~ogota ~áúabo 2 be bícítmure be ~848 .
Este periódico sale todos los sáhados; se ven~e en 7a
tienda del Seño'}' Ju,an Ga?'cia, plaza de Bolwar.
'Etfnlt~tte 5. ~úmetO 27.
Se admiten ?'emitidos que tengan porobjeto la utilidad Diciembre.
pública en cualquier 'ramo, con tal de que no ~ontengan
petrsonalidades y estén escritos Co% decencut, deben
dirijirse á los Editores libres de porte.
2 S ub. Sta. B i ,Jütna virgen.
Cién·an.se las '¡¡elaciones.
Los avisos y Ot1'OS escritcs de interes personal, se
insertarán pagando la cuota en que el interesado convenga
con el impresO?', que en todo caso se?·á moderada.
3 Dom,. 1.° de Adviento. San F/ancisw J avier
confesor.
Cuarto creciente á las 2 y 25 11únutos de
la taTete en A 'r·tes.
4 LúA, ta. BÚ1'ba1'a vi/gen martir.
!i;USCRICION. 5 jlfrut. San Sabas abad.
Por un año 'IJ~~nte reales PO?' t1'imestre cinco 1·eales. 6 l VIiérc. San Nicolas de B ari.
7 Ju.cv. San Ambrosio obúpn docto?'.
-
Cada número melA' ¿o 1·eal.
~_ .. -~(
Continuacion) .
X.
REFORMAS POLÍT[CAS y ADMINISTRATIVAS.
Es de notar que el consejo ó cuerpo municipa1
deliberante, aebe en su primera instalacion ser n?mbrado
por el mismo Papa; escepto los cuat~o ~lpUtados
para representar á los. c~er pos e~le~láshcos,
lugares píos y otros estableCllTIlentos publlcos, .los
cuales serán nombrados,mitad por el Cardenal Vicario,
mitad por la autoridad gubernativa. , De suerte
que en la primera instalacion todo esta en manos
del Pontífice. En lo sncesivo el nombramiento de
los miembros será hecho por el mismo Consejo, ó
bien en el modo que se estaulecerá por las ~uevas
leyes sobre organizacion municipal, salva. slempre
la aprobacion superior, á tenor de las leyes Jenerales.
A mas de las precauciones que se toman con respecto
á los elejibles, la presidencia del Cons~jo
corresponde á la autoridad gubernativa; las reUnIOnes
ordinarias son tres al año; y no puede haber
convocacion estraordinaria sino en los casos y en el
modo que se practica en las otras m?nicipalidades
del Estado, y cuando el Soberano .ql:uera. . .
La majistratura Ó cuerpo mUnICIpal eJecutIvo,
esta formado de un Senador, que es su cabeza, y
de ocho conservadores: esta majistratura se denomina
y constituye el Senado Romano.. ~I .Consejo
nombra á la majistratura de entre los mdlviduos de
su propio seno, con arreglo á las condicion.~s establecidas
en la lei; pero el Senador es escoJldo por
el Papa sobre una terna que se le presenta de entre
los consejeros de mas alto merito, de mayor renta,
y de mas elevada condiciono
En el motu propio se determinan las atribuciones
de dichos cuerpos, y en ninguna de ellas se e~cuentra
nada de político. Todo es de pura admlnistracion,
en lo cual e·s regular obtenga no pocas
ventajas Roma y su comarca.
No se alcanza que es lo que se puede objetar á
una medida que á una ciudad como Roma, la dota
de un Ayuntamiento.
El cuerpo verdaderamente político es el instituido
por el motu propio d~ 15 de octubre de 1847.
Su nombre es C.onsulta d~ Stato. Este cuerpo no
se parece en nada á los Congresos y Cámaras de
otras partes: le podemos llamar en castellano ConsuZta
de Estado: par~ dejarle u~ ~o,mbre caract~rístico;
aunque atendldas sus atn~uCl~nes nú habna
inconveniente en darle la denommaclOn comu n de
Consejo de Estado. He aquí las principales disposi-ciones.
La Consu1ta de Estado se compone: 1.. De un
Cardenal presidente, que toma el título de Cardenal
presidente de 1a C:0nsulta de Esta?o.. 2.° De un
Prelado Vice-presldente. 3.° De veIntIcuatro Consultores
de Estado repartidos en el modo decretado
ya esto es, cuatro por Roma y su comarca, dos
po~ la provincia de Bolonia, y uno por cada una de
las otras provincias.. .. .
El número de los mdlvlduos, vetnte 'JI cuat7'o, es
una poderosa garantía de que este cuerpo no ,deje~e.
rará fácilmente en una asamblea revolUCIOnarIa.
El nombramiento del Cardenal Pl esidenip, yel
del Prelado Vice-presidente , pertenece á Su Santidad,
igualmente es e1 Papa quien nombra á los
Consultores, sobre ternas de candidato~ que man~:;l.n
á la Secretaría de Estado los respectIVOS consejos
provinciales por medio del presidente de la provincia.
Estas ternas son formadas por los Consejos
provinciales sobre otras tantas ternas qu~ l~s trasmiten
los Consejos comunales de la provl~cla, y en
cuya formacion se tOI?an muchas prec~~clOnes con
respecto á las ~~ahdades de .los eleJ~bles: entr,e
varios otros requIsItos se necesItan 30 anos cumplJdos
v ser de recomendable conducta. El ofit'.io de
Co~s~ltor de Estado dura cinco años, su renovacion
se hace por quintas partes .. en cada año. No
hai inconveniente en ser reeleJldo, pero entre la
seO'unda eleccion y la tercera, debe pasar al ménos
o
8 Viér. F1EST,L La Concepcion de Nt.estra Sefiora
Pat1ww de América.
un quinquenio. Si un Consultor ue Estado en el
tiempo de su eleC'cion no es empleado del Gobierno,
y recibe despues un empl(~o, cesa inmediatamente
de ser Consultor y hai lugar á nueva e leccion.
La consulta de Estado se divide en secciones,
y se reune ó en ella.s ó en junta jeneral: las secciones
son cuatro: primera, de Lejislacionj :egunda,
de Hacienda; tercera, de Administracion interna,
comercio, industria y agricultura; cuarta, fuerza
armada, trabajos públicos, cárceles) casas de correccion
y de castigo. El Cardenal presidente, ó
en su ausencia el vicepresidente, tomadas las
órdenes del Soberano, distribuye al princi pio de
cada año á los conductores en las secciones respectivas.
Las juntas jenerales son presididas por el
Cardenal Ó por el Prelado, cada seccion nombra su
presidente particular, cuando algunas de estas
tuvieren un asunto comun, pueden discutir y d eliberar
juntas, previa autorizacion del Cardenal ó
del Prelado vicepresidente; y en este caso, la presidencia
de las secciones reun idas corresponde al
Prelado.
La consulta de E stado es instituida para coadyuvar
á la Administracion pública, y por 10 mismo
sen! oida en los negQc' O' gubernativos de interes
jeneral del Estado ó especial de una 6 mas provincias;
en la formacion ó modifi acion de las leyes
y reglamentos administrativos, en la creacion y
amortizacion de la deuda, en el exámen de los
presupuestos, de los aranceles, de los tratados de
comercio y en la revision y reforma de la actual
organizacion de los consejos comunales y provinciales.
Las deliberaciones de la consulta son consultivas.
La direccion de ellas pertenece al Cardenal
Presidellte, quien determina y pone las cuestiones
que se han de resolver. Cad3. miembro toma la
palabra segun el órden de su asiento. N adie puede
tomarla cuando no le corresponde, sino obtiene la
autorizacion del Presidente. La mayoría J votos
hace lejítima la deliberacion; en caso de empate,
el voto del Presidente es deciSIVO.
Hal un secretario jenera1, que atliste á las re uniones
jenerales de la cons ulta, y redacta el ·proce. o
verbal en q ue se contienen los nombres de los
consultores prese ntes, los negocios puestos á di:;cusion,
un estrado de las opiniones emitiJ as y los
términos precisos de la liberacion. Los negocios
discutidos tanto en junta jene l'al como en las secciones,
son ll evados al Consejo de ministros, y de
allí, así el voto motivaJo de la cons ulta como de
los ministros, con los respectivos procesos verbal es,
son elevados á la conú deracion del Papa por ól'gano
y con r elacion d el Cardenal secretario de EstaJo.
El Pontífice se reserva consu ltar :í todo el ~olej io
de Cardenales, siempre que vea que se trate de
asuntos de interes mm g rave.
Claro es qu e la dificu ltades que puede haber en
una institucion semejante han de o frec~ rs e en su
primera conv )cQ.cion: pues bie n, el gohi el'no pontificio,
con esta mira, ha pues to un artí ulo que le
deja en la mas ámplia libertad, dándole tiempo
para tomar todns las prec a uciones ue juzgue necesarias:
lo in conveni ntes que pudiera presentar la
elecc ion estahleciJa en este mol u p ropio, se aplazan
pa ra el mes ue octubre de 1849 pre viniéndose que
los reunidos el 15 de novi erñbre d ~d presente año
de l847 se mantend. l'án en ej ercicio hasta fin de
octubre de 1849, en que tendrá lugar la primera
eleccion y nombramiento de los nuevos consultores.
La renovacion se hará por quintas partes, y PO?'
sue1·te en el primer quinquf'nio: en seguida cada
cual seguirá el turno segun la fecha de su propia
eleccion.
J unto á la consulta de Estado hai un cuerpo que
se puede . mirar como un plantel de empleados
públicos: estos son los que se llaman Oidores de la
consulta de estado. Los hai de primera y de segunda
clase: su número es solo de veinte y cuatro. Para
aspirar al nombramiento de Oidor de segunda clase
se necesita la edad de 21 años, y ser licenciado
en filosofía 6 en derecho. El nombramiento peT-tenece
al Sobe?'a'llo sobre ternas formadas por la
consulta. Para ser nombrado Oidor de primera
clase, se nect's ita haber desempeñado laudablemente
<,1 oficio de Oidor de s~gunda, :í. lo ménos por dos
años. Los de primera clase, tra nsc urridos cuatro
años de servicio nunea interrumpido (en los cuales
se cuentan los dos afios de Oidor de segllnda clase)
si le hubieren eje rcido COl) exactitud, laboriosidad
y huena conducta, ti "n en dert>cno á un empleo ú
oficio corr espondiente á su edad, e periencia y
disposiciones, debiendo ser preferidos á los d ma::;
pretenJientes. Lo:,: Oidores serán repartidos en las
secciones por el Cardenal Presidente ó el Prelado
Vicepresidente. Los de primera cla e podrán ser
facultados por los presid<:>ntes de las secciones para
asistir á ellas, y aun ser nomurados relator s y
secretarios de 1as mismas. No podrán tener este
encargo los Oidores de segunJa clase, quienes son
considerados como ausiJiares de los de primera.
El oficio de Oidor es gratuito, debiendo servir para
instruir á los jóvenes y hacerlos aptos para el bu n
desempeño de los empleos gubernativos.
La institucion de la consulta de Estado es un
u10delo de sabiduría y prudencia. Se establ€:ce un
conducto legal para qu suba áJa re'i n del gobi rno
la influoncia de la opinion pública, y llegue á los
oído del Soberano la vo?: de las necesidaces de los
pueblos; pero se conserva íntegra, intacta la plena
soberanía del Papa. Así lo consigna en varias
partes el motu propio; así lo ha repetido el Pontífice
en su alocucion á los consultores. Lo que en
este como en otros actos se ha propuesto Pio IX,
él mismo lo dic.e: "acercar mi pueblo á mi persona
" para unirlo á mí, y conocer por mi mismo sus
"necesidades y satisfacerlas .• _ .• A este fin he
" reunido en derredor mio una consulta permanente
" para oi?' su dictámell en mis soberanr:zs resol u"
cion s."
No ha querido <.>1 Papa que sobre este particular
queda~ e la menor duda; y así añade: "El que crea
" otra cosa del concurso de este cuerpo, se equivoca
" lltn cilísimo. Sí, en gran manera te engañará 1
"que en la cOllsulta piense ver sus propias utopia ,
" y el jérmen de una institGcion que es incowpa"
tihle con la soberanía pontilh·ia ."
El Papa pn la misma alocucion habla con dignielad,
pero con firm pza, contra" los que no ten iendo
" nada que perder, aman los tI astornos y las sedi"
ciones, y abusan de las concesiones que se bacen,"
en 10 cual manifiesta conocer bien el terreno en
que se halla. Si alguno insistiera, pues, sobre la
posibilidad del abuso , no haria mas que repetir lo
que Pio IX ha J icho ya; y 11 verdad que no seria
gran oe:o.c llbrimiento el de anunciarnos que se intentará
abusar. Hai previsiones que, por lo vulgares,
no merecen tal nomure; y el manifestarlas con
énfasis mereceria un dictado que no es preciso
escriblr.
Cuando se concede algo, nunca falta quien picie
1I1as; en la var;edad de los pensamientos, deseos,
illtereses, ilus iones, pasiones, miserias, maldades de
los hombre::;, es imposible gobernar dejándolos satisfechos
á todo:;; y por 10 mismo es imposible tambien,
que cuando se hacen cambio~ no haya inquietud
y ajitacion. Mas por esto, ¿ será preciso condenarse
á no cambiar nada? En tal caso seria preciso
condf>oar:o;e á un sistema completamente es tacional'io;
á uno de esos sistemas que tarde ó temprano
disipa cual polvo el huracan de las revoluciones.
En 10 tocante á la prensa. sabido es que la lei
es sumamente cuerda; y para calmar los temores
inspirados por el abuso, basta saber que el gobierno
se ha reservado plena libertad de proceder como
considere conveniente, por el mero hecho de conservar
la prévia censura. A pesar .de todo; es
indudable que este sf'rá uno de los puntos que mas
dificultades ofrezcan al gobierno pontificio; pero es
preciso r esignarse á esas dificultades que nacen
de la misma naturaleza de las cosa, y ver como
se pueden disminuir los inconvenientes, ya que no
sea dable destruirlos. El pensamiento y :;u espre-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
sion son cosas tan indefinibles, tan varias, toman
tal diversidad de formas, que mui diticilmente se
las somete á reglas. En esta parte, lo mas ~encillo
es ahoO'al' toda palabra escrita, y reservarse el
gobiern~ para sí solo el der~cho de hablar por medio
de un periódico oficial; i pero ah! que lo mas sencillo
no es siempre lo mas discreto, y sobre todo lo
mas durable. En la inmensa espansiun, en la fuerza
que han tomado las ideas en las sociedades modernas,
cuando todo el mundo h'e, y razona, y disputa y
alaba, y censura, el privilejio esclusivo de los gobiernos
en materia de escribir sobre los asuntos
públicos, es una empresa hurto difícil: este pl'ivilejio
podrá ser, si se quiere, una cosa exelente,
pero ello es que exis te ya en pocas partes del mllnJo;
y que está amenazado de desaparecer en to~as.
Si alo-uno pretendiere que solo en eso::; pocos pal es
hai ;'erdadera prudenc ia, que en todos lus demas
se yerra, se podria replicar que ~sto equi.y.ale á
espedir á la mayor parte de las naciones CIV Ihzadas
el título de imprudentes; lo cual, á ruas de ser
bastante atrevido,es del todo inútil: el jénero humano
sigue su camino, sin cuidarse mucho ue protestas
impotentes.
XI.
LA REFORMA, ¿ DEJENERARÁ EN F-EVOLUCIO:-l?
La política de Pio IX no puede atribuirse á
escesivo candor, si no se quiere que esta palabra
signifique candorosa cortedad: creer que ~l Papa no
haya previsto la ajitacion que se ha manifestado en
Roma y en toua la Italia, mayormente cuando este
hecho se presentó desde la inauguracion de ~u
pontificado, seria hacerle ciego, pues .que no hab~]a
vist lo que estaba delante de sus oJ.os. ~del?a~ ,
fuera necesario suponer igualmente cIegO.:l a GIZZl,
á Ferreti, á cuantos Card ~ nales, prel",dos y demas
personas notables han influido en la nueva direcc.ion
de Jos negocios. Suponer que no se h.an previsto
los riesgos que esta ajitacion trae con sigo, cuando
esta prevision es tan fácil, tan óbvia, tan .vulgar,
es imajinar 'e que en Roma se sabe mUl poco
en este punto; y precisamente en materia de tneSl~r~,
de prevision, de circunspeccion, siempre ha SIUO
citada la corte de Roma con singular modelo:
sus enemilTos la llaman refinadamente astuta; los
hombres i~parciales, prudente y previo ora. ¿ Solo
ahora habria perdido de re-pen te la vista, y no
veria lo que todos vemos? Rai argumentos que
por probar demaciado no prueban nada.-¡ N o
conoce el Papa, dirá alguno, lo que de ahí ~ueu e
resultar?-¿ r () conoce usted, le responde¡'emos,
que cuando usted lo conoce, debe haberlo. con o~~do
el Papa? ! Pero es candoroso! ••• - ¿ Que slgl1lhca
esta palabra? ¿ Que ti ~ ne candor sin prudencia?
Si esto significa, dl'gase que el Papa es un hombre
de buena voluntad y de esca. as luces; que lo
mismo son sus consejpros; y que no siendo el
Pontífice un hombre nuevo, sino conociJo de anteIDdno
por los altos puestos que habia ocup~~o
en la Iglesia, fué bien imprudente el S~cro ColeJ.IO,
que, en tiempos tan azarosos, t>n. Circunstancias
tan críticas, se fijó con tal espontaneidad, con ta{)~a
prontitud, en la persona del Ca)'(len~l MastalFerreti,
para. elevarlo al Sumo Pontl?Ca?o.
¿ Se cree que la mayoría de los subdItos del
Papa están en el órden, ó no? Si lo segundo, . se
declara que el Papa reina sobre un pueblo de qUien
no puede recabar obeuiencia sino por meJio de
la tuerza; si lo primero, entónces ¿ por qué hemos
de desesperar de que el Papa, apoyado l~n esta
mayoría, uniéndola intimamente á su persona, pucda .
llevar á cabo prudentes reformas s in trastornar
el Estade> ni menoscahar su autoridad soberana?
Hai dificultades., hai peligros, ci ertam ente; hai
revoltosos que procurán abusar, f'S induJalJlej pero
el Gobierno Pontificio tiene muchos y pouerosos
elementos de qué disponer; y el medio seguro de
oprovecharlos es darles él propio la direccion que
convenga segun las necesidades de los ti empos.
El gubi t~ rno pontificio, al arrostrar las dificultades,
habrá contado con los recursos que tiene para
vencerlas; al dar el impulso, habrá medido las
fuerzas de que dispone para mouerarl e; al prever
las tentativas de los malévolos para estraviar la
opinion, habrá reflexionado sobre los medios de
evitar el estravío ilustránuolo y rectificándola.
En Roma, como en todas partes, se ajitarán los
perturbadores,pero aquella capital y todos los estados
pontificios, á lilas de la afeccion especialísima
que profesan á los Papas, tienen un interes propio
y muí grande, en oponerse á proyectos insensatos
que se encaminen á destruir la soberanía temporal
del P ontífice, ó entregarla á merced de los anarquistas.
¿ Qué seria la ciudad de Roma si le faltase
la soberanía del Papa? Abandonaua á la ambicion y
á la codicia de los aventureros de todos los paises,
Iloraria bien pronto con lágrimas de sangre la
caída de su autoridad paternal, á euya sombra
ha vivido durante tantos siglos. La separacion
entre la potestad temporal y la espiritual, como
existe en ?tras partes, es un sueño Irrealizable
en los estados pontificios: tal es la fuerza de las
-cosas, que el dja en que una revolucion destruyese
la soberanía temporal del Papa, este quedaría
reducino ó al cautiv t'rio ó á la proscripcíon. Creer
que en Roma es posible un Papa ejerciendo s01a-
EL NACIONAL.
mente las funciones de Pontífice, á la vista de un
principe ó de un senado encargado. de! Gobierno
temporal, es desconocer completamente la naturaleza
del húJnbre y de la sociedad,- es olvidar la constante
marcha de los acontecimientos humanos. En
todos los paise;; del m undo, un rei destronado
es un rei cautivo ó proscripto: UD rei destrolJado,
en completa libertad en su propio pai , e,n vista
de su sucesor, es un imposible; pue. bien, mas
imposible fuera todavía en Roma un Papa ej 'rciendo
libremente las funciones dE:'1 snpremo p(\lltlficado,
estenJiendo su autoridad sobre la l~lesia universal,
recibiel,do los homenajes de todo el 6rbe católico,
y esté Papa rodeado del Sacro Colejio, rou t'aJo
de las congregaciones, rodeado de las instituciones
indispensables para ]a es pedicion de los ne~oc ios
eclesiásticos, en presencia de un Gobiorno que
acabára de levantarse sobre las ruinas de la autoridad
temporal de la Santa Sede. Esto es un imposihle
que se conoce á primera vista, que se siente, y
que produce la certeza de que un Papa destronado
seria un Papa cautivo ó proscripto.
LOS REPUBLICANOS.
Obra escrita en francés por Alejandro Weill.
CAPíTULO V.
La razon no ha sido necesaria al homb ~e para
elejir entre un bien y un mal diversos y aislauos el
uno del otro: el instinto ha bastado.
Dios ha dado la razon al hombre, su representante
en la tierra, para que en toda cosa discit>rna el mal
en el bien mismo, purque el mal se halla en todas
partes alIado del bien . No hai bien alguno en esta
vida que no uejenere en mal por el abuso, por el
esceso, por la falta de aplicacion y de organizacion.
El abuso de la luz es el incendio.
El abuso de la relijion es el fanatismo.
Los zelos son el abus0 del amor.
El arma n.ol'tifera es el abuso del fierro, tan útil
á la sociedad.
La filosofl3o tiene su abuso, que es la duda, y el
abuso de la palabra se llama c&lumnia, injuria, necedad
y fastidio.
Nada es pues absoluto sobre la tierra, ni el bien
ni el mal. Solo Dios es el bien absoluto. Y aun
en esta parte existe el dia blo, especie de dios en el
mal. La razon debe trazar en todo una línea de
demarcacion. Toda lei jeneral que se quede mas
acá ue la línea, ó que la sobrepase, es una lei incompleta
y fa.lsa. ToJa lei que cundene una cosa en
lugar de di -cernir el bien ó el mal que pueda producir,
es impía é injusta, porque aunque todo puede
dejenerar en mal, en ninguna. parte existe un nlal
absoluto.
Sería ~ergonzoso preguntar si la libertad de la
prensa es un mal ó un bien: importaria tanto como
preguutar si la luz es un biPn. Pero así como la
luz, la prensa tit>ne sus abusos. La libertad de
imprenta, como todas lr.s libertaut's, consiste en el
cambio de deberes con derechos. Miéntras mas
li bre sea uno, tanto mas severo debe ser consigo
mismo, porque solo puede llamarse verdaderame nte
libre el que no es esclavo ni de sus preocupaciones
ni de sus pasiones.
i Qué se uiría de un propietario que se quejase
contra el fuego y pidiese la abolicion, ó al rnénos la
suprcsion de las luces, porque habia pt' ruido muchas
casas llE'llas de materias combustibles, n un incendio
ocasiunado por una luz, y activado por el viento?
¿ Qué se diria de un médico que mandase á su
e nftrmo qUE' Sf' tapara las narices, temiendo que le
diese romadizo?
¿ Qué se diria en fin de un hombre que por el
temor de ser envenenado prefiriese no comer absolutamente
ó ceñirse á una sola comida?
Pues lo mismo ~ucE'de con respecto á la prensa.
De que ella haya servido de fósforo y aun de tea
para e l incendio de los esp íritlls de junio, incf'ndio
favorecido por montones de materias inflamables, y
activado por el viento de las barricadas df> febrero ,
no se deduce que sea preciso condenarla, enfrenarla,
restrinJirla, aniquilarla en fin, pues en este
caso el remedio seria peor que el mismo mal.
D esue luego toda medida tomada con intencion
de herir al poder de la pren."a en lugar de atacar
solamen te los abusos, es vana é ineficaz.
Si la libe rtad de pensar, de e. cribir y criticar
pudiese ser condenada, nueslros antepasados, que
en materia de autoridad eran mas fuertes que nosotros,
nos habrian ahorr:'.Jo el trabajo.
La prensa, en cuanto á que representa la idea,
se asemeja á un gallo que á media noche anuncia
el dia. Bien pueden torcerle el pescuezo á la una;
mas no por eso dejará de aparecer el día anunciado.
T.odo Gobierno que declara no poder gobernar
con la libertad de la prensa, es un Gobierno débil é
impotente, que tarde ó temprano caerá con ella ó
sin ella.
Si C-~rlos X hubiese escuchado á la pl'ensa en
lugar de combatirla, no habría tenido lugar la revolucion
de julio.
Si Luis Felipe en lugar de despreciarla, la hubiese
seguido en su marcha prog¡'esiva hácia las
reformas, á la fecha fuera toua vía rei de los franceses.
Si el Gobierno provisorio, en lugar de transijir
con la anarquía, hu biese escuchado los consejos de
la prensa que repre:;et;ltalJa el órdpn y la autoridad,
no habrian tenido lugar los acontecimientos c1e junio.
Además, si dcspues de febrero 110 hubiese habido
absotutamente imprenta, e~os acontecimientos habrian
ocurrido mas pronto y con resultados en
elS trerno fatales.
Lo mismo sucede rá con todos los Gobiernos. Si
la R~ pública no puede existil' con la libertad de la
prensa, tanto peor para la Repúbljca, porque en
este caso no se salvaria tampoco de ningun mouo
con la supresion de la imprenta.
S aber es poder.
Un Gobierno que desdeña la intelijencia y que
no trata de basarse sino en la fuerza brutal, no
n-.erece que se le conserve. U na virtud que necesita
centinelas no vale la garita.
La prensa, considerada como bien, es un sacerdocio
lOviolable No es a ella á quien debt> atacarse
, ~ ino á l.os falsos ministros que del sacerdocio
n0 tienen si . o el vt-'stido. y del fuego sagrado de la
verdad y del :Hogreso, tan solo tienen el humo; verdaderos
topos que remu ev~' n continuamente el ter.I'P-
no para impedir que jermine la semilla. En una
palabra, toda lei contra la prensa que no discierne
la violencia de la conviccion, el humo del fuego, el
oropel del oro, la injuria de la vivacidad, el mal,
en fin, del bien, no solamente es odiosa, sino que
además no llena su oójeto.
La primera cue_-tion que se presenta, en cuanto á
la jmisdiccion de imprenta, es saber ¿ quiénes serán
sus jueces?
Hasta la fecha el jurado ha sido admitido en materia
de preFlsa co~o una institucion mui liberal.
Puede ser sufidl"nte para delitos ordinarios que
eslán al alcance del buen sentido; mas no sucede" lo
mismo en c.uanlo á las cuestiones de alta política y
de filosofía.
Los primeros lejistas de Alemania han recusado
al juri para los procesos de principios polítícos.
En toda justicia nadie pqE'de ser juzgado sino
por sus iguales. Supongamos que Espinosa 6
Rousseau fuesen acusados ante un juri compuesto
d ... propietarios, artesano y militares: ¿ seria creible
que unos simples artesanos, ocupados hasta entónces
úllicamt>nte de su oncio fuesen aptos para juzgar
el valor filosofico y político de estos hombres, que
ántes de publicar sus sistemas habian pasado treinta
años de su vida en pensar y raciocinar? Tales
jueces pueden es cierto condenar; pero tan solo sus
acusados pueden juzgar.
De consiguiente, el tribunal destinado á juzgar la
prensa el be componerse de los hombres ¡nas eminE'
ntes del pais. Es preciso además que sea electivo,
y que se reclute continuarnente para sqs filas
entre las de los mas distinguidos escritores, lejistas
y hombres de E~tado.
Es preciso batir al mal mismo, á lo que es mejor,
dar h'yes que impidan el mal sin atacar al bien.
De todas las leyes sobre la prensa, la que existe en
Suecia, salvo algunas restricciones, me ha parecido
la mas prudente y la mas eficaz. En este pais la
prt'nsa es libre desde 1815. Las garantías que
prf>S l'n ta están touas en las personas mislnas de los
}{c~ d actores.
" Todo Redactor, juzgado y condénado po'r delito
" de imprenta queJa sujeto á la censura en la pri"
mera vez por seis meses, y despues por un año;
" en último lugar, sufre una interdiccion completa
" y la pérdida de los derechos civiles."
Esta lei en cla'e de principio es buena, aun en
Suecia, en donde no hai jurado eleclivo. En Francia
podia hacerse ejemplar, combinadá con un
tribunal supremo elejido conjuntamente por la prensa
y la Asambl!.'a nac ional.
He aquí la leí que yo propondria:
1. o Se formara un tribunal supremo compuesto
de quince miembros propietarios y tres suplentes.
2.° }1~stos miembros serán elejidos, dos tereios
por la Asam1)lea nacional y un tercio por los literatoR.
3.° Para ser elejible, es precis~ tener ppr lo
ménos 35 años de edad.
4.° Este tribunal se renovará todos los años.
Los antiguos juecE's pueden ser reelejillos.
5.° El pre.-id ente de este tribunal será nombrado
por el Gobierno de entre los tres candidatos que
propondrá la prensa.
6.° R:stos jueces harán el oficlo de hombres buenos
para todas las cuestiones y litij ios interiores de la
prensa. Todo a~unto de honor debe ser juzgado en
el espacio de 24 horas. .
7.° Todo ciudadano que publique un diario, está
obligado á entregar todos los dias un ejemplar al
escribano del tribunal.
8.° A la primera cita ante el tribuna], el Redactor
ó Gerente com parecerá en persona.
9. ° Las penas que el tribunal puede aplicar son:
1.0 una reprimenda oficiosa al principio y despues
ofirial; 2.- sujetar á censura al escritor acusado,
por espacio de tres meses, de seis, ó de un año.
Durante este tiempo, es prohibido á todo diario,
e Jitor é impresor de Francia, publicar una línea
emanada del escritor sujeto á la interdiccion sin
a torizacion e pecial del censor designado por el
tribunal; 3.° en caso de oincidencia, el escritor
incorrejible sufrirá una interdiccion jeneral y la
pérdida d\! los dereGhos ci"iles.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Por incompleta que sea esta lei, evitará el mal y
no atacar(. al bien. En cuanto á los delitos de
difamacion, podria hacer servicios prontos é indispensables;
depuraria en fin la prensa y le daria
<.lignidad. La desgracia de .Ia prensa, es que sirve
de refujio á toda especie de hombres sin vocacion
directa, que hacen de t'lla un oficio y much?s veces
una peaña. Bueno y preciso es qu' todo el mundo
v~va, pero no es uec~sario que tpdo el mundo escriba.
Sea COlIJO fuese, deseariamos que cesara prontamente
el estad,o precario y provisional de la prensa,
porque presenta mas de un peligro.
Paris 13 dejulio de 1848.
A-LI!:JANDRO WEILL.
_ *-g::;::: 4_
11EMllllI II10)1~
REFLEXIONES
Sobre la influencia de la relijion en el órdell
y en la moral.
ARTíCULO 4.-
Parécenos que todo hombre de juicio habrá
convenido con nosotros en que los plincipios relijiosos
son el mas seguro garante para la conservacion
del órden público, y de consiguiente al progreso
del país y bienestar de los ciudadanos. Conviniéndose
en esto forzosamente se ha de convenir en
qlle el progreso de la irrelijion debe ir aumentando
los trastornos hasta conducirnos á una total ruina.
Pues bien.
Aquel que conoce el remedio para el mal que
padece lo solicita y se lo aplica: el que quiere
ll~ar á un lugar y le muestran el camino no se
qlleda allí -parado, ni ménol:! toma el opuesto, sino
aquel que debe conducirlo á ~u ueslino: el que quiere
enriquecerse y conoce los medios que tiene pelra
ello, los toma. Esto ecsije la razon, y así proceden
las hombres en todos lus negocios, á no ser que
estén locos. Pues bien.
Toda:s necesitamos del órJen y de la tranquilidad
pública para ser felices. Esto no puede negar::-e.
Sabemos que este bien no se puede conseguir de una
manera sóliua y estable sino por medio de los
principios relijiosos: para que estos principios ejerzan
su accion sobre los espíritus es preciso que los
hombres los respeten y los amen; pero para que lus
hombres los respeten y los amen es preciso que
crean en la relijion y para esto ¿ cuál será el medio?
Dar á la juvE;ntud una educaciun sólidamente relijiosa.
Este es el m~dJO y no hai otro. Luego si
somos lójicos debemos adoptarlo.
Desde que se desterró del ámbito de las aulas
la relijion, y solo se atendió á formar una ra.zon
mecánica, tlice el hi:iitoriaJor inglés Dalias, los principios
anárquicos ocuparon en el corazon de las
nuevas jeneraciones el lugar que ántes ocupaban
los principios conservadores del órden.
El céiebre y malogrado Balmf-s observando el
desarreglo jt'neral de las ideas del siglo ha dicho:
que el espíritu humano está enfermo. Nosolros
~i lo creemos; pero nos parece que la causa de
esta enfermedad se halla en la. mala ó ninguna educacion
moral que se dá á la ju\'entud desde que se
ha prescindido de la. relijion; porque ¿ en qué otro
principio podrá hallarse? El mal es jeneral y sus
Slntomas los mismos; luego procede de una causa
eomun y no hai otra mas jeneral y comun que el
sistema del materialismo, adoptado en todas partes
para formar las intelijencias desde la niñez.
Esto es tan cierto que se palpa. Entre nosotros
hai una línea divisoria perfectamente marcaJa,
entre los hombres que han si Jo educados bajo las
influencias de la reiijion y los qlle no lo han sido.
Lo,s dos grandes partidos en que estarnos divididos
mucho tiempo hace, lo manifiestan b:l uno quiere
echar por tierra la relijion, y el otro pugna por
conservarla. El que quiere destruirla es débil en
número, porque, afortunadamente, las masas populares
no le pertenecen, porque la fé aun vive en
ell,as. Estas masas, con los hombres pensadores
q'le se mantienen fieles á la misma fé. por con vencimiento
de su fcu:on Ó por un sentimiento natural
que inclina á 108 corazones sanos ácia todo 10 ~rande
en la carrera de la virtu~, forma el segundo partido
que constitl1ye la mayoría nacional; mas este partido,
aunque superior en número al otro, hace
mén.Qs, porque es pacífico; lo que en cierto modo
.es liPa de~yentaja en la actual lucha; m¡l.S ella
honra. Q,1 plUtido que on tal conducta. justifica sus
pr\peipio¡ , y da la prueba de ({u~ ellos son mejores
q lQ de u, eontrariotl para la. cúnservacion dd
órden.
Los qel otro bando, aun cuanJo sean pocos, son
~paces de todo, porque obran sin conciencia (1),
son intolera:ltes y verdaderos fanáticos (2) que si
po han consumado su obra por medio de un trastorno
es por impotencia física; es porque su palanca
de accion todavía no es bastante eslensa para movt'r
una gran masa en el pueblo; pero déjese que lo
sea; sígase con esa criminal indifer~n('ia espec.ial-
(1) Hablamos del partid(l i'fl~pío que ataca la rel.~jion,
'Y no rre'Í$amente del partido de tal ó cual candidato,
porque en todos ellos se encuentra11 homb?'es malos y de
r;onsiguitnte enemigos de la moral.
(2) En otTO {:t?·tículo demost?'arérnOs (sta p1·orosicion.
EL NACIONAL. 3
mente en el clero y los padres de familia y se yerá
á ~onde vamos á dar en poco tiempo. Es preciso
eVItar este mal que ya nos amenaza mui de cerca;
pero él no se evita sino es como dice Balmes,
ahogándolo en la abundancia del bien, con el fomento
de los principios relijiosos. Entre nosotros
basta ahora, el órdeo público poco ha sufrido con
las revoluciones. Ellas casi siempre han terminado
por un cambio de hombres en los altos destinos
n.aeiouales sin afectar en lo sustancial los principios;
:s1l1 degüellos ni saqueos populares. En las circunstancias
mas críticas, principalmente en esta capital,
el pueblo siempre se na puesto de parte de la lei
sin desoir la voz de los hombres ue órden, En una
palabra: en los momentos mas propicios al desórden,
en ~ue la anarquía parecía convidar á las venganzas,
y a los turores del fanatismo (3) el pueblo ha sido
el guarJian del órden y la garantIa mas segura
de las vidas é intereses de los CIudadanos; fenómeno
que solo podrá esplicarse por la influencia de la
relijion en esta cla.:se.
ESLO es 10 que hasta ahora nos ha sacado con
bien de mil peligros, y lo que aun nos mantiene en
pip; pero esto es lo que no comprenden esos homures
de estraviaJa razon, que, semejantes al salvaje,
qu~tan el muel1e al relój y se empeñan en que siga
senalando las horas como ántes. Aquellos como
e tt~ , manejan una máfJuina de cuyo mecanismo
apenas ti"'uen un conooimiento grosero, y así no
s~ben que quitado una vez el primer ajente que le
ua movimiento toda eHa se trastorna y paraliza,
Así los v,;mos empeñados mas bien en corromper
al pueblo, que en ilustrarlo suministrándole ideas
que, pa"a entenderlas sin convertirlas em mal, neceSHan
un aparato de ciencia y conocimientos, que
nunca pued ~ n adquirir los que viven del trabajo de
sus manos, y no pueden dedicarse á profundos estudio:
s DI á sénas meditaciones.
1 o nos cansaremos de repetirlo: todos nu estro~
males traen su oríjen de la corrupcion y estravio en
que han caído los espíritus, con las ideas antirelijiusas_
V énse por una parte unos locos que gritan y se
afanan, bailan, juran y se despedazan, no sosiegan
hasta arruinar¡::e ••.• ¿ qué tienen? El .:ensualismo
que ha trastornado sus cabezas f>. incendiauo su
corazon con la fiebre ardiente de las pasiones ••.•
Pur entre estos se ven cruzar otros, que corren
mirando adelante sin reparar con qui en tropiezan,
porque .allá alcanzaron á ver al que debe otorgar la
oblJgilclOn: olros sombríos y tasiturn( s andan y se
pa:all, hablando ~olos, y ven las de grac;as como
qUIen ve llover, aunque caigan sobre sus hijos
¿ qué di('en? ¿ en qué piensan 1 •••• En el tanto por
ciento, sobre las usuras, en el elldozo del vale &c, . ..
De 11 anera que la carne y la 'plata son el Dios de
una gran parte de las jentes.
Consúltese nuestra historia, i es que la tenemos
de poderse consultar sobre este punlo, y con::.últense
los hecllOs que pasan entre no 'otros y se verá si no
es cierto lo <.fue vamos diciendo, y si será estraño
<.fue nos hailemos al borde de un abismo, habiéndose
preparado el mal sistemáticamente.
En el año de 18 no existía en Colombia, 6 por lo
ménos, en la Nueva GranaJa partido alguno anti.
I'plijioso. La lé alumbraba con sus rayos todas las
i .ltelijencias y unia todos los Curazones. El monstruo
del atei:,mo no habia asomado sus horribles
facciones; mas á poco de establecida la paz con la
destruccion de los ejércitos e pañoles unos pocos
jefes militan:s en union de dos personas, únicas que
en Boguta pertenecian a la mazonería, concibieron
la idea de estableeer una gran lojia en esta capital,
que sirviera de centro y oriente á todas las demás
que debian establecerse en los departamentos, con el
fin de cambiar las ideas del país.
Fundada la lojia fueron recibidos en ella inmediatamente
casi tvdas las notabilidades de la epoca,
y allí se organizó el plan para destruir el fanatismo
que no era otro que las ideas relijiosas, Hubo individdo
de los de mas talento y fama que propuso
destruir las bibliotecas de los con ventos para quitar
esos focos de instruccion relijiosa, bajo pretesto
de trasladarlas á un solo local para formar una
gran biblioteca nacional; pero el Tolomeo colombiallo
no pudo realiZar esta empresa. Los aa u ' aJores
del poder, que siempre est.án negociando á
costa de los mas caros intereses de la patria, acudian
d·e todas parles a los trabajos mazónicos,y les daban
grande impulso por medio de las catequizaciones.
De este modo se adquirian grandes ventajas en la
carrera de los empleos y comisiones.
En esle estado se ocurrió al estranjero solicitando
la competpo te autorizacion para poder emprender
lejítimamente las fazañas que se meditaban, y que
conforme á la ónlen que se profesaba no podrian
acometerse si n ser armados caballeros. Se ocurrió
pues á Jamaica, y la Jojia colombiana con todas
sus autoridades, y con todas las notabilidades, mili·
tares y civiles, se hicieron dependientes de las autoridades
ma7.ónicas del Grande Oriente de Jamaica.
Era cosa digna de observar como los libertadores
que acababan de pelear por independizarnos de
todo poder estranjew, unidos con unos políticos de
(3) Corno en los años de 19 y 40. En ambas
épocas esta ciudad ha estado ente?'(,¿mente abandonada
al pueblo.
principios tan L benües que no sufriall la dcpeudencia
del Papa en lo espiritual solamente ocurrian
humildeme~t~ a una. autoridad estranjera 'suplicándole
los reCibiese baJO la dependencia que le juraban
sobre los l~vanjelios, y en presencia del Grande
Arquitecto del Universo. El Sr. fulio Arbvlpda
parece que no habia nacido en aquella época y f'1
Dr. Gonzalez estaria bien mediano, Si hubieran
figurado entónces habrian podido decir, con mas
razon que ahora, que la República era esclava de
los eSlranjeros, como lo han dicho con relacion á
la dependencia que los J esuitas tienen de su Jeneral,
aunque los Padres no se hallen al frente de los
negocio.~ del Gobierno, como se hallaban los jefes
de la. 10Jla. Ella. fué llamada Fraternidad Bogotana,
y baJO este nombre se incorporú á las demás clependI
ntes del G. O. de Jamaica: las catequizaciones
eran .in?ni:a~, y. <'on ellas se atrajo mucha jente, y se
perVll'llÓ a vanos hombres escelentes y bien aco,modado~,
los cuales perdiendo las ideas de la relijion,
los VImos luego pasar á los escándalos de la impiedad
y de estos á los de la crápula, con la ruina total del
honor y de los intereses.
~.e ro ayn no era esto 10 peor para la mora] y la
rellJlon silla que, como en el plan que se habia
adoptado entraba como uno de sns prim ros elementos
la destruccion de las órdenes relijiosas, y
desmoralizacipn de1 clero secular; se emprendieron
conqui, tas sobre los frailes y los clérigos, las cuales
tuvi (~ ron tristes resultados; pu es que de ellas se
orijinó la de:"mol'alizacion de los conventos y la
Jisipacion de una parte de sus hien ps; negocio en
que se supo interesar la codicia de al
de que no ocupa, solo prueba ó que no ha querido.
leer lo que nosotros hemos dicho ántes, ó lo que'
es mas seguro', que escribió sin hacer caso de lo
que dijimos, puesto que' si'empre repite lo que ya
estaba contestado, sin alegar ninguna razon nueva'l
ni destruir las.nuestras; pero de ningun modo prueba,
esto que la empresa de probar 10 que hemos dicho.
sobre l6l. obediencia no haya sido realizada, lu'"'mas
que puede suceder es, que el Dr. Vanegas crea
que es él quien tiene razonj pero no creemos que
sea él el juez competente para sentenciar. Aunque
inocentes y sencil10s no dejamos nunca de conocer
que la pa.rte no puede se.r juez, ni hemes creido
tampoco que el Dr. Vanegas diera por buenas.
nu estras razon es, y si entramos en esta cuestion"
fué con el objeto de que juzgara el público sobre
quien estaba equivocado en la cuestion ¿e que se'
trata.
. R especto del sumario, le\'antado en Velez creemos.
que sucedió lo que dijimos ya de nuestras razones
en favor de la obediencia, ó no lo le) ó el Dr. Vallegas
Ó mas bien no quiso hacer caso de lo que
dijimos, porque no siendo así ¿, De dónde saca.
ahora que del es tracto que hicimos del sumario en
cuestion resulta que una p01'Cíon considerable de vecinos:
de Velez se ma""iJestó adversa á. la mision, que el P.
Fernández apellidó inmorales; ir?'elijiolos, impíos y
cor1'ompidos á tales individuos? Recuerde el Dr. Vanegas
que de nuestro estracto, como del sumario no
resulta siquiera que esos individuos que dijeron ~ue
habia una fuerte oposicion á la mision, se contaran
en el número de los opuestos, sino que á juzC1ar por
lo que resulta del sumario, ellos hablaban d~ otros;
que aunque el Dr. Vanegas djga que los sujetos que
se oponian á la mision hicieron conocer á la autoridad¡
sus nombres, no se sigue de esto que el P. Fernández
los supiera; y que él hahló solo' de cuatro.
hombres que se oponian á que el pueblo de Velez.
oyera la palabra evanjélica, teniendo mucha razon
para reducir su número cuando él veía llue el dócil
y relijioso pueblo de Velez, mui al contrario de lo
que debiera suponerse, atendido lo que se dice que
aseguraron los sujetos notables, asistia á la mision,
y si hemos de creer á.los hechos, sacó gran fruto
de ella.
No comprende el Dr. Vanegas los buenos resu.ltados
que puede tener la excitacion que hace un
predicador al pueblo que lo oye para que no se deje
seducir de los hombres irrelijiosos é impios, ó 10 que
es 10 mismo, no cree que estos individuos puedan
perjudicar á un pueblo, porque si lo creyera no
negaria la ut ilidad del consejo de precaverse Qe •
ellos. Seguramente el P. Fernández fué tan inocente
y sencillo que creyó que no habia difamacion en.
repetir palabras semejantes á las del Evanjeliot tal
vez por no recordar que aquel libro, siendo mui
anterior al siglo XV no debia ya estar en boga
entre nosotros. Los apóst01es daban tambien consejos
semejantes al que dió el P. Fernández; pero
tambien fué eso allá en tiempos de oscurantismo y
de barbarie, cuando las luces del siglo no habian
aun llegado á ilustrar los espíritus; era en el tiempo
en que se creía que la relijion cristiana no era
cosa diferente del Decálogo, y que la concienr-ia
dirijida solo por el Evanjelio podia servir y bastaba
para que los hombres cumplieran, siguiéndola, todos
sus deberes; mas hoi que gracias á la ilustracion,
que cunde por todas partes,no puede concebirse que
haya otros derechos, ni otros deberes que los que
resultan dp. ]as leyes positivas; y que por tanto se
niega la existencia del fuero interno, todas esas
cosas son pataratas; pero como quedan todavía algunos
viajeros para el siglo XV que reciben todo
aquello como moneda corriente, que creen que el
Evanjelio sirve para todos tiempos y que sus preceptos
valen mas que todas las leyes positivas y,
(pobres in ocentes y sencillos!), no dudan que si
todos los hombres observaran esos preceptos, esas.
leyes positivas serian inútiles; y como nosotros somos
de ese número, no podemos ménos de andar un
c.amino diferente del que señalan las luces del S1.glot
sléndonos forzoso, seguir un camino opuest~ al que
tales l1"ces señalan. (Contimua'1·á).
tlrID1~ION y JOYERÍA.
FRANCISCO ANJEL MERINO ofrece al
publico sus servicios como lapidario y joyero.
Las personas que se dignen ocuparlo, podrán
mandarle labrar toda clase de piedras preciosas
exijiéndo le la forma que mas les acomode, en la
intelijencia de que quedarán satisfechas.
Llama la atencion del público hácia la joyería;.
pues promete montar las piedras al aire, y labrarlos
anillos segun el uso européo. Tambien trabaja.
en filigrama toda especie de adornos.
8u establecimiento está situado á la vuelta de
la última calle de San Miguel.
lnp. de J. A. Cualla.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Citación recomendada (normas APA)
"El Nacional - N. 27", -:-, 1848. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3688342/), el día 2026-06-27.
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