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l ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJÉRGITO _ l
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¡ DIRECTOR, Francisco J. Vergara y Velasco j i General du Ju~eniero a ¡
¡ Son colaboradores de este periódico los Jefes y Ot'iciales d el Ej é rcito ¡
:t'.uth '""SI bten rttceder que nuettro reepetc tf toda• lar convtcetonet, nnga l. parar #11 le
i?tdifercncia 11 not dej• .m encrgiu• para defender lar nuéttra• !::.::
i ENRIQU~ StEHKIBWICZ l
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¡ • • • Bogotá, Mayo 9 de 1903 + • • ;
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-=--=== Oficial ~ -
DECRETONUMERO~rDEI~J
(ABRIL 21)
por el cual se acepta una renuncia y se hace un no mbramien t o
'El Vicepresidente de la República, mcargado dtl Poder .Ejeculiv1,
DECRETA
Artículo único. Acéptase la renuncia qu e present a el Gen eral
G ustavo S . G ue r rero del puesto d e Jefe de E tado Mayor del
Ejército d e l Cauc a, y n6mbrasele Comandant e de la Jefatura Militar
del Sur del Cauca.
Comun íquese y publfquese. .
Dado en Bogotá, á 21 de Abril de 1903.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Guerra, ALFREDO V ÁsQ UEZ Cono
DECRETO NUMERO 488 DE 1903
(ABRIL 21)
por el cual se hace un nombramiento
. El Viceprest"dente de la Repzíblú:a, encargado del Poder Ejecutivo,
DECRETA
Artículo único. Por renuncia aceptada al Sr. Joaquín Andras:
nu: IV-TOKO I-35
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletín Militar de Colombia
de, nómbrase ingeniero de la Oficina de Loni:"itudes al Sr. Dr. Jorge
Vergara E.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 2 I de Abril de rgo3.
JOSE MANUEL MARROQUI
El Ministro de Guerra, ALFREDO V ÁSQUEZ CoBo
DECRETO NUMERO 502 DE 1903
(ABRIL 28)
por el cual se •prueba un Decreto del Comandante General de los Ejércitos.
del Atlántico y del Pacífico
El ViCepresidente de la RepúbHca, mcargado del Poder .EjecuHvtP,
DECRETA
Artículo único. Apruébase el Decreto número I 3 de 16 de
Marzo del año en curso, por el cual se reorganizan las flotillas del
Pacífico y del Atlántico, expedido por el Sr. General Comandante
General de los Ejércitos de Bolívar y Panamá.
§. Los nombramientos que se hagan para las Divisiones Navales
deben someterse también á la aprobación del Poder Ejecutivo.
Comuníquese y pubHquese.
Dado en Bogotá, á 28 de Abril de 1.::>03.
JO E MANUEL MARROQUI
El Ministro de Guerra, ALFREDO V ÁsQt.:Rz CoBo
u DECRETO NUl\.1ERO 13 DE 1903
(1t!ARZO 16)
por <:1 cual se reorganizan las Flotillas del Pacífico y del Atlántico
El Comattdatzü en Jife de los Ejérdlos de Bolívar y Panamá,
En uso de sus atribuciones legales, y
CONSIDERANDO
Que se hace necesario reglamentar el servicio de los barcos
de la Flotilla del Pacífico y del Atlántico, uniformando su material
de guerra, personal y colores de dichos barcos.
Que es indispensable regularizar la marina con las Leyes y
reirlas que son la base de las Escuadras de las naciones extranjeras,
para darle una buena organización, mientras el Poder Ejecutivo
dispone lo conveniente,
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Boletín Militar de Colombia
'- 547 _J
DECRETA
Art. I.0 Los barcos de guerra del Atlántico y del Padfico
(...onstituirán dos Divisiones Na vales y se denominarán Di'vi'szon .flazHzl
det Pacífico y Dzviszfm Naval del AllánHco.
Art. 2. 0 El personal del Cuartel General de estas Divisiones
cramientos del Cuartel Gen ral comiJ
d .• lo.., ue trata el artículo 6.0
, se harán por D creto especial, así
n.•mo ei personal del Cuartel General de la /J¡v/sián l\í.zval dd .. /1-
ltf;¡f¡i·c·.
1\rt . 10. Facúltase á los Comandantes Generales de las Divi...
ion\ ~ ~ . Javale para la reorganización del personal de dicho barco~.
haciendo los nombramientos respectivos, los cuales ometerán
~ la aprobación de esta Comandancia en Jefe.
f rt. 1 r. Continuarán en vigencia los artículos 1 .0
, 3. 0
, 8.0
, 9.0
LO dC'l Decreto número 26 ya citado, expedido por el Sr. Go ...
"'~<.-rnéll]()r del Departamento.
A rl. r 2. L os Comandantes Generales de la Divisiones Na vales
quccJr¡n facultados para dictar los reglamentos del régimen dis-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletín Militar de Colombia
ciplinario en los barcos, sometiéndolos á la cen.mra de esta Comandancia
en Jefe.
Comuníquese, publíquese y dése cuenta á quien corresponda.
Dad0 en Panamá, á 16 de Marzo de 1903.
El Comandante en Jefe, PEDK.o SrcARD BRICEÑO
El Ayudante Secretario, Aiftalí Díaz M."
DECRETO NUMERO 503 DE 1903
(ABRIL 28)
por el cual se hace una promoción
El Vícepresidmle de la RepúbHca, encargado del Poder EjecufivtJ,
DECRETA
Artículo único. Promuévese al Sr. Rodulfo Asperty del puesto
de Oficial supernumerario del Ministerio de Guerra al de Ayudante
del mismo Ministerio} asimilado á General de Brigada y dependiendo
del ( ... uartel general del Ejército para Jos efectos fiscales.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 28 de Abril de 1903.
] SE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Guerra, ALFREDo V ÁsQ EZ CoBo
DECRETO TUMERO 504 DE 1903
(ABRIL 28)
por el cual e hace un nombramiento
El Vicepresz'denle de la Repzíblzca, encargado del Poder Ejecutivo,
DECRETA
Artículo único. N6mbrase Sfndico del Hospital Militar de La
Mesa al Sr. D. Francisco A. González.
Comuníquese y publíquesc.
Dado en Bogotá, li 28 de Abril de 1903.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Guerra, ALFREDO V ÁsQuEz CoBo
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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'- 549 _j
DECRETO NUMERO 505 DE 1903
(ABRIL 28)
por el cual se confiere un ascenso
El Vicepresidmle de la República, encargado del Poder Ejecutivo,
lJECRETA
Artículo único. Asciéndese al Teniente Coronel Luis B. Ama y
Hoyos á Coronel efectivo.
§. Dése cuenta al honorable Senado en sus próximas sesiones,
para los efectos constitucionales.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 28 de Abril de 1903.
]OSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Guerra, ALFREDO V ÁsQuEz CoBo
DECRETO NUMERO 51 1 DE 1903
(ABRIL 30)
por el cual se hace un nombramiento ~n interinidad
El Vzc~presidenle de la Repúblzca, mcargado dd Poder Ejuulivo,
DECRJ~;TA
Artículo único. N6mbrase al Dr. Pedro :María Silva Ingeniero
de la Oficina de Longitudes, en interinidad, en reemplazo del
Dr. Eugenio Ucrós, durante el término de la prórroga de la licencia
concedida á éste.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 30 de Abril de 1903.
]OSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Gue_rra, ALFREDO V ÁsQ Ez Cono
DECRETO NUMERO 512 DE 1903
(ABRIL 3 0)
por el cual se hace un nombramiento
El Vtcepresidmle dt la Repúblzca, encargado del Poder Ejeculi'v•,
DECRETA
Artículo único. Por renuncia aceptada al Sr. Adelmo Rozo,
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'- 550 .J
nómbrase Habilitado de la Sección 4. " del Ministerio de Gue.rT· al
Sr. Gregorio Aráoz.
Comuníquese y pubHquese.
Dado en Bogotá, á 30 de Abril de 1903.
JOSE MANUEL MARRO lfh
.El Ministro de Guerra, ALFREDO V .ÁsQU!Z Coso
DECRETO NUMERO 5 r 3 DE r903
(ABRIL JO)
por el cual se aumenta una asimilación
El VJeepresidmü «e la Rep!tbb'ca, mcargado del Poder Ejecutt'~, ,
DECRETA
Artículo único. Auméntase la asimilación de que disfruta el
Postillón del carruaje del Palacio de San Carlos, Sr. Isaías An2·et,
á Capitán.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 30 ele Abril de 1903.
]OSE MANUEL MARRO..._UL
El Ministro de Guerra, ALFRF:Do VAsQuEz CoBo
RESOLUCION NUMERO ro DE 1903
(ABRIL 27)
sobre expedición de Pasaportes
El !IHmslro de Guerra.
O. · mi•: R .... NDO
Que habiéndose delegado á la Comandancia en Jefe del Ejército
la facultad de ordenar la expedición de Pasaportes á Jefes,
Oficiales é individuos de tropa, por Decreto número 1 roH de ... 4 de
Julio de 1902; y
Que llevándose la estadística del Ejército en el Cuartel General,
es allí donde debe examinarse el derecho que tengan los peticionarios
á la expedición de Pac;;aportes,
RESUELVE
Los memoriales que se hagan en solicitud de pasaporte por
militares excedentes ó licenciados, deben dirigirse á la Comandancia
en Jefe del Ejército, la que resolverá la petición de pasaportes
si los solicitantes acreditan su derecho, de conformidad con la Resolución
número 94, de 13 de Marzo último, dictada por este Ministerio.
Dada en Bogotá, á 27 de Abril de 1903.
Comuníquese y publíquese.
El Ministro, A. V Á QUE7 Cono
,
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
8oletín Militar de Colombia
L 55 1 _...)
- Doctrinal -
TEORIA DE LA ESTADISTICA
JtSC l.IT A P O ._ ]. P. HU .. T A DO ( JtSPA ÑOL)
(Contim1a)
VII
1 ,
EXPOSICION ESTADISTICA
Los cuadros estadísticos-Métodos de exposición-Método descriptivo-Mctodo
razonado-Naturalf'za y objeto propio de cada uno de ellos-Reglas comunes
á tod a exposición estadística-Método üxicográji.co-Circunscripciones
territoriales-Método grájiú-Dia~ramas, stereo~ramas y c~rtografíaAplicación
legítima de estos procedimientos.
El lenguage peculiar de la Estadística, ya lo hemos visto, son
los guarismos; este medio de expresión, á la par conciso y elocuente,
necesita, sin embargo, ser manejado con gran criterio, si
ha de unir á esas ventajas las no menos apreciables de exactitud
y claridad. El estadístico encuentra en el número toda la precisión
que puede desear para exponer sus ideas; pero tiene que
hacer un estudio muy detenido para representar sin confusione
los elementos tan varios que describe 6 elabora, los diferente
hechos y relaciones que pueden contener unas mismas cifras,
cuyo valor y sentido depenclt:n las más veces de la man ra de
coordinarlas.
Los resultados de todas las operaciones estadísticas, las noticias
y los cálculos se xponcn en cuadros 6 tslados-a1gunos han
creído hallar en esta palabra la etimología de la ciencia-divididos
por columnas verticales, en los que se escriben metódicamente,
sobre líneas paralelas horizontales, los guarismos relativo
á un hecho cualquiera 'de los que constituyen el dominio de la
Estadística. La primera columna á la izquierda contiene la nomenclatura
de los lugares, fechas ú objeto~ á que se refieren los
datos numéricos; las siguientes expresan por números, colocados
los unos encima de los otros, los pormenores de estos datos, y la
última columna que cierra el cuadro, á la derecha, reúne en un
total parcial los datos consignados en cacla línea. Las columnas
están recapituladas también parcialmente en sentido vertical, en
una línea de totales que ocupa la extremidad inferior del cuadro,
y que termina á la derecha por el gran total general. Títulos muy
concisos, si es posible monosilábicos, van á la cabeza de las columnas
é indican su destino. Estos títulos se subdividen muchas veces
de modo que expresen en la primera línea una generalidad y
reúnan debajo, abrazándolas por medio de una llave, las dift· ·
rentes especialidades que ésta contiene y que son objeto de otras
tantas columnas.
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\
Boletín Militar de Colombia
'-- 552 -'
Los cuadros estadísticos, añade Moreau de Jonnés, considera- dos
en su conjunto, son verdaderos análisis lógicos, figurados por
líneas que explican las divisiones de la materia y por guarismos
que enumeran sus elementos. La primera condición de estos cuadros,
después de su exactitud, es que sean claros, concretos, breves,
fáciles de concebir en su objeto principal y en la diversidad
de sus pormenores, de modo que respondan categóricamente á
todas las cuestiones cuya solución se busque en ellos y no exijan
nuevos cálculos para comprenderlos. Para darles este carácter de
lucidez es preciso que su plan esté concebido, meditado y combinado
como el de una obra literaria ó científica, y que obedezca á
las dos reglas supremas de unidad, de composición y de distribución
de las materias según el orden lógico de las ideas.
Pero estas condiciones cada estadístico las busca por camino
diferente, dando lugar á varios sistemas de exposición que Mr.
Orlandini enumera de esta suerte: Hay, dice, el método descriplz'vo,
que se limita á registrar ordenadamente los datos de un cierto
género de hechos por tiempos ó lugares determinados, ó bien
todas las noticias estadísticas relativas á un Estado cualquiera. El
método razo?Zado que otros prefieren, y consiste en presentar los
hechos enlazándolos según la manera de concebir sus causas ó mutuas
influencias; el lo.:ú:ogrdfico, que sigue en la exposición de las
materias el orden alfabético; el comparalz'vo 6 labelan·o, que relaciona
dos asuntos del mismo género pero de tiempos y lugares
diversos, y, finalmente, el grdjito , que se vale de líneas, signos y
lores para expresar las cantidades y relaciones estadísticas. Es
claro, continúa Orlandini, que el método descriptivo, preferido por
la escuela histórica, es el fundamento de los demás, y puede considerarse
como el único que, cornbinándo. e con el razonado y el
comparativo, conduce á los fines de la Estadística; pero usado
aisladamente, sería demasiado difuso y al mismo tiempo incompleto;
los otros métodos no corresponden verdaderamente á la
forma científica, porqu(.; el tabelario prescinde de las causas y
no da cxplicacione de los hechos ; el gráfico carece de la exactitud
necesaria y acepta como idénticos hechos que sólo son semejantes,
y, por último, el lexicográfico, si es útil para encontrar rápidamente
un dato, es toda vía más ajeno á la forma científica,
porque trunca y repite las descripciones.
Nosotros creemos, sin embargo, que antes de juzgar los sistemas
de exposición estadística, conviene hacer una distinción, que
1 l vez arroje sobre este asunto luz suficiente para armonizar las
divergencias que se notan en las doctrinas y prácticas de los estadísticos.
Desde el principio hemos tenido cuidado de separar las
dos partes que comprende el objeto de la Estadística, las dos operaciones
que la realizan, y ahora veremos que la diversidad de
los procedimientos de cada una da lugar á una diferencia natural
en el modo de exponer sus resultados. La z'1Zvesligaáón se dirige á
reunir datos y cumple presentándolos sencillamente; la tlab6ración
busca leyes y causas, y necesita no sólo establecer, sino demostrar·
sus conclusiones; aquélla analiza los hechos y los. ducribe numéri-
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Boletín Militar de Colombia
L. 553 --'
camente; ésta calcula y razo11a sobre los números. Hé aquí dos
métodos que no pueden confundirse : la exposición de datos ha de
ser descriptz'va; la exposición de cálculos, razonada.
Se comprende bien que, no estableciendo esa distinción necesaria,
los estadísticos divaguen y se contradigan para buscar la
regla única, un sistema modelo de exposición que no existe, porque
ha de haber dos de condiciones esencialmente diversas. Unos,
como Moreau de Jonnés, no quieren que se mezcle el lenguaje
ordinario con el idioma de los guarismos, y rechazan de los cuapros
estadísticos toda clase de leyendas ó explicaciones, mientras
que otros, como el Sr. Orlandini, pretenden que para exponer con
acierto los números referentes á un hecho cualquiera, deben colocarse
al lado de las cantidades absolutas las cantidades relativas, 6
sea los guarismos medios y proporcionales. Todos á un mismo
tiempo tienen razón y carecen de ella. :Moreau de Jonnés está en lo
cierto tratándose de nuevos datos ó descripciones estadísticas de
~echos en que sólo deben fi~ urar los números ; pero ¿cómo podrá
Impedir que en la exposición de los cálculos se utilicen á la par los
guarismos y las anotaciones, combinándose los números y los razonamientos
en los cuadros, ó fuera de ello , del modo que se
crea más conducente? Orlandini y los que como él opinan, tampoco
defienden más que una parte de la verdad. Es claro que las
verdaderas cifras estadísticas son las que expresan relaciones y
comparaciones de hechos sociales; mas, ¿por ventura no será
lícito exponer sencillamente datos elementales sin hacer sobre
ellos cálculo ni elaboración alguna? ¿ regaremos al mero investigador
el derecho de ofrecer precio os materiales e. · poniendo el
resultado de sus ob ervacioncs?
in duda que amuu métodos de e.·posiciún, 1 descriptivo y
·1 n zonado, deben armonizarse, según dice otro escritor, del mismo
modo que se relacionan la investigación y la elaboración, procedimientos
de que derivan, y que son, respectivamente, la base y
el complemento; pero mientras el descriptivo- el comparativo 6
tabelario no es más que una forma del descriptivo-puede emplearse
aisladamente, el razonado no puede prescindir de aquél
con justificación tn ningún caso. En efecto, no hay mal alguno en
exponer datos elementales sin comentarios ni deduccior.cs, sometiéndolos
al juicio de todo el mundo, y sería sospechoso presentar
un cálculo estadístico sin que le precedieran las noticias de que
párte. El estadístico, libre en sus apreciaciones, ha de obrar, sin
embargo, como el historiador, que inserta los documentos en que
funda la narración y su crítica.
Dedúcese de lo expuesto que habrá reglas de exposición comunes
á los dos métodos, y otras que serán especiales de cada
uno. Comenzaremos por éstas.
El método descriptivo encontrará su plan en el análisis profundo
del hecho que va á exponer y en el estudio de. us relaciones
con Il)S demás fenómenos sucia les; de otro modo no podrá presentar
todos los elementos de ese hecho, todos los pormenores que
acerca de él convenga conocer, ni separar aquellos que, no siendo
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Boletín Militar de Colombia
'- 554 -:-'
esenciales 6 no teniendo una íntima conexión con el asunto, complican
los cuadros y les quitan claridad sin hacerlos más completos.
El que movido por la curiosidad 6 por un particular interés,
dice un publicista español *, acude á un libro estadístico, y sobre
la mala impresión que causa un volumen compuesto exclusivamente
de guarismos, encuentra dificultades para comprender los cuadros
que contiene, necesita hacer muchos cálculos para utilizar sus
datos, ó echa de menos detalles que por su importancia merecían
lugar preferente en la publicación, no tarda en apartar la vista de
lo que tanto le fatiga y tan imperfectamente satisface su deseo,
y desengañado en sus esperanzas, viene á aumentar el número de
los que miran la Estadística con el desdén que inspira aquello que
e juzga inútil. Exponer todos los elementos del fenómeno que se
describe, pero nada más que esos elementos, hé aquí, diremos nosotros,
la condición principal que ha de cumplir este método. En él
únicamente los números pueden dar la precisión científica; en él
no tienen legítima cabida más explicaciones ni razonamientos que
Jos encaminados á señalar el origen de los datos, las circunstancias
en que se han obtenido, y el sistema empleado para recogerlos,
ó sea aquellas noticias que merezcan tenerse en cuenta para
¿¡preciar su exactitud y la confianza que debe dispensárseles.
El método razonado tiene dificultad y complicación mayores;
como que no trata de mostrar hechos, sino de demostrar principios,
necesita sujetarse con más rigor á los preceptos de la lógica. Debe
computar todos lo elemento y apreciar todas las relaciones del
hecho que examina; ha de desenvolver naturalmente los raciocinios,
no pasando de uno á otro principio sin dejar aquél previamente
demostrado, y ha de prevenir dudas y objeciones, refutando
directamente las que can inevitables. Para ello este método dispone
con entera lib rtad d 1 número y del razonamiento, y puede
combinarlos á su arbtírio, aprovechando á la vez la precisión ~e los
guarismos y la fle.·ibilidcd y elocuencia del lenguaje cümún.
Vaga son estas reglas ~iertamente, pero no es fácil concretarlas
más por la gran variedad de objetos á que esos sistemas puedeR
aplicarse. La naturakza de cada hecho determina un análisis y
una exposición descriptiva diferente, del mismo modo que el fin de
cada cálculo y la índole de los datos sobre que versa darán motivo
para exponer razonamientos muy diversos.
Las reglas comunes á ambos métodos se dirigen á evitar los
defectos en que pueda incurrir tOda expo ición estadística.
Uno de los vicios más graves de las compo iciones estadísticas,
dice á este propósito Moreau de Jonnés, es la complicación,
que hace su estudio penoso y desagradable. En vez de procurar la
sencillez, considerando en cada cuadro una sola relación del asunto,
hay comúnmente el empeño de hacer entrar en el mismo cuadro
todos los guarismos que se poseen acerca de un objeto, sin reparar
en la confusión que resulta y en el inconveniente de estre-
• Jimeno Agius-Obra citada.
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Eoletín Militar de Colombia
~ 555 -'
charlas líne as y las columnas. Una división muy natural permite,
sin embargo, tratar toda clase de mater ias por dos puntos d e
vista diferentes : primero según los lugares, y después según los
tiempos. E:1umerando las cosas en el orden g e ográfico por las
provincias á que corresponden, y luégo en el orden histórico por
las fechas en que se han recogido los datos, pueden presenta rse
en cuadros ó series di tintas los números más interesantes. Esta es
una división esencial, porque querer comprenderlo todo en un solo
cuadro, es exponerse á envolverlo todo en las tinieblas.
El principio de unidad, á que debe obedecer un cuadro estadístico
aislado, ha de aplicarse también á. una serie numerosa de
ellos, aunque fcrme uno ó muchos volúmenes; el encadenamiento
de todas las partes ha de ser el mismo, de tal suerte que aun el
trabajo más extenso pueda desenvolverse en un cuadro único, diVIdido
y subdividido indefinidamente.
Es también circunstancia muy importante tratándose de cuadros
estadísticos, dice el escritor español antes citado, la de su
magnitud, que no debe ser tan desmedida :¡ue dificulte la consulta,
ni tan reducida que obligue á emplear tipos d{'masiado pequeños.
De modo que si un hecho comprendiera muchos detalles y no
conviniese omitir ninguno de eilos por ser todos de interés, lo más
prudente s ría hacer de cada uno d é t s un cuadro especial,
porque, de inclu{rlos todo e n u'no, aumentaría con iderablemente
las dimensiones de éste, ú obligaría á emplear tipos muy pequeños,
y tanto en un ca o como en el otro, se dificultarían el manejo y
la con. ulta.
El método lt•.·n(:ogrdjico ú orden nlfaLético aplicado á las materias
y Jug-are ., como regla general de (!.·posición, s tan inconveniente
n la. descripci ncs como en lo razonamiento e tadísticos.
Agrupar lo. obj t s s
verdaderos principios de la ofensiva en la montañas.
Entre estas ventajas ya hemos señalado la siguiente:
La iniciativa, la que, por su naturaleza misma, presenta Yentajas
reales; cualquiera que sea )a forma del terreno, tiene una
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Boletín Militar de Colombia
'- 559 _J
importancia más considerable en la montaña que en la llanura.
Como inconvenientes hemos indicado :
1.0 La multiplicidad de los obstáculos.
2. 0 La dificultad del aprovisionamiento.
3. 0 La dificultad del despliegue de las tropas.
4. 0 Las dificultades que se presentan para la dirección de las
trofaS y para la transmisión de las órdenes.
A fin de sacar pleno provecho de las ventajas que le ofrece
la ofensiva, el atacante debe procurar reducir á la más simple
expresión los inconvenientes inherentes al ataque.
1. 0 Deberá esforzarse en vencer los obstáculos que resulten
de la configuración del terreno ó de los trabajos ejecutados por el
defensor, desplegando una perseverancia extraordinaria, poniendo
en juego todos Jos medios necesarios para triunfar de ellos; en
fin, echando mano,: cuando sea imposible obrar de otra manera, de
los movimientos envolventes juiciosamente concebidos.
2.0 Por lo que se refiere al aprovisionamiento, hemos hecho
ya resaltar, al hablar de la defensa, que el sistema de requisiciones
es aplicable sólo á pequeñas columna~, y que es necesario, en
consecuencia, para asegurar el aprovisionamiento de las tropas,
organizar almacenes móviles. Pero este sistema presenta también
graves inconvenientes : los convoyes no se pueden mover sino con
mucha dificultad, y muchas veces quedan imposibilitados de seguir
los movimientos de las tropas. El transporte de víveres por medio
de animales de carga requiere el empleo de una cantidad considerable
de conductor s y ganado, pue estas columnas, además
de las subsistencias destinadas á las tropas, deben transportar su
propios víveres y forrajes. Los hombres deberían, pues, llevar
consigo por lo menos¡tres ó cuatro días de YÍveres. Pero esto es cas'
imposible, por lo menos respecto del pan y la carne, porque ~e cargaría
demasiado á los soldados.
No queda, pues, más remedio que renunciar á un aprovisionamiento
regular durante los tres ó cuatro primeros días, y distribuír
á las tropas dos raciones de carne cocida y dos de tocino en
lugar de carne, y reemplazar el pan por la galleta, que es á la vez
más liviana y mis nutritiva.
Por lo demás, es por medio de requisiciones como se llegará á
obtener más fácilmente la carne.
Sería prudente dar á cada soldado, á más de la ración de sal~
algunos granos de pimienta 6 ají que le servirán para sazonar la
carne y el tocino, haciéndolos más agradables al paladar y que le
permitirán preparar en poco tiempo una comida substanciosa y
muy agradable.
El café nunca qebe faltar á las tropas que maniobran en
montaña : sirve para co•trarrestar los efectos perjudiciales de la
temperatura y conservar las fuerzas del hombre, mucho mejor
que el a~uardiente.
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'- 56o .J
El atacante debe procurar, siempre que le sea posible, apoderarse
cuanto antes de los almacenes de primera línea del defensor
é impedirle que destruya las provisiones que contengan.
Las columnas de víveres, ya se compongan de carros ó de animales
de carga, deben seguir á las tropas á una jornada de marcha.
Es necesario, además, que estos convoyes sean constantemente aprovisionados
con dos días de víveres por los almacenes móviles, que
se irán desplazando á medida que el ataque gane terreno. Se forma
así una primera línea de almacenes móviles, á retaguardia de
la cual se constituye una segunda línea á dos ó tres jornadas de la
precedente.
Este es el único sistema gracias al cual el atacante lograri
aprovisionar completa y seguramente sus tropas.
De todos los transportes, el que ofrece mayores dificultades es
el de la a vena y el del pasto necesarios para el ganado de carga,
los caballos de silla y los de tiro.
Algunas veces será posible encontrar pasto seco en las montañas,
y cuando esto no suceda, se le reemplazará en parte por
avena y cebada; si este medio de racionamiento es imposible, se
recurrirá entonces al pasto natural que allí exista.
Este último procedimiento es el que tendrá forzosamente que
emplearse en los países no cultivados y en donde la duración de
las operaciones esté, por consiguiente, subordinada á las estaciones.
Vemos, por ejemplo, que en la guerra contra los turcos, las
operaciones en ervia y en Bosnia nunca comenzaron antes de
la primavera, es decir, cuando había ya suficiente pasto, terminándose
siempre á la entrada del invierno. Una campaña de invierno
hecha en estos países costaría, en efecto, un número de
hombres y de ganado fuera de proporción con los resultados que
se podrían alcanzar.
].
0 y 4. 0 Se logrará reducir á su más estricto mínimum los
inconvenientes relativos al despliegue y á la dirección de lastropas,
observando escrupulosamente las condiciones en que se opera,
y teniendo rigurosamente en cuenta las circunstancias locales.
Desarrollaremos esta idea cuando expongamos en detalle los
principios fundam e ntal es del ataque.
PROVECHO QUE SE DEBE S.~CAR DE LAS DESVENTAJAS DE LA DEF.ENSA
Cualquiera que sea la forma del ataque á que se quiera dar
preferencia, el atacante debe siempre, por todos los medios á su
alcance, tratar de sacar el mayor provecho posible de los inconvenientes
inherentes á la defensa.
Hemos visto hasta ahora que estos inconvenientes son los siguientes:
1.0 La necesidad de cubrir numerosos puntos de pasaje, necesidad
que puede fácilmente conducir al defensor á adoptar el
sistema dt cordón ..
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Boletín Militar de Colombia
'- 56t _,
2.0 La falta de vistas y las dificultades que se tiene para poer
descubrir á tiempo el objdzvo del ataque principal.
DEMOSTRACIONES Y FALSOS ATAQUES
Para transformar los inconvenientes de la defensa en ventajas
ra el ataque, y para sacar de ellos verdadero provecho, el atacante
debe tratar de engañar al defensor sobre el verdadero puno
de ataque; inducirlo á dirigir sus reservas estratégicas sobre
puntos secundarios; obligarlo, si posible es, á dispersar sus fuer.
zas y, por consiguiente, á hacer uso del sistema de cordón.
Para alcanzar este objeto se pueden emplear ventajosamen.
e las demostraciones y los falsos ataques.
Pero para que estas operaciones den resultados, es necesario
que tengan lugar algunos días antes del ataque principal y que se
·· ejecuten en el momento oportuno para que el defensor no pueda
ser a visado y no tenga tiempo de tomar sus disposiciones para opoerse
á estos falsos ataques, antes que se produzca el verdadero.
En el momento en que estas demostraciones comiencert á
r:producir su efecto, el atacante podrá determinar su verdadero
.ataque con J:>robabilidad casi segura de éxito.
El ataque efectuado durante las guerras de la Independencia
de la América del !::>ur, por el General San Martín, sobre la Cordi;
Uera y la provincia española de Chile, nos presenta un hermoso
ejemplo del sistema para lograr engañar al defensor sobre·la di
·recci6n del verdadero ataque.
ATAQUE REAL
Cuando las demostraciones y los falsos ataques hayan tenido
xito, lo que es muy difícil determinar en las montañas, á causa
e que las vistas son muy limitadas, el atacante debe inmediata~
nte avanzar sobre las líneas principales de operaciones que ha,
elegido, y emplear toda su energía y todos sus recursos para
~-encer los obstáculos que encuentre en su camino y alcanzar una
entaja decisiva .
.1FORllACIÓN DE MARCHA OFENSlV EN PA{S DE MONTAÑAS
Para contrarrestar las empresas que el defensor pudiera diri-
~r contra la retaguardia del atacante, sea con su reserva principal,
sea con fuerzas menores que hiciese pasar por los valles late.:
rales, y para protegerse lo mejor posible contra estas maniobras
ttan peligrosas, el atacante debe, después de haber penetrado en
~~ valle, hacer marchar sus columnas no en orden compacto,
:sino por escalones; la última columna sirve entonces de reserva
~ eneral.
Para proteger su flanco y ajustarse completamente á los principios
de la tactica ; para precaverse contra una sorpresa y contra
. SERU IV-TOllO 1-36
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los grandes peligros que presentan las emboscadas; para estar,..
en fin, en condiciones de atacar sin pérdida de tiempo y sin emplear
fuerzas muy considerables, una posición ocupada por el enemigo,..
el atacante deberá, en general, ejecutar su marcha por escalones19
adelantando sus alas, las que hará marchar sobre las alturas •.
Si no se destacasen del grueso estas columnas encargadas de
atacar los flancos del adversario, sino en el momento en que se
llega delante de la posición, resultaría: primero, que se perdería..
un tiempo precioso; y luégo, que á causa de la fuerte ittclinaci6n ..
de las pendientes de la montaña, se impondrían fatigas enormes á -_
las tropas, y, por consiguiente, las que constituyen las columnas:,.
laterales estarían cansadas y agotadas precisamente en el momento
en que deben comenzar su ataque contra los flancos del
enemigo.
Siempre que el atacante deba franquear líneas de manio- .
bras que el defensor pueda utilizar para sus movimientos envolventes,
deberá dejar á retaguardia, para vigilar estas líneas, un
cuerpo de tropa de efectivo suficiente para observar los pasajes
que conducen á los valles laterales, en el caso que este cuerpo
permanezca en el punto de unión de los caminos, ó bien para ocupar
por sí mismo estos pasajes, cuando se tema ser atacado por un.
solo lado.
El papel asignado á estas fracciones destacadas tiene un carácter
esencialmente defensivo; su misión consiste en resistir el
mayor tiempo posible á los movimientos ofensivos del enemigo.
Estas tropas deben, pues, sujetarse á todos los principios expuestos
para el empleo de las reservas tácticas cuando se habló de 1
defensa.
El atacante que penetre en un país de montañas y descuide
observar estos principios, se expone á colocarse en una situaciéP
por demás difícil y á menudo crítica.
Las marchas ejecutadas por las columnas franco-bávaras d
rante las campañas de 1703 y 1809, cuando marcharon de Landeck
sobre Pfunds, nos dan un ej(;mplo severo que confirma la
exactitud de los principios que acabamos de exponer. Se trataba
en ambos casos de restablecer por Nanders las comunicacione~
con el sud del Tirol.
Como los bávaros mandados por el príncipe elector invadieron
el Tirol, el pueblo de este país, completamente adicto á la casa.
imperial, se sublevó en todos los puntos del valle del Inn inferior,.
y este ejemplo fue inmediatamente seguido por los montañeses delos
distritos de Landeck, Pfunds, Nandersbeg y Ried.
El 28 de Junio la vanguardia, fuerte de cerca de 300-.
hombres, compuesta la mitad de dragones franceses y la otra mitad
de granaderos bávaros, había llegado á Landeck. El I.0 deJulio
esta columna continúa su marcha sin hacerse explorar por·
una vanguardia y sin hacerse cubrir por guardaflancos destacados.
sobre las alturas vecinas.
El valle del Inn, desde Landeck hasta los alrededores de
Prutz, es extremadamente estrecho y está encerrado entre dos.
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murallas de rocas que se levantan á pique; sus dos extremidades,
cerca de Landeck y de Pontlatz y Pfundlatz, son formadas por
· estrechos portillos de rocas. En fin, en esta época las montañas
que limitan á este valle estaban cubiertas de espesos bosques.
El camino está, pues, encerrado entre el Inn por una parte y
las murallas á pique por el otro; forma un verdadero desfiladero
que no permite extenderse ni á la derecha ni á la izquierda.
Atraviesa el Inn en el puente de Pontlaz, hacia el cual sube
en pendiente suave pasando al pie de una muralla de rocas á
pique; se continúa en el valle encajonado de Prutz, y llega á la
aldea del mismo nombre, después de haber franque:1do una segunda
vez el Inn en Ladis. Esta garganta ó pasaje estaba ocupada
por los tiradores de los cuatro distritos que hemos enumerado,
y además se habían colocado baterías pedreras en Flieserberg.
En el momento en que la columna se aproximaba á Pontlatz,
los proyectiles comenzaron á lloverle de todos lados, las piedras
y los troncos de árboles rodaban á lo largo de la pendiente
á pique, cayendo sobre el camino, ocupado completamente por
las tropas, el que fue en un instante cubierto de muertos y heridos.
Los que no fueron muertos por las piedras y los troncos de
árboles, heridos por las balas de las carabinas de largo alcance
de los tiradores tiroleses, huyeron hacia Landeck, en donde fueron
recibidos por paisanos armados, que los hicieron prisioneros.
Ningún soldado del destacamento pudo escapar para lle ar
al elector la triste nueva de esta catástrofe.
Una suerte análoga esperaba en 18og, en este mismo valle,
á una columna de un efectivo más considerable.
El Coronel barón von Dourscheidt había recibido del 11ari -
cal Lefevrc, antes de comenzar su movimiento de Innsbruck sobre
Sterzing, la orden de marchar con el 10.0 regimiento de infantería
bávara, un escuadrón de dragones y dos cañones de tres Ji_
bras, desde Landeck sobre Meran, pasando por el desfiladero de
Finstermunz y por el Vir.tschgau, á fin de tomar por la espalda á.
los paisanos insurrectos del Valle de Eisack. Como en 1703, los
paisanos que habitaban en los distritos de la alta montaña formaron
el plan rle sorprender al enemigo en el momento en que penetrase
en el desfiladero. También esta vez habían establecido baterías
pedreras sobre el Flieserber~.
Como en el primer caso, la columna penetró en este temible
desfiladero sin cubrir sus flancos y contentándose con hacerse explorar
por una punta de sólo 15 dragones. Una parte de la columna
había ya atravesado el puente de Pontlatz, cuando se hizo sentir
el primer disparo, lo que dio la señal del combate generaL
Los bávaros intentaron apoderarse del bosque de donde había
partido el primer tiro de fusil, pero fueron rechazados. Trataron
entonces de atravesar en la dirección de Prutz, pasando por
el puente de Ladis; pero este puente había sido destruído, y fueron
recibidos además por un fuego mortífero que partía de la otra
orilla.
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Procuraron entonces tomar la aldea de Ladis, en la esperanza
de envolver á Prutz y poder continuar su marcha por las alturas;
pero también este nuevo ataque fracasó. La columna no pensó
desde este momento sino en su salvación y en su retirada, que comenzó
durante la noche.
Desde que los tiradores colocados sobre las montañas notaron
que el enemigo pretendía emprender la retirada, hicieron caer
una lluvia de proyectiles sobre el puente de Pontlatz.
Las baterías pedreras abrieron el fuego y destruyeron carros,
caballos, cañones y hombres, de los cuale~ una gran parte fue
precipitada á las rugientes olas del Inn.
Sólo una parte de la columna pudo, gracias á una huída precipitada,
llegar hasta Landeck. El resto marchó á Prutz, en donde
debió rendir las armas al día siguiente, á pesar de su defensa
heroica.
La parte de la columna que había huído hacia Landeck no
tuvo mejor suerte en su retirada sobre Imst.
Si en los dos casos, tanto en 1703 como en 1809, se . hubiesen
cubierto los bávaros por las columnas laterales escalonada~ hacia
adelante, desde Landeck, al Este, pasando por Schatzerhof en dirección
de Fliess y hacia el paso que separa el valle del Inn del
de Wens; al Oeste, del lado de Hochgalting pasando por Schonjoch
en dirección á Ladis, no habrían seguramente sufrido semejante
desastre.
Sea que el atacante a vanee en una ó en varias columnas, será
siempre necesario, cuando estas columnas estén separadas por
grandes macizos montañosos que abarquen una gran extensión,
que cada una de ellas observe escrupulosamente los principios que
hemos expuesto.
Las modificaciones eventuales que se pueden hacer sufrir á
ese orden de marcha, resultan de la conformación particular de la
montaña.
FQRMAS DE ATAQUE
Las formas del ataque son, en conjunto, en montañas, las
mismas que las prescritas en general por la teoría.
No trataremos, pues, aquí, sino de que resalte la influencia que
ejercen las montañas sobre las operaciones ofensivas siguientes:
1.0 Marcha concéntrica á vanguardia en varias columnas.
2.0 Movimiento estratégico envolvente, por ~no ó por los dos
flancos.
3. 0 Ruptura estratégica.
1.0 El ataque concéntrico en varias columnas necesita el
cálculo exacto del tiempo necesario para hacer llegar todas las
columnas sobre el punto de ataque, á fin de que estas columnas
puedan ejecutar este ataque simultáneamente y que obren, durante
el combate, según lo acontecimientos y las circunstancias.
La dispersión de las fuerzas no presenta en ninguna parte
tanto peligro como en las montañas : en efecto, desde que las columnas
dejan de estar en las manos de su jefe superior, se hace
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muy difícil, y á menudo completamente imposible, remediar las
faltas cometidas; las columnas, separadas las unas de las otras
por caminos de montaña, no están en condiciones de prestarse recíproco
apoyo, ni socorros de cualquier especie. Al contrario, cuando
se combate en llanura ó en un país ligeramente ondulado por
colinas de poca elevación, esa dispersión favorece y facilita la
operación. Colocándose sobre ciertos puntos, se logra á menudo
tener vistas de conjunto sobre toda la línea. El carácter del ataque
en montaña tiene una gran semejanza con el de un ataque ejecutado
en una llanura cubierta y fragosa, en donde no pudiendo
ni dirigir por sí mismo ni vigilar los movimientos de las diversas
columnas, debe resolverse de antemano por un plan de ataque
minuciosamente calculado y maduramente estudiado.
Aun en el caso de que lleve un ataque concéntrico que lo
obligue forzosamente á dividir sus fuerzas, el atacante deberá
siempre conservar el grueso de sus fuerzas sobre la línea principal
de operaciones, á fin de proteger su retaguardia contra cualquier
tentativa del adversario.
Este gruéso, que en montaña avanza por escalones hasta el
momento del ataque real, debe naturalmente concentrarse á vanguardia
el día en que se libre el combate decisivo.
2.0 Las maniobras envolventes son, generalmente, de difícil
ejecución en montaña, y á veces del todo imposibles, porque
las comunicaciones que corren de derecha á izquierda del
frente e tra.tégico de una línea de defe..,sa, están casi siempre separadas
por grandes espacios que conducen á menudo en direcciones
divergentes, siendo muy raros los que desembocan sobre
los flancos y la retaguardia del adversario. Cuando un movimiento
tál tiene éxito, sus cons cuencias son naturalmente má considerables,
y casi siempre termina en una verdadera catástrofe para
el defensor.
Es necesario, pues, en montaña, emplear iempre los movimientos
envolventes, cuando el terreno permita su ejecución,
tanto por la importancia de las ventajas que ofrecen, como por lo
difícil que le será al defensor emprender contramaniobras con algllnas
probabilidades de éxito.
En este caso, sería indispensable hacer ejecutar los movimientos
envolventes con el grueso de las fuerzas, á fin de no dar
oportunidad al defensor de poder batir en detalle á su adversario.
Por lo demás, en montaña más que en ninguna otra parte, será
posible y fácil ejecutar tales movimientos con el grueso de las
fuerzas. La fuerza relativa del terreno permite, en efecto, hacer
la defensa sobre su frente con fuerzas de un efectivo poco considerable
; si éstas llegasen á ser atacadas, encontrarán siempre
buenas posiciones sobre las cuales les será fácil resistir al enemigo
hasta el momento en que la columna que ejecuta el movimiento
envolvente venga á pesar en la balanza, tomando una parte activa
en las operaciones y en el combate.
Cuanto más se obstine el defensor en su contra-ataque, es
decir, cuanto más persista en avanzar en la falsa dirección á que
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lo ha inducido la débil tropa que se h~ colocado á su frente, tanto
más peligrosa se hace su situación.
Se debe hacer uso de los movimientos envolventes, sobre todo
cuando, á causa de la naturaleza del terreno, la posición enemiga
es tan fuerte sobre su frente que no sea posible tomarla sino á
costa de grandes sacrificios.
Si, por ejemplo, el defensor ha tomado posición sobre una.
a.lta y vasta meseta, un ataque de frente no será posible sino en
casos extremadamente raros; se debe entonces forzar al enemigo
á retirarse, envolviendo estratégicamente una de sus alas.
En 1796 el Archiduque Carlos, después de la retirada de
Canstadt, tomó posición sobre la meseta de la Rauch-Alpe, cerca
de Bohmenkirch y de Geislingen, con la espalda hacia Ulm, á fin
de ~ermitir la salida y cubrir durante el movimiento de ella, los
aprovisionamientos que se habían acumulado en esta ciudad.
Atacar de frente esta posición muy fuerte, viniendo de Goeppingen
y de Gmünd por los valles encajonados del Rems y del
Fils, hubiera sido una operación muy difícil, y habría costado
pérdidas muy considerables.
Si Moreau hubiese querido cortar al Archiduque Carlos del
Danubio, habría debido hacer salir de Stuttgard y de Tübingen
una columna que, pasando por Kirchheim, Weilheim y Wiesensteig,
marchase en dirección á Urspring, mientras que la columna
principal, saliendo de Tübingen y pasando por Urach y Blaubeuren,
marcharía sobre Ulm. Maniobrando de esta manera, amenazaría
y envolvería el flanco izquierdo del Archiduque, el cual
se vería obligado á abandonar inmediatamente la posición de la
Rauch-Alpe.
Si al contrario, Moreau ten{a, como lo hizo, la intención de
separar el Ejército del Archiduque del General Wartensleben, de
efectuar él mismo su unión con Jourdan á fin de apoderarse de la
línea interior, le era necesario envolver el ala derecha del Archiduque
Carlos, lo que con tituía seguramente una maniobra difícil,
pues se veía obligado á hacer una marcha de flanco delante de la
posición enemiga.
Moreau podía, sin embargo, ejecutar esta maniobra gracias
á su superioridad numérica: bastaba solamente cubrir, con un
Cuerpo que distrajera al adversario por su frente, la marcha de
flanco que debía ejecutar por el valle del Rems, por Gmünd y
Aalen, dirigiéndose hacia Nordlingen ; maniobrando de esta manera,
habría cortado completamente al Archiduque Carlos del
Ejército de Wartensleben.
Los movimientos estratégicos que tienen ¡.>or objeto envolver
al enemigo por ambas alas, son más peligrosos en montaña.
que en llanura, cuando no se ejecutan con fuerzas superiores á la~
del enemizo ; en efecto, la línea de maniobra sobre la cual lo'i
dos grupos 6 columnas podrían reunirse en caso de una retirada,
está generalmente más alejada en montaña que en llanura, y entonces
el adversario, tomando enérgicamente la ofensiva,. dispone
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,, ae más tiempo y facilidad para sacar provecho de su victoria
parcial.
3. 0 El ataque presentará grandes ventajas sobre todo cuando
el atacante, por medio de demostraciones y falsos ataques,
haya inducido al defensor á dividir sus fuerzas, ó bien cuando
·éste, haciéndose una falsa idea de la guerra de montaña, adopte
el sistema de cordón.
Si el atacante se ajusta á las reglas teóricas de la ruptura estratégica,
si pone toda su energía en la ejecución de esta opera
·dón, obtendrá en montaña, por las razones ya expuestas, resulta~
dos muy superiores á los que se obtienen en llanura, y terminará
por hacer prisionera la mayor parte de las tropas enemigas.
1 - CARACTER DEL COMBATE EN MONTANA
Según lo que hemos dicho hasta ahora, se ve que el combate
·decisivo no puede tener en montaña el carácter que tomaría una
batalla premeditada librada en una llanura ó sobre un terreno ondulado.
Consiste, al contrario, en varios combates aislados, libra,
dos muchas veces en diferentes días, y en que el resultado final es
l a acción de conjunto de todos ellos.
Por lo que se refiere á la manera de dirigir las tropas en un
combate decisivo, la batalla librada en montaña se asemeja, muy
á menudo, á la que tiene por teatro una llanura cubierta y ondulada
; en uno y otro caso falta el horizonte extenso y despejado,
necesario para la dirección del combate: la inteligencia debe suplir
á la vista, y es ella la que puede descubrir, en este caso,
..-cuál es el verdadero punto de ataque .
ConHnútl
-Historia-
~HISTORIA DEL NUEVO REINO DE GRANADA
POR JUAN DE CASTELLANOS ( I 5 90 f)
(Continúa)
Pero dejemos esto para cuando pidiere coyuntura tratar de'
llo, y volvamos á nuestro Licenciado que, visto que la tierra descubría
más próspero caudal que se esperaba, á Ciénaga mand6
tres de caballo que llamasen la gente que alH estaba. Y ya cuando
llegaron al asiento, el Juan de San Martín era venido, y sab!da
por él la buena suerte, á Tunja se partieron con el campo á
·donde se juntaron todos ellos alegres y contentos con la presa, y •
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con espectativa de más bienes, porque quien dio noticia del de
Tunja, también les declaró que Sogamoso (á la tierra del cual llaman
Iraca) tenía crecidísimo tesoro en el adoratorio de su pue-blo,
y que por ser aquella tierra santa, otros muchos señores prin-cipales,
demás del General, allí tenían también particulares santuarios
do hallarían cuantidad de oro. Lo cual oído por el Licenciado,
con el sabor y gusto de aquel cebo que cuanto más se come
menos harta, apercibidos veinte de caballo y peonaje menos perezoso
que veloz pantera cuando salta al fimo que le cuelgan los
pastores, caminaron apriesa tras la guía y fueron en un día hasta.
Paipa (suerte que es hoy de Gómez de Cifuentes, heredero deL
otro de su nombre), donde hicieron noche, y otro día llegaron á
las sierras de Tundama. El cual como guerrero ca vi loso, les envió
regalos al camino de Manta, oro, caza y otras cosas, diciendo que
esperasen entre tanto que él venía con ocho cargas de oro que se
llegaban entre los vecinos; y siéndoles acepto su mensaje, por no
perder aquel aditamento, pasaron tanto tiempo, que pasaba el sol
del círculo meridiano; mas él, con el espacio que le dieron, se dio
tan buena maña con los suyos, que sacaron del pueblo las alhajas,
y el oro todo de los santuarios, y por los altos comarcanos
puso innumerable gente bien armada que hundían con gran grita
la comarca con oprobio , diciendo que viniesen, llevarían encima;
las cabezas el oro que tenían para darles. Y corridos los nuéstros
de la burla, determinaron saquear el pueblo, del cual salieron todos
manvacíos, aunque no de pedradas y flechazos que descendían
de lugares altos, . in re pondelles armas españolas, porque les fue
forzoso por entonces no pelear, á causa de ser tarde para 11egar á
donde los llevaba la guía, que seda la distancia de estos asientos
hasta Sogamoso, poco má de una legua de camino. Y así, por
grande priesa que se dieron, llegaron cuando Febo ya quería des..
amparar aquellos horizontes, en los cuales hallaron congregado
en llano sitio grandes escuadron s, que viéndolos venir, dieron la:.
grita que suelen cuando piden rompimiento, y nuestros e pañoles
convidados dellos y del lugar acomodado, rompieron por la gente
más granada, derribando coronas y penachos con algún daño de
los dueños dellos, que no fue mucho, porque fácilmente hicieron.
que vol viesen las espaldas y les dejasen libres los albergues, y el
mismo Sogamoso su cercado, con las pendientes láminas y platos
del pálido metal que se buscaba, según y como Tunja los tenía,
que valieron ochenta mil ducados, los que se recogieron con obs-
1 tro, y entre ellos hubo pieza que pesaba arriba de mil pesos de
uuen oro. Y la tiniebla fue no poca parte para sacar los indios
gran riqueza, así de casas como de santuarios, y más del principal
adoratorio que ya por religión ó por ser cosa común, ó porque_
más no fue posible, no pudieron del todo despojallo.
Al cual llegaron rato de la noche Miguel Sánchez y Juan ROdríguez
Parra, ambos valerosísimos soldados (de los cuales es hoy
el Miguel Sánchez vivo, y el primer Alcalde deste pueblo), y para
ver lo que se contenía dentro del edificio suntuoso, rompiéronle las.
puertas, Y. con lumbre de pajas que llevaban encendidas, entraro
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dél, adonde vieron donde llenar las manos á su gusto, y en una
barbacoa bien compuesta hombres difuntos, secos, adornados de
telas ricas y de joyas de oro, con otros ornamentos, que debían de
ser cualificados personajes; y el pavimento del adoratorio cubierto
de espartillo blando, seco (según allí se tiene de costumbre, y en
las demás Provincias deste reino que participan de terrenos fríos).
Y estos soldados, con la gran codicia que las más veces suele dar
de mano á consideraciones necesarias, pusieron en el suelo la candela
de las ardientes pajas que IleV"aban, y embebecidos en recoger
oro, no miraron aquel inconveniente, que fue cundiendo por
los espartillos, no con abierta lla:na ni sonora, hasta venir á dar
en las paredes, que estaban esteradas de carrizos pulidamente
puestos y trabados, donde creció la llama de tal suerte, que cuando
revolvieron las cabezas no fue cosa pos1ble mitrgalla, y aun poder
salir fuéra fue un milagro, á causa de ser fábrica pajiza.
Pero con este riesgo no dejaron el oro que tenían recogidb, á
lo menos aquello que sus fuerzas bastaran á poner sobre los hombros,
dejando lo demás encomendado á la soberbia furia del incendio,
que fue volando hasta la techumbre, y de su resplandor
aquellos campos desecharon de sí nocturna sombra. Y Domingo
de A~uirre, que velaba junto con Pedro Bravo de Rivera, vinieron
á caballo presurosos, pensando ser ardides de los indios, porque
vieron algunos ir huyendo ; de la cual opinión es Miguel Sánchez,
diciendo que no fue descuido suyo; mas puesto por industria de los
jeques que decían estar allí secretos en guarda del insigne santuario,
y viendo los dos hombres ocupados, determinaron de quemallos
dentro.
Mas de cualquier manera questo sea, el fuego de ta casa fue
durable espacio de cinco años, sin que fuese invierno parte para
consumillo, y en este tiempo nunca faltó humo en el compás y sitio
donde estaba.
Tanto grasor tenía la cubierta, gordos y corpulencia de los
palos sobre que fue la fábrica compuesta, los cuales se trajeron
de los Llanos, según dicen los indios más antiguos, con infinito número
de gente que de diversas partes ocurrieron á: traer de tan
lejos la madera, que parecía ser incorruptible, porque su templo
fuese tan durable como los que nos cuentan las historias ser hechos
de maderos arcenthinos, que son de enebro, planta conocida, de
quien leemos que, sin con·omperse, en España duraron edificios
doscientos años sobre tres quinientos. La cual madera Salomón
pedía al Rey Hiran para labrar el suyo ; y esta ciega Nación con
pensamiento de hacer edificio permanente, buscaba materiales
infalibles.
Y aun d íceme] uan V ásquez de Loaísa que cuando se hincaban
los estantes ponderosísimos, cada cual dellos se plantaba sobre un
esclavo vivo, porque fundados sobre humana sangre no serían sujetos
á fractura. Mas engañáronse los insensatos} pues fueron en
ceniza convertidos, sin que la potestad de Sogamoso entonces. acudiese
con su pluvia; porque según aquestas gentes creen llover y
granizar e¡ en su mano, con los demás efectos naturales que por
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los cuatro tiempos se varían ; y están en esto tan endurecidos estos
be:stiales, que raz6n no basta á deshacer aquestas burlerías,
con otras más ridículas y tontas que tienen arraigadas en los pechos.
Y el origen de aqueste desvarío Fernando de Avendaño, curioso
en las antigüedades de los Moscas, mozo criollo, diestro desta
lengua, hijo de Capitán Juan de Avendaño, certifica que fue por
esta vía.
Hubo tiempos pasados un Cacique, Idacansás llamado, que
en su lengua significa luz grande de la Herra, el cual tenía gran conocimiento
en las señales que representaban haber mudanzas en
los temporales 6 de serenidad 6 tempestades, de sequedad, de
pluvias, hielos, vientos, 6 de contagiosas pestilencias, por el sol,
por la luna, por estrellas, por nubes, aves y otros animales, y cosas
que le daban cierta muestra en aetuella Provincia que regía
de venideros acontecimientos; y por ventura como hechicero por
comunicaciones del demonio que, como gran fi16sofo, diría estas
revoluciones y mudanzas el gran Idacansás, cuyos juicios, como
vieron en él ser puntuales, entendieron venir por orden suya, y
acudían á él con varios dones á la necesidad correspondientes de
lo que pretendía cada uno, reverenciándolo como quien era oráculo
común que consultaban, no s6lo sus vasallos, pero cuantos indios
hay en aqueste Nuevo Reino.
La cual opini6n fueron heredando hasta hoy los Caciques, que
tenían aquesta dignidad, no por herencia, sino por elecci6n en
aquel tiempo; y no podían ser los elegidos sino de Tobacá y Firavitoba,
pueblos de Sogamoso comarcanos, gozando de su vez cada
cual destos, sin haber elecciones sucesivas, unas tras otras en un
mismo pueblo, antes, en las va.cantes, alternadas; mas dicen que
una vez, en la vacante, un caballero de Fira vi toba, de barba larga.
y en color bermejo (cosa que raras veces acontece en aquesta Naci6n),
tiranamente usurpó con favor de seis hermanos varones y
valerosos que tenía, aquesta dignidad y ~eñorío, siendo de Tobacá
la vez entonces; y sobre es:a raz6n dieron aviso los Tobacaes i
los electores, cuatro principalísimos Caciques de Busbanzá, de
Gámeza, de Toca y de Pesca, y en caso de discordia se valían del
voto de Tundama. Los cuales a visados de )a fuerza y atrevimiento
grande del bermejo, determinaron de hacelle guerra, ansí por
quebrantar los estatutos, como porque prendió por ciertas vías á
Gámeza, y á causa de negalle el voto y voluntad que le pedía,
hizo justicia dél públicamente.
Juntaron, pues, ejército crecido todos los electores y el Tundama,
y el bermejo barbudo con su gente no rehus6 de dalles la
batalla; donde dio clara muestra peleando á todos ellos ser aventajado
en animosidad y valentía ; pero los electores pregonaron
so penas capitales que ninguno de Jos de Sogamoso Jo siguiese ni
lo reconociesen por Caci 1 ue, pues les era notorio ser tirano y haber
tomado violentamente aquella dignidad que se debía hacer
por elección de los señores que venían allí determinados de poner
en razón aquel abuso. Y aquesta diligencia pudo tanto, que la par-
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cialidad de Sogamoso, que era la mayor parte de su hueste, se
pasó de la seña del bermejo á la de los Caciques electores, y ansí
dieron sobre él, y en el conflicto fue de vida y estado perdidoso,
como varón insigne peleando; y los hermanos viéndolo caído, de
entre la multitud innumerable con sus pocos parciales lo sacaron,
y el cuerpo transpusieron donde nunca jamás supieron dél, porque
quisieron poner en palos altos el cadáver, según él hizo terminantemente,
de Gámeza, Cacique generoso.
Puestas ya las cosas en sosiego, de voluntad de todos eligieron
uno de Tobacá que se llamaba Nonpanín, que en su lengua
representa basija de león, y después deste sucedió su sobrino Sugamuxi,
que allí quiere decir el mcubz'erto, y éste reinaba cuando los
cristianos entraron en la tierra, y es llamado (el nombre corrompido)
Soga m oso, á quien después llamaron Don Alonso, cuando
con agua santa fue la vado. Al cual yo conocí, y en muchas cosas
tenía términos caballerosos, y para negociar sus pretensiones se
daba buena maña con Jueces. E yo le vi hablar con una dueña,
mostrando sentimiento de la muerte de su marido, por estar viuda,
y condoliéndose de su trabajo, por remate del pésame le dijo:
"Entiéndeme, señora, lo que digo: yo tuve por amigo tu
marido, y sin amor fingido consentía que alguna gente mía le sirviese
y dellos recogiese la demora. Tú los tienes agora, y están
dentro de aquel repartimiento que te deja. De mí no tendrás queja,
y á la clara el guardalle la cara ten por cierto, tanto después
de muerto como vivo, si tú con buen motivo la guardaras; pero si
te casares, aquí cesa el dar á mi promesa cumplimiento; pues si
tienes intento de otra prenda, quiero que mi hacienda no la tenga
cualquierotro que venga bigarrado á lo que no ha ganado ni meresce
; pues vemos que acontece muchas veces entrar aquestas
heces holgazanas en lugar de las canas honorosas, y con manos
ociosas y lavadas gozan de las lavadas posesiones, y os dan de
bofetones y de palos, en vez de los regalos recibidos de los viejos
maridos que perdistes. Y ansí, lo que hiciste por holgaros, suele
después quitaros dulce vida ; pena cuya medida satisface, porque
la que tal hace, que tal pague."
Semejantes palabras en substancia fueron las deste bárbaro
prudente, el cual, por las razones declaradas, tenía gran caudal
en aquel tiempo que entraron españoles en su tierra ; mas por estar
los indios avisados, el que hallaron fue casi ninguno en respecto
de lo que se sabía por la noticia cierta que les dieron; pero
por no perder lo recogido, si junta de Caciques ocurriesen, determinaron
de volverse luégo á se juntar en Tunja con los otros
que quedaron en guarda de la presa en aquella comarca recogida
; y juntos allí todos, dieron orden en la prosecución del escrutinio
de donde resultase más ganancia.
Y ansí por ser caminos algo largos, haberme detenido con
digresos debidos al sujeto deste canto, en el que después viene,
Dios mediante, iremos por sus pasos proscediendo.
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~~Variedades ===
PEREGRINACION DE ALPHA
,
POR MANUEL ANCIZAR
(Continúa 1
A las nueve leguas se encuentra el pueblo de China vita, primero
del cantón de Garagoa por este lado. Llegámos quebrantados
de cansancio, y nos pusimos á buscar posada con la diligencia que
es de suponerse; pero en vano, porque en todas las tiendas nos la
negaron, excusándose de varias maneras, é indicándonos siempre
la casa del Cura. Allá fuimos, precisados por la necesidad, y encontrámos
en el corredor á un anciano de formas atléticas, que en
voz alta conversaba con otro eclesiástico transeúnte, á quien acompañaban
en su viaje dos damas, asimismo manifiestas en el corre~
dor de la casa, todos en pie, más ó menos embarrados, cual lo estabamos
nosotros, y en traje de caminantes recién llegados. El
Cura vestía zamarros no cumplidos de cuero de perro, ruana rayada
y chaquetón de manta, llevando en la cabeza, como por tolerancia,
un desdichado sombrero con funda de hule, que de tanto
moverlo no había podido tomar forma definitiva. lnvitónos á desmontarnos,
y así lo hicimos, aunque d e salentados por el aspecto
decadente y anárquico de la casa, y referimos al robusto Párroco
nuestra larga jornada, nuestras cuita por falta d e alojamie nto, y
á manera de incidente mencionámo la dieta de nuev hora que
nos espoleaba. Una significativa guiñada de ojos de la dama de
mayor edad me dio á entender que nuestros esfuerzos oratorios
eran perdidos; y en efecto, el buen señor siguió su ruidosa com·ersación,
sin darse por notificado de nu e stras solicitudes diréctas é
indirectas, salpicando la plática con interjecciones tan bi e n acentuadas
y edificantes, que sin poderlo remediar nos echámos á reír
de buena gana por la novedad de aquel estilo nada teológico. Entre
tanto ven!ase la noche y se iban nuestras esperanzas de refectorio
y descanso. Resolvíme á e,·plorar el terreno, y · suponiendo
que una de las señoras deseaba reposar en la sala, pedí permiso,
le di el brazo, y abriendo la mampara de la puerta, me Hallé dentro
de la estancia menos blanqueada y más desconsoladora: que
había visto en mi vida. Arrimada al ángulo de la derecha estaba
una lar~a mesa junto á un canapé de cuero, y contra la pared
fronteriza otro mueble del mismo linaje, de diversa hechura, convenientemente
adornadas las patas con telarañas antiguas, lo mismo
que varios cuadros al óleo que colgaban bien torcidos y á diferentes
alturas; en el resto de la sala campeaban dos ó tres sillas
de brazos, anchas y fornidas, que por luengos años habían desafiado
las injurias del tiempo. Cayóseme la últ ma ilusión, é informado
mi compañero, salímos á registrar todo el pueblo, y al fin di ...
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Boletín ~Iilitar de Colombia
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mos con los cuerpos y el hambre en una venta llena de fardos y
enjalmas, donde juntando los rezagos de nuestras provisiones de
páramo, les hicimos amplia justicia sobre un cuero algo más oloroso
de lo que convenía para su oficio de entonces.
Cuando hubimos acabado la improvisada comida, y también
cena, nos acordámos de las desventuradas viajeras que habíamos
dejado en casa del tronante Cura, y determinámos obsequiarlas con
una lata de sardinas. Fuimos : ya tenían luz en la sala, y estaban
sentados al rededor de la mesa ...... pero va da y sin muestras de
haber tenido ni haber de tener encima cosa de provecho : exhibimos
nuestra lata, de la cual se resolvió á tomar algo la más joven
de las peregrinantes.
-"¡Qué es eso, canario!", gritó el jovial dueño de las susodicha.
s telarañas; bien entendido que no era ésta su interjección f~vonta.
-"Sardinas, dijo mi compañero, que solemos llevar para remediarnos
en los desiertos, ó en los lugares donde no hallamos
quien nos ofrezca un vaso de agua, como verbigracia."
-"¿Sardinas? A ver¡ canario l, que debe ser cosa particular
en estos parajes."
Y funcionó heroicamente sobre la lata, sin curarse de los demás.
Al cabo de un rato,
_u Sagrario 1 ", exclamó, llamando á una chica de quince años,
que asomaba la cabeza por entre un biombo del inmediato apo..
sento, y se ocultó en vez de salir: "vén, Sag,·ario, pruéba esto, ¡canario
!, que está bueno. A mí me hace daño el cenar, pero tomaré
poco, y lo demás lo guardaré para mañana. Coma usted, niña, que
debe tener apetito y viaja en galápago francés, con los inconven'entes
y riesgos de esas monturas, ¡canario l, que son grandes:
más seg-uro es viajar en sillón, como Nuestra Señora, y es más decente
" ; observación á que no contestó la interpelada sino tosiendo
por bien parecer y cubriéndose la cara con el pañuelo.
Conforme lo había dicho, después de satisfacer el primer ímpetu
del apetito, guardó las sardinas remanentes y siguió la con-ersación,
bien condimentada de anécdotas que nos dejaban lelos,
y á las damas aquellas estupefactas. El genio pronto, el vivir secuestrado
del trato civil, y más que todo, la grande ancianidad,
siempre divorciada con los usos actuales, habían convertido á este
sacerdote en una especie de original que con dificultad tendrá semejante.
De las damas la una era alta, pálida, de nariz dominante y
boca pertinaz, cerrada por unos labios de treinta años y delgados,
pero no siempre callada : la otra contaría unos veinte aniversarios
á lo sumo, usaba grandes ojos negros, y parecía sufrir con más
timidez que resignación la dictadura de su compañera. El Cura
viajero que las llevaba, ó era llevado por ellas, llamaba hermana
á la primera, siendo él trigueño, pequeñito y de tipo totalmente
diverso en lo físico y en lo moral, pues tenía dentro del cuerpo, ya
envejecido, un espíritu manso y gobernable sin oposición; á la segunda
nombraba comadrzla, palabra elástica, tornasolada y de
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valor convencional en la feria de los afectos. Tengo para mí que
la mujer es radicalmente contagiable, por cuanto he observado que
se impregna, por decirlo así, de las ideas y costumbres de aquellos
con quienes vive en intimidad, en términos que para adivinarlo
basta dejarla hablar, que e11a sin echarlo de ver descubre la categoría
social y doméstica á que pertenece. Las damas de que trato,
hablaban constantemente de clérigos y curas, describían vestiduras
de santos y accidentes ocurridos en fiestas de iglesia; de
lo profano y lo eclesiástico, hadan canastillo de c·ostura, según lorevolvían,
pero sin mezclar un átomo de cosas ni personas seculares,
que no les merecfan sino los pensamientos sobrantes y de
menos valor. Con todo esto, no eran una excepción, sino las genuinas
representantes de un género, ó si se quiere tipo, harto esparcido
en nuestro país, fácil de conocer y que bien merece monógrafo
é historiador especial.
Por curioso de observar que fuera este grupo de caracteres
que la casualidad me presentaba reunidos y manifestándose tal
cual los habían formado la naturaleza y la educación, como se
adelantasen las horas de la noche, quedándome pocas de descanso,
hube de retirarme á la posada de las enjalmas, de donde al
aclarar el día siguiente partimos para Garagoa.
A corta distancia voltea el camino á la izquier.da para tomar
una bajada larga y pendiente hacia las márgenes del Tibaná, que
raudo y espumoso se desliza por P.] pie de las serranías laterales.
El g~pe de vista es magnffico, abrazando el óvalo espacioso formado
por la separación de las serranías. La de la izquierda mostraba
sus retiradas cumbres coronadas de nubes que resplandecían
iluminadas por el sol de la mañana, y desde ellas hasta el
río una serie de extendidos planos permanecfa en la sombra, cargados
de sementeras y animados por la presencia de muchas casas
repartidas dentro de las cercas de plantas vivas: en lo alto ondulaban
las mie~es de tierra fría resguardadas del páramo por una
zona de árboles apenas perceptibles: en lo bajo brillaban las hojas
largas y lucientes de los cañaverales, y humeaban las hornillas
de los trapiches: abajo era tierra caliente, arriba fría, y entre
estos dos extremos se hallaban las temperaturas medianeras representadas
por las plantas y frutos que en el1as se producen. Los
cerros de la derecha, menos suaves que los de enfrente, dejaban
ver el pueblo de Pachavita, encaramado en una meseta y rodeado
de pequeños campos de cereales, á cuyo respaldo queda la extensa
y desocupada mole de páramos que prolongan sus vertientes occidentales
hasta la planicie de Chocontá. Descendimos, y azotados
por la lluvia y hundiéndonos en el barro del detestable camino~
alcanzamos por fin la cuesta, en seguida de la cual se hal1a la
cabecera del cantón.
Conlinú~
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-===Página literaria- A
LA AMERICANA
(DEL FRANCÉS)
(Concluye l
En ese preciso instante Mis Walker entraba al salón, más
hermosa que de ordinario, con traje de muselina azul pálido, peinados
los cabellos de oro y reflejos de fiera en un moño que sostenía
sobre la nuca una peineta de carey. Ella se dirigió á los
reyes con graciosa sonrisa y les tendió las manos.
-Señores, les dijo, mucho agradezco los sentimientos que han
tenido á bien manifestarme, y me siento muy honrada con ellos;
anhelo sinceramente satisfacer los de uno de los dos; pero, como
ustedes bien lo comprenden, la elección me es casi imposible ......
Los dos americanos se inclinaron con un gesto automático.
-Por esto he resuelto, continuó la linda viudita, desposarme
con aquel de ustedes que me ame hace más tiempo. Y puesto que
tuve el honor de ser conocida por ustedes el mismo día, tal vez
ustedes recuerden la hora exacta en que ..... .
-Fue entre las tres y las tres y media, respondió vivamente
Brown, 6 sea en el momento en que aparecisteis en la tribuna.
-Muy bien, ¿y usted?
-Cuanto á mí, dijo Cockrill, el hecho es muy fácil de esta-blecer.
En el momento en que os vi, detuve el movimiento de mi
reloj, que está parado desde entonces.
Y diciendo esto sacó del chaleco un soberbio cronómetro,
cuya tapa abrió. Mis Maud y Mr. Browm se adelantaron ansiosos
á mirar la muestra: las agujas señalaban las tres y cuarto!
-Hé aquí un hecho que sobrepuja~ toda verosimilitud, agregó
:Mis 1-Iaud, mientras que Mr. Cockrill se mordía rabiosamente
la punta de sus rojos bigotes, y Mr. Brown hacía gestos de desesperación.
La joven, pasados algunos instantes de meditación, agregó:
-Bien, señores : puesto que sus probabilidades de triunfo son
iguales, no veo sino un medio para salir de la dificultad, y es
que si ambos persisten en su propuesta, busquen distracciones,
viajen, se diviertan, y que el más constante torne á buscarme
cuando el otro, desanimado, abandone la partida. Cuanto á mí,
esperaré pacientemente un año al que de ustedes quiera volver.
-¡ All right !
-¡ V ery well 1
Los dos reyes saluJaron y salieron .
•••
Durante un año los dos rivales, obstinados como nunca, recorrieron
ambos mundos, sin perderse de vista: iban á unas mismas
ciudades, habitaban unos mismos hoteles, se observaban sin tregua,
temerosos de perder la mano de la linda mistress Maud.
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Durante esa extraña entrevista, ni una vez se dirigieron la
palabra. Se vigilaban uno al otro, guardando el mismo mutismo
que en París, adonde tornaron, siempre el uno en pos del otro.
En la gran ciudad, todas las mañanas montaban y paseaban
por el Bosque, yendo uno al lado del otro, al paso, al trote, algalope,
sin cruzar ni el saludo, y luégo volvían al departamento que
habían tomado en alquiler en los Campos Elíseos, almorzaban, visitaban
calles, y comían sin aflojar un punto su mutua vigilancia.
Esa vida l no podía prolongarse más ; no osaban decírselo,
pero rabiaban por poner término de cualquier manera á semejante
situación. Fue Thomas C. Cockrill quien primero rompió el silencio,
durante uno de los cuotidianos paseos al Bosque ; recorrían á
la sazón una a venida en ese momento solitaria, y detuvo de repente
el bruto, é interpeló á su compañero:
-Mister Brown, ¿aún ama usted á mistress Walker?
-¡Yes !. .. ¿Y usted?
-¡Y es 1. .•
Los dos reyes reflexionaron un momento, y luégo Cockrill
.agregó:
-¿Continúa la lucha siempre?
-¡Yest
-¿ No cree usted que ha durado lo suficiente?
-Sí en verdad.
-¿ Y no será bueno terminarla ?
-¡Yesl
Entonces, con una sangre fría verdaderamente americana, y
como si trataran el negocio más sencillo del mundo, deliberaron
sobre la manera de ganarse á mistress Maud.
A lo lejos se divisaban las tribunas de Longchamps, que sobresalían
por entre un grupo de árboles; y tuvieron una idea genial :
correrían hasta encontrarlas, y de los dos el que primero llegara
ante las tribunas, sería el dichoso cónyuge de la linda viuda.
-Puesto que en el circo de carreras comenzó nuestra rivalidad,
concluyó Mr. Cockrill, es justo que termine allí.
Los caballos, excitados por el látigo y el espolín, se lanzaron i
una carrera desesperada, levantando al paso un torbellino de polvo,
con no poco asombro de los transeúntes.
De repente resuena un grito de victoria.
-¡Hurra! Mistress Maud for everl, exclamó Mister Brown aL
llegar frente á la tribun~.
Un instante después se le reunió su contrincante, y en tanto
que los dos brutos, bañados de sudor, sacudían sus crines, los jinetes
ponían pie en tierra.
-Señor, dijo entonces Mr. Cockrill, con exquisita cortesanía,
usted ha ganado la apuesta. Mis parabienes para usted, y mis respetos
para la Sra. Brown.
Y el otro, no menos cortés y flemático, estrechó la mano de su
infortunado rival, y en seguida, tendiéndole las riendas de su caballo:
-Señor, este animal es excelente, como acaba usted de verlo.
Le ruego lo acepte como un recuerdo mío, pues consigo lleva la
fortuna. ¡ Adiós!
jAQUELIN.A LASSERRZ
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Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VII Serie IV Tomo I N. 18", -:-, 1903. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691220/), el día 2026-04-04.
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