Recorre junto a la Biblioteca Digital de Bogotá los detalles del histórico 9 de abril de 1948 a través de la memoria viva de los bogotanos que vivieron este suceso que todo lo cambió.
Hace 75 años la ciudad de Bogotá fue el epicentro de una revuelta que cambió para siempre la historia de la ciudad y el país. Hasta nuestros días vivimos los efectos del asesinato del líder político liberal Jorge Eliécer Gaitán, pero ¿cómo fueron esas horas agitadas de cruces de información, confusión y desasosiego? La Biblioteca Digital de Bogotá ha preparado para ti un especial que cuenta detalles del histórico 9 de abril de 1948 a través de testimonios de bogotanos que vivieron para contarlo y material de prensa de la época. Desliza para saber más.
Contexto
Bogotá en la cumbre
Para la década de 1940, Colombia vivía un momento de bonanza económica y estabilidad social, producto de las exportaciones de café y azúcar, la formalización de miles de trabajadores de fábricas en un nuevo régimen laboral, el empleo creciente y la expansión de las ciudades. Mientras Europa, el norte de África y Asia atravesaban una guerra devastadora, nuestro país experimentaba con vigor una etapa de rejuvenecimiento de su arquitectura, de los espacios públicos y privados, las avenidas y los sistemas de transporte.
En el caso de Bogotá, la IX Conferencia Panamericana resultó ser la oportunidad perfecta para impulsar este embellecimiento, razón por la cual se ampliaron y limpiaron calles, se fortaleció el sistema de agua potable y energía eléctrica para la ciudad, se inauguraron monumentos y parques, y se amplió la capacidad hotelera. Además, se trazaron nuevos suburbios y hoteles de influencia francesa e inglesa que se alejaban estéticamente de las rancherías coloniales españolas, brindando a la ciudad un nuevo aire estético y nuevos modos de vivir la experiencia urbana.
Fotografía del Monumento a Las Banderas, 1948.
Fotografía de la Avenida Jiménez con calle octava, al costado izquierdo se aprecia el Palacio de San Francisco.
Esta conferencia es importante para comprender el contexto político internacional en los sucesos de El Bogotazo. Desde el 30 de marzo y hasta el 15 de abril se reunieron en la capital del país los líderes políticos de América que, considerando las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, discutieron las nuevas condiciones de cooperación e integración que tendría el hemisferio en asuntos de economía, seguridad, convivencia y paz. Como resultado de estas conversaciones se creó la Organización de los Estados Americanos (OEA), que promovió protocolos para defender los derechos humanos y fortalecer las democracias en el continente.
Fotografía del acto de formación de la Organización de los Estados Americanos, Abril de 1948.
Se ha dicho que esta Conferencia fue clave en la reorganización geopolítica de América, pues Estados Unidos estaba muy interesado en aliarse económica e ideológicamente con los países latinoamericanos en la posguerra. No había espacio para progresismos que coquetearan con ideas comunistas o abiertamente liberales, sino que la cooperación debía darse bajo los términos de la nueva potencia mundial.
La Guerra Fría en América comenzó en Bogotá en 1948. Como se jugaba el futuro del continente, la Atenas Sudamericana quería demostrar su salud urbanística y social como anfitriona de la región, por lo que limpió sus calles, pintó las esquinas y realizó reparaciones para dar una buena impresión. Mientras tanto, distinguidos representantes de América se alojaban en el Hotel Tequendama, disfrutando de chocolate con queso para combatir la lluvia bogotana y admirando los cerros que la cobijan. Sin embargo, el viernes 9 de abril, cambiaron los planes, los tonos y las apuestas de esta integración americana. Desliza para descubrir por qué.
Contexto
Los medios en la caldera y otros relatos
Durante la década de 1940, la prensa, la radio y el cine eran los principales medios de comunicación masiva en Colombia y ejercían una gran influencia en la opinión pública. Antes del Bogotazo, los medios de comunicación estaban polarizados entre los partidos políticos liberal y conservador, y se habían convertido en vehículos de propaganda política. Era común encontrarse con carteles que promovieran el voto para uno u otro candidato, cuñas radiales que defendían ideologías, y anuncios de periódico con perfiles de nuevos y viejos líderes de la política nacional. Durante el desarrollo de la IX Conferencia Panamericana, la prensa escrita y oral concentró toda su atención en los desafíos políticos y económicos de la posguerra para Latinoamérica y también empezó a preparar las elecciones presidenciales de 1950 de las que Jorge Eliécer Gaitán haría parte.
Si queríamos estar actualizados hace 75 años, debíamos prender la radio o pagar unos centavos por la última impresión de los periódicos El Siglo o El Tiempo. La reportería gráfica en el país estaba en auge, con fotógrafos como Manuel H y Sady González que brindaban una imagen a los hechos noticiosos de la capital. Sin embargo, las ondas sonoras llevaban la delantera en comunicar con inmediatez las noticias y la actualidad informativa en Bogotá y Colombia, por lo que jugarían un papel decisivo en el cubrimiento de los acontecimientos del 9 y 10 de abril de 1948.
Las historias más conocidas, divulgadas y escuchadas dicen que el viernes 9 de abril a la 1:06 de la tarde Jorge Eliécer Gaitán sale de su despacho de abogado en la Avenida Jiménez con Carrera Séptima junto a Plinio Mendoza Neira para almorzar, cuando es sorprendido por Juan Roa Sierra, quien le propina cuatro disparos por la espalda, dejándole poco margen de reacción al mayor candidato a la presidencia de 1950 por el Partido Liberal colombiano. La noticia empezó a difundirse por los medios radiales del momento, que desplegaron una reportería intensiva que tuvo implicaciones decisivas en el desarrollo de estas trágicas horas. Las personas empiezan a salir de los cafés, oficinas y almacenes, y una a una, las cabezas desprovistas de sombreros empiezan a inundar la antigua Calle Real, haciendo del cuerpo de Roa Sierra un recipiente de golpes, ira y desconsuelo.
El río de gente empieza a tener dos cursos: por un lado, el palacio presidencial en la Plaza de Bolívar, por el otro, las sedes de los medios de comunicación que buscaban difundir la trágica noticia, juntar las voluntades liberales y encontrar culpables, respuestas y reparación por medio del ojo por ojo. Una vez confirmado el magnicidio, Gerardo Molina, Presidente del Comité ejecutivo de la Junta Central Revolucionaria del Gobierno, emite este mensaje a través de la Radiodifusora Nacional de Colombia:
-Aló, aló aló, aló número dos, número dos, número dos, cambio... -Esta es la Emisora Liberal Número dos al servicio de la revolución, transmitiendo desde un lugar de la República que a nadie le importa...
....Pueblo liberal de Colombia, la suerte está echada... ...No debemos de retroceder un solo instante. El gobierno de Ospina Pérez está tambaleando, nuestro movimiento se suspende cuando veamos la cabeza de Ospina Pérez rodando por las calles de Bogotá.
¡A la carga liberales de Colombia! ¡A la carga! El mártir Jorge Eliécer Gaitán quien vilmente fue asesinado por la manos godas, no puede quedarse impune. Esa muerte debe ser vengada y la vengaremos hasta el último momento...
Edgar Loaiza, quien escuchó estas alocuciones en su infancia, nos trae en este audio una recreación radial imperdible sobre los primeros instantes del Bogotazo. Cuando se empieza a regar el chisme del asesinato de Gaitán, no se escatimó en encontrar culpables: se decía que había sido el gobierno en confabulaciones con agencias de inteligencia de Estados Unidos que, debido a la presencia de sus delegados en la IX Conferencia Panamericana, se habían juntado con los conservadores para no permitir que el liberalismo se apoderara de América Latina.
Mientras unos liberales se concentraban en la Plaza de Bolívar, otros emitían mensajes por medio de la Radiodifusora Nacional llamando a una revuelta que, con el paso de las horas, fue cambiando su tono y color. Justo Correa, un bogotano del Bogotazo, nos brinda un panorama muy claro sobre los intereses que estuvieron detrás del asesinato de Gaitán, pero fundamentalmente, nos presenta las razones por las cuales, en medio de los enfrentamientos con la policía y el ejército, se consumaron los primeros saqueos y asesinatos.
Cecilia López, que para ese momento tenía 14 años, alistó un costal y junto a su madre, pescó en río revuelto zapatos, medias y cualquier cosa que encontraron en el camino para luego venderlos en el barrio Samper Mendoza; Alberto Acosta sí sospechaba que algo raro pasaba y, en medio del sonido de sirenas y disparos, observó desde el barrio El Guavio a sus vecinos llegar con el cuello y las muñecas adornados con joyas, sombreros y perfumes, dejando unas cuantas gotas de sangre en el camino. Se jugaba la vida en cada subida a los cerros orientales, los retenes estaban a la orden del día y los muertos yacían de esquina a esquina.
Paradójicamente, el caos generalizado modificó las condiciones de la protesta. Lo que en principio fue una manifestación de indignación y dolor político, terminó siendo una cacería que enfrentó a los liberales entre sí, pues los saqueos respondían entre otras cosas, a la desigualdad y la pobreza generalizada en la ciudad. Los muertos llegaron por la represión policial, pero también por un malestar histórico que veía en Gaitán un antídoto que traería justicia social.
Sabiendo que la muerte merodeaba las calles de Bogotá La Doctorcita, una enfermera del Consultorio Obrero Unión Social, atravesó la ciudad desde Barrios Unidos para recoger a su hija Julia Sánchez, que estaba en horario escolar. Entre balas, fuego, griteríos, muchedumbres y vidrios rotos se sumergió en La Candelaria en busca de Julia. La labor social que desempeñaba le permitió contar con el apoyo de unos vecinos que la reconocieron rápidamente, escoltándola entre ruanas sin reparo alguno hasta el antiguo colegio de El Carmen y bajo el Camarín de la Iglesia, pudo abrazar a su hija. La misma suerte corrió Helena Rincón de Ayala, quien debía llegar a la carrera 2 con 5, siendo estudiante escolar quedó atrapada con sus compañeras del Colegio Americano hasta que los padres recogieran a cada una de ellas; su estrategia fue ir con su mamá hasta San Victorino para huir del hormigueo de arengas que reclamaban vivas para el Partido Liberal, llegaron hasta La Perseverancia y bordeando los cerros, lograron reconocer que ahí estaba la clave para sobrevivir.
Para Ana Lucía Moreno y Carmenza de Acuña todo no fue menos emotivo, tenían razones personales para defender y estimar a Gaitán. Ana Lucía le había declamado un poema cuando estaba en segundo grado en un colegio popular que llevaba el nombre de su esposa, Amparo Jaramillo de Gaitán; Carmenza creció en el barrio San Fernando donde Jorge Eliécer vivió, recordando con una nostalgia singular las veces en las que el doctor llegaba de su despacho, su estilo icónico y su agraciado relacionamiento con los ciudadanos de a pie. Estos recuerdos nos acercan mucho más a la figura de Gaitán en vida y no puedes dejar de escucharlos completos.
Después del Bogotazo, los medios de comunicación informaron sobre las consecuencias del evento, incluyendo el número de muertos y heridos, los daños materiales y las medidas tomadas por el gobierno para restablecer el orden. También se publicaron artículos de opinión y editoriales que analizaban las causas y las consecuencias del Bogotazo, y que buscaban entender por qué un hecho tan trágico y violento había ocurrido en Colombia. la cobertura mediática estuvo marcada por la polarización política y la emotividad social, con consecuencias directas en la percepción que la opinión pública tuvo de este evento histórico y sus protagonistas.