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l Boletfn Militar de Colombia 1 ; 1
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i DIRECTOR, Francisco J. Vergara y V el asco ¡
l • ¡ General de Ingenieros i
j Son colaboradores de este periódico !os Jefes y Oficiales del Ejército }
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! Pu•u mu11 bien •u ceder que nuutro re~tpeto á toda ala• c011t•i<'ci01UI, tJenga á parar en la l
! itldifcrencia 11 nor deje a in energía a para deje11der /aa 11w!1traa ! l E~RIQUE SrENKtEwrcz J
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¡ • + -e- Bogotá, Noviembre 29 de 1902 + + J
,..... '
---=====~ O fi e i a 1 ~-
DECRETO NUJ.1ERO r6r9 DE 190~
(NOVIDIDRE 5)
por el cual se reconoce un grado
El Vz'cepr·esidmie de la República, encargado del Poder EjuuHM,
DF.CRETA
Artículo único. Reconócese al Capitán Vicente Arturo Galindo
el grado de Sargento Mayor· á que fue a cendido por el General
Juan l\-1anuel !guarán, Comandante en Jefe del Ejército del
Magdalena.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 5 de Nqviembre de 1902.
JOSE ~L\! TUEL 1IARROQUIN
El Ministro de Guerra, ARISTJDES FER. rJ.. 'PEZ
DECRETO NUMERO r6zo DE 1902
( . OVIEMBRE 5)
por el cual se reconoce un grado
El Vicepresz'clmte de la Repúblt'ca, encargado del Poder Ejeculivc,
lJECRETA
Artículo único. Recon6cese al Sr. Valentín Jiménez de Que.
sada el grado de General ele Brigada, con el cual ha venido pres-
TOllO II-41
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tando sus servicios en el Ejército de Boyacá durante la presente
e-uerra, con antigüedad de 19 de Mayo último.
§. Dése cuenta de este reconocimient" al Honorable Senado
~n sus próximas sesiones, para los efectos constitucionales.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 5 de Noviembre de 1902.
JOSE MANUEL MARROQUllJl
El Ministro de Guerra, ARISTIDES FERNÁNDEZ
DECRETO NUMERO 1621 DE Igc>!i
( NOVIEMIIR~ 5)
por el cual se reconoce un grado
El Viupresidmte de la RepúbHca, encargado ád Poder .EjuulítJ•,.
DECRETA
Artículo único. Reconócese al Sargento Mayor Demctrio Rubio
F. el g-rado de Teniente Coronel á que fue ascendido por el
Comandante General de la 3: División del Ejército de Occidente
de Cundinamarca, con fecha 1.0 de Abril del año en curso.
§. Dése cuenta de este reconocimiento al Honorable Senado
en sus próximas sesiones, para los efectos constitucional~s.
Comuníquese y publíqucse.
Dado en Bogotá, á 5 de Noviembre de 1902.
JOSE .MANUEL ldARROQUI
El Ministro de Guerra, ARrsTIDEs FERNÁNDEZ
DECRETO NUMERO 1622 DE 1902
( OVIEMBRE 5)
por el cual se r econoce t\n grado
El VtceprtSidmle de la Rep!Íblz'ca, mcargado tlel Poder EjtcuHtHI,
DECRETA
Artículo único. Reconócese al Capitán Manuel Hortúa R. el
grado de Sargento Mayor á que fue ascendido por el General Jesús
García R., Jefe de operaciones sobre la Provincia de Vélez y
Occidente de Cunloraciones
recientes hechas bajo su dirección, demuestran que el río es
accesible á los barcos que navegan el Atrato, y que luégo no hay
obstáculo alguno serio para la construcción de un ferrocarril, con
una pendiente suave.
E tos estudios habrán de dejarse á nuestros sucesores. Las
opiniones de los conocedores del país convienen en que, durante
la actual estación, es imposible hacer estudios en el valle del
A trato.
El solo dato que tenemos ahora, concerniente á dicho valle,.
es el informe de Collins en ~875. La experiencia de aquella exploración
indica muy bien que los estudios del terreno son impracticables
por tierra, sea cual fuere la e tación. La obra probablemente
pudiera realizarse con menos gasto de dinero, trabajo y
vidas, mucho más completa, por agua, ó combinando ésta con la
ti rra. Si fuere sólido el suelo ó tuviere subsu lo á una profundidad
moderada, el mejor paso sería por el Sucio. El Teniente Collins
indica que subiendo el río se ven allí las primeras márgen s
firmes, manteniendo una altura uniforme como de r 5 pies (4.5 metros)
sobre las aguas, al tiempo de su reconocimiento. A cada lado
de aquellas represas naturales se extiende un trayecto de ciénagas
y pozos paralelos á la corriente, de anchura variable y sumergido
en la estación de las a venidas. El objeto de los estudios ~ería
encontrar un buen fondo para un paso aunque sea angosto.
El Teniente Ea ton habla de una especie de calzada natural que
le sirvió de mucho en la región del Na pipí. Puede haber abajo otras
en el curso de la corriente. Son, sin embargo, inútiles las conjeturas
mientras estemos á oscuras sobre las condiciones reales del problema.
Puede ser más serio de lo que sospechamos ; y puede ser
que estemos haciendo alharaca sobre una bicoca. Lo mejor es
aguardar, y como dice el adagio, desespinar el pescado cuando lo
tengamos en la mano.
Con respecto á la más eficaz disposición del Cuerpo número 2
para completar los estudios, después de llegar á Cartagena, de-
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penderá de ustedes. Estamos á sus órdenes, prontos á permanecer
aquí y listos para marchar á otro lugar.
Si nos va bien, llegaremos á Cartagena el 1.0 de Septiembre;
y de no, á mediados del mismo mes.
Abril, Mayo, Junio, Octubre, Noviembre y Diciembre son los
meses de lluvia. La estación húmeda nos ha demorado pero no
detenido hasta ahora. Así puede que suceda en lo venidero.
Campamento número IJO, al Norte de Medellín-Jum·o I. 0 de I89:1
Estando convencidos, por los últimos informes recibidos, de que
el valle del Sucio no es transitable antes del mes entrante, y entonces
sólo por bueyes, y que el estado del país más bajo nos obligará
á regresar por la vía que trájimos, haciéndose necesario un
gran rodeo con pérdida de tiempo y posposición de los estudios de
la línea de Cartagena, consideramos prudente seguir hacia el Norte,
reunidos todos, y hacer el trabajo relativo al Istmo en la estación
favorable. Este cambio de plan nos llevará al valle del Atrato por
el otro lado. -
Conl/núa
GEOGRAFIA MILIT_ R: OROGENIA
(Continúa)
Dana no cree, como Elie de l3eaumont, que la contracción de
la corteza se verifique con uniformidad; considera que actúa en
diversa medida sobre los bordes de los continentes que en la parte
central de éstos. Observa en la di tribución de los . relieves coinci-
_dencias que le permiten formular leyes, y deduce que c. ·Lten en
el globo dos líneas de menor resistencia, en las direcciones TE. y
NO.; considera estas líneas como señales de la primitiva acción
orogénica, á la que se siguieron otras dos que diervn por resultado
la formación de los continentes triangulares terminados en punta
hacia el S., y el levantamiento de montañas en las zonas de depresión.
La doctrina orogénica de Dana se completa con detalles en
que nos veda entrar el carácter elemental de este trabajo.
En todo lo expuesto se observa que prevalece el principio del
levantamiento de las tierras sobre Jos mares y de la pérdida sucesiva
de espacio que éstos experimentan en el proceso de mudanza
operado al través de los siglos. No se atiende, sin embargo, á un
factor importantísimo, la constitución geológica del suelo. Se acepta,
sí, por todos, que lá. Tierra disminuye constantemente de volumen
al enfriarse, pero no se asigna á este principio más relación
que la forzosa con el núcleo central, admitido como primer elemento
de las transformaciones; de aquí nace una exagerada regularidad
teórica de los accú.l,nles orogénicos, que desaparece en la
realidad ante el sinnúmero de excepciones encontradas.
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Tener en cuenta todos los elementos; asignar á cada uno su
legítima influencia; interpretar sin prejuicio los hechos observados
en el estudio de la arquitectura terrestre, es Jo que han hecho los
geólogos contemporáneos que, huyendo de las exageraciones volcanistas,
han formulado la nueva doctrina orogénica.
En la doctrina orogénica moderna han intervenido no pocos
geólogos contemporáneos; cabe la honra de haberla sintetizado á
Mallet en Inglaterra, á Suess y Neumayer en Austria, á Macpher~
on y Calderón en España.
El principio fundamental, el origen de los acddenles todos
que presenta la superficie de la tierra, es la pérc!ida de calor que
ésta experimenta, y que se traduce en una disminución de volumen.
Las cordilleras son pliegues inmensos y colosales fracturas
que no se hallan dispuestos de un modo regular, smo asimétricamente.
No son la obra de un levantamiento volcánico; los volcanes.
aparecen dispuestos en relación con las cordilleras, no porque sean
la causa de éstas, sino por ser efecto de las energías 1 cales deSarrolladas
al producirse los trastornoi que la disminución del volumen
terrestre trae consigo.
En los trastornos ejerce grande influencia la desigual elasticidad
de los materiales que constituyen los terrenos; pues mientras
unos ofrecen escasa resistencia, otros, efecto de su rigidez, apenas
se quebrantan; mientras los primeros se pliegan con facilidad, lo~
segundos no pueden plegarse y se rompen.
Es ncce ario hacer constar que la disminución del radio terrestre
tiene una importancia mayor de la que puede ere rse.
Heim, estudiando los pliegues de los Alpes y del Jura, calcula que
sólo durante el pe ríodo terciario ha experime ntado el radio una
disminución de 10,000 metros. Briart consid ra que d de los
ttempos primitivos ha disminuido en una mitad como mínimum;
pues habiéndose depositado horizontalmente las primitivas formaciones
de gneis y micacitas, se encuentran hoy con una inclinación
media de 60°.
Teniendo necesidad de acomodarse á un volumen tan considerablemente
menor, júzguese la serie de trastornos que se habrán
producido ; los pliegues y las roturas son forzosos, y los relieves
no pueden aparecer por levantamiento, sino precisamente
por todo lo contrano, por hund,·mzenlo.
Existen en el globo zo:1as rígidas que desempeñan importante
misión; recordamos entre ellas las grandes llanuras de
Siberia, Rusia Central, Alemania, la zona de los desiertos africanos
y la meseta central de Es[Jaña, tan escasas en acczdmles orogénicos.
Al verificarse la contracción, las masas más flexibles se
plegaron ó quebraron entre las rígidas, presentando los pliegues
una disposición unilateral á lo largo de éstas. Debe predominar,
, por lo tanto, en las cordilleras una estructura monocb1zal, según la
deducción apuntada; así es en efecto : predomina semejante disposición
en el Jura y en los Alpes, en los montes americanos y en
los del Africa, ya estudiados. Por lo que respecta á la Península,.
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tal estructura ha sido perfectamente demostrada por el Sr. Macpherson.
La Estratigrafía viene i comprobar claramente la doctrina
que exponernos.
No sólo debe producirse en el proceso de la contracción la
clase de acddenles que hemos indicado en aquellas zonas terrestres
en que la rigidez se acentúa, por efecto del calor que experimentan;
no pueden producirse pliegues, y se producen fallas y deslizamientos
para acomodar el terreno al menor espacio que se ve
precisado á ocupar. Se han producido, en efecto, estos deslizamientos;
determinadas zonas han experimentado caídas verlzrales,
como el valle del Rhin, según Suess, ó hundz1m'enlos lineales, como
ofrece un ejemplar la disposición del Mar Rojo. Algunas regiones
de inmensa extensión están hundiéndose á traYés de los tiempos,
mientras otras, constituídas por materiales arcaico::>, permanecen
inmóviles; denominaremos á éstas pzlares, como lo hace Suess.
Estos pilares forman el núcleo de muchas extensiones continentales
; sin modificarse en su interior, se modifican en la periferia ; á
ellas se adosan otras partes flexibles que, plegándose, limitan á la
zona rígida convertida en una meseta rodeada de montes más 6
menos altos. La meseta central de España nos ofrece un claro
ejemplo; puede considerarse corno el núcleo de la Península;
es uno de los elementos primordiales de la Orografía ibérica, según
se puede demostrar.
Según los principios de la nueva doctrina orográfica, no han
cambiado los relieves incesantemente, como creían los partidarios
de las antig-uas teorías; los hecho~ comprueban también dicha deducción.
El interior de los continentes, las masas arcaicas que los
constituyen, se hallan emergidos desde los ti mpos primitivos, y
sólo en sus bordes y en sus depresiones se observa la sucesión de
Jos materiales más modernos; en cambio, las grandes profundidades
del mar están cubiertas por las aguas desde la consolidacitSn
de la primera corteza. Los rasgos generales continentales han variado
poco; varían en cambio mucho las zonas de las costas; las
cordilleras no son efect') de un instante; se han ido formando con
sucesivas dislocaciones en un período de tiempo muy largo.
Hay que borrar, pues, de la Geología, las cuatro principales
concepciones antiguas, que son otros tantos errores: 1 .• Que las
fuerzas volcánicas sE:an el agente principal de los accidentes orogénicos;
2.• Que las montañas sean obra de un levantamiento por
impulso vertical; 3: Que los relieves han cambiado incesantemente,
alterando de continuo la posición de tierras y mares; y 4: Que
el nivel del mar haya permanecido invariable. Que el nive'l del
mar ha variado, es una consecuencia precisa de la disminución del
radio terrestre ; los hechos vienen i comprobarlo, como no podía
menos de suceder.
Continúa
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E L CORSO D E L " BA N RI G H "
Ó CÓMO ME CON VER TÍ EN PIRATA
1
POR EL CAPIT AN WILLIS
(Traducido libremente del inglés para el Bofet{¡,. Militar)
(Continúa)
A l siguiente día se sirvió á bordo un "banquete" de que
habló mucho la prensa, bien que en verdad no mereciera tal nombre,
pues á la mesa sólo se sentaron el Capitán del puerto, el jefe
Colectpr del Customs, el Corredor de las compras hechas y su esposa
y los Oficiales del barco. Cie~to que la fiesta fue lucida,
un agradable acontecimiento que terminó con brindis por el total
buen éxito de nuestra empresa.
Una vez tomada la carga, vino á bordo el Cónsul de Colombia,
quien me aseveró era para el Gobierno de Colombia, y me
entregó los documentos necesarios para que la entregara á los
empleados del puerto de Colón.
En Amberes recibí además, á bordo, un Capitán francés de
artillería, dos sargentos de la misma arma, un médico y un caballero
que resultó ser hermano del General Matos.
Al siguiente día nos amaneció en el mar, pero nos detuvimos
abajo del Scheld (Escalda) para recibir el resto de la carga que,
según los documenlos ofic;iales, era de "víveres, instrumentos de
música y quincallería." Aquí con el lanchón vinieron al buque los
oficiale de la Cusloms H ouu.
Mis marinero , en vista de la carga, entraron en so_ pechas
sobre la naturale za de nuestro servi cio y r e husaron continuar á
bordo en las condiciones usuales, por lo cual fue prec iso ofrccer.les
como prima un mes de sueldo y pagárselo en el acto. A la mañana
siguiente, con la primera luz bajámos el río ha:>ta Flessinga,
donde de nuevo nos demorá.mos para que los ingenieros hi cieran
algunas reparaciones necesaria~ y además embarcarnos cuatro
lanchas.
Al fin tomámos la ruta del Canal de la Mancha (Straits of
Dower), cuando mi jefe de máquinas me informó que los increnieros
creían necesarias otras reparaciones, por lo cual nos detuvimos
de nuevo cuatro horas, y al otro día, cuando doblámos el Bea ..
chy Jitad (cabo de Inglaterra), otra vez tuvimos que demorarnos
porque una de las piezas de la caldera exigía inmediata composición.
Tras alguna detención continuámos la derrota hasta frente al
cabo Lizards, donde doblámos hacia Madera; pero como entonces
supiera, por informe de mis oficiales, que por allí andaba un cruce- ·
ro inglés que buscaba en todos los buques los elementos de guerra
que podía suponer se destinaban á los boers, resolví abandonar
ese rumbo y adoptar el de las Azores. Durante este viaje descu-
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brí que las bodegas contenían 175 toneladas de fusiles máuser,
180 íd. de municiones para los mismos, buen número de piezas de
artillería de montaña con su equipo, dos cañones Hotchkiss y dos
ametralladoras. Los Hotchkiss y las ametralladoras estaban destinados
á artillar el Ba11 Righ.
A los dieciséis días de viaje llegámos á Marigot, en la isla de
San Martín, una de las del grupo de Svta vento. La razón para
preferir este Jugar fue la de que cueciendv la isla de comunicación
telegráfica, se prestaba especialmente para ejecutar la obra
de montar los cañones, llevada á cabo por los marineros bajo la
dirección del Capitán francés de artillería, en tanto que una cuadrilla
de naturales transportaba carbón de la costa á las bodegas.
· Hechos estos trabajos, el cañón de popa fue rodeado con una
~omo empalizada, sobre la cual se colocaron tiestos de flores para
dar á la obra cierto aspecto de inocencia, y el de proa se ocultó
con un toldillo de lona.
Permanecimos cinco días en San Martín, tierra en parte francesa,
en parte danesa, plantada de hermosos naranjos, bananos,
plátanos, cidras y a nanas. Abundan los ostiones y el pescado. Mientras
permanecimos en la isla, nuestro buque estuvo lleno de damas
de color, que venían á vendernos bananos, Latatas, melones, curiosas
conchas y también amor. Paréceme que la gradación social se
marca mucho más entre esta gente de color que en mi país. Re-
cuerdo que un día vi á dos señoras negras, t¡ue parecían de mejor
-clase por los adornos de la cabeza: las invité al salón á tomar una
bebida refrescante. Aceptaron con ceremonia la oferta, y me siguieron
con aire de importancia y dignidad, y mientras se preparaba
el refresco, la más rolliza, cuya tez parecía cuero, me dijo :
,., Creo, Capitán, que usted conoce como yo, desde hace tiempo, la
buena sociedad."
" C~o, en efecto, que sería ciegü si ahora no reconociera tal
elemento," le contesté con galantería.
"Gracias, añadió tomándose íntegro el contenido de la copa.
Esto es muy bueno, Capitán. Usted puede ver aquí reunido lo mejor
del pueblo.,
'"Así lo considero," contesté con tono solemne.
41 Oh l sí, agregó la dama negra, soy sirvienta importante en
una familia blanca en St. Kitts. Una familia inglesa, Capitán, dis.
tint{sima en origen de los negros que viven aquí abajo en Marigot,
y sólo son gentes francesas."
En l!sta mujer admiré el t::tcto de su casta: supo pagarme e~
n sus órd nes y dominio de la situación, redol>lará
el va IPr y la n¡nfianza de sus tropas. Vigilará la acci6n de sus
ubordinados ~in d1 >bili .tar su liberttid de ÍlliciatiYa; ·su papel principal,
el de di ·currir en el momento decisivo n que hace falta
Íorzs r la \'Íd ria, ubrando entonces con todo el vigor posible·hasta
el • g-ol._ miento completo de las fuerzas. Su puesto será aquel
desde el cual obscne mejor la batalla, no abandonándolo sino en
ca~~ t1 solutamentc preciso •; debe estar al tanto en cuanto sea
p ible (; Jo que ocurra, imponiPndo á quien haya de reemplazarle
, caso ele que esto fuere posible, de su pensamiento y de las
vicisitudes de su desarrollo, á fin de que, si llegare á imponerse un
cambio de mando, no haya detención en el combate.
Lus Comandantes de unidad deben llevar sus tropas dentro
~Jel espíritu rle las 6nienes recibidas, conforme á las prescripciones
de los respectivos reglamentos y con. id~f'ando siempre que no
march n ais!éidos, sinv fo:-mando parte de un conjunto. De.ber suyo
es ~cuclir en ~ostén del mismo si es necesario y compatible con su
• Obsérvasc aquí el espíritu y la prácticn del Ar~hid1 que Alberto cuya
corta campaña de Italia, que tan alto elevó su nombre, parece como cu~rpo de
doctrina en lo que se refiere á lo que pudiera llamarse moral del mando en el
('O m bate.
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propia misión •. El prudente empleo de todas las armas y el
acuerdo completo entre todas ellas y con la~ demás unidas de la
propia, multiplican las fuerzas y aseguran la victoria. Los Jefes
ocuparán el sitio desde donde puedan inspeccionar mejor el desarrollo
del combate, dictar sus disposiciones con mejor acierto y
.acudir á los puntos donde sea precisa su intervención personal.
Cuando ocurra el caso de que tropas no pertenecientes á la misma
unidad, se encuentren reunidas en una acción común, el jefe llamado
á tomar el mando no modificará las disposiciones tomadas
por las distintas unidades, sino después de haberse dado clara idea
de la situación.
Todo jefe de tropas á quien no retenga lejos del combate una
misión especial, deberá, desde que oiga fuego continuado de artillería
6 fusilería, enterarse de lo que ocurra. Prevendrá desde luego
al Jefe de las tropas empeñadas en combate, de la posición por
él ocupada y de las fuerzas de que dispone. Los jefes deben estar
persuadidos de que la afluencia sobre el campo de batalla de
todas las fuerzas que puedan llevarse, y lo más rápidamente posible,
es el medio mejor de asegurar la victoria. Desde luego, la
decisión más enérgica será la mejor, y la inacción la mayor falta
que se puede cometer en la guerra. Quien olvide sostener en el
peligro á sus hermanos de armas, incurre en la más grave responsabilidad.
Los Oficiales subalternos y los sargentos deben dar ejemplo
de valor y de fortaleza, exigiendo y obteniendo del soldado todas
sus energías hasta el límite de las fuerzas humanas, empleando,
si para ello hubiere necesidad, los medios de coerción más
extremos, es decir, Hegando hasta la ejecución del culpable. Ellos
son también los llamados á recomendar los hechos de valor y
distinguidos.
El cuidado de los heridos corre á cargo de los camilleros no
armados de fusil; sólo en caso extremo se sacarán hombres de
filas para este servicio.
En el caso de un revés, es preciso emplear todos los medios
para salvar las banderas y los cañones. Están prohibidas la crueldad
y la destrucción inútil, y si sobreviene la victoria, Jos heridos
amigos, así como los enemigos, se cuidarán con igual interés y cariño,
y los muertos se enterrarán después de haber sido reconocidos.
• ••
En cuanto á la relación entre los diversos mandos, durante el
combate, el Reglamento previene que el General en jefe 6 Jefe
principal, debe conocer en todo momento la situación de las tropas,
empleando para ello cuantos medios tenga á su alcance.
• Los redactores del Reglamento han tenido presente en este punto el pro.
ceder de los Generales y Jefes alemanes en· la campaña de 187o-71, escuela y
norma admirables para el compañerismo y la cooprración en el combate En loa
preceptos sucesivos se ve de igual modo la misma discreta influenc.ia.
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Todos los datos y noticias recibidos son cuidadosamente utilizados
para tener cabal idea del estado de cosas en cada momento. Desde
el instante en que una tropa que no es independiente, se en-
' cuentre lejos del mando supremo y oculta á su vista, el Jefe de
ella está obligado á enviar cada dos horas, y más á menudo si las
circunstancias lo exigen, un informe del estado del combate por
aquel sector, emplazamiento de sus tropas, y en general, con
cuantas indicaciones considere pertinentes para la mayor .ilustración
del General.
Los Comandantes generales de las divisiones de primera línea
envían al Comandante General de Cuerpo, y éste al Generalísimo,
informes breves sobre el estado del combate y la repartición de
las tropas. Los Comandantes de las grandes unidades, á partir de
la división, organizan con Oficiales montados é individuos de la
gendarmería en campaña, un servicio constante de observación,
mediante el cual están al corriente de lo que hacen á cada instante
las tropas á sus órdenes, así como también de Jo que ocurre; en
las gt andes unidades vecinas. Aparte esto, se utilizará el ciclismo
y automovilismo, las comunicaciones telefónicas, telegráficas ú ópticas,
y cuantos recursos tenga el ejército.
Todos los Jefes de tropas, lo mismo que los Oficiales de Estado
Mayor, deben observar con pr~cisión el momento en que comienzan
y terminan los acontecimientos más importantes que se
desarrollen en el campo propio y en el enemigo. Todo Jefe debe
tener á sus subordinados al corriente de la marcha del combate, en
la proporción necesaria para el desempeño del papel que le incumbe.
Las relaciones ~ntre las tropas combatientes y los servicios ·
auxiliares cuidarán los Jefes de que estén constantemente asegura ..
das; en los cambios de posición se tratará siempre de que dichos
servicios los sigan.
La parte consagrada á los Oficiales de Estado Mayor, Ayudantes
de Campo y Oficiales á las órdenes, ofrece también interés,
especialmente para los militares españoles.
Es deber de todos los Oficiales, dice el Reglamento, secundar
con todo su celo á la persona cerca de la cual prestan servicio,.
informarle sobre la naturaleza del terreno, soLre los movimientos
de las tropas, y en general sobre todo aquello que vean y consideren
conveniente para la ilustración del mando. Es también deber
suyo informar á las autoridades, á las cuales comuniquen ó lleven
órd~nes, sohre la situación general ; pero no darán jamás, en nombre
de quienes ellos van y de tos que son meros agentes, órdenes
que no estén autorizados para ello. Sin embargo, los Jefes de Estado
Mayor tienen el derecho de proponer disposiciones é iniciativas,
no solamente á su Jefe directo, sino también á todo Jefe de
tropas que encuentre en su camino. Pero la aceptación ó no aceptación
de estas proposiciones, se deja en todos los casos á la apreciación
de las autoridades á las cuales se hacen.
Ni los Oficiales á las órdenes ó Ayudantes, ni los de Estado.
Mayor, deben tomar el mando de tropas, salvo en casos es¡.>eciales
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en que no resulte ningún perjuicio al desempeño de su particular
servicio. Y en caso de que tál ocurra, deben, tan pronto como
hayan dado las órdenes necesarias y asegurándose de su ejecución,
Tolver lo más rápidamente posible á ocupar su puesto en el Cuartel
general.
De las prescripciones del Reglamento relativas al servicio de
etapas, á la alimentación de las tropas y policía de los campamentos,
sólo mencionaremos la segunda, en la que se establece que
u es deber de todo jefe el asegurar á sus tropas una alimentación
suficiente, tomando para alcanzar este resultado cuantas medidas
sean de sus facultades y provocando del superior las decisiones
necesarias. En muchas circunstancias de la guerra, y sobre todo
en momentos decisivos, será preciso imponer á las tropas grandes
privaciones, en presencia de las cuales los Oficiales deberán dar
ejemplo siempre."
El Reglamento es menos amplio que el dictado el año anterior
para el Ejército alemán; sin duda se ha querido respetar el
empleo de los Reglamentos particulares de las armas, y por eso
nada se dice en especial del juego de ellas en el combate. El mismo
silencio se observa acerca de los combates de vanguardia, de
la sucesión de esfuerzos en el combate y de la ejecución de la
acción decisiva. Solamente dice que al Jefe es á quien incumbe
la determinación del momento y el realizarlo con toda energía.
Al contentarse con trazar un schcma del combate y de los servicios
en campaña, acaso también haya querido dejar espacio más dilatado
á la iniciativa del mando y aun al genio militar de los Generales
y Jefes.
Tal es, á grandes rasgos, lo más esencial del Reglamento en
la parte concerniente al combate. Resulla en él, hay que repetirlo,
una gran amplitud á la iniciativa y una elasticidad también grande
en las relaciones de lo diversos mandos, lo que acusa, en nuestro
sentir, la envidiable educación militar del Cuerpo de Oficiales austro-
húngaro, la instrucción de sus tropas y la preparación cuidadosa
para la guerra, así en elementos como en estudios y en
práctica.
La lección por demás elocuente de la doble campaña de r866
en Bohemia y el Cuadrilátero no ha pasado inadvertida para aquel
valentísimo ejército, con el cual tiene el nuéstro mu hos puntos
de contacto en sus Reglamentos tácticos y aun en el uniforme de
algún regimiento de caballería *.
Réstanos decir algunas palabras sobre las recompensas : la
facultad de concederlas reside tn el Emperador, y pueden consistir
en el ascenso al grado superior, en condecoraciones y en felicitaciones.
El título xxxu del Reglamento cuida de consignar que las
recompensas son una gracia, jamás un derecho.
Desde General de Brigada en adelante, pueden formular propuesta,
cuidando de reservarla al conocimiento de su Estado Ma-
• Húsares de Pavía.
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yor, en lo que á éste se refiera. Para graduar las recompensas, el
Reglamento establece esta escala: hechos brillantes en el curso
del combate; ejecución hábil de una misión difícil, especialmente
en los servicios de exploración ó d~ seguridad; pruebas de valor;
impedir el desaliento de una tropa; llevar al combate rehecho una
tropa dispersa; tomar banderas, cañones, y salvar á un Jefe ó á un
camarada.
Finalmente, queriendo el Emperador premiar al Cuerpo de
Oficiales, ha ordenado que todo aquel que durante treinta años
haya prestado servicio al frente del enemigo, en cuerpos de tropas,
Estad_os Mayores, Guardia ó Gendarmería, podrá ingresar, á su
instancia y libre de gastos, en la nobleza austriaca ó húngara. Y
.como las guerras suelen ser en estos tiempos meno~ frecuentes que
en la antigüedad, se concede el mismo favor á los Jefes y Oficiales
que lleven cuarenta años de servicio efectivo, aun cuando éstos no
sean de campaña.
UN CoRONEL DE CABALLERÍA
(Español).
--===-= Historia ===-
HISTORIA DEL NUEVO REINO DE GRANADA
POR JUAN DE CA. TELI ANOS ( 1590 '~)
t Continúa)
Estas prestígío~as vanidades de que suele jactarse Sogamoso,
se conocieron más abíf'rtamente andando Yisitanclo su provincia
el Arzouispo Oon Luis Zapata y el tesorero Don Miguel de I~sp -
jo, el cual tenemo hoy pot· vicepre ul; potT¡ue como hiciesen escrutinio
destas vanbimas super5ticiones, averiguóse con algunos
indios que el bárbaro que lzázen de presmlt por cacique llamado Don
Felipe, con haber profesado fe cristiana, riñendo con su gente les •
decía:
"Vosotros, perros, no me tenéis miedo; pues bien, sabéis que
puedo cualquier cosa: traer contagiosa pestilencia, la fétida dolencia
de viruelas, grave dolor de muelas, calenturas, con otras desventuras,
y que crío con este poder mío todas cuantas hierbas, legumbres,
plantas son nacidas."
Tales palabras y otras semejantes dijeron que decía los testigos,
mas él en negar estuvo firme, y así se descargó; pero lo cierto
es decir lo que tienen de costumbre los embaucadores segamosos,
hablando con aquella gente bruta, á lo cual dan más crédito que
suelen á los que les predican cosas santas, contradiciéndoles sus
desvaríos y el culto de los ídolos nefarios, á qu.im ofrecen lzoy me-
·Jor que nunca aquella~ cosas con que les parece tenerlos más pro-
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picios y contentos para conseguir cosas que les piden. y antes quehagan
el ofrecimiento, ayunan grande número de días, eso me da.
varones que mujeres. Y es digna de notar el abstinencia y el gran
recogimiento con que viven, el tiempo todo que el ayuno dura. N•
u lavan el cuerpo, siendo cosa que lodcs ellos usan por mommlos;
no tocan á mujer, ni ellas á hombre, ni quieren comer carne
ni pescado, sino cosas de muy poca sustancia, sin sal y szn ají, siendo
todos sus gustos el que más les satisface. Y aunque sepan morzr
tn la demanda, no tienen de exceder un solo punto de aquel recogimiento
y abstinencia.
Y concluídos los días del ayuno, que 11aman saga, Juégo dan a
Xeque aquello que han de dar al Santuario, y el Xeque, no con menos
abstinencia, ofrece la presea, consultando con el demonio le>
que se pretende por parte del que dio la tal ofrenda; al cual después
el Xeque ]e da cuenta de aquello que el diablo le responde~
'poco más 6 menos por palabras equívocas, y el indio con aque]J()
se va contento, sin saber qué 1leva; y con cierto jabón que tienen.
ellos u lava luégo bz'm d cuerpo lodo; víslese nuevas mantas y
galanas, convida los amigos y parientes, banqueteándolos algunos
días, á donde se consume harta chicha, que es el brevaje que de
grano hacen. Danzan y Lailan, cantan juntamente cantares ó canciones,
donde tienen sus meceidas y ciertas consonancias que corresponden
á los villancicos, compuestos á su modo, donde cuentan
los sucesos presentes y pasados, ya de facecias, ya de cosas graves,
adonde vituperan 6 engrandecen honor 6 deshonor de quien setrata.
En cosas graYes van á compasete; usan de proporción en las
alegres. El modo de cantar es algo frío, y del mismo jaez todos
sus bailes; mas van en el compás tan regulados, que no discrepan
una sola coma en todos us visaje y meneos.
Y aun hasta cuandu traen arrastranrlo algunos poderosos materiales
para sus edificios 6 l0s nuéstros, con bailes ó con cantos
van tirando á una con la voz y pies y manos, medidos al vaivén y
voz que guía, como cuando caloman marziuros.
Van rnuy empenachados y compuestos con grandes mediaslun:
ts en la frcnte 1 cuyos cuernos responden á lo alto, que r]e buen
oro tienen apariencia ; y en seguí miento suyo van mujeres con
cantidad de m!Ímras de chicha, qtu lleva 11 dondequz"era r;ue se muevm,.
y son Jos adherentes principale de que ellos e pertrechan en
sus tratos, y más en las belígeras contiendas, según entonces hizo
Nemequene, á quien dejé haciendo sacrificios debajo del intento.
declarado.
Y como por el Xeque le fue dicho ser bien afortunado su viaje,
efectuóse luégo la partida de la tumultuosa compañía, haciendo
grande estrago por las tierras de Turmequé, cacique poderoso,..
que del tunjano rey era vasallo. El cual, como tuviese ya noticia
de su diseño muchos días antes, había convocado de los suyos no
menos multitud de combatientes que los que gobernaba su contrario;
y á su contemplación también había venido Sogamoso de su
¡:.arte con más de doce mil hombres de guerra valientes, y estos.
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dos señores juntos al Nemequene salieron al encuentro, y al fin se
dieron vista donde agora llamamos el Arroyo de las Vueltas, de
tal manera, que el pequeño río hacía división de los dos campos
que cubrían Jos llanos y laderas. Y antes de presentarse la batalla,
entre los reyes hubo mensajeros, porque el de Bogotá con un criado
de los más eminentes de su casa envió su recado y embajada,
y al de Tunja habló desta manera :
"Tunja : varón prudente, yo me espanto que te confíes tanto
de tu brío y quieras con el mío competencia, sin que de mi potencia
te receles. Tú que á los otros sueles dar preciso consejo,
ten aviso no te 'pierdas, pues por vías más cuerdas que por guerras,
gozarás de tus tierras y vasallos ; y sin precipitallos en reyertas, á
donde tengo cierta la victoria, siendo cosa notoria que mi mano
todo lo halla llano dondequiera. Harto mejor te fuera y mejor
fuera que me reconocieras vasallaje, el cual, á mi linaje le es debido.
Si me prestas oído y obediencia, s~rás de mi clemencia perdonado,
querido y acatado de mis reinos, y en todos sus gobiernos
tendrás voto; pero si vas remoto por tu parte, no puedes escaparte
de mi ira. Pues tienes tiempo, míra tus contentos antes que rompimientús
se comiencen, y en ti se desvergüencen los que llevo •
. De piedad me muevo ciertamente, por no ver mortandad de tanta
gente."
Oyó Tunja con los de su consulta, no sin alteración, aquel
mensaje; mas, con aquel reporte que debía á su reputación, a)
mensajero dijo que se volviese, que otro día dada !a respuesta con
acuerdo. Y ansí lo hizo, pues por la mañana con un criado suyo
satisfizo á su punto y honor con embajada, cuya sustancia fue la
que sigue:
"Gran Nemequene: de ti me maravillo en tener de caudillo
de mi punto tan absurdo barrunto, pues que pides que sin ver destas
lides el efecto, me dé por tu subjecto y obediente, teniendo por
patente de tu parte lo que no pueden darte presunciones, pues suelen
opiniones ser falibles, y fuerzas invencibles las del Cielo; porque
en aqueste suelo bien conoces que da terribles coces la fortuna,
y es potencia ninguna también puesta que esté segura desta
lisonjera que con rueda ligera se remueve. Dices que se te debe
por antiguo linaje, y eso dig-o de los míos; y que los desafíos tienen
veces ya para ser jueces; pues quien fuere mejor y defendiere
su nobleza, dará de su grandeza muestra clara. A la prueba te
pára con tu gente, y si por ti se siente tanta muerte, haz como varón
fuerte, que do estamos los dos solos hagamos el examen en
singular certamen, y el vencido sea constituído tributario, teniendo
por señor á su contrario."
Oyendo Nemequene el embajada, quedó corrido del atrevi-mieP.
to, y confiado de su valentía bien quisiera salir al desafío;
mas todos los Uzaques le dijeron que por ninguna vía lo hiciese,
porque demás de ser exorbitancia un príncipe de prendas tan excelsas
salir á combatir con un cacique que ya por su vasallo repu-
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taba, tantos reinos y tantos señoríos y un campo tan florido de
guerreros valientes y cursados en las armas, era temeridad la
confianza de los aventurar al fin incierto de singular batalla, puesto
caso que la ventaja ya se conocía en ánimo, vigor, destreza y
arte ; pero negocio de tan grande peso no debían colgar de un
solo hilo por infinitas vías quebradizo. En efecto, le suplicaron
todos que luégo se le diese la batalla de poder á poder, lo cual
se hizo : y ansí los escuadrones ordenados por uno y otro reino, se
dio principio á la sangrienta lid, y en el discurso, no tempestad de
viento riguroso viene con tal vigor precipitado de las cubiertas
plantas las coronas, cuanto la furia fue destos salvajes en los primeros
acometimientos, pues vieras por aquel sangriento suelo penachos
y diademas cuyos amos quedaban batallando con la muerte,
unos de las volantes tiraderas por lados ó por pechos traspasados,
otros las duras piedras con las hondas impresas en los cé'scos
y molleras, otros quebrados brazos y ternillas con los terribles
golpes de macana; rompe los vagos aires al estruendo, y grita de
los unos y los otros.
Andaba Nemequene en ricas andas, aquí y allí los suyos animando,
y en otras no de menos valor Tunja con gran solicitud lo
mismo hace ; y á lo que pareció según las muestras, ambos con
gran deseo de encontrarse; pero la confusión sanguinolenta impedimento
fue por ambas partes. Mas otro muy mayor se les ofre ce,
al uno de dolor y al otro grato, y fue venir silbando por el aire
acustísimo dardo cuya punta al Nemequene hirió profundamente
por la tetilla del derecho lado; el cual, sin esperar manos ajenas,
él mismo la sacó con ambas suyas, y fue tal el dolor, que dijo
luégo á los que resguardaban su pe rsona: "Amigos, yo me si ento
mal herido, y tan cruel ha sido la herida, que no tengo d e vida
confianza. Haced en mi venganza corno bu e nos, y no ve ngáis á
menos por mi daño, porqu e, si r.o me engaño, por la mu e stra,
presto tendréis por vuéstra la victoria."
Quistera de cir más, y el dolor grave turbaba sus acentos á la
lengua, de cuya cau a todos los pres.entes en gran manera fu eron
ocupados de turbación, éxtasis excesivo; mas todavía gran número
de ellos procuraron sacarlo del conflicto, y este rumor ace rbo
fue corriendo por unos y por otros de tal suerte, que con los sobresaltos
aflojaron del ímpetu primero, y ansí Tunja, como reconociese
su desmayo, con una y otra carga dio tal priesa, que todos le
volvieron las espaldas, y hasta Chocoritá (sic) los fue siguiendo, d~
donde se volvz'ó vzdorioso, dejando los confines campos llenos de
los que en el alcance perecieron, que fue gran cantidad ; pero los
vivos llevaban al Señor, sin que parasen un tan solo momento con
las andas, los unos y los otros á remudo, las noches y los días hasta
tanto que á Bogotá llegaron, do los Xeques á su cargo tomaron
esta cura; porque también son médicos y tienen noticia de las yerbas
virtuo~as; y al tiempo de la cura también usan de mil ridículas
ceremonias. Mas aquí sus insanas diligencias fueron de ningún fruto,
porque dentro de tres ó cuatro días ó del quinto, quedó privado
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del vital aliento, y tojos sus vasallos en prolijo lloro, como Jo tienen
de costumbre, que son endechas y cantares tristes, á donde
.representan las hazañas y cosas que por él acontecieran.
_:_ Variedades
CIVILIZADC)S Y SALVAJES
No habremos de negar que en la guerra civil que acaba de
terminar se han cometido crímenes indignos de un pueblo civilizado,
merecedores de toda censura y reprobaci6n; pero como los extranjeros,
y en especial los yanquis, ven á este respecto la paja del
ojo ajeno, qui~ás no será ocioso mostrarles la propia viga, no como
excusa de nuestros yerros, explicables por la ardentía de la lucha y
lo apasionado de las ra7as latinas, sino para que los ilusos del país
sepan lo que es por dentro uno de esos pueblos modelos cuando
entran en juego su interés y sus conveniencias.
Nada diremos de lo hecho por los americanos Íuera de su
país, pero sí vamos á narrar someramente, sig-uiendo á. Llopis •, la
manera como dentro de la casa y en el siglo de las luces, han tratado
lo americanos á los indios, á los cuales asimilan ellos todos
los hispanoamericanos.
En r8 r 7 se apoderaron violentamente, ya que sus dueños no
quisieron cederla de buen grado, de la comat-ca ocupada por los
indios criks, eu Jos límites orientales de Florida, haciendo en esos
infdices una gran carnicería. En r823 arrebataron por la fuerza,
sin previa dcclaraci6n de guerra, sin preceder acto alguno de hos-ilidad,
los territorios pertenecientes á. Jos indios cherokis: de estos
infelices, lo5 que no se prestaron á la expulsi6n fueron muertos después
de haber sido uuelmente azotados.
En 1825 (Abril) se procedi6 al despojo del jir6n de terreno
que se había dejado á esos indios en Jos límites de Georgía, obligando
á los habitantes á emigrar, 6 lo que fue lo mismo, á morir
de hambre, por cuanto les prohibieron llevar sus ganados. Muchos
indios protestaron contra el despojo, y casi todos ellos fueron muertos
después de atormentados de la manera más cruel. En Julio del
mismo año se hizo otro tanto con los indios de Kansas y de Arkansas,
acompañando la expulsi6n de grandes matanzas entre esos
.desgraciados.
En 1829 los indios que aún quedaban al E. del Misisipí elevaron
al Congreso y al Poder Ejecutivo una solicitud en que pedían
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protección por los despojos de que eran objeto, as{ como para sus
familias, que también eran víctimas de toda clase de vejámenes.
Ambos poderes no sólo la negaron, sino que, como contestación á
la solicitud, se les ordenó emigrar hacia el W. del río, conminando
con severos castigos á los que resistieran.
En I 8 32 se repitieron los robos y atropellos contra Jos indios
de Illinois y Wiscousin, que exasperados se defendieron con las
armas : el resultado fue una espantosa carnicería verificada por
las tropas del General Scott, que casi los exterminaron, obligando
á los pocos sobrevivientes á internarse en los bosques, para escapar
al filo de la cuchilla. ·
De 1835 á 1842 duró la guerra contra las diversas tribus de·
La Florida, cuyo progreso en el camino de la civilización fue notorio
durante la dominación española. En ella fue tal la feroz crueldad
de los yanquis, que emplearon perros hambrientos, educadosexprofeso
para esa cacería. Centenarec; de indios murieron despedazados
por esas fieras, después de caer heridos y prisioneros.
En 1851 fueron despojados los indios del Minesota, con todo
el cortejo de crímenes y violencias anexas á esas expoliaciones.
En 1862, por el temor de que los indios cometieran alguna. hostilidad,
aprovechándose de la guerra civil entre el Norte y el Sur de
la República, se ordenó al General Sibley que entrar·a al territorio
indio del Minesota, y como medida preventiva ahorcó á 4g6 de esos
desdichados. En 1863 el Coronel Conner, por simples sospechas
contra los indios de Utah, invadió su territorio, y sin averiguar los
hechos, asesinó una tribu de 300 personas, sin perdonar mujeres ni
niños. En ese mismo año Sibley degolló á sangre fría 1 30 indios
principales, que tenía en su poder en calidad de rehenes, para garantizar
la quietud de los demás. Lo propio hizo el General Sully
con 156 indios que, poseídos de espanto, á él se habían acogido en
Whilestone, pidiéndole amparo: entonces los soldados de la Unión
solemnizaron su hazaña con burlas y chacotas á modo de responsos
y de oración fúnebre.
Por esta misma época fue exterminada íntegramente una tribu
Siux por medio de la estricnina, pues se les vendía pan y tocino envenenados,
de cuyas resultas perecieron 53 familias en medio de horribles
sufrimientos. El Oficial al}tor de semejante vileza, fue premiado
poco después, con grandes concesiones territoriales. Preciso
es remontarse al Bajo Imperio, ó á la época de mayor tiranía de
los Sultanes, para encontrar en la historia hechos semejantes.
En 1864 matanza y exterminio general de 6,000 indios acogidos
al pabellón americano en el territorio de Sando Creek ; recurriendo
á falsas promesas y engaños, los infelices fueron desarmados
previamente, y dos días después de esto el Coronel Clivington,
con 700 jinetes, 4 cañones y 8oo infantes, cercó el poblado
antes de amanecer, cuando los indios estaban entregados al reposo,
confiados en el pacto acordado y en la fe del honor americano. Al
toque de degüello fueron pasados á cuchillo hombres, mujeres y
niños, incendiadas las viviendas, donde perecieron los restantes
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-entre crueles torturas. La soldadesca, ebria de whiskey y de sal)gre,
cometió horrores qtle no son para descritos, y los pocos que
pudieron escapar esa noche, fueron cazados con perros al día siguiente.
En vano en el Senado el honorable Waden protestó contra
semejante crimen, pues nadie le prestó atención, y á los pocos
meses el Presidente de la República ascendió á General al reo de
tamaño crimen.
De r88o á 1895 se repitieron diferentes veces las expoliaciones
contra los indios, y á tal punto llegaron las cosas, que en 1899
una masa de w,ooo pieles rojas, que habitaban en Kansas, ya
civilizados y que disponían de 2,000 bicicletas, pasó á establecerse
en México, donde fueron bien recibidos, declarando que se expatriaban
por las persecuciones de que eran objeto por parte de los
americanos. Se lamentaban de ser tratados injustamente por el
Gobierno, y añadían : "preferimos ser súbditos mexicanos á continuar
formando parte de la gran democracia americana, que _ha
destruído nuestra raza."
Por su parte el publicista Leupp decía recientemente en el
Forum: " Es odiosa la forma en que son explotados los pobres indios.
• No hace mucho se nombró una comisión investigadora de
unos bosques que debían venderse en provecho de los indios: los
peritos, que cumplieron su cometido en las tabernas, declararon
que no había sino 1 1,000 pies donde existían 300,000, y señalaron
como desarboladas regiones donde existían 50,000 pinos de Noruega.
Los indios reclamaron sin éxito contra la venta, pues no
hay ejemplo de que se haya hecho nunca justicia á un indio robado
ó maltratado por un blanco."
Y si á este recuento agregáramos lo hecho con los negros,
que prácticamente están despojados de todo derecho civil, y moralmente
considerados como esclavos, y aun con los emigrantes, rechazados
si no poseen ciertos bienes de fortuna, tendremos demostrado
que no siempre civilización es sinónimo de humanitario,
y que nuestros detractores ante la historia, necesitan tanta conmiseración
como nosotros mismos.
PEREGRINACION DE ALPHA
' POR MANUEL ANCIZAR
(Continúa)
El cuadro que se presenta difiere poco de los análogos en las
otras Provincias andinas: los mismos indios de formas rechonchas,
color cobrizo y fisonomía socarrona de suyo y humilde cuando saben
que los miran, los mestizos atléticos y los blancos de tez despejada
y facciones tan españolas que parecen recién trasplantados
• En 1895 aún -existían 250,000 indios.
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de Andalucía 6 Castilla; tipos de población que, con leves desinencias,
se hallan repetidos en V élez, Tunja y Tur.dama, y hasta ciert
punto en Pamplona. Las únicas peculiaridades que en Santa Rosa
encontré fueron los sombreros colosales de lana (fieltro endurecido J
con que los campesinos oprimen sus cabezas, llevando en la copa.
un almacén de tabacos, pañuelos y otras zarandajas de uso personal;
y los burros en servicio activo cargando víveres al mercado y
viajando en recuas, de lo cual están exentos en las otras Provincias,
donde los bueyes sufren el peso de los quehaceres como Lestias dt:
enjalma y carga, y los asnos se están quietos, refocilándose en los
potrf>ros. Así es que habituado el que ha dado la vuelta por VéleL
y el Socorro á no ver en los camiuos ni lugares públicos los pacientes
y siempre apaleados burros, los saluda risueño cuando los
encuentra de repente en Santa Rosa y Sogamoso, lle\'ando su carga
cabizbajos y tomándose de propia autoridad lo mejor del camino
y las aceras de las calles, conforme lo han por costumbre
malicia en todas partes.
Hay en esta ciudad un Colegio particular, fundado y dirigido
por el Dr. Juan N. Solano y su hermano, jóvenes de ilustración .
modestia, que han consagrado sus dfas á la enseñanza, con má
patriotismo que lucro pecuniario. Cuenta el establecimiento corto
número de alumnos internos, base de su existencia, los cuales re ciben
educación cristiana é instrucción en varios ramos d ~ filosofía
y literatura, en idiomas vivos y matemáticas, procunindoselc. a ~
mismo tiempo la salud y buen desarrollo del cuerpo, merllank al gunos
ejercicios gimnásticos; ramo ent rn mente d e. c uidé1: 1o entrt
nosotros, de donde resulta que . a len de los Col g10. jÓ\ n s aptu
para los quehaceres sedentarios, pero incapac c~ dl: ·roostrado que esta piedra no es aerolito--El D.
t PIEDRAIIITA. Conquista de l., Nueva Granada.
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L 672 ..J
el 19 de Agosto, y el 20 lo aprisionó y saqueó. • Reunido Sanmartín
á Quesada, le habló de Tunclama y su mensaje, noticia confirmada
por el traidor que vendió al Zaque, añadiendo la que ningún
indio se había atrevido á dar todavía, y era la de la existencia de
Sugamuxi, Uzaque tie Iraca, Pontífice de los Chibchas, y guardador
de los archivos y caudales del templo máximo; de que resultó
la marcha de todos y entrada en el territorio de Tundama, quien
les mandó un corto presente, rogándoles que se detuvieran, en tanto
que él en persona les reunía y llevaba ocho cargas de oro. Hiciéronlo
así los españoles, y mientras tanto el astuto indio sacó y
escondió las joyas é ídolos de los adora torios, apareciendo en seguida
con gente bien armada, y convidando á los Ochíes á que
fueran á recibir el oro sobre sus cabezas, porque á menos costa no
podrían ganarlo. Corridos de la burla, lo atacaron hasta entrarse
en Duitama; pero salieron de la ciudad sin fruto alguno, y maltratados
de las piedras y flechas, enderezando para Iraca. Al regreso
de aquella expedición pasaron por Paipa, y el Tundama les
mandó un mensajero, advirtiéndoles que allá iba á buscarlos, como
en efecto se apareció con numerosa gente de guerra, muy engalanada
de petos y coronas de oro, distinguiéndose por medio de banderas
los tercios de Onzaga, Cerinza, Sátiva, Susa, Soatá, Chitagato
y otros curacas súbditos del Uzaque altanero. El encuentro
tuvo lugar en la llanura de Bonza, y la victoria quedó por los españoles,
retirándose Tundama con su ejército, más amedrentado
por los caballos y arcabuces, que realmente derrotado. Quesada
estuvo á punto de perder allí la vida derribado del caballo á macanazos,
con lo que determinaron no detenerse en esta conquista
por entonces, y siguieron en demanda de Neiva, después de haber
asentado paces con Tundama por intercesión del Uzaque de Paipa.
Finalmente, repartidos después en diversos feudos los indios
de Iraca y Duitama, tocaron éstos con su generoso Jefe al Capitán
Baltasar Maldonado, en calidad de siervos tributarios. Marchó
Maldonado en I 540 á sujetarlos; y como por ensayo hecho, al pasar
arrasó y saqueó las poblaciones de Iraca (Soga m oso), dirigiéndose
luégo á Bonza, donde lo esperaba Tundama, fortificado en
una isla rodeada de pantanos. A traición lo vencieron, y en otros
combates fuera de los pantanos acabaron de postrarlo de tal modo,
q e hubo de pedir la az. Otorg-ósela Maldonado, y le impuso tributo
arbitrario, que la codicia del ruin Encomendero aumentaba
sin tasa, dificultando más y más el pago.
• Doscientos ochenta y dos años después, día por día, Bolívar y Santander
derrotaban á los españoles el 19 de Agosto, tres leguas al S. de Tunja, y el
2o, aprisionado el ] efe castellano y saqueado su campo, se dirigían las huestes
libertadoras á TunJa, ciudad de hidalgos descendientes de Encomenderos, llevando
en el pensamiento la manumi,.ión de los esclavos y la emancipación de
los restos degradados de la nación Chibcha, que no c•mprendía. ni aún compren.
de su redención.
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Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año VI Serie III Tomo II N. 21", -:-, 1902. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691198/), el día 2026-04-04.
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