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Imagen de apoyo de  Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 2

Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 2

Por: | Fecha: 16/11/1901

:bit -ñ oletin ilitar d Á 1 b· ~ 1 '1' ~ e ~o om la ~ ~ I Organo del Ministerio de Gne!l& y del Ejército *el i OtR~EM <Í)) e=: , Francisco J. Vergara y Velasco '1) ~ 1 ~ Geuon\l d" lug nieros, Miembro de varias Sociedades Cient{ficaa 1 j¡ t o• I (OCTUBRE 3 I) por 1 cual e organiza una División El Comandante en Jef del Ejército de la República, amplia­m~ nte autorizado por 1 ... Iinistro de Guerra, DECRETA Art. 1.0 Reor•.,..aníza e accidentalmente la 3.& División de Re­ser\' a, incorporando á ella el Batallón Boyaccí número 2. 0 y el 10.0 de t· erva de la 5.~~. División del Ejército Permanente, durante el tiempo de las operaciones militares emprendidas en la Provincia de Oriente pot· el Ejército á órdenes del General Clímaco Silva. Art. 2.0 La expresada División quedará formada por ahora de los dos Batallone · ya mencionados, del 22 de Reserva y de los voluntarios de Fóme ue y Choachí. Art. 3. 0 Los Jefes de ella serán los mismos que antes tenían, á ~aber : Comandante general, General Emiliano Caicedo ; Jefe de h tado Mayor. C ronel Alejandro Ucrós; y Ayudantes genera­les, los mi mos que hoy tiene. Comuníquese á quienes corresponda, y publíquese en la Orden general del Ejército para su cumplimiento y ejecución. Dado en Bogotá, á 31 de Octubre de Igc>I. El General Jefe encargado, MARIANO ToBAR TOMO II-39 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. _,otetin IDtilitar be ~otombia '-- 610 -' DECRETO NUMERO 20 DE 1901 (NOVIEMBU 1. 0 ) por el cual se hace una promoción El Comandante en Jefe del Ejército de la República, en uso de las facultades y autorizaciones que le han sido conferidas por el Ministerio de Guerra, DECRETA Artículo único. Por disposición especial del Gobierno, pro mué­vese al Sr. General Pedro Sicard Briceño del puesto de Director general de la Policía Nacional, al de Comandante en Jefe del Ejér­cito de la Provincia de Sumapaz y Jefe de operaciones en aquelJa región. Comuníquese á quienes corresponda, y publíquese en la Orden general del Ejército, para su cumplimiento y ejecución. Dado en Bogotá, á 1.0 de Noviembre de rgor. El General Jefe encargado, MARIANO ToBAR DECRETO NUMERO 21 DE 1901 (4 DE NOVIE1t1BRE) por el cual se reorganiza un Regimiento El Comandante en Jefe del Ejército de la República, amplia­mente autorizado por el Ministerio de Guerra, DECRETA Art. 1.0 Reorganizase el ~egimiento l!rdanela número I. 0 que ha estado adscrito á la 4.• División del Ejército Permanente y que en lo sucesivo dependerá de la Comandancia Militar de la Plaza, en la forma que pasa á expresarse. Art. 2.0 El mencionado Regimiento quedará formado de tres­cientos cuatro hombres distribuídos en tres Compañías, una de las cuales desempeñará las funciones de Piquete Volante para el ser­vicio de la Plaza ; la otra prestará el servicio de avanzadas y des­tacamentos; y la 3: el de Guardias de Brigadas del Gobierno. Art. 3. 0 El personal de Jefes y Oficiales del expresado Regi­miento, en conformidad con los artículos 116 y 131 del Código Mi­litar será el siguiente : 'Plana Mayor-Coronel, primer Jefe, Ramón Pereira Ch.; Te­niente Coronel, 2.0 Jefe, Abra ha m Rojas; Capitán Ayudante Ma­yor, Alfredo. La verde; Teniente 2.0 Ayudante, Roberto Casa- Has ; Subtemente Portae.standarte., ..................... ; Corneta de 6rdenes, Sargento 1.0 , Luts F. Medma ; Cabo 1.0 Escribiente, José Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 58oletín ~JHlitar be ~olombia \_ 611 -' María Escamilla; Sargento 1.0 Mariscal, Mateo Castillo; un sol­dado ordenanza. I ... Compañía-Capitán, Gabriel Rojas ; Tenientes, José V. Coronado y Leopoldo Hincapié; Subtenientes, Ernesto María Es­cobar y Martín Acosta. 2 ... Compa1iía-Capitán, Luis A. Cárdenas ; Tenientes, José S. Cuéllar y Cipriano Hernández; Subtenientes, Evaristo Valenzuela y Juan Caicedo. 3 ... Compa1iía-Capitán, Daniel Vergara; Tenientes, Luis Es... tévez y Arturo García; Subtenientes, Benjamín Landínez y Salva­dor Romero. Art. 4· 0 Los haberes de este Regimiento se seguirán pagan­do en la misma forma que hasta hoy, por la Habilitación del Cuar­tel general, en tanto que se nombra el Habilitado respectivo. Art. 5. 0 La organización interna del Regimiento la harán los jefes de él, con aprobación del Comandante en Jefe del Ejército. Art. 6.0 El presente Decreto surtirá sus efectos desde el día 1 .0 de los corrientes. Comuníquese á quienes corresponda, y publíquese en la Orden general del Ejército, para su cumplimiento y ejecución. Dado en Bogotá, á 4 de oviembre de 1901. El Comandante en Jefe, MARIANO ToBAR DECRETO NU:\1ERO 22 DE I90I (. OVIE!\IBRE 8) por el cual se dictan varias providencias El Comandante en Jefe del Ejército de la República, amp1ia­mente autorizado por el Ministerio de Guerra, DECRETA Art. 1.0 Llámase al servicio activo al General Pedro León Acosta, y destínasele como Jefe de Operaciones en la Provincia de Oriente, en reemplazo del General Clímaco Silva, á quien se le confía la dirección de las operaciones militares en el territorio de San Martín. Art. 2.0 Promuévese al General Miguel Rodríguez del puesto de primer Ayudante general del Cuartel general del Ejército, al de Jefe de Estado Mayor del General Acosta. Art. 3.0 Destinase como Ayudantes generales del Cuartel general del expresado Jefe de Operaciones en Oriente, á los si­guientes Jefes, á quienes se llama al servicio activo: Coroneles Abelardo Mesa, Rubén Prieto y Eliécer Ortega, Tenientes Coro­neles Aristides Alonso y Julio César Guillén, y como Adjunto al Ca~tán Abraham Leiva. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~otetin ~i(itar be ~o(ombia '- 612 _J Art. 4. 0 Incorpóra e el Batallón 29 de Reserva en el Bata­llón Guerrilla de Guasca, el cual, debidamente armado y equipado, se pondrá inmediatamente á órdenes del General Acosta. Art. 5. 0 Incorpóras igualmente el Batallón Artillería Roda- • da, que depende de la 4: División del Ejército, en el Cuerpo Poli­técnico, dep ndiente del Cuartel Generalísimo. La Comandancia en Jefe del Ejército dispondrá lo conveniente acerca de los Jefes y Oficiales del refundido Batallón Artillería Rodada. Comuníque e á quienes corresponda, y publíquese en la Or­den general del Ejército, para su cumplimiento y ejecución. Dado en Bogotá, á 8 de Noviembre de Igüi. El Comandante en Jefe, MARIANO ToBAR DECRETO NUMERO 23 DE 1901 (NOVIEMBRE 1 O) por el cual se hacen varias promociones y se des.tinan algunos oficiales excedentes El Comandante en Jefe del Ejército de la República, amplia­mente autorizado por el Ministerio de Guerra, y en desarrollo del artículo 5. 0 del Decreto número 22 de fecha 8 de los corrientes, DECRETA Art. r •0 Promuévese al Batallón Polüécmco, en virtud de ha­ber quedad e. ·cedente or reorcranización del Batallón Art/lltria Rodada, al 'argento Mayor Hipólito Espinosa, como 2.0 Jefe del expr ado Cuerpo Pohlécmco y en reemplazo del Coronel Daniel Granados, á quien e conceden las Letras de Cuartel que solicitó. Art. 2.0 Promuévese asimi mo al expre ado Cuerpo, por ha­ber quedado . ·cedente del Arlzllería Rodada, á los siguientes Ofi­ciales: Capitán Adán Vanegas, como Comandante de la 1. .. Com­pañía; Capitán Jesüs María Valbuena, Comandante de la 6 ... Com­pañía; Capitán Aníbal Angel, Comandante de la 8 ... Compañía · Teniente José Vicente Vergara, para la 8!'· Compañía; ubteniente Víctor Pedraza, l ara la 8 ... Compañía ; Subteniente Julio Pardo, para la 8.a Compañía ; Subteniente Ricardo l\1uñoz, para la 6: Compañía. Art. 3. 0 Respecto del Capitán Antonio Neira, Teniente Raúl Restrepo y Subteniente Víctor Cordobés y José Ignacio Morales, quienes han quedado excedente~, la Comandancia en Jefe dispon­drá lo conveniente. Art. 4· 0 Incorpóranse al Batallón Guardzá de Bogotá, Sección de inválidos, los individuos de tropa inútil del referido Cuerpo Ar­tillería Rodada, las clases sobrantes y los que se hallen en el Hos- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 5Boletin ~Hitar be ~otombict \._ 613 __) pital. En cuanto á los individuos que se hallan en comisión en Car­tagena, pertenecientes al citado Cuerpo Artillería Rodada, serán incorporados al Politécnico tan luego como regresen á la capital. Todas estas novedades se harán con fecha 13 del corriente. Comuníquese á quienes corresponda, y publíquese en la Orden ¡eneral del Ejército, para su cumplimiento y ejecución. Dado en Bogotá, á' 10 de No ·iembre de Igo 1. El Comandante en Jefe, MARIANO ToBAR DECRETO UMERO 24 DE 1901 ( NOVIEMBRE 1 2 ) por el cual se dictan varias providencia El Comandante en Jefe del Ejército de la República, en uso de las facultades y autorizaciones que le han sido e nferidas por el Ministerio de Guerra, DECRETA Art. 1. 0 Incorpóranse a 1 Ejército Permanente las fuerzas de Cundinamarca, compuestas de Jos Batalloms I. 0 y 2. 0 de Bogotá, Ntcolás Perdomo y jua1t J'obar, con el per onal que hoy tienen. Art. 2. 0 Promuévense al Cuart 1 Generalísimo del Ejército, del de Cundinamarca, los iguicnte Jefes : General Benigno Mu­ñoz, Coronel Isidoro La_ prilla B., Coronel asimilado Eudoro Agui­rre y arg nto Mayor Pío Cl11patof ky, á quiene se les de tina como Ayudantes general Art. 3. 0 óm ra e al Sr. Ge.1eral Cario !. Urdaneta Co­mandante General de as fuerza que deben organizarse .n Es­cuadrones en toda la abana de Bogotá, para cuando el Gobierno necesite de ella . Esto además del cargo que ya tiene 1 mencio­nado General, de Inspector de las fuerza ituadas en la misma Sabana. En tal virtud, ·l General Urdaneta queda autorizado para proceder desde luego á la organización de dicha fuerzas. Art. 4. 0 Nómbrase Jefe de E_tado 11ayor del Ejército á ór­denes del General Urdaneta, al G neral Víctor Calderón R., pro­movido del mismo puesto en 1 Ejército de Cundinamarca ; y pro­muévense de éste al Cuartel g neral del General Urdaneta, los siguientes: Coroneles Eduardo M. Laspri1la, Arturo Pérez, Ale­jandro Barrera, Li orio Escallón L. y Rafael Medina C., como primeros Ayudante generales; Capitán Aníbal Bermúdez, como primer Adjunto; y Teniente Manuel Ruiz L., como segundo Ad­junto. Art. 5. 0 Llámase al servici > activo, e n destino al expresado Cuartel general, á los Coronele I idoro Calderón, Belisario Puli­do y Juan Henao, como primero Ayudantes generales. Art. 6. 0 Nómbrase HaLilitado del mi mo Cuartel general al Sr. Eduardo Cervantes, asimilado á CoroneL Art. 7. 0 Incorp6rase el Batallón I.0 de ChccotllcÍ al Batallbtz Córdoba, de la 5!" Divi ión del~jé~to. Este Batallón tendrá el si­guiente personal : Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletitt IDlilitar be aJiía-Capitán, Belisario León C.; Teniente, Constan­tino Carrillo; Subtenientes, Clímaco Rodríguez y Rafael Rodrí­guez. J... Compa11ía-Capitán, Víctor M. Piñeros; Teniente, Mario Córdoba ; Subtenientes, Eugenio Martel y Alejandro Mora. 4... Compa1iía-Capitán, Rudesindo Mato; Teniente, Carlos M. Martínez; Subtenientes, Carlos Gaona é Ignacio Moreno. 5 ... Compa1iía-Capitán, Pablo E. Piñeros; Teniente, Darío Aguirre; Subtenientes, Antonio M. Morales y Enrique Galvis. Art. 8. 0 Todas las novedades á que da origen el presente Decreto se harán con fecha I 3 del presente. Comuníquese á quienes corresponda, y publíquese en la Orden general del Ejército, para su cumplimiento y ejecución. Dado en Bogotá, á 12 de Noviembre de IgQI. El Comandante en Jefe, 1-fARIANO ToBAR DECRETQNUMER025DEI~I (NOVIE!tiBRE 1 3) por el cual se in orpora un Batallón y e nombran Jefe para otros El Comandante en Jefe del Ejército de la República, plena­mente autorizado por el Ministerio de Guerra, DECRETA Art. 1.0 Incorpórase el Batall!m u.cre, de la Columna Cu1ldz'­tzamarca, en los Batallo-nes Palacé y 2.0 de Reserva, de la misma. Art. 2. 0 Llámase al servicio activo al Coronel Benjamín Var­gas, y destínasele como primer Ayudante general del Cuartel gene­ral de la expresada Columna, en reemplazo del Teniente Coronel Cerbeleón Puentes, á quitn se promueve á otro empleo. Art. 3. 0 Promuévense: al General Horacio Cárdenas, del Cuartel generalísimo del Ejército, al puesto de Proveedor de la expresada Columna ; y al Capitán Aristóbulo Torres, del extingui­do Batallón Sucre, al Cuartel general de la misma Columna, como Adjunto. Art. 4. 0 Por enfermedad del Coronel Tiberio Grajales, pri­mer Jefe del Batallón Palacé, el cual debe salir á campaña cuanto antes, nómbrase accidentalmente para este puesto al Coronel Es­teban Rubio, ex-Jefe del Batallón Sucre, y promuévese de éste al puesto de Ayudante Mayor del Palacé al Capitán Arturo Parra. Art. 5.0 Declárase insub~istente, por causa de enfermedad que imposibilita al Teniente Coronel Luis E. Calderón, el nombra- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ijo(etin 9nititat be ~otombia '- 615 __) miento hecho en él para segundo Jefe del Batallón 2.0 de Reserva, y nómbrase en su reemplazo, promovido del Cuartel general de la Columna Cundz'namarca, al Teniente Coronel Cerbeleón Puentes. Art. 6. 0 Nómbrase Habilitado del Cuartel general de la mis­ma Columna al Teniente Coronel Romilio Meléndez, segundo Jefe que era del Batallón Sucre ~· y Habilitado del Palacé, al Capitán Lucas Herrera, promovido del extinguido Sucre. Comuníquese á quienes corresponda, y publíquese en la Orden general del Ejército, para su cumplimiento y ejecución. Dado en Bogotá, á 13 de Noviembre de Igor. El Comandante en Jefe, MARIANO ToBAR LA DIRECCION DE LA GUERRA , , XPOSICION SUCINTA DE SUS PRINCIPIOS Y MEDIOS DE EJECUCION1 PO:l U. GENERAL COLMAR BARÓN VON DER GOLTZ (Traducción para el Bolttln Militar) Continúa Se podría decir que la batalla de Orleans, librada el 3 y 4 de Diciembre de 1870, fue una batalla en que se logró romper el fren­te ; pero la extensión demasiado grande del ejército francé5, di­vidido en tres partes por el acometedor, y la naturaleza del com­bate, que se resolvió en encuentros aislados, le imprimen más bien .el carácter de una operación estratégica que táctica. El movimiemlo envolvente táctic~Como la fuerza del ataque re­side en su concentración, el movimiento envolvente resulta ser su forma más ventajosa. La mayor parte de las batallas de las últimas guerras se han decidido por este movimiento, y en todos los teatros de maniobras de Europa vemos á las tropas ejecutarlo siempre. En presencia de un enemigo ya reunido, el ataque de frente presenta tales dificultades, que se acudirá al movimiento envolvente cuando las circunstancias en algo lo permitan. El mayor alcance de nues­tras armas de fuego permite combatir en todo el espacio que .abarque el movimiento envolvente, aun cuando tenga una exten­sión de varios kilómetros, lo que hace este movimiento más temi­ble que en otro tiempo. Aquí también la dificultad de la ejecución reside en la preparación. Entre cien ataques envolventes que se pretenda hacer, la ex­periencia demuestra que ochenta acaban por resolverse delante del frente enemigo. Esto proviene de que á causa del grande al­. cance del tiro, hay que hacer partir desde muy lejos las tropas .encargadas de efectuar el movimiento envolvente. La primera Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletitt 3nilüdt be ~otombid '- 616 ....1 línea de despliegue será, pues, relativamente grande, si se la su­pone como describiendo un arco de círculo, con el enemigo por centro. Si uno está concentrado 6 avanza en masa en una misma dirección, con frecuencia habrá que fraccionarse para poder efec­tuar una acción envolvente sobre el oh.Jeizvo. Este fraccionamiento enfrente del enemigo, parecerá peligroso á muchas gentes, y por esto, no pocos movimientos envolventes tácticos se combinan de una manera demasiado restringida. Es preciso persuadirse bien de que el defensor no se atreverá nunca á avanzar de un solo golpe al in­~ erior de un arco de círculo ocupado por el acometedor. Antes he­mos indicado la dificultad que presentan los contraataques cuando se efectúan partiendo de la posición que se ocupa. El peligro de ver la línea rota durante la ejecución del movimiento envolvente,. por un adversario atrevido, es, pues, más imaginario que rtal. Esto constituye para el movimiento envolvente táctico una gran ventaja sobre el movimiento envolvente estratégico. En contra hay un inconveniente real: consiste en que es muy difícil hacer concordar el movimiento en vol vente con el ataque de frente. De suyo se desprende que deberán ejecutarse simultánea­mente. Si así no se hiciere, el enemigo tendrá toda la latitud para formar una fuerte bifurcación defensiva sobre el ala amenaza :la, ó para desbaratar con sus reservas las tropas encargadas de ejecu­tar el movimiento envolvente, tomándolas de flanco. Puede suceder también que el ataque de frente tenga lugar demasiado tarde y que el enemigo lo rechace, 6 que el movimiento envolvente se eje­cute igualmente con retardo, y que las dos parte& del ejército su­cumban una tras otra, agotadas en esfuerzos aislados. La enorme extensión de los campos de batalla modernos vuel­ve la acción simultánea sumamente difícil, como lo prueba lo que pasó en Saint-Privat el 18 de Agosto de 1870. Es preciso que el ataque de frente se manifieste de modo re­suelto, en el momento en que el movimiento envolvente va á hacer sentir su acción al adversario, y esta acción deberá entrar en la faz decisiva, bastante pronto para evitar que las tropas que ata­can de frente se desbanden á retaguardia. No es posible supri­mir del todo la desventaja que resulta de que las tropas se vean obligadas á mantenerse por un tiempo relativamente largo en in mediata vecindad del adversario, sufriendo sensibles pérdidas. En cuanto á las tropas que ejecuten el movimiento envolven­te, deberán esperar ver su flanco exterior muy comprometido; contra éste dirigirá sus contraataques el adversario. Así pues, en su seguimiento marcharán fuertes reservas. El ataque se facilitará mucho si se puede ejecutar un movi­miento envolvente sobre las dos alas á la vez. Casi estará uno se­guro de no verse roto en el centro, porque si el frente no es muy extenso, los fuegos de las alas envolventes lo protegerán. Pero no se podrá emprender esta operación si no se dispone de una gran su­perioridad numérica, como la que tuvieron los Alemanes en la ba­talla de Woerth. Es esta batalla la que, en la historia militar mo- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 58otetin ~ilitar be ~otom6ia '- 617 _J derna, ofrece el ejemplo más perfecto de un movimiento envol­vente de las dos alas. * El movzmün.to láctú:o de flanco-En las maniobras en tiempo de paz uno se pronuncia la mayor parte de las veces con prontitud contra los movimientos de flanco tácticos. No por esto dejarán de ser menos inevitables en la guerra, sobre todo en la época actual, en que la acción de los fuegos per­mite impedir, con una certidumbre casi absoluta de éxito, los des­files para todo ataque de frente. Los pasos estrechos no podrán tomarse con frecuencia sino por un movimiento de flanco. Ahí está la historia militar, que suministra numerosas pruebas, desde la derrota de Leoniclas en las Term6pilas, hasta el combate de Blu­menau, y la marcha de Gurk > por el Haln-Boghas (Balkán). En el movimiento de flanco, el intervalo entre los grupos que se forman s .... vuelve tan considerable, que no se puede colmarlo in­directamente por la acción de los fuegos, y se corre gran riesgo de ser cortado. Los movimientos de flanco con gran amplitud invitan al ene­migo á un contraataque. Se trata, pues, de saber si circunstancias partic~lares no hacen éste ímproba le, lo que puede suceder sí el enemigo encuentra su tropas muy poco manejable , 6 si el terre­no no se pre ta á ello. Si encontram s al enemigo apostad en un do, y tratamos de abrirnos paso por medio de un destacamento que se encarga de efectuar el movimiento de flanco, el adversario se verá obligado á franquear el ob táculo antes eJe porJ r rechazar nuestro destaca­mento y de romper nuestra trabazón. . En la montaña, la mayor parte rle las veces no . ·isten comu­nicacion€' tran versales entre las diferentes gargantas. El defensor no podrá, por tanto, perjudicar á una columna encargada de eje­cutar un movimiento de flanco que se haya aprovechado de un paso que no esté defendido, sino haciendo obrar á tropas que ven­gan por retaguardta. La columna que efectúa el movimiento de flanco no podrá entonces quedar cortada del ejército. Los movimientos de flanco podrán, pues, ofrecer grandes Yen­tajas y constituirán con frecuencia el único medio de triunfar de un obstáculo defendido por el enemigo. La guerra de montaña es el dominio más adecuado á su empleo. · A pesar de esto, habrá que cuidarse mucho de considerar el movimiento de flanco, lo mismo que e1 movimiento envolvente~ como que por sí solos son útiles ó meritorios. Es preciso ue estén siempre justificados por una gran necesidad. Alaqzu láctico de la rdaguardia, ataques láclú:os dt flanco-Los ataques tácticos de la retaguardia podrán surgir después de un . • En cuanto á la b1tallas que tengan por objeto rodear el ejército ene-mtgo, como en ·edan, la disposiciones que deb:ln tomarse pertenecen ciar ~ men­t~ al dominio de la estrategia. l'or esto no citamos e ta batalla, aun cuan..!o, con­Sl. de~ada d~ cierto punto de vi · ta, ofrece la expre¡i n más completa del dubl~ mo­' Vtmlento envolvent e . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin IDlilitdr be ~otombia \._ 618 _J movimiento de flanco que haya salido bien. Serán tanto más deci­sivos cuanto más de sorpresa tomen al enemigo y le arrebaten del mismo golpe sus líneas de comunicación y de retirada. Pero serán sumamente raros, porque el servicio de los reconocimientos se ha desarrollado y perfeccionado muchísimo. * En fracciones aisladas pueden sobrevenir en el curso de batallas ó de encuentros muy complicados, por causa de confusiones y de errores. Así fue como delante del Mans, d e stacamentos franceses que habían sido corta­dos del grueso del ejército y pretendían abrirse paso para unírsele, atacaron el ala extrema d erecha alemana de noche y á retaguar­dia. Pero aquí se trataba más bien de una sorpresa que de un combate en regla. Para todo un ejército, tales casos serán excesivamente raros, si no imposibles. El ataque de flanco, desarrollado por sorpresa y sin que haya sido preparado por un movimiento envolvente, no se podrá admitir sino cuando la situación es completamente anormal ó cuando el adversario está muy descuidado. Podrá quizás también sobre­venir en el caso en que, siendo el suelo muy quebrado ó encon­trándose cubierto por espesa niebla, la caballería sea impoten­te para obrar, como sucedió el 10 de Enero de 1871 en Parigué l'Eveque: aquel día una Brigada francesa había desfilado ya de­lante de la 5.• División prusiana, cuando ésta la descubrió, la atacó y la derrotó. Pero de modo general, y tuda vía más desde el punto de vista de la táctica que el de la estrategia, ya no se verán de hecho ataques de flanco, sino los que sean consecuencia natural de Jos movimientos envolventes. XI 1 OPERACIONES ESTRATEGICAS DEFENSIVAS I. El objtlo, las condt"cümes, los medz"os-Lá.s operaciones estra­tégicas defensivas tendrán por objeto casi siempre evitar el desen­lace inmediato, para no buscarlo sino cuando las circunstancias sean más favorables. Para esto se cuenta con el agotamiento del enemigo, se espera poder ocupar una posición particularmente ventajosa, ó bien se aguarda la llegada de refuerzos que al prin­cipio no estaban disponibles. La campaña más instructiva para los que quieran estudiar esta clase de operaciones, es la de Napoleón en 18 r 3, después del armisticio, campaña ya mencionada en va­rias ocasiones. Por lo demás, se tratará quizá simplemente de esperar á que el enemigo haya llegado á una línea particularmente favorable á la defensa ; pero ya eite caso no pertenece al número de las ope­raciones de que tratamos.-Conlinúa • En Blumenau, el 22 de Julio de 1866, se habrían obtenido todos estos resultados si el armi~icio no hubiese puest() fin á la lucha antes del desenlace táctico. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oleti• IDlúitat be ~otombift '- 619 ...J LAS GRANDES BATALLAS DE LA REVOLUCION POR DICK DE LONG LA Y (Traducción para el Boletlt~ Militar) Zurren (25-:16 de SepHemb,-e de I799). Hacia mediados del año de 1799 Francia se encontraba de nuevo en situación muy crítica. Las Provincias del Norte se veían otra vez amenazadas como lo estaban la Alsacia y la Provenza. El suelo sagrado de la Patria no había sido toda vía invadido; pero del Zuidersé al Apenino, una inmensa línea de hierro lo envolvía y se estrechaba cada día : reaparecían los grandes peligros de 1792 y 1793· Sólo una cosa los conjuraba aún: éramos dueños de Suiza. Ahora bien: en tanto que este territorio, que cortaba la línea ene­miga por el centro, no fuese tomado, las dos alas de la coalición no podían aventurarse más lejos. Era preciso que nos arrancaran á Suiza. Allí manda un guerrero muy notable, Massena, á quien la re­volución ha encontrado de Oficial Ayudante y á quien presto ha transformado en General. Es el único de nuestros Generales que ha luchado con éxito en esta campaña y ha avanzado hasta ocupar los Grisones ; pero, desbandado á derecha y á izquierda PQr las acometidas del enemigo en el valle del Po y en el del Da­nubio, primero se ha replegado sobre el Rhin, y luégo sobre el lago de Zurich, y por último, más lejo todavía, sobre la cadena del Albis, que le sirve como de fortaleza. Desde allí domina, con su ala derecha, que manda. Lecourbe, el San Gotardo, puerta de Italia; y con su ala izquierda, á Bale y al Rhin, puerta de Fran­cia. Enfrente de él stán el lago de Zurich y dos ríos : el Linth, que cae en este lago, y el Limmath, que sale de él; más allá, apo­yado sobre este lago y estos dos ríos, se encuentra un ejército aus­tro- ruso, comandado por el Archiduque Carlos y el Príncipe ruso Korsakoff. De este modo se han mezclado por todas partes los dos pue­blos para despertar su emulación ; pero ha sucedido lo contrario : casi se ha despertado su odio. Korsakoff es menos reservado to­davía que Suwaroff. Al despedirse del Zar le ha prometido aca­bar con el ejército francés. Para con los austriacos está lleno de arrogancia y de desdén. Al designarle el Archiduque un punto que debe defender: "Sí, dice, pero allí en donde colocáis un batallón austriaco, bastará una compañía rusa." Y como el Príncipe señale el camino que deba seguirse en caso de retirada, él le interrumpe de nuevo, diciendo: "¡ Los rusos no se retiran nunca!" Esta jactancia de mal gusto, y que tan pronto va á quedar des­mentida, lastima la altivez de los austriacos. Para poner fin á to­das estas querellas, el Consejo áulico, que tiene la dirección supre­ma de las operaciones, piensa trasladar á Suwaroff á Suiza, con Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletht 3Riiitar be <1olotnbta '- 620 __) el pretexto de que los rusos encontrarán allí un clima que les con­' Yendrá más, y para hacer bajar al Archiduque sobre el Rhin. De esta suerte, no habrá sino Austriacos en Italia y en Alemania, y rusos en Suiza. Si este cambio es muy político, es poco militar, porque necesita, de Turín á E trasburgo, de una marcha de flanco enfrente y al alcance de Massena, qu e encontrará, sin duda algu­na, ocasión para castigar esta temeridad. El General francés, en efecto, ha sorprendido con admirable acierto á los aliados en m e dio de su maniobra, cuando el Archidu­que ha abandonado ya á Suiza, cuando Suwaroff no ha llegado todavía allá, y cuando Kar akoff debilita u línea concentrando sus principales fuerzas en Zurich, de donde se propone salir á la ma­ñana siguiente para comenzar contra Ma sena un ataque que pue­da impedir que éste oiga el ruido del alejamiento de los austria­cos y de la aproximación de ·ouwaroff. Massena toma al punto sus posiciones: mientras que Mortier, que ha quedado delante de Zurich, atraerá sobre él, por vivas de­mostraciones, la atención del Príncipe Korsakoff y de la flotilla que guarda las cercanías de esta ciudad, do, travesías se efetua­rán abajo y arriba del lago. Soult franqueará el Linth y Massena el Limmath. El 24 de Septiembre por la tarde nos ponemos en movimiento. El aspecto de nuestras tropas e , á primera vista, de los más miserables: nada de botines, vestidos hechos jironP.s; pero pronto cumplirán un año de batallar por entre las rocas; nuestros miembros han adquirido la resistencia del acero, y corremos como gamos por las orillas y las cumbres de los más escarpados preci­picios. A la noche llegamos, en el más profundo silencio, á ori­llas del Limmath. Ningún ruido se hace oír de nuestro lado. obre la ribera opuesta alcanzamos á ver brillar los fuegos de los cam­pamentos rusos. Al declinar el día, una vanguardia de seiscientos hombres, de la que mi compañía forma parte, se embarca á bordo de botes reunidos á fuerza de dinero y en secreto en este lugar. El Gene­ral Gazán nos manda. Bien pronto tocamo5 en la ribera opuesta. Varios disparos resuenan: son hechos por jinetes enemigos que aca­ban de dar el alarma y se repliegan al galope. Respondemos, y uno de esos caballeros pierde los estribo y vi ne á caer todo ensan­grentado á nuestros pies; le levantamos, le sacudimos: nada, está. inmóvil : una bala le ha atravesado la nuca y le ha roto la colum­na vertebral; la muerte ha sido instantánea. Miramos con curiosi­dad este tipo de ruso,.que es completamente nuevo ¡.>ara nosotros: tez amarillenta, barba roja y crespa. nariz achatada, pómulos sa­lientes; tiene kepis de piel de carnero y está vestido de chaqueta corta y de un largo pantalón inflado; á su lado ha caído una lan­za : es un cosaco irregular del Don. Casi al punto una descarga estalla delante de nosotros; la balas, disparadas muy alto, pasan silbando por sobre nuestras cabezas, como emjambre de abejas, y rompen algunas bayoBetas. La Brigada rusa que defiende esta po ición ha tomado las ar­mas y se prepara á una viva resistencia. Al mismo tiempo 1 ca- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oietin ID'liiitar be ~olDmbia L 62 I _) ñón resuena á nuestra derecha. Son baterías que el jefe de escua­drón Foy acaba de fijar sobre la ribera opuesta, y que disparan por encima del Limmath á fin de apoyar nuestro ataque. El Ge­neral Gazán se vuelve hacia nosotros: "¡Adelante! ¡A la bayoneta!" exclama, blandiendo su sable. Partimos con la cabeza inclinada, la bayoneta baja, y caemos sobre los rusos, que nos reciben con resistencia extraordinaria. A pesar de su valor, los anonadamos; sus baterías, colocadas enfrente de la aldea de Hongg, caen en nuestro poder: el paso del Limmath queda libre. Quince mil de nuestros soldados coronan en breve el Zurich­berg, en donde está construída esta aldea y desde donde se domina • á Zurich. Sobre la otra ribera, las Divisiones Mortier y Klein ~e acercan á las puertas. A lo lejos se oye retumbar el cañón sobre el Linth : es Soult que atraviesa este río. Los rusos van á ser en­vueltos. Antes de que toda salida les sea cerrada, Korsakoff, vién ... dose tan vivamente estrechado, reúne los hombres que le quedan y forma una compacta columna, cerrada en masa por batallones, con la cual avanza contra nuestras tropas que desembocan de Hongg. Esta enorme columna, abrillantada por el acero de sus bayonetas, presenta un efectivo de quince mil á dieciséis mil hom­res, y avanza con e:trema r solución; los tambores tocan á la carga, y los soldados lanzan hurras salvaje . El ataque es vivo y terrible. Los ru os se arrojan sobre nos­otro como lobos furiosos, y son recibidos por una terrible descar­ga á quemarropa, que cubre la tierra de cadáveres. Retroceden en desorden. Korsakoff, acudiendo á la cabeza de su Estado Mayor, logra r organizar sus soldados y conducir­los al combate. Los nuéstro , firm s é impa iblc , resi ten con una admirable sangre fría la impetuo idad de los oldados del Ukrai­ne; pero abrumado por el número siempre creciente de us ad­ver arios, retroceden poco á poco. Massena dirige entonces de este lado baterías de artiii ría ligera que disparan á fondo; Jo artille­ros galopan detrás de las pieza , con el sable á la espalda, el pe­nacho flotante, el saco azul con Yuelta encarnadas, y con pantalón guarnecido de botones de cobre, del tobillo á la cintura. El aspecto del combate es de los más impresionable . En el fondo, el lago de Zurich con sus aguas azules y límpidas, las altas montañas con la cumbre cubierta de nieve, la ciudad con su cintu­rón de murallas sombrías, y por todas partes numerosos chalets, con galerías abiertas á toda 1 uz, y con techos cubiertos de pizarras y fragmentos de rocas. Al frente la columna rusa avanzando siempre, y nuestros soldados batiéndose lentamente en retirada, volviéndose á cad;-. paso para descargar su fusil. Cuando los rusos nos acosan de­masiado cerca, se les rechaza á la bayoneta. En una de estas vuel­tas ofensivas, el sargento Plomión, de la 58 media brigada de línea, ve que el Abanderado de su media brigada acaba de caer muerto y que un soldado moscovita se ha apoderado del estandarte. Al punto se lanza sobre el ruso, lucha con él, le arranca la bandera ' de sus manos, y vuelve á unirse á su batallón en medio de una llu­via de balas. A pesar de nuestros esfuerzos, todo cede ante esta te- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. euidin IDlilitar be ~olombia '- 622 _; mible infantería; ya los rusos han ganado el camino de Winter­thur y aniquilado á la brigada Bontemps. En este momento Massena llega con su artillería ligera á pre­sencia del enemigo. Tras él acuden á paso de car¡:-a las tropas de Lorge' y de Gazán : de un vistazo él se ha dado cuenta de nuestra situación. Haciendo replegar sus alas sobre su centro para oponer mayor resistencia, coloca su artillería en batería sobre los flancos de la columna enemiga para cortarla. Esta se detiene y queda largo tiempo inccnmovible bajo el fuego de nuestra artille­ría. Ninguna bala es perdida : cada proyectil, disparado á medio alcance, se hunde silbando en la masa enemig~ abre sangrien­tos huecos. A cada descarga vemos los fusiles y los kepis de los rusos volar por el aire, rodar por el suelo los cuerpos mutilados, y sus filas oscilar como las espigas azotadas por el viento. Nada vale: las filas se vuelven á cerrar siempre y los sobre­vivientes continúan el fuego, protegidos por enormes montones de cadáveres. Al fin el cañón, como en la batalla de Fontenoy, ha mutilado esta columna, que no puede ya rehacerse, y entonces Massena nos empuja á la bayoneta por entre los claros que estos mortíferos disparos de cañón acaban de hacer. Dirigiendo este ataque, Massena cae del caballo. Al ver esto, un grito agudo resuena en nuestros batallones: se cree que el Ge­neral ha sido muerto ó peligrosamente herido. A fin de que su caída no detenga á las tropas, ~! h[jo múnado de la victoria toma una bandera, y á la cabeza de un batallón, se lanza sobre el ene­migo. Estimulados por tanto valor, Jos soldados se arrojan con furia sobre los rusos.-Conlimta. --- ~~----- LAS AMETRALLADORAS EN LA INF ANTERIA Y LA CABALLERIA El presupuesto vigente en Alemania consigna las sumas ne­cesarias para la creación de cinco destacamentos de ametrallado­ras, que formarán parte integrante de la infantería, agregándose á un batallón de infantería 6 de Cazadores, á la manera como lo están los escuadrones de Cazadores sueltos á los regimientos de caballería. Las cinco unidades se han repartido del modo siguiente : una al Cuerpo de la Guardia, otra al r Cuerpo, dos al x v Cuerpo y una al xvn Cuerpo. Cada una de estas unidades estará compuesta : De tres Oficiales, ó sea un Capitán y dos Subalternos, nueve sargentos, un armero, 58 soldados y cabos. 43 caballos, de los cuales 9 de silla y 34 de tiro. Seis ametralladoras y dos cajas de municiones. En Suiza, Austria-Hungría y Rusia, la ametralladora está en juego, unida á las divisiones de Caballería 6 á los batallones de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. eoidin !Tlilitat be ~olombia '- 623 .J Cazadores. Hay, pues, un verdadero renacimiento, 6, por mejor decir, una reivindicación de esta arma, tan injustamente desacre­ditada después de la guerra franco-germana. Como dice muy bien el Coronel italiano Felice Mariani, las ametralladoras fueron arro­jadas por la puerta en 1870, para la guerra terrestre, y han en­trado después por la ventana con las guerras marítimas y colonia­les. Y como fueron injustamente maltratadas, no se contentan con una reparación parcial, sino que pretenden ser plenamente reinte­gradas en sus derechos. En realidad, la crítica no fue justa con las ametralladoras en esta guerra del ¡o, porque en Saint Privat, en Beaugeny, en Beau­ne- le Rolande y en otros hechos de armas, dieron terrible fe de su poder en las filas prusianas. En la jornada del 16 de Agosto (Vionville-Mars-la-Tour), la 38. • brigada alemana, fuerte de cin­co batallones (3. 0 y 8. 0 regimiento de Westphalia), fue deshecha por las ametralladoras de la segunda división francesa, mandada por Grenier: murieron 925 jefes, Oficiales y tropa, y quedaron heridos 6 prisioneros 1 ,688. Es decir, la brigada perdió más de la mitad de su efectivo. Además de estos resultados que se registran en la citada campaña, más tarde en la India y en el Sudán las utilizaron con éxito los ingleses. La ametralladora Maxim contribuyó en gran manera á las victorias de Atbara y Ondurman. En la guerra hia­pano- americana también fue empleada por los yanquis. Aunque en el informe publicado por el Teniente Parker, que mandaba la ba­tería de cuatro ametralladoras Gatling, hay alguna exageración, esto no amengua la eficacia del arma allí donde la infanterfa ame­ricana apenas si podía sostenerse frente a la actitud resuelta de los españoles. Estos hechos y las condiciones del arma han contribuido á su renacimiento, siendo de esperar que la ametralladora, en manos de la infantería y de la caballería, llenará una misión especial é importante en las guerras venideras. De un notable estudio publicado por la Rzvz'sla dz' Arliglerz'a 1 Genio vamos á tomar algunos interesantes datos. Aquellos de nues­tros lectores que deseen conocer las propiedades de estas armas, pueden ver el estudio publicado por esta REVISTA en uno de los to­mos anteriores. Un oficial ingles que ha manejado las ametralladoras en el Sudán 6 en la India, escribía : " Una ametralladora ideal sería aquella que respondiese á las siguientes exigencias: a) Que acompañase á las otras armas en todos los terrenos; b) Que pudiera ponerse en juego y retirarse en algunos se­gundos; e) Que no crease dificultades y que jamás ni por ningún moti­vo dejase de funcionar." Aunque de todas las ametralladoras conocidas ninguna res­ponde á las necesidades expresadas, la Maxim, según el Oficial inglés, es la más preferible. Sobre este supuesto expone las ideas más convenientes para mejorar y aumentar los rendimientos del arma. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~otdm 9Rititar be ~olombia '- 624 _) Aunque la Maxim, como todas las armas de este género, sea algunas veces puesta fuera de servicio momentáneamente durant:: el fuego, puede afirmarse que si la instrucción del personal es buena, en el 99 por 1 oo de los casos se remediará en pocos seg-undos tan grave inconveniente. En apoyo de ta afirmación, el Oficial in­glés cita el caso de una ametralladora Maxim, que funcionaba muy mal cuando estaba manejada por un personal cualquiera, mientras que marchaba sin dificultad desde el momento en que la utilizaba un soldado instruído. Las ametralladoras pueden ser arrastradas ó transportadas á lomo; el oficial inglés excluye el primer sistema, porque impide el amoldarse á la movilidad de las tropas cuando hay que salir de los caminos y en terrenos montañosos 6 que, sin serlo, estén cu­biertos de obstáculos (viñedos, monte bajo, &c.). Iguales dificulta­des se ofrecen en el caso de que haya que seguir en sus movi­mientos á la caballería. Por el contrario, repartido el material en varias cargas, como el de la artillería de montaña, pueden los mulos 6 los caballo seguir á la infantería 6 á la ca a\lería en to­das sus evoluciones. La cargas no deberán exceder de go kilo , á fin de ue el ganado pueda seguir n todos sus aires á. las fuer­zas montadas. En tales condiciones, se tardan quince segundos en poner el arma en batería, cuando el material va en mulos con sir­viente - á pie, y veinticinco si los sirvientes son montados. Una de las falta que se ncucntran en las ametralladoras, es su excesivo consumo de municiones, nacido de su mecanismo, que permite hacer millare d disparo en poco "ninutos. Ahora bien : cuando el consumo s enorme en el campo de batalla, puede afir­mar e que sah o ca os xcepcionale , 1 arma ha sido mal m­pleada. En efecto, lo tiros de tant o sólo exig n sea o nt' m ro de cartuchos, y cuand la distancia d 1 blanco stá determinada, algunas docenas de d scargas bastan generalm nte para arrojar al enemigo de u po ición. Por consigui nte, la dotación de 4,000 cartuchos por pieza suficiente · estas municiones n cesitan dos mulos. Para que las municiones e consuman juicio amente y con oportunidad, es preciso que J fuego se haga bajo la dirección er­sonal de un oficial. El transporte de una am tralladora y de su material comple­to, exige seis soldados, cuatro mulos y tres 6 cinco caballos, egún que el arma vaya unida á infantería 6 á caballería. Los alemanes, en 1 en ayo que ahora realizan, han eñalado mayores dotacio­nes por pieza, lo mismo en hom br qu en ganado. Acerca del empleo táctico dc1 arma, el Temente Parker y otros oficiales pruomzan la reunión n baterías de las a metralla­doras, por las siguientes razones : su agrupación á una unidad de infantería, constituye verdadera impedimenta; el personal que para su servicio ~e requiere, es muy variable; por tanto, puede temerse su falta de espíritu de cuerpo; existirá la tendencia por parte de los jefes, á dejar escasa iniciativa al Oficial subalterno encargado de la dirección, y, por último, el mejor aprovecha­miento de estas armas exige estudios técnicos especiales, y que no siempre pueden desarrollarse en los regimientos. Debe conside- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oretin 9JHiitar be ~otombia '- 625 _J rarse la ametralladora únicamente como un medio de aumentar la potencia del fuego de la unidad ele infanccría, á la que está des­tinada una sección de dos pie7.a , como la tenían los ingleses en el Sudán. Y sea como se quiera, ha de dejarse una gran iniciativa á los Jefes ú Ofici des que las dirijan; ellos apreciarán los momen­tos propicios para su empleo · nada de reglas fijas ni de posicio­nes determinadas previamente. En general, las ametralladoras se emplearán como una masa de fusiles de extraordinaria potencia, en razón de la cantidarl de proyectiles que pueden arrojar en poco tiempo, y de su acción, menos sujeta que la infantería á la fatiga, á la excitación y á las demás causas morales y materiales que ha­cen perder su eficacia al tiro del fusil. No todas las formaciones de combate ó blancos convienen al fuego de ametralladora : las líneas de tiradores con intervalos y algo cubiertas, tienen poco quE. temer de su acción. Mas con estas formaciones no se deciden las batallas; en el de arro1lo de ellas, otros objdzvos se presentan más propios para el fuego de estas ar­mas. En principio, pues, las ametralladoras no irán con las prime­ras línea , sino que esperarán á cubierto ocasión favorable; cam­biarán de posición pocas vece , pues en ellas, como las piezas de Artillería, lo más difícil es calcular las di tancias y fijar bien la puntería. Se exceptlÍa el ca o de que la Artillería enemiga las bata, cosa pocú probable, porque con las pólvoras sin humo constituyen un blanco muy pequeño. Las ametralladoras están llamadas á desarrollar su acción por el fu go á gran es distancias, lo mi mo en el avance de la in­fantería, preparándol , que en la. defensa · su tituyendo con su ac­ción el fueg á grandes distancias de la fu ilería, e ahorra á la infantería mucho gasto de municione . De ·cril el autor un combate en el que pudieran tomar parte las ametralladoras repartidas ntre lo batallones. Durante ]a mar­cha de a vanee, las secciones de sta arma adelantan prudente­mente, cubriéndose lo m jor posible y e forzándose en buscar bue­nas po iciones y mejore blancos. En el momento en que encuentra favorable emplazamiento, se coloca por su cuenta y abre el fuego: las otras pie1.a , sucesivamente, proceden •de igual modo. En ge­neral, no serán batidas, porque el fuego del adversario será atraído por blancos más vi ibles. En el momento decísi vo se colocarán en posición todas las ametralladoras, lanzando una lluvia de proyecti­les sobre J frente de ata ue designado. También rendirán exce .. lentes servicios en caso especiales, como puestos avanzados, reco­nocimientos, vanguardias, d fcnsa de puente , vías de comunica­ción, cubrir retirada , paso de desfiladeros, &c. Con la caballería, podrán cumplir una parte de la tarea que se asigna á las baterías á caballo. Como á éstas, es posible hacer­las maniobrar obre los flancos y lanzarlas adelante ; además es­tán llamadas á sustituír con u acción el fuego de carabina, dejan­do á la caballería las mayores facilidades para completar sus de­beres de tropa5"á cal!allo, y permitiéndole consagrar tod~s sus cui­dados á conservar sus aptitudes y su espíritu especial. TOMO n-40 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~otetin Wlititar be ~olombiet L 626 _l El autor concluye augurando á estas armas un gran porvenir en Jos campos de batalla, si su material es bueno y las piezas son dirigidas con acierto y servidas por un personal bien instruído. El ilustre tratadista General von Boguslawsky, en un profun­do estudio de la cuestión, llega á conclusiones algo diferentes. e­gún él, las ametralladoras son más convenientes para la división de caballería que para la infantería; en ésta su utilidad parece aún incierta, sin pronunciar fallo definitivo, pues la cuestión mere­ce profundo examen. Afirma, desde luego, que el asignar desta­camentos de artillería á caballo, es una medida poco útil, porque la intervención de estas baterías en tl momento del choque de las masas, es siempre difícil ; rara vez podrán producir un tiro eficaz, tanto más cuanto con frecuencia habrá que suspender ti fuego súbitamente. La dificultad de la intervención de la artillería en el combate, es conocida de todos; y esta convicción parece derivar­se más bien de las últimas maniobras que de los hechos de gue­rra. Sin embargo, las condiciones del combate son de tal modo variables, ]a misión de una división de caballería es tan compleja~ que sería grave error el privarse de la acción auxiliar de la arti­llería. Tal diversidad de condiciones y de objdivos par ce inclinar en favor de la ~ignación de ametralladoras á las divisiones de ca­ballería, á la manera que lo han hecho Austria y Rusia. Demás de esto, reina en la actualidad la tendencia á reforzar la acción de las tropas á caballo, bien por el empleo del mos­quetón, ya sumando á su acción la de tropas de infantería. Pero esto último tropieza con la dificultad de hacer preceder la caba­llería S colombiano · no haría sino retardar la negociación quizá durante muy largo tiempo y in ninguna ven­taja. "Nuestro común amigo el Coron 1 Herrera, que ha tenido la bondad de venir aquí á nten erse conmigo obre;; los 1ímites y las comunicacione , ha tenido á. bien encargar e de esta carta que, yo espero, llegará con toda seguri ad á. vuestras manos. "Me complazco en pensar que Yuestro Yiaje habrá sido feliz, como yo lo deseaba, y que habréis r cibi o la agradable orden que esperabais, para vol rcr i YU ' tra patria ) disfrutar al fin de descanso al lado de vue tra cspo a. Dignaos recibir por esto mis sinceras felicitaciones. "Voy á trá.sladarme á Cúcuta para activar la instalación del Congreso, y obviar todas la dificultades que pudiera suscitar en la Nueva Granada y Maracaibo la ejecución del armisticio. Aco­ged hoy la expresión de mi verdadera amistad y de mi sincero afecto. Os besa las manos vuestro afectísimo servidor, BoLÍVAR' No era difícil descubrir que el nuevo medio ofrecido por el Presidente de Colombia para poner término á las agitaciones de Venezuela, estaba en contradicción con el Tratado de armisticio, y lejos de presentar la franqueza y la lealtad constante de todos los actos de mi predecesor. Por otra ¡:.arte, por poco importante que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 58oietin WHritar be G:oiombia \._ 637 -' pudiese aparecer la ocupación de Barinas por un batallón, era una infracción formal del artículo 6 del Tratado. Yo debía no apartar­me en nada de mis principios, y no dejar á los habitantes del país ningún pretexto para dudar de mi sinceridad: hubiese ~ido de mi parte comprometer el resultado de nuestras transacciones. Yo que­ría seguir siempre la línea de conducta que me trazaba la justi­cia, y marchar sin demora al fin de la pacificación que me estaba prescrito. Por esto, á pesar del espíritu eva iYo que se dejaba des­cubrir en la carta del Presidente de Colombia, yo le respondí al punto en estos términos: "Caraca , 24 de Diciembre de 1820 "!v!i honorable amigo: "Acabo de recibir la carta que usted ha dirigido de Barinas el I I de e te mes á mi predecesor el General l\1orillo, que partió el 17 para España. La importancia de esta comunicación exige de mí una pronta re puesta. "No se sorprenderá usted al encontrar en mi lenguaje el ho­nor y la franque7a de un soldado que por carácter no conoce el disimulo, y que por deber no puede convcerlo; por tanto, mis re­laciones públicas y privadas con usted reposarán siempre en la mayor lealtad. · " En cuanto á la necesidad de que: u tcd me habla de colocar un batallón en la ciudad de Barinas, á las órdenes del Coronel Plaza, necesidad que u ted dice la impone imperio amente el es­tado del país, usted sabe tan bi e n como yo cuánto ha sufrido el pueblo con los azote de una guerra á mu rte. Un feliz armisticio acaba de restablecer la confianza nteramente dcstruída; es in­dispensable sostenerlo y aun darle toda la e . ·tensión posible, y los pueblos que gobernamo no dejarían d dar una importancia muy grande á esta infracción del armisticio. Esto sería para ellos un motivo de desconfianza, injusto sin duda, pero me causaría mucha ~ena que usted diera margen á sospechas inmerecidas ; usted Jo sabe tanto como yo: un hombre elevado al poder está obligado no solamente á conducir e con honor, sino también á hacer apare­cer su conducta honorable á todos los ojos. "Guiado por estos principios, creo de mi deber dirigir un mensaje al Coronel Plaza para que haga partir el batallón recien­temente pue to bajo sus órdenes, y para que no deje en Barinas sino las fuerzas estipuladas por el Tratado de armisticio. u Me dice usted que debe consultar sobre el envío de comí. sionados á Espaila al Congreso que va á reunirse en el mes de Enero. Añade usted que esta demora consume un tiempo precio­so, y que sería más oportuno pedir á la Corte de Madrid poderes necesarios para tratar aquí de todas nuestras diferencias y asegu­rar la paz. "Créame, amigo mío, no puede usted prescindir de enviar co­misionados cerca del Gobierno más justo y más liberal de que es im­posible desde tan lejos formarse una idea exacta. Estos comisiona­dos harán más en un día en Madrid, de lo que pudiéramos hacer Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. }Bo[din ~ilitat be (to{ombia \.._ 638 . .J aquí en un mes. En cuanto al retardo perjudicial de que usted me habla, no sabría estar de acuerdo &on usted, puesto que sus enviados, partiendo en el mes de Febrero, invertirán sin duda menos tiempo en hacer el viaje en cuestión, del que necesitaríamos para pedir al Gabinete de Madrid la facultad de entrar en negociaciones y para recibir de él cualquiera respuesta. Nuestros comisionados están nom­brados, y nuestra mejor corbeta de guerra está lista á llevarlos á España; pero ella esperará á los enviados de Colombia, que de­ben estar seguros de tener en su travesía todas las ventajas que de mí dependan. "Nuestros sentimientos nos llevan á poner término á los azotes que han pesado sobre Venezuela; pero hay todavía que vencer obstáculos, y nadie puede hacerlo mejor que usted. Usted tiene toda la firmeza, toda la actividad, todas las buenas intenciones ne­cesarias; yo también las tengo como usted: ¿qué puede, pues, fal­tarme? " El Teniente Coronel Vanhalen, que llega de Cádiz, está en­cargado de entregarle este despacho con otras cartas; espero que usted le confiará la respuesta para mí. "Puede usted contar sin reserva con la inalterable adhesión de su afectuoso servidor que le besa las manos, MIGUEL DE LA ToRRE.' ~ ( Conlintía). NUEVA GRANADA SUS RIQUEZAS NATURALES Por J. D. Powles Esq., Presidente del Comité de Tenedores de Bonos de Hispa­no- Améri~a {VERSIÓN DEL INGLÉS PARA EL u ~OL"F.T{N lHLITAll ") (Continúa) De Mr. José Brown, muchos aiios resz'denle en Nueva Granada 139, Gresham House, 20, Septiembre, 1861 A J. D. Powles, Presidente del Comité de Tenedores de Bonos de Hispano­América. Estimado señor : En desarrollo del propósito que se ha tenido en mira con la circulación del interesante folleto publicado á solicitud del Comité de Bonos de Hispano-América, para informar á los tenedores, de l.a importante cuestión de tierras en Nueva Granada, le ruego ad­mita unas pocas notas que emanan de reminiscencias de un viaje por las Provincias del Noroeste de dicho país en Febrero de 1834. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin !Rilitat be ~Dlombia '- 639 _) Estas Provincias se encuentran en los Estados creados últí­mamente, y que ahora se llaman Boyacá y Santander. Forman una extensa área de tierra sumamente fértil, y conocida desde ha­ce mucho tiempo por haber dado productos valiosos de calidad superior, entre los cuales ocupan el primer lugar el tabaco, el al­godón y el azúcar. Si no fuera porque el costo de conducción que ocasiona llevarlos á la costa para la exportación, ha sido siempre una dificultad en relación á la empresa, estas Provincias hubieran gozado de reputación europea con los mercaderes, y Nueva Gra­nada habría sido un país mejor para la exportac10n. Pero este costo no ha de continuar siendo por más tiempo una dificultad. Una comunicación fácil y barata con el Magdalena puede abrirse desde un punto en que la distancia ~ un puerto de mar sea mate­rialmente acortada, y evitadas todas las dificultades de la na vega­ción del Alto Magdalena, en consideración á los Estados antes men­cionados y á su comercio. El clima de estas Provincias, ó digamos Distritos como ahora se titulan, conocidas por los nombres de Ocaña, Girón, San Gil, Socorro, &c., es templado, generalmente muy sano, adaptable á la constitución de los europeos, quienes pueden durar todas las horas -del día trabajando en el campo. En cuanto á población, es numerosa, muy diligente, pacífica, tiene energía de carácter, ~e distingue por sus hábitos de limpieza y orden, de las demás poblaciones del país; este es un hecho bien sabido de aquellos que han tenido oportunidad de establecer la comparación. Las ciudades y aldeas están mejor construídas ; las casas tienen buenas paredes, y están techadas con teja; esparcidas como están en todas direcciones, en sitios pintorescos, comunican á los alrededores un aspecto de alegría. Los caminos son buenos y abiertos, pero la superficie no es tan montuosa; y llanuras extendidas, fa vera bles para el cultivo del algodón, se encuentran aquí y allá, tales como la de MR-care­gua, Mesa de los Santos y la llanura de Bucaramanga. La parte del país justamente descrita está á conveniente dis­tancia de Bogotá, esto es, de cuatro á cinco días de fácil viaje de mulas ; en otros respectos, domina una posición central. Ahora, en el caso de las reservas nacionales, ó sea de las tierras baldías, ofrecidas por este lado y los Llanos de Casanare, ellas no deja­rían de servir, en mi humilde opinión, al propósito de estableci­mientos de agricultura, bajo la dirección europea, tales como pue­den sostenerse con circunspección y buen manejo por una compa­ñía agraria bien iniciada. Aparecería de ciertos datos que una especie del producto puede elevarse á un precio no inferior al del mercado, y que éste sería de tal naturaleza que estimularía el co­mercio tanto como los meros pedidos locales. En la época de mi viaje supe de ocho Distritos que cultivaban el algodón, á saber: Pinchote, Curití, Barichara, La Cabrera, El Valle, Aratoca, La Robada, Zapatoca; estos Distritos producían en cada cosecha un conjunto como de Ioo,ooo arrobas de á 25 libras, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~ofttin IDHlitar be ~o(Ombia L 640 _; de algodón de calidad superior, y las tierras adyacentes eran sus­ceptibles de grande ensanche. Este producto se invertía todo en la manufacturas nacional s, tale como mantas, ruanas, paños de mesa y de mano, &c., la mayor parte de lo cual se enviaba á la Provincia de Antioquia para uso de los mineros y arrieros, quienes tienen estas manufactura en alta e timación, por su mayor dura­bilidad sobre las que se importan de Europa. Como artículo de exportación, este algodón no era aprove­chable para todos, porque la conducción era costosa. No puede caber la menor duda de que un grande aumento de este artículo surgiría. en lo futuro con la introducción del capital y del trabajo; pero para asegurar éxito á la empresa debe abrirse un buen ca­mino al río Magdalena y cuidar de repararlo; camino que llegue á un puntv más arriba del río de Ocaña, llamado Barranca Ber­meja, cerca de Payoa. Este camino formaría la principal arteria entre el Socorro y otros lugares sobre la línea de Bogotá. Tal co­municación daría verdaderamente vida á la región Norte-Oriental de Nueva Granada. Ahora quiero decir alg-o sobre el tabaco. Todo el valle del Pie de la Cuesta está sembrado de él. El suelo es fértil en gran­de extensión en toda la Provincia de Girón, llanura de Bucaraman­ga, Florida Blanca, &c. El inmediato artículo, azúcar, es el tráfico predominante del Socorro, Distrito en el cual uno ve por todos lados los declives de las colinas cubierto de caña. Tan barata es la producción de este artículo, que su valor local es de tr s á cinco reales por arro­ba, ó digamos un pe ni u e por li ra. El maíz y el pasto guinea crecen en grande abundancia en todas las tierra circunrecinas, porque la temperatura los favorece. Frutas de todas cla es natural s de lo trópicos, aquí son muy buenas ; en fecto, ellas dan trabajo á muchas manos que se ocu­pan en hacer conservas, lo que forma un ramo de comercio, como en la isla de Cuba. Creo que no ando desacertado al asegurar que el añil se dio antes aquí; subsiste en limitado cultivo, y se u a para teñir las ma­nufactures del país. Las mejores haciendas para la cría de ganado se encuentran en esta parte del pafs situada entre el ocorro y Bogotá, especial­mente cerca de V élez y Sogamoso. Las precedentes deducciones me inclinan á considerar más favorables las orillas orientales del Magdalena para haciendas y empresas agrícolas, CJUC las del Occidente. Yendo más al Sur, los Distritos que conozco no erían aprovechables ; en cuanto á clima, medios y costo de transporte, habitaciones cerca de la costa, ó que se puedan sostener para as~gurar una ccor1omía en la conducción, lo cual es de primera importancia, bien sabemos que los gastos de transporte son con frecuencia dobles y aun triples á causa de estoJ en países de difícil acceso. Quedo, &c. ConHmífl Josi BROWN Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 2

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 22

Por: | Fecha: 30/11/1901

"<:9 ~ Bogotá, Noviembre 30 de 1901 (8±. ' • • flii ~ _____ __._+ loletin !jtilHatt ele 4,olon¡bia Organo del Ministerio de Gnma y del Ejércita DtRI!:CTOR AD HONOREM Fra.noisco J. Vergara. y Vela.aoo So• colaboradms de este periódico los 1eCeay Ofieiales del .Rjéráte DECRETO NUMERO 1287 DE rgox ( 16 DE NOVIEMBU) por el cual se interrumpen la relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela. El Vzcepresz'dtnle de la Repltblica, encargado del Poder Ejecutivo, En uso de sus facultades constitucionales, y CONSIDERANDO Que los sucesos ocurridos en los últimos tiempos no consienten decorosamente mantener relaciones diplomáticas con el Gobierno que actualmente rige los destinos de la vecina República de Vene­~ ouela, DRCitKTA Art. 1.0 Decláranse interrumpidas las relaciones diplomáticas entre Colombia y los Estados Unidos de Venezuela. En consecuen­cia, queda suprimida la Legación de Colombia en Caracas¡ no se­rán recibidos Agentes diplomáticos venezolanos, y se cancelará el txequálur á los Cónsules, Vicecónsules y A¡¡ente¡ consulares del Gobierno de Venezuela. Art. 2.0 Los venezolanos domiciliados 6 transeúntes en Co. Jombia, y los que á ella vinieren, disfrutarán como extranjeros, en TOXO II--4] Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. l'oletin !nilitetr be ~olcm&ia '-- 6.74 .....) .sus personas y bienes, de la protección de las autoridades, con arreglo á las leyes nacionales. Publíquese y ejecútese. Dado en Bogotá, á 9 de Noviembre de rgo I. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Hacienda, encargado del Despacho de Reta. ciones Exteriores, MxGUJtL ABADÍA MÉNoxz DECRETO NUMERO 1288 DE 1901 ( 18 Dlt NOVIEMBRE) -que haee un nombramiento El Yíuprtttik,lt Je la República, encargado del Podet' EJtcullflo, DECRETA Artículo único. N6mbrase al Sr. General Francisco Javier Ver­rara y Velasco Subsecretario de Guerra. Comuní~ese. · Dado en Bogot~,' 18 de Noviembre de 19(?1. JOSE MANUEL ARROQUIN El Mini~tro de-Guerra, Josí V1cltNTlt CoNcHA DECRETO Nt:JMERO 1301 DE 190t (25 Dlt lÍlOVIDBIUt) El Yíttprttidntlé d1la Reptíblka, encargado t:kl Podtt' Ejecu¡,~, DECRETA Art. 1.0 N6mbrase al Sr. General Carlos Tanco Director de la 'Policía Comercia! de que trata el De.creto Legis1ati.vo . ndmero 1254 del presente ano. N6mbrase Sub<:hrector de la mtsma al Sr. Coronel Justo A. Guerrero. · Comuníquese. , Dado en Bogotá, á 25 de Noviembre de IgC>I. JOSE: MANUEL MARROQUlN El Ministro de Guerra, JosJt VtcEHTx CoNcHA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. )• eoldin !JlilitAt be ~oioMbi4 '- 675 _,~ DECRETO NUMERO 1303 DE 1901 ( 2 5 Dll NOVIEMBRE) por el cual se hacen dos nombramientos El Vzeepresidenle de la República, encargado del Podet' EjecuHvo, DECRETA Artículo único. Nómbrase al Coronel Francisco Tafur Ayu­dante del Ministerio de Guerra, asimilado á primer Jefe de Cuer­po para los efectos fiscales y adscrito para los mismos efectos al Cuartel Generalísimo, encargado del manejo de los fondos reser-vados del Ministerio de Guerra. · El Coronel Tafur tendrá á su servicio un Adj nto, que lo será el Capitán Félix Villate, quien dependerá también del Cuartel.Ge­neralísimo para Jos efectos fiscales. El presente Decreto comenzará á surtir s¡,¡s efectos desde el 21 de los corrientes. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á ~s de Noviembre de 1901. JOSE MANU~L MARROQUIN El Ministro de Guerra, JosE VICENTE CoNCHA LA. CUESTION VENEZOLANA CALOGRAMAS Urgmlfsi111o--M¿xico, 34-Buenavmlura, 35 de Octubre de L()OI A S. E. el Presidente de Colombia ,.. La segunda Conferencia Internacional Americana, conside­rando que la paz es la primera condición del bienestar y del p.r~ greso de los pueblos, invocando el origen co ún, las tradicion hiJ.. t6ricas y la solidaridad de interese¡ de las R úblicas de Colom · y Venezuela, juzga oportuno dirigir una palabra amistosa y dek­rente al Gobierno de V. E., á fin de prevenir cualquier dolor conflicto que en las actuales circunstancias pudiera alterar las cor­diales relaciones entre Repúblicas hermanas, y manifiesta tantQ •I Gobierno de V. E. como al de Venezuela, su deseo de que ambos, inspirándose en esto¡ sentimientos, lleguen á un arreglo equitª~YO y fraternal de sus presentes dificultades. La Conferencia abrig~ ~ esperanza de que su resolución de dirigirse á V. E. y al Gobie~ de Venezuela, sea acogida por el espíritu de cordialidad y deferett­cia que la ha inspirado! ": Dele¡ado por México, Presidente int~ de la Conferc~cia Internacional Ameri Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. eorettn ~Hiitat be ~olomMa '- 676 _J Bogotá, 1.0 de Noviembre de 1901 Honorable Sr. Jenaro Raigosa, Prtsidente interino de la Conferencia Interna. cional Americana-México El Gobierno colombiano considera precisa la concordia entre las naciones americanas para su prosperidad, y no obstante lo rea­lizado por el Gobierno de Venezuela contra Colombia, ésta abriga sentimientos fraternales por el pueblo venezolano y lo considera exento de culpa en gratuitas agresiones. Acojo, pues, complacido, la insinuación amistosa y deferente hecha por conducto vuéstro por la segunda Conferencia Internac~onal Americana, y animado mi Gobierno del mismo espíritu de cordialidad de ese honorable Congreso, como lo prueba el haber aceptado la mediación ofrecida por Chile, acogeré bases de arreglo que proponga Venezuela por conducto del mediador, y que asegurando la tranquilidad interior de Colombia, dejen intactas las relaciones de franca amistad entre Jos dos Gobiernos y Pueblos. , MARROQUIN Presidente de Colombia Caracas, Octubre 26 de IQoi Sr. P resid ente de la Conferencia Internacional Americana-México Juzgando vuestra intervención enteramente amistosa, pues que el asunto colombo-venezolanó no está. entre los motivos de vuestra reunión como el Gobierno venezolano, democrático liberal, corresponde gustosísimo á vuestros deseos. enezuela no ha buscado ni quiere guerra con nadie : desea y ama la paz, pero una paz honrosa. El Gobierno conservador co­lombiano, por causas que no son de oportunidad con ignar, ha ten­dido siempre á ejercer su acción sobre la genitora de su libertad é independencia, lo que es inaceptable por degradante y retrógrado i la actual civilización. Debéis saberlo, vive del terror, de la mise­ria y oscurantismo quien pretende invadirnos. El Gobierno colom­biano, digo, á pesar estar en guerra interna con los hijos de la libertad de aquella esventurada porción del Continente surameri­cano, quiso traer la guerra á Venezuela, que se encontraba disfru­tando de los beneficios de la paz; y la trajo el nefando día 26 de Ju­lior Íilvadiendo con su Ejército, desgraciadamente encabezado por un venezolano, con todo su cortejo de.crímenes, ruina y desolación t La agresión fue rechazada victoriosamente por el heroico pueblo venezolano, quedando, como es natural, con el arma al brazo. La paz interna está ya restablecida, después de encarnizada lucha ; y el Gobierno venezolano, en cumplimiento de sus sagrados deberes, pretende lo que cualquiera de vuestros Gobiernos pretendería en igualdad de circunstancias : satisfacción dsl agravio inferido y re­paración de los perjuicios causados. No de otra manera se concibe que puedan reanudarse relaciones amistosas. Como la imparciali­& d de vuestro juicio será la mejor garantía d~ vuestra opinión, os Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. iaoletin !nUitar be ~olombia '- 677 _) llamo la atención sobre el importante hecho de que el Gobierno venezolano explicó su conducta sobre el particular, por medio de un Memorándum dirigido á las naciones amigas; y seria muy opor­tuno: que el Gobierno colombiano, á su vez, ya que no lo ha hecho hasta ahora, os explicara las razones que tuviera para permitir que su Ejército en aquella acción, traspasara las fronteras en actitud bélica, de manera infamante y alevosa, puesto que no presidió nin­guna declaratoria oficial, causando con ello todo género de cala­midades á Venezuela, y guiado únicamente por el propósito de crear Gobiernos conservadores en las naciones, según se desprende de los documentos oficiales expedidos y publicados por el Ministro de Guerra colombiano desde el I.0 de Abril. Hay más: el insulto procaz y soez contra el Gobierno venezolano llena constantemente las columnas de la prensa oficial colombiana, sin que pueda citarse un caso en que la venezolana haya incurrido en tan degradante hecho, de herir la majestad de la Nación colombiana en las per­sonas de sus Magistrados. Resumo así: Venezuela quiere la paz con todas las naciones civilizadas, pero una paz honrosa y fructífe­ra, digna de la actual civilización y progreso. CIPRIANO CASTRO Legación de Chile-Número 75-Bogolá, Octubre 29 de 190I Sr. Ministro Tengo el honor de poner en conocimiento de V. E. que he recibido comunicaciones de mi Gobierno en las que manifiesta la profunda pena con que se ha impuesto de un posible conflicto ar­mado entre Venezuela y Colombia, conflicto que forzosamente tendría que traer por consecuencia graves perjuicios para dos na­ciones amigas. Chile se enorgullecería si pudiera, mediante sus amistosos ofi­cios, evitar todo conflicto y restablecer la completa armonía que anhela exista entre estas dos Repúblicas. Por mi parte, Sr. Ministro, feliz me consideraría si pudiera contribuír á un resultado tan benéfico como honroso. Aprovecho esta oportunidad para reiterar á V. E. los senti­mientos de mi más alta y de mi más distinguida consideración. Excmo. Sr. Ministro de Relaeiones Exteriores FRANCISCO J. HERBOSO República de Colombia-Mim'slerio de Relaciones Exlerzores-Bogotá, Señor: 29 de Octubre de I90I Refiriéndome á la muy atenta comunicaci6n suscrita por V. E. en esta fecha, tengo el honor de manifestar á V. E. que, no obS­r tan te lo realizado por el Gobierno de Venezuela contra Colom­bia, ésta abriga sentimientos fraternales por el pueblo Yenezolano, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. l'oietin !Jlilitar be flolombicl '- 6¡8 _J al que considera exento de culpa en tan gratuitas agresiones, y que, estimando precisa el Gobierno colombiano la concordia entre las nac~on~s am«=:ricanas para su prosperidad, acepta complacido la mediactón amistosa que por conducto de su digno Representan­te. Diplomático en esta capital, le ofrece el Gobierno de la Repú­bhca de Chile con el fin de evitar un conflicto armado entre Co­lombia y Venezuela. En consecuencia, mi Gobierno tomará en consideración cualesquiera bases de arreglo encaminadas á ase­gurar la tranquilidad interior de Colombia y que dejen intactas Jas relaciones de franca amistad entre los dos Gobiernos y Pueblos. Junto con la expresión del más sincero reconocimiento por su 6olícita intervención en el particular, ofrezco á V. E. las protestas de mi elevada consideración. MIGUEL ABADÍA MRNDEZ A S. E. el Dr. Francisco J. Herboso, Enviado Extraordinario y Ministro Pleni­potenciario de Chile, &c. &c. &c. Legad/m de Chile-Número 96-Bogotá, Noviembre II de I90I Sr. Ministro Inmediatamente después que tuve el honor de ofrecer á V. E. la mediación de Chile para restablecer la armonía entre Colom­bia y Venezuela, mediación que fue aceptada por V. E., dirigí al Sr. Presidente de la República de Venezuela el siguiente tele­grama: "Bogotá, Octubre 29 de 1901 E cmo. Sr. General ipriano Cn tro-Caracas. Me es muy grato comunicar á V. E. que el Gobierno de Chile ve con profunda pena la posibilidad e un conflicto armado entre Venezuela y Colombia, conflicto que traería por consecuencia gra­-. es dificultades y trastornos para estas dos naciones amigas. Es altamente honroso para el infrascrito ofrecer en nombre, y por instrucciones de su Gobierno, los buenos oficios de Chile para evitar pérdida de sangre her:mana y restablecer la más completa armonía entre estas dos Repúblicas. Tengo la viva satisfacción de manifestar á V. E. que el Go­bierno de Colombia ha aceptado gustoso este ofrecimiento, y, co­nocedor de los sentimientos de V. E. y del interés que profesa por el principio del arbitraje, me halaga la esperanza de que quiera Venezuela, como Colombia, honrar á mi Patria con la misión no­ble y benéfica de alcanzar que dos Repúblicas hermanas, igual­mente amigas de Chile, encuentren solución amistosa y pacífica para sus diferencias. Dignaos, Excmo. Sr., aceptar los sentimientos de mi más alta y distinguida consideración. FRANCISCO J. HERBOSO" Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. e.letiw !JHlitu be ~tomN4 '- 6¡g _J Acabo de recibir la siguiente respuesta del Excmo. Sr. Gene­ral Castro, que me apresuro á comunicar á V. E.: "Caracas, 5 de Noviembre de 1901 Ministro Chile Gustosísimo acepto su honrosa insinuación, siempre que Go..,. bierno colombiano dé amplios poderes y se tenga en consideración mi contestación al Congreso de Ivféxico, cuya síRtesis es satisfacción y resarcimiento de perjuicio hasta que considero justos. De V. E. buen amigo, CASTRO,, Aprovecho esta oportunidad para reiterar á V. E. las protes­tas de mi más distingutda consideración. FRANCISCO J. HERBOSO Repúblz'ca de Colombia-Mz1lisürz'o de Relaciones Exteriores-Bogotá, Noviembre I6 de I()OI ·Sr. Ministro Tengo el honor de referirme á la atenta nota de V. E., nú­mero 96, de fecha 1 1 de los corrientes, en que se sirve transcri­birme dos comunicaciones : la dirigida por V. E. en nombre y por recomendación de su Gobierno, al Excmo. Sr. General Cipriano Castro, con fecha 29 de Octubre próximo pasado, ofreciéndole en los mismos términos que al Go ierno de mi país, los buenos oficios de Chile, á fin de alcanzar por su mediación un arreglo amistoso y pacífico de las diferencias existentes hoy entre Colombia y Ve­nezuela ; y la comunicación que en respuesta á la anterior ha re­cibido V. E. del primer mandatario de Venezuela. Lo términos en que e ta última está concebida, hacen, por desgracia, que lo propósitos humanitarios del Gobierno de V. E. queden frustrado por ahora, no por culpa del mío, quien apreció en lo que valía la -.·aliosa of rta de un país como Chile, amigo al mismo tiempo que imparcial, y se apresuró á aceptar el ofreci­miento de sus buenos oficios; pero las exigencias insólitas que a pr:·on·, y con calidad de u!Hmdtum, hace el Presidente de Venezue­la en su telegrama á V. E., no pueden decorosamente ser acepta­das por mi país, sobre todo después de haber llegado á su conoci­miento los términos de la incalificable comunicación dirigida por ese mandatario al Presidente de la Convención Americana reuni­da actualmente en México, la cual quiso implícitamente incorporar en la respuesta dirigida á V. E. Colombia creía que aceptada la intervenci6n del mediador, y cuando llegara la oportunidad, cada cual haría oír sus agraYios y sus quejas y haría valer las indemni­zaciones á que creyera tener derecho, respaldando sus demandas con pruebas y documentos fehacientes; pero no que se pretendie­ra fallar el litigio, de plano, en favor de un querellado, sin oír al otro. • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oleti~ 3ntlita~ be ~olo11Wid '- 68o-' Todo esto muestra bien que el Presidente de Venezuela no quiere someter á un tercero sereno é imparcial el esclarecimiento y calificación de los hechos ejecutados por él, ni allanarse al a ve­nimiento equitativo con Colombia, á quien en justicia correspondía solicitar la reparación y las indemnizaciones que se apresuró á de­tnandar en forma inapelable el citado Presidente; pero ya que se ciegan los caminos civilizados, mi país está en el caso de buscar otros medios para poner término á una situación insostenibl e por más tiempo, dejando aquí la constancia de que aceptó los ofreci­mientos del Gobierno de V. E., no por debilidad, m por temor, ni por carecer de los medios adecuados para hacer val e r sus de rechos llegado el caso, sino por deferencia y amistad á la Nación chilena, y por no hacer pesar sobre un pueblo hermano las conse cuencias de los desmanes de un mandatario que no ha sabido interpretar los sentimientos fraternales que abriga el pueblo de Venezuela por el de Colombia. Tales consecuencias debieran y debe n recaer sobre el mandatario que así procede. Rogando una vez más á V. E. se digne presentar á su Go­bierno los más rendidos agradecimientos que le envía el de Colom­bia por su amistosa intervención, y suplicando á V. E. participe el resultado que ésta ha tenido, y cuál ha sido la actitud de mi Go­bierno, aprovecho esta nueva oportunidad que se me presenta para renovar á V. E. los sentimientos de mi más distinguida consi­deración. MIGUEL ABADfA MÉNDEZ A. S. E. el Sr. Dr. Franciico ] . Herboso, Enviado Extraordinario y Ministro Pie. nipotenciario de Chile, &c. &c. &c. . RESOLUCION NUMERO 18 por la cual se dispone que el Regimimtt~ Urdaneta dependa del Ministerio de Guerra Despacho de Guerra-Bogotá, Novz'embre 20 de I90I Desde la presente fecha el Regimt'enlo Urdaneta dependerá úni­camente de este Ministerio. Comuníquese. El Ministro de Guerra, JosÉ VICB:NTR CoNCHA DECRETONUMEROz7DEig01 (NOVIEMBRE 26) por el cual se refunden Jos restos de un Batallón en otro El Comandante en Jefe del Ejército de la República, amplia­mente autorizado por el Ministerio de Guerra, y en cumplimiento de órdenes terminantes de éste, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oietin !Jliiitar be Ueblos y caseríos, presentan numerosos y excelentes puntos de apoyo. Estas, siempre extensas y de límites vagos, se prestan lo mismo á la ofensiva que á la defensiva, dejando la facultad de maniobrar libremente y de tomar las direcciones que más con vienen á la operación. La fuerza de una posición es absoluta, considerada desde el punto de -vista de su constitución topográfica, y tanto mayor, cuan­tos más medios de resistencia ofrece ; pero si se considera por su situación en el campo de batalla, será relativa, puesto que se su­bordina á la importancia que por esta circunstancia puede alean- • TOllO 11-44 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oietin IDlHitar be ~olom&ia .'- 6go _; zar, y que será tanto mayor cuanto más central se halle en él y mejor cubra las líneas de retirada. Respecto á su dirección, son preferibles las que cortan per­pendicularmente las líneas estratégicas prolongándose por sus dos lados, aunque también ofrecen ventajas las que se extienden pa­ralelamente á ellas, si las dominan bien y amenazan el flanco de las tropas que intenten cruzarlas. En toda posición hay una ó más llaves tácticas, que son los puntos de importancia capital, cuya conquista asegura la victoria del asaltante. La apreciación de la llave táctica requiere un acier­to especial, porque varía con la forma de ataque adoptada por éste, puesto que sirviéndole de apoyo para asegurar su esfuerzo principal contra el punto decisivo, subordinará su elección á la si­tuación de éste y á veces la hará coincidir con él. En un ataque envolvente, será llave táctica todo punto que domine los flancos 6 la retaguardia, y en uno central los que amenacen el centro de la línea del defensor. En el ataque paralelo no hay punto decisivo determinado, porque dirigiéndose á obtener metódicamente la su­perioridad en todo el frente á la vez, la decisión es simultánea en varios puntos de él, y por consiguiente las llaves son las más dé­biles 6 accesibles, que una vez ocupados aseguran la posesión de los demás. Las demostraciones con que el agresor procura siempre ocul­tar ó disfrazar su ataque principal, obligan en la defensa á asegu­rar sólidamente todos los puntos que constituyen llave, hasta que conocida perfectamente la forma y dirección de aquél, queda Ji_ bertad de maniobrar sin riesgo de descubrir e, para robustecer la resistencia en el que le sirve de objdz'vo.}· mas es preciso antes de obrar, tener una absoluta seguridad de haber conocido sus inten­tos, y no dejarse engañar por un ataque simulado, cuyo único ob­jeto es obligar á desatender las partes más codiciadas. En una posición se consideran cinco partes principales, que se estudian separadamente : las avenidas, el frente, los flancos, el interior y la retaguardia. Forman las avenidas todas la.s vertientes que, á manera de dilatado glasis, se extienden ante ella, siendo más ventajosas cuan­to más suaves y despejadas al tiro, sin grandes obstáculos, que sólo sirven para dificultar la reacción ofensiva y cubrir el avance del agresor, si bien convienen algunos transversales, que ocupados por fuerzas avanzadas, ensanchan la zona de resistencia, impiden los reconocimientos del agresor y se oponen á sus primeros progresos. Los límites de las a venidas, generalmente vagos, los determina el alcance de las armas. El frente de la posición lo constituye la línea de alturas que la componen y los obstáculos naturales 6 artificiales que hay en ella, que son otros tantos puntos de apoyo recíproco, en los cuales se concentra toda la acción defensiva. La mejor forma del frente es la quebrada, con contrafuertes algo salientes que favorezcan el flanqueo mutuo y el cruce de fuegos. Su extensión ha de propor­cionarse al número de fuerzas que haya¡¡ de ocuparla, su direc- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin 9JlUitar be ~olombia '-- 6gi _; ción debe ser la que más se preste á cubrir las líneas de retirada, y su dominación lo bastante á batir con eficacia todas las a venidas y las posiciones que ocupa la artillería del ataque, sin que el fuego resulte fijante. • Los flancos (que corresponden á ]os del orden de batalla) deben estar apoyados fuertemente en puntos que favorezcan una resistencia enérgica y prolongada y alejen todo peligro de des­bordamiento. El interior, formado por las partes más elevadas y situadas detrás de la cresta que determina el frente, en las cuales se insta­la el grueso de las fuerzas, debe ofrecer profundidad bastante para contener con desahogo todas las líneas del orden de batalla, bue­nas y numerusas comunicaciones y abrigos que guarden del fuego á las reservas. La retaguardia debe garantir una pronta y fácil retirada so­bre la línea principal con apoyo en posiciones sucesivas, bastante fuertes pare organizarla, protegerla, hacer frente á la persecución ó esquivar el combate cuando convenga. Por último, toda posición debe estar provista de buenas sali­das, tanto para la reacción ofensiva como para la retirada, libre del dominio del cañón y á cubierto de las maniobras que puedan envolverla, ó cogerla de revés. EMPLEO DE LA FORTIFICACIÓN RÁPIDA EN LAS POSICIONES-Por bue­na que sea una posición, no llena todas las condiciones que requie­re la defensiva, si no se com¡:,letan Jos medios de resistencia que ofrece con obras rápidas de fortificación, que á más de dificultar el ataque, protegen las tropas del fuego del agresor, les dan ma­yor aptitud para desarrollar toda la potencia destructora del suyo y asegurar su máximum de eficacia, y les sirven de apoyo en las reacciones ofensivas. La aplicación de estas obras se extiende á todo el frente y los flancos, siguiendo la línea general de al tu ras y plegándose á las inflexiones del terreno, aunque evitando los ángulos muy pro­nunciados que puedan descubrir á la enfilada una parte de ellas, para lo que, en lugar de seguir los cambios repentinos de dirección que obligan á formarlos, se traza una serie de Hneas paralelas es­calonadas, que conservan la dirección de la general 6 se apartan muy poco de ella y cierran el frente, adelantándose 6 atrasándose hasta salvar la interrupción y encontrar de nuevo el terreno en que aquélla continúa normalmente. Los puntos importantes muy salientes, se fortifican además aisladamente, de ordinario en for­ma angular, que permita batir sus dos vertientes, y procurando que ambas caras queden flanqueadas por el trazado general, así como también, que domine el interior de la obra con objeto de que el enemigo no pueda utilizarla en el ataque, si logra apoderarse de ella. En los puntos débiles, es natural que se aglomeren las defensas lo más posible, pero hay ocasiones en que si la posición se presta á ello, es preferible dejarlos sin fortificar, y aplicar las obras á otros próximos más elevados, disponiéndolas de modo que aquéllos queden batidos con fuegos directos y convergentes. Las Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin IDlilitar b~ ~olomb\4 '- 6g2 _J obras más fuertes y completas se construyen en las 1Ia ves, cuidaP­do de dejar expeditas y cubiertas del fuego todas las comunicacio­nes que á ellas conducen, para lo cual, si es preciso, se establecen algunas con ramales de trinchera, que garanticen una segura cir-culación y la fácil y oportuna llegada de refuerzos. • A retaguardia de estas obras se construyen otras para las re­servas de primera línea, y mientras la posición lo admita y haya tiempo disponible, se crean nueYas líneas sucesivas, principalmen­te en los puntos más expuestos al ataque. El traz do general no es continuo, porque á más de exigir un trabajo excesivo é inútil en ciertos puntos, entorpecería la reacción ofensiva, quitándole sa cohesión y simultaneidad que, unida á lo súbito y enérgico del movimiento, constituye su fuerza principal. El terreno, la extensión del frente, la proporción de fuerzas y la clase de obras empleadas, determinan los puntos que han de que­dar abiertos y la magnitud de los intervalos. En la construcciÓn se debe procurar que éstos queden disimulados, así como las em­brasuras de la artillería y cualquiera otra depresión de las obras, puesto que son las que mejor revelan de lejo su situq.ción, direc­ción é importancia, lo cual es fácil, si se tiene cuidado de prolon­gar el declivio superior del parapeto, hasta perderse en el terreno y cubrirlo con hojarasca ó maleza que oculte su color, distinto siempt~e del que presenta la uperficie natural del suelo. Las partes accesible~ á la caballería se cubren de obstáculos que dificulten ó impidan su acción, dejando en la que están bati­das por el fuego de la defensa, algunos pasos libre para las sali­das ofensivas. Los abrigo para la artillería se emplazan, mientras es posi­ble, en terreno duro y libre á la circulación, dando á la masa cu­bridora el espe or suficiente para proteger las piezas y los sirvien­tes del fuego de la artillería enemiga, y dispuestos. de modo que, al entrar aquéllas en posición, queden algo á retaguardia de la cresta, aunque sin disminuír el campo de tiro. Ordinariamente se construye un abrigo para cada pieza; pero si se reúnen muchas en poco terreno, se pueden colocar dos en uno. Para los armones y carros que forman el resto de la batería de combate, se constru­yen también espaldones y paracascos que suplan la insuficiencia del terreno, hasta dejarlos bien cubiertos, asegurando la comuni­cación con las piezas por ramales de trinchera. Hay también un medio de proteo-er las baterías en posición, que consiste en construír algunos metros á vanguardia y á su mis­ma altura, una trinchera que no se disimula, á fin de llamar so­bre ella la atención del enemigo, que, engañado por las aparien­cias, cree que de ella salen los disparos, y la convierte en blanco de los suyos, con lo cual resultan cortos é ineficaces. Las grandes localidades, como pueblos ó cercados, esparcidas sobre el frente y el interior de la posición y constituyendo puntos de apoyo, se fortifican en sus caras anterior y laterales, formando ordinariamente en cada una dos recintos y un reducto interior de seguridad. La cara posterior se deja abierta y libre para la reti- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oietin !nilitar be <.tolombia '- 6g3 _J rada, destruyendo cuantos obstáculos haya en ella que puedan di­ficultarla 6 servir de parapeto al enemigo después de haberlas ocupado. Los cortijos, caseríos y pequeñas construcciones se rodean de una cintura de obras de campaña á las cuales sirven de reducto, y en el caso de que falten 6 escaseen las localidades, se suplen crean­do en los puntos convenientes fuertes reductos, capaces de resistir el fuego de artillería.-( ConHmía) -- ~..- -- ESCUELA DEL SOLDADO A CABAI .. LO POR CARLOS FERNÁNDEZ Y JULIO DEL CANTO (Continúa) PRillERA PARTE-TRABAJO PREPARATORIO Condudr el caballo alter·reno-Posú:ilnz del jz'nele antes de montar-Sal­lar á caballo-Posición del soldado ti caballo- Alargar, acortar,· cruzar, uparar, sallar y lohzar las n'e!zdas-.Ejercú:ios musculares á pie jirnu-Ejerczcror musculares sobre la marc'ha-Sallar á Herra­Desfilar. J. El trabajo preparatorio abraza el conjunto de ejercicios ne­cesarios para dar flexibilidad al recluta, inspirarle confianza, ase­gurar un poco su asiento, y ponerlo, por consiguiente, en .stado de recibir con fruto las 1 ccion s que siguen. La clasificación de los ej e rcicios que componen el trabajo pre- • paratorio, no implica Ja .ohligación de ejecutarlos en el orden en que están presentados ; toca al instructor modificar ese orden en razón de los soldados que le estén confiados. El trabajo preparato-rio no tiene más que un objeto : colocar el jinete á caballo y ha­bituarlo á los diferentes aires de marcha antes de preocuparse de la acción de las ayudas, que es el objeto de las lecciones siguientes. El trabajo preparatorio se ejecuta en cuanto es posible den­tro del picadero ó en un cuadro cerrado; los reclutas conducen á él sus caballos de la rienda, y los llevan de nuevo á las pesebreras en la misma forma. Cuando hayan adquirido confianza, van at' picadero y regre­san á las pesebreras á caballo. Los caballos están ensillados y con bridón (freno):; los estribos están levantados y cruzados sobre el cuello del caballo, 6 bien se sacan antes de la lección, lo cual es preferible. CONDUCIR EL CABALLO AL TERRENO 4· El caballo se conduce al terreno con las riendas abajo, to­mándolas con la mano derecha á dos dedos de distancia de las ar­gollas del bridón, en la siguiente forma : la rienda izquierda to­mada con el pulgar y el índice, y la derecha con el medio y el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin IDlilitat be ict \.._ 703 __; u~Creo de mi deber responder á V. S. que los acontecimien­tos de Maracaibo son una infracción pública y manifiesta á la bue­na fe del armisticio, que sólo consiente en que uno y otro partido reciba á los desertores. Esta convención no se podría aplicar á un territorio que permanece enclavado entre límites que las tropas no tienen derecho de atravesar; por esto la ocupación de Mara­caibo no ha debido verificarse. No obstante, para dar á V. S. y á toda la República una prueba convincente del extremo escrúpulo que la Nación española tiene en la observancia de sus tratados, y de su deseo sincero de devolver á Venezuela una paz vivamente deseada por todas las ·gentes de bien, propovgo como medida de conciliación entre los dos extremos, que vuelvan á sus antiguos acantonamientos las tropas que han formado la guarnición de Ma­racaibo, y que se deje á esta ci..udad un gobierno propio á su con­tentamiento. Por mi parte, me comprometo á no inquietarla hasta el momento en que las hostilidades sean comenzadas legalmente, si los comisionados enviados á España por nuestro Gobierno no logran hacer desaparer.er los motivos de división que veo con pena subsisten entre nosotros. Supongo que el armisticio se prolongará en razón de los poderes de que parecen e tar investidos. "Dios guarde, &c. "Cuartel general de Caracas, 23 de Febrero de 1821. MIGUEL DE LA To .. RE " "Al General Bolívar " Excelentísimo Señor: "El Comandante D. Antonio Vanhalen, encargado de entregar á V. E. los despachos de Su Majestad Cat6lica y los míos, me ha escrito de Santafé de Bogotá el 26 del mes último, para darme á conocer con cuáles manifestaciones de estima y de cortesanía V. E. y varios otros jefes han tenido la bondad de acogerlo. Igualmen­te me ha informado de que los Sres. Echevarría y Revenga aca­baban de ser nombrados para ir á España y convenir con el Go­bierno en los medios de hacer cesar la guerra que aflige estos países. Creo deber dar gracias á V. E. de la acogida que se ha dignado dar al Comandante Vanhalen ; y, sin haber recibido to­davía sus comunicaciones oficiales, lo felicito de antemano por el feliz resultado que deben tener las negociaciones pacíficas con­fiadas por V. E. y el Congreso á los Sres. Echevarría y Revenga. Ellos merecen bien una misión tan noble, y el Gobierno supremo de la Nación está dispuesto á acogerlos con benevolencia. Nada deseo tan vivamente como la vuelta de la paz y de la felicidad á estas provincias. Ya la aurora del be1lo día de la reconciliación co­mienza á lucir ; nosotros disfrutaremos todos de los felices efectos de la fraternidad y de la moderación. La corbeta de guerra La Are/usa, está lista á conducir nuestros comisionados á España con la más grande celeridad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. &letin IDlilitar bt ~olombia \...._ 704 -' "Yo espero todavía de V. E. una prueba de la sinceridad de sentimientos que lo llevan á observar el Tratado de armisticio. Debe servir de preliminar á la pacificación, y yo lo he oLservado siem­pre religiosamente. Espero que V. E. se dignará dar orden al Ge­neral Urdaneta de evacuar á Maracaibo. Colocando guarnición en esta plaza ha violado abiertamente un pacto que habíamos ju­rado cumplir, en tanto que no conviniéramos en recomenzar las hostilidades. Durante todo el término del armisticio, esta plaza podrá permanecer independiente de por sí y gobernándose á su voluntad. Aun cuando no dudo que el General se preste á la recla­mación que le hago hoy mismo, una orden expresa de V. E. no será superflua para mantener la buena armonía que comenzaba á reina:r tan felizmente entre nosotros. "Dios guarde, &c. "Cuartel general de Caracas, á 23 de Febrero de r82r. MIGUEL DE LA ToRRE'' Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 22

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 8

Por: | Fecha: 24/08/1901

• ~~,._.....,_..,......,_~~-- ~ --___, B ogott , 2.( de A go s to d e 1901 .¡----· _ _.,___ ·i' ti· --.----.-+ o. i'" ~ ol etí n _$}litafl dt ~olorq~ ia ¡ l Crgano ~~:Ministerio de Guerr& rdel Ejircill J 1 ~"'-"'· "~ ::::::: ~ flll'liCCTOR .lO ROiiOa.8M t 1ranoi:\lo J. Vergua y Velaae t Gt~ueral d• lueo·uiNol, Mi~mbro de Tariae Sodec!t dee Cie•tt.l-. ~ t Jt1 tolakra~ertA d tale ptriódirtlotlt ffiiJ Ofifialtt itlljértde ~ RE OL CION Jft'nt"sltn'o dt Gutrra-Bog ~ ld, Agosto I7 d~ I90I Siend desgraciadamente frecuentes los abusos y atropellos cometidos por algunos militares que dt>shonran con su conducta Ja gloriosa carrera d las armas, y notoria la necesidad de poner fin y aplicar castigo á esa clase de atentados, tanto por su carácter intrínseco como porqu á causa de eJio. sufre menoscabo el buen nombre del Ejército, cuyo primordial objeto es asegurar á Ja co­munidad el goct d sus derechos, y que no necesita ni acepta en j¡U seno á hombr .! s in Jignos de esta elevada misión, SE RESUELVE Todo at ntado ;~ la vida 6 á la ·propiedad cometido por miem­bros del Ejército; todo abuso 6 atropello que denuncie, en concep­to de este Ministerio, falta de delicadeza 6 de honradez; todo des­obedecimiento de óroenes superiores en materia grave, sobre todo si de él se origina un perjuicio á tercero; toda inteligencia con fuerzas 6 autoridades revolucionarias, especialmente si ella tiene por objeto la rspcculación, el negocio y la comodidad y provecho del que en ella incurra, se castigará con la baja del culpable 6 con la supre i6n de su nombre del Escalafón, declarándosele indigno de pertenecer al Ejército Colombiano, y publicando su nombre del modo más adecuado para que todos conozcan la falta, la deshonra y el castigo. Esto sin perjuicio de las responsabilidades legales á que hubiere lugar. TOKO 11-15 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. a3oidin 9J1iritar be ~dcml>ia '- 2.26 _; Est~ Rc~uluci6n se comunicará :í las autoridades corr spon­dien es, 1 ara que procedan á hacerla conocer del Ejército y :i dar, llegado el ca o, los informes nC'c n ríos. El11inistro de Guerra, PEDRO NEL Osr1 ·A RE OLUCION -11 .·u.z'~icr/o de Guerra-lit,!.;· td, 2I de A~osto dt I(/OI En ''ista de que la Jefatura Ciril y :rvfilitrlr del D partam nto posee t ck.s bs datos conc rnient s :í la conducta de lo indiYiduos, sus propicdü es, &c., ~te !viini t rio ha trnido á bi n resolver que dichfl J< fa u-·a a la única < ncarg-ada de dar los é h'v nductos para las l ~r·endas, semo,·i •nt?s, pe ne~, &c., 1o rnirmo que 1 . pa­saport s para trasladar e de un lug( r á otr . Solamt r.tc 1 s 1 a a­portes ·.·¡1 didus parrt fu ra del D(·partamcnto serán vis·tdos por este MinLt río. 1 r d Ministro, ub ecretario, ERNL;To l<.L~'Il no TIRADO ------- RE OLt; IC 1 •• ·e~ FR 7 DE 1901 sobr ~rmas y n unicioncs d ~ucrra L/ Golcrnad 1 del 1 tf mlall:ti,'/o de ( rmd .,¡amal(a ah ck e ( Ii1 t< r o n - ra l. n t .. intr Jdu idos a~ el bi rruerra · ~ 3. 0 r • n '>rganiznd s militarmente de man ·ra ficial, por la falta de <:uidado con las armas y pertre-ho , e ·r u tos casi siempre á at r n mano ach rsas y dañina_, S E R E S l 1 E L V E 1.0 Todos los individuc.Js r i 1 nt s en Bugotá, sin di. tinci6n d band s políticos ni el nací nalidacl, C]Ue posean municiones, arma de p:-ecÍ5.ÍÓn, Ó SUS aCCt'Sll'ÍOS, C'~.t~n obligados a presentar- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. t3o[et= n ~m: tc.r ~e ~ o(rmt ia \. __ 227 _) las en esta Jefatura, dentro el término de ¡( lÜ día~ contados dcs•le la fecha, y los habitante de las Provincia~, ristritos, Muni­cipios y orrcgimicntos, dt 1.tr de lo och . cJf¿.s sigu:u1 ( s al reci ... bo de e ta R('solución, ante las aut ndades n: pectna . ~· Esta J fatura, como las otras OJicinas ·nct.H ~~c1a ele la re­ccpcir1n de lvs mencionado. elementO', aGrid n gi.uu· en que s~ anoten, i así lu "xigicr n lo. donantes, sus nombre:, y, en todo raso, la cantidad dt.: elem ntos prcsent~ os ,qu · qucdar~n á la or­dt: n ele la Jefatura d '[Xtrtamcntal ; 2.0 El reo-istro de que ha la 'l p.:trá,•-raf > ant ·ri ,r, s. tendt·á en cuenta para la distriuución del pn5xim mr ré ito gener:.tl de carácter voluntario ó for.zuso ; 3. 0 Pasados los términos fija los en 1 primer rdinal r solu­ti\ ·o, •a Jefatura JD¿ar: los cknun ·ios el", elem .ntos, si mpre que tales el nuncio· re-ult. ... n e.·actos d sputs de verificada la requisa, así: fu...,iles Réminoton y 1 eabody, :1 20 'H.la unv; an inas de cu·tlquicr Jase, si· mpt-., que no s <. n fusil .s recor 2d s, á 11 ' 30; fusiles I\1áu-er y Gra~s, ~ , • 40. El noml>rc de los denu 1ciantes se ma1 tendrá en toda rescr\'a. El valor de las municiones .. crá con­, ·cncional ; 4.0 Lo· nacional :-. <Í quien · . e ncontrar •n tal~s · cmentos, pe>r no hab rlos presentado .. n el tic mpo há il, C'dn tratados com0 n . migo · de lar do_ y ac:tÍ\'OS, al ti mp e e la 1istribuci6n del empr ~stlto; cesarán para ·!los tocL - la 1-,!·ar ntí· s spccialc s tor( ·adu ·n sah·ocon u tus, ¡ .,< 1 ort . , 1 ol •ta d l"l r tránsito, · ., ¡ .erán t ni l n ¡ r 1p r i '.1 á la · nti ~.d dt .cmcntos qu ' se k hul ier n nc ntrado. En uanto <Í. los "'.·tranj •r s qu . e hallaren u mi mo caso, se ·án pri,·<.ulo tambi 'n de la mism lasc d e ara. fas ue los ant ·r·or s. Comuníquese. Da la en el Palacio de la G bcr 1ació1,, .' G (. _ ~u sto ele 1901. El Go1 e ·/aclor, j E VICE 'TE CO CI A El ~ e ·etario de Gobierno y Gu rra, Cr ILLLP 10 r LE. ·cz. RESOLUCION . 1 Ul\1ERO 8 DE 1901 1:.'1 Golunador dd Departamento de Cundr'tzamarca En uso de sus atribuciones, y CO 'SIDERANDO Que es indispensable para el buen desempeño de las funcio­nes públicas la absoluta consagración á ellas por parte de los em.­pl ados, lo que e incompatible con la atenciór\ á las ti-ansacciones comerciales ejercidas á un mismo tiempo con aquéllas, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • l'wletin !llititat be (otodia L 228 .J RESUELVE Art. 1.0 Prohíbese á los empleados públicos al servicio del Departamento, el comercio de semovientes y de cualquier artículo aplicable á. necesidades del Gobierno ó del Ejército, ya sea direc­tamente ó por interpuesta persona. Art. 2.0 Los empleados que infringieren la anterior disposi­ción serán destituidos, y los bienes materia del comercio, expro­piados para el servicio público, sin otra formalidad que la expedi­ción del recibo correspondiente, previo avalúo. Comuníquese. Dada en Bogotá, á 6 de Agosto de 1901. El Gobernador, ]OSE VICENTE CONCHA El Secretario de Gobierno y Guerra, GuiLLERliO V ALlNCIA ~ !f!Jfocttt?za/ ~ UN •JÉRCITO LATINO LO VICIO DF. NUES1RAS IIXSTITUCI NES HILl'lARI'.S (Capítulo de un libro español reciente) ••• -¡No tenemos ejército !-se ha dicho que exclan 6 un Gene­ral al poner el pie sobre tierra española, en la repatriación. Algu­na razón pudo asistir le, según se va viendo; mas, ¿de quién es la culpa en primer término? Desde luego no la tiene el simple soldado. Podrá e mpezar, acaso, en el cabo, donde empieza el mando, ó en el sargento, clase en que comienzan ya las aspiraciones y la discusión de los derechos; peru a umenta en el oficial, sube en el jefe y se extiende tanto má~ cuanto más arriba se ll egue. ¡Es tan grato usar del poder en be­neficio de los amigos y all egados ! ¡ Tan natural el creerse exento de deberes que nadie exige cumplir t Aun con los mejores deseos ie hace tan fácil la ilusión de que sólo en los propio~ ~e rvidores que se tien e á la Yista reside el mérito! Además, cada cual suele echar la cuenta de que permitiéndose él ciertas libertades 6 aun cometiendo alguna injusticia, no va por ello á empeorar la situa­ción genetttl. Pero así, haciéndose muchos esa misma cuenta y descuidando algo los deberes austeros, e~ como se ha producido la desmoralización. Así se ha formado y ~e sostiene el pandil1aje Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~Ittin !Jlilitat be ~of,ombiA '- 229 _} en el ejército ; y así presenta éste en gran parte el aspecto y la organización de las cuadrillas del gran arte nacional, en las que cada cual trabaja con su maestro. Alguien se ha jactado de que habiendo estado siete meses en campaña, pero sin tener la suerte de ver más que una vez al ene­migo .... de lejos, volvían, sin embargo, sus alláltrts y paniagua­dos con siete propuestas por barba. Es posible que no sea esto exacto. Probablemente habrá en ello exageración, por lo menos, para ca usar efecto y aparecer genial. Mas cuando ciertas perso­nas hacen chistes sobre estas cosas, ¿qué resultados habrá de es­perarse? También hay jefes que llevados de un buen deseo, innegable, miden la satisfacción de sus servicios por el número de gracias que han conseguido para sus subordinados. " i No podrán quejar­se mis oficiales, pues le he dado ocasión para disfrutar de tantas propuestas!,,, es frase con frecuencia pronunciada y en la que apa­recen lastimosamente confundidas la idea utilitaria con la de celo en el cumplimiento de la misión. Y, sin embargo, esos mismos · oficiales se conformarían con menos propuestas si no se les hubiera educado en tal forma. Mil hechos. que no pueden pasar inadvertidos para el observador aten. to, lo prueban de un modo palmario. En Jos comienzos de la guerra en Cuba, un General urzo se hallaba al frente de una de las circunscripciones en que había sido dividido el territorio de las operaciones. Su natural bondad le im­pul ·aba siempre á realzar los méritos de sus subordinados ; pero la probidad de su carácter no habría onscntido mixtificaciones, dado 1 caso de que se hubiese intentado realizarlas. Allí no se invmlaba acciones de guerra, ni se incurría en otros c.·cesos. Como en aquella época eran escasos los hechos de armas que merecían aquel nombre, resultaba de todo esto que en tal lugar se obtenían pocas recompensas, aunque no faltaban los t iesgos en detalle, ni eran pequeñas las fatigas. La oficialidad, no obstante, reconocía en general ]a justicia de este proceder, y sólo se quejaba de que por no obrar todos de igual modo, resultaba perjudicada respecto á. la que operaba en otro territorio vecino, donde las propuestas lnenudeaban á pesar de que, según el testimonio fehaciente del mismo General en Jefe1 Jos insurrectos de aquél eran héroes con relación á los del último. El temor á esto impulsa á muchos. A nadie le es grato que los que de él dependan puedan juzgarse peor tratados que los de­más; y así, una vez dada por otros la señal, se apresuran á imi .. tarles, aun cuando por sí mismos no lo hicieran. Mas en la época á que se ha hecho referencia no había cun­dido todavía el mal, durante las últimas campañas. En honor del General Martínez Campos debe decirse que, en efecto, según se murmuraba, daba poco en esa última etapa de su vida militar, á lo menos de una manera relativa. Ascensos, particularmente, fueron escasos los que concedió, á pesar de las facultades de que se ha­llaba investido como General en Jefe, 6 que propuso al Gobierno Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 23oietin ~Ui t at be ~ otom6ta \.._ 230 _J pa ra su concesión, y hasta las cruees de ?v1aría Cristina se otr~rga­b an entonces con ba tante par imvnia . Su sistema de fijar e l nú­m ero de recompe nsas p or el de Lajas sufridas, fue muy criticado, ¡in duda porque los límite s así establ ·cidos eran más difíciles de rebasar que tros; pero juzg-ado con criterio práctico y desapa­¡ ionacl , no se puede I!~" gar su lógica y hasta su conveniencia. Si c abia CJUe .e prestase á la inmoralidad de bu'"car !a bajas por al­c anzar mayor pron~cho, ofrecía la r e ntaja de 01 riuuír á que no $C Ls t"mÍ 'ra demasiado, . n una gu(~rra donde d batirse e mo fi n ú nico, d e 1 batir á t o d~~s horas y en t o das :as ocasi .... ncs, e nsti­t uía la mejo r estrateg-ia. Después e abrió ia me no algo m<.1s. Fueren en mayor núme­r o las r ·campen as y menudearon las cruc s p t n. i na<..l;1s, no ne­c esitámlosc ya en ocasic:1 e s 1. ur·rtos ni h riel s para que se formu­lasen la · p-u u e stas; pl:rv St, 0 ·uía todn. da ierta parqucdti ·1 n la concesión de empleos, ~í lo m ... nos en lo inf rior . Aunque pudo ob:;c:n·ar~e la t nd e ncia á crc..::ar un nuevo plam 1 de gt n ralcs y coronel 'S, ¡ an 1· em¡ la7.ítr á lo~ que por dcsaft.cción pcnc.Pal ó des ... onf rn tid L el ru n d nLJ · vo i ·tema de guerra, r g re~ a hcJn en g ran nú l f• r\ ú la P nínsu la no e gene rali zó aün 1 ~¡ t ma para toda la d a sc . Vin Iu..:· •o ln in urrccci6n rlc I• ilipinas, con u ina u~.J'tas con­stecucnci< s P n la materia. Viéron. <· t n el Drárt·o Ojiáal aqu llas · r e lacione s d · r e comp nsas r¡tt< ! paree iaÍ1 s r las Ji ta de re \' Í ta r eunidas el todo los u r¡ s n op e ra ion e , haciénd e 11 o-a. á In in ·ro ímil. lo lm tando < t , . ideó d es n . n i t'I1 1 ¡•rt e a l. operación d . gu l rrét • lg< imp rtant , f~ 1 l · p w p a t t i· 1 > a di tinta, hubie ra motivo I ara fo rmar m ··, pr-.> 'u · Las. . idf•<', n...,imi!:.mu hac r d s n cada ra o: una, l an\n tr <~ l. para j t:' f' ,ot1 ialesytropa,yotra .p · ivl pera los tlrg · ·t J .le / sm or ó de lo., . <·ñ res, jefes ca i todos ó, por 1 ) m nos, C3pitan ·s; y no _ lam .! ntc para 1 s !UC f rmal an los cuar les g n(. a1 e , aunque ~ to 'Stu\·itc. n c· n m<.ly ríe:.., put s l ntra ban te. m­bién otros que tt nían lll;}ndo directo de las fu n:as incluida <. n ·¡a .primera pr ¡;u :sta; con iguiéndose por tal rn c.. dio que, in aparecer e n '11· ,,n. (r¡-an ,l . pr ,l Jrción en favor de 1 s -·mple( · ·ul -· riores, tu \' Í ·ra n ~ t.J a ·gura da m a \'Or o·;}nancia . De c. te modo se vio , p or { j mp.~--., apart'CC r una p;opuc~ta general y otrtl ( sl~c~ .ial por las " op ·r:tl.iones en l ·'a mino de .'antod )mingo á Silang, le días 15 y 1 ·de f brcro de 1 k)7 "; do , también g 'tl(;ral y esp cial , u p or las op -racione· en vl mi. m o camino, ks día 17 y 18 :'; otra¡ dos " po r la toma d"' Sil a ng, l 19 " ; d .. pués de ( ta, nuevas re ­com pensas sob r e el mi .. rnu t(·ma, pero ahora ''por la dt·fcnsa de Silang.'' Y casi siem¡..>re r p tidos Jos mismos ncmbrC'., ilustrt·s .... 6 no i lu str 'S, pero noml >r cs conocidos en gran parte pcr ~ r los de al to s personaj de la milic ia ó d e la admini t r ación, rcalizar,dose de e ste mocl el idea 1 d e la d/siz'nciJn ccmdunit, en ,·cz dd mérit o por turno, ya a n t ic ua clo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. &retin ~lititar be á la Península, satisfecho ya, sin duda, con haber aprendido e dónde está la isla de Cuba. ¡Todo esto al terminar el siglo de las luce Justo es que toda vía se haga siquiera mención de las recom­pensas que también se cosechan en plena paz, ó donde se disfrut ílle sus dulzuras en tiempo de ¡:-uerra. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 'Bo(etin ~JHHtnr be ~otomóia \.._ .234 _) A1uí se encuentra, asimismo, variada colección de moth·os. Aparte de las con~cguiclas por trabajos csp culat1 · s y por el profc orado, ya antigu~ , y de las más moderna que · torgan por los se~\ icios pre.;)tadvs n el ramo de" lt.du tri~ mili ar;" to­das la cuales, sin entrar á discutir su justicia y nec<:s!dad, < Lde­cen siquiera á reglas g neralcs. Dejando de lado, ad n:;,í. , la am­plitud le! juego de todo c~to, pur la c~·tensión i1 fur. 2C 1a u1 mu­chos casos dada or servicios en l s h spitalt:s1 por embarcar y descmb nar tr pa ,, y. r comp n_as, .n fin, p r tvclo ; habiendo lugar . pr<..!f, · ar si al­guien e tá obligado á hac1 r al~,-v por deber prof ~ i na l. Actualmente paga la 1 "ación dos cruces pcnsion da~' por la misma obra. Una, al autor del 1,roy to; la ·egunda, al q il! em­pezó su ejecución . Las do·, in duda, mcr' ·ida ; p ro atuba. n benef1cio de lo yat uis, c¡u son los que di ft·utan ele t d > esto, y que _,'a l cli frutaban uanqo e co 1c dió ·1lo·una tlL.! i.lf 1 u~!la . P ( s aun cün todo tono se había .11 g-ado lm ), l cual ha Vl.ni lo despué_, n J~ furma d • n cornpe .!:a p r l \'.< jc de :. !\.IAl. ¡ ec mpen~as por hacc1· ·treo. de tri f . ¿, por des ha'~ .. r! s ·? E tan o "..l ~ 1 > p ctá ul > u ' tig: d ·1 cjércit e hact.rl veces fij .n a uell ) rte!JO, y hasta en al cur.Jp irnicnto ¡· l,f to á ~1 ele un prc pto r ~ · am 1 •• río. !.· ci n­do con .ar qut! 110 wli ,"taba mejor z de r com}cnsa . n <. t, con­cepto ·~ acet~dJó :í u pe ición, aunqu • no había en 1· ?!' atl tal mejor.:t, apar ci ndo a í todos aun contra su voluntad, cual cóm­plice_ < n el de lit d~ 1 so ~píritu milita: .qu~:; te e lo cst ~u¡ nc y sanc10na Tan adelante e ha llc\'aclo la dcspr cupaci 'n res¡ cto al particu ar, que ha ta alguno (1uc había cst·uJ > emlrzúado ' con su familia, no p )r falta de vol unta , proiJc b1 mente, pero ¿,1 fin sin hallarse en los momc tos ele mayor apur '11 su puc:t) o1icial, so­licitó y obturo luégo recompensa; y ·i to el buen resultado de su gestión, volvió ¿Í. solicitar mejora n ella. Y ha de aprovecharse esta última oca5ión-porc¡u' h:1o·o ya firme prop 'sito de no volver á mencionar más h echos rcl2.ti\·os á tal tema-para protestar ele q e no s la envidia ni el despecho lo que puede · haber sugerido esa cita y todas las anterior s, que • Em)ri'scar.u es el infinitivo de un verbo con que se enriqueció el iJioma en una de nuestr s colonias, con oc.1sión de su pérdida, y que ignifica algo así como enrisc.use huyendo dd peligro. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~o{etin 9nititat be (5;otombia \._ 235 _; •. le son similares, pues aunque e 1 tono g neral en que 1 a sido tra­tado el asunto debi~ra poner al autor fuera del Glcance de ~cspe­cha semejante, corrw se ha adc)p~ado por los intcr sados en < 1 di­simulo el socorrido ist ma de atrihuír (·n tod >S • ca o : dicl os bajos motivos las denuncia. ó la~ quejas obr el particular, bueno es ponerse en guardia pr •\'entivam nte. Oft t ce sin duda tal si tema la ventaja dobh: d aiucin~r ~1 1 s d ·rr:1 ·y ac<: !lar :.í la YCZ b pr Ji,JÍa C nciencin. .. fas < nque ta m hién en Sta or asiÓn fueran aquellos impulso· á los uc ol>cdecicse 1 prc~,c te exposi­ción de casos y o as, no pm· .sto dejarían de tenc r igual valor. Son más elevado~, sin · mbarg-o. los fin .s .: las ca sa · rlc esta campaña, abierta contra la 1 rodi(ralidacl y la falta de rit .rio fijo y ele erplidad en la conc si6n ele rcr mpen as por s rvkio~ 1c gue­rra; y para que 1 l .cto1· se pcrSLé da ele ello, a u 1qL. ~ P:l e m c¡ue-ranto de aqu 1 rccient. propósitv, como la anécdota se grc\ba en el ánimo mejor ¡ue toda otra forma de argum 1 tar, \'vY á refc­rirl cómo sut·b·ió en el mío la co Yicción de Io fun sto de todo nqucllo. Fue en 1\avarra dende el ca o ocurrió. a guerra ci\'il afec­ta )a t n ella caracteres d' mayor cncarnizamien.< 1 ás pro ·incias del l rt . 1 n marcha ó a anton: da~, las tropas liben 1 . .ran h stilíza , porque aqu e l día faltaban las raciones. Estos ejemplos dicen más que mucho. di cursos sobre la se­riedad y el val r de un pueblo. ¿Y nosotros? ¿Cuántos ascer, ·o y cruces n cesitaríamos para premiar en casos semejantes al hij9 y al amigo de cualquier des­medrado Bísmarck español? LA DIRECCION DE LA GUERRA PO iCIÓN SUCI. .TA DE S US PRI. ' CIPIOS Y MEDIOS D.b: EJECUCIÓN> POR ._ 1 GENERAb COLMAR D.~RO!'l VON DER GOLTZ (Traducc ié, n para el Boldln fifilrtar) Continúa 2. La dejenszva lácl/ca-La mayor parte de )as condiciones es. eciales y generales que hemos visto surgir para la defensiva es­tratégica, aparecen también en la defensiva táctica; pero algunas jercen su acción de modo difen:mte. La ventaja principal que ofrece la defensiva táctica, justamen­te fa misma que contribuye á que el General en Jefe la adopte, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. cuando t ~oletin ~ilitat be ~o! mbia \....- 238 _J r i.l y trajinad s. ]• t,) pr t urnrá til d fet.sor ocasion s para sorpr 1~d mio· . más ·r cu nt s qu la mer,cionadas por la hL t 1 ·a r. ilitnr, si no f ra t "!n difí il, una Y z que las tro¡ as s. bm r partid ~ - r ura ¡ ici<)n, hacerla pad r d 1~ L'J ctati ·a~· 1a ma1 1.~ d ! van ', co. la rapidez ncc :,aria para sat:ar ir1n diato par­tido de las f\!1 as ometidas or ·1 adrcrsi rio. La pintL:r< ql!c n os h.:tcemos lel defensor en sus posiciones, e m al acecl o y en espera d 1 mom~nto en que vea que su n~migo comete né falta, es muy h~ :0gi!e ~1a, pero en r alidad r'" ra Y 7. pa.ar~n 1· s e sa así. Cn ejército no pu d , como lo hace 1 ti~q·c, saltar y arr j~1r e sobre <-u prc a con la rapidez del p 1Lan1i' nto. Es pn~Li_u ti no tiempo de ouservación para descuLrir el momento propicio, 1 ara madurar la r solución y dictar las órdenes que deba r c1uir la trop·, y pa1 a que ésta e forme y e p nga (n mo\'imiento. T cdo esto c •• ·ige! tiempo, y comúnmente mayor para que el ac metedor, que no ce~a d ~ avanzar, rebase el punto crítico en d ncle hubiera sido posib e detenerlo. · E grande 1a dificultad ele poner las tropas en moYimi nto una vez qu~ están repartidas en e1 terreno, sobre todo en una dirección Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oretin 9Jhntar be ~oromóia '- 239 ._J que no sea de frente. E a dificultad constituye el punto débil de los flancL s. Si no fuera así, 1 defensor, que tiene si mpre m nos caminos que: n;co Ter, cjccu~aría siempre m~í pr nto ~u cambio de frente. que el acomet dur su movimiento trwoh·ent . Vc1 _ atacado por varios lados á la ·rz, im·adido por el fren­te, en' uclto rn uno de sus flancos ó por ambos á la Yez, n:r tam­bién c0rtada .. u línea ele retirada. tal es t'1 1· ~Jigro l.>~ jo 1 cual sucumb1rá sil rnpre la def·n iYa táctica. Le s más difícil, en efec­to, e¡ u<:. á la d .f~ n. iva _ tratégic:a, contesta.r por contraataques, porqu•. ia mayor parte de las Y ce no dispondrá sino de L:n tt•rre­no <1 mas'adv limitado, de un ti mpo dcma iado corto p1ra efec­tuarlos y llevarlos á cl mm 1en o mismo n ·uc la lucha l i i a a á ·m¡ ñarsc. cuc n é. t ya haya t mado sus di p sicio. e y a ig-naclo á u ma as una ir cción n tam n·e de­fin · a. ·1 1-ft:¡ sor apar e rá inr ¡ rn lamen t n otra. 1ir , i 'n. C n f e en cm, para '" rifir.ar el atac¡w , 1 ad rer ario t ndrá l ue 1· aliza · u 1 carnbi de fr r,t , y ntont.t: · s rá cunn lú suro·irán n may )r f· ci1i ad .1 desconcierto ) las quiv• cacionc . · inmO\ ilidad r la i·•a de la. tropas á la d ·f n ÍYa n titu-yc un pun o el~· il; pero. por otra part ·, pr senta una \'t: ntaja es¡ e ial, y e q ' no hay que exigir d la tropa tanta halJilid<.:.d ni firmeza, ni j fe~ tan prácticos como 1 ara la ofensi,·a. .: podrá hacer una defen a mediana y hvsta fa, or cicla por el triunfo, on troras qu , da a u composir.ión y mod de ser, no starían de ningü 1 modo n staclo el , Ilc.:var ~í cabo un ataque un poco Yigo­roso. Entrt: estas dos { pr"' a hay una dJe:- _ncia con id rabie, y si un s libn.: de c. co1::;er, e hará bien en optncontrar L 1 momento justo para pasar de la ofensiva á la defen ira, que en el de la estrategia. , cla uno más claramente cuenta de la lJaja que sufren las fuerzas. El General en Jefe tiene no solamente bajo us ojos, su ejército, ino que además stá n posibilidad de.; abarcar con una mirada el campo en que debe forzosamente desarrollarse toda la acción. Discernirá con más fije­za el límite extremo hasta donde se podrá y se deberá avan- " "á fin ele entrr~arsc, sin prevenciones, á limitarse á defender Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1 !3o!ri'ht illilitar be ~olontbia -· 243 . e] resuhaclo de la operación n e~ r·~mun( r.advr ; lo. m poco ha de econornizarlos en aqu ~Has uca~ion(:s en que se k p ·c. nta una pers­pectiva de hermo~as ventajas. Si él sabe aplicar á tiempo estos d s principios, n partirá sus fuerta.s como cOiwiene, desde 1 punto de \'ista del e~pacio y del tiempo, y estará seguro del éxito. Pretender J,:spltgar fu rza!> iguales soL re tv<.lu~ los puntos y obtener por todas partes igual éxito, es la característica de una di­rección por parte de Jos hoers, eximios tiradores que, montados en animales de pequeña alzada, extraordinariamente ·ubrios, dó­ciles y de mucho aguante, salvan distancias enormes con prodigiO­sa rapidez, presentándo ·e repentinamente, ya en un punto, ya en otro, incomodando continuamentP. al enemigo y rna nt 'niéndole eo jaque, retirándose á til:rnpo cuando la fuerzas cont ¡·aria · son supe­riores, y de e~te modo sólo rara vec s ofr ( n al enemigo ocasión para que pueda despJen·ar sus fuer;.a . A esta infante ría mont..1.da, ,¡ m jor d;cho, á c ~~Gs ti•ndorcs á caballo no puede Inglaterra oponer fuerza igual. Cit:! rtamcnte qu ~e hacen grandes c. fu u..o. para sa, esto es, que las di posiciones tom~das eran clefec- . tu sas. Pvr otra parte, es bien difícil stablecer de antemano cál­cul s exactos á este r specto. Para esto, es preciso saber confron­tar se\' ·ramentc n!.lcstras propias ideas, que ti nen la tend ncia -d~ am lclarse con facilidad i nuestros propios íntimos deseos. Y de aquf surgen ca i ·iempr ilusiones y errores. Se ha censurado ' N pole6n eJ que n se hubiese deteni lo en 1812 d .spués d mo­Jen k para p nersc tí la d ·fc:nsiva, bi n que hubiese adquirido a · 'C .rtid m!)rc dt. qu las disposicion s tomadas por él para el sos­tenimien.. d el jército, p r muy grantlio as que hubi s n sido, no ran su;icícnt para permitirle continuar su marcha adelante. Si e te gran g .nio e Jmt.!tió semejante error, cuán fácilmente otros n s n t¡¡IJ}c- q t _ él no lo cometerán. Pasar de la of ·n ,¡va á la def ·nsi va, con el único pr pósito d~ aprovechar la ventaja q:.1e ofrezca el terreno 6 de sacar partido ~íc· ico 6 estratégico de un J. fuerte posición, rara '·ez pr.~ducint .buen efecto. L:ts circu:1stancias c¡ue hasta entonces permitían aJ aco:netcdor atacar y obligar al defen or á limitarse á la defensi­\' a, ejercerán t )clav!a su influencia en el momento en que se quie­ra proced e r al e· mbio de papel. No se podrá suponer que el · d fens r, quien en ese mis m in ·tan te se sentía dl!bil para enfren­arsc, vaya d rt.![>~:1te á conformarse con nu stro deseo, y pase ' ' la ofen;iv3, so re t do si se encuentra ante una posición fuerte y ventajosa. • Ata 1ues sa:16rientos efectuados p.)r la ofen:>iva estratégica, ;pucd ·n fvrzar al ac· m .ted-.>r á pasar á la defensiva. De esta suer­te tendrá ti mr de atraer sus refuerzos, 6 bien encontrará oca­sión de obligar al enemigJ á librarle b:1talla; ofensi\'aS y de­.. mp.:merle p1r alg.í 1 tiemiJ) sactificio~ mis g•·andes que aq~ellos á que él tenga q·J" suje~ar5e. D..! m JJJ qu~ h:1brá compen)aci6n .p ra la econ::>:n'a d e las fu .. rzas, y '~ restablecerá la prop::>rci6n• Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. lio[etin !JlHitctt ~e ~olombi11 '- 2-i-2 _) tal como estaba al principio. Esto acontecerá cuando, por ejem­plo, logremos estrechar y rodear tan bien al enemigo, que á toda costa le sea forzoso abrirse paso, ó que podamos cortarle aqaellas de sus comunicaciones por donde recibe víveres. Pero estas ven­tajosas eventualidades no se pre~entarán sino rara vez. En un es­tudio teórico no es permitido prescindir de ellas, pero en la prácti­ca habrá de tenerse gran cuidado con esto. El empleo alternativo de la ofen iva y de la defensiva podrá asimismo transformarse muy bien en empleo simultáneo. Aquellas de las fracciones de un ejército que no se destinen á empeñar la acción decisiva, no recibirán sino un débil efectivo, y se les dará por consigna que se limiten á llamar la atención del enemigo, á replegarse ante él si aparece en número superior y hace sentir su empuJe, y á avanzar de nuevo desde que cesa este empuje; al contrario, las fracciones á las cuate.- esté reservada la acción deci­¡ iva, se constituirán fuertemente, á expensas de las otras. En la campaña del otoño de 181 3, los aliados ~upieron sacar partido muy ventajoso de este procedimiento de ofen iva y de de­fensiva combinados; ellos n~solvieron retrogradar delante de Na­poleón, por todas partes en donde él se les presentase con su ejér­cito principal, hasta que cesase la persecución, y atacar á sus Mariscales con todo el vigor posible por dondequiera que éstos intentasen oponerse á ellos á la cabeza de destacamentos. Sólo una vez el ejército de Bohemia no procedió conforme á este prin­ciR ·o, en las jornadas de 26 y 27 de Agosto. Esto le costó la pér­dida de la batalla de Dresde. El ejército del Norte y el ejército de Sile ·ia se amoldaron á dicho principio, lo que les valió las vic­torias de Grossbceren, Denne\\ itz y de La Katzbach. Pero para proced · r de e~te modo e nece. ita un g lpe de vista muy ejercitado y una resolución muy pronta. Blücher fue maestro en esto. As{ logró do \'Ce s cvmpromctcr :i apoleón á que le siguiese á Silesia, sin pn.. . ntarle la coyuntura, ardiente­mente deseada, de librar batalla. En cada oca. ión el Empera­dor tuvo que detenerse porque la marcha d a Ya nce del jército principal, de la Bohemia sobt·e Dr de, le O Notable por su sencillez ; sus órganos están prot gidos por carler Carmon Dtifriclz-Capaz de cargar 1,500 kilogramos. Argcnaula-Automóvil submarino para profundidades meno­res de 40 metros, y velocidad de 8 kilómetros por hora. Este auto.. móvil, cuya interesante descripción hizo el Sr. Marvá, verificó u ~ crucero de 1 ,ooo millas en 1898. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. '- 245-' 10 caballo, abe apreciar para Jo futuro loa sertiCJOS de ese sa. fie] amigo. Puédese calcular, por lo que hemoa dicho, hasta qué grado se debe exigir la instrucción individuaj de equitación entre la tropa. Hay que prohibir la equitación de escuela; hay que hacer pre~ente continuamente á la tropa que no es caballería, y que no debe serlo. El infante á caballo se apea cuando comienza el combate, J ntelve á montar cuando termina; nada le importa si el caballo no despapa y va en posición elegante durante las marchas; lo que debe importarle es que marche bien y esté fresco. Tampoco importa que el jinete vaya tieso como granadero en día de revista, 6 agachado como lirio marchito, sino que sepa. montar. • El jinete debe imaginarse que cada marcha represent,a un Tiaje de resi!-.ltencia, y que escasamente puede contar con forraje para su cabaiio, y obrar en consecuencia. Además, conocerá mi­nuciosamente las distancias á que se encuentran las aguadas y el pasto en el camino que lleva. Tanto á los jinetes como á los caballos hay que otorgarles cuantas facilidades sean posibles, por ejemplo, que se permita' los unos desahogarse desabrochándo~e el dormán, si desean, y á los otros no cansarlos inútilmente en las paradas, desmontándose al efecto el jinete, aunq1.1e sea por cinco minutos, y en los pasos ma­los se conducirán de la rienda. t El aire de marcha será alternando el p~so con el trote, y sólo en casos ex c epcionales se empleará galope. Como término medio de velocidad se pued e calcular 7 kilómetros por hora, lo que con­sidero racional en vi ta de la pequeña alzada de los animales y los malos caminos y senderos. El arm().mento es 1 que c orresponde ~- la infantería, sto eSp fusil y bayoneta. Cada hombre lleva J 50 tiros, ya sea en las car­tucheras ó en la canana ; pref rible es esto tíltimo. El fusil va en su funda, colocado verticalmente por delante de la silla, al lado derecho, en su portamosquet6n. La pur.ta y patrullas de flanco llevarán siempre el fusil en la mano, con la culata apoyada en la pierna; derecha. Esto se re conaienda á toda la tropa en los cami.. nos malos ó cuando se tema un encuentro con el enemigo. · • 4 .-.~ Como montura, la de r glamento ; como freno, el Pclham, Ó· bien, riendas •, sudaderos, manta de caballo, bolsones, ronzal 6 cuerda forra jera para amarrar el caballo para que coma ; manta de agua, cantimplora, marmita y cubierto, completan el equipo. El único país que ha hecho uso hasta hoy de infantería á ca­ballo en unión de otras tropas, es Inglaterra. El General de Bri­rada Hallam Parr, dice que la mejor manera de utilizar la infan­tería á caballo sería: 1 •0 , para acompañar á la caballería en moyi.- • Vo~ HltYD~BRI:CX. 'Vittju ~~ ruiJINuil1 BcrUn 1899- f Caminos de cordillera en Am~rica, por ejemplo. • Filete, ó como las falsu riendas ~·e ee waa ea Amb·~• para 4iomar .. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. eotetin !ltttitm be ~o(om~i« '- 246 _) mientos rápidos, tomar posiciones, amenazar y atacar tropas e flanco y perseguirlas conjuntamente con la caballerfa, 2.0 , para reforzar rápidamente en momentos críticos á la infantería, sea que esté muy amenazada 6 que haya ganado terreno y necesite ser auxiliada; y 3· 0 , para que el Comandante en Jefe pueda retirar del combate la infantería. El Mayor John M. Macartuy dice lo siguiente sob1 e es o mismo: " Su servicio es sencillo por demás, puesto que llega rá­pidament~ al campo de batalla. De este modo pueden tomar, sin pérdida de tiempo, posiciones ventajosas y mantenerlas hasta que la infantería con su marcha lenta llegue á ellas. Puede mantene~e oculta hasta que el combate se haya iniciado y desarrollado, y en un momento dado apoyar puntos amenazados. " Puede amenazar uno de los flancos 6 la retaguardia ene­miga, y cubrir la retirada ele la caballería. La pólvora sin humo y los movimientos ocultos la pondrán en situación de acabar con tropas derrotadas, ó bien, amenazar seriamente un avance como el de la artillería en Colenso, en donde la caballería tuvo que retirar las piezas que se sal va ron. Pueden estar como uestacamcntos a Yan­tados más adelante de la verdadera cadena de puestos, si ~en de importancia y no de observación. Utilizar la infantería montada, como centinelas, sería hacer derroche de fuerzas." Ambos autores citados, y á quienes se puede agregar todaYfa al muy Honorable Lord Deuman •, dan además un gran papel á esta clas de tropa en tutura guerra uropea. P r la IEI.tural za misma de su misión, la instrucción de e ·ta tropa tiene que ser múltiple si se toma en cuenta lo que se ex· ge e un hombr en comarcas tan caract rísticas como las sudafrica­nas, como lo indican el ~1ayor Von Wissmann .t y el 1fayor Von Fran~ois en su folleto Enuiiall.ZaJ práctrcas de la guerra sudafncana para el .Ejtrciz'o alemán. Por lo que se ve, una instrucción completa exige tiempo má¡ eonsidcrable del qu se dispone en nuestras colonias, don e la tro­pa no sólo tiene que desempeñarse militarmf'nte, sino que también tiene que atender al fomento de la civilización y cultura. Por e to me parece indi pensaLle que formemos aquí en Ale­mania un cuadro de tropas coloniales. No creo necesaria la for­mación de un Batallór. de infantería, como lo propone el Mayor Von Wissmann, pGrque en ninguna colonia africana tenemos tro­pas blancas de infantería, pero s{ me parece adecuado formar •nas dos Compañías de infantería montada, para el Suroeste de Africa. • T!u fulllf't 1{ """"'etl in{tiN:Iry Íll NiltaeMCJ~ Cenhtry de Londre&, 3r lgc>O. t Cre~~eihl tle IUU I'Uttr'H ¡~ tnjlu (,/Mia~N ~Ni/11M' w,~,j/att, liá e ero f 3 de r CJOG. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ltotttin !mltte&r ~e €otomiía "- 25 ¡' _1 REGLAMENTO MEXICANO PAR..\ XL SERVICIO D~ CAMPAÑA ( Ct-nliluü ) 71. Iítslalaci5n tn d acanlonam·enlo-Las tropas se detendrán' la entrada del acantonamiento, y nadie penetrará en él, bajo ningtin pretexto, hasta el regreso del jefe del grupo ó grupos de castra­metadores. El General en Jefe 6 el que mande la tropa dará sus órdenes generales y la señal de instalación ; los Cuerpos se dirigi .. rán á los alojamientos que se les hahr:in designado, y los Escua­drones, Compañías ó Baterías, guiados por los Sargentos que for. maron el gru¡.>o de castrametadores, marcharán á sus respectivos acantonamientos. La bandera ó estandarte se depositará en el alo­jamiento del Coronel, con su escolta respectiva á las órdenes del Subayudante abanderado ó portaestandarte. Las guardias de Prevención, si no se han establecido ya, tomarán posesión de sus puestos; si tuvieren prisioneros que guardar, los encerrarán en el local que ocupen. Los elementos del servicio de Sanidad se esta­blecerán en los lugares que se les hayan asignado, y enarbolarán iiUS banderolas .• de modo que sean bien visibles ; de igual manera colocar:n us linternas en la noche. Los .Cuarteles generales se colocarán en el centro del acantonamicntu de las tro¡.>as, cerca de las principales vías de comunicación ó en las plaza · ; enarbolarán sus ba.nderolas en el día, y colocarán sus linternas en la noche. 72 . Acanlonamimlo dt alat ma.-Cuando una tropa acantone muy cerca del cnem:go, ó cuando sea necesario que es é lista para .alir con prontitud del acantonamiento, se le instalará en acanlona­mzenlo de alarma. A este efecto, se reunirá la tropa ó la mayor parte de ella, por ft-acciones constituídas, en grandes locales que se iluminarán durante la noche ; se dejarán abiertas las puertas de las habitdciones que se ocupen, y si es ncc sario, se practicarán ¡alidas suplementarias. Las calles se iluminarán durante la noche, si fuere posible, y se tendrán hachas de viento, re¡.>at tidas, á pre­vención, entre las diversas fracciones; la tropa dormirá vestida y lista para tomar las armas; ·las tropas montadas lo harán cerca de sus caballos; los Oficiales, con sus tropas. Si la situación lo exige, los caballos permanecerán ensillados y embridados, encadenados en lo corrales, patios, plazas, &c. 73. Acanlonamünlo-vzvac-Cuando los recursos del acantona­miento no permitan abrigar la totalidad de las tropas que lo ocu­pen, éstas se instalarán en acanlonamimlo-vn,.ac. A este efecto, cada Cuerpo 6 fracción de Cuerpo utilizará en cuanto sea posible loe locales que se popgan á su disposición; las fracciones que no pue. dan abrigarse, vivaquearán en el terreno que puedan utilizar, con. uguo á los locales ocupados. En ning-ún caso se deberá vivaquear en las calles 6 caminos. 74· Campam~tzlo ó vtilac.-Cuando haya~& de establecerse las tropas en campamento ó en W.ac, se tendr'n preientes las con5i- 4eraciones ¡i~uientes : O .. LA R U ~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .,.... •uw. k :: ~.,..,._ '- 253 _.J La elecci6n y forma de todo campamento ó rJiruu, en primer lucar, dependen de su objeto. Si éste fuere el cubrir una zona. ocupar una posición defensiva preparada, 6 apercibir las tropa1 para un combate inmediato, las condiciones del campamento son Jas generales de un dispositivo de combate, subordinándose á laa tácticas, las de comodidad é higiene. Pero si, por el contrario, el enemigo está lejos y el campa­mento viene á ser meramente de reposo en marcha, las últimal condiciones enunciadas deberán predominar, en lo posible, sobre las tácticas. Estas son, en general : buena f'C" ~ ;rión dominante ; que todot Jos puntos de acceso estén b::tjo la accion del cañón; fáciles comu. nicaciones de las fracciones entre sí y á retaguardia; flancos apo.. yados que dificulten el movimiento envolvente del enemigo. Ningún campamento ó vz·vac deberá establecerse en las mismaJ posiciones en que se piense combatir, ni mucho menos delante de tilas, por el influjo moral que siempre ejerce todo movimiente) retrógrado en el momento de establecerse definitivamente en lt. nea de combate. Por tanto, la situación más con,·eniente será detrás del terre­no que haya de ser teatro de la acción y lo más cerca posible de ~1, de manera que su posesión esté asegurada. Donde haya desfiladeros ó grandes obstáculos, todo campa.. mento 6 vivac deberá establecerse detrás, y nunca delante de ellos.. La primera ne ce sidad de un campamento ó vzvac es la abun­dancia y proximidJ.d de l agua; si~ue Juégo la leña para lo s ran­chos y hogueras; la paja y los forraj e s para el descanso de las tropas y para el alim e nto del ganado; la made ra y ramaje para la construcción de barraras y abrigos, cuando el campame nto tenga cierto carácter de permanencia. Siempre que sea posible, el campamento ó 7J1Í'ac deberá asen­tarse en terreno que forme glacis ó suave pendiente, abrigado de los vientos, en Ja cercanía de e ntros de alimentación, á la orilla de un río ó en la proximidad de un bosque dentro dd cual pueda abrigarse la Infantería. No todos los bosques son convenientes. Deberán contener en el interior claros capaces para los diferentes campos, con terreno inclinado, arenoso y permeable ó de fácil desagüe. El peor terreno para vivaquear ó acampar es el arcilloso é impermeable. Por regla general, las tropas vivaquearán ó acamparán eu columna, y por excepción en línea. Los reglamentos de cada arma prescriben la manera de Y~ Taquear y acampar. El vzvac de un Ejército presenta, pues, en primer lugar, uno 6 Tarios grupos, separados y escalonados. Cada uno de estos gru­pos comprenderá una ó varias líneas ; dentro de cada una de éstas. las unidades se establecerán en línea ó en columna. Ordinariamente, las tropas en el vivac no deberán extenderse­' mis de cinco 6 seis kilómetros. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. &ktilt ai[itclt " "*-'• '-- 49 J AUToxÓviuts DE VAPO~t-Preludia su estudio con el exame las condiciones de poco peso y volumen, rápida puesta en pre • fácil manejo, &c., que deben reunir las calderas para deduc· necesidad de adoptar las tubulares de alta presión y tiro acti alimentadas por cok, petróleo ó aceites pesados para evitar el hu Muestra el esquema de un automóvil de esta clase y pasa de luego al EstuDio DE Los GP:NKRADOREs-Hace el de los multitubulares.. . ignitubulares é hidrotuuulares; describe las calderas Field, D~ Bouton, Guillet, Le Blant, &c., y trata seguidamente de las de ,·a­porización instantánea, deteniéndose en las de Boutigny, Beaure­~ ard, Serpollet, &c. ; compara unos y otros tipos, y ueduce que para los carruajes pesados convienen las calderas hidrotubulafí y para los ligeros las de vaporización instantánea. Después de se­ñalar los cilindros más usados, entra en la descripción de los ve culos de esta clase. TIPO DE AUTOMÓVILES DE VAPOR-LOS reseña COn todo deta por el orden siguiente : Ji·actor Dzo1l-Boulon-Expresa las características de su mo 'Y de ~us cilindros, y cuanto se contrae á ruedas, frenos, fuerza caballos, consumo, radíos de curva que permiten la maniobra,. ·e­locidades seg-ún la inclinación del terrePo, tiempo necesario pa la puesta en ¡ 1resión, provisiones de agua y cok que ¡.mede con cir, precio del carruaje, y coeficiente de r ndimiento deducido su carga lÍCil y de u p s muerto y total. Camión JJüm - Boulo7l-At aliza los do mod los, el grand pequeño, expresando las mismas circunstancias enumeradas ea. párrafo pr e ~ dente. Remolcador Scollt para ·oiajtros- Este tipo, qu figuró concur ·o de 1 g6, fue objeto dt~ una res ·ña tan completa corr anteriores. Rtmolcador <.col/e tara mttcancfas-Descrito con igual ampl'tu AuToMÓVILES ELECT xcos-Después de observar la sencillez. esta clase de :vehículos, hace su hi .toria, que arranc •. del año con el triciclo de RaiTard ; sigue con los carruajes de V olk ( 18 ). Jeanteaud (r8gt), Pouchein (1893), y otros que no recordamos_ EsTUDIO DE LAS FUE~TES DE ENERGÍA-D 'muestra que actual-mente no se puede utilizar otra que los acumuladores, pues la - )as dan un peso excesivo (200 kilogramos por caballo); hace descripción de aquéllos, cita el peso muerto que representan (u So kilogramos por caballo), la cifra del recorrido que permiten ea todos los casos (viajes de 40 kilómetros, término medio), apu ta prolijidades de su entretenimiento (recargas de 4 ó 5 horas,.re vación de placas después de unos 8,000 kilómetros de recorrid &c.), su coste {2,000 á 3,000 francos; de ~ á i del total), y otros datos de útil conocimiento. EsQUEMA DE UN AUTOMÓVIL-MODOS Dl: ARREGLAR. LA VELOCIDAD-­Aprovechando, como siempre, las ventajas del método sintético. presenta el automóvil eléctrico reducido á líneas, y expone Jos Ya­ríos procedimientos en uso para la obtención de velocidades ~. · tintas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. •tetin !nUitat ~e (ofomiia \.._ 250 _J MoTOR-Aqu( examina los inducidos empleados, las escobi .. llas en uso y los inductores bipolar y tetrapolar; los in~onve­nientes de los multipolares y los modos de excitación conocidos, concluyendo con una reseña del combinador 6 aparato de re­e- ulación. ELElfEXTOS DE TRAXSMISIÓN DEL HOVIMIENTO-Por cadena, trans­misión directa, engranajes, avantrén motor, &c. APLICACIONEs-Cita las que se han realizado hasta el día en Yarias naciones á los servicios postal, policíaco, &c., presentando las perspectivas de cada tipo y añadiendo sus caracteres pecu­liares. COMPARACIÓN D:Z LOS AGENTES DE ENERG{A EMPLEADOS E~ LA LOCOllO­CIÓ~- A un estudio descriptivo tan extenso correspondía un examen de conjunto suficientemente amplio para dar cabida á ciertas no­ciones de relación que afirman las enseñanzas adquiridas y sugie­ren nuevas ideas. VAPOR-Señala sus ventajas, de las cuales anotamos las más salientes : Sencillez del motor; posibilidad de obtenerlo muy po­tente; flexibilidad para plegarse á las variaciones de trabajo; eco­nomía. Principales inconvenientes : gran peso representado por la caldera, el cok y el agua ; mucho buque; peligro de explosión ; suciedad ; necesidad de maquinista, fogonero, y puesta en presión. PETRÓLEo-Gran energía en poco volumen; ligereza y fácil manejo del motor; puesta en marcha instantánea. Los may res inconvenientes son: poca flex1bilidad para obt ner gradaciones de trabajo, dificultades para inv rtir la marcha, inflamabilidad y ma­yor precio del caballo-hora. ELEC1RICIDAv-Estos motores ticn~n, sobre lo de petróleo y de Yapor, las ventajas que dan la cncillez, el silencio, la limpieza y la ausencia de mal olor; pero adolecen del gran peso muerto y engorroso entretenimiento de los acumuladores. CoMPARACJON DESDE VARIOS PUNTOS DE VISTA QUE INTERESA~ AL KR­VJC'IO Hlt..ITAR-En el iguiente cuadro damos un extracto de las explicaciones del profesor. OBJETO DE LA COMPARACION O~EN DR PREFJ:RENCIA Facilidad :le repostarse. .... ........ ............. Petróleo-Vapor-Electricidad. Rapidez de puesta en marcha..................... Electricidad-Petról~o- V por. Rt·gularidad del servicio... ... ... ... ... ........ ... Vapor. Fl~~i ~~~!.'i:'~. :.~r~ _ t~-~0 .. ~.~~i~~~~~. ~~~ .. ~.~~~.~ .. ~ ~ Va por-Electricidad- Petróleo. Número y duración de estacionts....... ... .. ... Electricidad-V por-l'etroleo. Grandes velocidades................................. Petróleo-Electncidad- V•por. Economía...................................... . .. . .. .. . Va por-Petróleo-Elcctricida4. Ac¡e~;~os.~.~.~~~~~~ .. p~·s·~~. y.~~~~~~~.~~~~.~~~~ Vapor. Idem á 2randes \'elocidaJes y pesos no ex:e- J p t 6 , 0 si vos, por tauenos camiuoa-Turismo y E. ll. e r .e · ienicio• urbanoa 1 sub-vrbanoi.. ... .. .. .. ... .• • ILlcctii~idad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. eoretin m.iliidt be iglolllbiCl .._ 255 J un Decreto en que se exigía que. el reconocimiento. de su indepen­dencia debía ser el preliminar de toda comunicación amistosa. Los comisionados D. Tomás de Cires y D. José Domingo . Duarte, después de una larga y penosa navegación, llegaron á Guayana, ciudad situada en la ribera derecha del Orinoco, á cua­renta leguas de Angostura. El Comandante Militar de esta Plaza les significó q•1e no podían continuar su viaje, hasta tanto que ello estuvi~sen autorizados á reconocer Ja independencia: sus poderes no se extendían h;_t~ta allá; ellos consideraban su misión como terminada, y luégo de escribir al Congreso, se reem arcaron y vol vi~ ron á su punto de partida, hacia fines de Agosto. En cuanto á D. Francisco González de Linares, que salió de Caracas á la mitad de Julio, llegó á San Cristóbal de Cúcuta el 20 de Ag-osto, después de sufrir inexplicables fatigas en un camino de más de doscientas leguas por entre montañas, desiertos y desfila­deros, en lo más fuerte de la estación de las Iludas. Se le había agregado el Coronel D. José María Herrera .. por orden de S. E .. el Conde de Cartagena. Tras del cambio de poderes necesarios para el cumplimiento de su misión, los dos comisionados hicieron llegar el mismo día su primera nota al General de División Rafael Urdaneta, y al Se­cretario de Guerra, Coronel D. Pedro Briceño Méndez, delegado al efecto por S. E. el Presidente del (¡obierno de Colombia. Esta nota manifestaba los motivos de su viaje y las medidas que S. M. juzgaba pr pías para devoh·er la paz y la tranquilidad á estaa comarcas. El G neral Urdancta y el Coronel Méndcz les dirigí ron el mismo día la siguiente respuesta ; 11 Los comtsionados nombrados por S. E. el Lib rtador Pre­sidente de Colombia, para tratar asuntos üc . E. el General Mo­rillo, ó cualquiera otro enviado del Gobi rno español, han t~nido el honor de ricib1r la nota oficial firmada por VV. SS. y que con­tiene las pr posiciones y las promesa siguientes : " 1 .• Que Colombia adopte la Constitución española, le preste juramer1to y envíe, en consecuencia, Diputados á las Cortes; "2: QJe, en este caso, los actuales Jefes de Colombia con­servarán el mando del paí libre, bajo la dependencia inmediata del General en Jefe del Ejército español, y también directamente del Gobierno español. , "Los sacrificios qu~ Colombia ha hecho por su libertad y por su independencia durante diez años ele combate; la gloria de que se han cubierto sus armas; la resolución de sus hijos. manifiesta desde hace largo tiempo con claridad y de modo solemne, y re­petida todavfa por S. E. el Libertador en las comunic~ciones recientes con los Generales Morillo y la Torre, nos daban dere­cho á esperar que VV. SS. nos evitarían la pena de oír proposi­ciones de dependencia de España, cualesquiera que sean su título y forma. Parece que VV. SS. han olvidado el objeto de nuestra lucha, cuando han redactado la nota que contestamos. 1' Los defensores de la justicia y de la libertad, lejos de sen­tirse lisonjeados por las ofertas de un mando ilimitado, reciben ua Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~ U'HU~ bf oloMM« ' l56 ..J :erdadero ultraje viéndose confundidos con esas almas Yiles que ' ,..prefieren la opreS16n de sus conciudadanos y su particular poder, · ~ ::! la gloria sublime de ser los libertadores de su Patria. No existe .e~ Colombia un hombre imparcial que pueda descubrir la menor wentaja de esta servidumbre. La Constituci6n española no nos con­- cede ninguna, y aun suponiendo que e1la sea el Código de la dicha, Colombia ha probado sus fuerzas y no quiere deber sino á ella isma el bien que ya se ha procurado y que ella sola puede au­entar toda vía en proporci6n á sus necesidades é intereses. Al anifiestar á VV. SS. los sentimientos del pueblo cuyo Go- • crno representamos, creemos de nuestro deber pre"enirles que tamos autorizados no para causar la ruina de Colombia, some­liéndola á España, sino á sostener sus derechos, constituyéndola ·or~ independien~e y soberana. Si la misión de VV. SS. se m lda á estos prop6sitos, acogeremos con placer sus comuni­cioncs; pero les juramos de una manera firme é irrevocable no ntcstar ninguna proposición que se aparte de estos principios, 6 u e tienda á deshonrarnos, haciendo descender á Colombia del ango á que la han levantado sus gloriosos esfuerzos. "Cuartel general de la guardia en San Crist6bal, á 20 de gosto de I 820. RAFAEL DE Ua.nANXTA.--PRDRO BRICEÑo MÉNDEz:• Nue::;tros comisionados comprendieron bien desde este instante ue con tales di posiciones sus tentativas serían infructuo as; y1 e acuerdo con su instrucciones, redactaron el mismo día la nota ue sigue: " Lo~ suscritos han recibido la respuestas de VV. S. 1 nota que tuvieron el honor de dirigir} ·s en la misma fecha; creen de su deber hacerles notar que ni el Rey ni el General orillo, del cual emanan us poderes, han podido autorizarles á es­bleccr una negociación opuesta á las leyes fundamentales del Código nacional que acaban de jurar solemnemente. Un arreglo r~visorio que haga ce. ar la efusión de sangre y las consecu ncias unesta ele una gue rra desastrosa, seria lo único admisibl ahora, llenaría el objeto de su mi_i6n y los votos de S. M. ; pero romo VV. S. afirman que no responderán á ninguna proposición cvntra­ia á. lo principios que sientan, no podemos indicar con alguna ex­ensión las bases de este arreglo. El RPy des a vivamente la paz la prosperidad de estos pafses; y si en las circunstancias actua­es en que, por fortuna, la Asamblea de los R( prcsentantes de la ación se encuentra reunida, el Gobierno de que dependen VV. SS . .quiere en\·iar :i Madrid comisionados provistos de plenos poderes ara exponer á S. M. lo que piden, se les dará un salvoconducto en ·rtud del cual el Rey les recibirá con bondad y escuchará sus oposiciones. '"3an Cristóbal, 20 de Agosto de 1820. FUNciSco GoNz1L1tl DK LIN4Ris.-Jos á M•RlA H~:a~UA."' Cmhnúa Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. En circunstancias eventuales, deberá todavía reducirse esta extensión, y mucho más en momentos críticos, en los que no se de- f jará separaci6n alguna entre las diversas fracciones. El talento consiste en alejarse de los dos extremos : ni a¡:-lo­merar las tropas por temor constante é infundado, ni dispersarlas mucho por exce:so de confianza. Donde ésta debe residir es en el exacto servicio de seguridad y exploración, el cual dará la norma para la mayor ó menor extensión de un campamento 6 vivac. En general, el escalonamiento de las fuerzas y las respectivas distancias entre los grupos dependerán de la longitud, siempre co­nocida, de cada columna, y obedecerá al principio de que todas las fuerzas concurran á tiempo á la línea de bata1la, suponiendo na­turalmente que el primer escalón, llamado \'anguardia, pueda, en caso de ataque, sostenerse por s( solo hasta la llegada del ¡¡rueso de las fuerzas. Cuando tenga que vivaquear una gran unidad, será preferi­ble rapartirla en varios vt'vaquu, á fin de utilizar mejor el terreno y facilitar las reuniones en caso de alarma. El General en Jefe indicarcí las posiciones en que el viruze haya de establecerse; los castrametadores 1·espectivos fijarán la colocación exacta de cada vrimc, dentro de dichas posiciones. El Oficial que mande los grupos de castrametadores de las diversas unidades reunidas en un mismo v1var, repartirá el terreno entre los castrametadores de dichas unidades. Cada uno de los J fe de Jos diversos grupos de castrameta­dores hará jalonear los límites del terreno que se le haya asi~nado para vivaquear. Los Oficiales \ i vaquerán con sus tropas. En cuanto sea posible, los Cuarteles generales y las Ambu­lancias e tabJ e rán n habitaciones. Los Cuarteles Generales se instalarán hacia el centro 6 viflae y próximos á las principales vías de comunicación. En el vivac pasajero de una noche, en una marcha hacia un enemigo próximo, siempre será preferible el orden de marcha ; porque el vivac, en rigor, puede considerarse como un simple alto en ella, para continuarla al día siguiente, y luégo combatir. Como n la guerr.a la primera atencion es el oportuno apro .. Yechamiento dd ttrreno y de las circunstancias en cada caso, nunca deberá sujetarse la disposición de un campo á reparticiones 'imétricas, alineamientos perfectos ni pretensiones de vista. , CAPITULO H.-SERVICIO EN LOS AC.U;'TONAHIENTOS1 CAKPAliENTOS Y VIVAQUES 7 5. En campaña se cumplirán todas las prescripciones man­dadas observar para el servicio de paz, en la parte que sean aplicables. 76. Jife del acanlonamimlo, campamento ó vzvac.-En todo lugar , de estacionamiento el General, Jefe ú Oficial de mayor cate¡:-orla. tomará el titulo de Jt/t del actu~14nlUIIintlo, c(UIIJjatiiMIIo h ?~•at.· Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~etttin !JHiit(tt be iolom&ia. \._ 254 . .../ Por regla general, sus atribuciones serán las del Comandante militar ue una Plaza, en lo relativo á la policía y seguridad del Jugar de estacionamiento y á la. distribución del ~ervicio. En ge­neral, arreglará el servicio del acantonamiento, campamento 6 .,'vac, sin inmiscuirse en el ser\'icio interior de los Cu~rpos que no dependan de su mando, prescribirá las medidas necesarias para mantener el orden, asegurar la vigilancia y, en caso necesano, la defensa del acantonamiento, campamento 6 viz1ac. Todo General Jefe de un acantonamiento, campamento ó vi­Pacen que haya reunidos varios Cuerpos 6 fracciones de Cuer­po, designará, para secundarlo, un Jefe que tomará el nombre de Mayor dtl acanlonamr"tnlo, campa1N1l/o 6 v;·vac. La guardia de pre­vención de uno de los Cuerpos, reforzada si e necesario, se de­signará como guardia principal; los Cuerpos enviarán á dicha ~ardia ordenanzas para transm!tir las órdenes del Jde del acantO­namiento, campamento 6 vrvac.-ConHnúa . .. $útvttá ~, MEMORlt\5 I EL GENERAL PA.hLO tvtORILLO Conimúa. El Brigadier D. Tomás de Circs, Gob rnador de Cumaná, y D. José Domingo Duarte, Intendente de Ejército y Superintendente general de Hacienda, fueron de ignados para trasladarse cerca del Congreso qu~ funciona a 1 Angostura; D. Juan Rodrígu :¿ de Tor , pri1ner Alcalde constitucional de Caracas, y D. Fran­cisco Goní·ái(!l de Linares, habitantes de esta ciudad, d ·bfan ir~ Cúcuta, en donde se encontraba S. E. el Pre. id nte del Gol iemo de Colombia. Los primeros se embarcaron en La Guaira, encargados de lleva1· al Congreso un despacho, cuyo duplicado se remitió por otra vía. En e te despacho, conforme en los puntos y hasta (·n los tér­minos al que se había dirigido á Jos diversos Gen ral s disidentes. S. E. insi stía particularmente en la cesación de todo pret xto plau­sible para continuar en adelante una guerra cmpr ndida para r~­formar la in ti tu --iones políticas. Un cuadro de las ventajas qu ofrecía á la E paña americana la nueYa Constitución adoptada en la Penín sula española, daba términn á ~'Sta pie7a oficial, concebida en el má conveniente espíritu de conciliación. La mala salud de D. Juan Rodríguez de Toro no le permitió· acompañar á D. Francisco Gonz
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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 8

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 9

Por: | Fecha: 31/08/1901

@_; \ ---0"--.:._0)--~ ti_ ~ Bogotá, 31 de Agosto de 1901 ~ ~- --~~.e---:~·~- - -<,¡-_L... \•' 1 \ •• - -~-- ~_, Organo del Ministerio de Guel'ra y del Ejircitu UtRECTOR AO 110!\úRt.M Fran~is.:Jo J. ·er:ga:a y Vela3J(} Gennal lit l:l;('uieroa, :Mie-111bro de \'ariaa So ·it•dntlea Ci •11t.Ciicu DECRET urvrER 103 DE Igül 23 DR .\GO O JhJr el cual , reorganiza el l<..j 'rcito de l'esen·a .El V/aprtúit!llt de f,l Repúbl/ca, mcaraado del Podtr ],;jteuli'vo, I>ECRE1 !\ Art. 1.0 Reoro·anízasc el Ejér jto d ~ Resen a del modo si­~ ·uiente: De lo Batallones del Ejército d R crva que hacen guarni­ción en las Provincias de este O partamento y que no tengan por lo mismo un personal de 245 plazas de tropa, se formarán cuer­pos que consten del personal indicado, con lo· jefes y·Oficia1es que designe el Estado l\t1ayor, que e 1 . io·ui nte: · Un Coron 1 primet· Jefe; un Teniente Coronel ó :argento Mayor, segundo Jefe; .un Capitán Ayudante Niayor; un ubtenien­te, Abanderado; un sargento r .0 , tambor mayor; un argento 2. 0 , corneta de órdenes; un cabo I . 0 , tambor de órdenes; ur1 soldado, ordenanza. e compondrá de cuatro compañías. cada una con un Capi­tán, un Temente, dos Subtenientes, t.n sargento ¡·rimero, cuatro sargentos segundos, cuatro cabos primeros y cuatro abos segun­dos y 47 soldados; es decir: cada Compañía de cuatro esruadras, de rs individuosde tropacada una.(Artí ulo I27. II5 d 1 Códi­go Militar). TO.W 11-17 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletm ~tititm: be ~olomóia \._ 258 _) Provz!záa dt Bogold-Organízase un Batallón con el personal arriba indicado, que se compondrá de los Cuerpos 23 de Reserya acantonado en Chía, y 29 de Reserva acantonado en Soacha. Provz1zcz'a de Zipaqzúrd-Organízase un Batallón compue to de los Cuerpos 7. 0 de Re ·en· a, ~ Batallón Cazadores, Compañía suel­ta de Cogua, íd. de Gachancipá é íd. de Nemocón. Este Batallón constará de 5 compañía ~ , con 1 personal arriba indicado. Provz1zcia de L'ba/é-Organízan ~ e dos Batallones, compuestos: ·el I.0 , de los Batallones 9 y 11 de e erva; y el 2. 0 , de los Cuerpo 8 y 10 de Reserva y Compañía Boca del 1onte. Estos Batallones se compondrán de 5 compañías, cada una con el personal de Jefe , Oficiales é individuos de tropa ya indicados. Pro·l'inúa de Gua!am'ta- rganfza e un Cuerpo compuesto del Batallón Guerrilla de Guasca y Compañía suelta de e quilé, ele- • vando su personal de trova en las onclicione ya indicadas. Proz•ináa dt • CIJOc onld-Organiza e un Batallón compu to del 5. 0 de Reserva y de la Compañía uelta de :Manta, elevando su personal á cuatro compañía , n la forma ya establecida. Pro·m'nda dt Oriente- rganízanse do Batallone , compuestos: el 1. 0 del Batallón 12 de R scrnt y el E cuadrón 11-!ochuclo ; y el 2.0 , de los Batallone I 3 y 22 de 1 e en·a. Estos Batallones se com­pondrán cada uno d cuatro compañías, er1 la forma ya dicha. Proz•t'náa de Ttqumdama- Organízan e dos Batallones, com­puesto así: el I .0 , de lo · atallon : 1., y 19 de Reserva y Escua drón Chicalá; y el 2. 0 , d los Batallan 20 y 2 I de Reserva y E - cuaclrón Guataquí. 1: to · Cuerpo se compondrán cada uno d uatro compañías, con ') 1 p rsonal n la forma indicada. Pro·ánáa de J1acaltlll'7,d- rganízan. dos Batallones, compue - to : el 1 .0 , d lo Batallone 24, 25 y 26 de Re~erva y ompañía suelta de Tocaima; y el 2. 0 de los Batallones 27 y 2 d - Re ~rva y de la Compañía uelta d 11adrid. E tos Batallones se compon­drán de cuatro e mpañías, n la forma· dicha. Los Batallones 1. 0 , 2.0 , 3. 0 , 4.0 , 16 y 17de la Reserva, que se hallan parte en la capital d la República y los demá en Comi­sión, se compondrán de cuatro compañías ada uno, con excep­ción del 2.0 que consta de 5, y con el personal indicado. Arl. 2.° Como los Inspectores militare.:~ fueron ·de carácter 1 rovisional, ]os Batallones ya indicados d penderán directamente de Cuarteles Genera le. Di vi ionarios ó de Brigada. Art. 3. 0 Los In pe tores militares procederán á hacer esta reorganización tan pronto como Jcs sea comunicado este Decreto y tomando de lo Cuerpo existentes que e reorganicen, los Jefes y Oficiales que deben componer dichos Batallones, y se les a.utori­za para hacer los nombramientos correspondientes, los cuales serán sometidos á la aprobación ele la Comandancia en Jefe. Los Jefes y Oficiales que queden e.·cedente serán pasaportados á la capital de la República. La re01·ganizac'ón de que se trata deberá estar terminada, en cuanto se refiere á la orden y autorización dadas por este artículo, á más tardar seis días después de comunicado este Decreto al re pectiv Inspector. Para las Provincias en que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. $oldin ~Uhlittu- be ~olombh'l '- 259 _J por ausencia, sen~icio ¡] otra cau a no esté funcionando el Inspec­tor, se nombrarán por el Comandante en Jefe del Ejército de Re­serva sendos comisionados ad IJOc, á cuyo cargo quedará la reorga­nización de que se trata. Art. 4.0 Suprímese el E ·taclo :rviayor del Ejército de Reserva y ad críbense sus funciones al Estado Mayor general del Ejército de la ReptÍhlica. El jefe de éste dictará las medidas conducentes á la licencia ó destino de los indi\'iduos que forman aquel Estado Mayor y de lo In p .... ctores militares de la Provincias, y á la ma­nera como deben incorporarse los Batallones del Ejército de Re­serva en las varias Di\·isiones e.'istentes en Cundinamarca, pu­diendo, i lo creyere con venicntc, crear nuevas Di vi iones para atender meior al servicio. La di posiciones que se dicten -en des­arrollo de lo que aquí se re uclve, y lo nombramientos á que elias dieren lugar, se con ultarán con e te Ministerio, sin cuya aprobación no podrán ten~r efecto. Comuníquese. Dado en Bogotá, á 23 de 1\gosto de rgo1. JO. E 11ANUEL .1ARROQUI hl lini tro de 'uerra. PEDRO TEL O PIN.\, RDE GE ERAL Rtpública de Colvmbla-1~~ lado May or guural dd Ejérálo rt. 4,066. En cumplimiento de lo ordenado en el artículo 4.0 del Decre o que precede, y en virtud de las autorizacion s que por el mismo artículo se le confieren al suscrito, dispone : 1.0 Promuéyese al r. General Víctor Calderón del puesto de jefe de Estado Mayor del Ejército de Reserva·, que se suprime, al de Primer Ayudante general del Cuartel ge eral del Ejército Permanente, con destino á prestar sus servicios á las órdenes del Sr. General Comandante en jefe del Ejército de la República, y especialmente para coadyuvar á la reorganización del Ejército de Reserva. 2.0 Por disposición posterior se determinarán los Jefes y Ofi-­ciales del Estado Mayor suprimi~o que deben continuar prestan­do sus servicios, y se indicarán la funciones de éstos y el puesto á que serán promovidos. 3. 0 También con posterioridad se determinarán las funciones y lugares en que deben obrar los Inspectores ad lwc que hubiere necesidad de nombrar, y se dictarán las demás disposiciones con­ducentes al Cle'sarrollo del Decreto ; y 4.0 El Pagador general del Ejército de Reserva ~.ontinuará ejerciendo sus funciones hasta nueva orden, y suministrará á los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~o(etin 9Jti(ttar be io{ombia '- 260 _J Habilitados de los Cuerpos del mencionado Ejército, e.'istentes en esta guarnición, los fondos necesario para que queden cubiertos de sus haberes hasta el día último del presente mes. Respecto de los Cuerpos que se hallen fuera de esta capital, continuará sumi­nistránqoles, como hasta ahora, los fondos para sueldos y racio­nes, hasta su completa incorporación en el Ejército Permanente. El General Jefe, MARL\1·o Ton.\R LA DIRECCIO DE LA GUERRA 1 1 gxP'OSICION SUCINTA DE Sü PRIKCil'IO Y • H:DIOS Dl!. EJF. U ION, POR ¡;, L 1 GENERAL COLfAR BARo.· VO.ili r>ER GOLT7. (Traclucci(,n para 1 Roldí11 /JiililaJ) Uontinún VIJI l.\ OPERACJO, 'f.S /. Gmuahd dts- .. n el cur o de 1 s uc os u se dec...arr Jlen en el t atro de la gu rra, se Yerá . iempre que una eric de é tos forman ·ua~. Pero en una operación ais­lad•, es necesario que haya continuidad, á lo meno hasta cierto punto · por u el enemio- ha ni descubi rto 1 icn pronto el fin que uno e propone y padrá apr vechar e d toda interru ción 1 ara im edir que se lon·re el thtituy se un"t J(l.;3e 1Jrovisional ó intermedia. E ta, Yerdader m nte n esta a oro-anizada de una. manera tan completa com la ba~e principal, p r > bastaba qu .... purlie e umi­nistrar 1 jér ito a 1u lle }1.1C n e ~itabc. por algunos días. Todo los grande capitane , pm · d· e ·s que puedan parecernos sus c.·­pedicil) nes, han dado la 1.1a~ r in.l ortancia al hecho de poseer una buena base de o¡ racion .s. De pué de sus pt·imeras ·icto­rias ~obre los per_as, l janclr estu·;o si 1 eluda tentado á cg-uir los Ejércitos en derrotad aquéllos, :_ irlcs al alcance, con el fin d sa­car el m jor partido po!:>ible ck los triunfo (JUC acababa de obt ner; así le vemo_ taml ién luég de la l atai a del Gránico, lo mi mo qut:: dc:pué dt: b de o , irigir 1 rimero hacia el liloral del 1 fed: crr:neo, y u 1 emp1 ar un ti mpo lemasiado largo en sitiar los uerto , con el fin a egurar · u comunicaciones con la ma­dre P tria y de formar, al pr pi tiempo, ¡.Jlaza~ de al asteci­miento r ara su Ljérciw. El con ic t ró hasta necesario, antes de penetrar en el interi r 1 ia, < n 1uistar 1 Ezipt á fin de ase-gurar la fuerza na v 1 1ue juz) · ba ncce itar 1 ara . ·tend r su e n uista . alia d la p qucña 1acedonia, bien distant , cambi6 ·u ba e d ~~pué de pcn trar n As· a, _ la ·olvió á traslad· r sobre tod el };toral Es e del l\1editerrán o. I apoleón I tamp e el ,cui aba nada a1·a crearse una as dt! o¡Jcracion .s comple amente.~ •gu·a para todas su e.·pediciones. Son in tructi vas de mod part · cul· r la~ clispo iciones que tomó á este respecto cuando la campaña d 1813 en Alemania. Después de perder· durante el in •ien10 ]a lín a d 1 \'ístula, y luégo la del Oder, tomó la del Elba. para nu ,.,.a ba e de operaciones. i\.1 prin­cipio se prometía tomar una ofen ·iva o-randiosa, partiendo del curso inferior de este do, para restablecer sus comunicaciones con las g-randes guarnicior,es que había dejado en las plazas fuer­ks del teatro de la guerra en Pru ia y en Polonia. Concedía suma importancia al h cho ue mantenerse sobre el curso septen­trional del Elba con iVIagdeLurgo y I-Iamburgo, para servirse de base, y con este único propósito encargó al Virrey Eugenio que ocupase, con los restos del Ejército traído de Rusia, una posición temible enfrente de la primera de estas plazas, en el camino de Berlín. En la segunda parte de la campaña el Emperador escogió el curso medio del Elba por base de la defensiva, á la cual tuvo que plegarse, contrariando su inclinación y su temperamento, porque la situación general lo obligó á ello. Presenta vivo inte- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 58oletin 9JliHtar be do lo que c~it , <.::s, de ele luego, de grande ayuda.- 'onlo11ía. LA CIENGL MILIT' P E 1 CO. FEl{E. CIA DEL CORO.'EL DI!. 1 ·c¡.:,·n:ROS S}{. l\IARVA [Co:1tiuúa] l~L .t\lTO:JlOVILl .10 F..: LL EJ1~l'CI'10 Conocido ya el automo ·ilismo como 6ro·ano, y el alcance de su poder en el seno civil, adviene la oportunidad de discurrir acer­ca de su función militar, última parte d 1 'urso á ]a .q e concedió el Coronel 1\tfarvá la necesaria extcn"'ión . El palpitante interés que afecta dicha part , y u -tructura más cou·áblc, menos z'ngt~u(ra, y por tanto má accesible á nuestra indocta pluma, nos inclinan á consag-rarle amplio lugar en ocasión 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oldin 9nilitar be lo r S S á remolcar, .uyo término m dio e\· de 440 kilogramos para cada mula, y por tanto dentro le la potencia de los automó,·iles corrien­tes. La utilidad r sulta d la ~onomía por tonelada hlóm tro n los nuevos vehículos y ele lo 1 r cios de ad ui ición. 1\ e te resul­tado se llega pondcrarrlo lo datos r 1ati,·os á los carruaj Dion­Bouton~ cotte, Dietrich, 1,.. och, "·c. TRAS VE.'1.\JAs-Innec ~iclad de locales-... ro con umo en los desean os-Reducción de e nductores y d 1 fondo de las colum­nas- Tran portabilidad de pesos indiYisibl_s. L·co. ·vL·m. ·Tt:.-Los inherentes á. todos los mecanismos y á la constitución del firme-Necc id~d de depósitos de agua y com- 1 ustible-Pcr anal técnico-Constderadone acerca del problema de la viabiiidad y demás extremos apuntados. REsu.rE.· .-EI conferenciante formula estas conclusiones: Para el Convoy no deben usarse tractores ni camiones pesa­do , pero sí estos últimos de una rl.. tres toneladas y llantas de caucho. Para el Abaslcámt'enlo pueden util izar tractores y camiones Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. o(etin ilWita¡: be ~o(om&ia \._ 266 _; pesados, aunque adolecen de incorwenientcs que sostienen aún el litigio con las Loc omotoras camú!Cras.-Sus diferencias cdn lo· automóvi­les.- 0 ·ganas principales.- Ineptitud para la tracción individual. 1/z'ston'a de sus progresos.-Trabajos de eguier, Dietz y_ otros hasta la E.'posición Uni,·ersal de r86¡.-Dcscripción de las cami­neras Al\'aret, Bollée Caill y Aveling-Port .r.-Caminera Fowlcr; sus Yentajas (potencia d~ 50 caballos con sólo un peso propio de IO T.; arrastra 20 T. en pendientes de l/¡2)-Trucks para carrua­jes ordinarios.-Las camineras son complemento de vías stre­chas portátile , y espccia1m nte útiles n tiempo de paz. I-II TOPL\ DE FS .~ruc~ cw. 'J<:s MILITARES.--Inglaterra: Empleo en Crimea.-Comisión de estudio en r86 .-Endo de 6o .r\\eling­Porter á la India y á Zululandia en r 87 3-7 .-Simulacro de sitio en Chattam ( r, 77).-:VIaniobras de B rk ·hire n I 893 y de .'alis­bury en 1 g8.-Guerra del 1 ran vaai.-Aiemam·a: Empleo de la caminera 14 0\rler en 1870- 71 .-Prueb". con la de Bollée n r8 o. La riqu za caballar ele sta Nación e .· plica el poco uso de las ca­mineras.- Rus/a: E .·perimcnto con lo tipos Av ling y Fowler en 1876.-En la campaña turco- ru < se utili zaron como máquinas de vapor (bomba , grúa , carga y d e scarga) y como tran portes de municiones y víveres.-Rumamá: 'e <.:m¡l aron n Plcwna para ~ontar pieza ?n bat~ría.-Enseñanza qu e.? ·srrenden.-Ita­lza: Importancia denvacla de la scasa pol lacwn caballar.-E.· .. perimentos con los tÍJ. ... OS .. veling y Fowlcr entre Veron y Turín ( r 7 5- 3 .-Transport de granel s pi za .-R "sultados.- 'za'za : Experimento n 1 892.-Arrastr de añon , placa· · c. por rampas.-Re ultado ·. L.\ C.\.TL.ERA co.rPARAD. t..o.· LO TR\c'lORh A 'Io.r'vu.E .-­Estos tienen mayor complicación y tr pean má el firm ~ ; aqué­llas apro echan mejor el carbón, y tienen la ,·entaja <..le llevar los mecanismos por ncima de la caldera. Estado actual de las t>!iraciones del aulomoz:ibsmo tJI los dti:crso iJ!rdlos.-Rusz'a: Aplicaci'ones á };l artill ría de campaña-Proyec­to del Gran Duque \VlaClimiro.--Postas.-A/anania: · crvicio civil de correos.- Janiobras de 1898 ·obre 1 Veser.-Furgón para el alumbrado del campo de batalla.-Hospital volante.- !vlaniobras de I 899.-Ausln'a: Adopción del camión Daimster para gruesa artillería.-Cañón automóvil.- tros tipos.-Italia: Automóviles para bagajes y en·icio postal militar.-1\.Tonuga: Triciclo con ca­ñón de pequeño calibre.-BHgzra: Tipos para columnas de muni­ciones y para el Congo.-E'stados [}m'dos : u csca a red de carre­teras.-. Automóviles eléctricos para ametralladoras y servicios te­Iegráficos.- Otros tipos.-Jt"í·anria: De cripción del tractor Scotte. Automóvile empleados en las maniobras de los últimos años.­Omnibus Panhard y Levasser para el E. ivL-Estudio de diYersos tipos de automóviles rápido ,-<--Vehículos para estación, material de línea, alumbrado, cuarteles generales, arra tres pesados, &c.­Recorridos efectuado , velocidades, accidentes y otras circuns­tancias. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin IDlilitm be ~clotttbia \.._ 267 ~ OVEDADES PltESENTAD.-\S POR FRA rCIA E •• LA EXPOSICIÓN Dlt IgüO.­DescripciÓn de los tipos l\1ors, Ptngeot y Kellher para el trans­porte rápido de personas.-Automóviles para servicios especiales: Mors (telefónico); Dietrich-K.eller (ambulancias)· Sautter--Harlé (telegrafía), &c. Los 1 TGLESES E.· EL '1 R . t.. ·s.\ v. L.-= 1edios tlc transporte utili­zados.- Tren blindado. EsPA.~A. * * * Hemos llegado á la cumbre, y cual viajero que al tocar el picacho recibe la impresión del panorama y la graba para refe­rirla después, así nosotros, mirando 1 camino recorrid , recoge­mos imp1·esiones para tra.ladarlas á quien quiera oírla . Sin afi­ciones á decidir ex calhtdra, ni autoridad para oficiar de juez de campo en torneos científicos, no queremos hablar por cuenta pro­pia, y nos limitamos á resumir el cr do de la opinión general, á taquigrafiar lo escuchado á tirios y á troyanos. Lo que resalta en la tarea del Coronel far\'á es el severo ~ncadenamiento del orden, lo intuitivo é insinuante del método, y la precisión dl! su palabra sobria, ükil y expedita. Esta cualida­des dan como resultante una e posición tan clara, que la perc p­ción del alumno marcha paralelamente al rápido raciocinio del maestro, cual i ! te poseyera el dón de facilitar lo difícil, la má­gica facultad de rasgar las tinieblas. Esto 1 or lo que e contrae á la forma. Cuant á la doctrina, unánime la opinión d que el confe-renciant ha despl gado un lujo asombro de conocimientos, dando á. su_ leccion un parámetro consid rabie y una densidad acaso excesi \a á tal punto, que si:l la rara aptitud int 'ti ca del Profesor, no fuera posible vaciar en siete lecciones tan g-ran can­tidad de materia. Por e to han dicho algunos qu 1 Mae tro ha dado demasiada cüncia. E te pecado no sería ciertamente muy gra­ve, pero no podemos admitir 1 adverbio, porque no se han visto ecuaci9nes diferenciales ni escuchado lo sutiles distingos de la teoría. Cuando la ciencia se administra en pociones indigestas, po á parecer exce iva, mas no cuando se sabe dar en forma perfectamente asimilable. Por otra parte, esta cuestión debe de­cidirse introduciendo en ella la única variable: el público. For­mado éste por inteligencias cultivadas y en gran parte por inge­nieros, explicar nociOnes rudimentarias fuera caer en una plática infantil de dómine doctrinero ; remontarse á las especulaciones de la mecánica racional sería conceder á lo abstracto un tiempo ne­cesario para lo concreto y fatigar estérilmente la imaginación de los cursantes menos versados en los áridos empeños de la ciencia pura. Aquí, como en todo, afiliarse á los extremos es abdicar de la razón ; por eso hallamos oportuno que la explicación del curso (por álgo 11amado de Estudios superiores) se haya hecho con marcado sabor científico, huyendo, sin embargo, de hondas dis­quisiciones contrarias al fin útil que se busca. Esta claridad de exposición demuestra el absoluto dominio Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 5Soíetht ;.Ul ilitar e <5.o [ombia del Sr. Man·á sobre la matera .stutliada, porque sólo se puede explicar bien aquello que bien j~ sabe. Para tratar de automovi­lismo, e mo para tratar de omn.·rt, basta recorrer las revistas pro­fe ionales, recortar monogramas de lo catálogos y repasar los boletines de la producción ibu·a; mas para condensar un Yasto curso en siete lecciones, ugerir n breve lap~o la idea de un me­cani mo complic ad0, y hacr•r palpar en cuatro palabras el motor, el rodaje y la caja de un aulot11 ó ·i1. e ncc sita mucho má ; se 1 ece­sitan facultadt' incubadas en la t .'t cln y en e! taller, en 1 libro y en la f~brica, en el desarrollo el~ 1a fórmula y n el tnontajc de la máquina; ~e necc ita, en fin, hab , r cursado el oficio, er maestro. Para tratar· el prvblema de la lucomoción, es notoria la auto­r/ la/e jJropn'a del autor de la lhtcolm en das ftrrcas. 1 o e tá el Sr. Marvá clasificado en la categoría ele esos saLios que salen de la biblioteca para tropezar - n las ele conocida asper~:;zas de la prác­tica. Con la lla \' ó el metro n la mano, y la blusa d 1 obrero sobre el uniforme, hánle visto sus compai1cros a]umn - montar el artefacto, r gir la alclcra, rt:parar la a vería ; ct us e rnJSIO­nes al E. tranjcro ha esluc!t"ado la fabricación rnetalúr~ica, ba oído elogios de la · ca _ a~ construct ras, ha sido por algunas consultado y ha z ido utomóYilc.. o es mucho, pue , 1ue al tratar le éstos lo haya hecho e n aut rielad propia, e mo qui n balJ!a de msu, como pudiera hacerlo el mismo constructor . . on harto conocidas esta circun tancias para que la malicia human pueda percibir aquí el tufillo ele la li~onja. Lo repctimo , estos juicios n cos d comentario h cbos n los pasillos del ten~..:o. Elogiar no e adular, como v r la luz no nccnderla ; e cribimos ad n(trtndum, no fan aseam ~. or lo demás, nue tra pluma e muevé al er ·icio d la id a, no al tlel indi' iduo; pro­fe_ amos 1 culto ele ia razót. y de la ju ticia, nu el fetichismo de los diose m norcs; nos dcscul rimos ante el talento, p ro no hincamos la rodilla en las gradas del homl r "'-Ídolo, porque fu ra d 1 templo somos ic n c1a~ta 1 lgo t nem s que decir acerca del aráct r u ~ las cnnf~t en­cías que nos oc pan. 1 o es esta la primera vez que la illa del Ate­neo se ha honrado on el uniforme militar. De de lo mismos esca­ños en que ornarnos estas notas .. hemos e cuchado la elocuente pa­labra de ilustrados J fe y Oficiales, y nuestra admiración y nues­tro aplauso han ido hacia ellos; pero lamentamos que tan brillan­te facundia no aplicase <Í temas más concretos, no por defecto de aptitud en los conf r nciantes, sino por falta de ambiente, por vicio de sistema, por espíritu de los tiempos, inclinados á lo con­ceptuoso, á lo opinable, á ]o discutible, á ]o r tórico. Recientes desventuras han venido ::t demostrar dolorosamente que no se ganan victorias con arpegios ni lirismos, y que para tonificar la indolente fibra del biceps, se requieren impresiones más inten a _, recetas de una t rapéutica más . ólida. Pese á los Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~o(ttin 9JtHitat: be ~o(ombia '--- 26g _J escépticos de nuestra regeneración, ella vendrá inevitablemente, lenta y trabajosa pero segura, y vendrá en nuestt as costumbre , en nuestro gustos, en nuestros procedimientos, en nuestra oratoria. No sabemos si la forma poéb"ca tsid llamada tÍ desapartar, pero sí opinamo que la oráción ampulosa y huera del Ycrbo latino, cederá u tribuna á la disertación sustanciosa, positiva, sólida, de la dicción anglosajona. A este re ~ pccto las lecciones del 'oronel Marvá significan algo más que un progr o ; son ya la pauta ne­cesaria, el módulo definitivo: la palabra como simple vehículo, el pensami nto en acción, la idea en movimiento, la ciencia en rcliev ' la rerdad hecha cuerpo. ¡ Homero detTibado por Pesta­lozzi ! ; Tyndall de tronando á Demó tenes ! Ya lo dijimos en <:J primet· artículo: el n mbr del maestro ra motivo d grande e.·pectación ; --1 público ha entrado en las conferencias, ,y parécenos-valga ('1 r ·trué ano-que ésta han ntrado en el público, dado qu el número de cur antes fu cre­ciendo á partir de la pt·imera 1 ~ <. ción, ll ~gando á contarse una noche m<.ts el · r 30 oyentes. El Ejército ha llevado ur1 cuntingenk . ele cto y numer so: todas la úzleligenáas, todos los colore y t das las jerarquías, por­ue se han visto mucho alumnos d la h cuela de Guerra y algu­nos 1en _rale , n tanto como fuera de ·ealle, pcr sí los que ac pta una discreta jn·o¡;ordonalt'dad tdclica. De la ma a civil no podía faltat· algún t~·ahJinco de é o . que dan n la manía el a amarse á la r( ,,,//ilart, y de ello· hemos vi to una veintena. Esto es má ¡ue al~:;o; un \·erdaderu colmo en un país donde los estudios militar·e · son la eterna incóo-nita de la cultura ·acial, y donde se mira de reojo la fu rza armarla ·omo una pe5;a­Llumbr! insoportable. Estas conferencias han ncontrado algún eco en la pren a mi­litar pero ninl)·uno, que s pamo , en la ci\'il. o nos admira la omisión ni la vamo · á censurar : pero . ~ano er·mi ido hacer un com ntari ~1 e te propósito. En la· ociedaue · ll gada á · u mayorid~d, la pren a no e ni debe cr otra cosa ¡ue un medio de implc ínformaci6n, un tornavoz universal, el eco de las palpitaciones humanas· pero en los pueblos apenas entrados en la adolescencia, incapaces de opl­n. ar por sí, la prensa tiene un fin más intensivo : el de edurar. El pueblo español, el más guerrillero de Europa, es por anti­logía el más ignorante en achaques de guerra, y esta ignorancia, que se refleja en las clases ilustrada , como en las analfabetas, e la raíz .:le todas nuestras desdichas, la que mantiene la Nación desarmada, fomenta la patria eh/ca, apaga las notas del canto na- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~vletin Wlilita~: be ~olombia \..._ 270 _) cional, alienta el desdén á la bandera y conspira contra la unidad y fortaleza de la Patria única y grande. Pues bien; en la hermo­sa tarea de ahuyentar esa ignorancia, de hacer luz, de extirpar insanos perjuicios, de promover la indispensable alianza entre las clases civiles y militares, tiene la prensa española un campo ancho y virgen donde realizar su noble y redentora misión. Esta prensa-y nos referimos á la rotall'va-no tiene menos vicios que la extranjera, pero tampoco tantas virtudes en lo que al orden militar se refier . Allí fue la prensa civil, fueron hom­bres civiles los que hicieron de la in trucción militar primaria una integral de la enseñanza pública. Eran hombres civiles los que decían : si dais al niño reglas de urbanidad para que cumpla el deber de amar al prójimo, reglas de higiene para que cumpla el deber de conservarse., reglas de ciencia porque tiene el deher de instruírse, reglas de religión y moral porque tiene el deber de amar á Dios, ¿, por qué no le dais las nociones necesarias para cumplir el deber sagrado de amar y defender la Patria ? Hombre civil, tein, fue quien levantó la Prusia Ilevando al acervo militar todos los recursos y la fuerzas vi as del país ; hombres civile los que sacrifican el comercio inglés en aras de la inteo-ridad pa­tria, votando siempre conlra la · obras del túnel de la Mancha, y los que, ojo avizor y oído alebrestado, ati ban, como Tomá Gib­son, los menore fal eos de la defen a nacional. Hombres civile fueron en Francia los que gritaron ¡'7.Jz'7)t l'arméc .' y robu tecieron el Ejército después de la derrota; hombre civiles son al presente los qu ao-itan el ombrero ante la bandera, · aludan lo marciale batallones con ¡ hurras ! ec;:t ntór os, y ritan con toda la fuerza de su pulmone ¡ toul jJour l'armte! ¡ ontraste doloroso! Aquí, cuando en días aún hábiles para la salvación, un hombre ci il osó decir: "Queremo Ejército, cueste lo que cueste, ' la rechifla se produjo, y los dio es del Olimpo exclamaron : ¡ Cedan/ arma logae! No basta dedicar un artículo al relato de la (undo1us milita­res, ni acudir á Jos acordes de la charanv-a, ni pá ear la bicicleta entre las escuadras de gastadores, ni marchar al arrim del Cuartel general para referir después los incidente del combatt, batiendo el parche al valor desplegado por las tropas en sus ejerci­cios doctrinales ; es necesario también dar algo á lo serio, asistir á funciones menos teatrales pero más progresivas, oír lo que e dice de milicia, y reflejarlo despuás en el diario. A juzo-ar por la prensa, no hay aquí má ambiente ni otra de­terminante social que la política; y á decir verdad, debe ser así cuando en la calle y en la plaza, en el teatro y en el café, donde­quiera que dos españoles se reúnen, allí salen á colación el puche­razo y el cacique, la doctrina del partido y la intriga de las oposi­ciones, á tal punto, que parece de hoy aquella calificación que Aristóteles hacía de la especie humana, diciendo : El hombre ts mt am·mal polítz'co. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin Wlilitat be ([o{ombia '- 271 _) Pero al exceso de vida política, que atrofia otras más impor­tantes vísceras del cuerpo social, se añade la plétora de aboga­cía, la plaga de superfzcia!z'smo y esa gárrula, descosida, insopor­table verbosidad, verdadera lepra ele nuestro tiempo, que ha hecho decir, modificando ]a definición de Aristóteles: L7 hombre es mz animal hablador. Para que haya Patria, para que tengamos fuerza, para que nuestro pueblo pueda entrar por derecho propio en el concierto de las naciones-modelo, es preciso empezar educando la masa, y que la prensa ponga la primera piedra del dificio; es prcci o que acabe se terno charlar y jamá hacer, y que nos penetremos de que sólo las mujeres y lo~ mozalvet s e entregan á 1 s frívolos deportes de la lengua, porque sus débiles manos no consienten ocupación más grav ; e . de toda nec sidad que la prensa vaya marcando nuevo rumbos para que la sociedad cleriv á otras aficion s ; para que la humorada, el chiste, ]a agudeza, la tra ve­sura, no arrinconen al crdadero talent ~. que es 1 (¡ e hace, el que crea, el que impul a, 1 que deja algo n po de sí; es nece­sario que la hoja busque la nota militar tJJ toda parltS, y la dé e­ren y juicio a para conciliar voluntades, ilu_ trar opinione , abrir e peranzas é infundi1· alientos ele Patria de trabaj y el~ progreso. 1ostrando al pu .blo la cruz de la sparla 1 d be decirle : In hot s,;gno v/nces ~· al Ejército : / 'l / paetm para bdlum ; al merca­der: El collzerdo s1:~ue á la baudera ; al estadi ta. : . 'i r¡u/t.rer em·lar la guerra, prepdrala. La P' nderación y la armonía enlr todos lo lem nto ociales: e t e~ 1 nort . Oue viYan en t u ~n hora ccnt nare · de revi. tas p uclo-Iiteraria -donde la crónica pueril la nota pornográfica, el ncurs de chascarrillo , la fál ula ba­bosa y 1 engendro tí ico su len borrajear, · n el mono y la página crómica, lo brillantes 1 li gos d papel stuc ; pero que v·van tambien el periódico ci ntífico y la Aézdón m/blar. ~iquicra sean tirados en modesto papel continuo. Educar las masas· c. parcir la semilla dando al puebl una noción siquiera tenue pero cierta, de lo que e milicia ; no callar ·us irtudes maliciosamente ; registrar sus triunfos n la ci ncia y en el arte, y reconocer su. beneficios cuand labora el pan qúc la huelga no quiere amasar; lleva el tren 'lUC el maquinista no quiere conducir; sirve las estaciones desamparada por la indis­ciplina, y asegura en toda partes los favore de 1a paz. Esta elevada mi ión incumbe á la prensa, y urge poner ma­nos á la obra. Hace más ele un siglo que estamos haciendo de Don Quijote. al revés: aquél veía un gigante en cada molino, y nosotros hemos mirado siempre un molino en cada gigante Hora es de volver á la realidad y abrir los ojos á este pueblo, para el cual es el Ejército un cuerpo policíaco, juego de soldados, motivo de bullan­o- a en paradas y desfile, ; que cree á pies juntillas que los reductos se toman cargando por escuadrones en masa, y que el último progreso del arte es el ataque á la bayoneta de una columna ma­ciza en carrera desenfren:tda. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. moretin ~1Hitar be ~o(ombia \._ 272 _} ¿Veremos lo comienzos de esta renovación ? No hemos perdido la fe ; omos creyentes y esperamos convencidos; espe­ramos hoy, esp~raremos mañana, y, si es preciso, llegaremos á la hora final diciendo, como Da vy : " ·Yo espero! " EFEELE (De la Rn,ista Tlmim d~ lnjtwtafa y Cr.rballa·la de Mndriu). MISION DE LA CABALLERIA E.' L.\S GUERRAS ANTIG A Y IODERNAS Las pr/ncipales cabal/trías no·opeas m el prtstlllt sz'glo-Todos los reglamentos que fijan en los distintos ejércitos europeos las reglas para la. organización, mstrucción, armamento, maniobras, conduc­ción y empleo de sus re pectivas caballerías, están inspirados en las ideas por ellos admitidas sobre la misión de dicha arma en las guerras del porvenir, cuyo 1 apel pretenden que la ca baile ría pro­pia desempeñe. Estas ideas son las que brevemente vamos á ex­poner para que el lector pueda darse cuenta e.·acta del papel que en las guerras venideras jugari la caballería y de su verdadera misión en la exploración y el combate. La caballtrta alema11a-Del adelanto que en los últimos veinti­cinco años viene efectuándose constantem nte en el Ejército ale­mán ha participado, como no podía meno de suc der, la. caba­llería. u cuadro , u efectivo·, u número, no ha crecido; n lo que ha rranado es en in trucci6n, en pr paraciún, en movilidad. ~ e han perfeccionado el armamento y el equipo; se ha dedica o es­pecial atención á la equitación ; al pa ·o de cur ·o · de aguas; á la marchas ele resistencia ; á procurar e los m dios m'"l.s rápidos para la transmisión de la reseña ; á la mejor ejecución rá as gura o una oncentración opor­tuna." Para el cum limiento el la rnijón .s raté rica d la caballe­ría, cumplimiento qu • tratará dt.:: ím1 ~ dir la nemil·a, r comicndan mucho los alemanes la t1 l ol;s rvan ia de un principio qu , am­pliado, con tituyc 'l \' nhd ·n. r t } y la t:nria de la o-uerra ; esto es: no querer batir e y ·encer p r tola e par~- . ; 'n > ·er el más fuerte en el punto é 'nst<. nt dccisiv .., ; : l ara t e• pr ciso procurar combalt y virlor/ s l rt el jJWllo d a: 7•o, J' su¡cr · 1ridad de obserlJadlm de las p 7/ru/1 s ol11 t: /oda la lín a d, coulaclr>. Para obtener sta u¡ eri ridad n !a Jb. na i n r ¡ ... r ci- ~o el triunfo sobre la e ball ría a \' •r a : • la supt.nori ad en 1 combate conducirá á la up riurid d ·~n la ·pl >ración. ' La victo­ria táctica producid. la vict ría ' ~tra égica, lo mi mo q la e tra­tégica conducirá alguna v z ~1 la tácti ·a · · 1 indi oluhl nlace entr ambas mision de la caballería . • '!; En el Ejército ale m · n omina la i 1 a dt~ la u ~ nsi "a, y é ta resplandece, más que n ningtín otro. f n 1 Re r}am nto del Ar­ma, que posee en grado máximo ' ta ualidarl y cuya rganiza­ción, armamento y espíritu, t. tin Pn perf('cta armonía con ese modo de pensar. La táctica alemana es, pue , minent m nte ofensiva, tit..'!nae á. instruír y mover la caballería para ponerla t n condiciones de vencer á la del adversario y ser dueña, desde el rrincipio, de las operaciones de la zona que separa ambos ejércitos; y e mo conse­cuencia de estos ideales, preconiza el empleo de grandes masas, do­tadas del arma ofmsz'va por txcelencia, de la lanza, que ha sido aco­gida con indescriptible entusiasmo en el Imperio germánico, sin • lust,uction d conduilt dt la cavaltrit-Berlín, 1896. TOHO 11-18 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oft>titt m-Hntar be ~otombia L 274 .J que se haya olvidado la necesidad de un arma de fuego que ase­gure á la caballería su completa independencia en el servicio de exploración y le permita llenar sus múltiples misiones delante del ejército *. Sobre la intervención de la caballería en la batalla, dice el Reglamento : "Es verdad que las pequeñas unidades pueden, aprovechando un momento favorable, obtener resultados tácticos importantes, pero no es sziw !Jadmdo jugar grandes masas como se provocarán m la batalla cn's¡'s susreplibles de ddann·nar el éx/lo. Opinan en Alemania que u caballería evitará la crisis y en la hora decisiva arrojará. en la balanza 1 peso de sus masas, abriéndose en la guerra moderna una nueva y glorio a e.·istencia con la única condición de sati fac r á las exi~encias que le impo­ne el nuevo estado de cosa , que son : la ojeada pronta del jefe, las aptitudes maniobreras de la tropa, la acción en masa, la facul­tad, en fin, para atrave ar 1 terreno inundado por fu go de la in­fantería; y por úllimo, poder sostener 2,000 metros de galope. Esas masas de calJallería, agrega Von B rnhardi, decididas á jugar un papel en el combate general no a brán dejar de en­contrar ocasi6n para obrar. * .· ·~ La misión que los alemanes a ignan <Í la caballería divisiona­ria r.s la mi ma que ·a indicamos: prote2"er á las columnas en marcha evitando sorpresas; cont ner é 1 enemigo, apoyando á la caball ría independi nte si ha sido rechazada por la adversa; establecer l enlace .on ella y con la infantería á que preceda; asegurar la e.·ploración inmediata cuando se a roxime el enemi­go y durante el combat , impidiendo la investigacione de la ca­ballería enemiga,-todo esto in perjuicio d" tomar part n la lu­cha cuando se presc.:nte ocasión favorable. Para desempeñar estas misiones, á cada división de infantería estaba adscrito en 1890 un regimiento d . caballería, y después de muchas discusiones entre los Generaie Von .. chrnidt, Pelet-l·arbonne y otras autoridades en esta materia, se ha el vado á una brigada, á la que e.·igen en sus maniobra una participación acti ,-a en todas las fases del com­bate de la infantería. Durante la batalla hay tendencias marcadas á disminuír la caballería di\'isionaria, y en se sentido se e. ·presan el General Pelct-.. Tarbonne y el Príncipe Federico Carlos, quienes creen deberían dejarse tan solo dos escuadrones por división, uniéndose el resto á la caballería mdependientc; mas á pesar de tales opinione , parece que hoy por hoy queda al arbitrio del • Los 372 escuadrones que componen en la actualidad la caballería ale­mana en pie di" p;u, e t.í.n armados de lanza, carabina y sable. El Coronel Von UernharJi, en su obra La caballería m la próxima guerra, indica el crecimiento de importancia clel combate á pie y las \'Cntajas que el ji­nete podrá sacar de su car.l.bina, r:..futando la idea de los qu~ creen que la arti­llería montada ba tará iem,pre para batir con sus fuegos al enemigo y facilitar el pa o á la caballería ... ~1 mi<;mo Reglamento alemán insiste también en demos­trar e ta importancia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oiettn 9JHlitar be G:ofombin '--- 276 _j los austriacos, y la manera de practicarlo obedece á la idea d oponérselcs una caballería más numerosa; sus tendencias son impedir las empresas del adversario, reducir al mínimum los re­sultados de sus descubiertas, y al propio tiempo ocultar los mo­vimientos de las fuerzas propias ; al ataque oponen la defensa; al espíritu ofensivo de la caballería rusa respond e n los austriaco con un aumento de resistencia, y por eso unen á su caballería la infantería, haciendo participar á esta arma en los combates de las dos caballerías, combinando ambas con habilidad para sacar de ellas mayores ventajas, reduciendo en lo posible los inconvenientes. A pesar de esto, la caballería austro-húngara no ha renunciado á combatir sin la infantería en los ca o en que por efectuar con rapidez las operaciones de la movilización y concentración, ó por otras circunstancias, se presente oca ión favorable para ello. Las ideas que sobre el empleo de su caballería en el combate profesan en Austria, .·pré alas 1 General Czerlien en una im­portante y reciente obra, parte ele la cual e .· tracta la Rezme mili­lm ·n. En ella recomienda tan iluslr escritor que la educación de los jinetes sea perfecta, para que no dejen al azar procurarl e s oca­siones favorables, y se ñala su opinión de qu "' la caballería no puede juuar m la balalla un papel /mporlanfe sino n.;unida eu gra.ndts masas, conducidas por jefes cuyo espíritu hay que preparar y per­feccionar, considerando á la caballería divisionaria como uficiente para atender á las n cesidade que e pre entan en la línea de batalla. El nuev Reglamento de maniobra para la ca allería qu · acaba de er publicado, en u segunda parte indica, n 1 capífulo que trata d l combate: " )u la caballería indepcndi nte deberá, mientras sea po ible, qu dar en totalidad ú n part á mano de l comando para . er tmp!wda e11 d momento dt'Ct' ·iz•o. sin que esto prive al jefe de caball ría, que dt.be seguir la fase· de la lucha d ' su iniciativa para no de perdiciar nin(J"una le la oca ion de obrar para concurrir al fin general.:' El mismo Reglamento cledi .a e pecial atención álas persecu­ciones en caso de é.'Íto, y á la protección de las retiradas, dando también reglas para el ~embate contra la infantería, contra la ca­ballería, para el ataque á la artillería, y para el empleo de la ca­ballería en su enlace con las otras armas; para el combate á ca­ballo y á pie, "que no debe emplear dicha arma sino á título de excepcional," y cuya instrucción .especial está calcada en la que contienen los reglamentos de infantería. 'Resulta, resumiendo, que por las especiales circun tancias n que se encuentra Austria, tiende á dar más resistencia á la caba­llería, aun con perjuicio de su movilidad, para poder oponerse con ventaja á la caballería rusa, y que si bien prescriben sus regla­mentos que dicha arma debe tener participación en la lucha gene­ra], no está dotada de ese espíritu ofensivo á todo trance que tiene la alemana, ni pretende jugar papel t::tn decisivo en la batalla. EnuARDO G LLEGO Y RA~tos Capitán de Ingeniero Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oíetin 9JlHitar be ~ olomóia \._ 278 _; presuntuosa , llenando su cabeza de ideas abstractas y dLcutibles, sin provecho ni aplicación inmediata en la modesta esfera de sus deberes. Aunque haya excitado alguna crítica, mantenemos firme este párrafo en este trabajo. 1 To se proscriben los altos estudio mi­litares: lo que e pretende es refrenar impaciencias y encami­narlas con discreción. En catecismos ó manuales para principian­tes, se debe atender mucho á la parte cuantitativa 6 dosis d e doc­trina que se exponga. Conviene abrir \'astas horizontes, pero de­jándoles su respecti\·a lejanía. En el lisonjero Informe que enca­bezó y honr·S este trabajo, e lee : "n· sccnder ele crolpe desde la altura teórica en que se manejan numerosos batallones hasta el arreglo de las escuadras de una compañía, forzosamente ha de producir un choque desagradable, un verdadero desencanto en el é.Ínimo impaciente ó inexperto del joven oficial. Por eso el autor del Guía s O> ñala con acierto, de de la primera pá género, el e pionaje, la estadí tica, cuant concurre á fundar y resolver cál­culos de guerra, á preparar, ejecutar y Yigilar sus operaciones. Per , en rigor, bien se ve que una parte de la !ogísltca está conte­nida en la eslrale¿/a y otra en la ldcllca, aceptada la divi ·ión de e tas dos ramas. Una marcha, en el fondo, ó se ejucuta en el cam­po de batalla, y entonces forma part de la maniobra táclrca; 6 se ejecuta fuera, y es la simple jccución de un concepto erlra/Jgzco. En gen ra1, ]a táctica se ocupaba y e ocupa todavía de marchas, campamento y acantonamient ~ y no parece tan imperiosa la 1ecesidad d nuevas segr gaciones y denominaciones. Como si fueran pocas, recient mente ha urgido otro arte 6 iencia de Con­ducdón dt las /ropas, como titula u conocido libro Verdy du Ver­nois, que sin tener nada común con estrategia, táctica y logística, comprende, sin embargo, á las tres. - ~ in entrar en di cusión sobr los inconvenientes ó ventajas de e ta moderna tendencia á clasificar ó aislar los diferentes ramos, íntimamente enlazados, del arlt de la "zttrra~· sin examinar hasta qué punto podrá ser admisible en la parte científica de la ·milicia el principio de la división del trabajo, tan fecundo en la industria,­es un hecho que la moderna tslralegz·a ha contribuído á fijar la no­muulalura de varios objetos que antes requerían circunloquios; tanto por esta razón, como porque entre la eslrategz"a y la táctica rtglamentart"a existe una táclrca superior, de que luégo se tratará, y á la c-ual aquella nomenclatura es también aplicable, conviene in­sertar aquí breve y claramente las principales dejinzciones esfrat¿gi­cas y tácticas que tienen ya la sanción definitiva del uso común, y que son indispensables para el servicio, para la lectura y hasta para la conversación vulgar. Como siempre es recomendable la exactitud y precisión del lenguaje técnico, se sigue en ellas cuanto conviene como principal autoridad, la generalmente reconocida, 1 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 5Boletin mlititat b ~olombia '- 281 _; detalladas para la redacción de las noticias, educación é instruc­ción del personal encargado de comunicarlas y organización del mencionado servicio. Los medios que deben emplearse para la transmisión de órde­nes y reseñas que expresa el citado texto en su capítulo nr, son los jinetes estafetas, ciclistas, teléfonos, telégrafo eléctrico, palomas mensajeras y telegrafía óptica, no mencionando los automóviles, á los que después se refiere, limitándose á decir que de ellos se podrá sacar buen parHdo, sin marcar en qué circunstancias esto podrá con­seguirse. Los aparatos de señaladores y de telegrafía óptica pueden -dice el Reglamento-prestar servicios cuya utilización e tá su­bordt'tzada al tiempo. Las palomas mensajeras exigen-expresa-preparación con­veniente y condiciones favorables, pudiendo darse á las patrullas de caballería, y 1 telégrafo y el teléfono son de empleo general en el combate y fuera de él. Comprendiendo toda la importancia de este servicio, el Re­glamento indica que los comandantes de las grandes unidades de­berán siempre di poner del personal nece ario para la transmisión de órdenes, recomendando limitarlo en lo posible para evitar re­ducir los efectivos, y ordenando se procure enviar cuanto antes á ~us destinos á los portadores ele noticias 6 1 eseñas. Para facilitar al personal encargado de He 'ar las órd ne el rápido cumplimien­to de su misión, e di pon que cada comandante de ejército, cuer­po de ejército 6 di vi i6n vayas guido constantem .. nte de un jinete con una bandera, para que sea más fácil conocer la ituación de dichas aut ri<.lades, y se hace constar la obligación d ~ todo cuer­po, ~in nec idad d ord n especial para 1 , de dar á lo estafetas, ciclista , ..: c. indicaciones precisas, y ha ta de cambiarle. los caba­llos si así lo r.cclamaret . Cuando e retín gran mímero de tropas se t·ecomiendan los ( e11iros de lnmsmz'silm, que si está bien scoo·ido su mplazamiento, permiten ganar algt' n ti mpo y ahorran per onal. Las estaciones de corrtsjJondenda se colocarán á 20 kii~Smetros como promcdi , de ti­nándosc á asegurar la transmisión á grandes distancias y á unir las columnas €uando n haya t 1é rafo, estando formadas de ocho 6 diez jinetes preparados para las marchas rápidas; y si las comu­nicaciones se han de mant ner largo tiempo, las estaciones se com­pondrán de un oficial y ro jinetes. Si lo· portadores en vez de es­tafeta~ fuesen cicli tas, eñala el Reglamento alemán, como distan­cia entre estaciones, 50 kilómetros, debiendo instalarse éstas en caseríos aislados á la inmediación de lo caminos. Las órdenes y reseñas importantes, manifiesta deben ser lle­vadas siempre por oficial .s, e. ·presando que en algunos ca os se trasladarán éstos en carruajes con escolta de úzfanltrfa (!). Por caminos poco seguros irán expediciones d jinetes y ci­clistas, e.·plicando con detalle la orden escrita á los portadores de ella, para que puedan comunicarla con e,·actitucl al destinatario en caso de qu se les .·traviare ó de que se·vieren en la necesi- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~otetin 9JHritar be ~o!ombia '- 282 _J dad de romperla para impedir que el enemigo la oja, y dán­doles in trucciones completas sobre un plano ó croquis del camino que deben lievar á la ida y al regreso, así como la situación pro­bable del que da la orden y del que ha de recibirla. La velocidad de la marcha de los jinete y ciclista , ordena el Reglamento se fije por -1 expedidor del de pacho, por medio de una señal convencional, que es una cruz cuando se de ea lleve el jinete la ,·elocidad ordinaria, ó sea un kilómetro en seis minu­tos; dos cruces cuando haya de ser acelerada, á razón de cuatro minutos kilómetro, y tre · cruces para la marcha más rápida, de­biendo el stafeta aten e rse á dichas inclic<:tcione para regular u marcha. El mencionado Reglamento de cam¡ aña al mán ocúpase con extensión de fijar las r glas para la r -dacción de ]as órd ne Yer­bales y e crita y los principios generales á que ha de ujetarse la correspondencia escrita, descendiendo á detalle cuyo cumplimien­to es prácticamente muy interesant · para la mejor organización y buen funcionamiento de est servicio sin qu ~ d tal s e ·tremas juzguemos oportuno hablar, por ser tan sólo destinado nuestro modesto trabajo al e tudio de los medt os ap!/caUes á la transmisión de las órdenes y rcs "' ña~ . • ( De lo.') J~studws l//;/;/art'S d~ Aiad1 "d, España.) ~ttCab¿~ VIAJE P()l{ MÚXIC) SUI) t\1 RICA N EV. GRANADA-P R G. '1. VIG.·E (Traducido del inglés para d Boütfn .Vilitar) ( Conúmírl) Al ponerse el sol del 16 d~. Octubre llegué al pa o nfrente de Honda, en donde el 11agdalena e junta con 1a más pcq eña corriente del Gualí. despu~s de un cur o de cerca de sesenta y • Despué de haber aparecido en la Rtvúta T¿cnica d~ hifanltría y Caba. lllrfn los artículos correspondientes á ciclistas militares y procedimientos tele­~ ráficos, se ha dispuesto, por Real orden de 16 ele Octubre de 1900, que en cada regimiento de infantería y batallón de caz1dores se organice, con carácter per­manente, una sección de velocipedista , nom•míndose una comisión encargada de redactar el reglamento por el que han de regirse para su organización, servi­cio, vestuario y armamento dichas secciones, y por el Ministerio de la <.luerra francés se han dictado las disrosiciones para complementar el acuPrdo reciente de la formación de un batallón de telégrafos de seis compañías que desempena­rá el servicio de primera línea, re en·ándose el de la se~unda al personal de lac; ecciones técnica del cuerpo de telegrafistas civile . . Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~o(etin 9JliHtat be ~o!omóia \._ 283 _; cinco millas, viniendo del Occidente. Un banco de arena e forma por el remolino de la corrie nte al retroceder. El equipaje no se acabó de pasar por completo hasta por la mañana, porque en su conducción se gastó algún tiempo. Pasé una noche muy agradable en la casa de 11r. T., en donde encontré algunas señoras y caballeros americanos é ingle es. Honda es uno de los más interesantes lugares del país. , A la mañana siguiente subí al cerro que queda al Sur de la ciudad. Ha­cia el Sur se divisan sobre la llanura cerros azules. o re la ribe­ra izquierda el país más abierto. La ciudad es pequeña p ~ ro muy pintoresca, con ca a blancas, rojos t jados, y chozas con jardines, palma ,, & ., d -, be su posición é importancia al río, que no e s na ve­g- able por vapor más arriba. Fue muy deteriorada por un temblor en r8o5. Contemplé una antigua fortaleza e pañola y un cañón francés viejo, marcado así: La Fauselle-u!Hma ratio regtm )' i\éc plurilus zlll­par. I7JI. Btrmgtr. Una mujer llevaba un gran pesc-ado acabado de cog r. El río corre con curso rápido y acelerado, y turbio, por entre las colinas al occidente y la ciudad; us orilla se levantan formando terraplen s. Mr. T., perfecto geólogo, me dijo que el granito in szlu y la ienita eran comunes, como formación esquisto­sa en otros lugares; y que la del río Nare, á un día de viaj , ba­jando, está formada de rocas de piedra al iza, como de 700 pies de altura, que contienen un mármol perfcctam .nte blanco, de grano un poco áspero, y que botes suficientemente grandes para tran~portar bloques de é~te pueden subir hasta por media milla. Oí una hi toria de un abogad , según la ual él le dijo á una vieja que le co taría 12,000 pesos continuar un litirrio r lativo á una propiedad, de suert~.:: que ella pudie e tener el goc de la finca por el r to d su ·ida, dando por s ntado qu lla no tenía título real para eso. Octubre 20-Salí de Honda en una barca para t·eunírme al vapor unas pocas milla abajo. Una bandada de águilas pescado­ra que e dice se ven pasar en Noviembre sobre el precipicio de­trás de Bogotá en viaje al Amazonas. El vapor desciende en la proporción de once nudos por hora. El Capitán Robinson me dijo que pasábamos por un lecho de mineral de hierro. 1onos en el bosque. Como á treinta millas las oscuras aguas del Rionegro se juntan á la revuelta corriente del Magdalena, y poco después llegámos á la aldea de Buena vista, que tiene c "' mo doce casas pa­jizas á la orilla izquierda. Noche terriblemente caliente .. Inmedia­tamente abajo pa é el río de La Miel, y como á medio día parámos en Nar , sobre 1a orilla izquierda, en la boca del río del mismo nombre. Aquí hay un camino para subir á Antioquia. Los peñas­cos de mármol blanco estaban á la vista, y hay lavaderos de oro arriba de esta bella corriente. El Magdalena en esta parte es como de media milla de ancho, y sus orillas están cubiertas con densos y tupidos bosques. Octubrt 22-Mañana lluYiosa y fría. Variedad bella de follaje. Guacamayas az11les y amarillas, por pares y volando alto como ac stumbran. Arbol con flor blanca, de color encarnado debajo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oietitt !Rint y á intervalos de pocos segundos una columna de agua cenagosa, casi igual á la temperatura de la atmósfera, se oye borbotar, y se levanta á una altura sufici nle para permitir d vez en cuando que un poco se derrame de lado y arroje burbujas que Humboldt aseguró eran ázoe. La adelfa, como yo la había visto al pie del Himalaya, y también en ]a boca del Indú , crece aqu{ en el patio de Ja posada. De pués de un paseo de pocas millas por entre el bosque y por entre un monte más bajo de arbustos tan completamente cu­biertos de convólvulos, de tal modo entrelazados, que presentaban en apariencia las formas más artificiales y grotescas, llegámos á una eminencia, desde la cual el camino corPienza á descender hacia Cartagena; repentinamente se descubren las blancas fortificacio­nes, como visible sueño, con el Atlántico detrás de ellas, al través de una atmósfera caldeada que paree haber sido impregnada en ocre amarillo; y alegremente entré en ellas, después de un viaje de 840 millas, en línea recta desde Guayaquil, y seguí á buscar el Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 58o[etin ~ititar be ~oromb a '- 287 _} hotel. Encontré que el pueblo rodeaba á un alto y huesoso yanqui, marinero, quien se había colocado (por chanza) en actitud de pelear, y decía, tocándose 1 brazo izquierdo : '·Con éste, siete me­ses enfermo; y con éste (tocándose el derecho), la muerte súbita. Ahora vénganse." Aquí permanecí algún tiempo para curarme los resultados de la sacadura de nigua, &c., y tratando de restable­cerme en esta caldeada atmósfera, después de los ince antes in­somnios y fatigas del viaje, con un baño de mar toda las maña­nas, poniéndome al amparo de una roca, para librarme de lo ti­burones. Carllzgena.-Cartagena (originariamente Calamar, del nom­bre de un pescado que allí cog n), y su completas y bellas fortificaciones españolas, han ~ido frecuentemente descritas. Yo supongo que la artilleda moderna destruiría pronto las última . El mejor paseo es sobre la mura11as, cerca del mar, en donde desde Octubre á Abril se respiran las brisas: luégo siguen las lluvias y el tiempo caliente ha ta Junio, cuando el \'(, ranilla llega con ca uales brisas. El tiempo, durante los trc meses que iguen, es muy caliente, con viento del ur; las brisas frías vi nen del 1 oroe~ te, corno de costumbre. Los negro tienen un horror inten­so al tiempo lluvioso, y por lo común e niegan á trabajar, alegan­do que el ejercicio les produce fiebr · y erisipela, la qu ·pu sta á la luz dl! la luna se cree aumenta. Ellos dicen que la c01wul ión de las quijadas se produce 1 or humc.dcc .. e la mano en agua ca­li nte y luéo·o en agua fria. Al cólera le ha.n dado el nombr de .E~l Judío .EI·ranle. ~s hecho n tablc, y uno d lo que más se al an para probar su naturaleza pidémica, qu durant la pre­pon erancia del cól ra n los mese. calientes el rey de los galli­nazo desaparece completamente, y vuel \'C cuando ha ce a do el c6let#a. Los ga11inazos e van cuando ·1 cólera em¡ eora un poco, y ·u lren cuando su virulencia comienza á disminuír. La bahía ele Cartagena, de algo más de una milla d ~ ancho, stá c"'rrada por una isla. La Boca Chica, ó canal, del lado más di tante de ésta, queda á nueve millas. El lado inmediato, 6 Boca Grande, se ha cerrado artififialmente por un dique de piedra, des­de el a alto del Almirante Vernón en I 741. La bor.a del dique, como se 11 ma 1 canal español 1u ale del Magdalena, queda como á diez y ocho mlllas de distancia. Le falta limpieza; por esto s61o los botes pueden pasar, á causa de las malezas, que en algunos lugares están tan tupidas, que una persona puede pasearse sobre ellas. El canal de Barranquilla, también conocido por .Caño de la Piña, se comenz6 desde el último lugar de la costa norte de Cartagena, pero al presente no se ha seguido por falta de fondos. El pueblo dice : "Pónganos impuestos y haga usted la obra.'' El Gobierno replica : "Haga usted la obra y denos una parte de las utilidades; usted toma el resto.'' Y de este modo nada se hace. Las torres del Convento de San Francisco, cerca de los cuarteles, son una señal para los vapores que se acercan. Gran cantidad de pescado. Vi una señora que llevaba un paraguas abierto á la luna. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~O{etin ID'lilitar be ~ OlOml'Hl \._ 288 _) I I de 1Vovzembre-Aniversario de la independencia: mucha embriaguez. Largos párrafos sobre Bolívar y la libertad, en los periódicos. Numerosos grupos de máscaras y visitas todo el día; y yo alegre por tener oportunidad de conocer la fina hospitalidad del Cónsul americano Mr. Sánchez, y de su familia, cuya casa es­taba abierta todas las noches para recibir á los visitantes ingleses y á otros debidamente introducidos. Supe de di fraces que tenían intención política. Algunos jóvenes, cuyas blancas manos burlaban su pretensión de pasar por aldeanos, conducían y aguijaban, no sin incesante desorden, un toro joven con una figura henchida sobre las astas. El toro representaba á Mur·illo Toro, oposicionista polí­tico, y la figura acomodada era la del General Mosquera, el Pre­sidente; ambos se suponía que e taban amordazados y eran arras­trados por ahí por lor partidario de Ospina, del partido de la Iglesia, cuando era Presidente, pero quien está ahora derrotado por los liberales mandados por Mosquera. Pero los transeúntes estaban cruelmente indiferentes, como si no entendiesen la inten­cionada burla. y el toro parecía hacer su gu to, lo mismo 1ue lo Ospinista . - Un sastre, uno de los mejores de la ciudad, qut; había pro­metido formalmente cumplir una orden para este día, \ ino á e.·cu­sarse, lo más diverlidamente borracho, y con el más ·cel nte humor, :.í decirme que á lo menos ·o no debería estar di gustado con él por aquel día, ni n el sigui ntc, ni en Ll otro. Una orquesta militar cstU\'O tocando en la parada, e n donde se encontraba numerosa r unión de pa cante , y toca1·on la mar­cha del Sultán· yo era probablemcnt ~ la únic~ per, ona allí, c.·­cepción hecha de los mu icos, qu podía reconocer la pi za. La Popa, 6 sea el único cerro que domina la ciudad, de piedra caliza, como á una milla de distancia, y á 6oo pies sobre ella. Tiene telégrafo en su más alto punto, y una muralla á lo lar­go del precipicio, para mo\·imientos militare; . Una inscripción que hay dentro del edificio dice que éste fue fundado en 160 , y que un indio, de apellido ~1éndez, fue quemado allí en 1677. us lados están cubiertos por una vegetación den a, en la cual hay cactus y mimosas, é idéntico árbol á aquel del cual refiert: Humboldt que entre sus punzantes espinas fue arrojado un hombre por su mujer y por el amante de ésta. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 9

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 22

Por: | Fecha: 01/06/1901

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~66 Bolet{tt Jl,fZ:/itar DECRETO NUMERO 605 DE I90I (27 DE MAYO) sobre honores á la memoria del Sr. General MANUEL CA~ADIANCA EJ Viceprcsülenü de la República, encargado del Poder Ejecuiz'vo., CONSIDERANDO 1.0 Que hoy ha fallecido en esta ciudad el Sr. General MA- 111JEL CASABIANCA ; 2.0 Que tan eminente ciudadano estuvo consagrado desde su juventud á la defensa de los principios que forman la base y el es­píritu de las actuales instituciones ; 3. 0 Que en todas nuestras desgraciadas guerras civiles, á par­tir <.le 1 86o, el Gt:neral CASABIAl'CA sirvió con decisión, pericia y bravura singulares, y alcanzó en 1885 el más alto grado de la ca­rrera militar; 4.0 Que en la presente contienda prc ·t6 al Gobierno impor­tantes y señalados sen·icio ·, t:ntt·e los cuales se recu •rda de un modo especial •1 haber . al vado, mecliant . . u prestigio, granel energía, p e rs .ve rancia y acti\"idacl, los r e stos del Ejército vencido en Peralou.so .; 5. 0 Que el General C.~ SABLA .'cA 'l es "mpcñó cargos imp rtan­tcs, e mo los d Gobernador d 1 J) partamento d e l Tolima, n distintas épocas, l\1inistro de G bi .rno y Guerra, Enviado .. xtraor­dinario y ~1inistro Plenipotenciado en Alemania, exhibiendo en ellos gran patriotismo, inteligencia y consagración ; y 6.0 Que recicnt mente de empeñó con acierto, cerca del Go­bierno de los Estado Unidos d... V nezuela, una comisión impor­tante y delicada, DECRETA Art. I . 0 El Gobierno lamenta profundamente el fallecimiento del Sr. General MANUlU. CAS:ABIA1.CA, da público testimonio de gra­titud por los servicios que presl6 á la Patria tan eximio ciudadano, y recomienda · u memoria al respeto y veneración de los colom­bianos. Art. 2.0 Todo los miembros del Ejército llevarán luto por el término de diez días, y se tributarán al finado en toda la Repúbli­ca los demá.s honores que, conforme al Código Militar, correspon­den á los Generales en Jefe en ejt:rcicio de sus funciones. Art. 3. 0 Las exequias del General CASABIANCA, que han de ha­cerce con la mayor solemnidad posible, serán costeadas por el Te­soro público, y concurrirán á ellas el Ejército y las Corporaciones y empleados públicos residentes en la capital. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. lio/et{u 31 i!itar 667 ' Art. 4.0 Un ejemplar de este Decreto será presentado, por medio de una comistón especial del Ministerio de Guerra, á la se­ñora viuda y á los hijos del ilustre difunto. Publíquese. Dado en Bogotá, á 27 de Mayo de 1901. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QUINTERo C.-El Minis­tro de Relaciones Exteriores, ANTONIO JosÉ ORIBE-El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, 11IGUF.L ABADÍA MÉNDEz-El Ministro de Guerra, RAllÓN GoNz.ÁLEZ VALEN­CIA- El Ministro del Tesoro, ENRIQUX REsTaEPO GAR.dA. PROPOSICIÓN APROBADA POR UNANIMIDAD Y.N LA SKSIÓN D:K HOY .El Co11sejo d1 EsladCJ CONSIDERANDO r .0 Que en el día de hoy falleció en esta ciudad el beneméri­to G neral D. MANUEL CASABIANCA; 2. 0 Que el General CASABIANCA prestó á la Patria trascenden­tales servicios, lidiando en los campos de batalla con heroico brío é indomable constancia en defensa de los principios fundamentales del ordt"!n social ; 3. 0 Que la memorable campaña del Norte, cuya decisión tuvo lugar en la jorn.:tda de Palo1legr(), fue dirigida en gran parte por él, con un tino y firmeza propio del patriotismo elevado al ~rado heroico ; y 4.0 Que no sólo en lo militar, ·ino también en lo civil, sirvi6 con decisión y eficacia á u Patria, llKSUF.LVR El Consejo lamenta el fallecimiento del egregio caudillo Ge­neral D. MA~UEL CAsABIANCA, y lo considera como una pérdida irreparable para la República. En señal de duelo el Consejo levanta su sesión ordinaria del presente día. El Consejo asistirá en Corporación á los funerales del ilustre finado ; y copia de esta proposición será enviada á Ja señora viuda del distinguido Genera] CASABIANCA. Bogotá, Mayo 27 de 19e morir toda pa ión que nos haga indignos del héroe, y todos los corazones deben retemplat-se en los sentimien­tos de amor y d concordia, de constancia, desinterés y abn ga­ción que han de conducirnos al pronto tét-mino de la obra en que rindió su vida inmaculada. IIOJ\'ORES AL GENE??AL CASABIA1V~CA Señores: Vengo en representación del Gobierno Nacional á manife~'tar su profundo pesar por el fallecimiento del Sr. General M.a. 'UEL CAsABIANCA, á dar el último adiós á. sus restos mortales á la puerta del campo santo, á echar un puñado de tierra sobre su tumba. La vieja aliada del General CASABIANCA, la muerte : que re­T016 en su torno sin rozarlo siquiera con sus alas ; cuyo hálito he­lado sintió tantas veces junto á sí sin emociones ni estremecimien­tos; á quien desafió en peligros sin cuento; con quien jugó desde la adolescencia; su compañera y su amiga en cien campos de ba­tall. a,-vino ayer á visitarlo á sordas, sigilosa y traidora, sin 1 he- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .Boletfn Milita1' 6¡r raldo del dolor y de la lenta agonía, sin el aparato que la circun­da en la pelea, sin su cortejo de estruendos y resplandores 1 Estas mismas paredes enlutadas, los muros del recinto de los que fue1·on, esta misma cruz solitaria y sencilla, vieron apiñada aquí mismo la muchedumbre para honrar la memoria de Próspe­ro Pinzón; aún resuenan los ámbitos con las palabras pronuncia­das en alabanza suya. Y hoy vol vemos, atraídos otra vez por un inmenso duelo, congregados por el dolor, á acompañar á. CASA­BIA " ·cA á u última morada! A.mbo , Pinzón y CASABI.\; 'CA, fueron soldados y mantenedo­res de la Causa conservadora; en ella y para ella vivieron ; ella hizo palpitar sus corazoues con fuego inextinguible ; templó sus alma · y f 1 ac .. ro de sus espadas; fue su esperanza y su fe; por ella lucharon sin tregua par·a levantarla si caída ó para mantener­la si triunfant '. El ánimo se amedrenta, e entristece y se angustia al contem­plar los poderosos brazos inertes, mudos para siempre esos dos generosos corazone , divorciados del vigoroso puño los aceros, en­cerradas sas energías en la bre ·edad del sepulcro! P ro causa· como las que sostuvieron los héroes que acal:io de mencionar, no mueren ! Tales causas son tanto más grandes cuanto s meno¡· el número de sus defensores en los tiempos en u e vi \'ieron ; u memoria despertará el sentimiento de la patria allí donde dormita y lo hará resucitar doncle está muerto. El principio conservador que gui6 á los pueblos de Hispano­américa después dt.: u emancipación, está hoy borrado de todas la con tituciones, arroj do del solio, proscrito, Yilipendiado y es­carnecido ele c. ·tremo á e. ·tremo por la extensión del continente. 'ólo aquí en · ·te rincón de tierra, por tantos títulos glorioso y des­graciado, paree haberse r fugiad y vivir con vida poderosa é inten a. li- bi ·rno no per ~ eguidor sino amigo de la Iglesia deJe­sucrist , aunad. con ella para fundar la libertad en el orden, sólo hay uno, el Gobierno de Colombia. C6m y por qué puso Dios sus ojos en este lugar repuesto donde apenas llegan las ondas del movimiento universal; donde los ecos ele la civilización se amortiguan y se pierden en la distan­cia y en el tiempo; por qué d_epositó aquí la semilla y la hizo ger­minar y florecer, y la guardó de los vendavales y tempestades en que en otras partes naufragó, eso lo sabe la Omnisapiencia Di­vina. Pero no puedo dejar de dar expansión en este momento á una idea que me sugiere la magnitud de la lucha suscitada por el triunfo del principio conservador, de los esfuerzos gigantescos, de las hazañas inverosímiles, consumadas para que no sucumba, para que, antes bien, prospere, crezca y se engrandezca en la Patria colombiana: Que así como de su suelo partieron gran número de conquis­tadores españoles á 11evar á cabo el descubrimiento y la conquista del Nuevo Mundo, y más tarde saltó de aquí la chispa, surgió la luz y brotó el fuego de la libertad que redimió la América,-as{ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B olet{, !Vlztt.ta~ Señores: Ocupo esta tribuna por designación de la Comandancia en jefe del Ejército, y habla á nombre de éste el más oscuro soldado de la República, y por raro contraste, es ante los restos mortales de uno de nuestros más egregios Capitanes. ería inútil tarea la d hacer el recuento de los grandes me­recimientos, de las grandes virtudes, de las hazañas militares que nos dt ja en su hoja de servicios el General M ..... ·u EL CA sABIA. ·cA; él declicl.S su lat·ga vida, sin restricción alguna, al bervicio del país, ya que quien sostiene y defiende las sagradas doctrinas que informan '1 verdadero credo conservador, no solamente trabaja por el bien de un partido, sino por el de la patria colombiana, cuya exi tencia, honra y poderío, están . vinculados al predominio de esos grandes ideal s. ¿,Qué colombiano ignora que en el campo inmortal de Garra­pata, en 1876, fue CASADIA.rcA el asombro de un Ejército de valien­tes ? En esa jornada nuestro dos grandes partidos se di putaron palmo á palmo el terreno, y palmo á palmo la victoria, y CAsA­BIA. CA, al lado de uno de los más viejos caudillo del Partido Con­servador, descolló por u arrojo sin irrual, por su pericia y por los movirni "ntos stt·atégicos que concibió y llevó :1. cabo en aquella batalla. Y J famoso ~'"uerrillero de Gua ca, 1 laur aclo en Garrapa­ta, vuelve á aparecer en el glorio o campo de Cog-ote , br~vo entre lo bravos, arrollando al enemiCYo, v nciéndolo, en lucha ranca y leal, para darle luégo el abrazo de perdón. A í ra CA­AUlA ' .\; terrible con la espada en la mano, uando . eñalaba con t..:lla ~t .,u soldados la trinchera que d bfan tomar: gener o y be-nigno, todo corazón cuandó 1 vencido d mandaba pr t cción y amparo. E propiedad de las almas fuertes, de e as almas pri\'ilcgia­das cr ada. para la lucha, que ante nada retroceden uando bus­can el triunfo de su fe y de su credo, el perdonar con la misma val ntía con que atacan, ajenas al rencor y reñidas lernamente con el odio. 1-fano providencial desbarató las aguerridas huest .s que lu­charon en Pt:1·alonso, en defensti de la Constitución de 1886, y aquel toque de retirada que infundió el pánico en un b.jército for­mado para la victot·ia, fue el toque de a vanee para la masa del Partido Conservador, que ya se había ofreci<.lo en holocausto, por amor á las instituciones pero sin esperanza en el triunfo positivo de las doctrinas que la llevaban al sacrificio. Fue allí, en aquella escena de horror, donde la figura de C SABIA. "CA se destacÓ heroi­ca y salvó al país de una ruina cierta, que naturalmente se des­prendía del aniquilamiento casi total de nuestro Ejército. Mientras en Peralonso se consuma el desastre, CASABIJ\NCA, ro­deado de un grupo de valientes, resiste en El Caz'mzlo todo el em­puje de la revolución victoriosa; vuela luégo á Pamplona, reúne los dispersos batallones, les comunica su ardor, su entusiasmo, su Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 6¡4 Bo/etfn Militar fe, y despué en Soatá organiza ese invencible Ejército que con Pinzón á la cabeza en la hecatombe de Palonegro, dio o-olpe moí­tal al viejo y tenaz enemigo del orden en Colombia. En sínt<::sis: la vida pública del General l\1A~·uEL CAsABL\. CA constituirá brillante página en nuestra Hi toria Patria ; en esa vida, como en todo lo humano, puede echarse de menos la per­fección, pero hay que convenir, porque los hechos a í lo demues­tran, en que hemos perdido un consen·ador sin tacha, un ~;·ran co­razón y un patriota eminente. · Soldados ! Pinzón y CASABIA. ·cA. vuestros amigos en lo~ cam­pamentos, los que os acostumbraron á vencer ó á mori1· n dt~fcnsa de la Religión y de la Patria, han caído como buenos, después de haberlo sacrificado todo en aras de la República. cri ·tia na. Vos­otros tenéis por fuerza que ser imitadores de sus grandes virtude~, de su lealtad y de su amor á la causa santa que estáis llamados á defender en todo tiempo. Llore el ~jército Nacional sobre estas dos tumba sagradas, que esas lágrima , tributo de gratitud y de re peto, tcmplad.n las voluntades de lo. encargados de velar por el reposo público. NOCIONES DE CEO&'RAPIA fi!ILITAR JUAN FRANcisco Po:AoA General de División 'l'EORIA DEl. 7 lt:Rl~ENO Lagi:>s-Lagunas El nombre de lago se aplica genéricamente á todas las peque­ñas acumulaciones de agua que existen en la superficie seca del globo; pero no se puede definir con mucha precisión la palabra, porque hay gran diferencia entre ]os objetos qu suelen reunirse bajo esta denominación. El agua de fuentes ó lluvias, la que pt~ovicne del derretimiento de ]as nieves, no siempre forma arro_yos 6 dos: suele á veces reu­nirse en pequeñas ca vi dad es sin salida, formando charras; p ro en rigor esta voz indica pequeño depósito, hoyo, más bien, que e seca y se llena alternativamente; que las lluvias solas alimentan, y que, por lo tanto, está sometido directamente á la influencia de las esta­ciones. Una charca, por pequeña que sea, desde el momento en que e~tá alimentada de una manera continua por unafuenle, debe tomar ya el nombre de lago 6 laguna .. A veces, sin embargo, un lago sólo es el ensanche del lec/lO 6 euema de un río, que entra por un lado y sale por otro. Cuando Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Mi!t.tar 675 hay un dique artificial, se llama estanque. Si en lugar de tener orz1las bien limitadas, el agua se extiende sobre una ancha superficie, que apenas cubre, forma, como se ha dicho, un pantano. Los lagos son muy comunes en ciertos países y se encuentran en toda especie de terrenos. Unas veces ocupan depresiones en me­dio de las lla1luras, otras en las cordz1leras desde la base hasta poca distancia de la cumbre: como si las montañas al levantarse hu­bieran dejado vacíos al pie. También se encuentran en los altos valles, formando en general depresiones que un río llena saliendo por el otro lado, como el lago de Ginebra. Los que están precisa­mente en las altas cumbres son siempre pequeños y más bien char­cas 6 lagunas de agua pura, que resultan del derretimiento de las nieves, ó de la cercanía de las 1zeveras y lueleras. Según el diferente modo de "alimentarse," Jos lagos podrían dividirse en cuatro clases : 1 .a Aquellos en que entra y sale un río. Son los más numero­sos y extensos, y or-dinariamente se encuentran en los valles ó lla­nuras cercanos á grandes cordi11eras, cümo el citado de Ginebra, atrave ado por el Ródano. A veces se ensanchan alternativamer,te y se estrechan formando varios dep(ísz'tos 6 cuencas escalonadas, como el de Lucerna cruzado por el Reuss, que tiene tres. En los Alpes, los de Brienz, Thoun, Constanza, etc. En América los grandes lagos Superior, Hurón, Erie y Ontario, parecen no ser otra cosa que las cuencas sucesivas del ancho valle por donde corre el río an Lorenzo. 2.a Lagos que producen ríos sin recibirlos. Quizá los alimen­ten canales subterráneos 6 fuuzlls ocultas y cuando son profundos, puede que les suceda lo que en el sondeo de pozos artesianos, cuando s llega á la capa que se opone á la alida del agua; es decir, que en ciertos casos pueden considerarse como · ~rdad ros pozos arte­sianos, muy en anchados por arriba, y r cibiendo por el fondo el agua que e filtra de terrenos más elevados. Hay vanos en Euro­pa: el que da en Rusia nacimiento al Volg-a, algunos pequeños en los Pirineos y sobre todo los Ojos del Guadiana. 3-a Los que reciben un río sin que salga otro. Lo cual puede suceder, 6 porque las aguas se pierdan por conductos subterráneos, 6 porque la evaporación compense las que van entrando, 6 proba­blemente pol- ambas cau'las á la vez. Los mares Muerto y Caspio son ejemplo. 4·a Lagos en que no entra· ni sale río alguno. Son pocos y pequeños, producidos generalmente por cráteres de volca1us apaga­dos, en que se conserva el agua. Algunos hay en Francia, también en Portugal cerca de Coímbra, etc. Respecto á la composición de sus aguas, los lagos admiten dos divisiones: los de agua dulce y los salados. La de los primeros es su­mamente limpia y pura, porque deposita las materias que tiene en · suspensión, y adquiere por lo tanto gran trasparencia. El agua de los lagos salados tiene próximamente la misma composidón que la del mar, aunque muchos de ellos contienen otras materias. Un he­cho singular se observa en Siberia, al Norte del Mar Caspio, y es la mezcla de p~queños lagos de agua dulce con etros salados. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletin Militar Ríos de tercer orden.-Arroyos, riachuelos, torrentes. Afluen­tes de los de segundo, cortos, estrechos, in afluentes suyos, que deban en rigor llamarse arroyos, sino hilos de agua; que puedan vadearse, atravesar e por un tablón, ó saltarse, quedando secos en verano. Arroyo ~s el agua de un manantial que se ha ca va do un lecho de pequeñas dimensione en longitud, anchura y profundidad, y que corre con más ó menos rapidez. Si la pendiente es fuerte, si el arroyo, generalmente seco, no es alimentado sino de cuando en cuando por las lluvias ó el derretimiento de las nieves, toma el nombre de torrente; si cae de un lugar elevado, el de cascada; si un obstáculo viene á detener sus aguas, que se acumulan ó rebal­c: an, 1 de lago: p~ro i el terreno en que se estancan e plano y .· in pendí nte, el de panla11o, lrampal, lrenudal, atolladero, lodazal. Los autores e empeñan en buscar ignos y caracteres dife­rencial e s entre los torrentes y los dos. 1'o1Tetde es aquel que no corr e en gran cantidad sino durante la tempestades y aguaceros, con crecidas súbitas y violentas, cuyo lecho profundo, quebrado, sin .. w so , con pendiente ¡¡~regular y sujeto á continuas variaciones, for m ·\. n las montañas un perfil de curva más bien convexa que có1 cant, y lle,sado al pie s e tablece sobre un plano más ó menos in cli nado , p e ro siempre con mayor pendiente que el río á que aflu­ye. l.a grava ó cascajo del lornn/c lo componen sólo piedras es­qu inadas ó ancrulo a , tal corno d scienden de la montaña. Los es­trag ·os que lo torren/es ca u · an, dependen mucho de la onenladótt de la montaña en que nac n y de la pequeñas cuencas que los r f! c o ·en, Entre lo · d la mi ma capacidad y pendiente, la que tenga u par d pu tas á la dit· cción d los vientos lluvio o , d eten drá la. nulJe , la o bligará á ~.;ondcn ·a1.. , r cibirá grande eh basc os ó a n~nidas, mientras n la tra _ ólo habrá lluvia re )·u­la J·e y prolon~aclas. El üclw el un torrent al pie de la montaña tiene grandes alt rnativas: St.: eleva, i la cr..,cida · corta; se r - ba j a 'si e · larga. El ltcho de arena, que luégo deja en seco, es lo qu e llama rambla. El Dicci nario de la Acad nía llama tam­bién /orr~nlera á la quebrada ó hendidura, en terreno pendiente, ca . ada po:· la acumulación y avenidas de las aguas llovedizas. To ·rentero <Í la rambla, ramtlJzo, ramblizo, es decir, á la arena que amontonan 1 - forren/es. Raudal á la copia de agua que corre arre­ba adarnente, de! adjetivo raudo, rápido, violent , precipitado. Regala, regalo, rzera, dgola, es el límite extremo en pequeñez de arrqyo ó forren/t. Bajo la denominación genérica de río, se comprende el agua que "corre en todo tiempo," procedente de fuetzles 6 manatzüales perennts, cuyo volumen, más 6 menos considerable, aumenta con las crecidas; pero tiene bastante duración para dar al lecho una pendiente reglada, un régimen 6 estado sensiblemente regular. La pendiente siempre es mucho menor que en el torren/e. EJ lecho con­serva próximamente la misma altura, por larga que sea la crecida, y no e eleva sino ensanchándose. Los guijarros también son más pulidos y redondeados por el movimiento y la rotación. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BtJiet{n Militar Pero varios torrentes reunidos no forman desde luego un rlo. Hay un estado intermedio, que puede extenderse muchas leguas, en que la corriente participa de los caracteres de río y de torrenlt, según se aleja ó se acerca á uno ó otro. En esta materia el cálculo matemático es insuficiente, ó más bien, inútil. Con reducir las corrientes á una fórmula general se logra tener ríos puramente convencionales, porque es difícil. si no imposible, hacer entrar en ecuación causas, accidentes y obstácu­los de tan caprichGsa variedad. Se ve, pues, que ningún río de España cumple con las princi­pales condiciones impuestas á los de primer orden, y que nos pode­mos pasar, por consiguiente, sin palabra propia y exclusiva que lo designe. Podríamos sin inconveniente empezar por los de segundo; pero lo más cuerdo parece dejarse de órdetres teóricos y arbitrarios, y llamar prz1zcipalts, sin distinción si se quiere, á los cinco que po­sitivamente lo son, dejando en la masa de secundarios ó subalter­nos á todos los demás. La falta significativa de vocablo, que aca­bamos de señalar, está compensada con la sobra que hay para expresar estos últimos, por ejemplo: riachuelo, arroyo, arroyuelo, torrente, torrentera, rambla, riera, regato, etc. Dice Ritter en su Geografía: "Querer ordenar las diferentes denominaciones que en cada parte tienen las corrzentes de agua, es tan inútil como la nomenclatura geográfica de los chinos, en la que los pueblos y provincias tienen nombres particulares según su magnitud ...... "; y adelante dice : " Lo que es arroyo para unos, puede ser gran río (fteuve, Strom) para otros; asf, lo mejor es dividirlos en 1 .•, 2.• y 3 ... clase." Lo mejot·, positivamente, es r nunciar á tales divisiones, y la raz"' n la da 1 mismo Ritter en el !iguiente ejemplo. El pec¡ucño Issar, n Baviera, e tá alimentado nada menos que por 136 lago5 y 1.293 riachuelos afluentes, que corren en 103 lechos ó cuencas. El Issar es por Junto uno de los 34 afluentes del Danubio, que no es de los dos más grandes de la ti rra. En contra te con el Issar, simple rivtere ó de ~cgundo orden, podemos citar el Guadiana, uno de los cinco jltuves, ríos principa­les ó de primer orden de España. La. longitud del curso tampoco puede servir de norma: mientras el Ebro tiene de largo 780 kiló­metros y el Duero 810, el Volga tiene 3,340 y el Misisipí 6,sgo. Quede, pues, sentado que toda corriente dt agua es río, siempre que en el país por donde pasa la llamen así, con razón ó sin ella. Allanada esta dificultad, pasemos á considerar los elementos principales y constitutivos, y los importantes acddentes de un río. El agua que mana de las fuentes, y la que resbala inmediata­mente sobre el suelo por su propio peso, obedecen á la ley de gra­vedad y siguen las pe1ldientes del terreno. La línea de unión de dos pendienüs opuestas determina el cauce que siguen estas aguas para forrnar los arroyos, lorrentes 6 rfos: de modo que el agua, de lluvia 6 de manantial, que cae sobre las montañas, viene, después de una multitud de circuitos y ramificaciones, á reunirse en la vasta cuen­ca del Océano, receptáculo ó reservatorio común, desde el cual se e?apora para circular de nuevo--Con/Üzi!ÚJ. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 68o Boletin A1t"lz'tar tillería, sino que se limitaron á proseguir el fuego de fusilería, á pesar de qu e los cañones ingleses llegaron á situarse hasta á 1, lOO metros de las trincheras boers. Aquí, como antes en Belmont, la infantería ingle a atacó las posiciones enemigas "en formación de parada," llegando algún Batallón, como el de Scots Guards, á ir al asalto á los acordes de su mú ica. Aquí, como en todos los demás combates librados al ir en socorro de Kimberley, y sobre el Tugela, los republi canos hi­cieron escaso consumo de municiones } se limitaron de de us trio­dieras á aprovechar bien los disparos, no tirando sino cuando los blancos (:.ran seguros. Como los Boers han luchado siempre en núm ·ro inf rior al de Jos Ingleses, y como carecen de l<:1 organización táctica de los ejércitos regular "S, desde e l comienzo d e la guerra han llevado el má.·i mum de su fu rza combatiente á la línea de fuego. El a vanee y colocación de sus resc.;r\'as nunca fue probl ma para los aliado , porque jamá las tuYieron en cantidad y condiciones, dado que no puede considerarse como res rva la fuerza de tiradores apostada en una po ición de retaguardia ó de flanco para prot ger la reti­rada, ca o necesat·io, de la Yanguardia ó causar mayor daño á las fuerzas asaltante . l or esta razón no fueron mayores los fracasos e 1 1ethuen y de Buller: si en l\1ager fonlein Cronjt~ tiene núcl ú de r fr co, n 1 tomar la. ofen ·iva su ala der cha y deshac r á los Higlhancler ha ta desl andarlo ' , hubiese atacado con may r . n r­gía y más á fondo, ha ~ la cortar su línea de r "tirada. al 'ampam n­to dd l\1od ler. Lo pt·or io d e decirse de • pion-1"· p y de V nl­Krantz; á isponer de fuerza en número y condicion para coro­nar 1 tdunf táctic m diant · una p rsecución ní¡ ida y · t nida7 ¿ cóm la hubi .ran de_apro\' chad l hombres u tan s ñala­das pru as de peri ia y de valor habían dado? Por la ma tría y ser nidad de los o t· en el man jo d J fusil, su infantería, como fuer7..a de tirador .s, es difí d que t nga rival. Lo de infant ría montada no parece poder aplicár le más ue n cuanto á utilümr el caballo die tramen te como m di d" tran porte. P r 1 demás, ni ha utilizado el arma blanca ni se ha ,~en·ido de una ma a de caballos para realizar funciones tácticas. Es difícil que la infantería de un ejército regular adquiera nunca las facultades que muestran los Boers; sobre su agilidad y destreza en el manejo del fusil y del caballo, hay que contar con la condición de este. último .. abido es que el po11ey no se mueve del sitio donde le deja su dueño hasta que éste le llama; que trepa por peñascos y vericuetos, por escabrosos que sean; que galopa por ellos con increíble velocidad; qu ·, en suma, es sobrio y resi ·­ten te como pocos de su especie. Hé aquí el por qué lc.s Ingleses, al organizar fuertes núcleo de infantería montada á lo boers, lo que han conseguido es au­mentar las fuerzas de su caballería con contingentes de mediana calidad, pero sin alcanzar el dtsz'deralum de los aliados, porque ni el soldado inglés es buen tirador, ni conoce aquel suelo, ni el ca­ballo que se le daba podía competir con el pon~''· En ocasiones, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolett1! !14thtar 68r Abraham-Kt·aals por ejemplo, mejor que un auxiliar, fue la infan­tería montada inglesa un estorbo para la pelea, pues los hombres. carecían de destreza para mover el ganado y no lo podían aban­donar porque huía. En cambio, en el avance hacia Bloemf0ntein Pretoria, de Lord Roberts, esta misma infantería montada, coo­perando con la caballería, contribuyó al éxito de las operaciones, porque cn\·olvía las alas de Jos aliados y aun amagaba su linea de retirada. Lo que esencialmente se destaca en esta campaña es el valer individual del aliado; en el tiro, en el manejo del caballo, en el aprovechamiento del terreno, lo mismo para el combate que para la Yida de la campaña; en esto estriba su superioridad sobre el eón inglés y sobre cualquiera otro que por naturaleza no pudiera .oponérsele en aquel suelo. Un cdtico. militar alemán, bien discreto ciertamente, cotejando 1 modo de evolucionar de los Bocrs con el pesado y apelmazado e los inglese., dice: " Los Boers demuestran ser verdaderos ntaestro en el at~te de aprovecharse de los accidentes del terreno; no avanzan ni se mueven agrupándose, sino que mientras cargan u fusil, ·e arrast¡·an sobre el vientre ...... " De este modo, y gracias á su ma strfa en saber aprovechar ¡,ls quiebras del terreno, realizaron la hazaña de Spion-Kop en nero de 1900. Durante la noche, muchas fuerzas de infantería inglesas lorrraron trepar por entre los peñascos del monte, y fa vo­rt..! cidas por la niebla de la madrugada, cayeron por sorpresa sobre la débil guardia boer, que casi en totalidad fue hecha prisionera. Los que escapar n JI varon la nueva á Joubert, quien comisionó al eneral Luis B tha para que recup ~rase la posición. E te, merced á su o·ran pof ularidad entre los B er , escogió 500 hombres de los Comando de Carolina, Lydemburg, Heidelberg y vVrede,que unas v .ce~ saltando, corriendo otras, arrastrándose las más, lograron llegar á la me cta, si no en totalídad, en su mayoría y süt dejar de hczcer .fuego ni tm solo tnslanle, y despreciando el nutrido fuego d' los Ingl eses. Los B ers, die ' un t stigo de los hechos, cazaban .á su· enemigos como á las fieras en el bosque : ¡ no erraban un tit·o, no se perdía un . ole cat·tucho 1 Para arrojar á los Ingleses de la meseta, donde ya se habían atrincherado, los republicanos ocu­paron un kopje ele la parte 01·iental, de de el cual enfilaban Jas trincheras ingk as, las que bien pronto quedaron sin defensores. En una de ellas se encontraron 6o cadáveres de soldados ingleses. Los fusileros de Dublín quisieron arrojar á los Boers, que tántos estragos causaban con su fuego ; con verdadero heroísmo se lan­zaron á la bayoneta sobre la posición, pero en su mayoría cayeron revolcándose entre las breñas, y el restv emprendió la retirada, .4c única salvación posible ante la certera puntería de los tiradores hoers ...... " A las dos de la tarde se vio que en una parte de las trincheras inglesas se elevaba una bandera blanca. El Capitán Freeth se rendía con 17 5 hombres, único resto de los tiradores del Batallón de Lancashire y único ofidal que no estaba herido de cuantos formaban parte de él durante aquella mañana. TOllO 1-44 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Reconocida la posición, se vio por mil señales el den·oche de municiones efectuado por los ingleses: cananas y bolsas llenas de cartuchos; multitud de proyectiles Lee-Metfort aplastados al pie de las rocas; cartuchos sueltos y desparramados por los parape­tos; en algunas trincheras montones de casquillos. Y sin embar­go, los Boers sólo tuvieron en aquel rudo ataque 51 muertos y 29 heridos, 6 sea la sexta parte de bajas d e su fuerza, m ientras que enterraron 6o8 cadáveres ingl e s e s, los q u e unidos á los h e ridos que retiraron, arrojaban más d e la mi tad d e b ajas d e la f ue r za total, número e spantable verdaderame nte , y que m e jor que ning ún razonami e nto pregona la habilidad e n e l ti ro y e n e l c o mba t e de los aliados, así como s u pasmoso d o m inio d e la it uac ió n. Ace r c a d e e s t o, bie n s e r á d ecir que l os comandos permane­cen echado s ú oc ultos en s us atrin c h et·amientos í nterin los i n g leses cañoP.e a n sus posicion es : c u a ndo la infantería, luego d e prepar ado el ataque por la a r ti llería , a vanza, s cuand se colocan sobre el parapeto, p oniendo entonces lodos sus fusdtJ y disparando con gran r eposo. L os reveses primeros ad virtiet·on en ci ·rto rnocJo á los Gene­ral s ingleses la manera de emplear la infantería. Los ataques en orcJen ele parada fu ron ustituí 1os p r ott·os en líneas de tiradores; mas e m ésta· avanzaban . in ¡.>rot ... cción recípt·oca, resultaba que los Boet· sp 1·ab~n para hac r su. fuegos cuando los asaltantes s ponían ")n ma1·cha, o ultándose cu .. ndo la infa n tería inglesa se echa a para hac r alguna. d cargas. Como es natUI·a1, !>i el ataqu ~ e iniciaba de d o á I ,2 o m tro por avances sucesivos de 25 á 40 metros ·uando l atacant · lleva­ban recorridos 6oo metr s 1 número d bajas era enorm , y por lo c o mún había que reforzar mucho la lín a de ataque para lograr el é xi to. Por punto general, l os Bo r sólo vacuaban sus po icio­nes c uando veían envueltas sus alas por la. fuerzas montadas . D e todas suertes, la difer ~ncia esencial y característica de las d o s i nfanterías, á juzcrar por los datos que ya conocem os, e s­triba en la d eficien te i nstrucción en el tiro u '1 soldado inglé~, e n su torpeza p a r a a provech a r la s d esigualdades del te rreno y e n la soberbia é ig nor anc ia d e s u · o fi c ia les, que j Q. más b u scan e 1 m e dio de ahorrar sang re pre cios a , ni sabe n hac r b u e n uso d e l e leme nto terreno, ni pu e d e n tampoc o, justo e· d ecirlo, hacer milagros con la rigide z d e los princ ipio tácticos á q u e se c iñ e n los movimie ntos de la infante ría. Frente á e sto está la destreza individual d e l boe r, lo mismo en el tiro que en la posición, que e n e l m a nejo de su caballo. Tan decisiva es y tan superior tal iniciativa personal del aliado, que por ella ha compensado (sic) su flaca disciplina y la ausencia de toda formación orgánica, base de evoluciones que conducen á decisivos efectos en el campo de batalla.-X. (De la R111isla Tl&nKa d~ Infatlürla y Caóalkrla, de Madrid). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boleti?t Jlfilitar PR.JNCJPJOS GENERALES DE ESJJ?ATEG.JA Y DE TACTICA EN LAS PEQUERAS GUERRA!> JIOT el Mayor C. E. Call well, del Ejército inglés TR.ADUCCI6N D~ ISIDORO LAV.ER.Dlt Al/.AYA -Gc,t/imia CAPITULO XX SORPRESAS, RECOGIDAS ' E KBOSCADAS Es preciso tener mucho cuidado para no a visar al enemigo, por medio de descargas prematm·as, que debe estar en guardia. Por regla general los fusiles no deberán cargarse sino á última hora. Un soldado poco cuidadoso puede frustrar los cálculos más hábiles, descargando u fusil por inadvertencia. Cuando la mar­cha nocturna de Sir F. Rob rts para sol-prender el flanco de los Afganes sobre el Peiwar Kotal, dos soldado indígenas descarga­ron traicloramentc sus arma ·, á fin de acly rlir al enemigo del ata­que que e intentaba fit. "Y había escogido al 29. 0 PunjaL de Infantería para mar­chn. r ' la cabeza, teniendo en cuenta la gran reputación del Coro­nel Juan Gordon, que mandaba stc r gimiente, cuyo comporta­mient había sido iempre excelente. Pero al reunirme á él en el camino, mis sospechas se d. pcrtaron por 1 desorden que rei­naba en las fila. , y llamé la atención de Go.rdon hacia e to. Y penas acababa de hablarle, cuando un di paro sali6 de una de las compañía. de Pathans, y :í ese disparo sio-uieron otros de otra com¡ aiHa. Las compañías Sikh del r ·gimicnto e. trecharon al pun­to sus fila., y 1 ordenanza de Gor on le avisó por lo bajo qu los Pathans traicionaban. u qu ·1 fue un momento de grande ansiedad, porque era im­posible r conocer á qué distancia nos encontrábamos del pingawi KotaJ, é igualmente Jo era el descubrir á Jos culpables sin retardar la marcha, y esto yo no quería q•1e sucediese. Por esto, aun cuan­do contrariado al tener que tomar medidas que debían probable­mente disminuír el crédito de un regimiento cuyas tradicione eran tan admirables, resolví cambiar la orden de marcha, enviando á la cabe7..a una compañía del 72. 0 Highlanders y del 5. 0 Gurkhes: previne, además, al Teniente Coronel Brownlow, que mandaba el 72. 0 , vigilase á los Pathans con las tres compañías que le queda­ban, porque yo apreciaba que nuestra tentativa había sido del todo arriesgada por los Pathans y que toda vacilación sería una falta. En efecto, si á merced de la noche no podíamos llegar al Kotal, el movimiento envolvente podía terminarse por un desas-tre ...... '' t • Véanse las Expediciones inrlua.t m .A3itz, pág. 14J8. t Pwl•_jlffu yeaf'J ;., ltulia, by the field-aarshall Lord Roberts, pá&. 35 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mt"!·itar VI. .Es comunienle, en lo posible, lanzar al enemigo Iras una falsa pista-Cuando se trata de una sorpresa, es siempre de desear el lanzar al enemigo, por todos Jos medios imaginables, tras una falsa pista. De varios modos se puede lograr esto. El enemigo se en­gañará con frecuencia con los fuegos del vivac que se dejen en­cendidos por la noche, ó bien las tropas destinadas tomarán un­falsa dirección. No hay empresa que se preste más que una sora presa, para emplear ardides y astucias. Y lo mismo e.s para las guerrillas que las tropas regulares encuentran en las campañas como las de la Vendée, de la Península y de la Polonia. Lo mis­mo en Argelia, en el Cáucaso, en Nueva Zelandia, en Achín y en otros teatros de guerra discontinua. Se podrían citar algunos he­chos de jefes de voluntarios que con sorpresas y emboscadas han logrado sembrar el desorden en las tropas regulares en "'Stas pe­queñas guerras. Una ocasión, en 1881, el General Philebert, que obraba con­tra los insurrecto de Argelia, resolvió sorprender una plaza situa­da al norte de su campamento. Con tal motivo marchó ele noche · ntencionalmente hacia el sur tocando sus cornetas. Los fuegos en las montañas probaban que 1 enemigo velaba. El Gereral Phile­bert mandó en seguida que se guardase el más absoluto silencio, y encaminó su columna hacia el Nort . En otra oca!:>ÍÓn, en camino para caer sobre poblados, se convenció de que su marcha era vi­gilada. Entonces hizo alto, acampó y fingió detenerse en do!1de se encontraba, y luégo, cuando se persuadió de que ya los Arabcs no desconfiaban, desprendió una columna ligera que log-ró por om­pleto una rec g-ida. ir R. Buller en 1885 sacó de noche su columna de Abu Klea, n donde estaba bloqueado por una fuerza considera­ble de madi ta , y lo enemigos no lo persigui "ron ; dejó ncendi­dos los fuegos del Yivac, hizo que las cornetas tocaran como de cos­tumbre, de modo de engañar al enemigo. VII. ~·emjJlos de .'iOrpresas ejecutadas por jiurzas irngulans sobre /ropas regulares-Los ejemplos que siguen de sorpresas verificadas m· guerreros irregulares sobre tropas di ciplinadas merecen citar­se, porque hacen ver de modo evidente la astucia desplegada por estos adversarios en la ejecución de us operaciones. En ciertos aspectos, los alvajes y las razas medio civilizadas son excepcional­mente certeros para estas empre as. De ordinario son sumamen­te hábile para marchar de día ó de noche ocultándose. Pero, por otro lado, como la esencia de una sorpresa está en la ener­gía del ataque, los Chuanes, los Carlistas, los de Montenegro, y los guerrilleros de esta clase, patriotas enérgicos y bien armados, on mucho más temibles en estas operaciones que los adversarios más astutos pero menos valerosos, que se encuentran en los tea­tros lejanos de guerras con salvajes 6 razas en la infancia de la ci­vilización. En 1859 se envió un ejército persa contra los Tekes de Merv, el que bloqueó en esta fortaleza á una fuerza considerable de nó­mades. Los Persas permitieron á las mujeres de los Tekes entrar al camp& y salir de él, para vender y comprar. De repente un día, en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 686 Boletín M·ilt"ta,. rarse como el tipo del ~istema de las recogidas por castigo que lo¡ Franceses adoptaron. Para una razzia la columna está compuesta, en la gcncrali­d~ d de los casos, sobre todo de caballería ; sin embargo, es bueno agregarle un destacamento de infantería. Por lo común, el papel de la caballería es rodear el campamento 6 la localidad que es objeto de la recogida. La infantería acomete entonces, mata á to­dos los que resistan, toma á las mujeres y á los n·ños, los rt.!baño , se apodera de todo botín qu ~ pueda llevarse, y quema el resto. Esta distribución de la faena se adoptó igualmente en los ataques contra las guaridas de los Daco1 s en Birmania. Para as ~rurar el éx1to, es de todo punto indispensable que el ataque sea una ~o¡-_ presa completa. El General Y u suf tenía la costumlxe de marchar durante el día en una dirección completamente opuc ta, y d~,.; vol­Ter sobre sus [Xl o por la noche, á fin de caer _oDre el cam­pamento de los Arabe , sorprendiéndolos en absoluto. Y, sobre todo, hay que impedil- qu 1 s H>mbres se desbanden, no suceda que el enemigo, recibiendo refuerzos, al verlos dispersos 1 s aco­meta y sean incapaces de poder resistir; soldado facultados para el saqueo, poco ·e doblegan :i la voluntad de los jef-.s; y <'Sle in­conveniente e , de. de un punto de vista puramente militar, una de las m<.\s fuertes objecione á las ra.:s ias. Un dc~,tacamento discipli­nado, que por cualquier causa se convierte en una banda de me­rodeadores, está e.·puesto á toda. clase de peligros. Se cncuenu·a en muy mala situación si 1 enemigo acumde. Una iniciati\·a atrevida es sin embat·go . l más seguro m diu d · alcanzar el é.·ito n ope­raciones de sta. clase y de impedir al enemig-o que se reúna con intención de un contraa uc. E 1 1 42, ·n Ar ,. ha, una columna á las órdenc del General Changan ier cayó sobre una ma"a de árab s nómade , j1netes, camellos, mujeres, niño· y r baños protegidos por I ,500 hombres de caballería. El G ncra.l destinó 22. lancero , sostenidos por in­fantería, para atacar ·i. los A1·al >.... • ~1 enemigo tenía una enorme iuperioridad numérica, pero el ataque de lo Franceses fue tan re­pentino y tan im etuoso, que lograron capturar y conducir á su campo z,ooo camellos, o,o o cab\.,;.zas de b"anado, muchos pri io­neros y un botín considerable. XI. Dificultad de condudr d g.wado lomado, elc.-La conducción de los animalt; tomados en 11na recogida feliz es una de las ma­yores dificultades con que trop~zarun los P usos n el Asia Central, la caballeda de los Estados Unidos en sus recogidas á los Pieles Rojas, las tropas inglesas en el Africa del Sur, y los Franceses en Argelia y en Túnez. El destacamento destinado para una recogida es casi necesa1·iamente poco numeroso. No logra el golpe sino merced á la prontitud de su ataque. Pero una vez que ha tomado el botfn 1 el destacamento ya no es sino la escolta del ganado cap­turado. Aun su¡Joniendo que el enemigo no trate de recuperar su propiedad, de ninguna manera es fácil conducir á lugar seguro grandes rebaños de camellos y de ganado. Este parece disminuir de un modo inexplicablP. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn .11zlitar 681 Con frecue!lcia los Rusos, luégo de una recogida feliz del ga­nado ele los Turc manos y de los Kirghiz, al cabo de algunos días se encontrat·on e• casos en raciones de carne. Los camellos, los. bueyes, lo·· carnu·v , 6 cualquiera otro botín, se extra vía de noche, hasta cuan-L.> el enemigo no intenta apoderarse de él. Suponiendo que una recogida h· ya ido feliz al principio y que el botín esté en vía y mante­ner nuestro pab "n el ·tado Oorecil~nte en ue hoy · cncu ntra. El Cucql) m u lar no duela tampoc de que ·. h., pen ~trn.do d • estas e n ideraciones y convencido de lfJS peligTus á que quedan e.·puestas esta provincias, por causa de su au encía, cederá á las instancias que ~ ... 1 dirirren en nombr · del omercio y de. la agri­cultura, y disipará, con la prudencia que lo ar-actcriz.J, los temo­res del pueblo, dcmot·ando su partida para E paiia hasta tiempos más favorables. El Cuerpo consular, concc.1trando tocla su aten­ción en un a unto tan importante, dispone que el Tribunal entre­gue á S. E. el General en Jefe una copia certificada de esta opi­nión unánime ele ·u mieml ros, lo más pronto po ible. '1 ambién se reserva el dirirrir á S. M. manifestaciones si llegare el caso. En fe de lo cual firman en presencia de otro miembros, los primeros y segundos J ucccs, C6nsules, jUAN ALVAREZ-MARTÍN JosÉ D!t huGorutJtK Por el Secretario enfermo, JosÉ LAu.Rt:ANO GARdA SrvERro. Por copia, certificada del original. Caracas, 7 de Noviembre de 1820. Por el Secretario enfermo, JosÉ LAuLUtAHO GARcÍA SrvEIUO. ( ConHmta) Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BtJletíH Militar ZL OCCIDENTE ANTIOQUElfO POI? J. EN~IQUE WI-IIT1! Co1zlziltta (INÉorro) II-GEOLOGlA El ten·eno es de época reciente ó de la edad tei·ciaria-épo­ca Eocene- período segundo y marítimo principal, grupo del Vicksburg; movido por las ct·upciones ígneas de traquitas y do­leritas que formaron las cordilleras ó montañas; éstas levantaron los conglomet·ados, que son inferiores al terreno eocenc, como se ve al pasa¡· la cerraz(m. Esta faja se ncuentra entre los ríos Che­remandó y Chimurio, y hacia tl Oeste sigue el Eoccne, que se ve primero en Gesineales, y este depó:sito atraviesa á Chumurio, Tugu­ridó y Tenganaturadó; más al Oeste se hallan las areniscas y fajas aluminosas, con carbón de hulla, y en seguida del filo de Cheverri se vuelve á ver el grupo de E cene, llamado Vicl·sburg, para vol­~ er á encontrar las ar ni cas en O,¡uendó y Pavarandog-rande. El Riosucio, .Amparradó y Tug-urid6 corren por encima 6 en las r0cas e!·uptivas, desde la boca de Quiparadó para abajo hasta Bedó. E~te terreno, por su estado geológico, tiene que ser fértil en lo g-e­neral, y no se encuentran en el Centro y Este del Departamento la mi mas roca . En minerales es pobre, pues no se conoce una . veta de or ó plata, y e ta e la con ·cuencia natural d su tiempo geológico, pero abundan señales y riegos de minerales de hierro y cobre, y en el río Tu~rUI·id' y en ott· s puntos se encuentran rie­gos <.le cobre nativo muy puro y macizos y mineral con sulfuro del mismo metal. Abundan la fuentes llamadas termales, 6 mejor di­eh salinas, que tienen por base principal carbonato de soda y gas ácido sulfhíddco. En las orillas del Riosucio, en toda su ex­tensión, hay aluviones de oro, y las playas del río son ricas, pero aún no han entrado capitales para explotarlas. Estas minas no fue­ron conocidq._ por los españoles, y ahora 50 años fueron explotadas por antioqueños, entre los cuales mencionaré á los Zapatas, quienes trabajaron las de Cheverri y Oquendó, los Villegas la de Pegadó, generación enérgica que entró á estas soledades, dejando atrás como último caserío d del Cerro. La generación de hoy, con más recursos y con vías fácik:s, aún no se atreve á seguir el ejemplo. La Yegetación es también muy distinta de la del Magdalena: abundan la palmas barrigonas ó Iriarte, ventucosa, el mil pesos y Ja tagua. En los riscos de la urrazón se encuentran maderas suma­mente finas como el guayacán, tamarindo, avinge, gerasimón, za­mota, etc. etc., pero en la parte más llana hay escasez de made­ras buenas; abundan allí el perillo, balso, caracol, etc., pero hay un palo que resiste á ser derribado con hacha, el llamado Choitá Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1/o/etfn JWilitar -diplerix ebamci's,-y no como cr.;en algunos qu es el D. odorala que da la sarrapia. Abunda la zarzaparrilla, y s de notar la au­sencia de la guadua en toda e~ ta región, lo que prueba que no hay pantanos 6 terrenos húmedos; para r emplazar sta planta tan útil se usa la macana de la palma que se llama zancona, que quizá sirve para tabla y es de más durcción que la guadua. Hay muchos otros árboles propios del clima, que no se necesita enumerarlos; pero sí es de admirar que el rastn,jo que sucede al desmonte, e de árboles de tierra templada y fda, y en el s··gunclo crecimiento abun­dan el bals yarumo, guamo y gambüa y las maderas de sal­via, betónica, cargamanta sarcadtra, de. etc. El terreno abierto se engrama rápidamente y produc'.! bi ·n la hierba india, el pará y el gramalote, que es silvestre. La ca a de azúcar y el arroz nece­sitan buscarles COn C-'>pCCÍaJiuad ~~ t< rrcn , t~riJ, Ó SC \'i n La falta de brazos no permite el cultivo del café, pero hay faldas cerca de Pavarandocito, ~n la cordillera, c1ue se le\·an :i 1,400 metros, muy á propósito, y donde el dueño podría con su an­teojo vigilar la entrada al Golfo de lo . bu ue. que vini ran :í lle­var su cargamento. Esta reg-ión pobre ·n el n•inu animal, y por tal razón no es frecuentada. por los in íg ,;na , p ro los ríos tienen ab ... ndancia de p scado, y hay lug· res d nde n ha ntrado la gent , que pro­porcionan mi s ncgt·o, paYas y paujil; el mono scaso n esta tierra, y el guacamayo y diosLclé n on tan e mun s como en las orilla del r(o .. 1agdalcna. E.l aimán sube hasta la boca del río Ampan·adó, pero .... s muy es uiv y ·e asusta con ]a pr scncia del hombre. En el plano se han e n· erva lo hasta dond,_ ha sido posible los nombres indíg nas cie lo5 dos, porque odos significan álgo re­ferente á su localidad, y ad más son bonitos. Lo nombres tienen los siguientes ignificado : .Dó, es agua 6 río; CIJOrom,mdó, río gTandc 6 cañón grande; Ogodó, río de cedro neg-ro; Quiparad!J, río de la fruta jagua, que usan para pintarse la cara· Clwmuno, un pescado; 1.\~wd.J, río de oro; Chiclziridó, que debe ser Cht"rtduiJd!J, río de las golondri­nas; Amparradó, río del pescado "dorada;., 7ít.rYundó, río de are­nas calientes, alguna referencia ~\ la acción volcánica; Tmganalu­radó, río de los chontaduros; .Autadó, río de Tagua; P~.·gadó, río de roce rías; Afuclu·mba, cobre; Pavarmzdó, río ~la ro:- aguas cristalinas; Tagzdó, río de los sarros; Bedó, río de maíz; Jl,.t[ulatá, río piedras;. Nee, oro; Chaqu.enodtÍ, río chico; Chimiaudó, río de salados; Ampu­numz ·andó, río de plátano guinea; Partad!J, río de plátanos. Hay muchos Antadores, Ampc> .. rradoes, Mutataes, Pavaran­does, Quiparadoes, etc. etc., en el terri orío. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn Jfz"litar III-HISTOR.IA Ahora que el descubrimiento de América está llamando la atención y e. tas tierras hacia el Golfo, poco conocidas por la ge­neración presente, han venido á ser interesantes, no será ajeno de mi informe dedicar alguna parte á la historia de estas co­marcas. Siendo conocedor yo personalmente del occidente de Antioquia y aficionado al mismo tiempo á la historia, creo que en algo puedo ayudar á desenredar lo de la conquista, referente á esta región. En 1501, Rodrigo Bastidas reconoció el Golfo de Urabá y fue el primer spañol que pisó este territorio. En 1502 y I 503 el Al­mirante Cristóbal Colón, n su cuarto y último viaje, entró al Gol­fo. En 1508, Alonso de O j e da y Diego de Nicuesa obtuvieron el nombramiento de Gobernadores de Tierrafirmc, teniendo por lí­mite entre sus os jurisdicciones el Golfo. Después del fracaso clc jeda en Turbaco, r¡ué fue una derrota para los E pañoles, fun­dó un r u blo en Urabá y nombró Capitán y Teniente allí á Fran­ci~ c ) Pizarra, 1 que después alcanzó á ser Gobernador del Perú y M r ¡ués. En dicho pueblo ele Urabá sufrió Pizarro hambres y en­iermedad~~ · y ataqu ·s de lo· indios, los cuales no ·ran naturales de esta provincia, pu · u anttg·ua tierra había ~ido el paí sobre el gran río del Darién. De anclo scapar del yugo de los Españoles, que an mal los trataban, deja1·on sus casas, y se fueron con sus mu­jerc é hijo., y habi ndo llegado á Urabá, atacaron á los naturales, los mataron á todo y ~e apoderaron de sus tierras. Cuando el Go­bernador Ojeda upo esto, le entt·aron o-randes speranzas de n­contl ·ar t·iquczas en aq 1 paí., y rnand) á ·u T .nienlc Francisco P~zarro á formar una ol nia ; IH. E te fue el pnmer ·-ri tiano que entró en esta tierra. Des­at ·rollando los datos que tenemos el Cieza de Le6n, se deduce qtJ prim ro Bastidas, quien se ocupó n cog-er indios para escla­vos, y d ~- pués Nicu ·sa, que había tratado mal á é ·tos en la banda occidental del golf los obligar n á internarse y pasars~.;; al Orien­te. Además, e )ffiu los Espanole aprovechaban las enemistades ~ntrc las diferente tribus, Ojeda, viendo que en su jurisdicción habían gucrr~ado lo. indios cntr • sí, consideró llegada la oportu­nidad de vol V{ r á oeupat· el territorio que se le señaló, pues había salid mal librado ·n u tentativa sobre Calamar. Sigue Cieza de León: "Después estos Gobernadores, O jeda y Nicuesa, llega­ron á un fin desastroso, como es bien sabido entre los de aquel tiempo, quienes aún viven, y Pedrarias vino como Gobernador de Tierrafirme, y aunque había 2,000 Españoles en la ciudad de la Antigua, ninguno se estableció en Urabá. Pasó el tiempo, y el Gobernadot· Pedrarias hizo decapitar á su yerno, Vasco Núñez de Balboa, y al Capitán Francisco Hernández en Nicaragu~, y los in­dios del Cenú mataron al Capitán Becerra y á los cristianos que an­daban con él." El descubrimiento del mar del Sur, por Vasco Núñez de Balboa el 25 de Septiembre de 1513, hizo que el interés de los conquistadores se tornara al horizonte así abierto. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletin Mt"l·itar Los dos Gobernadores, Ojeda y Nicuesa, poco ó nada hicie­ron, pero el primer pueblo fundado en Colombia fue San Sebas­ti. in de Urabá. Ojeda volvió á España por recursos, y murió, pero su socio Enciso equipó una expedición, en la que figuraba Vasco Núñez de Balboa , y al llegar cerca de San Sebastián encontra­ron á Pizarra, quien acababa de abandonarlo, y no e stiman­do bueno volve r á ocupar este punto, e n donde él había sufrido tanto, r e solvieron, por consejo d e Balboa, pasar á la banda opuesta y formar un pue blo e n la boca d e l Atrato, que fue llamado Santa María d e la An t igu a , y fundad o p or gente d e Ojeda e n territorio de Níc ue sa, quie n moraba e n la pobre za en N om bt·e de Dios .; pero pronto hubo dife r e ncias en tre e llos , y man daron á Diego Colme­nare s á ofrecer e l m and o d e l Estableci mie nto ; p e r o á su ll egada á San ta M a r ía, l os Españoles habían cam b iado d e pe n sami ento, lo desconocieron y Jo obl igar o n i irse en una embarcación mala, y nunc a se Yolvió á saber de él; esto f ue en e l año• 1 511. Bal b oa e ra el jefe de estas intrigas y aspiraba al mando, por lo cual e n v ió al R ey de España la carta que describe esta pa r te d e An tioquia, la que es de interés, porque es el primer t:;Scrito que hace referen ­cia á este Departamento. Para explicar esta carta, hay que recordar que el río grande d e an Juan "' 1 Atrato. el muy hermoso y grand Riosucio, y y endo por é te arriba dos días, llegadan á la boca del Pa ''arando­grande ó quizá i I\1utat<.l, donde estaba la capital de Dabeiba cuyo jefe negociaba con el oro del interior, que se obtenía á dos jo r na das de allí. La sierra á. que se refiere Balboa y que para ello era la más alta conocida en ese ti mpo, es la cordillera cabeceras del Sinú, L eón, Mutatá, Tajicló y Uramá, que se eleva á 3,600 metros so re el mar; y como no se distingue la arrazón, apa rece como real­m ente fue antes ele que R iosucio la r mpiera, una cordillera que se e.·tiende al medioClía ó, hacia el ~ur. La cet-razón está á d oce y media leguas por camino ele Pa varandocito, que dan l as dos jornadas; d e esta cordiller a según Balboa, van cayendo unas cordi ­ll e r as d e ierras sin mon te n ingu n o, cte., por lo que podían ver · los esp añol e s . L a pa rte alta d e R ios u c io, ó l a que está a l Oriente d e la re r razón , se ría p a ra e ll os vertie ntes d e un do q ue corría a l Este d e la cordille ra, porqu e hoy nadie q ue r ecorra e l ca mino d e Occidente , puede , á le gua y m e dia d e la arrazó tz, señ a lar é s ta, pues no se nota quie bra alguna e n la cordille ra, y d e m á s a b ajo no ve uno sino los cañones y valle s d e los ríos Amparrad6 y Chumu­rio, etc. Esto e s muy importante recordarlo, para la historia. Ade­más, los indios que hablaban con Balboa, le habían dicho que para ir á las tierras más allá de la cordillera que tenían á la vista del Golfo, tenían que treparla, lo que era y fue nece­sario hasta el año I 886, que se rompió el camino por los precipi­cios de la cerrazón. Hasta el año dicho, para poder ir de la parte alta de Riosucio á la baja, el camino menos alto tenía que subir 1,8oo metros y una trocha mala que se rompió á 1,500 metros y que habfa que recorrerla á pie. Más abajo no pudiero!l encontrar paso.- Conli'nú• Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boietill .ll/ft!rt~r 1~ ueva Geograna de ColrJmbia MUESTRAS DE LOS GRABAIX)S o t" rto 6' ·-~.,.,.-:) ,,.,...c.//, ~ \o Colombia si el mar ~ ubiera 2,000 metw5 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. J]o/etfn 3/ihtar ---·-~ --------- ] :' ogolá-Imprmla de Vt~¡xw-Callt IO, i!tÍnteTt' r6S Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 22

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Por: | Fecha: 08/06/1901

j30GOT A J :JNIO 8 ¡._; BOL [ fl~ ~111JTAR DE COLOMBIA Organo del Minist~rio de ~~ Guerra y del Ejército • 011 colaboradorc de e11te pcr16dic:o lo. ~ Jef s y OfiC'ittles del Ejército ~ Duector ad honorem F. J. VERGARA Y V. C'neral de Ingeni ro , Miembro de varias Sociedades Cienttflcaa f>ROGRA.f/.1 PARA LA hV.'>'IRUCC/0 r E.\r NUEVE JJ.fr,'SES Pf<: LoS CF LOS CUERPOS DJ<: RTIJ.LERlA DE .ro. TAÑA Y Á l.Pr 2.0 "A B LT.O (. 'ist ma chileno) trucción : 3.er (8 . - mana). 4. 0 PRRÍono-E cu ·la tiro ............ (3 emanas). Lo trabajos para .. ¡ 1/cencia!Júrn/n durarían I · mana. La {;randts mam·obras tendrían lucrar n l 4. 0 período; n tal e so podría anticipar ·e en una ó du~ semana la instrucción del 3 er y 4· o período. El reparto d las di ver a in truccione., su duración y hora5\ d trabajo, están indicado para ca a p ·•ríodo en los registros re - pectivos ; é tos no deben, sin mbaq;o, con iderarse como absolu- TOMO 1-45 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. f]o/etín ./Vf-ilt.ta~ tos; en co ns ecue ncia, pue d e n e r · u .eptilles d e li g ras modifi­caciones, según sus n e ce sidad s. Este programa e stá basado e n 1 d esarro llo d e la di v e rsas instruccion e s que se hace n indi p e nsable s para o bte n e r d e la arti­llería campal e n e l campo d ata 11a e l máx imum d e s u valor lácll'cr FRI M.:grR.~ FERÍO DO , I N TR 'CCION JNDJV IDUAL (Del I. 0 de Abn"l a / 5 de Agosto) ,] - --.., ~ <:> FECll . EN l1E ~ ~·~ ~ '~~ ~ JtSPE '1 ¡.: JH·: 1 STR CC16N I ~ _t 1 !:; .., .., dcbcdarsc dt•ócduru..!! ~~ 1 ..... : ::::: comi~ur.o l tt!rmi11o ~ ---------1-- A~OTACIO ' 1~~ «) lNSTRlil" JÚ. l'R .~ 'TIC\ . S 1\fu ·cular .... 1 1. 'imna 1:1\ ( En aparatos .. 6 1. 0 Abril ¡ 10 1 'in arma ·. J . 1 6 1 1 UJuo 5 g "'"\ 8 Sob lu1q(l J. ·r 1 criodo y el 9 :\bril 1 período con arma . . 5 . go tu 16 Sin ganaoo. J. o Julio 5 Ago tu: 5 Los principios. L 0 Juli o 5 go lo ~ s ¡Lo principio . 13 Juuio ls Agosto· 9 1 3 J ulio 5 Ago. to 4 La in. truccióo. 1 1 . E-.c uf'l.l primaria...... . .. 5 S Abril 5 .\gostui i 7 Dada por norma listas. 2.0 I. r> i ci plina ... .... .. ... .. 3 1. 0 bril 5 Agoslo¡ I 8¡La entera inst rucc i/ln. X I I. · ,:dign ~1i~i.t ar . ...... 1 1 8 Jub o 1 5 Agosto,, 4 1 ·ó 0 Jordlean apnazrate. útil de l a XII I. on~l'rv acton d :! 1 m. · tc ri a l y atalaje...... . .. . ... 2 6 ~byo 8 J ulio 1 9 L a e ntera instr ucció n. I V. l!:.i 'lle ~f ~i~~ r ... ~ .. ~~- 2 11. 0 Ab r i l l5 Ago. t I18I L a ent e ra inst rucc ión . • Solame n te á )K . e l· de montttñl\. 1 Pum la. pi ez :~ 'l divi Hi b l s dobe incluir e 1 ~ Instrucción do armar y d~armar el n t. e r il\ 1. t Sapon •mo11 que se ree mplace Ir carabintt eu l o;~ c uerpo• d o montañ por la pi• tola T «~ I! C dote tumbikn á lu butcrh t i ea bullo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolclf11 .ll1lita r 1 RV. 'U\>ff~"'J I>l! LA. HORA OJI. T/{A•BAJ DIARIO DURA~TE EL 1.er I'ZRl 00 Mes ue Abnl Mayo Junio Julio Jo~lru~ ·•ón prádir,a. lln. fruu~ón lt·j l > u pt·og-rama s má. nduádo qu<· e l pr ra­ma de caball ría, y ¡nr cun · i~)·ui< nt la artill ría de cría t n r u rccrlrmenlo ¡;roj)/'o 1 ara irn¡H'clit· ·l abu u dt• e~ta in ·trucción e ha c. T hay qu ul\'idar· c¡uc tod aquello que s aprend y qu no ti ·ne a1 lí a ·i6n pr~ktica, l' ti d e má~ y p< rjudica por otra ¡nrt el el ·sarrollo r¡w~ clc·IH·ría dars (' i las tra~ in truc ionc propia-. del ·trma. v) Ser; ,¡c/o rft la jll~ = tl-. hay 1u clar mayot· importancia, .s nc san JI ' g-at· á ns o uit· que e l ·oldarlo apt·enda tan in tintiram nt<. ~us manejos, quC' el spué de 10 añ J . dt..: au · ·n cia c..lel en·icio, aún n( haya olvidado d 1 tod esta in tru ción. Por tal m tiY , o n\·i ne qu la hora · d qu di 1 'J IW pat·a <. la instrucción sean aumentadas tant uanto lo permita e) progre el )a otras instruccion S compJ m ntaría . Est · sen i io de ¡·á repetirlo durant tod 1 ti mpo que 1 lda-o p rmanec en la-- fila., cada vez u haya ocasión. r) Escuda de apuntadores-E ta in. lrucción e mpezará á má · tardar después d e I 3 semanas, y no d e b rá pn•.entarse m rn•z's­la al tt5rmino del primer p riod , sino e n 1 ter cr período, ó ea cuando t nga lugar la cla, ificación de los apuntadores e scogi ­dos. Siendo esta la in trucción más importante d la artillería, con­viene que su in~tructor e a 1 mismo oficial que en la escuela d e tiro mande la bat ría, esto ·, el Comandante de ella, con el obje- • Los regimiento d montaña ólo deben dar e. ta in lrucción á las el - ·es y cornetas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oiet{n Militar to de adiestrar al mismo tiempo á sus propios oficiale , para que la instrucción sea fructífera y para que el personal de la Batería e familiarice e n u Capitán hasta el punto d llevar á comprender .~ us propzás z?zienáones, aun con la más pequ ña in inuación. No de­b e m.> olvidar r¡u e n hay in trucción alguna qu n ce ·ite tanto la humdgL'nt·idau de la rna ·a com é ta. vn) E,oula de ronduciores-E ta n debe dars ant s que ter­m nc· la instru c ión le equitación ; p ero 1 atalajar una pareja, .. m .mtar á caballo, de cendcr, cundu ·i r una pareja á mano ó e tan do á caballo, t~nlranchar y de nganchar la pareja , d berá n - ñat· ·e á los recluta. cont mpor:in •am nte con l 2.0 período de la titslrurci/m d caballo. Se hac nec '~a rio vigilar mue ho 1 desarrollo gradual dt· ·. ta in trucción, pu es d e to d p nd rá el éxito de la ~ c ue la dt•l 2. 0 y 3.er prrí clo · dt: instrucción. . VIII) 'l-lantjo de la púiola )! de la armas blancas- un cuando no ti n ·n toda vía de dotación lo. cu rpo de artillería la pi tola, con­vi .nc t 'nPr pre::; nte é ta para cuand e llene · te 'ado. En cuan­tO al man jo del abl -, d ·be r ducirse á lo movitni ot m:L sim-pl é indisp .n abl . Esta instrucción conti11úa n 1 2. 0 1 eriod con la esgrin.a á ¡>íe y á aballo. rx) E11fardamú:nio- Ha~ta hoy no_ e 1 ha lado á t ta in truc­ción la importancia qut• mere , d e l id > quizá · ú. la falta de r gla­m ·nta ión d 1 núm ·r de pr nda que d~; bt•n t ~n .. r y á la manera de 11 .. \'arel qui¡..>o, ve tuari , útil··~, t•tc.. n i mpo d guerra . . ~i n l'mhar<-ro, d ·1 é. ·ito ele ' ta in truc,·i~_)n dcp nde n gran parte la rapi 1 z d e movilización y la c·un~t·n ación d 1 p r · na) y gana­do · por lo tanto d •b' formar par e d una in. trucción p ial la qut 'n c•J 3.er ¡wríod•> (kb r:l. n·p ·tire á la li•··t ra.-C'onhmía ~ -- .VncJONF."> DE GEOGRA.F'/A Af!LITAR TEORIA DEL 'IENRENO L· s cuen cas ó regiuneJ húlro rrdjicas tle 1 s grandrs ríos on muy .·ten<>a , por ·star formadas d la r unión el una infinidad de par­ticular · d" ot1· s rí.os ó arroyos. A! , una Y es lo · IJord '· ó ar/sta,\ d ·tas cumca. . ~tán trazado or rordt!laas qu . ña lan rrráfi a­m nt la dll•úon'as d. agua · p ro, orno ya : ha clich , de nin­gún molo d b e ncluír que 1 /errmo ha de tar i mpre y for­zo amente elevado ,n 1 punto de s paración e ·ta otPncas: lejo de t: o, su le suceder que no hay la m e no r min ncia, y í}UC los te­rreno tributario ue do ríos no re. ultan ..., parados ino por una u ña di tancia. L0s g·pc)~Tafo ·,á ejemplo rl e Ritt C'r . su ·1 >n dividir 1 rurso de lo l{randr·., ríos t·n tres parte · ó trozu · : ~ up rior m dio é inferior. El .wpt r/ur ·orrc, ' m:i bi n t.! pr cipita, ntr alta monta­ña con pendí nte varia y si mpr fu rte, ~rran ruido y puma por Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 702 Boletfn ll-f1lz'tar el aire ab ·orbido ; nunca e na vegabl , ni aun flotable, y con . titu­ye or linariamente la parte má corta y torrencial. El t•ozo med/(), l má · largo y variado, arranca del t .rr no montuoso . ondulado al 1 i _ de la r -ran cordill ra. La p di nlc di - minuye ha ta hac r e mucha vec · insc:nsiblf' ; serp ntea en reco­dos y meandros · tien lago y ano- tura ; y ·i bi n e to lagn. no son de los llamado alpú,os, ni los escalo11es del lecho mcr ·' e n el nombre de calara/as, hay nfp/dos, saltos y cascadas. En el tr zo z"ttfi rt'or 1u e de arrolla en neral por llanuras bajas y ex ten a . , tuda da disminuye má la pendiente y la vdondad; aumenta la andlUra ; _ má fácil la na v o·ación ; el cauce se árte en ramales ó brazos, y ·e f01·man lo estuarios, los del/as ó aifar¡ues. La embocadura ó •ntrada en el mar, varía . gún éste ten 0 ·a ó n liLa­nas. E ta dtvi ión onv ncional n trozo· ólo es aplica le al cur-o de lo de prim r urden : muchos de s gundo no tienen sino do~, y no muy di tinto · ni caracterizado . Nada hay fijo sobre la dt'recú(m de los ríos. Aunque . ean erran­des, rara " z u curso es recto; i mpre ofrece recodos y sinuo ida­de., según ·1 volum n, ·l régim n, la fu rza de la corrient , gún los ajlttenles, e6·ún lo· obsldculos 1u.:.. el t ~n-cno pr s nta y la clase de rocas ue a nc Jntrando. Mucha veces sobr l límite de dos terrenos de difer nlt.:: na-ló ica ·s dond 1 agua va xca van do u lecho, por-que ya allí ncuentra he ha una e p cíe de falla ó hendtdura, que luégo no hac más c¡ue n anchal'. E ·to, junto á la po ición Je las c:olinas, d •termina fr' ucnt m nte 1 num r ~o n :codos de las co-rrzimles. ltc ¡u alguno ríos s ene r an al alir de entr · la montaña , porque habi nclo al 1 i de lla · encuentro de do c.1pa.r dif ~rent _, pr fi ¡-en se uirlo á r ,mp rlas tran ver al m nte para abrir pa o. A ' tu llamaba J f ·im atracción de los río por la montaña . La rap/dez ó z docidad de una cornenle d pende d u volumen ó antidad 1 agua y de la inclinación d l lecho, lecir, qu la determinan e m factor s la ¡;reszon y la pend/tmle. En la altas montañas, la p ndi nte ,. ncc á 1.:> ¡ re ·ión ; en granel llanura , al revé-. La rapidez . modifica por trozos de lecho ca i horizon­tales, por aglom ra ión ó estancami nto t'n lagos y labias, e ac - lera por cn•ctdas y ajluenles. Una corri'elde el om, r6 por ·egundo, arrastra la arena fina ; de 0,2 1, la grue. a ; d 0,2 la <.rra va ó cascajo m nud ; el . 0,85, pi ~­dras r dondeadas ha ta de 0 01,03 ; d 0,96 á I 111 puede an-a tt-ar piedras angul sas del tamaño de un huevo. No t do. 1 hilos d la corriente tienen igual velocidad : e n fondo 11 \'an menos qu e n el m dio, y . n é te menos qu en la superficie. En lín ea horizontal tampoco idia, no hay más que multiplicarla por la fra cción 0.81. El lecho, caure, db ,eo, madre de un río, s la caja ó espacio que mate rialment ocupan su aguas en la parte má · baja d el valle ú hondonada. En <... 1 día e- usual y técnica -la voz al mana f}¡a/weg (u eg, camino, thal, v" 11 ), para ignificar lo que otro dicen hi/, del a rrua, e ·to s, la lín a más e ntral, má profunda, <.le mayor corrí nte. Na a má v riable que 1 lecho de los ríos en su forma, en su fondo, en su anchura, en su pendiente. Lerho nonnal es el deter­minado por el 11olumen de equzübrz"o, por el rég11nen habitual del río. El volumen d ep nde de la fu ent ; de la longitud del curso y de la clas de e~ t , rápido ó le nto, recto ó sinuoso; d 1 número y tama­ñ de lo ajlumtes de las montaña d la cuenca; de la naturaleza del su Jo; del estado ele la atmó f ra, de su temperatura; de los bosqu ·s, de la vegetación, de la cuenca y orillas. Este ·¿oo/umen, va­riable por creúdas, a v ni das, de b rdami ntos ó inundaciones, se llama de er¡uzl/bno cuancl no tá alterado por tale cau a , y se compon de la agua con tantes qu alimentan la corrú:ule. La fuer za k é ta s · l pr~ducto de la ma a por v locidad. E ta ültima vada, como e ha visto, con la pendí nte; la fuerza obra sobre e l fonu y los bordes imultán amente. La 1·esúlencia ·1 f ndo de p< nd d la dureza ó tenacidad de lo mate rial es, y de la p nclient may r 6 m nor; la de los borde , de la misma tenacidad y de la dirección también. Hay, pues, equzlz"brzo cuando la fuerza igual á la reúslenda. En la ac p ión rigorosa, adoptada por varios ingenieros, la voz r ég/men dd río, n hidrodinámica, designa meram nt el stado en el cual hay equiübrzo entre ]a acción ero iva de una corriente y la r sistencia del 1 ·cho que ]a r cibe. En acepción más general, e ta frase se aplica á la man ra de ser, y según la expresión ita­liana, á la índole, al aráctcr, al natural, hueno ó malo, de un agua .corrúmle. Así e dice : tal río tiene un rég/men regular; tal otro un régz"nun /O?'renlo o ó torr ncial. e concibe que en materia de rie­go , por ejemplo, 1 régimen regular es más útil que el torrencial. Sin embargo, cuando este último ofrece un volu.men notable en la estación d lo ri go , la irregularidad del réo-z?um no es suficiente motivo para r enunciar á su empleo. La peudú:ttle del lecho, necesaria para que el agua corra, está formada por varios planos 6 escalones cuya inclinación va decre­ciendo, y puede en conjunto representarse por una curva cuya ma­yor curvatura está hacia 1 origen. Para formars idea de lo apar­tados que pueden e tar los límites extremos de perldzenle, basta con­sid .rar que hay torrentes de un pie de desnivel por cada quince ó Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ¡o.¡ Bo/etin JVfilitar veinte de cur o, y en el río d la · • rriazuna , ~e.~ún die n, por cada 1 ,ooo pies no llega á do líneas 1 de ni ve l. E ·ta pendiente es inapreciable, ca i nula. Es difícil determinar con exactitud la profundidad de los río ~ porque arrastrando continuame nte partes terro ·as ue hacen va­riar su lecho, esta profundidad cambia á cada in tant . La anchura es también un caráct r muy suj tu á grande va­riaciones · porque independientement de la · cree/da., xtraordina­rias y periódicas,. una multitud de obstáculos que s opon n á su marcha, d e be hace r variar á cada paso stos caract r . ~i los borde¡¡; no presentan resi tencia, n ancha ; y lo qu gana 'n extensión lo sue] perder en z¡e/ocz'dad y prifund/dad. i, por e l con­trario, las márgenes son de roca dura, compr ndc ue el lulw ha de angostarse, aumentando n p1·ifund1dad, y la corrí nte ha d ganar en veloczdad Io que en el caso anterior p rdía al xt nden; en más vasto e pacio. Esto contribuy á dificultar el aforo, ó " la determinación de la cantidad d agua qu 11 va un río n un ti .m­podado." Credda es el aumento de olumen de la~ agua., de las pluviale que corren uperficialm nte on rapid 7. y in fil­tración. J derretimiento d la niev · por un vi ' nto cali nte ·qui­vale á una lluvia Ít mpr ~ la · dan clara , ino de las tierras qu l ao-ua ro ha ·a dv. 1 ·ído y arra - trado. Alcrunas ces, en comarca d mucho arh lad • lo a ua­ceros de otoño producen creadas, p t~qu 1 agua n '\bala s br la~ hojas seca que tapizan el suelo. De todos modos, sin un rigor g ométri ·o ·n at nción á la variedad de pendientes, de vegetación y d calidad, cuanto m á extenso sea e l e pacio en qu ac la llu\'ia, ma or ·erán ·1 au­mento y duración de la creúdas. u máximo. f'n un punto lado de la corriente, ·e verificará en e l mom nto t n qu 11 gu n á él la aguas rodadas procedentes de los má 1 jan , antes <.l . que aca­ben de escurrir las de los más inmcdiat , . Y p ¡- on ·igui · nte para la máxima crecida, la duración é int >n ·idad d la lluYia d be r prop rcional á la extensión del paí ó u ·nca que da alim nto al ' río. La creCida no cesa en el instante mi mo qu la lluvia d ja de caer; porque el terreno, á no er de r ca muy dura, ' "mpapa como una esponja, y el agua sig-ue e curri n lo durant un ti mpo proporcional á la exten ión d el terr 'no mpapaclo. i 1 volumen ordinario ó de equz'lz'brio no es muy exacto de calcular, bif:·n e com­prende que el exlraord1nano de las cnúdas, n 'i ta d 1 s varios elementos que las causan, ha de ser aún má difí ·il d . apreciar con ap1·oximación. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bol~tin }v/tlilt~r En g n .ral, toda (:ornenlt busca de suyo la línea recta, el puntO má bajo, la máxima pendiente y el m nor ou táculo ó re­sistencia; sta t ndt.:ncia natural s m difica, in embargo, por con­dicion ) circun tancias muy variabl .. La fi onomía, l carácter, l réo-imen de un rí cambian, n ól n 1 s dif r nt . s /rozos de . u curso arriba m ncionados, sino con la calidad 6 naturaleza di­er a d ·1 lt!cho qur-.: lo ncajona . . A ·í, n Jo ~ ríos llamado. de casca-jo, ~ e ck·tin~u · un l eh mz)lor y otro menor, mi ntra que en lo de areua,fa!Z G.E.VJ-.:NA/J~·s /) J~· E.">.TRATEC/,'Í Y DE TACTlt 'A E.V f.A.<; PHQU.EfVA.'i GUERRA.!> por el i\ll •o r C . K ·.d lwdl, del Ejércit inglés TRAlH'CCl(l"c I>J.: ISIJ> R O L ,\VERilE A,L\YA-Co1lit1t1Ía 'APIT L(, XX SORPRI•: · .\ . REC GIDA. Y l<::\fBOSCADA Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B oletfn Mzlita~ rino·hee~ ( 1 ), n huída. Bien pronto se encontró en el terr<:>n d cubierto qu' D~nni había cogiJo d e pr · pó ·ito. La caballe­ría, 1 u cada p r el nemigo n la m ntañ , podía ahora manio­brar fácilm nte, y acometí' e n ímp tu ' furia. La mortr.~.ndad fu , ten-ibl y la derrota compl ta (2). · ~_III. Notas sobrt: fez pr paraú(m d t: las 1'111bosozdas- r r· gla gen ral, in embaro- , uan o la cabal) ría y la infantería proc - den le conci rto n e ta cla d ~ operacion ' S, la aballería la que, ~ra ias á su movllida . atrae al en migo, n tanto qu e la in­fant ría, más en aptitud d ocultar e. ca · oiJr • · l enemio·o n el mome nto re ·1u rid ,J. Para a es.Jrar el triunf e e encial qu las tropas tén bi n al rta ... qu e n rvt:n ·u '>ano-re fría. 'omo n las sorpre a d no ·h , hay que tomar pr cauci nes para evitar lo dis¡ aro pr maturos, y hay que df jar qut "l en migo se aproxi­me bief"l ante. de acom ~ ter! . Si t' pu de hac· ¡- u o d la bayo­neta, mucho mejor. El Gr~ n ral Bugeaud preparó ·n Tak empt una mbo ada que ahó muy bi n n I 41. De ·ocup' la plaza luégo de haber d truído todas las f rtifl acinn . ; pero d jó en lla alguna tro­pas que ocultaron. 1 ·d qu 1 Ara be notaron que los ~ ran­ccse aband na an la plaza, entraron á lla por· t>l laclo )puesto. Io-noraban la pre n ia d la · tropa · ue se habían ocultad y •1u 1 ca u aron gTand pér ida . . El · eneral Pr-im, n 1 < 59, d _ pués d u victoria :obre los Mor s, n Ca till jo , re haz' al < nemit ía tomar 1 t.:nemig al marchar n u p .rsecución. Lo · :\101·o ay r n n la tram¡ a y ufri ·t·on fu rt r érdida cau..,ada pur ·1 fu o-o in <"· erado d ' los E pañ 1 s . . ~IV. C/rcunr/ancias qru !Jan de tener e presenlt:s-La destr za y el conocimiento rt 1 terr no . n indi p n able para diri<,.ir una e m o ·cada. A lo qu' le be at nd r e de m o lo ~ pccial s á c¡ue el enemigo no de cu ra las tr 1 a culta. . ino n el momento en que é ta puedan atacado En l b· qu , .ntr • zarzal e , en un t rr no cortado, 1 a uttt ·~ fácil, sobre tod - i el ad v r ario no di pone ino de un camin uand s . proc de contra una co-lumna en marcha, erá conv nient n romper los fuegos sino cuando una parte de la columna haya 1 asado por la emboscada, de m do d dividirla. Ttambién con\"Í ne á v e s retardar 1 ataque ha ta 1 mom nt en que 1 uede verificat- e contra las re­taguardias r atrevimiento y ti más (r¡ Feringhee (P ranco) PS el nombr gen ral Jado á lo europeos en Afga­nistán y en cierta. regiones de la Indibie1·no n o tilic' tad ·con tanta pre mura m Conrluy~ EL GENERAL POP4 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ¡o8 tan do con cerca de 6o,ooo hombres. Como se ni la ·inteligencia (sic) de Pope, ni las hábil s /ioletf;¡ .ll1lz'tar Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletf-n . ~1tiit'ar por ·te jefe. Alentados cada uno por diversos sentimi ntos, pre­tenden obt ner un s ñalado triunfo; incierta la suerte en algunos momento., al fin s inclina por los conf derados, los que logran una victoria obre u ncarnizados n migos. La afortunada co­rrería d Jackson, brillante y admirable en el a vanc , 1 fue igual­mente n su retirada · el ánimo de los confederados y la confianza de su Generales e ntuplicaba su . fuerz s, ntretanto que los re­veses de lo federados ha fan en ti iado u t: n ro-ía y c. curecido las disposiciones d u caudillo .. -At.,.obiado por el dolor del infortunio, Pope adivinaba un fin d graciado y un fracaso completo de todos sus planes ; mas, ju ·to · r conoc r que el au ante de cuanto sucedía n era 1 va­lí nt é intelio· nte Pv¡ e Cic), ni much m no ninguno de sus Ge­n rale . No, la cau a de r ve~e tan continuado era la falta de no­ticia del adv rsat·io, f'l mpleo poco adecuado de: la caballería y la mucha impedimenta qu quitaba movilidad á la columnas. Pop no podía arr glar ni organizar, in duda, e mo pen aba, el ·jército e nfiado á u tal nt · lo ataqu · inc ante d un enemi­~ o a ·tuto y ,·ali nte e 1 impedían. Dt .. cidido, pue , el General I up á . al ir d una v z d la itua ión p co agradabl en que s \::ncontraba, di IJU o qu R n , ac mpañad ele la di vi ·ión Kearny, nar · ha . éi Gr wi ·h; Mac Dowel con~ ig 1 y R ynola e dirigie­. n rápidam :, nt' á Gain villc; Portcr p rmanec .ría ·n \Varrent n asta la 11 gacla Bank , y el mism Por e con la división Hooc- 'ncaminaría á Mana sa ·. ir u lada · la ór n · o¡ ortuna • a!-. divcr a. columna 1 ara l s punto t1alaclo. á cada una. La c1ivi.·ión epantti ta Ewl'l, que· > upalYt la tación el ri t )\V !loo k r, al divisa¡· la pn~. n ia d la vang·uardia enemi­g · , -;e apre. tó á la efensa, 11 ·. and ,' el ·ten ·r, ·on pérdidas nu­m' r· a .· , el arrullador a van e de la Di"i ión I-Io el· r; p ·r com- 1 n•n i< ndo la inutilifb.d d" u · fuct·zo y t miend ,. r.-e cerca-lo, r J _ ·ó pruclent Fwel r tirar. t' ha ia l'viana~~a , de truy en do ante · el put•nt y la da fét-rc.a.. t> ene ntrand~> Jackson ba ante eg-uridacl en ~lana .. a . , vrd nó , u ·vacua ión in ndiand uanto u ie · sl'n·i¡- e],. utili lad á Jo fed ·rado . ~ ~í (1U la di vi iones le é to · ocupac\>n ~in difi ultad la p ~¡ ione · ~l ñala a p r Pop 1 plan :1· n ral <..1 ·• la campaña que comenzal a á de. an·o1Jar. -¿.Qué r< 1.one"' podero a ran la qu obliga an á Jack on \. retirar· e ante 1 avance el I 1 · , el pué · d hab r oht nido no­abl · triunfo y 1u brantad tanto la moral d u nemig s? · P r qué no hacía fr "nte, máxime cuando la fortuna había guiado oda ·us empre a contra los oldados d Pope? La prudencia ra la que acon jaba i Jack on á no a Yenturarse n una serie de ba-alla en la que, aun suponi nd alíese vencedor, era lo má fá-c il perdiese al final todo el é ·ito 1 grado hasta entonces. El motivo que impul aba á Jackson para obrar de semejante manera ra muy sencillo: pr 'ximo á desembarcar en Alejandría el ejército Mac Clellan, quedaba cogido entre dos núcleos poderosos, y lo probable era que fuese aplastado por la inmensa uperioridad de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 7IO Bolett·n .:Yfi,itar us adversarios; operar por líneas interiores no era posible, ni mu­cho m_nos aguardar en tan crítica situación el ataque d Pope. -En e te e tado, los sucesos se precipitar.sn, y l 29 d Agos­to se libró una formidable batalla. Pope intentaba acorralar á su adversario antes d e que recibiese soc rro , obligándole á r etroce­der hacia las m ntañas. Jackson, á su v z, tenía sumo empeño en reunirse á la tropas d e l General Longstreet y en cons r ar una posición que flanqu ea e el camino por donde debían d .mbocar las fuerza del Potomac, para lo cual di tribuyó sus tre divi iones en esta forma : el ala d e r cha, considerada como 1 ej de la po­sición y confiada á la división Taliaferr , situóse detrás d 1 do, en la dirección l\1anassas-Ga ; el centro, formado por la División Ewel, á las 6rden s d e L:twton, y el ala izquierda, con ·tituídé.l. por la Divi ión Hill, extendíase hasta lo alrededores de Cent r\'ille. Inició e el combate atacando Mac Dowell, o tenido p y· Por­ter, la derecha de 1 s conf derado ; p ro bien fu s d bido á las difi c ultad e d e l ten·eno, á las mortíferas de cargas del nemigo ó á la in ptitud d e Porter, 1 cierto es que de pués d infructuo. os y sangriento ataque , 1 s f dcrad iet·on r chazado on m s p~rdida ·, malogrando con su desacertada maniobra éxito de la operación. Entretanto Schenck y Mclroy añon auan en la i/.qui rda del camin la. fuerza d tarkc · la ivi ión hurz, · n la d ·r "cha, atacaba denodadam nt á la de Lawton. ro hauién lo <..:aún in­corp~ rado Lono-.:tn.: t, y compr ndicndo Ja 1 son qu • su izqui ·rua no s halla amenazada, acumula fu<..:rzas n la dcrl'cha, po­ni ndo n erra ve apri to á la de 'jo- :1, u y . píritu ¡- •'tnimó por la 1lcgad de K arny, que oJo ·a á sud r ~·ha, y de Hooc­ker, qu • e tabl ce u línea frente á la Di vi ión Hill; 'eh n ·k, ue e lan:có en corro de churz, hubiéra vi to gra.' m ·n e um-prom tido :i no er por el eficaz au.·ilio de R ... no, qu · a par · ·iendo en l ·ampo de batalla ti ne y vigor-iza el de aíJo ánimo de aquél! Cada cual n su re pectiva p icion "· cañon<..:Ó al otro sin compromet r ·e á iniciar la ofensi \a hasta tanto se incorpora n Jos solicitado refuerzos. A las di z d • la mañana, L e )) o·aba con con id ra l les socorros al terreno de la lucha · á medio día todo 1 j~rcit confcdc1·ado se encontraba r unido n el campo de batalla, á la vez que Pope pres nlábase á examinar 1 de ·arro­llo d 1 combate. Ignorando el G n ra1 n J efe unioni ta la incor­poraci6; 1 de Longstrcet, y figurándos no t ner ante sf má e ne­migo que á Jackson, ordenó á Mac Dow 11 y á Porter avanza en para rebasar 1 ala derecha de lo conf derados y a •r, por ·en­siguiente, sobre u flanco y retaguardia, mientras Hoock r ataca­ba de frente. A pesar de las prudentes advertencias de este brillant Ge­neral, que acons jaba á Pope desistiese de su idea, no tuvo otro re­medio sino obedecer: la brigada Grover lanzóse al ataqu lo­g- rando interponerse entre las brigadas confederadas Thomas y Greeg, y aun cuando apoyado por la División Hoocker, e o tuvo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. H oletfn il1t"lz'tar 7II uignamente contra las tropas de Hill, tuvo al fin que retrvceder, pues la presencia de Early le arrojó de aquella po ición con tant~ éxito lograda; otro tanto le sucedía á Kearny. Con arreglo á sus cálculos, creyendo Pope que Porter hubie e desbordado el flanco nemigo á las cinco y m edia de la tarde, dio la señal de un ataque de frente, sin conocimiento(?!), sin duda, de los parciales quebranto experimentado por su tropas. Kearny, en la derecha, ejecutando un cambio de frente, y bajo un vivísimo fuego, logró algunas ventajas sobr . la izquie rda contraria, siendo so tenid en ese ataque por la División Reno; in dejar r en·as, los fed erados comprometieron u brillant operación, pue ante una vig01·o a reacción de lvs conft.:derados vier n obligados á e der las po iciones ocupadas con tanto 'alor como intrepidez . A la· seis y media Mac Dowell intenta con la Di vi ión d e King 1 ataque dt-~ las posici n contraria d e Gra veton ; mas á pesar de las furio a · acometida de la iYi ión federada, prolon­gada ha ta bien entrada la noche, Kino· no pudo inclinar la vic­toria para los suyo . E te último y e téril sfuerzo de lo f -' d · ra­dos dio má · brío y ntu ia. mo á 1 · confederado., u, o empuj aca de a egurar un ñalado triunfo para u arma ; la ina - ción de P rt . r frente á la der cha de Long treet fu un grave con­trati mp pat·a lo feder do , 11 gando Por á arrojar bre a ucl G n ral la culpa del de ~ astr , acu ·a ·ión que . Port r r chazó di­ci ndo no había re ibido ór en d moYer · ; la desgracia sufrida por P rter-al que 1 • privó del mando cuando Ma Cl •)Jan fu de ·tituí o-pr dujo gran <.lesali nto ntt· la fila de los fed rado y un entu ·i·t ·mo loco ntre Jo contrarios; gTacia á e te pod l.! rv o e tímulo, lo ·oldados d Ja ·k ·on rechazaron on ·ner ía admiraulc fu rza muy uperi r · n número á la U) as. Tan Pñalada 'ictoria no ll •o-c5 . in ·mbargo á modificar 1 e.­píritu el' Jackson; b ·rvadur pru ·nte · C'nt ndi<..lo .i ·n 'ral, no e intió halagado p 1· 1< '> guc '· d e l triunf , sino que ~iguió r •c o­nocí ·nd) 1 crític d e ~u po ·ición. T rrninad l combat , apre­- uró Jack · n á dictar ónlen para 1· ·ti1·ar de aqu lla. po icione ,. qu tan fatídica habían ~¡ lo para 1 s f d rado ; el movimi nlo retrócrrado se llevó á cal o en rr: dio cid maJ.or orden y in que 1 en migo e atreví s á pet·turbarl un momento; 1 infortunad P pe, mal acon jado in duda, atriuuyó e ta retirada á una derr - to \' rg nzo a, y así apresuró á comunicar á u Gobierno la vic­toria obtenida, d cía, sobre las fu rza · de Jackson. El temor comenzó á cundir entre 1 federados y 1 desalient á propagarse rápidam nle entre u filas; los soldado ·e ncon­traban extenuados por tanta fatiga y abatido moralmente por de-astre tan continuo; los enerales s_ re i tían en principio á obede­cer las órdenes manadas de Pope y desconfiaban de las disposicio­nes de éste ; el General en Jefe veía por todas partes los estragos que tanto infortunio habían causado en sus soldados, y no acertaba el medio para luchar airo amente contra tanta fatalidad. En el campo confederado, por el contrario, todo era entusiasmo y ale­gría ; el soldado se sentía orgullo o de sus superiores y depositaba Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. JI2 Boletí1t !VJ-i/üar en é to toda su confianza; lo · Generales, iry.terpretando admira­blemente 1 pensamiento del General en jefe, coronaban con seña­ladas victoria la . op 'racion es á -llos confiadas; el Gen ral n J fe ene ntraba, á su v z, facilidades por doquier. -La falta de víveres, ~u in. eguridad y la certeza d e que se había reunido tod el ejércit contrario, ran cau as que parece inducían á Pop á buscar en C nterville una magnífica posición defen iva, en e pera de los auxilios solicitados. Creyendo, pues,que el enemigo se r pl gaba hacia Thoronghfarc-Gap, pr t ndió Pope detener e ta retirad(\, atacando su izquierda, error ¡u le llevó á la batalla del 30 d Agosto. Las fuerzas f ·d radas se e nc ntraron en el flanco d recho : Kearny y Ho ck r n la ex. r ma der cha ; Íort ·r y J.(ino·, que aunqu l día n.nl rior habían ufrid pérdida en rm -;, on 1 prim e r qu e se n c uentran frente a l arr lla or a van e <.le lo · o nfed •rado . ~1i e ntra . Jack on con t..:­arroo- ante o ldado mpuja hacia Graveton la· atónita fu erzo contrarias, la xtrema er cha d Long tr et, como no ncuent enemigo, diríge e al camino principal, á hn d cortar las comun _ cacion es d e l e jércit fed rad .. Los f ede rados n I u e <.l e n r e i Lir la furio a acom tida de 1 · contrario , y tra brillantes y d - l-'erado e fu rzo ·,van cedien el campo; d e pué d di ezmar con u fuego á las brigadas Mi_ roy, Reynolds y Mac Lean, lo confederados e apoderan, con ur vistosa carga, de la altura d e Bald-Hill, que n vano intenta r ecu-· perar la brigada I ol te . Cuando lo separatista , dueños d e esta po ·ición, pr ·iguen . u plan y creen cortarles fácilmente la comunicaciones á los contra­rios que han emprendido la retirada, por temor á perder esta ,1. nea, una brigada lo detiene. La brigada Buchanan, sola, dtsl­fiando á todo el ejército confederado, se vu lve y hace frente; e - obstáculo detiene á los victoriosos separatistas y da 1 ugar á q , Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Botettn .3!u.uar rea~cionando los federados, acudan á detener el movimiento ofen­sivo de Longstre t; con esta brigada, como núcleo, se forma en la casa H _ nry una fuerte muralla de intrépidos soldados; el arrojo de la brio-acla Ruchanan conti ·ne á los confederados hasta muy entrada lq.. noch(·, y da lugar á que Pope organice la retirada tranquilamente, á favor d la oscuridad. De nada irvió a uel ,·alor de los federado , rayano en locura, cuando no s halla a alim ntado por un corazón firme y una vo­luntad indomabl . ; d nada irvi ron los ruegos ni las amenazas, cuando la ponzoña d 1 d salí nto había roído los má puros senti­mientos del honor; nada hay que ontenga á una tropa cuando ha comenzado á recorr r con pa · in i rto el camino de la amargu­ra, la enda d la derrota. Sólo el genio de un Napoleón ha podido salvar esos momento angu tiosos, n e~os crítico instantes, e as situacione fatale en qu ·l al.>atimiento 6 la desconfianza se apoderan como la hie 1t a, fu rtement , del co1·azón del soldado em­botando sus sen ti mi 'nto · y paralizando sus energía ; tan sólo feli­ces in piracionc son los únicos re ·ort s adecucdos para cosec.;har nuc os laurele uando la desgracia s ha infiltrado en el ánimo del combatiente, porque s ~abido que á la multitud . hay que conmon. rla., ó e · n la lira d · '1 irt< o, ó con las arengas d D mós­ten s. El fu "go mortífero de lo~ conft deraJos bligó á las tropas de Pope á abanJonat· sus posicion ~ ~ y :í r tirar r r cipitadam nte, en m< dio d 1 mayor d 'sordcn, a la~ alturas occid ·ntal s de Cen­t rvill ; ha ·ta Sl • punto la · p •r. igu n los s ... pa rati las, y qutzá hu­biera!' l ontinuaJo atacáncl la !::o furio. a ment i no hubi e . id por la h e roi a actitüd d la brigada Bu hanan. A la tt·opas de Pope no 1 aba u trc olu c ic)n qw· r ·troc 1 r y 1 ¡- urar á todo ntablar nu !vos e 1 ·nl>ates -n uno día. , pu '. 1 • tado moral f ·d c radn dio maro·t·n á grandio os ac­to::. d arrojo ; aun en m diu d e l au;uimi r· nto qu produjo á lo · urio~ista - aquella marcha su ánirn n decRyó por com¡1 to, u su• i ron opon r suulimcs d c f n a · al imp tu o ataque de lo con­trarios; 1 infortunio n que s · vt' Ían n\·u lto e tradujo en de es­p ración, y ésta en abnegación t j m¡ lar. ada jornada fue un tinbre de gloria para Pope r ' U ~ soldado ' que d spués de una mar ha verdaderamente nota le , ll o-aron el 2 de ptiembre á las obra defensi\·as de Alejandría y del Potomac. Los confederado , guiado · por el General Lee, p r iguier n ·ir: tregua ni descanso al ele trozad jércit d Pope, y es eguro q e lo hubieran aniquilado p r ompleto á no r por el ejemplo TPKO 1-46 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. /Jolettn .J/úztar verdaderamente edificante f1U e dieron aquéllos olclad · unionistas, cuyo heroí mo causó orpresa aun ntre sus pr pios en migos. Los triunfos de Lee habían ca u ado gran sensación n W á hington ; pero se traduj r n en verdadero terror cuando se upo que 1 no­table General confederado pro eguía u marcha vi to.riosa. Los ecos de la desgracia r epercutieron tri.temente en la capital de la Unión, produciendo un t mor justificado. La preví ión de Mac Cle­llan, fortificando el otoño anterior las líneas de def n a de Wáshing­ton, evitó e l golpe ele mano que á no e tar construfdas, · gura­mente hubiera dado con éxito e l General Lee. Fácil ,ra para este Gen ral poner sitio á la rapital de la Unión, y muy probable ser dueño de lla de pués de angriento a altos; ma s ""'g uir ' ta id a tenía e l gra Y - in con venicnte d que adormecía l píritu de su entu ia tas · 1 lado~, en tanto que 1 nemicro ¡.>udi e verificar reacci nes of n ivas y ha ta qu el iobierno de la Unión tra la­da e u capitalidad á otro punto, vacuand á \V á hington d . pués de haber d truí lo cuanto pudi ·s · ser útil á us tropa . P ' n ó, J or lo tant , con .·e 1 nte ritcri per <'guir al n migo hasta la al­turas de Adingl n y d · a.n-ollar con gran actividad 1 plan qu había propu · to, sto · : ai ·lar la a¡ ital de Jos Estado d ·1 N r­t . a ·j ·cución del lan de campaña d L e e n el nombre de / ,a im•asi/m de AlaiJ'lcmd, ·n uyas p ra ion d acr ,ditarse como xperlo G n ·ral y hábil 1 olítico. -At moriza la la pinión púl>Jica, om nzó una vio) nta am­paña contra la condu ta de Pnp · omo C · n ·ral c:n Jefe, acu án­d( 1 el in pto y. olicitando n ur.~ent ia su relev ; la proximidad d lo nfedt·t-ado á '"á hing-t >11 a abó pot- herir ·1 ntimi nt popular LW pidió la destitución J 1 • ·neral Popé y . u r em1 lazo p;:>r ! 1 e 'k !Jan, fa YOrito de 1 _ ma. as 1 pula re . 1 rrollad 1 G bi rno ¡ or c..,ta. impo. i ión in det ner e á xaminar 1 'l ca u. a le tanto r vé · · uf ricio 1 or 1 . federados, d tituyó bru c.1 mL·nt ~ é 1 infortunad ' P pe · n \ iánd le á de . mp ñar una e >misión e r a d<· 1 s indi . d • ... linne ta que aca aban de in . urr ccionar. e. -Durant. la campaña 'Ontra •1 fr ne¡·al Pope, Lee se había a od rado d , oo pri. i nero , zo,oco armas, 30 pi 7.as de arti- 11 ría, gran núm ro de tienda d · rampaña y pertrechos d gue­rra. Los f dprado · tu \·i 'ron unas 30,000 bajas: entre los muertos figuraro n 1 . ""' neral s ~ l even. _' I earny, y mucho J fes de -alta graduación y ¡· conocido tal . nto ; 1 s _ eparatista experimen­taron :\ . u vez r s.ooo baja . ANTONIO Capitán Je lnf:.lntería (~ La Rn~isttt T.imrt:a dr ln.faHtrrla y (iJ.balln·la de Ma<.lJi i,. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. J}oülih .~ fr!?tar REG'LA.1tfENTO :VEX!C.ANO PARA EL SERV.lC/0 DE ( AMPAÑ.A TÍTULO IV Conlinút~. SF.R VICIO UE SEGURIDAD CAI'ÍTtJLO J-CO, SII>ERACIONES GENF:RALE ·18. El obj "to gen ral del rvicio de seguridad r .0 Informar al General en Jefe de la pre encía y movimien­to del ene m io·o en una z na determinada; 2. 0 P1·ot ..,. r á las tropas contra las sorpr a , y dat· al Gene­ral en Jefe el tiempo nece ario para tomar u disposiciones. La cab 11 -ríél "n razón de u movilidad, stá m á e pecial­ment encarc.;ada d uministrar los datos nec ari s para la e­g- uridad; ad má , contribuye á la protección de la tropas, opo­niéndo á las incur ionc de la caballeda enemiga. En ( 1 Ejér it , la mayor parte de la caballería de Jos cu r­po d jér ito e tablecen un servicio de seo-uridad el prim ra lí­nea, á retaguardia del cual se mueven y estacionan Jos 6-randes lem nt d 1 Ejército. L:t s "guridad á g-ran di tancia r po a -n -te rvicio d pri­mera línea . .... 1 r to le la aballería de los cuerpo de ejército con tituye la caballería di vi. ionaria. E ·ta caballerfa di vi i naria e ncurre á la protección inmediata de las tr0pas. La pr t cción inmedmta de la tropas, n marcha ó en esta­ción, e a~ gura por m dio de de tacamento ele todas armas; to ~ de tacamcnt s se el ignan : En marcha, con 1 nombre de VANGUARDIA G ARD.\Ff..o\~COS T Rl.:T ,\G UMrl'. D l>e er ufi i nt para permitirle podr.rarse de la po i io­nes vcntajo a·, qu · en ca.~o de ncu nt1·o e n ·1 n migo e v a obliga a a ocupar, para. poder ·mp ñar ·e vigor . ament , á fin de l>b li gat· á su ntrario á mo tra¡· sus fuerzas, 6 á lo m nos cont - nerlo ·1 ti mpo n '\l' ·ari para qu . !l gntc> o t me u cli positivo e e rnbat , al abrigo <1 1 fu g Jet cnemio· ha ta donde sea. p(- ibl . La vanguar ia dcb ~, ad m:i., r ·pa1·ar y allanar l camino tu e sig-ue el r; to d la cvlumna . En general, una vanguardia e f rmar:i con fracciones con:- títuída. ele toda arma · á aber: La may r part de la caba.ll ría divi ·ionaria. El tcrci al ·to el la infantería total que lleve la columna Artillería, en proporción Yariable y en muy determinada· cir-cunstancias, pue con\ i ne siempre que marche unida, para no exponerse ,1, perder una parte de lla. Un de t::tcamento de ingenieros, cuya composición depende 1 de la importancia de lo trabajos que se preve~n. · Todos e tos elementos estarán á las órdenes de un mi mo jefe, · que será el comandante de la vanguardia, con excepción de la caballería, cuando por convenir así al objeto de las operaciones, se le dé una misión independiente, caso en que transmitirá sus informes directamente al jefe d la columna. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. /Joietín .Jiziitar La vanguardia se fraccionará n escalones uce~i vo~. E~tos escalones tomarán las denominacíon~~ tie punta, cabe­za y grue o de la vanguardia. La punta e formará por el el ·~tacamento d la aba11 ~·ría ti«­vang- uardia. L aln·za comprende una fracción con tituída d infant ría v 1 d ·. tacamento de in ,. ·nit.;J·os. El gru ~ · mprencl la mayor part · de la infantería y Ja ar-till ¡·ía d .. 1· 'anguardia, ·uando la llev . La di. tancia entn' ·to~ calone ~t· ~ubordinará á la natura­l -~za tkl t ·rr no qu · s ~ r e< una. á la com¡ o ición y fu rza de 1 'angu¿u·dia. La dí tan ia que ~~para la van<.ruardia del o-rue u tic la ·o­lumna, e det rminará tcni ndo n U(' nta el efectivo del gru so, u pt·ofundidati y el tiempo n . ·- a1·io para ~ eh: 1· de pl o·ar, sin s r molestado por el fuego d l enemirro. 22. Gu.ardajlanro. -Lo· g-uardaflanc·as que· int nt ·n cn\olv r á la- C<1lumna y pon rla .. n tic ordC'n. 'e compone n dt" f1·ac ·ione" con~tituídé. c.:uya ful'rza ·s tará <'n rela ·ión r n la lmpH·tancia dt' la Tue. d la columna. i . · tratél el~ una columna con, i h rabl , put. de s . r v ·ntajv u, pare < \ ita1· á los o ua r laflanc<. un <·J·vi io muy proluno·a l , re· k' arlo~ or d stacamento dado~ '11 tiempo útil. por ut1·o. lemento~ d la ·olum~&a. En g nc·ral un guanlaft·tnc J ompr ·ndt·: h infant rfa, ncar­g- ada e resi tiren 1 lugar ·s ogid , alguno . oldado montad s, u y papel e t. ñalar al :!nemi de las loma ." Lo indi 'una ó Urabaes no eran antropófago ·, y seg-ún la cksct-ipción d Ci za d L ón, eran a cado en us hábito , y us muJ res la más hermo as y amable de tou) 1 > que él vio en las India , y qu la gente del Caciqul! Nulivara, qu ~ ,·ivía al orien­te de la cordillera, dueño de la part alta d Rio u ·io, _ í era antrop/faga, lo que corrobora las noticias dt: Balboa. La minas á que é!:-.te s reflet-e son 1 s aluvi nes del io<:u io y su · aflu nt s. Mu rto jeda y Nicuesa, el Rey nombró á P ·uraria Gob ·r-nad r, qui ·n vino con Ü\'Íedo, y Enci o voh ió con él, destitu) ndo á 'ñez de B.:1lboa de su mand , lo que btuvo por 1 que s · pue­de llamar una rt:,·olución. Pedraria · envió á Balboa <.i una ·xp ·di­ci 'n por el .. trato arriba, en la cual iban PLmrru ' Belal ázar; ·1 n: u!tado fu mal , y nada con io·ui ron ; á la vu Ita, n I 516, los e pañ le . d~dicaron su atención :i pa ar al Pacífico, y ·úñ ·z de Balb.>a fundó 1 pueblo d .. cla n la costa ele San Bias, donde hi­cier n lo. pt·eparativos para r corr r el l\1ar d 1 ur, y en 15 I 7 fue d apitarlo t' j fe por orden d l Gobernador. Pan má fue d scubierto por Tell d GuL.mán, y .n 1520 fue fundad el pueblo por Pedrarias. Habiendo matadu n este tiem­po lo · indio. á Bect:rra en el Cenú, no quedó nino-ún e añol n la parte E. del Darién. En I 4 de Enero d 1533 Pedro de Heredia fundó la ciudad ele Cartagena, 1 jefe más Jistinguido quizá de todo · lo conquistado res. Cieza de L ón vino con él, y en 1535 Alonso de H redia, h r­mano d D. Pedro, fundó por segunda vez la ciudad de Urabá lla­mándola San Sebastián de Buenavista la cual qu daba má ad n­tro que la de San e bastián de Urabá, _ fue edificada en una colinas sin monte, 6 lo que e llama loma ·, á unas cinco leguas al . orte de Turbo. Alon o López de Ojeda fue el segundo jefe de e-sta población Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn /'vlilt"tar Al n.o de Heredia emprendió en seguida una expedición para bus ar l t ro d Dabaibe · piensan algunos que entró al valle de Minú, lo ue pudo er probable, subí ndo por 1 Atrato y 1 uégo el Rio ucio hasta Pa \'arandó, y siguLndo por el cañón del :.1ci tomaría á. Amparradó por el río principal, pu por ste lado n e notan c-ordill ra alta , y, como ya s ha dicho, el Rio ucio rY l)fr e á la vi ta indicio al uno, de dond viene rompí ndo la e rdill ra alta. Por el Amparradó arriba se cruza á Murrí subien­d 1 río T e.. nn-anaturadó, in que se encuentre cordillera, pues el t rr{' no di,·i-;ori cntr· Amparradó y lVluní apenas e leva á I 135 m etro ; JWr ·· ~t itin rario no concuerda con lo de u lo anegadi­z , e nmarañad y IIenc de ob tá.culo ; sin embargo, todo puede ser •.·ag- ra i(n, y e m n P c.radó n la banda tzquierda del Riosu-cio . han nc ntrado un puñal y una herradura grande que pa­r e 1 rtt n · ieran él lo. e pañol , e probable que por e ta vía ubie ron, pu<"' n ofr e f rmidabl s obstáculos, y d jarían las em­arcac- i n ·-· en Mutatá, andando n seguida por la orilla izquierda el 1 rí . ~~i I-ler dra n ubió el Riosucio, río conocido, y de embar-c' n la orilla del Atrato para atravesar sta rdillera, muy s ·gur qu r>ncontraría terr no como el d, crito; pero n te caso 11 Jleta ·1 puc:Uo el' La Plata, á la extr midad d 1 P rú. El mismo hi toriar1 r di "que d ~jandu á San .' La ·tián de Buena vista, que es el pu rto de ral á para ir á la ciudad ele An­tioqUia, el camino io-ue la co ta or cin lt-gua~ hasta la urilla del Riov rde (é. te no e el afluente d 1 río inú, ~ino 1 río León ó Guacubá, ó hubiera dicho qu guía la orilla d •1 río Sinú) ; de aquí la distancia á la ciudad de ntioquia es el ' 4, h ntaña~ llama as biue, e llano, prr cubi rto con mont grand' _ · atra Vl'. acle, ¡HJr muchos ríos. De 1 ué ~ d ll o-ar á Rio rde (ó León) ·l cl l ríu 'uaca ( ~rama) ahoo-ó anta ruz con el ca al! . Lo-:, ~pañolc s io·uicrun <'1 río Uramita arriba, y alic ron in duda á Buriti :1, por 1 ~st . Exi - ten aún canalone de t amino n la ,>,- Jill('ra que ida n Cali, pues dieron á Badillo el día ue 11 g<' un banquc te en que se comieron una marrana qu poco ant había ido vendida con un marrano en 1,600 pe o . En Cali el r ·st de la g-ente · unió á Jorge Robledo, el que empr n ió una nueva c.·p . die ón auca abajo, siendo de gran •alor la xperi ·ncia d~ la o-ent · d e Badillo. Cieza de León se incorporó á la xpedición d Robl d , y em­prendieron marcha para fundar á Anserma, artago, . la­rallan 1 ara p ·kar, YÍ r·un g-ent de Roukdo · n u! vi eron eguir con é t s hasta 1 ·apitán. E t • upo aprdn char la a i 'n, y no t ni ndo para qué al an;ar á Badil lo, ut < _ taiJa t n 1 payán, lo :oldad ~ • le uni -ron. Rubl ·do bajeS po1· .-\.ntí quía y 11< gó al lugar 1 • Fr·untin , don­d , cr yéndo~e fu ·ra ck la juri-...dicción de Bt:lalcázar, 1 or e tar obre l o: aflu ·nt ·s J ·1 .Atrato, re olvió fundar un pu bl é it· á E ·paña á e n ••ruir ·1 títul de ' >b rnador·. El pueblo de Antia-lUÍa fue fundado < n 154L < n un llan unc1s do kilóm ·tro al ur de Frontin y R ·ru . <' 11 r lie­r ;n) fw-ron 3 l>nj:tr al '"t<.• del gdlf y tu,·i<.-run c¡u' atra' ·.ar al occídt·nt · JllÍ;\n, donde ·ncontraron á ¿ 1 n o d' Ht·rl·dra, quit·n lo . tral' eh- u ur·p~d rl , · 11< 'ando 1 . Pc­dr , é tl' lo n.:duj á pri ión ) 1 •n\ i ' á órden · · d ·a br·era ut· \Tnía é.Í ·a¡ t r·tr ''- Ro- IJl ed , . <' uní Ton :i él · marcharon ~uLr · llcn. día, <.Í quien 1 >U ie­,~ >n prL o y 11 ,,·arun :t 'arta~:;u, 1 ~ a de allí r ·mit irlo á Panamá. ~abru·a, tt. nit·ndu in duda temor ·. dt·l éxito, r y ndo quizá que ' t ' t 'ITÍturiu le p •rt ·nccía :i Heredia, rl' · 1hi' fundar otra ciudad á orillas del río 'auca, donJe no podía hab ·r di puta olx juris-di cci 'n, y <· cugit') ara · tu un lugar donde R bledo trabajaba mina , llamado ·l.lntafé, y se e tal l eci' allí la actual ciudad de Anti quía. Par ·ce qtH' '¡ ·za de León vino con el apitán J\1iguel 11ui1 . .Jz cuando ~~.· fundó á Arma n 1542, porque aquél recibió allí ~u <'f"lcumi ·nda d< indio· nas y n ·iguió más á Robledo. EnLu· ntro qu · la gL n ·ralidad de las per ona no ~a b n que el p!·imer ¡,u< !.JI<; fundado l n Antioquia fue en Frontino y de dond Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. viene Santafé l JJ o/rl fll _ L' t" ·llar - haci< nd u ' POR .JfHX/CO Y. UDAM.ERICA NUEVA GRANADA POR G. T. VIGNZ Tra 1 ucción d 1 ing lé, para el flvldln Aftlztat (( ontim/a) Vulví muy fatigado á Puracé. Por .er día de fie ta t dos e ta­ban fu~ra de ca ·a, y ntre otra· di trae ion . figuraba la inhuma­na de correr á tod o-alop tra - de un gall su pendido en el aire pul- una cuerda d .... ma iad alta t.aru alcan.t.arla de de la ~illa sin un o-ran e fuen;o, y el plumaje d .. :Ja ¡ our" a\· ra g¡·adual y cruel­mente arranca lo ha ·ta ¡u , por último, mL·diant un de ·perado tin)n, un jinete 1 ' 7Taba abatirla. A la mañana sint, 1 1 an Francisco, que vi rt" n 1 Cauca do l gua~ m.i abajo. La t mperatura del agua ra d · "' 0 • Es notabl porqu c~tá impr gnada de ácido ulfúrico · lo d 1 paí la b b n como m c dic-tmcnto laxante. Llevé un p )CO en una lJ tella. Una cuar •nta 1 6Ua al norte de este Yol­cán de Punteé .,. t,\ otro llamado Huila, t )dada má a1t ; y otro, Zotará, á larga di ·tam ia al E .... tl' d _,1 camin u¡- 4u Yi nc de Patía. El primt.:r g-rit( por h In pu •dan < ontribuír á hac r de una ciu ad un pnraL >. Dt·~de que •stalló la guerra de lndepend ncia e han ucedido a ¡u( vario tra t rnus locales ó rev lucione : uno comenzó ·n el puente de Pala é, por una batalla ganada por los ¡Y tri1 ta ; otr n Calibío, - rca d 1 au a ; t rcero n la plaza de p,)payán, ·n 1820, cuando Bolívar y lo~ patriota comandados 1 or 1 ien ral ando, fueron d rrotado · por lo e ·pañoles á ór­Jen ' ele · ·tlzada, qui ne á su ve.t. fu ron destruídos en Pitayó, en d ·amino de La Plata, por una fuerza que vino de Bogotá ; y en 1821 B lí\'ar y ucre derrotaron á lo~ •. pañ 1 en Pasto, y en­tone(; S hubo paz ha ta 1828. En - e año Obando comenzó una re­volución en P•)payán contra B lívar, quien dijo aquél deseaba co­ronarse Emp rador, y batió á Mosqu ra, su General. En 1830 hubo una revolución en Bogotá n favor d Bolh·ar, que e taba en angus­tia , J Mo qu ra huyó : hizo la paz. En I 840 otro trastorno, y Obando, qu staba n Popayán, fu e in culpado del asesinato del G neral . ucre, y l e ord nó fue. á B g tá á exculparse; y cn­t nc · · hub ut1·a r volu ción d bando, que fue debe lada por Mos­qu ra, quien lug-r6 opon r un pronunáamz'enlo al otro. Cuando la re­vol u< it> n d 1 57, só1 hubo un trast rno en Popayán, que fue pronto Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Milita' sofocado, pero hubo bu ::.na cantidad J combate en Pa ·to, y gún las últimas noticias ( 18 de Marzo de 1862). parect que P pa án ha sido ocupado por lo fed(. ro 1 , S pa1·tido de la Iglesia. en u lucha contra lo liberales . La úni a xcu a que hago para dar e - tos d talles tan poco int e r~sant s para la g n,_ ralidad de los lecto­res, s la de que s bueno que cnozcan el e~tado d · · a d e mo­cracias que ll van el nombre d r púlJii · a . Jum·o 30-Salí tard 1 día l vl Yiaje d P payán para La Pla . ta y Bogotá; e pa a 1 pu ·nt · ~vbre , 1 Cauca. ubre la colina, que empieza pronto, detú ·pm á cum : r y durmir, para d nde ll e­vaba una carta el re omendación, y muchv ~.;o é d e l air · fre co tras d 1 calor de P paJ án. La sul i aquí paree asunto d n 'C sidac.l; p ro no había ninguno n ti m­po de Jo - spañole . -4 nc ntré á una familia dl' P payán qu · me había prec ido. ranc.le hogu ·ra para dar alor a l dos y coci­nar ; afé y c hocolat ele man t:n mano. í décir qu se había tratado de v e nd er e l vall e por di ez mil p sos, pero in r ultado, por ue l ganado en una hacienda del '. tremo -. ur había sido muy molestado por j guares, 1 urnas et . La comarca muy cu­bierta de frailejón, p r la cumbre stá má baj· d 1 límite d la nieve. La mañana sigui nte muy fría y nublada. Hice una a censi6n más distante, como de tre milla , rara cont •mpla1- todo el trayecto de la da desde la alta up rfi ie del páramo. rboles muy cubier­tos de musgo y carbonizados ¡ r hogueras usada contra la niev . Pequeño lago de media milla de largo obr la cima. Oí decir que Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. un grand y xtraordinari animal, d 1 género del caballo, se oía á menudo causando ruido al capar e d sde ste sitio en donde termina 1 páramo al int rior d 1 b sque; probablemente era un tapir. Ulloa dice que este e l pa o, de todo· los de Sudamérica, más famo o · temido, y añade qu 1 arr y s tributarios del Cau­ca y el Magdalena fluyen de cada lad del lago. El d scenso comienza á ser practicable n un sitio solamente; erc1. d algunas o cura. roca ele pizarra. La formación ordinaria, qu par da ser porfírica, igue por entre un profundo barranco encerrad ntre alto pr cipicio . Pront aparece el bosque solo, abundant en h( lechos. Llano má bajos, e n plantas tropicales y parásita en todo su plendor ; guaJuales . n apundancia. Bajada hacia L?S orrales ancho y abierto portal, sobre un claro del bos uc, n d nd había un arroyo matizado como si atravesase por entre un pantan cubi rto de brez . El ·itio lleno de viajeros con sus mula , .te. Hualmacos ó eh r ta , _l faisán ilvestre del o-ran Chac , nca ¡·amad por r queña banda la obre los árboles: maté un para la e mida. Dibujé el ·itio. r\ Ja mañdna iguient S ?"UÍ bajand á C nd r m:i alto · 'ran lo. ·tatu lo ~ , lo vá ·tago pr funda m nte cubier­t e )n punta!-- e!-.pin ~ a · . Dormí en La Ceja, otro tam abierto ó ¡ rtal. ~ >librí. Un caballt r el La Plata me elijo que una onza de quinina ,-alía .. n l!1 Di. trit 25 fuerte", y qu a mi ma cantidad Yalía en R gotá tr p o y medi . ··¡ m¡ n" sigu 1 camino en­madera l : 1 rujo ue lo no podría r ten r otr 1 a\'imento. Roca ">qui to a; un g-ran núm ro ele záng·anos: n - pud"' v r qué anda­ban bu Ce mlo. n ra y alegr s el num _ro os arrieros, e n la ·uale . timulan á . us mula ~ palma·, árbole de hel cho . 1 !anta on mu an has h ja-; <'n fut·ma de e ra¿Ón y que luce h lla \ari .d d d nt rno<; que e han mucho d menos ha ta ¡ an Jrama · e Europa. Abundancia de inse tos: g-randt's oru,~·a n• gra~ y blanca., y maripo a 1 rillant ' 1 pie d~>l pa · ·~taba la cr ci la corrí ·nte d l rí Ulluco·, con· un puenl'" de palan <: Ít ntíticamentc n trufd ), _ hambti. eis millas adelant · 1 aja<.la á In á, p uh ña pero muy linda ald ·a. Por donde ui ra vi ibl ~ la<; ll r s amarillentas y llan uizcas d e l aga­\' . El mismo rí'->. e ·. tiende tant hacia 1 o:::cicl nt ·, om hacia 1 rient , ' una. tn:!s k gua eh di ·tancia má abajo se junta con una gran que/Jrada llllmacla. P ion eg-ro, qu viene d l ·ut~. P ña cos de roca bas~11tica, ¡ue llaman .El T~olcdn. Flor crrand , blanca, con tallo largo llamada azucena. ua ·abas silv stre ·. Día de fiesta, por el ual e J agan al ura si l pe o . i no hay paga, no hay fi sta; así me dij ron. Fuerro. artificial s y diversiones de aldea. Larga p ro fácil su ida.. B tones amarillo de cassia, y una planta roja ·e m jant al mtrto. Pájaro negro y encarnado, como uno de Norte-américa. f Iiguera y papayos con fruta que parece melón. Sigue la bajada á la ciudad ele La Plata, en el rico valle del mismo nombre, 1 or entr el cual el río Páez, atravesado por un puente de palanca omo de treinta yardas de ancho, corre con una velocidad formi­dable n din~c ión ·ur ; el valle e extiende de norte á sur. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolrtfn .lvltlt"tar ( (onümía J Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Geograifa de ' Colo.mbi1 WUESTf'A~ DE L()S GRABAT'OS El río San Juan (del Choc6}-Cauca Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~ u ·¡ "fi/ima,/'Mf\~UIZ .l,\\\0 ~ ~ • /\nUI a.. ·11 ~ -·. ~ • ' .\\' W EIPka.c~~ r..~~~ f~ 'O-~ .$'~17 .Pvrace. \ , Cordmel'"a Occide.,{¡l J &~J Qutc"'n ~\ fc.t'o.; ,W~'t}•'i,t~ ,f'soÑ\, • B•r"J!~f\-r•• ,b• Choe0 ••• ~~--~ ... ~· C•mP.I.J, ~ ,,, 1 \ ~..-difle,-.a Cc11/Fa.l 4 .. del ~uir1dio ~ • 11J Ft~.'i o ~~ Sola.l'c. ,O' 11\ 1>' U1.1"M~t, ~ 1,¡:, Sn Felll<. ~o. t· ~-ti 1- , Pu&-a.ee '1 o 1 ~ : 1 'iA . C!\vrc :~, ~ • ..,¡4, ¡; •f' ' ·, r, jJ o# :) \ ·~ • ~ s11 F.·'""nrlsc:o ~' ElB11.!1h t \ ~ 1 1 \ ·~ \(~ •\ 'T~,.\'A-'1fl"" •··~ 'o<' 0 r;,{) • 41ooo I.J _,. ~ ~'!/~ J~ • .... 1 ') ~ ¡ \'•.m-:¡-~/ ,1' '··~.r:. ~ /.~=J NcvJ,.JJt .. ,,, sar,G ~ ·.i~ ~~ A(tJ.Illlt/1~ , -- ' fe.- file$ de la.s 1000 , 1 111 . lq ~ ~s#'~pQ..S Gull.tta.ca~ \. ~ , •:1,~.~~·1' ·~,~1 }()1' ~e: .... OJ de Su111 ~"'\ s¡1111 ·U •rlll.les. ~ ~I'T'~bn,\'\~ / 1\ ' .... :S L C.!á.\~i-i·,¡i :, ~\e ':!." _sl~•ca.bel e • o 1 J Cov-~ erA' ', ra.sG'' 1 .._\ ,¿~... 1 l·'~~'l!l'- ........... , ' erluJei).ao _ ~Q·, $~r \\.. R ,... ', ~?q 1b~31-e .,. '1 1'"1'11111~:!u,¡ ~w· .... ,.Ya.•unta.l . Escc.IA..Itor~zontl .• ~~~· ~ .. ~ • PoPAjA",.-............... ~uc. \" ........... o M~o.;llm , · •q1•1 rt'·-... c~u;¡;'> \o 2.ooo J.''JJooooo R 4-,' "' / 1 • ·, - .... - a.llCa \ , . '' ~ f'IPrne'(h·,.... . o\IQoo d '' ~ 1 !! 1"', , .._ --.-- ______ .:::..._,... ... ___ _. .... _.__ , lt¡ 111 ,. ~vS ....._~,,.,c.. S t •• ~ 1 verilea. ·5 <1:1 , -- .... ·---. ' '"'·lt. .. " &.:uco. l'nooA"Q o- " ,_/ ,;--¡.;::-'".!-¡- -- -----~------------ -----------"'::-.... __ rw.".¡, •··;vt.l ''·· ..•. 1. IZo:~I\S ,íf' ·" .. ..... n. ···~i:ia ena... ---------------- -------··- ~- f/85 ~OIRMS !;\ti\ Q..~ ~ ~~ q,_~l· ~o o .Neiva. l~(l e: 111 ~~-ttl ~ , ...... ,. ..! ci ,'1) e "~ lf{~.r:J. .., ORl)Jll[nf. J e}.~ ' jO C:, ro EIIJc;~I)Q .:; S·JW.aYit.~ ~ ~ . __ fl~eo ~~l!~a\1eio Relieve de Colombia. Peró.l de las tres ~rand es cordiller u Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 23

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 24

Por: | Fecha: 15/06/1901

~~~~~ BOGOTA, JUNIO 15 DE 1901 SERIE II-TOMO I -Jr. o 24 B lLETIN ~fiLITAR DE COLO~IBIA Organo del Ministerio d.e Guerra y del Ejército Son cola orl\dOrAs de este periódico loa Jefes 7 Oticiales del Ejército Dtrec~or ad honorem F. J. VERGARA Y V. General de Ingenieros. Miembro 4e •a.rlG& ~ocled14dea Ci~nUtlcaa 1 DECRETO NUMERO 627 (BIS) DE z9or {1.0 mt Jt.:NIO) por el cua l se d icta 11na di::;po~ición e p.!cial s " bre prestación y pago del servicl~ de transp Jrt c s concernientes al Ejército El r~:cepresidente de /.1 R epúbl.ca, ~ncargado del Poder .Ejtcul v1, CONSID ERANDO Que el estaclo actual d e p rturbación del orden p \b. ko da <:abida á las dis posi c ion e s d e l artículo 1538 del Código Fi )cal en • sus numet·ales 2.0 , 8.0 y g.0 ; Q t e imp rta sobremane ra facilitar el transporte del ec¡uipo, armame nto y dernis elementos conc rnicntes al Ej~rcitv, y en con­secuencia procurar también la mayor expedición en el pago de tales servicios, DECRE:.TA A tículo único. Mientras subsi ta el estado de guerra y no se dicte di po· ici6n contraria en la prestación y pé',go del servido de transportes arriba indicado, será suficiente formalidad la cuente& presentada por el interesado, visada por el empleado competen•e que co:1trat6 el flete ó transporte, acompañada del respectivo re­cibo. En Bogotá será pagado el servicio inme•liatamente por la Habilitación del Cuartel General del Ejército, previa visación de la cuenta en la Sección 2: del Ministerio de G..terra y ordenaci6n del Ministerio del Ramo ; fuera de la capital, en la oficina paga­dora que designe el mismo Ministerio 6 la autoridad competente.,. mediante formalidades análogas. TOJIO 1-47 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1.30 Bolet{n llftlt"tar Las dudas que puedan presentarse en eJ cumplimiento de este ,Pecr:eto, serán consultadas con el Ministerio de Guerra. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 1.0 de Junio de 1901. ' , JOSE MANUEL MARROQtJlN El ~1ini~tro de Guerra, RA~IÓN GoNZÁLEZ V ALKNCIA. , DECRETO l'Y.UMERO 632 (BIS) DE I90I (5 DE JUNIO} por el cual se organiza accidentalmente una División El vícepresidente de la RepúU/ca, encargado del Poder .E'jecuNvo, Yistas las disposiciones de la Comandancia en Jefe del Ejército, DECRETA Art. 1.0 Organízase accidentalmente una División, que 11eva­rá el nomure de f\le.·ra, compuesta de los Batallones Caldas y P;a. niio, de la 1.~ División; Guardz"a de Bogotá, de la 4:; y PlJádo Mo­ra/ u, de la 5 .a Art. 2.0 El personal del Cuartel general de esta Divisién lo formnr·án los siguientes Jefes y Oficiales : Curr.andante gene1·al, General Flderico Tobar, á quien se le reconoct: el grado de General de Divistón y se le llama al servicio activo; J ·fe d Estado ~1ayor, General Miguel W. Angula, á qui~n ae pr"mucv accidentalmente del puesto de prim r ]<:fe del .Data.: Uón Caldas ; Primero · Ayudantes generales, Coroneles Arquimcd s Fer­nánd( z, I• la\'io Venega~, Cecilia Zarnudio, A,·elino Riv res, José • Ignaciu O oriJ y Daniel Umaña, á qui ncs se les llama al ~cn·icio activo; Ség-undo Ayudante general, arg nto Mayor An~elmo Díaz, i quien !:.e promu ·ve de las fuerzas organi.2adas en La Me. a; gund > Adjunto, Teniente Abraham Aparicio, á quien se le llama al ... ·n·icio activo. HaLilitado, Sr-. Valentín Olaya, asimilado á Sargento _Mayor para los ('fcctos fiscales. El l\1édico de esta Divi ión será el Dr. Miguel del Valle, nom­brado por Decreto anterior Médico de la región del río Bogotá, clesde La t\.1t!~a hasta Anapoima. Practicante. Martín del Valle, asimilado á Sargento Mayor para lc.s fectos fiscales. Art. 3.0 Lhímase al servicio activo al Coronel Inocencia Cifuen­tes, y n0rnbra~ele temporalmente primer J fe del Batallón Caldas. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 5 de Junio de 1901. , , ]OSE MANUEL MARROQUIN ~l Ministro de Guerra, RAKÓN GoNzÁLxz VALENciA. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Jl,f·ilitar DECRE70 Nl/MERO 646 DE I90I (5 DE JUNIO) por el cual se hace una promoción El V. 'cepresúlenle de la Repttblz'ca, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. Promuéves~ al General Francisco Sarmiento del puesto de primer Ayudante general del Cuartel general del Ejército, al de Jefe de Estado Mayor de la s.• División. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 5 de Junio de 1901. JOSÉ MANUEL MARROQUÍN El Ministro de Guerra, RAliÓ:-l Go~zÁLEZ VALENCIA. DECRETO NÚMERO 647 DE I90I (5 DE JUNIO) sobre honores á la memoria del Sr. General Pantaleón Gonzálcz O. El Vicepresidente de la Repi'tblt'ca, encargado del Poder Ejecul.vtt, CO~SIDERANDO Que ha muerto en l\1anizales el distinguido General Pantaled González 0 ., Comandante general de la División Marulanda; Que durante su larga carrera pública prestó notables y desin­teresad s s e rvicios al país ; Que este gaiJardo hijo de Antioquia, por sus grandes virtudes cívicas, d e ja alt os ejemplos qué imitar como patriota, como solda­do y como industrial ; y Que es d e ber de Jos Gobiernos honrar la memoria de los hombres que han consagrado su vida al servicio de la Patria, DECRETA Art. 1.0 El Gobierno de Ja República lamenta el fallecimien­to del General de División Sr. Pantaleón Gonzálcz 0., y recomien­da su vida á la gratitud nacional como modelo digno de ser imi­tado. Art. 2. 0 Todos los miembros del Ejército Nacional llevarán luto por cinco días. Art. 3. 0 Durante tres días consecutivos las Bandas marciales residentes en la capital tocarán retretas fúnebres en el atrio del Capitolio Nacional. Art. 4. 0 Por la Comandancia en Jefe del Ejército se decreta­rán las prescripciones que en estos casos fija el Código Militar, para tributarle los demás honores de ordenaiUa. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 132 B olett11 il'lititar Art. 5. 0 Un ejemplar auténtico del presente Decreto será puesto en manos de los deudos del finado. Publíquese. Dado en Bogotá, á 5 de Junio de 1901. JOSÉ MANUEL MARROQUÍN El Ministro de Guerra, RAMÓN GoNzÁLEZ VALENCIA. EL ESPIRITU M/.1./TAR EN U.NA NACION DISCURSO PRONUNCIADO POR EL P ADRR DIDÓN F.N LA DISTRIBUCIÓN DE PRE­IIICS DE LAS ESCUELAS DE AU!ERTO EL GRANDE Y LAPLACE, RL 19 DE JULIO DE 1898, EN PARfs (Traducido para el Bo!dln M/;'tar •) Señoras y caballeros: ¿Entre la pro. peridad de una nación, de toda nación, y el es­pfritu militar, existe un lazo indi oluble, una relac.6n esencial? En términos más precisos: una nación, cualquiera que sea la faz de su (!XÍStencia á que haya llegado, á tra\'éS del tiempO y del - pacio, ¿ puede prescindir de tal espíritu, sin m noscaLo de ~u vitalidad y de ~u cquiliLrio orgánico, pc.ra E!! umplimiento de su papel en la obra <.le la ci\'ilización uni\· rsa1 y de ~u propio destino y para la misma segundad de su xistcncia '? · Si la cuestión que he crddo deber atordar en un dfa como hoy, ante tal auditorio y en presencia del Gen ral Jamont, os pa­rece in~ólita y rara, no excu~aré mi procedimit mo, ¡;ero trataré de Justificarlo eu pocas palabras. Y clt.sde luego, señore , tal cuestión está ligada estrecha­mente al complicado problema de la educación nacional presente. En efecto, resuelta negativamente, el maestro no ti ne que culti­,- ar el espíritu militar de la juventt.Jd confiada á su cuidado; y aband nado este espíritu á sí mi~mo, degener<'lrá, se agotará como un terreno sin abono. Al contrario, resuelta afirmativamente, el deber de todo maestro patriota, de todos aquellos que forman los futuros ciudadanos, es fomentar este espíritu, dirigirlo, darle el más vigoroso y varonil impulso. La hora de considerar semejante problema no fue nunca más oportuna. Ciertos espíritus han pretendido establecer, de ma- • Esta es la mejor re-spuesta que puede darse á lo~ que influidos por la lectura. de autores franceses de cierta escuela, han atacado más ó menos vela­damente al ejército, oh·idan\lo la historia de gloria y sacrifici<1S que con su san­lre ha escrito en los últimos tiempos para beneficio del país. N. del D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 1.14 Cuanto al espíritu militar, señores, puede y debe ser estudia­do en sí mismo ó en su manifestación esencial, que ··s el ejét~cito, 6 también en su resultado, que es la fuerza material humana .n su más alta expresión. Implica y supone un conjunto de cualidades intelectuales, morales y fbicas. Esencialmente arreglado para la acción, y para la acción en su forma más vehemente, si se quiere violenta, y eso hasta la mu rte, há menester una inteligencia clara, práctica, que \'aya de­recho al objeto ; oblig-ado á veces á reducir por la fuerza coac­tiva, y-preciso será decir la palabra-brutal, las YOluntades re­beldes y los obstáculo contra los cuales toda acción ,.il ne á cho­car, el espíntu militar s todo espíritu de fuerza y de vigor ; esta ~s su cualidad propia, él sabe r(;sistil~ y atacar; calcular con pru­dencia y procPder con audacia. Para un hombre dotad de tal espídtu, la energía de] alma y 4e 1a voluntad se trasfunden hasta en el cuerpo, el que se torna capa!. de prodigiosa n·sistencia, en lucha con el tralJajo y la fati­ga: á tnenudo adquiere el valor físico del animal de combate, ro conserva siempre el Yalor impasible del alma. El d e saber mand r, llevar y manejar res, unirlos La jo ~u impubión ¡ pero al arte de mando debe juntar la obediencia. El ·s la <: ncar­aación de la di. ciplina; él la impone y sab so ortat la. Du · virtu­des soberanas lü animan, lo encadenan, lo ·nnublt: e<: n : la justicia y el sacrificio hasta la muerte. ¡La justicia. él no vive -Ínu pa1·a es­ta J e r, dt•fencler y propagar su r inad ; el acrifi io hasta la lhu rte: está pronto á dar su sangre al primer llélrnami nto ue la 11aci6n. A decir verdad, él realiza la última palabra u ' la más san­ta e las fi1 sofía , la tínica que mer ce cultivarse: apr nder to-s los días á morir. ( T'Íi..1os aplausos). E píritu militar, ejército y fuerza están en correlacióP n cesa­na. O se desarrollan ó declinan juntos. Todo puel>lo que qui 1~c ser fuerte debe pr ocupar e ele su jército, y el que quit're un jérc1to deroso, compacto, invencilJ) , debe velar por la cultUI·a del espí­ritu militar. De ahí resulta, señores, que preguntar si una nación puede, importa n qué momento de su historia, librarse de spíritu mi­litar, equivale á averiguar si ella puede vivir ~in ejército, y por con~igui ·nte, á preguntar si puede prescindir de la fu rza. Colocada la pregunta así, y reducida á una fórmula más alta, me parece, señores, que ella se simplifica y aclara, y que trae solu­ciones á. la vez má.s vastas. más radicales y más indiscutibles. Y desde luego, señores, no es posible poner e~to en duda, que la fuerza, y la fuerza armada, la fuerza coercitiva, e un elemento esencial á toda nación, constitutivo de toda patria. Ni se concibe siquiera un pais sin este elemento. Más bien podría prescindir de literatura y de arte, ha!:.ta de ciencia y de filosofía, pero no de fuerza. Toda nación está constituída por cierto número ele elementos pimordiales, esenciales. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B ole tbt Afilitar origen, hasta que sus aguas hayan adquirido, detrás ele esta mura­lla móvil, suficiente .fuerza para vencerlo ó compensarlo. Un ion·enle al e~ nHuír en u rio suele e trcchar, m:b bien que en-:>anchar, el !t•clw d..:: é.:>t<.; ; p r.J en cambio icmpre k au­menta la pendiente y la velocidad. 1 ..,í se dice in ver .a mt.:nte, que la pend ente di minuye agua arriba <.lt~ la confluencia. u~~ \><.los mo­cl s, los matl'nalc que el tcrralfe aca1·n a, no sólo Jc,··tn t'l leclzo del ri '• sin.J T;J.:! p...te l..! . l cn.tu ·p ~..:~..:r s~t curso y e:.ta' lecct· el 11! 11-;.t'eg á la vnlla op:.h.:sta, cqui ·alienJu el torrente en e!>te cas :i u.1 d 'que oblicuo. La emlocadura ó descmlocadura de un río en el mar df'p nde de la forma y el tcrn.!l10 de la cc,fi,z y de la fuerzé:t rl les lllll eas. Así, u:1a veces se f nnan rías, otra brazos, que se 1 aman ddtas (pur la semejanza con la fvrma de e.· ~1. letra gTi ·ga), <) aljar¡'ucs, p ¡- n.:cuerdo ~iraLe. Y, pur hatJ r de t uo, algunus ríos, t 11 ngor, no tienen embocad:tra, put:sto que se pierden, antes el lit o·ar al mar, en ntstos panl!ldos absvrbL:nte , qu· ~ por su al>undant c\'c po­ració: l pueden tr r~c1biL:n<.l > nu '\·a~ aguas ·in de lJorclarsc. En el o .... ~ano, la alfas mareas dc·ti ~ncn la CCHTi<:nle . 1 \. ntrar; la repelen, la obligan á. kvar~e y forman larras d¡¡ agua, pt r di - tinciót1 de las barras a'e arena, ó el ·pó~itos \'ariablc · del tundo, que rat-a •e z salen á la sup ¡·.icic. En d l\1 e clitetTáneo, d nu : no hay m· reas ni lucha, se forman /./ s y t 'rreros, peligr ~ también mien ras se stán formanclu y antes ele salir á. fiut· de ag-u<~. Al es/u. zr."o se le pudría llamar ddf,z n .,gativo. E~ un lago de agua dulce 6 salada, que forman las t.'IJtbc caduras d algun ríos cuand se 'nsanchan d ·" r· ~pente antes de llegar al m4 r. La m­Locadura del \mazona (Or llana ti n ~ 40 kilómetros de largo, y puede ser mirada como t'sluar/o. En la · taciún ele las lluvias el río se p• ·cipita en el .Atlántico · n tal fu rza, que sobre na dif­tancia de 2 o leguas, egún die n, en línea r ·cta, ~u· agua · no se mezclan con las del Océano. Poc g- 'ÓI gvs han tratado con la sagacidad que t 1 ya itado Elie de Beaumont, e t > que él llama aparato //lora/, ·s dt· ir, los fenómenvs y acc,dtnlcs Je · ta línea, tan e, ·tem.a cumo int ·re~an­te y variada, "n que se pont'n en contacto las t."erras y lv.., mares. Pur lo dem:l.s, ~ ría d ·sviarnu de nuestro propó~ito, n·clucido m .ramenle á. indicar algunas idea. genet·ales y mod tTa., t car, ni siquiera de pasada, lo que concitrne á la geografíafí~"ra dtl mar. E te ramo de la ci ·ncia, que en ~stus últimos ti_ m pus ha rcciLido grandr.::: impulso dt ~1aury y otros vano , trata nada mcnus que de la circulación de la atmósfera y d 1 O éano; de la temperatu­ra y de la profun idacl de la aguas; de las ~ales del mar; de sus clim~s; de sus habitantes; de todos los fenómenos vtsil>lcs en su supe:rficie ú ocultos en us abismos. Sólo transcribiremos, para concluír, los siguientes párrafos de Boué : "El estudio del mar es tan importante para la geodesia y ge•,Iogía, como el conocimiento exacto de los continentes, si no más; hasta ahora apenas está bosquejado, y quedará reservado á la ingeniosa perseverancia de nuestt·os descendientes." Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. B ole tfn Milita, bu jo g~omllri'co de una pot ci6n extensa de terreno, sin pormeno­res ni p~queños detalles, mientras que plano indica lo contrario. Un arquitecto en un plaNo de un edificio, un ingeniero en el dP. una plaza fuerte, aprecian hasta los milímetros: el mapa de E paña (en tanto que no se e ncluya el que está en obra) da erron..:s de alguno kilómetros. Cuando el map,r, como suced en algunos países y sucederá en el nué tro, e~ 1 conjunto de la top ·grafla minuciosa de todas las pro\'Íncias ó r gionc s; cuando está dibuja­do en papel de gran magnitud, que pvr comodidad ~e corta n much s trozos ú hojas de n·gular tamaño, entonces St; dice mapa topo.rrrd.fic·o, e n lo cual se da :í entender que es más perft:cto, má~ detalla:lo. (V. Dice. mil., art. To¡;ografia). El estudio y la ejecución pnktica de la topografía ti ne hoy gran desarnJ!lo y recibe continuas mejoras y adelantos. Los anti­guos m.:rudos, algo laboriosos; y en la guerra impracticables, se abr vian cada día y e perft:cciunan. 1 ·Iuy recientemente la apli­caciún ing ni osa de la fv/or con,igui«~nte,de acon.:.ejar al oficial de fila C}Ue t n ma­teria d e lopogn~(ttl, si quiere instru rse cvn fruto, no se nn de · n V luminoso trata S, ni en }o ' enojoSOS pruc dimientos de ah !a treinta añ s. 1 agri:n ·n or ó al ingcnÍL:nJ civil 1 s int( re a f}Ue una h en::dau tcn;a un metro mis ó nwno .n capacidad ) n de­clive; per al milita1· en e mpaña, 1 J que le impot·ta es n ialm n­te es abat·car ele u a oj ada, n la d,·m·'ll ·onu minuci ~as ino la form ·l y t\..licve gctt ·ral, la natural ·;.a y e.lrurfura del /ernno. La lopogra.fí mr/,Jar ó de 1·ccol.'u/m.in/o ti n ~ ¡u"..! r forzosa-mcnL rá >i,Ja, ·.·p ·Jita, irregular, incontplt. ta: no admite el· ()rcli­na ·io pro: ·dimientu geométricos y tanlu , ni volumin o in tru­m t d preci5ión, cumu no !:i a alguno que pueda llevar e n 1 boLill . L renular ·s no di~pon ·r lt: ninguno, y suplirlo e n el t)Jl 1 p:1so, ·on la Luena voluntad. L · procc:v.u:lallu~nto de zm plano se re uc • á mc.dir ángulo ' y m dir, ó rná. uien aprca'ar y 7)a/uar distancias. ll1t:d·r una Hnea ó di ~ tancia, propiamcnt ", es aplicar sobre ella la uni.lad material dt• 11/l'tHda, como la Yara ó el m =-tro ; calcu­lar, apreciar, Yaluar, 5 det rminarla con más ó meno apr·oxima­ci0n p r cualquJer otro procedimiento que no e.·ija sobre ella a uella aplicación mat rial y repetida. Apreciar, pues, ¿¿1m:da1 z:•taccesiblts, <:sto es, que no se puede ó se quiere medir, e mo son casi todas en campaña, constituye un ramo preferente de la edu­cación militar. Si bien se mir~, muchos problemas de lácf.ca y de Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Milt.lar Kuerra estriban, como repetidamente hemos dicho, en el cálculo de tiempo y de distancia. . Hoy, como no sólo en la guerra, sino en todos los actos de la vida, se Lusca simplificación y brevedad, el oficial deseo o de cumplir pued e hacerse topógrafo con poco esfuerzo y corto gasto. Un p e queño manual, de los muchos que se publican con el nombre ya vulgar de laquzmdría, pronto le instruye ; y en cualquier tienda de instrumentos matemáticos encontrará por poco ¡..>recio ingenio­sos aparatos ópticos, ó de otro género, que llevan adjunta la ex­plicación del uso para valuar dútancias z"tzaccesz"tles. Unos hilos de araña, unas ligerísimas rayas hechas en Jos cristales 6 lentes de esos anteojos comunes, llamados de larga vista, bastan para darles el carácter de instrumentos ~spcciales para valuar distancias sin medirlas, y constituír Jo que en la cicnc1a se conoce con el nombre italiano de esladia (rtadia), ó con el más re­tumbante y griego de ülémelro (itles, lejos; mdron, medida). La combinacion de prismas y cristales produce también igual efecto, como en los conocidos anteojos de Lugeol, Rochon, Porro y otros varios. Sin necC' idad de anteojo hay para valuar dislandas gran va­riedad de instrumentos y aparatos sencillísimos, á cuyo solo aspec­to es innecesaria la explicación. Tales son los de Steinheil, Groe­taers, ]aspar, Rott rmund, etc. Má perfectos 6 complicados: N...>lan, Podio, G oulicr, Gautier, Klockner, Mariage, Labuez, Gau­mct, Caillol, Bau e r·nfeind, Az mar, Kok ·andisk, Bous on, Pasch­witz, S tubendorf, Gastaldi, Plebani. Esta larga lista prueba el in­teré creciente que toma ste ramo de estadías y telémetros. El má_ sencill o d e t d o , con el nombre algo prcsuntuo o de Nautó me tro h.1 o r ·1, s ll e va, no en el b lsillo, sino "'ntre Jos boto­nes d e la l e vita como un lente. Brújulas topográficas hay no mucho mayor ~ s qu e un r loj ; y á. vece s tamuien hacen . ervicio a otras, d 1 tamaño d e media peseta, que se llevan colgadas como dije en la cad na. Una plancheta, que es lo más Yoluminoso, se ha llegado á ple­gar y r e du ir tan inge niosamente, que cab con holgura en la ma­leta. La escua d ra llamada de rejlexz(m (muy u ada por Jos agrimen­sores), cuando tiene dos espejos no llega al volumen de una peque­ña caja d e rapé; aunque t nga .seis, es una cajita rectang-ular, que no pasa d e un decímetro de largo y dos centímetros de ancho y alto- Conllizúa. ------o~.- ---- PRINCIPIOS GENERALES DE ESTRATEGIA Y DE TACTICA EN LAS PEQUERAS GUERRAS por el Mayor C. E. Callwcll, del Ejército inglés TJlADUCCJ6N DE ISIDORO ·LA VERDE AMA V A-CtmlimJa XV-De qué manera u pueden evitar las ~mboscadas del ~n~migo. E s i'mposz"ble librarse de ~/las en ciertos lea/ros de guerra.-El medio de ev:tar las emboscadas del enemigo es uno de los objetos del ser­Yicio de seg-uridad considerado en el anterior capítulo. En terreno Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 742 bien descubierto, los centinelas á cabal1o ó Jas patrullas pueden hacerse marchar adelante y deben descubrir las emboscadas • pero en terreno montañoso, la co~a es frecuentemente im[Josible. Esto fue lo que aconteció durante las expediciones en la Cafrería. en el Achín, en el Ashantí, en el Dahomey y en Birmania. Por más precauciones que se tomaron, no se pudieron evitar las des­cargas á quemarropa hechas de entre el bosque; este es el pro­ceuimiento que el enemigo en estos teatros de guerra considera con justa razón como el mejor medio de causar pérd1das á las tropas regulares. En presencia de semejante táctica de parte del enemigo, toda la columna debe estar constantemente alerta. dispue ta á tomar la ofensiva en cualquiera dirección en el mo­mento propicio. XVI-Instrucciones dadas por Sir F. Roberts para luchar en Bir­trzall/ a contra las emboscadas.-En las instrucciones dadas por ir F .. Robens á las columnas que pacificaban la Birmania, se encuentra el pasaje siguiente: "Para luchar contra las emboscadas que to­man h::tbitualmente la forma de fuego por compañías seguida de la huída del adversario, emboscadas que es imposible descubrir y evitar en la mal za muy densa por medio de explm·adores de flanco, Su Excelencia el Comandante en ]t:~fe recvmienda el si­guiente medio: "Suponiendo, por ejemplo, que el ent·migo haya hecho fuego sobre la derecha, una fracción de la columna debe estar pronta á lanzarse sobre la vía á una distancia de 100 yar­das ó á una aproximada, ó bien hasta 1 claro más inmediato del bosque. La fracción vuelve entonc(S á la derecha y describe una curva de manera de cortar la retirada del enemigo. A retaguardia de la columna una fracción debe también p netrar por la derecha al bos ue y proceder del mismo modo. Cada fracción debe per­manecer. compacta, y se prohibe 1 fu .go individual, á m ·nos que los 1 unto de mira stén bien despejados.'' Era segur.:>, es preciso recordarlo, que los Birmanos tomarían la huída. Pero razas más guerreras, quizá no podrían man "jarse de este modo, si no ~e co­noce el núm ·ro del enemigo embv cado, porque é te podría caer en mayor número sobre una de las fracciones de prendidas ó obre el cunvov. XVii-Ejemplos de emboscadas enemigas en pequc;1as guerras.­Antcs de dar término á este capítulo sobre las sorpresas y las em­boscadas, asunto que no se ha considerado en las obras de tác­tica con la importancia que merece, se pueden citar algunos ejemplos de emboscadas afortunadas, puestas por el enemigo en guerras pequeñas. Se podría dar ejemplos numerosos. porque en estas pequeñas guerras el enemigo sobresale en esta táctica. Recientemente se han presentado algunos casos notables •n el Africa Occidental, durante las pequeñas expediciones e ·1 lancha contra pequeños potentados. Y en la expedición contra los Yonnis • U11 tr:l.tado intere .ant! y muy completo, intitularlo La guerra d~ sor­Jrtsas y de em~oscadas, se p.1blü:ó en 1884 por el Ca?itán Quinteau, del Estado )layor General francés. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{1l llft.litar 743 cerca de Sierra Leona, en 1891, el enemigo mostró mucha habili­dad en la construcción de empalizadas disimuladas y en la creación de obstáculos destinados á mantener la tropa algún tiempo bajo sus fuegos. El caso que sigue es un ejempb interesante de la astucia que desplegan algunas veces estos guerreros irregulares para atraer las trepas á una trampa. Al principio de la ocupación francesa de Argelia, un escua­drón de ob ervación alcan~ó á ver en una vasta llanura á algunos árabe que an·eaban rebaños por delante. Los jinete , cn:·yendo que esta era una presa fácil, cargaron al enemigo ; pero cayeron en una emboscada preparada con haiJilidad. Fueron recibidos con el fuego muy nutrido de una banda de beduinos ocultos en los ma­torralc -, y se habrían ncontrado - n muy apurada situación sin la oportuna 11 gada de ott·o escuadrón que pudo librarlos. * Un hecho análogo se verificó en la campaña de Tunisia, en 1885. Un destacamento de caballería france a cayó sobre un re­baño d. camellos guardado por algunos árab s, quienes al punto montaron á caballo y arrojaron á los camellos á una especie de desfiladct·o. Los jinetes los persiguieron, y cayeron en una mbos­cada, y sufrieron fuertes pérdidas. Algunas emboscadas muy fructuosas tendieron los antirre­publicanos de la Vendh, y los guerrilleros e pañolcs en la guerra de la Península. En pequeñas guerras más recientes, los Moros, los Khiviens y otros adversarios dieron pru bas de grande ha­bilidad en este género de hostilidades, aun n ten·eno que no e prestata á tales operaciones. Ciertamente hay que temer á Jos gu('rreros irr guiares, á causa de -sta aptitud para ocultarse y por su tend ncia á pon rs n ac · ho de adv r arios que no descon­fían. Los anales militares ll> prueban. Ha. ta cuando ellos no tie­nen int nción de librar combate, como n Birmania, logran oca­sionar pérdidas y embrar el desorden. El t.'·jemplo más de bulto de una mboscada reciente nos lo p1~oporciona el desastroso en­cuentro de Sh kan, er1 el cual fu d struído todo un ejército. Probablemente nunca se tendrán detalles completos y autén­ticos sobre la destrucción del ejército de Hi +s Bajá; pero los di\'ersos infot·mes recogido han permitido formar una idea gene­ral de se acontecimiento. Habiendo sabido por Jos espías la di­rección que debía tomar la columna egipcia, el Mahdí condujo el grueso de su ejército á un valle que debía atra ,·esar esta columna, y ocultó á su hombres en bosques situados á ambos lados del ca­mino y en una d . presión con bosque que cortaba la línea de mar­cha de los Eg-ipcios. Destinó otras fracciones para atacar las re­taguardia . Todos los Madi~ tas permanecí ron tranquilos hasta que los cuadros de Hicks Bajá hubieron llegado á la depresión del Losque. Entonces se precipitaron por todos lados. Las tropas, • A pesar ue lo rudimentario del proceuimiento, nuestra historia militar moclerna r gistra no pocos ca os de sorprt:sas u e esta especie, en los cuales nunca cae una. tropa sino por de::.cuidos en el servicio de seguridacl y de explor4cir'•n. N. del D. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 744 Bolelfts Mt'litar ya un tanto desmoralizadas, fueron acometidas de pánico en pre­sencia de este ataque aterrador. Todo quedó terminado en algu­nos minutos. El hecho más resaltante de este combate es la mane­ra como una gran reunión de guerreros indisciplinados pudo apos­tarse y sostenerse en silencio y oculta hasta el momento de la acción •. Se pueden citar, para terminar, los ejemplos siguientes de emboscadas dispuestas en circunstancias muy diversas y en tea­tros de guerra totalmente diferentes. En 1840 el General ruso Gvlosojef, que marchaba á la ca­beza de una columna como de 5,500 hombres contra las guerri­llas de Chechuag-a t, cayó en una trampa diestramente dispuesta, y sufrió grandes pérdidas, bien que por último obtuvo la victoria. El en migo tendió de una manera muy hábil un::t emboscada á lo largo de las orillas del pequeño río Valevik y én los bosques circunvecinos. Las tropas rusas marchaban confiadamente y sin precauciones. El enemigo rompió sobre ellas un fuego nutrido. Por fin, tras una lucha cuerpo á. cuerpo, las tropas rusas que­daron victoriosas, pero no sin dejar gran número de heridos y de muertos entre las manos de un adversario cuyos efectivos ran in­significantes. En 1883 los Franceses estaban bloqueados en el Hano1, su establecimiento n el Tonkín. Se resolvió practicar un reconoci­miento, y una columna que contaba 4CO hombres y ti-es piezas, sa­lió e m este propó ito. A cierta distancia 1 camino atra vcsal.;a un río por un puente, y adelante del puente se encontraban algunos pueblos y sitios cerrados. La vanguardia habfa ya atra v ~adu el pu ·nte, y las piezas se encontraban sobre éJ, cuando se rompit!ron los fuegos por todos lad<. s, más allá d "1 río. La sorpre~a fu e m­pleta; la vanguardia se batió ~n retirada ·n de,ordcn; p ro las pieza , que no podían dar media vuelta en el punto en donde se encontraban, tuvieron que pasar •1 pu Jnte y volv r sobre la rivera opuesta. Una pi Z:l cayó entre el barro, y en los esfu rzos enér­gic por salvarla, esfuerzos que por otra parte fu ron fructuosos, el Capitán de buque, Rivi re, Gob .rnador francés, y muchos otros, perecieron. La guerra del Tonkín, de 1884 á 85, comenzó con este desastre. • Este combate de Shekan s conocido también con el nombre de desa..;tte de K:ts:?hill; se ft·ctuc) el 5 de Noviembre de 1883. A causa de este desastre el Mayor Gcn,..ral Gordon vol vi<) a Khartum (18 de Febrero de 1884) f ar.\ tomar el ';obit.>rno general del ~udán y luchar contra l<:t influencia creciente dd Mahtlí. ( U..rtor~a d, la rampana del Sudáu, por el e, roncl H. E. Colvíllc, vol. 1, páginas 12 y siguiente ). Hicks Btji, qu hacía anteriormente parte del Ejército indio, no tenia sino 11,000 desdichados soldados egipcios qut! marchaban contra su voluntad; 6,000 camellos y cabtllos !'.egui.ln la columna. El Mahdí, qHe disponia de 4o,ocogue­rreros, se apoderó de 36 piezas krupps, , nordenfelts y cañones de monteo ña; to· dac; las municiones y animales del convoy cayeron igualmente en sus manos. (T.i.e Egiptiat~ Síam os tado fuera de u fera. dt.! influ n ia hL·tórica para juzgar l s actos d ap >1 ón ele t~ el d ble punt de vi ta dt:: sus capaci ad s ci­\' Ílc y militan P01· st s moti · L 1· t. b .... ry cr l,; que un S\Jlo individuo no pu de intenta¡· escribí· tal hombr ·. Rccuérdes , < n ef ·ct , qt e M tternich~. ju z nada imparcial en el asun o, dijo <.U~ Napoleón había nacid admini ·trad >t·, leo·i lad )t· y con ui tad( r. Lord Ro­se lJC•r y ag-n:cra : " y hum l re de E a do." Para an· lizar y ccl ~br ar lns extraordinarias cualidades, en el campo militar, d l conqui tad ¡· e 1 79') á 1 S 12, d 1 def nsor del suelo francé n 1813 y 18 I 4, se necesita un maestro con urna o en el arte ele la o·u 1·ra ; p 't"O no menos interesante s el ·studio de Napoleón como l mbre: carát.tc¡· 5.Ímpl , según unos; com­plexo, s gún otros; es d ecir, según que quienes lo estudian son sus amigu ó sus enemigos. Dice el estadi ta ing-lés que lo· últimos años de Napoleón per­manecen oscu1·o para el público en general. De Marzo de 1818, época de la partida de Gourg-aud, á l'v1ayo de 1821, no :e sabe del Emperador sino lo que ·qu isieron e cribir los ~ istoriadores de ese tiempo. Esa laguna en la vida de Napoleón es la que intenta colmar el jefe del liberalismo inglés. La literatura sobre Santa Elena es con~idero.ble, sin dl!da al­guna; pero son tales las contradicciones que encierra, que es difí­cil, si no imposible, descub1·ír en ella la verdad. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet11z Jfilitar 24. Secáones de todas armas operando msladamentt-La protec­ción dt:; una :,x ·ió ó destacamento aislado, exigini 1 e ncurso simultáneo de todo· 1 s ót·ganos dd scn·icio de seguridad. 1~ 1 tle. El raccio 1ami(·nto de la caballería en dos grupos d<>stinndos rcsp ·cti vn.rn ntc :1 cadt1 una el. estas el _ mi ·iones, se cletermina1 á por t!1 j · · • de l; _ . . ci 'n ó d ·1 clestacarn .nto. 2 ;. C,o/iw¿,z z de CtÓ zl!eJ ía opc1 a11dcJ a/ /adamen/e-Una columna de catn llerí¿ ·n ma.r-~hn, \,! cubt- · con Jos mL·mos ( lernt·nto de prot .cci•)n q ' las d m~t~. La fuerza de la vanguardia y de la rc­t · ·uanl ia s sub rdirn. únicarnt:ntc á la situación trl.ctica y á la m .. - tural<:za del tcrr 'no . 1 , CAPITULO !V-SERVJCI !>~ SEGUl'ID.\D EN ESTACIO. ·-PUESTOS AVANZADOS 2-. l?eglas 'rentr !es-Los puestos avanzados están enc;u·ga­dos de as<·gurar la pi-otee ·ión inmediata de las tropas n estación 6 en n•p >so. En principio se e nnp nen d infantería y CG..ballería. L1. i 1fant<'I·ía ocupa los puntos del terreno donde imp rte re­si ·tir en crl ·o 1 ataque. L:t. ca ball da obc;erva, á cierta distancia, adebnt de los pun­tos ocupado por la infantería, principalmente ~n el día. A ·t·gura también la unión de los div rsos elemento' de los puestos avanza­d s y la tr·an ·mi i )n rápida d .. lo informes obtí nidos. S )lo se emp a ar-tillería en Jo~ puestos avanzados cuando se trata de con rvar al~uno puntc,s importante , sobre todo cuan­ca n e ario con cn·ar la pos sión de un desfilad ro. L·ts tropa d ... la tres armas que componen los puestos avan­r;. ado._, St, subordinan á un ~olo mando. iervlo ~ste en·ic.:io muy penoso, en razón de su permanencia durante la noche, no s deb rá empl ar más que el efectivo stric­tamcnt · n cesario en cac..la caso particular. L!l.s dispo. iciones de conjunto varían con la fu rza y estable­cimiento de las t1·opa , los proyecto. dd Gen(•ral en Jefe, el aleja­miento del enemigo y )a naturaleza del terreno. E'1 muchos caso , ba ·tai·á, para la Sl~guridad de las tropas, ocupar ' ,·ig-ilar, por Jcstacamentos ó puestos aislados, los cami­nos que conducen adonde está el enemigo. En C1tros casos las tropas de los puestos avanzados formarán un cordón de vigilancia más cerrado, comprendiendo diferentes elementos escalonados en el sentido de la profundidad en vista del combate. En cualquiera circunstancia, el juicio y la reflexión del que manda, será el mejor guía para elegir los medios más apropiados á satisfacer la misión de los puestos avanzados. Hasta donde sea posible, el emplazamiento de Jos puestos avanzados se escogerá de manera que las tropas estable~idas en e o Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 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Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 24

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 25

Por: | Fecha: 22/06/1901

BOGO'f A, Ju IO 22 DE 1901 SERIE II- TOMO I-N. o 25 BOLETIN MILITAR DE COLOMBIA Organo del Ministerio de Guerra y del Ejército Son colaboradores de este periódico los Jefe y Oficiales del Ej'rcito 1 Duect.or ad honorern F. J. VERGARA Y V. Y General de Ingenieros, Miembro de + varias Sociedades Cientiftcas EL ESPJRITU Afl/.JTAR EN C.\t/1 NACION , , DI Ct:RSO PRO. 'U.' l.\DO POR EL P.\DRE DIDO ... E •. LA DISTRIBUCION DE PRE-MIO DE LA E C 'EL.\ DF: ALBERTO EL GRA. 'DE Y L PLACE, EL I 9 DE JULIO DE 1898, 1•:. PARÍ ( Tradu ido para ·1 Bo/etln Jfthtar) ontúuía) La fu rza militar, im¡ one tam ién á una nación como in trum nto ncce . ·pan ión y de u pod río. Lo individuos cr"cen; el la mi ma manera la na iones e dcsarr Han. Tolo lo que vi · quiere cr e r y d arrollar ; y los pue lo repiten la palabras de 'olón á I ab 1, dicho , ncillo y profundo : "El mundo conocido d ma iado pequeño." Una fuerza innata de progre o lo impul a á alir de la e trecha cuna n que se han formado 1 nta y laborío am nt . ¿Y por qué pretender salir de e t m do de nuestra fronteras? ¿No lo han indicado'? ¿ ~ aca o 1 re ultado de una doctrina que se prof sa en el Col gio de 1~ rancia 6 en la orbona? No, la cosas bella no hay necesidad de enseñarla . La cosas poderosa , aquellas que levantan el mundo, que lo tran forman, son toda ge­niales. No e sabe de dónde vi nen, si de la profundidades de los cielo ó de los misterios del pueblo, pero siempre encuentran or­ganizaciones sólidas, cerebros sanos, y energías todavía más vigo­rosas para realizar todo lo que hay de inmenso en su sugestión y su genial impulsión. (Aplausos). Hé aquí por qué las nacione cuando llegan á cierto grado de madurez, traspasan su frontera De este modo el niño bien en- TO){O 1-49 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolet{n Milz'ta,- vuelto en sus mantas, aun cuando la madre no le suelte las atadu­ras, las romperá para hacerse libre y atra ve ar el e pacio. Ellas entrevén más allá de los mar s continentes nuevo mal poblados, ó expuestos á 1~ esterilidad y al pillaje, ocupado por razas inferiores que yacen sumida en la ignorancia, la brutalidad, ]a servidumbre, é impotentes para libertarse por sí mismas de la degradación y la miseria. La ley de vida que rige la humanidad impulsa con vuelo irresistible á las nacíone adultas y engrande­cidas. No se puede resistir. No cabe decir : no otro , franceses, so­mos más cuerdos ; eso lo dejamos á la comercial Inglaterra, á la ambiciosa Alemania, á la háhil Rusia. 1 Cómo! ¿Sois vosotros, franceses, qui nes empleáis se len­guaje in olente para nuestro país? ¿ Pr tendéi aca o borraro del número de lo grande pueblo ? ¡Ah! E ta e manera epicúrea de tener paz y de no ser héroe; pero no es la manera de hacer a van­zar la humanidad. Y no me imagino que Francia e cuche nunca semejantes profetas de una virtud tan adherida á la tierra. ¿ Aca­so no tenemos un genio de nobleza innata, en vez de uno de ab­y,. ección? ¿No n s inflama y nos exalta el g nio de la g n rosi · dad? ¿Cuando descubrimos un obstáculo no pretend mos correr tras él y de truírlo? (Bravos y aplausos). j f . Y por esto s por lo que Francia h rida, de pué de lo desastres que conocéis y que en breve e e ntarán por medio si­glo si no sobreviene nada ; por e to, digo, Francia, on ólo su hijo -y podríais contarlos, son veinte ó treinta,-casi sin nin­gún sostén oficial y de gobi rno, ha p e did h:tcer tanta cosa . brid un mapa de Africa; ved á so htSro mod 5tos, sil nciosos intrépidos, dotados de no sé qué genio divino, que recorren los e pa­cios y anudan tratados, y podréis per uadiro de que hoy el imperio colonial francés va á igualar al imperio colonial de la oro-ullosa lbión. e pondrán de acuerdo, pero yo creo que dividiend por igual, no tendremo qu envidiar nada á o hombres á quienes algunas veces podemos imitar, pero ante los cuales jamá d he­mos inclinar la cab za ni humillar la bandera del paí . (Aplausos rtpdzdos). E os hombre , hijo de Francia, ¿cuál e son? eñores, los hay de tre c1as : primero es el misionero y el ·plorador-son do hermano tan va]ero os uno como otro, que nunca obtien n m jo­res re ultados que cuando se r úncn: ved al Teniente Ilourst, acompañado del bra v0 Padre Hacquart, con quien ha realizado tan grandes co a . En seguida el m · rcader y el re idente · por úl­timo el soldado. El apóstol y el explorador abren la da, penetran con riesgo de su vida, casi siempre con audacia heroica, en países d scono­cidos : uno para llevar allí su Dios y su fe, otro para echar los primeros nudo de unas relaciones con hermanos lejanos; siguen el m .r ader, el colono residente y el ingeniero, para esta lecer el cambio de productos, para pedir derecho de residencia á fin d ·ultiYar el uelo cruzarlo de caminos, de canales, facilitar lo Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolel{n Jlfilz"tar tran porte ; todos empuñan en u mano la bandera nacional, m­blema de la patria que lo cubre con su fuerza. Pero i la bandera no es respetada, i la violencia de lo pueblos á los cuale la pa­tria envía á sus hijos, amenaza u intere es, su pacífica acción y hasta su vida, el soldado aparece armado y fuerte, prot giendo con su brazo y su bravura la obra civilizadora emprendida por el apóstol, 1 ·plorador, el comerciante, el ingeniero y e l colono ; será conquistador i es pre i o, ó im¡l protector si te papel basta para hacer la paz: su fuerza está al servicio de la humani­dad, y él la mpleará para de armar el mal y mant n r la justici<:t y como alvaguardia de vidas humana . eñores: no temamo so tener la fuerza armada, cuando esta fuerza armada e tá al s rvicio del derecho, de la civiliza ión, de la perfección y del progreso. e ha dicho, á propósito de nuestras conqui tasen paí e inexplorados: "¿,Con qué derech vais á pene­trar entre lo pueblos n gro ? ¿Por qué no los dejáis que se devo­ren entre sí, y que e entreguen á las dulzuras de la antropofagia? ¿Por qué no e nsentís en qu acrifi uen á sus fetiches hasta vi­das humanas?" ¿,Por qué? P rque no hay derecho contra la ver­dad, contra la justicia y contra el progr so. La verdad debe im­perar, la justicia reinar, el progreso d be tran formar á toda cria­tura. Qui n tien un rayo de luz debe e parcirlo; quien tiene un átomo de virtud, de e comunicarl ; quien tiene la sed del progre· o, debe saciarla. ¿. Vosotros disponéis que permanezcamos ocio­os? o, no no ujetamo á esa ley, vamos á alumbrar, á tran - formar, á moralizar. Y ¿qué ha'Céis con la solidaridad? ¿Acaso es ella una pala­bra vana? uando en un país ·e forjan leyes para oblicrar á los ignorante á qu se instruyan, cuando se expiden justas 1 y para que lo malvado se moralicen, para levantar á las da e inferí - res, ¿protestáis contra estas 1 y ? J. o, señores, vo otros no pro­testái , porque tendríais contra otro la ley de solidaridad. Esta misma ley de solidaridad traspasa los límites de una nación, abar­ca á 1 pueblos mismo y debe imponers íntegra á la humani­dad. ( Vzvos aplausos). Y efectivamente, eñore , la historia humana, con id rada n su conjunto, no es sino el cumplimiento de esta ley ine. orable de evolución y de expansión de las nacione fuertes y civilizadas en los continente baldíos, ó de pueblo inferiore ·. Y ningún iglo más que el nuéstro ha a i tido, en efecto, á triunfo igual de e ta ley. Una de las razones más sólida , señore , y de las más pode­rosas, que establ ce para una nación la necesidad ab oluta del es­píritu militar y de la fuerza á la vez material y moral que él des­arrolla, es el fin esencial y supremo á que toda sociedad humar a debe a pirar. He nombrado el reino de la justicia y de la paz. i para ob­tener este reino y para someter todas las voluntades libres, ba - tara dictar leyes sabias, los buenos legisladores se encargarían por sí mismos de la tarea, y el orden equilibraría todo en una ar ... monía perfecta. Pero en este mundo expu sto al mal, á la revuelta Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar y á la violencia, á la · ambicione insaciables, al egoísmo má des­ordenado, ¿cómo triunfar del mal, destruír la revuelta, contener la violencia, refrenar los apetitos y paralizar los movimientos del egoísmo? Todos abemo , eñores, que no se uprime el mal, que está arraigado á la humanidad hasta en sus última~ fibras; pero á lo menos te!1emo el poder de vencerlo, y el deber imperioso de lo jefe de Estado y de lo podere públicos es contenerlo, prevenir­lo y castigarlo. Hay dos fu ·rzas que oponer al mal : una moral y espiritual u procede por per ua ión y¡. or amor, que e abr camino hasta en la conciencia y en la voluntad para atacar el mal en su misma raíz. Tal fuerza está n mano de todo aquello que in truyen y que razonan, qu acon jan 1 bien y dan el ejemplo provechoso, de todo aquello que aman á Dio y á su hermano , admirabl legión de apóstole que 1 Dio alvador d los hombres ha multi­plicado y di minado á travé de la humanidad para juntarla á EL en el bien, en la virtud y n el honor de una ,-ida sin mancha. Pero, señore , cuando la p r ua ión no val , cuando 1 amor ha sido im­potente, ;. s preci o d jar libt·e curso al malo, y a istir ina tivos y resicrnado á la perp tración de e as obras de viol ncia, de odio, de a tucia, d de tru ción y el homicidio? ¿E pr ci o tolerar sin fin reinado del mal triunfante? ro, ci rtamente: s m ne ter armar e de fuerza co r itiva, blandir la e pada,at rrorizar, proc - der con ngor, h rir; hay qu imponer la justicia. El mpleo de la fuerza, n sta oyuntura, no e ólo lícit y 1 gítimo: oblio-ato­rio; y la fu rza mpl ada de ' te m do no ya un p d r brutal: e convierte en ·nergía bi nh · hora y anta. ··on tal u lla per-man zca en 1 brazo::- de la ju licia y ¡ue no e. cluya la mis ri­cordia en u venganza ni en · u a ticr puede alvar la nación, dar á todo e l ntimiento 1 una - 'o· uridad n e aria, in pirar con­fianza á lo débile · y prom ~ t r á todo lo qu bueno y honrado la libertad plena de acción, de hablar, de a ciar , d trabajar in d sean o en el progr o u ni ver al, que jamá, d b tene r tr crua. ¡ í 1 la tol rancia, de qu0 yo oy partidario in miedo y in vergü nza-porque oy partidario de la anta liucrtad,-la t - lerancia- mc creo obligado n lo íntimo de mi convicción á reco­noc rlo-ti ne us límit s y la libertad deja d er r espetable cuando en vez de unir los ánimos .:paree la d unión n la tripu­lación del na vfo, y practica un agujero en el ca co para r novar un d esa tr reciente, y qu t do lo sumerjan la ola , que narla devu lv n. (Aplausos). Confie o que la elevación de mi alma no me permite · r con indiferencia que se hiera á seres humanos que d berían ser con­ducidos por medio de la dulzura y de la persuasión; p ro reconozco también que si viese á un acrílego levantar la mano obre mima­dre- digo mi madre sin metáfora,-tocar su Llanca cabellera, ultrajar su belleza, ~u santidad y su grandeza, permitidme que os diga que si yo fuese dueño de la fuerza y ella estuviera á mi al­cance, esta fuerza aparecería terrible y vengadora para castigar á aquel qu no había retrocedido ante un sacrilegio y un crimen Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Mz"litar que on ergonzosos para toda alma honrada y para todo buen ciudadano. (Vivos aplausos). El arte upremo del Gobierno es la facultad de apr _ciar la hora . acta en que la tol rancia e haría cómplice cobarde el 1 mal. E t e tacto upone el entido incorruptible de la justicia, el amor d ' intere ado y apa ionaclo d 1 orden público, y el Yalor moral imp rturbable, que nunca s u tt~a . al dolor d la ejecu­ci ne n ct arias. · D sdichado de aquellos qu ocultan u debi­lidad riminal tra una aparato a legalidad ! ¡Ay de aquello que d eja n e nm ohecer la espada le la ju ticia, y de aquello cuya l on lad t ca lo lfmitc de la cond e ndencia ~ El paí ·, P.ntr gado á toda la · an ·i dade , lo r e hazará d honrado , por no haber u rido-aun cuand hubi , <: . ..,ido á pr c io d< ·an'>T -el ·fender y al var la patria. El ntimentali mo pued conv nir á lo 1 octa~, á los d/ltllan- 17' de tocl matiz, p ro deb-- ser ele ·terrado, como una fa! ificación de la b ndacl del orazón d e lo j f" . hago alu i nc · mi pa­labra van má alto. ¡ Infelice d aqu llo · qu d jan agitar ·e, en­tri ·tC'ccrs acr nizar á u paí ! ¿ o hay a aso hombre fu rtes y cuenl qu , tt nienclo á un mi mo tiempo t•l ·C' ntimi nt d la 1 galidacl y de la ju Licia tenn·an taml ién J. de la , co·uridacl del paí · ·? Porqu , eñorc., la nacion<'s, la patria, no viv .n s la.. n te mundo : ti en· n u<.; vecino , su · aliado , . u imlif r nle · su~ in te­r e di\' ~~~o á m nudo . on contrarios ; pu den urgir los con­flicto y agrandar e; . i lcts irnpatía y la ,. ntajas omune pue­d en ac re aria , la antipatía , lt r cu r lo d hccatc mi e , la rrota. no oh·i lada ·m rtili ·ant<'s, pued ·n taml ién di\'idit·, y hasta n tiemp de paz o cial ha. ta d 'spué d fit-mar lo · tratado que han dad, término á la lucha, so t 'ncr una e pecie t1 paz armada y 1 ' opo ición orda, iempr lat ntc en el fond , bi n ¡ut~ calla­da y ap •na~ r conocida. La" guerras pued n e tallar éÍ ualr¡ui ·ra hora, y no hay ne­c idad dt; hab r vivido me lio ·jo·Ju para t tar conv ncid de ello. L fuert pueden pro,·ocar cun de. tr za á lo débiles, y és­to , á m nudo d e masiado ajeno á _u debilidad a eptar impruden­tem - nt la lucha. Aquí s, · ñ re , en dond vu ]ve á aparee r el papel nece-ario de la fuerza mat rial, de lo jército y d 1 , píritu militar. En cf cto, ¿. cómo una nación in jército podero o, podrá, si e atacada, r chazar al agr or, provocar á u turno, r chazar la in­juria, amenazar y contener al adver ario? ¿Cómo in jército po­drá o tener su derecho é impon r 1 respeto á los v cinos que ha­yan tenido la audacia criminal de atentar contra ella ?-Conr!II)'t. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ¡66 Boletfn Mzl-itar EL PROCR/~ O DH LA GUERRA ( C HA R LA) á L. R. . 'uando vemo ~ lo · prodigio os adelanto hechos n la arma motlernas; cuando miramo funcionar un cañón de tiro rápido que arr ja ton e ladas d hierro y de balines· cuando ob e n ·amo la ra¡ idez c on que le fu ·iles di paran infinito núm ro de fina bali­ta humanitaria ; cuando contemplamo lo torre ntes l e proyec­tilc qu · arrojan in de can5o las te mibl e . ametralladora · automá­tica ·,-el ánimos obl-eco~e y nos '" mos bligado · á c . clamar in m( diatam cnte : ¡ ué mortífC'ra d e b t: e 1- la guerra en to tiem­pos~ Y p e nsando n el campo de batalla, no imaginamo qu , bajo ~ ·" hura cán el proy ctil · que nos arrojará el n e migo, .cd. muy difícil que alo·ui c n pu e da capar con vida . .'in eml1arg , amitr mío, hay una di ·tancia norm entre lo que a í e pi c n a y lo qu e 'n r-'alidad uc de. Aunqu~ le par -'Zca á u t e d un contra ·ntido, pr ten do ahora probade qu el combate d ·1 día, aun con ~ ta armas tan perfec­cionadas, no es ni má ni m no · mortífer que los combate · de antaño. Me ref1 'l-o á la ,· uerra dl sdc el momento que ntró l n u o la \·iul 'nta u tancia ". · plo iva bautizada con el a ·entuado noml re de f'/JhJOJ a. En verdad, e hace u e~ ta arriba pcr. ar qu · , ¡ combate no a má. mortífer hoy qu ay r · y i uno, oñancl con la batalla, v la línea de tirador rizadas d e fu ilcs de rcp tición, se ima­g ·ina l · e . ·cel nt cañones modernos locado n bi e n -']egida · po icion , y la r pidísima a m tralladora hacienjo u int 'rmina­bl _ fuego 1 ar e que ' ra 1 ilbido d lo millar de 1 roy ·ti­h . que cruzarán 1 air n todas dir e ion . , una verdad ra tiempo,-ten­dremo : qu. en la · siete h ra de batalla habrán arrojado un nemio-o contra el otr la no déspreciables urna de municione io·uient ' : 3,50 infant "o .. o o o o o. o• o. o o. o .... . 4 ametralladora 50 •• o .. o .. o ..... o .. r 2 pic:za dt at·till ría ........... . Total. o •••••••••• 22.050,000 480,000 59,280 22.589,280 proyectile . Suma que doblada, pue. to que el enemig que e defiende habrá procurado hacer otro tanto, alcanzará á 45. r¡8,560, que, omo ·e ve, e bien dig-na de ser tomada en cuenta. Perf ctament o principios del iglo pasado, como todos lo abcmo , n ucedía lo mi mo; la armas le fuco-o, como lo he-mo · dicho n otra ca ión, eran muy tardía , y un ejército de la mi ma. comp . ición dr.l qu vamo estudiando, con armamento de aquella época, y en 1 mi ·mo tiem¡ de combate, no habría podi­do di parar may r número d proyectiles que lo qu anotamo en s guida: 3,500 infante· .. o o .... o o ......... o. o•. o .. 3-780,000 • Tin un a m tralladorao ............. . 12 cañon 15,120 Total............ 3-795,120 uponiendl) qu caJ fusil antio-uo y cada cañón hubiera podido hacer á razón de treo tir por minuto, es decir, ciento ochenta por hora, mil doscientos se enta <;lurante toda la batalla. Aceptados e tos principio , una simple resta hará ver la enor­me dife rencia ntr la cantidf;ld de municiones que hoy pueden arr jar la arma moderna con respecto á las antiguas, diferen­cia, como se verá, abrumadora, y que, á ojo de buen varón, obliga á exclamar: ¡ Qué mortífera debe ser .la guerra en estos tiempos! Pero, ¿ e e to realidad ? De ninguna man ra. E te ligero cálculo que me he permitido hacerle, no va más allá de ser lo que podría pensar un profano en la carrera de las armas é ignorante hasta lo sumo de todo lo que son las cosas de la guerra. No quiero decirle con esto que los cálculos que le presento e tén mal hechos con referencia á la rapidez de las armas moder- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ¡68 Boletín Mt"!Üar nas-que lo digan los ntendidos ;-no, mi amigo; no. Lo que hay de verdad es que tal rapidez no pa a de s r un lujo y una ven­taja que no pueden ser aprovechado ino momentán amente · pero jamás, créamelo u ted, durante todo 1 ti mpo de una bata­lla, por muy corta que sea su duración, p rque a í como he pre­sentado á usted estas cosas, no habría fu il, cañón ni ametrallado­ra que aguantara, ni parque que prove, ra, ni soldad qu saca­ran fuerzas suficientes para d1sparar tan norme cantidad d pro­yectiles. La guerra es muy distinta, amigo mío. Fíjese usted solamente en que, gún 1 jcmplo d · arrollado, cada infante, como le decía, debería disparar goo tiro · por hora 6,300 durante toda la batalla· lo que e un contrasentido, porque para hacerlo necesitaría llevar á cuesta una cartuch e ra mon truo tan grande, por supue to, como la cncdcra. le los que hac n e m­píricamente tal s cálculo · n vi ta de la ra1 id z que e n los p o Jí o- o­nos de arrollan la armas del día. U teJ sabe muy bien e ta co. a . ; pt'ro, no lo dud e u t ·d, no faltan e píritu i•,.norantcs que ci-cen que los fu.-...il c s, la ametralla­doras y los cañones moderno , on algo así como r •rad ra de proycctile qu , pue ta · n función, no d ·jarían en toda su : ona peliurosa oldado en pie ni títere con abeza, como ' dice \'ulgar­mente. F lizmente para 1 s qu e l at n, la e . a n u e ·d ·n d tal manera. ¡ Hay una difer ncia tan o-rand ·ntr ' la teo ría ' la prácti ca . Lo que han hecho una campaña \' nladl"' r a , una marc ha n tierra enemiga; 1 que han a i tido siqui e ra á una a ción ·f ctiva de guerra,- a en muy bien que en la infankría c ada oldado no puede llevar n u cartuch ra má de 2 0 0 tiro. , qu · es limitado el número de municiones que puc el n o n.-...umir los ca ñon · y las ametralladoras, y que todo o mill ne d e artuch que­mado en los combates id ale., en las batallas l1a las, quedan reducidos á guarismos infinitam nte infe riore s y qu hac n abrigar la grata id a de poder escapar con vida á 1 . que JI o-u n á batir e en las problemáticas guerras del porvenir. Sin embargo, me dirá usted-ya lo estoy oy ·ndo -la e ·ce­lente condiciones balística de la arma actuale induc n . ·-ura­mente á creer que los combates de hoy an má mortíf r que los de ayer. Y usted creerá irremediablemente taren la v rdad. Siento, pues, decir que mi manera de pen ar á este re pecto es distinta. No le negaré á usted las mejores condiciones balí ticas de las armas modernas: la mejor precisión, el mayor alcance y penetra­ción, la mayor tensión 6 1·asanáa de su trayectoria, la mayor zona peligrosa; no, usted tiene razón: ellas en realidad son condicio­nes infinitamente superiores, pero ¿. e ha fijado u ted en que e ta Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mzt·itar mi ma. ventaja , p ¡· lo muy ·obre aliente , han llegado á trans­formarse en circunstancias de favorable para el efecto mortífero en el combate '? ¿No ha ob ervado u ted que la mejor preci ión y mayor alcance han alejado considera lemente á lo combatientes? ¿No ha podido palpar u ted que la mi ma rasanáa ó ten ión de la trayectoria y la e.'c iva penetración, han dado en e to último ti m¡ s un valor inmen o á. la fortificación y al aprovechamiento del terreno·? ¡No ha leído u ted que la reducción d 1 calibre-á título d hac er á la 1 alas humanitaria - ha lleo·ado á un extr mo tal que ca ·i la ha h e ho inofen iva ·? ¿No ha visto usted cuánto se han alejado del combate Jo afilados ·abl de la caball ría, á cau a del largo alcance y rapidez de tiro d los fu . il ? ue bien : ya me irá ncontrand u!:>ted razón. Pero ¿habré de e ntesta¡· todas ta pr ~unta··? Yo 1 ien o qu no. · ... \ un mi­litar académi o como e u!:>t ecl, ba ta ólo nun iarlc lo problema , y · ·uficiente. E claro, dirá usted, á la par que 1 progreso d1, la guu ra ha p erf cionado la arma de fu go; á la Hz qu ha hecho descu­bt ·ir la r 'lvora sin hum y de combu tión lenta· á m- dida que se han i l o redud nd fon·anclo lo finí i m os pro y ctil , t:tc., tam­bién, para contrarrl''>tar tanto adelanto·, ha habido la nccc~ idad d inventar alg , de~ m dificar la f01·macione de combate; de ir bu cancl mejor ap yo y prot cción en Jo parapet , zanja y trinch ·ra ; de adelgazar y aclarar la.· lín ·a de ataqu n tira­d r ·s, é im cntar otra manera de <' m batir, ya a . n la of n. iYa ó "n la dd ·n. iva qu cotT ponda á lo último ad •Janto~ d ~ la guerra y que di ·minuya, hasta donde sea I siiJl el ele baja dv lo omlJati ·nt . P Jr ( to el cía á usterl ¡ue la guerra ·n tos qu " ofr ce el t rr no, e un gust aquello ele irse pront á la mano. y un lujo lo d' pcl ar á p h descul ierto. En Modc..ler Riv "r ob~ervará u ted l l r er ·o el la medalla. Con lo arma modernas, rapidí imas, 1 valor clC' la posiciones es inmenso. P r la famo a pólv ra in humo, por el largo alcance y xce iva 1 enetración de lo fusile . , ·1 recelo o n ·mtgo no se av nturará á ir. á la:s mano . 'Tenderá sus d e Jo-a a· lín as d guerrilla , que durant<' un día nter no g-ananín un palmo de u - lo, y v rá u t el cómo la pr Lec ion e · más in ig-nificantes qu ofre­ce allí el t rreno, on ávi ]am nl · apr vechada . 1 'o ve rá u ted ninguna cat~ga á la bayon ta; ninnt . qu cau an admiración y ntu ia mo; que, omo acabo de decirl ', e fueron muy 1 jo 1 • tiempos en ue un Bayardo podía olo cl f nder un pu nte. Mas, á pesar de la enorme difer ncia de combat , ¿,e má mortífero l combate de 11odder Rivcr que el ele ~Maip ·? U. ted conoc perfectamente la hist ria militar, amigo mío, y me hallará. inmediatamente razón : Por la manera moderna de combal/r, d pesar de los jJeifeccz'ona­tm" entos de las armas, el rombale dr hoy no e· mds mortífero que d de ayer. . Es cia r , el prol.{re o dr: !tz guara no u ha de roncrelar !Ínú:ammü tf malar. E. GATICA Lra J e la Stmanrz .tlfi/¡tar d e Santiago de 'hile). - __ ,....._~ N OCIO.VES DE GEOGRA FIA Af!LITA R TEORIA DEL TERRENO Con instrum e ntos d e e ste gén e ro, que cabos y sarge ntos apre ndan á mane jar e n una so la l ecc ión, se pue d e e n campaña l e- 7Janlar WJ. plano, 6 po r lo m e nos un cr oquis , e s d ecir, un plano im ­perfe cto 6 simple bos que jo d e un t e rre no. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Mz.litar 77I Aun in in trumentos de e te género, tan u uale y baratos, pueden m edi r e y apreaársf' dislanúas en la guerra, con suficiente aproximación, á pa o , á ojo, con el oído. Hoy el largo alcance de las arma r ortátiles, l uso del alza, y la pr ci ión que e busca en 1 tiro, obligan á todo á fijar u atención e n e to de apreciar d1slancias, y lo manuale han divulgado ya varios m edio e.·pedi­to . ólo, pue , to aremos d · pa ada e t · 1 unto, á pe ar de su importancia, poni ndo un par d ejemplo . e llama, n úpbca, ángulo z•úual al ue teniendo ·u vértice en el jo, ubti nd ó a raza un obj "'to ualqui ra. omo la vi ta, ó la 1 otcncia de percepción n lo: jos, limitada, si el· objet ubtiende un áno-ulo muy pec¡ueño, v. gr., de un minuto, la imagen en la r tina e· inscn ible por lo p queña. Si e n un fondo negro se deja un írculo blanco, crá invisibl , en g neral, i el diámetro ubtiend un ángul d meno de un minuto; pero se id. perci­biendo á medida qu ~, acortand la tii tancia, 1 círculo ubtienda un áno-ulo de dos, tre · ... minuto . Porque si reducimo la di tan­cía al tercio, tri¡ licará pró. ·imamente 1 ángulo; si la di tancia s d ~cu r la, también lo : rá 1 áno-ulo : lu o-o s 'idcnte que este dJigu.lo visual nos hace z•cJ.Iuar in tinti va m nte la macrnitud de lo objeto , ó bien la di ·tancia qu · de ello nos · para, i anticipada­ment , en ada ca , t n mo~ una id 'a formada ya ea de la di - tancia, ya de la mara n lo círculos, e · la ?Jttn'd/ana. e ve, pues, el principio en que e funda la orpr ndente xactitud con que la gente d l cam­po sabe la hora que e , sólo con mirar la dirección y longitud d u propia sombra. e noche, el procedimiento es aún más conocido y expedito para la misma gente campe ina: se limita á distinguir la estrella polctr por 1 m dio igwicnte. La Osa ma_yor ó l carro, con telación mpu sta de siete e tt·ellas, e conocida de todos. i se imagina una lín a recta que una las e trellas A y B, y se prolonga, pasará muy próxima á la esh'ella polar, al rededor de la cual parece que o·iran de oriente á occidente todas las que e tán inmediatas. La j>olar es la principal d las estrella que forman la Osa vzc1zo1·, onstelación semejante á la otra pero más pró. ·ima al Polo 1\lor/f. l<,.ntre la dos se halla la Cola del Dragón. La p olar pa a pró.·imamente por el 11/('nd/a.no del sitio n que . e halla 1 ob ervador, cuando · tá en el mismo ~vertical que la strella C d la Osa ma_yor, la má próxima al cuadrilát ro; por consü;ui nt , <"rá fácil determinar apro.· imadamente durante la noch la mend/ana lares/re; pues ba tará colocar á cierta distancia del ojo una plomada con cuyo hilo e cubrirá la polar, y cuando ubra á ]a vez la estrella C, S tendrá }a direcciÓn de la merzdúzna con sólo unir el punto de observación y 1 pie de la plomada. omo aplicación curio a, y alguna· veces útil en campaña, uede citar e la construcción del reloj de sol, cuya sencillez e de­muestJ ·a á continuación. No con iderando má · que u movimiento aparente, el sol des­cribe cada día, ele una manera uniforme, la circunferencia de un drrulo md:xúno de la es¡ era rdesfe perpendicular al tje del mundo. De con Í0 uiente , si en un punto cualquiera de la tierra se tira una pa­ralela á est eje, el plano que pa e por esta línea y el centro del sol recorre 360 grados en 24 horas, ó ea r 5 en cada hora. En tiempo que e llama verdadero es medio día, cuando este plano coincide con el mena/ano : es la una, las dos, cuando se aparta de este último e pacios angulares de 15 .... 30 .... grados. Instalando, pues, de un modo invariable, obre una superficie expuesta al sol~ un punzón, una aguja ó ·ef//lo delgado que sea paralelo al eje dd Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn Milz"tar 1/lU.Ildo, y trazando á un lado y otro del mena/ano la lín a de en­cuentro con dicha superficie de los pla11os horar/os del sol, corres­pondientes á las di ersas hora d 1 día, claro es que por la coinci­dencia ó la comparación de la sombra del e tilo con tas rayas ó encuentros, se podrá saber la hora que e , en el momento de la observación. El aparato así construído e llama técnicamente cua­dran/ e solar. Su trazado é in talación requieren, como se ve, conocer la me­ridz" ana del lugar y la altura del polo. Esta última es lo mi mo que la latzJu.d geográfica, la cual e obtiene con suficiente aproximación en cualquier mapa bien h cho. Siendo, como queda dicho, un cuadran/e solar la traza de la líneas de encuentro, ó de intersección, de una super/iáe dada con lo diferentes planos lwrart'os d 1 sol que pasan por el es/do, 1 cual es paralelo al eje del mundo, es evidente que un reloj f. uede tra­zarse por medio de la ob en·ación directa en los mom nto · opor­tuno de la sombra arrojada ó proyectada por el stilo. Ba tapara ello con ultar el reloj de bolsill ; pero la con trucción g ométrica que sigue no es mucho más difícil, e pecialm nt para el cuadran­le horz'zonlal, el má propio y cómodo para un pue toó campamento. obre una superficie plana cualquiera (tabla, lo a, pizarra), representada en MN y JYJ' N, M" J\l' ', e sujeta ó clava fuerte­mente una pequeña placa de forma triano·ular com se ve en ABC', y vi ta por arriba A' B ' en ella el ángulo ABC s preci ament igual á la laldud d 1 punto n que e hace la con trucción. tanda la sup rficie e.·actament horizontal y oncnlada de m d qu B A ea paral la al tje dt! mundo, si por un punto cualquiera A de dicha recta A B s imagina un plano A D perp ndicular 6 ta línea, las traza sobr te último de lo · di\ r os planos horar/os d 1 vl harán ntr í ano-ulo planos, r¡ue servirán de medida á lo án­gulo d/edros d e lo planos lzorar/os corre pondientes. i se abate, pue , 1 plano A D obre la uperficie horizontal del cuadrant , al reded r de su traza D, D ' D", 1 punto A, A' vini nd á .A" y A'", bastará tirar por A"' y á uno y otro lado de la recta A' A 11 ' lí­nea. ue formen con ella ángulo re pectivamente de 15 .....• 30 ...... grado para tener trazas ó in ter ecciones abatida de pla-nos horarios correspondientes á la horas redondas del día ; y i los áno-ulos se dividen por la mitad, e decir, á 7,30 ...... se tendrán las medias lzoras. Como las intersecciones 6 encuentros de la trazas abatida con la línea D, D' D" no cambian de lugar al levantar ha ta u primitiva posición el plano DA, basta unir dichos puntos de en­cuentro con el punto D' para tener sobre la superficie del cuadranü las t1·aza buscadas de los planos horados. Por falta de espacio sufi­ciente en el cuadrante, las líneas corre pondientes á las horas VII y VIII no se pueden obtener directamente, pero se con igue con facilidad. No hay más que tirar por un punto a cualquiera de la línea de las IX una paralela á la que indica las III.; se toma de - pués ab = ab' y ac = ac', así b' y e' son puntos de las dos líneas que quedaban por construír. La línea de las VI e perpendicular á la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. BoletíN JVI/Ntar 777 de la VII, e l cuadran/e e ·, como ·e ve, sz?nétr/co con relación á entrambas línea . La piedra, pizarra ó lo que fuere, cuya dimensión no pasa de om,25 á om,40, coloca y a egura sobre un pequeño zócalo de m e no de I m y s orienta por medio de la direcc ión de la m erz"dzána. El cuadrante solar da la hora verdadera, que no debe confull­dirse con la hora medz"a que señalan los relojes. La diferencia en­tre lo instante corr pondie!1tes á e tas hora es variable, y en cierta ép cas pu de 1 a ar de un cuarto de hora-Conclzrye. ----~)i)C!;(·t- --- PRiNCIPIOS GENERALES DE ESTRATEGIA Y DE TACTICA E1V LAS PEQUENAS GUERRAS por el 1ayor . E. 'allwell, del Ejército inglé TRADUCCI6 DE ISIDORO LA VERDE AMA YA-l011fzmfa C PIT L X .. 'I O P 1<: H .\ I O . E S D E • O C H E l. Razonts qut ( .;n>tm IZO)' m facJor dt los alaquts dt 1zocht-El pod r y la ¡ r ci ión, iempre en aum nt , de la artillería y de las arma portátile ·, han hecho qu n e to último años recaiga la atención obr los ataque y o¡ cracion de noche n general, pu á cau a el lo 1 roO"r ~- · d la i ncia, n Jo que conci rne al armam nto, C\ id ntemcnte · v 'ntajo o atacar á favor d la os­curidad á advcr ari s que po een arma mod rnas de pr ... i ión, si 1 ataqu pu de v rificar e in de orden y sin rie ero d ' pánico. E ·ta re tricción muy important . II. JJt• su oporlumdad t.'ll /~'(neral tn las pequei'las guerras-" Ata­que de no he ontra buena tropa , rara vez aJen bien,' escribía 1 Duque de \Véllino·ton, que apreciaba la dificultad d ej cutar­lo por cau ·a del des rd n que puede p n r en peligro á las co­lumna de a alto y ele la impo il>ilidad de vigilar las op raciones má allá de ci rto punto. Contra mala tropa , ta obj ción, he­cha á los ataque d noche, no tiene, ajo cierto re pecto , rran va.lor, porque e ta tropa · tán má expuesta á atemorizar e en pre encía de un ataqu , y aun <Í de moralizar e hasta delante de uné). columna en de ord ·n. P ro por otra parte, hay menos motivo para mpr ncle1 emejant . operaciones uando se tien que lu­char con una multitud desordef}ada, l orque el objeto de un ataque de noche e , ordinariamente, arrojar al enemigo de su po ición, sin sufrir las pérdidas que son inevitables cuando se marcha de día contra tropa fuertes y bien armadas. Pero mala tropas no saben hacer buen uso 'e u armas, y su fuego es menos temible. Los guerreros irregulares, por lo común, no tienen armas de pre­cisión, y si las tienen, no aben emplearlas. in embargo, el peli­gro de la confu ión es io-ualm nte ()"'rande en el ataque de noche TOMO I-50 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín ~11ziztar contra salvaje ó contra tropa escogida . De ·de luego, n las pe­queñas guerras rara vez se ejecutan ataques d noche con inten­ción deliberada, y la razón de ello e ba tante clara. III. En. resumen, l1s t'nconvem'enles prevalecen sobre las vmlajas­Algunas veces los Uzbeghs, los Afgan , los Cafre ó los Pieles ·Rojas, pueden ocupar una po ición de tal modo fuerte ó un puesto tan bien acomodado para una tenaz defen a, qu un asalto de día contra ellos tiene pocas probabilidade de lograrse, ó expone á las tropas regulares á pérdidas á que no d ben avénturar e. P ro tales casos son raros. De noche, el zulú con u azagaya ó 1 pathan con su puñal pueden muy bien nfrentar e al oldado instruído ar­mado de su bayoneta. iempre deben vitar e los ncuentros cuer­po á cuerpo, salvo cuando e pueden ejecutar con la rapidez de que sólo es capaz una tropa organizada y muy suj ta á la disci­plina. Tropas que se comprometen n combat de noche contra guerreros irregulare , abandonan voluntariam nte u up"'rioridad de armamento, y, lo que es peor, u cohesión, que es el áncora de salud de una tropa disciplinada. Rara 'ez e v ntajoso n las pe­queñas guerras mprender operaci n d noche que puedan aca­rrear un combate. En la guerra r guiar hay una buena razón para atacar de noche. En la mayor parte d la pequeña guerras no la hay. in embarg0, esta regla no e univ r al. Alguna veces, por ejemplo cuando las tropas r guiar sobran contra adversarios como los Boer ó como aquello qu se pueden encontrar en una rebelión en paí civilizado, el enemigo, hasta en una pequ ña o-uerra, puede estar ufici nt - m ntc bien armado, lo qu hará n e ario acometerle d noche. Pequeña guerra es una exprc iún clá ti a qu , onvien á gran número de situacion s di ver as. P ro cuando 1 hecho es así, cuan­do el enemigo e tá bien armado, 1 m jor argumento que puede ale arse para justificar la empre as de noch en la guerra irre­gular, generalmente no se pr s ntará. En f cto, ya e ha mos­trado en esta obra que lo guerr ro irr guiares se descuidan de noche en colocar avanzadas ; por e to un ataqu e de noche con­tra tales ad er arios pued ser una orprcsa completa. Pero los guerrillero en las guerras civil s compr nd n muy ien la ne­cesidad de guardarse iempre. nC'ra lmente cu sta tanto tra­bajo orprcnderlos en un ataque nocturno corno á tropas regulare . IV. Pehuros de la confusión ) 1 dd pdm'co-En un ataque de no­che, el peligro de la confu ión muy crrande; y en semejante momento la confu ión puede engendrar un grave de astre. Las columnas acom tedoras pueden fusilarse mutuamente. Una parte de la fu rza destinada para la empre a puede e. ·tra viarse y no 1legar al sitio de la lucha. Una fracción puede desembocar de pronto sobre la po ición enemiga y tener que soportar sola todo el esfuerzo de la lucha. Es difícil para el jefe de una columna de ataque vigilar la operación durante el día ; por la noche le es im­posible. Hay también peligro de un pánico repentino. Napier describe de una manera impresionable el efecto que causó sobre algunos de los que sitiaban á Badajoz, el grito repen- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletíu Jlzhtar 779 tino de: "Una mina !", cuando no había tal depósito. Al oldado le gusta saber bi n en dónde está, á dónde va, dónde se ncuen­tra su oficial, y en dónd e tá el enemigo. El asalto de Kar por lo Rusos en 1877, y la batalla de Tel el Kebir, que no implican, sin mbargo, un ataque de noche, han demo trado que lo prepa­rativos de un a alto pueden ejecutar e por la noche, y que el ata­que puede hacerse algunas vece de noche sin desorden ni de - cuido. Pero stos hecho ai lado no prueban que semejantes ope­raciones se hagan sin peligt·o, ni que se puedan emprender en to­da circunstancia . La dificultad de conducir las tropas por la noch , n a o de alarma, e pu n vid ncia una ó dos noches de pué d 1 d s m-barco del ejército francé. n idi F rruch, n Argelia. Hacia la do de la mañana, un caballo que e escapó enfrente de la línea, asustó i un centinela que disparó y oca ionó alarma. Los batallo­nes inmediatos tomaron las armas y di pararon en la oscuridad. El fuego se e - tendió bien pt·onto por toda la líne_a, y duró má de un cuarto de hora. Cuatro hombres fueron muertos y diez h ricios en e te inmotivado pánico. Es difícil encontrar ejemplos de d ord n en ataques de noche t:j cutados por tropas regulares en pequ ña guerra , porque esta operacione se empr nden rara vez. E tá admitido que son inop rtuno , m no cuando e ejecutan n pequeña escala y con de tacamento de tal modo reducido , que no puede haber des­orden en las fila . El brillante ataque nocturno dirigido por el General Reynier contra lo Egipcio , en I 799, con una columna con iderabl , " una de las má. b llas operaciones de guerra que puedan realizar e, ' como lo caracterizó apoleón, es uno de los muy raro ejemplos de un feliz ataque nocturno contra un enemi­o- o cuya organización y di ciplina son muy inferior . Los partida­rios de los ataques de noche, como el General ru o Dra omirof, hacen Yaler el efecto aplastador del fuego de tropas moderna obre una columna de ataque, condición que no existe en la o-ene­ralidad de las pequeñas guerras. En Nui Bop, en el 1 onkín, el General Negrier intentó un ata-ue de noche sobr la posición china con uno de sus batallone ; pero é te encontró dificultades en un terreno quebrado, y el asalto no se efectuó. Una compañía, sin embargo, se acercó á la líneas enemiga y se encontró separada de las otras; fue atacada vigo­rosamente por lo Chinos, al despuntar el día, y e vio, durante algún tiempo, e n ituación muy crítica. Pero r sistió al enemigo, superior en número, hasta que le llegaron refuerzos. V: Las objeá01us son menos serz'as cuandq se Ira/a de ataques que se tjeculan sobre una pequel7a escala-Las objeciones que se hacen á los ataques de noche ejecutados en pequeña escala, son mu­cho menos serias que cuando se trata de una grande operación de guerra, como el ataque del General Reynier, de que ya se ha hablado, ó como el asalto dado por Lord Cornwallis á las líneas de Tippoo delante de Seringapatam en 1792. En efecto, mientras menos grande e la columna, mucho menores son las probabilida- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 780 des de rror y d e de orden. '' No ·ólo el p ligro, ino la dificultad de ejecución, dice Clausewitz, reduc n la cifra· de lo efectivos que se emplean en las empresa de noche." Quizá e ta ea una afir­mación muy absoluta, pero e exacta, i e admite como regla ge­neral. Si e po i le, lo a ·altante deben acom ter en una ola co­lumna compacta y no en varias, porqu de tacamento separado corren gran rie O"O de fu ilars y de <.lar a. í l a ·i o al n migo, uponiendo que no se hagan más daño. VI. Los prtparafá1os deben lzaaru con sumo cwdado-Cuando e ha resuelto atacar por la noche, d ben hacer e pr para ti vos cru­pulo o . E· d importan ia xtr ma da.r la órden d deta.ll y determinar bien 1 ur o de la a ic>n . gún toda · la eventuali­dad . Un rror puede oca ionar un d • a tr~ muy grave. Un.q, impl falta pu de comprom ter .1 éxito. El a alto 1 noche con­tra la pu rta d IZabul n huzní, . tuv á punto de malograr , por ¡ue e orden' la retirada n el fal o upu to d que lo. zapa­dore d 1 ucrpo d .ing- ni r . no habían lo()"rado hac r altar la puerta ;¡: .• E encial pu . in sta pr rr ro irr guiar no prevén o- n ralmente lo y no tienen i t ·m a de a\ am~ada para pr ca ver e ; p qll fiar e d e to. Lo a tut ~ Arab ·, n Ar Jia, t nían 1· co - tumbJ* de d jar por la no h ~ nc ndida la. hoo·uera raban cuan o pr veían un ataque d 1 Franc ~e. ; n preparaban una •mb . cada ·caían sohr In a . altantP é to vol dan d ori ·n tado. ~\. u 71/7•ac. VI l. Prt·cc múonts que han de fmerse d fin dt llttptdir r¡ru los c/j al­lcmles u ümm uno. d otros ¡)or tntm(~os-Hay qu t mar precau- El autor hac alu-,ión al hecho de arma r¡ut' . igu : En 1 39, un ejérc1to inglé· penetró en Afgani-,tán á fin d derrocar á Do. t lohammed, Emir de Ka bul, y reemplazarlo con un príncipe afgán, amigo de Inglaterra. Dcspué de la ocupacitÍn de Kandahar, el ejército ·e dirigió obre Kabul, y d 21 de Julio de 1839 t:staba delante d' Ghuzní. El 'eneral Comandante en J efe, SirJohn Keane, no había conducido artillería de . itio; por e lo deciuió hacer saltar una puerta de la ciudad, llamada puerta de Kabul, y dar el asalto por la mañana del 23 de Julio al aclarar. El Coronel Dcnnie, del 13.0 de Infantería ligera, mandaba la primera columna d a. alto y e taba apoyado por refuerzo. á órdenes del briga­dier General . 'ale . El 'apitán Thom on, de lo Bcngal Engincers, avudado por tre oficiale del "uerpo d ingeniero , mandaba el de tacamento en'caraado de hacer Yolar la pu rta de Kabul. b A ~a tre- de la maüana todo cst~ba }i to para el a. alt . El General ir J. Keane l11zo romper el fuego á la artdlena de campaña, de modo de di traer la atención de los Afganes. Lo ingeniero hicieron saltar la puerta, y el Coro­nel Dennie peqet~ó en Gbuzní. El brigadier General 'ale e abalanzó para apo­yarlo¡ en u cammo tropezó con un oficial de ingeniero á quien había echado por tierra la exp_lo iót~ y que e taba aturdido. E ·t.e oficial l,e dijo que la puerta de Kabul no habta ced1do y que el Coronel Dennte no pudta entrar. El Gene­ral Sale hizo tocar retirada. La columna se detuYoYÍctima de la má grande an. siedad, cuando oyó el toque de carga dado por la corneta del Coronel Dennie. La columna de ale recobró su empuje y penetró en la ciudad en seguimiento del Coronel ennie. (Historia dt la guerra ot A.fganistdn, por J. \V. Kaye, pá­ginas 462 y siguiente ). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín .lJ.fzlitar iones para que la tropa pu dan r conocerse. En un ataque de uerrilleros e pañole contra france e , el jefe les hizo que llevaran la camisa blan a por fuera de lo demá ve tido . Cuando e pro­ced · e ntra Zulú , el casco blanco una marca di tintiva xc - 1 nt · no . uc de lo mi mo con lo A iáticos, que llevan turbante blanco . E to on quizá el talle insignificante , pero los ataqu s de noche on op racion p ligr a qu .·igen, para que algan bien, una pr paración minucio a. La claridad de la luna natural­m nt no cunvi n . Debe imp dirs , obr todo, el rillo de la lJayon "ta ó de cualqui ra otro metal que dé el a vi o al nemi<•o. El plan g n ral de ataque y tu os ·u el tall s, d eben e municar-e á lo uficiale ele ·gundo orden; esta pre aución es mucho má necesaria e n la op r·tcione el noch e que n lo ataqu · al aman' er. VIII. L·l ha;J'Onda t1 d arma rlt. los alaquts df' noclu-P0r úl timo no abría insistir dema ·iado ~n e l. h cho de que la l>ay n ta s el arma qu onvi n' ¡.;rnpl ar n lo-. ataqu u' noch . E ba - tant' difícil as •n·urar el tiro durante el día. I orla n che, ha ta la tropa m á aguerridas el" ..;,paran lucam nt . Los a el v rsario de fuerza rl'•rular · n) put~den r i tir una carga á la bayoneta el tropa di-,ciplinad bien cumpc t la . Es pr iso recordar iem¡ r que p )r la noch t•l f'fectr' m ral de la iniciati,·a aumenta el moJo con id ra 1 '. Si bu nas tropa e ·tán cxpu· sta al pánico ·n la o - curidacl, in di 1cultacl se e nvendd ·n c¡tt lo gucrr r · irren·u-lare tán tola ía m;ts . pu ·sto. á at rrvrit.ar c. n puñad d <..,oh.1. u · bi n in tt·uí 1 s, IJi n man la lus ~ bi ·n atento at - rrará por la no.chP, aun in di,parar un tir á un jército d asiático · ó l ~ a1 vaje . \rl "'rnS ataqu ·s pr e dente . .L ~. J.farclzas dt nocht · mommlo tll r¡w sou espeáalmen/e vmJ,,jo as. En suma, los ata:-¡u s de noche pueden consid rar e rat·a YCL opor­tuno. en las. pequeña,:; guerra . 1 o u e el(! lo mismo con la · mar­cha <.1 ' noch , aun cuando el ncmigo _té cerca. Marcha de n eh fectuadas on 1 propó it de atacar al amanecer, han sido, en campaña-; reciente-, eguidas varias veces de triunfos brillan­t - . 'a hemo dich que 1 mom nto el l nactmiento el 1 día 1 m~b adecuado para dar c. 1 asalto, lo que implica ncc aria mente un movimic:>nto anti ·ipado á favor de la noch . . ,. I. .El enemt'[[O no se ru/da d~ la 7't'lft'lancicl por la noclz t -E raro que 1 n migo sté bien ·obre avi o por la noch . Lo común que n > a ech á las tropa n marcha. · pucd .r. itar e mo ~j ·mplo el ataque d los P r a~ contra la olumna de· .'i1- J. u­tran, Ja no b . que precedió al omba d v · ushab ~, )' el d S­dichacl pis dio fl la t ntativa d ocorr din~rido obr • . rrah por una columna qu( . alió df• l inar or .. P ro la .·periencta de varias ampaña ti ndc á d m). tr r qu , ah·o n la gu rra d o·uerrilla n paí iYilizadl', ad ver arios irrco-ularc vacilan nata­car á la tropa n•gular s que marchan por la noch . No parecen partidario~ d . a la e l op raci ne., aun cuan el la~ fuerzas enemih·a~ e tén muy pró.·ima . La marcha de 'ir H. tewart, d Abuklea hacia Til e de llo un jemplo r.otabl . Lo· Madi ta n ignr>raban qu e ta marcha debía verificarse, fue e de día ó d no h . La co­lumna, al atravesar un bosque por la noche, e el orden' cuan­do taba e r a de Metemma, en donde 1 nid n gran número. Y como la marcha ra muy lenta, cierto ue lo rabe no la io-noraban ¡ pero no intentaron dete­nerla ino al amanecer. En ese mom nto lo Madi ta partieron del • Va en nota anterior dimo alguno detalles sobre esta expedición de los Ingle-es en Per-ia y obre el combate de Ku hab. En la nocht:: del 7 al ~ de Febrero, la retaguardia de la columa ingle-a fue atacada por tiradore y ji. nete per -a ; un corneta enemigo, conocedor de los toque ingl~ses, enganó por un in tante al 78. 0 Highlander con órdene repetidas p raque cesase el fuego. La caballería per a fue rechazada. Pero el enemigo no cesó de e cara­muzar ha ta la salida del sol; ntonc s comenzó la b talla de Kushab. (British Batt!es 011 laud ami urz, página 219 y 220 ). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletfn .}fzlitar río para o¡ tmer e á la marcha de los Inglese ·. Un ataque á la e lum:1a, en 1 in':>ta.nt en que e encontraba en desorden en el bo ·1u , habrí - ten id funesta con ecuencia . E raro que fant~> que atacaban on tanta ener ía en el día, no hubie­sen h e tiho nino·una tentat1 va para inquietar á las t1 opas por la no­che. ,~tnn lo ha! rí -:> n lo·rrad combatirlas cuerpo á cuerpo. Pero corno lo hemo n p e ticl , aclreLario de sta clase parecen evitar y aun t<>rn r ataéar de n och t. Otro j0mp) , en una campaña contra un enemigo muy dife­rente de lo sal Yajl s soldados del Madí, nos lo ofrece la retirada jecutacla tran ¡uilamc ntc p r ir G. Colley, de pué de su derrota en Inrr go. la caída del día el enemigo envolvía completamente la columna ing-lesa. Pero durante la noche, ir G. Colley logró retiraL e ·in · r inrtuietado, librando no sólo u infantería sino tam­bién u artillC'ría, el~ la pelig-rosa posición en que e encontraba. A la mañana ~icrui~.:nte los B ers no encontraron sino los muertos y los heridos, y no quedaron poco desconcertados al ver que sus adver. ariv habían desfilado. /'II. Pd/gro d e eon.fus//m en marcha-Cuando se ~ stá cerca de un jército qu no apr · cia la nece iclad de un istema conveniente el a ,·anzacla , y que no e da cu nta de qu marcha de noche, hábilmente je cutada por tropas regulares, pueden modificar del todo la · ituación estra t ~6-it a . · táctica, los movimientos de noche, decim ·, prvclucinin r e :.ulta o decisivos. P ro no hay que olvi­dar nunca que t's t o - movimientos son muy penoso para lts tro­pa y los coll\·o;cs, y qu , aun con lo · preparativos mejor dispues­to - pu d e r • ultar gran el ·orden i el terreno no favorable. La costuml>r , b tan te g neralizacla n riente, de marchar de noche n un paí muy :llido, tien , casi tanto partidario como adversa-t L't 1nism.t olhcr acwn acaba <.le hacc:rse recientemente á propósito de la batalla uc ()m,Jurman (2 de Septie mbre <.le 1898), en la cual el ·irdar Kit­chcncr apla tó al ejército del Kalifa. "Sin embargo, escribe 1. l. . 'teevcn , corre. ponsal del Daily l'.fail, la ba­talla tic m lurman fue ca ... i un triunfo milagro o. Desde luego tenemos guc dar­le la gracias al Kalifa, cuyo mando fue una obra mac tra de imbecilidad. ·¡ nos hubiera al riuridad d<· su arrnam ·nto. En Lina palalJra, n la guerra irr ·g uiar no se deben crnpr nuer á la li~:-· ra op eraciones de noch , bi •n que las circun ·ta n ·ias la · ju - tifican alguna v e,, y qu se pu den itar ej mplos el e casos n }os cual han ido coronada por urillant triunfos-Cour/uJ'C. • El autor comet un error d fecha: la gu rra d 1 Bhutan ulm nzn en 'oviembre de 1864 y la salida d · D ·wangiri se ejecute) el 5 de Febrero de 1 '85. El puesto U..:! Ih:wangiri !)e encuentra sobre las fronter.\ cld Bhutan y dd A qm, al n rtc d~ Gowhnlty. Lo mandaba el Con nd Campbdl, c¡u·c·n tc:1Ía l>ajo ·us órde e sc1s compan1as del fJ. 0 Assam .l.tght /n.fi!lltry y uta Hint<.:na dv mc., ti­zo, ue atendían á dos obust:s de montaiia de 12 libra. Ya. d1su~ ·1 30 tlt: ble­ro de 1 65 los Bhutanais habían tratado de tomar el pue lo, y no habicnuo po­dido :ograrlo, bloquearon á J) wangiri, corta·ron el acueducto de ca1 ns qu • con­ducía el agua, levantaron trinchera empalizada á. ~:to;cie11ta yan.la ele! campo inglé:, y por último se apodernron del I'aso del 1 >arung~h, l¡¡s n g0, pc-ro que luégo decidió enviar á un '<.pítán con 36 cpoys del J2.0 Bwgal l11jcutl'y y 25,00;> cartucho . El apitán partió; 1 ero Yientlo en seguida la mala itu.:ción de lo n~gocio , y temiendo que las municiones ca) c. en ( n n1ano cld tH.:mi go, volvío prudentemente obre u pasos. juzgando de. c"perada u po icié•n, el Co­ronel Campbell resoh·ió abandonar el puesto y batir,;~: en rctir.,da , por un ele fi­lader que no fuera el Paso del Darungah. El mo' irnicnto comenzo el 6 de Fe­brero á la una del día. Do ciento epoys del 43.0 debían formar la 'anguardia y la retaguardia, cincuenta debían conducir y _coltar á Io ~ enf<:rn o.;; y herido~. Lar tirada comenzó en silencio, bajo la protección de pequeú put stos, C]Ue en­tretuüeron los fuegos del vivac, de modo de engañar al enemigo. Cuando se prod~:jo el pánico, se dejó atrás a los herido , y los cl< s obu c:s, que lt e1 oy d 1 43. 0 rehusaron llevar, fueron, por orden del Capitán de artillería, arrojados á un barranco. Después de mucha dificultade , el Coronel ampbdl y u tropa pudieron llegar al cuartel general. Los Bbutanai , dema iado ocupados en el pi­llaje del puesto, no los per iguieron. (B1itish Ball/a on /aud and ua, página 269 y siguientes). Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletí n M ·ilz.tar IJvFOR.liE SO.IIRE El E_!ERCITO ALE1l1AN (Continúa) V 1.0 . DTF.EKI<: , 'TF. GRADO Y E IPLEO. Ull."LTJ<:R, ·o~ Los sarcrenfos nto no que no d la guerra ~arg nt , y ue ,.a m " ax d - · ·1 ti ·mp dL' ~ervicio ·ea 1110 tr año bajo la· un máximum que '\On por lo común Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 786 Boletín Militar d~á er nombrado ·a~gento i no ha servid por lo meno anos n un cuerpo act1 vo, y i durante e te tiempo no ha ad m n­do el conocimiento práctico del rvicio que le es inrli ·pen abl , y tam ién una in trucción teórica 'Ouficient para pon r tado de in truír y mandar. lamente en caso muy raro y en favor de individuos que dan prueba de una intclirrencia y facultades e. ·cepcionale , e epa­ran de lar rrla de tr años d ervicio xi(rida para_ er promo\'iclo sargento. Ya e ,. ·', r r consiguicnt , qu · no se puede 11 o·ar á sargen­to ante. de haber cumplido el tiempo d s n'ICJ obligatorio, y que, n consecuencia, ólo pu d n pretencl rlo aquello que con-ientan en reeno·anchar.e. Pero _ pr ci ·o aber r¡ue n toda las arma , y obr tod en la: arma· - p .ciale., la in uficiencia del número de r enganchados es ol j Lo d la qu jas univer al . El h cho e· muy natural, porque la posición d I arg nto no ofre­ce bastante ventaja . 1 odo individuo intelirr nte y de conduc­ta regular pu ·de fácil m nt encontrar n la vida civil un empleo mej01- r munerado. Y . in mbarrro, á aqu llo 1u desean r en­gancharse se le impon n condicione ba tan te riguro. a . Para er admitido á capliu!ar- · el término n u o- s pr ci o prime­ro, durante tr años, habers hecho notar por u lo y un­tualidad n 1 . ervicio, y ad má s n ario bten r 1 e nst.::nti­mi nto de ·u j f dir ·cto. Est '. un punt que al . ·io·ir así ·1 a ntimi nto r ~cípr encuentra un m dio cg-ur d irn¡ dir qu den n ni i todo aquello ¡uc no ha ' int ·n.! n con en·ar 'n él. .\ í pUt _s, para má ecruridad, Jo comandant · de ompañía ó c-uadrón nunca admit n má · qu un ailo, á fin d dejar al oldado toda facilidad d al andonar el jér ito, y d guardar al mi mo ti mpo la facultad de ue mbarazar e d él si e juzo-a conv niente. Lo cap/tu!anlts de má mérito y má apto para llenar la funcion de sargentos on pr movido á ste oTado al paso y á medida de la · Yacant que ocurran. Los argento a í nom­brados rleben, pu , contratar todo lo año· un reenganche para el año igui e nt ; y este i t ma ti ne la 0 T n v ntaja de que le obliga á tar ·ie mpre atentos á u debere , pue to uc en el ca o contrario su jef pu d n no renovar su compromi o y e les fuerza de e te modo á dejar el s rvicio. E t e preci. ament lo que ello temen, porque pierden entonces todo derech á la ven­tajas que e les conceden d pués de un período de doce año . Al cabo de este tiempo, en efecto, un sarl tínico cam ino que m r ece e l no mur, el e tal desde que salí el, J jma .. ·u pe había coto, 1 pra y 1 ·fantía i ; naranjas y mang-o . 1 Jrmí ·n la fonda. Bello bosque de g-uaclua , ohr el d clive á 1 iz ui ·r la del cami­no .. eguí i o y hospedado · la mula., apuradas. caminaron toda la no he ha. te Bo~·ot,L La iuclad e \' •ía d sde muy 1 jo al pie de lo ·rro , al tra \ ¿..., cJ,_ la llanura ca i pró.·i­ma, pero tal parecía como si no e¡ udi ·se lll ~rar nunca á lla: lan numero. as eran la r vueltas p r a u a d • lo.· río . Llc>gué á r t<.í 1 2 de Julio, ha! i nclo _alido d ,.., uito •1 30 de .1 bril. El amino buen , ancho, aYim ~ntado •n 1 centro, como n lq·an ia. l\Ic 1 monté n e l IIot ·1 Inglés, en donde en­contré una r eun ión de caballero d e dif rent paí El Dr. mürda, un naturali la austriaco, ele cuya. ci ntífi a y agradable compañía di fruté por 1 rim ra Y z n Quito, n la ca a de Mr. ope, me había eo·uido á Popayán y de d e allí para acá se cxpu o al clima mal ·ano d e l proverbialm nte rico all del auca y 11 gó á Bogotá tan ólo un dfa de. pué ¡u yo, qu viajé por 1 comparatiYament frío aludablc d eiva. Me habl' en término lo m á ntu. ia la , d u re n ida y mara vill a ferti-lidad, y como botáni , fue profu o n us alabanzas, com tro viajeros lo han ido al ponderar la extraordinaria belleza d 1 bos­que de palmas de cera, que e \'e d d 1 pa o del Quindío. El comenzó por perseguir infu orios en Bogotá, y me dijo que había encontrado una especie que ha ta ahora olam nte era conocida en Sibcria. Santafé de Bogotá, ó Cundinamarca como la llamaron los in­dios, contiene cerca de 6o,ooo habitante . La vacuna es obligato­ria, pero cuando es po ible e su traen á ella, porque uponen e un medio disimulado de levantar el censo para lo impuestos. Ha- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. /]c:-'etíJt .1/t!z"tar bía aquí antes pocos extranjero que no fueran judío , y el redu­cido número de emigrante de la vieja E paña es notable. Siem­pre reina aquí una falta de cordialidad (ó quizá pueda emplearse una expre ión más fuerte) hacia lo e pañoles; pero una razón más podero a e la de que España no está agobiada con exceso de población capaz de obligarla á estimular la emigración, y, por otra parte~ su mal entendido orgullo le ha impedido reconocer el Go­bierno de la ueva Granada; y in embaro-o, cierto número de emigrantes erían bien recibido aquí. Los ciudadanos de Bogotá viven bajo una inmen a aglomera­ción de rojo caballete de tejados intermina 1 ·, sostenidos por blanca pat· de , on ventana de diferent' colores cerradas por barrote y con el a pecto general de una tri t ciudad spañcla, bien r gada por arroyo qu de ci nden de los cerros. La Calle Real e , in mbargo, una excepción: tiene a pecto comercial y animado. o e muy ancha, pero e prolonga á lo largo de la ciu­dad, qu contien no meno d veintidó igle ia , muchas de ellas de pequ ña dimensione · numeroso convento., ca as comerciales, y alguna · muy buena tienda . Hay varias plaza , la atedral está en la principal ue stá rodeada por una arcada ó portale . e dice ue una 1 la torr . ... halla n e tado pelio-ro o á cau a de un t mblor. Lo mi mo t mblor se han er.tido á un tiempo en Bogotá y Popa ~in. Do ó tre l1cr ra ·acudida ocurren cada año. y una fuert' cada cinco. I~n 1826 y en el año -igui nt hubo vio- 1 nto t m 1 r n B .·otá. Un alemán nf rmo de la fiebre ter­c iana altó d 1 su'>to fu ra d"' la cama: al voh·cr . --ncontró con que apena e había lil rad d 1 tlllbtrrras dt rzdusu, ,- g-ran número de moneda d oro habrían caíd obre 5u cabeza, y lo hu ieran matado, pu fu ron sacudidas d 1 santuari en donde taba ocul­to el te. oro el ual pocas ca a dejan d t ner en to paí e , y acerca de 1 cual no tenía noticia alcruna. n ·ran mercad , bi n aba teci o de fruta y de productos indio , tiene lugar enfrente de la Cate lral. Una hermosa vi ta ge­neral de la iudad y de la va ta y verde llanura que d sde ella se extiend , logra el el un pa eo de terraplén n lo alto de la co­lina. El límite lo marca la larga línC'a blanca del lago, en el cual, de pué de pa. ar por Zi paquirá, vierte us agua el Funza, forma_ do por lo arr yo · reunido de la montaña que quedan cien mi­llas al norte. En la llanura se le r únen los pequeños ríos que de cienden de lo cerr de detrás de Bogotá, y entonces e rre hacia el 'ur e te de la ciudad, cae en un precipicio de cerca de 6oo pies, en el T e quendama, y igue su curso al Magdalena. La tre 11anura de Boo-otá, Fu agasugá y Melgar forman la tr tierra fría, templada y caliente." Del egundo valle nombrado, en donde hay varia ca as de campo, otro ;arroyo baja por la de Melgar al gran río. 1\lr. Mark, á quien soy deudor de muchas no­ticias que ólo pueden obtener e residiendo en el país, me dijo que el viaje á caballo á e as baja regione era muy bello, y que él una vez bajó el 1\1agdalena hasta Honda, por medio de una alsa que encontró en Guayacana. El alto de Tequendama está Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín JJ1?litar marcado erróneamente en lo mapas como formado por el río Fu­sagasugá. El lago parece descansar sobre los límites exteriores de la llanura, y encima de ésta se ve el pico nevado del Tolima ele­vándose de la cordillera sobre la orilla occidental del Magdalena y divide el valle de sus vertientes de el del ·cauca. Se calcula que el área de la Sabana de Bogotá, treinta y cinco millas por veintio­cho, es como la de la isla de Barbados; la altura promedia es de 8,495 pies; la ciudad está un poco más alta, y unos cientos de pies más baja que Quito. La temperatura de Bogotá se fija entre los 57° y 63° á la sombra para una gran parte del año. En los meses de invierno se puede ver como á las ocho de la mañana una capa de hielo delgado, pero á aquella hora, cuando el ol e tá encima, el calor es ca i igual al del medio día. La lluvia comienza en Sep­tiembre y dura dos meses. e dice que la sangre de los indios tiene dos grados de calor menos que la de los europeos. El Dr. Cheyne, el má experimen­tado de los cuatro médicos ingleses de aquí, afirma que el aire de Bogotá es muy favorable para la curación de la heridas. El cami­no de Londres, como se llama, deja la ciudad al noroeste, por Honda, sobre el Magdalena. Pasa por la residencia del Honorable Ministro Británico, Encargado de Negocio , Mr. Griffits, á quien soy deudor de muy amistosa y cordial hospitalidad; y la presen­cia de otro caballeros de Legaciones, como el Ministro de Fran­cia, imparte un tono más elevado á la sociedad, d 1 que se En­cuentra generalmente en la osta. -~1 teatro tiene u atractivos ; comida , bailes, etc., son má frecuent . Me pre entaron á un círculo amafeur de conciertos, en el cual varia linda s ñoritas de la ciudad cantaban en público, y un caballero de Bogotá ejecuta­ba el Carnaval de Venecia, de Pao-anini, con admirable tilo. El estado general de la sociedad e muy cmejante al de todas las grandes ciudades de Suramérica. e dice que rara vez contradi­cen á los muchachos, y que los efectos de la impertinencia y del mal carácter son llamados s ncillamente "gracias," ó tal vez "exuberancia de ingenio." Durante mi permanencia aquí se desarrolló una tragedia: el cadávc;;r de un caballero del lugar, que acostumbraba sentar e jun­to á mí en la table d'hóte, fue una mañana traído al hotel. Dicho ca­ballero y la hija de un amigo habían desgraciadamente estrechado mucho sus relaciones, y hubo ruptura, á un mismo tiempo, de con­fianza y de promesa. e supo que el injuriado padre intentaba cau­sar daño, y mucha gent se pa eó en la calle principal para presen­ciar 1 encuentro entre los dos. El resultado fue la inmediata muerte del Sr. J., de un tiro de pistola seguido de una puñalada que le dio el padre, quien á su vez, conducido por sus amigos, se trasladó á la casa de policía, s entregó, lo juzgaron y salio 1ibre.-Co1Zft'mía. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Nueva Geografía de Colombia Humboldt-Orografía colombiana Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 25

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 19

Por: | Fecha: 09/11/1901

~~-~-~~~~ ... Bogotá, Noviembre 9 de 1901 ~ + . e- ~~--$-__. _._+ ~: t n oletin tb ilitatt d ¿, 1 b' = ~ ~ ~ e ~oon¡ ¡a ~ ;ij b Organo del Ministerio de Gueu& y del Ejército ~~-~-~~ ¡' Dtll.ECTOR AO RO!fOII.EM t : Oonml do 1 ogooioroo, Mlombw do TOÚU Soolododoo Cio•Ufio" Francisco J. Vergara y Velasco on colaboradores de este periódico los Jefes y Ofidalcs del Ejémto ! ~ +-+ ~ rflj'ctál ~ DECRETO NU!\IERO ... DE 1901 (2 5 D R OCTUBRE) por el cual e borra á un militar del Escalafón El 1"icrpres/dcnlt de la República, encargado del Poder Ejeculi'vo, DECRRTA Artfcul único. B 'rrase del Escalaf6n general del Ejército al General en J efe Enrique Arboleda C. Comuníquese y publíquese. Dado en B.)gotá, i 25 de Octubre de 1901. JOSE MANUEL MARROQUIN Por el Ministro de Guerra, el Subsecretario, M. M. MALLARINO DECRETO NUMERO 1229 DE 1901 (2 9 DE OC T1U B R ~) que honra l :t memoria c!cl 'r. G_neral en Jefe del Ejército D. Manuel José Uribe El Tícepresz"dmte de la Repúbllca, encargado del Poder EjecuHvo, CONSIDERA!'IDO Que hoy fa1leci6 en esta ciudad el Sr. Dr. Manuel José Uribe,. General en Jefe del Ejército, á tiempo que ejercía las funciones de jefe Civil y Mtlítar del D~partamento del Tolima; y TOKO II-37 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletm ~Hitar be ~olombia \..._ 578 _) Que este eminente hombre de Estado, aguerrido militar y probo ciudadano, prestó á la Patria una larga serie de servicios, cuyo recuento está en la mente de todos Jos colombianos y en los anales políticos de la Nación : su voz elocuente vibró en el Parla­mento ; brilló en numerosas batanas su espada de fuego; y sus. dotes de gobernante hicieron conocer su singular talento, vasta ilustración y honradez á toda prueba; y era el desarrollo de su civismo, siempre creciente, una aspiración grandiosa á proteger el patrio suelo con el escudo de todas las virtudes que pudo ejercitar en los difíciles períodos de su vida política, DECRETA Art. 1.0 El Gobierno deplora profundamente la muerte del General en Jefe del Ejército, Sr. Dr. Manuel José Uribe, Jefe Ci­vil y Militar del Departamento del Tolima. Art. 2.0 El Ejército nacional y sus Bandas tributarán al fina­do los honores correspondientes á su alta graduación. Art. 3. 0 Las exequias se celebrarán con la lTiayor pompa á costa del Tesoro nacional, y á ellas asistirán todos los altos fun­cionarios y empleados públicos residentes en esta ciudad. Art. 4. 0 El Ejército guardará luto por nueve días; las Ban­das nacionales darán nueve retretas fúnebres, y el pabellón perma­necerá izado á media asta durante el mismo tiempo. Art. 5. 0 Un ejemplar auténtico de este Decreto será puesto en manos de la ra. D.& Rosa Elena Afanador, por comisionados especiales gue nombrará el Gobierno, encargados de hacerle pre­~ ente el duelo del Gobierno y de la Patria . Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 29 de Octubre de IS)OI. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, encargado del Despacho de Guerra, GuiLLERMO Q INTERo C. DECRETO NU!\1ERO 133 DE 1901 ( 29 DE OCTUBRE) El Gobernador, Jefe Gvz'ly Mihlar del Deparlammlo dt Cutzdz'namarca, CONSIDERANDO 1.0 Que en la madrugada de hoy falleció en esta ciudad el Sr. General D. Manuel José Uribe, actual Jefe Civil y !\1ilitar del De­partamento del Tolima; 2.0 Que el finado venía desde hace más de cuarenta años sir­viendo al partido conservador, ya como preclaro Jefe militar en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oretin ~Hitar be ~olombia '- 579 -' los campos de batalla, ora en el Parlamento, y también como man­atario probo y justiciero; 3. 0 Que en la presente guerra el General Uribe prestó con desinterés y eficacia su valioso contingente á la causa de sus con­vicciones, tocándole como Jefe de Estado Mayor Generalísimo, compartir con el Ejercito del Norte la gloria que cubrió las armas de la República en la épica campaña de Santander; y 4. 0 Que es elemental deber honrar la memoria de aquellos hombres que, como el General Manuel José Uribe, bajan á la tum­ba rodeados de la admiración de los que fueron sus copartidarios y del respeto de quienes se llamaron adversarios suyos, DECRJtTA Art. I.0 El Gobierno de Cundinamarca considetta como duelo para el Departamento la desaparición del General en Jefe del Ejército, General Manuel José Uribe ; señala el ejemplo de sus al­tos hechos á la consideración de los cundinamarqueses, y se asocia al duelo que el Departamento del Tolima experimenta por la muerte de quien fue su hijo distinguido y rigió sus destinos con mano firme y patriotismo acendrado. Art. 2. 0 En señal de duelo el pabellón nacional permanecerá izado á media asta durante nueve días, en el Palacio de la Gober­nación. Art. 3.° Copia auténtica de este Decreto será enviada á la señora viuda é hijos del ilustre caudillo conservador. Publíquese. Dado en Bogotá, en el Palacio de la Gobernación, á veinti­nue- ve de Octubre de mil novecientos uno. GUILLhRMO MARTINEZ SILVA El Secretario de Gobierno, MANUEL Jos¡.: BARÓN-El Secreta­rio de Hacienda, joRGE VÉLEz-EI Secretario de Instrucción Pú­blica, GERARDO ARRUBLA. LA DIRECCION DE LA GUERRA EXPOSICIÓN SUCINTA DE SUS PRINCIPIOS Y MEDIOS DE EJECUCIÓN, POll XL , GENERAL COLMAR BARON VON DER GOLTZ (Traducción para el Boletln Militar) Continúa 2. Dt"sposüi'vo de las fuerzas. Preparación del ataque-No se lo­grará obtener la acción simultánea de las tropas y la dirección de sus fuegos sobre un punto claramente determinado, sino cuando Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. í811letin g)htitat be ~o(ombia '- 580 _) los jefes las hayan tenido sujetas hasta el momento en que entran en la zona eficaz de los fuegos enemigos, y las hayan llevado á un punto favorable para la ejecución del ataque decisivo. Si ellas han comprometido ya, de propia i:1iciativa, aquí y allá la lucha, será muy difícil comunicarles la dirección que se quiera. En las batallas actuales la intensidad de los fuegos desbarata rápidamente los lazos tácticos habituales, y el mando efectivo pasa á los jefes subalternos. Ya no se verán los encuentros de masas bien mandadas, como se verificaron en tiempo de Napoleón. Todo lo que quedará de la unidad de dirección será lo que haya sido generalmente compren­dido en virtud de disposiciones preparatorias, ordenadas por el Comandante en Jefe para el desarrollo de sus ideas. Esto es lo que da á tales disposicione5 una importancia capital. El ataque decisivo bien dispuesto asegura el éxito. Es claro que el éxito se obtendrá con más facilidad si la in­tención de batirse ha sido bien deliberada y la batalla premedita­da. Entonces se podrá disponer libremente de todas las fuerzas y escoger aquellas que hayan de juntarse enfrente del punto capital para dar el golpe decisivo. La cosa será mucho más difícil en una batalla de encuentro impremeditado, á la cual uno no se decide sino en el curso de com­bates decisivos. Las tropas más ádecuadas para dar el golpe deci­sivo, estarán ya quizá comprometidas á fondo. Habrá que d jarlas en donde se encuentren, y uno se verá obligado á formar la masa ncargada de decidir del éxito, con otras tropas que se reunirán con sumo trabajo. El mejor arte consiste entonces en impedir el gasto d fuer­zas sin plan definido, en seguir enfrentado al enemigo con las tropas ya comprometidas, y en librar á las demás de la tentación peligrosa de comprometerse por su propia iniciativa, para formar luégo una masa. Napoleón fue maestro en esto, como 1 prueha la dirección de sus batallas. El proyecto de ataque, redactado en forma de orden, no po­drá indicar sino medianamente los movimientos preparatorios, el objeHvo y los medios que á él conducen. Las medidas secundarias que conciernen al curso de la acción, dependen mucho de las dis­posiciones que tome el adversario, dispo iciones de que uno no po­drá darse cuenta sino en el momento en que aquél procede á im­plantarlas. No es, pues, posible prepararse con anticipación á evi­tar estas medidas de un modo claro y preciso. Estarán subordi­nadas á las circunstancias, y según éstas, arregladas conforme á los principios generales del empleo de las tropas. 3. Marchas de avance paralelas, concéntncas y excéntrzcas *-Está en la naturaleza de las cosas que la marcha de a vanee de las di- • No tenemos nada especial que decir aquí sobre las marchas de noche y las marchas de flanco. No podríamos sino repetir lo que ya se ha dicho en el capítulo de la ofensiva estratégica; sólo que los inconvenientes que señalamos serán todavía más sensibles, en razón de la vecindad inmediata del enemigo. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~o(etin ~Hitar be ~o(omóia '- 581 _; ferentes fracciones de un ejército contra la posición enemiga, sobre líneas paralelas, no tendrá lugar sino cuando no se busque la bata­Ha. El efecto de las armas de fuego modernas no permite arrollar los cuerpos del enemigo, por la violencia del choque de masas que avanzan de frente. Habrá que llenar sin interrupción los vacíos que se produzcan bajo los fuegos del adversario, por causa de muerte, heridas 6 re­zagados. Si se pretende llegar sobre el frente enemigo con un número de hombres proporcionalmente tan considerable como en el momento de la partida, hay que ocupar desde luego un frente doble de aquel de que se disponga á tiempo del asalto por­que el número de combatier.tes disminuirá en la misma propor­ción. Naturalmente, de esto resulta que las direcciones concéntricas se imponen en el ataque. Es difícil dar indicaciones precisas sobre la manera como es­tas direcciones se fijarán al principio; las tropas están ligadas á las rutas y caminos que existen; más tarde lo están á las defensas que encuentren en el terreno y que les ofrezcan alguna protección con­tra los proyectiles enemigos. Para escogerlas bien, habrá que tener un golpe de vista muy perspicaz y poseer una verdade­ra experiencia práctica. Para señalarlas á grandes masas, es esencial saber leer bien los mapas. • Preciso es también pen­sar en la movilidad del ol.ydz'vo. Aun en el caso que el enemigo es­pere nuestro ataque, su formación tendrá alguna profundidad, y se cometerá fácilmente el err r d tomar por: línea principal suya la que en realidad no rá ino su línea de vanguardia. Habrá que cuidar mucho de que las columnas de ataque no se acerquen de­masiado unas á otras durante la marcha de a vanee. Ya hemos visto que toda divi ión, todo fraccionamiento de fuerzas, constituye una ca u a de d bilitamiento; no se concebirá, pues, para el ataque táctico, la posibilidad de recurrir á direcciones excéntricas. Podrán quizás emplearse, pero sólo en el caso en que se pretenda retener fracciones del ejército enemigo sobre puntos muy distantes del campo de batalla. En este caso, la comunidad de acción se hace sentir de una manera indirecta, y debilitamos al ene­migo impidiéndole que reciba en el punto capital los refuerzos que espera. Pero será preciso, claro es, que logremos, con fuerzas re­lativamente débiles que avancen excéntrica mente, impedir que fuerzas más considerables del adversario, tomen parte en la acción principal. 4.° Formas espedales de la ofens?·va ltfctzca-En el campo deba­talla los sucesos tienen un curso más rápido y son múltiples, y las impresiones que ellos producen en la moral de las tropas son más vivas; la acción en la cual los efectos sigan inmediatamente á las causas, se desarrolla con mayor rapidez; por esto, el número de • Es precisamente esta rnma de la- ciencias militares la que muchos ofi­ciales de cierta edad descuidan con frecuencia. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 58oletin mmtar be ~oLombtu '- 582 _) las combinaciones posibles para la ofensiva táctica es más con­siderable que para la ofensiva estratégica. Sin embargo, si se hace abstracción de algunos ligeros descuidos, todas concurrirán á las formas esenciales ya estudiadas. El ataque de frenlt y el cruzamz{mlo láctico-Todo lo que hemos dicho de la marcha de a vanee táctico sobre líneas paralelas, se aplicará también al ataque de frente. Este ataque no dará al aco­metedor ninguna ventaja natural sobre el defensor. Al contrario, es desventajoso, porque le falta la forma concéntrica, que es la que comunica toda la fuerza al ataque. "Lograr la superioridad de los fuegos, en pequeña y en grande &scala, tal es el principio táctico primordial del presente y dtl por­venir" *. Si el defensor ha reforzado bien su frente, y el acomete­dor no puede oponerle sino una fuerza igual, no se ve cómo ha de lograrse esta superioridad, si las tropas y el armamento se igualan. No habría sino un solo medio para obtenerla, y sería el contar con mayor número de combatientes, de manera que el acometedor pudiese reemplazar siempre los vacíos que se produjesen en la línea del fuego, en tanto que el defensor no podría hacerlo. Pero como éste cuenta con la ventaja de estar mejor resguardado, sufrirá menos pérdidas. Sería, pues, preciso que el acometedor dispusiera de una superiorid~d numérica abrumadora .. para que al fin de cuenta triunfase. Por tanto, si se quiere contar con la victoria en un ataque de frente, habrá que di poner de tropas activas y bien instruída , de jefes que posean fuerza de voluntad enérgica, experiencia éjnteli­gencia superiores ; pero estos son factores de los cuale un estudio de guerra puramente teórico no tiene por qué tratar á fondo. • Pero para esto no debemos, ni aun desde el punto de vista de la mera teoría, rechazar el ataque de frente como que constituye un procedimiento falso en sí mismo. Hay casos en que su ejecución se impone forzosamente. Entonces no habrá sino que confiar en la disciplina y número de las tropas y en sacar con habilidad partido de una y de otro. Si se logra dirigir con éxito un ataque de frente, se habrá resuelto un problema de arte militar mejor y más difícil de lo que es un ataque envolvente en que se obtenga el triunfo, y ello vale la pena de profundizarse. En el ataque de frenle, una circunstancia natural concurre en ayuda del acometedor. Todo hombre, aun de mediana inteligen­cia, al frente de una empresa difícil, ganará por esto mismo en fuerza moral y realizará cosas de que nadie le creía capaz. Se despertarán en él facultades que, para producirse, necesitan de un estímulo muy fuerte. Lo mismo pasa con la tropa. La persuasión de que tienen que llevar á cabo empresas muy difíciles, dará desde luego á los jefes un impulso que se mostrará en la tensión enérgi- Liebert. Dit Vtrwcndung des Reurvm Í1l der Scldacht. 1 Suppl. del Afili· tair JVochemblatt, 1895. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oietin ~hlitQt be ~oiombiQ '- 583 _¡ ca de todas sus fuerzas y que se comunicará á la tropa. El con­vencimiento de la seguridad, con frecuencia será peligroso para el defensor, porque lo vuelve descuidado. El contragolpe moral, que le alcanzará cuando comprenda que esta seguridad era engañosa, ejercerá sobre él un efecto particularmente nefasto. También en lo por venir habrá que recurrir á los ataques de frente, y aan entonces ellos darán buenos resultados. Queda por saber si podrán prolongarse lo suficiente para ter­minar en el rompimiento táctico propiamente dicho. Está fuera de duda que el nuevo armamento de la infantería y de la artillería, lo mismo que los desarrollos dados á la instrucción respectQ del combate, en relación al empleo racional de todas las ventajas del terreno, han aumentado de modo singular la fuerza defensiva de las tropas, aun cuando sean de calidad inferior. El arma de fuego .actual de la infantería produce efectos tan temibles como sen­cillo es su manejo. El defensor que, provisto de esta arma, se si­túe fuertemente sobre una posición, y á quien no falte del todo el valor, difícilmente será desalojado de ella. Aun si es rechazado, sabrá establecerse de nuevo dondeq ie­ra que una ondulación del terreno, un foso, el remate de un bos­que, le procuren ocasión. Las zonas eficaces de los fuegos son mu­cho más extensas que en el pasado; los combates no progresarán sin ::> con lentitud. El adversario, aun derrotado, no desaparecerá de la arena, sino que se apegará al vencedor. El sabe bien que retroceder sin detenerse, bajo el fuego del enemigo, es mucho más peligroso que continuar la resistencia. En la actualidad, la línea de batalla no es una barra que se pueda romper, como en tiempos de la táctica lineal, sino un lazo muy fuerte y al propio tiempo elástico, que viene á apoyarse en nues­tros flancos cuando se ejerce una presión sobre su centro. Todos estos hechos aumentan la dificultad de atravesar real­mente la línea de batalla. La acción de los fuegos llena de modo indirecto vacíos muy considerables. Un espacio de varios kilóme. tros, que en otros tiempos hubiera constituido una puerta suficiente para dejar pasar todo un ejército, puede ser hoy dominado por los lados. Cuando los ejércitos encerrados en Metz y en París, y más recientemente en Plewna, trataron de abrirse paso, resultaron, na­turalmente, batallas que tenían por fin abrirse una brecha; pero en todas estas batallas los esfuerzos del acometedor condujeron á un desastre. El cruzamiento táctico no podrá ya verificarse sino en la ba­talla de encuentro impremeditado, cuando uno de los dos ejércitos avanzando estrechamente concentrado sobre vías paralelas muy próximas unas de otras, tropiece con las cabezas de la columna del adversario, repartidas sobre una zona muy extensa, antes de que hayan acabado de desplegarse. Pero aun semejante sorpresa no producirá ya tanto efecto como en el pasado. En la actualidad ya no se tratará de desbaratar al adversario, ni de decidir del éxito .del combate en el intervalo de algunos minutos, como en Rosbach. Ya no se verá sino un lento rechazo, durante el cual, por otra par- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oietin gnmtar be ~oiombia '- 584 _; te, las columnas más inmediatas tendrán tiempo para llegar y venir en ayuda de las que estén estrechadas de cerca por el enemigo. La fuerza de resistencia inherente á las grandes unidades actuales, permite á una sola División comprometer la lucha antes de tiempo, sin vacilación, contra un cuerpo de ejército doblemente fuerte, con tal que esté segura de sctr sostenida, hacia medio día, por una segunda División. Aun si fuere poco á poco rechaza­da, esto invertirá tanto tiempo, que forzosamente en el interYalo le llegarán los socorros *. Si en una batalla de encuentro impremeditado se logra recha .... zar una parte del ejército enemigo, tras de un obstáculo, como un río, y se consigue detenerlo allí, en tanto que uno se lanza sobre la otra parte, el cruzamiento táctico ¡:-odrá quizá todavía lograrse. ConHmía -------~~ ------- LAS GRANDES BATALLAS DE NAPOLEON POR DICK DE LONG LA Y (Traducción para el Bolethz Militar) (Las Pirámides-2I de Julzo de I798) (Continúa) uestro pelotón de guías recibe orden de alir de es te cuadro y de ir á reconocer rápidamente el campo atrincherado de los enemigos. Avanzamos hasta ponernos al alcance de este campo, en donde hormiguea numerosa multitud, y reconbcemos que no está. sino trazado apenas. Comenzado tres días después de la bata­lla de Chébreiss, sus defensas pueden ser de algún efecto contra una carga de caballería, pero no contra un ataque de infantería. Nos persuadimos también de que sus cañones no tienen cureñas de campaña: son piezas pesadas de hierro montadas sobre soportes de madera, cañones sacados de los buques y servidos por los tri­pulantes de la flotilla. Bonaparte, á quien participamos el resultado de nuestro reconocimiento, comprende al punto que los soldados enemigos no se atreverán á apartarse de esta artillería inmóviL Por tanto, ordena á Desaix prolongue su derecha, para ponerse fuera del alcance de esta artillería y atacar en seguida á los ma­melucos, en tanto que Vial, por su lado, atacará el campo atrin­cherado de Embabeh; esta maniobra debe colocar al enemigo en­tre dos fuegos. • Las maniobras imperiales de ctubre de 1894 en Prusia oriental, nos procuran un ejemplo que se acerca muchísimo á lo que será la realidad. Durante dos días consecutivos, las dos Divisiones del primer cuerpo de ejército se encon­traban á una jornada de marcha una de otra, y sin embargo una de ellas logró sostener la lucha, iniciada por la mañana, contra todo el Cuerpo 17, que avanza­ba sobre ella en masas cerradas, hasta la llegada de la otra División. Esta im­pidió el primer día una derrota, y obtuvo un triunfo el segundo día. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin ~ilitar be ~olombia '- 585 .J Murad-bey, que ve que nuestras columnas se ponen en mo­vimiento, no tarda en adivinar nuestro propósito: aun cuando él no tiene ninguna experiencia de las maniobras de batalla, la natura­leza lo ha dotado de un golpe de vista penetrante, de una resolu­ción extrema y de un valor á toda prueba. Los tres encuentros que hemos tenido con los mamelucos, le sirven ya qe experiencia. El comprende, con una prontitud que haría honor á un General europeo de los más ejercitados, que está perdido desde el momen­to en que deje ejecutar su movimiento al ejército francés, y que con su numerosa caballería debe atacar la infantería de éste mien­tras está en marcha. De repente vemos que los caballos_, á cuyas colas se han suje­tado las astas doradas de los estandartes enemigos, se agrupan en e centro de la línea de los mamelucos. Esta es la señal de un ata­que general. Al punto Murad-bey se lanza como un rayo con las dos terceras partes de sus jinetes (de 6 á 7,000), dejando el resto para sostener el campo atrincherado é infundir valor á la infante­ría, y acude á la cabeza de esta tropa á atacar las divisiones Klébcr y Reynier, que son las avanzadas á nuestra derecha. Esta carga se verifica con tal rapidez, que por un momento se teme que el General Desaix no tenga tiempo de tomar posi­ción; su artillería lucha con el difícil paso por entre bosque de palmas. Sin embargo, los primeros mamelucos que llegan sobre él son poco numerosos; se acaba con ellos á disparos; algunos, en la fuerza de su empuje, caen en medio de los oldado de in­fantería, que los acribillan á bayonetazos. La masa de caballería enemiga no llega sino algunos instant s después ; este r tardo basta. 1 uestros cuadros están formado . El enemigo se lanza como un huracán ; la tierra tiembla á lo lejos bajo el furioso galope de 7,000 caballos. Nuestros soldados, inmónles, con la bayoneta ca­lada, la vista fija, ven borrarse la distancia que los separa de esta tropa bárbara, que avanza en orden y con grandes gritos. A quince pasos de distancia, los cuadros estallan; el fuego de fusilería resuena, rápido, cerrado, chispeante, como un trueno que retumba. Caballos y jinetes se encuentran detenidos por una mu­ralla de llamas. Las dos primeras filas de mamelucos caen como si el suelo se hubiese hundido bajo sus pasos. El resto de la columna, arrastrado por la carrera, se desliza á galope por todo el frente del cuadro de Desaix, pajo un fuego á quemarropa, y se arroja sohre la División Reynier, que á su vez presenta á estos atrevidos jinetes las puntas de las bayonetas de su primera fila. en tanto que las otras dos se entusiasman, y que los ángulos, abriéndose, dejan escapar una granizada de metralla. Numerosos cadáveres quedan esparcidos en la tierra. Caballos y caballeros vuelven caras y van á reorganizarse fuera del alcance del fusil ; porque por muy impetuoso que haya sido el ataque de los mamelucos, ha sido detenido en firme por esta terrible descarga. Desaix y Reynier lanzan una mirada sobre sus cuadros: ni un hombre se ha movido, cada cual está en su fila; se vuelven á cargar las armas. Es tiempo, el enemigo torna á la carga; hay un Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin W'lilitat be s. e contempla un c. pectáculo maravilloso: seis mil jinetes, los primeros del mundo, m0ntados en caballos que apenas dejan la huella de su planta sobre la arena, remolinean con horrible clamor en torno de los cuadros inmóviles y encendidos, lo envuel­ven, cargan, tratan de r-omperlos, se disper an, vuelven á formar­se y tornan á dispersarse. Nuestra compañía de guías tiembla de impaciencia al presen­ciar los heroi os ejemplos de la infantería, y pide á grande~ voces que se la deje ir á. medir e cuerpo á cu rpo con los temibles ma­melucos. 1- una s ña del General en Jefe, uno de los ángulos de nuestro cuadro se a re, y conducidos por Bessieres y Junot, cae­mos al galope, con el able levantado sobre lo caball ros de Mu­rad- bey. Los mameluco nos esperan á pie firme; cada comba­tiente escoge su adYcrsario; el ata ue 'de hombre á hombre: se diría que es una verdadera lucha á campo cerrado. E te nuevo combate dura una hora. in em argo, nu stros cuadros avanzan iempr , y lo mameluco , diezmado por nuestro fuego y dcstrufclos n O'ran número, comienzan á cejar. Entonces toca el turno del ataqu á nue tro ali:enL oldados de infantería. e arrojan enodadam nte sobr lo mameluco , y lo lanzan de sus caballo á bayon tazo . El ca o Juan Cambfort, de la 32, arranca una andera de mano de Wl mameluc ; un soldado de la. 79, llamad Lcbrice, toma también un trof o. Bonaparte ordena ntonces la última maniobra, y todo termi­na; los cua ros e abr n, se desenvuelven y se reúnen como los pedazos de una cadena. Murad, que tiene el golpe de vista de un capitán, ve que la batalla está perdida. Reúne los jinetes que le quedan, y á fin de abrirse paso n dirección de Embabeh, cae de esperadamente obre la columna del General Rampon; los mamelucos fraca an también al luchar contra este nuevo obstácu­lo, vuelven bridas y se lanzan coa la cabeza caída y al galope de sus caballo por la abertura que la División Desaix deja entre ella y el Nilo; pero un batallón de carabineros, por frente del cual tienen que pasar á cinco pasos de distancia, hace en ellos una es­pantosa matanza. Murad-bey, no llevando en su huída sino dos mil quinientos mamelucos escapados á la matanza, se interna en la aldea de Gizeh y desaparece en dirección del alto Egipto. La má horrible confusión reina en este momento en el cam­po de Embabeh. Bon, Menou y Rampan marchan sobre las trin­cheras á pa'-)o de carga y la bayoneta calada. Los genízaros y los fellás encargados de la custodia del campo, quedan aterrados y huyen en desorden, abandonando los cuarenta cañones, que no han Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 58oletin ~ilitar be O:olombia \._ 588 _) disparado doscientos tiros. Esta infantería se prec1p1ta sobre las embarcaciones para volver á pasar el Nilo. Muchos lo pasan á nado: los egipcios sobresalen en esto. La mayor parte de los ma­melucos, que no han podido seguir á Murad-bey en su huída, tra­tan entonces de irse á Gizeh á su vez; pero detenidos por todos lados, vacilan, se arremolinan entre ellos. Estrechados por nues­tros cuadros, nos apoderamos de sus propias baterías y del Nilo, y ~e ven impelidos hacia el río. Nuestra infantería estrecha vivamente el campo, y mata á los mamelucos que intentan resistir. La mayor parte de estos jine­tes tratan de tentar la misma vía desesperada de salvación que han buscado los fellás (campesinos) atravesando á nado el Nilo, y, acosados por las bayonetas, se arrojan al río; pero estos desdi­chados se ahogan, por el peso de sus armaduras. Trincheras, campo, 1 ,ooo prisioneros, goo camellos cargados de víveres, 40 cañones, varios miles de caballos árabes, todo ha caído en nuestro poder. De 12,000 mamelucos no escapan sino 2,500 con Murad-bey; 7,500 perecen en esta batalla tan funesta para esta noble milicia de esclavos, lo mejor de la caball ría de Oriente, que no se rehizo nunca. Tres mil genízaros y fellás en­contraron también la muerte en las aguas del Nilo. Esos numerosos cadáveres, arrastrados por la corriente, lle­van en pocos días hasta Damiette, á Rosette y á lo largo de la ribera, la noticia de nuestra victoria. Nuestras pérdidas, menos que mínimas, apenas se elevan á 30 muertos y á 250 heridos. lbrahím, que había permanecido del otro lado del río, se re­tira apresuradamente hacia Belbeys, para internarse en iría. Una tropa de Beduinos llegados del fondo del desierto, para con­currir al pillaje si los franceses eran vencidos, ha visto también la batalla sin tomar parte en ella. Colocados en fila entre los mam _ lucos y las Pirámides, ello huyen llenos de espanto al de ierto y van á anunciar á lo lejos que el Egipto ha cambiado de amo. En el momento de la batalla los mamelucos tenían sobre el Nilo 6o bajeles cargados con todas sus riquezas. El fatal resultado del combate y los cañones franceses ya asestados sobre el río, más allá de la desembocaduras de )a isla de Rodah, les quitan la esperanza de salvarlo , y lo incendian. El Nilo queda al punto cubierto de fuego. Este incendio e con iderable y de un efecto mágico; á través de los torbellinos de llama y de humo, se des­cubren los minaretes y los edificios del Cairo, enrojecido por la luz que ilumina á lo lejos el horizonte y alcanza hasta las pesadas Pirámides. Nuestros soldados han encontrado en el campo atrincherado abundantes provisiones de boca, bagajes y obre todo mucho bo­tín. Hay cachemiras, telas de seda, ricas armaduras, caball0s, ar­mas preciosas guarnecidas de oro y de plata, adornadas con be­llas cinceladuras, bolsas llenas de oro, porque los mamelucos lle­vaban magníficas vestiduras, sus arma de lujo y su dinero. Por esto los soldados, después de despojar los cadáveres de los mame­lucos que han quedado en la llanura, e ocupan activamente en Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin illHitar be ~olomóia '- 5~9 _; sacar del río á los ahogados. Se ponen en venta los despojos con­quistados en el combate; el campo de batalla se ha. convertido en un mercado. En medio de los cadáveres, se venden caballos, armas, vestidos, sillas, gualdrapas, camellos. Reina una alegría estruendosa; unos comen y beben, otros se adornan con turbantes y capotes; ya nadie piensa en los sufrimientos que ha ~aportado. Bonaparte duerme esa misma noche en Gizeh, en la casa de recreo de Murad-bey, y sus soldados en el campo de batalla que ocupaban los mamelucos. A la mañana siguiente Bonaparte recibe una diputación de jefes de tribus del Cairo, acompañados de algunos negociantes franceses que le anuncian la sumisión de la ciudad é imploran su clemencia. El mismo día decide tomar posesión del Cairo, y en­vía con este fin al e.·perto General Dupuy, al Ayudante General Beauvais y al Coronel Darmagnac, de la 32, y á los granaderos de esta media brigada. La ocupación se hace sin resistencia, y el 25 de Julio Bona­parte efectúa á u vez su entrada en la capital del Egipto, en me­dio de la multitud del pueblo que ha acudido á mirar con curiosi­dad al vencedor de los mamelucos. -- --.~t---- LA l)IRECCION DEL FUEGO EN EL C lVIBATE II C/rcunslandas que juslificall la dedsú)n de romper el fuego-a) Slluaú{m ldcl!"ca-b) D/slanda-c) D1·mensz'ones del objetivo a) Puesto que el combate en general puede tener carácter ofensz'vo ó d~(ensi7)o, el cometido que una tropa cualquiera está lla­mada á desemp ñar en él, podrá ser uno de estos dos: 1.0 Atacar una posición; 2. 0 Defenderla. En la primera hipótesis, puede ocurrir que la fracción ó uni­dad que se considera, forme parte de la que ha de efectuar el ata­que de frente ó prepara/orzo, ó de la que ha de llevar á cabo el acto deúsz'vo, distinción que, por lo que se refiere al asunto que nos ocupa, hace también el Reglamento táctico en la instrucción de sec­ción y compañía*, determinando á la vez de un modo general cómo se ha de conducir el fuego en cada uno de estos casos cuan­do dice: "La infantería que ataca (ataque á fondo) debe preocu­parse más de avanzar con rapidez y decisión, sin grandes pérdi­das, que de hacer un fuego que no producirá verdadero efecto sino en los últimos períodos del combate, y las fuerzas que prole­gen el ataque procurarán atraer con sus fuegos los del contrario." • Prevenciones generales relativas á los fuegos. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. eotetin !nilitar be ~oiombia \._ 590 _) Teniendo esto en cuenta, puede sentarse el principio de que las fuerzas de preparación son las únicas que deben hacer fuego, si bien con ciertas limitaciones impuestas por el consumo de muni­ciones, conocimiento de las distancias y vulnerabilidad del enemi­go, puesto que el mismo Reglamento, refiriéndose á ellas, previene que H á las distancias extremas ( 1,600 á 2,000 metros) y en la ofen­siva, no debe hacerse fuego ni aun por descargas sino en casos excepcionales, porque se presta á consumir municiones antes de tiempo, tiene poca precisión á causa de la dificultad de apreciar bien dichas distancias, á la vez que muy escasa eficacia por lo re­ducido de los espacios peligrosos, y tiende, por último, á rebajar la fuerza moral del soldado, que se acostumbra á malgastar sus cartuchos. Así, se empleará únicamente en ese caso contra masas considerables, en orden cerrado y siempre que las distancias pue­dan apreciarse con exactitud." Por lo que se refiere á las fuerzas encargadas de ejecutar el ataque, se comprende desde luego los inconvenientes de hacer fue­go á largas distancias, porque los efectos que puede producir so­bre el enemigo serán muy pequeños ó nulos, y en cambio obliga­rán á hacer frecuentes paradas que, además de amortiguar su fuerza de impulsión, ofrecerán al defensor excelentes ocasiones para efectuarlo, conocidas como son para él exactamente las dis­tancias. Decía Federico el Grande que "en el ataque no se trata de matar más 6 menos gente al enemigo, sino de alcanzarle cuanto antes ' ; pero este precepto no puede observarse hoy de un modo absoluto, porque para ello sería pr ciso conseguir que la tropa re­corriera de un solo empuje una distancia de más de 2,000 metros, . alcance eficaz de los actuales fusiles. Es, pues, necesario detenerse para tomar aliento y reorganizar las fuerzas· pero estas paradas deben hacerse en el menor número posible y en posiciones que ofrezcan algún abrigo, posiciones que deberán ganarse con ra­pidez para hacer desde ellas algunas descargas que, además del efecto moral y material que sobre el enemigo pueden producir, servirán, según la afortunada expresión de Ardan du Pie, " de vál­vula de seguridad á la emoción." La defensiva significa, en la mayor parte de los casos, una si­tuación tomada voluntariamente, en la que se trata de utilizar, des­de el primer momento de la acción, toda la potencia destructora del actual armamento. Debe, por lo tanto, suponerse que la posi­ción ocupada ha sido reconocida de antemano, medidas las distan­cias á Jos sitios por donde el enemigo puede presentarse, determi­nados los puestos de referencia para la ejecución del fuego, y dis­puesto todo lo necesario para el reaprovisionamiento de municiones. En estas condiciones, es indudable la ventaja que resulta de romper el fuego aun á las distancias extremas, así como de conti­nuarlo hasta el final del combate, utilizando para ello toda clase de obstáculos y aprovechando especialmente los momentos en que el enemigo pasa de una á otra posición. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. >Botetin g}'li[itar be ~o(ombia '- 591 __.) De todo lo dicho se deduce que tanto en la defensa como en el ataque de frente, debe romperse el fuego tan pronto como haya probabilidades de que resulte eficaz, . condición que á su vez de­pende de la distancia á que se encuentre el enemigo, de su efecti­vo y formación, y aun de la configuración del terreno. b) Por lo que se refiere á la distancia, es indudable que en ningún caso deberá exceder de 2,000 metro , que corresponde á la mayor graduación del alza de nuestro fusil; pero, como hemos dicho, esto no es bastante; es preciso aún averiguar si la fracción 6 unidad que se toma como objetivo, es 6 no vulnerable; es decir, si hay probabilidad de causarle un número de bajas proporciona­do al consumo de municiones que esto exija. e) El problema de la vulnerabilidad de las formaciones ante el fuego de la fusilería en el combate, es, como Yerno , de capital importancia, y á la vez 1 más arduo y complicado de los que pue­den presentarse, por entrar en él factores de orden moral y mate­rial de difícil evaluación. En efecto, conocidos los desvíos medios propios de un arma cualquiera, se puede calcular el tanto por ciento de balas que á determinada di5tancia caerían en un blanco de dimensiones dadas, 6 sea la vulnerabilidad teórica de tal objelevo. Ahora bien : en el fuego ejecutado por uno ó varios tiraJores, sería ya preciso tener en cuenta no sólo las diferencias entre las armas, sino también las inherentes al distinto grado de instrucción y destreza de aquéllos, para lo cual habría que comparar los des­víos medios del tirador con los del arma. Pero nuestro objeto no es est todaYía, pues en los efectos del fuego ejecutado en el com­bate, además de la causas de error ya citadas y que en último caso pueden evaluarse con suficiente exactitud, intcnienen otras mucho más complejas y trascendentales, entre las cuale descuella el estado moral del individuo que, turbado, sol reexcitado por la idea del peligro, no desea sino tirar y tirar, muchas veces sin ver, creyendo destruír así al enemigo é impedir que la bala que puede herir su pecho, salga del fusil que ha de lanzarla. Vemos, por lo tanto, que para poder apreciar, iquiera sea de un modo aproximado, los efectos del fuego en campaña, hay que basar e en el cálculo, ó, mejor aún, en los experimentos de po­lígono, * y aplicar á los resultados así obtenidos y que r-epresenta- • La determinación de la vulnerabilidad de las formaciones en el tiro de po­lígono puede hacerse, bien experimentalmente, bien por medio del cálculo y to­mando como base los desvíos del arma, duplicándolos, triplicandolos, &e, por efecto de los errores propios del tirador. Creemos que el mejor procedimiento consistiría en calcular bien los desvíos de un cierto número de tiradores, clasificados de antemano como de primera, se­gunda y tercera, y compararlos con los del arma á dos ó tres distancias. Deter­minado así el coeficiente de error, propio de cada grupo, como seria sensible­mente constante, podrá calcularse también el tanto por ciento de impactos que sobre un blanco determinado haría una ~ección, compañía ó batallón, compuesto de un número dado de tiradores de cada clase, á. las distintas di tancias. Si se quisiera ver cómo influye en los efectos del tiro la posiciC.n del tirador, el cansancio, el estado atmosférico, &c., podrían aislarse estas causas de error, Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 58oletin ~ilitat be ~olomóia '- 592 _; rán en todo caso un máximo, un coeficiente de corrección cuyo valor numérico es imposible determinar con exactitud. Y para comprender que no hay ni puede haber una relación fija entre el tanto por ciento obtenido en el campo de tiro y el que debe pro-. ducirse en la guerra, basta considerar que en el primero cualquier causa que tiertda á producir un aumento 6 disminución en dicho tanto por ciento, subsiste durante todo el experimento, afectando por igual los resultados, cuyo valor relativo permanece constan­te, mientras el efecto en campaña puede oscilar entre límites muy a:nplios. Si las circunstancias son muy favorables, podrá en algún caso llegarse al tanto por ciento teórico; mientras que si son ad­versas, los resultados serán nulos. Los diversos autores que han tratado de esta materia, fun­dándose unos en 1a estadística, otros en consideraciones de otra índole, han llegado, como era fácil prever, á conclusiones en ex­tremo diferentes; así, nos limitaremos á decir que el valor que por lo general se atribuye á dicho coeficiente es el de o. I. Si convenimos, pues, en calificar de eficaz al fuego que en cam­paña produzca el 1 por 100, y de muy eficaz al que dé un 3, será vulnerable, desde una distancia determinada, toda formación á que en el polígono corresponda un 10 por 100, y muy vulnerable aque- 11a que reciba el 30. Según esto, las distancias á que se deberá abrir el fuego con­tra diversos objcli1J os , serán las siguientes: t FO R~{.\ C I O. ' E . Compañía en columna abierta .............. . Compañía en columna ....................... .. Compañía de flanco (fuego perpendicular al frente) ............................................ . Compañía en línea ............................. . Sección en línea ................................ . Escuadra en línea .......................... .. Guerri1la con intervalos de dos metros ... .. Distancias para el fuego ~---.. Eficaz Aiuy ejicar. r,650 1,250 r,6oo 1,150 1,520 1,370 1,280 1,000 6oo 1,200 950 900 26o fundándose en el principio de que el desvfo probable total es igttt~l á la rafz cuadra. da de la suma de los cuadratios de los desvlos pateiales observados. S1 suponemos, por ejemplo, que el desvío propio del arma á una distancia dada es d, y D el producido por el tirador, tendremos: D=Vd:l+x\ de donde x=V D 2 -cl" x representa, por lo tanto, la medida del error originado exclusivamente por la falta de destreza del tirador. t Estos datos están tomados de la Táctica de las tres armas, del Sr. Tenien­te Coronel Villalba. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. }Sotetin mmtar be ~oi.otnbid \...._ 593 _J El Reglamento francés fija para la escuadra y sección en lí­nea, así como para la columna de compañía, las distancias de 800, 1,000 y 1,500 metros, respectivamente. Como se ve, son algo me­nores que las de la tabla anterior, lo cual se e. plica por la supe- . rioridad del Mauser sobre el Lebel, tanto en precisión como en tensión. Aun cuando en este modesto trabajo no nos proponemos tra­tar extensamente del problema de la Yulnerabilidad, creemos per­tinente comparar las diferentes formaciones entre sí con relación á los efectos que sobre ellas produce el fuego de fusilería. La más vulnerable de las formaciones de la compañía es la columna abierta, á la que corresponde á 2,000 metros (en el tiro de polígono) el 4 por roo; á 1,500 el 13, y á 1,000 el 45. Después de la columna abierta y desde los 2,000 metros hasta los !,400, sigue en vulnerabilidad la columna de compañía, que re­cibe el 8 y r6 por roo, respectivamente; á los r ,ooo le correspon­de el 40. La formación de flanco de la misma unidad es menos vulne­rable que la anterior hasta 1,400 metros; los tantos por roo que recibe á 2,000, 1,400 y 1,000 metros, son el 2, r6 y 42. Desde los goo metros aumenta rápidamente esta vulnerabilidad, que á los 750 es de 75 por 100. La compañía en línea es mucho menos vulnerable que las an­teriores formaciones: á 1 ,8oo metros le corresponde el 3 por roo; á r,ooo el 25, y á 6oo el 59· La vulnerabilidad de la sección también en línea es casi igual que la de la compañía: á I,ooo metros recibe el 23, y el 57 á los 6oo. Finalmente, la escuadra recibirá c-1 2, 1 I y 32 por 100 á los 1,500, r,ooo y 6oo metros. Condensando, para terminar, cuanto sobre este punto hemos expuesto, diremos que las tropas encargadas de defender una po­sición, pueden romper el fuego contra las que atacan desde los 2,000 metros, siempre que éstas se presenten en formaciones vul­nerables. Si el aP.rovisionamiento de municiones fuese fácil, podría, además, dársele la intensidad máxima, si así se juzgare conve­niente. En la ofensiva sólo deberán ejecutarlo á largas distancias las fuerzas de preparación. Las que han de realizar el ataque á fondo, deben empezar el fuego á la menor distancia posible. FERNANDo GrRÓN Capitán de Infantería TOMO II-38 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. $oietin IDliiitar be ~oroml>ia '-- 594 __) REGLAMENTO MEXICANO PARA EL SERVICIO DE CAMPAÑA (Concluye) CAPITULO V DEBERES DE LOS OFICIALES Y SOLDADOS 130. En el campo de batalla, es una garantía esencial del éxito y una necesidad de primer orden, la unión más estrecha entre los diversos órganos del mando. Los jefes de las grandes unidades, así como los de las más pequeñas fracciones, deben provocar órdenes si no las reciben; mantenerse al corriente de cuanto acontece en torno de ellos, y obrar siempre no sólo de acuerdo con su misión especial, sino en bien del interés general. Las relaciones de los diversos Jefes entre sí, deben estar ca­racterizadas por la unión más perfecta y por una abnegación á toda prueba. Se debe marchar si mpre hacia el ruido del cañón 6 de la fusilería, cuando no se haya recibido formal orden de obrar de otra :nanera, ó cuando no esté uno mismo combatiendo con el enemigo. En caso de encuentro imprevi to con el enemigo, todo jefe de destacamento debe emplear su iniciativa completa, para con­seguir, á pesar de todo, el objeto que se le ha asignado; en gene­ral, debe atacar, para continuar lo más pronto po ible la operación que se le ha prescrito, ó por lo menos para tratar de comprender claramente la situación, hacer pri ioneros y estar en aptitud de dar datos útiles. Entre las diversas armas debe reinar una solidaridad com­pleta. Todas las cualidades de las tropas, la disciplina, la instruc­ción, la habilidad en el tiro, la resistencia para las marchas, las aptitudes maniobreras y, más que todo, las cualidades morales, son los más indispensables elt:mentos para asegurar el éxito. En último resultado, el valor de las tropas es lo que decide los combates; sea cual fuere su número, cualesquiera que sean las combinaciones de los jefes y su habilidad, es siempre necesa­rio resistir hasta el extremo en ciertos puntos, y hacerse matar en su puesto, antes que abandonar la bandera, ó si es necesario, mar­char contra el enemigo y arrojarlo de sus posiciones á toda costa. La moral de los ejército no aguerridos en campañas recien­tes, puede quebrantarse en los primeros combates; importa, pues, durante las épocas de paz, educar m la dignz'dad )' el vzgor el espín/u J' el corazón del sold(1do, y persuadz'rlo de que la salvadón de la patrz"a dependerá de stt apll'iud para soportar las fatigas y las pn'vacz'ones de la gueo·a, así cotllo de su valor, de su lm.aadad y su mlusiasmo en ti 1ombale. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oietin mmtar be [.o(ombia '- 595 .J Antes del combate, será necesario recordarle todo lo que se debe esperar de la victoria; durante la lucha, siempre que fuere conveniente, no se dejará de señalarle de antemano las dificulta­des que tiene que vencer (porque un peligro previsto impresiona menos que una sorpresa); se le enseñará también que una vez en marcha para el asalto, la mejor manera de disminuír el peligro, consiste en abordar al enemigo lo más pronto posible. Los Jefes, Oficiales y clases tienen el deber de emplear toda su energía en conservar el orden y mantener en su puesto, por cuantos medios estén á su alcance, á todos los militares que estén bajo sus órdenes, y en caso necesario, obligarlos á obedecer por . cualquier medio. Deben, por fin, penetrarse bien de que su más hermosa misión consiste en dar el ejemplo á sus tropas. En ·ninguna parle es el sol­dado más abnegado y obedú:1tte, que en el combate; constantemente lime los ojos fijos m sus Jefes; el valor y la sang1·e fría de éstos pasan á st~ sér, y lo hacen capaz de /odas las energías y de todos los sacrificz'os. CAPITULO VI PRESCRIPCIONES DIVERSAS 13 I. Servz'do de sanidad-Todos los médicos del ejército serán responsables del servicio de sanidad, cada uno en la parle que le corresponde; utilizarán los medios de transporte y de socorro para los heridos, conforme á las prescripciones del eglamento r s­pectivo. Tan luego como comience el combate, si no hubieren r cibi­do orden alguna del que manda, determinarán por su propia ini­ciativa los lugares en que deban establecerse puestos de socorro y ambulancias. Con el concurso de los enfermeros y camilleros, asegurarán el levantamiento y cuidado de los heridos. Después del combate, darán cuenta á sus jefes inmediatos del desempeño de su servicio. (Entradas y salidas, heridos que quedan, fallecimientos ...... ). 132. Provülendas que pueden tomarse después del combate-Obte­nida la victoria, y luégo que se hayan tomado las dispo iciones con­venientes para la persecución, se ordenará lo necesario para con­tinuar el servicio de seguridad, y se asignarán á los di versos Cuer­pos las posiciones que deban ocupar; el Jefe de Estado Mayor dará las órdenes necesarias para las distribuciones que deban hacerse, para buscar los heridos de los dos ejércitos y asegurarles las atenciones que necesiten, hacer enterrar á los muertos, previa su identificación, y sanear el campo de batalla. Se pondrán á disposición de los jefes de servicio, faginas da­das por los cuerpos, ó formadas por requisiciór1 con paisanos y medios de transporte suplementarios, obtenidos de igual manera. En todo el campo de batalla se organizará un servicio de po­licía, al cual concurrirá la gendarmería, y durará hasta que se • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 58oietht 9JHntat be ~olombia L 596-' terminen en dicho campo todas las operaciones que hay que eje­cutar. El comandante de artillería hará recoger el material, armas, municiones y efectos de equipo que hayan quedado en el campo de batalla. Se reunirán los prisioneros hechos por los diversos cuerpos, y se les enviará al lugar que designe el General en Jefe. 133. Partes. Mmúones en la orden-Los jefes de compañía, es­cuadrón ó batería, y todos los jefes y generales, concurnrán, en lo que á cada uno corresponde, al parte escrito de la jornada. Los oficiales harán mención en sus partes de los individuos de tropa . que se hayan distinguido; aquellos que hayan faltado á su deber serán, por el contrario, objeto de partes esp -ciales. Cuando un militar parezca haber merecido una mención par­ticular por su notable conducta, por haber tomado una bandera, un cañón, haber salvado á su General ó á su jefe, ó en general, por un acto heroico, será objeto de un parle especial, según el cual el General en Jefe decidirá si se debe citar en la Orden ge­neral del Ejército. El parte respectivo deberá redactarse y firmarse por el jefe ú oficial ante cuya presencia haya tenido lugar el hecho, aun cuan­do el que deba darlo sea un jefe ú oficial sin mando de tropas; el parte se comprobará cuidadosamente por el G neral de Brigada y el de División, consignando en él su opinión fundada, de manera que quede bien compro ado que la cita en la Orden general y las recompensas que de ella resulten, han sido realmente merecidas. El parte de la jornada, que es nece ario redactar y enviar desde luego, muchas vece no contendrá elogios individuales, sino sólo los generales y el relato de las operaciones. 1ITULO XV PRELIMINARES PARA EL ATAQUE Y DEFENSA DE PLAZAS 1 34· El cerco de las pequeñas plazas ó de fuert s aislados, se opera generalmente por movimientos simultáneos. Las tropas del cerco, desembocando por diferentes caminos, envuelven simultáneamente todas las posiciones de la defensa. Por el contrario, en las grandes plazas de fuertes destacados, cuya guarnición es numerosa, se puede estar ol.>ligado á operar el cerco por esfuerzos sucesivos. Las diversas fracciones de los cuerpos destinados al cerco, se extienden progresivamente al rededor de la plaza, bajo la protec­ción de las tropas ya en posición. Desde que el asaltante ha logrado apoderarse del terreno sobre el cual debe desarrollarse la línea del cerco, se fortifica y toma todas las disposiciones necesarias para rechazar las salidas. La zona ocupada por los cuerpos del cerco, se divide en sectores. En cada sector hay tropas de primera línea y reservas; estas tropas alternarán entre sí para el servicio; pero hay mayor ven­taja en hacer ocupar cada sector por las mismas tropas durante el cerco. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. moletitt ID1ilitar be ~otombia \._ 597 _1 Independientemente de las reservas designadas á los sectores, se forma una ó varias re~ervas generales, apostadas á proximidad de los sectores más amenazados. En cada sector, el grueso de las tropas de primera línea se establece fuera del alcance eficaz de la artillería de las obras avan­zadas, un poco á retaguardia de las posiciones sobre las cuales las tropas del cerco deberán combatir para rechazar las salidas. Dichas tropas mantienen un servicio de puestos avanzados or ... ganizados como se ha dicho en el presente Reglamento. Las posiciones sobre las cuales las tropas del cerco deben combatir para oponerse á las salidas, se refuerzan progresivamen­te por medio de la fortificación de campaña. Los refuerzos se colocan á retaguardia y á proximidad de las posiciones de resistencia principal, tomando todas las medidas que les permitan marchar rápidamente. 1 35-Dúposz'dorus prelt7m'nares para la dtfmsa-E1 Comandante de una plaza debe considerar la que mancfa como expuesta á un ataque imprevisto; en consecuencia, formará su plan d~ servicio y de defensa, siguiendo la hipótesis de ataque que fuere más proba­ble. Determina para los principales casos, los puestos y las reser­vas, el reconocimiento de las tropas y la acción y concurso de todos los cuerpos y de todos los servicios. Se dedica desde luego á conocer la situación interior de la plaza, de las fortificaciones y de los edificios ó establecimientos militares. - Fija igualmente su atención en el terreno exterior á las obras avanzadas.. en los radios de ataque y asedio ; reconoce y hace abastecer la4 plaza con las municiones y provisiones de:toda es­pecie. Al acercarse el sitiador á menos de dos jornadas de la plaza, el comandante de ella, sin e perar la declaración del estado de sitio, de la Secretaría de Guerra 6 del General en Jefe del Cuerpo de Ejército, dará con toda energía las disposiciones siguientes : Orden de salida de la plaza á los extranjeros y habitantes inútiles, é igualmente á las personas vigiladas por la policía civil 6 militar. Orden para que entren á la plaza los materiales y medios de trabajo, así como toda clase de ganado, víveres y"'demás artículos de subsistencia que se encuentren en los contornos, á más de 5 6 6 kilómetros de radio. Orden para que se proceda á la reparación y armamento de las obras y establecimiento ... de almacenes para la(provisiones de boca y guerra. Orden para que se destruya todo lo que esté fuera de la plaza y que pueda servir al adversario. En el Reglamento para el ataque "y defensa de las plazas, constan las demás reglas relativas á estas operaciones. Y lo comunico á usted para su conocimiento y demás fines. Libertad y Constitución. . México, Octubre 1 5 de 1898. BERJUOZÁJ3AL Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 58otetitt !JHritat be ~ototnbia '- 598 _; INFORME SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN (Continúa) 2. 0 El escalafón (Rangliste) Cada cuatro meses aparece el Estado de los oficiales del ejér­cito prusiano, por orden de antigüedad, con indicación del destino ocupado por cada uno de ellos. Este libro, que se vende muy ba­rato, permite á todos, desde el teniente ha5,ta el feld-mariscal, mantenerse al corriente de todas las mutaciones que sobrevienen en el personal, y conocer á cada instante el lugar que les corres­ponde por antigüedad, relativamente á sus colegas. También cons­tituye en cierto modo el '!Jade mécum de todos los oficiales que lo hojean frecuentemente para saber lo que ha sido de tal ó cual de sus amigos ó antiguos compañeros, ó resolver alguna cuestión con­cerniente á las vacantes que puedan presentarse en los diversos empleos, &c. Es menester saber que en Prusia el ascenso corre en toda el arma á partir del empleo de Capitán, y que sobre este asunto no hay distinción alguna entre la Guardia y 1 resto del ejército. Ade­más, el ascenso y también el nombramiento para los diversos em­pleos vacantes, tienen siempre lugar rigurosamente según el orden de antigüedad. En principio, jamás se falta á esta regla, y i ocu­rre que un oficial moderno sea ascendido antes que uno anti­guo, es para est último la prueba de que se le juzga indigno 6 incapaz de llenar las funciones del grado su erior. Todo aque­llos que sufren esta afrenta, dejan inmediatamente el servicio. i alguno de ellos vacilare en ha cerio, sus ·col erras serían los przineros en obligarle, haczbzdole comprender que su honor estaba gravemente com­promdido con sunejanle mrdz'da, para que pudz'ese continuar sz'rvzimdo. Como he dicho, no se hace distinción alguna entre la Guardia y la línea, y la prueba se tiene en el paso frecuente de oficiales de una á otra. Así, por ejemplo, que una plaza de comandante de batallón venga á resultar vacante en el segundo batallón de cierto regi­miento de la Guardia, y el Capitán más antiguo que deba nom­brarse se encuentra en el 94 de línea, supongamos, éste será pro­movido á comandante y destinado al batallón de la Guardia cuya vacante hay que proveer. Inversamente y por la misma razón, su­cede que los oficiales de la Guardia vuelven á la línea. Se comprende que con principios tan bien definidos para las promociones y nombramientos de los diversos empleos, el Ran­glisle debe interesar vivamente á los oficiales, y es consultado fre­cuentemente por la mayor parte. Y me ha ocurrido varias v~ces encontrar individuos tan perfectamente al corriente del personal, no sólo de su arma, sino de las otras, como si conociesen los nom­bres de todos los jefes de batallón ó escuadrón del ejército. No poco contribuye el Rangli"sle á conservar entre los oficiales los sentimientos de compañerismo, de solidaridad, de intereses, &c., Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~o!etin IDlilitar be ~o!ombia '- 599-' que hace de ellos una gran familia cuyos miembros todos se cono­cen ; él permite á cada uno seguir la marcha regular de los as­censos de otros, y por lo mismo, obliga á la autoridad superior á la mayor circunspección cuando se trata de hacer un cambio en el personal. Porque así se ha establecido una especie de censura ejercida por todos, y que no permite ninguna medida arbitraria 6 atentatoria á los derechos de cualquiera, sea quien fuere, si ella no está fundada en motivos serios. Este es un principio al cual se concede en el ejército alemán una enorme importancia, porque se piensa con razón que en la profesión de las armas, más aún que en cualquiera otra, no debe haber más reglas en todas circunstan­cias que la equidad más escrupulosa, fundada en la estricta ob­servación de los derechos de antigüedad y del mérito personal de cada uno. J. 0 De las relaciones entre los ofidales La manera precisa con que están determinadas, tanto en el i.ervicio como fuera de él, contribuye también en mucho á sostener los sentimientos de compañerismo entre todas las armas, y la su­bordinación jerárquica en todas circunstancias. A í, por ejemplo, es incontestable que la obligación que tienen los oficiales de salu­darse recíprocamente en todas partes donde se encuentren, es muy propia para estrechar los vínculos que les unen y para desarrollar el aprecio y consideración mutua que se deben entre sí. No lo es menos el uso impuesto al más moderno, de presentarse á su supe­rior cuando le encuentra en una sociedad par .. icular 6 en cualquie­ra otra reunión no oficial. Al hablar un oficial de otro, le designa siempre por su grado, y jamás un inferior se permitirá llamar á su jefe por su nombre, ' cualquier parte que fuere con él, ó si se pronuncia el nombre de un colega, se le hace por lo menos preceder siempre del Herr sa­cramental. Es muy raro oír á dos oficiales tutearse, aunque sean de un mismo regimiento, á menos que sean parientes 6 amigos ínti­mos. En cuanto á ver superiores tuteando á sus subordinados, eso sería una cosa zi¡audita. Y debe advertirse que todos estos usos han pasado de tal modo á las costumbres, que se les observa siempre y por todas partes, aun en un día de regocijo y en las conversacio­nes más familiares. En todos los casos e t general es general y el teniente es teniente. Con lo que precede he tratado de dar una idea del género de vida que llevan los Oficiales del Ejército alemán. Todo este con­junto de cosas contribuye á desarrollar entre ellos la rectitud de espíritu y temple de carácter que poseen generalmente en tan alto grado, cualidades hoy más que nunca necesarias al oficial, al cual se le pide dar en todo y por todo, en el campo de maniobras como en el campo de bata11a, el ejemplo del cumplimiento del de­ber, y que debe al mismo tiempo tener la suficiente energía y fuer­za de voluntad para pensar y obrar con sangre fría en las circuns­~ ancias más difíciles y más críticas. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin mmtar be ~oiombia '- 6oo _; Trabajos de los oficz"ales en túmpo de paz Ya que hemos visto cómo está todo calculado para conservar y desarrollar entre los ofieiales el espíritu de cuerpo, e 1 compañe­rismo, el sentimiento del deber, en una palabra, todas las cualida­des morales, veamos por qué medios se llega á hacerles adquirir también las cualidades intelectuales, que no les son menos indispen­sables, es decir, un conocimiento profundo del arte militar en gene­ral y de su arma en particular. En eso, como en todo, encontra­mos una organización metódica, consagrada por la experiencia en muchos años y basada sobre este principio fecundo : es predso en­se71ar m tz'empo de paz solam ente aquello que pueda ser realmente útz'l en tiempo de guerra. Esta misma idea es, si se recuerda, la que hemos visto presi­dir en todos los detalles de la instrucción, tanto de los individuos como de los cuerpos, y vamos toda vía á verla manifestarse de ma­nera más clara que nunca en los trabajos y ejercicios de los ofi­ciales. "No basta, para saber su oficio, dicen los prusianos, haber seguido, siquiera ea con éxito, toda la serie de los cursos en una academia de cadetes, ó haber hcch~, aunque de una manera bri­llante, el e.'amen de oficial,. En estas condiciones, un joven no posee otra cosa que una base paríl apoyar sus estudios ulterio­res, un instrumento que le permitirá completar por sí mismo una educación que debe en realidad prolongarse mientra dure teda su carrera militar. Por otra parte, es preci o que un oficial traba­je sin cesar, no ólo para .·tender y perfeccionar los conocimien­tos que ha adquirido antes de entrar en el sen·icio, sino tam­bién para no perderlo . Porque se admite in duda que si ellos le son necesario , no e únicamente lzasta el día de u nombramien­to, sino más bien despuh, una vez que esté en el servicio. Y sin m­bargo, todos sabe n cu:in fácilmente un joven olvida, al cabo de algunos años, la mayor parte de lo que ha aprendido, si, una vez en el regimiento, descuida el conservar y acrecentar su caudal Científico por una práctica costante. Imposibl e , además, abando­narlo al celo personal de cada uno ; de ahí la necesidad de tomar las consiguientes medidas." En este concepto, los Jefes del ejército se preocupan particu­larmente en hacer trabajar á los oficiales, y hoy cada regimiento viene á ser para éstos una especie de escuela permanente en don­de estudian y discuten sin cesar todas las cuestiones militares que les es preciso convcer. Primero constituye para el que se encuen­tre encargado de les reclutas de su compañía, ó de los voluntarios del regimiento, ó de la instrucción teórica de la gimnasia, &c., la obligación de prepararse por un estudio serio para desempeñar la mi ión que se le confía. Pero fuera de esto, todos los oficiales es­tán obligados á resolver cada año todas las cuestiones posibles, tanto sobre el terreno como sobre el mapa, y á tratar por escrito un asunto dado. Y digo todos los oficiales, porque si bien estas memo­rias no se exigen sino á los tenientes, no por eso dejan de ser plan- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin Wlilitar be ~o(omóia \._ 601 _) teadas y discutidas por sus superiores, con lo cual se ven forzados á hacer estudio profundo. Para que su misión no se limite á dirigir más 6 menos vagamente el trabajo de sus subordinados, están ade­más obligados, y esto es lo importante, á hacer por escrito una crí­tica detallada y á apreciar el modo como cada uno ha resuelto el problema planteado. Resulta a í para ellos la necesidad de estudiar los asuntos más completamente aún que us subordinados; y mien­tras que un teniente no tiene que hacer, por ejemplo, sino redac­tar una memoria y resolver dos 6 tres cuestiones, un jefe casi tiene que volver á hacer el trabajo de todos los tenientes de su batallón. Examinaremos, por lo demás, cómo están organizados estos trabajos en las diferentes armas.-ConHmía ~ J?!utcwá~ MEMORIAS D .JL GENI~RAL PABLO l\10RILLO (Continúa) "Art 3. 0 Los militares 6 individuos que dependan de un ejér­cito que sean tomado h"rido. ó enfc rm s, ya n los hospitales, ya en cualquier otro lugar, no se rán pri ion\..ros de guerra, y podrán vol er bajo sus band ras cuando estén re tablecidos. La humani­dad se interesa vivamente por estos d sdichaclo que se acrifican por su patria y su g·obierno; y ella c. ·ige que se 1 , s trate con más consideración y cuidados que los r ri ioncros de guerra, y á lo me­nos s tendrán con ellos los mi mo,:, cuidados y e 1 s darán los auxilios que á los heri<.los y enfermos del · jército que los manten­ga en su podc:r. "Art. 4.0 Los pri ioneros de gue rr"'' serán canjeados clase por clase, grado por grado; y por un oficial superior se entregará el número de subalternos que es de uso entre las naciones civili­zadas. "Art. 5.0 En el canje quedarán comprendidos los espías, conspiradores y disidentes, atL ndicndo á que es en una guen·a ci­vil en la que el Derecho de G~ ntc · dcb. tener la mayor latitud, y que la humanidad r clama de rnan ra imperio~a el cumplimiento de estos preceptos. Por tanto, lo espía , conspiradores y disiden­tes' no serán condenados ni á la pena ca pi tal ni á ninguna otra pena aflictiva; sólo se les guardará de manera decorosa, e perando el momente de su canje como prisionf'ros, porque los errores y las faltas políticas no deben nunca ser con~iderados como crímenes. "Art. 6. 0 En atención á que e ta guerra proviene de diferen­cia de opiniones, y que los individuos que han combatido con en­carnizamiento por las dos causas, están unidos entre sí por los lazos ~ co t}t .,,-'\ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oretin ID!Hitac be ~oromóia '- 6o2 _) de ra:mma más estrechos, y de que hay que evitar por todos los medios posibles la e fusión de sangre, serán igualmente respetados y canjeados los militares 6 empleados que, después de haber ser­vido á uno de los dos Gobiernos, sean tomados bajo las banderas del otro. "Art. 7. 0 El canje será obligatorio y deberá efectuarse en el término más breve que sea posible. Por tanto, los prisioneros, c~alquiera que sea su grado y rango, permanecerán en el territo­riO ?e Colombia, y bajo ningún pretexto se podrá alejarlos de. esta regt6n para hacerlos sufrir males más crueles que la m1sma muerte. . u Art. 8. 0 Los jefes de ejército exigirán que se trate á los pre­sos conforme á los deseos de sus Gobiernos, y se indemnizarán, como garantía de una y otra parte, los gastos que ellos ocasionen. Los mismos jefes tendrán derecho á nombrar comisionados para q.ue visiten los depósitos respectivos de presos, examinen su siL~a~ ct6n y la hagan menos penosa. "Art. g. 0 Los prisioneros que ahora ~stén en poder de uno y otro partido, gozarán de las Yentajas del presen:,.e convenio. u Art. 10. Los habitantes de los lugares alternativamente ocu­pados por los ejércitos de ambos Gobiernos, serán altamen:l res­petados y gozarán de la libertad y ele la seguridad más absolutas, cualesquiera que sean 6 hayan podido ser sus opiniones, empleos, servicios y conducta relativamente á las ¡:,artes beligerantes. "Art. I I. Los restos de los que ha;·an encontrado una muer­te gloriosa sobre el campo de batalla, ó en algún encuentro entre las tropas de los dos Gobiernos, recibirán Jos honores de la sepul­tura, 6 serán quemados cuando u número 6 la falta de tiempo no permita hacer otra cosa mejor. u A los vencedores tocará llenar este deber sagrado, de que no podrán excusarse sino en circunstancias graves y extraordinarias, y entonc-es les tocará. C'ntenderse con las autoridades locales para que los desempeñen . Los cadá \eres que reclamen uno ú otro de los dos Gobiernos, 6 particulares, no podrá rehusarse su entrega, y se otorgará lo que sea necesario para su transporte.' "Art. I 2. Los generales de ejército, los jefes de división y todas las autoridades tendrán que obsenar este Tratado con exac­titud y fidelidad; toda infracción acarreará para ellos las p nas más severas, y los dos Gobiernos se hacen, respectivamente, res­ponsables de su exacta y religiosa observación, bajo la garantía de su buena fe y del honor nacional. "Trujillo, 26 de Noviembre de 1820. A'lTONIO JosÉ DE SucRE-PEDRO BRICEt~O M:F. mEz-JosÉ GABRIEL Piaxz.•' . Nuestros comisionados respondieron á esta nota, sin pérdida de tiempo· después de acusar recibo continuaban en estos términos; Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~o(etin IDlintar be <§:o(ombia \_ 003 _) "El Gobierno español ha visto siempre con horror la guerra de exterminio que devastaba á estos paí es; de acuerdo con VV. SS., desea aprovechar este momento de calma para dar al mundo una prueba de su filantropía. En conformidad con estos prin­cipios, los comisionados del Gobierno español no pueden dejar de considerar como obra de amor á la humanidad, que cubrirá siempre de gloria á sus honorables autores, los doce artículos de la nota que han recibido; nota tan conforme con los sentimientos genero­sos del Gobierno que representan y con las ideas nobks y liberales de !os que bs han suscrito. "Sin embargo, aun cuando están de acuerdo en la absoluta convicción de que los errores políticos no son crímenes, y desean dar á un tratado tan favorable para la humanidad toda la latitud posible, ellos creen deber notificar á VV. SS. que no pueden con­venir en el cambio ele e pías y conspiradores propuesto por el ar­tículo 5. 0 de la nota; pero están conformes en que la pena capital no les sea aplicada. En el artículo 6. 0 tampoco se podrá admi­tir lo que concierne á los empleados puramente militares, por­que está en oposición directa on la orden del ejército; pero es admisible en lo que respecta. á lo. empleados civile . "Todos los demá artículos merecen la aprobación de los suscritos; nada puede ser más agradable para ellos qu la conclu­sión de un Tratado reclamado por la humanidad de manera tan imperiosa, y que debe augurarles con las bendiciones del pu ·blo el ¡·econocimiento de su Gobierno. "Dios os guarde muchos años. "Trujillo, 26 ele Noviembre de 1820. RMro}l CoRREA-jUAN RonRIG 'Ez DE ToRo--FRANCisco GoNzA­LEZ DE LINARES." Tras una corta discusión, en la cual se estuvieron los mis­mos principios de una y otra parte, se concluyó y firmó el Tratado. Salvo la mención de España, como parte contrante, y lo nombres de los comisionados españoles, los considerandos eran exactamente los mismos que los de la nota precitada. Los únicos can1bios introducidos en la redacción de esta nota, son la diYisión del artículo 2 en dos artículos; la sustitución del artículo siguiente (6. 0 del Tratado) al artículo 5. 0 u Quedarán comprendidos igualmente en el canje los milita­res ó campesinos que ya individualmente ó por partidas, hagan el servicio de reconocimiento ó de observación, y que recojan no­ticias para un general, sobre el ejército enemigo." El artículo 7. 0 del Tratado, menos favorable que el artículo 6.0 de la nota, pa;-a los desertores tomados bajo nuevas banderas, los exceptuaba sólo de la pena de muerte. Se declaró aplicable á los conspiradores y disidentes que no habían sido comprendidos en el artículo 6. 0 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. moretin ~i!itar be ~oiomb ia \._ 604 _J Por último, el artículo siguiente (artículo 14) daba término al Tratado: "El presente Tratado será ratificado y canjeado en el término de sesenta horas, y comenzará á tener su cumplimiento desde el instante de la ratificación y canje. En fe de lo cual, nosotros comi­sionados de España y de Colombta, hemos colocado nuestras firmas. " En la ciudad de Trujillo, á las diez de la noche del 26 de Noviembre de 1820. RAMÓN CoRREA- A. To,.rro JosÉ SucRE-JuAN RoDR{GuEz ToRo, PEDRo BRicEÑo MÉ 'DEZ-FRA 'Cisco GoNzÁLEZ DE LINARES-JosÉ GA­BRIEL PÉREZ.'' El armisticio fue firmado, aprobado y ratificado en toJas sus partes el 26 en Trujillo, por Bolívar, y en Carache por S. E. el Conde de Cartagena. El segundo 1 ratado lo fue el 27 por el Pre­sidente de Colombia, siempre en la misma ciudad, y por S. E. el Conde de Cartagena, en anta Ana, á donde él había trasladado su cuartel general. Nuestros comisionados volvieron al punto á Caracas, y guia­dos por sus sentimientos de honor y de delicadeza, fomentaron al punto la reunión de la junta de la cual emanaban sus poderes, para darle cuenta de todos sus trabajos. Celosos por poner de manifies­to con toda evidencia la int f;ridad de ·u conducta, insistieron vi­vamente en que se forma e del mayor número de personajes pú­blicos. e accedió á sus deseos, y la junta oyó la lectura de todos los documentos aquí publicados, en virtud de lo cual se redactó el acta siguiente : "En la ciudad de Caracas, el 16 de Diciembre de 1820, es­tuvieron presentes en casa de . . J J fe superior político, S. S. D. Miguel de Laton·e, l\1ariscal de Campo y General en Jefe del ejército expedicionario de Costafirme ; D. Ramón Correa, Briga­dier, Jefe político supet ior de Venezuela; D. Francisco del Pino, Brigadier, Capitán General ad ínter/m; D. José Alustiza, Intenden­te del Ejército y uperinkndente general, Subdelegado del tesoro militar; D. Manuel González de Linares, segundo Alcalde consti­tucional; D. Francisco de Azpurna, primer Alcalde constitucional provisorio; D. Felipe Fermín Paúl, D. Nicolás de Castro y D. Bar­tolomé Mascareñas, Diputados á Cortes; D. José Manuel Lizarra­ga y el Conde de la Granja, miembros de la Diputación provin­cial; D. Francisco Rodríguez y D. Ramón Monzón, Síndicos pro­curadores generales; D. Juan Rodríguez de Toro y D. Francisco González de Linares, primer Alcalde constitucional de esta ciudad, uno y otro comisionados cerca del General Bolívar para los dos Tratados de armisticio y de regularización de guerra. "En esta junta, cuya convocatoria tenía por fin tomar noticia de todos los hechos que han precedido y acompañado á la con- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oietin militar b\: ~otombia L 605 _; clusión de los dos Tratados, se han leído todos los documentos re­lativos á esta negociación, y los comisionados han dado de viva voz todas las explicaciones que les parecían útiles. En seguida se ha dado lectura á una nota oficial de S. E. el Cor1de de Cartage­na á S. S. el Jefe político : S. E. expone en ella la necesidad de enviar á España comisionados encargados de dar al Gobierno to­das las noticias indispensables en esta circunstancia, y para activar sus preparativos con toda la prontitud posible, en razón de la próxima partida de los comisionados que había nombrado por su parte el General Bolívar. "La junta, luégo de proclamar digna de reconocimiento pú­blico la conducta de los comisionados que habían m~nifestado tan­to celo, actividad y consagración á la causa de la Nación, ha re­conocido la urgencia de enviar comisionados especiales cerca del Gobierno Supremo, en el momento en que los disidentes tomaban una medida semejante. Por tanto, fueron nombrados D. Francisco González de Linares, como perfectamente instruído en las nego­ciaciones en que ha tomado parte, y D. Pedro José Mijares, no menos Yersado en el conocimiento de los asuntos del Estado. Con­siderando, por último, que importaba que en un asunto de esta na­tural za, todo fuese bien conocido del público, se convino en que D. José Domingo Díaz, Secretario de la Junta, pondría en orden y publicaría todos los documentos relativos á las negociaciones. En fe de lo cual han firmado. MIG EL DE LA ToRRE-RA:\IÓ. · CoRRE \-I• RA .. 'icrsco DEr. PINO. Josi DE ALusnzA-MIGUEL Go. ·zALEZ DE Lt 'ARES-FRANCisco DR AzPui NA, &c. &c.-José Domüzgo Díaz, Secretario." Hé aquí la · relación exacta de todas las diligencias que se han verificado desde el momento en que S. E. el Conde de Cartagena recibió la orden real del r r de Abril de 1820. Esta ordenanza, que debería servir de modelo á todos los Gobiernos sabios, bien­hechores y liberales, fue la regla invariable de todos los actos de S. E., y dio nueva fuerza á los votos que él había hecho siempre. Ojalá nos fuera dable comparar imparcialmente la felicidad de los pasados tiempos y las desdichas que acaban de pesar sobre nuestras cabezas, oír la voz de la Patria, y resignarnos á los sa­crificios que exige el interés general-Contzinía. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oletin ID1iritat be ~olomóia '- 6o6-' VIAJE A LA REPUBLICA DE COLOMBIA EN 1823 POR 1\1. 1\10LLIEN (Tra•lucido para el Bo!etht JIIilitar) (Continúa) Así nos pasó á cada uno de nosotros ; nos apresurámos á trans­mitirnos mutuamente las observaciones y á comentarlas : se ha­bían visto con asombro varias institucione que parecían ofrecer contradicciones chocantes con los principios sobre los cuales se había levantado el edificio social de los Estados Unidos. El látigo con que se castiga á los negros esclavos, zumbaba aún en nuestros oídos; * las preocupaciones bajo las cuales gimen los hombres de color exaltaban nuestro corazón; las costumbres habían parecido relajadas : era preciso que lo e tuviesen en grado notable para provocar la censura de los marinos, naturalmente poco severos. Especialmente la policía poco nos había entusia. mado, porque aun cuando deja en gran libe rtad á los extranjeros, 1 ofrece poca seguridad contra la mala fe d e los mercaderes y la infidelidad de los sirvientes. Sobre todo s e qu e jaban d el abandono de los ameri­canos en tomar medidas de salubridad contra ]a fiebre amarilla, lo que expone todas las ciudades de la costa á el e va taciones anua­les. En cambio, no se podían r e hu at· elogios á la actividad de su comercio, al bu n orden de su marina, á la prontitud con que se apoderan de todas las invenciones nuevas, y particularmente de las máquinas de vapor, que se han convertido para ellos, como para todas las naciones que las usan, en medio poderoso é incal­culable de riqueza y de poder. Entre algunas personas, y sobre todo entre los militares.. se creyó reconocer una inclinación á la aristocracia; algunas instituciones nuevas, como el establecimiento • En 1820 se contaban en los Estados Unidos 1.538,128 esclavos. No es, pue!, sin poderosos moti\· ' S como el Gobierno de esta. República se ha unido á los in­gleses para oponerse á la trata de loe; negros. Por esto, lejos de permitir el au­mento de su población por nuev ·s milicia , se esfuerza, por todos los medios po­sibles, en disminuirla, ya sea re ..! xportándola á otra parte, ó por medio de leyes t~rribles contra los nc~ro : Quizás nunca e ha_publicad,o contra esta r~za des­dtchada un decreto mas vwlento que el que se promulgo en 1823 en la Carolina del Sur. Este decreto declara que los capitane mercantes que tengan á bonlo en sus navíos hombres de color, libres ó esclavos, deben hacerlos encerrar, durante su permanencia en el puerto, en la cárcel pública, y además, pagar los gastos de detención. Por falta de cumplimiento á esta ley, los capitanes serán condenados á una multa de mil dólares y á dos mese.s de prisión; en cuanto á los negros, libres ó esclavos, serán vendidos, de conformidad con el acta del 20 de Diciem­bre de 1820. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ~oietin ~HHtar be
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 19

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 13

Por: | Fecha: 30/03/1901

~~~ BOGOTA, MARZO 30 DE 1901 SERIE Il-'TOMO l-N. 0 13 BOLETIN ~liLITAR DE COLOMBIA 1 Director ad honorem Guerra y del Ejército F. J. VERGARA Y V. Son colaboradores de esto periódico los ~ General de Ingenieros, Miembro de Organo del Ministerio de Jefes y O.ficinles del Ejército + varias SociedQdes Cientiflcaa D.ErR.E .. 1'0 NUMERO 323 IJ.E.., I9o.1 ( 1 5 DE MARZO) por el cual se aumentan unas asignacione. El V/cepresiCienle de la Rtpt~blú:a, encargado del Poder Ejecult'vD, En uso de ·u facultades constitucionales DECRETA Artículo único. Auméntase en un 25 por 100 el sueldo de los señores Gcnerale Comandante en Jefe del Ejército de la Repú­blica, Jefe de Estado Mayor General del mismo y Comandante Mi­litar de la Plaza de Bogotá, á contat~ del 1.0 de Abril próximo ve-nidero. · Comuníquese y ¡Jublíquese. Dado en Bogotá, á r 5 de Marzo de rgo 1. ]OSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Gobierno, GuiLLElUIO QuiNTERO C.-El Subse­cretario de Relaciones Exteriores, encargado del Despacho, AN­TONIO Josi URIBE-El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho de Hacienda, MIGUEL ABADfA MÉNDEz-El. Ministro de Guerra, josi DoMINGO ÜsPINA C.-El Ministro del Tesoro, EN-JUQUE REsTREPO GARclA. · TOMO 1-25 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. .]86 Bolet{n MilitaY DECRETO NUMERO 3~4 DE I90I (16 DE MARZO) po.r el cual se honra la memoria del Sr. General Santiago Buriticá El Vi'cepresúlmü de la Repúblú:a, encargado del Poder Ejecutivo, CONSIDERA~DO Que desde el año de 1876 el Sr. General Santiago Buriticá venía luchando por la causa de sus convicciones, dando alto ejem­plo de patriotismo y desinterés; que en la presente guerra fue de los primeros en tomar las armas, poniendo, como siempre, sus inte­reses al servicio del Gobierno, y peleando con valor y entusiasmo ~ órdenes del distinguido General Pompilio Gutiérrez; que por su bizarro comportamiento en varios hechos de armas fue ascendido ~ General de División, y que el día 1 I de los corrientes murió en Ambalema, en donde se hallaba en servicio del Gobierno, DECRETA Artículo único. La muerte del General Santiago Buriticá es motivo de justo duelo para el Ejército, y el Gobierno al lamentarla presenta al Ejército de la República la vida y hechos de este constante sen·idor de la ausa, ~omo un ejemplo y un estímulo. §. Un ejemplar auténtico del presente Decreto se le enviará á la familia del General Ruriticá por conducto del Sr. General Pom­pili~ Gutiérrez. Comunfque e y ¡.>ublíquese. Dado en Bog tá, á 16 de Marz de 1901. JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro ele Guf>rra, J OSK DoMINGO ÜsPINA C. JJE'CR.l!:l'O NUMERO 326 DE I90I (16 DE MARZO) por el cual . e suprimeQ algunas asimilaciones militares .1:,7 VJúpres~·dente de la República, encargado del Poder Ejecull"vo, DECRETA Art. 1. 0 A contar del 1.0 de Abril próximo venidero, declá­ranse sin valor alguno las asimilaciones concedidas por decretos anteriores á. los Jefes y Oficiales del Ejército en servicio activo. En consecuencia, los militares que hayan sido asimiladus á grado mayor para efectos fiscales, sólo ganarán los sueldos y so­bresueldo~ correspondientes al destino militar que desempeñen, 6 Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. á su grado efectivo en los casos en que, conforme á la Ley 39 de 18g6, no quede determinada la asignación por el destino militar. Esta disposición no comprende á los empleados del servicio administrativo que hayan sido asimilados para los efectos fiscales. Art. 2.0 Las disposiciones del artículo anterior en nada afec­tan los aumentos de sueldos señalados por el Poder Ejecutivo en decretos anteriores y en virtud de la facultad conferida por el ar­tículo 2.0 de la misma Ley 39 de 18g6. Comuníquese y puhliquese. Dado en Bogotá, á I 6 de Marzo de 1 go 1 . JOSE MANUEL MARROQUIN El Ministro de Guerra, Josi DoMINGO ÜsPINA C. DECRETO l'lU.llfERO 327 DE I90I (l8 DE MARZO) por el cual se hacen varios nombramientos El 1·záprtsz"denle de la R epúblz'ca, encargado del Poder Ejecuiz"vo, DECRETA Artículo único. 6mbrase Gobernador Militar de la Plaza de Honda al r. General José de los Santos Cuervo; Secretario de la misma Oficina al Sr. Dr. Elías Fajardo, asimilado á Coronel para los efectos fiscales j y Ayudantes á los señores Coronel Juan Caballero J. y argento Mayor Pascual Moya U. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 18 de Marzo de Igüi. JOSE MANUEL MARROQUIN El ~finistro de Guerra, JosÉ DoMINGO ÜSPINA C. DE'CRETO NUMERO 328 DE I90I ( 18 DE MARZO) por el cual se hace una incorporación El Vrúpresz"denle de la Repiíblica, encargado del Poder .FJecult"vo, DECRETA Artículo único. Incorpórase el Batallón Canal en la g_a Divi­sión del Ejército. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá_,. á 18 de Marzo de 1901. JOSE ~t)EL Mi\.RROQUIN El Mif'i~tro de Quet.-ra )9sÉ DoKJNPQ ÜSPlNA C.. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín M·Z:l·ita1' DECR.E~TO NUJVI.E~RO 3 2 9 DE I 9oi ( 18 DE MARZO) por el cual se incorporan dos Batallones en las fuerzas nacionales El Vzcepreszaenfe de la Rfpúblzca, encargado del Poder Ejecutivo, DECRETA Artículo único. Con antigüedad del 1.0 de los corrientes, in­corpóranse en las fuerzas nacionales los Batallone~ Tequendama y I.0 de Línea, que en lo sucesivo se llamará La Mesa, los cuales de­penderán directamente de la Comandancia en Jefe del Ejército. Comuníquese y publíquese. Dado en Bogotá, á 1 8 de Marzo de I 901 . JOSE MANUEL MARROQUIN El Mini tro de Guerra, JosÉ DoMINGO ÜsPINA C. TOS PROCED/Jí/E.VTOS DE CO!IIBATE DE LA ARI"íLLERIA Arreglado dt>l francés para el Ro!ctfn JlfiMar La 7: línea del artículo 135 del Reglamento francés vigente en Francia sobre servicio de las tropas en campaña, previene como modo de acción de la artillería en el combate, que todas las pieza presentes concentren u fuego sobre el punto escogido, á fin de anonadar las tropas enemigas que lo ocupen. En apariencia nada más sencillo, y entonces la infantería apenas tendría que hacer otra cosa que salir de sus abrigos y avanzar majestuosamente, como las divisiones de Massena y de Augereau en Castiglione, el arma al brazo ó al hombro, á reemplazar al enemigo en las posi­ciones que defendía. Tal procedimiento convenía en verdad en la época citada, porque la artillería encargada de la preparación podía, sin gran ries~o, acercarse hasta 200 metros del contrario, por ser esa dis­tancia la que correspondía al alcance eficaz del fusil de piedra. Esta preparación podía llevarse á cabo durante la concentra­ción misma de las columnas de ataque, gracias á la eficacia del tiro de la artillería á partir de los 6oo metros, puesto que el bote de me­tralla contenía de 6o á 1 12 balas y la velocidad del fuego no era inferior á la que hoy se obtiene con los cañones Bange de 80 mm. Tal preparación, á que sucedía incontinenti la marcha ofensi­va de las columnas de ~~aque, era justa porque tendía á desorga- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Milita-r ni zar las fuerzas enemigas, ob.feHvo del asalto. ¿Pero hoy día seme­jante procedimiento puede producir los mismos resultados con las actuales formaciones de combate? ¿Qué tropas organizadas tomará por blanco la artillería? ¿Líneas de tiradores abrigados? El cañón es casi impotente contra las trincheras, y además no debe perder-e de vista que lo que se quiere destruír en el combate, y destruír pronto antes del ataque decisivo, es el zndzviduo y no los obstáculos que existan en el terreno. La ázstruccú}n práctú:a provúon·a sobre el servicio de la artille­ría en campaña, dice : "Debe abrir el camino á las tropas de ata­que, derribando los obstáculos materiales que van á hallar en su camino, destruyéndolos 6 haciéndolos insostenibles, y desorgani­zando con sus granadas á los defensores." Este programa convie­ne más á la artillería de sitio que á la de campaña. La tarea que ahí se impone á la artillería es, pues, la si­guiente: !.0 .Dúparar contra el personal al descubzerto. -A causa de la eficacia de los proyectiles actuale , las tropas aprovecharán los abrigos que ofrezca el terreno, ó construirán atrincheramientos rá­pidos para sustraerse á su efectos. 2.0 Destruír los atrziu:Jzeramzentos del enenugo.-Los experimen­tos de polígono muestran que tal destrucción demanda de ordina..: rio un número de proyectiles fuera de proporción con los aprovi­sionamientos de la artillería en campaña. Además, el tiempo que la obra demanda concuerda poco con la rapidez de ejecución exi­gida por todo ataque decisivo, no menos que con la sorpresa que para e1lo se trata de producir en el adve rsario. 3. 0 Destruír los ediji.dos y mw os-Tales objetivos son eviden­temente muy vulnerables, perQ sus defensores se guardarán bien de ocuparlos de modo serio durante la preparación prescrita á la artillería, sí á ello nada lns obliga. Además, hoy día, en vista de ese peligr , los pueblo e defienden desde su linde exterior. 4.0 D estruír las defensas accesorias.- Esta operación exigiría un reglaje muy preciso y el empleo de granadas de fuerte calibre, y, lo que es más, observadores situados en las cercanías de los objetzvos si se quiere obtener resultados ciertos. Tampoco concuerda con la preparación del ataque decisivo en las condiciones ordina­rias de la batalla. 5. 0 'll"ro co11tra el personal abrzgado.- La experiencia enseña que el personal abrigado es poco menos que invulnerable para la moderna artillería de campaña, á causa de la tensión de la trayec­toria, de la insuficiencia de los proyectiles usados (desde el punto de vista de la eficacia), y en fin, de la gran precisión que demanda ese tiro si se desea obtener resultados apreciables. Por esto los ejércitos europeos llevan hoy al campo de batalla piezas hasta de 15 centímetros y emplean proyectiles de 16 á 20 kilogramos de peso, cargados con violentos explosivos. 6.0 Tiro contra la artzllería enemzga.- Al comenzar el comba­te, el mayor obstáculo con que puede trope7-ar el rápido progreso de las tropas del ataque es la artillería de la defensa, y aun cuan- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. do si es inferior en número puede ser rápidamente destruída, en ese caso se guardará de exponerse á tal destrucción antes de obrar contra el arma que importa detener, es decir, la infantería del asaltante. Resumen. Los resultado5 materiales de la preparación espe­cial con la artillería en el caso de un ataque decisivo, son nulos 6 poco importantes si dicha arma obra aisladamente. Tal práctica, justificada en otra época, es hoy verdadero anacronismo que debe suprimirse: conservarlo es perder de vista el principio tan sencillo en su esencia y tan fecundo en sus aplicaciones, de que en el com­bate lo que es preciso aniquilar es el hombre, así como en la gue­rra en general se trata únicamente de destruír las masas organi­zadas del adversario. Los hechos cumplidos durante las guerras contemporáneas, ó sea á partir de la franco-alemana, confirman de sobra lo antedicho, porque el defensor si ha mantenido la infantería contraria á más de 1 ,ooo metros de sus líneas, como no tiene que temer una irrupción repentina de ella, puede abrigarse tranquilamente durante la pre­paración con la artillería, para no descubrirse sino cuando se dise­ñe el ataque real. Es decir, hoy día la preparación del asalto se confunde con su. eje­cución. La artillería, lo mismo que la infantería, debe tan solo preocuparse de poner fuera de combate el personal del enemigo; el cañón malgastará sus municiones en querer destruír una pared detrás de la cual de seguro no habrá nadie : en efecto, cualquiera que sea el grado de ruina á que se reduzca esa pared, siempre ser­virá, en un momento dado, para abrigar infantes rodilla en tierra 6 acostados. Por idénticos motivos es inútil cañonear el linde de un bosque ó de un poblado donde no aparece el enemigo. Ahora bien: para que la artillería pueda obrar contra el per­sonal del adversario, es preciso obligarlo á que se descubra, y esto no puede conseguirse sino haciéndolo atacar con la infantería. Des­de el comienzo de la lucha, se buscará, pues, el enlace íntimo y constante de las dos armas; enlace que vendrá de modo natural si no se pierde de vista que la artillería no es sino el auxiliar de la · infantería, única que constituye ejército por sí sola, porque sólo ella está en capacidad de arrojar al enemigo de la posición que ocupe. Esto sentado, posible e estudiar el empleo racional de la artiJlería en el ataque decisivo-Conc/mrá. ---~tr lo r!gular e pin­tan la piel del color de que están teñidos sus vestidos. ¡ Sin embargo, el pigmento negro y cáustico del caruto {Genipa americana) resiste largo tiempo al agua, como lo ~xperimentámo5 con gran pesar, pues por complacer á los indios, nos hicimos manchas 1 rayas de caruto en la cara, 1 cuan­do volvimos á Angostura, en medio de la ciTilización europea, esas manchas aparecían aún. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletin JI;Jz"litar que los hombres y las mujeres se avergonzarían más quizá de pre­sentarse sin guayuco * que sin pintura. Estos guayucos del Orinoco, en parte 5on ele corteza de árbol, en parte de tela de algodón. Los hombres los usan más largos que las mujeres, entre las cuales (según lo afirman los misioneros) el sentimiento de pudor es, en general, menos vivo. Una observa­ción semejante había sido· ya he ha por Cristóbal Colón. ¿No será preciso atribuír esta indiferencia, esta falta de pudor de mujeres de naciones cuyas costumbre n,) son muy depravadas, al estado de embrutecimiento y de escla' itud á que el sexo ha sido redu­cido en la América Meridional, por la injusticia y el abuso del po­der de los hombres? Cuando se habla en Europa de un indfgena de la Gua yana, se imaginan un hombre que tiene la cabeza y la cintura adornadas con bellas plumas de Aras, de Toncans, de Tangaras y de Coli­brís. Nuestros pintores y nuestro escultores han considerado des­de hace mucho tiempo estos ornamentos como marcas caracterís­ticas de los americanos. Nos sorprendió no encontrá.r, ni en las misiones de Chaymas ni en los campamentos de Uruana y de Pararuna, y podría casi de­cir que en ninguna de las riberas del Orinoco y d 1 Casiquiari, est0s bellos penachos, estos delantales de plumas que los viajeros lle­van de ordinario de Guayana y de Deme ary. La mayor parte de los pueblos de la Guayana, aquello mismos cuyas facultades intelectual s están bastante d sarrolladas, que cultivan plantas alimenticias y que saben tejer algodón, andan tan desnudos, tan desprovistos de adornos, cerno los indígenas de Nueva Holanda. ** El excesivo calor del aire, los sudor s abundantes del cuerpo á todas horas del día y una gran parte de la noche, hacen inso­portable el uso de ve tido . Los objetos de adorno, particularmen­te los penacho , se reservan pat·a las danzas y las fiestas solemnes. Los penachos de los uaypuñarcs son los más célebres por la elección de bellas plumas de manakius y de papagayos. Los indios no se contentan siempre con un color extendido por igual; imitan á veces, de la manera más extra agante,en la pintura de su piel, la forma de los vestidos europeos. Vimos en Pararuma que se hacían pintar una chaqueta azul con botones negros. Los misioneros mismos nos informaron de que lo~ Guaynanes del río Caura tienen la costumbre de pintarse de rojo con el onolo, y de hacerse, á lo largo del cuerpo, anchas líneas estriadas transversa­les, sobre las cuales aplican pajitas de mica plateada. Viendo de lejos estos hombres desnudos, se creería que llevaban vestidos ga­loneados. Si los pueblos pintados hubieran sido examinados con la misma atención que los pueblos vesll"dos, se habría reconocido que la • Palabra de la lengua caribe. El per:úma de los indios del Orinoco es más bien una bandita que un delantal. *• Por ejemplo, los Macos y los Piraoas. Hay que exceptuar á los Caribes, para quienes el perizomn es una tela de algodón de tal modo lar~a, que les pue- 411e cubrir la espalda. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Bolettn Mz'lz'tar imaginación más fecunda y el capricho más versátil han estable­cido los usos de la pintura como también los del vestido. La pintura y el tatuaje no están restringidos en ambos mun­do5, ni á una sola raza ni á una sola zona. Este género de ador­no es más común entre las razas malayas y americanas; pero desde el tiempo de los romanos, existía también entre la raza. blanca en el norte de Europa. Así como los vestidos y los trajes son más pintorescos en el Archipiélago de Grecia y en el Asia Occidental, la pintura y el tatuaje ofrecen el tipo de la per­fección entre los insulares del mar del Sur (en el Archipiélago de las i la Mendoza). Algunos pueblos vestidos se pintan todavía las manos, las uñas y la cara. Se diría que la pintura está entonces limitada á las únicas partes que quedan visibles; y en tanto que el aceite, que recuerda el estado salvaje del hombre, desaparece poco á poco en Europa, en algunas ciudades de la provincia del Perú las damas creen mbellecer su piel, de suyo muy fina y muy blan­ca, cubriéndola de materias de color vegetal, de almidón, de blanco de huevos y de harina. Cuando uno ha permanecido largo tiempo entre hombres pintados de onoto y de chica, causan singu­lar sorpresa esos restos de una antigua barbarie, conservados á pesar de todos los u os de la civilización. El campamento de Pararuma nos ofreció ocasión para e.·ami­nar por primera vez, vivos, varios animales que hasta entonces no conocíamos sino en los gabinetes de Europa. E tos animalitos son una de las ramas de comercio de los misioneros. Ellos cambian tabaco, re ina A1aní, el pigmento del Chica, las diver as clases de moscos, los Gallitos (cogs de rot:he), los Ttlis, lo Capuchzizos, y otros muy buscados en las costa , por telas, clavos, hachas, anzuelos y alfileres. Los productos del Orinoco han sido comprados á vil pre­cio á lo indios que vivían bajo la dependencia de los monjes; y son toda vía stos mismos indios quienes compran :í. los monjes, pero á precio~ muy altos, con el dinero ~anado en la 1 ecoleccz'ón de huevos, los instrumentos de la pesca y de hortaliza. Nosotros hici­mos la adquisición de varios animales que nos han acompañado en el curso de nuestra navegación por los ríos y de los cuales he­mos podido estudiar las costumbres. He publicado estas observa­ciones en otra obra; pero obligado á tratar dos veces los mismos asunto , me limitaré aquí á las indicaciones más sucintas, añadien­do las notas que he encontrado después esparcidas en mis diarios de viaje. Los gallz"tos ó gallos de roche, q e se venden en Pararuma en lindas cajitas de hojas de palmera, son muchfsimo más raros en las orillas del Orinoco y en todo el Norte y el Oeste de la Amé­rica. equinoccial, que en la Guayana francesa. Hasta ahora sólo se les ha encontrado cerca de la misión de la Encaramada y en los Raudale~ ó cataratas de Maypures. Señalo expresamente las ca­taratas, porque es en los huecos de estas rocas graníticas que atra­viesa el Orinoco y que forman tan numerosas cascadas, en donde estos pájaros forman su morada habitual. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. 4I2 Algunas veces los hemo~ visto aparecer por la mañana en medio de la e~puma del río, llamando á la hembra, y combatir á manera de gallos doblando la doble c1·esta móvil que adorna la punta de su cabeza. Como los indios rara vez se apoderan de los gallitos adultos, y como no se aprecian en Europa sino los machos, los que desde el tercer año presentan un soberbio color de auro­ra, los compradores deben andar con cuidado para no confundí r las hembras jóvenes con los machos. Aquéllas y éstos son de un moreno aceitunado; pero el pollo 6 pollo macho se distingue desde u más temprana edad, por el tamaño y patas amarillas. La hembra guarda toda su vida un color oscuro, y apenas tiñe de ama­rillo las puntas debajo de sus alas *. Para que en nuestras colec­ciones conservase el gallo macho y adulto el bello tinte ele su plu­maje, hubo que preservarlo de la luz. Este tinte palidece con mucha más facilidad que en otros géneros de la familia d lo ~orriones. Los machos jóvenes tienen, como la generalidad de loso pája­ros, el plumaje ó la librea de la madre. Me ha sorprendido que un observador t:m competente como M. Le Vaillant, en su obra Pá-jaros del Paraíso, ponga en duda si efectivamente la hembra per­manece siempre con un tinte oscuro y aceitunado. Los indios de Jos Raudales me han asegurado todos que nunca han visto una hembra de color de aurora. Entre los monos que los indios tenían costumbre de llevar á la feria de Pararuma, encontrámo varias especies del ai ( Sz'mz·a capuúna), que p rtenece a.l pequeño grupo de los monos llorones llamados 11-fatchz' en las colonias españolas; Man7nondts ( t'rm'a Btl­.., ebuth) 6 Ateles de vientre rojo, 1itis y Vz'udzlas. E tas dos últimas esp cíes atrajeron partí ularmenlc mi atenci6n, y las comprámos para enviarlas á Europa ••. No hay que confundir el Omistzli ( Sz1m'a jacchus), de Buffón, que es el Tití de M. de Azzara, con el Tití (Simia O'Edipus) da Cartagena de Indias y del Darién, que es el Pinche de Buffón, ni con el Tití (Sz1m'a sciurea) del Orinoco, que es el Saimiri de los natura­listas franceses. En las diferentes colonias españolas se da el nom­br~ de Tití á monos que pertenecen á tres subgéneros distintos y que se diferencian en el número de los dientes molares t. En este número no está incluído el más bello de los tres Titís, el del Orinoco, del género que M. Illinger ha formado bajo la denomi­naci6n de Omistiti ó Hapale. Es casi inútil recordar, después de lo que acabo de exponer, cuán de desear sería que en las obras de ciencias se proscriban esos nombres vulgares que, desfigurados por nuestra ortografía y variando en cada proYincia, aumentan la deplorable confusión de la nomenclatura zoológica.- Conlz'núa • Sobre todo la parte que los ornitologistas llaman la jarra. •• Se compra en Pararuma un bello Saimiri ó 7iti"dd Ori11oco por ocho ó aueve pesos. Los misioneros pagan uno y medio al indio que toma y domestica al mono. t El Tití del Orinoco (de la familia de los Simiol) tiene seis dientes mo­lares; los del Darién y Paraguay (de la familia de los Hapales) tienen cinco dientes molares de cada lado. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletl.n Mt"lt.tar PEJU!GRINACION DE ALPHA PO~ MANUEL ANCIZA~ Actualmente arde uno de estos Yolcanes inofensivos en el sitio' llamado Real de Ture, y exhala torbellinos de humo en tiempo de lluvias. La combustión tiene lugar en lo inferior de un cerro abundante en pizarra pulver:zada y marmajas, y formado por ca­pas de calcáreo, consumido ya en mucha parte. De los pequeños cráteres se levanta un vapor fuertemente azufrado, y el termóme­tro introducido á media vara de profundidad, marcó una tempera­tura superior al término máximo de la e cala. Fuera del radio de la ignición, el terreno mantiene su fre cor y aspecto natural s, y la vegetación se mantiene inalterada. Para ser Bolívar un pueblo que no cuenta diez años de funda­do, es ba tante grande y no carece de buenas casas, entre ellas la de la escuela con veinte niños, muy ordenada y bien surtida de útiles para la enseñanza. La iglesia es grande, limpia y un mode. lo de sencillez y buen gusto en sus adorno . Lcvantóla el actual cura Dr. CASTAÑEDA, costeándola toda de su peculio. Bien merece este digno acerdote el dictado de benefactor del pueblo, por su ejemplar d e c;prendimiento de las riquezas, po1· la dispensaci6n ge­nerosa ele los sacramentos y por u infatigable empeño en difundir sanas ideas de cultura y civilidad entre sus feligr _,ses, apoyándolas en un fondo de creencias cristianas, purificadas del bastardo fana­ti mo con que otros suelen afearlas. La ilustración, la bondad y la tolerancia evangélica de las flaquezas ajenas, sin d < ar por ·so de correo·irlas, concurren á formar el carácter del Presbítero Casta­ñeda sacerdote por vocación, exc .lente párroco, por lo mi moque es buen ciudadano. Al Sr. José Landázuri, honrado vecino de Las Cuevas y hom­bre de una laboriosidad nada común, fuimos deudores de muchos datos interesante respecto del Carare, sus bo qucs y montañas. En parte de nuestra excursión nos acompañó, allanándonos las di­ficultades y auxiliándonos con sus conocimientos prácticos, no me­no variados que sólidos. Hablábanos siempre del paí con el fervor de un ingenuo patriota, mostrando decidido interés por el bien público, suficientemente comprobado con hechos en las di"er­sas y muy penosas exploraciones que ha verificado al travé de selvas y riscos casi impenetrables, deseoso de encontrar la m jor. línea de comunicación de Vélez con el Magdalena. Vecinos como el Sr. Landá.zuri, merecen el amor y respeto del pu blo en cuyo beneficio trabajan desinteresadamente; tan desinteresadamente,. que ni aun con la gratitud de los contemporáneos pueden contar .. Eso tienen de más meritorios que otr05 los servicio del ciudadano en lái modesta vida civil ; no los presta con ruido ni los proclama.;. los ejecuta sin ser percibidos ni glorificado por aquellos ~ quicnm. favorece, y sin alcanzar otro premio que la. ati facci6n de haber hecho el bien. Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín Militar Las demás péi.rroquias del cantón de Vélez no contienen par­ticularidades notables. Habitadas por gentes laboriosas, hospitala­rias y de índole inmejorable, forman la base de una. población tanto más feliz cuanto se compone de pequeños propietarios exen­tos del influjo frecuentemente opresor de los grandes capitalistas. Esta circunstancia feliz, común á la provincia, y la ocupación de todos en la noble tarea de la agricultura, escuela práctica de vir­tud~ s civiles, los predisponen á ser con el tiempo iguales ante la sociedad, como ya lo son ante la fortuna: es decir, republicanos tan distantes de la altanería del poderoso para con el destituído, como de la propensión al desorden y libertinaje que engendra la ociosa miseria. Bajo este respecto puede decirse que en Vélez ha echado sus cimientos la verdadera democracia, mediante la igual repartición del suelo que los hace á todos propietarios, á todos de­fensores de la propiedad de cuyos beneficios participan, y por consiguiente de las autoridades y leyes que les afianzan el pacífico goce de sus haberes. Tiene el cantón 63,300 habitantes: presenta un aumento de 8,622 sobre el censo levantado en 1846; y hoy exceden los na­cidos á los muertos, durante un año, en 1,200 individuos, de los cuale la mitad no reconocen padre. La instrucción pi1b1ica se halla en estado lamentable, puesto que sólo 400 niños concurren á las escuelas, en lo cual influye ciertamente lo desparramado de la población sobre un territorio dos veces más exten o que el del cantón Chiquinquirá. Durante el año administrativo de 1849, fueron juzgados y sentenciado por los jueces letrados go indivi­duos, de ellos 5 homicidas y 24 ladrones; número que comparado con la población total del cantón, hace el mejor elogio de aquellos pueblos. No HAY UN SOLO ESCLAVO EN VELEZ; frase consoladora que bien quisiera poder escribir cuando habl - de las provincias res­tantes. La riqueza mineral del territorio es incomparable en todo li­naje de metales y fósiles de aplicación industrial. Los fenómenos geológicos abundan: ofrecen al viajero estudioso un campo de observación siempre variado, icmpre nuevo. Uno de los más raros es el llamado Hoyo del Aire, cuatro leguas al NNE. de la capital, y IÍ al SE. de La Paz. Consiste en el hundimiento cornpleto de un pedazo del suelo en la falda de la serranía, habiendo quedado un gran pozo de figura elíptica que mide 300 metros de circunf e­rencia, 118 de profundidad hacia la parte superior del plano incli­nado de la falda, y 7 5 hacia la inferior; el diámetro mayor 1 I 2 metros, y el menor 87. Las paredes del hoyo, verticales y forma­das de estratas de calcáreo como el cerro en que está, se hallan cubiertas de vegetales y habitadas sus grietas por gran número de guacamayas, cuyos brillantes colores lucen en lo profundo al cortar en su vuelo espiral los oblicuos rayos del sol. Raro fenóme­no, por cierto, el de este hundimiento parcial y perfecto por todos lados; pero no único, pues además de otros análogos que observá­mos en Las Cuevas, hay en las cercanías de La Paz varios de estos hoyos producidos por la descomposición del calcáreo, con la Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. Boletín .1Wzlz"tar diferencia de que no descubren paredes verticales como el del Aire, ó las descubren por un lado, quedando á la parte opuesta una rambla que se confunde con el resto del terreno en lo bajo de la ladera, y con la ventaja, para lo pintoresco, de hallarse cultiva­do y á veces habitado el fondo. X Rara persona de las que bajan al Carare se liberta de fie­bres intermitentes. No bastan precauciones; necesítase una consti­tución privilegiada para salir sano de entre aquellos bosques y loJazales eternos, que hierven en putrefaccion vegetal bajo una tem­peratura de 27° á 32° del centígrado, en medio de una atmósfera cargada de olores penetrantes y casi nunca renovada en sus capas inferiores por corrientes de aire libre. Pagámos nosotros el ' ributo de salud al Carare; pero, gracias á la bondad del Sr. José Goo­ding, que puso á nuestra disposición ~u casa en V élez, y á las deli­cadas atenciones de los Sres. Díaz y ilva, los sufrimientos se hi­cieron llevadcr s, y a1 cabo de veinte días puJimos emprender marcha para Moniquirá, cabecera de cantón, situada cinco leguas S E. de V élez. El camino e bueno en toda estación y atraviesa una comarca sembrada de casas y labranzas de caña y de toda especie de fru­tos menore , lo cual, visto desde las alturas repentinas del terreno, presenta pai ajes alegres y variado que espanden el ánimo y lo en anchan por la contemplación de un pu blo exento de miseria, feliz en su abundante medianía. Poco antes de llegar al río Suárez ( aravita), desde la cumbre de la serranía que lo encajona de esta banda, se descubre el pueblo de Site, fundado en mitad de la falda oriental de este pequeño ramal de la cordillera, y que ostenta su blanca iglesia y su caserío de teja en medio de la perpetua ver­dura de los campos. Caminaba yo di traído y despacio contem­plando aquel inmenso jardín, ceñido en lo bajo por la plateada cinta del ara vita, que después de multiplicados giros se esconde entre los cerros del N., cuando me alcanzó un indio viejo y forni­do, cargadas las espaldas con una voluminosa maleta de comesti­bles. aludóme con la cortesía genial de nuestros -campesinos, quitándose el grueso sombrero raspón y descubriendo su cabeza prominente hacia los lados, poblada de cabello reluciente y negro, á pesar de los años que peinaba su dueño. -Ya que sumercé mira tanto á Site, dijo, á que no adivina qué cosa tiene de más, ó qué cosa tiene de menos. Detuve el paso al oírle, y detúvose él también fijándome la vista, apoyadas las callosas manos en el bordón, dilatada la boca con una sonrisa de triunfo, á tiempo que los ojillos joviales, viva­rachos y saltadores, daban á su ancho y cobrizo rostro una rara expresión de bondadosa malicia. Hé aquí un hombre que, sin sa­berlo, está haciendo la segunda edición del cuento de Edipo y la Esfinge, pensé, riéndome contagiado por la fisonomía burlona de mi conciudadano chibcha. -En verdad, le respondí, que no acierto con lo que tenga Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. ..f-IÓ Boletín Mtlttar de más Site, si no es algtin escribano, ni con lo que tenga de me­nos, si no es un buen Cura. -Sumercé apuntó, pero no atinó. Tiene de más el ser pe­rroquia, y tiene de menos el no tener jueces. -¡Cómo! ¿ Site no tiene Alcalde ni Juez? -No, mi amo. El año pasado se juntaron los dotores en Vélez [la Cámara de provincia] y nos quitaron los Jueces, deján­donos el Cura y los ofiáos auxiHares [servicio subsidiario], y agora tenemos que ir hasta V élez por cualquier pleitecito de dinero del mercado, gastando más en el viaje que lo que vale el pleito. -¿Y por qué razón hicieron eso con una parroquia tan bo­nita y poblada. -Ahí ha de ver sumercé. Cosas de los dotores, que como no viven donde uno vive, gobiernan con perjuicios. -Tiene razón, amigo. No vzven donde uno vz'?Jt: con esto ha dicho má · que otros con largos di cursos, y no son ustedes solos los pe:judicados por igual motivo; pero ya enmendarán 1 daño cuando vuelvan á juntat~se. Prorrumpió el buen viejo en una interjección de incredulidad, y egui m os departiendo como antiguos conocidos, hasta separar­nos cerca del puente. En este campesino vi personificado el pe­queño agricultor granadino de las tierras altas. u traje consiste en calzón d:.. mél.nta gruesa, cami a de lienzo fu rtc y tupido, rua­nilla parda de lana, ombrer raspón, imperm able y d amplias dimensione., y alpargata doble, sujeta al pie por un simple cordón de fique. Sobrio cual ningún otro, pues e sustenta de Yeg tales y de chicha, gastando en ello medio real diario cuand má ; obe­diente, laborioso y honrado, stá seguro de satisfacer sus pocas nece: idade con los productos ci<;rtos de la indu tria doméstica, y ni codicia lo ajeno, porque no lo ha m n ter, ni envidia lo goces del rico, porque estando exento d l hambre y la d nud z, no mira con enojo la abundancia de bienes en otras mano ; comerciante por in tinto, viaja de mercado en mercado una parte del año, ne­vando á las paldas los frutos que cambia en sus multiplicadas contratacione , hasta que la estación de las siembras lo llama de nuevo á la es/anda, propiedad suya, donde le esperan la mujer y las bijas constantemente ocupadas n hilar y tejer. Allí e recoge en un pequeño rancho de paja, adornado con imágenes y estam­pas, formando altar en la parte más vi ibJe d una de las paredes, y con los muy contados rústicos muebles indispensables para las horas de descanso. 4bra su campo y cuida las nuevas sementeras sin apartarse de ellas sino el día de mercado semanal en el vecino pueblo, al cual .concurre con toda la familia, dejando la casa ce­rrada con un cuero en vez de puerta y un nudo en v z de l1ave, bien cierto de que no habrá qui-en viole estas frágiles guarda de su pol ·e hQJ.gar, vigilado por algún pen~o tan bullicioso com-o in­ofensivi>. Ahorra p.a.cieotemen.te un real sobre otrQ para. adquir.ir un buey de carga, 6 para invertir eJ dinero s.in empacho en cum­plir p110mesas religiosas, ó en hacerle una fies.te.c;iUa al Santo f.qva­rito, que regularmente es la Virgen bajo alguna de las innumera­bles ad\-.ocacione.s que en estas :eomarcas le d~n-Cantinti(l.. 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Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Publicaciones periódicas

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Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 13

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