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1 Dlreccl6a Directores: B. Arclolegas, J. l. Martluez Admlol•trl4or .. : 1
CUB~PO DB ~BDACCION:
Carlos J. Martfnez ~ y Administración:
Carrer~ N.o 201
_ Maria del R. Lezaca, Paulina Barón,
Margarita Meodo:za, Marfa Luisa Pachón.
Barbarlta Rodrfguez
Raquel Obaodo
Isabel Dueñas.
2]:================~
SERIE 11 BOGOTA, MARZO DE 1925 NUMERO 17
La Ordenanza modelo
No vacilamos en llamar así la Ordenanza
que acaba de entrar en vigencia, relativa a la
nueva organización de inspectores. Sólo aplausos
merece la actitud del señor Director de Instrucción
Pública en medida de tánta trascendencia,
como que ella marca un paso hacia adelante
y definitivo en las vías del progreso instruccionista.
El número de inspectores se ha aumentado
hasta trece y se les fija como período de su
actuación en la provincia o zona el de dos meses,
al cabo de los cuales deben regresar a Bogotá
a dar cuenta de sus labores. No son permanentes
y por decreto bimensual se les asignará
la provincia que les toque visitar.
Las ventajas de esta medida saltan a la
vista. Teniendo siempre en cuenta la flaqueza
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198 LA ACCION ESCOLAR
humana, de que no se puede prescindir en estas
cuestiones, es evidente que la organización antigua
se prestaba a entronizar en cada provincia
al respectivo inspector escolar, sin control
de ninguna clase, sin posibilidad de revisar sus
actos, al menos de manera rápida; las extralimitaciones
o errores en que pudiera incurrir en
el desempeño de su cargo, todo quedaba oculto
bajo el velo del silencío, imperado por el temor
de una destitución o cesantía, pues el inspector
era árbitro y señor absoluto del gremio que le
estaba confiado y, en caso de queja, él era quien
debía infonnar _ Detnasiado saben1os que la
cuerda se rompe por lo más delgado. Por otra
parte las visitas podían adolecer de muchos dofectos
y lagunas. Los inspectores estaban expuestos
a perder su Jibertad de acción debido
a compromisos personales o sociales en favor
de tal o cual tnaestra, y, por lo tanto, a defraudar
los intereses de la Instrucción Pública
y la confianza depositada en ellos por los superiores
del Ramo. No inventatnos consejas ni
queremos hacer cargos injustos a los señores
Inspectores, a quienes apreciamos de veras, pero
el hecho es que son ellos mismos quienes nos
han confirmado en estas observaciones.
En la nueva organización sabiamente concebida,
a pesar de los ataques de cierto Diputado,
explicables en el afán de favorecer al único
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LA ACCION ESCOLAR 199
que desde el principio se creyó perjudicado con
la Ordenanza, en ella decimos, estos inconvenientes
se obvian de manera radical y se obtienen
superiores ventajas.
Los señores inspectores no podrán echar
raíces en la provincia; quedarán desligados de
toda clase de compromisos que entraben su independencia;
para ayuda de la humana flaqueza
habrá cierto mutuo y amigable control; la noble
en1ulación les ayudará a vencer la rutina y la
flojedad en el desempeño de su cargo, y, como
cuatro ojos ven más que dos, el Director estará
mejor inforn1ado y de manera más imparcial.
Pero es más: lejos de ser obstáculo al conocimiento
del personal docente, como alguno
pretendía al combatirla, esta redentora Ordenanza
lo favorece en sumo grado. A la vuelta de
un año, más o menos, los señores inspectores
habrán entrado en contacto con todo el personal
de maestros y maestras del Departamento,
ventaja preciosa que les permitirá juzgar con
acierto de sus capacidades y dotes para la enseñanza.
Por último, es de todo punto inexacto que
la Misión Pedagógica, como se dijo en la Asamblea
por el único campeón que se atrevió a combatir
las n1edidas en que nos ocupamos, es inexactQ,
repetimos, que aquella alta entidad fuera
adversa a la proyectada Ordenanza; por el con- ·
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200 LA ACCION ESCOLAR
trario, y es quizá el único caso al respecto, los
pedagogos alemanes aprobaron y aplaudieron
calurosamente los proyectos del Director de Instrucción
Pública, doctor de Guzmán, y se lo comunicaron
en nota oficial que dicho funcionario
conserva con orgullo.
Cuanto en contrario se diga es por tanto
vocinglería sin sustancia, encaminada a servir
únicamente los intereses del Inspector que, por
incomprensión y egoísmo, salió perjudicado con
esta progresista medida.
Así sucede siempre: las sociedades profun{
famente cristianas en su marcha incontenible
hacia un futuro luminoso de bienestar y de sólido
progreso, que tenga por principio, fundamento,
térn1ino, norte y guía a jesucristo, arrollarán
a cuantos, con visión limitada y estrechez
de criterio, se opongan a su perfeccionamiento
intelectual, n1oral, social y económico. «Sed perfectos
como vuestro Padre celestial es perfecto »:
hé allí la divisa de todos los institutores católicos.
Para concluír queremos enviar una vez más
nuestra voz de aplauso al señor Director de Instrucción
Pública, doctor de Guzmán, no sólo por
esta Ordenanza, sino por todas las demás con
que de manera tan inteligente y efectiva ha tratado
de regenerar al maestro. Funcionario inteligente,
comprensivo, justiciero y probo, es acreedor
al decidido apoyo de todos los hombres
de bien.
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LA ACCION ESCOLAR 201
CARTA
DEL PRESBÍTERO DOCTOR LLERAS ACOST A
Bogotá, abril 13 de 1925
Señor Director de El Diario Nacional.
Por haber estado ausente de la ciudad hasta el día
de ayer, no me fue posible enterarme con espacio de
un suelto publicado ~n el periódico que usted dirige,
y en el cual se hacen suposiciones e interpretaciones,
hasta de mis pensamientos, y se me hace decir ni lo
que siquiera pasó por mi mente. Me refiero a las conferencias
cuaresmales que el suscrito dio en la iglesia
de La Enseñanza.
La manía de darse por aludidos, de hacer aplicaciones
y de particularizar la doctrina general que los
sacerdotes predican, es ya muy vieja, pero no por ello
deja de ser reprobable el valerse de tales armas con fines
porticos y para ciertas y determinadas campañas que
un sacerdote no puede aceptar.
Ninguna de mis conferencia. puede ser tomada racionalmente
como una requisitor ia contra el Gobierno
nacional, y al condenar los v·cios y pecados, como
debe hacerlo un sacerdote que omprenda su misión y
las palabras de San Pablo para tos últimos tiempO'\
no sería lógico, pero ni ra ional, ac r respons e d
ellos al jefe del Estado.
Por lo que hace al caso presente, rechaz categóricamente
tan gratuita aseveración, y declaro que no
estuvo en mi ánimo, ni podía estarlo, el atacar al Gobierno
del General Ospina ni a los altos funcionarios
que lo acompañan.
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202 LA ACCION ESCOLAR
Empecé a predicar el sábado y acabé el martes
santo por la tarde.
En la primera conferencia hablé d~ la regeneración
del individuo por medio de la Iglesia Católica, expuse
su constitución y los fundamentos de su autoridad y
la obligación que tienen los católicos, sin distinción alguna,
de acatarla y obedecerla. Reprobé la conducta de
los católicos indiferentes, y que lo son sólo de nombre,
católicos que hacen coro a los enemigos de la Iglesia;
que jamás salen a su defensa; que censuran las disposiciones
de la Santa Sede y de los Prelados; que se rebelan
contra ellas; que se eximen de hacer lo que ellos
ordenan en lo atañadero a las obras sociales, y, que por
último, van quitando la fe a los pueblos y contribuyendo
poderosamente al triunfo de la impi · dad. Dije que
ellos venían a ser naturales aliados de los incrédulos y
que les cabía gran parte de responsabilidad en las catástrofes
sociales producidas por pueblos emancipados
de la autoridad de la Iglesia, a los cuales se había privado
de los consuelos de la Religión.
Al hablar de las obligaciones que a los católicos
incumben, hice mención especial de la «usura» y del
alto interés del dinero y expuse la doctrina de la Iglesia
y de los teólogos al respecto. Condené el alto precio
de la vida e insistt en la necesidad de trabajar por
ei abaratamiento de las subsistencias y agregué que el
séptircG mandamiento también obligaba cuando están
de por medi() los caudales públicos, pues hay quienes
piensan y dicen que robarle al Gobierno, y por lo tanto
al pueblo que representa, no es pecado, sino cosa lícita
y honesta. Para concluír, después de haber expuesto
los beneficios recibidos de la Iglesia, dije que ella no
se contenta con que sus hijos sean buenos para sí
mismos solamente, sino que los ti.;mpos actutlles exi-
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LA ACCION ESCOLAR 203
gen el apostolado en todas sus formas y sobre todo el
apostolado social. Esas, ni más ni menos, fueron las
ideas desarrolladas en la primera conferencia.
La segunda versó sobre la regeneración de la familia.
Expuse latamente los peligros que la amenazan
y las dolencias que la aquejan: el solterismo sistemático
y la propaganda en contra del matrimonio; la educación
perversa que se dan a sí mismos los padres de
familia en las casas de juego, en las cantinas y en los
clubes, en otros lugares reprobados, en la lectura de
obras prohibidas e inmorales; peligros en los móviles
del matrimonio; peligros en la infidelidad conyugal, que
fustigué en los términos más duros; peligros en el olvido
criminal del fin para que el matrimonio fue establecido
por Dios; peligros en la venta de las conciencias,
que comprometen el porvenir de la juventud por
interés pecuniario y la entregan a maestros impíos; peligros
sobre todo en el matrimonio civil. Expuse detenidamente
lo que es en sí mismo, lo que la Iglesia
siente de él, que en ninguna manera lo acepta; que para
ella no hay más matrimonio que el establecido por jesucristo,
y dije cuáles son las cualidades y condiciones
esenciales de este sacramento. Por úJtimo, censuré el
divorcio y las leyes que lo establecen y sancionan, y
el anhelo de verlo establecido entre nosotros de los que
se apellidan espíritus avanzados.
La tercera conferencia tuvo por tema la regeneración
de la sociedad por medio del amor de jesucristo,
de la caridad cristiana. Expuse largamente la naturaleza
de esta virtud y sus efectos; refuté y condené, al
tratar de las relaciones entre los gobernantes y los súbditos,
la errónea y reprobada doctrina de la supremacía
del Estado de que tánto alarde hacen los liberales
de Colombia y de todo el mundo; vapulé esas ideas,
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204 LA ACCION ESCOLAR
aun cuando se me llamara obscurantista y retrógrado.
Hice notar que la caridad evita los atropellos en los
que mandan y las rebeldías en los súbditos y que facilita
el gobierno y la obediencia. Puse de manifiesto
que el amor de Jesucristo no es ni puede ser obstáculo
al amor y progreso de la patria y que la regeneración
social sin jesucristo es imposible; dondequiera que se
ha intentado, la bancarrota ha sido estruendosa: bancarrota
en la enseñanza laica, exclama Brunetiere; bancarrota
en la falsa libertad, dice el P. Ramiere; bancarrota
en el manejo de los caudales públicos, repite el
economista Luzzati; bancarrota en la justicia, afirma
Tolstoy; bancarrota en la paz de las naciones, etc., y
que no nos quedaba más recurso que acudir a jesucristo,
que es quien tiene palabras de vida eterna.
La última noche traté del sacramento de la confesión,
su naturaleza, efectos y del ministerio sacerdotal
en el tribunal de la penitencia. En esta exposición al
tratar del pecado manifesté cómo era una gran mentira
y un engaño. Lo comparé con la mentira de que se,
hace víctima al pueblo con las falsas teorías de igualdad,
supresión de clases y de jerarquías y reparto por
igual de las riquezas; ¡absurdo monstruoso! Pero dije
también que Dios no quería la miseria y que no era
justo que mientras unos perecen de hambre otros despilfarren
inger.tes sumas en el juego, en el libertinaje y
en la embriaguez.
De lo dicho se desprende, señor Director, que el
autor del suelto que motiva estas líneas y que me es
perfectamente conocido, lo engañó a usted, haciéndole
creer que yo había atacado al Gobierno y poniendo en
mis labios palabras y frases que nunca pronuncié. Lo
que hice fue condenar los vicios y pecados y refutar
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LA ACCION ESCOLAR 205
por extenso ciertos principios liberales, que la Iglesia
reprueba y que como sacerdote tengo que rechazar.
Dejo así rectificado el escrito de su periódico, y
una vez más manifiesto que el Gobierno del General
Ospina, como representante de la autoridad suprema y
por su honradez, probidad y patriotismo, merece todo
acatamiento, y que no es ni puede ser responsable de
los errores y culpas de los empleados.
De usted atento servidor,
(De El Nuevo Tiempo) . .. -
CARLOS ALBERTO LLERAS
Presbítero.
TERCER CONGRB O CIBNTIPICO PAN-AMERICANO
FRAGMENTO DEL INFORME RENDIDO AL GOBIERNO NACIONAL
SOBRE LAS LABORES DE ESTE CONGRESO POR
EL DELEGADO DE COLOMBIA.
Estudiadas lás ciento cuarenta y seis conclusiones
aprobadas por el Tercer Congreso Científico Pan-Americano,
se observa que este Congreso prestó especial
atención a dos de los problemas más serios cuya solución
es de la mayor trascendencia para todos los
países de Hispano-América: la instrucción y la higiene.
Sobre la primera materia se formularon cuarenta y dos
conclusiones y sobre la segunda veinticinco, lo cual
revela claramente la urgencia que se hace sentir en
todo el Continente de que se consagre a estos dos ramos
la mayor atención posible como bases esenciales
que son para el desarrollo de los pueblos. En cuanto
a la instrucción primaria, el Congreso, inspirado en Jos
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206 LA ACCION ESCOLAR
más nobles sentimientos, proclamó que «el magisterio
de la enseñanza es profesión distinguida y debe dar a
los que la ejercen las más altas consideraciones sociales,
» solicitando para los maestros remuneraci0nes equitativas
que faciliten una posición independiente, digna
y tranquila. Solicita, además, el Congreso que se rodee
el magisterio de apoyo para garantizar una preparación
pedagógica y una instrucción general. Sobre textos,
locales, higiene, cantinas y demás elementos que deben
complementar la labor de educación primaria, versan
también varias de las conclusiones mencionadas y
adoptadas por el Congreso, que, interpretando los sentimientos
de todo el continente, quiere que haya un
.asiento para cada niño en todas las escuelas de América.
El intercambio de profesores entre las naciones y
la creación de becas para alumnos de otros países, es
medida también urgente que tiende a complementar la
educación y la cultura y a realizar los altos ideales de
americanismo, de conocimiento recíproco y de apoyo
mutuo.
L~. instrucción universitaria es recomendada y fomentada
por medio de varias de dichas conclusiones,
Citación recomendada (normas APA)
"La Acción Escolar: órgano de los maestros - N. 17", -:-, 1925. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3686992/), el día 2026-05-27.
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