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• ANO l. Bogotá, 29 de mayo de 1858. NUM. 22.
Revista.
Ir a da hai que rev ,. le n1 jor el estado de cul tura
'""Ocial de un pueblo que una o-ran reunion d e la
jente de n1oda, ele ••••••••••
Doscientos adornos de cabeza a 4
Doscientos pares zapatos de raso
blanco a $ 1, 4 reales par ••••••
Doscientos pares de guantes inuti-l
izad os ••••••••••••••••••••••
Joyas, capas i bufandas perdidas.
5,000
800
300
250
300
el s e no de una virjen an1ant e , exhalaba su aroma
a los pi é s tle un zapatico de rosa, o junto a la marca
~ Inhletnática de un pañuelo de olan. Jamas el
aust 'ro salon de Jo debates públicos, ni aun en
su .. · dias 1nas solen1nes, ni aun en sus noches mas
esplénuiuas i nrn1oniosas, babia pre entado un
golpe de vista tnas fascinador. Bellezas de todos
lo ti pos, i ti pos de todas las bellezas se encontraban
al1í, en mezcla en antadora i orijinal: ra
una lluvia de flores desprendida del cielo májico
de la ilu ion ; i v r jirar a las ~eñoras, ir, venir,
cernerse, d ~saparecer en el torbellino de la danza,
recostadas sobre el brazo arqueado i feble
de lo. galanes, re "pirando una atm6sfera de
voluptuosidad, i casi trémulas i oscilantes como
las 1átnparas del artesonado, era para concebir el
ci lo de los árabes en un solo e uauro, para cobijar)
o con una sola n1irada., i agotarlo en una sola
sensacion. Ernpero, todo ese océano de dulzura
pa -ó en méuos de di~z horas, i la nueva venida
del sol lo encontró todo desierto i pálido otra
vez.
E ... pléndida fantasmagoría de un momento, que
cue t a a la soc ieuad tni11ares de tnillarPs de pesos,
i que no ha dejado en pos tnas que algunos suspiros
1na1 reprimidos, algunas declaraciones de
amor casi públicas i mal encarninadas, cien desengaños
i cincuenta ilusiones perdidas ••••
I)ero ese es el mundo, i nosotros no la echaremo
aquí de trapi tas a u teros ni moralistas destncauenados;
todavia tenetnos un pié en los jardines
de la juventud, i todavia nos palpita el corazon
a la vista de una bonita. Sinetnbargo, diez
1nil ¡esos en dos noches para una pobJacion tan
pobre como Bogotá, i de esos la mayor parte imputables
a las fatnilias ménos pudientes, no deja
de ser un escándalo económico casi sin ejemplo
en las historias. Con diez mil pesos se habrian
hecho tantas cosas, dos puentes sobre el San Francisco,
un edificio, un teatro, una fundacion •••••
pero quien sabe si ninguna de esas cosas tendria
la solidez de un juramento arrancado en el furor
de un strauss o en el Yertigo de una redo,va ! Es
sin duda mas célico el roce de un frac con los gran-
Total.··· • • • • • • • • • • • • • • • 9,650 des volantes de un traje, o la mezcla de dos alien-
I creemos que nadie se atreverá a echar abajo tos igualmente tíbios i olorosos, que todos los p1aninguna
de las partidas de nuestro presupuesto, ceres de la caridad o las satisfacciones del orguporque
ellas son tan exactas cotno lo mas exacto llo . .F~sa es al tnénos la organizacion humana, i a
del mundo, salvo que un poco reducidas a la veces se da por una sonrisa lo que no se daria por
verdad. un imperio ni por una ciudad!
Ahora bien: de la música, el alumbrado i los Se hab]a de un tercer baile costeado por los
an1bigús no quedó nada, como tampoco quedó tniernbros de] Congreso, i cuyo promotor es un
nada de los trajes de las señoras, ni de sus auor- j e n ~ral de quien se dice, que tiene ojos de cachaco
nos, zapatos i flores: era tanta la concurrencia i bigotes cle veterano. Sea de ello lo que fuere,
i tal el estusiasn1o de los bailarines, que hubo pie- es 1nejor que nos haya dado por bailar que por
zas que fueron una verdadera refriega o un asalto estar triste~; i tras los bailes vendrán las óperas,
sebastopólico, en que se pusieron fuera de com- las fiestas de julio, i a fin i postre las guerras con
bate grupos enteros de bellísimas danl;, s. Aquí el Ecuador i los Estados Unidos, segun el decir
un ji ron de gasa azul celeste flotando sobre la al- de los poi íticos, ~u e todo no ha de ser rigor en
fornbra del sarao, parecía un pensanliento lángui- t:sta tierra de los anirnalias, como decía el otro.
do i arnoroso desprendido de la mente de una de rrendrctnos fuegos artificiales el 2 i el 9 del enesas
sílfidas eclipsado ras de la corte d liciosa del < trante junio. "fatnbic: n habrá exhibicion pública
Indra; allí un bouquct recojido i purpüreo co1no < de tigr .
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174 BIBLIOTECA DE SE:RORIT AS.
Observaciones criticas.
( TERCER AitTlC "'!..0:)
Hemos dicho que no puede ser jmparcial el
h o tnbr e que juzga a Jil i Zárate con la pa. io n
marcada i e l marcado e ncono con que lo juzga e l
Sr. Vill é rg as, i vatnos a probarl o .
Em p jeza así:
ce V oi a hacer un esfuerzo jiga nt esco en obs~quio
de lo .... suscritores del H Corre o de U 1 trn mar. '' ~ i
no estuvi8semos en una época tan avanzad a i yo
tuvi era la presuncion de -.;er un e nt e sob r e natural,
dirin que iba a hace r un milag ro; po rqu e, r e alm e nt
e , lo que voi a hacer h o i e s una cosa sin eje rnplo,
que se r esis t e a nti v o lun tad; pu gn a con mi razou i
rompe en tni e Aistcn cia lit era ria l hilo de un ll sistir, i se han quedado dortnidos al pié de la cama.
-Infe lizes ~ como no han comido en todo el
di a •••• I ~'latías que tarda ya tanto 1
Carolina dejó escapar un suspiro de muerte.
-No os aflijais, madre, Dios no nos abando· .,. nara.
-Dios 1 Dios f r ep itió Carolina; mas su acento
estaba tan distante de una acusacion como de una
esperanza.
-Refe ridme ahora lo que os preguntaba.
-Escucha, pues. i Percibes ese lejano clamo·
reo de las campanas de la ciudad, que mas que a
una funcion de penitencia, convida al regocijo i al
placer?
La familia de Matías. Sí, madre mía .
-Pues hubo un tiempo en que él no fué para
l. tus padres un sonido indife rente como el de las aguas
En el barrio mas apartado de la ciudad, allí de un rio o las modulaciones del viento; no, hija;
donde la basura, a fuerza de amontonarse año tras hubo un tic tnpo en que ellos lo esperaban con anaño,
ha hecho de todo punto imposible el tránsito, 1 siedad i lo oian con entusiasmo; porque entónces
i donde solo m oran e l cerdo i el gozque; allí, de- elJos eran ricos, i t e nían trajes que lucir i arnigos
cimos, en el cstrerno de una calle ruinosa i enyer- que obsequiar; porque entónces, lo 1nismo que esa
bada, hai una casa, fria porque Je falta el calor del , tnultitud que discurre por las plazas i los paseos, i
hogar, i triste porque sus paredes ahurnadas hace se apiña a las puertas de los pesebres, nosotros íbamucho
tiempo que p e rdi e ron e l color, prime r ropa- ( tnos tatnbien, i te llevábamos a tí, vestida de gala i
jede su juventud. I-labitan en ella cinco personas, servida por n egras. Tu padre te compraba confites,
total de la farniJia de l\1atías. i mas <.le una aln1a sen. ible esclamaba: "Qué lin-
Compónesc esta de su n1uj e r, Carolina, é l i tres da criatura ! i Qui r nes serán sus padres~, Tú na-hijos;
hembra la rnayor, varo ncitos l os otros dos. tia puedes rec ordar de eso.
La casa no ti e ne esteras ni asi e ntos; es hún1eda Cierto, madre ; yo nada recuerdo.
j desabrigada. Algunas vitelas viej á simas, un cua- l\1as como todo es perecedero en este mundo,
dro de la V írjen quebrantando la cabeza de la ser- tu padre perdió cuanto tenia en cierta especulacion
pi ente paradisal, i algunos raídos figurin es de n1o- mercantil, a causa de una quiebra; i lo poco que le
das de 48 a 50, forman su mejor adorno. En un es- ~ restaba apénas bastó para cubrir sus créditos, por
tremo de la pieza principal hai una cuja sin baran· lo que de la noche a la mañana nos vimos sumidos
dillas i consecuenciaJmente sin colgaduras, con un en la n1ayor miseria. Con el caudal desaparecieron
descolorido colchon de manta azul listada i unas ) los an1igos, las atenciones, el cariño ; i 1a sociedad,
cobijas sietnpre en desórden. Acia el centro está la arrojándonos de su seno como a unos apestados, nos
mesa de labor de Matías, con todos los eBséres per- ha ido echando de muladar en muladar, hasta este
tenecientes a un zapatero remendon. punto en que nos encontramos hoi, i del que pasa-
Era una noche del tnes de diciembre; hacia una re1nos al cementerio de pobres, porque hasta ese
luna beJlísima, como solemos decir, i en el fondo < santuario de humildad lleva el hombre las distinde
un cielo inmenso i despejado, cual es el nuestro, 1 ciones de su orgullo!
brillaban infinidad de estrellas con luz dudosa i Carolina interrumpió aquí sus reficcciones para
apacible. dar libre curso al llanto.
-Madre mi a, dijo Marta (este era el nombre de No lloreis, madre 1nia, que no nos ha abando-la
hija de l\1atías) qué hermosos son los cielos! nado la virtud, i miéntras ella nos asista, somos bas-
-Sí, hija mia, mui hermosos, respondió Caroli- tante ricas.
na distraidamente i siguiendo engolfada en sus pen· La virtud, hija, la virtud ! ¿No sabes tú que
samientos de tribuJacion. la virtud i la miseria son incompatibles~ ••••••••
-1 lo que mas me maravilla, continuó Marta, Pero no; soi una loca; eso que me dices es la ver-es
que hasta en ellos hai de..., igualdades. l\1irad, per- dad. e virtuosa, Marta, i serás feliz.
cibo desde aquí unas estrellas mas lindas que Qtras, Cómo no serlo, madre, si vos me habeis en·
corno que tienen mas luz. señado ~
Carolina no respondió, pero se sonrió tristemen- Mira, Marta, pronto moriremos Matías i yo, i
te. La alusion de su hija, aunque hecha sin in ten- entónces quedarás sola en el mundo. Por desgracia
e ion, no podía ser mas amargn i punzante. eres bonita ; i digo por desg1·acia, porque t qué haEste
diálogo tenia 1 ugar en el patio de la casa, ce una pobre muchacha que se encuentra huérfana
bajo los arbolocos de la fuente. a Jos quince años, sin parientes, con dos her1nanitos
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BIBLIOTEC DE SE~ORI'l'AS. 177
que manten er, i que por toda herencia tiene una espe ranza es c J engaño de ]as aJmas d éb iles. ÉJ,
cara de ánjel i un co r azon de s· nta? Pronto el ojo que ha visto apagarse súbitamente el astro de su
avizor del rico la descubrirá en su bohardilla, i vi- ) juventud i de su fortuna; él, que ha aprendido a
ni endo a ella cuan lo el trabajo i la mise ria la doble- conoce r a los hombre s en la ad \'ersidad, oirá tales
guen bajo su peso fatal; le mentirá palabras de runor n1 cntiras con la sonrisa del desden i la negacion
i de esperanza ; de plegará a sn vtsta sus oropeles aterradora del hecho.
engañadores, le alzará palacios de un dia, i la ador- I, ciertarncnte, su horizonte no podia ser mas ne·
nará con las joyas del vicio. I créeme, querida l\1ar- gro. En pritner lugar, se destacaba su tumba,tumta,
es tnui difícil resistir a tal es halagos; el hambfe ba de pobre, sin flores ni inscri¡lcion; i tras de su
es la mas fuerte de todas las tentaciones : el ham- tumba el deshonor de su hija, i acaso e l cadalso pabre
no se puede v e ncer. ra sus hijos, que, nacidos en la mi ... eria, crecerian en
'l e afiij1s, tnadrc, con esas palabras; p e ro con- e l delito; i la ocicdad no se acordaria de e lJos sino
fiad en mí: yo os juro r es i~tir; o~ juro ser honrada. cuando los reclan1asc la mano del v e rdugo.
En tró en aqu e l punto i\latías cabizbajo i grave. Nuestra pluma se resi~te a trazar punto por pun-
Qué hubo, 1atías 1 pregunt ó Carolina con to t odos l s infortunios de l\1atias; bástcnos decir
temor. que por lo comun Ja escena que h emos bosquejado
iatías, por toda respu esta, arrojó debajo de la era cotidiana en l santuario de sus penalidades.
mesa de labor un par de z:tpatos. ' rrabaja r, trabajar t odo e l día en union de su farni·
-Qué t insistió la infe l iz mujer t no r ecibi eron 1 ia , i apénas alimentarse escasa 1n c nte, ll ega ndo tnu-la
obra~ S chas v eces hasta no comer. D ebí a seis meses de
-No. arrendamientos, i ya hacia para algun tiempo que
-Entónces i qué haren1os 1 e l vestido tanto de sus hijos como e l ... uyo propio, no
-Nada. Este nada era el grito de una supren1a tenia r eemplazo ni modificacion . Entre tan to los
desespe racion. achaqu es de Ju v ej e z i los sufrimientos morales lo
Marta guardaba silencio. consurnian.
-Pasaren1os la noche sin luz~ preguntó Caro- I.Ja noche e n que h e mos empezado nuestra narra-tina.
cion llegó a su colmo su aba ti m ie nto, 1 un ataque
-~sin pan, r ep uso Matías. l\fas i donde están celebra~ fu~ s ~ r es ultado. inmed iato.
Joeé 1 Enrique 1 No los veo por aquí. Al dta s1gu1ente, domtngo, no pudo Je van!arse.
-Se han dormido, se apresuró a co ntestar l\1ar- Ell ú n es es tuvo algo r ep u es to, se confesó 1 abra-ta,
como deseando aliviar a su padre. zó a sus hij os dicié n do l es :
Eso es! dormid o. L o mi~mo de sien1pre. Si no Aunque c r ean que ~stoi m ejor, n1i r eposicio!l
hubiera sueño i qué s e ria de los que n o ti ene n abri- es ap~rente, que no es m1 cuerpo el que_ mu ere, stgo
ni pan~ 1 lo peor es que no hai a quien volver n~ m1 al~~ bnJO el peso .del dolor. R ectban, pues,
los ojos. Todos nu estros antiguos amigos n os vu e l- tnt b end1c1~ n. post~era, 1 sean h o nrado~ c~mo yo.
ven las espaldas; se hacen los d escon ocidos. Es tan C?uand.o Jose_ 1 Enr1qu e estén gra nd ~s, s1 tu,. ?arofea
la pobre za! rfuvieron amistad COn e l comer- JJna, VI Ves, d d es que S U padre al mor1r les d ejO por
ciante Matías; p ero se han ne gado a saludar al re- to ~~. h e r e ncia el tnan~ato de qub amasen mucho a~
mendon. Cuando llamamos a las puertas de E. nos proJtmo; pero que odiasen de mu e rte a •••• (aqu1
dió con ellas en la cara. La señora de B. apénas su voz fué tan ténu e, que Marta no percibió e l nomhizo
memoria d e habernos visto mui a la lij e ra. b.re que pronun cia.r on.sus labios ) . I agregó despu,es:
Uniforme era el pensamiento que ardia con la _ SI yo mu e ro de m1ser1a es~a noche, se lo debo a el.
llama de la des e speracion en e l cerebro de aqueJJas A pocos momentos espiró.
tres 1per~?n1 ~sli~ad~s por el doble
1
vinculo ~e la nda
1
- 11.
tura eza 1 a m1ser1a, porque era e pensamiento e
hambre. Rabian pasado cuatro años desde la muerte de
El padre su fria por los hijos; los hijos por el Matías. Las cosas habian cambiado mucho.
padre. Era un domingo de pascua, i Ja compañía dra-
Nosotros hubié ramos querido que esta escena de mática de la capital ponia en escena el MACÍAS de
horror hubiera sido prese nciada p o r alguno de esos I..Jarra. La concurrencia al teatro era nutnerosa, la
filósofos que quiere n alimentar a l os den1as con orquesta lucida, i Ja ej ec ucion admirable.
máximas de consuelo i sentencias de resignacion ! A! empezarse el segundo acto, oyó se ácia el lado
Una doncella p á lida i desencajada por la nece- de la derecha un ruido como el que produ ce n los
sida:u; dos ancianos tré mulos de hambre i de fria; traj e s de seda al rozarse contra las balaustradas de
dos criaturas agonizantes i cansadas de esperar un un palco; todas las miradas se volvieron ácia don·
pan cada vez mas distante i rnas deseado; i esto,en de se había oido el rumor, i cien binóculos se clael
seno de una sociedad cristiana, cuyos desperdi- varon en las dos únicas personas que acababan de
cios de una hora hubieran sido bastantes a mante- entrar.
nerlos un año 1 Eran una señora anciana i su hija.
Que vengan ahora i nos digan que en ningun Vestia la madre un traje de terciopelo negro,con
caso el hombre está al borde ele su perdicion, si le < manga i cu e llo de punto, i e staba p e inada con senacompaña
la virtud; que la filosofía es una segun- ~ cillez. El blancQ mate de sus man os de miniatura,
da Prov.idencia! Que vengan ahora i le digan a i lo marcado i perfec to de sus facciones, denotaban
Matías, a Matías que está viendo con sus ojos i sin- bien que habia sido una muj e r h er mosa.
tiendo con su corazon helar&e con el fria de la muer- La hija estaba vestida de rc1so blanco labrado,
te a los hijos de sus amores i de su fe ; que vengan con adornos c e leste s claros ; i la rosa húmeda i fresi
le digan que no piense en el juego ni en el suic.i- ca que tenia e n el p echo, coronada de hojas dentadio-
que esos son los recursos del crímen ; que es pe- das 1 breves, com pe tia con ella en lazan ía i bell ere,
que trabaje i espere! Oh! sí, que espere! La za. Era alta, i su altura era la de la majestad. Sus
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178 BIBI..~IOTEC DE SE~ORI1' S.
ojos n egros i g_randes con1o los de las ciervas, su ca- Para siempre.
b e ll e ra negra 1 abundant e, su boca risu eña i su co· Pues cntónccs no t engo que decirl e nada, U.
Jor páJido, daban cierto aire de m e lancolía a to da me conoce detnasiado. I ronto tcn · lr ' 1 gn'·to de
su espresion, que era la esp re ion de una persona pasar por a1lñ. a ha cerle una vi '" ita muí larga para
que hab1a sufndo mu cho, o que pose ía, por lo tn é- gue rne cuente mu chas cosas. J\..l señor don J\llatías
nos, una a lma nada con1un. 1n is fe licit~ciones.
La sensacion del patio fu P, profundísima, i Jos A cada dcscarcra de esta§, Carolina 1niraba a su
cu_chicheos de los cae/tacos duraron 1nas ele veinte hija: i ambas prorumpian n u na carcajada. La
m1nutos. · cosa n o era para m ' nos; pero al fin e l ~pediente
-Quié n es? era la pregun ta obligada de unos rayaba en injenioso.
a otros; pregunta que nadie tuvo la vanngloria de ; \J gunos de los vi ... itantes no tuvieron el cnpri-respond
e r. cho de hacer las vinjar por Europa, sino que de Jla-
Aq~í se aseguraba que era una española llega- no en plano s upusi e ron que habian estado n sns
da rec1entemcnte a la capital n busca del oro de los haciendas dellVlagdaJena; otros hubo mas impruamericanos.
AHí, que era h ija de no sé qué ministro dentes aún, i entraron saludando como si hubi e ran
europeo. l\Ias allá se sostenia con calor que era una esta do con ellas el dia antnrior, llegando hasta el
bogotana hecha i derecha, i ha s ta se determinaban punto de r ecordarles pasajes enteros de su conver-la
calle i el núm e ro de su casa de habitacion. sacian de ahora tr¿s dias.
Nosotros pensamos que ya el lector habrá r eco- Oht •iceron! Ciccron 1 qué se ha hecho tu voz
nocido en ellas a la mujer i a la hija del zapatero que ya no ese la m a O l e1npora, O 1norcs?
Matías, que hnbia muerto de hambre en uno de l o s Era n las diez de la mañana del dia siguiente.
arrabales de Ja ciudad, porque efectivatnente no Carolina i su hija trabajaban a Ja labor en un prieran
otras. moroso retrete de su bella casa en ]a calle de ••••
-Pero i por qué ese cambio tan f e liz como ines- una de Jns mas hermosas i centrales de Ja ciudad.
perado ~acaso nos preg untará. Ya lo enteraremos Oigamos un 1nomento su conversacion.
de todo. J.\llamá i cuántas tarjetas llevamos hoi ~
La repre sentacion terminó cerca de las doce, i Hija, como doce.
durante ella apénas hubo de notable los recu e rdos Pero creo que no todas son de saludo.
que despertó en algunas jentcs la presencia de Ca- I-Iai tambien algunos billetes de convite.
rolina; i no faltaron algunos de sus viejos amigos, \ T eámoslos.
de Jos amigos del tiempo de su prosperidad, que le Carolina tomó una papelera de nácar i terciope-fuesen
a hacer un cumplido i a darle el parabien lo que tenia junto, i e1npezó el exámen .
por su regreso del estranjero, en donde, a todo tran i\1 ira, este es de la señora de B; nos convida
ce, querian hacerle creer que habia estado. para un baile que tendrá Ju g·ar el mártes. E_te (\S
He aquí uno de los muchos i orijinales diálogos de E; ti e ne una t ertulia esta noche, i la da para
que tuvieron lugar esa noche en el palco de la se- ohsequiarnos.
ñora, que reía a mas no poder. 1\tlarta cambió una mirada de intelijcncia con su
Uno de tantos ..:alud, mi señora 1 Qué gusto madre.
tengo en verla otra \'ez por estas sus tierras 1 I i el --Estos son unos versos de natalicio; como hoi
Sr. don l\1atías ~ es su santo !
Carolina--Bueno, señor; gracias. Lo que es el mundo! i yo lo babia olvidado;
-Con que •••• tmui largo su paseo~ por fortuna los ricos tenemos siempre quien nos
-M ui largo. lo recuerde.
-1 trnuchas tierras visitó U~ Pero mira: me parecia mejor el papel i el
-Muchas. carácter del pendolista, que las tales endechas. Son
-1 la señorita aprenderia bastante •••• ~Iba mui las de cajon.
pequeñita cuando partieron. He observado que por lo jeneral sucede lo
-Pequeñita. mismo.
-I qué hermosa está! La costumbre me parece de mal gusto •••.•
J.l'Iarta Gracias, señor. IIabeis o ido, madre mi a? rriran de la campa-
-Pues yo, luego que las ví, dije para n1i sa' o: nilla con violencia
aunque e] sitio no es apropós1to, corro a darles la Alg una nueva prueba de amor social.
bien venida. Qué quiere U 1 nuestras relaciones · En aquel punto entró B eppo, el criado de cá-han
sido siempre tan cordial es, tan íntimas. U. mara de las dos recicn llegadas, i anunció que halo
recordará. 1 como yo tu ve el s e ntimiento de bia jente en el s~lon.
no despedirme cuando UU. se fueron •••• luego, Salió Carolina a recibir la visita, i lVIartn, apro-e!
viaje fué tan de repente. • • • vechando su ausencia, sacó del pecho un bi lletet,ito
-De repente. perfumado, que le)ró por la cuadrajésima vez.
-1 no ha tenido U. mas familia 1 He aqní su contenido:
-Sí, sciíor, dos hijos varones. "MARTA:
-Supongo f]Ue se quedarian en algun colejio Qué feliz soi! tú me amas. Al fin, pue~, está
de !\1adrid, tal vez de Paris? cumplida mi ambician sobre la tierra!
-No, señor, están en una de nuestras casas de Cuánto gocé anoche en el teatro 1 Tú eras la
educacion. reina de la funcion. Las mujeres te contemplaban
-Flan hecho UU. mui bien: yo siempre he con envidia: los hon1bres con entusiasmo. Eso se
desconfiado mucho ele esos co]ejios europeos. llama ltacer furor.
-Colejios europeos.... Dime si les has dicho algo a tu madre; si nos
-!~ero ahora si se quedarán UU,. entre noso- es favorable o adversa •••• t Podré darte pronto el
tro~ para sicn1pre? título de esposa?
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Si vas esta noche a la t e rtulia de E, hn blare rn os. • -I c .. o habcis notado en mí?
Si no va~, espérame e n el jardin; iré co1no sietnpré,
a las once.
. Sí, 1 i ar tn, eso h e notado hace ya para algun
tletnpo; con que así, ábremc tu pec ho. Dime quién
l\1AXIi\IILIANO." es el di~hoso que llena tu pen:samiento. Si es dig·
¿ uién era el ven tu roso mortal que b abia Jogra· no de tí ••••
do fijar l cornzon de la pobre hija del zapatero - í lo es, madre mia.
'latías; de esa flor de los urrabnl e ... , fecundizada I se JJama?
en la tnis ría i a qui e n los desengaños del 1nundo iaxim1liano L cfcb re.
•
l1abian dotado con una esperiencia precoz; ele esa Maxitniliuno I..J efeb rc! esclamó 1 a r olina po-jóven
de quince años, páJjda por e l hambre, que niénclose mns pálida que la nieve.
l1abia visto te1nblar de frio dos c r iaturas l1 e r1 nnnas lVJ artn, a l ver la aj itac ion de su tnadre , perdió
U) .ts, sin te ner una 1nanta con qué abrig·arlas, i tn 1nbien e l color.
m orir de p e~a r a un padre, tnodelo de virtud i re- Pero i qué os ~u cede, rn ad r e mia?
sjgnacion~.... Infeliz 1 Ese l1ombre es una maldicion para
iQuién era e~c hombre, que se l1abia h ec l1 o tu familia.
amar de e ... e cor azon aj e no a toda ilu ... ion, de esa Qu é me decís?
alma su pren1a, tcn1plada en la adversidad1 Era L e febre fué e l hombre que, finji e ndo una
algun ánjel o algun demonio? qui e bra, sumió a tu padre en la Iniseria n1as espan-
I ' o; era un jóven cle veinticuatro años, de h e r- tosa.
mosa espresion i espíritu ele ,·ado, r ecto por nntu· Ai!
ral e za, e-.;tudioso por carácte r, jeneroso por instinto L efeb r e! L efebrc t Ah! Ese nombre tnaldito
i valiente sin pre tension. Era Maxirniliano L e - es e l r csú tn en de n urstra historia de an1argnra.
febre. i 'fe acuerdas de la calle de •••• en que habia aque-
Sus am ores con i\larta no databan de la tiltima lla bohardilla asquerosa, donde pasamos tantas ha mt
ertulia . como es rn oda hoi dia, ni mucho tn é nos bres? i Te acuerdas de su techumbre ahumada i
ran hijos ele una in1pres ion del n1ornento. Ellos 1l cna de g ri etas, por donde penetraba e J aire i el
se remontaban a la é poca de las penurias de la fa- ag ua a nuestro l echo, duro como las piedras i frío
milia de 1\iatías, i habian sido po~· 1 espacio de al- co rno el l1i e l o? No lo olvides nunca: por esa~ griegunos
años el sueño dorado de aquellas dos almas ta -. se e5capó e l aJma de tu padre.
dignas de cornprender-.;e i nn1nrse. :rvlad r e mia, creedme, yo ignoraba ese secreto
Cuando la pro ... peridad Jlamó a 1:-ts puerta s de la fatal.
hija del zapatero, el corazon de e~ta no se hinchó ~u es bien, ya l o sabes. .
de orgullo; ni rnucho m énos creyó que el manto -El no sir ve sino p a r a h ace r1n e desgraciada.
d e oro que acababa de echa r ]a fortuna sobre sus, iCreeis, por v e ntura, que é l sea capaz de apagar
hombros) la ponía a cien leguas de di~tanc ia del la llama que arde en mi corazon 1 No, madre n11a;
j óven desconocido que la babia acompañado en s u s la adversidad acr ecienta en v e z de m a tar el amor.
p esa r e~, i a qui en l e d eb ía fa\9 ores, aceptados con ¿ R ecuerdas l ns últimns palabras de tu padre'?
dignidad i hechos co n desprendin1iento. En una Bien la s r ecuerdo: n os mandó amar al próji-palabra,
l\1nrta sigui ó amando. El amor es siem- < mo, i s o lan1 e nte aborrecer a una persona que os
pre grande, porque ti ene toda )a fuerza de la pa- S dijo al oído, i que ahora adivino quién es.
sion madre de ]as nobles pasionest > L efebre. i I es as,·con1o cu tnpl es su mandato?
Marta saboreó aquel billete, i ocultándolo lu ego~ Mas i por qué hacer al hijo responsable de
esperó con ansiedad l a ida de la v isi ta. Rabia fo r- S las faltas del padre~
mado la r esolucion de descubrir a su madre el se- ( Carolina Yaciló.
creto de sus amores. ) i P o r qué comprenderlo en un anatema lan-
Fuése aquella; i Carolina volvi ó a s u labor mui zado con e l grito de la desesp c r acion? lVladre mia,
satisfecha del cariño de sus amigos de su fortuna. mi padre t nia buen corazon; yo bien sé que é l no
-Madre mia, díjole l\1arta, hoi cumplo di e z i quería que sus hij os cumpljcsen mandato tan te-nueve
años.. • • lTlbl e .
-l\1as i por qué te p á ras 1 5e apresuró a preg un- Carolina se pu so c n...: e ndida como la rosa.
tar Carolina al ver la turbacion de su hija. Concibo, madr e rnia, que se am e mucho, cada
-Porqu e t engo miedo de lo que voi a decir. dia mas; p e ro no que se odie por sistema, porra·
-l.Vliedo, hija mia? I td e qué? zas, por jeneracion es enteras. Esos sentimie ntos no
-Ah! no me lo preg unte i s ¡ me avergüenzo. son propios de nosotros los americanos.
-Mira, Marta, s é lo que me vas a decir. -Cuúnto gozo al esc u c l1aros, l\Iarta t pero i ol-
-Vosl ( vidas qu e tu padre murió de hambrc1 que no tu-
-Sí, me vas a decir que amas. Eso no es un ) vimos ni con qu é JJ e varlo al hos pital1
un s ecr e to para tní. ~ Madre mia, L e fe bre expió su culpa.
-l\1adre mia 1 ? Pero la expi ó tarde.
-Lo he adivinado hace mucho tiempo; pero El Cristianismo no es severo en este caso.
como tú no me babias dicho nadn, respeté tu r e - Es decir, que quie res vence rme a todo trance?
serva. -Es decir, que quiero qu e seais sie mpre bu e na.
-Eso me sorprende. , Maximiliano nada sabe de ese secr to de tleo.;honor,
-No debe sorprenderte, porque no hai una cosa 1 pues nunca n1e ha l1ablado de él; no hai, pues,
mas fácil de descubrir que los secretos de una jó- ~ razon para que éJ pague una deuda que no es suya.
·ven que ama por la prime ra vez. Sus mejillas se ) 1 le amas mucho~
coloran mui frecuentemente; gusta de la soledad ; ~ Oh! sí, le amo como os amo a vos; mas que
i solo a8iste a ciertas fun c iones, n aquellas donde : a vos' I ... e amo como un sueño divino .•••• como
sabe que puede estar él. ; una esperanza. Lo cierto es que no sé como Jo
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180 BIBLIOTECA DE SE~ORIT AS.
amo; p e ro creed me, madre mi a, lo amo sobre todo
en Ja tierra.
-Estrañn coincidencia de la suerte! En medio
de tanto jóven haberte fijado precisarncnte en él.
-Porque él solo, madre mia, descubrió mi humilde
hogar; porque él solo n1e hizo palpitar el
corazon de u na manera desconocida; porque él
solo es 1 faxim i 1 ia no t
-Pobre hija mia!
-Los otros n1e parecen tan vanos, tan superfi-ciales
!
-Sé feliz, pues, con é J, dijo Carolina abrazando
a su hija; acaso s~a un decreto del cielo.
Un mes despucs se leía en los periódicos:
" Ayer han recibido la benclicion nupcial Maximiliano
Lcfebre i Marta Cecilia Guzman. 1\'lil felicidades.
Adelante! Adelante, solteros!''
III
1762, el duque de Queensbury i algunos otros establecieren
en Lóndres el Cate/¿- Club (club cancion
e ro) en la TJ¿atc/¿ed-ltouse {cnsa techada), tanto para
ej e e u tar los cánones, baladns i canciones de los antiguos
n1aestros, como para producir composiciones
nuevas deJa misma espec1e. En 1776, el conde de
Sand,vich instituyó el ''Concierto de música antigua,"
para la cjccucion de aquellas producciones sólidas
i valiosas de Jos maestro ~ , que habían sido relegadas
al olvido por el desordenado furor de no vedades.
En su1na, el estado do la música práctica
en Inglaterra, es en estrcmo floreciente.
En Francia, el compositor mns grande despues
de Lulli fué Rameau, que nació en Dijon en 1683.
El espíritu de partido se enfureció en Paris entre
sus respectivos admiradores. El estilo de Ratneau,
aunque formado por el de Sulli, es mas rico en armonía,
i mas variado en melodía, i su sistema de
un bajo fundamental, i su ópera de Castor i Pólux,
Jlevnron su celebridad al mas alto grado.
Debernos una esplicacion a nuestros lectores. , En 1752 se exhibió en Paris una compañía de
El modo cómo salieron Carolina i su hija de la ' cantare~ italianos de ópera bufa. Pero despues de
miseria fué el siguiente: muchas tentativas para domiciliar la música italia-
U na noche, cuando estaban mas aflijidas por su na, los oídos patriotas de la Francia vol vieron con
pobreza i mas tristes por la pérdjda de Matías, Jla- phlcer a los cantos nacionaJes ; revivieron las ópenló
a su puerta misteriosamente un padre de la ór- ras de Sulli i de Rameau, i los cantores italianos
den de Ag·ustinos calzados, preguntando por 1\Ia- fueron desec~ados. ~n~ónces .. el caballero iccinista ~"
por su alma." o Los teori~tfls fra.n~eses están demasia?o di~p~es-
EI ca ... o no puede ser mas raro. Ojalá que tu vi e- ~os a reduc1r Ja ~us1ca a un I'I!ero art~ mecan1co,
se in1itadores!.... 1 se halJan en lo Jeneral demastado sat1sfechos con
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La Música.
la música de su país, para que puedan ver la nece·
si dad de u na reforma en la parte vocal. Ha habido
i hai en Francia muchos instrumentalistas justanu~
nte celebrados; i en cuanto a compositores, Au-
(Continuacion del capítulo \rlll.) ber ha gozado basta hoi de la plenitud del favor
En el misrno año llegó a Inglaterra la señora popular. Un fatnoso músico teórico, 1\tl. De la Bor-
1\flara, francesa de voz tan dulce que causaba embe- de, dice que los italianos son superiores a los franle'"'
o el :~scucharla. ceses en melodía, pero que en armonía aventajan
I-Ia:ta que la ópera italiana se estableció en In- estos a aquellos. I sin que disputemos sobre tal
glaterra, no se cxijía ni esperaba de ]os cantores opinion, que la mayor parte de los jueces compe·
sinó que tu viesen ''OZ i oído; i aún Jos escelentes ten tes deben considerar errónea, baste observar que
ejecutantes de Italia escitaron en los ing)e...,cs n1as ni la melodía ni la armonía pueden constituir por sí
asombro que etnulacion. D' Arme fué el primero solas una buena música, porque esta consiste precien
intentar un catnbio en la música vocal inglesa, samente en la union estrecha de las dos.
refinando la melodía, mas por los modelos italianos En ningun país ha l1echo Ja música mas rápidos
que por los ingleses ; pero, si se analizan sus com- progresos, o escitado una atencion mayor, que en
posiciones, se halla que contienen una imitacion de Alernania; pues todos los príncipes de ese imperio
las melodías italianas, inglesas i escocesas. V ários han fomentado las prefesiones mu~ica]es en sus córviolini
... tas célebres del continente contribuyeron tes respectivas, i los emperadores parecen haber
tn m bien a tnejorar el gusto i ngl ' ~, i existen hoi sido partidarios de ]a lengua i la música italianas.
muchos cantores nacionales, así hombres como m u- Se exhibió en Viena en 1724, con motivo del naci-jeres,
que pueden competir con sus rivales italianos. ) miento de una archiduquesa, una ópera espléndida
La ópera italiana en Lóndres continúa, sin embar- cuyos actores fueron todos personajes de alto rango,
go, sostenida por toda5las jentes de alto rang,o i de contándose dos archiduquesas entre Jas bailarinas,
moda del país. La música i los cantores italianos i siendo el emperador mismo el director principal,
usurpan el favor público casi enteramente, sin que i el que acompañaba Jas voces con el clave.
esto pueda censurarse, si se considera tal proteccion
a los estranjeros como una mera materia de gusto.
J:Iai ahora en Inglaterra vários instrumentalistas
em1 nentes, nsí estrnnjeros como nacionales. Desde
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( e onc lu.irá . )
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Citación recomendada (normas APA)
"Biblioteca de Señoritas - Año I N. 22", -:-, 1858. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2094834/), el día 2026-04-04.
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