Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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419-CALl (República ele Cc;lombia) MARZO 9 DE 19' r
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fniodico ~U~rado, tuda~trial y ¡ouuion
Uheot.or, BL·\8 8· SC ·\ HPETTA
Un drama
(Traducido del francés)
La casita estaba situada-en una rinconada del bosque de }:lolonia, co·
muna de Neully.
Dos dormitorios que comunicaban, un comedor y una cocina, tál era su
comodidad interior. •
Son las dos de la mañana. poco más, poco menos; los postigos, hennéticamente
cerrados, impiden la filtración de toda luz; soló los carros de los
verduleros que van al mercado. ó un carruaje perdido en la noche oscur~.
turban el silencio sombrio y misterioso del bosque.
La víspera había caído nieve en abundancia, y se· extendía como una
sábana en contorno de la casita.
Adentro no se sentía ruipo alguno.
Y sin embargo, en la pieza del fondo, iluminada por la luz pálida y
temblorosa de una mariposa, una mujer, joven todavía, sentada, con los
ojos agrandados por la fiebre, velaba!
De tiempo en tiempo llevaba la mano al corazón como para comprimit·
sus latidos demasiado violentos.
- Sola! siempre sola! murmuraba. Para mí las noches interminables
y de insomnio, agitadas y tumultuosas! Para él el juego, siempre el
juego, nada más que el juego! Pero pronto vendrá para los u·es la mise-ria,
la espantosa miseria ! . . . . . . .
1 Y un sollozo ahogaba su Yoz, y sus ojos se fijaban, melancólicos y an-siosos,
en la cuna colocada á la izquierda de su cama, donde dormia una
hermosa criatura, con el sueño de los ángeles.
Inclinóse y aplicó dulcemente sus labios sobre la frente de la niflit.a.
El contaclo de aquel cutis tan suave y tan fresco pareció calmarla.
Quedóse inmóvil algunoR instantes, con los ojos fijos en el mismo pensamiento,
repasando quizás en su espíritu los primeros años de su matriJ
monio.
Ah! cuán encantadores fueron! ... . . .
Todo era sonrisas y encantos para ellos: ricos, jóvenes y llena el alma
de amor;
Qué felices"";.' diviiJOS días! pero cuán lejos estaban yá!
Una hija había venido á estrechar más su amor; al mi~mo tiempo, el
juego, el espantoRo juego había cogido á su esposo en su eng1·anaje de
acero, y entonces, poco á poco todo se había oscurecido, todo se había derrumbado:
alegría del hogar doméstico, tranquilidad del alma, todo clesa~
pareció.
Los usureros con ui'las de ave de t•apil'la, los alguaciles, los cajeros de
garitos infames, llamaron á sus puertas sin tregua ni piedad. Habian en-
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504G EL CORREO DEL VALLTp:)s::t sin preocuparse por el sueño en que está
sumida. Puesto que había ganado, podia repararlo todo.
-'-Juana! dice alegremente, míra! y muestra entre sus manos un pa-quete
de billetes de Banco.
- Juana! repite.
Silencio completo.
Acércase más, y le parece raramente pálida.
La niüá ha logrado acostarse al lado de su madre, y su linda cabecita
reposa sobre aquel corazón que ya no palpita!
Un frío mortal corría por las venas de aquel hombre. Cogió las manos
de su esposa. Estaban rígidas como las de un cadáver. Acercó el
oído al corazón: no había allí ni calor ni vida!
El era el asesino !
Loco, tomando un cuchillo de sobre la mesa. hiere por tres veces su
pecho.
La última herida es mortal: se ha partído el corazón!
Cae pausadamente al pie del lecho, y el ruido de su caída despierta á
1 la niña, cuya sonrisa ilumina por un instante aquella lúgubre escena.
i Pobre niña!. . . . . . . . . . . . . . ...
ALBERT SEMANOS •
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Ef_, CORREO DEL VA LI 50W
Visión del pueblo
Atardecer de oro en la calleja.
Cotidiana emoción. Desde la esquin?te
doy las s se han levantado poco de su nivel, que los tiene muy cerca de si.
1 Los lunares, los dPfectos, las imperfecciones que descubre en los caracteres
C'levados, en bs graAdes almas, son lenitivo á su pesar, alivio á
su padecer.
Son las vergonzantes y secretas dichas del envidioso.
Las faltas ajenas son las coronas de sus triunf . la degradación
completa de In. humanidad setía su apoteósis.
Y esto se explica fácilmente:
Consiste en que para el envidioso no hay más que an erite
comparación.
Se publica un lihro·excelente, un bello poema sin nombre de autor: los
ing-enios mediocres incapaces de escribirlo comienzan á morder al escritor
anónimo.
Si no logran nada por semejante medio, cambian de plan y se esfuerzan
en rebatir la opinión que se les atribuye.
Son también por este lado inútiles lilUS esfuerzos; pues apelan é. desvirtuar
su mérito repat·tiéndolo; dicen que uno lo ha revisado y correaido,
y otro ha escrito en él muchas páginas.
Pero su recurso más común en estos casos consiste en favorecer el
anónima, para evitar de esa suerte que recaiga la gloria sobre persona determinada.
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G0.)4 EL COHREO DEL VALLE
El en \'idioso desarruga el cei'io cuando, al o ir la historia de un hombre
afortunado, bajo cierto aspecto, se indica su malestar bajo otro diferente.
Cuando oye decir que tal persona es rica, palidece; pero al punto se
reanima si se añade que tiene muchos hijos.
En una palabra, el único medio de conseguir el favor del envidioso,
consiste en no merecerlo.
IV
Labor de la razón y la filosofía es modificar y calmar las pasiones del
alma, ó darles la vigül'osa dirección que dicta la inteligencia.
Suele suceder que los padres observan con sus hijos una conducta diametralmente
opuesta á la que debieran seguir, pues á veces, queriendo
despertar en ellos una justa emulación, lo que logran es suscitar en su alma
el sentimiento de la envidia.
Una educación esmerada puede corregir en su origen esta torcida
tendencia.
Y, apenas empiece á insinuarse en los nii'í.os, ape aparezcan los
primeros síntomas, debe procurarse despertar en sus pechos, primero el
s2ntimieto de la justicia y luégo el de la b3nevolencia.
iQué! ¿Cuántas veces no serán desgraciados aquellos aquienes por
juzgarlos felices envidian?
Muchas sonrisas de desdén ó de incredulidad habrán asomado á los
labios de Jos que, adoleciendo de esta ·enfermedad, hayan llegado á leer
hasta estas líneas.
Nada importa.
Creemos que no habrá pasado inadvertida su ley de comparaciones,
1
RAFAEL ROA
Himno al Sol
Chantecler
Tu Recas en las plantas clllanto m~tutino
Y haces, de una tlor muerta, mariposa yjyaz,
Al caer, cual si fueran páginas del destino,
J_,.¡g hojas del almendro que el penetrenclice; cuaja en miel el panal, .
\'entrando en cada choza\' en c;~da flor, sonnentt'
St> fracciona y no ohstantt~- qued:t ínteg·m y ardiente
Cu~d rptecla, aún reparticlo, el amor maternal.
Te tan lo! So_v lc\'Íla que ft tí Plent sus preces,
Y> ((aclios, mujer amada !n < <
Citación recomendada (normas APA)
"El Correo del Valle: periódico literario, industrial y noticioso - N. 419", -:-, 1911. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3686402/), el día 2026-04-04.
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