. No 1n Bogotá, Noviembre 4 de 1899 NUM.12~
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ORGANO DEL MINI TERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO
DIRECTOR AD-HONO.REM, FRANGISGO J. VERGARA y V.
Coronel, Miembro de la Soetedad Coloml1iana de Ingenieros
Son colaboradores natos de e~:>te periódico todos los Jefes y
Oficiales del EJército de la República
ON :!?O:.I ·!CON
NOCIO .: E DE TOPOGRAFIA
(Continuación)
2.0 Terrc11o Ü!,"JÍttldo por lí11ear curoflJ.-Se inscribe en la curva un
olígono ah e de (fig. 22) cuya úrea e calcula por uno de los mt!todos
precedentes. Lu~go para calcular la arcas de todos los Jrgmcllfoi,
tales como h m e, e reemplaza la curva b m e por una línea quebrada,
escogiendo los érticc::; ~le e ta línea, de tal modo que á ojo las rectas que
junten dos .. ·értice5 próximo~ difieren poco de los arcos correspondientes.
En seguida ~e mide la superficie del polígono así formado, tomando por
línea ele ab cisas la e ucrda b e. E ta superficie e igual, con bastante
aproximación, á la sut-edicie del egmcnto.
Muchas veces será más cómodo tomar en un alineamiento escogido
cierto número de di tancias iguales (fig. 23), y de los puntos así determinados
levantar sobre el alineamiento perpendiculares hasta los
puntos de encuentro con el contorno e urvo. Estos puntos sedm los vértices
de la línea poligon 1 que puede reemplazar la línea curva, y además
todos los trapecio y triángulos en que se de compone el terreno tieuen la
mi:Hna altura, lo que tacilita los cálcu os.
3. 0 Terrmo iJ¡accesible-Si un terreno es inaccesible por estar cubierto
de bosques, pantanos, cte. cte., pero lo es por fuera de su
contorno, se traza un polígono A B e D E F (figura 24), tal, que todos
sus lados queden fuera del terreno. Por los método.s precedentes pueden
medirse el área total del polígono A B e D E F, y el área comprendida
entre los contornos del terreno y del polígono. La diferencia.
·.es el área buscada.
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386 BOLETíN MILITAR
Para facilitar las mediciones y los cálculos, será más conveniente,..
si se puede, trazar el polígono exterior, tal, que tenga todos sus ángulos
rectos (figura 2 5). Se trazará primero el rectángulo H J D K, y en
~eguida se trazarán las líneas C B, A B, E F, F G, para acercar lo más
posible el polígono al terreno, en su contorno.
Problemas que se reme/ven con la cadena y el cartabó11
Problema. Medir la diJtancia de un pu11to B á un punto A Í?JacceJible.
a) CoJJ la cadena sola. Sea medir la distancia entre los puntos
A y B, separados por un río, por ejemplo.
Primer método (figura 26)-Trácese en el terreno donde se encuentra
el operador, una línea B X, y prolónguese la línea A B hasta
cualquier punto C. Tómese en B X do~ distancias B M, M D iguales ;
trácese el alineamiento C M, prohngado hasta el punto E, tal que
M E=M G; en seguida prolónguese el alineamiento E D hasta el punto
A 1 donde se encuentra con el alineamiento A M y D A', que se puede
medir, es igual á la distancia A B buscada.
Otro método (figura 27)-Tomar un punto Centre A y B. En un
alineamiento B X trazado en el terreno, tomar B D = B C ; marcar el
punto M medio de la distancia C D ; buscar el punto E de encuentro
de los alineamientos B M y A D, y prolongar el alineamiento C E hasta
el punto A 1 donde se encuentra con B X y B A\ que se puede medir,.
es igual á la distancia A B buscada.
b) Con la udma y el cartabó11.
Primer método (figura 28)-Trazar B C perpendicular á A B ;
en el punto C de la línea B C levantar una perpendicular C D sobre
el alineamiento A C. Tenemos: B C 2 =A B x B D; de donde A B
BC' =BD· Por consiguiente, se necesitará medir las distancias B C
y B D.
Otro método (figura 29)-Trácese B X perpendtcular al alineamiento
A B en el punto B, y búsquese en la línea B X un punto C,
tal, que el ángulo A C B, medido con la escuadra, sea igual á 450
B X-B C., que se puede medir, es igual á la distancia buscada B A.
Problema. Medir la diJtancia nrtre dos puntos inaccesibln.
a) Co11 la cade11a rola (figura 30). De un punto M accesible, medir
por los métodos precedentes M A y M B.
En el alineamiento M A tomar M A'=M A, y en el alineamiento
M B tomar M B 1 =M B. La distancia A 1 B1
, que se puede medir,.
es igual á la distancia buscada A B.
b) Co11lr.t cadena y el cartabó11 (figura 31).-Trazar en el terreno
accesible una base X C' y buc;car los pies de las perpendiculares bajadas
de los puntos A y B sobre X C'
l\.fedir por los métodos precedentes las distancias e a y d b.
En la perpendicular a e tomar e a1 =e a y en la perpendicular b a
tomar d b' =h d. La distancia a1 h' que se puede medir, es igual á la
distancia buscada a h.
Probltma.- Por un punto dado e trazar un alineamiento paralela
á otro a b.
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A) Con la cadtna (fig. 32).-De un punto a del alineamiento dado
trazar a e y tomar el punto m, intermedio de a y c. De otro punto b del
alineamiento dado, trazar b m y prolongar esta línea hasta un punto d,
tal, que m d=m b. La línea de es la paralela buscada.
b) Con la cadena y el cartabón (fig . 3 3).-Bajar del punto e una perpendicular
e a sobre el alineamiento dado a b, y medir la distancia e d;
en otro punto h del alineamiento dado levantar una perpendicu l ar sobre
éste y tomar h d= a c. La línea e d, como en el caso anterior es la .t'aralela
buscada.
Todas las operaciones descritas en los párrafos 1, 2, 3, se reducen
á mediciones de distancias y ángulos. Examinaremos ~ucesivamente,
algunos de lo:; instrumentos que sirven para hacer estas mediciones.
Casi todos estos instr..Imentos necesitan el ern pleo de anteojos y de miras,
que estudiaremos luego rápidamente.
EJERCICIOS PRACTICO$
Capítulos l y ll
Ejercicios sobre las e calas de cartas y planos.
Medición de una di~tancia en una carta geográfica.
Indicar las se¡ias de puntos dados del terrer.o.
Dibujo: uso de la regla, de la escuadra, del compás, del transpor-tador.
Práctica con la cadena y el cartabón.
Trazo de alineamientos.
Medición de distancias con la cadena en terreno horizontal é inclinado.
Levantar perpendiculares con el cartabón, con el brazo tendido, con
triángulos de cuerdas.
Trazar en el terreno, con el cartabón, ángulos de 4 5 grados.
Agrimensura: medición del área de un terreno.
Levantamiento del contorno de un terreno por el método de agrimensura.
Levantamiento de un polígono topogr1 fico con instrumentos J ~
medir distancias.
Levantamiento de los detalles de un terreno con la cadena y el
cartabón.
Medir la distancia á un punto inaccesible ó en&re dos punto'
inaccesibles con cadena y cartabón.
Trazar paralelas
Formación de una imagen real en una lente.
Graduar un anteojo y dirigirl0 sobre un punto dado.
Manejo de los binóculos de carnpafia.
Lecturas en las miras de corredera y parlantes.
Lecturas con nonios
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-3 88 BOLETÍN MILITAR
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J.'ig. 14 (página 231) Fig. I 5 (página 23 J)
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BOLETfN MILI'l'AR 389
Fig . 26
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Fig. 24
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Fig. 2 5
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~ 90 DOLETiN MILITAR
Fig. 30 Fig. 31
.t' ig. I 6 (pagina 232)
.A B
A
Fig. 33
Medición de distancias con cadena y doble paso.
Reducción de distancias al horizonte.
Construcción de una escala de reducción al horizonte .
8'
B
.Realizar con 2 miras las 3 clases de instrumentos estadimétricoa.
Lecturas en las estadías.
liConstrucción de una escala de proyección.
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'Plancheta sencilla no declinada. Ponerla en estación.
Práctica de la alidada de nivelar (planimetría).
Plancheta de corona esférica. Ponerla en estación.
Práctica con la alidada de anteojo.
Plancheta declinada. Declinatorio.
391
Levantamiento, por los métodos de caminamiento y de intersec :ióa
decir, la distancia que puede recorrer
un soldado con carretilla, es la distancia correspondiente á una diferencia
de nivel de 1m6o.
Con parihuelas puede adoptarse el mismo relevo. De los datos precedentes
resulta que en cada taller se calculará el número de trabajadores
del modo siguiente :
1.0 A la excavación: un paleador para 1lenar las carretillas con u _
número de zapapicos suficiente para que el paleador trabaje de un modo
continuo;
2. 0 Al transporte: un número de soldados igual al número de relevos
(con parihuelas, un número doble);
3. 0 Al terraplén: para cada 2 6 3 ullcres, 2 soldados para allanar
• pisar las tierras.
Eject~rión del domo11tc. Al principio del trabajo, y en cada taller, lo
hombres rr vi t s de picas (ú \'ara ) se colocan cerca de un borde del
foso, y trabajan e- minando hacia el otro borde, aflojando ólo uno
om I 5 á 0 10 20 de tierra. De este modo, pueden inmcdiatamen te trabajar
lo pah:a lore , )'se haC(: visible )a demarcación entre c] de!)J110!1tC y el
tcrrapl~n. Se ejecu a, en se!guida, el dc·monte por cap· s succ ivas de un
metro de profundidad, procllran lo, como ya e ha dicho, dejar gradines
á lo 1 rgo de los taludc .
Ejuttr 'ón de los ttrraplt•¡¡·s. e allanan la ierra !el terraplén
por capas wrJzonta e:. suce.ivas de 0 111 20 ~i om25 de cspc·or, y o::e apisonan
inmediatamente.
Se arreglan ordina:iamcnte los taludc á medida que se forma •
el terraplén; ~C hace primero ~.m surco en el suelo, al pie del talud
para que éste se una bien con el terreno; un s ]dado echa la tierra á lo
argo del talud, según la dirección que indique un hilo horizontal
amarrado á los perfile., de modo de constituír una capa de omxo á
Oml 5 de e pcsor; Otro soldado apisona estas tierras, prucurando qu
pasen un poquito el alineamiento, y que el plano supcrÍor de las capa
sucesivas se acerque lo más posible á una dirección perpendicular al
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"BOLETfN MILITAR 393
plano del talud. En seguida, se arregla con un p1son el plano del talud,
de tal modo, que coincida con el plano formado por los perfiles y eJ
hilo.
Si se construye una obra durable, e pueden sembrar los taludes;
se puede también, en el borde de cada capa, colocar yerbas cuyas raíces
consolidan las tierras é impicicn que la lluvia forme barrancas en
los tal u des.
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•
Fig. 19
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394 BOLETÍN MILITAR
Fig. 21
4. 0 Determinación de las rectas y de los planos-En las obras durables,
es preferible enderezar exactamente las líneas y los planos de los
terraplenes 6 de los d~smontes.
Uso de las nive!etas. U na ni veleta (figura 1 7) es una regla recta
que tiene ordinariamente om,8o á 1 m,oo de altura, y en el extremo de la
cual está fijada una mira. Para determinar exactamente líneas rectas 6
planos en el terreno, se emplea un juego de tres niveletas iguales ; una
de estas tres nivelecas, la que se coloca más lejos del operador, y que se
llama tlifJeleta-mira, tiene una mira más ancha, en donde está razada una
línea de fe. La altura de esta niveleca es la distancia de su pie á la lL1ea
de fe, que es igual á la altura total de )as demás.
Quedando determinada una línea recta por dos puntos (fig. zo) ea
donde se clavan estacas, se halla como sigue un tercer punto de esta recta:
se coloca el 'i>perador en uno de los puntos con una ni veleta, y manda
poner la niveleta-mira en el otro punto; en el punto intermedio que se
quiere determinar, se pone la tercera niveleta encima de una estaca,
que se entierra ó se alza hasta que la visual determinada por la parte
inferior de la primera ni veleta y la línea de fe de la ni veleta-m1ra1 paae
exactamente por la cima de la niveleta intermedia.
Operando de este modo, pueden obtenerse varios puntos de la
recta, y en seguida alinear el terreno entre estos puntos, á ojo, 6 coa
un hilo. Para alinear exactamente en el terreno un plano determinad•
por tres puntos A B e (figura z 1 ), en don !e se han clavado e~tacas,
se determinan primero, como se ha dicho anteriormente, las líneas A B,
B C, A e, que unen estos puntos, y se prolongan en toda la extensi6a
del plano.
Luégose trazan del mismo modo otras rectas que pasen por los diferentes
puntos de una de estas líneas, A B, por ejemplo, y por otrot
puntos de las otras líneas. En fin, se obtiene cualquier punto del plano,
trazando la recta que pasa por dos puntos ya conocidos. Si, por ejemplo,
se necesita determinar la posición del punto M del plano, se buscará
en el alineamiento B D, un punto O que se halle también en el
alineamit:nto A M. Se determinará el nivel del punto O colocando la¡
•
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BOLETfN MILITAR 395
tres niveletas en D O B. En seguida se determinará el nivel del punte
M colocandol as niveletas en los puntos A M 1 M.
5· 0 Rapidez de ejecución de foJ trabajoi-En Francia, se admite que
Jos soldados de infantería, trabajando á jornal, arrojan por hora om3fOO
de tierra á la distancia de un relevo; á destajo, arrojan om3 8oo de tierra
á la misma distancia y en el mismo transcurso de tiempo. Si, ademáa,
se les hace trabajar con cortos intervalos de descanso. se puede obtener
hasta un metro cúbico. Los trabajadores expertos desmontan en este
caso 1 m 3zoo y aun 1 mssoo por hora. Este último rendimiento hay que
exigirlo de los zapadores.-(Continuará)
Capitán SABARTHEZ (de ingenieroa)
ARCHIVO NaCIONAL
DOCUMENTOS INÉDITOS
Campaña de 1819-1820 en d Cattctl
(Continuación)
Día 2 1-Permanecimos en ésta. Se nombró Comandante para la
ciudad de Toro : se comisionó un oficial para que colectara con la
velocidad del rayo 200 hombres, de estos tres lugares, para unirlos á la
División. Se dictaron órdenes para colectar caballos ; á las dqs de )a
tarde llegó el Capitán Gutiérrez, que había salido con una Columna en
persecución de Mendiguren, que con 50 hombres se retiraba por Ansermaviejo
á )a Vega de Supía ; solo pudo alcanzar 8 soldado~ con 8
fusiles, porque el Mendiguren corrió mucho, y se inclinó sobre la Provincia
de Antioquia, y al efecto se ofició al Comandante general comunicándoselo.
Día 22-Permanecimos en Cartago. En este día se publicaroa
dos bandos, uno para que cerriera la moneda y otro para que de ningúa
modo se quemara pólvora, y toda la que hubiera en grano y labrada se
entregara al Ministro del Tesoro Público. Se tuvo noticia que M endiguren
volvía sobre Anserma, y aunque nada de positivo se dio ordea
para mandar espías, y se rrevino á dicho Gutiérrcz que estuviera li&te
para marchar sobre el enemigo, caso de ser cierto.
DíA 23-Este día permanecimos en Lartago y vino el Alcalde de
La Vega ele Supía y trajo un oficio del mismo Mendiguren que se
hallaba allí y le había pedido raciones y mulas para 6o hombres ; COJl
.esta razón marchó el Capitán Gutiérrez con +O hombres cazadores á
<:aba1lo.
Día 2+-Este día permanecimos en Cartago y se publicaron dot
bandos : el uno para el donativo voluntario, y el otro para el establecimiento
de Rentas en el mismo estado en que se hallaban cuando
desaparecieron las tropas espafiolas.
Día 2 5-Este dfa salímos de Cartago á las 11 y llegámos al N aranjo
á las 4 de la tarde. Este camino es malísimo en tiempo de invierno._
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396 BOLETÍN MILITAR
Día 26. Salímos del Naranjo á las 7 de la mañana y á las 8 pasá·
mos el Zanjón del Mico, este tiene un puente de guádua que se pasa á
caballo; á las I2z pasc1mos el río de las Caña5 que tiene puente para
de á pie, y buen paso para á caballo. A la t ~ pasámos el río de la Paila
que cuando crece no puede pasarse, pero tiene puente de á pie. A
las 2 llegámos á la hacienda de un hombre en donde comimos. A las 3
salímos de esta casa y á las 4, pasárnos la quebrada de Murillo
en donde termina la jurisdicción de Cartago y comienza la de Buga. A
las 5 llegamos á Bugalagrande, á la hacienda del ciudadano Antonio
Varcla en donde pernoctamos. Aquí encontramos noticia que el Teniente
Coronel París había oficiado al General Ricaurte de Pitayó, distante
seis horas de Popayán y que Calzada se había letirado á Pasto.
Con este mo~ivo marchó la Di visión que tenía el General Ricaurte á
Llanogrande e'1 vía para Popayán á aguardar allí las órdenes del Comandan
te general.
Día 27. Salimos á las ocho del día de Bugalagrande e inmediatamente
pasamos el río del mismo nombre bastante caudaloso, pero con:
buenos pasos. A una hora encontramos una qtttbrada pequeña llamada
Sabaleras; á otra hora encontramos un rfo pequeño con puente llamado
Morales; al poco rato llegamos al río Tuluá que tiene buen puente
para de á pie y e¡: b·stante caudaloso; incontinenti encontramos el pueblo
de este nombre, en donde los habitantes con el mayor entusiasmo
nos recibieron. Las calles estaban adornada de arcos triunfales y llenas
de gente de uno y otro sexo que victoreaban la Patria y á los padres de
ella: de este modo daban á conocet su alegría. Llegamos á la casa de
alojamiepto en donde se nos sirvieron algunos licores y en seguida una
comida re6ular.
Día 28. Salimos de Tuluá á las 9 de la mañana después de haber
oído misa por ser feriado: á una hora de haber caminado, hallamos una
quehrnda llamada San Pedro, y á una y media hora después llegamos al
Chambinbal, donde un numeroso concurso de ciudadanos montados
nos recibieron con las mayores demostraciones de júhilo; co mo á media
hora entramos en la ciudad de Buga, en donde rodas las calles llt:na
de innumerable gente de ambos sexos y de todas edade, llenaban ct
aire de p6l \'Ora y vi a á la Libertad.
LHs calles e taban cubiertas de arel)., banderas, colgad unL, cte.
Fuimos acompai'í.ado· hasta la ca a de aloj· miento por todo el concurso
en donde tenían preparado un esplén i o rcfre co y á poco rato una
famosa comida á gue asi. tió todo lo principal de la ciudad. Se tU\'O noticia
por un oficio que se recibió del Teniente Coronel Parfs que su
entrada en Popayán había sido el 22 del corriente.
Día 29. Permanecimos en Buga; !ie publicaron trc. bandos, uno
para que las rentas quedaran en el mismo pie que c. taban; otro para la
moneda que debía correr y el otro prohibiendo quemar pólvora.
Día 30. Salimo de Buga á las :o de la mañana é inmediatamente
pasamo el río del mismo nombre, que es bastante correntoso; este
tiene puente de cal y canto y sin embargo que es bueno de nada sirve
pues el río no corre sino por un lado, pero es fácil de echarlo por debajo
del puente. A las 12 pa ·amos el río Sonso, é incontinenti se pasa el río
Guayabal. A la 1 pasamos el río de las Guabas que es bastante cauda-
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•
DOLETfN MILITAR 397
.oso y en invierno no da paso; pero tiene puente para de á pie. A muy
poco rato llegamos á la hacienda de las Guabas perteneciente al ciudadano
y generoso Holguín, en donde pasamos la noche y se nos
asi tió perfectamente. Este camino es bastante agradable. Se hallan de
p::tlmo á palmo posesiones, ganado, bestia , y es todo llano.
Dí11 31. Este día salimos de las Guabas á las 8 de la mañana; á
la media hora pasarnos el río de Paporimas á las 1 o el de Zabaletas
; éste tiene puente para los de á pie; á poco rato de l}aber pasado,
nos separamos, el r. Comandante general sigu.ió por la vía de Llanogrande
y yo seguí para Cali ::í una comisión. Por este camino pasé á las
10 el río del Cerrito, qu~ e·taba bastante crecido. A las 11 pa~é el
río Ama.'me q· e no tenía vado, pero h-ty puente para los de á pie. A
la 1 pasé el río Cauca por barqueta; éste es casi igual al Magdalena
por Hunda, sin má diferencia que tener m b ma'lsas las aguas A la 3
pa é el río Zumbo. la 4- el de Arroyon :lo. A la ' 5 el de Cali y entré
·i la ciudad, en donde pernocté.
LEo · GALI ·oo-Visto Bueno, OB_ NDO.
e o !ti ÚltltlrtÍ)
--·~·--
I AL
SEGUN LEWAI.
Preséntanse ca ~ t!n la guerra en los cuaJe e preci:so exigir á
a caballería marcha forzada. consecutivas, como cuando Ja operaión
demanda alvar un largo trayecto que <.lebe recorrerse en vcinicuatro
horas ó cuando la operación, m u y peligrosa por sí misma,
no puede llevarse á cabo con eguridad 'Íno mediante la rapidez del
ovimiento. Semejantes expedicione , perfeccionadas á partir de
a guerra americana de Sece ión, se conocen con el nombre de
raids, y no son en verdad ino operaci nes de guerrilla ó de partidarios,
en las cuales la fuerza es nada y la orpre a todo: cortar á
espaldas del enemigo puentes y telégrafo , destruír convoyes, desordenar
retaguardia ) propalar falsas noticias r recoger informes
útiles, tal es el objeto del raid.
Para llevar á cabo tales empre as, es preciso rodear al enemigo,
llegar hasta su retaguardia evitando sus avanzada , de donde
grandes circuitos y por lo tanto grantle trayectos por recorrer;
es difícil suponer que la marcha no sea descubierta y sin embargo
para lograr el objetivo anhelado es preciso obrar con celeridad:
amplitud y rapidez en la marcha resumen, pues, la operación.
Como es sabido, aun cuando la velocidad de marcha puede
.aumentarse por un cierto tiempo, no es posible prolongar indefini-
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398 BOLETÍN MILITAR
damente tal esfuerzo, que debe reservarse para los instantes preciosos
en que interesa sustraerse á un peligro ó alcanzar un punto
dado en determinado día. De ordinario deben economizarse las
fuerzas de los caballos para llegado el caso obtener de ellos un esfuerzo
supremo, por lo cual en el raid se marchará largo tiempo
pero á una velocidad moderada.
El raid es una gran marcha y posible es apreciar teóricamente
la extensión que debe fran:juearse para ejecutarlo contra el adversario
que se quiere herir. En efecto, el frente de marcha de un
ejército, varía con su distancia al enemigo, ó lo que es lo mismo,
con su grado de concentración; de donde que el raid sea tanto
más difícil cuanto mayor sea el circuito que debe recorrerse. En
todo caso, como el frente de marcha de un ejército varía de ~P á
65 kilómetros, la profundidad alcanza á 25 y el servicio de exploración
no se extiende á menos de 20 kilómetros por el frente y
flancos, tendremos que un rectángulo de 81 kilómetros (16 leguas)
por 45 (9 leguas), abarca el terreno ocupado por el ejército
que se trata de castigar. Ahora bien, para intentar con éxito el
raid será preciso pasar á distancia mayor que la indicada del ejército
contrario, ó lo que es lo mismo, darle la vuelta por un costado
lo que equivale á recorrer 36 leguas y esto en dos días á lo sumo
para ejecutarlo in peligro. La mencionada distancia al paso mixto
(trote y paso) presupone 25 hora de marcha efectiva, sin contar
3 y media exigidas por lo altos horarios ( 1 o' á cada so' de camino),
por lo que aún quedarían 19 horas para consagrarlas á tres
grandes altos ó reposos de 6 ~ cada uno, lo cual cortaría el
trayecto en cuatro seccione de 9 leguas cada una. Si la distancia
por recorrer fuera de 40 leguas, no quedarían si no I 6 horas para
los reposos (de 5 horas), y las secciones llegarían á á str d 1 o
leguas cada una ( 1 ). .
En todo raid el ca hallo llevará la menor carga posible y la expedición
presupone siempre el sacrificio de algunos animales. Las.
velocidades indicadas pueden aumentarse de 4 á 5 kilómetros por
hora en buenos caminos; pero como iempre habrá causas de demora
(malos pasos, puentes destruídos, etc.), lo más con que puede
contarse es con la velocidad media primero indicada, en el supuesto
de que las mencionadas demoras se compensan con ligeros aumentos
de velocidad posibles en los trayecto donde el piso lo permita.
Con buenas caballerías, desde luego que las fatigas impuestas
por un raid son perfectamente soportables, queda por averiguar s·
( IJ Conservamos estas cifras, porque si bien es cierto que de ordinario entre nosotros
los ejércitos de operaciones son pequeños, y por la falta inexpltcable de servicio deexploración
el frente es nulo, en cambio las diíicultades del terreno queb :Hio y la falta de
caminos impondrían circuitos extensos á los rohJ.~, nunc1 intentados en el país, uo obstante
que su acción sería en extremo eficaz para la destrucción ó desorganización de guerrillas
ó tropas colectkias, en especial en las regiones de escaso 1 relieve, [que son extensa
1 de las más pobladas.
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.BOLETÍN :MILIT A.R 399
los caballos comunes de América están en condiciones de hacerlo,
y las enseñanzas de la experiencia resuelven afimativamente el
punto.
El 22 de Agosto de 1862 el ejército federal (guerra de secesión)
escapó difícilmente á una de esas sorpresas que inmortalizaron
el nombre de Stuart. Este Jefe pasó por vado el Rappahannock,
al frente de I,ooo jinetes, hacia la derecha del adversario, y
marchó en línea recta sobre Catlett, donde estaba el Cuartel general
del General Pope, custodiado por 4 compañías de carabineros
que fueron envueltas y capturadas en un momento: Pope
escapó debido á que en ese instante practicaba un reconocimiento
acompañado por su E tado Mayor. Stuart logró apoderarse del
equipaje y correspondencia del jefe enemigo, que condujo en triunfo
al campamento de los confed~rados in haber perdido un solo
hombre: en veinticuatro horas había recorrido, ida y vuelta, 14
leguas.
El mismo Stuart, el I o de Octubre de 1862 desembocó al
frente ele 2,000 jinete por el vado de Mac-Coye-Cresk (río Potornac)
sobre la derecha de su adversario, 5orprendió unas avanzada's,
rechazó 'otra , y con tal rapidez e movió de un lado para
otro, que los federale perdieron pronto su p1sta: le creían andando
á lo largo del Potomac, cuando en realidad corría sobre otros
puntos y en Chamber burg saqueaba una parte de los almacenes
de aquéllo$. Los federale , irritado, tomaron su disposiciones para
cortarle la retirada; pero como Stuart había previ to el caso, e
guardó bien de regrc ar por el mismo camino; el l I se dirigió rápidamente
sobre Gettysburgo, llevando un rico botín, y después
de destruí r lo que no pod1a transportar consigo, por la tarde llegó
á la estacion de Frederick y destruyó los telegrafos y la carrilera
en muchos puntos. A la mañana siguiente continuó hacia el Sur
hasta Poolewille: había da~lo la vuelta al ejército de Mac Clellan
(Ioo,ooo hombre ), y el 12 á medio día llegó sin tropiez.o al vado
de Monocac}' (Potomac), pero allí fue detenido por tropas federales,
al mismo tiempo que lo atacaba la vanguardia de la caballería
de Pleasanton ( I o,ooo jinetes) que marchaba en su persecución.
'"!'ras una ligera escaramuza, Stuart se corrió más á la izquierda, descendiendo
el río, y 3 millas más abajo alcanzó el vado de WhitesFord
y esguazó el río sin demora. En este raid Stuart camin6 en
menos de 3 días cincuenta leguas, y sólo perdió 5 hombres; de la
caballería que lo persigui6 hubo escuadrones que en veinticuatro
horas recorrieron 25 leguas. Analicemos la magnífica operación
del General confederado: 244 kilómetros en tres días dan un trayecto
diario de 8o kilómetros, que á razón de 5,500 metros por
hora, sólo exiger IOi; agregando 8 altos horarios y 2 grandes altos
de tres horas cada uno, sólo se llega á 18 hora , lo cual deja
seis horas de reposo completo á los animales: tal marcha no tiene
nada de <.xtraorrlinario, pero repetida tres días de seguida, es notable
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00 ROLE'.rÍN .1\IILIT AR
muestra lo que puede obtenerse con una caballería común bien
conducida. Cuanto á los escuadrones federales que caminaron 17
leguas al día, resulta que anduvieron durante 1 J~ horas, que suben
á 19 contando los altos horarios y dos grande altos de tre ..
oras, de suerte que aún quedaron cinco horas de reposo total
á los caballos. A los e cuadrones que franquearon 25 leguas en el
día, de contando cinco horas en de cansos y comida , apenas les
resulta una velocidad de 6,6oo metros por hora, que pueden
aumentarse á 7,6oo trotando 30' y andando al paso 30', bien que
esta velocidad ::¡ea ya ca~i inso tenible para los caballos comunes
que en la hora apena re~ i ten 201 al trote (2).
El 4 de Julio de 1862, el General f 1organ sale de Knox-.
ville con 9')0 jinete , m, rcha al 0., sorprende en T'o npkmsville
un pue to enemigo, vuelve al 1
• sobre Gla ·gow, salta dos puentes
de ferrocarril, se apodera de Lebannon tras un combate, y allí
e detiene para armat y equipar su tropa con el material arrebatado
al enemigo. Continúa hasta "v1acksville, donde tlene otro
encuentro; á la mañana -iguiente entra á Harodsburgo; de allí
dobla sobre Versalles despues de restablecer la falúa de Kentucky,
de:,truye una porción de ferrocarril y llega á Georgetown, donde
e detiene dos día . Avanz.a luégo sobre Cyntiana, donde, en un
combate, pierde 37 hombres ; detiene allí su razzia, vuelve al Sur
y pasa una noche en París; á la mañana siguiente ocupa á Wínche
ter, á donde lleJa á medio día, de,:;pues de e caramuce:1r con
la caballena contraria ; de can a hasta la 4 y llega á Richmon
á media noche. Allí' permanece medio día para en seguida
·r á Somerse.t y Monticello, y de al11, al tercero d1a, el 28 de Julio,
entrar al campo confederado, cerca de Knosville. En veinticuatro
días Morgan había recorrido 1,609 kilómetros y penetrado 483
á retaguardia dd ejército contrario: en la operación perdió 100
hombres, pero en el camino reclutó 400 ; durante la expedición
e detuvo un día en Lebannon y dos en Georgetown, e decir,
ma1-chó veintiún días, lo que da un promedio de 76 kilómetros
diarios, que á la velocidad mixta (7 ~ kilómetros p r hora), sólo
presuponen 1 o~ de marcha, I 3 con 1 o altos horario , lo cual le
permitía dar once horas de de canso á las cabalgaduras, lo que es
uficiente, como se corn prende ; pero como l1evaba consigo un
convoy crecido, la velocidad debió ser menor : obsérvese que recorriendo
el trayect0 sólo á razón de legua por hora, caminar r 5
leguas apenas exige diez y ocho horas, incluso los altos horarios ;
ero el tiempo que quedaba para reposo habna ido corto, tratándo
e de una marcha de tántos d1as. De lo dicho resulta que la
elocidad debió ser intermedia, ó sea de 6 kilómetros por hora,
( 1.) La ha .taña del Coronel Infante después de Boyacá, ir de Bogotá á Honda y
regresar en d06 días, no sólo no es imposible sino que representa esfuerzo insignificante
comparado con lo que antecede.
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BOLETÍN MILITAR 401
descansando nueve horas por día. Este raid, uno de los más largos
que se hayan ejecutado, demuestra perentoriamente que la base
de esta clase de operaciones no es la velocidad sino la duración
del movimiento*.
El I 7 de Abril de I 863, el Coronel federal Grierson ejecutó,
con tres regimientos, uno de los más hermosos raids de la guerra
cesionista : partió de Grange, al S. del Tennessee, y el 19 estaba
á 6 millas al S. de Pontohoe, tras caminar el I 8 y el I 9 algo
más de 48 kilómetros diarios ; el 20 avanz.ó 64 kilómetros, pero
el movimiento disminuyó luégo por la fatig2., hasta no ser sino
de 32 el día 28 ; deja los enfermos y estropeados, el 26 torna á
recorrer 66 kilómetros, y así continúa hasta el 2 de Mayo inclusive.
En diez y seis días había recorrido 160 leguas, es decir, 10
término medio por día ; pero esta cifra es inferior á la del raid
de Morgan : cierto que el tiempo era malo y los caminos pésimos.
De ordinario se acampaba al caer la noche, lo cual era posible,
porque IO leguas, á 7 kilómetros por hora, inclusos los altos
horarios, no exigen sino ocho horas de marcha, y aun acordando
entre el día un grande alto de dos horas, todavía quedaban catorce
de descan so á los animales al llegar á la dormida. Marchando á
legua por hora, la jornada sólo habría exigido trece y media horas,
incluso los descansos del día, quedando entonces diez y media para
dar repo o á los animales.
Tambien se ejecutaron raids con fuerzas considerables, pero
el an álisis de ellos parece inútil después de lo dicho; bas te indicar
que Stoneman, con 7,ooo jinetes, ejecutó uno en Abril de 1863,
en el cual hubo brigada que recorrió 96 ktlómetros en un día, ó
sea á razón de siete y un tercio kilómetros por hora. Morgan, en
un último raid, en Junio, con 2,500 hombres, llegó á caminar
una vez. 160 kilómetros en veinticuatro horas, que es la mayor jornada
que se registra en la historia en el particular.
De los datos de la guerra resulta que los diversos cuerpos de
caballena, en 49 jornadas de marcha efecti a, caminaron 3,487 kilómetro,
lo que da un promedio de 71 kilómetros (t4 legua s) diarios,
siendo la jornada mínima de 32 kilómetro~ , y la máxima de
1 6o (32 leguas), variando la velocidad de s,ooo á 8,ooo metros
por hora, ó sea 7 kilómetros, término medio, seguramente andados,
no un ! al trote y .¡al paso como en Europa, sino al
paso acompasado, tan usual en toda América
Empero, sea de ello lo que fuere, para recorrer rápidamente
grandes trayectos, conviene adoptar un paso no muy ligero y sostenerlo
muchas horas, porque esto es lo que fatiga menos lvs animales,
por lo cual, para ejecutar con probabilidades un raid, deben
• Quienquiera que someta nuestras cabalgaduras comt·n:!s á una experiencia racional
en el particular, quedará convencido de que esta clase de operaciones son perfectamente
posibles en Colombia.
2
NCO DE t:Pu uc~
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402 BOLETÍN MILITAR
observarse las reglas siguientes : no llevar cabalgaduras que no
estén sanas y acostumbradas á malos caminos; aligerar la carga
de aquéllas cuanto sea posible ; proveer á los hombres de víveres
lo menos para cuatro días ; hacer un alto de diez minutos cada cincuenta
minutos de marcha, y uno ó dos grandes altos en el día;
dejar á las bestias por lo menos seis horas de reposo absoluto, lo que
presupone que se hará alto para tal descanso únicamente donde haya
agua y pasto para los caballos ; llevar herraduras de repuesto, lo
menos un par por animal y un albéitar por escuadrón ; rechazar toda
montura que no ofrezca garantías de bondad, y todo soldado incapaz
de permanecer doce horas seguidas sobre la silla ; llevar herramientas
adecuadas para componer y destruír los caminos, y levantar
en una hora, á lo sumo, un blokhaus, y establecer fogatas (cañones
en el suelo) en caso necesario.
Con caballos adiestrados deben poderse recorrer 7 5 kilómetros
en el día, dejando 9 horas de reposo á los animales y 8 á los jinetes;
excepcionalmente se podrán recorrer 20 leguas en 24 horas,
cortando la marcha con 3 grandes altos de 3 horas cada uno. En
fin, en casos extremos podrá llegarse á caminar 20 leguas en 24
horas.
Como se comprende, el raid más bien que operación de caballe-
ría debemos mirarlo e11 los montes de Suramérica como operación
de infantería montada, y la importancia de prepararlos desde
tiempo de paz es tal, que en cierto modo supliría la falta de ferrocarriles
para movilizar rápidamente algunas tropas, á salvar puntos
desguarnecidos que interese ocupar en tiempo de guerra ó impedir
la s reuniones y concent1 aciones de fuerzas serias en caso de
pronunciamientos. Media docena de escuadrones, sostenidos donde
sea más fácil mantener y reemplazar los bag-ajes, bastan y so bran
en paí es como Colombia para llenar el de sideratum apuntado, estacionados
uno en Bolívar, uno en el Tolima, dos en el Cauca y dos
en l en tiempo de paz.
La higiene militar comprende el conjunto de medios con cuyo
auxilio hay más probabilidades de conservar la salud á las tropas : su
conocimiento es indispensable á todos los que mandan, desde el General
hasta el Cabo, como que favorece la conservación del individuo
para la familia y para el país, y mantiene los efectivos para el ataque
ó la resistenc ia, sin contar la satisfacción íntima que deja el bien cumplido
en beneficio de nuestros semejantes.
Recluttl1niento-Para economizar los dineros del Estado y las vidas
de los ciudadanos, no deben incorporarse en las filas sino indi\ iduos
capaces de resistir las fatigas de la vida militar. Prescindiendo de las
enfermedades visibles ó aparentes, que no dejan duda sobre el estado
del conscripto, los jefes observarán la siguiente regla para calificar los
hombres que se les confían : quien á un ojo brillante agrega una musculatura
regular, un peso mínimo de cuatro arrobas, una talla superior
á 1'"5o, y un perímetro toráxico de 78 centímetros por lo menos, medido
bajo l'a tetilla, con los brazos caído , tcndd en general una resistencia
fisiológica suficiente para soportar las fatigas de campafia. Para
combatir la nostalgia, enfermedad tan común en los reclutas, la disciplina
al mismo tiempo que firme debe se r paternal. Al salir á campafia
debe dejarse en los depósitos todo los hombn::s débiles ó enfermos ;
por no observar esta regla, se ve con frecuencia que hospitales y ambulancias
están ya co mados él la hora en que debieran estar vacíos para
recibir l os heridos de los combates.
Vrstuario-La ropa del soldado debe ser amplia para gue e] pecho
funcione sin dificultad ; el pantalón no debe oprim1r fucrtcm\!ntc el
vientre ; ]a parte interior del calzado y polainas de cuero debe lavarse
una vez por semana , y la exterior engrasarse de tiempo en tiempo. En
campaña todos los días, al levantarse ó al acostarse, deben consagrarse
algunos momentos al calzado, cuidando en especial de su asco interior :
la mugre endurecida que allí se amontona, obra como cuerpo e ·trafio,
causa lastimaduras en los pies y disminuye el efectivo aun antes de los
primeros encuentros. Aconsejar á los homhres que cuando usen calzado
con zuela de cuero, se envuelvan los dedos del pie (artejos) con un
pedazo de trapo viejo. La polaina de género es preferible á la de cuero,
porque ésta última se deforma á influjo de la humedad y el sudor, y
lastima el empeine : por medio de la grasa debe mantenerse el cuero
en conveniente estado de elac;ticidad y blandura. Las prendas de ropa
de paño deben golpearse al aire libre con frecuencia, porque las telas
de lana retienen los miasmas y adquieren mal olor motivado por la des-
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404: BOLETÍN MILITAR
composición del sudor. Las pestañas de la chaqueta y del pantalón, se
mantendrán siemt)fe limpias.
Al entrar á campaña el equipo del soldado si nó nuevo á lo menos
debe hal1arse en buen (:Stado de servicio; las camisas nuevas ó casi
nuevas; el ca~zado á la medida del pie; debe proveerse á la tropa de
una faja de franela para que con ella ciña la piel sobre los riñonc:s, el
vientre y el bajo vientre á fin de prevenir los cólicos, diarreas, dolores
reumáticos y hasta la disentería. Dicha prenda es indispensable para la
dormida en el vivac. La faja de franela no debe usarse de continuo para
no acostumbrar la piel y c. soldado se la pondrá para preservar el cuerpo
de cambios bruscos de temperatura (al salir de la tolda á entrar de
facción etc.) La [aja de lana es buena pero no dispensa del uso de la
de franela. En los páramos puede usarse la faja sobre el pecho y espalda
para evitar las bronquitis; pero en las tierras templadas y cálidas
interesa en primer término impedir el enfriamiento nocturno de las entrañas.
La faja de franela debe lavarse cada 8 días, pues de lo contrario
permanece siempre húmeda debido á la propiedad higométrica de
la sal del sudor; en este caso el resultado sería el contrario del que se
buscaba. En guarnición debe ordenarse al soldado no salga de noche de
la cudo) e ita, á falta de paja, la humedad del suelo, pero no debe emplear.,
c sino en caso preciso puesto que impid\: la evaporación del sudor.
~ OTAs-El ctÍiíamo _Y ellillo, como tela, se dejan penetrar fácilm
en tt: por la humedad, absorven con rapidez la transpiración cutánea,
la condensan y se saturan de ella hasta que la evapora el aire, por lo
cual son fríos y c. ponen á enfriamientos cuyas consecuencias son las
enfermedades de garganta, las Ruxioncs de pecho, Jos reumatismos, cte.
La higiene no permite vestidos de esas telas sino en los países cálidos
y Jolo durante el día porque por la noche es preciso cubrir el cuerpo cui
dadosamcntc con cobertores de lana. El algodón menos buen conductor,
menos permeable y más elástico, es por consiguiente más cálido y más
higiénico que el cáñamo y el lino; la manta debe reemplazar el dril
como tela de ropa de tropa en las tierras calientes. La la1za es superior
á todac; desde el punto de vista higiénico; pero como su uso dejado repentinamente
causa alteraciones en la salud no debiera enscñárselc al
soldado en paz, porque al salir del cuartel torna á vestirse de telas menos
buenas. En campaña, sea en tierra caliente, sea en el páramo, el vestido
de lana evita muchas bajas en las filas.
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BOLETÍN MILITAR 405
El tejido de la tela no es indiferente: los apretados son buenos
conductores, tienden á poner el hombre á la temperatura del aire ambiente
y por lo mismo son inferiores, desde el punto de vista higiénico, á
los tejidos flojos que dejan pasar la mayor parte de las exalaciones cutáneas
y evaporan lentamente las otras. El color también tiene su influencia:
los tintes claros son buenos conductores del calórico, pero no
lo reflejan enérgicamente; Jo contrario sucede con los oscuros, por lo
cual debe preferírseles en tierra caliente y aquí van de acuerdo las exigencias
de la higiene con las de la táctica. Las sustancias tintóreas
tampoco pueden desdeñarse; las telas verdes teñidas con arsenita de
cobre, por ejemplo, han producido envenenamientos.
En una palabra, ropa de lana oscura y de tejido flojo es la natural
para el soldado, ni muy holgada porque permite los enfriamientos, ni
muy estrecha porque provoca congestiones. Las calzonarias deben reemplazar
los cinturones angostos de cuero. Las camisas no deben ser ni
muy delgadas ni muy gruesas, con el cuello más bien flojo que ajustado.
La camisa debe ser de algod6u, lo mismo que los calzoncillos, y la
higiene en este punto corre parejas con los fueros del Fisco. En la caballería
el pantalón debe ser largo para que no lastime las rodillas.
Como prenda de cabeza el kepis es superior á todos los demás1 y tiene
por añadidura la ventaja de poder ponerse sobre los sombreros de paja
que abrigan al soldado, cierro, pero le quitan mucho de su aire marcial.
En Europa la tropa acostumbra corbata de lana cuyo uso sería aquí muy
conveniente, en especial para las marchas en tierra cálida.-(Continúa).
HISTORIA
Diez y ocho de Junio de r8rs-Fecha memorable por haberse
desarrollado en ella la última escena militar del último acto de ese
gran drama que finalizó con la caída de aquel genio gigante llamado
Napoleón. La bata Ha de Water loo ha dado lugar á muchos
escritos, casi todos en forma de leyenda, ajustados á especiales miras.,
algunos de ellos meros .relatos parciales y muchas veces incompletos,
circunstancia que nos ha animado á escribir esta relación
de algunos de los hechos gloriosos que allí se consumaron, presentando
un estudio somero de los sucesos, tomado de los mejores
autores, con la fría imparcialidad que 84 años de por n.edio traen
consigo, y con el único propósito de darlos á conocer á la tropa de
este ejército para nosotros tan querido.
*
La noche víspera de la batalla, ya habían tomado pos1c10nes
los dos ejércitos: el inglés al Norte y el francés al Sur. Las fogatas
del ejército inglés, encendidas temprano en toda la línea y que
semejaron un vasto incendio, se fueron apagando una á una; llo-
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406 BOLETIN MILITAR
vía horrorosamente; los torrentes desbordados inundaban las planicies
y dejaban en todas partes, entre sucias espumas, montoncitos
de chamizos. Los soldados franceses, fatigados por haber combatido
la víspera en Ligny con los prusianos, á quienes vencieron
parcialmente debido á la ausencia de la caballería de Ney, y por las
dos etapas anteriores recorridas en pocas horas, no podían tener descanso,
érales necesario mantenerse de pie. El silencio crecía, y la
oscuridad se hacía cada vez más intensa; sólo á intervalos regulares
se escuchaba el monótono grito de los centinelas. Tronaba_
•
Para formarnos una idea del campo de batalla, recordemos
desde luego que el I 8 de Junio por la mañana los ejércitos beligerantes
presentaban el cuadro siguiente: sobre la posición de MontSaint
Jean (Monte de San Juan) el ejército inglés, comandado por
el General Duque de Wellington, que constaba de más de 7 s,ooo
hombres organizados en tres cuerpos, dos de infantería y una reserva
de caballería. Fr~nte á ésta, sobre el lugar opuesto y en la
I11Ísma hoya, delante de Plachenois, el ejército francés, bajo las
órdenes directas del Emperador, compuesto de los cuerpos 1.o,
2.") y 6.c de infantería, 3.0 y 4·" de caballería, y la guardia de á
pie y de á caballo, formando un total de 6s,ooo hombres. Sobre
el Dile, en dirección á Wavres y á Limale, se encontraban los
cuatro cuerpos del ejército prusianv, fuerte de roo,ooo hombres,
á órdcnc del General Blücher; y por último, en Gemblux, el Mari
cal Grouchy con cerca de 35,000. Se ve en esta disposición general
que los aliados tenían á su favor no solamente el número y
la calidad de armas, sino también la ventaja de la colocación que
facilitaba variadas combinaciones estratégicas, siendo así que sus
dos masas podían reunir~e con más facilidad que las francesas.
*
An o;'?mo5 una mirada sobre el campo de batalla.
La posición del Monte de San Juan, al Norte, está á caballo
sobre el camino de Bruselas, al frente del Bosque de Soignes,
cubriendo por lo tanto la capital de Bélgica, y fue allí donde
tuvo su desenlace la batalla. Al frente de esta posición se levanta
la cresta de una cadena de colinas, que constituye el ribazo
izquierdo de la hoya formada por el arroyuelo de Lasne, aR u ente
del Dile. Las faldas que se extienden por delante, caen en ligero
declive hacia el Sur, favoreciendo el tiro de la fusilerÍ¿¡ y artillería
inglesa. El castillo de Hougoumont á ]a derecha ; el fuerte de
la Haya Santa al centro, sobre al camino real; y las aldeas Haine,
Papelotte y Esmohen, á la izquierda, sirvieron de avanzadas y se
destinaron á resistir los primeros ataques de los franceses. La línea
de batalla, ó frente de la posición inglesa, estaba formada por una
cadena de colinas sostenida á la derecha por el castillo de Nive-
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BOLETÍN MILITAR 407
lles ; al centro, por el fuerte del Monte de San Juan ; y, por último,
a la izquierda, por el camino hondo que conduce de Ohain
á Crain la Leud, y que rodea la posición como un verdadero foso
fuertemente encajonado. El flanco derecho estaba protegido por
las poblaciones de Brain la Leud y Merbe- braine. El izquierdo
era el menos defendido y el más alejado, poniéndolo hasta cierto
punto á cubierto las tierras bajas y pantanosas, que dificultaban
la maniobra por ese lado, y el camino barranco, que es alJí más
profundo que en cua~quier otro lugar. El interior de la posición
se encontraba custodiado por la segunda línea y la reserva. La extensión
de este frente mid~ 4,ooo metros aproximadamente. La
retaguardia, formada por un largo desfiladero al pie del Bosque de
Soignes, ocupaba un punto que habría servido de estorbo á sus
propios defensores, si éstos se hubieran visto precisados á hacer una
retirada, ~, en tal caso la desorganización habría sido inminente.
Esta falta militar la han anotado casi todos los historiadores, quizás
olvidando la intención firme del Duque de Wéllington, de
hacerse matar con todo e] ejército antes que dar un paso atrás, como
lo afirma la contestación que les dio, en clistintas horas de la batalla,
á Lord Hill y á Clinton cuando, expuesto á los fuegos enemigos,
le preguntaron : ¿ Cuáles son vuestras instrucciones s1 os hacéis
matar? "tlacer lo mismo que yo," respondió aquel hombre de
alma de acero. Además, á su soldados les dijo: "¡Muchachos! ..
¡ cuidado con echar pie atr:ís ! ... ¡ acordaos de la vieja Inglaterra !"
Sin embargo, según ciertas relaciones, ese peligro ha sido un tanto
exagerado, puesto que el bosque estaba formado por árboles de
tronco limpio y cruzado por caminos de explotación.
Al frente de esta posición defensiva, ocupada por el ejército
ingles, se encontraba la ofensiva: la del ejército francés, que e desplegaba
sobre el ribazo derecho del mismo valle, delante de P1achenois,
y sobre las alturas que después se han llamado de la Bella
Alianza.
El Mariscal Grouchy, se encontraba el I 8 por ]a mañana en
Genblux, lugar situado á 2 leguas de Ligny, y á 6 ó 7 de Waterloo.
Emprendió la marcha muy tarde aun cuando tenía la orden
de seguir de cerca al ejército prusiano, persegu1r1o, hostigarlo,
para recoger á sus rezagados el mayor número y alejarlo más y
más de lo~ ingleses, conservando siempre comunicación continua
con el Cuartel general. Mientras las tropas des filaban, el Mariscal
se detuvo en Sarta Valhain para almorzar, acompañado de muchos
de sus Generales: Gerard, Jefe del 4.° Cuerpo; Vandamme, del
3.0
, y varios otros. De pronto oyeron un fuerte cañoneo por el
lado del Monte de San Juan, es decir, por su izquierda. El cañoneo
seguía y aumentaba por momentos. Desde luego comprendieron
que el Emperador se batía con los ingleses. Todos los Jefes
allí reunidos le manifestaron á Grouchy los deseos y los motivos
que los impelían á ir allá donde el cañón tronaba. El General Ge-
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408 BOLETÍN MILITAR
rard, que, entre los presentes, era sin duda alguna el más autorizado,
tanto por los brillantes méritos que había conquistado en los
últimos tiempos, como por los elogios que, como militar, de él
hacía el Emperador, le demostró á Grouchy con argumentos muy
formales y convincentes, que en vez de seguir hacia Wavre debían
concurrir á donde el tonante cañón los llamaba con su atronador
estampido. Grouchy quizás reconoció la verdad que encerraban
las palabras del Jefe del 4.° Cuerpo, y la urgencia de asi tir al
combate, pero movido tal vez por el poco carií1o que les profesaba
á Gerard y á Vandamme, debido á que veía en ellos dos su bordinados
que eran muy superiores á él, les contestó con marcada
acritud, que esa proposición era completamente ajena á las instrucciones
que él había recibido, las que le prescribían perseguir
á los prusianos, y no ir al encuentro de los ingleses, y que
aderná , él no ~abía si los camino que le indicaban eran transitables
con artillería; á lo cual contestó Valazé, Jefe de los ingenieros,
que él se comprometía á allanarlo todo. Gerard, que trajo
un guía, reconocido como leal, el cual se comprometía á conducir
al ejército al Monte de San Juan en cuatro horas y media,
viendo la terquedad de su jefe, le maní fe5tÓ con vehemencia inusita'ia
que debían ir al campo donde sus compañeros se bat1an con
fuerza~ mayores, lo cual dio lugar á que el Mariscal se opusiera
terminantemente, fundándose en que él no modificaba órdenes de
un gran Capitán como era Napoleón; á lo cual repli~ó Gerard,
que no se trataba de rectificar las instrucciones del Emperador,
sino de comprenderlas; que el Emperador al destacar su ala derecha
en persecución de los prusianos con orden d'! com u Picarse
con él y mantener en jaque á Blücher para alejarlo, había querido
tenerla cerca de sí é interpuesta entre los dos ejércitos enemigos,
para poder utilizarla en caso de necesidad; que los prusianos
no p dían tener más que dos intenciones: avanzar hacia Wavre
para llegar á Bruselas, ó recorrer la linde del bosque de Soignes
para reunirse á l s ingleses; que en amb s ca os, lo más prud nte
era marchar á donde tronaba el cañón, porque si los prusianos
marcha an hacia la capital de Bélgica, la tropas de Grouchy con
su llegada al campo de bJtalla, ayudanan á Napoleón á derrotar
á los ingleses, y si, por el contrario, se habían reunido ó pretendían
reunirse á los ingleses, realizarían la ejecución exacta y urgente
de la" ins::rucciones del !~mperaJor. ·rodo fue inútil para
sacar al i\1.ariscal Grouchy de su obstinada terquedad, quien, por
último, optó por continuar su marcha sobre Wavres.
*
La disposición de batalla de las tropas enemigas era la siguiente
:
La inglesa, en las avanzadas de su posición, había desplegado
gran celo, disponiendo qu-: ellas fueran ocupadas por fuertes guar-
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BOLETÍN MILITAR 409
niciones proporcionadas á su importancia : así, la del castillo de
Hougoumont constaba de I,8oo de los guardias de Coke, al mando
de un hábil militar, quien hizo almenar los muros, parapetar
las puertas y construí r un cercado de empalizada para fortalecer
el seto vivo que rodeaba las habitaciones. En fin, no omitió medio
de defensa que estuviera á su alcance. Este castillo, incluyendo los
edificios adyacentes, presentaba una especie de cuadrado irregular,
de cuyos ángulos, uno aparecía recortado, y el opuesto á éste terminaba
en plano alabeado. El interior lo constituían tres patios,
proyectándose del lado NE. una capilla, y hallándose el conjunto
circuído por un bosque que se unía al de Sognes. La línea de batalla
estaba dividida en dos alas, una derecha y otra izquierda; la
derecha, establecida en el bivio de los caminos de Nivelles y Chaleroi,
estaba formada de dos líneas de infantería, compuestas, la
primera, de I 9 batallones, y la segunda de I 2 ; la izquierda, colocada
al otro lado del camino de Bruselas, estaba igualmente formada
por dos líneas de inf::lnteríz, las cuales comprendían 24 batallones.
Tanto á derec-ha como á izquierda, estos cuerpos, al agarbarse
tras los altos trigales de que se hqllaban sembradas 3quellas
tierras, como en las ~inuosidades del terreno, se hicieron del todo
invisibles para los franceses, ocultando á la vez la artillería repartida
en el camino hondo, en los puntos más accesibie de este
frente. Después de las líneas de infantería, se encontraba una tercera,
formada por la caballería. Diez y siete regimientos estaban
á retaguardia del ala derecha, y nueve detrás del ala izquierda. La
reserva estaba compuesta de 12 batallones y 7 escuadrones. A
Brain la Leud lo ocupaba un fuerte destacamento de inspección,
para evitar un asalto por aquella parte, que Wéllington, infundadamente,
no dejó de temer. Nos parece que las reservas eran débiles,
y que había tropas en exceso á la derecha, pues si los franceses
hubieran atacado como lo ordenó Napoleón, W éllington se hubiera
visto precisado á comprometer desde el principio los refuerzos de
esta parte de su orden de batalla. Por lo demás, el plan de defensa
estaba perfectamente adaptado á la situación topográf.ca y á las circunstancias
del momento. Recordemos ahora el orden de batalla
francés, el ofensivo, que era el siguiente: El primer cuerpo, compuesto
de cuatro divisiones, estaba desplegado á la derecha del camino
real, en dos líneas que formaban el ala derecha. Las tres divisiones
del segundo cuerpo se extendían igualmente en dos líneas, á
derecha é izquierda del camino, y formaban el ala izquierda. A la
extrema derecha se hallaba la cabaliería ligera, á órder.es del General
J acq ui not, y á la izquierda la caballería ligera del General
Piré. A retaguardia de estos ,dos cuerpos se encontraban, á la derecha,
los coraceros de Milhaud, y á la izquierda los de Kellerman.
Entre todos, hacia el centro, estaba el sexto cuerpo con las dos dívisiones
de caballería ligera Domon y Subervie ; por último, en
tercera línea y formando la reserva, se encontraban las tres divisiones
de infantería de la guardia, en columna cerrada por regi-
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410 BOLETÍN MILITAR
mientos, con su artillería á derecha é izquierda del camino real.
Guardaba su flanco derecho la caballería ligera de la guardia, y
el izquierdo los dragones y granaderos de á caballo, formando el
conjunto una especie de abanico cuyo mango ó base estaba en
Plachenois.
Napoleón hizo varias veces el reconocimiento de la posición
enemiga: á las diez de ]a noche, del I 7, dejó atrás á su Estado
Mayor y se adelantó con el gran Mariscal Bettrand y su primer
paje Gudin, y recorrió á pie la falda de la altura que ocupaban los
ingleses; á cada paso se hundía en el lodo y se apoyaba ya en el
uno ya en el otro. Ayudado por su catalejo, procuró reconocer detalladamente
aquella falda, que al día siguiente debía de ser bañada
con tánta sangre, sin cuidarse apenas de las balas que caían á
su alrededor produciendo un ruido ronco al clavarse en el lodo,
enviadas por un destacamento cercano que los había divisado á
pesar de la oscuridad de la noche, aumentada por los negros nubarrones
que encapotaban el espacio. Luégo volvió á bajar, montó
á caballo y fue á su Cuartel general establecido en una heredad
llamada de Caillou, y anunció á sus Generales una gran batalla
para el día siguiente, que debía decidir de la , uerte de la Francia
y del Imperio. Muchas órdenes dio; y en la que más hincapié
hizo y más empeño mostró para que fuera remitida prontamente
á su destino, fue en la que le daba nuevas instrucciones al Mariscal
Grouchy, recordándole su misión de seguir á los prusianos
para completar su derrota y mantenerlos siempre separados de los
ingleses, conservando, eso sí, comunicación continua con el Cuartel
general; y agregándole que, si Blücher tomaba la dirección
del Rhin, destacara en su seguimiento un millar de caballos con
el objeto de cerciorarse de que no contramarchaba; y que si veía
que se detenía delante de la selva de Soignes se intcrpu iera entre
sus fuerzas y las de los ingleses, enviándole á apoleón 7,000
hombres para que atacaran el ala izquierda inglesa; en cambio, si
Blücher se alejaba, viniera al campo de batalla con todas su tropas
á contribuír con ellas al éxito de la acción. Luégo subió con
el oficial que debía llevar esta orden, á una Plevada cima, y le dijo,
señalándole el lugar por donde debían llegar los 7,000 hombres ó
todo el cuerpo: "por allí les espero." El oficial, á causa de que el
Jefe de Estado Mayor demoró el despacho, no partió sino al cabo
de una hora. El Emperador reunió á sus Generales para informarlos
del estado de las cosas; despidióJes luégo para echarse de bruces
sobre el mapa que, extendido en el suelo, le mostraba con exactitud
las distancias. De repente oyó el ruido de un carro por el lado del
Haya Santa: se levantó precipitadamente y ordenó que un piquete
de exploración visitara los de observación. Llegaron luégo á decirle
que el enemigo permanecía quieto, noticia que le agradó en
extremo-( Continuará).
AR1URO ACEBEDO V
Sargento Mayor
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DOLET1N MILITAR
DEL GENERAL PABLO MORILLO
( Oontinuaci6n)
411
La isla de Margarita vino á ser entonces refugio de todos los
seres turbulentos; gracias á los hombres pusilánimes ó mal informados
que me forzaron, por sus instancias y sus noticias inexactas,
á abandonar una operación que consideraba poco más ó menos
terminada.
El I 8 de Agostó llegué á Cumaná, y el 28 á la Guaira; dejé
algunas tropas en cada uno de estos puerto?, y dirigí el resto del
ejército hacia Puerto Cabello, donde me detuve varios días. Llegué
al fin en Septiembre á la capital de Venezuela, donde permanecí el
tiempo necesario para extirpar algunos abusos que se habían introducido
en el ejército durante mi permanencia en la Nueva Granada.
Mi 1primer cuidado fue •Conciliar la felicidad del pueblo
con las necesidades indispensables del ejército ; vi que tenía necesidad
de establecer la más severa disciplina y dar las órdenes más
formales para disponer las marchas de las tropas; algunas infracciones
que se cometían a e te respecto ocasionaban continuas quejas,
no obstante que semejantes abusos eran á menudo inevitables.
~ise impedir hasta el menor fraude, violencia, vejación, en las
ciudades, y ordené ob ervar rigurosamente el reglamento que había
dictado á este respecto, que comprendía todo lo que era necesario
para reprimir los excesos, y restablecer en e ta parte ]a disciplina
del ejercito. Me puse de acuerdo con las autoridades para el abastecimiento
de las tropas y la seguridad del país. En esta epoca llegó
la amnistía, acordada por S. M. con motivo del matrimonio de D. •
María Isabel de Braganza.
Este acto me proporcionó la ocasión de renovar la expresión
de mis deseos, apoyados en la voluntad formal de S. M. Publiqué
la amnistía de la manera más solemne, y de acuerdo con el Tribunal
Superior de la Audiencia, di todas las aclaraciones que la ponían
al abrigo de las interpretaciones arbitrarias y de las falsas imputaciones
de la maledicencia. Las v1as de la conciliación fueron abiertas á
todas las gentes de bien que deseaban realmente la vuelta á la paz
y concordia. Hé aquí el acto de amnistía que proclamé entonces :
"Don Pablo Morillo, Teniente general de los ejércitos del
Rey, Caballero Gran Cruz de la Orden Americana de Isabel
la Católica, General en Jefe del Ejército expedicionario de la Costa
firme, encargado especialmente por el Rey de su pacificación,
"A los pueblos de Venezuela.
"El Rey, guiado por los sentimientos de su corazón, no ha
cesado de veros corno sus hijos. Siempre bueno y clemente, desea
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412 DOLE1'ÍN MILIT .A.R
traeros de nuevo á la paz y felicidad. Testigo del entusiasmo de los
pueblos en el momento de su tan deseado matrimonio, y el de su
augusto hermano el infante Don Carlos, quiere reunir alrededor de
su trono todos sus súbditos, que ama, y consagrar sus cuidados al
alivio de todos y á la prosperidad general. Ha visto los males que
sufren sus hijos de América, desea á la vez hacerlos felices y
atraerlos con nuevos lazos de amor á su madre patria, la gran monarquía
española.
"U na amnistía para todos los individuos comprometidos en
las insurrecciones pasadas y presentes, juzgados y no juzgados, ausentes
como presentes; un olvido general, término de las desgracias
que abruman vuestro suelo, hé aquí lo que en el nombre del más
querido y clemente de los reyes os ofrezco en esta proclama.
"Esta promesa tan sagrada como inviolable ; mi primer deber
es anunciárosla, mi corazón presiente con una viva satisfacción los
bienes que ella procurará; restablece esto un gran número de hombres
en el goce de su antigua prospendad. Han sido siempre mis
sentimientos, no he perdido ninguna ocasión de minorar, tanto
como estaba tn mi poder, las consecuen.-:ias inevitables de la guerra.
"La multitud de proclamas, amnistías é intimaciones por las
cuales he tratado de evitar la efusión de sangre, antes de emprender
ninguna operación, es una prueba de mi celo para pacificar
estos países, por todos los medios que la humanidad indica.
"Esta resolución será cumplida con exactitud y fidelidad, toda
sospecha contraria será injusta; los Gobernadores, Comandantes
militares, en una palabra, todos los individuos que hacen parte de
mi ejército, la ejecutarán sin ninguna restricción; o s lo prometo,
y estoy seguro de que sabéis por experiencia la buena fe que empleo
en el cumplimiento de mis promesas.
"Venezolanos, es en el momento en que va á principiar una
campaña cuyo resultado no puede ser dudoso; en que mi ejército
reforzado por los valientes recientemente llegacios de la península,
no encuentra ningún obstáculo, que la voz paternal de Fernando
llega hasta vosotros. Os llama y ofrece el olvido de los excesos
y errores. ¡ Qué desastres ha causado esta quimera de libertad que
los insensatos presentaban como fantástica imagen! Dirigid vuestra
mirada á vuestras familias, á los lugares que os han visto
nacer; no descubriréis sino montones de ceniza, torrentes de lágrimas,
luto y desolación, frutos envenenados de la sublevación }
de la guerra civil. Las riquezas de este país, la prosperidad de estas
comarcas de América, la industria, el comercio, la magnífica
Venezuela, todo era el trabajo de vuesvos abuelos ó de vosotros
mismos, cuando sometidos al dulce imperio de las leyes, erais gobernados
por las sabias costumbres de la monarquía. ~é triste
comparación podéis hacer reuniendo vuestros recuerdos, desde el
día funesto en que el genio del mal sugirió la discordia en este
Continente. Los más extraviados de entre vosotros ; el que dejó
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BOLEl.'ÍN MILITAR 413
seducir más su razón por los prestigios de una felicidad ideal, si
se consagra un momento á refl exionar sobre las desgracias que
abruman un país destinado por el cielo para gozar de una suerte
mejor, estará obligado á condenar sus errores, y á ceder á Ja convicción
de su dolorosa experienci~.
" Pueblos de Venezuela :
"La aurora de un día más puro y feliz comienza á brillar
sobre vuestro horizonte ; el gran monarca español ve vuestras
desgracias y quiere ponerles un término con su ámnistía verdaderamente
paternal. Los habitantes de la Nueva España se han apresurado
á volver de nuevo á la obediencia de las leyes ; aquéllos
que la suerte había apartado de los senderos de la fidelidad, vuelven
al seno de sus familias y olvidan sus resentimientos pasados.
En la Nueva España no hay sino verdaderos españoles ; habéis
podido f<ícilmente saber los nombres de los famosos revolucionarios
que gozan en el territorio de la clemencia del Rey.
"Habitantes de estas comarcas:
"Permaneced convencidos de que contribuiré á la reconciliación
general, y que el objeto de mis trabajos es haceros gozar de
los bienes que la bondad del Rey os destina. Apoyaré las autoridades
civiles, haré respetar las leyes, me entregaré enteramente á
la pacificaci()n; las armas de mis soldado , no se volverán sino
contra los ingratos que se obstinan en de preciar los beneficios del
Rey; sabrán proteger á sus súbditos arrepentidos de sus errores,
fieles y pacíficos.
"Cuartel general de Caracas, 2 r de Septiembre de r 8 r 7.
"P. MORILLO.',
Pero el genio dd mal reinaba en estas comarcas, y la amnistía
fue recibida con arrogancia y desprecio por la mayor parte de
los disidente . Un pequeño número de estos hombres, que residían
en las colonias extranjeras, acogieron este acto ; la mayor parte
lo creían dictado por el temor y la impotencia ; y pasaron á Angostura
para formar la expedición con la cual su jefe Bolívar
hizo después la memorable campaña de r 8 I 8. N o obstante esto,
la amnistía y mi palabra fueron inviolables, bien que seguro de
este injusto resultado; los que volvieron á sus hogares, vieron que
no los había engañado ; permanecen aún : no temo 3severen
lo contrario.
Después de haber soportado tanta ingratitud, me reuní á las
divisiones del ejército para abrir la campaña inmediatamente. A la
columna mandada por el Coronel Francisco Jiménez se le dio la
orden de obrar sobre las costas de Guiria; se componía de los
cuerpos de Clarines y de la Reina Isabel. Conforme á mis instrucciones,
marchó precipitadamente sobre la ciudad de Guiria, la
tomó por asalto apoderándose de cuatro cañones, cuatro banderas
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414 BOLETÍN l'IILITAR
y seis furgoneq. La pérdida del enemigo fue de 300 hombres y del
Coronel Comandante; no tuvimos sino 12 muertos y 27 heridos.
Por el mismo tiempo el Mayor D. Vicente Bausa, destacado
sobre Cumanacoa, ocupó esta ciudad sin mucha oposición. La
guarnición de Cumaná se formaba del batallón provincial de este
puerto y del Granada, con algunos piquetes de húsares y artillería
ligera; el resto de las tropas estaba repartida de la manera siguiente:
En Barcelona 100 hombres del batallón Barbastro (el resto
de este batallón. guardaba la escuadrilla real y el puerto de la
u aira).
En Caracas, el batallón de Burgos y de numerosos destacamentos
de todas armas.
En los valles de Orituco, el batallón de la Corona.
En Puerto Cabello, los cuadros del batallón Cachirí que debía
reorganiz.arse, la mayor parte del sexto escuadrón de artillería,
r un depósito de inválidos ó enfermos.
(O;ntinuará}
DE LA CAMPA:&A DE 1876 Y 1877
(Continuación)
"Art. 3.0 Las armas de las fuerzas regeneradoras de este De·
parta mento, de que se trata en el artículo 1 .o de este convenio, no
podrán bajar de ciento diez bocas de fuego en buen estado de servicio,
y . erán entregadas, juntamente con las municiones, en el
sitio de la Labranza dentro del plazo de nueve días contados desde
mañana, al Sr. Coronel Juan Nepomucemo Gonz:Hez, Comisionado
del Estado de Santander, y en su defecto al Jefe del Departamento
de Ocaña;
"Art. 4.0 El Jefe de las fuerzas regeneradoras dispondrá que
sean devueltas á sus dueños las bestias de servicio tomadas á los
particulares, que existen en poder de dichas fuerzas, y respecto de
las que no lo sean, éstos conservarán su derecho de propiedad para
reclamarlas judicialmente. Dicho Jefe y los Comisionados que lo
representan en este Convenio, prometen hacer todo lo que esté de
su parte para que sean devueltas á sus dueños las bestias que
hayan sido tomadas para el servicio y de cuyo paradero ad4uieran
conocimiento;
"Art. 5.0 Los Comisionados del Gobierno Nacional prometen
emplear cerca de éste sus buenos oficios para que sean rebajados ó
condenados del todo, los empréstitos forzosos notoriamente excesivos
que hayan sido impuestos á los vecinos conservadores del
Departamento de Ocaña, ó á los que en este Departamento hayan
tomado arma> contra el Gobierno nacional ó el del Estado ;
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BOLETÍN l'diLITA.R 415
"Art. 6. 0 Las autoridades civiles y militares del Departamento
de Ocaña, con el objeto de restablecer la seguridad, harán
desarmar y disolver las guerrillas de defensores del Gobierno, no
incorporadas en las fuerzas militares, que aún puedan quedar
en pie.
"Art. 7.0 Mientras se declare restablecida la paz en toda la
República, serán fielmente observadas en el Departamento de
Ocaña las prescripciones hechas por el Poder Ejecutivo Nacional
en materia de empréstitos y expropiaciones ; y además los Comisionados
nacionales ofrecen espontáneamente que los que haya
necesidad imprescindible de hacer en este Depatamento, procurarán
distribuírse con equidad, haciéndolos extensivos á todos los
vecinos del Departamento que estén en capacidad de soportarlos
sin acepción de denominaciones políticas.
"Art. 8.o Los Comisionados nacionales y los del ~Estado, y
los Jefes de las fuerzas regeneradoras que suscriben este convenio,
prometen hacer colectiva é individualmente1todos los esfuerzos que
estén á su alcance por calmar las pasiones, dar seguridad á todos y
contribuír eficazmente al restablecimiento de la concordia y de
la paz.
"Art. 9.0 Los salvoconductos y pasaportes que se soliciten en
virtud de este convenio, serán expedidos en los tres días siguientes
á la entrega de las armas por parte de las fuerzas regeneradoras ; y
"Art. 10. Este convenio no necesita de aprobación ninguna
ulterior y entra en vigor desde esta fecha ; pues los Comisionados
tienen autoridad suficiente para su celebración.
"En fe de lo cual firmamos do ejemplares ·de este convenio en
el sitio de "El Rincón," el día nueve del mes de Julio de mil
ochocientos setenta y siete.
"Salvad~r Cmnacho Roldán.-Leonardo Canal.-Ado/fo Harker.-
Juan Nepomuceno Gmzález.-Esteba~z 0-valle.--Laureano
P acheco. - Manuel Torrad?. -Ev.1risto f/illamizar.''
En nuestro próximo escrito, que será el último de estos recuerdos,
daremos otros detalles que consideramos importantes sobre
la entrega de los rebeldes, y manifestaremos nuestra opinión
sobre algún acontecimiento político reciente, que tiene relación
con la vida pública del General Quintero.
VII
En la noche del mismo día en que se firmaron en La Hermanita
los memorables tratados de paz, en virtud de los cuales
debían deponer sus armas los regeneradores, regresaron á La Cruz
los Comisionados que representaron al General Quintero en las
conferencias que dieron por resultado tales tratados, y al siguiente
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416 BOLE1'ÍN MfLIT A.R
le dirigieron esta nota, que en atención á los conceptos que contiene,
no podemos prescindir de insertar aquí :
u Sr. Guillermo Quintero Calderón, General en Jefe de las fuerzas de la !Regeneración
en el Departamento lle Ocaña
"Con gusto aceptámos la comisión que usted se dignó confiarnos
para celebrar convenio de paz con las comisiones nombradas
al efecto por el Gobierno nacional y el del Estado.
"Obrando de conformidad con sus instrucciones, hemos celebrado
dicho convenio, del cual presentamos á usted un ejemplar
autorizado.
"No dudamos que sea de su aprobación y de la de sus dignos
compañeros, porque si él impone el sacrificio de deponer y entregar
las armas, confiere en compensación amplias garantías que tal
vez no han sido concedidas hasta ahora á ninguna fuerza de la
revolución sometida al Gobierno.
"'Esta circunstancia, la honorabilidad de las Comisione!l del
Gobierno y la actitud imponente en que se ha mantenido usted
con sus fuerzas desde el principio de la campaña hasta su término,
imprimen al sometimiento el carácter de una victoria en el campo
del derecho y de los principios, que viene á coronar la serie de
triunfos obtenidos gloriosamente dondequiera que á sus armas se
ha opuesto resistencia. .
"A pagados los fuegos de la revolución en toda la República,
según el respetable testimonio de los Sres. Comisionados del Gobierno,
el sometimiento, si sacrificio mereciere llamarse, es á usted
honorífico, porque iendo usted el último que ha sabido sostenerse
inc0ntrastable en la defensa de su causa, no ha hecho otra
cosa que dar en el una prueba más de su patriotismo, cediendo á
la fuerza de los acontecimientos más bien que á la fuerza armada;
deponiendo sus armas triunfantes en las aras de la patria para
que quede asegurada sólidamente la paz de Colombia, tan deseada
por usted y por todos los corazones generosos.
"Nos congratulamos, pues, con usted, de haber contribuído
á restablecer la paz general y la fraternal concordia de los colombianos,
sin empañar el brillo de sus armas, que triunfantes quedarán
en la conciencia pública para honor y satisfacción de usted y
de sus leales camaradas.
'r Con sentimientos: de respeto somos de usted ten tos servidores.
"Señor General.
"MANUEL T. ToRRADo-LAUREANO PACHECO- ·EsTEBAN
ÜVALLE-EVARISTO VILLAMIZAR.''
IGNAC.IO S. HOYOS
(Concluirá)
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Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 124", -:-, 1899. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691041/), el día 2026-06-07.
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