Hay personas que visitan museos, otras que nunca van. También, hay otras que los inventan con recuerdos y cosas que no quieren perder.
A veces los museos nacen desde grandes instituciones y otras veces desde obsesiones mucho más personales. Estos lugares también aparecen desde la necesidad de guardar vainas importantes, de organizar memorias, o incluso, de encontrar nuevas formas de ordenar aquello que nos remueve. Pero, en esta lógica, ¿es posible mezclar robo, contemplación y deseo? Hoy te proponemos un acercamiento al arte colombiano desde la literatura y una mirada muy personal de conservar el mundo.
Un museo hecho deobsesión
¿Qué pasaría si alguien construyera un museo propio robándose obras de arte colombiano? Bueno, desde ahí arranca Museo voraz, de Angélica Ávila Orero. La protagonista de esta novela roba obras creadas por artistas colombianas para construir su museo personal. Cada capítulo funciona como una sala distinta y reune diversas miradas sobre el arte en nuestro país.
El libro cuenta como los museos y el arte pueden despertar hambre, nostalgia, rabia o ganas de escribir. Museo voraz juega con la idea de coleccionar aquello que nos atraviesa, nos conmueve o nos hace ruido; también es inspiración para armar museos personales con las cosas, imágenes y momentos que queramos.