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iOGOTA, MARZO 23 DE 1901 SERIE II- 'I'OMO I-H. o 12
BOLETIN ~ilLITAR DE COLOMBIA
Organo del Ministerio de
Guerra y del Ejército
Ilion eolaboradores de este periódico lo.
Jefes y Oficiales del Ejército
Director ad honorea
F. J. VERGARA Y V.
General de Ingenieros, .Miembro a.
varias Sociedades Cientifioaa
BESTIAS MULARES
República de Colombz'a-Mz'núlerzo de Guerra- Bocrolá, I8 de Marso
de I90I
El Gobierno ha dispuesto que de hoy en adelante queda prohibida
la xportación de mulas de Cundinamarca y Boyacá á otros
Departam ·nto 6 al Exterior. En consecuencia, toda partida de
mulas que salga de esos Departamentos SIN SALVOCONDUCTO ESPJ:CIAL
expedido por el Ministerio de Guerra, será expropz'ada por los
Agentes del Gobi rno para servicio del Ejército.
El Ministro, JOSE DOMINGO OSPINA C.
SER VICIO PROTECTOR DURANTE EL REPOSO
Ó SERVICIO DE AVAJVZ.ADA.5, SEGUN L.EWA.L
[Üontinúa]
A- Centinelas
Cenlz'nela se llama al que vela guardando un puesto donde hay
peligro; facczonarzo ó zmaginarz·a, cuando no hay riesgo directo. En
la cabállería se denomina vedeta. Según su número y situación., 105
primeros son sencillos 6 dobles, normales 6 perdidos, y cada cual
tiene sus ventajas é inconvenientes.
roxo I-~3
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.35-f-
El centinela simple, aislado en la línea de vigilancia, se encuentra
en mala situación ; solo, lejos de los suyos, sobre todo durante
la noche, está expuesto á desfallecer y á dar á los hechos
una importancia que no tienen, y aun á ver lo que no existe. Además,
no puede dejar su puesto sin que se rompa la continuidad
de la línea, y sin embargo, con frecuencia habrá necef.idad de
que se desplace, tanto para observar mejor como para dar un
aviso importante ó detener á quien quiera atravesar la línea. Estos.
motivos imponen el empleo de centinelas dobles, con los cuales, aun
cuando se espacien más, queda mejor vigilada la línea, puesto que
uno de los hombres puede ir y venir y recorrer el terreno sin que
el puesto quede abandonado, disminuyéndose también el riesgo de
las deserciones. No obstante, cuando no queda otro recurso se emf>
learán los centinelas sencillos (pero si la tropa no es huena su
empleo ofrece grandes riesgos, como una deserción, una venta,.
etc.). La reunión de dos hombres, de los que uno observa en el
puesto mientras otro lo hace moviéndose, es lo que constituye un
centinela doble. Estos centinelas son ventajosos sobre todo durante
la noche: se sostiene la vigilancia y se mantiene unida la línea,.
pues en tanto que el uno permanece en el puesto, el otro se desplaza
hacia el puesto vecino, llegando hasta la mitad de la distancia;
allí se pone en comunicación con uno de los hombres del
centinela inmediato que habrá venido á encontrarlo. Luégo ambos
vuelven á su puesto, y los que ng se han movido lo hacen en seguida
hacia el lado opuesto; ejecutan lo mismo que los anteriores,
y así sucesivamente. De este modo los hombres en casi continu0
movimiento ni se duermen como cuando permanecen inmóviles, ni
se aletargan en los grandes fríos ó calores. En cuanto al desplazamiento
de los hombres, no ha de ser mucho, á lo sumo se extenderá
á la mitad de la distancia que separa dos puestos, pues si
se tratase de ir al frente, se convertirían en centinelas simples
con todas sus desventajas, y cuando esto sea necesario se les constituirá
con tres homhres en vez de dos, medida útil en muchos casos;.
mas el mejor sistema es el de proceder por camaradas de combate
ó centinelas dobles. Cuando lo exigen las circunstancias se emplean
centinelas múltiples ó pu.eslos á la cosaca compuestos de seis hombres
y un cabo, los que sitúan en facción una pareja de soldados unos
diez metros adelante, mientas los demás se sientan oculto¡ tras alguna
quiebra ú objeto del terreno, y destacan patrullas incesantemente,
rele ándose el todo de tres en tres horas. Empleando los
puestos á la cosaca, se suprime uno de los escalones de las avan-
7..adas, como que el centinela apenas queda á algunos pasos del
puesto y las sorpresas los alcanzan á ambos á la vez, dejando, cuando
son arrollados, al descubierto á los puestos principales; en tanto
que con •.ma línea de centinelas dobles y mucho más á retaguardia
los pequeños puestos, el principal siempre es advertido á tiempop
Además, si conservando la línea de puestos á la cosaca se establece
á retaguardia otra de piquetes, las tropas empleadas en
el servicio serían muchísimas, y muchas también las expuestas en
primera línea. En resumen, los puestos á la cosaca no se emplea-
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B oletfn Mt'ltta1' 355
rán haciendo parte de la línea de centinelas sino para guardar 6
vigilar puntos importantísimos y que por algún motivo no puedan
ser ocupados por el piquete, pero aumentando la lejanía de los
centinelas del puesto. También habrá que emplear este sistema,
uniendo centinelas· y piquetes, cuando se trate de tropas colecticias
y forzadas.
Lo que se llama cmtz'nela p~rdzao, ó sea un hombre que se hace
adelantar á gran distancia de todo auxilio, se proscribirá en absoluto,
pues que él de seguro pensará más en su seguridad que en
vigilar, no puede comunicar ninguna noticia y es muy fácil que no
regrese á sus filas.
En caso de que fuera del cordón de vigilancia quede algún
punto cuya observación se juzgue necesaria, en vez de situar en
él un puesto destacado, se hará que lo visiten continuamente patrullas,
con lo que se evita todo riesgo.
Datos precisos hay para fijar cuál ha de ser el intervalo entre
los centinelas ; varía con la intensidad que quiera darse á la línea
de vigilancia resultante de la distancia ó proximidad del contrario:
1.0 Advertir; 2.0 Mutua seguridad; 3.° CoercitiYo; 4. 0 Defensa
1.0 Los centinelas deben verse para que aunque sea por señas
les sea fácil comunicarse; si esto no sucede, temen los hombres por
su flanco descubierto, disminuye su vigilancia, y no hay seguridad
en la línea de centinelas, como que se podría franquear ésta sin
que hubiera quien lo impidiera, ya fuera un desertor, ya un espía.
• 2.0 En la oscuridad deben poder comunicarse á la voz sin
elevar mucho ésta.
3. 0 Los centinelas han de formar una línea cuyo fuego presente
alguna resistencia.
Estas cuatro condicione~ no siempre se pueden satisfacer á la
vez, y el mayor 6 menor número que pueda compaginarse, es lo
que da á la línea su máximum 6 mínimum de valor.
El principio de que los centinelas han de verse si hay luz 6
escucharse si ella falta, es absoluto, sean dobles 6 sencillos. El alcance
de la voz, algo mayor de noche que de día, no excederá de
200 metros si se quiere transmitir una serie de sílabas y no gritos,
y siendo el frente de una gran guardia de 200 metros, pueden
bastar dos centinelas simples 6 uno doble, sobre todo de noche~
porque de día, por ser considerable el alcance de la vista, en rigor
puede bastar uno solo. Obrando así, apenas se satisface á una
condición, y el valor de la línea se aumenta doblando en ambos
casos los centinelas, porque así podrán aproximarse unos á otros,
hablar en voz baja, examinar lo que pasa entre sus intervalos, etc ..
Es preferible doblar los centinelas á hacerlo con su número; cuatro
simples vigilarán el frente de una gran guardia, pero lo harán
mejor dos dobles, por las razones ya dichas.
Sin embargo, con intervalos de 80 á 40 metros, según el caso~
aun cuando en rigor queda bien vigilada la línea, en terreno muy
fragoso y cubierto, 6 en noches muy oscuras, será fácil que hom-
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35Ó B~Jlet{n M-ilitar
bres aislados salven la línea sin que sean vistos y detenidos ; por
tanto, para obtener toda seguridad es menester disminuír los intervalos,
á fin de que los hombres de dos parejas próximas puedan
reunirse fácilmente en mitad de la distancia, por lo cual establecerlos
á 65 metros, es intervalo suficiente para las situaciones normales,
excepto cuando el enemigo ya está muy próximo, porque entonces
no debe n distar más de 25 metros y ser simples, formándose en
tal caso una línea de tiradores muy espaciados.
Ade más, las mismas precauciones no son necesarias si e mpre
en todo e l períme tro: en algunos puntos puede aligerarse el servicio
sin perjudicar á la seguridad; p e ro el frente de una gran guardia
sí será el mismo, cualquiera que s e a la inte nsidad de la red.
En resumen, el cordón no1mal de la líne a de centinelas de una
gran guardia constará de dos centinelas dobles y uno simple, 6 de
cinco á s e is sencillos, pudiendo disminuirse ó aumentarse con las
necesidades y formas del terreno, con lo que se tendrá tipo mím"mo
y máxz'tJZo. El normal se empleará ordinariamente reemplazán-
· dolo por el máximo ap ntado, donde hubiere más peligro, y por
el mínimo ó sencillo donde éste fuere menor. En casos excepcionales
puede aumentarse la densidad de la r e d conforme lo exijan
las circunstancias, sin que por eso se alteren las bases del sistema.
La dispo ición fijada no puede ser más sencilla ni mas lógica, y
bastará al dar la orden para establecer el cordón, indicar cuál ha
de ser su densidad, con lo que nada se deja al capricho ó inexperiencia,
y se le pliega á toda situación.-Conli11úa.
--..... ~i!ll+----
PRINCIPIOS GENERALES D E ESTRATEGIA
Y D E T AC TICA EN LAS PEQUEÑ AS GUJlRRA~
por el Mayor C . E. C allwell, del E V rci to ing l és
TRADUC CIÓN J> E I S l DO R O T.AVERDR A MA Y A-l 01l l,.mJa
CAPÍTULO XIV
TÁCTICA DE INFANTER.fA
XII. Las condz"dones que en la guerra regular hacen d .fuego á
dúcreción casz· obligalorr·o, no e~1:1slen en las pequdias guerras-Hay que
recordar que en la g-uerra regular el número de las pérdidas cau~
adas por el fuego del enemigo es mayor que en las expediciones
pequeñas. La infantería que marcha al ataque sobre un terreno un
tanto descubierto, sufre pérdidas muy sensibles, cualquiera que sea.
su formación. La tensión es tan grande, que se hace bien pronto
materialmente imposible sostener la disciplina del fuego. u De todos
los incidentes de un combate moderno, esct ibe el Coronel
Maurice, el más difícil de comprender es la necesidad intensa del
simple hecho de disparar, que se apodera del hombre casi como
una catalepsia." Hay que permitirles á los soldados que disparen
á discreción, á fin de ocuparlos. Es preciso tenerlos en movimiento.
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Bolet{n Milz.tar 357
Debe tratarse de sostener la confianza á cualquier costa. Al comenzar
el combate, los fuegos á la voz son excelentes; cuando la
crisis se acerca, se hacen casi imposibles. Esto es consecuencia del
armamento moderno en el campo de batalla moderno. Pero en las
pequeñas guerras las circunstancias no son análogas.
I 4S pérdidas causadas por el fuego de guerreros irregulares
son muy ligeras, hasta á corta distancia. No hay razón para no
sostener una buena disciplina de fuego. La proporción de las pérdidas
es tan débil que es casi insignificante, menos en los combates
en bosques, cuando se cae en emboscadas. Rara vez hay necesidad
del tiro á discreción, salvo en el caso de encontrarse á quemarropa
en el ataque, y cuando el enemigo es rechazado 6 se
encuentra de huída.
XIII. Vmtajas de reurvar el fuego para muy cortas dútancias-Y a
sea en el ataque 6 en la defensa, es muy ventajoso guardar el fuego
hasta encontrar e á una distancia que asegure su eficacia, lo cual
es muy difícil de verificar en la guerra regular, á causa de las pérdidas
que se sufr n hasta de lejos, y del efecto que estas pérdidas
producen en los soldados. Dada la profundidad de las formaciones
enemigas, el tiro á grand , s distancias es algunas veces
excusable, puesto que ocasiona alguno daños. Sin embargo, en las
pequeñas guerra cuando se procede ofensivamente, no hay qué
olvidar nunca que, en circun tancias ordinarias, lo importante es
acercarse al enemigo. Tratar de desalojar al adversario por un
fuego á grande distancia, es una falta. No es así como se obtienen
victorias decisivas. Combatir de este modo á guerreros irregulares,
es jugar á la guerra, y no hac r la guerra. Es menester que las
tropa alcancen á su contrarios y le den una lección de que se
acuerden. Este es un principio fundamental de táctica cuando se
procede contra tale adversarios.
Cuando se e~tá á la defensiva, también es mucho mejor guardar
los proyectiles. Cuando los Arabe~, armados de lanzas, dieron
su carga sobre el cuadro, durante su última marcha entre Abu Klea
y el Nilo, los Ingleses dieron principio al fuego á discreción, pero
al punto fue suspendido con un toque de corneta, para romperlo
con re ultados terribles cuando el enemigo no estuvo sino á 300
yarda . Los salvajes rechazados por un fuego á grande distancia, no
se consideran como en derrota, y realmente no lo están, porque no
pueden sufrir pérdidas fuertes que los obliguen á una huída total.
Las órdenes dadas por el General Négrier para que la infantería
reservase su fuego, en Kailua, produjeron excelentes resultados.
Rara vez hay lugar de emplear el fuego á discreción, y no se
debe recurrir á él sino excepcionalmente.
XIV. Notas sobre el gasto de munú:úmes-La experiencia prueba
que en la guerra irregular el consumo de las municiones no es.
considerable. Las luchas son cortas felizmente; porque es más difícil
en esta guerra reemplazar los cartuchos consumidos, por las
dificultades de transporte que de ordinario se presentan en estas
operaciones. Según las estadísticas, en cada acción son suficientes
algunos cartuchos para cada hombre. En los combates de-
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Bolet{n Milt.tar
Ulundi, Ginghilowo y Ahme:d Khel, en todos los cuales el enemigo
dio pruebas de resolución y de audacia en el ataque, el gasto no
pasó de ro cartuchos por hombre. En Charasia, el 72.0
, que peleó
con bravura durante horas, consumió 30 cartuchos por hombre.
El gasto fue el mismo en la desastrada salida de Kandahar sobre
Deh Koja. Los experimentos con el fusil de repetición en el Dahomey
y en el Chitral no dan lugar á temer que sea menester calcular
gran gasto de municiones con la nueva arma en la guerra
irregular.
Sin embargo, sería error suponer que nunca se presentará
en las pequeñas guerras, en el campo de batalla, la dificultad
del reemplazo de las municiones. La infantería rusa, durante el
desastroso ataque del General Lomakín sobre Denghil Tepe, quemó
240,000 cartuchos, ó algo más de roo por cada hombre efectivamente
en combate. En los encuentros en los bosques del Ashantí,
el consumo de las municiones fue completamente anormal.
En el Teb, las tropas que más entraron en acción dispararon poco
más ó menos 50 cartuchos por cada hombre, y la misma proporción
representa las que gastó el cuadro roto en Tamai. En Kirbekan,
dos compañías enviadas al principio para tomar la alta cresta, y
que no pudieron lograrlo, quemaron todas sus municiones, menos
de cuatro cartuchos por hombre. En el ataque ya mencionado de
Nam, cerca de Bacminh, las secciones muy calurosamente comprometidas,
gastaron la enorme cantidad de 240 cartuchos por hombre.
En el notable encuentro de Achupa, en el Dahomey, combate
ya mencionado en esta obra, se quemaron 25,000 cartuchos, por
cerca de 300 hombres, en dos horas y media, ósea como á 80
cartuchos por hombre; en este combate se hizo uso del fusil de
repetición. En resumen, no parece que haya mucho lugar á temer
que la provisión de cartuchos que lleve consigo el soldado sea de
ordinario insuficiente, sobre todo con los fusiles de pequeño calibre
hoy en boga.
XV. La bayo11ela es inaprecz'able, bz'tn q~ leórz'camente la superz'oridad
de los soldados regulares se manifieste mejor en el liro que en el
combate cuerpo á cuerpo-En las pequeñas guerras de la época del
antiguo mosq~ete, no era raro encontrar al enemigo en posesión
de armas de fuego de mayor alcance que las de las tropas regulares.
Así sucedió en la primera guerra de Afghanistán y en la
campafta de los Españoles de 1859 contra los Moros. Pero hoy, se
puede admitir sin inconveniente que el enemigo, en razón de su
armamento, de su falta de instrucción, etc., es casi invariablemente
muy inferior al soldado de infantería instruido en lo que concierne
á la eficacia del tiro. Puede haber excepciones en caso de rebelión;
y en las condiciones particulares de la guerra contra los
Boers, el enemigo tuvo ciertamente la ventaja. Pero, por regla
general, la superioridad de la infantería regular es indiscutible.
Se insiste sobre este punto porque parecería natural á primera vista
que todo empleo de la bayoneta sería una falta, cuando la experiencia
muestra que de . ninguna manera es así.
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Bolet{n Mt'litar 359
XVI. Grandt ifuto dt las cargas á la bayoneta-Las tropas españolas
en Marruecos, las tropas francesas en Argelia, en Túnez,
en el Tonkín y en el Dahomey, las tropas rusas en el Cáucaso
y en el Asia Central, y las tropas inglesas en todas
partes del mundo, han probado el valor de la bayoneta contra
guerreros irregulares. Los más bravos de entre ellos dan me.
dia vuelta y huyen ante una carga á la bayoneta. Los enemigos
contra quienes el soldado regular tiene que combatir en esta&
.campañas, manejan de ordinario lanzas y sables, cuya práctica les
es familiar desde la infancia. Estas armas suelen ser excelentes.
En combate cuerpo á cuerpo, la infantería regular parece perder
todas las ventajas de la superioridad de su arma, y sin embargo,
el hecho es que la carga á la bayoneta casi siempre sale
.bien. Por lo común, el enemigo ni aun la espera. Quizás algunos
fanáticos velfden cara SM vida; algunos grupos dispersos pueden
.combatir hasta la muerte; pero tales esfuerzos aislados son inútiles-
XVI. En la difenstva, el ifecto dt la bayoneta es menos seguroNo
acontece lo mismo cuando el enemigo es el acometedor. Los
Ghazis, en Bareilly se precipitaron con firmeza sobre las bayonetas.
Algunos Madistas, de los más temerarios, cargaron á fondo,
mostrando que en la confusión podían ser peligrosos. En el ardor
del ataque, fanáticos y sah·ajes se lanzan temerariamente sobre
las líneas de acero, si el tiro los deja acercarse. Pueden entonces
causar grandes pérdidas con sus sables y sus lanzas. Una descarga
por compañías hace casi imposible semejante eventualidad, á
menos que los adversarios puedan acercarse impunemente, ocultándose
antes de dar el asalto. Tropas regulares á la defensiva,
rara vez se sirven de la bayoneta.
XVII. La t'tifantería en los combates dt bosques-Los combates
-en bosques, tál como se han verificado en Nueva Zelandia, en
Birmania, en Achín, y sobre todo en el Ashantí, presentan particularidades
de interés táctico en lo que concierne á la infantería.
En estos terrenos el enemigo posee una enorme ventaja á causa
de su movilidad y astucia ; además, las armas de precisión no
tienen el mismo efecto aquí que en lugares descubiertos. Muy difícil
es dirigir convenientemente el ataque. Las compañías se fraccionan
en grupos, que pierden la dirección primitiva, y están ex.
puestas á dispararse unas contra otras. Tales combates son penosos
para las tropas y mortifican al comandante. Una vez que se
comprometen, no se pueden separar los destacamentos, y no pue-
. den los jefes vigilar sus progresos. Los grupos caen sin cesar en
-emboscadas, y entonces reciben á quemarropa una descarga que
no puede menos de causarles algunas pérdidas. El enemigo se repliega
en seguida, al punto, y antes de que los soldados puedan
cargar á la bayoneta.
La guerra de los Ashantís presentó todos estos caracteres de
modo excepcional. El teatro de las operaciones más allá del Prah,
-estaba en su mayor extensión cubierto por bosques de árboles gigantescos
cuyos pies se hallaban envueltos por espesas malezas de
.difícil acceso. ~n medio del calor del combate se abrieron trocha¡
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JÓO Bolet{n Mzlttar
por entre el bosque por medio de las bayonetas-sables. La topografía
del país era de tal suerte, que en todos los encuentros se pusieron.
de manifiesto las dificultades y la incertidumbre que estorbaban
la acción de las tropas disciplinadas al combatir bajo bosques
y selvas. La formación táctica normal de los Ashantís era un ord~n
disperso de tiradores á grandes distancias, que les permitía fácilmente
desfilar y cambiar de posición con rapidez al través de l.a
selva, en apariencia impenetrable. "Un punto resalta, escribía Str
G. Wolseley en ~u despacho, después de la primer jorna?a ~e
Essaman, que pone muy claramente en evidencia la expenenc1a
de ese día :tal es que para combatir en el bosque africano, hay
que contar con una proporción de oficiales excepcionalmente considerable.
A causa de lo cubierto del terreno, cada oficial no puede
ejercer su vigilancia sino sobre los hombres que tiene cerca, Y
para esto se necesita cuando menos un oficial para cada treinta
hombres.'' A fin de disminuir lo más posible la unidad táctica, se
dio la orden de fraccionar cada compañía en secciones, y cada
una de éstas debía, durante el curso de la guerra, estar indep_endiente
bajo las relaciones del comandante y de la administraciÓn.
En el combate, tres secciones se desplegaban y una quedaba ~n
apoyo, 40 ú 80 yardas atrás. Esta organización por secciones sahó
perfectamente, y de esta manera los hombres pudieron ser vigilados
en circunstancias excepcionalmente difíciles. Los diversos grupos
gozaron de grande independencia y estuvieron bien. En
Amoaful, los diferentes cuerpos perdieron el contacto entre sí. La
completa ignorancia de la posición de los destacamentos vecinos
hizo toda cooperación muy difícil. Una vez en Ordah u una compañía
entera, engañada por el ruido de la fusilería que parecía
muy cercano, bien que no tenía enemigo delante de ella, rompió
repentinamente el fuego en todas direcciones. Los oficiales tuvieron
que marchar con la brújula en mano, y el éxito que coronó ~u~
esfuerzos para conservar sus hombres á la vista, probó lo bueno
de la organización especial inventada para hacer frente á la
situación.
En la guerra de Ashantí, como también en los combates de
bosques en el Water Kloof, en 185 r-52, en la guerra Maorí, y en
la mayor parte de las expediciones en bosques e pesos, la péniida
en oficiales es proporcionalmente considerable. Los tiradores
hábiles del enemigo pueden disparar á boca de jarro. Las luchas
en semejantes terrenos se parecen á los combates en bosques en
Europa. Hay la misma incertidumbre, el mismo riesgo de confusión,
la misma necesidad de disciplina severa, las mismas dificultades
para los oficiales y los hombres. El principio moderno de
formar la infantería de una manera permanente en tres pequeños
grupos, es probable salga muy bien en estas pequeñas guerras,
pero aún no se ha ensayado en esas condiciones.- Conlt1zúa
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Boletfn Mt"lt'tar
EL COMBATE DEFENSIVO
SEGUN C. FISH
Continúa
La figura 2... muestra el refuerzo de la posición ó sea de la
línea de combate cuando el enemigo inicia su ataque preliminar
de frente, caso en que nada más hay qué observar. En la 4.• se
ven las disposiciones que conviene adoptar cuando la defensa
quiere dominar al asaltante mientras ejecuta su ataque.
Tan luego como se nota que el enemigo reúne el grueso de
sus fuerzas sobre su ala izquierda, por ejemplo, para intentar ei
ordinario movimiento envolvente, y que ]a otra ala (derecha) no
puede contar con oportuno refuerzo, el defensor resuelve atacar
dicha porción de la línea enemiga.
Para la defensa, el combate en el ala izquierda será de simple
contención, pero ejecutado por fuerzas adecuadas, se entiende,.
hasta que el enemigo sea dominado en su ala derecha y por lo
tanto se vea obligado á retirarse.
Con tal objeto, el defensor envía un batallón á sostener el ala
derecha, pero de suerte que forme unidad con el que de antemano
ocupaba ese punto; otra unidad (2 batallones) y la caballería
se destinan á envolver la derecha del enemigo. La artillería apoya
esa operación con sus fuegos.
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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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Otro cuerpo se sitúa á retaguardia del punto de apoyo a para
-servir de reserva al propio ataque envolvente y para cooperar á.
.él con los que ocupan el frente (figura 3:).
~:.Para plantear estas medidas el defensor tiene de su parte
todas las ventajas deseables. Allí donde se mantiene á la defensiva,
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./Jolet{n Militar
la posición es fuerte por los puntos de apoyo y los obstáculos del
terreno, en tanto que donde resuelve tomar la ofensiva, va á obli-
2"ar al agresor á resistir en un terreno desfavorable.
Si el defensor prefiere esperar el choque del adversario en la
posición elegida, para responderle luégo con un contraataque, la
fi¡:ura 4 ... muestra las disposiciones convenientes en tal supuesto.
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MARCHAS Y COMBA TES
SEGUN LOS REGLAMENTOS ARGENTINOS
POlt :EL TENIEN1'E CORONEL AUGUSTO A. MALIGNE- Coniz"núa
u-Papel de la caballería
El papel principal pertenece en la vanguardia á la caballería,
porque lo que hace tan difícil el comando de un ejército en campaña
es la ignorancia ó la inseguridad en que están siempre loi
~enerales, de las marchas y las posiciones del enemigo, y sólo
la caballería puede hacerla desaparecer, dando al comandante
en jefe los datos que n cesita. Para ello, la caballería de exploración,
que no pertenece á las vanguardias, pero que se liga con
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ellas, se lanza lo más lejos posible en la dirección del enemigo ; s
alejamiento no tiene más límite que la distancia donde empezaría
para ella la probabilidad de ser cortada; explora el terreno,
los caminos, su viabilidad, los puentes, los vados, las estancias, etc.;
interroga á los habitantes sobre los recursos en víveres, aguas,
pastos, forrajes y otros medios de subsistencia; busca al enemigo
pero no lo combate, salvo casos especiales de que se hablará más
adelante; conserva con él el contacto á fin de poderle a visar al ejército
su presencia, situación é intenciones, de ordinario por medio
de los comandantes de vanguardia ; se apodera de los depósitos
del enemigo, de las estaciones, y los destruye á veces ; ocupa
los telégrafos, toma la correspondencia ; señala á los ingenieros
los malos caminos, los pasos que no permitirían la marcha de 1
artillería ó de los convoyes. Es, en fin, la providencia que protege al
ejército contra las sorpresas.
También combate cuando la utilidad de hacerlo es evidente,
como para apoderarse de una aldea, pueblo, e tancia, donde hay
recursos ó por donde deberá pasar más tarde la columna, á cuyo
efecto utiliza el combate á pie. Combate también para sorprender
y destruír un destacamento, apoderarse de un convoy, hacer prisiOneros,
detener á un enemigo que pretenda sorprender al ejército,
etc.
Todo esto es tan vasto y complicado, exige tanta energía é inteligencia,
tantos conocimientos, que con razón se pudo decir que
el buen oficial de caballería de exploración es el oficial completo.
La caballería de seguridad (que no debe confundirse con la
de exploración) se adelanta lo más posible, sin perder contacto con
la vanguardia que preced , lanzando á más de las patrullas de que
se ha hablado, pequeños destacamentos hasta 12 6 I 5 kilómetro
si el enemigo está lejos, á menor distancia en caso contrario, y
sobre todo cuando se prevé combate.
Por buena y bien mandada que sea la caballería de seguriridad,
no resolverá por sí sola las cuestiones, no decidirá del éxito
de una operación de guerra ; pero hará mucho, influirá considerablemente
sobre el resultado final. Si encuentra la caballería de seg-
uridad del enemigo, la obligará tal vez á replegarse, le impedirá
explorar, y por consiguiente ver lo que pasa. Puede ser utilizada
para tantas misiones, que su papel es, á la letra, universal,
ya sea lejos de la columna que protege, ya sea cerca, cuando es
inminente la bataJla.
Entonces, escolta las baterías que son lanzadas hacia adelante,
y hasta puede transportar en grupa á los infantes que formen el
piquete de sostén de las piezas, pues estos infantes no podrán siempre
ser llevados en los armones ó carros, ni seguir á pie ; vigila
los flancos, cuida el convoy, da las estafetas; llena, en fin, diversas
misiones.
Es tan útil la caballería, que como á todos los instrumentO$
preciosos, debe rodeársela de cuidados, sobre todo al caballo. Cansado
éste, se le podrá obligar á andar un día, pero caerá, y no hay
energ-ía de jefe ó de jinete que haga andar un caballo iiin pierna5.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Como la caballería explora con dificultad y ve mal en la osouridad,
debe adoptarse, como regla general, el dejarla descansar
de noche, acercándola á la columna para evitarle sorpresas, y
reemplazándola entonces, en todo 6 en parte, con la infantería,
má.s apta para el servicio nocturno.
12-Papel de la artillería.
Como la artillería es el arma que á mayor distancia puede
ofender al enemig-o, y hajo su protección maniobran las demás y
se despliegan, es evidente que es ella la que debe empezar el combate,
y que, por lo tanto, debe, en las marchas, ocupar la cabeza
de la columna. Pero corno una columna, ya sea de una división, ya
sea sólo de algunos batallones, escuadrones y baterías, ocupa mucho
fondo y se subdivide en varios escalones, precaución sin la
cual no podría marchar ó sería una masa casi inerte, pesada, inaefensa,
y como el combate, si bien empieza de diez veces ocho,
por la cabeza, podría empezar también en otra dirección, es indispensable
disponer toda la artillería formando un solo grupo, una
sola masa.
Es lo que dice nuestra táctica de infantería. Supone que marcha
hacia el enemi¡ro una división, la que pone en vanguardia todos
sus ingenieros, tres de sus eseuadrones, la sexta parte de su
infantería y ]a mitad de su artillería. Como se ve, la proporción de
artillería es considerable.
Por regla general, la artillería de la vanguardia marcha con
el cuerpo principal de ésta, detrás del primer batallón de infantería;
pero hay también casos que aconsejarán al jefe más audacia
y en que será feliz inspiración poner una batería 6 dos á la cabeza
de la vanguardia. El límite marcado á esta audacia es el de laposibilidad
de ser sorprendida y cortada la cabeza de vanguardia
con su artillería.
De modo más detallado veremos luégo que no sería prudente
llevar tan hacía adelante las piezas en ciertos terrenos escabrosos,
en desfiladeros cuya salida ignoramos, en los bosques, y
en cualquier terreno durante la noche, puesto que en todos estos
casos las sorpresas son muy fácile5. No lo sería tampoco lanzarlas
tan adelante que estuviesen expuestas á corta distancia al
fuego de la infantería enemiga, sin ser sostenidas por el de la
infantería amiga, pues es sabido que á cortas distancias, á menos
de 1 ,ooo metros, el fuego de la infantería es superior al de
,a artillería; en la guerra del Transvaal, los Ingleses tuvieron que
abandonar á la orilla de un río piezas cuyos sirvientes y ganados
fueron destruídos antes de haber podido ofender al adversario.
13-Papel de los ingenieros
El papel de los ingenieros está indicado por el carácter de su
empleo: es preparar la marcha de las columnas. Por esto nuestros
reglamentos ponen á la vanguardia las compañías de ingenieros.
La preparación de la marcha de las columnas es comple-
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J66 Bolet{n Mt:lita,-
ja : los ingenieros pueden tener que establecer ó componer un
puente, ó fortificar uno ya existente ; componer caminos ordinarios
ó de hierro, suavizar pendientes para las piezas y carros;
abrir caminos en un bosque ; mejorar un paso difícil, cortar alambrados
; establecer plataformas ó posiciones para las piezas en
una altura, al lado ó atrás de una estancia.
14-Papel de la infantería
El papel que desempeña esta arma en la vanguardia no puede
ser especializado como el de las demás. A ella son aplicables
las reglas generales establecidas ya ó que lo serán más adelante.
IV. CONYOYE5
Cada columna de tropa es seguida de carros, arria de mulas
con bastos 6 cangallas, ú otros medios de transporte que varían con
el país y los recursos, que llevan lo necesario para reemplazar los
víveres, municiones, etc., que cargan los soldados una vez que las
hayan consumido.
El convoy se fracciona en cuatro elementos (véase el capítulo
XIII del servicio en campaña), que son :
Tren de combate;
Equipajes de los cuerpos;
Ambulancia;
Convoy administrativo.
15-Tren de combate
Está formado con el material y aprovút'onamzmlos necesarios
en el campo de batalla, y se subdivide en dos escalones. El primer
escalón marcha con el cuerpo de tropas, y comprende : los caballos
de mano, los carros, mulas, etc., portadores de útiles y municiones,
y una parte de las ambulancias. El segundo escalón comprende,
para un cuerpo de ejército organizado como en Europa,
y también para una fuerza menos considerable, como las que organizarían
probablemente las principales potencias sudamericanas:
el parque de ingenieros, las secciones de municiones de infantería
y artillería, y tal vez un equipaje de puentes. Este segundo escalón
marcha entre la parte principal de la columna y la retaguardia,
y no puede ser confundido, por consig-uiente, con los equipajes
de los cuerpos.
Inmediatamente que las tropas tomen su formación de combate,
el przffur escalón se aproxima cuanto más pueda al terreno del
combate, abrigándose contra los proyectiles. El segundo esca/fm se
queda más atrás, pero listo para dirigirse sobre los puntos del terreno
donde su presencia pueda ser necesaria, y á este efecto su
comandante hace reconocer los caminos que le permitan llegar á
ellos con más rapidez.
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Boletín Mt·z,·tar
16-Equipaje de los cuerpos
Llevan todo lo que necesiten diariamente las tropas, marchan
después de la retaguardia, dispuestos sus elementos en un orden
determinado por el jefe de la columna, y deben, por regla general,
alcanzar las tropas todos los días por la tarde.
Cuando el jefe de la columna presuma que no habrá en el día
ningún combate, ordena al comandante de los equipajes se acerque
lo más que sea posible, suprimiendo, si es necesario, las diStancia!
entre los elementos del convoy. Los jefes de los cuerpos de
tropas, á su vez, cuando conocen ya los acantonamientos que han
de ocupar, mandan una orden escrita á su oficial de aprovisionamiento,
á fin de que pueda reunírseles por el camino más corto. Si
al contrario, el combate es probable, los equipajes de lo1 cuerpos marchan
más despacio, y hasta se detienen media jornada de marcha
atrás, haciendo dar media vuelta á los carros (si su número es
considerable), para tenerlos listos á marchar en retirada., si llega
orden de efectuarla.
Se conserva en el convoy una severa disciplina, exigiendo que
cada uno permanezca en su puesto en caso de ataque, que los carros
y mulas no lleven sino el peso reglamentario, y que no se tole
re que haya en él individuos de los cuerpos combatientes.
17-Ambulancias
La marcha d e las ambulancias y su servicio están claramente
determinados en reglamentos especiales, y no hay utilidad en COme
ntarlos aquí.
18-Convoy administrativo
Está á cargo de la intendencia. Como destinado á llevar Io
necesario para proveer á necesidades no inmediatas, marcha á
distancias relativamente considerables de la columna, verbigracia~
á una· marcha, á unos 20 kilómetros de la retaguardia de aquéllap
V-REGLAS GENERALES DE LA.S MARCHAS
19-Velocidad
Cerno el reglamento vigente fija en 7 5 centímetros la longitud
áel paso redoblado y en 120 por minuto su velocidad, una pequeña
columna de infantería recorrerá en una hora, dejando 10 minutos
para el alto horario, 4,500 metros. Esta velocidad podrá conservarse
siempre que la columna sea corta y no se componga de soldados
completamente reclutas, 6 que el camino no sea malo 6 el
terreno quebrado.
Si la columna fuere profunda, no se podría exigir la misma
rapidez, y será buena la marcha si se recorren en so minutos
.f,,OOO y aun 3,800 metros.
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Bolet{n Militar
En ningún caso se intentará que el soldado haga esfuerzos extraordinarios,
pues así se le debilita y aniquila pronto.
Debe evitarse todo Jo que se parezca al surmenag~.
Lo que constituye una marcha forzada no es el apresuramz.'eni'#
en el az're de la marcha, sz'no la prolongadón del ~ifuerzo ; una marcha
rápida, con mochila, de solo una legua, cansa tanto á un soldado
como una marcha ordinaria de dos ó tres leguas.
20-Extensión de las marchas
En campaña hay que subordinar la extensión de las marchas
á las necesidades estratégicas ó tácticas ; pero en las marchas de
instrucción, de las cuales hablaremos, pues tal vez habrá tiempo
de realizar algunas entre una movilización nuéstra y la entrada en
campaña, deben observarse ciertas reglas que tienen por objeto
acostumbrar al soldado á ejecutarlas cada día m:ís largas, sin mayor
fatiga de la que le causaba al principio una marcha de pocos
kilómetros.
Hay que seguir, pues, una escala conveniente para no aniuilar
las fuerzas del soldado en vez de desarrollarlas.
Antes de indicar reglas, debe recordarse que la extensión de
.una marcha de ejercicio se divide en varias partes:
1.0 El camino que recorrerá cada cuerpo para l1e2·ar al puno
de concentración de la columna;
2. 0 El camino hasta la llegada;
3. 0 El camino que recorrerá cada cuerpo, después de la dislo.
ca.ción de la columna, para llegar á sus vivaques ó acantonamientos;
4. 0 El camino recorrido á más d e l anterior, si se ejecutan maniobras
y simulacros durante la marcha.
La experiencia de las últimas guerras europeas enseña que
las trepas recorren, sin exceso de fatiga, 25 kilómetros por día, si
la columna no pasa de una división.
Las tropas á que se refieren las líneas anteriores son veteranas.
21 -Preparación de la marcha
Con tropas poco acostumbradas á las marchas, ó aun con
cuerpos casi exclusivamente compuestos de reclutas, como los
nuéstros en los primeros días de una movilización, se conseguirá
pronto, sobre todo con columnas poco profundas, hacerlas andar
25 kilómetros por día, durante varios días seguidos, si se empieza
con prudencia, si las primeras marchas son cortas, si los jefes saben
excitar el buen humor, sostener el espíritu, conservar la salud
de la tropa.
Después de tres ó cuatro días, habráse perdido tres 6 cuatro
por ciento de rezagados, pero los que queden marcharán bien.
Las marchas intermitentes se parecen mucho á los ejercicios
":Semanales ó mensuales: en el intervalo el recluta olvida lo aprendido.
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Bo/ettn ll1'zlitar JÓ<)
Cuanto á las primeras, es sabido que para que el soldado,
su cuerpo, sus piernas, se acostumbren á ellas, deben hacerse sin
interrupc ión. Una marcha por semana sería inútil, mientras que
con una diaria, d ese an ando cada tres ó cuatro días, se llegará á.
resultad os 50 rpre nde n tes .
22. - Porte d e la mochila
La prim e ra pre paración es la del porte de la mochila, la que
desgraciadam e n te no puc d e vitarse.
Durante los prime ros días de perman e ncia d e Jos reclutas en
un campam e nto d e pre paración, no contendrá sino parte de la
carga d e l soldado, pudit ndo quedar e n la cuadra los cartuchos, la
manta, el c a pote y l a pala .
Po co á poco se irá c o mpletando la carga. Al mismo tiempo
los ej e r cicio , dUJ-ante 1 · cuale s los soldados recorrerán algunos kilómetros
cada día, y a e a para ir al campo de maniobras, ya sea
maniobrando , le s pr · pararán á las primeras marchas.
Las tre- primeras e harán con mochila poco cargada, y serán
d e unos 15 kilóm e tros :i lo más; las tres sigui e ntes, con más
carga, d e unos 20 kilóm e tros; las demás, con carga completa, alcanzará
n á 25 kilóm e tros, pudiendo llegar las de los últimos días,
consideradas como marc has apresuradas, á 35, 40, 50 y 6o kilómetros,
y aun más , para la ej ecución d e las cuale s harán uso los comandante
s d e columna d e todas las combinacione s que les sugieran
las ob e rva c io n d e las marchas anteriores. Tendrán para ello
compl ta ini c ia ti \·a; s l s indican, sin embargo, algunas re~las
gen e rale s e n el artícu l sigui nte.
23.-. 1archas apresuradl'lc;
1.0 ubdividir la e lumna, i el t e rreno lo permite;
2. 0 Marc har lo m nos p . ible de noche : el paso es insegur
en la o scurid::td. y la vigilan ia difícil;
3. 0 D e jar en e l vivac á los oldado á quienes sea imposible
ejecutar una marcha fo r zada;
4.° Conservar, má que nunca, la regularidad de la marcha ;
5. 0 No hacer r e unir la tropa sino en el momento mismo de
emprender la marcha, y di locar la columna mandando cada.
cuerpo á su vivac en el acto de llegar;
6. 0 Tener preparadas las raciones de víveres á la llegada.
Conlintía.
--- ~ ---
TOllO I-24
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Bolet{n Mz"lt"tar
.J:ftFOlfME SO.RRE EL EJERCITO ALEMAN
Contin'lla
IV
LOS VOLUNTARIOS .
Todo súbdito alemán que haya cumplido diez y siet.e años y
sea declarado apto para el servicio militar, puede pedir su ingreso
en el ejército como enganchado voluntario, y elegir el arma
y regimiento en que desee servir. En cambio, los jefes de los
cuerpos que son responsables de la instrucción y educación de sus
Toluntarios, no están obligados en modo alguno á aceptar todos
los que se les prese nten, y pueden, por el contrario, rechazarlos, si
por cualquie r motivo cre yeren necesario obrar así.
Los enganchados voluntarios se dividen e n dos categorías :
1.0 Los voluntarios de tres años, ó de cuatro en caballería :
2.0 Los voluntarios de un año.
Voluntarzos de tres años
Para entrar n e l se rvicio como voluntario de tres años, el
aspirante d e be justificar e l consentimiento d e sus padres ó tutores
y entre gar, ade más, un certificado e n que pruebe está libre de
todo otro compromiso. El número de voluntarios admitido en el
curso d e un añ o no de b f' e.·cede r d e cuare nta por batallón ó diez
por compañfa, d e dond se sigue que en cada una de éstas no podrá
haber más d e tre inta á la vez. P ero e sta r e stricción sólo afecta
á la infante ría; e n las armas especiales, comprendidos e n ella
los batallones de cazadores y tiradores, los jefes de cuerpo están
autorizados para r ecibir tantos voluntarios como sea de su agrado,
con tal que no e.·cedan del efectivo reglamentario del pie de paz.
En la caballería, los voluntarios de esta categoría deben comprometerse,
no po r tres ·ino por cuatro años. En compensación
del año que consienten en pasar de más en el ejército activo, están
dispensados de dos años de servicio en la landwehr. Esta ventaja
es de tal modo apreciada, que los voluntarios de cuatro años resultan
en una proporción muy considerable en la caballería, y algunos
regimientos aparecen en ocasiones casi exclusivamente compuestos
de ellos.
Los enganches sólo se hacen mientras dura el período de
instrucción individual, es decir, del 1.0 de Octubre al 1.0 de Mayo.
En realidad, casi todos los voluntarios se reúnen en la primera
fecha, porque no gusta generalmente en los cuerpos verles llegar
después de empezados los cursos regulares de instrucción; de suerte
que se impone á aquellos que desean filiarse, la obligación de hacerlo
el 1.0 de Octubre. Esta regla se observa con rigor particular
en la caballería, donde los capitanes no consienten jamás en reci-
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Boletín Mtlitar 3JI
bir hombres que se presenten después de reanudadas las instrucciones
anuales.
Los voluntarios de tres años son vestidos y equipados á expensas
del Estado, como los demás reclutas, y la instrucción que
reciben es absolutamente igual á la del resto de lo¡ individuos de
tropa.
Voluntarios de un año
Tod0 joven de diez y siete á veinte años, apto para el serTicio
militar, libre de toda especie de compromiso, de conduela irreprochable
y que justifique un grado de instrucción determinado,
puede entrar en el ejército como voluntario de un año, y tiene derecho
á elegir arma y regimiento.
La institución de los voluntarios de un año tüne por objeto, s•hre
lodo, preparar en el e.Jérdto ofiáales y sarEenlos de ruerva, suscepli-
0/es de ser ufz'lzzados en Hempo de guerra.
El voluntariado tiene, además, la ventaja de atraer bajo la
banderas á todos los jóvenes que hayan recibido cierta instrucción~
facilitándoles el cumplimient0 de sus obligaciones militares.
Es preciso, para ser admitido al voluntariado de un año, presentar
un certificado en que conste que se han seguido con éxito
los cursos en ciertos establecimientos de instrucción determinados,
ó, en su defecto, sufrir ante una comisión nombrada ad hoc, un examen
especial, cuyo programa responde al curso completo de estu- dios
de los gimnasios, con algunas modificaciones en favor de
aquellos que poseen ciertos conocimientos particulares.
La instrucción e tá de tal modo desarrollada en Alemania, .
que el Gobierno no ha creído necesario estimularla como se hace
en Rusia, con excepciones del servicio militar, y por consiguiente,
el privilegio de no servir sino un año en lugar de tres, según
la ley común, no se otorga fácilmente. Las comisiones de examen
y los regimientos mismos muestran una severidad excesiva con
los jóvenes que quieren á tan poca costa satisfacer la ley del servicio
obligatorio. Como es sabido que están destinados á conver-tirse
en oficiales de reserva, no se descuida nada para que el nivel
de su instrucción, tanto general como especial, sea lo más elevad<>
posible. Por lo demás, los regimientos trabajan, en definitiva, para
ellos mismos, puesto que los oficiales que preparan de este modo,.
vol verán á ellos en caso de movilización. Así pues, los jefes de
cuerpo son extremadamente rigurosos en el capítulo de la moralidad
y honradez de los voluntarios, y rechazan sin remedio á todo¡.
aquellos que no llenen las condiciones exigidas.
Una vez admitido el voluntario, está obligado á servir nn año
en un cuerpo del ejército ó en un establecimiento militar, según que
posea una instrucción general ó especial, susceptible de ser utilizada
en el ejército. En este concepto los voluntarios pueden servir,
ya como combatientes, ya como médicos, veterinarios 6 farma- -
ce utas.
La incorporación de los voluntarios se verifica en la infantería
dos veces al año, el 1.0 de ·Octubre y el 1.0 de Abril; en ]as otras
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372 Bolet{n JWilziar
armas una v z solamente, el I . 0 de Octubre. Se procede así para
que la llegada de estos jóvenes á los cuerpos no interrum¡:,a la marcha
regular de la instrucción.
Cada compañía no puede recil>ir anualmente más de cuatro voluntarios,
salvo la excepción relativa á los ¡~egimientos de guarnición
en las ciudades de universidad, y para los cuales, á fin de facilitar
á los estudiantes el cumplimiento de sus deberes militares, el
número de los Yoluntarios de un año es ilimitado. Sin mbargo, los
Comandantes generales de cuerpo de ejército, en cuanto lo juzgan
necesario, procuran repartirlos por igual, hasta cierto punto, entre
los diferentes cuerpos de tropa; y poco á poco se han establecido,
según las circunstancias locales, cierta· reglas consagradas por
el uso.
Cada batería tiene derecho á recibir tres voluntarios, y aun
-más en las ciudades universitarias.
En la cabal} ría el número de voluntarios por escuadrón no
está d terminado ; el capitán es el único que decide su admisión.
Esta medída ha .... ido, sin duda, tomada por no obrecargar dema:
siado á los escuadrones imponiéndoles la obligación de instru{r á
jóvenes de quienes sería muy difícil hacer en un año buenos jine~
tes. Es de notar, pues, que en general los regimientos de caballe-ría
reciben con poco gusto los voluntarios de un año, y en cambio
tienen una visible predilección por los de cuatro años, que sirviendo
un año más que los otros individuo· de tropa, y haciéndolo también
por su voluntad, son susceptibles de adquirir una educación
ecuestre y militar más completa, y en algunos casos constituyen, en
cierto modo, la base del regimiento.
Por lo demás, mientras que lo voluntarios de tres ó cuatro
años forman parte del efectivo reglamentario, los de un año son
siempre, y en todo casos, contados fuera de él. Se visten, alojan
y alimentan á sus expensas, y, por consiguiente, cuando se efectúa
su incorporación, deben justificar, además de las condiciones
que se acaban de enunciar, que poseen los suficientes recursos para
atisfacer durante un año todas las exigencias del servicio.
El armamento y equipo se los facilita el regimiento; pero
deben pagar cierta suma por el uso que hacen de él durante un
año ; además, todo desperfecto de sus armas se repara á sus expensas,
y deben, al fin del servicio, entregarlas al cuerpo en perfecto
estado.
Los comanda tes generales de cuerpos de ejército tienen el
derecho, en algunas circunstancias particulares, de ordenar que
tal ó cual voluntario de un año se sostenga por entero á expensas
del regimiento. Pero semejante cosa no sucede sino en casos sumamente
raros y cuando se prueba que un joven de mucho mérito
se encuentra realmente sin recursos personales.
De ordinario los voluntarios mandan hacer su uniforme en el
taller del regimiento, y por mediación de la comisión de vestuario
del cuerpo. Los efectos les resultan así bastante más baratos y se
.co_rtan rigurosamente con arreglo á ordenanza.
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Boletín Milüa1 .. 373
No obstante, pueden vestirse donde mejor les parezca, pero
con sus riesgos y peligros, puesto que por poco que se separe su
traje de las prescripciOnes reglamentarias, es rechazado por el regimiento.
En la caballería y tren de transportes se da á cada voluntario
un caballo perteneciente al Estado, por el cual paga : en caballería,
300 marcos; en el tren, r 50; más 6 marcos por año por el
herraje y medicamentos; y en fin, cada mes, por su alimentación,
la su:na fijada para los demás caballos de tropa.
Los voluntarios pueden, además, tener caballos que les pertenezcan
en propiedad, pero entonces corre ponde á ellos atender á.
sus expensas á todas las necesidades de estos animales.
El cuadro siguiente da á conocer las tarifas establecidas en los
diferentes cuerpos del ejército por el precio de los efectos de vestuario
y equipo que se entregan á los voluntarios de un año:
Precio del uniforma
completo. Suma que ee paga por
1 mark=lOO pfe- el uso del equipo
nnig=l ptn. 25 ca. durnnte un aiio.
Jlark. Pfennig. Jlark. Pfcnni,.
Infantería .................. 58 62 3 23
Cazado re ·················· 58 6s 3 24
Coraceros .................. 77 6s 19 73
Dragones .................. 64 34 19 21
Húsares .................... 63 93 20 8r
Hulanos .................... 6 64 21 I7
Artillería de campaña ... 64 27 I 56
Artillería d plaza ..... .. 5 3 3 3
Ingeniero ·, zapadores
minadores ........................ 64 66 3 22
Regimiento de ferroca-rriles
..................... .. .... · · · 64 66 3 22
Tren (tran. portes) ....... 64 31 57
Los voluntarios no viven en el cuartel: deben alojarse en la
localidad ; pero no por eso dejan de estar obligados á presentarse
en el cuartel cuando su presencia es requerida por el servicio.
Se les obliga también á presentarse cada día á eso de las doce, •
la orden, á fin de tomar noticias del servicio ordenS\do para el día
siguiente.
El curso de instrucción de los voluntarios de un año comienza
en la infantería dos veces al año, el 1 .0 de Octubre y el 1.0 de
Abril; en todas las demás armas, comprendidos los cazadores y
tiradores, una vez solamente, el 1.0 de Octubre.
Seis meses después de su entrada en el servicio, los voluntarios
son inspeccionados por el jefe del regimiento, no sólo con reSpecto
á los ejercicios, sino también en la enseñanza teórica, salvo
lo que tiene relación con la instrucción general. Según la forma.
en que hayan hecho el examen, los voluntarios son, ó promovidos.
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374 Bolet{n M-ilita1'
á Kifreife, y á partir de este día continúan para servir en calidad
de sargentos, ó bien, en caso de mal éxito, quedan de simples soldados.
Al finalizar el año de servicio, el primer jefe del regimiento
· ~ntrega á cada voluntario un certificado que indica la extensión de
·us conocimientos militares, y, sobre todo, qué c1ase de funciones
será capaz de llenar en la reserva, es decir, si podrá ser en ella cla<
iÍficado como oficz'al ó solamente como sargento.
Aquellos á quienes no se otorga este certificado, son considerados
como simples reservistas sin graduación.
Los que han obtenido el certificado de oficial de la reserva,
dejan el regimiento con el grado de sargentos, pero su certificado
no les da el derecho de Sér nombrados inmediatamente oficiales
de reserva ; para obtener este grado les es preciso, en el año que
sigue á su liberación, cumplir un período de servicio de ocho se.
manas.
Comúnmente es en la primavera cuando satisfacen esta condición,
y por lo regular, en el mismo cuerpo donde han servido
ya; pero si las circunstancias les obligaren á entrar en otro, es meaester
por lo menos que sea de la misma arma.
Durante la primera mitad del tiempo que pasan así de nuevo
bajo las banderas, llenan las funciones de sargento; después, si el
primer jefe del regimiento los considera dignos, son nombrados
JJice ftldwebd ó vz'ct wachlmez'sler, y hacen, á partir de este día, el
ervicio de oficial. Cuando han terminado sus ocho semanas, se les
licencia con un certificado en el que consta si son ó no dignos de
ser promovidos á oficiales de la reserva.
Hay dos modelos diferentes para este certificado. El volun-
·tario antiguo puede ser propuesto, ó bien para oficial de reserva
del regimiento de que sale, ó bien para oficial de reserva, sin otra
indicación. En los dos casos, por lo demás, el certificado va firmado
por todos los oficiales de la compañía en que ha servido, como
también por el primer jefe del batallón y por el del regimiento.
Provistos de este documento, los candidatos á oficiales van á
presentarse al comandante del distrito del batallón de latzdwehr,
quien somete á la votación de los oficiales de este distrito la elección
de su nuevo compañero. Existe para ello en cada distrito de
batall6n una comisión permanente de elección-Wahl-Commission,Jormada
del capitán más antiguo y de dos tenientes, la que pone
á votación la nominación del candidato y recoge verbalmente ó
por escrito los votos de todos sus futuros colegas. La decisión de
la mayoría no tiene apelación. Si existe una minoría contraria al
futuro oficial, el informe que emite, con las causas de su negativa,
debe unirse al proceso verbal. Si durante la elección surgieren ru-
-mores desfavorables al candidato, el jefe del batallón la suspende
basta averiguarlos, y solamente después de un voto favorable del
cuerpo de oficiales, es cuando el candidato se prop:me definitivamente
al Gobierno para el grado de oficial de la reserva-Con/inút~,.
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B oletí1z Mt"!t'tar 37S
MEl~IDRIAS DEL GENERAL PABLO MORILLO
c~nlinw•
Tal fue mi conducta en mediO de estas graves circunstancias
y cuando la situación del país me imponía el deber de desplegar
toda la severidad de las leyes. La noticia de los sucesos políticos
que s e cumplieron en Marzo en la España europea, llegó entonces
á estas provincias; viendo la voluntad de la Nación y del Rey expresada
en los periódicos de la Península, algunos habitantes de
Caracas me manifestaron el deseo de apresurar el día señalado
para prestar el juramento á la Constitución política de la monarquía.
En consecuencia, partí para esta ciudad, á donde llegué en
menos de veinticuatro horas, y la ceremonia se verificó.
Algunos días después, los acontecimientos de la guerra me
obligaron á dejar precipitadamente esta ciudad. Los tiempos habían
cambiado; un nuevo orden de cosas acababa de establecerse;
nue vas instituciones hacían renacer nuevas esperanzas. No vacilé
un instante en añadir otras pruebas á las que ya había dado
en estos paíse s durante cinco años, de mi sincero deseo de resta ...
blecer la paz y la concordia. Todos los individuos desterrados por
haber seguido la cau a de Rosales, volvieron á sus casas, mer1os
doña Josefa Zabaleta, que prefirió permanecer con su marido en
Curazao • ; los qu e estaban presos por los des6rdenes de Granada,
se di e ron libre • •. Cre í que debía señalar la época de nuestro
cambio de forma d e Gobierno con actos de generosidad y de
b e nevole ncia.
Tal ha sido mi conducta; pluguiese á Dios que mis esfuerzos
para r e stable cer el reino de la concordia hubiesen sido coronados
con el éxito que por tantos títulos merecía!
He pre sentado el cuadro de mis acciones desde mi lle&"ada á.
Venezuela.
Mi desinterés es tan conocido y tan evidente como mi vida
pública, y no creo que haya necesidad de tantas pruebas para
confundir la impostura con que se ha pretendido hacerme sospechoso.
Por este lado mi reputación es inconmovible entre mis compatriotas
y amigos ; mis enemigos mismos nunca se atrevieron á.
atacarme con semejante inculpación. Nací pobre; la fortuna me
deparó la carrera de las armas y me levantó hasta el graco de
General, pero no por esto he vivido con riquezas. Vi siempre lag-lo_
ría como compañera de la pobreza; esta situación está de acuerdo
con mis deseos. El lujo y la opulencia me parecen incompatibles
con el carácter de un guerrero.
• V éanse los anexos.
•• V éanse los anexos.
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376 Boletín M-ilitar
Nunca contemplé sin horror las depredaciones con que algunos
jefes se mancharon, y que quitan al general 1 respeto y la subordinación
de sus inferiores. Yo ambicionaba gloria, nombre y
hoja de servicios; para conseguir este noble propósito quería permanecer
soldado y mandar á soldados, y esto no podía hacerse
sino dándoles ejemplo de sobriedad y de virtudes militar s; como
General, nunca me encontré más rico que el último soldado del
ejército.
Fuerte con esta educación militar que me daba yo mi mo, y
movido por las rectas máximas que me inspiraba mi noble ambición,
llegué á Venezuela para apaciguar una horrible discordia.
Llegué con la firme resolución de no dejarme seducir en esta vez
menos que nunca por las riquezas, porque yo no ignoraba que millones
de hombres iban á tijar sus ojQs en mí, á espiar mis acciones
más inocentes; que iba á exponerme á los dardos de la malignidad,
de la ignorancia y de la envidia. Fácil me era prever esto, y
estas provincias podrán decir si no me han oído á menudo repetir
lo mismo.
Si la sed de oro se hubiese hecho sentir en mi corazón, si yo
hubiese pretendido colmarla en la España americana, no lo habría
podido, porque semejante ambición hubiera contrariado mis más
caras esperanzas y el resultado de mi gloriosa misión. ¿Qué conciliación,
qué concordia puede pregonar aquel que destruye para
aprovechar la fortuna de los particulares y funda su poder en la
ruina de los demás? Tales son los principios y las reflexiones que
no he perdido nunca de vista.
No presentaré en apoyo de esta aserción h chos que no hayan
sido conocidos del ejército y de todas las ciudades de Venezuela.
No pretendo que se me crea sólo por mi palabra.
l..a Nueva Granada y Venezuela perdieron en poco tiempo la
opulencia que les habían dado tres siglos de paz y d justicia. Mariño
y sus dignos compañeros fueron causa de f'Stos desastres y
atrajeron sobre su patria calamidades que no podrán borrarse de
la memoria de sus compatriotas. Los que en el día me atribuyen
con tanta impudencia los males que han desolado estas ciudades,
son ellos mismos los autores, jefes de la rebelión, son ellos los que
han derramado la sangre de sus hermanos, y quienes, avergonzados
de esa sangre que corre en sus venas, detestan, de modo inexplicable,
el nombre español. Son ellos los que han perseguido con sus
insultos á nuestro Rey bien amado, y quienes, á pesar ele su pretendido
liberalismo, han ultrajado escandalosamente la asamblea de
las Cortes de España.
La Nueva Granada y Venezuela no ofrecían ya ese estado
floreciente que en otro tiempo causó admiración general; ya no
presentaban sino la imagen de la más profunda miseria; agricultura,
comercio, riquezas, todo había desaparecido ! Mis soldados
Yinieron á participar de estos males; esos soldados que, siempre á
yanguardia en la guerra de la Península, dejaron á sus compañeros
gozar de la abundancia en el seno de sus familias.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletín Militar 377
Colocado á la cabeza de semejante ejército, yo quería darles
ejem];Jlo de constancia y de privaciones; mis oficiales y mis soldados
se redujeron al número más estrictamente necesario. Participé
con ellos de su suerte ; apenas con interYalos muy grandes tomámos
una cuarta parte óla mitad de nuestro sueldo, y el número de
las raciones concedidas por las ordenanzas á las diversas clases
del ejército, sufrió fuerte rebaja.
Nunca tomé sino cinco raciones de las veintidós que me estaban
asignadas y calculada cada una en el precio muy módico de
un r eal, suma apenas suficiente para subvenir á las necesidades
má indi pensables de la vida. Se puede calcular lo que he tomado
de mi ·ue ldo de de mi llegada á Venezuela hasta el 31 de Julio
de 1820; aún se me deben 47,434 pesos fuertes, in incluír en esta
cuenta el valor de las racione . (A fines de Diciembre del mismo
año una nueva cu€nta hizo subir esta suma á 58,526 pesos fuertes) •.
El ejército y esos valientes oficiales han soportado los sufrimientos
más crueles, sin infringir nunca las más severas leyes de
la disciplina; en todas ocasiones se han mostrado dignos hijos de
la heroica Nación española. Familiarizados con las pri ,·aciones,
condenados varias veces á no tener más alimento que un poco de
carne sin sal, privados de abrigo bajo la influencia de estos climas
malsanos, casi siempre les faltaba calzado en las marchas forzadas
que se veían obligados á hacer al través de un suelo cubierto de
pantano .
He dado, el primero, ejemplo de todos los acrificios, y el
ejército me ha seguido fielmente. El ejército de Venezuela y Nueva
Granada pu de decir si yo no he sido siempre compañero del
oldado, amigo de;;! oficial, protector de los hombres que eran dignos
de consideración, y enemigo de aquellos que no cumplían sus
deberes. He compartido con el ejército sus fatigas y sus penas; en
campaña me han visto el primero en las filas, acostarme sobre el
suelo en medio de mis batallones, sin disfrutar de más comodidades
que las que le tocasen al último soldado; alimentarme con los
mismos alimentos, y darle ejemplos á los cuales él no podía resistirse.
Esto es lo que yo he hecho á orillas del Arauca, en los desiertos
de Casanare, en las llanuras del Apure, en las montañas
de Nueva Granada, en Caracas, en las llanuras de Barcelona, de
Cumaná y en los campos de La Puerta.
Sin duda que era de mi deber sujetarme á tales sacrificios;
la más vil ingratitud habría podido sólo hacerme insen~ible á los
beneficios que me había dispensado la heroica Nación á la cual
• Lorenzo Martínez, Comisario de guerra, Tesorero del Ejército de expedici6n
de la Costafirme, certifica que, según las cuentas del Ejército, se queda á
deber á S. E. el General en Jefe D. Pablo Morillo, la suma de 47,434 pesos
fuertes, sin contar el alcance de las raciones de campaña á que tiehe derecho. A
petición de S. E. le doy este certificado, que deberá firmar el Cajero de este
Ejército y ser visado por el primer empleado
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 12", -:-, 1901. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691111/), el día 2026-03-10.
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