccionan las tropas antes ni después que él. Aun en aquellas revistas que pasa el Emperador, nadie recorre el frente de ]as tropas antes que S. M. Esta es una regla excelente, porque permite no llevar las tropas al terreno sino lo más tarde posible, Igual práctica se exige en ]o que concierne á los honores que se rinden. No se presentan las armas sino al oficial que hace la inspección ; para los demás, cualesquiera que sean, se concretan á mandar firmes. El estado oficial de la fuerza no se da sino á esta sola persona. Sin embargo, como puede ocurrir que el Emperador ó algunos oficiales generales asistan también á la reviHa, los ayu­dantes de regimiento y batallón se proveen siempre de algunos ejemplares que ponen á su disposición. Si durante la inspección aparece sobre el terreno algún oficia 1 de graduación más elevada que el que la pasa, este último manda firmes, y dejando la tropa en el orden de formación en que se en­cuentra, sale al encuentro de su superior, al cual le da parte de que "á tal cuerpo está pasando tal género de inspección;" ~eguida­mente, después de haber obtenido su autorización, continúa sus operaciones sin preocuparse más de la presencia de su jefe. Terminada la inspección, el oficial que la ha pasado reúne sus oficiales, hace su crítica, que vienen á escuchar .sus superiores, á los que, cuando ha concluí do, pide únicamente permiso para re­tirar su tropa. Tal es el aspecto general que presenta una inspección; aspec­to que no modifica en nada la presencia de cualquiera, sea quien fuere. Todo pasa dentro de cada jerarquía, con calma, sangre fría y sin agitación ni emoción aparente. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BULgl'f N ~llLI'rA R 39 El oficial que debe pasar una inspección no comunica el pro­grama á la tropas hasta la víspera; precaución muy útil y que excluye toda posibilid;~d de preparación especial. Una vez que se ordene una inspección, no se da contraorden sino en circunstancias sumamente excepcional-:s. El mismo Em perador se conforma rigurosamente á esta regla hasta el punt de que si por una razón mayor le es imposible pasar la inspección, delega para reemplazarle al comandante general del cuerpo de ejército, quien le da parte después del estado de las tropas. El so­berano no repite jamás una inspección así pasada, porque la per­turbación que resultaría en el programa general perjudicaría la marcha regular de la instrucción. Para las inspecciones de compa­ñía los oldados se presentan siempre con los efecto de número que desea examinar el jefe del regimiento: ordinariamente los efec­tos número I, porque el coronel ha tenido frecuentemente ocasiúr durante el invierno de ver lo otros *,pero las in pecciones de lo oficiales generales tienen lugar por lo regular con los efectos nú­mero 2 ó número 3, según el e tado del tiempo, á lo cual se pres­ta siempre la mayor atención. La autoridad superior da siempre el ejemplo de economía en este asunto, interesándose por econo­mizar en todas circunstancias el vestuario de las tropa, por lo qu no es raro ver algunos generales que la mañana misma de un día de inspección, hagan telegrafiar á un regimiento la orden de com­parecer con sus prendas usadas, por t~mor á que el mal tiempo es­tropeara las nuevas. Compréndese que con tales precaucione el vestuario del ejército se mantenga siempre extremadamente bri­llante, sf!gtín lo explicaremos más adelante. Con el objeto de con­servar la bayoneta nunca se pone ésta en el fusil en los ejercicios, inspecciones ó paradas, ni aun para montar las guardias. Tiene esto además la ventaja de hac~r comprender á los soldados que no de­ben jamás hacer fuego con el sable-bayoneta, el cual hace desviar la bala, da más peso al arma y se deteriora bajo la acción cie los gases de la pólvora. No se pone, pues, la bayoneta más que para determinadas facciones de noche, ó bien para desfiles, formar el cuadro y dar una carga, y en las revistas ó maniobras solamente en las ejecutadac; en presencia del Emperador. En todos los ejercicios inspecciones ordinarias, basta con simularlo á la respectiva voz de mando. Todas las inspecciones, y fuera de esto, la mayor parte de los ejercicios tmpiez.an siempre con un desfile. Se obra así porque se juzga que los soldados han de desfilar mejor y más correcta­mente cuando no se les ha fatigado todavía. Un buen desfile se considera para el soldado como la más difícil de todas las manio­bras, y por consiguiente como un criterio infalible para juzgar de la firmeza de una tropa. • Ya hemos dicho que el soldado prusiano t" ene comúnmente hasta seis jue¡na ele dectes de veatuario, los cuales tiene numeradoa e 1 ielie.-(N. ele! T.) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 394 BOLI<.;Tll'i ~IlLl'l.All Nunca se determina con jalone la línea del desfile; esta pre­caución parece superflua, y se requiere la atención de lo oficiales colocado en las alas para regular la marcha sin ayuda alguna exterior. Aun en las grandes paradas en pr '= e ncia del Soberano, se ob­serva el mi · mo principio, concretándose á de tacar en la vanguar­dia dos oficiale· a las órdenes, que se colocan á derech:1 e izquier­da del Emperador, sobre la línea que Jebe eguir el flanco de la columna. Una. observé..ción general que debe hacerse sobre estas ins­pecciones, es que si bien en ellas e ejecuta siempre cierto nú­mero de movimientos reglamentarios para apreciar la destreza y agilidad de la tropa, no se detienen mucho tiempo en esto, pasán­dose bien pronto á la solución de cualquier problema táctico plan­teado sobre el mi mo terreno. Al proceder de este modo, el inspector puede juzgar á la vez oel grado de la instrucción militar de los soldados y de la inteli­gencia de su jefe, pudiendo asegurarse de qué manera éste y sus oficiales sabrían tomar, en ca o de necesidad, una re olución y eje­cutarla. A í, por ejemplo, en una in pección de batallón despues del desfile, algunos cambios de formación y marchas en línea, el 'efe de la brigada plantea al del batallón el problema siguiente: "Su batallón de usted marcha en columna de viaje aislada­mente y sin contacto con otras tropas. Al llegar á cierto punto, usted sabe que una posición que se encuentra sobre su camino está ocupada por el enemigo, y usted se decide á atacarle para po­der continuar su marcha." El jefe del batallón dispone al momento su tropa en d orden de marcha. Destaca una vanguardia, retaguardia y exploradore á los flancos. Luégo se lanza al galope hacia u vanguardia para ob­servar á distancia al enemigo representad por los músicos del regimiento que el ayudante de la brigada ha colocado al efecto. T'oma entonce su disposiciones para hacer un ataque de frente, y tambien, ~i el terreno se presta, un ataque de flanco. Todas las órdenes y explicaciones se dan en pre encia del in pect r, quien se ab tiene por principio de intervenir en nada, re ervando todas sus observacione para el fin de la in pccción. Al tet minar el capítulo cle las inspecciones no será quizá fue­ra de lugar decir aquí algunas pal a bra obre las revistas dt parada. N o se con ideran como inspecciones, puesto que no permiten en modo alguno juzgar del e tado de la instrucción de las tropas, y más bien pre entan el carácter de solemnidades militares, y como tienen además el inconveniente de su traer mucho tiempo á la instrucción de las tropas, el jefe las evita con el rrayor cuida­do. En la Guardia, como ya lo hemos dicho más arriba, no hay cada año más que una gran revista de parada, al fin de lo ejercí· cios de primavera. U na se pasa, además, al comienzo de las gran- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN 1\'UJ ... ITAR 395 des maniobras, en el mismo punto de reumon de las tropas que deben tomar parte en ellas, pero solamente cuando el Emperador asiste en persona, porque de otra manera la mayor parte de los co­mandantes generales de cuerpo de ejército no la pasan. En virtud del mismo principio, es decir, el de no interrum­pir la in trucción de las tropas, no se hace a istir á la gran parada de Berlín sino á los cuerpos que tienen su guarnición en ]a capital. Los regimientos estaciouado en las inmediaciones, aun cuando pertenezcan también á la Guardia y formen parte de las brigadas y divisiones que han de concurrir á la parada, no dejan jamás su guarnición. No se quiere di traerlos de sus ocupaciones durante un tiempo que sería necesariamente mucho más largo que para lo regimientos establecidos en Berlín. No hay más excep­ción que para los dos regimientos de Spandau, y esto únicamente porque dichos regimientos se encuentran precisamente en Ber­lín en esta época del año, porque van á pasar allí algunas sema­nas para ejecutar una parte de los ejercicios de prima vera, de con­ciert con los regimientos de sus brigadas respectivas. La víspera de ]a parada, un oficial de Estado Mayor se encar­ga de preparar el terreno, marcando con un pique te el ala derecha de cada regimiento y batallón. Hecho e to, las cosas se suceden al día siguiente con una calma y sencillez notables. Habiéndose fija­do la parada á las once de la mañana, se ve á las diez solamente llegar al terreno los jalonero , á razón de uno por batallón, batería ó regimiento de caballería. E tos jaloneros son los mismo hom­bres que la víspera han preparado el terreno en compañía del capi­tán de Estado Mayor. Pocn después llega este oficial, y á una señal suya, cada hombre va á colocarse cerca de su piquete, ali­neándo' 5e por RUS inmediato . El oficial rectifica el alineamiento, y en menos de media hora todo e tá dispue to. A las die?_ y media apareció sobre el c.1mpo el primer regimiento, y á las diez y tres cuartos se formó el último eH línea. A las once menos veinte mi­nutos llegaron los generale con mando en las tropas, y un poco más tarde lo- que iban á asistir á la parada: por último, á las once en punto apareció el .Emperador en compañh del Rey de Suecia. N a die antes que el soberano había pasado por el frente de las tropas. Él mismo lo recorrió al paso, según el. uso universalmente observado en Alemania, con el fin de juzgar mejor de la regulari­dad de las formaciones. Y i bien Jos regimientos no llegaron al terreno sino con una media hora de anticipación al comienzo de la parada, puede decirse que la precisión de su alineamiento era verdaderamente notable. Por lo demás, se cuida riguro amente de que las tropas no lleguen demasiado pronto al terreno, para luégo mortif.carlas allí inútilmente durante muchas hora . No faltan ejemplos de duras reprensiones dirigidas á jefes que no se sujetaron á esta regla. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 396 BOL'li~TÍN MJLIT.A.R. Se exige también que los jefes de batallón sepan alinear con prontitud su tropa sobre las demás, tanto más cuanto el apoyo de su ala derecha les ha sido claramente indicado. Si algún regi­miento ó batallón no está bien alineado, nadie sino su jefe es res­ponsable, y así se consigue que cada cuerpo se coloque por sí mismo de una manera perfectamente regular. Nada causó mejor impresión que la calma y el orden, que no cesaron de reinar, tanto en el momento de la reunión de las tropas. como durante todo el tiempo de la parada. Todos los oficiales de Estado Mayor del cuerpo de ejército permanecieron como meros espectadores en la comitiva de su jefe, quien no tuvo desde el principio hasta el fin una sola orden que dar. Antes de la parada un plano litografiado que indicaba el pues­to de lac; tropas y de los oficiales, se había distribuído á todos los jefes de cuerpo. Cada uno de ellos, ajustándose á él, sabía, pues, exactamente, lo que tenía que hacer. Siempre existe, como se ve, el mismo principio tan c-aracterí tico de independencia completa, y en compensación, de responsabilidad entera, dejadas á cada uno en los límites de su esfera de accion. Nos resta decir alguna palabras ::le la revista de detall (muste­rung), que no e verific.t sino cada tres ó cuatro años, al pnncipio del verano. Es, ante todo, una revi ta del material, y no cuestión de exámenes ó ejercicios. Antes de la revista aparece casi siempre una orden qu~ indica ~u marcha detal :ada. El general inspector* va acompanado de un funcionario de la intendencia y de un maes­tro armero para el examen de las cuestiones que se refieren á su especialidad. Estas revistas generalmente son muy largas, y los regimientos se preparan para ellas con un año ó más de anticipa­ción. El inspector e tá obligado, en eft-cto, á examinar todo lo que constituye el material del cuerpo, tanto al pie de paz como al de guerra; y se pasa la revista, no superficialmente, sino pieza por pieza hasta el último botón. E ta inspección no se refiere, sin embargo, sino á los ob­jetos que constan en los estados reglalllentarios. 1 odo lo que el cuerpo haya podido economizar, por un medio cualquiera, queda como propiedad suya particular y no se somete á examen alguno. Así, por ejemplo, según los reglamentos, cada regimiento debe puseer lo que se llama lagarniture (equipo) de guerra*, esto es, los ef~ctos de vestuario y equipo para un efectivo de siete batallones y medio; el todo dispuesto en absoluto á prestar servicio, y además de esto, una sola garniture de paz. 'l'odo ello se examina; pero en cuanto á los efectos números 3, ~h 5 y algunas veces 6, nadie tiene que verlos, en atención á que el cuerpo no ec;tá de ningún modo obligado á poseerlos, }' si existen, es gracias á los procedimientos de ad- • Que es, como hemos dicho, el jefe ele la brigada. • Lo a prusianos designan con el n:>mbre de gar11Uure un juego completo de efectoa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 397 m1mstracJOn del regimiento. Estos constituyen ]a propiedad parti­cular de cada compañía. Por lo demás, volveremos á dar detalles sobre este asunto. La inspección de las armas sólo se verifica cada diez ó doce años. Se refiere á las armas y sus accesorios, y se pasa por un ofi­cial superior designado especialmente á este efecto por el Ministro de la Guerra, que manifiesta cada añ.o los cuerpos cuyas armas de­ben sufrir la revísta.-(Continúa). HISTORI.f.__ PARA LA S MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA <..RANADA (Coutinuación ) El cruel desengaño que Barreiro recibió en Casanare, la disminu ­ción de sus fllerzas, causada por el género de guerra adoptado allí, la moral que había creado mi división, el estado en que se hallaba, las noticias favorables que recibí del iuterior de la Nueva Granada, y Jo¡ informes verbales que dio el General Lara decidieron á Bolívar, que estaba en Manteca! á orillas del Apure, á emprender una catnpaña so­bre el Virreinato, reuniendo sus tropas á las mías, á desrec ho de loa obstáculos que presentaban las inundadas llanuras del Arauca, y la des­nudez del ejército. Esta reuni6n, precursora de tantos días de gloria, se verific6 en Pore, capital de Casanare, el día 28 de Junio de 1819, ha­biendo yo presentado 1,200 hombres armados de fusil y 6oo llaneros montados. Aquí debo mencionar que, estando en Casan are antes de la in va­sión de Barreiro, recibí órdenes para nombrar Diputados al Congreso de Guayan a, que debía instalarse el 1 5 de F~brero de 1 819, ylse nombra­ron en efecto por Casanare á los señores Zea, Salazar, Vergara, U ribe y M uñoz, instruyéndoles que! salvasen siempre los derechos de la N ue­va Granada para cuando fuese libertada. Cuando recibí otras órdenes para reconocer la autorid td del Congreso, y la de Bolívar como Presi­dente de Venezuela, lo ejecuté al frente de las tropas declarando que este reconocimiento lo prestaba entre tanto que no eHuviesen libres las Provincias granadinas, á las cuales tocaba deliberar sobre su futura suerte. Conservo el documento respectivo, escrito de letra del General Antonio Morales, que servía en mi Estado Mayor. Apenas supe la resolución de Bolívar de mc..rchar á unirse conmigo en Casanare para obrar sobre Santafé, envié con el Capitán Ramón Zapata (hoy Coronel) á los pueblos oprimidos por los españoles la si­g'Jiente proclama, que, como es bien notorio, fue conocida de ellos y produjo un entusiasmo general en la capital y en las provincias, no obstante las medidas de precaución de las autoridades españolas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 398 BOLETÍN MILI'rA& FRANCISCO DE PAULA SANTANDER del orden d~: los Libnladnres, GP11eral de Brigada de los Ejércitos de 1-'enezuela y Co­mandante en Jtfe de la P(lnguardia dtl Ejérrito Libertador de la Nuev1t Grauadrs ¡Granadinos! El momento de vuestra libertad ha llegado. La in­trépida vanguardia de un poderoso ejército marcha bajo mis órdenes á despedazar vuestras cadenas y á vengar lo3 ultrajes recibidos del bár­baro español. Alentáos, y reunid y reunid por un instante vuestros es­fuerzos á los nuestros : en un instante de vigor y de actividad vais á recobrar el dón más precioso del cielo, que !>Óio la seducción, ia intriga y la perfidia pudieron arrebataros. Las arma de la independencia triunfan por todas partes. En México, en Chile, en el Perú, en Lima misma acaba de obtener "icto­rias decisivas de la libertad de América; Venezuela, la heroica Vene­zuela va á fijar su de tino, de pués de haher pulveri7.ado el mayor ejér­cito espat1ol que ha salido de la Península. Sólo vosotros, granadinos, aún gcrn1s e11 la servidumbre. Mas no durará muchos días tan triste condición. El ilu tre Bolívar aparecerá triunfante en vuestro territorio seguido de gran número de bravo , que han jurado no envainar su espada mientra existan tiranos. Entre tanto, los tiranCJs de Chile y Bue­nos Aires libertan las Provincias de la desventurada Quito. Compatriotas : Vuestro honor, vuestra felicidad reclaman impe­riosamente vuestra más eficaz cooperación. El ejército que mando se compone de vuestros hermano--, de vuestros parientes y de vuestros amigos. Yo mismo oy uno de vosotros. No tenemos codos otra ambi­ción que re tituiro!> al goce de vuestra libertad. Ausente de vosotros, oyendo siempre el ruido triste de vuestras cadenas, no he tenido otro consuelo que ver cubiertos los campos de Venezuela con los cadáveres de los bárbaros que os subyugaron. ¡ A las arma·, compatriotas ! Venganza contra el fiero espafiol que ha derramado la sangre de nue tros m 8s ilustres ciudadano, y ha asola­do nuestro país. Reuníos á las tropas de m1 mando, contribufd vosotros mismos á libertaros : reuníos pronto, y marchad sobre el miserable resto de bandidos que profanan nuestro territorio. Venid seguros de que el suceso coronara vuestros esfuerzos. C:.~artel general de vanguardia en Manare, á 2+ de Mayo de I 8 19-9'! FRA 'CJ-CO DE PAULA SANTANDER Precediéndonoc: esta proclama, y nuevamente nombrado Coman­dante de la vanguardia del ejército, salió todo él de Pore por el camino de Paya, y habiéndose atrasado la retaguardia, que mandaba el intrépi­do General Anzoátcgui, tocó á la vanguardia forzar este paso ocupado por el enemigo, que fue después denominado Los 'Termópilas de Paya. En la traducción que recientemente se ha publicado en esta ciudad del artículo Colombia de la Enciclopedia britá11ica, se ha hecho ya mención de un hecho importante, que hubo interés de parte de Bolívar en no mencionar y del cual existen todavía testigos oculares. Ocupado Paya Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍK lt.lLfTA k 399 por mi división, la de retaguardia 'vivaqueó en el llano de Miguel con el cuartel general, por no haber podido las tropas venezolanas marchar hasta dicho Paya. Con el Capitán Freytcs, edecán de Bolívar, recibí una carta llamándome al expresado vivac para conferenciar sobre la posibilidad de continuar la campaña haci n contra los enemigos dominadores de la Nuc"a Granada, que retro­ceder á lo Llano , y que la di visión sola debía seguir adelante Y o pasé el día siguiente al llano de Miguel, y allí nos reunimos á conferenciar el General Bolívar, los Generales Soublcrte y Anzoátegui, los Coroneles Lau y Salón y yo. Bolívar nos manifestó la desnudez de las tropas, y el mal estado en que se hallaban con sólo un día de marcha por la cor­dillera ; las penalidades que se les esperaban al pasar lo más elevado de ella, donde una nevaci'l p0día concluír con el ejército, la falta de caba­llos y el disgusto de los llaneros de marchar por un país montañoso; no hizo ver que si en tal conflicto el enemigo se colocaba al pie de la cor­dillera, y retiraba los recur' os que podrían servirnos, nuestra destrucción seda completa, y que en tal situación era mejor retroceder para inten- . tar por GuJ.dualito una incursión por el valle de Cúcuta. Yo me opuse á este plan con cuantas razones me sugirieron el conocimiento del te­rritorio y mis deseos de libertar á mi patria, y por fortuna me apoyó muy bien el CoroPel Lara: al fin propuse que para salvar las tropa venezolanas, que eran las que habían estado haciendo frente á ]as de Morillo en el Apure, yo atravesaría la cordillera con mi división, reco­nocería el terreno, obser..-ada si el país tenía recursos, me informaría de la opinión de los pueblos, y resisriría al enemigo si estaba apoderado de los puntos por donde debíamos entrar en la Provincia de Tunja; que si éramos destruídos, las tropas de Venezuela quedaban intactas para seguir obrando, como antes lo habían hecho, sin contar con las que yo tenía en Casanare; pero si, al contrario, la campaña presentaba una per - pectiva lisonjer.· , todos reunidos la seguiríamos hasta lograr el objeto. El General Anzoátegui, que tenía la creencia de que era capaz de ha­cer lo que cualquier otro hiciera, ofreció también ejecutar lo mismo que yo proponía, y de este modo logramos hacer cambiar de plan á Bolívar. Nuestros primeros encuentros parciales con el ejército enemigo en la Provincia de Tunja, no fueron fdices : una compañía de mi di­visión fue batida en Gámeza, y una partida de caballería de la de An­zoátegui dispersada en Cornles. Pero en el puente de Gámeza comen­zó á sentir Barreiro que estaba lidiando con hombres muy decididos á vencer á todo trance. Mi di visión sufrió mucho en esta jornada ; y() perdí entre otros, los Oficiales Arredondo Lobo Guerrero y Gómez. Por no ser difuso en estos apuntamientos, no inserto el Boletín de Gá­meza y el de Vargas, donde se hizo la justicia debida á la vanguardia y al Jefe que la mandó en estas batallas. Sin embargo, la gloria de Vargas pertenece al Coronel Rendón y al Teniente Coronel Carvajal, ambos de los llanos de Venezuela. A ningún otro se concedió, sino á ellos, en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 400 BULE'l'IN MlLl'l'A.R a-queL glorioso día, el renombre de valientes. De las compañías británicas se hizo honrosa mención en el Boletín del ejército. La batalla de Boyacá nos puso en posesión de la capital del Yi­reinato. Nuestra pérdida ea este día no alcanzó á 20 hombres en todo 1 ejército, y la mayor parte los perdió mi división, porque, como lo expresa el
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 144 y 145

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 147

Por: | Fecha: 14/04/1900

AROlV Bogotá, Abril 14 de 1900 NUM. 147 --~·~-- OllGANO DEL 1\HNJSTERlO DE GUERRA Y DEL EJERCITO UIRECTOR AD-HONOREM, FRANCISCO J. VERGARA y V. Genr:n·al, Miembro del~ Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los J'efes y Oficiales del EJército de la República O 'I ;rAL D:ElO? .. ETO N'O'~!:zl? .. O .. D:sl 1900 (28 DE MARZO) por el cual se fija el per:on·d y asignacione y demá gil tos de la Flotilla Jcl Alto · !\lagd:dena El Presidente de la República DECRETA Art. 1." La Comandantia de la Flotilla del Alto Magdalena tendrá el siguiente personal, con las asignaciones que á continua­ción se expresan: Un (:reneral Jefe, con quinientos pesos mensuales. Un primer Ayudante general, con trescientos pesos men­suales. Un segundo Ayudante general, con doscientos cuarenta peso:. Cuatro Capitanes Ayudantes, con ("ien pesos cada uno. Dos Tenientes adjuntos, con ochenta y siete ptsos cincut!n­ta centavos cada uno. Ocho Sargentos primeros cornetas y tambores y cuatro Sar­gentos primeros ordenanzas, con treinta y siete pesos cincuenta centavos cada uno. Art. 2. 0 El personal de cada uno de los buques de la Flotilla será el siguiente: Un primer Comandante, con trescientos pesos mensuales. Un segundo Comandante, con ciento sesenta peso.;. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 434 BOLETÍN MlLIT A.R Un Capitán náutico, con trescientos pesos. Un Oficial Ejecutivo (Contador), con doscientos cincuenta pesos. Un primer ingeniero, con doscientos cuarenta pesos. Un segundo ingeniero, con ciento veinte pesos. Dos aceitero, con cincuenta peso cada uno. Un primer práctico, con doscientos cincuenta pesos. Un segundo práctico, con ciento ochenta pesos. Un timonel, con noventa pesos. Un primer carpintero, ... ·on noventa pesos. Un segundo carpintero, con cuarenta y cinco pesos. Un celador, con cuarenta pesos. Cuatro candeleros, á treinta y cinco pesos cada uno. Un primer contramaestre, con ochenta pesos. Un segundo contramaestre, con cincuenta peso~. Doce marinero , á treinta pesos cada uno. Un despensero, con e enta pesos. Un panadero, con treinta y cinco pesos. Un primer cocinero, con uarenta y cinco pesos. Un segundo cocinero, con treinta pesos, y Seis sirvientes, á diez pe os cada uno. Art. 3.0 La guarnición de cada buque la compondrán: Un Capitán, dos ·renientes, do ubtenientes, dos Sargentos primeros, dos Sargentos segundo , dos Cabo primero., dos Cabos segundos y veinte oldados con la mi mas asignaciones de que goza la gnarnición de Girardot. Art. 4.° Cada buque podrá di ~ poner mensualmente hasta de mil ochociento pe os para combustible, hasta de do::; mil para ali­mentación del personal permanente, y hasta de ochocientos iesen­ta y ocho pe os para gastos imprevi tos en reposición de materia­les y alimentación de Oficiales de trán ito. Comuníquese y publíquese. Dado en Tena, Cundinamarca, á 28 de Marzo de 1900. MA ·uEL A. SANCLENIENTE El Ministro de Guerra, JOSE SANTOS ORDEN GENERAL DEL EJERCITO PARA HOY MIERCOLES 4 DE ABRIL DE 1900 Servicio: Art. 13 I 4· El Ministerio de Guerra, en oficio número 97 5 de 3 del presente, dice á la Comandancia en Jefe lo siguiente: "Por informes recibidos en este Despacho, sábese que hay ó parece haber una contradicción entre disposiciones de servicio Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 43 prescritas por la Orden general de 19 de Noviembre de 1887, y la doctrina contenida en el Manual Militar, aprobado por decreto efectivo, lo que ha ocasionado algunas dificultades e·n la práctica." Estudiando el asunto, fácilmente se comprende que lo que hay en el Manual Militar es, por una parte, un aditamento á la citada orden, el que no puede cumplirse sino cuando el Estado Ma­yor distribuya "Señal de campo," y por otra, una oscuridad de re­dacción que es la que importa aclarar. Sobre el Manual y la orden citada está la doctrina del Código Militar, por cuanto es la Ley y ésta previene que la Ronda mayor dé al Comandante de guardia ó puesto, por conducto del Sargen­to ó quien haga sus vece , el "Santo y la Contraseña," y como es natural que la verdadera llave de un campamento no llegue á conocimiento de los individuos de tropa, y el Código nada dice de la "Seña," e evidente que é ta puede y debe reservarse, y moral­mentt hablando venir á ser el "Santo" en la verdadera acepción que á esta palabra se da en lo5 ejércitos extranjeros, lo cual justi­fica la doctrina de la citada orden general, la cual fue además aprobada por es t e l\1ini sterio. En tal virtud, en el recibo de la Rondas en las guardias y puestos militares, es entendido que aquellas rinden al Sargento el "Santo" y la" Contraseña," y directa y personalmente al Oficial de guardia la "Seña" del día. No hay inconveniente en que el Comandante de la guardia dé la "Señal de campo" á la Ronda que llegó al pue to, pero debe advertirse que como seguridad esta precaución nada significa, ya que la "SeJízl de campo" es de mu­chos conocida, y la ~uardia ó destacamento no puede ponerse á órdene-. de Jefe alguno que de antemano no tenga á ello derecho, y éste por tanto tiene<) que ser personalmente conocido por el Ofi­cial del puesto, si se repartió parada, ó conocido de nombre á lo meno , toda vez que é. te debe figurar en la re~pcctiva Orden gene­ral sobre servicio. Y como no es prudente confiar al criterio de los individuos de tropa cierta clase de apreciaciones, y no conviene poner sobre aviso á quien intentara con fines indebido~ pasar por Ronda mayor, á lo menos en tiempo de guerra, mientras dure turbado el orden público, dispone este Despacho que el resguardo que recibe á la Ron­da no terciará armas sino hasta tanto que el Oficial, satisfecho con el parte del Sargento, comunique á éste la orden de que la Ronda puede avanzar; conviene tener presente que en horas avanzadas de la noche, cuando la tropa es aquejada por el sueño, hay verda­dero peligro en que el resguardo tercie armas en presencia de un enemigo atrevirlo y audaz. Estas aclaraciones se publicarán en la Orden generalísima para su cumplimiento por parte de los militares que entran de facción. Dios os guarde. JOSE SANTOS Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 436 BOLETlN MILITAR :o:mor>";alrz'O NUMERO 121 D li 1 QOO (10 DE MARZO) por el cual e honra la memoria del Capitán del vapor Guaeral Tobar, Sr. D. Orencio Hcnnes~>y El Jefe Civil y Militar del Tolima CONSIDERANDO: Que el día 14 de Febrero último murió á bordo del vapor Ge11eral Tobar el Capitán Orencio Hennessy como Capitán de dicho vapor, en tl combate que se libró para rescatar el vapor 17e­nez. uela, el cual había caído en poder de los revolucionarios por medio de la traición y el asesinato; Que en el expresado combate el Capitán Orencio Hennessy dio muestra de valor y lealtad que deben cr imitados; Que el Capitán HPnnes y, á pesar de que sus opiniones polí­ticas eran contrarias á las in tituciones que informan el Gobierno, prefirió cumplir el juram~nto prestado ante· que traicionar á costa de su propia honra; Que el hecho de morir á bordo cumpliendo su deber, fue la más elocuente protesta contra la traición y el asesinato cometido por sus copartidarios en los Jefes y Oficiale::; del vapor 17enez.uela, DECRETA Art. 1.0 El Gobierno del Tolima honra la memoria del dis­tinguido Capitán del vapor General Tobar, Sr. D. Orencio Hen­nes y, y deplora su fallecimiento como un acontecimiento funesto para el Tolima. Art. 2. 0 La señora viuda del citado Capitán tendrá derecho á percibir en la Te~orería del Departamento el sueldo que durante el estado de si ti o hubiera correspondido á aquél. Art. 3.o Copia de este Decreto ¡e pa¡ará á la familia del finado. Comuníquese y publíquese. Dado en !bagué, á ro de Marzo de 1900. FEDERICO TOBAR El Secretario de Gobierno, José M Tobar. • • HONO:Ei..ES MILI~AP.ES República de Colombia- Telégrafos Nacionales-Soatá, 30 de Mar­zo de 1900 Sres. Ministro de Gnerra, y Jefe Civil y Militar de Boyacá y Medellín. Tengo el honor de transcribir á continuación, para la censura del Sr. Ministro de Guerr.1, y para que el Sr. Jefe Civil y Militar Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 4.e Ap ioguia se sirva, á mi nombre, transmitirlo á las faroili.as del Cor.onel jesús M. Arango, Sargento Mayor Federico Laverde y Capitán Gregorio Betancur, ·el siguiente Decreto que- dicté ayer: ''DECRETO UMERO 94 por el o 1 ae mandan ejecutar lo honores y medida de ju ticia á que ti6nen dere­cho loa miembros del BalaU6n Salami1uJ, individu 1 y colectivamente, por su con­ducta en el combate de Oapitaujo " ·El General, Comandante tn Jefe del Ejército de Antio­quia, haciendo uso de las facJJltades que le ha conferiao el Supre­mo Gobierno, y CO SIDBR.ANDO "I.oQue en la acción de armas que tuvo Jugar en Capitaneja, el día 17. de los corrientes, rindieron la vida luchando con valor heroico, digno de la cau que defendemo y del bierno 41ue la repres nta, lo res. enient Coronel le ú M. Arar go, 2.• J fe; Capitá Federico Laverde, yudante Mayor, y el Teniente Gre­gario Betancur, todo del Bata/Ión Salamina; "2.. 0 Que e deber de ju ticia honrar la memoria de los ab­negad que así sellan con u sangr on jda y aun con el infortu io que legan á sus hogares, ante felice , la urna de sus convicciones políticas, DBCR..ITA " rt. 1.0 Hónrase la memoria de los Sres. Teniente Coro­nel J ús M. Aran o, Capitán Federico Laverde y Teniente Gregorio Betancur, y se la recomienda á la gratitud del jér­cito, como ejemplares digno de ser imitados; y dedárase acción distinguida de valor la ejecutada por el Batallón Sa/amin11, que, . compuesto de 140 plaza , y habiendo mJJerto su Jefe á la primera hora de combate, resistió por cuatro horas más á un enemigo en ndmero casi diez veces uperior, hasta retirarse á mejores posicio­nes, mientras IJegaban pertrechos, puesto que habían quemado el último cartucho. " rt. 2.° Conftérese á Jos Sres. Teniente Coronel Aran~o, Capitán Laverde y 1 eniente Betancur, héroes de Capiunejo, los ascensos de Coronel al primero, Sargento Mayor al segundo y Capitán al tercero. " rt. 3 ° Confiérese asimismo ascenso al empleo inmediata­mente uperior al que hoy desempeñan, á todos y á cada uno de lo Oficiale Jel mi mo Batallón que asistieron al combate de Ca pi t· nejo. " rt. ·4. 0 Declarase que la familias de los Sres. Teniente Coronel rango, Capitán Laverde y eniente Betancur tienen derecho al sueldo de que é tos debí n gozar, de acuerdo con lo decretado aquí y a puesto en práctica por el upremo Gobierno. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 438 BOLETÍN MILIT .A.R '' Art. 5.° Concédese á los Oficiales é individuos de tropa del Batallón Salamina, y que toma(on parte en el combate de Ca­pi tanejo, ci('n pesos á cada uno de los primeros, y diez sos á cada uno de los segundo ~ , como ob · eq uio que con grande sa-i fac­ción les haré, en nombre del Supremo Gobierno, para que puedan reponer los avío> y enseres de uso personal perdido en el combate. "Art. 6.o El Ejército de Antioquia llevará luto p r tres días, y por nueve el Batallón Salamina. "Sendas copias de este Decreto serán enviadas á los Sr · .M t­nistro de Guerra y Jefe Civil y Militar de Antioquia para la cen­sura de;] primero y conocimiento del segundo, y á las familias de los militares cuyas memorias h nra. "Dado en Soatá, á 29 de Mar z.o de I 900. "El General, R. LE MES "El Coronel, Ayudante general, cESAR CAMPO" De S. S. respetuoso servidor, . LE" MES ."\?wOHIVO N.A.OION-"\ L .DOOUMEN'l'OS lNÉDl'l'OS Campaña de 1819-1820 en el Cauca (Continuación) En el tercero acompaña el oficio que con fecha 17 de A ril del corriente remite el Sr. Leandro Salas al Comandante de la fragata LoJ AnJn y de la costa, ciudadano Juan Illingrot, y la proclama d! éste 6 manifiesto, á consecuencia de los sucesos que han ocurrido en Is:uandé, y decreto inserto en ella que comprende tres artículos sobre que las provincias de Iscuandé y Micav, con la jurisdicción de Tumac y Pro­vincia de Esmeraldas, quedan bJjo la protección del Gobierno d_ Chile, por cuyas armas se hallan libres . Que todas las autoridades civiles y militar~s recibirán sus nstruc­ciones de ]a Comandancia. Que estos dos artículos tengan fuerza hasta tanto se restab'ezca el Gobierno patriótico en Popay~in, ó vaya la fuerza suficiente para la de­fensa de dic..has provincias ó que determine el a unto el Superior Go­bierno de ]a República de Colombia, con ac uerJo del de hile Que se 1~ presten todos lo au;ilios por las autoridades d ambas 6rdenes al Sr. Coronel José 1\tlaría Cancino, Gobernador Jcl Chocó, que pasa tr0pas al cuartel de instrucción. Que siendo aquellos puebl0s parte integrante de la prov ncia cie mi mando, y él como Comandante de artillería del Dcpartaocnto, y ambo. por las ventaja que resultan á la causa de la libertad. Por haberse entablado ya por aquella vía la comunicac ón con Chile y Buenos Aires, demanda todo allí ]a permanencia de .. n hom- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN .MILITAR 439 bre capaz de gobernar esos pueblos, y que me digne nombrar uno que aea de toda mi confianza, que ocupe tan importante destino: En el cuarto dice que á mas de los inf0rmes que tendré de la con­ducta de Ledesma, que ha sido prisionero y de cuyos hechos se <.¡ueja este pueblo y el valle entero, los cuales lo han hecho digno de obtener entre loa traidores el empleo de Alférez, hace presente: que en la Re­pública pasada, al ocupar Sámano esta provincia, se vio en la precisa necesidad le enterrar unos cañone · de artillería de gruv:;o calibre á presencia de e te mi mo Lede ma (alias Pr1tibrr1J), que era entonce ~argento primero de artillería de la Re¡.níbltca, y que cuando Sámano llegaba á Quilichao, estt: criminal le había dado el denuncio, y este fue el motivo para que se perdie en; que por <.: tos y los demás crímenes se empeña en favor de la justicia para que no se use de benignidad con él. En el quinto dice: que teniendo 1a brig01da de artillería suma es­casez de oficiales, y que los pocos que hay están destinado á la campa­fia de Barbacoas, y no teniendo uno que se encargue del puc to de la Buenaventura, puesto que el Tenien.e Gobernador de Raposo que ha cuidado de él todo este tiempo, tiene otras arendencias en su destino y las constante:. rec1amacion~.:s de sn relevo, se ve en 1::~. preci­sión de hacerlo pre::.entc, para pinosa, d~ Cartago, fecha r6 del corriente, en que comunica haber entregado la Visita de Rentas al Comisionado propicta- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~40 BOLE1.'ÍN MILITAR rio Manuel José Castrillón, con todos los conocimientos que ha adq I­rido en virtud de mi orden, y papeles cr~ados en la materia; y que ha comenzado á obrar en la Comisión, y que le avise si sigue en la Secre­taría. Se recibió oficio del Comisionado José Castrillón: en que comu­nica haber llegado á Cartago á consecuencia de mi orden comunicada por la Secretaría, y que ha comenzado á obrar, segtín el mérito que prestan los dccumentos entregados por el Comisionado interino, y que necesita le libre yo el título correspondiente. Que me digne corrobo­rar el título hecho por mi antecesor en el ciudad ano Cayetano Espino­sa. Con fecha 19 del presente remite el Juez mayor de Buga, Agustín Bernardo Santocoloma, en una carga de costales, 32 varas jerga abrigo y una pieza que dice contiene, según su ancaje, 45 varas, y 500 pesos de Ramírez, que todo conduce el ciudadano Joaquín Pei1a y Plaza; que ha­biéndolo verificado se le entregó al Proveedor Pedro Ospina, que hace de Comisario de guerra, interinamente, y se le mandó dar recibo. A las cua­tro de la tarde de este día llegó á ésta el Ten icnte Coronel M urguei­tio á convalecer u salud, quedando en su lugar ocupando el puesto el Capitán Custodio Gutiérrez. Día 21-Se recibió, con oficio de 20 del corriente, el expediente original sobre la averiguaci6n de los deudores á la renta de diezm0s, con la razón certificada del N otario de ella, dirigido por el Juez mayor de Cali, en virtud de mi orden de 1 5 del presente. Con fecha 19 del presente me comunica el Comandante del campo de El Palo, Capitán Custodio GutJérrez, por conducto del Jefe de Estado Mayor, haber llegado el día antes allí, y héchose cargo de él y su fuerza, quedando impuesto de todo; remi e un estado de fu~rza, arma~, mnn1ciones, ca­ballería y monturas que ha recibido del Comanclante Murgueitio; que no ha ocurrido novedad y que piensa seguir al día siguiente á Matarre­donda á traer un ganado que hay y que se dice pertenece al español enemigo Perdereles, con 6o hombres. Que le diga de d6nde echa mano para las carnes, por no haberlas en aquel campo, en caso de haber el dicho ganado. Pide le r~mita cuatro ó cinco cuadernillos de papel. Que á más de las dos compañías de caballería se han agregado 1 5 hom­bres más, sin armas y á pie, y que le avise lo que deba hacer con éstos y los má~ que se le presenten. Que siguieron á las doce del día los dos pliegos que le remitieron para La Plata, y que le mande sal por no ha­berla por allí. En este día ha eguido el Capitán Martínez á hacerse cargo del cuarto Escuadrón de caballería que está destacado en El Palo y bajo las órdenes del Comandante Gutiérrez. Día 22-Se contestó al Visitador general de Rentas, Manuel José Castrillón, el oficio de 16 del corriente, en que se le dice queda impuesto el Gobierno de su llegada á Cartago á consecuencia de la orden que se le comunicó, y de haber recibido del ciudadano Cayetano Espinosa, Comisionado interino, todos los documentos y demás perte­neciente á la Visita; en cuyo concepto está y debe seguir obrando, sir­viéndole de título dicho oficio, ínterin las circunstancias permiten ha­cerlo en forma. Se le encarga la más pronta ejecución de los asuntos de rentas en Cartago, y se venga cuanto antes á Cali, de donde podrá dar impulso á las de lo · demft s 1 ugarcs, que están en el rnayor trast r­no. Que por no estar impuesto de si la Visita general debe tener un Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍN MILITAR 441 Secretario para actuar, ó lo deba hacer con los Escribanos públicos de cada lugar, como cosas de oficio, no ratifica el nombramiento que hizo el Sr. Gobernador Obando en el ciudadano Cayetano Espinosa, pero que, sin embargo, puede seguir éste en clase de primer Oficial de la Tesorería general de esa Provincia. Que, considerando colectado el re­partimiento que se hizo á los vecinos de Cartago, remita ese dipero y el demás que haya en la Tesorería, pidiendo á ese Juez mayor el auxi­lio que necesite para la custodia de esa remisión. Se contestó al ciuda­dano Cayetano Rspinosa su oficio de I 6 del corriente, aprobando la entrega de documentos y órdenes concernientes á la Comisión ó Visita general de Rentas, que obtuvo interinamente, al Comisionado propie­tario Manuel José Castrillón, quien se impondrá del destino á que se ocupa. Se ofició al ciudadano Luis Espinosa que supuesto haberse res­catado la imprenta y ser él el impresor que la m:.~ncja, se ponga en este lugar, en el más breve término, a hacerse cargo de ella, y que para su transporte lo auxiliará aquel Juez mayor, á quien se le oficia en la mis­ma fecha. Se le ofició en este día al Juez mayor de Cartago que fran­quee todos los auxilios que necesite el ciudadano Luis .Espinosa para su transporte á ésta. Se le ofició al J ucz mayor de Cal i, previniéndole haga que en el término de la di tancia se.; presente en este Cuartel el Presbítero Juan José García, á quien se le ha nombrado Capellán del tercer Escuadrón de caballería de línea .. Se le acusó recibo al Juez mayor de Buga, del oficio de 20 del corriente con que remite al mu­lato Leandro y condujo Fernando Cárdenas, diciéndole haberlo des­tinado al servicio de la armas; y que representando otro Leandro y ha­biéndose presentado otros esclavos á tomar el mismo servicio n virtud de los bandos publicados, han sido devueltos á sus amo~; que no se cree, pero que en caso de ejecutarse, sería este procedimiento del todo criminal, así por la desorganización de las órdenes superiores, como por privar á la República de esos brazos en el tiempo que más los necesita, y por el perjuicio que á ellos se les sigue en la manumisión que les está declarada y consiguen por ese medio, y sobre el particular se to­marán las medidas que dicte la prudencia. (Continúa) JOsÉ CONCHA 1 •••• ~. SECCION DOCTBIN AL NOJ?.MA Y :CIREOOION DEL TIRO DE LA ARTILLERIA EN CAMPA A según las Le~ons d'a,·tillerie de E. Girardin. (Continuación) Tiro [usan te normal sobre blanco fijo Sábese que en el tiro fusante la trayectoria media que procu­r.:~. el máximum efecto es la que pasa por el blanco, y que el punto medio de explosi<ín debe quedar á la altura tipo que convenga al proyectil y al género de tiro de que se trate. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 442 DOLE1.'ÍN MILITAR i) Tiro en fortificaciones-En ~ te caso la trayectoria me ia que pasa por el blanco se obtiene tr,ls un reglaje previo y comple­to, realizado por medio del tiro percutante. Despué de hallar la tenaza estrec:ha (4 desvíos probable ), se coloca el tiro en el cen­tro y se modifica el alz1 conforme á los resultados del tiro de con­junto, de suerte que se obteno-an tanto disparos cortos como lar­gos; así encontrada la alza del blanco, se monta el cohete de suerte que corresponda con la di tancia y se procede á reglar la altura de la explosión del proyectil. Si el blanco está al descubierto se hace pasar la trayectoria media por el pie de aquél; si se muestra abrigado se la hace pasar por la cresta de la masa protectora; des pué , en ciertos caso , se aumenta el ángulo de tiro, de 5 hasta ro minutos, antes de mon­tar el cohete. Este realzamiento de la trayectoria es necesario sobre todo en el tiro p1rabólico con ángulos inferiores á 20° y con shrapnrles de haz ligeramente hueca, para. evitar que la masa protectora detenga los proyectiles de la nda inferior. j) Tiro de camprdía- En el tiro de campaña con shrapnel no pue~e buscarse el alza del blanco ante de montar el cohete, porque es esenci~l obtener en el menor término posible la mayor eficacia del fuego. Por tal razón hay que limitar e á buscar apri a una te­naza amplia, siempre la de 100 metro , salvo á las distancias me­dianas y pequeñas, cuando es fácil la observación, pues entonce!' la tenaza se pone de 200. Como alza de ensayo se toma la del medio de dicha tenaza, que corresponde á 8 desvíos probables prácticos en las distancias ordinarias de combate, y se divide la hatería, es decir, dos secciones (centro y una ala) montan el cohete y reglan sin demora la altura de la explosión. Entre tanto el capitán, con la sección del ala que continúa disparando con espoleta percutante (sección !(UÍa), verifica el alza de ensayo, adopta en seguida la alza probable del blanco (como en el percutante sobre blanco fijo), es decir, la de la tenaza mínima (so metros), y aun la mejora mediante un tiro de conjunto si lo cree conveniente, como cuando se dispara contra artillería enemiga. Así que se encuentre el alza probable del blanco, las seccio­ne fusantes, que in cesar se reglan sobre la percutante, es decir, á cada disparo emplean el alza del momento que da aquella sección, la utilizan sin demora y en concordancia con ella gradúan el cohete para aprovechar el beneficio del reglaje. A su turno la sec­ción ercutante pa ·a á er fusante cuando lo cree oportuno el ca­pitán. Entonces este último manda repartir el juego, fija el alza y envía una ráfaga de proyectiles en fuego rápido (tantos tiros por pieza). En el caso en que la maniobra y la observación dt:! los di p~1- ros ean fáciles, puede suceder que convenga dividir la batería de de el principio del tiro; al contrari , en e pecial cuando la ob­servación es difícil, puede el capitán no practicar tal separacíón y Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 443 encargarse él mismo de la graduación del cohet'!. Con frecuencia importa, antes d e ejecutar el fue o-o rápido enviar al enemigo una l d . . b ' sa va e repartiCIÓn, que p e rmite ver i el cohete está bien regla-do y si el fu ego está bien repartido sobre el objetivo. Sábese que á las distancias medias de combate una gra- AB=trayectoria media nada de metralla aislada (de 9omm), bate eficazmente una profundidad de 200 metros por unos 30 de anchura (hg. adjunta), en tanto que en una serie de disparos esa pro­fundidad u be a 300 metros. En consecuencia la tenaza de roo metros (y aun la de 300 metros *), en medio de la cual se establece el blanco para principiar el tiro fu . an- -~ te, ya produce efecto ensible, bien que el máximum de éste corresponda al caso en que la ---- trayectoria media pase por el ----- blanco, lo que ju tifica la pos- xoo -¡oo-terior busca del alza probable d el blanco y, eventualmente, su me­jora empl("ando tiros de conjunto á fin de obtener la alza real del blanco. límite ]argo B' o M límite corto B 1 1 ¡ tenaza de 100 l metros ¡ 4mm dcalza 1 : Es fácil darse cuenta de las variaciones de la eficacia del tiro según la posición del blanco en la tenaza amplia de roo me­tros ó en la menor de 50 metros entre By B'. Sábese que 100 metros corresponden á uno; 4mm de alza, 50 metros á 2, y 25 á I; por consiguiente el alza de ensayo (centro de la tenaza de I oo metros), expresada en función del alza real del blanco h, varía de h+2mm á h-2mm p ,t · ando por h: conforme á lo resultado de los experimento la eficacia corre pondiente va­ría de 28 á 36 filas atravesadas pa ando por el máximum que e 46. Igualm'!nte el alza probable del blanco (centro de la tenaza de 50 metros), varÍa de lz + Im m á lz - l mm pasando por lz, según }a posición del blanco entre By B', y la eficacia cambia de 42 á 43 • En el hrapnel de mont nñ ~ b cifra es menor. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 444 BOLETIN MILITAR pasando por el mismo max1mum de 46 filas atravesadas á 2,200 metros (22 á 4-,ooo). tenaza de 50 metros B' límite largo 1 1 1 1 1 1 ! 1 ;o M 1 1 1 1 1 1 1 B límite corto zii'Dm de alza l) Reglaje del cohete. Para reglar el cohete ó mecha de la es­poleta de tiempo, es preciso atender á la altura y al intervalo de la explosión, y á los medios para levantar ó bajar el punto medio de la explosión, ó sea para colocar ésta á la altura tipo del proyectil •. Los puntos de expl sión de los proyectile en el aire están sometido á las misma leyes de dispersión que sus puntos de caída en el suelo. La di per ión proviene de los desvíos accidentales que pueden producirse en la inflamación y combustic>n del cohete, y en segundo lugar de los que resultan de la divergencia misma de las trayt.ctoria ; en Ja práctica esta ultima causa es nula compara­da con la otra. El cohete, variable en su acción con el alcance, figura en las tablas de tiro y en las alzas de los cañones, pero su regulación en cada sesión de fuego se itupone por las razones siguientes: 1.\ las condiciones de combustión Je los cohetes, en un día dado, no son identicas á la condiciones medias de 1 s experimentos en vir­tud de lo cuales se construyeron las tablas de tiro; 2.8 , la veloci­dad de e mbustión del cohete puede variar por culpa de la fabri­cación; 3:, una gran densidad del aire, la sequedad de éste, el viento soplando de frente pueden activar la ignición del cohete. En el reglaje del cohete es ventajoso, si no indispensable, em­plear cohetes de la misma duración en tiempo. Toca ahora indicar los principios conforme á los cuales se ve­rifica el reglaje del cohete. La experiencia enseña que en la granada francesa fusante la diíerencia probable en tiempo (duración de la ignición) es de~~ de segundo. Sea E el punto medio de explosión ó la altura tipo de 1 0 4 ,, n' sobre la trayectoria media _ll,f EC; sabido es que en el tiro directo el trayecto Ec corre ponde á cosa de -/'0 de segundo. To­mando el ~~ de dicha longitud y llevándola cuatro veces sobre y cuatro debajo del punto E, obre la trayectoria, se obtienen aproxi- • Lám•\se altur~ lipo 1111 valor a ugula1· que con e~; po ude á una altnra ('. presada e~ 1~1etro y varfa eun la distan c i il. Bl asunto scr · d e los prnp tt ilc ·-( L. D. ) . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 445 madamente las ocho zonas de dispersión de los golpes fusantes, cada una de las cuales equivale á /o de segundo. Zona de tiros muy altos • . • . . • • • . . • • • . • . . . . . .••... 1. 5 • • . • . • . . . • . . • . . . • . • • • . • • . . • • . . . 7 Zona de tiros alto···· · ··16 • • • • • • • • • • . . • • • • • . • • • • • . . • • • • • . • • • • . 2 5 •••.• . •••..••• 2 5 Zona ele tiros bajos········ 16 b ..• .•• . . . . ........... 7 Llámanse bajos los proyectiles que estallan á menor altura que el punto E en la zona Ec y tienen por lo mismo :J.ltura menor que la tipo. Percutantes , los que lo hacen en la zona cd suroniendo pro­longada la trayectoria bajo el suelo. Altos, los que lo hacen sobre el punto E, en la zona Ep, me­nor que el valor de do3 alturas tipo. En fin, muy altos son los que estallan á más de dos alturas tipo, ó sea sobre p. Esto sentado, si los dos primeros disparos tirados con cohete reglado resultan percutantes, hay motivo para creer que el punto medio de explosión, en un tiro prolongado, quedaría bajo Ja super­ficie del suelo, en la zona e d y aun más bajo, lo que justifica la re­gla de "disminuír la duración del cohete en 1' 0 '' para remontar la explosión y acercarla al punto E. La inversa se impone si los dos primeros disparos resultaron muy altos. En tesis general, "una variación de r'o de segundo corres­ponde, término medio, en 4 disparos al cambio de sentido en el desvío del tiro por relación á la altura tipo," y "cuando una serie de +disparos da tantas explosiones altas como bajas, puede mirarse el cohete como reglado." La justificación de estas sencillas reglas resulta del examen de la escala de dispersión de los tiros fusantes. Según el Manual de tiro de campaña, de acuerdo con los ex­\> erimentos de polígono, el reglaje del cohete puede lograrse tan solo con dos series de dos disparos. En seguida la duración se au­menta (ó disminuye): / o tras 2 tiros altos (ó percutantes); lo des­pués de uno muy altor uno alto (ó uno percutante y uno bajo); 1 2 0 - tras dos altos (ó bajos); lo al estallar uno alto (bajo) y otro á la altura deseada. Después de modificar así la duración del cohete si la serie disparada en seguida provoca una nueva c0rrección en sentido contrario, igual ó superior á su valor absoluto, se adopta definitivamente un valor intermedio entre las dos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 446 BOLETÍN MILIT A.R . Con la altura ~ipo ( 1 , / 0- 0 ) adoptada para el shrapnel en el tiro dtrecto, un ... fuego bten grad~d~ no debe dar sino disparos fu­san~ es, y estos cortos por anadtdura, porque si la explosión se venfica s0bre el bla~co no pr~duciría resultado alguno . .En efecto, entonces el proyecttl marchana sobre una trayectoria media pero larg~ de ~ás en ~o á roo metros (4mm de alza ó 15' de ángulo), á las dtstanctas medtas de combate, y se sabe que siendo h el alza del b.lanc?, la alza ~ +.4 mm n? cor~esponde en un fuego prolongado s1no a una eficacta tgual a 4, s1endo 46 la del máximo. Si no pro­duce efecto la granada de balas en el caso anterior mucho menos lo producirá un disparo fusante largo. , -- i5 minuto · (nreo) + 100 ms. Si el blanco se pre enta al descubierto, la altura de la explo­sión se cuenta á partir de su pie; si e ~ tá abrigado por una trin­chera, á partir de la cresta de esta última. OBRE EL EJÉRCITO ALE IÁN (Continuación) El tiro Vamos ahora á pa ar á uno de lo puntos más importantes de la instrucción del soldado de infante ría: el tiro al blanco. En reíilidad, los ejercicios de tiro duran todo el año en el ejército alemán. No obstante, como durante el verano es, sobre todo, cuando reciben su impul o más activo, parece que su estudio corresponde más naturalmente al período mencionado. Estos ejer­cicios son objeto de la más constante atención y se conducen en todas partes con una actividad y metodo extraordinarios. De nin­gún modo exagero al decir que en realidad preceden á todos los demás y que éstos se arreglan según aquéllos para no entorpecer nunca su marcha regular. También se procura no interrumpirlos jamás durante mucho tiempo, para evitar que el soldado no olvide de una á otra lección la instrucción que ha recibido y las obser­vaciones que se le han hecho, hasta el punto de que aun en pleno invierno con-10° de frío, las tropas van al t:iro al blanco. Como la enseñanza del tiro está dirigida en todo el Ejército de una manera perfectamente uniforme, nos bastará examinar el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 447 modo como las cosas pasan en un cuerpo de la Guardia, con h observación, sin embargo, de que éste, como en general todas }a¡ tropas estacionadas en las grandes ciudades, se encuentra desde este punto de vista en las peores condiciones. Porque sin hablar de los inconvenientes que impone un servicio de guarnición más recar­gado, ca~i siempre el campo de tiro e. tá situado en tal caso muy lejos del cuartel, de donde resultan pérdidas de tiempo y una gran fatiga para los hombres, circunstancias desfavorables para la eje­cución del ti ro. A pesar de esto, los regimientos de Berlín están de tal ma­nera acostumbrados á e tas largas marchas, que la obligación de andar cada día cuatro y aun siete verstas * para ir al tiro al blanco, parece una pura bagatela. Hay además muchos coroneles y capitanes que consideran este alejamiento del campo de tiro como una cosa muy conve­niente. Prett-nden que el tiro se efectúa así en las condiciones más próximas á la realidad del tiempo de guerra, puesto que el soldado no empieza á tirar, sino despues de h':iber llevado la mochila du­rante una hora ú hora y media, y añaden que este paseo mili­tar cuotidiano de dos ó tres horas constituye un excelente ejerci­cio de marcha. En general, respecto á este punto, como en todos los demás, aparece en el ejército alemán ese e fuerzo constante de no hacer ni enseñar nada que no pueda ser de una utilidad directa en la guerra. Todos los oficiales no piensan más que en preparar sus hom­bres para desempeñar el papel que pueda incumbirles en el cam­po de batalla, y despliegan, p:tra alcanzar este fin, todas sus fuer-zas é inteligencia. · Nada lo prueba mejor que el cuidado que se pone en la ins­trucción del tiro, y los mismos procedimientos á que se recurre para darla á la tropa. Alguna vez he tenido ocasión de visitar los campos de tiro durante el ejercicio, y siempre me ha impresionado vivamente el celo y la atención extremos de que eran objeto cada tirador y cada disparo. Nunca tira más que uno cada vez, y el capitán en persona está siempre allí para guiarles y darles sus consejo~, tratando, por todos los medios posible.s, de desarrollar entre sus subordinados no sólo la ciencia, sino también el gusto del tiro. En caso de ausencia otro oficial de la compañía ocupa su puesto. 'Todos los campos de tiro de la guarnición de Berlín están muy lejos de la ciudad, salvo el del 2. 0 regimiento de granaderos de la guardia, Emperador Francisco, que se encuentra en la barria­da inmediata al .cuartel. Los demás regimientos no tienen menos de una hora ú h0ra y media de marcha que hacer para encontrar- • La ver ta e igual á 1,067 metros, 6 sea poco más de un kilómetro. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 448 BOLETÍN i\IILITAR se en el terreno, particularmente el regimiento de fusileros de la guardia, el peor dotado á este re pecto, pues u campo de tiro, situado cerca de la Tegel, está lo menos á una milla alemana (7,500 metro ) de su cuartel. Estos campos de tiro presentan todos la misma disposición general. Se;;ún los reglamentos, un regimiento de tre5 batallones debe disponer de nueve líneas de tiro, de las cuales dos son de 6oo me­tros, tres de 400 y cuatro de 300. Se comprende que las circuns­tancias locales no permiten siempre la realiz<3ción de este deside­ratum, y que bajo este concepto Jos campo de tiro difieren poco u no· ~e otro . En todas las partes donde es posible darles mayor longitud, se hace desde luego; pero no se admite tengan menos de 6oo metros. Como consecuencia del desarrollo de la agricultura en Ale­mania, con frecuencia e muy dif1cil encontrar terreno convenien­te , sobre todo en la cerctalles de ejecución de los div, en el poseedor del arma y entre todos los asistentes al acto. Si un fu il parece realmente malo, se recurre al caballete. El oficial hace algunos disparos, y después de haber determinado la naturaleza de lo~ defectos, indica al soldado sobre qué detalle debe ante todo poner su atención cuando se sirva de esta arma, ó bien, si es necesario, le da orden de en viaria al armero. De cual­quier modo que sea, no p9r eso deja el oficial de resolver definitiva­mente la cuestión, y los soldados ven en él siempre y en todos los casos una autoridad ante la cual les es preciso inclinarse. Lo que contribuye ad~más al mismo resultado es el celo ex­tremo con el que los oficiales se ocupan en la instrucción del tiro. Los hombres se di ponen por grupos de á cinco y se colocan en hilera uno detrás del ~Jtro; el primero carga, apunta y tira. Du­rante este tiempo el oficial se mantiene cerca de él, siguiendo todos sus movimientos, rectificando su posición y dándole con­sejos apropiados á su carácter particular, que siempre conoce perfectamente. Hecho el disparo, el tirador permanece en su pues­to hasta yue el marcador le haya indicado el punto herido por su bala. Dando entonces un paso al costad da cuenta en alta voz al instructor: "El soldado N. ha tirado á tal punto y ha dado en tal otro." Después aquél se dirige á su pu esto á la cola del grupo, y así sucesivamente hasta que cada uno haya tirado el número de balas fijado para aquel . día. No lejos de allí un sargento, sentado cer­ca de una mesilla, guarecido, si se nece~ ita, bajo un inmenso para- · guas de tela, inscribe cada bala tirada en el libro de tiro de la compañía. Además, la misma anotación se hace en la libreta de tiro que tiene en su poder cada soldado, con cuya inspección puede éste saber en todo instante cómo tira, sobre qué punto le es preciso particularmente poner su atención y qué condiciones le quedan aún por atisfacer para pasar á la clase superior ó para terminar lo ejercicios de la que forma parte. Se exige que todo soldado conozca siempre perlcctamente en qué situación se en­cuentra respecto al tiro, y ocurre con frecuencia que un superior, al encontrar un soldado en la calle, le dirige de pronto una pre­gunta sobre este asunto. Entonce. está obligado á dar las indica­ciones más detalladas sobre todo l que heme dicho anteriormente. Se concede gran i11"portancia á que el tirador sepa perfecta­mente reconocer sobre qué punto del blanco estaba dirigida su arma en el momento mismo de efectuar el disparo. Y preciso es confesar que nada es más propio para apreciar y comprobar el tiro, tanto para el mi m o tirador como para el instructor-( Continúa) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILI1.'AR 453 SOBRE EL UNIFORME MILITAR l Continuación) Cuarta cualidad-Preservar de los agentes morbosos externos. f?¿uinta cualidad-No entorpecer las funciones fisiológicas. Para cumplir con las condiciones impuestas por estas cuali­dades, es necesario examinar, siguiera sea sucintamente, cuáles son las causas de enfermedades que la higiene puede combatir por me­dio del vestido, y cuáles son los órganos más expuestos á ellas. La temperatura, la luz y la humedad influyen poderosamente sobre la superficie del cuerpo humano, y sobre los órganos en ella colocados. La temperatura influye por su elevación ó por su depresión, siendo tan pernicioso al cuerpo humano el excesivo frío, y mucho más i por transición repentina se pasa de una alta temperatura á una baja, pudiendo llegar no ólo á alterar la econom1a de los teji­dos externo·, in o á dPsorganizarlos totalmente y á causar lesiones graves en órgano internos importantísimos. A precaver el efecto de los cambios repentinos de temperatu­ra, ó á contrarrestar el que pudiera producir la influencia constan­te de temperatura anormal, se dirige la higiene al dictar las leyes á que e 1 vestido debe someter·e. El cuerpo del hombre, cuya temperatura de unos 3í0 es casi uniforme en todos los puntos del globo, tiende á equilibrar su ca­lórico, producido en su mayor parte por las reaccione químicas á que dan lugar las funciones respiratorias con el del medio en que se le coloque, por radia ·ión dd calor propio si la temperatura e& más baja, ó por ab orción del extraño, si es más alta; para evitar ambo extremo irve d ve tido, y erá mejor cuanto mayor su eficacia para conseguirlo. Pero es necesario tener en cuenta que la piel que cu hrc la periferia del cuerpo hu mano tiene eiialadas en la ~conomía funciones depuratoria g u e no Jeben ser contrariadas. E 1 vestido debe con ti tuír, por tanto, una e pecie de pantalla que conserve Jentro de límites conveniente la temperatura de la capa atmosférica inmediata al cuerpo y en circunstancias higro­métricas favorable., facilitando la normal exhalación y absorción que al travé Jel dcrmi y la epidermis se efectúan. Para Í11ve. tigar cuáles de las materia tl'xtiles que se ~uelen emplear en el traje d~ 1 horn br~, son las más provechosas, se han hecho diversos experimentos, partiendo siempre de que las más fa­vorables serían d~.:sJc el punto de vista calordico la meno con­ductoras, y desJe el higromc..trico las que mejor abs rban la hume­dad del ambiente. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 454 BOLETÍN MILIT.At.R De las del doctor Coulier (médico militar francés) resulta que por su poder radiante las t~las siguientes están colocadas de más á menos en el orden en que se citan: 1. a Tela de algodón para forros. 2.a Tela de cáñamo para forros. 3·" Tela de algodón para camisas. 4.• Paño azul oscuro. 5· • Paño encarnado para pantalón. 6.a Paño azul claro para capote. El poder absorbente con relación á los rayos del sol, da el que á continuación se expresa, también de más á menos. 1. a Paño azul claro para capote. 2. a Paño encarnado para pantalón. 3·a Paño azul oscuro. 4·a Tela de cáñamo ':rudo. 5· a 're la de algodón para forros. 6. a Tela de algodón para camisas. Hammond en 1863, en Filadelfia, obtuvo respecto al poder radiante la colocación siguiente: 1 .• Algodón para camisas. 2.a Tela de cáñamo. 3.• Franela blanca. 4.• Paño azul oscuro. 5.• Paño azul claro. El c.:>lor influye también en el poder absorbente, como lo de­muestran los experimentos de Franklin, Davy, y más reciente­mente los de Stark en Edimburgo, condensados en el cuadro que sigue: Poder absorbente de los color es con relación á los rayos del sol I.0 Negro; 2. 0 Azul oscuro; 3.0 Azul claro pardo; 4. 0 Ver­de; 5. 0 Púrpura; 6~ Encarnado grana; ¡.0 Amarillo; 8. 0 Blanco El médico militar Hermant dice que para hacer subir un termómetro envuelto en telas de lana de 10° á 70° han sido nece­sarios, cuando estaban teñidas de negro, 4'; grana, 5'30; verde, 5'; blanco, 8' Sobreponiendo unas telas á otras, se ha visto que es mayor el poder absorbente de lana sobre algodón, que el de algodón sobre lana. De e;;tos datos se deduce la consecuencia de que los tejidos de lana son muy buenos para proteger el frío, porque impide que se pierda en la atm ós fera el calor del cu erpo, favoreciendo la absorción del solar, y qu e, por el contrario, los tejidos de al~odón son eficaces contra el calor, pues permiten más radiación á la par Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE'l'ÍN MILITAR 455 que moderan la infl u encía de los rayos del sol, y en cuanto á los colores, que los oscuros son ventajosos en las lanas y los claros en el algodón. Patente se n uestra aquí la conveniencia de dos trajes para el soldado, uno para tierra cálida y otro para clima frío. En un país, en que la temperatura varíe desde + 1 o 0 hasta 35° no e-. razona­ble exigir de un traje que proteja con igual fortuna contra las dos. La razón económica, que á primera vista parece oponerse á que se haga un vestido de lana para el frío, y uno de algodón para el calor, no lo es en realidad; pues siendo mucho más barato el se­gundo que el primero se ganaría la diferencia de precio entre uno y otro, por el mayor tiempo que durarían; y si hoy, por ejemplo, en cuatro años se consumen dos capotes de paño, enronces se gas­tarían, en el mismo plazo, un capote y la prenda de algodón con que se le su tituya en verano ó tierra cálida. Pero si esto no puede hacerse, no cabe duda en la elección, y es preferible adoptar, para tod tiempo, el traje de lana. Los efectos del frío son mucho más perjudiciales que los del calor para la economía, en cuanto á la defensa que el tr .. tje pueda proporcio­nar. El frío mata directamente sólo por ser frío, y el calor, si bien s cierto que tam hién mata, no produce e te efecto, aun cuando indefen a y sin cubierta alguna s11fra la piel los ardores del sol; el calor produce la rarefacción del aire y la muerte, ó por asfixia por falta de oxígeno para el desempeño d~ la fun ione. re piratorias, ó por congestión cerebral i la cabeza sufre sus rayos, ó por viciar la atmósfera, ó por otras causas en que el vestido es de ninguna importancia, si se exceptúa lo que á la cabeza se refiere, en que vuelve á recobrarla, porque tratándose de esta parte del hombre, puede y debe prestar efica7. ayuda á su reparo. De las condiciones higrométricas resta tratar, y en este pun­to, como se ve en el adjunto cuadro, también está la ventaja de parte de los tejidos de lana: CANTIDADES DE AGUA QUE ABSORBEN DIFERENTES CLASES DE TELAS Dt•signación de las telas Jlumed~td Hum4'
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 147

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 161

Por: | Fecha: 21/07/1900

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 66 Intendente general del Ejército de la República, con las atribu­ciones y deberes que detalla el mismo Decreto. Art. 2. 0 ómbra e Intendente leneral del Ejército de ]a Re­pública al Sr. General Rufino GutJé~rez, quien disfrutar á de la asignación mensual de quinientos peso , abonables por la Habili­tación del Cuartel gen~ral del Ejército ac~ntonado en esta ciudad. Comuníquese. \ Dado en Bogotá, á 1.1 de Julio de 1900. Por dele gación el Excmo. Sr. residente, El Ministro de Guerr MA UEL CASABIANCA - - LIDlliJ ll®®® (12 DE JULIO) ' . por el cual se confiere un ascenso El Presidente de la República CO SIDERANDO -Que el Genera l graduado Sr. Juan Aguilar ha prestado en todo ti e n po inte res ado y valiosos servicios á la República, ya exponiendo su vida en los campos de bata11a, ya-sacrificando sus intereses para o tener la buena causa; Que el General AguiJar, durante la actual revuelta, ha luchado con valor y den e o ejemplares en la penosa campaña del Tolima, DECRETA Artículo único. Asciéndese á General efectivo de Brigada al General gradu o Juan AguiJar. §. Dése cuenta al honorable Senado en su reunión venidera {;omuníques.e y publique e. Dado en Bogotá, á 12 de Julio de 1900. Por dele ación del Excmo. Sr. Presidente, El Mini tro de Guerra, MANUEL CASA BlANCA. -- ·~·-- @ a o •• liD~ JI.~®@ (1 3 DE JULIO) por el cual se honra la memoria de un valeroso Jefe del Ejlírcito El Presidente de la Repúhlica CONSIDERANDO Que el día 5 de los corrientes falleció en Bucaramanga eD General Víctor Alvarez, constante y heroico defensor de la buena causa; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 80LETIN MILITA~ '-y--' 67 Que en todo tiempo, sin omtttr sacrificios ni esfuerzos, 1el General Alvarez estuvo listo para ofrendar su vida en los campos de batalla, en defensa de sus convicciones, y el valer con que sabía luchar era proverbial entre !'Ll compañeros de armas; Que en la actual rebelió,J peleó como bravo en Bucaraman­ga y Palonegro, distinguiéndose e ambas acciones por su ejemplar valor y disciplina, DECRETA Artículo único. El Gobierno lamenta profundamente el fa­Ilecimieuto del General Víctor Alvarez, deja constancia de que la bandera de la legitimidad p·erde un irreemplazable servidor, y re­( C mienda al Ejército su patriotismo y denuedo, como dignos de imit· ción. §. Sendas copias del presente Decreto, con notas de ate•1 ión, ~se án. en viadas á la vi u da del finado, y al General,' Jefe Civil y .lMilitar de Santander. Comuníquese y publíqucse. Dado en Bogotá, á I 3 de Julio de I 900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, M. t'\UEL CASABIANCA ------ I!D~~~W]~:Q) JThiu 0 - - m> m 1l!ID®® (1 3 DE JULIO) por el cuar·a el rancho; y el excusador, Fray Juan Antonio Buenaventura, OJbs.eq uió mucho al Sr. GcnC'ral, Cuartel Maestre y sus Ayudantes. Yiemes 27 de Noviembre Salió la tropa de Cajicá á las nueve y veintitrés minutos de lm r.nanana, y llegó á las doce y cincuenta minutos del día á c:;sta v ' ill·a de Zipaquirá, sin novedad: no ha habido detención en el ca­mlirno. Día claro y sol muy fuerte. A las dos y media de la tarde h ttró una caja de guerra, una e pa( a, quince fusiles con bayo­ne .., y 'icdra , dos bJyo1 etas má , d s a '1etes, portabayonetas y e rtucheras con cartuchos, algllna con veinte, y una dos lan­za . S hi ier n diez prisioncr s, e1 tre t:l os uno que volunt ría­mente se ha presentado con su fu il l n n.itura . or nuc ua parte no ha habid > rná novedad que un anc r herido mort lt ente en en la cara, y otro de Chocontá en una ingle. Por extraordinario que acabé! dl! llegar de Chiquinquirá se sabe que las tropas armadas de ~!'unja han >cupado el puente e la Balsa, me.dia h::gua de aquella villa. Volemos á e carmentar á nuestros enemigoc;; llené monos de valor y de en tu ia m o para \ ol­ver á nuestros hogares llenos de honor y gloria militar; el campo se no presenta para volvernos h éroes. * * Boletín d11 noticias del día-Número •.1-3- 1111laj.:, ü de Dici•mbre de 1812 Felizmente ha salido falsa la noticia de haberse hecho pri)io­nero el Sr. General D. Jo é de Leyva. Ayer se ha recibido un oficio en que ~omunica ¡u llegada á Enemocón, el que entre otras co a-; dice lo siguiente: "Oficio del General Leiva, :~.1 Excmo. Sr. Pr e~idcnte Excmo. Señor: Anoche á las 9 llegué á e-;te pueblo de Enemocón, sin que antes pudiese lograr un momento ni proporción para participar á V. E. lo ocurrido desde el 2 en la noche. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 72 lETI ILI con nue~ ro que no e p c1 pense V. E. 1 'n4m ero 2 1•- Sa tajé, Diciemb 23 de 1812 e ad~ J 1 la l arg a enterm n o e t o 1 erft" w te · · 1• ciclo, han podido en- _ntimicntos de mi honor, y de mi amor á la patria. a punto de ser invadida y asaltada, me determiné á salir á c. nsa, . acri ftcanlívar): combate feliz de l\I. Cortés Campomanes con A. H.chu-tillo. 1812-0l•cja.~ (Bolívar): comb,ttc feliz de .M. Cortés C!i.mpomaucs con A. Re-bustillo. 1812-Guáimaro (Magdalen.:t): combntc feliz de P. Labatncl con P. Domínguez. 1812-Cispaltí (l3olfvar): combate feliz de ~ligue] ~arahaiío con T. Pa<"heco. 1812-Cerru de Scm Antonio (.fagdalena): comh,1te feliz de P. I..abatud con P. Do-mínguez. 1812-La Cié1wga (M gdalctl:t): com~ate feliz de P. L. batud con V. T.lleclo. 181 '2-Stm Jurzu ( ~hg (Cauca): combate feliz de G. Vir 'o con tropa ele )!. AymcnclL 181 ·~-Ctbollas (Cauca}: coll!b;,te feliz de G. \'ng-o uon ttop.t. \•e . l. . yn erich. 1814-T,\CJ. J::S (Cauca): b, tdla g,n:Jtla por A . .~...-aniiu á :\1. .\y .. crich p,.l-00 contra 2,000) ]<)14-Pilsto (<·j:clo) (Cnucn): Con!bate feliz de A. Nuiiio ·on P. Noriega. 1~1!-Cebul/as Cauc.tl: combate infeliz (tn.icióll le D. n.o db'' z) co 1 P. No1iega. 181/)-Barrrmquilla (l3olÍ\'nr) : combate infeliz de P. Rihón con V. ,C 1pm.¡ni. 1815-Mompós (ll >IÍ\'11): comb •• te infeliz de F. e ll'aU'Ill 1 COil l. L dl'll~ 181.3-0v~jas !1 'Jlowl omo (Cnuca): combate infeliz de P .. Ion·ah·c con A. Vitlan-rrázaga. 1815-EL P .\.LO (C,lllca): batall'l g.mada por J. M. Cau,tl á '1 lUI'lát.tbJ. (¡,300 > contta 1,~00). 1815 -Chimcí (Bolí\•ar : comb1te de•.gr, cio~do ele P. Rihón c•on .T lbv(1r. 1815-Santa Ana de Barú (Bolívar): combate de graciado de L. At~ry con .T. Ca-macho. 1815-Nechi ( \ntioqui tl: cot~bate cles;;raciaclo de P. Yillüpol t n V. S'inc1 ~ Lim:t. 1816-CIIIIH:: B yt<'): batalla ganada por J. Ricaurte; ·.e 7. d (J,L.JOcon-tra 2,300). • 1815-Balágula (S wt wal..tcio, con S. e 117., da. 1815-PUE::'oiTE DE CnJT\G,\ (Santancl·•·): b,tall,L >..:tdid ,o It. U! ¡,c;t, cc..~tra S. Calzada (1 ,000 contra 2,000). 1815-Boquilla (Bolívar): combate cle:grachclo de R. Ton, <'On F .. f. \lora es. 1815-La Popa (Bolíval'): combate feliz de~. Soublctte c•on J .. l. Viilavicencio. 1815-Tierm!Jomúa (U >:Í\':u): combatc llesgr.t<.; ,d., de lt. Toro e Hl F. J .• I H·,Jes. 1815-Ca.stillo det /lngc-l (BoÍ\' r): comh:1te feliz ele J. Zota con F. J .•• Jo ra les. 18t5-TO\I \ DE CART\GEN'\. (Bo11var): batall L po;!rdid.L por López y Palacios contra :\forillo (2.000 contra 5,000). 1816-.Alto de Cw:hirí (Santander): combate fdiz de C. G. Rorira e;ou S. Calz.~da. 1816-C.\CIIIRÍ (S:u:t ·nd~r): batalla perdida por C. G. Itovira contra S. Calzada (1,000 contra 2.100), 1816-C,ícuta (SantC~nde:): conbate deligraciatlo tlc J.,;\[. ~fontilh con F. J)¡,Jwtdo; 18lü-Ceja .4lta (A:1 tioquia): combate de graciado de M .. \. Lin res cou lt'. War­h! ta. 1816-Angostraa de Cm·are (Antioquia); combate Jesgr.tciado eJe l". Aguilar con D. Santacruz. 1816-Puso de Rionegro (Quetame, CnndinnmHca): comhate de!'graci:Hlo de:\!. R. Serviez con A. Gómez. 1816-Upía (Cundinl~t·utrca): combate desgraciado de~\[. R. Serviez con M. Lalc.rrc. 1816-San. Pablo (Cauc:a-Choc6): combate desgraciado de :\1. Buch con J. Bayer. J8W-Guacltiría (Boyacá): combate desgraciado de J. N. Moreno con ~I. Villavi-cencio. 1816-Retnyes (Boyacá): combate desgraciado ele .l. T. Pércz con N. mpueda. l!H6-CucHILt. l>F:r. 'l'A tno (Cauca): batalln. perdid:t por L. Mejía contra J. á-mano (800 contra 2,000). 1816 -La Plata ( Tolima): combate pertlido por L. l\fejfa contra C. Tolrá. 1817-Citire y Pore (Boyacá): combate feliz de J. Galea con .\1. Jim6nez. 1817-Ciwcoutú (Cunclinarn,\rca): combate desgraciado de Los Almeidas con C. Tollá. SEGUI'\DA FARTE-REACCIÓN Y VICTORIA 1819-Paya ( Boyacá): combate feliz entre F. de P. Santander y J. Tolri. 1819-Corralcs (Boyacá): combate desgraci':ldo entre J. Driceño y J. M. Darreiro. 1819-Puente de Gámeza (Boyacá): combate indeciso entre F. de P. Santander y J. M. Barreiro. 1819-PANT.\. o DE VARGAS (Boyacá): batalla indecisa entre Bolívar (2,200) y J. M. Barreiro (2,400). 1819-Molinos de Bow~a (Boyacá): comblte feliz entre Bolívar y J. M. Barreiro. 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y--" 75 1819-Toma de Tunja (Boyacá): combate fet:z en r Bolívar y N., fontañés. 1819-Boyacá (Boyacá): batalla gan:ala por Bt:lí\'t•l' (2,800) á J. l\L lLneiro (2 ,600) . 1819-Guasca (C tndinamarca): combate feliz ent1e N. O.:pina y A. Pla. 1819-Gurmábano ( Canpa); combate f·liz P.ntrc .J. l\I. A!Yatf.'Z y P Domíngnez. 1819-Sall Jucmito (C.tUca): combate feliz entre ,T. Riconrte (2,000) y l\I. Hodrí-guez (35o). 181 9-R!ohac/w ( ~! · g elitr~ J. ?\I. Gómez y F. \-~ar1cta. 1820-C/wrroshlancos (Antioqnia): combatefeli:;o: c1 t1 .T •• 1. Córtl ha y F. \Var!eta. 1820-0cr¡ña (Santander): combate feliz entre F. C rmona y 1 " . .Táeome. 1820-Riohacha (:\Iagclalena): combate feliz ent1e f. ~·Iontitla y J. Solís. 18~0-Lu Pl·tla (Cauca); combatl' f~.;liz entre Jo t: .1: [ r¡ ·y .J. Domfuguc;r,. 1820-Laguna Salada (Magdalena): comb te ft.:IÍZ t.l tre ¿ I. fontill.1, y J. ~;ánchez Litm (·WO contra 2,000). 1820-Pn'\YÓ (Cauca): batalla g. nada por :.\J. V. l·lés (2,100) á ...... López (1,500). 1820-.Uajagual (Bolívar): combate feliz entre . Curl~.;l 1 y e. G Lll·rrero. 18~0-El Banco (~1agtlalena): combate de; p · p' r 1 (llt e• 1 . ~Iondozn y V. Villa. 1820-CIIIRJGU \ ·Á (\f:Jg Ntw•o (-:\Iagdalcrw): comhate f li:-: c.nt1't:. :JL l\lollti:ln y E. Dí•1z. 1820-1'urbaco (Bolívar): comhr.te de gr. ciado entre l . Aynla t1,000) y :\f. Val-buena (150). 1820-Río de la Fundación ( l\lc~gtlalcn. J: combate feliz entre J. .1. f. Carreíío y V. Sánchez L. 1 820-Riofrío ("l\[~¡oy (Cnuca): batalla perdida por M. ·v. ldés ( 1 ,000) contra B. Gar-cía (1,000). 1821-Boca riel Si111í (Bolí,rar): comhatc ti·l iz de ,T. L.1ra contra .T. Cándamo. 1S21-Popayrín (Canea): combate feliz de P. L. 'l'orn .. cuntr:l B. García. 1821-Cartagcua (Bolívar}: combate fcli:;o: de .T. p,Hiilla contra ntonio Quintana. 1821-/Jocacltica (Bolfv¡¡r): capitula con .M .• lontilla J. M. del Olmo. 1821 Quilcaré (Cauca): combate desgraciado de L. Infante con J. M:. Obando. 1821-PopayrÍl¿ (Cauca): combate feliz de P • . Murgueitio con ~1. M. C6rdoba. 182l-Jluleuci6n (Bolívar): comlH1tc inclec:i. o rle M. Montilla con G. Torres. 1821- S'rw Jurm ( Cauca): combate feliz de .T. Sardá con ~1. Caiialete. 1822-Bo:-.woNÁ (Cauca): batalla indecisa libmda por Bolívar ( 2 ,700) á D. Gar-cía (2,300). 1822-Pasto (Canea): ocnpaci6n de ln. ciudad por Bolívar (2,300 contra 1 ,300). ] !:i22-Pa. o del Uuáilara (Cauc·t): combate desgraciatlo de A. Obando contra J. B. Dove~. 1822-Taindala (Canea): batalla indeci.a eut re A. J. de Sucre (1,200) y J. B. l3oves (2,000). 1822-TAI..:DA LA (Canea): batalla itHlccisa entre A. J. de Sucre {2,000) y J. B. Bove (2,500). 1822-YACUA. QUER (Cauca): béltalla ganada por A. J. de Sucre (2,000) á J. B. Boves (2,500). 1822-PAsTo (Cauca): batalla ganada por A. J. de Sucre (2,000) á J. B. Bo~ ves (2,100). 1823-Santa Marta (Magdalena): combate desgraciado de Riux y Carmona contra F. Labarcés. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 76 BOLETIN MILITAR ~ 1823-La Ciénaga (Magd11lena): combate feliz de J. A. Reimbolt contra J. Busta-mante. 1823-Santa 11-farta (Ma~dalena): combate feliz de M. Montilla contra F. Labarc~s. 1823-La Cienaga C:.\.lagdalen ét): combate feliz de Carrnona (•ontra J. Bu,tamante. 18:¿;) Valled11par (:Magdalena): combate fdiz de C. 1.\.fend<~za contra P. F1, llo. 1823-V./adorcito (Magdalena) _: con1bate feliz de .M. Montilla contra N. I,ópez. 1823-Catambuco (Cauca): combg,te de graciado de J. J, Fl6rez contra A. Agua-longo. · 1823-PASTO (C<•lll'a) :, bata la indecisa d.e n. S '\lom contra A. Agualongo (1,000 contra 1,500). 1823-CATAMBUCO (Cauca): batalla indecisa de B. Salom cvntra A. Agualongo ( 1,000 coutra 1500). 1823-Berruecos (Cauca): combate desgraciado de J. M. Córdoba contra A. Agua-longo. 1823-TAUSAYA (Cauca): batnlla indecisa de J. Mire. contra A. Agualongo. 1823-Aranda (Cauca): coml.JiitE: feliz de Arévalo contra A Agualougo. 1824-Tambo pintado ( Cauca): combate feliz de C:tlcletón contra A. Agualongo. 1821.·-Bm·úacoas (Cauca): ('Omhate feliz de T. C. ~Iost¡uera contra A. Agualongo. 1824--N~c!tao (Cauc.a): comb nte feliz de J . M. Ub:mclo contra A. Agualongo el 24 de JnniL, y que pnede decir..:e fue el últitJIO de b. guerra de Pasto y la final derrota de la can3a reali-t.l en Colombia. III t•RESITPUES'.I'O GENERAL DJ! LOS GASTOS DEL DEPARTAMENTO DE LA GUERRA Suddos de lo empleados de la Secretaría y ga, to de oficina •.............. Sueldos de lo entplendos de los Estados Mayores de los Depaltamentos y gasto3 de oficina ...••........................... •. Sueldos de los <'mpleaclos de lo~ E. tados Mayores de artillería y gal'tos de l'>ficina Sueldos de los Generales, Jefes y Oficiales sin s:olo('aci6n... .... . ................•... Paga, Mayorín y \'e:tu. rio de las Cornpa­iiías de artillería .• _ . _ .•.•.......•..... ra·an ................. . 11,066 13,380 151,240 183,092 16,320 22,272 24-1-,000 210,8 ·10 290,240 327,188 712,866 :i37,372 13,380 ~51,760 22,272 178,680 327,936 7!H,028 • !'ara la mejor inteligencia de este cuadro debemos anotar: Los Estados Ma­yores departamentales numcntaron en el trienio de 10 que eran á u.; lo~ Estados Mayo­res ele artillería, de 4 á 8; las compañías sueltas ele esta arma, de zo á 26; los batallonea de infantería veterana, de 30 á 35; los de milicias (cuadros), ele IJ á 97; los escuadrone• (veteranos), de 24 á 2¡; los cuadros de caballería de milicias, de 20 á 82; los hospitale,, de 20 (calcul:ldos para s,ooo cnfamos) á 24j los caballos comprado~;, de s,6oo á 8,ooo; y la pólvora consumida representaba 3!- millones de cartuchos El ejército ele línea no fue menor de zs,ooo, y las milicias pasaban de to,ooo. Es decir, para sostenimiento del ejército patriota se gastaron no menos de $ 1 zo.ooo,ooo durante la magna guerra, y como el realista no debió costnr mucho menos, tendremoe una suma de 200 millones, ó lo que es lo mismo, cosa de 120 millones al año, término medio, computarla enlamo­neda actual. Y como al terminar la guerra la deuda pública ascendía á 103 millones, xesulta, agregando rentas, bienes expropiados, etc., que la Independencia noa costó Aobre 305 millones, que representa un desen•bolso de S 3o,ooo }>lata Cliarios, que por cierto nada tiene de excesivo. Poco más ó menos cantidad igual cuesta la presente guerra civil.. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR '-"y--" Vienen ................. . P. ga, M·tyoría y vestuario dP lo hatalloncs de iufantería de línea .............. . ......... . p, . .,.,., .r.yoría y ve:-;tnario de lo· escn;.dro­ncs de c:tb~lletía ...••.•. . .••..•...•.. St el dos y g11sto · de las oficinas de adminis­tr, tcÍÓI• militar. . • • .. • .. .... . .. .. .. ........ Sueldo., , g tstos de las oficin·t: ue Cnent.t y r. zón de artill erí· ....................... .. Paga erttc ·ho,, equipo y mmamcuto ........... . Suh;i:;tcnci lS (r.710 49,8H l3!J,.JS' 17,024 200,000 183,156 1 '1·SS,l S7 2J,Oul 3'7 1:,000 .39,030 5:1 48! !) 1.500,000 878,112 10,080 18 720 38::>,296 1J3.972 73,171 52,1.53 19,824 13!) 5 '8 17,021! 195,5·W 1·8'' .187 2;5,060 100,000 79, ~.)0 'i-U>82 1.900,000 9.ooo,a3 1 10.33!1,786 Tot:tl del tricr io en· ~3.879.·HO (Continuación) Recordará el lector que al definir la ofensiva y la defen­s iva, se proenra establecer alguna (listinción entre las los vvoce defensiva y deferu.;a. Jomini en este último párrafo la pone de relieve. La defensiva en graude, en conjunto, 6 lo qque e lo 1nismo, la defensa est,raté[Jica, no es tan favorable en hlas montañas como la defensa, tcktica, es decir, local, parcia l, s uce iva, de las fuertes por;iciones qun en ellas abundan. Un general, muy conocido por lo profundo y sentencioso dde s lenguaje, dijo, no hace muchos ailos, que se podía per­dder una campaña ganando todas las acciones. Continua y t triste aplicación suele tener este dicho á la guerra de 'montaña, t:tant p or parte del defensor como del a-gresor. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 78 80LETIN MILITAR "--y---" Cerraremos estas largas tn n cripciones, que ou e\yiden· temente uece:saria~ p .. ua imprimir autoridad. en materia tan ardua y .complt•ja, co11 los ,' iguieutes púrn fos eu qtw elun:smo J01uiui resnme hh' pri c1~.mles coudiciones y embarazos de la guerra de moutafi< : "Podría, d ~cir también qne en esta guerra, m~'i~ qn en cualquiera otra, se deh' tratar de hacerla. á la comu li~aciones del enemigo; en fin, que en e:to~ paises escabl'o ·o:-., bueuas ba~t'.' t mporah.·s, ó li11(~, s tle n:a, establN·Hla ,' ('Jl el m•n­tro ele las gTl pafs." '' .J.::rO t:•' posible, ._·iu emlmrgo, terminar este artícnlo sin hacer obser -~n que los pt.lí.·es rle montafias on p~rtieulanlH'll· te fa.Yorab s {t la laciorw suble\'ada. dPfit>JHl~ll tcuaz­mentc sns hobares con el eutnsia.·mo qne prPsta 111a causa justa: entonc~es cada. pa.'o que da <'l invasor 1<~ etw:-.ta los ma­yorl'S sacrifkios. :Mas para CJne el triunfo coroHe l3. Y efectivamente, bien podemos los españoles, sin s·:llir de casa, estudiar y aprender la guerra de montañas. Descendiendo por nuestros anales desde Cova- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR '--y---" 79 doncrn, en toda~ épocas f.;OlHnn ensc~fianzas y s 11to y bie 1 pre~·<·ntada," eou o Jomiui la qniere. El lector comprende· rá le solna las IHZOileS que en c~tas lÍI e~~-· Ycdnn ha t<.~ ht me wr a~nsió!t. Todo lo e~·pnesto eoncurre á demost.r nr que la ear:ln ~ia, qua nl principio C'ida, d{ ra~gos y n ·ci<.kllt<' ·, uo itl illliem;;, sino se m ·j< ntc~. El dt.,~ <.'O (le e:elar ·Ct'l y eo 1fil'mar e:ta. i(le< , mneYe hoy ú inclun· algaliaS eonsideraciolll'H ger.IÓ[Jic;as Cll el estudio de los Bceonocimifmtos, qne po:idn parecer t'.·tt·~ fia~, qne :on imludablt>meute li~Pras; p •ro (e uiugú11 m >do iuopor­tuna. ·, dada la íll~a La he· cho fuerte! Y siu embarg-o, por ntHL de p:: s ap< rentl•s eon­tradiecioues que cl'Íz!ln y dificultan <.•l e~tnIJden <.·1 u.<., de ella eo11tinno, iudispc11sahle cu la uucrrct do 1/lOillaiia. E11 llaHm·a::-;, ·i.·iul<'mt•ntc, no es tan fúci1 cortar y er vol­ver á u11 t>j(!rcito d(3 100,000 homl>r<·H, que 110 lo qniera permi· tir. Todo se reduce {t cambim· de frente. Pero en rnontnfias, estos cambios on por todo extremo difíciles y ocasiouainaeiones de ]a guena un país de nwntaiía puede prcseutar.·e h, jo aspPctos mny di t•r ·os: r·,ou~ t1tnj't ndo el teatro completo te e:ta. g-n ·rra, 6 fonnaudo una zonn ó parte de él;:, en ambos e: .. ·os toda la snperticie pu•n qt e perjui<:io a.l Pjéreito que hn. logrado ;-·nperarlo. En <'fc>eto, llenldc- la guel'ra á la ll; nnra, puede con:iderm:.;e la e:tn•clla cvrdillera que SH acaba de pa. er lo que pasa al otro l:.ulo; la: cal.wzas de columna, le par<•c ·rán ejéicito.·; .. ·e verá ohliganc1le eucontrar la defensa es la limitación d la· COIIIUilicaeion s tlel vencellor á HU espal­da. Si la cordill rae· mny estrecha, lo mejor eu muehos easos será no dejar en las cnru bres más que dest~ camentos ó )HH~._·tos avnnzado:o;, y reunir las .fuerzas principales en algún punto ventajoso, para caer sobre el flanco del euenugo que sale de las montañas; y si se logra batirlo, puede llacér"·ele desa ·trosa la retirada por un solo camino, uaturalmento obstruído con parques é impedimenta. sen·ar desde las cumbres, proteger un flan­co propio 6 amenaz"ar el del enemigo, la c~mpaüa naturalmente desarrollará su priucipal ac0ión en terrenos adecuados para grandes masas. I~ste caso no puede considerarse incluído en la guerra de montafic(, propiamente dicha .. Fuera de aquellas en que, por servir de líneas . estratégicas de defensa, sea necesario Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MIL TAR ~ l atacar y forzar las zonas montano~ns pnr t•l Pjército entero clo op<'raeiones, rar·o e~ qne lo~ país..-s eh~ m••lltañ .t se tomen cmno ttatro de uua. gnetTa. cu gT;wclt-; ~· anu así, lu~ combate~ cleci­SÍ\' os sit-mpre tienen lll:!;il' en lo~ \';!Jllc.s lmjos, t;ttltiva; soln·e todo, st f,u·,¡w sal Ít'J•te~ á lila twt·a dt~ h. tina l'tc ó fttj· cl.Ja, .sol> re et frente c·:-;tra tég-ic~o ele 1111 ftmfro de openwion11s, tli \'Í· dit·udo e~teúltilllo eu dos pHtte .-.t.)s•·<~lot·••:o~tlistiutu~, ya. la cosa crece en importanc:ia: .Y ps c·\·ici•·Jtt\• C}tW la adquit-n· total, cuan­do ya 110 se trata d~ :-;i111pl•·=-- zontt.~ :-;t·t~nudarias ó ac·t·esorial'l, sinn que < .. 1 teaf)'O PlltPro dt~ la g-u.-n':L Hl'" n•rdadt·ro t)((Í.~ dt: montwfia, ea cuyo caso tud J ;ulcJIIÍcrc lllttj'ul' gnt\'Cd la." c·itas arftc•riorc>!':, cpt~ !':P ]liW­de asegurHI' (}lte Hila ntluurad linllt' .r lt• .. •·ott·a pnt•d•· tu:',s t·~pe­cialnH'IItt> t-'11 la g'llet ra tle llllllltafia C]llt' todos los fll'l'l~t·ptos tft•( lllllltdo. luduclahlt•lltPIIfl' t'll c·sta gllt·tT.I c·l j •··~u clt~ la oj~IUiit'l' y de 1:-t rtrj't:,wortt adqnic•l't• ft•11si•u• tal, rg-Í.t t·Xe•·lwiollal; y :-;ns trop. ts tamhtén verse\'t.'l'c.lllcia .V tt~ nac~id a•l. a•lq lltrr•las put· :t•lc•mta•los t~jt•n·tdo~. Tudo comand;tlltt-> tlt-> c:nllltlltta ú ~~~~··rpo •JIH' upt·re 1'11 111o11tafia, d~->he nhl'al' por :-.11 t~llt->llta IIIIH~It:ts \'c~w·:-:, pnrqnt• c•l j t> t't• su¡wriot• del ...jérdto 110 poclra iudtt'allt· ~~ ... la 1a1111 tlt• los Jlln\' ÍIIIit•lltos qnu dcha t•jeciltat•: ha~ta tptt• St~ lt• uuttc:h.~ opnrttlltafiH•Jitt• la~ o¡w­racioue~ pro.n·t~htdas por dJt·ho t~Ül'cito, cl··j;'tllclole ec-t:-;i :-;iempre Cll ('Oillplt->tH lih~t·tad ele~ ;u:t•Ítllt. Es por·),, t.aut", ;lltttl)llt .. no :-;t•a 11111.\' alta. stt <~atc-.o~oda. nn pl'qut'fit' O~•wral tn ,Jd·~·, y clt•ht .. renuit·, t•u clt·h1d•• pt·opon~inu, totltt~ las eomlieiout•s que •·xig-t• 1111 IIHtllclo iudt•¡u~lldic•llft•. D••ht.1 ser poi' tempenlllteuto PIIIJH:t•ud,•dor. \'t>rdadt.•ro lwmhre tle ac­ción, cun ' t'='IHHtt(tuea. iu,~limwióu it. la of··n:-.Í\'H, ,\· s1 hieu tt.>tléiZ y ~uér~deo paa·a da1· dma. il sus plaut·~. juutar a la \'CZ t>lastici­dat l ,\· e ltsert-ein 11 para \'aria rlus a 111etl J(la ti•: 1 as ci J'<:llllStaucias. No 1~ ba:-;ta. 't•l' c .. XIH'I tu «'11 los Ht't'Ídt•fltt•s qne canw~eri~an la gnerr.t dt• motataita; dt·lu· eoiiiJII't~. lld .,. ta111hién lo:-~ pn~ cepto:-. ge­lJ .. ralt's ele la :.!U•·tT.t c•u ~'J'rtutl, • , p.tr.a. Ht'tttulli.r.at· ,\' t•uc~uaclntr sn~ JH'qnt•iias opt->t·adnllt~:-o <~"" t•l t'oll.inuto, .\' apn·,~ iar la oportuui­datl de) JllOIIWIIfO Pll IJIW :o-ll llltt't' \'t'llt:IOil St•a JU:'ts t-'fie , t~. };a exet~:-.i nt J•l'lldt·llt:ta q "' ~ ray . ~ t'll t.i uatdt·~. o d fHH:o tt~són al JlOIIt-'11' por ohra los pro_Yt .. ,·.los, t"illl'lt•ll ('IJt'l'\"tLI' .V t'tll hotar las JUÚ:-4 perspÍt~I\;\S f,¡cJllt; dl'S: 1'11 la~ lltolltaii IS ~~.LhaiJIIHIItt~, lllU· viuaitmtn:-. Cjlll~ t->11 h!ol'Ía parPt!t'll iiiiJII';wttamlllt·s, Noll lm; qn~ •·l éxito Cl•l'olta pot· lv .sol'prewhHJte 1h1 lo.::~ rc.sutt.L.los. La. iudcci- YUI~i ' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIII MILITAR ~ sión, la tardanza en adoptar cambios que Jas circnn8tancias impouen, haee muchas \'eces peruer tanto tiempo, (]11,~ ~~~·~le acabarse la luz del día ant •s de tertlliuar uua <.>Jwraeióu que hubiera debido durar pocll s horas. Por Jo iclo t•s que la iufautt>rí 1, ~n mon­tafía. t•omo eu todas partes, conRtitu~· e t>l arma pdn,·ip.tl, y 111 •­jol' aú 11 si es tú co:llJHWst a de mon t<~ü..-~ws t•jt•rei tadus; pPro e ." ah. nrdo. eomo atrás qtH .. d:.t. tlicbo, s11pri 11 tit· uua opot t1111a tlot:t· cióu de cahalleda.. Desde luego el st·a·, ·icio a\· auzado, esto t.•s, la e.x:plm·lwión, el rccouocinlit~ nto, hts noticias, sólo t lla Jo put .. d o­lleuar; y tendrá ntilitlatl iudiscntible pat'a lo~ combates f'll nt- 11<.·~ t-tnchos ó cuatHlo con \'t.•uga. tulo al suelo pt•dr{·g-o~<> y ú. la ll•.uti tutl i utli~}H'IIS<:tble p•-trnt·i;t. t>ll t'l llano, se sicuten ~uturp •eidoR y ~u las pl'Ílltl'l' mHrdtns sin sns autig·na.s fuerzas. A e . ..,to~ t>jereieios dP. p.tz de.ln~ tbh. elt•R <~Oill· pleto dt>RaiTollo bajo el a~pecto int<.·l •ctual, tanto para que los jefe8 se hahiTÍl~'ll al lll:lll clo ,Y direct:i ·)11, como fHtra qttt> lus su­balternos adqnil'r:tn la práctica rH•et>saria en t.•:ta da .· ~_ .. dt> gu •­rra, ahuud:tnrP, tut'ts qut~ niug-uua. otra, .. 11 O(~asiolle .... y lcliH~·s )lara ol11·ar t:•H• indt·pl•ndeueia. U11os y otros adqnirit·:'tu la fUea­da. rúpida, la eotTeda.~ ; cualidad importa11tí~ima, ¡,orque IH:i columnas 110 lleg·arán eu el lltollH'Ilto oportuno :'L Jos puntos de­sigundos de 1't>IIIIÍÓu 6 eonct'llttación, :-;t 110 pt· t•t!eth~ 1111 eúlculo exacti~.iull.l. rro lta,r qne liarse re ello~ ~~..~ pm•dt· hasat· plan ~'<'g'IIIO. lJct. Yista engalla; pan·ce que ·u ajar á un vallt·, y Juégo se tardan dos y tres lwras. Poeos st•r·,·icws se pu •1len t•sperar jt->rcitacipitar­Be en la llanura, como fnt·ios•, ton·l'tJtt·, ,\' t~ll t~l munwnto oportu­no retirarse con prn1lencia y h:t hi l itl~tl ti a hrigo eientemente Italia, ath•IJJÚ)oo, tl• l'lls antiguos bersnglio·i, ha crea slweialt•s con l'l uont Ul'e l ¡weho, ~ÍIIO ~nhn~ los Jwlllht'OS y t'Rpalcla J~(} ntPjor es afloptar el traje de <~.ul · p:tÍ~. gu totluetr ettanto ~e pueda lamo­chila: ha~ta c¡ue <'ll <·!la qut>pa una 1111Hla de n•put-1-\to y la ra­ción. Como :l lo~ otieiales 110 ,'l' ha tledarcano JHtnt t·l eqnip:tjf .. , lo (}tH' uo .~f' JHH•da llt~ntr ú lonw lo lh·,·adtn los asisteute8. EH calzado (':S lo pl'iuci pa 1: se tu•et>sitan flo." p;ll'l'S l SPrvi<:io c.lt~ infonwu·innvs .Y uutit~J<~s, lo quo (.•xig-e atleran1~ del onliult>et•rá. st•g·(lll los pl'iueiplth •·· · gi :•Jlll'tJtario:s .Y N:ttwiolltwn t•l itwoJI\' ·nie11te (•MÍ\•a ·. J~OS cafiottHzos ~· pl't,trdos dt-h(;m prefl•I'Ít'Sl..,, !l;wÍl'lldo u¡.¡o, t'll los JHHito:s {t, que el eaiión no te(Jg-a, ae•:t•:..;o, de harn•uo.· ahit·tt•>s c~11 las ¡·oca~. E~ta8 ~t·i'lales 110 JliWdPII :st-rvir Hillo pma. tlat· t~l alar11m para ad n•r·tit· u un, uo,·c•L• ti, t>l a \'11sahlH el tt~légTaf,). I~as red(.!S tt•lt·grúfit~H~ dt>ht'n t-.·tahlt·cer.·e de lllO(lo qnH n~ mallHK eouqn·eutlau r·a IIHIIZl\S lllUiltaclos, COII part.PS CSl~l'ltO' ,V dt'• talhulos. Bs ath•utús forzoso stú. eu gspafht Jll'l'fPt'c~·os .natla. por el de ing-enit'ros. Uou estas st•i1al~:-:, qnH lllll•ll la· avanzado.'/ y ¡n.1estws eou hts n:~ervw;, .Y ~ingularru•·•atl~ las co­lwuna:> l [}I'Ue:.¡o, st• p11••t\•~ c·n toda:; circnnstaueias, y lHtsta en PI mismo Ht.~to tkl combate. oltteut•L' toda la unidad y ~wg·nrJdHcl ;qu·tt~cihlt"s. AunquP. el geut~ral couHwtl.aua•, pot· PI t•~pionaj•· .Y l'Xpln· aeió11, esté euteraclo Stttd.J;Jdo .-1 tll•hl • ele t~ollth; toclu :'t•rú ÍJaútil si rno dispoue tle eamiuos adt't'twclni'O, nH·jnntllclo lns t•xistt•ut•·s ú "aln·iendo tle llttt•\·o" los qttl.' JHtl't•zt·aH t>\'Íth .. ntt•nwratt• Ju•c·H· -sario~. Be to pttg-ua c•oJl la l't·g la, por ;.~!~ntlnM Hcltuittcla, tlt• 1)11•' en g-uet'l'a. lle uwutaiia lo JH'ÍIH'iptil PS i111petlir il t~~da eust.1 d accelw, ~, pm· con:-;iguit-nte const•rvar el meuot· IIÍlllt~"ro el•· t·o­JnntJieadntw:.:;, :sin teuer ("11 mu.•11ta CJill' los 111alos (:aruiuos un i)ogTall e11 mtwhos caHo:.:; •leteuPr al Pttt~rtti~n, pPro c•n todos t'lll­~ bm·azau la dt:f'en:w, que ha ele recunir á la •-J"euliÍl'tt, ~-,¡ ha tlu ·outeu("r t't'.:ultaeish· o:4. En t-'1 día, por las grande~ roturndonc->M ~; los )H'o~J'l'l"O~ clo la agricultura, nut IWrtliPIIIIO la~ mout<\ii.as :-.u aut.i~ua ,\' tc•mi ble aspPn~z:\. En las regiouP:; ua{ts altas JW :-ttl'h.• ha.ht•t' hnsqu•·~, sino grandes p:tstizale~, eou ¡wntlit•llt .. ~ 11~) Jllll,Y agrhls y pr.u;· ticablt•s por lo tauto sm enminos abie•rtos. J)C' totlos IUO u t•l nomentu qn .. le eon\•t•uga tomar lanft•usint. H.,ltn~ todu •lt•lwdl a.n..-ar lo:; caminos latt·r~aJ ..... , poa· los que t~l t'flt•tlll~u podrh• 'ntt•utar 1111 ata•¡ne tle th11u:o o Pll\'oh·c•t•f•·, tunt .IJtdn rautllié.a l'PeaucioJJt•H péll'a iuqwdir tjlle se deslíe~ pur eur.ru luti puL•.-,Lo:i .de obtiel'\'acióu avauzatla.. 5. Dr.fem:a A JW~;:tr rvar es siempre más fácil que­conquistar: de douue se d~tlnce qu .. , á igualtlacl ae medios, la. defPnsa es más fácil que el ataque. Y coutl'ihu,,·e á la facilulad. de t~ons<•rvRr, que tortla, to«lo­Jo q11e ol·dde 6 descuide vit-He en prov<•cho del defensor. La . fol'lll:t. dt.~ft"nsh·a es, pues, en la gnena la m:-'iR fuerte, la ofen· si va la. más débil." Si t>ll los tiem¡H s dt-1 ilnoo:tre eRcritor prn· siano t-~to era ven1atl, caleúle:o;e d valor que t.'ll el día teuclrá esta afirma<•ión, algn ah~olnta, con las nuents armas y los une· vos procedinaiPntos que lmn erettdo. Aplicada á la guen·a de tlW'Jttmia es dt-- to(lo 1m u to 1 unsa graves itwou,·enieutes Dc..-'stle hwg·o tertPr c¡ne Yigilar aceeso , que cacla día \'all siendo tHás fn-!ellcute~" por los progresos de la ci- ·•Jización. A en da bocpwte que SP tapa, ~::o:e aure otro llUevo:­• t•:-\ta. mÍI'\llla ahnnllaueia, qne )H.:>tmitt-- al agTPSOr multipliea:E f\ns au1ag-m~, e ~tití la atlopcióu clP idc.~a~, platlt•s ~· procPt1imiento t~nóiH~os, q tu~ <•o u el llCPII <\ 1 tlt~. ·n~t ro. o xistema de conl6u, c•s lll'a forutnr· n erras l'f~ uf1ales. siu <·uya iutc.•n'Pllción· Jt}tcla (HIP4lt· .· t·r· decisiro; JIIWH annqtH~ d· · sltllllhn~ la th·fcn~a 1t·IIHZ y glol'imm dH al:.tnno ele <'Ho~ Jll'(}IH·ftos 1me:·dnx, c·omo g·e· twnduu 11fP tont·luy .. 1'"~' H• · r tom:u.lo, 110 t•jt ... rce tlt·dsinl iuflnen­ciH ~ohre la OJh1'twiún 4.'11 <~oujuuto. El <·oJ·clóu muy exteuso aunwnta las nh-'~ para r• .. pararlo y anb~ una nfensivrt enér­gica con imposilHlitlad ahsolnta dt~ rPnoir l'ill...: fu,~rza~. 1\Lts por hnír clt•l ec11·d 1 ,, 110 Jlc•lu~ t: . t tH '"t~ t'll c.. .. l ~xtn"\mo opuesto (h~ nna nx ·~ ·· r.t In e"': •11tl' ei .111 d~ f t ·rz t-.:, lc•j lllllo la Jínet:t Pxtn•ma. g'lllt'IIP :i Lt por JH•f]IH'iio • JHI I·, tos, q•w 110 pue­dan •letetll'r al t•nprnig- 1 .r se•,¡ u an c•'l,ulu. con tal preeipitacH>o, que no ll<'gll.,n á ti.-m~>o hts f(• . ...:pn·Hs. Ya qtwcló ant~t'tnr n ·u t.~~ al ··~•·tr lo qn 110 son en la'1 altas montafi \ s la.· p?sieione . ..; t••nitl t.; p ,,. 1:1t ttc t t •tt!Jll~s, de-itÍilln n, Lt · preft~rihle-; pt' sobre él, ya forzosa nw11 t · tn 11 (]111' hra 11 tn lo por su~ att-tq nes i 11 fl'uctuo­sos, qtu• h·t~f <1 p ul rá 11 to.u 11· Lt . uf ·nsi \'a, Ür de J) 'H \SI~ t~ );fl(ll't'lldt• lJIII', ¡'¡, p h 11' tl! l.t. dlfi· cnlta•l•le prot i .. i·we . .;, d~·l dd'l·t~tu tl .. ahr· j .. ·,,., l'll!., c•11 él:.;t~ ap ·~· taso el g-r·n··.-4, tln In"' tro¡ns. Pl'l'n <~ouw sit•.!tprt• "••Y, ya. qne nn mny nPt' ~a, {¡. lo ''' ''no"' t'lt el tH~t'Íoll ·tl'l) dt•l f;·ente e.~t;·crté.¡ico f1el m wi:~.) 111 ·tt, tií 1 ., q •··· se (}nit·t·t~ tl ~· f,•rtd ·'1', o ro· \. tri•H p t· so~, rP:m!t: l rt ~~~la P''"i¡;ÍÓ t ~~., i sit~ntpn~ podl':l l'it!r rt•h:tsa.Ja ó envu ~~ lta.. No lt ·ty, pll •' =". \' ~11taja al~·11 1 1 ; l (~11 ap • ·t ll' c•l ~'1'1\t'~fl ele la· fn ·rz ..; (•it un 1 ' de Htunt:tii ''· P11r p ,u~a t~rwr~L\. HL' 1111 )IIIPclP 1 \'1\'il' tll ahri~·:ai'.•H'; lllll<~h:l~ \'t'Ct'S 11d (l'll• flrún ag'll'l ni lt•ii ,t; p ,,. f ,, ,¡,, lo c·11al •·· I;ÍII t•XpiH'sL:ts ú inllll·~ll· cía~ c~lrm ttéric•t-.; qu.~ Las d ~htlil;tr.'l 1 ,\' dit·zut .tr:'ttl autP.s 1}11•' •l enemig-o e llll¡)l'•ncl.t stt af.I(J'I •. ••• • Jl¡¡:n ~ 1tt~ cl1t1 intpclrt.auci • l y a la p . H ·.-illl&t d • lo· 1111d., · d l tll•llltat-11" aqtW· llm~ qn llt) lts UOllOI~ H l ni eot!II)H',•¡¡ L~n la elas ~ dt~ g'llt~l'l'iL qne en \lla · "~' h <:t'. ú Jlll' "" tit·•t~·rt s .ll •t··~ t·l ,, 'HII ft) :o-Í lid id •.t~ ad· qni1 i •l.t.· PiJ su !.! 1 • ut·L _, de c.·Llldid." .A~ í o tlrco t•l <.hmcral Ktah 11-( Con! i 1tÚa ). Jo..:l~ L\.fJ~IliL\_r'rill Geuel'.il de lugeuie.o:; TRAD~CIOO D2L FRA:'oiCÉS POR EI. CAPITÁN JOSÉ E. RODRÍGUEZ IJaR J)f'ÍiltPI'H~ ll111Ptr:tllhtlot•:ts inglC"1-;ns fuprou (•l Norcl( uft~ el Ganlnct' y t"\1 O 1tliug tle dm• ,·>,·anos <.·;tflotte;-:, d<.~ pt>l"CJ n·la.­tiv~ nlH nt." eo~t,idcrahl,•, y cuya alta 110 c..>stalm gratlu •. ul.t. p.lra 1ná~ al b'\ de l,~uo met1 ·o~ . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ 87 '' DP~pné. de nna larga y ftwrte opo~ición (1e part e el& lH'rsmla~ pn=-n"llitlns o intPtt>satlm~-f·scl'ihía en lHS() el Gen f'ral WolsPlt·,r ,-tt'lll lrPmos a 1 ti 11 a nH•tralladorns (]lle ~el'!1 n n ti liza­( las •·n t~antpHií;l P ''l' nnPstra infrín. Emplt•adas inte i~t-11· tPIIII'IIÍI', !:1 · Hllwtralladnnts •h·l eahhre del fnsil el e la infan­t .. , f' <~cHI p6h·ora ~in humo y enya alza esté gnuluatnlllacloraR e:-:tán organiz 1 otkhll, 1~ homhrPs, 2 anwtr:=tlla­< lorn~ .\' ~ t·:lJTo~. El :tpro,·i=--iunarui •uto total para cada ame­traii: Hiora <':-{ dt• :r;,.·oo t·artudw.·. luccrlitlum/Jr(~ 1 ('sp,;do ú. su mr;jm· empleo-El empll~o t<íeti­co tll~ J;¡:-; atlll·tt·alladoras no t•stú dt·<:i lidu ddillitt,·:lliH'tlte aún. \l:.!l!llos l:ts lltiran t•omo 1111 uos n·.·ultados •n gttt.•tra · in·t·g:nhtr' ,· .\' .· dif'it·ilt•: "'' q11t> tt·11clrú q11e adlliH' frct·neut ~tllt>ltf <'.'·t< 'lrlll •, 1111 podn't .·t.•r t'111plt·r~da ·s i!lo ú ·o11tliei611 tl qne.l'a. liYi:tna. · tt·at•s p tl't;tl•lt• .• \.dt·tn(ts, la:t ta t>s(o.' últilllosafw~ 110 ~e podía lt• 11i11·:nua nt:lllt'I'H <'untar <~oll lnH ;~met. ralladoras t->11 t·ltuu­llt• ld•• eiÍtlco, t:omo en Ulundi, D .galt, .;\hu J{len y Tof'rt>k, en JIIP clt•j ·1ron de fnudon:11·. ,\' ~i('lllpn~ eoll Jns uHís ro si 110 <.'S ·iuo 1111 ¡wligro, Pll 1111 ffiiiiiH~Jtto ele ci'ÍsJl'{ snprcma. su preseucia ~ 11 1 a <·o 11111111 a p 11 (~ d ,. t ·a u.· a r n 11 'm d t IT i h 1 t •• Por otra partt', bts llh'llh'\1 tt· lant.l y f>n la C~ltmpafia. (lt-1 Chitral. Es ~,·idente que­las »t'HH\8 de llll motl~lo fiwilltH'Ilt~ trau~portaiJle y con las cna­Jes ~f" ptwue coutar ~iempn·, 8ou ittapreciablPs Pn las gnenas irregnlare8; se emplearún pl'obablPmente mucho tuá~ en 1<> futuro. l~l agr·upamiento de á ilo.y es la mejo·r combinación táctica­No existe motivo JHtrtimllar· para orgn11izar batt .. rírt~ J·íau lHtt->tlrt proporción. Si ~e ngr .... g·an {¡, la calmllt·l'Ía, será nece~al'io, por lo rpgnhl", conmeut~ muy {'{kact->R . . Es inh•rpRaute hacer notar qne (>ll f\1 comhat~ clel Sll~111g·alli J{.hTN·, ~u ~1 ~latal>ale­hwd, de~pués C]tW la tentath·a clt~ tomar al rPy ft·acasó, las trl>Jnu.;, annqtw oenpaseu una mala. posicióu, uo pudieron du­rante algtín tiPmpo tnmar otra nH-:j ~ >r, ptws durante el cam­bio eh~ posición 1<~~ amPtrallaclonts 110 hnbiP-ran potlido ~er uti­JizadaR. J~J c•f•~..to c.lt~ seuH~Jnnh>s armas coutra los asaltos tle Znlns, (](> Chazio.;; ú otros fanáticos e terrible si Rn fuego está hic•n dirig-ido. Eu la t xeitación ría ptu•cle uo st>r t->tit·az, mientra. f(tW el til'o tle la ame­tralladora, si su mc.'canisruo uo se tra.lJa, producirú, terril>les estragos c•u la masa cu .. miga. I~l pt->1 ft•t·<~iou;mti< .. n to ele sn con. trncC'ión PR n" unto de los innmtof't'li. PPt'O eomo ~ · compm tn·d o c.l~ e~¡wrar que Ne pn •da eueoutrar· t1pos clt• }trnetrallacloras con que ~e pn .. da. contar eu t()(lo ea~o; t·xi~te fnndatla razón l{ara creer <}lle esta. cla~e do arma tit->tH~ hl'illaut<• J>Ol"\·Puir. No'I'A-hl prt>sPntP artic·nlo fne e~r.rito un aiio antes ele la gtwrra :wtual de·l 'rrattNntal, cloncle,, Pg"Ílll notieia · n•cihida dt·l t<·atro clt~ la g-ta~na. fnneiot.1an con é . ·ito <~UH'trallacloras perfe,~c:ionada.·. Uua Ye~ que krmin~ la lneha y. ns rP ·tllta­dos ~e C:OIIOZC'(lll COII dt'faJlp,, \'o)n•rt•fJIOS {l llah)al' ,Je esta arma, CJUC 1-'t,.l'Ú nn f.wtor podct·o:·IÍ~imo c·n la~ g-tWITas (le Amé­ri<: a y .oh 't" todo <'ti la Ht•púlli<·:t .t l'geutiua, cuyo territorio es tan seuwjante al del Tnuts\·aal. (De El Purvnlir .Militar de Buenosaircc:, Argentina). Un ht•f'n rPglameuto d<~ RPrdcio iutt~rllo abraza to•la la <'XÍS· tencia ue} KO}clado J twn estatlo las armas. (Ni el capitán ui los otkiales tw ~e ocupan din·chtlll~nt6 de este último, qne es ... incnmht•ucüt. de las clase·, para paJSar re\·istas y asegurarse que se cumple). Un soldado á quien se lla iucnlcado bien la costumbre rle estos cuatro preceptos, el5 un lwm bre con q ni en se puede contar. Pero por lo mismo que cada hombre tit~ne, como 8e <1ice, alma á la Yez qne cuerpo, toclo asuuto lnnuano tie11t~ uu ludo material y un lado moral. El hldo mate1·ial, eu el Ke\·i<:iG interno, se manifiesta por las fh~mostracior1~s e:>xtPruas de respeto, del.>itlas á los distintos gTados; baciéut'o ien <'riados como ellos, y, ademru~, d~m á ,·us 8olda.dos el <>jemplo uo poca auto­ridad para recomerular ~st·t. catída.tl {t los dem(IS. ~1 pl'imer preeepto: llacer lo qne ordeua el fo\nperior, f:'S ah· solnto, p r·o so compreiHle que es ha 'ta. dorule lo ahsunlo Plll· pit~za, porque el dereeho y el del> ~r dt~l iuforior t~ reennir • á ' lt libro cl'iterio cuauclo lo qne .· e le orjemplo, t;i el Coronel dt~ Grnnjecueión dt->1 ~wrdcio militar. Oeupáudo e en acostnmhra.r al ~olthHlo eu la ejeeución ele Rns deben·~, es indispen .... '<Ü.>le dilrle l'l :-it:>tttimiPnto in~trncti­Yo de su i'mportanc·ia 'relnti r a. En la pr:letiea, dos exigeucias del f.íervieio pH<-'dt>n prt>stársele al mi~1110 tiempo, y si uo se le ha enseñado {t cumplir primero la 111á.· itnportaute, puede de­jarl. l para. cumplir algo qne lo es nwtws. Uu superior pasa; al mismo ti ~mpo otro 'npcrior es atacado por un malhechor-~r en nyntla. del attlcado 7 Es esta nna demostnlCión absu.·rda., per 11ecesaria, pues es muy COtaiÚn ver nu sol.hulo con pesada e •rg-a, y las do~ manos ocu­}) an Aosteuerla, ponerla en el suelo, (le ~pué~, para. salutlar á un ofiei .. tl. El ddwr del aoldatlo erIIOS importante. Se pnecle i11culcar al soldado el s<>ntimiE.>nto ~tar J't ~ pt'ntiuo, eae eu la mtllo . Pasa 1111 ~ol­cltttlu () lll' toma la po~ici6u 111 i !11 a 1' y s~tltula. LIPg:a ot.ro conit•n­{] o, f]m·, sin 1'\alllcljemplo lotlada: "e to •a fJellcrala ,· ya t:>l ellelllig"o, t•} }Hlii~ro, (•J liiCPIHlio, lo f)lle ea, •·Htá <'IH'Ílllciil P t• d l O c•l u l';lltde : Pll la Ol'llt>lliliiZH. c .·tún ('SCritos los u. ·os y <~ost n 111 hr·· · ~, pPt' O no lo. · H(;dllt>utes y casut~liclaclps, Y ('OtnO c.•l PstHdo (h gtH'ITH, t .. ll vi~hl.· atTollat en ~1 1'\0ichulo )l erite­río ~nficiente pam. qne tome Ptl <:acla ca~o la. r ~olnción qne im­porta . l hneu ~cn·ieio, 1'\e:,!ún PI tiempo y las cirenustaucias. Los ofje1: h~~ snbaltet·uo~, <•n geuer·al jóvene!';, conocen bien los re~lamHn to~, Em lPtr<~; no tienen ex¡wriencia suficiente }) '"'~ hahercompreiHlitlosn t>~píritn; no sahen tampoco c6mo se h:thla {a ~ohlaclo~, (le intPli:.!t>lleia. mny limitada; los AHI'g"t'lltos, sohr~ totlo con n 11 mal si~tl'BUt ele reclntarnieuto, no se eltnTan ca8i tlllltc.a. á la altnra. neee.s;u·ia para l'nselhu· bien al soJ,lado; es ya mucl10 poder estat' satisftcho del modo como vigilan la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 80LETIN MILITAR ~ • 91 ejecución del servicio; es ptws al capitán á quien incmuhe l a hermosa tarea ele en~l~ila.des á totlos ht parte considerable dH la instrnecit)n militar q ne no se lee en la or eon ~­titnye los accirlentes y ca.s ztalidttde.r; de la vida, militar ll<-- qno hablaba. Pe II·o <~1 Gr.wde, trausft)rnut.ntlo Slt compaiiía. un tnontóll rle hombres, eu .un org< uismo compacto, cuya cabeza sea é 1 m hm10. E. eRta. p ·trte nohilí ·irn:t ue la misión del oficial, ]n, pnr­te moral la carrera de la~ at•m ts 1it~'" no un ofido, :-;ino una proft·si6n, nna profesión liheral, y I %OS (}U<'" exige tlfo s y c .. tbos en•wñ;W el mec;tllil'Jmo tlel Réruington 6 éis rnandatlo dnr;llltl1 tlns Lt~ras \'llPstra SP(!<·ión ó cotnpaiiía en la instrtu:ell)ll dt•l h:tt.()n·euir lililí tal' de nuenosairl.':-, A rg<>ntin~t). --···-- EN EL COMBATE (Conclusión) Un Jefe de batallón debe, en el momento de ]a movilización, temer mtJy presc11te en su espíritu todas estas situaciones tan cs­peciia 1 mente importantes desde el punto de vista del combate •Tlo­< lermo y preparar sus comprñías para una gran cohc5ÍÓn y una gram flexibilidad de movimientos. Con este objeto, aprovet ht~r~ toda~ S la ocasiones que se presenten para ejercitarlas en la pnh ti ca del ce m bate; y así hallará en breve el medio de entenderse con los capiltanes bastante hábiles ó bastante inteligentes para com¡ rtn­den, e bit!n. En efecto, tan en el interés de éstos está, como en el del itfe del lba tttllón, que las compañías al pie de guerra se hallen habitua- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 92 80LETIN MILITAR das, antes de entrar en fuego por primera vez, á moverse sobre el' terreno en grandes líneas de tiradores, y sobre todo á conducirse correctamente en orden cerrado. Deberán también ser ejercitadas. en hacer aplicación de todos los expedientes propios para facilitar la cohP.sión de las subdivisiones durante el combate, y la transmi­sión de las órdenes bajo el fuego. Es indudable que no habrá un solo comandante de compa­ñía que, sin una profunda preparación preliminar en tiempo de paz, se encuentre en aptitud de ver claro y darse rápida t:uenta de todo en medio de los múltiples cometidos que pueden serie confia­dos. Por lo demás, siempre que.dará el recurso de elegir entre Jas compañías cuando se trate de ciertas misiones difíciles y deli­cadas *. Importa pues, en consecuencia, saber lo que puede hacer el jefe de bata11ón en tiempo de paz, para preparar convenientemen­te, como prescribe el reglamento, sus compañías para estas diver­sas situaciones; es decir: ¿Cuáles son as formaciones sencillas, impuestas po~ la gue­rra, que la tropa debe haber aprendido, en tiempo de paz, á fin de ejecutarlas c<..n orden y seguridad en todas las situaciones? VON ARNIM • Un3 de las misiones más difícile. para nn cnmancbnte de comp a iiía en la guerra, e~ la de reconocer lns fuerza del enemigo. La mi!.:ón ele n·ct nocet á un ad­versario más fucrte y bien !iitunflo, terminll á 300 tnettO de J, po~ición t'llCiltÍga por 1egla general, y en conseCUl'ncia, todo cuanto de>.de est:l di!-tancia no hu podido ser ob::.ervado, queda oculto para el que pr:tcticn el reconocimieuto. Se nece:.it't un ojo ejercitado, snnf!re frfa y cierta de~trc•7.:t, p:lra deducir, por medin ele c·iertos iu!licios, npreci!lciolles exactas acerca de hL fuerz ;~s 11el <'"CR!-.:tS prupon·i ont's c·ontra lo pt•lutollC- IJIIC avanz n á l>ll r> ll <'llt"n tro. ""'á 1111 iPdicio ci rto que ~ns aecioues sea11 mal in­ ·tt>rpretatla:o; y 1-\eYeramt•utl~ crítit·as. Los ho111ures 110 podemos peusar de uu mi'smo UHJclo, ui t>stá eu lllH:'Strn Hrhitrio snjPtar si~lll!'l'e las pasic.mt->~ illnohles. Yo, pot· los dif~reutt~s puestos que he oenpado eu ~7 aftos, por mis opiuioue~ y mis actos, ue .Oebido mulriplimu· mis t'lh:luJg-os t>ll uuos tit>rupos tan fecnnlloli en 1 a ·tidos :-,· tli8t.'llsiuues. Un~o qnt> ¡nwtlo \'auagloriarme de lwL, r sido \'íctuua de la libertad de impn·uta desdt• 1~26 hHsta boy. Gallanlo y uctMa ciel'to puu to apn•ciahle era el a taq ne cuaudo mi asieuto e8taha colocado pot· la ley en lng:.tt• mús elllineute pant gohet'IIHl' la Uepúbliea; pero después 1le que me he desHtHlado de todo }HHh•r, y ,·i\·o co111o un particular, es iu­uoule y \'i llano e8tar atacándome con recuerdos g-ado al tiempo del terror·, UOIHle u o sálo c.~rau dt• lito los heehos, :-;i u o hastn. las palaura~, di fm·en te c1H lo C}tte afirma. Tiwito stwedía bajo la til'élllÚl c.le Aug-utito. Ningnua. persona clo me1liano hu~u "!entitlo puede aprohat· que se esti111ttle ú, escribir diatribas y sarcasmos por mt>diu do t·e­eompen~ as cou los empleos públicos, 111 que ~e erijan en acción de patriotismo y (lo cHllaesi6u a 1 g-ollieruo el i n:sul tu y la calum­nia co11tra lo~ autignos 1'\et'\•i,lon ... ~ el~ la patria, a<~og-ierulo con agasHjo el jpfe del gobierno en SL1 casa <Í tal~~ escriton~s. Hi e ta fut'ra. la oeasióu de t~lenu· mis qiH·jas ai murulo ltbentl eout.ra Helllt>jantes ¡u·ocedimieur.o~, me solJrarían moti\·os para fuudal'las. l't•t'o 1 o tt'·tto t.->11 c•s t os apnutamieutos, tSÍIIo do cl,·~­IU~ ntir e011 tlocnmeutos antéutieos vados hechos rda(l .r ju~ttci;t. Al tc·r·ruru..t.&' &lit t. ..... hH'i tu La u r·á pi1lamPn te.~ t ra.baja•lo como éstt .. , quit-ru ~atisfwt·t· á. las Jll.•t':40tJ:t:o;. IJIIt:> anunh,a~ \'t•ct.•s me bau acoust>jado l'e li il'.tnu.-~ d J Joi w ·g 1H r ' s plí )}Wo:i como uu Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIII MILITAR ~ medio de acallar á mi8 enemigos, y vtVIl' en paz. Yo no cl('ho aeoger este cot1St>jo despué::; de hab~rme LlllZatlo en la reYolu­ción, y tomado uua parte a<:tint eu t'lla, sin atl'IHl<'t' á Jog ries· gos y ¡H·Iig-ro~ que pndhtu sobren•JIÍI'IIIC:'. El (: goí.· uu, c¡ue PAO quiere decll' para. tní rt•l it'llos ptu·uo re~-.oln· nne al ora, que he reeorrido laR clos ter· c~ras partes l e<.~mino. LHfayettt=> C'OII 80 aü(•S murió sin al>auuouar los 11egocios públic()s, ~, la hh;toria elugia. eomo (lt--he e$ht co••sag-ntcióu á su pai~. Cés,,r se empeíió eu <}lle Uict'róll se aparta~e R jlll-ltO, ui útil, 11i lwut·oso qn e yo me con\·it•rta t'll c•xtnwjt>ro g·nardaul'e la cusa pú blica. H I..~a libPrt.;ltl es t•l pan que los ptH-3· blos d•·h<·n ga11ar con el ~udor r.'' "Utertades. Dogot<í, 2~ de Oetnhre tle l8:r; - :!7. li..l Geueral, Fl"tANULS v t) D~J P. s_\.NTANDER Nnl'A-Pol' mi propio d<.•eoro, y por •·1 de mi paí. ·, me he nhsteuido ir lo f}llO 110 ua sueeará, cou documento.::~ int!fragables, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoLETIN MILITAR ~ 95 qnP- lns tnlfls cartas no son m~s que fll vilJauo d~sabogo ele Ja, endclia. ó dA la veugauza. )'¡;;e comprohal'á ~otamente eu b~ueti­cio ele la verclad de la hil'\tol'ia ele la Nneva Granada; pues por lo dem;'t ·, los aliÓIIÍillos clt· ~ntldos de JH'ttt>has 110 son documen­tos :'t C}lll! io (~Jt el gahinete, h•g-iRiador, (-'t'ttH>ral Santuucl~r del t•j( ! It!ito (le ,.,..<"ne­zn ~1;~ ou l~lli par;t ,.c>rlÍr ;1 O •~alt;u·e, expidio d Jd'e tlel E;:)tad.J l\1 .t,Ynt· gc•t.el'rladorrs, GeuPral de brig ada de l o:; tjércilos de lrt Ueptíblic t, Jt/r: del E Bat·t~Ploua, se pl'l'I'\CIIfÓ {1 S. E. el Üol'Oll(~l Fnt 1 H'i:-.c·o de Pa u la ~:111 r andt•t', q ne n·u ía tlelt->jército de Apure, y 1f'ttt~ tlt•stl.-! lué~o irwt~rp n rad" ~ tlt· ~tiuado al l~slaclo .l\Iayor g'B· lH~ I ral P.lt la elast .. ctH A,\' lldau t · Ü• ' lll'ral; cou Cl'\le carúcttw ~irvió eu ]; t t~ ; ttnp;tiia dt• {';-..t.; r Pto\·tllt:L•, habit-'ll(lo tle::-;rulpefiado la~ fnuu: ¡,,,,<.•s tlt.~ J,•ft .. dt• l•~ ... t .. dn M.•yot· de la Din~ióu Piar, y la do Jt- f,• tl,•J tle ht lir~t•a dt· l ¡,,.j t, Uarotrí. El~~ de Septiemhl'e del ñ1o p .1sa•!o fLH .. pro rr•o,· ido a t;ubjt•f tlt·l }1jstaclo 1\Ltyot· gt·ueral dt~ ¡, L l >i\'L·ioll Urde~ut•t • •, po1· :->t'l' ahsoltttle en t• ll la, hasta tH•ra 1 por t•rd't-l'lllt:tla•l tuía tlt·:·itlt• t. •l :w dt· F t~ · l'l'H'J' •• IPtsta el lil de l\larz", y por· tni au,·l'tH :ia th·~de el ~U del wi i .... JI! tll IIH·.· d l\lar/',o lt.1. ta qttt.• ,·oh·i ú e:-.ta Proviucia <:oll t•f Jt .. ft.• S~tpn · uro t ' ll ,}Ilirio últiiiiO . ~~· Ita (!JI(:Olltntdo ('Jl el fllett~ ]JJl·i mu euaudo lo/'\ l':-.¡aaÜIIIt·~ t •\ ' di-(Cout,nÚ(t) • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. l"árnmes ~\O Me5a~O): f .. ~ ( ~ B o l ~:-. ~~o~--cque¡c ~ ( .~ -- ----.;._~ S~ ... p~· ~ V ~ o J ~~~-\ ~ o z 1 ·- Leguas t - Diag~ma de la Ho¡a del Sumapaz \... ~o Doa :'$'0~ ~~~~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 161

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 156

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lftO IV Bogotá, Junio 16 de 1900 NUM.'156 __ ,. . ......, __ ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIRJ:CTOR AD•HONOREM, FRAt~GISGO J. VERGARA y V. General. Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los J'rf~s y Oficiales de1 Ejército de la Reptiblica . OFICIAL :CEOitE~O Nt1 :m O .. :CE 1900 (6 DE JUNIO) por el cualAe organiza una Compañía especial de jnfantería El Presidente de la República DECRETA. Art. 1. 0 Organizase en esta. cintL el nna Compañía de in­fantería, que se denominará La Vni6n, y se co~npondrá dejó­vene voluntarios que sepan leer y escribir) hasta en el núme­ro de ciento cincuenta. Art. 2. 0 En e ta Compaílía, dada la calidad del personal gue habrá de componerla, y por cuanto no durará organizada sino mientras termine la presente guerra civil, se pagarán loa siguientes sue1dos: . Oapitáu, Comandante de la Uompaíiía, el ele primer Jefe de Batallón ; . Teniente, el de segundo Jefe de Batallón; Subtenientes, cada uno ........................... $ 100 Sargentos primeros, cada uno. . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . 80 Sargentos segundos, cada. uno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75 Cabos primeros, cada uno...... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 70 Cabos segur. dos, cada uuo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 65 Soldado , cada uno. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60 Art. 3.• Los individuos que quieran prestar sus servicios incorporándose en esta Oompañía, deberán solicitarlo perso- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 722 BOLETfN MILIT A.R nalmente en el Ministerio de Guerra, y comprometerse á. es­empeñar cualquier servicio que e les imponga. ; En caso de marcha es entendido que el Gobierno no les suministrará. bagajes ni monturas. Art. 4. 0 Nómbrase Comandante de esta Compañía a l Sr. Gerardo Pulecio, á quien se autoriza para nombrar los Ofcia­les inferiores, dando cuenta al Ministerio de Guerra pam su aprobación. Art. 5.o El Ministerio de Guerra pondrá á órdenes del Jefe de la Compañía el local para cuartel, el armamento y el ve8- toario del caso. Art. 6. 0 La Compañía tendrá un Habilitado especial, que devengará el sueldo a~ignado en este Decreto á los Sarg tos primeros. Art. 7.o La Oompañía La Unión dependerá exclusiva en-te del Ministerio de Guerra. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 6 de Junio de 1900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente, El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIA1f0A 1 • • . SOBII.E CIRCULACIÓN DE TARJETAS TELEGRÁFICAS POSTALES ENTR.E :.os HABILITADOS D.E LA CAPITAL c~manáancia en Jefe del Ejército-.Bogotó, Junio 8 de 19oo La Comandancia en Jefe del Ejército, teniendo en cuenta las dificultades con que tropiezan los Habilitados de la guarn"ción para cambiar billetes grandes por pequeños; considerand que el cambio de unos por otros presupone fuerte gravamen para el Tesoro, que debe evitar e en cuanto fuere posible; cou ideran­do que en el Estado 1\Iayor general existen obre 280,00 tar­jetas telegráficas postales del Yalor de 10 centavos á 1, rre­glada. s como tiquetes de cambio por la extin~uida In peeción del servicio de plaza; considerando que la Habilitación del Ouartel general puede servir d<~ oficina rle cambio pa la mencionadas tatjetas, si para ello se cuenta con los fondo~ ne­cesarios; y, en fin, teniendo en cuenta que con tal objfto el Ministerio de Guerra ha situado una fuerte suma, en billetes del Banco Nacional, en dicha Habilitación, en prueba de que estima conveniente la medida que se trata de tomar, RESUELVE l.o Permitir que el Habilitado del Ouartel general cambie á los Habilitados de la guarnición, por las mencionadas tarje­tas telegráficas, debidamente reselladas, los billetes grandes Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 723 qme reciban en ]a Pagaduría Central, á fin de facilitar el pago dro haberes y raciones. Dicho cambio se hará en cada semana en1 la proporción y cantidades que determine la Mesa de Con­talbilidad del Estado 1\fayor general ; 2. 0 El Habilitado del Cuartel general cambiará en su ofi­cima y á su presentación, por billete del Banco Nacional, las mooncionadas tarjetas telegráficas. Tal cambio se efectuará to­dols los días uurante una hora por lo Ineno¡o;, y de él se encar­ga¡, rá exclusivamente uno de los Ayudantes del Habilitado del Cwartel general, á fin de que lo intere ados no hallen tropiezo en la conversión de las mencionadas tarjetas por moneda legal. El cambio de que se trata en este inciso principiará á las 2 IP· m. de lo~ días no feriados ; 3.0 Los Habilitados de la guarnición pueden pagar haba­re y raciones en las mencionaía en la despensa 18 rrobas de carne de muy bueua calidatl. En despensa separada e bailan las papa , pauela, plútano , granos, etc., eu cautida­les n fici u tes, y e u otra. la l •eh e qne so con u me diariamente. E do e."pen rs que el lini ·terio de Guerra ordene la con trncción de un p quoiio pal>cllón para las operaeiones qui­rúrgicas que s practican con frecnenci: , p~ ra ai lar á los en­fermos operado y ponerlo· en mejore· c~oudiciones higiénicas, fuera do la. i uflnencias patoo·é nica. de las emanaciones de las cnfermerí~ s; allí podría peruoctar no practicante para in vigi­lar al operado y segnir la iudicacione lel cirujano. Creo que para ste pabellón, pedido por el Sr. Cura., Dr. Forero1 despachada por ia Farmacia uel I)r. Abraham Ap~ricio, y entregadas al Sr. Cabrera para su re-mlsión. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 595 50 llfarzo 15-Factura de drogas cmnpradas en la Farmacia del Dr. Abrallam Aparicio, para re­mitir al Ejército 'lel .1. orte en .Pamplona; fueron llevadas por el Sr. Miguel Arbeláez, adjunto á la ambulancia del Norte, en compañía del Sr. Daniel Ortiz ... - . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3,297 50 Afarzo 16-Drogas despachadas por Buendía y Herrera, para el Hospital de Ibagné, y entrega­das al Sr. de La Cuadra, comí ionado por el Go-bernador ........... -.... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1,609 50 llfarzo 17-Factura de drogas para las fuer­zas aeantonadas en Villa.vicencio de pachadas por García 1\fedina, y entregadas al Mayor Moisés Ortega Lleras . .... . ...................... . _... 655 70 1J.larzo 17-Factura de drogas para el Hospi-tal l\Jilitar ele Zipaquirá, despachada por García Pasan ..••... _ ... * 17,682 65 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 728. BOLETíN MILITAR Vienen ............ $ Medina & O~, y entregadas al Dr. CarJos Aguirre PI ata .•........................................ Marzo 27-Para las fnerzas antioqueñas á ór­denes del General Lesmes, y remitidas con el Oo. ron el Miguel Murillo.. . . . . . • . ............... . Abril 7 -Factura despachada por García 1\le­dina & O.•, para la Divisi6n Holguín, y entregada al Médico Elisio Valdés ........................ . Abril 11-Factnra despachada por García Medina & o.a, para la . fuerzas .acantonadas en 1\fediua, á órdenes 'del G~neral Jesús García; fue­ron entregadas al Comandante Geranlo M el o .... Abrilll-:Factura de drogas despachadas por García ~fedina & o. a, para la fu rzas de Villeta, y remitidas al Jefe Civil y Militar .... . ........ . .A.bt·il 16-Factur.. de pachada por Garoía Medina & c.•, 1 ara el Ejército del Norte, según el telegrama en que las pide el Dr. Pntnam . .... .. .Abril19-I aia el Ejército d l Norte, según factura del r. Putnam, despach .. d~~ por García Mediua & 0.", y remitida en un convoy eu\iado por el Mini terio de Guerra ................... . .A.b'ril 30-Para el Ej rcito antioqueño en el Norte, factura de droga despachada por García Medio a & O.~, y remitidas con el Coronel Baena .. Mayo 4-Por factura de drogas compradas á Buendía y Herrera, para el Hospital de Guaduas, y entregadas all\Iédico Julio Uricoechea ....... . . ill.ayo 23-I.,or las drogas de. pachadas por García 1\fedina ... u.•, egún factura, para la guar­nición y 1Io8pital de Villeta, y entregadas al r. Daniel Gaitán . _ .... _ . . . . . . . . . . . ............ . Mayo 23-Por las droga despachadas por García 1\'Iedina & C.a, para la fu rzas acantona­das en Villaviceucio, y entregadas al :Mc: .yor Moi-sés Ortega Lleras ........................ _ .... . J1¿nio l.o- or las drogas para la División Bolívar, despachadas según factura por Buendía y Herrera, y entregada~ al Dr. Bernardino Vargas Junio 5-Por la drogas compradas á Barbe­ri y Durán Borda, para la Di visión del General Ospina Ohaparro, que marchó al Occidente, y en-tregadas al Dr. Ricardo Uricoecbea. _ .......... . Junio 5-Por iu trumeotos, hilas algodones, etc., comprados á García fedina y entregados al Pasan ............. $ 17,682 65 552 80 387 60 1,131 80 372 80 525 70 1,949 60 2,560 2;724 1,038 70 484 20 282 40 770 50 1, 796 .. 32,208 65 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR Vienen .....••..... 8 Dr. Ricardo Uricoechea, 1.Iédico de la División del General Os pina Chaparro ..................• .Además ele las partidas anteriores, se com­praron las siguientes drogas que se han ido dis­tribuyendo proporcionalmente á las diversas Am· bulancias: El día 4 de Abril se compraron al Sr. Pablo Díaz ocho libras y tres cuartos de algodón yodo-formado ........................... . . - .... . .. . El día 10 de Mayo se compraron al Sr. Moisés Angulo ochenta onzas de sulfato de quinina, á $14cada. una .......•......... . .... ·····---· J 'u,nio 5-Pagado á la Farmacia del Dr . .Abrabam Aparicio por las drogas y recetas des­pachadas para los presos politicoo pobres del Pa­nóptico, según convenio hecho con el Ministerio de Guerra .....•............•....••...........• Suma total. ........... e 129 32,208 65 337 80 122 50 1,120 .. 52 30 33,841 25 Bl Inspector en el servicio médico científico militar, LIBORIO ZERD A. -··- SECCION DOCTB.IN AL La bravura es una cualidad tan indispen able á los milita­res, que sin ella casi es impo ible que el hombre pueda per­manecer bajo banderas. Esta virtud no es natural : ella se adquiere desde la edad más tierna, y se desarrolJa á menu­do hasta el punto de convertirse en una ciega temeriuad. Ciertamente antes de arribar al mando de los ejércitos, el Ge­neral habrá podido, por el hábito de los peligros y de los aza­res, destruír los últimos gérmenes del temor y la debilidad, r cibidos de la naturaléza; habrá, in duda, mostrado varias veces su bravura persona] ; así pues, no entra en nuestro plan aquí tratar de inspirar el valor al General, sino solamente mos­trarle el empleo que debe hacer de él. "Bl valor, dice Iviontaigne, tiene sus límites, lo mismo que las otras virtud e , los cuales una vez frauqueados, se está sobre la peudiente del vicio, de mauera que el valor se expone á con­vertir e en temerión, berilio mortalmente en el ata­que de Roma, ordenó que se le cubriera con un manto, á fin de sustraerse á la miraua · ue u soluado , que nada ~abían del accidente ocurrido á su General ; e .~ notorio tam l>ién que él mismo respondía á lo qne pa auan á.~ u inmediación, inquirien­do por su general : seguid, seguid, Bo,rbón se halla á la van­guardia. El abate Vertot refiere en su hi toria de las revoluciones de Portugal un hecho tan instructivo en este géuero, que viene la tentación de suponerlo imaginario. J\fulley Molluc libraba una batalla decisiva á .M.ulley l\lalwmet, su rival al trono de Marrue­cos; atacado repeutiuamente por una enfermedad mottal, se mnostra, sin embargo, á sn olrreno á vanguardia. En resumen, en el centro el combate no pasó de sim­ple é inútil tiroteo durante toda la jornada. Hacia las dos de la tarde los restos de los highlanders que no se habían movido después del fracaso de la mañana, fueron presa de inexplicable pánico. Entre la una y media y las dos el fuego de fusilería, que durante algún tiempo había sido bastante lento, de repente se encendió en toda la línea, y al mismo tiempo el terreno unido que ocupaba la izquierda inglesa cambió de aspecto. Un · granadero que del ala opuesta observaba por casualidad esa parte del campo, donde estaban los highlanders, como viese de golpe surgir torbellinos de polvo en la llanura, supuso que los boers salían de sus trincheras para atacar á los ingleses. Un oficial que estaba cerca de dicho sargento miró con su binóculo, y afirmó que la pol­vareda la levantaba la caballería imperialista, que tomaba el galope para copar al enemigo. En realidad lo que sucedía era que los highlanliers se p,:mían en salvo á toda carrera. La fuga fue tan es­pantosa, que ningún oficial pudo contenerla. Del montículo que ocupaba la batería montada podía vérsele arremolinearse al través del veldt (llano) como un enjambre de abejas, hasta que se p--rdieron de vista. A causa de este pánico las baterías rodadas quedaron sin Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 737 sostén en mitad de la llanura. Lo que acababa de suceder "era el espectáculo más triste que nunca ha presenciado un soldado inglés; un espectáculo inolvidable." * Aun cuando expuestas al fuego eficaz de los fusiles boers, las baterías inglesas se portaron con bravura y cubrieron de proyec­tiles las trincheras enemigas hasta que aquel fuego disminuyó en intensidad. Por fortuna parte de los Gord:ms, que apenas distaban I 30 metros dt las trinchtras enemigas *, permanecieron en su pues­to, y á pesar de la retirada general, no cedieron una pulgada de terreno, y contestaron con brío el tiroteo de los republicanos. La buena suerte de los fugitivos quiso que los boers no los acribillasen á shrapnels mientras huían. En ese momento llegó uno de sus jefes con una orden del General Methuen para los highlan­ders, la que más parecía súplica que mandato. Todo lo que el Ge­neral en Jefe pedía era que la brigada permaneciera en su puesto hasta la venida de la noche; pero aquella fuerza estaba tan desor­ganizada, que el portador de la orden (que era de la misma) no pudo hallar un sol<> oficial que le ayudara á comunicarla á los dis­persos soldados. Verdad que no era poco pedir á lo<; highlanders permanecieran aún expuestos durante cinco horas al mortífero (?) fuego de los de­fensores de la trincheras, á pe ar de lo cual la tropa se reunió al toque de cornetas y cornamusas, y los restos de la brigada, recogi­dos por los Scots guards, volvieron cerca de la artillería, en punto donde no estaban expuestos al fuego de fusilería que chisporrotea­ba en la c:ima de los kl)pjes. En el ejercito inglés se creía que á la entrada de la noche la guardia iba á cargar á la bayoneta, apoyada por el grueso de los Gordons, y se repetiría lo sucedido en Modder River, es decir, que los hoe'rs evacuarían sus posiciones ante dicha carga. Los corres­ponsales dudaron de tal re ultado "á causa del serio obstáculo que formaban las redes de alambre, aun cuando los granaderos se ha­brían lanzado ciertamente al ataque sin cuidarse de las balas, para abrir el camino á los demás. Sin embargo, la suerte dispuso lo contrario, y debemos darnos por satisfechos de que se hubieran sal­vado de una destrucción completa tropas que se habían batido hasta entonces con tanta bravura." • Entre lo:; profesionales se habb temido mucho, de tiempo atrás, esta tenden­cia á prorlucirse pánil!os en las bat:lllas morlern11s, y pl)r eso en este semanario ee llamó tánto la atención sobre el particular antes de que estallara la presente guerra civil. • El famoso Ju~m de Bloch afirm6 (tomos 1 y VI): "A fuerzas iguales puede dejar~e acercar al asaltante h::tsta doscientos metros, pues bast:1 entonces á los defenso· res tirar los cinco proyectiles contenidos en el almacén de ·u fusil para anonadar á 6US adYersarios." También dijo que 100 tirado re ba~tabun para destruír en cuatro miOLltos una batería situada á 1,000 metros! La experiencia de la m!lyor batalla litltada hasta ahora en et Ttansvaal lo desmintió, como era de esperarse. 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 738 BOLETíN MILITAR Hacia las 5~ de la tarde la artillería boer, que hasta ese mo­mento había permanecido silenciosa, rompió repentinamente su fu~go, disparando sobre las cajas de municiones de las piezas ingle­sas, las que se encontraban al abrigo de las balas de la fusilería en un pliegue del terreno. Ese inesperado cañoneo fue el golpe de gracia para los high­landers: apenas estalló el primer shrapnel boer, cuando los restos de la brigada Wauchope, presa nuevamente del pánico, huyeron hasta dar con las ambulancias: esta vez ya no podía pensarse en volverlos al fuego ; la dicha brigada se habh dispersado de un mo­do irremediable, dejando de existir como unidad combatiente. En tales condiciones el asalto nocturno habría sido una teme­ridad por parte de los ingleses, porque los highlanders no podían ya ni aun guardar su propio convoy, y la guardia, á la cual perte­necían los Coldstreams, que habían peleado recio durante el día, nu habría podido cargar sino en el caso de contar con un sostén. La batalla estaba, pues, perdida por parte de los ingleses, cuya artillería disparó sin cesar durante veinte m in u tos para cu­brir la retirada, y la batería de grueso calibre, para cerrar el drama, disparó una descarga de granadas con lydita, que hizo temblar el suelo. La artillería fue, pues, Je gran provecho á Lord Methuen en esta jornada, en la que estuvo en acción casi durante trece horas tirando, término medio, algo más de mil proyectiles por batería, ó sea unos 170 por pieza, lo que justificó la doctrina alemana del nuevo reglamento del arma, que señala 200 como dotación ordina­ria de cada cañón de tiro rápido para una batalla. Cuanto al globo cautivo de la sección de aero táticos, hizo varias ascensiones en el curso del día, con duración de uno á diez minutos, sin provecho bien marcado. En esta batalla, como de ordinario, cierto número de tira­dores boers escogidos se ocupó en apuntar especialmente á los oficiales ingleses. Un soldado del batallón 3.0 de los Seajorth High­landers, que cayó herido en esta jornada, contó lo siguiente: "Vi á un boer de aspecto alemán, correctamente vestido, con calzado muy limpio, que se paseaba con un cigarro en la boca, y escogía mucho el bulto á que apuntaba. Estaba solo, y con frecuencia se servía de un binóculo para mirar los oficiales y hacerles fuego. Como yo tenía un brazo roto, no pude usar contra él mi fusil." "En nuestras filas-escribía un boer-la brillante victoria que acabábamos de obtener no produjo exaltación alguna; un pro­fundo silencio sucedió á la terrible experiencia del día." A pesar de su fr:1caso, las tropas inglesas pasaron la noche en el campo de batalla; los cuerpos de la guardia establecieron su vivac sobre sus propias posiciones, pero prolongándolo hacia la iz­quierda, para ocupar el terreno abandonado por los highlanders. Al­gunos soldados de dicha fuerza se adelantaron por la noche hasta mu¡ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR f39 cerca dtlas trincheras boé"rs, y pudieron observar que éstos se entre­gaban á sus habituales libaciones de ginebra. La lluvia de la noche anterior resultó menos desagradable que el frío penetrante de ésta que seguía á la batalla, de suerte que se estimaron dichosos quienes tuvieron una manta para abrigarse, pues fueron muchos los que durmieron sobre el duro suelo. "Pen­sábamos con tristeza, dice un corresponsal, en los numerosos heri­dos que yacían en el campo y á los cuales fue imposible recoger esa noche." Empero, debe hacerse justicia al servicio de sanidad, que cumplió bien y valerosamente su deber: uno de los médico3 pereció sobre la línea misma de combate, mientras allí recogía heridos. "Cuando una batalla dura hasta la llegada de la noche, inevitablemente quedan en el campo algunos heridos, por cuanto escapan á las investigaciones de los camilleros." El cadáver dd General Wauchope no se halló h¡:1sta la mañana del r 2, bien que hubiera perecido en la noche del ro al I I. Muchos heridos per­manecieron veinticuatro horas sin auxilio alguno: jefe hubo que cayó tras un matorral á las 7 de la mañana, y no se le halló hasta el siguiente dfa á la 1 ~' ósea estuvo sin socorro durante treinta horas. El silencio de la noche fue turbado pronto por los gritos de los cafres, los chasquidos de las fu tas y el sordo rumor que produ­cen las ruedas de los furgone,:,. Era que los convoyes ingleses se replegaban rápidamente obre el río Modder, á fin de anticiparse á las tropas, cuya retirada debía principiar al amanecer. Al nacer el 12 los boers rompieron otra vez sus fuegos, que la artillería inglesa c:ontcstú sin demora; pero ese combate sin efec­to duró poco, pues á las r r principió el repliegue sobre el Modder. En el acto en que los cañones ingleses s pusieron en marcha el enemigo aceleró sus disparos, y los que se retiraban fueron el blan­co de una lluvia de proyectiles que las piezas que cubrían la r~tira­da no pudieron dominar. "La brigada de la guardia estuvo mao-­nífica: á pesar de tan tremendo fuego se replegó en perfecto orde~1, como si sólo se tratara de una maniobra en H yde Par k." * Después de medio día hubo una suspensión de armas para que el servicio de sanidad cumpliera su lúgubre tarea : los carruajes ingleses fueron hasta el campo boer á recoger sus heridos, varios de los cuales se hallaban en las trincheras enemigas, y durante ese ar­misticio la conducta de los boers fue irreprochable, no obstante un incidente que pudo producir desagradabilísimas consecuencias: á lo¡ sirvientes del cañón de marina no se avisó el armisticio, y rompieron el fuego precisamente contra las ambulancias inglesas, cuando esta­ban en las líneas enemigas, pero por fortuna se le pudo hacer cesar • O los boers no son los famoso tiradores que nos pintan los periódicos, 6 el fusil de calibre reducido es un instrumento muy mediano en el combate cuando esta operación no costó á los ingleses centenares de bajas. Parece que ambla coaaa son v rdad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 740 BOLETÍN MILITAR casi inmediatamente. ''Este incidente hará ver que no somos infali bies, á pesar de lo cual siempre estamos listos para censurar á los boers cuando han incurrido en análogo error."-1'he Morning post. Las pérdidas de los ingleses las resumimos en el siguiente cuadro: OFICIALIDAD TROPA CUERPOS .,., 0'2 U> "" .;,. ~ e:> e:> e:> ~o """ .... ~ .,-::l -~ ... - 4.> .,u = = = '-------- :=rl = = A~ -- ---- Caballerfa (lanceros) ........................ . ........... ... ... 6 24 .. . Artillería .•.... ...... ........ ...... .. .................... . ... 2 .. 7 .. . Batallón 2.0 Royal lli~hlande rs . . .. ......... , ..•. 5 11 70 203 68 Batallón 2.• Seaforlh Righlander s .... .............. 5 7 44 137 22 Batallón l.• Argyll and Sutller·land 1/ig hla nder s ... 3 4 23 69 2 Batallón 1.• Gurdo11 Hig hlanders .• ..• , .. ........ . 3 2 6 33 Batallón Highland Light i n/alllrí .. . .......... . ........ 2 7 12 59 6 Batallón 1.0 de Coldslream g uards ....... .. ....... ... 6 1.) 42 5 Batallón 2.0 de Coldstrenm guards .. . ............. .. 1 ... 2 22 1 Batallón Yorkshire Liglit i1ifcmtri ...... ... ........ . ... ... ] 10 .. . El resto de la inf nter{a (7 cu er p os) . .............. 3 2 3 8 ... ~====================~T==o t=a=lg=e=n=e=ra=l.=.= .. = .. = .. = .. : .. ===9=i=.l====~• E. M., etc ..... .............................. ...... ..... 2 5 ... .. . .. . ----· - · - - 24 45 18~ 616 J 04 Las pérdidas de los boers no son conocidas con detalles. En Magersfontein las fuerzas en lucha se diferenciaban poco: á lo sumo 12,000 ingleses con 22 cañones, y ro,ooo boers con 10 piezas de artillería, por lo cual, si prescindimos de las pérdidas produ­cidas por el combate de la noche, tendremos que en un día de bata­lla, con armas modernas y lucha cercana, apenas se produjeron de 6 á 700 bajas, ósea á razón de 50 por hora término medio, lo que pre­supone el ~ por 100 cada 6o minutos, resultado que por lo mismo anula y reduce á la nada no pocas de las teorías escritas en los últi­mos años sobre la batalla moderna. Conforme lo dice Painvin, es muy difícil criticar juiciosa­mente una operación militar cumplida en sitios distantes cuando aún se carecen de todos los datos del caso; pero las impresiones de un vencido, escritas á raíz del hecho, indican siempre el estado moral de la tropa después de la derrota, y por lo mismo debe ser conocida la carta escrita el 13 en Modder River por un oficial de la guardia: "Partímos, libramos la batalla y estamos de vuelta derrota­dos, cuando en mi concepto pudimos envolver al enemigo y ani­c¡ uilar sus fuerzas. En vez de obrar, hicimos lo que es más funesto Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR en la guerra, no hacer nada, y nos hemos retirado por añadidura. El General no ejecutó las grandes operaciones que todos esperá­ban1os, y ha perdido la confianza de la tropa. "El ro dejámos el campo para efectuar una marcha noctur­na: ahora bien, cuando se marcha de noche no puede ser sino con un solo objeto: el de sorprender al enemigo. ¿ Y qué fue lo que hi­cimos? Dc.sde meJio día plegamos bs tiendas, á la vista del enemi­go, p/ira que supiera que nos íbamos á poner en marcha; después adelantámo la artillería á que cañoneara la posición boer para dar al enemigo segundo aviso de nuestros proyectos, y por último, antes de abordarlo, le dimo tiempo para que se rehiciera de los efectos del bombardeo, si algunos produjo éste. Hl\llás tarde se nos informó que nue~tra brigada debería po­ner e en marcha una vez entrada la noche, á fin de esguazar el !VIodder por vado y vivaquear en su rilla Norte; allí debíamos descansar hac;ta la una de la mañana, y en seguida cargar sobre la posición bocr. "¿Por qué no pa ámos el río en pleno día, cuando el vado apenas di taba una milla de nuestro campo, y el enemigo no podía observar tal operación? Lo ignoro. ¿Que sucedió? Como era difí­cil por l.. oscuridad distinguir las piedras que debíamos pisar para cruzar el río, la operación, para nue:;tra ola brigada, duró dos horas, y la mayor parte de los soldados se mojó en e la hasta los hue­so . Consecuencia de tal demora fue la de que no pudimos entrar al vivac sino á las ro, principió á llover entonceg, y volvimos á partir á la I. La noche era oscurí ima, y á poco de movernos ~u­pimos que nos habíamos extraviado; la cabeza de la columna ha­bía desaparecido en las tinieblas, é ignorábamos dónde estábamos. "¡Y así es como un General lleva sus tropas al asalto! Al cla­rear el día oímos tremendo fuego de fusilería hacia nuestra izquier­da: parece que la brigada de los Highlandtrs, marchando eri quater column, se e tre1ló obre las trincheras enemigas cuando me­nos se lo imaginaba, lo que naturalmente le ocasionó enormes pérdidas. Cuanto á nosotros, ignorando lo que sucedía, no pudimos movernos en su socorro: nos desplegámos y llegámos sobre las po­siciones del enemigo sin ver otra cosa que una fila de alturitas, ni oír sino un vivo fuego de fusilería. He oído decir que en estos momentos los hí'ghlanders, á quienes fue imposible reunir, atacaron varias veas, y en ocasiones po,~ grupos tan solo de 20 Ó 30 hombres, las posiciones boers, por lo cual todas sus intentonas fueron rechazadas, pues el enemigo e taba muy bien atrincherado. Nosotros~ entre tanto, tendiclos en tierra, nos entreteníamos en observar los efectos de las gr· nadas cargadas con lydita. "Aquí, como en l\1odder River, me llamó especialmente la atención que no recibíamos orden algun/l. El jefe de la batería mon­tada nada sab1a sobre la marcha general del combate, é ignoraba qué objetivo debían batir sus fuegos: se redujo á disparar sobre los pun- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR to! que le parecieron más dignos de ser atacados. Al venir la noche dicha batería se replegó y vivaqueó con otras tropas en el revés de una colina. Se suponía que el enemigo había sido quebrantado de un modo serio, y evacuaría la posición esa noche como lo hizo en Modder River. A la mañana siguiente se sospech0 que los boers no se habían replegado, y entonces nuestro General creyó que lo mejor era reconocerse vencido y batirse en retirada.* ¿Por qué no intentámos envolver al enemigo por uno de sus flancos ? No lo sé. ¿Por qué no permanecer á lo menos en las posiciones ocu­padas y seguir bombardeando al enemigo? También lo ignoro. El General mandó enviar algunas granadas á los boers, y como és­tos respondieron con energía, nos replegámos más que de prisa, pero en orden, á nuestro antiguo campo, y dejámos al enemigo en paz para que reforzara sus trincheras y se regocijara de su victoria. lt is monstrous!" La carta copiada no necesita comentarios, por lo cual dijo con razón el periódico inglés que la dio á la estampa: "La derrota de Magersfontein es el acontecimiento más grave producido hasta ahora en esta guerra. El ejército ha sufrido un rev;;s serio, en un momento en extremo crítico de la campaña." En efecto, el Gene­ral Methuen, cuyas tropas sufrieron gran quebranto en la jornada, quedaba en incapacidad de proseguir su movimiento ofensivo, se veía obligado á retroceder, á ponerse á la defensiva en Moder Ri­ver, hasta la llegada de refuerzos suficientes, y la liberación de la asediada Kimberley, que era su objetivo, resultaba aplazada hasta fecha desconocida. Y con todo, esa situación delicada iba á convertirse en favo­rable, porque los boers> en_migos de la ofensiva, resolvían, hacien­do el juego á Inglaterra, no sacar partido de su victoria, arguyendo "que no tienen soldados que perder, y un boer no se reemplaza, ·en tanto que á Inglaterra sobran los soldados/' precepto que puede ser todo lo humano que se quiera, pero que en el campo de la guerra y de los bien entendidos intereses de un país, no pasa de ser una herejía militar, cuyas consecuencias han palpado á la fecha los boers. Ambos partidos quedaban, pues, á la defen iva, y durante se­manas enteras la situación tenía que ser de estancamiento; de pérdida de tiempo, espacio y dinero por los boers, quienes se redu­cirán á fortificar sus posiciones y reavituallarse sobre J acobsdal, en tanto que los ingleses, dueños de un ferrocarril, pronto podían ob­tener lo que necesitaban para recuperar la victoria. Más tarde, con " U na batalla ganada es una batalla que el contrario cree h~tber perdido," decía Suwaroff. Y en todas partes-de ello aquí tenemos pruebas recientes,-aun vencido un ej€rcito, si el jefe resuelve no estar denotado, de diez veces nueve suya será la vic­toria, que en síntesis es cuestión de moral. Al contrario, por perseguir bicoca~, pue­blos en vez de tropas enemig s, ~it10 don.le hacer oratoria desperdiciando las oca­siones que la fortuna esr¡ulva no brinda sino d~ tarde en tarde, se pierden no ya batallas, sino campaiias de cierto resultado con un poco más de milicia y un poco melios de naidad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 14.8 esfuerzos inadecuados, en vano intentarán los boers copar las co­municaciones de Methuen: al contrario, por no sacrificar á tiempo algunos cientos de soldados, debí'an á poco tener que entregarlos por millares, en una capitulación que abrió las puertas del territo­rio patrio al invasor. La lección no puede olvidarla la táctica expe­rimental. EN EL COMBATE El batalló:-t obra aisladamente, ó formando parte ae una fuerza mayor. El jefe de un batallón aislado, ademá'> de las disposiciones que le corresponde ordenar en caso de combate, y de la conducta que debe observar durante la acción, ordenará también todo lo necesario respecto á la impedimenta*, los heridos *,la reserva de municiones, y tántas otras cosas de que sus soldados necesitarán después del combate (lo víveres, por ejemplo); á él incumbe hacerse cubrir por avanzadas, y dar las órdenes convenientes para la persecución del enemigo, ó para la formac· ón de una retaguardia; y por últi­mo, también le compete la redacción del parte de la acción, la ae la relación de las bajas y pérdidas de material, de las propuestas para recompensa , etc. cte. Cuando el batallón está reunido con otros, son distintos sus deberes, según que sea vanguardia, sostén, parte del grueso, reta-guardi :1 ó tropa de persecuci6n. . lmpórtale en estas diversas situaciones (que con arreglo al estado general de las co.:;as pueden exigir una conducta defensiva ó un servicio de expectativa, de demostración, de reconocimiento, ó por último, una ofen i\'a decisiva); impórtale, repetimos, en lo que respecta al mando de su batallón, cuidar con esmero de que su tro­pa esté constantemente bajo su mano, sin imponer á la indepen­dencia de las compañías otros límites que los absolutamente pre­ct~ os. Refiriéndonos á las eventualidades del campo de batalla, rara vez se emanciparán los batallones de la autoridad de sus jefes, á no ser en el caso de ofensiva y de retirada, por lo cual es útil indi­car aquí los medios convenientes para remediar, en cuanto cabe, este inconveniente. • Los carru,tjes de ~mbulancia y los de municiones deben situarse lo mlis cerca posible. Lo restante , más lej os á retnguardin, de mnnera que puedan circular en todas direcciunea, aunque sin obstruír los caminos. • Para las primeras curas se elegitán empl nzamientos en 1ugart!S cubiertos, lo m' cerca po ible del campo de batalloa, y que tengan agna en sus inmediaciones. Las casas situlldas dentro delalcauce de Jo proyectiles de la artilleda no eoavienen para recibir heridos, á no ser después de terminado el combate. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 744 BOLETÍN MILITAR Ante todo, no creemos sup~rfl uo manifestar que en un sim­ple combate expectativo ó demostrativo, y en la defensiva, ningún jefe de .batallón mandará con más ventaja que el que domina inte­lectualmente toda la situación, y que, lejos de dar órdenes contra­dictorias ó incoherentes, sabe hacer ver ( cowo lo demostrarán sus prescripciones) que tiene en su mente un objeto determinado y único, y que desarrolla hasta el fin las disposiciones que ha adoptado. La formación en que el jefe de batallón ha de llevar sus cua­tro compañías á la zona de los fuegos de la infantería, debe res­ponder al objeto para que las emplea, sin lo cual, aun en la situa­ción más sencilla, perdería en breve la dirección moral de las mismas. Por ejemplo, si solamente ha de contener al adversario, ó efectuar una demostración ó un reconocimiento, conseguirá, del modo más fácil, impedir todo empeño formal por parte de los co­mandantes¡ de compañía demasiado emprendedores, no comprome­tiendo más que una de éstas y ordenándole avanzar simultáneamen­te contra el enemigo por varios puntos á la vez. En semejante formación será muy dificil, aun para el capitán más audaz, hacer otra cosa que una simple demostración *. Y si sabe contener las otras tres c o mpañías (probablemente en masa en una posición á cubierto) ha ta el momento de etnplear­las, dispone entonces de las fuerzas necesarias para pasar, sin tran­sición, de la demo~tración al ataque decisivo. De un modo casi diametralmente opuesto debe proceder cuando su misión consiste en preparar con su batallón el ataque que han de emprender masas mayores, ó en reconocer á viva fuer­za la posición enemiga. lmpórtale entonces atacar vigorosamente el centro y las dos ala ( ó una sola, si Ja posición es muy extensa), y obligar al adversario á desplegar la mayor parte de sus fuerzas. En semejante caso, el jefe de batallón debe dirigir simultá­neamente varias compañías sobre puntos diferentes, recomendán- • El despliegue total de un:1 c-ompañfa en un extenso frente es siempre una formación poco propia para obtener re u ltados deci 5ivo ; mientras que, por el con­trario, conviene admirablemente para un reconocimiento 6 una demostración. Ha habido cas<'s, sin embargo, en que alguno com andantes de compañías ais­ladas han aplicado e. ta formación obteniendo sorprendentes rcaultados; pero sólo en el caso en que el movirniento iba dirigido contra un objetivo visible para todo• (como, por ejemplo, una granj<~, una \.att!ría , etc.l, y en que el comandante de la compañía era lo bastante Hfortunado para, termina d o el combate, disponer del tiem­po necesuio para reconcentrar su tropa bajo su mano. En general es conveniente recordar que, cuando se trata de una ofen i va for­mal, y que el enemigo se encu e ntra todaví.1 muy dist'lnte, e siempre una falta des­plegar fracciones enteras en un l a rga línea de tiradores. L os sold a dos así di pues­tos escapan á la acción de sus jefes, y ya no es posible, en se guida, emplearlos en una acción enérgica y uniforme . ¡Se quiere desplegar una tropa con el único objeto de diaminufr las bajas? Preciso es eutonces, para darle toda u fu etza ofensiva, indicarle de antemano un punto de concentración. En otras condi<'iones, nun la tropa más hiz a rra, desplegada sobJe un extenso frente eu los momento de la acción real, no s e rá capaz, por sí sol a, sino de una demostraci6n, y no puede tener el arranque necesario para una vigo­ro~& ofensiva, si no es por el impulso que recibe de las tropas qub la xefuen:an. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETÍN MILITAB f45 doles que conserven por lo menos un pelotón como sostén, y él, á su vez, se quedará con otra compañía á sus órdenes, para dirigirla sobre el punto que, con arreglo á la marcha del combate, le parez­ca más importante. Por analogía, en lo referente á la persecución, y cuando sabe que tiene á su espalda mayores masas, hará bien el jefe de batallón en ocupar un frente muy extenso, por medio de tres compañía~t, empleando la cuarta como sostén; y si, con el fin de envolver á un enemigo que se bate en retirada, se siente inclinado á servirse también del sostén, su conducta está en este caso plenamente jus­tificada, puesto que le siguen de cerca otras fuerzas que le apo­yarán oportunamente. En la defensiva parece que la tarea del jefe de batallón es in­finitamente más sencilla, y sin embargo no es así. Las mejorea posiciones han sido perdidas, ora porque los sostenes fueron em­pleados demasiado pronto ó demasiado tarde, ora porque se tomó la ofensiva fuera de sazón. Necesario es también aquí que eljefe, si quiere ser realmente dueño de la situación, se dé cuenta de antemano y claramente de la manera como piensa desempeñar su misión. Debe pesar loa medios de que disponga, y aumentar sus probabilidades de buena defensa mediante los auxilios de la fortificación pasajera y del campo de batalla, y la creación de abrigos, á fin de poner por todas partes el terreno del ataque bajo la acción del fuego más efi­caz: dará las reglas de tiro convenientes para dicho terreno, y las prescripciones particulares conducentes á asegurar el rápido em­pleo de los sostenes y toda la eficacia de los mismos al ser puestos en acción. No sólo debe evitar la mezcla de las compañías, sino ade­más facilitar á cada una de ellas la ejecución particular de su cometido (nada de frente demasiado extenso), y por último, reco­mendará que todas las peticiones de refuerzos (á menudo prema­turas) no sean acogidas sino con la mayor reserva. Cuando un batallón no ha de atender sino á la defensa de un frente de unos 300 ó 400 pasos de desarrollo, debe poder, por poco que las circunstancias se presten á ello, rechazar el ataque de frente de tres batallones, lo que no será posible cuando pueda ser envuelto por una parte de esos batallones. Si se halla expuesto á la posibilidad de un flanqueo, tam­bién está en las atribuciones del jefe de batallón el cuidado de pensar con antelación en adoptar medidas tales, que el enemigo, en su movimiento envolvente, encuentre los flancos tan capaces de resistirle como en un frente bien fortificado. A este resultado pre­cisamente es al que debe contribuír la formación de una reserva. Si, por el contrario, el frente por defender es de tal extensión con relación á la fuerza del batallón, que da al atacante la posibi­lidad de mo::;trarse con fuerzas superiores sobre varios puntos á la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLB~íN MILITAR Y.ez, es entonces doblemente importante sacar partido de todas las ventajas de la posición, é inducir al agresor, por medio de ciertaa medidas, á adoptar inconvenientes ó falsas disposiciones de ataque. Estas medidas son, en general, las siguientes: 1 .a El establecimiento de grupos de tiradores, apoyados por pequeños sostenes, instalados á cubierto, pero á su alcance, en los intervalos que separan á las fuerzas principales que permanecen concentradas en el punto más importante. Tiene por objeto esta disposición aparentar que la ocupación es más fuerte de lo que en realidad acontece; 2 ... La prescripción de romper el fuego sobre los destacamen­tos -enemigos, lo suficientemente á tiempo para ofenderles cuando todavía se hallen en orden cerrado, y obligarles así á desplegar de­masiado pronto. Para lograr este resultado puede ser conveniente destacar pequeños piquetes á 300 ó 400 pasos y aun más, al fren­te de la posición, resguardarlos en puntos convenientes y darles orden de no tratar de resistir á un empuje superior, sino que, por el contrario, en vez de esperar el ataque decisivo, procuren, reti­rándose, llevar al agresor en falsas direcciones, ó inducirle á dis­persar sus fuerzas en toda ]a línea; 3.a La cesación completa del fuego contra los tiradores del adversario cuando hayan tomado posición á 300 ó 400 pasos, con lo que se les atraerá á exponerse á un fuego más eficaz; 4·· La prohibición á los sostenes de dejarse ver antes del oportuno momento de su empleo, pues es preciso que el contrario no pueda darse cuenta de la situación de dichos sostenes. Con esto ae logrará muchas veces que apareciendo de repente un sostén en la línea de tiradores, consiga desconcertar el ataque del enemigo, aun cuando le sea superior en fuerzas. Con este último objeto es con el que se conserva el último sostén (cuando todavía queda alguna esperanza de rechazar un ataque), en orden cerrado á retaguardia de las guerrillas, hasta el momento en que el agresor emprende su ataque general y decisi­vo *· Pero si se prevé que no será posible sostenerse, no se esperará el último asalto, sino que, ó se hará (como lo acostumbran los fran­ceses) una corta salida (ataque) para engañar al atacante y retirar rápidamente las fuerza'l principales á favor de ese movimiento, ó se designará sin dilación el destacamento que habrá de so tenerse y formar la retaguardia. Los 30stenes se replegarán en se uida sobre un emplazamiento de recepción, haciendo que les sigan sus guerri­llas, las que se reunirán inmediatamente á retaguardia de la posi­ción precedente. Entonces procurará la retaguardia engañar al • Una carga de caballer!!t, ejecntad1 de improviso por el defensor, puede ser en este momento de impottancia decisiva; pero conviene no darla demasiado pronto. Un solo escuadrón podría introducir el deaorden entre los tiradores ea los instantes de su último ataque. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR enemigo mediante un fuego nutridísimo en toda la extensión del frente, y desaparecerá sucesivamente antes del postrer asalto. Pero si el batallón no es sino una fracción de las tropas en­cargadas de la defensa de una posición, el jefe que lo mande de­berá intentarlo todo para no comprometer el punto cuya custodia y defensa se le ha confiado; y si sabe calcular bien el empleo de las fuerzas de que dispon=, en la defensiva, sobre todo, es donde podrá multiplicar la importancia de las mismas.-(Continúa) VON ARNIM (alemán) ..... HISTORI~tt PARA LAS MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA GRANADA (Continuación) 'El repo o y el orden, acompañados de la justicia y de la legalidad debíc u aniquilar el de I oti mo y la anarquía, y fun· dar el honor y crédito de la. ueva Or· nada; sobre el repo o y el orden debía fomeutars y extender ·e la in ·trucción pública, proteger ·e la agricultur,, avivar ·e el comercio, e timular e la in· dnstria, regularizarse la recaul s y . in r e . trieción al,.!.UIJa; t>ll otro ·, dt• po­jar á los 1\tagi ·trado. legítimo de ·u autoridad, ucender e la guerra civil, armar. e y combatir; y eu ca:i tollo ' entoqwcerse la acción del vertlaclero i terna repr lJltaUYo. To debemo8 de conoc r que el alejamiento roviía estallar la revo­lución: tomé las medidas convenientes para npr hender infra­ganti á los conspirntlore , y Jo habría logrado sin la fatal y la­mentable muerte dada á mi noble y buen amigo el Coronel José 1\ianuel Montoya.. El proce o contra los delincuAntes se siguió por lo, tt·ámi­tes legales, concediéndole tollo los recur "OS nece. arios para su defen a. El Juez de primera. iu ta.ncia, Dr. ! , 01 tu nato Gam­ba, pronunció sentencia de muerte, y el Trihunal Superior de .Apelacione , compue t de los abogados Dre . Vicente Azuero, Ezequiel Rojas y Oipriano Cuencn, la confirmó por los térmi­nos debidos. • El Tribunal, usando ele sus atribuciones, no so~ licitó conmutación de l· p na. para diez de los reos; y, según la. Constitución, el Poder Ej cntivo conmuta la pena capital sólo cuando la solicita· el Trilmnal que la impone. Los diez su~ frieron el castigo de la ley con iete más á quienes por su con­ducta anterior no juzgué que h conveniencia pública exigía la conmutación. Ooufieso que tuve que hacerme una fuerza supe~ riot p';lra no ceder á lo clamo re de las familias de ésto des • . graciados reos, y al espectáculo de 17 víctimas sacrificadas al o1•den, al honor y á la estabili
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 156

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 151

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AfitOlV Bogotá, Mayo 12 de 1900 NUM.lGl --~· ..... -- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIRJtCTOR AD•HONOUM, FRANCISCO J. VERSARA y V. General, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oftc~ales del ~jército de la Re~ública O ICIAL EJERCICIO DE TIRO AL BLANCO ITII Jnne~ 30 de Ahri1 último, ;\la 7 a. m., se pnso en mar­cha, hacia á los afueras <1 ~ Bog·o r., unn. hat río. tl 1 Batallón 2.o de Artille·ría, llel"anclo nn eañón de monta fin. tle bO milíme­tros, sist<.·Hna Bange, un cañón Withwort /1, rle 2~ lihnu:;, y una ametralladora Gatling, con el objeto de practiear ejercicios de tiro al blauco. Se eligió como campo de t.iro una colina sobre el río San 01·istóbal, con el fin de acostumbrar á los Oficiales y tropa á vcucer las dificultades qne presenta 1a conducción de una arti­llería rm1arla por caminos quebrados. Sobre un morro desigual y montuoso se hicieron entrar las piezas en batería, tomando por blanco la boca de nna mina de arena (que con el binóculo se divi aba tlel tamaño de un hom­bre), situafla en una de las faldas clel cerro tle La Peña, terlien· do de por medio la profunda cañad;.t atirlo con fuegos oblicuos, que dieron el resultado que se expresa en el cuadro siguiente : ' ' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 562 BOLETÍN MILITAR Oañón de montaña de 80 milímetros Blanco, la boca de una mina de arena. Día opaco. Viento euave y en la dirección del blanco. Altitud, 2,800 metros. Tiro con granadas 01·dinarias. Primer tiro á 300 metros. Corto. Segnudo tiro á 500 metros. Corto Tercer tiro á 700 metros. Blanco. Cuarto tiro á 7 50 metros. Largo. Quinto tiro á 700 metros. Blanco. Se tomó para el tiro de · conjunto una alza de 725 metros. Sexto tiro á 725 metros. Blanco. Séptimo tiro á 725 metros. Blanco. Octavo tiro á 725 metros. Blanco. Noveno tiro á 725 metros. Blanco. Los tres tiros restantes se dirigieron á puntos colocados á la misma altura del blanco y eu sus cercanías, y ritaba la pieza basta dar el bote, y se hacía imposible situarla exactamente en el mismo lugar donde se había hecho el disparo anterior, quedando, por tal motivo, desuiveladas en diferentes se11tidos la' ruedas, falta que se ob· viaba haciendo en la escala de los desvíos las correcciones indi­cadas en el reglamento. E tas misma (lificultades pusieron de relieve la bondad de las piezas Bange, cuyo tiro es de una exactitud que nada. deja que de~ear. Oafión. Withw01·th de 22- libt·oa Se hicieron con un cañón de este modelo 3 di paros que no pudieron ol>serva.r e porque la gt'cHlu.da carecía de e poleta y el terreno no se prestaba á que la caída. d.e aquélla levantara una masa sufieieuto de tierra. Amet,·alladot·a Oatling E~ta pieza sólo e 11 vó al tcrr no ]>ara e tndiar los deft>c­tos qu preReuta el i. tt:>ma y proceder á su corrección, lo cual He couaiguió como se t.le ·eal>a. Conferencias de los Oft.ciales de la Misión Francesa (Comunicadas por un antiguo oficial del Cuerpo) SERVICIO DE.L CARÓN DE MONTA~A (Conclusión) Otro ejemplo. El blanco es una línea de infantería. 2,200 metros -El viento sopla muy fuerte y viene de la izquierda. A 2,200 metros-Correr el ocular, á la izquierda, 6 milí-metros. 2,200 metros- 6. 8 pieza, fuego. Largo. 2,ooo s.a pieza, fuego. Largo. 1,8oo 4.a pieza, (uego. Corto. 1,900 3·" pieza, fuego. Cvrto. 1,950 Alza para verificar. 1,950 2." pieza, fuego. Largo. 1,900 t. a pieza, fuego. Largo. 1,8 so 6. • pieza, fuego. Corto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 564 BOLETlN MILITAR La verificación sale bien al tercer tiro; se fija 1,900 metros como distancia para el tiro de conjunto. 1,900 metros-s.a pieza, fuego. Largo. I ,900 metros-4." pieza, fuego. Corto. I ,900 metros-3. • pieza, fuego. Largo. 1,900 metros-2. • pieza, fuego. Largo. El tiro de conjunto no dio el resultado deseado; se modi 1c2 el alza en 25 metros. I 87 5 metros-l.• pieza, fuego. Corto. · 6.• piez.a, fuego. Corto. 5· • pieza, fuego. Larga. 4·a pieza, fuego. Corto. Como el blanco está al descubierto, el tiro de conjunt es bueno. Otro ejemplo. El blanco es una batería de artillería. :t,500 metros-El viento es suave y viene de la derecha. 2.,500 metros--Correr el ocular 2 milímetros á la derecha. 2,500 metros-1.• pieza, fuego. Corto. 2.,700 metros-2.• pieza, fuego. C.:>rto. 2,900 metros-3.• pieza, fuego. No observado. 2,900 metros-4.• pieza, fuegG. No observado. 2,900 metras-s.• pieza, fuego. No observado. Cuando tres tiros sucesivos no pueden observarse, se aumenta el alza 200 metros. 3,1 oo metros- 6. • pieza, fuego. Corto. 3,300 metros- I. • pieza, fuego. Largo. 3,2oo metros-2. a pieza, fuego. Corto. 3,250 metros -Alza para verificar. 3,250 metros-3.• pieza, fuego. Corto. 3,300 metros-4.• pieza, fuego. Corto. 3,350 metros-5.• pieza, fuego. Corto. Si la verificación no sale bien al tercer disparo, se vuelve á empezar el reglaje del tiro. 3,500 metros-6. • pieza, fuego. Largo. J,+oo metros- r. • pieza, fuego. Corto. 3,450 metros-Alza para verificar. 2. ~ pieza, fuego. Largo. 3,400 metros--3. a pieza, fuego. Corto. Si la verificación sale bien, se toma como distancia para e ti o de conjunto 3,425. 3,425 metros-4.• pieza, fuego. Corto. 3,425 metros-5.• pieza, fuego. Corto. 3,425 metros- 6.• pieza, fuego. Corto. Si los tres primeros proyectiles caen del mismo lado, se r.ece­sita verificar el alza. 3,475 tnetros-1.• pieza, fuego. Largo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ROLETÍN MILITAR Si la verificación sale bien, se necesita tomar 3,450 metros ara otro tiro de conjunto. Disparo con las espoletas de tiempo El tiro de percusión no produce efecto en los alcances ntayo­Jres de 1,200 metros, porque los proyectiles al caer con grandes :ángulos se entierran, y por consiguiente sus balas ó sus cascos no dan en el blanco; entonces debe r:mplearse el tiro de espoleta de tiempo para hacer estallar los proyectiles en el aire á una distan­cia de unos cincuenta metros adelante del blanco. Con el cañón de 8o milímetros, de montaña, Bange, el tiro de percusión es eficaz hasta I,ooo ó 1,200 metros; para los alcances más grandes se necesita emplear las espoletas de tiempo. Cuando estalla en el aire un proyectil armado de espoleta de tiempo, las balas, después del estallido, se reparten en un haz EA EB que se extiende más hacia atrá¡ del punto e, en donde debiera caer el proyectil, que hacia adelante de este punto. Cuando el punto del estallido resulta demasiado alto, en F, la distancia de e~:te punto al blanco Fe es también dr:masiado grande, y las bala:;, no teniendo á su llegada suficiente fuerza para herir, se reparten en una superficie DK, demasiado grande, y el haz no es suficientemente denso. Lo contrario sucede cuando el punto de explosión se halla muy bajo, en e, el haz demasiado tupido no produce efecto sino en un limitado espacio HI. Hay una altura del punto de estallido que da el máximum de efecto, y esa altura se halla á los 1 0\, 0 del alcance. Esta al­tura es la que se ve con 4 milímetros de alza (cañón de s~ milí­metros, Bange), ó con 5 ó 6 milímetros vistos al extremo del brazo, según la talla del observador, ó también con 6 divisiones del anteojo de batería. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 566 BOLETÍN MILITAR Para los alcances ordinarios de guerra con el canon de 8o milímetros de montaña, la altura de 1 0J 0 0 la distancia CB es de unos 5 metros, y la distancia AC de unos 25 metros, pero el haz será mucho más denso hacia la vecindad del punto e en donde de­bería caer el proyectil. Por consi~uiente resulta: I.0 , que cuando el tiro está más ó me­nos arreglado, se puede obtener algún efecto; y 2.0 , que el máximum de efecto se obtiene cuando la trayectoria atraviesa el pie del blanco. Todos los proyectiles que estallan á la altura de -¡-0 8 0- 0- se estiman á buena altura; los que e tallan abajo de e ta altura se tienen como bajos; los que estallan entre una altura de ¡- 0 1 00 y dos alturas de To~o 0 cada una, se reputan altos; y los que estallan arri­ba de dos alturas de 1 0 8 0 0 cada una, se consideran muy altos. El tiro con las espoletas de tiempo tiene una causa muy im­portante de error, que es la influenc-ia de la altura del lugar donde se ejecuta el disparo: cuanto mayor es la altura más se necesita disminuír la duración indicada en ]as tablas de tiro del alza. La regla para disminuír esta elevación, empleando el cañón de So milímetros de montaña, es la siguiente: se multiplica el nú­mero de kilómetros de la distancia por 2, y luégo otra vez por el número de kilómetros de la altura del lugar donde se dispara. De este modo se obtiene el número de divisiones de la escala en que se necesita disminuír la del alza. Ejemplo: tiramos á 2 kilómetros (2,000 metros), y el lugar donde se ejecuta el disparo tiene 2 kilometros y medio de altura (2,500 metros); multiplicamos 2 kilómetros de alcance por 2, cuyo resultado es 4; después multiplicamos 4 por 2 y medio de altu­ra, lo que da por resultado 10. Se necesita, pues, disminuír 10 divi­siones del alza por causa de la altura. Si el al-za indica una duración de 55, se emplea la de 45· La regla para hallar la duración es la siguiente: se emplean dos tiros para modificar la duración. Después de dos tiros muy altos aumentar cuatro divisiones; de un tiro muy alto y un tiro alto, aumentar tres; de dos tiros altos y un tiro muy alto, aumentar do~; de un tiro alto y uno á buena altura, aumentar uno; de un tiro alto y uno bajo, no se cambia nada; de un tiro bajo y uno á buena altura, disminuír uno; de dos tiros bajos y uno á buena altura, disminuír dos; de un tiro bajo y uno de percusión, disminuír tres; de dos tiros de percusión, disminuír cuatro divisiones. El arreglo del tiro se ejecuta primero obrando como en el de percusión, y después ajustando la duración como se ha dicho antes. Ejemplo: tiro á 2,ooo metros. · 2,ooo metros- 1.• pieza . . . --C. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 2,200 metros-2. • pieza ...•... L. 2,1oo metros-3.• pieza ______ c. 2,150 metros Alza para verificar. 4·· · pieza·- __ ~. C. 2,200 metros-s.• pieza __ L.¡ 1567 2,175 metros-6.• pieza __ e. 1 La verificación sale bien. 2.175 metros-La pieza .. C. ~Tiro de conjunto. ~,175 metros-2.• pieza __ L. 1 D .masiado corto, aumt. 25. 2,175 metros-3.a pieza .. C. J 2,200 metros -4.o. pieza ...•... L. 1 S · · r. • a · L 1 ene sattstactona. 2,200 metros-5. pteza. . . . . . L S · 1 · corl b a . e r e empteza e tiro 2,200 metros- . pteza. . . • . . 4 1 d · • . e J espo eta e ttempo. 2,200 metros- r. pteza . . . . . . 2,200. Duración de las tablas, 61. Pero estamos en Bogotá, á ~,soo metros de altura; se necesita disminuír 2 x 2 X 2,5= 10. Tomaremos 51. 2.• pieza C. 5 r -3.• pieza de percusión, tiro de espoleta de tiempo. 4· a pieza de pcrcu ión, disminuiremos 4· 5· a pieza de percusión. 6.• pieza de percusión. 47-1.• pieza. Bajo. Nueva duración. 2.• pieza. Bu e na altura, disminuiremos 1. 3.• pieza. B. 4.• pieza. B. 46 -5.• pieza. Alto. Nueva duración. 6.• pieza. Bajo. El tiro está arreghido. Hay otra manera de conducir el fuego para empezar lo más pronto posible el tiro con espoleta de tiempo. Se "rregla con todas las piezas de la batería el tiro de per­cusión, hasta yue se ha obtenido la tenaza de lOO metros; des­pués, partiendo su batería, el Capitán conserva en su mano una sección para verificar el alza, ejecutar los tiros de conjunto y ob­servar los movimientos del blanco, si este blanco es una tropa. Las otras dos secciones ejecutan, bajo la órdenes de sus jefes, un tiro con espoleta de tiempo, pidiendo cada vez el alza de la sección del Capitán, que se llama, por e ta razón, Sección guía, y arreglan­do cada uno, con(! rrne á ella, la duración de sus espoletas. Ejemplo: 1,ooo. C. 2,2oo. L. 2,100. C. El Capitán da la orden de tomar 2, r 50 metros, y á las dos secciones de izquierda, por ejemplo, de ejecutar un tiro con espo­leta de tiempo; con la sección de la derecha se verifica el alza. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETIN MILITAR :t,I 50-1 .• pieza. C. :1,200-2.• pieza. L. Si la verificación sale bi<-n, el Capitán ejecuta el tiro de con-junto con el alza de 2,17 5· 2,175-1.• pieza. L. · 2,175-2.• pieza. L. 2,175-1.• pieza. L. Si los tres primeros tiros de un tiro de conjunto resultan lar­go!, se verifica el alza. 2,125-2.a pieza. C. Si la verificación sale bien, se toma: 2,150--1.• pieza. L. 2,1 50-2.• pieza. C. 2,150-1.• pieza. L. 2,150-2. 8 pieza. C. Los jefes de las Seccionu no guías piden cada vez el alza al jefe de la Sucifm guía y arreglan sus espoletas por su cuenta. SECCION D CTRI AL VER~JON LIBRE PARA l:L 11 BOLETlN MILITAR" (Continúa) TÁCTICA DE MARCHA Preparación del soldado 2.o El jarrete-Debe y mucho insistirse sobre esta cualidad necesaria al montañés, agregando que con un adiestramiento pro­gresivo to o el mundo puede adquirirlo, y es más fácil conse­guirlo en la montaña que en la llanura. La marcha en caminos planos y monótonos es penosa y fatigante, tanto para la parte mo­ral como para la física; la monotonía del paisaje obra de modo nocivo sobre el espíritu, y el mismo movimiento, fatigando los mismos músculos, produce más pronto la fatiga. En la montaña nunca hay monotonía, las horas pasan y vue­lan trayendo en sus alas nuevos encantos, y las alternativas de las cuestas, de las subidas y bajadas rápidas, al poner en movimiento todos los músculos uno tras otro, les procuran á la par reposo y fatiga. U na tropa enseñada puede marchar en la montaña más tiempo que en la llanura. 3·0 El pulmón-Todos han visto á los montañeses subiendo ]as cuestas á paso cadenciado, lento al parecer y sin embargo in­creíblemente rápido: sobre el pie bien sentado y la pierna ligera­mente plegada, e) cuerpo se balancea alternativamente hacia ade- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR ]ante sobre una y otra pierna. H é ahí el secreto de la marcha, en la cual la velocidad no se- obtiene sino con el paso lento y rítmico; sobre todo si se lleva carga como el soldado; si alguno quiere apu­rar el movimiento, se sufoca, y si acaso llega el primero en trayectos cortos, desde que la marcha alcanza cierta longitud pierde la ven­taja, se queda atrás y, por último, se ve obligado á hacer alto aun cuando no le falten ni el jarrete ni el pulmón. ¿Por qué? Porque no los aplica con método. Y hasta cuando tenga buen pulmón, si de tiempo atrás no se ha habituado á la montaña, aun marchanuo con método, á medi­da que suba y el aire se rarifique, sentirá sufocación y tendrá que detenerse á tomar aliento. El viajero muy ejercitado en un tiem­po, si tras un período de descanso vuelve á la montaña, siente la necesidad de nuevo adiestramiento, y los primeros días le son peRo. os. En resumen, en la montaña se imponen los descanso., des­cansos frecuentes para los que no son monuñese~, porque éstos ig­noran tal necesidad y no se cansan jamás: al soldado le ba'Sta dete­nerse un minuto ó dos apoyándo~ e en un talud para acomodar bien el morral sobre las espaldas y tomar resuello, y en seguida partir, seguro de llegar á la jornada pronto y bien. ·raJes son las bases esenciales para la marcha en la montaña, á las que deben añadirse las siguientes prescripciones de detalle: En primer lugar, son indispensables ciertas condicione~ fisio­lógicas en el soldado: ~1 asma y las enfermedades del corazón pueden ocasionar accidentes graves en las cumbres" por lo cual convendría que el examen médico se hiciera á este respecto con el debido cuidado, evitando desgracias que no se presentarán si en este caso se cambia el destino del oficial ó del recluta. En alimentación es preciso introducir un régimen especial: el desayuno debe ser ligero, té ó café ; el al rr.uerzo frugal, y sólo la comida-merienda, al terminar la jornada, realme!lte digna de su nombre para restaurar las fuerzas para el siguiente día. Agua adi­cionada con té ó café, ó una pequeña cantidad de alcohol ser á la bebida ordinaria: en todo caso, debe beberse muy poco, lo menos posible, y desconfiar de la aguas de las montañas, que con frecuen­cia <>on crudas y nocivas. El alcohol es funesto: inutiliza las piernas. Siempre se hará alto en sitios abrigados contra el viento (abri­gaños); jamás en los boquerones donde reinan siempre corrientes de aire helado, funestas para el soldado que allí llega bañado en su­dor después de una ascensión penosa. Imposible es fijar hora normal de partida, pero en el particu­lar hay principios generales que no pueden violarse sin peligro: si deben cruzarse nieves es preciso hacerlo antes de '-lue el sol haya producido el deshielo de la superficie, porque verificado éste, la menor imprudencia será de ·astrosa: eJe las ro a. m. á las 4- p. m. es el tiempo de las lurtes. Es preciso partir de noche para llegar Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ó70 BOLETÍN MILITAR temprano á los pasos difíciles, que ser~a una locura cruzar entre las sombras. Es preciso esperar la tarde para bajar de ciertas cumbres, porque el calor acumulado en las honduras durante el día es incó­modo y peligroso cuando se baja de cimas donde el aire es vivo y fresco. En efecto, de temerse son los golpes de cabr si el descen­so se hace á medio día, ya que el calor se acumula si¿;uiendo una línea de nivel tan marcada que al tocarla, en la bajada, se siente la misma extraña impresión que al entrar de repente á una estufa. Admítese que en la subida se ascienden 308 metros, en el descenso se bajan 6oo y se avanzan tres kilómetros en una hora; pero estas cifras varf an según el tiempo, el terreno y la fatiga del soldado*. I1 -INSTRUCCIÓN DE LOS CUADROS Además de las cualidades provenientes del adiestramiento físi­co, el jefe, cualquiera que sea su grado, deberá conocer á fondo la montaña, y entiéndese por esto no el simple conocimiento de un sector ó grupo de cerros ó de una región montañosa, sino el cono­cimiento del régimen de toda ella, de suerte que transportado el mi­litar d'! una región á otra, sepa apreciar los terrenos, las dificultades y ventajas que presentan para la marcha y el combate, y también para valuar las distancias y el tiempo necesario para recorrerlas. Como la guerra de montaña con iste en una multitud de com­bates aislados, hasta en los grados inferiores habrá que dar prueba de iniciativa y resolución, por lo cual terreno, pendientes, derrum­bes, debe ser familiar hasta á lzs clases para que puedan valuar co­rrectamente las dificultades de la marcha y el tiempo necesario para vencerlas. La apreciación de las distanciag y la valuación del tiempo son, en efecto, los dos factores esenciales de la guerra de montañas, y sólo un largo hábito permite cometer poco error en tales cálculos. Horizontalmente se aprecian siempre muy cortas las distan­cia : todo el que ha frecuentado la montaña conoce la alegría ex­perimentada á la vista del primer jirón de nieve que brilla á los rayos del soL ___ está fuera del camino ____ quiérese correr para alcanzarla: en diez minuto , en un cuarto de hora á lo sumo se estará de vuelta ____ la ilusión corre delante, y muchas veces una hora !.Hga pasa, y aun ni siquiera se ha llegado al punto deseado. La vista con dificultad mide distancias y espacios que pare­cen er diminutos en medio de las grandes moles que las dominan por todas partes, y á las cuales falta todo término de comparación. La medida de distancias de abajo arriba es muy difícil, porque nunca se ve unida la pendiente que enlaza el ojo con la cumbre, la que no se distingue sino al través de un caos de faldas, rocas y barrancos que muestran la distancia como en abreviatura. • Véase el n!ímet·o 118 de e te semnnnrio. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET.í.N MILITAR 571 Toda valuación de distancia entre dos puntos separados por un valle profundo, es muy difícil: á fuerza de experiencia se lJega á calcular la distancia horizontal., la proyección de la línea que une aquellos dos puntos; pero es casi imposible hacerlo siquien. sea aproximadamente, si se trata de la distancia dt marcha que los separa, la que á menudo se eleva á ocho ó nueve horas para una horizontal de una legua. Ese estudio de terrenos y distáncias entraña el del tiempo necesario para recorrerlos, y tal conocimiento no se adquiere sino con incesante trabajo en toda clase de terrenos, en todo tiempo, aislado, con pocos compañeros y con tropa de alguna fuerza, sien­do imposible fijar reglas sobre la progresión que más conviene seguir á cada cual para alcanzarlo, pues lo único que puede afir­marse es que el conocimiento de la montaña demanda mucho tiempo. Y si tenemos algunos batallones· aptos para la guerra de mon­tañas son muchos los que lo ignoran ó á lo sumo apenas tienen idea de sus dificultades y tropiezos, siendo esto un defecto que importa remediar cuanto antes. lll-LA MARCHA PROPIAMENTE DICHA Si una columna considerable se ..pone en marcha en la mon­taña de acuerdo con las prescripciones del reglamento, produciráse un alongamiento considerable, desproporcionado, si se compara con Jo que sucede en la llanura, reagravado con una considerable disminución de la velocidad de marcha, de donde forzosa conclu­sión: es preciso fraccionar ]as columnas en pequeñas secciones. En la montaña no debe esperarse hallar sino rara vez un camino en la verdadera acepción de la palabra, y cuando se le ha­lla, de seguro no servirá sino para esca5a porción del itinerario, pues de ordinario habrá que andar en fila india por estrechos senderos. En estas condiciones el hombre ocupa 1.50 m. y el caballo 6 m., ó lo que es lo mismo, 300 metros una compañía, 1,200 un batallón, 4,ooo el regimiento y 1 I,ooo, sin intervalos, la brigada. Supongamos que la columna encuentra un paso malo, lo que es común, el sendero interrumpido por un derrumbe, descompuesto por las lluvias ó el paso de otras tropas, mal trazado entre las ro­cas, ó á media ladera sobre abismo peligroso, etc.: la longitud de la columna se duplicará, y tendremos la brigada escalonada en fila in­dia sobre 20 kilómetros de longitud. De esto resulta que en las marchas de paz ó lejos del enemigo, la brigada es la unidad .nás fuerte que puede moverse, formando por sí sola columna, y que por unidad de marcha se impone la más pequeña de las fracciones constituídas, ó sea la compañía. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. li72 BOLETÍN MILITAR _ En la montaña, entre las compañías, deberá dejarse un espa­cio de 1 oo metros para hacer frente al alongamiento y dar cabida á las monturas de los oficiales y las cargas de la compañía. Pre:::iso es averiguar qué sitio corresponde en esa columna á cada cual. Es indispensable que el oficial vea el terreno, que no marche adherido á su tropa, sino que auba á los puntos que pue­dan servir de observatorio, y de allí inspeccione el campo, y esté siempre listo á hacer frente á todas las eventualidades que puedan presentarse. Nunca debe confiarse en otros para ver, teniendo como norma el principio de que sólo él tiene derecho y deber de juzgar el terreno y la situación, por lo que necesita conocer lo que es la montaña, y tener la t:ostumbre inteligente y razonada de re­solver tales problemas, ya que no puede contar sino con su mis­ma personalidad. Las cartas geográficas, aun las mejores que poseemo , no valen gran co a, no son sino la indicación general de una dirección y de un nivelamiento: las pendiente , Jos terrenos y caminos jamás se indican en nuestras cartas de un modo satisfactorio. Los informes de los habitantes. Serán e · casos aun cuando exac­tos cuando se puede hallar alguno á la mano, pero exactos para otro montañé , por lo cual será preci o adecuarlos á tropa de ve­locidad de marcha muy diversa á causa de su efecti o y su com-posición. · Las patrullas. No hay que fiarse de ellas; á menos de cono­cer perfectamente el carácter de los sargentos que las manden, au­daces ó tímidos, vacilantes ó fanfarrones. En la montaña, la medida es Jo esencial; hasta la audacia y la temeridad deben ser medidas, razonadas, debiéndose temer por igual los temperamentos tímidos y los carácteres fanfarrones, que en una operación no ven sino el lado pintore~co ó el difícil, y sue­len sacrificar el verdadero éxito á la vana glorio la de franquear un paso difícil. En resumen, el puesto del capitán es á la cabeza de la com­patíía, nunca á retaguardia; ligero, bien adelante ó hacia los flan­cos, se moverá de suerte que lo vea todo y de todo se dé cuenta. La mejor clase de la compañh, como montañés, será guía de cabe­za; el teniente secundará al capitán y los otros oficiales, y e] sar­gento 1.0 se situarán á la izquierda de la tropa. De lo dicho se desprende además ]a necesidad de que á la oficialidad se equipe á lo montañés. Del coron~l al alférez, el oficial no usará su caballo, salvo en los caminos y buenos sende­ros, pues en los demás casos las monturas irán á la izquierda de ]a columna junto con las bestias de carga y ambulancia. Siempre se prestará especi41 atención á la policía é higiene de ]a columna: en ello estriba la conser'Vtción de la salud y del efectivo normal, que á la menor imprudencia se fundirá como la nieve bajo las rayos del sol. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN MU..ITAR 573 En ningún caso una columna se comprometerá en un sende­ro en zigzag sin las mayores precauciones: según la naturaleza del terreno, piedras ó tierras se desprenden al impulso de los pies de los soldados, y al deslizarse por la pendiente adquieren conside-rable velocidad que hace su choque peligroso y aun mortal, por pequeño que sea el volumen del proyectil. .En las faldas se evitará, pues, formar zigzag cortos y numerosos que se superpongan los unos á los otros, cuidando de que los empleados sean suficiente­mente dilatados para contener íntegra una compañía. Si es preciso orillar escarpas y picos, debe hacérselo m u y contra la peña, para que las rocas que pudieran desprenderse de lo alto y describen al saltar una parábola, pasen por sobre las cáb~zas. Severamente se prohibirá arrojar objetos como piedras, tron­cos, etc.; los soldados gustan verlos rodar á. saltos hasta caer en lus precipicios, olvidando que con ello pueden causar gravísi m os daños. En los pasos peligrosos, aristas de rocas, caminos de precipi­cios, etc., conviene colocar algunos hombres en la orilla, dando frente á la columna, para dar apoyo moral á los de cabeza débil. Si es tan angosto el paso que dicha medida no pueda realizarse, se recomendará á los soldados miren al frente y nunca al abi mo, y mar:chen con calma y despacio; si el abi mo se encuentra á ambos lados, los débiles y temerosos se colocarán entre los fuertes y se­renos, apoyándose en el bastón que éstos lleven, y se les hará con­versar para distraerles la imaginación. La velocidad de marcha es muy varia y las cifras citadas ape­nas son un término medio. La columna se detendrá dos minutos cada quince minutos de t)1aícha: el soldado se apoyará contra la barranca para soliviar el morral; cada cincuenta minutos de marcha se hará un alto de diez, la cola cierra sobre la cabeza y los soldados pueden sentarse con el fusil entre las piernas. Nunca en una cuesta ó falda se reunirá la tropa, porque esto no procura jamás ventaja alguna y aumenta las fatigas del soldado. Los grandes altos, penosos en la llanura si no se hacen hacia el fin de la jornada, cuando no falten ya sino un par de horas á lo sumo para llegar á la dormida, son funestos en la montaña. El hombre come en ellos cuanto pllede, porque el apetito está excita­do con la marcha y el aire vivo; se pone pesado, y si debe trepar en seguida una cuesta, será tal el suplicio, que si no posee una grande energía, la fatiga acabará por dominarlo, impidiéndole seguir. Por lo tanto tales altos no se harán sino con suma prudencia, y nunca en un puerto ó boquerón, ni en el fondo de una cañada. Cuanto á ]ahora de partida, se tomarán en cuenta las siguientes prescripciones: si por delante se tiene un camino ascendente, en buen estado, débese partir aún oscuro, para llegar á los lugares peli­grosos con luz y evitar los valles profundos donde el calor se acumula desde que sale el sol; si hay que atravesar nieves, debe hacerse esto antes de que el sol ablande la superficie. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 574. DOLETÍN KILITAB Al contrario, si hay que bajar de una cumbre, en día caluro­so, se dará á la tropa un largo descanso antes de empeñarla en las honduras donde reina calor sufocante. Por lo que hace á las marchas de noche, puede afirmarse que si el terreno es dificil y peligroso será muy delicado usarlas, é imposible en ciertos puntos. Además debilitan la moral del solda­do manteniendo su espíritu en tensión perpetua y presa de ansie­d .. d y emoción continua. Sin embargo, la historia registra marchas de noche cumplidas con éxito feliz en las peores condiciones imaginables.-( Continúa) E. BARAUDE SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) Doma dt caballos En virtud del tiempo que se le consagra y la manera como se dirige, la dorna comprende en realidad dos períodos distintos. En el ejército prusiano, en efecto, se cuida esencialmente de que todos los caballos estén al cabo de un año en condiciones para en­trar en campaña si sobreviene una orden de movilización. El pri­mer año que pasan en el regimiento se emplea, pues, en obtener este resultado, y constituye lo que llamaremos el período princi­pal de la enseñanza. Los ejercicios para amaestrar á los caballos son por lo demás sencillos y en pequeño número, pero se les juzga suficientes para enseñar al caballo de guerra todo lo que debe saber. Preciso es hacer notar que en Alemania no se ve generalmente entre los ca­ballos de tropa nada semejante á esos aires exageradamente refre­nados que acostumbra•nos en Rusia. En todas las maniobras á que me ha sido dado asistir, me ha llamado siempre la atención lo largas que se usaban las riendas. Los soldados cogen juntas las rien­das de brida y filete, y se sirven de las dos á la vez. Los aires son siempre prolongados y los caballos andan bastante libres y aban­donados á sí mismos. En toda la caballería alemana se observa que el hombre, sólido en la silla y capaz de manejar su caballo y sus armas, sabe todo lo que es preciso para la práctica de la guerra. Se estima que basta plenamente el sistema de enseñanza adop­tado dude el punto dt vista militar, y que al exigir más, si se obtie­ne un caballo algo más diestro y de manejo más fácil, en cam­b'o sólo se tendrá ya un caballo arruinado y mucho menos resis­tente á la fatiga. Y el desenvolvimiento máximo de la marcha es el objeto de la más constante atención. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR . 1>11> Período de la instrucción individual a) Ejercicios de los reclutas Todo lo que hemos dicho en el capítulo de la infantería, sobre la manera de proceder con respecto á los reclutas, se aplica igualmente á la caballería, y no lo rep~tiremos aquí. Tan pronto como un escuadrón ha recibido su contingente lo divide en grupos de diez á doce hombres, y confía cada uno d~ ellos á un sargento experimentado, elegido y enseñado exprofeso para este objeto. En cuanto á los voluntarios de un año; en lugar de ser como en infantería, separados del resto de los reclutas é ins­truídos aparte hasta su admisión á la escuela de compañía, aprenden ó repartidos entre los diferentes grupos, ó reunidos en uno de ellos: según la manera de ver del capitán que manda el escuadrón. Lo que sirve de base generalmente para esta repartición es la manera como cada uno sabe montar á caballo. No obstante, como los vo­luntarios van llegando al cuerpo desde el 1.0 de Octubre, es decir, algunas semanas antes que los otros reclutas, ordinariamente for­man un grupo particular. La vigilancia y dirección de todos los grupos del escuadrón se confia á un oficial elegido por el capitán, no con arr glo á su an­tigüedad, sino según su aptitud para llenar esta función como con­secuencia de su experiencia y carácter: el valimiento que más tarde tendrá el escuadrón, depende enteramente de la manera como ha­yan sido instruídos los reclutas. Un oficial demasiado joven no tendría sobre los sargentos la autoridad necesaria para conducir los ejercicios de un? manera completamente independiente; así pues, se prefiere encargar de esta misión á un oficial experimentado, capaz de dirigir todas las partes de la instrucción, de hacer notar los errores cometidos por los sargentos y de tomar las medidas ne­cesarias para remediarlos. La elección de este oficial instructor viene á ser cosa tanto más importante cuanto la caballería escasea de buenos sargentos. El capitán que manda el escuadrón, aunque siguiendo atenta­mente la marcha de la instrucción, se contrae á dejar la mayor la­titud posible al teniente que ha elegido, y no interviene sino en c:aso de absoluta necesidad. En la elección de los sargentos debe también mostrarse muy circunspecto. Estos, en efecto, deben no sólo conocer á fondo su oficio, sino también dar prueba de una imparci ,didad completa, que de no tenerla, podría ocurrir que sus subordinados fuesen tratados por ellos de una manera muy des­igual. A cada sargento instructur se le agrega además otro como ayudante, elegido entre los más modernos de su grado, pero que parezca te-ner aptitudes para estas funciones. Es un excelente me­dio para formar instructores para el año siguiente y de ponerlos inmediatan1ente á prueba. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR El teniente instructor, después de haberse preparado á su dificil misión, elabora un plan de instrucción conforme á las exi­gencias del reglamento y también según las miras que sobre este punto tenga su capitán. Seguidamente, después de haberse enten­dido con éste, y recibida todas la~ explicaciones necesarias, pónese inmediatamente á la obra, distribuyendo por días el trabajo á sus sargentos, indicándoles la marcha que deben seguir, los puntos so­bre los que deben particularmente insistir, etc. Recibiendo anualmente el escuadrón de 35 á 45 reclutas, se reparten éstos por lo común en tres ó cuatro grupos. Cuanto me­nos numeroso sea un grupo, con más atención se pueden seguir los progresos de cada soldado, y la instrucción general gana con ello. Es menester decir también que se agregan á los reclutas aque­llos soldados antiguos que aún dejan bastante que desear respecto á la equitación, obligándoles así, como castigo, á volver á pasar por todos los ejercicios que ya han seguido una vez como reclutas. Este método tiene la doble ventaja de completar la educación de unos y de ofrecer á lo otros un saludable ejemplo que les impulsa á hacer todos sus esfuerzos por no encontrarse á su vez n el año siguiente en esta situación desagradable. Inútil es de ir que los ~oldadc;>s antiguos á quienes se les impone semejante humillclción, son el blanco de las broma de sus compañeros, que los tratan de quintos, tic. Todo recluta, aun cuando resulte de primera fuerza en equi­tación, debe pa:sar por toda la serie de los mismos ejercicios que los demás. Es un caso que se presenta con bastante frecuencia en la caballería alemana; porque la equitación es uno de los ejercicios favoritos de la juventud del país, y entre los voluntarios de un año se encuentran frecuentemente excelentes jinetes. Pero la regla es siempre estrictamente observada, y se sujeta aun á los mejore3 jinetes á que aprendan si~temáticamente los principios elementales que sirven de base á la instrucción. El capitán se ocupa en elegir para los reclutas los caballos más pacíficos y de más fácil manejo del escuadrón. Para juzgar del grado de agilidad y aptitud para la equitación de sus nuevos soldados, tiene precisamente medios durante los primeros días, consagrados á darles nociones preparatorias, y en su consecuencia reparte los caballos, dando los más mansos á los hombres más dé­biles. Esta elección de caballos destinados á los reclutas es objeto de una extrema atención, porque se considera que la buena ó mala impresión que experimente un recluta el día en que monta á ca­ballo por primera vez, puede persistir con frecuencia hasta el fin de su tiempo de servicio. Siempre es con alguna desconfianza, quizá aun con cierto sentimiento de temor, con el que suben á su cabalgadura; es, pues, de la mayor importancia que el recluta se sienta holgado sobre el caballo y llegue al mismo tiempo á con­vencerse de que la cosa no es tan terrible como parece. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 67'1 Por otra parte, no conviene tampoco que el caballo sea ya demasiado manso y sin energía, pues esto inspiraría descuido en el jinete. Así pues, se consideran como preferibles para los reclu­tas aquellos que, muy bien educados, son en general sosegados, aunque un poco vivos. Y para preparar mejor á estos animales al papel que se les asigna, se confian durante algunas semanas de las que preceden á la llegada de los nuevos soldados, á los mejores jine­tes del escuadrón, que se encargan de amaestrados particularmente con este objeto. El curso de equitación de los reclutas, que dura seis meses, puede subdividirse como sigue: 1.0 Trabajos en picadero cubierto con bridón. 2. 0 ldem con silla y bridón. 3.o ldem con silla y brida. 4· • Id e m ídem con armas. 5.0 ldem en campo raso. V amos á revistar rápidamente los ejercicios comprendidos en estos cinco títulos, y procurando indicar el tiempo que se consagra á cada uno de ellos. 1.0 Trabajos en picadero cubierto con bridón-La enseñanza de los primeros principios, que: es de una importancia capital y puede influír en todo lo que re ta de la instrucción, se da primero con una circun pección extrema. No se emplean menos de dos meses en el estudio de estos elementos, no pasando jamás de una lección á otra antes de que el soldado haya comprendido perfecta­mente la anterior, guardándose cuidadosamente de una precipi­tación irreflexiva, que por el parecer de todos sólo podría dar malos resultadvs. Desde este punto de vista, el primer título comprende varias lecciones distintas. a) Ocúpanse primero en hacer adquirir al soldado el asiento ó equilibrio á caballo. Esta parte de la in trucción se da siempre en el picadero para evitar los accidentes, en el caso en que algún nuevo soldado no pudiese dominar su cabalgadura, y además para nv exponer á bs reclutas á las burlas y críticas del público. Por otra parte, en los regimientos que, como por ejemplo la mayor parte de los de la línea, tienen varios picaderos, frecuentemente uno por escuadrón, la serie de las instrucciones de los reclutas, !salvo, bien entendido, las del título V, se dan en el picadero; pero allí donde, corno en las grandes ciudades, el número de p;caderos es insuficiente, es preciso, de buen ó mal grado, que la mayor par­te de los ejercicios se hagan fuera del cuartel. Comúnmente se hace marchar en cabeza de la tanda un sol­dado antiguo montado sobre un buen caballo. A( principio no se insiste en la regularidad de la posición, no sosteniendo demasia­do tiempo los aires y haciéndose paradas frecuentes, durante las cuales se dan á los reclutas las explicaciones necesarias, de modo que se les enseñe poco á poco todas las reglas concernientes á la posi- 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 578 "BOLETÍN MILITAU ción del jinete á caballo. En cuanto á las distancias, no se observan sino lo preciso para evitar demasiado desorden en la columna. U na vez que el soldado ha conseguido alguna firmeza, se comienza á hacerle conocer los principios del empleo de las piernas y de los movimientos que deben hacerse para servirse de la espuela. Cuando, en fin, torlo está bien comprendido y ejecutado al paso, se pasa al trote. Este, no obstante, no debe sostenerse mu­cho tiempo, y las paradas son entonces aún más necesarias para dar á los soldados tiempo para descansar. Durante estos ejercicios se concretan á hacer sostener las riendas todo lo largas que sea posible, para impedir á los reclutas que adquieran la costumbre de apoyar e en ellas. Se les permite, sin embargo, no sólo asirlas con las dos mano, sino también reu­nirlas alternativamente en la mano derecha ó en la izquierda. En las primeras lecciones se con ten tan con hacerles marchar alrede­dor de la pista in entrar en los ángulos: después, cuando se nota que los reclutas comienzan á adquirir el hábito de inclinar, en las vueltas, el cuerpo hacia el interior de la pista, entoncc , para desarrollar en ellos má esta práctica de subordinar los movimien­tos del cuerpo á los del caballo, se les hace trotar en círculo, cam­biando de mano con la maryor fr ec uencia, esto es, describiendo la cifra 8. En caso de desobedecer el caballo, se permite al jinete servirse de la fusta. Cuando el oficial da por s í mismo la lección á los reclutas, se colocan generalmente en los cuatro ángulos dd picadero, el sar­gento instructor del grupo, un adjunto y uno ó dos gejreite. Estas distintas clases no intervienen para dar la instrucción, pero ~iguen con la vista la tanda, repitiendo en voz baja, á los hombres que pasan ante ellos, las observaciones que hace el oficial, ó rectifican las irregularidades de detalle. Está expresamente prohibido á todo instructor tener m las manos látigo ó fusta alguna; de otro modo podría ocurrir con frecuencia que en un movimiento de impaciencia se fustigase inútilmente á los caballos para excitarlos, y aun encolerizarse alguna vez sacu­diéndoles á golpes. b) Después vienen las lecciones consagradas á dar á los solda­dos una posición regular á caballo y hacerles conocer el uso de las piernas, cosas á las que se concede una grande importancia. Los ejercicios prácticos van siempre acompañados de explicaciones ora­les, las cuales tienden, sobre todo, á que comprendan bien los reclutas el empleo que deben hacer del peso de su propio cuerpo, á la vez que se obra con las rienda y las piernas; porque de ordina­rio en esto es en lo que más difícilmente consiguen los reclutas adquirir seguridad. Se les enseña asimismo á servirse de la espuda, á ejecutar cambios de dirección por la acción de una sola pierna, revolverse hacia atrás, recoger el caballo al trote, siendo este aire cada vez más acelerado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. :BOLETÍN MILITAR En estos ejercicios, como en todos los demás, hay un princi­pio del que no se desiste nunca: modificar en cada instrucción ti orden en que se han hecho suceder los diferentes movimientos. Sin esta precaución los caballos adquirirían tan fácilmente la costumbre de hacer tal movimiento detrás del otro, que concluirían por ejecutar ellos mismos lo que se mandara sin que el jinete hiciese nada para cumplirlo. El oficial instructor es enteramente respon able á este respecto. Debe vigilar que los sargentos se sometan á esta regla, tanto más importante en esta ocasión cuanto siendo los caballos destinados á los reclutas los más reposados y mejor amaestrados, es­tán inclinados más que los otros á ejecutar los movimientos que se manden independientemente de la acción del jinete. En fin, para evitar á los instructores, durante las instruccio­nes de picadero, la necesidad de entrar en largas explicaciones ora­les que desviasen su atención, la enseñanza teórica se conduce pa­ralelamente con los ejercicio:, y siempre los precede, de modo que los hombres conozcan y comprendan totl.as las expresiones técni­cas que pueda haber necesidad de emplear al darles la lección. e) Cumhios de diruci ón, vueltas y movimientos d e apoyo lateral­Los reclutas han adquirido ya la suficiente firmeza para s.ue se pueda al presente hacerles salir del picatlero y continuar fuéra su educación. Sin embarg , cuando el n .gir iento posee los pic11dero en cantidad suficiente, siempre se hace la instrucción dentro de sus muros. Los ejercicios son precedid os Je explicacione~ teóricas, en las cuales se hace comprender á lo sold·\dos ~ue r.ara la ejecu­ción de todos estos movimientos es esencial que el jinete sepa mu­dar convenientemente el p~so dt: su cuerpo en uno ó en otro sen­tido. Se ejecutan las vueltas, en cuanto ea posible, hombre por hombre, porque se ha observado que los caballos, marchando en la pista, dan frecuentemente las vueltas sin que su jinete las indique. U na vez bien confirmados los reclutas en estos principios, es tiempo de pasar á la rquitación en orden disperso; en este ejercicio l s jinetes recorren el picadero en todos sentidos, marchando á vo­luntad, pero conservando el paso indicado por el instructor. Al encontrarse se ceden recíprocamente la izquierda. Hé aquí, por lo demás, la progresión que se sigue. Empiezan por hacer salir de la tanda grupos de dos jinetes, del que cada uno ejecuta á volun­tad algunos movimientos individuales. Más tarde, cuando los re­clutas han adquirido alguna co tumbre de dirigir su cabalgadura, se repite el mismo ej ·rcicio por todos á la vez. Cuando se verifica en el terreno de ejercicio , el oficial instructor determina los lími­tes que no deben pa arse. Cuando este oficial quiere despué reu­nir el pelotón, se coloca á algunos pa os del punto donde ha de formarse uno de los R.ancos, indicando al mi mo tiempo la direc­ción del frente. Entonces, á la voz Je mando ó toque de llamada, los reclutas se reúnen al aire indicado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 580 BOLETíN MILITAR En los ejercicios de escuadrón estas reuniones se hacen siem­pre al galope de carga. Estos ejercicio individuales son considerados como el mejor medio de enseñar á los soldados á manejar sus caballos con des­treza y hacer un prudente empleo de las ayudas, obligando á los a ni males á ejecutar Jas vueltas y cambios de dirección en todos los sentidos posibles. Con el mismo objeto se hacen practicar me­dias vueltas y describir al mando diferentes f.guras, tales como la cifra 8, etc. Pero cuídase ante todo de que cada soldado pase por todos estos movimientos aisladamente y á voluntad, para ímpedir que los caballos obren por imitación, limitándose á seguirse los unos á los otros, sin que sus jinetes se molesten en dirigirlos. Si, por ejemplo, se da la lección en el campo de ejercicios y en tanda, se mandará: números impares, vuelta á la derecha, ó números pares, vuelta á la izquierda, ó se les hará dar simultáneamente las vueltas en sentido opuesto; en una palabra: no se descuida medio alguno para conseguir que los caballos sean realmente conducidos por los hombres y no contraigan la detestable costumbre de seguir á todaa partes á sus compañeros, con frecuencia á de::,pecho de los esfuer­zos del jinete. Al mi mo ti~mpo se enseña á los reclutas á hacer apoyar 5US caballos á derecha ó á izquierda, ya sea á lo largo de la valla, ya so­bre el interior mismo del picadero; movimiento que se ejecuta pri­mero individualmente, después p r toda la tanda á la vez, volviendo los caballos la cabeza hacia la valla y marchando de co. tado, guar­dando entre sí las mismas distancias que en el trabajo sobre la pista. d) Galope y salto de valla- Según lo3 reglamentos, el trote de maniobra debe ser de 30:> pasos y el galope de 500 al minuto. Pero en los ejercicios, y sobre todo en el picadero, es difícil im­pulsar este último aire hasta tal velocidad, y en consecuencia se contentan frecuentemente con el galope medio ó de picader0, de­jando para más tarde la práctica del galope real de maniobra. Con la enseñanza del galope empiezan para los reclutas los ejercicios de salto. Se coloca primero la barrera simplemente sobre el suelo, y se hace pasar suce::;ivamente á los jinetes al paso, al trote y al galope. Luégo, cuando los caballos pasan por encima sin dificultad, se la eleva medio pie del suelo y se franquea de nue­vo á todos los aire , cuidándose particularmente de que los solda­dos no den tirones de brida, conservando bien el asiento y dejando al animal saltar libremente y como quiera. La misión del jinete sólo debe consistir en obligar á su cabalgadura á abordar franca­mente el obstáculo y conservar de pues del salto la misma marcha que antes. Cuando este nuevo ejercicio está bien ejecutado, se eleva la valla otro medio pie más, y así sucesivamente hasta darle la altura reglamentaria. . En la caballería prusiana el obstáculo normal que el soldado debe franquear con armas y equipo completo, está representado Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN 1\ULI'l'AB 581 por una valla de tres pies (om91) de altura, ó por una zanja de seis á ocho pies de ancho (1 111 80 á 2m45). Para desacostumbrar á jine­tes y caballos á arrimarse á las paredes cuando llegan al obstáculo, se prefiere disponer la valla en medio del picadero. El salto de la barrera se repite todos los días, por más que este ejercicio llega á ser muy pronto familiar á hombres y caballos. 2. 0 Trabajo con silla y bridón-Cuando el jinete consigue mantenerse sólidamente á caballo en el picadero, y conservar á todos los aires buen asiento y posición regular, se pasa á la equi­tación en silla y bridón, á la que se consagra un mes próxima­mente. Al principio se hace montar á los reclutas sin estribos para impedir contraigan la mala costumbre de tomar sobre ellos un punto de apoyo exagerado, olvidando t}ue sólo deben servir para dar al hombre más facilidad para ponerse en la silla y con ervar el equilibrio en los aires violentos. En estas condiciones se pasan to­dos los ejercicios ejecutado~ sin silla; de pués, al cabo de algún tiempo, se empiezan á tomar los estribos al trote ó al galope, no so~tc:.niendo al principio estos aires má que durante el menor tiempo po ible; y en fin, cuando los reclutas han adquirido cierta costumbre en la silla, se llega al uso permanente de Jos estribo . La longitud normal á que deben llevarse éstos está determi­nada por los reglamentos, pero para enseñar ::;u u o no se pro­cede en todos los cuerpo de la misma manera. Algunos oficia­les juzgan preferible exagerar mucho al principio esta longitud, para acortarlos de pués poco á poco, á medida que el soldado ::;e ha­bitúa al uso del estribo. Otros, por el contrario, Jos hacen llevar muy altos al principio, alarg:ndolos después gradualmente, porque dicen que procediendo asf s~ Jlega conse ·uti\'amente á hacer com­prender al soldado el uso del estribo y se le habitúa á conservar siempre su contacto. Yo debo decir, sin embargo, que la idea más general es la de hacer poner siempre los estribos á la longitud nor­mal, aten ido que, en la mayor parte de los casos, parecerán toda­vía demasiado largos al jinete que se sirve de ellos por la primera vez. De ordinario se exige que á todos los aires el pie quede lige­ramente en contacto con e1 estribo, cuidando particularmente de impedir á los reclutas lo sostengan con rigidez, pues esto no ten­dría otro rt>sultado que el de producir á cada paso un choque del estribo contra la bota. Cuando los reclutas han conseguido servirse correctamente de sus estribos, se juzga útil, en algunos regimientos, enseñarles á trotar á la inglesa. Esto es, por lo demás, la excepción, y los reglamentos nada dicen sobre este particular. Se admite que en principio el trote á la inglesa aligera al caballo, pero c;olamente si el jinete conserva un asiento muy correcto. Pero como es imposi­ble esperar que la masa general de los soldad s adquiera una habi­lidad sufici("nte, resultaría que para la tropa el trote á la inglesa sería más perjudicial que útil. No ob:ltante, he tenido ocasión de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 682 BOLETÍN MILITAR ver regimientos enteros hacer uso de él no sólo en las marchas sino también en los ej e rci ios, para ejecutar al trote movimientos de una duración un poco hrga, porque los jefes de los cuerpos en­contraban que e te aire defendía mucho mejor la espina dorsal de los caballos y hace para los hombres mucho menos sen si bies las reacciones. (Continuará) SOBRE EL UNIFORME MILITAR (Co ntinuación) Armamento Lígas de los Jefes se hace la reforma de colocar sobre los galones las estrellas con el objeto de que la vuelta pueda bajarse sobre la mano cuando sea conveniente. La diferencia de ancho entre las trencillas (3 milímetros) y los galones (12 milímetros) no originaría confusión en los grados, que sería fácilmente descubierta si sólo se tratara de confundirla con malicia. En el segundo sistema se adopta como base el indicar la ca­lidad de oficial por un galón de 1 o milímetros de ancho, de oro ó Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. CLASES GRADOS EMPLEADOS __ , ... 1 . ó • 1 -, , _ __;... __ ( ~1 ..... ~ i' jj e,) l ~r ~ L Soldado de 1.• clase Cabo 2.0 ............ . eabo t.o ............ . Furriel1 ............ . Sargento 2.• ....... .. Sargento 1.• ....... .. Alférez .............. . Teniente .......... .. Capitán ............. .. . ~ (1 Cot~andante ........ . ~ ~ ~ Temente Coronel... ..., 1 l Coronel ............. . 1 ll ~ r 1 Brigadier ........... . ~ 1. .Mariscal de campo ~ ~ lj Teniente General.. Capitán General.. I '- ....__ 1 t- 1 estrella de 4 puntas de g mm .•••••••••• 2 estrella~ de ~ puntss de 9 mm ......... .. 3 estrellas d·e 4 puntas de 9 mm .•••••••••• 1 estrella de 6 puntas de 18 mm .......... . 2 el'trellas de 6 pui1tas de 18 mm .••..•. . •. 3 estre1las de 6 p Ílntas de 18 in m .•••••••• 1 estrella de ~ puntas de 18 mm •••••••••. 2 estrellas de 4 puntas de 18 mm .• .' ••••••. 3 estrellas de 4 puntas de 18 mm .••.•••••• 1 estrella de 8 puntas de 38 mm ..••••••••. 2 estrellas de 8 puntas de 38 mm •••••••••. 3 estrellas de 8 puntas de 38 mm .••••.•••. 1 entorchado de 860 mm. y ·1 trencilla 8 mm. 1 entorchado de 360 mm. y 2 trencillas 1 mm. 1 entorchado de 360 mm. y 3 trencillas 3 mm. 3 entorchados .•••••••••••.••••••••••••. - . 1 .~ . '11 d • • 1"" = • . t.renct a e v mm................................ 1. -o"' _g 1 .... ,.. u 2 trencillaa·~d, 6 mn1.......... ... ....... •• . .. . .. ... 1 ~ ~ ; l· ce • 3 trencillas de 6 mm ................... ;........... e- ~ ~ 1 trencilb de 1 11\Dl· y 1 g~16n de 12 mm.... ¡ J ~ S '&16 2 trencillas de 1 mm. y 1 galón de 12 mm.... t ~ ;. ~ (. ::--. &1 3 trencillas de 1 mm. y 1 galón de 12 m:n.... 1 e ,, "' l g~:- 1 trencilla de S mm.... ........................... :], : e "' e 2 treucillRs de 3 mm............................ .. ~ o .u • 4) ..... e 1 trencillas de 3 mm .................... ~ ......... ) Q ~..:! 1 trencilla de 3 mm. y 1 galón de 12 mm .... 1 ~ ~ ~ _g 1 ~"' u 2 trencillas de 3 mm. y 1 ga16n de 12 mm.... "' ~ ~ ; lOS o ~ 3 trencillaa ~de 3 n\rn. y 1 galón de 12 mm.... ~], "'~ 1 o ~ . ~ ~2~ S :::::::::::::::::::::~::::::::::::::·::::::::::::::::::::: 11 : ~ ~ ~ '-=~"0 ············ ···· ····· ..... . ······ ·····················1 ~~ ~ ~ ~ u .. cG .......................................................... ) Q ~ ~ ~ - ¡ tzt o ~ t-3 :..., ~ m ~ t Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETlN MILITA.B 687 plata, según los cabos, la graduación de Alférez con una trencilla de 2 milímetros, 5 de plata si los cabos son dorados, y de oro si son de plata; la de 'l'eniente con una del mismo metal que los cabos; la de Capitán con dos trencillas colocadas una en la parte su pe­rior y otra en la inferior, en la misma forma que los ·renientes de navío de segunda clase; para las graduaciones de Jefes se susti­tuyen las trencillas por galones de igual ancho y clase, el tomado como base. En el tercer si ·tema, que es el que se ha adoptado como base de todas las combinaciones ulteriores, se indicará en los empleos y¡ grados del siguiente modo: Las divisas que marcan el empleo efectivo irán sobre la bo­camanga en forma de suncho y sin hacer martillo. Las estrellas que indican la graduación se colocarán separa­das entre sí y de las di visas de efectividad por una distancia igual á su diámetro. Los distintivos de los Oficiales Generales y de las clases de tropa se colocarán sobre el r:.tño de la manga. Las divisas de 1 s Oficiales Generales que pertenezcan á cuer­pos e peciale , y las de lo Jefes y Oficiales de todas las armas, se colocarán sobre paño del col.:>r distintiv.o del cuerpo. Los galones y trencill:ts obre una faja cuyo ancho exceda en 3 milímetro por cada lado, del ancho de aquéllos, y las estrellas sohre polígonos, cuyos vértices coincid-tn con las punta de· aquéllos. Los Generales que hayan ejercido mando independiente, como Tenientes Coroneles ó Coroneles, podrán usar las estrellas de es­tas graduaciones colocadas sobre paño de color correspondiente al cuerpo en que los hayan desempeñado. Declarados los Brigadieres Oficiales Generales, es de rigor que sea el entorchado de su uniforme del mismo metal Hue los de las jerarquías superiores, para conservar la constante norma que se observa en la progresión marcada por las divisas de los de­más empleos, que, como se ve, consiste en marcar con una, dos ó tres trencillas los tres empleos comprendidos dentro de cada una de las categorías de Oficiales y Generales. Exceptúase únicamente de esta reglA la alta jerarquía de Capitán general de ejército. Las divisas serán siempre de oro para todos los militares que ten{?:an ó puedan tener mando de tropas, y de plata para los asimi­lados, sin que obste el que los cabos del uniforme ~tean de oro ó de plata. Pudiera resolverse también que las divisas de los cuerpos asi­milados fueran de oro, como sucede en los de la armada. El empleo efectivo se indicará en el capacete 'Ó gorra, con los galones y trencillas que correspondan. En los cuerpos en que haya dualismo, los empleos dentro del cuerpo se marcarán en las caídas de la faja. (Continúa) NAZARIO CALONJE Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR HISTORIA AP"C'NTaMIENr:t'OS PARA LAS MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA GRANADA (Continuación) La opinión pública. del mundo liberal ha condenado ya ~ Bolívar bajo el carHcter de legislador, haciéndole la dehhb justicill como el caudillo de las huestes libertadora fle Colorn· bia, Perú y Bolivia. Ba~taríau los vigorosos escritos de Benja· mfn Constant para que callasen los qne, por una ceguedat. imperdonab)(~, todavía encomian Jos proyeetos de Bolívar, juz. gados in apelación por la opinióu imparcial. !Jlegó á tal pnut la confianza de Bolívar en su poder moral, que no temiend reaccióu alguua del pueblo contra sn dictadura, se entregó á h. más ciega seguridad: El ~5 de Septiembre de 1828 fue para é un desengaño tan cruel, que descle aquella noche fatal perdi< su energía. y su vigor. Del extremo de una seguridad ilimitad~ pasó al de una desconfianza . in igual. fJOS pnñale (le los conspi· radores tl<~l 25 de Septiembre se le presentaban á la. imagina. ción en sueño , en la müsa, en la calles, en todas parte . Y Ain ser agente ui director de la con piración, sufrí por e11a hu vengauzas de lo qne me bal>ían considerado uuo de los má fuertes obstáculos {1 la realización de los plane. de Bolh·ar. Es. difnHo eutrar •u los pormenores de un acontecimiento e que, á la par ele la audacia de los jóvenes conspiradores, hul>< · una grande impreYisión. Eu vano se mitigan mi enemigos e hacerme cómplice (le aquel acto: ni la Aenteneia lo aRegnra, u el Gobierno mismo e atrevió {a. afirmarlo <>n la. circular á loa Ministro d Colombia en Europa •. Yo no inteuto ahora jnsti· • El infr;:scrito ccrc:tado de E . tado en el De. pncho del lntel'ior y Relacione& Exteriores del Gohiernu de Nueva Gran¡¡da, certifico de orden de S. E. el Pre j . deute de L1 R -:! pííhlica: Que en t•l libro copi. rlor ele In corre pondeucia oficial de la Sccrf'taría ele R Jacione 1-:xtcriore!'l de l~ autigua Co1olllbi , con ln Lcgal'i6n del misma en In. glntcrra, abil'Jto en H· de Jnlio ele 1827, exil>te c opia, á l.1 página 77, de una n o tl oficial del tcJ.or siguiente: 41 .Al honorable Jod Fenuinde:r; .Madrid, Envirrdo, etc. - Número 153-Nouiembre 14 de 1828. '' Seiior: "La caus, cguicta ~lo reos d · la conspirnci6n del 2.5 de Septiemhre contn la per 1111 ;, y vicl.l de S. E. el J¿ibcrt•u.lor-Presidcnt l' , se ha termin~do ya del lllod• (¡ue u<>ted \'Crá en el dictamen que t'n copi.t tf'ngo el houor de diriJórlc, dado por e Consejo de Mini tros á S. E., en cons<-cuencis de In ~entencia ííltimamtntc pro­uuuci~ tda en d negocio. La ju . ticia ha obrado con los reo r¡ne se aprehcndit!rm al principio. y ruya coopCJaci6n putlo comprobar e inmediatamente. Entone<' 111 porlfa haber lug. r ~la ciPmencia, porque el escnrmie11l0 era nece ario, y el p6blic• deseaba un ca ·tigo muerte al c.>x-General Santan. der y A otros cinco que fueron condenado á lu pérdida de la "iJa. antander no h1 resultado del proceso que hubiese tenido una parte inmediata y próxima en h Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MlLITAlt 589 .flcar ni condenar aquella conjuración: me limito á decir que no la dirigí, ni la fomenté, y que el modo con que se me juzgó fue más imcuo y más horrible que el que los españoles paciftcado­res emplearon contra los patriarcas de la Independencia. Si la conjuración fue un crimen, mayor crimen fue toda vía fusilar á sus autores y condenarnos á muerte á otroo, sin forma. de jui­cio y sin oírnos una dbf~nsa. El solo hecho de omitir estas fór­mulas protectoras ue la vida y del honor, es el más grande cri­men que se ha podido cometer bajo la tlictatlnra. Bolívar se mostró generoso conmigo, pot·que no vodía jamás comprobar ante el mundo que yo había tenido parte en la coujuración del 25 de Septiembre; así fue que tuvo que apelar, para dar razón de su clemencia, á que su gloria lo requería. Y(\ agradecí la conducta de Bolívar, aunque declamaré ~ierupre contra el jui­cio y contra la medtda gubernati\~a de conservarme preBo en una de las fortalt'zas ían conseguido en Pasto uua capitulacióu, tan hon­rosa para ellos como vergonzosa para Bolívar, en la cual, aun-conspiración del 25 : hab{cl dado consejos y propuesto medios para que e verificase una cuando saliera de Colombia para los Estados Unidos, á doude debía seguir muy pronto á de empeñar el de tino de Plenipotenciario de e~ta República cerca de aquel Gobierno: y estos consejos seguramente le hacían un criminal diguo de la muerte, conforme al Decreto dado por el Libcrt •• dor acerca de con pir~tdore , y En que e,tá fundada su .entencia pronunciada por el Comnnd11ntc general, que tan•bién acompaño á u~.ra. N o hay duda ninguna sobre la inculpabilidad, en general, de Santander, aunque st la hay en cuanto á la aprobación que le haya mcrt'CÍt o el horrible iitentado cometido en la noche del 25; v esto ha movido al Ministeaio á aconsejar al Libertador qne, ate11didas otras ra:to11t~ de política que no se ocult11rtin 'la penetración de U fa, prive fÍ ~autaudu de los mulios de st•r peligroso á la Rrptí.­blica, al mismu tiempo que le ·alva.(e la vida. cuyo acriticio sería quizás idítil :.i ,e eonsegnía el otro y piÍncipal objeto. Si ~e hubiese Jlevado á efedo la s nten ia, { la verd d ju!'tu, dada por la Com;wduncia general, como la pena no podía ni debía recaer sobae la parte que pudo probar ele hubu téuido en 1 conspiración d l 25, aino obre los na•dios que iutlic6 como muy á J>rop6aito para efectu-.r una cuando llega e la ocu i6n, qnizll e haba fa :..tribuído cl>to á lllira. 110 sólo. jt: :ts d 1 car,<:ter noble y gen ·ro. u del Libe1t dor, iuu alt u•tutt: ofen iv11a, y por tanto p rjudi ·i Jea ' u Gobierno. 'e h. mandado h cer la public ci6n de los proce os, y uu an li ia de ello se insert •rá en la Gaceta. Remitirt! á U~.fa, en su oportunidad, aanb 1111- J>n O!, y entonce polllá Uda uplir por í 111i mo lo11 de(cl'lo 1111e nota U fa en esta comunicación, y que la premura dt!l ti mpo no me permite ::.uh~>aDfa lle guía }Jaru d¡¡r cuenta de él, biier­v ndo iempre ht drcun pec ·ióu que n todos <:~so , y princípalu.cute eu li te, ea tan ne<'e._aria pura que e punga de mauifie to el acierto y geuerosidad con que ha qu rido proceder el Libertauor. "Soy de U ía, con perfecto respeto, muy obediente servidor, ltSTANIILAO VERGARA" "NoTA--La premnr. del tiempo no me p~rmite comunicar' los Sre:;. Palacio y Bello los suce~os á que me n·fiero en e. ta 11ota; y por lo tanto et>pero que Usía ae tlirva comunicárselo:. de mi orden, con remi i6n de una copia de los documento• que acompaño. Lo mismo hará U fa con respecto al Sr. Tejada, nuestro Miuistro en Rom." Y para la debida constancia firmo el presente certificado, en Bogott, ' 16 de Noviembre de 1836. LU•o DE POMBO Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 590 BOLETÍN MILITAR que ae había estipulado la libertad de los detenidos por la con­juración det 25 de Septiembre, no se había cumplido. Bolívar babía concebido la fal a idea de que teniéndome en un ca tillo 6 (lestPrrado en Europa, podfa llegar más fácil m~nte al poder omnipotente que aRpiraua.. ¡Qué miserable eugaíio! Yo sufrí mi del-iticrro, dulcificatlo, es veruad, con la bené,-ola acogida que obtuve en Europa, y que jamás oh·idaré •, y Colomlli· se­guía ex¡wrimentaudo IlUc\·as agitaciones y tra tornos. El Ge­neral Uordoua se alzó en Antioquia contra la autoridad de Bolh•ar, y 8llcnmbió á pesar de Ru m hre de 1829, y ~eg·uiclauwnte :se constituyó Estado ~oberauo; el E ·uador hizo lo mi mo luégo. Los pueblos todos manife tarou un odio mortal al proyecto <1~ monarquía que el Oon~ejo de Gobierno había. acordatlo en ogot{t en Sep­tiembre de dicho ano, pr ... via iut ligeucia con los 1\lini tros ex­tranjeros de Francia~, de Inglat~rra. Colombia fue de ·apare­ciendo poco á poco, {t impu1Ros de la opinión y ta los ciudadnnos. En Nueva York fui obsequiado en püblico como no lo hab(u sido hijo alguno de la antigua Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .Paso del Cuento •col~rad1s 0 La Florida :BOLETíN MILITAR o • = o i 4> ~ o ¡ • Sahonttll osuratá o Matanza IS i o ... = 0 La Baja 591 á Mutiuua J P •mpl111a Rie áraba Teatro de la guerra en el Norte Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. &92 BOLETíN MILIT A.R Teatro de la guerra en el Norte DISTANCIAS C"chirf i Surntli .....••• :S leguas Surat4 á Matanza ...•• 1 i .Matanz:l i Ducararnr1nga 8 Bu cara mangn á Rionegro 5 Rionegro á Matanza ..... 5 Matan u á Tona .......... 5 Tona ! Bucaramanga .... 6 Tona ' Vetas............... 4 Vetas á Sumtá ............ . .. Vetas á Mogorontoque .... . Tona á l\fo~orontoque ... .. Suratá á Pe.cadero ...... .. Bucaramang& ·á Pescadero Bucaramauga al Tau i~t zo Rioncgro al Tablazo ....... 4 7t 6i 10 10 . 7 8 legul\8 "Igualmente desierta y solitaria es la vasta porción de tierras montuosas que pertenecen al cantón de Bucaramanga, · desde esta orilla para el Norte hasta el espinazo de Las Jurisdicciones; país regado por multitud de torrentes y catorce nos que bajan de las serranías colosales del Oriente, despeñándose al Lebrija . .Entre Jos complicados estribos de esta serranía quedan Rionegro, ceñido y como aislado por selvas de majestuo a belleza; 11atanza y Suratá, situados sobre la hoya del río así llamado; Tona, bañado por los hielos del vecino páramo; y finalmente, Baja y Vetas, solares de antiguas minas de oro y pla a. "Hay entre Bucaramanga y l\1atanza casi ocho leguas de fragoso camino, yendo siempre p r las riberas del Suratá, que rom­pe sus aguas contra las peñas y ensordece con el perenne ruido. Al principio es la marcha por el llano de Bucaramanga hasta la cortadura del río '1 ona, de de la cual en adelante avanza el ca­mino por la hoya del Suratá, estrechada entre cerros revolcados por las avenidas de este río, que n·coge las aguas vertientes de los páramos Rico, Santurbán, Angostura y Botija, formando en el in­vierno crecientes desastrosas por su volumen y velocidad. A tre­cho~ se anda bajo la sombra de caracolíes y arbustos cargados de olorosas flores, entre frescor y verdura; á trechos por descampados ardientes, sin vegetación ni abrigo, empobrecida la tierra por el irracional sistema de incendiar matorrales para limpiarlas." ANCIZAR • A la fe ·ha la mayor pttrte de esas tierras está convertida en dehesas para ganados y plautlo de café-L. D. BOGOTA-IMPRENTA NACIONAL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 151

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 152

Por: | Fecha: 19/05/1900

AROlV Bogotá, Mayo 19 de 1900 NUM. 152 ---..·~-- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DIRF.CTOR AD-HONOUM, FRANCISCO J. VERGARA y V. G ene1·al, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este peri6dico todos los Jefes y Oficiales del Ej6rcito de la República SECCIO OCT IN L DE LOS ..JEFES DE CUERPO (D e l libr o fran cé. El Getteralato, por Durat - Lasallc) Lo Ofi ·iales nperi t' . , Jefes de Ouerpo, fn ra de ·u i ns­trucción y de su' deber .· militare·, ti neu qne ll nar uua mi­sión tau grave é importaute, qne, ~in faltar á una obligación imperio a, uo podrían (l jar ue at nderla y ~iempre han de peu­Rar eu ella con madurez. J)e ellos e' de donde ¡,arte y se deriva la acción moral: como el mando en la" fiJas; por us buenos ejemplo tieuen que dirigirse los hombres que se haJlan á su11 órdenes, y e tolo obliga á conducirse siempre in desviarse u u ápice de las virtudes militares y sociale:::;. Con e te motivo va­mos {t recordarles las .. abia instruccione:::; que el Mariscal de Belle-I le formuló para el üonde de Gisorts, u hijo, cuando éste fue uombrado para el mando del reg·imiento de Champag­ue. Las cosa han cambiado mucho de eutonccs acá; pero et fondo de instrucción y los principios que ell\lal'iscal de arrolla con táuta sabiduría., pertenecen á todos los tiempo , y iempre serán dignos de ~as meditaciones de los Ooroneles y demás J e­fes de Cuerpos. lnstrucci6n del .Mariscal de Belle-lsle " El Regimiento cuyo mando el Rey acaba de concederos, decía el Mariscal de Belle-Isle á su hijo, es uno de los mejores Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 594 BOLETÍN MILITAR del Ejército; u Teniente Coronel es un militar respetable por sus excelentes y dilatados ·ervieios; todos los Capitanes que lo componen son de más edad que Yos, y uo hay uiuguno de ellos que, con iderado por ns ~rYicio' per onale~, no hubiera merecido má qu YO el n muramiento de Oo·ronel, y, ·in em­bargo, oi YOd qui n va á mandarlos; que e ta primera ad­vertencü no e aparte jamá de Ync.:tra mente. "..1.: o os diré que procnréi. meree<•r la timación del Cuer­po que vai á mandar; esta má.·ima ~. . · ('. to m dio llO ·ería eguro ni glorio. o· o. quh~o<;aríaL·, r pito, al creer que una ola virtncl, por urillante y {i·liz qne .·ea, ptHliera concilia­ros este en ti miento; pnP no 'on lo· ojo· .·oto. <1< una mujer los que no. cautiYan, eino el conjunto y la armonía <1 Hli gr. - cia . Por lo mismo, no .· rú ~·itto ck la nmuión , se compromete d la manera má evidente . .1: o olvidéis que los (le vue~tro He~imiento son hom­bre franco ·e , vue ·tro ignale , y que dcbéi , en consecuencia, al darle ,·ne ·tras órd nes, emplear 1111 tono caballeroso u an­do las frase q ne con viene á persona cuyo móvil es l ho­nor: croed, hij.> wío, que este es el único medio bueno; que sólo él es capaz de hacer re ·petar la ór lenes y llacerla cum­plir con agrac.lo, acelerando n ejecución é inspirando en los soldado e a confianza u su Oficiale , que QS la madre de una buena disciplina y el origen ele todo feliz resultado. ~'N o os sirváis jamá de ·ca tigo que la ley r prueba y el espíritu nacional condena: cuando os veáis forzado á casti­gar, que Yue tros subordinado lean eu Yuestra faz la pena que o cau a el veros obligado á ocurrir {t tan dnra extremi­dad. o d jéis e capar el momento tle pre tar útiles servicios á los Oficiales de \Ue tro Cuerpo; perder las oca iones d cou­tar con su gratitud, os expondría á no servirlo nunca. Tales como son pequeña la precauciones que con en·an las virtu­des, a í son pequeños Jos servicios que ganan los corazones. Solicitad con tesón y ardor todas la gracias á que se hayan hecho acreedores los Oficial ó individuos de tropa de vues­tro Regimiento: bien ponte üoronel; 'Í, hijo mío, sólo haciéndoo capaz d oenp. r todo· lo. pu to8 que s hallan bajo el Yne tro, podréis lleuar dignam nte el que e o· ha confiado, . poner á lo uemús en el caso re ~, la Jey impera, y lo que máR, se h\. ama. Procurad la depuración de las co tumbre , poro no p'='n éis que pued .n imponer e; se muestran y e in "piran, hé ahí todo : la au~oridad del jemplo e en e t caso má"' fn rte que la de la Yoluntad; en vano la vigilancia no.' harü rlescuurir n los otros lo vi­cios que podrían reprocharuo.· á no:;otr mi ·mo . i Yues­tra co tumbres on pur-a., lo serún también la de vuestro regimiento; vne tro temperamento .·e forLificará eeonomizan­do mucho el tiempo; cuidad de no ca r nn nca en el ridíl'ltlo; no seréis nuuca el juguete de la. circunstancia. , y la. estima­ción pública os iudemuizar{t de la privaciones que oa hayáis impue to. "E quivad 1 juego, y ·obre todo lo juegos de azar; prus­cribidlo de vuestro regimiento, pues origina la pérdida de mu­chos oficiales. "Guardaos de adquirir gu to por el viuo, cuya tendencia es embrutecerno ; que vue tra mesa. ea buena, nunea opípara ni ostento a; admitid en ella á los oficiale de vue tro regi­miento, prefiriéndolos á los Oficiales Generales, {t lo Coroneles y á los otros Jefes; que en vne tra ca a la atencione. e distin­gan por el grado de estimación que merezca11 vuestros invitados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 599 "Redncid vuestro equipaje á lo absolutamente necesario; os toca. dar el (ljemplo deJa sencillez y la motiene á ese precio ni es hermo a ni du­rable. "Los Coroneles francesa hace tiempo que di frutan en Europa un honorífico concepto por su exqui ito trc to; estoy seguro que no se hará de vos una excepción qu o injuriaría; lejo de queajo de eso modelos, e ·pero que haréis lo posible por excederlos: la mayor parte de lo · Ooro11 1 sólo son políticos con sus superiores y us i crüales ; tratad de serlo, por vuestra. parte, con 1 inferiores. Jamá hablaréis á los y de lo Oficiale · de vuestro r g·imiento con e e tono im­perio o y ligero que afectau alguno J fe· de cuerpo: acoranz~ de que he sido obj to por no ha.l>er hecho , entir jawá d p de mi au­toridad, o deben e timular á imitar mi con lucta.. "Si alguna ez cowet •is una falta, apre uraos {t r cono­cerla, y, obre tollo, · repararla. Aunque ea. 1nuy natural esta manera de obrar, y no merezca, por lo mi mo, uingún elogio, ella, sin embargo, o ganará muchas aprobaciones, y esto b. ta para que os consideréi p rdonado, o' lo digo con experiencia, pues yo mi mo lo he o o .. ervatendréis esas ventajas si no prestái uua in ce 'ante atención á los oficial e jóve­nes, hal>ituáudolos de de temprano ú una conducta. r guiar. IIa· ced de manera que los oficial s antiguos conciban por los jóve­nes la ternura que el padre tiene por us hijo 6 un mentor por su pupilo; haced que los jóvene ofi.ci les teugan con los anti­guos lo8 miramientos, la conde cendencia y el respeto que los niños bien educados ob ervan con los mayores ; haced nacer y mantened la unión en vuestro regimiento; apresuraos á sofo­car las desuniones nacientes, á desarraigar las enemistades,¡ ó Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT A:R 601 á lo menos á prevenir sus efectos destructores; esa es, hijo mío, una de las primeras y más difíciles obligaciones impuestas á los Ooronele . "Sabed todo lo que pasa en Yuestro regimiento, pero no apeléis jamá al medio vil d el espionaje : l que hace el oficio de delator ó e pía de sus carnal'ada8, es nn hombre indigno de la confianza de nadie; no recurráis á otros ojos ni á otros bra­zos, sino cuando os ea impo ible verlo y hacerlo totlo vos mismo; de cended á toaute: 1.0 Metaies de diversas formas y que se sujeten por medio de tornillos. 2. • Plumeros, llorones, cimeras, etc. Para la guerrera: I. ° Cordones, alamares, petos, presillas, etc. 2.0 Hombreras de paño, sin armaduras, con flecos ó cintas. Para el capote: Cordones, alamares, petos, presillas, etc. (Concluirá). NAZARIO CALONJE Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1'fN MILITAR 609 DI~P.ERSIÓN DEL TIRO Y ZONA PELIGROSA ( Traducción libre de las Let;rms d' A,·tillerie por E. Girardin ) Si cor~ la misma arma ¡y en condiciones tan iguales como sea posible, se dispara un cierto número de proyectile ' se ob· serva que las t)·ayectm·ias de é. tos no se superponen sino que for­man una especie c.le haz 6 m, noj0, en el cual la cima 6 itio de unión e la l>oca uel arrua, quedando la ba e ó círculo de separa­cióu ( ilisper ión) en l terreuo, en torno d l l>lanco á que se apunte. En una palabra, los proyect.ile no tocan en uu solo p,uuto un plauoAne té horizontal ó ·ertical con re peto al ha~, y por lo tauto en el tiro 110 puelar de h certidu:tnb're ue herir el l>larico eu uu punto dado, ino de la probabilidad de conseguirlo. l.Jo primero pro ·ectiles di p, r~ulo parecen disp r..,arse al azar, pero si el tiro ·e prolouga aparece una porción ._ érva ·e qu ~e agrupan con gran den idad en torno de un pnuto central, ~· que, {' partir de éste, la densi­dad 1i mitm~·e n tollo · .. ntido, primero de una. manera poco acentuada, y Jnégo ·on mayor rapidez, ba. ta quedar ai -·lados uno de otros n lo límit xteriore. de Ja. zona. l>atida. El reg·nero <.le bala a í ol>servado" llama dispersi6n del u,·o, denomináudo ·e punto' de caída lo punto' de ene entro de los proyectiles con el nelo ó u u blanco horizontal, y puntos de impacto el qne resulta euando tocan un l>lanco vertical. Causas de la di pet·sión-Sal>emos que los principales cle-nentos que iufluyen . ol>r • la formad la trayeetoria son el án- · gulo de tiro, la Yelocigirse previa­mente, se traduc n eu forma de dP ·viacione irregulares que se manifiestan indiferentemente, ya c11 un ·t~uti' tal q1le, en 'Un tiro sufi­cientemento prolonga,dv, resulta un 50 por 100 de dispa1·os cuyo de vio es numor que él y un 50 por 100 que le e superior. egúu su m1 me definición, el desdo probable es tal, que la probabili les y los casos posibles. El desvío probable no significa, pues, el que se obtendrá probablemente, -ino el que hay más probabilidad tle alcanzar. El cálculo de prohal>ili<.la.cle aplicado á los desvíos acci­< lt:'ntal s obtenido~ en el tiro, mue tra que el desvío probable BP es igual 6 voco menos á lo8 !· del desvío medio Em. Es decir: EI>= 0.8453 E m. Lo mi mo que para el desvío medio hay que distinguir el de vío probable en alcance :(altura), en dirección y ab oluto. (Continúa) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 612 BOLETÍN MILITAR TACTICA DE MARCHA V~RSJON LJBRI: PARA EL "BOLETJN MU.ITAR" (Continúa) IY -Seguridad en marcha Según lo antedicho, las vanguardias en la montaña no tie­nen que constituírse como en la llanura, salvo que se trate de fuertes columnas que se muevan por los buenos c01.rninos del fondo de los valles. En efecto, las columnas escalonadas por compamas á 100 metros de distancia y ocupando cada una de ellas una profundidad mínima de 300 mc:tros, no presentan los inconvenientes de las ma­sas profundas, blancos seguros para el tiro, lentas, y que no se despliegan sino con dificultad. Sin embargo, el punto no puede resolverse prácticamente ino teniendo en cuenta : En primer lugar, en ciertos puntos de los camino montaño­sos un puñado de hombres puede detener una columna, cualquiera que sea su fuerza, si en paso obligado enfilan el sendero, ocupan un resalto del terreno en un boquerón ó una vuelta del camino, ó si_ surgen de repente ante la cabeza de la columna. Un grupo de soldados que ocupe las alturas ó pendientes que d inan un camino y hagan fuego sobre el llaneo de una columna, pueden introducir el desorden en ésta. De lo dtcho resulta que toda columna en marcha tiene que mirar muy lejos adelante y sobre los flancos, de donde la necesidad de un servicio de seguridad diferente del de la llanura. Cada com­pañía debe instruír un grupo de hombres escogidos, una escuadra, de montañeses á ser posible, al mando de una clase enérgica é in­teligente, la cual constituirá una escuadra franca. Las escuadras francas de un batallón y aun de una columna pueden marchar so­las ó reunidas, á órdenes de un oficial. Se trata de revivir los antiguos vigilantes. El oficio de esas es­cuadras es conseguir la seguridad de la marcha y reconocer el terre­no. Cuando una columna deba ponerae en marcha, las e cuadras francas Sf' dividirán en dos partes. La primera marchar á á la cabeza qe la columna y ocupará antes que ella la posición que se trata de alcanzar, la segunda acompañará la columna manteniéndose á su altura sobre las crestas ó á lo menos sobre una posición dominante del sendero que sigue el grueso. Rara vez habrá que proteger ambos flancos, sólo cuando se mueva la columna por el fondo de un va1le, pues desde que emprenda el ascenso de unz. altura lo hará á media ladera, en cuyo caso uno de los flanco& quedará guardado por la hondura que se abre á sus pies. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR ill Dichas escuadras partirán con antelación: las de cabeza, la víspera por la noche ; las del .flanco, á lo menos tres horas antes para escalonarse sobre la vía á alturas convenientes. En el caso de que las primera encuentren al enemigo, no deben vacilar en empe­ñar el combate, pero combate lento, de entretención, á menos que el terreno permita tomar una vigorosa ofensiva, lo que será el caso ordinario, porque en las pequeñas operaciones en la montaña, la desproporción en las fuerza no se toma en cuenta : todo hay que fiarlo á la audacia y á la decisión. En caso de combate el Jefe de la columna, prevenido en el acto, toma sus di posiciones, ya para sostener la:; escuadras francas, ya para cambiar la dirección de la marcha y caer sobre el flanco ó retaguardia del enemigo. Las escuadras d'.!l .flanco obrarán del mismo modo, pero vivien­do sobre aviso para no caer en alguno de los lazos que no dejarán de tendérseles por el adversario para suprimir la seguridad del flan­co de la columna, y caer sobre éste desprevenido. El Jefe de la co­lumna, por su parte, e s tará atento, para que proceda á suspender su marcha y afrontar el ataque de flanco, ó á apresurar el movimien­to y ocupar una posición defensiva. i lás escuadra de cabeza llegan á la posición designada, se establecen en ella y guardan todos los senderos y pendientes peli­gro os: la columna, á su avi so, la relevará e tableciendo los pues­tos del caso. La marcha de lls escuadras francas será más segura y rápida que la de la columna, en atención á su esca o efectivo y sobre todo á causa de su personal, pues como queda dicho no comprenderá sino hombres enérgicos y vigorosos mandados por jefes capaces de toda e m presa. Por esto no siempre será necesario enviar las escuadras de ca­beza desde la víspera, sino que de ordinario bastará que partan tres horas antes, á lo que . e agrega que durante la marcha pueden ganar otra hora á la columna. Por lo demás, en este asunto, en que no caben reglas fijas, la experiencia del jefe será el mejor juez para resolver de modo con­veniente los problemas que se le presenten. Mas como á pesar de estas precauciones el enemigo puede sorprender ó burlar una e cuadra franca, la columna propiamente se hará preceder p Jr una vanguardia: una sección bien mandada, que partirá una hora antes y con la cual marchará el personal de campamento. Su mi -ión es observar, y si e atacada, entretener el combate mientras llegan los refuerzos ó el Jefe de la columna. Jamás con la vanguardia marchará artillería, para evitar el tro­pel que produzcan las be ti as de carga, y porque la misión de di­cha vanguardia no es combatir ino explorar. Si á lo dicho se agrega la lentitud y dificultades para entrar las piezas en batería, la nece idad que tienen de un sólido sostén de infante_ría, su efec- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 614 BOLET.fN MILITAR to y acción casi nulos sobre tropas veteranas, tendremos justifica­da de sobra esa prohibición. La vanguardia estará en constante relación con la columna, ya por medio de correos, ya por señales ópticas, conforme veremos en su lugar-(Continúa) ENRIQUE BARAUDE SOBRE EL EJÉRCI'rO ALEMÁN (Continuació n) El trabajo en silla y bridón comprende también la ejecución de las vueltas y cambios de dirección al galope, así como los ejer­cicios al galope largo (500 pasos por minuto). Se encuentra útil para eso conducir á los soldados al campo de ejercicios y hacerles ejecutar simultáneamente carreras individuales y enteramente á voluntad sobre un gran espacio. Así, de un golpe de vista se ve qué jinetes son ó nó dueños de sus caballos. Es además un medió excelente de enseñar á los soldados á gobernar su montura y des­envolver entre ellos la facultad de moverse de una manera inde­pendiente. Pero es preciso que estos ejercicios se continúen por mucho tiempo para que conduzcan al resultado que se quiere al­canzar. J. 0 El trabajo con silla y brida, pero sin armas, dura próxi­mamente dos semanas. Antes que los hombres se sirvan de la bri­da, se empieza por explicarles teóricamente el uso y hacerles com­prender en qué se diferencia del bridón. Estas indicaciones se com­pletan prácticc:lmente por la demostración que se da sobre el caballo de madera, del modo como se deben tener las riendas y la mano de la brida. Después se hace montar á los soldados en caballos em­bridados, pero que dirigen primero sirviéndose sólo del filete para no llegar sino gradualmente al uso de la brida. Cuando, en fin, están familiarizados con este nuevo modo de conducir, vuelven á emprenderse las carreras á voluntad, de que ya hemos hablado an­teriormente., repitiendo á los jinetes que cuanto menos vi&ible sea la acción de la mano sobre la, riendas será mejor. En otro tiempo se pensaba que para ser verdaderamente dueño de su montura era indispensable tener cortas las riendas y muy recogido el caballo. Hoy las ideas sobre este asunto se han modificado completamente, y se exige que el caballo quede libre, larga las riendas, con sólo un ligero apoyo de la mano. Si durante los ejercicios se nota que algún jinete tiene las rienJas demasiado cortas ó largas, nunca se le da la orden parti­cular de alargar ó recoger la rienda derecha ó izquierda, etc.: se manda simplemente á todo el peloton: ajustar las ri~ndas, con el objeto de que cada uno se habitúe á tomar por sí mismo la longi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET.fN MlLITAB 61~ tud que se desea. Y se aprovecha la ocasión para mostrar á todos la manera de ejecutar esta operación sin herir á sus inmet!iatos cuando se está con armas, cosa difícil, particularmente para los hulanos, á causa de sus lanzas. 4·~ Equitación con armas-Esta serie de ejercicios se inaugu­ra como la precedente, por explicaciones teóricas acompañadas de demostraciones prácticas en el caballo de madera, haciendo ver al recluta cómo, estando á caballo, debe sacar, tener y envainar el sable, la lanza, la carabina y la pistola, de manera que no moleste ni hiera á sus compañeros. Un soldado no debe montar con armas á caballo hasta que le sea muy familiar el manejo de éstas. Así pues, el manejo de las armas que se hace á pie forma parte de los ejercicios de la tercera serie, aprendiendo los soldados á dar sobre diferentes objetos estocadas y cuchilladas, ejecutar paradas, etc., y se procura, de ~ arrollando a í su fuerza y destreza, acostumbrar á los soldados á herir de tal . uerte, que la r~acción no se comuni­que jamá á la parte inferí r d e su cuerpo, y que la mano izquier­da quede eu todo lo P. sihle inm<>vil. L s golpes deben darse con vigor y preci ión, pero de modo que el cab. llo se inquiete lo me­nos que se pueda. Solamente cuando estos movimientos han sido ejecutados á pie de una manera conveniente, e cuando se pcisa á la equitación con arma _ y se en eña á lo reclutas á dar cuchilla­das y estocada á todos lo s aire., sobre diversos objetos plantados ó echados en el sudo. Al mismo tiempo se ejercita á los jinetes en hacer la rueda del enemigo que quieren a!canzar, describiendo á su alrededor una vuelta del más pequer10 diámetro posible, golpeándole sin descanso. Este ejercicio sólo se ejecuta al paso ó trote, porque para galo­par en tan pequeño círculo ería preciso un jinete de una destre­za extraordinaria, y aun habría peligro de accidente para el caballo. El trabajo á caballo con armas dura pr0ximamente seis se­manas, después de lo cual se pasa á los ejercicios que deben cons­tituír, para los reclutas, la preparación directa para los ejercicios de escuadrón. 5.o Trabajo en campo abierto Ó en el gran campo de maniobras­En e ta ~erie de ejercicios destínase exclusivamente á enseñar al soldado y al caballo todo lo que les es indispensable saber para abordar la e cuela de escuadrón: alinearse, marchar en línea al ga­lope largo y al galope de carga, salvar los diversos obstáculos que pueda presentar el terreno, etc. 'rodos estos movimiento, que se hacen primero sin arma , después con ellas, y por último con el equipo completo, se ejecutan tomando una formación bastante pa­recida al orden normal con las filas cerrada ; colocados los jinetes en un ~t fila, gu.trdan entre sí el intervalo de un cuerpo de caba1lo, que cierra11 despué:> poco á poco á medida que la instrucción ade­lanta. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 616 BOLEl'ÍN MILlTA-a. Como .estos diferentes ejercicios son todos más ó menos de fatiga, tanto para el hombre como para el caballo, es indispensa­ble que uno y otro se acostumbren gradualmente conducidos á ellos; así pues, esta quinta serie es objeto de una atención particular, y se procura prolongarla todo lo posible. Ningún recluta puede ser admitido á la escuela de escuadrón si no está en estado de manejar perfectamente su caballo, salvar fácilmente todos los obstáculos y arreglar su marcha á la del con­junto. Es preciso que esté completa y suficientemente suelto en los aires vivos, para no experimentar nunca esa especie de emo­ción involuntaria de que se resienten siempre los novicios en pa­recidas circunstancias. U na rápida carrera debe serle cosa de tal moCJo habitual, que no le haga perder en nada su sangre fría y le deje siempre bastante dueño de sí mismo para observar hasta en sus menores detalles el campo que le rodea. Mientras no esté en estas condiciones es incapaz un soldado de gobernar su caballo; no podrá prestar oído á los mandatos de su jefe ni fijar la vista en los detalles del terreno que recorre, estando muy expuesto ácon­fundir los objetos y ha ta á constituír una causa de peligro para sus camaradas del escuadrón. Hasta qué punto estos resultados e hayan realizado en la práctica, es cosa de la cual e , ha tante difícil juzgar; todo lo que yo puedo decir es que los oficiale de caballería están unánimes so­bre la necesidad de obtenerlos. De lo que yo he visto pur mí mis­mo, me es preciso concluír que la instrucción tiende esencialmente á desenvolver al extremo, tanto entre los soldados como entre los caballos, la vivacidad y las cualidades de resistencia á la fatiga. Tal es, por lo demás, la manera de pensar de todos los oficiale alemanes de caballería. Cuando hablemos de los ejercicios de primavera, vol­veré sobre esta cuestión, y solamente entonces es cuando se com­prenderá hasta qué punto el recluta debe ser fuerte en equitación para hallarse en estado de tomar parte en las maniobras de escua­drón tal como se practican en la caballería prusiana. La enseñanza del galope de maniobra (soa pasos por minuto) y del galope de carga se gradúan de una manera notable y, á lo que parece, muy racional. Así pues, yo creo deber hablar aquí de ello con algún detenimiento. Como sería imposible para los instructores, según lo veremos en seguida, vigilar á cada recluta en particular, est0s ejercicios se ejecutan mezclándolos con soldados antiguos. Cada uno de éstos se agrega á un recluta, á quien acompaña en la formación mante­niendo con él el tacto de botas, y haciéndole todas las indicaciones necesarias. En el campo de ejercicios se clavan tres pique tes; el segundo á 300 pasos del primero, y el tercero á 200 del segundo, con lo que s~ determina una línea recta de 500 pasos de longitud. Por lo regular se conduce al terreno un pelotón de 20 ó 24 caballos, compuestos por mitad de soldados antiguos y modernos • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 61 Al principio los reclutas trabajan solos formando el cuadrilongo y guardando de un hombre á otro una distancia de dos cuerpos de caballo, hasta que jinetes y caballos estén en cierto grado acostum­brados á los aires vivos. Cuando éstos parezcan bien determinados, los soldados antiguos se unen á sus compañeros. El cuadrilongo se halla dispuesto de tal suerte, que uno de sus ángulos coincida con el piquete número 1, y que uno de sus lados forme la prolongación de la línea recta cuyo trazado hemos indi­cado. Los jinetes, dispuestos por parejas formadas de un recluta y un soldado viejo, empiezan por dar la vuelta al cuadrilongo al galope largo hasta conseguir que sus caballos marchen bien tran­quilamente á la misma altura. Entonces se da la orden á una pa­reja de partir al galope. Al llegar al piquete número 1 abandonan el cuadrilongo y siguen directamente la línea recta cuya longitud, determinada por los piquetes, permite al instructor, reloj en mano, comprobar cuánto puede diferir del galope reglamentario el que llevan los caballos. No bien hayan alcanzado los dos jinetes el pi­quete número 3, dan media vuelta y regresan al paso al cuadrilon­go. La segunda pareja no parte al galope hasta que la primera esté al paso, etc. Se obra a í para que cada caballo tome bien el aire que se desea por sí mismo y no por imitación, dejándose llevar á remolque por los demás. Al mismo tiempo encuentra el recluta la posibilidad de conducir realmente su caballo y mantenerle á galope con la velocidad indicada. Excusado será decir que no se exige á los soldados que alcancen de primera intención la velocidad nor­mal, sino que deben por grados llegar á ella. El mismo ejercicio vuelve á empezarse luégo por todo el pelotón á la vez, siguiéndose las parejas á una distancia determinada. Los soldados antiguos, que naturalmente son elegidos entre los mejores jinetes, procuran con­ducir gradualmente á los reclutas al aire reglamentario, y durante la marcha corrigen los errores que puedan cometer. Cuando por este medio se ha llegado á determinar bien el galope> lo que exige próximamente dos semanas, se pasa al aire de carga, al cual se llega también por una gradación cuidadoc;amente dirigjda. En este caso también una pareja emprende el galope, recorre á este aire la distancia del piquete número I al número 2, y al galope de carga los otros 200 pasos hasta el piquete núme­ro 3· Entonces retrocede al galope ó trote, según el estado de fa­tiga del caballo, y regresa al cuadrilongo. La pareja siguiente efec­túa lo mismo, etc. Después se hace poner el caballo al galope en el mismo cuadrilongo, se recorren al aire de carga los 300 pasos del número I al número 2, más tarde la línea entera de 500 pa­sos, y por último los 6oo pasos completos *. Los mismos movi­mientos se ejecutan después por todo el pelotón á Ja vez, conser­vando siempre entre las parejas distancias bastante grandes para / Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 61s- BOLETÍN MILITAR que Jos caballos no puedan excitarse los unos á los otros, lo que fácilmente podría suceder siendo el galope de carga un aire que nunca se trata de determinar, pero en el que se procura, por el con­trario, hacer desplegar á cada caballo toda la vP.locidad de que es susceptible. b) Ejercicioa de la fuerza veterana Examinemos ahora de qué manera se ocupa á los s()/dados antiguos durante este período consagrado á la instrucción de los reclutas. · · Es preciso primero tener presente que estos soldados, no sien­do todos de igual fuerza en equitación, están, desde este punto de vista, di vid idos en dos clases. Los mejores jinetes del escuadrón, á los cuales la enseñanza de los caballos de remonta les es además familiar, constituyen la segunda clase. La primera comprende to­dos los demás solJados, á excepción de lo recluta , que sólo se distribuyen entre las do clases después de su admisión á la escuela de escuadrón. Además, como el efectivo de e tas clases es dema­siado considerable para que ello pudies en formar una sola tanda de picadero, cada una ·e subdivide á su vez en grupos de diez á quince hombre, siempre según la fuerza que haya para equitación y teniendo en cuenta sus di tintos conocimientos • .Esta di tribución en clases y grupos ó tandas, como sir\'e de base á toda la organización dei curso apuai de instrucción, creo necesario indicar aquí mismo de qué manera se hace, tanto en lo referente á los hombres como á los caballos. Además de las dos cla,· es de que acabamos de hablar, se dis­tingue también en ellas otra tercera que, no obstante, no lleva oficialmente esta denominación. Se compone de lo mejores y más experimentados jinete de la segunda clase que se hallen en e tado no sólo de conducir teórica y prácticamente la enseñanza de un caballo ~e la remonta, sino también de remediar los defectos de una educación viciosa, y sobre todo de instruír á lo5 demás, y prin­cipalmente á los reclutas. Se ve, pues, que esta categoría no debe comprender más que á los oficiales y cierto número de sargentos antiguos, enteramente aptos para servir de instructores tanto de los reclutas corno de los soldados antiguos. En resumen, el escuadrón puede dividirse en tres grupos principales: !.0 Los reclutas (35 á 45 hombre), que forman tres ó cua­tro tandas de picadero. 2.• La primera clase de equitación (40 á 50 hombres), divi­didos ordinariamente en tres tandas. 3· 0 La segunda clase de equitación (40 á 45 hombres), for­mando igualmente tres tandas. De suerte que admitiendo para el escuadrón como efectivo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1'ÍN MILITAR 619 medio del pie de paz la cifra de r 35 caballos, * las tandas se dis­tri huirán así: Caballos I.a Nueva remonta ____ ---- . ..•...... -·....... 13 2.a Remonta antigua (La tanda de la 2.3 clase).. • . __ 13 3· a 2.a tanda de la 2. a clase. • . • • . . . . ... . . . . . . . . . . . 1 S 4·a 3·a íd. íd. íd .•• ··----··· • ·-- ~--------- 15 5·a r.a íd. r.a clase ____ ------------ ----·---- 12 6.a 2.a íd. íd. íd ___________________ -------- 12 7.a 3·a íd. Íd. íd ____ ---·· --------·· ····---- II 8.a r.• íd. de lo~ reclutas.---··--------··· ..• ---- ro 9· a 2. ~ íd. de los íd._-. __ -- , •. --.. . ............... . . . I O ro: 3·a íd. de los íd ____ ---------------------- ro I r.a 4.• íd. de los íd __ ........ ---- ~--- --------... ro 12.a Tandadetrompctas- ..................... ----·· · 4 'rotal de tandas y caballos ____ ~------- ... 135 Esta distribución sólo subsiste hasta fin de Abril; tan pron­to como empiezan los ejercicios, toda la instrucción se arregla á la subdivisión táctica del escuadrón por pelotones. Hé aquí ahora cómo, según su calidad, Jos caballos se distri­buyen entre las diversa categ rías indicadas más arriba: Se dan á los rec1utas los mejores y más nobles caballos ; los demás caballos buenos, así como los de la remonta, antiguos y modernos, se confían á los jinetes de la segunda clase; el resto constituye la porción de la primera. Como la segunda cla'e comprende· muy rara vez más de 45 hombres, de los cuales es preciso aún destacar seis ú ocho para la instrucción de los reclutas, y como los caballos que se les afecta son próximamente en número de s6, entre los que se incluyen los de la remonta que deben montarse todos los días, resulta que los sol­dados que forman parte de la primera sección de esta clase, es de­cir, los mejores jinetes del escuadrón, se les obliga á montar á ca­ballo dos veces al día, mientras que los demás sólo montan una vez. Por otra parte, á esta primera sección de la segunda clase es á la que se confían los caballos más difíciles ó resabiados para edu­carlos ó corregirlos. La segunda sección de la segunda clase constituye lo que se llama la sección modelo (musterabtheilung) del escuadrón. En fin, en la tercera sección están clasificados los buenos jinetes, soldados de do años ]a mayor parte, y que prometan ser de seguida aptos para la educación de Jos caballos de remonta. Resulta de todo esto que para juzgar del valimiento de un es­cuadrón respecto á equitación, basta fijar la atención en lo j~ne- E1 el número reglamentario de caballos rle silla. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 620 BOLETÍN MILIT .A.R · tes de la primera clase *. Cuanto mejores sean éstos, mejor es e] escuadrón, é inversamente. Está determinado que los caballos en educación se monten todos los días, mientras que los otros no lo son más que cinco veces por semana. Durante los seis me es que dura la instrucción de los reclutas, los jint.tes de cada una de las clases siguen un cur­so de instrucción especial, cuyo programa está determinado mes por mes, por los jefes de regimiento y escuadrón. - (Continúa). --··· - - His·roPtiA AP'O'NT.f..MIENTOS PARA LAS MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA GRANADA (Cuntinuf\c ión) i h 1.1 clw, ni hago cargo á lo que uo pudieron r . i . tir al tol'r nt • en qno 1'\ ahogaron la 'ou titnción ele 'iícnta y lo' der eh qu hn. · ·il ·un. t. ncias irr · ·istihl s par< lo · pueblo.·, y qu •le tal modo . ·e e tabl ·e •n lo· gobiernos de h •ho. que hay 11 •ce~Sidaiéu ci •1 to, qn ntr om t •r.. por la fu rza. fí:si ·a ó mo-ral á nu gobierno il(•gítimo, y haecr traición á . n .· jnramet.to. para utrouizar P •. • mismo gohi •rtw, hay nna enorme dif•r· ·n­cia. El pueulo colombinno incnltHt.ble (le haber ~ ·omet.ido á la dictad nra d 1 '~8 y á la usurpación de 1 ao; m a ¡, ~~rán igualmente iucnlpd.hlcs los que hollaron la Uoustitución, )' fal­tando á u· juramento., trabajaron eon ahínco, y ·oml>ati .ron por privar de ·u libertadc á la ..... Tacióu y ú lo ciudadano·. La hi. toria imparcinl lo U •cidir{t. rO ·i m pre me gloriar\ llO ólo de llO hab •r sido de los qne coutradij l'Oll • l' i tieron ·iu temor pro y \cto.' y acto tan prod i torio.·; er pre ta.do tui firma ui mis pe lal>rc s pe re e tablee r la dictadura militar; d no haber erd término á la comi, ión. re. ervo á tra ~ plum a.· el · pintar y en alzar j n. tamcu te 1 patriotismo oon que lo pnehlos e e. forzaron en 1 re. tal>l ei· nliento del Gobierno legítimo uacional, y la a uanilo en Hon­da, el :.-eneral Fú,br &a y l Coronel Herrcrc en Panamá, Con­cha, Durftn, arga y ~eo~cauo con otros u las Pro·dncia del Norte, Po ad, y Gonz{lez en .1: eiva .... .1:To es pol'ible citar todos lo· no1nbr s de nuestro di.·tinguido militares en la reacción contra la autoridad establecida por una reh Jión triunfante. El General Caic do, llabiéndo e declarado en ejer­cicio del Gobierno, (lio unid< d á e t. patriótica reacción, y a eguró u éxito feliz. El re ultado de tan glorio a empre a fue lar :)unió u de Ja Convención Oon.·titu_yen te, la creación de la Repúl>Jica d • l n V< Orauacla y la Uou titución de 1 32. Merecí de e ta . amblea, entre t,ras ui ·tincioncs, el nombra­miento d Pr .sideute interino de la. t •pública, que se me comu­nicó {' ueYa rorl p . 111 dio de llll COllli ion· do esp •cial. En nota oficiale y n carta.· pe rticular ,· ·e me llama,l>a cou ur­genci, , conj tll án<.lom 11 uom br d • la patria. á que no retar­dase mi regr so á lla. i pude ni debía t· •si tir á e te hermoso triunfo qn la opinión nacional me concedía: me embarqué para, aut l\Iarta, ~- pisé nuevamente las playa granadina. el día 17 de Julio de 1 3J. LC'jo " de apr • urarme á llegar á llogo­tá, subiendo rápi<.lam •u te l río 1\lagdalena para ~ciar la ausia de gobernar que me suponen mis enemigo;:,, concebí la idea de vi itar á Cartagena y pa ar {L Oúcuta por Ocaña, para rE!correr toilas las vroviucia del ttúu · ito, oud ar Ja opinión pública y v I' por mi propio oj la u ce idades que podían repararse. De de anta i\[arta ha ' ta Bogotá ob ·ervé un disgu to g~neral con la lmini ·tración del Vicepre, hlentc Iárquez, en unas partes con poca :r en otras con obrada rezón. 1\li cond neta, al oír todas Jaa quejas y di 'gu to ·ontr .. el Gobierno, fue abso . lutameute imparcial, excu ándolo ó di ·peu ándolo cuanto pude, y excitando á todo á que cerra ·en los oülo á la discordia y trabajásemos á una n la estabilidad de las iustituciones. Im­ploro el te timonio de la~ provinciR, por donde pasé eutouces, en comprobación de esta Yerdad. No se me ocultaban las difi­cultade de la época, ni lo rencores que había engendrado la guerra civil, y conocía l>a tante al Dr. ltlárquez para hacer la justicia de creer que las circun tancia en que se encontraba eran nperiores á su genio. Elevado yo á la Presidencia por un voto ca i uniforme de la Nación, expresado por sus celegios electorales en l. o de Ago to, no tenía necesidad de adoptar la miserable política de rebajar el mérito ajeno y rivalizar á los JJombres de capacidad y de crYicios, para hacerme prosélitos en el ulgo y granjearme una popularidad efímera. El 7 de OctuLre tomé pose:sión del Gobierno, y en la franca aloeueióa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 622 . 'BOLETÍN MILIT A.R que al día siguiente dirigí á la Nueva Granada, desenvolví los principios con que pensaba gobernarla. La he leído varias ve­ces despué de haber expirado el término con titucional de la Presidencia, y uo hallo que bubie e dejado de cumplir lo que ofrecí al pueblo grauadino ingenua y fra.Hcamente. • Mi manejo ha ta cou los que tu vieron parte en mis perse­cuciones, fue generoso, y según scribía. el Dr. Ca tillo al Ouispo de Cartagena, como 110 lo e pcraban. l\1e propuse hacer respetar la Constitución á todo tranec, y reuuü· á u red dor á todos los disidente' haciendo ju ticia, matar la revoluciones, vengar el honor granadino, tánta veees ultrajado á lo ojos de los pueblos extranjeros, y present~rles . la. R.epública .tranquila y pacífica bajo t"l in1perio de sns leye,. Si lo he logrado 6 nó, lo dirán los hombre imparciales, ya que uo qni reu confesarlo lo .. que hoy gozan del iuestimaul uieu de la paz, que tántos c.lisgu to , odio ·idade. y l'ie go me ha co.·tado atito que antes no habLw podido realizar·~. A todo los empleado se les debfan us sueldos. • Por moderación no he querido publicnr por la imprenta la felicitaciones que he recibido despué~ de haberm" eparado de] Gobierno. Tengo de h ciudad de Girón, ele la villa de Sogamo o, de Zipar¡ uirá! Barrauquilla, oledad, anta ~Iarta, Ca rtagena, ~fompó;, Panamá, Lo at tos, La Chorrera, y de e::;ta capital. Podría añaclir á e tas pieza· innumerables cartas particulares de per onas distinguidas ele dentro y fuera de la República en que SP me favorece uperabunclantemente; entre ella figuran las de lo~ Sres. Joaquín, Rafael y Manuel ~[arfa Mosquera, Santiago Arroyo, las de los Obtspos de Cartagena, Popayán, anta :Marta, Panamá y Antio­quin, del Capítulo Catedral.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 152

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 146

Por: | Fecha: 07/04/1900

ARO IV Bogotá, Abril 7 de 1900 NUM. 146 --~· ...... -- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DlllECTOJt AD•HONOUM, FRANCISCO J. VERGARA y V. General, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este peri6dico todos los Jetes y Oficiales del Ejército de la República OFICIAL :c:mo~:mrro NUla::m:?.o .. :o :m 1900 (18 DE MARZO) por el cual se organiza una Columna El Presidente de la República DECRETA Art. 1.° Créase en la Sabana de Bogotá una Columna que se denominará Columna Antl)nio B. Cuervo, compuesta de un Ba­tallón de 441 plazas, con el nombre de Batallón ll-fadrid, y de los Escuadrones denominados 1.0 y 2.0 de Bogotá, con 7 5 individuos de tropa cada uno. Art. 2.0 Lo Oficialidad de estos Cuerpos se formará de los jóvenes voluntarios que han venido sirviendo como individuos de tropa en el EscuadrÓ't 1. 0 de Bogotá y que más se hayan distin­guido por sus servicios al Gobierno y por su buen comporta­miento. Art. 3. 0 Mientras se efectúa la organización del Batallón Madrid y del Escuadrón número 2. 0 , el Escuadrón número I .o dt Bogotá quedará provisionalmente como cuerpo de ofi<;iales en dis­ponibilidad, pero los individuo!' que lo componen continuarán sir­viendo, como hasta ahora, como soldados, con el siguiente pers~ nal de Jefes y Oficiales ; (L Ut REPuauc Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 402 BOLETÍN MILITAR Un Coronel, primer Jefe; un Sargento Mayor, segundo fefe; un Capitán, Ayudante Ma_vor; un Teniente, segundo Ayudante; un Subteniente, Abanderado; un Subteniente, encargado de la Bri­gada; un Subteniente, Clarín; un Tenieute, Habilitado; y un Ca­pitán, un Teniente y Jos Subtenientes para cada una Je las Com­pañías 1.• y 2.", de que constará el Escuadrón. Art. 4·0 Los jóvenes voluntarios que han venido prestando sus servicios como individuos de tropa, con ración de Sargentos primeros, gozarán en lo suce ivo Jel sueldo de Subtenientes, pero continuarán sirvi~ndo, con.o se dijo antes, en calidad de clase y soldaoos. Los Ordenanzas ttndrán ración de Sargentos primeros. Art. 5. 0 U na vez formados y organizad o; el Batallón Ma­drid y el Escuadrón número 2.0 , el Escuadrón r .0 de Bogotá queda­rá, así como aquellos otros dos Cuerpos, funcionando con el per­sonal de Oficiales y tropa y con las asignaciones que señala el Código Militar. Art. 6. 0 Nómbrase Jefe de la Columna al Sr. General D. Enrique de Narvharate el camino y lo obstruya para poder co­ger al enemigo ó perseguidores. 21. 0 Los movimientos rápidos valen más que los combates; es me­jor darle una vuelta 1lenemigo que dejarse perseguir en lí.1ca recta, sal­vo el caso de que se interne mucho el enemigo, para mcter:o en un pantano, tembladal, y quitarle luégo toda retirada. 22.° Casi siempre se puede repetir un golpe, porque la repetición no se espera; pero no debe intentarse por tercera vez. 23.0 Entre m ;Ís atrevido sea el jefe enemigo, más fácil será coger­lo; entre m;Í.~ seguro esté del triunfo, más fácil sed vencerlo. 24. 0 DeJconfi¡r mucho de todu; no ofender ni tratar mal á nadie. zs.o Adquirir nociones dl: cirugía y cargar vcnd je:; y med cinas en abundancia; tener siempn; camillas y mujeres para transportar uu he­rido después de hacerle las primeras aplicaciones. 26.0 Pensar despacio y obrar aprisa. 27.1) Tratar bien las bestias, que cuando no estén irvierdo estén comiendo; no andar en bestias ::;in herradun y cargar herraduns prepa­radas y herramientas para herrar. Llé .. ·ense bestias de remuda: déjense en lugar conocido y seguro. 28.° Cuando se huye debe destruírse el camino, y en los obstácu­los atajarse al enemigo, haciéndoie fuego de sitio seguro; a!Í cogerá respeto. 29. 0 Desech:u á los cobardes y viciosos, á los crueles y san.,uinarios, porque ésto son los peores cobardes y siempre da11an. 30.0 N o atenerse al espionaje que puedan hacer los co¡: rtidario5 pacíficos que no estén en campaiia. El verdadero guerriller tiene e - rionaje propio y permanente, para lo cual se forma un cuerpo ó comi­sión compuesto de soldados y oficiales expertos, avisados y va crasos. 31. 0 Elegir para teatro de operaciones terreno perfectamente co­nocido para los guerrilleros, y procurar que sea desconocido para el enemigo. 32.• Sin descuidar en lo mis mínimo el servicio activ, la tropa debe dormir y reposar el ti e m~ 0 necesario. 33.0 Dedicar tiempo suficiente para que todos los soldalos de la guerrilla aprendan las reglas anteriores y los toques de corneta . • 1 ••••• SE~CION DOCTRINAL (TRADUCIDO DEL FllANC¡S) Mientras fueron poco numerosos los ejércitos, pudiendo de­terminarse en los reglamentos sus movimientos y procedimientos de combate, no fue necesario tener, para mandarlos, ofi.:iales ins­truídos y experimentados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR Hoy el empleo de grandes ejércitos ·operando lejos de la vista del generalísimo, con un fin estratégico común, no permite ya á un hombre dirigir solo tales masas. No es tanto el general en jefe el que alcanza la victoria, cuanto una organización sabi•men­te preparada de ~ntemano. Se encu("ntra la solución de e te problema : En ]a iniciat;va d jada á todos lo jefe de unid::Jdes; En la unidad de doctrina, la q U P. hace que todos los oficiales tengan las mismas ideas militares y se conduzcan, en todas cir­cunstancias, como lo harían sus superiores; En la organización de un estado mayor general, creador y con­servad r de una doctrina; · En el reclutamiento del alto comando entre los oficiales de es­tado mayor. Iniciativa-Según las ideas en curo en Alemania, tod• crí­tica ó apr iación del uperior, obre la operacione ó trabajo de sus subordinado , debe in pirar. e en la benevolencifl, que no lasti­ma el amor propio y fomenta ó desarrolla la ini iativa personal del oficial. "Caballeros-decía_ loltke un día-no presento á us­tedes mi solución sino á título de ejemplo y como mi parecer per­sonal, lo que no quiere decir que otras oluciunes no s~an tan bue­nas como la mía." E ta libertad de pensamiento y de acción, de intento conce­dida á los subordinados, remedia las dificult4de del comando, da oportunidad y eneq)a á los acto ejecutado , y engendra, mere _d á la comunidad de opiniones, la unidad de dirección. Entonce si el general abdica parte de sus poderes y delega su autoridad en subordinados, sabe que ésto se conducirán y obra­rán como lo haría él mismo, in pirándo e en su pensamiento. Esta iniciativa dentro de la obediencia permite salvar, siquie­ra en parte, los obt~iculos del espacio y del tiempo. Al centro úni­co de pensamiento, forzo amente insuficiente, sustituye varios centro con instrucciones idéntica3. La voluntad del jefe es así de antemano ejecutada, aun antes de haber sido transmitida á los su­bordinados. Donde existe tan perfecta disciplina de los e píritus, el su­perior puede tener entera confianza en su subordinados y estar seguro de que cumplirán coll inteligencia sus prescripciones. Aunque ausente, todo pasa exactamente como si hubiera dado ór­denes personalmente. Unidad d e d?ctri,z'1 -La iniciativa es poderoso elemento de éxito cuando e manifiesta según idea comunes á todos, firme­mente enseñadas y admitida . Sus efecto no son de temer en un ejército donde reina unidad de doctrina, conservada por un perso­nal de ofici:1les poco numeros ' , de composición homogénea, de al::o valor intelectual y consta11ternente sometidos á la dirección efectiva del jefe cie estado mayor general. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN KILITAR Con esta unidad de doctrina, transmitida hasta. el último es­calón de la jerarquía, las situaciones de guerra hasta las más im­previstas serán consideradas y resueltas por todos, en todas partes, siempre de la misma manera. Los errores individuales que pudie­ren producirse serán salvados por una especie de fenómeno de compensación y equilibrio general. La iniciativa, en fin, muy le­jos de entorpecer las operaciones, decuplicará la acción del jefe, sin invadir sus derechos. Estado Mayor general- Es el foco de la unidad de doctrina y la llave maestra del servicio en el ejército. A su doble misión de instrucción y de preparación de la guerra, une la de verdadera escuela de aplicación de estado mayor, á consecuencia de las funciones que en el desempeñan los oficia­les mác; aptos, por su intdigencia y carácter, para dirigir un iervi­cio de cuya buena ejecución depende el éxito de las guerras. Es á esta alta enseñanza que debe atribuírse la homogenei­dad del Estado Mayor alemán, la que permite llegar á una con­cordancia casi absoluta en la manera de considerar una situación militar dada; resultado precioso, que introduce unidad perfecta en la dirección de un ejército, estableciendo unidad en los metodos seguidos y armonía en la elección de las medidas apropiadas á las diversas circunstancias de la guerra. A fin de realizar de manera más completa aún la unidad de instrucción de ]os oficiales de es­tado mayor, las promociones se r~gulan de manera que cada uno vuelva á servir en el Estado Mayor general cierto tiempo durante el resto de su carrera. El personal de oficiales de Estado Mayor del ejército alemán es poco numeroso, pero cuidadosamente escogido. El oficial que no da pruebas de competencia es mandado á continuar sus servicios en un cuerpo de tropas. Rulutamiento del alto comando-La organización del alto co­mando, en Alemania, es la 0bra lenta de disposiciones sabias y de la instrucción superior da,la á los oficiales de estado mayor, de entre quienes salen los oficiales generales, pues allí no se ha caído en el error de dar más importancia á los jefes y oficiales de tropa -al brazo que ejecuta-que á los de estado mayor, el cerebro que piensa y dirige. La traducción que antecede podría ser de alguna utilidad entre nosotros si no siguiésemos, de casi un año á esta parte, un camino que nos va alejando rápidamente del concepto ejército para retrotraernos al concepto milicia y montonera, corriendo paralela­mente aquel camino que nos aleja del concepto naúón para vol­vernos al concepto tribu. Es, pues, traducción perdida, trabajo inútil; irá á unirse con otros tantos lanzados á la publicidad por algunos oficiales llenos de ilusiones por demás candoro$as, á quie- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 409 nes les pasó lo que á aquel viajero que, al desembarcar, miró re­lumbrar á lo lejos fajas, elásticos, plumas, charreteras con flecos de un pie, y se dijo ¡qué ejército! Al acercarse vio que Jos que l1eva­ban tan brillantes insignias tenían por uniforme un calzoncillo y mostraban los pies desnudos: era el ejército de Suluque. A. A.M. (De El Pnrvtnir Militar de Bueno aires) :t.A :O:tSC:tPI.iiNA :9AJO N.t.POI.iEON :t (DJ: LA COilR~SPONDJ:NCIA MILITAR D~L J:MP~RADOR) Al Madscal Berthter Milán, 30 llore:lt del año xm (1.0 de Mayo de J 8c 5) Haced conocer á Soult mi desagrado porque en las diversas revis­tas pasadas á su campo, el príncipe José • se ha presentado de otra ma­nera que como coronel; decidle que nadie en un ejército puede eclip­sar á su jefe; que el J:rfncipe puede revistar su regimiento cuando le parezca, pero que el ' día de una revista general, si era preciso obsequiar un almuerzo, esto incumbía al general del1ejército y no al príncipe: esto interesa en extremo al servicio. La regla absoluta es que un príncipe coronel en el servicio no es sino coronel: el príncipe no podía ausen­tarse de Boloña sin permiso de su general. Escribiréis igualmente á José, . diciéndole he sabido se separó de su campamento sin permiso, y por tal acto no puedo menos de expresarle mi desagrad.>; le diréis que la dis­ciplina no tiene excepciones, que un ejército es -un todo completo, en el que manda es el todu; que mi voluHtad es que vuelva á incor­porarse á su regimiento y en él llene, en toda la acepciÓn de la palabra, sus deberes de coronel. Haced le comprender que se engañaría de modo singular si cree que ya posee las cualidades necesarias para mandar bien su regimiento-NAPOLEON Al Mariscal Soult Milán, 19 prarial de~ año xm (8 de Junio de 18o5) Por vuestra carta veo con placer que vuestro proceder con el prín­cipe José fue como debía ser, porque mi pensamiento es que no hay príncipes en el ejército. En él hay soldados, oficiales, jefes, generales, y el general en jefe~ que debe cubrirlo todo y estar por sobre todos. N o conocía algunoc; detalles del asunto, pero por interés de la disciplina militar fincaba mucha importancia en que fueseis vos quien ofrecía el almuerzo á los oficiales reunidos después de las maniobras. Tampoco deben los príncipes obsequiar dinero á la tropa, bajo ningún pretexto, salvo que se trate del cuerpo que manden directamente. También he hecho saber al príncipe mi desagrado, advirtiéndole que una vez incor- • Hermano del emperador. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 410 BOLETlN MILITAR porado en las filas no podía moverse sin vuestra orden ó sin vuestro per­miso expreso. Todo esto, que perc;onalmente no perjudica al príncipe Jo é por ser hombre formado, lo haría, y mucho, tratándose de jóvenes que quisieran cubrir su gus to por la disipación y la pereza con .••• (falta en el original). He visto, adem:í , que en el asunto los periódicos ti~nden á extra­viar la opinión; per:> esto es la obra de amigos necios que no compren­den que no es hermoso sino lo que es justo y útil, y no es justo ni con­veniente que un coronel, cualquiera que sea su rango social, pase re­vista y haga lo que haría un general en jefe. Si se hubic e destinado al general en jefe á comandar la flotilla, y el príncipe José, Coronel, se hubiera encontrado con él, se habrfa sen­tido la difcrenci.t á que me refiero, y en este caso el acto no abría sido de naturaleza de extraviar la disciplina militar-NAPOLEON DEL TIRO DE LA ARTILLERIA EN CAMPA; A segtln las LefYons tl'artilluie de E. Girardin. 1-f-.L:NER.ALI AOI!:' a) Definiciones- Reglar el tiro e arreglar de tal suerte lo disparJs de una pieza, que el punto medio de la ca1da de lo ~ pro­yectiles en el tiro p .... rcutante, ó el punto medio de ~xplo ¡"n en el fusante, ocupe :.d posición con re·pecto al blanco, que el tiro adquiera la mayor eficacia po ible, siend de advertir que e a po­sición n se confunde necesariameute con el blanco. En efecto, en el tiro percutante sobre un grupo de tiradores por ejcmplol el punto medio en referencia debe quedar un poco adelante del blanco ú objetivo, á cierta distancia que depende Je los ~fectos del cono ó haz de cascos en que se parta el proyectil al chocar en el suelo. E il el tiro directo sobre un obstáculo, una pared por ejem­plo, el punto medio de caída de be hallarse, al contrario, un poco más allá del obstáculo, y lo mismo sucederá en todos los casos del tiro parabólico contra un objetivo oculto tras una masa cubr\dora cualquiera. En el tiro vertical contra un abrigo blindado el punto medio de caída debe confundirse con el centro del blanco, é igual requi­sit >es indispensable llenar cuando se regla el tiro sobre un blanco auxiliar para transportarlo en seguida sobre el blanco verdadero. En el ca o de un tiro fusante contra soldados abrigados ó descubierto·, la experiencia enseña q u~ la mejor trayectoria media que puede adoptarse es laque pa a por el blanco, y en ella el pun­to medio de explo. ión debe hallarse á cierta distancia del suelo, á altura angular que se llama altura (o:; y varía con la naturaleza y velocidad del proyectil. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILI'l'.AR 411 Ma~, sea de ello lo que fuere, el punto medio de caída ó ex­plosión deberá encontrarse en la dirección del objetivo, es decir, sen iblemente en la línea recta que tí na el centro de la batería con el blanco. De lo dicho resulta que es precis di · tinguir en el disparo de proyectiles: I .o, reglaje del alcance; 2.0 , reglaje de la dirección; 3. 0 , reglaje de la altura de explosión. h) Necesidad de reglar el tiro-Es preci o reglar el tiro hasta cuando se conoce exactamente la di tancia á que está el blanco, y el punto medio de caída debe confundirse con aquél; ó en ouos terminos, no ba · ta agregar al dato de la di rancia los elementos que dan las t.'lblas de tiro, aun corregido en vi ta de la altitud, fuerza dd vi~nto, inclin,tciún del je de los muñone', etc., para obtener con certeza que el punto medio de caída de los proyecti­les y el blanco se confundan. La razón de lo antedicho es múltiple; en primer lugar las condiciones atrnosfericas del día (temperatura, humeJad del aire, presión barométrica), de la cuaJe· depende la densidad del aire, y por ende su re i tencia, no son idéntica á las medias en las cuales se determinaron los elemento~ de la tJbl·, de tiro; en egundo lugar la cantidad de p6lvora empleada puede por u calidad no dar la misma vel ciclad inicial que la mirada como tipo, en especi~l despué::. de algún tiempo de fabricación y almacenaje; la sequedad y el cal >r favorecen el rendimiento de la carga, que produce mayor alcance en tierra cálda y en verano; y meuor en invierno ó Jugare · húmedo, . Adem:ís, en la práctica del tiro, la distancia nunca se conoce ino aproximadamente, y las correcciones de los element·}3 que determinan la puntería no otrecen matemático rigor. El reglaje del tiro remedia á tod~s esta causas de desvío y conduce á señalar como distancia dd blanco una que difiere más ó menos de la topografica ó real, se llama distancia balístic~,, y difiere de la anterior en cierta cantidad denominada desvío del rtglaje del día. Con mayor razón es preciso confesar la necesidad del reglaje del tiro cuando se trata de colocar el punto medio de caída no ya sobre el blanco, sino una ciet ta di. tancia adelante y aun atrc\s del objetivo. e) Distinciim entre los principi'Js y el mecanismo dt los métodos dtl tiro-En los métodos empleados para reglar el tiro, preciso es no confundir los principios realmente dignos de ese nombre y los elementos que constituyen el mecanismo del tiro. Los principios son los mismos, trátese del tiro del cañón que se quiera, y reposan esencialmente sobre el conocimiento de la dispersión de los disparo. en el tir y sobre los efectos Je los pro­yectiles que se di spa ran, pero el mecani m o varía, no sólo con ellos, sino ante todo con la organización del material y del empleo que de éste se haga. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 412 BOLETIN MJLIT A~ Por Jo dicho, los manuales reglam entarios del tiro, aun cuando presentan los mismos principios, pueden cambiar cuanto á los me­dios de aplicación. La primera condición de un buen método de tiro, considera­do desde un punto de vista meramente mecánico, es la sencillez y la rapidez; pero estas cualidades dependen en e pecial del material y sobre todo de lo órganos que sirven para la puntería. Las voces de mando entran en la parte mecánica de los mé­todos: deben ser cortas y sencillas. El empleo de la manivela como instrumento de reglaje, á pesar de ciertas ventajas, ayuda á com­plicar las que inserta el manual de campaña. En estas páginas no se trata sino de los principios de los mito­dos de tiro, es decir, de su justificación técnica, basada en la disper­sión de los disparos y los efectos de los proyectiles. Para esto debe­mos examinar sucesivamente: 1. 0 Tiro percutan te sobre blanco fijo. 2.o Tiro fusante normal sobre blanco fijo (precedido por per­cutante para el reglaje). 3.0 Tiro sobre blanco móvil (percutante y fusante). 4. 0 Tiro fusante de conjunto (reglaje por la observación de los cohetes). 5.0 Tiro progresivo. 6.0 Tiro de metralla. 7.0 Tiro de grupo. JI-Tiro percutantc •obre blanco fijo d) Para destruír obstáculos se emplea la granada percutante á todas las distancias. Contra blancos animados se hace u.:;o del tiro percutante aun á las distancias cortas (menos de r,soo metros), porque entonces la superioridad del tiro fusante desaparece y la espoleta de percusión, que no exige arreglo del cohete, es de más rápido empleo, en especial en el tiro de campaña. e) Reglaje del tiro en alcance; tiro de ensayo; tiro de conjunto. En esta operación búscase enmarcar el blanco lo más pronto posi­ble, entre dos puntos de caída, uno largo y otro corto, obtenidos empleando alzas que difieran entre sí una cantidad llamada tena­za (fourchette), nombre con que también se designa el enmarca­miento dentro del cual se abraza el blanco. La tenaza más cerrada, en la práctica, corresponde á una pro­fundidad ó magnitud de 4 desvíos probables en alcance, ó sea 50 metros, término medio, para los cañones de montaña en el tiro de campaña. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR De lo dicho resulta que tirando con el alza que corresponde á la mitad de la tenaza, aiJí cae el 8o por 1 oo de los disparos con­forme lo indica la escala de dispersión (fig. siguiente) LARGO "' ~ ................................. ~ ............ . 25 . 1 •................ MQ ·•··•·•···· ~-·· .•.•..... 16 ·§ u • • • • • • • • • • • • • •••••••••••••••••• ""C • - •••• 25 CoRTO Para obtener el enmarcamiento del blanco se dispara un pri­mer proyectil con el alza de la puntería inicial, ó sea la que co­rresponde á la di tancia calculada; si el disparo resulta corto, se dan saltos sucesivos en dirección hacia lo más lejos, á cada salto aumen­tando el alza en una cantidad de milímetros que corresponda á cuatro tenazas (200 metros), hasta obtener un primer disparo lar­go, y desde que se está en posesión de este marco, cuya profundi­dad por lo regular no excederá de 16 desvíos probables, se modi­fican las condiciones del tiro partiendo del último disparo (el largo) para reducir el marco al duplo de la tenaza ' Y después á esta sola. Si, al contrario, el primer disparo resulta largo, se procede del mismo modo, sólo que los saltos se dan hacia lo más cerca. El tiro de las piezas de acero de la moderna artillería difiere tan poco, que es posible efectuar el reglaje en alcance empleando todas las bocas de fuego de una misma batería; no sucedía lo pro­pio coa los antiguos cañones de carga por la boca, pues cada uno de ellos tenía su régimen particular. Desde que se está en posesión de la tenaza, para mayor se­guridad se pueden verificar sus límites como se indica adelante. Esta primera face del tiro percutante sobre blanco fijo, que comprende la línea de una tenaza reducida, y, eventualmente, la verificación de sus límites, es lo que se llama tiro de ensayo: termi­nado éste sábese que se tiene el blanco dentro de un marco relati­vamente red u ciJo, pero aún no se conoce cuál es la trayectoria media más ventajosa para batirlo. Para encontrar esta trayectoria se toma provisionalmente como alza la que corresponde al centro de la tenaza mínima, que es sin duda alguna la alza probable del blanco, * y, en todo caso, el punto medio de caída que le corresponde no puede distar del blan­co más de 2 desvíos probables. Para terminar el reglaje se ejecuta • L:t teoría del cálculo de probabilidades demue tra que, cuando se e~tá en posesión de un marco cual4uiera, la posición 111ás probable del blanco, e. decir, la <¡ ue tiene más visos de ser la verdadera, se halla en el centro de dicho marco, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 414 BOLETÍN MILIT A.R con dicha alza un tiro de conjunto por series de 6 y mejor de 4 disparos; la prop.xci<)n que resulte entre los di paro largos y cor­tos que se obtengan hace conocer la posición del punto medio con relación al blanco (en alcance), y si e ta posición no es la más fa­vorable desde el punto de vista de la efic~cia del tiro, se modifica el alza. Cuando el punto medio debe confundirse con el blanco se tratará de obtener, en un tiro prolongado, tantos disparos largos como cortos (3 en 6 y aun 2 sobre 4); si debe quedar delante del blanco (una tropa descubierta en orden delgado) á una distancia próxima á un desvío probable, se buscará el 75 por 100 de tiros cortos y el '2. 5 por 1 oo de tiro larg s (4 corto y 2 largos en 6 ó bien 2 ó 3 cortos en 4); i se nece ·i ta caiga más allá (un obstácu­lo en relieve, pared, trinchera, etc.), se cuidará de conseguir dis­paros capace de atravesarlo persiguiendo como mayoría los dis­paros largo~ (3 ó 4 obre 6 o bien 3 de 4). .. Para el tiro Je conjunto es m;ís lógico e tablcccrse ya en el límite corto, ya en el largo, ya en el centro mi.mo Je la tenaza, según que e bu que m a yon a de disparo corto., ó largos, ó bien la alza del blanco; pero es más sencillo 5ituar los proyectiles en el centro del haz reducido, como e regla en el tiro de campaña. · n el \.1anual de tiro e halla la iguiente regla: cuando en el tiro de conjunto una serie de 6 disparos ha dado 3 sob1e 4 en el sentido de la mayoría deseada, se considera reglado el tiro; en caso contrario se efectúa en el sentido de~eado una modifit::ación de alza igual á media tenaza despues de la primera serie y otra de un cuarto de. pues de las demás. Cl) o N .... '~ ........... - .. .. ... :.~ 7 ····CLJ..2i····,········· -: e r6 N Q. S:: •••. 3 ......•.•..... ~ zs% B''' límite superior B" B' B M limite inferior --------------------0--------------------- 7 rs Esta regla puede justificarse a í: tiénese, por ejemplo, adop­tada como alza en el tiro de conju1 to la del límite inferior de la tenaza (caso en que se busca mayoría de disparos cortos). Sea _ll,f Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETlN MILITAR 4:15 el punto medio escogido para ello y MN ]a longitud de la tenaza con las fajas de la escala de dispersión (fig. anterior). La posición del blanco puede variar en el marco obtenido entre M y N. Si queda en M se obtienen tantos disparos largos como cor­tos y se conserva el alza del blanco. Si queda en B, á un desvío probable más lejos que el punto M, se obtiene el 7 5 por 1 oo de disparos cortos (unos 4 por cada 6), luego nada hay que cambiar. Si el blanco se hallare en B', en mitad de la tenaza, sólo se obtendrá el 10 por 100 de tiros largos (menos de I en 6), lo que es insuficiente; pero aumentando ~el alza en media tenaza . e transporta el punto medio á B' y se aseguran 3 tiros cortos sobre 6. Si el blanco lolsupone,nos en B",Ha misma corrección de me­dia tenaza transporta el punto rrtedio á B' y e to d rá 4 tiros cortos sobre 6. En fin, si el blanco estuvie~e en N, vecino al límite uperior, la misma corrección tra.lada el punto medio á B'; pero como en la salva siguiente la racional pr porción de disparos cortos y lar­gos aún no e habrá obtenido, será preciso ejecutar una segunda corrección de! de tenaza para c-ambiarlo de B' á Bn y conseguir así la proporcion de eada. Para el tiro percutan te de campaña sobre blanco fijo previene el manual: "Tiénese por buena la alza, cuando sobre 4 disparos observados e obtienen 2 cortos y 2 largo·, y se la modifica en 25 metros (~ tenaza menor), tras toda serie de 4 disparos que no den resultado satisfactorio. Si el objetivo es una tropa descubierta en orden delgado, puede considerarse como buena una alza que pro­duzca 2 ó 3 disparos cortos sobre 4· Debe sí observarse que la aplicación de las proporciones de la escala de dispersi6n á un nú­mero de disparos tan restringido como 4 ó 6, no se justifica sino por los resultados satisfactorios que da en la práctica del tiro. J) Amplitud de los saltos-El primer salto debe ser suficiente­mente amplio para obtener en él un enmarcamiento holgado con un número reducido de disparos. Además la amplitud del salto será tanto más fuerte cuanto mayor sea la lejanía del blanco, por­que entonces los desvíos probables y los errores de apreciación de la distancia aumentan con aquella. En fin, el salto debe ser tal que los límites observados no puedan ~er falseados por los desvíos producidos por la dispersión normal del tiro; y desde este punto de vista hay certeza de que á lo menos un0 de los límites es exac­to si el enmarcamiento abarca 8 desvíos probables. La amplitud del primer salto si se da igual á 4 tenazas equi­vale á unos 16 de~víos probables. En el tiro de campaña se dan saltos de '100 metros (4 tenazas de so) á menos de 3,ooo, pero esa amplitud subirá á 400 á distancias superiores y cuando e] des­vío del primer disparo parezca considerable. g) Amplitud de la tenaza menor-Es evidentemente que el enmarcamier:to dentro del cual puede pretenderse colocar el blan- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 416 BOLETÍN MIL IT A.R co, en la práctica, ha de ser tanto más profundo cuanto más dista y menor es la precisión de la boca de fuego; tal resultado se con­sigue precisamente adoptando una tenaza que sea un múltiplo del desvío probable en alcance, puesto que éste crece con la distancia y varía con la precisión de la pieza, la cual representa en caracteres numéricos. • En d tiro contra trinchera$ la tenaza varía con la carga y el alcance y su valor se halla en las tablas de tiro. En el tiro de campaña, á fin de simplificar el mecanismo del tiro se ha adoptado uniformemente la tenaza de 50 metros que corre~ponde á 4 desvíos probables prácticos de 12 metros del cañón de 9omm á las distancias medias de combate (2,500 metros) * Sería ilusorio pretender servirse de una tenaza más reducida á causa de la dispersión natural del tiro. En años anteriores se prescribía la tenaza de 2 desvíos probables, es decir, 25 metros á las distancias medias (k de vuelta ó Imm de alza); pero su adopción condujo á mandos complicados, y durante el reglaje se obtenían muchos disparos muy próximos al blanco, de observación dificil y germen de frecuentes contradicciones. Esto se explica si se obser­va que en esas condiciones y aun uponiendo el blanco en medio de la tena2.a, la dispersión normal de lo di paros d-tba en un fuego prolongado el 25 por 100 de disparos largos cuando se tiraba sobre el límite mínimo del marco y viceversa. El tiro de granada percut;tnte no es eficaz contra las tropas sino cuando esta bien reglado, y otro tanto sucede cuando se le emplea en la destrucción de obstáculos como edificios, muros, trincheras, etc., lo cual explica la adopción de una tenaza reduci­da para esta clase de tiro. 7 límite largo __ -::P-_--;!:~---~=------- 16 Blanco : Tenaza de z ••••••••• O .••••• ¡ desvíos pro-límite corto 2 5 O ¡ bables ----~--~M~----~----------zs 16 7 h) J7eri.ficación de los límites de la !maza- De acuerdo con el método usual para buscar la tenaza parece como que se admite • Las tabl11s de tiro dan la máa convenie:~te para c :ula alcance ele las piezas de montaña-(L. D.) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 417 que si una alza dio un disparo corto, por ejemplo, es realmente corta, es decir, que en un tiro prolongado dará un punto medio de caída corto con respecto al blanco. Esta conclusión sería falsa, porque equivale á olvidar que caben errores en la puntería, las voces de mando y la observación; y aun por la sola dispersión del tiro. Esta última circunstancia sobre todo se presenta con frecuencia cuando los puntos de caída quedan muy próximos al blanco, por lo cual es útil verificar los limites de la tenaza, á fin de no exponerse á creer erradamente que ya se tiene e1 blanco enmarcado. Teórtcamcnte para verificar si una ah,a es corta sería nece­sario disparar un gran número de proyectiles con dicha alza; pero en la práctica se ha reconocido que dos disparos bastan para obte­ner re ultados sati factorios: si los dos disparos resultan con el mismo igno, corto por ejemplo, e tiene el alza como corta; si son dt! signo contrario, se dice que hay contradiccion, y para liqui­darla se di par.m otro~ dos proyectiles en las mismas condiciones. Si sobre la· cuatro ob ervacione · a · í hechas resultan tres en un mismo sentido, s ~ tiene su indicación por exacta; si dos quedan en un sentido y do. en otro, e admite que se tiene la alza del blanco, es decir, la que en un tiro prolongado daría disparos cortos y largos por igual. Esta aplicación de ]os resultados suministrados por la escala de dispersión dd tiro á un número de di ~ paros tan reducidu como cuatro, puede parece r ilógica de de el punto de vista de la sola teo­ría; pero en la práctica no hay inconveniente grave en admitir que se está en pose ión del alza del blanco, cuando en realidad lo es un poco corta ó larga, ya que el error cometido no puede exce­der de la amplitud del enmarcamiento (cuatro desvíos probables), v por esto se ha t1doptado la regla en rcfe r .. ncia en atención á su sencillez y á los re ultado sati -factorio que procura. L\. lo dicho debe agre gar.-e que al ejecutar el tiro de conjunto es pos ible hacer las correccione de alza que haga necesarias la ob­servación de lo nuevos di paros. i) f/eri)icación de una alza-En tesis general, verificar una alza adoptada provisionalmente, es asegurarse de que el blanco que­da en verdad comprendido por la tenaza que conviene al género de tiro que se ej ecuta, considerada dicha alza como uno de los lí­mítes de la tenaza. Para conseguirlo se hace un primer disparo con el alza que quiere verificarse, luégo otro con la misma alza aumentada (ó dis­minuída) con la cantidaJ que corresponde á la tenaza buscada, se­gún que el primer disparo fue corto ó largo. En el tiro percutante sobre blanco fijo, en vez de buscar la tenaza menor (50 metro) y verificar luégo lo límites, se puede, para mayor sencillez v prontitud del reglaje, buscar primero una tenaza amplia, ó s~a el doble de la primera (por ejemplo la de 100 metros), adoptar como alza de ensayo la del medio de tal tenaza y 1. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR verificarla. Si resulta corta (ó larga) se hace el segundo disparo con el alza del límite superior (ó inferior) de Id tenaza amplia que en­tonces queda verificada. límite largo verificado , alza probable l ~ : ... ... .................... - • ! o .,; : alza de ensayo ¡..,., e:. _ ......... . ......... 'C O • O • .. : límite corto 162~ Ahora bien, es claro que e~ta ope­ración conduce al mismo tiempo á encontrar la tenaza menor de 50 metros, cuyo centro se bu ca, antes de pasar al tiro de conjunto; la úl­tima alza así adoptada se llama alza probable del blanco, y puede diferir de la real á lo sumo en 25 metros (fig. adjunta). Si la verificación de la alza de en ayo no produce efect desde el primer disparo, esto equivale á obtener una contradicció1 sobre uno ú otro de los límites de la tenaza mayor; entonces se hace una segunda modificación de alza igual á so metros~ y i e ta vez sí se obtiene un disparo de signo contrario al que dio el hecho con el alza de ensayo, hay derecho para mirar como alza probable del blanco la que produjo la contradicción, y por esto se la ado ta para el tiro de conjunto. En fin, si la verificación no se consigue después de dos mo­dificaciones, esto proviene de que el blanco no está en mar ado, y por lo tanto hay que principiar de nuevo el reglaje del tir . Este método del tiro de campaña puede ernplear::,e tambien en el de atrincheramientos, sólo que en este caso el marco mayor cebe ser igual á 2 tenazas de las que dan las tablas, y la modificación, al verificar el alza de ensayo, será de sólo una tenaza.-( Gcntinúa). ---·-- EJEMPI.OS TAOTIOOS POR H. HELVIG, DEL ESTADO MAYOR ALEMÁN Versión libre para el Boletín Mi!itr.r PARTE PR.I.liEKA-EL BA'.l'ALLON QUINTO EJEMPLO Un batallón (cuatro compaíiias) contra dos comJ>ailías Consideraciones tácticas Cuando es uno quien posee la superioridad numérica, pued"n divi­dirse las fuerzas, si fuere preciso, para atacar á la vez dos puntos diferen­tes de la posici6n del enemigo. Con la proporción considerada en este caso s6lo por rareza podrá temerse un comraataque del enemigo; pero en caso de di vid ir las fuerzas. las fracciones separadas deberán est•blecer­sc de modo que puedan sostenerse mutuamente, de suerte G,UC Lna por- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 419 ci6n continúe vigorosamente la ofensiva si la otra se ve obligada á pasar momentáneamente á la defensiva para resistir un choque del contrario. El enemigo ocupa una posición, y aún no se conoce cuál es su fuerza. El batallón avanza: primera compañía, de vanguardia; segunda y tercera compañías, de grueso; cuarta compañía, de reserva. PRIMER MOMENTo - La fl an • • .• .• .• • • • • • • • • • • • • • • • • .• • • .• .• • • guardia es recib ida con flio- 1. a ltntl fuego por el tntm igo. Dlspn lción : primer a compañía, despli ega íntegra­roen te en tiradores; ugunda compañía, avanza como sos­tén; cuarta compañía, se reú­ne á la terctrtl , y ambas se forman en columna de com ­pañía á intervalos de desplie­gue. ~00 ~ ~~~ 4··~· .... Primer mommto ~ ~~ .. ~~2. t ' 1 \ ' ---,~ \ ' ' ' • • • • • • • • • • SEGUNDO MOMENTO- El ~- ........ . ifT. 1 a advenario refuerza JUJ tira- : • ~-. • dorn, y pflr Jlt parte pronu11- ; ··.. tia ataque contra la izr¡uier- • : • ... K. da de 11uestra primera compa- ~ <');' •• ...., -w ·. nza. •• • •• +---·--·--··------ ----- Disposición: primera compañía, martillo defensivo en el ala izquierda; segunda compañía, pelotón por pelo­t6n sobre dicha ala izquier­da, en tiradores: fuego de descargas; tercera y c11arta compañías, marchan hacia e{ mismo ru11to. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 420 BOLETÍN MILITA.R TERCER MOMENTo-Durante el anterior movimiento el enemigo u ha dado cuenta de nuestra superioridad numérica y se repliega á su primitiva posición. IJisposlclón: primera y ugunda compañías, atacan la izquierda ene­miga; tercera y cuarta c?mp,;fíías, hacen lo mismo con la derecha contra­ria. Cada compañía despliega dos relotones en tiradores. Tan luego como la tercera y cuarta alcanzan la dirección en que deben atacar, se dará la señal (para todos): avance11. El ala derecha inicia su movimiento ofensivo por la derecha y en escalones, y lo propio hará la izquierda, llevando ésta en cabeza. CuAPTO MOMENTo-E/ e11emigo permanece en su puesto y refuerza J/tJ tiradores. En el acto en que las compañías tercera y cuarta lleguen á unos 400 pasos de la izquierda de la ugu11da compañía, y han tomado la dirección normal contra la derecha enemiga: Señales (para todos): aflance11! •• •• ,.·: ,: 'J(.. 1 1 1 1 1 1 \ \ \ \ \ \ 400 pasos • • • -f-· ........... ·-?-· •• ~~88~ z.a e uarto momento • • • .. . . . QuiNTO MOMENTo-E/ memigo acerca su compañía aún en reurfla IÍ su ala derecha, y parece preparar un _contraataque por ese lado. hlsposlelón: primera y segunda c~mpañías, continúan avanzando, en tanto que tercer11 y cuarta hacen alto. SExTo MOMENTo-La derecha del adt..~trsario ataca nuestras compañías ttrura y cuarta con una y medi a compañía . • •• ... ~ ~ .. •• •• J.;~ • •• •• Sexto momento Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR 421 Disposición: ttrcera 1 cuarta compañítlJ, alto, fuego rápido; pri­mera y ugunda compañías, aceleran su movimiento de avance. SÉPTIMO MOMENTo-Es rechazado d contraataque del mrmigo; á la fleZ las compañías primera y segunda amenaza11 su retaguardia y lo h11un retirar apresuradamente. Señales (para todos): marchen 1 marchen! OcTAVO MOMENTo-E/ enemigo continúa su retirada en desordn1 ~. • • • • • • • • • • • • • •••• t/J. • • • • "f{!P. . . "\• • ••••• • • • • • • • • • . .,. 1-· ' · .. , ··~-.... -.. ..... -+ ~~ ~ 0~~ ~~ 4·1\ Octavo momento Ulsposldón: primera y ugunda compañías, persiguen al enemigo, íntegramente desplegadas en tiradores; tercera y cuarta compnñítu, se reúnen en sendas columnas de compañía; después lo hará la primera, y la segunda queda encargada de cubrir el bata116n. --···-- SOBRE EL UNIFORME MILITAR (Continuación) Segunda cualidad-Ser ligero Como se verá más adelante la higiene, entre las materias de que se puede construír el vestido externo del soldado,. indica en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 422 BOLETÍN MILITAR preferente lugar los tejidos de lana, y partiendo de este dato preci­~> O no dependerá su pe o de otras causas que de la calidad de los paños que se emplean, y de la hechura y disposiciones de las pren­das que se adopten. Los tejidos vellosos y de trama floja son ligeros y proporcionan grande abrigo á reserva de no estar expuesros á mojarse. En este caso absorben, por su misma contextura, gran can ti dad de agua, y aumentan considerablemente de peso; circunstancia que por sí sola bastaría p.1ra colocarlos en inaceptables condicion~s re~pec­to de la cualidad de li;ereza, aun no parando mientes en las anti­higiénicas que tendrán en tal disposición y que por completo vedan su empleo para usos militares. Queda reducido el campo de elección al de los paños tundidos, y de éstos, por razón de mejor calidad y mayor duración, á los más tupidos y abatanado , que son casi impermeables. En la hechura ó corte de las prendas que con ellos se confeccionen, se ha de mirar más que á :w poco peso á la cualidad tercera, y de ella se tratará este punto. Los zapatos, el pantalón, la polaina, la chaqueta, el capote, la levita, la gorra y el cubre-cabeza constituyen las prendas de vestuario de todas las armas, con la pelliza y el dormán. Los zapatos son convenientes y adecuados, ~in excluír por esco la alpargata, que para el soldado acostumbrado á usarla, es un calzado muy ventajoso, principalmente en terreno seco. El pantalón y la chaqueta están bien apropiad0s; solamente la levita constituye una redundancia que conviene suprimir. El capote, la gorra y el cubre-cabeza admiten modificacio­nes en su forma, que proporcionarían algún alivio en su peso. La ropa interior no parece necesitar modificación alguna, tanto respecto de las telas que en ellas se emplean (lienzo fino) como de su forma. El equipo, que se ha considerado como parte del traje, puede admitir algunas modificaciot1es desde el punto de vista de la dis­minución de peso; comp ínese en la actualidad: para los institutos á pie, de mochila (morral), cartuchera, bolsa de municiones, cin­turón, patín, vaina de bayoneta y correas accesorias; para los de á caballo, y consicierando solamente las prendas que lleva el hombre desmontado, de cartuchera y cinturón con tirantes. La mochila-morral reglamentaria e5 un progreso sobre los antiguos cajones forrados de baqueta, pero aún se aligeraría ha­ciéndola de lona ó de tela impermeable*. Del sitio en que se ha ya de colocar se tratará después. La c~rtuchera debe suprimirse y sustituírla, igualmente que las bolsas de municiones, con una ó dos cananas hechas de la mis- • Un oficial general, cuyo nombre no estoy autorizado para decir, posee el me­dio de hacer completamente impermeable cualquier tejido, á beneficio de preparación tan eenctlla como barata, y que tiene además la ventaja de no alterar niJfolut,mente e~& •adtJ las demás circunstancias de las telas á que se aplique. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. "BOLETíN MILITAR 423 ma materia que la mochila; en ellas podrán llevarse de setenta á ochenta cartuchos, y los veinte re tantes hasta el completo de la dotación, en dos ca rgadores rápidos del sistema Kranka, ó en bol,illos colocados en la parte inferior de la región torácica. El cinturón es conveniente, y tan solo en su forma habría de sufrir alteración., completándolo con una faja ancha de lana de te­jido fuerte y resi s ten te, igual á la que tienen los llamados cinturo­nes gimnásticos, y mejor como la que usa el pueblo. Respecto al patín y vaina de la bayoneta, nada se puede hacer que altere su peso actual. Las correas sostienen la mochila, r las tirante que partiendo de las cartucheras anteriores vienen á sujetarse en la colocada á la espalda, no son necesarias. En la caballería poco puede hacer e en favor de esta tercera cualidad por lo reducido del equipo per~onal del oldado. La c :-lr­tuchera suspendida de una bandolera i ndepc:ndiente podría ir su jeta al cinturón del sable y suprimir en éste la tirantes, co as, como se ve, de poca monta parc1 el objeto, y que además se resuelven de otro modo en el lugar en que de esto ·e habla. En re umcn, de; t: ta egunda cualidad resulta conveniente la supre ~ ión de la levita y parte del corre•je y la modificación de la gt>rra, el cubre-cabeza, el capote, la mochila, la cartuchera y el cinturón. Terara cualidad.-No emharaz.ar los movimientos La manera de conseguir el fin que se indica es evidente: de­jar la amplitud necesaria al juego de las articulacione ·, co, a en realidad más fácil de enunciar que <.le conseguir. Limitada ya por la segunda cualidad la tela de que ~e haya de construír los uniforme , solamente en su hechura y corte habrá de influír esta tercer~l. Deben proscri bi r!;e los rell "'nos de e!:. topa y los forros de lona que par.1 armar el uniforme militar suelen poner los sastres en lo­vestidos del tronco, pues de ellos dimanan la rigide¿ 6 tiec;ur.t d ., estas prenda, que es sumamente molesta y no produce otro efecto que convertir en soldados de madera fabricados en N uremberg á los que deben serlo de carne y hue ~ o, satisficiendo el mal gusto de los que admiran el pf>cho abombado y la espalda como una tabla, de lo. de.graciad s á quienes se impone este emparedamiento. Para el cuerpo vec: tidos holgad s y que no le opriman, y más ajustados, aunque sin llegar á ser ceñidos, para las extremidades; esto es lo que s e trata de obtener. Entiéndase, empero, que tanto lo uno com lo otro d ·be enc-errarse dentro de razonables límites, que si lo apretado impide el movimiento, la anchura excesiva lo dificulta. Un pantalón muy estrecho no permite doblar las piernas al que lo lleva, y por lo tanto subir ni inclinarse, pero un calzón bombacho será un entorpecimiento para marchar y para correr. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETm MILITAR Serán convenientes para el vestido del tronco: anchura en la unión de la manga con el cuerpo (sisa) para p .:: rm:tir el juego de la articulación del hombro, e -cápulo humeral, y en el pech y la cin­tura para alclnzar igual resultado respecto de las articulaciones de las vértebras, del tórax, de la pelvis y del pubis; largo proporcio­nado para que no dificulte la marcha. Y en las mangas y el pan­talón la holgura suficiente para no estorbar los movimientos de los brazos y las piernas en sus respectivas articulacionc del codo, coxo-femoral, de la rodilla y tibio-tarsiana.- (Continúa). NAZARlO CALONJE --··-- SOBRE EL EJÉRCI'L'O ALEl\IÁN (Continuación) Período de servicio de campaña Despué de los ejercicios de brigada en la Guardia, y los ejer­cicios de batallón en la Jrnea, viene uno rle los períodos más im­portantes de la in trucciún de Jas tropzs: la del servicio de campa­ña. Habiendo dejado á Alemania durante el estío, no he podido desgraciadamente seguir en persona todas sus fases; pero algunos días durante los cuales me ha sido posible acompañar á las tropas al terreno, me han bastado plenamente para convencerme de la importancia que se concede á todo cuanto se hace en e te período. Bajo el nombre de servicio en campaña, los alemanes compren­den no sólo el servicio de se~uridad, sino todo lo relativo al empleo de las tropas sobre el campo de batalla. Por ejemplo: adaptar al terreno los movimientos de un cuerpo ~e tropas ó de individuos aislados; las marchas con todas las precauciones que se usan en la guerra; las pequeñas maniobras; el ataque y defensa de las diver­sas quiebras del terreno y el franqueamiento de obstáculos que pu­dieran encontrarse en él; la disposición y la guardia, tanto interior como exterior de.! un vivac; los puestos avanzados y los trabajos de zapa. Además se prosigue a e ti va mente el ti ro al blanco y se dan á los soldados algunas lecciones de natación. En fin, para contrarrestar los hábitos de abandono que pudieran fácilmente introducirse en razón á todos estos géneros de ejercicios, se continúan durante todo este período las maniobras regulares, los ejercicios individua­les y el servicio de guardia, según las necesidades de la guarnición. Como en todos los casos, la progresión de la instrucción es en este período objeto de un cuidado muy p:1rticular, e fvrzándose tam­bién, para aprovechar el tie,npo, en reunir en una misma e ión en cuanto es posible, diferentec; ejercicios anál gos, lo que además de permitir cierta variedad en el trabajo sostiene la atención y el ardor Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BQl.ETfN MILITAR 425 de los hombres, y hace la in~trucción mucho más interesante. Hasta principios ó mediados de Junio toJo estos ejercicio~ e hacen ge­neralmente por compañías, y hacia esta época lo jefe- de regimiento pasan la inspección, despues de lo cual las misma' in trucciones se repiten en más grande escala, es decir, por batallones, luégo por regimientos enteros y con el concur~o de tropas de otras armas. La manera de combatir que e ha impuesto hoy día, y la prác­tica misma de las últimas guerra , han hecho una necesidad des­arrollar en el más alto grado el e píritu de iniciativa y la aptitud para obrar, entre todos los jefes ha ta de la!: más pequeílas unidades, desde la compañía hasta la patrulla y el puesto avanzado inclusive. Así pues, la mayor parte del tiempo, durante el verano, se deja por completo á la di posición del comandante de la compañía. Sólo en la segunda mirad de este período de i n~trucción se pasa á los ejer­cicio de fracciones más con id ·rabies, para dar igualmente á sus jefes la ocasión de practicS capitanes se entienden de antemano, de manera que puejan ello> y sus oficiales p~ner toda su atención en la instrucción de su tr0pa, dar á sus soldados toJa las explicacio­nes necesarias y anotar los parte5 de los centinelas y de las patrullas. A la exactitud de estas noticias se concede la mayor impor­tancia, esforzándose por hacer comprender á cada soldado que debe cuidadosamente distinguir lo que haya visto bien claramente de lo que no haya hecho má que entrever ó sup ner, y se exige que en todo parte enuncie primero los hech s bien probaclos y después la sup icione á que le hayan dado lugar. Además del castigo á que e haría a ·reedor el autor de una noticia inexacta ó de pura invención, no se perdona oca ión de mostrar á todos, ha­ciéndoselo ver de cerca, las con ecuencias que semejantes lige­rezas podrían tener en la guerra. Rec rdaremos á este oropósito que tanto en las maniobras ó ejercicios obre el rampo, como en tiempo de guerra, se hace uso para los p irte..;, en t do el ejército prusiano, de bre de un mo­delo uniforme y de pequeño· cuadernitos, en los que cada lwja llev~, impresa de antemano, t das las indicaciones necesariac:;. La imprenta ecreta dd .. tado en I3erlín prepara e tos cuadernos y estos sobres en cantidades muy considerables, con el objeto de poder en toda ocasión pr vee-r abundantemente de ellos á las tropa . En el sóbre, aJemás de la dirección, hora de su envío y recibo, se seña­la tarnb¡én iempre la velocidad que debe llevar el portador del mensaje; el signo x indica que debe ir al pa o; xx, al trote; xxx, al galope. Estando el jinete obligado á conformar e estrictamente al aire indicado, se puede evitar e tropee inútilmente su montura. Al expedidor corresponde, por lo demás, fijar el aire de la marcha, scgú:1 el grado de urgencia y la importancia del despacho. Los partes y la dirección se c~criben siempre con lápiz. Creo deber llamar aguí la atención sobre cuán práctica es la idea de un modelo u ni forme de partes, adoptado para todo el ejer­cito, y que, por consecuencia, viene á ser tan familiar para todo el mundo, que el último soldado conoce perfectamente su uso, así como las regla que se deben seguir para la transmisión de órdenes }'noticias. Ademá , estas dimen iones idénticas de todo~ los partes facilitan mucho su c-.>nservación y clasificación en los diarios de operaciones y en los archivos. Todo oficial ó sargento que durante estos ejercicios se en­cuentre ~ncargado de un mando p;,.rticular, debe presentar á su regreso un crvquis dibujado sobre el ten eno, acompailado de una descripción rapida de lo que ~e haya hecho, y de un informe res­pecto á la misión de que ha sido en o rgado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 427 Cuando la instrucción de las compañías es completa, se pasa á los mismos ejercicios por b~tallón, después por regimiento, ha­ciendo siempre ocupar por cada fracción constituída todo el espa­cio que, según las condiciones particulares del terreno, debieran realmente cubrir con su efectivo de guerra. En esta maniobras, cuya duración es algunas veces muy la ..... rg .t , o;e tiene cuidado de con­fiar á todos los oficiales misiones indep .... ndientes, de las cuales dan luégo cuenta, como ya lo hemo d1cho. 2. o Para familiarizar á los oldados con las marcluu y !.1S me­didas de uguridad que !u son anexas, se aprovecha siempre el tra­yecto de ida y vuelta del campo de ej rcicios. Aun aquí ·e em­pieza por compañías, para pasar sucesiva mente al manejo de cuer­pos de tropas más considerable . Con frecuencia do compañías ó dos batallones toman cada uno una ruta diferente, y tratan des­pués, durante el tiempo de su marcha, ya de reunirse, ó ya, por el contrario, de vigilarse recíprocamente. En todos los casos se intere­sa en el cumplimiento de u:1a misión c::.pecial al mayor número de hombres posible, y la explicaciones rehtivas :l lo que tienen que hacer, cómo tamhién !.1 crítica de sus actos y de sus informe5, tte­nen siempre lugar en presertcia de todos los demás, con el fin de que cada uno tenga los medios de hacerse cargo d .. lo qu se hace y de la manera como las actos deben sucederse. 3· 0 Esta dos clases de ejercicio~ se relacionan naturalmente con !u instrucción sobre la manera de organi-r.ar y guardar un vivac. E ta empieza ya en la compañía, pero no adquiere todo su des­arrollo sino en las maniobras ~e alguna mayor duración que se eje­cutan por fracciones más considerables. En ell.ls se h .ice conocer á Jos soldados las reglas que deben seguirse en la disposición de un vivac; se establecen lo vigilante y otros centinelas; se d~termina la colocación de cocinas, y aun á vece se proveen de todo lo ne­cesario para hacer realmente las comidas. Entonces se obliga á los soldado~ á construír los hornillos, según las indicaciones de los oficiales y sargentos, que les enseñan también, cuando la oca ión se presenta, cómo se puede á veces improvisar recunos con medios diferente de los que regularme11te están en uso, sacando partido de materiales que pueden ha!1ar al alcance de la mano, tales como la­drillos, piedras, etc. Durante todo esto lo soldados no ocupado, sentados ó de pie, alrededor de los que trabajan, escuchan las ex­plicaciones que se les da. Las tropas llevan la leña que debe que­marse, ó bien ~e toma en el mismo punto, previa inteligencia con los propietarios. Para ejercitar á los oficiales y sargentos á elegir terreno para un vivac, se hace preceder á la tropa que va á la maniobra de una patrulla mandada por un oficial encargado de buscar el sitio más conveniente para hacer vivaquear el cuerpo á que pertenece y aun de otras tropas Jetermin;ada que pudieran no existir en realidad, interesándose siempre en que estos ejercicios redunden en prove- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 428 BOLET.f:N MILITAR cho de la instrucción general. Así pues, no se fijará la posición de un centinela, de un pequeño pue · to ó de una cocina, etc., sin dar en alta voz las explic:aciones necesarias en medio del círculo for­mado por los soldados no empleados directamente y que siguen con atención los preparativos. 4.0 Durante las pequeñas maniobras y otro5 ejercicios, se apro­vechan todas las circun · tancias para enseñar á lo soldados á salvar taló cuál obstáculo natural que puede ofrecer el terreno. Si se presenta una zanja, por ejemplo, se les obliga á saltarla con todo el equipo; franquear los vallados, atravesar bosques espe­~ os, llamándose continuamente unos á otros para no perder nunca el mutuo contacto, adoptando entonces cada fracción formada una contraseña especial para rehacerse. En consecuencia, todos los soldados de un regimiento, á medida que penetran en el bosque y se pierden de vista, comienzan á lanzar gritos convenido de ante­mano, tales co1no Wolf, Boer *, etc., lo cual permite á los indivi­duos de los diversos batallones, compañías, etc., reconocerse unos á otros. Si se encuentra un arroyo no se deja á los soldados vadear­lo y exponerse a í á estropear sus efecto ó su calzarlo, sino que se aprovecha la ocasión para enseñarle á organizar prontamente un medio de pasaje, utilizando los materiales que se encuentren en el sitio, con tal que est pueda hacerse sin perjuicio para los propie­tarios y con su consentimiento. En distintos puntos se arrojan, de una á otra orilla, maderos ó tronco , con cuyo auxilio deben los soldados uno á uno atravesar el curso de agua, cosa que atrae mu­cho el buen humor y las burlas hacia los desmañado que no con­siguen pasar ó toman un baño forzado. Bien entendido que tam­bién se aplica aquí el sistema de enseñanza que se sigue en todo; es decir, con explicacio:1es de todas especies, como el por qué se ha colocado el tronco aquí mejor que allí; á qué puntos debe, sobre todo, llevarse la atención cuando se examinan las orillas de un río; cómo y en qué sitios se puede tallar en los ribazos pen­diente de acce o en el caso en que se tuviera que hacer pasar un carruaje, etc. 5· 0 Las pequeñas maniobras, el ataque y la defensa de las diver­sas quiebras del terrazo se hacen también al principio por compa­ñías, con enemigo figurado 6 sin él. En todas la circunstancias los comandantes de compañía y los otros oficiales no pierden ja­más la ocasión de explicar á los soldados el por qué prefieren con­ducir el ataque de tal manera más bien que de cualquiera otra. He tenid•> oca ión de asistir un día á una de estas explicaciones. El ca­pit. ín, d~ pie ante el centro de su compañía, decí::: á los soldados que había recibido la orden de atacar tal pueblo; que el terreno, como ello.; lo veían, f!ra de tal naturaleza, y pre entaba por consiguiente ta­les ventajas é inconvenientes. "Si yo os conduzco de tal modo Gcu- • Lobo, o.o. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILIT A.R 429 rrirá esto, y si de tal otro, aquello, y por tanto lo mejor es proceder de tal ó cuál manera." Después de lo cual explicó á sus soldados so­bre qué punto durante el ataque debían, sobre todo, fijar su aten­ción, y cómo de tal ó cuál cosa dep .... nJía el éxito de la empresa, etc. En una palabra, en todo y por todo vese siempre á los oficia­les dar pruebas del celo más activo, é interesar e vivamente en la operación que tengan que ejecutar. 6. 0 Durante todos los ejercicios dt> que acabamos de hablar, se enseña sin de canso tanto á los hombres aislauos como á las com­pañías enteras, á sacar partido del terren!J en todas las circunstan­cias posibles, haciéndoles sic m pre conocer, á la vez que la numera como es preciso proceder, la razón por la cual debe obrarse así. 7. 0 En toda partes donde las circunstancias lo permitan, ja­más se omite instalar una escuela de natación (schwimmschule), enseñándose con método á nadar á todos los soldados. Ordinaria­mente se hacen los ejercicios de natación á continuación de algún otro. Así, por ejemplo, á la vuelta del tiro al blanco ó de cual­quiera otra instrucción que no cause mucha fatiga, los soldados pasan á dicha escuela, en donde toman un baño. La mayor parte de los cuerpos tienen al presente estos esta­blecimientos de baños, que además de la ventaja de contribuír al desarrOllo del arrojo y agilidau de los oldados, producen también excelentes efectos de de el punto de vi ta higiénico. 8. 0 N o se instruye en los cuerpos á los soldados en ejercicios de cañón. En cambio, los jefes de batallón destacan todos los aí1os de uno á cuatro gifreite, con conocimientos de artillería, para apren­der á conducir cajones de cartuchos de infantería. Cada batallón se arregla de este modo para poseer cierto número de hombres per­fectamente al corriente de este género de servicios, gracias á los cuales podrá á vece'> salir de una situación difícil. 9.o La instrucción de trabajos de zapa toma de año en año un desenvolvimiento más considerable, y á él se concede en el ejército alemán la más seria atención. Con el objeto de tener bue­nos zapadores instructores en los regimientos, cada uno de éstos destaca todos los años, después de las maniobras de primavera, un oficial y seis sargentos cerca del batallón de zapadores correspon­diente, donde aprenden á ejecutar los distintos trabajos que pueden ser útiles en el servicio de la infantería. Seguidamente, depués de las grandes maniobras, se forma en cada regimiento lo que se llama pelotones de zapadores (Pionier­Züge); para constituírlo·, cada compañía destaca 8 soldados y cada batallón un oficial. De la reunión de estos 12 pelotones re­sulta el destacamento regimenta/ de zapadores, al cual el oficial y sargentos destacados al batallón de zapadore¡ durante el verano precedente, se encargan de transmitir la instrucción que han reci­bido. El destacamento regimenta! de zapadores contprende, pues, en definitiva, contando sus instructores, 4 oficiales, 6 sargentos r 96 soldados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 430 BOLETÍN MILITAR El oficial instructor debe dar entonces á este destacamento, en seis ó siete semanas, el mismo curso que acaba de seguir en el batallón de zapa dore , sujetándo. e á la mi~ m a progresión. Se ve que estos ejercicios tienen lugar precisamente durante el período que hemos llamado preparatorio, á tiempo en que el capitán de compañía se ocupa en preparar instructores para los reclutas que espera, y en el momento en que el servicio de guar­dia y comisiones impiden practicar otro·· ejercicios. En el fin de este curso de cuarenta y ocho días, es decir, un poco antes de la llegada de los reclutas, el jefe del regimiento pasa la inspección del dest·Kamento regimenta! de z.apadores. Esta fracción será la que durante el período del servicio dt campaña del año siguiente, se empleará siempre cada vez que haya lugar en eje~utar trabajos de zapa, agregándole en caso de necesidad oficiales y soldados que hayan formado parte de los destacamentos en los años precedentes. . El efectivo de e ta frac .... ión podrá parecer demasiado débil para un regimiento, pero es preci o no perder de vista que reno­vándose cada aílo su composición, el regimiento llega en definitiva á poseer en permanencia un conjunto de tres fracciones semejan­tes, esto es, no ya 96 si no 288 soldados bien instruíJ0 , bajo cuya dirección los demá pueden perfectamente trabajar. Adem " , como todos los añ s se de·tacan un oficial y sei sargento~, sucede natu­ralmente que al cabo de cierto número de años, casi todos los te­nientes del regimiento y mucho~ oficiales de graduación más ele­vada han pasado por aquel batallón; y el regimiento posee también un número bastante considerable de sargentos al corriente de los trabajos de zapa, tanto más cuanto se eligen siempre para ser en­viados al batallón de zapadore los sujetos más distinguidos bajo todos los conceptos.- (Continúa) His•roRIA APUNTAMIENrros PARA LAS MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA GRANADA (Continuación) El 20 de Septiembre de 1819 me nombró Bolívar Vicepresidente de la Nueva Granada, con facultades amplias en todos los ramos del Gobierno. Mis insrrucciones y la ley que me entregó no contenían iÍno una disposición: libertar el país de ltl dominación española á toda costa. Agradecí mucho este nombramiento, porque me creí con fuerzas para cumplir fielmente mi comisión, y porque las circunstancias difíciles y peligrosas en que se hallaba el país, lo que debía yo trabajar para llenar mi5 deberes, y los pequeños recursos militares que se me dejaban, me hicieron estiin.1r dicho nombramiento como una señal de distinguida Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLETiN MILITAR 431 confianza en mi capacidad política y militar. Permítaseme este rasgo al recordar mis esfuerzos en la Vicepresidencia de Cundinamarca desde el 1.1 de Septiembre de 1819 hasta Octubre de 181.1 para ensanchar, ó por mi propia dirección, ó cooperando con Bolívar, el territorio desti­nado á ser la morada de la libertad. Iml-resas están las A1nnorins escri­tas libremente por mis Secretarios Vergara y Osario, en que han desen­vuelto en términos muy honrosos para mí todo lo que hice en aquella angustiada época, no sólo en la parte militar sino en los diferentes ramos de la Administración; y cuando aquellas Memorias no pudiesen ya ha­blar, porque el transcurso del tiempo haya sido capaz de sacrificarlas á las pasiones de la envidia, de la venganza y del rencor; cuando no fuese ya escuchado el testimonio del General Bolívar, que tántas veces confesó ser deudor de sus triunfos y glorias á mi acti\'a y eficaz coope­ración, ahí están todavía BarbacCJas en el Magdalena, Pitayó en Popa­yán, Antioquia libre de Warleta, Tenerife y el General Maza, Mom­pós y el General Córdoba, Santa M arta libertada por Carreña, Cartage­na rendida por Montilla, Yaguachí y Pichincha dando fama á Sucre, y Cara bobo ofreciendo un espléndido tri unto á Bolívar, todos son tes­tigos intachables de que los sacrificios que exigí de estoi pueblos en oportunidad y con la más grande eficacia, fueron indi pensables para ilustrar, en nombre de la libertad, tánros lugares. Aunque la mejor recompensa que yo pude übtcncr de estos ser icios fue la destrucción dc:l ejército español, la patria todavía me dispensó otr señalados honores recibía yo de los reprecentantes del pueblo, á pesar de haber hecho fusilar en Santafé, el r 1 de Octu· bre de 1819, 38 oficiales del ejército español, tomados prisioneros en la campaña; un suceso que entonces fue ensalzado por todos los patriotas, como que sin él quizá habría sido estéril la victoria de Boyacá, ha esta­do sirviendo posteriormente de arma para herir mi conducta. Dos edi­ciones se hicieron en aquel tiempo (y la segunda sin mi conocimiento y á costa de los amigos de la tranquilidad de Cundinamarca) del in­forme que di al General Bolívar sobre los motivos que me obligaron á aquel acto solemne de reprcsalict, cuyo informe pareció satisfactorio al mismo General Bolívar, según me lo expresó en carta oficial que origi­nal conservo • .-(ContbJÍta) • El Gen1ral José Hilario L6pez, ecretuio de Etitado en el Despacho de Guerra y Marina, certifica en virtud de la nnterior re olución marginal, que en el archivo de la Secretar!a de mi cargo se halla uua comunicación que comienza así; Cuqrla! Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 482 BOLETÍN mLITAR general de Pamploua, á 26 de Octubre de 1819-9.0 Sim6n Bolívar, PresidE ttJ tle la República, Capitán geneml de los ejércitos de Venezuela y de la Nueva Gra1. lda, etc. ele. Al Excelentí.\ÜWJ Sr. Vhr.presirlente rie las ProJ,incia.~ libres de la }{uevfl Granada, que dicha co uunicación contit•ne, entre otr:~s co 1., un acápite cuyo tenor e~ t:l si­guiente:" He sabido cou e ,ti ttit.:nto la pérfida coudueta de touestro, pti~il.leros de guerra, que}¡ 111 obligado á V. E. á pasarlo por la ¡¡r111a , en circun . tanci ·en que estab t pendiente una negoci tci6n de canje qtH: tanto honor hace al Gobierno de la Rep6 hlic·t , por d aplauso Cllll qnc mir·t ll la. lltnt reputaci1n pacle­cerá ~in duda¡ t:n recotllpen.;;¡, el apl:tuso dt• nue>tros pueblos y el lluevo udor con que Sl:'rvir:ín á l:t ltep6hlica será nuc.tro con uelu." Y por tílt' 1110, que la t:le wionada cunlluticación e tá anh•rizHla al pie con media firnw y rtihrica clt•l n)i n1o General Bo¡f,·ar.-.Bogotá, 3 de Nuvieu1bre de 1837.-27.0 -Jusí: lllt.Alll<> LOPEZ Uepzíblica rlt. Cülombia-r.uartel general de Trujzllo, á J. O de Di ci· •mbre d- 1820- Al Exento. Sr. \f¡ceprcsidcnte de CtliH.Iinamarca-Hc tt'cihidu el o!icio d' V. E., fecha 13 de Novictnbre últiuw, qttc C\"llcu6 V E. en cumplimiento ele D~cr to de 2[) de SC;ptiembre, telativamcnh: á la cle\·apitat•tón de 38 olici lt·s esprnioll"~. S. ha visto co11 satisfacci6n lus desca1·g ~ que V. E. da, que des •a obren la ju. tificaci6 ante la Comt~ión permanente á quien con esta fech.t ·e dirigen. Dios gu .rde á V. E. mu­cho aii.:s. Et :\Iini~tro, I•t:J>ttO DIUCEÑO :\.1 ,NDEZ Todo este ofi~.:io e tá t.'l'critn de leLra tld :\1 iui t.,_.. El General 13ulh·ar 111e dij11 en cart.a partí •ular de 8 de Noviemhr de 1819 dcstle Pamplona lu i;;uic:ntc: " li ahrá otro Boy.tcá e11 Yen zuela; pcn• no habrá otro liarreil'o que co•rer, port¡m• el Sr. ;\1 ori !lo es <1 nmsi,,clo feliz pa r.1 1 e resenlar la egund:t parte cíe la e:-cen.t ele .nt :fé. i o dudo qne el JH•lriotismo :e ay;t an­ment,> du con el martirologio ele! 11 de Octuhrc." F.n otr t cart de Trujillo de fecha 1.0 de Di<:ie111brc dt: 1820, ntc l' crihi6: "He redbido :,u t•at ta de 13 y e informo pedido por la comí ;6ot. Una y otrt~ tienen 1111 1néri o influito. Su iuforme le hace~ u te infinito hon·•r por la eleg-ancia y di.di:dica que emple.• en él¡ ·i n mb rgo, u~ted ha comeudo tlo · f.db:, .·el!;6n mi opinión, que es haber cit ~tlo la ohr maestra de Ze ,t, po1quc ·u ntérito in~;omparable di minuye l'l de u apoiogía; la ·e~nnda es haberuo acusado á no~otros; á nosotros qul' 110 som?s acusadores! A. Lua que no tiene excus '• y li mf que h e sido la víctima." El inglés \V. White. bien con•tt'Írlo por su at ts p•tchlos ante y
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 146

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 137

Por: | Fecha: 03/02/1900

... A Ro 1v Bo~otá, Febrero 3 de 1900 NUM. 131 --~·.--__;_ nstitución, y CONSIDERANDO: Que por causa de la guerra Sr! ha redoblado el trabajo de la Poli­da Nacional, pues adem 1 del servicio ordinario presta servicio militar, lVimiendo á ser casi continua la fatiga de e~e Cuerpo; Que es juno remunerar debidamente dicho trabajo, OEC!tETA: Artículo único. De de el 1.0 rlel prc ente, y mientras subsista la tCawsa que lo motiva, di frutará de un veinticinco por ciento de sobre­. sueJdo (z S por 100), el Cuerpo de Policía Nacional. §. El crédito para dicho gasto e con idcrará incluído en el del perr·onal del mismo Cuerpo. Comuníque:sc y publíque e. Dado en Anapoima, D..:partctmcnco de Cundinamarca, á 2+ de Entero de 1900. M ,-\ ·uEL A. SANCLEMENTE El lVlinistro de Gobierno, R.-\FAEL M. PALACio-El Subsecretario de Relaciones Exteriores, encargado del Despacho, ANTONIO GóMi~ RessTilEPo-El Ministro de Hacienda, CARLOS CALDER6N-El Ministro de Guerra, JosÉ SANTos-El Ministro del Tesoro, MARCELIANO V All­GAS ·-El Ministro de Instrucción Pública, MARCO F. SuÁREZ. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1~ BOLBTÍM VlLITAR (z7 DE ENERO) por el cual se reforma el Decreto número 153 de 1897 El Prnidtnte dt la Rtpúblüa dt Cg/ombia CONSIDERANDO: Que tanto por el número de guardias de plaza de esta c~pital com01 por el alto precio que ha alcanz~do el alumbrado, es hoy insuficiente la partida de cuarenta pe'3os (ii 40) mensuales asignada para tales gastos. por el artículo 1 56 del Decreto número 1 53 de¡ 1897, DECRETA: Artículo único. Elévase á cien pesos (t 1 oo) mensuales ciesde 1at última semana del presente mes, la particia señalada para alumbrado de las guardias de plaza de la capital de la R('pública, mientras dure tur­bado el orden público. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á z 7 de Enero de 1900. Por delegación del Excmo. Sr. Presidente de la República, El Mini tro de Guerra, JOSÉ SANTOS Minilttrio dt Gutrrü-Staión J.•-BogottÍ, E11tro zz de 1900 Visto e1 Decreto ejecutivo de 16 Jel ~~rc s cnte, por el cual se ads­cribe á este Ministerio la Jefatura Civil y Militar ;e Cundi':lamarca, Se RESL' ELVE 1.o Desde esta fecha asume e] infrascrito Minis ro de Guerra la Jefatura Civil y Militar de' Cunoinamat a con tod:\S las facultarles que co11f; rme ~ la. Cn11 . i ·u j, , y {> ¡, s De-en: ( ~ de adcter legislativo y ejecutivn, 'comp·· ren G uL'. ' 1a d re ~ y Tefe. Civ.'e!' y Militares; z.0 N mhr , f't"r r11 ~ e_ let jc · f~1ura Civil y Militu, para los De ... rachos Je ( , l icr •· y H ciu . dii, r . SfCCiiv~mentc, á los Sr~. Ar­c: tdio DulcLy ~ } - ~ María Pn v.~ 3.0 Tod( s 1 -Jemy· de + +O al punto 3 J . .............. . d1a del ra" ~ ¿~¡;~~::.~~- 1 ~ dohJeJmsBs /l ~ POLÍGONO B, DEL PUNTO 5 AL PUNTO 1 DEL POLÍGONO A ~ o .. .. ~-~ .. o···... ~ --·· .· .. ov ~ m m p o , o ' o ' 5 339 40 139 35 48 50 48 50 30 03 70 30 Cl El punto a e! 17 355 10 155 10 45 00 45 05 28 05 97 15 a la cima dE ... ········· ...... , .. ......... ......... , . .... · . .......•. la torre dt ... ... ........ ......... ......... ........ ······ . ....... l . 25 186 45 386 40 47 20 47 25 29 09 ......... Longitud nle- -- -- -- dia (Jel p11sc / "'lj e)'• .•• /. -~.:49 ~~~.. g;:~ 'o~ ..t.• Q;l \ ~..,. o ,_ ... 1~ a~ -6-o e·~ :( Q, ~ Sumas¡ !47 25 44i 46 280 02 ......... doble }111596 ,'1 1 ~ ~ t2t o t"' tiiS lot ; ~· .... ~ c. " Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITA.lt 135 Oonstruaión ie los azimurs-'Transportador comple11Jentari1-Se cons. :truyen los a7.imuts de Jos diferentes lados del polígono, por medio del 'término medio de los azimu ts directo é inverso, después de corregir éste en zoo0 • Para hacer esta construcción se emplea un transportador de cuerno, llamado complementario. porque además de las dos numeracio­nes ordina¡ias que principian por o · y zoc0 , al extremo izquierdo del diámetro, y acaban por zo::> 0 y 400° al extremo derecho, tienen otras dos numeraciones en el mism0 sentido, que principian por oo y zooo en el radio perpendicular al diámetro, ó zoo. El borde del transpor­tador, cerca del diámetro, es perfectamente rectilíneo y paralelo á este diámetro, y puede servir de regla. Para construír un azimut sin vacilación, y para evitar equivoca­ciones con el transportador complementario, hay que sujetarse es­crupulosamente á las prescripciones siguientes: Se traza primero en el borde de la hoja de papel una rosa de orien­tación, cuyo centro es uno de los vértices de la cuadrícula, cifrada en el sentido de los ángulos, es decir, en el sentido inverso del movimien­• to de los punteros de un reloj (figura 58); Juégo, fijándose en la rosa, se puede ver, según el valor del azimut, la dirección en que se debe trazar el lado correspondiente; se coloca la regla del transportador, próxima­mente, en esa dirección y junto al punto considerado, poniendo el centro ea·en una paralela á la meridiana, sea en una perpendicular á ella. Ea se­guida se bu ca en las cuatro numeraciones del transportador la división que corresponde al valor del ángulo, y que se encuentre cer<.a de la línea de la cuadrícula que pasa por el centro; con pequcfios movimientos se hace coincidir la línea con la división del transportador, procurando que el borde pase por el pun~o, y se traza el lado en el sentido indicado por 'la rosa. De este modo es imposible equivocarse, porque en e: mismo radio difieren las cuatro numeraciones de 100 ó zoo grados, y cerca de la línea de la cuadrícula que pasa por el centro del transportador no hay sino una numeración que dé el valor del ángulo dado. Por consi- ·siguiente, no hay vacilación, se evitan las equivocaciones y se abrel-Ían notablemente los tanteos. Comprobación dt Jos caminam .=entos-Trasladando al ~apel un polí­gono topográfico, se hacen las construcciones hasta el último lado; casi siempre se encontrará un error de cierre. Aun e uando el error sea ad­misible, hay que volver á hacer la construcción del polígono en sen­tido inverso, como se ha dicho anteriormente (métodos generales de levantamientos). Si no se obtiene en esta segunda construcción un error de cierre paralelo é igual al primero, hay equivocaciones en la me­dición de los azimuts ó de los lado ; para buscar un error será venta­joso dividir el polígono por travesías, en las cuales se hacen camina­mientas. Empleo de . fa brújula-Se hace uso de la brújula, principalmente en los levantamientos por el método de caminamiento: 1 •0 , porque no se pueden trazar lados muy largos; en ef~cto l.t l~ctura en la brújula se hace con una aproximación de 5'; la construcción con el transportadot con una ·aproximación de Io', y por consiguiente, los errores en la cons­trucción de los lados pueden alcanzar hasta 1 s'; de donde que no se deben trazar líneas muy largas; z.o, porque operando con visuales Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 138 BOLBTfN XI LIT A.R utilizar íntegramente las propiedades balísticas del arma; y, en fin, que el fuego es el único medio eficaz de preparación para gastar y quebrantar moral y materialmente al enemigo á quien se quiere desalojar de una posición. Mucho se ha discutido sobre la táctica del fuego: los unos lo miraron como el único eleutento racional de combate, por lo cual le subordinaban íntegra la táctica; los otros, con razón en nuestro sentir, reconociendo la eficacia del fuego, y aceptando que es factor poderosísimo en la lucha, sostienen no es, si:t embargo, fn definitiva, sino un medio de activar el desenlace del conflicto entre los dos adversarios. De ahí dos escuelas bien caracterizadas: la primera, porque preconiza la forma defensiva; la segunda, porque se fía de preferencia á la ofensiva. La primera, después de haber triunfado al principio en casi todas partes, á la fecha no conserva imperio sino en el ánimo de los escritores civiles que tratan de la materia, sin saber siquiera lo que es un cuartel. Y como Francia y Alem:.t.nia son las dos Naciones donde con mayor profundidad se ha estudiado el asunto, analizaremos en se­guida cómo se ha resuelto en ellas el asunto reglamentariamente. En Francia rige el reglamento de 15 de Abril de 1894. Allí se sienta, en tesis gene'ral, que el fuego por descargas es más eficaz que el fuego á voluntad ó individual, por cuanto facilita el manejo y dirección del tiro y evita el derroche de municiones •, razón por la cual se recomienda su empleo en el combate tan largo tiem­po como sea posible, lo mismo en la defensa que en el ataque de na posición. El fuego individual se reserva principalmente á los exploradores y para las distancias cortas, cuando ya la tropa no po­see la calma necesaria para apuntar y disparar á la voz. El fuego rápido, tiro por tiro, no se usa sino en el momento decisivo de' un combate, y el de repetición sólo cuando lo mandan hacer los ofi­ciales, pero el almacén debe permanecer siempre cargado, desde que el soldado entra en lucha, por lo que pueda suceder. · Es principalmente en la defensiva en la que se utiliza el gran­de alcance del fusil, porque en ella es más fácil reamunicionar la tropa, y hay interés en perturbar la marcha del asaltante hasta don­de sea posible; en la ofensiva, al contrario, conviene no romper el fuego sino lo más tarde posible para no retardar el movimiento de avance y para ahorrar las municiones. . Los fuegos á ]a voz se ejecutan por fracciones, cuyo efectivo no sea ni inferior á una sección ni superior á un pelot6n; y si la distancia es mayor de 1,ooo metros, pueden emplearse dos alzas que difieran entre sí 200 metros y dejen en medio la distancia calculada El reglamento admite que el fuego puede ser eficaz dentro de los siguientes límites: • Si esto sucede en tropas realmente enseñadas, ¿qué sucederá con milicias que entran en campaña apenas levantadas? Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN KU..IT A.B 139 Hasta 2,ooo sobre tropas en columna de viaje ó en forma­ción de reunión; hasta 1,500 sobre líneas extensas, columnas de pelotón ó de compañía, y s0bre la artillería y la caballe­ría; hasta 1,200 sobre una línea del frente de una sección ó so­bre una sección de artillería; hasta 1,ooo sobre una línea del frente de media sección; hasta 8oo sobre la que tenga el frente de una escuadra. A menos de 6oo el tiro es eficaz sobre toda tropa, á pie firme ó en rr.archa, apuntando con el alza de 400 al pie del blan­co. Contra la artillería y la caballería conviene el alza de 6oo para todas las distancias inferiores á 8oo metros. Cuanto á la dirección del fuego, reservada á los oficiales, se sujeta á los principios que se expresan en seguida: el jefe de ba­tallón indica á los capitanes el objetivo que quiere alcanzar, y, si así conviniere, la porción de la línea enemiga sobre la cual debe concentrarse el tiro; los capitanes determinan el blanco, regulan el empleo del fuego y del consumo de municiones, prescriben el alza que ha de usarse, vigilan la regulación del tiro y señalan el tnomento en .que debe romperse ó cesar el fuego; los jefes de sec­ción reemplazan en esta3 funciones al capitán, si fuere preciso; cuidan, ayudados por los sargentos, de que los soldados empleen el alza ordenada, y vigilan que las voces de mando se atiendan con orden y se cumplan con precisión. En tod caso e1 fuego se regulará teniendo en cuenta los car­tuchos de que se dispone, de suerte que siempre se conserve una reserva suficiente para el momento decisivo. En tanto que no se ha ordenado el fuego rápido, la eficacia de) fuego se busca en la precisión del disparo, y no en el número de éstos. Reglada así la dirección del fuego, preciso es averiguar cómo se le aplica en el desarrollo del - combate, -que es -lo. que constituye. Ja táctica del fuego propiamente dicha, porque como factor im­portantísimo aparece ' en todas las fases de la lucha, trátese del ataque ó de la defensa, de perseguir al enemigo ó de cubrir la re­tirada. En efecto, una infantería que resulte privada d~ su fuego es una tropa paralizada á que no queda otro recurso que los golpes de desesperación, que pocas veces dan buen resultado. En la ofensiva las reglas son poco más ó menos las mismas, cualquiera que sea la situación de la unidad que se considere, sola ó encuadrada. El fuego dirigido como queda dicho y combinado con la marcha sirve para acercarse al enemigo y para ganar poco á poco los emplazamientos favorables para obrar eficazmente sobre él. Cuando de esta suerte se ha aproximado el asaltante á unos 400 metros del defensor, preci~o es emplear todos los medios de que disponga para quebrantar la resistencia de éste; el fuego rápido sirve entonces para ganar más terreno; en fin, en el último perío­do del combate, á 150 ó 200 metros, toca al fuego de repetición abrir campo al último esfuerzo de la ofensiva, ósea al que habrá .de llevar al asaltante hasta la posición que quiere conquistarse. En Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1'ÍN M1Ll1'AR resumen, en la ofensiva el fuego es medio para avanzar, ya que en primer término es el movimiento lo que da probabilidad de im­presionar al enemigo hasta el punto de hacerle temer una lucha cuerpo á cuerpo. U na tropa inactiva no obtiene resultados eficaces en la acepción de la palabra, y como por otra parte s~ría temeri­dad lanzarse sin preparación á una zona barrida por los proyecti­les de un enemigo intacto, no es sino tras un fuego certero, nutri­do y más mortífero que el del adversario, cuando resulta posible ganar terreno hasta acertarse lo suficiente para tentar el esfuerzo decisivo en una sola arremetida *. En la defen i va, al contrario, los medios empleados difieren en cuanto que en las primeras fase del combate el fuego es el úni­co medio con que se cuenta para detener al asaltante, para que­brantar . u empuje, pervancia de 1"~ pri rl­cipios relativos al empleo del arm.i: es preciso que el tirador rern'a­nezca calmado bajo el fuego, hasta cuando no le es pe:-rm:ti o .• - parar; que c:fispare después de apuntar con cuidado; que utili( .· d terreno para aumentar la eficacia de su f1tego; que atituda. in ce­sar á su jefe y al enemigo; que cese dt· tlr.lr apen-1:1 deje de .. ;r visible el blanco, suene el silbato dd jefe, ó se dé NJen 1 .. .; u.;­pender el fuego. Estas disposiciones disciplinarias deben inculcarse dt- tal suer­te, que conserven su influencia sobre el sold;!do, aun en medio del Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLBTliC KILI'l'AB combate, cuando la dirección de los jef~s se torna incompleta y á veces acaba por faltar del todo. Los soldados deben familtarizarse con esa dase de circunstancias y saber la conducta que les corres­ponde observar en tales casos. La constante observación de los puHto~ de caí da, con auxilio de binóculos, permite darse cuenta de la situaci6n dd enemigo, de la exactitud de las alzas empleadas, dd objetivo á que debe apun­tarse y de las correcciones que conviene hacer para aumentar la eficacia del fuego. Si la observación ¡e hace di f1cil sobre la línea misma del combate, á ser posible St! colocarán observadores, á cu­bierto, hacia el llaneo de ella, y las oh. ervaciones que hagan se transmiten á la tropa que tira, ora por seitalts convenidas, ora por medio de hombres convenientemente escalonados. No es necesario que todas las porciones de la línea de batalla ejecuten uniformemente el rnismo genero de '"uP.l!O; excepcioual­mente pueden indicarse á ciertas fracciones objetivos especiales que pueden demandar una clase dada de fuego . ' Para el empleo del fu"go ráp1do los momentos propicios son, en la ofensiva, la preparación final del asalto, y en la defen iva, el asalto del contrario para rechazarlo; un at la con idtracH n primordial para elegirlo, c.•m· cuando por lo común la infantería enemiga es el objttivo más favo­rable é importante, porque no pucdt"n dt:~l reciélrse las oca~iones que se presenttn para batir caballo~ y jinete ; 1~ elecci,)n de.J objt:tivo la determina la impor,.ancia t:' ctica de! momeuto, 1 ero una vez ba­tido Sf" prefi• ren lo:, \.,)ancos rpee por ·11s <'inH~n .. iones (frente ó pro­fundidad) prometen un porcientajt t! e ím1 .H:to mayor. El tiro i1.Jire"·to se em· le .t • 1r.t1 :. tf.: y s )1 en el caso en que se conoc:: Í..t di r.\ · ;j y 1 inmovJii ,•: el blanc (los ddi ;130- rt-s de una tr"nchera , or cjen.p1o) y ¡,. ' t. r . tPra de la traytctc r:ia permiten q e r~ obre1 . ga algu 1. r("S .;t. ( . De ordi Pario lo5 : omandé..ntes flr· 1w rr y de compaí11a son los jefes qne dí rigen el fue~<'; ; '· C'dmu r~~ dt unidades mayo-res ti ... ne11 .,~rbre el enemigo: el medio m~is eficaz es, sin duda, disimularse tras un abrigo ú objeto, que se encontrará siempre que se sepa utilizar convenientemente el terreno, y en este caso la na­turaleza y dimensiones del abrigo octerminan la formación. Cuan­do se trate de las marcha~ de avance en una zona determinada, rara vez ser: posible recorrer largos e pacios sin mostrarse al adver ario, y en este caso el remedio no puede pedir e sino á la formación mis­ma que se emplee para march r. Supongamo una tropa de 28 hombres(! de compañía); mar­chando en batalla prc~ental á á las mirada del adver~ario un tablero de ¡m6o Je altura p r 25'" de longitud; i lo hace por cuatros, e ta últirn. •cifra se reJuce á 311'4-0 ' i en do hilera , á Lm70, y por último, en una fila, á o.8 o ; luego el ideal sería la marcha en fila, colocado los oldado exactamente uno tras otro. l r--, 1 1 D 4 2 I 1 córicamente esta última formación no presenta visible' sino una supe~ficie mJnim?, ~]frente de un hombre; pero en la prácti­ca, en razón de las dificultades que se hallarían para conseguir que durante una marcha todor e movieran e ·actamente unos tras otro , , la visibilidad de la formacira á distancias medias conocidas con exactitud, sus resultados serán siempre considerables, en especial si se dispone de municiones abundantes. Los anteriores conceptos no pueden aplicarse sin correctivo á las ametralladoras modernas, por una razón muy sencilla, dejando de lado por ahora los perfeccionamientos introducidos en su fabricación, cual es la de que bajo tal nombre comprende el uso aparatos que difieren bastante en su fondo. En efecto, las ametralladoras se dividen en dos grupos: uno que lanza Jos proyectiles en serie continua, y otro que lo hace por descargas con intnvalos, por lo cual este grupo tiene que comprender siempre varios cañones de fusil, por decirlo así, por lo me­nos dos, que automáticamente se cargan y disparan á un tiempo, en tanto que el otro grupo, por cargar y disparar sucesivamente los varios cañones que constituyen el arma, sí pudo recibir una modificación sustancial, como la de reducir la longitud del tubo donde se aloja el cartucho, darle mayor calibre y hacer que todos los proyectiles partan por un Jo/o cañón, de suerte que entonces el aparato no fue otr a <.:osa que un revóh'cr de gran tamaño, y aun cuando los fabricantes lo llamaron caJiÚn revólver, en verdad nada tiene de cañón, pues no es sino ut.a ametralladora, que tratándose de modelo aplicable á la guerra de mont,tia. de ninguna manera reemplaza al cañón en las funciones que á este asigna la dcti­ca, sobre todo por la contingencia que se corre de qu ·se dañe el meca­nismo, siempre un tanto complejo y por ende delicado. En resumen, es grave error creer que en la guerra moderna el ca­tión y las cadena de tiradore pueden ser reemplazados por una má­quina mi ta, á un tiempo fusil y pieza de artillería, como sucede siem­pre que ae trata de confundir en un mismo cuerpo funciones totalmente diversas, y tánto, que desde tiempo remoto irvieron para e tablccer la dtvisión por armt1f, que durará tanto como dure la guerra sobre la su­perfiC: e del plan ta, ya que hasta un ejército de mr el cual se cm­pieza :i b · j r, y á la ÍL. •Jierda se en_u.!ntrd el end-..ro que guía al Pu n e de B J•.tc~, ci cu d á P' ~o s ~ levanta y cruza de nuevo el eje d 1 p:iram) p lra de · ·ender al SE. p r una bajada pendiente eu parte-, Je 111 d pi!So, sep :1rada del camino real del Puente por el reliev que enmarca p·>r el O. la cuenca receptora de que ya se / hab16, o t e á •Hlolo á cierta altura de la quiebra-lecho del río Bo­yacá ,.rcatino) cuando éste cruza hacia el E., pues antes ha corrido casi de S. á N. El mi ·mo autor q·:c escribió que de Tunja vieron los patrio­tas que Barreiro marchaba hacia el Puente, escribe pocas líneas ade- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 150 BOLETfN MILITAR lante: "Mediaba entre los dos caminos que seguían los contrarios ejércitos una vasta extensión de terreno abertal, cubierto en parte de estériles colinas de varia elevación, que así impedía á los opues­tos bandos aproximarse para trabar combate, como les ocultaba sus movimientos. Sólo á una milla de] Puente de Boyacá juntá­banse aquellos dos caminos que venían de Tunja y i'v1otavita, lo cual tenía lugar en el sitio conocido hasta hoy con el nombre de la Casa de Teja, nombre debido á un antiguo edificio de explotación rural." Ya el lector sabe que no se trata de terreno cubierto de colinas, sino dd contorno de una articulación de páramos cuyas cumbres casi siempre miden 3,ooo metros de altitud. Las fuerzas qu.e van á lidiar la batall.-t eran equivalentes desde todo punto de vista, menos el moral, que fue precisamente el que decidió de la jornada. De los documentos de la época existentes en los archivos deducimos las cifras que en seguida se leen. En el Boletín no figuran sino las del advers rio, dadas exactamente, por­que al redondear la cifra que le atribuye, apenas sí las aumentó en unos pocos soldados. Por lo que hace al número de los patriotas, que el documento oficial no señala, unos hi toriadores los han rebajado á su placer, creyendo con e.lo dar má brillo á la jorn d , y otros s_ñalan apenas la del ejército de línea, pensando que podían supri­mir las milicias pre entes en el campo, no ol> tante leerse en el Boletín: "Las columnas de Tunja y el Socorro se reunieron á la derecha, AL DECIDIRSE la batalla," es decir, contribuyeron eficaz­mente á la victoria. P A T R 1 •> T A S YanguarditJ Batallón 1 ° de Cazadores 480 Batll16u 1. 0 de línea ...... H O ESPAÑOLES Ya11grtardia Drngone .. . . . . .. . . . .. . . . . . . 160 Ratjemplo de la actividad, de la constancia y del vefda dero heroísmo. Restab1eci6 la fábxica de pólvora, compró y reparó lo& fusiles, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. tlOLE'.r:fN MILITAR 159 El Gran Jurado nacional, reunido el I . 0 de Agosto de I 832 para elegir Bresidente de la República, dio un fallo tan favorable á mi anterior conducta, que no pod1a apctecerlo más e pléndido, y el no haberse intentado acusación alguna en las Legislaturas d~ 1833, 34-, 35, 36 y 37, lo ha confirmado respecto de la Admi­nistración que presidí ha ta el 1.0 de Abril de este año. Voy á presentar hoy varios documentos y á hacer algunas explicaciones sobre ciertos hechos importantes con que siempre han pretendido afear mi conducta los escritores enemigos del po­der legal que ejercí, de mis opiniones ó de rni buena r putacic:>n. ;\ll e provoca á anticipar los un papel titulado Al tiempo y á la ver­dad, firmado por una persona bien conocida en esta ciudad como escritor encarnizado contra mí. No pretendo satisfacerlo ni satis­facer á los que participen de su ojeriza. Este sería un trabajo su­perfluo. Yo jamás he contado con su concepto para fundar mi re­putación de patrioti mo, de servicios y lealtad á la patria. Intento solamente proveer de materiales puro y verdaderos á los que un día han de escribir imparcialmente la historia de la Nueva Grana­da, y afianzar á mis conciudadanos en el buen concepto que les he merecido. Mi lenguaje será el que corresponde al asunto y á la dignidad de mi posición social. El tono acerbo é incivil nunca ha servido de raciocinio fundado en verdad, razón y justicia. Sa­ciados ya cuanto~ deseos he podido tener en la carrera política y en la militar, ati fecho de haber ocupado en mi país todo los puestos eminentes eri una y otra, y hostigado tan presto de reci-disciplinó trop:ts, ~aniz6 In mili~:ia.· nacio11nll' ·; creó, en fin, todos lo· medio de resi, tencia." En la págin11 ~H , refhieudo las cleccioues de Presidente y Viccprc iden· te de Colombia, hecha. po1· el Congreso Constituye, te de Ceícuta: "Bolívar se. ome­tió acept uldo la autoridad suprema, y Santandl'r, que mcrecfa bien en efecto dividirla con. él, fue nombra(lo V:icepre,iJ~rate de. la .Rc.públicn, a.unque. dio prueba:; de no ;un .. bicionar h altas funciones ch·ile del Est.ulo. ¡Dichosa la nación cuyos votos uo imponcu deberes ino á la virtud! " .Mullicn, vi11jero francé ·,en • u ohra puhlic. da en 1824- habla asf: "La. tropas fJ ne reunió 1\lltander en Ca.-anare coutribuyt>ron potlero amente al triunfo obtcmao en Doyacá. u notoricl firmeza le valió la VicLprcsidencia de la Re¡ ública, en <'IIYO destino ha desplegado taleutos y un mérito poco comGn." El viajero inglé~ Stuart Cochrane, en una <.hr a publicada en Londrc · en 1823, clice en la página 29 del :egundo volumen : "~hnt ann eleccionaria con la miras de prevalerse de ella para crear una reacción contra la . ideas y la per o nas, pre­tenden dar mérito y realce á la Administración pre ente, deni­grando los actos de la mía, porque e tá n en la "fc:d a creencia de que es menester afearla y ennegrecerla pa1a que luzca y re plan­dezca la actual. Semejante lógica no puede er la de un entendi­miento despreocupado; e lógica de corazones empedernidos en . odios y rencor. Desgraciadamente la ma a popular y el vulgo de lectores no distinguen esta circunstancias, y mientras que la edu­cación y el tiempo no de truyan e tos crmres, hay que sufrir pa­cientemente sus lamentables efectos. Pero e crito está, y la expe­riencia lo confirma, que la verdad es grande y que al fin prevalecerá. F. DE P. SAN1 ANDER (Continuará) BOGOTA-IMPRENTA NACIONAL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 137

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 148

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ANO IV Bogotá, Abril t 1 de 1900 NUM. 148 ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO DJR~CTOR AD•HONORXM, FRANCISCO J. VERGARA y V. General, Miembro de la Sociedad Colombiana de In~enieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del EJército de la República OFICIAL :CEO!' .. ETO N"trME~ .. O .. :OE 1900 (4 DE ABRlL) por el cual se confieren dos empleos militares El Prtridtntt dt la Rtpúblüa CONSJDERANDO: Que los Sres. Jo~é Manuel Goenaga G. y Aristides Fer.nández han venido prestando de tiempo atrás importantes y eficaces servicios con decisión y lealtad á la causa del orden y la libertad; Que en los puestos que desempefian actualmente con celo y acti­vidad, han contribuíd.o al buen éxito de comisiones militares que se les han confiado, y á mantener el orden en la República, DECRETA: Artículo único. Confiérese á los Sres. José Manuel Goenaga G. y Aristides Fernández, el empleo de General efectivo de Brigada. §. Dése cuenta de tales nombramientos al honorable Senado de la República, en sus próximas sesiones, para los efectos constitucionales. Comuníquese y publíquese. Dado en Tena, Cundinamarca, á +de Abril de 1900. MANUEL A. SANCLEME~TE El Ministro de Guerra, JOSE SANTOS Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETíN MILITAR ~l!lSO li UCION N .o e :CE 1 ;o o sobre servicio obligatorio para los militares del Cuadro de Disponibilidad MiniJteri1 de Guerra-Seuión 1.•-Bogotá, 1 1 de .Abril de 1900 Teniéndose en cuenta: 1.0 Que el Cuadro de Jefes y Oficiales en disponibilidad se ha formado con el ex elusivo fin de poder llenar inmediatamente las vacan­tes que: ocurran en la fuerza pública, ó de tener listos los individuos que hayan de desempe1íar alguna comisión urgente del servicio mtlitar; 2.0 Que con frecuencia ocurren casos de que destinados a.gunos de los Jefes y Oficiales del Cuadro de Disponibilidad presentan excuc;as para eximirse de prestar sus servicios, con lo cual se ocasionan demo­ras perjudiciales en el cumplimiento de las órdenes dadas al efecto; y ~.O Que estas excusas, AUN CUANDO SEAN MOTIVADAs, contrarían los propósitos del Gobierno al formar el Cuadro de militares en disponibi­lidad, puesto que no pued~n considerarse disponibles los individuos que por cualquier razón están impedidos para prestar el servicio que de ellos se exige, SE RESUELVE: Los Jefes y Oficiales del Cuadro de Militares en disponibilidad que, por orden de este Ministerio, ó de la Comandancia en Jefe Cen­tral del Ejército, fueren destinados á ocupar algún puesto en la fuerza pública, ó á desempeñar alguna comisión del servicio militar, tienen la imprescindible obligación de hacerlo. Cualquiera excusa que rresen­ten, AUN CUANDO FUERE MOTIVADA, implicará de hecho Ja SUpresiÓn del nombre respectivo en el Cuadro de Di ponibilidad, q,!le será decretada por la Comandancia en Jefe Central del Ejército, sin e'Xcepción alguna. Lqs militares del mismo Cuadro que estén gozando de licencias temporales, perderán también de hecho el puesto que ocupan. salvo que dentro de tercero día se presenten en la Comandancia en Jefe ma­nifestando hallarse en aptitud para el servicio. Comuníquese y publíquese. El Ministro, JOSE SANTOS Publicada en el artículo 1373 de la Orden general del Ej{rcito, para e] día 1 z de Abril de 1900. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOL.ETÍN MILIT A.R 467 SECCION DOCTBIN AL OONO'tT~SOS rrAOrriOOB EN :rP.ANOIA Dlt!AilllOLLO T COMitNTAillOI DI: VN TJ:NA •J:L 4.• CONCV&SO AWVAL (Traducido para el Boletín MilitarJ DISCUSIÓN DE LA SITUACIÓN-La misiÓn de la vtguardia es: I. 0 Durante la noche del 2.4 al 2. 5: cubrir los acantonamientos del grueso de las fuerzas, para lo cual basta ocupar y sostener el desfi­ladero de Valdoie. El General X decide que el grueso descanse en este lugar. La vanguardia se guardará á su turno, vigilando los caminos ale­daños á corta distancia. Empero, en vista de la oreraci6n que debe realizarse el 2 5, y para disminuír las distancias que será preciso recorrer este día, la caballería y la artillería (una batería) avanzarán hasta Belfort, donde dormirán en el arrabal de Montbeliard. 2.. 0 El z 5 por la mañana: a) Avanzar para dar el espacio necesa­rio al cuerpo de ejército que baja de Los Vosgos, para lo cual la van­guardia marchará sobre Danjoucin, como se le tenía ordenado; b) Ad­quirir las noticias é informes del caso que necesite el jefe superior para obrar con conocimiento de causa. Reconocimientos de oficiales llenarán esta necesidad; e) Afrontar al enemigo, si se puede, para retardar su marcha sobre Delle, dando al grueso de la columna el tiempo necesario para que lo alcance. El jefe de la vanguardia encarga esta misión á la caballería, sostenida por alguna artillería, y se mantiene pronta p:ua in­tervenir en la lucha, en tiempo oportuno, con el grueso de la van­guardia. Informadas en estas ideas se dan !as órdenes para el estaciona­miento de las tropas del 24- por la noche al 2 5 por la mañana. I-Di1p01Íciont1 ptSra la noche tkl 24 ¡¡l 25-0rllen d• tltaci•namiento Sermamagny, 2~ de Noviembtt, 'las 5 y 30' de la tarde 1.° Carécese de noticias ciertas sobre el enemigo. Corre la noti­cia. de que fuerzas considerables se mueven hacia el Este, y se las espe­ra en Montbeliard. %. 0 La vanguardia se detendrá en Valdoie, donde pasará la noche. 3. 0 Avanzadas: el batallón cabeza de la vanguardia, reforzado por medio pelotón de caballería, guardará la línea Cravanche-la Forgc:. La reserva se acantonará en el saliente, al Sur de Valdoie. 4-. 0 Acantonamiento: la infantería y 11na batería en Valdoie; la caballería y otra batería en Belfort (arrabal de Montbeliard, hacia la estación). En caso de alarma las tropas acantonadas en Valdoie se reunirán á 1 a salida Sur de la Aldea, entre el camino real y el ferrocarril; las de Be 1fort á la salida de la ciudad, cerca de la estación. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 468 BOLE1'ÍN MILITAR 5.o Todas las noticias que se obtengan se enviarán á la Alcaldía de Valdoie. U-Ordenes para el día 25 ·-Orden de movimiento (marcha) Valdoie, 24 de Noviembre, á las 7 de la noche 1.0 No hay nuevas noticias del enemigo. 2.• La vanguardia se dirigirá mañana hacia el Sur para dar campo al cuerpo de ejército que desembocará de los Vosgos. 3.o Caballería: el comandante enviará en la noche reconocimien­tos de oficiales encargados de observar al romper el día cualquier mo­vimiento de tropas que pudiera efectuarse sobre el camino de Yiller­sexel- Arcey-Montbeliard-Delle. El grue5o (3 escuadrones), con una batería, se dirigirá al amanecer á Montbeliard por Chatenois. El jefe se sujetará á las instrucciones anexas á la presente orden. El escuadrón que queda disponible partirá de Belfort á las 7, rum­bo de Dorans, y hará que sus exploradores cubran la línea 1\lont-Yau­dois- colina del Pilón (al N. de Brcvillicrs; cota 1,200 metros) -Señal geodésica de Dorans-punto (cota 368) zoo metros al NE. de Seve­nans y punto (cota 389) I,ooo metros al NE. de la iglesia de Meroux. +·° Formación de la columna. Cabeza de fla!lgunrdia: un batallón de cazadores y medio pelotón de caballería. Distancia 500 metros. Gruno de flanguardia: dos hatallonc , una batería, dos batal:ones. Punto i!Jicial: crucero del camino de Belfort y el s ndero de Cra­vanche (1 kilómetro al S. de Valdoic). Hora de paso de la cabeza de vanguardia por ese crucero: las 7 a. m. Itinerario: Belfort-Danjoutin. 5. 0 El General Comandante de la vanguardia marchará con la cabeza de esta. Instrucciones para el Coma11da11te de la caballería Conforme á la orden de marcha, el grueso de la caballería, con una batería, debe dirigirse hacia Montbeliard; usted entrará á e.te lu­gar al romper el día. En el caso de que la columna enemiga que se dice marcha de Vesoul sobre Delle resultare próxima, avanzará á su encuentro y tratará de retardar su marcha cuanto sea posible, en espe­cial en los desfiladeros de Dung, en Montbeliard, en lo5 puentes de Sochaux y en Etupes. El 2 5 si, á las 7~ a. m., al llegar á Belfort el General X no ha re­cibido ninguna noticia sobre el enemigo, dará la siguiente ORDEN (verbal, comunicada con un oficial de órdenes) El batallón cabeza de la vanguardia se establecerá en el crucero de los caminos de Bourogne y de Montbeliard (al O. de Se enans, cota 347) para cubrir ambos caminos. .... El primer batallón del grueso romperá la columna á tiempo, de suerte que por Bavilliers llegue á Argiesans, donde cerrará el t:amino ~~ Hericourt7 destacando además una compafiía á Urcerey. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 469 El grueso de la vanguardia (tres batallones y una batería) se esta­bl ~cerá al NO. de Danjoutin, cerca de la cota 3 55-B. Obse rvaciotle$ El trabaj0 anterior está bieP hecho; la discusión de la situación es clara y concisa, y demuestra que el autor comprendió la doble misión ofensiva y dcfensi va asignada á la vanguardia el día 2. 5· I. 0 Impedir que el enemigo llegue á Delle el 25; 2..0 Asegurar el paso á un cuerpo amigo. Las disposiciones tomadas para el estacionamiento del 24, con servicio de seguridad restringido, son racionales y suficientemente cla­ras para que el jefe del batallón de vanguardia comprenda que debe ac<~. ntonarse en plaza de alarma, destacando apenas piquetes á los tres caminos del S. y sobre el ferrocarril El papel señalado al escuadrón enviado el 2 5 á Botans es discu· tibie: la caballería es el arma del movimiento; en vez de enviarla á JOJinur una línea, extensa por demás, habría sido preferible indicarle direcciones que guardar. Las instrucciones dadas para la 1ornada del 2 5 toman en cuenta ciertas hipótesi~ poco justificable~t en un momento en que no e tienen noticias ciert•s del enemigo. Es preciso, en tal caso, dar una orienta­ción geneul y misiones basada sobre lo que se sabe con certeza. Los reconocimientos de oficiales, enviados el 24, no están bien definidos: el jefe de la columna pudo fijar su número é indicar los sectores de sus operaciones. Cuanto al batallón cabeza de vanguardia, en la marcha del 2 5, habría quedado mejor situado en la me eta de Botans que en la cota 347: por analogía, era preciso inspirarse en este c.aso en las siguientes prescrip:iones del Reglamento sobre urflicio e11 campañ11: Art. 24 (Flancguardias). Ocupan ••. los puntos importantes desde donde el enemigo pudiera inquietar la marcha (de la columna). Art. 28 (Avanzadas). La infantería ocupa los puntos del terreno donde interesa resistir en caso de ataque. En consecuencia, maniobrar sobre ]as crestas. Por la Comisión de corrección, Teniente Coronel, FROCARD SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) El libro de tiro de la compañía lleva en cabeza la lista de todo~ lo=- oficiale. subalternos y superiores que cuenta en su efec­tivo y de:; pué la de todos los soldados. Para cada uno de ellos, incluso eJ r.orond del regimiento, que está inscrito en el libro de la primera compañía, se dejan alguna~ páginas correspondientes á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 470 BOLETIN MILITAR la! diversas clases de tiro, y en ellas se anota, bala por bala, los re­sultados del tiro de cada uno. Las condiciones relativas á cada clase se imprimen en e5te libro, al cual le basta á uno dirigir una mirada para juzgar de lo que ha hecho y de lo que le queda por hacer. Como ejemplo del celo y cuidado que se presta por los oficia­les á la instrucción de los soldado-, se puede citar el método si­guiente, usado con bastante frecuencia en el ejército para desterrar de los soldados el miedo del fuegoj es decir, ese temblor involuntario de brazos y cuerpo acompañado de una guiñadura de los ojos en el momento del tiro, d cual están sujetos un gran número de in­dividuos de carácter enérgico sin embargo, y dotados de un sistema nervioso muy sólido. Se da á cada soldado un fusil enteramente armado, lo apoya e11 un caballete, apunta, comúnmente mucho tiempo, y, por último, suelta el percutor. El tiro no sale, en aten­ción á que el fusil no estaba cargado, pero el soldado, que lo igno­ra, no ha dejado por eso de temblar y cerrar los ojos. Se concibe que este movimiento involuntario que nada justific.1 es muy des­agradable para el tirador, sobre todo á causa de las humoradas que excita entre todos sus compañeros. El oficial le explica, no obs­tante, los errores que haya podido cometer al apuntu, etc., y el soldado ocupa su puesto á la izquierda del grupo como si hubiese tirado. Cuando llega de nuevo su turno, el oficial le toma el fusil, se separa un instante y se lo devuelve montado como la primera vez Bien convencido el soldado de que por esta vez su arma está cargada, la toma sin escrúpulo con ambas manos, tira y ..... nueva errada. La misma escena se repite así varias veces. Por último, el soldado llega á creer cierto que en esta ocasión no se le hará tirar: toma su fusil y deja caer el percutor con la mayor calma. Al mis­mo tiempo sale el tiro con gran extrañeza suya ..•• pero el mar­cador señala una bala perdida; se considera un cartucho en blanco. Risa general y confusión del soldado, que solicita la gracia de que se le deje tirar por lo m~nos una vez en las condiciones nor­males. El oficial, sin prvmeter nada, ó bien diciéndole que por aquel día es imposible, le ordena ocupar iu puesto y esperar su turno. Tira una vez más, ¡nueva errada! Por esta vez se resigna, y seguro entonces de que aquel día no tirará, al turno siguiente suelta el percutor con u·na calma perfecta. El tiro sale, y el mar­cador señala un buen punto. El soldado, sobre todo si es un re­cluta, queda encantado, y con aire de satisfacción visible anuncia el punto á que ha apuntado y el que ha herido. El oficial le felicita entonces, le explica que si el tiro ha sido bueno, se debe únicamente á que ha tirado con calma, y le recomienda hacerlo en adelante siempre así. Los compañeros le felicitan también, y el oficial aprovecha la oportuntdad para decir á algún mal tirador: "Müller, vea usted en su libreta si ha hecho en sus tres años de servicio un solo tiro parecido; aquí tiene á Schultz, que sólo está Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 471 en el regimiento desde hace dos meses, y en su estreno ha dado en el número 1 r." Schultz se envanece como es natural, y Müller se sonroja, pero uno y otro toman firme resolución: el uno, de mantenerse siempre á la altura que no hu hiera jamás soñado al­canzar en el primer tiro, y el otro, de tirar mejor en adelante. Debe suponerse que la manera de aplicar este método varía infinitamente, y que en esto juegan el papel principal las ideas per­sonales de cada oficial. Pero en todas circunstancias he podido comprobar de su parte, bajo una ú otra forma, u 1 cuidado extre­mo al hacer la instrucción. Y no faltan ejemplos en que, púr el procedimiento que acabo de indicar, el miedo del Juego se ha curado con cinco ó seis disparos. Por lo regular en cada una de las calles del campo de tiro no se establece más que un solo blanco, cerca del cual se envían tres marcadores: uno señala los itios donde han herido los proyectiles, otro tapa los agujeros, y el tercero, sentado detrás del espaldón *, levanta un banderín en el mismo momento en que oye el disparo. Mientras se mantiene levantado este banderín nadie puede tir.u. Despu é , tan pronto corno lo otro dos marcadores se han ecul­tado, desaparece el banderín y el tiro continúa. Está prohibido hacer señal , lguna con cornetas ó á la voz; las comunicacione con los marcad re deben hacerse francamente con soldados que se Jes envía. E s tas precaucione son nece. ~rías á causa de la dispo­~ ición de varia líneas de tiro, paralelas unas al lado de otras, de donde podrían resultar confusiones entre las señales acústica~, y por consecuencia accidentes. Durante el ejercicio, nunca hay sobre las armas, en el mo­mento dado, más que los hombre~ del grupo preparado para ejecu­tar el tiro*. A los demás se les permite quitarse el equipo, des­abrocharse el uniforme y echarse á la sombra de los árboles. Les está permitido fumar, como tan 1bién al sargento que anota los disparos y al que dirige el tiro. U no y otro fuman durante el des­empeño de sus funciones, aun en presencia de jefes ó generales que pudieran asistir á la enseñanza. Los honores que se hacen á éstos á su llegada no impiden el que luégo se sucedan las cosas de una manera completamente pa­triarcal. La atención de todos no se fija más que en un solo punto: el tiro y su enseñanza. La serie anual de los ejercicios de tiro * dura próximamente de diez á once mese , según el tie1npo que transcurre entre la ins­p ección del tiro * y la terminclción de las grandes maniobras de • C .lda blanco e ·tá a!lo ado á un p e queño espaldón, según lo hemos dicho un­teriormen te . Esto ps , p o r lo rl:! gnhr cinco, como antes se ha dicho. • Lo que ~>e ll.una el curso anual de tiro. '* Más adelaute veremos en qué co'nsiste. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 472 BOLETÍN MILITAR otoño. Seguidamente después del regreso de estas grandes ma:-tio­bras, es decir, desde la segunda mitad de Septiembre, el tiro !m­pieza para las tres clases y continúa en lo posible sin interrupción durante el otoño y el invierno. Pero á partir del principio del v4ra­no hasta el fin del curso en Julio, los ejercicios son más frecuertes. Sería difícil decir en qué épocas determinadas concluyen ó empiezan los diversos períodos de la instrucción, puesto que los reglamentos nada dicen sobre esta cuestión, dejando á los ca ·ta­nea de compañía entera libertad de arreglarlo como les parez:,ca. No obstante, se establecen en la práctica ciertos usos, variables, por lo demás, según la naturaleza del clima, en las diferentes ?ar­tes de Alemania. En Septiembre, los soldados de las tres clases dan principo á la ejecución progresiva de los ejercicios de sus cursos respectivos. Como en invierno no es generalmente muy favor.1ble el tieClpo para dar este género de instrucción, no se tira sino m u y rara ez, lo preciso para que no se prolongue mucho el ocio de los sold1dos y no olviden de una lección á otra lo que se les ha enseñado. Así pues, no hay más que dos sesiones para cada uno por sem;,na; pero desde el mes de ~1arzo, tan pronto como la temperatur: se mejora un poco, se despliega la mayor actividad para conseguir que todas las clases hayan concluído su curso * en el moment de empezar el período del servicio d~ campaña. Durante éste, los ejercicios continúan aún, pero en ell se ocupan más especialmente del tiro d~ instrucción y del tiro d~ ¡u~­rra *,que deben terminarse para el día de la insp u ción. Después de esta inspección los ejercicios de tiro dismÍnt,;yen algo, y hasta que se efectúan las maniobras generalmente no t ene lugar este acto sino para los atrasados. El curso de tiro de los reclutas comienza lo más pronto rosi­ble después de su incorporación, es decir, así que se hayan termi­nado los ejercicios prepar y conocer de una manera más completa el lado fuerte y el débil Je sus mejo­res tiradores. Las mÍimas condiciones no son de obligación para los diversos batallones de un regimiento, y, por el contrario, difieren frecuentemente de uno á otro. Todo lo que puede decirse es que en general son muy difídles, y que es preciso ser un tirador muy hábil para poderlas sati facer. Para dar una idea de cómo se encuentran repartidos los sol­dados entre las diversas clases de tiro, citaré como ejemplo un ba­tallón de Ja Guardia, que en el fin del curso de tiro de 187 5 tenía: 105 tiradores de primera clase, 299 de segunda y 140 de tercera. • Más adel~nte hablaremos de esta escuela. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 474 BOLETíN MILITAR Estos 1 o 5 tiradores de primera clase represen tan casi una r.ompañía entera en el efectivo de paz, y como todos ellos se en­cuentran en su tercer año de servicio, resulta que todos los años la mayor parte de ellos pa an á la reserva. De suerte que en caso de movilización cada batallón puede contar con 1 oo ó 150 tiradores de primera clase, que unidos á los que posea harán un efectivo de 200 ó 250 hombres, esto es, una compañía entera al pie de guerra. Un batallón de cuatro compamas poseerá, pues, un número suficiente de buenos tiradores para hacer frente á todos los casos que puedan presentarse. Por esta razón es por lo que en Alemania no se estima necesario tener compañías de tiradore en los bata­llones ni aun cuerpos especiales de ellos. Si no ob tante existen de estos último , hemos visto que era por razones más bien adminis­trativas que militares. Podría temerse, en verdad, que e tos tiradores de elección que se envían á la re~crvas pierdan all í pronto el golpe de vista que habían adquirido, y que en ca•o de llamamiento á banderas no se encontraran ya á la altura de sus compañeros de servicio activo. l\1as i para algunos on fundados es to temores, no lo son para la m a -a, porque en Alemania el tiro e uno de los ejercicios naciona­les más favorecidos. En su consecuencia, aquellos que durante su tiempo de servicio se convierten en die tros tiradores, por lo gene­ral quedan muy aficionados al tiro y personalmente continúan practicándolo por u cuenta cuando entran en la vida civil. Durante tod el tiempo del tiro de escuela la progresión de uno á otro ejercicio del programa debe siempre observarse escru­pulo amente, y nadie puede autorizar á un soldado pase á los ejer­cicios de un número cualquiera antes de haber satisfecho á las con­diciones impuestas en el naímero precedente. Es preciso, además, que el tirador satisfaga á estas condicio­nes con cinc tiros consecutivos* y en un mismo ejercicio de tiro. El comandante de la compañía puede, si lo juzga conveniente, otorgar á un soldado cartuchos suplementarios, pero la regla es que nadie en un mismo ejercicio haga más de diez di paros; se piensa con razón que pasar de este límite sería más perjudicial que útil, y sólo conduciría á perder y malgastar las municiones. Por otra parte, el soldado á quien se le hayan dado cartuchos su p]ementario , no por eso ha de dejar de satisfacer á las condicio­nes d e su número con cinco balas consecutivas; y debe entenderse también que aquel individuo que haya respondido á las condicio­nes de su número con us dos ó tres primeros disparos, no por eso deja de quemar sus cinco cartuchos. Preciso e' también observar que en cada clase ]a dificultad Tirados d e la manera alternada que ya e explicó entre lo de cada grupo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 475 de los ejercicios sigue una progresión regular y creciente. Las dis­tancias van en aumento poco á poco, y cuando alguna vez, por el contra.rio, disminuyen, es que en aquel entonces el blanco y las con­diciones del tiro se han modificado*. Si el tiratlor se aproxima, no por eso deja de encontrarse en presencia de dificultades de otro género. En fin, de una á otra clase se continúa la misma marcha ascendente, y además el programa de cada una de ellas pri nci pía por alguno de los ejercicio más importante de la clase preceden­te. Así pues, la progresión es perfectamence continua. T .un bién es intere ante observar que para un gran número de ejercicio el tiro se hace t:on apoyo. No se trata aquí, sin embar­go, del caballete que se emplea en los ejer icios de puntería sobre el que reposan sóliJ~mente todo el caÍ1Ón del fusil y los brazos del tirador. El soporte de que se hace uso en el tiro al blanco es un caballete especial, formado por un pie vertical que lleva tran ver­salmen te en un extremo una plancha inclinada, cuyo límite sup~­rior tiene uno¡ rebajos, de manera que presenta una erie de esca­lones horizontales. El todo está calculado de manera que cada tirador, cualquiera que sea su talla, pueda fácilmente encontrar uno sobre el cual apoya ligeramente el extremo de su fu il. Se juzga en Alemania que este tiro con apoyo es muy útil, sobre t do al principi , con tiradore ine.•pertos. Les da, en efecto, una idea de la precisión con "1ue debe dirigirse la línea de mira sobre u! ó cual punto del blanco; tanto es así, que luégo, cuando el soldado tira á brazo, procura involuntariamente dar á su arma esta mi:;ma fijeza, cuya costumbre ha adquirido en el tiro con apo­yo. Uno es, pues, una excelente pr,eparación p2ra el otro, y en todas las clases, inclusa la primera, sobre todo en les primeros ejer­cicios de su programa, se practica el tiro con apoyo. Hay además el parecer de que este género de tiro debe de ser " familiar á todos, porque la ocasión de recurrir á él puede muy fre­cuentemente presentarse en la guerra. Podrá objetarse quizás que aquel que tire bien {t brazo no le embarazará nunca tirar con apoyo; pero la práctica ha demostrado que no es enteramente así, y sobre este punto todos los buenos tiradores están de acuerdo en que el tiro con apoyo, sobre todo cuando este a.poyo no es muy sólido, constituye una dificultad real para el hombre habituado á tirar á brazo, porque éste se ve entonces obligado á tomar una posición en armonía con la naturaleza misma de este apoyo, lo que exige cierta co3tumbre. El tiro rodilla en tierra se hace siempre á brazo; el tirador puede, por lo demás, ponerse á voluntad sobre una ó sobre ambas rodillas, conforme Jo encuentre más cómodo. • Como se ve por lo que vamos exrlicuudo, la forma con•licioue. ele! tiro en el Ejército alemán difiere tlnty poco ele lo q 11c di ·•pone nue ·tro Ren/amrnto provi· 1ional de tif'o Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 476 BOLETÍN MILITAR En el primer caso apoya generalmente el codo sobre la rodi­lla que no sienta en tierra. Cuando está sobre las dos rodillas, conserva el cuerpo derecho y tira como si estuviera de pie. La posición que se mira como más difícil es la que consiste en tirar á brazo, cu erpo á tierra, apoyancio, no obstante, el codo iz­quierdo en el suelo. ~n el tiro cutrpo á tierra con apoyo, se sirven comúnmente de un soporte cualquiera, sobre el cual se hace repo­sar el arma entre la boca y la abrazadera. Para estos ejercicios tie­nen en todos los campos de tiro sacos de tierra, tepe , trozos de trinchera abrigo, etc. El tiro de instrucción ( Belerhrungs-Schiessen) tiene por objeto dar á conocer á los soldados todas las propiedades y todo el valor del arma que tienen en las manos, haciéndoles ver los efectos que es capaz de producir á las mayores distancias y cómo se la debe · emplear cuando se tira á alcances superiores á aquellos en que ha­bitualmente se hacen los ejercicios. Este tiro sólo se practica por los tiradores de la primera clase, á los cuales se abonan para este efec­to ro cartuchos por individuo. Los soldados de las demá~ clases asisten, por lo demá , á la instrucción. Estos ejercicios constituyen, propiamente hablando, la ense­ñanza práctic-a de la teoría del tiro para las grandes distancias de Bao á I,6oo metros. Se empi eza por tirar cada vez algunos tiros de ensayo, para determinar ó corregir la influencia que pudiera tener el viento, la manera como se distinguen lo~ objetos, etc. De&pués empieza el tiro real, acompañado de explicaciones con­tinuas que hacen los oficiales á los soldados, formados en círculo á su alrededor, y cuya atención se mantiene despierta con frecuen­tes preguntas. El tiro de combatt (Gifechts-Schitsun) tiene por objeto dar á los soldados una idea de las condiciones en que se ef~ctúa el tiro en la guerra, en terreno variado y á distancia descon0cidas. No teniendo generalmente los campos de tiro ni la forma ni ]a dimensiones convenientes para ]a ejecución de este tiro, ni tampoco para los del precedente, se eligen á este efecto sitio., par­ticulares. Los hombres de las tres clases toman parte en el tiro de combate; los de la tercera tiran cada uno 20 cartuchos, y los de­más 25 por lo menos. De este ntímero se gastan cinco en el fuego por descargas en orden cerrado y con la bayoneta armada. Hemos dicho que en total se queman r 30 cartuchos por plaza. De este número el capitán de la compañía debe desde luego se­parar: I.0 Diez cartuchos por tirador de primera clase para el tiro de instrucción; 2. 0 Veinte cartuchos por tirador de tercera clase, y veinticin­co por ·oldado de las otras dos para el tiro de combate, más cinco cartuchos por hombre (de las tres clases) para el tiro por descargas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE~l'i.N MILITAR 4:77 Lo que después queda de cartuchos disponibles, agregándoles l0s que se puedan adquirir á cambio del plomo recogido, sirve para el tiro de escuela. Si después de este ti ro resultara toda vía algún sobrante, el capitán di pone de él en la forma que juzga conve­niente para la instrucción de los más atrasados. El traje para ~1 tiro al blanco es siempre con levita para todo tiempo; por lo menos jamás se pasan las mangas del capote, pero respecto á este asunto, como sobre todos los demás, se observa siempre una progresión rigurosa. Así, los ejercicios preparatorios de cada clase se hacen en el traje más ligero, es decir, con gorro, correaje y sin mochila. Por otra parte se permite siempre llevar el casco á aquellos que pudiera molestarles el sol *. Para los demás ejercicios del tiro de escuela, para el tiro de combate y el tiro dt inspección, los soldados 1levan el traje de cam­paña con el equipo completo, capote arrollado y mochila caJ gada con un peso de I 5 libra . El tiro de in trucción se hace en el traje que prescribe el co­mandante de la tropa que lo ejecuta. Con el fin de animar á los soldados y fomentar la afición al tiro, se han establecido premios en dinero y distintivos para los buenos tiradores. Estos, que consisten en un galón pue to en la manga del uniforme, sólo se dan en cada compañía á los doce me­jores tiradores de la primera clase, escogidos entre los simples soldados y que se completa, en caso de necesidad, con tiradores de la segunda clase, que según su destreza en el tiro pudieran formar parte de la primera *. Por lo que toca á los premios en dinero, se dan en concurso • á los que con el menor número de balas llegan á satisfacer todas las condiciones del tiro principal de su clase. Hay veintidós premios de éstos por batallón, cuyo total re­presenta anualmente un valor de 8 5 marcos 50 pfennigs ( I 20 pe­setas próximamente), y que se distribuyen así: Un premio de 9 marcos (r 1,25 pesetas) para los sargentos de la clase especial de tiro. Un premio de 4,50 marcos (5,65 pesetas) para los sargentos de la primera clase. Un premio de 6 marcos (7,50 peseta ), dos íd. de 4,50 mar­cos (5,65 pesetas) y dos H. de r,so marcos (1,87 pesetas) para los soldados de cada compañía. • ubido e que en Pru ·ia la prenda de cabeza que corresponde al traje des­crito no tiene vi t:ra. • Y no pueden er admitidos en ella sólo porque no est~n en u tercet año de servicio. • Los Ce rtuchos nece ario3 para este concurso be obtienen con el producto del plomo recogido. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 478 BOLETlN MILI'l'.A.R Por los premios de 4,50 marcos y los que pasen de esta canti­dad puede el tirador, si Jo desea, recibir en cambio una medalla de plata de un valor equivalente, que tiene el derecho de usar. Estos premios son, corno se ve, bastante modestos y las con­diciones para obtenerlos demasiado difíciles para que puedan pro­ducir grandes resultados. También es extraño no se den las insignias de buen tiradvr más que á los soldados rasos y sólo á doce por compañía. Puede ocunir, en efecto; que algunos soldados que tiren tan bien ó quizás mejor, pero que por una razón cual­quiera no hayan tomado parte en el concurso, se vean privados de esta distinción. De todo esto preciso es concluír que si el tiro ha hecho tales progresos en el ejército prusiano, la causa e!:.tá, no en estas re­compensas pecuniarias, sino en la inteligencia y celo notables desple­gad' por los oficiales para instruír á los sofdados.-(Continuará) --··---- EST'O'IJIOS SOBRE EL UNIFORME MILITAR (C o ntinuación) Vestido del tronco y extremidades superiores Procediendo por el mismo orden que anteriormente, y dejan­do aparte el vestido interior, habrán de examinarse como vestidos del tronco el capote, levita, casaca, casaquilla, pelliza, dormán y chaqueta. · El capote usado hoy como abrigo de marcha es largo, porque los faldones, metiéndose entre las piernas, dificultan el movimiento, y prueba de ello es que el soldado, en cuanto tiene que caminar con él puesto, remedia este defecto sujetando las puntas de los faldunes en el cinturón ó en los botones de la presilla; como abri­go de campamento es corto, porque no cubre los pies ni las pier­nas, siendo necesaria la manta para suplir esta falta. La capota, si no el primero tiene el segundo defect0, siendo embarazosa para manejar las armas con ella puesta, máxime si so­pla aire un poco fuerte. La levita es una prenda de lujo, insuficiente como abrigo ó como vestido único, y nada cómoda por ceñida; debe, pues, des­echarse. De la casaca y casaquilla sólo hay que decir que para cha­queta les sobran faldones, y les faltan para capote ó levita. La pelliza y el dormán son cortos y no protegen ni el vien­tre ni la parte superior de la pierna, exigiendo el complemento de un capote. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 479 La chaqueta, como vestido interior de cuartel, no está mal dispuesta, siendo utilizable, en calidad de suplemento, para au­mentar el abrigo, ó como única prenda cuando la temperatura lo permita; no le perjudicaría, sin embargo, para cualquiera de estos oficios, un poco más de longitud que permitiera sujetarla con el cinturón, dejando lugar para colocar dos bolsillos en Jos costados. Todo ello, como se ve, es deficiente, y aunque sería presun­ción injustificada querer hcillar un n odelo que no tenga defectos, será conveniente tratar de disminuír su número y su importancia. Sin duda alguna en este camino de investigación han de te­nerse en cuenta Jas tendencias que, aun á oespecho de la severi­dad reglamentaria, modifican el vestuario en campaña, y que, ins­pirada por las necesidades del momento, tienden á satisfacerlas. Ejemplo de ello son casi todas las irregularidades que en una tro­pa en operaciones se observan. Cuando la polaina no estab : admi­tida entre las prendas de uniforme, el soldado se ataba el pantalón con el pañuelo ó con una cuerda para evitar que se rozase, ó que, mojándose y ludiendo contra el zapato, hiciera llegar el barro has­ta la pierna. Ya se ha citado lo que pasa con los capotes, cuando no sucede que insensiblemente y como por arte mágica van acor­tándose hasta quedar á mitad de muslo. La gorra de cuartel (aun cuando no sea este el si tío donde se ha de tratar de ella) se ve sujeta á la cabeza con un pañuelo ó con una correa, clara muestra de su inestabilidad. Las mantas son agujereadas y se convierten en ponchos (ruanas). Otras mil alteraciones pudieran citarse, que de­ben ser tenidas en cuenta, como provechosa enseñanza, fruto del ingenio de muchos miles de hombres~ por el que á proporcionarles ventajas 5e dirija, con el objeto de reglamentarias á ser dable. Pero volviendo al tema de este capítulo, y teniendo presen­tes las cualidades en u meradas y estas ten.dencias recientemente expuestas, se deduce de ellas que el vestido del cuerpo no conviene largo en demasía ni estrecho. La guerrera, que no e otra cosa sino un capote corto, es la prenda que todas ellas parecen aconsejar; pero no una guerrera cubierta de alamares y con ribetes de astrakán más ó menos autén­ticos, inútiles adornos que, tolerables en paz, son perj udiciale5 en la guerra, sino lisa, severa y dando más elegancia por su corte que por estos adornos de dudoso gusto; una guerrera que permita lle­var el cinturón por debajo ó por encima, según convenga; con dos hileras de botones que doblen el paño sobre el pecho y por tanto el abrigo; con bolsillos que lo sean; bastante larga para cu­brir el vientre y también la pierna,~desde la terminación de la po­laina; que por su holgura consienta llevar interiormente el abrigo que sea necesario, deje libertad á todos los movimientos y espacio al pulmón donde ensancharse; cuyas mangas (huyendo tanto de los jamones actuales como de las estr,echas fundas de antes), sean seguidas y adecuadas para el juego de la articulación del codo y sin vueltas, pretexto para poner un vivo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 480 BOLETÍN MILlTA..R Esta guerrera no habría de tener forros duro<> ni armaduras de ninguna clase, pudiendo así lavarla el soldado cuando fuera necesario, sin temor de que estando la lana ya enjuta, las lonas ó los forros no se hubieran secado impidiendo que se la pongan en bastante tiempo ó de que los haga incómodos la rigidez que ad­quieren al mojarse. Con esto se consigue también disminuír el peso en una cosa inútil y aprovechar esta disminución para hacer de la chaqueta interior otra prenda que pueda sus ti tuír, en caso de necesidad, á la. guerrera, si se ha mojado ó se ha roto por vicisi­tudes del uso. La chaqueta para el fin indicado, se convertiría en una ame­ricana ó blusa como la que gastan los marinos, de tejido más suelto que el capote, más preservativo de bs inclemencias termo­métricas, que se podría usar sola sujetándola con el cinturón (lle­vando el capute en la mochila) ó debt.~jo del capote y por dentro del pantalón como camisa de abrigo. Cerrada la chaqueta con dos hileras de botones colocados en el centro con el objeto de evitar que correspondiPndo con los del capote se claven en el pecho, llevaría cudlo recto para que no comprima la garganta la superposición de dos cuellos de la mi ma forma. Los botones de la chaqueta y del capote serían de metal ó de hueso. Si el capote se hiciera con paño de lana sin teñir, que sería lo más conveniente, la blusa podna ser de color gris plomizo ó negro azulado. Los guantes son indispensables para preservar las manos, que, alejadas de Jo focos del calor vital, están más sujetas al influjo del frío. Los de gamuza son resistentes y pueden lavarse para conservarlos limpios. . La guerrera, como se ha dicho, admite bastantes bolsillos que proporcionan sitio en donde guardar los pequer1os objetos de uso frecuente que sería incómodo llevar en la mochila y que hoy no tienen otra colocación. Los bolsillos de las levitas y capotes están mal dispuestos; son incómodos para bu::,car ó poner en ellos cualquier objeto, y casi nunca se utilizan por el lugar en que están colocados; con ellos no se tiene sitio en que poner ni siquiera un papel importante sin riesgo de perc:lerlo; en Ja guerrera, por el contrario, es fácil practi­car dos en la parte inferior de los delanteros, otro exterior en el costado derecho, y otro en el interior de la solapa izquierda, pu­diendo cerrarlos todos por medio de botones ó carteras. Estos deta1les no son como tales de grande importancia, pero aunque sea en cosas pequeñas, evitan molestias inútiles y pérdida de tiempo, contribuyendo á aumentar las comodidades y por tanto el ánimo é interior satisfacción tan sabiamente recomendados en el Códibo Militar. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 481 El cuello vueltG de la guerrera favorece los movimientos de la cabeza, no oprime el cuello ni le da un abrigo inoportuno, se­gún la mayor parte de los higienistas, y causa de enfermedades de los órganos de la respiración y la deglusión, sin contar que la opresión de las venas yugulares y de las arterias carótidas puede causar congestiones cerebrales y pulmonares. El abrigo moderado que se obtiene por medio de una corbata de algodón ó lana fina, está mucho más indicado; con la circunstancia de que en tiempo caluroso se emplearía esta misma corbata, siendo blanca, en res­guardar la cabeza de los rayos del sol, colocándola debajo del cubre cabezas. En tiempo lluvioso ó de excesivo frío se puede levantar el cuello de la guerrera, y entonces se logrará que el agua que escu­rra de la cogotera no se introduzca por entre el vestido y la piel, y que el frío no moleste en región tan sensible como la cervical. Las dos hojas cruzadas sobre el pecho facilitan el graduar el abrigo á medida del deseo, abrochándolas totalmente, vol iéndo­las en parte como solap.¡s ó dejándolas sueltas y pa ando los boto­nes de cada hoja por los ojales correspondientes á la misma. Com­binando esta prenda con la blusa y la manta se con eguiría pode modificar el vestido según las circunstancia lo exigieren. La blusa se convertiría en una especie de levita suelta, para los oficiales, y de considerarlo conveniente se permitiría llevarla con chaleco para fuera de los actos del servicio, teniend entonces razón para prohibir el que ningún militar vi::.ta de paisano, sin exceptuar de tal obligación ni aun á las más altas jerarquías de la milicia. Esto fomentaría el espíritu de cuerpo y de profesión, tan mermado por desgr .cia, merced al si~temático cercenamiento de todo privilegio y prerrogativa á los que tienen como primer deber la abnegación y el sacrihcio, no digamos (por ya sabido) de la vida, sino d~ todos los intereses, que tan preferente lugar ocup~n en las aspiraciones moderna , y de todos los derechos que ha ta el má~ inútil de lo~ ciudadanos di fruta. Si se considerase antimilitar el que los oficiales pudieran no; llevar armas, á pesar de lo que practican Jos marinos, y lo ineficaz de la defensa que da una espada en estos tiempos de revólver, la ]evita cerrada, con espada, responderá á esta objeción. La corbata para los oficiales sería blanca, como para la tro­pa, que en cambio de la comodidad que se trata de proporcionar­les, no es mucho exigir una extrema limpieza; que nada hace for­mar peor concepto de un militar, y con más justicia, que su as­pecto de aliñado, no debiendo prestársele medios para encubrir un insoportable desaseo. . Compondrían, pues, el vestido del tronco y extremidades su­periores las prendas siguientes: Capot~- guerrera, de paño de lana sin teñir, y de la hechura condiciones expuestas; 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 482 BOLETÍN MILITAR Guerrera-chat¡UJta, de paño gris ó azul; Faja d! lana y corbata de lana ó algodón. Sobretodo ó ab':igo El actual capotf! desempeña este oficio, como se ha dicho ya de una manera incompleta; debe sustituírlo la manta convertida en poncho ó capote de monte por medio de una abertura longi­tudinal practicada en su centro y rodeada de un cuello ancho que pueda levantarse. Para mayor facilidad de encapillárselo, se pro­longaría la abertura en línea recta sobre el pecho, cerrándola con botones. En nada perjudican estas modificaciones al empleo de laman­ta como abrigo de campamento. El abrigo suficiente, en circunstancias que no sean extraor­dinarias, que darían la guerrera y la blusa superpuestas, se aumen­taría con el poncho cuando fuera necesario, sujetándolo á la cin­tura con una correa ó por medio de una jareta, para evitar que su vuelo sea ré o ·a á la agilidad de los movimientos, formándose en­tonces con las caídas de los costados u nas especies de mangas, semejantes á las del carrik, impermeable, cuyo uso e tolera á los oficiales, disposición que facilita á las manos camino para ir á buscar al ve tido interior los objetos que puedan necesitarse. Para el jinete es muy provechoso este abrigo, pues cubre per­fectamente todo el equipo y en mucha parte al caballo. Atándole menos que el capote de montar, y siendo mucho más ligero, no impide, como éste, el inmediato contacto de la rodilla con la silla, consiguiéndose mayor firmeza. Contra el agua es también más eficaz. Colocado el capote de montar sobre el hombro, queda descubierto el borrén delantero, y corriendo el agua por él hacia la caballería cie la silla, penetra al través del pantalón y moja las piernas del jinete, haciendo iluso­rios todos los reparos exteriores. Propónese, pues, como sobretodo el capote dt monte. -- (Continúa) NAZARIO CALONJE • • NORMA Y :CI~EOOION DEL TIRO DE LA ARTILLERIA EN CAMPAÑA seglín 1 as Ler;ons d' artillerie de E. Giratdin. (Continuación) Y-Reglaje del tiro en dirección m) Las tablas de tiro dan los primeros elementos para corre­gir los desvíos en dirección; cuanto á la corrección del viento, se hace á un tiempo para toda la batería bajo la dirección del capi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1.'ÍN MILITAh. 4:83 án, pero corresponde á los jefes de ección ordenar la relativa al des­nivel de los muñones y reglar la dirección de l tiro de su respec­tivas piezas, salvo cuando se trate de tiro indirecto, en que sólo el capitán vea ti blanco, y quede, por lo tanto, obligado á corregir á un tiempo el fuego en alcance y dirección. Si por cualquier motivo no se ha podido determinar el valor aproximado de la desviación observada, en milímetros de de vío, al principiar el fuego se ejecutará una corrección de IO milímetros de desvío para todo disparo en que el proyectil se alie mucho á la derecha (ó á la izquierda), ó una de 5 milímetros si el desvío no es tan acentuado. El efecto de e ta corrección de ordinario será llevar el proyectil en sentido inverso, en cuyo caso, de pués de observar el disparo, se reduce la corrección á la mitad de la anterior, es de­cir, se obrará de un m do análogo al prescrito para buscar la te­naza, tratándose del alcance. Se cuidará, sobre todo, de no empltar co·rrecciones tunidas que á nada conducen y de ejecutar el reglaje en dirección para cada pieza. Este último precepto es obvio, puesto que dicha corrección no po­dría hacer·e para toda· las piezas de una batería, por la observación hecha en una sola, ino en el caso de que lo muñones de todas estuvie en perfectamente horizontale ó con igual inclinación, lo que no sucede sino en la artillería de las fortalezas. Si los dos primero tiros presentan desvío en el mismo senti­do, pero que obsta el reglaje en alcance, ·e hará en eguida una corrección igual al medio de dichos desvíos. Las corree iones en dirección se hacen siempu, sin excepción, moviendo sea el oj1~lb del alza, sea fa cureña, del lado hacia el cual quiere llevarse el proyectil. El reglaje en dirección es rápido y sencillo cuando lie aplican as reglas que anteceden: durante él, cuando una pieza da un dis­paro correcto en dirección, los siguientes, si se separan es muy poco de ordinario, cuando el viento no cambia, porque en las pie­zas modernas de artillería el probable de vío en dirección es muy pequeño. 171- Tiro sobre blanco móvil n) Sobre blanco móvil no puede tirarse sino cuando es posi­ble la puntería directa, porque de otro modo sería imposible seguir de un modo continuo el objetivo en sus desplazamientos para ob­tener un fuego rápido. Sin embargo, puede hacerse fuego indirecto sobre blanco móvil, cuando el capitán ve el objetivo y regla el tiro en alcance y dirección, según sus propias observaciones. • Con los cañones de 80 milímetro:. de montaña, 1 milímetro del alza ele de víos, ú horizontal, á 2,000 metro no corrige sino 4 111etros, cantidad ya clifícilmente 4preciable li esa di tancia: ~i un proyectil <".ie hacia el medio de un intervalo qu'! sepua dCI tropa. , y lllide 20 metros por ejemplo, uua conecci6n frat.ca de 5 mil(­metros llenrá el di ·paro, poco más 6 menos, en la dirección de una de diclus tropas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MJLIT .A.R En el tiro sobre:: blanco móvil pueden ocurrir dos casos: 1. •,. el sentido del movimiento, según la línea del tiro, es conocido; 2.o, el sentido de la marcha del móvil es desc:onocido ó incierto. Debe distinguirse, además, el caso en que el tiro es percutante del en que sea fusante, porque aquél no se emplea sino á las dis­tancias cortas, es decir, inferiores á I ,sao metros. Tiro percutante: el untido del movimiento del blanco es conoci­do- Lo mismo que en el tiro sobre bl.mco fijo, se procede á en­marcar rápidamente el blanco entre un disparo largo y otro corto, y obtenida la tenaza, se ejecuta el tiro sobre el límite, establecién­dose sobre el lírnite inferior ó más próximo, si el blanco se acerca, y á la inversa si se aleja. Como e comprende, no se considera en­marcado el blanco sino cuando el último de los brazos de la tenaza se estableció con el alza del límite hacia el cual marcha el objeti­vo, pues de lo contrario podría franquear ese límite mientras se dispara el segundo proyectil. La amplitud de la tenaza variará con la velocidad del blanco: si se la adopta muy pequeña no habría tiempo de disparar bas­tantes proyectiles sobre el límite escogido antes de que lo fran­quee el blanco. Por esto en el tiro de campaiia la amplitud de la tenaza será de 200, 400, 6oo metros, según que el blanco mar­che al paso, al trote ó al gal pe, es decir, á razón de 1 oo, 200~ 300 metros por minuto. Esta regla se j u tifica por las con ideraciones siguientes. La posición más probable del blanco dentro del marco en el cual se le encierra estará siempre en B, ósea la mitad del espacio que se­para las trayectoria MA y lv.t' A' de los dos límites de la tenaza (fig.). Si e')ta ú ltin a midit:re 200 metro , el blanco será batido por los disparos p rcutantes hechos sobre el límite hacia el cual avanza durante el ti~mpo que emplee en franquear roo metros, es decir, un minuto si lo hace al paso; y como con la artillería moderna en el fuego ~obre blanco múvil se pueden disparar tres tiros por minuto, el resultado será satisfactorio. M' Dirección del movimiento ~---- .A' -~~~------~--~----~ -------------- --·············--·····-·-·-· ...... ························ojj"'············ ....................... _ ...................... - A Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Mas si el blanco se moviere al trote (caballería), á 200 me- ·tros por minuto, sólo emplearía medio minuto en salir del marco de 200 metros, y dentro de éste á lo sumo recibiría dos disparos, por lo cual, para mantenerlo mayor tiempo bajo el fuego, sin te­ner que modificar el alza, se duplica la amplitud de la tenza, ele­vándola á 4-00 metros, y así se consigue que el blanco reciba tres pro}ectiles de cada cañón. Si se m u e ve al galope, es decir, á ra­zón de 300 metros por minuto, hay que triplicar la tenaza. Se nota que el blanco ya salió del marco cuando se obtiene un disparo largo t"ntre los hechos con el alza del límite menor, y recíprocamente. En el tiro de campaña no se envían nunca más de 4 á 6 pro­yectiles sobre el límite escogido, antes de que resulte uno de sen­tido contrario, á menos que el blanco cambie la dirección de su marcha, se detenga ó disminuya la velocidad del movimiento. Em­pero, sea de ello lo que fuere, desde que un disparo resulta en sen­tido contrario, dando la señal de que el blanco acaba de franquear el límite sobre el cual se tiraba, se hace una descarga con las pie­zas que estaban listas, y se modifica el alza variándola una tena­za en el sentido conveniente, para lograr un nuevv marco y con­tinuar el fuego conforme queda dicho. En el instante en que hay certeza de que fue franqueado por el blanco el límite inferior, se puede ventajosamente, antes de mo­dificar el alza, acortar el tiro (blanco que se acerca) á la manivela, en una cantidad conveniente, variable con la rapidez del blanco. La disminución que indica el Manual de tiro es de ! de vuelta si el blanco se mueve al paso, {- de vuelta si al trote, y 1 vuelta si al ·galope. De esta regla resulta, de ordinario, que la descarga de las piezas listas caerá unos 15 metros adelante del blanco. En efecto, á las distancias medias del combate, } de vuelta (2 milímetros de alza) equivale á unos 50 metros, y como es preciso ~ de minuto para hacer una descarga percutante, en ese tiempo el blanco habrá recorrido 35 metros. límite corto de la tenaza \ 1 1 35m. ¡ 1 1 :oB I 5 metros; 1 1 t ! de vuelta 50 metros 1 ..¡. Alza de la descarga Si hay campo para hacer más de 4 á 6 tiros sobre uno de los límites de la tenaza, seguramente el blanco se mueve con má¡ lenti ud de la supuesta, ó cambió el sentido de su marcha ó hi7o .alto. En todos estos casos hay que buscar un marco, se le encie- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. {86 BOLETm MILITAR rra dentro de 1 oo metros, si es preciso, y si se adquiere la certi­dumbre de que hizo alto, se procede en seguida cotno si se tratara de tiro percutante sobre blanco fijo. En el tiro de campaña sobre blanco móvil una sección-guía, colocada en una de las alas, se encarga especialmente de buscar los. marcos, y las otras dos reglan su tiro sobre el de ella. Movimi~nto d~ sentido incierto ó desconocido; tiro d~ vigilancia~ A menudo es dificil darse cuenta con la vista, y aun con el binó­culo ó el anteojo, del sentido exacto de la marcha del blanco, á menos que no esté muy próximo ó sea posible tomar puntos-guías ~n el terreno. B Cuando el blanco se mueve oblicuamente con respecto á la línea de tiro, pueden producirse las tres circunstancias de un blan­co B que se aproxi]Tla, de otro B'' cuyo movimiento es incierto, ó de un tercero B" que se aleja (fig.). Si se ignora la dirección de la marcha ó se torna incierta, se enmarca el blanco con una tenaza de I oo metros (tiro de campaña)).. se adopta el alza del medio de esa + + + batería tenaza y se ejecuta un tiro d, vigilancia, que consiste en au­mentar en 50 metros el alza, después de todo disparo corto obser­vado, ó disminuírla en la misma cantidad, después de un0 largo, y conservarla sin moJificación cuando se da en el blanco. Si en un momento cualquiera dos aumentos ó disminuciones de 50 metros no hacen cambiar 1 sentido del desvío, se concluye que el blanco· se aproxima ó se aleja, según el caso: de3aparece entonces la inde­cisión y se procede como queda dicho. En el tiro en atrincheramientos, sobre blanco móvil, se hace de ordinario uso de la carga completa y la puntería directa: la amplitud del marco es de un salto (4 tenazas), si se mueve al paso, y de dos saltos; si lo hace al trote; pero por lo común y para ma­yor sencillez se adopta como amplitud del salto Iomm de alza (unos 200 metros) para las distancias inferiores á 2,ooo metros y 20mm (300 metros) para las más grandes. La batería se divide en dos secciones, compuesta cada una de la mitad de las piezas: la una hace fuego sobre el límite tan luego como se obtiene el marco conveniente; la otra dispara por descargas, apenas aquél franquea el límite, con el alza correspon­diente, disminuída ó aumentada en un medio salto, según que el blanco se acerque ó se aleje de la batería. En seguida todas las alzas de la batería se disminuyen ( ó aumentan) en un salto para Yolver á hallar el marco del caso y continuar el tiro sobre el límite .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITA.."& 487 El blanco se desplaza transversalnunte.-Si el blanco se mueve perpendicularmente á la línea que lo une con la batería, se hace una conveniente corrección del desvío moviendo el ojillo del lado hacia el cual se mueve el blanco (lado á donde deben dirigirse los disparos). El valor de esta corrección depende de la velocidad del blanco, del tiempo que transcurre entre el momento en que se levanta el apuntador y la llegada del proyectil, y de la longitud de la línea de mira natural. El cálculo se efectúa del modo siguiente, para el cañón de 90m 111 por ejemplo: Se tira á 2,000 metros, con una batería, sobre una tropa que marcha transversalmente hacia la derecha á razvn de 100 metros por minuto. El tiempo que transcurre desde el momento en que se levanta el apuntador hasta el en que parte el disparo no puede ser menor de 5'; la duración del trayecto para la distancia dicha es de 5·5'· Entre el momento preciso en que el apuntador se se­para del ojillo de mira y la llegada del proyectil al terreno median, pues, unos 1 o segundos, durante las cuales el blanco se habrá mo- .d I 00 X 10 6 * · · h · 1 1 o 60 1 metros, y por constgUlente para enr o es preciso desplazar el ojillo hacia la derecha un nútnero de milíme- . 1 ... 1 6 X o.So · d 8 1 1 · d d 1 1" d tros 1gua a = 7•m, s en o om o a ongttu e a 1nea e 2,000 mira natural. Esta corrección sería doble para una velocidad de 200 metros, triple para la de 300, y en cambio habría que reducir­la á 4 si el blanco se moviera oblicuamente, formando un ángulo de 45° con el frente de la batería. Además, si se admite que el tiempo transcurrido entre el momento en que se levanta el apuntador y el en que el proyectil 1lega á su dest" no, es proporcional al alcance (lo l{ue, en tesis ge­neral, es exacto), el espacio que durante ese tiempo recorre el blanco también será proporcional al alcance, y por lo tanto el cál­culo indicado puede aplicarse á todos los alcances. Cuando el blanco se mueve oblicuamente á la línea que lo une con la batería, que será el caso más frecuente en la guerra, la corrección, en teoría, debe variar con el grado de aquella oblicui­dad; pero prácticamnete no es posible determinarla sino por el re­sultado de los primeros disparos. De antemano puede ordenarse una corrección de ensayo., apreciada partiendo de la que corres­pondería á un movimiento rigurosamente transversal. A veces puede mejor~rse la dirección sin cambiar el desvío, aumentando ó disminuyendo el intervalo entre el mandato tal pieza y la orden fuego. • Es tan sencillo aplicar el procedimiento al cañón de montaña, merced~ los elatos que encierran las tablas de tiro, que no necesita explicaci6u alguna para efectuarlo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 4:88 BOLETÍN .MILIT A.R Tiro fusante sobre blanco móvil -Este tiro también se ejecuta conform~ á las reglas anteriores. En una batería de campaña la ·sección-guía se conserva percutante, y por medio de ella se deter­mina la posición del blanco y la dirección de su marcha para ob­tener los marcos convenientes. Las otras dos secciones, reglándose sobre la anterior, hacen descargas de proyectiles fu antes. En el tiro sobre uno de los límites es, de ordinario, en el mo­mento mismo en que el blanco llega al límite hacia el cual se mueve cuando recibe la descarga de los fuegos fusantes, porque es preciso algo más de un minuto para preparar y hacer la de carga, Y~ el bl¡nco emplea igualmente un minuto en recorrer la mitaJ de la tenaza dentro de la cual se le tiene cogido. Aun en el caso más desfavorable en que el blanco en vez de hallarse en el centro se -encuentra próximo á uno de los límites de la tenaza, en el instante en que se determina ésta, las de~cargas fusantes enviadas un mi­nuto despues tendrán cierta eficacia, por más que corre pondan á una trayectoria media muy larga ó muy corta, en cosa de unos cien metros. En tiro en trincheras, media batería determina las posiciones sucesivas del blanco, y la otra media hace las descargas del caso.- (Concluir a) PARA LOS TRANSPORTES EN CAMPA~A Hace poco meses algunas revistas militares dieron noticia de un folleto, en el cual el Capitán del Ejército argentino, D. Camilo Trapani, de cribe "el carro estratégico de una rueda,, por él idea­do, apto, según el autor, para marchar por cualquier clase de terre­no y á aires vivos; y como dicho carro podría ser de gran utilidad á las tropas de infantería, tanto p.tra el transporte de municiones como para el de útiles de zapador, creemos oportuno dar á los lec­tores de la Rev :sta Técnica idea del mencionado invento que, de confirmar la práctica los halagüeños resultados que el autor espe­ra, habría resuelto un problema tan difícil como trascendental para el ejército. Las partes esenciales del carro son: la rueda, los armones y y cajas, los varales y el aparejo para el enganche del animal. La rueda es de fresno, de 1.50 metros de altura, con llanta de acero efe 0.20 metros de ancho. Esta rueda puede descompo­nerse en cuatro trozos, facilitándose así su transporte, sujetán­dose los ocho rayos á la llanta por medio de tornillos. El eje de la rueda e3 de acero, y en sus extremos descan­san dos brazos del mismo metal, los que por intermedio de l;¡ caja de grasa y de los muelles correspondientes, sostienen los armo­nes. ·Estos son de chapa de a lu mi ni o de o.o 1 o metro:; de espesor, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. DOLE~l'ÍN MILITAR 489 de forma piramidal, midiendo en la base inferior 1.10 metros 1 I en la superior, con una altura de 0.50 metros y anchura 0.20, sujetándose por medio de tornillos á los tirantes y piezas que les sirven de sostén. Las cajas, que son del mismo material que los armones, descansan sobre ellos, colocándose á un lado y otro de la rueda, fijándose por intermedio de unos ganchos, consiguiendo con gran rapidez la m1niobra de montarlas y desmontarlas. Para amor­tiguar el efecto de los choques, las cajas y armones van forrados de corcho, existiendo detrts de ambos un resorte de forma de es­piral. Debajo de los armones hay dos bastones de acero, especie de ten te-mozos, que sostienen el carro en las paradas ú al desengan­charlo. Las varas son de tubo de aluminio, en nú.mero de cuatro, dos derechas y dos curvas, asegurándose á unas uñas de acero con re­sortes que lleva en su centro el carro, y combinadas de un modo­dice el autor-que aunque se caiga el animal no puede volcar el vehículo. En ]a parte exterior, anter\or y posterior de los armones van colgados de ganchos, picos, palas, zapapicos y hachas. La longitud total del carro hasta la extremidad de las varas es de 2. ¡ 5 metros; la altura 1. so, y la anchura 0.95, siendo el pec;o total 7 46 kilogramos. . Cada armón lleno de municiones pesa 70 kilogramos (peso muerto) + 240; en total, 310 kilogramos; y cada caja 40 kilogra­mos (peso muerto) + 150 kilogramos próximamente . • * * La idea de la rueda única no es nueva, y ya en el carro de municiones de compañía, ensayado en los Estados U nidos, y que describimos en nuestros artículos sobre municionamiento de la infantería en el combate moderno, se aplica al desarmar dicho carruaje para poder salvar obstáculos ó marchar por terrenos muy accidentados, conduciendo dos soldados cada medio carruaje (una rueda y dos cajones). Lo difícil de conseguir en el problema que trata de resolver el Capitán Trapani, es la perfecta estabilidad del vehículo y buenas condiciones de equilibrio para disminuír ó anular la tendencia al vuelco, al marchar por terrenos quebrados ó por malos caminos con fuertes rampas, inclinación transversal y curvas pronunciadas, y á decir verdad, la lectura del folleto no lleva al ánimo del lector la persuasión de haber logrado el inventor (á pesar de la disposi­ción de los armones que hace que esté muy bajo el centro de gra­vedad), no obstante afirmarlo y asegurar que puede, sin inconve­niente alguno, cargarse el armón y cajas de uno solo de los costa­dos sin que peligre la estabilidad. Siendo el peso de la rueda y piezas de suspensión de los ar­mones y cajas inferior á 400 kilogramos, y elevándose á dicha Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 4.90 BOLETIN MILl'l'AR cifra el de la carga del armón y cajas de un lado, puede asegurarse que estando vacías uno y otras de un costado y cargadas al máxi­mo las del otro, la vertical trazada por el centro de gravedad del conjunto se hallará fuera ó muy próxima al extremo de la llanta * saliendo de ella, seguramente, cuando d terreno tenga inclinación en sentido transversal ó en curvas muy pronunciadas, recorridas con alguna velocidad, pues en este caso hay que componer el peso del carruaje con la fuerza centrífuga desarrollada, dando una resul­tante que tiende á volcar el vehículo. Aparte de esto, el esfuerzo de tracción que tiene que desarro­llar el animal para el arrastre del carro, elévase á r,soo kilogra­mos próximamente (706 de peso bruto y cerca de 8oo de sobre­carga), cifra exagerada, Ja cual no se compagina bien con la condición de poder marchar por caminos dificiles y á aires violen­tos, 1? que siempre se traduce en un aumento en el esfuerzo ne ~ cesan o. Mucho desearíamos que los inconvenientes que nosotros vemos no existieran, y que Ja práctica demostrase la bondad del carro descrito, con lo cual habría prestado un importante servicio al Ejército el joven Capitán de la República Sudamericana. EDUARDO GALLEGO RAMOS :m:r.. OONOOIMililN-I'O DEI. 'rl!lRP.l!lNO Conformes están todos los publicistas militares de que si algo hemos de conseguir en la lucha, ha de ser dominando el conoci­miento del pa.ís con quien tratemos de combatir; esto es en alto grado beneficioso para el invasor, y de ello tenemos evidente de­mostración en la guerra franco-alemana del 70-7 r. Pues bien, se nos ocurre preguntar: ¿nosotros tenemos cono­cimiento, ya que no perfecto, siquiera general, de nuestro país? creemos que no, y ya que por nuestra desgracia no podemos aspi­rar hoy más que á rehacernos, debíamos concretarnos á aprender lo mucho que de lo propio ignoramos. Las tropas que ocupan una región de nuestro territorio son, gener.llmente, las que han de operar en ella, ó á lo menos á esto hemos de tender en la organización, para que los Cuerpos co­nozcan el país en que operan. En este sentido encontramos altamente provechoso el que los Cuerpos de las citadas regiones se penetrase-n, en tiempo de paz, del conocimiento topográfico del país y llegasen á dominar su geografía, y de ésta sus más pequeños detalles. • Puede demo trarse e ta consecut>ncia con ayuda del cálculo gráfico 6 del analítico, de los cnale prescinde el autor. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR Podría argu1rsenos que la Oficialidad varía, y por lo tanto ~sta labor s~ría constantemente alterada ó infructífera; á esto con­testaremos que la generalidad de los Cuerpos, por no decir todos sufren poquísimas variaciones, puesto que los Jefes y Capitanes, por lo menos, llevan en ellos algún tiempo, bien por convenien cias particulares, bien por otro cualquier motivo, y los Oficiales subalternos que á ellos van destinados, generalmente de ellos n s~ mueven hasta su ascenso á Capitán, puesto que su destino á tal Cuerpo lo gestionan por sí mismos. Descartado este inconveniente, veamos la forma en que de­bería hacerse la instrucción: el Estado Mayor podría entregar á cada Cuerpo un mapa de la zona que se le asignara en la provin­cia ó región, mapa en que se detallasen hastresante de nue•­tra historia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1.'ÍN MILITAR 493 compuesta de los tres grandes Departamentos de Venezuela, N ~e va Granada y Ecuador, á cada uno de los cuales se rcservab~ su gobierno particular. El General Bolívar, que había estado presente en Guayana á este acto, el 17 de Diciembre de 1819, dudó que yo me adhiriese á él, ya porque recordaba mi conducta en Ca5anare respecto de la reserva hecha en favor de la Independencia de la Nueva Granada, como por­que tenía presente que á pocos días de nuestra entrada en Santafé, en Agosto, quiso reunir una ju11ta de los padres de familia para que resol­viesen unirse á Venezuela, á lo que me opuse con tan poderosas razo­nes, que logré hacerlo desistir del proyecto ... Sin embargo, Bolívar me remitió la ley fundamental con una carta suya, y otra de Zea, en que desenvolvían todas las ventajas de la unión, excitándome á que la reco­nociese y obedeciese. Yo, lejos de ser enemigo de esta unión que con­centraba los recursos y daba unidad al mando para acabar de libertar el país del dominio del Rey de España, era su partidario, pero deseaba que no se hiciera centralizando absolutamente todos los poderes y todas las provincias; que la acordaran los representantes del pueblo legítima­mente congregados, y sobre todo que tuvieran parte Caracas y el Ecua­dor. Luégo que recibí la ley fundamental, reuní á todos los empleados principales, ciudadan J s notables y autoridades de toda especie para enunciarle las ventajas de la unión y exigir su adhe ión á ella: fácil fue ohtenerla, estando de por medio toda la influencia de Bolívar, y el vehemente deseo de asegurar la Independencia: todos prestamos obe­diencia al acto del Congreso de Guayana, con la condición de que se examinara por los Representantes de la República para ratificarlo, mo­dificarlo ó anularlo debidamente. Bolívar, de regreso de Guayana, re­cibió con júbilo en la provincia del Socorro el acta de nuestro 'eco­nocimiento y obediencia á la nue a ley fundamental, y me contestó en los términos lisonjeros y satisfactorios que se ven en su nora oficial. • Oficio." Excmo. efior: La acb de reconocimiento que Y. E. ha celebrado co11 los prócere de Cunuinamarca, del Gubien10 y Repúblictl de Colombia, c. el c:el!O de nuestra liuertad: es el t(tulo de inmOJtpiné por la unidad central de Colombia cuando ventilaba la cuestión el Congreso constituyente. Bolívar me manifestó su resolución de irse á la campafia del Sur renunciando la presidencia; le cbligaba á ello su convicción de no poder gobernar con la constitución decretada por el Congreso, su genio que lo llamaba al campo de batalla, y los disgustos ue le habían causado pcrsonalm~nte en algunas sesiones del mismo Congreso. No pude, ni debí convenir en que no acepta~e la presiden­cia, é hice todos los esfuerzos imaginables por disuadirlo de tan fatal esolución. Al fin me intimó que la aceptaría si yo aceptaba la vice­presidencia, y de ningún modo en el caso contrario; á tan fuerte con­dición, de la cual me hizo un grato recuerdo en carta de Lima, que ~xiste en mi poder, yo no debía resistir; aceptamos nuestros nuevos destinos, y prestamos el juramento correspondiente; él partió de Cúcu-a para Bog tá á disponer los preparativo de su campaña: y yo empecé á ejercer las funciones del Gobierno auxiliado de los conocimientos y .. espetabilidad de los Secretarios nombrados á solicitud mía, y para c::uya admisión los había interesado particularmente •. N o es posible escribir en unos apuntamientos la historia de la Ad · ministración ejecutiva de Colombia. Grandes sucesos sobrevinieron du­ante los seis años que la presidí: la organización del país, la pérdida de Maracaibo y Santa Marta, y su inmediata recuperación, la ocupación de Puerto Cabello, varios combates navales de feliz resultado, el reco­ocimiento de nuestra independencia por los Estados Unidos del Norte y la Gran Bretafia, el envío de cónsules de Francia y Holanda, la li­bertad del Perú y Bolivia, y qué sé yo cuántos otros de más ó menos ~rgbierno. ue tras desavenencias, que fueron de corta duración, provinieron de la contrariedad de nuestras opiniones sobre la forma de Gobierno: yo sostenía la Constitución de Cúcuta, porque a í lo había prometido con un juramento solemne; él la censu­raba, porque así Jo creía conveniente al pro comunal. Nosotros debati­mos la cuestión pÓr la imprenta, y dejamos correr mutuas personalida­< Jes. Bolí\'ar, aferrado á la unión central, que había sido su proyecto favorito desde bien atrás, sostenía de mi lado la contienda, hasta que él mismo me aconsejó terminarla en bien del país. Se terminó, efectiva­mente, por una explicación franca y verbal gue tuvimos á solicitud suya, y por mi parte fue tan ingenua, que conferí á Narifio 1a Coman­dancia general del Departamento de Cundinamarca. Su edad, sus pa­decimientos desde 1794 y sus enfermedades, lo condujeron al sepulcro. Pruebas d· un alma elevada y enérgica había dado en el transcurso de muchos afios de persecución, para atribnír á aquellas diferencias tan pasajeras la apertura de su tumba. Abandonado en la campafia de Pasto d 18 I 4 por varios de sus Jefes, y traicionado por algunos de sus ami­gos, N ariño conservó la mayor serenidad para hacerse superior á tama­fio Í11fortunio •. Carta autografa del Gener
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 148

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 142

Por: | Fecha: 10/03/1900

A~OlV Bogotá, Marzo 10 de 1900 NUM. 142 --~· ....... -- ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO Dnt1tCTOR AD-HONOREM, FRANOISGO J. VERGARA y V. General, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y Oficiales del Ejército de la República OFICIAL por el cual se honra la memoria de un Prócer El Proidentt de Id Repúh!itll CONSIDERANDO Que hoy se cumplen cien años del nacimiento de Daniel F. O'Lea­ry, hijo de Irlanda, que en Colombia fue General del Ejército que com­batió por la Independencia nacional, y Edecán del Libertador; Que este ilustre hijo adoptivo de Colombia prestó importantísimo• servicios á la República, ya como soldado valeroso, vertiendo su sangre en los campos de batalla, ya desempeñando empleos importantes, ora por el ejemplo de altas virtudes morales que hacen su memoria digna de veneración, DECRETA Art. 1.0 El Gobierno honra la memoria del distinguido ciudadano y benemérito Prócer GePeral Daniel F. O'Leary, y propone su amor á Colombia, su desprendimiento, su valor y su lealtad como ejemplo i los colombianos, á los cuales recomienda, por dignas de imitación, las virtudes públicas y privadas del Prócer cuyo centenario se con memo­u hoy. Art. z.o Por el Ministerio de Guerra se darán las órdenes del caso á fin de que la fuerza pública que hace la guarnición de la capital, tri- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 290 BOLETíN MILITAR bute á la memoria del General Daniel F. O'Leary los honores militare• que le corresponden por la alta jerarquía militar, política y social que dicho Prócer ocupó en Colombia. Are. 3.• Copia auténtica de este Decreto será enviada con nota de estilo á los deudos sobre vi vi entes más próximos del General O'Leary. Comuníquese y publíquese. Dado en Tena, Departamento de Cundinamarca, á 1. 0 de Marzo de 1900. MANUEL A. SANCLEMENTE El Ministro de Guerra, JOSÉ SANTOS ------~·~------ Conferencias de los Oficiales de la Misión Franeeaa SERVICIO DEL CARÓN DE MONTA~A (Continuación) TRANSPORTE DEL MATERIAL Á LOMO DE MULA 1. Los artilleros se presentan á la maniobra con el mismo unifor­me que para la ejecución de la boca de fuego; cuando estén armados, el instructor les manda poner el arma á la esralda. El material estará dispuesto como ]o indica el número •. ; ademá: se traen por sus conductores cuatro mulas albardadas que se llamans mula de pieza, mula de ruedas, mula de cureña, mula de cajillas. Lu tres primeras van equipadas con un basto (alabardón) de pieza y la cuarta con un baslo de cajillas. CARGAR EL MATERIAL 2. Ant('s de hacer cargar el material, el instructor manda colocar las mulas en hilera detrás de las cajillas en el orden siguiente: mula de cajillas, mula de ruedas, mula de curefia y mula de pieza; la prime­ra á un metro de las cajillas, las demás á un metro de distancia una de otra. El instructor hace entrar loa sirvientes á sus puestos, los manda equipar, ordena quitar la limonera como está prescrito en el número .. , y en seguida da á los artilleros la nomenclatura sumaria de la palanca y de los bastos. Les enseña al mismo tiempo que la pieza y su cureña pueden lle­varse á lomo de mula ó engancharse; que en el primer caso la mula de pieza lleva la pieza, la mula de cureña, la curefia, la mllla de ruedas, las ruedas, la limonera, los frenos, las palancas y el escobillón; que en el segundo caso las mulas de pieza y de curefia ~e enganchan ~ la limo­nera (tronco y guía). Les enseña también que las cajilla• ae cuelgan para el transporte al basto de la muJa de cajillas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 291 CARGAR LA MULA DE PIEZA 3· Rnunun de la maniobra-Introducir el escobill6n en el ánima. Levantar las sobremufioneras. Colocar la palanca debajo de la culata y amarrarla. Levantar íntegramente el tornillo de puntería. Llevar la pie­za, colocarla sobre el basto, ]a culata hacia la cabeza de la mula. Suje­tarla al basto. Para cargar la mula de pieza, el instructor hace disponer las co­rreas de la manera siguiente: Colocar las correas con el clavillo hacia arriba, de adentro hacia afuera, en las mortajas del tirante de derecha del basto, las dos correas delgadas en las mortajas de los extremos, la correa gruesa en la mitad, pasarlas después por las mortajas del tirante de izquierda, de afuera hacia adentro, y sacar los extremos de modo que las hebillas queden á. unos 30 centímetros del tirante de derecha. El instructor manda después: 1. 0 Prepárense á cargar 1" mula d1 pieza; 2.0 e argtttfl la mula de pieza. A la voz preptírenu á cargttr la mula de pitza, el conductor de la mula de pieza coloca su mula á tres metros atrás de la curef'ia, la grupa vuelta hacia la contera. El segundo sirviente de derecha introduce el C!'cobil16n, el ataca­dor adelante, dentro d e l á ni ma, levanta la s o br:mutíoneras y agarra el escnbil16n con ambas manos fre nte á la mula. El primer sirviente de derecha vuelve ~ coloc ar el tirafrictor en su saco, trae l.t pa lanca de culata, que estará puesta sobre la limonera, umada con el lazo, y la coloca debajo de la culata, lo más cerc.t que se pueda de los muño nes y la agarra c on ambas manos. El primer sirviente de . la izquierda saca el alza que vueh·e á colo­car en su saco; amatra la palanca á la culata ccm el Jazo y agarra el otro extr~mo de ell , y ambos irvientes dan frente á la mula. El segundo sirviente de la izquierda le\ anta Í i.tegramente el torni­llo de puntería y vuelve á o cupar su puesto. A la voz rarguen la mula de pieza, y á la indicación alfen, hecha por el segundo sirviente de derecha, los dos primeros sirvientes, ayuda­dos por el segundo sirviente de derecha, ahan la pieza, h. hacen pasar por encima de la rueda derecha y marchan á colocarla sobre el basto, la culata hacia la cabeza de la mula, el guión hacia arriba, de suerte que los muñones encajen en las muñoneras. El primer sirviente de izquierda quita el lazo, pasa las hebillas de las correas al primer sirviente de derecha y sostiene el basto para im­pedirle se vuel \'a. Aseguradas las correas, va á , raer el tapaboca y el ta­paculata, entrega este último al primer sirviente de derecha y coloca el tapaboca. El primer sirviente de derecha pasa la palanca al segundo sirvien­te de derecha, asegura las correas, dando una vuelta al rededor deJa pieza con las de los extremos, r coloca el cubreculuta que le entregó el primer sirvicn te de la izqui e rda. El segundo sirviente de derecha quita entre tanto el escobillón del ánima, recibe la palanca de manos del primer sirviente de derech~ los coloca sobre la limonera y vuelve á ocupar &u puesto á la altura d~ la contera. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 292 BOLETÍN MILITAR CARGAR LA MULA DE CURd~A 4· Resumen de la mafJiobra-Volver á colocar las sobremuñoneras. Levantar la cabeza de curciia. Quitar las ruedas y colocarlas en tierra. Levantar la cureña. Colocarla sobre el basto, la contera hacia la grupa de la mula. Sujetarla al basto. Para hacer cargar la tnnla de cureña el instructor manda cargar la mula de pieza, después hace colocar hs correas del basto de cureña del modo siguiente : colocar las correas con el clavillo hacia abajo, de fuera hacia dentro en las mortajas del tiran te de derecha del basto, las dos correas delgadas en las mortajas de los extremos, la correa gruesa en la mitad; pasarlas después por las mortajas correspondientes del tiran te de izquierda, de adentro hacia afuera, y sacar los extremos de suerte que una vez cerradas las hebillas éstas queden del lado izquierdo de la mula y cerca de la parte superior de la curefia. El instructor manda después: 1.0 Prepármse á cargar la mula de cureña~· z.o Carguen la mula de cureña. A la voz prepáreme á cargar la mula de mreiía, el conductor de la mula de cureña coloca su mula á tres metros adelante de la cureña, la grupa vuelta hacia la cabeza de la cureña. Los terceros sir ientes se acercan á la cureña á paso de trote, qui­tan los pernos y las arandelas de las ruedas, los que conservan en la mano izquierda, y agarran las ruedas con la otra mano. El segundo sirviente de izquierda se a egura de que el tornillo de puntería está íntegramente levantado, á paso de trote pasa á la cabeza de la curefia y la levanta agarrándola con ambas manos, de ·pués de ha­ber vuelto á colocar las sobremuñoncras. El segundo sirviente de derecha coloca el pie sobre la contera para impedirle que retroceda. Los terceros sirvientes quitan las ruedas y las colocan en el suelo detrás de ellos, vuelven á colocar las arandelas y los pernos y agarran el eje por los extremos de los pesones. El segundo sirviente de izquierda se acerca á la contera y la aga­rra lo mismo que el segundo sirviente de derecha. A la voz carguen la mula de cureña, y á la indicación alcm, hecha por el segundo sirviente de derecha, todos hacen fuerza, 1a levantan y avanzan á colocarla sobre el basto, la contera hacia la grupa de la mula, de suerte que el eje éntre en el alojamiento que para ello tiene el basto. El tercer sirviente de derecha alcanza las hebillas de las correas al tercer sirviente de izquierda, haciendo pasar antes las delanteras por las muñoneras de la cureña, y sostiene el basto para imper:lirle se ladee. El tercer sirviente de izquierda asegura la cureña cerrando las he­billas, ayudado por el tercer !$irviente cie derecha. Los segundos sirvientes vuelven á ocupar sus puestos. CARGAR LA MULA DE RUEDAS 5. Resumen de la maniobra-Enganchar los frenos en el basto. Co­locar la palanca sobre el basto. Transportar las ruedas, colocarlas sobre el basto y asegurarlas. Alzar ]a limonera, el escobillón y la otra palan­ca, colocarlos sobre las ruedas y sujetarlos al basto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 293 Para hacer cargar la mula de ruedas el instructor manda cargar previamente las mulas de pieza y de cureña; después hace colocar las correas del basto del modo siguiente: La correa gruesa se coloca como ya se dijo para la cureña, debieu­do quedar la hebilla del lado izquierdo de la mula, cerca de la llanta de la rueda izquierda. Otras dos correas deben colocarse en los anillos triangulares, la hebilla colgando hacia abajo, á so centímetros m:\s 6 menos del anillo. Cuatro correa más se colocanin en las mortajas de los extremos de los tirantes, las dos de adelante de adentro hacia afuera, el clavillo hacia abajo, la hebilla á 6o centímetros m:ls ó menos de la mortaja; ]as dos de atrás de afuera hacia adentro, el clavillo hacia arriba, la hebilla á so centímetros de la mortaja. El instructor manda después: 1.0 Prtptíreme á cargar la mula dr r11edas; z.° Carg11en la m11/a de r11edas. A la voz prepáreliJt á cargtzr !tz mula de r!ledfJs, el conductor d~ la mula de rueda la coloca entre ellas dando frente al lado opue to al marcado por lo brazo~ de la limonera. Los segundos sirvientes cuelgan ]os frenos en los gancho del basto de modo que una vez colocados queden horizontales; el segundo sir­viente de derecha coloca la palanca de culata en las mufíoneras del basto. A la voz carguen la mula de rued111, los terceros sirvientes colocan las rueda sobre el basto, de modo que el pequei'ío cabo del cubo quede contra el arnés y las cuelgan á la palanca por las llantas, escogiendo un intervalo en donde no haya tuerca, el cu~10 t.:n la mitad del basto, un rayo _vertical; el t.erc;er sirviente .de derec;ha P.asa la correa grucs~ por encima de las llantas al tercer sirviente de izquierda, quien cierra la hebilla apretándola. El segundo sirviente de izquierda vuelve á colocar la clavija y los segundos sin·ientes alzan la limonera, colocando obre el brazo derecho el escobillón, sobre el izquierdo la otra palanca, y la llevan á colocarla sobre las ruedas, el telerón hacia la cabeza de la mula. Los segundos y tercero sirvientes aprietan las correas empezando por las de arriba, y los terceros sirvientes se sitúan cerca de la cabeza de la mula. Para apretar las correas de las mortajas delanteras se pasa la hebi­lla de la mortaja de adclan te por entre los brazos de la limonera, atrás del telerón; se da una vuelta al rededor de los dos trozos del brazo, y en fin, despué de pa aria por el grapón de adelante, vuelven los sirvientes la correa por debajo de la llanta y cierran la hebilla de modo que el telerón quede abarcado por la correa. Para apretar las correas de las mortajas de atrás hacen pasar la he­billa de la corrc.t por encima del brazo de la limonera, le dan una vuelta pasándola por el grapón de atrás y la ajustan debajo de la rueda. Para cerrar las correas de los anillos triangulares abarcan con ellas los dos rayos más cercanos, dan una segunda vuelta á la correa y aprie­tan las hcbi.llas. A cgurada la carga, los terceros sirvientes se trasladan á la cajilla de izquierda y los primeros sirvientes á la cajilla de derecha. Los se­gundos sirvi('ntes ocupan sus puestos á la altura de la mula de ruedas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 294: BOLE1'ÍN MILITAR CARGAR LA MULA D! CAJILLAS 6. El instructor manda: Prepárenu á cargar la mula de cnjilllaJ; z.o CarguPn la mula de cajdlas. A la voz prcpárn:se tÍ ct~rgar la mula de caji!Ias. el conductor die la mula de cajillas coloca su mula entre las c:.jillas frente á la pieza. Los terceros sirvlentes del lado izquierdo r lo! primeros sirvicmtes del lado derecho agarran las empuñaduras de las cajillas, los sirviemtes de izquierda cerca cic la cabeza de la mula. A la voz cargue11 la mula de pieza y á la indicación alce11, hecha por el tercer sirvicute de derecha, todos llevan las cajtllas y las cuc:lgan por las cadenas á Jos ganch os , de modo que las cajillas queden un poco inclinadas de adelante hacia atr s. L os terceros sirvientes aj usran la hebilla de la sobrecincha, patsán­dola por los gr;~poncs de las cajillas, cada uno del ladu de su hilcrra, y se colocan después á la altura de la mula de e ureña. Los primeros sir­vientes lo hacen : la de la mula de pieza. Se cuelgan las CJ.jillas por el primer anillo de la cadena del lado de la grupa y por el segundo a1 illo del lado de la cabeza de la IUlula. (Continúa) INAL POR H. HELVIG, DEL ESTADO MAYOR ALEMÁN Versión libre para el Boletín Jfilitar PARTE PRJlliEHA-EL BATALLON SEGUNDO EJEMPLO Un batallón contra un batallón (cuatro compafHat eontra cuatro compafHu) Consideraciones tácticas Si el adversario se divide para atacar, es preciso moverse rápida- - mente contra una de sus porciones con fuerzas mperioreJ y arrollarla; si se consigue esto, las tropas enemigas que retroceden deberán contenerse con un destacamento relativamente débil, en tanto que todos los demáa hombres se reúnen para atacar la otra porción del adversario El batallón se supone en marcha en columna de pelotones, la iz­quierda en cabeza, á distancia entera, y con la cuarta compafiía de van­guardia. PlliMER MOMENTO. Nuestra flanguardia encuentra la del enemig1. Disposición: cuarta (ompañía, despliega un pelotón en tiradores. MANDATO: tómense intervaloa de despliegue sobre la primera com-ratiía. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 295 En~migo J •• •• •• •• •• •• •• •• •• •• •• •• •• • •• 4·8 1' l.·~®~ SEGUNDO MOMENTo-E/ numigo despliega fuertes ntjambrn .ie tira­dores y dirige su prinúpal eifuerz.• contra el ala deruha de la t"llarfll compañía. / )'( Ulsposlcl6n: cuarta t"ompañía, toda en tiradores; primera C#mpa­ñía, prolonga la cadena á la dere­cha con dos pelotones; ugunda y terara compañías, á 240 metros á retaguardia del centro de la cadena de tiradores. ./ ,," / :,,,' Segundo momento TERCER MOMF.NTo-DoJ compa­ñíaJ en ji!aJ urr,zdaJ u muntran delrtÍJ dt lrn l iradorn enemigos_· pa­rue que el entmigo 'pr11yuta un ata ­que sobre nuntro centro. • •• •• • ••• •• • • • J)lspo lc16n : cuarta compañía, 4· a un octavo de conversión á la dere-cha; primera comp añía, movimien-to igual hacia la izquierda para concentrar el fuego de ambas sobre el centro del enemigo. . ... • •• • • -:· ~$$ • . "\.· ®®® 0:61181 ®181® 2.a Tercer momento CuARTO MOMENTo-E/ advenario aprcxima ÜJ compañíaJ en forma­ción unidtz á los t i r .1dorn; Jtt centro prinopia á dfltmz.ar con rapidez. Ulsposlción : ugu11da y ttrura compañías, á paso de carrera á re­forzar la línea de tiradores; fuego por descargas; primera cQmpoñía, sos­tén de la cadena. Señal: fuego rápitlo! J·a 2.a C ttarfo mome11t0 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 296 BOLETíN MILIT.A.:B. QurNTO MOMENTO- El ene mi- • • • • go es antenido en su movimientg • • • • • • *é...... de avance contra nuestro frente; • • •• • • •• ~.Lb._ • • • v repliega con viveza stu compa- • a •• 4· * • * 1. a • • ñías en formación un; da, pero • * • • 1 • •¡ • • aprieta de firme las alas de nues- 1 1 + tra línea de tiradorn. + • Disposición: primera y cuar- •¡• ta compañías, forman martillo 181®181 4- ~ defensivo en las alas; ugunda y ~00 ®1&~ tercera compañías, se retiran á !8)18)~ 0®181 paso largo, pelotón por pelotón J. a 2 .a y forman de nuevo sendas co- Qui!llo momento 1 u m nas de compafiía, á doble intervalo de despliegue, 240 metros atrás de la línea de tiradores. SEXTO MOMENTo-E/ enemigo emplea dos compañías cmtra cada una de nuestras alas. Señal: para todos, ltTJtamentt en retirada. SÉPTIMO MOMENTO- El enemigo aprieta en t.rpuial nuestra ala de­ruhll. Disposición: clase la señal para todos, ALTO!; ugunda y tercera com­paliías se acercan á la carrera á la línea de combate, hacia el ala de­recha, despliegan en tiradores y de concierto con la primera atacan á la sefial de de frente, marchen! mar­chen!; cuarta compañía, con fuegos rápidos contiene cn.tre tan ro los destacamentos enemigos que tenga á su frente. La ugtmda y tercera compañías se aproximan al ala de­recha durante la retirada de los ti­radores. • • ••• •• •• •• •• •• .. ~ • b(• Octavo momento • • • • • ....... ~~- •• • ---w• • • • • • • 1 +·· 1 1.. 1 •• ~ ~ G éptimo momento ÜCTAVO MOMENTO. Las compañías del ala derecha enemiga em­pujan con eJCaso vigor, pero las de la izquier­da avatJzan r;pida­mente. 8 eñales: para to­dos, alto! y 1 uégo mar­cha dt trente! Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET fN MlL.t.T AR 297 NovENO MOMENTo-E/ ala izquierda del numigo retrocede rechaza­da p1r nte ataque ine1perado. J)isposidén: ugunda compañía, signe sobre la dirección que lle­vaba y persigue con enjambres de tiradores al enemigo que se retira; primen1, tercera y cuarta compañías, vuelven á ocupar el frente primitivo, y cada una mantiene dos pelotones en tiradores y guarda otro en filas cerradas como sostén. Seña!eJ: para todos, avancen! Noveno momento •• •• DÉciMO MOMENTo-E/ adversa- • • • • • • • • • • • • • • • • • .• rio, dividtdo un momento, u retira • • • • • • • • • • para reorganizarse mtÍJ lejqs, á re- 0~ · 1813~ taguardia. Disposición : primera y tercera "" compañías, continúan avanzando; "---- 7 181 ~ segunda y cuarta, tornan á formarse =181 en columnas de compañía á Ínter- 4 a valo de despliegue. · Décimo momento U N DÉCIMO MOMENTo-E/ numigo cofltinÍta retrocediendo, pero aún u flf71 algunoJ grr1.p'Js de él hacia la aerecha. Disposición: primera compañía, durante la marcha de avance cu­bre el frente y la derecha del batallón. Señal: tercera compañía, llMnadn, para que venga á ocupar su puesto. El batallón continúa su marcha en columnas de compafiía á inter­valos de despliegue. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 298 BOLETÍN MILITAR SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continuación) lnspución de los reclutas El período de instrucción individual que ácabamos de descri­bir se termina con la inspeccion de if)s reclutas que pasa el jefe del regimiento, dt- pués de la cual éste decide la admisión de éstos á la escuela de comp.tñía. Esta in pección, que tiene lugar hacia mediados de Febrero en la Guardia y quince d1as más tarde próximamente en la línea, constituye en todo el ejército alemán uno de los acontecimientos más importantes de la vida militar, y por lo tanto excit.t vivamente el interés no solo de los oficiales de cada regimiento en particular, sino también de todos los de la guarnición. Durante algunos día es el objeto de todas las con\'ersaciones mili tares y en todas partes no se oyen más que discusiones respec­to al modo como se ha hecho tal ó cual inspección, los resultados obtenidos por este ó el otro capitán al seguir tal sistema de ins­trucción, etc. Las cosas pasan, por lo demás, con una solemnidad propia para dar á los reclutas una alta idea de esta primera prueba que tienen que sufrir delante de sus jefe~. El General Comandante del Cuerpo de Ejército, en el punto de su residencia, asiite por lo regular, así como los personajes mi­litares que puedan encontrars.! en la ciudad: en fin, el Emperador algunas veces las preside en persona. En cuanto á la manera de hacer la inspección, depende únicamente del jefe del regimiento. Cada coronel tiene, naturalmente, su modo de ver y sus exigen­cias particular es, pero en general debe decirse que todos ponen en este asunto el mayor cuidado, y que lo más frecuente es que los reclutas sean examinados aisladamente, urio después de otro, en todos los ramos de la instrucción. Los soldados son presentados al coronel por el teniente de la compañía que ha dirigido su instrucción. No por eso deja el ca­pitán de desempeñar el papel principal; pero el teniente instructor es siempre el que manda y h?ce ejecutar las diversas formaciones ó maniobras que ordena el jefe del cuerpo. La inspección comprende dos partes: una, que se refiere á l_as maniobras, constituye la inspección propiamente dicha, y se pasa el día fijado con toda la solemnidad que hemos indicado; y la otra, relativa á las diversas especialidades, gimnasia é instrucción teó­rica, etc., tiene lugar generalmente en los días siguientes, según el tiempo de que se dispone. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 299 En virtud de la inspección de maniobras se juzga de los resul­tados obtenid0s, y al día siguiente, para no perder el tiempo, in­gresan los reclutas á la escuela de compañía. Hé aquí cómo pasan las cosas comúnmente: Los reclutas de cada compañía se forman en línea en tres filas. El coronel pasa p r el frente de caJ.1 una de ella , haciendo ejecutar á todo ~ , uno d e spués de o tro, aiJú n movimiento del ma­nejo del anna. Seg uidam e nte sale un h · mbre de la fila, lo !Íguen los de más á 8 ó 1:) pa so.; y desfilan por delante del coronel : primero al paso lento, después al ordin a l io r por último al ligero. Después s e rompe la m .trcha p .x hlas suces ivas, siguiéndose unas á otras á di s tanci a s regulare para que se pu.:da ob ·ervar mejor cada una de ellas. El mo v imiento se ejecuta de nuevo á los dis­tintos p sos, ll e vando los solJ.1dos el arana al hombro. Una vez examinada la cadencia cJel paso, * se forman los re­clut4' s en un p e lotón de dos fil as, al que se le hace ejecutar el ma­nejo del arm a , m a rchas en lin ea , po r el íl.anco y ob licuas. Luégo se hace des, lar á lo.> recl ut as , p r imero por fila s , de pués todos reu­nidos al sc>n del tamb r, t e rm i nándo ~ e p o r último las maniobras con un corto ejercicio de tiraJorc , en el que sin sujetarse demasiado á la exacta ob~ervancia de las di s tancias, se adquiere seguridad de que los soldados conocen las formacione:, en orden disperso, como tam­bién los di ver:>OS toques de la escuela de tiradores. La inspección de los 50 rec1uta de una compañía exige do! horas próximamente. Cuando todo ha terminado, el coronel dirige por lo común la palabra á los nuevos soldados, les felicita si há lugar, y en un discurso más ó menos largo procura hacerles comprender la im­portancia del servicio militar, á la vez que emite su parecer sobre los progresos realizados en las di versas partes de la i n~trucción. En fin, después de haber hecho sus observaciones al capitán de la compañía y á su teniente instructor, manda que se retiren los sol­dados y pasa á examinar la compañía siguiente, la cual, durante este tiempo, ha tomado sus disposiciones y se mantiene pronta á sufrir el mismo examen. Período de los ejercicios de primavera Después de ser inspeccionados los reclutas por el coronel, ce­san de formar una clase aparte. Se les admite en las filas de la com­pañía y concurren junto con los soldados veteranos á todos los actos del servicio. No quiere esto decir qu~ su instrucción se considere terminada, pues aún deja mucho que desear sobre bastantes puntos, • El ayudante del regimiento-oficial de la clase ele teniente, que viene á ser en cierto modo el ayunante de campo del coronel- se asegura, reloj en mano, de que la ca­dencia del paso ordinario ea exactamente de 1 I:t por minuto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 300 BOLETíN MILITAR pero se supone que la parte que van á tomar en el servicio general, el ejemplo y contacto con lo otros soldados, combinado con los va­riados ejercicios del período de primavera, constituyen el med· o más eficaz para concluír su educación militar. Disponiendo de tocios en lo sucesivo para el servicio de guar­dias, éste ya no es tan frecuente, y el turno de cada hombre vie e á presentarse, por término medio, cada diez ó doce días. El cap·­tán tiene entonces toda3 las facilidades deseables para reunir s efectivo completo y ejecutar la escuela de compañía en las mejores condiciones posibles. Primero procede á la rt~organización (rangirung) de su tropa. El puesto de cada soldado se designa rigurosamente según su talla, y la compar1ía entera se divide en tres pelotones, que se forman en dos filas, constituyendo cada una una seccion mandada por un sa - gento. Los gifrcite, ordenanzas, etc., ~e distribuyen igualmente entre las secciones, á cada una de las cuales se procura destinar un número casi igual de recluta . ' Durante e te período, el servicio es más variado que en el precedente. Lo ejercicios de primavera comprenden, en efecto, como ya lo hemos dicho, las escuelas de compañía y batallón y las evoluciones de regimiento y brigada. Además, comienzan á ocu­parse seriamente en el tiro al blanco, y es, en fin, la época del año en yue las inspecciones son más frecuente , como lo veremos más adelante. Inútil decir que los soldados continúan igualmente la práctica de los ejercicios individuales, tales como ]a gimnasia, la esgrima, etc., pero éstos están en cierto modo relegados al segundo plan y subordinados á la instrucción del conjunto. Sabido es cómo por consecuencia de l<1 última guerra se ha afirmado la importancia de la compañía como unidad táctica. Así pues, desde esta época los capitanes prusianos hacen más que nunca grandes esfuerzos para dar á la vez á su tropa la cohesión y elasti­cidad que en igualmente indispensables hoy, recurriendo ante todo, para conseguirla, á una progresión sabiamente determinada. Cada uno se confecciona su pt o grama, ca i siempre semana por semana y según sus propia inspiraciones. Los ejercicios de compañía propiamente dichos son por lo general precedido de algunos pa eos mili tares preparatorios, cuyo objeto no sól es ejercitar á los hombre. á hacer larg3s jorna­das, sino también familiarizarlos con las principales reglas y pre­cauciones que deben observarse durante una marcha. Habitualmente se marcha en columna por secciones, con los cornetas y tambores en cabeza, pero in obligarlas á llevar unidas las fila como en las maniobras. 'También desaparecen rápidamente las distancias entre las secciones, y en suma, conc1 u yen los soldados por marchar á di creción y sin guardar cohesión entre sí. E 1 tiem­po empleado en e tos ejercicio se aprovecha para in truír á los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 301 soldados con la explicación del objeto y utilidad de tai ó cuál dis­posición reglamentaria, y se aprovechan cuidadosamente todas las ocasiones que se pre entan para demostrarles las consecuencias que acarrearía su inobservancia . .r.Jstos ejc..:mplos son fáciles de hallar cuando se ejercitan al mismo tiempo varias compañía , las que en­tonces pueden llegar á encontrarse ó cortarse recíprocamente el camino, etc. El paso ha de ser vivo y decidido, de manera que los soldados tengan siempre idea d 1 movimiento general de la tropa. De cuán­do en cuándo se manda paso ordirwrio. Lo soldados marcarán en­tonces el paso tomando con viveza una formación regular, unién­dose las filas á la distancia reglamentaria. Otras veces se detiene la compañía y se forma en línea, pudiendo entonces los soldado& juzgar claramente por sí mismos si C011 servan ó nó la distancia. Cuando la marcha se prolonga alg , se la interrumpe con al­guno que otro alt . El capitán hace formar pabellones y da á los ~oldados algunas indicacione sobre la manera de organizar un vi­vac, y más tarde sobre el servicio de segurida durante las marchas en tiempo de guerra. El traje de los soldados de de los primeros paseos es con ar­mas, casco y equipo completo, y morral para el pan, pero la. mochi­la vacía. Se le agrega de pué la marmita individual; más tarde, en los últimos día , á medida que se prolongan los trayectos, se au­menta la carga del soldado, haciéndole llevar, por ejemplo, el ca­pote cruzado al cuerpo. El calzado se examina iempre cuidadosamente antes de mar­char. Durante ]a marcha á di-;creción se permite fumar, pero á la voz de unir ias jifas, los hombres deben tomar la formación regu­lar, pudiendo, sin cm bargo, conservar sus pipas. Estas marchas preparatorias no constituyen, por otra parte, una práctica absolutamente general en el ejército alemán, y hay muchos cuerpos que no la practican, en especial los de la Guar­dia, cuya instrucción se conduce con mayor rapidez que en la línea, y en la que estos paseos son también menos necesarios, á causa del trayecto bastante largo que tienen que recorrer las com­pañías para ir desde sus cuarteles al campo de maniobras, en dunde pueden tener lugar estas prácticas. Por último, empieza la escuela de compañía propiamente di­cha, la cual se hace en la plaza de ejercicios, terreno llano ó su­puesto como tal, no preocupándose á este respecto de su forma desde el punto de \'ista táctico. No se aspira más que á hacer eje­cutar á los soldados con la precisión más rigurosa las diversas for­maciones prescritas por el reglamento. Es lo que se llama Schui­Exerciercn, el ejercicio de escuela ó doctrinal si se quiere, por oposición al ejercicio de aplicación que ha de tener lugar más tar­de, y en el que se aprenderá cómo en los casos concretos se pueden utilizar las formas abstractas, modificándolas en caso de necesidad según las circunstancias. CO Df EPtl U Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 302 BOLETfN MILITAR U na cosa sumamente curiosa es el método empleado por algu­nos capitanes durante el curso mismo de estos Schui-Exercitren ó ejercicios reglamentarios por excelencia, método que consiste en mandar á veces nwvimientos completamente contrarios á los que indica el reglamento. Este sistema tiene la ventaja de obligar á los soldados á estar muy atentos, les da desenvoltura y se penetran de la idea de que lo que se les mande, sea lo que fuere, debe siempre ser ejecutado sin vacilación. Una compañía así enseñada resulta extremadamente dócil y manejable para su capitin. Se desentume­ce á los soldados, pa se la palabra, y adquieren el convencí miento de que su jefe es el único responsable de lo que mande, y que ellos no tienen otra cosa que hacer sino ejecutar correctamente lo que les ordena. No olvidemo añadir que los capitanes jamás hacen pre­vención alguna á sus soldados antes de mandar estos movimientos irregulares. Por el contrario, los mandan exprofeso de improviso y en el momento mismo en que los soldados menos puedan esperarlo. Uno de los ejercicios que se considera más útil consiste en ordenar prontamente la compaiita en tal ó cu á l formación. Para ello se hace primero tomar la formación de-ead a, de la cual se in­dica su nombre y objeto; d espués se dispers a n los hombres por dondequiera, y á la YOZ del c a pitán, dada de repente, acuden á la carrera á tomar la posición que ocupaban. Una vez que les son familiares todas las formaciones, de t.! ícanse á hacer pasa r á los sol­dados de una á otra á la carrera y sin seguir progresión alguna reglamentaria. Se persigue únicamente obtener una ejecución ins­tantánea y maqu ; nal del movimi e nto, sin Pmplear otra voz de mando que la sencilla palabra que indique la formación que se quiere presentar. Estos ejercicios son también variados á veces con intermedios de gimnasia, formando entre tanto pabellones los soldados y sus­pendiendo en ellos sus equipos. Todas las formaciones y principios relativos al orden disperso se enseñan con un cuidado enteramente particular y siempre pri­mero en el campo de ejercicio!, es decir, sin preocuparse por las formas del terreno. U nicamente cuando la compaíi ía ha adquirido soltura en to­das las formaciones reglamentarias, es cuando se pasa á lus ejerci­cios de aplicación al terreno. Se comprende que en el período que nos ocupa no se dé sobre este asunto sino una especie de instruc­ción preparatoria, reservando su de arrollo para más tarde, en el período especialmente consagrado al servicio de campaP.a. Véase en resumen con qué cuidado se conduce la escue]a de compañía. La prolongada duración de los ejercicios, cinco ó seis semanas, dice bastante respecto de la importancia que se les atribu­ye. Al principio, una progr('sión minuciosa; jamás se hará un mo­vimiento cuyo mecanismo y también el ob} t! to táctico no sean clara­mente explicados al soldado. Más adelante, y cuando éste está Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 303 suficientemente familiarizado con las distintas formaciones, una rapidez extrema para las maniobras, sucediéndose los movimientos sin descanso, casi siempre ejecutados al paso ligero; la regulari­dad, el compás del paso y la corrección de los alineamientos, siempre se exigen estrictamente tan pronto como ha terminado el movimiento. Tales son los procedimientos que se emplean, y gracias á los cuales se consigue dar á la compañía una destreza extraordinaria, á la vez que se mantiene despierta siempre la aten­ción de cada cual porque frecuentemente no se han llegado á dar tres ó cuatro pasos en la formación que acaba de ordenarse, cuando un nuevo mando se deja oír. Después de las inspecciones de compañía * se pasa á la escuela de batallón, la que se encuentra grandemente facilitada si la ins­trucción de las compañías es bien completa. Así pues, le bastan sólo tres ó cuatro semanas al jefe del batallón para unificar su tropa y ponerla en estado de satisfacer á todas las exigencias del reglamento. Los ejercicios de batallón no tienen lugar general­mente más que tres vet:es por semana. Cada sesión dura por lo regular tres horas, y agregando el tiempo que se emplea en el trayecto, con frecuencia bastante largo, desde el cuartel hasta el campo de maniobras, se invierte toda la mañana de modo bien la­borioso para los soldados. Los tres días restantes de la semana se consagran á los ejercicios de compañí3, que se cuida bien de no in­terrumpir. Por el contrario, se procura perfeccionar la instrucci6n insistiendo sobre los puntos débiles que se hayan puesto de mani­fiesto en la inspección de las compañías. Adt.más se da vigoroso impulso al ejercicio del tiro al blanco, que suele hacerse durante las horas de la mañana, reservada á la escuela de compañía. Por la tarde se hace gimnasia, esgrima, práctica de puntería, ejercitando á lo~ soldados en la apreciación de distancias á simple vista, etc. Sobre todo, pónese gran esmero en que la in trucción del batallón se dirija de manera de prepararlo para desempeñar su misión como unidad táctica principal, haciéndole maniobrero y capaz de obrar por sí mismo. En cuanto á los detalles del procedimiento, son Jo¡ mismos que los de la escuela de compañía. Encontraremos aquí también los ejercicios doctrinales (Schul-Exercieren), destinados únicamente á dar soltura á los hombres en la práctica de las formaciones regla­mentarias; después, los ejercicios con objeto táctico, en los cuales siempre hay que hacerse cargo de la naturaleza y de las formas verdaderas ó supuestas del terreno. Generalmente también se aprovecha e] trayecto que ha de recorrerse para ir al campo de maniobras, para enseñar á la tropa las medidas de seguridad que deben tomarse durante las marchas. • Máa adelante trataremos de estas inspecciones de compañía, como también re•· pecto de laa de batallón, etc., que sirven de clausura á cada una de lu fasea de la in•. trucción. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 304 BOLETÍN MILITAR En fin, en ciertos regimientos preceden á la escuela de bata­llón algunos ejercicios ejecutados con dos compañías reunidas, con el objeto de que los capitanes antiguos adquieran práctica para mandar en caso de necesidad medio batallón. Después de la presentación * de los batallones vienen las evo­luciones de regimiento, que duran de diez á quince días, pero no se verifican, á ser posible, sino un día sí y otro no, á fin de no in­terrumpir los demás ejercicios, particularmente el tiro al blanco, que se practica entonces con la mayor actividad. A los ejercicios de regimiento, terminados como de costum­bre con una inspección, suceden por último los de brigada, que duran próximamente una semana, después de lo cual las brigadas son inspeccionadas, y el período de los ejercicios de primavera cede lugar al de servicio de campaña. Es necesario decir que en la línea, el período de los ejerci­cios de primavera está muy lejos de ser tan perfectamente deter­minado como en la Guardia. Así, los regimientos de línea, espués de haber terminado sus escuelas de compañía hacia mediados de Mayo, pasan á la de batallón, pero empiezan al mismo tiempo la instrucción sobre el servicio de campaña. De suerte que, en definitiva, la escuela de batallón y las evo­luciones de regimiento se conducen paralelamente con otros varios ejercicios durante todo el curso del verano. Seguidamente, en el otoño, cuando la co a es posible, se ejecutan evoluciones de brigada antes Je empezar las grandes maniobras. Como consecuencia de la viva impresión que ha dejado en todos los espíritus los acontecimientos de la última guerra, ha re­sultado que hoy la instrucción de l:a.s tropas ha Yenido á ser, puede decirse, más esencialmente realista que nunca. Es siempre y en todos casos la repetición del combate bajo cada una de sus formas. ( Conitnuará) a) SISTEMA BANGE (Continuación) PROYECTILES (Arr~lado de orden superior para el servido de loa cuerpos del arma. La carga del cañón de 8o milímetros de montaña 'sistema Bange) se compone siempre de dos partes: un proyectil y un saquete. • Frecuentemente se designan con esta palabra á las inspeccione~. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT .A.R 305 Los proyectiles son de tres clases: granada común ó granada de bala.r, shrapnel y bote de metralla. GRAN ADA COMÚN: es de hierro colado, hueca, de forma cilin­dro- ojival, por fuera pintada de negro con plombagina. Dentro de la granada se colocan 93 balas, de 30 gramos de peso, del mismo metal, dispuestas en once capas, en parte alojadas en ]a pared inter­na de la granada y arregladas de modo que entre ellas dejen un vacío central, en el cual se coloca la carga de ruptura, ó sea I so gram.:>s de pólvora F 3 ó 240 de la común de cañón. Las balas de las dos capas superiores y las de la inferior tienen forma espe­cial; las demás son esféricas con muchas porciones planas. Mide la granada 228 milímetros de altura y pesa S kilogramos 6oo gra­mos (S kilogramos roo vacía). SHilAPNEL. Compónese de una cubierta ó envoltura de plan­chón de acero batido, pintado de rojo por fuera, barnizado por dentro, de modo que presenta una parte cilíndrica ó inferior y otra ojival ó superior; de una cintura de cobre que debe forzarse al introducir el pro yectil en el ánima; de un culote de acero; de seis rodaja ó d i co. , ó e rona (ó galleta ) fundidos; de ros halas (ó ci­lindros) de plomo endurecido (plomo y antimonio), encerradas en la porción cilíndrica de lot envoltura, en cuya pared se alojan en parte, y de una granada de hierro colado que se aloja en la ojiva y va cargada con 7 S gramo de pólvora F' ó I so común de cañón, entre la cual se coloca la plancheta de inflamación. El shrapnel, lo mismo que la granada común, termina por su parte superior en un ojo eu el cual se atornilla la espoleta. El shrapnel mide 228 milí­metros de altura y pesa 5 kilogramos 970 gramos. EL BOTE DE METRALLA se compone de un culote: de una tapa y de un cuerpo del b?te, todos tres de zinc. Sobre el culote se fija la rodaja de contención, de madera ó metal, con una asa de hie­rro que tiene por objeto mantener el bote dentro de la recámara de la pieza en la posición conveniente. El bote de metralla, que mide 20 centímetros de altura, contiene 8 5 balas de plomo endurecido ('~­de plomo, 1 1 0 antimonio), de 20 milímetros de diámetro y 44 gra­mos de peso, ligadas entre sí con 590 gramos de azufre fundido y di. puestas en nueve capas anula re , de 8 cada una, y además 13 en el centro: pesa !J kilogramos 5SO gramos. EL PESo de los dichos proyectiles es, pues; de poco menos de 6 kilogramos (r3 libras). La explosión de la granada común se pro­duce por medio de una espoleta percutanü que se atornilla en el ojo del proyectil, se arma automáticamente en el instante que ella sale del cañón y da fuego á la carga interior de pólvora al estallar cuan­do la granada choc:a con un cuerpo resistente. La e.xplosión del shrapnel se produce por medio de la upoleta de doble efecto, que encierra un aparato percutante análogo al que 2 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 306 BOLETÍN MILITAR acaba de menci narse y un aparato fusantt *, que permite conse­guir que el proyectil estalle en el aire en un punto cualquiera de su trayectoria. El bote de metralla se abre automáticamente en el acto del disparo, y las balas se dispersan y obran cotno otros tantos pro­yectiles. ' La carga de pólvora va encerrada en un saquete cilíndrico de tela amiantina de 15 g ramos de peso, y consiste en 400 gramos de pólvora e, de grano grueso, 6 bien en 220 gramos de pólvora sin humo: la primera J a al proyectil 255 metros de velocidad ini­cial por segundo, y la segunda 265 metros. U na carga ya con­feccionada forma un paquete de 95 milímetros de longitud por 68 de di.ímetro, en el que se di ringuen el culote y la ligadura, y se le da fuego con 1 estopín, que es un tubo de cobre que contiene polvo de fulminato de mercurio y está atravesado á lo largo por un hilo de cobre lhlmado rugoso: al arrancar violentamente el rugoso, halando el cordel tirafnct or, se incendia por roce el fulminato, y el fuego del e topín se comunica á la carga. Para el tiro por lo alto se emplea pólvora MC'. Cuanto á las e~poletas que emplea el cañón de So milíme­tros, dicho queda son dos: r.o. EsPoLETA Pl!.RCUTANTE - Se compone de dos partes: a) el czurpo que encierra el mecanismo; y b) ":! 1 yunqut ó tuerca en cuyo centro va engastado el fulminante. El mecanismo comprende un portacarga provisto de un per­cutor y cargado con pólvora negra comprimida, entre la cual se deja un canal central: el portacarga va coronado por un resorte de cuatro ramas sobre las cuales se coloca el macho. Por causa del choque que sufre el proyectil al salir del cañón, el macho ó mar­tillo hace ceder las ramas ó brazo~ del resorte de contención, y se desliza entonces hasta la cabe7a de la espoleta, ó sea el pie del yun­que, dejando por lo mismo al descubierto la punta del percutor Después, cuando se produce un nuevo choque (el del proyectil al dar contra un cuerpo resistente), el sistema percutante continúa moviendose á virtud de la fuerza de inercia que lo anima, y el percutor va á chocar con el fulminante, que e s talla y determina la inflamación de la carga de pólvora negra comprimida dentro del portacarga, la cual se comunica á la que se halla en la grana­da, por el agujero ú oído central, y produce el estallido del proyec­til, que se abre en cien pedazos. La colocación de la espoleta en la granada es muy sencilla: primero se coloca el cuerpo de la espoleta con las piezas que va n dentro de ella, y luégo se atornilla sobre la misma la tuerca de cierre. Al hacer la operación debe cuidarse que el macho quede • Palabra intraducible: en francés se deriva de cohete y significa que en su acción se asemeja á este artificio pirotécnico. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETfN MILITAR 307 bien en su lugar, pues de lo contrario fácil es que sobrevengan gra­vísimos accidentes al manejar ó transportar el proyectil. 2.. 8 EsPOLETA DE DOBLE ACCIÓN-Esta espoleta se compo­ne de dos partes: a) el sistema percutan te; y b) el sistema fusante. El sistema percutante colocado en la base de la espoleta, es igual al que acaba de describirse, y funciona del mismo modo. El fusante, que ocupa la cabeza de esta espoleta, se compone en primer término de una rodaja ó disco de metal vaciado en el centro, con la superficie inferior plana, y en ella una corona ó reguero circular de pólvora comprimida en figura de C casi cerrada. Esta pieza, que se llama regulador). descansa sobre la mtsa ó porción plana del pro­yectil, en la cual está abiert0 un oído oblicuo que comunica con la cámara de pólvora del si t~ma percutan te y está ctbado con pólvora comprimidn do- milímetros cada una, de suerte que los 70 del total equivalen á 15 centímetro -, y con ci [ra grabada van señaladas sus decenas: en el lugar dd o hay una especie de sacabocado en el bisel del regulador, y cuando esa cavidad, también pintada de rojo, se coloca frente á la flecha del cordón, la espoleta no funciona como fusante, sino como percutante, porque entonces es la porción donde no hay cordón, la que queda sobre el oído abierto en la mesa. Es de advertir que por defecto de construcción á veces d fuego se comunica á destiempo en e te último ca. o, y el proyectil estalla como no conviene: e~ preferible lanzarlo con el disco de ma­dera ó destruír la corona de pólvora cuando se quiera evitar el posi­ble yerro. En te is general, cada cinco divisiones de la escala equi­valen á un segundo de tiempo ó a 200 metro de recorrido, de suerte que dividiendo por 40 la distancia á que se haya estimado se encuen­tra el enemigo, se tiene la di vi ión de la escala (en partes enteras y fraccionarias) que conviene emplear, con el item de que habiendo un ligero error por defecto, el proyectil estallará siempre antes del blan­co, dejando campo para que funcione debidamente su metralla; si así no sucediere al primer disparo, facil es hacer la corrección del caso para los siguientes. CARGA DE LOS PROYECTILFS -Para introducir }a cuga de pólvora en la granada y el shrapnel se emplea una medida de cual­quier metal, acondicionada de modo que en ella no quepan sino 150 gramos para la primera y 75 para el segundo. Para llenar la medH1a se la introduce en una caja de pólvora, se la rasa por los boTJes con una regla, y la pólvora se vierte dentro del proyectil por medio de un embudo. Luégo, con un taco de madera, se averigua si dentro de la ojiva queda campo suficiente para colocar la esp~­leta, y si no se aprieta la pólvora dando al taco golpecitos con un m·tzo de madera hasta conseguir tal re ultado. Hecho e to, con una escobilla de cerda se limpian con cuidado las roscas del torni­llo del ojo de la ojiva, de modo que en ellas no quede pólvora, tierra ú otro cuerpo e.xtraño alguno, y en seguida se atornilla la espoleta. Esta operación se ejecuta muy despacio, y si al ejecutarla se halla la más ligera dificultad, es preciso deshacer lo ya hecho, verificar el estado de la rosca, limpiarla con cuidado y recomenzar la operación. Cuand la espoleta ha entrado bien é íntegramente y sól? en ute m()mento, se la aprieta vigorosamente. Para desatorni­llar una espoleta ya colocada se emplea una llave adecuada, pues Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 309 por ello la cabeza tiene dos depresiones á fin de que pueda aga­rrarla una llave inglesa. Para cargar el bote de metralla las balas se engrasan previa­mente con mant,..ca rancia y luégo se introducen en el bote Je zinc invertido, por capas, colocándolas en torno de un cilindro de madera; ant \! s, y para cerrar bien las junturas, se vierte en el fondo del bote un poco de alquitrán. Puestas las balas, se quita el cilindro de madera y se introducen en ese espacio las 13 del centro, y cuan­do están en su lugar, se vierte encima de tod.as el azufre fundido, de modo que penetre en los intersticios, á fin de que al enfriarse las mantenga en su lugar. Encima del todo se coloca otra delgada capa de alquitrán y de ~ pués se asegura al culote. Para el bote de metralla se emplea el zinc, porque siendo este metal blando, no las­tima ni el ánima ni el rayado. El disco de madera es un algo más ~rande que el ánima para mantener el bote en la p os ición de carga. Como se comprende, el bote de metralla no es en verdad !ino una fogata transportable. ------~-· · ~--------- :. ~-s 14:~. IOEii.-~S :l!lN -~:.:SlMANIA DE 1896 Á 1898 Opinionce de In preuaa. nlilita.r ru•~ (Venión libre pua el Boletín Militar) Lo mismo que las otras partes del arte militar, la táctica ha alcanzado notable uniformidad en estos últimos aÍ1os en todos los ejércitos europeos, lo cual no obs ta á que en cada país se bu.quen con ahinco los mejores procedimientos posibles, de de el punto de vista del combate, á tin de obtener alguna superioridad sobre el adversario, superando las prácticas en uso en los ej é rcitos vecinos. Esta labor es interesante cuando se estudia en el ej é rcito alemán, por cuanto las instrucciones que allí se comunican pa ra las grandes maniobras, y que de ordina rio tienen el carácter de directivas con­fidencia le . , encierran importantes novaciones en pugna abierta con las opiniones dominante · en otros púes, por lo cual es útil ana­lizar cómo se han aplicado esas dir ·ctivas en las grandes manio­bras de 1896 para a á *. La iniciativa e el rasgo caracterí tico del mando en Alema­nia, y se la exige lo mismo á los sup .... riores que á los subordinadoc;, por lo cual e frecuente que el principio del combate y el desplie­gue inicial se realice conforme á como miran la c;ituaci 'n jt;fes subalte rno· : en previ-:ión de lo . errores qu ~ ellos pudieran cometer, • ~Iu y ~ e.,; u ro e que la práct ic'l rl e nuevas directivas en carla maniobra sólo tienda á acostumbrar la e tropa á esas no vedades. y así no c o munic11rles sino al est:tllar una guerra ba que r<'almente quiera poner en práctica el Estado M a yor general-N. del T. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 310 BOLETIN MILITAR se recomienda á todo jefe de columna que encuentra resistencia en su camino que sólo tome las medidas de: seguridad del caso y limite su acción á dirigir la lucha que entable, de modo que no entrabe el movimiento y empleo de la reserva genera l. Las colum­nas vecinas marchan á donde suena el cañón * y se esfu erzan por caer sobre el flanco del adversario. Empero, natural es averiguar si esas reglas teóricas se aplican en verdad en la práctica. Por ejemplo, ¿cómo se dirigen por el es­tampido lateral del cañón colu:nna á que amenaza un comb1te al frente, ó cuando aún no se ha deterrn i nado la importancia relativa de los objetivo ? ¿La exagerada iniciativa de los c. u balternos no perjudica á la unidad de mando y de dirección de las tropas ? Lo que sucede en las maniobras permite contestar afirmativamente esta última pregunta. Los alemanes, partidarios de la iniciativa particular, afirman que la unidad de reglas y principios e table cidos por el grande Es­tado Mayor garantiza la unidad de acción, y que para obtener en la batalla los m á s fructuoso s res ultados es necesario dejar á los je­fes y oficiales ente ra libe rtad p r lo que re pccta a l mando de la tropa que tienen á sus órdenes. Con todo, el aforismo al e mán g erade aus und vorwagrts (de frente y adelante) no e lógico sino en el combate, porque su aplicación absoluta en otras circunstancias equivaldría á la nega­ción de la táctica y de la unidad de mando. En la luch de las masas, cuando es preciso dirigir la acción de múltiple cuerpos, el enlace entre sus esfuerzos particulare y la coordinación de éstm;, ó en otros términos, su modo de maniobrar: es la base principal del éxito. Y esto se de s prende de un modo irrefutable de que hasta en el caso de lucha entre fuerzas importante~, el éxito del com­bate depende á veces de la maniobra de una unidad de fuerza redu­cida, de donde que podam o: afirmar que el jefe supremo n0 puede abandonar la acción de aquélla á la sola iniciativa de un subordinado. Por lo demás, los mismos alemanes reconocen esta verdad, y en sus instruccione~t confidenciales para las grand es maniobras, lo mismo que en la prescripciones orales ó e s critas de los jefes de más nombradía, se enseña que el ataqu e deci ivo se subordina á la situación táctica y estratégica de la tropa. Sobre el particular el reglamento no puede ser más claro: "El mejor modo de apro­vechar la superioridad numérica sobre el punto decisivo, es envolver al enemigo; pero esta op~ración debe prepararse cie3de el desplie­gue inicial, por cuyo motivo la marcha de avance se ejecuta sobre muchas líneas (en profundidad ó en escalone )., El movimiento envolvente, en cuanto es p sible, se oculta al adversario para be­neficiar la sorpresa que entonces entraña su ejecució11: esto se con- • Por e'to los escritorea m:Iitare so n d e opiniónque el primer coñonazo del comba­te no debe diapararae sino por erden de los jefes superiores. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILIT.AF 311 sigue sujetándose al principio napoleónico: "Marchar separada­mente para vivir, y reunirse para combatir." Desde este punto de vista las maniobras de I 896 merect"n atención. Al principiar las operaciones, las unidades de cada ejér­cito aparecían colocadas á distancias considerables una de otras, y el modo de concentrarlas para el combate constituyó el medio de acción de los jefe superiore·: uno de los dos ejércitos log-ró ejec ar dicha concentración sobre el mismo campo de batalla. Empeñado el combate, una parte de las tropas obró sobre el frente y el resto dio el golpe decisivo sobre uno de los flancos. Es de ob­servarse que esa marcha por columnas muy separadas fácilmente puede tornarse pelig-rosa enfrente de un enemigo ágil y bien in­formado por su caballería, por cuanto entonces lograría detener la marcha de ciertas columnas y destrozar la" demás aisladamente, una tras otra. Este modo de obrar en ningún otro país tiene carácter tan acentuado como en Alemania: el ataque de flanco puede ser ven­tajoso, es cierto, pero no es el único medio de vencer, y aJem:ls, cuando resulta de un movimiento envolvente, es dificilí imo coor­dinarlo convenientemente con el ataque de frente. El primero debe subordinarse en cierto modo al segundo, sin lo cual puede pagar~e caro la intentona. Los ataques de flanco salieron bien á lo~ alemanes en I 870, gracias á su superioridad numérica; y des­pués de haber perdido el t:wor de que gozaron, parece tornan á reconqui t.trlo, generalizándose la idea de que el ataque d~ frente da resultados poco fructuosos. El combate de frente aparece en­tonces como una demostración cuyo objeto es atraer la atención del adversario y fijarlo al terreno, lo que no puede conseguirge sino mediante la superioridad del fuego. El flanqueo de ordinario será empresa larga y dificil, á causa de la necesidad que hay de refor­zar con trincheras los sitios que se ocupen, como p•mtos rte ap - yo, pues todo convienen en que e indispensable la fort: ~cación en esos cas )S, según se deduce del empleo que de ésta se hace en las maniobra~. Claro es que tales trabnerse á lapo ible ofensi\·a del contrario. Con el armamento rno1erno ese re ultado se obtiene cuando se ha llegado á 6:>o metr s del enemigo, en terreno de·cu bierto: aproxim'lrse már de nad.1 serviría, y p?dría arrastrar las trop.'ls á recios combates de detall, inc?nj?rm"s co•z !?s deseos de/jefe, sin contar con que la dis­ciplina del fue0 o es necesarísima en esta faz de la lucha, y no se Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 312 BOLETIN MILITAR consegutna a menor distancia cuando ya falta la sangre fría para apuntar y para el ('mpleo juicioso del terreno y el fusil. Observando esta regla y utilizando el terreno y la fortifica­ción de campaña, las pérclidas que se sufren no serán considerables. Además, si se admite que l 1s armas actuales permiten asegurar el frente del asaltante ~ontra un contraataque directo del enemigo, es claro que las re ervas destinadas á sostener á lai tropas que corl'lba­ten de frente pueden ser poco numerosas. El principio es cierto, pero á lo que parece en Alemania se pierde de vista un factor esen­cia 1: la acción del adversario. A un en las maniobras, tropas destina­das á tomar la ofensiva se han visto obligadas á colocarse á la defen­siv;¡, y recíprocamente. En una palabra: el plan concebido (teórico) ha desaparecido, y las tropas obraron conforme á las circunstancias, esforzándose sobre todo por sacar el mejor partido posible de un éxito obtenido, ó de atenuar las consecuencias de un revés. Por esto se ha visto emplear las reservas destinadas á ejecutar el ata­que decisivo de flanco en sostener á las tropas que combatían sobre el frente, y ese movimiento de las reservas es muy natural. En una palabra: el plan previo de combate resulta modificado de he­cho cada vez que el adversario no permanezca impasible y ejecute movimientos, porque éstos desarreglan el programa del asaltante. El ataque decisivo es, pues, en general, la consecuencia de un movimiento envolvente, y la colocación de las re ervas sobre uno ú otro llaneo depende de las circunstancias y el terreno. El mo­vimiento envolvente hay que r<"alizarlo aprisa y de sorpresa, pero exige mucho tiempo cuando deben ejecutarlo fuertes unidades: los lugares e u biertos, sobre todu los bosques, facilitan los m o vi mi en­tos preparatorios del flanqueo y permiten darle e ' e carácter de instantaneidad que interesa más desde el punto de vista moral que del material. En efecto, un ataque decisivo preparado á descubier­to puede ser observado con antelación, y entonce el enemigo lo parará con el fuego, cuyo efecto será tanto más eficaz cuanto de ordinario es preciso reforzar, y mucho, la línea encargada de ten· tar el ;¡salto. * * * En las maniobras la caballería ha mostrado su aptitud evolu­tiva, pero se la acusa de no haber atendido debidamente a servi­cio de exploración: para defenderla hase dicho que le era difícil forzar el servicio de seguridad con que se cubre la infantería; pero el hecho indica más bien que es poco su hábito de combatir á pie, y sin demora se han dado instrucciones para remediar este defec­to y así permitirle venza la resistencia que pueden oponerle pe­queños grupos de infantes, y salve los obstáculos que pudieran impedirle llenar su tarea exploradora: trátase de inculcarle ia idea de que ante todo cumpla esa misión, aun cuando para ello deba obrar á pie. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLE1.'ÍN MILITAR 318 La caballería ha funcionario en las maniobras apoyada por ci­clistas, ó sea infantes que marchan tan aprÍ!:4l como ella, de suerte que en Alemania la arma en referencia es en verdad una agrupa­ci<> n de todas tres y mucho más móvil que si la columna compor­tara infantería, en la propia acepción de la palabra. Para asegurar la posesión de un punto importante que haya rebasado, lo deja guardado por los combatientes á pie (ciclistas), que lo custociian hasta que llega la infantería, y desde que ésta asoma los otro (cicli. tas) se ponen en marcha y la columna reasume su misión normal: la ofen­siva. En caso de tener que retirarse protegen el movimiento los infantes ciclistas. En las maniobras de 1 8g8 se recomendó á la caballería explo­radora de ambos partidos evitara la lucha, e decir, lo contrario de lo mandado en Francia, donde Jos jinetes tienen orden de buscar á los contrarios y ponerlos fuera de combate: cuando una de esas caballerías retrocedía ante la enemiga, establecía avanzadas en lai localidade ~ que esta no ocupaba, á fin de contener sus reconoci­mientos y no cederle el terreno gratuitamente. 1 ras la caballería marchan las columna, cuya concentración produce el · hoque con el enemigo: en el combate ofensivo de masa lo. principales factores son la rapidez., la movilidad y la ins­tantaneidad. Para conseguir este resultado los alemanes marchan en columna separadas, ocupando un gran frente, y para acelerar ... ú n más el despliegue, la artillería se n1ueve por los caminos, á la alt11ra de la cabeza de las columnas de infantería, que lo hacen á derecha é izquierda de la vía, conforme también lo acostumbran los rusos y lo hizo normalmente Napoleón. En Alemania el número de las columnas de marcha se fija de acuerdo con la situación táctica y el plan del jefe, cuidando sí que cada columna este P.n situación de empeñar aisl.adamente el combate. N ótase tám bién tendencia á reunir las tropas durante la noche anterior al combate, para que estén prontas á la lucha al amanecer: las vanguardias de empeñan en e te caso el papel de avanzadas que refuerzan su po ición creándose puntos rle ttpoyo, lo cual puede engendrar combates nocturnos por la posesión de las l0calidades. Cuanto al combate de encuentro, el reglamento dice "lo em­peña una columna en marcha contra un adversario que se encuen­tra ya en orden de combate. En este caso las cabezas de columna deben a egurar el tiempo y el espacio necesarios para el despliegue. Los jefes ubordinado deben obrar con plena iniciativa, pero sin perturbar el desarrollo del despliegu~ del conjunto. Por una parte es preciso an telarse al enemigo en el despliegue, y por otra con­viene obrar con precaución para no usurpar derechos de los perte­necientes al mando supremo, y por lo tanto no estorbar sus planes." El papel de la vanguardia alemanas en la actualidad ha ve­nido á menos y su acción se ha restringido. De seguro no olvidan que en 187o~los comandantes de ejército se vieron obligados á Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 314 BOLETÍN liiiLITAR empeñar batallas contra su querer, á ello obligados por sus jefes de vanguardia. Y si bien es cierto que esas batall:ts terminaron en vic­toria, por lo cual machos e5critores proclaman la iniciativa de la:t vanguardias, los jefes dt.! l ejército creen que esos encuentros así empeñados pueden tener malas consecuencias y por esto restrin­gen la libertad de acción Je las vanguardias para que el comandan­te de la columna pueda ó nó aceptar el combate según le conven­ga mejor. Hasta I 896 la mayor parte de la artillería marchaba con la vanguardia; al pre~ente lo hace con el grueso: r .0 , para disminuír la importancia de la vanguardia; 2. 0 , porque se piensa que la arti­llería no debe romper su fuego sino reunida en grande masas para producir sobre el contrario, desde el primer momento, poderoso efecto moral y á la vez alcanzar resultados materiales importantes. A la fecha, .la idea dominante es que el combate de las vanguar­dias debe dirigirse con gran prudencia; trátase de no dar á su ac­ción carácter ofensivo que pueda contrariar los proyectos del jefe superior. En una palabra, una nueva teoría reemplaza á la anti­gua, consistente en pensar que d e ordinario la van g uardia debía empeñar la lucha y servir de esqueleto al de pliegue, ósea al paso del orde n de marcha al de combate. Ho\', al contrario, la vanguar­dia 6lo está encargada d e reconocer al enemigo, fij :ulo y cubrir el desplieg ue del grueso; antes la acción de la vanguardia permití• suponer cuál sería la marcha probable del combate; hoy no da á este respecto indicación alguna * Tras el recono..: imiento practicado por la vanguardia, las ba­terías avanzan al trote y se retíncn en ma5a en la posición, prote­gidas por líneas de infantería débile atín, y el reglamento reco­mienda se ocupen puntos de apoyo sólidos para cubrir el despliegue de infantes y cañones, que por marchar á corta distancia á reta­guardia pueden ocuparlos á su turno. De de el principio de las maniobras de I 896 pudo notarse la nueva tendencia de la arti !le ría alemana de llegar á corta distancia del enemigo y mantenerse cerca de su propia infantería, para lo cual renunció á ocultarse al fuego del contrario en cumplimiento del principio alemán que dice ff/irkung g r ht vor Deckung (obrar primero, desenfilarse despue~). En Alemani ... á diario gana terreno la idea de que la artille­ría debe seguir á la infantería en el momento de la crisis, pero de esa idea sobre la importancia relativa del caiión no puede deducir­se, como erróneamente lo han hecho varios, que los alemanes ha­gan de la artillería el arma principal. En realida-i la> baterías constituyen la armazón del orden de batalLa., pero siempre son un auxiliar subordinado á la infantería. En las instrucciones del em­perador ( I 89 5) se lee: tl cañón no ts sino una máquina dada al gt- • Ea de notnr qtte e!te c1mbio ci'! ide as coiMide con la nparición ele ;tr~illería, ~ltra­poder033. en el ejército írancéi, c o n l a cual n o pu ede luchar la alemana ele 1gual a tgual. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLET:lli MILITAR 315 n~ral para destruír los obstácul?s y abrir paso á la p1rción dd ejircittJ, que u siempr~ fa más importante en todas fas circunstancias y la úni­co qu~ puede augurar fa victoria; he nombrad? la infanterÍa." El empleo de la artillería en Alemania se basa sobre los tres principios ~iguientes: I.0 Superioridad numérica de piezas desde el principio de la lucha; 2.o Emplazamiento de ellas á una distan­cia tal del enemigo, que siempre puedan apoyar la infantería con sus proyectilc ; y 3. 0 Rápida é inopinada ruptura del fuego. En Alemania, pues, la primera tarea de los cañones e:; apagar con sus disparos los de la arcillerÍ2 enemiga; luégo, al entrar en línea la infantería, batir lo objetivos elegidos por ésta, "sin tener en cuen­ta las pérdida que puedan sobrevenirle, por grandes que sean," por lo cual deben entrar en batería mác; aprisa y en mayor nÚIIlero que en el campo contrario. Dicho principio de conseguir desde el principio la superioridad del fuego impera de tal modo en Alema­nia, qu~ el reglamento llega ha ta á prevenir que se demore la rup­tura del fuego intertanto no se haya concentrado un número su­ficiente de baterías! Para obtener la sorpre sa y evitar pérdidas y las dificultades inherente á las m aniobras en terreno descubierto, los alemanes re­comiendan apr vechar la noche para acercarse al enemigo y em­peñar la acción al romper el día, pur lo cual en la próxima cam­paña la artillería alemana ocupará sus posiciones durante la noche. En fin, p:tra obtener del fuego efecto completo, los alemanes pre­fieren la · posiciones de donde se ve el blanco que ha de batirse, y estiman que la brusca aparición de la artillería en ellas ejerce grande influenci .L moral sobre el adversario. Y lo mismo que po­nen en acción íntegra la artillería para preparar el ataque, tam­bién la emplean toda al fin de la batalla para aumentar por el fuego el resultado de la victoria; en caso de revés, tiene orden de di parar contra el enemigo el mayor tiempo posible sin preocupar­se por la perdida de las pieza . Bajo la protección del fuego de la arti11lería se ejecuta el des­pliegue del grueso de la infantería. Bajo el fuego de los cañones enemigos los batallones avanzan en línea de columnas de compa­ñía ó en línea desplegada, si el terreno es descubierto, á res~rva de plegarse de nuevo en columna apenas se hallen abrigos conve­nientes: si al paso se hallan obstáculos, como etos, muros, etc., la línea de combate se rompe en tantas columnas como pasus haya. Bajo el fuego los batallones se acuest:tn al recibir la orden del caso, y se tornar• invisible s en un abrir y cerrar de ojos. La rapidez y la precisión con que se ejecuta e te movimiento indi­can la importancia que lo ale mane:> a tri bu yen á la operación de abrigar los solda 1o3 contra el fuego. C 0 n el mismo objeto de dis­mi n uír las pérdid a colocan las fracciones de tropa en posición de espera, "sobre la5 pendiente que miran al enemigo, y no en las opue:>tas." En efecto, sobre estas últimas pueden formarse zonas poderosamente batidas, en tanto que las que dan frente al ad- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 311 BOLETÍN MlLIT.A.B versario sólo reciben los proyectiles disparados directamente con­tra ellas, lo que exige un tiro muy preciso. Además, las tropas que el enemigo ve, hasta cierto punto le imponen respeto. Con el mismo fin de evitar pérdidas, loa batallone se escalo­nan más bien atrás de los flancos que del centro, sin contar con que esta disposición facilita el rápido movimiento de avance de los escalone! posteriores, hasta la altura de la primera línea. Cuando la anterior disposición se hace vulnerable, cada bata­llón de primera línea toma la formación de combate: p·imero apa­recen cadenas elásticas de tiradores, en las que los hombres se mueven por grupos ó enjambres en línea delgada, y utilizan hasta los más pequeños accidentes y resaltos del terreno pall abrig.:trse y observar al enemigo. Es de advertir que Íntegro el ejército ale­mán realiza grandes progresos en el arte de utilizar el terreno. Tras esta cortina ó hacia los flancos de la vangu rdia se si­túan oficiales aislados, prcwistos de buenos binóculos, encargados de examinar con cuidado el terreno que se extiende al "rente, y de darse cuenta de todos los detalles de la posición del enemigo. A 2,000 ó 1,6oo pasos del enemigo todas las compañías de primera línea despliegan sus secciones de cabeza, ca i inmediata­mente reforzadas por las secciones de sostén. Las fracciones en filas cerradas~ que sirven de apoyo á la cadena, se muc1en tras !os intervalos de la compañías de ella, casi siempre en order. desplegado. Si el terreno es cubierto avanzan de abrigo en abrigo , 280 pasos de la cadena. Las compañías de reserva siguen á 500 e 6oo pasos. A I,roo ó I,ooo pasos del enemigo las compañías de primera línea ya están desplegadas íntegramente. Los batallones de segunda línea se colocan, se~ún las cir­cunstancias y el terreno, en columna doble ó en línea de colum­nas de campañía, y aun en línea desplegada. Al pri cipio de la lucha siguen la primera línea á 500 ó 6oo pasos de di tancia. El refuerzo de la cadena se ejecuta sea por du pi' caci ón, sea por prolongación, de ordinario por secciones enteras. La sección designada e desplie;a marchando, y como los sostenes en ge-ne­ral se hallan trás los primitivos intervalos de la línea de tiradores, puede decirse que por regla ordinaria prolongan la cadena. Todos los movimientos se ejecutan al paso gimnástico. La~ compañías Je reserva también refuerzan por lo común las de la c:adena por prolongación. En caso de duplicación los jefes de sección se re­parten rápidamente la cadena, y hasta el fin del combate los hom­bres siguen al ?ficial bajo cuyas órden€s quedaron en e e momento ó por lo menos hasta que se han podido reunir las secciones. Recomiéndase á la cadena avance con movimiento ininte­rrumpido hasta llegar al límite del alcance eficaz de. fusil, ó sea 8oo pasos del contrario; los alemanes prefieren este sistema al d saltos sucesivos, porque egún ellos entre más se aproxima un tropa al adversario, más difícil es levantar los hombres acostado bajo un fuego mortífero. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BOLETÍN MILITAR 317 Cada vez que una tropa se detiene á menos de 1,400 pasos del contrario, cualquiera que sea la formación en que se halle, los hombres se acuestan y hacen fuego en esta posición; en las manio­bras nunca se ven fracciones que en pie y ni aun rodilla en tierra permanezcan inmóviles l:>Í la distancia no f!xcede de I ,400 pasos. Corno los alemanes buscan ante.! todo un fuego certero, poco usan el tiro á grandes distancias. El reglamento dice que el fuego no puede tener in R uencia decisiva sino á distancias en que realmente puede herirse con fijeza al enemigo, y por esto se encuentra en él escrita la frase siguiente: 'cavanzar de frente hasta 8oo pasos del enemigo, aun en las condiciones más desfavorables." Pero no iempre puede llegarse á esa distancia sin disparar y á veces hay que romper el fuego á lejanía mayor; en todo caso, se mira como poc eficaz el tiro del asaltante ejecutado á más de 1,400 pasos; cuando la di tancia es mayor de 1,1 oo pasos, se em­plean doa alzas que entre sí difieran 140 pasos. Por regla general, pues, el fuego no se abre sino á 8oo pa­sos, aun cuando no faltan quienes digan que procediendo así se pierden las ventajas inherentes al grande alcance del actual fusil, y una parte de la prensa militar mira de reojo este nuevo modo de combate impuesto á la infantería. Los alemanes prefieren francamente el tiro individual á las descargas usadas en .Francia y Rusia: la sección forma su unidad el tiro, y cerca del jefe de ésta permanecen dos ó tres hombres e¡pecialmente ejercitados en la apreciación de las distancias. Los soldados se ejercitan, además, en reforzar el fuego, sin esperar ór­denes, cuando el adversoario deja un abrigo para avanzar, y á la inversa, á disminuírlo, cuando los tiradores enemigos, después de un avance, se ocultan y no presentan sino blancos poco visibles. A 700 paso" los batallones de primera línea están ya fundi­dos íntegramente en la cadena. A 500 ó 6oo se estima que la acción del fuego es decisiva, y no se pasa al ataque á la bayoneta sino después de haber adquirido la superioridad del fuego. En este momento la cadena, cuya intensidad se ha aumentado hasta el úl­timo límite posible, se esfuerza por romper ]a resistencia del ene­migo con sus disparos. Las reservas destinadas á provocar el choque se reúnen á la cadena en filas cerradas, de ordinario sobre dos filas. Creen los alemanes que el mejor medio que tiene á mano el jefe para hacer sentir su influencia sobre la marcha del combate en los batallones de primera línea, consiste en indicarles objetivos precisos. La coordinación de los movimientos de batallones que comba­ten unos al lado de otros, se obtiene siempre mediante la indicación de objetivos situados al frente de ellos, y nunca tratando de reglar su marcha por el alineamiento sobre una unidad directriz. En las condiciones normale:s el resultado del combate de in­fantería, dice el reglamento, lo decide el fuego, por Jo cual es pre­ciso esforzarse por adquirir superioridad en él. Para los alemanes el fuego es el factor más importante del combate, y la consecuen- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 318 BOLETÍN MILITAR cia lógica de esta opinión es que tal principio tiene que dominar la instrucción del tiro, las formaciones de combate y la táctica: ellos resumen toda la táctica de la infantería con esta sola pala­bra: tirar. La convicción de que el resultado del combate depende de la eficacia del fuego, los llc::va á hacer todos los esfuerzos imagina­bles para instruí r al soldado, en el período de las grandes manio­bras, en el empleo inteligente del terreno, de lo cual depende la precisión del tiro, en especial con el armamento moderno. Hasta han llegado á instituír árbitros especiales encargados de apreciar las vents antes publicados en este semanario, publtcamos hoy la traducción de diwersas piezas recientemente insertas en el Courrier de$ Etats Unís, periódico escrito por plumas civiles y que demuestran que la verdad tiende :Í abrirse paso y ceden error('S que habían penetrado en el público de casi torios loa países, con peligro para la integri lod de su buen nombre militar. • Hasta el 10 de Enero, 1,027 muertos, 3.675 hl; ridos, 2,5II desaparecidos (cleser­tores ?), sin contar ni l0s muertos por enfermeda1, ni las pérdiuas del ejército sitiado en Ladyamith. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. noLETíN MILITAR 319' general de las pérdidas desde el principio de las operaciones, sin con­tar prisioneros, apenas asciende al 7 por 1 oo. Es cierto que determinados batallones han sufrido de un modo es­pantoso: en Elandslaagte el Gordon Highltmders perdió el 33 por Ioo; en Graspan el CMti11gente 11aval fue segado por mitad; en Magersfon­tein uno de los batallones de H ighlrmders, fuerte de 6oo hombres, quedó reducido á 1 20; pero en estos tres caso~ las tropas así diezmada~ formaban las cabezas de la5 columnas de ataque, y en tanto que ellas se hacían destrozar, el resto del ejército apenas sí era alcanzado por los proyectiles enemigos. En el combate del río Tugela, donde Sir Redvers Buller fue derrotado, su ejército de 20,000 hombres abandonó su artillería cuando apenas había tenido 7+9 (82 muertm) bajas! Esta sorprenden re derrota ha provocado en la prensa europea co­mentarios nada honrosos para el ejérci~o inglés: un periódico ruso llega hasta preguntar si los soldados de Albión tienen disciplina y espíriru militar. Lo cierto es que el promedio general de las pérdidas de los in­gle~ es (7 por 100) es en extremo pequeño si se le compara con lo que sobre el particular enseñan las últimas guerras europeas. En 1870 en las batallas de Mars- lc-Tour y Gravelotte, donde lidiaron 4-5o,ooo franceses y alemanes, 70,coo cayeron en el campo ( 1 5~ por 1 oo); en Wisscmburg las pérdidas subieron al 2 3 por I oo; en Woerrh, al 21 por Ioo; · n Spickeren los asaltantes (alemanes) perdieron el 17 por 100; en 1866 en Koenig Graetz los prusianos registraron el 10 por 100 de bajas; en Magcnta y en Solferino los franceses dejaron el 11 por 100 tn el campo. r"enem~s, pues, q11e el extraordiJJario perftuionamiento de las armas no ba attmelltado los peligros de la gt~erra, como se ba creído gmeralme1t­te. Los soldados bárbaros con armas primitivas, los de la Edad Me­dia con dagas y arcabuces, los que usaron fu!.il de piedra, todos ellos mataron más enemigos y corrieron más peligros que ingleses y bocrs, no obstante que disponen de fusiles de repetición con pólvora sin humo y cafiones ultra perfeccionados, y que los boe'rs son los primeros tiradorn del mundo. Ahí están la~ cifras: apenas 7 p0r 1 oo de los combatiente~ ha caí­do en el campo de bataiJa. Seguramente la intensidad misma del peli­gro hace que no se le afronte: en ambos bandos se trata de mantenerse el mayor tiempo posible fuera de una zona terriblemente mortífera. • Las instrucciones comunicada~ á los ingleses en su lucha contra los boers les previenen rastrear por el suelo, aprovechar tod0s los abrigos • Segtín el primer parte detallado de estl derrota, sin igual para loa ingleses, la artillería debía ser apoyada por las brigadas Ha.rt, Barton y Dundonald: la primera !le extrl\vi6, la tiltima no hizo lo que de e lla se esperaba, y la otra e comprometió en un terreno donde no pudo maniobrar; ademá el j~fe de la artillería adelantó con exce:so los cañone . y éstos cayeron en manos del enemigo. Los jefe~ ingleses ni co­nocen el territorio en que obran, ni poseen buena cartas del tea,ro de la guerra. • Debe obsetvars e que las p~rdidas que <'ausa el fuego so11 una bicoca compa­radas con las que producen las enfermed:.ues y las fatigas de la campañ;~, en especial en ciertos climas: en Cuba, por ejemplo, durante la 6ltinla guerra los españole~ tuvie­ron 2,427 muerto en el campo de batal111, 1,371 de resultas de .. us heridas, 74 des­aparecidos, 30,083 de enfermedades comunes, 20,801 de fiebre amarilln, 6 . ea por todo:-. 54,756 y 14,842 heridos. Geueralizan;lo tendríamos por 1 muerto en combate .. heridos v 16 fallecidos por enfermeflad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 320 BOLETÍN MILITAR para guardarse de los proyectiles. El fuego de los fusiles de repetición es infernal, y tánto, que puede aniqwilar íntegros á lo~ regimientos que no se abriguen. • En orro tiempo dos infanterías se fu~iiaban á boca de jarro: los hombres de pie, á cien metros unos de otros, se cntreascsina­ban con fusiles defectuosos, con sa11gre fría absoluta y sin que nadie pensara ni aun en inclinar la caheza. Di s tancia y grande hay de esos métodos antiguos á los que es pre­ciso e m picar en la actualidad. Además entra en la táctica de los bocrs eoitar el combate cuerpo á cuerpo: e os admirables jinetes. armado de carabina de repetición y de revólver, ignoran lo que es el arma blanca, y cuando llegan á ver enfrente la bayoneta ó la lanza de los ingleses, montan de un salto, e repliegan, ~e vuelven á formar m:ls lejos y allí continúan, de montados, el fuego de fusilería Ahora bieJJ, los combates en realidad fll{lrtiferos son aquéllos e11 que dos trop1ts choc rm, rompe11las filas y u t11(anúza11 en lucha casi perso11.ll. En la prescn te guerra cada vez que los inglese han atacado á descubierto han vi sto caer en un instan­te el 40 ó 50 por 100 de sus soldados, y es difícil exigir de conti­nuo semejante sacrificio, aun á las m e jores tropas : ante un fuego des­tructor, el itutillto de comervaci Ó11 los i mp11/sa í prifcrir los si tios tÍ cubierto. Un diario inglés, el Dt1 ily Ma i l de Londrc discutiendo el asunto, escribía recientemen e: "El hombre del día tiene un organi mo más nervioso que el de 1 8oo." Lo que equi\'ale á decir que el instinto de conservación lo domina con may o r fuerza, y teniendo conciencia más clara del peligro, lo rehuye también con más franqueza. Hasta aquí el artículo en referencia; pero el mi mo periódico ha­bla en seguida del brío con que las mujeres del Transvaal secundan á sus esposos en la guerra, lo cual da á los soldados bocrs confianza in­quebrantable en el r~ ultado de la lucha, y cita numerosos é irrecusa­bles testimonios de la conducta cobarde r bestial de los soldados ingle­ses con los prisioneros, con los que se rinden, con las ambulancias y con los habitantes inermes. Esta sí es la verdadera explicación de por qué un ejército de 2o,ooo hombres huye, abandonando sus cañones, cuando apenas cuenta 8o muertos: cuestión psicológica, pues si todo soldado es un hombre, no todo hombre es un soldado, y la historia nos enseña que siempre los pseudo ejércitos capaces de ultrajar á quienes carecen de medios de defensa, fueron fácilmente arrollados y vencidos por puñados de hombres res u el tos á vender cara su existencia. Inglate­rra descuidó formar soldados, y recoge las consecuencias de su error. La guerra es y será la misma, porque sea cual fuere el perfeccio­namiento de las armas, el hombre es igual en todos los tiempos y luga­res: si ois paam, para be/lum. • El mi ··110 Courrier, al rehtar ~1 comlJ;,te del Suffolk Regiment, dice qne los boers lo dejaron llegar ha<:.ta 30 pa o de su lfnea ante de romper el fuego, y que 150 de los ingl e. es que fueron rodeados por aquéllo., no e rindi ron sino de pué, de encarnizada defen n. Añ:tdarnos aqul un hecho de u u stra historia militar: el '1.7 de Julio de 1876 una fuerza de 900 revolucionari t' !.' c on:;ervadores, armada de fusil de carga por h boca, combatió trece hora.~ á campo ra o con 500 · oldarlo~i armado de 1émingtou, y no e declaró en derrota sino cuando en el calllpo había dejado el 25 por 100 de su efectivo y tra · defender sei · po iciones suce ivamente. • Lo dicho antes infirma e te aserto hecho 't í sin otra aclaración. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 142

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