Por:
Jordi de San Eugenio Vela
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Fecha:
2012
La competición de países, naciones, ciudades y regiones para captar recursos, talento, infraestructuras o eventos, entre otros aspectos, ha provocado el advenimiento de una lucha renovada por la singularidad, por el reconocimiento y por la diferenciación, por una hegemonía simbólica que cotiza al alza en el marco de una emergente economía de la identidad. En este contexto, los territorios ceden sus proyecciones habituales de identidad territorial a una recién llegada identidad simbólica gestionada, en parte, mediante la trasformación de territorios en marcas.