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Bogotá, Diciembre 7 de 1901 ~
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oletin ~ ~: ilitar
'1 de tolo~biet
O:g1no doi Ministerio de Guerra y del Ejército
DtRF:CTOR AO IIOSOREM
F'rar..¡i;;..,-: J. 'ergara y Vela!co
(h twrr.l a •. ill"'l li<·reo •• li ·muro !lO varias Socicuadea Cient{ficu
.'out •l hur.l :tJre~ le te pe· 16 !ico lo Jefts J Olidalrs del Ejércit
JECl El u 1ERO I 307 DE 1901
( OVIE.IDRE 25)
por el cu 1 e; e u fi ... r.; uc •identulm"'nt .i la Ilabilitación del Cuartel gen r· lí.
simo del Ej ~rcito el caráct r d Oficiu pag·uJora de gasto· e ·traonJ'n rics de
e-uern, y se e mtirm m 1 d1 p icione · u el artículo 2- del Decreto número 153
el 18 7, y del 550,. n princip:l.l de Hacienda
de Cundinamarca el carácter ia
\_ 707 _J
civil en las medidas generales que tengan por objeto la ejecución
de las leyes y la con cn·ación del orden.
3. 0 Dar las órdenes y tomar las medidas necesarias para que
todas las fuerza acuart ladas en la Plaza ó que estén n ella de
paso, observen las r glas generales de policía é higiene, y servir
de intermediario para las relaciones que dichas tropas puedan necesitar
con la autoridad ciYil, ó vic versa. Prohíbese terminantement"
al Cómandante Militar de la Plaza inmiscuirse en la administración
ó en el sen icio interior de los Cuerp s de tropa de que
no tenga el mando directo ó de los establecimiento 1ue no estén
bajo su dirección.
4.0 La distribución de servicio que acuerd diariam ntc el
Comandante Militar de la Plaza será personalmente presentada
pOt- dicho empleado al Jefe d Estado Mayor g'"'ncr·al, · para la inserción
n la Orden general del Ejército.
5. 0 Todo Cuerp de tropas que lleo·are á la Pla7.a d trán ·ito
6 sté n ella , in u r· pectivo Comandante g"'neral di vi ionario,
con e.·cepción del CueJj>o Polü/:cmi:o y d .l .Ref{/m/enlo Ordaneta, se
considerará tt·é nsitoriam nte incorporado en la 4." Divi ión para
los efectos fi.-cales y de ·ervicio militar en el campamento.
6. 0 El servicio de avanzadas es ele e rgo exclusÍ\.'O del Comandante
.filitar de la liaza, y será cj cutado bajo su responsabilidad;
pero como dentt·o de la ciudad presta también su servicio
el Cuerpo de Policí :Na ional, para evitar dificultades 6 tropiezos,
el referido er icio de avanzadas no funcionará en u cas sino á
1-'artir el . la z na ¡uc vigiia la I olida cuya determinación se hará
de común acu e rdo ntre el Director de ésta y el Comandante :Wlilitar
de la Plaza, y lo mi mo ·e har~i cuando fuere pr i ·o que patrulla-
del hjército recorran el centro d la ciudad. En todo caso,
toda fu e rza, sea la u fue e, que preste servicio de avanzadas, f1UCdará
sometida al mando del Comandante Militar de la Plaza.
7. 0 Sie ndo el Comandante 1 Iilitar de la Plaza el J ·fe inmediato
del servicio militar en la misma, ante él se relevarán los Genet-
ales en servicio del día, y de sus manos recibirán el san/o e ·pe-dido
por el jefe de Estado t\1ayor generaL ...
8. 0 El Comandante 11ilitar de la Plaza fijará el servicio, teniendo
en cuenta dejar á los cuerpos de tropas el mayor tiempo
posible para su instrucci6n, y también de manera que los puestos
y guardias del servicio de la Plaza tengan una fuerza tal, que cada
uno de los centinelas necesario repres nte de tr s á cuatro soldados
en capacidad de hacer la fatiga. Cuando cualquier servicio
extraordinario le obligue á apartarse de esta regla, inmediatamente
dará cuenta de ello.
g. 0 Todos los Cuerpos que estén dentro del campamento da-.
rán diariamente parte de la fuerza disponible que tengan al Comandante
Militar de la Plaza, para que éste á su turno pueda personalmente
darlo al Ministro de Guerra, al Comandante en Jefe y
al Jefe de Estado Mayor general.
10. Es de cargo del Comandante Militar de la Plaza suministrar
cuarteles y alumbrado á los Cuerpos que ingresen al cam-
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~l)(etin IDlilitar be órrasele del Escalafón Militar del Ejército de
la República.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 4 de Diciembre de rgo1.
JOSE MA 1 UEL l\1ARROQUIN
El l\Iinistro de Guerra, JosÉ VICENTE Co. CIIA
DECRETO NUMERO 1343 DE 1901
( 4 DE DICIE:\IBRE)
por el cual se da de ba.ja ud Ejército á un Oficial y . e borra tlel Escalafón
El Vz"ctprtSzdmte de la Repúblú:a, encargado del Podtr .E'ejcult"vo,
DECRETA
Artículo único. Por haberse comprobado que el Capitán Luis
A. Cárd na , del Reg/mz'ento Urdanela, recibió dinero de tcrc ra
per:sona con fines indebidos, dá d de baja en dicha fuerza, bórrasele
del E calafón l\Iilitar del hjército de la República, y pásase
al Poder Judicial para que sea juzgado.
Comuní uese y pul líquese.
Dado n Boo·ot,, á 4 de 1 ici.....mbre d; Igül.
J .. ~. 1. UEL l\1ARROQUI
E 1 :rvfini tro de Guerra, Jos~ \ ICE. ·TE Co. ·cHA
DECRETO NU ·fERO 1345 DE 1901
\4 DE DICIEMBRE)
por <-1 cual se dicta una di posición rdacíonada con la Habilitación del Cuarte
gen ·ralísimo
El Vzáprtúdente de la Repúbhca, tncargado del Poder Ejecuft.vo,
DECRETA
.A.rtículo único. La Habilitación del Cuartel generalísimo continuará
en las mismas formas y condiciones, y desempeñada por el
mismo personal, como estuvo hasta el día último del mes pró~~mo
pasado, por cuanto difiere sustancialmente de las demás Habihtaciones
del Ejército.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 4 de Diciembre de 1901.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Guerra, JosÉ VICENTE CoNCHA
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5Soletin ID1Hitar be ~olomtna
'-- 710 _J
DECRETO NUMERO 1346 DE 1901
(4 DE DICIDtBRE)
que organiz·1 el Ejército de riente
.1'.-7 Vt"aprcúdenlt de la RepúlHca, mcargado dtl Poder Ejtcuhvo,
DECRETA
Art. r .° Con las fuerzas que han esta lo en operaciones sobre
la Provincia de Oriente del Departamento de Cundinamarca, or-ganízase
un Ejército que se denominará Ejérúto de On'elzte. )
Art. 2. 0 Este ~jército quedaní con tituído como sigue:
Comandante en Jefe, General Acisclo Parra ; Jefe de Estado
lV1ayor general, G ncral 11iguel Ro rígur·:z ; Inspcctm· g ·neral,
Cor0nel Cecilio Zamudio.
Golumna de Cund/,zaman:a-Se compondrá de los Batallones
Palacf:, 1 I y I 2 de .Peserva y Gt"rón. Tcndri como Comandante
general al General· rvfé: tías Camarn·o, y como Jr~fe d<.: Estad Mayor
al General Iloraci Cárdenas.
3: D/v/ú/n-. e crJmpondrá de los Batallones .Bo_yaccf, .l'olarz'lio,
Conclza y Guerrilla de Guasca. Esta Divi ión tendrá por Comandant
g n ral al General !\1anuel I\faría L al, y como J ~fe de Estado
1ayor al Gen·~ral 1'lanucl D. Cañ<: da , quien además continuará
encargado d~l mando d 1 Batalló,, BOJ'acd.
IO ... 1)/vz'si(m-._,e compon rá de los Bala/Tones ~a a 1·, 1 /nzón,
Arleldez y E~ cu drón Afoclmelo. E ta Di vi ión tendrá. por Comandante
o- "n<,J·al al ieneral • rturo Ga1· ía Herr r s, y como Jefe
de Esta J 1 ft yo~- al CQr\ ncl Vic .... ntc
rt. 3. 0
.. ut rízase · 1 "'amar dant en J fe del Ejército de
rient I ara dt:signar los Ayu antes, A juntos y e:npleados civi.
que falten en 1 s rl:: pecli v Cuart les g neral
, . lnterin se nomlJra C mí ado Pan·ador del Ej~rcito de
Oriente, descmpcñari h funciün · de tal el Comisario Pagador
de la Columna de Cundinamarca.
Comuníquese y publíqucs .
Dado en Bogotá, ::i 4 de Diciembre de rgo r.
]OSE :Mr NUEL MARROQUIN
El l\Iinistro de Guerra, Jos:E VrCE t'TE Co.·cnA
RESOLUCION NUMERO 19 DE 1901
( 1 . 0 DE DICIEMBRE)
por la cu.l s rt:glam .. nt.l el serv:cio de la Hrigauas, se nombra Inspector Gcn·r.
ll y s le dct rminan sus funciones
El Ministro de Guerra,
C0:-1SIDEl A. 'DO
Que es preciso unificar el servicio de Brigadas en la capital,
de manera que no se perturbe el funcionamiento normal de nin~ún
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moretin 9Jh(itcu: be ~o(ombia
'- 711 ~
empleado ni oflcina, y á la vez se tengan siempre listas las bestias
necesarias para cualquier movilización de tropas,
R RSUEJ .. VE
1.0 El Jefe d ·l Regz!múzlo Urdancfa desempeñará en lo suce~¡
vo, además del cargo que hoy "ejerce, los de Inspector de Brigadas
é Inspec or espec·al de la Brigada de reserva del Ministerio de
Guerra. ·
2.0 b.l Jefe d ·1 Regwzz'tnto Urcianda, en su carácter de Inspector
general d~ Brigada , no recibirá órdene.s sino del Intendente
general del Ej~rcito, tanto para el recibo de las bestias que adquiera
la Intt:ndencia, como para la entrega de ellas para el servicio
militar. Cuanto ~l. las bl stias del Regimiento y las que constituyan
la B:ig-aJa de re en a de este l\Iinisterio, el Jefe del Regz·mr'tnlo
Urda neta I1t) ejecutará ope1·acíón ninguna sino me iante orden
escrita del mismo Iinisterio. Ninguna otra autoridad civil ó militar
puede dar órdenes al Inspector de Brigadas.
3.0 El Jefe del Rtg/!luento Urdaneta queda autorizado para recibir
y mantener, pm· cuenta del Gobierno, las be tías de los militare
ó tropas que nlren al campamento n comisión y mientras
dure ~sta. Para conocimiento e 1 Ejército se publicará esta Resolución
en la Orden general del mismo.
4.0 El j fe del Rtgifllti;nto Urdanf!a dividirá las bestias que estén
:i su cargo n tres clases, seg-tín calidad, que se denominarán
primera. se unda y tercera: cntendi~ndosc que en esta última no
se incluy n sino las ele carga; y cada te1·cer día presentará tanto
al Minist ri de Guerra como á la Intendencia general un estado
sumario de los ~nimalcs disponil les y de los que necesiten reposición
para pocl ~ r servir.
El jefe del Reglimenlo l/rdanda incurrirá en una multa hasta
d do cientos pesos cuando, sin la protesta del caso, reciba una
bestia r.otoriamente inútil para el servicio por sus defectos, talla 6
edad ; lo mi ·mo que cuando entregue para el servicio militar bes ..
tias que por io·uales causas no puedan prestarlo debidamente.
5.0 El j efe del Regzimenlo Urdaneta mantendrá siempre listas
para el serricio de la Plaza cuatr bestias de silla, pero no las entregará
sino cuando fuere preciso que monten los Jefes de Día, á
juicio del Ministerio, el Comandante en Jefe del Ejército, el Jefe
de Estado 11ayor General, ó el Comandante Militar de la Plaza.
6.0 El jefe dd Regtim'tnto Urdaneta no podrá en lo sucesivo
entregar forrajes á ningún empleado civil ó militar, sino mediante
order escrita del Ministerio de Guerra.
7.0 El Ministerio de Guerra, directamente ó por medio de sus
Agentes, tomará todas las bestias adecuadas al servicio militar,
ofreciendo al mismo tiempo pagar las que, debidamente denunciadas
por sus dueños, les sean pedidas por la autoridad competente
y se entreguen en el acto. En los demás casos se hará la expropiación
de conformidad con el artículo 33 de la Constitución. El Gobierno
no pag-ará las bestias que se tomen á individuos en armai
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motetin IDlitttar be ~olombia
\._ 712 _J
contra la autoridad constituída, ni á sus auxiliadores ó protectores
en alguna manera, puesto que estos bienes son confiscables conforme
al Código Penal.
8. 0 Es obligación del Inspector general de Brigadas tomar sin
contemplación de ninguna especie y dondequiera que la encu ntre,
toda bestia marcada con el ficrr del Gobierno, cuando u tenedor
no esté en servicio ó no pueda comprobar que le ha sido entregada
por orden de este Ministerio con carácter definitivo 6 temporal.
De la misma manera procederá con toda bestia suministrada para
un servicio determinado, cuando cumplido é te, no haya sido devuelta
á la Brigada nacional.
Comuníquese á las autoridades respcctiyas, publíquc e t:.n la
capital en cartelones, y por bando en los demás Distritos del Departamento
de Cundinamarca.
Dada en Bogotá, á 1. 0 de Diciembre de 1901.
JosÉ JCE. ·TE Co. 'CHA
DECRETO NU.\1ERO 29 Dh 1901
(NOVJEl\lDRE 30)
por el cunl se crea un empleo r se nombra quien clclJ l de t mp ñarlu
El Comandante en Jefe del Ejército de la Rtpública, ampliamente
autoriza o por 1 1inistcrio e Guerra,
DECRETA
Art. 1.° Créase el puesto de segundo Ayudante del índico
del Ho::- pital Militar Central, con la asimilación de argento :tviayor
para los efecto fiscales.
Art. 2.0 Nómura e interinamente para desemp ñar ste empleo
al Sr. Alejo Antonio Recamán, quien devengará 1 sueldo correspondi
ente desde el día 2 r de los corrientes, fecha n la cual
tropezó á prestar sus, sen·icius.
Comuníquese á quienes corresponda, y publíquese en la Orden
g-eneral del Ejército, para su cumplimiento y ejecuci6n.
Dado en Bogotá, á 30 de Noviembre de 190r.
Por el Comandante en Jefe, el General Jefe,
RoBERTO MoRALES T.
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~o[din !nilitar be ~otomóia
'- 713 J
POR LA VERL) D DE LA HISTORIA
'i el Sr. General Pedro Nel spina no hubiera hecho en el
ExtranjPro una publicación en que refiere á su manera los acontecimientos
del 24 de epti"'mbr , consignando en ella afirmacione
in .·acta-, las líneas siguientes no se habrían escrito, tanto por la
amistad que me ha unido al General Ospin , como por tratarse de
acontecimiento en que tomé parte como Comandante :rviilitar de la
Plaza de B ... gotá, puesto que no ejerzo en la actualidad.
Tan luego como á mi oídos llegaron los rumores de lo planes
políticos que se decía proyectabr.. el General Ospina como
:tv!inistru de Guerra, solicité de él unos minutto de conversac· n
rescrYat.la, y n ello 1 dije sin pr ámbulo de ninguna especie,
que en 1 momento en que nec sitara mi renuncia, ella sería pre-entada
; que mandaba una División en la cual e ignoraba lo
que era la política, pu ·s no onocía otra que cum lir con su debety
sost =-nct- al 'obi rno el ll:.,·cmo. r. 11arroquín. El en ral Ospina
m e ntc tó ·fU agradecía mi fran u za, y tomaba nota de
mi palabras por lo í(UC pucliera ocurrir. Faltaría ~í la verdad ~ i
no agr (¡·ara uc dt: Jué el a conv r ación guí jet-ci nd el
car(r que desempeñaba n el Ejército, en los mi. mos t rmin que
antes.
Ll gad ·1 día 24, de de temprano tuYc conocimiento de algunos
t .1 ~;ramas d 1 General ) ~ p;na, que incidentalmente, en
copia, ay ron n manos del Go ernador de 'undinamarca, en
una 1·onda practicada n ca a de un rcYolucionario, y no me quedó
duda ninguna de que el Iini tro, al censurar oficialmente la conducta
del 'obierno de que. hacía part , no obraba con lealtad,
puesto que si cr · fa que el G bierno con cientemente procedía mal,
su camino estaba tra7.ado de antemano: renunciar l fvlinistedo.
En la noche del mi mo día se me volvió á llamar de la Gobernación,
á la \'ez que uno de lo~ Ed cane del E.·cmo. Sr. Viceprc
idente me comunicaba que se temían graves acontecimientos
de un momento á otro. Como era mi deb r, acudí á los cuarteles
de algunos Cuerpos que, por cualquier razón ajena á la política,
estaban sin anto, me hice reconocer como Jefe de la. Plaza,
y de acuerdo con las instrucciones recibidas, les comuniqué la orden
de no obedecer mandato alguno que no c. tuviera previamente
aprobado por el encargado del Poder Ejecuti\'o, lo cual ya habían
hecho con los demás Cuerpos los Jefes en servicio del día.
En seguida me trasladé á Palacio acompañando al Gobernador,
y allí, orientado sobre otros incidentes relacionados con la
política, como la marcha precipitada del General Ospina Chaparro
y la amenaza hecha por alguien al Excmo. Sr. Vicepresi ente
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~o(etin ~Hitar be (1¡1ombia
'- 714-'
de que si n) e retiraba del puesto correría la angre en las calles
de Bogotá, maniLsté al E.·cmo. Sr. l\1arroquín que las fuer,_a de
mi mando sabrían cumplir con u deber, lo mismo que las demás
de la gu · rnición, cuya lealtaCT no admitía duda, y ap yé la orinión
de los que creían era llegado el caso de que se pidiera u renuncia
al Gcn...:ral Pedrv d Ospina, lo uc ea ef ·cto e hiz. >, < nviándoselc
la · :{:.!'!la del casn á su ca. a de ha !Ji ación á las on e
de la noche.
Co el ] ·f•..! l. E tad ~ Ia ·vr de la Di\·i:si0n de mi m¿ ndo
lo er::~, aclem:is, e 1 Comi ión, d ·1 Ej 'reí tu que regía el General Ospina
Ch- parro, y aun ( uand es e ]t f, lo había d ·a do sin a· rilmcion
s, 1 galm~nte ejet·cía aún el caro· , 1 - ,pu ·, n \'Í ·a "...!los
acontec.mientos, que s< le en ·iara al campamc.1 o á n:asun1ir us
funciones, con orden tlrmach por .... ¡ Encarg-itdv del 1 uder EjccutiYo,
para que no vl>ed ci y-~ las d 1 Ge 1eral o pina Chap· l'rO,
ca o de uc '"!}!¿ e.lv<..>. :ieran 1 n d ' !)Cdnv imi "nt' el TOLÍl rilo ó
entrañaran la nwxcha · !1 Ej\-:rci d Occi lente obt e B ~·utá. En
fin, antes de ue putli .... t :st.r co-ta ) el tc'~~·cafo, como en efecto
lo fu el de 'il\e a, ~í la .·cz que e a \Í al a la cuc oc urda á varios
Jef s y auto id· : dt: f era de la capital, prevÍ'> pcrr i · upcrior,
or lené á fuerza· de mi Di ·i ión e ·tabl ci la en El Trig-o 11 obcd~.;cieran
ó- enes .;>in o d 1 hoy ~en ral Sa Iom 'n Correal, é UrilH, p r na qu no
era r··rata al Lj ~r .ito, t''nt· p r super i t ·ncia n no relir .. r nuestro
. lit i tro en C¿ racas, omo p r hab 1· dicho n casa. de algún
1lini tr Plenipotenciario re. id ntc n B got.', que el anterior Ministro
d ru rca halJía or Jenado qu tro~)a~· colombianas pasaran
á V nezu ·1a á au.·iliar á los revolucionarios d a Re¡ 'blica, lo
que i10 r:1. •.:act , conforme lo prueban los copia ore. de aquel
Ministe ·io, y que en caso d" serlo ·ra r \'elación de un ~ ecreto diplomático
prohibido por el patriotismo y la Con ti turión y que causaba.
daño al paí ·. Esto sin contar su inten·(:nción "'11 l a unto
Banco-, lle\·ada hasta con L guir que- el G ncral Pedro el O pina,
e.·tralimitánduse ·n sus funcione , pu ·il~ra una nota al Tesorero
de la Reptiblica, ordenándole dcYul viera una urna al Banco de
Crédito .Antioqueñ •.
A la mañana . ig IÍl!nt , como no e n..!cibicra. en Palacio conte
tación de ninguno de lo do . .:. Iinistnr, el Pod r Ejecutivo nombró
J.'Íini tro d ~ Guerra al Dr. ]. V. Concha, diciéndo e lo hacía
por renuncia. del Gen ral O ·pina, porque nunca antes se había
pre~entad; vjc~mplo de que un I\tiini tro re~i ·ticra pre entarla. El
Dr. Concha se encargó del puesto, n atención á los peligros querodeaban
al Gobierno, y romunic' su pose ión al General O_ pina
por medio d esquela, para evitarle el bochorno de que volviera á
un Despacho en que ya no tenía funciones que ejercer, á pesar
de lo cual el General Ospina hizo esto y reg-entó el Ministerio como
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58otetin ~HHtar be ~o{ombia
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si aún fuera Ministro en ejercicio. Con este motiYo, á las ro a.
m. se me llamó á Palacio, y allí me impuso el Dr. Concha de
lo que sucedía, me mostró el Decreto en que se le había nombrado
Ministro de Guerra, firmado por el E.·cmo. Sr. Marroquín y
el Ministro de Gobierno, General Quintero Calderón, y me manifestó
que debía reducirs~ á prisión al General Os¡Jina para impedirle
que indebidamente ejerciera ante J jército funciones que no le
correspondían, para lo cual pedí la Yenia de ordenanza tanto á él
como al General ~fariano Tobar, mi superior inmediato, para comunicar
las órdenes del caso, lo que en efecto e hizo. El arresto
del General Ospina se ejecutó con tanta cultur , que ninguna de
las personas que á la sazón and?. an por el Capitolio, ni aun la misma
gl;lardia, se dio uenta de q·JC el General e;·- finistr salía
de aquel edificio privado de su libertad.
A Palacio no llegó, pues, contestación ele la carta dirigida al
General ·pina sino al dfa iguiente; y la del Dr. Uribe no se recibió
ino hasta el t rcero, cuand ya los acontecimientos referidos
eran hechos consumados.
Transcurrillos unos pocos días, solicité y obtuYc permiso para
visitar al General O ·pina, qui n me hal>ía l. cho saber qu ría hablar
conmig·o para arreg-lar algunos asuntos, como la entr ga de
dos mulas ele su propiedad al Sr. Gómez, su Ayudante, lo que se
hizo, y acordar _l precio de unas qrjet a finas, d, campaña, construídas
en el talier oficial, la cuales, por mandato del Dr. Concha,
le supli ué con~erYara en su poder.
El nuev .1 1fini tro de Guerra había ya obtenido la " nia del
E. ·cmo. r. farroquín para pon r r.n liberta l al General o_ pina,
como pru ba de mao·nanimiclad y para no ahondar di ·i iones,
cuando la captura de docum ntos imp rtantcs vino á prol ar hasta
la evidencia sus pactos con el encmi~·o que intentaba d rribar á
un tiempo la Constitución de 1886 y el obierno del E.·cmo. Sr.
rfarroquín y, como se comprende, el Dr. Concha, asumiendo toda
responsabilidad, ordenó la e.·pul ión ele los Srs. Generales Ospina,
I Iolguín y Saa vedra.
Por lo que hace á inversión d los fondos reservados del Ministerio
de Guerra, afirmo categóricamente que el Dr. Concha
nunca dispu o por sí ele un centavo, como lo prueban las cuentas
que se llevaban en mi oficina y están lista para ser sometidas al
examen de la respecti \·a comisión del próximo Congreso. El General
O pina está bien impuc<:to de cómo se hacía esa clase de gas-tos,
y yo no temería un careo con él sobre el particular ...... .
Tales son los hechos que no podrían negar ni el General Ospina
ni el Dr. Urib , y que además tienen multitud de testigos abonados.
Compáreseles ahora con la aludida publicación del General
O pina, y se verá la sinrazón de ésta, que escrita, sin duda alguna,
en momento d ofuscación, será para el resto de su vida amargo
torcedor, si aún no ha rene~ado de Colombia, puesto que es á
ésta y no á determinada causa 6 persona á la que ha hecho daño,
porque en el Extranjero, donde no todos leerán las rectificado-
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~oidin !militar be ~olombia
'- 716 _;
nes que á su escrito se le hacen en el país, siempre habrá quienes,
faltos de criterio, crean lo que él afirma é ignoren los pactos acor-dados
entre el Presidente Castro y los rebeldes colombianos y en- •
tre éstos y ciertos partidarios del Dr. Sanclemente.
Quienes estén al tanto de los hechos ocurridos durante la actual
guerra, y sepan que hasta el Gobernador de un Estado de V enezuela,
con su Estado Mayor uniformado, pasó descaradamente la
frontera, á medio día, para unirse á los rebeldes, á los cuales suministró
además otra clase de recursos; quienes sepan que en Palontgro
sucumbieron muchos centenares de venezolanos; quienes
conozcan el Tratado de Amapala entre Castro, Alfara y el execrable
Zelaya, y no ignoren las pretensiones de éste de vender á Inglaterra
las islas Mangles, propiedad de Colombia, ratificada por
el Laudo arbitral francés, y que le fueron ofrecidas desde 1895 por
los rebeldes, á cambio de armas para ensangrentar el país,-ésos,
decimos, condenarán la conducta del General Ospina, no darán
asentimiento á su inexactas afirmaciones, y en todo caso, de creerlas,
apenas verían en ellas una justa repre alia por parte de Colombia,
arruinada y ensangrentada por culpa del dictador Ca tro.
Y por si alguno de fuera del país llegare á leer e tas líneas,
haremos la siguiente observaci9n : habiéndose Yerifi ado la tentativa
de Ranjel Garbiras antes de que el General O:spína, no dig se
hubiera encargado del Ministerio, sino venido de la Co ta i Bogotá,
¿cómo pudo oponerse á ella en Consejo de 1\finistt-os? Y á
quien afirma un hecho perfectamente falso, ¿,cómo pu de cr .érsele
el r sto de lo que diga? Además, suponiendo ci ·rta la afirmación del
General Ospina, ¿cómo conc bir que siendo ya él Mini tro de Guerra,
y no asistiendo mttua el Gobernador de Cundinamarca al Consejo
de 1\finistros, fuera ~ste, es decir, el Dr. Concha, quien daba órdenes
al Ejército de Santander? O era un Juan Lanas que permitía
que se jugara con !:>U nombre y responsabilidad, ó car cía de dignidad
si, comprendiéndolo, no arrojaba al rostro del Vicepr sidente
la Cartera que ejercía. Que escoJa en el forzoso dilema; pero como
nada de e;sto es admisible en un hombre que no niega el proyectado
golpe de Estado, trata de excusarlo arguyendo ilegalidad en
su nombramiento y posesión, y además es valiente soldado y afamado
jefe, tendremos que su escrito, en síntesis, es un grito de despecho
provocado por el fracaso de una desmedida ambición, de
una exagerada soberbia engendrada por las adulaciones de algunos
Tenardieres que esperaban medrar á su sombra.
Quiera Dios que el General Ospina tenga el valor mayor, el d~
recoger sus infundadas afirmaciones, para que así recobre la estimación
de sus amigos, puesto que la mutua estimación es la hase
de la verdadera amistad, y ningún sincerv repúblico puede profesarla
al que consciente ó inconscientemente hace daño á la madre
patria.
F. J. V. V.
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~oletin !nilitar bt <[olombia
'-- 717 .J
LA Dil ECCION DE LA GUERRA
EXPOSICIÓN SUCI1 TA DE SUS PRI!CIPIOS Y .IEDIOS DE EJECUCIÓN, POlt EL ,
GENERAL COL. IAR BARO. VON DER GOLTZ
(Traducción pam el Bold!n .Vi/dar)
Oontinúrl
Tomada en sí misma, la situación de un ejército que obra sobre
la línea interior no es siempre ventajosa. Comúnmente no se
11ega á ella sino cuando el ad ver ·ario tiene la superioridad. Pero
la Yentaja p lr,1 m y bi~n r\,.;sultar para el defensor, del hecho d e
encontrars · colocado entre las lín as de operaciones de] acometedor.
Lo que 1 procura ventaja es la posibilidad de emplear en Ya rías
casiones unas mismas fu"'rzas contra dif rentes grupos enemigo
. A la cab ... zade 30,000 hombres e podrá sucesivamente batir
tres fraccio 1e que cuenten cada una 20,000 hombr ~,. en tan to
qu n se tendría. ninguna pro abilidad de éxito si los 6o,ooo estu
\'Í s n reuniclos.
l at·a C]lle 1 uso de la línea interior sea po ible, el comandante
d l erá pro ·e cr on la mayor rcsolu ión y no per l •r nunca un
momento; to · s las fuerzas cnemig estarán en mar ha pat·a reunirse
v i ella verifican _u uni n, la situación cam iará total m nt
. ~~segun o lugar, se n cesitará dLpon_r de tt·opas muy enéro-
icas, por ue 1 uso r iterado que ele llas se haga, las consumirá.
much más, como es natural, ue i solas e las emp ña e una
vez . La e; marcha y contramarchas serán para ellas fuente de grande
fatigas, y no permitirán ino difícilmente atender á su subsistencia.
*
En seguida, rá menester que la dist· ncias que haya que t· e correr
of1· zcan con di ·ion s favorables . i son demasiado red ucidas,
el defensor qu da xpuesto al peligro de Yer, mientras se b a te
con una d las columnas enemigas, que 11 guen las otras que le fl a nqueat
·án y Je envohcrán . i son demasiado grandes, resultar á que
e n tanto que uno se ocup de una de las col umnas enemigas, p e rd
erá de vista las otra p un tiempo demasiado largo, y éstas pod
rán continuar desa r roll ando su p la n s in ni ngún estorbo . Se n e ces
itan , pues, d i tan ci a s medias, y és ta s no se p r esen t arán s ino por
un tie mpo limitado, si e l adversari o avan za sobre líne as concé ntricas.
Ahora bien : s e rá muy difícil aprovechar el momento oportuno,
á causa d e la grande incertidumbre que reina en todas las
cosas de la guerra.
• Por este motivo, en lo g eneral el empleo de la línea interior n promete
éxito sino al defensor que obra sobre el suelo na.cional.
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~oletin ~i(itat be (toiombia
'- 718 _¡
Por último, para que la operación salga bien, es preciso suponer
que no exista ninguna inteligencia completa entre las diferentes
columnas del acometedor. Si éstas proceden de concierto,
como lo hicieron los ejércitos aliados en 1813, cuando se vio fracasar
la grandiosa operación de Napoleón sobre la línea interior
con Dresde por punto de partida, el éxito será nulo. *
En la actualidad, al comenzar las g·uerras el efectivo considerable
de los ejércitos será un obstáculo para el éxito de estas operaciones.
No se podría hacer andar de aquí para allí sobre las líneas
interiores, á masas tales como las que se ponen hoy día en pie de
guerra, como lo hizo Napoleón con sus tropas en las glorio as jornadas
lle Febrero. L:1. sorpresa, que en otros tiempos contribuía en
mucho al é.·ito, ya no se producirá, porque el telégrafo suministrará
muchísimas noticias sobre la po ición momentánea del defensor
que maniobre ·en el interior de la zona atacada.
En las guerras futuras no veremos que estas operaciones produzcan
felices resultados sino en el momento en que, á causa de
un largo período de lucha, los diferentes cuerpos hayan visto reducirse
su efectivo, y cuando el agotamiento de las fuerzas no permita
ya, á uno ó á otro de lo partidos opuestos, de plegar toda la
energía y toda la vigilancia deseabl s.
Aun se podrá admitir la posibilidad de hacer uso de líneas
interiores, en teatros de operaciones que abarcan países enteros,
y en los que la situación tenga más bien un· carácter pol 'tico
que estratégico. De este modo Alemania si tuviese que luchar simultán
amente contra un enemigo que viniese del este y otro del
Este, se encontraría colocada en la línea interior, y sta po ición
podrfa scrlc propicia .. n cuanto ·u fuerza de resist ncia e aumentaría.
Si sobre una de la fronteras ella lograse atajar las
operaciones del nemigo, su red férrea muy completa le permitiría
transportar con rapidez masas ele tropas considerable sobre
la tra frontera, con el fin de obtener la superioridad sobre
este punto. Pero para esto sería necesario tomar una resolución
con la mayor prontitud, y saber ejecutarla lo mi mo, porque sta
empresa no podrá durar mucho tiempo oculta. En la guerra de
los Siete Años Federico el Grande hizo uso de un procedimiento
semejante para con Austria, Francia y Rusia. En su ti mpo, los
ejél·citos no cambiaban de lugar sino lentamente, pero las noticias
tampoco iban aprisa, y lo que exigía mayor tiempo aún, era la inteligencia
entre las Cortes de los Esta s aliados, relativamente á
su acción común.
Oprradones combz'nadas-Se entiende por operaciones combinadas
el procedimiento empleado por el defensor, cuando él ha acu-
'- Para engaflar á sus adversarios y entorpecerles su acc1ón en conjunto,
d defensor. deberá, la mayor parte de las vece , dejar enfrente de las columnas
enemigas contra las cuales no tiene intcnci n de acercarse con el grueso de
sus fuerzas, algunos destacamentos, aun de un efectivo muy limitado, á fin r tiene alguna . ·tensión, y i éste ha a bid o sacar bu n 1 artido
de to as las ventajas del tcn·en , el adv r ~arios · rá d ~de luego
obligado á r con cer ta p ición. Luégo cleb ·ni bu car la· vías
para acercar e, y adelantar por Jl s su tro1 as, d pl gá dola al
propi ti mp para 1 corn at . 1 odo e ·to deberá eje u ar e f · ra
de la zona ficaz e los fu •o-os de la artillería, á una cli tancia que
se calcula en la actualidad s de 2,500 metro .
La línea e de_pli gue erá, 1 u ·,considera 1 mente má , -
tensa ue la po ici6n nemiga, y los movimiento ue efe ttl.en las
tropas petra avanzar se har:ín á camp tra \ i a. E ta marclm
consumid. la fuerzas de los soldados. l\1ientras más oTandc a el
efectivo de las fuerza , más largo sení e] de pliegue y mayor también
será la fatiga. , i además el suelo es húmedo ó está cu ierto
d e nieve, el movimi nto de a vanee será de tal modo peno o, que
el deterioro deo·enerará en agotamient . La manera de combatir
s e r á también distinta, porque la caballería casi no podni obrar; la
a rtillería v rá su acción considerablemente restringida, y la pe~ada
tarea tocará casi toda á la infantería . Si se agrega á to la corta
duración de los días de invierno, salta á la vista que los coml tes
q ue no se hay~n podido terminar en el día por cortarlos la n che
an tes de tener desenlace, serán muy frecuentes en tales circunstancias
. Para co nvencerse de ello no hay sino que trasladar se á las
jornada s de la b a talla d e l rvfa ns . .
Cuand o las tropas vuelve n á l os caminos d e s pu ~s Jel co mbate,
se ve r á r e producirse e l es pec táculo al cual ya se había a si stido
con ocasión del d e spliegue . Al examinar la profundidad d e las
columnas de marcha, uno se da ya cu e nta que un cuerpo de ejército
no se podría desplegar por completo para el combate sino
una sola vez al día. Una división podría, mediante esfuerzos inau- •
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'Uo[etin mmtat be ~o(ombta
'--- 72 I __)
ditos, d, pieo·ar e la primera vez, volver á ponerse en marcha y
tomar por ~ecrunda vez la formación de combate. Pero este segundo
esfuerzo lo haría á • pura pérdida, porque no le quedaría ya
el tiemp indi_ pens::tble para librar un combate antes de la caída
de la noche.
Toda::. esta cir un rancia son absolutamente favorables á la
defen i\·a táctica. i ella logra á fuerza de demostraciones decidir
á una gran de unidad "'nemiga á desplegarse en formaci6n de
combat , y luégo u traerse á ésta in sufrir pérdidas grandes, ha ..
brá ganado todo un día. Con frecuencia se pierde de vista este
hecho, y p r· esto _e fle.::cuida --1 . acar partido de un medio precioso,
que permit alcanzar el objcli'z•o por medio de una sencilla
amenaza de comlmte.
E., Jaro que l'ara emplear t te medio con éxito, el jefe debe- ·
rá ser háLil y la tropa po ·eer buena disciplina de combate. Al
tratar de tiempo, con frecu ncia e Ye uno detenido contra su voluntad
y obligad al ~ ncuentro á que deseaba sustraerse. Para
escapar ~í e te peligr habrá que h. ccr desde keg-o amplio uso
de la artillería de grande alcance. El ef ,cto de los fuegos, á decir
verdad, seni menos sensible : pero no se desea obtener un efecto
considerable: lo que se qui re es inducir en error al adversario.
Para llegar á. esto s podrá acudir á una astucia muy h.gítima,
fraccionando sus batería , con el m de hacerle creer al enemigo
que su número es más considerabk. Aun n las maniobt·a en
tiempo de paz; n que e. mu ho m:ís fácil dars-- cuenta de esto,
tal tratag-ema. ha logr do su objeto. . podrá. también ocupar
frente mucho má exten o de lo que lo permitiría n r alidad
el efectivo; de pleg runa l'rimera línea muy fuerte, no con er ·ando
sino r scn•as qu , en ca o d · ria resist nci , s ')rían in ufici n-tes.
quellos on medios que se mpl arán siempre con é.·ito.
Lo m' difícil discernir el momento en que se pueda juz-gar
que se ha alcanzado el o!JjeHvo. i se la deja pa ar, las consecuencias
funestas se harán sentir inm diatamente. Lo que no era
sino una apari ncia, se convierte en r alidad, para lo cual no está
Ut;lO preparado de ningún modo. De manera general, se puede
asegurar que si la infantería se compromete en alg·una ocasión
seriamente, la lucha deberá continuarse hasta que el desenlace
surja, por ue no será posible renunciar á ella in que se sufran pérdidas
más graves. Será, pues, preciso interrumpir el combate antes
de este momento. Esto no será fácil, porque el enemigo se dará
cuenta de la situación y comenzará en breYC á tratar de avanzar
con presteza.
2. Empleo de los dije1·uztes métodos de difenszva táctz'ca-¿ Cuándo
deberá tratar e de ganar tiempo, de cansar al enemigo, 6 de recurrir
á la lucha decisiva?
Es esta última la que deberá señalar el punto final del conjunto
de las operaciones defensivas y preludiar el cambio.
Habrá, pues, que aceptar la lucha decisiva desde que se crea
disponer de la mayor fuerza que se pueda esperar conseguir. Esta
TOMO II-46
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~oletin m-Hiitar be que acabamos de e tablecer
parecerán por sí solas muy sencillas y muy clara . P ro no es fácil
hacerlas pasar del dominio de la teoría al de la práctica, porque
el cuadro que se tendrá á la vista <'n campaña no ofrecerá
toda la claridad deseable. Si -._ posible prever con alguna certidumbre
el punto en donde 5e recibirán refuerzos, la mayor parte
de las veces no se puede saber i el adversario estará en el mismo
caso, y si sus refuerzos no contrabalancearán los nuéstros. Menos
fácil es todavía formarse una id a exacta del número de las pérdidas
probables.
Al apreciar la situación en que se encuentre el adver: ·ario, se
cometerán probablemente rror s, y error s graves. abemos de
qué modo los aliados se engañaron á este respecto antes de la batalla
de usterlitz. El lento agotamiento que e originó n 1812
en el ejército francés en 1 L.sia .. no lo reconoció el adversario sino
muy tarde. Ilasta cuando hubo tomado po ición de K .aluga, Kutusoff
no se había dado cuenta plenamente de ella. A este re pecto, el
acometedor tiene la ventaja sobre el defensor. Al avanzar pasa por
los campos de batalla y por los campamentos del adversario, y la
mayor parte de las " ces seguirá los mismos caminos. Las huellas
de desorganización no se le escaparán sino muy difícilmente, y tiene
más ocasión para hacer prisioneros. El defensor que retrocede
no dispondrá de semejantes medius, y si obra en país extraño, los
habitantes no le darán informe suficientes. Podrá, e cierto, apreciar
el estado de las fuerzas morales y físicas del acometedor, según
el grado de vi acidad que éste manifieste en los encuentros;
pero no deberá perder de vista que la conducta de los combatientes
dependerá quizá de la importancia más ó menos grande que
el jefe conceda á la realización de sus proyectos.
Si, pues, teóricamente es posible indicar los puntos que sirven
de apoyo para formar apreciación sobre los cálculos del enemigo,
ésta no dejará de ser incierta en la práctica. Se deberá fijar el
diagnóstico de acuerdo con el conjunto de las circunstancias. El
que posea la experiencia de la guerra y el conocimiento de la naturaleza
humana, lo hará con más facilidad.
Conlt'núa
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~oietin ~Hlitar be . Tomás Urrccha y D. Juan Darry
"Acuso recibo á VV. . de ]a nota que tuYieron á bien diri-girme
de Caracas el 26 de Diciembre último. Aceptad mis sinceros
a~radecimientos por la cortesía que mostráis en la honorable misión
confiada á vuestro celo por el Gobierno de S. M. C., para la
pacificación de stas proYincias en otro tiempo granadinas.
"Nada put:de haber sido más conveniente como la determinación
que se ha tomado para e\·itar á VV. SS. un viaje á Cartagena.
E to hubiera sido duplicar una negociación que, por su naturaleza,
e.·ig ser única ; y, por otra parte, me complazco en su-
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~oletin militar be ~olombia
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poner que las dos misiones se han dispuesto con perfecto acuerdo,
y que los comisionados guardarán las relaciones más íntimas : me
refiero á la nota que dirijo hoy á vuestros colegas, Sres. Sartorio y
Espelius, dignos de participar con vosotros la gloria de hacer brillar
la aurora de la paz en estas vastas regiones.
"Acoged, señores, la expresión de los sentimientos de alta
consideración con que soy vuestro muy obediente servidor,
BoLÍvAR
"Cuartel general de Bogotá, á 25 de Enero de 182 r."
Confieso con toda la franqueza de mi carácter, que leí y releí
varias veces estos documentos singulares, y que á cada lectura
crecía mi sorpresa. Esta im~rcsión era muy natural, porque S. E.
el Presidente de Colombia me decía que mi predecesor, en la entrevista
de Santa Ana, le había asegurado que partía para la Corte
de ~1adrid con la intención de trabajar allí in tregua por la
dicha de Colombia. Y yo, testigo de sta reunión, recordaba lo
más fielmente las palabras del eneral ivforillo; él había jurado
á S. E. el Presidente y á todos los concurrentes, que trabajaría sin
tregua por devolver á los pueblos de Venezuela la dicha que habían
perdido. La diferencia de los t 'rminos no muy grande, pero
la del sentido es enorme .
. E. el Presidente me proponía un nuevo armisticio, que
consideraba como nece ario y duradero, á causa del retardo que
debía experimentar el tratado definitivo que sus comisionados iban
á concluír en l\fadrid. Y, al propio tiempo, con el pretexto de los
sufrimientos y desgracias de su ejército n el país que ocupaba, de
acuerdo con el tratado de Trujillo, me exigía la entrega de Ríohacha
y de las plazas ele Cumaná y de Maracaibo, lo mismo que
la disminución de mis tropas. No podía concebir semejante exigencia,
que no debería haberse hecho sino después de una gran
victoria, por un enemigo victorioso y bien sur:-erior en número .
. E. el Presidente me decía que, firme y justamente persuadido
de que los comisionados del Rey no podían ajustar definitivamente
la paz, conforme á las condiciones exigidas en Cúcuta en
Agosto de I 820, enviaba á Madrid á los Sres. Revenga y Echevarría,
con todas las instrucciones y todos los poderes necesarios
para terminar con el Gobierno supremo un negocio tan importante
( Contz'núa)
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~oletin ID'tititar be ~o(ombia
\.._ 733 _J
~ ~~ú~ck¿(~
NUEVA GRANADA
SU. PIQUEZAS ~ATURALES
Por J. D. Powles Esq., Presidente del Comité de Tenedores de Bonos de Hispa.
no-América -
, (VERSIÓ.· DEL I ·cufs P.\RA EL "BOLE1J.· MILITAR")
(Continúa)
Del Rev. ¡v. Lcz¿y, quien rcsichó j;or murl10s mios en J ...... ueva Granada
] uwn idl', B th, 16 de: SepLiembrc de 1861
Respecto de las tierras de la Nueva Granada, no hay clut}a de
que con tal que los capitalistas particulares estén bien connaturalizados
con el pueblo y clima del vall del ~Iagdalena, desde I~Ionda á
Nciva, Citará y la bella cordillera central de los Andes y sus cercanía
... , pueden cultivar tierra. con provecho para las iembra de
café, cacao, maíz y trigo, á ciertas alturas; en tanto f!UC _} tabaco
en las llanuras de Arnbalema es uno de l s pro luctos más lucrativos
en grande escala.
ucva Granada es un país bello y maravilloso, abundante en
productos tr picalc y ca az d e vasto de arroll , por lo cual cuando
las tierras sean conce ida , todo lo que e 1·e uerírá ha de ser
tres ó cuatro ficiales activ s, acompañados de un albañi!~ un carpint
ro y un herr ro de Incrlaterr . ' od ... ) lo demás se 1 uede con ·eguir
ccn el trabajo de los naturales, con má economía y provecho
que en un stabl cimiento de europeos.
Por supuesto, yo no conozco las condiciones peculiare de
los territorios a ignado · á la Com¡ añía de '1 enedores ele Bonos de
Hispano América · pero me a · nturo á indicarles la ierra 1 evada
de antawarta como un punto que convida para comenza ·.De
los intrincados decli\·es de e ta vasta montaña descienden numerosos
arroyos. Es sobre estos arroyos, escribe el Capitú.n Hall, de
la I\'larina británica, y entre este espinazo de montañas y el mar,
en donde se podría, según mi opinión, fundar más ventajosamente
un establecimiento europeo.
Las tierras no están ocupadas, con excepción de dos pequeñas
aldeas de indios pacíficos é inofensivos. Estas tierras son sumamente
fértiles, capaces de producir abundante cacao, café, al ..
godón, caña de azúcar, añil, arroz, tabaco, maíz y toda clase de
frutos y de vegetales Hay grandes regionesde pasto natural para
la cría del ganado. El clima es sano, y el colono tiene la ventaja
de ir buscando en las alturas de las montañas el clima adaptable
á su constitución, porque la montaña le procurará el clima particular
que él prefiera. El mar abunda en pescados; los bosques en
caza y pájaros silvestres. La ciudad y puerto de Santa Marta á la
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~otetin IDlHitat be ~olombia
'- 734 _)
izquierda, la aldea de Camarones y el puerto de Riohacha á la
derecha, le procuran mercado tanto para sus productos como para
todos los artículos de consumo que se necesiten en la colonia ; agregad
á estas ventajas que el colono puede establecerse en cualquier
sitio que intente ocupar y sembrar.
Otra parte del país, algo menos ventajosa, se encuentra al
sur de las montañas de Santa Marta. Se comunica con el Magdalena
por una serie de pequeñas ciénagas, y con la costa del mar
por Santamarta y Riohacha. Comprende una extensión de cerca
de treinta leguas, con infinitas bocas hacia las montañas, alternando
los bosques y las sabanas, regadas por abundantes ríos. El clima,
aun cuando cálido, es sano, y no molestan los insectos que hormiguean
á orillas de los grandes ríos.
Entre Chiriguaná y la aldea indígena de la Ciénaga, sobre la
costa de Santa Marta, hay una tercera extensión, casi inhabitada,
de s.etenta leguas de Norte á Sur, casi cubierta de bosques soberbios,
y que abunda en tierras de calidad excelente, especialmente
á las orillas de los ríos que bajan de la Sierra Nevada de Santamarta.
Acerca de los indios de la Ciénaga, cerca de antamarta, un
oficial que estuvo últimamente al sen·icio de Colombia, escribe :
"Estos indios son de una raza notablemente fuerte, con hermosa
y varonil expresión de cara, muy e.·enta de la indolencia
que g-eneralmente caracteriza las facciones de los indios. Su
vestido es igual y sencillo, y consist n un gran sombrero de paja,
una camisa á cuadros, c~lzones anchos, y con pañuelo, de algún
color vistoso, amarrado al rededor de la cintura. El xtenso lago,
sobre las orillas del cual está situada su población, los induce á
ocuparse en la pesca. Además, cada familia cultiva un pedazo de
terreno de las exuberantes tierras que se encuentran al pie de la
Sierra Nevada. Tal es la abundancia de pescado en el lago y tal
la fertilidad de las tierras que cultivan, que un día de la semana
empleado en estas tareas, caza y siembra, les basta para procurarles
todo lo necesario para la vida, y algo más, disponiendo de
lo cual ellos logran en Santamarta los medios de satisfacer su disipación
y relajamiento.
"Los aislados grupos de•montañas á espaldas de la ciudad de
Santamarta-escribe el mismo oficial,-cuyas cumbres se elevan
hasta las regiones de la nieve perpetua, por su extensión y variedad
de clima, pueden en lo futuro ofrecer un campo interesante al
agricultor."
Si yo deseara emigrar, sin duda preferiría á Nueva Granada
á cualquiera otra parte del mundo-( Contz"mía).
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~otetin ~Hitar be ~olombia
'- 735 _J
VIAJE A LA REPUBLICA DE COLOMBIA EN 1823
POR M. :MOLLIEN
(Traducido para el Boletht !lfilitar)
(Continúa)
Una mesa, una media docena de sillas de madera, un catre
de tijera, un jarro, dos candeleros, forman de ordinario el ajuar de
estas habitaciones construídas de ladrillos y cubiertas con tejas.
Dos sitios que ha sostenido Cartagena han agotado los recursos
del mayor número de las famili&s.
Hay en Cartagena dos conventos de hombres, y dos de mujeres;
el uno contiene veinticinco monjes, el otro treinta religiosas.
Esta uiudau posee también dos hospitales.
Cartagena es una plaza sumamente fuerte y muy extensa;
lo menos se necesitarían g,ooo hombres para proteger todos los
puntos de ella. Se admiran las inmensas cisternas que contienen sus
muros; el agua que allí se conserva es muy buena. Cartagena es,
pues, más bien una plaza de guerra que un puerto de comercio, y
dejará de ser esto cuando ya no ·ea lugar de depósito de merca-derías
de Panamá. .
Distante doscientas legua del ecuador, la t mperatura es ardiente
y mal ana ; la fiebre amarilla hace frecuente e tragos.
La población de Cartag na, ue de I ,ooo alma , en gran
parte no e compont:! sino de hombres de color; la mayoría son
marineros ó pescadores. Varios tienen tiendas d "' mercancías ó de
com stibles, otr s ejercen oficios útiles ; sosti nen una industria naciente
que segura~ e nte para prosperar o necesitaría sino de apoyo
y de emulación. Hacen uy linda obras de carey, son hábiles
joyeros, buenos carpinteros, .·celentes zapateros, sastres tolerables,
carpinteros mediocres, h rreros más bien que cerrajeros,
albañiles desprovisto de ideas de proporción, y malos pintores,
pero músicos entusiastas.
Los peligros del mar, una industria con frecuencia a:labada y
siempre bien pagada, han suscitado en las gentes de color un orgullo
de que á veces hay que quejarse. Su vivacidad y petulancia
contrastan de manera singular con la apatía y buen carácter de los
que se llaman blancos ; de modo que, á pesar de su pereza, parecen
activos y laboriosos. Son ellos también los que se encargan del
contrabando, en lo cual emplean una buena fe que es un reproche
para los administradores encargados de contener este desorden.
Las mujeres de color, procedentes de negras y de blancos, son
corpulentas y mucho más atractivas que las mulatas de nuestras
Antillas, generalmente demasiado gordas: las hijas de indias y de
negros, tiene~1 más suavidad y expresión en la fisonomía. Si, por
una parte, las razas se debilitan bajo los trópicos, á medida que se
vuelven más blancas, por otra, se embellecen; por esto, todas las
mulatas son· muy inferiores en belleza á las mujeres blancas y
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S8otetin WH!itat be ~o{ombia
~ 736 _j
pierden mucho cuando se encuentran con e ll as; lo que acontece
con frecuencia entre los españoles, porque no hay en las iglesia s
si tios privilegiados como en los templos de los E<-tados Unidos. E n
· los paíse españoles todo el mundo reza en conj unto, no importa
el color, y e l pueblo no tardaría en sublevarse si la autoridad fijase
e n la puerta de una io-lesia este aYiso: 1-Iay 1'tzstrucdón. para las
gente~· de color.
Durante mi permanencia n Cartagcna las tribus indias que
viven en las e rcanfa de e ta ciudad, trajeron á ella alternativa mente
la alegría y el espanto. Algunos indios del Darién que habían
venido á reconocer la soberanía de la República y á pedir
p resentes, causaron gran sati facción á 1a administración ; pero
este triunfo fue amenguado pronto por la notida de la toma d
Santamarta por Jos indios de la Ciénaga.
i.. t.e movimiento pareció de suma tra cendencia, y obligó á
declarar á Cartagena en estado de sitio por cuarenta días.
El I.0 de Enero de 1823 yo me disponía á partit· para Santafé
de Bogotá. Los temores que la pro.·imidad de Monde , en
tonccs dueño de J.1aracaibo, esparcía por todas partes, me habían
impedido p nerme m:is pronto en camino. Una yez i n persuadido
de que el General español no se acercaba al río l\1agdal . na,
me dirigí al Intendente para conscc.ruir caballos. h te Administrador
en\ ió comí ionado en todas direccion 'S para. tratar ele obtenerlos.
Como el Ejército de lViontilla, el Jefe de los patriotas, e taba
de remonta, las gentes del campo tenían sus animal s ultos
en los o ques,. para su tt·aerlo á los r querimiento . :>or último
se ncontraron, y á pesar de la quejas bastante fundadas d ¡uello
á quienc 1 rt nccían, se le conduj can ados, r >n ,idos de
hambre y de s d. En ta:1to que, demasiado confiado n los uidado
de mi arriero, yo me ocupaba de los aprestos de mi viaje, se
limitaban á amarrar los caballos ·en un patio, s.in durles durante
tres días ni un manojo de yerba; habiendo puc to en camino, sin
saberlo, mis cabalgadura , me cau aron una gran desaz6n : ~í cada
instante los pobr s animales sucumbfan de inanición n el camino.
El calor era muy fuerte; marchábamos con mucha molestia
por entre el bosque, cuando oí detrás de mí á alguien que me gritaba
en francés: Afonsi'eur, ¿ ou allcz-vous ? La pregunta, la lengua
e n la cual se me dirigía, me hicieron volver la cabeza, y yj á un
joven que aguijaba su caballo para unírscme . Luégo de satisfacer
su pregunta, él se anticipó á las mías, informándome que había nac
ido en aint-Eticnne, en Forest, y r.¡ue ejerciendo el oficio de arm
e ro, había venido á Colombia, con la esperanza de hacer fortuna
en e ll a. us cálculos habían sali do fallidos en todos los p un tos.
D es p ués de contarme otras partic ularidades, me pro uc;o a co mpañarme
; a ce pté gustoso su ofe r ta, y no m e a r repentí de e llo porque
, testigo d e l tormento que m e causaban mis ca ballos, él me
prestó muchos servicios, ya ayudando al mule ro, ya estimulando
con su caballo á los míos, que se quedaban a trás. Pasá mos de Ternera,
y entreteniéndonos con las pillerías que los desertores habían
cometido en este camino poco tiempo antes, llegámos sin accidente
á Turbaco, bien fatigados por esta primera jornada.-(Conltnúa).
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo II N. 23", -:-, 1901. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691148/), el día 2026-03-08.
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