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j'aisemanatio ~oIítico, :1Literatio ~ lRotidoso
AÑo l.-SERIE Ir. } Bogotá (REPÚBLICA DE COLOMBIA), jueves 12 de Agosto de 1897. { NÚMERO 47
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PAclFlco.-Llega los lunes á las 4 p. m., y sale los martes á
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hllC~1JlieJl.da!.-IIay dos en cada mes: IIp.gan el 3 yel 18, y salen
el ro y el 25 á las 6 a. m.
OCCIDENTE.-Llega los lunes á las JO a. m., y sale los martes á
las 3 p. m.
Ifllcolllimdas.-Llega los días 14 6 15 r 25, y sale en los días 6 y IS.
SUDOESTE (Ambalema).-Llega los Jueves á las ro a. m .. , y sa le
los viernes á laSi 3 p. m.
ORIENTE (CJrocué).-Llegan COrreos 8, 18 Y 28 ue cada mes, y
salen ella, 20 Y 30.
S¡:;:JESTE (Melgar). Llega los j ueves á las 4 p. m., y .. le los
viernes á las 2 p. m.
ATLÁNTIco.-Llega á Bogotá lo. días 5, 11, 23 Y 29 de cada mes
y sale en los días I I?, 7, 13, J9 Y 25 de cada mes. '
El de Encomienda. llega el31 6 1? Y el 13, y sale el6 y el ~8.
NORTE.-Llega los jueves de cada st!lUana á las 10 a. m., y sale
tBdos los viernes.
El de hncomiendas llega. el 9 ó JO y el 28 Ó 29. y sale el 7 y 28.
NOROESTE.-Llega los Vlerne!"- á las 9 a. m., y sale los sá.bados
á las 2 p. m.
:El de Encomiendas llega el I I?, y sale el 2S á las 6 a. m.
Su R.-Llega los lunes á la 1 p. 111., Y sale los miércoles á
las 2 p. m.
Los de Encomienda., son dos en el mes. Llegan el 11 y el 26 Ó 27
y salen el 13 y 28 á la; 6 a. m.
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Vía de la Sabaua.
Sajen los trenes de Facatativá á las 6 y 30 a. m. y á la I y 30 p. m.
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Vía del Norte.
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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
ALOCUCION
DEL VICE PRESIDENTE IJE LA REPÚBleA, ENCARGADO DRI. I'OOKR
EJECUTIVO
AL EJERCITO
Jefes y oficiales del Ejército.
Como en años a nteriores, cábemc la satisfacción
.de saludaros en este día de perdurable
memona.
Continuadores de la tradición gloriosa del
Ejército Libertador, celosos guardianes de la
Patria emancipada, vosotros sostenéis la paz y
el orden social, y al propio tiempo dais alto
ejemplo de fidelidad y honor, de aquellas virtudes
que son el alma de la institución militar,
como de toda colectividad, de toda raza disciplinada
y potente.
.En épocas desgraciadas, en que las facciones
desgarran el seno de la Patria disputándose
el poder, en que el caudillaje se sustituye á
la autoridad, la legión banderiza al E jército
N acional y la violencia al derecho, las nociones
del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto se
alteran y confunden; entonces se requieren
grandes esfuerzos y sacrificios para establecer
el imperio de los principios de justicia, de los
se ntimientos morales y religiosos, que constituyen
la verdadera civilización.
Bendigamos á Dios por el gran pogreso
moral que en el orden político hemos alcanzado
en los últimos tiempos.
Si alguna vez las más esc:andalosas infracciones
de la ley moral pudieroll ser miradas
con indiferencia ó acaso recibidas con aplauso,
hoy no será fácil arrancar del pecho el sentimiento
de repulsión y horror que el solo nombre
de traición inspira; pero suele aco ntecer
que los corruptores empiezan á insinuarla por
medio de maliciosas distinciones, bajo fingidos
nombres. Entonces aparece primero cautelosa,
y después más desembozada, la pérfida teoría
que ya he visto asomar en alguna parte; entonces
se enseña que el servidor público, civil
ó militar, debe ser fi el á la ley, pero no tiene
porqué serlo á la persona de altos Magistrados
; como si éstos no estuviesen especialmente
encargados por la ley misma de dar vida y
eficacia á la letra muerta, de hacerla obedecer
y cumplir, y no fuesen por lo mismo necesaria
personificación de la justicia; como si pudiese
existir el orden legal que falsamente invocan,
sin autoridad efectiva, sin jerarquía y sin subordinación;
como si cualquier empleado público
reuniese en sí las facultades de intérprete
supremo de la ley y los oficios de juez de residencia
y de verdugo público ó secreto de sus
superiores jerárquicos.
¿ y qué importaría que nos llamásemos
defensores de la ley escrita, si careciésemos de
temor de Dios y de pundonor ingenuo, si osásemos
violar ó desconocer aquellas leyes sagradas
que Dios mismo grabó en el corazón de
la humanidad, sin las cuales los reglamentos
más perfectos serían impotentes de toda impotencia
para regir ni civilizar pueblo alguno; leyes
por las cuales la mentira, la deslealtad, la
felonía, son juzgadas por intuición y sin apelación
condenadas, en las formas que los Códigos
Penales no definen ni comprenden; leyes, en
fin, que aun pueblos bárbaros, pero no corrompidos,
reconocen y respetan ?
Vosotros saLéis que la traición puede ser
más ó menos infame, según las circunstancias,
pero que no hay caso alguno en que ella deje
de infamar á quien la comete;
Vosotros sabéis que en el servicio público,
cuando un empleado experimenta un conAicto
en su conciencia por creencias ó sospechas
que abrigue contra la auto ridad de quien depende,
este conAicto no se resuelve por el delito,
por la insubordinación, ni haciendo sorda
y pérfida guerra al superior, sino por el expedito
recurso de una franca dimisión;
Vosotros habéis reconocido que jamás ha
estado expuesta vuestra co nciencia á esos conAictos,
porque el Gobierno no os ha exigido ni
habrá de exigiros ningún acto ilícito ó malo,
nada que no sea el honroso cumplimiento de
vuestros deberes naturales.
Vuestra obediencia es racional, espontá-nea
y cordial vuestra adhesión al Gcbierno, y
el ejemplo de lealtad incorruptible que ofrecéis,
el servicio más señalado y eminente que prestarse
puede á la República. Vuestra actitud
firme y serena paraliza, no sólo la acción, sino
hasta en su cuna el pensamiento proditorio en
quienes pudieran concebirlo, y contribuye así
eficazmente, con el sentimiento general de la
sociedad, á deshacer el peligro de que la mala
fe, la in g ratitud y la perfidia, de que fuera del
recinto vuéstro se han presentado algunos casos
lamentables, hubiesen de extenderse y asentarse
como mal endémico hasta vicia¡- profundamente
el honrado carácter nacional.
l\1al temible, mal infinitamente mayor que
todos los males físicos que pueden azotar y
aAigir á un pueblo; porque no son ciertamente las
condiciones del suele nativo y de los patrios climas,
sino la .1Otoriedad del carácter general de
los habitantes, lo que se ti ene en cuenta, cuando,
saliendo un hombre de su país, declara con
legítimo orgullo su nacionalidad, ó renuncia á
ella y la oculta para ev itar humillaciones.
Recibid, pues, una vez más, vosotros, soldados
todos de la R epública, el testimonio de
estim ación y gratitud que en nombre de la
Nación y en el suyo propio os presenta quien
durante cinco años ha puesto especialmente en
vuestras manos la seguridad común y su seguridad
personal, con tal confianza, que jamás,
ni en las horas de alarma y de peligro, ni en
medio de amargas decepciones, ninguna sombra
de sospecha respectú de vosotros ha asaltado
su espíritu ni inquietado su sueño.
¡Que Colombia sea cada vez más grande
por la virtud, por el progresivo ennoblecimiento
del carácter nacional, por la mayor fu erza y
vuelo de su buena reputáción, y que en esta
gloria quepa á la clase militar el título de singular
merecimiento que gllstoso le he reconocido
siem pre y que de derecho le corresponde!
Bogotá, 7 de Agosto de 1897.
M. A. CARO.
PASOS EN FALSO
1
En hoja volante ha aparecido, por
fin, el Jfctnijiesto, hace meses esperado,
que el señor General Rafael Reyes, desde
París, se ha dignado dirigir tÍ la Nación.
El JJt[ctnifiesto parece dirigido á la .H.epública
francesa, pero sólo ú primera vista,
al leer el título y el lugar de la fecha; en
el r esto del escrito se conyence uno de
que trata de Colombia .
La primera impresión que resulta de
la lectura de ese documento es la vaguedad,
característica ya de los sentimientos
políticos ele su autor. N o hay allí programa
político de ninguna clase; naCftt se
promete ú los partidos 0010mbianos; se
pudiera tachar de eclécticas las ideas del
General Reyes si los lugares comunes fueran
dignos de con sideración filosófica.
Lugares com~tnes hemos dicho, y ellos
son los q no r esplandeoen en esa producción.
El señor General desea la paz, el
progreso, el Gobierno de todos y para to- ,
dos, es decir, lo que desea t.odo el mundo
para pensar y trabajar libremente. Desea
que todo;,; los h ombres dignos figuren en ei Gobiel'l1o, pero ese es un princip io demasiado
utópico para. que pueda r ealizarse
: impos ible que el General Reyes admita
como Consej eros sUyOfl Ó nombre
funcionarios públicos important.es ú los
enemigos del actual régimen, esto es, ¡í.
los enemigos de las instituciones conservadoras,
de las c uales se declara él flostenedor
d ecidido. Precisamente la nota falsa
dominante en el Mamjiesto es ésta:
que habiendo aceptado el General los sufragios
del partido conservador, no le haya
ofrecido á ést.e las reformas que persigue
y que lo han separado del nacionalismo.
En rigor lógico, la candidatura del
General Reyes se ha hecho, por t.al razón,
imposible para el historicismo y los
velistas; es de un todo absurda para los
radicales, porque éstos no le prestarán su
apoyo á un candidato que no les concederá
nada en el terreno de las ideas; y es
imposible y absurda para el partido nacional,
por el desdén que hacia él ha mostrado
el candidato mismo.
Tenemos, pues, que el General Reyes
ha dejado escapar la presa por correr
tras de la sombra. Ha querido contentar
á todos y seguramente se quedará sin
nadie.
Acaso deba disculparse al General
Reyes, porque, con toda verosimilitud, él
no es el autor r eal de esa desgraciada producción
p olít.ica. Hay en ella anacronismos
que no se compa decen con la distancia
ú que de Bogotá se halla el GeneraL
Como el señor Caro era candidato el 22
de Junio, y, lo que es mús, no se había
inhabilitado, ni había siquiera manifestado
expr esamente la no aceptación de su
candidatura, es claro que el General Reyes
no podía suponer entonces que el V icepresidente
"presidiría con equidad y
patrioti smo el debate electoral."
Si el r esultado del meeting del 30 de
Julio se comunicó ú París en el acto,
no ha podido tener el ./.11anijiesto la fecha
de 22 de Junio. Si no se comunicó, el Gen
eral Reyes no ha podido t en er ese dón
de profecía.
Risum te11eatis. La frase est[l muy
manoseada, pero no podemos dejar de
cont.ener la risa.
Qiít:.ónt.ca,
ZARZUEL ;
Tres funciones ha dado ya, que no son pocas, la
Compañía que dirige el señor Chaves, y, sin embargo,
prefenmos esperar una semana más antes de juzgar
uno á uno sus distintos componentes, y nos limitamos
á asegurar que su conjunto es bueno y que por lo
mismo merece franco apoyo de cuantos amel' el arte
por el arte ó siquiera sea por la ocasión que nos ofrece
de fomentar el comercio social que anda hoy tan
de capa caída como el de la Calle Real. Nada, pues,
diremos todavía de la propia zarzuela, pero quédenos,
á lo menos, el recurso de referirnos á ella para comunicar
á nuestros lectores algunas cavilaciones que han
amargado el placer de oír un bonito trozo de música,
cantado bien y por voz correcta y agradable.
¿ Porqué escasea el público, sob re todo, del beIlo
sexo, en la espléndida sala del T eatro Colón?
¿ Porqué se ha despertado en nuestro público,
y claro que sólo en el masculino, el prurito de manifestar
descontento, real ó fingido, cada vez que acude
á un espectáculo cualquiera?
¿ Porqué no se les fija igual precio á los distintos
p uestos d el Teatro?
¿ A qué ley económica responde el gran recargo
de precios con que se venden los efectos de las cantinas
del Teatro?
¿ Porqué no se esfuerza el Gobierno en dar el servicio
al bellísimo Foyer del Teatro, para que las señoras
puedan descansar en él de la natural fatiga que
les causa una larga permanencia en sus asientos?
E n verdad, en verdad que no se concibe una
ciudad como la capital de Colombia, en donde ~s innato
el amor á lo bello, que no pueda darse el lujo
que se dan otras muy inferiores en riqueza y población,
de sostener permanentemente las funciones de
teatro; y para explicar el caso de modo satisfactorio y
que no afecte el buen nombre de esta ponderada Atenas,
sólo se nos ocurre echarle la culpa al bolsillo, que
no es mengua la pobreza, y declarar que para el retraimiento
de que nos quejamos sólo vemos dos razones,
pero ambas de pl!SO y ambas de pesos : que nu estros
ricos se pasan de pobres y no pueden recargar
sus gastos con ochenta pesos semanales para distraer
á sus familias, ó que las funciones son demasiado
frecuentes y el público no es bastante para que se
cambie la concurrencia del teatro de modo que siempre
esté lleno.
Si la cosa es así, y así nos lo parece, no tiene más
remedio sino disminuÍr el núme ro de funciones semanales
y red ucir los precios de las localidades, á lo menos
hasta igualar el de los asientos de palco de ava1t-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
se/me con el de los de platea, pues m Justo es que
hasta para esto de divertirnos resulte de mejor condición
el pantalón que la enagua. En París vale lo mismo
en la Grande Opera el mejor asiento de platea que
el mejor de palco ó de aVall-!.cellc, y aq:1Í bien podría
dejarse la luneta á dos pesos y vender á doce los paIcos
con seis asientos y á diez y seis ¡os de avall-!.cCllc
con ocho. Así los precios, y con función sólo los jueves
y los domingos, el teatro estaría siempre lleno;
pero. . . pero la Empresa no podría sostenerse, y su
quiebra sería segura si el Gobierno no la su bvenciona
generosamente, como es uso y costumbre en
todo país civilizado, y máxime debiera serlo aquí en
donde los gastos de una compañía son mayores que
eq ninguna otra ciudad de! mundo, pues, duélanos ó
no, somos el último rincó n d el g lobo . ___ Ojalá que
el p rogresista señor Esguerra, Ministro de Hacienda,
que tánta muestra está dando de su interés en favor
de Bogotá, d iscurriera algún medio de zanjar la dificultad
apuntada y obtuviera para esta Compañía una
subvención que la p ermita vivir en las condiciones
que dejamos apuntadas.
Quizás creyendo responder también al empeño
de asegu rar la próspera existe ncia de la Compañía,
se han fijado tan altos los precios eIl las cantinas,
pe ro maliciamos que en esto hay un error,
pues bien sabemos que más valen pocos muchos que
muchos pocos, y nos permitimos creer que la cosa
andaría mejor si tales precios fueran los corri e ntes de
la plaza y sobre buenos artícu los; así nadie saldría á
buscar afuera lo que en el teatro mismo e nco ntraría
ig ual y con más ventajas, y esto con mayor razón si
se a briera el FOJ1cr con refrescos para las señoras. De
estas nuestras cavilaciones parece, por lo visto, que sí
podría salirse con sólo que el Gobierno compensara
con dinero las rebajas que hiciera la empresa del Teatro,
tanto en el número de las funciones semanales
como en el valor de las localidades y los precios en
las cantinas; pero de lo que sí no hay forma de salir
es de nuestra idiosincrasia como pléblico, que nos hace
olvidar las triviales reglas de urbanidad que, por lo
general, informan nuestra idiosincrasia como particulares/
Uno á uno somos todos muy buenos muchachos;
pero al e ntrar á formar parte de u n todo aparentemente
irresponsable, perdemos toda idea de responsabilidad
y, confundidos entre la multitud, llegamos
á excesos que aisladamente jamás cometeríamos. Este
es vicio de educación, podrá decirse, pero justamente
ypor lo mismo debem03 censurarlo á cada paso para
ver si logramos correg irlo aun cuando sea en la generación
que ahora está naciendo, que es lo que es en
lo queya Katca si es inútil intentarlo ___ _
Este sermón, y aun cuando laicos lo llamamos así
para ver si produce algullos efectos, nos va saliendo
más largo de lo que pe nsábamoS, lo cual nos obliga á
suspenderlo aquí, por m ~ls que nos quede, ó trunco, ó
descosido, y sin otro epílogo que las pocas líneas
que se requieren para reiterar nuestra súplica al bello
sexo, á fin de que se esfue rce por llenar incesantemente
los cómodos y elegantes palcos del Colón. No
olviden nu estras damas que la privación es causa del
apetito y que si sus caras mitades carecen de medio
social decente donde matar los ocios de la vida, natural
es que vayan á mata rlos á los restaurantes, ó á la
casa dlt juego, ó á los quintos apurados.
Conq ue, hasta esta noche en el teatro á ver si
por tratar~e de La Tempestad logra la Compañía un
lleno como si se tratara de Micos ó trallsformistas.
PL\.CIDO
EN CASA DEL SEÑOR TANCO
En lo alto de la escalera, junto á una bandeja de
plata cincelada, estaban aquellas perfecciones humanas,
aquellas muchachitas de seis á ocho años, llenas
de sonrisas, de bucles rubios y de belleza, repartiendo
los programas de la fiesta á los invitados que subían
g ravemente la escalera adornada de flores; y bajo el
pabellón de cintas, de camelias y de azaleas que coronaba
el regio vestíbulo, estaban los dueños de aquel
palacio de hada. D. Leopoldo Tanco y su señora, estrechando
las manos de sus amigos reunidos allí por
amable invitación. La orquesta azotaba el aire con a rmonías
triunfantes, yen el salón Luis xv hervían en
confuso torbellino las parejas; las flores que formaban
el marco de las puertas, se marchitaban de envidia.
ante las flores de carne sonrosada que se deslisaban
en alas del vals, cimbrando el esbelto talle, sobre la
blanca lona de la anchurosa sala; y aquí y allí, junto
al cuadro artístico, al bronce premiado en el concurso,
al mueble antiguo y raro, al tapiz exótico, ó al espejo
veneciano de caprichosa forma, se destacaban las cab
ezas radiantes, coronadas de joyas, los cuellos mórbidos,
ceñidos de brillantes y de p erlas centelleaban las
fac etas de las piedras irisadas por la luz y brillaban las
pupilas iluminadas por la alegría de aquellas horas; y
n~ezclánd ose y confundiéndose en los salones y galenas
los senos turgentes y las espaldas mórbidas, las
cabecitas virginales erguidas sobre los cuerpos tentadores
y gráciles, entre el fru-fru de la seda que cruje
y e! aleteo de la gas" blanca que vuela en armoniosa
rotación, destacándose sobre el negro de los frac s y
sobre los vestidos serios de las matronas, "conste!a-
({EBOGOTAJJ-Agosto .12 de .189?
das de joyas ; " todo en c:;nfusión armomca, como si
fuese un enorme caleidoscopio, que presentara un cuadro
distinto sobre el mismo fondo y con los mismos
personajes, durante aquellas horas de tregua en la
ruda y diaria jornada. Luégo el comedor, decorado
por mano de verdadero artista, y allí, e! manjar delicado
y exquisito de refinado gusto; e! vino rojo que
enciende la sangre yel champaña que entona su canción
y burbujea sus espumas entre la fil!a y tallada
copa; y de repente, en medio de las conversaciones
chispeantes, de la agudeza, de la frase intencionada,
de la risa argentina de las purpúreas bocas, de la galantería
espontánea y de! ir y venir de las parejas por
la galería iluminada á giorno, entre e! zumbido de una
colmena alborotada y las alegres notas de la cuadrilla
ó de! vals, la aurora e nvidiosa, empinándose por encima
de los cerros para ver á sus hermanas e n los salones
de Tanco, y á los resplandores de aquella importuna
el ramillete de flores humanas escondiéndose
entre los abrigos de armiño y las capas de raso.
Quede al señor y la señora Tanco la satisfacción
de haber dado una de las más b ellas, correctas y artísticas
fiestas q ue puede darse en cualquier centro
civilizado y culto; nada faltó en aquellas horas y hasta
los más mínimos detalles sati sfacían la más refinada
exigencia y el más delicado gusto; para los que tuvimos
el ho nor y el placer de concurrir á aquella dcliciosísima
reunión, tócanos el agradecimiento por las
mil atenciones recibidas y el recuerdo dichoso de
aquellos fugaces momentos de placer y de a legría.
v.
~it.e~atm:a
EL PADRE D.EL HEROE
Llegó aquel viejecito en un coche de tercera del correo
ascendente que venía de Madrid, y en cuanto se :tpeó
en el andén, preguntó af:tnosamente al primer mozO de estación
que se hall ó al paso:
-¿ Por dónde se va al puerto? ¿ Me hace usted el
favor?
Adivinábase, desde lu é~(), en el anciano al forastero.
Aquella cachucha orejera de piel de conejo, aquellas perneras
de pellejo de cabra con largos pelos, bajando de la cintura
por los muslos ; ~quel traje de paño burdo, revelaban
al rabadán de tierra adentm y '·Ie castellana cepa, con sus
oj illos vivos y un poco guiflados siempre por el hábito de
mirar largas ,listancias; con su rostro afeitado, enjuto y
cetnno y su cayada clásica inseparable, símbolo tradicional
del pastoreo desde los patriarcales tiempos bíblicos.
El mozo dc estación quedóse contemplandn al viejecito
con cierto desdén, el merecido por todo viajero de tercera
que no ha de dar propina, y al cabo se decidió á contestar
desabridamente, señalando una calle:
-Por ahí seguido.
El viejecito echó á andar renqueando, con su cayada al
brazo, por medio del arroyo. Los ómnibus, que iban á la
ciudad llenos de viajeros, estuvieron á punto de atrope·
liarle. Se refugió en una acera y de allí le echaron los mozos,
cargados con grandes baúles. Hubo un instante en
que co supo dónde meterse, con el azoramiento del campesino
que se encuentra por primera vez en una población.
y así continuó, con harta extrañeza de la gente, que volvía
la cabeza para ver pasar aquella silueta peluda, que más tenía
de zorro que de hombre.
Desembocó de pronto en el muelle y se quedó un instante
atónito ante aquel bosque de mástiles que parecían
surgir del agua. ; Qué río tan grande era el mar ! El ir y
venir de cargadores y boteros le arredró hasta el punto de
vacilar antes de seguir. Resultaba mucho movimiento para
sus pupilas montaraces, aeostumbradas á la soledad de los
oteros. Con la boca abierta y los ojos espantados se fue
acercanrl o á la orill'!, tropezando con calabrotes y rieles, y
temeroso de caerse, clav6se allí en el borde de una machina,
contemplando con asombro el Océano. j Y su hijo venía
cruzando aquella inmensidad!
Uno de los granujas del muelle, á guien sin duda chocó
la rara catadura del viejecito, quiso divertirse con él, y
le dijo burlonamente, echándose mano á una cosa mugrienta
que llevaba en la cabeza en guisa de gorra:
-¿ El señor va á tomar bote para esperar al trasatlántico
que arriba hoy con los enfermos de Cuba?
El pobre pastor castellano salió de su éxtasis al oír lo
que el muchacho le decía. _ o le entendió, por supuesto,
pero le sonaron las palabras enfermos y Cuba, y con el
instinto del aldeano, que suple á la falta de inteligencia,
comprendió que aguel p:alopín podía enterarle de lo que
deseaba saber.
-¿ _\. qué hora llega ese barco ?-Ie preguntó.
-Al mediodía-replicó el rapaz un poco más serio,
venteando que acaso la burla pocHa concluír en veras; pero
en cuanto el pastor se enteró de lo que el pingo le proponía,
retrocedió un paso, santiguándose. j Meterse él en uno
de aquellos cajones que andaban por el agua á fuerza de
palos! j Ave María Purísima!
Tenía dos horas por suyas : eran las once. La casualidad
le í)USO por delante de los ojos la puerta de una cantina
de marinero. No había almorzado. Se tomaría un chorizo
con pan y una copa de vino; era frugal por hábito. En
los setenta años que llevaba trepando riscos, sólo comió
sopos de leche y guisados de cabra.
- j EL LIBERAL, que acaba de llegar ahora, con el retrato
del general González !-gritó á su lado un chiquillo
que salía á la carrera por la calle de la estaciól'l.
El pastor se estremeció, enrojeciósele el semblante, una
viva alegría inundó de luz aquella lez cruzada de arrugas
pergaminosas como un prado añoso de surcos que ya
no f~cundan, y, deteniendo al muchacho. le gritó:
- j Eh! j Muchacho I ; Venga ese papel! ¿ Cuánto es?
- Un perro chico.
-Pus ahí lo tienes-y el rabadán sacó la moneda de
las profundidades de una enorme faja, con la que se liaba
el cuerpo_ Luégo se quedó embobado contemplando el retrato
del periódico y murmurando con un inefable júbilo:
- j Recontra! j Si está hablando'
Il
Fue un episodio tiernlsimo, que hizo asomar á todos
los ojos dulces lágrimas. El Ayuntamiento en pleno, las Juntas
directivas del Liceo de Artesa'lOS y del Círculo de Comerciantes,
los vecinos más principales de la villa, hablanse
venido á la capital de la provincia en el tren corto, para
recibir al nuevo general de brigada, que vieron partir los
años atrás. con rumbo á Cuba, al frente del batallón que
guarnecía el ind ustrioso pueblo y que ahora regresaba enfermo,
pero con la faja y los entorchados de plata á los
treinta y ocho años, después de ganarlos en un heroico
combate de ochocientos contra cuatro mil, digno de los encuentros
virgilianos y de las guerras púnicas.
Muchas personas vieron al viejecito pugnando por situarse
en primera fila y muchas le gruñeron y aun no faltó
un guardia que le arrimara un empujón. Además de las
corporaciones de la villa, esperaban las de la capital con
el Gobernador civil al frente, la banda urbana y una muchedumbre
ansiosa de prestar sus servicios á los enfermos
próximos á desembarcar en el muelle. E l sitio era estrecho
para contener tanta gente. Por fin, del enorme trasatlántico,
ya fondeado en la bah ía y admitido á libre plática por
la sanidad, se destacó un bote que muy pronto dejó en tierra
el general aguardado, joven, pero con el aspecto de un
viejo, por la demacración del semblante.
- i 1-1 ijo mío !- gritó una voz cascada, á la que arrollaba
un llanto copioso; y el rabadán castellano se precipita
hacia la comitiva con los bra7.0s abiertos, apartando á
los que querían cortarl e el paso.
Su acento había llegado, á través del inmenso rumor
de la multitud, á los oídos del espectro heroico que desembarcaba,
ó mejor, lo había adivinado el corazón. El general
se ladeó bruscamente, desasiéndose del montón de admiradores
que le cercaba, se animó su rostro de anémico al distinguir
la peluda silueta, y exclamó, estrechándole conmovido
contra su pecho:
-j .... adre de mi alma!
La estupefacción fue al pronto general ; pero en seguida
corrió la noticia de boca en boca. Aquel viejo pastor de
la cachucha de piel)' r1e los mandiles de pellejo, era el
padre del bravo caudill o. Y á los vi vas pstruendosos al uno
se agregaron los vivas frenéticos al otro, mientras dominando
el ruido de la gente aglomerada, concluían de ensordecer
el espacio los aco rdes arrebatadores de la marcha de
Cádiz. Cuantos se enteraron del encuen tro pugnaban por
atisbar la tiernísima escena, el abrazo amoroso de aquellos
dos hombres de tan distinta condici6n social , á los que
unía en público la sangre. Al cabo el jefe, más dueño de sí
mismo, deshizo el dulce lazo y exclamó, dirigiéndose á las
autoridades y corporaciones que l e~ contemplaban en silencio
:
- j Perdonen ustedes, señores, hacía ocho años que no
veía á mi viejo! Es mi padre, al que no he podido arran car
de su tierra castellana y persuadirle á que se venga á
vivir con nosotros, con mi mujer y mis hijos. El ya se ha
quedado solo; pero naCIdo y creado al cargo de las ovejas
de un título nobiliario, entre ellas quiere morir, á la sombra
de una carrasca. Sólo que ahora no le vale su oposición
, y me lo lle','o. j Ayúdenme ustedes á convencerle!
El General no se detenía en la capital sino un par de
horas, el tiempo necesario para ofrecerle un banquete de
honor, para fórmula, puesto que venía enfermo. Terminado
el !1mcl, encaminóse al tren con las corporaciones de la
villa, echándose entonces de menos la peluda silueta del
padre del caudillo. Y cuando lanzados á buscarle le encontraron
con la cara llorosa, medio oculto en el rinconcillo de
un coche de tercera, replicó con firme humildad:
-j No, no ! j Déjenme ustedes aquÍ! j Donde nI.> me
vea naide ! j Estoy más á gusto asina ! i El es un general
y va en su sitio; pero yo no soy más que un pobre pastor
y voy en el mio !
ALFONSO PÉREZ NIEVA.
A UN ASESINO
Las sombras del terror velan tu frente
y el crimen se retrata en tus miradas.
Frases, por el sarcasmo envenenadas·,
Arrojas de tu boca maldiciente.
La sangre de la víctima inocente
Dejó tus vestiduras sal "cadas,
y en tus manos, nen '·,sas y crispadas,
Se mira aún el arma de:ineuente.
"¡ Caín! i Caín! ¿Qué hiciste lit.! tu hermano?"
La Ley del Sinaí rompiste fiero
Con ale\·osa y hC'micida mano.
Que caiga sobre ti fuego di\'ino,
¡ YF.1UJUGO! te pror.ldme el munel" entero
y te execren los Ciclos j ASESINO!
JESÚS ESCODAR CAMPUZANO_
~.c.c1x.O"s 11 ~:i.c1xos
. Con profundo clolor registramos hoy la muerte de
la vIrtuosa y noble matrona señora D ~ Dominga Velásquez
de Navia, acaecida en Santander (Cauca)_
. . Reciba su estimable familia y en particular nuestro
dlstmgUlclo colaborador y querido amigo el señor D. Miguel
Navia la sincera expresi6n de condolencia con que lo
acompañamos en su profunda pena.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
FERROCARRIL DE ANTlOQUIA
DESGRACIADO INCIDENTE
LOCOMOTORA NUMERO 7 D E SCAEHILOSE E N EL
XILOMETRO 44
I.ANGOSTA OCASIONA DEPLORABLE ACCIDRNTE
VEINTICUATRO MUERTOS Y lB HERIDOS
EMPLEADOS SIN RESPONSABILIDAD 4lGUNA
Transcribimos algunos telegramas sobre
tan desgraciado siniestro, dirigidos al señor Director
de Correos y Telégrafos, quien bondadosamente
nos ha facilitado copia:
Caracolí. 7.-Monos, 7 de A¡:osto de 1897.
Señor Director general de Correos y Telégrafos.
A usted que tánIO se interesa por el porvenir inelustrial
de Antioquia, me complace el comunicarle que hoy se inau·
guró esta nueva estación del. ferrocarril. Queelan en explotación
cincuenta y ocho (58) kilómetros. El trabajo ejecutado
en los kilómetros (59) á (70) representó un valor de
ochenta mil pesos ($ 80,000).
.;Zuego á usted se digne providenciar y disponer que
el visItador señor Parra dicte providencias para trasladar
Oficina telegráfica de Monos á esta estación, medida urgentísima
para la administración ele la Empresa. Reciba mi
corelial saludo en este memorable día de la patria.
BOllifacüJ Vélez.
Medellin, 9 de Agosto de 1897.
Señor Director general de Correos y Telégrafos.
Anoche recibí el siguiente:
"Puerto Rerrio, 8.
O\'isitador. Medellín.
"Con pena comunícole que ayer á las 4 p. m. vo1cóse
locomotora número 7 en el punto denominado Mmellgo.
Perecieron veinticinco personas y quedaron diez y nueve
heridos graves, de los cuales han muerto tres. Este desastroso
acontecimiento tuvo lugar al regresar tren de la nueva
estación de Caracolí, inaugurada ese día.
" Servidor, Piedrahita, Telegrafista."
Una de las víctimas del siniestro fue Félix Antonio Quiroz,
Guarda del telégrafo. Todavía no conocemos detalles.
Servidor, I.f. Parra, Visitador.
Monos, 9 de Agosto de 1897.
Señor D. Enrique ele Narváez.
Algunas horas después de inaugurada, sin novedad
estación Caracolí, tuve conocimiento de que en Mm'ulgo,
lugar de la línea vieja, y cuando los trenes regresaban á
Puerto Berrío, ocurrió un grave ar.cidente del cual resultaron
vario~ muertos y heridos. Ruégole haga saber este deplorable
suceso al Excelentísimo señor Caro y Ministros del
Despacho. Oportunamente le comunicaré detalles.
B01lifatio Vélez.
Meddlín, 9 de Agosto de 1897.
Señor Director general de Correos y Tolégrafos,
Adiciono mi anterior sobre siniestro ferrocarril. El
tren, que conducía cerca de quinientas personas, se deslizó
y volcó con motivo gran cantidad langostas posad::ts en kilómetro
cuarenta y cuatro. De examen cuerpo ingenieros
resulta que no hubo culpabilidad de parte empleados conductores,
y que accidente fue imprevisto é inevitable.
Servidor afectísimo,
H Parra V.
Monos, 8 de Agosto de 1897.
Señor Director general do Correos y Telégrafos.
Ayer inauguróse nueva estación ferrocarril Caracolí
felizmente. A las 4 p. m. regresó locomotora número 7 en
punto denominado Marengo, volcóse. Hubo veinticnatro
muertos, quince heridos y tres perdidos hasta ahora. Comunicaréle
más detalles.
Servidor, Posada, Telegrafista.
Lamentamos sinceramente esta desgracia
y acompañamos á los deudos de las víctimas
del sinistro en su justo dolor.
HOl"l'ible acontecimien to.-Con fecha 9 del
presente mes recibió Su Excelencia el Barón de la Barre,
Ministro Plenipotenciario de España ante el Gobierno de
Colombia, en esta capital, el siguiente <:ablegrama:
Lenox, Mass, 9. Buenaventura, 9 Agosto de 1897.
Ministro España.-Santafé de Bogotá. Colombia.
Presidente Consejo víctima atentado anarquista extranjero
sin carácter político, falleció ayer. Completa tranquilidad
España. Azcárraga Presidente interino.
Dupuy.
La muerte del eminente estadista, señor D. Antonio
Cánovas del Castillo, hombre que dio lustre á España y á
las letras, es motivo de luto para tocio el orbe.
A Su Excelencia el Ministro y á h colonia española,
enviamos nuestro voto de condolencia.
En el suelo no, gritaban el otro día en la calle real
los espectadores de una molestia entre dos conocidos periodistas,
y hoy 110S grita á nosotros otro tanto El Rayo X por
la manera como juzgámos algunos de los últimos escritos
de El Correo Nacional y aplaudímos la energía con que el
Gobierno le aplicó al colega la ley de imprenta que su Director
ayud6 á expedir. Los casos, como se ve, son muy
distintos ; pues, s: es laudahle que se apoye con frase compasiva
á quien se ve impotente para defenderse, la misma
frase raya en lo ridículo, cuando se intenta favorecer con
ella á quien no lo necesita, ya porque personalmente no se
le ha ofendido, ya porque, como ahora sucede, á periódico
muerto, periódico puesto, y bien sabíamos que lo que dijéramos
de El Correo habría de contestárnoslo l!.l Imparcial.
{{dJOGOTAJJ- Agosto 1 2 de 1897.
Conque así, amigo Rayo, cuide más la viga de su ojo que la
paja del ajeno.
Telegl·am as.
República de Colombia.-Telégrafos Naciollales.-E. mimero
l.-Caloto, 4- de Agosto rtc ,397.
Señor Ministro de Guerra.
Congratulámollos manifiesto Excelentísimo señor Caro.
Signo éste que marcará en porvenIr ieleales nuestra causa.
Personas é intereses de este pueblo como patriota á elisposición
Gobierno caso de guerra.
Emilio Alegría, IIfanue! M. Swdoya, Sixto R,;j,H, L
Marulatlda.
República de Colombia.-Tc!égrofos Nacionales - E. mimero
2.-Caloto, 4 de A,~osto de r897 .
Señor M ¡lIistro Guerra.
Conservadores genuinos, sostenedores principio autoridad,
vista actitud enemigo común, listos combatir caso
guerra.
Gregorio Llorente, FrallciSt'o Vmugas, Vice"t,· Arenas,
Angdillo Sih'{1, Daniel Silva, L. Mar/Jlallda, Víctor Mal/uel
Arenas, F LondoJlo, Sixto M. Rojas, Ernesto Pil/(J, Justo
Jordán, Ez •. l1Igelillo Vivas, José J. Arenas.
Stop debe gritarse cada vez que se comete el
abuso de reproducir artículos de periódicos sin decir de
dónde se toman. El Rayo X reprodujo en su número de
ayer la bellísima poesía, Notas Lejanas, de nuestro inteligente
colaborador Eduardo Ortega, y no tuvo la galantería
de decir de dónde la tomaba. Estas confianzas rayan en lo
indebido.
Visita .-Ha salido de esta capital el Ilustrísimo señor
Arzobispo, con el objeto de hacer la santa visita pastoral
en las parroquias circunvecinas. Lo acompañan el señor
Canónigo Francisco J. Zaldúa y dos miembros de la Compañía
de Jesús. Les deseamos un feliz viaje), que su labor
sea fecunda en bienes espirituales.
Azahal'es.-EI 8 de los corrientes recibieron la bendiciÓn
nupcial en la igiesia de San Pablo, el culto caballero
señor D. Hermógenes Vargas y la virtuosa seüorita D~ María
Rivas Groot, miembros de familias distinguidas de la
capital.
Las virtudes de los desposados los hacen dignos de
lisonjero porvenir. Así lo deseamos.
Injusti c ia cUl'i osa.-Pasar. cosas en esta vida de
la prensa que dan mucho en que pensar sobre la mala influencia
de la pasión en el humano criterio: aplaudímos
nosotros, vaya de ejemplo, la justa aplicación de la le)' de
imprenta á algún periódico oposicionista y de entre el gremio
nos salen al encuentro con dos piedras en las manos;
salta El Telegralll<' en defensa de la cultura periodística y
protesta contra las injustas agresiones que se le hacen en
hoja volante al Director del diario suspendido, y entonces
no brota en la oposición ni una palabra siquiera galante
para el noble colega. __ . Así es el mundo.
Pésame.- Víctima de crueles y prolongadas dolencias
acaba de espirar la señora D.' Inés Uribe de Fon negra,
orgullo de la sociedacl bogotana, por las virtudes que
poseía.
Gratos é imperecederos recuerdos deja la distinguida
matrona, como modelo de esposa, de afabilidad y de cultura.
Hacemos votos por el descanso de su alma generosa y
acompañamos á sus deudos en su desolaci6n y pesadumbre.
Un nombrami e n to. - E l señor doctor Aníbal
Brito acaba de ser nombrado Subsecretario oel Ministerio
de Gobierno. La competencia del doctor Brito está á la
altura del elevado puesto que hoy ocupa. Su ilustración es
vasta y sólidos y profundos sus conocimientos. Sus estudios
filosóficos y de derecho, su patriotismo y el amor que profesa
á la causa que ha abrazado después de grande y madura
reflexión, garantizan fundadamente el buen desempeño
en las funciones de su cargo.
Largo tiempo permaneció el doctor Brito consagrado
al estudio de una filosofía que dista mucho ele llenar las
aspiraciones del espíritu y de satisfacer las exigencias de
un entendimiento que ambiciona la posesión de la verdad.
Hay talentos que se desesperan y agitan cuando buscan
ansiosos la verdad y 110 la encuentran; sienten algo
así como un vacío, y los 'l de son firmes puntos de apoyo
para inteligenc:as superfi<:iales y vulgares, conviértense
para ellas en puntos débiles que no resisten el primer examen
de la razón. Grandes luchas debió de librar el señor
Brito para romper las ligaduras y cadenas de una filosofía
falsa y errónea; mas puede asegurarse que en esa lucha
interna y constante de la razón, y después de prolongada y
afanosa activid::td, nunca hubo de entregarse á la inercia,
rendido de fatiga, ni sentir en el alma desaliento, ni mucho
menos el frío y amargo escepticismo. Que él buscaba la
verdad con ahinco y sin prejuicios.
Generalmente á los esfuerzos bien intencionados de la
inteligencia corresponde un plausible resultado. El doctor
Brito hizu cuanto humanamente puede hacerse para descubrir
la verdad, por medio de investigaciones concienzudas
y profundas: su claro talento, su grande asiduidad y
rectas intenciones, y el haber tenido la suerte de hallar un
maestro que, como el doctor Carrasquilla, ilumina cuanto
toca, fueron factores decisivos é importantes para llegar al
resultado apetecido.
Los que llegan á la posesión de la verdad después de
haberla buscado con afán, experimentan gozo vivo é inefable,
así como aquellos que la desprecian y traicionan, sienten
remordimiento amargo é inextinguible, y á semejanza
de Satanás, se ven precisados á "cabalgar sobre tinieblas,"
después de haber contem plado la luz en todo su esplendor.
1\1a n uel 1\1aria GuzUJán, miembro distinguido
de nuestro partido, siguió ayer para Colón, 11Igar de su residencia.
1<:1 sabe que á dondequiera que vaya lo acompañan
nuestros sinceros votos por su completa felicidad, que como
pocos merece, y que, gracias á su talento, á su ilustración y
á su noble carácter, ha lugrado encadenar hasta ahora al
carro de su laboriosa existencia. Las columnas de esta hoja
quedan como siempre á disposición del amigo y copartidario,
y nos prometemos engalanarlas con el recuento de
sus triuofos en el Istmo al servicio del partido nacional.
1\1 a nifiesto. - Lo que más admiraba el indio de
marras al extasiarse con las bellezas arquitectónicas de
nuestra ciudad capital, era que la catedral hubiera sido he·
cha aquí. ¿Tendrá algún parecido el Manifiesto del señor
General Reyes con nuestra majestuosa Basílica? A pesar
de lo que se piense en contrario, mucho tiene que ver el
generoso Manifiesto con los extranjeros, pues está dirigido
A la .Nació" y fechado en París ____ Sabe Dios si le ha sa-lido
á Mr. Faure un reemplazo de donde menos podía esperarlo.
TOl·eo.-Sólo hemos tenido hasta ahora justas palabras
de aplauso para el famoso espada Caballero y su
valiente cuadrill a; así es que hoy nos duele desafinar y tener
que dirigirle notas de censura por su poca generosidad
para sus compaüeros de arte, que han venido hasta estas
alturas por lucirse en nuestro redondel, y Caball~ro no ha
querido cedérselo síquiera para una corrida. Esto, francamente,
no¡le está bien, y creemos de nuestro deber instarle
para que deje gozar al público bogotano de la cuadrilla del
Trolli y sus compañeros.
Ojalá se realice el propósito de la Gobernación
soore arreglo de la carretera del Norte, conforme á un pliego
de cargos que circula profusamente, publicado en hoja
volante. La carretera bien vale la pena de componerla, el
servicio público así lo requiere y las coneliciones del pliego
de cargos darán lugar á una buena obra si llegan á cumplirse.
Desgraciadamente esto no sucederá, porque la Go·
ber'lación, sugestionada seguramente por moderno espíritu
de economía, no ofrece pagar Jo que la obra vale y por lo
mismo no habrá contrato, Ó si lo hay no será cumplido como
está proyectado, pues no hay nadie tan tonto que haga negocios
para perder. El tramo de camino de que se trat:t y
que debe renovarse en un corto plazo y conservarse en perfecto
estado durante cinco años, mide cosa de diez mil metros,
de modo que su renovación, como sabiamente la propone
el Gobierno, no puede costar menos de $ 20,000, Ó
sea á $ 2 el metro, UIlO con otro, y su conservación, por barata
que se obtenga, no vale menos de $ 3:>0 mensuales, ó
sea á tres centavos el metro! Para atender á estos gastos,
Que suben con sus justos intereses á algo como $ 60,000, el
Gobierno sólo da el producido de la aduanilla de San Die·
go en cinco años, que á lo sumo puede estimarse en
$ 30,000, Y por lo mismo no es fácil que haya persona seria
que acometa tal negocio. __ .. _ Ojalá que la Gobernación
hiciera estudiar de nuevo este interesante asunto y logre
darle una solución más práctica y ele mejores resultados.
Ol)el·a.-Sabemos que ha lIeg:¡do á Barranquilla, y
que pronto vendrá á esta ciudad, una magnífica Compañía
de Opera italiana.
Nos com[llacemos en comunicar esta noticia á los aficionados
al divino arte.
[-tobo pOI' hiplloti s m o.- En Hamburgo el doctor
D. fue visitado hace pocos días por una señora jo.en
que iba á consultarlo acerca del estado de su salud. La señora
se quejó de terribles alucinaciones y de una monoma·
nía inexpli.;able que la inducía á suicidarse.
El médico, que es un especialista en esta clase de padecimientos,
auscultó á s diente, la- ex~minó detenidamente,
y no encontrando ningún síntoma fisiológico de desorden
mental, quedóse. perplejo.
Después de largo interrogatorio que hizo sufrir á la señora,
llamaron la atención del doctor los dos hechos siguientes
: primero, á instancias de su marido, su cliente había
contratado una póliza de seguros sobre la vida; y segUQdo,
el marido, muy afi.cionado al hipnotismo, se entregaba
á frecuentes experiencias de este género, sirviéndose
de su esposa.
El doctor D. no tuvo el menor inconveniente en hipnotizar
á la enferma, pero tropezó con una resistencia obstinada
cuando ordenó á ésta última qUe revelase lo que su
esp050 le había sugerido. Sin embargo, logró al fin vencer
esta resistencia, y la hipnotizada le declaró entonces que su
marido le había mandarlo que se suicidara al cabo de dos
meses y que no revelase á nadie el secreto.
La compañía de seguros sobre la vida era de las que
pagan el valor de la póliza aun en el caso de que se suicide
el interesado; pero con la condición, sin embargo, de
que hayan transcurrido dos meses desde que se firmó el contrato.
Un po!icía francés muy célebre, M. Macé, antiguo jefe
de la Sureté de París, decía: " El robo por medio del cloroformo
es el robo del porvenir."
Quizás sea también el homicidio por medio del hipno!
ismo el asesinato del porvenir.
GACETILLA
Chalmers, Guthrie & C~, éanqlt~ros y ,;omisionis/
as.-Direcciones /elcgníjicas: "Ompllale, Londoll," "FOll/
legra, Bogotá."-Códigos A. B. C. y Al.
9, Idol Lane, Londres, Junio '5 de 1897.
Señor .. _ .• ~ .. __ ...... ___ . _ .. - _. _. - - - - - - _. _. --
Muy señur nuéstro :
Tenemos el honor de informar á usted que hemos establecido
en Bogotá, República de Colombia, una sucursal
de nuestra casa, que girará bajo la razón social de Clta!lIIers,
Gu/ll1-ic &' C. o
La eXDresada casa se ocupará de negocios en general
y especialmente de los de comisión y de ~anco, y será dirigida
por el señor Juan M. Fonnegra, á qmen hemos conferido
nuestro puder.
Esperamos ser favorecidos con la confianza de usted
y entrar en negocios mutuamente 'provechosos, cultivando
así relaciones comerciales de carácter permanente.
Somos de usted atentos seguros servidores,
CHALMERS, GUTHRIE & C·
El señor Fonnegra firmará:
p. p. Chalmers, Gutltrie &> C~,
JUAN M. l·ONNEGRA.
------------------------
IMPRENTA DE EDUARDO ESPINOSA GUZMÁN.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Citación recomendada (normas APA)
"Bogotá: bisemanario político, literario y noticioso - N. 47", -:-, 1897. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/2094830/), el día 2026-04-04.
¡Disfruta más de la BDB!
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