BoaoTÁ, OcTUBRE 1 3 DE 1 goo
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Or¡rano del Miaisterio de
tcuerra y del Ejército
tBon colaboradores de este periódico los Jefes y
Oficiales del Ejército
Director nd honoren1
Francisco J. Vergara V.
General de Ingenieros, Miembro de varias Sociedades
Cient.íficas
JSTU:Lv.I:. 1.73
1ID 1H©J]lllil~© JJ.~ [Jo 1t<~J :n. m> m 1l ® ®®
( 5 DE OCTUBRE)
por el cual se hace un nombramiento
El Yicepresidente de la R epública, encargado del Poder Ejecutivo
CONSIDERANDO
Que el Sr. General Próspero Pinzón ha renunciado el MiniHerio
de Guerra por tener que ausentarse con el objeto de dirigir
operaciones importantes de guerra e·1 la Costa Atlántica, y
que esa renuncia le ha sido aceptada,
DECRiiTA
Artículo único. Nómbrase Ministro de Guerra en propiedad
al Sr. Dr. D. José Domingo o~pina C.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 5 de Octubre de 1900.
]OSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERo C.
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Vlii-29
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República de Colombia-Ministerio de Guerra--Sección I. •-Circu-lar-
Número ____ Bogotá, 7 de Octubre de 1900
Sefior .•••••••••••••••
Tengo el honor de participar á usted que hoy tomé posesión
y entré á desempeñar las funciones de Ministro de Guerra, para
el cual fui nombrado en propiedad por el Excmo. Sr. Vicepresidente
de la República, encargado del Poder Ejecutivo, y en virtud
de renuncia aceptada al Sr. General D. Próspero Pinzón.
Soy de usted atento servidor, ]osE DoMINGO ÜSPINA e
J:ID~@~lliJrij]l@ ~ [J
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( 28 DE SEPTIEMBRE)
por el cual se reorganiza la 4.a División del Ejército del Norte
El f/icepresidente de la República, encargado del Poder Ejecuti'fJo
DECRETA
Art. 1.0 Reorganízase la 4.a División del Ejército del Norte
con el siguiente personal:
Cuartel General-Comandante General, Juan B. Tobar; Jefe
de Estado Mayur, General Teodolindo Gaona; primer Ayudante
general, General Elías Baquero; primer Ayudante general, Coronel
Juan Ferrero G.; primer Ayudante general, Coronel Elberto
Luna R.; primer Ayudante general, Coronel Urbano Cast~llanos
C.; segundo Ayudante general, Sargento Mayor Enrique Noguera;
Adjunto, Subteniente Fruto Castro; Inspector, ------------ •• ;
Capellán, ---- ---- ·--- ·---; Médicos, Dres. Tomás Olivos y
Manuel Antonio Pineda, asimilados á Generales graduados; Comisario
Pagador, Coronel Ezequiel Martínez; Habilitado, asimilado
á Teniente Coronel, Rito A. Guerrero.
Art. 2. 0 La expresada División constará de los siguientes
Batallones, cada uno de los cuales tendrá 250 plazas:
Batallón Rijles-Primer Jefe, Coronel Francisco Ordóñez M.;
segundo Jefe, 1'eniente Coronel José C. Leytón; Ayudante Mayor,
CaP.itán Miguel A. Q.1intero; segundo Ayudante, 'Teniente
Antonio Valencia V.; Habilitado, Heraclio Oróstegui; Abanderado,
Subteniente Víctor Valencia.
Primera Compañía-Capitán, Félix B. Castillo; Teniente,
Daniel Méndez; Subteniente, Darío Castillo; Subteniente) Temístocles
Sarmiento.
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Stgunda Compañía-Capitán, Sebastián Valencia; Teniente,
Florentino Castillo; Subteniente, Francisco Quintana; Subteniente,
Juan B. Val buena.
Tercera Compañía-Capitán, Rafael Durán A.; Teniente,
Wenceslao Corredor; Subteniente, Antonio Acero~ Subteniente,
W enceslao Capador.
Cuarta Compañía-Capitán, Santos Siachoque; Teniente,
Antonio Rincón; Subteniente, José Machuca; Subteniente, Joaquín
Castillo.
Batallón Pichincha-Primer Jefe, Coronel Eugenio Garnica;
segundo Jefe, Teniente Coronel Carlos Ospina; Ayudante Mayor,
Capitán Jesús Pinzón Díaz; segundo Ayudante, Teniente Heliodoro
Galvis; Habilitado, Manuel A. Madero; Abanderado, Subteniente
Nicanor Mejía.
Primera Compañía-Capitán, Nicolás Gómez; Teniente, E udoro
Pedraza; Subteniente, Anacieto Martínez; Subteniente, HeIiodoro
Sánchez.
Segunda Compañía-Capitán, Ezequiel T. Rojas; Teniente,
Eufrasio Baquero; Subteniente, Juan Ladino; Subteniente, Nepom
u ceno Martínez.
Tercera Compañía-Capitán, Juan C. Angel; Teniente, Francisco
Sarmiento; Subteniente, Manuel López; Subteniente, Pedro
Zambrano.
Cuarta Compañía-Sargento Mayor, Leonardo Cacua; Te-niente,
---- _______ .. ----;Subteniente, Abraham de J. Castillo;
Subteniente, Pedro Llanos.
Batallón .dyacucho-Primer Jefe, Coronel Antonio M. García;
segundo Jefe, Teniente Coronel Teodoro García; Habilitado,
Antonio Sánchez N.; Ayudante Mayor, Sargento Mayor Miguel
Suárez R.; segundo Ayudante, Teníente Saturnino Medina; Abanderado,
Subteniente Serafín Chaparro.
Primera Compañía-Capitán, Pablo E. Martínez; Teniente,
Bartolomé Lancheros; Subteniente, Manuel Hernández; Subteniente,
Marcelino V elasco.
Segunda Compañía-Capitátl, Alfredo Aguirre; Teniente,
------------·---;Subteniente, Alejandro Zabala; Subteniente,
Basilio Rojas.
Tercera Compañía-Capitán, Clemente Atue~ta; Teniente,
Armando García; Subteniente, Régulo Guerrero; Subteniente,
Lisandro Hernández.
Cuarta Compañía-Capitán, Ulpiano Méndez; Teniente,] ulío
Contreras; Subteniente, Juan B. Granados; Subteniente, Alejandro
Quintana.
Batallón Santander-Primer Jefe, Coronel Alejandro Mendoz:
t; segundo Jefe, Teniente Coronel Joaquín Navas; Habilitado,
Higinio Castellanos; Ayudante Mayor, Sargento Mayor Lui~
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La Rotta; segundo Ayudante, Teniente J anuario Sarmiento;
Abanderado, Subteniente ---- __ ... _ ---- ----·
Primera Compañía-Capitán, Eufrasia Barreta; Teniente,
Manuel 1\1artínez; Subteniente, Carlos Romero; Subteniente,
Juan Ca margo.
Segunda Compañía-Capitán, Juan B. Prieto; Teniente,Juan
de J. Patiño; Subteniente, Aurelio Vásquez; Subteniente, Alberto
Angulo.
Tercera Compañía-Capitán, Félix Lópe7; Teniente, Raímundo
Gualdrón; Subteniente, Santiago Arteaga; Subteniente,
Pablo Barajas.
Cuarta Compañía-Capitán, Jacobo Peña; Teniente, Francisco
Cristiano; Subteniente, Críspulo Gómez; Subteniente, Matías
Mariño.
Art. 3. 0 Los Batallones Rijles número I.9 , Rijles número 2. 0 ,
Santander, Ayacucho, Pichincha y Soto, que componían la 4.• Di:.
visión del Ejército del Norte, quedan refundidos en los cuatro
Batallones que hoy la forman, en virtud de la presente reorganización.
Art. 4.0 Autorízase al Comandante General de la División
para que designe los demás empleados y Oficiales que no han sido
nombrados en el presente Decreto.
Comuníquese.
Dado en Bogotá, á 28 de Septiembre de 1900.
]OSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Guerra, PRÓSPERO PINZÓN
1Wlli1@ rnl~:ID ~.o -. liD~ D.®®®
(5 DE OCTUBRE)
por el c.ual se organiza la 3.8 División del Cauca
El 1/icepresideute de la República, encargado del Poder Ejecutivo
DECRETA
Art. 1.0 Organízase la 3·a División del Cauca, que constará
de dos Brigadas, compuestas de los Batallones Popayán, Palonegra,
Once y Trece del Cauca y Arboleda, pertenecientes los dos primeros
á la 4.• División de Cundinamarca, y los tres últimos á la 9·· División
del Ejército del Norte.
Art. 2. 0 Nómbrase Comandante general de la División al
Sr. General Aquilino Aparicio; Jefe de Estado Mayor, al General
Pedro A ven daño; Inspector general, al General José Tenorio;
Auditor general de Guerra, al Teniente Coronel Florentino E.
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Martínez; Comisario Pagador, al General Cipriano M. Duarte;
Guardaparque, al Coronel Nacianceno V élez; Proveedor, al Coronel
Marco A . ..Y.lartínez; Médico, al Sr. Federico O'Byrne, asimilado
á Coronel primer Jefe de Cuerpo, para los efectos fiscales;
y Capellán, al Presbítero Dr. Abraham Guzmán, asimilado á Coronel.
Art. 3. 0 N ómbrase primeros Ayudantes generales de la Comandancia
•general á los Coroneles Ulpiano Obando y Rubén
Varón; segundos Ayudantes generales, á los Tenientes Coroneles
Guillermo Santacoloma, N azario Varona y al Sargento Mayor
Próspero V. Calvo; primeros Adjuntos, Capitanes Tomás
Aparicio V ásquez y Jorge Saavedra; segundos Adjuntos, Tenientes
Néstor F. de Soto y Manuel J. Burbano.
Art. +·o Nómbrase primeros Ayudantes de Estado Mayor
general á los Coroneles Samuel Herrera é Ism~el Orozco, á los
'renientes Coroneles Anconio Zatizábal y Alejandro Ocampo;
segundos Ayudantes, á los Sargentos Mayores Heraclio Ochoa y
Emiliano Aguilar; Ayudantes, á los Capitanes Vicente González,
Maximiliano Campuzano y Vicente Martínez, y á los Tenientes
Abraham Aparicio V. y Manuel Arce.
A rt. 5. 0 N ómbrase Ayudantes del Inspector de la División
al 'T'eniente Coronel Darío Realpe, al Sargento Mayor José I.
'rálaga y al Teniente Isaías Caicedo.
Art. 6. 0 N óm brase Comandante de la primera Brigada, compuesta
de los Batallsnes Popayán y Pafont!gro, al General Leopoldo
Triana C.; Jefe de Estado Mayor, al Coronel Pedro Duque;
Ayudante, al Sargento Mayor Rafael Guevara M.; Adjuntos, á los
Capitanes Mario Cajiao C., Jorge BonillJ y Carlos Plata, y Habilitado,
al Sargento Mayor Alejandro González.
Art. 7. 0 Nómbrase Comandante de la segunda Brigada, compuesta
de los Batallones Once)' Trece del Cauca y Arboleda, al Co- ·
runel Efraím Calero; Jefe de E-=tado 11ayor, al Coronel Constantino
Roja;;; Ayudantes, á lo Sargentos Mayores Fortunato García,
Luis Rafael Galindo y Maximitiano Alvarez; Adjunto, al Capitán
Régulo García, y Habilitado, al Sargento Mayor Abel Becerra.
Art. B.o Seran primero Jefes de los Batallones Popayán y Palonegro,
lus Coroneles Paulino Escobar y Clímaco Bueno, respectivamente,
y segundos Jefes, lo· 1:'enientes Coroneles Estanislao
Martínez y Laureano Sarria; primer Jefe del Batallón Once del
Cauca, d Coronel Cupercino Viveros, y segundo Jefe, el Teniente
Coronel Guillermo Cobo; primer Jefe del Batallón Trece del Caaca,
el ~feniente Coronel Gabriel Calero; segundo Jefe, el Sargento
Mayor Carlos Becerra.
Art. 9. 0 El Comandante general de la División queda facultado
para hacer la de ignaciones de Oficiales, y dará cuenta de
ella:> al Ministerio para extender los respectivos norn bramientos-
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Art. 10. La División 3.a del Cauca tendrá, además, una Legión
de Jefes y Oficiales, que se denominará Legión Ludo Ve/asco,
compuesta del siguiente personal, de la cual será Jefe el General
Martiniano Rodríguez: Coronel Vicente Plata; Tenientes Coroneles
Apolinar Escobar, Víctor Sánchez, Francisco Escobar P.,
Antonio Martínez, Alejandro Ocampo, Leonidas Santacruz, Francisco
Hurtado, Pastor Cobo, Manuel D. Cañadas; Sargentos Mayores
Miguel R. Gil, Roberto Durán M., Amadeo Rodríguez,
José María Muelle, Víctor Manuel Rodríguez, Aníbal González,
León R. Solar te, Luis F. Saavedra, Jorge Rodríguez, Isaac Correa;
Capitanes Alcides García, Rubén Tascón, 1\tlarco Antonio
Soto Rubio, Manuel Delgado, Felipe Romero,] uan Rivera, Teodolindo
Ibáñez, Espíritu Rengifo, Paulino A. Caicedo, Victoriano
Carrillo; Tenientes Miguel Bohórquez, Francisco Cabal, Gregario
Forero, Aníbal Muñoz, Rómulo Pardo, Ramón E. González,
José M. Mora, Roberto Lozano, Olimpo Victoria, Julio Jordán,
Froilán Gómez, Manuel A. Espinosa, Manuel P. Rodríguez;
Subtenientes Vitaliano García, Andrés Ratnírez, Rafael Beltrán,
Leonidas Campuzano, Ismael García, Alberto Ortiz, Salvador Caícedo,
Ramón E. Morán, Manuel A. López, Hipólito Arce, Carlos
Victoria, Evangelista Piñeros, Gentil Escuaía, Vicente Velasco,
Daniel Calero, Francisco A. González, Lucindo Rojas, Manuel
Rivera, Juan E. Cada vid, Lisímaco M artínez, Julio Corrales, Lucio
Romero )' Manuel J. Valencia.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 5 de Octubre de I 900.
]OSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Guerra, PRÓSPERO PINZÓN
DE MONTAÑA
No conocieron nuestros padres sino el cañón de Jos tiennpos
napoleónicos, el que á mediados del siglo apenas igualaba en alcance
al fusil, y en r865 ya estaba por completo dominado por el tiro
de las primeras armas de retrocarga con sus mil metro:; de alcamce.
Antes algún servicio podían prestar en la montaña tales piezas
de artillería; mejorado el armamento del infante, no pudo se1rvi r
sino de estorbo, y de ahí ese desprecio y aun odio que despertó en-
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tre los militares colombianos por las molestias que causaba su
transporte y el nulo resultado que producían en el combate.
Semejantes ideas, justas en esa época, dieron por resultado que
nuestros soldados no siguieran con interés el desarrollo extraordinario
que la artillería ha tenido en el Extranjero, por lo cual nos
hemos quedado atrás de un movimiento técnico y científico de tal
naturaleza, que en el Ejército colombiano hay en el particular un
vacío que, en guarda de la integridad nacional, debe llenarse cuanto
antes.
Desde hace treinta años ya se discutía en Europa la conveniencia
de sustituír el antiguo cañón rayado de retrocarga por otro detiro
rápido, y trabajos teóricos y ensayos han terminado, pues el
asunto entró de lleno en el terreno de la práctica con la adopción
de novísimos sistemas por Francia y Alemania, lo que ha obligado
á los demás países á entrar de lleno por esa costosa vía.
El principio fundamental de la moderna artillería es que con
un mattrial móvil (poco peso) lance rápidamente un proyectil de
acción eficaz contra el enemigo. El primer punto resuelto fue la
eficacia del proyectil. La celeridad del tiro se .consigue acelerando la
carga, tanto reuniendo la pólvora á la bala de modo análogo á lo
hecho para el fusil, como empleando una línea de mira independiente,
que aumente la rapidez de la puntería, es decir, que á la
vez que un sirviente carga la pieza, el apuntador la dirige sobre el
blanco que se pretende herir. Además, esta última operación se
complementa si no anulando, disminuyendo mucho el retroceso
del cañón, á fin de que se separe lo menos posible de su posición
primitiva, lo cual se consigue por medio de cureñas deformables ó
compuestas de partes móviles unas sobre otras, con interposición
de un medio elástico entre el caí1ón propiamente dicho y el punto
de apoyo que suministra el extremo de la contera.
El problema de la cureña puede resolverse de dos modos: por
C()rredera y por pern(), En este último sistema el cañón va sobre
una cureña pequeña que por medio de un perno se enlaza, sobrepuesta,
á otra mayor, de suerte que la pieza se asesta moviendo la
una sobre la otra; pero este procedimiento no ha prevalecido, porque
después de algunos disparos la· pieza cambia su dirección y es
preciso volver á ases(arla moviendo la cureña princip2.l.
En el sistema de corredera la cureña mayor no soporta el eje,
el cual puede desli-z.arse en una orredera transver al que aquélla
tiene en la cabeza, y el cañón va colocado en una cuna ó portacañó1Z
montada sobre la cureña y t'}Ue puede mover.e de adelante
hacia atrás sin cambiar de orientación: el lazo elástico se interpone
entre la cuna y la cureña, v la dirección se da á la pieza haciendo
deslizar la corredera á lo largo del eje por medio de una
cremallera, de suerte que la cureña gira en torno de la contera sin
desplazar el eje.
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El calibre de la pieza no puede ser inferior á om 50, so pena
de que el proyectil no tenga capacidad para suficiente número de
balas ni sea posible observar el punto de su estallido para regular
el tiro. Gracias á los progresos realizados hoy con los explosivos
modernos, se obtiene más efecto con proyectiles pequeños que con
los pesados de antaño, y se puede aumentar la longitud del proyectil
de pequeño diámetro, para aumentar su peso, '3in acrecentar el
total de la pieza de artillería.
Aun cuando los escudos ó defensas de quíta y pón, para los
artilleros, tienen sus inconvenientes serios, como permiten que el
personal permanezca más tranquilo bajo el fuego de la infantería
enemiga, conviene su uso, en especial para la artillería de montaña.
La velocidad inicial del proyectil no puede compaginarse con
la rapidez del tiro, pues no es posible suprimir el retroceso en piezas
livianas, si aquélla es muy grande y la granada de bastante
peso.
Además, tampoco es posible pensar en la unidad de calibre
para la artillería, puesto que á lo menos dos clases de piezas son
necesarias en campaña: una ligera, muy móvil, para que acompañe
á la infantería y tire directamente sobre el enemigo; y otra
más pesada, para el tiro curvo con proyectil capaz de destruír cualquier
atrincheramiento. En una palabra, la misma pieza no puede
reunir la ligereza y la potencia, por lo cual los europeos á la pieza
ordinaria de campaña han agregado otra de calibre más fuerte. En
la montaña es preciso, además, desdoblar aquélla, ósea son imprescindibles
tres calibres: el ligero, el de campaña propiamente dicho,
y el pesado, que también ha de poderse transportar á lomo de
m u~a y de preferencia debe ser obús ó mortero, para batir las fortificaciOnes.
Y por lo mismo que no ha sido posible unificar el calibre en
la artillería, tampoco lo es conseguir la unidad del proyec:til, puesto
que á lo menos se necesitan dos tipos: la granada de balas ó metralla,
destinada principalmente á obrar sobre las tropas, y la explosiva ó
de choque, para destruír obstáculos. El primero debe llevar la carga
interior de pólvora atrás á fin de que ésta proyecte las balas en
haces suficientemente densos; el segundo la requiere en el centro
para producir efe tos de ruptura. En fin, por obvias razones, el modelo
ligero en la artillería de montaña no debe emplear sino granada
de metralla y el pesado granada explosiva, dándose ambo:s
tipos á la .=JUe podemos llamar pieza de campaña.
Por lo que hace á municiones es preciso tener en cuenta
que como el aumento de la rapidez del tiro presupone mayor consumo
de aquéllas, necesario es atender á que éstas no falten en
el campo de batalla, lo que presupone, ó poco peso en el proyectil,
ó aumento de las acémilas de parque, ó disminución del número
de piezas que se lleven á campaña. Un cañón ligero, cuyo peso
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no exceda de 7 5 kilogramos, ó sea seis arrobas, puede lanzar
proyectiles de 2 kilogramos de peso con velocidad inicial de 300
metros y alcance efi.c:¡z de 3 kilómetros: para una pieza de este
género cada bestia podría transportar cómodamente hasta 50 tiros,
de suerte que bastarían seis por pieza para una función de guerra.
El cañón propiamente dicho de batalla, con alcance de una legua, no
servirá si el proyectil pesa menos de 5 kilogramos, y como de éstos
cada bestia sólo puede conducir 14, serían necesarias diez acémilas
por pieza y batalla. En fin, cuanto al obús ó mortero, aun cuando
la bestia de carga sólo podría llevar 6 proyectiles como máximum,
también quedaría bien dotada con seis acémilas, puesto que de semejante
clase de municiones se consumiría poca cantidad.
La batería ligera, lo mismo que la pesada, no debe comprender
sino 4 piezas para que su manejo sea cómodo, y en este caso
una ú otra demandarían sobre 40 bestias de carga. Para ninguna
de las dos existe material adecuado en el país, y sería preciso importarlo
en número de á lo menos 20 baterías del primer tipo y 4 del
segundo, porque de éste bastarÍa una para cada IO á 15,000 hombres.
Cuanto al cañón que hemos llamado de batalla, parécenos
que por lo pronto podemos conformarnos con el sistema Bange,
que entre los denominados de montaña en Europa, no tiene igual,*
puede lanzar granada larga ( ó de 4 calibr~s) para empleo de poderosos
explosivos, y sólo necesita modificación en la cureña, t~nto
para poder usar frenos dignos de ese nombre, como para facilitar
su transporte, muy incómvdo y costoso en la actualidad. De este
sistema urge, pues, adquirir mayor número de baterías con l1s
municiones correspondientes, para lo cual estamos en tict1• po oportuno,
una vez que Francia ha adoptado para sus baterías de montaña
cañón de tiro rápido y por lo mismo puede ceder las del
sistema de que se trata ..
La cuestión freno es de capital importancia: si:;tema hay hoy
que con peso de 20 kilogramos permitiría reducir el retroce·o del
cañón á 40 ó 50 centímetro , volviendo luégo la pieza á su posición
inicial. Con este a!:litamcnto el cañón Bange permite hacer
hasta cinco disparos por minuto, rapide7, que no es necesario aumentar
en las piezas de montaña, como fácilmente se comprende.
• Las axtillerías de montaña ele los otros paí.·es cnropeos ofrecen como término
de comparación los siguiente datos: Au.~tria-Hungría: calibre, 6610m; peso,
90 kilogramo ; peso de la cureña, 109 kilogramos; pe o del proyectil. 3 kilogramos.
Italia: calibrt>, 75mmi peso, 98 ki:ogramoG; pe~o de la cnreñH, Lil kilogramo;
peso del proyectil, 4 kilogramos. Suiza: cal bre, 7 5mm; peso, 105 kiJ ,,grnmos; peso de
la cureña, 14.'5 kilogramos; peso del proyectil,'~ kilogramos. Noruega: calibre, 77mm;
peso, 164 kilognmos; peso de la cun=iia,l60 kilogramos¡ p.::,.;o del proyectil, 3 kilogramo
·. España: calibre, somm; p¿so, 105 kilogramos; peso de l:.a cureña, 199 kilogramos¡
peso Jel proyectil, 5 kilogramos. Rusill: calibre, 63mm; pe ·o, 98 kilogramos;
peso de la cureñn, 190 kilogramos; pe. o 1lel proyectil, 4 kilogramos. Inglaterra: calibre,
76mm; peso, 91 kilogramos; pe;>O ele la caneñ·t, 159 kilQ~rr~.mos; pe o del proyectil,
3t kilogramos Holanda (p.tra la coloni.t.;): calibre, 75mmi pe o, lOó kilogramos;
peso de la curefia, 170 kilogramos¡ peso del proyectil, 4 kilogramo~.
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A la par con un nuevo freno se impone también la importación
de granadas de metralla (shrapnel) con espoleta que pueda
regularse automáticamente con una llave, para ganar tiempo
en la operación y hacerla con la debida precisión y uniformidad,
la que no siempre se consigue por la mano de hombres expuestos á
las impresiones de las peripecias del combate. También convendría
adoptar para el cañón de que tratamos alguno de los sistemas de
alza que suprimen la tablilla de desvíos para la simple desviación
por causa del rayado y de la distancia; los nuevos sacos de e~topines
que presentan éste naturalmente á la mano del sirviente respectivo;
y un tapafogón que impida la colocación del estopín antes de
que la culata no esté cerrada, para evitar accidentes durante el fuego
rápido.
En fin, las baterías ligeras deben ser completadas cada una,
bién con dos cañones Maxim de tiro rápido, de 37 milímetros, de
los adoptados por Alemania, que calzan proyectil que produce 40
cascos, y pueden por lo mtsrno arrojar I 2,ooo proyec:tiles por m in uto;
ó bien dos ametralladoras H otchkiss, modelo de 1899, de los .
adoptados el año pasado por Francia, que en los fuegos lentos disparan
100 proyectiles por minuto, 6oo en los dpidos, apenas
pesan 24 kilogramos y sólo exigen dos sirvientes para su servicio,
uno que carga y otro que apunta y dispara.
Las razones que exigen imperio!_;amente que el país, aun á
trueque de algún sacrificio, reorganice y complete su material de
artillería, acabarán de ser irrecusables en vi:;ta de lo que es la actual
artillería francesa, de la que cada cai1ón, según el General
Engelhardt, puede disparar, apuntando, 22 tiros por minuto, y más
con el fuego de ráfagas, es decir, cuando regulado en toda forma
se lleva á su máximum de rapidez por unos pocos minutos, y cada
pieza, desplazando lentamente la puntería, cubre de proyectiles dos
hectáreas de terreno, por lo cu~l poco importa que el blanco sea
~jo ó móvil, quedando defendidos los sirvientes proveedores por las
tapas de los furgones, que son de placa de acero p0r el lado vuelto
al enemigo.
Y para convencer hasta á Jos profanos transcribirewos como
final de estas líneas lo que obre la noví~ima artillería francesa escribe
d Gem.ral ruso Dragomirow: "El nuevo material alemán
desde ahora es anticuado. La experiencia de los primeros, sea en
bten sea en mal, es como para los que llegan último una ventaja: por
ejernplo, hoy d1a puede aprovecharse el resultado obtenido por el
talento de lo artilleros francese, quienes han logrado dar tal fijeza
á la cureña (y por tanto, constancia tan perfecta á la puntería),
que una moneda que se colqque sobre la parte superior de la rueda,
se conserva en su puesto aun cuando e hagan muchí~imos dtsparos.
Lo irvientes de la pieza pueden permanecer sentad05 sobre
ia cureíía mientras se hace fuego, y por lo mismo desempeñar sus
funciones sin la menor incomodidad.
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"La extrema rapidez del tiro anula, por decirlo así, el movimiento
de los blancos animados, porque éstos son de continuo cruzados
en su marcha por el huracftn de hierro que los persigue : el
tiro sobre blancos móviles ha dejado de ser distinto del ~iro sobre
blanco fijo."
Si por nuestra culpa no avanzamos por este camino y el futuro
nos guarda alguna de esas tremendas lecciones que registra la
historia para casos análogos, no tendremos excusa ninguna que alegar,
pues de realizarse aquélla lo será después de bien advertidos por
experiencia en ajena cabeza, y conocido es el adagio que dice :
"desgracia merecida no inspira compasión."
--~·~--
El hombre es animal egoísta, como los demás animales; egoísta
y, por ende, á menudo feroz. Pero sin egoísmo no habría conservación
de la especie.
El egoísmo personal viene transformándose poco á poco en
egoísmo de familia, de tribu, de nación, de raza. Para llegar al
egoísmo de humanidad, hay que recorrer aún espacios inmensos.
Hace miles de años que empezó la marcha, Y' durará ésta aún miles
de siglos antes de que el interés de uno y el de todos se confundan
en la fraternidad absoluta de la especie.
Por hoy el único altar que no tenga incrédulos es el de la
fuerza, única divinidad que se manifiesta indiscutible é incontrastable
; la fuerza, no domesticada aún, creadora aquí, destructora
allá ____ una de sus encarnaciones es la guerra.
* .. *
La guerra, que se teme y se odia, pero que es el estado normal
de la humanidad, que sólo conoce la paz como incidente y
tregua.
* * *
Mientra1 la creación ésta tenga por base y condición la des-trucción
mutua de los seres, mientras haya pleitos e.ntre los particulares,
habrá lucha entre las naciones.
Constatando que cada año millones de hombres se arruinan
en pleitos entre sí ó contra el Poder Público; llenan las cárceles ó
son ahorcados, fusilados, guillotinados, etc., es inconsecuencia abrigar
la esperanza de que las colectividades eviten los conflictos que
dividen entre sí á sus miembros.
Y como no hay, ni es posible que haya juri5dicción supe! ior á
la de las naciones, los conflictos de éstas se dirimirán por la guerra.
:4NCO DE EPUBUC
IJAU
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Puesto que la guerra es inevitable-no diremos, con Moltke,
necesaria y saludable--es evidente que si es patriótico tratar de
aplazarla, no lo es meno¡ hacerla bien cuando haya que someterse
á la ley fatal.
Y como nada se hace bien que no se haya aprendido, para lo
cual no se tenga competencia, se encarga de la guerra á los ejércitos.
Es además un mal atenuado, la lucha de algunos sustituída á
la matanza en masa de naciones contra naciones. En cada país se
trata de poner en pie el ejército má~ numeroso y más profesional
que sea posible. El ideal es unir al número la aptitud, condiciones
antagónicas que concilia, dentro de ciertos límites opuestos la
fórmula: "mínimum de servicios de toda la población masculina,
y máximum de instrucción, reducida ésta á lo indispensable en la
guerra." Fórmula que es la de los ejércitos permanentes de servicio
general y personal con cuadros sólidamente constituídos. ''U na
parte de los hombres aptos para manejar las armas permanece
agrupada en los cuerpos permanentes, que constituven al propio
tiempo, para todos los ciudadanos válidos, la escuela militar y el
cuadro en que entraría, en caso de guerra, la masa de los precedentemente
instruí dos."-( /7on dcr Goltz.).
* * *
Estos cuadros son, en realtdad, los únicos profe~ionales, los
únicos á los cuales el país puede exigir competencia completa,
puesto que, en cambio de ventajas especiales, prometen asegurar la
salvación pública. Se les ha comparado ya á la prima de seguros
que paga la Nación para precaverse de los incendios internacionales
ó apagarlos si e tallan. Y bien evidente es que si la prima llega
á ser excesiva, á ~ostar casi tanto al año como el eventual desastre,
el asegurado discute, regatea, no paga, rescinde el contrato.
Y lo resc;nde aún más pronto si puede, cuand llega á tener duda
sobre la eficacia del seguro 1para conjurar ó apagar el incendio.
Si tengo que ser yo el que apagará el fuego, dice, ¿á que
asegurarme, pagar seg1.Jros y bomberos?
Estas dudas sobre la utilidad del seguro-del ejército de línea-
no son fundada, aun en los países que apenas convalecen de
un desastre. Pero son comunes después de una larga paz, como lo
e no invocar á anta .Bárbara cuando no truena. Y por una voz
que les ataca, cien les defienden. E! buen sentido siempre al fin
triunfa. Comprende que el ejército, su oficialidad sobre todo, son
irreemplazable garantía de la autonomía de las naciones. ¿~1e el
ejército de línea no impide una derrota? Claro es: de dos combatientes
vence sólo uno, pero no es siempre el mismo: alternan en
la victuria, si sus fuerzas no son muy desiguales, mientras que si
una sola de las dos naciones en lucha tuviese ejército pet manente~
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'-"y-"'
la lucha sería corta y definitiva la derrota de la otra, que resultaría
inmediata mente la China de algún Japón, el Perú de algún Chile.
* * *
Es obligación ineludible de una Nación que quiere ser inter-nacionalmente
libre, el tener ejército permanente. Cada una proporciona
la fuerza de é<>te á la de los ejércitos vecinÓs, posibles
adversarios, pues es una verdad elemental, aunque no bastanteadmitida,
que un país no tiene el ejército que quiere, sino el que le
imponen los demás. ¿Por qué tendría soldados, si no fuera para
poder oponerlos á otros tantos de allende la frontera?
* * *
Es derecho de la Nación ex1g1r que su ejército preste servi-cios
reales. Estos consisten en la preparación de la guerra hasta
que esta1le, y la ejecución de la guerra después.
De la preparactón depende el éxito de la guerra. El incendio
arderá en la del vecino, no en casa, ó ésta, la nuéstra, sufrirá algo
ó no quedará de ella sino cenizas. Y como la preparación es buena
en razón directa de la competencia de los que la ejecutan, se ve
cuál es la inmensa importancia del cuerpo de oficiales de un ejér-cito.
* * *
Competencia profesional: hé aquí todo lo que debemos á la
Nación. Esta competencia todo lo abarca: educación, instrucción
general y militar, el saber instruír y mandar, el saber combatir, el
saber hacerse alegremente matar-alegremente para que otros nos
imiten,-considerándose la muerte como eventualidad normal de
la carrera, en la cual no hay para el oficial ni sacrificios ni abnegación,
sino el sencillo cumplimiento de una obligación profesional.
* * *
Esta competencia así comprendida, que hace del oficial el
ciudadano completo, el único en cuya carrera de cuarenta años
entra la muerte violenta como condición permanente, mientras
que á ella se expondrá el ciudadano soldado durante sólo una campaña;
esta competencia, decimos, no debería poners e siquiera en discusión.
Cuando lo es, aun con sólo apariencia de razón, r:lebemos
reivindicar, sin duda, que se nos haga ju3ticia, pero también y sobre
todo obs ervarnos. Podemos indignarnos de la injusticia de la Nación,
no indignarnos como entidad que no existe, sino como hijos mal
juzgados; pero debemos sobre todo adelantarnos á críticas posibles y
marchar con más entereza por el camino del deber, de la superioridad
profesional: es más fácil recriminar, pero más patriótico per ..
feccionarnos.
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Y el camino del deber no es escabroso. El país, que no es
conjunto de Zoilos, nos sostiene con sus simpatías. Está resuelto á
aprobar todos los progresos que propongan nuestros jefes. ¿No es
con general aplauso que ha recibido su última creación, la de una
escuela superior, en la cual han ingresado tantos jefes, en su mayoría
excelentemente preparados, los que le aseguran de antemano
el más brillante éxito?
* * *
¡A trabajar! es el lema que en esa escuela, en los cuerpos, en
la oficialidad toda, se ha puest..> al orden del día.
El horizonte internacional no está bastante sereno como para
divertirnos en polémicas de desocupados.-M.
(De El Porvenir Militar de Buenosaires, Argentina)
- - · ........ --
DE ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUENAs GUERRAS
por el Mayor C. E. Callwell, del Ejército inglé1
TllADt1CCIÓN Dlt ISIDORO LAVltRDlt AMAYA
(Continuación)
CAPITULO VI
LA GUERRA DE GUERRILLA
I. De la guerra de guerrilla en general-En los capítulos anteriores
se ha demostrado que la guerra de guerrilla es una forma de
hostilidades que debiera evitarse ha ta donde sea posible. Buscar los
métodos que aseguren un resultado decisivo, tal es el espíritu del arte
en la dirección de las pequeñas guerr~ . Acontecerá algunas veces
que la energía y la habilidad estratégica no lograrán llevar al adversario
á exponerse á los riesgos de los combates, ni á separarse de la
forma de guerra en la cual sobresalen la mayor parte de las fuerzas
irregulares, y que tan desventajosa es para las tropas regulares.
En este capítulo estudiaremos tan solo la guerra de guerrilla
desde el punto de vista estratégico, ó más bien los mejores medios
que pueden emplearse contra enemigos que echan mano de este
sistema de hostilidades. Estos medios comprenden: las avanzadas,
las sorpresas, las embo;:,cadas y las marchas rápidas de exploración.
Consideraremos de preferencia, como asunto de pequeña táctica,
los métodos que permiten luchar contra los procedimient..>s de los
adversarios.
Todo el mundo conoce la pericia de estos enemigos para hostilizar
á las tropas regulares que los persiguen. Ellos ~ se valen de
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80LETIN MILITAR 4:55
astucias y de estratagemas: merodean estrechando á las columnas
en asecho de una ocasión para caer sobre los destacamentos débiles
que circulan sin ninguna precaución. Los rezagados y las gentes
del servicio caen de ordinario en poder de ellos. Rondan los
flancos sin atreverse á dar un golpe, pero prontos á apoderarse de
los destacamentos que se extravÍPn. Y sólo estos guerreros pueden
ser maestros en esta rama del arte militar. Hay también jefes que
sobresalen en esta manera de manejar con energía las operaciones.
Una mirada retrospectiva á las pequeñas guerras de este siglo permite
poner de manifiesto que en las filas de los enemigos que han
combatido á las tropas civilizadas, aparecen algunos jefes de fama
imperecedera; personalidades que pertenecen á la historia, pues
algunos de los grandes nombres que han pasado á la posteridad no son
los de aquellos que condujeron grandes ejércitos al combate: son
nombres de jefes de guerrillas y de bandidos. Hoy ya nadie se
acuerda de aquel que conducía los ejércitos de Khalsa á Sobraon*,
Schamyl t ó á los Beluchis al Sin, en tanto que Abd-el-Kader t y el
ci~casiano se cuentan entrP. los grandes soldados del siglo.
Charette v Andréas Hofer * viven todavía en h historia, no
solamente com-o patriotas sino también como maestros de una de
• Sobraon está situado en la ribera derecha del Sutlej, á 25 millas de Ferozepore y
á 15 millas de Ferozeshah. El 9 ele Febrero de 1846 el ejércitO inglés, bajo las órdenea
de Sir Hugh Gough, desafió allí 3o,ooo Siks mandados por el mahrajah Dhuleep Sing.
Khalsa significa rescatados; este es el nombre que llevan los Siks desde que Runjeet ·
Singh, Rey de Lahore, se rodeó de ellos para resistir á las persecuciones de los emperadores
mogoles.
t Abd-el-Kader nació en 18o6, cerca de Masc~ra. Su padre, descendiente de losan·
ti~uos califas fatimistas, era un marabout veneraclo. El presentó á su hijo como jefe de laa
tnbus entr~gaclas á la an. rquía después de la invasión francesa, y predic6 al mismo tiempo
la guerra á los cristianos y lo reconstitución del grande Estado Arabe. Las tribus de Mascara
proclamaron .Emir á Abd-el-Ka ler. Este hnbía hecho la peregrinación de la Meca y
estudiado á fondo el Korán; era letrado y elocuente. Su belleza varonil, la regularidad de
sus facciones, el brillo de sus ojos, la elegancia de su talante, la gravedad de su aspecto,
el ardor afectado de su devoción, su habilidad y gracia para los ejercicios del cuerpo, su
bravura y su arclor á menudo calcularlos en los combates, y las fantcuías, fueron las cualidatle
con que sedujo á las tribus. Profeta Y, Capitán, st! ha dicho de él con razón que si
su fe era sincera, su ambición era inmcn'll. El fue creyente y político todo junto; en loa
franceses, él combatía á lo enemigos de su fe, y sobre todo á los conquistadores rivales
de los proyectos ele dominación con que soñ.1b.1: puso al servicio de au causa un
talento de organización admirable, una diplomacia llena de astucias, una actividad infatigable,
un golpe ele vista se3u ro, ) 1 según las circunstancias, ya una cortesía caballeresca,
una clemencia y una moderación magnánimas, ó ya pasiones violentas y una crueldad
despiadada.
t Schamyl (179¡-1871), Jefe de los circasianos, resistió largo tiempo á las tropaa
rusas ; cayó prisionero en 1 8 59 y fue enviado á San Petersburgo, después de Kalonga ;
murió en 1871, durante una peregrinación á la Meca.
• Andréas Hofer, Jef~: ele los in~urrectos clel Tirol, ae puso á la cabeza de lo~ patriotas
que no querían que el Tiro! fuese anex,ado á Baviera, como lo prescribía el Tratado
de Presbourg (26 de Diciembre de 18os). El arrojó á los bávaros del Tiro! y atacó á varios
destacamentos franceses 1 1809). Mal sostenido por Austria, tuvo que deponer las
armas cu:.mdo el Tratado de Viena ( 1809); y habiendo caído más tarde en manos de lot
franceses, fue fusilado en Mantua ( 1810 ).
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4lS6 BOLETIN MILITAR
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las formas del arte de la guerra; y Tan tía Topi * debe su reputación
no á Kalpi y á Cawnpore, sino á la lucha de varios meses
durante los cuales, á la cabeza de un ejército que se fundía, sostuvo
la campaña contra los ingleses, que le perseguían en vano como
campeón de una causa que declinaba.
Los ejércitos regulares tienen siempre que temer la lucha de
guerrillas, y cuando la dirige un jefe con genio para la guerra, casi
se hace imposible una campaña efectiva. La guerrilla ha sido siempre
como una espina apegada al flanco de las tropas organizadas.
Así sucedió en la guerra de la Península, en donde los voluntarios
fueron adversarios terribles para los invasores franceses. Fra Diávolo
t y su turba de bandidos casi lograron enfrentarse á los veteranos
de Massena, en la Calabria. Antes de Ja intervención de
los rusos en los Balkanes, los turcos se dieron cuenta de que era
mucho más difícil someter á los del Montenegro que á los ejércitos
organizados de Servía. Por eso el arte de vencer estas guerrillas
merece una atención especial, cuando se trata de pequeñas
guerras. Fuera de que, hasta cuando ha habido al principio ejércitos
con que combatir, á campo raso, la expedición suele degenerar
en hostilidades sin fijeza, que duran mucho después de la derrota
de esos ejércitos.
II. Influencia del terreno-El .terreno es un factor importante
en la guerra de volu~tarios. El Montenegro y la Bretaña, Castilla+
• Tantía Topi fue un Jefe de guerrilla que comenzó su larga lucha contra los ingleses,
asesinando á las mujeres y á los niños europeos en Cawnpore, á princi oios de la insurrección
de 1857· En seguida, el 2Ó 1 27 y 28 de No-.iembrt', entre C:lwnpore y Kalpi,
batía al General Windham y lo volvía á hacer entrar á Cawnpore. El 6 de Diciembre era
derrotado por Sir Colin Campbell, que habí;:~ acuciiclo de Lucknow. En Abril de 1858 el
Jefe rebelcie vuelve á emprencier la campaña y marcha en auxilio del Rani de Jhansí: es
derrotarlo por Sir Hug Rose el 1.0 de Abril y el 22 de Mayo (Combate de Kalpi, sobre
la ribera clerecha de la Jumna, al sudoeste de Cawnpore). Lejos ele desaler.tarse, Tantía
Topi vuelve á tomar la ofensiva, y todavía hace que lo derroten los Generales Rose y
Napier. Escapándose una vez más del campo de batalla, Tantía Topi se rufugió en el
Jeypoor, al oeste de Gwalior, pl\ra continuar la luch~.
"Tan extraordinaria era la actividad de este hombre notable, que por más de nueve
meses tuvo siempre en jaque todas las tropas de que he hahlaclo, y muchas otras ......
Tantía Topi fue un Jefe maravilloso de guerrilla. En la persecución contra él intentada,
el Bngadier General Park recorrió consecutivamente 240 millas (386 kilómetros) en
nueve días, y el Brigaclier General Sornen;et, 2.30 mtllas (370 kilómetros) en igual tiempo,
y, de nuevo, 70 millas ( I 13 kilómetros) en cuarenta y ocho horas; el Coronel Holmes,
al través de un desierto de arena, 54 millas (8;- kilómetros) en poco más de veinticuatro
hor:1s; el Brigadier General Houner, 145 millas (233 kilómetros) en cuatro días.
Tantía Topi burló á todos esos enemigos que guardaban todas la<~ salid;:os de los juncales,
en los cuales él se ocultaba, aun cuando cayo al fin, traicionado por un amigo en quien tenía
entera conl1anza. Con su captura terminó la guerra en la India Central.''-Tht Imlian
Mutiny of 1857, by Colon,; .l1alle.vo1i, pág. 39 5.
t Fra Diávolo, su verdadero non1bre Migt\el Pozz!l, jefe de bandidos en la C:llabria
fue emplearlo por el Cardenal Ruffo, llam<~do el Genelal-Cardenal, contra
lo franceses en 1799; tomado en San Se\•erino, murió :~horcado en Nápoles en 1806
! C11stilla nó; pero sí Navarra y las provincia Vascongadas donde guerre.
Zumahcárregui, el guerrillero de más talento que conoce lu historia; el morlelo hü·
witable en el particular.-L. D.
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y el Trans Cáucaso, son teatros de operaciones muy favorables á
esta clase de lucha. La Nueva Zelandia, los Kloofs * y los terrenos
montañosos de la Cafrería, la Birmania y Achín, han sido
adecuados para la táctica de guerrilla de adversarios casi siempre
aptos en esta clase de lucha. Un terreno montañoso y cortado,
territorios cubiertos de juncos y jarales, esto es lo que se requiere
en tales guerras.
En las llanuras la guerra de guerrilla sólo puede hacerse por
hombres á caballo, cuya movilidad suple la falta de escondites.
III. La prontitud y la resolución son condiciones esenciales en la
lucha contra las guerrillas-La sorpresa es lo más importante d~
estas operaciones; á la sorpresa seguirá la retirada tan luego como el
enemigo se recobra, por lo cual las combinaciones por fuerza tienen
que ser limitadas. Sorpresas con grandes columnas son difíciles de
llevar á cabo, porque la ruptura del combate se convierte en una
operación muy arriesgada. La guerra de guerrilla es, pues, una
guerra de chicanas, más bien que de operaciones de faz dramática.
Estos métodos caprichosos exigen la concepción de un plan de
campaña atrevido y una organización que se preste á revanchas
rápidas y enérgicas. Hasta cierto punto uno puede precaverse de
una sorpresa tomando m~didas de seguridad; pero no se puelle
evitar que un enemigo se escape, sino teniendo tropas listas para
perseguirlo i 1mediatamente con eficacia.
IV . .Abd-el-Kader-Las operaciones de los franceses en Argelia
durante un largo período de lucha, servirán siempre p-ara
mostrar cuál es el bueno y cuál el mal procedimiento que haya de
emplear e contra un adversario que adopta el de la guerra de guerrilla.
Abd-el-Kader fue un jefe muy notable de voluntarios. Por
intuición el se hizo á las condiciones de esta clase de guerra: en
breve comprendió que us guerreros no podían medirse sin peli
gro á campo raso con los soldados instruídos de Francia. Su ascendiente
per onal sobre los nomades del Sur y obre los salvajes
montañeses berberiscos, permitió que pusiese en juego la estrategia
en aquel vasto país, á pe sar de sus cambios incesantes de acantonamiento.
Por año seguidos sus golpes rudos y repentinos desorientaban
á los Jefes franceses; de los movimientos lentos y circunspectos
de éstos él tenía noticia exacta; sabía cuándo una
guarnici0n estaba escasa de tropa , y entonces le caía encima.
Cortaba las comunicaciones y se apoderaba de los convoyes. Mit!ntras
los franceses empleaban el tiempo en reunir sus fuerzas para
contestar, y en mover sus cañones, el grupo enemigo, autor del
dañoso golpe, se había dispersado en el desierto ó logrado llegar á
• En el Afl'ica Austral el Kloofs e$ una g'lrganta 6 un valle con bosque, cerra.
do hacia la cima,
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algún escondite de la montaña inabordable á la pesada columna
francesa.
V. Método del General Bugeaud para vencer -Pero cuando
lleg6 de Francia el Jefe que convenía, la lucha tomó un carácter
enteramente distinto. El General Bugeaud reunía á grandes condiciones
morales una experiencia consumada. Conocía el juego,
porque había hecho algunos años antes su aprendizaje en España.
Su aparición en la escena como Jefe produjo una • notoria transformación.
"Tenéis que olvidar mucho," dijo á sus tenientes
reunidos, y modificó al punto todo el sistema de guerra. Comprendió
que tenía que luchar no contra un ejército enemigo, sino
contra una población hostil, formada sobre todo de parcialidades
y tribus arraigadas al suelo; comprendió que para hacerlas entrar
en razón era preciso causarles daño en sus c06echas, en sus reba ..
ños y en todas sus propiedades. Organizó en todo el país numerosos
destacamentos móviles, que debían vigilar los centros de
agitación y caer inmediatamente sobre ellos al menor indicio de
turbación. Estas columnas debieron su fuerza á la rapidez de sus
movimientos más que á sus efectivos. Se las dotó de un número
suficiente de animales de carga. La artillería y los bagajes se redujeron
al mínimum. Su papel no era simplemente el de dispersar
las partidas enemigas, sino también el de castigar á los rebeldes en
su territorio. Las expediciones rápidas de los Arabes habían sido
el terror de los franceses. El General B ugeaud instituyó esas mismas
expediciones como represalias, y volvió contra Abd-el-Kader
su mismo método de combate. Saint Arnaud escribió entonces
aludiendo al General francés: "El se bate cuando quiere; busca,
perc;igue al enemtgo; lo inquieta y se hace temer." Abd-el-Kader
encontró su maestro, y la causa que tan largo tiempo sostuvo con
increíble valor y habilidad, declinó desde el día en que su grande
adversario desembarcó en Argel, en 184r, provisto de amplios
poderes *.
V l. Expediciones que, por falta de movilidad y decisión de las
tropas regulares para atacar á las guerrillas, han te~ido mal éxito.-:
• El General llugeau de la guerra; él Hnportó 1í Argelia y desarrolló allí el siste,
ma inaugurado eu Catalui'ia, durante las guerra del Imperio por el Mari:,ca 1 Gou~
ion ele Saint Cyr. Renunció á la artillcrfa de montaña é hizo conducir toda la
itnpedimenta en mulas. la artillería ; eguirlo aprisa y llegar al punto que
St> deseaba, en donde uno no era e perado; tres condiciones esenciales para alc¡¡nzarlos
y sorprenderlos.
De 18H á l 84:3 todas las guarni..:iones fueron auxiliadas y abastecidas . Abdel-
Kader guerreó desde entonces como jefe de pat ti das erra11te con su smala de
doce 6 quince mil per ·ona . Bugeaud cli<.ponía de c:ien mil hon~bres. y el Gobierno
no le rehusaba ningún medio de acción. El General y sus lugartenientes no tuvieron
¡a sino un det!ignio: encerrar al Emir y prenderlo.
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En esas expediciones en que la táctica del enemigo no ha consistido
sino en sorpresas pequeñas y en e m bo!>cadas, haciendo degenerar
la guerra en operaciones discontinuas durante largos períodos,
ha sido la falta de acción pronta y enérgica en las tropas regulares
lo que ha impedido terminar rápidamente la campaña. En
la guerra contra los Maorís las operaciones de los ingleses se llevaron
á cabo con gran certeza, y algunas veces, cuando el enemigo
permanecía en sus palH y aceptaba el combate, con señalados
triunfos. Pero se hizo poco uso del sistema de t:olumnas móviles
prontas á obrar á la primera señal. Los Maorís j ugarun á las escondidas,
y comprendiendo su inferioridad respecto de las tropas
regulares, se entretuvieron en este juego durante un tiempo demasiadq
largo y fastidioso. Los rusos, en sus muchos años de
guerra en el Trans Cáucaso contra Schamyl, el famoso cabecilla
de voluntarios, no a<:'udieron al sistema de acción descentralizada
que Bugeaud, en condiciones un poco análogas, empleó con tan
buen éxito en Argelia. La guerra contra los Cafres de !851-52,
presentó desde el principio hasta el fin un carácter de guerrilla.
El enemigo no era fuerte, aunque lo favorecía muchísimo la topografía
del país. A las columnas inglesas faltó movilidad, y los
servicios de la comisaría y de los transportes no tenían la organización
especial que convenía á este género de guerra. Las expediciones
á las montañas de la India son un excelente ejen1plo de la
guerra de guerrilla, porque en estos países el clima no facilita los
movimientos rápidos y enérgicos, y las tropas están sietnpre luchando
con lo numeroso de los bagajes. Pero estos inconvenientes están
compensados, hasta cierto punto, por el hecho de que las tribus
de montañeses merodeadores habitan aldeas. ituadas en lugares bien
conocidos; de tal suerte que estas aldeas pueden ser destruí das y
sus campos devastados.
VII. Conviene lwar uso de estrategia y táctica excepcionalesA
la guerra de guerrilla hay que oponer un sistema anormal de
estrategia y de táctica. El gran principio, que forma la base del
arte de la guerra, queda siendo siempre la combinación de la iniciativa
y de la energía, pero en una forma especial. Hay que dar
pruebas de vigor y decisión en hostilizar al enemigo, y no se le
debe conceder tregua ninguna.
La partidas enemigas pueden evitar los destacamentos regulares;
pero quedan sus aldeas y sus rebaños. Es preciso dividir el
teatro de la guerra en secciones, y íi cada sección destinar una columna
especial ó una fuerza dada de destacamentos separados. Establecer
puestos defensivos en los cuales se puedan acopiar víveres
y conducir el ganado que se toma en las razzias *: estos puestos
han de constituí r bases ir.dependientes, á cada una de las cuales se
• 1archas muy rlipidas de caballería pot lo interior de un país enemigo.
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460 BOLETIN MILITAR
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agrega una ó varias col u m nas móviles ó volantes, organizadas y
equipadas de tal suerte que puedan ponerse en marcha á cualquier
momento, penetrar en cualquier parte del distrito que se les ordene,
y volver con la seguridad de encontrar los abastecimientos necesarios.-
Continúa.
D:S: FÁCIL CONSTRUCCIÓN
Sr. Director:
La escuela de apreciación de distancias á ojo fuera de los
polígonos, es indudablemente una de las partes prinnipales en
la instrucción <.lel soldado. Cuando esta escuela se practica en
un polígouo, es runy fácil rectificar las distancias calculadas á
ojo por el seldaerlo empleado, de man e ra que no tengo la preten ión de su
paternidad; pero como hasta la fecha no he oído hablar de él,
me he decidido á darlo á conocer, 6 mejor dicho, recordarlo,
pues e un simple problema de g OUletría plana.
Hecha la anterior salvedad, pa o á explicarle el método, ó
mejor dicho, el aparato de fácil con trucción, y para el cual se
necesitan muy pocos elemento ; debiendo agregar que por fal·
ta de tiempo no me ha sido po il>le llevarlo á Ja práctica, de
manera que ignoro si en ésta será un fracaso, siendo exacto en
la teoría.
:jt. • •
Empezaremos por establecer la teoría del método en que
se basa la construcción de lo que llamaremos telémetro, puesto
que puede medir distancias con alguna aproximación,
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\
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461
Supongamos una línea de tiradores
situada en AB y un
blanco situado en R; formemos
so\)re AB un cuadrado
que tenga por ejemplo: 40 metros
por Jado y uno de cuyos
lados-el BC-se encuentre en
la alineación BR; unamos .A
con R, con lo cual tendremos
dlls triángulos, el ADM y el
ABR, que son sem~jantes por
tener sus tres án~nlos respectivos
iguales; podemos enton·
ces entablar la siguiente proporción:
DM AB
AD = BH.
AD.AB
de donde: DM= -,rR--
.Ahora bien : si el blanco se
encontrara, por ejemplo, á 500
P metros, es decir, que BR=500
metros, tendríamos reemplazando:
o
DM= 40m X 40rn =3m20
500
Es indudahle qne para cada
valor qne demos á BH tendremos
ot.ro para Dl\f; entonces ~i
con truímos una tabla en que
para la. , 6 sea BP.
E"to estableeijarse de
tamaña miseria, ni descuidar el ·ervicio, que ~r~ su solo tema.
de estudio y el único motivo de su emulación. hn todos los ~ra.dos
se mostraba el mismo celo, el mismo apre urarniento para
hacer aún más do lo que l deber (}pmanljnicio del general, una importancia decisiva.
El coronel posee, en la realitlad, una. iniciath·a y uu poder
ajo la eual .. (, pre:-; e nte. hs pl'eei o implantar la. confianza en
todo· los grauos de la jerarquía, y para ello mo, trar ·e tan
compa.Rivo con l qne confie, a. umt falta, como implacable con
el mentiroso. Un coronel t.iene la "ohliga.ción de aumentar la
importancia. de sns snlmlternO!i mo~t[· á n•loles comple ta. eonfl.
anzS que pagau al Gobierno en monedaB
ele á cinco francos, á razón de diez reale cada una, no reciben
las mi.nnas sino por el valor de nueve reales. ¡Quién sabe si en
Barbacoas adoptarán 6 uó prácticament(:'! la ley sobre monedas
quo ha expedido en sus sesiones de este año el Congreso
de la N neva Granada!
El m{ts notable aeontPcimieuto, después del incendio, que
ocupaba Jos ánimos al tiempo za. IJa policía obliga á. entrar á los Gii.i as, a ·í los llaman,
á un tiempo, con notable 1wrjnicio de los reYemledores
que qu(-'rrían mn.v bien qne llega, Pn de uno en uno, para que
así l«.>s fn ~rll po~ihle comprarles toda su carga, y revenderla
<::ri .. tianament t.l . pné , 2in une estorbosa. concurreucia. Dentro
S como todos uuestros
mercado~ público¡;;, Varia vocPs hablan á uu tiempo mismo
á. cada vivanrlero, ::r· \aria manos lo as n por todos l~s
¡Htntos 1(' Rt e o 1 i( ~ ( : s; p e n t p r tollas las cosa~;
se ofrecen to o~ los precios; se admlten ó niegan todas las
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propuestas; pero poco á poco se prepara el desenlace final :
del grupo se van epa ·ando dos á dos, tres á tres, los compradores
.Y lo" vendedores; hasta que con el último rayo del sol
no queda en el eseeuario un solo actor; y eada. indio yace tendido
á influjo del precioso guarapo, en cuyo consumo sacrifica
toda, 6 ca 1 toda. la ganancia de su ·viaje, para volver á atravesar,
cargado con tre~ 6 cuatro arrobas, la montaña, desafian.
do la intemperie y las fatigas, por una escasa paga que se bebe
antes de concluír el trabajo.
Pueden computarse en setenta lo vivaruleros que, un día
cou otro, vienen á Ba.rbacoas, trayenuo cada uno, por término
medio, el valor de cuatro pesos, lo que i nuica que la cantirlad ían
sometido ya los dilatado pa.í es del Perú, y la provincia
Ver más