'.l5ogotiL ~~babo "8 be nobíemItrc be ~ 848.
_ 'j~:;¡ "b'e j
Este periódiro sale Lodn!1 los xúhrulos; se vende en la
ti"r¿.,la deL S eñor .Ftan GO Tr~a" pla::a, de Bo1ivfl,1·.
Se a1,miten remitidos que teng an pornhj"to la I/tiltdarl
púhlir:a en cualqu.ier ·(fim o. con lal ,le que no canten uan
pero n ,-¿ '¿/irlrl.(lt~., y es1én esr:ritor; r:o-:t dereftcie, debfn
dirijirse tÍ lor; E ,litares libr f!i ,le porte.
18
19
Lo.r; a1 i os Ji otros eSNifes (fp in!l', es pCT.wmal, se
in. ertarán pa![n n,rlo la czwl1t en que el. inte1'esado con-
1.:enga con el impresor; que en torlo r:(lSO se1'á moderarla.
20
SUSCíHCION.
2l
2 '2
P or un año 1:";77te 1w ¡,{es PO'I' trimes/Te cinco 1'cales. 2 :3
Garla n Ú1l/ero 7}W. ;0 r f' ,¡f,
:JE8JÍl." :.:
( Continuacion) .
VI I.
LAS C O~ C ES(O N 8S.
Sin duda que lo mas seguro para el momento
era dejar las' co as in síatu quo; pero el Papa no
haurá olvidado que si !:li en las innovaciones han
perdiuo él mut:hos gohiernos, tambien los ba perdido
la tenacidad en la inaccion, que contenta con lo
presente no se cuida del porve nir; dt' la inaccion,
que por no sufrir hoi la 11101 stia de una brisa, se
espone á sufrir mañana. los horrores de una tormenta.
Concesiones .. ... nada mas vago que esta palabra;
la concesion puede ser un acto de prudellcia ó de
temeridad, de fu erza ó fIa 'l ueza, de valor ó de
miedo: segun las circunstancias, se deberá calificar
la concesion; confundirlas todas en una dase se ria
discurrir con una rapidez lastimosa. En política es
peligrosa toda concesion que viem~ en pos ue exijencias:
? unq ue en sí misma tu era buena, trae
consigo un gl'Ul1 mal que es el des virtu ar iÍ la
autoridad, arrastrándola á remolque de los re voltosos.
Por esta causa RO hubiera procedido bien
el rei de Nápoles concediendo ahora: en tales casos,
ceder es suicidarse; está en p~ligro el órden público,
la primera necesidao social; si la autoridad cede
en medio dd desórJen i . por el desúl'den, arroja el
cetro en medio de la calle, para que las turbas lo
conculquen y lo hagan pedazos. 1\'1as el conc(~ der
previniendo la cxijencia, ourando con espontaneidad
y con absoluta libertad, es ejercer uno de los
actos mas propios de un gobierno sábio; es satisfact'r
una nece:,jdad ántes que se convi<: rta en exijen¡;ia,
esto es, ántes que se manifieste en hecll(¡s que harian
funesta su sati:,faccion.
y hé aquí una e~plicacion bien sencilla de la
diferencia de conducta entre Gregorio XVI y Pio
IX: á Gregorio X V [ se le exijieron innovaciones
con las armas en la Rlano; se las exijiéron tambien
Jos estranjeros, ora indirectamente por -consejos
cuya publicidad los hacia inútiles, ora por la ocupacion
de Ancona, amenazando con hacer sentir en
Ilalia los efectos de la revolucion en 1830, Así es
que en Gregorio X \T 1 las eoncesiones habrian sido
mucho mas peligrosas, porque se las hubiera mirado,
no como obra de buena voluntad, sino como producto
de necesidad y flaqueza . Las victorias que
precedieron al congreso de Viena aseguraron por
algun tiempo el 6rdp.n en Europa; pero no tan sólidamente
que, á mas de otros disturbios, no ocurliesen
las revoluciones de España, Piamonte y
Nápole~, y que la Francia no presentase evidentes
síntorr..as de un trastornu en un pon'enir poco lejano.
La revolucion de 1830 vino á conmover de nuevo
á la Europa; siguiéronla de cerca el levantamiento
de la Béljica, disturbios en Cassel, Dresde y otros
paIses de Alemania, la sublevacion de la Polonia,
las insurrecciones de Bolonia y otros puntus de
los Estados Pontificios; flotó en Italia la bandera
tricolur enarbolada por las tropas francesas en la
ocupacion de Ancona: la Francia siguió ajitándose
vivamente durante cuatro años; en la península
española ardian la guerra civil y la revolucion: con
ese espectáculo, con estas condiciunes, con tales
precedentes, habiendo tenido que superar tales
dificultades, ljue vencer tan grandes peli/lros, ved
si no era mui arriesgado el dar el mismo Pontífice
una nueva direccion á la política, y si no se habria
mirado como humi llacion hija de flaqueza, lo que
hubiera sido resultado de una política prudente y
de un corazon bondadoso.
Además, hai otra razon para que Gregorio X VI
en sus últimos años no tratase de innovar: esta es
una de aquellas obras que requieren largo tiempo;
el Papa octojenario hacia muí bien en dejar este
cuidado á l>U sucesor.
Pío IX lo ha hecho todo por inspiracion propia
sin ningun impulso ajeno. ni esterior ni interior; y
por esto, despues de una política de resistencia ha
podido inaugurar una política de reformas. Las
24
que ha Iwcho el Pontífice son graves, indudableIllente;
mayores de lo que nos hubiéramos atrevido
tí esperar, es cierto; están suj etas a peligros, es
inuisputable; pero ¿ puede decirse que sean uemasiauas,
que pongan en peligro pI trono pontificio,
qlle amenacen trastornar la península italiana?
Cuando se hace un bien es necesario contar con
los mah,s que consigo trae, era imposible modificar
la politica en ninguno de los estados de Italia, sin
que res u lt:1.~e alguna ajttacion en mayor ó menor
escala. Esta susce pti bilidad, algunos la miraron
como razon bastantp. para no alterar nada~ otros
podrian ver en ella un motivo para reformar. Cuando
un país se halla en estado de susceptibilidad tan
de licada, s{-'ñal €S que está enfe rmizo: con salud
completa no ,;e padecen fácilmente aCCesoS de '
convulsiono
En esos momentos críticos, en que un past) mal
dado puede acarrear ~raves comwcuencias, lo primel'O
que ocurre al instinto de conservacion es no
rnoverSt' en ningun sentido, mantener con rigor el
statu q/la, amenazar con la muerte á quien ose perturbarle,
intirlJidar con la sO>lpecha á qui en acomwje
la reforma. Además en las re\'olucionE:'s modernas
hai tan terribles escarmientos, la palabra de reforma
ha sidn tantas veces sinónima de destruccion, la
de libertad de licencia, que se concibe mui bi en
la alarma que estt1S nombres puedan inspirar; se
cor.cibe muí bien que ocurra la idea de encerrarse
inexorablemente en un sistema, de no salir de allí
ni por exijencias ni sin ellas, (le no hacer nada que
los perturbadores hayan d ,' aplaudir para no ll egar
á naJa oe que pu dan abusar. 8e sabe ue antemano
que con naua::;e han de contentar ciertos hombres,
no concedt:>rles pues nada para que no se envalt'ntonen;
se sabe que procurarán estra viar 101'
st'ntimielltos mas jenerosos del pueblo, no hacer,
pues. nada que pueda dar vuelo á esos sentimientos;
se sabe que han de abusar de los nomures mas
sagrados, no emplearlos, pues, en ningun sent~do;
se sabe que si se abre una ventana para resplfar
han de querer una brecha: cerrar, pues, todas las
puertas herméticamente; se sabe q tle si se encienden
mas luces para alulllbrar, querran teas para incendiar:
no aume ntar, pues, la luz de nilJg una manera,
y r esignarse iÍ la. pálida clariuad de un panteon para
evitar las llamarada.s de un incendio.
Esto dice el instinto de conservacion; esto dice
tambien la indignacion, .justa si se mantiene en los
dl'bidos límites, .y escusable hasta en sus estrav jos,
cuanJo se vé este designio de destruir en nombre
de la reforma, de oprimir en nombre de la libertad,
d e verter sangre en nombre de la humanidad, de
dilapidar en nombre de la economía, de propagar
el error en nombre de la ilustracion, de corromper
la moral en nombre de los mas nobles sentimientos,
de pagar con in gratitud todos los benefi cios, de sumir
en un piélago de desastres á Jos pue ulos incautos,
de condenar al o:::tracismo y hasta de llevar al
cadalzo á los Soberanos bondadosos. Indignacion
justa cuando se mantiene en los debidos limites, y
escusable hasta en sus estravíos, cuando se vé á
ciertos hombres que buscan afanosos donde hai un
error que soste ner, una maldad que justificar, una
injusticia que defender, para acudir presurosos, y
profanando los santos nombres de humanidad y
libertau, combatir toda libertad que no sea licencia,
atacar toda buena accion que no lleve el sello de
impiedad, mofarse hasta del heroismo si no consiente
el baldon de entrar en inicua al ianza contra lo que
hai de mas santo en la tierra y en el Cielo. Esto
dice la indig;nacion; pero ¿qué dice la razon ?
En la vida de las sociedad es . como en la de los
indivJduos, en el trato privado como en el manejo
de los negocios públicos, es preciso resignarse á
encontrar siempre una mezcla de bien y de mal: el
abuso cercano al uso, la ingratitud al lado del
beneficio, exijencias desmesuradas en compañía de
pretensiones justas, ilusos arrastrados por los inicuos,
riesgos al ladu de esperallzas, necesidades .junto
con inconvenientes, lo peor en los confines de lo
Sab,
Dom.
L un.
Mar.
l11"ié re.
J u,e/.l,
Viér,
'EtÍlnc~tte 2. .minnero 25.
Noviembre,
L a Derlicae,~o n de la Iglesia de San
P 'd r o en Roma,
Sta. babel n:ina de Ungri~,
Cuarenta horas en San Frmu;isco.
San . Felix de Va1ois.
S ol en • ajita-ria,
L'l P?'csenlacion de Nuestra S fñora,
Sto. Cecili(/, '1.'irgen mártir.
Srtn G/f1nenlp- papa
San Juan de la Gru.z.
mejor Tal e3 la soc iedad, 1al es el individuo; esto
nus recuerda. la historia, esto pos muestra la esperiencia;
pero ¿dejarémos de hacer beneficios por nu
ha llar ingratitud, rcnunciarémos á toda amistad por
no tropezar con la. perfidia, abanuonarémos el trato
de los hombres y los negocios de la vida, por evitar
la iniqllidad y las deuilidades de los hombres, y
no sufrir los r.ontl'atiempos de las cosas? Y quien
e: to hi ciese, ¿ no d e bel'ÍJ. recordar que él tamuien
es hombre, y que á su VE'Z abunda de miserias, no
le faltan de bilidades, y quizás no está esento de
in justicia? ¿No deberia considerar que, en queri ndo
ev itar todo mal, se cap á veces en males mayores?
¿No de bt' l'ia. reflexionar que si los malos son los
mas, será dificil resistirles por muchu tiempo; y que
i no lo son, no hai inconveniente en unirse á los
buenos para hacer con ellos el bien; y resistir á Jos
malos? ¿No debiera reflexionar que el modo sf'guro
de que los pretestos s~ hagan poderosos, es oejarles
que se conviertan en verdaderos motivos; y que el
seguro camino de aO'ravar el mal, es no pensar en
aplicarle remecl io, n~ poner el dedo en la llaga por
tptnur de irritarla; y que se corre peligro de levantar
contra sí á los mismos buenos, auriendo campo á
ilusioneS pcligrosas, con dejar intactos los abusos
por tE'mor de perder el uso lejítimo?
ViII.
SISTEl.\L\. DE RESISTENCIA ABSOLUTA .
La absoluta resistencia á toda idea de libertad,
se podrá dt>fender en teoría como el único medio oe
sal vacion para las naciones; pero ello es que esta
teoda ¡,e halla en contradiccion con los hechos.
Empeñarse en que el sistema de Austria ó de
Rusia es la sola espf-!ranza de la socieuad, es desahuciar
al jénero humano; porque el mundo no va por
el camiuCl de Metternich ni de Nif'olas. Echad la
vista sobre el mapa; ved ta estension que ocupan
las naciones civilizadas, y notad lo que le queda á
la política de una resistencia absoluta. No se trata
de saber si hai en esto un bien ó un mal, sino )0 que
hai. La América entera ha abrazado los sistemas
de libertad; en todo aquel inmenso continente, no
hai mas que un solo monarca, y este de poca importancia,
y todavia con Gobierno representativo; el
emperador del Brasil el hijo de Don Pedro. Toda
la América está cubi ~rta de Repúblicas En Europa
hai formas de libertad política, en Portugal, en
España, Francia, Bé ljíca) Holanda, Gran Bretaña,
Suecia, Suiza, en muchos puntos de la Confederacion
J ermánica, y se han empezado á ensayar en la
misma Prusia. ¿ A qué se reduce el dominio de las
formas de absoluta re ~iste ncia? Esto en el espacio;
¿ Qué sucede en el tiempo? Ved que formas babia
en muchos de aquellos paist's ochenta año atrás, y
notareis la asombrosa rapidez con que las transo
formacion es se han hecho: siendo el tiempo tan
poco y el espacio recorrido tan grande, j cuánta
debe ser la velocioad del movimiento! J\si, pues,
no seria mui acertada la opinion de quien hiciera
descansar el porvenir del mundo sobre la política de
Metternich,
No es aSI', no, mil veces no: hai algo en la marcha
de los acontecimientos, que no cabe en moldes tan
m!:'zquinos; hai algo en la corriente de las ideas
que pasa por entre las vallas de bayonetas; hai algo
en la ajitacion presente y en lo" secretos del porvenir
que no se encierra en las carteras diplomátic.as •.
E s p reciso no contar demat;iado con los medios
represi vos, porque la esperien cia los muestra débiles;
á id eas es necesario oponer ideas, á sentimientos
sentimientos, i espíritu público espíritu público, á
la abunda ncia de mal, abundancia de bien, á constancia
en disolver, constancia en uni!', á tenacidad
en trastornar, p erseverancia en organizar, Lúchese
en buen hora con las armas, cuando sea preciso;
pero sin olvidar nunca la fuerza de la palabra y de
la pluma, sin olvidar que los oiscursos y los escritos
han trastornado mas imperios que todos los {'Jércitos;
que los estragos de la. revolucion frallcet.~
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
2
fu eron prec~didos de las palabra de fuego de Rousseau
y de Voltaire; que los triunfos de N apoleon
sobre las mOl arquías antiguas, fu eron precedidos
de la lójica de Sieyes y la elocuencia de Mirabeau.
¿ Pues qué? ? 1 T o proceden con arreglo á esa
política previsora los mas adheridos á lo que habia
de venerando y santo en la sociedad antigua? Su
lenguaje político, ¿ es acaso el de 1814 y 1823?
La política del conde de lVlontemol in, ies la política
de Don Carlos? Los manifiestos del jóven príncipe
ison los manifiestos de Portugal en 1833, y de
las provincias del norte en los años posteriores?
Los discursos del ilustre poscrito en los convites
de Inglaterra, ¿ contienen acaso el espiritu de la
Gaceta de Oñate, y demá~ escritos de aquella época~
Los partidarios del D uque de Burdeos en Francia ,
¿ hablan por ventura el lenguaje de Luis XIV, ni
siquiera de Cárlos X? El mismo Don Miguel de
Portuga l, ¿ no usa un len~uaje diverso del de los
tiempos de su reinado? i QUÁ significa ese homenaje
tri butado á la libertad, á las reformas, á la tolerancia,
al progreso? Todos los que lo hacen ¿ son
débiles ó ciegos? Entónces, ¿ dónde están los
fuertes y que tienen vista? ¿ P or qué no han salido
á torcer la marcha del jénero humano? ¿ Por qué
no salen? ¿ Por qué no han revelado, por qué no
revelan al mundo sus secretos? ¿ Por ql1é no le
cubren con su ejida? ¿ Cómo es que en tantos
paises, tantos y tan poderosos intereses no han
podido defenderse de esa invasion del espíritu moderno?
Se dirá que porque no se ha sabido. Pero
entónces ¿ qué pensaríamos de instituciones que han
carecido de lo que mas necesita toda institucion,
que es un buen escudo ? ¿ qué de los hombres formados
á su sombra, y encargados de su custodia y
defensa? Grandes efectos suponen grandes causas;
efectos universales requieren causas universales:
cuando tantos tropiezan, fuertes obstáculos habrá;
cuando tantos sucumben, recio será el golpe que
sufren; cuando tantos son arrebatados, muí poderosa
será la corriente.
•••
Q. UIMICA ANIMAL,
Ó aplicacion de la Química OlYJánica á la elucidacion d~
la Fisiolojíu y la Patolojía pOl· Justo Liebig.
"En nuestro clima las enfermedades hepáticas,
ó las que resultan de un esceso oe carbono,
predominan en el estío: en el invierno las enfermedades
pulmonares, ó las que provienen de un
esceso de oxíjeno, son mas frecuentes.
"EJ enfriamiento del cuerpo, por cualquiera
causa que se produzca hace necesaria una mayor
cantidad de alimento. Basta esponerse al aire libre
en un carruaje ó en la cubierta de un buque,
para que, aumentándose la rad iacion y la evaporacion,
sea mas vivo el apetito. Lo mismo debe
decirse de los que acostumbran beber gran porcion
de agua fria, que se t"mite á la temperatura del
cuerpo, 98 grados y medio. Ella aumenta el
apetito; y las personas de constituc ion débil tienen
que recurrir á un ejercicio continuo á fin de
suministrar al sistema el oxíjeno que se n¿.cesÍla
para restaurar el calor que el agua se lleva.
Hablar recio y por largo tiempo, el llanto y
gritos de los niños, el aire húmedo, son cosas,
todas ellas, que ejercen una influencia decisiva
y apreciable sobre la cantidad de alimento que
se toma."
Cuando leemos, como poco há sucedió, que
C1l1CO comidas sustanciosas cada dia era cosa
mui comun en Cálcuta, y cuatro á lo ménos
costumbre universal, ¿ podemos sorprendernos de
qué prevalezcan allí las enfermedades del hlgauo?
¿ ó po lemas dudar que una aproximacion mucho
mayor al réjimen alimenticio de los naturales,
granjearia á nuestros paisanos en la ImIla un
estado de salud mucho mas semejante al que gozaban
en su lJatria? Trasportar un apetito ingles á un
clima tropical es cosa desesperada, y el intentarlo
ha costado millares de vidas preciosas. Es de
esperar que ]a lucida esplicacion que hace nuestro
autor de la causa de estas afecciones hepáLicas,
produzca alguna reforma en nuestro modo de
vivir tanto en la India Oriental como en las
Antillas.
La exactitud de las ideas del profesor L iebi.
por mas injusticias, inJe<;encias y baj 'zas que les
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
exijan. En sus pasiones tienen unos amos crueles, (1)
u~os tiranos á cuyo degradante yu~o presentan
debiles la cerviz y les sacrifican la razon, la ju~ticia
la veruau, su alud, el honor y á su misma patria.
No obstante' I:;stos viles esclavos de los vicios son
los que se inu ignau y espantan cuando el cristiano
inclina la cabeza ante el Ser Supremo y hace el
sacrificio de su orgullo ante las aras de la razon y
la justicia, y estos mismos son los que, en meuio de
su orgullo, por un contrasentido chocante á la razon,
~e empeñan en degradar al hombre haciéndolo semeJante
con los brutos. Seo-un su filosofía entre el
patriarca de Ferney y s~ perro no hai diferencia
alguna despues de muertos.
Pero al hablar de la humildad eristiana tampoco
hai que confundirla con esas voluntarias humilla.
ciones que los santos practican cuando quieren
seguir la p ~ rfeccion e anjélica en todo su rigor.
N o: "el vino nuevo se echa en odres nuevos y el
vino viejo f:'n odres viejos.)) En la lei evanjélica
hai una parte que es para todos y otra que no es
para todos.
Notamos ante todas cosas que, de cuantas pa iones
dominan al hombre la ambician de dominio y
mando ha sido, es y será la mas funf'sta para los
pueblos y ella no es otra cosa sino la misma soberbia
humana cuya felicidad suprema hace consistir
el poder y dominio sobre lo demas. Esta mi ma
pasion es la 'lue revela á la criatura contra el
Creador. El orgullo del hombre es, y no la razon,
es el que lo haee rechazar los misterios incomprensibles
de la divinidad, sin reparar cuantos hai en
la naturaleza que lo rodea y aun en si mismo
sin que pueda comprenderlos, ni jamás los hayan
comprendido los mas grandes ¡njenios, las intelijencias
mas elevadas. En los efectos misteriosos
del Daguerrotipo tenemos una nueva prueba de
eRto. Mr. Arago en su informe dirijido á la academÍa
de las ciencias de París ha dicho sobre el
particular que" se hallan en una completa impotencia
las ciencias combinadas de la física, la química,
y la óptica para dar una teoría algo racional
y satisfactoria sobre tales fenómenos" Y ¿ los negaremos
por eso ?
Si nosotros escribieramos en sentido ascético
diriamás que, la soberbia rué el primer pecado con
que se ofendió á Dios y ,se transforma~~n en espíritus
de tinieblas los que antes eran espmtus de luz:
diriamos que por ella vinieron todos los males al
mundo, puesto que. por ella fueron ?-rrojados. del
paraiso llUeíi:tros primeros padres y sUjeto su lmaJe
á todas las miserias.
Si la sobE'fbia es funesta á la sociedad, como en
efecto 10 es, el sentimiento que la contradice yaniquila
debe ser favora?le al órden; pero este sentimiento
es la humIldad, luego ella es un buen
elemento en el órden político y mas cuando ella
enjendra otra~ .virtudes, tales como la tolera.n~;a
para con el projlmo en sus flaquezas y contradlclones;
porque como el e~píritu h~~i1de no se cree
seguro de caer en las mIsmas deolhdades, teme y se
abstiene de murmurar sobre las faltas de sus herm1.
nos: perdona fácilmente las i~j~r.ias por el mismo
principio y libre de las sucel~tlblJ¡dades de la. ,soberbia
tiene la calma necesaria para dar lugar a la
refiexion en circunstancias que al orgulloso precipitarian
en un abismo de males.
Pero no se crea que la humildad cristiana exije
de los hombres la bajeza ni la pusilanimidad. No:
nada de pusilanim~ ~i de bajo tuvo el . empe.rador
Teodocio y se humIllo ante San AmbrosIO, qUIen lo
reprendió severamente por haber abusa~o ~e la
autoridad cometiendo un acto atroz de hrama en
el degüell~ de los habitantes de Tesalónica. Nada
de pusilánime Di de bajo tuvo Fenelon q.ue f~é el
primero en levantar la voz contra las mvaSlOnes
d el poder sohre lo~ derechos d.el pu~~l? en tiempo
del déspota de LUIS XIV. á quwn dlflJló un escrlto
que la histuri!\. consenra, llenu de enerjía y de fuego,
reclamando los derechos y libertades de los franceses;
y con todo, fué ba~tante humild~ l?ara retractarse
públicamente de cIertas proposlclone.s, c0l!sio-
nadas en una de sus obras, que la IgleSIa habla
c;nrlcnado. Lasouerbia,en igualdad de circunstancias,
ha encaro-aao á La Mennais la triste mision de
pre"entn.r~os el reverso d:l inmo.rt~l Fenclon.
TampoC'o (>,-ije la huoulttld cClstmna, condesccn~
dpncias ni (lisimlllos que nos sean de ,honroso. ,11l
d('. honrosos á la razon ni á la jnsticia. Nada de
f' o.-Ella no se opon~ á que miremos por nuestro
honor, ni á qnA reclamemos nuestra~. garantJa, , ni
nuestros derechos. Así lo vemos en mIl pnsaJf' del
N upvo Testamento; y J es ucristo lestro Sal nld( r
habiéndonos dicho "apr,-~nde(l dI) mí fJue SOl manso
y humilde de corazon," .nos di' <:1 ej('n;pl0 '! el
modelo de humildad cristlana volVIendo el mI. mo
por la honra de su doctrina ante. Caifas y Pilato, y
reclamó los derechos que la le1 le aseO'uraba como
á hombre cuando se le dió una atrevida bofetada.
El humilde Je'lUS que estaba aparcjado voluntariamente
para ufrir maj~OreR ultrajes reconvino i su
30'resor dici é ncl01e: "SI he hablado mal mup trJ. en
qué es;á el mal, y si bien ¿por qué me hieres?"
San Pablo hizo va1er en Jprusalcn sus de echos
como oilldadano romano, cuando se le (tuiso azotar,
y a;:>eló al César ante el tribunal de Fe"to. ----
(1) I-Ioracio, libro 11 de las sátims, sát. VIL
EL NACIONAL.
La humildad cristiana corta ó evita las disensiones
y controversias entre los hombres, cuya mayor
parte orijina y sostiene el orgullo; porqlle muí frecuentemente
sucede que las disputas se prolongan
ostinadamente por un efecto de vanidad que no nos
permite confesar q lle estamos equivocados . Así es
que la soberbia sostiene mil vecei::l los mayores errores
con desprecio de la razono
Las disenciones suscitadas ó sostenidas por un
efecto de org1.dlo solamente, aunque en nuestro
int rior conozcamos que no tenemos razon, pa an
muchas veces á enjendrar odios inveterados entre
los individuos y familias; y si tales CllE' tiones e
ver an sobre intereses públicos, se con ri<'rten en
partidos políticos que dividen la socieuau y la llcyan
á veces á su ruina.
¿ y no es el orgullo el que mantiene la bárbara
costumbre del duelo? Esa costumb1"f~ de los ti8mpos
de barbarie, verdadero anacronismo en los siglos de
civilizacion. Costumbre que se burla de las leyps,
fJue degrada la razon, porque quien ha dicho quP
el que ha sido tratado de ladron pruebe que no lo
es con acerlar tí dar un tiro, ó con ~abpr jugar pl
florete. Costumbre que diariamente pri\-a á la
soeiedad de muchos individuos: que priva á la
Rf'púbJica quizá de un sábio ó de un padre de familia
que muere en manos de nn espadachin perdido.
y esto sí se tolera á pesar de lo qUE' contra ello han
dicho ROL1sst'au y Bentham quizá porfluc autO?'idr¿d
no es razon cuando no queremos que lo sea. El
suicidio . Hé aquí otro crÍmen espantoso flue casi
siempre tiene por causa la soberbia. Con un poco
de humildad cristiana ¡ cuántos de esos casos no 'C
evitarían!
y si con la humildad cristiana e evitan tantos
males en la sociedad ¿ no s l'á muí recorneddable
esta virtud mirada políticamente? Sin duda •...
Ella es el ánjel de paz que vela obre la tranquilidad
de los hombres así como la soberbia es una furia
infernal que los lleva á remolque por el mar borrascoso
de la vida, estrellándolos contra todos sus
escollos •••• Si, el espíritu de soberbia es t'1 que
inquieta y no deja vivir en paz á los hombres. Por
él han recorrido la tierra los conquistadores dejando
sobre ella un inmenso rastro de sangre: por é l, los
déspotas han encadenado á los hombres y han
intentado encadenar hasta su intelijencia. Y en los
estados libres, los que mandan están en continua
pugna con partidos llamados de oposicion, que no
son otra cosa por]o comun q;:¡c partidos de ambician
erncabezauos por &oberbios resentidos contra el que
gobierna por alguna providencia que ha afectado
su orgnlIo ó sus intereses particulares, ó por alguno
de aq uello:'l cuyas pretensiones ambiciosas hall tl uedado
burladas en unas elecciones. ¡Oh! Y qué hf:'rvidero
de males sociales es la soberbia! .. .. El
soberbio pierde el conocimiento propio, no se conoce
á sí mismo; la fiebre del orgullo entorpece su razon,
le oscurece la vista y lo hace delirar! ....
Ved aquel hombre soberbio ¡ con que clesden
arroja sus miradas sobra 10s demás! .•.• Oidlo como
dice que él es el primer hombre del mundo: que
todo lo sabe y nada ignora. El se constituye en
árbitro de la moral, de la relijion. de la política, en
fin, hasta de la razon y el pensamiento de los demas,
porque quiere que todos p iensen como él y no tolera
que sea de otro modo: todos han de ver lo negro
blanco y lo blanco negro, porque él dice que lo
blanco es negro y lo negro blanco; y todos han de
crE-er que están bien cuando están mal y que están
mal cuando están bien; y si se le contradice se
enfureCE-, contesta con mayores desbarros y queda
mui satisfecho creyendo que ha triunfado de todos,
cuando todos quedan riéndose de sus miseri~s •••.
Mas no paran aquí los delirios del orgullo, p.:>rque
con la graude idea que tiene de sí aspira al poder
para dominar sobre los demás, y con tal pretension
revuplve la sociedad, intriga y corrompe con ofertas:
rebaja el mérito de SllS competidores: atiza la
discordia entre los que opinen por otros para hacer e
fuerte con los suyos::í. favor de la division de los
otros; y si sus esperanzas se frustran pretende dominar
al que tome el mando, para mandar por meúio
de él, ó para hacerlo caer, mas si nada de esto
logra levantará un parti o de l(lS que llaman de
oposicion y ya se sabe todo lo que SE' hace entónc\'s !
Ilé aquí todo lo que el hombre soberbio y vano
puede hacer en una República ..... iY no será
esto un mal inmenso? Siganse us con eCLlcncias
a. "er si no conclucen á un abismo. ¿ Y si <'sto
puede uno solo que será si son varios los que obran
de esta suerte ~ . ...
Por esto creemos que la humildad cristiana es una
fu erte' garantía u.; órden. Ella ellfrena la ambician
de malicio, que es la ma funesta para los pueblo.',
y por lo mismo, .. tamo persuad idos de que esta
virtud debe cultivarse con mas esmero en los
estados democráticos,en donde se hace mas necesaria,
porque el ¡;:istema de elejib ilidad y turnabilidad en
los altos destinos convida á todos y despierta las
aspiraciones tI 1 orgullo n todos los C(lrazones por
mas adornlecido que las tengan.
La soberbia es aliada de la Ven¡;;allZa y no(lriza
e e la ny itlia . JUm'a el f:lOh 1'bio perdona las ofensas
hecha á su amor propio, ni ' é , sin a]'(:erse f'n
'nvidia, los bue os dotes naturales de otros. y
si tiu e en su manos el poder j cuántas víctimas
no hacen SUH rcsentimientos particulares! .Y cu·' ntas
3
la envidia alimentada del orgullo, que es 1(') peor de
todo; porque la envidia por los bienes ó rifJuczas
puede saciarse quitándolas á su dueño para
tomarlos el envidi oso, pero la que se tiene por los
ta lentos y otros dotes nalurales que el envidioso no
puede tornar para sí, no se satisface sino es con la
destruccion de quien los posee.
La historia nos ubministraria mate'rir¿ para.
probar que todo hombre s l erbio y vano el! 11 tl
déspota, cuando llega al podt'l'. Uno de estos 110
p0.rdonaria una e, pr ,sion injurio a que e le dirijie 'e
en un escrito; pero ni la 111 a,' leve muestra ,le
desacato ácia su persona: el no tocarse f'1 sombr~ro
á tiempo, . en:í. moti vo su ficicnte para pstahlf'cpr n na
persecucion cruel y temeraria. La ins<'!lsn ta sed
de renombre que levan tó el brazo de ar¡uel que
df!struyó una famosa í'státua de mármol admirada
de totlo,'j Ó la que p ~l O en mano.' ue un tirano la
t.ea incendiaria df:' la c il1dad de Roma, conduce á
e tos hombres á malo-astar los c.audales pnbli c )s con
empresas, aun mas ridículas y de cabelladas . Un
tirano del I<:jipto hizo jemir ú los pUf'blos bajo pI
peso del trabajo. y gasto umas inmf'nsas para hacpl'
las pir,únides; .y hoi se iguora ,1 nOll1un-' dt:~ ese
soberbio mortal. ¿Q,ué pensar,in los !'ol)('rbios de
nuestros dias con eso. ,us pequeño' Clrabt'.cos dc
ti erra y palos en los flue con toda ¡:;atisfacc ion y
1
pue ril. vanidad incrus an un pedacito e mármol
con su n()mbn~?
P 'ro esto no es lo pe l' dC' todo; sino qlle, clJandll
sube al pOller un h?mbl't' soberbio y all.igo de li~onja ,',
los aclulaJor<,s vlPnen sobre él por bandadas de
todas partes al olor de> la vanidad sobre la cua l
espcculan. Estos lo 'ubren ('on su enjambrf' COIlJO
las moscas Íl un c uerpo en putrefaecion, dC' modo
que no dejan verlo por ningun punto; y como lt)~
murciélagos chupan cuanto pueden, procurando m' n'
tener adorlll<::cido con el uave batir de sus alas al
orgulloso y vano, quien siente ménos la heritl n,
cuanto que no es su sa.ngre la que e.traen silla la
de los pu blos. Cuando estos hvmbres dominan
precisam nte se ha de multiplicar por donde quiera
el maldito comejen de .10 aduladorc>s; p'orqup ellos
están como lo.' gusanos bajo de tierra, miéntras
llueve, esperando la v('nida elel sol para salir COII)()
por encanto á inundar el campo y arrl1ZiLf los i::lCll1·
brados y las flores ••.. Esta plaga:w ahuyenta, en
presencia del hombre modesto y hUlllilde, que no s!'
alimenta de las mentiras de la vaniJall, porque tiene
en la relijion el regulador eterno de las acciones
humanas.
La hipocre ía, el disimulo y la traicion, son los
caracteres del adulador. Todas sta. plagas caen
y :se- d sgajo.n como el aguacero sohre la sociedad
cuando en ella faltan hombres de virtudes crist.ianas
para mandar, y se ve obligada á echar mano de 101'0
que sin e llas precisamente deben abrigar en su
corazon esos sentimientos de soberbia de que solo
puede prese!'var la hum;Idatl evanjélica . P ero no
paran los riesgos en lo uicho hasta ahora; otlO
n-,ayor hai que temer, y es, e l de la total pr r.lida dt~
la libertad; porque cuando un hombrt~ de eso, t01)j¡)
el poder difíeilrnente se rE"signa á dejarlo; su inclinacian
es á conservarlo; le lierá duro desecnclu, y
así, no perderá la ocasion cuando se prC'sen1e.
Todo debe esperarse de la pasion contral ia á la
humildad, porque ella enloquE""Ce a los hOllJbn's
constituidos en autoridad.
El emperador Cayo Calígula 11E"gó al cstremo ele
hacerse adorar como Dios. l Jor una lei n a '1dó que
se le edificasl'n templos y e le levantasen estatuas
á las cuales debian dar culto todos, aun en vida del
mismo emperador. Así se verificó y esto dió lugar
á una gran persecucion y matanza de judios que
fueron los lÍnicos que reclamaron de providencia
tan loca como sacrílega, para impedir la profanacion
del tf'mplo de Jerusalen, e1l donde se mandó
colocar una de aquellas estatuas.
y ¡ qui én lo creyera! la humildad es necesaria
hasta para los adelanto& el el . aber, así como E'l
orgullo lo,' e -tol'ba. El bombee humilde que reconoce
lo limitado de la c~pacidad humana, desconfia
de .. us fu erzas y procura profundizar y examinar
hasta donde le es posi ble las cosas qu ~ qui('\'p,
sabe\' y ele que debe usar, y mien'ras mas profund
izn ) ma~ eJ'amina, ma a dl'scubrit'l1Clo en d
rasto campo del Balwr. Este conoeirnipnto le in~ pira
mas dc"conCa11za, y asi lo va [le aelo iempre
adelante como por la mUllO, sin <.1Pjar tras, i cosa
desconoci da. De este modo adquiere un sauer
estpnso y profundo al propio ti (:'1)) po.
J T o sucede lo mismo con el hondHf' poseido de
o rg\l llo, qtH' tcnil nJo ~e en mucho cree entenderl()
tl1L1o. Este no temE' r1 c;, co df' qu(' alguno d(' ,'cubrCl
su i g~ Ol'ancia, porquc lOS creE:' ri todos con infE'rior
capacidad á la suya. Con t'stas fals¡¡s pr ocupaciones
que su vanidnd le inspira, con poco que Ipa
de cada cosa, cree sab(>r lo demas; no profundizll ni
eJ amina las cosas en todas sus l'elaeiones, porqup
al ver un principio ó una opinion sobre tal 6 n!al
mat.pria, cierra el li hw; se pone á pens H un 1ll0-
mento, encuentra una que OÍl'3 relacio') con tal ó
cua l C0sa, le OCurTP algulln oE'duccion por lo pronto,
aunque sca nh:'llUda, por ignorancia rle otra c encía
n de otros principios; pues no necesi ó dp mas: ("
libro se fué á un rincon para no voh'('" ~1 . el' co ~uL
tallo, porque el hombre no nl'cP~ita de m :l.~; to lo lo
ha entendido al ver la p¡Ílll 'ra I'áj infl, eu Indo se le
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
ofn'zca está se~uro de lucirse: su talento hace
todo lo dt-'m 'ls. En~ón('('s se echa á paspar ll eno de
orgullo y dice: yo no leo porque ya no tf'ngo que
aprender en los lib ros, ahora me toca enseiíar. (*)
Con esto se esplica mili hien el espíritu de superficialidad
que re ina en e l s ig lo presf! nte , no solo en
la N lleva Granada. sino en }1~ Ul·o pa .... Probaremos
dp.mostrarlo pn t(>rlTlíno~ prp.cisos. Este hombre es
superllcial, porque es sobprbio y vano: y es soberbio
y vano porque no conoce la humildad cristiana:
y no conoce la humildatl cristiana por f'star imbuido
en los prioci pios impíos qUf' Jo hacf'11 enemigo de la
relijion. Pero como estos principios se han estf'ndido
por todas partes, los hombres en todas partes
han de spr enemigos tic la relijion; s iendo enemigos
dI' la relijion , no debpn tener en SUl> corazones la
humildad cristiana; no teniendo en sus corazones la
humildad, deoe ocuparlos la solwrbia, porque el
hueco que no está allí ocupado por dicha virtuJ, lo
debe estar por el vicio contrario, y como los hombres
soberbios no desconfian de sí mismos, sino que
confian demasiado, con mui poco que se pan de
cada cosa creen saberlo todo, y por lo tanto rleben
l'Ier superficiales en lo jeneral en los siglos de irreli·
j ion-Conel uyamos.
Trayendo la soberbia tantos males sociales, y
siendo la humildad el IJl'eservativo y remedio de
ellos, es preciso que se considere esta virtud cris·
tiana, con reIacion á la política, como uno de los
mejores elementos d f! órden, y como una de las mas
fueltes barreras del despotismo. Esto deeimos de
la humildad en particular; mas si los hombres con
imparcialidad y buena fé examinan cada .una de las
demá_s virtudes cri:;tianas con relacion á la soci(~dad,
no podrán ménos de esclamar como esclamó Montesquieu
" j Cosa admirable! La r elijion cristiana
que parece no tener mas objeto que la felicidad de
la otra vida hace tambien nuestra dicha en la
presente." (lo)
¡; ....
LOS JESUITAS.
v-6!' [he. §)~. !fl;d:a?t~ úVan~ad ....
( e onclusion ).
En cuanto á esa multitud de crímenes atribuidos
á los Jesuita, son; como dice el Sr. Dr. Vanegas
una vulgaridad; pero recuerde que nosotros no
preguntábamos por ellos sino por aquellos,sí los 1;ai,
de que La Mennais no pudo bailar las pru~bas. i Y
por qué tanta bulla porque un Jesuita exhortó á
los fieles á que no se dt'jaran sedueir? i Y p0r qué
parece tan estraño ({ue no lo hubi eran castigado
por esto; aun suponiendo que efectivamentp el
hech'J fuera digno de ah:una pena? A buen seguro
que no seria el primer delito que quedara impune,
sin que esto quiera decir que los que los hayan
cometido no estu vieran sujetos á las leyes. Tampoco
seria lójico deducir ({ue la sociedad en que hubiera
habido un delincuente debiera destruirse por este
hecho, pues si se obrara así, ya deberian estar
espulsauos los RR. PP. Dominicanos porque un
padre de aquella órden, el R. P. Fr. Tomas Gomez,
fué cond.en do, con razon ó sin ella, por un sermon
que predicó en la Iglpsia de San Juan de Dios, pn
esta ciudad. iY por qué no se declama tambien
contra lo , Franciscanos, cuando en el año pasado
fué denunciado el H. P. Fr. Luciano Diaz por el
capitan Arama, si mal no recordamos, por haberse
espresado fuertemente contra el Congreso con motivo
del proyedu de le i sobre bienes ue manos muertas
que á la sazon se discutia ell las Cámaras?
De que un miembro de una sociedad cometa una
falta no debe sacarse argumento c nlra esa socieuad;
pero mucho ménos contra las leyt's que la rijen,
pues las faltas no son cometidas á cau. a de las
leyes sino á despecho de ellas . Así pues, si entre
los J e~;uitas ha habido ó hai algunos malos, como es
natural que suceda, porque son hombres, nada re~;
ulta de esto contra toda la sociedad, ni mÉnos
contra su instituto, como no resulta nada contra el
apo.:itolado porque bubo en él un Pedro que negó
tres veces á:su maestro, ni un Judas que le vendió,
y esto en Ulla reunion de solo doc('" individuos; ni
resulta nada contra lo~ grunadinos porque, haya
entre ellos, mone'leros falsos, asesinos, ladrones &.&.
y méno,:j contra sus leye:s.
Antes de pasar adelante diremos que el resultado
de la causa de que se ha hablauo fué como queda
Jicho, no prestó merito, lo que como bien se vé,
110 es lo que se llama uar carpetazo.
Largamente contestamos en nuestro artículo ... nterior,
á los argumentus con que el Sr. Dr. \T anegas
traló de probar qutarís ico decir
que porque los Jesuitas hagan ciertos votos peculiarf's
á ellos no han de poder f'ducar jÓV<'nes que no los
hagan. Es cierto que un médico y un abogado
se esforzarán en formilf méuicos y abogados afo'í
como el Jesuita que <,duque novicios se esforzar:í
en que esos novicios .<;ean aptos J esuitas El méJico
y el abogado que enseñan ramos de su profesion,
dan sus lEcciones á jóvenes que decidif'ron ya sf'guir
una de ellas y estos para el caso presente son lo
~ue los novicios respecto de los J l's uitas; pero si
un médico ó un ahogado fueran á enseñar latin es
bien seguro que al dar sus lecciones no tendrian en
cuenta para nada su profesion. Con el fin de que
los jóvenes que educan los Jesuitas puedan seguir
la carrera que mejor les convenga, no se enseñan
en sus colt"jios sino las humanidades, ciencias y
otros ramos que sirven de base á toJas las profesiones.
¿Pero para qué se necesita hablar sobre
este asunto, si como dice el Dr. Vaneg?s son los
resultados los que deben decidir? Hace ya siglos
que los Jesuitas enseñan, si la ten Jencia de su eclucacion
es que todos sus educandos sean J f'su itas,
¿por qué no lo han sido tantos lIJiles de individuos
que han sido educados por el los? Parécele mui
estraño al Dr. Vanegas que un Jesuita pudiera forma?'
políticos. A nosotros no parece, que ni un Jesuita ni
otro ninguno forman politicos, put's creemos que en
política, como en poesía hai cierta disposicion que
no concede á todos la naturalt'za; pero el desarrollo
de esas disposiciones naturaJes y los conocimientos
que pueden favorecerlas y que es lo que se puede
sacar de un colejio, sí pueden conseguir:!le y se consiguen
en los colejios de los Jesuitas. Y si no es
esto así) sírvase decirnos el Sr. Dr. Vanegas, i quien
educó á Montesquieu, O' Conell? Lo que querriamos
que nos dijera alguno sería ¿ qué ramo de
ciencia, ó bellas letras &c. &c, hai, en que no se
haya distinguido algun disc ipolo de los J es uitas ?
Pregunta el Dr. Vanegas como es que los J esuitas
retirados del mundo, pueden educar lu juventud?
Respondemos á esto que pueden hacerlo mui bil."n,
puesto que de sus colejios salieron hornbr ~s que
fueron célebres en la carrera de las armas como
Condé, Tely, Montmorency, Villars, Spinola, &c, &c;
y la carrera de las armas es mui del mundo; tambien
salieron Séqu:er, Molé, D' Argenson, que se
distinguieron en la majislratura; han salido poetas
como E'I Taso, Conl"ille, Voltaire, Kemblt' en
las ciencias Galileo, Descartes, Buffon, La Conda
mine &c. (¡ El qu,e haya hecho voto de consa{]
TarSe solo á Dios, pTcciso es que se aisle de todo lo que
no sea esto, Ó que falte á su 11:ision. l\inguna ouservn.cion
haremos sobre esto, hasta qne el Sr. Vanegas
se digne decirnos lo que él entiende por consagrarse
á Dios, pues hasta hoi habianlOs creido que segun
el Evanjelio, consagrar~ e esclusi vamente al servicio
del prójimo como lo hacen los Jesuitas, es consagrarse
esclusivamente á Dios.
N o le pareció lo mas acertado al Dr. Van:=>gas
citar autoridades para probar que los Jesuitas saben
enseñar; pero recuerde que nosotros las citamos
porque decia el Dr. Vanegas que t'ra particular que
hubic!'amos nosotros dI:; sostt'llC'r lo que él cree tan
fuera de razon, y no ' ot1'08 quisimos manifestarle
que sí estabamos equ ivocados no eramos solos,
puesto que grandes hombres habian pensado lo
mismo.
Quiere p.I Dr. Vanegas estender á mas puntos la
cuestion J esuitas, nosotros qt;erriamos no pasar á
otros puntos sin que viéramos en qué queJamos
respecto de aquellos á que nos hemos contraldo;
sin embargo diremos algo sobre las nuevas preguntas
y empezamos por hacer las siguientes: ¿ Qué
e n~iende el Dr. Vanegas por hacer una misma profes
10 11 de fé? ¿ Todos los católicos no hacemos la
misma? Luego que se nos conte:ste á esto, contestaremos
nosotros por qué son los Jesuitas mas á propósito
para educar la j uventud.
En cuanto al por qué los J esuitas fOI'man la única
asociacion r elijiosa que se haya intervenido en los
negocio públicos, deci:nos: que no concebimos co .. . o
puede deC'ir tal cosa quien haya leido la historia,
porqup. sí ha habido individuos Jesuitas que se
hayan mezclado, hasta cierta época, en los negocios
públicos, lél sociedad jamás lo ha hecho miéntras
que no puede decirse 10 mismo de utras comunidades
relijiosas.
B Y B.
DE VENTA
UNA casa alta con una tienda aecesoria
en la La. calle del comercio. La persona
que quiera comprarla puede ucurrir á I
~sta imprenta y se le dará l"azun uel
Se ue~ a á reconocer una parte.
IltlOIAS
DEL DOCTOR BRINDRETH.
SE acaba de recibir un nucyo surtido t'n la línica
aj encia qu~ hai en esta capital, f'. quina dp. Snn
Juan de DIOS y la calle del comercio.-J. Jl. Bcnne(.
Se ha abi('rto una suscriciol1 voluntaria en esta
provincia para socorrer á los Je:::graciados que hall
qurdado. en el último f'stremo de miser-ia, á ("onS(:'
Ctwnclil de los incend:os verificados en el último
mes de agosto en Ambalemn. Los Srf's. tesorero~
canton~les están encargauos de la recaudacion; y
se escIta la fi lantrol í :\ y caridad de todas las personas
que se d~ e lan de l mal de nUl'stros hermanos,
para que contribuyan.
UN BUEN NEGOCIO.
S ,~ vende un Daguerrp.otipo francÉ's de RichebourO",
con todos sus ing redientes y seis uocenas de pla~chas,
y se enseña su manejo por solo SETENTA y
CINCO l>ESOS.
En la tienua del Sr. Patricio Paruo se dará
razono
CAL DE VENTA.
L A persona. que quiera comprar hasta dos mi!
cargas dl ,bles de ca], con e l peso de dit'z arrohas
cada una, á peso cada carga, y por menor á medio
real el palito; puede ocurrir á la <:asa de Jacinto
Flores que vive en el batTio de Santa Bárbara qu ien
es e l dueño.
A LOS SS. AJENTES.
Habjéndose agotado algunos números de
este periódico, y debiendo remItIrse varias
coleccione clue se han pedido, se le. suplica
que, los números que tengnn sobrantes Jo
devuelvan al encargado de la ajencia en e t.\.
c apital, y C011 solo una faja, para de este
modo evitar costos.
Se ha devuelto el número 2." y pedido
aunlento hasta de 27 números para una ajencia;
pero se ignora cual sea la que ha hecho la
demanda; por 10 que se e~pera que el intere ado
indique nuevamente á donde es que deben
remitirse los ejemplares pedidos.
ADVERTENCL4,
Habiéndose alterado el precio de ]a suscr ICIOD
á e!'te perit.dieo desde el presente trimestre, se
advierte que el aumento que se hizo no se refiere
á los individuos que se habian suscrito ántes de
dicha alteracion.
CAJA DE AHORROS.
La Junta de Inversion y Superintendencia se
reulle los mártes de cada semana para disponer d,~
los ingresos y reembolsos IJor vla de pré;,tamos á
descuento. Los que quieran tomar dinero de la
Caja, ó negociar con ella docunlt-'ni:os de crédito de
corlo plazo, puede dirijir sus peti<:iones á cualquiera.
de los miembros de la Junta.
NUEVA SASTRERIA
Antonio María Gardeazábal., profesor de
Sastrería , tiene el honor de anunciar al público
: que habiendo terminado su compañía con
el señor Volz, ha puesto un nuevo establecimiento
en el almacen de los señores Silvas,
2a calle del Comercio.
. Allí se encuentra un magnífico surtido de
Jas mejores telas que hoi estilO en moda.
Los que quieran vestirse con finura y elegancia,
pueden dirijirsea dicho almacen ; serán
servidos con esmero y puntualidad, á precios
moderados.
SE nececita una casa de mil quinientos á dos
mil pesos. En esta imprenta se dará razon de
la persona que la solicita.
Oon este numero concluye el presente trimestre.
Imp. de J. A. Caalla.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Citación recomendada (normas APA)
"El Nacional - N. 25", -:-, 1848. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3688340/), el día 2026-06-27.
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