~ogQta ~ábabn ~ -i be nobíemure be ~ 848.
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1:
14
1 :')
~USCRICION . J(3
Por nn año veinte Troles po'!" t1'imesl1'e cinco ?'ca/I s. J7
Cada número medio real.
(Continuacion) .
V.
LA lNDEPENDE CIA DE LA ITALrA .
El malest~r de la Italia, sea cual fuere su can ,
es un hecho que se manifestaba por la ne e.."idad
de la proteccion austriaca para sostener el orden:
un pais que necesita de proteccion estranjera,
está enfermo; sus fu~rzas vitales no le bastan,
pues que ha menester de las ajenas. Hace ya
muchos años que al hablar de la Italia, se vuelven
instintivamente los ojos hácia el Austria, no precisamente
por lo que posee. sino por 10 que proteje:
hai, pues, en el fondo de los espíritus una conviccion
de que la Italia no se basta á sí propia. Este es
un hecho fundamental en la presente cuestion:
es la clave para esplicar ]os noble ' esfuerzos de
Pio IX. La política del Papa no afecta solo
á sus Estados, influye en toda la Italia: Pío
IX debe haberlo previsto.
La Italia es el país clásico de la ajitaciol1;
nunca ha podido constituirse bien. Durante el
imperio rGnlt\l\{}, tet ia cierta unid ti factióaj mas
bien que unidad, era la union producida pOI'
una mano de hierro que comprime: sus municipios
no dejaban de conservar antiguas diferencias,
que debian manifestarse tan pronto como cayera
el trono de los Césares. Envuelta la penlnsula
italiana en el cataclismo universal de la írrupcion
bárbara, siguió durante algun03 siglos la suerte de
los demás paises de Europa, en cuanto á ser destrozada
por la guerra intestina, y atormentada por
las invasiones estranjeras; pero mientras la Euro 'la
se encaminaba á formar nacionalidades fuertes' y
poderosas, la península Italiana se fraccionaba, y
cubrían su suelo diminutos princi pados y pequeñas
repúblicas. La Italia ha tp.nido bastante es íritu
de nacionalidad para no ser e. tranjera, pero demasiado
poco para no crear esa ' grand e. unidades
que vemos en Austria, Francia, Ingla terra, España
y últimamente en Prusia y Rusia. As¡', los que
piensan ahora en la unidad Italiuna, se entregan á
un sueño desmentido por la hi storia: lo que no
han crcado catrnce si~dos, no lo creal':ln las sociedades
secretas. La España, ]a Francia , el Austria,
se han disputado con torrentes d sangre los peuazos
de aquel pais siempre descoyuntado; pudiend.o
a egurarse, que á no haber existido la soberanía
temporal del Romano Pontífice, la Italia huhiera
perdido hasta ese rastro de nacionalidad que tantas
veces no ha tenido mas vínculo que la lengua y el
nombre.
No es, pues, de estrañar que la Italia se ajite
fácilmente; esto ha sucedido en touas épocas. Afortunadament
los disturbios de Toscana, Módena y
Luca no tienen la importancia de lo di. turbios de
Paris: sin aplicar aquello de la tempestad en U?~
vaso de agua, y sin @esconocer la importancia que
esto puede entrañar, es preciso no exajerar los
peligros. Si ha de haber en Europa una nueva
conflagracion de otros puntos, es probable que salga:
la Propaganda italiana se ajitará en U11 círculo
pequeño, si no viene á favorecerla un rompimiento
de hostilidades entre las grandes potencias de
Europa.
Cerdeña, Estados Pontificios, Nápoles, hé aquí
los tres puntos donde conviene ener la vista fija;
una perturbacion profunda en alguno de ellos, tendria
ya con. ecuencias grave: con tal que los
sob anos de esos tres paises sean dueños del
IDO imiento, no hai que temer; el dia en que sucediera
lo ontrario, ya es preciso resignarse á complicaciones
peligrosas.
Los E:tados limítrofes con el Austria, sufrir{¡n
siempre, rr.a ó ménos, la comprension de esta
p t ncia; cuando eso faltase, por una guerra uesgraciada
en el Rhin, ú otra cau a, quedarian por
de pronto entregados á la anarquía para pasar
·nmediof.g,..'I11ente. bajo el dominio ó torado de la
Francia ó de la In o-laterra. Todas las alharaca de
la independencia yO de libertad italiana en t iempo
de la República y del Imperio, no eran mas que
un homenaje de sumision al Directorio o al Emperado!';
lo mismo sucederia. ahora; la duda solo está
en sí á. un mariscal austriaco le sucederia uno
fran{' es, o un admirante ing les. La Cerdeña, los
Estados Pontificios y Nápoles seguirian la misma
suerte, el dia en que cayesen sus actuales gobiernos;
las vicisitudes serian mas profunuas, pero
el resultado fuera el mi mo: no hai para aquellos
paises esperanza de li bertad, ni siquiera de independencia,
el dia en que rompan los cetros que
los rijen; y tal es la fuerza de las cosas, que despues
de los mas grandes trastornos, habrian de volver
á una situacion semejante á la que tienen ahora:
en pos de torrente-s de sangre, vendria otro tratado
de Víena recojiendo los trozos dispersos, y pegánJolos
de nuevo.
Reconociendo estas verdades, no puede tampoco
uesconocerse otra, y es que los gobiernos de Italia
procederian mui mal si, contando demasiado con
el apoyo del Austria, no procurasen estar dispuestos
para acontecimientos 'l,ue pueden afectar las relaclon~
s de las grandes potencias. El Au'sttia, stando
en paz la Europa, y no oponiéndnse ni ]a Francia
ni la Inglaterra, puede con sus rejimientos garantizar
la segu:-iuad de los gobiernos italianos: los
cá.lculos en este punto están acordes con la esperi
encia: pero si falta una cualquiera de estas condiciones,
el A ustria queda paralizada, ó cuando
ménos mui impedida- Los tiempos de la Republica
y del Imperio, nos han dejado in <;tructivas lecciones
sobre lo que pudiera ser el ustria si sobrevini
eran grandes conflictos: la E 3paña, Rin las
pretensiones de gran potencia, no se humilló COllln
el Austria ante las águilas del capitan del siglo.
Aun prescindiendo de semejantes eventualidades,
es preciso convenir en que todo gobierno cuya
seguridad estriba en el apoyo estranjero, se vé forzado
a condescendencias humillantes, es ílojo y
abandonado en su administracion, ilJlitando la conducta
de los particulares que con la seguridad de
la munifi"encia ajena, se olvidan del trabajo, ca{'n
en la desidia, y al fin se degradan. Por esto son
siempre fatales las protecciones estranjeras; y á
veces le seria méno dañoso á un país el perd er
del todo su independencia, el convertirse en provincia
de otro imperio, que el estar Süm ,tido á c ~u
accion bastarda, que no sien te impulsada ácia
el bien por ningun moti vo, y que tiene muchos
para hacer el mal, sin ningun jénero de responsabi
I ¡dad. Pobres soberanos, lo~ que tienen que
ofrecerse á sus pueblos bajo la eji da de otros soberanos;
pobres monarcas los que tieu ¡;>n que sufrir
reconven ione' como . i fueran m~. r os prefectos,
y ni siquiera pueden como estos tener el consuelo
de reclamar claridad y precision en las instrucciones,
y medios pura el cutarlas.
Así, pues, el trabajar por emanciparse de toda
influencia estraña, el colocalse en tal situacion que
no se neceo ite de su apoyo , es para todo soberano
una taréa dign ís ima, una taréa que le aconsejan
de consuno su decoro, su honra, el bien de sus
pueblos, su l. ropjo intere y hasta su seguridad en
un porvenir mas ó ménos cercano. Si el Papa ha
querido proceder de modo que no quedase ni motivo
ni pr ~te sto para mirarle como un protejido del
Austria; si el Papa ha querido prev nir r¡ue en
adelante n hubie e necesidad de ( le penetrasen en
sus Estados 10'3 ejércitos au tr iacas para restablecer
el árden; si el Papa, á mas dú c 'a a lta prevision
política, se ha sentido animauo del senti miento de
nacionalidad italiana, no hai coraZOl) jeneroso que
no deba aplaudirle, no hai alma nobl que no de ba
L>li(~itarle; en e ~ te h iJ,lgo pen amiento, se habrá
conformado el Papa con pl de sus predecesore ,
quienes al propio tiempo que rlefendian las prerogatívas
de la Iglesia, defendi?n tambien la indepen dencia
d la Italia.
r. J.' I' ~ '\'())ucio narios en sus a:,¡onadas
Sa/).
.Do!lI.
Lu.n.
Jt1a.(.
JlJierc .
J UCI'.
ViéT.
i; 'Jiía'ftOl l~JL,X,niDl· - G .
oviembre.
... (ti/. JJJr¿rlin obispo confesor.
El Pat rocinio rle Nt?·Cb. S W,,'I/ ... 'tos. Di (\'0
de Alcalá '!J Milan cnnji:,·or.
Stos. Ev:frnio E slan.;slaod¿ itosk" 1/ lodo.
Zas Salitas de la Orden de .'. . . /1 ;lvSlÍ".
Stas . Lorenzo y Se'rapio márLire ....
San Euje.nio Arz obispo.
Stos. R¡¿fino y compañao.r '1nú1·túl'S.
Sta . UertrUllis la lIiagna y Stas. A.:iisrlo
y Virtm"ia 1nri?·tires.
e lI,a rto mcn¡j~¿all{e á las 2 1/ 57 miltll./(Js
de la üu,!t.· {'II L('oll .
la independencia; J> ro e.'te pr 'te,to St' funda en
un h cho, cual e , la opo.·icion d' los italianos ti
I~ .?ominaci?l: e tranjerCl. h p .. eci~o esforzarse por
dlI']Jlr su e pHltU~ y no tratar de solocarle: primero,
porqu~ esto seria. poco noble; egun ]0, porque es
Imposlble. J .. os pueblos son sumamente su 'cel tibl(-s
en este puntol y con razon: j ay de la.' nacionC's
donde faltara semejante SUtsC ptibilidad! laurian
muerto. Hablando á e pañol es, no hai nllcesidad de
encarecer lo que "ale el sentimiento de la independencia:
tambien Jos españole rechazarian con
indignacion, no so lo la dominacion material, sino la
influencia preponderante. Nuestros padres lucharon
durante seis años con el capitan del si¡z;lo, por no
aceptar de sus mano un rei; la susceptibilidaUf:ue
arrostrar las iras de una revolucion en Francia , y
todas las vicisitudes de una, confiagracion europea.
Vencidas la Prusia el Au tria en revoluci
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Alemania y la Italia, todavía la Rusia permanecerá
en pié: con su poderosa marina en el mar Bá.ltico
y el Negro, con sus numerosos ejércitos, con sus
tesoros de la Siberia, con sus pueblos bárbaros de
que dispone con tanta intelijencia, con su inmenso
territorio, con sus valles de nieve, sepultura del
mayor y mejor ejército de los tiempos modernos,
la Rusia podria hacer frente á todos los conflictos
européosj y si en último apuro se aliase con los
Estados Unidos, podria desafiar desde sus nieves
la cólera de todas las potencias coligadas, inclusa
la Inglaterra. Comparad ese poder con el del
Austria, cuya capital puede tomar en pocas marchas
un ejército francés; en cuyos alrededores <.le
Italia y de Alemania prenderia en un instante el
fuego de la revolucion, y ved si es preciso pensar
algo mas que en el Austria, y si es cuerdo entregarse
tranquilo á todas las eventualidades, cuyo
último desenlace, si hubiera de ser feliz, s~ria principalmente
debido á la prepotencia del Czar.
En el terreno de la diplomacia y de la dominacion
política, la Rusia prepondera en el continente
de una manera tal, que bajo este aspecto el equilibrio
europeo no existiría si no hubiese el contrapeso
de la Inglaterra. Pero fuera del campo diplomático
y político, es decir, fuera de la accion ejercida
por los gobiernos, hai el campo de las ideas,
que se modifican en todas partes con rapidez, que
influyen ya mucho en la política y en la diplomacia,
y que indudablemente influirán mucho IDas en lo
venidero. Bajo este aspecto, la fuerza no se halla
en la Ru~ia, sino en la Alemania y en la Francia;
siendo esta última la encargada del papel de prol'ag~
ndista. Idioma que se habla o al ménos se
entiende en todas partes; facilidad y brillo de espresion;
arte de popularizar las ideas mas abstractas
hiriendo la fantaJía con imájenes seductoras, é
interesando el corazon con toques delicados; el
talento de la sátira, el arte de alabar o deprimir
exajeradamente; estas son las cualidades de que
dispone la Francia, esa Grecia de los tiempos modernos.
Si un dia nuevos macedonios ó romanos
la humillasen con sus conquistas, ella vencería á sus
vencedores inoculándoles sus iueas, y el jigante
del Norte, adormecido en los brazos de su bella
esclava, empezaria á recorrer el período de todos
los poderes del mundo: des pues del apojeo la decadencia,
y al fin la muerte. Ahora mismo, la cultura
rusa es ya la cultura francesa; la nobleza rusa
ha participado mucho de la influencia francesa; y
si los efectos no se hacen sentir en la política, es
porque hai un pueblo intado en su inmensa mayoría;
y la nobleza resiste a la accion disolvente, porque
tiene delaste de sí el campo en que se forman y
conservan las aristQcracias poderosas, la conquista.
En el porvenir de Europa hai dos luchas, la de
los gobiernos y la de las ideas: en aquella descuellan
la Inglaterra y la Rusia, potencias anticatolicas;
en esta sobresale la propaganda francesa, plagada
de volterianismo con distrac~s modernos. ¿ Qué
se infiere de aquí? Lo que se infiere es, que no
conviene contar con apoyo estranjero; que es preci~
o desenvolver las fuerzas propias; que es necesario
no ligar la suerte con la de ningun pode r
político; que es urjente tomar una actitud en que
las vidsitudes políticas de Europa hallen ménos
cosas que conmover, aprovechando cuerdamente lo
que haya de bueno en el espíritu moderno para
dar á las ideas una direccion justa, y preparar á
los hechos una transformacion pacífica.
¡Ay de los gobiernos qUf' se duerman! iAy de
los púeblos que ellos gobiernen! ¡Ay de las instituciones
cuyos custodios no vijilen para irlas acomodando
á las necesidades de la época ! El mundo
marcha; quien se quiera· parar será apléistado, y
el mundo continuará marchando. La relijion y la
moral son eternas; ellas no perecerán: cuando los
hombres crean haber pulverizado los cimientos del
magnífico edificio, verán que e] edificio no se
desploma, porque está pendiente del Cielo;]a corriente
de los siglos arrebatará lo terreno, pero lo
cele te durará. Mas entretanto, ¿ quién es capaz
de abarcar las oscilaciones, los trastornos que cambiarán
la faz del mundo ? ¿Q.uién no prevee las
oleadas en que tendrá que flotar aquella navecilla
que no puede perecer? Ah! cuando la historia
nos muestra las revoluciones de ideas,de costumbres,
de instituciones que nos han precedido; cuando la
esperiencia de todos los dias nos hace palpar el
cambio profundo que en todas partes se está realizando,
la mente se abruma y anonada al pensar
en los inmensos acontecimientos que se amontonan
en el porvenir; y entonces, léjos, sí, léjos de estrañar,
de ver con disgusto que un Papa, para prevenir
mayores riesgos, arrostre otros menores, se admira
uno de la sabiduría misteriosa que asiste siempre
á la Santa Sede, y que se manifiesta soberanamente
e~ los momen~os mas críticos y terribles, entonces,
léJos de espeflmentar despego por el Santo Pontífice
que ocupa la Cátedra de San Pedro, se levanta
el COlazon al Cielo para implorar sobre Pio IX
luz y fortaleza.
•••
QUIMICA ANIMAL,
ó aplicacion de la Química orgánica á la elucidacion d~
la Fisiolojía y la Patol0ía por Justo Liebig.
Los recientes progresos ele la Química, yespe-
EL NACIONAL.
cia\mente de la Química Orgánica, han sido rápidos
y en gran manera interesa.ntes. Varios hombres
distinguidos se han consagrado asiduamente á su
cultivo en Europa, y comenzamos ya á disfrutar
del beneficio de sus taréas. En otro artículo
dimos notICIa de la ohra clásica del Profe.
sor Liebig sobre la Química Agricultural, y
á la misma pluma debemos ahora un tratarlo
no ménos notable sobre la Química Animal.
Como este nuevo asunto, bajo un punto de vista,
nos interesa á todos aun mas vivamente que el
rle la agricultura, procurarémos presentar á nuestros
lectores algunas nociones del grado y especie de
luz Ciue los trabajos de Liebig prometen espareir
sobre el oscuro y dificil, pero importantísimo
asunto de la fisiolojía.
En la Química Agricultural ha desenvuelto
Liebig, y á nuestro juicio, ha establecido por
una bellisima induccion, su teoría de la fermentacion,
putrefaecion y disoltieion, ó para expresarnos
en términos mas jenerales, de las transformaciones
o metamórfosis químicas. Expondrémos brevemente
esa teoría, que es fundamental en la materia.
Rai varias formas de rnetamórtosis. Algunas
veces los elementos del fermento ó cuerpo escitante,
no entran en los nuevos compuestos: asi sucede
en la fermentacion del azucar. Otras veces todos
los cuerpos presentes contribuyen á la formacion
de los nuevos productos. Otras, en una forma
de metamorfosis, la de disolucion ó cremacáusis,
el oxíjeno del aire es esencial, como cuando el
alcohol se convierte en ácido acético, ó el vino
en vinagre. Cuando uno de los productos es un
gas inodoro: el proceder recige el nombre de
fermentacion; cuando uno de los productos <:'s fétido
se llama putrefaccion; pero estas distinciones no
son esenciales, pues materias animales pútrescentes
hacen fermp.ntar el azucaro El olor fétido de la
putrefaccion se debe princi palmente á la armonía,
y por eso se observa no solo en la fermentacion dl\
materias animales, sino tambien en los cuerpos veje.
tales que contiene nitrójeno, y que por eso dau
anmonÍa.
La esplicacion del autor es esta : el fermento ó
cuerpo escitante es invariablemente una sustancia
que se encuentra en un estado activo de df'scomposiciono
Sus partículas están en movimiento, 10
comunican á las dtd cuerpu que ha de transformarse,
trastornan aSl su inl:>table equilibrio, y causan la
formacion de nuevos y mas permanentes ~ompuestos.
Cuanto mas complejo el compuesto orijinal,
mas fácilmente se presta á la metamorfosis. El
profesor ha producido en apoyo de su teoría un
número estraordinario de 'hechos, y la ha demostrado
inductiva y casi matemáticamente,desterrando
para siempre, segun nos parece, la idea de aquella
fuerza catalítie.a (disuh'ente), de aquella desconocida
y misteriosa ajencia, que algunos escritores
han invocado para esplicar los fenomenos de las
transformaciones qu ímicas.
Volviendo ahora los ojos al cuerpo animal
viviente, hai en él ciertas operacion~s de suma
importancia para nosotros; como la respiracion, la
nutricion, la pérdida y reparacion ue la materia, la
dijestion, la secrecion, la excrecion,y la influenciade
todas en ellas en la salud yen las enfermedades. Las
ideas de nuestro autor sobre todos estos puntos
son tan orijinales como interesantes. "Maravi!las",
nos rodean por todas partes. La formacion de
un cristal, de un octaedro, no es mÉ'nos ir.comprensible
que la de una hoja ó una fibra muscular:
el modo de producir con el mercurio y el azufre
el vermellon, es un enigma no ménos jnsolubh~,
que el procf'der con que de la sustancía de la
sangre se forma un ojo ".
Rai dos condicion es esenciales de la vida animal.
La primera es la asimilacion ó apropiacion del
alimento; la segunda, la continua absorcion del
oxíjeno atmosférico. Ahora bien; la cantidad de
alimento y de oxíjeno que se introduce en el
sistema de un adulto es mui considerable, y sin
embargo, el peso de su cuerpo no se aumenta;
luego tanta cantidad emite como la que recibe . Pero
¿ bajo qué forma se emite el oxíjeno por ejemplo?
En combinacion con el carbono ó el hidrój eno, ó
con ambos; en forma de agua 6 de ácido carbónico.
El carbono y el hidrojeno se derivan ultimamente
del alimento. Comparando la suma del oxíjeno
absorvido con la del acido carbonico emitido, y con
la del alimento consumido, Liebig demuestra que
"la cantidad . de alimento que el cuprpo animal
necesita para conservarse, está en razon directa de
la cantidad ae oxíjello que se introduce en el sistema.
La cantidad de oxíj eno varia mucho. Se aumenta
con el movimiento y el ejercicio, que aumenta el
número de las respiraciones; se aumenta con el
fria, que condensa el aire; y se aumenta á proporcion
que sube el barometro, por la misma causa.
~: El consumo de oxíjeno en tiempos iguales puede
espresarse por el número de respiracion es: es claro
que en un mismo individuo la cantidad de alimento
que se necesita debe variar con la fuerza y numero
de las respiraciones. Un niño, en quien Jos órganos
de la respiracion tienen naturalmente grande acti vidad,
necesita alimento mas amenudo, y t'n mayor
proporcion con respecto á su volúmen, que un
adulto; y sufre mas difícilmente el hambre. Un
páj ro privado de alimento: mucre al tercer dia; al
paso que una serpiente, que puesta bajo una campana
apénas consume en una hora tanto oxíjeno
como el que podemos descubrir en el ácido carbónico
que se produce, es capaz de vivir ::¡in alimento
p q~iera desquiciarse,no debe acordar
consIderacIOnes sino en razon del saber y vjrtudes
de cada cual. Que los médicos se persuadan de
esta verdad y entónces la sociedad · les acordará
gustosa las consideraciones que ellos reclaman.
Record~d lo que ~ecia Aristóteles: "el capitan y
el ~éd,co deben Cifrar su gloria en vencer y curar,
'l no emplear sus capacidadt-s para satisfacer sus
mtere~es particulares, ó una fútil vanidad."
Segun e to vosotros comprenderei , señores, quP
cuando la hisloria cuenta que de Roma espulsartln
l~ medicina, quiere decir e con e 'to que aquel
~~eblo destituyó con razon á los II [dicos ig norantes
o Illlllúrales. Y obse n rau tamuien que la capital del
mUJlUO enlónces,no arrojó de su benu ni á los grande'
EL 1 AC ONAL.
oradores ni á los bu~nos abogauos, sino solamente
á los pedantes que sostenian sin decoro alguno ya
el pr0 ya el contra de una misma cuestion,empleando
para ello una inmoral y prostituida elocuencia.
Vir bonus rnedendi peritu s: este es el tipo del verdadero
médico, porque la ciencia y la virtud deben
marchar si empre á la par. La- juventud que haya
sido alimentada con las tradiciol1E's consignadas
en la historia de la antigüedad, debe tener presentes
estas palabras de Demól;tenes:-" nunca la altivez
juvenil, nunca el valor moral pudo inflamar á los
hombres débiles dominados por miserables y viles
pasiones) porque la vida ?nol'al 1'eside esencial'mente
en el COTazon." .
Reflexionad con detencion, condiscípulos, sobre
la reunion de las cualidades y' virtudes de que
te neis necesidad para ejercer útil y convenientemente
nuestra profesion.
Además de la educacion científica, una educacion
moral y relijiosa nos es enteramente necesaria
para evitar los escollos peligrosos de que no podrá
salvarnos una simple filosofia moral. La educacion
relijiosa fijando al médico la via moral que debe
seguir, le hace conocer al mismo tiempo s~s verdaderos
intereses. Alimentado su corazon con
sentimientos evanjélicos adquirirá el poder de
cautivar los buenos corazones, porque el sacerdote
y el médico deben aliarlos todos á los suyos, sin que
por esto dejen de ser nunca francos y veraces.
Siendo el médico fisiólogo y católico une al c.onocimiento
de la veruad material el de la verdad moral,
y está siempre fa vorablemente predispuesto á
cornprf!nder y á respetar las opiniones indi vid uales.
N o hollará, pues, nunca rnoralmente ningun sis tema
cientlfico adoptauo de buena fé por alguno de sus
cooprofesores, pudiendo sí discutir científicamente
siempre que 10 crE'a neces ... rio. Debe conciliarse
siempre la tol€'fancia ('on la gravedad y discresion,
que alejúndolo de la familiaridad le hará conservar
dignamente la autoridad médica que le es tan
necesaria en el ejercicio de su profesion. El médico
tiene sobre la tierra una mision esencialmente
evanjélica que llenar; y es un absurdo, es un error
funesto creer que, con una cond ucta inmoral pueda
conservarse tal ó cual posicion social. Por otra
parte, cuanta mas c1dt :¿ra moral posee el hombre
tan to ma dificil le es plegarse á la bajeza.
V eamos ahora al médico por otro lado.-Los
que hernos adoptauo e~ ta profesion, hasta cierto
p u n ~ o dura y enojosa, debemos soportar los uefectos
de a lu e llo ... ; que nos ocupan, porque tenemos forzosamente
q 'le ponernos en contacto con toda clase
de jentes. Es una cosa cierta que aquel que no
h ' tt:ata.d.o Lu.u uD.a.-Socit!.dad.c.Dttez..mru:al .. x:~lijiosa y
por consiguiente raciono.l, no conoce dé la humaI1Idad
sino el buen lado de la lnedalla. El hombre
que por el contrario ti ene que recorrer todas las
clases sociale.'l hace involuntariamente deseubrimientos
inesperados, progresa esperimentalmente en
el conocimiento de la humanidad, y calcula matemáticamente
de cuantas maneras e l hombre seria
insoportable,si no nos armásemos de la beneficencia,
d~ la caridad, de la dulzura y de la paciencia
evanjélica, sin abandonar por eso la firmeza.
No os engañeis, condiscípulos: sin grandes recursos
morales aunque el saber sea profundo, aunque
la destreza sea grande, no seremos nunca positivamente
superiores al hombre que basa su conducta
en la moral y en la relijion: este es el único verdadero
fundamento social positivo y por consiguiente
durable.
_f:I.. la educacion moral y relijiosa es necesario
que el médico agregue eunocimie ntos liter arios.
Por medio de ellos le será mas fácil espresar con
claridad lo que piensa y lo que siente.
Hai médicos quP careciendo de alg'unas de estas
partes esenciales de su educacion, se aproxirHall al
paciente sin lJinguna especie de política ni consideracion
moral: examínanle en silencio y formulan
las pre~ cripciones sin pronunciar una sola pa labra,
representando así el pap 1 de los mudos: pierden de
este modo la poderosa iniluen cia moral que da al
médico el atestiguar á su enfermo con el acento de
su voz y con sus discurso8 y maneras afectuosas,
cuales son las relaciones sentimentales que uoen
siempre al médico con el enfermo. El continente
frio, severo ú antipático, no predispone al paciente á
ponerse á nuestra discrecion . El precepto consiste
no solamente en curar luto el celeriter sino tambien
jucunde. La amenidad no::; es lJecesaria, y es preciso,
atreviéndome á usar un lenguaje figurado, sed ucir
al enfermo para poder cUt'arlo.
No queremos decir con esto que debamos entrar
con el paciente en disertaciones técnicas, ni alejarnos
de la conversacion que debe conducirnos á la .cúnsecucion
de nuestra mision lIlédica. Para ser esta
última ménos desagradable, debemos saber que hai
cosas que necesitan un rodeo mas ó ménos largo,
sobre todo con el bello sexo.
Si el médico es un hombre intelijente no hablará
sino cuando convenga, y siempr con tino y medida.
Provistu de conocimienfos variados, sus preguntas
y respuestas ueben ::;cr ud 'cuadas á las circunstancias
par ticu lares, sjn oh'iual' que d,,·le hac:er COI) (
rilmir todo para L egurar su . dominio cí -lltÍfi;.;o y
moral soure el enft'rmo.
El médico nunca debe 'valerse de niflg~m 'medio para
3
satisface1' su amo?' p1'opio y su a-mbicion,con pC1:7Uicio de
los derechos de sus coop'rofes01·es.
Tambien es cierto, señores, que el defedo de
educacion literal'Ía hace mÉ>nos accesible al aprecio
social á un sabel' cientifico, por profunuo que :;;ea.
Por otra parte, la educacion literaria facilita al
médico los medios de ayudar al sacerdole cuando
unido á este se trata de curar las pasiones ó enfermedades
morales de nuestros semejantes, en las
cuales tenemos que ocupar nos mas frecuentemente
de su imajinacion que de su hígado ó sus puJmon~s.
En estos casos difíciles los especijicos consisten mas bien
en el a1·te de pe1·Su,adi7', que en el de fonnulur. El
hombre puede consolar siempre cuando e:s culto,
sensible, moral y rclijioso. El ateo ó el materialista
nunc:;\ pueden dar consuelo á un moribundo.
\:T bien, señores) no encontrais en todo lo que
precede motivos suficientes para establecer que el
elemento moral y literario deba ocupar un Jugar
honroso en nuestra pl'ofesion ?
A mí me parece que ahora podriamos ya fijar cc..n
esactitud las indicaciones que el sentiuo moral está
llamado á llenar ó á completar. .
El médico es artista, pero bajo ciertas condiciones
morales, relijiosas y científicas. Reuniendo estas ·
tres condiciónes no solamente por instruccion, sino
tambien por organizacion. El médico Hevará
siempre consigo un esquisito perfume de bienestar,
estando rodeado entónces de una atmósfera deliciosa
que no lo abandona l1unc"a. Por c.onsiguiente,
s eñol:e~ , la ciencia, la moral y la relijion aunque
diferentes hasta cierto punto, on análogas tanlbi(:·n.
Ellas br illan hoi en di stintas personas; pero todas
debe reunirlas el m~dico dando así una prueba
espléndida de buen semido y racionalidad. er edme,
señores, el médico que abandonando el cultivo de
las ciencias morales y metafísica, s entl' ga esclusivamente
al estudio de las ciencias físicas, no
telldrá fuera del conocimiento de los ~ nómenos de
la materia, ni juicio, ni racionalidad: 110 entend l'á
á sus hermanos y no pensando ni sintiendo como
ellos, no podrá hablarles nunca sino en un
idioma completamente estraño. Podriamos comparar
al méJico materialista á un mus}c-o que,
despues de habernos regalado con las dulzuras
de su armonia, no pudiendo hacer gala de otra
habilitadad, se escondiese con su instmmento
en la misma caja para desaparecer con él.-N o,
señores, el hom bre no debe separarse moral ni
intelectualmente del resto de sus sp.mejantes, y
para esto debe admitir los principios de relijion
y de moral ¡porque mare hando todos en el
mismo camino y tendiendo al mismo fin,es imposible
que la an.arquía pueda en.tJ'onizarse: la piedad, dice
el sacerdote, es el todo del hombre: la simpatía dice
el fisiólogo es el todo del hombre: la atraecion dice
el físico es el todo de las ciencias físicas, y. yo digo
piedad, simpaL''ia y atraccion son sinónimo$-;. luego
existe un principio jeneral querije á todo el·uni\'el'so.
Podríamos demostrar científicamente que no solamente
la armonía de la economía animal seria destl'ozada,
si las partes que la forman no estuviesen
vinculadas unas con otras por un sentimiento comun,
sino, aun mas, que la vida de cada individuo pstá
Íntimamente unida con el resto de la creacion. Así
pues, unidad como causa, unidad como fin, lo que
supone unidad como medios. Como causa Dios,
como fin Dios, como medios Dios.
En efecto: "la verdad es eminentemente divina,"
porque ello no es sino la espresion fiel y exacta del
pensamiento de Dios; ella cu~nta lo que Dios ha
hecho y contándolo ella lo admira.
LOS JESUlTAS.
~/ Y/c. fJl)~. ~~a~c/o úVan?Zd.
(Continu.acion ).
En 2 de agosto de 184-7 previno el Sr. Gobernador
de la provincia de Velez al Sr. jefe político
del canton capital, que procediese á practicar una
info rmacion acerca del hecho de haberse escedido
un Jesuita desde la cátedra de] Espíritu Santo en
el cu·?'so del sennon hasta el pUJnto de ocasionar una
positiva alarma . ofendiendo la moml y las b1¿ellaS costumbres,
y atentando cont1'a la segu1'idad, 'l'eputacion y
buen nombre de la ponion considerable de individuos
notables que en dias anteriores haLia manifestado
el disgusto jeneral C0n que se ITIlraba la mision de
Jesuitas á la ciudad de Velez. En la misma fecha
dió cumplimiento á esta órden pI Sr. jefe político
levantando una iuformacion sumaria de nueve testigos,
cuyos dichos yamos á estractar.
Los Sres. Fernando Vargas, Cosme Bcnayides,
Juan E. Martinez. Hilario Arizu., y José Eduardo
Caldas espusi eron casi en términos idénticos, que
el R. P. Fernanuez de la Compañía de Jesus, al
despedirse del auditorio despues del sermon de 1.° de
agosto de 1847 manifestó: que solo tres ó cuatro
individuos se habian opupsto á la ida de los Padres
Jesuitas á la provincia de Velez. Segun el Sr.
Vargas, el P. Fcrnandez calificó á estos individuos
de ignorantes: s<'g lln el Sr. Benavicles de im píos,
¡11m )rale:s, corrompidos: de COrl'Olll pido ) irnpíos,
her ·je.", ser.;un e l !'. Ma.rlinez; de imp íos y hel'ej('S,
st'gun el Sr. j ,ii' .. l; y e nrOfmo al dicho el·[ ~r.
e.tillas de irrel ij i O.:i o::; , :i quienl:'s era "ce:ario l'n 'u-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
mendar á Dios.-Los Sres. Benavi] artículo 63 de la lei citada,
es visto que ni aun jm'gando apasionadamente
podría encontrarse en las frases de que usó el R.
P . Fernández el mas mínimo pretesto para declararlo
culpable. Se dirá, acaso, que hubo una injuria
hácia las personas notables que segun la órden de
2 de agosto citada, manifestaron el disgusto jeneral
con que se miraba la mision á la ciudad de Velez;
pero en primer lugar ese disgusto no aparece como
propio de aquellas personas notables, pues ellas se
refieren indudablemente á otras como lo manifiesta
el oficio del Sr. Gobernador; y en segundo lugar,
el R. P. Fernández habló no de los individuos que
hacian mencion del disgusto, sino de aquellos que]o
tenían, los que no fueron mencionados ni en el
oficio del Sr. Gobernador, ni en la representacion
que le dirijieron, ni mucho ménos en el discurso
del R. P. Je~uita . Hablaron, pues, indeterminadamente
las personas notables que menciona el Sr.
Gobernador de la p¡'ovincia de Velez, y de una
manera indeterminada. se habló tambien en la cátedra
del Espíritu S:tnto, y el ataque á la reputacion
y buen nombre de algunos individuos, solo será
apropiable á aquel 6 aq uello que deliberadamente
quieran aceptarlo, y sus efectos no podrán nunca
quedar comprendido bajo las penas legales, porque
es bien sabido que no eKisten injurias aceptadas,
miéntras no hayan sido dirijidas á determinada persona.
Resta solo eX1.minar si el R. P. Femandez
tuvo ó no razon para espresarse en los términos
en que lo hizo, y nosotro~ decimos que la tuvo;
porque un mini tro del Evanjelio que exhortando
á la penitencia oye en torno de sí los llanto y
sollozos en que prorumpió el pueblo de Velez al oir
su palabra, nat?ral ~s q~~ recono~ca. y manifie~te
que solo la hereJía,la 1rr 1tJlOn y la l.~l:)ledad,podflan
oponerse á que esa palabra evanJehca fuese predicada
por el temor de que produjese los saludables
efectos que la siguie.r~n . Era, pues, cier!o que
habia habido la Oposlclon de que se habla o no lo
era: en el primer ca o seria n.ecesario demostrar
que la mision de Velez produJo ' malo~ resultados,
para que quedas~ j ustificada la conducta de los
que se o usier.an a ella: en el segund? caso, esos
mimos venta¡ OSOs )'(','u lta d 0~ reconocIdos y confesados
por todos ~stán d~mostrando que la suyuesta
oposicion solo fue maqUillada para contrariar los
EL NACIONAL.
intereses de la Iglesia y la salud espiritual de los 1
fieles. Así, pues, cualquier partido que se adopte 1
echará necesariamente sobre nuestro ad versario la
necesidad de demostrar, ó que ]a mision de Velez
fué perjudicial, ó que fué cri tiana y santa la conducta
de los que la supusieron contrariada por
una parte numerosa del vecindario. La exhortacion
que el R. P. Fernandez hizo al dócil y relijioso
pueblo de Velez, para qae el no se dejase seducir
por esos impíos, que segun se decia se opusieron á.
la mision, es mui justa, mui santa y mui conforme
con los deberes de un predicador evanjélico.
No se exhorta á la reheljon ni al ataque, sino solo
á la defensa y á una dofensa que debe hacerse con
las armas de la caridad cristiana que son ausilios de
la graciadivina,queno pueden comprometer la tranquilidad
de los Estados ni caer bajo el dominio de su
lejislacion. Es necesario precaver el mal y nada es
capazde conducir á ello con mas acierto; que retraer
de la iufluencia y relaciones de los malyados á los
que aun tienen la dicha de conservar su primitiva
inocencia ó de recuperarla despues de perdida.
Fundados en estas consideraciones y en las demas
que pueden hacerse de acuerdo con ellas, el
Ajente y el promotor fiscal pidieron, y el M. R.
Arzobispo decretó el sobreseimiento en la causa
que trató de iniciarse contra el R. Padre Fernandez
y á que alude el Señor Dr. Vanegas.
Sirva esto tambie'Tl, continua el articulista, para
probar que los Jesuitas comelen, como todos los. demas
individuos faltas y delitos, pero faltas y dehtos que
en dlos se toleran y que acaso no fa~tará quien ,los apellide
accion santa y buena. No podemos menos de
estrañar que el Señor Dr. Vanegas llame delito lo
que, segun manifiesta ántes~ resulta de las nueve declaraciones
tomadas para seguir causa al Padre
Fernandez, por que nosotros creemos no solo que
no es delito en un predicador exhortar á los fieles á
que no se dejen seducir por los impios, sino que
cremos que es de su deber hacerlo asi.
Sobre todo ahora en que por todas partes cunden
las ideas antisociales de comunismo que envenenan
los corazones, como inficiona el cólera los cuerpos
de los individuos. Si, cunden por todas partes el comunismo
y otras mil infernales teorías que si no
son cortadas de raiz, pronto darán en tierra con l~
patria, la civilizacion, la familia y todo lo qu.e ha)
de santo y querido para el hombre sobre la tIerra.
Tales ideas no pueden contrariarse sino con la n;t0!al
del ,Evanjelio,única verdadera,sólidaydurable; uDlca
qu~ puede cimentar la felicidad de los individuos;
sin moral todos los esfuerzos para hacer progresar
las sociedades son sueños vanos, por que la moral
es uno de los grandes elementos de que se compo~e
la civilizacion; sin esta, aquella 110 puede reSistIr.
Ahora bien, para nosotros que no ereemos que la
moral pueda tener otro fundamento sólido que la relijion,
viene á ser indispensable e3ta última ,
Añade el Señor Dr. Vanegas que contesta asI .
la interpelacion que le hicimos para que enumerase
los crímines de los J esuitas, y con esto nos confirmó
en nuestra idea, de que tales crímines no existen;
pues como dejamos demostrado no lo hubo, y tan
no lo hubo en lo que dijo el R. Padre Fcrnandez,
que en vez de resultar males de la mision que hizo,
resultaron muchos bienes, no siendo el menor el de
haber efectuado á consf'cuencia de ella, docientos
matrimonios en Velez, y este becho pru('ba ademas
que los Jesuitas hacienJo yoto de castidad, fomentan
tambiE'n los matrimonios, cosa que parece no
concebia el Dr. Vanegas que pudiera sucf'der.
UNA casa alta con una tienda. ac.cesoria
en la. L a ca.lle del comercio. La persona
que quiera omprada puede ocul'rir á
<:'sta imprenta y se le dará razon del
dueño. Se deja á reconocer una parte.
'¡LIDIAS
DEL D CTOR BRANDRETH.
SE acaba de recibir un nuevo surtido en la lÍnica
ajencia que hai en esta capital, esquina de San
Juan de Dios y la calle del comercio.-J. A. BenneL.
TI A SUSCRICIOr .
Se ha abierto una suscricion voluntaria en esta
provincia para socorrer á ]os de~graciados que han
quedado en el último cst remo oe miseria, á, c.onsecuencia
ele los Ínc cn
Citación recomendada (normas APA)
"El Nacional - N. 24", -:-, 1848. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3688339/), el día 2026-06-27.
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