BoaoTÁ, DiciEMBRE 8 DE 1900
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Organo del Miui terio de
Guerra y del Ejército
Son colaboradores de este periódico los Jefe~; y
Oficiales del Ejércitn
.A.:iSí" C> X"V"
Director ad honorem
Franci•co J. Vera-ara V.
General de Ingenieros, Miembro de varias Sociedades
Científicas
J.IDlli1@m~~:m IDY [)o •• m>J]ll JJ.®®m>
( 20 DE NOVIEMBRE)
por el cual se suspenden los Palomares Militares y se hace una cesión
á los Lazaretos
El f/icepresidentt dt la República encargado del Poder Ejecutivo
C<..>NSIDERANDO
Que los Palomares lvlilitares que en la actualidad sostiene el
Gobierno causan gastos de mucha consideración y no prestan servicio
al Gobierno;
Que un respetable grupo de cab:tlleros solicitó la cesión de
la!, palomas mensajeras para destinar su valor á los Lazaretos de
Agua de Dios y Colltratación, con lo cual se hace un positivo beneficio,
desde luego que transcurr"rá aún algún ti rnpo antes de
que el Gobierno pueda atender directamente á la subsistencia de
Jos elefancíacos)
DECRETA
Art. 1.° Cédense las palomas mensajera· que hoy sostiene el
Gobierno en los Palomares Militares, á los Lazaretos de Agua de
Dios y Cantratación.
Art. 2. 0 Autorízase al Sr. Intendente general de la República
para que haga formal entrega de ellas al R. P. Evasio Ravagliati.
Comuníquese y publ:quese.
Dado en Bogotá, á 21 de Noviembre de 1900.
]OSE MANUEL MARROQUIN
El Ministro de Gobierno, GuiLLERMO QuiNTERO C.-El
Ministro de Relaciones Exteriores, CARLOS MARTÍNEz Srr.VAVJll-
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El Ministro de Hacienda, PEDRO ANTONIO MoLINA-El Ministro
de Guerra, JosE DoMINGO ÜSPINA C.-El Ministro de Instrucción
Públic·:1, N!IGUEL ABADÍA I\1ENDEz-El Ministro del
Tesoro, ENRIQUE REsTREPO GARcfA.
ESTUDIO FRANCÉS DE ACTUALIDAD
El romanticismo ha querido pervertir la estrategia: desviándola
de la vía científica y sólida pretende transformarla en una especi~
de arte caprichoso, paradoxal, brumoso, indeterminado, especie
de terreno abertal en donde cada cuál á su antojo puede apacentar
sus caprichos.
Esopo en su tiempo mostró que la monomanía médica era la
más frecuente, puesto que todo individuo daba consejos á los otroa
en caso de enfermedad. En nuestros días prevalecen los estrategistas:
todo el mundo se cree apto para tratar las más hondas cuestiones
militares. El talento y aun el gracejo no faltan, pero la competencia
de los aficionados sí falla á cada paso.
El instinto belicoso de lus Galos atrae á todo francés hacia
las cosas de la guerra, pero á la vez le inspira repugnancia visible
por el estudio de las cuestiones á ella referentes. El burgués moderno
es estrategista de nacimiento, y ]a mejor prueba de ello la
tenemos en la manera como se discuten las leyes militares en los
Congresos: gusta del lado caballeresco de la carrera, pero abomina
sus mil detalles; viste con placer el uniforme, mas detesta el ejercicio.
Es, por otra parte, antimilitar y le repugna la disciplina; la
fantasía lo domina. No s;ent~ en su alma las sencillas virtudes del
soldado, y sin embargo cree tener las condiciones de un gran ca-pitán.
.
Discutir sobre la guerra 1o seduce y lo marea: pronto está
~ repartir críticas y elogios: censura lo que se hace y lo que no
se hace, y vapula á las gentes del oficio. Especialmente vive enamorado
de las operaciones imaginarias, de la confecció:1 de planes
de campaña, hasta el punto de que habría inventado la estrategia
especulativa si ésta no hubiese existido desde antaño.
El mismo día en que Monsieur Prudhomme se inscribió en
la milicia le asaltaron pensamientos estratégicos, é imposible sería
anotar todas las necedades guerreras que han salido de su3
labios. Esto se explica fácilmente, porque fácil es dejarse arrastrar
~acia las cosas de pura imaginación: los conjuntos seducen1
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las altas concepciones atraen; cómodamente se cabalga sobre las
quimeras, y con gusto se pasan algunas horas en el país de los ensueños.
El campo allí no tien~ límites ni obstáculos: en ese suelo
propicio se maniobra con holgura, sin preocuparse por las posibilidades
prácticas, mirada<\ como cosas que no merecen la atención
de un espíritu superior.
En el dominio de la fantasía, toda concepción parece ejecutable;
á juzgar por las apariencias, dirigir es una obra cómoda:
parece suficiente tener ideas, y las ideas estratégicas abundan sobre
todo en los cerebros de las personas extrañas á la carrera militar.
Ya Clausewitz lo había observado hace años: "Cuando se
leen los relatos que de sus campañas escribieron los grandes generales;
cuando se les ve mover miles de miles de hombres con tanta
destreza como si sólo se tratara de su propia persona; cuando se
les oye exponer los motivos que los incitaron á obrar de éste y no
de otro modo, raciocinando sobre causas nada complicadas, Jlegando
á veces á atribuír sus actos á un simple movimiento de su instinto
de soldado, nada parece tan sencillo como dirigir un ejército
desde el fondo de un gabinete."
Y en efecto, muchas son las gentes que están persuadidas de
que nada es tan sencillo como dirigir un ejército, no obstante que
el reducido número de los generales notables debiera indicar que
la tarea es más ardua de lo que se supone. Los escritores militares,
colocándose en otro punto de vista, han coadyuvado á generalizar
el error de que la estrategia c~tá al alcance de todas las mano~.
Por ejemplo, Jomini e cribió en sus Grandes op~racionu:
"La estrategia funciona sobre líneas geográficas invariables, cuya
importancia relativa se calcula por la situación de las fuerzas contendoras;
situación que no puede entrañar. nunca ~ino un pequeño
número de soluciones, pu sto que la:> tropas e~tán separadas ó reunidas,
sea obre el centro, sea sobre uno de los extremos. Nada,
pues, tan natural como someter ele ent s tan sencillos á r gl s
derivadas del principio fundamental de la guerra, por lo cual nunca
ciencia militar alguna tuvo tan sólido asiento como la estrategia
moderna."
Pero esta tesis es perfectamente falsa. La estrategia no es ni
sencilla, ni está fijada; la cantidad de malas combinaciones ejecutadas
lo demuestra de sobra para lo pa:;ado, é indica que en lo porvenir
la obra aún será más deli~ada, visto:> los enormes efectivos
que habrá que mover.
Esto es de toda evidencia, y, sin embargo, todo se aventuran
en el terreno de la disertación e tratégica, que según parece, ofrece
alicientes irre istibles. D~ ahÍ e·a ca!Hidad innumerable de eluC
braciones inútiles, introducidas por la literatura novelesca en la
estrategia, en las que se reempla~.w, con alidJs más ó menos espirituales,
el razonamiento, el cálculo, la ciencia y hasta la misma
h ·storia.
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A partir de la guerra desgraciada de 1870, la monomanía de
la estrategia ha adquirido proporciones colosales: nue3tros reveses
se convirtteron en mina inagotable para esa clase de explotadores.
Críticas, ataques, recriminaciones, calumnias, llovieron sobre los
que habían cumplido modestamente con su deber. Los que poco
hicieron, y sobre todo, los que nada habían hecho, exultaron.
Cada uno de ellos habría salvado la patria si se hubiera aceptado su
plan; cada uno poseía un secreto y lo ofrecía con la respectiva dotación
de consejos.
La antigua historia del retórico de Efeso, que daba lecciones
sobre el arte militar, enseñando lo que no sabía, es siempre real.
El uno vaticinaba 'sí: una vez en país libre (aun sin enemigo),
los batallones de franco-tiradores, describiendo gigantesco
circuito, se lanzarán en abanico sobre el flanco del enemigo, y en
herradura sobre su retaguardia. Esa tropa no será, sin duda, sino
un cordón; pero ese cordón será una inmensa línea envolvente, y
la envoltura se convertirá poco á poco en m u ralla de hierro.
Otro decía: pasó el tiempo de las sabias combinaciones: basta
la energía. Uno de los ejércitos, disimulando su marcha con los
bosques, cortará la línea de comunicaciones del enemigo por medio
de un vasto movimiento envolvente, en ta to que el otro,
franqueando de improviso el río, lo asaltará de frente. Sorprendido
y cogido entre dos fuegos, su destrucción es segura.
Muchos deben recordar esas elocuentes tiradas; recuerdos,
reminiscencias, sueños, todo se encontraba en ellas, menos sentido
común, menos espíritu práctico. Los fabricantes de proyectos
y planes creían realizables las concepciones de su cerebro desbocado,
sin caer en la cuenta de que su dedo majestuosamente pareado
sobre una carta geográfica no era ni un puente, ni un cordón,
ni una muralla. Entre sus lucubraciones y una aplicación
cualquiera, había un abismo, y ese abismo no acertaban á decir
cómo se podía salvar. ..
Otro tercero afirmaba: el enemigo nos sorprende, nos asalta,
nos rechaza, sin ce¡ar nos inflige nuevas derrotas: no podemos
soportarlo. Arrebatémosle sus procedimientos, y la victoria será
nuéstra.
Esas frases, vacías de sentido, llenas de bombo, recordaban
la lección de esgrima de Monsieur Jourdan: todo consiste en dar
estocadas y en no recibir ninguna. Con suma gravedad repetían
el precepto de Moliere, pero sin indicar los medios de realizarlo.
Desde hace medio siglo Clausewitz criticó esa estrategia romántica
con suma donosura. "Fácil es formar el proyecto de envolver
al enemigo por la derecha ó por la izquierda; lógico el pensamiento
de mantener concentrado el ejército para ser dondequiera
superior á un enemigo que se ha extendido; natural la idea de suplir
la inferioridad numérica con la rapidez de los movimientos; todo
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eso, decimos, se acepta tan pronto como se enuncia. El descubrimiento
110 puede, pues, admirarnos, y de ideas tan sencillas no tendremos
que decir sino que son muy sencillas."
Antes de nuestra fatal guerra otros dos autores, reviviendo la
idea de Clausewitz, pusieron en_ escena, en la Gran Duquesa, ese
dislate tan común de los confeccionadores de planes de campaña:
cortar y envolver, como si se tratara del bizcocho del colegio. Entonces
se rió á boca llena; pero la lección fue perdida, puesto que
nadie se corrigió, según se vio poco después. ·
La reorganización del ejército, la defensa del territorio, las
futuras operaciones, los nuevos si-temas de guerra dieron pábulo
inagotable á la monomanía estratégica, creciente sin cesar. La
ideología militar es uft recurso maravilloso, una djstracción amena,
un campo sin límites para entretenerse en lanzar masas de hombres
unas sobre otras, y donde se espera mostrar talento elaborando
planes de campaña. En esos combates imaginarios se halla la em-briaguez
y el vértigo de la victoria ____ sin dificultades, así como
los fumadores de opio se procuran en su embriaguez el vértigo de
la voluptuosidad.
En esta clase de disertaciones todo proviene de la e13peculación,
y nada de lo real: su autores, embarazados se verían al concretar
el asunto, en tanto que generalizando se llegan á creer, en
cierto modo, generales de veras.
La parte artística de la estrategia es de un manejo cómodo:
cualquiera se mueve sin tropiezos en ese dominio nebuloso.
Las concepciones, los planes, la críticas, con5>tituyen un álgo elástico
y dúctil que se amasa sin esfuerzo: se pliega, se extiende, se
redondea, se aplana y recibe dócilmente las más variadas formas.
Como en aquélios nada se presenta determinado, todas las conjeturas
son lícitas, todas ]a;, hipótesis permitidas: cualquiera puede
elucubrar á su · ntojo; hasta lo extravagante puede afirmar e, sin
que se pueda contradecir, porque, en rigor, el mi rno imposible e
adm.si le quitaao el fren de la razóh.
Las nocio1 e vagas, los principios universales, se apiican á
todo, al decir de los decadentes. l\1ultitud de individuos desprovistos
de nociones militares abordan sin pestañear las más intrincadas
cuestiones de la guerra; emiten u opinión sobre los nuevos fusiles
y pólvoras cuando los especialista aún suspenden su juicio. Otros
escritores explican lo que será la guerra futura, de qué manera funcionarán
los grande e· ércitos, cómo se librarán las batallas tcrrestres
y navales, y señalan lo que sucederá en 1895 ó 1900.
Esos libros, escritos en estilo llano y con cierta gracia, tienen
algo de sabor apocalíptico, por lo cual recuerdan más ó menos la
predicción del Cura de Dormunt sobre la gran batalla de tres días
en 1-t encrucijada de Bouleau. Su lectura divierte como la de una
novela, pero nada :nás.
ANco DE lA REPU! ICA
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Ese género de literatura se distingue por su carácter abstracto,
citas generalizadas sin tino, y un abundante emp~eo de expresiones
técnicas, puntos estratégicos, transportes estratégicos, estaciones
estratégicas, y hasta tranvías estratégicos, etc. etc.
Fue también Clau ewitz quie~ hizo la crítica anticipada de
esas necedades tan comunes en el día: "Las expresiones: posición
dominante, pcsición cubridora, llave de posición y otras semejantes,
no son de ordinario sino pal.1bras sin sentido; y es á fin d~
salpimentar ]a muy aparente vulgaridad de sus combinaciones guerreras
para lo que ciertús pseudo doctores en estrategia e m pican preferentemente
esas expresiones sonoras que constituyen el tema predilecto
que desarrol1an siempre con el mismo són ante sus adepto!S."
En efecto, los vocablos sonoros dan apariencia de erudición,
y en el fondo nada significan por tener valor esencialmente tcmporal
y relativo. En esos relatos oscuros que ninguna claridad alumbra,
todo pretende ser profundo, y en realidad no guarda sino el
vacío. Esas concerciones militares se asemejan á piezas dramáticas
escritas por quitnes ignoran lo que es el teatro, y por lo tanto
no se pu<'den representar.
En un teatro 0e ciudad como en un teatro de operaciones, se
imponen nccesidad<'s del mismo orden: en absoluto es preciso qu,.
la obra sea práctic·, y ante todo hay que conocer el oficio para
crearla. Si esas ccn di ciones fundamentales no existen, el fiasco es
seguro. La única d i ferencia e tá en que tn el primer cas<' el autor
no hace mal sino á sí mismo, y en el segundo lo hace á la cosa
pública, presentatldo el espejismo como una realidad, y al sembrar
esperanzas quiméricas, exaspera luégo aun más ]a decepción.
Semejante exposicione~ rematan en conclusiones pcligrosísimas:
puesto que las soluciones estratégicas son tan sencillas que
cualquiera puede hallarlas, ¿cómo es que escapan al cerebro de las
gentes del oficio? Y ese razonamiento, que surge en lo ánimos de
los burgueses en ti t> mpos de revuelta, resulta acrecentado con loe- escritos
ó dicho e~pc r· iosos de los estrategistas de novela. Ese es uno
de los grave~ incc :t \"enientes de la propensión á transfcrm.ar en
juego de ima~i,,ación ó terna de sobremesa las arduas y serias
cuestiones de la gutrra.
General LEWAL (ex-Ministro de la Guerra)
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LltCCIONl5 DADAS EN LA ESCUELA MILITAR DE VIENA POR EL TENII'!NTZ CO~ON!L
DE INGENIEROS MAURICIO BRUNNER
Traducidas libremente de la 5.• edición para el Boletín Milif«r
PARTE TEORICA
eapitule t.•-Mi•ión primordial de la fortificación en eampaaa
(Conti11úa)
C- Cubierta.&
Las cubiertas ó abrigo~ pueden ser: a) Un simple foso 6
triucl.tera (zanja) (figura 7.a); b) O~jetos que se interponen entre
úuo y el enemigo para iuter'ceptar las balas de éste (ftgnra
8.•); e) Ambas espeeies reuuidas, que es lo que constituye
el atrincheramiento militar propiamente dicho (figura !J.a) ;
ti) Construcciones huecas (abrigos), es decir, espacios cubiertos
al abrigo de los proyectiles (figura 10).
Figura 7·"
Pi¡ura 10
Figura 9·
El suelo natural puede
prPSPHtar CU UÍertaS qn Sati.
faga11 más ó menos In~
eolHlic~ion("'H df>seailas, tales
e m no za uja s, st.•to~, fl rhole8,
pare(les, t>ra otros materiales
que se hallen á la mano.
Nomenclatura-Las líneas y los planos que limitan la mayor
parte de las cubiertas han recibido nombre propio. En
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'--r-'
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masa cubridora 6 parapeto (figura lR), marcados con puntos y
trazos en el perfil y el plano tenemos : x y 6 línea de tierra, es
decir, el suelo uatural 6 terreno; a o, Ja cresta inte·rior ó magistral,
es la línea c'ltbridora, también llamada l·ínea de fuegos en
los parapetos defensivos; abes el talud interior, siendo b el pie
del mismo; a e es el declivio, en el que e marca la cresta interior;
a 1 e 1 es el espesor ó cuerpo del parapeto, sin contar los
taludes; a a 1 es la altura del parapeto ó de la cresta interior,
6 el relieve del parapeto; e f, el talttd exterior, en el que fes el
pie; a. a 1 , la altura, y a1 b, la u ase rlel talud interior, represen.
tanuo e o 1 y e 1 f las mi~mas partes del exterior; e e 2 representa
la inclinación del declivio. En el foso (sea interior 6 exterio ¡' ) se
hallan: x n y r p, ó talud interior; x 1 r, 6 borde superi01 ; n p,
6 pie; r r 1 , 6 altura, y p r 1 , ó base; z p, 6 fondo; z b es el
talud exterior (anterior) ele! foso; m 1 z, el pie; b 1 y, la cresta;
y z 1 , la altura, y z z 1 , la base del mismo; r r 1 , la profundidad
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del fo~o; y r, la anchura de la boca 6 superior; z p, la del fondo
6 inferior; h h 1 , la. altura de la. cubierta, que es la del parapeto,
aumentada con la profundidad del foso interior; f r es la
berma ó banda de tierra natural que separa el foso del parapeto.
En el foso exterior el tal1¿d exterior se llama también con·
traescarpa, y el interior escarptt; en el foso interior las misma8
partes se denominan talud dt- la banqw:ta, (pared anterior), y
talud de revés el exterior.
Las tierras del foso interior pueden servir para aumentar
el espesor ue la cnhi~rta, 6 bien para constitnír el parapeto ;
el fo&o exterior, cnautlo es profundo y tiene taludes muy pendientes,
constituye nn obstáculo, porque en otras condicione!
apenas sirve para dar tierra~ para la trinchera.
En fiu, en las tt·aviesas y para,los tamhién hay cresta (lfneft.
de mayor altura), declivio y talud exteJ"·ior é interior-Oontinúa.
D! LAS PIRZ.\S EN LA ARfiLLERfA RODADA
Jt,~lil !t~nto provi'linual arregla lo por la Co,nandanch milit 1r de l11 Pl11t:tt s oficiales ordenan n ' ACCJÓ~ y repiten la indicación Jeferente
al alza que. va á emplear e. A la voz en acción los sirvientes
ejecutan la Cé:lrga á voluntad como se pre"cribe en su lugar.
Los oficiales se aseguran de que el alza empleada e ]a mandada,
y verific<.~n rápidamente la puntería. El jefe indica, según la
dirección del viento, si el fuego principia por la derecha ó por la
izquierda, y se sitúa en el punto donde pueda observar mejor )os
disparos. Si el viento sopla. por la derecha, el fuego principia por
la izquierda, y recíprocamente.
Tan luego como las piezas están apuntadas y eon el proveedor
puesto, el jefe manda: tal pieza, FUEGO. El primer sirviente
de la izquierda de la pieza designa~a repite la voz fuego y principia
á disparar hasta agotar el proveedor ó hasta que se mande ALTO :IL
FUEGO, Las piezas se designan por su número de orden en la línea,
contándolas de derecha á izquierda.
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Fuego por descargas-Para ordenarlo, el jefe manda: fuego po,
diScargas; á tantos metros, ROMPA N EL FUEGO. En seguida se procede
en todas las piezas como en el caso anterior, el jefe manda:
piezas (ó tales piezas), FUEGo, voz que repiten simultáneamente los
primeros sirvientes de la izquierda antes de descargar los respectivos
proveedores, si no se ordena ALTO EL FU EGO antes de agotarlos.
Fuego por descargas con serie progresiva -El jefe indica el blanco
que habrá de batirse; adopta una distancia inferior á la real, y
manda: fuego por descargas en serie progresiva; tantos proveedores,
á tantos metros, ROMPAN EL FUEGO. U na vez preparadas las piezas
como en los c1sos anteriores, manda el mismo jefe: piezas, FUEGO.
Los primeros sirvientes descargan los proveedores respectivos, pero
á cada uno nuevo que se coloque en la pieza, los segundos sirvientes
de la izquierda hacen describir al volante del tornillo de puntetería
un cuarto de vuelta de izquierda á derecha, sin que de nuevo
se apunte la pieza por la ranura de mira.
Cuando el jefe juzga que los disparos alcanzan bien el blanco,
y que por lo tanto está hallado el alza conveniente, mandará:
FIJEN EL ALZA, á lo cual los sirvientes cesan de mover el tornillo
de puntería, y el fuego sigue con la misma alza hasta que se ordene
ALTO EL FUEGO. Al darse la voz de fijen el alza, los jefes de pieza
colocan el alza en la graduación que coincida con la inclinación
que en ese momento tiene la pieza sobre el plano horizontal, informan
á los oficiales de cuál es el alza así obtenida, y éstos, después
de rectificar la puntería si fuere preciso, transmiten el dato
al jefe de la maniobra.
Fuego á discreción-El jefe indica el blanco y manda: Juego á
Jiscreci6n, á tant?s m etros, ROMPAN EL FUEGo. Después cada oficial,
así q UP su pieza está lista, ordena : pieza, FU EGo, el cual continúa
hasta que se mande cesar el fuego.
NoTA - Durante la ejecución de los diversos fuegos el jefe de
la maniobra puede ordenar el empleo del mecanismo de dispersión
lateral, lo cual hará indicando qué amplitud (corta, mediana, grande)
dehe darse á la dispersión de los prorectiles. Si aún no fuere
suficiente esa dispersión, como cuando varias ametralladoras deben
batir una extensa línea de tiradores, se ocurrirá á la dispersión de
los fuegos dando á la contera movimiento de vaivén con la palanca
de puntería, como se indica en su lugar.
En ningún caso se podrá modificar el alza empleada, sino por
la orden Jel oficial de grado superior que mande la pieza ó piezas.
Cesar el fuego
Para suspender el fuego el jefe manda: ALTO EL FUEGo, y se
procede conforme se dijo en el número 8. 0 Este mandato no es repetido
por los oficiales ó jefes de pieza.
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S,.lir de batería
Para que las piezas vuelvan á formar en columna con la derecha
en cabeza, el jefe manda : artilleros á la dtTecha, á cerrar distancias
sobre tal pieza, MARCHEN. A la primera voz los artilleros
giran á la derecha; á la segunda, todos lo~ oficiales, excepto el del
pelotón que debe formar la cabeza de la columna, mandarán: (~iumna
de frente, y á la voz ejecutiva MARCHEN, que repiten los
oficiales, menos el primero, los pelotones se ponen en movimiento.
Luégo cada oficial manda : pelotón, ALTO, cuando el de su mando
se ha acercado al anterior.
Formada la columna el jefe mandará: columna de pie-.as, d1
(rente, MARCHEN.
Si la columna ha de formarse con la izquierda en cabeza, el
jefe mandará : artilleros á la i-r.quierda, etc., y el movimiento se
ejecuta de modo análogo pero inverso al anterior.
Es claro que para formar la columna si las piezas no se están
moviendo á brazo sino atalajadas, se harán enganchar previamente
á los armones ó avantrenes.
NoTA-Cuando varias piezas que están reunidas para la maniobra
forman dos ó más baterías, los capitanes comandantes de
ellas repiten las voces del jefe superior. Además, en los fuegos sucesivos
las piezas se disparan en cada batería por mandato del respectivo
capitán.
La ametralladora con su armón arrastrada por dos bestias
ocupa 2mo frente por I o de fondo, que suben á I 2 si ~1 tiro se
dobla, como sucede en los terrenos dificiles.-Continúa.
D.l ESTRATEGIA Y DE TÁCTICA EN LAS PEQUENAS GUEJlllAS
por el Mayor C. E. Callwell, del Ejército ingléa
TJ.ADUCCIÓ.N DE JSIDOAO l.A VZRDX AMA Y A
(Continuación)
Los tres cuadros de Hicks Bajá en Sekán, en donde su ejército
fue atacado y destruído por los .1\lladistas, guardaban el enorme
tren que exigía la conducción de víveres para cincuenta días
y el agua para algunos. 1'al convoy debió ser un terrible estorbo
durante el combate, y contribuyó probablemente á producir
el desastre que sobrevino. Sin duda que un hecho semejante
rara vez se presenta en la guerra, porque es un caso sumamente
raro el de un ejército que abandone sus comunicaciones para lanzarse
á varias jornadas de marcha en el interior de un país sin
agua y sin recursos, y ocupado por un adversario bastante temi-
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ble para hacer indispensable la formación en cuadro, y esto e~
justamente lo que sucedió. De ordinario en semejante caso el
método e~ formar un z.eribá ó vivac atrincherado, en donde se
deja el convoy protegido por una parte de la ~olumna, c:uyo resto
se forma en cuadro para p1 ec:;entar combate al adversario.
XXV. Si es posible, antes del combare, los bagajes st colocan m
un -x.eribá-Antes de los combates de Tomay y de Abu-Kiea se
formaron z.eribás, en el interior de las cuales se colocaron en seguridad,
durante la lucha, las provisiones ·y los no combatientes.
Este procedimiento es generalmente fácil en un terreno descubierto,
pero es imposible en las regiones cubiertas de malezas y
de arbustos, como en los alrededores de Suakín, atendiendo á que
no se sabe en qué punto esté el enemigo y á que el lugar y el
momento inminente del combate no pueden fijarse ni aproximadamente
por las tropas regulares. La regla de que cuando está
próximo un encuentro se ha de dividir un cuadro de marcha en
uno de combate y en un depósito fortificado, no es, desde luego,
siempre aplicable.
XXVI. Formación del cuadro elástico en marcha- El problema
se simplifica muchísimo cuando la naturaleza y la táctica del
adversario en estas guerras irregulares permiten adoptar para la
marcha una formación en cuadro más elástico. Desde luego hay
más espacio en el interior de un cuadro elástico que en uno rígido;
en segundo lugar la misma existencia de los intervalos facilita
los movimientos de toda la columna.
XXVI L C:;/umnas dispuestas de manera de formar rápidamente
ti cuadro-En el Dahomey, como ya se ha dicho, la columna
expedicionaria del General Dodd3 marchaba generalmente
al principio en grupos paralelos dispuestns de manera de poder
formar rápidamente un cuadro de trc lados en el mome ¡Ho de
contacto con el enemigo. Los reconocedores del ter reno no podían
apartarse mucho de las columnas por causa de la densidad de
la selva, y por esta razón la presencia del enemigo de ordinario no
se notaba sino á última hora; sin embargo, las tropas francesas alcanzaron
casi siempre á tomar á tiempo la formación de combate.
Pero después de cerca de un mes de experimentos el General modificó
sus disposiciones, y en la marcha final de Akpa á Abomey
adoptó la formación de marcha en cuadro, sobre todo para envolver
las numerosas trincheras de los del Dahomey y para tener más
alerta á toda su columna. Pero este cuadro tenía siempre grande
elasticidad, y al disparar, la formación, como ya se ha dicho, fue
á menudo ca¡i abandonada porque una ó varias caras atacaban al
enemigo. El orden de marcha volvía á tomarse tan pronto como
era posible. Algunas veces, cuando la selva era muy tupida, el
cuadro avanzaba muy lentamente; pero después de todo, el sistema
de marchar en cuadro se sostuvo hasta la llegada de la columna
al frente de la capital del enemigo.
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111
En lo que concierne á la formación rápida en cuadro de una
columna en marcha, importa hacer notar que el deaastre de la columna
Baker Bajá en I 88 5, cerca de Tri nkitat, parece en parte
imputable al hecho de que sus tropas no tuvieron tiempo para formar
el cuadro en el momento del ataque de los Madistas. Pero
esas tropas eran tan poco veteranas y tan poco diestras, que no se
puede sacar grande enseñanza de este desastroso combate.
XXVIII. La artilftría y la caballería en los cuadros tn marcha-
La colocación de la caballería y de la artillería en los cuadros
en marcha está sujeta á los mismos principios que han determinado
la colocación de estas dos armas en los cuadros en acción.
La artillería en movimiento está sin defensa. Por tanto,
cuando se adopta el cuadro como orden de marcha, á fin <.le rechazar
los ataques súbitos del enemigo, es evidente que las piezas
deben estar en el interior del cuadro. Por fuera correrían riesgo
de ser atacadas antes de poderlas poner en acción. 'Tales condiciones,
si el enemigo es audaz y está resuelto, presuponen una
forma rígida del cuadro. La colocación de las piezas durante el
combate, sea en los ángulos, sea sobre los frentes, ha de .fijarse de
antemano, y lai piezas deben marchar en el interior del cuadro c~rca
de los sitios en que han de colocarse. En una formación en
cuadro más elástica, la artillería, por lo común, debe también colocarse
en el interior.
Por otra parte, en marcha, la caballería estará necesariamente
fuera del cuadro; ella es inapreciable para el servicio de reconocimientos
y puede de este modo prestar grandes servicios al
cuadro. Su retirada al interior de éste en cas::> de ataque, rara vez
será prudente, á menos que, como en Ulundi, el enemigo no sea
muy numeroso y no envuelva la columna, ó que no di. ponga del
tiempo necesario para que esta retirada se ·verifique de propósito
deliberado y en buen orden. Desde luego que, en circunstancias
ordinaria , la cabal eria es cornP.letamente iudependiente del cuadro.
Durante la marcha hacia los pozos <.le Abu- lea, lo mismo
que al Teb y á Tamay, la caballería marchaba á alguna distancia
de los cuadros; y lo mismo pasó en el Dahomcy. Hicks Bajá
parece que adoptó idénticas disposiciones. Cuando el cuadro es
atacado, la caballería puede obrar seg.:in las circunstancias, y hasta
puede hacerlo muy eficazmente contra un enemigo en derrota,
como se demostró tan bien en el Teb. Cuando los centinelas de
caballería marchan al frente de un cuadro en marcha, deben estar
prevenidos, que si dan sobre un fuerte número de enemigos, se retiren
hacia uno de los flancos, de manera de d scubrir el fuego
de la infantería y de Ja artillería. En el Dahomey, en donde la
naturaleza del terreno y lo reducido del destacamento de caballería
paralizaba toda acción de esta arma, las tropas montadas se
mantenían por lo común, durante la marcha, sobre el flanco. Al&
unas veces, cuando el enemigo aparecía numeroso, la caballerít.
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se retiraba detrás de la columna y formaba la cara trasera del cuadro
de combate.
XXIX. f7ivac en cuadro-No hay mucho que decir sobre la
formación del vivac en cuadro. Cuando hay que recurrir á él, casi
siempre es mejor transformar el vivac en un puesto fortificado
provisorio, ó zeribá, ó en laager, si á la columna siguen carruajes.
Los franceses en Egipto vivaqueaban en cuadro. En las operaciones
de guerrilla en Argelia, en la mayor parte de las campañas
de los rusos en el Asia Central, en el Sudán, en Achín y en
la generalidad de las operaciones en bosques, el orden normal de
vivac es el cuadro. La víspera del combate de Kashab, en Persia,
* la columna de Sir J. Outram vivaqueaba en cuadro cuando
fue repentinamente atacada por el enemigo. Hay que prever
la posibilidad de un ataque de todos lados. Esta cuestión se
estudiará mejor en el capítulo siguiente, que trata de los zeribás
y de los laagers.
CoNCLUSI6N-Nos hemos extendido mucho sobre la formación
en cuadro, más bien con el fin de mostrar las diversas condiciones
en que se ha empleado dicha formación en las guerras irregulares,
que para sentar principios sobre la oportunidad de ella y
sobre la mejor manera de organizarla. Ella no goza de gran prestigio
entre ciertas personalidades. Es cierto que en teoría se puede
decir mucho en su contra; pero en tanto que tropas regulares se
vean estorbadas con los bagajes indispensables, y tengan que combatir
con guerreros que por causa de su gran superioridad numérica
y de su rapidez de movimiento ó de la naturaleza del teatro
de operaciones ataquen por todos lados y cuando quieran, será difícil
encontrar nada mejor que el cuadro *.-G"'ontin~a
• En 1857 el Virrey de la India h bh enviado á Per~ia una columna com~
pne ta de tropas ingle ·asé incli~~ mandada· por Sir James Outram. E:.ta columna
debía con¡,treñir ,.1 Shah de Per ·ia á que abandona e. us preten. iones ~obre Hérat
y Kandahar, "los do· puntos del Afganistán oecident.d que dominaban las líneats
eiarnprt! seguidas, desde Alejandro ha ta Ahrnael Shah, por lo invasores de la fn.
dia, y que por e. ta causa debían ser ocupado~ por attligos de la India Británica 6
por ésta misma." La colum11a de Sir Jame · Outrnm de embarcó en Bu!~hir, sobre
el Golfo Pérsico, obtuvo dos victorias, unn de ellas la de K'lshab, y forz6 al Shah
de Persia á pedir la paz.
The lndian Muting of 1857, by colonel Malleson, páginas 25 y 26.
• El Mariscal '\Volseley se expre. a sobre este punto así: " Es absolutameu·
te indispens!lble en el desierto que toda columna tenga caballería que asegme el
servicio de lo reconocimientos; porque si no tenéis tiempo de prepararos á recibir
la carga de los 'rahe~, ::;eréi~ destruí,los. Yo sé que la teoría me enr;;efta qne una
línt-a puede con su ÍL1cgo rechaz •r al enemigo más audaz, y que los teóricos mili.
t.1res rechaz:m todas las formaciones eu cuadro. ¡ Pero que Dios ayude á la línea
estorbada con las provisiones y camellos que se'\ atacada por los árabes, como aquellos
que cargarou en el Tcb y en Ahu-Klea! Cuando os aproximéis al entmigo es
mejor formar un zeribá y colocar en él la mayor parte de los llagajes que podáis;
en stguida marcharéis al atal¡ue en nno, dos 6 tres grandes cuadros en escalones,
liegún vuestros efectiY'os1 lanzando la ea ballet fa en todas direcciones •••• ''
Soldin'' Pocklt Book, p¡gina 341.
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DEL ESTUDIO DE LA HlSTORIA PATRIA
Páginas dedicadas al Sr. General M. D. M.
711
La virtud más recomendable en un ciudadano es el amor á
la Patria. A favor de tan generoso y noble impulso se han llevado
á cabo grandes hechos. Lo que más mueve d ánimo á las arduas
empresz.s guerreras es el des de ver engrandecida y pujante la
nación en donde uno ha nacid . Por eso nos complacernos tan á
m en u do en evocar la memoria de los Próceres, porque ellos expusieron
su vida á los azares de una lucha encarnizada, tenaz y larguísirna,
sin otro móvil preponderante que el de la libertad y el
progreso del suelo patrio.
Cuando nuestros sentimientos republicanos se vean combatidos
por la duda; cuando demo más valor á la posesión de nuestras
comodidades quP. al de·eo del bien general, y cuando el cansancio
de los años nos induzca á ser i ndif~.::rentes en la suerte del
país, tratemos de recordar un pasado que nos deslumbra con sus
glorias y que, quitándonos repentinamente la venda que nos ofusca,
nos d<:volverá el vigor del hombre que se siente dueño de sus
acciones: que ama el bien y sueña con las glorias de la Patria.
El Panteón de: nuestros hombres ilustres es el que guarda los
restos mortales de tántos valic::ntes corno se contaron en las primeras
filas del ejército republicano. ¿Qué mayor título para adquirir
fama que el exponer la vida con osadía por fundar Ja patria ?
Por esto se concibe: que el pre tigio militar que surgió de )a
guerra de Independencia fuera tan ab · oluto. La sociedad tntonces,
vacilatlte en su marcha, desorientada del rumbo qut debía tomar.,
y dando pábulo á m zquina Je confianza~ q 1e hicieron surg;
r con torpe liviandad Ja ambiciones per onal s de algunos políticos,
creyó cuerdo oponerse á lo que se llamó el militari. mo. Este
no era, materi2.lrnent~.; h.lblando, sino el exceso de= fuerzas, que
aleccionadas en el campo dr! la guerra, dueñas del indisputable
prestigio de su valor y di::;ciplina, paseaban s•1s armas vencedoras
de un t-xtremo á otro dt.l territorio libertado.
U na rivalidad secreta enardecía los ánimos de los letrados 1
abogados de la Nueva Granada, quienes pretendía11 ver en cades
heroico lidiador una amenaza contra el derecho. En su afán por
ver mejorada la sociedad, todo lo concedían al buen juicio y patriotismo
de que se creían ó sentían animado , sin calcular cuánta
era la significación moral d-:! los militares para mandar, ni cuál el
grado de sus incontables sacri licios *. De de entonces se sembró
----------------
• E'l po!iible qne irsfluyera en mucho á formar este juicio la consi1leraci6n de
que fue un grupo 'le hombres de pluma el que preparó el Clmbio político del pds..
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por los campos de nuestra política esa nociva semilla de }as desconfianzas,
que al andar del tiempo produjo la formación de los
partidos y el constante soc:avamiento de la e nece·
81ta <1 JOI),'tf at·, Unjo tOtbiS .StlS f'Ol'Jll¡l, ) Jl80Ctl'(~ ct.J fin en JlUC,tra
legis!adóu. ¡, St•rá llPces,tl'Ío recordar cuán \ ru·ouzosanwnt
e ' ' tol(tcla fm~ la igualuacl a.nte la justicia bnjo ol • uti~
·w rég·inwu'Y Parlameuto~, trihnna.le~ de 8eg·unclo orclcn, juJbcli(:
ciones extraol'tlinaria&
s ~in lazo que ~e anogahau el derecho lo lle\ar {t los
justieinhlt>s ú. ~u barra. 11 tal de:-~¡u·ocio de proc climieutos que
uu ahogatlo del rP.r pu,lo flecir que la justicia tle sn tiempo·
era nn JHIIajc. No e.·i ·tía ninguna. unilhul en la legislación;
casi tHntos eócligo COIUO prO\'ÍIIcia • Fue la. n~\'"O!ución la qu6
eu la Dt·claraeióu ele los a á asegtu·ar la. unitbul (le L.t legislauión. ¡En nue~tros
día.:::~ totlct.\'Ía los triuuuale:::~ militares no sou, eu tiempo de paz,
vestigiod de uua socieds pri vilegia.uas, el clero y la. uobleza, lmjo pretexto
de que el u no reza. ha y la otra. com u a tía, relt usal>a tomar part&
en Ja~ (jarg·as pública:-\; ésta:::~ recaían sobre el tercer estado,
que f11era. de los impuest s reales llebía, por acre<·entamiento,
pagat· una f:lerie ién fne predso qne La. Revolución
.estal>lecie~· e et uivel de la ley común. Los célel>res decretos tlo
Ja. uoehe tlel 4: de Agosto de 17~9 abolieron los impuestos más
ubusivos, y mús tarde, en 1793, la. Couveudón arregló equitativameute,
por •nedio tle un si~tema. de contribuciones direotas
é iutlireetas, la parte •le calica ,le 1~4S, el suft
·agio uuivtwsal, forma \·i\·ieute y cto, el tiem w lle tres años apenas
de sct·vwio. L · )~ miembro~ de la euseñs 1.~> y 4.u en letras y ciencia , de
dootot· e11 llel'ecuo, de doctor en llledicina, de fa.rmaceuta de
pr.ime.ra clase, de veteriwuio, ó el título de iuteru't de los llositalc:
i, noml>l'Ha. el diploma superior
que se otor~a. á lo~ (liscípulos externos de la e~cuela rle l">nenteR
y Ualz~ul;.ts, la escuela superior de minas, la e~H·nela de artillería
marítima, sea el (liploma. snpel'ior concedido por el
Instituto nacional agronómico, la e~cuela de los Raras jercen industl'ias de arte qne sean
de~iguaclas por un jnra•lo .Jppartamental formatlo de ohreros y
Jlatrones. El núrnP-ro de estos jóvenes no podrá pasar en uiugnn
caso de nn mcclio por ciento del eontingeute que deua in·
corporarse para tres años.-Oontinúa.
DEL GENERAL PABLO MORILLO
(Continúa)
Por e te mismo t.icrnpo l\lariiio pretendió ha.tir en detal
la~ g-na¡·nie1o!H'S de Oar·ítpa.no, de Ual'iaeo y gnitln sohr·e C.r1mallfí y bloCJnear esta. plaza por
tierra y por mar. El 31 de Oc~tulH·e á uwclio día se prt.•t\eutó, á
]a cahe:;m 0() hom ln t~. , del a u te ra. á la cabt~zn. ele sus.
tropas, .Sile (}Olido llacía. alg·unas i llClli':-IÍOiteS :'t Los
Lhlnos con sn iufanteda y tllt retlucido número íl t~ jiuete~. Anu
cucuHlo víveres no le f.tltaron HUHca, los etwneutros <]tle tn,·o
con el enemigo 110 dieron resultc.ulo uingnuo satisfat~torio.
La. q ui 11 ta di \'JSión, que permant>ció eutre N u t rias, Ohi~pos,
etc., durante la forz. La cornuuieacioue · perma~aece n iut{~tTnm·
pidas, y el temor de las euferaH~ sa¡ntrecl'r la inundación.
Durante el reposo del l-jército collwllcé n11 géll<'l'O de trabajo
menos peuoso que el que acababa <~í <~n Valeneia una com1sión encargada
de remetliar totlos estos abusos, y confhwdome enteramente
á su celo, juzgué que podía ponel'mo en eamiuo pa.ra. pasar re
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ista á mi ~jé1·cito. Tenía qne recorrer una v·asta ext(msión del
país, pero e~te viaje era indispeusa.ule pa.1·a ordenar bien la
cawpafía que iha á abrirse.
Me traslaclé pr¡.mero á Barquisimeto por el camino re üalahozo, en a bajo las ól'deues Llel Brigadier D. Francisco Tomás
Mora les.
gst.cjefe, · iempre infatigable en sen?icio del Rey, había
logr·aclo ya reunir mil cnatt·ocient.o· hcLbitantes de los llanos,
totlo~ m ny bien mon taclo ..
1 n~tru ído ·, (lebió eostttl'le i ncn. ettlahlos t.t'.thnjo~.
El s ~lllulo B,ltallúll (le Val< fle ~.,., ele reei<~nt~ f,n·mnción,
bací· parte d su 1 ivisión Qt )clé al taulP 1 t <~o m p tiempo so completó
en t.oclo, que«la.nclo perf~<:tamentt• el}tlil,ataban
ya 8ecas; durante todo el inderno el enemigo oeupó ~1 San
Fernando y á San Juan de Payara, y tle tiempo en tit>mpo (lP-stacaha
parte de su eaballería llasta üarnag-uán y San .Taime>
para obsen·ar nuestras fuerzas. Al principio no hubo siuo algunas
escaramuzas de poca importancia, cuyo éxito quedó
balanceado.
A juzgar por la atHhwia que ostentaban Jos rebeJ ~llll toda apariencia,
annqne Ye ~·tidos cou uuiform •s relega(los ya en InO'laterra
por viPjos.
Los habitante. de las llanurm;, de ·Jum brados con tales
preparativo~, se ereían .. n s<>gnritlad sol>re la dert-'clm del
Apure, y no rlu(lahau de la , · ictoria si las tropas d"l Hey osaban
preseutar e. Siu embargo, hada la mitad <1" Diciembre
cuatro de nuestras clh·i ·iones se ponían en rnareha. para. La
Portngnesa con el fin de re u u irse e u el paso del Chorrerón.
Justamente en eso momeutos snfrí en üaraca~ una caítla
de á caballo tan violt'IJta c¡ne nw imposibilitó para poder hacer
Ul'iO, durante alg-ún ti ... mpo, ele la. piPrna. izqniPrda. l\le vi
obligado {!, gtwnlar canw, y tu\'e <]IIP co11tiar al 1l;tri~cal de
campo D. Miguel Latol'l'e t>l mando ele )a vaug-uardia y de la
6egunenc.->fieeucia r .s¡wcto de estoR impmta:iltes funciouarios
que, como he dicllo antes, lo son ~·ono en pueblos
retiraga floja y deto;virtnada, si aca. o llt>ga.. ¡ Plugnieso á
Dios que por tiu .·~ aboliera la perniciosísima prúctie de
cobrar dinero por la a:lmiui ·tración de los ~acra.mentos, v •t'(la.·
dero ,if ot i ·moque des nto iz· y vilipeudia. el minil;terio del
Cura y lt> despoja dé su prestigio moral á los ojos de Jo feli·
gr .·e , al pa~o que propaga. entre é-.tos la corrupción y el concubinato!
• Pero uo l>asta.rá señalar Rneldo {t lo Cnras para fJU6
vivan mode tamente; 1· ju ·ticia. ~· la con veuieucia el •mandan
que se pien.·e también en crear nn fl)mlo de pensiones de retiro
para los iu\Tálidos del sac rdoci0 ~ctivo á quienes la vPjez y la
pohn!za ,orpretHlan é inutilicen en meÚl'J'ocos ruraleR, sin reconl refuta á cada pa'!o: laa
excepciouea no coustituytn rf'gla- L. D.
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envejecen, .V env~jecen roaearlos . F11e preciso llesmontar
·s<~ y dt=-ja.rse rocita que, totla azort.Mla., tratctb i\ escalar nn cerro qne se alzaba det·echo y
descarna(lo sobre la quebrada. No había otro camino sino una
senda. mn,y angosta q ne SPrpentealH\ en cortos zig-zag basta
la eJe,·adacumhre piramidal.
Uouforrne subíamos, el J)rohlema. se complicaba más y más.
El suelo de la setHht "e componía de pizarra es uso
y costumbre en la mayor parte de lo~ nnéstros, snbe á la cima
misma. del picacho, aprovechantlo totl~ la al t11ra p:tra despnés
proporciouat· el placer de u u a b:~ja1la correspondiente: a8í las
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agraclable~ emocione~ del tránsito se prolongan ba~ta qne no
hay clón(le encaramar~e, como si SL' hnbiesc querido ponPr á
pruPha la SPren iclarm
·uHlo paredón. Al fin •lcl r~coierta aq nella~ e. traiia.s cabl'iolas.
- "¡,Y flllién te ha dicho, alcoruoqne, replicó mi cmnpañero
dese le lo alto. fllle este camino se ha. hecho para. caminar?"
-"Sí, mi arno. el camino e~tí .fierecittJ, pero en h1-1.ja.rulo la
otra. mu~sta eutr;:trc~mos en lo llano, qno aunque es un poco pantano"
o no tieue peligro."
-"¡Otra enesta y nn 11a.no ptlntanoso! exclamé desmon·
tán(lorne. bn(l'n consnelo! & Y vos clecí:i, ala. ha.qniano, qtte este
camino :fierecit() es mejor qnc el qne am;l.n (le arriba?"
-'·Sí, señor: el (h~ arl'i balo ba ta.p ll) el monte, y hace tiempo
que no lo componen."
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-"¡Y qué bac~n el Alealuía eYidentenwnte
n1ás de malicioso qne de cándido; razón a(licional
para clt->jarlo en pacífica po~esión (le su reser\·a. Todo· los caminos
de la parte baja del Cantóu de Chiqninqnirá. se parecen
al que .., '? Ni debe sorprencler
la próxima extinción de los pueblos de Bnena\'ista, Muzo y Purip1,
cuan1lo á la falt.a de caminos trausitahles se une para destruíl'los
la ausencia ue to(la policía y el egoísmo y la avaricia
de los vecinos que po(lrían atajar la ruina, pero que no la per·
cibeu 6, ¡co~a extraña! estft.u interesados en ella, como las autoridncles
de M uzo.
Bien entracla la tardt~ llegamos á Canipauna, pueblo asta.nte eoucurreucia y modmiento,
Cf-\lebrárHlose los cambios y contrato. pri11cipalmento
con Yeeiuo.' de Ohiquinquirá. Canipnnua eneittTTa muchos elenHmtos
de progreso, y adelantará sin (}ucla si la. suerte le d~para
Alca.lcles como d que hallamo:~ funcionan llo, jo\~en lleno
ele patrioti . In'> y clPseo ·ísim ele la f~licicla1l cta ele dos y mn lia
legua.:;, en el últ.imo término de unas rio d colina.s d •sct·ecientes
qne cle,'tle Oa.nip.:tuiH h·ljan iul~ta Hl pie tle la maje .. tnosa
serranía cl..-1 Tam brial. el h~hmmos los \·értices blattr¡ necino y
erectos de Furat<)ua. Para llegar allú. Pra preciso dar nrt roch~o
de casi cinco leg-uas yenclo por el eami11o mpresa lwmé riea,
no siendo r.,c~il atr·avesn.r las selnts y desiertos qne ele él nos
separa.han. A la mafia.na signiente partirnos,~,. como á las tres
ele ht tarcle llegca.mos á la. casa del Sr. P .. ttlilla., donde hnhimo'i
de clt•jar las cabalgtt.(lnra.s pa.n\ tra~poner un <'erro qne nol:i tlividía
del objeto de nuestra excursión. No había camino alguno~
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y fue menester abrir á machete una. pica por entre el hosque:
el calor <>ra a.hra~aclor y la. fcltiga no peq neña, pues las lacleras
del cerro son en extremo esca r¡)a
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 181", -:-, 1900. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691097/), el día 2026-03-10.
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