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546 LA MUJER
Su misión en la tierra es de amor, de
fraternidad, de abnegación y benevolencia.
En efecto, ¿en dónde se siente un
dolor que ella no trate de calmarlo; en
dónde se vierten amargaR lágrimas que
ella no extienda su mano genero~a y caritativa
para enjugarlas; y en dónde estaHan
los terribles infortunios de la vida,
que ella no procure solícita y cuidadosa
remediarlos?
Pues bien; Vos, ilustre y poderosa señora,
que poseeis por excelencia la verdadera
grandeza del alma y la santa hidalguía
del corazón, podéis en vuestro carácter
de soberana de una de las naciones
más culta¡ y humanitarias del mundo, regulariz!
lr conforme al Derecho internaci0-
nal y al espíritu cristiano y civilizado que
priva en la época presente, la guerra civil
que actualmente sostiene vuestro Gobierno
contra las tendencias separatistas de la
Isla de Cuba, en donde los jefes de los
ejércitos españoles . tratan con inmútado
rigor, acaso sin vnestro conocimiento, á
los revolncionados cubanos, :l. qnienes luchando
hoy por su independencia, no
puede mil·ársclctl como á montoneras de
rebeldes, y menos como á trA.iuores de su
PAtria.
IJa mujer, á quien Dios ha dotado de
innatos y profundos sentimientos de benevolencia
y caridad, no reconoce razns ni
nacionalidades cuando se trata. do obrar el
bien. 'l'oda la humnnidad es su propia familia:
por todos pide, por todos ora y
para todoR tiene una. palabra de aliento,
una lágrima de compasión r
Po .. eso nosotras, eensible;o á las in~piraciones
del Evangelio y la moral, dirigimos
nuestras miradas haoia Vos, sabiendo
que, movida por vuestras 1·egias virtudes,
tendreis á mayor gloría el con vert.ir1)B en
esta solemne ocaai6n en la maternnl benefactora
de los desgraciados hijos de Cuba,
que ceñir en vuestrns augustas sienes la
poderosa y honorabiiísima corona ele la
noble y cat6lica Iberia.
Con este acto de ilustrada y alta política
mereceréis la gratitud y las bendiciones
de los pueblos de ambos hemisferios.
Gigante, Septiembre 5 de 1896 (Colombia,
en la América del Sur).
Elodia García de V., Julia Truj illo de
C., M atilde Claves de F., Ana Rosn Claves
de García, Judith Claves, Celmira O. de
Falla, Zolla Rosa García, Manuela Silva
C., Amelia Sil va C., El vira Falla, E lisa
Borra-o de O., Marta González de B.,
María. Antonia J~. de Luna, Emilia D. de
Ouéllar, Clementina Díaz de F., Virginia
Duque de B., Hortensia Poveda, CarolinA.
de Vega, Emilia Cuéllar E., Trinidad
Toro de 0., Amalia Cuéllar E., Otilin Ospina
T., Ana E. o~pina T., Lucrecin
Orozco V., Gabrie1a Borrero A., Manuela
Borrero G., Angelina Cleves T., Ana R.
Cleves T., Alicia Falla. O., Pepita Falla,
Rosa María Falla O., María de J. Vargas
C., Leonor Quintero T., Josefina Trujillo
D., Clotilde Ga.rcía B., Rafaela 1\Ionte&legre,
Felisa 1\-fontealegre, Teotiste Gómez,
Emma Luna E., Raquel Vega D., Clemencia
Durán F., Vicenta Trujillo l\1., Florángela
Vega L., María. Helena Cuéllar E.,
María Escobar de Cnéllar, :Mariana L. de
Vega, Limbania Cuenca, Sara Fajardo C.,
Inés P~rdo de Rey, SuMna Lnra, Clara B.
de Lnrn, Ana Jobquina B. de Borroro.
:LA ADO:LBSCZHTB
(CONSEJOS Á ÚNA lOVEN)
Ha terminado tu infancia: pasaron aquellas
l10ras trnuquilas y aquell >s díafJ que se
enlazaban los unos á los 0tros cual los anillos
de una cadena florida. Aún permaneces
adormida por el arrullo maternal, por
el canto del ruiseñor y por el ambiente
matutino que te Rnluda envióndote su hálito
perfumado. Todavía no has oído otros
rumoreA que lo~ del céfiro al juguetear
entre los árboles del frondoso bosque; no
has percibido otro murmurio quo el del
bullente arroyo, ó el aleteo de la maripoRa
junto al cáliz de un jazmín. Si tu A.ngelical
sueño pudiera ser eterno, te dejaría
goznr de él; mas como tu sueño ha de
durn1· tan poco, no c1uiero fior al hombre
y al mundo el cuidu.do de despertarte ...•
El inarmónico ruido del mundo es muy
estridente, y te ~enst.uría; al hombre es
brusco, y te haría despertar llorando.
Hoy verteré la primer!\ gota de hiel en
el apacible lsgo de tu vida; mns esa gott\
quizás te preserve de absorber un cáliz
haPta laR heces.
Te hallas en el crepúsculo de la vida,
en el paréntesis que existo entre la infancia
y la juventud, en el umbral del mundo
social, y quiero prepararte par!l entrar
en él.
Tus quince años son hoy la plataforma
que te eleva á una altura desde la. cual na
ves más que bellos paisajes y risueños
panoramas.
¡Oh! el a1ma tengo transida de dolor
al tener que hacerte descender de aq oellH
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548 LA I\IUJEU
has soñado, y sin embargo, no eerá tu
iaeaL
En el camino de tn vida tropezarás con
seres que entenderán el amor de mil diversos
roodo8, y te lo presentarán bajo form11s
distintas.
Los hombres que materializan y profanan
ese sentimiento hacen de él un Proteo.
El alcázar del amor tiene dos puertas: una
llamada sentimiento, y la otrn. semación.
Ciérra con premura todos loe, c~minos que
conduzcan á esta puerta, pues es la falsa.
EL nmor verdadero es la fusión de dos
seres en una unidad nngélicn y sagradn,
y la armonía de dos corazones unÍsC'nos.
Nndn hay más sublime que esta estrecha
asociación de doa corazone~, la cual permite
que los pesares se reduzcan á la mitad
y los goces se centupliquen.
Según el ilustre Víctor Hugo, ''el amor
es una parte del alma misma y de la rniflma
naturaleza que ella. Como ella, es una
chiApa divina; Cl•mo ella es incorruptible,
indivisiblt-, imperecedera. Es unn partícula
cle fn go que está en no~otros, C)Ue eR inmortal,
á la cual nada puede li cnitar ni
amortiguar."
El arn0r es un himno, es la más grata
y conmovedora de las armonías.
El nmor em bolle ce la vida; cuando se
ama, el cielo pa.l'ece más bello, el sol más
brillante, las aves más canoras.
Hombres hay de corazém pt'itrido, aunque
cubierto con sndnrio d~ tisú, que mienten
amore~. Hombres hay crueles que desgarran
el corazón de una tierna niña con
la más punible impavidez, cual pttñal que
no cuenta las !)alpitaciones del corazón que
atravie a. Poco te diré ncerca de estos
hombres, pues loe conocerlt! en la :frialdad
y hediondeE moral de su~ palabras.
Contra el hombre libertino tienes una
defensa on tus ojo.: la pureza de tu mirada.
Ante tu mirada caerán los pensamientos
impuros, cual murallas de hielo
des(>chas por foego purificador.
No creas á quien te pinte el sentimiento
con exuberancia ele palabras. En cosas tan
sagt·adas es preferible el silencio á la exageración.
Nada debe ser más respetuoso que el
amor.
El amor puro, el único que tú debes
ambicionar, se llama infatigable inspirador
de lo btleno.
El amor puro es un bautismo que purifica
el alma, bona todas las manchas que
la oscurecían v la inunda de luz.
El amor qU'o tú debes inspirar es el que
describe Platón:· ,., aquel amor que emprende
graneles cosas, conduce al camino
de IR virtud y no permite ninguna debi·
lidad.''
No Af\pires al matrimonio por lucir gnln!'t
ó por adquirir independencia. N o te cases
si no tienes el alma llena del sér á quien
has de unir tu existencia.
Casarse por amor es nna 16y divina:
casarse sin amar es cometer infracción en
la Ranta ley.
Nuncn hagas alarde de insensibilidad:
el más fnerte no es el qne no ama, sino el
que ama mejor.
El amor es la poesía de ln vida. El amor
es In paígina escrita en toda la creación.
Un alma enamorada e~ un arpa eólic:.,
un'l liru. pulsada por ángeles y serafines.
CoNCF:PCIÓN GntENO DE FLAQUEU;.
¡GB.ACJ:AS, DIOS MXOI
(I •. ÉDITA)
En el lecho del dolor
I~stá mi Lesbia qnerida,
Y hay desusados fulgores
En sus azules pupilas:
J.Ja fiebre las abrillanta,
Y cubren la faz divina
Calor que hiela mi frente,
Carmín qu& la torna lívi~a!
¡Cómo ;rden entre mis manos
Bus trémulas mnnecitas,
Qne yá. no ~e alznn &legres
Ni mi cabello acarician!
¡Con qué profundn tristeza
Está mi doliente niñn
Dándome en una mirada
U o a eterna despedida !
LR fiebre aumenta, Dios mio.
Se abrasa mi lsabelito,
Y á cada inHtante parece
Qne la abandcna la vida:
Y a ee borró de sus labios
IJa d u loe y tierna sonrisa,
Y su alabastrino pecho
1\Iás solloza que respira!
¡ Por piedad, Dios de clemencia,
No recobre~ todavía
Para el pensil de los cielos
Tu paloma fugitiva !
¡No apagues la pura. estrella
Ayer no más encendida;
No marchites la. temprana
Flor sin que la alumbre el dia!
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550 LA 1\-1 U J E R
yeoctos con familiar deleite; pues nada predispone
tanto el espíritu á revelar sns íntimo~
secretos como las rápidas corrientes
de la bebida.
En ese momento el hombre pierdd la
conciencia de la distancia. Sn horizonte
se circunscribe al círculo de su acción; y
lo que pasa á rm alrededor es como el
lienzo de una fantnsmagoría, en el cual,
por lo vertiginoso de la silneta, las figuraA
que Re presentan no alcanzan á colocarse
en E>l foco de luz de su cerebro.
Pierde pues, éste, por decirlo así, la
percepción ó el tacto intelectual.
Por esta razón nadie advirtió la llcgnda
de un marinero de airoso porte que se
presentó á la er;trada del comedor, obser-
• vó todo con especial cuidado el interior, y
lnégo Ae confnndió entre el grupo de Ril·Tientes
que iban y yenían.
-¿A quién buscáis, señor? pregLmt6
el mayordomo dirigiéndose al recién llegado.
-Al capitán Lorens, pero según veo,
mi visita es intempestiva, contestó el interpelado,
que no era otro que Chester.
-Yá lo vei~, señor; pero mañana temprano
podréis hablar al capitán.
-Sin embargo, el tfo Calixto habíaso
comprometido con el capit!t.n :í enviarme
aquf.
-Venís de parte del señor Calixto?
-Sí.
-Entonces ... debéis ser el futuro pa-riente?
)e preguntó el mayordomo con estudiada
urbanidad.
-Así lo creo, contestó Chester sonJ'iondo.
-Entonces, en nombre del capitán os
invito á que aceptéis b aopn.
-GraciaR; ya está hocbo eso.
-Pero al menos tomaréis una copa de
cognao. Venid, vemd conmigo.
Y el mayordomo, tomando por el brazo
á Chester, lo condujo á una pieza inmediata
al comedor.
Al llegar, brindó á Chester una silla. y
salió para volvel' en seguida con una bandejs,
una Lotella con licor y dos copas
vacías.
Llenó éstas, y ofreciendo una á Chester,
levantó la otra. diciendo:
-Por vue!St.ra salud y la de vuestra
novia. Y apuró la copa.
Chester lo imitó, aunque el entusiasmo
del mayordomo le reveló la revolución en
que ya' se encontraba su cabeza.
-Podéi~J hablar esta noche al capitán,
continuó el mayordomo con aire de pro·
tección, yo os buscaré la oportunidad.
Est~1 nevando; es mejor que esperéis aquí.
Yo tendré cuidado de renovar vuestra
botella; y si queréis oír y conocer al capitán
y sus con vi dados, no tenéi:i sino que
abrir esta puertecita (y señaló una practicada
en el muro), atravesar el pa.,auizo, y
podréis oír y ver sin que os vean. Yo
vendré á daros noticia sobre los personajes
que más os llamen la atención.
Sonó un timbre en el interior.
-Excusadme: solicitan rui presencia
allá adentro.
Y haciendo genuflexiones varias y estrambótica~,
el ruayorJomo se 1·etir6.
Chester mo llevo esta carta así? Habrá
que ponerlo otro sobre, p&ro ... ¿qué dirá
aquí Berta? Pobre niña!
Y Chester leva,nt.ó la hoja de la cubierta
y palpó la oarta sola .
-Está grande 1 se dijo aún más pensativo.
Cerró la cubierta, coloc0 la carta en
la cartera y enrolló ésta.
-Pobre la tía! ¡ Túnto que quiere á
su sobrina ! .
-Siempre me h& dicho Berta que su
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552 LA 1.\-IUJER
tliculos del edificio qne debe levantarse,
es como el hombre consigne burlar la
mala situación que frecuentemente se le
ofrece con la vida, y coronar la cumbre á
que aspira en la excelsitud de los dee;eos.''
El capitán Lorenzo se alzó de su asiento
y levantó en alto 5ll copa :
-Amigo capitÁ.n Rarncley, exclamó,
vuestras palabras son el evangelio. Estoy
de acuerdo con ellac;. Sí, só~o por medio
de cálculos preconce;bidos á. sangre fría es
como el hombre consigue burlar los tiros
de la fatalidad. En prueba de ello voy,
con permiso de mis convidados, á referiros
un acontecimiento que ·escá próximo á
verificarse, y que dar:í magníficos result:\dos
á su protagonista, que es nada menos
que una inteligente sobrina. mía. Oí d.
El capitán Sl\CÓ del bolsillo de au frac
una oarta, la desdobló y leyó en alta. voz:
"Querido tío: como César, vine, vi y
vencí.
Vue.tros consejos me han f!nlvado. Con
el cebo de mi hermosum v de mi~ d(>sdcnes
he logrado volver loe~ ue amor lÍ llll
m1nino inteligente para los negocios pero
es tú pido para conocer el corazón !
El porveuir cM de él.
Dentro de pooo sert' el prim~r armador
de e lcuta, porque su principal, y~:~. viejo y
achacoso, pronto sucumbirá. Entonces él
será. el rey de la marina, y yo la rP-ina
de él.
Ocho años hace que estoy siguiendo
No me preguntéis la manera, porque
no sabré explicárosla; p6ro es lo cierto
que la mujer que siempre lo ha querido,
bajará dentro de poco al sepulcro, porque
se muere de amor.
Con la presente irá á vuestra cnsa mi
inocente prometido; mareadlo alÍn más,
1 fascinadlo y decidme si mis cálculos están
bien establecidos.
:Mi pndre va á invitaros n mi boda;
procurad venir para que ayudéis á vuestra
amante sobrina
'l'eodora."
-Qué os parece esta carta? preguntó
el capitán á sus convidados con petulante
ironía.
-Que vue~tra sobrina es nn alhaja,
contestó el capitán Ramcley con equívoca
som·i~a.
-Brindemos, pnel'l, camnradaq, añadi6
éste, por el talento con que el capitán ha.
interp1·etado mi· palabras.
-Por el capitáu Lorenzo) aulló Ramcley.
--Por la Hobrina idealh:ta! gt·itó un ma-rino.
-Por el fnturo armador de Calcuta!
dijo un tercero.
-Por la mujer que se mucl'O de amor!
expresó con solemnidad una voz.
-Por ella! exclamaron todos en coro,
desocupando sus copas.
CAPll ULO S. o
psso á paso su empre us. Quin~.:c días después de los aoonteoi-
Si él hubiera sucumbido á la desgracia, mientoR narrados, y en una de las primejam'
hnbría obtenido mi mano; pero ras auroras de la prímnvera, velaba á la
triunfn, y á pesar de au e túpidn nrnor y cabecera rtel lecho de su hija la. 11.mante y
de sus quijotescos sueños de felicidad, me bctUdado a .l\1Rrta.
llevará al Rltar. T~odora, víctima da una n~bre Cirebral,
Dentro de diez díag se verificartÍ. mi ma- había escapado li la muerte, graoias á RU
trimonio, y dentro d'c quince partirá el J vigorosa organización y á los asiduos cuí ..
capitán Ramcley, quien nos ap.1.drinará,
1
dados de su familia.
en el primer buc¡ue que pued,, atravesat· Con los últimos hielos del invierno hlllibromente
el Océano. Chestor debe se- bía.n huído, corno blancos f:mtasmas, todos
guirlo dentro de tres meses, en el segundo sus sueños de ambición.
paqutbot mercante que parta para la India, Chester, abiertos los ojos de su alma por
y yo debo acompañarlo. Sin embargo, la dura pero experta mnno del desengaño,
como Chcster está solemnemente compro- habíase consagrado con generoso ardimi~nmetido
conmigo :1 llevarme á ésa 3 pasar to á. rennimar las moribundas esperauaas
la luna de miel, espero, querido tío, que de ]a. que durante tánto tiempo había sirlo
me ayudaréis á realizar mis planes. Poca abnegada mártir.
cosa. Oh! la esperanza! lampo que atravie¡a,
Y o quedaré con vos en vuestra casa y loa intersticios de los abismos del alma
Chester partirá solo para la. India. En para trocarlos en celestiales auroras !
cambio le pediré oro y más oro para sos- La esperanza! Una partícula de ella detener
mi rango, y RSÍ podré entrar en esa rramada en el av~rno, y haría. encender
vida de soñados placeres que apenas he allí horizontes de luz edénica.
entrevisto cuando he ido á Orleans. Bert~\ se levantó de su tumba.
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554 LA 1\fUJER
Duelo
Han muerto en eRtoe días la señora
doña 1\fatilde Llera¡:; de Sarmiento, la sefiorita
doiía Elina Sil va B., el señor don
Eduardo Zerda y el señor don José Groot.
A sus deudos enviamos nuestro sentido
pésame.
VX CASO J:XC:GN'TB.J:CO
Ea 1 una mujer y un hombre reciben
al pie del altar de Dios la bendición. Ella
blanca como una virgen, él como un neófito.
Aruqos con paso vacilante, el corazón
comprimido, la frente sudosa y fría, pálidos,
callados, ~erenos. Ella entra al estado
del matrimonio, él nó.
Por qué?
éJ, me dijo con voz fatigada, f&tigada por
su lucha interior:
-Soy un deegraciaclo 1 .Ayer, cuando
s0ñaba con la felicidad, ha venido la realidad
á matarme. ¿Te acuerdaE.; de aquella
tarde? ¿Te acuerdas de mi amor loco por
El vira? Tú sabes que mi dicha. la cifraba
en amarla y ser su dueño; tú sabes que
hace siete años que la adoro ea silenoio;
tú sabes que he trabajado por adquirir
méritos para presentarlos á sus pies; tú
sabes que mi Rituación no me permitía.
hacerla mi compañera. Pues bien: cuando
pensé en realizar mi sueño dorado, la
amistad y mi profesión lo han despedazado.
Mira ....
Y me entregó un pliego de papel sellado.
Sus reflexiones sobre los deberes que le
imponía Ia abogacía y la amistad Re extendieron
ha!'ltll muy largo tiempo después
de lo acostnmbmdo. Luégo calló.
Más de seis ai:os hacía que el doctor A.
ejercía en la ciudad sn profesión, cuando
le oaurrió un caso extraño. Bran proverbialea
au honradez y rectitud. Estas vir- Algún tiempo antes el diputRdo H. cotudes,
con su ilustración, su estudio, ener- noció á Elvira, y desde entonces in amó.
gía y carácter, le habían conquistado en Amrmte npaHionndo, la pidió su mano. H.
la sociedad un puesto re~petnble y digno. ero., como vulgarmente se dice, un b1,en
Jamás se habdn hecho cargo de uu nsun- pw·tido. Nunca la pobre Elvira. hubiera
to en que no brillnra la ju~ticia. Jarnt\s convenido en Rer su esposa, si el doctor A.
habría terciado en sus prome aR. La nmis- In hubiese dicho sn~ aspiraciones, si hutad
le era sagrada, y sacrificaba en obse. biese tenido el mb ligero compromiso. En
quio de un amigo iU propio bien, ¡1ero la incertidumbre del amor incógnito de
jamás el ajeno. stt adorador A. y la certeza de 11na pro-
Aaí, con su const.lnte labor y con la posiciún franca, no cabía medio. Sn famientereza
de su conducta 18 procuraba hu- lia misma, llegadu. In hora. le observó que,
mildemente la. vida, sin que el oro que ó. si bien era oierto c¡ue el doctor A. parecía
veces ae ofrece á mauotücla~ lo hubiese que la amara, y era un hombro que la.
hecho tambalear. Recuerdo aún .algu.nns haría feliz, 1o ern. ignalmt.mte ~1.1eno se aade
sus reflexiones en una tarde en qne lo bía. en absoluto su pensamiento á este reu'
Yisitab~ en su apartado. La luz macilenta pecto. No había, pueR, cor.opromiso entre
apenas se deilizabn. por entra los criiltoles laq dos pnrteR, como diría un abogado, y,
y coriinajes de sus \"entanas. El sol, allá en conscouencia, pouía y debía ceder su
en el horizonte, moría con toda su magui-
1
mano á quien murmurando amor la pedía..
ficencia.; la tierra se cubría de luto, del Arreglóse en definitiva todo. El dipunegro
crespón que sale de las hondonadas, tado vol vería á su país natal, y de allí
cubre el valle, iiube á la colina y se aduer- regresaría á recibir su santa prometida.
me en la cumbre de la montaña; el dolor Antes de partir, queriendo echarRe un
18 levantaba en la inmensidad; el infinito 1 lazo que los ligara más, si no legal, si mole
daba su l!eno para sll última morada) ralmente, contt·ajeron esponsales y se diepara
su tumba!. .. Ah!. .. Quién muria- ron las argollas del ~ompromiso.
ra Qoro.o el l!ol l El-el doctor .A..--se pn- 1
aeaba. á lo largo de itt ha hitación, ya lentamente,
JP. con pnsos acGlei'ados, como
obedeciendo á ln intensidad de sus pensamientos.
Había cierta gravedad en su ro~tro,
cierta imponencia en su meditaciófl,
que no mo atreví á hablarle.
Al fin, corrióse las manos pot• sus cabellos
rizados, y arrimand() á mi silla la de
H. y .A., amigos viejos é íntimos, se
despedía11 en una hermosa mañana de
primavera. Sus caracteres, serios y reser''
ados, adquiridos, el uno por su profesión
-que habitúa á. guardar silencio y secreto
en todo,-el otro por su posición como
político, hicieron que ninguno de ellos
tratara de frivolidades. .Aquellas conTar-
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Citación recomendada (normas APA)
"La Mujer - N. 69 y 70", -:-, 1896. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3687074/), el día 2026-04-23.
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