EL UO!fDOR
PERIODICO LITERARIO.
NUMERO 11 •
. SE PUBLICA TODOS LOS DOMINGOS.
LA SERIE DE 12 NUMEROB VALE 60 OVOS.
Editor responsable, JuA• C. A.GJIILA.B.
Agente general, Ltsuno R"BSTBBPO.
MEDELLIN.
IMPRBNTA DEL ESTADO,
1870.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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SERIE I. ESTADO S. DE ANTIOQUIA. NUM. 11.
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MEDELLI -, 4 DE SETIEMBRE DE 1870. - ~ -~~~
::::~-=::~::::::::::::::::=:::JO :o::;:;:;:::::;;:::;:::::~~ ~:::;-:=::::~~=-==-;;;::::: =~
La siguiente composicion fuó recibida un ~
éuarto de hora despues de enviada la es- {
quela que la. motivó; bien se comprende i
que quien es oportuno y acertaQO para im- ¡
provisar así, es tambicn muy competente )
para lucir su ingenio en los diversos 1·amos ~
do la literatura genuina. i
En mal e pañol . _ .. ya es.
En ello te doy las gracia 1 Es lo qu puedo yo hacer,
Y de ·earle ' 'ida larga
Al simpático papel.
St'guro servidor y amigo,
c. M. JAR.A.M:ILLO.
8EROR DOY JuaN C. AaurLAR.
Recibí, caro A cruilar,
Tu nota del veintitres
En que m haces un honor
Que no alcanzo •i m recer,
i me juzga· lit rato
Qui iera saber por qué,
Yo e ·cribo ma11a con /~
Y pongo mula con g.
De las obras españolas
Tan solo he podido leer
A Cervant , á R pronceda,
A Moratin y á Valdez.
i he ido y soy comerciante
i Qué otro libro puedo ''er
Que aquel de plazos .finales
Que so lleva. en mi almacen1
Me gustan los literatos
Y los admiro tambien,
Mas, uo juzgo qu por esto
A tal me pu da meter.
Yo reconozco mis fnerza.s
Y por eso pi en o que,
La cami a de once va1·a6
A mi no me ienta bien.
Que se la pongan Gregorio,
Pedro Antonio I aza y C.
Y si le irre A Velilla
Que se la ponga tambien.
Mas yo juro por mi m·mas
Que nun a me la pondré,
(Mis tijeras y la vara)
Las arma del mercader.
Simpatizo con la empro a,
Me gusta "El Condor", sí á fe¡
)?ero no puedo e cribir
Porque e o no puede er.
Sin embargo, por cumplir
Con un sagrado deber,
He zurcido estos renglones
i
<
\ : VIAJE A P ARIS EN 1870.
{ ( Conclu ion)
~ El horizonte del Atlántico, en el mar do
~ las Antilla , difiere mucho del ue pre. euj
ta ordinariamente ]a vista del Pacífico,
~ Mióntras que allí el Océano casi siempre
) permanece tranquilo, semejando una in~
meusa llanura de cristal, aquí se muestra
~tumultuoso y agitado, teniendo las aguae
] un color verde-ceniciento, y estando cu~
bierto el ciclo de negras nubes que algunas
~ veces se disipan , pero que las má.s se desgn.{
jan en forma de horroro as tempestades.
~ ~rrc semanas de pues de hubermu enl~
barcado en Colon avi tólus costas europeas.
í ¡Cuántas consideraciones se agolparon á mi
} meJJto cuando desde la cubiertn. del vapot·
~ me fué mostrada la tierra de Europa!
~ -Hé ahí, me decía yo, el centro seduc~
tor y poderoso que irresistiblemente atru~
~ y absorbe al mundo, muchos siglos hace.
:: Reunidos allí el poder, la riqueza, las cien)
cías, las letras, las artes y la industria; co~
losal plóyade de coronas mas 6 ménos bri\
llante y potentes; heterogónca region doni
de se agitan todas las cuestiones que pue{
den surgir del pensamiento humano, Euro~
pa reasume al mundo entero, y contenien~
do en sí todos los elementos de la fuerza
~ fí ica é intelectual que hacen de su existen¡
cia el foco palpitante de la civilizacion,
~ Europa no puede dejar de sct lo que ha ~i~
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82 EL CONDOR
do y lo que es. Demasiado ligada. está su
vida con los destinos de la humanidad para
que un choque cualquiera, pueda romper los
lazos que ia unen á ella.
Un momento despues deoembarcamos en
el puerto frances de Saint-Nazaire. El
Océano con todos sus horrores y sus bellezas,
con toda su inmensidad y sus peligro ,
quedaba a tras entl'e mi patria y yo. ¿Volveria
á. verla? ¿Mis ojos verian una vez
más esos seres queridos que se llaman padres,
esposa, hermanaR y amigos?
S¡~int-Nazaire es hoy el punto obligado
de embarque para naves que se dirigen á
América. Como no conocí el Havre de Gracia
no puedo saber qué convenicucius resulten
del cambio que se ha hecho de ese puerto
por óste, pero sí diré que el de SaintNazaire
es espacio o, cómodo y hermoso.
La poblacion es reducida poro compuesta
de bonitas casas y aun tiene algunos edificio::¡
notables como son la Bol a, el Hotel
Rou .. seau y la catedral.
AIJ.ui se encuentra ya el iajero sur-americano
en un mundo tan di tinto del en
que ha vivido, r1ue apénas i tienen un semi-
perfil de sew janza. La di ver ·idad de
idiomas que se hablan, dominando por supuesto
l frunces la multitud de cxtranjeros,
que llegados de lejanos países se aprestan
para embarcarse, el increíble í mero
de buques que llenan la rada, todo esto es
mas que suficiente para aturdir b cabeza,
no pudiendo fijar o en 11nda porque todo llama
la atencion al mismo tiempo.
Esa misma tarde, de pues do haber puesto
en órden mis papeles y equipaje, despues
de babor hecho la obligada vi ita al
cónsul colombiano Mr. T***, me dirigí á la
estacion del camino de fierro para llegar lo
mas pronto que me fuera posible á París.
Aunque ya babia conocido ferrocarril en
Panami, el aspecto de la línea francesa en
que iba á viajar, me sorprendió sobremanera.
Aquella inmensa fila de carruajes
mayores, unidos los unos á los otros con
enormes cadenas hasta terminar en el mas
grande, que contiene la locomotiva, se llevaba
toda mi atencion.
Comprado mi billete tomó asiento en uno
de los wagones 6 carruajes de primera clase
y esperé con ansiedad el instante de la partida.
Poco á poco fueron llenápdoso de vía-jcros
los carruajes y cuando el reloj de la
c..,tacion dió las seis, vibró en los aires el sonido
do una gran campana y el tren partió
con U!la velocidad indecible. ·
La rapidez con que ruedan los carruajes
es tanto mas penosa para el que viaja en
ellos por primera vez, cuanto que pronto
empieza á sentirse trastornado, novedad de
que yo me libré en las embarcaciones, pero
que me molestó mucho aquella noche. Cada
voz que se cumplían doce millas paraba
el tren en alguna estacion. Allí se almorzaba
ó se comía; bajaban unos viajeros y
otros subían.
Varias ciudades dejamos al paso, pero
yo iba tan preocupado con el momento en
que mis ojos vieran á París, que en ningu ..
na me fijaba.
Al fin, conducidos por el impulso de la
locomotiva en rtlas del vapor,llegamos á Pa.~
ris. N os bajamos en la tacion del camino
de fierro del Noroeste, y acompañado de un
amigo mio, 1 seiior don Vicente 1\Icdina,
(conocimiento que había hecho desde Colon),
me dirigí á la Prefectura de policía.
del cuart el 27° en donde presentó mis pa.snportc,,
6 hice a entar mi nombre y demas
circunstancias.
El señor Medina me indicó que ánte de
tomar un carruaje para entrar en la ciudad
dobiu gozar d l pcctáculo sin rival quo
ofrece su vista desde lu altura de Montmartre.
En consecuencia hice colocar mi equipaje
en cierta oficina creada con el objeto
do guardar los efectos, correspondencia &
de los viajeros que por cualquier motivo no
entran á Paris en el momento de su llegada.
Montmartre es una eminenciu de poca elevacion,
cubierta de quintas y casas de cam.
po, desde donde se domina el inmenso pano·
rama de París, pudiendo dirigirse la vista
hácia todos los puntos del horizonte, el mas
variado y sorprendente del universo.
Los habitantes de nuestras humildes y
silenciosas ciudades colombianas no tienen
ni remota idea de lo que constituye el espectáculo
magnífico que presenta Paris,
contemplado de de la altura de Montmartre.
Colocado allí me preguntaba si era una
mentira en forma de ciudad lo que tenia
presente y rue arrastrabu de una manera
vertiginosa, 6 si presa de un delirio fantás ..
tico vcia la l3abilonia de la antigüedad
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EL CON:OOR 83
trasladada al siglo XIX y enriquecida con
todo el p0derío do la civilizacion moderna.
Pero París con su e ten í imo circúito,
sus interminables horizontes y sus pers eciivas
ilimitadas, sus bosques y sus murallas
exteriores, uo puede abarcarse de una sola
mirada, y si el espectador situado en la altura
de Montmartre lo intenta, tiene qué
bajar ofuscados los ojos ante aquella inmensidad
de edificios agrupados, llena de wrmoniosas
desigualdades en donde se quiebra
la lnz y se expande la sombra, en donde la
unidad la constituyo el cenic' coto gris de
las antiguás construcciones, interrumpido
con frecuencia. por el fresco colorido de las
numerosa~ reformas tí que se ha dado el
nombre de embellecúnümto de Paris.
Tal es la capital de Francia á vue el oi:Yseau,
mirada en masa, con. id erada en conjunto.
Descendimos de dontmartrc y despues
~e haber recogido nuestro equipajo y hé'
Cholo cargar á un mozo, nos internamos en
la ciudad, ca m in, ndo sobre el pulimentado
~iso de las avenidas y boulevare.~, hasta lle:
gar á la plaza del Chatelot en dontle tomamos
un carruaje dándolo la dircccion do La 11/ai-.
son d' argent suntuoso lwtelmuy recomendado
en la "Guía tle extranjeros e u Paris, para
l 70".
Atravesamos por calles atestadas de tran~
euntcs, Cl'uzadas por carruajes y gentes de
todas clases, fig1 ras y condiciones. Aquellas
intet•minablcs calles cstn.ban fomadas
or elevado edificios de muchos pisos, ele~
antes cempl s y vasto almacenes.
La baraund:t de las ca.llcs de Paria es
una. cosa terrible, y el rumor de las convcr·
~acioncs, gritos y voces, solo podría compararse
al ruido de una colmena mónstruo. A
cada paso 6ramos detenido.· por gl'upo. que
rodeaban á los vendedores de periódicos,
·expendedores de cartclc do teatro y anuu-
cios de e ·pectá.culos. Al fin llegamos.
La 111at'son d' al'gent es un lujoso edificio u e tres piso , situado en la rue Saint-J ac-
ques, número 37, decorado con una enorme
muestra que tiene pintada sobre un fonlo! No, CfH e::; rcfran
Para salir del afan
En qne e loy contra mi gn to;
Pero en fin , aldré del u 'to:
''lJoncl e las toman las cla11 '.
Es un poquito espinosa
La cue tion que m.e propones
:Porque e de pare ó nones
Segun entiecdo la cosa¡
Eso ie buscar e posa
D los juego. es 1 peor
Porque, amigo, el dios Amor
(Como lo pintan vendado)
Muchas vece ha jugado
"A tm pícaro. otro ma.yor'~
Es verdad que una. ocasion
Te acon ejé P-1 matrimonio,
Pero entónce ¡qué demonio!
l\{e sobraba la rar.on.
'l'ú me hablaste con pasion
D tn amor ardieute y vivo,
Y :í la verciad n concibo
Cómo te encuentras soltero
{)uando yo re vf v'ajero
11 Ya con el pié en el es tribo'·',
Item mas , para tu mal
Couocf la niña aquella,
Tan pudorosa, tan b Ita,
Ta.n Jloble y espiritual
Que dije es nn animal,
Un cna.drúpeclo ese chico,
Si porque no h mbt·o rico
Ni un opul1,1nLÓ hacendado
Ha . ta ahora s ha quedada
1'Como JJios hi;;o á Perico''.
Yo no digo que to ca es,
Porque como ·oy en ·ado
Pundo erapn ionado
En ese a. unto ele enlaces ;
Ve in embargo Jo que haces
Y si aca o no te at LTan
Lo mil p rcancc quo cnci rran
Lo: pliegu , u l srmto t.'ltadq,
Entón ·e , al ~ro la lo,
"Que al que e muere lo entierrau''•
Mas, no bu squ s nna arpía,
Busca. una lindad( nc na
Pud ro a tierna y bella
Cual la lu1. del m di eH~.
~ ¡ la encu ntra no !1ay tutla,
Romped l mnor lo irenos
Qn d corazot1e · 11 nos
De amor puro y d con. tancia
:Ex.claman con arr gancif!:
t:Los duelos con pan S()n ménos''.
Pero, ay, Lino! si tropiezas.
Con una mujer zelosa:
Entónces, cambia, la cosa
Y el amor se hace pavesa~ ;
Yo no é, pero hay cabezas
Qn no sé córuo las llame,
Cabezas, sf, tan infam s
Que merecen u de. tino,
Y nntos que e e, mira, Lino
"Que el buey suelto bic11 se lame".
No busques, p\les, la muchacha
])e mal CTenio arrutanada,
Cap icbo:a, eusimismada,
Coquetnela y VÍ\'aracha ¡
Bü ·cala pobre y ·in tacha
(Que la pobreza no humilla)
Qu~ sea mode ta, sencilla
Y de buena parentela,
Pne , corno decia mi abuela
"])e tal palo, tal a&titla" ., .·· .~., ............ ··- ... .,.
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EL CONDOR 85
He abido con placer
(Porque aquí nada e encubre)
t)ue en llt>gando el mes de octubre,
Bcluwá6, Lino mnj r.
' mo eso ha de suce-der
.,in qu nadie me l sdiga,,
t Me permites qne te diga
Lo que m dijera yo?
"Que si .. risto te la cltó
Sau Pedro te- la bet~diga·'.
PEDRo A. Is,~u. Y C.
OTRA ANTIGÜEDAD.
( Continuacion ).
¡Qué de diaa agradables y placenteros los
ttuc e preparaba Salomé con el asiduo trabajo
de RU inteligencia 1 ¡Cuántos inocentes
goce no alcanzaría á. ver en e e ancho
horizonte de . u porvenir, goces debidos, si
sus ilusiones y esperanzas se realiza.ban, á
~u solo • .fuerzos y á. su con taute laboriosidad.
¡Qué hogar tan venturo o seria. en adelante
el del inculto don Cancio, con er-
'ando en su seno un sér como alomé que
ae Labia se()'r gado de esa vieja raza de ignorantes
ca m p in o que abi n que se leía,
solo porque el pá.rroco no les decía la mi a
de memoria. n lo días ~ stivo , y por,tue
el gamonal del valle le ()'angueaba 6 delct.
reabn, mas bien que leía, los ordenanzas 6
providencias de lo:i vi reyes.
Quince aüo contaba cntónccs 1 alomé,
habiendo vivido ha ta este tiempo ocho aiios
huérfana y con agrada desde muy pequeüa
á Jos oficios grotescos do la casa. Hasta ]a
edad de once la babia acompañado su padre
de una esclava negra, quien b.abia. tenido el
exclusivo encargo de enseñar á. la muchncha
lo puramente necesario para saber llevar una
casa en peso. Desde entónees había vivido
sola y úoica. mttjer de casa, teniendo qué entender
en todo lo concerniente á alimcntacion,
vestido, co,r¡2'enclas, entroje, distribucion
de salarios &. La cocina era su gabinete y
la despensa su sala de despachos. Peones,
bueyes, aparejos, graneros, mercado, todo
ménos el dinero se hallaba bajo la inmedia·
ta inspeccion de Salomé.
¡Qué laberinto de atenciones! Qué multitud
de objetos á. que la buena Salomé tenia
quó atender!
Y sin embargo, hnbia aprendido á. leer,
sabia escribir!
Un dia, dia domingo, en que don Cancio,
e taba y habia puesto de gala á su hijn, á
cansa de la. fiesta que se celcbt'< ba :í la patrona
del vecindario) dcspuc. de la misa en
que él no 11' bia abotTado medio pena hacerse
oot<,blc al pueblo desde el nltar donde
tenia su silla de pri ,·iltlljio, y de pues de
lle(l'a o á. su casa llamó cou repugoaute arrogancia
a. su hija quien habia. ido á despojarse
de su ll~josos atavios y le ordenó que se sentara
á. su lado.
Esta invitacion asustó do tal manera á. la
pobre niña que no estaba acostumbra.d:1. :.í
semejante. cumplimientos que no pudo ni
contestar :í sn padre quien 'repant(r¡arlo en su
de comunal silht de brazos la miraba de hito
en hito.
-Siéntate, Salomé, ]e dijo, que tengo
quó hablarte de coa de cuidado.
c .. te mandato dej e caer en el suelo
donde 'C acomodó lo ménos mal que le fué
po ibl , temblando como una azogaUfi l nt de sn invc tirraeionc.
y ribulacionc. Armando Dertin, d l Jour-
1/r.l de JJr:bata entra 1n·ecipitadam nte á la e• sa
<1 Du onch 1 y le dit , radiante de alt>grfa:
-Buena nn -va! hnena nuf"va! Butcka! O.
a. ordais le nn jó\'en n~choncho y de pequeña
e ta.tura, discfpnlo de ' oron y que ha e algul\
años ha cantado la Ar,¡úd(e n el teatro Louvuis1
-Duprez ! elijo Duponchel.
-- npre~, que oí ·teis mas tarde en mi casa· él
l1 cia de Fau 'to y la señorita FGtis de Mar~a-rita.
b
-Rossini se hallaba allf, lo recu enlo perfectamente,
y parece e taba ati · ~ eh de :Fausto.
uprcr. ha debutado de pues en el Odeon, in muctlo
éxito, y en "'oguida ha hecho un viaje á Ita-li
;a¡ naua mas ab de él.
-Y sí. é que actualmente es Duprez l prim.
er tenor de Italia. Qnerei que le escriba?
-Sí, sf, e cribidl ; me alvai la ";da Bertin.
Este escribió :í. Duprez y Duprez cont sLó á.
ertin que llerraria á.. París en el me de noviembre,
libre y resuelto á tratar con la direccion de
l:.u Opera.
*** El mes de noviembre y Duprez llcaaron.
e eñaló di a para un en ayo; concurrieron
él Duponchel, Halévy y Ruolz qne había escrit<
o n N ápole u Lar a para Duprez.
El encantador hizo bien ronto de las suyas:
n•l ~abo de algunas notas su auditorio le perte.
ntec1a en cuerpo alma. Ruolz que le conocia. de
tiicmpo atras gozaba de la. sorpresa general.
Se hubiera firmado allí mismo el contrato en~
tro el mpre.·ario v el tenor i un ligero e ·crüpulo
n0 hul> iera ontct1idio ltoy mi ·m , d ntro de una hora,
lo mr..· pronto po·ihl . 11ozco la imn n a re -
pon ·abiliclad qne p . a sobr mf, u p :o me
nhruma y t mo rr traiciouado por mis fuerzas.
Duprer. y yo tenemos dis j¡¡t gén ro de vor.
y de talento; él e .. un t nor de fuen:a -v y lo
·oy arao, e hi:~.o en favor de Duprez nna
excepcion qu. no podía alarmar á Nourrit. Madama
Dupre:6 cantaba, no asf madama Nourrit.
Duprez tan excelente marido como !lábil calculador
no qui o. er separado de u e po a ni aun
en la esceua; quería tenerla por Matilde y Va,~
len tin a. l. Duponchel no le rehu 6 e ta pequeña
ati facciou que sin emhargo para la caja de
la direccion se traducía por una galantería de
30 6 uú 00 franco .
Dupr~z que ·ab ia á qué atener e en materia
de cnntatrice , y juraba y prote taba no ser influenciado
pol' el amor conyugal1 declaraba que
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
88 EL CONDOR
su esposa era un prima do1ma di Castello, y que
babia obtenido e p1énnidos . ncc, os n los mas
afamados t(>atros de Italia. En esa virtud fué
contratada sin haber ido oidn. ni ann conocida,
)HH?.hto ¡ue estaba en N llos y !iul>limes en el teatro Elca~ar, ltaul y
Robert.
Il:ícia el fin del mes do marzo de 1837 iba á.
represen tarso la 1Jb1da di .Porttci¡ N ourrit hacia de
1\Iazaniollo.
~o.' tumbre era do éste, cuando temía que cantar
Jlecrar ;\ su palc mucho ánte. <.le entrar en
escena. M. DnponchE'l intcrrnmpia ntónce • u
comida y pa 'ltba á. saludar ti, n tenor. Esa noche,
como d ordinario, Dupollchel e dirigió al palco
d Nourrit., :í. la is y media y oyénuponchcl e dirige atónito al palco de ~onrrit
halla á é:tc ·omo , le ha hia a u un ·¡ado,
apé~a podía hablar, elro:ko ]Jurpüreo y t robla
ha de fiel r . J~ra evidentemente imposible quo
pareciera en escena, así fué q no . e anunció al ptiblico
la sübita indi polli ion rlel primer tenor¡ y
hubo que reemplazarlo por Wait t.
Al día siguiente continuó Nourrit enfermo y
Duponchel fué á st>ntarse á. la cabecera do su
cama; lo halló abatido.
Pa an do. y trc · días y al cuarto re llE>rrar
Dupon hel á Halévy mcdila?und? y preocupado.
-t· icrue enfermo Nournt1 d1ce Duponchel,
1:' ' cuyo ]Jrimer pen am~enlo s para u tenor.
-Nourrit sigue mejor, dice llalévy, pero ....
-Hablad, por Dios!
-Pero . ... está. loco.
-Loco!
La noche del enronquecimiento repentino, dijo
Halévy, cuando I ourrit alía d . .'u palco para
entrar al e cenario su lacayo le UIJO al ponerle
el manto . " s ruego seiíor, que canteis hoy mejor
que nunca; os lo ru go en mi nombre".
"En tu nombre, Pablo?-" f, en mi nombre, y
luego A causa de Duprez))-' iQué qnereis decir
Pablo?))-il\li señor ignora que Duprez tá en
la Opera1 en la orque~t~~ H~ce poco que al mi·
rar por el hueco del teatro para ver si babia
buen público lo he apercibido en primera fila;
secruraruente Duprez quiere aber á qué atenerse
por lo que respecta á vue ·Lra. voz)).
A este nombre de Duprez, continuó Ha 16vy,
.~. ourrit se intió turbado , paralizado, petrjfica.do.
u presenc ia que no aguardaba lo t~nia a ten
·ado. La idea de que Duprez iba á oírlo y á juzgarlo
le hizo perder la cabeza, la voz, el corazon
y no ha recobrado ni é t ni aquellas.
-Corro á ·u ca a, dice úuponcbel, y ....
-No, no vayais; no se iente aun en e tado de
verte ni de conver ar contigo; él me ha encargado
que te pida una cita para mañana, á la una.,
en tn gabinete.
Nntll'rit no faltó á la cita, y se sentó en frente
de Dupo11chel en un sillon que tiene su pequeña
importancia históric11: e el illon en que e en:taba
el mporador apoleon cuando venia <Í la
Opera. Allí oufe ·ó ourrit sn debilidade y
su terrores ridfculos p ro invencibl s, declar6
que había e ntado E'n üemasfa con su· fuerzas,
poro que la lucha lo mataría..
-Os pe1·tenezco, acabó 1 or decir á Duponch 1,
t nei · mi prome a y mi compro111iso; por 08 lo
suplico, devolvedme mi lib rtad, dejadme partir.
Léjo de aquf me haté la ilusion de que la Opera
es ba tanto grande l>ara Duprez y para mf; desd
qu ~1 l1a vuelto yo la n u ntro dema indo
pequefla: aun otra vez ma o lo suplico, dejadme
partir.
iQué hac r contra semE>jant in istt>ncia1 Ganar
ti mpo, calmar, con ·olar á Ni pobre nformo
tollo se iutt'ntó pero inuLilmeut . Nomrit
babia tomado su partido y nada podía ba erlo
volve1· atras¡ en esa \'irtud se rompió el contrato.
*** Algnn tiempo de pues un rumor siniestro reco-rrió
la Opera: NomTit ha muerto.' ll'jmrrit se Ita
matado c.n Nápoles! crrito lúgubre que llenó de
con ·t macion ti todo 1 mundo, noticia que por
dE>scrracia era verdadera. So breexcitado,fanatizad:O
por"'ra }¡¡as id a re ligio a , por el mal d~l pafs,
enfermo tra, tornado en us idea , des pues de
una r p1~e entacion en que habi~ causado ~rasvortes
de Pntusiasmo, el de gracmdo Nournt se
había levantado ;t las
Citación recomendada (normas APA)
"El Cóndor: periódico literario - N. 11", -:-, 1870. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3683854/), el día 2026-04-04.
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