Saltar navegación e ir al contenido principal
Biblioteca digital de Bogotá
Logo BibloRed
Cargando contenido
¿Qué estás buscando?
  • Escribe palabras clave como el título de un contenido, un autor o un tema que te interese.

  • Búsqueda avanzada

Seleccionar

Contenidos y Experiencias Digitales

Filtrar

Formatos de Contenido
Tipo de colección
Género
Idioma
Derechos de uso

Selecciona contenidos según las condiciones legales para su uso y distribución.

Estás filtrando por

Cargando contenido

Se encontraron 21344 resultados en recursos

Imagen de apoyo de  Registro Municipal - Año XLVII N. 24

Registro Municipal - Año XLVII N. 24

Por: | Fecha: 01/09/1926

Este número contiene el Acuerdo No. 34 de 1926 del Concejo; las Actas del Concejo No. 49 del 6 de agosto, No. 54 del 19 de agosto y No. 55 del 20 de agosto de 1926; el Acta de la visita practicada en la Tesorería municipal de Bogotá y en varias dependencias del Municipio por la Contaduría departamental; y los Decretos No. 83 y No. 84 de 1926, de la Alcaldía.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

Compartir este contenido

Registro Municipal - Año XLVII N. 24

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Compartir este contenido

Registro Municipal - Año XLVII N. 22

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Compartir este contenido

Registro Municipal - Año XLVII N. 21

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Registro Municipal - Año XLVII N. 23

Registro Municipal - Año XLVII N. 23

Por: | Fecha: 28/08/1926

Este número presenta las Actas del Conejo No. 52 de la Sesión ordinaria del martes, 17 de agosto de 1926 y No. 53 de la Sesión extraordinaria del miércoles, 18 de agosto de 1926; un informe de los empréstitos y de la deuda interna de Bogotá; y el Acta de la visita practicada en la Tesorería municipal de Bogotá y en varias dependencias de Municipio por la Contaduría departamental.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

Compartir este contenido

Registro Municipal - Año XLVII N. 23

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Compartir este contenido

Registro Municipal - Año XLVII N. 19

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Compartir este contenido

Registro Municipal - Año XLVII N. 28

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  Registro Municipal - Año XLVII N. 31

Registro Municipal - Año XLVII N. 31

Por: | Fecha: 28/09/1926

En este número se incluyen el Acuerdo No. 48 de 1926, por el cual se establece la Jefatura y la Inspección municipal del tráfico y se reglamenta el impuesto de vehículos y carruajes; el Acta del Concejo No. 63, de la Sesión ordinaria del 10 de septiembre de 1962; la prefectura de la Providencia de Bogotá, Servidumbre de humo de hollín; un informe del Banco Prendario municipal; y los Decretos No. 54 y No. 87 al No. 91 de 1926, de la Alcaldía.
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

Compartir este contenido

Registro Municipal - Año XLVII N. 31

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Compartir este contenido

Registro Municipal - Año XLVII N. 32

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Compartir este contenido

Registro Municipal - Año XLVII N. 30

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Imagen de apoyo de  La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 23

La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 23

Por: | Fecha: 13/02/1875

Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. - --____ -c:c:--¡~ s: S0 ~"--Jj ---___ ~ - PERIODICO DEDIOADO A LA LITERATURA Serie n. • Bogotá, 13 de Febrero de 1875. Número 23 . = CONFESIONES DE UN ALFILER-ESCRITAS A UNA AGU.TA, AUIGi SUYA. Mi querida amiga: i qué lejos están ya aque­llos dias felices en que nos hallábamos los dos reunidos sobre la almohadilla de terciopelo en­caruado de nuestra ama J j Cómo en las noches estrelladas nos aprovechábamos de su sueño para confiarIlos mútuamen[e nuestros secretos! Entónces como hoy envidiaba tu suerte, tu talle de comadreja, tu ojo dorado y esa punta tan sutil que atraviesa la muselina sin dejar huella alguna. j Ah ! no eres como yo objeto de elegancia, un juguete que se coge y se tira, un esclavo sumiso á todos los caprichos !. ..... Eres una obrera independiente, que trabajas en todas las telas ricas y prestas tu ayuda á los mil anto­jos y vcleidades de la moda. Juzga cual es mi suerte. El dia en que nos separaron estaba yo prendido en la gorguera de mi ama; centinela vigilante protegia su cuello de cisne contra las indiscreciones del c6firo. De repente se dejó sentir en la atmósfera un calor sofocante. -Narcisa, exclamó la marquesa, quítame es­ta pañoleta y abre las ventanas IJorq ue este sa­Ion está hecho Una estufa. y N arcisa, cogiéndome entre S)lS dedos deli· cados, me prendió en su corpiño de indiana, ni más ni ménos que si fuere un alfiler pIe boyo; sin embargo, ya sabes, mi querida amiga, que Ruolz cubrió mi cuerpo con su dorado, que bri­llo como un soneto, que soy elegante como un madrigal y picante como un epígrama, y héme de pronto reducido á servir á una criada vulgar y adocenada. ¿ Cuál será ahora mi suerte y cuál mi porvenir? Dame consejos, los espero de' tu amistad. LA AGUJA AL ALFILER. -• Me pides consejos, querido hermano mio, cuando ya DO es tiempo de aprovecharse de ellos. Ambos hemos salido del mismo horno; hubiél'aste contentado con que te hicieran como á. mi de ese acero bruñido que hace mi cuerpo apropósito para el trabajo y útil á la industria; pero has preferido tu brillante adorno y tu ele· gante ociosidad; no has querido, como yo, pasar el hilo por las telas y circular por en h'e los mil puntos, con cuyo auxilo se fabrican el terciopelo y la seda, acepta, pues, tu I3Uel·te, porque ya ea • demasiado tarde para volver atrás: no has na­cido pam una vicIa industriosa y debes seguir tu destino. . Si hubiese querido como tú sumirme en la indolencia y no escuchar más que mi coquetel'Ía, me habria :sido muy fácil; pero he creido que el descanso debe seguir al trabajo y no precederle, y que el que quiera guardar su pureza, debe hacerse útil y agl'adable á los que le emplean. EJ, ALFILER A LA AGUJA. Mi incansable amiga: apénas hace dos meses que recibí tu respuesta, y ya han perecido mi elegancia, mi ju,entud y mi belleza. Mi cama­rera Narcisa era una coqueta; me arrojó al sue­lo con cólera un dia que le hice sangre en la mano cuya blancura aumenta la p reza. Me recogió un usurero, que prestaba diuero á la marquesa; lnrgo t1empó pasé en la manga de aquel avaro en compañía de otros muchos alfile­res del nacimiento más comun y que se burla­ban de mi ropaje reluciente. Sin embargo, á mi esplendor debí mi libertad, pues me tomó bajo su proteccion una sobrina del usurero y por os­pacio de mucho tiempo serví para sujetar los ondulantes pliegues de su chal. Un dia dió un mal paw en la escalera de la casa de una amiga 3uya, á quien iba á visitar: ella se levantó, pero yo querlé t0ndido en el suelo, donde vergonzo­samente oculto en una de las junturas de los ladrillos permanecí quince dias entregado á la humedad, al polvo y á todas las materias que destruyen la hermosura. A mis colores sucedió la palidez; el cobre qpe forma mi composicion primitiva comenzaba ya á mostrar ese veneno que se llama cardenillo, cuando me descubrió un estudiante de medicina. Era un muchacho cui­dadoso; se sirvió de mí para prender en la so­lapa de su levita una fresca camelia. j Vamos, me decia yo, ánimo! He servido á distinguidas señoras; coquetas de gran tono, tí humildes criadas .y'á traviesa!> modistas ; acaso ahora ten­ga la dicha de pasar de las manos de un estll­diante á la cintura de la jóven cuyo retrato brilla en las paredes de su estancia. Mas ay! no debia suceder así; mi estudiante me llevó al hospital, á una sala sombría y desolada. -Cure usted este brazo roto, le dijo el ciru­jano en jefe. -Estoy á las órdenes de usted, respondió mi nuevo amo. y congiendo con destreza el brazo del pacien­te lo envolvió en largos vendajes de lienzo. -Que quede bien sujeto, dijo el Esculapio á su discípulo. = ¿ Sel'á preciso coserlo? preguntó óste. , Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. - 178 LA TARDE -Crco que bastará. un alfiler. Entónces, se parándome de la flor cuyo tallo sujetaba yo á. su so lapa, me hundió con fuerza en el brazo del e nfermo i la t e la era gruesa y t enia muchos dobl eces, a si es que no pude re­sistir aqu ell a presion y me torcí horriblemente por falta de fu e rzas. Aquí debe concluir mi vida; mi belleza no es más qu e un s u eñ o, estoy corcobado y mi punta está embotada. Ya no puedo servir más que para suj e tar sobl'e un cadáver los largos pliegues de su sudario. LA. AGUJA AL ALFILER. Pobre amigo mio: bien habia hecho en decir­te que toda b elleza es perecede¡'a, toda vanidad humo y toda coquetería peligrosa. Has sido jó­ven, seductor, lleno de gracia, y el mundo te elevó al más alto rango. Bl'ÍlIaste en el seno de la hermosura, y los poetas en sus mentidos ver­sos han envidiado tu suerte j crei te que la ju­ventud era eterna y que bastaba ser hermoso para &er siempre feliz. Ha venido la edad y tus colores se han marchitado i hoy te encuentras pobre y abandonado, avergonzado de tu fealdad. Yo he troLajado, y la persona, cuya fortuna he aumentado con mi industria, me cuida mu­chísimo; es seguro que no me hubiera. dejado podrir con indiferencia en las hendiduras de un pavimento, p(lrque yo le servia para ganar el pan del dia siguiente. Asi es que he vivido sien­do la amiga y providencia de los que me han empleado en su servicio hasta el dio. en que al trabajo ha quebrantado mis fuerzas. Aquel ojo que tanto envidiabas está ya ciego, pues se me ¡'ompió con el frecuente roce de la seda; en una palabra, me tienes ya enferma é inválida j pero como yo habia adquirido derechos á la gratitud de mi ama, para coservarme ha cubierto mi ca­beza con una perla de lacre encarnado, y héme con vertida en alfiler, ocupanJo el puesto de ho­nor en los pliegues de su corpiño, donde ningu­na mano temeraria vendr(t á atacarme Mis l'estos mutilados son el símbolo del trabajo, yel trabajo, hermano mio, es gua¡'dian de la virtud. D : o • ELY ELLA. , El, echando á bocanadas El humo de un cigarrazo, Viene con otro del brazo Riéndose tí carcajadas. Al ver que están levantadas Ciertas persianas, se pára, Y al amigo le declara Que har;í, muy bien si lo deja, y así que 61 otro se aleja Oambia nuestro hombre la cara. Ella, juega en un sillon Oon un galguito que tiene, y ni bien siente que él viene, Cambia la decoracion, -Sal de aquí! y un coscorron Recibe el pobre animal, y aquella cara pascual Se convierte, en un minuto, En cara de medio luto: ¿ Qué talla cosa, qué tal? -Oómo está. usted, señorita? -Buena: ¿, y usted cómo está. ? -Siempre bueno: ¿ y su mamita? -Buena siempre: ¿ y su papá? -Tal vez á. usted la sorprende Mi visita ....... n ...... .. --A mí? ¿ por qué? - ¿ Se hace usted la que no entiende? -Hable usted y entende¡'é. -Que entendiera usted creí Sin que yo se lo explicara. -Jamas adivina fui ¿ O tengo de tal la cara? -Está usted muy oportuna -No es poca felicidad -Espiritual, cual ninguna -Jesus! j qué amabilidad! -Haga usted la broma á un lado. Hágala usted que la trajo -No grite: estoy á su lado. -¿ Por qué usted no habla más bajo? -He venido, señorita, A despedirme, esta vez. -Agradezco la visita Y la encuentro muy cortés. -j Qué melífluo está su acento 1 -y su voz, i qué modulada! -Está usted hecha un portento. -y usted, hecho una mona.da. -Deje usted ese antifaz -y usted su rol de comparsa -No le va bien su disfraz. -Me es fastidiosa la farsa. -Señorita, está usted dura. -y usted, pasado, señor. -Poco amable, y si me apura ..... . -Poco atento, 6 lo que es peor ..... . -Más fina yo la he tratado. -y yo ha usted ménos grosero . -Señorita, I'S demasiado ..... . -Ya esto es mucho, caballero. -¿ Usted cree que es un tesoro P -¿ y usted que vale por cuatro? -¿ Piensa usted que yo la adoro? -¿ Y usted que yo lo idolatro? -Ja! ja! ja! Me da usted risa; Sublime, divina está: - Suba sobre esa repisa: ¡ Qué chiche ! ja ! ja ! ja ! ja ! -¿ Usted se burla de mí? -Es justo corresponderlo. -En amarla un tonto fuí -y yo una nécia en quererlo. -¿ Dice usted que me ha querido? -¿ Usted dice que me ha amado? -Cierto es, pero así me ha ido I • Ast tambiell la he pagado ! • • - • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. LA TARDE 179 -Piensa usted que me avasallo Pues con tomar mi sombrero ..... . -¿ Se habrá. ido ~sted tí la calle? Es pública, caballero. -No vi mujer más mujer. -Ni hombre más hombro yo he visto. . Es usted un Lucifer! - j y usied el mismo Antecristo! -j La mujer! i así es su pago! La mujer!. .. mezcla, que oncierra El insulto y el halago, Hiel, almíbar, paz y guerra, Calor, frio, infierno, cielo, Amor, odio, risa, llanto, Virtud, crímen, fuego, hielo, Esperanza y desencanto; La ca.lma. y la tempestad, Lágrimas y carcajadas, La, traicion y la lealtad, Caricias y puñaladas; Maldiciones y sonrisas, Nunca, 8iemp~'e, ya, .iamas, Huracan y blandas brisas, Querubin y Satanás! -El hombre! i creacion extraña! ¿. Se le acercan? Se desvía; Cree en todo si se le engaña, Paga lealtad con falsía; Es tigre y es un milano, Es el placer y el dolor, ...... Es un esclavo tirano, Es verdugo y protector. Es débil y omnipotente, Es la union con el desvío, Dulce amargo, fuego frio, Agua seca, hielo ardien te ¿ Me río? lanza un suspiro. ¿ Lo mismo? viene el enojo. Me afloja si yo le tiro, y me tira si le aflojo. -Adios ! No nos une ya NinguD vínculo :í los dos; Pero :í usted le pesará; A los piés de usted, i adios , -Adios! Usted lo ha qucrido, Sea así: desleal! ingrato!. ..... Pero .. , un favor yo le pido: Devuélvame mi retrato. -Yo, desleal! ingrato, yo! Eso es ! ¿ las culpas son mias? No fué usted quien me trató ? ...... -y su ausencia de tres dias ? - Bien le consta á usted que el martes. Estuve enfermo ........... . -No hay tall Ha ido usted á todas partes -1 Si la han informa.do mal I -Mentiroso! _.Yo lejuro ... -,¿ Qué me jura.? ¿ que no es cierto? -Por supuesto! -Es un perjuro! -Primero me ca.iga muerto. -Vamos, sueltéme la mano No merece ...........• -¿ N o merezco? -Es un pícaro, un tirano Mire ...... á veces lo aborrezco. -Dame un beso -Se acabaron. -Toma! -Ay, Dios! besarme :i roi.. .... A mis labios lo robaron Los suyos ...... i qué gracia así i -Hoy mismo te vengo (~ ver. Me voy ahora ...... -Qué prisa. ! -Tengo una cosa que bacer Muy urgente y muy precisa • Siempre anda usted con urgencia.s --Sigue el usted? y qué l'igor I --No le faltan diligencias: Ni que fuera corredor! Si :i la oracion no he venido., .. ,. --No te dejo ni una mota; Sen tada allí me he dormido Tres noches como marmota.. --Hasta luego; feliz salgo Reconciliado contigo. . .................................. .. ..... , .................................. . y ella fué tí buscar su galgo, y el fué á buscar su amigo. ESTANISLA.O DEL CAMPO. ---~:~~:---- EL PEPITO VIEJO· La infancia es dichosa. Todo en ella. es inocencia, todo alborozo, todo place¡·. La senda que cntónces huellan las plantas del mOl'tnl, no tiene e pinas ni abrojos: no hay en ella iuo ro as en el suelo y aves en la arboleda. Y ése el mundo á lo pompo~o y engalanado cual un visto~o jardin. Oomo en la. mañan!\ del dia, en la de la existencia hay auroras lujosas d\! luz y dorados al'l'eboles; hay armonías; hay perfu-mes embriagadores; hay ura. y entusinsmo. i Quién en una. de sus horas de afan y ang1l5ti:l, en uno de sus dias de hastío, en uno de S l\' momentos ue arrepentimiento por la falta cometida, por 01 debet· irrespct!\do ; quién, decimos, no ha vuol to má de una vez su pensamiento hácia las ¡'iberas de la infanci:J, y suspirado por 'lquellos dias de inoccncia y felicidad? Pero la niñez está en ab~olutc esenta de pesares. Hay amas regañonas, cal'a de tempestad, que le hur­tan al niñJ los juguetes por sólo el placer de verlo ra­biar, que le Pl'ohil>en los dulces, que lo importunan pc.l' su desaseo, que le hacen etemos sermones sobl'e la. necesidad de juicio y sobre la. ejemplar conducta de los niños de la vecindad. Hay papás ceñudos que 110 pueden sufrir el1 la casa. el leve ruido de una. mosca, pero que sí gritan como unos cazadores, sin parar mientes que tambien los demas tienen tímpanos scn- Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • • • 180 LA TARDE sibles. Hay libro!", los enemigos m ás crueles de la in fancia, los pcrtmbadol'es de todos los plancs de pí­caras aventuras. Hay, en fin, maestros que no se acuel'dan de sus fechorías de antaiíü, por lo cua l exigen que l os rapaces pionsen con madurez y apro vechen e l ti empo coruo un os filósofos sesudos . La juventud es la edad d el amor, del entusiasmo, de los sueños, de las esperanzas; es e l concierto de m i l dul ces voces; es el jardin de fuentes bullidoras y de flor es ricas de aromas y matices . ciudad. Si alguna Lella le hace un olemno de 'precio, ' 1 lo soporta con una rcsignacion hel'óica. Los pepitos I 'jítimo lo miran de o layo y lo maldicen de todo COI'azon, Algunas damas lo tratan con ciert.o cllriño, inspirado más por el rC e pcto que por la simpatía, y él se baña en agua rosada creyéndose todavía cductor. L:\ noche en que lo conocímos, preguntamos con candor quién era ese jovencito. Y quién no se engaña 1 Tiene dicntes postizo~, más blancos que la nieve. Danza quo es un primor, con máo dengues que una niña melindros a y más agilidad que un acr6hata. "Las ilu iones en tl'opel vistoso El soltcron es inútil, amen de nocivo. • Revuelan SlU cesal' ante u vista, No sirve para maldita la cosa, Sus hormanas son Sonidos armoniosos murmurando, sus o clavas . El día qu e encuentra en la camisa un Jl.IurmuranJo de amor frases divinas." pliegue desairado, nna mancba ca~i invisible, de se- . " . " , gu r o que arma camorra. AbUlre á todo el mundo. Es . La Juventud scna un para ISO , un perpetuo 1c1lho, SI maniático y charlat:1l1. no hubiera p '\s i one,; fogosas que c~mbatcn e l alma, Noci,;,o porque é l es una constante amenaza á la mo­como el ~oplo de los hura ca ~lcs mar~n os com?aten la I rali dad pública, Un corazon de veinte años guardará navo meCIda en alta mar: SI no hubIeran a~JlIgos co~'- pasiones fogozas, ardientes y t e rri bIes; pero al lado ruptores quc albagan como el alacran ~ a r a llltrc;>ducn: I de el l as b"y Doblez2- porque bay dignidad. El de un su ven e no en l os corazones no contamll~ad os aun:. SI olteron 110 contiene más que egOlsmo y viles preten­no bubiera mujeres que, como Ne~'on, n on de l os m ciones, Por ésta y otras mil razones, que por hoy de­cendio s que prenden, y como la SIrenas do Homero, positamos en cl tinte r o, cou la condicion de liue nos las con el encanto de s u voz y la melodí,a ~le su acent.o d e nlC h ' a de'Spues, en manera alguna admitimos el ce­matan ,a~ ~mprudente que se c1eteng?- ~ ?Irlas. li bato , gangrena social y fuente de calamidades pú- Lavll'lhdad es la edad del buen JUICIO. Ya las po., !.Jlica. siones se hallan amortig undas. Ya la. tempe~ades han Tres son la s ca us as del celibato masculino: la mala amainado. Ya pi ~ n s:\ uno con se rel1ldad y vo l~s cosas "ida pa sada , el orgullo y la tacañería. como ellas son, Serta esa edad reposada y umforme, El hombre cuya juventud pa ó entre las oleada, de si no hubiera p olítica , que trastorna cl juicio m~jor la corrupcion; que desde t e mprano se entregó en sentado, hace á l os h o mbres unos ,traficant~s del, ho- cuerpo y espíritu á l os tres enemigos del alma; que nor y de la verdad, quebranta vmculos SImpátIcoS, en crañó cornzones confiados y que se re,;,olcó en el enloda fre ntes limpias y deprava corazones bonrados; f¡lI ~go de s us p as ion es innobles ; e e hombre es ya in­sieno hubiera. obltga ciones dom é ticas que les rouan capaz de sentir un am or cual el matrimonio req uie re, el sueño á los ojos y la paz á el alma. . amor puro, de s interesa do y fi e l. Con razon que so es- La vejez, si bien su hielo, tiene .muc~o de d~lce. S! pante ante los conyuga le s , cual s i vieso abier-huyeron ya las esperanzas de aca ab,aJo, empl ez~ n a to á sus piés un abis m o in fondo, , . repartir su luz las es peI.'anzas que d esc Ien:c1en del CIelo, Hay s uj e t0s que se fUl'man de SI mismos una Idea En l os hij os y en l os lllet~s se ,:e el an?IanO r eprodu- m ás vasta que el uIJivel'so con tO ll::s sus 010]('S y sus cido, y siente que su eXI~tencla se ?tlata, como. la infinitas inmensi dad es. E~ dóndo podrán ha.llllr una onda. que e l golpe de una pI edra form ? en un lago 1l1~ mauo digna de ser unida a la. suya; en dónde un cora­men so , como ~l eco de un:>.. voz repetIda ac á y a c nlla zon que mel'ez ca su amor? por las r oc as de la montaña. La vejez s:ri3. la e.dad Hay otros que desde j óvenes se entregan al ajio y del d esca n so y de los gratos rccuerdos SI n o hubIera á In u¡;ura, ApéO'anse al rlin p!,o como la. ostra á la hijos des~bediente~ que i.l:r es~etan las caUllS de s~s r oc~, como e l á rbol á I:l. ma d r e ti e~ ra. Elbs recbn.-r.an padres; SI no hUlllera hIjas mmoderadas que m as c l m:.lrirnonio co mo un ma l n egocIO . Cuando les llega bien presta u oido á SJlS vanidades que á las am onesta- á el alma la tentacion de l amor, la auyentan con el ciones del anciano: si no hubie ra gota que tulle los soplo de un cá lc ulo. Oh! se gasta tanto en mantener piés é hidropesía que bincha las pi e r~as. viva l a llama ele un b oga r! ¡Se ban puesto tan cllros le en alto grado es la v ejez , cuando ella la s telas y lo co m es tibl es l. . . .. . . eabe r e p etar se á sí misma. Conocemos cab ezas canas \' olvam os á nuest ro don Canuto, porque él jamas ante las cuales s iempre descubrimos la nuestra, com o pe rd ona In más lige ra d es atencion. Fi p asá r amos p or laf; pue rtas de un santuario. La cien Ouando so persU3da d e lo ridículo del papel que ci3. y la virtud embellecen ros tros rugosos . Forman d esl'mpeña; cua ndo libro ya de u nécia vanidad, pa­e llas una amalea en t orno á una cabeza c'lrgacla de see los ojos on tomo s uyo, y se vea aislado; cuando años y merecimientos. ya la s m úsicas y las luces de los bailes no soan bas- Pero h emos d~ch?, l.a v eje z .es respetab.l~ s iempre tan tes poderosas :i a tu rd ido y ueslumbrarlo; cntón?es que se res pete l es~a condlclOll fal ta, elltid. e n su alma un {l'Ío s e pulcral y un negl'o vaclO : fa lta toda respe tabiliuad. entó n ces por atOlondrarse se lanzal'ú á las tempe;,ta- Nada hay más ridículo que un pepito 'oie.Jo , des de la política, ó se dará en cuerpo y alma al de- A dur::.s p e nas hemos ll ega do á nuestro t e ma: lJe- monio de la aval'Ícia, ó se adormeced con los regalos mos como el lector l o ba visto, tal vez no sin enfado de Baco. Él it~paciencia, hemos hecho mil rodeos ántes de po­nerle la mano. Y á qué ese hueco cbaI'latanismo y ese binchar fra­. es sin sentido? Preg untará quizá algun señor asom­bradizo, de esos para qui e nes" el tiempo vale dinero." E s que el respe to ba extraviado nuestra péñola, y ueteuídonos ante el vene mble sujeto que vamos á I nnalizr.r. Sí respetamos á don Canuto, porque al tra­ves de sus cosméticos adivinamos sus cabellos blancos y las arrugas de Sil ros tro. Dicho señor frisa C011 los cincuenta y dos; pero él no se da por entendido. En vano el tiempo le golpea l a espalda con su mano de esqueleto, y le lanza sobre l a cabeza pardas cenizas; que él subsana al pront.o c ada berida y tiñe cada cana importuna. Yeréislo lector nuestro en todas las tertulias de la EIi:RIQUE ALVARFZ. IEntoncesy hoy! I Tempus ridendi, tempus dendi! Eclesiaate1l. i Todos juntos allí... cerca del leño Del hogar •..• mis hermanos y mi madre •••••• -j Porque en el cielo estaba nuestro padre!­Cada cual nuestl'a dicha y alegría, En dulce medio·sueño, Contaba. y BonreÚ\ ! ..• • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • LA TARDE 1 1 i Y los años huyeron ! . .. ¡ Divididos Familia y bienes . .. ¿qué nos resta? ... ¡N adn! i Roy somos una. raza. desgraciada Que como a r enas de la playa, erramos ... y dicha, y tiempos idos, Contamos .... y llo ramos! ... TEmsTo cLE'3 TE.TAD .L TU Y YO . 1. Tú crea hel'illo.;¡a, modosta y pura, Tierno, Elcosible y amante yo; Tú eres el ángel de la ventura, Yo soy un alma que hirió el dolor. lI. Yo soy la noche, tú eres el dia, Yo soy la lira, tú la cancion, Yo soy la planta, tú la ambrosía, Tú ere.3 el anra, y el árbol yo. lII. Mi amor es tuyo, tu amor imploro! Seré tu amparo, serás mi bien! Enjuga amante mi acerbo lloro, Que yo tus sueños realizaré! J. M. VELASCO CASTILLO. EL REY DE BASTOS. l. sala ménos enneg'recida dol castillo, en nn l ocho con pabellones usados por el tiompo, un ancia­no, colmado de años y acribillado de las nobles cicatrices de la guel'1'1l. pasaba por el duro tran­ce de la agonía. A l a cabecera del lecho habia dos hombros y un porro viejo. E l uno ora sl'xajenario y estaba llorando; el otro tenia apénas veinticinco años, era hermoso y se hal1ab" en una actitud triste y altin i no ll orab a, porque las l:ígrimas son iudignas de un hombre, pero la expresion de sn fisonomía a testiguaua q U El su dolor 116 em mónoa grande que e l del otro. Este último e ra el hijo del moribundo; el otro no era más que un criado. Estas tres personas y el perro viojo e r on los únicos habitantes del castillo; y pOlo cie rto que en aquella época de servidumbre muy pobre d ebia ser l1.quel noble que no tenia :í la ca bece­l'a de su l ec ho de agonía mns qu e l.ll j óve n, un criado inútil y su perro, ose tipo por exce ­lencia de la fid e lidad en el infortunio. El moribund o habia sido un valeroso so ldado . Eayardo, su padrino, habia tenido en él un digno ahijado, y su amo el rey un dofen~or de­cidido. ]~l guerrero moría pobre y solo, pero su últi­ma hora era apa cibl e, serena, maj estu osa como el ocaso de un h e rmoso día: habia vivido bien, y mol'Ía como habia vivido. -Recto r, d ec ia. á. su hijo que se hallaba en pié, inmóvil y si lencioso á su lado, cuando ciúrre l os oj os, irás á Paris. -Está. bie n, padre mio , re s pondió el jóven con una voz tristo y sonora. -En ese cofre hallarás un bol. i!lo ll e no de oro, que me ha costado veinte años de trabajo ... trata pues dc economi~arlo. Tomarás mi es pada que está colgada aquí en mi cabecera, que es vi eja como yo, y que como yo ha h erido siempre En un valle situado entro Gab y Grenoble por delante, no lo olvidos. En la cuadra hay un existen todavía, á. la hora. en que escribimos, las ca ballo jóven de nu estras montuiia s, ardiente, ruinas de un castillejo de la edad media, desha- infatigable, y que to llevará de prisa por esos bitado hace muchos siglos y que, en 1ns épocls mund os ; móntale en seguida. caballerescas, fué la residencia de valicntes no- -E tá bien, padre miu. bIes, de los cuales el último es el héroe auté n- Irás á v e r al r ey Cárlos IX y le dirás: Se-tico de la presente historia. ñor, soy noble y me llamo Furmoyer. Y el rey Muchas veces en nuestra infancia hemos vi- si tiene memoria, se a cordará que hubo en sus 6itado con la. escopeta al hombro esas ruinas ejércitos un capitan con este no::a bre que le que, á decir verdad, no tienen nada de curioso salvó tres vec es la vida: cse capitan soy yo. para. los arqueólogos, pero cuyo nombre y pinto- Lo sé, padre mio. rezca posicion seducen y encantan. Muero pobr e ; nue"tro castillo se derrumba Este castillo, en el dia arruinado, se llamaba como nuestra raza, d e la que eres el último la . haóitacion del r ey de Bastos, y se hallaba vástago. Sé valiente, y sosten con tu brazo y tu edificado sobre una roca dominanao un valle corazon la. lealtad de tu sangre y 10'S muros en­donde se descubren gt.'andes viñedos y hermosas 1ireabiertcs d e tu castillo. El rey cuidará de tÍ. pradErras. -Sereis obedecido, padre mio. ¿ No teneia Chasco se llevará el que pregunte al labrador nada más que mandar? que ara la tierra alIado, ó al pastor que lleva -Uoa. sola cosa: un afecto sin límites el se­n pastar su rebaño al sitio mismo en que estuvo ñor duque de Aojou, en el dia rey de Polonia. la plaza de armas, porqué le llamaron la. habi- Enrique de Va10is fué mi discípulo, yo le tuve tacion del rey de Bastos; para. saberlo, hay que en mis brazos cuando em niifo, y le amé como tomarse el trabajo de ojear las crónicas del te amo. En la batalla de Montcontour, la. espa­Delfinado en la Biblioteca de Grenoble donde da del duque de Anjou cortÓ nn brazo que me se halla la historía siguiente; . amenazaba; sin él, tu padre habria muerto diez n, Una noche de agosto del Año de 1488, en 11\ años ántes. Acuérdate de eso, hijo mio. Además, ten muy presente lo que. voy á decirte: te pa­reces tanto al rey de Polonia, que si oa vies~ á. los dos juntos aquí ahora, vestidoli con el ml.S ~ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. • • • 1 2 LA TARDE mo traj e, ñ0 sabría cual !,le los dos es mi hijo. El j óven hizo un ademan de sorpresa. -,i, Quién sabe, dijo el viejo inspirado, si la Providcncia no oculta algun designio en una circunstancia tan extraordinaria? ¿ Quién sabe si Dios te reserva el honor de exponer tu vida por un rey corcnado ? - Lo haré, dijo sencillamente Héctor de Fur­meyer. y sin duda subió de su corazon á su cerebro una bocanada de orgullo caballeresco y de no­ble ambician, pues levantó altivo la frente como su padre y murmuró: --Quién sa be ? El se ñal' de FUl'r.:leyer murió aquella noche. Su cuerpo fué depositado en la tumba de sus antepasados, y Héctor de Furmeyer, despues de ~aber gritado tres veces al umbral del sepulcro: Adius, padre mio! montó á caballo y desapa· • reClÓ. El viejo criado y el perro se quedaron por únicos guardianes del palacio desmantelado, to­da la herencia paterna! IIl. Quince dias despues, esto es, una mañana del mes de Setiembre del mismo año, un hombre á. caballo que iba por el camino de Borgoña y una litera que venia de Paris se detuvieron casi si­multá. neamente en la posada de la Encina Co­ronada, en Villauueva de San Jorge, bonita al­dea que se encuentra entl'e Paris y Fontai­nebleau_ El jinete era nuestro jóven amigo el conde Héctor de Furmeyer, montado el:. su soberbio alazan con una pobre maleta sobre la sil1&., ce­ñida la espada paternal, y en sus calzas el bol­sillo lleno de oro que habia hallado en el viejo cofre que le indicó su padre, oro que habia eco­nomizado en el camino como se economjza y se guarda el único talisman en que ve uno su for-tuna. , El jóven habia caminado á cortas jornadas, al trote algunas veces y otras al paso, pidiendo la hospitalidad cuando le sorprendia la noche en la verja de un castillo, ó por lo regular acostán­dose en una mala posada, con malas provisiones de boca y mala cama. Sorprendido la vispera por una tempestad, se habia guarecido de ella lo mf;ljor que pudo en la cabaña de unos leñadores del bosque de Fontai­nebleau, y habiendo sabido allí que estaba ya cerca de Paris, se puso de nuevo en marcha á eso de las dos de la mañana, tan deseoso estaba de llegar á las puertas de ese Paris celebrado ya en aquella epoca, y que llamaban lagmnq,e ciudad. Desgraciadamente, al cabo de ocho horas el ca­lor del dia le ahogaba, e 1 caballo sudaba á cho­rros, el horizonte estaba desierto, y Paris se ha­llaba léjos todavía. porque era modesto y sencillo como lo son siem­pre las personas noblemonte altaneras. Apénas se habia sentado lÍ descansar esperan­do que le trajeran el refrigerio, cuando la litera se detuvo en el umbral y bajaron de ella dos mujeres jóvenes y hermosas, tan hermosas que el conde Héctor estuvo á punto de lanzar un grito de admiracion al verlas. Ambas iban vestidas como unas sencillas da­mas de la nobleza, pero su aire de elegancia y sob"e todo el acento pausado é italianizado con que pidieron un cuarto al posadero, acento que Oatalina de Médicis habia puesto entónces á la moda, denotaban bien á. las claras que eran se­ñoras de alt:J. alcurnia, para que el jóven noble no se engañara, á. pesar de que jamató habia visto la corte. La una era rubia, pequeñita y robusta como una pintura de Boucher ; la otra, por el contra­rio, era alta, esbelta, morena, con los cabellos negros, los ojos negros, las manos delicadas, la nariz atrevida, la boca de un rojo subido y la frente pensativa y ancha; su mirada era pro­funda, fija, é involuntariamente hacia bl:l.jar los • OJos. Pasó del brazo de su compañera sin notar la presencia del jóven, pero este, por el contrario, la devoró con los ojos, y sin duda se puso á pen­sar que el hombre que pozeyera por único bien la sonrisa y el ccrazon de aquella mujer seria el hombre más rico de la tierra. -Nevers, dijo á media voz á. su compañera, vamos á pasar el dia aquí. Estoy viendo por las ventanas de esta sala la verde copa de un casta­ño; el posadero nos dará alguna cosa bajo. su sombra, y tú me leerás despues de la comlda algunas páginas del nuevo libro del señor abate de Brantome. -Sí señora, respondió la rubia incliná.ndose respetuosamente. -Pobre Nevers, la dijo riendo, estás tan acostumbrada á tratarme como reina delante de la gente, que delante de tu posadero te olvidas de que eres mi hermana y amiga: ¿ no sabes pues que viajamos de incógnito? -Teneis l'azon, mi hermosa Margarita, res­pondió la que llamaban Nevers; trataré de no olvidarme de ello. -Ven aquí, dijo Margarita tomándola del brazo, ven á la sombra de los castaños, donde tendremos un festin mejor que en la mesa de mi hermano Oárlos. Héctor de Furmeyer se hallaba á distancia para oir este dialogo; pero Héctor veia y ad,­miraba, sin oir ni compl'ender nada_ Ou¡¡.ndo las dos damas se instalaron en el .ardin bajo el árbol que les habia gustado tanto, JHéctor halló su puesto tan oscuro é incómodo que suplicó al posadero le sirviese la comida junto á 181 ventana que daba al jardin. Héctor, para no acabar de matar á su caballo, juzgó prudente apearse en la posada de la En­cina C01"Onada para tomar un poco de descanso. En efecto, arrojando la brida á un mozo de la cuadra que se presentó, entró en la posada, y pidiendo un vaso de vino y un pedazo de carne, De colocó en el riucon el máa oscuro de la sala, El posadero obedeció, porque no vió en ello ningun impedimento. Como es fácil de prosumir Héctor comió muy poco ó nada; pero pegó su ojo á las persianas medio cerradas y clavó sus miradas en las dos mujeres que comían uvas una á una como dos palomas delicadas, desdeñando los platos de carne que tenian delante. Héotor parecido á. esos niños á. quienes se • • Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia. - LA TARDE 183 - enseña una imágen de la Madona, protectora El parecido era extraordinario, salvo la dife­de los marinos, y que, consagrados por inclina- rencia de que el rey de PoloDia tenia la mirada cion á la vida marítima, cruzan las manos y más severa y más altivez en s u frente _ oran á e,a estrella divina. que guia á los buques Caballero, dijo Margarita sonriendo á Héc­por el inmenso océano, Réctor juntó las manos tor, la naturaleza tiene caprichos sin g ulares co­admirado, creyendo ver en aquella mujer her- mo lo prueba el haberos dado el mis mo )'ostro mosa y desconocida, su futura estrella polar, su que:\ mi hermano. Perdonadme el engaño. puerto de salvacion en Paris, en ese otro océa· --A mi me toca, rcspoudió Héctor cuya vozso no de locas y siniestras tempestades. alteraba cada vez mál:!, á mi me toca pedir gra- AlH permaneció inmóvil y atónito adorando, cía y perdon por la indiscrecion en que he incur­por decirlo así, en la sencilla frescura de su al- rido poniéndome á esa ventana. He sorprendi­ma, aquella maravillosa criatura que se le apa- do sin querer el misterio en que os envolviaíó. recia como un {tngc!. Si teneis interes en conservar el incógnito os Pero entretanto que admiraba mudo y teme- juro que el secreto os será guardado. roso, las dos hermosas damas comian y char- Si á primera vista néctor de Furmeye\' tenia laban. ¡, un ¡'ostro ménos altanero quc el rey de Polonia, -Nevers, decia la morena, ¿ no es cierto que cuando se le examinaba atentamente, se veia es hermoso salir el mejor dia. de Paris como que en cambio era más jóvcn y hermoso. hemos hecho, sin ruido y sin estrépito para vi- Margal'ita le miraba escuchándole, conmovida vil' durante quince dias en las praderas yen con la triste y grave melancolía da su voz que los bosques, hablando bajo los árboles esa her- parecia velada por secretos padecimientos. mosa lengua latina que sabemos tambien como Caballero, le dijo al fin, ¿ puedo pregunta­maese Dionisio Lambin, el profesor de la uni- ros porqué os hallais aquí, y cuál es vuestro versidad ? nombre? -Es magnifico en efecto, respondió la rubia, Me llamo el conde Héctor de Furmeyor. Mi tanto más cuanto que no llevamos de tras do padre muerto hace quince dias, era capitan en nuestra litera los guardias de su Majestad, y los ejércitos del rey Cárlos IX. entre otros el coronel Harnibieu! ---Me acuerdo! exclamó espontáneamente la La morfina soltó una ea¡·cajada. reina de Navarra j mi hermano Enrique de Ya- -Loca! la dijo! olvidas que l\i. de Crillon es lois me ha hablado mucho de él, diciéndome el mejor capitan de los ejércitos del rey, y que que le habia oido decir repetidas veces; señor, Enrique de N avana mi buen esposo, hace de él tengo un hijo que es vuestro retrato! gran aprecio? ---¿ Y vais á Paris ? continuó Margarita com- -Oh! no lo olvido; pero tiene una cara tan placiéndose de interrogal' al jóven. particular_. _ ---Si señora. Cuando la duquesa de Nevers acababa su ---l. Yeréis al rey? frase, su colhpañera dió un grito y se levantó ---Lo creo. tendiondo los brazos hácia la ventana. ---Tomad, amigo mio, le dijo e¡acando un brí- En la ventana se veia una cabeza pálida y , liante de su manó; de noche no os abrÍl'in el con-yulsiva, la de Héctor de Furmeyer, que con po~tigo del Louvre, pero si v~is de dia, ~o te­las lmprudentes palabras de las mujeres acababa nelS más que hacer que ensenar este amllo al saber al mismo tiempo á qué categoria perte- capitan de suizos que os introduzca. Sin embar­necia la que tanto le asombraba, y lo pronto go, os aco~sejo q'!e espereis mi vuelta al Louvre j que debia encerrar en lo más recóndito de su yo os servlré de mtroductora. corazon sus locas y temerarias esperanzas. ---Esperaré con mucho gusto. _ Enrique! gritó Margarita de Vdois, por- . ---Iba á Fontainebleau por quince dias, pero que era ella, creyendo reconocer al de Anjon. bien pensado, intes de ocho estaré de vuelta. -El duque! exclamó á su vez madama de ---Oh! oh! pensó Nevers, muy complacient. N evers. está . Mi het:mano ! -.El rey de Polonia! ron á un tiempo á ambaa j,¡¿1 la ventan ese con el rey el pun­hermana se engañara. murmuró Margarita. de Valois ""sto. tan rara! esclamóla duquesa. de • pumer momento de sorpresa la rei-experimentó una especie de rabia. en l
Fuente: Biblioteca Virtual Banco de la República Formatos de contenido: Prensa

Compartir este contenido

La Tarde: periódico dedicado a la literatura - N. 23

Copia el enlace o compártelo en redes sociales

Selecciona las Colecciones en las que vas a añadir el contenido

Para consultar los contenidos añadidos busca la opción Tus colecciones en el menú principal o en Mi perfil.

Mis colecciones

Cargando colecciones

¿Deseas limpiar los términos de la búsqueda avanzada?

Vas a limpiar los términos que has aplicado hasta el momento para poder rehacer tu búsqueda.

Selecciona las Colecciones en las que vas a añadir el contenido

Para consultar los contenidos añadidos busca la opción Tus colecciones en el menú principal o en Mi perfil.

Mis colecciones

Cargando colecciones