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Fecha:
2020
Colombia es una nación hecha a punta de guerra que ahora no sabe qué hacer con la paz. Los medios de comunicación saben narrar en forma de guerra: dos bandos en lucha. La academia sabe comprender y explicar en forma de guerra: causas estructurales y engendros históricos. El arte ha sabido aprovechar la guerra como matriz creativa: denuncia estética y, parece que ahora, el arte es también una forma particular y potente de hacer las paces. Las elites saben que la guerra beneficia el statu quo, ya que la culpa de los males del país es la guerra y no la injusticia o la desigualdad social. Así mismo, los políticos viven de la guerra, pues ciudadanos con miedo votan de modos súbditos. Los bien pensantes solo pueden ser puros e higiénicos en los horizontes de guerra, porque se saben superiores moralmente tanto a guerreros como a políticos y al sistema, por eso su bondad se hace evidente en la denuncia de todo lo que no se hace siguiendo "su autoridad moral". Los hippies se lucen en tiempos de guerra, porque su credo de proponer el amor y el buenaondismo es la solución Nueva era para salir de los odios y venganzas. Los jurásicos beben del dolor de la guerra para sobrevivir, ya que el odio y la venganza les da motivos para seguir. En este escenario, la mayoría de los ciudadanos devenimos zombies de la guerra: vivos muertos sin espíritu, súbditos de venganzas y odios que no entendemos.