_República de Colombia
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DIRECCI6N
Por telégrafo: "Propatrz'a."
Oficina, calle 9:, numero 2I5
'Blanco y Azul
l!uestiones
con Venezuela ,
RELACION DE UN TESTIGO
El tenaz empeño con que los escritores
del velismo procuran menguar
el méríto ~e la obra coronada
por el General Reyes en Venezue·
la, al obtener del Gobierno de esa
República la reanunación de relaciones
con Colombia, está probando
por sí solo que esa obra fue emi.
nentemente benéfica. Si así no fuera,
i á qué tántos retóricos esfuer.
zas para probar que no es de Reyes
esa gloria? g,Por qué les quita el sueño
á los voceros del velismo que Re·
yes fuera ó nó quien puso fin á las
hostilidades entre las dos naciones?
Envenenados por la cóléra, cegados
por la pasión del odio, y no pudiendo,
al propio tiempo, desconocer
la importancia de aquella medida,
redentora en verdad para las regiones
limítrofes de ambos países, buscan
con afán los velistas áquién, que
no sea Reyes, atribuirla, para que
no recaiga sobre él la gratitud de
los pueblos favorecidos. Miserias asquerosas
son éstas, que logran solamente
exhibir en toda su repugnante
desnudez el profundo pesar
con que miran el ajeno bien los políticos
pequeños ó empequeñecidos
por la enviciia. Por suerte, los lectores
de los Departamentos, á quienes
las imposturas se rotulan, son más
sensatos de lo que se juzga en esta
altzplanz'cie, donde parece que con
el aire se rarificara la decencia política.
La unánime aclamación del nom- ~
bre de Reyes en las poblaciones de
Santander, directamente interesadas
en el asunto, y l~s demostraciones
elocuentísimas de agradecimiento
que, sin distinción de partidos, le
han presentado al mismo General
los habitantes del Norte y Oriente
de ese Departamento, son prueba
palmaria de que á él Y no á otro se
debió tan inesperado cambio de conducta
de parte del Presidente Caso
tro. Es evidente que un caucano, un
antioqueño ó un tolimense, por ejemplo,
que analicen el punto con sereno
criterio, y con el objeto exclusivo
de desentrañar la verdad de los hechos,
se atendrá al testimonio im.
parcial de los que viven en el teatro
de los sucesos, y desechará el de
escritores que, á fuerza de alterar
la verdad, han perdido el derecho
Bogotá, Julio 23 de 1904
-jNUME~; ~9'
--~~~~~~~~~~--~~----~~--~~~~~~~----~--------.-.
de ser creídos y que, por habitar en
esta capital, se suponen autorizados
para engañar al resto de los colombianos.
Ya se ve: j son los sencillos
provincianos!
Cualquiera pe¡;:sona medianamente
conocedora del estado de tirantez
en que se hallaban nuestras relaciodes
(liplomáticas con Venezuela y.
sobre todo, de la profunda aversión
que el nombre' colombiano inspiraba
no solamente en las esferas oficiales,
sino en la masa popular, puede
medir la magnitud del esfuerzo
requerido para transformar repentinamente
esa atmósfera hostil en
otra amiga y sinceramente frater-"
nal.
Hay que tener presente las múltiples
causas que desarrollaron ese
resentimiento profundo, que para
la gran mayoría de los ~olombianos
es .extraño y sorprendente, porque
no lo hemos abrigado nunca para
con los venezolanos, pero que no lo
es para los habitantes de nuestras
regiones fronterizas. En primer término
fueron responsables los Jefes
revolucionarios, nuestros patriotas
conciudadanos, quienes para conquistarse
el apo~ dél Gobierno ~
Venezuela y atní.br~ Tlis sirt\~f&>
de ese pÚébfÓ;~~ eJ\ ~
cer creer que f6s tdHi&\i~ó~ el
Colombia eran enemigos acérrimos
del régimen político allá imperante,
que lo miraban como una amenaza
permanente y gravísima, y que estaban
resueltos á acabar con él á
todo trance por medio de la fuerza,
apoyando enérgicamente las revoluciones
que se le lucieran.
Como es natural, esa intriga, que
no calificamos, bien dirigida y sostenida
tenazmente, dio por resultado
que el Presidente Castro y sus
amigos vieran en el Gobierno de
Colombia una espada continuamente
suspendida sobre sus cabezas, y
pensaran en hacer con él lo que temían
que se les hiciera de aquí para
allá. Acabar con el régimen conser.
vador de Colombia llegó á ser para
ellos, con apariencias de razón, una
necesidad imprescindible. De ahí
los eficaces y cuantiosos auxilios
prestados á la revolución colombiana
por el Gobierne;> de Venezuela, y esa
batalla casi continua de dos años
largos, librada en la frontera entre
las fuerzas respectivas, la cual batalla,
si no degeneró milagrosamente
en franca lucha internacional, sí en.
conó los ánimos y exaltó las imaginaciones.
Por otra parte, no fue para
nadie un secreto que algunos jefes
subalternos de nuestros Ejércitos, en
són de represalias y contrariando las
órdenes expresas y terminantes del
Gobierno, dieron elementos á la re
belión venezolana y fomentaron la
guerra civil del otro lado.
Ahora bien: como nadie ve la
viga de su ojo sino la paja en el
ajeno, el puenlo venezolano y principalmente
el Gobierno venezolano,
dieron grandísima importancia al
apoyo prestado por personalidades
colombianas á la revolución de su
patria y tomaron aquello como un
guante arrojado por el hermano Pue-
1,10 de Colomhia, que ni sahía si
quiera lo que pasaba en esos remo
tos parajes. No interpretaron ese
apoyo como un desquite, justificado
si se quiere, de la conducta iniciada
por ellos contra nosotros; no se
acordaron de los grandes ejércitos
invasores de Urihe Urine, de Benjamín
Ruiz y de otros; no pensaron
en Oarazúa, ni se fijaron en que allá
estuvieron siempre seguros y tranquilos
el Cuartel General y lo i [J ir
ques de nuestros enemigos. Se preocuparon
solamente de la invasión de
Ranjel y ele lo ,~ exiguos auxilios
prestados á los rebeldes venezolanos
en nuestro territorio, auxilios sin los
cuales, verdad sea dicha, el Gobierno
del General Castro hubiera estado
en condiciones de dedicar todas sus
fuerzas y elementos á combatirnos, y
hubiera pooido quizás dar en tierra
con nuestro Gobierno.
Para que la amistad que renace
entre los dos Pueblos hermanos sea
leal y la experiencia sea fecunda,
hay que reconocer que de ambas
partes se faltó á los deberes que impone,
el Derecho de Gentes entre
gentes sensatas; pero que de parte
'}q¡\otr¡o J¡u~ 'ª ci'~iI>qs~
"l n ~ ~p ~ qilP.er t~.ffiafó :>1.W¿~
men~e nJ$, det~JJ: m,9S,. . . ~ .... n
SI, como era natura. e enera
Castro y sus amigos no dan ligeramente
oídos á nuestros revoluciona
rios, ni les atribuyen una seriedad
que no tienen, sino que esperan, preparados
debidamente, á que se cum·
plan los sombríos vaticinios que les
hacían, nada hubiera pasado. El Go.
bierno de Colombia jamás hubiera
fomentado, ni con el pensamiento, re·
beliones venezolanas. L'l revolución
colombiana, sin el apoyo venezolano,
ecuatoriano, nicaragüense y salvado·
reño, habría sido imposible ó ridícula.
Así debe comprenderlo actualmente
el mismo General Castro, de.
masiado perspicaz para no medir con
exactitud la desproporción que exis.
te en Colombia entre la fuerza de
Uribe Uribe y la 'del Gobierno. Ve,
nezuela no ' habría experimentado
tampoco los males de su última guerra
civiL i Cuánta sangre y cuántos
sacrificios ahorraoos! i Será la experiencia
entre nosotros los americanos
del Sur madre de la sabiduría?
Las guerras civiles de -Oolombia
y Venezuela, que vivían la una de
la otra, terminaron, como era de esperarse,
casi simultáneamente. Al
punto sobrevino la complicación de
Venezuela con las potencias Europeas
coaligadas, que fue lo que
en definitiva puso allá fin patriótico
y ejemplar á la rebelión. Recuérdese
con cuánta tristeza y con qué profundo
sentimiento de confraternidad
fue mirado por nosotros el atropello
inicuo de que era víctima la nación
hermana. No hubo en Colombia una
sola voz, autorizada por lo menos,
que no aplaudiera la actitud enérgica
del Presidente Castro y que no
condenara la codicia de los civilizados
europeos. Pues bien: nuestros
patr¡.'ota~ revolucionarios aprovecha-ron
la ocasión para hacer ' creer al
Gobierno y al pueblo venezolano
que el partido Conservador de Colombia
había apoyado moralmente
la demostración de los fuerte~, gozado
con la desgracia que pesaba sobre
nuestra vecina y censurado la re.
sistencia heroica del Gobierno del
Presidente Castro, que sabía rechazar
la fuerza con la fuerza.
Conpréndese cuánta sería la indignación
de los venezolanos al tener
conocimiento .de la conducta antipa.
triótica del Gobierno y Pueblo ele
Colombia. Compréndese el profundo
resentimiento que abrigaba contra
quienes así rompían la solidaridad
que debe existir entre estos países
en semejantes casos; y abrían hondo
abismo entre los dos Pueblos hermanos.
Responsables de todo, nues.
tros graves catones; los que aspiran
á dominar en esta tierra; los
que se creen llamados á regenerarnos,
y poseen el secreto maravilloso.
de nuestra felicidad futura!
Uno de los filopes mejor explotados
en Venezuela por nuestros pa-,"
triotas revolucionarios contra el Gobierno
y conservadores de Colombia;
e .... ~-e...· 5',
~~ .
~~ ••. ; M.
con decir que recalcaron mucho en
la actitud tomada por nuestro. caudillo
á raíz de la guerra de 1895:.,
cuando quÍ60 tomar cuentas al pre ..
sidente Crespo por su intervencióninesperada
en fa vor. de los rebeldes
colombianos. No hay que olvidar que
en la batalla Je Enciso pereció el
Coronel venezolano Entrena con un
batallón filibustero y que, indignado
por tan descarada é injusta
agresión, el General Reyes intentópedir
por ella una satisfacción á Ores.
po, cosa por demás natural.
De eso tomaron pie nuestros catone~
para pintar á R~ yes r.omo el
enemigo jurado .de Venezuela );
exaltar contra él los sentimientos
patrióticos de ese altivo pueblo. El
rencor de 1895 no se había extinguido
en el corazón del caudillo
colombiano. Su caballo de batalla
vivía listo para volar al Táchira,
pasarlo" á paso de huracán" é ir
á apagar su sed en las fuentes públi,
cas de la capital venezolana. Esto
no era una promesa ni Un deseo, era
un juramento inquebrantable, una
resol~ción firmísima. Reyes Presidente
de Colombia sería para Venezuela
la seguridad de la guerra.
Terminada la revolución interna
con el triunfo definitivo de sus armas
y conjurado el peligro exterior.
á lo menos por el momento, el Presidente
Castro volvió sus ojos hacia
el Táchira, esa amenaza permanente,
insoportable y victoriosa, á su turno,
de sus enemigos. La noticia de la
probable exaltación del General Reyes
al poder en Colombia acrecen.
taba á sus ojos, á los de sus enemi- .
gas y á los de todo el patriota pue&
blo venezolano los peligros que por
ese lado oscurecían e1 horizonte.
i Cuál fue entonces su preocupación 1
t, Cuál su propósito?
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Hombre de resoluciones prontas
é incontrastables, el General Castro
pensó precipitar lo irremediable y
lo que con el tiempo ofrecería riesgos
mayores. Secundado casi unánimemente
por su pueblo, la guerra
fue el único objeto de sus pensamientos
ó por lo menos la conjuración de
ella mediante un golpe de audacia
que le diera influencia en los destinos
de Colombia, suficiente para im·
pedir que Reyes ocupara la Presidencia.
Las medidas tomadas por el Presidente
Castro en el curso del año
pasado y primeros meses elel pre.
"sente, así como la exaltación en que
se hallaban los espíritus, no sola.
mente en Caracas sino en todo el
pais, no podían dejar duda ninguna
acerca de las intenciones bélicas de
los venezolanos. Los armamentos
cuantiosos pedidos con urgencia á
Europa; el Decreto sobre elevación
del pie de fuerza á una cifra fabulosa
para las necesidades del país; la
movilización de tropas y el transporte
de elementos hacia la frontera
del Táchira, y por último. la voz
unánime del público, denunciaban
los prop6sitos del Gobierno venezo·
lano, no obstante su circunscripción
y reserva. En todas partes no se
hablaba de otras cosas que de las
injurias recibidas y de los futuros
peligros de parte de Colombia; de
las amenazas hechas y reiteratias por
el General Reyes contra el pueblo
venezolano, y de la imposibilidad de
vivir allá en paz mientras aquí mano
daran los conservadores. En e! mes
de Abrir estaba resuelta y ordenada
la aproximaci6n de diez mil hombres
veteranos á la frontera colombiana.
Tres versiones corrían en Vene:
mela como cosas seguras acerca de
1hs. 0l!iP. Ol¡ t~GRP'jsrng,- D~c
un::",,¡¡;..nI>~~"'~~
exig~l_~~~"', _.IM! d
po .ó .
zaCl n cuantlOsa por los daños cau<
sados. Otros aseguraban que se
marcharía á tambor batiente hacia
la capital colombiana sin dar tiempo
á que nuestro país, desprevenino y
fatigado, saliera de la sorpresa y se
preparara á resistir. Otros, en fin.
afirmaban que todo aquello se hacía
en combinación con los liberales colombianos,
comprometidos á secundar
el golpe y á derrocar, con ese
poderoso auxilio, el régimen conserva,
lor. Naturalmente no sabemos á
punto fijo cuál de esas era la versión
auténtica; pero nos inclinamos á la
última por la sa~isfacción con que
los liberales colombianos residentes
en Venezuela miraban los preparativos
del Gobierno y por la reserva
que guar aban acerca nel objeto de
ellos.
No faltaron quienes se esforzaran
por disuadir al Presidente Castro y
sus amigos de apelar á los recursos
de la fuerza para arreglar sus diferencias
con nosotros; pero tono fue
inútil, y entendemos que de eso no
~ra posible hablar siquiera. Recordamos
que en el mes de Febrero estuvo
en Caracas unas horas el General
Marceliano Vargas, quien oficiosamente
conferenció con el Sr. Sanabria,
Ministro ele Relaciones Exteriores.
El fue testigo de la resolución
incontrastable de! General Castro
de tomar venganza y arreglar
por las armas los asuntos pendientes.
¿Estaba preparada Colombia para
el lance que se le aguardaba' i Se.
hablaba aquí de semejante cosa 1
¡Había entre nosotros entusiasmo?,
¡había deseo ele aquella guerra? Repetimos
que, si se exceptúan nues~
Blanco y Azul
tras regiones fronterizas, el Pueblo
colom biano no tenía ni noticia de la
amenaza, ni de las ofensas, ni de los
resentimientos_ Nadie se preocupaba
por tales p.eligros. Nuestro Pueblo
ama al de Venezuela como á herma
no suyo, y hubiera sido para él una
extraordinaria sorpresa hallarse. de
la noche á la mañana, en un conflicto
de esa naturaleza. Sin duda, nues~ .
tro país al sentirse herido de repen.
te y de manera á sus ojos injustificable,
se hubiera levantado como un
león, y la lucha habría asumido proporciones
gigantescas y caracteres
espantosos. Por otra parte, nuestro
Partido Liberal, causa de la guerra,
porque sembró la semilla de la dis.
cordia entre las dos naciones. habría
aprovechado la ocasión (si acaso no
ayudado á los venezolanos) para
apoderarse del Gobierno, único deber
que se cree obligado á cumplir,
único fin que busca, único patriotismo
que lo mueve. ¡Cuál sería hoy
la suerte oe Colombia?
En Europa, donde tienen noticia
primero que nosotros de las cosas
que nos interesan más ele cerca, se
tenía pleno conocimiento de lo que
dejamos relatado con relación á la
actituo de Venezuela.
La guerra entre las dos naciones
surameri~anas era un hecho próximo
de indefectible cumplimiento. El Ge.
neral Reyes fue informado detalladamente
y con absoluta precisión de
lo que sucedía, y midió las desastro
sas consecuencias que para ambos
pueblos tendría la sangrienta aventura
que se preparaba. Por eso, des.
de que salió de Francia resolvió hacer
un esfuerzo supremo y eficaz en
el sentido de conjurarla tempestad
antes de que estallara, á costa de
cualquier sacrificio. .
Cediendo á los impulsos de su
b~~n cora~ón y de su afdi¡ente patÍ'
()fis ~V t'ónfia~'r\ éifl s bueiut
e~~ gw a ~t J?l'
que á ese respecto dejamos relatado
fuera una ficción nuéstra, bastaría el
beneficio recibido por el comercio
colombiano con la suspensión de las
hostilinades, para hacer simpática y
valiosa la obra del General Reyes.
Sabido es que el comercio de Santander
vive de sus relaciones COll.
Venezuela y que se avalúan-en millones
de dólares los perjuicios sufridos
por nue~tros comerciantes y
exportadores durante los meses en
que el tránsito oe sus mercancías y
productos por territorio venezolano·
les estuvo prohibido. Sabido es también
que si esa situación hubiera
continuado indefinidamente, el movimiento
comercial ele aquella próspera
región hubiera muerto por completo.
No es, pues, hiperbólico afirmar,
como han afirmado millares de
santandereanos en telegramas y cartas
al General Reyes, que este cau·
dillo salvó de la ruina esa preciosa
porclOn del territorio colombiano y
se hi~o acreedor á eterna gratitud
en ella.
El éxito obtenido por el General
en una empresa que hombres prácticos
é inteligentes calificaron de te·
meraria, prueba que entre los pueblos
americanos lo que falta es franqueza
y corazón de parte de sus gobernantes,
para unirlos en abrazo
estrecho y conducirlos juntos al cumplimiento
de sus grandes destinos.
Prueba también que el mal de estas
Naciones es el alejamiento, la indiferencia
reciproca, el estiramiento y
mutuo olvido, todo lo cual engennra
susceptibilidades, antipatías y aun
odiosidades infundadas y perjudiciales
en grado máximo para sus
respectivos intereses y para sus intere:
ie., :) n unes.
Los que piensan en fe ~eraciones
ó ligas americanas para resistir las
agresiones extranjeras, deben estar
seguroi'l de que no llegaremos á un
resultado práctico en ese sentido sino
aproximando los pueblos. desarrollando
sus simpatías, procurando
su contacto, fomentando su cariño
y haciendo rlesaparecer todo
motivo de resentimiento, toda causa
de enemistad y todo germ~n de discordia.
i Pueden medirse acaso las consecuencias
de una guerra entre Colomhia
y Venezuela ~ El día en que
tal desgracia aconteciera, puede asegurarse
que ambas Naciones desaparecerían
del mapa como naciones
libres. Sería una guerra interminable
y cruel, sin más resultado
final que dar pretexto á los humam·.
tarios conquistadores para intervenir,
dominánnonos_ Sería ese, además,
el espectáculo más desconsolador
para tocio buen americano_
Razón, y mucha, tienen los habitantes
de nuestras regiones fronte.
rizas para aclamar á Reyes como á
su redentor por el restablecimiento
de las relaciones con Veoezuela. El
mismo sentimi~nto abrigan los venezolanos
de las poblaciones limítrofes.
Esa aclamación vale más que
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
odemos obtener de nuestros nu~vos
~andatarios ó esclavos de la NaCión:
el Presidente titular y el Congres? de
1904; porque estas grandes entlrden
ni la más pequeña ofensa contra alguno de
ellos, Nuestros Congresos han sido circo de
toros; tiempo es de que sean el templo de
la República donde todo inspire majestad
y respeto."
DE AD&nNISTRACIÓN-Suplicamos á los
Sres. Agentes y corresponsales de este pe.
riódico en los Departamentos, se sirvan
acusarnos recibo de los ejemplares que les
hemos enviado desde el número l. o; y
avisarnos oportunamente .de las devolucio • .
nes que nos hagan, para hacer los abonos
en las respectivas cuentas.
Asimismo suplicamos á los Sres. Jefes
de Oficinas y caballeros particulares á.
quienes hemos- enviado esta publicación, se
sirvan darnos aviso cuando dejen de recibirlas
para corregir las irregularidades que
qne á este respecto se cometan.
FlESTA RELIGlOSA-De acuenlo con ' el
respectivo Programa, se verificaron en la
ganta Iglesia Catedral las solemnidades en
honor de Nuestra Señora del Carmen, pia.
dosa devoción que día por día aumenta
más en esta Cristiana capital.
El 16, día de la fiesta principal. fue muchísima
la concurrencia de fieles á la recepción.
de los Santos Sacramentos y á oír
la palabra divina pronunciada por boca de
los Prcsbíteros Dres. Cortés y Carrasqui.
lIa dos de los oradores más ilustrados, elo.
cu~ntp.s y persuasivos de que se gloría
nu~stra Religión en Colombia.
Bien hayan las sociedades cristianas que,
como la de Bogotá, lejos de renegar de su
fe religiosa, hacen públicas manifestacio_
nes de ella de manera tan solemne y luci.
da como ésta.
ESTÁ ENTRE NOSOTROS el Dr, José ]. de
La Roche, uno de los Representantes por
Antioluia al próximo Congreso. Lo saludamos
y le deseamos grata permanencia
en esta capital.
" PAZ y TRABAJo"-Este es el nombre de
un nuevo periódico que ha visto la luz en
esta capital, bajo la inteligente dirfcción
del Sr. D, :Juan Ignacio Gálvez-Redactor
de Los Hechos-cuya publicaci6n ha sido
suspendida por él mismo para encargarse
de esta otra, destinada á servir los intere_
ses de la [Jmlm de Industriales y Obreros.
Fundadamente esperamos que el Con.
greso y la nueva Administraci6n, próxima
á inaugurarse, prestarán á la [Jnión de Indus_
ria!esy Obreros de la República la atención
y apoyo que merece.
Saludamos al nuevo colega, le deseamos
larga vida y muchos triunfos, y le enviamos
nuestro canje.
!lET Vtajeros! Negociantes!
Véndense tres muy buenas mulas de silla,
nuevas, finas, bonitas, mansas y perfecta_
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Entenderse en la Administración de este
peri6dico, una cuadra abajo de Santa Clara.
~ ~ d ~t
I
Por lalta ~ a~e] e 1I
i ~ para las maquInas
~\ '".
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Juan David Herrera, .J osé María
Lombana B, Aristides V.
GutiJrrez, Carlos Esguerra,-Mi-guel
Rueda A., Manuel Canti- ...
Bo p .. Manuel N. Lobo, Luis
Felipe Calderón, Ddlfín Restrepo,
Gabriel Camero, Roberto
Sanmartín, Aristides Salgado,
, Pompilio Martínez, Tiberio Rojas,
Zoilo CuéIlar D., Guillermo
Gómf>z, Luis Zea Uribe, Luis
Felipe 'Torres y Rafael Vcrós.
En el Servicio de Caridad de
María Auxiliadora, compuesto
de un depal'tamento para hombres
y otr
Citación recomendada (normas APA)
"Blanco y Azul - Serie I N. 19", -:-, 1904. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2094833/), el día 2026-04-04.
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