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LA MUJER
mujer, pero conservando uno de los pies
en el terreno de la infancia.
Aún se juega.
Aún se llevan pantalones.
Aún vaga la sonrisa del placer en los
labios y brilla en los ojos la calma de la
conciencia.
Pero ¡ay! ya se ha empezado á reparar
que existen hombres en el mundo.
No son tan apetecibles las conversaciones
de las amigq,s
La de un amigo sería mejor.
Ya se sabe lo que es el trato de las
compañeras y se desea conocer el de los
oom pañeros.
¡Un C'Ompañero 1 ¡Un amigo!
E tos nombres suenan de una manera
deliciosa ~n los oídos de la adolescente.
.Margarita acaba de cumplir catorce
años.
Catorce primaveras, como diría un
poeta.
Catorce momentoR ele felicidad, como
dir:a un filó~ufo.
Es una graciosa mucbacha; morena, do
ojos negros, t·a:-gados y hermos os; püro no
tan h6nnosos como lo:; de fHl amiga Julia.
¡Pícaros e~pejos!
Si l\Iar"arita no tuviera en su enarto
uno de e!:los muebl e!-, c1nizn no hubi era
hecho la comparaciún.
Julia habita en el mi mo ce lP gio y gó.bincte;
apenas e . eparnn y . iempre . e
colocan abrazadas delante del luciente
cristal.
l\largnrita no es enYidio a.
ltma lo bastante ó. ~u compa:Ü.elll jan te') á un c~ncierto
de querube , a c:ni ·ian á todas h11ra lo.
bÍdos de laR col giala~.
Pero la clausura 110 es eterna, y al fin
llegfi el gran día.
Día beso3, que suponeu
otras túut \ ~ de pt:Jiun. de las compa.
fiera.' Je niñaz, "e ;~.bre ue par en par la
puerta. de la jaula.
1 ga ! i á volar r
El pajarillo encerrado tanto tiempo, va
á hnznr ·e al aire. Su primer vuelo tiene
que ser corto, para que la falta de fuerzas
no le obligue á caer.
Margarita hace su entrada en el mun-do
por la puerta de la casa de us p:;¡dres.
l'ero con el carácter de nilia.
¡Oh fatalidad!
E.·to e¡¡ lo que causa su martirio.
La adolescencia es un término medio
infeliz.
Se es demasiado crecida para jugar con
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468 LA MUJER
No ha sentido nunca una cosa parecida.
Ignora por qué es, pero no pueda olvidar
á Enrique.
Sus ojos aparecen sobre el papel de
música, y se equivoca al dar la lección.
La seda para el bordado se convierte
en sus cabellO!'~, y no puede bordar.
La voz de cualquiera parece su voz
dnlcí~ima, y se estremece cada vez que lo
nombran.
¿ Qné será esto ?
Esto es el preludio de una vida nueva.
El primer cosquilleo del alma.
Ln vanguardia del amor.
Ella no se acuerda de nada, no piensa
en nada, porque esa cosa que Biente no la
deja vivir más que para Enrique.
La arrebata una emoción qne no cabe
dentro del pecho.
Un &entimiento dulce y amargo, alegro
y triste.
Deseo que la alboroza y ruboriz:1. Satisfacción
que la lisonjea. Satisfacción que
le hace daño.
Necesita hablar, desahogarse con alguien
.... pero no quiere fiar su secreto {~
María ni á Amelia.
¿Por qué? ¡ Quiéu sabe 1 Acaso toma
causarles envidia, provocar sus burla:-; .....
ello es que sólo tiene coufianza en Juli~;
seguramente porque OH menor que ella;
quizá porque aún no tiene aspiraciones;
mas ¡ eR tan niña! ¡tiene dos años menos!
1 To obstante, preciso será consultar con
alguna.
I-hy sensaciones demasiado grandes
para que pueda abarcarlas un solo corazón.
Decídee;c y refiere en sec1·eto lo que le
sucede, lo que goza y anfro, poniéndose
encarnada á cnu!\ palabrn y adornon(h
cada ob ervnción eon una r;;onrisa.
Julia . escucb:~. di trnidamcnte, y pot·
t.oc1a respuesta dejn escapar una carcajada
burlona; una de esas carcaj~dos que dicen:
o, hn~ta que fué interrumpida
en sns meditaciones por la voz severa
y un tanto sarcástica de un anciano pescador,
en cuyos ojos brillaba la rectitud de
un carácter inquebrantable.
-Qué haces, Berta? Te ha encantado la
sirenita del mar ? Toma las redes, ata. los
hilos bien en los nudos y remata las maJlas.
-Está bien, padre, dijo la joven levantándose.
Tomó una pesa.ia red de manos del pescador,
volvió á. su puesto, y con una especie
do febril ahínco se puso al trabajo
sin levantar más la vista.
Iba la joven en la mitad de su obra,
cuando sintiendo que la cubría una grata
sombra, levantó la vista.
A su espalda, dulce y sonriente, se destacaba
la gallarda figura de un joven pescador,
el cual sostenía en sus manos, sobre
la cabeza de la joven, un trozo de lienzo
de una vela, con el que la formaba una
especie de tolda.
-Conque después de seis días de fiebre
te expones nl rayo del sol? Quieres
morirte? La dijo el pescador con acento
de dulce reconvención, mientras la joven
lo contemplaba con una de e~as miradas
Vbgas, flotantes, por decir lo así, que son la
expresión de esos seres que, sintiendo de-
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470 LA MUJER
masiado fuego en el alma, tienen miedo de La última frase del pescador valía más
sí mismos. para Berta que todas lns cruces de honor
-Qné quieres, Chestcr? La cabaña me del mundo entero. (Crmtinu.ará).
abruma, la playa me atrae con no sé qué
magia; acaso la costumbre... tú bien lo EL VINO CON EL LLANTO
comprendes. Ademú!', me siento yá bien, 1 . .
aiíadi6 la joven con d u lee ~onri. a, al ver -:- .. ·Y la meJor de todas las muJer~s,
que el pescador se sentnba á su lado sobre Gntaba ~n hombre en la revuel.ta orgw,
un trozo de roca y observaba atentamen- Apenas suve co~o. flor de un d1a,
te su sembhmte. Para darnos brevJSimos placeres.
B' ? b' ? - 1en · 1en · Y ot10 qne el áureo líqllido espumoso
-Sí, casi bien. Toro~. ba á c;orb os con :fi11gida calma,
-Cae;i ... ? Gritaba: -Sí, seiíor, no tiene alma,
-Casi, porque lo dem:ís es obra del Ni tiene corazón. -El sexo hermoso,
tiempo.
Ese tiempo salió trémulo de los labios Decía otro F:abio de la alegre fiesta,
de la joven. Sin querer, . e traiciouaba á EH todo vauidad, su amor locura,
sí misma, y 1} dignidad ingénita de la Y el poco b1en que á medias nos procura
mujer se f.inhlevaba en ella. No vale nunca el llanto que nos cue::;ta.
El pescador no lo notó; ¡.or el contra- -Es un f'e.·o traidor; y RU pureza
río, con acento breve, Ja dij o : « l\Ie. ale- Es tan fiÓ]o falnz hirocre. ía,
graré, Berta, qn~ te alienteR pronto; ytí Otro héroe de la fie. ta balbucía
sabeR, de hoy en ocho días es ln bendición Perdida y!t la varonil cabeza.
de la barca del tío Ca l' .. ·to, el m:ts acomo-dado
de los pescadorcf'. r e. pué ' de la . y .h~ e. pnl
fuerza, de una m nern ncrvioF:a, que cnu.'Ó
en Berta male tar inexplicable, pue con·
tinuó en ~ilcucio su tro bajo.
El pe~cndor se lov.nnto:
- rliós, mi linda Bethy.
-Te vas?
-E .. toy comprometido á n.yndar esta
Todos callaron al recuerdo sanlo
De la n ble mujer que diólc. ·ida,
Y con el nlrua triste y comnovitla
Allí uuieron el Yino con el llanto.
JULIO .A. VIECO.
MOD S tarde nl buen CalL · to á prer nrnr el diía·
roo pam sus redes , y debo rcgrc ·u tem-prano.
Te haeré una linda sarJinata. En FL SERVIC IO DE MEs ...
''erdad, omo el oi:l:o día te oí docir qne l."o ha cambiado mucho. La comida se
Citación recomendada (normas APA)
"La Mujer - N. 59", -:-, 1896. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3687064/), el día 2026-04-23.
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