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Boletfn Militar de Colombia l i
: ORG!NO DEL MINISTERIO DR GlffiRR! Y DEL EJÉRGITO J
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.i General de Ingeniero• !
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- Oficial-
DECRETO NUMERO 621 DE 1903
(~9 DE MAYO)
por el cual se hace cxtensi\'O á todos los miembros del Ejército el aumento d
que trata el Decreto legislativo número 553 de 1903
El Vú:epreszdt'llle de la Repúblz'ca, encargado dd Poder E.fecu/¡'z'o,
En uso de sus facultades constitucionales,
DECRETA
Artículo único. Desde el I.0 de Junio del presente año háce-e
extensivo á todos los miembros del Ejército de la República
q·ue reciben sus sueldos y raciones en papel moneda, el aumento
rectosos
es tal, que sobrepuja á la misma Antioquia. El oro de muy
buena ley abunda, principalmente en las Provincias del Atrato,
San Juan, Barbacoas, Marmato y Santander; plata aurífera en
las de Santander y Marmato; en esta última se encuentra la riquí-
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sima mina de Echandía ; grandes cantidades de platino en las comarcas
del Chocó, el San Juan y el Atrato; gran abundancia de
cobre, hierro y carbón en la de Cali y en otras partes del Departamento.
También se encuentra yeso, cal, azufre, mármol, amatistas,
granate, &c. &c. Su suelo es tan feraz, que sin necesidad de mucho
cultivo produce caña, plátanos, maíz, tabaco, habichuelas, cacao,
café, trigo, anís, papas y toda clase de vegetales. En las selvas se
encuentran grandes cantidades de maderas propias para la ebanistería,
la carpintería y la tintorería, plantas medicinales, bálsamos
y resinas, palmeras y gran variedad de árboles frutales. La quina,
el pitayó, el barniz de Pasto, el caucho, el canelo, el árbol del
pan y otros muchos se dan también. Gracias á la extensión y fertilidad
de sus pastos, el Departamento posee numerosos ganados.
Entre los animales domésticos se cuentan bueyes, mulas, cabras,.
carneros, gran número de cerdos y magníficas razas de caballos.
El Departamento tiene más de 500,000 habitantes, sin contar
unos 30,000 indios salvajes que viven en el Caquetá, el Darién
y las regione del litoral del Pacífico. La población se compone
de la raza blanca, que es la que predomina, la india, la africana
(que aumenta con rapidez en las comarcas bajas y cálidas), y
la mestiza, que vive en todos los climas y localidade5.
Industrias
Las principales industrias del Depa rtarnento del Cauca son :
la agrícola, la pecuaria, la metalúrgica y la comercial. En las
provincias del ur hace tiempo que existen fábricas donde se hacen
magníficas frazadas, alfombras, esteras y tejidos de hilo, lana y
algodón. También hacen canastos, ombrero , hamacas, sillas,
peine de carey, y muebles. Es tal la feraci lad del suelo, especialmente
en el valle, que los cacaotales, cafetales y las plantaciones
de azúcar, los platanales y los arrozales se ven en todas partes.
La ventajosa situación del Departamento, sus vías fluviales y sus
abundantes recursos prestan á sus moradores medios de sostener
un comercio muy activo con los Departamentos limítrofes y con
algunas de las Repúblicas del Pacífico, particularmente con los
Estados Unidos, el Ecuador y el Perú. Por los puertos de Buenaventura,
Tumaco é Ipiales entra toda clase de mercaderías y tejidos
de Cundinamarca y Antioquia, y sale oro, pla~a, platino, cacao,
café, tabaco (especialmente el que se cultiva en Palmira), ta.gua,
maderas de tinte, barniz, quina, cueros, bueyes, mulas, caballos y
cerdos.
' CONTINUACION DEL TRAZO
A partir de Popayán, la línea sigue con desarrollo bastante
tortuoso hasta Timbío; de allí continúa por terreno más favorable
hasta Patía, y de allí, con una tangente larga y casi á nivel, llega
al río Guachicono, que cruza para seguir después por la orilla derecha
del río San Jorge, pasando por Capellanía, hasta llegar cer-
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ca del pueblo de Tablón, de donde desciende con declives acentuados,
toca en Sombrerillos y Veinticuatro, y llega al río Mayo.
Asciende esta corriente, y en pasando por San Pablo y Mamendoy,
sube la montaña de La Quina, salvándola con un túnel. Luégo
el trazo baja rápidamente por el valle del río La Quina, tocando
en los pueblos de San Bernardo y San José, y franquea el río
Juanambú, cerca del otro pueblo de Tablón, á 5,010 pies de altura,
habiendo descendido 3.380 pies en las últimas I 5 millas, ósea desde
la salida del túnel. Una vez cruzada la profunda hoz del Juanambú
y· el río Vado, la gradiente se vuelve muy pesada hasta
llegar á la cresta situada al Norte de la ciudad de Pasto, cresta
que transmonta á 9,630 pies de altura sobre el nivel del mar; habiendo
ascendido 4,620 pies en las 25 millas que median entre el
río Juanambú y la cumbre. Luégo, tras otras IO millas de descenso,
la línea llega á la ciudad de Pasto.
Pasto, capital de la Provincia del mismo nombre, fue fundada
en I 5 39 por Lorenzo de Aldana, quien la construyó sobre una de
las elevadas altiplanzdes de los Andes, á 8,448 pies sobre el nivel
-del mar. A pesar de que está separada completamente del resto
de la República por su aislada situación y falta de caminos, la
laboriosidad y energía de sus hijos la han colocado en el tercer
puesto de importancia de la República, á causa del número
de sus habitantes y de sus pró peras y diversas industrias fabriles.
Dicen que tiene unos 20,000 habitantes, varios colegios y escuelas
de varones y mujeres, el hospital, tres imprentas, como una docena
de iglesias, y muchas fábricas en que se hacen tejidos de hilo,
lana y algodón muy finos, pintura, muebles, &c. &c. 11antiene,
entre otros, un tráfico muy importante con el puebllto de Mocoa,
capital de la Provincia del Caquetá, población pe ueña y de clima
caluro ísimo, situada en la margen del Caquetá, á la entrada de
la llanura de este últitno nombre. 1\focoa está tan aislada de la
capital y de todos los pueblos importantes del Departamento, á
causa de los malo caminos, que la población no pasa de goo habitantes.
De las selvas que la rodean se . ·trae el renombrado
barniz de Pasto. Esta y otras industrias han dado origen á un buen
tráfico entre lo dos pueblo .
Al salir de la ciudad de Pasto el trazo asciende, con una gradiente
bastante acentuada, la cima de Santa Gertrudis, situada en
la base del volcán de La Galera, llamado también volcán de Pa~to,
transmontándola á unos ro,68o pies de altura. Luégo desciende con
declives ásperos y muchas curvas. Toca en Yacuanquer, y pasa
próximo á B unes, donde hay que volver á subir con gradientes
fuertes, á fin de cruzar por Potosí é Ipiales y esguazar el río
Carchi, como 2.5 millas al oeste-sudoeste del último pueblo nombrado.
En este lugar la línea penetra en territorio ecuatoriano,
habiendo recorrido 332 millas (534.30 kilómetros) entre Cali y
el paso del río Carchi. Los gastos de nivelación, albañilería
y puentes entre Cali y el río Carchi se calculan en $ 10.685,802, ó
sea Ut1 promedio de $ 32,186 por milla ($ 20,000 por kilómetro).
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El Cuerpo número ~ hizo también un estudio entre Tulcán y
Funes en la línea principal, pasando por Túquerres, y á lo largo
de los ríos Sapuyes y Guáitara ; pero los indicios no fueron tan
favorables para el trazo como lo son en la ruta adoptada.
Entre Jos pueblos más importantes que quedan en la línea
propuesta, en el mediodía de Colombia, se puede mencionar á
Ipiales, capital de la Provincia de Obando, y próximo en importancia
á Pasto. Es un lugar situado en la frontera del Ecuador, y
asiento de una aduana nacional. Está construído á 10,1 19 pies sobre
el nivel del mar, y tiene 12,000 habitantes, unas cuantas iglesias,
imprentas, escuelas y varios otros edificios públicos. Túquerres
es la capital de la Provincia de Túquerres, y está construida sobreuna
mesa extensa y rodeada de llanuras adecuadísimas para la
cría de animales. Se halla á IO,og5 pies sobre el nivel del mar, y
le calculan unos 8,000 habitantes. El clima es frío. Muy cerca de
la ciudad se alza el renombrado volcán de Túquerres, llamado
también de Azufral, cuya cresta de 13-,353 pies de altura, y formada
casi exclusivamente de azufre, exhala un olor tan fuerte,
que es perceptible á gran distancia durante los períodos de ignición
·. Al noroeste de Túquerres se encuentra Barbacoas, que es la
capital de la Provif!cia del mismo nombre, y está tendida sobre las
riberas del Telembí, á sólo unos 50 kilómetros (3 1.o6 millas) del
Pacífico. Es un puerto fluvial importante, y sostiene un comercio
muy activo con Tumaco, con Jos pueblos del Departamento de
Panamá y con las Repúblicas del Ecuador y el Perú. Dicen que
tiene 6,ooo habitantes, varias iglesias, imprentas y ricas minas de
oro. Tumaco es la capital de la Provincia de Núñez. Está situada.
en una isla en el Océano Pacífico, cerca de la costa, y su situación
le presta bastante importancia. El tráfico comercial es notable
pues casi todos los vapores que navegan en el Pacífico hacen es.:.
cala en este puerto. Tiene una aduana nacional, varias imprenta
y edificios buenos, y más de 5,000 habitantes.
El Cuerpo número 2 exploró dos rutas en la Cordillera Central,
con el doble objeto de enlazar el valle del Magdalena con la
línea principal estudiada á Jo largo del Cauca, y de 1legar á la
ciudad de Bogotá. La primera arranca de Cartago, y cruzando
el paso del Quindío llega á Ambalema. Esta línea tiene 130 millas
(2og.2 1 kilómetros) de largo, y calculamos que la nivelación,.
obras de albañilería y puentes, costarán unos $ 4.184,000, ó sea á
razón de 32,186 por milla(. 20,000 por kilómetro).
La otra línea sale de Popayán, y salvando la Cordillera por
el alto de Guanacas, llega á La Plata. Tiene unas 100 millas
(r6o.93 kilómetros) de longitud, y costará como $4.000,000, lo
que da un término medio de $ 40,000 por milla ($ 24,856 por
kilómetro). Por lo dicho se ve, pues, que el trazo preliminar
entre el paso de Caramanta y el río Carchi tiene 545·5 milla
( 877.89 kilómetros) de largo; y que la distancia entre el río
Golfito y el Carchi, atravesandu todo el territorio colombiano, mide
1,354.4 millas (2,179.10 kilómetros), ascendiendo el costo presu-puesto
para albañilería; nivelación y puentes á$ 33.738,424-84, 6
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sea á. razón de$ 24,917 por milla($ 15,483 por kilómetro). Esto,
por supuesto, sin contar el ramal entre Cartagena y el paso de
Caramanta, cruzando por Medellín, cuyo costo ya lo hemos dado
en otro lugar.
Entre Ayutla y el cruce del río Carchi, cerca de Ipiales, atravesando
las Repúblicas de Guatemala, el Salvador, Honduras, Nicaragua,
Costa Rica y Colombia, hay 2,397.04 millas (3,857.63
kilómetros), de las cuales 211.3 millas (340.05 kilómetros) en explotación
y 2,185.74 millas (3,5 17.58 kilómetros) por construír. El
costo presupuesto para las últimas asciende á $ 50.892,9·P .84, por
albañilería, nivelación y puentes.
CAPITULO XVII
SUMARIO Y CONCLUSIÓN
Harrisburgo, Pensilvania, Octubre 8 de 1894.
Honorable A. J. Cassatt, Presidente de la Comisión del Ferrocarril Interconti·
nental-Wásbington, D. C.
Muy señor mío :
Tengo el placer de transmitir con ésta el Sumario y CDnclusz'ón
de mi informe, que ha tenido que posponerse hasta la conclusíón
de los planos, á fin de poder comprobar las distancias dadas.
Con esto termina mi labor en la Comisión del Ferrocarril Intercontinental.
El placer de enviar los papeles dichos, proviene, además, de
otros motivos. Doy las gracias á la Comisión y á todos los empleados
con quienes he tenido que entenderme-especialmente
al Ejecutivo,-por el honroso servicio que me ha asignado, la
extensión de las facultades concedidas para desempeñarlo, y las
gratas relaciones con todo, tales como no han sido i¡ualadas du-
rante mi anterior carrera profesional.
El informe pudiera haber sido más completo, á no ser por los
obstáculos de otros deberes y mis limitados alcances. Yo mismo
conozco sus deficiencias, acaso más que ninguno de sus lectores.
Pero ha sido acabado con fidelidad y lo mejor que se pudo, dadas
las circunstancias. Eso debe bastar.
Sírvase usted presentar mis salutaciones y buenos deseos al
Comandante Brown, al Capitán Steever, al Capitán Macomb, al
Teniente Kennon, á Mr. Flynn, á Mr. vVilson y á los demás empleados
del ramo.
De usted muy atento, obediente y seguro servidor.
W. M. F. SHUNK
En el plan de Jos trabajos encomendados á la Comisión, cuatro
por ciento fue la gradiente máxima y 359.3 pies (109.5 1 metros) el
menor radio de curvatura permitido. Un camino de servicio puede
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construírse sujeto á esos límites en la región explorada por el Cuernúmero
2 ; pero en algunos puntos se hallará más económico el
uso de dos máquinas y una gradiente de mayor inclinación.
El texto precedente da el presupuesto de gastos en el orden
en que se harán, parte de Sur á Norte, y parte del modo inverso.
Viendo que los otros Cuerpos calcularon los gastos de Norte á Sur,
parece lo mejor hacer el resumen de la obra del Cuerpo número 2,
sujetándome al mismo plan.
Las partidas de "Costo" se refieren exclusivamente á la nivelación,
albañilería y puentes, en pesos de oro, y para una sola línea
de ferrocarril de la entrevía común de los Estados Unidos ; es decir,
de cuatro pies y ocho y media pulgadas (1.435 metros).
PRESUPUESTO DEL FERROCARRIL
De la boca del Por/alón, Costa Rica, al paso de Caramanla, Colombia.
De la boca del Portalón, río
Millas Kilómetros $
Savegre á David, vía valle de Brus,
al Este del río Diquis .................. 209.60 337.31
De la boca de Portalón, río
Savegre á David, vía las colinas de
la base de la cordillera, al Este del
río Diquis ................................• 197.00 317.02
De David á Panamá ............ 274.40 441.59
Total de la alternativa de Brus ... 484.00
Término medio por milla, 18,525
Término medio por kilóm.,. · r r,5 1 1
Total de la alternativa de lasco-linas
de la base de la cordillera ..... 471.40
1 érmino medio por milla, • 18,643
Término medio por 1-ilóm.,. • 11,574
De Panamá á Y avisa ............ 172.74
Y avisa á Riosucio ................ 105.00
De Riosucio al paso de Cara-manta
..................................... rg5.8o
Total de Panamá á paso de Ca-
758.61
278.00
r6g.oo
316.70
ramanta ................................... 474·54 763.70
Término medio por milla, $ 26,888
Término medio por kilóm., $ 16,708
Agregado de la boca del Portalón
al paso de Caramanta por la
vía de la alternativa de Brus ......... 958.54 1.542.60
Término medio por milla, $ 22,666
Término medio por kilóm., $ 14,084
4.123,420
4·657,280
8.780,700
3.614,000
3·350,000
5·796,1 10
12.76o,II
21.726,230
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Boletín Militar de Colombia
'- 68g _)
De Carlagena al paso de Carama1lla,
Colombz'a
De Cartagena al río Cauca,
cerca de Cáceres........................ 244.10 392.82
Del río Cauca, cerca de Cáce:-
es, á Medellín..... ... ... .. ... .... .. .... r28.oo 206.oo
~ De Medellín al paso de Cara-manta,
vía del valle de Sinifaná.... 78.60 126.49
.. Total de Cartagena al paso de
Caramanta ............................... 459.70 72.5..32
1
Término medio por milla, $ 24,445
Término medio por kilóm., $ 15,190
Paso de Caranzanla, Colombia, á
Quilo, Ecuador
Del paso de Cararnanta á Cali 2 r 3.50 343·59
De Cali á Quito................... 49 r.oo 790. r 7
Total del paso de Caramanta á
Quito ...................................... 704.50 1,133·76
Término medio por milla, $ 29,07 5
Término medio por kilóm., . • r8,o67
Gran /ola!. Línea prt'ncipal
4·7I3,g00
3·672,568
2.631,179
11.017,707
4.67g,88o
15.803,400
De boca del Portalón á Quito 1,663.04 2,6¡6.36 42.2üg,510
Término medio por milla,. 25,380
Término medio por H16m., · 15,77 r
De Cartagena á Quito ......... r,r55,20 1,85g.o8 3L500,987
férmino medio por milla, , ' 27,268
Término.medio por kilóm., 16,944
RA.l'liALES
])e Mtdellfn'4'á la cumbre de la Qu/tlra, al Oeste de .Bolívar, por la vía
~ dtl valle de Sz!rlfami
Millas Kilómetros $
De Medellín á las cercanías de
la quebrada 'Margallo ................... 48.6o 78.21 1.955,250
De la quebrada Margallo á la
boca del río an Juan .................
Del río San Juan á la Quiebra,
7.00 11.27 157,780
radien te normal.. ... . ................. 28.70 46.19 l. 154,750
Total ........................ 84.30 135.67 3.267,780
~ iElliE IV-TOMO I-44
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Boletín Militar de Colombia
'--690-'
.De Medellín á la cumbre de la Qmebra,
vía de J?redonia
De Medellín al paso de Cara-manta
.......•..................... ... ... . 51.60 83.04
Del paso de Caramanta á la
boca del río San Juan.................. 23.00 37.01
De la boca del río San Juan á
la cumbre de la Quiebra.............. 28.70 46.19
Total........................ 103.30 166.24
Término medio por milla, $ 40,31 1
Término medio por kilóm., $ 25,049
2.4gi,20Q
518,140
1.154,750
4.164,090
Suponiendo la línea principal constru(da en el río Cauca, al
Sur del paso de Caramanta, las partidas intermedias del costo en los
dos presupuestos anteriores deben cancelarse, por quedar formando
parte de dicha línea principal.
De Cartago á .Ambalema, via del pas{) de Quzttdío
Díganse............ 1 30 millas, 209.2 kilómetros, $ 4· 184,000.
Término medio por milla, $ 32, 186
Término medio por kilóm., $ 20,000
De Popayán á La Plata, sebre el Alto Magdalena
Díganse ............ 100 millas, 161 kilómetros, $ 4.ooo,oco.
Término medio por milla, $ 40,000
Término medio por kilóm., $ 24,356
Escasean las ilustraciones de nuestros estudios á causa de un
accidente en que un inesperado golpe de luz echó á perder 14S.
películas, gran pérdida, porque las vistas se escogieron con especial
referencia á. la topografía y vegetación del país.
Fuimos de Cartagena á Costa Rica en el vapor Athos, de la
línea Atlas, y después tuvimos la buena suerte de regresar e
el mismo barco. Es un pequeño mundo de industria, admirablemente
reglamentado y bien servido desde Capitán hasta Fogonero,
limpio de popa á proa, como las lecheras de la vieja Polly Reinhait,
que para elogio es decir mucho.
Cierro estas páginas con los cumplidos que merecen mis camaradas.
No me olvido de cuanto merece William Hilton, el ne
gro de Jamaica que tuvimos de cocinero. Se unió á nosotros en.
Guayaquil, habiendo sido recomendado por el Cónsul General Sorby,
y nos acompañó hasta nuestro destino final. Puede servir de
intérprete en fr<.S.ncés, español é inglés; es excelente conocedor de
caballos y arriero de primera clase, es decir, diestro en empacar
y cargar, y hábil para manejar las mulas. Como cocinero en
campaña no tiene superior, y, además, es un mayordomo de
toda confianza. Le conseguímos otro empleo antes de nuestra par-.
tida final de Cartagena. La Comisión de Ingenieros que vaya por
aquellos lugares se puede contar feliz al obtener los servicios de
William Kilton.
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Boletín Militar de Colombia
'- ()s) l ...J
Séame permitida una p a labra sobre Apolinar Cintero, e
muchacho indio español de Chocontá, en Cundinamar ca, quien nos
acompañó hasta Cartagena. Tiene 15 años, es inteligente, modesto
y valiente. Le recibímos, á falta de otro mejor al principio, y le
conservá.mos hasta lo último, como uno de nuestros más fieles adjuntos.
Ojalá le proteja algún buen ciudadano. Ahorró cien pesos
para su madre, mientras estuvo con nosotros, y todos contribuímas
á escote á los gastos de su regreso, á fin de que pudiera ponerl
os íntegramente en sus manos. ¡ Que el Angel de la Guarda
vele por mi joven Apolinar 1
Mr. James Parker, de Nueva Jersey, tuvo que vencer dificultades
entendiéndose en lo referente á nuestros desembolsos y las-.
cuentas respectivas. Reúne todas las condiciones posibles de talento,
experiencia, idoneidad y honradez acrisolada. En gran parte
se le debe el buen éxito de nuestra misión.
Los trabajos de campo se hicieron bajo la dirección de Mr ..
J. D. Garrison, de Tejas, Principal Asister,te, después de hacer dimisión
Mr. Burgess y Mr. William J. O' Connell, del Distrito de
Colombia, Asistente Topográfico. Cada uno de ellos con la competencia
apetecible para reemplazarse uno á otro; cada uno maestro
en su género especial, fiel, hábil y enérgico, pero de diferentes temperamentos;
de manera que el firme y deliberado tejano y el brillante
y excitable irlandés, tenían, de vez en cuando, sus emulaciones
y divergencias sin consecuencias, y que siempre nos divertían.
Iban aparte, pero empujaban de consuno el mismo arado, á la.
manera que lo hacen dos buenos bueyes, y lo llevaban más llanamente
y daban por resultado un surco más recto y más hondo,
acaso con motivo de tales desviaciones. No se crea que había discordia
por tales discrepancias, sino más bien la especie de variedad
que asegura la concordancia. Siempre alertas en el calor y el
frío, en tiempo nublado ó sereno, como la estrella de Goethe, sin
prisa pero sin descanso (unhasling, mzreslmg). En un día de buenas
condiciones;en Veraguas,hicieron la mensura de 18.25 millas (29.37
kilómetros), y en 21 días de trabajo, con todas las condiciones fa
vorables, completaron 28.S millas (46o.25 kilómetros), dado un
término medio de 13.6 millas (21.89 kilómetros). A los excesivos
esfuerzos de dichos caballeros debe la Comisión lo mejor de la
.obra del Cuerpo número :¡,
-----~-----
TÁCTICA DE LAS TRES ARMAS
POR EL GENERAL KESSLER
(Traducció n del Mayor D. José II. Rossendi)
E 1PI.EO DE LAS DIFERENTES AIUfAS
Arlz'llería.-La artillería es otra arma auxiliar de la infantería,
á la que no presta su concurso sino en el momento de la lucha,.
fuera de la cual es más bien un embarazo.
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Boletín Militar de Colombia
\_ 6g2 _.)
En virtud del alcance de su tiro, la artillería comienza el ataque.
En la defensiva, como en la ofensiva, abre el fuego desde el
momento en que distingue netamente un objetzvo.
Es cerca de ella y bajo su protección como se concentra la infantería,
á la cual facilita las maniobras y la marcha avanzando.
Las formas y los obstáculos del terreno limitan las posiciones
susceptibles de ser ocupadas por las baterías; por consiguiente, la
artillería tiene que elegir primeramente su situación de combate,
y por ende al rededor de ella se agru¡.>a la infantería, para la cual
todos los terrenos son accesibles.
Bien entendido que es el Comandante general quien determina
las posiciones que debe ocupar la artillería; pero la elección
del emplazamiento particular de las piezas, por el punto de vista
técnico, es siempre atribución del Comandante de las baterías.
En la artillería se ha manifestado, durante mucho tiempo, una
tendencia análoga á la que había prevalecido en la caballería, es
decir, buscar la lucha con la artillería contraria, y con este fin colocar
en la cabeza de las columnas el mayor número posible de
baterías, para asegurarse desde el princi¡.>io la superioridad.
i no hay un peligro, hay por lo menos grandes inconvenientes
en exagerar la cantidad de artillería que se hace marchar á la
cabeza ; el peligro es aventurar las baterías, sin protección suficiente,
demasiado lejos del grueso de la infantería; el inconveniente
es que se arríe ga el no poderse situar como se debe todas las
batería de que se dispone.
El n ímt~ro de baterías que pueden empeñarse desde el comienzo
de la acción, depende de la e.·tensión del frente á batir;
pero d pe 1d también, en cierta me ida, de la xtensión d los siíos
que s pue l y se debe ocupar.
'i se coloca en la cabeza un número e ·ce iv de baterías,
cuyo empl o inmediato no se precis , están expuesta á no encontrar
_ituación fa vorablc para instalar e provision ]mente, sea n po-ición
de •i:,ilancia, sea en pdsición de e p ra. E tas eber·'n quedar
inactiva detds de puntos abrigados ue podrían e:- utilizados
y ocupados por la infantería á medida que llegara, lo que sucedería
i se mantuviera una repartición racional de estas,armas. Lo
contrario hace que un arma usurpe 1 lugar de la otra.
P ner á vanguardia el mayor ntímcro posible de baterías tiene
á menudo p r efecto privar á las divisiones de la artillería que
les corresponde. El procedimiento no es de recomendar, pues las
divisiones no verán más su artillería, y el General de Divis1ón no
di pondrá, por tanto, del potente elemento que debe prepa rar la
entrada en línea de sus regimientos j e tará privado del material
constitutivo de su división, con el que daría más valor á la intervención
de la infantería en la lucha.
La artillería divisionaria, que s el punto de apoyo de la infantería
de la División, no podrá jugar el papel de preparación y
de protección que le incumbe, si se la sustrae, atmque sea momentáneamente,
á la autoridad del General que manda la División de
infantería.
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Más que nunca, la División de infantería debe formar un cuerpo
táctico compacto, del cual hay peligro en dislocar los elementos,
sobre todo en el momento de la entrada en la línea de batalla.
Para la artillería como para la caballería, su verdadera misión
en la guerra no está en buscar desde los comienzos una lucha
aislada contra su propia arma.
"Una vez esta lucha terminada (la aislada), dice el Reglamento
del 28 de Mayo d .. 1895 en su artículo 135, la artíllería no
debe tener más que un fin, y es el de apoyar, cueste lo que cueste,
material y moralmente, á la infantería en los períodos sucesivos
del combate."
¿Para qué reconocer que la lucha de la artillería se termina?
Sucederá rara vez, por no decir jamás, que la artillería de uno de
los beligerantes sea completamente reducida al silencio.
Es exacto ::¡u e el fin que se propone la guerra es la destrucción
de las fuerzas organizadas del adversario, es decir, poner á
sus ejércitos fuera de concurso, hacer que no sean ya temibles,
para permitir al vencedor dictar las condiciones de la pa7.. Pero
no está probado que se llegará á tal resultado de la manera más
segura buscando el batir sucesivamente las partes constitutivas de
los ejércitos, la caballería en primer lugar, la artillería en seguida.
Solucionar la cuestión así, no es lógico sino estando seguro del
triunfo en lo empeños parciales.
La infantería tiene necesidad de la poderosa ayuda de la artillería
para salvar la zona batida por los fuegos. Esta ayuda será
insuficiente si las baterías son expuestas de antemano en un duelo
de artillería en el que, quedando á retaguardia la infantería, no
puede sacar ninguna ventaja inmediata.
La artillería á que s di-era como mi ión primordial hacer
callar el fueg de la~ piezas del enemigo, e taría obligada á suponer
que encontrará un terreno que le permita de plegar un número
de baterías uperior al de la del adversario. E to no es siempre
posible, y lo contrario es lo común.
¿ Por qué, entonce-, pri \ arse de antemano ele la ventaja de
ocupar con la infantería las partes del terreno que no puede utilizar
la artillería ?
De los razonamientos precedentes podemos concluír que no
es prudente ni racional colocar por principio la masa de la artillería
en la cabeza de la columna.
Nuevas tendencias se manifiestan en la artillería desde que
ha sido puesto en servicio el material de tiro rápido; son debidas
principalmente á la potencia y á. la rapidez del tiro que permiten
obtener, con un número limitado de baterías, resultados que no se
obtenían otras veces sino por la convergencia de los fuego de un
gran número de baterías.
La necesidad de facilitar la marcha progresiva de la infantería
desde los comienzos de la acción, y de apoyar sus ataques, esta
corroborada en el último nuevo Reglamento francés, con la convicción
más absoluta; y la economía de las fuerzas está admitida en
principio con la recomendación de no emplear, aun en la lucha de
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la artillería, sino el número limitado de elementos que se juzgue
necesario para sostenerse 6 para dominar á la artillería del
adversario.
En resumen, la lucha de la artillería no se debe buscar en todas
las circunstancias como el principio del combate. Darse este
primer fin conduce á menudo á elevar prematuramente y á privar
á. una parte esencial de la infantería del apoyo inmediato de la
artillería, sin la cual sus esfuerzos son estériles y ~us sacrificios
inútiles.
La lucha no se divide en trozos sucesivos y escalonados, sin
trabazón : primeramente, combate de las caballerías, lucha de la
artillería en seguida, y para terminar, combate de la infantería.
No : la batalla es una, y es la infantería quien la lleva, dirigiéndola;
todos los esfuerzos de la caballería y de la artillería deben tender
hacia un fin único : favorecer la marcha y los éxitos de la infantería
por una cooperación activa, eficaz y continua.
Itifanlería.-La infantería juega en el combate el papel principal;
es el éxito de la infantería lo que da la victoria. Las armas
.que le son añadidas, tienen por misión facilitar su tarea.
La caballería escolta á la infantería y la conduce al terreno
de la lucha, dándole la seguridad que precisa para conservar su
vigor y su moral intactos, hasta que empiece la lucha propiamente
dicha.
La artillería rompe los obstáculos materiales que levanta la
resistencia del enemigo, y favorece as( la marcha penosa de la infantería
en toda la extensión de la zona que separa á los adversarios.
La táctica de la infantería es simple : se da como fin en la
ofensiva la ocupación de las posiciones enemigas, que es la verdadera
sanción del triunfo.
Desde el principio del empeño, todo el interés del asaltante
-está en ganar, avanzando rápidamente, terreno para acercarse lo
más posible á la línea enemiga. Cuanto más se acerque, mejor se
~endirá cuenta del efecto producido por sus fuegos, mejor juzgará
el momento oportuno para lanzar sus tropas al asalto cuando haya
obtenido una superioridad efectiva.
E.l primer problema consiste, por tanto, en llevar frente al adversario
y á distancia conveniente, una línea de fuego de intensiad
superior á la de la defensa.
El Reglamento de maniobras da para salvar las zonas bati-
das, disposiciones de marcha destinadas á responder á dos necesidades:
evitar las pérdidas y conservar la facultad de luchar instantáneamente,
por el fuego, cuando no .res posible que continúe la
marcha avanzando.
Para atenuar los efectos mortíferos de las armas nuevas se
.ha buscado dar más flexibili~d y tenuidad á las formaciones, haciendo
variar, según los expenmentos de polígono, sea la distancia,
sea los intervalos, sea la misma disposición de marcha de los elementos
de infantería.
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Pero, por más que se haga, toda formación visible para el
•enemigo ofrecerá un blanco que provocará el tiro de su artillería,
-y la potencia del tiro del nuevo material es tal, que producirá, aun
·sobre las líneas más débiles, una merma muy superior á las pre
·visiones antiguas; esta disminución de combatientes, produciéndose
durante un tiempo siete ú ocho veces más corto que antes, dará
también por resultado una depresión moral suficiente para aflojar
todos los vínculos de la disciplina.
Basta que una batería de la defensa vea claramente, más 6
menos á 3,000 metros, un batallón en formación de combate, para
hacerle sufrir en algunos minutos una pérdida aproximada al cuar ..
to de su efectivo. 1
Si las disposiciones de combate de la infantería recomendadas
por el reglamento ofrecen tal vulnerabilidad á las grandes dis-
· tancias, ¡qué pensar de los procedimientos usualP.s en las grandes
maniobras, donde frecuentemente se ve dar el asalto con líneas
densas, de varios hombres de profundidad, sostenidas á poca dis-
tancia por batallones en columna 1
Se puede objetar que las grandes maniobras no pueden dar
·la imagen fiel de la guerra, puesto que conducen fatalmente á cada
partido á llenar el programa en todo, á la exhibición y á satisfacer
á los espectadores.
Las tropas habituadas á la práctica del terreno de los ejercicios
quedan conservando los intervalos, las distancias, la dirección,
y aun se hacen ver á propósito, no obstante las expresas recomen-
daciones que les son hechas todos los años, de avanzar siempre al
abrigo de las quiebras del terreno.
En realidad, la intensidad del fuego haría renunciar con
·rapidez á procedimientos tan defectuosos que no resistirían ni á
·la primera aplicación que de ellos e hiciera.
Desgraciadamente, las enseñanzas de la guerra se pierden
pronto, y en un ejército que no la hace, la enseñanza dogmática es
la que acaba por predominar.
Después de 1870 los jóvenes Oficiales se han dado con entu-
~ siasmo al estudio de las campañas de Napoleón, reprochándose á
la anterior generación el haberlas ignorado; seducidos por los éxitos
de esa grande época, han adoptado las formas tácticas sin tener
en cuenta, como es debido, la diferencia de armamento, y se
.ha creado poco á poco una escuela nueva, aconsejándose las for.
macioncs densas, no solamente para las marchas y maniobras que
preceden la acción, sino para el mismo combate.
Toda una terminología militar se ha implantado en la enseñanza
moderna, que pretende encontrar ahora fórmulas que garanticen
el éxito, y que se complace en el uso de expresiones de
efecto, como : tropas de choque, masas de maniobras, &c.
La influencia de estas tendencias se ha hecho sentir en las
modificaciones expenmentadas por los reglamentos de maniobras.
El reglamento de 1875, elaborado por oficiales que conocían
la guerra, había con cuidado eliminado de la zona batida toda
formación compacta; afirmaba la imposibilidad de moverse en
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o r den cerrado bajo el fuego, y lo más que admitía en el combate
del batallón era la intervención, en el momento del asalto, de la
última compañía de reserva unida 6 compacta en la mano de su
jefe.
El Reglamento de 1884, modificado en 1894, entra en una vía
nueva : recomienda el empleo de pequeñas columnas como formación
para las tropas de tercera línea en el momento de dar e!
asalto.
Hoy día las enseñanzas del pasado están completamente olvidadas,
y ciertos tratados de táctica de infantería, haciendo revivir
procedimientos antiguos-reconocidos impracticables por los experimentos
de las últimas guerras,-llegan á considerar la columna
como una formación de combate posible para las tropas llamadas
dt choque, que son las que dan el ataque decisivo.
El fuego, con su brutal realidad, pondrá pronto las cosas en
su lugar, y hará disiparse como humo todas estas bellas teorías
sobre el empleo de las masas.
Los oficiales que no han hecho la guerra admiten de buena
fe que una tropa enérgicamente mandada, debe allanar todos los
obstáculos; ignoran que el fuego, á más de las pérdidas que ocasiona,
ejerce una acción deprimente tanto más intensa cuanto
las pérdidas sufridas se producen más rápidamente.
Prescindiendo de la prueba de la rapidez del fuego, basta
comparar las épocas por el punto de vi ta de la potencia de los
armamentos, para reconocer que los procedimientos tácticos de las
guerras del Primer Imperio son impracticables en nuestros días,
pues una de dos: ó bien el defensor, aniquilado por los fuegos del
ataque, habrá abandonado todas su posiciones, y ntonces la entrada
en línea de gruesas masas para ocuparlas es imítl, ó bien el
defensor habrá podido mantener en buena situación algunos fusiles
y cañones que detendrán de golpe )as columnas de a alto; Jas
compañías de primera línea tal v z lleguen á la po ición enemiga,
pero las columnas compactas que las siguen, lejos de aportar un
refuerzo, que quizá no sea necesario, podrían producir el desorden
general, tal vez el desastre, por el número asombroso de baja_
que sufrirán.
Del examen razonado de las consid raciones que preceden,
se pueden sacar las conclusiones siguientes :
1. .. Las disposiciones del combate, dadas por el reglamento
de maniobras, son demasiado vulnerables para ser empleadas en
las partes del terreno batido, visibles por el enemigo;
2. 0 Los terrenos descubiertos, completamente llanos 6 desprovistos
de toda ondulación, son desde hoy en adelante prohibidos
á l a infantería.
El problema consiste, por co:1siguiente, en el ataque, en hacer
aumentar progresivamente las tropas de infantería bajo el fuego
de la defensa, en condiciones tales, que conserven durante los cuatro
kilómetros de la zona batida que tiene que recorrer, una fuerza
moral suficiente para triunfar de las últimas resistencias del enemi~o .
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El medio práctico es hacerlas marchar al abrigo de la vista
del enemigo, para que así éste esté privado de medios para reglar
su tiro.
Es cierto que es lento el avance cubriéndose; pero vale más
emplear dos horas en acercarse al enemigo un kilómetro sin haber
sufrido bajas, que salvar la misma distancia en quince minutos,
después de haber perdido el cuarto de su efectivo.
Se dice también que el avance cubriéndose trae la dislocación
táctica; mas debe tenerse presente que, en terreno quebrado ó cortado,
no es posible que haya formación táctica absoluta : las disposiciones
del Reglamento deben abandonarse, y la infantería avanzar
en las formaciones de marcha más favorables para sustraerse
á la vista y á los tiros del enemigo.
En la zona batida, propiamente hablando, no hay más táctica
de infantería; la verdadera táctica se resume en el ¡'Seguzame! del
jefe.
Es incunvencia del Jefe elegir los procedimientos que le parezcan
mejores para co11jormar las fonnacümes al tcneno, sin preocuparse
de las vueltas, revueltas y retrocesos momentáneos que
impondrá á su tropa, de los alargamientos que resultarán de la duración
del trayecto, y de los cambios laterales que separarán por
un instante á la tropa de la verdadera dirección. .
Una infantería que así camina, cubierta, llevada hasta 400
metros de la posición enemiga, habiendo experimentado pocas bajas,
ó ninguna, estará en buen estado en manos de sus Jefes. En
plena posesión de su energía física y moral, se encontrará en las
mejores condiciones para dar el asalto, después de haber lanzado
una lluvia de fuego sobre las posiciones enemigas.
Recapitulando, para la infantería hay menos necesidad que
para las otras rma , de formaciones de mar ha y de disposiciones
tácticas determinadas, destinadas á responder á los diferentes
casos que pueden presentarse en la guerra.
El jinete, ligado á su caballo, no tiene más arma que el choque
; el artillero, clavado á su pieza, no posee más que el fuego.
No pueden, ni el uno ni el otro, luchar ai ·Iadamente; para producir
un efecto útil en el combate, es necesario, cada uno en su medio,
reunir e por grupos y combinar sus esfuerzos en una acción de
conjunto que justifique la necesidad de una disposición consagrada
por el Reglamento.
La misma obligación no existe para el infante, el que en sí
mismo es un combatiente completo, en el cual la individualidad
constituye su principal fuerza; y es á desenvolver el individualismo
del soldado á lo que debe tender la instrucción en tiempo de paz,
exaltando la moral del hombre para acrecentar su propia confianza;
á hacer comprender al infante que por su movilidad, su
iniciativa, su habilidad para aprovechar las quiebras del terreno,
puede, á pesar del vigor de la defensa, acercarse al enemigo á una
distancia bastante corta para verlo de frente, abrumarlo con su
f'.lego y apreciar el valor de las circunstancias para dar I golpe
recto á fondo.
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Se quiere, y con razón, desarrollar la iniciativa individual del
simple soldado.
Es necesario también guardarse de limitar ó encadenar las
jerarquías, estrechándolas en las rígidas fórmulas de un reglamento
del cual no les es permitido salir.
La libertad individual que es indispensable dejar al infante,
debe extenders~ en esta arma á todos los jefes de unidades subalternas-
á los Capitanes en primer lugar,-quedando autorizado
cada uno de ellos para apropiar las disposiciones de marcha y de
combate de su tropa respectiva al terreno que tiene que recorrer
y conquistar.
Es al Jefe superior á quien corresponde velar por mantener
las nirecciolles, fijar los objetivos y la convergencia de los esfuerzos.
Nuestros diversos reglamentos de maniobras están todos inspirados
en la antigua táctica lineal, que hacía de la línea desplegada,
rígida y continua, la base de la formación del combate de
la infantería. No obstante las modificaciones sucesivas que han
tenido por fin dar más tenuidad á las formaciones, siempre se mantiene
el contacto estreeho de las unidades de combate, la yuxtaposición
de los diferentes elementos, de modo de presentar en la
ofensiva una línea continua de asaltantes.
Esta rigidez de las formaciones no es ya necesaria, y se puede
señalar que el aumento continuo de la precisión y del alcance de
las armas, debe tener por consecuencia lógica un aumento correspondiente
en la libertad de maniobras de las unidades de combate.
Hace un siglo, la infanterfa, armada con fusiles cuyo alcance
no pasaba de 100 metros, estaba obligada á combatir como tabla,
alineada y rígida, manteniendo con cuidado el conttcto, y hasta el
tacto de codos de todos us elementos ; un intervalo de soo á 6oo
metros que hubiera interrumpido la línea, habría permitido á un
enemigo hábil deslizarse en este intervalo y maniobrar para batir
sucesivamente los dos trozos de la línea, que no podían prestarse
mutuo apoyo por el fuego.
Con armas cuyo alcance eficaz llega á 2,000 me tros, una maniobra
tál no es posible. No es sino en los campos de instrucción,
en las grandes maniobras, donde son permitidas fantasías d e este
género.
Puédese concluír que ya no hay inconvenientes en extender
hasta cerca del alcance máximo de las armas los intervalos que
separan las gruesas unidades de una tropa, con la condición de
que los intervalos sean vigilados por exploradores que iluminen
todas las situaciones, y dispuestos de tal modo, que ninguna tropa
enemiga pueda deslizarse inadvertidamente por los pliegues del
terreno de los intervalos.
Se comprueba todos los años, en el curso de las maniobras,
todo lo mal asegurado que está el servicio de verdaderos exploradores,
hecho con ~olo hombres á pie, por sagaces y andarines
que sean.
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El infante aplastado por el peso de mochila y municiones, no
es propio para ejercer una vigilancia eficaz en una zona extendida
-cuya exploración le es confiada.
Es toda vía menos propio para transmitir rápidamente y al
través de todos los terrenos, una indicación importante al jefe G.e la
.tropa de quien depende. Para obviar esta insuficiencia del servicio
de descubridores, se destaca á menudo en las maniobras, agregados
á cada regimiento de infantería, dos ó tres jinetes que han
prestado siempre excelentes servicios; pero esta medida tiene el
inconveniente de recargar á la caballería divisionaria, cuyo servicio
propio es bastante penoso.
Sería preferible dotar á cada regimiento de infantería de un
grupo de jinetes denominados descubridores, montados en caballos
de talla pequeña; no se trataría de hacer de estos hombres
jinetes impuestos de todos los principios de la equitación, sino
hombres de infantería que recibirían su instrucción especial en el
regimiento y la compañía á la cual pertenecieran, lo mismo que
sus caballos. Estos últimos serían elegidos entre los caballos de
poca alzada que no utiliza para sus remontas la caballería ; llevarían
la carga en una silla cómoda,especie de albarda que tampoco
implicase para la infantería transformar sus descubridores en combatientes
á caballo.
Esta organización, cuyo génesis no es nuevo, ha sido puesta
~n práctica en Argelia y en algunas expediciones lejanas, donde
ha rendido servicios excelentes *; pero para sacar de ella todo
el fruto esperado, á fin de cubrir á lo lejos las tropas de infantería,
en el combate, en posición de espera, y asimismo durante la marcha,
es necesario limitar el empleo de estos hombres montados al
servicio stu' ghurú, para el cual recibirían la instrucción como los
e.·ploradores de á pie, instrucción dada en la compañía misma á la
que pertenecieran, y no hacer con ellos grupos ó unidades combatientes
destinadas á llenar otras misiones.
Estos exploradores serían en el regimiento especialistas individuales
con el mismo título que los ciclista o:;. Su número podda ser .
limitado al 'principio á dos por compañía.
El regimiento de infantería tendría as( garantizado un servicio
de verdaderos individuos que acla!·arían las situaciones, dándoles
la libertad de movimiento preciso para aprovechar en su camino
todos los repliegues del terreno, sin estar pensando en conservar
con las unidades vecinas un contacto permanente, el que no se
obtiene sino en detrimento de la flexibilidad del movimiento del
conjunto.
• Los descubridores serán agregados á la infantería, puesto que la peque.
ñez de sus caballos los hará poco propios para las cargas de caballería .•..• Si
agregáis un puñado de desct.lbridores á cada División de infantería, es necesario
que estén montados en caballos de los cuales la caballería propiamente dich~
no se sirve ...... La pequeñez de tales caballos no tentará á los Generales de ca.
ballería. (Mtmorias dt Nap1lt6n, escritas por Montholon ).
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'- 700 ....J
,
ING:ENIERIA Y DIVERSOS SERVICIOS
La expre5ión " táctica de las tres armas," por la que se desig-- .
na la acción combinada de la infantería, de la caballería y de la
artillería en el combate, ha sido interpretada de continuo en un
sentido estrecho, dejando suponer que los soldados de estas tres.
armas eran los únicos que tenían el privilegio de ser designado
con el nombre de combat/entes,
El arma de ingeniería, cuyo concurso es tan útil en la guerra
de campaña, adquiere cada día influencia preponderante, sobre
todo en la guerra de sitio ó de posiciones; ella lucha, por su
trabajo, con peligros iguales á los que arriesgan los soldados de
las otras armas ; los zapadores son combatientes con el mismo título
que los infantes, los jinetes y los artilleros.
En virtud de la profundidad de la zona batida por los nuevos
armamentos, se puede decir casi lo mismo de los soldados de todos
los servicios, y en realidad no se les puede rehusar el título de
combatientes por la única razón de que están en la penosa situación
de soldados que reciben golpes sin tener la satisfacción dedevolverlos.
Tal vez precisen más serenidad de alma; y todos son
los miembros de un organismo que, desmembrado, sería ineficaz
para un efecto útil.
Conlz"mí.a
(De la Revista dd BoldÍ11 Afilitar Je Bucnosaires)
Variedades
PEREGRINACION DE ALPHA
POR :MANUEL ANCÍzAR
(Continúa)
¡ Notables contrastes !-El pueblo llano de Piedecuesta es músico
y poeta; y el pueblo encumbrado, antiguamente llamado clase
alta, no es poeta ni músico: entre el pueblo llano hay tertulias y
serenatas; entre las familias de rumbo, que por fortuna son pocas,.
faltan lo uno y lo otro con tal exceso, que viven aisladas, reducidas
á fumar solas sus tabacos, y entregadas á tristes rivalidades
que les imposibili.tan cualquier diversión, pues al punto que alguna
se proyecta, comienzan á averiguar si se han convidado señoras
de prz'mera ó de segunda, clasificándo.5e así ellas mismas, como si fueran
andullos de tabaco, y resultando á la postre que no pueden
reunirse, ó apenas se juntan por rareza en número suficiente para
formar un baile vacío y glacial-¡ Miserias humanas, en que la.
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-vanidad se hace pagar con usura en aburrimiento y h oras desabridas,
los mentidos triunf~ que aconseja 1 Multitud de jóvenes
amables y agraciadas que animarían un sarao, pasan los ratos de
solaz guardadas en sus casas, 6 si salen, van sin acompañantes, cual
si formaran una tribu enemiga de la tribu de varones.
La cual tribu de varones sufre las consecuencias de esta: separación
canónica en los modales, que jamás se formarán sin e l
trato de la mujer, alma de la sociedad, y en las costumbres, que
por precisión Yan torcidas. Por ejemplo, hay en la plaza y al pie
de las rejas de la cárcel una gruesa viga tendida sobre apoyos de
no importa qué, viga monumental, objeto de la predilección y e l
entusiasmo de los señores notables de Piedecuesta. Llámanla El
Palo, y su historia y vicisitudes se conservan religiosamente en la
memoria como tradición patriótica. Cuando cortaron esa viga
para una fábrica, no imaginaba los honores y confidencias que la
esperaban. Fue recibida en triunfo con música y cohetes, mejor
que si se hubiera tratado de la instalación de una escuela de niñas,
y colocada en el Jugar que ocupa, comenzó á sufrir el peso
de una docena de concurrentes que sobre ella se sientan desde
que declina el sol, sacan la mano derecha por la abertura de la
ruana, conserYada como signo de progreso, 'apoyan la barba y se
están callados hasta que alO'uien pasa en mal hora por enfrente.
-Bonita mula lleva D. Ca imiro, dice uno de los tacitur,nos.
- f, replica otro, pero tropieza de las manos.
-Y toda vía la debe, añade un terc ro desperez:ínclose.
-¡Hombre!, yo no saLía tanto; aunque es verdad que, según
afirmaban sta mañana, Ca imiro está para quebrar.
Y sigue la corredera por este orden, e hanclo á la plaza cosas
ue 5i perjudican al pobre D. Ca imiro, de ficio comerciante, no
hacen menor s daños á lo y á las que le siguen en la despiadada
revista.
¿Qué rueba e to '?-Que el hombre atareado, corno lo son
los d Pied ~cuesta, cuya la orio idacl e pr verbial, necesita de
algunos momentos de desean , necesita del·ajcno trato, para trocar
sus ideas con otro; y cuando falta la cordial y cuotidiana comunicación
con la mitad civilizadora de la soci dad, hay que echar
mano de cual uier asatiempo del Lillar, del R1lo, de esas distracciones
que paulatinamente van mermando las ideas y empobre.
ciendo 1· inteligencia, en t 'rminos que al salir despué para otros
lugares meno. ingratos, nos asombramos de nuestro insensible, irreparable
retroceso moral.
Piedecue~ta, por la naturaleza de las cosas, debe ubir mucho
en la e. cala de las ciudades cultas; y su irá pronto si los vecinos
de ilustrat:ión con que ya cuenta, en vez de dejarse. arrollar por
]a corriente de las costumLn.:s añejas, toman á pechos las reformas,
borran las di::,tincion12s necias entre hijos de una madre común, fomentan
la mtÍsica y 1 s buenas reuniones, y crean fervorosamente
-casas de educación, como lo ha querido la Cámara de Provincia,
puesto que nada significan en una población de casi 15,000 habitantes,
87 niños y 14 niñas aprendiendo á leer y escribir en 7 po-
IA NCO E LA PU U
OT,.
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bres escuelas, únicas con que se honra. el distrito; ni el naci~nte
Colegio de Floridablanca producirá los frutos que de él pueden esperarse,
no obstante los esfuerzos del Gobernador Marco A. Estrada,
joven de raro patriotismo, si lo dejan abandonado y no secundan
mejor que hasta hoy su noble empeño por la educación pública.
XXXI
La Mesa de Juan Rodríguez, punto culminante de la serranía
que al Oriente del cantón de Piedecuesta le sirve de límite con elterritorio
de Pamplona, mide 3,050 metros de altura sobre el nivel
del mar, formando una cortadura batida por los vientos helados
del páramo de Tona, que le demora lejos al Norte. Atraviésalo un
camino fragoso y desamparado, el más breve para ir de Piedecuesta
á Pamplona, pero el más solitario de todos durante las 19
leguas que hay desde aquella ciudad hasta Mutiscua. Era el mes
de Febrero cuando, andadas 4~ leguas, llegámos á la cima de la
mesa. Por el lado del NO. se hunden los quebrantados estratos de
la serranía decreciente hacia Vallegrande, lleno entonces de remolinos
de niebla que ora subían, ora se precipitaban á impulso
del viento sobre la región inferior, ofreciendo la imagen del infinito
tumultuoso y oscuro, como tal vez la presentaba el caos en el
principio de los tiempos al agitarlo el Espíritu creador. Por el lado
del Norte nos muraba el espacio la mole de rocas que van á rodear
el próximo páramo de Riofrío ; al S. teníamos las húmedas
crestas de Las Ollas; al O. dominábamos por largo trecho los innumerables
cerros que bajan escalonados y revueltO!; hasta Piedecuesta,
ocultando en sus profundos repliegues las corrientes presurosas
de los ríos Hato y del Oro, cuyas cabeceras estaban á nuestros
pies; y más abajo comenzaba, recostado contra la serranía y
extendiéndose hasta perderse en el horizol:lte, un mar de nubes
densas, erizado de piCachos sobre los cuales se reflejaban los rayos
del sol, esplendente para nosotros, velado para los moradores
de la remota planicie cobijada por aquel océano de vapores inmóviles.
En el centro de este hermoso panorama, cual un tímido ensayo
de la dominación del hombre, se alza un rancho denegrido
por el humo y colmado de animales, muchachos mal traídos, y ruinas
de trastos que en absoluto desorden representaban el menaje.
El intenso frío, y sobre todo la disposición de la casa, quitan cualquiera
idea de permanecer 6 alojarse allí, por lo cual retrocedimos
sin detención á Piedecuesta. Conforme descendíamos se nos acercaba
el vc.lo de nubes interpuesto entre los valles y los páramos :
pronto nos sumergimos en él y nos hallámos rodeados de niebla
tranquilamente apoyada en el bosque, de cuyo seno brotaban mil
aromas acaso excitados por el contacto de las nubes que lo bañaban
con una tenue llovizna. Al cabo de rato dejámos el toldo nebuloso,
rasgado en algunas partes por la luz del sol que en rayos.
divergentes caía sobre las casas todavía distantes, pero visibles por·
entero desde las cumbres azules de Guadalupe, en que parece res-
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·paldarse la mesa de Jerira, hasta las sombrías montañas de Ríonegro,
Piedecuesta, Florida, Bucaramanga y Girón, con sus campos
labrados, sus plantaciones de cacao sombreadas por altivos
caracolíes, sus colinas y llanuras, sus calles alineadas, y las torres
de sus templos, que se ven sobre la planicie como los relieves de
un tablero ricamente matizado; la imaginación traza los caminos
rectos y aplanados que los venideros abrirán de unos á otros lugares,
anulando las cortas distancias que los separan, y se anticipan
los dichosos días en que los celos lugareños quedan ahogados bajo
la abundante riqueza desarrollada en esta comarca privilegiada
para la agricultura, la minería, las manufacturas valiosas y el activo
comercio á que la convidan la facilidad de tener buenos caminos
y la vecindad de ríos navegables, principalmente la del benéfico
Magdalena.
El poderoso ramal de la cordillera. cuyo eje pasa por Juan
Rodríguez, manteniéndose en la dirección general SN. hasta sub.
dividirse allá en territorio de Ocaña, presenta sus cumbres coronadas
por rocas de sedimento calizo, homogéneas en cuanto su naturaleza
lo permite, pero dislocadas é interrumpida frecuentemente
la concordancia de la estratificación. Reposan sobre bancos de
margas muy abundantes en granos de cuarzo micáceo, y accidentalmente
sobre estratos de puding-as anagénicas, como se ven al
comenzar la bajada de la mesa de Jerira, y á igual elevación en
la del mencionado ramal. El núcleo de éste se compone de blenda
y sienita granítica, según lo demuestra el interior de los socavones
de las minas de oro de La Baja y Vetas. A expensas del ramal,
atormentado en edades remotas con el choque de grandes
aguas, se ha formado el valle tendido por espacio de cuatro leguas
en la dirección SE. 0., desde el río del Oro hasta el de Suratá;
valle diluviano compuesto de enormes lechos de cantos rodados
y de arenas que lavadas producen abundantes granos de
oro de 23 quilates. Los principales lavaderos están al rededor de
Bucaramanga y Girón, de donde en 1850 sacaron 250 libras de á
100 castellanos, con el costo de 3 reales castellano, vendido después
á 22 reales, lo que representa un producto de $ 68,750, y la
ganancia neta de $ 59,375 para los empresarios; resultados que
podrían ser mucho mayores con solo aumentar las corrientes de
agua para los lavaderos, hoy mezquinas por extremo, llevando acequias
de cualquiera de los ríos vecinos, cuyos orígenes dominan
completamente el valle. La sabana propiamente aurífera mide
cerca de 3 leguas cuadradas, y la tradición, de acuerdo con las
-crónicas antiguas de Pamplona, fija el origen de las mantas de
oro en los criaderos del páramo Rico, situado entre Tona y Vetas,
distritos del cantón de Bucaramanga, sobre el cual vierte aquel
páramo la mitad de las aguas recogidas en sus cumbres y bosques.
La invasión de Pedro de Ursúa en el territorio de los Chitareros,
el año de 154.8, para fundar á Pamplona, llegó hasta Suratá,
i leguas al N. de Bucaramanga, arrollando hacia la serranía los
muchos pero tímidos indios que ocupaban aquellos territorios. Tal
vez á estos fugitivos se deben los restos de población visibles toda-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VII Serie IV Tomo I N. 22", -:-, 1903. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691224/), el día 2026-04-26.
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