A~OIV Bogotá, ~nero 13 de t '9oo NUM.lM
__ _., . ._. __
ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO
Dtu:cToa AD·HONOU:M, FRANCISCO J. VERSARA Y Y.
Corl)nel, Miembro de la Sociedad Colomlliana de .Ingenieros
Son colaboradorea natos de este periódico todo& loa lefea T
Oftcialea del EJército de la Repdblica
OFICIAL
( 21 DE DICIEMBRE)
por el cual ae concede un aobreaueldo provisional
El PrtJidentt de la Repúblita
CONSIDERANDO
Que el Guardaparque general y sus Ayudantes tienen considerable
recargo de trabajo en la época presente, que es muy justo retribufrles;
Que en iguales circunstancias, y por idénticos motivos, se les asign6
un sobresueldo de cincuenta por ciento (so%) durante la revolución de
1895; y
Que á los empltados del Ministerio de Guerra se les asign6 el
mismo sobresueldo,
DECRETA
Artículo único. El Guardaparque general y aus Ayudantes disfrutarán
de un cincuenta por ciento (So%) de sobresueldo desde el día
que comenzaron á ejercer en la presente revolución.
S· Dicho sobresueldo les será cubierto por el Habilitado del Cuartel
general del Ejército.
Dado en Anapoima, á 21 de Diciembre de 1899.
MANUEL A. SANCLEMENTE
El Ministro de Gobierno, RAFAEL M. PALACio-El Subsecretario
de Relaciones Exteriores, encargado del Despacho, ANTONIO G6w•z
RssTR.EPO-El Ministro de Hacienda, CARLOs CALDERÓN-El Ministrp
de Guerra, JosÉ SANTos-El Ministro de Instrucción Pública, MA•C:O
f, SvÁIUiz-El Ministro dd Tesoro, RAFAEL ÜRTIZ. ·
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BOLETÍN MILITAR
~30P.:El~O N'C'ME?.O .... DD ~900
(3 DE ENERO)
por el cual se organiza un Ejército de Reserva
El Presidente de la República
DECRETA
Art. 1. 0 Organízase en el Departamento de B:">yacá un Ejército de
Reserva destinado á secundar las operaciones y movimientos del Ejército
del Norte, que comanda en Jefe el General D. Manuel Casabianca.
Art. 2. 0 Nómbrase Comandante en Jefe del Ejército de Reserva
al General Vicente Villamizar, y Jefe de Estado Mayor general, al General
D. Isaías Luján.
Art. 3.o Este Ejército se compondrá, por ahora, de tres Divisiones,
y se aumentará á medida que las circunstancias lo determinen.
Art. 4. 0 La 1.• División será comandada por el General Ramón
Acebedo, como Comandante general, y encral Salvador Franco, como
Jefe de Estado Mayor. Constará de los siguientes Cuerpos:
Batallón Artillería: Jefe, General Juan Francisco U rdancta.
Urdaneta: Jefe, Ooronel Manuel A. E callón;
SanttJJ: Jefe, Coronel Adriano R. Blanco; y
SebaJtián Q¡pina: Jefe, Coronel FrancÍ:>CO c.amacho B.
Art. 5.o La 2.• División la mandarán los Generales Benito Marínez
y José María Mo quera, como Comandante general y Jefe de
ítstado Mayor, respectivamente, y se compondrá de los Batallones:
P1payán, al mando del Teniente Coronel Félix Salina~;
Timhío nímtero 1. 0
, al mando del Coronel Antonio Elvira; y
Zipaquirá, al mando del Coronel Tomás García.
Art. 6. 0 La 3.• División será la columna Caucann, que comandan
el General Angel Córdoba y el Coronel Agustín Lindo, const:rvará
la organización que tiene, y comprende los Batallones Silvia, Calibí~,
'Timbío 11úmero 2.0 y Córaoba número 2. 0
•
Art. 7 .o Conforme á lo dispuesto en el artículo 1.0 , el Ejército de
Reserva queda subordinado al General Manuel Casabianca para todo
lo referent á la campaña del Norte, debiendo cubrir los puestos que se
le señalen en la línea de operaciones, y concurrir a los combates conforme
á las instrucciones que el expresado General en Jefe le comunique.
Art. S.o Cuando estén suspendidas las operaciones militares ó terminada
la campaña del Norte, el Ejército de Reserva recibirá y cum·
plirá ánicamente las órdenes del Ministerio de Guerra.
. Arr. 9·o El Cuartel general del Ejérctto de Reserva residirá en el
l"'ar c:¡ue las necesidades lo exijan. Por decreto separado se harán l91
,
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36 BOLETíN lttLIT.!.R
Ministerio dt Guerra
El Ministerio de Guerra aprobó la reorganización que á dicho
Ejército dio su Comandante en Jefe con fecha 31 del pasado, al refundirse
en uno solo los antiguos Ejércitos de Santander y Boyacá, y por
lo tanto, el actual Ejército del Norte consta de las diez Divisiones siguientes:
Primera División: Comandante general, General Roberto Morales
T.; Jefe de Estado Mayor, General Ernesto Borrere. Batallones:
Bárbula, Boyacá, Nariño y Oazadores.
Segunda División: Comandante general, General Gonzalo García
Herrerós; Jefe de Estado Mayor, General Francisco Sarmiento. Batatallones:
Holguín, Granaderos y Sucrt.
Tercera División: Comandante general, General Ramón González
Valencia; Jefe de Ec;tado Mayor, General Aurelio Parra. Batallones:
P~rmplona, Pamplonita, Cúcuta, .Arboltdas, Mutizrua, Chiníttota y Patriota.
Cuarta División: Comandante general, General Julio C. Upegui;
Jef de Estado M:¡yor, General Jesús María Quintero. Batallones: Tt•
trift, Julio Arboleda, Io.o, 1 1.o y 13. 0 del Cauca, y Escuadrón .Antiot¡
uJa.
Quinta División: Comandante general, General Roberto Quijano;
jefe de Estado Mayor, Coronel Urbano Lundoi'io. Batallones: Cundinamarca,
Bolívar número 1 •0
, s,mdementt, y Escuadrones N e ira y
S autos.
Sexta División: Comandante general, General Francisco Aguilera;
Jefe de Estado Mayor, General Emili<;> Ruiz. Batallones: .Bolívar
número 1.0 , Canal, Berna/ y Ricaurte 11Úmero I.v
Séptima División: Comandante general, General J ulián Arango;
Jefe de Estado Mayor, General Manuel Medina C. Batallones: //alderrama,
Briceño, Giiicán, 1.0 del Norte, y Regimiento Ricaurte.
Octava División: Comanda.He general, General Manuel José Santos;
Jefe de Estado Mayor, General graduado Pedro L. Villamizar.
Batallones: Afá/aga, Córdoba fiÚmero 1.0
, Ricaurte número z.0 y Pozano.
Novena División: Comandante general, General Gabino Hernández;
Jefe de Estado Mayor, .•..•....• (Faltan datos).
Décima División: Comandante general, General Ar ... uro Dousdebés;
Jefe de Estado Mayor, General Antonio R. Díaz. BaLallones:
'Bomboná y Tiradores.
El Poder Ej~cutivo, por Decreto de la fecha, nombró Jefe de Estado
Mayor general del Ejército del Norte al General Próspero Pinzón.
El Subsecretario, CLÍMACO LOSADA
;Bogotá, Enero z de 1900.
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BOLi:TIN MIL1TA.U
El error de cerradura, que se obtiene cuando se mide en la dirección
ea la longitud del lado EA se reparte, como se ha indicado,
si faere ·admisible.
Métoio •t inttruaión d~ 'l'Úttalts. Sea ABO (fig. 47) la base y M N P
loa puntos que se trata de determinar por el método de intersección de
visuates-Se levanta la oasc ABO por el método de caminamicnto, y
en cade una de las tres estaciones de la plancheta se trazan las direcciones
que unen el punto de la estación á los puntos l'vl N P. Con las do
primeras estaciones quedan determinados los puntos ; la tercera da una
comproBación.
Hay que tener present'! que se deben escoger las tres estaciones
JIBO d·e la base, de tal inodo que las líneas am, !J!n, cm, se ~arten formt
o ángulos bast4nte grandes, y tanto·como sea posible, mayores de
30 grados, para que sea bien determinada la intersección.
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40 . BOLETÍN Ml~ITAB
Sean ABO(fig. 48), los puntos dados, representados en el plano, en
•lu. Se quiere determinar la posición del punto M. Se sitúa la plancheta
en el punto M, y se coloca sobre el la un papel transparente. Se hace
coincidir el punto m tomado arbitrariamente en este papel, con el punto
M del terreno, y se trazan las direcciones mA, m.B, mC. En seguida
te hace mover el papel transparente hasta que las tres direcciones m . ~cadas
pasen exactamente por los puntos abe del dibujo. En esta postci6n
se marca el punto m, que representará el punto M del terreno.
Este problema puede rcsoh·crsc. por otro~ métodos gráficos y tri¡
onométricos, que no podemos cstudtar en este curso eh:mcntal.
Dtftctgs dt la plancheta-A pesar de todas las pr~~auciones minuciosas
que se toman para poner una plancheta en estac10n, resulta siem-
. pre de los errores de orientación,
sucesivos y casi inevitables, que
la plancheta no es un instrumento
exacto para les levantamientos por
el método de caminamiento ; además,
no se puedt' e\'Ítar ordinariamente
tener muy cortos algunos lados
del polígono topográfico, lo
que introduce en el dibujo errores,
á veces considerables, por la incertidumbre
de la orientación. F.n
fin, el trazo de Utl lado del caminamiento
se deduce lo más á menudo
del trazo del lado precedente,
sobre todo en terreno cubierto de
obstáculos, y un error cometido
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42 BOLETIN MILITAR
con la plancheta; por consiguiente, en todas las estaciones es preciso
comprobar la orientación, dirigiendo una visual sobre uno de Jos puntos
precedentes. Si se encuentra un desvío sensible, no debe tenerse
en cuenta las indicaciones del declinatorio, y hacer las operacionea en
este punto con la plancheta ordinaria.
Hay que tener presente que las cadenas, los jalones con regatones,
etc., pueden oesviar la aguja imanada, y los ayudantes que llevan
esos instrumentos tienen que alejarse de la plancheta declinada. También
precisa que el operador no lleve navajas, ni llaves, ni binóculos de
acero, ni otro objeto de hierro.
A pesar de todo.la plancheta au~ declinada no es instrumento c6modo,
ni tampoco exacto para los levantamientos por el método de caminamiento,
porque no se manifiestan los errores sino al fin de las operaciones,
cuando cierra el polígono. Además, no se conoce el valor de los
ángulos, y para buscar un error es preciso volver á principiar la~ operaciones
en el terreno.
La plancheta, y con preferencia la plancheta declinada, es, al
contrario, el mejor instrumento para los levantamientos por el método
de intersecciones de visuales, porque en ella se pueden trazar direcciorH.:
s m u y larga s in e m plcar transportador.
Capitán SABARTHEZ (de ingeniero.)
(Continúa)
~; JCf!fON DOCTRINAL
AL TRAVÉS DE LOS TIEMPOS
Traducción arreglada para el Boletí11
Por batalla entienden los hombres del oficio la lucha gen~ral
de un ejercito con otro ejército, preparada por un conjunto de
operaciones y maniobras, bien que en algunos casos resulta del
encuentro fortuito de los dos adversario;.
"Las batallas deciden de la suerte del Estado, puesto que en
la guerra no queda más recurso que irse á las manos, ya porque
de otro modo la querella sería interminable, ya para colocar al.
enemigo en condiciones de inferioridad é imponerle nu~stra volun ·
tad, ora, en fin, para salir de dificultades creadas por la misma guerra.
Un jefe cuerdo nunca ejecutará movimiento alguno sin razones
de peso que á ello lo obliguen, y un general de ejército jamás
librará batalla si carece de designio importante que justifique el
peligro que en ella se afronta. Cuando el enemigo nos obliga á librar
Untl batalla, es prueba de que lumas cometido faltas que nos fuerztJn á
ruihir la ley del enemigo en vtz de dársela.
"Las mejores batallas son las que se imponen al ettemigo,
porque es regla del arte obligar al contrario á c¡ue haga aquello que
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BOLETfN MILITA B.
nd quería ó no pensaba hacer, y como nuestros int«-reses ~erán diam~
tralmente opuestos á los suyos, es claro que per eguiremos un
objeti~o que él pretende no dejarnos alcanzar. (Federico el Grande.
lnstracciórz militar del Rey de Prusia)."
"Según Napoleón, no debe librarse batalla sino cuando de
roo probabilidades se tienen 70 de ganarla, y además es imposible
alcan'1..ar el fin que se persigue sin recurrir á medio tan extremo,
en que siempre tiene una parte el azar. Cuando no os encontréis"
en oposición con este doble axioma, librad la batalla para terminar
una campaña, levantar un siuo, destruír un ejército que os cierra
el paso, entraba vuestras operaciones ulteriores y no podéis flanquear,
está en vísperas de recibir refuerzos que le darían superioridad
peligrosa, ó en fin, cuando se presenta una buena oportunidad
como cuando os encontréis obre sus espaldas ó sobre uno de sus
flancos, si sus c:urrpos están separados y con dificultades para concentrarse,
etc._ •• Evitad en cambio la batalla si pensáis que las
consecuencias de una derrota serían má grave par:1. vos que provechos
derivaríais de la victoria; si el enemigQ está en una posición
inexpugnable, si no tent!is reunidas toda vuestra.:i tropa , si
podéis esperar que el tiempo, la fatiga, las enfermedades, la falta
de recursos y 1 s di ensione entre los jefes vengan en vuestro auxilio.
(Bugeaud. Máximas, cfJnsejos é instrucciones sobre el m·te de la
guerra)."
El asunto es grave, corno se ve, y para dilucidarlo preciso es
ocurrir á las enseñ?nzas de la historia y de los maestros en el arte.
Las batallas son ofemivas ó defensivas : la primera se libra
cuando se es superior al enemigo, cuando se ha terminado la concentración
de las tropas antes que él, cuando se quiere salvar una
plaza en peligro, aprovech,lr un falso movimiento del adversario,
estrediar un ejército en un campo atrincherado ó forzar un bloqueo.
La batalla defensiva habrá que aceptarla cuando estemos en
circunstancias especiales que nos obliguen á recurrir á ese procedimiento,
siempre indicativo de inferioridad, principalmente desde el
punto de vista moral; tal es el caso cuando, por ser superior e1 enemigo
en tropa, se aguarda su choque en terreno reconocido y preparado
de antemano *, en especial para ganar tiempo mientras llegan refuerzos
anunciadm, ó facilitar operaciones divergentes, y, sobre
todo, para tropas encargadas de misiones determinadas que les imponen
la obligación de sustraer á la acctón del enemigo ciertas zonas,
como el paso de una cordillera ó un río, las comunicaciones
de un campamento, etc.
• Sin embargo, si con ejércitos pequeños resulta la batalla de una tentativa del un~
para ocupar un •erritorio que el otro disputa, el que se ponga á la defensiva porque e
contrario logra cerrarle el paso, tendrá que recibirla ele ordinario en un terreno cualquiera,
lo que demueatra q"e precisamente la necesidad de vastos conocimientos mi1•ta
et oorre pareja iaversa con el efectivo de los ejército~. La& ~randet ma•a• reducen la
batalla á sítnples choquea e·stratégicos de frente, cual si se tratara de nue·tu invasiones de
l)áro~roa • .
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44 BOLETÍN MILITAR
Napoleón, en sus Co•nmtarios, afirma que limitarse á defenderse,
es expon~r3e al peligro sin provecho alguno ; pero debe
advertir:;e qu.! la bat tila d~fen ;i va no ex.:luye los contraataques en
lo:> puntos C'lnve 1ientes de la línea de comiJ.:~.te, porque con las
armas moJernas no cabe la defensiva ab:;oluta, como lo testifican
las últim1s guerras: cond!narse á resistir el choque del enemigo
sin escoger, á su turno, la h:>ra de obnr, es condenarse sin remedio
á la derrota.
D.:!sde luego hay que confesar q•Je la facultad de librar ó
rehusar batalla no es absolut;:t: el mismo Federico reconoce que d~
cinco de hn bltalla~ de la g erra de Sucesión d .... . Au·tria sólo tres
prem.!dit >. "En 1 >lw i tz lo5 austria::: > e situ'Jron entre mi ejército
y W >hlan, d nJe tenía mis víve,.es y artillería; en Sohr los
en .... mi~os rn.! cortaron el c -1m in d:: Trauteneau, de suerte que sin
correr el rie:; g) d..! p_rder Íntel)"r;,¡m~nte mi ejército, no podía rehuír
la luch.1. r:n cambio exarníne~e la diferencia que hay entre
estas batallas impue tas y la determinadas por propia voluntad;
cuál no fue el éxito de las de Hohen .Friedbet g, de Kes~elsdorf, y
sobre todJ Cza d iU, q u~ n ; procuró la p.lz. (F eJerico: Instrucción
militar del r ey de Prusia)."
Por »u p rte Jo é de M .1i tre hace la ~iguiente oh ervación:
''Un día, á un militar de gran talla, á Suvarotf, pregunté: 'Decidme,
seilor G ... neral, ¿qué es una batalla perdida? nunca he entendido
el punto,' y él después de un momento de silencio me respondió :
'¡ no lu sé !' ~~ ra otro breve silencio agregó: 'e& una batalla que uno
a ee haber perdido.'''
Al principio d.! lo> tiemp la b1talla no pudo existir y la lucha
tuvo que ser poco m~nos que individual; de !' pués la igualdad
de inrer .... es mancomunó á los hombres, se reunieron las primeras
fuerzas y la pugna adquirió carácter de colectividad. El primer
sistema de brega, casi io.stint ' vo en el hombre, se traduce en la
tentativa de sorprender ó por lo menos envolver al enemigo; así
se proJuj la derrota de Cre o en Timbrea, la de los romanos en
Trebia y en Canas, y la de Vercengitorix en Alesia. Cuanto á los
medio· para lvgrar d golpe, variaron con la época, las armas y el
carácter de lo.s pueblo;;. En la práctica, hoy las batallas pueden no
ur d :tisivas, pe.ro esto no sucedía en tiempos anteriores. "En la
Antigüedad todas las guerras se decidieron por medio de b:nallas,
por lo cu .d pudo haber rápidas conq ui:;tas; al presente la guerra
descansa en los asedios y los combates (Duque de Rohán, Tratado
del artt de la gutrra, siglo xvn)."
A raíz de la invención de la pólvora, las armas de fuego tenían
tan p.>co alcance y precisión, que las batalla siguieron librándo
·e como en la Antigüedad. Entonc~s el resultado de la lucha
dependía de la acción de las troDas, del valor intrínseco de las
maniobras, y lo que hoy llamamos grandes operaciones era cosa
desconocida; á la batalla se fiaba la decisión de la campaña ó,
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:ÜOLETÍN MILÍT.A.R ' mejor dicho, la guerra. La victoria pertenecía al jefe que mejor
haaía evolucionar sus tropas: el terrena no entraba en juego, puesto
que el peligro se presentaba~sólo á boca de jarro por decirlo así.*
De ordinario el ejército asaltante avanzaba á paso redoblado,
erizado de picas y precedido por grupos de hombres armados á
la ligera que iniciaban la hcha acribillando á flechazos ó pedradas
los batallones enemigos, pero muy pronto esos tiradores se retiraban
para dejar el campo al grueso del ejército, formado en masas
compactas, y entonces principiaba la lucha de espada contra espada,
escudo contra e~cudo, una especie de gran duelo :nás ó menos
intenso al arma blanc t. Hasta que llegaba el momento decis~vo, los
jefes podían vigilar fácilmente la trvpa, y lo· amilanamientos individuales
podían repararse á tiempo. U na vez empeñada la lucha
cuerpo á cuerpo, cada cual sabía que volver ja espalda equivalía á
morir. Las armas blanc s p >rtátile ejecutab.1n labor más sangrienta
que las de tiro, por lo cual el vencido p .... rdía mucha
tropa y muy poca el vencedor. Por eso en M.iratón los 1 o,ooo
griegos vencedores sólo perdieron 192 h mbres, y los roo,ooo infante:
s y ro,oo:::> jinete · per as vencid· dejaron 6,400 en el campo;
en Platea, donde lidiaron 1 ro,ooo griego y 350,000 persas,
r6o cuesta el triunfo á lo primeros, y sS,oo::> la derrota á los segundos;
en Arbela (4o,ooo infantes y 7,ooo jinetes del gran Alejandro;
6oo,ooo infantes y 45,000 jinetes persas) los macc<..onios
pierden 100 hombres y J,ooo caballos, y los persas (según Arrano)
300,000 soldados. En una palabra, el vencido era destruído, y
no podía suceder de otra manera, porque dada la naturaleza de las
armas, guardar prisioneros era peligrosísimo para el vencedor.
Los romanos contaron, ante todo, cont la acción maniobrera
de sus tropas, y su. batallas tienen algo más ágil y resuelto que las
de los griegos, quienes, militarmente, se di:>tinguicron en la resistencia.
Tras preguntar tres veces á los legionarios si e taban listos
para la pelea, se lanzaba el grito de combate y se tocaba á la carga;
tras la ofensiva de los velites, especie de inf,tntería ligera, que
cubría enemigo con una granizada de flechas, los legionarios abordaban
al contrario, en orden cerrado y á paso acelerado, no sin
hacer antes un igero alto para lanzar la jabalina. Los hastarios
iniciaban la batalla, propiamente dicha, espada en mano, y sucesivamente
eran reforzados por otras líneas de soldados mantenidas á
retaguardia, el mayor tiempo posible, en grupos unidos y compactos.
"De ordinario los romanos ganaban sus batallas, por más que
sólo emplearan d ataque d frente, por la superioridad de su armamento,
su disciplina y su coraje (Rogniat)." En Tunes, donde los
cartagineses derrotaron á los romanos, apenas pierden 8oo de
• Y aún sucede así en los ejércitos de los pueblo~ atrasados en el arte, eu los
cuale3 las cam 1añ .Ls se reducen " bLt-carse J..s ejército::. y chocar ciegamente al encontrarse,
dependie11do la victoria, por ~lo mismo, de la calidad y armame11to de loa
oon ten dores.
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BOLETÍN MILITU
12,000 infantes, 4,000 jinetes y roo elefantes, y los segundos contaron
1 7,8oo bajas sobre 1 s,ooo infantes y 300 jinetes. En Ca as,
los mismos contendores presentan 40,0~0 infantes y Io,ooo jinetes,
por un lado, y 8o,ooo infantes y 7,soo jinetes los otros: los
cartagineses dejaron 5,200 muertos en el campo y los romanos
]O,O'JO muertos y 1 o,ooo prisioneros.
En las batallas de la Edad Media no varía la desproporción
entre las pérdidas del vencedor y las del vencido: en N a varet te
(Abril 13 de 1367), el Príncipe de Gales apenas deja en el campo
64 hombres y el contrario pierde 8,ooo sin contar los ahogados.
Las batallas de este tiempo son aún más decisivas que las de la
Antigüedad, por no ser resultado de maniobras premeditadas, siendo
sí de observar que las armas defensivas acabaron por disminuír,
y mucho, las pérdidas de los vencidos, lo cual explica la tenacidad
con que los caballeros defendían el uso de la armadura. *
Por entonces una vez empeñado el combate era muy difícil
retirarse luégo en buen orden: lo natural c>ra que el vencido sucumbiera
ó se desbandara. A pesar de la poca ó ninguna ciencia táctica
de la época, una especie de ordenación en línea de batalla precedía
á la lucha, y en ella se vislumbran los gérmenes de lo que más tarde
se llamarán maniobras preparatorias del combate. Dicha ordenación
se denominaba asamblta. Establecido el orden de batalla, no
se tomaba otra precaución, por ambas partes, que la de garantirse
en lo posible de la influencia perniciosa que sobre el uso de las armas
podían ejercer el sol, el viento y el polvo; la acción del viento,
insensible sobre la bala moderna, lo era y mucho sobre los dardos,
por lo cual tal acción fue constante pesadilla de los táctico; de lfi
época. Aníbal en Canas dispuso de tal suerte su ejército, que el
sol y el viento daban en el rostro á los romanos qu'!, cegados por
el polvo y mortificados por el resplandor de las armas, sucumbieron.
Quince siglos más tarde, Casaubon todavía podía decir á Enrique
1v: "Supisteis utilizar perfectamente;: el sol, el vien!o y el
polvo."
En la Edad Media como en la Antigüedad, t>scaramuzas
principiaban la batalla: emprendíanla los caballeros, que dejaban
• Ejemplo ~dmirable presentan á este respecto las guerras de la conquista, tan ma
estudiadas entre nosotros, ya que todo lo que hay escrito sobre ella!> emana de autores extraños
por completo á la ciencia militar, como lo prueban las in\•erosiu•iLitudts que re·
latan con todo aplomo y la ignorancia del tecnicismo clel caso, siendo de aentine, por lo
mismo, que no se haya profun d izado el estudio de las prácticas militares de loa pijaos, de
su origen y de la facilidad inaudita con que las moditi.-:aron para hacer frente á Jos conquistadores.
Claro es yue entre las iuverostmilitudes á que nos referimos está la de las
cifras de IQs ejércitos atribuíclos á los indi s: basta mirar el terreno en que se dice tuvieron
lugar esas jornaclas para comprender que allí nunca pudieron ordenarse los millares
de combatientes señalados, confirmarlo esto por lo exiguo de los ejércitos que poco
más tarde hicieron frente á los conquistadores.
A decir verdad, lo que iue la bata.la en la Edad Media, en bueQa pBite hija de Ja
falta ele territorio orj;{anizado que permitiera reemplazar ein demora un ejército prrdido,
por lo cual no sucumbió Roma después de Canas, se 1ealiza ac¡ui hia&ta en la 'uef~ 9._
'"dependencia en los Llanos.
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BOLETíN MlLITAA
contextura de la batalla sobre la que predominara en aquella época,
de donde disposiciones que á veces á nada respondían: en 154],
al poner Francisco 1 sitio á Landrecies, dispuso que un tercio del
ejército permaneciera aparte, fresco, para socorrer á los otros dos,
"procediendo como triarios, es decir, á la maner11 de los romanos."
Las reminiscencias clásicas ejercieron sostenida influencia en las
prácticas militares de Europa.
En Francia, en tiempo de Luis XIV, de ordinario un ejército
se dividía en tres cuerpos que el día de la batalla se disponían sobre
tres líneas, llamadas vanguardia (primera), centro ó batalla (segunda),
y retaguardia (tercaa); si esta última, en vez de ser igual
en fuerza á las otras, era más débil, recibía el nombre de cuerp~ de
ruerva ¿Quien no reconoce en esta disposición la tradición persistente
de ló:is doctrinas romanas, modificadas por el progreso del
arte?*
Tanto en la Antigüedad como en el Renacimiento, y hasta
los tiel\lpos de Gustavo Adolfo y de Turena, la tendencia fue emplear
un orden de batalla invariable ó poco menos: faltas las tropas
de elasticidad, se le aplicaba ciegamente sobre cualquier terreno
que el azar determinaba como campo de batalla. Los ejércitos se
aproximaban á 700 ú 8oo pasos, 6 sea al alcance del cañón, para
principiar la lucha, pero no falt.tn ejemplo en que esa distancta se
elevara á un cuarto de legua.
De esa falta de movilidad resultaba que lo importante era dar
la batalla y no recibirla, porque las tropas amontonadas y poco capaces
de movimientos rápidos y deci~ivos, se exponían de lo contrario
á una destrucción completa, como sucedió en Senef: siendo
entonces el orden de batalla un instrumento inmediato del combate,
destruír ese orden era destruír el ejército. Por la fuerza de las
cosas los militares fueron 11evados á buscar en la fuerza de una posición
un seguro, un apoyo contra las eventualidades de la lucha
en campo raso, porque se carecía de los medios de afrontarlas técnicamente.
Tal es la razón de que las batallas se libraran entonces
de ordinario con ocasión del sitio de alguna plaza fuerte y no como
choque de dos ejércitos en marcha.
Después de Luis XIV las batallas se reducen á luchas de puestos,
expediente con que se encubre la insuficiencia del mando y la
falta de aptitudes para mover masas de tropas: la batalla de Fontenoy
es ejemplo del empleo de puestos fortificados, dispuestos para
apoyar la infantería; Raucoux y Lawfeld son también ejemplos de
batallas sin táctica. Mauricio de Sajonia pintó así el combate de
su tiempo: "Los batallones avanzan lentamente. Los oficiales gritan
cerrad 1 La cabeza de los jefes da vueltas, porque otro tanto
• No hace mucho años en la pren ·a militar tle Francia proponía tlit~tinguido
escritor, con buena cupia de razones, la organización romana de la legión, como
modelo cabal pa1a estos tiempo , modificando apena en el combate distauctias' i~·
~~ .
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.4:
ucede al. genera! que· grita después de ellos. ·Por fortuna el mal no
es grave, porque el enemigo también lo padece. · ¿ Qué· sucede en
seguida ? Se rompen los fuegos á locas, lo cual es el colmo del absurdo.
Después las tropas se aproximan, y una de las dos huye
cuando ya sólo distan cincuenta ó sesenta pasos. Hé ahí lo que
se llama cargar (mes reveries )."
En resumen, lo acompasado de los movimientos de las batallas
de los siglos x vIl y xv 111 se presta poco á resultados decisivo~, y
ellas no son en vtrdad sino grandes escaramuzas, que no terminan
las guerras como sucediera ante , pue ésta no concluyen sino por
falta de recursos para continuar los gastos. El mismo Mariscal de
Sajonia pudo e cribir que "un General puede hacer la guerra durante
toda su vida sin librar batalla, r quizá este sería el mejor
modo de hacerla." Entre dos Generales de igual capacidad, toda
-una campaña podía irse en ese ramuzas, sin llegar nunca á un encuentro
decisivo, como acaeció en el R hin entre ·rurena y Montecuccoli.
En B é l()'ica, por la sucesión de Espaiia, e guerreó quince
años, sin que una acción decisiva pusiera fin á las hostilidades. La
cuenta de cad campaña e reducía á perder ó ganar alguna plazas
fuertes.
Ambo partido se acomodan con un orden de batalla po o
menos que ab oluto, que le impone la inactividad por la e ca amovilidad
que permite á la tropa . La batalla de Liegnitz (1 760)
fue perdida por el General au triaco, porque su Jefe de E tado
Mayor pretendió cambiar el orden de batalla del Ejército la tarde
víspera dt la acción, resultando que el grueso de la fuerza nv llegó
.al terreno elc~ido sino diez hora dcspué de la. derrota de la van~
guardia por Federico de Pru ia.
Y . Federi~o fue, en .eft::cto, .el. primero que, siempre bien pre•
parado para la lucha, supo, aun sobre un terreno dc!!conocido,
adoptar un orden racional de combate, y hacer frente á lo imprevisto
con el vigor y la resolución: por la ligereza de sus maniobras
tendió á limitar el campo oc la e5trategia, aumentando el de la
táctica, y desde entonce::> un nuevo principio dominó en la bar lla,
~ saber: que si e la libra con método y ciencia, aun en la situación
más falsa ó peligrosa, puede, muchas veces, terminar con una
victoria completa, como sucedió á los macedonios en ls o. La
batalla presenta, pue~, mayor vida; se aprecian mejor las ventajas
de los movimiento rápidos; ya no se trata sólo de garur la llave
.de una posición, porque aun cuando el terreno con~erva todavía
importancia capital, dicha ganancia no e , como antes, la condición
indispensable del triunfo. Las batallas aumentan y disminuyen
los sitios: Turena, E u genio, Gustavo Adolfo y Federico,
reunidos, figu.ran con 35 batallas, en tanto que el solo Napoleón libró
49· Ya en la Antigüedad flanquear y envolver al adversario,
endía á prevalecer como ·maniobra clecisiva de las batallas, y eL
. l.
/
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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BOLETlN JULITAB 51
1 J ' j ' l .
e·ngtnd~r · o P<*óS · hdktenYes du~ante 1 rarg8 espaéi''O' de tieín . ·
c¡ue ' pre 'a a 6tontttimitH~~, • :y se comprtnüe por úé dtslídrtlai'
aJ e'nemigo :pódí~ hb sertsino i.tnó de lo~ muchos 1irréi e1'.tes ,
cidO§ en 1\ina potción de a línea de· batalla, 'ton intre~r\lienói r .:
lativa 1del juégo euriip'lido en lás otras. FJe esa elasti¿iaad de los
mo itnietitos y la combinaciones tenílá que resultar,1además, el en
sanctiamiento de ~os campos de batalla, ácrecido :aun• con el mét~
do de los grandes movimientos de flanqueo, tendientes no ya á
rebásar simplemente el frente del adversario, sino á envolverle una
ala y hasta todo su ejército. Por tal motivo puco darse con justicia
el nombre de batallas estratégicas á esas maniobras envolventes
de Tapoleón, que producían un res•Jltado decisivo mediante
simplC's combinaciones en las marcha de las co}umnas que abrazabé.
n así enormes Pspacios de terreno. "La lucha no abarca sólo
do ó tre mil toe~as de frente, como en F ontenoy; no . e red u e á
algunas hora ~ , como lo praccicaba y recomendaba el lVlar i cal de
Sajonia; dura de quince á eintc días, y tiene por teatro provincia
y aun reinos enteros (General Larnarqu "')."
1'ambié n apoleón, por eso mi mo, deploraba á menudo que
sus oficiales no hubieran tenido tiempo de adquirir conocimientos
proporcionados á la importancia creciente que les tocaba en ]a
guerra como consecuencia del ensanche de u campo de acción. ·
"No sabm hacer la guerra sim sobre los camino s reales y dtntro del
alcance dd cañón, decía en Santa Elena, en tanto que su campo de
batalla habría dtbido abarcar la totalidad dd país." ,
A partir de principios dd siglo los campes de batal1a no ha 1
cesado de crecer, de suerte que la dirección de la lucha se hace
más y más difícil; el ensanche del campo de batalla y de ]a zona
peligrosa de las arma· ha cambiado por completo la misión del
General en Jefe; abarcar el conjunto de la lucha es imposible, la
dirección de la brega tiende á esQQpárscle de las manos, el mando
se subdivide forzosamente, y las jornadas no son ya batallas de Generales
sino de Capitanes y hasta de soldados, por cuanto se del:lcomponen
en una serie de coiT'bates parciales cuyo desarrollo no
puede ser guiado por una simple ojeada al conjunto. Semejante
transformación se hizo presentir desde las primeras campaí1as de
Napoleón; en Lodi, Areola y Rívoli venció con 18,ooo hombres;
en Marengo con 28,ooo, en Austerlitz con 6s,ooo, en Jena con
56,ooo, en Eylau con 63,ooo, en Montmirail con 4o,ooo y en
Montereau con 30,000. Ahora bien, cada vez que en un mismo.
día tuvo que empeñar más de Ioo,ooo hombres, la acción no co-. 1
rrespondió. á su genio militar, porque la organización de sus ejércitos
no se prestaba á la doble descentralización del mando J. de la,
dir-ección de las masas empeñadas; por lo que hace al mando y dirección
pe tropas por una sola voluntad, la naturaleza ha puesto límite
á las facultades humanas.
NC LA RE u cA
• ('lfiCA
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BOLJITIK JllliLl'rA&
,. .. .. .. .
Antes un general apostado en un punto dominante podía
~barC'ar con la mirada el terreno en .que luchaba su ejército; hoy
no sucede lo mismo. La táctica ha modi-ficado profundamente la
fisonomía del campo de batalla. "Las tropas ya no forman en el
campo de batalla largas líneas continuas y distintas; al contrario,
se reparten sin orden aparente y en zona de aRchura v~riable;
sobre el linde de esa zona más próximo al enemigo se distingue
una línea de tiradores empeñada en un combate de una exttemada
violencia, y que presenta ondulaciones que varían sin cesar, según
el grado de resistencia que cada fracción halla á su frente; más
atrás se o~servan escalonados pequeños grupos en filas cerradas,
qu'! ora avanzan aislados mediante movimientos rápidos y cortos,.
ora se detienen al abrigo de los pliegues del terreno, de donde tornan
á lanzarse de nuevo para ir, por último, á fundirse en la línea
de tiradores; todavía más atrás se encuentran grupos más fuertes
-columnas de compañía-que siguen el movimiento de los escalones
que la'i preceden, Y. también pasan rápidamente de una posición
á otra. En una palabra, sobre toda la exten_ión de la zona
ocupada por las tropas se produce un movimiento continuo é irregular
de atrás hacia adelante, de suerte que á primera vista parecería
que cada grupo se precipita al combate por su propia cuenta.
Y en realidad no hay acción única, sino una serie más ó menos
numerosa de combates parciales (General Herthaut. Des marches
et des combats)."
Del atento examen Je las batallas de la segunda mitad ~:lel
siglo resulta, además, que el frente de combate se desarrolia de un
modo e traordinario á expensas de la profundidad, con ecuencia
natural de la adopción del orden disperso que ha sustituído en
la lucha al cerrado: es el tacto moral de las responsabilidades y de
la iniciativa que reemplaza al material de las filas y los codos
que en siglos pasaCios era para los generales la ley suprema. Hoy
los esfuerzos no tienden á introducir la cohesión en las filas, á
formar masa como único medio de destruír al enemigo; la acción
de las masas ha sido reemplazada dentro de ciertos límites por la
acción individual. La batalla no es, pues, una y simple, sino múltiple
y compuesta: aquí una compañía trata de ap<>4_erarse de un
bosquecillo, allá un batallón ataca un pueblo, más lejos se disputa
una cerca, una altura, etc.; y esos combates parciales no tienen
entre sí otro enlace que la comunidad del objetivo general. La
victoria es el resultado ó suma de los éxitos alcanzados en los diversos
puntos de la línea de batalla, de donde 'JUe la guerra se
haga no sólo con la masa y las piernas del soldado, sino con su
inteligencia · en primer término; destruída la unidad en la batalla
para dar campo á la multiplicidad de las acciones locales, con
frecuencia imprevistas, los encuentros de armas colocan el campo
de batalla sobre todo el terreno abarcado por la guerra.
"La magnitud del campo de batalla, escribía el General Paix-
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aoLBt-m JOLrr .Aa .
hans, hace medio siglo, no será y:.t la de los tiempos de Luis x1v 1
Federico; será la de la época de Napoleón; será la de la arena
íntegra de los intereses actuales, es decir, Europa y quizás el
globo entero. Y en ese campo de batalla el número de combatieRtes
será más y más considerable: Luis x1v dispuso de 446,ooo
hombres; la Revolución y el Imperio .de más de un millón; a
presente los pueblos marchan en persona á la guerra."
En la primera mitad del siglo dijo Clausewits, dogmática pero
exc1ctamente: el fuego es el elemento destructor; pero sólo el movimiento
lo es decisivo. Durante largo tie"mpo se creyó que los
progresos del armamento harían predominar el primero sobre el
segundo, pero la experiencia de los í\ltimos años da la razón 4
Clausewits. Los ataques directos ó centrales que produjeron la
brillantes victorias de Austerlitz, W agran, etc., en las que el elemento
destructor tuvo la parte principal, serán de aplicación más
y más rara; los ejércitos tenderán á emplear de preferencia los
ataques envolventes de gran radio.
Y como para escapar á esa especie de investimiento móvil, el
ejército que acepte la batalla tratará de garantizar sus alas amenazadas,
á falta de obstáculos inexpugnables con reservas emplazadas
á retaguardia, el talento del General consi tirá principalmente en
escoger con discernimiento el punto propicio para dar el golpe
decisivo en el ataque, ó para responderlo ó tomar á su turno la
inidativa en la defensa, en ambos casos después de tautear y gastar
al adver ario. Sea de ello lo que fuere, las batallas que pretendan
aniquilar las fuerzas contrarias serán como nunca el solo medio
de imponer la propia voluntad al adversario, el único fin racional t/1
toda guerra. Las modernas condiciones de organización, efectivo
y material de los ejércitos, harán sin duda más dificil la dirección
de la bataJla, y exigirán de los jefes más arte y mayor saber: aun
cuando en esta materia es muy peligroso profetizar, no cabe duda,
sin embargo, de que el porvenir nos reserva grandes sorpresas, y más
de un hecho que se torne acontecimiento ordinario, tendrá su raíz
en las guerras de estos tiempos. En la guerra de Secesión, por ejemplo,
se vieron batallas que duraron ocho días sin tregua ni piedad,
y hacen presentir para lo futuro,. entre las naciones armadas, empeños
de qut: será casi imposible señalar el pr."ncipio y el fin; en la
guerra ruso-turca, el combate ya no sólo duró días enteros (Montañias-
verdes, Plewna, etc.), sino que la noche no fue bastante para
interrumpirlo. "Hay dos ejemplos notables de operaciones nocturnas,
intentadas á fin de evitar las pérdidas que produce el fuego. El
primero es el ataque de AHiclar, la noche del 22 al13 de Agosto:
después de un cañoneo, ~ue duró todo el segundo medio día, siete
iaatallones rusos entraron la posici6n á las 10 de la noche; los turcos,
para recuperarla, dieron ocho ataques con vei~te batallones en
el resto de la noche, y no fue sino al amanecer cuando la evacuaron
los rusos, muertos de sed y de fatiga. El segundo fue el asalto
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BOLETflf KILlT A.B
de la rota de Beaumont (30 de Agosto de 1 870), de concentrarse y reunirse
en Sedan. Los Cuerpos 5.o, 7.0 y 12.0 llegaron á su nuevo destino
e1 31 por la mafiana, pero en estado deplorable, como consecuencia de
los anteriores combates seguidos c.ie una penosísima marcha nocturna. El
primer Cuerpo, apostado en Carignan y menos quebrantado, protegía
el mo\imiento retrógrado, después de lo cual cejó á su turno, picado
por las vanguardias del IV Ejército alemán. El 3 1 de Agosto por la noche
el Ejército de Mac Mahon quedó concentrado sobre la orilla derecha
del Moza, en torno de Sedan. El Cuerpo 13.0 (Vinoy), que en
parte venía de Meziers, se pone en contacto con el Ejército y hace
saltar el puente de Flize. De París llega el Gencrai Wimpfen y toma
el mando del 5.° Cuerpo.
'Aiemanu-De los vencedores en las jornada<; antf!riores, el IV
Ejército esguaza el Moza en Pouilly, Lctanné y Mouzork: el 31, la
Guardia, ala de marcha, l!cga á 1a orilla derecha del Chiers; el Xll
Cuerpo queda entre el Chicrs r el Moza; el IV desciende el Moza por
ambas orillas. Cuanto al lll Ejército, atcanza con su derecha, Bávaros,
á Aillicourr, se apodera del puente del ferrocarril, ocupa por un momento
á Bazeilles y lanza do puente de camp.aña á la altura de illicourt;
la izquierda, c . tendidél hast. m ·í allú d Dum le-M<.i nil, p incipia
á cruzu el Moza por el puente de Donchery, dejado intacto por
los francese ; vu•la él del ferrocarril al r de fre noill, y con truye dos
de barca abajo del de Donchcry.
PLANES nE Los co TE DORE • Frrmce ser-El Mari cal, convencido
del quebranto en que e tá su Ejército, pero ho de la magnitud é inminencia
del peligro, pue cree que enfrente no tiene smo ¡o,ooo alemanes
(Príncipe real de ajonia), pret nde dar lm día de descanso á
]as tropas, reavituallar e en Sedan, y luégo, el 2 de Scptie. nc, moverse
sobre Mezier ó obre M01.ur.cdy, según lo indiquen la circunstancias.
Alemanes-El Estado Mayor Alemán se proponía acorralar á Mete
Mahon contra la frontera belg;f, desbordándolo á la \·ez al Occidente y
al Oriente y conteniéndolo por el Sur. Suponiendo á los franceses en
batalla dando la cara al mediodía, el Príncipe real de Sajonia debía
cerrar el intervalo entre el Moza y la frontera, y obrar obre la izquierda
francesa; el Príncipe real de Prusia quedó encargado de contener á
· Mac Mahon por el frente y de envolver su derecha de modo de co-par
la del camino de .Meziers: los dos ejérci o~ alemanes debían, pues,
ejecutar, el uno, por su derecha, el movimiento de sobre la izquitrda tll
~ata/la, y el otro, por su izquierda, el de s1bre la deruha en b11talla: la
actitud pasiva de los franceses permitió ejecutar dicha maniobra hasta
~u término, de suerte que los dos ejércitos llegaron ' á darse la mano a
re~aguardia de Mac Mahon. '
llDK'N DE liATALLA. Franceses-De derecha á izquierda:
n.• Cuerpo: división de infantería de Marin , en · Balan y BazeiIJes,
6 sea con frente hacia el Sur; división Lacr'etelle·, con frerife al
0riente, en La MonceHe; División Granobre el Floing. El tiempo
abre, y, lo mismo al E. que al 0., se ven los Cuerpos alemanes en marcha,
precedidos por su poderosa artillería. A las 10 Bazcil1es, la Moncelle,
Daigny y Givonne están en poder del enemigo, y en tanto que
todas las baterías alemanas disponibles dirigen terrible y concéntrico
fuego sobre la meseta, la infantería, abrigada en los barrancos y torrenteras,
está lista á intentar el asalto de la cresta, linde de la po~ición.
Frente á la izquierda francesa la artil1erfa reunida de los Cuerpos
XII y V destroza el 7.o Cuerpo, en tanto que la infantería lo arroja de
Floing y se des' iza sobre el flanco izquierdo de Wimpfen, entre el Moza
y Cazal. Para detener la ofensiva del XI Cuerpo, la caballería (Margueritte
y Bonnemains) carga con el mayor empuje hasta agotar sus
fuerzas, sin obtener el resultado buscado. Más al Norte, 11ly es amenazado
por el V cuerpo que baja de Fleiquena, y por la Guardia, que
remonta el Givonne. A medio día tropas de caballería de los dos ejér:..
citos alemanes se dan la mano en Olly, casi frente á Illy.
En este momento los trozos de la línea quebrada que formaba el
frente francés son arrojados violentamente uno contra otro, espalda
sobre espalda, hacia Sedan y el bosque de la Garenne. En este último
punto el amontonamiento de tropas ya inevitable, es agravado con las
idas y venidas y las cruces de tropas que Wimpfen envía alternativamente
de derecha á izquierda y viceversa, según su inspiración del
momento. A esta hora 426 cationes enemigos, disparando de todos los
puntos del horizonte, aran con sus balas, por decirlo a í, el bosque y la
meseta.
Hacia las 2 la Guarpia y el V Cuerpo se dan la mano en el Calvario
de llly: el círculo de hierro está cerrado. Esos dos Cuerpos, á los
cuales se une el XI, atacan entonces el bosque de Garenne por el E., el
y el O., y se apoderan de él sin gran trabajo, al mismo tiempo que cogen
millare de prisioneros. Oprimidos por ese movimienro concéntrico, Jos
restos de! Ejército francés se precipitan á la ciudad de Sedan, que es
bombardeada con fiereza por la artillería. Algunas tropas de los Cuerpos
S y 12. se defienden aún en Balan; el General Wimpfen se dirige
hacia ese lado, reúne de 5 á 6,ooo oficiales y soldados, y trata de romper
desesperadamente el círculo por Carignan. Sus e~fuerzo son inútiles.
A las 4 el Emperador manda izar bandera blanca en la ciudadela,
y envía á Wimpfen la orden de tratar con el enemigo. El fuego cesa
á las 5, y la capitulación del Ejército y de la plaza se firma á la maftana
siguiente: 1 Jo,ooo hombree; y 400 cañones han sucumbido ante
el ataque de :z3o,ooo alemanes.
ENsERANZAS. Frrmasn-Falta de un plan preciso y de un objetivo
determinado. Instabilidad y contradicciones del mando en jefe. Ignoran-
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BOt.BTÚf MILtTAB
S A N I D A D-V J T U A L L A S-e O M U N 1 e A C I O N E S *
La mayor parte de las tropas que necesitaba estaban ya en el
teatro de operaciones: preciso era pensar en asegurarles la salud y la
alimentación.
Sanidad é higiene-Los bosques del Yenthe tienen fama por su
insalubridad. Los detritus vegetales acumulados en la selva de·de hace
.~iglos engendran fiebres, tanto más temibles cuanto iban á atacar ·á
hombres ya quebrantados por una larga residencia en las montañas y
por las fatigas que sufrieran en una e5tación \.'eraniega de las más ·fuertes.
En consecuencia, dicté medidas severísimas para evitar á nuestras
ropas los peligros de una residencia prolongada en la selva y las conecuencias
de los trabajos de desmonte que . nos imponía la necesidad
de í.lbrir sendas y caminos para ligar los puestos entre sí y practicar. los
.reconocimientos indispensables en un terreno desconouido por completo.
Las medidas higiénicas se imponían con tanto mayor imperio
cuanto casos de una enfermedad sospechosa aparecieron en NhaNam
del 1.0 al 10 de Noviembre, produciendo la muerte de muchos
europeos: unos la llamaban cólera, otros enteritis específica. El Gobernador,
á petición del Comandante en Jefe, autorizó el aumento de
1~s raciones de tafia y té, á fin de que la tropa no bebiera sino té ligero
mezclado con tafia: esta medida tuvo resultados felices.
Las medidas higiénicas decretadas se hallan en la siguiente orden
general.
ÜRD!N NUMEitO 8.0 -Las tropas europeas actualmente en campaña
en el Yen-The c;e componen de veteranos adiestrados en varias expediciones
al Alto-Tonkin, y el Coronel jefe ha tomado las medidas necearías
para que la vituallas se obtengan con toda regularidad y lo destacamentos
reciban á tiempo su ración de v{vere • , El Coronel jefe ha
~tenido del Gol}terno que cada soldado, además de la cobija, reciba un
trozo de jergón que, ribeteado y colocado sobre pedazos de guadua, le
evitará el contacto con e) suelo húmedo. En fin, 1 Coronel jefe prohibe
marchar con el morral, estorboso en tierra quebrada y montuosa.
donde el soldado ncce ita in cesar la plena libertad en u movim'entos.
Los oficia}e;, comandantes de grupos y destacamentos podrán conservar
en buen estado la salud de su tropa, y por lo tanto mantenerla
~n capacidad de afrontar las rudas fatigas que traerá la campana, si
cuidan de la estricta observancia de la siguient~s reglas do igiene,
ha i~ la~ cuales les ll~ma la atención el S:,:Oronel C~andantc de la
1
Gallieni, aobre sus campañas en el
,¿} j l 1 IJ
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1
' ..
BOLETíN MILITAR
no abusen de los licores espirituosos. La rac10n de tafia que se distribuye
diariamente puede ser benéfica si no se consume ayunas ni en
una sola vez. Todo caso de embriaguez puede convertirse instantáneamente
en una afección mortal, dadas las enfermedades de carácter
epidémico que han reinado este verano en diversos puntos de la comarca;
2..• Vigilar con atención los accesos de fiebre intermitente á que
todos están más ó menos expuestos en este clima; tomar nota del ritm()
tie los accesos y administrar las dosis u uales de sulfato de quinina , ínterin
llega el médico. Fuera de la quinina y como preventivo, dos veces
por semana se distribuirá á la tropa una dosis de 2. 5 centigramos,
por lo!. Capitanes y Comandantes de destacamento: dicha dosis puede
darse diariamente á los soldados em!Jleados en los trabajos de desmonte
y banqueo;
3·" Hacer que los hombres vivan en guardia contra los cambios
repentinos de temperatura, tan frecuentes en la comarca; cuidar lleven
sobre la piel y á todas horas la faja de franela. Los Comandantes de
grupos y piquetes, por propia iniciativa, ordenarán las mo hficaciones de
uniforme que impongan los cambios de temperatura;
4-.• En atención al carácter epidémico que pueden adquirir ciertas
afecciones, vigilar que todo soldado que sufra diarrea se presente á
la visita médica á la mayor brevedad posible; si los síntomas se agravan,.
se le aislará, y sus deyecciones se desinfectarán con lechada de cal, ó en
su defecto encendiendo fuego todos los días en la barraca destinada
como retrete de los enfermos en observación; s.a En todo campamento se impondrá el mayor asco: ningún
soldado irá á otro 1 ugar sino á las letrinas que se construirán á
6o metros poi lo menos del campamento, y que consistirán ' en una
zanja muy estrecha y profunda, de modo que permanezcan limpias y
cada día pueda echarse en ellas una capa de tierra y ceniza de unos )
centímetros de espesor;
6.a En fin, cerca de los talleres de trabajo se encendedn hogueras
para activar la ventilación, y tarpbién y de preferencia, cerca de la
charcas, pantanos y barrizales.
Se cuidará de que los hombres no vayan ayunas al trabajo nt se
pongan en marcha con el e t6mago vacío.
En cada pue tose instalará un filtro de harrile para el agua potable;
en los talleres y cantera !'.e b~berá de preferencia una ligera infu
i6n de té.
Bo-lla., Novinnhrt z dt 1895
Cuanto al servicio sanitario, fue organizado así:
Ü~tDEN NÚMERO 9-I-Establécensedos ambulancias: una en Bo-Ha,
bajo la dirección del Médico de primera clase, Dr. CornelJ, y la otra
en. Nha-Nam, á cargo del de segunda clase, Dr. Porre. Los dos citados
médicos se entenderán con los Comandant.es de armas de dichas plazas,
para que sus ambulancias, destinadas principalmente á evacuar los enfermos,
se organicen ]o mejor posible, y se prevean de los enfermeros,
sirvientes, cobertores, sábanas, camillas, mosquiteros, etc., que necesiten
para su funcionamiento.
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BOLBTfN lflLlTAR 61
·] ~. •• •;.. ,. • •• •• oJro!' r'
Cada ambulancia tendrá anexo un local separado que sirva para
Jos pacientes que sufran enfermedades epidémicas. . . ~ .
Los dos médicos jefes de ambulancia enviará diariamente al Cot"
onel Jefe la situación de los enfermos de sus ambulancias, con la 'ndi<:
ación de las evacuaciones realizadas cuando las haya.
JI- Los grupos y puestos escalonados sobre la línea Bo-Ha-MoTrang
enviarán sus enfermos á la ambulancia de Bo-Ha; los estableci~
os entre Nha-Nam y Mo-Trang, lo mismo que los del grupo de CanRe,
lo harán á le de Nha-Nam.
Las eva · uaciones se harán por orden de los Comandantes de grupos
y bajo el control de los Oficiales superiores comandantes de los grupos
de grupos. Unos y otros vigilarán que los soldados se acomoden lo
mejor posible en las camilla~ y los acompañe un soldado, si así lo exigiere
la gravedad del mal.
Los enfermos se despacharán con las prendas y papeles necesanos
para establecer su situación administrativa, conforme á los reglamentos
vigentes. Llevarán también sus armas.
Cada jefe de convoy de enfermos irá provisto de un pasaporte de-
ultado, que entregará al Comandante de armas de Bo-Ha ó de NhaNam,
para que éstos lo comuniquen á los jefes de las ambulancias.
lll-La ambulancia de Nha-Nam evacuará sobre Bo-Ha los enfermos
reconocidos incapaces de volver 41 servicio tras algunos días de
cuidados y reposo. La ambulancia de Bo-Ha hará lo "'1Ísmo sobre la
ambulancia de Phu· Lang· Thuong, por vía fluvial: dos champanes, convenientemente
arreglados, harán sin cesar el servicio de travesía entre
esos dos 1 ugares.
IV -El médico de Bo-Ha cuidará que tales evacuaciones e realicen
en las mejores condicicmcs posibles; que los champanes estén provistos
de lechos y tendidos; que un enfermero acompañe á lo. pacientes,
si asf lo exige su estado, y que se les provea de los víveres y medidnas
necesarios para el tra cto.
El mismo médico avisará por telégrafo al de Phu-Lang-Thuong
la partida de cada convoy, á fin de que éste pueda recibirlos. Lo mismo
hará el Comand:mte de arma· de Bo-Ha con el de la otra plaza
-citada.
V-Los médico · de B0-Ha y Nha-Nam visitarán á lo menos úna
vez por semana: el primero los grupos de Cho-Ke'i, Puesto-A y l\1oTrang;
el segundo lo grupos de Dinh·Tep y C u-Re, de acuerdo con
-.. las in trucciones que les comuniquen el Comandante Hoblingrc y el
Capitán Grirnaud.
Cada grupo erá provisto de un botiquín y un oldado enfermero;
el jefe del grupo hará construír 18 camilla de guadua y una barraca
de ; metros de largo por 4 de ancho para ai lar los enfermos qüe fuere
necesario evacuar.
Las petici0ncs de medicamentos se dirigidn á las ambulancias de
Bo-Ha y N ha-N am, que de ellos po e en los existencias nece arias
Bo -Ha, Noviembre 4 de 1895·
Reavituallamiento-Por agua y con toda comodidad y seguridad
e proveía el almacén principal de Bo-Ha, á cargo del ¡ub-colllA ario
.. Marzin. De allí se dirigían diar·amcn.e provisiones á Nha-Nam en
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1
BOLBTB ~ITAB
• •. ¡ ""·· p lit!
convoy de carretas. Lós -p12dtós de ChbJ~el, Paesto·Á y Mo~Ttahg
erh1abat1· peohes (((fo/íts) cada -df• á Bo•Ha p'or· ~\ls víYeres;·los de
Dinh-Tq>, Jfrai•Hop ·'Y · Cau·Ré' hadan' lo niismo j N ha-Nata. Eli
ambas plazas funcionaban hornos de campafia para proveer de pan á
la tropa. f' · .· r · ·
) La ~orden· sigu.iente flj6 el detaJ . de las operaciones que se realizitron
cumplidamente aurante la campaña, lo eual fue una de las cauu
primordiales de la buena salud de las tropas, no obstante hallarte en
uno de los climas más insalubres, y sujetas á fatigas excepcionales y
expuestas á la peligrosa fiebre de los buques.
ÜRDEN NÚMERO 13. l ..... Los alma-cenes de Bo·Ha contendrán
constantemente quince días de víveres para 550 europeos y diez días de
arroz y sal para t,soo indígenas.
II-Los almacenes de Bo-Ha proverán de víveres á los grupos de
Bo-Ha, Cho·kei, Punto-A. y l\lo. Trag, excepto pan para los dos últimos,
que están pro\'istos de los medios para prepararlo. Lo mismo se
hará con la carne, pues para evitar transportes inútiles en ello se podrá
matar el ganado necesario de acuerdo con lo que prevenga el servicio
administrativo del ejército.
IV -Los grupos citados, que llevaron consigo una reserva de ocho
días de víveres para hacer frente á cualquier tropiezo, mantendrán siempre
completa esa re erva. En cada puesto los víveres se colocarán en el
reducto en ellos levantado y al •abrigo del fuego, de la humedad y de
la intemperie: cuanto á los víveres que pueden averiarse se consumirán
y reemplazarán cada día por medio de convoyes enviados á Bo-Ha. • ,,
: El jefe superior de los tres grupos dará las órdenes de detal
del caso. ">
. V-El puesto de Nha-Nam servirá de almacén secuncfario para
·las tropas escalonadas sobre la línea Nha -Nam, Mo-Trang . .' •• Es
almacén contendrá siempre quince días de r iones para 100 europeos y
diez. de arroz y sal para 6oo indígenas. El almacén secundario será revituallado
por el prinr.ipal de Bo·Ha, de acuerdo con las instrucciones
de detal que prescriba el Coronel Comaud~nte . .••
VIII- Los gerentes de almacenes y jefes de grupos y destacamentos
vigilarán con esmero la buena Oiganizac.ión de los grupos de
toolíes empleado:; para el transporte de víveres, á fin de asegurar la
marcha normal de la contabilidad y evitar tropiezos e uando las tropa
tengan que mover c.
Nha-Nam, Noviembre 8 de 18 )5·
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1
La primera de todas las condiciones para hacer la guerra con
provecho, es tener la firme voluntad de combatir. Cwmdo al jefe
anime un verdadero espíritu bélico y lo !'epa comunicar á sus sol ..
dados, podrá incurrir e :etrores; pero siempre obtendrá victorias
y segará preciados laureles-JoMINI.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 134", -:-, 1900. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691051/), el día 2026-06-07.
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