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co , J1' e 'Yo o~ 1a
~ I Organo del Ministerio de Guerra y del Ejército
1 ' J'V'VVVVVVVVVVV
1 DtRECTOR AD HONOREM ! Franoisoo J. Vergara y Velasco
.., J 0 6neral de lu~cni ·ros, ~s Sociedades Científicu
.t-:-t. on colaboradores de e~ te periódico los Jefes y Oficial ·s del Ejémto
DECRETO NUMERO 146o DE 1901
(DICIX?riBRE 23)
por el cual se incorporan unas fuerzas en el Ejército de Occidente
El Vicepresidente de la República, encargado del Poder .E.Jeculivo,
DECRETA
Artículo único. Desde la fecha del presente Decreto incorp6-
ranse en el Ejército de Occidente de Cundinamarca, á 6rdenes del
Sr. General Rafael S. Restrepo, las fuerzas de la Cordz'llera, del
Departamento del Tolima, que comandan los Generales Nepomuceno
Gutiérrez y Pedro V ásquez.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 23 de Diciembre de 19(>1.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Guerra, JosÉ VICENTE CoNCHA.
TOMO n-51
AN C DE L
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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RESOLUCION NUMERO 28 DE 1901
( 18 DE DICIEMBRE)
por la cual se determina qué empleados militares tienen derecho á Orden~ m a
costeado por el Tesoro Público
El Ministro de Guerra
RESUELVE
1.0 Ningún militar que no esté en servicio activo tendrá derecho
á Ordenanza pagado por el Tesoro Público;
2.0 Ningún militar en servicio activo tendrá derecho á más deun
Ordenanza, salvo que sea Comandante de fuerzas en campaña; y
3. 0 Prohíbese terminantemente dar Ordenanzas á particulares
6 á empleados que no pertenezcan al Ejército.
Comuníquese y publíquese.
Dada en Bogotá, á 18 de Diciembre de rgor.
El Ministro, JosÉ VICENTE CoNCHA
LA DIRECCION DE I.~A GUERRA
EXPOSICIÓN SUCINTA DE SUS PRINCIPIOS Y MEDIOS DE EJECUCIÓN, PO. :EL
GEl'. 'ERAL COL1tiAR BARÓN VON DER GOL TZ
(Traducci6n para el Boldln Ahlitar)
Concluye
Emplear una plaza fuerte como punto de apoyo y como eje
para las operaciones, expone á tropezar con numerosos escollos,
contra los cuales el comandante podrá fracasar. Por esto ha tenido
razón un escritor moderno al decir que una plaza fuerte es una
esfinge, que despedaza á quien no sabe adivinar el enigma que
le propone.
Esta frase resume todo lo que nos queda por decir del último
. papel que se asigna á las grandes plazas fuertes, las cuales deberán
servir de refugio á los ejércitos batidos 6 estrechados de cerca
por el enemigo, refugio en donde deberán rehacerse, reforzarse
y proveerse de todo lo necesario, para volver á emprender sus operaciones
á campo raso. Todo esto pertenece en mucho al dominio
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~oietin ~Uitclr be ttoiombia
'- 803 _J
de la teorfa : prácticamente no es realizable en la guerra. El terrib]
e ejemplo de Metz está ahí para que no intentemos hacer el experimento.
Zonas protegidas por trincheras, las regiones fortificadas del
General Brialmont, valdrán mucho más, pues no permiten al adversario
ponerles asedio, y protegen al propio tiempo todo el espacio
interior en que debe vivir el ejército.
Nos queda por hablar del objeto de las fortificaciones destinadas
á proteger las capitales. Se podrá objetar contra ellas, que
el acometedor, que estará en aptitud de rechazar los ejércitos
hasta la capital, también será igualmente fuerte para poder tomar
esta última, y sus fortificaciones no servirán, por tanto, sino para
ganar tiempo. Pero no hay que echar en olvido que esto puede
tener alguna importancia, sobre todo si el defensor tiene la esperanza
de ser auxiliado.
Fuera de esto se presentan algunos casos excepcionales en
que la medida puede ser justificada. Por esto algunas capitales
que por razones de orden interno desempeñan un papel predominante,
y que están expuestas por u situaci6n á ser atacadas, deberían
ser fortificadas. Constantinopla, Copenhague y aun Lisboa,
están en este caso. Un enemigo que domine con su flota e] mar,
puede apoderarse de ellas mediante un golpe de mano; y así paralizaría
todo el tren del Estado y le impediría desplegar el conjunto
de sus fuerzas. En este ca o, las razones polític.as son predominantes.
La capital, si está fortificada, puede también formar
el núcleo de una defensa nacional sistemáticamente preparada.
Pero ella presentará un incon ·eniente inevitable, que una plaza de
guerra de t;:¡n grandes dimensiones ejecutará por fuerza una atracci6n
poderosa sobre las fuerzas destinadas á formar el ejército de
campaña; ella les servirá bien de punto de apoyo, pero al propio
tiempo los encadenará á ella y detendrá directamente una fracci6n
considerable para su guarnici6n. Allí también se correrá el riesgo
de ser ro ea do prematuramente y obligado á deponer 1 as armas.
Los inconvenientes serán tanto más sensibles cuanto más extensa
sea la plaza, relatiyamente al efectivo del ejército de campaña.
Bukarest podrá, par~ Rumania, llegar á ser más fácilmente causa
de un gran desastre que París para Francia.
Si se pretendiese transformar todas las localidades importantes,
desde el punto de vista de la defensa nacional, en campos atrincperados
modernos, se llegaría en breve á contar un número considerable.
Y á pesar de esto, se descubriría luégo que si las operaciones
de la guerra de campaña tomaban un sesgo inesperado,
es porque á estos campos falta justamente aquello de que se tiene
necesidad. En 1870 las plazas fuertes eran muy numerosas en
Fra?cia, y sin embargo en Orleans y en Amiens, puntos en donde
hubteran sido más n cesarias durante la mitad de la segunda cam ..
paña, no las había.
Si la plaza fuerte con campo atrincherado ha de poder servir
á un ejército de cierta importancia, deberá ser muy extensa; pero
su extensión disminuye su fuerza de resistencia pasiva, y es nece.
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eolttin 3nilitat be ~o[ombia
'- 804-'
sario aumentar su guarnición. Los sacrificios que uno se imponga
para la fortificación del país, tanto en dinero como en tropas, aumentarán
así proporcionalmente.
Se necesitaría, pues, encontrar el medio de hacer de algún
modo móvil la plaza de campo atrincherado, establecerla de manera
que una débil guarnición fuese bastante para ponerla al abrigo
de un golpe de mano. Una indicación de esta clase nos la procura
el empleo que se hace del hierro y del acero como elementos
protectores, directamente ligados al cañón*, de modo que éste
y su cubierta forman un solo cuerpo.
Es desarrollando esta idea como se llegará á. defender localidades
importantes, por medio de un pequeño número de aparatos
servidos por un grupo de hombres para formar el esqueleto de
las posiciones y de los campos fortificados del porvenir. No se las
organizará sino en el momento mismo en que la marcha de las operaciones
las haga necesarias. De este modo se podrá evitar que un
Estado mantenga en permanencia diez ó doce grandes plazas fuertes
que tengan por guarnición ejércitos enteros, para no utilizar
sino cuando más una ó dos durante la guerra, en tanto que allí en
donde haya imperiosa necesidad de una, puede muy bien suceder
que no exista de antemano.
XIV
INFLUENCIA DE LAS OPERACIONES IIARfTIMAS SOBRE LA DIItRCCIÓN DE LA
GUERRA
En el momento de la concentración de lo ejércitos, la flota,
al encargarse del transporte de las tropas, podrá prestar importantes
servicios. Sin el apoyo de sus nave~, el Imperio Turco no habría
estado en 1877 en aptitud de concentrar sus ejércitos.
En el curso de la guerra debió á su flota el poder restablecer
sus asuntos durante la campaña de estío, en la península de los
Balkanes, porque ella fue la que transportó el ejército de Suleimán
Bajá de la costa albanesa á la de Tracia.
Hemos visto, por el ejemplo de la guerra chino-japonesa, de
qué utilidad puede ser la cooperación de las fuerzas na vales cuando
las operaciones en tierra llegan á tocar la costa y cuando se
trata de conducir la empresa más adelante, 6 de establecer nuevas
comunicaciones. La supremacía en el mar permite al ejército de
tierra apoyarse sobre la costa, sobre todo punto que ofrezca un
buen puerto; ella constituye para el defensor una ventaja tan importante
como para el acometedor. Basta arrojar una mirada
sobre el mapa para darse cuenta de la importancia que hay para
Alemania en caso de guerra al Este y al Oeste, de ser dueña del
Báltico. En relación al teatro de operaciones en Polonia, los ejércitos
alemanes gozarían de una libertad mucho más ~rande en sus
movimientos, si en caso de necesidad, tuviesen latitud para reple-
• Fuertes impropiamente desi~nados con el nombre de curtflas acorataáar.
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~oretin IDlilitar be Vl.lllltnfos dt brazos.
21. Rotaci(m de brazos addanü y afrás-1-Iaccr describir á los
brazos extendidos un círculo de abajo hacia arri a 6 de arriba
hacia abajo, rozando el puño al mu lo. El instructor har:i que al
principio los recluta ejecuten este movimiento con un solo brazo,
después con ambos, y por último, un brazo para un lado y el otro
para el contrario.
z2. Retirar los codos-Levantar los brazos extendidos paralelamente
adelante, retirar vivamente los codos hacia atrá , los brazos
doblados, los puños á la altura de la cintura; llevar nuevamente
los brazos al frente y en seguida bajarlos á los costados.
23. Lanzar alternativamente los puiios al az·re-Colocar los puños
sobre el pecho, las uñas hacia adentro, los codos atrás y retirados
del cuerpo.
Lanzar con fuerza el puño derecho al frente, estirando vivamente
el brazo á toda su extensión y retirando el hombro izquierdo;
volver],) prontamente sobre el pecho y repetir el mismo movimiento
con el puño izquierdo.
24. Flexión de la dnlura adela11le (atrás)-Inclinar lo más lentamente
posible, sin apoyar las manos en la silla, lo alto del cuerpo
hacia adelante (atrás), evitando mover las rodillas de su lugar;
enderezarse en la misma forma.
25. Levantar los muslos-Levantar hacia arriba los muslos,
manteniéndolos horizontalmente y á la misma altura, las piernas y
los pies cayendo naturalmente sin tocar )a silla ni el caballo, los
hombros retirados.
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&letin !JliHtClt be <§:o(ombill
'- 822 _)
El instructor aprovecha la elevación de los muslos para ordenar
á los jinetes que se tomen con ambas manos del borren delantero
y que echen las nalgas adelante lo más que se pueda.
26. Rolacz(m de muslos-Separar la rodilla, llevarla hacia atrás
estirando la pierna, volver la rodilla y el pie hacia adentro y después
volver á colocar de plano el muslo sobre la silla.
27. .Fle:xlcm de las pzernas-Doblar la pierna cuanto se pueda
sin mover los muslos ni tocar el caballo, permaneciendo el cuerpo
recto ; inmediatamente después bajar la pierna.
28. Oscz1ar las piernas-Separar las rodillas estirando hacia
atrás las piernas, y moverlas alternativa 6 simultáneamente de adelante
hacia atrás, y viceversa, paralelas al cuerpo del caballo, sin
tocarlo y sin doblar la rodilla.
29. Levantarse sobre los pu11os-Colocar las manos inmediatamente
abajo del borren delantero, en el extremo de los bastos, con
la palma hacia abajo y las uñas mirando al suelo; inclinar el cuerpo
hacia adelante; balancear las piernas de adelante hacia atrás
y sorprender el momento preciso en que la oscilación hacia atrás
es más pronur.ciada para levantarse sobre los puños ; juntar los talones
en el aire encima de la grupa del caballo, sin tocarlo, y llevar
rápidamente las piernas á su costado.
30. Las t~j'eras-Hacer el mismo movimiento anterior, y cuando
las piernas están levantadas á su máximum sobre la grupa del
caballo, cruzarlas volviéndose sobre la silla; soltar los bastos en
el momento en qué el cuerpo se vuelve rápidamente, y quedar con
frente á retaguardia.
Iguales medios para volver al frente primitivo.
31. Perdtr l as/enlo-Se ejercita á los jinetes :
A imular una pérdida del equilibrio á derecha é izquierda y
á r stablecer la posición .:in ayuda de las manos.
A volver e atrás á la derecha y atrás á la izquierda, y á volver
al frente sin ayuda de las manos, que se colocan en las caderas.
32. Rotación de pies-Hacer ¡:-irar circularmente los pies sobre
el tobillo, sin tocar el caballo.
33 . .Flexión de pz'es-Bajar y ubir alternativamente la punta
de los pies paralelamente al cuerpo del caballo.
3-4-· Dar frente á la z'zqu/erda (dtrecha)-Levantar la pierna derecha
(izquierda) y pasarla al costado izquierdo (derecho) por
encima del cuello del caballo.
35.-Dar frente d relaguardz'a-Hecho el frente á un costado,
pasar la pierna más cercana á la grupa, por encima de ésta y quedar
montado con frente á retaguardia.
De igual manera se vuelve al frente primitivo .
.EJERCICIOS MLSCULARES SOBRE L.-\ MARCH ...
36. Para poner el pelotón en marcha, el instructor designa un
jinete instruído destinado á servir de conductor ; le hace seguir la
pista, y ordena individualmente á cada uno de los otros jinetes que
sigan en columna uno detrás de otro, siguiéndose de cerca. Tam-
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~•letin !nUitctt ~e €otfutita
'-- 823 _;
bién puede hacer ejecutar el movimiento de romper de á uno (número
47), pero sin exigir precisión ni .uniformidad ~lgy~a.
El instructor limita sus explicacwnes á los pnnc1p10~ d_e conducción
más indispensables para poner el caballo en movtmte~to y
detenerlo ; los jinetes se concretan á dejar que sus caballos stgan
á los que preceden. . . .
Cuando los jinetes comiencen á habttuarse al m~>vtn:I~nto del
caballo, el instructor les hace repetir marchando los ~Jercictos mu~culares
ejecutados á pie firme, y fija toda su atenctón en la posi-ción
de cada jinete.
Cuando los reclutas '10 manifiesten temor marchando al paso,
el instructor ordena al conductor que tome el trote, y h~ce. r~petir
los ejercicios musculares á este aire de marcha. Al prmcipiO 5e
tomará el trote á una cadencia muy moderada ; se le aumenta á
la velocidad reglamentaria cuando los jine~es hayan adquirido ba~tante
buen asiento para conservar á ese a1re de marcha una p05I-ci6n
regular. .
Se hará en seguida soltar las riendas y saltar á tierra y á ca-ballo
por derecha é izquierda y sin detenerse, lo cual contnbuye á
dar confianza y firmeza á los reclutas.
SALT.~R Á TIERRA
37· Mando:
1. 0 -Prro¿ngan t para saltar
2. 0 -A
3. 0 -Tzerra.
A la primera voz, se lleva la mano izquierda. sobre el cuello
del caballo, la palma hacia arriba y las yemas de los dedos mirando
al cuerpo del jinete ; se cruza la rienda derecha sobre la.
palm ·l de la mano izquierda, botando el extremo á este costado;
con la mano derecha se vuelve una porción de crin como para saltar
á caballo; la mano izquierda abraza riendas y crin y vuelve
el dorso hacia arriba; se apoya la mano derecha sobre el borren
delantero, el pulgar abrazándolo, los cuatro dedos restantes hacia
abajo; se desprenden las nalgas de la silla inclinando ligeramente
el cuerpo adelante.
A la voz: A, apoyar el peso del cuerpo sobre las dos manos
sacando la pierna derecha extendida por sobre la grupa, llevándola
á juntarse con la tzquierda, quedando la posición del cuerpo
y la de las piernas como en el segundo tiempo de saltar á caballo .
El instructor vigila que la pierna derecha se saque sin tocar el borren
trasero ni la grupa, que la mano derecha no se cambie del
borren delantero, y que los brazos permanezcan bien extendidos.
la voz: Tt!1 ra, sentar el cuerpo en el suelo, cayendo sobre
la punta de los pies y doblando un poco las corvas ; soltar las crines
de la mano izquierda y la rienda derecha, dar acto continuo
un paso á la izquierda ; tomar las riendas con la mano izquierda;
desde las argollas del bridón deslizándola en seguida hasta cerca
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~ • Ietin llilüat ~' €olcmbia
\.._ 824 .J
del extremo, tomar las riendas con la mano derecha y girar á. la
izquierda para quedar en la posici6n de atención firme.
:DESFILAR
38. Mando:
Desfilar á la derecha (tzquzerddJ)-MAR-( chen ).
Al mando prever1tivo se toma la posición explicada para C0:1-
ducir el caballo al terreno.
Al de MAR-(chen), girará á la derecha (izquierda) el primer
jinete; llegado á la pista, girará la misma mano del primer giro
y seguirá la pista. Los :demás jinetes giran después que lo haga
el de la derecha (izquierda).
El instructor se colocará dos pasos á la derecha (izquierda),
con frente á la tropa en una línea para lela al frente de ésta; cada
jinete: dos pasos a11tes de llegar al instructor, lo mirará libremente
á la cara; un paso después lleva la vista al frente y continúa
marchando en dirección á las pesebreras.
( Conlt'núa)
-------~-------
INFORME SOBRE EL EJÉRCITO ALElVIÁN
( ontinúa)
Los Cuarteles-Veamos ahora cómo están dispuestos los cuarteles.
Sería imposible relacionarlos á un tipo general, porque la
mayor parte son muy viejos y se han construído en circunstancias
muy diversas. Hé aquí, no obstante, cuáles son las reglas más generalmente
adoptadas para los que se construyen hoy.
Lo primero que les ha preocupado y que se ha hecho anteponer
á todas las cosas, es facz1tlar la instrucción bajo todos los aspecios.
A este fin, todos los nuevos cuarteles de infantería están provistos
de una vasta plaza de ejercicios, de una sala de maniobras,
de almacenes, talleres, pabellones para oficiales, &c. En general,
se presentan bajo la forma de un gran cuadrilátero, del cual tres
lados están habilitados para alojamiento de los tres batallones, y
el cuarto para sala de maniobras.
El patio comprendido por estos cuatro edificios, sirve de terreno
de ejtrcicios.
En la caballería, todos los hombres están comúnmente reunidos
en un solo edificio, en tanto que á cada escuadrón se procura
darle una cuadra separada. Un picadero cubierto y otro á cielo
abierto están considerados como dos accesorios indispensables para
un cuerpo de caballería dondequiera que esté estacionad<1.
Los cuarteles de artillería son bastante semejantes á. los de
caballería y provistos igualmente de picaderos cubiertos y descubiertos.
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~•le~n !JHiüat be (,olQmbia
'- 825 _;
Casi todos los cuarteles y picaderos, aun en las pequeñas ciu-dades,
están alumbrados por gas. .
En la mayor parte de los cuarteles prusianos se eleva en medio
del patio principal, como recuerdo imperecedero, un monumento
que lleva el nombre de todos los compañeros muertos al
frente del enemigo durante las última~ campañas. Es una excelente
costumbre que contribuye á desarrollar el espíritu de cuerpo,
y obra poderosamente sobre la moral del soldado. Sentados durante
las horas de ocio al rededor de este símbolo consagrado á la
memoria de los valientes, los nuevos soldados escuchan con interés
los relatos de los veteranos acerca de las guerras en que tomaron
parte.
Un gran número de tenientes está alojado en los cuart les, lo
que resulta ventajoso para ellos y para el servicio.
Por lo que hace á los oficiales de mayor graduación, su prtunda
eil el cuartel habría dt ur sumamente moles/a para sus subord1'nados,
y con dla u alwgaría fádlmmlt e1l éstos toda l·mct"aliva para la z·nslrucáfm
de la tropa, cuando al contran·o, lo que se busca por lodos los medios
pos/bies, es desarrollar mire ellos esta z"lllporlante facultad. ·
Un dfa pregunté por qué todos los capitanes, &c., vivían tan
lejos de su tropa, y uno de ellos me respondió: "Nos guardaríamos
muy bien ele obrar de otra manera. Eso sería una sujeción
para nuestros inferiores, y el resultado concluiría fatalment por
ser ~ste : que los jefes de regimiento, hallándo. e constantemente
pre entes en todos los ejercicios, llegarían á u pe ar á mezclarse
en todo, destruyendo á su vez la iniciativa d~.,; los oficiales intructores
y de lo comandantes de compañía. No somo nosotros los que
dirigimos los ejercicios; así pues, no deb m os a par cer ino de
tiempo en tiempo, para asegurarnos de su marcha regular."
En los cuartele., n general, los dormitorios son tan pequeños
que no pueden poner e al lado unas de otras todas las camas que
deben contener, y éstas han debido ser construíclas de manera
que puedan superponerse unas sobre otras en dos órdenes. En
principio, esta superposición sólo se hace durante el día para desembarazar
los dormitorios, y por la noche todas las camas· deben
colocarse sobre el pavimento. Pero la mayor parte de las veces
no se sujetan á esta regla, que con frecuencia sería materialmente
imposible, puesto que existen dormitorios en donde la circulación
es ya muy difícil cuando las camas están superpuestas y en donde
no habría medio en absoluto de colocar unas al lado de otras.
Todos los armazones de las camas son de hierro, y los cuatro
montantes se terminan en lo alto por un ancho enchufe destinado
á recibir los pies de la cama del orden superior.
Se oye ~cir á veces que vivaqueando raramente la.; tropas
prusianas, no pueden poseer el hábito suficiente de las fatigas y
miserias que entraña la vida del vivac. Verdad es que los soldados
están en principio siempre acantonados en los pueblos durante
las grandes maniobras. Solamente en raras ocasiones y según
tumo determinado de antemano por orden del Emperador, se hace
acampar á los regimientos, como ejercicio, para aprender las re-
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~oldin !Rilttar Ot t;oú:>ntbia
'- 8~6 _J
¡:-las de las organización de vivaques y los detalles del servicio en
tales circunstancias; pero sería un grande error concluír que habrían
de ser incapaces de soportar, en caso de necesidad, la prueba
de vivir al aire libre; porque en primer lugar, no bastan al¡:-
unos días pasados en el vivac cada año para familiarizar el organismo
con las condiciones higiénicas desfa vorrmitorios, hé aqu( los que parecen más parti.
cularm _nte dignJs de ser citados:
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~tldin !Jttutar be €o1oM&iA
\_ 8~~ --'
A la hora de la retreta, todo individuo de tropa, á menes de
tener un permiso especial, debe estar presente en el cuartel.
Todo el que se retrase debe ser señalado por el jefe del dormitorio
alftldwebel 6 al sarg-ento dt día.
A las diez y media de la noche en verano y nueve y nedia
en ¡invierno, todos los fuegos y luces deben apagarse, sal o en
caso de autorización del capitán.
Se designa cada día por turno un hombre en cada dormi~orio
para la limpieza. Cada soldado deberá hacer todos los díts su
cama y arreglar su armario.
El nombre del cuartelero está siempre inscrito en una tablilla
destinada á este efecto. No puede ausentarse del cuartel aun Clando
haya terminado su servicio especial, bien entendido que esto
no le impide asistir á todos los actos de instrucción.
Para evitar todas las causas de desaseo, se destina un sitk especial,
habitualmente el corredor, para la limpieza de las armas y
del equipo.
Después del tiro, se la van los fusiles cerca de las fuen te s ú
otros depósitos de agua, evitando manchar las paredes. Se reserva
un sitio particular para cada compañía 6 escuadrón.
Para comer, cada uno se sienta á la mesa en el lugar que le
está asignado, y debe llevar su pan, cuchillo, cuchara y tenedor.
Si la cantipa de un regimiento está servida por una mt.jer,
nadie tiene derecho á ir á comer 6 beber en su casa; lo qu _ se
compre debe llevarse en seguida y consumirlo en otra parte *.
· Continúa
~ ~üd>¿¿¿{~
PEREGRINACION DE ALPHA
POR MANUEL ANCÍZAR
ConHnúa
XV
"Mas como la principal fermentación estaba dentro de la
capital, donde se cree que formaron los pasquines, y se comunicab~
n frecuentemente los a visos al cuerpo de los sublevados, sin que
esto pudiera impedirse por las pocas fuerzas, para calmar en par-
. , • Los prusi:lnos tien.en, según paree~, un medio bien sencillo para impedu
a los soldados se cstac10nen en la cantma, y es el de no tolerar en ella ni
mesas, ni bancos ó sillas.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
eo(etin ~Hit~t •e €tlo1nbi«
\_ 829 _)
te y aquietar los ánimos de los moradores de Santafé, en una Junta
de los Tribunales que se celebró en ella el día I 5 de Mayo,
después de la salida de los señores comisionados, y aun sin noticia
de éstos, fue acordado por prudente medio, según se consideró, la
rebaja de los Ramos y efectos de la Real Hacienda, extinción de
la Armada de Barlovento, guías y tornaguías establecidas por el
Sr. Regente Visitador, que se publicó por bando inmediatamente
en la capital de Santafé, expidiendo orden para que los señores
comisionados lo hicieran también publicar en la parroquia de Zipaquirá
y su jurisdicción, como lo hicieron practicar en cumplimiento
de ella.
"Desde el día 16 hasta el 25 de Mayo se mantuvieron los señores
comisionados en Zipaquirá, dando otras disposiciones, aunque
sin noticia del paradero de las tropas de los sublevados, hasta
que el citado 25 se recibió carta de D. Juan Francisco Berbeo,
Comandante en jefe de los Comunes, en que daba noticia de la
reunión de sus tropas en los campos de Nemocón, por donde salieron
dichos señores comisionados al siguiente día 26; y habiendo
llegado como á las once del día, y hospedados en la casa del
Administrador de Salinas, que tiene varias ventanas con vista á la
plaza contigua á la iglesia, se dejaron venir á ella como unos 500
hombres armados, mandados por ~us capitanes, y estando formados,
el que hacía de jefe, habiéndose desmontado del caballo y hecho
umujlexión á la iglesia, en voz alta y perceptible dijo: ¡Viva
nuestra santa fe católica, viva nuestro católico Monarca, el Sr. D.
Carlos nr, viva el Ilmo. r. Arzobispo, vivan todos los señores jueces
y ministros de S. M., y muera el mal Gobierno l; y concluido, se
fueron desfilando para el campo. En aquella tarde se le fueron
reuniendo varias tropas de afuera, y en la misma entró D. Juan
_Francisco Berbeo, con un grueso trozo de las suyas; y habiendo
trasladado su campamento al Mortiño, paraje más inmediato á Zipaquirá,
los señores comisionados regresaron á dicho pueblo, para
embarazar que se fuera acercando y observarle su movimiento.
u Desde el 26 hasta el 31 de Mayo sostuvieron los señores comisionados,
en consorcio del Ilmo. Sr. Arzobispo, el numeroso ejército
de los sublevados, que se componía de más de 15,000 hombres
armados, metidos en unos pantanos, por las continuas lluvias y
mala situación del paraje, sin dar lugar á que se adelantasen, conteniéndolos
con sólo su prudencia y las repetidas sesiones que se
tuvieron al efecto, y finalmente, en el citado día 31 pidieron los sublevados
el que para acomodar sus capitulaciones viniera á Zipaquirá
el cabildo secular de Santafé, con cuatro sujetos distinguidos,
á quienes nombraron é hicieron capitanes, por considerar ellos, según
se decía, que les convenía incluír á la capital en la sublevación.
"Ultimamente llegó el día 5 de Junio, en el que remitió D.
Juan Berbeo, Comandante en Jefe que se decía ser de los Comunes,
sus capitulaciOnes extensivas á 35 capítulos, hablando todos con el
Real Acuerdo." Tenían resabios de política, y manifestaban la
disposición de los ánimos, pues en ellas, que originales con la firma
de Berbeo me comunicó el Sr. Dr. E. Vergara, se lee:
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
eoiriin _~Uüttr be €flombia
'- 830 .......)
u El Capitán general comandante de las ciudades, villas, parroquias
•y pueblos que por comunidades componen la mayor parte
de este Reino, y en nombre de los demás restantes, por los cuales
presto voz y caución, mediante la inteligencia en que me ha:Io de
su concurrencia ..... .
u I 7 .• Que el Común del Socorro pide que en aquellas villas
haya un Corregidor Justicia Mayor, al cual se le ponga el sueldo
de un mil pesos en cada año, y que en éste no haya de haber jurisdicción
la capital de Tunja ; con tal que quienes ejerzan este
empleo deban ser criollos nacidos en este Reino ..... .
"22: Que en los empleos de primera, segunda y tercera plana
hayan de ser antepuestos y privilegiados los nacionales de esta
América á los europeos, por cuanto diariamente manifiestan la antipatía
que contra la gente de acá conservan, sin que basten conciliarles
correspondida voluntad ; pues están creyendo ignorantemente
que ellos son los amos, y los americanos todos sin disti~ción
sus inferiores y criados. Y para que no se perpettíe este ciego discurso,
sólo en caso de necesidad según su habilidad, buena fe, inclinación
y adherencia á los americanos, podrán se r igualmente
ocupados, como todos los que estamos sujetos á un mismo Rey y
Señor debemos vivir hermanablemente; y el que intentare se ñorearse
y adelantarse á más de lo que corresponda á la igua dad,
por el mismo hecho se a separado de nuestra sociabilidad.
"Los señores comisionados recibie ron las capitulaciones á. las
diez d la noche ; y no obstante que obre ellas tenían hechas varias
reflexiones en ]as muchas juntas y sesionc que mantuvie ron
con los capitanes, que les proponían de palabra y aun en un mal
formado borrador que pocos días antes pasaron, conocie do que
la idea de los sublevados era el que se remitie ran á Santafé para
que las aprobara e! Real Acuerdo, con quien hablaban, y por no
tener en aquella hora con quién contestar, resolvieron dirigirlas con
un chasqui, que practicó activamente la diligencia, el cual las condujo
el 6, y al día siguiente, 7, las volvió á regresar con oficio, para
que se aceptaran por los señores comisionados, haciendo antes sobre
cada una las reflexiones. Los señores comisionados convocaron
en la mañana del mismo 7 á todos los capitanes, que pasaban de
doscientos, y á D. Juan Berbeo, Comandante en Jefe, para tratar
del asunto.
"Se vinieron lo~más y se juntaron en la habitación del Ilmo.
Sr. Arzobispo, y con la novedad se juntó la mayor parte del Acampamento,
y se vio en pocos momentos ocupada de gente armada
la plaza de dicha Zipaquirá. El Ilmo. Sr. Arzobispo tenía su habitación
en la casa del Cura, que está en uno de los ángulos de la
plaza, en salas bajas, y con ventanas á ella. Comenzóse la sesión
como á las once del día, porque no pudo ser antes ; y habiendo los
señores comisionados dado principio á las reflexiones que anteriormente
tenían hechas, capitulación por ~apitulación, al llegar á la
14, viéndose los Comunes convencidos, se suscitó entre ellos tal
confusión y alboroto, que comuninada á los de afuera comenzaron
todos á decir: '¡Traición, traición, á San tafé, á Santa fé' ' Con
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
~oidin !militar be ~oiombit
'- 831 --'
esta novedad se sorprendió el Ilmo. Sr. Arzobispo, y más viendo
que ni aun los capitanes ni el jefe eran bastantes á contener sus
gentes, y pidió á los señores comisionados omitiesen ya más reflexiones,
y que respecto á que las aprobase el Real Acuerdo, se remitiesen
á él, para no aventurarlo todo, y que si se decidía era á la
fuerza. Los señores comisionados vistieron la diligencia y las aceptaron
á nombre de dicho Real Acuerdo, como se les prevenía en
el oficio que se les pasó á Santafé, adonde las devolvieron inmedia-tamente
para su aprobación. _
"Al siguiente día 8 las devolvió el Réal Acuerdo y Junta Superior
aprobadas ; y habiéndose recibido en Zipaquirá como á las
ocho del día, celebró misa Su Ilma., patente el Santísimo Sacramento,
y concluida con las solemnidades acostumbradas, y como
se pedía en las mismas capitulaciones, ratificaron los señores comisionados
el juramento. Concluído este solemne acto, se cantó el
Te Dttan, hubo repique de campanas, y los sublevados tendieron
bandera blanca con las Armas Reales, que fijaron en una de las
ventanas de la habitación de Su Ilma., con muchos vítores al Rey.
"El Ilmo. Sr. Arzobispo y señores comisionados de la capital
se mantuvieron el siguiente día 9 en Zipaquirá, haciendo retirar
las gentes á sus respectivo· pueblos, suministrándole dinero para
que lo verificasen, como lo consig ieron ; siendo bien de extrañar
que en sólo aquel día se disipó todo el numero o concurso de a-ente
armada, á e.·cepción de uno · pocos 1ue quedaron con D. Juan
Berbeo.
u El día siguiente r gresaron el limo. ·r. Arzobi po y los señores
comisionados á la capital, la que le~ salió al encuentro de
todas clases, en señal de reconocimiento, y aplaudiéndolos como
verdaderos libertadores de la patria y el Reino. En estas demostraciones
se señalaron las comunidades religiosas, especialmente
los cuatro conventos de monjas, que con su virtud supieron más
bien guardar el peligro en que se vieron inmediatas. El Ilmo. Sr.
Arzobispo, á los ocho días después de haber llegado, vohió á emprender
su marcha para el Socorro, distante doce jornadas de Santafé,
en prosecución de su Pastoral visita, donde ·se halla tranquilizando
los ánimos de aquellas gentes y de todos los pueblos del
tránsito.
"Hasta aquí el derrotero que se hizo en la pacificación de los
pueblos; mas porque se pueda hacer concepto del origen de estos
movimientos, del gran trastorno que amenazaba al Reino y de las
simuladas ideas con que se encaminaban a]
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 26", -:-, 1901. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691151/), el día 2026-05-31.
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