BOGOTA, FEBRERO 23 DE 1901 SERIE Il-TOMO l-11. • 8.•
BOLETIN MILITAR DE COLOMBIA
Organo del Ministerio de
Guerra y del Ejército
!on colaboradores de este periódico Jos
Jefes y Oficiales del Ejército
l Director ad honorem
F. J. VERGARA Y V.
+ General de Ingeniero11, Miembro « l.: tlcularmente del establecimiento de puentes, se
compone de pontoneros; la segunda y tercera se forman de zapadores
propiamente dichos, y la cuarta de minadores. Además, por
oposición á esta última, las otras tres se llaman de campaila (FeldCompagmen).
Los ejercicios de estas compañías son enteramente
diferentes, salvo lo que concierne al tiro y á la instrucción militar
general.
En virtud de la naturaleza misma de la misión que les incumbe,
las compañías de un batallón no están destinadas á obrar en
conjunto, ni aun en caso de guerra. Constituyen, por el contrario,
otras tantas unidades independientes unas de otras, y se agregan á
los diversos elementos del cuerpo de ejército.
Así pues, en el momento de una movilización, un batallón de
zapadores se disuelve inmediatamente. La compañía de minadorei
forma en la Guardia siete secciones de telégrafos de campaña . en
el cuarto batallón cinco secciones de telégrafos de reserva, y' en
todos los demás tres compañías de zapadores de plaza. La compa-
• V éanse las Expedicio1us Inglesas en Asia, págs. 241 y siguientes. El com~
bate de Maiwand se verific6 el 27 de Julio de 188o; comenzó á las 11 y 45 m.
de la mañana, y terminó como á las tres de la tarde; las fuerzas del General
Burrosos ascendían á menos de 3,000 hombres, que tuvieron que luchar contra
25,000 afganes. "Nuestras tropas, escribe el Feld Mariscal Roberts, fueron puestas
en completa derrota, y deben dar gracias á los Afganes por su lentitud en la persecución,
lo que las libró de una destrucción total." De los 2,476 hombres com~
prometidos en Maiwand, murieron 934, entre ellos 2ooficiales ingleses, y quedaron
175 heridos ó dispersos; los ingleses perdieron, además, gran cantidad de
armas y de municiones.
(Forl)' om Yfars itl ImHa, fOr el Feld Mariscal Lord Robert., pág. 470)
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Bolet{n Militar
ñía de pontoneros y una qe las compañías de zapadores se reparten
entre los equipajes de puente divisionarios y las dos divisiones
de infantería. La otra compañía de zapadores queda á las órdenes
directas del comandante general del cuerpo de ejército. A cada
una de estas compañías se agrega por lo demás cierto número de
minadores para el caso en que haya necesidad de ejecutar algunos
trabajos que requieran esta especialidad. En fin, el jefe del batallón
y su ayudante cesan de hecho de ser oficiales de fila, y se les
pone como oficiales ingenieros á la disposición del comandante ge-neral
del cuerpo de ejército. '
Por otra parte, aun en tiempo de paz los oficiales de zapadores
no forman en cierto modo parte integrante de los batallones, á
los que no se destinan sino temporalmente. No existen en Prusia,
como en Rusia, oficiales de zapadores permanentes; no hay más
que un cuerpo de oficiales ingenieros, del cual van por tumo á pasar
cierto tiempo en los batallones de zapadores para familiarizarse
entre ellos con el servicio de zapadores de campaña, en tanto
que sus compañeros se emplean en los trabajos de plazas fuertes
y en las direcciones de los del cuerpo.
Si bien reglamentariamente todos los tenientes deben desta-:
carse durante tres años al batallón de zapadores, en realidad la
duración de esta residencia varía un tanto, en un sentido ó en otro,
según las necesidades del servicio. Por lo que hace á los capitanes
y jefes de batallón, deben por regla general pasar cinco años de
servicio en filas. Así pues, cada cinco años próximamente es cuando
cambian de jefes estas diversas unidade .
Se comprende que en semejantes condiciones es imposible esperar
de los ingenieros una ejecución perfecta en las maniobras y
evoluciones del conjunto, cosa que por otra parte no se les pide.
En cambio, todo lo que constituye su especialidad es objeto de la
rnás seria atención, y estos ejercicios, dirigidos por oficiales que
han recibido como ingenieros una instrucción muy sólida, conducen
á resultados notables.
Una sola circunstancia se opone á que los trabajos de mina y
zapa tomen el desarrollo conveniente, y es la deficiencia de los lugares
destinados á su ejecución.
Cuando se han visto los inmensos espacios de que disponen en
Rusia los batallones de zapadores para ejecutar sus ejercicios y sus
experimentos en la más vasta escala, es imposible no encontrar
bien mezquinos los que se ponen en Prusia á su disposición. El gran
desarrollo de los cultivos y el precio elevado de los terrenos son
para estas tropas una traba de las más molestas. Por lo wism
o, el batallón de zapadores de la Guardia no tiene otro sitio
vara sus ejercicios que una pequeña extensión de 213 metros,
tomado en el mismo gran campo de maniobras de Tempelhof
y situado en las vecindades inmediatas á los barrios de Berlín.
En este estrecho espacio es preciso ejecutar todos los trabajos
de zapa, y vense en consecuencia forzados á reducirlos á un estudio
puramente técnico de las cuestiones, puesto que la necesidad de
apro'ximar las obras unas á otras hace que no se pueda dar á sus
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Bolettn Milüar
diversas partes ni á la extensión que las separa, sino di'Tlensiones muy
poco cercanas á la realidad. Cuando se trata de cargar y hacer
saltar las minas, es sob1·e todo cuando el vecindario de la ciudad se
mues.ra extremadamente intransigente. Estos trabajos se hacen,
en efectv, á 400 pasos apenas de las últimas casas; tampoco pueden
dar fuegu á grandes f.Jgatas, y aun se e\'itan las pequeñas, pcrque
es prec1so á cada ejercicio entenderse con la policía muniCIJJaJ, etc.
Agre6uemo:; á e to que el estrecho lugar donde se ejecutan tc..dos
lo~ mvvimientos de tierra ha sid.J de tal manera ca vad1J y removido,
que ha venidu á ser casi jmposible encontrar allí una pulgada de
terreno natural. De. pués de cada ejercicio, está übligadu el batallón
á nivelar por sí mismo el suelo y á destrufr todas las obras
que acaba de ejecutar, para que otro pueda t:mprender idéntica labor
en el mLmo sitio.
Preciso es decir, no obstante, que la insuficiencia de la instrucción
práctica reciuida así por los zapadores en el Cuerpo de
Ingeniervs, se encuentra algo compensada por la parte que turnan.
de conciert..> con la artillc..:ría de campaña y de plaza, en las maniobras
llamadas de sitio.
En cuanto á los ejercicios del conjunto ejecutados pnr los ingenieros
fuera de su especialidad, son los mismos que en la infantería,
pero menos desarrollados naturalmente.
Voy á dar aquí un resumen de todas las noticias que me ha.
sido posible recoger, algo á la ligera, so bre la man<·ra c0mo ~e da
la instrucción durantt~ los dos perívdos, llamados d~ ti.v/erno y d~
tstio, entre .os cuales se reparten todos los trabajos de un batallón
de ingenieros.
T;abajos de iiw/enro, dtsdt princ.p:os dt AtrlJlemlrt ha!la med.'ado$
dt Febrtro
I-Instrucción teórica
Esta se da en tres escuelas 6 clases:
1.0 La escut la de compaíiía, cinco días por semana.
Arte del pontonero y del minador, tres horas; trabajos de zapa.,
una hora; nociones generales sobre el servicio del so dado de ingenieros,
cuatro horas; 5ervicio interior. tres horas; lectura, escritura
y aritmética, cinco horas. En total, diez y stis horas.
2. 0 E·cuela de balal/J11., cinco días por semana.
Arte del pontonero y del minador,dos horas; trabajos ~e zapa4
una hora ; nociones generales sobre el servicio del sold~do de ingenieros,
seis horas; fortificación, ataque y defensa de plazas, una
hora; dibujo, tres horas; aritmética, dos horas; servicio interior 7
estilo militar, dos horas. En junta, diez y siete horas.
En el batallón de ingenieros de la Guardia y en el de Magdeburgo
(4.0
) se dan además lecciones de telegrafía militar (una hora
~r semana), por un funcionario de la Administración de Telégrafos.
TOKO 1-16
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J.0 La clase de los candt(Jatos (Aspiran/en-Klasse), cuatro horas
por semana.
Los cursos duran dos años, pero la enseñanza no se ¿a sino
durante los tres meses y medio de im·i~rno.
Comprende : las matemáticas y la mecánica que es indispensable
para el estudio del arte de las construcciones, y el dibujo.
Además, se ejercita á los alumnos en apreciar los materiales de
construcción y en dirigir los trabajos <.le terraplenar.
Todos los detalles de los programas, los días y horas de los
cursos, así como la forma que se ha de dar á la enseñanza, son reglamentados
por el jefe del batallón.
La clase de los candidatos recibe como alumnos á los Sargentos
más antiguos del batallón, destinados á ocupar más tarde los.
emplevs de JVa//msúter * y otros análogos en las plazas fuertes.
La escuela del batallón está destinada para todos los sargentos
que hayan seguido el curso de la escuela de compañía, para los
enganchados, gifrdle, y para aquellos voluntarios de un año cuy~
instrucción cvn .respecto á los ejercicios tácticos está bastante a vanzada.
El curso de trabajvs de zapa es seguido por los sargentos de •
todas las compañías del batallón; el de puentes militares, por los
de las tres primeras compañías, pero el de minas, en fin, que se
ha':e bajo la vigilancia inmediata del capitán de la compañía de
minadores (cuarta compañía), no lo es sino por los sargentos de
esta última.
Procúrase siempre elegir para dar estas lecciones las horas en
q'.le pueda asistir el mayor número de sargentos.
La escuela de compañía está destinada para todos los hombres
(á excepción de los recluta~) que no siguen el cur~o de la escuela
de batallón. El arte del pontonero no se en eña sino en las tres primeras
compañías, y el dd minador en la cuarta.
En la clase de los candidatos y en la escuela de batallón los
cursos se dan por los oficiales, y en la escuela de compañía por los
fe/dwelel y lvs sargentos más antiguos.
U- Trabajos pr.ícticos
Maniobras por toda la fuerza, gimnástica, ejercicios de puntería,
servicio de guardia, resolución de problemas geométrico~ sobre
e) terreno, y ejercicios preparatorios para la construcción de puentes.
Estos comprenden: conducción del material, transporte de vigas
y maderos, uso de los diferentes cordajes, factura de nudos y
navegación. Todos estos ejercicios son ejecutados por las tres primeras
compañías, y también, pero con menos extensión, por la
cuarta,
La carga y descarga del material de puentes-Hakct-E.,..·erde ...
rm-no se hace sino por las tres compañías de campaña • ~.
• Alg) así como los oficiales celadores del cuerpo de ingenieros-H. tf,¡ 'I.
•• Ya hemos dicho que se dcsi¡:na de este modo á las tres primeras eompa•
iMLs, por oposición á la cuarta.
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B
de oficiales y sargentos destacados por los regimientos de in-.
fantería. Se designa á este efecto un capit~n ó t~niente del batallón
de ingenieros que se encargan de la instrucción teórica y
práctica, el primero de los oficiciales y el segundo de_ los sargentos
de infantería.
Los zapadores están armados de fusiles cortos, del sistema
Máuser, del mod lo- adoptado para los batallones de cazadores1
;
pero los ejercicios de tiro son mucho ~enos extensos en esta arma
especial que en las otras tropas á pie. :No se asignan anualll'\ente'
cada Qficial, sargento y soldado siQo 4 ca.rt~~9S: $in ba~ y 3$
con eLla .. ~l-h4~llón no t~ne cada año. pcu¡a ~l ~n~.e.t~~o ·~
~_us blancos,- sino Ur:'A suma de gtá marc~.\ao: p:JS~~s
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B oletfn Militar
En cuanto á las reglas que se siguen para dar la instrucción
del tiro, se puede acudir á lo que hemos dicho á propósito de la
infantería. El curso cnmienza igualmente en invierno y dura casi
todo el año, pero las sesiones son frecuentes, sobre todo durante el
verano. Casi todos los batallones de zapadores tienen sus campos
de tiro particulares, organizados .como los de infantería, ó bien, en
defecto de lugar especial, lo comparten con el de las tropas de
otras armas.
Los hombres, según su destreza en el tiro, se dividen como en
la infantería en tres clases, y no pueden pasar de una á otra sino
satisfaciendo á condiciones análogas, pero más fáciles.
El tiro de inslrucáón, ejecutado en la infantería á las grandes
distancias, no se verifica en los batallones de mgenieros; éstos no
se ejercitan en tirar más allá de 250 metros, porque sólo á pequeñas
distancias habrán de encontrarse comprometidos en tiempo de
guerra.
Hé aquí, en fin, cuáles son, aparte de las inspecciones interiores
del jefe del batallón, las que se pasan cada año en los ingenieros:
En Mayo-1.0 Inspección de las maniobras tácticas del batallón,
pasada en la Guardia por el Emperador y en la línea por el
Comandante general del Cuerpo de Ejército ó su dekgado.
En el vera1u;-2.0 In pecci6n de los ej e rcicios (Speciales del
instituto, por el Inspector de ingenieros. Se hace subre d terreno
en donde han sido ejecutados los divf'rsos trabajos.
J.0 Una inspección técnica detallada del material se pasa igualmente
cada dos años por el Inspector del cuerpo.-Cor.l.núa.
------ ~._ ____ __
OPERACIONES MILITARES DE LA EPOCA
, , ,
PASO DE LOS RIOS POR LA CABAL! ERIA-METODOS ANTIGUOS Y MODERNOs-
LA ENSEÑANZA DE LOS CABALLOS-DIVERSAS MA~ERAS DE QUE PASB
LA TROPA
(De f..a flustraciÓ1l Militar de Quito)
Desde que la caballería posee un arma de precisi6n de largo
alcance, su importancia ha crecido, pues su papel no se limita ya á
txplorar, pt·otegu· y cargar; hoy puede concurrir á la acción Cúmún,
en el seno mismo de la batalla.
Gracias á su carabina de repetición, capaz de tanta resisten ..
cia como poder ofensivo tiene, la caballería necesita menos del
apoyo de las otras armas; y puede, por consiguiente, alejarse con
confianza, de modo que si sabe utilizar oportunamente su rapidez y
el poder de su armamento, encontrará muchas ocasiones para rea ..
lizar gloriosos hechos de armas.
Efectivamente, la caballería se mueve, se despliega y empeña
la acción rápidamente, quedando siempre dueña _de interrumpirla
cuando le plazca, gracias á la facilidad que tiene para esqu:varse y
ponerse prontamente fuera del alcance de los ataques celaJ versario,
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Bo/et{n Militar
Su ~parici6n inopinada por los flancos 6 por la retaguardia de
un cuerpo enemigo, es capaz de producir en éste un gran efecto
moral; y su ataque brusco lo desconcierta, lo obliga á desplegan-
e prematuramente, provoca de su parte una falsa maniobra,
Jo enJaña, lo cansa, gasta sus fuerzas, y lo deja, por fin, en el vado,
cuando no lo fuerza á batirse en retirada.
Semejante modo de acción puede, pues, tener para la cabalJería
c0nsecuencias tácticas muy felices ; pero para que las alcance
es preciso que ande rápidamente·! y oculte su marcha.
La caballería va ligero, no cuando avanza con el paso más
rápido, sino cuando toma el camino más corto ; y se hace menos
visible eligiend0 la dirección menos vigilada, la más oculta, segdn
]as condiciones del terreno. Debe, p-:>r lo tanto, evita·r frecuenteIJlentc
los caminos transitados, buc;car su vía en campo raso, por
entre las ondulaciones del suelo; pero entonces encuentra obstáculos.
¿Cuáles son esos obstáculos? ¿ Las montañas? Nó, pues en
1800 la caballería siguió al primer Cónsul J-lOr sobre las cumbres
de los Alpes. _
Esos obstáculos, objeto de la constante preocupaci6n de los
oficiales por causa de las dificultades que hay que vencer para
franquearlos, y del peligro á que ex punen á una tropa que los tiene
detrás, cuando el enemigu está cercano, son las corrzenlts de agua.
Pasar un río es siempre una operación delicada para una tropa de
caballería que no dispone de puentes ni de vados.
N..> hay que asumbrarse, pues, al ver :i Jos jefes de esta arma
esforzarse por encontrar y ensayar los medios prácticos de esguazar
una extensión de agua.
' EL PASO A NADO
El medio más sencillo y más expedito consiste en pasar á
nado, PI hombre sobre el lomo del caballo, ó nadando al lado de
éste. Me dio evidentemente positivo, que los Arabes usan y cuya invencirSn
se atribuye á los Cosacos.
Si queremos vol ver más hacia atrás en la historia, hacia Jos
tiempoc:; heroicos de las luchas de Cartago y de Roma, vemos á
Aníbal en las orillas del Rótlano, preparado á cruzar el río con su
ejército antes de elevarse por encima de la barrera de los Alpes.
¿ C6mo procede su caballería?
Equorum pars magna na11les lorú a jmppz'lus lrahebanlur, protler
tos, quos inslratos frenalosquf, ul exlemp/(J ef{reso tiJripatz e t¡m1i ustd
usml, ziuposueranl zlt naves. (Tito Livio, H.slort'a Romana, libro xx1).
"L'l mayor parte de Jos caba11os nadaban conducidos de la
brida desde arriba de la popa, con excepción de los que habían
sido emba reacios con silla y freno, para que el jinete pudiera servirse
de ellos al llegar á tierra."
Así puc~, en el añ0 288 antes de Jesucristo los jinetes de
aquel ejército que realiz~n una hazaña sólo renovada después por
Napoleón, se separan de sus caballos y pasan el río en barcas.
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Bolet!n Milita~
Anfbal había reunido una gran cantidad de barcas y botesconstrufdos
expr.esamente para la comunicación de las dos orillas ; los.
Galos habían recurrido á otra clase de embarcaciones: troncos de
árboles .ahuecados, y los soldados mismos, incitadus á la vez por
la abundancia de los materiales y por la facilidad del trabajo, ha·
bían hecho de prisa un gran n1mero de peq:.!eños botes uniformes
destinados al transporte de sus personas y efectos; por fin, el ge ..
neral cartaginés había hecho construír grandes balsas para que
pasaran en ellas sus elefante~.
. Mientras que dirigía todos esos preparativos, había enviado
AnJbal á uno dP. sus tenientes, Hannon, á hacer una demostración
en Ja retaguardia del enemigo, que ocupaba la oril'a opuesta. Hannon
se puso en marcha, fa vorccido por la oscuridad de la noche.
con una parte de sus tropas, principalmente españoles: suLió
el río durante un día entero, y se detuvo en un punto donde el Ródano,
dividiéndose para abrazar una pequeña isla, era más ancho y
por lo mi mo menos profundo. Los solda<...os se pusieron apresura ..
damenfe á cortar árboles y fabricar balsas, con ayuda de la~ cuales
transportaron á la otra orilla hombres, caballos y ec¡uipos. Los
españoles no se dieron tanto trabajo : se desnudaror, pusieron sus
vestidos sobre odres que empujaron hacia el otro lado, y atravesaron
el río chados sobre sus escudos.
Todo este relato de Tito Livio, tan interesante á no ser en lo
que se refiere á los españoles y á los elefantes, merece ser aún más
conocido, porque explica con bastante fidelidad los medios de pa$
ar extensiones de agua adoptados casi exclusivamente, hasta hace
pocos años.
PRIMERAS REFORliAS
En Francia, por Jo menos, no existía stquiera una orden de un
Ministro que estableciera reglas para el paso de extensiones de
agua por la caballería.
Hasta se podría decir que antes de la guerra francoalcmana
los gobiernos se habían dC' . cuidado completamente de la cuestión.
Sin embargo, n 1867 el Mini tro de la Gu _rra, Mariscal
Nie1, comprendió que allí había una laguna qué llenar.
"La caballería-escribía el Mariscal Ni 1 con fecha 8 de
Marzo de ese año-tiene con frecuencia la misión de reconocer el
curso de un río no vadeable 6 de pasarlo forzosamente á nado, y,
por lo tanto, importa que se ejercite en esas prácticas de guerra.
"No se me oculta que sería imprudente emplear de e~a manera
cuerpos enteros; pero es irrefutable que algunos jinetes aislados,
de buena voluntad y bien ejercitados, pueden pre~tar grandes
servicios como exploradores, principalmente si e~tán pruvistos
de caballos habituados á nadar con su jinete á cuestas."
CuJ,ndo con el impulso dado por el General de Galliffet, la
l.balleda vol dS á sus sanas tradiciones del primer imperio, sus
jefes comprendieron que las corrientes de agua no debían ser en
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Bolettn Militar
adelante obstáculos para ePa, y cada cual se esforzó, como hemos
visto, en hallar un método aplicable al arma.
En cuanto al paso de los dos á nado, hubo apenas alguna$
tentativas aisladas, efectuadas por pequeños grupos; y como ese
procedimiento no se podía generalizar, se r nunció á él. Su aplicación
implicaba, por otra parte, la destrucción prematura de las
prendas de vestuarios de los hombres y de los arneses de los caballos,
y exponía á homl::res y caballos á excoriaciones y heridas
si, como es lógico, la marcha continuaba sin esperar á que se secaran
los vestidos y las monturas.
Hacer pasar los caballos en balsas no era posible, á menos de
construír éstas de manera que fueran muy vastas y muy e tables,
condiciones que exigen muchos materialP.s y mucho tiempo.
En resumen, se generalizó un método mixto: pa ar los hombres
y las silla<; en barcas ó bal ·as, á veces por puentecillas, y los
caballos á nado, ya en tropilla, es decir. agru~edJS y arreados
hasta la otra orilla; or·a tirados de las riendas detrás ele las balsas,
ya, en fin, conducidos á lv largu del puentecilla por un soldado.
(Del fr.mcés) Gmtim11J
----+Jill!to----
MARCHAS Y CAMPAMENTOS
Oontfoda
7. M:trchas forzadas, secretas, á la ligera, en posta, en ferrocarril, de uoche
Todavía se reconocen en t,:ct .ca y ~slraüg/a otras variedades
de marcha, según la disposición, manera ó celendad con que se
ejecutan.
En general, mrrrlw fot·zada se llama (por oposición á la que
es 1·euular, 6 por tránsitos y eta¡..,a~) á toda la que dobia ó triplica
esta~ últimas: á la que en tiempos iguales recurre espacio mayor
que el ordinario. En un porven:r que <.'5-tamos tocando, en que los
f rrocarriles juC:>guen como ''erdadcros elema:hs de guerra, l>icn se
ve que e~tas clasificaciones serán ociosas; pero hay que citarlas,
puesto que hoy subsist ·n.
Una marcha á pie puede empezar á llamarse fi rzada desde
siete ú ocho leguas ha~ta diez 6 duce; siempre tvma.ndo <.n cuenta
el objeto, la estación y el estado del camino. La marcha crdinaria
de pequeñas columna suele ser de cinco 6 seis leguas, unvs 30 6
35 kilómetros; aunque para nuestra infantería, cuya. fama de andadura
es universal y merecida, casi puede decir e que no hay
distancia, ni trayecto fijo, pues marcha ~in c~fuerzo como y cuando
se le manda. Sin mbarg·o, diez 6 doce leguas ya ocasionan rezagados
ó despeados. La ca ballerfa. marchando sola y bi n cuidada,
duplica próximamente la marcha de la infantería. Entrambas requieren
mejor asistencia, doble ración ó por lo mero~ abundante,
algún regalo ó refresco de Yino, café, . tabaco. El alto central <:s
necesario, y el descanso, el reposo md1spensable, como se ha dicho,
cada cuatro ó cinco días á lo menos.
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Bolet{Jz Militar
Napoleón 1 entre sus máximas incluye la siguiente: "Un general
n..> debe saber sino tres cosas en la guerra: rr archar
diez leguas al día, combatir y acantonarse en seguida." Willisen
da un ~ >co desfi6"urada esta concisión favorita dd gran maestro,
donde dice: "La mis perfecta soluci1)n del problenl'l de la gun·ra
no pued.:: obtenerse sino caminandJ simultánt:amente, por los dos
caminus los tSpac:os y el tiempo, esto es, dirigiéndose contra las com:.
tn."c.zc,(m!s dd enemig-.> con la rapidez del relámpago, haciendo
t]tti'nce legu.zs por dirz, cum.:> algo exagt:radamente prescribe Napoleón."
La exageración será del autor alemán; pues, como se ha
visto, Nap..>león ó sus comentadores prescriben duz lt•guas, que no
es p..>c..>. D! todos mod.>s, estas citas vienen á comprubar cuánta
super:orid..z 1 da á una tropa ó ejército el marchar bien, mucho y á
tiem¡.>.). L'l ocultaCl:sn y la celendad son condiciones indispen ables,.
lo mi~mJ á todo mJvimiento eslratég."co que á toda maniobra lt:clr"ca.
Así l0 condensó el mismo NapJleón en aquella fra e casi ininteligible
p0r lo profunda y sent~nciosa: I:.'l secrdo de l..z ~uerra está
m el secreto de las comum"cac,·ones.
Al decir marcha oculta y secreta, hablando <.le una de maniolra,
ya se Pntiende que no ha de tomarse el calificati,·o al ¡.>ie de la
letra. E 1 rig-or, sólo deberían llamarse así las que se emprenden
de noch! para u:1a sorpresa ; mas. por extensión, marcha
secref,z se dice de toda la que es ignorada, 6 no muy conocida y
presumida por el enemigo, aunque él esté muy cerca y la marcha
se haga á la luz del día. Teóricamente, toda marcha de maniobr
l debería ser (orzada y secreta; pero en la imposibilidad material
de que así suceda, iempre con"iene aproximarse, singularmente
cuando se tiene zrl/úat.ira, cuando hay que anticiparse á
tomar una posú:z"óu, á socorrer una plaza de guerra.
Aftzrchas d la lL:~cra, que siempre tient'n algo de forzadas, son
aquellas que ll e van por objeto una o.j;td."cú'm ó gol¡e de mano, una
tlem os lraci:m, (¿versz:)n 6 fslr rlagema m u y calculada, y n la , que se
prc cinde de todo embarazo, bagaje 6 t!nped,'uJeJ.ta~· de la artillería
~ruesa y sus reservas ele m unicionc s ; y á veces la infantería
de su mochila y la caball .. ría de ~u grupa.
Las antiguas marchas rn pcsla, no por la existencia de los caminos
de hierro han perdido su interés é importancia. Al contrario,
quizá s e rán más títilt:s y frec 1lentes, para llegar trans\· rsalmente
á una línea férrea y tomar más pronto los vagones. lvlarchar
en po: ta es simplemente montar la trupa, si s pequ ña, en
acémilas; si es grande, y si los hay, en carros tomad es por n .quü.ición;
2.000 á 2,500 hombres necesitan unos 250 carros, y éstos á
razón de 10 ó 12 metros ocupan cerca de tres ktlómetros. Por lo
regular no toda lL infantería va montada; se e: o m bina y alterna
para descansar. L s carros no deben hacer más de dos jornadas,.
para causar menos perjuicios; lo cual exige relevos bien di puestos
y prevenidos. La zlnped/menla, en estas marchas rápidas, como
que ha de separarse de las tropas, se organiza en co?Z7JOY con su correspondiente
escolia, y se la dirige á un punto determinado de antemano.
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Boletín Militar 249
· Respecto á las marchas por ferrocarrz1, que tanto juego han
tenido ya en las guerras de Italia, E~tados Unidos, Alemania y
Francia, com::> preludio de más extenso y ordenado empleo, no se
desenvuelven aquf, porque el oficial conocerá en esta parte y habrá
estudiado el Reglamento para el transporte de las tropas por
los ferrocarriles.
Algunos prufetizan que los ferrocarriles, cuando estén completas
las redes, han de producir en la guerrd modificaciones quizá
superiJres á las que introdujo la invención de la pólvora. No
hay duda que así como en t,!ctú:a en el campo de batalla las nuevas
armas hoy la dilaté.n y ensanchan, así la grande extensión de
ferrocarriles y telégrafos ensanchará el círculo de la estrategia.
-Elbs, en fecto, extt..:nderán desmesuradamente los teatros de guerra
y de operaciones. Ya en el día empiezan á constituír poderosas
lín~ ·zs de op~r..z:."onJs y de co:n:.micaci. mes; aceleran la coucmlrad!
m inicial, ligan con las reservas~· desligan á la ez á los grandes
cuerpos de las antiguas trabas que los sujetaban á una base única ;
facilitan los movimientos envolventes y los difíciles cambios de hase
y objetivo, y las peligrosas alternativas de ofensiva y defensiva; aseguran
la subsistencia del ejército, trayéndole rápidamente refuerzos,
municiones, vituallas, refrescos, medicinas; abrevian la evacuación
al interior de herid-.>s, enfermos, prisioneros, botín, impedimmla;
permiten operar sin riesgo en comarcas pobres. Se perciben
ya 1 s nuevos horizontes que se abren á la fc-rlijicaci.'m, á la caoallerú.
z; los anchos moldes que sustituirán á la pedantería teórica
y doctrinaria; la soltura que darán á marchas y mam·obras, y, por
consig·uiente, la expedición á jefes y oficiales subalternos.
El ervici militar de ferrocarrile está a ignado al Cuerpo
de Ingenieroc;;, porque su complicado mecant, mo exig~ un estudio
anticipado y una seo-uridad perfecta en el manejo; es anilogo al
de pontoneros, •n que cada hombre tiene que saber y jercitar muy
de antetflano su papel especial. Pero así como en este último
ramo, que no puede ser más técnico, el oficial de las armas g-enerales
debe tener nociones adquiridas de ant mano sotre ciertos
puentes llamJ.d JS de circu:1stancia , sobre ciertas obras de fortificación
impruvisada, así también d be aclr¡uirirlas sobre ferrocarriles,
puesto que quizá se le encargue el reconcc,!m'enlo; la guar.
da de un trozo de vía, muy análoga á la de un río ; la destrucción,
la restauración 6 habilitación, el ataque ó defensa, el guerrilleo,
si así pudiera llamarse al ra/d de los generales Stoneman y
Stuart en la guerra de los Estados Unidos, y, en fin, esa otra
comisión, militar y civil á la vez, mezcla de orgánica, administrativa
y táctica, que se llamará Comandancia de etapa ó de estación.
P,)cas palabras bastarán sobre marchas de noche.
Recu~rJese, ante todo, que se deben evitar en lo posible. Fatigan
más que tres de r:iía ; se anda menos que con el calor más
rigoroso; dejan muchos rezagados y extraviados; es inútil ó imposible
la combinación de las armas; la caballería y la artillería
embarazan, más que auxilian; y hasta en soldados curtidos entran
terrores y extrañas alucinaciones, que les hacen "ver de otro modo "
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zso Boletfn Militar'
las cosas y el país mismo, aunque lo conozcan, y que producen p'-nicos
y desórdenes inconcebibles.-Continúa
JOSÉ DE ALMIRANTE
Mi§tn€ia
ZUMALACÁRREGUI
GURR.RA CIVIL DE NAVARRA, 1834-183,5
Trauucido para el Boletftz llfil.'tar Co11t:mia
El teatro de la guerra no es menos singular que el plan de
la campaña ; tiene poco más 6 menos veinte leguas de extensión
de extremo á extremo. Lo constituye Navarra y muy particularmente
la parte de esta comarca de que Pamplona es el centro, y que,
titulándose reino, aun cuando no tenga más de 250,000 habitantes,
es una gran masa de montañas donde apenas tienen las aguas una
salida, pues brotan, por así decir, á modo de arroyos entre las
sierras que las oprimen, y aumentan la corriente á medida que éstas
avanzan, hasta reunirse al fin, después de haber rodado en todos
sentidos, en una g-ran cuenca que se inclina hacia el Ebro y que está
circunscripta de Este á Oeste por el curso de tres ríos: Aragón,
Arga y E6a; esta es la Ribera. Cada pliegue de las montañas forma
un valle de trc.s, cuatro, cinco aldeas ; éstas son Bastán y ~us alrededores,
al Norte; al de~cender al Sur, Lan, Ebro, RonccsvaJle
, Ayescoa, alazar, Roncal, etc.; en fin, las Amezcoas, Borunda,
Berrueza, Solana, Guezalaz Araquil, etc.
Al a\·anzar al Oeste, de Pamplona á Victoria, se encuentra
la famosa ruta que enlaza las dos planicies en las cuales e5tán
edificadas las dos capitales de Navarra y de Ala Ya, y donde encontraremos
las mismas guerrillas tan funestas para nuestros convoy
S uurante la guerra española.
Los Navarros que habitan esas aldeas perdidas en el seno
de las montañas, son perezosos cultivadores é infatigables soldados;
de suerte q11e sólo distracciones apetitosas ó peligros graves
logran sacarlos de su indolencia. Sobrios como los Arabes, pasarán
días enteros sin comer, fumando cigarrillos; pero todo es que
llega una fiesta local, y la prolongan cuatro 6 cinco días, entregados
á comilonas que duran cuatt·o 6 Lineo horas.
Contrabandistas, cuando no son soldados, no sueñan con la ganancia
sino con la victoria y la a ventura. Durante este tiempo, dejan
sus mujeres cultivando el campo que debe alimentarlos, siendo
de advertir que la Navarra se ve mucho mejor cultivada entonces
que cuando los hombres no están en armas. Celosos con su independencia,
tienen sus costumbres locales, sus fueros, como una superstición.
" Libres como el rey," al decir de ellos mismos, aman mucho
al rey, pero al rey libre y mio, como patrono natural de sus
propias libertades ; solamente que á es'e rey, á quien proclamaD
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•
251
como á príncipe absoluto, niegan el pago del impuesto y el ser~
icio~ militar.
Al estimular su fuerza y orgullo. puede hacérseles capaces
de todos los heroísmos ; pero nada harán por la simple disciplina.
Algunos días después de su exaltación, Zumalacárreguicondu~o
i sus soldados á la Ribera para estimular el movimiento insurrecciona}
de los habitantes; pero se acostumbraron de tal suerte á los jugosos
frutos de la llanura, al generoso vino de Peralta, á la pródiga
hospitalidad de los habitantes, que la autoridad de su jefe llegó
á ser desconocida cuando éste dio la orden de marcha. Necesario
fue á Zumalacárregui afirmar que había insurrectos qué proteger
y cristinos qué derrotar. Los Navarros no comprenden el
honor militar como los soldados del ejército reglado ; de suerte
que sin escrúpulo huyen del enemigo, aun en medio del combate ;
si lo juzgan superior en número, esquivan el lance, pero e~to
no quiere decir que no s pan afrontarlo: simplemente es que
no gustan se diga que fueron vencidos en la lucha, y la fuga
la adoptan como menos deshonrosa que la derrota. Cuando los
creáis dt:rrotados, buscarán un punto más ventajoso para esperar á
sus adversarios. Dejadles entrever el hmlot· de vencer, y recorrerán
veinte leguas de un tirón para llegar al Jugar de la cita. Sin esto, se
dispersarán y volverán á sus Cftsas, hasta que un común interés de
venganza, que reemplace la esperanza de la victoria, los reúna de
nuevo. Verdad que los fusilamientos perpetrados en las poblaciones
carlistas por los cristinos, contriuuyeron tanto á reanimar la insurrección
como el prestigioso influjo de Zumalacárregui sobre los
Navarros.
El pueblo Vasco- Navarro ofrece temas sin número para una
epopeya heroica digna del t·omancero, por cuanto po ee fuerza
natu:-al y una grandeza rústica. Esto se demostró con frecuencia.
En la última guerra civil hubo madres que después de haber
perdido un esposo, un h1jo, solicitaban del General, en nombre
de sus mismas desgracias, el honor de sacrificar una nueva prenda
por la causa común, y aquel padre que decía á su hijo
ya agonizante, cuando lo llevaban por el camino de San Sebastián:
"Me enorgullezco al verte morir por nuestra causa," es conocido
de todo Europa. Por Jo demás, aquellos hombres enérgicos
soportan con el mismo sentimiento de estoicismo la alegría y
el d lor. PuJiera creerse que durante las calamidades y les horrores
de la lucha contra los crislinos, el aspecto de las poblacivnes
debía ser triste y desierto; pues al contrario, nunca los Navarros
fueron más festh·os y más dados al placer. No era cosa rara
ver pueblos y ciudades, que los peseteros y los · carabineros habían
saqueado por la mañana, sacudir por la noche sus cenizas y olvidar
sus desastres para ponerse vestido de gala al aproximarse
los voluntarios carlistas. Las calles aparecían cubiertas de flores,
las ventanas estaban empavesadas, se agitaban las bandas
y los pañuelos, y llegada la noche, las melodiosas canciones y la$
ruidosas rondas despertaban por dondequiera ecos alegres. Habf~
entonces hambre de pasatiempo y placer, tornada más viva entre
Neo
IIU ¡
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Boletln Militar
la matanza de la víspera y los peligros del siguiente día. La
guerra ha pasado muchas veces sobre la comarca sin alterar su
carácter primitivo. La población vivió de la guerra civil como en
su elemento; tanto se acostumbró á ella, que únicamente subsistía
de algunas galletas de trigo negro con pimienta y cebolla, durante
las hostilidades, con el fin de tener siempre medios de suministrar
raz(jnes suficientes á Jos dos partidos que se disputaban la victoria.
Naturalmente las mujeres están acostumbradas á todos los actos
de esta existencia llena de peligros. Bravas y fuertes como
hombres, las Navarras son sensibles y se sacrifican como heroínas
romanas. Muchas veces las niñas pedían por esposos á soldados
heridos, casi siempre porque habían recibido heridas vistosas, y
rara V.:!Z los padres rehusaban acceder á tan singulares exigencias
de amoroso patriotismo. Además de que ellas traLajan la tierra
mientras que los hombres combaten, se encargaron de conducir los
convoyes, y se las vio cruzar los campos de batalla por entre las
balas, para retirar á Jos heridos, para auxiliarlos ó para distribuir
cartuchos á los combatientes y animarlos con su presencia. ¡Cuántas
veces Zumalacárregui no hubiera alcanzado la victoria sin su
intervención en el combate 1
Zumalacárr gui comprendió muy bien que NaYarra y sus ha ..
bitantes presentaban inconvenientes y ventajas, y supo evitar los
unos y apro,·echarse de los otros. Además de los jóvenes disponiLles
para el servicio, existían en Navarra los veteranos de la guerra de
1812 y los del ejército de la Fe de 1823. De estos antiguos guerrilleros,
los unos se incorporaron en los tercios ó milicia provin ..
cial, y Jos otros fueron nombrados aduaneros ó contrabandistas.
Fue con estas dos clases de veteranos con las que Zumalacárregui
formó las primeras compañías de u famoso batallón Guías
de Navarra, que sirvió de escolta al General, y en todos los combates
derramó sang•·e hasta el punto de tener que renovarlo, soldados
y oficiales, cada cuatro meses por muerte en función de armas.
Estas compañías escogidas, siempre mantenidas con su completo
efectivo, con~tantemente obraron s0bre las columnas del ejército
cristino destruyéndolas, pero á su turno di~minuían poco á poco, de
tal manera que de los 8oo hombres de que se compünÍa el Batallón,
al cabo de dos años no quedaban sino veinte del primi iYo personal.
La admisión en los cuadros de este batallón escogido fue considerada
como una rPcompensa militar, y durante todo el curso de
la guerra se completó con lus voluntarios que se distinguían en
los otros batallones, con los subalternos cristinos desertados ó to·
m a dos prisioneros y que Zumalacárregui incorporaba como simples
soldados. Cuando un oficial había sido rebajado en el ejército carlista,
también se le incorporaba sin grado alguno en las compañías
del Guías. Una vez lanzado este Batallón, que, por decir así, lo
tenía en la mano el General, jamás volvió sin haber abierto ancho
claro en las filas enemigas, á la manera de la famosa columna inglesa
de la Maison Rouge en Fontenoy 6 de una bala de cañón.
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Bolelt1z Militar 25.1
.Además del Guias, Zumalacárregui levantó otros tres cuerpos
en Navarra. Los cuadros de estos Batallones también muy
pronto quedaron completados, porque á los Navarros sólo faltaba
que un verdadero militar presidiera las bandas de insurrectos.
Todo esto dio al General Carlista un efectivo de 3,coo hombres.
Había llegado el momento de principiar la campaña partiendo de
la zona más áspera de Navarra. Es de advertir que Zumalacárregui
no obró casi nunca con más de 3,000 hombres, bien que
sus victorias le hubieran permitido disponer más tarde de hasta
30,000 soldados. El mismo decía, en la hipótesis de una intervención
francesa, á la cual temía, que en este caso licenciaría todo
su ejército, para ocupar las montañas con solo el Batallón Guías
y otros cinco cuerpos, como lo había hecho Mina en tiempo de la
guerra de la Independencia. En guerras semejantes, la parvedad
de los medios empleados produce con frecuencia la grandeza
de los resultados obtenidos. Fue con menos de 3,000 hombres
con los que Mina, El Manso y El Pastor (Jáuregui) paralizaron
todos los esfuerzos de los ejércitos triunfantes de Napoleón.
Continúa
------- ~~-------
DE!IfOGRAFÍA CUNJJINAMARQUESA
1
Tema de fecundas meditaciones será sin duda alguna el cua•
dro que en seguida se inserta, comprensi\'O de la pohlación municipal
de Cundmamarca en los años de 1842, r 86g y 1899, es decir,
en tres períodos lt.: janos, como que del primero al segundo median
cinco quinquen os, y seis de é te al tercero, sin contar con
que el padrón de 1842 se levanta en seguida de termin~r una guerra
y una epidemia que casi diezmaron Jos habitantes; el de
J 86g se acomete apenas principiaban á sanar las heridas de largu{ ...
sima guerra civil, y el último representa el estado del Departa ..
mento ucspués de muchos años de paz. ·
Los datos correspondientes á los dos primeros censos se en ..
cuentran en el Archh·o Nacional ; los relacionados con el tercero
nos fueron galantemente suministrados, de los libros de la JunltJ
Censora, por el Sr. D. Carlos Pardo, con excepción de los Cúrrespondientes
á una docena de Municipios, qut no enviaron en oportunidad
los suyos y que obtuvimos directamente de las respectivas
autoridades municipales. ·
Los tres censos arrojan Jos siguientes totales :
184a
285,222
1869
4Qg,6o2
1899
572,084
que indican que la poUadún no se duplica sino cada 50 aiüJs.
En próximos artículos insertaremos las demás reflexiones per-.
tinentes á la materia.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
15/- Botettn Mtttt~
HABITANTES HABITANTES
......_ --~
.,.__
K tm1ci'P1ol 1Si2 1S09 1899 Kluücipios lS42 1369 1S9
Anapoimn ...•.• 1,537 ~.725 5.327 Manta ........... 4.462 6.047 7.37~
Anr¡}aima ...... 4.968 8,970 11,128 Mosquera ...... 731 1,647 r,859
Arbeláe:r; . ...... 1,931 3,275 6,J99 Narino ......... 1,362 2,445 1,827
Beltrán ......... 2,005 3o345 3.28o Nemocón ...... 2,555 4,1ll 3.964
Bituima ........ 3.965 3.353 4,105 Nilo .......... . .. 1,758 2,•55 3.113
Bogotá . . .. .. . .. 4o,o86 40,883 77.981 Nocai ma ....... 2,944 2,888 3.953
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Basa............ 1,118 I,JQ6 1,407 Paime .......... 896 1,602 2,037
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Carm~n ......... 2,002 3,316 7,219 Quetame ....... 1,2u8 2,896 4.381
Co~a .......... 3,629 3.95° 4,325 Quipile ... . ..... 1,760 J,Ol7 5,529
Co egio ......... 1,007 3.239 3,8oo Ricaurte ........ 1,329 3.639 4.957
Cota .. . ......... 1,4~0 1,7 ~7 1,081 San Antonio ... 1,5 · 2 1,929 2,000
Cucuuubá ... .. 4,216 5,o78 6.ooo San Cayetano. 315 1,013 3.440
Chaguani ... . .. 1,475 1,705 3,130 San Francisco 570 1,966 2,015
Chía ............ 3.972 4-468 5.659 S \n Juan . .. ... 2,7ro 4.367 6,777
Chipaque ..... 3·442 5-352 6,13~ !),1 aima ..... ... 1,276 3 .434 7,569
Choach• ........ 4,118 4.732 5·590 Sesquilé ........ 2,712 3,819 6,130
Cbocont:i ...... 7,079 8,509 7,120 Simij1ca ....... 3,264 4,2o8 4,231
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Facatattva ..... 2,239 6,282 8,463 Sor ·ó .. .......... 2,187 3,074 2,882
Fc',m,. que .. .. .. 6,317 7,001 S.41 r Suba . .. . .. ...... 950 1,400 1,599
Fontibón ...... r,66~ J 92Q 2,00J Subacboque .. . 2,354 4·543 6,109
Fo,ca .. . ........ 1,66..¡. 2,6oo 3 .303 Suesc t .... ... . .. 2,650 3443 5 002
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Fus:1.g '"U)! 1 .. . 2 .8Q1 7027 5·152 Sutatausa ... ... 2,167 3·3•3 3,200
G ch:tlá ....... 1,665 •,8s8 5,078 Tabio . . .... ..... 2,310 3 ,002 2, 54
Glch lncipá ... 1 , 5~~ 1,965 2.220 T.tusa ......... •·390 21JI8 2 072
G:tch c tá ........ 5.041 7.533 9,800 T <:! n:l . .. .. .... ... 1.391 4 . •9 5 3 .375
Guacheta ... .. 4.124 S 49 5 6ooo T " nj o .. .. .... .. J ,269 4.539 2,866
Giraruot ....... . 872 1,8 17 4.62..¡. TihaC" uy .... · .. . 435 575 4,154
Guatluas .. ..... . 7,342 ~. 527 10,148 Ttbi ita ........ . 3458 4.337 5.6o¡
Guasc:t .. ....... 3,034 4·427 4.789 To::aima ....... 4·809 6,021 4·500
Guataqui.. ..... 1,032 1,076 1,319 Toc~ncipí .... 1,65o 2,314 2,)90
Guata"ita ...... 4.527 5,614 6,oo.¡. Ub:tlá .. ..... .... 1,160 2,001 6 .134
Guavabal ...... I,J3I 3'.447 4-128 Uhaque ....... .. 2.8~ 3·445 5 .229
Gutiérrez . .... .. 211 741 1.624 Ubaté .... .. ..... 6,1 7. 256 ,5..205
Hatoviejo ...... 4.504 5,109 5,264 Une ...... ....... 2,047 2,837 4·097
terusalén .. . . .. 943 2,oS6 2,3J6 U.;aquén ....... 895 1,306 1,582
unín ............ 5 229 7,270 I3,Jl3 U·tne .......... I,o68 1,774 4·369
a M ·st ....... 4.485 8 .02) 14,000 Utica ............ 1,518 3·197 2,683
La Palm:1 ...... 4.5o6 8,t 18 9,120 Vergara ...... .. 1,747 2-350 3 756
L'1 Paz . ........ 2,325 2,728 3,oso Vtlleta ......... 4 ,71 ( 5.()34 6,255
I.a Peña .. ...... J,219 J,ÓOJ 3,966 Vi•>tá . .......... 482 1,281- 5.436
La Vega ...... 3.464 3,070 4,229 Viani ............ 1,238 2,445 4,528
Lenguazaque .• 3,265 J,6II 3800 Yacopí.. ..... . . 945 3.799 5056
Mac~etá ...... 5,120 ¡,661 s,soo z;p eón ........ J,6oo 1,774 2,218
Madriu ......... 1,111 1,648 J,OOI z ·paquirá. ..... s.sJ6 8,J13 9.48o
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Boletfn Militar 2JS
PALONEGRO
Diagramas de la. marcha y combates
por el dominio de las montañas
entre Pamplona y Bucaramanga
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Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año V Serie II Tomo I N. 8", -:-, 1901. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691107/), el día 2026-04-06.
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