'.l5ognta ~áúabn 50 be !1etíemItre be "848,
Este periódico sale lodos los sáha.rlos; Si' veíl~C en la
tienda del Seña?' .Fu,an García, plaza de Bolwa1'.
1!rilne~ttt 2, ~mtinltrO ,. S. '
!CULTO lU:LUX030.
Se admiten 1'emitidos que teng'an porobjeto la utilidarl Setiembre.
pública en cualquier 'ramo, con tal de que no contengan
personalidades y ~stén e~C1-ito8 con derencW, deben
dirijirse á los Ed~tores hbres de p01'tc.
30 Sab. Sa'lt Je,,.óni1Jto Dr. fundador.
octubre ..
Los avisos y Ot1'OS escritos de interes pe1'sonal, se
-insertarán pag~ndo la cuota en que el inte~esado convenga
con el ~mp1'eso'r, que en todo caso se1'a mode1'ada,
1.° Dom. Nuestra Señom del Rosario JI 8rm
Rem7jio obispo.
2 Lun. Los Santos ArlJeles Custodins,
3 Ma1'. San Cándido martir,
SÚSCRICION.
Por un año veinte ,'e.ales, jJm' trimestre cinco nales,
Cada núq¡ero medio real.
4 Mib'c. San Francisco de Asis fundador .
5 Jue'/). San Plácido y c01nps. ?MeS. '
Gua'rto creciente á las 2 y 43 milt'utos de ll~
mañana en Acua1·io.
6 Vier. San Bruno fundad()r.
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FRA~CIA.
EL SIGLO.
EL ABA'l'E DE LAMENNAlS.
Los insurrectos de junio, la mayor parte de .los
cuales habian sido fanatizados P(Jl' los clubs, crelan
haber dade una prueba de adhesion á la República
socialistcl y democrát.ica cuya divisa enarbolaron sobre
casi todas sus banderas. Pero los órganos del
socialismo y del partido ultra revolucionario, viéndolos
vencidos no quieren reconocer en ellos sino los
ajentes ¿ los seides de diversos pretendientes monárquicos.
El Represeutante del pueblo, en su re~puesta á los
Debates, se declara convencido de que los homb~es
que han agriado el descontento de los insurrestos y
que les han puesto las armas en la mano, son los
partidarios de las viejas monarquias.
El abate Lamennais va mas léjos en el Pueblo
constituyente. He aquÍ los denuncios que formulaba
haber coo una temeridad que raya en demencia .
" Viene á ser mas y mas evidente que la insurreceion
no ha sido mas que uno de esos horrorosos asesinatos
organizados sucesi va mente en todos los puntos
de Europa por el trono. Dejad que las facciones obren
libremente y ellas preparadas hace muchos meses
no se ocultarán. Tres pretendientes, tres conjuraciones
ó mas bien dos, porque despues de la revolucion
que satisfizo Jos rencores de la rama mayor
contra la menor, It!.~ dos ramas estan u?id~i por el lOteres
comun, se UBleron en tIna conspIraclOn comun,
l>.l que se ha visto crecer y desarrollarse dia por día
bajo la direccioll de jefes hábiles, sin que el poder
en'caraado de los destinos de la República haya creí.
do op~rtuno ponerle ningun obstáculo.
"Muchas especies (le medios han sido empleados:
apoderarse de los empleos, usar de toda clase de
influencias para penetrar en la Asamb]ea Nadona}
dividirla al principio y dominarla en seguida;
p~olongar la crísis . fin~ncier~, í.ndustrial y c.amercial'
aumentar la mlsena sllprmllendo el trabaJO,
hacer pasar al pueblo bajo las horcas del lLambre
caudina escitar los temores, fomentar el descontento,
sembrar'la discordia.
"Hecho esto se busl:aron por todas partes brazos
que pudieran armarse para el motin y la guerra
civil' se ha reclutado, enganchado. derramado á manos
'llenas el oro, en parte suministrado por el estranjero,
siempre mezclado en nuestros desastres. De
este modo se ha formado una fuerza contrarevolucionaria,
compuesta de dos elementos: hombres rej imentados
bajo jefes habituados al manejo de las aro
mas, :lesgracia.dos prontos siempre á yend.erse á
cualquiera que les paga, y de la escona mIsma de
la poblacion; y forzados puestos en libertad, perseguidos
por la justicia. y otros,"
El pueblo arrastrado ~l último e~tremo por las
provocaciones de los realIstas y redUCIdos por horro,
rozos cálculos á la. última miseria, vendrá locamente,
como sucedió, á unirse al éjercito de los conspiradores.
Tal es la version de M. Lamenanis. El Universo
califica esta opioion de salvaje; será permitido ror lo
ménos calificarla de absurda.
No sabemos eomo será apreciado por sus mas fervientes
sectarios, este dechado de los pontifices de
la democrácia pura. En cuanto á nosotros, para responder
al grito de la conciencia pública indignada,
nos contentaremos con citar, como Jos Debates, el
juicio sin apelacion, escrito en las actas de la Asámblea
Nacional.
"Familia, instituciones; libertad, patria, todo est:
lba herido . en el COl'azon, y bajo los golpes de
estos nuevos bárbaros la ci vilizac.ion del siglo diez
y nueve estaba amenazada de muerte ••.. ~a Frana
india nada rechaza con horror esas doctnnas sal·
vajes en que la familia no es mas que un nombre
y la propiedad un robo. 1I
( Es á Und escuela que propone tales doctrinas
á que hOl pertenece Lamennais.)
EL 11 Al.
LA ELEJIBILlDAD NACIONAL.
( CONT1NUACION).
Este peligro, de la gu r1'a civil, y del despotismo
consecuencia de la guerra ci vil, es un efecto tao
particular y tan grave de la reduccion de los elejibles
á solo dos personas: que bien merece ser analizado
con todo esmero y con toda evirlencia reco·
nocido,-EI peligro Viene de los candidatos: pues
cada candidato, miéntras ménos rivales vé en torno
suyo, mas probabilidades lleva de serles sobrepuesto;
y, tle l:::l m:lyor probabilidad nacien:io mayor ánimo,
mayor atrevimiento, mayor inquietud, mayor actividad,
todo su coraza n se vuelve hácia un solo
objeto, todas sus acciones se encaminan á un solo
fin; el menor rezelo de perder lo que se busca hace
menor el recelo de peruer lo que se espone; 01'0,
honor, exi teneia, todo se ensaya, (1)do se aventura;
todo es cañon, todo es mma, todo es trinchera; las
maniobras se oponen á las maniobras; cada paso
halla un tropieso y cada tropieso hace mas rabioso
el at3.q ue; cada ataque halla una resistencia y cada
resistencia exaspera mas, y mas encona el resentimiento:
esto es ya un juego de azar, un duelo á
ojos cen'ados; este problema es ya como el problema
de la vida para un desahuciado, como el P¡'oblema
de la salvacion para un monbunclo: la ambicio'l
ha llegado al último dique, y lo ha querido
romper tambien; todo ó nada !-EI peligro viene de
los prosélitos: la llama del peligro, ya avivada por
la mano de los candidatos que la encendieron, cunde y
se derrama al soplo de los prosélitos que la embravecen¡
porque, si el ansia y el orgullo de los candidatos
acrecienta el ardor y el número de los procélitos, el
ardor y el número de 10$ procélitos sobre-irrita el orgullo
y el ansia de los candidalos: la nacion se abre
en sus do, mita ~es, y todo el mundo toma partido,
porque no hai un tercer pal:tido á qué recurrir;
cada partido ama con toda su alma á su caudillo, por
que no hai un tercer caudillo á quien. adorar: pero
el amor del partido propio es el odio del partido
opuesto, pero los sentimientos de la masa atizan los
sen.timientos del individuo; mi amor á mi c"ludillo
y á mi partido se enardece con el amor que le
tienen mis padres, con el amor que le ti enen mis
hermanos, mis parientes, mis amigos mis protectores,
mis compañeros to::l.os de opinion y de secta;
mi odio á tí, Y á tu caudillo, y á tu partido, se enardece
con el odio que os profesa todo mi partido.
y con el odio que tú, con todo tu partido, nos
devuelves.-Y entónces, enmedio de estos feroces
sentimientos de odio, puesta ya la mitad de la nacion
en frente de la otra mitad, al obrar carla jefe
y cada bando, al descubrirse solo Ilna corta mayoría
del un lado ..•• entónces, si no se empuñan
las armas y la nacion se detiene y no se arroja á
rlegollarse á sí misma, y no qué la detenga, pero
no puede ser mas qne la mano Omnipotente y
protectora de Dios.-Esta guerra del pueblo contra
el pueblo, esa es la guerra civil: esta guerra enlre
los corazones, aun cuando en los corazones no mas
eX lsta, aun cuando no se manitiest~ cuerpo Íl cuerpo y
esteriorm2nte, ese es el horrendo peligro de la anarqUÍ<
l; peligro llevado á su reali:zucion y á su máximu lO
cuanuo Los elejibles se circunscriben á solo dos personas;
p<}ligro que va dismin.uyenclo cuando á. esas
dos personas se van adicionando otras y otras; peligro
que se haría del todo improbable y nulo cuando
aumentase la lei tanto el círculo elejible que
n.udie se metiese á buscar partidarios para otro SIflO
I
despues de haber visto que no podia encontrarlos
para sí mismo¡ cuado la multiplicaclOo ul1lversul
de los p.ll'tidos, debilitando en fuerzas y en calor á
cada uno en particular, impidiese que ninO'un partido
burlado, ni au n el partido burlado n~as poderoso,
osase luchar á mano armada con el conjllnto
de los demas partidos; ó con 01 partido nacional prep"'
onderante. Pa'ra debilita?', dividir: esta m¡íxirnn
encuentra aquí su aphcacion en toda su utilidad
'1 e~ toda su amp~itud. Verdad es que e",ta pre~
auclO~ sola ser.ía meficaz SI otras precauciones de
Igua! ,ImportanCia ~o se t?maran tambien: porque
el VICIO mherente a todo SIstema elec~oral, (,1 peli.
gro de las guerras civiles, no puede quedar como
~letamente estirpado, ~i á la supresion de las calificaCIOnes
en los elejibles no se agregan, cQrtos
poderes, cortos sueldos, corta duracion de mando
e~ los elejidos. Pero la supresion de las califica:
ClOnes en los elejibles siempre será indispensable'
p~)r~ue si las cal}fic,aciones no producen solas est~
VICl~ ~e la~ .repub~lcas, cooperan sí á producirlo: y
el VICIO eXlstUÍa mléntl'as tuviera una causa cual.
qujera para existir, aun cuando todas sus otras
causas hubiesen ya desaparecido,-Una buena leí
penal castiga á todos los cómpfices.
He aquÍ el largo inventario, pero inventario escrupuloso
y fiel, de los males que en sí envuelven
las leyes de calificaciones.
III.
Derivados de un principio UOlCO, la reduccion del
cerco de elejibles, todos estos males van creciendo
como el cerco de elejibles le va estrechando.-y mi.
éntras ~~s qb~~.dantes y en mas alto grado sean
los req~lsItos eXIJIdos, miéntras mayor sea el número
de maJlstraturas para las cuales se exijan, mientras
~as escasa sea la poblacion del país, miéntras mas
Ignorantes sean las masas;-tanto mas se estrechará
el ~e:co de las 'p~rsonas entre quienes se puede
eS(,0Jer;tanto mas facIl será que los pocos hombres diO'nos
que~en, envueltos en la esclucion jeDera]; tanto m~s
se multIphc~rán. en número y aumentarán en gravedad
los mfohces .resultados que dejamos arriba
espuestos. (1 )-Deflvados de un principio único
tod,os estos males se conexionan y se estrecha~
íntlmam~~te entre sí. . La lei exije rcquisitos,-y estos
reqUlsltos la complIcan en su redaccion -y esta
complicaciún la embaraza en su marcha,~y este
embarazo la conduce al fin en muchos casos á su abo
soluta inobservancia, La lei reduce el número de los
e~ejibles,-y esto di?cu1ta la mejoria en las elecclOnes,-
y esto alTOJa al pueblo en la descon fianza.y
e~to ,sepulta la naClOn en 01 despotismo y en' la
anaIquH~.. De un ~~l nace otro mal. Para que
no hubIesen de eXIstIr los últimos no habian de
existir 1(ls primeros: para que los primeros no existiel'an
tampoco, era preciso que no existiese la leí
Discurso pronunciado pm' D, Federico En'ázuriz en el
acto de su s@lemne incol'poracion en la Facultad deTeolqjía
y Ciencias sagmdas de la Uni1Jersidad nacional,
en sesion pública del domingo 16 de Julio de 1848.
SEÑOR:
La época en que vivimos es la época del dE-'sarrollo
del espíritu humano. lVIedio mundo es interesauo
testigo y espectador parcial de los extraordinarios
sucesos que ajitan á la otra mitad. Sentado en e
solio pontificio un papa liberal, ofrece un espec
( 1) Tal es la suerte de la Nueva Granada' y la
de todas las Repúblicas Americanas; el de todos los
p1;"eb!o.s nuc.vos. E,n, Inglaterra, nacion popularísima,
n;qmstrna, tl7t~.tradzslma, por mucho que se estreche el
cZ1'culo de elq¡ibles, nunca el mal será tan O'rave ni
tanta la escase~ de lwmb1'es dignos, como enola Nueva
C:~anada, naClOn despobladís.ima, pobrísima, ignorantl.
slma; donde por poco qU(- dVe de ensancltar,~e el cerco
el mal se hará inmenso y la elicase::: de hombres digno,:
absoluta.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
2
táculo único en la historia, cual es; el de un sucesor
<.le Pedru abogado con su ejemplo por la libertad
de ]os pueblos. La Francia, que ha tomado siempre
la iniciativa en la marcha progresiva del desenvolvimiento
del espíritu humano, sac ude el yugo de la
monarquía y bse constituye en R e pública, para
todas las na.ciones. Los soberanos de los diversos
Estados Italianos, los de la Alemania, Austria,
Prusia, Inglaterra y España asombrados con lus
progresos del ratlicalismo, que amenaza echar pOI'
tierra sus tronos, ceden á la justa demanda. de los
pueblos, que reclaman sus imprescriptibles derechos.
En una palabra, la Europa toda se coutnueve
desde sus cimientos, y no tardar(ln en pronunciarse
las naciones que hasta ahora han perman ciJo espec.
tadoras de tan grandes acolltecimientos. Yo no
creo que la Francia pueda perfeccionar su I'éjimen
gubernativo bajo el sistema repuulicano con los
exajcradores principios de democracia que hasta
aflui se han proclamauo. Observo solo todos estos
hechos como consecuencia dt'l principio á que deben
su oríjt'n, cual es; la necesidad indispel.sable de
mejorar la condicion de la clase sobre la sociedad
~i no es pste el móvil de los que s(~ han puesto
á la cabeza de los pueblos, prometiéndoles ponerlus
en posesion de sus sagrados é inviolables derechos,
por lo ménos es tal el bello programa que han preconizado.
Rejeneracion del pueblo, libertad, igualdad,
fraternidad, ved ahí los jeneros..,s y sagrados
principios que han invocado los amantl's dp- la humanidad;
ved ahí las májicas palabras, que, penetrando
en corazon de los pueblos han tenido bastante
fuerzJ. para derrocar tron08 hondamente
cimentados. En todas partes se predican los preciosos
derechos del hombre en sociedad, poner á
todas las clases de estas circunstancias de alcanzarlos
é.q J' ha sido por mucho el digno blanco de las
investigaciones de los filósofos y ue los esfuezos
de los sabios. Será, sin duda mui satisfactorio para
todG el que tiene algun interes por la triste suerte
de la inmensa mayoría del jénero humano el laudable
celo que do quiera se desplega para con1ribuir
al alivio de su situacion moral y material. En
vcrdatl, ¿ qué m as filantró ·ica que la de remediar
en lo posible la necesaria injusticia de los hombres
que en \in corto número han hecho su patrimonio
exclusivo, los placeres, las riquezas, los honores,
la a;üoridLl. sociedad.
y ojalá que no fuera mas que es~o: ojalá se limitara
el párroco á de empeñar estas funciones, y "iviera
siempre en buena intelijencia, en santa armonía con
~us felig~t'ses. No se palparían entónces los graves
Il1con~t>m.entes que lamentamos, y que una triste
esperrencla nos hace con frecuencia deplorar. Aunque
duro, es preciso el decirlo: nuestros curas no
pm'den ser útiles á sus feligrest>s: se ven reducidos
á atender siempre á sus inlere 'es pecuniarios aun
cuando desempeñan las funciones mas sa~rad~s de
su rninisterio, se presentan d scle un pr~lCipio á
los fieles bajo un principio para ellos fatal. Ese
cobro de derechos por la adlllinistracion de cada
uno de los sacramentos, que mucha veces con
necesiJa~ ó sin .ella,se hace con importuna exij;ncia,
redunda 111l11edlatamente en .odio del párroco que
los reclama, €-11 perjuicio de la relijion en cuyo
nombre se ha~e y e~ detrimento de la m o.)," .1 qu~
lus repugna. No hal duda y es p,i.f~ dl~icl~ deci~
"el Obispo de Córo.ova, en ·el Senado u~ ~'sp' aña·
" no lla'l d IH.] a que 3,tI emas de s~r mui conf.'o rm, es~
" (los Jerechos de estola) al espíritu d~ de~i\1te¡'e~
"que qebe resplal1decer 'ep la ad~inistl'acion de
" :sacramentos, son cau~ :~rl1.~cha·s veces de murmu"
ra~ iones y dt'8avenel~du.~ entre los párrocos y
" feltgre::.es? de ro~p llprecio del ministel'io, y el
" pretesto para que muchos fh·l(:'s io-norantes de la
" re l'1"j 10~ que prolee san, la de:sacr~f ·diten con sus
" fabos discllfsos, queriendo persuadir que esto'.
" derechos son el precio de sus auO"ustas y ~aO"radas
"f' Q ' o b '.' " u.ncJOn/:'s .... ¿ ue c?sa mas opUf~~ta que ver · al
parroco eXljlendo t>1 lmportedej [un~ral del padre
" de la espOi'a, del bijo Ó de] hermano que acnl1~
" ?e ~e~'dt::r? Pide en verdad lo que se le' debe de
" Justicia; pero es mui dura la t>xaccion inmediata
:: P?r !a ~nallo del flue ~olo ha de acercarl" r~r~
dlstrlbU1~ con abundanCIa y ~o~prrel la ne('f.sida~i."
~a~ta aClul afIuel l'lelatlo en la spsiú~l g e ~ 23 d
JqnlO de JS3 ' . .
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Si se atiende al estado miserable de nuestras parroquias
del campo, se presentan sin duda con un
carácter mil veces mas alarmante y bajo un aspecto
estraonlinal'iamente sombrío las anteriores reflexiones.
Compuestos en su totalidad nuestros curatos
de infe lices proletarios, que difícilmente ganan con
su trabajo lo necesario para su sustento y el de su
familia, es imposible que puedan hallarse en circunstancias
de pagar derechos por cada uno de los
sacramentos que se les administra. El parroco se
halla constituido en la necesidad de f>xijirlos; pero
haciéndolo, incurre desJe un principio en el ouio de
sus feligreses, los que, en vez de mirarle como un
hombre consagrado á su alivio y socorro espiritual y
temporal, lo consideran como un enemigo que solo
trata de sacrificarlos á su interes individual. Pierde
así el párroco en un mom(~ nto el pr(>stijio que le es
tan necesario para ser útil á los fieles que se le ban
encomendauo, y se hace á ellos odioso. Predique
cuanto quiera sobre la práctica de las virtudes cristianas,
ninguna influencia saludable tt'ndrán sus
exhortaciones, si no se halla en el ca o de apoyarlas
con su ejemplo. Si creen los rústicos ignorantes
que el cura es una persona in teresada, que no perdona
jarr¡ás sus derechos,que presencia impacible el
último sacrificio del infeliz por aumentar sus entradas
, es fu era de duda que abrigarán hácia él odio
entrañable , y des preciarán siempre sus consejos y
predicacion es.
Si pudiera yo hacel'os una pintura lle los inconvenienteH
que á e ste respecto palpamos en nuestros
curatos; si pudiera presentaros un cuadro fiel de los
males que por necesidad trae consigo la exaecion
de derechos, de los choques que diariamente ocasiona
entre los feligreses y su párroco, y, no pocas
veces, entre este y las autoriuad es, aparecerian eutónees
con toda su claridad los grandes obstáculos
con que tropieza esta costumbre , y se pa lparía la
urjente necesidad de abrof!arla. No es prec iso discurrir
mucho para convenC E' rse de lo impropio que
es poner á contribucion los actos del sagrado ministerio
del saceruocio. Exijir una cuota por la administracion
de l sacramento del bautismo, por ej emplo,
es una cosa que choca á la razon, y que á primera
vista se presenta como indigna e indecorosa. No
ignoro que por el sacramento no se puede dar ningun
precio, porque sería esto incurrir en el crimen de
simonía. Sé muí bien, que lo que se da, es en
razon del trabajo que eH administrarlo ti ene el
sacerdote; pero iqué difícil no es hacer estas distinciones
á la clase pob ~e é ignorante, que compone
casi en ~1 todo la numerosa feli~resía de nuestros
campos? Se les cobra el derecho fijado en el
arancel para el bautismo, y no hai cosa mas natural
que crean que lo que dan es el precio del sacramento.
Tanto mas fundado es esto, cuanto que
desgraciadamente es mui jeneral una practi ca que
se adopta con especialiuad en tiempo de mi s ion e ~,
y consiste en que el cura rebajanuo los derechos de
arancel, hace todos los casamientos y pone todos
los óleos que se prese ntan, cobranuo por cada uno
todo aquello á que alcanzan las fu erzas del contribuyente.
Esta colecta indigna es amenudo causa
de reclamos y disputas entre los curas de diversas
parroquias, produce dudas trascendentales sobre la
validez de los matrimonios, y recae toJo el uescrédito
sobre la relijion, que es la que mas sufre pOl'
este jénero de comercio que se hace de sus santos
sacramentos.
Mas nada son los ejemplos citados, si se tornan en
consideracion otros casos á que puede dar lugar la
exaccion de derechos parroquiales. Circunstancias
se pres entan en que á nombre ue la re-lijion pudieran
perpetrarse actos de dureza, que propenderian
necesariamente al descrédito de la misma relijion.
Llega á presencia de su párroco un feligres desgraciauo
que llora con amargura la muerte de su
padre, que lo deja en la horfandad, ó que lamenta
el fall ecimiento de un hijo que era todo el apoyo
de su ancianidad; Ó fin a lmente toca á sus puertas
el míserable que· ha. tenido la desgracia de perder
á su esposa, la ti erna amiga, la dulce compañera
de su vida, y, ¿á qué viene?-Viene á llenar el
mas triste y sagrado de los de beres, acompanando
los pr~ c. i osos y queridos restos á la santa mansion
~e los muertos, donde juntamente con esos d ~s poj os
t an queridos queda sepultado bajo la tíerra el
~mante c orazon del que los ha perd ido . En tales
tr ~,l.lces, que son los mas duros y terribles de la
vida? .mui natural era que espresase el cura, c uando
no los s en timi~lltos de una persona inmediata uniua
,~ sus felig r.eses por fuertes y estrechos vín culos, que
p1anifiest~ al ln¡é l~9s alma y corazon de hombre;
pero qpedq.n sofQca40.1;l e,e tos sentimientos, para ser
sostítuidos por otros gU,e rep!lgnan la razon y la
naturaleza. El párroco mism,o eJ1tónces necesita
a tender a sus intereses; y j euan.té,ts veces, obrando
cpntra los impulsos je nerosos de su cora~on, se vé
precisado ti agravar el intenso pesar, el justo dolor
de esos infelices, cobrándoles una cuota que rara
v.e z se hallan en el caso de pa6ar, Y estp no sin
g randes sacó neios! Lo que muchas veces sucede
es qu e, lp pudíendo satisfacer de otro modo Jas exÍj
enejas Lid cura, se \'~ e l pobre en la dura necesidad
de ven.de r l~ única vac~ que suministraba el sustento
á la hambr ienta familia, ó cosas tal vez mas neces
arias. Hechos de tal naturaleza lastiman el corazon
Jllénos susc e l;~íbte á las ti ern~s Í11spiraciones de la
piedad) porque tie11d~n á coutraria,r ~irectalIl e nte
EL NACIONAL.
la~ mas dulces impresiones grabadas por el dedo de
DIOS en el pecho de los hombres.
.M ui justo es tributar aquí un grato recuerdo á
algunos curas, que, adoptando una conducta con··
traria, se constituyen en una honrosa distincion de
todos los demas. Revestidos de piedad y de todas
las demas virtudes e vanjélicas, se consagran enteramente
á dispensar en todas circunstancias á los
que les están sometidos toda clase de be neficios,
s in curarse jamás de su individual intereso He conocido
párrocos respetables, ancianos ahora venerados,
(Iue han encaneciuo en el servicio de las parroq
uias, siendo en todas circunstancias verdaderos
padres de cada uno de sus feli ,rreses. Desprendidos
de todo interes personal y te;reno, son e l fi el tipCl
del sace rdote cristiano; y me complazco en decirlo,
un hombre de estos en la modesta esfet'a que ocupa
colocado en una humilde parroquia, presta á la
sociedad sen ' icios mas positivos y mil veces mas
importantes que los pomposos y brillantes llel hombre
de Estado. Los puestos honoríficos, las riquezas
y el prestijio de una posicion elevada no son bastantes
á premiar mé rito tan distinguido: razon
para que la humanidad viva siempre reconocida, y
recuerde con gratitud en todas ocasiones el nombre
y las acC'iones de su bienhec:hor.
ARl como me'ha sidG grato hacer un recuerdo
glorioso de algunos párrocos que honran su ministerio,
se me hace duro decir, que otros cuidan primero
de la pel'cepcion de los derechos que por el
arancel les corresponde, y despues del bien de sus
felig reses. No ni ego que esten los curas en su derec
ho, a l exijir las obvencion es 4ue les son de bidas:
rep ruelJo solo la dis posicion. Aunque es tambien
mui difícil g uardar pe rfecto tino en la exaccion de
estus derechos, haciendo la justa difer(>ncia que es
necesaria entre los que deben pagarlos y los que por
su pobreza están esentos de ellos. Párrocos ha habido
tan poco prudentes que no escrupulizaron en
lo menor sac. rifi car á los pobres, demandándoles sus
uerechos con una ex ijencia indigna. En desdoro de
e llos y para su vergüenza eterna, no faltaron ejemplos
entre nosotros de cadá vp-res insepultos, á los
que se negó el cura cubrir con tierra, porque no le
satisfacian sus derechos. La justicia, la humanidad
y la razon clarnan contra accion tan atroz; y nos
demuestran hasta dónde puede llegar d(> perniciosa
una facultad arbitraria puesta en manos de un
hombre como todos demas.
No hai tampoco quien ignore y pueda ponderar
bastante lo que sufre la moral c .. n los derechos de
estola. Privado del influjo nece:-ario para contribuir
al arreg lo de costumbrt-'s de sus feligr eses, yaun
odíádo por éstos, se en c u e ntrá~ él pár{oco imposibilitado
para ha.cer cosa alg,Una. de provecho en
bien de la moral de su feligresia. Ese misl!lu interes
que tl-quellos suponen animar al pá oco en el cobro
de sus derechos, influye de un modo fatal hasta en
las acciones mas indiferentes de esos hombres ignorantes
y sin cultura. Pero, no solo de un modo
indirecto se hace perniciosa á la moral de los feligreses
la conducta de su cura, sino que obra de un
modo inmediato y directo, siendo en mucha parte la
causa principal de las malas y depravados costurr.
bres. No á otra cosa que á los derechos parroquiales
debe atribuirse la espantosa escasez de
matritponios en la clase pobre. En la absoluta impos
ibilidad de satisfacer esos derechos, se ven constituiuos
en la necesidad de recurrir á ilicitas uniones,
sustituyendo al matrimonio lejitimo el corruptor
amancebamiento; recurso tan jeneral, que por un
c álculo prude nte puede decirse que una décima
parte de la poblacion pobre es el fruto sol amente de
lejítimas uniones, miéntras las nueve décimas restantes
son tristes consecuencias de amistades ilícitas,
reprobadas por la naturaleza, la razan y el bien
social. Y no se diga que esto es debido á la de pravacion
de costumbrt's; no: la clase pobre no es por
lo j eneral en el fondo corrom pida: tiene tanta docilidad,
tanta senc.illez y una bondad de carúcter tan
marcada;. que su mejor pruf:'ba es, que no se ha.ya
del todo perdido, estando como está, casi enteramente
abandonada á sí misma. Si esa horrorosa
a bundancia de amanceba mi entos puede en parte
atribuirse á la falta de moral, nadie dudará que en
su mayor número son un triste resultadl\ de los derechos
que ti enen que pagarse por contraer un matrimonío,
de rechos que la mayor parte de los pobres
no se halla en el case> de solventar. j Fatal manía
de imponer c o n ~ribu ciones! í Qué se haya llevado
tan sin tino, que han llegado á imponerse estas
hasta sobre lns acciones del hombre mas buenas y
conformes á la naturaleza !!!
Os he presentado un suscinto bosquejo de los muchos
~ r graves inconvenit-'ntes que se ol'ijinan de los
derechos parroquiales. Las ventajas incalculables
de su abrogacion y la necesidad de llevar pronto á
cabo esta medida por medio de la dotacion de párrocos,
apareC'e por sí sola, sin neceesidau de demostracion.
Desde el momento que se haya verificado
e ~ta reforma, se habrá quitado, un peso enorme, insoportaple
de los hombros de la clase pobre y numerosa,
la que no podrá ménos que bendecir la
mano benéfica que se lo quita. Será tambien un
resultado inmediato y necesario de esta medida ]a
reforma de las costumbres y el triunfo completo de
la moral en la~ acciones de una clase, que, si se
presenta vestida de malas habitudes, es solo porque,
sin mas patrimonio que el ue la ignorancia, se la
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deja abandonada á sí misma, sin proporci(¡narle
ninguna especie de ausilios para Ralir de (:' ~te estado
dephrabJe, sacudiendo el fllert~ yugo del embrutecimiento.
El cura, merced á tener a 'eguralla por la dotacion
su subsistent;ia, se despojará de ese aspecto
hostil y fun esto para sus feligrese~, y se presentará
re vestido de su verdadero y noble carácter. No se
verá en ade lante constituido en la dura y humillante
necesidad de ser alguna vez el perseguidor de aqu'el
que debia mirar como un hijo querido, de sacrificar
la miseria á su egoismo; y, arrojando la piel
del Jobo, vestirá la de paslor para ser el" ñel custodio
de su rebaño. Privado de este modo de todos
aquellos colores que ahora le hacen odioso á sus feligreses,
no será ya en lo sucesivo mas que el buen
padre de cada uno de ellos. Amado y re\'erenciado
de todos, ¿ qué bienes no podrán esperarse de su
ardiente celo por el bien de los fi eles que se han
confiado á su solicitud? Del esacto desempeño de
sus aug ustas func;ones ¿ qué beneficios hai que no
resultar&n á cada uno de ellos, hene ficios que inmediatamente
redundarán en beneficio de la sociedad
e ntera? Cun el cumplimiento desinteresado, fiel y
solícito del sublime ministerio parroquial: ¿ qué rápidos
pn gres os no hará entre la jente ignorante, la
cultura intelectual propagaua por los conocimientps
evanj élicos, por los principios del ('fistianismo esencialmente
civilizador? Colocado el cura en su verdadero
punto de vista, y arrastrando ' con las ::;im"
patías de todos sus feligreses, i no es de esperar que
fructifiquen mui pronto sus incesantes y anhelosos
cuidados y trabajos, consiguiendo ver en hreve restablecida
]a moral y verifica(lo un cambio completo
en las costumbres? Para mi, digo francamente, es
tan importante, tan de primera necesidad la dotacion
de párrocos, que el dia que esto se verifique
creeré que vá á realizarse una pronta y absoluta
trasformacion en ti uestra clase pobre, trasformacion
que será el oríjen de su bien y el principio de
su felicidad. Si quereiE', diria yo al que emprendi
ese la obra humanitaria de sacar á la gran may
oría h r. ci onal del estado de u¡iseria á que se vé
reducida; si yuereis aliviar su suerte infeliz; si quereis,
en fin, obrar su completa rejeneracion, en las
parroquias teneis todos los elementos necesarios
y suficientes para verificarlo. Reformándolas y quitando
lo~ obstáculos que pur abora se oponen a
que produzcan todos los bienes que están llamadas
a llenar, conseguireis con solo esto el objeto filantrópico
que os proponeis.
No faltan algunos demasiado tímidos que consideran
peligroso la dotacion de los párrocos porque
creen que esta medida podria: edundar en mengna
de la independencia y del decoro de ellos mismos.
Espíritus apocados que llevan siempre los principios
hasta la exajeracion, que no divisan la independencia
de la Iglesia,sino cuando está en lucha abierta
con las autoridau es, creen que sería indecoroso para
los curas recibir del Gobierno su dotacion, y que
podrian mirarse como indignos asalariados. Sí así
fu era, habriamos ue creer que PoI poder judicial,que,
segun la Constitucion, es un poder distinto é indepe
ndiente del ejecutivo, que los diversos ordinarios
y cabildos eclesiásticos de la R epública, son todos
asalariados indignos y ciegos dependientes del GobÍf'rno,
porque están rentados por él. Los que piensan
del modo arriba indicado incurren en un absurdo
injustificable, á que los arrastran sus principios
estraviados y e~clusivistas. Egoistas y faltos de
caridad, querrian mas bien ver al párroco agravando
la miseria y la desgracia de sus feligreses con esc andalosos
ej emplos, odiados por ellos como su tirano,
y sin otra al,ltoridad que para hacer el mal, ántes
que consentir que tuvieran asegurada por el erario
nacional una dotacion honrosa. Pero debemos
consolarnos con que es la suerte de toda reforma,
por santa y útil que sea, tener contrarios sistemáticos,
suscitados por el espiritu de partido y el
imperio de las pasiones. Las razones no deben
emplearse para combatir tales adversarios, porqne
no domina á la razon donde la pasion impera. Sus
clamol'es se de ben dejar pasar inapercibidos, sin dar
a entender en lo me n)[" que son racionalment.e
capaces de fij ar la ateneion.
El verdadero obstáculo, e l gr ande inconveniente
que en la actualidad se opone a la r eali2acion de
e"ta reforma, es la escasez de fondos del erario.
Pero no debe perd(> l'se de yista, que no es tan costosa
la dotacion de nuestros curatos, como se presenta
mirada de pronto, en ('.onjunto y sin relacion
á los antec edentes que obran en el particular. De
n;ngun modo y en caso ninguno convendl'ia que so
asignase á los curas una cuota superabunda nte dH
dotacion. Esta debe ser mas bien la que solo baste
á la sustentacion de un homhre, que debe suponerse
adornado de todas las virtuut's cristianas y apostó-o
licas . El lujo, la ostentacion y la vida. muelle en
medio de touas la comodidades deben ser desterradas
del sistema ó método de vivir de un buen párroco.
Ellas, al paso que forman un triste y odioso contraste
con las privaciones y la miseria de sus
feligreses, no son tampoco mui conformes á las
máximas evanjélicas, que rflcomiendan á sus ministros
una santa pobreza. Para que el cura tenga
prestijio entre los fieles que le t'stán confiados, y
reme entre estos y aquel union y confianza necesarias,
precíso es qne lleve una viua pobre como
¡ ellos, guardándose bien de p·únen:;e por rus J iqueza
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
á fa espectacion _ de estos, escitando ~a envidia y
los celos. Debe tambien tenerse presente que entre
nosotros hai muchos pueblos y provincias mui baratas
para subsistir; y en fin, que en la provincia de
Chiloé to"dos los curatos están dotados por el tesoro;
y que en esta metrópoli y las demás diócesis hai
muchos curas que, sin ser dotados, perciben un
sínodo anual del erario, sin perjuicio del cobro de
sus derechos. Teniendo en consideracion todos estos
antecedentes, fácil es ver que no sería tan costosa,
como á prim ~ ra vista aparece, la realizacion de
esta re~orma; y que el camino está no en poca parte
allanado.
Quieren otros que la uotacion proporcione al
párroc
glorias del ínclito .Saa, párroco de Tucapel, quien'
se condena voluntariamente á la esclavitud por no
abandonar sus ovejas, cautivas por los infieles. Y
aun hoi, ,Señor, ¡ cuántos hombres encontrarémos
dotados de ese mismo e~píritu, si bi~n encorvados
ya bajo el peso enorme del ministerio pastoral! Su
descanso, como aquellos, no 10 buscan en la tierra;
&Us premios los divisan en el Cielo. ¡Cuántas
veces habrán luchado en el corilzon de estos la necesidad
y la compasion; la necesidad que los obliga á
procurarse los proventos indispensables para subsistir,
y la compasion que rehusa recibirlos de la
mano del pobre!
Señor: habeis levantado la voz en la Facultad de
Teolojía, que os recibe t.>n su seno, para abogar por
un objeto quizá el mas importante, que, despues de
la conservacion del sacrosanto dogma, podrá ocuparla.
Ella está llamada á promoverlo, y v.os sereis
uno de los coloboradores mas eficaces e~ tan grandiosa
emprensa. lVli 1 motivos tengo para esperarlo;
vuestro talento, vuestras luces,yuestros sentimientos
llenos de jenerosidad, y sobre todo, el decidido empeño
que habeis tomado sierr;¡pre por todo cuanto
cede en honra
Citación recomendada (normas APA)
"El Nacional - N. 18", -:-, 1848. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3688333/), el día 2026-06-19.
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