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~~ . : ......... ~~~A~O D~ ~I~STE~IO ~E.G~~ ~.D~~ ~J~GI~~ ... ·····-~~
l DIRECTOR, Francisco J. Vergara y Velasco \
! O•mcrnl de Jngcuieroe t
1 : ¡ Son colaboradores de este periódico los Jefes y Oficiales del Ejército ¡
! :
:::;: Puedt muy bien suceder que nuestro re1prto fi todas lar ronvrcctonc•, venga ú parar en la Í:::
indiferencia y nos deje sin energías para defender lcu nuéslra• -
gXRIQUE STEXKIEWICZ .l. ·::·:: .. .. ·~~~~~~: · ~~~;~;,:~~~ · ;;·~~· ~~;;··;.:···· ··: ··t
------------------------~
~ Oficial ~
DECRETO NUMERO 17 r6 DE 1902
( NOVIF.MBRE 22)
por el cual se adscrib"n la s funciones de la Intendencia ceaer,\1 del Ejército al
2.0 • ub ecretario de Guerra y s;e hace nombramiento de este empleo
El V/cepresidmt~· de la ReplÍb!t'ca, encargado dd Podn· EjecuHvo,
DECRET•\
Art. 1. 0 Adscríbense al 2.0 , uhsccretario rlel Ministerio de
Guerra todas las funciones que han c orrespondido al Intendente
general del Ejército.
Art. 2.0 La Oficina de esta Intendencia continuará funcionando
con el personal de empleados que tiene actualmente.
Art. 3. 0 Por renuncia aceptada al Sr. D. Joaquín Uribe B.
del cargo de 2.0 Subsecretario del Ministerio de Guerra, n6mbra ..
se para ese car·go al Sr. D. Javier Tobar.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 22 de Noviembre de 1902.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El ::Vlin : ~, ~· - \, de Guerra, ARis, mEs FERN {r-;oEz
TOllO II--47
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletín Militar de Colombia
'-- 738 _J
DECRETO NUMERO 1732 DE 1902
(NOVIEMBRE 25)
por el cual se incorpora una División
D Víupresúlenle de la ReptjbHca, m.cargado del Poder .FJ"ulm,
DECRETA
Art. 1.0 Incorpórase la División Casabianca, que comanda e
General Luis D. Céspedes, en la División Perdomo, que comanda
el General José M. Cogollos.
Art. 2.0 Autorizase al Sr. General Cogollos para reorganizar
convenientemente la División de su mando, haciendo los nombramientos
de Jefes y Oficiales, los cuales someterá á la aprobaci6n
del Ministerio de Guerra.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 25 de Noviembre de 1902.
-"' JOSE MANUEL MARROQUHC.
El Ministro de Guerra, ARrSTIDEs FxRNÁNDEz
DECRETO NUMERO 1733 DE 1902
(NOVIEMBRE 2 5) .
por el cual se aprueba un Decreto expedido por el Sr. Gobernador del Departamento
de Panamá
D Vicepresidenll dt la Reptíblica, mcargado del Peder Ejuttlitl,,
DF.CRETA
Artículo único. Apruébase el Decreto número 127 de 8 de
Octubre de 1902, por el cual se modifica el marcado con el número
101 de 18 de Julio del propio año, dictado por el Sr. Gobernador
Jefe Civil y Militar del Departa mento de Panamá.
Comuníquese y publiguese.
Dado en Bogotá, á 25 de Noviembre de 1902.
JO E MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDRZ
DECRETO NUMERO 1738 DE tgo:a
(NOVIEMBRE 25)
por el cual se reconoce! un grado
Zl Y.Ceprtsidmll d1 la Repúblt'ca, encargado dtl Poder E.fteti/ÍfJ,,.
DECRETA
Artículo único. Reconóce al Sargento Mayor Eliécer Santos.
R. el grado de Teniente Coronel efectivo con que ha venido prestando
sus servicios en la presente guerra.
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'- 739 __;
§. Dése cuenta al Honorable Senado en sus próximai sesio~
nes, para los efectos constitt.tcionales.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 25 de Noviembre de 1902.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Guerra, ARISTIDES FttRNÁNDEZ
DECRETO NUMERO 1739 DE 1902
(NOVIEMBRE 2 5)
por el cual se dispone la reorganisación de la División Bolívar
El Vtcepresz'denle de la República, encargado del Poder .EjecuHtJ,,
lJECRETA
Art. 1.0 Reorganízase la División Bolívar que comanda el
General Demetrio Mora, con los siguientes Batallones: Rzcaurt1,
Sucre y Vencedores, organizados en la Provincia de San Juan de
Rioseco; C6rdoba y Valmcz'a, de la División Perdomo, y Ayacucño, de
la DiTisión lfm'ón Repubb'cana.
Art. 2.0 Autorizase al Comandante general de la Divisi6a
expresada para hacer la reorganización de los Batallones que la
componen, de la manera más conveniente, haciendo la designación
de los jefes y Oficiales, de todo lo cual dará cuenta al Ministerio
de Guerra para su aprobación.
Comuníquese y publfqucsc.
Dado en Bogotá, á 25 de Noviembre de 1902.
JOSE MANUEL :MARROQU1ll
El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ
DECRETO NUMERO 1740 DE 190~
(NOVIEMBRE 2 5)
por el cual se confiere \In ascenso
El Vt(tj>rtsidmle de la Repúblz'ca, encargado del Poder .E.Jecukl#,
DECJU~T.A
Artículo único. Asciéndese al Coronel Julián Granados'~
neral efectivo de Brigada.
§. Dése cuenta a) Honorable Senado en sus próximas se~
nes, para los efectos constitucionales.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 25 de .Noviembre de 190~.
JOSE MANUEL MARROQUD.J
El Ministro de Guerra, ARISTIDES FxRNÁNDEZ
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'- . 7<4-0 _¡
D ECRETO NUMERO 1742 DE 1902
(NOVIEMBRE 25)
por el cual se confieren unos ascensoc;
El Vt.'cepresidenle de la República, encargado del Poder ~·ecult'vo,
DECRETA
Artículo único. Asciéndese á Subtenientes á los Sargentos
1.01 Alcides Sánchez y Efraím Martínez, del Batallón 4.0 de Tiradores.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 25 de Noviembre de 1902.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ
DECRETO NUMERO 1743 DE 1902
(NOVIEMBRE 2 5)
por el cual se eleva el valor álzar los heridos,
r-Por imprevista que sea la aparición del enemigt> hay t:pe
r~r. s.lemP,re una cosa : que siempre se le puede de..;_ota'r a.
la ba~ea 6 pGIT medio del fueg1>.
-Si el enemig~ está cerca, acr.meterle á la bayoneta· si esai
leJOS, primero con el fuego, después con la bayoneta. '
-No te iñeieras en. los asuntos de los demás cuando veas q~e
· ~Jliep ;,~n el campo de bata Ha bastante tendr~s con atencfer ~
tu fiirte. Por ayudar i los demás, abandonarlas tu puesto. El Jefe.
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'-- 755 -'
que se meten entre el cuero
y la carne soterradas, adonde con el cebo van creciendo, y llegan
si por caso se descuidan, á ser de la grandeza del garbanzo;
aquella corpulencia toda llena de hijos semejantes á la madre, que
se van por las plantas extendiendo y su generación multiplicando.
Y ansí vimos algunos, á lo menos indios y negros, sucios, descuidados,
dejallas encamar de tal manera, que vienen á perder algunos
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'- 758.....)
dedos de los pies, por tardar en remediarlos. Mas nuestros espa.ñQles
Juégo fueron á su común andar restitu{dos, y después que supieron
el misterio, entraban en las casas despobladas con el recato
.que les convenía. ·
En efecto, buscaron los vecinos por diferentes partes derramados;
y prenderían como cuatrocientos varones y mujeres y muchachos
; á los cuale! por señas de halagos dieron seguridad, ma.
nifestando que no venían á hacerles daño, sino para tenerlos por
amigos; y ansí dejaron muchos en sus casas y algunos se llevaron
para carga, cosa que hacen ellos comúnmente desde que tienen
fuerza para esto; aunque pocos hay hoy que no se huelguen de
valerse también de pies ajenos, y tienen por acepta grajería tener
yeguas y potros con que ganan á llevar cargas copia de dineros.
Dejando, pues, aquellas poblaciones de Sorocotá, luégo descendieron
al pueblo comarcano dicho Turca, al cual ellos llamaron
Pueblo fondo, por ser de todas partes rodeado de lomas altas y él
en lo profundo, donde tomaron ansí mismo gente y gran copia de
telas de sus lienzos 6 mantas, y algún oro y esmeraldas, principio
que les puso más espuelas para calar secretos de la tierra. Y ansí,
al día siguiente se partieron á Guachetá, que fue pueblo potente, y
le pusieron ellos San Gregorio, por ser en aquel día su llegada.
Cuya gente se vía retraída en unos altos riscos y peñoles, á vista
de los nuéstros y sus casas, en las cuales entraron sin que fuesen
de guerrero furor acometidos, porque el temor de ver gentes extrañas
y representaci6n de los centauros, imaginando ser un cuerpo
solo el caballero y el que lo llevaba, los tenía suspensos de tal
suerte, que cada cual estaba más dispuesto á se valer de pies que
de las manos ; mas viéndolos entrar quietamente y sin usar de
aquellas destemplanzas ant:jas á guerreras violencias; parecían les
ser no tan crueles cuanto la veloz fama publicaba. Y ans{ para saber
de cierta ciencia cuál era su comida más acepta (por la sospecha
que tenfan dellos acerca de comer:: humanas carnes), enviaron
un indio y una india, ambos maniatados y un venado. Los nuéstros
(el misterio conocido), la carne del venado repartieron, y á. la india
y al indio libertaron, diciéndoles por señas que volviesen á decir
que ellos no comían hombres, ni venían á darles sinsabores, antes
á defenderlos y ampararlos de cualquier enemigo que tuviesen; y
ans{ podían muy seguramente venir á sus albergues sin recelo.
Los bárbaros, que estaban á la mira, este mudo mensaje recibido,
vinieron á la paz, que fue prir;nicia de la que voluntaria dieron indios
en este Nuevo Reino de Granada.
Otro día después, por un descuido incendi6se la casa de un
vecino; y antes que se tendiese más la llama, dispuesta para más
crecic;lo daño, acudieron los nuéstros al remedio, que dieron con s1,1
byena diligencia; por cuyo beneficio los vecinos representaban
agradecimiento, y, en su opini6n, quedó la gente nuéstra en industlii4L
y bondad acreó~tada .
. Deja9os., pue~, los destas vecindades en sus casas, seguros y
qwe.~os., f_u~ron á la ci1,u;hu;l de Lenguazaque, cuyos vecinos, de l3.
~l}ljl suert-e, es.t~ban en..tr~ peñas r~~raídos; pero corno .tuvieseQ
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ya noticia ser gente comedida y amigable, saliéronles de paz, y presentaron
cantidad de venados y conejos con otros alimentos necesarios,
y muchas telas, varias en colores, qne para su reparo fueron
buenas. De todo lo cual era recompensé.\ mostrar por términos
inteligibles que los suyos les eran agradables, y siempre los
tenían por amigos. Y ansí fueron procediendo nuestro campo hasta
Cucunubá y á los asientos dél poderoso pueblo de Suesca, donde
fueron servidos y hospedados, y acudían de partes diferentes á
verlos y traerles de las cosas de que más abundaban en sus casas.
Entre los cuales, uno que venía con dos telas, primero que llegase
al lugar donde estaban ranchados, topó, que no debiera, con Juan
Gordo, en cualidad humilde, pero fuerte, y de mucho valor en los
trabajos; el cual atrás volvía con intento de aprovechar la carne
de un caballo que no lejos de allí quedaba muerto; y el indio que
venía con las teld.s como viese venir aquel cristiano, púsolas en el
medio del camino, y desvióse dél breve distancia, cuasi por vía de
comedimiento, hasta tanto que el español pasase. El Juan Gordo
pensó que le hacía servicio de las telas que le puso delante de los
pies, y recogió las el miserable (corno no sabía ser ciert0s mensajeros
de su muerte), y fuese luégo donde le llevaba aquella descompuesta
golosina. Mas, entre tanto vino con querella el indezuelo
,·il al Licenciado, diciendo que un soldado de los suyos le
tomó ciertas mantas que traía; y oída la que1ella, mandó luégo al
Alguacil llamado Villalobos, que le trajese presa la persona que
fuese señalada por el indio. Al fin lo trajo preso, y aunque el pobre
dio su disculpa sin ficción alguna, y no faltaron buenas tercerías,
de ningún fruto fue la diligencia; pues no sin gran pesar del
campo todo á muerte natura.\ fue t:ondenado, y ejecutada luégo la
sentencia. Debióle parecer que convenía, para que los demás tuviesen
freno; y tal persona fuent que parara en otra puuición de
mi~ templanza; y á él no le valió llamarse Gordo, ant s, según el
uso de las gentes, quebró la so~a por lu más delgado.
Con esto se partieron en demanda de Nemocón, que goza de
las fuentes saladas, importante granjería para los naturales deste
pueblo y el de Zipaquirá, no lejos déste, por acudir allí de todas
partes á comprarles la sal que hacen del agua, en blancura y sa ..
bor aventajada á cuantas en las Indias he yo visto. La cual cuecen
en vasos que de barro aposta tienen hecho para esto, que llaman
ellos gachas, y no sirven más de una sola vez, porque se que ..
dan pegadas á la sal (que ya formarlo el pan, que pesa dos ó tres
arroba'i, ó más 6 menos peso, según suele ser la capacidad de la
vasija), no puede despegarse sin quebrarla.
Ya por aquella parte descubrían grandes y espaciosís~mas
llanadas, y en ellas grandiosas poblaciones, soberbios r vistosos
edificios, mayormente las cercas de señores con tanta majestad
autorizadas, que parecían, viéndolas de lejos, todas inexpugnables
fortalezas, y por este respeto nuestra gente Valle de los Alcázares
le puso.
Veían en muchas partes ansf mesmo mástiles gruesos, altos
y derechos, y encima de lo mis alto del mástil gavias que seme ..
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Boletín Militar de Colombia
L 76o-'
jaban desde fuera á las otras que traen Jos navíos, que tales parecían
á los nuéstros cuando lejana vista Jos miraba. Y estaban estos
árboles y ellas ungidas del bitumen colorado que el Indico vecino
llama vija. Había muchos destos, y el efecto declararé después enotro
canto, pues de presente, por estar ya cerca del Rey de Bogotá,
quiero con nuevo principio celebrar lo sucedido á nuestros españoles
en su valle.
~==-Variedades-
NUEVA GRANADA
SUS RIQUEZAS NATURALES
'Per J. D, Powles Esq., Presidente del Comit¿ de Tened~es de Bonos &e His~no-
América
(V.1:2SIÓN DEL INGU~S PARA EL "BOLETÍN lULIT.U. '')"
(Continúa)
Cementerios como los de Chiriquí y Turbaco, sin duda que se
encuentran en la Sierra Nevada; toda la historia de estos pueblos
hace más que probable sa suposición; todas las ciudades y pueblos
tuvieron sus lugares de s pultura, y la costumbre de enterrar
con el muerto los bienes que poseía cuando vivo, prevaleció n
toda la costa. i no fuera por los recientes descubrimientos en Chiriquí,
tendr:íamos razón 1 ara inclinarnos á considerar como fabulosas
la historias que se cuentan re~pecto de la riqueza encontrada
por P dro de Heredia y sus sucesores en el Sint1, cerca de Cartagena,
en donde se extrajo oro por \alor de 30,000 á 6o,ooo ducados,
de una sola tumba. Los e pañol s nunca tuvieron, hasta el último
momento de su dominio en Nueva Granada, oportunidad de
excavar las tumbas del interior de la Sierra, y la generación presente,
atormentada por continuas revoluciones, se ha olvidado del
todo respecto del asunto. Castellanos, cuya veracidad respecto de
lo que vio ó supo es incontestable, claramente afirma que las únicas
que se abrieron en su tiempo, en las Prm·incias de Santamarta,
fueron las que estaban muy inmediatas á la capital. Garda de Ler.,
ma prohibió que se tocara ninguno de los cementerios sin su expresa
licencia, y muchas personas que trataron de burlar el decreto
fueren acechadas y asesinadas por los indios. Algunas sepulturas
se describen como de construcción subterránea muy grande;
las de los 1'\aomas 6 Reyes no parece que hayan sido descubiertas
en ningún tiempo; por tanto, permanecen como las minas de don7
de se extraía el oro que contienen; y las riquezas de estas minas
debe inferirse del hecho de que todos los indios . de la Sierra po.
seen oto en más ó menos abundancia, que recolectan durante su
Tida, por la costumbre antes dicha, heredada de sus antepasados.
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\...... ¡61 _J
El nombre de Taironas significa fragua. No se conoce la época
precisa de su desaparición. Castellanos dice que los españoles
observaron que cuando Francisco de Castro, en 1571, atravesó la
Sierra en todas direcciones, ya no aparecían en tanto número como
en las primeras ocasiones, y parecía que su poder había decaído
mucho. Herrera afirma que en su tiempo ni un solo Tairona se
vio ú oyó en sesenta años. Una vaga presunción nos hace creer
que estos en un tiempo formidables indios, perseguidos no sólo por
los españoles, sino también en esa misma época por los portugueses,
por el lado de Maracaibo, gradualmente fueron retirándose á
las inmediatas montañas de Ocaña, en donde podían encontrar una
región de clima semejante á su país; y esta idea se hace plausible
por la relación de que á orillas de un lago que se dice forma los
orígenes de los ríos Cesar y de la Hacha, se encontraron dos imágenes
de oro, que eran objeto de adoración para todas las tribus
de la Sierra Nevada, y de tal veneración, que ni aun los e::fermos
y moribundos estaban exentos de las peregrinaciones acostumbra.
das, haciéndose llevar en hamacas por sus amigos. Uno de estos
ídolos era del tamaño de un muchacho, y el otro, pequeño.
Sir Walter Raleigh supo por los indios de Ocaña de un El Dorado,
en donde se conservaba una imagen de oro. Yo sé ahora que ·
generalmente se supone que El Dorado era el Cacique de un territorio,
que estaba acostumbrado á echar sobre sus prendas de adorno
oro en polvo, pero sospecho que se han equivocado en cuanto
al real El Dorado, y pienso que era un paí en donde abundaba
el oro, y en donde se veneraba una imag-en de oro. Sir \Valter, lo
mi mo que Hernán Cortés, respecto de California, y Vasco Kúñez
de Balboa y García de Lerma, respecto dd Perú y del país de los
Taironas, e taban muy convencidos de esa afirmación que habían
recogido, pero nunca pudieron descubrir el punto exacto de que se
trataba, el cual pudo ser bien la Sierra Nevada; y es muy posible
que sus informantes fuesen Tairona fugitivos.
Rafael Doie, mi guía indio, en 1856, me dijo que en :t\.1arocaso,
á dos días de camino del Rosario, las dos imágenes de que
antes se hace mención, siempre las guardan y reverencian los
Aruacos.
Cualquiera, sin embargo, que haya sido el destino de muchas
de las tribus que antes poblaron la Sierra Nevada, la mayor parte
de las que quedan permanecen ahora unidas bajo un Gobierno y
están á punto de llegar á ser una nación homogénea. Es cierto que
esta unión estrecha, todavía no se ha verificado por completo;
pero todos los habitantes, con excepción de los Chirulas y Aruacos,
se llaman Neogranadinos, y prescindiendo de feudos y de celos
y rivalidades locales, lejos de oponerse á la colonización del
país, quieren contribuír á esta empresa con todas sus fuerzas, y tomar
parte en ella. Muchos de ellos han dejado de ser indios en sus
costumbres, y forman un pueblo muy civilizado y hospitalario;
-hasta los Chirulas, que están un poco apartados del mundo, han
desplegado interés en el resultado de un proyecto que aumentaría
el valor de sus haciendas y suministraría trabajo á las clases
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pobres de entre ellos, con lo cual quedarían ellos recompensados.
Yo quedé completamente satisfecho de que el anuncio de que la
intención del Comité era ocupar las tierras baldías, fuese recibido
con la mayor satisfacción por la población de los alrededores.
El aspecto de la Sierra Nevada es sumamente pintoresco, y
participa del de las tierras de carácter volcánico. En algunos lados
se parece al de Suiza, y montañas como el Monte Blanco aparecen
insignificantes cuando se las compara con la enorme cordillera que
se yergue soberbia desde el mar, á pocas leguas al Oriente de Santa
marta, oculta casi bajo el ecuador, con nieve y hielo en casi toda
la mitad de su altura. La principal cima de la sierra forma un plano
casi inclinado, de una forma oval, adornando la circunferencia
con almenadas colinas, que le dan el aspecto deslumbrador de una
diadema : este es probablemente el extinto cráter de un volcán
tal vez en ebullición, y constituye verdaderamente un imperial escalón
de los Andes. La vista de la entrada al valle de los Taironas
es de.inexplicable belleza. Yo he hecho un mapa sacado de
cartas antiguas, la copia es tomada de uno con colores, casi borrado,
y para hacer justicia al paisaje, el pico principal e~tá imperfectamente
dibujado, 6 ha cambia• lo de forma después de hecha la
pintura. El paso por detrás de la montaña en lo desmontado debe
ser el de Rodrigo, en otro tiempo llamatio Origua, y que fue teatro
de muchos combates encarnizados entre los españoles y los indios;
se describe como que es uno de los más tremendos desfiladeros del
mundo, y á corta distancia detrás hay otro de bien poca importancia.
Estos dos pasos conducen á Cincorona, Taironaca y á las
llanuras ó sabanas de Bongay.
El Tairona es tierra de valles estrechos y profundos, de grietas,
rocas y nevados. El centro del territorio se dist:ngue por una
notable montaña como pilón de azúcar, sin nieve, pero ciertamente
no menor en altura de seis mil pies. Los ríos ofrecen altas caídas de
agua, y los vados son pocos y sumame~te peligrosos. La variedad
y exuberancia de la ve~etación es increíble. Los distritos de las
tierras bajas están infestados de serpientes y tigres, y la plaga de
insectos es intolerable; pero á cierta elevación estos inconvenientes
desaparecen, y no se encuentran animales, con excepción de
aquellos que un cazador se pagaría mucho de encontrar. A cada
lado pueden verse los caminos ya mencionados, interceptados aquí
y allá por árboles colosales, que han echado raíces por entre las
piedras; y hue11as de pasos que conducen á los sitios en donde están
las casas del país, ó á los pueblos y ciudades que hasta no hace
mucho existieron, y cuyas ruinas, mezcladas con fragmentos de
crisol y loza de barro rota, embarazan el tránsito. El paisaje tiene
algo de tremendo y como de sobrenatural esplendor; la cima
de las heladas montañas, cuando no envueltas en bruma, brill~ntes
y fosforescentes, y cambiando de color al ponerse el sol, y el silencio
que allí dofllina, no interrumpido, excepto en contadas ocasiones,
por la caída de los carcomidos árboles, el retumbar del trueno
.S ~1 .estrépito de las corrientes 'ue bét:j~n.
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\._ 763 _;
El territorio de la Sierra Nevada me parece á mí que reúne
todos los requisitos que pueden desearse: clima, suelo, temperatura
excepcionales; los caminos están ya construídos, y solamente
necesitan de reparación; sitios adecuados para nuevas ciudades,
provistos de lo que puede necesitarse en cada localidad, y ya dispuestos;
y líneas de vapores pequeños y de buques, que comuniquen
con todas las partes del mundo, están establecidas y en activo
movimiento. El mercado 6 consumo de lo que producen las
haciendas, abraza toda la costa, en la que, manteca, papas, trigo,
cebada, cebollas, manzanas, cerveza y cidra tienen gran pedido, y
alcanzan á venderse á précios fabulosos. El distrito está rodeado
de una población pobre y amiga, deseosa de trabajar y apta para
ello. Tiene un buen puerto, y tan pronto como se establezca de
fijo, y que lds tierras se desmonten y dediquen al cultivo, el Comité
se encontrará dueño, además, de sus derechos señoriales ó haciendas
1ue se reserve, de las minas adyacentes que cuentan con
no limitada fuerza de agua; y de lotes para edificar, lo cual, manejado
por su propia cuenta, puede venir á caer en manos de los
especuladores en tales empresas, y llegar á ser fuente de incalcu-
lable valor.
Antes de que lleguen los primeros colonos, un pedazo de tierra
debe desmontarse y sembrarse, y constru{r casas abrigadas
para que se alojen. No se les debe permitir que permanezcan en
#erra calúnü, sino que deben ser inmediatamente encaminados al
punto á donde van destinados. El mejor sitio para una ciudad nueva
probablemente sería el de Pocigüeica, sobre Riofrío, las ori.
Ilas del cual se dice que son llanas ; á inmediaciones de esta ciudad
·el país estaba densamente poblado. La situaci6n de Taironaca sobre
el Don Diego, también sería buena; pero quizás queda demasiado
lejos al interior para establecer una colonia inmediatamente.
Los españoles se encantaron con este sitio, y con repugnancia lo
abandonaron. No se deben esquivar ni trab.tjos ni gastos para hacer
un ensayo aprovechable; los colonos deben venir en pequeñas
partidas, por grados; han de ser agricultores, que no estén muy
pagados del sistema que ellos hayan observado, sino lo bastante
inteligentes para estudiar y hacer progresar los métodos de cultivo
cr:iollos. Suelos diferentes requieren cultivo distinto, y los hai:
endados de Europa, por escrupulosos que hayan sido en el manejo
de las tierras de su propio país, tienen gran trabajo en aprender
el modo de establecerse fuera, bajo los tr6picos, en donde los climas
son uniformes en touo el curso del año. Deben tener cuidado
en no intentar nada nuevo al principio; su positivo saber vendr~
naturalmente, cuando la experiencia les enseñe c6mo deben proceder.
El rnayor cuidado que deben poner es en lo relativo á 1~
templanza: es fatal á los recién llegados la costumbre de beber
fuerte en estas latitudes, de tal suerte que siempre hay que aconsejar
á Jos emigrantes se abstengan de los licores alcoh6licos; ep
todo caso deben ser muy prudentes al respecto; un borracho e.n
u.na colonia naciente e~ no s6lo mql ejemplo, sino el más i~tol~rable
e~torbo. Las tierras de la Sierra Nevada probablemente se ~~
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Boletín Militar de Colombia
\._ ¡6.c. _,
tan al cultivo de la vid, porque crecen racimos silvestres de ella
{como otras muchas frutas) en los bosques. Por tanto, personas entendidas
en esta rama de agricultura deben traerse. También pueden
venir á Nueva Granada mecánicos regulares, y los indios son
excelentes para el servicio de las haciendas, con tal que se les
mantenga.
Las inmensas llanuras que se extienden al pie de la Sierra
Nevada producen el algodón sin cultivo, añil, tabaco, el cacao no
tiene rival en el mundo, en punto de calidad. Las haciendas de los
más ricos habitantes de Bogotá están situadas en Herra caliente, y
allí las familias mejoran de salud residiendo alternativamente en
clima caliente y frío. Revisando el mapa del Nuevo Mundo, veremos
que, suponiendo el clima de la Sierra como lo he anotado, es
el más propio y adecuado para que los europeos comiencen la colonización
del Sur de América.
Como ya se ha dicho, e5te es el principio de los Andes, y el
territorio que queda detrás tiene el mismo carácter y es ilimitado.
La temperatura de Valledupar es fría y suave, y adelante se encuentra
la cordillera de Ocaña, rica en minas y en tierras de insuperable
fertilidad. La proximidad de esta encantadora región á
Europa, su romántica historia y fascinadoras tradiciones, serían,
al ser sencilla y verdaderamente narradas, algo que atraería irresistiblemente
la venida de los emigrantes europeos, especialmente
en estos momentos, cuando por causa de la guerra civil en los Ec.;tados
Unidos, ellos pretenden fijarse en otros países, en donde puedan
redimirse de los enormes impuestos y otros cargos que pesan
sobre todos los ramos de industria en esa grande y siempre próspera
República.
Jou · MAv,
Ingeniero Civil
Mr. May después, á petición de Mr. Birchall, siguió de Bogotá
á Santamarta, para adelantar nuevas investigaciones sobre el
lugar é informar también al Comité.
De los datoc.; que se verán más tarde, tomados de personas
que, por lo general, hablan sobre todos los puntos de importancia
mediante su experiencia, es evidente que estas tierras poseen vastas
condiciones para la producción de artículos de constante y aumentadora
demanda, tanto en Europa como en cualquiera otra
parte.
Estas condiciones no se pueden desarrollar ni poner en acción
sino mediante la organización de una sociedad que se constituya
con tal objeto, por escritura pública y naturalmente con responsabilidad
limitada.
El objeto de la Compañía sería:
1.0 Poner en actividad todos los recursos con que cuenta el
país, mediante la habilidad de los europeos, las fuerzas mecánicas
y el capital; y
.. 2.0 Introducir poco á poco emigración que ayude al trabajo
·manual.
ConlinútJ
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Boletín Militar de Colombia
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PEREGRINACION DE ALPHA
,
POR MANUEL ANCIZAR
(Continúa)
Bonza, Paipa, El Salitre, vieron renovados los rt'eptos de otro
tiempo, los combates de uno á uno, de cinco á cinco, de diez á diez,
en que el jinete llanero salía siempre victorioso y provisto de dinero,
vestidos y armamento con los despojos de su adversario. El 7
de Agosto, día providencial, se acercaba : Boyacá estaba allí esperando
los gritos del victorioso y las maldiciones del vencido. En
el Pantano de Vargas fue el preludio de la gran batalla, y cupo
al leal Rondón la gloria de esta jornada. Siguióse la de Boyacá ...
"Si el Libertador hubiera sucumbido en Boyacá, la independencia
de la Nueva Granada se habría hecho imposible por entonces, la
de Venezuela no se habría verificado, ni hubiera visto el Perú
arrojados sus dominadores por las huestes colombianas; esa batalla
fue, pues, la que dio vida á cinco Repúblicas y consistencia á las
de Chile, Buenosaires y Centroamérica, porque el triunfo de
Bo)'acá preparó el de Carabóbo, éste los de Pichincha y Ayacucho,
y todos ellos vigorizaron la causa republicana en Sudamérica."
Tantos recuerdos agrupados producían en mi cabeza un cú.
mulo de reflexiones siempre renovadas, y me hacían pisar con cierta
veneración el teatro de sucesos en que no se dispuso del interés
de reyes ó de ciudades, sino directamente del porvenir de la mitad
del mundo, é indirectamente de la suerte futura de ambos hemisferios,
puesto que se trataba del triunfo de la democracia, única
doctrina universal y faro de salud que para todos los pueblos debía
encender en Amérioa.
Rehechos los republicanos con los auxilios generosos de Belén
y Cerinza y con los voluntarios que de todas partes les acudían,
idearon aprovecharse de las indecisiones de Barreiro, y marcharon
aceleradamente sobre Tunja. Al efecto, pasaron el río Paipa frente
á Bonza, é internándose en el recodo que forma la planicie donde
llaman Pantano de Vargas, determinaron salvar los cerros del
O. y caer sobre Tuta, ocultos por otros cerros mayores que les
demoraban á mano derecha, dividiéndolos del Salitre y Paipa, ocupaios
por los realistas; pero éstos, que no se descuidaban, columbraron
en las alturas una descubierta del pequeño Ejército patriota,
y comprendiendo lo que sucedía, se movieron con velocidad y
lograron cubrir á Tuta. Era el Pantano de Vargas una ensenada
del antiguo lago de Duitama, que en 1819 se conservaba todavía
cenagosa, recostándose las aguas dormidas contra los cerros que
amurallan á lo largo la ensenada por el N., y no dejando en seco
sino las faldas de otros cerros fronterizos que forman la barrera
del S.; de manera que el espacio transitable quedaba estrecho,
ceñido en lo bajo por varias colinas y una cerca de piedras que
·marcaba el límite de la tierra firme, y dominado por lomas que se
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Boletín· Militar de Co1omoía
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levantan en escalones derechos, pedregosos y sin monte. ~ rcba-ban
los republicanos nacia el o., faldeando las lomas y a. a'brigo
de las últimas colinas, por lo más Jlano del camino, t:Uando SObrevinieron
los españoles en dirección opuesta, coronando la infantería,
como un torrente, la cresta de las lomas y echando la cal>alle-r.
ía por la orilla del pantano, con cuyos movimientos se pr(jmetíél!.
Barreiro envolver á sus enemigos y aniquilarlos en la estructura
del ingrato campo; y así aconteció, pues la infantería patriotas e
vio cogida en un callejón, recibiendo de arriba sobre su fÍanco.
izquierdo una lluvia mortífera de balas, y oyendo por el flanco de-rechq
los clarines de la caballería española que tocaban á la carga.
Desde una eminencia que nos mostró el Sr. Larrota, g-ufa
nuéstro y testigo del supremo conflicto, presenciaba el Lioertador
Bolívar aquel desastre y la ruina de la santa causa, y volviéndose
á los Jefes que le rodeaban: "Somos perdidos, les dijo; pensemos
en la retirada; nuestra caballería está intacta. y nos protegerá."
-"Mi General, exclamó con el acento llanero Rondón, Jefe de la
caballería: yo no he peleado todavía, y para retirarnos hay tiempo."
Y sin más oír, movió desesperadamente sus llaneros, que al
revolver una colina se encontraron de manos á boca con el escuadrón
español orillando en columna el pantano. Cayeron sobre él
con la rabia de hombres que buscaban la muerte, arrollaron la
primera fila y la segunda y la otra, precipitándolas dentro del profundo
pantano, y á la postre obligaron al resto á volver caras ate-.
rrados y hufr con toda la presteza de sus caballos. La infantería
española, que desde las alturas vio aquello, imaginó que iba á ser
cortada por la espalda, y hubo un momento en que, alterada, suspendió
sus fuFgos. En este momento crítico los tambores patriotas.
tocaron carga á la bayoneta, los soldados prorrumpieron en vivas
victoriosos, y los españoles, sobrecogidos, huyeron de trás de su caballería,
dejándose matar sin resistencia; dos mil hombres que
formaban la reserva de Barreiro, no se atrevieron á moverse sinoreplegándose
al extremo occiélental del pantano ; los patriotas tampoco
se atrevieron á perseguirlos, y retrocedieron hacia el Oriente,
ocupando unas casas, que aún subsisten, donde acamparon
aquella noche.
A la mañana siguiente, trepando los cerros, marcharon rápidos
sobre Tunja, y lograron por fin situarse entre Barreiro y la
capital del Virreinato, apoderándose oportunísimamente de los almacenes
de víveres y pertrechos que en abundancia lujosa te 1 ian
los enemigos en 1unja. Lleno de inquietud Barreiro al saber este
atrevido movimiento, corrió con los suyos á cubrir la capita l por
el S. de aquella ciudad, dirigiéndose á Boyacá, donde la justicia de
Dios esperaba á los sostenedores de la tiranía para quitarles con
un soplo de sobre la haz de esta tierra.
Tal fue la funci6n de armas del Pantano de Vargas, en la
cual los patriotas adquirieron tanta superioridad moral cuanto fue
grande la impresión de terror que en el ánimo de los realistas dejaron
las lanzas casanareñas y la serena intrepid'ez del heroic'o
Rondón.
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Dos tercios de legua al S. de Paipa queda la hacienda del
Salitre, fundada por un español rumboso que en la fábrica de la
casa imitó los claustros y arquerías de los conventos, completando
esta semejanza con una capilla espaciosa, edificada frente á la casa
de habitación, y encerrándolo todo dentro de altas tapias. Yace
aquello abandonado y solitario¡ la yerba crece libremente en Jos
patios y corredores ; el viento suena en los claustros como un murmullo
de voces comprimidas, y la hoja de una ventana que batía
contra el marco y hacía retumbar las cerradas salas, completaba
la impresión de desamparo producida por aquella casa, centro
quizás de festines ruidosos, recién levantada, hospitalluégo de heridos,
ocupado por las tropas de Barreiro, y fihalmente mansión
del silencio y de las alimañas que huyen del hombre. El Salitre
se nombra este lugar, por el hirviente laboratorio natural de c;uffato
de sosa (sal de Glauber) que por espacio de más de una legua
se extiende á orillas de un riachuelo tributario del Paipa, y
parece esconderse debajo de los cerros arcillosos y calizo~ de las
inmediaciones. Brotan á flor de tierra innumerables manantiales
de agua cuya temperatura llega á 70° centígrados, exhalando un
fuerte olor de azufre entre remolinos de vapor de agua, que condensados
prontamente por el frío del aire (16°), dejan dondequiera
eflorescencias copiosas, al paso que las aguas depositan Ja sal
en montones de polvo y en agujas concrecionadas con una profusión
inagotable. El suelo ardoroso y como calcinado, está cubierto
de arena blanca y fina que proviene de las fuentes, las cuales varían
frecuentemente de lugar, cual si la costra de la tierra fuese
la tapa de una caldera inmensa con respiraderos por todas partes,
hasta en el lecho del riachuelo y debajo de sus aguas corrientes.
Presenciamos la desaparici6n d e unas fuentes que cesaban de ma- .
nar, y la aparici6n de otras, anunciándose por sublevar el suelo en
un punto, humedecerlo, arrojar el casquete de tierra, brotar arena
blanca rnuy fina y cada vez más empapada, y por dltimo, salir los
borbollones de agua muy caliente en la primera emisi6n, que se
levanta y corre por encima de las verdolagas sin marchitadas. En
los cerros inmediatos no se ven eyecciones volcánicas de ninguna
especie, aunque los hervideros parezcan apéndice de la cadena de
colinas peladas que se desarrolla de N. á S. y se enlaza con el
macizo de la serranía que corre levantándose al SE. hasta for ..
mar los helados páramos de Tibaná y Las Cruces, enfrente de los
cuales, al E. y cerca de Iza, encontramos lechos de piedra pomes
al rededor de fuentes sulfurosas y ferrug-inosas calientes. La sal
de Glauber es uno de los artículos del comercio activo de Paipa,
y se vende por cargas y á ínfimo precio dentro y fuera de la Pro;,..
vincia; por supuesto que el desperdicio de ella es cuantioso y el
modo de recogerla no puede ser peor. La riqueza de esta mina,
como de las adyacentes de carb6n, azufre y hierro nativo, esperan
toda vía el aprecio y aprovechamiento de la industria calculadora
y científica que nos traerán las edades venideras con la mayor
pob1aci6n y crecidas necesidades.
Del Salitre tomámos para el SE. por encima de los cerros,
á salir sobre el alto de Tibabosa, desde el cual vimos á nuestrOJ
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pies la hermosa planicie de Sogamoso, cargada de prados y mieses,
desarrollada y tendida como una rica alfombra cuyos di versos
matices se desvanecían en los recodos de la extremidad oriental.
Era la mañana, y el sol resplandeciente bañaba con su luz la campiña,
extendiendo al pie de los sauces su moviente ·sombra, é iluminando
las torres y casas de Tibabosa y Nobsa, puestas á uno y
otro lado de la planicie, como si defendieran las avenidas del antiguo
santuario de lraca. A ]o largo del verde 11ano corre manso
y tortuoso el río de Paipa, marcado en varios repliegues por el
vivo reflejo del sol hasta lo último del paisaje, donde se le mira
torcer y ocultarse al NE. para T6paga, con el nombre de Sogamaso.
Numerosos grupos de reses mayores y menores animan los
prados, y de vez en cuando se levantan las capas de casupo, las
sementeras y las arboledas frutales, ora en lo llano, ora recostadas
á las redondas colinas del circuito, dando á todo aquello el
aire tranquilizasor de una comarca poblada, abundante y hospitalaria.
Dos leguas anduvimos por esta llanura, bella sobre cualquier
encarecimiento, y al rodear un montecillo aislado entrámos en las
a venidas de sauces que conducen á la villa de Soga m oso.
La ciudad sagrada de Iraca, patrimonio del Uzaque Sugamuxi,
que era también Sumo Sacerdote de los Chibchas, encargado
del famoso templo allí fundado por el Legislador Nenqueteba,
se hallaba un poco más al SO. de la villa actual de Sogamoso,
en un pequeño valle ceñido de cerros y sembrado por arboledas
simétricas. Después del saqueo de Hunsahúa, se dirigi6 Quesada
con veinte caballos y los mejores infantes de Iraca. Saliéronle al
encuen~ro las tropas de Sugamuxi, esperándolo en el descampado
d~ la llanura grande, donde acometidos por los caballos, fueron
deshechos tres veces los escuadrones de indios, que asombrados y
llenos de terror huyeron á los montes vecinos, abandonando la
ciudad y el templo. De la p"rimera sacaron los españoles gran
suma de oro, llegando á cuarenta mil castellanos el valor de las
planchas arrancadas de solo la fachada de la casa que ocupaba
Sugamuxi. Bien veían los codiciosos invasores el brillo de los platos
y lunas de oro con que resplandecía lo exterior del templo,
edificio gigantesco sustentado por pilares de madera corpulentos;
pero el día se les acab6 afanados en robar la ciudad, y acordaron
diferir para el sol siguiente el saqueo de lo demás, acampando
cerca del templo.
Continúa
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Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VI Serie III Tomo II N. 24", -:-, 1902. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691201/), el día 2026-04-10.
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