BOGOTA, MARZO 2 DR 1901 .SRRIK II-TOYO 1-N.(,J 9.•
BOLETIN ~1ILITAR DE COLOMBIA
Organo del Ministerio de
Guerra y del Ejército
8on colaboradores de este periódico loa
Jefes y Oficin.les del Ejército
Director ad honorem
F. J. VERGARA Y V.
General de Ingenieroa, Miembro de
varias Sociedades Cientificas
DECRETO NUMERO ... DE r9or
( I 5 DE ENERO)
aprobatorio de otro dictado por el señor Jefe Civil y Militar del Departamente
del Cauca
El Vic epresüimle de la R(p/Jblú:a, encargado del Poder EjecuHvo,
DECRETA
Artículo único. Apruébase el Decreto dictado J:JOr el jefe Civil
y Militar del Departamento del Cauca con fecha 8 de Diciembre
de Igc>O, por el cual se destina la suma de novecientos pesos($ goo)
en plata para gastos de viaje á Panamá de dicho funcionario, de
su Secretario de Hacienda y de tres Ayudantes de Campo.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 15 de Enero de I9(>L
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C.-El Subsecretario
de Relaciones Exteriores, encargado del Despacho, AN-:
Tomo JosÉ URIBE-El Ministro de Instrucción Pública, encargado
del Despacho de Hacienda, MmuxL ABADÍA MÉND:u-El Ministro
de Guerra, JosÉ DoMINGO ÜSPINA C.-El Ministro del Tesoro, ENRIQUE
REsTREPO GARCÍA.
TOllO 1-17
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
DECRETO NUMERO 98 DE I90I
(ENERO 23)
por el cual se reorganiza la Columna de Occidente
El Vteepresidenle de la República, encargado del Poder E.Jecult"TJ-,
DECRETA
Art. 1.0 Reorganizase la Columna de Occidente, la cual dependerá
provisionalmente de la Comandancia en Jefe del Ejército,
mientras se incorpora en una División, y se compondrá de los Batallones
Salavardeta, que tendrá 250 plazas; Lz'berlador y Moreno,
que se refunden en uno y se llamará Libertador, con 250 plazas; y
de un Escuadrón Volante con 25 plazas, el cual Escuadrón dependerá
directamente del Comandante General de la Columna de Occidente.
Art. 2.0 El personal de la Columna de Occidente queda arreglado
al siguiente escalafón :
CoMANDANCIA GENERAL-General Jefe, Floro Moreno; Jefe de
Estado Mayor, Coronel Roberto Galindo; Primer Ayudante General,
Secretario de la Comandancia, Coronel Julio Vélez; Segundo
Ayudante General, Sargento Mayor José A. Mora; Primer Adjunto,
Capitán Luis M. Gutiérrez; egundo Adjunto, Teniente Ignacio
Moreno ; Habilitado, Miguel Hincapié, asimilado á Teniente
Coronel para los efectos fiscales.
BATALLÓ. ALAVARRJETA-P!a11a Mayor-Primer ]efe, Coronel
Julio Sanmiguel, á quien s llama al servicio activo; Segundo jefe,
Sargento Mayor Wenceslao Medina; Ayudante Mayor, Capitán
Miguel Mora; Segundo Ayudante, Teniente Erasmo Maecha;
Abanderado, Subteniente Leopoldo Sánchez; Habilitado, Gonzalo
Delg-ado, asimilado á Capitán para los efectos fiscales.
Prúnera compaliía-Capitán, Antonio Rubio; Teniente, Francisco
Zamudio ; Subtenientes, Marcelino Castro y Daniel Castillo.
Segunda compat7ía-Capitán, Jerónimo Ospina; Teniente, Teodoro
López (á quien se llama al servicio); Subtenientes, Anacleto
Herrera y Patrocinio Rozo.
Tercera (ompaijía-Capitán, Manuel Rincón; Teniente, Ma-nuel
Rodríguez; Subtenientes, Leonardo Albarracín y ..... .
Cuartel compallía- Capitán, Guillermo Rubio; Teniente, Hipólito
Muñoz, á quien se llama al servicio activo; Subtenientes,
Benicio Chacón y ..... .
BATALLÓN LIBERTADOR-Plana Mayor-Primer jefe, Coronel
Julio C. García Herreros; Segundo Jefe, Sargento Mayor Abel
Guerrero; Ayudante Mayor, Capitán Sebastián Groso; Abanderado,
Subteniente Eladio Ricaurte; Habilitado, Fidel Algecira, asimilado
á Capitán para los efectos fiscales.
Przmera compañía- Capitán, Enrique Latorre; Teniente, Se&
ismundp Espinosa; Subtenientes, Rafael Matiz y Gil Rubio.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletfn Militar 259
Segunda compañía-Capitán, Carlos Cuéllar, á quien se llama
al servicio activo; Teniente, José Martínez; Subtenientes, Sagra-
.rio Espinosa y ..... .
Tercera compañía-Capitán. Ramón Martínez, á quien se llama
al servicio activo; Teniente, Patricio Guevara; Subtenientes,
José María Rozo y ..... .
Cuarta compañía-Capitán, Abraham Lombana, á quien se
llama al servicio activo; Teniente, José Piedras; Subtenientes, Antonio
Castañeda y Telésforo Sánchez.
EscuADRÓN VoLANTE-Jefe, Sargento Mayor Carlos Rubio;
Capitán, Félix V. Castillo, á qui n se llama al servicio activo; Teniente,
Julio Navarro.
Art. 3. 0 La Columna de Occidente tendrá además el siguiente
Cuerpo Civil : un Capellán, un Médico, un Proveedor, un Comisario
Pagador y un Habilitado del Cuartel General.
Art. 4. 0 Hácense los siguientes nombramientos:
Médico, Dr. Julio Uricoechea, asimilado á General para los
efectos fiscales; Comisario Pagador, Laureano Copete, asimilado
á primer Jefe de Cuerpo para los efectos fiscales; Proveedor, Pedro
A. Murillo, asimilado á Teniente Coronel para los efectos fiscales.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 23 de Enero de 1901.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Mini tro de Guerra, Jo É DoMINGO ÜSPINA C.
DECR.ETO NUlvlERO IOI DE' I90I
(23 DE ENERO)
por el cual se organiza la 6.& División del Ejército
El Vzápresz'dmle de la Repúblú:a, encargado del Poder Ejecult'vo,
DECRETA
Art. I.0 La 2.& División del Ejército del Tolima será en adelante
la 6.& División del Ejército de la República y tendrá los mismos
Cuerpos que la formaban, á saber:
Los Batallones Montero, Gallo, Arboleda y Libertador, y e] .&-
cuadrón Rondón. ·
Art. 2.0 El escalafón de esta División es el siguiente:
CoMANDANCIA GENERAL-Comandante ~eneral, General Luis
Vélez R.; Primeros ·Ayudantes generales, Generales Rafael Montoya
y Pedro León Moreno, y Coronel Enrique Jiménez; Segundo
Ayudante general, Sargento Mayor Arturo Borrero; Adjuntos·
Capitanes Facundo Conde y José María Bernal ; Cometa de 6rde~
nes, Subteniente Jesús Perea.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
260
EsTADO MAYOR-Jefe de Estado Mayor, General Daniel Estévez;
Primer Ayudante, Coronel Adolfo Moreno; Segundo Ayudante,
Teniente Coronel Hugo Achiardi; Adjuntos, Capitán Ma-nuel
M. Gómez y ........................... ; Teniente, Germán Nieto;
Habilitado del Cuartel general, Sargento Mayor Rafael Hoyos,
asímilado á su grado para los efectos fiscales.
BATALLÓN MoNTERo-Primer Jefe, Teniente Coronel Lubín Moreno;
Segundo Jefe, Sargento Mayor Gerardo López; Ayudante
Mayor, Capitán Adolfo Bohórquez; Segundo Ayudante, Teniente
Rafael Ricaurte ; Subteniente abanderado, Ismael Romero ; Habilitado,
Luis Carlos Peña, asimilado á Capitán para los efectos
fiscales.
Primera compañía-Capitán, Alfredo Gallo; Teniente, Marce-lia.
no Be jarano ; Subtenientes, Pedro V ásquez y ............... Me-dina,
á quien se le asciende de sargento 1.0 á Subteniente.
Segunda compaiiía-Capitán, Nepomuceno Buitrago; Teniente,
José María Hernández; Subtenientes, Santiago Bejarano y
Pedro V. Chacón.
Tercera compatiía-Capitán, Laureano Armero; Teniente,
Abraham Romero; Subtenientes, Marcos Ola ya é Hipólito
Alemán.
Cuarta compaiiía - Capitán, Joaquín Villegas; Teniente, Manuel
Castillo; Subtenientes, Arturo Galindo y Nicanor Fajardo.
BATALLÓN GALLo-Plana Mayor-Primer jefe, Coronel Lucio
Copete, á quien se promueve del mismo puesto en el Batallón Lz·krlador.
El Segundo J efe, los Oficial e s y el Habilitado se rán los mismos
que actualmente tiene este Cuerpo, en virtud de la reorganización
que recibió del Jefe de Estado Mayor general del Ejército
del Tolima.
BATALLÓN ARBoLEDA-Primer jefe, Coronel Carlos Díaz; Segundo
Jefe, Sargento Mayor Ramón Rodero M.; Ayudante Mayor,
Capitán Ezequiel Rodríguez; Segundo Ayudante, Teniente Enrique
Miranda; Abanderado, Subteniente Tobías Jiménez ; Habilitado,
Miguel Rondón, asimilado á Capitán para los efectos fiscales.
Pri'mera compallía-Capitán, Angel M. Moreno; Teniente, Man:
v.el H. Rodríguez; Subtenientes, Juan R. Calvo y Olegario Mendoza,
á quien se asciende á este grado.
Segunda compañía-Comandante, Capitán Isaac Vargas, á
quien se asciende á Sargento Mayor; Teniente, Enrique Pizano;
Subtenientes, Carlos Grimán y Juan de J. Castro, á quien se asciende
á este grado.
Tercera compañía-Capitán, Antonio María Alva.rado; Teni€nte,
Daniel Bedoya ; Subtenientes, Arturo Sáenz y Roque Ramírez.
Cuarta comptuiía-Capitán, Rubén Montealegre; Teniente,
José H. López ; Subtenientes, Agustín Cuan y Eccehomo Hoyos.
BAT~ÓN LIBERTADOR-Primer Jefe, Coronel Félix Navarro, á
quien se promueve del mismo puesto en el Batallón Cazadores, de
la 1 .• División del Ejército del Tolima.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletfn Militar 2ÓI
El segundo Jefe, los Oficiales y el Habilitado serán los mismos
que actualmente tiene este Cuerpo, en virtud de la reorganización
que recibió del General Jefe de Estado Mayor general del
Ejército del Tolima.
EscuADRÓN RoNDÓN-El personal de Jefes, Oficiales y demás
empleados de este Escuadrón, será el mismo que actualmertte
tiene, en virtud de la reorganización que recibió del Jefe de Estado
Mayor general del Ejército del Tolima.
Art. 3. 0 Hácense los siguientes nombramientos para empleados
administrativos de la 6.6 División del Ejército:
Comisario Pagador, Sr. Benjamín Suárez, asimilado á Coronel
para los efectos fiscales; Médico, Dr. Asunción Nuncira, asimilado
á General para los efectos fiscales; Practicante, Sr. l. Alvarez,
asimilado á Teniente para los efe ctos fiscales; y Proveedor, Coronel
Manuel J. Vega, asimilado á su grado para los efectos fiscales.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 2 3 de Enero de r go 1.
JOSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Guerra, JosÉ Do:MINGO OsPINA C .
DECRETO NUMERO 2 (BIS)
Marcelz'an o Vélez, Comandante en Jlfe de las fuerzas fluviales, marítimáS
y t errestres de los Departamentos de B olív ar y Mag dalena, m uso de leu
facultades de que se halla investido,
DECRETA
Art. 1.0 La fuerza pública á cuyo cargo queda la defensa del
Gobierno y la conservación del orden en el Departamento del Magdalena,
consistirá de una División, denominada Dzvisi(m P1'nzón número
I.0
, y formada por los siguientes Batallones: Junín, que ha
pertenecido á la 1 ... División del Ejército del Atlántico, y en adelante,
hasta nueva orden, quedará haciendo parte de la que por el
presente Decreto se organiza ;
Padz1la, que se formará con los conscriptos y voluntarios de la
Provincia del mismo nombre y de que será base el que actualmense
denomina Batallón Padz'lla, en que se incorporarán los individuos
de la tropa del Escuadrón Rz'ohacha, á cuya disolución se procederá
en seguida ; Magdalena, que será el que existe con este nombre
y en que se incorporará la tropa del Escuadrón Marroquín, á cuya
disolución debe procederse en cumplimiento del presente Decreto1
y la de la fuerza acantonada en la actualidad en el Banco y que
en primera ocasión se traerá á esta capital ; y Farías, que será
formada con contingente de los varios Distritos de la Provincia de
Padilla, y á cuya organización procederá el Jefe Civil y Militar del
Departamento ( 6 el Comandante General de la Dz'vz'sión Pznzlm,
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletín Mt"!,z:tar
cuando aquél deje de ejercer estas funciones), tan pronto como el
personal de tropa del Batallón Padilla haya llegado á trescientas
(300) plazas. De ese mismo número de plazas debe constar cada
uno de los otros Batallones.
Art. 2.0 Será Comandante General de laDz'vz'sión Pinzón, hasta
nueva orden, el Sr. Jefe Civil y Militar del DepartamentD.
Art. 3. 0 Nómbrase Jefe de Estado Mayor de la Dz'visz'ón Pz'n.
ún al Sr. General Simón Chacón; primer Ayudante General, al
Coronel Antonio Franco Barros; Comisario Pagador, al Coronel
Pedro Angulo ; Ayudantes, á los Capitanes Arcadio Jiménez y Federico
Polo Llanos, y á los Tenientes Máximo Pereira Castro y
Raúl Sánchez.
Art. 4. 0 El Sr. Jefe Civil y Militar del Departamento procederá
inmediatamente á disolver los otros cuerpos que con varias
denominaciones existen en el Departamento, expidiendo los pasaportes
correspondientes cuando fuere el caso, y haciendo presente
á los licenciados y pasaportados el agradecimiento que les debe la
Nación por los servicios prestados, y la confianza que abriga de
que al presentarse nueva emergencia acudirán solícitos á defender
las instituciones patrias y sus propias convicciones. No quedará en
el Departamento fuerza alguna con empleados ú oficiales supernumerarios,
ni depósitos, cuadros ú organizaciones análogas, y en la
formación de las Planas Mayores y compañías de los Batallones, se
observará estrictamente, respecto á oficiales y clases, lo que sobre
el particular dispone el Código Militar. Asimismo cesarán desde la
publicación de este Decreto, todas las asimilaciones antes decretadas
ú ordenadas respecto á empleados nacionales ó depatamentales,
no subsistiendo sino las correspondientes á los empleados civiles
y administrativos del Ejército.
Art. 5. 0 El Comandante general de la JJivz'sz'ón Pznzón queda
autorizado para dictar todas las disposiciones conducentes al cumplimiento
del presente Decreto y para hacer los nombramientos
de oficiale que fueren necesarios.
Para los de Jefes y otros empleados civiles que puedan ser
necesarios, propondrá á esta Superioridad, por conducto del Estado
Mayor general, los que juzgue convenientes.
Comuníquese, y dése cuenta al Ministerio de Guerra.
Dado en Santamarta, á 1 3 de Enero de 1 go 1 .
El Comandante en Jefe, MARCELIANO VELEZ
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletí'll, Militar 2Ó.J
·MARCHAS Y COMBATES
SEGUN LOS REGLA1lfENTOS ARGENTINOS
POR EL TENIEN1E CORONEL AUGUSTO A. HALIG?a
Táctica aplicada-Marchas y combates
Infroduccz'ón-Los Reglamentos tácticos nos enseñan los ejercicios
y las evoluciones, la manera de ejercitar las tropas y mover
las unidades que forman. Contienen, así como el Reglamento de servicio
en campaña, indicaciones generales sobre el arte de hacerlai
maniobrar; indicaciones que ya forman parte de un orden de conocimientos
más elevados : el arte de la guerra, entre cuyas divisiones
principales figuran las marchas y el combate.
En realidad, todas las demás convergen hacia éstas, tienen
por fin hacer marchar las tropas hacia un ob.Jetzvo que casi siempre
es el ejército enemigo, hasta alcanzarlo y combatirlo.
Se marcha y se combate observando ciertos principios generales
en que se fundan los Reglamentos, los que dan los medios
de ejecución. Si los Reglamentos violan estos principios generales;
si por ejemplo, se inspiran en un espíritu de prudencia excesiva,
en una tendencia á la defensiva, cuando aquéllos imponen la ofensiva
como condición indispensable de la victoria, son Reglamento~
málos. No es, felizmente, el caso de los nuéstros; su letra y su espíritu
son de enérgica ofensiva, y para aconsejarla siempre, en el
presente libro, nos ha bastado interpretarlos fielmente.
Interpretarlos, reunir en un cuerpo de doctrina lo que en cada
uno de aquéllos está diseminado y aislado, condensar en principios
y reglas generales aplicables á grandes unidades los peculiares
á cada arma,-tal es el fin que nos hemos propuesto en este
trabajo, que no se ha intentado aún entre nosotros, y que trataremos
de perfeccionar en una segunda edición.
Empezados hace dos años, cuando la posibilidad de próximo¡
combates les daba carácter de aplicación inmediata ; terminados
hace pocos días estos apuntes, se publican en los momentos mismos
en que se anuncian reformas progresivas y se inauguran nuevas
escuelas. Estas coincidencias son para ellos de feliz augurio.
Su redacción se inspira en el estudio de las principales guerras,
sin excluír las sudamericanas : Independencia, Brasil, Paraguay,
chileno-peruana, revolución chilena de 1891, etc., y las de
Cuba, Manila, del Transvaal, tan fecundas en lecciones todas, pues
las mal conducidas nos enseñan lo que no debe hacerse.
Han estado constantemente en nuestras manos los libros de los
grandes Capitanes y de los grandes teóricos del arte, así como loi
simples manuales basados en los ejemplos ó las lecciones de aquéllos;
el Mariscal de Sajonia y Federico, el Archiduque Carlos y
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletfn Mlltta1'
Napoleón, Clausewitz y Jomini, de Brack, Bugeaud, Moltke, Hohenloe,
Blume, von der Goltz, Dragomirow, Léwal, Pierron, Pédoya,
Philebert, Paz, Mitre, Barros Arana y muchos otros, y sobre
todo innumerables folletos y artículos de revista, que dan la
última noticia, relatan el último combate, discuten la reciente innovación,
señalan el último adelanto, la nueva idea, y marcan rumbo
al progreso de mañana, literatura rápida y ligera que es á la solemne
y pesada de los viejos clásicos en seis tomos, lo que el orden
disperso á la falange macedonia. El autor se pone bajo la protección
de tales maestros.
Que nuestros camaradas acojan con benevolencia estos apuntes
y los lean con indulgencia, como que son modesta contribución
al esfuerzo que todos realizamos por el arte de la guerra y el progreso
de nuestro ejército.
Táctica aplicada-l. 0 Marchas-Consideraciones e-en erales
En campaña el combate es la excepción, la marcha la regla,
y de su ejecución depende el triunfo ó la derrota. No se puede, en
efecto, intentar operación importante alguna con tropas que llegan
desordenadas y cansadas al campo de batalla, pues su mal estado
moral, que es consecuencia del físico, á menudo hace fracasar los
planes mejor concebidos del comandante en jefe.
La buer1a ejecución de una marcha depende de las medidas
tomadas por el jefe que la manda y de los oficiales que la hacen
ejecutar.
Si es mal preparada, ocasiona al soldado fatiga inútiles y
desmejora á sus ojos al jefe que la ordenó. Si es mal ejecutada,
prueba esto que los soldados no están acostumbrados á la disciplina
y han estado mal preparados á las fatiga , y en definitiva, recae
en el jefe la responsabilidad.
Como los efectivos crecen progresivamente, y los ejércitos,
sobre todo en América, se componen de guardias nacionales ó de
soldados de contingente, entre cuya instrucción y la movilización
pueden transcurrir varios años, y las tropas se acercan al enemigo,
á menudo en ferrocarril, sin que marchas anteriores las hayan
prepitrado á las fatigas de la guerra,-en este caso es más nec{.;sario
que nunca exigir de las tropas una severa disciplina de marcha, á
·fin de que lleguen al campo de batalla en estado de combatir con
la menor merma posible.
Esta merma siempre existirá, pero será tanto menor cuanto
mejor se conduzca á los soldados.
Cuando antes de entrar en campaña, las tropas estén reunidas
en el punto de concentración, todo jefe de unidad deberá hacerles
ejecutar cada día una marcha, aumentándola progresivamente,
pero teniendo cuidado de no llegar basta un cansancio excesivo, lo
que daría un resultado absolutamente opuesto al que se busca.
Los Estados Mayores deben reglar no solamente la marcha,
sino todo lo relativo al alojamiento, campamento 6 vivac de las
tropas y su alimentación. Cuando el soldado, sin .pasos inútiles y
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletín Mt'litar
sin espera, encuentra al llegar, ó poco después de instalarse, lo
necesario para reparar sus fuerzas, olvida pronto los males de la
guerra, y recupera la alegría, el empuje, que perdería con fatigas
excesivas, inútilmente impuestas.
Los oficiales deben dar ejemplo de buen humor, de resistencia
á la fatiga, y multiplicarse para procurar bienestar á sus soldados.
A ellos incumbe el:deber de enaltecer su moral, y no deben
ignorar que una tropa da la medida de su valor por su aspectodespués
de una marcha penosa .
•••
La marcha de las columnas se basa en los siguientes principios:
1.0 Dividir las tropas para marchar, alimentarse (sobre todosi
se hacen requisiciones) y acantonarse ó vivaquear, pero conservando
siempre la posibilidad de concentrarlas rápidamente para
combatir.
2.0 Toda columna debe ser cubierta, á largas distancias, por
la caballería; ésta tiene por misión explorar, recoger datos y permitir
á la columna tomar sus disposiciones de combate.
3. 0 Toda columna debe ser constituida de modo que se baste ·
á sí misma, que pueda sostener un combate, y que la colocación de
sus diversos elementos sea determinada por la urgencia de su llegada
al campo de batalla. ~Para los gruesos efectivos de Europa
conviene la di visión ; para los más reducidos de América, la brigada
mixta argentina.
4. 0 Haciéndose más considerables bs efectivos, los medios de
guerra son más complicados, y el servicio de los Estados Mayores
se aumenta sin cesar. Es indispensable, pues, simplificarlo y dividirlo,
si se quiere que se haga bien ; para esto, dar órdene concisas,
pero claras, á los jefes de las subdivisiones, de los cuerpos y
servicio · éstos, á su vez, con suficiente iniciativa dentro de su esfera,
determinan la ejecución de los detalles .
• • •
Los mov1m1entos de las columnas se ordenan por medio de
tres documentos que se estudian más adelante :
1. 0 Orden de operaciones ;
2. 0 Orden de movimiento ;
3. 0 Dispositivo de marcha.
2.0 Orden de operaciones
La orden de operaciones tiene por objeto dar á los comandantes
de las varias columnas del ejército el conocimiento general
de la situación estratégica y del fin que se desea obtener.
Indica la situación general del enemigo, lo que se sabe de positivo
sobre las posiciones que ocupa, y las direcciones que siguen
sus columnas.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
266 B olet{n M-ilitar
Sin datos habría peligro en poner una columna en movimiento.
Su comandante podrá, sin duda, lanzar á lo lejos caballería y
reconocimientos, interrogar á los habitantes, etc. ; pero como no
dispone de los medios del comandante en jefe, no podrá analizar
ni cotejar las noticias y separar lo cierto de lo dudoso con suficiente
exactitud.
Es indispensable hacer conocer el fin que se busca, á fin de
que el comandante de la columna sepa cómo debe obrar en caso
de encontrar al enemigo, y pueda hacer uso de su iniciativa, si las
órdenes no le llegan con tiempo, con tal que sus resoluciones estén
en concordancia con las intenciones del comandante en jefe.
Por eso el fin que éste se propone debe ser definido en pocas
palabras y sin detalles.
La orden no ocupará sino r4 si marcha
en tres columnas; en el primer caso, necesitará ocho horas para
desplegarse á la altura de su vang-uardia ; en el segundo, le bastarán
tres horas. Este ejemplo es de fácil aplicación á unidades
más fuertes ó á unidades menores. La brigada mixta de nuestro
Reglamento de servicio en campaña, debería ser la unidad de
marcha de tropas formando una división. Marchando aislada no
habría inconveniente en subdividirla en dos pequeñas columnas.
Por consiguiente, cuando el número de caminos ó la clase
de terreno lo permite, se debe, sobre todo á proximidad del enemigo,
subdividir la unidad principal; pero tal subdivisión es limitada
por la necesidad de estar siempre en estado de combatir.
Como ya se ha dicho, un cuerpo de ejército dividido en tres
columnas estará más pronto en estado de emprender marcha, que
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletín Mtiitar
en una sola columna; pero esta ventaja desparecerá si el terreno
entre los tres caminos ó dos de ellos es cortado y no permite á las
columnas prestarse mutuo apoyo.
Desaparecerá igualmente si el intervalo entre ellas excede
sensiblemente de la mitad de la profundidad de las columnas, pues
e.n este caso, puede suceder que el despliegue exija más tiempo que
SI las tropas llegasen por un camino único.
En resumen : hay siempre ventaja en multiplicar las columnas,
pero el intervalo que debe separar dos de ellas depende del
poder de acción de cada una ; en otros términos : el intervalo puede
ser tanto más grande cuanto más fuerte sea la unidad, debiendo
poder siempre las unidades prestarse auxilio.
2. 0 Las zonas de marcha, los caminos, elzHnerarzo y la destz"nación.
Destinar una zona de marcha á una columna, es poner á su disposición
todos los caminos, acantonamientos y recursos de la zona.
El zti'nerarz·o lo fija el Comandante en Jefe, para saber siempre
dónde se encontrará á cada momento el jefe de cada columna
y evitar que las tropas se aglomeren ó estén detenidas para dejar
pasar á otras que se crucen en su camino. Para fijarlo, es necesario
tener presente, cuando se puede elegir entre varios caminos,
que para unidades considerables, el camino más corto no es siempre
el de la línea recta, y sí, de ordinario, el mejor y más ancho,
aunque sea más largo.
La desHnacz!m, cuando se trata de una sola columna, se da señalando
un punto de llegada. Cuando son varias, se designa un
camino, un curso de agua, una alineación de las cabezas de columna
; cada comandante de columna tendrá así mayor facilidad para
trazar su línea de avanzadas, y sabrá qué concurso podrá esperar
de las columnas vecinas, en caso de ataque.
3. 0 El frente de marcha- Debe ser calculado según se quiera
concentrar el ejército más ó menos rápidamente, y de manera que
las diversas columnas puedan prestarse apoyo, y que ninguna de
ellas esté tan aislada que pueda ser derrotada separadamente.
Depende también esto del efectivo y del terreno, pero ningún obstáculo
difícil de vencer debe interponerse entre las columnas.
4.0 La direcdón que siguen las C#lumnas vect1zas, el concurso que
jueden prestar, las comumcadones por establecer con ellas y los puntos donde
acantonarán ó vzvaquearán-Es absolutamente necesario que un
jefe sepa si manda una columna única ó si forma parte de una serie
de columnas, y si la suya está en el centro ó en un ala, puesto
que las medidas de seguridad varían en cada caso. Si su columna
está en el centro, le bastarán algunas patrullas; si, al contrario, es
única ú ocupa un ala, deberá cubrirse con flanqueadores y tomar
eficaces medidas de seguridad.
El Jefe de cada columna debe conocer la composición de las
demás, situada~ á derecha é izquierda, para saber qué ayuda podrán
dar á la suya, la hora de su partida, el camino que siguen, el
sitio y la hora del alto mayor. Deberá ponerse en comunicación con
ellas lo más á menudo posible, darles datos y recibirlos de ellas.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletín Mt"lt.ta?-
Los datos deben ser concisos y precisos, como los siguientes:
Columna P., 10.10 a. m., perderá una hora á consecuencia de
la ruptura del puente L.
Columa P., 12.15 p. m., la vanguardia llega á M.
Columna P., 12.50 p. m. Los flanqueadores señalan la llegada
de alguna caballería enemiga á B., calculándole 6 escuadrones que
marchan en dirección á G.
Columna P., 3.20 p. m. Llega á su destino á R., coloca sus
avanzadas en A., B., C., D., y su izquierda llega á D.
5.0 Hora de la salzda de la vanguardiay los conv~es-Fijando la
hora de la salida de las vanguardias de las diversas columnas, se
tiene la seguridad de que marcharán á la misma altura y se prestarán
apoyo en caso necesario; pero es inútil señalar la hora de
partida de las columnas, puesto que es consecuencia de la primera
y es dada por el dispositivo de marcha, del cual se hablará adelante.
La hora de salida de los convoyes se fija teniendo en cuenta
la situación del enemigo y la eventualidad de un combate ; se determinará
al mismo tiempo su itinerario y el punto de su llegada.
6. 0 El alto mayor-Lejos del enemigo, no hay ventaja en determinar
los puntos en que las diversas columnas descansarán; el
comandante de cada una lo elegirá. Pero si un ataque es posible,
es preferible indicar los puntos en que las vanguardias hagan su
alto mayor, de manera que constituyan una red de avanzadas y
una línea de defensa.
Durante el alto mayor se hace cerrar la columna para que
pueda desplegarse con más rapidez. Se indica un punto de concentración
para la vanguardia, y uno ó dos para el cuerpo principal.
El convoy queda en su formación normal, pero estrecha sus
distancias.
7· 0 Las posú:ümes que ocuparán los flanqueadores-Las columnas
centrales se guardan con patrullas ; éstas no bastan á las exteriores.
El comandante en jefe puede dejar á cada comandante de
columna el cuidado de indicar á sus flanqueadores cómo deben
marchar y qué posiciones deben ocupar ; pero si algún punto le
parece de más importancia, y es así necesario á sus planes, indica
con qué fuerzas y durante cuánto tiempo debe ser ocupado.
8. 0 Las modificadotzes que convzene ztztrodudr en cada columna á la
dúposzción normal de marcha-Se marcha con ésta, es decir, con la
que prevé el Reglamento de servicio en campaña ; pero pueden
presentarse circunstancias que hagan necesaria su modificación, la
inminencia de un combate, por ejemplo. Se indican en términos
precisos, como este: Todas las baterías de la primera brigada
marcharán hoy con la vanguardia ; ó bien : Se estrecharán las
distancias á la mitad, etc.
9· 0 El camz'no que seguirá el comandante en jife y á dónde se le di-rig-
irán datos y partes.
IO. Las medzdas espeáales que se tomarán para pasar tal obstáculo.
I I. La colocadón de los acantonamzenlos y vivaques.
I2. La línea de las avanzadas que se establecerán á la llegada.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletín Mz·~z·tar
IJ. Las horas y puntos fijados para el aprovúz'onamzento.
Las últimas órdenes indicadas no podrán á veces figurar en la
orden del movimiento, y se darán durante la marcha.
I 4· En fin: los hospitales de evacuaczón, los telégrafos, el santo, etc.
Si las columnas que siguen un mismo camino no están bajo
las órdenes del mismo jefe, es indispensable indicar el punto inicial
y la hora en que cada columna deberá llegar á él, así como
el alto mayor, su duración y dónde se hará; pero esta complicación
no sería necesaria con los efectivof. reducidos que por mucho
tiempo se manejarán en nuestro país.
El orden de movimiento no debe contener indicaciones sobre
disposiciones para el caso de retirada, pero el General debe prever
esta eventualidad y tomar las medidas necesarias.
El cuadro de movimiento se comunica : á los comandantes de
la caballería, de la vanguardia, de las divisiones y brigadas, de la
artillería, de los ingenieros, al jefe de la comisaría ó intendencia,
de las ambulancias, del servicio telegráfico, de la brigada, del
convoy de cada cuerpo, etc., y éstos lo transmiten, en la parte que
les es indispensable conocer para su cumplimiento, á sus subordinados.
La necesidad de dar órden es de movzmzento aumenta, como se
comprende, con los efectivos, puesto que cuanto más numerosas
son las unidades, más complicados resultan sus movimientos.
En las pequeñas reuniones de tropas, en las que, T. gr., no pasan
de 5,000 hombres, deben simplificarse las órdenes y cuadros de
movimiento, dando, cuando se puede, órdenes verbales y directas,
á fin de evitar los intermediarios que no son indispensables, de
manera de no perder una parte de la fuerza en la transmisión del
movimiento.- Continúa.
---- -.t:ile!t+- ---~
I"JrlNC/PIOS GENERALES .DE ESTRATEGIA
Y .DE TACTICA EN LAS PEQUE/trAS GUERRAS
por d Mayor C. E. Callwell, del Ejército inglés
TRADUCCI6N DE ISIDORO LA VERDE AMA YA-ContinÚ«
CAPITULO XII
TACTICA DE DEFENSA
VI. Difensa activa-No sin satisfacción se pasa del estudio de
la defensa pasiva, completamente opuesta á los principios fundamentales
según los cuales deben manejarse las pequeñas guerras,
al estudio de la defensa activa. Atacar no siempre es posible, ni
siempre de desearse ; de suerte que en las pequeñas guerras se
observa que las tropas regulares proceden á la defensiva hasta
cuando la desproporción de las fuerzas no es tan manifiesta que
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
2JO B~letín Milt'tar
haga necesaria esa actitud. Suele entonces presentarse una coyuntura
eficaz para no desaprovechar el momento en que el enemigo
está en desorden, por causa de su ataque, y poder aplastarlo por
medio de un contraataque. Sin embargo, en semejante caso, como
en Ahmed Khel, en Afganistán, en Ulundi y en Ginhilowo, en el
Zululand, y en Abu Klea, cuando el enemigo ataca repentinamente
y en gran número y con mucho ensañamiento, la fuerza del ataque
se estrella en el asalto. Los que quedan vivos se dispersan,
cuando su acometida ha fracasado, y no dan tiempo ú ocasión á las
tropas regulares para hacer un contraataque, á menos que una
fuerza de caballería esté inmediatamente disponible y que el terreno
sea favorable á la acción de esta arma. Pero, por regla general,
el enemigo no ataca con tanto vigor ni repentinamente, y por esto
hay siempre ocasiones para ejecutar contraataques eficaces.
VII. Notas sobre el orden de batalla difensz'vo-En la defensiva
es esencial el gran desarrollo de fuegos, y no hay necesidad de
fuertes reservas, á menos que se tema una acometida á fondo. A
causa de la tendencia que tienen los adversarios á envolver los flancos,
debe buscarse e l apoyo de éstos, si es vosible, en un terreno
muy ventajoso para la defensa, en donde en tal caso han de ser
protegidos por la caballería ó la arti11ería.
En Maiwand estaban completamente descubiertos los flancos,
pero la caballería logró contener al enemigo á una distancia respetable
de uno de los flancos que staba muy en peligro.
Algunas veces será ventajoso guardar, di imuladas ó detrás
de la línea del fuego, reservas especiales disponibles para el contraataque.
No se puede dar respecto de esto una regla definida.
Rara vez es posible decidir con anticipación y con exactitud dónde
y cómo se efectuará un contraataque. Pero las fuerzas deben e tar
dispuestas de tal manera que siempre que sea necesario en el
curso de la acción pasar de la defensiva á la ofensiva, haya tro¡Jas
disponibles para ejecutar el contraataque vigorosa y eficazmente.
El combate de Kaz"lua es tm ejemplo de defensa acHva-El combate
de Kailua, adelante de Langson, en que el General Négrier desafió
á los Chinos después del revés de Bang Bo, descrito antes,
es un ejemplo excelente de una defensa activa hábilmente preparada.
Los Chinos fueron atraídos á la llanura por grupos pequeños
que se retiraron. El General Négrier había dado orden de disminuír
el fuego á fin de atraer al enemigo á corta distancia. El reducido
campo atrincherado á la izquierda, lo mismo que los dos reductos
y la aldea de Kailua, constituían buenos puntos defensivos,
de manera que la posición era fuerte, á pesar de que estaba
dominada.
Los Chinos dirigieron su ataque principal contra la izquierda,
y, envalentonados por la suspensión del fuego de los Franceses, se
avanzaron muy cerca de las líneas. Restablecido repentinamente
el fuego, sufrieron fuertes pérdidas y se retiraron á alguna distancia.
Sin embargo, volvieron valerosamente sobre la izquierda, á
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
B olettn Mt"lü ar 2JI
pesar de sus sensibles pérdidas, y los Franceses reservaban siempre
su fuego hasta el momento en que su tiro era más eficaz. El
General Négrier ordenó entonces á una parte de la reserva que
envolviese la derecha de Kailua, y que cayese por detrás sobre el
flanco del enemigo. Esta maniobra decidió del resultado de la jornada.
La izquierda china fue envuelta, y todas las fuerzas enemigas
huyeron en completa derrota. Por desdicha, justamente en el
momento del éxito, el General Négrier cayó gravemente herido, y
la victoria no fue coronada por la persecución como hubiera debido
serlo.
VIII. Ventajas de la formaczón m línea sobre la formación en cuadro,
hasta cuando el enemigo practz'ca la táctzca del choque-Se han mostrado
ya y tratado por completo en el capítulo 8.0
, las ventajas de
la formación en cuadro, que permiten hacer frente á los ataques
envolventes del enemigo y presentar un frente sólido á un adversario
cuya dirección en los asaltos repentinos nunca puede preverse
con certidumbre. Pero cuando la dirección del ataque del
enemigo puede preverse de algún modo, y si el terreno es bien
descubierto, de tal suerte que es imposible al adversario envolver
los flancos disimulándose , ni dar una acometida repentina sobre las
retaguardias, la necesidad de la formación en cuadro no es tan
evidente hasta en combate contra salvajes que cargan temerariamente
y á fondo. Un orden de batalla que sigue una línea irregular
cuyo flancos son resistentes, con la caball ría lista á maniobrar
sobre los flancos, y con la artillería repartida de tal suerte
que pueda batir todo punto por donde el enemigo intente lanzarse
al asalto, este orden de batalla es excelente. Si hay vasto campo
para el tiro, no hay t e mor ninguno d e que la lín e a sea rota, con
· tal que se obse rve buena disciplina en e l fuego. En esta formación,
se puede colocar mayor número de fusiles en línea y ocupar
una posición más extensa que si se recurriese al cuadro. Nada de
fuertes reservas, que disminuyen seriamente el número de fusiles
al frente, sino reservas pequeñas locales, especialmente en los
flancos.
Ejemplos-En Ahmed Khel se encontró al enemigo en fuerte
número en un terreno levantado, á la izquierda y al través del camino
que seguía la columna de Sir D. Stewart en su marcha sobre
Ghuzni. Todas las tropas disponibles tomaron la formación de ataque,
y la artillería abrió el fuego. Una masa de Ghazis cargó entonces
repentinamente sobre las tropas, y otra masa de caballería
enemiga, que se había divisado sobre la derecha de la posición
afgán, atacó la izquierda de los Ingleses, que estaban en ese momento
formados en una larga línea á intervalos, con la artillería á.
la derecha. En tanto que la caballería afgán caía sobre la izquierda
de la línea, fanáticos armados de sable atacaban el frente y el
centro, pero la infantería sostuvo el choque. A la derecha, la
artillería mantenía á distancia al enemigo; pero se juzgó necesario
retirarla un poco y defender ese flanco derecho para
formar martiiio defensivo; algunos escuadrones faeron también
enviados de este lado con el fin de prolongar la 1í nea. Sin
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
2J2 Boletín Mt'lt'ta~
.embargo, en la izquierda el ataque de caballería había sembrado
el desorden, la caballería inglesa se había replegado. La caballería
de los Afganes no fue detenida sino l'Or la infantería
formada en cuadros unidos. En fin de cuentas, gracias al gran
desarrollo de fuegos que esta larga línea suministraba, el enemigo
fue rechazado con gran mortandad. La situación fue crítica durante
algunos momentos á causa del ataque terrible y repentino
del enemigo, ataque sin precedente en las grandes operaciones
anteriores en Afganistán. De este modo, una línea defensiva de
batalla, tomada más ó menos casualmente, pareció magnífica en
esa emergencia, porque permitió gran desarrollo de fuegos.
En el combate de Tokar, en r8gr, las tropas egipcias, atacadas
repentinamente por los Madistas en gran número, á última
hora tomaron sus disposiciones para ocupar una posición semicircular
apoyada en una antigua aldea en ruinas; formados medianamente
en línea, rechazaron á los Arabes, quienes, sin embargo,
envolvieron los flancos y causaron al~una mortandad en el convoy
e retaguardia.
IX. Dificultades que presenlatt los flancos-El hecho es que los
.'flancos son la gran dificultad. El enemigo evita instintivamente el
fuego del frente de la línea. La artillería sobre los flancos es una
disposición excelente, como lo ha demostrado Ahmed Kehl; pero
colocada de este modo, el fuego de ella puede ser hasta cierto
punto inútil al principio. Colocar las piezas desde el principio en
frente de cada uno de los flancos, y retirarlas en seguida para cubrir
los flancos, son muy buenas disposiciones. Cierto que con tropas
con las cuales no se puede contar por completo, como los
contingentes de indígenas, por ejemplo, la vista del movimiento
retrógrado puede producir un mal efecto. La retirada de la arti-lería,
hasta á corta distancia, ciertamente despierta el valor del
enemigo. Como se ha dicho atrás, en tMaiwand la retirada de
las piezas, retirada ocasionada por la falta de municiones, produjo
un resultado desastroso. En la discusión de la táctica defensiva en
las pequeñas guerras, la teoría debe sobre todo inspirarse en
las enseñanzas sacadas de las campañas actuales, porque el espíritu
del ataque anima á las tropas regulares y á sus jefes en estas
pequeñas guerras. Las acciones defensivas son la excepción y no
la regla. En lo que se puede invocar muy á menudo la historia es
en el estudio de la táctica ofensiva.
X. El enemigo puede rehusar ti ataque-El hecho de ocupar una
posición y de esperar en ella el ataque, deja al enemigo la elección
-de combatir ó nó. Se puede aguardar el ataque de adversarios
que se precipitan llenos de confianza, pero no siempre se ha de
contar con esto. Si el enemigo rehusa la acción, se corre el riesgo
de no infligirle una derrota. Como se comprende, esta eventualidad
-es una solución muy peligrosa en la mayoría de los casos. Por
esto, en las pequeñas guerras cuando se ocupa una posición con
la esperanza de que uno será atacado en ella, generalmente es
¡u'eciso tomar medidas para abandonarla y pasar á la ofensiva, si
os adversarios evitan el combate. Los Madistas rara vez, al prin-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletin Mt"lüar 273
cipio de una campaña, trataron de evitar el combate. Pero el
hecho de armas de Agordat, en 1893, muestra que algunas veces
no se les puede inducir á que d e n el asalto á una posición preparada
para este efecto.
Las tropas italianas, con la pretensión de impedir la marcha
de avance de una gruesa columna enemiga, habían ocupado y fortificado
una posición. El ejército Madista se acercó, pero pasó por
otro lado. El General italiano, resuelto á obligarle al combate, abandonó
su posición para marchar al encuentro del ejército enemigo,
el que, en estas nuevas condiciones, aceptó inmediatamente la batalla.
Los Madistas atacaron con energía, y la rapidez de la acometida
fue de tal suerte, que los italianos tuvieron que retroceder
un poco abandonando su artillería. En aquel momento, las armas
de precisión comenzaron á producir su efecto; las tropas avanzaron
de nuevo, volvieron á tomar sus cañones, y dispersaron completamente
al enemigo.
Acontece algunas veces que un cuerpo de tropas regulares
que retrocede ante guerreros irregulares, puede, al ocupar una
fuerte posición, cambiar los papeles. Pero como algunos puntos
especiales relativos á las retiradas merecen llamar la atención, y
no se podrían tudiar mejor que en capítulo separado, la táctica
defensi\'a en estas condiciones especiales la estudiaremos muy ventajosamente
en un capítulo aparte. Toda la cue tión de la defensiva
en las pequeñas guerras está íntimamente ligada á la cuestión
de los cuadros y ele las obras de defensa. Un enemigo valiente y
emprendedor, reunido n ma as, acaba con el sistema de los laagers,
de lo zen'bás y de los cuadro . Pero, por regla general, los
adversarios de las tropa regulares en la pequeñas guerras no
combaten de esta manera. Hay que atacarlos, á menos que
existan fuertes razones para no proceder así. La iniciati\·a enérgica
es el secreto del éxito. Una actitud defensiva es generalmente
un mal principio, y no debe ser regla que se adopte por un jefe
que sab cómo deben ser tratados estos guerreros irregulares.
Cotllz1nía
~ ----
SER VICIO DE ESTADO lffAYOR
POR TASSO FRAGOSO
Capitán del Estado Mayor del Ejército Brasilero
TraducciÓ1t libre por el Coro1lel Bernab! Herrera y Obu
Los progresos realizados en el tecnicismo de la guerra, y el
acrecimiento incesante de los efectivos de los ejércitos modernos~
han contribuido poderosamente para hacer sobremanera delicada
y llena de responsabilidades la posición de un General en Jefe.
La más ligera reflexión demuestra que existe una diferencia
profunda entre el comando de un ejército del siglo xv1 ó xvu, verdadera
masa humana sin flexibilidad, especie de bloc, como dice
Rousset, y Jos grandes ejércitos del siglo x1x, en que partes apa-
TOKO 1 18
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
274 Boletin Militar
rentemente sin conexión, se articulan para producir un mecanismo"
dócil al manejo del jefe supremo. Se comprende entonces la imposibilidad
de que un solo cerebro humano, sobre quien ya pesa
la inmensa tarea de la meditaciÓn de los grandes problemas tácticos
y estratégicos, y la preparación general del plan de operaciones,
pueda atender y dedicarse á la reglamentación y ejecución de
las medidas secundarias, imprescindibles para la realización práctica
de la concepción general.
Entre el Comandante y las fuerzas de un ejército se intercala,
pues, espontáneamente un órgano intermediario, que se destina,
según lo dice Clausewitz, á traqsformar en órdenes las ideas del
General en Jefe, no comunicándolas simplemente á las tropas, sino
elaborando todas las cuestiones de detalle y ahorrando al jefe ese
trabajo estéril.
Tal es la misión del E tado Mayar de un ejército de operaciones.
Bronzart von chellendorff, á quien se debe el mejor trabajo
de síntesis sobre el Estado Mayor, caracterizó explícitamente sus
funcione en la guerra, del modo siguiente:
El Estado Mayor debe:
1. 0 Redactar, según las exigencias de las circunstancia del
momento, todas las órdenes relativas al acantonamiento, campamento,
marcha y combate de las tropas;
2.° Comunicar en tiempo oportuno, por escrito 6 verbalmente,
Jas órdene necesarias, con todo los detalles indispensables;
3 ° Practicar toda la dilig ncia n cesarias para obtener
documentos concernient s al valor militar del teatro de operaciones,
coordinarlos y velar por la preparación de un número suficiente
de mapas ó cartas geográficas;
4.0 Procurar informaciones sobre lo que pasa C'n 1 ejército
enemigo, apreciarlas y transmitidas al jefe supremo d 1 jército ;
5. 0 Dictar las resoluciones necesarias para que las tropas se
conserven en estado de combatir, conocer con exactitud y personalmente
el estado real de ellas en todos sus detalles ;
6.0 Organizar diarios de marchas, redactar partes de combates,
coleccionar materiales para la futura historia de la campaña;
7. 0 Desempeñar misiones especiales, principalmente las que
se relacionen con los reconocimientos.
Las razones justificativas de la creación de un Estado Mayor
agregado al comando en jefe, militan, aún más, en favor de la
creación de otros Estados Mayores, agregados á los comandos de
las grandes fracciones en que el mismo ejército se subdivide.
Por esta razón la guerra no nos revela la existencia de un solo
Estado Mayor, sino de múltiples Estados Mayores, cuya importancia
dependerá de la fuerza numérica y quizá del papel reservado á
Ja grande unidad á que cada uno de ellos estuviet e agregado.
¿,Qué funciones, pues, desempeñarán en la paz esos Estados
Mayores?
Digámoslo en dos palabras:
Hace ya mucho tiempo que se ha establecido como doctrina
victoriosa el mantenimiento de los ejércitos permanentes durante
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletítt ~ftit'tar 275
la paz, por la misma razón por que se baten durante la guerra.
En estas condiciones, las grandes unidades existen ya provistas de
Estados Mayores y bajo el comando de los respectivos jefes, antes
que se practique u concentración para llevarlas al frente de las
del enemigo.
El papel de lo Estados Mayores queda, pues, determinado
por aquel aforismo que asigna como objetivo de los ejércitos en
tiempo de paz, su preparación para la guerra: "El servicio de
Estado Mayor en tiempo de paz, dice Schellendorff, debe preparar
á los oficiales en él empleados, para las funciones que tendrán
que desempeñar en campaña.''
Solamente en los períodos de paz el Estado Mayor de todo el
ejército, generalmente denominado Grande Estado Mayor, en contraposición
á los Estados Mayores de las fracciones de tropas,
abraza en su esfera de acción el estudio de nuevas y variadas
cuestiones, merced á las cuales se dilatan las fronteras de su actividad.
Su objetivo general queda, pues, inalterable : auxiliar al
comando en jefe, colaborar con él en la preparación meditada y
paciente de todos los elemento necesarios para obtener la victoria.
Por esta razón el Grande Estado Mayor ó cualquiera de los
Estados Mayores de un ejército, aunque estén lejos de ejercer comando
sobre las tropas, es incuestionablemente el primero y el más
importante de los órganos auxiliares de ese comando.
Las simples indicaciones que acabamos de hacer á grandes
rasgos, de las funcione de los Estados Mayores, dejan entrever
la cualidades indispensables qut; d ben poseer los oficiales empleados
en ese s rvicio. De pocas necesita relativamente un oficial
ele cualqui --ra de las armas combatitJntes para desemp ñar con brillo
la mi ión que le sea confiada. Cuanto al oficial de E tado Mayor
es diferente : delJe poseer no sólv la cultura intel ctual y la bizarría
que cualqmera de las arma reclama, sino un vasto saber con
relación á la táctica y á la estrategia, y además un profundo conocimiento
del ejé1~cito nacional. u inteligencia debe ultrapasar el
ámbito estrecho de una única arma, y abrazar en verdadera síntesi
todos los miembro de ese organismo complejo: el ejército
moderno. Ningún creto debe existir para él, como ningún secreto
existe para el maquinista encargado de la vigilancia de su máquina.
Es necesario que su spírilu e haya madurado en el estudio
de la campañas de los grandes capitanes, y asimilado á la doctrina
más adecuada con la dirección victoriosa de los grandes ejércitos
de la actualidad. Sólo así le será posible realizar ese tipo, descrito
por el General Janson, de auxiliar, siempre pronto á suministrar
informaciones exactas y precisas; sólo así logrará, finalmente,
colaborar con su general en forma tan íntima y fecunda, que sea
imposible distinguir en los pensamientos de éste, la parte que evidentemente
le cabe, de la que se debe al Jefe de su Estado Mayor.
Cuando se estudia la historia militar de la humanidad, se comprueba
que fue necesario una evolución lenta, y por eso mismo de
larga duración, antes que el papel del General en Jefe y de su¡
auxiliares inmediatos quedase nítidamente establecido. Se puede
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Botettn Mtltta~
afirmar, sin recelo de ser contradir.ho, que sólo después de la célebre
victoria de las tropas alemanas en la guerra de 1870, se propagó
por todas partes esa manera nueva de concebir, en la paz
y en la guerra, el comando de las grandes masas combatientes.
En vano procuraríamos encontrar en los diferentes ejércitos, hasta
el comienzo del siglo x1x, una organización igual á la que hoy caracteriza
los Estados Mayores de los ejércitos contemporáneos. Es
indudable que los Generales de todos los tiempos tuvieron necesidad
de agrupar á su rededor un número de oficiales por cuyo intermedio
imprimían movimiento á las huestes guerreras. El papel
que estos oficiales desempañaban era muy secundario; sin embargo,
no era raro verlos figurar en los mismos cuadros que los Generales,
formando lo que muchas veces se llamó Estado Mayor general.
u Federico u-dice Bronzart von Schellendorff-disponía de
pocos oficiales en el Estado Mayor del Cuartel general, porque él
mismo ejercía, no sólo las funciones de Jefe de Estado Mayor,
sino las de Oficial de Estado Mayor de puesto inferior. Todos los
planes de las operaciones, todas las órdenes ó indicaciones á los
jefes que le estaban subordinados, las escribía ó dictaba el propio
Rey. En cuanto á las órclenos de combate, las daba de viva voz.
Si por acaso necesitaba de auxiliares, tenía á su disposición á sus
ayudantes de campo, algunos ingenieros y cazadores á caballo. El
Estado Mayor general del Cuartel general existía apenas en el
nombre."
"En 1806-escribía Comini-Napoleón aseguró el éxito de la
campaña haciendo concurrir, con admirable precisión, al punto decisivo
de la zona de operaciones, columnas que habían salido de
los más r motos lugares. La elección de este medio decisivo constituyó
una hábil combinación stratégica: la operación logística,
relativa al cálculo de los movimientos, emanó directamente del gabinete
de Napoleón."
Se ha pretendido por largo tiempo atribuír á Berthier la gloria
de haber sido el autor de esas instrucciones, concebidas con
tanta precisión y transmitidas con tanta lucidez. Más de cien veces
tuve oportunidad de comprobar el ningún fundamento de este concepto.
Napoleón mismo era el verdadero Jefe de su Estado Mayor.
Provisto de un compás, abierto de modo que representaba siete ú
ocho leguas en línea recta, lo que supone siempre nueve ó diez por
las sinuosidades del terreno, apoyado sobre la carta en que estaban
indicadas con alfileres, de colores diferentes, las posiciones de sus
cuerpos de ejército y las en que suponía al enemigo, ordenaba sus
movimientos con una seguridad de que difícilmente se puede formar
idea. Paseando con ligereza el compás sobre la carta, calculaba en
un cerrar de ojos el número de marchas que había de ejecutar
cada uno de sus cuerpos de ejército para llegar en el día deseado
al punto designadn donde pululan prodigiosamente; llevan en la extremidad de
la cabeza una especie de arpón que les sirve de defensa. Este arpón penetra fácilmente
en la carne, pero no sale sino con mucho trabajo, ocasionando dolore¡
muy vivos y fuertes convulsiones.
•• Pescado muy pequeño, de color rosado, que abunda en los ríos; los dientes
son tan numerosos y tan agudos, y se arrojan en tan gran cantidad sobre la.
parte herida que es imposible librarse de ellos, sobre todo si se tiene la des:ra·
cia de penetrar al río echando sangre. Con frecuencia se ha visto á algunos soldados
salir del agua con un miembro enteramente descamado por la voracidad
de e¡tos pescados.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletín Mitt'tar
Me aproveché de la estación lluviosa para trasladarme á la.
capital de Venezuela, en donde me proponía tratar con las autoridades
de la Provincia acerca de los medios de procurar para mis
tropas todos los recursos y provisiones que les eran necesarios.
Investido con poderes ilimitados que el Rey se había dignado
concederme, de acuerdo con el parecer del Consejo supremo de
Guerra, consagré mi atención á fomentar en esta ciudad establecimientos
destinados á la distracción ó de utilidad püblica. Cuando
terminó el invierno pasé á Valencia y visité algunos departamentos
del Oeste, y al comenzar Febrero me encontraba en Pao.
Mi primer deber en esta época era consagrar toda mi atención
al ejército ; había que aumentar el número de la fuerza y
disciplinarla de modo de hacerla temible al enemigo. Iba á abrirse
la campaña de 1820, y era indispensable presentarse con esta
ventaja para decidirla de modo pronto y conv niente. Ocupaciones
tan importantes se interrumpieron por circunstancias muy graves.
Hacia fines de Febrero un mensaje de Su Majestad que me
dirigían de la capital, fue interceptado en Mocuruparo, cerca de
Tocuyito. Este acontecimiento, completamente inesperado en una
vía pública tan concurrida, y algunas sospechas que ya había concebido
vagamente, me movieron á hacer averiguaciones muy severas
para descubrir la verdad. La declaración de un n gro llamado
Juan Pablo Gogorza me puso en el hilo. Varios individuos fueron
reducidos á prisión, á otros se les tomó indagatoria ; todas estas
medidas me descubrieron la existencia de un partido de facciosos
oculto en las cercanías de la ciudad y compuesto d más de cien
hombres, á la cabeza de Jos cuales estaba uno llamado Rosales, natural
de la aldea de 'I inaco. Me persuadí de que e ta n .. unión estaba
sostenida por arios personajes de la ciudad, entre los cuaJe
el más importante era el Alcalde de primera elección; de que este
partido aumentaba, y trataba diariamente de ganar nuevos prosélitos;
de que se comunicaba con los disidente cl 1 Apure y con otro5
puntos ocupados por Jos rebeldes; de que su propósito principal
era apoderarse de la ciudad, y de que todos sus crímenes, todos
sus robos de armas y de caballos, tenían evidentemente un fin político.
Habiendo sido denunciado este abominable complot por numerosos
testigos oculares, se redujo á prisión á varios individuos,
la causa se siguió por el Auditor general del Ejército, D. Ignacio
Javier Uzelay, después Regente de la Audiencia territorial,
y se envió luégo á un Consejo de Guerra.
Como es imposible citar aquí todas las piezas relativas á este
proceso, me contentaré con dar un extracto fiel y somero.
El negro Gogorza rindió su declaración como lo dije más
arriba, de la cual resultó que había efectiva mente formado parte
del bando mandado por Rosales; que estuvo presente cuando los
despachos se interceptaron; que el a viso de que venían de la ciudad
de Valencia fue dado la misma noche dPl 28 de Febrero por
una persona que no conoce, por medio de una carta de que fue
portador el esclavo de un sujeto de apellido Mesa.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Bolet{n .Ll:filitar
En consecuencia de esta declaración, Francisco Antonio, esclavo
de D. Salvador Mesa, fue detenido, y á su turno declaró que
había efectivamente lleYado el aviso de que se trataba; que D. Vicente
Guevara, ~Alcalde de primera elección, le había entregado
la carta; que ya, por orden del mismo Guevara, había llevado en
dos ocasiones despachos para Rosales ; que igualmente se le habían
confiado cien pesos que remitía la Sra. Zabaleta para sostener
el partido, y que entonces oyó decir que se le mandaría todavía
más dinero; que él había visto á doña Josefa Zabaleta y á
otras personas que se reunían en casa de doña Francisca SandOval,
para hablar de noticias favorables á los disidentes, y que
por orden de las hijas de la señora Sandoval, él había hablado con
Guevara antes de llevar la carta á Rosales.
Como ~stas dec1araciones no pareciesen suficientes al Auditor
general de Guerra para iniciar un proceso, se convino en que algunos
destacamentos se apostarían durante la noche para detener
á los espías que pasaran por los caminos de los alrededores de
Valencia, y sobre todo en la dirección de Miranda y de Paya,
ocupado entonces por 1 partido de Rosales. Con efecto, tomaron
á varios en distintas ocasiones.
Jo é Antonio Nadal, sorprendido á las nueve de la noche, declaró
que había permanecido un mes en el bando de Rosales, y
que durante este tiempo recibió tres veces el encargo, por orden
del jef , de lle' ar á D. Vicente Gue ·ara cartas ú otros papeles,
de los que tenía respuesta es< rita, á 'eces acompañada d . noticias
verbalc , tales como aviso de quL' estu,•iesen á la mira, porque
las tropas de la guarnición salían á todo instante de la ciudad.
Manuel Zurbarán d tenido á las once de la noche, declaró
que hacía pocos días que había estado con los enemigos, que había
visto que recibían comunicaciones de Valencia, y que les oy6
decir que entre e11as las había de Guevara para Rosales.
Por esto indicios, y con la e rtidumbre de que el despacho
interc ptado había sido enviado á Bolívar, y que la banda de facciosos
espiaba sin tregua 1 momento en que la ciudad se encontrase
sin guarnición para penetrar en ella á viva fuerza, el 3 de
Mayo el Auditor dio orden de poner preso á Guevara y de incOmunicarlo,
lo que se ejecutó.
Casi al mismo tiempo fue detenido José Herrrera, quien declaró
haber llevado dos veces cartas de Guevara á Rosales, y que le
habían encomendado verbalmente la mayor vigilancia. Además,
decía que en diferentes épocas había llevado al mismo Rosales
dos cartas que le había confiado una señora que vivía en la plaza
de la ciudad, en la casa de D. 1.\!anuel Zabaleta. Esta señora le
dio ambas veces su gratificación.
Vicente Noguera fue también detenido en la misma época,. y
declaró que pasando un día delante de la casa de Guevara, este
Alcalde le había llamado con el pretexto de comprarle un pañuelo,
y después de larga conversación, le había propuesto le llevase
una carta á Rosales, quien se encontraba en Paya, y que habiéndose
excusado por enfermedad, lo amenazó con que lo haría
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
B olet{n M·ilt"tar
llevar á la cárcel, y que al fin él había llevado la carta de que se
trataba, hasta la mitad del camino, en donde un esclavo de GueTara,
enviado por el bando rebelde, había venido á buscarla.
En consecuencia de los cargos que aparecían contra Guevara,
de su conducta pasada y de sus opiniones, comunicadas á su hermano
antes de la expedición, en una carta que se interceptó entonces
y que se conserva *, después de oír á los testigos, se
procedió á su interrogatorio. El pidió que sus acusadores le fuesen
confrontados, lo que se verificó; sostuvieron su dicho en presencia
de él ; pero Guevara se contentó con negarlo todo, sin dar ninguna
.razón que pudiese contribuír en lo más mínimo á su justificación.
Después de estas operaciones previas se formó un Consejo de
guerra para examinar la causa y juzgar á los acusados ; se oyeron
los testigos, la confrontación se verificó de nuevo. Guevara no
pudo disculparse en ningún punto, y, convencido del crimen de
alta traición, fue condenado á la pena de muerte por el Consejo de
guerra, en presencia del Auditor general del Ejército.
Sin embargo, cuando él esperaba ya en la capilla la ejecución
de la sentencia, juzgué á propósito hacer uso de todas las prerrogativas
que Su Majestad se había dignado concederme, y dar así
nuevas pruebas de mi deseo de asegurar la tranquilidad de la
provincia. Envié, pues, al Auditor general del Ejército con el Fiscal
de la causa á ofrecer indulto á Guevara si terminaba por
quitar el velo á todo el plan de la conjuración ya descubierto, señalando
los nombres de los conjurados, á los que se les otorgaría
gracia. Después de larga meditación, en presencia de un sacerdote
que le daba auxilios espirituales-el Dr. D. José Antonio Monagas,-
se conte ntó con responder que marchaba á la muerte.
El 10 del mismo mes el Consejo pronunció la sentencia de
los otros acusados. El resumen de estas sentencias dará á conocer
sus crímenes, lo que confesaron y las declaraciones de los testigos.
José Torres Nirgüeño, Juan Ambrosio Velásquez y Reyes
Rojas fueron condenados á horca, en virtud del artículo 67, título
X, de las Ordenanzas del Ejército, com0 convencidos del crimen
de espionaje. Seis testigos declararon ante el Consejo haber visto
varias veces á Nirgüeño en el bando de Rosales, al que iba á juntársele
con los despachos de Valencia; ocho testigos atestiguaron
el mismo hecho relativamente á Velásquez, á quien designaban en
el bando enemigo con el nombre del cartero; el tercero quedó
igualmente convicto, y á todos tres se les fw~iló, porque no había
en Valencia verdugo.
-------
Entre otras cosas decía:"' La muerte de Peñalver me ha afligido mucho,
~ero toda vía más la de Tinaco, por causa de sus cualidades morales y por lo
util que nos hubiera sido en las actuales circunstancias. En fin, bendito sea Dios!
no podemos descansar sino hasta que no quede un solo godo. Te aseguro que á
la muerte de cada uno de los nuéstros mi corazón se siente presa de nueva cólera
contra esos malvados. Aquí se dice que han pasado JJOr las armas á cinco de nues.
tros hermanos que tuvieron la desgracia de caer en sus manos; dime si el hecho
es cierto, y si esos desdichados son del número de aquellos que se encontraban
en los pontones."
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Bolet{n Mz'lz'tar
Francisco Herrera, Francisco Antonio Párraga de Mesa y
José Nadal, igualmente convencidos del crimen de espionaje que
confesaron, fueron condenados á la misma pena. Herrera fue pasado
por las armas ; los otros dos, por tenerse en cuenta la buena fe
de sus declaraciones sobre todo lo que habían hecho, visto ú oído,
obtuvieron que yo les conmutase la última pena por ocho años de
presidio.
Prudencia Prado, Francisco Pacheco y Gregario Mota, convencidos
por su propia declaración de haber tomado parte en el
bando de Rosales, fueron condenados á la pena capital ; pero á
tiempo de aprobar la sentencia, conmuté esta pena á los dos últimos
en ocho años de presidio, por motivos semejantes á los que se
han expuesto arriba.
Juan José Rodríguez fue condenado á seis años de presidio:
no hubo pruebas suficientes para convencerle del crimen de espionaje
de que se le acusaba por dos testigos.
A Vicente Torres se le condenó á la pena de ocho años de
presidio, convencido, según su propia declaración, de haber servido
en el bando de Rosales ; pero en la aprobación de la sentencia,
considerando siempre las circunstancias atenuantes, yo le concedí
la conmutación por seis años de trabajos públicos.
Vicente Noguera, Basilio Jiménez, Manuel Zurbarán y Juan
Pablo Gogorza fueron condenados á ser pasados por las armas
como convictos, según su propia declaración, de no haber dado
aviso de la existencia de la banda en que habían servido á la
fuerza; pero por la aprobación de la sentencia, la pena se redujo
á seis años de servicio militar para el último, y á los otros tres á
seis meses de servicio en los hospitales.
Doña Josefa Zabala, convencida:
1.0 De haber tenido en casa de la señora ando~·al reuniones
para hablar contra la causa de la nación española, reuniones que
han ocasionado graves perjuicios;
2. 0 De haber enviado cien pesos á Rosales;
3. 0 De haber confiado en dos ocasiones cartas para Rosales;
4· 0 En fin, de estar sindicada por todos los testigos como la. pro-tectora
declarada y reconocida del partido,-fue condenada á ser
deportada fuera del territorio español; pero por la aprobación de
la sentencia se le permitió ir á reunirse con su marido en Jamaica.
D. Salvador Mesa y su esposa se vieron condenados á la deportación
fuera del territorio de Venezuela y de Nueva Granada,
por haber dado en toda circunstancia y de todos modos pruebas
reiteradas de sus opiniones revolucionarias como agentes de los
más declarados del partido; y el primero, por último, por haber
prestado servicios militares á los disidentes.
Doña Francisca Sandoval y sus hijas fueron condenadas á la
misma pena que su yerno y hermano político Mesa, como convencidas
del hecho de haber convertido su casa en centro de reuniones
sediciosas, y de haber enviado á Guevara al criado Párraga. Y
estar reconocidas por el partido como protectoras, según varias
deposiciones de testigos oculares.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletín Mzlüar
Juan Antonio Cirilo L6pez fu e condenado á ser pasado por
las armas como desertor, convencido de haber tomado servicio en
el bando y de haber mandadv una parte de él.
D. Felipe Malpica y D. Rafael E pinosa, á seis años de presidio,
en ejecución de la orden publicada anteriormente en estas
provincias contra los que ocultasen desertores, delito de que fueron
convencidos ; las declaraciones de varios testigos estuvieron acordes
en declararlos protectores reconocidos del partido, y en la
sentencia se tuvo en cuenta su conducta pasada.
D. Carlos Sandoval fue condenado á la pena de deportación
por haber lanzado expresiones sediciosas en presencia de testigos
que lo acusaron.
A muchos otros se les siguió juicio, pero sin pruebas suficientes:
apenas se les obligó á estar bajo la vigilancia de las autoridades.-
Co?!iz'núa
----~ .....
ZUMALAC.ÁRREGUI
GUERaA CIVIL DE NAVARRA, 1834-1835
Traducido para el BoletEn 1lfilitar Continúa
Con 3,000 soldados, Zumalacárregui podía enloquecer al enemigo
á u placer; con 30,000 hombre habría quedado á merced
de su adversario. Las poblaciones se habrían arruinado muy aprisa
al alimentar un ejército de 30,000 hombres, y quizá para desembarazarse
de ello los habrían traicionado; un jército de ese efecti o
no podía rehusar librar batalla: se habría vi to obligado á atacar
al enemigo en su terreno para no pe ar por largo tiempo sobre una
población hambrl!ada é inferior en armamento y disciplina á un
ejército regular: la derrota habría antecedido al combate. Esto
fue precisamente lo que sucedió á lo· voluntario de las provincias
vascongada , que aglomerados en número de 20,000 en Oñate, se
dispersaron al aproximar e el pequeño ejército de Saarsfield, y
cayeron, partida por partida, en poder de los escuadrones que los
perseguían. Con 3,000 hombres, al contrario, repartidos por compañías
ó por batallones en los valles, Zumalacárregui venía á ser
como impalpable, crecía á los ojos de sus adversarios y los obligaba
á perseguirlo, o pena de exacerbar la opinión pública contra
ellos. De esta suerte se conciliaba á los habitantes de las comarcas
que arruinaban sus adversarios, y siempre que necesitaba un
combate para restablecer la moral de la insurrección, podía
atraer á los enemigos á la posición que había elegido en una comarca
donde las posicione militares abundan en los caminos, en
forma de desfiladeros inevitables y conocidos como lugares á propósito
para emboscadas: Salinas, Borunda y Lecumberi en la vía
de Pamplona á Victoria; Carrascal, en el camino de la Ribera;
Peña Cerrada en jurisdicción de Logroño; Pancorbo en la ruta de
Victoria á Burgos; Dos Hermanas, en la de San Sebastián, etc.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletín M ·ilz.tar
Zumalacárregui, que conocía bien el terreno .. obligó, pues, á
los constitucionales á obedecer, sin que lo sospechasen, el plan de
campaña que se había trazado. Este plan consistía en destruír en
detalle el ejército enemigo, haciéndole creer que era el vencedor.
Supo vencer á los cristinos, dejándoles siempre los honores del
camp·o de batalla. Muchas veces se afirmó en Madrid que había
terminado la insurrección ; pero al siguiente día se sabía con
admiración que un regimiento extraviado había sido sorprendido
en una emboscada por un enemigo invisible; que había desaparecido
un con voy sin saberse cómo ; que una guarnición se había sublevado
por no haber recibido recur os. Un día se publicó en
Victoria la importante noticia de la destrucción completa de los
insurrectos, cuyos restos miserables después de la derrota vagaban
dispersos en la montañas. Zumalacárregui supo estas noticias
por sus espías; toda la población era cómplice de este espionaje.
Al siguiente día atacó á Victoria, aterrada y confundida, y
faltó voco para que se apoderara de la plaza, que debió su salvación
á un chicuelo corneta: los voluntarios, al oír un toque enemigo,
temieron s r envueltos y dej:tron el campo; pero el efecto se
había obtenido. Preci o fue volver á perseguir e e enemigo que se
creía dcstruído. Entonces Zumalacárregui, engañando á los cristinos,
los hizo seguir la huella de uno de sus destacamentos, mientras
condujo el resto de su tropa t.. un punto 1 jano, para de allí
re vol ver y lograr un golpe de mano, ó bien sorprender las retaguat-
dias del n migo, mediante una contramar ha rápida. Los
cri tinos dormían sobre 1 cam¡ o de batalla, y de ·u vivacs daban
el part el la victoria· p ro Zumalacárr gui al huír se llevaba algunos
fusiles y paquetes de cartucho de que carPCÍa la víspera.
Al día siguiente se hacía batir más lejos, p ro siempre á expensa
de los enemigos.
Por otra parte, el jefe carli ·ta no habría podido obtener una
victoria deci iva á causa d 1 estaclo de penuria n que se encontraba,
y puso ~n juego todo su genio militar en elegir el sitio de los
combates, de tal manera que siempre pudiera retirar sus tropas
sin tropiezo, una vez alcanzado el fin que se proponía en la lucha;
tomaba sus disposiciones con tal acierto que todo le servía, hasta
lo imprevisto; de todo se aprovechaba, hasta de la derrota.
Cuando tomó el mando de las partidas fugitivas de Logroño,
tenía que organizarlo todo, que crearlo todo, hombres y recursos.
Aceptó la carga; pero quiso saber primero si podía contar con
sus tropas. De ahí el rudo y terrible lenguaje del discurso atrás
inserto. El dinero, ese nervio de la guerra, faltaba en absoluto;
por consiguiente, el nuevo jefe no podía introducir nada del Extranjero,
ni municiones, ni víveres, ni equipo, de todo lo cual estaban
desprovistos los soldados, y la provincia era muy pobre para
suministrarlos. Necesario era tomarlo todo al enemigo, como se ha
dicho. Para esto, el atrevido guerrillero no podía contar con sus
reclutas, sin Elisciplina para resistir, sin armas para atacar, siéndole
preciso habituarlos poco á poco al fuego, sin amilanarlos.
Por esto en primer término llamó á los viejo contrabandistas y
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Bolet{n Mil·Z:tar
aduaneros que la guerra había dejado sin oficio, y los distribuyó
por partidas de 12 á 15 hombres en las cercanías de los puntos
ocupados por los cristinos, con orden de apresar á los soldados aislados,
molestar los flancos de las columnas enemigas, ocultándose
en las rocas inaccesibles, y sobre todo de impedir á los traficantes
llevaran á las aisladas guarniciones cualquiera especie de
provisiones.
Estos sabuesos estaban tan bien amaestrados, que muy pronto
los cristinos se vieron obligados á emplear columnas de 500 á
1,000 hombres, para proteger el reaviittallamzenlo de una guarnición
de 200 á 300 hombres; ó bien á abandonar el pueblo donde
estaban. En el primer caso, los convoyes eran irremisiblemente
atacados en los desfiladeros de los caminos y senderos ; en el segundo,
Zumalacárregui ocupaba los lugares evacuados, los cuales
le debían su libertad, lo que aumentaba su prestigio y ensanchaba
proporcionalmente sus medios de acción.
En la guerra de montaña, raro es que se combata en formación
regular, por lo cual es muy ventajoso dividir las fuerzas, con
el fin de dejar á los cuerpos destacados más libertad de acción.
Zumalacárregui comprendió esto mucho mejor que ningún otro
guerrillero antes que él. Adoptó como unidad el batallón en vez
del regimiento; acostumbró hasta á las compañías á moverse separadas
de su cuerpo, dando á los capitanes una responsabilidad
relativamente mayor, de tal suerte que aquéllas no se desmoralizasen
nunca en una retirada, cuando por cualquier causa resultaban
separadas de su batallón. Hoy se puede afirmar que con esa organización
especial en una guerra de fuerza regulares contra guerrillas,
no se repetirán lo desastres del ejército francés en España
en tiempo del primer imperio *.
Zumalacárregui había adoptado como er¡uipo de sus batallones
en vez de la cartuchera una caja de cartuchos fijada por delante
para evitar la molestia que causa la cartuchera al tirador,
ya en la marcha, ya al sacar los cartuchos; quitó el brillo al cañón
del fusil, cuyos reflejos frecuentemente denuncian al soldado en
una marcha nocturna 6 en una emboscada. Sin duda por este motivo
en lugar del shakó, conservó á sus voluntarios el sombrero
nacional ó boztla. Los voluntarios carlistas así equipados, con frecuencia
hicieron marchas de hasta doce leguas en lo más crudo del
invierno, sin otro calzado que las alpargatas.
Conocida la escena, los actores y el plan del drama militar,
no nos queda sino ver á Zumalacárregui en acción.
II
Los insurrectos de las provincias vascongadas, arrojados de
Victoria y de Bilbao por Saarsfield, dispersados en Oñate casi sin
• El olvido de este principio fundamental de la pequeña guerra, y el del
precepto no menos elemental de no dejar nunca un destacamento en posicióa
que no esté fortificada, es la c:.usa que motiva la extrema duración de las guerras
de guerrillas, haciendo aparecer como impotentes á los Cuerpos de tropas
encargados de debe lar á las partidas de insurrectos-N. del D.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Boletín Mt'litar
combatir, vinieron á buscar amparo cerca de Zumalacárregui en
los desfiladeros de Borunda. La derrota de aquellos 20,000 voluntarios
llenó de estupor á las provincias sublevadas; pero tal resultado
no hizo sino confirmar al nuevo jefe en la resolución que se
había impuesto de no obrar sino con pequeños cuerpos sueltos contra
las masas regulares de los cristinos. Rehusó en consecuencia
la cooperación de los fugitivos de Oñate, les aconsejó volvieran á
sus respectivos distritos y se mantuvieran allí en armas, y con sus
tres batallones, apenas formados, y sus dos compañías del Guías,
esperó á Saarsfield en el camino de Pamplona.
El antiguo General Saarsfield era el más hábil militar de
toda la Península. El plan de campaña que había trazado contra
los carlistas inquietaba un tanto á Zumalacárregui; felizmente para
el jefe carlista, sólo el jefe cristino supo comprenderlo. Este plan
consistía en dejar á la insurrección des envolverse, y esperar que
los sublevados, tornándose más osados por la misma inacción de sus
adversarios, se reunieran en un centro de operaciones donde se les
pudiera destruír de un solo golpe. Este plan había dado ya resultados
contra los insurrectos de Castilla la Vieja, y acababa de darlo
contra los de las provincias vascongadas. Quizá hubiera tenido
éxito hasta contra Zumalacárregui, si la impaciencia del Gobierno
de Madrid y las murmuraciones d e los pe riódicos no hubieran
obligado á aarsfield á presentar su renuncia.
En vez de disputar el paso de la quebrada Etcharri Aranaz á
Saarsfield, quien avanzaba hacia Pamplona, donde debía entregar
el mando del ejército á su sucesor e l G e ne ral Valdés, Zumalacárregui
se retiró sin combatir. Los cri tinos lanzáronse e n su persecución.
Era lo que él deseaba. Le importaba que no le d e jaran
tranquilo para agotar al enemigo con inútiles movimientos; pe ro la
nieve caía, el tiempo era horrible, estaban en pleno Diciembre, y
por esto, á pesar del esfuerzo que el jefe carlista puso en hacerse
perseguir, los cristinos perdieron sus huellas.
Saarsfield entró á Pamplona · pero apenas instalado allí, tuvo
que salir: Zumalacárregui había sido visto entre puente La Reina
y EsteBa, en Dicastillo, en el valle de la Solana, en la falda sur
de Montejurra. Entonces el General constitucional comprendió con
quién tenía que medirse. Zumalacárregui le fatigó tres días haciéndose
perseguir con marchas y contramarchas forzadas, y escapando
á los golpes del enemigo de manera prodigiosa; pero
manteniéndose siempre en sus cercanías, reapareciendo en los lugares
donde Saarsfield lo había buscado el día anterior, y hasta
fingiendo el papel de perseguidor, cuando lo que deseaba era evitar
un combate.
Esa carrera de tres días, en lo más crudo del invierno, en la
cual los dos Generales lucharon en habilidad, agotó la columna
perseguidora, pues se calculó que Saarsfield había caminado dos
veces más leguas que su adversario. El viejo General, bien edificado
con respecto á Zumalacárregui, volvió á Pamplona para no
salir más de allí, dejando el mando de su División al General Lo ..
renzo.- Con!t"núa
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
B oletin M-ilitar
PEREGRINACION DE ALPIIA
POR MANUEL ANCIZAR
Continúa
Honréme con su trato, y comprendí cuánta razón tienen aquellos
vecinos para respetarle y amarle, y cuánto acertarían en
seguir siempre sus consejos, dictados por el verdadero patriotismo
y el ingenuo deseo del bien público. La iglesia del Puente,
ensanchada y mejorada por el Sr. Chaves, sería digna de la
villa, si no abundasen las imágenes de bulto deformes y mal
ataviadas. Santo hay allí que ostenta un sombrero blanco á la Bolívar,
encasquetado hasta la nuca, lo cual forma con las vestiduras
talares y el semblante distraído de la imagen, un todo realmente
ridículo. Lo peor es que no le faltan compañeros del mismo
pelaje ; por manera que no un templo cristiano sino adoratorio
del paganismo parece aquello, sin mérito en las obras de escultura,
sin belleza ni decoro en el conjunto. El abuso de las imágenes
no es solamente atentado contra el buen gusto, sino una degradación
del culto. Religión eminentemente e piritual y severa, el cristiani
mo no admite en sus manifestaciones e .. · ternas adornos que
no sean obras maestras, como tributo de la inteligencia y de la
civilización cristiana; en defecto d ellas, valiera más poner sobre
los altares una simple cruz, símbolo de la regeneración del linaje
humano y objeto material que jamás e.·traviará. las ideas del pueblo,
como sucede con las imágenes que adora y contempla, cual si
fueran otros tantos dioses; habiendo lleg-ado á. tal e.·tremo la aberración
religiosa entre las gente de nue tro pueblo iliterato, que
cuand les faltan imágenes se apresuran á. inventarlas, deificando
piedras y cortezas con el nombre de santos aparecidos: para estos
hombres cándidos y mal doctrinados no hay creencias fuera de la
superstición; no hay culto si no lleva la formas del politeísmo.
Todos estos errores caerán luégo que la ilustración penetre hasta
el fondo de la sociedad, pero caerán sin tener qué sustituírles, si
nuestro clero no se apresura á variar de sistema en la instrucción
religiosa dada por medio del culto y del público, y comprendiendo
el espíritu de estos tiempos, no sólo prescinde de las prácticas supersticiosas,
sino las ataca vigorosamente para inculcar y difundir
el conocimiento de las doctrinas sociales del Evangelio. De lo contrario,
vendrá una época de irreligión terrible y azarosa cuanto
inminente ya; y de los males que traiga, nadie, excepto el clero,
será responsable, porque él habrá sido causante de ellos á sabiendas,
ó causante, por ignorancia voluntaria, de los hechos actuales
y de sus próximas circunstancias. No exagero ni declamo : expreso
aquí reflexiones que la observación inmediata del estado moral
del pueblo jornalero sugeriría á cualquiera que visitara los lugares
que llevo recorridos ; y no se necesita mucha perspicacia para no-
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
-
tar que el peor enemigo que hoy tienen ]as creencias religiosas es
el culto tal como se practica en los pueblos, abusivo, desnaturalizado,
sin objeto ni resultados sociales, salvo el error y las preocupaciones
que engendra en los ánimos sencillos *.
Del Puente Nacional á Vélez hay cuatro leguas escasas, ora
se tome el camino que pasa por Gua vatá, ora el que demora al E.
de dicho pueblo. Entre ambos atraviesan la serranía llamada Alto
de Tuyamuca, muro contra el cual se estrellaron las aguas del roto
lago de Fúquene, obligándolas á tomar la direcciÓn N. NE. que
conserva el torrentoso Saravita con varias inflexiones accidentales
hasta perder su nombre al unirse en las Juntas con el Sogamoso.
Vélez, capital de la provincia, fue fundada definitivamante á
fines de 1539 por el Capitán Martín Galiano, en tierras del Cacique
Chipatá, y á la banda meridional de un alto cerro, con el doble objeto
de sujetar los indios comarcanos y de establee r una escala de
comunicación hacia el Magdalena por la vía del Carare, pues la del
Opón, transitada desde la invasión del Conquistador Quesada, era
sumamente quebrada, difícil y áspera, en términos que hoy no se
ccncibe cómo pasaron por tales riscos y desiertos cubiertos de espeso
bosque, los descubridores del país de los Chibchas. Tiene Vélez
1 r ,500 Yecinos aposentados en casas de construcción pesada y
antigua, en las cuale pocas mejoras ha introducido el transcurso
del tiempo. Las calles son irregulares á cau a de las quiebras del
terreno, y están empedradas de grandes guijarros negros y lustrosos,
en los que abundan las impresiones fósiles, especialmente de
ammonitas de monstruoso grandor, muy comunes en los alrededores
de la ciudad, particularmente en la serranía d Tuyamuca, cubierta
por lechos d piedras rodadas fuertemente impregnadas de
óxiclo de hierro. Hay dos plazas, y en cada cual una pila de piedra
común mal labrada. En materia de ornato público, Vélez no ha
dado un paso, aunque sí ·n materia de aseo de las calles y de lo
exterior de las casas. El Hospital, el Colegio y la Escuela normal,
únicos establecimientos públicos, yacen tristemente abandonados,
y en breve e l local de los dos primeros será un montón de ruinas.
La iglesia...... ¿,para qué r eproducir cuadros cuyo trazado causa
pena? Así pues, V élez, capital de una provincia riquísima el' :ninas,
en agricultura, en maderas, bálsamos y resinas de toda especie,
poblada de gentes industriosas, honradas y pacíficas, tiene el
aspecto de una ciudad decadente y aletargada, extraña é indiferente
al progreso general de la República. La causa principal de
esta parálisis es la falta de un buen camino que ponga en comunicación
el centro de la provincia con el Magdalena. Reducida á
producir lo que ella misma consume, proporciona medios de existencia
á los innumerables propietarios del suelo y á los que se ocupan
en el comercio interior ; mas no puede suministrar á la capital
el calor y el movimiento de una industria próspera, creciente y
activa, cual lo sería el comercio exterior, alimentado por el laboreo
• Hoy por fortuna todos saben cuán injustas son estas líneas, tiro embozado
al clero del país que, salvo rarísimas excepciones, sabe cumplir con su
deber.-N. del D.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
z88
de las minas y el cultivo de frutos exportables valiosos, como los
produciría V élez si contara con salidas. No lo ignoran sus vecinos ;
pero tal vez no se hallan suficientemente persuadidos de que sin
ese camino mercantil, jamás saldrán del abatimiento económico en
que se encuentran, siendo, por tanto, obra en la que todos deberían
tomar parte, por el bien de sus hijos y por honor de su provincia.
No obstante la riqueza natural del suelo, y por una consecuencia
del aislamiento en que la capital se encuentra, "la clase pobre,
dice un documento oficial, es mucho más numerosa que la acomodada:
por cada uno de los individuos de ésta, puede haber do5-
cientos de aquélla." Así se echa de ver en el dasaseo personal y
vestidos miserabilísimos de gran número de proletarios ; así lo demuestra
también el incalificable número de 147 nacimientos ilegítimos
en 316, total de ellos en el transcurso del último año; la miseria
y la corrupción van siempre á un nivel. Entre las personas afortunadas
y las que la suma miseria degrada, hay, permítaseme la frase,
una clase media compuesta de mujeres laboriosas ocupadas en
el comercio y fabricación de artículos de inmediato consumo, las
cuales son un ejemplo palmario de que en esta tierra el trabajo y
la economía traen consigo infaliblemente el bienestar. Distínguense
por el vestido limpio, compuesto de camisa profusamente bordada
de colores, enaguas de bayeta fina, alpargata nueva y sombrero
de jipijapa con ancha cinta negra, el cual ujeta lá mantilla de
paño que llevan flotante para lucir la camisa y el rosario de oro.
Mandan sobre los proletarios no con imperio, sino tratándolos con
dulzura como á iguales, y frecuentemente e las ve dar de comer
de balde á los muy infelices: en el corazón de estas e ¿·celentes hijas
del pueblo, ni tiene cabida el orgullo ni la dureza, que en otros
menguados produce la posesión de la riqueza. Tal es el fondo del
carácter en los habitantes de la Cordillera granadina ; bondadosos,
desprendidos, hospitalarios, dispuestos al bien por instinto ; tanto
más vituperable es el abandono en que suelen dejar á este pueblo
sus conductores civiles y sus institutores religiosos. Nada se
hace para mejorar su situación material ; nada para contener las
licencias de las costumbres.
Conll'núa
.Bogolá-Imprmla de Vapor-Ca/k zo, nútndo z68
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 9", -:-, 1901. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691108/), el día 2026-03-10.
¡Disfruta más de la BDB!
Explora contenidos digitales de forma gratuita, crea tus propias colecciones, colabora y comparte con otros.