BOGOT A, MARZO 16 DK 1901
BOLETIN ~1ILITAR DE COLOMBIA
Organo del Ministerio de
Guerra y del Ejército
&n colaboradores de este periódico los
J'efes y Oficiales del Ejército
1
Director ad honor&m
F. J. VERGARA Y V.
+ Genernl de Ingenieros, Miembro d•
+ val'ins Sociedades Cientifioaa
SERVICIO PROTECTOR DURANTE EL REPOSO
Ó SER VICIO DE A VA1VZADAS, SEGUN LE W.AL
[Continúa)
CAPfTUI.O 2. 0 -ELlr.HENTOS DEL SISTEMA
La fracción que representa al bata116n 6 á otra unidad inferior,
cuando ésta obra aisladamente sobre la posición de combate,
se subdivide en grupos más y más per¡ueños, á medida que se
aproximan al enemigo, abarcados todos con el nombre de GRMf
GUARDIA, que calcada sobre el orden normal de combate, comprende
de la circunferencia al centro cuatro escalones: cenlindas (tiradores),
piquetes (refuerzos), puestos principales (sostenes), y so¿ftnts
(reserva de batallón), es decir, que se dispone en profundidad en
una serie de escalones de combate tanto más resistentes cuanto más
se acercan á la fuerza que cubren. La línea ocupada por los puesloz
principales es la característica de las avanzadas, y será la que se establece
por lo mismo ~n los puntos de mayor resistencia. Las grandu
guardias serán más ó menos fuertes, pero existirán siempre, y como
quedarán al frente y más cerca de la unidad que las ha destacado
que de ninguna otra, tal batallón naturalmente irá á reforzar aquella
que le pertenece. Así, para evitar todo desorden es menester establecer
una gran guardia por batallón; bien entendido que cuando
haya varias líneas de éstos, sólo los que quedan en el perímetro del
espacio ocupado suministrarán las avanzadas, pues si bien el lado
que está frente al enemigo es el más expuesto, tampoco pued~A
descuidarse loi demás.
WKO 1-21
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)22 Boletfn M,ilitar
§ !-Grandes guardia
De lo que precede se desprenC.en los detalles sobre el servicio
y disposición de las avanzadas. El servicio de prot ccwn no se
determina por la extensión de terreno que hay que vigilat·, porque
ni una gran guardia tiene una elasticidad indefinida, ni su fuerza
excede de cierto límite ; las condiciones del servicio son absolutas,
y así como hay unidades para el combate, también las hay para
las avanzadas, empleándolas en todo terreno y plegando á él la disposición
normal. Conocido el perímetro que hay que guardar, fácilmente
se deduce el número de grandes guardias que deben emplearse.
La manera de vigilar no depende de la fuerza estacionada,
como que las necesidades son las mi mas, sea numerosa ó débil la
tropa de que se trata, sólo que 1 número y efectivo de las grandes
guardias si dep nde tanto del perímetro que hay que guardar como
de la fuerza de que se dispone. El efectivo total del servicio de eguridad
es una con ecuencia de lo que puede hacer una gt·an guardia,
y no del capricho de cada cual, sugerido sobre todo por el
modo adoptado para el estacionamientc. ... En las cuestiones de táctica
todo se liga, y esas relaciones on la que importa conocer;
así, dada un afracción orgánica, se sabrá qué extensión de terreno
puede proteger convenientemente.
El objeto del ervicio de protección s emplear el menor número
de hombres posible, pero sin que falte ninguna de las condiciones
de seguridad. De ordinario 1 perímetro ocupado por las
avanzada e· muy extenso y con necesidades casi iguale en todo él;
por lo cual su conjunto no puede confi~r e á una 5ola unidad porque
quedaría muy regada y su jefe no podría atender á tantos puntos á
la vez. Por esto el perímetro se divide en un cierto número de sectores
solidarios entre sí, pero con autonomía propia, concurrí ndo
al mismo fin y obrando cada uno sobre un terreno particular, es
dectr, que el conjunto del servicio se compone de fracciones yuxtapuestas,
que aunque distintas obran de la misma manera. De esta
suerte una gran guardia es el conjunto de todos los órganos de la red
avanzada en un sector determinado, el que cuando está completo
comprende los cuatro elementos ya mencionados: centinelas, piquetes,
puestos principales y sostén.
La unidad del servicio de avanzadas (gran ~uardia) debe
estudiarse aisladamente primero, á fin de constituir el tipo, para
en seguida establecer sus relaciones con el cuerpo que cubre, su
efectivo y la distancia á que estará de él.
Ni el terreno ni la distancia influyen en la disposición de una
gran guardia, pues en todo caso han de aplicarse los principios
fundamentales, empleando siempre las unidades de avanzadas con
su misma organización y uniforme funcionamiento, con lo que fácil
resulta averiguar cuántas unidades de éstas hay que emplear para
cubrir una extensión determinada; el terreno cuando más se tomará
en cuenta para si.tuar las fuerzas, pero siempre de acuerdo con los
mismos principios.
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Bolet{;z Militar
El papel de una gran guardia siempr~ es el mismo, aumente
ó disminuya su e1ectivo: si es débil, vigilará la zona determinada;
si es fuerte su acción, será más eficaz pero dentro del mismo espacio.
La fuerza de una gran guardia no depende de la del cuerpo
que cubre sino de la extensión que debe vigilar ; así, un batallón
encuadrado se cubre con una sola á su frente, en tanto que si está
aislado deberá di minuír el efectivo de aquélla para aumentar su
númerv y cubrirse por todas partes. No es lo mismo cubrir con
una fuerL~ gran guardia una larga extensión, que emplear en la
mi ma varias de e lla con efectivo más débil, porque hay un grave
inconve niente en la lejanía de las últimas fracciones al puesto principal,
tanto por el consio·uiente retardo en los avisos que sean de
interés, como por el envío de socorros, dificultad para la vigilancia, y
por último, porque es carga demasiado pesada para un oficial. De lo
dicho resulta que el frente ordinario que corre ponde vig lar á una
gran guardia será igual al de combate del batallón (de 500 hombres)
á quien representa, ó SPa de 200 metros, número que no conviene
aumentar sin necesidad (como que con él una ronda tendrá ya que
recorrer á lo menos r,soo metros, que exigen durante la noche cerca
de tres cuartos de hora), á fin de que los jefes puedan visitar varias
veces su tropa. Además, para que la resistencia de las grandes
guardias sea posible, s e necesitan pequeños frentes, con lo que se
disminuye la fatiga á los hombres bajo todos aspectos, y es también
posible una mayor 'igilancia. El frente asignado á una gran
guardia es un término medio que de acuerdo con la táctica de combate
puede aumentarse á 300 metro ·, y disminu(rs hasta 100 metros,
pudiendo a _ í plegar:e á toda las sicuacion s imaginabl s. En
fin, la mej r organización de las grandes guardias sed. la de una
por batallón dt.: primera línea, ocupando el frente de combate de
éste y con la reserva del ca o.
El frente que ha de vigilarse e~; la base principal de la composición
de una gran guanlia, pero unida al principio de obrar por
unidades con ·tituídas, eje de la táctica de combate y base del orden
y de la disciplina, por lo que en ningún caso se procederá de otra
manera, ya que la situación más peligt·osa es la de las avanzadas,
en las que es preciso eYitar todo desorden y dar grande acción al
mando. En este servici todo grupo se compondrá de la tropa y
jefes que lo constituyen orgánicamente, siendo preferible emplear
un exceso de tropa á romper una escuadra.
El efectivo de un puesto depende del número de centinelas
que tiene que mantener, el que se deduce del espacio que va á
guardar.
El servicio de las avanzadas, entre dormida y dormida, no
dura más de doce horas, por lo cual basta emplear tres hombres
por centinela, poniendo cuatro siempre que se pueda, á fin de diSminuír
la fatiga, pero conformándose con tres cuando no sea posible
emplear más. Así, de acuerdo con el principio anterior, en caso
de tres hombres por centinela, se necesitan: para uno simple, tres
hombres y un jefe; para dos, seis hombres y un jefe; para tres,
nueve hombres y un jefe; para un centinela doble, seis hombres y
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Boletín M·ilz'tar
un jefe; para dos, doce hombres y el jefe; para tres, diez y ocho
hombres y el jefe. De estos datos sacamos que una escuadra
compuesta de ocho hombres y un cabo puede mantener un centimela
doble ó dos simples, y aun un centinela doble y uno simple~
ó tres simples en caso muy apurado. Por lo general, antes hay exceso,
pero esto sucede siempre, y más vale proceder así que romper
una fracción orgánica.
La sección con diez y seis hombres y tres clases puede mantener
cinco centinelas Simples, 6 bien hasta tres dobles, pero por
lo común dos dobles y uno simple.
Las cifras ani.:eriores disminuyen considerablemente al emplear
cuatro hombres por centinela, de tal modo que si fueren
diez sencillos, ya ~e requieren cuarenta hombres, y el duplo si son
dobles ; en tanto qu-... sostenidas con tres hombres no más, hay una
diferencia de diez soldados en el primer caso y de veinte en el seg-
undo, lo que es muy de tomarse en cuenta.
Como dijimos arriba, en la constitución de los puestos no sólo
debe considerarse el efectivo; necesario es no romper los grupos,
bien que éstos son fáciles de plegar á toda circunstancia; tenemos:
grupos de cuatro, escuadra de ocho hombres y un cabo, sección de
diez y seis hombres y tres clases, y pelotón de treinta y dos hombres,
siete clase y un oficial.
En las avanzadas todo puesto necesita de un jefe (cabo), porque
los soldados no tienL:n sobre sus compañeros suficiente autoridad
; pero como al aum ntar el número de puestos se aumenta
también el de cla es rn{Jlcada , pronto quedaría para éstas el servicio
muy recar~~ado, por lo cual es preferible empl ar puestos
fuert , qu absorben menos soldados y clases. Una sección con tres
clases pu d conslituír uno ó dos puestos, y no es posible dividirla
en mayor número. Ademá , como es fácil en cada puesto variar la
clase de centinela , se llear menos profundidad y de desfilar en menos tiempo por
un punto dado. Fue así como n el día de Gravelotte una división
alemana de I 5 batallones, 4 escuadrones y 24 cañones. formando
un total de 13,000 hombr s y 6oo caballos, muy parecida,
como efectivo, á nuestra división reglamentaria, habiendo cstre ..
chado sus distancia! previamente, pudo atravesar el río 1\1osela,
por un puente de barcas. en dos horas y media.
Este ejemplo nos obliga á hablar de la marcha de tropas sobre
puentes suspendidos ó de otra clase, de poca solidez, la que exige
precauciones particulares, justificadas no solamente por la teoría,
sino aun por accidentes terrible causados por oscilaciones del tablero
que éste no pudo resistir. Esta precauciones son:
1.0 Marchar la infantería en do 6 cuatro hileras, sin toques
y sin llevar el paso, abriendo las filas.
2. 0 Dejar distancias más considerables entre las secciones y
compañías.
3. 0 Detener la marcha ó suspenderla, si las oscilaciones son
de mucha amplitud.
4.0 Hacer pasar la caballería llevando los caballos de cabestro.
5. 0 La artillería pasa carro por can·o, á 10 metros de distancia
unos de otros.
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.Bolet{n Mt'litar 33.1
Estas precauciones deben ser tanto mayores cuanto más largos,
angostos ó débiles sean los puentes.
Cruzar un puente, observándolas, exige cuatro veces má'
tiempo del que se emplearía en un camino ordinario.
III-VANGUARDIA
Una columna cerrada no está en situación de combatir. Si
es atacada por la cabeza 6 la cola, éstas, rechazadas sobre el
centro, causarán desorden y desorganización en todas las unidades.
Si es atacada por sus flancos, las tropas quedarían deshechas
antes de haberse podido formar. De estas consideraciones resulta
la necesidad de proteger toda columna con vanguardt"a, retaguardz"
a y flanqueadores.
10. Las di tintas armas en la vanguardia
La vanguardia tiene por mi ión deténer al enemigo hasta que
la columna haya tomado su formación de combate, 6 de atacarlo
para obligarlo á desplegar sus fuerzas, y aun de adelantarse rápidamente
para ir á ocupar un puente, un desfiladero, etc., cuya posición
importa á la marcha de la columna.
Para llenar estas múltiples misiones, la vanguardia, como lo
dice el Reglamento táctico de infantería, debe ser compuesta de
tropas de todas armas: caballería, para explorar, vigilar é informar;
artillería, para proteger el despliegue de la infantería; infantería,
para sostener el combate hasta que llegue la columna.
La artillería, aunque tome lo más posible la deh.ntera, no debe
dejar de ser protegida por Ja infantería. La vanguardia comprende
igualmente un destacamento de ambulancias y otro de in¡
renieros.
Para fijar las ideas, supondremos que nuestra vanguardia es
la de una fuerza relativamente importante, una división argentina
de 3 brigadas, 12 batallones, 16 escuadrones, 72 piezas, medio
batallón de ingenieros y los servicios accesorios, tren, brigada,
ammales en pie, secciones de municiones, ambulancias, intendencia,
etc., lo que supone un efectivo no menor de r 5,000 hombres.
La vanguardia se fracciona en punta, cabeza y cuerpo principaL
La punta destaca exploradores. Los deberes de los exploradores
son tan importantes, tan múltiples y exigen tanta rapidez en
los movimientos, que los infantes no están en condiciones de llenarlos
bien. Es necesario, pues, emplear jinetes al mando de un
oficial de confianza, cuyo número sea tanto mayor cuanto más
quebrado el terreno. Con la punta de vanguardia, marcha : 1.0
, un
oficial de artillería, cuya misión consiste en estudiar las posiciones
que deben ocupar las baterías, si llegara el caso de hacerlo, la
practicabilidad del camino para llegar á ellas, y el terreno que
batirían; 2.0
, un oficial de ingenieros, para hacer arreglar los malos
pasos y estudiar las condiciones en que podrían ponerse en estado
de defensa algunas posiciones.
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334 Bolcti11 J11zlitar
El comandante de la vanguardia marcha con la cabeza de
vanguardia: á esta altura del escalonamiento de las fuerzas se ve
mejor la situación del momento, y desde ella la hace rápidamente
conocer al comandante de la columna.
Este marcha con el cuerpo principal de la vanguardia: más
hacia la cabeza estaría demasiado expuesto; más hacia atrás, esto
es, con la columna misma, estará lejos de los puntos donde empezará
la acción, no se dará bien cuenta por sí mismo del estado
de las cosas, y no podrá imprimir al combate, desde su principio,
el carácter que responde á lo que se propone. Es, pues, un principio
in variable que en campaña el comandante en jefe de una columna
marcha con su vanguardia.
La vanguardia puede tener un papel decididamente ofensivo,
y en este caso su efectivo debe ser fuerte; ó un papel de defensiva
ó de prudencia, y en este caso su efectivo debe ser reducido, para
que sea menos expuesta á dejarse arrastrar al combate.
Como término medio, el efectivo total de la vanguardia será de
un cuarto del d e la columna; pero la proporción de la infantería,
dentro de dicho cuarto, será menor y variará del quinto al sexto
del total de la infantería. Estas proporciones responden á los fines
siguientes: extenso servicio de seguridad con caballería, y empezar
el combate con artillería numerosa; por consiguiente, menos
infantería, casi toda la caballería y la mitad de la artillería. Si la
columna tiene infantería montada, es evidente que su puesto está
en la vanguardia, salvo la que e reserve para el s rvicio de flanqueadores.
La vanguardia no tiene por misión atacar siempre al enemigo;
puede tenerla casi siempre, pero no puede admitirse que sea un
principio g neral, puesto qu~ conduciría á menudo á vanguardias
débiles á empeñarse á fondo con un enemigo muy fuerte, que las
rechazaría y derrotaría: deberá, sí, atacar siempre á un ejército
ó su vanguardia 6 retaguardia si están n mala situación 6
desmoralizadas.
Los comandantes de vanguardia deben tener muy presente
que no son dueños de empeñar 6 nó el combate; no mandan fuerza
autónoma, sine. una fracción de columna, y no les es lícito comprometerla
con imprudencia ó ardor irreflexivo: sería una grave falta.
En esto hay que tener en cuenta la tendencia de todo jefe de hacer
papel aparte, de lucirse antes que lo haya podido hacer otro. En
el ejército alemán, casi todas las vanguardias en 1870 empeñaron
combate á pesar de la voluntad del comandante en jefe, suprimiéndole,
por consiguiente, su libertad de acción. Los resultados,
cuando haya igualdad de fuerzas, serán siempre desastrosos para
las tropas cuya vanguardia es conducida con esta imprudencia.
En efecto, para no salir del ejemplo de los Alemanes en 1870, el
cuerpo principal de la columna, sorprendido por la iniciativa inesperada
de la vanguardia, tenía que acudir en su ayuda sin poder
tomarse el tiempo de desplegarse, quedándose en su orden de
marcha, en orden cerrado, y sufría pérdidas considerables para
conseguir un resultado que hubiera obtenido con menor sacrificio
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Boletín JJ1ilztar 335
si la vanguardia no hubiese sustituído su petulancia al orden lógico
de las operaciones. Si en 1870 los ataques de sus vanguardias
no fueron fatales á los Alemanes, debióse á que las tropas adversas
no eran veteranas y carecían de solidez.
Es el caso de recordar que el audar.:es fortuna juval no es de
aplicación aquí, sino que toca al jefe, al conjunto, y que muchas
audacias divergentes serían tan fatales al buen éxito como un
exceso de prudencia. Que cada uno con su audacia, su iniciativa,
coadyuve á aumentar la energía total del ejército, pero que nadie
salga de la esfera que le corresponde.
D/slancz'as- Como la vanguardia no es independiente del
cuerpo principal, y saca su fuerza del apoyo que de éste recibiría
en caso de encuentro con el enemigo, no debe exponérsela á luchar
durante mucho tiempo sin poder recibir ese apoyo; es decir,
que la distancia debe ser calculada de manera que pueda llegar á
tiempo el cuerpo principal, sin que una excesiva aproximación le
haga perder la libertad de sus moYimientos.
La di tancia, pues, entre la vanguardia y el cuerpo principal
será la suficiente para que el segundo no sea detenido ;:n su marcha
por la cola de la vanguardia, y no tan grande que no pueda
llegar con tiempo en ayuda de aquélla en formación de combate.
Como se comprende', no hay reglas ni distancias ab olutas;
éstas dependen dd terreno, del fcctivo, de la proximidad del
enemigo, de la inminencia de un combate, de la misión especial
confiada á la anguardia, de cien circunstancias particulares, y el
Reglamento de servicio en campaña argentino no establece sobre
el asunto sino principios generale .
Nuestra táctica de infantería, á su vez, al hablar de la marcha,
de los movimientos y del combate ofensivo de una división
de las tres arma , en la segunda parte de la e cuela del regimiento,
supone un caso general, un caso tipo, un término medio de condiciones
y circunstancias, del cual se partirá para armonizar los
casos generales con reglas que igualmente lo son.
El servicio en campaña argentino escalona así la vanguardia
de una división en la dirección del enemigo: r.0
, como exploradores,
algunos jinetes de las patrullas de caballería; 2. 0
, atrás de
éstos las patrullas mismas; 3. 0
, atrás de las patrullas, á 2 ó 3 kilómetros,
el escuadrón del cual salieron; 4. 0
, el resto de la caballería
á 2 ó 3 kilómetros atrás; 5. 0
, la punta de vanguardia; infantería
con algunos jinetes, seguida de la cabeza de vanguardia, y del
cuerpo principal de vanguardia, el que precede la columna en
unos 8 kilómetros. Como se ve, entre la masa de las tropas y el
enemigo, suponiéndolo en contacto con las patrullas de caballería,
hay una distancia de una docena de kilómetros. Entre la cabeza
de vanguardia y la mitad de la columna principal, se cuentan unos
10 kilómetros, de manera que casi toda la columna podría tomar su
forma'ción de combate, á la altura de dicha cabeza, en dos horas y
media. Debemos observar aquí que una división aislada de unos
15,000 hombres no formaría, sino raras veces, una sola columna,
pero sí tres de brigada por lo menos, y que su despliegue podría
así hacerse en menos de dos horas.
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Bolet{n Militar
Como se comprende sin que sea necesario demostración, las
distancias aumentan 6 disminuyen con el efectivo; cambian también
con la naturaleza del terreno. El límite más corto que pueda admitirse,
por ejemp10, entre el cuerpo principal de la vanguardia y
su cabeza, es el necesario para que sorprendida ésta, el enemigo
no pueda, desde el punto que ocupa, fusilar con eficacia el cuerpo
principal; con nuestro fusil esta distancia no debería ser menor
de 1,500 metros, aunque la columna fuese sólo de una brigada con
un batallón en vanguardia.
Es necesario tener presente que el escalonamiento de una columna-
exploradores, punta, cabeza, cuerpo principal de la vanguardia,
el grueso, la retaguardia,-no sería completo ni eficaz si
todos estos escalones no estuviesen ligados entre sí, si no hubiese
entre ellos trabazón, sin la cual no hay solidez. Se establecen,
pues. por medio de infantes montados ó de jinetes, ó de velocipedistas,
si lo permitiesen nuestros caminos, eslabones secundarios
entre los gruesos eslabones de la cadena de vigilancia que liga la
cabeza con la cola, y más especialmente entre el último elemento
de la vang-uardia y el primero de la división, separados, como se
ha visto, por algunos kilómetros.
Es evidente que la necesidad de estos eslabones de comunicación
es mayor de noche que de día, en países quebrados que
en pampa , y que desaparece casi por completo en una vasta llanura,
cuando la vista abarca toda una profunda columna y hace
imposibl e las sorpresa ·.
Estas con ideraciones generales bien comprendidas permiten
hacer toda<:> las aplicaciones que convengan á los casos particulares
que ~ e pr senten.-Contz'núa
----+lile!«- - -
INFORAfE SOBRE El fi.')ERCJTO ALEMAN
Continúa
LICR, 'CIAMIENTO DE JJO, HOMBR.ES Á QUIENES CORRESPOND~ .P.ASAR Á LA
RESERVA
Después de haber expuesto, como acabamos de hacerlo, cómo
se conduce la instrucción en cada arma en particular, sólo nos
quedará hablar de las grandes maniobras que estas armas ejecutan
en común, y en las que también los oficiales superiores, cualquiera
que sea el arma á que pertenezcan, se ejercitan en mandar
pequeños destacamentos formados por tropas de toda especie.
Ya se ha dicho por qué debemos dejar de lado estos ejercicios,
que son como el coronamiento del año de instrucción.
Hemos terminado, pues, con esto, hablando en propiedad. Sin ~mbargo,
lo mismo que se ha considerado lógico examinar antes la
manera como se instruyen los hombres, el modo de hacer su recluta
é incorporación, no será fuera de propósito indicar aquí cómo
se hace la operación inversa, es decir, el envío á sus hogares de
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Boletfn JJilitar 337
los soldadu que acaban de cumplir sus tres años de servicio y
deben pa5ar i la reserva.
No se pierde un instante para desembarazar al ejército y al
presupuesto de estos hombres, considerados ahora como bocas
inútile . Toda las m e didas deben estar tomadas de antemano
para disponer dejen su cuerpo sobre el terreno mismo de las
grandes maniobra , y no tener que llevarles al lugar de la guarnición,
á menos que ésta no se encuentre sino á un día de marcha.
Alfeldwebd de cada compañía corresponde hacer preparar
con tiempo y lugar todo lo que es necesario.
La primera operación es un reconocimiento médico, con objeto
de comprobar que ninguno de los hombres licenciados está acometido
de enfc¡-medad contagiosa : se pasa inmediatamente después
de las grandes maniobras y en el mismo sitio donde han tenido
lugar, ó bien el día de regreso á su guarnición. Al mismo tiempo,
una comisión, formada por el capzldn de armas*, de un sargento
y de dos ó tres soldados, se encarga de recibir los efectos que
deben entregar los r s rvistas. Por otra parte, no se trata aquí, el
mayor númeru de veces, sino de lo que han llevado consigo
para las grandes maniobras, porque todo lo demás ha d bido ser
reservado n el almacén antes de la partida para el punto de
concentración.
Los soldados empiezan por entregar us armas al sargento
encargado del tiro; luégo reciben los efectos que se les entregan
para el Yiajc por 1 almacén de la compañía ; después de lo cual,
en presencia d los ·arg nto~ designados, devuelven su equipo,
mochila, casco y uniform •. Todo debe encontrarse con propiedad
y en buen estado. La marmita de cada hombre es devuelta á la
cocina.
Se da á lo re ervistas, al licenciarlos, uno de los pares de
botas que han usado antes de las grandes maniobras y que se le¡
ha separado mientras han durado éstas. Acrrégase á esto una camisa,
un cuello, un calzoncillo y un pantalón de paño 6 de lienzo,
un gorro y una guerrera ó levita. Estas levitas se toman entre la5
más viejas del almacén, las llamadas de sexto vestuario (y á veces
séptimo ú octavo), que se reparan medianamente, lo suficiente
para que les duren hasta el regreso á sus casas ; y aun se eligen
cuidadosamente para abandonarlas así, aquellas prendas que son
incapaces de se1· puestas en estado de servicio de cualquier modo
que sea. El mismo principio es rigurosamente observado, bien entendido
en lo que concierne á los demás objetos. En ningún caso
se da el capote á los soldados.
La mayor parte, por lo demás, no toman los efectos que se
les entregan así, y prefieren adquirir á sus expensas un traje civil,.
que se les permite vestir en la última revista que precede á la
partida y también para presentarse á su llegada al jefe del bata-
• Sargento especial que hace en cada compañía, escuadrón ó batería, de.
las funciones de guardalmacén. En caballería y artillería lleTa el nombre de
cunurj~. Más tarde volveremos sobre este a¡unto.
TOKO 1-22
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Bolet{n Militar
llón de /andwehr. En principio, lodos los e(eclos de vestuan·o son propiedad
de la compailía, que se esfuerza naturalmente por conservarlos
y hacerlos servir hasta el último jirón. Este sistema ha conducid~
• los más brz1lantes resultados; los aprovisz.onamz"entos de efectos en el
1_j¿rczlo alemán está1t organzzados de una manera notable y se mcuentran
1n condzcz(mes extremadamente saHsfactorias. Es imposible también resistirse
á ver en ello uno de los más importantes elementos de fuerza de
tsle ejérczlo.
Una vez terminadas todas estas operaciones, el feldwebel entrega
á los soldados su pasaporte, haciendo firmar á cada uno de
ellos una declaración en la que se hace constar que ha recibido
exactamente todo cuanto le ha correspondido y no tiene nada que
reclamar de la compañía.
Los hombres licenciados que efectúan su marcha reunidos por
grupos, reciben por jornada 63 pfennig para el simple soldado y
el gifrezle; 79 p:1.ra el sargento, y I marco 9 pfennig * para el
feldwebel. Los que marchan aisladamente no son pagados sino
cuando las distancias excedan de 3 millas (zzk,S), á contar del
punto de partida, ó bien á partir del sitio donde se separan del
grupo. Esta tarifa es muy económica para el presupuesto del Estado,
porque es muy raro, dado el sistema de reclutamiento territorial,
que haya un hombre que tenga que recorrer más de una
milla en estas condiciones.
El capitán, después de haber reunido todos los reservistas, les
recuerda que están obligados á presentarse en un plazo de catorce
días al comandante del batallón de landwehr, y que durante su
marcha, como en el lugar de su residencia, deben siempre evitar
cuidadosament comet r ningún acto que pueda comprometer la
dignidad de su uniforme. Luego, y cuando se les ha preguntado
una vez más si til.!nen que hacer valer alguna reclamación, da orden
de que se les entreguen sus pasaportes, que ha examinado y
anotado por sí mi mo de antemano, llevando estas anotaciones la
indicación de los hombres que son susceptibles de ser más tarde
sargentos de landwehr, como en general todas las noticias que
puedan ser útiles n caso de que sea preciso llamarlos de nuevo á
servicio activo, y la lista de todos los castigos que se les impuso
por faltas en que incurrieron
Los hombres que residen próximos á su guarnición, son enviados
á sus casas aisladamente desde el primer día. Con los demás
se forman pequeños grupos de soldados que siguen una misma
dirección, puestos al mando de sargentos ó también de oficiales
si son muy numeroso ; se les conduce á la estación de partida~
acompañados de sus jefes hasta el punto principal de llegada. En
este caso no reciben los pasaportes sino sucesivamente, á medida
que dejan la vía, y durante todo su viaje se les somete á una
disciplin~ de las más severas. Al menor desmán, el jefe del grupo
de licen~tados hace telegra~ar á la guarnición más próxima, y en
la estaciÓn encuentra un ptquete que se apodera del delincuente á
• El marco= JIO pfenni~= r,25 pe9et&li..
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Boletln Militar 339
su llegada, y lo pone bajo llave hasta cuando se considere necesario.
Sucede también que en las grandes ciudades, cuando el número
de reservistas es considerable, se les expide en trenes especiales.
Lo que acaba de decirse se aplica naturalmente á las tropas
de toda especie, sin distinción de armas.
III
EL TREN •
Cada uno de los cuerpos de ejército pru ianos comprende un
batallón de tren, que se compone, en tiempo de paz, de dos compañías,
un depósito y una sección de obreros. Cuenta además con una
sección de panaderos.
El personal de este batallón Jo constituye una plana mayor
formada de dos oficiales, un médico, un veterinario, un pagador y
un secretario. El efectivo de una compañía es de 4 oficiales, 23
sargentos, 15 gifrúte, 25 soldados que sirven tres años, 44 soldados
que no sirven sino eis mese , 12 carruajes y 63 caballos. Lo que
da para el batallón un total de 12 oficiales, 46 sargentos, 30 gefreile,
I 38 soldados, 24 carru?ljes y 126 caballos.
La sección de obreros comprende ro soldados, y la sección de
panaderos 9 hombres.
El batallón de tren se recluta de ordinario entre los hombres
menos aptos para el servicio de las otras armas. Una parte de
los reclutas son llamados el 1.0 de Noviembre y en las mismas
condiciones que el resto del contingente, es decir, por tres años.
Los otros, á los cuales no se les exige sino seis meses de servicio,
se incorporan dos veces cada año, en el I.0 de Noviembre y 1.0 de
Mayo. Los reclutas de esta especie, en número de 88 por batallón,
constituyen la porción vanable, y sobre todo están destinados á formar
un grueso efectivo de reservistas suficientemente instruidos y
bastante numerosos para que puedan satisfacer á las exigencias
del tiempo de guerra.
De esta composición particular del batallón de tren, resulta
que para la instrucción los nuevos soldados se dividen en dos clases
distintas. A los unos, que sirven tres años, se les da una instrucción
tan completa como á los de un regimiento de caballería; á los
otros, que se renuevan cada seis meses, se contentan con enseñarles
á montar á caballo.
Además, con los ejercicios de equitación propiamente dicha,
se enseña á los soldados del tren á conducir diestramente un carruaje,
no sólo por las grandes vías, sino también por lugares
difíciles; y para lovrarlo, cada compañía ejecuta durante el verano,
con sus 12 carruajes atalajados, cierto número de ejercicios 6
evoluciones más 6 menos complicadas, que consisten en pasar del
• O sea brigadas de transportes de los cuerpos de ejército-H. jd T.
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Bolettn i14iá:tar
orden en línea al de columna por uno, dos ó cuatro, é inversamente,
etc. Estas evoluciones se hacen al paso y al trote.
Todos los carruajes necesarios para conducir, en tiempo de
guerra, el tren de un cuerpo de ejército, son preparados de antemano
durante la paz, y forman lo que se llama el depósito del
tren- Trm:n Depot. La dirección de este material considerable,
encerrado en vastos cobertizos y almacenes especiales, está confiada
á dos oficiales del batallón, bajo la alta vigilancia del comandante.
Es imposible desconocer las ventajas de semejante organización,
gracias á la cual se encuentran poseyendo permanentemente,
desde el tiempo de paz y hasta el último clavo, absolutamente todo
lo que es necesario para la g-uerra. Basta con procurarse en el
momento de la movilización los hombres y los caballos, y en algunos
días la inmensa columna de los convoyes de un cuerpo de
ejército puede salir provista por completo de las puertas del depósito.
Todos los efectos de vestuario y de equipo, arneses, material
sanitario y todo los accesorios necesarios á las secciones de panaderos,
hasta los números de hoja de lata que sirven para marcar
el pan producido por los hornos de campaña, está en su puesto; no
se olvida detalle alguno; y cada utensilio, clasificado metódicamente,
aparece allí dispuesto, rotulado y contado. He tenido ocasión
de visitar personalmente el depósito del tercer cuerpo de ejército, y
lo he encontrado en un orden notable.
Para habituar á los hombres á cargar con prontitud sobre
cada vehículo lo que debe llevar, se les ejercita de vez en cuando
111l0Vt1/zando tal ó cuál carruaje. Para facilitar esta operación, cada
objeto ó grupo de objeto- semejantes, reunidos en paquetes, lleva
una etiqueta que indica el carruaje y el lugar exacto donde debe
ser encerrado. Inversamente, sobre cada carruaje va expresado
un plan detallado de su cargamento y una lista de todos los objetos
que debe contener, con la indicación precisa y por números de]
estante, armario y sala del ar enal donde se encuentra cada uno
de ellos. En una palabra, ninguna precaución ha sido descuidé1da
para reducir al estricto mínimo el tiempo necesario para cargar
un carruaje cualquiera de suerte que en algunas horas quede
listo á ser enganchado.
Se subentiende que los diversos aproviszonamimtos almacenados
de esta suerte son constantemente renovados por el empleo
que se hace de ellos en tiempo de paz para subvenir á las necesidades
cotidianas de las tropas y Jos hospitales. Pero entiéndase
bien que esto se hace siempre con el reemplazo inmediato, y puede
decirse literalmente que jamás se toma con una mano un efecto
sin que se sustituya con la otra. El mismo sistema es por lo demás
estrictamente observado para el renuevo de los repuestos de todas
clases que se conservan para el entretenimiento del ejército
alemán.- Continúa
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B o!etin Afilt.'ta1'
7.[TMALACÁRREGUI
GUER-RA CIVIL DE NAVARRA, 1833-1835
Traducido para el Boütftz Militar C~ntimla
Quesada acababa de pacificar á Castilla La Vieja, donde
mandaba como Capitán general. Además había entablado ya correspondencia
con las provincias insurreccionadas, donde sus antecedentes
realistas le habían proporcionado relaciones numerosas.
En efecto, Quesada había comandado en 182 r, como General
apostólico, esos mismos insurrectos que iba á combatir ahora como
General constitucionaL Los jefes principales de la insurrección
-Zumalacárregui, Eraso, Iturralde, araza, Gómez, Goñi-habían
militado bajo sus órdenes, y Quesada había hecho esperar al Gobierno
de Madrid que sus antiguos tenientes oirían su voz y atenderían
su influencia. Esto fue lo que decidió su nombramiento al
puesto de General en Jefe del Ejército del Norte, en reemplazo de
Valdés. Veamos cuál era la posición de los carlistas en el momento
en que Quesada abría su campaña al principiar el año de 1834:
á las tres divisiones de Linares, de Oraa, y de Lorenzo, fuertes de
10,000 hombres, Zumalacárregui sólo podía oponer los cinco batallones
de Navarra, los Guías y 300 jinete ; por todo 4,000 hombres.
En Guipúzcoa se relacionaba con Guidebalde, quien tenía
tres batallones para oponer á los peseteros y c!Japelgorrz's de Jáuregui
(El Pastor), tan famoso por sud =-predaciones y de masías; en Ala va
y en Vizcaya lo hacía con Uranga, Villarreal y Zabala, quienes contaban
con 10 batallones contra las fuerzas superiores de E partero,
de Iriarte y de Osma. Los cristinos tenían además guarniciones en
las plazas fuertes y sendos cuerpos de observación sobre el Ebro y
sobre Aragón.
Que ada tomó la ofensiva y se dirigió sobre Lumbier con
todas sus fuerzas. Esto sucedía en los primeros días de Marzo.
Zumalacárregui empeñó á su adversario en la persecución de la
división Eraso, quien se dirigió hacia Bastán, en ta.1lo que él mismo
se hacía perseguir hacia Estela por la división Lorenzo. Quesada
supo algunos días después la derrota de Lorenzo, á quien Zumalacárregui
persig-uió de cerca hasta las puertas de Estela; apenas
el General cristino volvía sobre sus pasos á recoger á Lorenzo, cuando
recibió aviso de la nueva irrupción de su adversario sobre VictOria.
Zumalacárregui había caminado diez y ocho leguas en una nOche
: mientras se le buscaba en Ala va, estaba ya en la extremidad
opuesta, sobre la frontera de Aragón.
Necesario fue perseguirlo, y entonces resultó en Borunda. Quesada,
Linares y Oraa se reunieron para encerrarlo; pero el movimiento,
como siempre, les resultó mera pérdida de tiempo.
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Boletín Mil-r:tar
Los Generales cristinos, no pudiendo nada contra Zumalacárregui,
se reunieron para atacar á Eraso.
El jefe carlista, para librar á Eraso, en atrevida diversión
..pasó el Ebro y sorprendió á Calahorra; estaba conseguido su intento.
Habiendo repasado el Ebro antes de que sus adversarios
hubiesen podido cortarle la retirada, se internó en las montañas de
Alda, en la Berrueza. Las tres divisiones que lo perseguían le ro
·dearon allí, pero se les zafó de entre las manos durante la noche,
por el puerto de Contrasta, no obstante que estaba guardado por
la di visión de Oraa.
Después de haber fatigado al enemigo, obligándolo á ejecutar
movimientos inútiles, Zumalacárregui fue á restablecer sus
tropas en Bastán, mientras qu~ Quesada descansaba en Victoria.
Luégo, cuando éste quiso volver á Pamplona, el 21 de Abril, ya
Zumalacárregui estaba allí para cerrarle el paso, á pesar de no
disponer sino de fuerzas inferiores. Quesada salió temprano de
Salvatierra á la cabeza de sus mejores tropas y seguido por un
considerable convoy, para avanzar por el camino real de Pamplona,
en tanto que Zumalacárregui, que se movía de Etcharri-Aramaz,
llegaba á la aldeílla de Iturmendi : fue allí donde chocaron
los dos adversarios.
Como Zumalacárregui tomó resueltamente la ofensiva, Quesada
se figuró que su adversario lo atacaba con todas sus fuerzas,
cuando en realidad el jefe carlista no disponía sino de cinco batallones,
de los cuales dos eran de Ala va y estaban fatigados con
una marcha forzada. Desconcertado Que ada con ese ataque imprevisto,
no supo qué hacer. En lugar de avanzar para ampararse
tras los puestos fortificados que protegían el camino, y por no cejar
de nuevo hacia Sal vaticrra, se dirigió por el camino, que de Alsassua
conduce á e g-ura, al través de bosques y desfiladeros. Los
Navarros pronto alcanzaron á sus adversarios menos ágiles. A la
salida del bosque de Alsassua dieron con la retaguardia, que resistió
con bravura, mandada por O'Donnel, hijo único del Conde de
Abisbal, quien fue hecho prisionero. La heroica resistencia de esta
retaguardia salvó la columna de Quesada de una completa destrucción.
A las nueve de la noche los cristinos, batidos y perseguidos,
llegaron á Segura, donde Quesada aún no se creyó seguro,
por lo cual los condujo, por cierto en desorden, hasta Villafranca,
en Guipúzcoa. Después del combate de Alsassua, Zumalacárregui
no cesó de tomar la ofensiva contra su adversario desconcertado,
y á su turno pudo perseguir á Quesada. En Maesti
por poco lo toma prisionero en un ataque nocturno.
Algunos días después, en los primeros de Mayo, Quesada, perdida
toda esperanza de vencer á Zumalacárregui, quiso á lo menos
dar un golpe que repercutiese en 1\lladrid. Tomó el camino de
Bastán, á la cabeza de 3,000 hombres, con la intención de sorprender
y apresar la Junta de Navarra, que tenía su asiento en
Elisondo; pero cuando se dispuso á volver á Pamplona, después
de haber fallado el golpe, Zumalacárregui lo esperó en Be late para
cerrarle el paso. Quesada, no atreviéndose á afrontar el encuentro
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Bolet{n ¡J1"z"lt"tar 343
con los carlistas, dio un gran rodeo para volver á. Pamplona por el
-camino de Guipúzcoa. Desde Tolosa se hizo acompañar por la columna
Jáuregui; pero durante este largo trayecto, Zumalacárregui
tuvo tiempo de apostarse cerca de Lecúnlevi, en el puerto de
AspinJZ, y ahí, como en Alsassua, como en Belate, se interponía
entre Pamplona y Quesada. Este se vio obligado á retroceder hacia
Victoria.
Sin embargo, como le era necesario pasar y entrar á Pamplona,
so pena de servir de objeto de mofa á sus enemigos de Madrid
y de Navarra, Quesada hizo llegar al Brigadier Linares la
orden de que saliese de Pamplona á encontrarlo con su división.
Zumalacárrcgui, que, como de costumbre, supo lo mandado por
Quesada, de Etcharri Aranoz, donde estaba situado, se dirigió á
Irurzum en las cercanías de Pamplona. Linares, en el acto de salir
de la ciudad, al despuntar el día, encontró la vanguardia carlista
cerca de la venta de Gulina, entre Erice é Irurzum. El combate
fue rudo y sangriento, y estuvo indeciso durante seis horas; mil
hombres quedaron en el campo de batalla. Los carlistas, faltos de
municiones, se batían ya al arma blanca, cuando Zumalacárregui
ordenó la retirada. Linares regresó á Pamplona, á donde Quesada
pudo llegar al cabo porque los carlistas no tenían municione~
para disputarse el paso.
La carrera de Quesada había terminado. De todas las amenazas
que había hecho, no pudo cumplir sino una: la rigurosa
aplicación de la ley marcial contra los insurrectos prisioneros. Todos
fueron fusilados. Zumalacárregui se vio obligado á usar de
represalias, y sí procedió en esto con más miramientos, se debió á
que temía que el jefe cristino, falto de prisioneros, se vengara en
las familias de insurgentes que tenía en su poder, como lo hizo alguna
ocasión.
La historia no erá nunca suficientemente dura para censurar
esas horribles ejecuciones que ensangrentaban y deshonraban la
victoria en esa guerra de Navarra, en ]a que el soldado que había
perdonado al enemigo en medio del combate, fusilaba fríamente
el prisionero después de la derrota. Estas atrocidades fueron
Jlevadas tan lejos por los dos partidos, que causaron más víctima~
que las batallas. ¡ Cuántas escenas conmovedoras ó sublimes no
hubo en ese drama lúgubre de venganzas políticas l Jamás, en
ningún tiempo, tanta ferocidad se rescató con tanto heroísmo.
No fue sino un año más tarde cuando la Convención Eliot hizo
reconocer los derechos de la civilización en esta guerra de salvajes,
y esa tardía convención no siempre se observó cumplidamente.
Conlzitú«.
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344 B oletfn /J.[ilz'tar
YIA7E A LAS REGIONES EQUINOc.,CIALES, DE HUMBOLDT
Fragmentos ttaducidos para el Boletitz Mt"btar
...... El piloto indio que nos condujo de San Fernando de Apure
hasta la playa de Pararuma, no conocía el paso al través de los
rápülos (raudales) del Orinoco, y no quería encargarse de conducir
más lejos nuestra embarcación. Era preciso conformarse con
su voluntad. Felizmente para nosotros, el misionero de Carichana
consintió en cedernos una bella canoa por un precio muy módico :
el Padre Bernardo Zea, misionero de Atures y de Maipures, cerca
de las grandes cataratas, nos ofreció también, aunque enfermo,
acompañarnos hasta las fronteras del Br::tsil. El número de indígenas
que ayudan á transportar las canoas al través de los raudal e s es
tan pequeño, que sin la presencia del monje habríamos corrido el
riesgo de quedar detenidos semanas enteras en eso lugare s húmedos
y malsanos. A orillas del Orinoco se consid e ra como un país
delicioso las florestas del Rionegro. En ellas se goza, en efecto,
de un aire más fresco y más saludable. El río está casi libre de cocodrilos;
puede uno bañarse en él sin t~mor, y tanto d e día comrta t
Dos leguas más adelante se encuentra el pueblo de Flores,
centro del distrito, á la altura de 1,039 metros sobre el nivel del
mar, rodeado de bosques ricos en diversas maderas de construc-
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Bolet{n Mt'litar
eión y en quinas rojas y naranjada, de que los vecinos de Las
Cuevas exportan muchas cargas anualmente, y abundantes en helechos
arborescentes de 8 á 9 varas de elevación, coronados por
un copioso penacho de hojas grandes y lozanas, á guisa de palmeras.
Entre los infinitos tesoros vegetales contenidos en estos
bosques, que tanto admiraron y entretuvieron á nuestro botánico
Céspedes, se distinguen el Acuápar y el Manzanillo, árboles de
traidora frondosidad, pues al que se ponga bajo su sombra le hinchan
monstruosamente todo el cuerpo; el Albataque, muy eficaz
para toda hinchazón; el bejuco de cruz, cuyas hojas machacadas
restañan la sangre de las heridas; y finalmente, el Arisá, hermoso
irbol recto, cargado de manojos de flores encarnadas, y de tanta
virtud para contener la hemorragia por las narices, que aplicado
sobre la frente un pedazo de árbol despojado de la corteza, termina
en el acto la salida de la sangre, por copiosa que fuere; precioso
específico desconocido de la generalidad y perdido con otros
muchos no menos preciosos que permanecen intactos en aquellas
selvas perfumadas y solitarias. El clima de Flores, fresco y agradable
(20° del centígrado) es muy sano y el mejor remedio para
el cotó, pues con sólo permanecer poco tiempo en el lugar, desaparece
completamente. El distrito cuenta r,ooo vecinos; pero ya
se concibe que van en aumento, excepto en la parte montuosa y
ardiente desde el paso del Orta hacia el Magdalena. Así, Flores y
Las Cuevas, con 700 vecinos, dan un movimiento de población de
57 nacimientos, 26 decesos y 14 matrimonios, en el espacio de doce
meses, siendo comunes los ejemplares de longevidad notable.
Goza este di trito el beneficio de poseer un Cura, modelo del
sacerdote cristiano, desintere ado, humano, lleno de bondad, que
se desvela por mejorar la suerte de sus feligreses, así en lo moral
como en lo material, severo consigo mismo, tolerante para con los
demás, enteramente consagrado al desempeño de su alto ministerio;
joven sin ambición mundana, que ha sabido restaurar y adornar
la humilde iglesia del pueblo, convirtiendo un rancho de paja
en templo, cuyo interior resplandece de blancura, y cuyos adornos
sencillos inspiran más respeto y son más apropiados al culto verdadero
que las ostentosas ridiculeces de muchas iglesias de las
ciudades. Llámase este ilustrado y modesto sacerdote WENCESLAO
D{Az; y al escribir su nombre de una manera particular, en mi
~atitud como granadino y como cristiano, quisiera distinguirlo del
común de los párrocos, que tantos motivos dan de pena y desabrimiento
al granadino y al cristiano, por su incapacidad como hombres
de civilización, y por su indignidad como ministros de caridad
y de buenas costumbres. Ellos desconocen por ignorancia, ó abaten
á sabiendas la noble misión de que están encargados, especialmente
en este país nuevo que ensaya la libertad y donde la democracia
podría convertirse en objeto de amor para el pueblo,
arropándola con una religión que tiene por bases la caridad y la
ie'ualdad, y que en cierta manera santifica la República.
Es Flores el límite de lo habitado hacia esta parte del cantón
V~lez: pasado el pueblo, empieza la soledad; pasado el Orta, los
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Bolet{n Mzlita·r 35I
bosques altivos, en donde, según la expresión del profeta, "los
1
animales montaraces reposan con seguridad, porque no hay quien
os espante." El camino cesa de ser una vía transitable, y comienzan
en continua sucesión las subidas y bajadas por cerros abruptos,
gredosos y constantemente empapados en lo alto por las lluvias,
y en lo bajo por manantiales que aflojan el terreno, formando
pantanos pegajosos en que las bestias se hunden y fatigan,
y pierden hasta el instinto de elegir lo menos peligroso.
Ninguno de nosotros se escapó de caer rodando con la cabalgadura
por las resbalosas cuestas, 6 en hoyos en que era menester
auxilio de tercero para salir de entre el espeso lodo : hasta los.
peones, con ir á pie, pagaron allí su tributo de porrazos. "Consiste,
nos decía el práctico, que también se cayó varias Yeces, consiste
en que sus m e rcedes no son baquz"anos de los hoyos." Esta frase lo
dice todo: en aquel camino es necesario aprender cuáles son los
hoyos menos peligrosos, pues la elección nunca tiene por objeto lo
bueno y lo malo, sino lo peor y lo pésimo: elección entre hoyos y
hoyos, cuya profundidad no es posible adivinar al través del amarillo
fango de que están llenos. Cuatro leguas se andan de esta
mane ra, y en seguida comienzan lo pasos del río Guayabito, que
en su tortuoso curso corta cuarenta y nueve veces la línea de tránsito
ha ta ll e gar al case río llamado La Cimitarra: desde aquí hasta
el puerto d e l Carare e s llano el terreno, y el camino parece bueno
al que ha pasado lo d e atrás. Por tanto, es un delirio creer que esta
pueda ser la vía mercantil en que Vélez funda sus esperanr.as; es
ocioso pen ar en mejorarla sin variar de ruta. La t·ara perseverancia,
la actividau y el empeño del Sr. M. M. Zaldúa, ncargadG
de la composición de este camino, nada podrán jamá contra obstáculos
invencibles para quien no tiene á la mano muchos miles de
pesos, porque sin una gran suma de industria y de recursos, los
cerros gredosos y los minadores manantiales se burlarán de cuantos
esfuerzos se hagan para dominarlos permanentemente.
Las selvas del Carare no ceden en riquezas de todo género á
las de la hoya del Minero, y las sobrepujan en majestad. Desde
que se entra en el laberinto de colinas que ciñen los tort osos
pliegues del río Guayabito, se viaja por en medio del alto bosque
que á derecha é izquierda limita la fangosa línea del camino,.
siempre bajo la sombra, siempre húmedo y denso el ambiente, en
términos que disparado un tiro de escopeta, permanece quieto el
humo de la pólvora largo rato, sin ascender ni disiparse. El caucho,
el almendrón y el ceibo, colosos de vegetación, yerguen sus
copas por encima de los demás árboles, cobijándolos con sus gigantescas
ramas, mientras el tronco redondo y recto, cuya circunferencia
ocupa un grande espacio, sostiene y alimenta profusión
de árboles menores, enredaderas semejantes á gruesos cables,
y tribus enteras de parásitas sembradas en todas las axilas.
de las ramas. Cuando uno de estos colosos cae desarraigado por
el huracán ó minado por la vejez, abre en el bosque una ancha
calle, tronchando y sepultanto bajo sus ruinas cuanto alcanza, y
•ntonces el oscuro tronco forma una eminencia prolongada que se
NCO Of t EPU!l(~
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352 Bol~tín .llfti'itar
cubre de arbustos é interrumpe la llanura con la apariencia de una
larga colina; tal es la grandeza de estas ruinas vegetales, imponentes
aunque postradas.
Enumerar las miríadas de animales que pueblan la selva, sería
imposible. Encima es un intermmable ruido de a ves, que ora
sacuden las ramas al volar pesadamente, como las pavas y paujíes,
ora alegran el oído y la vista, como los jilgueros, las diminutas
quinchas (colibrí) ó el sol y luna, pájaro de silencioso vuelo, brillante
cual mariposa, llevando en las alas la figura del sol y de la
luna creciente, de donde le vi~ne su nombre. Al rededor remueven
el ramaje multitud de cuadrúpedos, y los inquietos zambos corren
saltando de árbol en árbol á atisbar con curiosidad al transeúnte,
las hembras con los hijuelo cargados á la espalda, y todos juntos
en familia chillando y arrojando ramas secas ; mientras más á In
lejos los araguatos, sentados grave mente en torno del más viejo,
entonan una especie de letanía en que el jefe gruñe primero y los
demás le contestan en coro.
Bajo los pies y por entre la yerba y hojarascas se deslizan
culebras de mil matice , haciéndose notar la cazadora por su corpulencia
y timidez, y la lomo-de-machete, de índole fiera, cuerpo
vigoroso, coronada de cresta y armada de una sierra que eriza
sobre el lomo al avistar al hombre, lo que afortunadamente sucede
raras veces: en ocasiones saltan de repente lagartos enormes, parecidos
á las iguanas, y huyen revolviendo la basura del suelo; en
otras nada se ve, pero se oye un sordo roznar en la espesura, y el
ruido de un andar lento al través de la maleza; de continuo y por
todas partes la animación de la naturaleza en el esplendor de su
abandono, y á raros intervalos, á orilla del camino y escondida,
se encuentra la choza miserable de algún vecino de Guayabito,
pálido y enfermizo, ó cubierto el cutis con 1 s feas manchas del
carate: el hombre está demás en medio de aquellas selvas, y sucumbe
sin energía, como abrumado por el mundo físico.
Regresamos á V élez pasando por Bolívar, centro de la nueva
parroquia de este nombre, la cual cuenta 3,6oo habitantes, consagrados
activamente á la agricultura, que es allí floreciente. Queda
el pueblo tres leguas al SO. de Vélez, situado en la falda oriental
de una elevada serranía, que es continuación de la de Cuevas,
y en consecuencia presenta las mismas quiebras de formación,
con la desventaja de escasear las aguas vivas, pues todos los manantiales
se pierden y desaparecen por las cavernas que perforan
las serranías y sus estribos. Abunda el terreno en minas de cobre,
hierro, plomo, cuarzo, azufre y carbón, y cerca del pueblo, en
una quiebra de la serranía, se hallan copiosas muestras de mina.
de amatista. Son frecuentes las igniciones de piritas de hierro, que
calcinando las rocas producen derrumbes considerables en las tierras
faltas de apoyo- Continúa.
BtJgoiá--Imprenla de Vapor-Ca/k ro, número r68
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 11", -:-, 1901. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691110/), el día 2026-03-10.
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