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 Imagen de referencia Hemeroteca Digital Histórica
Colección institucional

Hemeroteca Digital Histórica

En esta colección encontrarás publicaciones colombianas y extranjeras, editadas entre finales del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XX. Estas obras ofrecen una gran riqueza documental, derivada de piezas únicas y grupos de publicaciones de diversas ciudades, que abordan acontecimientos políticos, económicos, históricos y culturales específicos.

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    • 15 de Julio de 2019
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Imagen de apoyo de  La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 5

La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 5

Por: | Fecha: 06/10/1874

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • • • --______ -<:c:;--¡~ <; ~ 2 9¿""?),--:l:s;---___ · PERIODICO DEDICADO A LA LITERATURA • , • Serie 1. Bogotá, 6 de Octubre de 1874. r-' u, mero 5. , ....... A Al\. DE • REVISTA DE LA CIUDAD . quí me tieuen mis lectores mlí ale~re qUtl niña con uOI'io, que noyio con muj(;l' Lien engas tada, que jóven con bue \ empleo, que señol' con portafulio, que político con elecciOlle , que CUI'a con vecinos devutos, que beata con cu: renta hora, que militar con ascen­& 0, que médico con epidemia, que buticario con mé­dicos, que aLogado con enredos, que músico con en­tierros, que muchacho con Vi cacioues, que periodista cou uscritore puntuale. No es mentira, pero siento el alma como bolsillo con pla ta, COUlO dep<,nsn. con proviione , como cocina con fuego, como m ujer si n mariuo en ca a, que marido .... basta de compara­cione" que yatará bueno. y á qué debe el Fisgou tanta. al('gría ? preguntarán los curiosos. y á qué ha do ser? Que me he hallado una mina riquísma para hacer revi taso Siguiendo el con ('jo ele mi galante companero, autor de la. Rovi ta anterior me pu e á medital' en que realmente en Bogotá. hay nu gran número de planteles y do fábrica, tales como cuarteles con colegio, e cuelas normale5, IIospitales, IIospicio, ca as de locos, destilacione, cigalrel'Ías, futografías, agencia, peluquería, y por añadidura lo que cae emanalmente, COIllO matrimonios, tertulia, Laile , entierros, rifas, y demas co illas que en forma de cuento salen al púulico. Pero hay algo más confortable, y es que los co!:tbo­radores de lo barrio., agentes ti'gones me han pro· puesto no dejar pasar cosa que no cuenten; en prueba de ello ahí va la revista de uno de ellos. " Bogotá, 30 de Sttic'nbl'e de 1874-Fisgadnda del bao Trio de la c:aledl'at. Señor Fi_gol1 general de "La Tarde," del día y de In noche. "Oumpliendo el delicado encatgo que me habeis confiado, voy tí. informaro de val'ios asunto que no conviene que edén tudavía á conocer ¡¡orquee es­t, ln de arrollando, ó más Lien purC]ue e t.an en ges­taciun, y de algunos que ya debels dar ¡i la e tampa. Entre e to se cuenta uno de que voy á ocuparme. " En vuestra tocaya de boy fuí noticiado por mis ngentes de que comenzaba tí. rcunin;e un gentio en la Plaza Je la Con titucion, lo cual me hizo pan al' en reuniones de esa naturaleza, en uu lugar que ha ido el teatro de suce.os tau importante, como el pronun­ciamiento de 1 10. - guiente los números 2, 191,85,245,89 Y 178, á lo cua.1e le corresponden en "1 mi~mo óruen los prtmio de $ 122, 60, 61, 30, 46, 30, 15,15, 35, Y 183 90. Por poco sale. I número uno, que era el de mi boleta, por­que habels de saber que el pre que me señalásteis pul' daros cierta noticia acerca de cicrtas niña qud demueüan teller mucbo oficio ('n lo balcones á ma­i'ial? a y tarde, lo hube de emplear en comprarla. Pero 11 cba queado, perdiendo así mi lllO mi~ I injes á las R('públ.ic~s del P~e~fieo, P?rque ~os &eis pepit.os apun­tados, lID.l tando a cIerto Jo,:encltos que oh Idan que deben dejar su puesto' I ancIano se apr~"l1raron á lir de la urna uS')referida de la Lotería colombiana ?obre I~ cual no o diré m~í. 1101' ahora, 1'(' erdndulll~ 111. p~cclOnar los sorteos men"ua les ~iguien tes, y co­mUlllcaros babel' sido favorecido con un buen lH'cmio. ?I a.lguna personas continuaren interponiendo el IIlflt1Jo de an A ntonio para ganarse la ¡'ífa, y aun­que para ello le qUItaren al 1 . P. su Tiño amenazan­do no devolvérselo, como hi7.o ahora año egun dicen una belleza para sacarse la rifa de un mueble o teN­dré que remit.iros us apellidos y nombres ~frecien­doo<; no equivocarme en ésto, pura que en'" La Tlli'­de" algan á pasear. "Os a dV'I erto que aunque" La Tarde es muy leida n~ ati. face su senoría El Fisgon, porque omite de lo~ mdagro el santo que en ello es lo mejor, y no les gu t~ el refl'an que esto acon eja, y ademas muy d~~clente el H Baturrillo" y juzgan que sois muy vIeJo. cuando no podeis alvar las paredes, ni cstais provl~to del manojo respecti \'0 de llave para abrir muy ito In puerta, penetrar en la casa, en los almacenes y dejando quieto los haberes de las gentes acal' á luz tantas co as y cosota que debiera u decir­e para e 'carmiento ejemplar. " Con que a í ved, i os armais dE' valor sufieiente y abri tamaños ojos y tamañas orejas, para informa­ro bien de todo, aunque tengais que quedaros con tamaña narices. " i mi crónica e pecial relativa:í. la carrera del Ul' y plaza de S[,n Yictorino, no la publicais, devol­vétlmela pues he aceptado la colaboracion en otro periódico, y allí no nndanín coi! pañitos caliente, y prlln to verá la I Ul:. ' "Vue tro olícito servidor. "POI' poco pongo mi nombre, que seria tanto qui7.¡1. como poner mis costilla. ' Viéndolo bien mi querido lectore, el cronista DO ba hecho mal en fijarse en las loterias, pueto que, todo en la vida <,s unn lotería en ht que todo toma- 1110 pue, to, pero en la que á todo falorece la suerte ti u motlo: 1i unos los entierra y :i otro los saca l1e atolladeros. El que se ca a é aca la rifa, el qne se muere (y que Cerca me quedó lo UTI(' de lo otro) e aca la rifa; se la acn. el C]ue con igue empleo, dipu­tacion ó viuda rica; á quien le dan una ped/'Uda por til'arlc á otro e saca la rifa y a. i por e e tenor todos todos somo cual 111,h; cual 111 fa,orecido . "Luego que dejé mis ól·t!enes hube de traslad¡\rme &1 lugar del suceso que temia, pero la. presencia tle una bom ba e feroidal a tra yesada por un eje rota torio ent.re do' columna, que llegaba en procel:>ion, m hizo comprender que e trataba de una rifa, y pen é qne si era semejante á la de La ltawLla, era llllln() de dar­les un ramblazo, porque 11/(tS vrtle (arde que nunca. Pero DO eñor Fi. gon, e trataba de una rifa efccti\':l y sonante, llamada Lotería colombiann, y con todo igo en mi oficio. El dia 1.0 se reunió la 111 blea; pien o hacerme á alguno di-cur-o y empl'endel' un. trabajollamadoviaje at rededor de un Dipu:ado, a un­to que me dará mucha materia para un buen cueotoo El mi mo dia se dió al eniclO público un nuevo Hotel llamado" Dam ' dirigido por la señora Paz Díaz y el señor IIipólito Ramin'z, Aquel alon qM o iego me coloqué en lugar conveniente.r puedo a e· urar que ví entrar en la urna. la 613 ficha de la boletas vendida~ y así vi alir en el órden si- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 34 LA TARDE faé hecho en la casa con istorial de Anubla, para lÍ.­mara de Representantes y enado, que luego fué tea­tro para zarzuelas, luego lugar de rifa, y por último, depó"ito de mercado, fué convertido en una casa e - })aciosa, cómoda y elegante. Cuenta con ochenta pie­zas para hué pedes, tiene un lujo o salon de recibo, pesebreras, y por lo que hace á la asistencia, no se puede negar que es esmerada. Yario.> matrimonios hay en salmuera, otros se ]0- graron ya. El señol' Ignacio Osuna y la señorita Su­sana Maldonado llegaron al al tuI" de Himeneo como 11ijenl. un pulcro, El Fisgon les desea una vida tal como la ban deseado. Del Club americano se perdió desde hace dias un inglés; quien tenga noticias de él que avise á. la auto­ridad; se dará una gratificacion. Fuera de chanza, el hecho es curioso. El sugeto cerró su pieza, salió un llía á. la c~lle, y no volvió á la casa. Como si se lo hu­qie ra comido la tierra. En la torre de San Francisco cayó un rayo la vís­pera del santo, penetró luego en el COI'O, y destruyó el llorado de algunos 'cuadro . Señores dc San FI'ancisco cuidado . . . . . .. . ... El amigo de infancia, el seüor J ulian Pardo, me extcn r1ió la mano un din, para decirme hasta luego, pero Dios no me lo dejó ver más. Pocos di as despues moria en las orillas del Magdalena. Cuanto haya entre lIna simple despedida y los decretos de la Providcn­da, lo ha dicbo Lamartine : " Adios ! .... Ay ! cuií.utas "\"'eces hedicho ft í en mi vida, Dejando á los que amo, quiztls sin calcular, Lo mucho que comprende ¡" triste despedida Siel h omhredice " Vuelvo " y Dios dice "Jamas!" Qué contrastes Dios mio! Empecé poI' risas y bur­las, y concluyo con una lágrima derramada en el san­t uario de la amistad. EL FISGON. MAS ALLA. Se adormecieron las aves, Cierran las flores su broche, Los ángeles de la noche Silenciosos vagan ya ; Todo brilla y todo calla En este campo fecundo; El alma, léjos del mundo Más cerca de Dios está. ¡ Ouántos fúlgidos luceros t i Oomo la luna desata Tibios raudales de plata Para llenar la extension ! i Cómo sollozan les rios ! ¡ Oómo suspiran los vientos! i Ouán misteriosos acentos Sabe exhalar la creacion ! Alzo á los cielos la vista: Fila de cándidas nubes, Oomo un coro de querubes Pasando, rápida, va! ¿ A dónde corre á perderse O tal vez á abrillantarse, I Sin tem.or de disiparse En la extension ? ..... Más allá! i Más allá! ...... miles de estrellas Oirculan en el vacío, Más que gotas el rocío En la tierra dejará; Mundos son; inmensos mnndos Que humanas cifras no cuentan i ¿ Los soles que los sustentan En dónde están? ..... Más allá! Ann más allá!. ..... Láctea v'ia En los espacios profundos Bordada está con más mundos Que arenas el mar tondrá ! Decid, pobre inteligencia! ¿ El foco de lumbre pura Que en esos astros fulgura D ónde gira? ...... Más al1(L ! i Más allá!. ..... La humana viste. A tal extension no alcanza, Pero la razon avanza y mayor vuelo tendrá.! ¿ La atmósfera que á ese foco L e da vida y alimento, En dónde tiene su asiento In tangi ble ? ..... 1\1 as allá! Al fin la razon desmaya, Sus alas la fe le cede, Más poder Dios le concede y siempTe subiendo va! i No vaoiles, alma miar A la luz suprema avanza! -¿ Dónde estás? En la esperanza ! -¿ Dónde está. Dios? i Más allá! La (( Aguacarí," Setiembre 1i de 1 72. J. M. PINZON RICO. MAS ACA. A :r.rr AMIGO j. M. PINZON RICO. Más a cá de esos mundos infinitos En que dejó el Eterno Soberano Con caractereres místicos escritos Nombres qU6 yo no sé, con sabia mano, Hay otro mundo en que los dos vivimos Lleno de gala, y luces, y primores; En donde el pecho de esperanza henchimos Al respirar sus mágicos olol'es. Esas aves que arrojan á los vientos Su exquisita, dulcísima armonía, Son las voces de Dios, son los acentos Con que él da encanto á la arboleda umbrra. Sobre el haz de la tierra, en el espacio Ve relucir el hombre la tormenta, y allí coloca el inmortal palacio Donde el Supremo Sér su trono asienta. Más, :l la luz df.ll éter inflamado Olaro le dice cl pobre pensamiento, Que el Eterno Hecedor está á su lado Que él no habita tan sólo el firmamento. El habita con todas las criaturas, No desmiente sus obras ni un instante; Que al brotar tan perfectas sus hechuras Gózase en contemplarlas como amante. No me alejes á Dios de nuestro suelo Por que nOs deja en orfandad y lloro; Donde quie¡:a que miro, está. su cielo y en t.odo cuanto veo, yo le adoro . • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • I I I LA TARDE 35 Yo le veo cernerse en la tormenta j y en el cetá.ceo de la mar inmenso y en el gusano ,il que se alimenta De in visible partícuJa: le incionso. ¿Dónde está. Dios? lo quo en reedor miramos Nos lo dice al oido claramente j Eu la luz, en el ámbar que aspiramos, En 01 sonoro y perfumado ambiente. Por doquiera refleja su mirada, Donde quiera se ve su Omnipotencia; Todo tí sus ojos aparece nada ...... Más acá. está su altar: es la CONCIENCIA. Guamo, diciembre 9 de 1 72 PEDRO A. CAMJ.cno PRADILLJ.. UBICUIDAD. PEDRO A. CJ.MACno PRJ.DILLJ., EN RESPUESTJ. A SU BELLA COMPOSICION" MAS ACÁ." "Sabió á los cielos y está sentado á. la diestra de Dios Padre." EL CREDO. " Dios es una esfera cuyo centro está en todas partes, y 1:1 circunferencia en nin-guna." BLAS P A!CAL. " Dios está en todas partes, pero todo oculta á. Dios; las cosas son negra, las criatu­ras son opacas; amar á un sé1', es hacerle t.1'uspa1'ente." V1C'fOU HUGo. o! ... Dios, el Dios á. quien mi mente adora, quien mi pobre inteligencia admira, A quien mi labio reverente implora, Por quien la vida en tre lo creado gira, N o solo allá. tras de los astros mora, No soló en mundos fúlgidos inspira Que de sus obras en la inmensa escala Su omniciente bondad todo lo iguala! Acá. en el mundo opaco en que vagamos Por expiacion ó prueba transitoria, Do los raptos del alma concretamos En esta terrenal cárcel de esc0ria, Do tal vez nuestras fuerzas preparamos 1 ara otro mundo próximo á. la gloria, En cada parte está, y en el conjunto, Junto tí los soles y á. los hombres junto. Tiembla en la luz y corre con la fuente, En las auroras muestra sus sonrisas, Vibra en Mnues sonidos del ambiente, Aromatiza el ala. de las brisas, Presta la sávia :í. mínima simiente y al cedro secular fuerzas precisas, Atomos en los átomos distingue, Enciende el bóreas y el vol can extingue. y tambien está. en mi, i débil creatura! En mi turbado corazon palpita j En mi cerebro inquieto arde y fulgura; Circulando en mi sangre estanca, agit~ ! Mis ilusiones, con su fe depura; Mi desaliento, con su amor limita: y ante mi anhelo que insaciable avanza Va tendiendo el tapiz de la esperanza ~ Mira esa hojilla; levo mariposa La desprendió del cálico lozano; Cien y cien de ellas forman cada rOsa. y caben mil y mil entre mi mano. ¿ Qué puedes ver en esta? ..... poca cosa, Que alcanza á. ménos tu sentido humano j Mas, la verdad de Dios, la noble ciencia Muestl'a allí todo un munuo á tu presencia! Un mundo entero, sí i con sus montañas) Sus volcanes, sus mares, sus praderas, Sus ballenaE', sus rara8 alimañas, Lagos de néctar, bosques de palmeras; i Tal vel?: con sus ciudades y c!:lbaüas ! j Tal vez con las científica8 esferas, y sél'es de sublimes atributos Que tienen larga vida ...... en tres minutos! Alza la mano ...... el sol llegó á. la hoja; La primavera en ese mundo empieza; El monte, de sus hielos se despoja y ciño de guirnaldas su cabeza! Solo un dedo interpon .. sombra y congoj a ; Noche polar, repleta de tristeza Viene á cubrir ese pequeño mundo Que ignoto, allí, se agita moribundo! De millones de leguas la luz viene Qua de un insecto sobre el ojo brilla Pero aquel ojo atómico contiene Otra invisible, inmensa maravilla! El rayo entre los párpados retiene¡ Debilita la luz, la sombra anilla, y el fulgor, necesario, solamente, Penetra en la pupila tra.sparente! Tal vez, en la impresion, aquel sér brota. Una perla de llanto ...... reverbera Un segundo quizá ...... de aquella gota La vida universal va, se apodera, Hace una nube que en los aires flota O una, como esta, sublunar esfera; Que Dios sabe formal' mundo perfecto! En lágrima in visible de un insecto! . Y Dios, tambien en ese mundo e~iste ! Tambien allí fecunda, inspira, crea! y allí de soles los espacios viste y hace brillar magnífica la idea! Y allí á. las luchas de pasion asiste y ordena más allá. que la luz sea, y cambia sus creaciones, cada instante, Por su inmutable ley ...... el ADELANTE! ¿ Qué somos, i pobre amigo! ante esa ciencia Que el alma, apénas, á entrever alcanza ? ... i Agentes de una Sabia Providencia Que muda todo, porque todo avanza! ¿ Dónde está. Dios ? ...... ACÁ de la conciencia, Como tambien ALLÁ de la esperanza! Por eso, desde el suelo al cielo miro y 10i1'O anticiparme á 10 que aspiro! Guamo, Diciembre 10 de 1874. J. l\I. PI~ZON Rlco\ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 36 LA TARDE FUl'ldacion de ia imp anta en la Amsl'Í ca , :Mi querido José 1furía: Ua'i sirIo dem'l-iado bueno conmigo, siempre bas estado di~p'le"to á. uministl'arme C,¡'\Iltos conocimien­to .. te he pedi.do sobre vario; a~unto> litemrio - ; y me has tratado co n aqu e lla, :\ln'\bilidarl y ex r¡ui ' ita gal:\n· teda, propias d e un cal'iícter tan bond'\d030, y delica­do com el que p seo ; recib e por ello mi gr.\titurl, y a cepta el siguiente tra bajo, el cu'\! no es otra. c05a, q'le un pequeño estl':tcto ó co;upendio ele las memorias e~CI'ita~ P l' BlITO' Arana, Amunát\!gui y otros au­tores distinguidos, y elel estudio que he hecho de la" publicacione, n1.\ s antigua que se hallan e n la Biblioteca naciona l. 'l'u afectísimo ami gl) , N .J. N ESPAÑA, Ante,3 de dar principio á 1" r e lacion histórica de la introducciou de la imprenta en l o,¡: pah~!'l americano. , })e l'mitaseme d ecir cuatro p '¡labras respec to de su fundacion en E ' p:tñ:1., A 1", R e ina,..'ln~ tuvo la glo:'i:J. de favorecer con su p oderoso apoyo la m \gna emp:' ~, ~ uo Cristóval Co­lon, to c,íle tam ' )ien la ele hab er proteóido :i lo s aloma­n e'l que lIeval'ol) tí. E,paXia, el al'te tipogr;ífico; con l o cu '\l, ri tiem~') qu ~ 1))1' e.,te llpdio abría á. la ¡'azo n y á h lib ~í , t'\l un horizo :1te u e luz, prepal'ab '\ la con­quist: 1 de un n.uevo mund ric é inm enso , que m á. tal'de ,ral flvor del ire3ip aü1t , tan p)le ; a y b .. ill :l.n L e,l un tiempo, h oy tan d esgra­. c iadndy ab atida, En el año d e 147,* e im primió en Valencia el pri· m er libro qlle vió l a luz p ública en e l r e ino de Espa­ña; ll eva. dicha obra p or tlt lo Cei't,tmen po eticf¿ e'~ e7¿or dg la CJn ':3JiJ ; :i e3t '\ p ' I')li~,lCion siguió la d e l 'dltstio , y lueg!) en e l año de 147 8 la Biblia, traduci· dl allemJsiQo p OI' el p 'l.dre TI onifacio Fenol'. T,des son las obr:!s d e imp res ion ma · antigua, que se tiene noticia sa.li eron d e la'5 prensas de E-.paña, y en las cu¡\les funda, V i\l en~i a s u derecho de primacía á la p o-es ion de 1;1. prim cl ra impronta ; el cual d e recho en vano le ha di sputado TI \1'celon3., quien tambi e n se j u7. ga a CI' eedo ra al m é ri to de haber sido, en aq u e l reino, la ciud '\d de don 'l e saliem pI'im e l'o el pema­miento escrito con la tinta d e Guttemberg, P e ro la som1)ra no t a rd ó en se~llil' 4, la lUíl, la pren­sa pouia ilu~trar el e - píritu, p odia reve lar :i los sú b­ditos 103 dereches conque do'ó Dios á todos los h om ­bres, y despertar en ello' la ide!l. de lib e rtad é ind e ­pendencia, y e5te campo n o era nada firme para roan­tener al pueblo sometido tí un po ' l e l' inju"to y opre· sor. Era neces ario COl'tal' el vu e lo al p e nsami e nto apagando la luz en su proph fuente, poner obstáculo,> pOl' medio de 1 a ce'lsw'a, á. la di fu " io n de la idea á fin de evitar que el Poder o rl)ním o o ó ab .. oluto pudi e ra alguna vez ~scap :U'se d e la - n1:1n03 de los reyes, y que los señore~ felldal es tuvieran que abando­nar StH ca tillo", y priva rie de la ciega obediencia á que tenian f'ometiLla la cla~e pI·oletaria. Para lograr tan loca pI'eten ion, h een,Yltrn, fu é establecida en la céuula dada en T oledo el 8 de jlllio d e 1502, á la que stJ.cedi ó lo, ley ele setiembl'e d e 155 6, fil'mada por Fe­lipe Ir j Y últimam e nte, para dar m ás vigor á e ta medida, la InlJuis icion rué establecida en los nu evos domini os , p o r ley de 25 de enero de 1560. i Ta I fué la parás ita, dice Juan JU, Gutiénez, co nque la im­prenta nació e;:¡ Eipaña y vin o al uevo Hundo! Sigamos ahora su marcha en A.m é rica, marcha lenta, es cierto, p o rqu e tenia qoe ven ce r preocupacione de muchos s iglos, pero firme y segu ra hasta, el punto de pre parar la em:ll1cipacion de UQ Continente ente ro, y ensoñar á sus habitantes las le yes que marcan el pro­gl'esQ de la~ ciencias físicilS, políticas 1 morales. M:cjico_ TanLc. el cronista de Indias, Gil Gonz;t!ez Dávi- 13, como Egni:tra, E lÍen r Chal'lcs 13l'unet, e,t:ín do a('l1e['clo en que el lll'ímero qne introdujo In. imp¡'enta á la A mérlt;,I, ru é el Yirey do uevn-E'ipaña, don Antonio de :\IenrloziI, quien se e"tabl~ci(í cn la ciudad de l\! l'jico, e l año de 15 ;~5, t ocándo l e al n.. p, J l1nn de E,trnua, 01 b ono l d e haber puhlit:ado 01 primer libro, con el ti tul, ) ele "E~c \1. \ ESPIRITUAL P\R.\ I.Lr.:GAR AL CICLO," obra ue S'm J Han Clílllaco, y la cual tra dujo de e l latin á la len gua vulgar. Si:;uió á. e!;ta el " 111 ~nltal ele A l¡¿[tos," impreso el au de 15iO, p or cJruen ele 105 ll'~ \ 'e rencJísimos obispo de la ¡: ueva EP:Ul<1. ; y al año iguiente, un foJl etito de 4 hnj'l'l, con e l iguiente título: " Re­lacio¡~ el' l espar,íTJle tal'emoto r¡' agorc¿ nuevam.ent8 hn acontecido en le¿ ciTJ ln,cl cl' Gll atimaln ,' es cosa de ,grá,de a,Zmiracion y rlp. ,gráde e;/itmplo p l l'a 'lite todos 'l/OS enmendemos ele 12l1e:;I,'os 1J ecnclos y astemos apresi ­qnidos para cuMlo D ios f¡w'e sC1Tido 110S llamar ," " I mpl'eso el. la grá e¿ndacl de 111t',v¡co en casa ele Sná C,.oml:JeI'g el' nito (le 11bil y r¡niniétos y c¡¿(tl'éta y u.no ." Fer'L.L, Entre la s publ;c:J.eione; O1 :í. antiguas de este pai " , !'lO hallan elo s ill1pres:\~ e l afí de 1585, cU,Vo título úe la primera, es: l' COl1fes io nario 1Jal'a los CU1'as de il1· tu.os , (Jon la instrltlJcion COi/f7'ft SltS 1'itos, y e,'ChortaCIO¡~ 1Ja~'a ayu.dar (¿ bien morir , y fOi'ma de impedimentos del matrimonio. Compnesto l! tl'n,:lnciclo en las l en gu.as Qt¿i chna y Ayl/lnl'a pOI' auto!'Ícln(l cl el Concilio pl'O­vi¡¡ cial de L ima." El título de la 2.·'\l es : " T e¡ 'Cel'O catecismo , E ¡;posicion de l(t cloctri¡¡a cris­tinna 1)01' sermones veces pOl' el vuelo de una ave de conocida, por el paso cau­teloso de un animal montez ó el precipitado de un l\lptil, que e tremece la hojarasca y desaparece. A e ta hora es cunnno está la naturaleza ago­biada por el calor en tales climas: ni las aves cantan, ni. la. bl'Ísas vagabundean, ni el bo'que se mueve; sóJo las agu:ls ruedan incesantemente aumentando con su rumor ronco y p~renne el silencio del bo-que. Hay voces ilenciosas así como hay silt>\1cios hablado­res. El hombre que quiere abstraerse del bullicio bumano bu ca, in tintivamente la orilla del rio rumo­ro o ó de la cascnda estrepitosa. Buscamos un punto en donde aJ abrigo de una pied ra. el rto es ménos correntoso y form}~ un reman­so :-azuloso, tmspal'ente y profllndo. Excusado es de~11' que aquella algazara fué de lo más estrepitoso. QuIén no grita al bañal'se? Quién no e tá contento? Aquel es uno de los actos de la vida en que nadie está tri te. Cada cual em pezó á hacer a larde de su cienf:ia en 11\ natacioll, y éste se botaba á nadauito de pcn'o'aquel al blaca.ldo, el otro zabullia hasta el fondo: quién ba ... cia velas, cual tiraba caimanazos en medio del bo­chinche má;; e tupendo ; y yo, que me precio de tan buen naul1do!', gracias á. Dios, porque asi estaré más excento de a.hogarme, escogí un lugar el ruénos pl'O­fundo, y cogiéndome de una rama empezé dále que rUle opeando para arriba y para abajo. Cua'ndo yo veia aque¡ pozo cl'Uzado por peces de plateada escama y con un fondo ta.pto más medroso cuanto más l~ buscaba la vista inútilmente, me aferraba á. mi ra­ma y más Ille adlllimba de los audaces que exponen su vid:1. en un elememento tan traidor. Por mí si pro­feso el principio de que hasta que no se ;prend~ á nadar no hay que echarse al agua. Hablo con los CJuo se hayan bañado el cuerpo alO'u­na v:z en pl~no ri?: hay cosa más :Jgmc1able que cubl'lrse con una sab:llllJ. despues del baño y acurru­cado y tiritando rec ibi!' el calor del sol que orea? Aquel es sin duda, el plus-café del baño. Medio ves­tidos apénas nos tendimos en el suelo, abrimos c(~je­tas de conservas y de uriquipe, [¡icimo grandes reba­nadas de queso, salpicamos esto con carne fria, lengua nitmda y bmudy, y empezó la tarea con el hambre que llega deapues del bauu. Y vengan tmbajos! Qué ,e guln;nbee allo1'" si la mula, que el bano dé hasta el pescuezo. Bien dicen, ql1e b.ll'l'ig." llena aguanta azote No sé si haya quien sea valiente con hambre. -- Envalentonado:! los muzos con la victoria alcanzad" por dos veces sobre los e ;;pañoles, no se contentaron con gual:dar su tenitorio, s ino que amenazaron el interior, y de aquí el que se organizase una nueva expedicion . El Capi tan Lanchero, ya por guardar su encomienda de Subn, ya por volver por su honor a jado en la primera. expedicion, solicitó y le fué COll­cedido el permiso de or;;:1.nizar una nueva expedicion. Francisco Morcillo lo acompañó como segundo jefe como Capellan, el dominicano Juan Santamaría, y ademas se agTegal'On varios Capitanes y Oficiales de crédito con los auxilios de gente que pudieron llevar. Sesenta indios yaconas amaestrados ya por 10- espa­ñoleR, formaron tambien en aquel mi erable ejército comparado con las numerosas falarijes de los indó­mitos indios. Despues de penetrar por Velez en los t érminos de los il)dios, Qllirimaca, jefe de ellos presentó, bata­lla con cuatl'o mil hombres. Sólo el est!'ago de las armas de fuego pudo hacerlos flaquear de. pues de ba­bel' hecho prodigios de valor. Se retiraron pues, de~alentados, pero no destruidos, y a í fué que al ve­nir el Capitan Rivem por otro camino en alcance del grueso del ejército, fué atacado por Qnirimaca, miént!'as que Lanchero era pl'Ovocado al mismo tiempo por Naiman con cinco mil hombres. Lo des­trozos hecho por los españoles en los escuadrones de este jefe, fuel'On honorosos y feroces, debido á que los perros de presa despedazaban:i los indios fugiti­vos sin compasion. Esta fué otra arma. con que In. crueluad española dejó mJ.rcada en el suelo su fero­cidad. No le fué igualmente favorable la. suerte á Rivel'll quien llUbo de emprender retirada bnjo un:\ nube de fiechns; paro sabedores, fugiti\To y victorio~o en el camino el suce o desgraciado de Naíman é te se desa­lentó y aquel tomó brios y se trabó nuevamente un combate tan reñido como no se volvió :i ver en aque­¡ la expedicion. Prod' de valor hicieron los indIOS entre los que se distinguieron los Caciques Jote, Trinaca y Valaví. Grande seria el apuro en que pu­sieron á los españoles, cuando se cuenta que Rivera cansado de bacer esfuerzos inútiles, alTemetió sólo con su lanza entre los enemigos, pero rota é~ta tomó á un enemigo otra, que era. despojo de la de un ven­cido y obl'ó prodigios. La muerte de Trinaca y el au­xilio oportuno de Lanchero decidieron da la victora. El jefe Quil'imnca mandó sonar la retirada, y de"de entóPges aquella ('ampaña quedó reducida á ata~ue~ • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 38 LA TARDE parciales y guerra. de posiciones en que iempre triun­faron 105 e pañales. Grande fué la. escacez que l o iberos sufrieron, por que los indios 10- privaron de todo recur o, y i n o hubiera sido por 105 Cachipayes, (fruta de una palma que por allí abunda,) a caso hubieran perer.ido muchos de hambre. En el último combate que presentó Qui­rimaca perdió á 10 aciques Note y Yalaví con l o lllás florido del ejército, y de de entónces " la s tri tes reliquias de l os muzos abandonaron]a, tierra de sus padres en busca de otra hospilataria" "Algunos restos de los muzos, como ancian os, mujere , ninos y otros más pacíficos doblaron e l cuello á la. coyunda. de la conquista, y la pacificacion de tan belicosa par­cialidad fué obra de l os esfuerzos de Lanchero" * Pacificada aquella parte, es cog ió e t e jefe un s i tio á propósito y fundó la ciudad qu e llam ó L a Scmtisí.ma Tl'iniclacl de los 1I1uzos, de la cua l hoy no quedan sino ruinas, es de hab e r sido una de las más florecientes y pobladas. Ll egado á Tunja en 1, 562 falleció e l Oapita n Lanch e r o , á impul so dE> la fatiga de aquella expedicio n. y por consecuencia de la herida recibida e n la primera exped ic ion contra l os muzos . Ouánta gloria eclipsada, y cuánta. ferocidad inau­dita quedarán bajo la l os a del sepul c ro de aque l con­quistador ! ,. Plaza, Memorias para l a Historia. ( conclu id!' ). ----~:~~:---- Las tardes amenas de Bogotá, El suntuoso jardin que acaba de construirse en Santiago de Ohile, está d eco rado con las .estátuas ale­góricas de cada una de las capitales de las repúblicas americanas: M éjico , Carácas, la A sunc ion &c; y estas estátuas co mpiten en la belleza artística, a sí como en la maj esta d de la actitud, indicando cada una In cua­lidad distintiva de la Nacion que r eprese nta. Este ha sido un b e ll o y p otrió tico pensamie nto que enal­tece la s virtud americanaR, y tipnde á fundar la fra· ternidad entre las nuevas naciones, mostrando que en cl templo de la civilizacion hay un lugar para cada virtud, y que cada pueblo es honrado y enaltec:do p or las nobles cualidades que le dis tingue n. Bogotá está coronada de laurel, y como la diosa de la co nt emplacion, con el libro de la ciencia en la mano y la mirada en el cielo, aguardando la revelaClOn de la verdad. Oolombia debe estar orgullosa. de la mane­ra como su capital ha sido representada. i M e re ce Bogota este honor ó , indolente y p e rezo­sa se deja arrullar por el vici o, yen los brazos del lujo y de lus pla Ge r es olvida sus tradiciones y su gloria? Sólo los extranjeros que contemplan nuestras cos­tumbres austeras, v que miran esta ciudad melancó ­lica como 13asile:l, en donde no se oye el ruido de una aleg re ti e ta, ni el bullido del comercio, ni un g rito de guerra; p e ro e n donde, como inmensas col­mellas, se e n cuentran por tudas pal'tes l os colegios y las escuelas, con mil enjambres de niños que se educan para el por,enil'; só lo ellos pueden contestar satis­factoriamente á estas preguntas. A s í, las tardes ameuas de B ogo tá no están destina­das á la alegría y al placer, sino á unas fiestas mo­des tas e n honor de In. niñe z, de la virtud y de la ciencia; p e ro son fi estas qu e embalsaman el corazon, d ulcifican nuestros sentimientos y enaltecen nuestra inteligencia. El famo o artista que delineó la estátua de Bogotá, hubiera podido recibir inspiracion asistiendo á la fiesta en que Inocencia Nariño j una señorita de 18 años , exhibia en uno de los salones del teatro los ade­lantos de la escuela pública que dirige, y que es la 2. cO de esta ciudad. Sencilla y elegantemente vestida, co n un sombrerito que le daba. gracia y cO Quetería á t o da su persona; paseándose en el vasto salon por en medio de todas l as niñas, que pendientes estaban de E U mirada para poder hablar, como una maga señala-ba con Sil vari ta In. n iiía que debia responder, y esta varita era mágicn., pues en el in t:'llle alian d los laLios de la lliña que seiín.laba, torrentes de palabras de ciencia, f<ícil y encillamente dichas 1 y, como para motrur el poder de RU encanto, los ni­ña de siete año, ma l'caban en e l mapa lo princi­pales capitales del mundo, recorrian los mores, lleva­Lan al e pectador al Japo!', ó le hablaban de l{,u si a ; y de pucs r e olvlan los prublema de la aritmétic~j ó exhibia n graciosos fenómenos de fisica. Ah ! la suprema. belleza de la mujer (; tá en la in­teli genc ia: ella comunica á todo su sé l' un brillo que deslnmbra. y que fascina; y la mujer bogotana de bella forma y color de nácar, ,iluminada, como noso­tros vimos esa tarde á Inocencia Nariño j no tiene ri­val e n Su r · am érica. 13ogotá. no decae ni pierde s u pre ti gio : la auste ra ciencia que hacia anu ga ¡' la R sie nes y encanecer la ca­beza del sab io , se ha de linda formas entre n os otros, t oma ndo la figul'a de una mujer, y así, ha­ciéndose amabl e y eductora á los niños, extiende su dominio por todas partes y asegura su reinado para • sJCmpre. L as tal'des amenas se r epiten todos l os lúoes, pues cada escuela se va exhibiendo allí por turno, y las horas se pasa n si n sentir, enca ntada con el perfumo de la inocencia, viendo r o, trus alegre , son risas ino ­cent es, y pensando en el lis on jero porvenir de la pa tria. Ayer 10. seño ri ta María de J es us Páramo,'exhibió su escuela, que es la 1. ~ de esta ciudad; y el placer y el asombro aum cn t ó para n osotros . Hermos a como la - más l oza na mujer de Albion, con su abundonte cabe­ll e ra rubia cayendo en bucl es , y t9das s us maneras im. pregnadas de ese aire que ti e nen las grandes seño ra., iba de banca en banca acari ciando sus niñas; y des­pues j cuando de pi é, con la mirada centellante, la. boca sonreida y en a c tit,ld noble las iba interrogando, ah! entónces , aporecia sublime, porque la ciencia la corooab n. de luz. Inútil afan el de la mujer bogotana en vestirse de se­da y cubrirse de j oyas! L os vasos de oro incrustados de piedras preciosas, que se sacan del Herculano ó de Pompeya,jamas alcanzan á t e ner la belleza de la lám­para de alabastro iluminada por la luz que eterna­mente ardía e n el templo d e las vestales . La mujer nunca es mas hermosa que cuando hace lucir su inte­li gencia; y las señorita que despues de haberse edu~ cado con e mero se dedican á difundir la luz, entre sus hermanas del[pucblo, no sólo so n muy interesantes para la soc iedad, sino que en mome ntos como los d e las tanles amenas , en que se muestran ante el público, son r ealme nte encantadoras. iQué tiene la. sociedad para ofr ece r á seño ritas como é tas? ¿ Flores? Es poco. E as se ofrecen tambien á las cantatrices que sólo fascinan los sentidos. Ala­banzas'l Ellas so n muy lindas y muy j óvenes aún pal'a m e recer algo más qu e l o que se ofrece siempre á la. jnventud y á la belleza. Ellas tienen la admi­racion del púLlico que asiste á las tal'd es amenas! y la gratitud y el amor de las niñas á. quienes educa~ para la virtud y para la. felicidad. L as tanles amenas concluyen siempre con coros de lasniñao:, en los que s us mil voces infantiles, armó­nicas y suaves se unen para elevar á Dios sus alaban­zas ó recordar los himnos de gloria de la patria. 1\IEDAR DO RIVAS. ESCENAS DE LOS ALPES. EL CAZADOn DE GAMUZA.S. ( ContinuaGÍon.) Oa s i al mi"mo instante pegaron un golpazo á la puerta, y entró Hans vestido con el traje completo de los cazadores de gamuzas: chaqueta y pantalon de paño llenos de cicatrices dehilias al tiempoj ¡;ruesos • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • LA TARDE 39 zapatos cubierto.s con polain~s de cuero hechas pe o menor. Con mi anteojo las examiné bien, y renovando dazos por !os.11lclos y las pIedras, y sombrcr~ de cl cebo de mi escopeta, me adelanté arrastrando .. ya fieltro enrojecIdo por el agua. A su lado pendJa cl estaba á tiro de la gamuza colocada de centinela pues bacha para abril' camino sQbre los piés cubicrtos de comenzolba á distinguir sus cuemos cuando saltó de n~eve, el martillo cou que forzaba la carga ~e.su cara- lado para advertir á las demas, y la~ ví pa5ur á todas bIna, y la cartuchera de cuero con las In U J1JC IOnes ; al con la em.pe¡·atl·iz á la oabeza .. hombro llevaba una alforja cncarnada que caia sobre -i Cuán tas habia? el lado izquierdo. -i llabia nueve! Habia entrado como una bomba y acababa de dete- La anciana se estremeoió al oir este número. nerse en mc'lio de la choza dejando caer estrepitosa- -1 Las ba,> contado bien? mente la. culata de su escopeta en el suelo. La abuela -Como si hubiera contado los dedos dE' mi mano. reconoció al instante que la caza habia si(lo mala aquel -i y de véras lIcvaban una empe1"at¡'iz á la cabeza? dia. Sin decir una palabra, hizo una señal á Freneli -i :Me tomais pOI' un cazador o,a~ .. es mi respuesta al sobrino Hans. j Pues no hablaba de mesa pobre cuaudo cntraba yo !.. Ea, dcstapa, .J: elJ, y enséñale lo que traIgo. La jóven abrió el cesto, de donde fué sacandO' suce sivamente huevos, tocino, tre~ panes blancos y una botellita de agua de cerez't. El cazador, que habia permanecido indiferente á los primeros artículos, aco­jió este último con una expre~lOn de contento. _j Ah! i ah I i con que esto os alegra, señor mio! dijo el anciano, pegando un golpe en el hombro á su sobrino. Buenas noches, Trilla, continuó; parece que <:ólo has envejecido de dos djas desde ántes de ayer .. y tú Neli, pronto á la lumbre con estas provisione .. 8ieutate, lrico, cenaremos junto" hijo mio. Dirijiendo a í la palabra en tono jo,ial ú cada UIlO, el viejo se habia desembarazado de su cargl, y se ha­bia sentado á la meSl junto á sus sobrino.;;. Una vez sentado, destapó la botella de agua de cert'za cou pre­caucion, echó á cada persona como la terc(:¡"¡\ parte de un ,aso, sin oll'id:use de sí rnismo, 1 uego se informó afectuosamente de si babia cogido alguna cosa, a lo que el cazador se contentó con respondel· con un signo negativo, y por último preguntó á Ulrico sobre u posicion en Merengen. .l!;l jó,en escultor le repitió lo que ya habia dicho á la Trina, pero con un acento abatido que no parecía estar de acuerdo con la palabras á cuyo beneficio de ruostraba lo bien que iba en su empresa. El tia Job acó en consecuenda que la!> ventajas de su nuevo oficio se compraban muy caras, y recordando los es­fuerzos que habia hecho para dr. uadir al jóven aque­lla idea coucluyó por hablarle dé la independencia y del contento que haJ;¡ria podido disfrutar sobre la mou taña. En los cuarenta años largos que el tio Job vivia expuesto á todas las fatiga, y peligros de aquellas ás­peras soledades, no habia sabido ,el' aun SillO lo que tenian ele agradable y sublime. EH tanto que la auda­cia indómita de Han crcia hallar en ellas el demonio, su dulzura resignada. buscaba sólo á Dios. El primero, arrastrado por no se qué pasion furiosa, corría á tra­ves de lo precipicios y las avalancha, con los ojos fijos en su presa; el segundo evitaba el obstáculo con paciencia, miéntras iba contemplando la flor, la mari­posa y la piedras del barranco. Aquel era la fuerza que desafw, e te la senclllez que admira. Por so na· da en el mundo habia turbado la serenidad de su al­ma; al retirarse de él, b juventud habia dejado un rayo de su alegría, como el sol, ya en el deja soLre los picos nevados un reflejo de su llama. Cuando sacarun la cena, el tio Job mandó á la abuela y á Freneli que se sentaran á comer con ello, y eonsio'uió com unicar su alegría á todo el mundo. Sélo la frente de llans permaneció plegada y som­bría como de costumbre. Sin embargo, euando las dos lllujeres quitaron la mesa, el anciano Job hizo una postrera tentativa para distraerle. Llenó su vaso, y paándole una mauo por el brazo ami tosamente, le dijo: _ Yamos, señor cazador, un trago; ahora el agua de cereza puede correr como el agua de una fuente; está couocido el manmtial, y mañana se llenará de nuevo la botdla de viaje, _j Dios nos proteja! dijo Ulrico. ¿ Dónde habeis desculJierto maravillosa fortuna? -En la posada de Lauterbrunuen, respondió el -Viejo. Esta manaua el despensero me ha comprado todas las muei>tras que encontré hácia el Rosenlawi, sn diez y siete batz, con los cuales he podido daros esta cena .. y auu queda algo, añadió pegaudo en Su boJ illo, donde se o 'ó un sOl11do de co!.>re.- y como el escul tor se sorprcmlio, el tio Job añadió á media voz: -Ko te estrnñes, hijo mio; si supieras lo que he di tínguido ayer cn lo alto de una roca de~cubiel·ta por el deshielo de las nieves! i un nido de crh,tal pu­ro I .A 1 instate lo conod ; tiré una piedra, y se oyó el mi mo rUIdo que hace un badajo en la C:lm pana. -i y habeis podido tocar cse tesoro? -Toda vh no. " UJ ce" que be llega alli tan facilmen-te? No, no; el nido está dentro de la roca, junto al borde del precipicio. Pero con una cuerda el hombre puede lll~ gar :i todas partes donde llega el pájaro; mañana vuelvo. y yol, iE!ndose al cazador añadió; -lIan¡;, atravesando el ,Yengern-Alpp he visto huellas de gamuzas subre LI}Jigel; podré indicarte él sitio. - Gracias, conozco otras yo, re pondió lam. -Es que doude yo digo hay muchas, observo el tío Job, y ya sabes que el 'Vengeru-~\.lpp es un terrc;:uo fácil para la caza. - Yo no busco los terrenos fáci les, contestó srca­mente el cazadol·, y echando unr. mirada irónica á su primo, añadió: En otro tiempo Ulrico se habria podido aprovechar de la noticin. -Dices bien, Hans, y aun boy mismo la aprove­charia, cuutestó el escultor; me daréis bieli las beñas, tia Job, y manana estoy en campana. -i Tú! exclulUó Hans enderezándose; ¿ de véras? ¿ lhblas formalmente? -Tan Iurmal, que pido al tio Job mis vestidos de cazador que he dejado en su casa . -i Será cierto? exclamó el anciano; i con qué quieres renunciar á tus maderas esculpidas para ,01- yer á la montaña '? -Lo probaré. -Eutónces b no volyerás á l\Ierengen ? -Si me lo permitís, dormiré hoy bajo vuestro te-cho tio Job. -1, y mañaoo. ? -l\lañana me dareis mi carabina, indicándome donde están las huellas de que habeis hablado. El nuciano e levantó bruscamente de la me a. -Está dicho, exclamó; j bendito sea Dios I Ulrico vuelve con nosotros; ¿ has oido lo que acaba de cecir, vieja Trina? -Las palabras se las lleva el vianto, repuso fria­mente la abuela; esperaremos á ver la acciones. -Veremos, veremos, dijo el tia Jub; á fe roia, no seria malo que recobrara el gusto de la vida libre. Esta noche pediré á Dios que le :ll1ime y que guíe su escopeta hácia la mejor emperatriz de todas las gamuzas. -Sí, exclamó Ulrico, apoder: !luose del brazo del viejo; pedid eso á Dios, tio; por una felicidad tan grande daria la mejor parte de rrii vida. y al pronunciar e tas últimas palabras, el jóven ecbó á Freneli una mirada que el primo lians sorpren­dió al punto. Su frente se arrugó, y sus labios se pu­sieron blanq ueciuos, pero guardó silencio. Ulrico se despidió, y desapareció con el tia Job. Entúnces, fijaudo en la j()ven una mirada el cuJriña­dora que la obligó á bnjar los ojos y á enrojecer, Hans meneó la cabeza como un hombre cuyas dudas se ac:lararol1 ya, volvió á tomar su carabina y salió ilenciosaroente de la choza. II • Al otro dia, roncho ántes de que amaneciera, Ulríco el viejo Job se hallaban en pié preparados ambos pa­ra su- expediciones. El tio Job habitaba ¡¡na casita al1n más pequeña y mi erable que la de la Trina. Todos us muebles con~ "i tian en una cama, una mesita y tres taburetes, pero las cuatro paredes estaban adornadas con colecciones que habia recogido en la montaña. (concluira). •

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 5

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Por: | Fecha: 27/02/1875

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ____ --¡:c,,~ ~ 2 9~.-~~-------~ • . p E R 1 O DIe o D E DIe A D o A L A LIT E Iij'A T U R A. Serie IIl. Bogotá, 27 de Fcb 'er do 1875. ~-úmero 25. ~A Ali.. DE. UN NIDO 'lACIO· , , A LA. LIND A Y SIMPA 'l'lO.!. HERO:'~ A m, EST.\. NOVELA. (su AUTOll.) 1 i Bienaventurada seas, alegre y hechicera Ro­salia I Dios te (lé e e cielo azul que tanto te agrada, e ns fiares perfumadas que tanto te gustan, es'! paz y e!e!]. dich!t que tanto deseas. Escucha cómo trinan las aves de tu jardin, cómo se so ríen las violetas escundidas detra de laa verdes curtinas de sus hojas, cómo mur· mUl'a el arro:o al pasar por debajo de las bó­vedas Jc tilos y acacias de tu pradera. Haga Dios, que uos da los días serenos y las alegrías dol alma, que Fernando tl~ quiera siempre lo mismo. y que así como ninguna nube empuña el azul trat-parente del ciclu bajo que vives, ninguna lágriulu cnturbie tu, ojos oscuros, ninguna pe­na manche las castas imágenes do tus ¡¡ruares. No os exlrañcís que (lesee tantas felicidades á In. niña bonita que está enamorada y que alegre risueña y sin cltidados r ecorre al laJa de su amante las perfumadas calles de su jarchn, las olorosas alamedas de sus bosque. Amala siempre mucho, Fel'l1ando, h azla di­chosa como hoy, porque te quiere con toda su alma; fija en olla tus ojos amorosos para que la niüa bonita so mire en su crisb 1. Ya ~aues que os el esrH1jo que ella profiere. ¿ Pero J6nde v ellos se desprende. Rosaiía !)Iza sus ojos y los fija en los de su amanto, se miran somieudo y como electrizados por la mismo. impresion, como si la misma iJea so hubiera despertado al mismo tiempo Oll las Jos cabezas, sus labios se acercan y confunr,len sus mutuos allelltos en un delicioso y prolonga­do beso, D n beso, un beso, solos á orillas de un arra· yo, sin m:1.:J testi¡;o que el cielo y las aveQ , los árboles y las floros. Sí, un boso, i y qué cl'ím:en han cometiJo mis amante::: en besarse, qué mancha pueue doj r en los labios de mi Hosalía el contacto do los de Fernando para que os parezca extraüo que se bosen ! ¿ Cnindo se han apoyado los labios sobre los labios mús ca tamentc i' ¿ Cu ndo so ha verifi· cado ese contacto m6nos carnalmellto ? Oh! uo os asusteis, porque dos jóvenes se besen, si pudierai. aprociar las sensaciones Ilue p~isaban po el alma de él cuaudo so ha acerca­do á ella, si hubierais poJillo penetrar cn las ideas elo ella cun.nc1o ha buscado los labios do él, os sonreiríais trauq uilos como sonrio yo que lo sé. . ¿ Qué cl'Ímen hallús en el beso ele una madre al hijo de sus a1l1.ores ? ¿ qué JUal Gncontr:1reis on quc el hermano bese:í lo. hermana queriJa ? ¿ Y porqué han Je habE'r hecho mal Rosalía y Fernando, si han obedecido:í. una sen sacian poderosa, si so han besado ca i sin sCtber lo quc hacían, como ántes habian juntado sus manos? ¿ Qué seduccion ha habido por pnrt ele él ? ¿ qué idea premeuítaela por parte elc ella para quo así condencio;¡ sus amores? No hagas caso, niña bonita, de lo"! que se horrorizan ante tan custa caricia, es porque no comprenden que dos labios pueden unirse casta. y puramente, es que no conciben quo el alma se dospierta miéntl'as duerme el cuel'po. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • • 194 LA rrARDE Dec! selo vosotras, blancas a7.ucenas, b}ancas ros as del jardin, en eñadles vuestras límpid3 s corolas á. ver si hay en ellas una mancha, y lue­go cuando exclamen qué pnra es la azucena, contarle~ que lo. ¡l is a os ha besado, que el céfi­ro se ha parado en vue 'tras cáli ccs, No, felices amantes mios, amaog como o amaia 8hon1, vuestras almas puras son vuestra mejor defensa. he intorrogado me ha dicho que me amas con delirio, -Pues esa iJor ucte E>aberlo, cont<.>stó F e r­nando, y R.osalío. creyó que Fernando L<.>nío razon, p orqu c i no l a hubi era amado, las fl o" e s que no engañan nunca lL la s nin8fl bonitas s e lo hubieran cliellO con la misma Ílanque zll con que habian contestado gue la l1mu.ba, De r e i, cntc Fernando d e tllvo el paso y paró :í. Rosalía, é ta interrogó á. su amante con una mirada, y él la señaló c n el dedo un I ido da Mis amantes vionen juntos por el jardín, ruiseñoros escondido ent,re unas ramas d e ilas. Rosalía se apoya muellemente en el bl'azo que La púbre madre ingui ta al ver venir direo-la da Fernando. t amoo te nos per!' onas h "tc ia el fruto de sus amo- Do vez en cuando se paran como ob~d e ciendo res, en vez de huir se habia colocado encima de & la misma idea, se miran con amor, sonríen de e llos y 105 protegia con sus alas, miéntras diri­felie; idad y vuelven á l'acorrer las perfumadas goia co sus (ljOS inquietoe y azol'ado1! una míra-calles del jardín. da á l o do ~ amantas, L'\ madre de Ros alía sabe que Fernando ama Pobrecita, murmuró R o, alía, tí su hijn, y :i peilal' de eso los deja vagar juntos -Cómo l os quiere , r e puso ,B'ornando. por el bo ~ que. Me d a n l ú'3 i ma, d ijo la niñn, pobrecita ptÍ- No culpeis á la. madre porque no quita el p e - j a a, ~e d es ,Í,ve pOI' ellos, mira remando, cómo Jigro quitando la ocallion; el otro día. oculta n o'3 suplica COIl l os ojo s quo no t oqu e mos tí sus defras de unas matas, ha sido testigo de una de hijo s, que DO lo a rr e batemos á sus pajaritos, vi­esas esconas puras en que siempre se embriflga mono!', me da pena verja tu ingu io ta. con delicia el alma de una madre; ha eacucha- y o aleja 'o n l'ly;ol'daurr&.o- venia la linda Ro a ía á sentarse jnnto á las lilas cando éstos uno despues de otro IDl!rmuraba: y allí, en proReneia de aquel os pflj,l1'OS que con me quie?'e, un 2)000 mucho, apasionadamente, tanto esmero cuidaban al hijo dt- f'US amores, nadaj la. flor que habia servido de oráculo, só- se repetia las l,c.latrns do Fernan o y so olvi­lo tenia 14 pétalos, así que a.l arrancar el último, daba. completamente de este mundo, para ab­Rosalía miró alegre y contenta á su amanta. S01'uer todQ 6U pensamiento en el que amaba_ -Ya lo ves, le dijo, esta margarita á quien. I Ah! el campo, el camp<>! la rica naturaleza. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. - • • LA TARDE 195 pródiga en colores, on armoníns y en perfu es convida á soñ r eu un mundo de delicias. Ya Jo sabes tú , f' at:.lomda. RO"'1.lí , yl'\. 10 cor.oco ~ , cuanuo dLJ<1S las esfrcchlls p l"C'ues de t.u CUs no queJaría uno en el término de cien ::.ño"i," rec0rdó que era hombre y denumó lágrimas sobre la in tabiliuad de lafl cosas humanas." i Pobre J eljes ! despues de babel' lidiado tanto por someter la Grecia <Í. su dOI11Ínio se encamina con cien mil veinte buque :l atacar las fuerzas griegas que so hallan en 'alaminn , y allí s olo trescientas ochenta em­barcaciones lo vencen; y el pobre tiene que huir. La denota es bien vergonzosa p¡)l'a el infeliz monarca qt¡ , sofiaba cun la glorin; y se vió :1 <,te pubre él' qlh" rompió cl Atbos y quiso encadc1\ar al HeJe;.pont, I "solo é incierto de destino, atrave ar tri tementú los lugnl'es que babia rcconido lleno de vanidad y 01'0"11110 " l"" N:;¡poleon 1. e "ese COlORO que habia puesto el mundo bajo sus pié", y dejad() d polvo de us huellas en las diadem~s de los reyes ," ('re e el 18 de junio de 1815, en lns llanuras W:LtcI ' loo, bacerse á la Inglate­rra y :i todo el mundo; en esa tar,le profiere fra¡¡es lle­nas de atrevimiento y de orgullo; piensa Ilegal' á ser el segundo rey del Universo y concibe un gobierno á Sil antojo. De repente ve el campo completnmente revuelto, los ingleses combaten con valol' y cou ta­lento; los france es van en ret.irada, pero él nada te­me; se impacienta apéúas porq ue uo aparecen pront.o los ¡'efuel'zos que espera. Saca su anteoj(), lo tiende en lontananza y divisa una nnbe de soldados: en olla finca sus doradas e"penlllzas c¡ ue le han de hacer fe­liz: pCl'O pobre! la estl'ell3. de su esperanza se eclipsa. y el desenguño se pre e¡;¡ta: el' Blücber que auxilia á los ingleses con cuarenta mil prusianos. La cl'Ísis es espantosa y aparece la tuañana del 19 y con ella pre­so el orgulloso capitan del siglo XIX por el capitan WellingtoD. Todos los brillantes dias de Nopolcon se eclipsaron el dia de Waterloo. y lino de vergüenza y contem­plando sus pasadas grandezas derrama lágrimas el infeliz que mira al cielo y al mar desdp. las desiertas rocas de su pri ion en anta Helena , donde es arre­batado P , l' la. muerte d spues de babel' luahado su gran génio con las incidencias del tiempo. Bolívar va !Í. Roma. El aspecto de sus grandiosos monumentos le bncen recordar su historia, y lleno de gozo en aquel fdiz in tante se acnerda de su uerida patria y wDcibe una gloriosa. idea .•...••• indepen­dizarla y hacer da ella. una Repúblicro. Viene, C'mpren­de la. titánica obra. Las circunstancias le ayudan. Recibe laureles en cien batallas famosas recorriendo el continente desdo las cstrepitosas bocas del Ol'ino­eo, hasta las elevadas cimas del Potosí, hasta que el Loan ibérico cae en la memorable y gloriosa. batalla. de J unin, y con su caida lOO levanta la independencia • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. LA TARDE 197 y con ella la República. 'roelo lo ba conseguido el génio sin scgll11do. Orce ver progresal' á su qucrida patria al impulso del bien que le leg!), ; pero todos se le revelan, lo insnlt:lIl, 10'creen de mala fe y despues de npo, trofarlo irónicamente, lo ¡'etiran del pode!' que solo Dios le habia dado, Y entónccs drsengañl'ldo y lleno (le dolol' 1ie retira el génio que dió indepen. dcnci:t á cinco naci011c5, á lamentar la ingratitud de sus cOllciudadano , y á lllCJI:ir tristemente en las soli· tarias playas del Océ,\J1o Atlántico. , " Grande es el mundo en que habito Pero mi nomb¡'e más grande, Porq ue las glorias del \TI undo Deutro del mundo no caben. Yo mori ré y mi recuerdo Irá en los siglos '1ue pasen Trndré mi nichu en la historia j Mi nombre sed, un cadáver. Glqria, re:;plnndor bumano Que brilla '010 un instante, Va por que el sol desvanece HUlIlO, OMURA, POLVO, AIRE." • Este el> el mundo, queridos lectores, ya veis cuanto trabajaron e os grandes génios por alcanzar un puesto distinguido en la e cala de la oria: la alcanzaron si ; pero cuánto les co tó! Qu eron poseer la felicidad, lJelO ésta huyó de ellos y se fué á. otrll. mar.sioll des­conocida. Viendo esto, pues, es inútil andar en pos de la fe­licidad en e ' te mundo donde todo son tormentos y mi!>cria : no debemos afal~al'nOS y quedar completa­mente cunvencidos de que no existe en la r ealidad. i Oh ! no, queridos mortales, no hahei encontrado In felicidad, porque la babeis bu cado en los lngares que ella no puede existir. DIOS crió al hombre para la felicidad, pero desdp. uu principio la perdió éste; sinembnrgo en el mundo podeis encontrarla aunqu~ sea pOI' momentos. L Dón, de está pues? cómo hacemos para posceda? Venid, despojad de vue tra imagin:lcion esos pensamientos fal sos que os dicen que la felicidad está en los place­res mundanales: venid, e~tamos en el mismo mundo 1, quereis poseerla? pues bien, aquí teneis á Dios, el sé,' por excelencia, al Supremo autol' de todo cuanto existe; pensad en él, contemplad su excelso poder. Este SER infiui tamente lleno de pe¡'fecciones, nos dió la exi'Lencia pal'a que le nmemos llenándonos de suprema felicidad 1'011 este precioso y sacrosanto amor. Santificad vuestra alma con la conformidad, y elevad­la al AUTOR de vuestra existencia; vinculad vues­tl'O amor con su supl'cma bondad y deoidme si habeis 6 no encontrado dulces y deliciosos momentos de su­premn.. feJicidad. ¿ Quercis má ? Oontemplad á vues­trOs ¡¡emejantes y ved en e1103 vuestra mi,;ma esencia, recordad que ellos participan como vos de una misma naturaleza favorecida siempre por este mismo Dios Criador que con su manto de gracias nos cubre y nos libra ele 10fJ furíoso" vendava les de Ins tempestades de la vida. t Que 'eis más? E ' tudiad en el g¡'andioso hbl'O de la bella nnturaleza sus sublimes y estupen­dos es! ec táculos, en ellos encon(,['areis los pl'ecioso& atributo' de su infinito A U'fOR, y con ellos Jos pla­ceres más dulccs-é inocontes. Por úlLimo,quereis más? No tencis que ir muy I 'jos, está en vue tro mismo sé¡': está en esa dulce paz que el alma experimenta despues de haber hecho una accíon noble y generosa: ésta es la sntisfaccion de la conciencia, juez V termó­metro de nuestrns acciones. i Qué ratos de felícidad tan agradables! Lástima quo sean interrumpidos por las vanidades del mundo que continuamente nos persiguen y oe Ins que por mucbo que queramos apartarnos es enteramente im­posible, i Qué ratos de felioidlld éstos de que he hablado! t, Qué es en su compnracion la de esos afortunados del siglo en el seDO de SUB vergonzosas pasiones y de I>U torpe embringllC7.; de e"os hOlllbrcF; tan alejados de sí como de la fel icicl ad por sus de. cnfrenados de, ca, y csclavos de un mundo impe¡'ioso y falaz a,nsnllado por eso usos y esa extravagantcs modas, variablc y ridícula : vi ctim:\s de U3 caprichos)' el juguete de todas sus variaci\>n es : de c:'os bombres, que pn s:\ndo por un!), nltcrnati\'a continua ele nlcgría y dll tristezn, dc placer y de pes ar, de contianza pre­suntuosa y de temores vnllos y pusilanimes, " de pro- . yectos ambici05o., de locas esperanzas y de turba­cion, de inquietudes y de sobre altos, de juegos, do ri as, de cUsipaciones frívolas y de deseos de retiro, de tedio, de d' to de la vida, de descontento inte· rior de sí mL mos y de todo lo que les rodea?" i Son ésto pregunto aborn, los dicho os? Oh! no, muy léjos ban estad'O de potle¡' conseguir In. felicidad de este modo: porque ,..1 hombre que goza en los place­res "ensuales es infcli7., porque de pue;; que bace pro­fundas refll'xiones sobre Sll conducta pasada com­prende muy bien 10 nbsurdo que ha cometido y los males que tal vez se h:\ labrado pora Sil SAlud. Si se entrega á la di ipacion y al lujo el mundo mismo le dice tnrde ó temprano el error que ha comeLido, Si se en trega á los vicios, sobre su frente brillará entónce:'l el anatema de insensato que Dios y la sociedad le pintan. La verdadera felicidad no se encnentra sino conlO ya he dicho: en Dim:, en la humanid:\\l, en la contem­pl ¿cion de la obra universal de Diofl r en la saíisfac­cion de la conciencia. .............................................................................. , ....... Lo demás que á nuestros ojos Pasa en rápido tumulto Es vamdad, es loen: a, AlltE, SOMUUA, POL\'O, HUMO. Pero ved, mortales, un pá lido espectro nos señula con su l:u'go b¡iculo las sombríaf< puertAS de 1:\ eter· nidad, de c, a eternidad l1e1la de delicias .Y de encan­tos celcstiales rlonde la Fl>:L1CtDAD r eina y abre sus bra7.lls para e:t.rechar á sus moradore!\. Donde el Dios de nuestros destinos abraza á nues­tras almas y las purifica eon su roce. Es que Dios es In felicidad. Es que la felicidad es el mi mo Dio<; que apénas abraza al verdade['amente digno en cl seno de su Liena venturanza. Es la esencia de la Divinidad personificada. Es el foco donde ir¡'adia todo lo santo y bello: es el cielo de la luz, el empíreo de los nng les, la mnn­sion deliciosa de los , justos.. el santuario de los arre· pe>ntidos, cl esp<::jo de torment03 de los condenados. S. CABRALES. Bogotá, diciembre 24 de 1874. LA AGUJA Y LA MUJER- ¿ Qué relaciones puede haber entre estos dos séres, a cual más delicados y endebles? Acaso el tipo comun de sus rasgos determine alguna. ley entre ollos, que Dios sabe hacer la debilidad fuerza, engendrando á los débiles el instinto de unir su causa y prestarse mutuo apo­yo, como se enlazan en el campo dos frágiles ca­ñas y resisten el huracan; hay algo de coruun entre la aguja y la mujer: semejanza en la for­ma y oierto eepíritu oomun: no puede haber amistad más natural. No es más valiente ni sufrido el soldado en oam· paña. que las mujel'es dentro de las paredes da su hogar; no es más heroioo el uno bajo los pliegues de su bandera, que la otra bajo el pabelloD de sus dolores de madre i pero tampoco • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • • 198 LA TARDE son mis útiles para la consen'aciou y la dicha da nuestra espacie lo. r ejlL del Hrado, la espada del guenero, ni b pluma dsl t:scritol', quc la aguja en manos de la mujer honrada: con ella labra e l órden , el dseoro y la sub 'istancia da su fllmilia, que aquellos in trumentos no aseg uran siemprc, y i veces suelen destruir. el cansancio y el sueño y se duermen la una y la otra, y la una sobre la otra. Dejémoslas dormir; d{'j0mos siquicJ'a el sue­ño á. las qUd no podemos dar la dicha. Con ton­témonos con imitar su vÍl'Lud. Fina, insinuante prolija, sufrida y i veces pun­zante la una, delicada, di Ec r eta, oficiosa, pru­d e nte, y:\. v eces inci siva la otra i án'(.as pulidas y graciosas; ámbas dotadas de exquisito gusto para las artes de adorno y In. moda frívola, y para el trabajo, la constalJcia, la paciencia y la vigil ia, ámbas de bruñido ac e ro. ¿, Qué relacion hay entre ellas? Mezcla d e fri­volidad, li gereza y g racia, predomino, sin cm­bargo, on ámbas la abncgacion del afecto ma­t< nial, la so ri edad de las cosas útil es, el espíritu de familia, la mod.estia de la virtud casera y una de cidida afi cio n p or las ocupaciones seden­tarias, clara vocacion de la mujer y n otorio ins· tinto de la aguja. La UDa cose, borda y pin ta; la otra traza, di­buja y esco ge los col e res y e ntre la s dos ewribec diariamente nn CUI'SO de moral privada y ecouo· mía domé stica. j Buenas amigas! Dios orió la una para la otra, 'y su felicidad llega hasta la v ejez. j Buenas madr es ! con más satisfaccion TemiendC6 la camiúta del niño, ó los pantalones d el padl'e, que plie{j rm los fa1"U.lács cl6 la moda y losjol/ajes de la vanida~l. i Sacrificiossiu recompensas, triunfos sin aplau· SOS, virtud sin lauro! No PO)' eso economizan sus fuerzas, ni abandonan SU.i desvelos. Cada dia más íntimas y cariñosas i se puede decir que viv e n una misma vida, el sollas ve juntas cuan­do sule, la nouhe ignora muchas veces cuáudo se han sepnrado : se han consagrado á. la familia y la dan sus oficios er> todas las horas del dia y de la noche en que hay alguna ll eca. idad que so· cor.rcl'; faltá el pan para el dia siguiente; el al­qUller de la casa está. para cumplirse, no hay con qué mandar á la boti ca por la merli cina que recetó el doctor para Juanito, y ellas deben pro ­ve. el' á. .todo. j F~el'a el reposo y el sueño y pre· mla DIOS el sacnficio ! Buenas amigas, m ojores madres, duplican sus hor~ y se multiplican sobre In labor. j Virtud del O1elo! y acaso ni e3tos nobles esfuerzos ni la abne~aci?n de la tamaña tarea regocijando la con01enCJa, bastan á arreglar su espíritu Una de ]~s dos padece, por lo comun es la muj e r, y no tle I7e otra confidente que su aguja, su mejor amlga. ¿ 9ué diálogos pasan entre ellas? ¿ Ouántas lágrImas derromadas sobre su trama? Sólo Dios que las oye S8 be cuánto se deben la una. á la otra estas dos amigas, los consuelos que hallan en su trato é intimidad. Todos en la casa duermen; ellas solas velan, á la. cabecera del hijo enfer­mo; ora esporando al marido que acaso un a~or espúreo detiene fuera de su hogar, y tra­ba~ an y esperan, y no es raro que, traspuesta la mlt?d de la noche, fatigados los ojos y el cuerpo, vaCIle la una en la mano de su compañera de iufortunio, y se recline la otra á. su pesar sobre la tela que labran; y si oyen un ruido, y no es el del infiel, y vuelven á su trabajo, y una lágri· ma humedece lalil puntada¡ hasta que las rinde PERLAS AVELLANAS. OUENTO ORIE1(TAL. Muley Hazem por el d es ierto crnza, Rojas las nub es son, fuego la arena. y muerto de hambre y de f>ltiga el moro. J un to á una palma llega Restos de alguna caravana errante Que por allí pusS loco contempla, y algo que alibie 1 torce 0 1' del hambre, Busca y no encuentra. En torno gira los ardientes ojos, Descubre un saco, rápido lo observa, y creyéndolo lleno de avellanas A desatarlo empieza, j Alá es grande decia, y cuando el fruto Que él esperaba, por el suelo rueda, Exclamó con dolor; -No hay avellana.s 1 j Solo son perlas 1 LUIS RIVERA. EL REY DE BASTOS (Continullcion,) - Sois un noble jóven, le dijo j y tomándole la mano añadió ~ ·--En estos tiempos horribles en que vivimos los }'oyes son considerados COIllO muy supe}'io­res á la raza humana; pero i ay 1 nosotros to.m­bien, á pesar de nnestras diademas tenemos nuestras flaquezas y miserias: más si es verdad que el amor de noa reina puede hacor estre­mecer de orgullo á un simple caballero, pne­de infundirle valor para nobles y generosas empresas ... Margarita conmovida hasta lo sumo, ee de­tuvo. -¿ y bien? preguntó Héctor en el colmo del delirio. -Al'J'Odillaos, le dijo, y decidme ouál es vuestro nombre. Héctor se arrodilló, y murmuró temblando: -Me llamo Héctor . La reina apoyó de nuevo sus labios en la frente del jóven, y le dijo COll aquella voz con­movida y melancólica que poseía en los momen­tos críticos: - Os amo, Rector. Héctor tomó á su .ez la cabeza de Margarita. enne sus manos, imprimió en ella sus labioil ardientes, y huyó dioiendo poseido de un orgu­llo caballeresco. -Ahora soy fuerte, puedo cODquistar el uni­verso entero. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. LA TARDE 199 VII. Triste residencia era para un principe nacido en el Louvre el palacio y la ciudad de Val'- • 80VJf\. La nieve cubria todos los techos y las callos una parte del año; 01 sol se mostrn ba raras vecos y .iempre embozado en capas nebulosa poco alegre para un rey que siempre tenia fria j el lúgubro abeto y 1 Qnebro reolUplazaban en los bosqu"s circunvecino :.\ ios castaños de ver­des cflpas, y á las grandes encinas seculares que en Fontaineblcau y en San German habian abrigado nI jóven duque de Anjou en los ca­lientes dias de verano. Y además, i qué jente habia á su lado! Polscoa tan tieaos como sus almidonadas go­lillas, húngaros que fumaban una fea plánta negra en un tubo amarillo de ámbar; cosacos que á fucl"Ztl. de manteca dominaban su inculta cabellera y su rebelde barba, pajes mal edu­cados que no querian los perros, y grandes se­ñores, llenos de cordones azulcs, amarillos ó rojos que irataban á sus lllujeres como los pa­j e s trataban á los perros. Esa era la corte del rey de Polonia, de aquel príncipe afable, de modales nobles y sencillos, lenguaje florido, y fina sonrisa; ae aquel prín ci pe amado de las mujeres, y tambien un poco afeminado, r¡ue tomó un baño de leche porfumada en la maña­na del dia eu q uc derrotó tí los calvinistas en J arnac y que por las uoches so ponia unos guantes untados de crema para conservar la blrmeura y la pureza de forma do aristócl"áticns manos, de esas mismas manos que en Europa tenian la reputacion de húbiles tí la esgrima entro todas y que dD oan al florete una vida y una iotelijencia rcal e s . y despues en medio de esos nobles tan poco divertidos que componian Su corte, los habia fllstidiosos hasta lo sumo, y eran aquellos pu­ritanos que tenian siempre á la punta de la lengua el nombre de Juan Sobieski, y que ha­blaban sin descanso dc la antigua Polonia, go­bernada por hombres formales y no por titiri­teros de Francia que se daban aceite de olor en los cabellos, y llevaban vestidos dc seda. Enrique de Valoi'l habia llevado consigo á Polonia fÍ. trcs ó cuatro señores de la corte de Fraocia, que eu un principio se uivirtieroa mu­cho con las ridiculeces del pueblo &labo, pero que cansados al fin de a'l uella diversion, habían concluido por tomar apresurados cl camino de Frúncia. Solo tres sé res habian quedado al lado del rey, gue eran: su q uorida, la marquesa de A u­révilley, Niso, su galgo favorito, el mismo que C~h'los IX habia. dado á Ron"ard y que éste habia cambiado por una querida con Enrique de i ¿¡lois, y su bufon. Ese bufan no era el mismo que tam bien nos retrató P. de l' Estoilc y que en manos de AIEl­jandro Dumas se ~ambíó On un tipo bajo el ncmbre de Chieot, ese bufon era un hombre­sillo jorobado, y no de muy buen humor, por lo cual no merecía el titulo de su profesion. Llamábase Fénilr, lo que no era una mala an­títesis para los que veian al personaje; tenia cuarenta a.ños, dentadura. amarilln, nariz cha.ta y ojos vizcos, lo quo consti tuia una fealdad ex­traordinaria. Antes dc se r bufan deln'!y, habia io unos guantes que la mataron; mi hermano Francisco tocó un cuerno de caza y murió .. - ¿ Oómo habrá sido envenenado mi her­mano Oárlos? -Con un libro de caza, señor. El l'ey oltó un rugido, y exclamó: -Tienes razon, no es hora do llorar j es hora. de vengar t.lntas víctimas sacrificadas. Hay un hombre y una mujer en mi familia que quie­ren deshonrar el nombre de Valois, pero ese homb¡-e yeso. mujer no seguirán adelanto en sus inícuos planes, porque muerto el l'ey ma toca Iv. corona. Continuará. •

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 25

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 18

Por: | Fecha: 09/01/1875

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. . -------<¡;¡~,~;:;::::g s ~ 2 ~:J-"';)i) ------ PERIODIOO DEDIOADO A LA LITERATURA eóe 11. Bogotá., 9 de Enero de 1875. Número 18. I'-"'A Al\. DE. LA TARDE DE MI VIDA. No sé si estaba dormido ó si creia soñar. La luna, astro de paz y amores, domin~~a en u.n cielo sin nubes y una brisa fresca acanclaba mIS • SIenes. . . . Un dia largo y penoso habla fatIgado mJS miembros que parecian doblarse como una ra­ma moribunda y desgajada. j Cuán ~a.rga ca:-re­ra habia hecho! Arenales sin térmmo, ardIdos por un sol de fue~o ~ alpicados de es.pinas ha~ bian angrado mIs plés. Gruesas gota de. udoI corrian de mis sieues. Mi corazon palpitaba, acelerttdo unas veres como si quisiera saltar de~ pecho y otras permanecía en quietud como SI Ulla mano helada, la mano de la muerte parase sus latidos. Viajero, á quienes el cansancio y la fatiga detuvo en los de iertt)s de Saara, hupo torI?en. to igual al \'ue tro cuando viste~s en el bonzon­te alzarse el simoun que os trala en ms alas la muerte? . Eso sen tia yo! Y ni una mano que se tend~e­se para apoyarme ni nn arroyuelo que me bnn· dase sus aguas, ni un árbol que con su SOlllbra benéfica me guareciese. Allá. detras de mí una trahilla de lobos aso­maba rugiendo. Qué me pedian? Mis c.arnes no habian quedado en las zarzas del cammo y en los guijarros de aquel ar~ual sombr.iú? ...... Ay ! pero el descanso vema y la luna amo:o­sa acompañaba mi duelo. ~ su luz me~ancúhca traspuse una colina. Los anes se suavIzaban y á las arenas sucedió una alfombra de verde hierba OI,\S suave y blanda que el terciopelo .. Seguí bajando. Mi c.uerpo estab~ ágIl y BID fatiga y el corazon palpItaba tranqullo. Allá al pié de la colma asomaba entre sauces una losa negra, sobre la cual titil~ban los rayos melancólicos del astro. Seguí bajando y llegué hasta ella. Era una. tumba? Lo ignoro. Pero á sus bordes sentéme y hallé un desca~so seme· jante al que gozaran los ~ombras fel~ces que vagan por los Campos Ehseos. ~e léJos pare­cia un sepulcro. De cerca se vela en su fondo una luz nueva y purísima que á. su seno me atraia y unas flores de perfume mmortal que embalsamaba el alma. •* * Oh! tarde de mi vida I yo te saludo, sí, COD el alma tres veces te lIaludo ! Tiendo mis ojos en derredor ... Qué largo dial Mi alma está. desolada y acaso puedo decir con el poeta mucrto : "Que buscando en mis ojos una lágrima Ni Riquiera una l:ígrima encontré." Mi vida podda definirse así: un puñado de abrojos. Amistad!. .. Creí en ella y en su luglr he en­con trado un cuchillo sobre mi peeho. Gloria!' .. Corrí tras sus fulgores mentirosos y hallé solo un monton de cenizas . Placer l. .. Soñé deleites y he hallado una co­pa de acíbar y la antorcha apagada de un festin. Amor l. .... Ah! tú sí eres una realidad, el único dón concedido al hombre! Tú me has acompañado desde el alba de mi juventud 1 Tú me has defendiclo contra los tiros de la amis­tad/ Tú me has acompañado en mi soledad I Tú me has tendido la mano para sostenerme en mi" dolores! Tú me has brindado tu rogazo de rosas al doblarse mis sienes moribundas! Allá tras de la colina me diste sombra contra los ar­dores del sol! Tú me has acompañado al tras­poner la colina! Tú me has seguido hasta el borde de la lúgu bre losa! Amor, amor, bendito seas! Si tu faz ha te­nido algun tinte melancólico ha sido únicamen­te, porque sé que al fiu terminarás en la tierr~. Quién pudiera. hacerte inmortal! Pero qué di­go! no lo eres ? ** * He traspuesto el collado de la vida: ha em­pezado la tarde, y allí... á mi vista negrea. la lo a entre sauces. Porqué temer? Quién teme:i la tumba? Has­ta su fondo me guiará el amor de la mano yen­tre su luz que tan dulcemente fulgura allá den­tro, me inundaré todo entero. Allá está Dios y allá está tambien el amor. Las flores de la viña no tienen perfume tan suave Como las blancas flores del sepulcro. Al borde de él estoy descansando. Tarde de mi vida, salud! J. J. B. • EL DIOS DEL SIGLO. No temais de otro Dios la omnipotencia: Danzad en torno del Becerro de oro, y ahogad, ahogad en e,truendoso coro La. impertinente voz de la conciencia: La. virtud no es virtud, es impotencia.; Humo el Dios de Israél á quien adoro: Bien en la. faz del pobre sienta el lloro; Sólo un crímen es crímen, la indigencia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. - 138 LA TARDE Amad á vuestro Dios que sin medida Los plnceres y os concede y con bellas e clava os convida; Si de la tumba alzaros él no puede ...• Bastante e ya que de vo. otros quede La memoria en el mundo bendecida. 1874. JORJE ISAAcs . • --=::><><;>0<::==-- Tenemos el gusto de dar publicidad á. la si­guiente composicion poética, escrita por una dama que nos visitó el año pasado y que vaga hoy todavía en tierra extranjera como tantos otros hijos de Cuba, perseguidos por la tiranía que hoy martiriza á su patria La siernp1·e fiel isla de Ouba, la apellidan los tiranos de España para halagarla; pero ella será siempre fiel, no á la mano que la oprime y vilipendia sino á la libertad que hará. de ella bien pronto una República próspera y feliz. Los hijos de esa hermosa tierra pelean hoy como bravos á la sombra gloriosa de la Est?'ella SolitaTia, miéntras otros saborean el pan del destierro. Qué impOl'ta que haya algunos trai­dores como Poy y Teodoro Guerrero, que por un título académico ó una cinta despreciable, vuelvan la espada á su patl'i8, pidiendo para ella el dogal! Tambien entre nosotros hay de esos hombres, que por una cinta ó un título venderian á su patria á nuestro amo el rey. Pero como esos están aquí relegados al des­precio, así quedarán en Cuba los traidores lite­ratos y políticos. A despecho de ellos y de casi toda la América que ha mirado con tanta indiferencia la luchr, de Cuba contm España, ésta sera al fin libre, que como dijo Heredia: ____ No en vano entre Cuba y España ~L'iende inmenso sus olas el mar. A CUBA. EN EL 6.° ANIVERSARIO DE su REVOLUCIO~. Alza la frente altanera, Ouba, á quien el alma adora, La de los valientes hijos, La de los hijos her6icos. Alza. la frente, que tienes La ilustracion por antorcha. y la libertad por tema y la justicia por norma. Alza la frente i oh mi patria! Dulce, bella, y generosa, Perla del cielo mecida Del Atlántico en las ondas. Si cual esclavo infelice A quien su tirano agovia Rompiendo el yugo homicida Te defiendes valerosa; Si en tristí imo destierro Tu errante familia llora Miéntras luchas solitaria , Que tu soledad aviva Los de~tellos de tu gloria; y en tanto martirios tienes Mil vírgenes que te adoran, y poetas que te cantan y guerroro que te honran. y así, luchalJdo irritada, y así venciendo orgullosa, Ensangrentado el semblante y la j u ticia por norma, Tienes Policarpas ínclitas Que en tus altares se inmolan, y Cincina tos egrégios y denodadas Carlota s, Tienes flore~ en tus campos Que á las brisas enamoran, y los céfiros te be an y te arrullan las palomas. Pero ¡ay r que te falta el hijo Que con fuerza poderosa Te elevó de triste esclava Al prestigio de señora. y hoy que el tiempo indiferente Gira con calma e pan tosa Seis años de lucha horrenda Que tu c0stancia pregona, En la frente atormentada IJlevas insignia luctuosa, y está tu cielo sin brillo y de pésa llle tus glorias; Más siempre ilustre guerrera Sigues tu marcha radiosa, y los pueblos entusiastas De laureles tc coronan; La l'&zon te abre el camillo, Te sonrie la victoria y la dignidad te impele y el hel'oi mo te abona. .---------~---- --~------- ------- -- Habitantes infinitos De Asia, América y Europa, Hijos del Africa ardiente y de la cristiana Roma, Desde la Stambul risueña, De de la Albion poderosa, De, de la artística Italia, Desde el undoso Amazonas, Venid á ver como lucha Un pueblo libre que honra De sus mártires la sangre y de sus triunfos la gloria. y tú, Ouba idolatrada, Tan valiente como hermosa, Que tus heridas refrescas Del terso Yara en las ondas, Alza la frente, que tienes La ilustracion por antorcha y la libertad por tema y la justicia por norma. Ringstton¡ octubre 10 de 1874. Recuerdos á. mi ma.dre. y ARA.. y luchando te destrozas, Nunca. en lágrimas dolientes Por tanto infortunio l'ompas, E~ de ~oche; profundo y no interrumpido si­lenClo . rema en derredo.r de mí; algunos rayos extraVIados de la luna vIenen solo á herir la, os- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. LA TARDE 139 curidad de mi cuarto en este momento solemne on que todo conviJa al recuerdo y ü. la medi­tacion! E, esta la h ora en que algunos elevan en el si­lencio sus oraeiolles al Padre de la natul':üeza, en que otros van á ealn,ar las agitaciones de la vida en medio de los goces tranquilos del hogar y en que el au ente rocuerda con tri toza la ca::;a de sus padres y ü. todos lo::; séres que han tenido al­gun papel cn las escenas de su v ida en el teatro nunca olvidauo de sus primeros años, en medio de aquel circulo de amigos queridos desde su nm'-ez. Yo estoy au ente, tambien tengo léj os; muy léjos el techo de mi padres, el círculo querido de mi amigos más caros; dejad que me entregue á. esos r ecuerdos que aunr¡ue siempre melancÓ· licos, son uua necesidad del alma!.. o .. o o. o. o ...... . Todo lo grato que tiene la niñez, todo el ascen­diente que tieue para el hombre en cualr¡uiera época de su vida las remini, cencias de sus prime­ros añoR, es debido en grnn parte nI sitio donde pasaron y á. los séres que velaron por su exi~ten­cia. y se la hicieron dicbosa con su amor, su ter- • • nura y sus canclus. Tambien yo fuÍ feliz en aquella época, tambien gocé del alller, la ternura y las caricins que de­rraman los padres como un alicnto uivino sobre el alma ele sus hijos ...... Yo he dormido tambien el sueño apacible y trauquílo de la infuncia so· bre el regazo materno, y visto poblados mi sue­llOS de alegres y eneautadoras vi~iones, bit, duda cuando mi madre sonreía sobre mi frente y la animaba cnn su mirada ü. selllejauz'1 del sol cuan­do principia á sonreir á la naturaleza, Allí están todavÍ:1 aCluellos lugares siempre amenos que fueron t&stigos de mis j negus i ufan­tiles, y doude hoy juegau 'ambien los niii.(¡s de mi pueblo, tall risueños y f01iees como risueño y feliz era yo ell tónces; allí está en fin, todo cuan· to hoy me despierta un sellLimiento en el alma, un afecto en el eOl'azon. Sí, ...... yo siento que se agolpan á mi imagi-nacíon recuerdos quc dormian ayer cuando el eótudio absorbia touas mis horas, toda mi aten­cion l. ..... Dejad que los contemple y los acaricie uno á uno, que aunque no dejan sino tristeza en pos de su huella melancólica, son tambicn una necesidad del alma l. ..... p, J. BUSTILLO: Diciembre 20 de 1874. - - LA MUERTE DEL GUERRERO. Lo! galos se hacíun enten-ar con BUB armas • ClL\.TliA UBRIAND. ¡ Vámos! .. ¡ Debo acabar!..j Venid amigos A aprender á morbo, como JO muero!: • . . ' i Vosotros, compañeros y testigos En los combates donde honré mi acero! •..• ¡ Venid, hijos de Galia, la potente, Que destrozó en sus valles al romano! ...• I Debo morir, aunque mi altiva frente Siento aún hervir só mi cabello cano! .... i Adios! .. j Los años de mi vida huyeron, y vie.: o estoy 1. . í Pero la vieja encina. Sólo al goJpe del hacha que le hundieron Ilúcia. la tienoa la cabeza inclina !. . • • ' j Oh morir con vigor, cuando aún alcanza, La. vida á combatir contra la suerte! •••• Cuando pudiera con mi antigua lanza, A Julio César perseguir á muerte! •••• ¡Galos heróicos! i Defended la tierra Do nacimos, cual yo la defendía! ¡Llevad hijos, mujeres, á la. guerra, Oomo la Grecia los llevaba un dia ! •••• i Recordad lo que son esos romanos 1 i De Corinto la suerte, y cien naciones! i Antes que esclavos sér,-pueblos y llanos Quemad con vuestras últimas legiones! •••• i Que ninguno se rinda! .. i Y si la suerte Al inva or pl'Oteje,-quc la. historia Registre <:on terror, cuál fue la muerte De esta Nacion que sucumbió con gloria l ..•• i E:;tos mis votos son! .. i Ahora quiero Que cerreis mis pupilas apagadas; y que escaveis la, tumba del guerrel'O, En aquestas llanuras tan amadas! ...• Ah! ¡No 1I0reis por mí ,-que no se llora Al que e va con la conciencia pUl"a, y deja ejemplos que, á imitar implora, Al caer en la negra sepultura! ..•• i A Izad de muerte el cántico postrero, y en vez de l Janto, derramadme flores! ..•• i Dadme el supremo abrazo lastimero, Que no anhelo otros póstumos honores! ..•• Dejadme ('1 uniforme con la malla, y las armas llevar, cuando sucumba, Porque yo he de volver á la batalla, Si á hollar se atreve el invasor mi tumba 1. ..• 18i3. TEMITOCLES TEJADA. o :: e UNA ALMA PIADOSA. (Couclusioll. ) Don...Juan, indiferente:i esa belleza y armo­nía, tenia fijo su ponsamiento en la desgracia que iba á descargarse sobre su exi tencia. Carlota dió á SU hijo .un beso humedecido con llanto; l'ecibió con una sonrisa la ú.ltima ben­didon del sacerdote, y moviendo en silencio los la.bios, ,cual murmurando una oracion , se dur-mIÓ para SIempre, tranquila, risueña y hermosa. ~e hubiera dicho que en su sueño su imagina­CIón era encanada por visiones celestiales. Don Juan, en presencia del cadaver de su f a,mada, se mantuvo de pié, fijos en ella los ojos, SID dar un grito, sin verter una lágrima. A las tres horas, Carlota, vestida con el hu­milde hábito de la Virgen del Carmen, y en el ataud que prepararon para don Juan, fué colo­cada en la sala, entre ocho oídos, cuya luz pti- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 140 LA TARDE lida y movible, esparcia sobre su rostro mar­móreo sombras inquietas_ Don Juan hacia com­pañia 4. su esposa, sentado á su lado en una poltrona. La. contemplaba de hito en hito con mirada serena, y luégo, escondiendo el rostro entre las manos, quedaba como embebecido en su meditacion. Ignacio entró m. uy q. uedo; tomó un esparto ' y con una sonnsa plCarona, se puso á hacer cosquillas en el rostro á Carlota. Cuando don Juan le vió, exhaló un grito. -Hijo de mi alma, inocente hijo mio! excla­mó tomándolo entre los brazos y estrechándolo contra el pecho. La fuente de sus lágrimas, hasta entónces estancada, brotó en raudales. El niño reclinó su cabecita, como cuando se dormia 3l'l'ulIado en brazos de su D"adre. Las lágrimas del caballero goteaban y se deslizaban á lo lar­go de los cabellos de su hijo. Cuando hubieron sacado de allí el cadáver don Juan, de cuyos brazos doña Pastora ha bi~ ~uitado á I~o.acio, volvió á su primera tranqui­h. dad, ese SlOlestro sopor del alma en las situa­c~ ones extremas, más terible que las contor­Clones del dolor. "Las lágrimas brotan del co­razon fresco y sale? por la garganta húmeda, y las grandes dolenclas qu.emau el corazon y secan la garganta." Un pensamiento infernal cruzó de súbito por la mente del desgraciado, v delineó en sus la­bios. una sonrisa feroz. Fijo· en su idea sus pen­s~ mlentos tomaron un giro muy diverso, tan dlverso como hay divers~dad entre el bien y el mal, entre una alma re~¡]gnada que bendice el brazo que la hiere, y una alma que se alza con­tra. Dios con insolencia. Ignacio, que logró zafarse de las manos de doña Pastora, entró dando brinquitos al ga­lope. -PapacHo, tengo hambre, y mamá. se fué : deme pan. Don.~ uan ~brió la cómoda, y le dió pan. El nmo saltó con sus brinquitos al galope. El caballero volvió á. sentarse en la poltrona, y á entregarse á sus tnstes pensamientos. Ignacio volvió á otro rato. --Papacito, t engo sed, y mamá se fué. Don Juan hizo traer agua, y le dió de beber. El niño volvió á salir con sus brinquitos al galope. Don Juan yislumbró en su alma un débil rayo de luz. El chico no tardó en volver. --Papacito, tengo sueño, y no está mamá. Don Juan lo tomó en sus brazos y lo abrigó. ' El niño se durmió como un cachrJ7?'ito. .~l caballero, fijos los ojos en el rostro de su hIJO, pe~só en la suerte de aquella criatura, si llegara a quedar s~la en. el mundo, sin quien le a1a:rgara ,-:n pau, sm !lUlen calmase su sed, ain q~ll c n le dlera un abngo; y se reconcilió con la VIda y con su dolor. Di?en que los niños dormidos tienen visiones <1~l Cle~o: al ménos esa sonrisa anjelical no /:le pmta Jamas en otros labios, si bien el sueño los haya oerrado al acabar de beber en el oáliz de las delicias. Don Juan se embelesaba oon­templando el rostro de sU hijo, alegre y festivo como si sobre él no se azote de la orfandad. hubiora descargado el IX • U:-I CEMENTERIO DE ALDEA. Oh ! si -t Sl.g0 creyendo u~a locura ó una temeridad, que VIene á ser la nnsma cosa. Ri\FAEL. Levf\,~ta.los remos __ ya hemos llega· do (Rajael salta a tte7'ra) ¿ Me esperarás aquí ? J ~CODO. Aquí te espero ... i Ah!. .. escucha ... un lDstante ... cuando veas que apunta el dia a.c~érdate que si nos sorprende el sol en est~ SltlO, no te costará :í, tí s610 la cabeza sino á mí tambien ...... (Rafael s~ aleja.) , Es la única manera de que abandone á esa ~ujer. que le vuelve loco, ántes de que ya sea lmposl~le el salvarle. (Recostándose en el fondo ele la gondola.) i El amor, el amor! Si no exis, tieran los celos, seria un paraíso sin serpiente. ESOENA SEGUNDA. (Los mismos.) (Rafael entm en la góndola. dia empieza á clarea?'). El JA.COBO. i Aun no brilla el horizonte del mar con la primera luz, y ya estás de vuelta! Has cumplido tu palabra. RAFAEL. Me he acordado de ti. J ACOBO. Ya lo sabia yo. RH AEL. ¿ Y qué hacemos ahora? El sótano de una ta berna. J acooo y algunos ot?'OS j óvenes, disf razados con traj es cap ?'ieho­sos, beben al dened01' de una mesa, sobTe la que se ve 'l.m cuchillo desnudo.-En un extre­? lIO, un hombre, enmascarado, bebiendo solo.) JAcono. ¿ Somos todos de la h ermandad? (J)i- 7'igiendo una ??tú'acta de inquietud hácia el em­masca". arl!J.) MASCARA 1. d Todos ... el tabernero no deja pasar á la cueva sino á los que dicen las pala­bras conrenidas, y esas palabras sólo las saben hermanos. MÁSCáRA 2.a ¿ y cuál es el objeto de nuestra reuníon? J ACOBO. Es coger y da r muerte á un enemigo. 1Lí.SCARA 3.

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 18

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 41

Por: | Fecha: 19/06/1875

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • - ::-----_-..s:.c:--'IC:::/t c. ~ S ~L.2.?------- P E R 1 O D 1 C O D E D 1 CAD O A L Á LIT E R A T TI R A. Serie IV. Bogotá, 19 de Junio de 1875. • Número 41 . A~DE. - ~ - - - RESIGNACION. (continuacion) Primeramento abrió don Pedro Románez (t Humbcrto las puertas de la gramática para que por ella entrase al estudio de las ciencias y de las demas artes, porque, ob ervaba don Pedro, los que las estudian no sacan por la mayor parte fruto de ellas, á ca usa de que, tomnndo la gramá­tica por cosa de pamema, npénas desfloran sus ru· dimentos, I'e dan á entender que pueden seguir fácilmente el curso cuyo remate les ha de otor­gar la toga del juri con ulto Ó la corona del eclesiástico, y no paran mientes en que el que no es conocedor de las reglas del bien hablar para bien comprender, no .erá nunca docto juriscon­sulto ni sabio ecle~iástico, y como corbata, no será. eminente en la profesion que abra7are ; fue­ra de que da mucstra de mal nacido y peor cria­do el que en su haLlar no se sujeta á las reglas de la c01Tcecion. Qui ieron :ldemas los padres que don Pedro enseñase á Humberto las otras artes liberales, on cuyo estudio manifestó éste raras dotes de entendimiento. Tocante á las mecánicas, se pen­só que la de guarnicionero le estaba bien, por­que, á necesidad, podria sacar ventaja uel tráfico que en el país se hacia de guarniciones de ca­ballos y Ululas; y aunque hubiese quienes úbje­taran que el uso de las artes mecánicas !'lo era propio de la gente de calidad, don Pedro, que era hombre de experiencia, notó que por asent·lr á, ese falso principio, muchos que !!an caido de lo más alto á lo más bajo de la rueda de la for­tuna, con la tilde de ciencia que llElgnron á ad­quirir en la elevada. educacion que se les dió, se ban encontrado mano sobre mano, . encarados al hambre y al vicio, por donde hau de caminar por sus pasos contados tí. la perdicion. Tal fué el género de educacion que don Pedro Románez dió á Humberto, y como á par de . us enseñ'lnzas fue&e el ejemplo de las austeras prác· ti('as morales del maestro, el discípulo no de­fraudó las esperanzas que en él habian fincado BUS padres, y ternlin3dos sus estudios, volvió don Pedro á la ciudad en que vivia de asiento, dejando en Humberto un corazon preñúdo de virtudes, y en don Adeodato y doña Cunegunda la profunda gratitud que le habian cobrado por las mercedes que de él habian recibido. Ya mozo de diez y ocho años, Humberto reci­bió de BUS _padres el oaudal que éstos le habian señalado para. que entrase de todo en todo al tráfico del mundo. Parecióle á IIumberto la profe ion del comercio la mas acomodada á su carácter, y determinó establecer en la casería una tienda de ropa y quincalla, en la cual hizo ganancia considerable. Para abastecerla hacia viajes periódicos á. la capital de la provincia, adonde tambien llevaba. mercancía para cambiarla por los géneros que para su tienda necesitaba; y entre tanto los padres hacia n sus veces en los negocios de la casería. . Eu uno de estos viajes vió y conoció Hum­berto á una doncella que frisaba con los quince años, y cn quien se unian los ex.tremos de la gracia y de la discrecion : de airoso y cimbradol' ta1\e ; de rostro animado por ojos inquieto, mas brillantes que los zafiros de sus pendientes. que colgaban á uno y otro lado de sus rútilas cren­chas; de pálidas mejillas con graciosos hoyue­los; y de boca sonrosada y pequeña que al abrir­se dejaba ver dos hileras que no se sabia si eran de perlas ó de marfiles, Aricia, que tal era el nombre de la hermosa doncella, atraia las mira­das dc todos y cautivaba corazones. Puso IIumberto en esta doncella los ojos, que fué ponerlos en el cielo de su ventura; y al alllor que concibió por ella se abrió su alma como el bnton que desenvl,lelvc sus hojas al recibir la suavísima gota de rocío. Era Aricia hija dc doiiaAntonia, viuda respe­tada por sus canas como por sus infortunios, la cual, acaudalada en un tiempo, tenia apénas un modesto pasar, merced al trabajo asiduo y ('ons­tnnte ; y no bien supo Huruberto las buenas par­tes de que Arici:\ estaba dotada, trabó ami bd con una y otra, con el bien encamÍnado propósito de hacer á Aricia dueña de su corazon, la cual por su parte, desde que fué blanco de hs hones­tas miradas de lIumberto, so sintió herida por los agudos dardos del dios alado y jugueton. Ah ! i cuántas gratas y desconocidas impresioncs no recibieron por el acendrado amor, que es la. suma de los más tiernos afectos, y cuántos blan­dos pensamientos no vinieron entónces á su ima­ginacion, que los exaltaba con maravilloso es­fuerzo y los enajenaba y movia de manera de creerse ellos posee'dores de una suprema felici­dad! ¡Oh desapnderado ímpetu del amor, que nsí sublima los corazones, como coje, al modo de red barredera, todos los consejos de la razon y el buen di¡;curso, extraviándolos hasta el punto de hacerles creer que cercanos 01 despeño pueden alcanzar el fastigio de la felicidad! Humberto y Arieia, con todo, no habían lo­grado comunicarse sus pensamientos para dar vado a loe M'dores de I3U amorosa pasion, pero Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 271 LA TARDE - las miradas se habían adelantado i sns razones; f Aricia el amuto de nuestro enlace matrimonio.l que es condicion de :namorados pechos, cuau- que .será consagrado por la bendicioo de DiC's: do se oponen vallas ~ la dechraclOo de sus de- medIanto el bel1C'plicito de usted y el de mis seos, hacer que los oJos expresen lo que los la- padres. Las buollu partes de Aricia sustentadas bias no alcanzan. en la virtud, me han determinado i hacer Cf;tt\ Llegó al cabo la. ocasion en que Humberto y solicitacion. Bienes de fortuna tengo con los Aricia pudiesen á solas descubrirse sus enamo- cuales acaso pueda ofrecerla Basten para el pe­rados pensamientos, y él, pungido grandemente Egroso camiuo de la vida que vamos á ampren­por la afeceion en que su alma se abrasaba, la der.; y a~nque la alabanza propia acarree vitu­dijo en breves razones: Oh idolatrada AI ,icja! peno, (lIgo :i u. ted que mi único título para y con cuántas veras y no interrumpido anhelo anhelar Ja posesi?n de Aricia, es 01 de honrado habia suspirado por llegar al estado en que nos de g.ue lile acredita el mundo. Delúvose algu­hallamos! i Oómo y es posible que al fin y á la nos mstan!es doña Antonia, y respondió: bendi­postre, tras las zozobras que origina la consecu- to s~a el Cielo, que ordena los .,ucesos conforme cion del bien que se desea, me encuentre á la á miS votos: nunca desee para mi hija un capo­sombra de mi acariciada esperanza! Tiempo es so opulento que la pusiese en estado de lucir ya de quebrantar el silencio que para nuestro pe- frívolo.~ .oropeles; quédese eso para quienes en nar nos habíamos impuesto, y de que sa dó luo-ar su COdICH\ pretenden hacer del matrimonio una á la declaracion de mis honranos deseos. qUf\ b no me!cancía, ó para quiene¡, en 61'1 protervidad son otros que recibir por esposa á la bella Ari- qUleren hacerlo dAscender de la condicion de so.· cia, á cuyas prenda e se ha rendido mi voluntad, cram~nto tí la de un contrato de fines terrenales. y cuyas no usadas vi¡;tudes han sabido granjear La vIrtud en los esp0501i e~. el vínculo mM el afecto que bulle en mi pecho. El anhelado sí estrecho para. su comuu felICIdad, y no suele) que reeiba de tus labios habrá. de levantarme de acontecer que e.lla venga apareada con el caudal, la llaneza de mi condieion á la alteza de tu vil'- que de ordmano donde sobre éste falta aquélla. tud. A esto Arieia respondió: lus ahincas, oh Mas hé aCJ~Í que A~(;ia encuentra con un esposo RUJ:pberto, responden á los mios, y la realizacion n? ménos nco en bleoes de la fortuna '1 ue en de tus ansias será lo .que me ha de traer la ven- virtudes, en lo cual se ve que las reglas quiebran tura. Si yo he sido dueño de tus pensamien tos, aun en .Ja~ cosas más ordinarias. Doy, pues, ruí desde el punto que mi buena estrella ordenó que consentWllento ~ vuestro amor, y que él sea tú me conocieras, la rareza de tu ingenio y el he· prend:l. de la blenandanza de que sois mere­cbizo de tus prendas avasallaron desde un princi. · cedores. Mndóse el color de Humberto y de Ari­pio mi alma, que se encontró luego fuertemente eia: él trocó .en gualu?- ~a.s rosas de. sus mejillas, y asida á la tuya. Cúmplanse, pues, llUestras espc- e~la su_palidez e? V1ViSlIDO carmm j. y despues ranzaa, y sea testigo de nuestros esponsales la Vi~O do.na Antoma en. que postenormente so fc de dos corazones unidos por un vínculo pero senalanil:' como lo hablan pensado los ~fsposa­durable de amor. Mas para que nuestra union dos, el dla y lugar del proyectado casamIento. se ponga en obra á ley de buena razon, es me- Otro dia, aguijado por e~ deseo de dar notic~a nester que con la brevedad po~ible solicites tú á sus padres de lo que tema en mientes, salló la vénia ue tus padres, y yo la de mi madre, H~mberto de la capital de la proQncia, donde pues padre no le tengo; ·que la bienandanza del dejaba la .más cara l?r~llda d.e su alma, ?espues matrimonio no se cónsigue sino miéntras los au- de d~¡;pedlr~e de AnCla, qUlen con I.ágnmas en tares ele nuestros días no la aseguran con su los oJos y tnsteza en el corazon, habla abrasad() bendieion, pues que se han visto algunos que, muy estrecha.mente al que en breve seria luz faltándoles este requisito, aunque los desposados que á tranqUllo seguro la llevase. se hayan amado entrañablemente, han dado en Obra de doce leguas de camino quebrado y el suelo con la felicidad que habian soñado, lo cerril habia de la capital á. Rodamonte,.y el cual acontece tambien cuando los padres, lleva- amor, que como que ponia alas á sus pié~, ó me­dos del deseo de labrar la felicidad de sus hijos, jor á los del rucio I'odado en que iba caballElro, ó ya del de acrecentar su hacienda, los sujetan:i lo determiuó á hacerlas en un dia, para lo cual un enlace en que no entran por mucho los afec-. era menester forzar el paso de la caballería. tos. Atónito oyó Humberto las graves razones de Hecha cerca de la mitad del camino, y como Aricia, y si no lo viese por vista de ojos, creye- el sol lanzase ya derechamente sus rayos, se fJl- que no eran sugeridas por su entendimiento. apeó para sestear, y pic!lodo los tolanos, cre­El entónces dijo: Sea en buen hora lo que tú yó ser bien henchir la andorga y dar un respiro dices en órdcn al consentimiento que de nuestl·os al caballo, en tanto que el bandullo llenaba. padres h"mos menester para el matrimonio que Sentóse á la sombra de uu copudísimo .DO­ha de santificar nuestro amor. El dia de la cele· gal, orillas de un arroyuelo de nitidas y crista­bracion de ese casamiento, dijo Aricia á este pun- linas aguas, desde donde la vista abarcaba las to, será fijado por mutuo acuerdo entre nuest:-os cumbres de los lejanos montes y donde la ame­pue1 res. así como el lugar quc mejor nos esté plllra nidad recreaba el ánimo, espccial el de los eua­ell. 1. Vengo gusto:::o en ello, respondió HUl!lberto, morados: aquí se alzaban las guaduas dentro y con tal propósito tengo de partir mañana mis- de las euales el viento producia sonidos seme­mo para Roda:llonte, doode ya se alamparán ellos jantes á los de una dulcísima flauta, á. cuyos por mi llegada; mas quiero ántes bacer partícipe acordes respondia el dulce remecer de sus ra­á tu madre de lo que entre los dos queda concer- mas: al\{t perfumaban el aire los ramos de la. tada. En esto se presentó doña Antonia, madre flor dcl Espíritu Santo, que tersas y blancas de Aricia, á quien Humberto dijo: en buena sa- como el ampo de la nieve, son vivo emblema de ZOll viene usted, que está.bamos tratando con lo que su nombre representa; acullá, serpeaba • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • • LA TARD E 272 - perezosamente, al pié de la. eminencia, como una lista argentada, el maje~tuo ~ o ri o que fertiliza las campiñas que baña, r ~ve r deci das con el pas­to que alimenta los ga nados, y con las a nchas bojas de los platanar es; ccrc:l. bl anqueaba. una a lq uería ci r cundada de nara njos y dc limoneros, y animad!\. por el ca nto de la volateria; y más a ll¡í., en lej an ía, la ceja de un n evado, nunca h o­llada. por pl anta humana. Apacen tó Humberto la vista en cste especticulo, ospaciose en la con­t emplacion de él, y como la soleda¡} sea pa rte {¡ extremar los afectos, sinti ó q ue la lluma de su ll illor -se cneendi a. más vi\fUm ell te, y le producia. bien estar y alegría inenauab les. E u est o acer tó á pasar un caba llel"0 de buen talante, y que l}or au buena traza en 01 ves tí r i el montar, tuvo HUUlberto por persona de cue n­t a. D etlÍ vose junto del arroyo, y se apeó para dar un pier.so de hierba á. su caballería, y a vig 'H'arla algun t anto para que se pusiese en ; por su en número de 1,840, y la mayor p.urte, s!'gun su hechicera obra, y ;, quién se atl'everá. i decir pude observar, velli¡tn en forma de oro ó de dill­. que no la ha mel'ooido? Seguramente uinguno mantes. El obsequio de la madre es un servicio. de los que oyeron l~ música, que era poco ménos de mesa compuesto de 280 piezas de oro macizo ~ que celestial. Mañana las cajas de música se re· Oada pieza lleva el monogl'ama de Cabl'al y partirá.n elltre las doncellas de honol' y los de- Thockmol'ton formado con diamantes. Este tes­mas convidados como preciosos recuerdos de la timonio de amor matemo i::nportó algo más de boda. Cada una filé importada directamente de 4.000,000 de pesos en 01'0, Ademas, la señora. Paris, está embutida en mosaico y esmerada- de Oabral regociió el corazon de su hija rega­mente trabajad'l con oro, plata y una gl'an va- lándole 1,000 va~as dc punto de Bl'u.elas j 365 riedad de piedras preciosas. La~ cien cajas coso trajes de mañana.. de tarde y de tertulia, es de­taron otros ta.ntos miles de pe<;os. eir, uno para cada division sooial de cada dia del El salon en que fuel'on unidos el kentukiano año; y, para col marlo todo, un oertifieado de y su morenita novia brasilera, ofrecía una par- depósito emitido 1101' el banco de lngla terra, sien. ticularidali en sus adornos que provocó las más do ese país el pUCltO objetivo del paseo nupcial, entusiastas manifestaciones de gusto y de sor- por la suma do l,OOO,UOO dtl libras esterlinas presa. de parte de todos los concurrentes, Me (5.000,000 de pes os). refiero á. las decoraciones de las cuatro paredes. Esta última. par tida os parece el non plus ultra Desde el piso hasta. el cielo raso aquello era una de la prodigalida.l ¿ no es verdad? Así os pare~ mas.a. compacta. de camelias blancas en plena cerá., en efectot h.; lista que oigais lo que el aman­fior, yen el centro de cada. una. se hallaba. in- . te padre hizo 1;>01'" la hija. de su coraZOD, yentón- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • • • -• • • - . - L ~\. T A It D E • - _ . .. - - ~~ - - (!(>s ,enad (\. ocupar un lugal' secundario. IJe' el efecto. Desplles de contemplar por un mo­dió los titulos dc una magnífica ca a urbana y monto la centellante pronda, prorrumpió en una ca:;a-quinb en todas las principalcs capitalcs del cstrepitosa carcajada. y exclamó alogremente: mundo á. la. "ez que en los más fam o~os baños. c. A fé, hija, que sirvil'iais perfectameote pOI'a. Estas numerosas mall:iollc;:; cstlÍn todos suntuo- fanal de locomotora 1" I!ameute amucblad;ls y adornadas, yen cada una, Este collal' importó:\ Souzn. Oubral, contau­- co mo tierno m elllcllto que re cu erde tí la gcntil do el pl'ocio de las piedras con el costo de tallar­lIlalia los apr eciab ll's dias de su doncellez, hay la5 y labrarlas llG.OOO,680 pesos 8 centavos! El un apo~ento que r ep roduce exactomente en el mismQ me enseñó los recibos ayer, y por lo ttlnto amueblauo y l os ad o rn os la habit<.lcion que ocu- estoy en actitud de dc:.!" la cifra exada. Y, sinem­paba eu la ca a p ·ltCl'IHl. borgo, este cariñoso padré, al decirme el importe No sati~fc gho todavía con esta ostento a. ma- agregó quc habria pagado gustoso cl doble ántes nifesta c: ioll llll . u largu e za, Oabral presentó :i la dc errar su objeto ó no poder dar á su idolatrada llovia un vapor de los mojores que e3 dable co ns ' bij¡\ 01 reo-alo de boda quc lo destinaba cuando tauir en el Ulyde, ton su completa dotaci r)Jl de estaba ell~ todavía en su cuno. Ahí teneis al !l1¡¡rinel'ía contratada para dicz añoa de servicio homure, con su desmedida prodigalidad cuando y con sus sueldos pagados anticipadamente para 8e tr¡¡ta de lograr sus fines, y con su absor\'cnto e l término comploto de su c outrato; duce cuba- amor por su bija. 110s :irabes, todos ton blaucos como la leche, y, No d ebeis osperar de mí ninguna de:lcripcion esto como broma, 1,000 libras de caramelos cou- do 11)'; brillantC's, de la.s doslumbradoras toilelte$ feccion por la cual la novia. tiene, se dice, una que vestia la parte fcmcnina de la concurrencia, decida prcferencia. ni aun de los preciosos atavíos de la desposada. Pero el más valioso regalo del archimillonario No entiendo de tales cosas, y al aventurarme á es un collar que mereco tigurar en el númoro de discurrir sobl'e ellas, es más quc probable que lln­las tau decantadas "maravillas dol mundo." maria al encaje ribete y á la scda alpaca. Diré, Hace 16 oños, poco dllspues dc nacel' su hija, pues, set;l,.cillamentc que, por lo que pude juzgar, empezó á reunir los diamantes de que se eom- la rica heredcra lucia vestidos dignos de BU ca­pone. Siempre y doquicl'~ que tenia noticia de teO'orÍa sochl. Debo á una d~ las' señoras convi­alguua maravillosa piedra, so prcFentaba perso· daodas el poder informaros que su traje era de nalmente ó por medio de un apodorado y la u.d- punto dc Uruselas, guarnecido hasta la cintura q uiria. :hIaudó rebuscar toua Europa, Asia y de pequeñas perlas, cou su voluminosa cola or­Africa en obsequio del proyectado colla r, y ulla lada de filigrana de oro dellsamente cngastado. vez llegó hast;~ á. hacer propuestas para la adqui. cn diamaut es . Su tomendo cuello se hallaba eir­Bicion del famoso diamouto Pitt, que, segun cuido por el sin par obsequio de su padre, y por dice la historia, costó G75,OOO pesos al duque añadidura, una verdadera galaxia de diamantes de Orloans, y que Napoleon I ostentó pOl' algun centelleaba en su peinado y en sus anchas pulse­tiempo eu la guamicion de su espada. Empero, m. Era, á buen seguro, la beldad más resplan­salió burlado cn su tentatIva con gran pcsa.r su- deciente ciue jamas contemplarán mis ojos, yo; mas despues l.s de 01'0 nacionales, A medida que los co­momento y entónces ofrecieron hacer cuanto eo cheros iban depositando BU carga, so les llamaba ell08 cabia. Eo efecto, lo hicieron por cspacio de la atencion hácia el contenido de los jarrones in­cinco dias, tl'abajando dia. y noche, y el resultado vit~lUd(llos cordialmente á. que se sirviesen ad li. fué que eo una semana ántes do la boda, los bitum" Tan pronto como quedaban vacios 108 diamantes, tallados, lo.brados, ensartados en un ricos reeepHcul08, eran llcnados do nuevo por hilo de oro y pl'ontos para cercar el nevado cuc- sirvientes destinados únioamente á ese servioio. 110 de la novia, fueron depositados en manos del Uno de los ooohoros se aprovechó C'ln tan , triunfante-Cabral. _ buena gana de lo. invitacion, que cuando llegó Por casualidad me hallaba presente cuando, el momento do volver á la ciudad tuvo que pedir dos di as ántes de su casamiento, se enseñó por á sus dos pasajeros le hiciera.n el favor de 8on· primera vez á Malia el preoioso collal', Vestia tarse en el pescanto del coche. Les manifestó, ésta un traje de seda negro, y su padre, des· ruboriza'do y balbuceando, quo el interior de IIU pues de echarle al cuello los brillantes, que con- vehículo se hallaba ooupado por el tesoro que t.tastaban tan notablomente con 01 oolor de su habia. acumuladQ ~n el curao del dia, y que no vestido, retrocedió algunos pasos para observar habria tomado tanto á no ser por el recuerdo de • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • • • LA TARDE • - - BU mujer que yacia llferma en casa . Oida e ta explicacion , uno de los dos pasaj e­ros volvió :í la mausiOIl y r efirió lo oc urrido á Cabral , qui en se inte r esó· tanto por la p obre e n­ferma, que e n e l a cto propu o le van ta r8C una suscricion para su auxilio. 'fodos los convidado manifestaron su nproba cioll, y :í 10;3 p ocos m o-mentos sc r ecogió e ntr e e llos Jo. boni to. &u m3. de diez mil p e so!', tí Jo. que el gen r oso anfi t ri on agrcgó su propio ehequo por 40,000 más, de cl a­rando que no queria que huuie c un solo cora­z on entri¡,teeido en tan fausto dia. Cuando so e ntregó nI co chero la régia dádi,a " un cordial para tu doli en te mujer, buen h o m­bre," como le dijo Cabral, aque l prorrumpió en llanto, exelamnllelo que jamas exis tió en el mun­do un hombre como su bienhechor j y tí fe que ten io. razan. Pero aquí d ebo poner punto final, pues 08 he escrito ya una larga carta. Debo pasar por alto, á lo ménos hasta otra oca::;ion, un Finnúmero ele cosas relacionadas con el casamiento, cada una de ellas muy digna ele atencion. Pero por lo que 06 he descrito podreis juzgar de las proporci ones y de la calidad de lo que os he descrito ex pade RerC1.tleln, como Jiee H oracio. Ah! si mi viejo amigo, sen&elor Webs ter W egner, hubiera podi­do ver el carro-salon nupcial en que h hermosa Malia partió de la casa paterna, con su exterior trabajado enteramente de marfil talla lO! Pero veo que tengo escasamente tiempo para aprove­char el correo de las 3. A. M. Con que abur. Los pastoras da la. playa. ( Conl ¿nlUlcion. ) • -A un lado de la nldea, en una pequeña casa blan­qUE'ada; pero es difícil que poela is ellcontrarlo en ella, pues se oculta y se niega cuando algui en pregunt:L por él j más seguro es que lo busql1 ei;:; hácia ('1 mal·, á donde 6e dirijo con frecu encia. al anocbecel· ó por la mañana_ -E a es cuenta mia. JIasta la vista. -Una carta ('n la po ada os indicará quese aproxi-ma el momento, y una banoera r oja en la co tn, en frente de la cabaña, os dirá que es ti ellipo oe desem­borcar. Ad . El marino alió y tomó la ,lireccion cId mar. Des· pues de andor unos paSt'S, se de tuvo, se sentó ¡·ecostado contra t;n (\l'bol, y se quedó al parecer dor­mido. Don Luis )0 miraba dE'sde una. de las ventanas de la sala; pero viendo su aetitud y comprendiendo su intenciou, dijo: -Es mejor abueso de lo que yo creia, me ha com­prendido. Cerró la. ventana y empezó á pasearse por In sala teniendo el cuidado do mirar bácia fllera siem­pre que al pa ar por enfrente dé ella, venia á. quedar en la mi ma direccivn en que se bailaba el capitan. Este es el bombre, aunque debo ir con cautela. Dónde me habrá conocido ? Conoce mi historia .... Confieso que le temo. En fin me lo han recomendado algunos amigos, y no sé porqué dudo. Si me descubre, tanto rieF !le ua r á couocer á un intliv iuuo pm st"iias es \TI:\:; f, ";il CI"I"RV qlle acerta r. En ' l'to rué i llt c rrumpi , T(~ en su mOlHílog0 por cd e t allidu ele \1lla anna. ¡JI! fU e'go y c\lJTienoo há cü In ventana , la. abri e'¡ y vio a l cllpüan Cl>n una. pi. tola cn una mano , y que eOIl In. t}t rn alzab::. tlcl , ue lo U1):\ a ve marina qlle aca l.mb:t de matar. - H ola! pan·ce qneoi, h uen tirador, le dij o. -No me g ll ~ta que' llI l' ou-er\'c\1, conte"tó el ca pi-tan , y repa ré q ne e~t(' paja rraco pa<;abn. l'~, r a un lado y otro mir<Í ndoll1e f. il'11l prH y lo maté, ya \'e i ~. - o ('s uifi cil repetir la prueba aun por uno qUe} no es marino, y voy ;\ en eñar os lo ah ora mi mo, y acercánuo, e á \1n arm ari o, t omó una pi:. t nla y '·o lvi Ú> ,( la ventana. P ¡¡;:;abn una gaviota y don L uis d i. pa ró bácia ella. El aye continuó 'u vuelo , pero l>e vió que ba.bia ~ id o beri tla en una pata, la cual ll e vaba colga ndo_ - El capitan g r itó : s il"mpre t endré que rcmedia!: lo que tú hagas 11111 1, y di parando ~ob r e el ave ó,t a. conti nlló u ,·uelo co:\ :ímbas pata - clllgando. Don Lui;; se quedó ¡;;orprelldi,lo y comprend,ic:. que el bombre con q ni pll tenia que hab ~ rse l as eITa ba.;¡o trlu cbos a ~ p ec t o s ~ lI pe ri o r á él. El capitan se liomió y vol vió á ca rga}· sus pi -to l :1.$. Lucgo continuó l'U camino )" uesapa reció tra¡;; una pe­queña arbol eC"jn. Don Lui- CCITt) de nueyo la 'l'cntanar t ~,c6 una cam­panilla y c-peró Ull momento, despue del cual < l) pre entó pi mi mo hombre qlle babia lley,\uo la l , ­queJa al conde. -Has "i ~ t o al hon\ure 'Jue acaba de salir '1 'í:;Le 1", y uime dcspues cuanto hnga. -E~t:i bien , contestó el cl"i.ldo y sal ió. Don Luis pi dió de nuevo ~ u cab-lIl1n, y se d iri ~ i i hácia la cab~ña. ('n bU5Cn. de I 'eha. tiun ; pe ro 110 ha­Ihindolo, e cri bi,í ul1as pecas pnlabra ' ('n una t l jc ta y la entregü. ~~n seguida partiv eu direc:cioll á h. aldca. . No habia andado mncuo eu:mdn halló al homhre ;~ qui en habia. envi ado como e, pía del copi t an, t e n u i tJ,~ en el. uelo con la boca h acia abnj o, bacielll1 0 e fuerzns inútilc pOI· ponerse de pié. Con una. e pccie de anil lu de r eso rte t enia l a~ mano atadas :í la ('~ pal u a en tal di spo icion que le era imposiblc cual q llicl· moyitni c:'n­to, plle- los mi , mos brazos cf> tirado hácia la cintllrl\ eran un impetlimento para encon·al· la. cspnlcljl. Don Lui se acercó á él Y le prcguntó porq,ué se ha.­llaba a~ í. - ,,1 taclme ante t odo y de ~ pueR 0 - contaré c6mo ban pa 'arlo Ins ("osas. El a C(, l"O de que (' ~taba beche;¡ el resorte t>ra tan fino que cos te'¡ !'umo trabajo romperlo. Despues dO' mucbo e~ fu e rzo se consig uió que el espía, quedase libre, y, pu de pi ~ , exclamó: -Qué h ombre ! C:íspi ta r Qué !tOI.) bre ! K o pu­diendo acabar cou él qui iera tenerle por amo. Así me gu tan á mÍ. - Pcro dí, qué es lo que ba bec.:bo 1 -Una friol era! Cuanuo yo creía que estaba ig ui én-dole la pi ta y me agazapaba con intenci on de no ser v hételo aquí que sientg que me ngarran por una pierna y qUE: me suspenden en ('1 :tire como si fuera un conej o. No pude ni gritar: tal fué el su to que me dió qué se me oprimió el pecho eomo cuandu niño me arrojaban a~ua por la cabeza. Diantre! Qué hQmbre ! Qué fuerza! Ultimamente pude dt>cirle: "no me ma­teis) por Dios! y haré lo que querais. -No quiero nada me dijo: únicamente no me gus­ta andar acompañado, y para evitar tu compañía, \"oy á dejarte aquí por algunas hora!', con la eondicion de que cuentes á tu am,o lo que te bn pasado. Ya veL::; señor que he cumplido mi eODlision. • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 27i LA - -Biell! VUt;¡\"l 'IIIC á mi ("a"tillo y otrn \. '1. no sea • tan lerdo y cuida m:í" de q'lC no te allllt'n tan cerca del bulto; sobre turlu cllilbtlo con las manu;: que ¡¡' - yen p~ra I'l'cil,ir el ~ ¡\lal'io. ' Don Lui \'ohil', ñ montar ñ c!I\¡allu ,. partió de 1lri,.a en la (Iire ·¡-iOll Cllle lIevaua. . El e.:.pl:l lllllllllUI' lÍ; Tengo mis lllpti\u pal'a no arompaiía1'te 1l1á · ticmpo. Quiero ulIscal' UII :tIllQ C~ lml> el que acaba dc tratarme -con tllnta onfianr.:l: prdiE'l'o en toclu ca o que lile 'traten a~í. a.1 que mc ·tén tiznando i!'llIprc la ca ra con el a];\lIO que me dan, por cumplir comi;,,ionc ' que Illucha;; \ 'cces ch can contra mi. senLimi(·ntllS. Hablando a~í siguió s u camino h:ícia la en. a de don Lui ,quien ,eg uia la de la alde.l, al pa o corto de su caballo y pcn ntlvo, st'gllia en ilencio cl hilo de I'U. idea~, qnc c11Ipezauan a "el' un poco con y que ie alal'lnnban con nHltivo del nuevo n'laciona tlu que ~cababa de ndClllirir. Al Ilegal' ¡j la <.~(]uilla :,upPI'ior de la aldea \'i6 que sc a.lejaban jUlltQ;; su nuevo conocido y el .'eñul' de Ibañer. cn direccioll al mar, cn cuya orilla di tillguió tambien á ElIl'rique en una barca qlls sen-uramente aguardaba á k,~ dos {Jl'imel'os para dar Sl~ acustU1l1 bl'ndo pa ca. Por IIn movimiento natural, el marino vdyilÍ la cabeza háciVo atras r vió á lluestro hombre que par('cin se6uirlu. Lo ad\'irtió á su compañel'O, y \'l,h'iéndose exclall1lí : Hola! no quisiera terminar la compaiiín, quc tan buenos resultados promete, por un rllrnpimicnto pero sona.1 ~ntn: los SOCIO . . SnLe que l' te, cñor tiene por precI IOn que sel' de los nn ro. : por In • encilla rnZtln de que es un crucero Cluedaba. C:lza á la mi"m:l presa. Así, pues, déjanos aITeglal' nue. tros a~lJnto' es de los mios y corre de mi cu('ntn. Creia haL e rt~ atlver ­tido que no me agrada ~er oL;'€'I ' vado, pero 8i no lu be hecho, busca á tu criado y pregúntaselo. Sen til'ia tcner que C' ' plidrtC'lo )'0 mismo. -Decidldamentt', dijo para - í tlOI1 Lui , tengo qU(' contentarme con mi "ituatiulI, empiezo:í creer que e' mejor tenerlo por :lmigo. Si qnisiel':l pC1'(lel'llle nOs('I'Ía ciert:lmente e te ('1 camino que tomara, ni \'iniC'r:1 en busca de un ~ombre c~l:sid('l'ado aquí como e. pia. Es un descon~)c.ld() ; ¿ quc II1t~res puede telll'1' en pel' derme'l y loglcanlcntt', b::tbICndu un m(Í\,il COIIIO cl tesoro, f,íci I es u.:plieHr su 1I(' gadn y su modu de pro cedc;l'. E - un puco bn¡ tengo el honor ne conocero • -}>e~·d.un e , vue, a señoria ; pero yo creia que me c:l11ocena)~ . ~Ie babei " escrito algllna. cartns "obre I/'t aSIII1{O Impo rtante; nuestro amiO'os de l\Iad~'id y dc Ri1b~o me han dado alguna in ·tl~lccion y !rer9'­m: ndac,?ne. p iua su . eñoría. demas, CFt'O que esta sena Rem bn . tant!' para que sepai que Sov ami.,.o y I .' d' 1 ' <> , e mo~_ro m e 1:1 11I0n('( a pL'queiia. ~,EfcctÍ\ amente, excl~llló don Luis; pero en qu~ estaba. yo pen ando •..• 1 el otro .... quién es ? .... porq ue .·abe ...• como os lt'l1nai~ ? -Me llaman el capitan Franli. -N () puede el' .••• me han engaiíado ó ,·os pre-tendci~ haclrl0. Cuidado! no soy humbre con quien pU NJa Jllgar~('. -Pero si 110 os explicais, es imposible que yo os comprenda. Qué os ha pasado 1 - 1\10 t:ad~ne . cartas; quiero "erlas y quiclfOo que yolvals a mostrnrme la seña que debe ~l7u.oS á reconocel' co cualquiel' caso. El marino sac6 del bolSIllo UD:) enrtern de e~l'O y tomando dos cartas las puso en mImos de don Luis entregándole tal1luien la media moneda que ántes l~ ha bia enseñado. Don . ley6 bs cartas y pareció satisfecho y conv.encldo de que e.,l\ll la u.yas. Luego tomó la :nedl<1 ~oneda y e::tamínándiJola eren cuiWido leyó: · La SOCiedad de" y pUl' el otro fa diJo : u. la mooeda. " - Está .bien, dijo, 110 tengo porqué dudar. Hoy mi ' mo se ba presentado aquí otro marino con nl('~tro nOIll bre; me ha. hablado de mis cartas de . 1 fi ' 1111 emp¡'es:I-, y Icmos u·mado un contrato de ayudar-nos mútuamcnt(' en este negocio. El guarda uu cje~­piar y yo ten"'o 1:1 otro: "edlo nqui. -y ñrma(lo cl c ' pitan Frank. dijo el marino. El'to es orpreJ1dente:)'o soy el capitan PlI':lnk, á mé­n~) s. quc me haya vuelto dos. Diantre! la rosa e$ se rl a. y mucho, dijo don Lui .. , paseándose por la pieza. En esto hay a Igun plan siniestro para nosotros. Pro­t~ ndL'n pel'de:nos 6 arrebatamos el tesoro. Es pro­CI~ O obrar ap y con mucha. cautela. Cuando veai!l u,na 1.Jandera bla~lca debei ' desembarcar y accrc:lros al CastIllo, quc 1 no puede tomarse, debe saltar: á todo tl'alJce es preciso Impedir que se apoderen del tesoro, aun eU:llltlo n05otro .~ lo perdamos. -Bien, SC~OI', pero comprendercis que si se pierde ~I . t~soro, pierdo yo, y uno no arriesga el pellejo mu t JI men te. -Para cse cnso os doy dicz mil reales. 'rolUad e . ta libranza contra mi banquero, pag:ldera dcntro de un me , que será el tiempo que á mas tar­dar se emplear:\ en este asunto. Ya sabeis, es preciso procurar tomar el Ca tillo, que no tí ene más defen­sore. qnc lo: criados dcl Conde y algunos labradores que serán llamados á última hora.. Si esto 1'.0 fuere po i ble, procUl'ad introducir en los subterraneos una buena cantidad de pólvora, con el objcto de haccrlo yola r. · -Jo seré yo quien p!'Cllda la mecha, dijo el ma­TIno. • .1. o importa, no ~¡¡~tal'á quien la prenda. No perdais tIempo; no os aleJels de la costa y que toda vuestra gente e · té di " puesta. Partid. · -Nece itu al~uuos fondo!> para las primeras opera- CI .... ya. TeJS •••• yo no tengo riq uezas y cuel>ta mucho llenar tantas bocas. Don Luis sacó una bolsa. llena de monedas de plata y la entregó al bandido que salió de espaldas. Esta vez don Luis no be cuidó de observar qué direccion habia tomado. (Continuará. ) • , •

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 41

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 30

Por: | Fecha: 03/04/1875

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. , - -------<,;---¡;c;:;::::-,,~ S' ~ 2 ?...-=::::)..-:>:> -----. - PERIODIOO DEDICADO A LA LITERATURA. Serie IIl. Bogoti, 3 de Abril de 187·5. Número 30. Af\. DE. HISTORIA DE UNA FLOR. " Cercadme dc florcs" decia no sé qué grnn­de hombre, al cerrar los ojos á la luz del dia, abriéndolos sobre el estl'ccho hueco de la tumba que lo iba á recibi... Y por cierto que tenia ra­~ on: porque las flores son nucstras compañeras, nuestras nOligas y más de una vez nue5tras g , ­bntes é inmejorables servidoras, Su colando nos encanta la vista; su aroma nos llega hasta el cOl'azon! y, aun cuando están marchitas, nos conservan recuerdos 6 historias queridas_ Son tan lindas, tan dulces, tan aromáticas que efuc­tivamente nuestra cuna y nuestro sepulcro de­bian estar euLiertos de fiares. Qué val e n ante ellas los más ricos encajes ni las maderas más soberbiamente enchapadas? * * * Hé fi'luí en dos palabras la historia de una de esas preciosidades que brotan en la tierra, para envidia. del ingenio y del arte humano. ApénnB quedaba cn el cielo, en un cielo azul y tranquilo como el mar pacífico cuando lo be­Slln las brisas dulcísimas de abril, una ligera nube de color de fuogo, franjada y escarmena­da con colores de t o pacio y perla j ap é nas co­menzauan :í zumbar en los rosales las auras de la. no('hc j apénas se despedian dol sol, pico­teando la corteza de los árboles, los p3jarillos eomo otras tantas cajillas de divina música j euando el boton en que estaba encerrada una mosqueta se abrió y aquella. dulce flor quedó meciéndose, coronada por un rayo de luna, a ca­riciada por las brisas, embalsamada por ot¡;as mil floros, y proclamada rei na por todas ollas. .', '.' * ;le: Cinco soles se pasaron así, entl'e la vida de la infancia y los albores de la. juventud j el ciclo continuaba sereno y azul, las brisas frescas y dulcísimas; las otras flores se inclinaban al \'Cl'­la en señal de vasallaje y de nmol'. Empero, qué suerte tan diversa les esperaba IÍ una y otras! Todas ellas, escepto una, debian morir en breve, azotadas por el huracau, tosta­das por el 801, nrrastradas por la lluvia, a.hoga­das entre el lodo! Asf perecen tantas cosas bellas en el mundo! No hemos de creer en que hay estrella? Do todas eaaa Boros la mosqueta ta.n sólo se sal vó ! Unos lindos ojos se prendaron de su her­mo s ura y una linda mano la desprendió del ta­llo sobre cuyo verdc ramaje so r e costaba como en un tapiz de terciopelo. Y otra ve? pregunto ¿, no hemos de creer en que hay esh'ella para las flores y ...... para lo s hom bres '? * .. * Mas que el oro y el carey me gusta ver una. flor en la cabellera e s pléndida dc una mujer hermosa, ya ruede en ondao do 01'0, ya aventaje la s ombra nocturna; y más que los ricos pren­dedores de esmeraldas y brillantes me gusta un ramo dc flores en el blanco pecho de una mujer. Será p or eso que la mosqueta me pareció tan hermosa la primera vez que la vi? Porque no era en l os cabellos, ni en el pecho, donde airo­sa desplegaba su encDnto: era, nada ménos que en la más linda boca que Dios ha croado on es­tos últimos tlempoF, cn una de esas boquitas que merecen y l'em e reeen la quintilla de Cam­poamor: Para formar niña. hermosa Esa boca angelical, Hubo competencia igual Entre el ela vel y la l'osa La púrpura y el coral. Más ... p obre flol'! m va acercando á la muer­te con la velocidad del rayo, sin que noda pue­da. detenerla, simbolizando así b brevedad de cuanto existe debajo del sol! Su infancia se ovapoló en un instante; su juventud pasó como una. sombTa ! ? Qué es ya de la encantadora flor, que doró con sus rayos la luna, que besó la bri:m, que las otras flores aclamaron por reina? Qué es ya tIe la cncantadora mosqueta, bace un momento tan feliz y tan ufana en unos labios de color de l'OSa.? Ya no exi s te ...... De los labios de la beldad cayó sobre un ca· razon Poro ese corazon estaba yorto, como un prado que los yelos cubren, tristc y son. brío como un prcsentimiento de mu erte, melancólico como el sauce babilonio que inclina cl ramaje sobre un mármol sagrado i y ya e. taba marchi­to ese coraZOIl, que no habia amado jamas; y sin embargo las flores, para "ivil- y dilatarse necesitan de luz, de calor y en la pared floretes, es ­padn:;:, sables, careta, petos: andalias, todos los pcr­trechos, en fin, del maestro de esg1'Íllla mejor mon­tndo. Miéntra contemplaba todo con ojos asombrados, el cura, sin pouer notarlo, le dirigió tranquilamente estn. alocucion: -Caballero, está usted víendo que hallaremos aquí casi todo lo uesto que usted se empeña, pero no quiero nsesinar a usted, No le debo ocultar, que en mi juventud he tenido mucha aflcion {l bs arma : y aun hoy me uí. tl'lligo ell la esgrima con uno 6 dos amigos, cntre otros con el eñ01' aJeal· (]r, ,t quien a c,l ba u tNI de vel', y que le a~egurv e:5 un t erri ble j u taclo r. -Le dejo 1\ tl s te!l la Iilt ertad de la eleccion, pues l11e e5 indirl' r ente, Pero línte;; que 11 ted so decida, ,amo ~t probar cl o floretes, s i gu ta, y mi conciencia me elir<Í si puello permitirme el manC'jar la espada co,~trn 1I 3ted. Al mismo ti e mpo, de c:llgó dos fl ol'etel', y pre en­tó el puño ele uno :í. Sil advC'l"' ario que e - taba alh co-mo petrificado p oI' t'I de u orpresa. Este último parcció in c ieno al priucipio; pero 1'0- primiéndo e al punto, p0rque no 13 ,o~pcc ha e cobar­de, :tgal'ró el ama con mano convul 'iva y so puso en guardia. -Vamo , caballero, aguardo á u s ted, dijo el cura viendo que iba :\ ~ tacarle. Parar el ataque, dar un primer bote, hacer yolrlr el arma de su ad l'erEario contra la pared, fué negocio de un in tantC'. El cura. corrió al punto á recoj e l' el florete, y lo presen tó de nuevo á su ndvel'sario diciendo: -llace calor, usted hn. caminado mucho, y esta primer prueba n o SC' elebe contur. Vamos á principiar de lluevo, si u tecl lo tiene :\ bien. Picado en lo vivo, el jcíven se apoderó del floreto con U!l adC'I11:1I1 de impaciencia. -E-s d fuerte, señor cma, dijo con orgullo, pe-ro yo sé defenderme tambiell: oy di cipulo de mi Jl:ull'e que era prim e l' maestro do 'Ull en su re­g imiento, El el1m le miraba con particular atencion; pero viénclole arremcter con furin, le a~uaruó friamente, le dió un botonazo en medio nel pecho, luego otl'O, IUl'g:o otro y le hizo salta¡' el florete por segunda vcz. El jó\'e n quedó a terrado. -E~tá usted viendo, caballero, dijo trnnquilamen­te el cura, que con h mejor voluntad del mundo, no hay medio de hacer la partida igual, á lo ménos á la C' pada. Vamos :i ensayar otra armas. y diciendo y haciendo, subió I istamente In e~calc­ra y hnjó ca i al punto con una caji~ de pistolas en cada mano, -Aquí. tiene usted dos pares de pistolas de com­bate; le garantizo que son de la mayor confianza. Yo las cOn'lnco, u ted va á probarla" :í. su vez. Al mismo tiempo abrió la puel'ta, salió del pabellon y se dirigió al lado de tras de un muro constl'Uido á seis paso del que er,ia de cercado. El jó,en le seguia in abrir la boca, como si hubie­se perdido el uso de In. palabra. -Aquí tiene ted un tiro que he mandado con~­truir para mi recreo y el de algunos amigos. Allí hay un blanco, muñecos; :tquí pól\'orn, bala ~ , pistones y todos los accesorios, Vn. usted á di parar algunos tiros, lo que crea necesarios; y para que mi presen­cia no estorbe á usted, me permitirá que le deje por un momento, pucs tengo que dar alguna órdenes en mi casa, Creo que puede ha.cerlo sin inconveniente, y que no tiene ya dudas sobre mi lealtad? -N i la más le\'e, respondió el ex-pasante do nota­rio con un tono casi re- pe tu oso. Apénas se nlc:>jó el cura, nuestro héroe principió á palparse para asegurarse de quo no estaba soñando. -¿ Dónde diablos me he metido 1 murmuró nI fin ... i Yo que queria dar una leccion á un clérigo! Preciso e5 convenir en que he dado con la horma de mi zapa­to! Vn, no extraüo que aquel viejo alcalde le haya llamado su maestro, Luego mirando las dos cajas que tenia uelante so­bre una mesa, añadió: _tI Entendemos á usted, señor cura," decian aque­llos buenos campesinos", Hé aquí los instrument08 que toca el señor cura, el contra-bajo y el se1 penton. Sin embargo, despues de reflexionar algunos inlitan­tes, dijo con resolucion : -Vamos I vamos! Es igual, no me conviene el pa- • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. LA TARDE 239 sar aquí por necit', ó un cobarde, aun cuando hubi ese de costarm e la vida. Prob la pIstolas, puede que ten g a mej o r sucrte. Abrió la caja y excla m ó : -j A fe mj:~ quo son una's pisto.las h erm osas! Se Te que s u dueiío e conocedol·. y al punto la cargl) todas cua 1' 0 , la!; di paró S\l­ce i"am e nte, no pareció muy s ati lecho de s u punte­ría, y principió y YQlvi ó :i prin cipi m' de nuevo . e hnllauaen Iacunrta prueua ellando ll egó e l c ura. - y bien, caballero, le dij o , i e ti uste d contento de esas annns ? -De In5 nrmas sí, r cspondi ó cl tiraclor. Preci o seria ser descontentadizo para decir n o; pero de mí, eso es c onfo rme; y Ri II s ted maneja las pi s t o las tnn bien como la espada ..... -La obse rva c i o n de u t ed es ju ta, dijo el cura: debo mnnifes tar mi habilidad. Ru ego:í. usted tengn la b o ndad d e cnrga r las cu atl'O pi"tola~, mi~ntras)'o " oy á c olocn1' lo s c U3.tro muñecos en e l fo nd o del tiro, para ervirme de blanco. A peticion, nu es tro h é roe se s inti ó como fa s-cinado por tanta sangre frin. Sin embargo principió á cargar las armas , in saber muy bieIl lo que hacia. Apénas babia acabado, cuando se hall ó con el cura que acababa de colocal' los muüecos elI ó rden de ba­talla á dos centímetros uno de otro, -i. Usted ha concluido, caballero, y no ha olvida­do las balas? Muy bien, doy á u ted las gracins. Y agarrando, por dos veces, una pistola en cada \nano, se puso á contar: uno, dos, tres, cuatro, haciendo yolar cuatro cabezas egun el número indicado, El j óven palideció á pesar suyo, El cura no tu,o el aire de notarlo. -Caball e ro, le dijo, convengo en que estoy al.,. o familiarizado COII las armas de fuego ; pero ten go Im' iba otras que me 1'on m é nos familinl'es; t c n~a la bondad de \'enir :í escojl'l' usted mi s mo, Vnmos :í subir estas dos cajas; tenga usted á bien trr.cI' unll, y yo llevaré la otra, Sin aguardar la res puesta, entró "ivamente en el pabcllon y se dirigió hácia 1:\ escalera seguido de su advel'sario á quien, en e e momcnto, se podia compa- 1'al' á IIn sonámbulo que obra bajo el impe1'Ío del magnetizador, Cuando llegaron :í 10 alto ele la. escalera, el cura empujó una puertecita ya. entrc:\bierta, levantó una cortina de nnchas rayas blancas y enca\'llnda~, la sos· tuvo ('n su brazo, Lizo selia nI j ó ven para que pa s ara adelante, y entró detI'as de él dejando caer la cor­tina. Entónces el extranjero salió de su estupor para caer en otro, La picza, lo mismo que la. de abajo, tenia toda. la dimension del edificio. En el fontlo, enfrente de la ventan:\ del centro, se hallaba UI~ reclinatorio de cn­cina coronado de una pequeña cruz dc la misma ma­dera. A la derecba habia un armnrio de vidri e ra qu e formaba biblioteca, gual'l1ecido de libl'os r e li g io. o bien encuadernado y de algunos objetos de devocion, A In izquierda del reclinatnrio, habia un lll'lnario semejante al primero, pel'O destinado á los libros de ciencia y literatura; numero as piezas de hi tOI'Ía natural, minerales, animal e s di eeados, lI e nabnn la parte baja del armario en que estaban di s puestos con órden al borde de lo estantes, En la pared dc la derecha y encima. de una especie de aparador, se percibian do'! rico trofeos ue armas francesas y extl Sables , pi. tola, fu iles al'a ' bes y ya taganes, puiíales, hachas de armas: uada fal ta bao Contra la pared de la izquierda, habia un al'mal'io con vial'Íeras parecido á los otros, pero ruayOl', en el que se veía suspendido uu casco de oficial de drago­nes, y abajo el uniforme completo con las charreteras de capitan. 1\1as abajo, un sombrero apuntado, una casaca de oficial de estado mayor adornada con una cruz de la Legion de Honor, sardinetas de oro, es­pucias, un tahalí con su cartuchera, UD pantaloD ga-rance y hasta botas, completaban aqu el almaccn do equipo militnl'. En la parte in~ ri o r d 1 nrlll t,l'Ío efltaba ng l'llpauo con arte todo lo necesario pam lo arneses de UIl ca ­ua 11 0 ue o {icin 1. 1'nra t,mninar la descrip cion dt'1 mu pblaje, nií .' dan­s r do poltronn y cuatro silla,> con nc i C' llto,; de celcl a , una me a en el cent r o que s enia ele bufe t e , una e ti tu ­fa. de p orce lana al lad o de la puerta, y en fin obre e l tillado un tapiz marroquí, dos pieles uc pantera y una de l e o n, Valentin Dubreuil estuvo largo rato ex tas iado an­te c l singular espectáculo que tenia. :i la vista. De a ombro e n asombl'O, habia ido per diendo toda la as­p e r eza del bo r¡ue, y ya n o era más que un mu chacho timido, Si n embnl'go, la "iveza de su cadcte¡' acabó por prevalecer y r eco r darle u po ic iOlI. - sted ha s i do milit;\l', señu r ~llrll, dijo co n una firlllC7.a que di imulaba mal 1;\ ilOpl'csi o n que s enti:l. -O r co haberlo s ido con h o n o r, l e po ndió 111 0c le s ta­m ente e l c ura; y por eso 'Con s e rv o 1)l' ec io ;; am e nte Sll'l r ecue rdo . Ya está u ~ted vientlo, he r e uuido n e~te , pabellon t odo lo que pucde ocupa r agradablemente • • mis OCIOS , Des pu es de l oe:; deberes de mi mini - tel'io y la . h o ras consagrada á mi s feligreses, vengo ar¡lIl á entr eganD O ti la m e dita c io n, ú la o racio n, al trabajo, tÍ bien á bus­car un mom e nto de di tracc ion e n cOlllpaiiía de al "u ­nos amigos, Aquí GOy r e y abso luto, r e ino por la fu~ r ­za del ",able; p e ro u o hago la guelTa. lTlás que á Ia.~ Ill OSC ' lS y las araiías. H e dicho ú u teu que t oda mi vidn he tenido alj cio n á la al'm as, y es a afi c ion pro. bablemente se acabará conmigo. lIace tiempo que me he dedicado :i fo rmar esta co l ecc io n que u tecl ,e' y algunas p e r -o nns, que co n oce n mi debilidad lil e l~alI traido su tributo :i ti tu l o de r ecu e rd o , 'l'odo 10 que est;í u s t ed vicndl) aquí, C5 p¡:ra mi un objeto de CI1 - r ios irlad y de e Ludi o . lIace mu cho, años que e l u so d e las arma,; no es para mí mas que un entretenimien­to, l~n ejercicio nc? ~s nrio :í mi salud, y me habia pro­m etIdo qu e no se na nun c a ot ra c osa ; pero no siem­pre hace el hombre lo qu e quiere. !lIi é ntras a s í hablaba, e l c ura abria la s do' h oj llS de la alhacena de que se ha u e:ho mencion yen un flanco se perci bia un " e rdad c I'O arse nal. ' -Vea u s ted ahí ad c ntro, caballer,), pl' O ig ui 6 . Ahí hay pi tolas que tal vcz pre fi c ra u ted á las que a ca ­ba de prob nl'. -Es inútil, r e plicó friam e nte e l j ó ven' " co que usted maneja IJi e n t o da s la armas; yo tmtaré de arrC'g larme con cual es qui e rn. - omo u s ted guste, añadió el cur". Ahora señO!' Dubre~il, ántes de ponerme á liS ó rd e n t engo que bace r a u ted \lIla doble pregunta: l o ~ acontecimien­tos de esta mañana so n cnu. a de que me halle en nyunns. E mi hora ordinaria do COl11el' y llle siento con grande npetito, . , i qui e re mted pe;'mitirme quo me l'e ~ taure un poco? -Como u sted g u;;te, señor cura. -Muy bien; doy :í u,ted gracias por haber acce-dido á mi prim e ra peti ~ i o n, y pac;o á la segn nda. Us­ted se ha bailado tambl e n en la s mi s ma circunstan­cia; que yo, r d e be expe rim enta r la s misma sensa­ciones. ¿ O~al'é r oga r á ustcd que participe d e mi co­mida '1 El j óyen hizo un movimiento, y como el cura Jo nota e 8e apl'e UI'Ó á aiiadil'. -Ob ! esto no le compro mete á usted á nadn como tnmpoco el habel' ,en ido :í m i casa: Itabr:i ust~d ce-dido ú la dad y nada m .IS , . A e t 7 invi~l\cion fU\'lnulad~ con franqu e zn y urba­l1ldad, "\ ale~1tI~, .a~nque ~entla que su po ic io n em cada. yez mas dificIl, hallo ba tan te apl o mo parJ. dar una respuesta conveniente. -Seüor cura, dijo, no tengo necesidad de nada y doy á usted las gracia!'. -Lo extraño, replicó el cura. A la. edad de usted yo tenia un estómago muy exigente. En todo caso no pretendo contradecir á usted de ningun modo; sólo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. , 240 LA TARDE le haré observar que creeria cometel' una falta de ur- anchas alas, '1 trAje desordenado y hru;ta la poblnda banidnd d\:jando Ú u ted aquí ólo, miénlrns que voy barba, aunque la tenia tí la vis ta, ú comer, A lo 111éno' Yeng:\ sted a .en t.ar e á llll .m e.! ';l, r eni u ted libre de no t omal' nada, pues no . , 10SI tll'e. Era ya impe ible torla obgecion. T,lubreuil hizo un signo de a. l.'n 0, r sigu i!) el cu ra . ilenciosamente, in saber de que mudo ~all\¡ia del atolladero en quo so babi:\ m tido. Ambos ntrnrlln luego en un comedor en que esta­ba preparada una mc,,,a on tres cubierto~, Lajóven que habia llamado la atenclOn de Du, Lreuil al Ilega l' tí 1.\ casa rectoral, so bailaba allí y pareci" nguan];,r. . Una vieja el iada, :í qui<,n ~in d'lda hablan nado las ól'dene COI Te. pondi ente. , traia b sopa. El cl1I'a habia pr

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 30

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 9

Por: | Fecha: 06/11/1874

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. , - -" ------¡c:--¡R>C s; Q 2 ? sabemos cual) d~ FI­lipo. Nuest¡'o colaborador el senor O. A. E. en el ~U1ne­ro 8 ha dicho alO'unos conceptos que acaso no sientan bien para nuest~ periódico, segun la opinion de El Dia1·io. Aquello no fué culpa nuestra, p~es segu,n lo expresa el mi mo Sr. O. A. E. en su pnmer ar.tl­culo titulado "Lo que salga" uno de nosotros, al lll­" it.a~lo á colaborar le suplicó no tocase la política. Sirva esto de ~xplicacion, pOI' lo que El Dia1'io dice y de advertencia á los que nos quieran favorecer con sus escritos, pues que deseamos pre~ent~r un ca~n­po escogido á los escritores y un solaz a qUle~es qUIe­ran leer nuest ra h oja. Cuando queramos batu'uos en campo extraño, armas y suelo sobran; y valor á buen seguro no nos faltará hoy si. fuere necesario, como no nos ha faltado eu otras ocaSiOnes. - REVISTA DE LA CIUDAD. He hecho un descubrimiento que á la verdad, no sé si me produzca alegría ó tristeza: tengo vergüenza! Si señores, tengo vergüenza! Qué fenómenos tan ra­ros los que e ven en la humanidad. La vergüenza, pudor instintivo que viene con la niñez, que acompa­ña á la juventud y que como si fuera un bamiz que realza y da. hermosura, se aja. y empaña. con la vejez, , en mí como con las muelas cordale~, ba venido despuell de grande. Yo, que me he metido en todas partes con permiso ó sin él, que no he dejado cosa que no vea, que no tiente que no eche fuera, al entrar el 24 del mes pasado en San Juan de Dios, por pocos me caigo de vergüenza. Y no er,l para ménos la cosa. Señoras y señoritas de lo mas re"petable, sentadas en la puerta al frente de una mesa, y como las beneficiadas en los teatros, iban diciendo á quien ent.raba: "la limosna para el Hospital". Todavía me zumban los oidos. Al oir esa descarga á quema-ropa quedé allí empo­trado como poste, con los carrillos rojos, la vista tur­bia, la lengua torpe y las piernas tem blorosas. Y. c6- mo no, si en el acto me acordé de que mis bolsillos y la limpieza han hecho pacto de no separsejamas. Qué hacer '~ Tartamudé alguna torpeza en son de discul­pa ú oferta, y por en medio de un numeroso corro de cachacos que formaban la barra entré. Ouando en el interior en.:ontré quien me diera pres­tado, volví á depositar mi ofrenda á la ca1'iclacl. Nada. le exijo á Dios por este acto, porque mi conciencia di­ce que yo lo hice forzado por el..9.ué dirán. El resul­tado puede ser muy conveniente, pero puedo asegurar que ninguno de los que allí dan 'volunta1'iamente una limosna dnn lo que sin testigos habieran dado. Y como el evangelio dice que la caridad debe practicarse con tal sigilo, con tan sin ninguna ostentacion, que la una mano debe ignorar lo que la otra da, no creo muy conveniente e te sistema de pedit' limosna en los tem­plos, cuando las personas que la piden son de aquellas á quienes sin pasar un sonrojo, que con nada se paga no se I es puede decir, señora ó señori ta, no tengo que dar. El sa~rificio hecho por las señoras no tiene pre­cio, es una virtud iIwaluable, pero la humillacion pOlo la que suelen pasar algunas personas, no tiene califi­cativo. El que quiera ver lástimas que vaya á San Juan de Dios, se decia antiguamente; hoy se puede decir lo mismo, pero no con la intencion de aquellos tiempos Nada lisonjero se puede ver en donde se albergan to­das las dolencias humanas, pero si en aquel entónces se decia así, era porque daba grima ver el hospi tal. Qué enfermerias, qué camas, qué alimentos, qué a is­tencia, qué todo! Hoy, á la holgura, al arreglo y ,í la comodidad, se unen el 6rden y los progresos de la ci­vilizacion. Por entre un sin número de gentes que se codeab!lu, se apeñuscaban, se apretaban, se compactaban; que subian, bajaban, salian, entraban y que colmaban las galerías, patios pa adizos, enfermerias y hasta los úl­timos rincones pude peuetrar primero en la sala obs­tetrical. Las enfermas estaban en sus camas bien abri­gadas con colgaduras y, cerca de elbs tenian sus res­pectivas cunas. Esta es nueva ó de no muy remota creacion y, puede asegurarse que 1015 resultados obte­nidos son de grande influencia para la mOl alidad y el progreso humano. Los infapticidios y el abandono do niños han disminuido notablemente. Pasé despues, por las demas enfermerias acompañado del señor ~1ayordomo, quien tuvo la bondad de infor­marme acerca de todo lo más notable que allí bayo Como eSi natural, las enfermerias están clasificadas con separacion no solo d~ sexos sino de ellfcrmedadcs. Sobre la cama de cada enfermo hay ademas del nú­mero que á. cada cual le toca, una papeleta impresa en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 66 LA T A R D E la que eLá el nombre dd enfermo, el lugar de u na· cimiento, nombre de lo padres, u e tad J civil, clia en que entro al e tablccimientn, nombre de ]¡L enfer­medad, el rlia!!;nó tiro hecho por el practicante y, la hi (.oria. cllllica llevada bao la 1 dia en que le pal'a su ca a ó para el cementerio. E -ta boja recogida::. son la que forman a la larg:t In hoja de ervicio dd practicante para tener pre ente en el dia del grado. Todo esto lo bacen lo ' tudiante de medirina bajo la direccion de lo prore Ol'e" que di rigen el bo pita!. Despues de haberme enternecido al ver la. ala en donde e tan lo nino enfermo" cuidado y nti­do por lAS Hermana. ,quiene lo tratan como i fue­sen u bijos, de e;endimo al departamento de buérfa­na . 24 Ó 30 niña r eciben allí educacion y adema de las en -e::ñallza de lectul'a e cl'Ítul'a &c. de empeñan oficio en lo. diversos departamentos, ya en la boti­ca preparando droga, ya en la roperia, de pensa y co ina, La educacion que á e ta niña:: se da es cia 1 como para el ervicio doméstico, de manera que dentro de poco pre~tarán todo lo ser vicio' económi­co del bo pita!. E te departamento e ti atendido por Hermana. Qué aseo I Qué órden va en todo! Honra á lo que con tanta abnegacion y comtancia se dedic-an á aliviar las dolencias de la humanidad! La cuestion de los encerramiento alarma. Ya la policía ha de cubierto por casualidad una mujeJ', á quien bacia cua tro años t enian encerrada en uoa pie­za , segun parece, para di frutar de alguno babere­que la infeliz po ee. E de calcular cómo saldria esa anciana de. pues de tanto tiempo de aislamiento. - El señor J Ortiz actor drAmático de gran r epu­tacion, en compañía de u estimable esposa: :a señora Candelaria Tardo de Ortiz, de pue de babel' hecho gran co echa de triunfos en Europa y America, abrirá la e cena COil la comedia llamada "El Tejado de vi­drio". La compañía de aficionádo que aquí habia em­pezado á dar funcíon más una dama jóven y el se­ñor Sigarroa, compañero d ~ l enor Ortiz forman el elenco de esta nueva compañia. El Fisgon por su parte e da los plácemes, y se los da al público Bogotano, por tan famosa adq ui icion. Quien como el señor Ortiz no solo ba estudiadu lo di­fícil del arte de repre entar, ino que con la péñola en la mano ha llamado la atencion como autor dramáti­co, no puede méno que ser notable, Quien como la señora de Ortiz obtuvo diploma de primera cla e en el Ateneo de Madrid y de la naturale7.a de gra­cio a y galana, no puede ménos que encantar á quien la oiga. Ahora de ué se quejarán los aburrido con la vida'? El teatro abierto, si no e di traen es porque no les da la gana, :i no ser que ca por falta de cual'tillo, pues entónces sí, eso no puedo yo remediarlo. A consecuencia de un banqu )te que el Gobernador de Oundinamarea dió á los miembros de la A amblea del E tado, tuvo lugar otro en el Hotel Frances en la semana pasada. Uno y otro fu eron untuoso, y en ámuos lució la concurrencia del Pre idente de la Re­pública, los ecretarios de E"tado y de otros altos empleado. A propó ito de Gobernador, el lamenta la falta de reglamento que hay aún en ciudad, refe-tal empedrado convexo sino cónca o so intieron 108 que dijeron aquello y paró la obra. ' - Con urna at i faccion hemo vi to el lujoso progra­ma, que el Director de inlStruccion pública, Dr. Dá­lIla~ o Zapata, ha becho di ' tribuir n la ciudad pecto de lo' acto Iitetarios que lo alumno d~ las do e cuela, normal o tendrán, dUl'ante los dias 4 á del corriente me ', en l alon de gra.dos. . Llamn~n o lujo o dicbo progl'ama, pOI' la importan­cIa y varwclad de materia que en él e anuncia erán defendidas pOI' lo alumno" y por la multitud de es. cogido tro7.O de mú ica y de canto con que queda-rán amenizado dicbo, acto ; lo cuale i o ha de J. uz~a r por 1O S trabajo~ que hemos vi Lo' j ecuLar á vanos de Jos alumno de ámba uela, darán un re ul tado e pl éntlido, digno de sta cul ta capital, y de Jo e,fuerzos que el Gobierno baco en el sosteni­miento y mejora de tan notable plantele . De de ahol'a no pl'ometemo que la concurrencia que baya de contribuir á la olemnizacion de estlW fi esta ó triunfos de la inteligen ia, será tan numero­a y lucida como n año') pa ado . lIa ·ta otm vi ta; hoy no cuento m:ís !Jorque me voy para el R o picio á Yel' la Ca a de refutrio y echar aful:'ra lo que allí baya. o EL FrsGo • LA TUMBA DEL SOLDADO. El yencedor ejército la cumbre alvó de la montaña, Yen el ya solitario campamento Que de amarilla luz la tarde baña, Del negro terranova, Compaüero j ovial del regimiento, Re uenan los aullidos Por los ecos del valle repetidos. Llora sobre la tumba del soldado, Y bajo aquella cruz de leño Lame el césped aún en angrentado Y aguarda el fin de tan profundo sueño. despue , los buitres de la sierra Rondaban todaVla El valle, campo de batalla un dia. Las cruces de las tumba ya por tierra .... Ni un recuerdo, ni un nombre .• Oh! no: sobre la tumba del soldado, Del negro terranova Cesaron los aulltdo , Mas del noble animal allí ban quedado Lo huesos sobre el césped dos 1874. JORGE IsAACS. ----c:~~:--__ Mi querido Da.vid. liedellin. octubre 12 de 1874 Ya que no te he dirigido una carta privada, como tanto lo deseaba, y aun acaso lo debía, te dirijo esta carta pública, por extraño que te pa~ rezca que haya cartas pl'ivadas y cartas públi~ cas, ni más ni ménos que colegios, escuelas, &c. Y no vayas á preguntarme por qué no había satisfecho mi deseo de escribirte, si éste era en realidad tan vehemente' por que á la verdad no sabria que contestarte. rente á las be tia y dema animale de ervicio, En dias de mercado, obre todC', bay calle, que no se pueden tran itar sin exponel' la pa ó la vida muchas veces. El eñor General algar acaba de re­cibir nna coz de un bney que le ha di loeado una pierna. Si lsucede con el Gobernador, qué e pe­ranza puede tener un pobre Fisgon que en donde qnie­ra se mete f Qué hubo de adoquinamiento de la calle de Flo­rian f Dijo alguien que no debiera ser cóncavO si no convexo, los ingenieros dijeron que no debía ser Pero sea de esto lo que fuere, has de saber que me entró una comezon irresistible de escri­birte, al leer la carta que te dirigió nuestro co~ mun amigo Nepomuceno, en el número 2. o de " La Tarde," peri6díco que he leido COll. in- • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • - • • LA TARDE 67 finito placer, y en cuy'as columnas pido posada para 6sta carta. Nuestro amigo Nepomuceno ha, permíteme la palabra, y ruégale á éste que me la perdone, ha calumniado i la tarde, al disculparse con ella de cierto error tipográfico, que hace un perverso contraste con los colores de rosa y de zafir, en su precioso artículo" La Tarde" publicado en el primer número de la id- El nos sale ahora con que por causa de los snaves tintes, de los variados matices, de los caprichosos arreboles, con que aquella graciosí­sima coqueta se adorna al despedirse del astro que se hunde eu las profundidades si!' límites del espacio, no pudo ver el gaya, que en lugar de un gualda se le escapó, en la correccion de las pruebas de aquel pulido y bien elaborado escrito. y si tú eres tan bolonio que aceptes esta disculpa, yo no la acepto, aun para descargo de mi conciencia, confieso qne soy más bolonio que tú y que el público iliterato. N o, señor, no hay tal. No es la suave y á veces dulcemente melancó­lica claridad de la tarde; no son los variadísi mos tintes con que la luz crepuscular se re.fll'lja en los caprichosos y escarpados cerros que do­minan la capital; no son los encendios arrebo­les que allá á. lo léjos, muy muy léjos en el occidente, detras de las cúpnlas de inmaculada blancura del Tolima y del Ruiz, se alcanzan á divisar dcsde esa ciudad muellemente recostada en el amoroso regazo del Guadalupe y del Monserrate; no son no, los culpables de la omision de nuestro amigo. quiere echar de jóven, at'.lDido á que no ha in­gresado aún en el gremio ó no figura en el mar­tirologio conyugal; y prefiere quedarse en tinie­blas, á usar las insignias del hombre grave y y sesudo, pues reconocc con lealtad que ha asis­tido á todas las revoluciones políticas de esta ta patria infortunada. Espero que háyas comprendido, porqué ra­zon se le escapó el vocablo aquel que lo ha mortificado tanto; y porqué ha querido decli­nar su re. ponsabilidad echándole la culpa á la tarde, por lo cual, á fuer 'de buen caballero, he prestado voz y caucion, casi indignado por la injusticia con que se la acusa, y por la cobardía que hay en aprovecharse de su completa inde­fension. Nada hay comparable al tiempo! y pídele á álguien que te lo defina, y te que­darás á oscuras, como si te quisieras dar cuenta, de la esencia íu tima de la 1 uzo La luz es la cosa más Oscura en el estudio de la fíilica. ¿ Quieres convencerte de ello? Toma á Ganot en la mano, abre por allí á la pájina 391. de h edicion española de 1871, y lee: "Luz 6 hipó­tesis acerca de su naturaleza," y te preguntarás desalentado, casi desengañado por los mentidos progresos de la ciencia, de que tan ufano se muestra nuestro siglo. "Qué ¿ no hay más que hipótesis sobre la esencia de este flúido imponderable, que se lla­ma luz, vida del universo, sin el cual viviría­mos en perpetuas tinieblas, en eterna noche? y el sabio te dirá: " No más." Para ver, son neccsarias tres condiciones Pues así sucede con el tiempo: pretende de-coexistentes ó simultaneas: objeto, luz é ins- finirlo, p illletrar su esencia; y no 10graráA, por trumento visual. . más esfuerzos que hagas. Si una de estas tres condiciones falta el fe- Y sin embargo, el tiempo es un Océano en nómeno vision, es imposible. cnyas aguas estamos sumerjidos; es, empleando Cuando los objetos están muy distantes, no la bella expresion que M. Chevalier les atribuye los vemos bien por dos razones: por la debi 1i- á los Yankee, la estopa de que está hecha la dad de los rayos luminosos, y por la falta de vida. potencia del ojo. Por. él tenemos recuerdos, y esperanzas, ilu- Entónces tenemos necesidad de ocurrir á los siones y desengaños. anteojos de larga vista, que nos hacen creer El forma esta cadena misteriosa, esta suce­que los objetos se acercan por que los agrandan; sion de dolores y de goces, de dolores eternos y así como aplicado el anteojo en sentido inverso, de goces efímeros, que al huir en las alas im­creemos que los objetos se han alejado inmen- palpables é invisibles del tiempo, clavan una samente, porque los vemos infinitamente pe- espina en el corazon, le arrancan una esperanza, queños. le muestran el esqueleto de la realidad ó le cica- Cuando el instrumento visual no es perfecto, trizan una herida que hacia manar incesante­sea por un vicio congénito, sea por haber sufl'i- mente" esa sang¡'e del alma: las lágrimas." do alguna alteracion, la vision es imperfectit ; El tiempo! y llega á ser imposible, si no se ocurre á algun Reflexiona bien. El tiempo es el clemen to instrumento que corrija ó modifique el vicio 6 indispensable en la vida del hombre y de todos la alteracion del instrumento natural. los Aéres que lo rodean. Tal les sucede á los miopes y á los p?'ésbitas. El hace germinar la simiente; él desarrolla Tú sabes que la 2J?'esbitía es un percance de la planta, matiza las fiares, madura los frutos.' la edad; y que el que no echa mano de las an- Por él se cumplen todos los fenómenos de la tiparnts, cuando el tiempo en su fria é impla- existencia: la gestacion y la lactancia, que cable saña, ha alterado las formas del instru- preceden á esos dias sin noches alegres y risue­mento visual, se queda á oscuras en medio de ños, rrue llamamos la niñez. la. luz y en presencia de los objetos, que no al- Por él llegamos á la juventud, tomamos po-canzan á pintarse en la retina. sesion de la vida; nos dejamos engañar por las Falta así, una de las condiciones necesarias falaces ilusiones, por esos celajes de púrpura y para ver: falta el instrumento óptico. grana; ó extraviar por las pasiones borrasco- Ahora bien, .nuestro amigo Nepomuceno las. sas, yendo algunas veces hasta las fétidas sen- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 68 LA TARDE tinas del vicio, y hasta los antros tenebrosos del crímen. Por él llegamos ú, la edad madura, ascende­mos al zenit de la vida, y luego decliDamos, bajamos á la tarde de la existencia y nos hun­dimos en el océano eterno de la tumba. Felices! los que tengan tardes tan bellas co­mo la descrita por nuestro amigo Nepomucen y nn ocaso de vívidos arreboles, como los que se ven extendidos muy más allá de la cordillera tlon tral, cuando el observador se extacía desde el altozano con el berlo espetáculo que ofrece el sol, en UDa de esas tardes de Bogotá, al po­nerse tras esas crestas atrevidas, tras esas mo­les gigautezcas, que hunden su diadema nítida, en el azul desvanecido del cielo! ! El tiempo! He aquí el amigo leal y el ene­migo implacable, por extraña quo te parezca esta an títesis. Ouando amamos, cuando el corazon siente ese deliquio inefable, deseamos que el tiempo pa­se con rapidez para que llegue la hora anciosa­mente esperada, acaso la tarde, en que tene­mos la dulcísima ilusion ó la gratísima espe­ranza de ver á la mujer amada_ Cuando estaOlos al lado de este ángel (para los enamorados siempre es un ángel la mujer amada) deseamos que el tiempo pase su vuelo misterioso, para prolongar esas dulces quimeras de que vive el coraZOD. El tiempo nos arranca las ilusiones y nos mnestra la falacia de nuestras esperanzas. Es el gran Ministro de la Providencia, que les quita la careta á los hipócritas; y desvane­ce las brumas con que la caluOlnia y la mentira eclipsan los vívidos resplandores de la verdad. El tiempo simboliza para el desgraciado la esperanza: "mañana, dice, no será así." y ese mañana suele ser para él algo tan fa­laz como el límite del horizonte. Los afortunados lo temen, porque trae de continuo en sus senos oscuros y misteriosos, in­sólitas mudanzas y espantosos cataclismos. El dolor mismo se gasta con el tiempo; y las aguas del Leteo, no son más que una alegoría del tiempo. Ouando la muerte nos arrebata una persona querida; cuando la eterna separacion enlutece el hogar y amarga la existencia, el tiem po vie­ne á curar estos crueles dolores, que si no per­dieran á su influjo su acerba intensidad, rom­perían el hilo de su vida. Pel'O ¿ qué es el tiempo? Un gran filósofo dijo que es una idea relativa, qua tiene por elemento el presente. y el presente es un instante fugaz; es ménos, comparado con la interminable sucesion de los siglos, que el punto matemático comparad.o con el espacio infinito. Qué misterios tan pavorosos, que arcanos tan profundos: ellos nos muestran que" la ciencia humana es un punto luminoso en un infinito de tieblas_" Nuestro amigo Nepomuceno pret"'nde, por medio de un sofisma, haberse sustraido al in­flujo todo poderoso del tiempo; y si lo lograra ¿ no le consideraría como Oalipso, desgraciada por ser inmortal? Así es el hombre; todo 10 cansa. Su anhelo es ir más allá. A veces echa de ménos el tiempo que pasa, porque se lleva en sus alas de tinieblas las di­chas quo acariciaron su alma; pero nadie qui­siera empezar á vivir do nuevo. Más de una vez habrás lamentado el tiempo que te quito con obligarte á lcer esta larga. misi va, pues tú tam bien eres de la escuela. mercantil que ha popularizado el adagio; "El tiem po vale dinero." Perdona á tu amigo OÁRLOS. LAS GOLONDRINAS· EN EL ÁLUU~[ DE MI AMIGA LA SEÑORA LUISA , ALCALá DE BORDA Ouando las golondrinas La pa tria dej nn) Van cruzando los aires Oon tristes quejas, Quejas que duran Ouanto en lejanos climas La ausencia cruda. En vano de otros cielos Ven los encaDtos, y las fuentes, las flores De hermosos prados i Siompre la patria, Ah! la patria por siempre Oautiva el alma. Comprendo que tus labios Aunque sonrian, La nativa morada Jamas olvidan, y alas quisieras Con que, hendiendo 108 aires, V olar a ella, Más que tu venturoso, .- Por cortos dlas Dejé de mis hogares Flores y brisas, Pero aunque cortos Ya, Luisa, me parece Que no retorno. ¡Ay de tí que has labrado Léjos tu nido, Y al verme alzar el vuelo Das un suspiro Sobre mie; alas Tus ardientes deseos Llevo á la patria. A vecilIa del Guaire, Bella avecilla, Adios! á sus riberas Retorna aprisa. Ah ! yo quisiera Dejarte mi contento, Llevar tus quejas. ARÍsTIDEs CALCARo. Bogotá S'etiembre 18 de 1874. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • LA TARDE 69 EL TIEMPO. • A MANUEL. POMBO. IV. El tiempo es, segun varias autoridades respeta,bles, presente, pasado, Ó !l¿tm'o. Lo presente es ('1 anillo que une lo pasado con lo • porvel11r. Nadie hay, ni el niño sin mun~o, ~i el cachifo T?a­licioso, ni el hombre aperreado, DI el 19norante, Dl el sabio, que no diga lo que digo yo. Pero cuanuo hay autoridaues que afirmen una cosa ¿ debemos creer en ella, pOl' eso y nada más? Oh! o. Me quitaría hasta el nombre, si fuera yo capaz de respetar autoridades que me manden creer lo que no creo. Salvo los mi terios y dogmas de nuestra augus­ta reliO'ion, los cua.les confieso y sostengo, no me se-paro u~ punto de Santo Tomas: Ver y creer. . Yo, mecido siempre por mis dudas, pregunto: E x<¿s­te lo pasado? Y respondo: No: puesto que ya pas6, ya muri6-¿Existe lo 1JOTVeni?''7 Y respondo: No: puesto que no ha llegado, no ha nacido. Luego cl pl'esente es un anillo que une dos cosas que no existen; una supuesta verdad que nace de dos mentiras; un sér que debe á dos nadas su existen­cia' una vida consecuencia de la muerte y del no ser. P"e ro es asi que todo lo del párrat o ainte·rIO r es a b - .urdo é imposible, luego el presente no existe, ¿ Ouándo, c6mo podría existi.r ~l. presente si, ~un al pronunciar su nombr~, y.a la p llliclal es~á hundida en lo pasado, cuando la ul tIma e no ha salldo de lo por­tien ir' '7 - Mira Manuel cuando y0 me dejo llevar en alas de estas cdnsideraci~nes profundísimas, y rindo mi vale­roso ingenio ante estas demostraciones evidentes, no puedo ménos de admirarme de que haya unos hom­bres que hagan y otros hombr-es 9-ue compren, relojes. El reloj no dice que horl1. es, SIllO que.hora el'a . y así sucede en todo, ¿ Ouándo se acaba un dia, 6 un mes, 6. un año,.6 un !iglo'7 ¿ Ouándo, en qué momento preCISO, comlenza nn período cualquiera? Nadie puede saberlo. Y esto prueba que el alma­llaque es tan embustero como los relojes. Porque, una vez demostl ado qu.e esos períodos n~ tienen principio es preciso dednclr que no duran 111 mueren, puesto que, fuera de Dios, no hay existencia alguna que no haya comenzado. Tenemos pues averiguada una gran verdad, á saber: que no hay pasado, pl'esente, ni,po?:ve?1~1' ; y que los relojes los almanaques y toda maquilla u obl'(\ de esas con qu'e se pretende medir 6 calcular el tiempo, s.on meros sofismas inventados para. explotar á los lD­cautos. - A mucho andar, y emplea;tdo el lenguaje figurado del corazon pudiéramos deCir que el pasado es el do­lor' el por;enir la de confianza; y el presente, un tor:'ente de sobresaltos que se hunden en el abismo tenebroso del temor. Porque á la verdad. ¿ Quién no sufre 6 llora en este mundo? Nadie, El que logr6 atrapar una fortlln~, llora l.as hambres que pasó; el codiroto que se caso con rIca, llora la vida de sus cuñlld os, y la buena salud del sue­gro; el suegl'o llora su capili~ t:liminwio, porque el yerno lo volvió hijo de .f~~miha; el emple::ado U.ora maldICiendo la alternablhdad de los goblernos, ~l tendero pOI' el abamtamiento; las beata¡:, de rabel. hipocondriaca; las ~olteronas, pOl' eso;. las ~~ un año de casada su perdIda libertad; la Viuda Joven, su labol'iosa c~sUdad, como la llam6 sábiamente San J e­r6nimo. Oon razon llaman v(¿lle de lágr'&m(¿s á este ruin bo> doque que habitamos. - El presente es el af~n. ¿No habeis visto al Tequendama, lectoras y lecto. res mios? No habeis hecho (los segundos) y dejádo03 ha.cer (la- primeras) un paseo al Salto? Oh l Sin uuda todos los que hayais podido habreis cumplido con el deber de visitar la sublime maravilla . Pues bien: e~s aguas espumosas que, cual mana­das de blancas ó~ejas per;;eguidas, se lanzan en tropel al abismo rugidol'; esos vellones que se deshebran; esas espumas, que se vnel ven niebla, vapor, nada, son la imágen vi Vl1, elocuente y eterna del presente. - Ahora pregunto ¿ Qué puede ser, qué cosa bue­na puede ser el presente, ese hijo de las lágrimas de lo pasado, que se alimenta con las amarguras de lo por­venir? Ay! El presente es la agonia. { Por eso El Oreador, en su sabiduría infinita, le ne­g6 los goces, la fuerza, el placel' real, y le concedió tan solo la espel'anza. . La E spemnza ! : Prueba, regalo, caridad de Dios! L a espel'anza, esa dulcísima coqueta que se sonrie con t.odos, pero que á todos los engaña, se representa geométricamente, por aquella curva incansable que andn. sin cesal', acercándose en cadn. punto al centro, sin poder, i(¿mas, llegar á él. Pudiera tam bien compal'árseln. á la f6rm ula 9 : 7 Aproximad, esa fraccíon por el cálculo decimal; id au­mentando ceros de siete en siete; sin duda en cada operacion os aproximais al término; pel'o la eternidad misma. seria demasiado corta paaa alcanzar al fin del cálculo. Qué portento! Qué puerta tan luminosa y tan modesta, para entrar, con la mente, al infinito! , - Iba yo con G. G. G. de MedelJin á Caldera. Yo llevaba un volúmen de poesías de ese vate inmortal. Luego que desensillamos las mulas y nos quitamos las espuelas y zamarros, nos sen tamos en la huerta al amor de ese sol vespertino á quien los niños monta­ñeros llaman"elsolecito de los Venados". El rio bramaba en lo hondo, y se veian á nuestros pies las aguas coronadas de espuma, que se deslizaban 6 se perdian saltando, entre los negros pedrones. El aire estaba tibio, adormecedor y perfumado. El cielo estaba azul y adornado acá y allá por nu­bes inm6biles, blancas como el mármol, que presen­taban figuras caprichosas. -Qué belleza! -Incomparable! respondí. -Qué tienes por ahí qué leer '7 -Te tengo á tí, elije sacando el libro. -Pues, sino hay otra cosa ménos mala, Zeámosme, agreg6 el poeta sonriendo. Eso mismo digo ahora: L eámosme. Abramos "El Oásis" de Medelhn y tomemos en el número 7. o "LA ESPERANZA." ........................... lo ............................................................ .. .. .. .. .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ... . . . . . . . . . . . . . . ... . . . - Mas esto de plagiarme á mí propio, se parece á lo del tabernero aq~tel que aguaba el agua., ó á lo de aquel compatriota que, por la noche, se robaba del aparador la tabla de cacao que se habia de bebe?' por la mañana. E cribiré, pues, algo original y nuevo. . , Pero vamos andando porque, como la mIU0l'la de los lectores sabe, al'S longa, vita bl'evis. No hablemos de La Esperanza, hablemos de La Desesperacion. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. , '70 LA TARDE Digo, en primer 1 ugar, que la D esespe¡·(tcion es eso que siente el que l eyendo e5te artícu.lo, vien­do que, de pretexto en pretexto, voy baciéndolo mas largo y dejando al l ector sin eepuanza de verle el fin. E ta e la d ese peracion pasiva ,q\Je forceja y cJa· roa; que á veces,gime; pero que jamas se irrita ni ba­ce mal. Hay, emper o, otra espeeie de este mismo género: hay la D esespe¡'acion Active,. Esta es todo tempestades. E Milon de Crotona co­gido e n la prensa de la enciLla bendida; es la última gota de sangre de un corazon quebrantado; es la. úl­tima pluma de las alas de un alma viajadora, enloque­cida) es eso que hayal otro lado de las puertas del infierno. La boca del desesperado vive seca y solo 'Se abre para maldecir. Su labíos e Lún siempre. tostados: si alO'o como una sonrisa los mueve y los dIlata, ellos se '" rajan y cchan sangre. - La de esperacion constituía la naturaleza del Dia­blo en los primeros siglos de su juvellt.ud. Negra no ' che en torno! l\Iüuc1o impalpaLle y sin barreras! So ledad absoluta y, por única compañía, su dolor sin es_ peranza! Despucs la co a varió y el pobre Satanás tuvo al­gunos ratos de consuelo. Coger á una beata y zamparla de cabeza e n In cal­dera; jugar con los maridos; enganar á lo cándi­do:::; correr con la ornamentaclOn .Y el cornisamento de las alcobas de los celosos; probaL' á los bellacos y á los tacaños quc él sabe mas quc todos ellos juntos; fo­mentar guerras, rebel ion es, pecul ado y prevariea tos; quitar su blanco velo á la virtud; disfrazal' hipócri­tamente el vicio; encen1er la sed de los avaros; tirar lodo á la fr ente de la verdad; levantar el Bece no de oro ; soplar en los corazones el fuego egoista de un interes ruin; tirar su red á la IgI . Y sacar de cada tiro una docena de infames 'Santurrones .... toJo esto debe aliviar las penas del precito y hacer s u existen­cia casi envidiable PO?' ahora . y digo po)' ahom, p o rque,como todo el mundo sabe este mundo no es eterno, y tendrá su dia final; Dies' Í'/' CB , d ies illa ! Ima g ínome que el Diablo le tend~á miedo pánico ,,1 dia <.Iel juicio final, porque en ese dla luctuoso se le acabarán el destino y su renta de peca y tend.rá que yolver á estar de balde: su mayor dolor consIs­tirá, sin duda, en la consideracion antwi}Jada de la pérdida de su reino. Si el género humano fuera eterno, el Diablo seria casi feliz. - ¿ Quién no ha visto al raton 6 á la hiena, en la tram­pa. ó en la jaula, cómo and a n, de uno á otro lado, to­cando, con ánimo de mov e rlas, las baLTas de u ~"tre­cha cárcel? Sabei , por qué no se detIenen jamás y vuelven y revuelv e n sin cansarse nunca '1 Es porque e peran. Eso hace el vi ejo mendigo que d ejó una piel'lJa. , e? el campo ele batalla y que arrastra su cuerpo e cuah­do com ido dc 1I agas cancerosas. y aqllel j óve n de veinte años "Maldita edad de amargos desengaños !" ? p or qu é se detiene en la n.1Ítad del valle y de la prima,era de la vida, y mueve en torno la mirada ,a­ga, y arroja, con d esdeñoso desaliento, el peso de la carga de us dias '1 ¿ Por qué? Porque no e~pera. Para el que perdió la esperanza no hay cielo azul, ni campo abi erto, ni camino trans itable. Reniega de la .ociedad y se sale de ,u seno, para vivir solo con su corazon, que es su enemigo. Pero ¿ qué es, quó papel hace en la vida humana, EL CORAZO. '1 eámo¡; lo. P ero ya e TIF.MPO de terminar este artículo . 1 74. Octubre 30. C . .A.. E. CON LOS BIENES DEL DIFUNTO ¿De qué le s irv e tí don Juan Converti l'se en usurero y buscar tanto dinero, Con angu tia, con aran, d lu ego su ni eto .A.brahan Que e beredero presunto En una hora pondrá punto A s u g ran ecoporoía, Diciendo con alegría : "Son los bienes del difunto" '1 ¿ De qué le sirve á Paulino Comer de pan malo sopa, y no tomar una copa De algun excelente vino, Si la muerte en su camino Habrá de ponerle punto, y el dinero todo junto Pasará á manos de extraño, El cual gozará buen año Con lo s bienes del dif~¿nto '1 Don Quintin el cnpa rota, De lo s piés á la corona Revelaba en su per ona U na horrible bancarrota, Pasó la vida en p elota Fuá de miseria conjunto, y al fin murió; pero al punto Su caudal cogió un pariente, y marchó para el oriente Con los bienes del difu?!to. Yo por eso bebo y como: Si hallo jamon, adelante, Si tintilla de Alicante, Que lo sirvan, yo lo tomo: A las penas hago lomo Mi éntras concluye el a~unto. ¿ Qué tal mi plan '1 yo pregunto: Gomer beb er y gozar, No vayan luego á bailar Con los bienes det difunto. MARTlN GUERRA . • :::: o Escenas de los Alpes. EL Cá.Z.á.nOR DE Gá.MA US;\.S. ( Con clusion,) -Enhorabuena, interrumpió Job; pero reanímate y arriba. Todavía no .... dentro de un rato .... murmuró el j óven cuyos ojos se cerraban. -Dentro de un rato no seria tiempo, exclamó Job sacudiéndole con pres teza. Levántate Ulrico, es ne­cesario; las fuerzas te vol verán andando, y descanRa­remos en la primem que encontremos. ,i per­maneces aquí, eres muerto. En pié, de ello depende tu vida. y al decir e"to habia obligado á su sobrino á lenn­tal' e y le arrastraba, uyo, por el ventisquero con la cabeza flotante, tré mu 10 y medio cerrados los párpados. El viejo trataba de reanimarle con pre­guntas; Ulrico, cuya sangre se fué poniendo en mo- • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. , LA TARD E 71 vimiento poco á poco, pudo contarle en fin con pala­bra entrecortada su fuga de la ví pera empujado por el f(/Jhu, su caida .en el golfo, amortiguada por ~a avalancha que Je Ilabla arrastrado, y su larga agollla en el abí mo; sólo guardó silencio sobre el encuentro de llans. J ub se sorprendió de que con su poca experiencia se hubiese aventurado de aquel modo hasia las al­tura . -Te creí má prudente, dijo meneando la eabeza, pero sucede con 1 aire de la montañas e01110 con el vino; la mayor parte de lo bebedore no se hartan ha ta embriagar e. Habría deMdo acordarme que tenias angre de lo Hau el' en la vena y que de de hace cien año todos han tenido su temeridad por mortaja. i Dios me perdone! me figur6 que solo Hans estaba po eído de la fiebre de la caza. -¿ Le habéis visto? preguntó U1rico. -Nu pero he reeonocido la huella de sus pi é", res-pondió ~l tio Job; .ta mañana la he visto sobre la nieve detras de una PI ta de gamuzas. _. Ah ! es el rebaño que buscaba, exelamó Ulrico, el qule vió anteayer guiado 101' una emperatriz. -Quizá. ; la pista iba hacia el norte. -i Al pió del .\!:iger ? _: o más cerca de nosotros, allí, á. la dereeha. La m~no del tio Job inrlicaba una de las laderas del ventisquero que iban co teando haci~ algunos il!s­tan tes y por la cual reinaba UI,a e peCle de C01'11I a quebr~da por muchos sitios. La cuesta que h~bi~ de­bajo cortada primero bru'3camente, conducHl. a un larg~ r epecho abrigado donde la nieve deshelada ha­bia dejado á descubierto una yerba muy fina y de esa tinta azulada particular de los pastos de los Alpes. El jóven escultor' e habia detenido; s~s ojos err~ban por la verdura encajonada entre las pIedras y hle.los de aquellas al tas cumbres, cuando de· repente obligó á su companero á esconderse tras de una pena. _¿ Qué hay? preguntó el tio Job bajando la voz instintivamente. _ Iirad, mil'n.d, murmuró Ult'ieo, allá abajo, en el recodo del pecho. . El viejo montañés se puso la man? en .for~a ~e VI­sera sobre sus ojos y VIÓ, en la dlrecclOn mdICada nueve gamuza que volvian la montaña con la empe­ra triz á la cabeza. En la rapidez de su carrera se a~ivina fáciJm~nte que debian venir perseguidas. Ull'lco y el anCl~o buscaron primero al cazador á la falda de la mO~ltaDa, pero sólo le di tinguieron despues en la corlllsa de que hemo hablado. En tanto que laf; gamuzas cruzaban la yerba, TIans las costeaba, por decirlo así, desd~ aquella altu:a es­forzándo e por adelantarlas. El tlO Job Y Uh'lco le vieron con espanto correr por la estrecha cornisa sal tanda unas veces las más anchas brechas, otras suspendiéndof;e á un pico de la ,roc.u, y otr~s arras­trándose junto á la pared re~baJadlza: lla~H~ en su audaCIa yo uo sé que desprecIO du lo Il?poslble, .q~e daba vértigo. Impelid? por un~ esp~ele d.e deJ¡r~o, marchaba delante de el como SI hubIera SIdo dueno absoluto del espacio bin oir nada, sin ver nada, y con los ojos fijos en su presa. Por fin logró adelantar u.n poco á la gamuza, y á fin de. cojer con má~ segun­dad á la emperatriz que la glllaba, se lanzo sobre el último pico que habia separAdo de la corlllsa. Job se apoderó de la mano de Ull'Íco conteniendo una exclamacion y sin hacer un movimiento, IIans se habia acul'l'ucadado sobre el zócalo estrecho que le sostenia y apuntaba: en este momento las ga.muzas pasaban á sus ; dI paró y cayó la emperatnz ! El cazador lanzó un grito do victoria que á pesar de la di tancia fué oido por los otros; pero al endel:e­zarse con la carab:na humeanoo en la mano. tO?R:vm, la pecie de en que se apoyaba, pl'lUClplÓ a hundirse; extendió los brazo, pero era tarde •.. : sus manos se deslizaron sobre aquel muro de rocas hma­do por el invierno, b¡'incando de puntaen punta. y llegó deshecho hasta la praderilla. á veinte pasos de la gamuza que habia malacIo. Alguna hol'US despnes llevaban á la casita del En­gel' el cuerpo desfigul ado de Hans. La vieja Trina, advertida ya por el tio Job, recibió el cadáver á la puerta de la cabaña; miró al muerto durante largo rato con la faccione crispadas por un dolor feroz y murmuró con acento entrecortado : -Otra más .. pero así debia ser .. habia visto co­mo el padre de N eli un rebaño de gam~tZa8 pe1'di­( las . • era un anuncio! El íritu de las montañas es el má fuerte; el último de los Hauser va á. dormir en la tierra. y sin añ1.dir otm palabra más se ent6 cn una ro­ca con la frente apoyada en su dos mano. Freneli y Ulrico quisieron acel'carse, pero ella les hizo una se­ñal para que la dejaran. Solo cuando ::<0 disponia la ceremonia fúnebre, se levantó lentamente, entró en la casa y se ocupó ella misma en amortajar al cazador difunto. 'l'ambien veló ella sola al pié del lecho mor-tuorio ha ta el dia de los funera Los habitantes del valle y de las colinas advertidos de la que habia sucedido en la montaña, cordel'on todos á us exequias; los restos del cazador rueron extendidos en unas angarillas de rumas, y la cabeza lleyaba por almohada á la emperatriz de las gamuzas que le habia o la vida. Detras marchaba la abuela con el rostro desencaja­do, Ull'Íco conmovido, y Freneli que no podia con te­ner su lágrimas. En el momento en que la comitiva llegó al sende­ro que conducia á la casa, el sol apareció sobre las altas rocas donde no se habia mObtrado despue:s de cuatro meses y lanzó ha ta el valle del Enge uno de sus dorado rayo. La muchedumbre hizo un movi­miento: todas las manos mostraban el alegre resplan­dor; hasta la vieja Trina e estremeció, pero mir9 involuntariamente al muerto, y sus ojos áridos se hu­medecieron. La pérdida de IIans fué el último golpe para ella; todos la vieron doblegarse y debilitarse de hora en hora, hasta el dia supremo que apénas e hizo esperar algunos meses. La 'l'rina murió con los ojos fijos en el sombrío armario de nogal que habia mandado abrir en su agonía, y donde se habian depo itado con los otros los despojos de la última gamuza que IIans ha­bia matado. Sola y dueña de su suerte, Freneli se casó con Ulri­co y se dejó llevar á. llIerengen, donde el viejo Job no tardó en seguirlos. El que recorre los valles de Hasli, !us altUI'UE del Branih y de la G rando Scheideck, puede tal' segara de eneontrar al infatigable viejo buscando sus cristales, errando por los más recónditos senderos, y cantando á las de la montaña 109 antiguos salmos que acompañan como un órgano pro­digioso el ruido de las cascadas y el rumor de los tém­panos de nieve. Al Cotopaxi. l. E. SOUVESTRE. Yo te saludo, monumento eterno Del Dios inmenso y bueno y sempiterno Que gobierna los mundos y la mal' ! Tu pedestal descansa aquí en la tierra ...... El cielo azul tu excelsa frente encierra Y escucha tu bramar! n. ¿ Acaso fuiste <'l atalaya augusto De albos cabellos y semblante adusto, Que Dios cual centinela aquí fijó Para cuidar el snelo americano Y protejer al inocente indiano Que en paz aquí nació? • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 72 LA T A R D E. Tú eras, oh monte, la. potente egida De esta nacion feliz que adormecida Bajo tu guarda, el gran rumor no oyó Del poderoso paso de extranjeros De rudas almas y a emanes fieros e tu altivez holló. IU. ¿ Atahualpa no viste con ternura Cruzal' desprevenido la llanura De la traicion que le esperaba atroz, y que albergada en pechos ~a~tellanos Pudo infamar á todos los onstlanos Por su crueldad feroz? IV. ¿ Por qué con tus volcánicas ent::añas No hiciste derrumbarse las montanas Oon estupendo, h01'l'ísouo fragor? Fácil te fué desde la etérea cumbre DEljarle ver la hambrienta muchedumbre A tu infeliz señor! Pudiste bien en espantoso abismo Sepultar para siempre y aquí mismo Al grande Inca modelo de lealtad, y librar al hispano de una afrenta y á tu rey de una muerte asaz sangrienta Que le dió la maldad. y aún más oh Ootopaxi, tu pudiste ...... ¿ Por qué cad clara voz no le dijiste A tra:;, guerrero! el fratricida ardor Oese y unido c,on tu hermano al punto Defe'nded vuestros lares en conjunto Salvaos del deshonor? v. Mas, ay gigante! tu iml(otencia entiendo, y tu grande estupor tamblen comprendo. - -­Era llegado el término fatal! Que ni en la tierra ni en el mar profundo De Dios la voluntad que rije el mundo , Nada pudo burlar. VI. En el relój de justa Providencia Sonó la hora, y la fatal septencia. El eco en tus entrañas devolvió, De tu garganta &n el feroz bramido, y en el clamor del indio desvalido Que todo lo perdió. De Viracocha asi la profecía Mostró cercano el anunciado dia, y con ronco rugir y rebramar Diste al indiano la esperada seña • Que repetida de una en otra peüa Perdióse en la ancha mar. y del Inca en su hora postrimera Te estremeciste con violencia fiera; Tu inmenso imperio atónito tembló, y ántes que ver la hoguera funeraria Con prolonga.da y lúgubre plegaria Tu cumbre al mar rodó. VII. Y la tierra feliz de tus mayores Entre alegres y vivos r esplandores', A otro pueblo, Atahualpfl, albarga ya! la Ootopa 1 en su clamar rugion to un alto orgullo á la futura g eute Tu nombre enseüará ! Quito, se~iembre de 1 74. J. M. MALLARl O. --o-o~()<)-- Un desafio de Lamartine Lamal'tine tuvo siempre un caráctel' noble y ca balleresco, y no pocas veces en BUS oscursiones literarias expuso 'u vida. Hallándose en Florencia, abrió se de repente una mañana la puerta de su gabinete. -¿ Quién se atreve á entrar de este modo? preguntó el poeta, levantándose de su silla, mi­rando con sorpresa á un militar de alta gradua­cion que entró enfurecido y con un libro en la mano. - ¿Sois l\Ir. de Lamartine? pregunta el des­conocido. -Si contestó el ilustre poeta. -Habeis escrito el Ultimo canto de la pere-g1" inacwn ele Hm·olcZ ? -Oiertamente, contesta Lamartine. Pero Ol! ruego me expliqueis el motivo ...... -¿Qué me ha C'onducido hasta aquí? Me pa­rece que este libro os lo indica sin género de duda. Soy el coronel P ...... hermano del gene­ral del mismo nombre. La Italia es mi pais na­tal, y vos habeis insultado la Italia. • -Pero, señor ..... . -Acaso no os acordais del pasaje, y conven-ga ayudar vuestra memoria. y abriendo el coronel su libro, leyó los versos en donde el poeta dice que la Italia tiene hijo! que no heredaron la sangre de sus abuelos,y que los viles aceros hieren escondidos en la sombra. -j Vive Dios! añadió el coronel. j que yo soy jóven y siento correr por mis venas sangre aro dorosa, y,sabed ...... que mi espada os probará que hay aceros que no hieren en la sombra, pues ahora mismo nos vamos á batir, en pleno dia, tí la luz del sol, á no ser que barreis de vuestra obra versos tan ignominiosos! ! --Dispensadme, contestó Lamartine, con cal· ma : yo cedo facilmente á los ruegos, pero nun­ca á una amenaza. -i Iuy bien! Pero ved aquí otros versos en que decís que en valde buscais en Italia hom­bres y solo ha113is su polvo ...... i Yo os haré morder este polvo, caballero! -·-No lo creais, respondió el poeta. Intentais intimidarme y no lo lograreis. Absolutamente cambiaré nada en mis versos, y desde luego estoy á vuestras órdenes. --Marchemos, gritó ul ('oronel. --Inmediatamente, dijo Lamartine. En el jardin de la misma habitacion se de­safiaron y batieron, pero el autor de la Peregri­nacion ele Fiarold, fué gravemente herido. La. sociedad de Florencia !:e interesó vivamente por el restablecimiento del poetá, miéntras qUQ su vida e. tuvo en peligro. •

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 9

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 31

Por: | Fecha: 10/04/1875

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .-' ----_..s:s:c.-J~c ¿ ~ .:> ;}":::::::;lL.2.:? ------ • PERIODICO DEDIOADO A L A LIT E n A T U R A . • = • - e e __ =a 4 1 - -- Serie IIl. BOgot(L, 10 (L Abrjl de 187 . Número u° 1 . - A~DEI • EL COQUETO. Opinamos con nue,tro Emiro Kastos quo no sou admisibles ni el nombre ni la especio. o el nombre, por no comparecer on los dicciolla­rios, por ser tan insonoro y pOlO carecer del pa­Importe del uso, "aruitro y norma del lengua­je." Coqueto! eueu:\ tan mal como costurero, ctp la Il citador, 1:erduZero, y tantos otros nom bres que no comportan el género nJasculiuo. No la cspecie, pOl'!lne la simple enunciacion Jo tal vo­cablo do picrta ideas do fal ía, do infelmia, de engaño, cosas por cierto no IDUy simp:iticas á gentes do :llguu corazon. Di culpas tieno una coqueta para cohonestar su (,flcio. Si cfcudl'iilalllOs las C,UUS\S que la lnu­zaron en bn rcsbaladizo tc rrello, uaJl amo fdglL­nas bn.stalltes á haborla. hocho pl'rder 01 juicio y mirar con pocn. esti macion su dignidad: ya es un "il engaüo quo 111 hizo escéptica en amol'; ya uná pasion tan real y profunda como mal comprendida.; ora cicrta le e tl1ra~, demasiado tra.'lnrentes, que sus incautos rap'is no lc vo­daroll; ora la a islencia fostinaua á los bailos. E"ta' y otras Uluchas cosa, qU.3 d ejamos rtpun­t:\ da ya en " La coqucta," son las qnC', lenta y solapadamente, van f,tlseando 01 cal''lcíer do la mujer. Mas, el coqueto ¿ qué disculpa podrá aducir on dofensa de sus vilos .Y cobardos pro­coderes? Ninguna al m óllQs' rncional. -E:! de'cit', xclamad, aquí Lisímaco, ~i es que los delic,l'los ojos dc IJisímoco sc dignan p l' por sobre r.ste al'ticulej n, t:Jn 1I '1 bre de VOCAS almiu:mtdas y do cOlleopti1l0S p el'fumados; es decir, que lo,> varone 110 sufrimos tnlllbien infumes engaños, y no S01l10S víctiUlrts do In. per­fidia. de las mujeres? -Poco ri. poco, señor, )' que no haya nojo. Todos en esto mUlIdo mentimos: yar01l0S y mu­jeres, viejos )' 1Jt0zo~. Mus hay engaños de en· gaños. Con el fin de vbudol' sus comestibles, miente do varios moclos el infeliz labrador, 'luien despucs de 1111 "iaje largo y penoso, npénas si logl·al'.í. g:lnar cual'ent,l c nta\'os; pero esas mentiras son di culpables, atendida la necesi\lad 011 que de emplearlas so vo 01 infeliz. Y miento el opulento comerciante, ni ponderal' Jo oscogi­do y fuerto de sus telas, )' 01 ulto procio ri. qUb él las tomó: esto no tiene discul pu, pues nada significan veinto centavos para quien maneja gruesos cl'pitales. De igual manera, es discul· t • .._ .e. • paLio el quo so '\0 obligado á meter mentiras par(b s ~!c{(r urdadcs j pero no lo es quien enga. ñu tan solo por brgaiiar. Así do la coqueta y del coquct , Ella, débtl, aislada, obl'Llluda por la esclavitud :i. que la someto 1:1 sor::ieclad, llJionto amor por di~traerso. por aturdirso en el torbolli­no do las pa~iOl:cs, ya quo llu(b sél'io halla quo pucda serv il' de p:ibulo :\ su corazou, sediento de nf(ldos, eOllJo lo esbí do lluvias un to tado arenrtl. liras, 01 h ombro, (Jtle cs fu erte, que os librc, quo es el d lloilo y ¡¡eñor do la l:iocietlad, ni'Jgun moti\'o tiene que Jo impela :í. manejar mOlledas fal sns, :í jugar con un pobl'e corazon. l~lg(¡rase tal vez la coquetrt, en sus lúcidos ln­tel'l': tlos de reflexioll, que á fuerza de sondear el oeéno del amor, p(!dr:í tropozal' con el tosoro anhelado. El va ron no tiene necesidad dc au­dar en adivinanza", pues es liuro de fleclararso cuándo y con 'luí n á hien tcnga, y de retil arse en siloncio y sin 1 menor menoscabo de su dig­nidad cuso de algunas helad IS éalabazas. Concíbe~e muy natural el que b m'aña fiendn sus r ed os con el fin do atrapar los animalillos Illle Vrtgall por los aire~, olomento quo no os el dn lb; l11:.IS e l Jeoll quo armara aeeclwuzas y tendiera lazos :í las alimañas quo I'Ua(Ltll por ahí cn la montaña, procedería como un iaf me. El leon atnca, ucslruyc, elevoru; pero n o es al e\'oso. La coqueta se merece muchas vocos el hOll e:­nnjo debido {~ la elpgaucia. Om l'orn:í ntica co­mo una ninfa de Jos bosques, sus ojos m elancó­lico. y p onsati\'05 se elevan al espacio, J, hume · docidos tal yez, r o,'eIan telll pestades en 01 almo. y oloadas en el COl'nzon: ora altIva, yel'guo su C'ahczo. como una 1'cin r odúatla ele su corte, é impono l' 5pe1.0 y sUlIlision Sea (' tudio, sea. fingimiento, soa lo quo so qUiOl'll, la co lupta 11 á las vecos obel'ana'uente ellcantanJnrll. Y del sailor coqueto qué so puodo d ecir ~ lIorrores y desvergüenzas_ Lisímuco cree poseer atractivos irresis tiblrs. L'1. i nI atolondrado jóven con un entusiasmo fl·onético. El ompezó entónces Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 242 LA TARDE ñ parar mientes on que era eleganto y por do­ma s amable. Reliróso de la solterona, y ~o dirigió:\. nna niña que por prim 9 1":1 v ex a i -ti:t :L II n b:1ile: colpgiala r rcio n de e nfJnlelndn, avecilla npénns salida del ni do. El que epa que nada hny mé­DOS medit:H.lo qne el sí do tilla muj o r .. tmuida p or el I,r i mer zUlllbi rlo social qu e ll cga á sus oidos, pues ella no busca todavía amor, sino al­go que haloguo su vaniJad, eompl"enuerá porqué Lí. ímllco fué pOl' segunda \'ez acogido cou eulu­~ iasmo. Entó llces si que se envalentonó nucstro nmartelildo ninfo. o se diga sino que ~e ad­miró de haber i\' ido tanto tiempo s in saber quien era, como aquel Hljeto {ne al fin ue u "ida caló en la. cuenta ue que en toda ella ha­bia bablado prosa. Al'móso entónces ue PUlit ¡t en blanco, y, más re ue:to, ensirui -mado y creido que el hidalgo mancheg0, nuestro recluta d e nn taño ée convirtió en un im pel téni co liuiadol' de bs batallas dc Cnpillo. Por de contado que IJisimaco es ignorante, pues un poco do ciencia es tan antipática á los cupidillos, como el llgua al gat(), COlla el airo al pez. No obstantC', JUUlas ::;0 s rnolllil'a, como creían lo , pngm s que lo. dioses no castigaban l os perjurios de los amantes? • Tem¡>l"IlTlo que larde, iufeliz ! se lc prcso ntar:\ lo seri0 de 1\ "ida: veráse obligado :t pensar en d porv e nir: ser.tir¡i. necesidad tlo !\Ul:)r , y v o l­ved, con tri~t ez a los c.jns hicin 103 hogares feli­ces: ver:\. acercarse, sola. y helada I.L vejez, y clltónces, ineapaz ya dc virtud y omo1', sentirá su mano asida por el fria esqueleto del escep­ticisllJO; y no tendrá, al revolver u su pensa­miento hñeia el pasado, ni una aola df\ ea3a sa­ti~ f3eñOl', no estás aquí? De este rO('Ínto i oh quietos moradores r Cnando lo . noche el mundo os ocultó, r. No oís ecos del cielo arrobadores, Como en los montes do Israel 01'Ó? ¿ N C) ha beis visto los coros de los cielos A vuestras sacms cúpulas bajar? ¿ No ois ro. gados los mundanos velos, )~l canto do los ángeles sonar? En vano el alma escucha, ve y adora? :Muro férreo entre tien'a y cielos hay? ¿ Vuélvese en vano á la. celeste aurora Vuestro ojo q\\e la busca sin cesar? • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. LA TARDE 243 Dios I poro. alzarse ñ. do tu voz lo llama Los astros ti t'ncn C:\l'ros de zafil', y alas el ave quo tu ardor inflama .... Aj. nuestra alma. podrá sólo g ellJir ? Alcen su YOz y aphíquente los santos, El i n cioll~o tic! mundo os In. orac100. No otros pecadores, solo Hautos Podemos derrumar en expiaeion. J. J. BonD.\. - EL ALFILER. Nada h:Jy tan pec¡ueiío, tan COl11un, tan bara· to ni tan neccsario co'."o un alfilor. Es el salvador de las soluciones do continui­dad, sufridas p or el trajo Jo lino. hormosa en 01 vértigo de un \"als: él su tituyo on <:l celil.Jnto á la JUallO de la espo a q 110 dp.bia rcponer el bo­ton ausentl', y i cuüntas yoces el pudor de lllla vÍI'gen no pende do la soguridad do un alfiler! Múltiple en sus servicio:, lo es tamI.Jien en su significaciolJ: un alfiler en el cuello do un hom­brc dcnuncia soltoría; on la f,llda do una mu­jer, descuido; en el pecho dc la misma, cundor. De:::pues de todo, tieno nuestro mueble su nú­mero ca Lalístiro. Tiembla, lector, cuanto tu mujer te diga: -Voy á ponerme do 'Veint icinco a lfileros ! " , ,~ * • No Eé desde cnando data cn el mundo la apli­eacion del alfiler; pero no es peligroso asegurar que úntes de que las flllldiciones europeas nos regalasen elliliputicnse invento, la humanidau recurrió á. los zarzales en busca de alfilercs ! Hay ciertas cosae intuitivas en nuest.rn es, • peCle. Cuando Adan y su co.,ti1\a salieron de la oona vita, dicr la Bibla. quo utilizaron las hojas de higuereta. Adan se hizo un mandil, y Eva un Pl'./¡: El libro do los libros estuvo defi'.!iento al dar cuento. del primor lw.oillé de nuestros primeros padres. Ese pu.fly ese mandil debit3ron estal' sujetos con algo: las cintas eran cx6ticas en el paraiso ; los botones debian ser invento do la. qUil!CUlljé­sima generacion, ¿ con qu6, pues, so adhirieron y compactaron las hojas jeneeiacas? ¿ Seria absurdo sospcchar q uc teniendo en torno la pi i­mera pareja racionar millúnes de millones de espinas no lns utilizaran, atormentada como es­taban por el grito de su conciencia? i Cuánto no hubiera. deseado Adan tenor una docena de ulfilel'es ! Reis? Ya os oigo. ¿.(lué relacion, gritnis, puede exi~tir cntre 01 :llfiler y la conciencia? Error, lectores, error, ¡cuántos dc los que por ahí andan llevan la concienciu prendida con al­fileres / ... >1< ... El alfiler tiene algo de oomun con ciertas en­tidades, Es preciso darlo on la cnboza. para que punce. .~,. ** , - Un papel imprcso ~uelEl ser 11('sndo cuando os t.í en prosa , y soporíftl ro cuando en \"orso. n pn pel se llauo dese. porno 6 n tell'Ol'iza: ó es un recibo. Un papel do nctOl', aunque sea dc una. página, su elo que¡lnr deshojado. U 11 pa pel do III Ú ica, clásica ó no, os una co­leccion do geroglífieos para todo el que no ¡;olfea. Un papel . ~ue usted acaba dt3 decir. E~e paso me l'eCOnel11tl e~ter~­menta con usted, y adamas le grangea. mI est~­macion. Toq,ue usted la mllno; yo lo he olVi­dndo todo. y en señal de paz le tendió una mano que Dubreuil so apresuró á tomur y estrec!Jar fuer­temente, -A, i es como uu hombre gulante repara sus faltas, repuso el CUTa. Pero hablemos de otra cos:!. 1\1e ha dicho ustad que su padre era su~­oficial de dragones. ¿ I ube usted en qué reglo míen tI) ? -Rn 012, o -Era precisamente el mio. Yo he conocido mucho {1 su padre. . . Al mi~mo tielllpo se levantó el cura, abno una gil beta, sacó una carta de un carton y se la. alar­gó al jóven diciend'O : -Iré aquí lo que me escribió cnanuo yo es­taba on Argelia de capitall de estado mayor. En aquella época habia dE'jado los ~rago~~s pa­ra seguir ¡Í un genoral amigo 09 mI fUlllllla quo deseaba tenerme:í su lado. Entónces era. usted mn.v niño. Tome usted y lea. . Valentin tom¡) la carta, le echó una rápIda ojeada y exclamó fuera de si : --Gran Dios! usted es 01 capitan ...... -Chut! Yo soy el cura de San Roman. -El hombre :í quien mi padre más amaba en el mundo. Ah! j señor, cuánto he buscado á usted! -E inñ.tilmente, ¿ no es verdad? • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. - LA TARDE 245 • -l Quién h1\uria podido creer? Amigo mio, estoy contento de ti. E t~ bien, -'fuI yez SCp:l. \I~t ,~ cl algllll dia las razoncs mu'y Lien. Ahora yeamos por qué casualidad te que han producido eso c:\Jllltio quo cst:í u. ted hallaR en este país. uéntnme tu . aventuras. vi(,!1; yo -j Señor cura, carta por carta! exclumó Va· le reprcndia :í meuudo ó I1lns bioD lo predecil~ lcntin Rrrebatado de gozo. lié aquí la reRp uos - quo e mntal'ia. . ta de usted: Lt traigo siempre conmigo. Y sao -Su prodiccion "O ba renlizndo por dosgr¡¡ela, . cando del bol ilIo una. cartera, tomó UII p~pel y repuso Valentin. :Mi padro fué pl'ecipitnuo eu l)l'incipiú :1 leer: \lila barranca con su caballo, y le retiraron muer- "Mi bravo y fiel Jorge: To llgradezco infini· te) con el l11)il11al. to las buenas cOsas que IDe dice .. Deseo urdien· E~o. pér,lida, adamas dol dolor que nos causó, tementc, como plledes creer, el hallarlllo en produjo una grnn<1e revol ucion e1l nuet>tra pe­medio de tu familia, volvel' :i .or :í. mis nmi'\ :í ]")a1'1s en:plo~do 011 un por haberle sneado dp, las manos do HUI' tros 1l1lnlsterlO, lo escl'lb;() que me ?n\'H1se a. H? lado! soldados tÍ quienes habia hecho mucho dano, y asegnl':íncloJo que RO Cl1Cnr?nrH\ ele t.ermm,ar mI CII.\'11. cólora temia, 110 sin rclZOIl. Oreo q\lo es un edl1c;lClOn y de ayud.arme :t hacer r~lI su:rLo: talisman, yo no lo ahibuyo grnnde virtud, y . Ml n:~clre, quo ','el¡t con pena 1111 aficlO.n A la Bolo deseo 'lile conseno á tu hijo en bueD!ls VIda llll]¡t:ll', ncepto con m.ueho gusto, Cleyen­disposiciones hácia mí. ..... " 00 q~e. aque.l Hel'l:\ un m~ulO de lanznrmo e.n.l¡t Al llegal' aquí, 01 jó\'on metió la mano en su ndllll~llstraClol1, tanto mas P~\·q.ue I~s ~e.rv.lclo.S l)echo y soeó una meualln do oro colgado. do un el.e J1\l padr? me dab~~ un ~1t.ulO, ) pO.lq~e la cordon met,:ilico, en la que estaban grab~dos al . ClI'?UnstanCl:l de ser hIJO de "lUda me eXlUlla de gunos caracteros árabes. qUIntos. -Aquí ostá este tali man, usted lo ro conoce, Lo. idea de Yel' la capital no contribuyó poco ¿ no es vel'dnd? He pasado dias bien malos de :\. hacerme d cil ¡\ los deseos de mi madre. Cuan­nlgun tiempo ae;í, pero jamas he querido des- do llegué :í Paris, mi tio me hizo terminar mis haeormo de él. Hoy lo aprecio más que nuccn, c~tutlios y la carrera de leyes; lU0go, guo.ruan. pues~o qllo me h:1. he('ho hallar al mejor amigo do otro destino, mo puse á trabnjar en el estudio de mI padre, al que do hoy on adelante espero de un Ilotario. que hará para mí sus veces. Preocupado do un vivo l1esoo de \'el' tÍ usted, El cura no pudo ménos de reirse, hico inunita diligencia.s paru sabel' su parade- -Segun 01 modo con que ha operado, dijo, se ro, pero en vano. Solo supe on el ministerio do ve bien que es un talisman {1I·abe. la. Guerr::l. que usled habia dojado el servicio, y , r e, decla r é <111 y o n o t e nia ni ngun a n oco - Hua co ba r día ata(' ar :i. un tr a j e , cu nndo 11110 s e s ida J de q ue p ~ r ticse co nmi go su r eu t a, n pé na figu ra t e n o l· que hA.U ér se l as c o n otro quo e s m ás s u fi c i e nt e p a ra d la mi \U n. Y o t e ni a b astante;; u ébi l. c o n oci d os , frec u e n t :lb:l la s oci o d a d y m e a cog il:1 n A q u e l n. qlli e n s e diri g ían o s tas fulminante s bi e n. p a l a bra:" b a j ó la c a b e z:t un m om e nto, y lu e go E n ese iu te rm cd i o llegó la r e \ 01 \l ci on d e F e · l e van t ñ nu o la co n orgull o \lij o : br r o . E se ae on tet imi e nto e x a l tó m i ima g inn- - C r e a u t e d, señ ol· c ura, qu e , presc indiendo cio n, n atu r al me nte i nc li ll ad a :í, lA. s id e as r ep u- d e e t a o cns in n, s iempre me h e c onducido c o mo b li ca n a s . Fr rc u e nté l o s cl u bs , habl é e n fl 11 0s y h o mbr e u e h Oll o r. fui mu y apl a u d id. Al g un o ami go s me a co n se - --Prescindí enJo ele e sta ocas ion y ele las jur­j a ron qu o e scrib ioso e n un diario y uo tuvi e ron n ada s u e Jun io, r e pl icó el c ma. para creftrs e una -~Ie has d ich u qu a h a bi as uad o pru e ba - d e oe3 s ion 1:1 0 f urtuna. De cididamente, la sociedad v a lor, in te rrumpi ó el cura, y aun no m e has lla- nec es i t a pr;)lj t a s reformas. blad') d e e lla s . 1. S abo u s t ed , s eD o r cura, uijo sonriendo Du- -Ah! iba :~ d ecírs e l o :í u s ted, porque e s t oy br e uil, qu e habla u ¡¡ ted como un vel·dadel·o re­muy d ecíuo :i. no oc ultarl e nad a . He c o mbatido publi<'Uno? en las barrica das d e Junio. _¿ Y qui é n t e dice que no 10 soy? l'eplicó el -Des di chado! excl a m ó el cura retirando su cura. S o b que yo no ohiclo qu e r e presento la silla. u n idad, y no trato d e p e sa¡· c o mo ciento en la -'re nga u s ted la bondau ue escucharme has - balanza. Yo no t e vitupel·o tus opiniones repu­ta el iln.; yo a ce p t o de ant emano todas sus re- blicnnas; t a l vez abundo en ellas; pero mi opi­convenelOne ~ . niou ha sido siempre que los demócratas de pro­Y continuó mióntras que el cura le miraba fe s ion son l ¡~ plaga de la República. Esos seño-con cierb indignacion. res no comprellderñn nunca que la República -Usted ('onoce el resultado de, esas fatales es c o mo 1 ... razon, que no puede subsistir sino jornadas. D esde esa é po c a mi po s i e i on fu é cada por la dulzura, y que la violencia la mata i no vez más precaria. Par,l vivir y SOCOITe1' á lUis comprend e rán jumas que, aun paro. d e fender amig o , vendí :i vil precio la mayor parto do lo sus d e re chos , 110 debe uoo aportarse nunca de • qu e p o~ ela. sus ucbercs, qu é digo? es cometer Ul~ ~l"Ímon En fiu, cl13 d e Junio último acab ó do arrui- introducir el desó rden y la guena ClV.] en el nar nu es tra COSA.. Des do en t ó nces mi p e rmal1 e l1· c o n tro d e su patria, SUl cualquiera la causa qu.e cía. en Paris t e nia sus p e ligros ¡ podia sel· de- s e s ostenga. Yo m e aumiro que tú, j6vell inteli­nun ci:ld o , p e rs e guido. ge n te, instruido y animoso, no haya~ cO~lpre.u- Yo me habia guardado de manifestar mis d ido e s to. ]1 n fill, :í. todo prcado Dllsel·lcordlo, apuros á mi madre, que pro bablemento igllOI;!. Eres muy afortunado en tener pOI' disculpa tu todo l o que a('ab o de contar :i usted. corta edau. Amo mucho á mi madl'e, y, ya ve usted, !}ue· Como quiera que sea, si quieres Cl·eer al ami-ria evitarlo p e sare s p or mi causa. go de tu padre y tuyo, no te ala~al·;~s nunca de • En tales c oyunturas, recibí cnrtas de algunos tus hazañas de Junio , pues no deJanan de pro­amigos políticos que están en Lyon, en que me digarte duros epíte to;; , y -se~ia~l bien me:ecidos, dai.Jan cuenta de su situacion suplicándome qu e Por lo quo á mí toca, mc hmlto á. decute que me r e uniese á ellos. M e decidí :í. hac e rlo, y l)a· est:..bas loco. ro. no ex c itar sos pe chaf', resolví principiar ('1 -Oh! pero me he vuelto <,uerdo. viaj e :í. pi é . Eo fin, caminaba por el bos'lue cunn- _ ¿ y desdl.l cuánd o ? si gus tas decirme, do tuvo la f e li c iuacl d e trop e zar contra u s t e d. -Desde que conozco :i. u s ted . -Felicidad qu e hubiera. podido convertirs e Esta s alida agrad ó singularmente al cura, DO en una gran de. grncia. s i tú hubieras teniuo qu e como lisonja, sino porque acababa de revelarle habé rte las con algun otro tan extravagante co- e l carácler l e al y franco de su nuevo amigo, qua roo tu, murwuró el cura. d e sd~ aquel momcnto fué juzgado definiti vamen- -¿ Quó quiere usted? replicó el jóven. De te en su opinion. algun tiempo acá, la agitacion de mi vida, las Vamos, cuá les tus proyeotos ? preguntó . .deoepciones, la incertidumbre sobre mi suerto, Por ahora no ~eDgo ninguno. Muy decidido la perspectiva. de la miseria, todo me habia á no yer á mi madre hasta. que me haya creado exasperado. y lo eonfesal·é? cuando nos hemos una u neva posicion, me dil"igia á. Ly?n si~ sa­tr0. pezado, e~ta.ba yo leyelldo las cal·tas de m~ . ber lo que allí me aguardaba. Ver á mlS • .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. LA TARDE 247 era mi única preocupacion, cunndo u s t e d me ha encontrado en el bosque. --Hum! dijo el cura. Veo que no ho silo tan torpe en hab l' l'tc atajado Ql camino. Un apreton de mano fu é In. respuesta d e esto sarcasmo. -¿ Cuálos son tus l'eeursos ? -1~1l esto momento no t e ngo otros quo cs· te paquete . -No son á fo mia muy brillantes. -Aul)mas me quedan en Puris algunoe mue-bles y otro objetos de mediano val or que he puesto on lugar Eeguro par~ recogerlos m :\s tarde. -Entretanto sorio. preciso tomar un partido, prosiguió 01 curo.. Que descas ? -Hallar una ocupacion paro. cubrir mis ne-cesidacles hasta que lleguen tiempos mejores. -¿, Quieres quedarte aquí? -Jama' habria osado pedírselo <Í. usted. -PU0S bien; qu6date ; solo que debemos fijar nuestrus condieienes. Yo res po t,a l'é tus COlll' i c­ciones políticas; hablaremos do ellas con la frecuencia que quieras, sea :í solns, () bien en compañia de algunos amigos que te bat'é cono­cel'. Te pre,engo que, fuera de las obligaciones de mi mini~tel'iú, tengo la costumbre de omitir m i modo de pensar cuando es preciso, pero sill imponer jamas mi opinion :\ nadie. Tú te obli, gar:ís :í. ourar del mismo modo, y ademas :í des­terrar dc t.us discursos todo ímpetu dc cólera ó . ,. 101 paClenclll, - Scñor cura, dijo Valentin recalcantlo las palabras, usted me ha enseñado hoy muy bien lo mucho que ~uestan eRO~ ímpetus. Así, no solo se lo prometo :í usted, sino que desde hoy reco­nOZCO cn u, ted 01 derecho de habl:ll'llle, como babria podido hacerlo mi prnpio padre, cuantas veces lo juzgu~ oportuno. -No te l,ido más, ropuso el eura; y un nuo' '\"0 abrazo selló este tratado. Ahora, mi casa será la tuya todo el tiempo que quicras, y para quc no permanezcais ol'ioso, me encarg() de utiliiwr ' te en este país. Vamos á bajar, porque podrian inquietm'se de que estemos tanto tiempo on este pabellon. Ademas de que ya t0udremos bnstnntc lugar para volver á hablal' du todas estas cosas. De vuelta al jardin, \'ieron :í 'Margarita pa­seándose muy pensativa, La .ióycn habia llegado á alarmarse sériamente viendo prolongarse tanto una conferencia secreta ontro su tio y 01 perso­naje mi:,terioso que tan inopinadamente se le había observado en ámbos :intes y d~spues de la comida le p rccian un enigma inexplinablf\. Largo rato bacia quo andaba recorriendo al ncaso las calles del jardín, teniendo cuidado de mantenerse discretamento á distancia del pabe- 1I0n, y do minuto en minuto sus miradas sc di­rigian hácin. la puerta, que por último so abrió dc par en par. Entónces l\Jargnrita pudo tranquilizarso, vien, do que se adolantaban ámbos con caras risueñas, 1~1 ema, así quo la percibió, lo dijo: --Hija mia, he querido prepararLe una sor­presa. Est:ís viendo al hijo de un ant,iguo eama.­l'ada de ejército, de un hombrc á. quien ho ama­do mucho y que me cOrt'espondia con usura. La semejanza de nombre que tú has notado, no es un efecto de la. casualidad i el padre de este jó· \'en so 10 pus on r ec uerdo de nu estra nmi s tad. Yalentin Dubl' c uil viene á pa s ar aigun tiom­po con nosotro s , y des ~o quo sea bien tratigote con HUí\. punta en el labio inferior. En es Lo ganaba igualmente la herUlo­sura natural de sus f¡¡cciones. Valentill no se equivocó sobre el impulso in­yoluntll'io uo la jóven, que veía, en lugar del hombre barbudo de la ví"pera, un caballero muy lindo. Su amor prorio quedó bastanto lison­j eado. L os dos jóvenes enlabla.ron duranto algunos instantes aua conversncion libro ya de toda tra­ha, puesto quo habitaban ba50 el mismo techo. Margarita se extendió sobre las particularida­des de los pueblecitos y los sitios dol país, luego propuso lÍ, su compañero el il.· :i ver las cosas pOlo sí mismo, porque ella, por su parte, tenia , quo vigilar 101' cuidados ue la. casa y manual' di:;ponol' el almuerzo. Dubreuil ,alió, dió algnnos pascos y fu6 ::í vi­sitar la igl esi¡l, on d onde se rOllnió oon el cma, que p aroció muy sO Il ~ib!o á esa muestra de de­ferencia, y para (hn ha gracias aljóven, le hizo un cUlUplimiento . obre éU buena cara. Yolvioron juntos :í. b caS:l rectoral, donde so pasó 1,1 muñanu nlcgremento. ~'l las d os, pasaron los t;Ci\ :í casa del alculde en donde los aguardaba la acogida. más amable. La familia del coronel Thib'1ut, alealue do San Roman, se componia de su 1I1UjOl', dos hi­j 'lS una de diez y 0.::110 años y la. otra ue diez y siete, y d os hijo', de los que el mayor, de otlad 010 diez y llueve anos, ncaba de en elltrar en \'ilcilcioncs (lespues de ]HLbol' terminado su filo­soria. El segul1uo, much:1ch,., travieso do doco uño._, eorrió para anunei:lrlo que habia desem­peñado la. comision ql1e le habian dado la víspe­l'a, y en prueba de ello lo presentó, tirúnuolo da la manga, el otro cura su amigo que habia lle· gado su. Un amigo elo colegio que había esb~lo cazan­do toda la mañana con el hiju ill3y01' del 3lcalde, so apareció bien pronto con su eompllüero, ves· tidos ámbos on traje do l'igol', 1Il6nos los ZUp':ltos terrosos. En fiu, corupletaba 11 reunion el regi­dor primero qae habia !'Oido convidado para ha­cer 01 cuarto en la partida de whist. La comida estuvo divertida, el apetito fuó ge­neral y la eOll\'ersac:on animada. Valentiu que hal>ia saeudiJo enteramente su rudeza democl'á­lien, so mostró verdaJemente parisiense. SU3 reflexiones llenns do oportunidad y talento alean· zaron un triunfo completo, tanto mós porque el dneño de la. casa tenia la buena costumbre ele deEeartar la política siempre qne I'e(;ibia gente en su easa_ Desdo que dejal'on el comerlo\' y dieron un p3seo por el jardín, llladamn ThibulIt, ([ne como mujer diestra habia hecho hablar al jÓI'en des­eon00iuo durante la comilla. ::í fin de estudial'le, mandó ¡\ sus hijas abril' el piano: era ponel.' {\ Dubreuil en su ton'eno. Oonclui1'á. SRES. AGENTES Y SUSCRITORES. Nos permitimos recordar á. a.1gunos de ustedes el olvido en que han dejado al infrascrito, como si no tuviera que pagar pape1 y cajistas. Darnos las gracias á los qne se han mostrado interesados por el sosteni­miento de " La Tarde Il y de todos nos suscribimos M. A. S. EL AGENTE GENERAL. • •

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 31

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 27

Por: | Fecha: 13/03/1875

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. _. ------c:¿c---¡:~ s ~ 2 ~.-:l:s;---.. _----~ • • PERIODICO DEDICADO A L A LIT E R A T U R A. - Serie IIl. Bogotá, 13 de Marz') de 1875 . Número 27. • ~A Al\. DE. MIS NOCHES. I Cada vez que vuelvo los ojos sobre mí mismo, cada vez que abro las páginas _de mi corazon, encuentro en él tanto misterios, tan ros a fectlls , tantos recuer­d os, l'scl'itos unos con tintes de rosa y ennegl'ecidos otros con hiel, que mi alma perm:mece concentraaa bo· l'as enteras en í misma, en su pasado y en FU porve · nir. La historia de cada hombre! cuán lIC'na está de episodios! cuán digna no es de observacion ! E coged á un hombre cualquiera, al primero que mireis á vlles­tro lado, ya sea un gran pot.entado con el pecho ll eno de C¡'uces y condecoraciones, el Arca repleta ::le 01'0 y el cornzon de crímenes; ya una virgen adormecida en el seno de un clau ero desde los primeros albores de su juventud; ya un humilde labriego que ignore los usos de 1M ocit'dad y viva En medio de la poureza y de la sencill t'z. En la vida de todos los h"mb¡-es hay cuadros ombri os, hay escenas tranquilas y sua­,' es, hay pasajes ll enos de animacion y de fuego. Venídcon migo: repasad por nn instante en el pasado vuestra historia ó la hi torÍa de vuestros ami­gas; ved solamente e. a larga lista de noc};¡es que han rodado sobre vuestras ca bt::zas, Qué div eri>id a d de impresiones ha (]('jado cada una de ellas en vuestras almas ! en qué diversos sitios las habeis pasado ! ·Y miéntl'as os engolfais con la imaginpcion en esas ho­ras oscur~s, y <¡ne no volverán ya mús, porque la ete r­nidad no dev uelve los momentos que vamos depo~i­tando en su seno, yo tambien recordaré algunas de mis noches. II ¿ Es ciel'to que los años de la niñez nos parecen dulces tan sólo porque los vernos al traves de un velo de lágrimas, tan ólo porque los miramos de léjos? O es que realmente no ha germinado todavía en la Ílüancia el fruto del dolor que lleva el hombre en su alma y que despues amal'ga su t'.Kistp.ncia? Porque, en efecto, los dias de mi niñez rodaron p:.lros y sere­nos como una mañana de verano, y el sol de mi niñcz no tuvo más de un ocllso, bien que un ocaso et erno: mi niñez fué una mañana constante toda llena de fra­gancia y de luz; entónces no buba noche para mí, j es tan dulce dormir en el seDO de una madre, y sen­tir sus dedos blandos entre nuestros cabellos y sus be os en nuestros labios, y oir la algazara infantil de nuestros pequeños hermanos y 'ldormecel'l1os pausa­damentE'> entre sueños de colol' de rosa! y despertar der;;pues inocentes y alegres, como los mismos pájaros que durmieron tranquilos y lIhora cantan y vuelan en las ramas de nuestro jardin! La niñez! oh ! en la niñe.z no hay noche; porque aunque la luz se vq.ya del cielo, no se va del alma. Pero despues los años pasan y la noche l\ega: á. veces el mundo la englllana en festines y danzas con todas sus joyas y con todas 8US luces j pero á veces tambien la muerte y la des­gracia retlñoD sus tinieblas, , JII 'fodaykt. recuerdo la noche en que fuí :trrancado del hogar deméstico y comencé á ser hom breo Ni el más ligero bozo tocaua mi labio, ni la más ligera. pena os­curecia mi frente; pero la sociedad me r eclamaba con justicia; era preci o comenzar á formarme pua ella y el colegio me recibió cenándome en seguida sus puertas colosa les. Qué noche nquella tan o;cura! qué friu estaba entónces mi lecho! La luz de un es­caso farol derramaba sus hiloR de luz sobre Iu. cama donde dormia yo sin madre y sin hermnno .... las horas pasaban largas y pe adas como si fuer'un de plo­mo, dejanr]ome cada una el corazon bel'ido. Y al so­llar la call1pa na ~ esa reina del inmenso edificio, no pude saltar s iqui era de la cama como lo bacia ~n otro ti em­po: estaba ya encadenado por la mano del debe¡'. fué tal vez la primera de mis noches tri tes. Sin em­Bargo, á los once me es tuvo s u revancha , cuando des­pue de habel' c'lDseguido mi primera cinta de honor, agobiado de ca ri cias y regalos, volví ¿ tenderme en la alcolba de mis primeros años con la alegr'ía de las va­caciones: era una noche de Diciembre llena de luz y de estrellas. IV Algunos nños pasaron: el corazon empezaba ya :i latir estrcmcci do por una sensacíon nueva y descono­cida hasta entónces; y mis ojos bu. caban entre el aire luminoso del dia .r entre las tinieblas de la no­che algun sér encantado cuya existencia pl'e,cntía con la seguridad más completa, así como dice Caro que se presi ente el j3zmin por el aron.a que exhala en derredor. El soberbio v"por .Med~cn.v, de la C01!1- pañía de vaporcs que su rcan el A tlántico, se destaca­ba entre olas de espuma levant ando su plumero de humo oscuro 'lob r e el cielo purísimo de las Antillas, Al fin detuvo su rumbo majestuoso entre las tibias olas que besan murmurando las pl¡,yas de San-Tho­mas, ese idilio trazado por Dios y embell ecido por la man() del bomure, esa canastilla riente y gracia, a que sobrenada y mece sus flores en la inm ensidad del 0céano. Míl y mil barcas recorrian la ribl' r:l ornadas de banderolas y cintas, las colina de la ísb cubiertas de árboles y casas reverberaban con mil luces quo sa lian do las persianas y los colores del crepú¡,culo muriente chispeaban en las aguas temblorosas. Inte­resante cuadro, digno del más animado pincel! Pero no era ménos intere, ante el aspecto del colo.o que abrigaba en su' flancos ca i Ull pueblo entero. La bandera británica flotaba en el palo ruayor, los oficia­les vestian ele gala y más de treinta jóvenes ba bane­ras, pel'uan as, mejicanas y pOl'toricens( s, e ta ban en el puente del vapor. El canto de algunas de ella y los ecos de una gitana regalaban al aire los tonos melancólicos y ti el'Dos de una cancion amorosa , Entretanto saltaba del buque á la chalupa una jó­ven fralleesa con quien habia entaLlado yo re l acione~ ,de una amistad delicada. Tal vez yo abrigaba una verdadera pasion por ella; pero lo ignoraba hasta el1- tÓllces. Y qué bella estaba en aquellos momentos! vestia traje de seda de color de rosa y una capilla aplomada j sus trenzas se derramaban profusas agHa­das por el viento, lo mismo que las cintas que sugeta­han el ligero sombrerillo de paja italiana. Entónces por vez postrerlt estreché su mano suave como el raso, I Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • 210 LA TARDE y al tocarla sentí que mi sangre corda acelerada, fijé mi oJos en ella y al verla ruboro~a y melancólica, den'amp la lagrima primera de amor: el \'iento trajo á mis labio~, como úl.imll dcscTeuida, una mach'ja de su cabello ca. tnño, y un momento dCl'pue, 110 quedaba en el mar ni la buella ,¡quiera de tan hermosa mujer: aquello tudo lwbia sido lln ensueño instantál1eo, un minuto de amor ahogado por un adio eterno. Una Ve7. evaporada aquella imágen, la ombra de la no­che e interpusieron entre lo dos y el cuadro del con torno de apareció. Ay! así vuelan las glorias y la fe­licidad de la vida. v Alentado el corazon por la e peranza, fijos los ojos del alma en el bello suelo bogotano y lleno de lo recuerdo, de la infancia, i cuántas veces al ,ol,er de lejanos paíse ,alía durante la noche á respirar las brisa frescas del undo o rio Magdnlena! Todo en torno dormia: ni el más leve rumor movía la olas, ni la ola mas leve azotaba los flancos del vnpor: los inmensos ramilletes de flores silvestre que colgaban á manera de jardines flotantes de los árboles, embal­samaban el aite, y al traves de su vá tagos tan dulce y profu amente engalanado~, derramaba la lUDa como una lluvia de rayos: el azul sin límites del firmamen­to y sus globo de oro innumerables se retrataban quieto en el Magdalena. De pues la hi toria de todo viajero: pone el pió en tierra firme y cone de alado al suelo donde nació: despues de un dia pasado duramente ~obre los duros lomo de una mula, se recuesta en alguna pobre ve7tta al pié de cerros altí Ílnos que nada mezquino con ien­ten en su seno y en los cuales tan sólo brotan árboles corpul l'utos y sombrío. Si el equipaje ha qned¡ do atras, sólo tiene para abrigar su cuerpo la capa de hielo que le brinda la atmó fem: no importa, el ves­tido nacional suple en esa noche los exce os de lujo y comodidad europeos; los zamal'ros de piel se ex­tienden como un mullido lecho, el freno y el cojinete le sirven de almohada, y de colchas para cubrirlie el bayeton democrático. Añádase á esto un acanelado cigarro de Ambalema, en cuyas ondns de humo van volando los recuerdos y la esperanza, y la noche de la sabana está concluida. Por la mañ:ma todo es mur­mullo en los bo ques, alegría en los ci('los, y gozo en el cOI'azon del viajero. Y cómo no, si cuando el cre­púsculo vespertino tienda su velo de púrpura torna­solada ha de gozar de otra noche más bella todavía? VI Esa noehe es aquella que al tocar el eslabon de la puerta tras de la cual vivimos luengos años, la vemos abrirse entre ruidosa lágrimas y mani ciones de alegría. oche en que se aura7,a al padre que nos b¡¡n· dijó al partir, á la madre que tanto lloró por nue tra ausencia, á la hermana que levanta u sieu coronada de inocencia, al hermano que lleno de brio e lanza á los espacios de la vida. i Cómo no ha de ser brillante ~a noche si su misma madre, la madre de PI ime­ros años, viene á cerrar las cortinas del lecho donde útro tiempo tuyimos delicios sueños? Ah! en aquella noche se duerme con tranquilidad, i hay tantos que están velando por nosotros! VII al pacUico cuarto donde habi to y donde ólo alcanza á oirse la grata \'07. ne un hermano ó de'un amigo, e veian lucir cuatro hachon que chi 'porrotcahnll, y ell medio, sobre un pafio negro R[¡lpir'ado con g()ta~ amal'ilI.\s de cera, dorlllia un cadtiver! OJ..¡ ! sí, dO! mia, dormla efln la mucrte de los ju"tos (ltle e van ('11 suC"o ño,' al cielo. Y ese cadtive!' 'rn el más sa¡;rndo para mí y el más :Hlora ICl, p0rque era el de mi maclre, á quien pOC' ;>$ horas ¡intes yo mismo habia c nado lo;; ojo, y be ado las manos blanca y í'das ya como el n1árrnol ......... o. •• • ................... o. ..... o. ••• o. ..... . . .. .. . .. . . . . .. .. .. . .. .. .. .. . . . .. .. . . .. .. . . .. .. .. . . .. .. .. . .. .. .. .. . .. .. . . VIn Para qué hablar de esa multitud de noclJes pasadas con un libro, en un círculo de amigos, reanim ~ndo sin ce al' la vivt~ l llz del cigalTo y aglomerando sus nubes de bumo, al ruido de uo violento aguacero? f Para qué recordar e a llOche de in omnio en ·que la Nebrc UlC uc;voraba y, cuando má~, t en ia á mi Indo un "él' amado, que tocase mi pul 'o agitado y '=!n­juga e el calor de mis ienes? i Para qué recordar esas noches en que, al traves de las ga as, las luces y las flores de un salon, be vis­to la. oU1edias traido) a- y embustera que represen­tan diariamente hombrc y mujeres? Dejemos las noches del pa ado i c,uáles serán las. noche" de mi porvenir '1 IX Léjos allá en las costas de Inglaterra ví al incansa­ble pescador lanzar su delgada y ágil barca sobre el seno agitado del mal' bajo un ciclo si n a tros, y oí sus cantos melancólicos y vagos que aban la tern­pe tad unas vece,> y p en lo mares de la vida; mi corazon late sueno y mis labios ('antan sin cesar. i Qué me impol'tall los truenos lejano de la tempestad? Mas hay en la vida de todo hombre dos noches lle­nas de intel'es ; una de ellas incomparablemente feliz, y otra que destila gotas de acíbar en nuestro pecho r en el de todos los que nos aman-la noche en que uno entl'('gn su corazon, su porvenir, u vid~~ á una mujer, y la noche en que deyuelyc á la tIerra el ye"tido que nos cubre, el cuerpo. Ah! cuántas veces he pen ado en ellas y me be estremecido. Si pndiera copiar con pluma y pinceles terres la vírgen cuya imágen re­posa aquí en mi corazon! Si pudiera retratar el ful­gor de, us ojos, y detener sobre e:;ta página su aliento­que se exhala de sus laLios purísimo como las bri as del país donde nació! Y e a mujer, ó tal vez otra es­trechará mi mnno al pié de 105 altares y alií mismo enlazará conmigo su existencia de tal ruodo, que D<> podrán de prender, e nunca una de otra; porque más allá¡Jde la turuba hay campos floridos para los que se amaron de "éras en la tierra. Habrá una noche en que libre y dichoso la acercaré á mi COl'azon y luego como a ustado de mi osadJa me echaré atras y ca í la adoraré, mirando en ella el poder inmenso del Señor, y viviré desde entónce- en,uelto en esa atmó fera da aromas que ('Írcuye á los amantts cri tianos. Pero :::1 fin la e cena cambiará, y entónce3 será ella quien me abrace. Si; me parece haber salvado ya los pocos af¡os que se pueden vivir sobre la tierra. E toy en una alcoba pequenn, y el bl'illo de una lámpara amortiguadll alumbra un grupo puro y sublime en su mi ma encillez: no hay allí amigos; porque los ami- Ha habido en mi juventud una noche en que los gos yuelan cuando sopla la desgracia, como los pájaros huracanes del dolar bramaron sobre mi cabeza y la en las mañanas de invierno. En mis mejillas ajadas desdicha se apoderó de mi corazon y lo prensó dQ tal siento caer las tibias lágrimas de esa mujer adorada modo, que al verme los hombres medio tendido, con que embelleció mi exi tenciu; con sus labios dulcísi­la frente en las palmas, los ojos ecos y fijos y los la- mos recoge el helado suspiro que de los mios e esca­bios amortecido:;, e compadecieron de mÍ. Acababa pa, y luego con sus dedo de ángel Itledio dobla mis de pasar uno dl' e os dias que hacen época en nuestra párpados sobre los ojos apagados ya por la muerte. vida y que no se borran jamas, porque no los ha i1u- Esa noche será larga y terrible, mucho más horrible minado el sol, sino lo antorcha del ángel del estermi- si en vez de su seno siento bajo mi cabeza, una piedra nio. Desde ese di:!' un paño de muerte quedaba esten- en el desierto; pero al fin terminará para dar campo c1ido sobro mi porv('nÍl' y yacian entre el polvo mis al dia clarísimo y eterno que el amor desplega en ese c¿;reranzas má bollas y mis más dulces glorias. Junto. mundo incógnito. J. J. BORDA . • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. EL ANGEL. De lampara fUneraria La ténue luz ilumina Oon moribundo tem blol', Las sombras de mi alcoba solitaria y sábanas r evueltas del lecho dcl dolor. En un perpetuo gemido, Mi triste vida se exhala • y con mortal variedad El alm.a presurosa bate el ala y asciende ti. la insondable y augusta etcl'Uidad. Mi sueño es un desvarío, Una agitacion continua j P ero siento al de pertar En 01 fondo del alma, tanto frio, Que lánguidos mis ojos se vuelven á cerrar. Mas, un rumor á mi lado, Oon grato. sorpresa escucho, Cual dulce re. piracion : Vuelvo el rostro doliente y faLigado y miro ante mis ojos fantástica visiono Es un ángel cuyas alas Conservan de la inocencia Aun el polvo virginal j Angel quo deja las celestes .alas rara llorar conmigo mi horóscopo fatal. , En mi rostro enflaquecido Siento el suyo, terso y suave Como del cisne el plumon ¡ y sus labios pegados tí mi oido Inulldan de esperanza mi yerto coraZO:1. Con cuanto placer le ID iro Ir y venir noche y dia, y escucho el revolotear De sus alas dc púrpura y zafiro, Cual linda mariposa en torno del hogar. En medio de mis dolores, Aún me siento ven turosa Pucs donde el ángel está Hay músi0as, perfumes, brisas, flor es ¡ Blanc.lras inefables) inmensa claridad. - Sus labios frescos y rojos Sonrien como las flores Al pri'n er rayo del sol; y abrasa la mirada de sus ojos Si tiñe su mejilla el púdico arrebol. El (.ngel es muy hermoso Mas lo más bello del ángel Reside en el corazon ¡Bendito fué el instante venturoso En que este blanco lirio brotó en la creacion ! Oh! mi tierno ángel querido, Mi hija de quince abriles, Boten que empieza á entreabrir, y se dobla en el tallo entristecido Porque la planta madre dispónese á morir. - Morir he dicho, y profundo Implacable dolor fiero Me de¡;gnrra el COl'azon j Moril', cuando la dejo en este mundo 211 Sin más quc su inocenoia, sin más que su candor. Mas, ¿ como podré, ángcl beno, Dejartc, si no me dejas, Ni te separas de mí? Si tns brazos se eu!azan :i mi cuello y al mundo mo .encadenan y me unen más á tí? i Si me da calor tu aliento, Cuando el frio de la muerte Sieuto en mis venas serpear j Si mi rostro abatido y macilento A fuerz,a de caricias consigues reanimar! Tú no quieres, hija mia, Separarte de mi lado, y no mc dejas partir, Pues si miro al entrar en la agonía Tu rostro idolatrado jamas podré morir. / U RSULA. CÉSPEDES DE E SC.ANA VEllINO. -----=~,~~Ce3----- EL LLANTO. Dichosos los que ll"ran porque ellos sedn consolados. .. • •• ..'O .... •• •• •••• ,.... • • • •• •• El llanto es la esencia del espíritu) el desaho· go de la cabeza y el jugo de! corazon. El que no llora, no goza las in efables delicias del con<;uelo. Un rostl'O quo nunca se humedece con el be­néfico r ODÍo del alma, no puede ser h ermoso. Porque 01 llanto es la animacion, es la sensi­bilidad, es la exprecion de los afectos más su­blimcs. Una mujer que no llora) es un cuadro sin co­lorido, Ulla llegacion do su sexo. N unca es mas LlignQ de adoracion una belleza que cuando rueda por sus mejillas una lágrima de ternura. N unca es más grande un hombre que cuando se desliza de sus 1 árpados una gota de fuego. Hoy, en que la moda, ese azote del mundo, esa destruccion de la felicidad doméstica impera en todo, el ll anto se ha suprimido) C01110 ridículo y de mal tono. Una mujer que hoy llora al ver la representa­cion de un drama á los desvastadores cuadros de la historia, se la considera una vulgaridad it 8ll­fribl e. Un hombre Cjue se enternece y arrasa sus ojos con ese manantial de la. vida, es un ente ridículo , á. qu.i en debe mirar-se con el más insolente dcs - preclO. y sin embargo, j cuánto vale ese licor bendi­to, elle raudal fecundo de pureza, ese tesoro de bienaventuranza! El hombre, al naoer, lanza un gemido y vier­te una lágrima: el primero es el ay! de dolor que siente la materia, la segunda un precioso bálsamo contra las injusticias, azal'6S y amargu- - • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 212 LA TARDE - - ras quo se espel'an en la vida. El niilo llora y sonrie con una facilidad admi­rable, sin que uno ni otro parezca tener signifi­cado; ma ' ay! i CUllnto pudiera de cirse de este lIan to in ca u a, de e ta rí. a sin origen! El ulma siente desde que desciende al mundo pal'a encerrar e en el barro de la humauidad. No hay duda que el llanto es la sivia de la • • eXlS tenCIa, U na sóla lágrima á. veces, encierra todo un mundo de poe ía, ~'andeza y elevacion. El llanto es el mejor intérprete de las almas sen ibles. Lo que no con igue una lágrima no lo consi­gue todo e l poder del universo. El llanto es magnético, tiene la fuerza. de la atmccion ; a i e que no puede mimrse en otro ojos, sin que los propio se a rrascn. i De"dichados aquellus que no e inundan con la desgracia de un semejante ! .... ,. Huid de ellos; pues el que ama un sér sin corazon, camina á perdel' el suyo. El egoi ·ta no sabe lo que es llanto, el ambi­cio o lo olvida, el avaro lo "eca, La mujer que pierde la hermosa aureola de la virtud, hace del llanto un comercio hOI'l"Íble. El es el re orte de su engaño, la careta de sus ma· quin acione8, y tambien en su dia el únicu r ecuro so de la dignidad ferdida. Cuando una de estas mujeres llega á anodi­llarse como la Magdalena, cuando siente en su frerte el oprobio, y lucha entre el orgullo y la po tracion, vierte una lágri ma, hervida como la de Luzbrl, pero que suele ser la transicion del m al al bien, de la desgracia al arrepentimiento. El llanto sana las heridas y pUl'ifica las cul­pas, no hay duda. El poder de las lágrimas es infinito como Dios, grandv como el cao , precioso COOlO la gloria. Cuando veais sufrir un d esgraciado, no le prodigueis consuelos, ofreced le una lágrima. Cuando el objeto de vuestros amores os ator­mente con desvíos, dejad sin temor que vea vue:otro llanto. Podrá dejar do amaros; pero nunca olvida· rá que derramá teis por' él vuestro lloro. Esta memoria es un recuerdo santo, que sólo un alma depravada puede ridiculizar. Si n o tu viésemos el recur o del llanto en las aflixiones de la vida ¿ cómo podríamos soportar las distintas emociones con que lucha el sér, in· terin alient'l en este inmenso caos? ¿ Por qué os a vergonzais de llorar, i oh séres, que aun conservais vírgen el raudal de vuestra ternura? ¿ Por qué no demostrais al mundo que el llanto os la recompensa de la virtud, el consue­lo de la miseria y la sal vacion de la humanidad? ¿ POi' qué no le enseñais á sentir y á compa­d ecer á sus hermanos? Si nI llegar un pordiosero á vosotros no teneis una moneda que ofrecerlo, y le mirais co n~oli­dos y derramais on su de"carnada mano una lágrima de piedad ó un acento d.e compasion, ¿, cuántas bendiciones no recihireis de aquel in­foliz, acostumbrado al desvío y á la seca y ás­pera voz de la indiferencia social? Si llegais al pié de los altares, y vuestra con­dicion humilde no os permite alhajal' el templo • Agrado, ni dedicarle ofrendas de riqueza y lu­jo, no importa. Dioa se contenta con una lá- • gl'llll a. El munel e piritnal cs de los eres sensible'J. ¡Eterna degradacion a l hombre que nUllca ha humedol:ido su rostro con el agua bendit:\ de h pi edad! ¿ D¡)nde hay de, espera:Jion, frascs, ademanes, ni gritos que xpre en lo que una lágrima? Vosotro , lo que habeis perdido la mujAr que amai. ) los que rozais en el sepulcro de UII ami­go, los qua vístei . bajar á la huesa un pad re Ó un hermano adorado, decidme, ¿ qué tributo le ofreceis? ¿. qué poder mitIgó vue,tra de alada amargura? ¿. cómo no se rompió vuestro cora­zon en el pC'cho? ¿ cómo no . altaron yue;tras sienes h echas pedaz¡do de los juece francos. Cuando e o hombl'c- e pI' . ntaba en una fiesta, la fie .'ta se camuiaba en c l' monia fúnc­brfl; cuando un pastol' 6 una.ióvon tenia on los labios una cancíon alegre y 10 veifl n pasar, su cuncíon se acabaua y el corazon su pendia sus lat,ido .. L os ocho gen tiles-hom bres del rey se cstt'c­mecieron, la marqnesa npal' ntó un desmayo, y el conde Jablonowl;k y sus dos compañeros ma­nife taron un terrol' profundo. 8ól,) el supuesto rey permaneció sereno; 0.1'­rancó sin titubear e l puñal y el pel'g mino, tiró el arma al uelo, de pI gó el men tlje, y aCCr­cáudole á un candeleru leyó en altll voz lo SI' guiente: "Nosotros, los jueces francos, te llamamos, Enrique de Valois, ante nuestro tribunal supre­mo, para que dés cuan ta de tu co nd ucta como hombre y como soberano. --Ah! ah 1 interrumpió el conde Héctor mi­ra ndo al conde J ablonowski con aire iud ¡ferente, creia que los reyes sólo :l. Dios deben dar cuenta de su conducta. El conde se inclinó sin responder palabra. H¿ctol' prosiguió su lectura en e tos términos: " Si no quieres que se te d eclarc tl'aidOl', co-barde y felon, y que se te dé de puñaladas como á tal en cualquier punto en que te encuentres, y por de tras como e mata :l. los hombres sin vel'güenza, pr03séut:1te inmediatamente ánte no­sotros. Comp rece 1 comparece! -Muy bien! dijo el supuesto rey y continuó: "Te irás al in tante á la orilla izquierda d el Vístula j saldrás de Varsovia subiendo el curso del rio, y cuando te halles fuera. de sus fortifi­caciones, te sentarás al pié dcl primer árbol que veas. Poco despues se llegará. á ti UI) hombre á quien te fia.rás enteramente y á quien seguirás. D ebes acudü sólo. " El condc Héctor volvió á doblar el pergamino y se levantó sin titubear, echando en torno suyo una m irada tranquila y fria. Todos los ojos estaban bajos, y los geotiles­hombres del rey, esos hombres que jamas le de­jaban, que poco ántes temblaban todavía cuando fruncia las cejas, se separaron de ól con aquel terror mistp.rioso y despreciativo quo se apode­raba do todo el mundo que veia !Í. un hombre citado ante cl inexorable tribunal, por elevada que fuese su categoría, U na sonrisa de desdo n asomó á los labios del conde LI éctor. -Mi capa, señores, les dijo. Pero los gentilos-hombrcs en vez de obede­cer se alejaron silenciosamente. -Cobardes! mur::tluró el falso rey. y tomando él mismo su capa se dirigió con paso firme hácia la pUHta. Durante ese tiempo la marquesa. habia. vuelto en sí, y dominando la emocion yaun los remor­dimientos que principiaban á desgarrar su co­razon, se precipitó hácia el supuesto rey, le de­tuvo de un brazo y le dijo: -No vayaia. Héetor se encogió de hombros, se volvió un poco háeia ella, y le dijo con. tODO iudiferente : -¿ N o ho do ir, cuando sois vos quien me onvia? Aclios, marque '(1.. y (In trlnto qu r tI' codía en 01 colmo del espanto, n éctar !'ia1ió con pasn firlll o, COIl In. cn· beza alta y cspléndida do Hudo.cia, y con la ma­no on 01 puño do la aspada. XII • El cando H éctor salió ti. la calle, llegó á la orilla d 1 l'Ío y so volvió por última vez Mcia 01 palacio de donde s(l.1ia. ---j IIó ahí, dijo con amargura, lo que valen los reye ! E as goo t s qua acabo do dejar y que, tomándomo por Enrique de Valois, se ha­lla ual. pooo hace á mis pi68, me abnnuonan co­bardemente porqU0 un tribunal illfanl (~ , mi sto· lioso, al servicio de odios personales, ha queri­do citarmc ante su barra! Al cabo de un momento de pausa, Héctor cominuó dando otra dil'eccioll á sus pensa- • mIentos : ---Exi-;te alH, h{Lcia 01 sudoeste, uno. ciudad que se llama Pari , un palacio quo se llama el Louvre, y en ese palacio hay 'una mujer con el dulce nombre de l\1argarita. Por amor á esa mujer he venid. nq uí, por ella voy á morir sin duda dentro do una hora, y sólo Dios, á quion nunca he ofondiLlo, conoccl'á. la extension de mi sacrificio. El conde caminaba á paso largo sin conocer los sitios, pero guiado por un maravilloso ins­tinto y un fria cálculo topográfico, que salió su­mameute acertado. LlegaJo fuera dc los muros, vió una inmensa encina cuyas sombrías ramas se agitaban ti im­pulsos del viento nocturno, y fué á senLarso de­bajn, siempre con la mano sobre su espada. Allí espcró tranquilo y sereno al temible guia. que debia acudir á bu carle, y on ofecto no es­peró largo tiempo. Un hombrc que pareció salit' de debajo de tierra, tan de súbito se prosentó, enmascul'ado como el que habia llevado el porgamino, so pu­so en frente de él diciendo: ---Seguidme, oñor. ---Vamos, pensó Héctor, mis jueces se dignan llamarllle aun señor, lo cual supone que Ole re­conocen como rey i siempl'e será illucho hallar que muora como tal. y dicho esto se embozó en su capa para res­guardarse del fria. Bl guía siguió el rio duranto uo cuarto de hora; luego se volvió bruscamente hácia lo. iz­quierda y dijo á IIéctor : ·--Seño!', estaremos viajando toda la noche. -Muy bien, respondió el conde. El guia extendió una mano; el conde sigió la. direccion que le marcaba, y á pesar de la oscu­ridad blanq necina de la noche, distinguió dos ca1;>allos atados á un árbol y que piafaban de • •• Impaclencla, El supuesto rey montó uno de eSOR animales y dejó pasar delante de él al misterioso enviado. Este echó su caballo al galope, lanzándole por medio de los campos, y seguido del conde Héctor, llegó á orillas de un bosque que se ex­tendia. oomo una neg,ra

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 27

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 16

Por: | Fecha: 28/12/1874

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ---=-----c:c;---oc;::::::-,&: s: ~ 2 ? -------- PERIODICO DEDICADO A LA LITERATURA Serie 11. Bogotá, 28 de Diciembre de 1874. Número 16. ......... A Al\. DE. - NAVIDAD. El mundo romano ha llegado al apogeo de s u gloria extendiendo por doquiera el triunfo de sus armas y el brillo de su grandeza. De palacios y templos Jo han cubierto sus monarcas semi· dioses ; de oro y seda sus artis­tas; de laureles sus oradore~ y poetas. Pero ese mundo jigantesco desciende ya al ocaso y la corrupcion devora sus entrañas. Unos pocos soles más y sobre sus escombros tcndernn el vuelo para. no v3h-er nunca, las águilRs que fueron heraldos de su gloria. Decídselo á sus sabios y á sus grandes y son­reirán de desden. En sus marmóreos ba ños, en sus banquetes opíparo~, en sus gabinetes orno­dos con los perfumes de Arabia y con las al­fombras de Persia, no se SAcan las fiores ni alcanzan á asomar los tintes que empiezan ya á ennegrecer las rosadas nubes de Oriente. Deleite eterno y eterna grandeza para la rei na de las siete colinas, adormida bajo su cielo de estrellas á los arrullos amorosos del Tíber. '" * * Una estre.lla despunta en el horizonte. Los as­trónomOE no la soñaron ni los telescopios la ":e­ron. Su misio n era sublime y su vida fué de una noche. Brilló una;, horas, y desapareció en seguida de entre las miria das de constelaciones que forman los escabeles de Dios. Cuál fué su U1ision ? Alumbral- á la filosofm, que entre las ruinas y la oscuridad buscaba la luz da la inteligencia para rasgar con ella los velos al universo moral. Cuál fué sn noche? Aquella en quo la luz celeste alumbró el mundo. '" * * En un rincon de Judea, olvidada y solitaria, como un oásis de fiores en anchurosa selva, alza Betlem sus humildes torres, y su caserío blan­quea á. lo léjos bajo las ramas de los sicómoros, como manada de ovejas que sostea en medio de los ardores de la canícula. Gran gentío circula en sus calles, de ordina­rio desiertas, que el imperial edicto ha convo­cado al empadronamiento de las familias. Por qué? Porque el rey vacila en su trono y señales terribles le anuncian que el cetro cae­rá de SUB manos. Virgilio, el blando poeta, prez de su siglo, lo ha cantado, anunciando la ver­dadera edad de oro : . Jam nova progenies ccelo demittitur alto . Entre el gentío hay dos esposos que vienen de Nazareth. De puerta en puerta han buscado albergue y no lo han hallado. El ardor del cansancio alumbra las mejillas del esposo y su jóven y hermosa nazarena apénas puede tener­so en pié. A dónde irán? ¿ No oncontran\n un lecho, ni un almohadon para sus sienes? Esfuerzos vanos. Las puertas están cerradas, la noche cubre el cielo y los frios vientos de in­vierno rugen desencadenados por la ciudad. Los esposos solo encuenLran para guarecerse en el último rincon del mundo, el último rincon de una posada, un <.le mantelado pesebre abierto por mil grietas á la intemperie. .. * .. La estr lb !1l('nsnjera del bien ha dado prin­cipio al alba 110 la oJad de oro y vertiendo sus resplandores divinos en los alrededores de Bet­lem, ha anullciado <.'l g¡'1.n dia :í. los sabios y á. los pastores. Tres filósofos han venido guiados de los con­fines de Ori nte por la luz de esa estrella. La. estrella ha parado sl¡bre la humilde casa de Betlem. Entrad filósofos. I~os ojos del AHí -imo e~tán tijos eu ese · spectáculo que á los g-randes del mundo inspiraria compasion. Sobre unas secas pajtls y médio envuelto en albos pañales está descansando un niño con la sonrisa en los labios y una aureola en la frente. Los vientos frios de la noche quisieran arrancarle el escaso calor que alienta su oorazon; pero el asno y el buey, señores de aquel recinto, se han postrado reverentes y con su aliento lo calientan la atmósfera. Los pastores le adoran y en los aires se es­cuchan cantares que no habian oido los hom­bres. Reyes filósofos, adoradle! Cuando ese niño ha nacido, la filosofía antigua ha expirado. Ah! en ese portal humilde, los doctores de la humanidad están en.;:errados. Hora por hora y dio. por dia, se han cumpli­d') los años y el anuncio de aquellos varones inspirados que llamó el mundo profetas, se ha cumplido al pié de la letra, porque la pala­bl'a de Dios no puede faltar. R-eyes! El que. hoy. na .c e entre pajas, . caerá. mal:ana en Cl'UZ 19nomlll10Sa; pero su remo no tendrá fin y bajo su zandalia se desplomará Ro­ma impía Filósofos! El que hoy nace, ántes de salir de la infancia habrá confundido á los doctores de cabellera blanca, Ante su filosofía, será. una • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 122 LA TARDE fábula risible el paganismo. Al correr de los si­glos, la Razon humana querrá. disputarle el do­minio ; pero débil y flllible de suyo, tendrá que encender su antor cha en ese foco de eterna lnz que intentará oscurecer. . Pastores, adoradle; que tambien ser á ese ni­ño el c0nsoladol' de los humildes y el defeneor de los pobres_ Salvas se ran en su no.mbre las generacion es. Los pueblos que r ecibier en su ley ser án los llamados civilizados, y aquellos de su pueblo que le volvieren la espalda, vagar án por tado el orbe, como Cain, con un estigma en la frente. E stablo de Betlem ! Cuando de palacios y ciudades no quede un leve vestigio, t u r ecuer­do estará. incólume y el nom.bre de N avidad irá pasando á los siglos como un himno de ven­tura, de júbilo y de inmortalidad. J. J. B. --c:-<>-<:>-o-c: -~ LA NOCHE-BUENA~ " Ya viene'la Noch e-BueBe Con su vecina la Pascua : Para unos es Noch e-Buena, Para otros es. Noche-Mala. l. Sube, sube, campanero, Á la torre de la iglesia y repica las campanas, Que esta noche están de fiesta Los ángeles en el cielo y los hombres en la tierra! - Los eierzos d'e Guadarrama Silban en la chimenea, y la nieve cubre el mont9', y la colina, y la vega, y hasta en el rojo tejad-o De mi casita blanquea;. Pero verás cómo pongo En el hogar otra cepa, y junto á la; cepa. un jarrO' Del tinto de mi bedega, y entónees, deja que caiga Toda la nieve Qli9' quiera., y que los cierzos helados Silben en la chimenea, Q,ue ni la nieve: ni el cierzo­Harán en mÍ> ca-erpo mellar Sirviéndome de r esguardO' y dándome fortaleza Chispas de vine> p0-T dentro, Chispas de fuego por fuera, Que vino y fueg.o esta noche­En los hogaFes chispean. Campanero, toma un jarrO' D el tintO' de- mi bodega y bébelo y luego sube A la torre de la iglesia, y tocandO' las campanas Hasta que rompas la cuerda, Lanza un Hossana bendito A los cielos y la tierra, Que, campanero del alma, Esta noche ea Noche-Buena. • n. Gloriosa Virgon María, Madr e y abogada nuestra, i Qué a legr e el pueblo cristiano Tu alumbramiento celebra ! Ya la paz entre los hombres De b uena voluntad, r eina, Que el fruto de tus en trañas Es el mensaj ero de ella . Esta noche el hijo pródigo Que por el mundo se fuera Torna al h ogar de sus padres Lleno de amor y obediencia, Y amor y miser icordias E n aquel hogar encuentra . Y esta noch e el desterrado Q'1e vaga en lej anas t ierras, Ve en su tri te cor azon R enacer con dobles fu er zas El santo amor de la patria Que en s u corazon muriera, y á la tierra q ue maldij o, La ingratitud viendo en ella, Hoy su bendicÍon envia En una oraaion envuelta.- Lo mismo en la humilde choza Que en la morada soberbia, Blancas columnas de humo Rácia los cielos se elevan. Son el tributo de gracias Que dan á la Providencia Los ahumados h ogares En que la abundancia reina, Que el pobre tiene esta noche: Gracia de Dios en su mesa ! El viento de Guadarrama Que silba en mi chimenea Me trae los santos cantares Que en tudas partes celebran Tu bendito alumbramiento, Gloria de cielos y tierra, Sagrada Vírgen María Madre y abogada nuestra ! Toca, toca, campanero, Las campanas más apriesa y sus lwssanas de gozo Al universo estremezcan, Que se han cumplido los santos Vaticinios d el profeta, Que, campanero del alma, Esta noche es Noche-Buena. IIl. Nada me falta en el mundo ~ Tengo salud, tengo hacienda y tengo el alma tranquila .. " ._ í Diol:' mio, bendito seas! Bebamos, pues, y brindemos Con este sabroso néctar, Como brindaban mis padres, Que Dios en su gloria. tenga. " Porque el Señor nos reuna. " Muchas noches como ésta! " Así era el solemne brindis De mi padre en Noche-Buena, y así el de la santa madre Que tengo bajo 11\ tierra! • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. LA TARDE 123 - Yo no puedo r ep etirle, ue la soledad me cerca, Que de padres y de hermanos Sólo el recuerdo me quada, ue unos me rooó la muerte Y otros me r oo ' la au encia !! Padres y hermanos del alma, Quién os viera, quj ~ n os viera, .T un to á ese hogar solitario Donde m u cro de tristeza. Parece que os estoy viendo En deITedor de esta mesa: Aquí :i la die tl'a mi madre, Mi padre, aquí á la sinie~tra, Allí en frente mis hermanos, Aquí mis hermanas oellas, Y sobre todos, el ángel Del amor y la indulgencia. Baja, campanero, baja De la torre de la iglesia, O si no el toq uc de gloria, on toque de lD uerto al terna i Que e ta noche es para mí IJfl, noche dA las tristeza, Que esta noche es Noche-Mala, Y esta noche es Noche-Buena. ANTONIO DE TllUEBA .. EL DIPUTADO JUANITO. Era .Tuanito, aunque de buena familia, un muchacho de los que llaman eu su pueblo va­gabundos y malcriados, y que en villas como la nuestra se les da otro nombre. Sin cambiar de plumas, como dijo álguien, llegó á los veintiuno, á tiempo que se trataba de elegir Alcalde en el pueblo. -Nombremos á don Críspulo (Diputado de la Corporacion) que ademas de que tiene qué perder, estímub para su bupn manejo, sabe el oficio. -No, dijo otro; don Críspulo es rico, y hay muchos que necesitan del sueldo. -Nombremos á .T uanito, dijo un tercero, que á más de ser hijo de daD BIas, no tiene destino alguno en que ganar para vivir, y la alcaldía, ademas del sueldo, le proporciona en qué dis­traerse para que no se pierda. y .T u:lnito fué nombrado Alcalde. Y lleno de gusto marchó como pavo ame- • ncano. Como era lo que se llamaba un majadero, se creyó notabilidan. -- Estaba .T uani to en la ruitad de su periodo dc Alcalde, cuando estalló la revolucion de .. - - __ una revol ucion ! Lleno de gozo vió abrirse ante él el camino de los honore.~ al traves de los horrores de la guerra. i Quién hubiera visto á. .T uanito en aquel t l·f lmpo ,. El dio. que llegó á su pueblo la noticia de guerra, hizo tocar un viejo atamhor archivado desde 1854, y reunidos los vecinos, subió al balcon de la. oasa. del Cabildo y con voz tro- • . nante les dirigió una disparatada perorata. -j Que viva el Alcalde! gritaron todos. -Hasta G01ernador va ser, dijeron unos. -Le damos nuestro voto para Presidente, dijeron otros. .T uanito recl u t6 cuan tos pobres pudo hallar. A las viudas les quitó sus hijos, único apoyo . Expropió cuanto encontró á la mano, y al-go más. . Estorsion6 cuanto quiso, cosa fácil porque era Alcalde. Cumplió al fin su período, y no bastaron Sú' plicas y ofertas para que admitiera la reelec- • clOno Ya .Tuanito miraba con desprecio la alcaldía, pues creia estar llamado para más altos desti­nos, y en su plan político consideraba el statu­qltO de la alcaldía, como pernicioso á los vuelos de su imaginacion. J uanito marchó á incorporarse al ejército con el grado de Capitan. i Quién hubiera visto á .T uanito en aquel tiempo! Si ántes con la vaTa de Alcalde se erguia co­mo pavo, ahora con su blusa colorada, sus in­signias de Capitan y su aire marcial.. ..•• ¡qué gallo! decian los muchachos. En el primer combate, J uanito pidió una co- • • mlSlon. En el segundo, habia quedado en guarniciono En el tercero, se escondió. En los demas combates estuvo ____ enfermo. Concluyó al fin la guerra, mas no la revolu-cion, y J uanito recibió su despacho de Ooronel, merced á SU8 importantes servicios prestados á. la causa. Llegó la época de reconstituir el Estado, co­sa muy frecuente. J uanito se creyó lleno de merecimientos y aspiró á ocupar un asiento en la Asamblea constituyente. Contaba para esto con las relaciones adq uÍl'i­das en el cuartel con dos doctores de ogaño, notabilidades al estIlo del país, y que por el camino de .T uanito habían llegado ellos ha ta las gradas del solio gubernamental. Pero le faltaba una cosa necesarísíma, por no decir esencial. Le faltaba escribir para el público. Con un mcs de sudores y de fa~igas, de pla­gios y de pa eos solitarios, dc fatales alternati­vas entre el deseo y el temor confeccionó un artículo que fué pu blicado en el periódico oficial, con el título de e, La Salvacion de la Patria." • e Ha llegado la época, decía, en que el pue­blo será representado por los que hemos sega­do con nuestros huesos y fertilizado con nues­tra sangre los campos de batalla. Ha llegado el día en que se presentan hombres enérgicos y valientes, que sabrán combatir el egoismo de los ricos, que dejan. perecer la patria por estat' nadando en el sudor del pueblo, del pobre pue­blo que muore de hambre, __ - - miéntras que ellos __ - - ____ " " ¡Viva J uanito ! " gritaron los de su partido. "Este es el hombre llamado á salvar el país. Qué lástima que no saliera para Gobernador." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 124 LA TARDE y Juanito fué electo Diputado. Salió de su pueblo, para la cap ital, en com­pañía ?e otros. dos Diputados por el e s tilo, que ya teman hoy'ttos en las sillas d e la L egislatura. Como los ? ;.mino~ no oÍlecian novedad y nuestro J uamto vema mal caballero en una malísima yegua de peores andares, :í cada mo­mento esclamaba: " Qué descuido de las autoridades tan crimi­nal! Malditos l'icos que no hacen caminos." y apuntaba en su cartera: " Donde no hay caminos no hay riquezo. : los ricos no hacen caminos, luego ellos son un es· torbo para la humanidad." Veja una hacienda abandonada, y gritaba: "Malditos ricos, que egoistas guardan el di­nero con perjuicio de los pobres hacendados 1 " Y apuntaba otra vez: " La agricultura es la que da la subsistencia: flstún las fincas abandonadas porque los ric06 no protegen esta ind ustria; luego los ricos son la causa de la miseria." i Buen Diputado esiK'Í este! se decian al oido - sus companeros. Oon apuntamientos de la laya llenó su carteo ra, y arribó felizmente, por primera vez á esta capital. madre, levantando las manos al cielo. pueden hacer de otro modo esas leyes? No sCt J uanito no contestó, pero desde entónces for­mó la l'esolucion de no volver á hacer leyes 4 trompadas como se hacen en Antioquia, y m­plear el medio aquel do qua hablaba. el doctor Florentino González, que si no es más cómodo es por lo ménos mús decente, aunque no en la expresion, la cual callamos por no ofender el pudor de J uanito, y de nue..>tras bellas lectoras. Para éstas baste saber que aquel llevó tales vicios de la capit.al, que le merecieron el des­precio de sus paisanas, y tuvo que resignarse ft. vivir soltero, víctima de un tedio mortal. N un­ca volvió {t h-abajar ni ser para su familia otra cosa que un fo.rdo pesado. La madre de J uanito que esto vió se expresó así delante de sus otros hijos: "Una Legisla­tura hizo la desgracia de mi hijo mayor, otras harán la de ustedes si no se pone remedio. ASÍ pues, no mas leyeros en casa." La órden fué puntualmente cumplida y lo. fe­licidad volvió á posarse en el hogar de J uanito. CARA! o DANASTER. • : • ELEGIA Malditos ricos! decia J uanito esl), noche ten­dido en la mala cama que le dieran en la fonda. i Ricos orgullosos que no quieren tener el honor de alojar en su caso. ú un Diputado-coronel! i Oómo se respetan en esta tierra los fueros A de un representante! la memoria de la señora doña Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches. y pasó la noche componiendo una oda á las pulgas, bichos insolentes que no respetan ni aun á los representantes del pueblo. .A.l otro dia ¿ quién habria reconocido {~ J ua­nito? Oon un inmenso levito n abotonado hasta el cuello, y muellemente reclinado en su sillon de legislador, daba sendos golpes sobre la mesa, á imitacion de sus compañeros, más serio" que un asno á bordo," como dijo el s&ñor Narváez_ J uanito habló tres veces en la Legislatura. La pl'imera, probando con su cartera en la mano, que miéntras haya ricos no puede haber paz, felicidad y progreso. La segunda, probando que á él se debe el triunfo del partido, porque todos los demas .son unos egoístas. La tercera, pidiendo se erigiera un nuevo departamento, cuya cabecera debía ser su pue­blo, y con cuya Prefectura contaba ya, merced tí. cierto canje de votos, única táctica legislativa conocida hoy. -Pobre h .jo mio! decía llorando la madre de J uanito al :verle llegar á su casa con un brazo vendado j ¿ Qué te ha sucedido luz de mis ojos? -Nada, mamá, en la Legislatura. _______ _ -¿ Hubo alguna revolucion? te hirieron hi-jo mio? -No, mamá, fué haciendo leyes. Y diciendo esto mostró á su afligida madre la mano y el brazo derechos enormemente hinC'hados. . QUé máquina tan dura! esclamó la. pobre No en llll alta torre el fúnebre gemido De la triste campana; No en el arco en los aires escondido En donde el ronco bronce suspendido El himno entona de la fc cristiana; No del illcien o en la flotante nube Que en impalpables ráfagas brotando Dcsde el altar ha~ta el Empíreo sube; No en los ecos del órgano sonoro Que al retumbar en las marmóreas naves, El templo llenan en augusto coro De santas preces y de salmos graves; No en la. noche sombría; No en el aislado túmulo desierto; Eo en el alma mia En donde está el dolor tocando á muerto. Venid, musas del llanto, Que arrebatais la luz á mis pupilas Hoy que el dolor me las anubla tanto ~ Génios que con sil1lestras vestiduras Cabalgais por los aires; luna llena Tan alegre en el campo y en el rio, y tan medrosa y con tanta honda pena Cuan-Jo tu luz blanquísima y serena Finge un sndario sobre el mármol fdo; Dadme vuestros cresponcs, Vuestros vagos reflejos pavorosos, Vueetras mudas y tristes oraciones; Con vuestros brazos yertos Llevadme por los aires fugitivos; Decidme cómo llegan á los muertos Las secretas plegarias de los vivos; Descifradme la voz pausada y hueca Del huracan que en los cipreses zumba; Decidma lo que canta la hoja saca Cuando pasa rodando por la tumba; Dadme el cansancio que el dolor mitiga ¡ • • I Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. LA TARDE 125 CortaJ su ,nclo nI pen amiento loco j y si qUt'reis que os ame y o bendiga, Deciclme d ónoc está la ausente amiga Que tanto fué para durar t~1TI poco. i Por qué la conocí? ? Por qué, si ahora Gime al perd eI"la el corazon cobarde, JJa YÍ tan cerca al desperta¡' la aUl·ora. y tan It:jana al declinar la tarde '1 i P or qué la cunocí '1 Los ojos mios Cegar debieron al mirar sus ojos; H oya bierto;:: están ........ COIllO dos rios Para n'gar pá.lidos de. pojo . i Quién al rosal devolverá. el capullo 'fronchaclo al golpe de hnracan violento? ¡Quién :í la muerta tórt.ola el arrullo!! ! Quiénide mi oído bon'ará el murmullo De aquella ,oz que se extinguió en el viento !! Ruérf.'ll1o, mi cant:;I\', en el vacio Ahogará su amargní ima Querella; La última flor que lÍo su hermosut"a envío, Ella no la verá ........ y es para ella! ¡Imposible! mi mano se estremece, Ronca la voz en mi garganta expira, y ante el cuadro que al fin se desvanece Mudas están las cuerdas de rui lira. . Amalia ! el hondo hueco be la fúnebre bóveda te esconde! i Amalia !. ....... gri ta el eco, y pienso que eres tú la que responde. j Amalia ! junto al auce murmurando Repite el vicuto, de mi mal testigo; !! Y siempre el eco á mi alredor flot:mdo, y sorda tú pa\"U tu pobre amigo !! . . . . . . . . .. .. .. .. .. . .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. . .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .......... .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .... .. .. ...... .. .. ..... .. .. .. . .. .. .. .. .. .. .. .. ........ ¡Ay! si la rosa á perfumar volviera. El aura dócil que la amaba tanto; I Ay! si el mármol pudiera . Partirse con las gotas de mi llanto; j Ay! si el Señor, como á Moisés la. vara Que hizo brotal' el agua cristalina, A mi impotente mano trasladara Un solo rayo de su luz divina. Avaro yo de tu existencia hermosa. Yo, que en tu tumba agonizando existo Con m i voz auxi 1 iada y poderosa Te viera despertar sobre la losa Cual Lázaro :i la voz de J csucri5to ! • i Quién volverá la. juventud perdida A tantas flores por su amor cuidadas '1 i Quién del albergue en que corrió su Empujará las puertas entornadas '1 Aun la contemplo abí; delirio ardiente Me la. finge sin verla; l En qué concha de nácar trasparento ::le escondió tan bellísima la perla? Aún en jaulas de oro Escucho de sus pájaros cautivos El cántico sonoro; Aun en el fondo el velador cubierto De flores esparcidas Me dice que no ha muerto; Aun el libro entreabiert.o Me revela las pág inas leidas •... vida . .. .. .. .. .. ... ..... .. ................................................... . Búcaros de su estancia perfumados, Gentil enredadera Que tuviste en sus ojos apagados Perenne y regalada primavera! Lámpara, que en las redes del follaje, De indefinible claridad dudosa Bañabas como envuelta en un celaje, Con luz crepuscular la ninfa hermosa; • Al mirarla tan bella, Orlada por tan vagus re~plandores Como en el cielo azul pálída e trella, i Quién s'lbe si nació para las flures O las flores nacieron para ella! Mas ay! !'i delirante Tanto esplendor se finge la memoria, Es un punto, un r elámpago, un ins tante j El cuad¡'o está delante Convertido en capilla múrtuoria. Huérfano el rico espejo En tu rostro gentil no se recrea; Tan solo copia el fún eL r~ reflejo Del blanco cirio ql\e al ~lljir flamen. Ya con los brazos de la cruz te escu::las, Iluyen tus sueños de color de rosa; Tus aves están mudas, Muertas l as flores y la luz medrosa. Aquí la estufa de perfumes llena Donde en las noche' de festiu lucias; Aquí la misma escena Donde tantos laureles recogias. Allá bajo flotantes pabellones, El lienzo en que la Vírgen escucbaba 'rus cm belesaduras oraciones. Allí la mústia y pálida camelia, Tu pluma aquí que de valida IIm'a, Madre inmortal de la inocente L elia Y de B eTta hermo ísima creadora. Aquí el aire impregnado De tu voz, de tu genio, de tus glorias, y allá en el fondo el túmulo enlutado Y el cadáver alzado Sobre tantas dulcí imas memorias. i Y eres tú la que ayer en tus hogarcl'l, En nuevos mundos la mirada. fija, Soñaba con volar lÍo otros lugares, Con re"pirar el aura. de los mares Y dar un beso á tu adorada hija? i Con perderte en el bosque solitario Del Pirene en la cumbre más d en sus almas. Los escritos de Voltaire, ese D emócrito cínico, les inspiraron desprecio hicia lo más ~agrado de sobre la tierra; y los de J. J. Rosseau, con su estilo encantador, fruto de una imaginacion fogosa, les causaron un vértigo intelectu al. Fueron seducidos por otros más avisados: hé aquí todo. El lector me perdonará la fastidiosa digre­cion, en uso de su generosa benevolencia. Doña Dolores no olvidó la recomendacion de su esp030 en lo tocante á su hijo: con el sudor de su frente pagó lat> ciencias que le enseñaron, y con sus lágrimas, 6udor del COl'azon, fecundó en el de su hijo las virtudes que solícita sem­braba. El jóven hizo buenos estudios, y salió un • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • LA TARDE 127 completo caballero no de esos que llaman así porque usan bota y frac, sino por su carácter y por su corazon. De graciadamente, su organiza· ion era en:e rmiza, y las fátigas del estudio de­terioraron casi por completo u salud . uando la b¡:ena madre bajó á. la tumba, el jóven se encontró solo, pobre y enfermo. La imposibi­lidad de ganar la vida en la ciudad, lo obligó á retirarse á It .. IV. SUFRDIlENTO y RECO:lIPENSA. Al plan oculto de Dios en las cosas humanas se le llama fatalidad: hoy le llaman Providencia, nombre más jnte· hjiblc, más religiobo y más paternal. L AlUARTmE. (El Civilizador.) Hacia algunos años que habia llegado i R -** una señora con su hija, fruto único de un matrimonio desgraciado. La niña era bella por su fi ico; pero más bella aun por su alma, que se revelaba en sus ojos de azul profundo, como Dios se revela á la mente tras el velo cerúleo del cielo; por su candor infantil, que teñía de ro­sas sus mejillas cuando los jóvenes de la parro­quia al verla. salir de misa los domingos, se agrupaban ansiosos á mirarla; por su piedad con los pobres, á quienes hacía entrar á su casita á la hora de comer, y ella misma les servia del escaso pan de:que su madre y ella se alimentaban. Yo siempre me he inclinado ante una alma compasiva, y nunca, lo digo con orgullo, ante el esplendor del poder ó del oro. La vida de la señora Itosalía y de Oarlota era dichosa. El trabajo de sus manos les daba un pan más sabroso que los manjares del opu­lento, quc amarga las más veces el hastío. En BU casita no habia redomas de cristal, ni esti­tuas de mármol, ni divanes, ni relucientes conso­las; pero si muchas fiares, lindos pajaritos y muchQ aseo. Pasado el zagn~ se dabaalpatio, que hacia de jardín: en cada columna habia una tabla, y sobre ella, una taza de flores, frescas como b s mejillas de la bella hortelana, airosas y alegres como ella: un cardan de madre-sel va pasaba haciendo arcos de columna en columna, y al soplo del viento se mecía como el columpio de un niño. En cada esquina habia una jaula, ~ en ella alborotaban los toches, los mirlos blan· cos y los cucaracheros. Pasado el primer cor­redor, sc daba á la puerta de lit sala, y luégo, tomando á la derecha, se entraba á. un cuartito muy blanco, y cuyo esterado brillaba de puro limpio, y en cuya pared delantera habia una. Vírgcn del Itosario adornada de rosas artifi­ciales para el tacto, pero no para la vista. Aquel cuartito era ell'etrete de costura de Oarlota. En una pequeña mesa colocada al pié de la Vírgen, hacian hílera, con sus rótulos á la vista, algunos libros -Novelas ?-No, ::oeñor: leamos. "Imita-cion de Oristo." "Evangelio explicado." ___ _ -Ouriosa estoy yo con mi beateca, le decia una tarde, á la hora de la comida, doña Rosalía, bromeándola; todo es para sus pobres, y aunque perezcamos todos. _" Bien hace el que sirve más al bien comun que á su voluntad propia" respoudió Oarlota, aouriedo l'uborizada, -Anda remilgada,

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 16

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 4

Por: | Fecha: 29/09/1874

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .--____ --c:t-.:~ s; ~ 2 ~,--:;S--_---- PERIODICO DEDICADO A LA LITERATURA .. -- Serie l. Bogotá, 29 de Setiembre de 1874. Número 4. • • Al\. DE. El c: Diario de Cundinamul'ca" nos recibió con un gala!1te y C:J.balleroso sulndo, "La I1us­tracia n " nos ha deseado cordialmente, al anun­ciarnos al público, una marcha. próspera y feliz, " La Américu" y "El Tradicionista" dieron cuenta de la apuricion de nuestro periódico, Devolvemos el cordial saludo:i los unos y da­mos las gracias á los otros. LA SERPIENTE DE ESMERALDA. (CONTTNUA CIO~ ), SaliJo de aquel fangal con mil congoja y angus­tias, seguimos lIuestm marcha bácia el punto denomi­nado El Toro de de donde se ve, segun la tradicion, el punto en donde Lancllero tuvo su primel' en­cuentro con los inuios, DC'spues de perdidos seis hombres muel'tos Y ocho heridos, entre estos el mis­mo Lanchero, quedó indecisa la victoria y :imbo be­ligerantesse apl'e .. taron para lluevo combate. Diez mil hombres presentaron los abol'Ígen á la pelea, y aunque muchos fueron lo,:; esfuerzos hechos por los e pañales, la suerte les fué adversa segunda vez. Des­pues de haber perdido doce he>mbrt>s y de recoger mueho'l heridos, empezaron:í. buscar salidel'e> hácia Santafé, teniendo que soportal' en la marcha la esca­sez de recursos y los ataques continuos de las dife­reutes partidas que los perseguían, A í terminó la primera intentona de Lanehcro sobre los valientes ,¡¡¿USOS y colimas. -Ni tantica fe le tengo á esa mula gulmnbeaclo?'a, dijo el arriero al ver 110 sé qué movimiento de una de las en que iba montado un compañero. -POI' qué, hombre; qué es eso de g~¿l¡¿mb eado?'f1, ?' -PUE'S que en lo mejor de la bajada afloja el rabo para zafar la baticola. -Eres muy aprensivo. --A llá lo veremos. El camino sigue su descenso hasta llegar al borde de una peña de de donde e ve la boya del rio Zarbe, so­gun 105 conquistadores, y hoy llamado Oantino. Aque­lla pefia denominada de Geromico se corta tan repE'nti­namente, que el viajero que allí llega por primera vez 6A amedrenta al pensal' CÓlllO podrá bajar al fondo profundo l hombre moria de pesadumbre ó se daba la muerte, obligaban á la adúltera á ql;e tuviese el cadáVer cn el regazo durante tres dia en los que no podia tornar mis alimento que un poco de chicha. Quemaban de pue el cad,í.ver y lo colocaban en un tú­mulo adornado con su" armas y capacete y alli perma­necia durante doce lunas, l\Iiéntras tanto la mujer era arrojada á los montes en donde vagaba hasta que ba­j aban el cadáver para darle sepultura; pero i es­ta ceremonia. no debia asistir la penada, No obstante, (jespues de pa ado este acto, la buscaban, la traian á la casa y la obligaban i que se casase nuevamente Si elll1arido queria hacerse de Ja. vista gorda,d ues de que su espo a cometia la falta, rompia todos los me­nnjes de la casa y se iba al monte: la mujer entónces deponia lo roto y Re iba á bu cario al obo de un me , Al hallarlo, lo Illal trataba de palabra y obra y vol­vian á la c~¡;a á vÍl'ir como ántes, Pocos años despues de la derrota d@ Lanchero se internó el capitan nIelchor Yaldes en lo dominios de los muzos <:on el objeto de someterlos, pues ya ame­nazaban Jo pueblos de los rnuiscas, El ejército, com puesto de cien l.lOmbres de mfantería y algunos de caballería, fué atacado por cuatro mil flecheros que los pusieron en perplegiuau, Sólo el ánimo de Yaldes pudo detener á los suyos y :luyentar oí. los in­dios; poro éstos se retiraron :í recoger todos los ele­lmentos de que pudieran hacer uso los enemigos y á Í1H'itar á todas las tl"ibus vecina para que concu­rrieran átla pelea, Por entre escollos profundos y tronco tendidos en el camino pudieron llegar los es­pañoles al '1'01"0 y luégo d der al rio_ Ilabia pasa­do la mitad de la. gen te el corrento o rio cuando los atacaron los indios qU\\ estaban escondidos entre cue­vas formad as en lo barrancos y entre las arboledas de la orilla, produciendo aquello uno de los ataques más sangrientos que en época se vieran. 1Ilu­chos e~pañoles murieron ahogados en tan terrible pa- , • so, pel'O p l' fin, gracia al fuego ele lo arcabuces, pu-diero~ l repasar el rio JI em prendel' retimda, 'l'rein tu e pañole' y quiniento~ indio ' mlll'ieron en aquella se­gunda j omada en que los naturale::. defclluieJ'oll la li­bertad de su &uelo, lIoy no existe de tan valiente nacíon sino gen­te raquítica y degenerada, y aun el rio que corriera tinto en sangre de iberos y aborígene no conserva su nombre indígena. J. DAVID GUARlN. • ( e ontin2ta1'á), .... ,/\ Al r ecibir de nuestro amigo el señor Pom bo la siguiente poesía para su r eproduccion, nos dijo que el original ha sido acaso la que haya h echo vérter más lágrimas y de las que más bie­nes hayan reportado á la clase prolotaria, Des­pues de publicada esta eomposicion y e l "Canto de Id. camisa,," que pronto verán nuestros lectores, se formaron sociedades en Inglaterra para aliviar la. suerte de los obreros y de las jóvenes huérfanas, se fomentaron casas de asilo y asociaciones para levantar los j ornales, No falta raZOD, pues, para d ecir que todos los can­tos de BJl'on juntos, en los que se bebe la hiel de un corazon sin esperanza, jamas hicieron ni la centésima parte d el bien que han hecho las dos poesías de que hablamos, Tendencia no ménos filantrópica lleva la com­posieion de nuestro dulce é inspirado cantor señor Esguerra, Poesías como las dos que insertamos hoy, son para la indigen cia un alivio, pues que ablandan el corazon de los que pueden hacer el bien, y sirven de corona inmortal :lo quienes las conciben. El puente de los suspiros. (DE ROOD,) Ahogada! ahogada! lIAMLET, One more unfortunate, Wearyoí breath. Otra! otra. infortunada Ya cansada de vivir! Importuna despechada Que por fin logró morir ! Recojedla con blandura, Con gentil solicitud! j Cuán delgada! -Su figura Cuenta aún su d esventura, Su belleza y juventud. Como al niño los pañales, Como lienzos funerales Se le adhiere el casto traje, Do áun gotea el oleaje D el naufragio del dolor. R ecoj edla sin ultraje! Recoj edla con amor! Ni una burla, ni un agravio Le-bagan mente, ó tacto, ó labio! P ensad d eUa como h ermanos, Como d ébiles humanos; PeDsad sólo en sus angustias, Y sus manchas olvidad. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • • LA TARDE 27 ¿ Qué hay en esas formas mustias Que no implol'e caridad? N o h agaiH honda, cruel pesquisa D el conflicto que insumisa La encontró con el d eber; Ya la muerte en su torrente Llevó el fango; y solamente Queda el oro de su sér. Sus errores, sus deslices Son de hntas infelices! Hija de Eva! su contagio D esvalida la encontró. Por la. herencia que nos toca Enjugad en esa boca Las espumas del naufragio ..... . Trago acerbo, pero el último Que el amor le presentó. Ricos enm sus cabellos! Componedlos cual salia Cuando, mísera! esperaba y creia en el amor. Ah ! decidnos, gajos b ellos, Dó está el peine q ne os peinaba, Dó el humilde tocador? Quién sus padres nos diría? Tuvo hermana? tuvo hel'mano ? O uno acaso más cercano Y más caro toda vía? Ah ! en el mundo cuánto es rara La cristiana caridad! Oh gran lástima! oh avara Inhumana humanidad! Que á una víctima indefensa Falte h ogar en esta inmensa Babilónica ciudad! Ya no hay padres? no hay h ermanos? Ya no hay vínculos humanos? Reina pues la indiferencia Y el amor se desterró? -y únn la Santa Providencia A su grey desamparó? Desde aquí .t al ve.z la, misera, Al nocturno CIerzo ImplO, Recol'ria tantas lámparas Que r eileja el ancho rio, y la tibia luz de innúmeras Galerías y ventanas Quo pintaban en su espíritu Tras de velos y per ianas Oada cual la paz y el júbilo De un amor y de un hogar; Miéntras ella, aislada y huérfana, No tenia más q ne lügrilllas y ni donde ir á llorar! Y la endeble criatura Tiritaba, de hambre y fria, No de histérica pavura, Al mirar de tanta altura Relumbrar siniestro el rio. Ya palpaba los dolores, No sus duendes y temores; Ya sabia el cuento serio Qlle la vida le enseñó; Y tentábala el misterio Que la fácil muerte esconde; - El transporte de lanzarse, D e exhalarse en un segundo Para ir ...... qué importa adónde? Fuera! fuera de este mundo! Y esa idea devolvió A sus labios la sonrisa; Dióse prisa, y se lanzó! ..... . Ven, alegre libertino, A mirarto en esta escena Que ameniza tu camino Por el Támesis ó el Sena. Ven, r bcoge tus la ureles, Y regálate cual sueles En el ba1'io y el festín. Brinda y b ebe sin espanto De esa espuma y sangre y llanto Oon que riegas tu jardin. R ecojedla con blandura, Oon gentil sol ici tud! Cuán delgada !-Su figura Ouenta nún su d esventura, Su belleza y juventud. Oomponed sus miembros frígidos Con esmero cas to y pulcro Antes, ántes de que rígidos So rebelen al sepulcro, Y que al ménos en su fosa Paz y abrigo se le dé. Y cenadle luego, luego Esos ojos ya sin juego Que parecen los de un ciego Que nos mira y no nos ve ; Porque allí quedó clavada Sólo esa última mirada Oon que ansiosa y acosada A abrazar la muerte fué ! Triste fin da una existencia Aun más triste! Eu su demencia La empujaron al abismo La crueldad del egoismo Y la afrenta de su error. Débil fué, mas no in acento. Oruzad pues humildemente Sus dos manos sobre el pecho Cual si orara sin despecho Silonciosa y reverente ..... . Y delito y delincuente Dejad ambos al SEÑOR. RAFAEL POMBO. ----~~~:---- NAVEGANDO. Patri:... '! Patria! mi destino Me arrebata peregrino y para siempre quizás .... Si desmaya l- n otra playa MI varonil ardimiento, Mi post.rero pensamiento Tú serás. • RICARDO PALUA. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 28 LA TARDE LA PRENSA. P r ngmento de "El crimen de Aguncntal," por F . de P. M UDo z." L a pre n sa es un gran p ouer I La p rensa es I ve r bo hUll!a nO d o mi n ando el es pa­cio p Ol' el m ov imie nto, la rapide z y la e xpansio n, y do m i nando e l ti e mpo p o r la dura c io D) la iD co rrupti bi­lid a d y la fi j ez a. NUDca, en la a ccide ntada série de los siglos , s e ha­ba alza do e l p e n ami e nto humano so bre un trODO má s el e vado y m ás d ominad or, ni habia di s puesto de UD in s tr u m e nto más p od e r os o y m ás so n o r o . La p re n s a ha li g ado las almas co n un v ín c ul o indi ­s(,] u b l e co n y irti é Ddo las e n m o l éculas o lidarias é ins e­par abl es de un g ran iD trum e nto a c ú ti co qu e golp ea­do ó t oc a do c n un punto , e parce, co mun ic a, difunde y multipl ic a las vibra ci o n e , para formar al fin una g r a n v o z de eco et e rn o y d e r es onan c ia infiuita. B ocina abi e rta á t o d os l os labi os y p e r ce ptible á t odos l os oi d os , á ella a c ude t o d o el qu e se s ien te po­br i u o d e una idea, d ominado p Ol' un seuti mi c nto, im­p ul s ado p o r al g un in stit1t o ; y halla si e mpre eco que r e p e r c uten sus palabra, alma;; que la r ec i ben, i nt e l~­gcn cias q ue l as a ceptaD y COl'az o nes que se las aSI ­m i lan. L a go ta d e tinta d c- rramada s o bre e l pape l p OI' un s abi o sol ita rio en el f o n d o de un gabin ete i g n o rad o, ] 1 0 es se milla qu e se aniquila 6 s e e vapo ra al vi e nto; p o rque fi j a da co n el tipo inm ortal de G utte mberg y pro pagad a e n t o das direccio n es p o r el s o pl o espansivo d e hI. publi c idad halla s i e mpre e n la montaña ó en la llanura, en e l á rbo l ó e n la pi ed ra, en el aire ó en el ~l gU:l, en el hi e lo ó en la. r oc a, un terreno propio que la rec ib e para d es arrollarla, que la ace pta para hacer­la fl o r ecer, que la acog e para darle vida y duraci0n. .A veces la idea enco m e ndada :í. la c o rri e nte de las in­t e lige n c ias atravi es a esté ril ó d es e chada un gl'un nú­m e ro d e g e neraci on es; pero tarde ó t e mprano es a he milla que du e rme olvidada en el polvo de una bi­bli o tec a, s ale d e nuevo á la luz para germinar, crecel', fl or ec er, fru c ti fic ar y reproducirs e como el grano de tri g o ence rrado de s de la m as remota antiguf:'dad en la caja embal s amada de la m o mia. i Ouántas veces una fra s e ni lada é ireflexiva caida d e la. pluma de un necio vieBe á ser la clave de un d ifícil é intrÍncado probl e ma para el sabi o umergido en largas é infructuos as meditacion es! i Y cuántas o tras es una in s piracion r e pentina y reveladora de su pro pia fu e rza para una intelige n c ia qu e yacia dormida en la más co mpleta ignorancia d e sí mi s ma! i Ouántas v eces la nota, la palabra, el soll o zo, el grito la máxima, el precepto , la d o ctrina, el siste ma, lanza'd os á la publicidad pOI' un hombre de genio ó p o r un h o mbre de inte ligencia, 6 por un hombre de corazon, ó p o r un hom bre de ciencia, toca repentina­m e nte, á mil leg uas ó :i mil siglos de distan c ia, otra alma que a g itada de súbito por un opIo en é rg ic o da á la humanitlad un grand e arti ta, un g ran p oeta, un grande orador, un gran fil 6so fo, un gran p o lítico, un grande após t o l ó un g ran genio! i Y cu á nt a otras , una palabrn. de vida va á matar en la m e nte de l h o mbre d é bil el pe nsamiento crimi­nal nllcie nte , 6 :i mitigar en el alma adol o rida un pe­sar in co n solabl e , 6 á dulcificar en la co nciencia del c u lpado la lág rima siempre enjug ada y siempre rena­ci~ nte de un r e m o rdimie nto t e naz! Mas, así c omo la nube que derrama aquí la abun­danc ia en lluvia bi e nh e ch o ra, más allá la des truccion e n agres iva granizada, m á s l éj os la d esolacion en im­petuoso hura can ó en tromba devas tadora, en otra parte la muerte en rayo des tructor, la imprenta, ala, que dis e mina las ideas y buril que las eterniza, puede llevar con igo la s al ud ó e l ve neno, el bien ó el mal la vitalidad ó la co rrupcion, la calma 6 la inquietud, la fe ó la indiferen c ia, la e s peranza 6 la desesperacion á los hombres; y la obediencia ó el motin, el órden .. Tiiulo de una obra que pronto verá la luz púb lica. 6 la in urreccio D, la paz ó la g u e rra, la v ida 6 la mu e r ­te á la na cio n es . F ormid abl e y t e rri b l o p o d e r e l d e la pre n s a que e n c ierra e n s u sen o t o d as la esperanzas y t odos 10 8 p e l íg l'os, como e l aire q ue co n teniendo el p rincipio ·.,- i­t al d e la exist e n c ia Il c va ta m bieJl co n sigo e l miasma m o r! í fe r o y la e p ide mia d eva" Latlo rn t M as i c6 m o hace l' pam co n 'e l'var e l bi e n y e vitar el mal i' upr i mirla '? R e prim i rla. ? Limitarla? Oh ! n o ! ¿ Pue d e habe r al go más tirá nÍ co y más odio o qu e e l m on o po lio d e l aire que en cie rra el miasma ? S í! e l m on o po lio de la pal aL I'a! Pu e qu é l i N o n os d e muestra á cada pas o la hi s­t o ria qu e la i de a na c i d a e n un só lo ce r e bro o bj e t o d o la burla, d e l cbc arnio, d e Ja maldi ci on, d e la s p e rse ­cucioncs de una é p oc a, s u e le s er la a pira cio n, la es ­p e ranza, la f e li c idad, la. vida, la exist e ncia de otra? P qu é ! i ' o fu é el cri s tianis mo una heregía di-sociadora de su ti e mpo, y no rasgó rabi os o el juez us ves tiduras ante el blasfemo d e G alil e a? y si tanto abu a h oy d e la imp re nta e l que preco­niza el p e tró leo C(1 mo el qu e pred ic a la Inqui ~ i c iol1 i cuál s e rá e lju e z qu e pu e da J ec hlil' imparc i a l 6 infali­bl e mente de la v e rdad ó d e l e rro r, d e la salud 6 de la mu e rte que en s í mi s mo entraña el prin c ipio que aca­ba de nace r mald e cido, abo minado, anatematizado p o r las cre en cias gen e rales d e una é po ca ? i ser á n y d e b e rán ser l os Go bi e rn os encargad o. , es verdad, do procurar la f e licidad pública, p e ro suj e t os como todo lo qu e vi e ne de l o hombre s á la influe n c ia de las preo­cupacion es y sobre todo:i la acclon de sus propios intere es y pas iones del momento? N o : las ins tituciones deben dejar amplia la liza para que á la vista de la Humanidad combatan la verdad y el eITor; y no hacer como el avestruz que acos ado p or un enemigo mortal, cierra los ojos y se­pul ta su cabeza entre la arena figurándose que, por dej ar de verlo, desaparece el peli g ro. Prohibir no es combatir, y por consiguiente prohibir no es vencer. En Oolombia, á Dios gracias, se ha ganado para siempre las más absoluta libertad del pensamiento y de la palabra, y el escritor público no reconoce otros límites que los s e ñalados por sus propios principios 6 por su propio decoro. A s í co mo en la conducta de los gobernantes y en el es píritu d e las instituciones y en la vida pública y privada de sus conciudadanos; pue­de el escrito r, stn 1'esponsabiliclad l eg a l penetrar in­discreto en en el respetable santuario de l os Tribuna­les, P e ro la prens a que indudabl e mentente p ued e, de be hecerlo ? E te era el punto á donde queriamos llegar y sobre el cual vamos á emitir nuestras opinio­nes francamente, ............................................................................................ UNA LIMOSNA POR AMOR DE DIOS 1 D edicada á las R ennanas d e la caridad residentes en la capital. 1 Felices de este mundo! es á vosotros Que esta plegaria se dirige tierna, A vosotros que nunca habeis sentido El terrible aguijon de la miseria; A vosotros, que en bailes y festines, Entre el bullicio de la alegre fiesta, Libais, ansiosos de emociones vivas, En ricos vaso, delicioso néctar; y que ignorais tal vez cuántos dolores La humilde choza del mendigo asedian, Porque los ayes que su p ~ cho exhala Se pierden entre el llanto y las tinieblas. Llevad á su infortunio, algun consuelo, Oompadecidos escuchad sus quejas, • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. o rol A T A R DE 29 Que por vo otros nunca los clamores Del desgraciado desechados sean. ·H lIIírad allá la huél'fanc. inocente Contra el vicio y el cl'Ímen indefensa, Volver temblando los llorosos ojos A los umbrales de las ricas puertas. Mal cubiertas sus formas demacradas Con el sucio jergon de la mi eria) Luchando con el hambre y la intemperie Que en pre pectiva el deshonor le muestran; Sin abrigo, sin pan, sin una mano Que bienhechora su virtud proteja, Las palmas tiende mendigando amparo, y el mundo despiadado la desprecia. Empeña, sin embargo, heroica lucha, Parece que algo en su ansiedad espera; Pero al tender' en torno la mirada La torva faz del infol'tunio encuentra, y el hambre la tortura, Ja :miquila, y ya estinguidas las escasas fuerzas, Cae <>n la red que ante SltS pasos tiende El genio tentador de la inocencia. III Ved ese niño enflaquecido y sucio Que á demandaros compasion se acerca, En su voz, en su aspecto, en su mirada Un inmenso infortunio se revela. Sus mugrientos harapos bien nos dicen Cuánto es á aveces la fortuna ciega) Con esos sél'es que abandona el mundo y al suplicio de Tántalo condena. Sus tristes ojos que piedad imploran, Su aspecto de abandono y de miseria, Dejan ver que los labios de la madre N unca á sus labios cárdenos se acercan. y ese niño tal vez os pertenece, Sangre vuestra quiza corre en sus venas, y en desagravio á la justicia humana De ajenas culpas el estigma lleTa, Ah ! si á tu madre al ménos fuera dado Entre sus brazos estrecharle tierna! Si en las mejillas que humedece el llanto us cariñosos besos imprimiera! Cuánto fueran menores los tormentos Que su eXIstencia mísera envenenan! Porque el amol', los besos de la madre Con la ternura el corazon alientan. IV Ved ese anciano, en cuya faz rugosa Marca el dolor sus indelebles huellas, En su mejilla pálida y enjuta IIondo surco las lágrimas le dejan. Ese anciano de aspecto miserable, Suplicante mirada y marcha lenta, Que entre pesares su existencia arrastra o y que mendiga un pan de puerta en puerta, En otro tiempo desafió al destino {)onfiado en el poder de su riqueza, Que di ipó como neblina leve Un solo golpe de fOl'tuna adversa. Ah ! nunca el llOmbre á penetrar alcanza El hondo arcano que el futuro encierra, y en ese escollo á su mirada oculto La más fecunda prevision se estr ella, V No veis esa mujer? el infortunio Con dardo cruel su corazon lacera, ¿ En su,; ojos de lágrimas preñados La imágen del pesa!' no veis impresa? Esa mujer que desolada llora, Tuvo dichas, tesoros, gentileza Más, la °a convirtió en harapos De sus d.ridacl refleja flelmcllte Ull aspecto poco conocido de la vida de los A! pes . 1 liaba alumblNln. únicnmente por el trémulo resplan­dor de las l'amn que ardian en la chimcnea. Junto}\ la ventana, cuyos vidrios se habian vuelto opaco con el [¡ielo, una jóvcn 8e hallaba de pié (I]lo­yada en el mUI'o, con la manos cl'ul.adas, la caL(~za baja, y en una actitud que mnnifcslaba una tristeza meditabundn. A sus piés se Lallaba scntndo un jóven con In fl'ente apoyada en sus manos. Su dilíl0go e taba in duda interrumpido por una de esa pausas de de­saliento, tí cuyo beneficio carla intetloeutor continúa. la conversacion con, igo mismo. Durante largo tiem­po no e oyó en la choza más que los mllgidos sordos del Lutschine-l egro que continuaba lanzando sobre sus orillas las pieclm. arrancadas de la montaña, y los chasquiuos de la leñ:;, que proyectaba á lo léjos llamas y sus chispas. Por fin el 11101.0 cogió una de las manos de la j6vcu y la dijo con aceuto abatido: -¿ Conqne es verclad, Freneli? En tanto que yo trabajaba léjos de aquí con valor para obtener tu ma­no, la Trina te destinaba al pl'ÍIllO Hans. -Es verdad, D lri cn, respondió tri lemente lajóven. -Pero i no he oído mal, uada ha dicho toda \ ía ni tí tí ni á él. - ada. -Entónces tu abuela no te ba prometido al primo. -No de palabra, sin duda, pero sí de intencion, y Hans la comprendió sin que abriera la boca; se han esplicado en e píritu. -Ahora falta saber i, confesando :í la abuela que tu corazon e tá por otra parte, cambiará de proyectos. Freneli meneó la cabeza. -La Trina es tan firme en su resolucion como el Heiger en us raíces; más facil selia mover la mon­taña que cambiar su volunt::td. -i Aun cuando al primo no le agracIara? repuso Ulrico, cuya mirada estaba fija , está en los picos de arriba buscando sus y clesde el 28 de octubre el sol no habia brillado una planta., us piedras y su~ cri tales. No obstante, ten­sola vez en el valle, Una luz apagada penetraba apé- gO e perauza de que volverá esta noche. nas en el fondo de la gnrganta, y las montañas que la -Pues bien; hasta mañana no me voy á 1\1eren­baei:: m frente desde Isel ten·Al pp hasta el ",Veter-Horn gen, respondió UlI'ico pensativo; veré si puedo espe­se hallaban cubiert'l.s de una nieve de lumbradora, rar algo del tio. Plor entrebla cua 1 asomaban de distancia ell distancia y acueándose :í la jóven, que rodeó con uno de sus a gU110S a eto . brazo : Hó aquí pues lo que pasaba en la chozl, ql:e ~e hl-, -Pero tú, añadió inclinando la cabeza tasta rozar • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • LA TARDE 31 'Con su labios la cabellera de Freneli, ¿ tan poco me amas que pueda vivir contenta con el primo Hans? -Bien subes lo contrario, respondió la jóven muy conmovida y haciendo un (!sfuerzo por soltarse. --i Me ayudarás, F¡-eneli '1 -Uuan to pueda ayudarte una pobre jóven. -Pero si la Trina y Hans pertii ten ..... -Entónces muy desgraciados seremos. El jóven se lIe\·ó los puño' á la frente con una ex­presion dese'perada_ Sinembargo, ni él ni Freneli pen­saron un instante en la posibilidad de una drsobedien­cia. En esa yida s('ncilla de lo_ yalle de los Alpes, la tradicion del hogar, mantenida por la infiuencia de la Biblia ha ·conservado intacta la sumi ion en los hi­jos; la lógica no habia yenirlo aún en favor de la ra­sion parn. discutir cl poder del jefe de la familia; él sólo tenia el derecho de querer, y COlllO Abraham po­dia eu ca o de nece idad conduci l' á su bija á la iumo­lacion, haciéndole lIe-var ln, leña del sacrificio . La abuela de Freneli, que e habia quedado sóla para representar ese poder omnímodo, lJabia sabido con ervar todos lo privilegios de u posicion_ Educa­dos á su lado, sus sobrinos Hans y Ulrico habian tlPI·endiuo a no discutir nunca voluntades ba ta la edad eu que los dos, que se habian hecllo cazadores de gamuzas, bauian conquistadc, l:t libertad de la. mon­taña; pero Dlrico no poseía ni el instinto de la. lucha ni la necesidad de emocion febril necesaria para esa dura exi"tencia; sus aspi radones eran otras. Cada. vez que atravesaba lo valles de Lauterbrunnen ó de Harlí, se detenia involuntariamente horas enteras á ver cómo los pastores esculpian el roble, admiraba esas obras maestras que sólo se l'e<:Íenten de la falta de invencion, imaginaba nuevas formas, y en las bo­cas de acecbo, olvidando la presa que e peraba) dejaba caer á sus piés su carabina para cortar y labral· una vara. arrancada de un árbol. Sus pruebas mul tiplica­das fueron conocidas eu breve, y á medida que decli­naba su reputacion de cazador, la de escultor iba cre­ciendo. Por fin: un fabricante de Ierengen ofreció llevarle :1 su taller. Ulrico ckbia encontrar, alli no sólo los medios de seguir sus gustos perfecionándose eu su arte favorito, sino tambien bastantrs ventajas para asegurar:i Freneli un biene tal' que no babria podido obtener por medio de la caza. Este úl timo mo­tivo era bastante. Ulrico colgó su carabina á los piés de la calDa del tia Job, Y se marchó á l\1erengen. Dos años tra currieron, dos años de trabajo encarni­zado, uurante los cuales Ulrico conquistó el primer puesto entre los escultores de madem de Oberbnd, y reunió la suma suficiente para la realizacion del más caro de sus deseo _ Ya hemos v cómo sa enteró de los proyectos de la abuela en el momento en que creía lograr sus fines. El jóven escultor pregt¡ntó ce nuevo á Freneli so­bre los indicios que llUbieran podido descubríl' los proyectos de la Trina cuando entró esta: era una mu­jer de set()nta años, pequeña, delgada y COIDO doble­gada bajo <:;1 peso de la edad_ Al YCI' sU andar Icnto, pero firlll(" se babria dicho que la vejez babia revesti­do us miembros con una armadura de acero. La de­crepitud de 8U !"I)stro baciaresaltar m:1s aun sus njillos pardos de una fijeza tan penetrante como los de las nves de rapiña; sus hombros se hallaban cargados con uno de eso cestos de mimbre que parecen in e­parables del habitante de- la montana, y que llevan siempre in oujeto, por bábito, como el militar lleva la espada. Apénas entró, cuando su mirada fué :í. bu car en la sombra del cuarto á Freneli y:í. Irico que, inte­rrumpidos en medio de la conferencia, se quedaron natUl"almcnte algo cortados. -¡ 11! \lh! dijo sacando lentamente unO de sus brazo del tirante de mimbre de la cesta; compañía tenemos! - -Dios os proteja, tia, respondió el jóven adelan-tándose hácia la anciana; llego de Merengen .••• y venia á saber cómo estábais. -y te informabas preguntándola á Neli quedito co- 111 0 e tau:1. yo ¿ no es \-crdad ·? repuso la aJlciana; es­tá uien, pero CQIllO me gustn ver el rostro de las gt'n­te~, encell'J er:ís unn. 1m:, Neli, Miéntrmi la jóven obedecia, la Trina se sacó el ces­to que uejó en un rincon, y I uégo adelantándose há­cia la parte 1D1lS clal'a de In choza, ecbó una rápida. mirada á UII-ico y á su nieta. -~_H:\ns no ha ynelto aún? preguntó_ -No todavía, respondió Fr(,lwli. La -vieja se volvió hácia su 5011 ino, diciéndole con intenci oll : -E porque 61 nunca descansa; rl pan que se come aquÍ, tiene ('1 que ganarlo allú. arriba soure las ven­tisqueros. Has hecho bien en elcgir un oficio más f:i­cIl; las ¡r:Jmuza~ van muy de prisa para los piés que gustan de la chimenea . -POI' e1'O cada dia me alegro más de mi delermi­nacion, r cplicó el jó"en sin adivinar la irouía uajo el acento sel'Ío de la :luurla. -UII'ico nos ha tl·nido una mnestrn uc su trabajo, interrumpió F r enel i tratanao de mezclarse en la cou· versacion; abuela, mirad qué cos··s hace. y al decir esto acercó la luz :í. una de esas copas en forma de lulipan, imitadas por todos los esculto­res de madera, pero cuya inyencion era debida á UI­rico. La vieja apénas arrojó una mirada rápida sobre la obra de su sobrino, y preglll"ó con una espcie de sorpresa: -¿ y bay gentes que compran eso? -y muy caro, contestó UII-ico con alti-vez; de modo que mi torno, mi punzon y mi cuchilla me pro­ducen más dinero en una sem:,na, que le produce á Hans su carabina en todo un IDes. i A que le gustan los cuartos á la abueli ta '1 -Ciertamente .. _. pero me gusta más la plata y el oro. -Sin contar, añadió Ulrico siguiendo su idea, que no estoy expuesto siempre á encontrar In. muerte co­mo en la montaña. Por eso la mujer que me espere en casa no tendrá que temhlar cada Y(;,7. que oiga el ruido de una avalanchn, por el lado del Schereck­lIoerner 6 del Wetter-IIolll. La abuela le lan7.Ó una mirada que le obligó á ba­jar los ojos. -i Y era eso lo que la deeias nI oido tí N elí ? La jó,en quiso cortar con un ademan la respuesta de Uh-ico, pero éste apro-vecl1ó la ocasion con ulla es­pecie de ardor desesperado y q ui o conocer ó'U suerte. -Es cierto, la be haulado, dijo con acento COnIDO­vido; y puesto que lo habei adivinado no hay razon para que ya lo calle. yo be deseado siempre ese ma­trimonio, pero de de hace tres unos, somos dos á de­searlo. La anciana se yol"ió llácia Freneli que bajó los ojos sonrojándQse. -Me conoccis desde la cuna, continuó Ulrico; be sido educado nquí como vuestro bijo, sabeis que en mi cora7.011 no Ilay cobardia ni malicia, y que la mu­jer que me dell será dichosa; Dios me confunda si llora algllna vez por culpa IDia. Dejad que Freneli y yo eamos felice : y os daremos las gracias de rodi­llas; Frencli os suplica conmigo; 110 nos quiteis la fuerza y el contento de la vida. "Inca habia tomado la mano de la 5ó\'el1 y estaba con ella delante de la abuela en actitud de ruego te­mero o. Esta los miró un in tan te fijamente, y des­pues meneando la cabLz!1. dijo:i lrico: -i Sabes cuál es la dote de Freneli ? -Su dote? repitió <:;1 jóven como si no compren-diera; nun(;[\ he pensado en tal cosa; i qué me im­porta una dote? -A mí me importa mucho, repuso la vieja, porque esa dOté no es un bien que me enriquece, sino un bien de respeto. Abí esta en ese armario que ningu­no de vo otrE'S ha vi. to nunca abrir y que os daba. miedo en infanCIa. y la vieja se fue al mueble carcomido, metió en la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. , 32 LA TARDE cerradura. una llave que dió vuel ta. con gran trabajo, y abrió de par en par la dos puertas, dejando ti. des­cubierto en la. . o mbría profundidad del armario una porcion de c¡'áno- de gamuza, con trofeos de cuemo . Estos hueso ' blan cos e d tacaban en la sombra. en perfiles tan ingulare, que Freneli no pudo contener un grito; la abuela se volvió hácia ella y le dijo COD dureza: -' EI'e' tan d é bil de ánimo que te ta eso? -~i 110 espanta, bien puede sorprender, intenum-pió Irico; i qué dote es esa, y de quién proviene '? -Proviene de los padres de su padre, respondió la anciana; aunque no sea un gran cazador, Irieo, pu e des reconoce r que cada uno de de pojos per­t enece á una emperatriz de gamuza. -En efecto, replie.) el jóven que sabia, por tl'adi­cion qUtl aquellos cuemos tau altos pertenecian tÍ las gamuzas bastante viejas val'a que su descendecia for­mase una especie de tl'ibu de la que las cl'cían jefes. -Tambien d e bes haber apI'endido lo dificil que es matar á una de éstas, repuso la tia, y supongo que te habrán dicho que el que la cazaba no reconocía por supe rior en la destreza, sino al arcángel Miguel ó al Cazadol' eO"ro' o -Me lo lJUn dicho, conte¡;tó Ulrico. -Pues bien, repu o la abuela c o n cierto enfásis; desde hace más tiempo que el que es preciso para ha­cer crecer una encina, todos los mal'iuos de las mu­chachas d e nues tm ca a han traido <Í su desposada, en regalo de boda, una empe?'atl'iz de las g:unnz'ls. Mira: bajo cada uno de esos trofeos porlrás l eer el nombre de nuestros antepasados. El último que se :lIza un poco sobr~ los de mas, fu é colgado ahí por mi yemo; Dios le recompense; cuanuo vino ú peJilme su prima, la m , dre de FI'eneli, le en~eñé lo mismo que tc enseño. -¿, y qué os l'pspondió él? -~ada, p e l'o dos m eses de3pu es arrojaba á mis pié- 10 que estás viendo; si n 10 hubiese traido, mi bija y yo habriamos esperado á otro cazador más dies­tro. Los dos amantes cambiaron nna mirada desoladora. -; Cómo! exclamó Ulrico, i creeis que semejante glori:t es superior á todo lo demas? i no h?briais acordado nada á la amistad de vuestra hija por el pa­dre ue Freneli ? U na sonri ' a de des precio allornó, pOI' toda respues­ta, á los arrugados labios de la anciana. -Poco os imp0rta, pues la voluut:ld de la que se casa, repuso tristemente el jóven; no pensai en u felicidad, sino en que haya en vuestra familia el me­jor cazador de I a montaña. ~i y siempre suceclió así! exclamó la Tl'Ína con orgullo. -¿o y qué os han traido e os maridos, continuó DI· rico animán::l.ose, sino la pobreza, la viudez y las an­gustias? ¿ Dónde e tán ahora lo .~ restos rle los que han traido á ese armario tan bello de,;pojo '? i N o duerm e n tocios en el fondo de los precipicio', su úni­co cementerio? -i Quién te dice lo contl'ario? r epitió la abuela con una feialdad al tanera; i te he hablado yo de vi­da larga, de de;;canso, ó de I'iqucza? En las vieja historias que los chicos nos leen en aita voz dUr:lnte las veladas de inviern .', i no b as vi - to que nacian no­bles fami lias de los hOlllbre- que morian en l:l gue­na? Pues bien, nucstros maridos rnue¡''lU sobre la montaña; es su campo de batalla; la verg üenza prin­cipiad. pOI' el primero que muera en su lecho, Freneli cruzó las manos con un exclamacion que se asemejaba á una protesta; pero la anciana conti­nuó imperiosamente : - ilencio, loca cl'Íatura, no te piden aqní tu pa­recel'. Gracias:i Dios, no eres tú la que manda' e.3eucha y calla, e a e tu obligaciun. Yo bablo al qu~ ha querido saber cómo entraban ::quí los maridos' ya lo ":Lbe, ya ha. vi - to lo que cada uno ele ellos d~bia añadu' á nues tro tesoro de honor .. -De modo 'lile in 1I0nar la condicion, ninguno será a ceptado? dij o lrico; y l.HI."ta el primo IltI.ns .. -Han no pide nada, inte l'l'ull'lpió brevemente In abuela; Hans cumple con su d ebe l', un dia. tentld suerte, y entónces su bala segllini el camino r ecto; entre tanto trah'lja para nue .~ tro su tc;;uto. y podeis añauiL' quo e una pl'e l'e reneia que obtie­ne contra toda jn ticia, dijo Ulríeo vivamente, por­que yo tambien ten llria d e rec ho para h!lcer aceptaJ·. -Nada, exclam' 1.\ abu ela : 10<; Han (> 1' }¡an vivi­do siempre de la montaña, el sobrino IIlUs y el Uo Job recogen para no sotras y su cosecl11. ha ·ta. Cuando acababa de d eci r e'lto, sc> oyó en el sende­ro hondo que conciucia á la cabañ'l. el ruido de las piedrecillas bajo unos pasos precipitados. Freneli al­zó la cabez'l, prestó el oído y dijo: -j El es 1 (cmcluil'.i). Diario de un petardisb. ( CONCLUSION ). DIA 13-Anoche fuí al circo. Mi general corl'espf)nuió tí mi esperanzas, Pretendí sel' im'itado por v[\rios amigos á cen~r, pero no m e atreví. ... Ya se ve. A veces es una des­gracia tener un canic"éel' como el mio. Genio y figura hasta 1n sepultlll'n . E tá visto que debo el' corto toda mi viua, Ademas, e taba allí un tal don Ba<¡ilio, autor de un artículo en el- cual he crciuo ver alutiiones á mi persona; y me mil'aba con unos ojos .... Qué bombl'es, ni cumen ni dt~all comer! DIA 14.-11oye cumpleaños de fulanita. Le be compuesto una. u éc ima y á correspondiJo á mi fineza remitiéndome tres fuertes, A la caja. Pero no, pl'obaré suerte con ellos en un albur! Qué diablos, al fin somos hijos de la tentaciou r D lA 15.-S'mto·' Dios! Limpio como uua. patena! Me han robado! Pero he de vengarme! • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •• • ••••••••••••••••• DIA 20. En la' R otnnda de Cn l'ácas.-Cineo dills mortales! cinco dias infernales hace que estoy en esta hOl'l'ible mansion, como i fuera un malhechor! Cinco dias há que penH mi adorada libertad! 1\1al­hl. ya el Prefecto, y todos cuantos haceu alarde de per eguir las aí·tes libel'rll es ! Pues qué? El talento no es un cimiento de trabl­jo como el zurron ó la e c:l.I·uil1a? Ah! desdichado de mí Pensé que poniendo en accion mis dotc's inteleetua- 108 para proporcionarme la ,ida, pouria 'r m; objeto. Pero nadl\ de e~o. .AllOra cinco noches fuí á de quitarme en el propio lugar donde me habian estafado. C\lmbil1é una nuc;;~a marca, arreglé con ella mi ' bllajas, y provisto de' Cst05 elementos, obra tojo de una inteligencia que no me "uborizo al confesar, me preparaba recuperar el pro­ducto de mi obra. literaria, cuando izas! se introdu­cen l os alguaciles ,en el taller y roe arrastran á esta horrible pl'Ísiun. j Destino clel hombre vi~j¡, p!lra ....•... " .... ' .• . .. .. . . .. . .. . . . .. . .. .. .. .. ............ "'" .. .. .. .. .............. , ............ .. Aquí está rota la última página de e te dia.rio que ha venido á nu tras munos de la mallera m ;t impre­vistn, y que reprotlucitoos in quitar ni añadirle nada, por haberno parecido bastante interesante. Hespec to nI peligro qnt.: pudiC'l'a cxistir por haber­le dado publicidad ¡í apunte::, rep05<'lmOS tran ­quilos en la confianza. de que no habrá padre que quie­ra reconocer :í. semej:lI1te hijo. .A.nn1iL AZIs, •

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La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 4

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