Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
(liS de Olclem bre)
SOBU PlUP'
( C'oftHttv~).
ILOS R A
únicos agentes de la w J¡,
TRADA en Zipaquir , conti úan en
el ejercicio de la profesi6n de
Abogados. Su oficina está sit ada
en la plaza principa1, acera Sur,
número 74. Direcci6n telegt·áfica:
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA I ·L USTRADA
A~O !--VOLUMEN 1 SEPTIEMBRE 30 DE 1899 NÚMEROS IÓ y 17
FALLO
DEL JUR DO DE LA SECCIÓN DE BELLAS ARTES EN LA
EXPO ICIÓN DEL 20 DE JULIO DE J 899.
-~0~-
Seiior P1c idenle de la Junta 01gauizado1a de la É:rposición
del 20 de 'fulio de I899·
N o e fúcil ni agrad;, ble empresa la de ser juez de
aptitudes y méritos .::trtístico en un medio en donde,
por la infancia del arte, el criterio público no está suficientemente
ilu trado o re tan refinada manifestadón
del espíritu, de lo cual suele resultar que el fallo de
BUSTO DE SEÑORITA
por Pedro L. Martín. 2. o Premio en el Ooncur.w de Escultura.
un jurado no satisfaga á unos, porque opinan que los
cultivadores del arte, donde tan mal retribuído se encuentra,
ocupan una ~úspide adonde no debe llegar
sino el elogio; y los más, porque en su con.cepto no hay
los elementos de ilustración y serenidad necesarios para
poder emitir un juicio justo.
A pesar de las circunstancias apuntadas, hemos
aceptado el encargo ele ser Jueces del Concurso de Bellas
Artes, porque creemos que como miembros de una
sociedad, tenemos para con ella contraídos deberes á
cuyo cumplimiento no podemos sustraernos sin incurrir
en cohardía ó en egoísmo. Además, la confianza con que
caballeros tan ilu. traclos y patriotas como lo son los señores
que forman la Junta organizadora de la Exposición,
se han servido distinguirnos, nos alienta, á falta
de méritos, para poner nuestro modesto pero penosísimo
contingente en esta obra de civilización y de pro-greso
para la patria de dos de los miembros del Jurado,
y para el país que da noble hospitalidad á los otros dos.
La primera dificultad con que hemos tropezado al
iniciar nuestra tarea, es la falta de un Reglamento que
fije las atribuciones del Jurado y ]m; derechos y obligaciones
de los expositores. Consultado verbalmente sohre
este particular uno de los honorables miembros de
esa Junta, nos autorizó para proceder como á bien tuviéramos,
y, en consecuencia, hemos procedido de acuerdo
con la amplitud de tal autorización, ya que no hemos
podido tener por norma lo artículo de un decreto
ó reglamento que no existe.
Considerada en su aspecto general la Exposición
de Bellas Artes, presenta un hermoso conjunto formado
por cerca de eiscientas ohras, entre las cuales dominan
en número las pertenecientes á la sección de Pintura y
clentro ele ella han sido ejecutadas la mayor parte por
. e iioras y seño ·itas.
E.,, pues, nece ario hacer constar como primer resultado
que el arte de la Pi-ntur tiende en la capital á
tomar un serio de arrollo y que este hecho tiene influencia
ben 'fica en la cultura social y en general en
las co tumbres. En una palabra: h 1. habido notable progreso
en los doce últimos años, lo cual demuestra que
no han sido e tériles los esfuerzo que la Administración
pública y los particulares han hecho para llegar á
la satisfactoria etapa que marca el Concurso de Bellas
Artes, y que debe persistirse en no dejar debilitar este
movimiento, sosteniendo la Escuela de Bellas Artes y
vigilando su organización y disciplina y especialmente
la enseñanza seria del dibujo, aboliendo la injusticia de
que las puertas de sus talleres estén abiertas solamente
p~ra los hombres y no para las damas, fomentando esta
clase de concutsos periódicamente, dictando reglamentos
para su organización y creando serias recompen
as para aquellos que se distingan como artistas y
no como intrigantes.
En r~sumen: la Exposición de Bellas Artes de 1899
es un satisfactorio resultado como conjunto y una Leila
esperanza como tendencia general que merece ser sostenida
y estimulada.
Vamos Cihora á considerar ~Jgunos de los factores
de este importante conjunto.
¿Hay dentro de él algún grupo de obras que determine
la fisonomía de un pueblo, su pasada historia, su
aspiración del presente¡ puede un observador inteligente
formarse idea del estado de alma nacional en "este
momento, por una obra ó por un conjunto de obras que
la caractericen, como se revela, por ejemplo, el alma nacional
francesa en un Salón de París por la lucha intensa
entre una escuela que aplica con arte consumado
los secretos de la línea y del color á la producción de
obras del más refinado sensualismo en pugna con otra
esencialmente mística que por obra de reacción alardea
de sacrificar los recursos técnicos en aras de la idea
casta desprovista de las sutilezas de maliciosa habilidad,
como la sintieron los precursores del Renacimiento?
La fuerza de lo objetivo no hace difícil la respuesta:
no hay uno solo de los expositores de Pintura que haya
buscado inspiración para su obra en la historia nacio·
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA ILUSTRADA
nal, ni siquiera en las costumbres nacionales. Abundan
en la Exposición los retratos, entre los cuales hay gran
número copiados de fotografías; ocupa en seguida puesto
principal la pintura de flores, bodegones y paisajes;
la pintura religiosa apenas está representada por tres ó
cuatro cnadros, y el Antiguo Testamento, que siempre
ha sido tema fecundo para los artistas, apenas está representado
por dos cuadros ele escabroso argumento,
cuya vista ha sido vedada junto con la ele algunas academia
, á una parte del público, lo cual puede hacer
pensar á aquellos que son detenidos en las puertas.del
salón secreto, que en el templo del arte se ejecutan
obras que no corresponden á su misión civilizadora, y
por consiguiente moral, lo cual es un absurdo.
L::t 1-'obreza ele representación en el Concurso del
grande arte de la Composición, presenta á nuestra m~nte
un dilema que el tiempo se encargará de resolver, el
cual puede plantearse así: el público no compra cuadros
porque no hay artistas capaces de pintarlos, ó los artistas
no pintan grandes cuadro porque no hay público
suficientemente rico é ilustrado, para comprenderlos y
pagarlos.
Aparte del cuadro propiamente tal, queda al pintor
como medio de obtener recompen a ¡)ecuniaria el retrato,
y hé aquí por qué este género domina en el Concurso,
principalmente cultivado por los artistas que la
opinión ha colocado en primera línea entre aquellos
que se dedican al arte de la Pintura en la capital.
Entre estos retratos hay, como queda dicho, gran
número que son ejecutados por fotografías, post mo1ten
del modelo, acompañadas de elatos de los deudos más
ó menos seguros, lo cual da por resultado, generalmente,
retr::ttos que remedan ampliaciones fotográficas iluminada
, pues el talento y el dón de adivinación del
pintor no siempre pueden alcanzar á sustituír la obra.
sugestiva del modelo vivo, única fuente pnra de inspiración
y de arte en este ca o.
Hemos creído necesario dejar constancia, siquiera
sea somera, sobre nuestro modo de pensar en algunos
puntos de arte, autes de estudiar los detalles del Concurso,
porque no aspiramos-y creemos que en justicia
nadie podrá exigirlo de nosotros-á entrar en la calificrtción
y premio de cada una de las seiscientas obra
que forman el conjunto de la Exposición, como si se
tratara del certamen de una es uela de primeras letras.
Juzgamos que la Junta, en representación de la Administración
pública que emplea una parte del dinero de
los contribuyentes en la enseñanza de las Bellas Artes,
desea conocer cuáles son las líneas alientes de ese
Concurso que han ele guiarla para la buena gestión, en
lo sucesivo, de esa parte ele los intereses públicos encomendados
á su vigilancia y fomento.
Vamos ahora á juzgar, después de haber considerado
el Concurso en su conjunto, cada una de las partes
que lo forman, para cuyo fin dividiremos las obras
expuestas en las siguientes secciones:
l. Composición.
II. Retratos.
III. Alumnos de la Escuela de Bellas Artes.
IV. Paisajes.
V. Flores.
VI. Señoras y señoritas.
VII. Escultura.
VIII. Arquitectura.
IX. Ornamentación.
l.-COMPOSICIÓN.
Juzgamos que una distinción de primera clase
corresponde al señor Ricardo Acevedo Berna!, p>Or el
conjunto de la obra expuesta por él.
II.-RETRATO .
Juzgamos que una distinción de primera clase corresponde
al señor Epifanio Garay, por el corujunto
ele Jos retratos expuesto. por él en esta ección.
III.-ALU . L O DE LA ESC ELA DE BELLAS ARTE$.
Creemos un acto de jnsticia el dejar constancia en
este informe, de que el buen re nltado de la Exposic:ión se
debe en parte al número con iderable ele obras presentadas
por los discípulos discípulas del . eñor Eruriqne
Hecio, Profesor oiicial de Dil njo y Pintura en la E . .scuela
de Bellas Artes. Dichos cuadros llevan de tal manera
marcado el e tilo del maestro que, confesamos ingenuamente,
no h mos sentido embarazados para dar 1 preferencia
á alguno de ellos. En justicia qui 'iéramo's que
se pr0moviera till nuevo Concurso entre aquellos lumnos,
p:~ra saludar el sio-lo que se acerca, con el ali iente
de una buena recompensa, en 1 cual los concufTentes
se sometieran á las formalidades que fijan los regl mentos
á los estudiantes ele bella artes de la m lo que .n? ~; babm hecho,_J lo que importaba, era
reahzar la diviswn del tono de una manera consciente
y cien~ífica. Examinemos en virtud ele qué principios
se obhene.
Antes de todo, hay que establecer una distinción
fundamental entre los colores. Existen: 1.0 Los colotesluz,
que provienen de la descomposición de la luz blanc~.,;
2.
0 Los colo~es-mate1ia, que provienen de ]a supreSlon
de determmados colores-luz en la transmisión de
la l_uz blanca al través de ciertas materias transparentes.
Ev1den~emente los colores así suprirrúd0s son los que
reconstituyen la luz blanca con los colores reflejados
por estas materias, y se llaman los colores complementarios
de estos últimos.
La suma de los colores-luz da el blanco. La suma
de los colores-materia da el negro.
Hay que señalar otra diferencia importante entre
los colores-luz y los colores-materia. Tratándose de los
primeros, se pueden obtener todos los colores del espectro
con el rojo, el verde y el violeta. Al contrario,
para los pigmentos (materia) los tres colores funclament~
les son el ~naranj_ado, el amarillo y el azul. ¿De dónde
v1ene esta dtferenci~~ El_ mecanismo, en apariencia oscuro,
de esta sensacwn VIsual, se aclara recurriendo al
estudio del principio racional de la poliocromía. Charles
Henry, que ha s~nt~c~o esta ,teoría, la ha designado con
el nombre de Pnncipzo del cwculo cromático.
Es la base de la estética del por enir.
Todo fenómeno de visión es un fenómeno ibratorio,
y por consiguiente de carácter dinámico. Lo es en
la J?ropagaci,ón de la luz, que es determinada por ondul~
cwnes de e ter. Lo es en !a r~cepción por el órgano
visual, qtte resulta de la excJtacion que estas ondulaciones
producen en el nervio óptico.
En uno y otro caso, son movimientos engendrados
por una fuerza, y la intensidad de esta fuerza así como
su dirección, varían según los colores que ~os hacen
percibir.
Partiendo ~e ~ste concepto, se ha llegado á formular
el teorema stgmen~e _que ha si~o experimentalmente
demostrado: toda vanacwn de dtrección de la fuerza
disponible proviene de una variación de excitación· ó
más exactamente: toda variación de excitación se ~anifiesta
por una variación de dirección de la fuerza disponible.
Para traducir e~to en una const~ucción gráfica, tracC?
mos. sobre una hoJa de papel un ctrculo, y en éste las
dtreccwnes que toma la fuerza cuando tiene una intensidad
máxima; apliquemos sobre estas líneas los colores
9ue ~esponde~ á esta f~erza máxima, esto es, de abajo
a a~nba, el rOJO progresl\~amente saturado; de ]a izquierda
a la derecha, el amanllo progresivamente satnr(ldo.
Tracemos igualmente las direcciones que toma la fuerza
c_ua~do ~u intensidad es mínima, y apliquémosles, de
abaJo a arnba y de la derecha á la izquierda el color
fundamental que exige la menor fuerza esto es' el azul progresi.v amente saturado. ' '
Sobre las direcciones intermediarias coloquemos
los colores secundarios en su orden. Veremos en el acto
que, los ~olor_es co~plementarios se hallan repartidos
segun dtreccwues ngurosamente inversas de tal modo
que la dirección que representa un desa~rollo mínimo
de fuerza está er. la prolongación de la dirección complemen~
ariG~: que , representa un desarrollo máximo y
hende a umrse á esta por el camino más corto.
El blanco es, según esto, un fenómeno de contraste,
del mismo orden que aquellos otros fenómenos bien
conocidos que derivan de que toda dirección evoca la
contraria.
. . ~s por u~ efecto ,an~logo que, después que un
tndtviduo ha gt:ado G~:lgu~ t~empo sobre sí mismo, le parece.
que los ob~etos. mm<;>Vtles que lo rodean giran en
senhdo contrano. D1recc10nes complementarias, colores
complementarios, son percepciones de la misma índole.
La ley de los contrastes presenta la misma generalidad
que la del ritmo ó del compás musical.
Que la suma de los cülores-luz produzca el blanco,
esto era imprescindible, púesto que cada pareja de direcciones
opuestas hace el color blanco, y que la adición
de todos los colores no es otra cosa que la reunión
de todas las direcciones posibles, consideradas de á
dos.
Que la suma de los colores-materia produzca el
negro, esto se comprende también.
En efecto, con cada pigmento se suprime el color
que, con su propio reflejo, formaría el blanco. Se suprimen,
pues, en resumidas cuentas, primero á la izquierda,
en seguida á lá derecha, tod~s las direcciones comr-
lementarias. Se tienen, finalmente, dos resultantes
dirigidas hacia la derecha y hacia la izquierda, las que
represenfan colores muy saturados, de saturación máxima
á la izquierda, esto es, un tinte negro.
Sentado esto, es fácil explicarse por qué las combinaciones
ele luces coloreadas, obtenidas, por ejemplo,
por medio de la rotación de discos · con sectores de distinto
color, no dan el mismo resultado que las mezclas
de materias, qne presentan los mismos colores en la
misma proporción.
De lo que antecede, se deduce que habrá que ennegrecer
el tono suministrado por combinaciones de
rayos luminosos para equiparado al que resulta de mc::zclas
de materias.
Pero, además, hay que evitar el blanco, y ahí re ide
la causa íntima de las diferencias entre los tonos
obtenidos de un modo ó de otro. Se sabe, por ejemplo,
que la combinación de luz amarilla y luz azul da reflejos
blancos. Al contrario, la mezcla ele pigmentos amarillos
y azules da un color verde.
Por lo mismo que los pigmentos tienden hacia el
negro, era necesario evitar el blanco de los dos componentes.
Hay un solo medio: es llegar á un color ó á una
dirección que no dé lugar á contraste. Pero ¿cuándo
deja de haber contraste entre dos direcciones? Evidentemente,
cuando es indiferente al ojo el tomar una ú
otra de estas dos direcciones, y la indiferencia aparece
en el momento en que los puntos de llegada y el punto
de salida son, los tres, equidistantes.
Me es indiferente ir de A en B, ó de A en C, si A,
By C están á la misma distancia unos de otros. Pero
si esta igualdad no existe, la dirección A B hace contraste
con A C, porque repre.senta una diferencia de
trabajo ó de fatiga.
Esta consideración da cuenta de la necesidad del
verde en la mezcla de los pigmentos azules y amarillos.
Para evitar el blanco ó el contraste de las dos direcciones
amarillo y azul, se elige una dirección que suprima
el contraste. Es la dirección que forma, con la del amarillo,
un ángulo cuya cuerda sea igual al radio, ó un ángulo
de 6o0
• Esta dirección es la del verde.
El mismo principio explica por qué, á fin de reproducir
el tono de una mezcla de verde y de violeta,
hecha sobre la paleta, se necesita agregar, si se combinan
los tintes por vía de retación, no sólo negro, sino
bermellón.
Del mismo modo, supongamos que se quiera reproducir
sobre una paleta una combinación de los dos cotares-
luz: violeta y carmín. Estando estos colores muy
• cerca uno de otro y lo mismo sus complementarios, éstos
son evocados por contrastes sucesivos. Resultaría
una percepción de blanco contra la cual es preciso reaccionar
aplicando azul de ultramar.
En resumen: las diferencias entre las luces y las
materias coloreadas no son una paradoja inexplicable.
Provienen de un fenómeno físico primordial, la absorción
por la materia coloreada de una cierta cantidad de
luz. De ahí se deduce que toda pintura hecha por los
métodos anteriores tiene una tendencia hacia el negro
que la imposibilita para realizar las luminosidades ex-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA ILUSTRADA
LEDAD
PAI ' JI~ DEL , E~O P.J.JJLO ROCHA. 'E tU~ DO PRE. IrO E.· E. TA E 'CJÓ .. EL CO. Cl'H
tremas de la naturaleza. Esta t nclenci:1 ha ia el negro
es como un agente depresivo que debilita e ta pintura.
Tom mos omo ejemplo la G1a!1dc :falle, de ellrat,
y consiclereiTIOS un decímetro cnadrado cubierto de
un tono uniforme. Sobre cada decímetro cuadrado de
esta superficie, encontraremos en una multitnd ele manchitas
todos Jos elemento. con:)tilutivns del touo. Miren
esa pradera en la ombra: unos toques, la mayor parte
verdes, dan el valor local herbo o; otros, :1naranjado ,
expresan el débil brillo de la acción solar; otros, purpúreos,
hacen intervenir el complementario del Yerde;
un azul cianado, originado por la proximidad ele una
alfombra de yerba asoleada, acumula . u rayita en las
inmediaciones de la línea ele demarcación y las deja
escasear á medida que no alejamos de ella. Esta misma
alfombra en pleno sol no admite sino dos elementos
para su formación: el verde y el anaranjado solar. Toda
otra reaccion está suprimida bajo tan furiosa irrupción
de luz.
Como el negro es la negación de la luz, este perro
negro se teñirá de las reacciones de las partes herbosas.
Su · dominante será, de consiguiente, el purpúreo
oscuro. •Pero no dejará de ser afectada también por el
azul oscuro que suscitan las luminosas regiones inmediatas.
Este mono llevado de una soga, será puntuado
de amarillo, lo que es su cualidad per onal, y mo~queado
de púrpura y de ultramar.
Todo esto, evidentemente, cuando se indica por
escrito, tiene cierta apariencia brutal; pero cuando se
practica sobre el lienzo, se armoniza en un conjunto
completo y delicado. Estos colores, aislados sobre la
tela, se recomponen sobre la retina. e tiene así una
mezcla no de colores-materia (pigmentos), sino d'e colores-
luz.
Los pintores impresionistas se han preocupado
también de las modificaciones que sufren los colores
por aria causas. Algunas de e. ta. transformaciones
son debidas á reacciones químicas, otra á la acción de
luz, : otras á la del tiempo. De semana en semana se
podría11 seguir lo· cambi0s cxp rimentad?s por los tonos
anaranjados. Cierto azules pasan a blancos. El
blanco de plata que tiene ba e de pl~mo, enn~grcce; el
blan o ele zinc que no pr senta este t,nconveme?te, cubre
mal, débilmente, el lienzo; habna q_ue adJuntarle
otra materia para darle uerpo, la magnes1a tal vez.
El verde veronese, indefectiblemente presente sobre
la paleta impresionista, es á vec;s de ~obre. Mezclado
con blanco á base de plomo o de zmc, se deteriora,
y ¿cómo obtener un erde eronese con base de
zinc?
A fin ele evitar las sombras que resultan de los empastamientos
los impresionistas aplican sus colores de
plome. Colo~ada por toques aislados, su pasta puede
jugar elásticamente; se evita así el peligro á que está
sujeta la pintura tradicional, que, al secarse, se cuartea
por grietas. Los embebidos desapare~en d trás de u?
vidrio lo mismo que debajo de un barntz. Es de consiguiente
preferible no dar á los lienzos una capa de bar-niz
y protegerlos con un vidrio. . .
Están entonces preserYadas del ·uara_;e, que es mevitable
con la mayor parte de los barmces. E~1 fin,
como el marco dorado destruye los tonos anaranJados,
conviene adoptar el marco blanco, que ~s el marco clásico
del impresionismo, y cuya neutralidad es favorable
á todos los tonos vecinos. Para atenuar la crudeza
del blanco franco es preciso que éste contenga algo de
amarillo de crom~ claro, de bermellón y de laca.
El afán de constituír al rededor de los personajes y
de los objetos una red de sensac.iones luminC?sas, indujo
á los impresionistas á descnbnr que no ext ten en la
naturaleza tintes .fijos, sino que todos, completándose
con las innumerables influencias de los colores ambientes,
se atenúan se armonizan, se modelan, como el sonido
sobre la p'alabra. Vieron también que. los temas, en
la naturaleza no debían á los ojos del pmtor pasar de
ser un prete~to para disponer aglomeraciones de áto
mo de sombras de luminosidades. De ahí vinieron '
pen~ar que el pe/sonaje, este elemento pernicioso tal vez
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA ILUSTRADA
ROSAS
CUADRO DE FRANCISCO A. CA~O. PRIMEH PREMIO EN LA SECCIÓN DE 11 FLORES" DEL en, 'C Re-o .
(¿quién sabe?) y demasiado literario para la pintura, debía
ser tratado de un modo enteramente:! distinto según
fuera solo, t:!n un retrato ó bañado en la atmósfera del
ca m ro.
Solamente tiene que atraer y fijar la mirada del espectador,
imp~miéndole su carácter propio, el reflejo
de sus pensamtentos. Es preciso que sustituya con el
cortejo de sus pasiones, de sus tnstezas, de sus alegrías,
el interés de análisis, la resultar.te humana, que le son
propios, al estudio de las cosas que lo circundan.
Al contrario., en la naturaleza la importancia del
hombre debe de crecer en proporción de la que hay
que atribuír á la armonía universal de la luz. El personaje
tiene que rebajarse al rol del mero accidente de
un sér cualquiera á que únicamente nuestra inconsci~nte
vanidad puede dar más trascendencia que á un animal
ó á una cosa.
Los primeros lienzos de esta escuela fueron obras
de rebelión, de pesquisas atrevidas, sinceras,. ardientes,
y sobre todo, desdeñosas de esas contingencias mudables
que se llaman opinión y crítica. Dieron cosas bellas,
pero á menudo crudas, imperfectas, singulares,
llenas de defectos, peru que, r.in embargo atraían por
el sello de pasión luminosa que llevaban. '
Los detractores y los admiradores se despreciaron
con violencia. Para d público, sus cuadros durante largo
tiempo s~ parecier<;>n á una ll~via multicolor, cayendo
con apac1ble seremciad. Habta que adquirir la costumbre,
adiestrar el ojo para verlos. Es cuestión de
poco tiempo.
Ah?,ra, ¿es el pu_ntilismo la última expresión de la
revolucwn emprendtda? Seguramente el aire circula
en esos lienzos, la atmósfera se agita, palpita y vibra en
derredor de los personajes, detrás y delante de ellos
más franca, suave y luminosamente que no consiguie-~
ron jamás hacerla estremecer y vibrar los autores de las
obras maestras de las antiguas escuelas. Seguramente
también, los más de estos novadores son gente que cono-cen
admirablemente sn oficio. an Hevado muy lejos,
dígase lo que se quiera, los estudios de dibujo y ele modelado.
Si se les antoja pintar como lo hacen, e debido,
por cierto, á que opinan que realizan de este modo un
progreso especial.
Pero, por valeroso que sea el arte de los maestros
impresionistas, ¿han llegado á la viva realidad?
Después de la encarnizada lucha del pintor contra la
luz, el momento trinnfal de la última pincel;'lcla m;1rca
el principio rle las vicisitudes de la teJa. El tiempo inicia
entonces su obra, y nadie sabe si no transformará la
representación que se ha considerado exacta de las cosas
de una mera fantasía que tanto pa1 ticipa del ensueño
como de la vida.
En suma, el método neo- impresionista exige una
excepcional de)icadeza de visión y una extrema habilidad
de mano. Es accesible únicamente á los pintores: y
los aficionados deben tener buen cuidado de evitar el
ensayarlo.
Un cargo que se puede formular por el momento
contra la escuela impresionista es que, preocupada demasiado
del procedimiento, ha sucedido á menudo que
no se ha ocupado suficientemente de la idea. Es una
escuela que está en su período de juventud, de trabajo,
de tanteos. Siempre son acreedores á nuestra gratitud,
en arte. como en todo, Jos inquietos, los curiosos que
buscan, innovan, tienen horror al convencionalismo, y
salen de los caminos trillados.
La transformación de la técnica pictórica cunde
día por día, á pesar de la:; risotadas del vulgo y del desdén
regañón de cierta crítica, que se figura que el arte
puede quedar estacionariQ. Qué ilusión! Por su esencia
misma evoluciona sin cesar en busca del ideal, entrevisto
siempre, rosado á veces, alcanzado jamás!
La tendencia manifiesta de los principales maestros
impresionistas, y puede dt>cirse de todo el arte
moderno, los inclina hacia el simbolismo. A este respec-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA ILUSTRADA
to, hay una cuestión que conviene dilucidar; es esta:
cuando en un pintor se insinúa el elemento literario,
¿debe venir éste por el intermediario de la visión 9 tiene
que ser la visión la que sea modificada por un agente
psíquico? La contestación no se presta á dudas.
Un pintor que representara un paisaje triste, porque
sus facultades de literato le sugirieron que es triste,
obedecería á influencia~ que no tienen uada que ver
con su arte. Podría ser un psicólogo sutil; no cabe duela
que sería un pintor mediano.
Recíprocamente, un pintor que, colo ·.1do frente
á la naturaleza, pasa, al mirar
las di versas modificaciones de
la atmósfera, por estados de ánimo
modificados concurrentemente,
obedece fielmente al instinto
fundamental de su arte. En una
palahra, la luz tiene que ser la inspiradora
constante del pensamiento
de un verdadero pintor.
N o debe interponer entre él los
objetos todo el si tema de las concepciones
sociales, ni las innumerables
causas que nos convidan
á mezclar á los aspectos del mundo
exterior, lo alegre ó Jo triste
de nue tra alma; no debe hacer
autobiografía, y sea dicho de paso,
el precepto se aplica al escritor
también.
En lo de ..¡.dellll o, ha de quedar
un anotador impasible, y concentrando
su atención hacia afue-
1a, erá el 'tlma de las cosas y
del silen io luminoso. No entristecerá
los crepú culos con su melancolía
humana; dejará que lo
entristezca á él la melancolía que
la naturaleza les comunica. Agré-guese
á todo esto el variado cortejo
de las sensaciones que convergen
hacia la aspiración á la luz,
alma de la pintura, y se comprenderá
que así pueda edificarse -
a~í se edifica en efecto-un símbolo
concreto absolutamente opuesto,
pues procede de una arte de
síntesis, á nuestro arte literario,
que es de análisis absl1acto é inmaterial.
Y ]a línea qué es? Nada más
que el elemento, el más artificial,
por lo mismo que es el más humano,
en el conflicto del color y
de la forma. Si no estamos seguros
de nada, pictóricamente, ¿no
CENTENARIO
DEL GENERAL JOSÉ MARÍA CÓRDOBA
LA REVISTA ILUSTRADA une su VOZ á la de }a prensa
nacional para tributar homenaje al ilustre soldado á
quien tocó en suerte decidir las jornadas de Pichincha
y Ayacucho, después ele haber prestado serv~cios importantes
á la causa de la Independencia de Colombia
y de Venezuela desde 18rs. Ella acoge p:tLt rl'ndir dicho
homenaje gran parte de la Noticia biogu1jim del Ce-es
de la línea de lo que debemos GENERAL JOSE M.a CÓRDOBA
preferentemente dudar? ¿No es
la más· imposible de verificar de
las hipótesis estéticas?
(Jopt(J(J,o U euadro d~ lfJiptno~a-pintor v prour d4la Incüpen.dm'cirlr-
~
GASTON LELARGE.-PROYECTO PARA PABELLÓN COLOMDIANO EN LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE 1900, PRIMER
PREl\110 DEL CONCURSO DE ARQUITECTURA.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA ILUSTRADA
PLAZA DE ANTICOLI (rr LIA cE~TR.\L)
POR EL sr<::-oR RICARDO lOROS, Q "lE~ OBTl VO ~IEDALL DE f .a CLASE E~ L! SECCIÓ~ DE PAl AJ .
Tendríamo- que escribir más de un volumen si
qui iéramo seguir las huella<; glorio as de las tropas republi~
anas en las campañas de Venezuela, en 1817, r r8
y lo" primeros meses de r8r9.
" Hny que tenemo. patria, República y libertad
-dice D. Pedro Fernández Madrid;- hoy que gozamos
de paz y prosperidad, y sólo ele nuestras pasiones tenemo:-
i que tem..:r, no e fácil que con~,.,ibamos en toda su
magnituél er cúmulo de dilicult()des que se oponían á
tan extraordinarü empresa. Distancias inmensas y sin
C..'l.minos: llanuras m:tlsanas, anegadizas ( intransitables:
bo que5 e ·pe . .;o: y empinadas montañas: ríos y torrentes
sin puente:; por lo común, escasa población, ignorante
y p.:trle de e lb enemig.1: contrario3 pujantes, implacables,
activo3: para éstos los recursos de dentro y fuera:
para aquéllos las estrecheces, la desnudez, el hambre y
la miseria."
"No puedo pasar en silencio esa campaña de Apure-
escribe el Generat Santander-donde las privaciones,
las penalidadc~ y l0s peligrqs se acumularon para
probar nuestra constancia. Descalzos absolutamente, sin
ropa, sin recursos, y alimentados solamente con carne
mal asada y sin sal, deseábamos los riesgos para acabar
con gloria una vida tan amarga . . . Por entre mares
de agllas detenidas y ptivados de todo recurso, marchábamos
de una parte para otra en busca del enemigo, y
por fortuna la victoria premió siempre nuestros patrióticos
esfuerzos."
El 8 de Octubre ( 18 r6) triunfó Páez sobre López
en el Yagual. Urdaneta, Santander y Serviez mandaban
las fuerzas patriotas: 700 republicanos vencieron á 2,roo
contrarios; el 13 rechazaron á cañoneras realistas en que
tropas enemigas subían el río. En aquellos combates
se halló el valiente Ayudante de Serviez (r).
(1) Refiere luégo el autor de ls Noticia bwgrájica que el be·
nemérito Gen~ral 8erv1ez fue vilruente asesinado en el Chorre·
rón, no lejos del Cuartel general de Acha~utts, y que CóRDOBA,
después de aquella desgracia, quedó á lag mmediatas órdenes del
Ta1eroso Páez, á cuyo lado combatió el 14 del mismo mes en
Achaguas, donde vencieron á Juan Reyes Vargas, y el 6 y el 7
in tener (t la 'ista la hoja dt servicios de CóRDOBA
en realidad imposible segnir sus huellas, paso á paso,
en bs complicadas campañas de Venezuela, de m~nera
acertada; á la. vece casi lv p('rdemos de vista en los
multiplicado incidentes ele la gloriosa lucha; creemos sí
como sus otros biógrafos que prestó importantes servicios,
tanto á las órdenes de Páez como á las de Bolívar,
lo que le fueron premiados cr.n las ch1rreteras de Capitán
del Ejército republicano.
En cuanto lo permiten los datos que hallámos en
varios historiadores, hemo seguido á CÓRDOBA en esas
campañas; vamos ~hora á llegar á la que le dio libertad
á la Nueva Gran~cla, en la cual fue ascendido á Teniente
Coronel y en la que sirvió como Ayud::mte del Esta- .
do Mayor General del Ejército libertador.
Reuniéronse las fuerzas que _traía Bolívar de Venezuela
con la divi ión de vanguardia creada en Casanare
por Santander. Este Jefe, á cuyo lado estaba CÓRDO.E.A,
tomó la casi inexpugnable posición ele Paya, ventaja
que permitió á los patriotas trasmontar la cordillera de
los Andes, venciendo incontables dificultades, y ocupar
1a rica provincia de Tunja. El 11 de Julio combatieron
los republicanos con las fuerzas realistas, durante ocho
horas, en Gámeza: ambos ejércitos tuvieron grandes
pérdidas; el 20 de Julio estuvieron españoles y patriotas
frente á frente en Bonza; el 25 lucharon, con temerario
arrojo, en el Pantano de Vargas, donde derrotaron á los
realistas; y el 7 de Agosto, día inolvidable en la historia
de América, Bolívar, Santander y Anzoátegui, después
de encarnizada lucha contra 2,500 veteranos españoles,
los vencieron en el puente de Boyacá y tomaron
1,6oo prisioneros, entre ellos á su Jefe Barreiro. Aquella
batalla tuvo tanta importancia que dio libertad á todas
las provincias del centro de Nueva Granada, lo que permitió
organizar seriamente el Gobierno en Bogotá y que
de Noviembre siguiente (1816) en San Antonio y Banco-Largo,
combates en que también obtuvieron los laureles del triunfo; y
después rectifica el número y el orden cronológico de las ac~io·
nes de guerra en que se encontró CóRDOBA, sín duda equivoca·
das en otra& biografías.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA ILUSTRADA 255
E 'T DIO
POH LA S·-: ORlTA MA.TILDE RUBIANO. C ADRO PREMI DO CO.' ~lE DALLA DE 3·a CLASE E.:-.l EL CO. •ct:RSO.
éste tuviese recursos para auxiliar á Jos que vencieron
más tarde en Carabobo, Pichincha, Junín y Ayacucho.
"Boyacá --dice el historiador Mitre-es, después de
Maipú, en el orden cronoló~ico: la gran ~atalla su dame·
ricana. Estas batallas cambtaron los desbnos de la guerra.
Boyacá determinó la preponderancia de las armas
independientes al Norte del Continente, como la de
Maipú la había establecido en el Sud, tomando San Martín
y Bolívar la ofensiva al atravestlr los Andes, para
converger ambos hacia el punto estratégi~o de lz campaña
continental iniciada por San Martm. La Nueva
Granada quedó para siempre conquis~ada para las armas
republicanas; el poder de Monllo en yenezuela
empezó á quebrarse; los realistas quedar?n a1slado~ en
tres puntos del Continente-Venezuela,Qmto y el Peru;.la
República de Colombia se formó, y .las dos revolucwnes
del Sud y del Norte de la Amenca, empezaron á
condensarse y sus masas batalladoras. á operar su conjunción
á la par de los dos grandes hbertadores que las
· acaudillaban."
Las fuerzas españolas tuvieron que huír hacia Popayán
por la misma ruta por dond,e había . ~n;igrado
el G0bierno republicano en r8r6. Bolivar env1o a tod~s
direcciones columnas libertadoras: el Coronel AmbrosiO
Plaza persiguió á Calzada; Anzoátegui marchó á .libertar
el bajo Magdalena, misión que no pudo cumphr por
su inesperada muerte; el Teniente Coronel Maza.fue
enviado á formar una escuadrilla en Honda, y el Temente
Coronel CÓRDOBA fue destinado á dar libertad á su
suelo natal, el abrupto territorio de Antioquia. Gran?es
debían ser sus cualidades militares cuando fue escog1do
·por el Libertador para encargarle tan importante comisión.
Hasta aqt~í hemos visto distinguirse á CóRDOBA entre
las figuras de segundo término en el gran ~uadro_ de la
revolución· en adelante y antes de cumphr 20 anos, lo
veremos o~upar lugar prominente entre las de primero,
por su actividad, su audacia y su valor.
l[
CÓRDOBA salió de Bogotá para Antioquia el 17 de
Agosto; se embarcó en Honda con dirección á Nare y
en ese trayecto logró apresar á 76 soldarlos armados, de
los fugitivos de Boyacá; el 25 partió de Nare para el interior
de Antioquia. El ex-Gobernador Tolrá abandonó
á Medellín el 19, y CÓRDOBA avanzó sobre esa capital, encontrando
apoyo material y moral en las poblaciones
antioqueñas, todas adictas á la independencia, especialmente
Marinilla, donde había organizado fuerza considerable
el patriota D. José U rrea.
. . . El ex-Virrey Sámano, el que había huído desde
Bogotá hasta Cartagena por temor del cobmde Bolívat,
corno él lo llamaba, dominaba el río Magdalena con
fuerzas sutiles y enviaba expediciones destinadas á ocupar
las montañas de Antioquia, el alto Magdalena y el
Chocó. Francisco Warleta á la cabeza de 350 españoles,
que eran parte del regimiento de León, invadió á Antioquia
por la vía de Zaragoza y Remedios. El historiador
Restrepo, que en aquella sazón era Gobernador político
de Antioquia, refiere así lo sucedido en aquella localidad,
á principios de 182o:
"El Comandante JosÉ MARÍA CÓRDOBA estaba loco
á consecuencia de una caída de á caballo y .no había
otro oficial que inspirara la confianza que dicho Jefe por
su valor y actividad. Sin embargo de esto, el Gobernador
político excita para la defensa el entusiasmo de Jos pueblos,
y dicta las demás providencias que exigían circunstancias
tan peligrosas. Habiendo encontrado la más
activa cooperación de parte de los pueblos, se junta
una fuerte columna para repeler la invasión española.
Entretanto Warleta sube el Cauca hasta la ciudad de
Cáceres, atraviesa rápidamente una fragosa montaña y
sale al Yarumal ó San Luis de Góngora, cuando iipenas
se tenía noticia de su marcha por aquella parte. Entonces
ya el Teniente Coronel CÓRDOBA se había restablecido,
el que salió con 500 hombres en husca de Warleta,
que permanecía en Yarumal esperando los auxilios
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
, REVISTA ILUSTRADA
VIS1A DEL COSTADO • ' ORTE DEL SALÓN DE PI~T RA EN EL CONCUR O E 1899.
qne le habían ofrecido algunos traidores á la patria.
Atacóle en Chorro Blancos, donde fue batida una parte
de la fuerza española (Febrero 12). El resto huyó hacia
Cácere ; y habría perecido mayor número de soldados,
si CóRDOBA los hubiera perseguido vivamente como debió
hacerlo.''
El voto del señor Restrepo, actor en aquellas circunstancifls,
aunque severo, es sin duda imparcial y respetable.
CóRDOBA cortó las comunicaciones entre Sámano
y el Jefe spaño1 Calzada, que ocupaba el valle del
Cauca, con su triunfo evitó que combinasen operaciones
que podían ser de funestos resultados para la causa
de la independencia. Obedeciendo á un plan general de
opcr:;tcione:s ordenó Santander á CóRDOBA. que avanzase
sobre Zaragoza, para que dominase el río Cauca y llamase
la atención de los españoles, que ocupaban las llanuras
de Corozal y la ciudad de Cartagena; iguales órdenes
transmitió al Gobernador Restrepo, diciéndole que
Bnlívar las l~abía dictado en Santa Rosa el 30 de Marzo
de r82o y que según lo dispuesto en San Cristóbal, el 4
de Junio, debía levantar un cuerpo de caballería, desti- ·
nado á auxiliar al Teniente Coronel CÓRDOBA.
El 23 de Junio, en el Cuartel general del Rosario,
nombró el Libertador á CÓRDOBA Comandante general
de las columnas en operaciones en los ríos Cauca y
Magdalena y le encareció su reunión con el Teniente
Coronel Hermógenes Maza y la ocupación de Mompós.
Al avanzar CÓRDOBA sobre Z"' r, pueeto que lo esperab11 en Pasto Cuando
estaba en Bomboná, ya sabía que CóRDOBA no iría á reunírsela,
pues le decía al Coronel Jacinto Lara, ell5 de Abril:
"Ya vamos á tomar la ofensiva, aunque con el dolor de no
haber podido incorporar al ejército las columnas del mando de
usted y del señor Coronel C6RD0BA."
(2) BucRE, Parte de la batalla de Pichincha.-JosE MARÍA
GROOT, Butoriaecle8iástica yci-oit de la Nueva GNmada, Vol. IV.J
. M. QuiJA.NO OTERO lib. cit.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
260 REVISTA ILUSTRADA
'' Entretanto el señor General CóRDOBA tuvo la orden
de relevar á Paya, con las dos compañías del Magdalena.:
y este Jefe, cuya -intrepidez es muy -conocida,
cargó,.conlun denuedo admirable, y desordenado el ene-
RETRATO DEL DOCTOR FROILÁN L.A.HGACHA
por la ieñorita Elena Largacha. Medalla de s. • clase.
migo y derrotado, la victoria coronó á las doce del día
á los soldados de la libertad. Reforzado este Jefe con
los cazadores de Paya, con una compañía de Yaguachi y
con las tres de Albión, per~iguió á los e pañoles, entrándose
hasta la capital, y obligando á sus restos á encerrarse
en el fuerte del Panecillo."
IV
Un derrotado de Pichincha, sobrino del tristemente
célebre José Tomás Boves, el devastador de Venezuela,
Benito Boves, insurreccionó á Pasto y á las poblaciones
inmediatas, llamadas la Vendée colombiana, al
grito de ¡Viva Fernando VII 1
Sucre fue destinado por el Libertador para apagar
aquella nueva rebelión, eón las tropas que guarnecían á
Quito, entre cuyos Jefes ocupaba lugar prominente el
ilushe CóRDOBA. Vencedor Sucre en el puente del Guáitara,
á la cabeza del batallón Rifles, fue vencido por los
pastusos en Taindala el 24 de Noviembre. En aquel
mismo sitio los derrotó completamente el 23 de Diciembre
de 1822. Rehechos de nuevo presentaron combate
en Yacuanquer. Sucre dijo lo siguiente al dar cuenta
del c:ombate, y lo copiamos por ser pertinente al objeto
de este trabajo:
" El Coronel CÓRDOBA, á la cabeza del batallón Bogotá,
arrolló el flanco derecho de los pastusos, mientras
los cargaba de frente el Coronel Sandes co.n Rifles. El
valor de estos oficiales y el arrojo de sus tropas decidieron
la jornada, poniendo á los rebeldes en completa derrota.
La noche puso término á la persecución."
Inmediatamente después de este triunfo se refugiaron
Boves y sus fuerzas en la ciudad de Pasto; allí los
vencieron otra vez los republicanos, en duro combate.
Aquella p1blación fne tratada por éstos como país enemigo;
sacrificaron sin piedad á los obstinados y valientes
·guerrilleros, y apagaron con esos triunfos la terrible
insurrección. Sucre y sus valientes tenientes llenaron bi~n
la difícil misión que el Libertador les había confiado.
CÓRDOBA obtuvo como pr~mio por sus servicios
en Pichincha y en aquella campaña el grado de Gene- '
ral de Brigada. El General Salom quedó de Jefe mi1itar
de Pasto, y el General CóRDOBA fue destinado á
Popayán con el cargo de Jefe de Estado .Mayor del
Ejército. ·
Pasto se insurr~ccionó de nuevo, á fines de 1823'
y el General CóRDO,B.A. abrió operaciones sobre dicha
ciudad á la cabeza . de fuerzas considerables, con el
ol?jeto de proteger al General Salom, que Sf! había visto
compelido á retirarse hacia el Sur. Hasta cerca de
Pasto marcharon r.ápidamente y sin inconvenientes
CÓRDOBA y su segundo el Teniente Coronel José B.
López, de cuyas Mem01ias tomamos estas noticias, é
intimaron rendición á quinientos pastusos, comandados
por Agualongo y Merchancano, hábiles guerrilleros.
EstcJs, en vez de ceder, atacaron á los patriotas ep
Chacapamha, donde fueron rechazados hasta la altura
de Tasines. .
De pués de este combate creyó CóRDOBA oportuno
repasar el J uanam bú; y en el difícil paso de aquel
correntoso río fue atacado con vigor por los realistas,
con nutrido fuego y on can tos rodados, que arrojaban
sobre las breñas entre las que corre el río. El valor
de CóRDOBA, el de su hermano Salvador y el del Comandante
López sal ó á la fue r7.a republicana, muy
inferior en número á la realista, de un completo desastre,
aunque fueron perseguidos tenazmente hasta
que pasaron el río Mayo y acamparon en el pueblo de
Veinticuatro. Allí vencieron á las fuerzas ele Agualongo,
que eran superiores en número· luégo se retiraron á
P0payán.
Llamado CÓRDOBA á ocupar puesto en el Ejército
destinado á libertar al· Perú, marchó á Pasto, que ha-
PERSPECTIVA. DE ESCALERA.
por la 11ñorita Mm'Ía Núñez. Medalla de s. • cla8e.
bía sido ocupado por el General Mires el 14 de Diciembre;
de allí pasó á Quito y se embarcó en el Pací-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA ILUSTRADA 261
fico, en el puerto de Esmeraldas, con el fin de incorporarse
al Ejército del Sur (1).
V
.... El jueves 9 de
Diciembre de 1824,
se encontraron frente
á frente s,8oo republicanos
y 9,ooo realistas
al pie de las alturas
de Condorcanqui.
Sucre mandába
en Jefe á los primeros
y con inspirada voz
les di jo al empezar la
batalla: "De los esfuerzos
de este día
depende la suerte de
la América del Sur!";
CóRDOBA era Jefe superior
de la derecha,
formada por cua-tro
batallones colombia-pletaron
el triunfo. La batalla se ganó en toda la línea, á
la nna de la tarde. Sucre y CÓRDOBA recogieron lo's me·
,no:->¡ la izquierda,
manda da por La
Mar, estaba compuesta
de peruanos;
Lara comandaba la
reserva, en la cual tenía
tres batallones colombianos¡
y en el
centro estaba Miller
con las caballerías.
Principió el General
Valdés la batalla atacando
á las avanzadas
de La Mar: el centro
realista también entró
en combate; el empuje
fue violento; en ese
instante Sucrereforzó
su izquierda y ordenó
á ÜÓRDOB que atacase
al enemigo, protegido
por la caballería
de Mitler. "El joven
General-dice Mitre,
- levantó en alto su
sombrero y dio la famosa
voz de mando,
que ha dado relieve á
su heroica figura:
'¡Adelante! ¡Paso de
vence3ores! ¡Armas
á discreción!' Y car,
gó con ímpetu irresistible,"
for m a d a s
sus fuerzas en dos columnas
paralelas, con
la caballería en el claro.
La División de
reserva, mandada por
Lara, hizo frente á la
derecha del centro
realista; que aún estaba
intacta, y la desordenó;
las caballerías
colombianas com- ANTES DE LA COHRID.A
(1) De nuevo suprimimos
varias rectificaOuadro
d~ Jj}ugenio A. Zerda, alumno de la Esctula de Bdlaa Artes. Medalla de 2.• clase en,¡ Concurso d~ Pintura.
ciones que hace el autor á algunos biógrafos de CóRDOBA; )as
noticias que da sobre la organización del Ejército en Paseo, don·
d3 CóRDOBA fue nombrado Comandante General de la División
de vanguardia; lo acaecido en la gloriosa jornada de Junín, en
donde no combatió Cónoo1u, y en el descalabro de Matará, sufrido
por la División de retaguardia mandada por el General
Lara, y llegámos á )a batalla de Ayacucho,
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA ILUSTRADA
jores laureles de la heroica jornada, la mayor en importancia
histórica de 1as que se libraron en la larga guerra
de la Independencia, la cual, en realidad, terminó allí.
Hasta el parcial historiador español D. Mariano
Torrente tributa honores á CóRDOBA, héroe en aquella
lucha decisiva, y al valiente y disciplinado ejército republic4no.
Lo acontecido en el glorioso campo le obliga á
decir lo sigui en te:
D. MANUEL JOSÉ PARDO
Pot Garay. Medalla de r.a clase.
"Dicha batalla fue completa y decisiva para las armas
de la República; todo lo perdieron en ella los españoles
. . . quedaron prisioneros de guerra los Generales
Canterac, Valdés, Carratalá, Monet y Villalobos, los Brigadieres
Ferraz, Bedoya, Somocurcio, Cacho, Atero,
Landázuri, García Camba, Pardo, Vigil y Tur y cuantos
Jefes, oficiales y soldados se hallaban con las armas
en la mano .•.. " (I)
"La carga mandada por CÓRDOBA-dice Vega-fue
el gran episociio de Ayacucho, el momento psicológico
que decidió de la suerte de la batalla, y con ella, indudablemente,
de la suerte del N u evo M un do."
"CÓRDOBA- escribe el historiador Groot- después
de decidida la batalla, trepa con sus batallones por las
alturas de Cundurcunca y hace prisionero al Virrey
Laserna, que en aquel día se había portado con el valor
de un joven."
Sobre el campo de batalla fue ascendido el héroe
á General de División. Hé aquí lo que escribía Sucre al
Libertador, al acabar de vencer:
uHe creído una justicia nombrar al General CóRDOB.!.
sobre el c3:mpo de batalla, y á nombre de usted y
(1) MARIANO TORRENTE, BiBtoria dt la Revolución hikpanoamericana.
Notamos la falta en la lista de prisioneros del Virrey
Laaerma, á quien capturó CóBDOB4.
de Colombia, General de División, y también á Lara,
por sus servicios en la campaña.
"CÓRDOBA se ha portado divinamente: él decidió
la batalla." (1)
El Libertador, después de conocer el parte de Ayacucho,
felicitó al General CÓRDOBA, que, como se ve,
fue el brazo de la batalla. Este, que ya se hallaba en el
Cuzco, contestó la felicitación con las siguientes pala-bras,
en que descudla la modestia, hija del
mérito positivo:
"Excelentísimo sefior Libertador del Nuevo Mundo.
"Mi adorado General:
"Con mucho placer he recibido la favorecida
carta de Vuestra Excelencia; Vuestra Excelencia
me honra demasiado cuando me ha
considerado capaz de alguna cosa; yo nada
he hecho; las tropas que mando, sin General,
sin Jefes ni Oficiales, las considero capaces
de hacer lo mismo. El señor General en Jefe
ha sido muy ligero en aseenderme, porque
poco he servido yo en esta campaña, y si no
hubiese cumplido con mi deber en Ayacucho,
merecía una horca. Mi General, con mucho
gusto voy á hacer saber á la División las memorias
de Vuestra Excelencia."
VI
El 25 de Junio llegó el Libertador al Cuzco,
antigua capital de los hijos del Sol, donde
fue recibido con grandes festejos y donde las
señoras ele aquella ciudad le obsequiaron una
corona de oro, joya de el gante construcción
artística, adornada con diamantes y perlas,
como prueba del grande afecto que le tenían
por su valor y por su genio. Esta corona fue
cedida por el Libertador al Mariscal de Ayacucho,
quien la donó al Congreso de C~lombia
y se conserva en la Casa de Moneaa de
Bogotá.
Al llegar Bolívar á La Paz, el r8 de Septiembre
de 1825, se le hizo recepción tan pomposa
como la del Cuzco, y también las señoras
de allí le presentaron una corona cívica de
oro, guarnecida con diamantes, la cual fue
donada por Bolívar al General CóRDOBA, como
hermoso emblema de las glorias que había
adquirido en Pichincha y en Ayacucho. Esta corona fue
enviada por CóRDOBA á la Municipalidad de Rionegro,
donde se guarda hasta el presente (2).
(1) Conocemoa uo mal libro, e!crito por el peruano D. José
Hipólito Herrera, publicado en Lima en 1862 y titulado El .Album
de .Ayacuclw. El tal Herrera, d~spnés de decir mil dislates
sobre lo acaecido en la batalla de Junín, por supuesto sin apoyarse
en documentos, hace una Relación de los Jefe~~ y Oficiales
que dieron la batalla de .Ayacucho, con expresión de su nac-ionalidad
En ella nombra á peruanos y á C'hilenos, hasta el número da
124 y á once colombianos. D. Hipólito exduye de su lista á SucreJ
á CóRDOBA, á Lara, á Silva, á Galindo, á Jiménez, á Carvajal, a
Herrán y á un centenar más de hijos de Colombia que se distinguieron
como Jefes y Oficiales en la gran batalla. Por casualidad
hizo figurar en 1&. l1sta al General D. José La Mar, natural d6
Guayaquil, entonces territorio colombiano.
(2) Se ve p·or Jo expuest0 que es inexacta la leyenda, referida
por muchos,. de que el J.ibertador donó una corona á Sucre,
como al vencedor en Ayacucho, y que éste, lleno de generosidao,
la pa~ó á las sienes del General CóRDOBA, diciéndole que era á
quien le correspondía por ser el vencedor en uquella batalla. Lf'i
tres héroes jamás estuvieron reunidos en la ciudad de los Incas.
-Omitimrs varios de los movimientos del Ejército libertador
en el Alto Pérú, que se refieren en la Noticia biográfica, y
algunos incidentes de· secundaria importancia en la vida militar
de CóRDOBA en 1825 y 1826, arios ep qne reeidió en Bohvia. Du·
rante ellos escribió varias veces al Liberta1or suplicá~dole le
permitiese pasar á Bogotá á sujetarse al juicio de un Cons~1{) ~e
Guerra, por haber ordenado la muerte de un sargento en Popa-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA ILUSTRADA
)¡?
.)
D. JOSÉ SEGUNDO PEÑA, POR RICARDO ACEVEDO BERNAL.
yán. hecho que ee ca'iftcaba de asesinato. De Chuquisaca salió
CóRDOB.\ con dire<·ción á Bogotá, en Agosto de 1826; pasó por
Lima y por quito y l'egó á esta capital en Septiembre de 1827.
Adelant~ vera el l<:ctor cuál fue el juicio y cuáles sus resultados.
Desp·.1és de ab5u ·lto visitó á su f11miliá en Rionegro, y en Marzo
de 1828 volvió á Bogot í y aceptó el cargo de Subjefe de Estado
Mayor General, donde sirvió al Gobierno manifestándose ardoroso
partidario del Libertador.
VIl
Un grupo de liberales, formado por jóvenes inteligeptes,
entusiastas y de porvenir, por algunos militares
de mérito y por varios extranjeros, resolvió dar muerte
al Libertador, que ejercía omnímoda dictadura. El 25
ele Septiembre de 1828 algunos de ellos atacaron á
man'J armada, y con la. resolución de matar á Bolí-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA ILUSTRADA
SOR TERESA, MUERTA HEROICAMENTE DURANTE UNA EPIDEMIA DE FIEBRE AMARILLA EN CARTAGENA.
RETRATO HECHO POR LA SEÑORA. D.a ROSA PONCE DE PORTOCA.RRER01 QUIEN OBTUVO DISTINCIÓN
DE 2.a CLASE EN EL CONCURSO.
var, el Palacio que éste habitaba en Bogotá. Conocidos
son los incidentes de aquel doloroso acontecimiento,
nacido del grande error que cometió el Libertador
al aceptar la dictadura, y de un extravío de los sentimientos
patrióti.cos, en parte encomiable, de los conspiradores,
que aspiraban á que la patria fuera regida
por un Gobierno constitucional.
CÓRDOBA, que dormía desde temprano de la noche,
al sentir el fuego montó á caballo, salió de su casa,
y al dirigirse á la Plaza ele Bolívar encontró, en la
antigua Alameda (hoy carrera 13) á algunos soldados
del batallón Artillería, y á su cabeza al venezolano
Pedro Carujo, que se retiraban del Palacio, ya
vencidos. Carujo engañó al General diciéndole que el
batallón Vargas se había insurreccionado contra el Gobierno
dictatorial. En esos momentos un grupo de soldados
de este batallón rompió fuegos sobre la partida
en que se hallaba CóRDOBA., quien victoreó en ese instante
á Bolívar. Al momento cesó el fuego, Cantjo desapareció;
los soldados del Vargas se unieron al General
y le informaron de la verdad de lo ocurrido y con él á
la cabeza marcharon á la plaza principal, donde encontró
á los Generales Urdancta, Herrán, París, Ortega y
Vélez y adonde poco tiempo después llegó el Libertad:>
r.
La casualidad de haberse encontrado CÓRDOBA
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA ILUSTRADA
con Carujo, dio motivo para que circulase la especie
de que el General era también conspirador, especie que
fue tomando cuerpo y que produjo á la patria funestas
consecuencias. Bolívar quiso s_epararse del mando, resignándolo
en el Consejo de Gobierno y perdonar á los
comprometidos en la conspiración; desgraciadamente
oyó consejos en contrario y perdió aquella ocasión de
levantarse por sn generosidad. También los militares
encabezados por ,u rdaneta y por CóRDOBA pidieron al
Libertador que no abandonase el bastón de la dictadura.
''Se continuó diciendo y se ha escrito que el General
CóRDOBA tuvo parte en la conjuración, por el incidente
de que ya he hablado-escribe el General Posadapero
hay un hecho que prueba concluyentemente lo
contrario: CÓRDOBA tomaba declaración al Capitán Silva,
y pregunt:lnclole que de dónde hubo, por orden de
quién y con q11é objeto las municiones que había distribuído
á los artilleros, elijo Silva: 'Que conteste esa pregunta
el Coronel Guerra, que dio la orden.' A semejante
respuesta, volvió CóRDOBA á ver á Guerra, y notándole
inmutado le tomó por el brazo, diciéndole con voz
de trueno: 'Usted es conspirador,' y mar.dó reducirlo á
prisión. Si CóRDOBA huhiera sido de los conjurados,
¿cuál habría· sido la rcsruesta ele Guerra, que no podía
ignorarlo?,
Otro historiador respetable, Qnijano Otero, dice lo
siguiente con respecto al incidente del encuentro de
Camjo con ÓRDOBA: "Al sal ir de Palacio, Carujo había
dacio murrle al Coronel Fcrgm:son, y lnégo á la cabeza
de una particl.t de seida
de la emoción que embargaba mi ánimo. ¿Era posible
que yo fuese la enfermera del antiguo prometido de
Leonor? ¿Me tocaría cumplir la hermosa tarea de llevar
la felicidad á esa joven á quien más quería en el mundo?
Pero yo debo asegurarme en mi descubrimiento, y
no aventurar nada, dije para mí. Volveré á la alcoba.
-He desempacado sus efectos, dije al enfermo;
usted encontrará todo en un orden perfecto, en las diferentes
alacenas. Entretanto, ¿será una extgencia indebida
preguntar á usted su nombre?
-¿Mi nombre? ¡oh! soy el Capitán Gifford, dijo
con prontitud.
Me miró luégo como con cierta tristeza, y yo no me
atreví á molestarlo más. Sabía la verdad; el corazón me
latía con violencia. Dile una excusa cualquiera, y un
momento después abandonaba el cuarto.
Eran cerca de las diez de la noche, y no me pareció
demasiado tarde para ir á ver á Leonor y participarle
mis descubrimientos. Encaminéme á mi cuarto, me
puse el abrigo y la gorra, y estaba justamente bajando
las escaleras, cuando oí el ruido de una llave en la cerradura,
y vi á Mr. Hertslet que entraba.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
266 REVISTA ILUSTRADA
-¡Oh! señora, dijo, cuánto me alegro de que esté
usted aquí. ¿Ha visto ya al enfermo?
-Sí, contesté, he estado con el Capitán Gifford durante
un corto rato; he dese m paca do sus efectos, y como
no creo que se le deba intranquilizar esta noche . ...
aquí muchas cosas á que es preciso atender. Además,
deseo -hablar sobre el asunto despacio con usted. Hágame
el favor de entrar á mi cuarto de consulta; dentro·
de un momento estaré yo allí.
Mientras hablaba, atravesó el vestíbulo, abrió el
cuarto de consulta y me
indicó que entrara. Cuapdo
me vio adentro cerró
tras sí la puerta. El cuarto,
alumbrado por luz
eléctrica, estaba. enteramente
claro, y sin embargo
sentía. cierta ofuscación;
un extraño presentimiento
de un peligro
próximo acudió á mi
mente. Tuve, no obstante,
muy poco tiempo para
pensar en ello, porque
dos segun,dos después entró
Mr. Hertslet.
-Ahora, dijo, estoy
dispuesto á escuchar á
usted; necesitaba ver á la
señorita Tref usis, y tenía
algo importante qué comunicarla.
¿Qué queda
usted decir con esto?
-He hecho un descubrimiento
extraordinario,
contesté.
Miróme fijamente, y
luégo agregó con ese tono
de voz, que á la vez que
miedo, me infundía respeto:
-Usted es una excelente
enfermera, pero es
lástima que sea tan impresionable;
porque esto
no conviene en una mujer
de su profesión. ¿Qué especie
de descubrimiento
puede haber hecho en
esta casa que la pone fuera
ele sí? Convengo en
que es usted una buena
enfermera, pero no puede
continuar siéndolo, si
no procura dominar sus
nervios y ser dueña de
sí misma,
-Eso nada me importa
por ahora, repuse
con impaciencia. Necesito
hacer. á usted una pregunta.
VISTA DEL FOYER DEL TEATRO COLON -Hágala usted.
E't\ DONDE TUVO LUGAR PARTE DE LA EXPOSICIÓN IND TRIAL
-Si la operación sale
bien, ¿piensa usted cas;-¡
rse con Leonor Trefusis
dentro de seis semanas? Se ven én. el.fondo, tf la derechu •. loa product1J de lafrÍó1'ica d'? tejidos deSamad envi-zdos por el prog1·esista ~ t¡ifatigable
empt·esario &eftor .Antonio Izquierdr;, lo& cuales han llamado la 8tención pública de mat~era especial.
- ¿ En dónde tiene
usted la cabeza, señora? Por supuesto, me casaré con
la señorita Trefusis; pero ¿á qué viene al caso un asunto
que usted conoce perfectamente?
-Usted se marchaba, repuso arrugando el entrecejo
y haciendo un gesto de interrogación.
-Estoy ar.siosa de ver á la señorita Trefusis, repliqué;
no es demasiado tarde, y tengo algo que comunicarla.
Yo procuraba hablar con calma, pero es el caso
que debía manifestar mucha prisa, porque á pesar de
mis esfuerzos, me temblaba la voz. Sentíame bajo el influjo
de tP.rrible excitación, y no hacía cuenta que ahí
estaba Mr. Hertslet, el cual me miró con fijeza y luégo
dijo con fría entonación:
-No puedo permitir que salga usted ahora. La
operación debe tener lugar mafíana temprano, y hay
-Tengo algo más que decir, le interrumpí. Usted
se comprometió con ella condicionalmente.
-Eso no le incumbe á usted.
-Sí me incumbe, repliqué. Usted se comprometió
con Leonor mediante una condición. Ella le concedió
su mano únicamente porque creía muerto á su antiguo
novio.
-¡Ah! usted se refiere á aquel añeju compromiso.
dijo Mr. Herlslet, con un tono de imperceptible alivio·
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA ILUSTRADA
Ni aun sé cómo se llamaba ese hombre; pero oí á Leonor
hablar de cierto asunto amoroso, en el cual figuraban
un muchacho y una niña. En todo caso, ese sujeto
está muerto. Es cierto que yo le dije á ella que si el
muerto resucitaba, me comprometía por mi honor á devolverle
mi palabra.
-¿Y usted. nunca
le preguntó el nombre
del novio?
-No, la cosa no
me interesaba, y quería
eludirla. N o pasarán
tres meses después de
casada conmigo la señorita
Trefusis, sin que
se haya olvidado de qt !e
ese hombre existía. Cariño
como el mío debe
ser ampliamente correspondido.
--Mr. Hertslet,
debe prepararse usted
para recibir una mala
noticia. El antiguo novio
de Leonor vive aún·
después de haber esta~
do al borde del ~e pulcro,
ha regresado a su país
y se encuentra en esta
casa. Se llama el Capitán
Gifford.
El cirujano, que se
hallaba ele pie delante
de mí, intió como un
desfallecimiento al oír
estas palabras, pero lnégo
se mantuvo rígido.
-¿Qué quiere usted
decir? replicó.
-Lo que acabo de
decir: que el antiguo
novio de Leonor es el
Capitán Gifforcl; que
está en el piso alto y
e el enfermo que tiene
usted á su cargo. Va ·a
u ted y hable con Leon()
r si no quiere creerme:
pregúntcle el nombre
de su antigt:o nnYio.
Ella dirá á usted
que era el Capitán (.iifford.
Si aún n0 da crédito
á mi palabras, díg
de usted que le enseñe
su retrato. Ese retrato
es el del hombre que se
encuentra en el piso
alto. Está vivo J es su
enfermo.
Al cabo de una hora volvió á entrar. Su rostro denotaba
tranquilidad y el poder de su mirada era el mismo
de siempre. Torció la llave al entrar y se la guardó
en el bolsillo.
- He comprobado la realidad de su aserto, dijo.
Ahora, usted y yo debemos entrar en arreglos.
-Tome usted
a·s·-iento, dijo M:.-.
Hertslet.
NOCHE DE L 'NA, POR JESVS l\IAHÍA ZAMORA· l\IE ALLA DE 2.3 CLA ~
Me arrellané en la silla que me quedaba más cerca.
-Ahora repita usted de nuevo esa historia, agregó.
Así lo hice, y cuando hube acabado de hablar, dijo:
-Tengo que salir un momento.
Yo di un salto, porque realmente me sentía aterrada.
-N o permaneceré en este cuarto, exclamé; necesito
ver en el acto á Leonor.
-Usted no la verá esta noche. Mientras yo me ausento,
debe usted quedarse aquí.
Se encaminó luégo á la puerta, la abrió, salió, y la
cerró con llave tras sí.
-N ó, respondí.
-¿Se atreve usted á desconfiar de mí?
-Sí.
-Usted podrá desconfiar cuando lo sepa todo. He
empleado una hora en investigar la verdad de su dicho,
y he hallado que está en lo cierto.
-Entonces, ¿no había dado usted crédito á mis palabras?
-En parte, pero nó del todo¡ tenía resolución de
buscar la verdad yo mismo. He visitado á la señorita
Trefusis, y por vez primera desde que estamos compr15t
metidos, hice alusión á su antiguo novio y hablé de él
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
268 REVISTA ILUSTRADA
con mesura. Ella se deshizo en llanto, pero yo besé su
mano y la hice presente la firmeza de mi cariño. Preguntéle
su nombre y algunos otro' detalles respecto .i
su persona. y ad e rn á~ \ i su retrato. U ~ te el tiene razón:
mi rival VÍ \'e y se c n c. 1 l!·1~ r.t en e ·t t cas:L ~"Vl:ti"hn ; t e:->pe-
-¡Cómo! ¿Qué significa eso? ¿Me retendrá usted
prisionera?
-Nada de eso.
- Entonces ¿cómo puede sellar mis labios?
-Ahf e. tá mi secreto. Usted no aldr:l ele aquí esta
BODEGÓN, POR LA , E; ORITA ANA FRANCISCA GÓMEZ. 3·a MEDALLA
ro realizar en él una de las operaciones más peligrosas.
Piense u ted en que ha puesto en mis manos un cas0
tan difícil. EL más leve extravío del cuchillo puede
traer consigo la muerte. ¿N o comprende usted cuán locamente
ha obrado, poniéndome al corriente de todo
esto antes de que se efectúe la operación?
Me estremecí al oír estas palabras; luégo, impelida
por el más inexplicable terror, caí de rodillas.
-Por Dios, no cometa usted un homicidio, exclamé.
-Levántese usted, no tengo de ello la menor in-tención.
Operare al Ca:pitán Gifford, y si ésta es mi resolución,
es porque la operación tendrá buen éxito. El
caso es demasiado crítico y de gran valor para mí; así
es que no puedo despet"diciarlo, pues será inmensa la
fama que ganaré con su buen desempeño. La ambición
y el amor corren parejas en mi persona, y como no
pienso sacrificar la una, por eso estoy resuelto á llevar á
cabo la operación. Se transferirá ésta, y de ello daré
buenas ra7-nnes al Capitán Gifford. Haré que le retengan
aquí, pero no se la haré hasta después de mi matrimonio.
Ahora, ¿ya va comprendiendo usted? Puede usted,
si lo tiene á bien, ver á Leonor, y aun permanecer á su
lado hasta el día en que nos casemos, ó puede también
desconfiar de mí.
-¿Quiere usted decir qne estoy en libertad de ver
á Leonor, pero nó de decirla lo que he descubierto?
-Eso es lo que deseo, pero usted hará lo que le
parezca.
-¿Qué otra alternativa me ofrece usted?
-La de sellar sus labios.
noche; mañana hablaremos nuevamente. Si usted me
hace entonces la promesa que deseo, quedaré seguro de
que la cumplirá y le permitiré volver al lado de Leonor.
Si usted se niega á ello, sell~ré sus labios.
Después de estas palabras, abrió la puerta de su
despacho y me indicó que podía salir.
Temblando de pies á cabela me encaminé á mi
aposento. Sentía un miedo horrible, y mis más vehementes
deseos eran escaparme de esa casa. Permanecí
allí durante dos horas, luégo bajé las escaleras, y traté
de abrir la puerta de la calle. Cuando estaba haciendo
esto, se presentó Mr. Hertslet.
- Vuélva usted á su cuarto, dijo con lentitud. sonriendo
de ese modo particular de que atrás he hecho
mención.
Volví á subir las escaleras como si me sintiera perseguida
por una furia, y me senté al pie de la cama con
el abrigo y la gorra puestos. El tiempo volaba; en la
casa se sentía un silencio sepulcral. Sobrepúseme á la
emoción que me dominaba, temiendo que de repente
me quedara dl)rmida. Resolví resistir al sueño y permanecer
levantada, pero al fin se · apoderó de mí, y me
quedé profundamente dormida. Un movimiento repentino
me despertó y abrí bien los ojos¡ en seguida hice
un violento esfuerzo para ponerme de pie, pero comprendí
que me hallaba imposibilitada. Mr. l! u·tslet se
encontraba en el enarto; había una linterna sorda colocada
sobre la mesa de tocador y la luz eléctrica brillaba
en el aposento. El cirujano se había inclinado sobre mí,
y me acercaba algo á la boca y á las narices, mientras
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
REVISTA ILUSTRADA
me tenía bien sujetas entrambas manos. Hice otro débil
esfuerzo por enderezarme, entonces el suave olor del
cloroformo fue para mí completamente perceptible,
sentí en todos los mie111bro la pe antez del plomo, y ví
caer en seguida. ¿Cómo le ha sucedido á usted esto, señora
Petronila? me preguntó.
De nuevo hice esfuerzo3 para hablar: se movieron
mi~ labio , pero ningún sonido salió de ellos.
t; .- 'L.\I'OE,, POH EGGE. TO PE.-;A. l\IE . CI:)~ H • OR. 'LE.
los ojos ele Mr. Hertslet lleno ele crueLI:lcl, fijos en los
míos.
--Se encuentra usted en mi poder, dijo; sellaré sus
labio ·.
Mientras estabél. hablando, las fuerzas me abandonaron;
parecíamP. no hall:lnne en el mundo, y no me
daba cuenta ele si había perdido el uso de mis sentirlos,
pues la memoria 111e abandonaba. Cuando al ti.n desperté,
ercL de día, las ventanas del aposento e Utban completamente
abiertas. Encontrábame tendid. , con la
cabeza contra el guardafuego de la chimenea. Sentí un
extraño entorpecimiento y acloloridas las sienes; pregllntéme
qué me había sucedido, y por qué me hallaba
en ese estado. Por unos cortos instantes reflexioné sobre
los suceso de la noche anterior. El novio ele Leonor
h() bía vuelto, le iban :í hacer una operación al día siguiente
y yo tenía el encargo ele asistirlo. Sin embargo,
no me apuraba por enderezqrme, ni las piernas parecían
prestarme auxilio para hacerlo. Entretanto se abrió la
puerta, y entró una sirvienta con nna vasija de agua
caliente. Quedóse sobrecogida de admiración cuando
me vio, y pcniendo apresuradamente la vasija en el suelo,
se dirigió al sitio en que me encontraba.
-¿Qué tiene usted? exclamó. ¿Qué le ha sucedido?
Hice un esfuerzo para hablar, pero no articulé palabra
alguna; solamente salió de mis labios un débil
murmullo. Procuré ponerme en pie, pero ¡cielo santo! el
lado derecho, con el brazo y la pierna, todo estaba paralizado.
Echéme hacia atrás, lanzando algunos quejidos,
y entonces vi un poquito de sangre en el borde del
guardafuego, contra el cual evidentemente me había
golpeado. La sirvienta, asustada y fuera de sus cabales,
salió del cuarto y á los pocos momentos volvió en compañía
de Mr. Hertslet. Este se acercó á mí y me observó
con atención.
-¡Cosa terrible! oí que murmuraba, y entretanto
levantaba mis paralizados brazo y pierna, y los aejaba
- Llame :1 la enfr.:rmera brt:l p •r:l qt·c la metan
en el lecho intnedi:1t;-~mentc, dijo h . Hcrt. Id volviéndo
e á la sirvienta. Es 1111 ;-~tétqtte
Citación recomendada (normas APA)
"Revista Ilustrada: crónica, ciencias, artes, literatura, historia - N. 16 y 17", -:-, 1899. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3686820/), el día 2026-04-04.
¡Disfruta más de la BDB!
Explora contenidos digitales de forma gratuita, crea tus propias colecciones, colabora y comparte con otros.