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1 ORG!l!O DEL MINISTBRIO DE GIJERRA Y DEL EJÉIIC!TO -1
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i Gtlneral de Ingeniero• ~
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: Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército j
¡ Prud• mUif bien IUCtiÚr que f&Utltro rtlptto tÍ to<ÜZI la1 COIUJICetOnta, tum.ga tÍ parar en l11 ~ ¡ indiferencia 1f no• deje fin energía. para defender la.r nutrtrar 1
j EYRI~U& SIENKIEWICZ
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¡ + + + Bogotá, Enero 24 de 1903 .... + + i
,.- -"\
- Oficial -
DECRETO NUMERO 3 DE 1903
(ENERO 9)
por el cual se divide en dos Cuerpo'> de Ejército el que debe hacer la cuarni.
ción en el Departamento de Cundinamarca
El J'iupr1zidmll d1 la Rtptíblz'ca, mcargado tltl Podtr Ejuuii'D1,
CONSIDERANDO
Que el Cuerpo de Ejército destinado por Decreto~ número
1741, de 25 de Noviembre pr6ximo pasado, á la guarnici6n del
Departamento de Cundinamarca, tiene que acantonarse por Batallones
en diferentes puntos muy distantes unos de otros en el respectivo
Departamento, y adonde por la causa dicha sería difícil
que ll~gara en oport midad la acci6n del Cuartel del Cuerpo de
Ejército; y
Que tales inconvenientes quedan subsanados dividiendo eft
dos Cuerpos de Ejército el destinado por el Decreto citado á la
guarnici6n de Cundinamarca,
DECRETA
Art. I . 0 Divídese en dos Cuerpos de Ejército, que se denominarán
I.0 y :1. 0
, constantes cada uno de 5,000 hombres, el Cuerpo
de Ejército que había sido designado á la guarnici6n del Departamento
de Cundinamarca.
Art. 2.° Formarán el primer Cuerpo de Ejército las fuerzas
acantonadas en la capital de la República y en las Provincias de
Oriente, Tequendama y Sumapaz, y la Columna Bolívar, acanto ..
nada en San Juan de Rioseco.
SERIE IV-TOMO I-5
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Boletín Militar de Colombia
'-66_)
Art. 3.• El 2.° Cuerpo de Ejército lo formarán las fuerzas
aeantonadas en las Provincias de Chocontá, Guata vita, Zipaquirá,
Ubaté, Facatativá, La Palma y Guaduas.
§. El 'Batallón 4. 0 de Línea, perteneciente á la División Colombia,
del primer Cuerpo de Ejército, continuará haciendo parte
de dicha División hasta que sea relevado por otro del respectivo
Ejército.
·Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1903.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho
de Guerra, JosÉ JoAQUÍN C.\sAs.
DECRETO NUMERO 4 DE 1903
(XNERO 9)
que fija el valor de varias hospitalidades
El Vt'cepresz'dmle de la Repúblt'ca, encargad• del P•du· EjtlulirJ~,
DECRETA
Artículo único. A contar del 1.0 de los corrientes, aumén ..
tase á 8 diarios el valor de la hospitalidad de cada enfermo en
los Hospitales Militares de Honda, Guaduas, VillNa, Girardot,
Tocaima, La Mesa y Fusagasugá.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1903·
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro d~.: Instrucción Pública, encargado del Despacho
de Guerra, JosÉ JoA.Q ÍN CAsAs.
DECRETO NUMERO 5 DE 1903
(E~ERO 9)
que dispone la reducción del Ejército de la República
El Vicepresúlenle de la República, encargado del Poder Ejeculiv1,
Teniendo en cuenta que á medida que se va acentuando la
paz en toda la República, se debe ir reduciendo el Ejército Nacional
al pie de fuerza únicamente necesario,
DECRETA
Artículo único. Redúcese el pie de fuerza del Ejército de la
República á la mitad del número que señala el Decreto número
1741, de 25 de Noviembre del año próximo pasado.
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'- 67 __;
§. Por la Comandancia en Jefe del Ejército Nacional se dará
cumplimiento á esta disposición y se harán las reorganizaciones del
caso y el licenciamiento de los 25,000 hombres que quedan exce.
dentes. Para esto procederá de acuerdo con las instrucciones que
para el efecto le comunicará el Ministerio de Guerra.
Comuníquese y publfquese.
Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1~03.
]OSE ~IANUEL MARROQUIN
El Ministro de Instrucción Ptíblica, encargado del Despacho
de Guerra, Jos:i joAQuÚ• CAsAs.
DECRETO NUMERO 6 DE 1903
(:ENERO 9)
por el cual se reconocen Yarios gr•<.los
1!1 Vz'ctpnrzdmle de ltJ Rep/tbhca, mca1·gado del Poder Ejecult71,,
DRCRRT.-.
Artículo único. Reconócen e Jos siguientes grados á que fue"
ron ascendidos los señores que á continuación se expresan, por Decreto
número 322, de 8 de Octubre de Igüi, expedido por el Go.
bernador del Tolima:
El de General efectivo de Brigada á los Coroneles Plácido
Cárdenas, Juan de Jesús Rengifo y Celiano Correa;
El de Coronel á los Tenientes Coroneles José A. Parra y Ni-colás
Lozano ;
El de Teniente Coronel á los Sargentos Mayores Antonio Vega
R. y Gervasio Bocanegra.
§. Dése cuenta al honorable Senado en us próximas sesio-nes,
para los efectos constitucionales.
Comuníquese y pubHquese.
Dado en Bo~otá, á 9 de Enero de 1 go 3.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Miniitro de Instrucción Pública, e~tcar~ado del Despacho
de Guerra, Josi JoAQUÍN CASAS.
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'- 68 _J
DECRETO NUMERO 1139 DE 1902
(Juuo 26)
por el cual se confiere un ascenso
El Vicepresidente de la República, encar¡;ado del Poder Ejecuft'vo,
DECRETA
Artículo único. Asciéndese á General efectivo de Brigada al .
Coronel Mateo Escallón T.
§. Dése cuenta de este ascenso al Honorable Senado en sus
próximas sesiones, para los efectos constitucionales.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 26 de Julio de 1902.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ
DECRETO NUMERO 8 DE 1903
(EN.ItRO 9)
por el cual se declaran insubsistentes unos nombramientos
.El Vietprwaenle de la RepríbHca, encargado del Poder Ejecull'v•,
DECRETA
Artículo único. Decláranse insubsistentes los nombramie11tos
hechos en los res. Julio Meléndez, Carlos Escobar y Joaquín
Me~a, para Ayudantes del Guardaparque general del Ejército,
con fecha 1. 0 de los corrientes.
Comuníquese y puhlíquese.
Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1903.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho
de Guerra, JosÉ JoAQUÍN CAsAs.
DECRETO NUMERO 9 DE 1903
(ENERO 9)
por el cual se hacen varios nombramientos
ZJ Viapresidenlt dt la República, encargado del Poder E.Jec~tlifll,
DECRETA
Artículo único. Nómbrase Comandantes en jefe de los Cuerpos
de Ejército 1.0 y 2. 0
, y Jefes de Estado Mayor general, res-
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'-6g-'
pectivamente, á los Sres. Generales Roberto Urdaneta y Manuel
María Castro U., Clímaco Silva y Pedro Sicard Briceño.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1903.
JOSE MANUEL MARROQUIM
El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho.
de Guerra, JosÉ JoAQUÍN CAsAs.
DECRETO NUMERO 10 DE xg<>J
(ENRRO 9)
que hace un nombramiento
El Vicepresidenle de la RepúbHca, mcargado del Poder Ejecult'v~,
DECRETA
Artículo único. Por renuncia aceptada al Sr. Elíseo Rubio,
nómbrase Oficial supernumerario de la Sección ~.·del Ministerio
de Guerra al Sr. Plinio Rengifo.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1903.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho
de Guerra, JosÉ joAQUlN CAsAs.
DECRETO NUMERO 1 1 DE 1903
(E~ERO 9)
por el cual se aumenta una asimilación
El Vti:epresidenle de la República, mcargado del P1der .Ejeculivt~,
DECRETA
Artículo único. A contar del 1.0 de Enero de 1903, auméntase
la asimilación de que disfruta el Sr. Victorino Rodríguez, Con ..
serje de la Sección 2 ... de la Intendencia general del Ejército, '
Capitán para los efectos fiscales.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1g03.
]OSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Instrucción Pública, encargado del Despacho
de Guerra, JosÉ JoAQUÍN CAsAs,
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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\._ 70 _J
DECRETONUMEROr2DEr~3
(ENERO 9)
por el cual se elimina un empleo
El Viapruidenlt de /a Repzíb/z'ca, encargado del Poder Ejuutt'•1,
DECRETA
Artículo único. Elimínase la Superintendencia del Ferrocarril
de Girardot, creada por Decreto número ro 16 de 10 de Junio
de 1902.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 9 de Enero de 1903.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Instrucción' Pública, encargado del Despacho
d~ Guerra, JosÉ JoAQUIN CASAS.
DECRETO NUMERO 13 DE 1903
(E,'ERO 9)
que hace un nombrami ento
El Vt'apraidenle de la Rtpública, encargado dtl Poder Ejecull'vo,
DECRETA
Artículo único. Nómbrase Síndico del Hospital Militar de Girardot
al Sr. Lucio Plata, asimilado á T eni e nte Coronel para los
efectos fiscale .
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bo¡otá, á 9 de Enero de 1903.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Instrucción Pública, en cargado del Deipa.cho
de Guerra, JosÉ JoAQUÍN CASAS.
RESOLUCION NUMERO 76 DE 1903
(i:N.!:RO 16)
por la cual se reglamenta el embarque de la carga de preferencia en los vapores
del Alto y Bajo Magdalena
El J.Hmslro de GtJerra,
Teniendo en cuenta que en la aplicación de las obligaciones
impuestas á los vapores del Alto y Bajo Magdalena por la Resolución
número 73, de 6 de Diciembre último, sobre embarque de
preferencia de la carga del Gobierno y de particulares que hayan
anticipado derechos de exportación en oro, se han presentado casos
de no haber en los puertos carga pri vile¡iada, y otros in con ve-
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nientei que han dado por resultado que los vapores demoren sus
viajes, con grave perjuicio para la Empresa y para los intereses
del Gobierno,
Rli:SUELVJ:
En lo sucesivo la obligación que se impuso á los vapores del
Alto y Bajo Magdalena por la Resolución número 73, de 6 de Di.
ciembre próximo pasado, queda reducida al cupo del 25 por 100
del tonelaje.
Una vez embarcada la carga de preferencia, cuyas planillas
se hayan pasado á las respectivas Agencias, y resulte que no alcance
al cupo que el Gobierno se reserva, pueden las Agencias li.
bremente disponer del ~xcedente del cupo; y si llegare el caso de
que no haya en los puertos carga del Gobierno ó de los particulares
que tengan derecho á preferencia al ponerse el vapor á la car ..
2'a, la Agencia podrá tomar el cargamento que á bien tenga.
Queda en estos términos reformada la Resolución número 73
dicha.
Dada en Bogotá, á r6 de Enero de 1903.
El Ministro, j OSJÍ J OAQU{N CASAS
INFORME
DEL INTENDENTE GENERAL DEL EJÉRCITO
(Continúa)
DOCUl!ENTOS REVI ADOS Y DEVUELTOS AL .n. 'lSTERlO DE GUERlt4
Repúblz'ca de Colombza-Intmdmciagemral del Ejtrcz'lo-&cción J.•Nlmuro
.. . -Bogotá, Jubo 8 de I902
Fechas
Junio
Reclamantes Cantidad
2 Mariano Santa maría ....
3 Facundo Berna!.......... ro
3 Rafael Galvis............ 6
4 Elisa de Herrera y Fe-lisa
de Rudas.
4 Natalia V. de Forero
(Jorge Rojas) ........ ..
4 Santiago Ca margo...... ~
4 Mi2'uel Lozano........... 1 ,ooo
4 Juan B. Salcedo (]. A.
Mariño).
4 Francisco Groot (Adol-fo
Afanador)........... 25-3
4 Juan Clímaco l\1endoza. 6
4 Francisco Groot (Rodol-fo
Acosta) ........ ... .. . 4
Artículos
Despastes.
Bestias.
Bestias.
Varios objetos.
Caballo.
Mulas.
Pesos.
Bestias y reses.
Bestias.
Mulas.
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\._ 72 .....J
Fechas Reclamantes
Junio 5 Jesús Gómez ............. .
6 Ramón N. Plazas ....... .
6 FranciscoGroot(Eduar-do
Quintero) .......... .
6 Juan A. Uricoechea .... .
9 Hermógenes García ... .
9 Ricardo García ........ ..
9 Jaime Córdoba ......... ..
9 Manuel J. Urdaneta .. ..
9 José María Sierra ...... .
10 Francisco Groot (Maxi-
Cantidad Artículos
14 Reses.
Galápago.
2 Bestias.
4 Bueyes gordos~
2 Caballos.
2-1 Mulas y carga azúcar.
36 Reses gordas.
3 Mulas.
1 1 Reses.
miliano Neira)... 24 Bestias.
Reses. 10 Anastasio Balaguera... 15
10 Luisa Roa................. 1 Canuzal y yucas.
Panela y sal.
Mulas.
10 Ahdón Bogotá ......... 4!--9@
11 Nieto Hermanos ..... . .. . 4
11 Domingo Salazar (Sa-lustiano
Torres) ...... .
1 1 Julia Guerrero .......... ..
11 Julián Restrepo (Jhon
H. Parish) ............ ..
1 1 Alejandro Lesa ca ...... .
12 Faustino Gómez (Darío
Gómez y otros).
12 Domin~o Mora ......... .
12 Juan E. Rodríguez ..... .
12 Fernando Nieto C ...... .
13 Ricardo González ...... .
13 Ricardo González ..... ..
13 Rodolfo Zárate ......... ..
Il FranciscoForero(vVen-
Mula.
Víveres.
10 Mulas.
62 Mulas.
Alpargatas.
1 Estante.
8 Bestias.
1 Caballo.
5 Bestias.
4 Bestias.
30 Reses.
ceslao Medina) ........ 3 Bestias.
1-4- Patricio Galiano .... .. .. . Monturas y aperos.
14 Liborio Carreño.. .... .. . 4 Bestias.
14 Segundo ánchez.... .... I 1 @ Arroz.
16 Anselmo Bustamante... 1 Caballo.
16 Ignacio Luque Perea... 22 Bestias.
17 Venancio Páez........... 6 Vacasv
1 7 Emiliano Caí cedo •. . . . . . t 1 Bueyes·.
17 Custodio Escobar........ 40@ Sal.
18 Julio de Mier y Euge-nio
Umaña ............ ..
18 Milcíades Gutiérrez ..... .
1 8 Lucio Gori. .......... ..
18 José María Sánchez .... .
18 Francisco Groot (Hipó-lito
Navas) ............. .
18 Lisandro Cortés, Eze-quiel
Garzón .......... ..
Unas bestias.
Des pastes.
790 Botellas de aguardiente.
2 Novillos.
1 I Reses.
Vaca.
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Fechas
Junio
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'- 73 _J
Reclamantes Cantidad Artículos
18 Andrés Santos ........... : 5 Bestias.
1~ Pablo J. Rodríg•1ez ..... Mula.
18 Félix Cortés (Francisco
Zapata) ................. 1 1 Mulas.
19 Luis Suárez Castillo ..... 22 Bestias._
19 Pablo E. Mariño ......... ~6 Mulas.
19 Isaías Suárez ............. Macho.
19 Francisco Groot ......... 11-2 Reses y bestias.
20 R~m6n Acevedo ......... Res.
20 Juan C. Trujillo (Nivar-do
Ca macho) .......... 14 Bestias.
20 He.rminia Sánchez ...... 2 Reses gordas.
20 Luis A. Mesa (Antonio
Salcedo y otros) ...... 64 Mulas.
21 Pedro María Murillo ... Unos animales.
21 Santos Micán ............. I Res.
23 Liborio Carreño ........ . 2 Galápagos .
23 Sixta B. de Fonnegra ... 61 Reses.
24 Ricardo Garda .......... Sementera.
24 A 1relio Durán (Roberto
Durán) .................. ¡:.;¡ :Mulas.
25 Ignacio Luque Pérez ... 1 Flete y mulas ..
25 Pablo Ferro ............... 50 Reses gordas.
25 Benigno M uñoz y Ma-nuel
Gómez ......... ... 1-44 Papa y postes.
25 Enrique Hoyos y Adol-fo
Viana ................ I-4 Bestias y galápagos.
26 Hufino Gutiérrez (Feli-l\
1ulas. pe J. Fadet) ............ 40
26 Elisa G. de Herrera y
Fe lisa R. de Rudas ... 210 Pantalones.
26 María J. de C. Bermú-dez
....................... 9 Mulas.
27 Antonio Peña ............ 2 Caballos.
27 Rufino Gutiérrez (Ber-nardo
Wessels) ...... 415-25 Novillos y mulas.
27 Lisandro Segura......... 18 Bestias,
27 Feliciano González ...... I5 Mulas.
27 Rufino Gutiérrez (Fran-cisco
Díaz). 2 Mulas ~
28 Benjamín Martínez(Lá-za
ro Riascos) .......... 29 Mulas.
28 Raimundo Acosta ....... 3 Reses.
28 Félix Cortés (Francisco
Angulo) ................. 2 Caballos.
28 Félix Cortés (Francisco
Zapata) ................. 11 Mulas.
30 Francisco Collazos ...... 485 Alpargatas.
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L 74 _;
Fechas Reclamantes
1 unio 30 Gregario Sánchez ...... .
30 José María Sierra ..... .
30 José María Sierra ..... .
30 FranciscoForero(Evan-gelista
Barragán) .....
30 Francisco Plazas (Oc-tavio
Rincón) ......... .
Cantidad
19 Bestias.
20 Reses.
~ Reses.
6 Bestias.
r 1 U:ulas.
Artículo!
ACTAS DE POSitSIÓN Y FIANZA EN EL .MISHO MES
Junio 1.0 Jaime Guerrero, Pagador de fletes y cargas en
Agualarga. Fiador, Justo A. Guerrero,$ 20,000.
Junio 3. Julio Ramírcz, Comisario Pagador de la División
Próspero Pinzón. Fiador, Bartolomé Rodríguez,$ 4,000.
Junio 4· Carlos Sampedro, Comí ario Pagador del Ejército
del General Manuel Castro. Fiador, Vicente Sampedro, $ 4,000.
Junio 5. Jesús Cuéllar, Comisario Pagador de la 1 .• Brigada
del Ejército de Santander. Fiador, ilvano Cuéllar, $ 4,000.
Junio 6. Flavio Vanegas, Comisario Pagador de la División
Boyacá. Fiador, Alejandro Lesaca, $ 4,000.
Junio 10. Victoriano González, Pagador del Batallón expedicionario
á Sumapaz. Fiador, Benjamín Silva, S 4,000.
Junio 21. Francisco Olarte L., Comisario Pagador del Ejér.
cito del General Roa Díaz.
Junio 30. F. J. Vcrgara y V., Pagador del Ejército de Santander.
Fiador, José 1\Iaría Pinto, $ 4,000.
El Jefe de la Sección 3:,
GoNZALO GrRÓM
- Doctrinal
EL FERROCARRIL INTERCONTINENTAL
EN COLOMBIA
(Contimla)
La Mesa, como lo implica el n~mbre, está situada en un llano
alto, con cierta inclinación al Este, el que al fin se realza hasta el
punto de hacer necesario un desarrollo cerca del Vacoy. De allí á
Santiago, cruzando los afluentes del San Pedro, se encuentra otra
señal característica muy marcada de la llanura del Pacífico: cerca
de estos canales tributarios, la superficie está excavada en muchas
partes por cavidades de 1 o á 1 5 pies ( 3 á 5 metros) de profundidad.
Las capas más fuertes han sido cimentadas por alguna solu-
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lJoletín Militar de Colombia
\..- 75 -J
ci6n de hierro, y aquellas áreas perforadas tienen exactamente la
semejanza de las excavaciones en los minerales de hematita.
Para evitar el paso costoso del río Chorro en Santiago, en la
línea de la vereda, el trazo deberá pasar una silla en la sierra, al
Oeste del río, y cruzarlo al Norte de la ciudad.
De Santiago, una llanura ancha y herbosa, con desagües á
derecha é izquierda, nos conduce por un descenso imperceptible
al río Santa l\1aría. De allí á Aguadulce hay grandes ondulaciones
bajas, con hoyas muy poco profundas, como si fuesen de antiguos
lagos, á uno y otro lado, y que la vereda evita con un rodeo.
Están cubiertas las hojas de cierta yerba acuática verdeoscura,
que indica que allí se rebalsa el agua en la estación lluviosa.
De Aguad!Jlce la vereda tuerce •1 Nordeste hasta Natá, pasando
á la izquierda de un grupo esporádico de colinas. Este desvío
no parece ser impuesto por la topografía. Debiera buscarse
un sendero á. la derecha de las colinas, aunque acaso desde el
punto ele vista comercial no debe dejarse á un lado á Natá.
Después de llegar por terreno igual á Antón, seguímos la ve-..
reda hasta la playa, y de la playa á San Carlos; y si no lo hubiera
impedido la pleamar, la habríamos seguido hasta las cercanías
de Chame, para ganar tiempo. La vereda es el camino público
cuando lo permite la marea.
El terreno propio para ferrocarril está más hacia la tierra
adentro, como lo presenta el bo quejo del croquis, desde Antón á.
los suburbios de la aldea de Chame. Una parte de la tierra, á lo
largo de la costa, se interna en el mar en la forma de promontorios
de 50 á. So pies ( r 5 á 25 metros) de elevación, con lechos de
guijarro redondos y fragmentos de cascajo cimentados con arcilla
y en posición \'ertical 6 casi vertical.
La montaña de Capín• , al sur del río as( llamado, fue una
barrera enteramente inesperada. e llega á ella al través de una
serie de ondulacione - formadas por lomas de la cordillera principal.
Requiere un ascenso de 550 pie ( r 70 metro ) y un descenso
de 330 pies (100m . tros), hasta el paso del río. Muestra lechos
de roca arcillosa de mayor espesor que la que se encuentra má.s
hacia el Oeste, y e tá sembrada de trozos sueltos del mismo material
y de piedras de origen volcánico. Las maderas gruesas re- ·
aparecen en esta localidad. Es hacedero el desarrollo de la vía
para tran~montarla cerca de donde la eruta la actual vereda ;
pero parece, por las vistas que tuvimos y por los mapas del país,
que en el trazo pudiera ser ventajoso un rodeo al Este, dando
una vuelta para evitar la al~ura, por la vía de los valles de Camarón
y Calabozo, que no se indican en el croquis. Se recomienda
esa exploración á los que nos sigan en la obra.
Se anda sin embarazo del río Capira á Chorrera. El trazo
debe pasar al Este «e Chorrera, y por lo que pudimos juzgar,
debería a·proximar e á la línea del Ferrocarril de Panamá indicada
en el mapa que se acompaña.
En el concepto de que la longitud del trazo entre David y
Panamá sea de 274-4 millas (451.49 kilómetros), calculamos el
costo de nivelación, albañilería y puentes como sigue:
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Boletín Militar de Colombia
'- 76 _J
l. La región de la cumbre entre los ríos San Die-go
y Cobre (40 millas), 64.37 kilómetros, á$ 13,000 .. $ 836,810
2. La región de la cumbre cerca de Capira ( 10
millas) 16.09 kilómetros, á$ 13,000........................ 2üg,I70
J. El resto de la línea (~24.4 millas), 361.13 kiló-metros,
á $ 10,000.. ...... ......................... ............ 3.611,300
Total (~74·4 millas), 441.59 kilómetros ............ $ 4.657,210
Siendo el término medio por kilómetro como$ 10,546, y por
milla como $ 16,97 1. Desde el paso del río Cobre á Natá, en
río Chicó, el mapa general, lo mismo que la topografía local,
indican otra línea practicable más directa que la de nuestros estudios,
por la zona de Santiago. Seguímos el camino público más
frecuentado, é hicimos de la capital de la Provincia el punto principal
del trabajo. Los que vengan después podrán hallar razones
económicas que favorezcan el recorte.
Sujeta á la misma contingencia está la bajada al Tabasará,
que puede necesitar nuevo estudio, con la mira de adoptar una línea
de Remedios al río San Pablo, y á uno ú otro de los puntos
mencionados.
Las futuras expediciones de estudio en sus investigaciones
más completas para el trazo entre Punta Arenas y la región del
Atrato, deberán arreglar el tiempo y la organización y distribución
de los trabajos de manera de llevarlos á cabo en la estación
de verano; es decir, de Diciembre á Marzo inclusive. El mes de
Noviembre se comr.>uta como el destinado á que se enjute el terreno,
lo que no sucede sino al fin del tiempo eco. Aun en Enero
y Febrero encontrámos lodazales que apenas permitían el paso
sin grandes rodeos. Algunos días de lluvia pueden entonces impedir,
cuando no hacer de todo punto imposible, el trabajo en el
campo. Esta anotación es de mucha importancia.
CAPITULO XV
LA REGIÓN DE SAN MIGUEL
Según ya lo hemos comunicado, acampámos cerca de Panamá
el jueves 16 de Febrero de 1893. El viernes fue día de lluvia.
El sábado 18 salímos para Chepo, y el 22 muy temprano pusimos
el poste terminal sobre la margen del río Mamoní, al Este de dicha
aldea, 43·5 millas (¡o kilómetros) distante de Panamá. Después
de presentar nuestros respetos al Reverendísimo Juan Alejandro
Peralta, Obispo de Panamá, que tiene su residencia de verano
en Chepo, regresámos el mismo día para Panami, volvimos
á nuestro campamento anterior, á dos millas de la ciudad, el ~4
de Febrero, y al día siguiente partímos para el Chocó.
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Boletín Militar de Colombia
'- 77 -'
Habiéndonos chasqueado el Capitán de una goleta, comprometido
á transportarnos en ella á la bahía de San Miguel, el lunes
27 de Febrero tomámos otra y dimos la vela al Mediodía el miércoles
1.0 de Marzo. Nuestro personal se componía de Garrison,
O'Connell, el que suscribe, el cocinero y un auxiliar. Parker se
quedó para disponer de nuestros animales, y en nuestra ausencia
buscar transporte por mar de Colón al Atrato.
Nos encontrámos en el viaje en manos de un patrón indio,
que conocía la costa pero no era marinero, á bordo de un bote de
doce toneladas, con sólo algunos quintales de piedra de lastre,
aparte de nuestros víveres, por lo cual tumbaba demasiado.
Los vientos son variables aquí, pero más frecuentes los del
Norte desde el mar afuera, y borrascosos de cualquier punto de la
rosa náutica. NI) se podían tomar rizos á las velas. El patrón y su
asistente se dormían sobre el timón. El velamen, tendido todo, estuvo
á punto de voltear y sumergir la embarcación. Entonces se
arrió el trinquete y de nuevo se corrió el peligro de zozobrar, con
la vela mayor y el foque, por lo cual fue preciso navegar á palo
seco. A la id;} anclábamos por la noche cerca de tierra para no
pasar parte alguna de ella sin reconocerla. Llegámos á la altura
de La Palma, en la bahía de San Miguel, en la tarde del sábado
4 de Marzo; y retrasados por el viento y la marea, no arribámos
al término de la navegación del río Sabana, hasta la mañana del
martes 7· Al regreso caminámos día y noche á la vela, y llegámos
á Panamá el sábado por la tarde, maltrechos por el peli_e-ro
exasperante y continuo de una tragedia en el mar, porque e ·capámas
50 ó más vece s de volcarnos con la embarcación, sin que se
hubieran salvado entonces má de dos pe rsonas, y entre ell s ning-
uno de los blan·cos que iba á bordo.
Nuestras observaciones demo traron lo que podía haberse
afirmado de antemano, que el llano de la costa á que entrá m os
en Chiriquí Viejo, al Oeste de David, y atravesámos de allí al Mamoní,
continuaba al Oriente hasta la bahía de San Miguel.
La línea de nuestros estudios desde Panamá. fue por el camino
de mulas hasta Chepo, como puede verse en el croquis que
acomp.1ño. Por algunas millas el terreno es abierto, ligeramente
ondulado, y después, hasta el río Juan de Dios, que faldea unas
colinas, desde la sierra central al mar en el plano inclinado que
allí se forma, el terreno llano, cuando se presentaba, en partes -
estaba cubierto de bosque alto y espeso, y á veces encharcado por
las úllimas lluvias.
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L 78-'
GEOGRAFIA DE LOS ANDES TROPICALES
LA VEGETAClON
(De la Gco~rafia del Ecuador, por T . Wolf)
1. 0 -La región andz1ta ó de los páramos
La extensión de esta región vegetal es grandísima; pues ocupa
los anchos lomos de las dos Cordilleras grandes, los nudos interandinos,
y muchas montañas intermedias más ó menos aisladas,
que exceden á la altura de 3,000 á 3,400 metros. Sus condiciones
climatológicas singulares se exponen en otro lugar, y
ahora completamos el cuadro con algunos detalles botánicos. Sus
límites verticales podemos ponerlos entre 3,400 y 3,6oo metros de
altura; su flora se separa ?OCo á puc o de la subandina, y se pierde
finalmente entre las nieves eternas de los cerros más altos.
En el límite superior de los bo~quecitos subandinos, descritos
en la sección correspondientl, de saparecen poco á poco ciertos géneros
de arbustos, y aun familias en~era , c.omo las mirtáceas, melastomáceas,
mirsíneas, piperáceas, araliáceas, &c., y en su lugar se
presentan otras planta , que con toda seguridad anuncian el páramo
y una altura de más de 3,400 metro ; por eje mplo la Chuquiragua
( Clwqrúragua mú:ropllylla é z'twgms, aunque la última baja
algo más), Calceolarúz encozdes, Valen·ana dgz'da, JVermn·a dúltcha,
Polmlz"lla andt'na. La paja del Ishu (Stipa ú:lm) ya principia en la
zona subandina, pero sólo en esta región superior llega á su dominio
indi putado. Con algunos d ~ su · congén cr s (Andropogón paspatum,
C."c.) forma lus pajunal cs , qut; con de. esperada monotonía
cubren centenares de leguas en las Cordilleras de los Andes. Las
gramfn~;as, y e5pecialmentc la Stipa rChu, constituyen el elemento
esencial de la Flora andina, y le imprimen su carácter singular;
las demás plantas alpú1as casi desaparecen entre los altos y densos
mechones de la paja, y sólo hacia el límite de la nieve, donde
aquéllos se hacen más ralos y bajo ·, pueden desarrollarse con mayor
libertad. A pesar de la mucha semejanza y analogía entre loi
elementos botánicos de la Flora andina y de la alpina de Europa,
existe una. diferencia inmensa en el aspecto complexivo ó general
de las dos, y á este respecto la Flora alpina lleva la ventaja
indisputable. Hé aquí cómo e expresa el mejor conocedor de
la Flora ecuatoriana. que en tiempos anteriores ha estudiado
también la alpina: " El aspecto de los pajonalts está muy lejos
de poderse comparar con el tan profundamente simpático, alegre
y amenísimo de los Alpes. En estos se puede «lecir que la
Naturaleza se despierta casi de improviso del profundo letargo
invernal, y rebosa de nueva vida. El espectador casi no da crédito
á sus propios ojos al ver cambiada de repente y como por
encanto la faz de aquellos parajes, poco antes tan escuálida y triste,
en otra tan alegre y risueña. Parece que á los suaves calores
de Mayo y de Junio la vida se reviste allí de todo io más hermoso
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'- 79 _;
y brillante, como para el tiempo de sus fiestas, porque conoce los
días de luto y desolación que le han de llegar más tarde. El rigor
invernal de esas regiones destruye enteramente sus tallos jugosos
é inmaduros, y así es que en primavera la nueva vegetación puede
mostrarse con todo el fausto de sus tiernos retoños, no ofuscados
por los restos escuálidos de la pasada. Por el contrario, en los pajonales
de los Andes el período más largo de vegetación permite
á los tallos consolidarse más, y muertos resisten más las causas
destructoras, esperando del tiempo lo que no puede sobre ellos la
inclemencia demasiado mitigada de las estaciones, y entre tanto
ofuscan y afean con sus despojos fúnebres el brillo de las recien-tes
generaciones." 4
¡Este es efecto nece~ario de la primavera eterna!, expresión
del todo inadecuada tanto para el clima como para la vegetación.
En el páramo ne hay ni primavera, ni otoño, ni verano, ·ni invierno;
sólo hay eternamente lo mismo. Dos terceras partes de las
hojas de la paja siempre están secas, con un color pardusco ó amarillento,
las nuevas de un vtn.l e azulado, prouucen con aquéllas ese
manto aceitunado que ~e llama pajonal y qu (' cuLrt tudas las montañas.
Un desierto completo no cau ·a en el viajero las impresiones
tan tristes y melancólicas, como el yermo de lus pajonales.
Aquí tratamos solamente de la fisonomía g-eneral del páramo
y de sus rasgos característicos; pero del..Jernus agregar que la
flora de esta región, analizada por el hutánico de profesión, nQ
deja de ser muy interesante. ProYoca cspontán amu1te una comparación
con las flores árticas y alpinas, C<·n ia-. cuale presenta
tanta analogía, y excita al pensad Jr á con~idera<..iur~es profundas
sobre la migración de los \'Cgetales, ·obre el ~ndemi:--.mo , el origen
de las especies, y otrcls cuc. tiones ~emcjantc , cuya discusión nos
alejaría demasiado ele nuestro .)bjeto . .Algunas particularidades de
la flora andina cncuntnu·ci el lector "'n los supkm<:ntos.
Desde el punto de ,.¡ ta económico, los páramos son un pa(s de
pasto, y como tal, ti~ne una importancia muy g-ra1~de para el Ecuador.
La riqueza de muchas haciendas c~nsistc únicamenle en tantas
leguas de páramo, 6 mejor dicho, n tantos miles de cabezas
de ganado vacuno, caballar y lanar, que ¡.acen en eso· páramos;
y el pobre indio, que tal vez no posee una cuarta de tierra en propiedad,
mantiene sus animales en el páramo comunero; de suerte
que la existencia d~ millares de anima k s y de centenares de propietarios,
está íntimamente conexionada con esta suprema y fría
región de los Andes.
La vegetación arbórea y fructífera cesa generalmente con ]a
altura de 3,500 metros; sin embargo, en alguna quebradas abrigadas
sube algo má.:i. En el Antisana se hallan matorrales espesísimos
de dos metros de altura de la Clmsquta a1 /~lata á más de
4,000 metros, y los tortuosos árboles de Quenua (Polylepis sp.)
forman en el Chimborazo (camino de Guaranda) y en otros cerros,
bosquecillos á la altura de 4,200 metros; pero siempre son fenómenos
aislados. Algunas plantas fructíferas y leñosas que se hallan
hasta cerca de la nieve perpetua, apenas se levantan del suelo
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'- So-'
sobre las yerbas bajas de su ceréanía, y por esto no causan la impresión
de arbustos; así, por ejemplo, Baccharú alpzna y htmzijusa,
HedyoHs ericoides, la Gaullhen·a, Rttbus nubigenas, Chuquz·raga microphi/
la y otros. En 4,500 metros de elevación, poco más 6 menos,
la paja del páramo y en general las gramas ya no son tan tupidas,
se hallan en mechas aisladas y esparcidas, y desaparecen finalmente
casi por completo; de suerte que la faja suprema se compone
de preferencia de otras yerbas andinas, algunas con flores
grandes y vistosas, y la flora toma un aspecto mucho más alegre
y más parecido al de la flora alpina. Como en un jardín botánico,
y separado por caminos y plazuelas arenosas, se encuentran vistosos
grupos de Gentianas, Acamas,' Malvas/ros, Valen·anas, las lanuginosas
especies de Culezlium (frailejones) y el grotesco Lap¡nus
alope curpzdes (Gonda, cola de caballo). Las Wernen·as y una pequeña
lfmbellifera, Peclophytum, forman céspedes densísimos 6 almohadillas
de un verdor primoroso; entre ellas se levantan los colorados
y cilíndricos tallos del L;•copod/um c1·assum y L. erythraeum
(Tarugo-cacho), así como las enrolladas hojas de un helecho singular
(Jamesom"a dmzamomea).
En 4,600 metros de altura la vegetación herbácea ya es muy
rala, y los arenales se cubren por grandes trechos con líquenes cenicientos
ó blanquecinos (Sterso caulon sp.). Sin embargo, no faltan
del todo las fanerógamas, y algunas como el Culá17imz m7,ale
y rufescens, la Valerz·ana af;pitolz'a, la Pemettya anguslifob'a, trepa.n
entre las manchas de nieve hasta alturas que exceden de la línea
ordinaria de la nieve perpetua. Pero aquí pongamos el punto final
á nuestra revista sumaria de la vegetación andina ecuatoriana.
La distancia desde la palma de coco hasta los líquenes del
Chimborazo es corta; subiendo del golfo de Guaydquil al Cajas
de Cuenca, podemos recorrer todas las zonas, de de la ardiente
del litoral has'a la andina superior, en un solo día; pero ¡qué inmensa
variedad, qué riqueza sorprendente la de esta Yeg tación,
acumulada en un pequeño e pacio 1 Pocos países habrá en el mundo
que abran á la ciencia botánica y :i la especulación humana un
campo tan vasto y grato como el Ecuador.
2. 0 -Regz!m zizterandina
La zona subandina ó templada no presenta el mismo interés
que la anterior, ya sea con respecto á la riqueza y variedad, 6 ya
se considere el aspecto fisonómico de su vegetación. Esta carece
al mismo tiempo de las proporciones aventajadas y lozanas que se
admiran en la de las inferiores ó cálidas, y de las formas elegantes
que se presentan en la superior ó fría. Su aspecto de complexión
es monótono, innoble y triste. Es, por decirlo así, una zona
de transición de la tropical á la alpina, y como tal participa 6 más
bien resulta de lo menos interesante y halagüeño, así de la una
como de la otra. De la primera recibe los elementos raquíticos y
casi abortivos; de la segunda, las formas más ~roseras y casi
monstruosas. Este estado proviene de un doble orden de causas:
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'las naturales y las que llamaremos accidentales ó arbitrarias.
Pertenece á las primeras por su considerable altura, ya que asignándole
como límite inferior la elevación de la altz"plam'cie que se extiende
entre Riobamba y Quito, ésta sería de 2,800 metros, elevación
que excede el límite inferior de las nieves permanentes en la
cadena de los Alpes. En consecuencia de esto, la temperatura media
es de 14° C. 6 poco más, demasiado débil para fomentar en
las presentes circunstancias una vegetación más vigorosa. Además,
por haber sido ésta (como lo es aún al presente) la zona más habitada,
se despojó poco á poco de la vegetación arbórea que antes
poseía, y se le redujo á campiñas y á dehf'sas. Los Yestigios de e to
se manifiestan en todas partes, y se debe atribu(r á la circunstancia
de que los dueños se descuidaron de recompensar el suelo de
las sucesivas pérdidas sufridas, el que agotándose en él paulatinamente
los elementos productivos, se haya vuelto inútil para el cultivo,
por lo que finalmente se le abandonó del todo en muchos
puntos de esta vasta llanura. De este modo se originaron esas
pampas estériles, tubiertas de pocas gramas, que vcmo entre
Ambato y L:'l.tacunga, cuyo producto apenas basta para alimentar
los rebaños lanares que vagan por ellas. Añá le e tami.Jién que el
terreno pumíceo de este paraje, parto infeliz del vecino CotoiJa.·i,
con la misma facilidad con que absorbe el agua llov . diza, la eYapora,
siendo al mi mo tiempo poquísimo apropiado para determinar
el rocío nocturno, y la toba volcánica Congagua compacta, que
constituye Jo demás de esta zona, la deja ftuír toda, queJando en
ambos casos el suelo siempre árido é infecundo.
Solamente una densa vegetación arbórea (á falta de un e_ merado
cultivo) podría obviar estos inconveniente que se originan
de la naturaleza del suelo, impidiendo la evaporació demasiado
activa y suministrando al suelo nuevos elementos orgánicos, &c.;
pero una vez destrufda ésta, no hay que extrañar que toda e ta
g-rande llanura se halla tn tal e tado. Hay, sin mbargo, algunos
puntos que e preciso xceptuar de estas generalidades. Los valles
de Chillo, Taurubamba y Machachi, provi~os de mejor terreno y
abundantei en agua, poseen quinta apreciables por su fertilidad
en maíz, trigo y otros cereales, que forman el principal recurso de
la capital, y excelentes potreros que alimentan numerosos rebaños
de ganado vacuno, cuyas aventajadas proporciones dejan entrever
los felices resultados que se podrían conseguir si se pusiera el debido
cuidado en la mejora de las razas. Los alrt.dedores de Ambato,
cuya fertilidad ha sido mejor fomentada por la agricultura.
forman el jardín de nuestros Andes y como el oasis de la altiplanz'cz'e
de Quito. Allí prospera el naranjo, la vid, el peral y el du ..
razno, que son casi los únicos árbolei frutales aclimatados en el
suelo ecuatoriano.
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'- 82 --'
SORPRESAS DE LA CABALLERÍA
CONTRA LA INF ANTERIA
y WI\DIOS DB QUlt DISPONE ÉSTA PAit.A PRRSKR.TARS& o• aLLAI
(De la Revista ád Boldln Militar de Buenosaires)
V
Prtparación dt la sorpresa-Recotzocimt'tnlo en eilerreno-Elea,(m dt 1•
emboscada-Instaladón del destacamento
Cuando el Jefe ha puesto á su tropa al abrigo, estudia minuciosamente,
por sí mismo, la zona de terreno al través de la cual
piensa efectuar la operaci6n. Y si sospecha detalles y particularidades
que la escala de la carta no haya permitido representar, lo¡
reconoce con la mayor prolijidad.
Ciertas cortaduras, que serían obstáculos para una marcha
r:ípida, pueden no figurar; tal llanura, representada como plana,
es, sin embargo, ond ulada; estas ondulaciones no aparecerán siempre
á primera vi ta, pero un ojo ejercitado las sabe encontrar ripidamente,
y aunque parezcan despreciables, son, en la mayor
parte de los casos, muy favorables á la emboscada de una tropa
de caballtría. Basta una diferencia de nivel de :l m. so en el thalweg
para que el d stacamento desaparezca, cons rvando á sufrente
un buen terreno pard. la progresi6n rápida en 1 momento del
ataque.
Por lo general los campos no e encuentran completamente
descubiertos, y se hallan en ellos arbustos y arl.Joleda , bosques,
quintas cercadas con muros 6 con setos, poblaciones, &c.
Por consiguiente, el Jefe del destacamento debe aplicarse al
examen de todos estos detalles, determinando los elementos de los
cuales podrá sacar partido, y los que deberá evitar, como por ejemplo
los lugares habitados, puesto que pueden contener e pfas ; y si
le parece conveniente ocupar una quinta cercada con muros 6 cubrirse
6 emboscarse por sus inmediaciones, es n cesario que ésta
se encuentre suficientemente alejada d el itinerario seguido por el
enemigo.
En g-eneral, si se oculta en una localidad ú en un grupo de
casas, es necesario que lo haga desde alguna distancia, porque
esos lugares es seguro que serán estudiados por el enemigo, vi2"i-
1ados y quiz:ís visitados, á. menos que se encuentren tan alejados
de las patrullas y de los guardaflancos, que estos últimos no esperen
poder hacer ese servicio sin perder mucho tiempo.
En terreno ondulado, el destacamento debe ser disimulado
dentro dellhalwet de una de las ondulaciones, y tanto como sea
posible ocultado por algún abrigo; además, será conveniente dejar
al~nas ondulaciones entre sí y el punto por donde ha de pasar la
~olumna enemiga, porque 1as patrullas de esta columna, si son Ti¡
ilantea, no dejarÁn de Yisitar las más próximas.
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1._ 83 __¡
Evidentemente, no se pueden dar sino indicaciones generales
sobre la preparación de la sorpresa. Pero en resumen, es bueno
emboscar á la tropa fuera del alcance eficaz del fusil y más allá de
los abrigos y de las ondulaciones que puedan ser visitadas por las
patrullas que flanquean la columna enemiga.
Cuando se ha terminado el reconocimiento, el Jefe del desta
camento reúne á su tropa, la conduce al emplazamiento definitivo
que ha elegido, y ahí se instala.
Debe tener e studiada su línea de retirada, lo que debe indicar
con antic ipación á su tropa ; igualmente señalará sobre esta misma
línea un punto d e reunión para el caso de sufrir un fracaso; y si
fracciona á su tropa, a signa á cada fracción su papel. También
debe poner á toda ella al corriente de sus proyectos, porque demostrando
así su confianza, conquistará fuerza moral. Si ha de permanecer
algún ti e mpo e~ p e ra ndo al enemigo, ordenará que ponga pie
á tierra alternativamente la mitad de sus hombres, á fin de tener
siempre alerta una pa r te de su efectivo mientras que la otra descansa.
Desd e es te momen to, e l J efe del destacamento no hace ex.
plorar más de l lado de l en e migo, pero se cubre á retaguardia con
algunos centinela::. que, bi e n colocados, vigilen sus flancos y su línea
de retirada.
VI
Ptríodo de esptclaHv a - Ón'c ammle d Jife dd deslacamenlt~ va dt
descu bt"erla dd lado del m emigo-Sangre fría J' emoeton
Cuando ha ll egado es te im•tant e, el Jefe, nadie más que el Jefe,
vi¡ila con su vista ex perta.
No • le b e confiar e l cuidado de ver ni de explorar al Oficial
mÁs sagaz, aunq th.! sc:a 1 mejor dotado de esta cualidad entre los
de su destacamento, porque el momento favorable para el ataque
es tan corto en la mayor parte de los casos, que es necesario casi
siempre ver, decidir y obrar al mismo tiempo.
Por consiguient e, es necesario esperar al enemigo con el mayor
silencio é inmoYilidad.
Con el objeto de ver bien, el Jefe puede tener necesidad de
trasladarse hacia adelante; al efecto, deberá avanzar á pie, ocultándose
6 arrastrándose en caso de necesidad, utilizando los menores
abrigos que ofrezca el terreno, y en seguida se mantendrá en
una inmovilidad absoluta, detrás de una maleza, un tronco de árbol,
un talud de foso, en el linde de un bosque, &c.
Si lleva casco ú otras prendas muy vistosas, tendrá especial
cuidado en quitárselas, porque el centelleo del metal, lo visible de
lo blanco, &e , pronto denunciarían su presencia.
Muchas tentativas de sorpresas han fracasado por haberse
negligentemente despreciado ó ignorado estas precauciones que
pareciendo superfluas, son sin embargo casi la clave del éxito.
En efecto, se ve, en las maniobras, que los oficiales de caha- ·
llerfa es!:t blecen conYenientemente á su tropa, pero que descuidan
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L 84 -J
por completo el hacer vigilar su retaguardia y sus flancos, mientras
envían patrullas del lado del enemigo y colocan centinelas en
esta dirección.
Cuando han conseguido las noticias precisas, montan á caballo
y van arroganftmmlt á comprobar los avisos que han recibido.
Este movimiento r evela al enemigo su presencia; esta pérdida
de tiempo no les permite utilizar ese instante fugaz en que es posible
sorprender al enemigo.
Sin embargo, llevan su tropa al ataque. Mas la infantería
prevenida los recibe con nutrido fuego, ante el cual son obligados
oien pronto á retirarse con toda pnsa; y ts de este modc como
mantienen entre la infantería la creencia de la impotencia de la
caballería para llevar contra ella una carga eficaz, sembrando la
duda en el espíritu de los jin etes, dos errores igualm ente funestos.
En maniobras, las tres armas deben instruírse la una á la otra,
y no inducirse en error recíprocamente, realizando las operaciones
que se asemejen más á la verdad frente de los fusiles cargados,
y no ejecutando cargas que se detienen antes del choque,
pero que se guardarían !Jien de tentarlas en campaña, p r lo
menos en malas condiciones.
Si estos oficiaks hubiesen sido su propio explorauor, habrían
visto, decidido y obrado con tiempo y rápidamlnte. Pero no queriendo
trasladarse hacia adelante personalmente, poniendo pie en
tierra y ocult<índose para observar de más cerca, pierden la oca¡¡
ión de conseguir el éxito.
Para estar seguro de obtenerlo en campaña, es necesario
desde luego haberlo obtenido en maniobras.
Es uifícil obtener el éxito en maniobra , porque la infantería
no se resuelv , es decir, no se conforma en ser vencida sino cuando
e sorprendida t7 óout portan/, s decir, en .tales condiciones
que le sea imposible tomar una formación y abrir el fuego ó armar
la bayoneta.
La infantería no admite que una caballería que se encuentre
Jalopando á 200 metros en el momento que la aperciba ella, pueda
abordarla; cuenta con la violencia del fuego rápido que le hará,
y por lo tanto, y en esto tiene razón, que mientras le sea posible
alcanzarla en su carrera, subiendo las pendientes, su objrlz"l'O mismo
lanzará sobre ella una lluvia infernal de balas y de metralla
......
Pero una caballería que al galope largo llega á 200 metros
de su objtlivo, estará sobre él en algunos segundos.
Todas las balas no hieren á los caballos, y muchas se pierden;
no todas las que dan en el blanco lo hacen caer, á lo menos inmediatamente.
Para derribar un caballo es necesario herirlo en sus
órganos vitales: el corazón ó la cabeza. Se han visto caballos
continuar la carrera en tres patas, teniendo la otra quebrada ;
por consiguiente, muchos caballos heridos llegan á dar el
choque.
Pero admitiendo que este ataque fracase, por lo menos se cubrirá
con el escalón siguiente, que será el que llegará. Si detrái
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de este segundo escalón se cuenta con un tercero, un cuarto, &:c.,
el éxito estará más asegurado.
Todo este razonamiento lo hacemos admitiendo que la infantería
atacada conserve toda su sangre fría y se despliegue sin
perder uno de los preciosos segundos durante los cuales el adversario
droora la corta distancia que lo separa de ella.
Con los soldados de nuestros ejércitos modernos, esa sangre
fría y esa rapidez en las evoluciones, estarán, en caso semejante,
fuera de toda verosimilitud, porque los mismos antiguos valientes
de nuestros gtoriosos ejércitos de otra época, no poseían siempre
esas cualidades en semejantes eventualidades. ·
En un momento tan crítico como el que hemos señalado (todos
los hombres que han hecho la guerra lo saben bien, y nosotros
tenemos todos los días ejemplos de ello en las campañas coloniales),
la sangre circula más ligero en las arterias y en las venas, el
corazón late más fuerte; entonces la vista es menos segura, el
oído oye mal, la mano que sostie ne al arma es menos firme, el
tiro se desvía: se tira muy alto ó muy bajo, la bala se pierde, la
carga llega y el inevitable choque se produce. .
La emocz'lm, que no hay que confundir con el miedo, la emoción
es una si mplc sensación física que se apodera momentáneamente
de nu e stro estadü di..! conc ie ncia, á la oual no se sustraen lo
más valientes; es quizás la única pasión que el jefe, cualquiera que
sea, es impotente para pre venir, porque nos invade brutalmente,
como la claridad im·ade á las nubes en el momento en que el rayo
estalla ; ¡la emoción ! hé ahí el gran factor de ]as sorpresas.
En campaña, esta emoción ha e presa tanto del jef~ como
del soldado.
Descontamos, pues, no solamente la rapidez de nuestros caballos,
sino también la emoción, pronto convertida en pánico, producida
por la instantaneidad de nuestra aparición y la impetuosidad
de nuestro ataque.
Esa emoción yo la he visto, ese pánico yo lo he producido m
maniobras: y esto me ha decidido á emprender este estudio.
Puedo decir también que esa emoción yo la he experimentado.
Sí, yo la sentí cuando, voluntario en el año terrible, tuve el honor
de servir en las filas de la infantería, y puedo asegurar que el
más insignificante suceso la produce.
Para darse exacta cuenta de ello, es necesario haber oído silbar
las balas en otro punto que dentro de los abrigos para lo5
marcadores de los polígonos de tiro ; es menester haber experimentado
el tiro y presenciado sus efectos en otra parte que sobre
los blancos; de otra manera no s~ puede!) sustentar teorías sino
sobre tradic10nes muy frecuentemente falseadas y sobre razonamientos
que, cuando no son apoyados por la experiencia, forman
una base muy frágil y con frecuencia muy equivocada para funda r
una convicción.
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'- 86 __1
VII
J'rtsdmlol ftw'lts e~nlra /res jt1ulu
9
El 28 de Noviembre de 1870, día del ataque de Beaume-laRolande,
mi Batallón, el 3. 0 del regimiento 32 de marcha, ocupaba
un bosque en los alrededores de la población de Boiscommun.
Dos compañías desplegaron, una de las cuales, la mía, estaba
oculta detrás del límite del bosque. A nuestro frente se extendían
algunas viñas ; más allá, de 1,500 á 1,800 metros, se percibían
las poblaciones de Saint-Loup y de Mézieres, que se decía
estaban ocupadas por el enemigo.
Tres jinetes alemanes aparecieron de repente, galopando sobre
la misma línea, á un centenar de metros los unos de los otros,
y avanzaron hacia nosotros.
Viéndolos llegar bastante cerca, instintivamente cargamos
nuestras armas, y sordos á la voz de nuestros je fes, rompimos un
fuego muy nutrido sobre los jinetes.
Al punto los alemanes dieron media vuelta y se retiraron rápidamente,
acompañados de una lluvia de proyectiles, pero ninguno
de éstos dio en el blanco. Los jinetes querían saber si el bosque
estaba ocupado, para lo cual nosotros no habíamos hecho sino
ayudarles á cumplir más rápidamente su misión.
Se me objetará: pero ustedes estaban armados con el fusil
Chassepot; las armas de repetición, actualmente en uso en los ejércitos,
son más temibles que las de que se sirvieron.
Esto es verdad, pero haré observar que el fuego de trescientos
fusiles, concentratio un momento á corta distancia sobre tres jinetes,
valía bi e n el de un tiro de repetición ejecutado por una ó dos
compañías sobre un escuadrón desplegado.
En esta circunstancia tuve ocasión de darme cu e nta de dos
hechos:
1.0 Del efecto moral producido en nosotros por la presencia
inesperada del enemigo ;
2.0 De la poca eficacia de los fuegos dirigidos sobre los jinetes,
en los momentos en que el espíritu se encuentra turbado.
Sé que muchos de nosotros éramos jóvenes, pero contábamos
en nuestras filas hombres de 30 á 40 años y cerca de un cuarto de
veteranos aguerridos que venían de los ejércitos del Este.
Poco después de este reconocimiento, la infantería alemana
salió de la población más próxima y nos atacó. Salímos del bosque
á nuestro turno para desplegarnos en tiradores en los surcos de las
viñas ; nuestro despliegue fue acogido por un fuego de fusilería tal,
que la mayor parte de nosotros no pudimos dejar de saludar á las balas.
Nuestra sangre fría fue desde luego muy perjudicada, y si conservámos
alguna, fue por el poco mal que nos hacía el enemigo,
casi nulo hasta en los momentos en que nuestros Oficiales nos
conducían hacia adelante. Uno de éstos no quiso abrigarse ó acostarse
para protegerse del fuego : por el contrario, se paseaba detrás
de nuestra línea ; todos nos alentaban, nos aconsejaban, re~
lando nuestras alzas, y ninguno de ellos fue herido ..
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'-- 37 _J
Muchas balas pasaban á más de diez metros por sobre nuestras
cabezas; se las distinguía por ese silbido desagradable que es
su particularidad; otras pasaban por entre los intervalos, dejando
oír de paso su zumbido brutal.
Decididamente, esos tiradores alemanes eran bien torpes, 1
nosotros no teníamos mucho que temer de ellos, á no ser que tu'
fieran la veleidad de apuntar hacia nuestros intervalos, porque
entonces nos hubieran hecho mucho mal.
Estos tiradores, cuya torpeza nos sorprende, pertenecían al
ejército de Federico Carlos.
Nuestro combate de ese día cesó por la noche con la retira.
da del enemigo, que volvió á la población y la evacuó en seguida.
Sólo tuvimos dos muertos y seis heridos.
Según los habitantes de Saint-Loup, población que ocupámos
al día si~uiente, los alemanes se llevaron tres carros con heridos.
Nuestro tiro había sido más eficaz que el de nuestros adver.
sarios, y nuestra sangre fría había sido mayor que la de ellos; conclusión:
no se tira sobre los hombres como sobre los blancos; el
tiro de guerra no puede ser comparado al tiro al blanco, ni las ma.
niobras á los combates reales: la emoción y el efecto moral hacen
enorme papel en campaña. La caballería, pues, debe acordarse de
esto cuando calcule sus ataques, porque afortunadamente en esta
arma la emoción se atempera por la ceguedad que produce la progresión
rápida, el relincho de los caballos, el ruido de las armas,
la polvareda que levantan y la voz de mando de ¡carguen 1, repetida
con toda la fuerza de sus pulmones por todos Jos jinetes.
He citado el pequeño episodio que precede, á fin de indicar
bien las bases sobre que h e fundado mi convicción para el ~xito
de las sorpresas hechas contra la infantería desde 200 metros y
también más allá, á condición de que la caballería u mcuenlre galopandtJ
m el momento en que aquélla la aperciba.
Es fuera de duda que hubiera podido escoger en la historia
ejemplos más importantes y más sorprendentes, y citar la opinión
de los maestros, pero he creído mejor citar lo que he vis/o que lo
que he leido. Y diré el porqué : con frecuencia los relatos, con el
transcurso del tiempo y por efectos de la transmisión, se encuentran
falseados, de donde viene que no se les concede la misma confianza
que á las afirmaciones de un testigo ocular.
-=== Historia-
HisToRIA DEL NUEVO REINO DE GRANADA
POR JUAN DE CASTELLANOS ( 1 590?)
(Continúa)
Y cuand..> ya la roja cabellera de . la febea frente descubría
sus claríficos rayos, desterrando el tenebroso humo de la noche
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Boletín l\1ititar de Colombia
'- 88 _;
determi:1aron de salirse fuera del belicoso suelo, por dar cura con
más seguridad á los pacientes; mas no por el camino que vinieron,
sino por una si"erra montañosa, por abreviar camino, siendo guía5
los Moscas que traían de servicio. Y antes de comenzarse la subida,
vieron venir un Panche dando voces, de gran disposición y horrible
gesto, solo, sin otras armas en la mano que macana de palo
ponderoso; y los nuéstros, creyendo ser mensaje, ó para dar la paz
ó mayor guerra, pararon todos é hicieron alto, con intención de
conocer la suya.
La cual él hizo luégo manifiesta, pues por salutación en el primero
dellos que se halló más á la mano, á quien llamaban Juan de
las Canoas, el palo descargó con ambas manos, que, como vio venir
el golpe, puso la cóncava rodela por delante, donJe lo recibió;
mas el escudo quedó desmenuzado, como cuando de fulminoso fuego
que desciende de la región aérea fue tocado el duro material
que lo deshace, y las briznas y astillas van volando, por una y otra
parte di \'ididas. Y aunque mozo robusto y animoso, faltóle fuerza
para su-;tentarse sobre sus pies, y con oscura nube de que sus ojos
f~en n ocupados, cayó desacordado y aturdido. Lo cual visto por
nuestros españoles, acometiéronle por todas partes, y el Céspedes á
voces les decía que por ninguna vía lo matasen, sino que sin herillo
lo pren iesen, por saber la razón de su locura.
Mas el soberbio Panche con el leño y portentosa fuerza se
defiende, los unos y los otros o.· ando con buen compás de pies y
gallardía, según mae tro práctico de esgrima que en plaza pública
se desenvuelve, jugando de floreo con montante, rodeado de gente
que lo mira, que porque no les toque revolviendo, los unos y los
otros e retraen, d jando campo desembarazado donde pueda
jugar á su contento · que bien desta man ra lo hacían aquellos que
tentaban de pr ndello, cada cual re ·guan.lando su cabeza. Mas
Juan Rodríguez Gil, mozo valiente, de monstruosas fu rzas, corpulento,
en vit:ndo ti mpo dio veloce salto pur las espaldas dél, y con
]os brazos nervosos lo ciñó por los ijares, según el torbo tigre que,
rastrando el pecho por el sudo, in ruido se va llegando para hacer
presa en ancas del cornígero juv neo, y con v locidad imperceptible,
~ubiéndose sobrél asió las garras, y el mísero novillo por
librarse, da brincos y corcovos, brama, gime, sin se püder valer ni
aprovecharse del arma que le dio naturaleza. Dcsta manera lo
tenía preso, sin lo dejar usar de la macana, que con dificultad se
la quitaron los otros compañeros de las manos, ligándoselas luégo
con esposas y p ndiente cadena del pescuezo. Y el Juan de Céspedes,
con una lengua mosca que declaraba los acentos, pregunta~
"Dime, bárbaro valiente, ¿cómo te poseyó tan gran demencia,
que siendo solo contra tanta gente, presumieses venir á competencia
? Porque moverte tú tan solamente, sin emboscada de
mayor potencia, no me parece vera testimonio, y si lo es, tú debes
ser demonio."
El indio le responde :
"Yo soy hombre por tal y por mi nombre conocido, y aquí
donde resido fui criado. Antier me fue forzoso salir fuera, y ayer,
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'- 8g _)
que no debiera, ya muy tarde, vi con temor cobarde gente pancha
que nunca de tal mancha tuvo nota. Dijéronme ser rota y
abatida, privando de la vida de muchos buenos vosotros que sois
me n .s, y tan pocos que no tuve por locos desconciertos pensar
dejaros muertos por mi mano, en pago de un hermano y de un
tío y un mozo hijo mío, y otras gentes, mis deudos y parientes,.
cuya muerte me turbó de tal suerte, que con saña, sin convocar
compañía de los tristes, intenté lo que vi teis por los nuéstros, cuando
probé mis fuerzas con las vuéstras."
Todos de ver el término soberbio y atrevimiento con que les..
hablaba, quedaron admirados, y quisiera el Juan de Céspedes que
lo llevaran á Bogotá ligado con pnsiones; mas Juan de las Canoas,
que corrido estaba por habello derribado, con otros compañeros
impacientes, luég-o que el Capitán volvió la suya, al indio le cortaron
la cabeza, que por los indios ~1oscas fue guardada, y en certificación
de la victoria, con gran solemnidat.l y r<"'gocijo, con otras
la metieron en su tierra, para donde los nuéstros se partieron atravesando
por aquella sierra. Y ~ara ver si por aquella vía la hallarían
para los caballos hasta salir á la sabana rasa, envió Céspedes
á Juan del Valle y á Juan Rodríguez Gil, mancebos sueltos,
que fue en descubriendo y aguardast:n en las insuperables aspereP.
as. Y ans( fueron dos, dos siempre adelante, apartados del cuerpo
de la gente, distancia que sería media legua, por una senda
vieja, mal trillada, y de una y otra parte monte e. peso, pero tal
que podían ir: las be tías, las una tnis las otras enhiladas. E yendo
con aviso como sucl "n aquellos que recelan embuscada, vieron
veinte gandul~s bien armados que P')r el a venían con recato; y
como fue , e cosa creedora tener -pue!)ta celada más ad ·ntro, embrazan
las rodelas y echan mano con brit so valor 'í las espadas,
poniéndose á los lados de la s enda uno frontero de otro, d manera
qu el camino quedaba de por medio, y por s~ñas llamaban á
los indios que se llegasen m.is, si los buscaban. Ma ellos asentándo
en el suelo, una cruz enseñaron y una carta, por donde conocieron
ser m•"nsaje que desde Bogotá les enviaban, y ansf pararon
hasta que llegase la gente que venía caminando; y el Capitán la
carta recibida, á todos la leyó públicamente, cuya sustancia fue la
que se sigue :
((De ,·uestro bien ó mal somos inciertos, porque los indios
Moscas fugitivos que con vosotros fueron á los puertos y <,¡ ·1-ras
desos bárbaros nocivos, nos han notificado que sois muert s, que
no permita Dios, pero los vivos aquesta carta vista y entendida,
abrevien lo posible su venida."
Entendida por todos la congoja en que la mala nueva los tenía,
esforzáronse sanos y heridos á los desengañar por su presencia,
dándose cuanta priesa fue posible en salir á terreno descubierto.
Y ansí, dos ó tres días después desto á Bogotá llegaron, donde
fueron los unos de Jos otros recibidos con placer á medida del deseo,
igual en todos de se ver los rostros. E ya fuera de ries~o los que
fueron heridos en la guerra de 1· >S Panches, pareci61es dejar aquel
asiento de Bogotá, y el campo todo junto, ir á buscar las minas de
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esmeraldas, de que tenían ya clara noticia. Y en confianza de las
buenas guías, que según las preguntas y respuestas, no se movían
con incertidumbre, pusieron en efecto la partida. Cuyos sucesoi
callo de presente, pero mediante Dios, haré memoria dellos en
otro canto, pues aqueste aquí será razón que se concluya.
· -~- Variedades ~NUEVA
GRANADA
SUS RIQUEZAS NATURALJ!S
ConHnúa
Per J. D. Powles Esq., Presidente del Comité de Tenedores de Bonos de Hispa no
- América
(VERSIÓN DEL INGLÉS PARA EL "BOLET{M MILITAR ")
(Continúa)
Cada porción que desmonten los cultivadores dará "alor adicional
á las tierras tan pronto como la ocupen. Muchos de los cultivadores
criollos se quedarán al cerciorarse de la ventaja de métodos
más adelantados, y tomarán tierras de la compañía mientras
que subsecuentes partidas de emigrantes hagan que la Compañía
pague mayor remuneración que al principio.
El ejemplo de la Compañía del Canadá es un poderoso estímulo
de lo que puede hacerse en este camino. Esta Co:npañía se
estableció el año de 1826. Adquirió tierras mediante compra á
razón de tres chelines por acre. Estimuló á los cultivadores abriendo
caminos y alquilando las tierras á una rata moderada. Las tierras
han ido aumentando de valor, como puede verse por los precios
fijados á las ventas de tierras que ha hecho la Compañía
durante los tres últimos períodos decenales que tomamos de l último
informe de la Compañía :
1829 á 1840...... 736,6o8 acres á tI ch. 1 d. por acre.
1841 á 1850 ...... 989,117 íd. 15 ch. 4 d. íd.
1851 á 1861.. .... 493,873 íd. 32 ch. -4 d. íd.
Las últimas ventas han llegado hasta el alto precio de 3 {.
por acre. La compañía tiene ahora de -4,000 á 5,000 haciendali.
Sus acciones, que valfan 32 f¿, se venden á 102.
Algo mayor estímulo se encontrará, para el propósito que se
tiene en míra, al considerar lo que pasa en la Sección del Sur de
América, bañada por el espléndido río de la Plata. Un afecto á
trabajos de minas que vivió algún tiempo en la ciudad de Buenosaires
en los años de 1857 y 1858, me obsequió con el siguiente
memorándum del valor de las tierras en Buenosaires:
En 1852, una hacienda situada como á seis leguas de distancia
de Buenosaires, fue comprada en 45,000 dólares, que al tipo co-
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rriente eran 450 ~ por legua cuadrada, con hacienda, edificios, &c.
La tierra ahora (1857) produce mucho más.
En 1849, una faja de terreno, á distancia considerable de
Buenosaires, se vendi6 en 5 d6lares, valor corriente por yarda de
frente, con g,ooo yardas de fondo, y ha sido poco há (en 1857)
vuelta á comprar por los primeros dueños á 8o y á go d6lares por
yarda de frente. · ·
A causa de la construcci6n del ferrocarril en San José de
Flores, los ejidos de la ciudad habían alcanzado el precio primero
de 8,000 d6Jares (80 ~),y luégo de 6o á 70,000 d6lares (600 y
700 -!.) por cuadra. (Una cuadra es una manzana de 150 varas 6
yardas).
Por una ley de Agosto 6 de 1857, el Gobierno de Buenosaires
qued6 autorizado para vender 100 leguas de terrenos comprendidos
dentro de los límites del río Salado, á un precio no menor de
200,000 d6lares por legua cuadrada (2,000 ~).
NorA-Una legua de tierra es un cuadrado angular de 6,000
varas (6 yardas), pero de ordinario se vende midiendo el frente,
con un fondo de g,ooo varas, de tal suerte que generalmente una
legua no es en la actualidad un globo de 6,ooo varas x 6,000,
sino de g,ooo varas x 4,000.
Desde la indicada fecha, 200,000 d6Jares pueden computarse
como un buen avalúo de tierras en Buenosaires, comprendidas
dentro de los límites del 11fo Salado. Mas allá de este límite (en
donde hay mayor riesgo de incursiones de los indios, y en donde
el río forma una especie de barrera) el valor es menor, y no tengo
datos para calcular cuál pueda ser el precio.
Tierras á inmediaciones de la ciudad y en otros lugares en
donde hay particulares ventajas, naturalmente tienen mucho más
valor, y no se puede justipreciar de modo general cuál pueda ser
este valor.
En 1852 una vaca lechera valía cuarenta pe¡os; ahora (1857)
vale 300 y hasta 330. Por la misma época las ovejas se vendían
á$ 12 y 14 lo más; hoy valen 40, com!Jradas en partida; y escogidas
por la lana, $ 100 (d6Jares) .
Nuticias de Montevideo del 31 de Diciembre último de 186o,
insertas en el Túnes, decían así:
Potreros (dehesas) de ceba continúan aumentando de valor.
De siete á ocho chelines y seis peniques cada acre, no es precio
que asombre.
En adici n á los testimonios expuestos antes en estas páginas
respecto del carácter d6cil de los obreros, pueden agregarse los
datos siguientes :
Extracto de una carta del Sr. Juan Lloyd, quien por varios
años manej6 un establecimiento en Nueva Granada:
11 Diciembre 24 de 1861
He \e\do \as publicaciones agrícolas de la Nueva Granada.
Estoy perfectamente convencido de que se puede aacer algo bue-
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no en el país, comenzando por ]as regiones altas, en donde los europeos
soportan el clima. Los criollos, una vez acostumbrados,
pueden emplearse en las tierras calientes, como las situadas á lo
largo del Magdalena (valles). Esta es una región (la del Magdalena)
hermosa y fértil; pero de Guaduas á Bogotá, en toda esta región,
que es de muchas· millas de extensión, los europeos se mantienen
muy bien. Es uno de los países más bellos del mundo.
Le aseguro á usted que los trabajadores criollos que emplee
eran buenos y de fina raza de hombres. Se puede emprender cualquier
tralajo con ellos, porque lo hacen bien y barato. He estado
en Italia, pero prefiriría contar con un peón de Nueva Granada en
vez de dos italianos, por lo que hace al trabajo y más en cuanto á
obediencia; con maestros europeos escogidos con cuidado y sobrios,
y colocando molinos manuales y fijando á los árboles en el bosque,
y trabajando en ellos con mulas, caballos ó bueyes, y rajando tablas
que puedan conducirse con facilidad á su destino, y aserrando
la madera fuerte para muebles y otros usos, pueden oLtenerse
pingües ganancias.
JuA':'l Lr.oYD
Sr. D. J. D. Powles Esq."
El siguiente informe es Ele Mr. Juan Munday, que también
estuvo muchos años empleado en las minas de Nueva Granada
"19 de Agosto de x86z
Respecto de la salubridad de las tierras montañosas de Nueva
Granada, y muy especialmente de aquellas de Jos Estados de
Antioquia y de Cundinamarca, puedo hablar d" Jo que yo mi mo
he observado. Hay grandes distritos de suma fertilidad dísput' stos
para el cultivo. La población agrícola d los distritos montañc sos
generalmente es descendiente de los e pañol s ó de los indios,
y probablemente pertenece á una raza tan robu ta, industriosa y
de bu na comlucta, como la de cualquier otro país. En los valles
se encuentran los productos tropicales en abundancia. El extranjero
es bien recibido por dondequiera, el talento es siempre apreciado,
y la buena conducta nunca deja de impon r r ~peto.
No tengo la menor duda de que los establecimientos que se
funden y que se inauguren al principio á razonable distancia de
los distritos mineros, y que tengan fácil comunicación con la costa,
en breve prosperarán muchísimo, y tales establecimientos, extendiéndose
gradualmente, vendrán á ser un beneficio permanente para
el país y para aquellos que puedan fundarlos.
Que Nueva Granada requiere sólo paz estable para llegar á
ser país rico y próspero, no puede ponerse nunca en disputa. Posee
muchas minas abundantes con climas variados y una población trabajadora
y comunicativa, que acoge con simpatía á los europeos 6
americanos que gustosos ayudan al desarrollo de los vastos recursos
de esas regiones.
jUAN MUNDA'Y
Al Sr. D. J. D. Powles Esq. '
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Boletín ~iilitar de Colombia
\.._ 93 _)
Con relación á los artículos que se producen, como el trig-o,
para el consumo del país, pueden mencionarse el café, el cacao,
el algodón, el azúcar, la quina, caoba y maderas de tinte, entre
los principales. De éstos hay gran pedido en Europa.
No obstante el aumento de la producción del café en algunas
partes del mundo, en los últimos años el producto total de este
artículo nunca es igual al general consumo que se hace de él.
El cacao es un artículo de consumo que aumenta cada año:
Libras
hn 1820 fue.................................................. 276,321
En 1840 ...................................................... 2.041,678
En r861 ...................................................... 5.482,023
La importancia del algodón nunca se encareced. bastante. Los
acontecimientos actuales son suficientes para dar desarrollo progresivo
á la produccién de éste. A e~te propósito conviene citar la opinión
sensata, que ha sido generalmente acogida, de que los blancos
no sufren con el cultivo del algodón corno pasa en el Sur de
los Estados Unidos. Esta opinión está basada en una publicación
del año pasado.
Esclaz;z/ud y Separación m Amén'ca, artículo tomado del Ellúon,
publicado en 1861 :
H La noción de la insalubridad del clima del Sur es tan sabida
en Inglaterra como en América; pero si hubiéramos de creer el
testimonio de los viajeros y los datos que suministra la estadística,
ninguna opinión como ésta stá tan lejos de la verdad.
Tomando el dato por años, la proporción de los muertos respecto
de los habitantes ciertamente que es mayor en el Norte que
en los E~:.tados del ur. Por ejemplo, en 1850 la mortaliriad de los
siete primeros Estados esclavistas fue de sólo 1 por 73-30. El mayor
promedio en los antiguos E tados libres fue de I por 81-63 en Pensilvania;
el mayor en los antiguos Estados esclavistas, de 1 por
91-93 en Georgía.
En Charleston, Carolina del Sur, el Dr. Nott asegura, fundándose
en sus propias observaciones é investigaciones, que comprenden
un período de seis años, que la proporción de la mortalidad
en la ciudad fue de 1 por 51 ; y esto, respecto de los blancos,
arroja solamente una proporción de 1 en 58, y entre los negros una
proporción de 1 por 44·
De las relaciones que los médicos nos han dado del clima,
nos parece imposible que los blancos ocupen provechosa 6 ventajosamente
su tiempo, con excepción de los trabajos minerales, si
no quieren destruír su organización; sin embargo encontramos,
conforme con la estadística, que en 1850, fuera de la pob1aci6n
blanca de 6.184,477 personas de todas edades y de ambos sexos,
había 1.0Tg,o2o hombres como de cincuenta años de edad, encargados
de trabajos manuales en las haciendas de esclavos; 803,05~
estaban simplemente empleados en empresas agrícolas.
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Mr. Darly, geógrafo y cosmógrafo de Luisiana, durante sus
trabajos profesionales en el Sur de Alabama, Misisipí, Luisiana
y Texas, en los años de 1i05 y 1815, recorrió no menos de veinte
mil millas á pie por dichos Estados.
Durante todo este período, dice él, no me detuve ni un mes;
todos mis achaques se disiparon, y ni por un momento pude atribuír
ninguna enfermedad al clima. Había dormido a la btllt éloz1t
por varias semanas, en las noches más cálidas, en la más intrincada
selva quizás del mundo. En toda mi excursión por el río Sobine,
mis peones y yo vivimos por largas semanas de la caza y del pescado,
sin pan ni sal, y sin sufrir enfermedad de ninguna clase. Las
diecinueve partes de los declamadores de los climas cálidos deben
mirarse con desconfianza. No abrigo al respecto la menor duda.
Mr. Olmsted, en su Journry irz lhe Seaéord Slave Slales, refiere
que en Nueva Orleans trabó conocimiento con un mecánico inglés,
y que en una con ver ación que tuvo con él, él mecánico le hizo notar:
Que los blancos reemplazaban á los esclavos en toda clase de
trabajos; y que él esperaba y creía que no pasarían muchos años
sin que todos los negros tuviesen que abandonar la ciudad.
Piensa que una vez aclimatados los negros, pueden efectuar,
aun en las regiones más cálidas, mayor trabajo que los negros, si
observan bu en régimen y no hacen uso de comidas estimulantes.
Esta era, agrega, la opinión general : que de los que habían estado
allí durante el verano, aquellos que beben mucho whúkry y licores
y cons ervan sus vestidos abrigados al comer, tal como si estuvieran
en Inglaterra, ran los que más se quejaban del clima, y que se
imaginaban qu e los blancos no están hechos para vivir en él. El
había permanecido hasta fines d e Julio, y vuelto c a Septiembre, y
nunca se ll egó el día en que no pudies e trabajar tanto como acostumbraba
en Londres."
PEREGRINACION DE ALPHA
1
POR HANURL ANCIZAJl.
(Continúa)
H Colocado el observador en la confluencia de los ríos Gámeza
y Sogamoso, ve al SO. patente la rotura del extenso la¡o cuya
configuración y accidentes acaba de estudiar en medio de las planicies:
contempla la ruina espantosa de un ramal entero de la cordillera;
traza los límites y el volumen de la terrible inundación; y
le parece asistir al sublime espectáculo del diluvio parcial, que arrastró
montañas enteras y tal vez arrancó de sus bases la comarca.
llamada Cht'camtJc},a por los aborígenes, de la cual sólo queda el
nombre impuesto como un recuerdo á una sección de las ruinas
por cuyo fondo va el río Sogamoso. Al Oriente le quedan las serranías
colaterales revueltas y destrozadas, cuyos escomhroi yacen
esparcidos á uno y otro lado del G~meza ; ' la espalda se ala
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Boletín Militar de Colombia
'- 95 _,
la mutilada mole de los cerros que recibieron el primer choque
del diluvio é hicieron desviar su torrente á entrambos lados ........ .
"¿Por ventura ningún sér humano presenció esta catástrofe,
ningún pueblo fue víctima de la furia de las aguas?
u En la confluencia del Gámeza y el Soga m oso, muy cerca de
la rotura del último dique, en medio de una muchedumbre de rocas
desprendidas y precipitadas desde lo alto de un cerro estratiforme
sobre la vega septentrional del río, á 2,476 metros de altura,
es decir, 93 metros más abajo del límite occidental de la inundación,
se encuentra una roca de arenisca micácea, de 8 metros
de largo y 6 de ancho, en forma de pirámide, con una de las caras
principales orientada hacia la rotura antedicha. Numeroso¡
caracteres y jeroglíficos esculpidos á cincel, la cubren. Allí está
repetida muchas veces la rana perfecta, símbolo de abundante¡
aguas, según la explicación que el erudito granadino Duquesne
hace del calendario chibcha; allí hay figuras de hombres con los
brazos leYantados en actitud de huír; allí, en fin, ~ignos cuya significación
se ignora, pero que sin duda relataban las circunstancia¡
del memorable suceso. Existía, pues, un pueblo testigo de aquellos
acontecimientos, y bastante civilizado para levantar un monumento
que eternizara su recuerdo, y que siglos después ha servido
de incontestable confirmación á las deducciones á que el estudio
geológico del país conduce al viajero. La relación de la turbulenta
muerte de los pueblos barridos entonces de la haz de la tierra,
pereció para siempre en la destrucción de los archiYos y tradiciones
chibchas, quemados con el templo de Sug-amuxi por los Conquistadores
castellanos; la piedra de Gámeza es un monumento
mudo para la hi!)toria indígena, pero expresivo para el observador
y elocuente para el geólogo."
Después de la descripción y medida de los otros lagos, que
denomina de Busbansá, Cerinza y Guatavita, concluye:
"Tal era el sistema de lagos andinos, que suspensos en lo
alto de las serranías, hermoseaban de una manera particular
aquellas regiones. Todos desaguaron por la cortadura que abrió
el de Sogamoso, y el río heredero de su nombre lleva en los escarpes
desnudos que lo encajonan, las señales del suceso hasta caer
al Saravüa. El lago de Tota es el único sub~istente por su peculiar
situación, que lo pone fuera del sistema g:eneral, y por el desahogo
que le proporciona el cauce del Upía."
"Con lo dicho se viene en conocimiento de que el gran desagüe
tuvo lugar en una época bien anterior á la conquista de estos
países, puesto que los españoles hallaron poblaciones numerosas
donde fue mansión de las aguas. En el camino que de Nobsa conduce
á Duitama, pasado el de Santa Rosa cerca del río Chiticuí,
se ve una zanja de tres metros de profundidad, recientemente
abierta para desecar en parte el suelo pantanoso, la cual deja Yisibles
las capas componentes, siendo las últimas idénticas á las del
fondo de la recién desaguada Laguna Verde del Cocuy: lueco podría
decirse que éstas fueron también las del fondo del van Jaro,
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Boletín Militar de Colombia
'-- g6 --'
y que los tres metros de tierras sobrepuestas eran resultado de los
acarreos aluviales posteriores al desagüe, que al respecto de 6 á 7
milímetros de espesor en la tierra depositada cada año, representaría
el transcurso de 430 á 500 años después del desagüe ; de
modo que la ocupación y población de las planicies pudieron verificarse
100 años antes de la conquista, cuya suposición parece en
armonía con la edad aparente de la piedra grabada de Gámeza,
y con el estado de cultura en que se hallaron estos pueblos á mediados
del siglo xvx."
· Qi.lc::!dábanos por visitar la famosa Laguna de Tota, ohjeto de
maravillosas fábulas desde tiempos antiguos, y hoy dominada por
los pobladores de sus márgenes, menos crédulos que las cándidas
gentes de antaño.
XXIV
De Sogamoso á Issa median algo más de 4 leguas de camino
llano, alegre y despejado, al través tlel lin o y Terde va11e ocupado
por la hacienda llamada La Compaliía, en conmemoración de los
Jesuítas, primitivos dueños de aquella valiosa finca, única que
en el cantón mantiene concentrada en una sola familia la extensión
considerable de tierras comprendidas n este valle, pu s lo
restante del sue lo se halla felizmente dividido en pPqueñas porciones,
patrimonio de otros tantos propietarios. La Compmlía. es
simplemente un potrero para engordar ganado, de modo que las
sementeras de lus colonos que la rodean e ven como refugiadas
soure los escarpe s y laderas de las serranías laterales, y la rica
planicie poseída por relx'1ños de ovejas y reses mayores, y por
partida numerosas de mulas; signo inconte table de,. la infancia
de un país, este de la agricultura de alojada de sus legítimos terrenos
por la ganadería.
Dejando á Firavitoba á mano derecha, síguese ~rillando el
río Tota por una de las fajas en que la planicie se bifurca al N. y
S., y se llega al recodo final, donde, rod "ado de a u ces y labranzas,
permanece como en el centro de un verde nido, Issa, pueblo
que fue de Jos indios y habitan hoy familias blancas de agradable
pre!:encia y costumbres patriarcales. Recibiéronnos muy cortésmente,
y uno de los vecinos puso á nuestra disposición su casa,
cuyo aspecto, lo mismo que el de_ otras muchas del lugar, nos
llam6 la atenci6n. A la parte de la calle hay una pared vestida
con los flexibles sarmientos de varias matas de granadilla, cuajada
entonces de hermosas flores. Abierto un ancho port6n, se entra en
el patio, sombreado por dos árboles copados, barrido y limpio con
esmero, y al frente aparecen las habitaciones: las de la derecha
.destinadas al servicio doméstico, y las de la izquierda conteniendo
los aposentos de }.¡ familia; todas ellas de adobe y paja, pero ésta
recortada en los bordes, y las paredes blancas y lisas, como generalmente
no las acostumbramos.
Continúa
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VII Serie IV Tomo I N. 3", -:-, 1903. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691205/), el día 2026-04-04.
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