Por:
Sebastián Pineda Buitrago
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Fecha:
2012
Comienzo por confesar mis límites. El principal es, desde luego, la inevitable visión personal: frente a la literatura se experimentan admiración, goce, reprobación, reconocimiento, aburrimiento, arbitrariedades y afinidades electivas, que llevan a escoger entre un amplísimo corpus como es el de la narrativa colombiana, solo algunos textos. Por lo tanto, muchas obras se quedaron por fuera de esta historia. No hay otra razón que los caprichos de la impresión personal. La relatividad del arte y de las cosas impide cada vez más establecer un registro universal de valores literarios o estéticos. También impide cualquier pretensión de formular un canon uniforme; tal pretensión se difumina ante la imposibilidad de comentar -de leer- todo lo que en narrativa (cuentos, novelas y crónicas) se ha escrito y se sigue escribiendo en Colombia.