BocoTÁ, SEPTIEMBRE 1 5 DE 1900
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Or¡rano del llliai•terio de
Guerra y del Ejército
Son colaboradores de este periódico los Jefes y
Oficiales del Ejército
A.&<:> X'V"
Director ad honorem
Franciaco J. Vergara T.
General de Ingt>nieros, Miembro de variaa Sociedades
Cientiticaa
JST'Ul.\1.1:. l.C39
ARREGLADO PARA XL "BOL.ETIN MILITAR"
l. EL JEFE-Un jefe de guerrilla ó contraguerrilla no puede
obtener éxito mayor sino conformándose sin cesar ~ estas dos
condiciones : secreto y actividad. Nadie debe conocer sus planes- y
propósitos, á nadie puede confiarse; es preciso que aprenda á engañar
á todos sobre la verdadera dirección de sus movimientos y el
objeto de sus empresas: si quiere ir hacia á la derecha, que deje el
campamento por la izquierda. Evitará, en cuanto pueda, caminar
de día, y no soltará nunca un baquiano hasta no estar en per fecta
seguridad, pues de lo contrario se expondría á verse traicionado.
Es preciso que un jefe de guerrillas tenga siempre á ]a mano una
buena carta de la región en que obra: las resoluciones debe tomarlas
con rapidez, sobre la silla, y ejecutarlas sin vacilación ninguna.
Es esencial cambiar á menudo la dirección de la marcha: el
plan que habrá de ejecutarse lo tendrá en la cabeza en sus grandes
lineamientos, pero las circunstancias regirán los detalles de la
ejecución. El objetivo primordial es causar daño al enemigo, importando
poco que el lugar donde esto se consiga esté más acá ó
más allá. La mayor dificultad con que tropieza un jefe de guerrillas
es la de hacer llegar al General de quien dependa noticias
exactas de él mismo y del enemigo : el mejor medio de conseguir
esto es el de moverse de tiempo en tiempo sobre el flanco del
enemigo que asedia, y de allí enviar aviso con un oficial seguro
á la fuerza amiga más cercana.
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Para ser un buen jefe de guerrillas es preciso tener ojeada militar
y actividad, renunciando, además, á toda clase de comodidades.
Ante todo hay que aprender á distinguir lo cierto de lo falso
en los decires de la población : error gravísimo sería creer todo lo
que entre ella circula. En fin, el jefe de guerrillas debe hacer la
guerra por placer y como sport, y no por el halago de los ascensos
y las recompensas.
El jefe debe ser infatigable, sin cuidarse del reposo ni para sí
ni para los suyos. A los soldados hay que persuadidos de que el
enemigo tiembla ante ellos; pero en cambio debe evitarse con cuidado
todo combate desigualó contra posiciones muy fuertes ó atrincheradas,
porque una derrota mata la confianza del soldado, que entonces
está pronto á buscar otro jefe á la primera ocasión. Cuando
se ataque debe caerse sobre el enemigo ciegamente y con la
rapidez del rayo; si no es posible procurarse la ventaja de la sorpresa
no debe atacarse al enemigo. En fin, aun despué~ del mayor
éxito, no conviene permanecer en el campo, sino al contrario, alejarse
del teatro de la lucha mediante una marcha forzada, para entonces
reposar con entera calma y seguridad-General LoEVENSTERN
(ruso).
II. PuEsros AISLADOs-Los destacamentos á quienes se confíe
la guarda de un puesto determinado se compondrán siempre de
infantería auxiliada por algunos jinetes.
El oficial á quien corresponda mandar el destacamento cuidará
de acuartelar su tropa si hubiere en el lugar local adecuado, reconociendo
en seguida los alrededores, y hará construír las obras
de fortificación necesarias para poner la fuerza al abrigo de un
golpe de mano.
Si no existe cuartel se escoge el edificio más sólido y situado
en la posición más ventajosa para establecerse allí militarmente.
La torre y la casa municipal en los pueblos son casi siempre los
edificios más adecuados para esta clase de puestos, tanto por su solidez
como por las dificultades con que tropieza el enemigo para
incendiarlos en caso de ataque. Escogido el edificio se condenarán
todas sus puertas menos una, que se defenderá con una palizada en
forma de torrecilla, ó con un muro aspillerado.
Del mismo modo se procede con las ventanas, en las cuales,
si son bajas, el muro se alzará lo menos hasta cuatro pies sobre el
suelo, dejando en cada una dos aspilleras como mínimo. Si el edificio
tiene balcones es preferible colocar en los vacíos de ellos adobes
que formen aspilleras, porque entonces se tendrá una especie de
torrecillas salientes que flanquean la pared principal y con sus fuegos
cruzados impiden la aproximación á ésta.
En esta clase de obras, que se amoldarán siempre á las circunstancias
y á la localidad, el jefe del puesto no perderá de vista
'lue el objetivo que debe tener en mira es no sólo preservar el des~
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tacamento de una derrota en caso de ser atacado por fuerzas supe
riores, si de esto hay peligro, sino lo que es más importante, pod~r
conservar el puesto con el cuarto del efectivo d~l destacamento siempre
que la mayor parte de a u efectivo salga á batir el campo y tarde
uno ó dos días en volver *.
Cada puesto será provisto de agua, de u1u reserva de víveres
para tres ó cuatro días y de municiones suficientes para la fuerza
que lo defiende. El jefe es responsable de la existencia y conservación
Je tal depósito, y si se ve obligado á evacuar el puesto por
orden superior ó por la fuerza de los acontecimientos, lo llevará consigo
ó lo destruirá antes que dejarlo caer en manos del enemigo,
bién que á semejante extremidad no ocurrirá sino cuando le falten
en absoluto tiempo y medios para transportarlo á otro lugar.
El jefe del puesto cuidará de que la ~ropa viva en buena armonía
con los habitantes; impedirá las vejaciones, protegerá las autoridades,
y de éstas y de las personas cuya confianza se haya captado,
obtendrá cuanta noticia pueda sobre la situación de la comarca
y de los guerrilleros enemigos que la infestan. En especial le
interesa conocer qué territorios frecuentan y qué cam111os prefieren
aquéllos, ya para conseguir víveres y recursos, ya para ejecutar
sus depredaciones; con qué personas tienen mayores relaciones,
etc.
U na vez establecida la tropa, el jefe del cuerpo no dejará en
el cuartel, para guardarlo, sino el número de hombres estrictamente
necesario, y con el resto recorrerá la comarca, tratando de
ponerse en relación con los puestos vecinos, siguiendo siempre las
vías por donde presuma puede e-ncontrar las partidas sueltas de
los enemigos. El jefe del puesto debe familiarizarse con todos
los caminos, sendas y pasos del territorio en cinco leguas á la redonda
de su cuartel, y con los jefes de los puestos vecinos tendrá
entrevistas, para las cuales se variará cada vez la hora y el lugar.
Estos procedimiento, necesarios para informarse del enemigo,
no exigen largas marchas que fatiguen á la tropa, sino al contrario,
corren as cortas pero repetidas, salvo que sepa la presencia
de una partida en un lugar donde pueda alcanzarla, pues entonces
la perseguirá sin descanso, dando el aviso del caso á los puestos
vecinos para que le ayuden á interceptar el paso á aquélla, cuya
persecución no dejará sino cuando ésta no ofrezca esperanzas de
éxito.
Es importante proveerse de medios de transporte para municiones
y heridos, cuando se prevé un encuentro.
Ningún destacamento, sea en marcha ó en posición, dejará
que se le aproxime otro sino con todas las precauciones y for
• Tte 6 cuatro put.>stos 11af establecidos á dii>tancias tales que puedan prote~
gerse meJiante marcl\as q11e no excedan de cinco horas, pueden sosteuert>e coutra
neímero quíntuplo de enemigos, si éstos carecen de artillería-L. J.),
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malidades militares, y obrando siempre con el cuidado que le
sugiera la mayor desconfianza, pues ingresando en las guerrillas
los desertores con uniforme, posible sería á éstos engañar con la
apa.riencia de tropas amigas á un oficial abandonado, que entonces
haría víctima á su tropa de su confianza y descuido.
Recomiéndase á los jefes de puesto oír la opinión de los empleados
locales de policía, porque el conocimiento que ellos tienen
del territorio y de las personas los hacen especialmente aptos para
esta guerra de guerril1as, cuyo conocimiento no se adquiere en la
campaña formal, por lo cual los oficiales del ejército regular deben
ilustrarse con el consejo de quienes sobre ellos tienen esa superioridad
de la experiencia.-General CAFFARELLI (francés *).
III. I •0 DESTACAMENTOS MÓVILES-Tan luego como un destacamento
(es decir, una contraguerrilla) llegue á un territorio donde
puede encontrar al enemigo ó esté expuesto á un ataque repentino
por parte de fuerzas superiores, ó á ser envuelto y copado, no
marchará sino de noche y con baquianos, descansando de día en lugares
apartados de los caminos, en los bosques de preferencia. N a die
debe haber visto dónde se efectúa ese descanso, y el gum se retendrá
con la tropa para impedir que avise al enemigo el sitio ocupado
por el destacamento.
2. 0 El destacamento nunca se dejará arrastrar á empeñarse
en combate con un enemigo muy superior en número: su misión
consiste en sorprender y destruír los convoyes de víveres y municiones
dd contrario, las pequeñas partidas destacadas del mismo,
los postas, etc., en una palabra, en quitar toda tranquilidad á los
servicios que utilizan los caminos reales, haciendo vigilar éstos por
medio de los habitantes de la comarca, ya en un punto, ya en otro,
de manera que nadie pase por ellos sin que él no sea informado á
tiempo.
3·° Cuando convenga, el destacamento se presentará como la
vanguardia de un cuerpo numeroso, para el cual pedirá los recursos
del caso, haciendo creer que tropas amigas ocupan la región con
efectivo considerable, y durante la nor:he cambiará bruscamente de
dirección para despistar á los enemigos.
4.• Los destacamentos be guardarán bien de cruzar los ríos
por los puentes de las poblaciones, haciéndolo por vado, barca,
etc., en lugar menos visible, pues deben evitar todo sitio donde se
les pueda observar y contar minuciosamente. s.• Los oficiales y clases de un de>tacamento móvil deben
conocer todos los boquerones y vados que existan en su línea de
retirada, á fin de que puedan escapar en caso de revés.
• Instrucciones dadas en 1810 para la guerra de España cuando á esa comarca
fue enviado por Napoleón, de pués de haberse distingnido en AustP.rlitz y dt:serupe•
fiado el cargo de Miniatro de Guerra y Marina del Reino de ltalia.-L. D.
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6.• Si el enemigo se presenta con fuerzas considerables por
distintos puntos y no es fácil escapar unido, el destacamento se
fraccionará par'i. hacerlo por pequeños grupos.
7.0 Se cuidará de indicar á todo destacamento ó patrulla móvil
muchos puntos por donde pueda reunirse á fuerzas amigas, á
fin de que tenga más libertad en sus movimientos.
8.• En las marchas de día el destacamento se hará preceder
á gran distancia, un cuarto á media hora de camino, por exploradores,
á fin de evitar emboscadas y moverse con más seguridad.
9.0 Es importante enviar, además de las patrullas volantes,
campesinos en muchas direcciones, tomándolos de preferencia en
las viviendas aisladas. Entre tanto el destacamento tpermanecerá
oculto en un bosque ó lugar retirado. A los campesinos así empleados
se les trata bien, se les paga y se les amenaza con incendiarles
sus casas si llegan á traicionar.
10. Cuando un destacamento móvil permanece mucho tiempo
en una misma región, no se convertirá en puesto fijo ni se
guardará con avanzadas, pues se expondría á ser destrozado ó
capturado por fuerzas superiores. Para evitar este peligro el grueso
se establecerá ora aquí, ora más allá, pasando la noche ya adelante,
.~ a atrás del sitio donde estuvo en el día, y cuar1do se pueda
se ocultará de tal mod0 gue pare-zca que ha abandonado la comarca.
E11 re tanto patrulla:; volantes de tres hombres, campesinos de
vigías, etc., continuarán observando los caminos y lugares importantes,
sin despertar sospechas.
I 1. La:; partidas volantes nunca pasarán dos noches seguidas
en el mismo lugar, no dormirán en poblado y en éste no desensillarán
las bestias. Si la to·pografía ó las operaciones exigen
que permanezcan cerca de una población, sucesivamente lo harán
á uno y otro lado de ella, sin turno obligado, escogiendo de preferencia
para ese alto los pequeños caseríos ó las casas aisladas
cuyos ..... ontornos estén despejados, á reserva, se entiende, de cambiar
de sitio al caer la noche, y esto de tal suerte que nadie sepa
dónde van á dormir.
I 2. El jefe de un destacamento móvil cuidará dondequiera
de que sus proyectos sean mal interpretados ó ignorados y de que
el verdadero objetivo de ellos permanezca desconocido.
13. Tam bien cuidará de ponerse en relación con toda persona
que pueda servirle de intermediario para obtener noticia de
los movimientos del enemigo, en especial de sus convoyes.
14. En todo caso la topograíía de la comarca, las circunstancias,
el espíritu de la población, etc., indicarán al jefe los medios
que dt:be emplear de preferencia para desempeñar su misión
con éxito, sin olvidar que debe preferir los senderos á los caminos
trillados, que nunca entrará á un poblado directamente sino haciendo
alto en las casas más distantes para de allí enviar paisanos
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ó un par de soldados sin armas ni uniforme á tomar lenguas del
enemigo; que las poblaciones crecidas no se atraviesan sino de noche,
y en fin, que si se ve obligado á volver sobre sus pasos, no lo
hará por la misma vía por la cual había avanzado.- Instrucciones
dadas á los gu errilleros del ejército prusiano en I 8 I 3·
IV. Dos EJEMPLOS CLÁSICOS: a) LA soRPRESA DE ANGUIANO
(1809: Guerra de España)-Cuando el General Thiebault era Gobernador
de Burgos, atravesó una ocasión el bosque de Covaleda y
llegó á Los Palacios de la Sierra (Viniegria de abajo) persiguiendo
unos guerrilleros. En ese lugar supo que varias partidas de éstos se
debían reunir al día siguiente en Anguiano, lugarejo situado sobre
el mismo torrente que Viniegria y distante de éste cuatro leguas
en línea recta.
Era imposible dejar de pensar en utilizar el lecho del torrente
para sorprender esa tropa; pero interrogado el Alcalde sobre la
posibilidad de la operación, respondió : "¿ Creéis que si eso fuera posible
los habitantes caminarían veinte leguas en vez de cuatro para
ir de aquí á Anguiano ? "
El General no se dio por vencido, y á fuerza de investigación
dio con un viejo de noventa años, que en sus mocedades había
hecho la excursión en compañía de su padre. El hombre estaba
paralítico, pero conservaba el uso de su razón, y declaró que realmente
la empresa ofrecía graves dificultades, por cuanto enormes
pedrejones colmaban el lecho del torrente, en el cual se formaban
á trechos profundos pozos. Además, á esas dificultades debía agregarse
un peligro serio, y era que con cualquier aguacero el torrente
se hinchaba de tal manera entre las altísimas rocas á pico de su
lecho, que de Ioo,ooo soldados que en un momento de esos se hallasen
en el cauce, no podría escapar uno.
Era el 20 de Agosto; el tiempo se mostraba espléndido, y un
excelente barómetro, que se ñalaba buen tiempo fijo, no había experimentado
variación alguna en el día. Fiado á esta indicación, el
General Thiebault hizo tocar tropa á ]as dos de la madrugada, y
al clarear el día, con asombro de lo s soldados y estupefacción de
los habitantes, el General se lanzó con sus 1,400 hombres al lecho
del torrente.
A la cabeza de la columna iban los más ágiles, y logró con
ellos salir del espantoso desfiladero á las diez y cuarto de la noche.
Allí se detuvo y reunió los que le seguían de cerca, repitiendo la
orden de guardar silencio profundo. A media noche se le dio parte
de que 400 hombres e ·taban reunidos. En el acto los hizo formar
en columna, y con la bayoneta calada se lanzó briosamente sobre
Anguiano. Aun cuando los españoles no temieran ninguna sorpresa
por este lado, con todo te[)Ían allí un centinela, cuyo alto no fue
contestado, y aun cuando hizo fuego, tras el disparo los tambores
tocaron carga y la tropa entró al pueblo, en donde~ gracias á la se-
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guridad con que dormían los guerrilleros, éstos perecieron casi todos,
la mayor parte sorprendidos en sus mismos lechos.-Teniente
Cor"onel V ALLIER (francés).
b) SoRPRESA DEL CAMPO DE Srnr EMBAREK POR EL GENERAL
'I'EMPOURE- En Noviembre de 1843 Sidi Embarek, khalifa y
jefe militar del Emir Abel-el-Kader, trataba de reunir sus fuerzas
con las de éste, á cuya operación quería oponerse el General Tempoure
mediante una lucha de velocidad. El jefe francés, con sólo
Sao infantes y 500 jinetes, partió de Arsi-el-Kerma á media noche,
y á las nueve de la mañana llegó á Zametit, donde por las huellas
del enemigo comprendió iba sobre el buen camino. El jefe francés
hizo alto para dar algún descanso á la tropa, porque el tiempo se
había tornado horroroso.
A las r r se continuó la marc.ha sin guía que conociera bien
la comarca, pero por fortuna dos infelices habitantes, sorprendidos
al caer el día, informaron que el enemigo había dormido la víspera
á cinco leguas del sitio donde pensaba pasar la noche el jefe francés,
quien juzgando que en .tan corto tiempo no podía haber recorrido
mucho trayecto el enemigo, según se deducía de las huellas
del dicho vivac, se resolvió á caminar una otra noche para sorprenderlo.
"Me puse en camino á media noche, á pesar de una lluvia
torrencial y de las dificultades de un camino reputado casi impracticable
para bestias; pero esa lluvia secundaba mis proyectos, porque
era natural que detuviera al enemigo en su marcha. La noche
fue horrible, y al amanecer llegamos á donde el enemigo había dormido
la víspera pPrmaneciendo hasta muy tarde, pues aún ardían
los fuegos del vivac. Un esfuerzo más, y estaba conseguido lo que
se anhelaba.
"La lluvia seguía cayendo á torrentes; el suelo era un fangal;
la tropa estaba cansadísima; mas cuando á ésta demostré la certidumbre
de alcanzar al enemigo, olvidó su fatiga y los rigores de
la estación, y se puso de nuevo en marcha llena de entusiasmo."
"-_--En este momento la persecución se tornaba interesante:
ora caminábamos por el fondo de barranco convertido en lecho
de verdaderos torrentes, ora cruzábamos espesos matorrales, y
á cada paso era preciso detene1 se para buscar de nuevo la hue-
1la perdida. Al fin vimos una gran humareda que salía de un bosque
en las cabeceras del Yalle de Malah, y como no dudaba que
allí estaba el enemigo, reuní la columna á la sombra de una ceja
del terreno y dispuse el ataque."
El General francés formó tres columnas de ataque y una
escogida de reserva, no dejando sino 250 hombres de escolta del
convoy, y despacio, para evitar el desorden, avanzó hasta cerca de
una colín:~, desde cuya cima, á tiro de fusil, vio al enemigo, en
cuyo campo reinaba la seguridad más completa, pero que corrió á
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tomar las armas advertido por un centinela: No había que perder
un instante, y los franceses se lanzaron al ataque. La lucha fue
terrible, y tremenda la carnicería. Los árabes dejaron en el campo
404 hombres, entre ellos á su jefe, y 280 prisioneros, de suerte
que sólo se salvaron unos 150. Los franceses apenas contaron dos
muertos y 8 heridos-Según el parte del General TEMPOURE •
• • •
SOBRE EL SERVICIO DE LAS TROPAS EN CAMPAÑA
(EJÉRCITO BELGA)
(Concluye)
Yivac de un ~scuadr6n
Art. 59. Un escuadrón suelto se establece en vivac como
si formase parte de un regimiento. El comandante del escua·
drón da á conocer sobre qué flanco deben situarse las hogueras;
y sobre el otro flanco se establecen los forrajes.
Modo de atar los uballos en el vivac
Art. 60. Cada jinete atará su montura por medio del ron.
zal á un piquete.
El piquete Re clava con auxilio de la cabeza del hacha que
lleva consigo cada cabo.
Si ~e hubiese ele vivaquear durante mucho tiempo en un
mismo ter~eno, se buscan mejores medios tle amarre, u tilizantrinas .:ino indiddualmente y escoltado
por un •ol05ible forzar al
prudente Emir á combatir. Las tropas inglesas han encontrado recientemente
las mismas dificultades en Birmania y también en la
guerra contra los Cafres. Esta es una característica de ca i todas
las guerras de insurrección, como por ejemplo en el Montenegro en
1876-77. El gran jefe circasiano Schamyl resistió á los Rusos con
ventaja durante algunos años, gracias á su táctica de guerrilla; perdió
su preponderancia de de el día en que organizó á sus guerreros
en ejército y entorpeció sus movimientos transportando artillería.
Los Poloneses, en 1863, cometieron el fatal error de formarse
en cuerpos organizados; si se hubieran limitado á la guerra de azar,
su destrucción habría sido más difícil. Pero las circunstancias á
menudo son de tal suerte que no se puede obligar al enemigo á
combatir, si él opta por hacer la guerra de guerrilla. Esta eventualidad
está tratada especialmente en e::! capítulo VI.
VII. La indecisión en la dirección de las operaciones produce la
guerra sin plan-La indecisión en los movimientos de las tropas
• El autor es inglés, y por eso no habla de la celebérrima campaña siguiente
en que Mauagaacar fue reducido á Colonia francesa.-L. D.
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regulares engendra operaciones sin concierto, de las cuales la guerra
de guerrillas es la forma más enojosa. Marchas sin objetivo
determinado ó aparente, ofensivas seguidas de retiradas, ataques
sobre las posiciones enemigas y evacuación del terreno conquistad0:
tales son las operaciones que exaltan la moral del enemigo y
hacen la campaña larga, costosa, ineficaz y desastrosa á la salud
de las tropas. Toda acometida debe tener un fin determinado y
especial, y un::t vez comenzada debe ejecutarse á fondo, á menos
que alguna dificultad insuperable é inesperada se presente. Hay
que obligar al enemigo á que comprenda lo que quiere el ejército
regular, lo que tiene intención de hacer, cualquiera que sea la empresa
que se intente. Las medidas á medias son fatales.
Las desgracias de los Rusos en el Cáucaso fueron sobre todo
imputables á la ausencia de objetivo en sus expedit::iones. Ellos
reunían una gran columna y recorrían millas al través de la selva
y de las montañas para apoderarse de alguna guarida que encontraban
abandonada. Regr~saban entonces, hostigados en todo lo
largo de la vía por los belicosos Circasianos, Georgianos y chechanos,
y tornaban á ocupar sus acantonamiento§ hasta el momento
de volver á empezar alguna nueva empresa espasmódica (sic) por el
estilo.
Durante la campaña de Marruecos, en I 8 59, las fuerzas españolas
se dejaron arrastrar varias veces por los Moros á encuentros
sin objeto. Y bién que ellas obtuviesen algún éxito en el combate,
se veían obligadas al fin á abandonar el terreno que habían ganado,
y los !vloros interpretaban este movimiento retrógrado como una
victoria para ellos. Es preciso evitar estas acciones sin objeto, que
cuestan pérdidas inútiles. En todas las ocasiones en que las tropas
españolas atacaron vigorosamente las fuerzas del Sultán con
un fin bien determinado, obtuvieron en recompensa un triunfo
señalado.
Las pequeñas columnas rusas enviadas contra los Tekkes
Turcornanvs * en 1876-77, son ejemplos del inconveniente de
las operaciones sin concierto é indecisas; bien que de 01 dinario las
guerras de los Rusos en Asia hayan sido manejadas de muy distinta
manera. Destacamentos demastado débiles para obten~r ventajas
se ponían en esa campaña en marcha sin objeto preciso, y tornaban
á sus pustos sin más resultado que la mengua del prestigio
ruso y el aumento del espíritu de resistencia de los Turcomanos.
La campaña contra los Madistas, en los alrededores de SuaJcin,
en 188s, comenzó por el combate de Hashín, que consistió
en tomar algunas colinas á pocas millas al Nordeste de la ciudad.
U na de esas colinas, la más lejana y muc-ho más grande y más
importante que las otras, fue tomada con bizarría, pero las ma-
" Pueblos de Asia.
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lezas que rodeaban la base de la colina eran espesas, y la acción
quedó allí indecisa. Cuando, algunos instantes después, la
colina fue abandonada, el enemigo la volvió á ocupar al punto.
Y como la columna inglesa se retiró sobre Suakin, después de
dejar una guarnición en los Zeribás * construídos á alguna distancia
á retaguardia, los Derviches quedaron autorizados para
vensar que si no habían alcanzado la victoria, tampoco habían sido
también algunas veceR, cuando el enemigo
obtiene la ventaja, que el de5trozo causado por las armas de
precisión lo persuade de que su causa está irremisiblemente perdi
da: Isand Iwhana, esa batalla tan terriblemente desastrosa para las
tropas inglesas, mostró á los Zulúes con qué clase de adversanos
debían combatir, y quebrantó la confianza que tenían en su invencibilidad.
Rara vez el enemigo combate de nuevo con el mismo ardor
cuando ya ha experimentado la acción de Jas armas y los métodos
de un ejército regular. Este es un hecho muy importante y un poderoso
argumento para buscar la solución por el combate.
La historia de las guerras civiles prueba superabundan temen te
que las campañas señaladas con algunos raros encuentros genera]
es son las más decisivas. Tal fue la guerra contra los Zu1úes, á
pesar de sus desgraciados comienzos. La sublevación de la India
fue notable por el ardor del enemigo en aceptar el combate; si las
cosas hubieran pasado de otro modo, la represión definitiva habría,
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sido más difícil. Los Rusos, en el Asia central, han andado con
mucha suerte al tener que combatir con adversarios que buscan
acciones decisivas. En Yedshar, en 1866, un ejército muy fuerte
partió de Bokhara y marchó sobre Tashkend, con la esperanza de
tomar esta ciudad; pero lo detuvo una columna .1rusa muy inferior
en número: el combate fue de lo más reñido, y los Rusos obtuvieron
un éxito completo. Dos años después tuvo lugar una
batalla decisiva bajo los muros de Samarcanda. Estas dos grandes
batallas decidieron de la suerte del Turkestán; la toma de Tashkend
dio á los Rusos, en el país, un sólido punto de apoyo en su
marcha ulterior hacia adelante. La ausencia de encuentros pequeños
es, pues, de notarse en esa lucha. Casi todos los episodios de las
expediciones que condujeron á los Cosacos á Bokhara y á las fuentes
del Sir Daria fueron operaciones importantes de guerra.
XL Las expediciones en fas cuales las circunstancias obligan al
enemigo á buscar las acciones decisivas, son las más felices-Las condiciones
de la lucha fuerzan á menudo al enemigo á librar una acción
decisiva. Nada más ventajoso puede suceder. En la expedición
de Abisinia, por ejemplo, en 1868, el Rey Teodoro se confió
en lo inexpugnable de su posición de Magdala, en sus fortificaciones
y en sus cañones, y esperó en la plaza la llegada de las tropas
inglesas. La primera fase de la invasión francesa en Argelia-la
ruina del poder del Bey y la toma de su capital--no causó sino
poco trastorno á las fuerzas regulare5, porque había un objetivo
bien definido que el enemigo estaba obligado á defender; tan 1uégo
como el General Bourmont efectuó su desembarco, las tropas del
Bey quedaron concentradas con la esperanza de detener la marcha
de los franceses; naturalmente fueron derrotadas por completo.
La toma de Delhí por los sublevados, en 1857, procuró una
ventaja cierta á las tropas inglesas, porque Delhí era el centro de
la rebelión, centro estratégico de la más alta importancia, que el
enemigo defendía con ardor, lo que permitió á nuestras tropas, al
volver á tomar la ciudad, dar un golpe mortal á la insurrección.
En las guerras del A hantí y del Dahomey, las columnas inglesa
y francesa tenían por objetivos las capitales reales; á los Reyes
Koffi. y Béhanzin se les obligó á cerrar la ruta lo mejor posible,
y tuvieron que exponer así sus ejércitos al riesgo de acciones generale
, en las cuales las tropas regulares pudieron ostentar con
éxito su superioridad de armamento, de disciplina y de mando.
Durante las largas hostilidades en el htoral del Mar Rojo, cerca
de Suakin, las fuerzas de Ü;:,mán Digmá se apoyaban constantemente
en el territorio fértil de Tok.ar. U na aversión natural á comprometerse
en empresas militares impidió largo tiempo á las autoridades
del Cairo ocupar e ta ciudad; pero cuando en 189 I se envió
una columna para tomar y ocupar á Tok:ar, el sagaz jefe Derviche
reconoció el grande alcance de las consecuencias de esta
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operacton, é intentó desesperadamente detener la marcha de los
egipcios que habían salido de Trinkitat. Esta tentativa produjo,
cerca de las ruinas de Tokar, un encuentro decisivo que acabó
definitivamente con el poder de los Madistaa en este teatro de guerras
largas y desacertadas.
XII. Dada la dificultad de conducir al enemigo al combate, es
'Utntajoso asegurar una victoria decisiva cuando él acepta la luchaLas
tropas regulares deben, pues, buscar el combate. Puesto que,
por regla general, el enemigo evita los encuentros á campo raso,
es preciso, á todo precio, lanzarlo al combate, atraerlo con hábiles
disposiciones y comprometerlo á una acción seria si muestra el
menor deseo de combatir. Porque si es tan dificil provocar un resultado
táctico, es evidente que, cuando se logran los esfuerzos en
este sentido, el combate debe ser decisivo. Esta cuestión de obligar
á combatir á tales adversarios la trataremos en un capítulo
ulterior sobre la táctica, lo mismo que la cuestión de los ataques
de flanco y los movimientos envolventes contra la línea de retirada
del enemigo, operaciones que se hacen indispensables por la
importancia que hay de batirlo completamente cuando se decide á
la acción.
Como estos combates son tan difíciles de lograr, bien se comprende
que, empeñada la lucha, hay que .sacar de ella el mayor
partido posible. La simple derrota del adversario no basta: el enemigo
debe ser batido de llano en plano, de modo que quede incapacitado
para resistir después; y si es posible, ha de quedar destruído,
en el sentido militar de la palabra. Se necesita una victoria
decisiva y no un simple triunfo.
La aplicación completa de este importante principio fue la
principal característica de la campaña de Egipto en 1882, de que
ya se ha hablado. Algunos días antes de la batalla de Tell-el-Kebir
el ejército egipcio salió en gran número de sus trincheras y
atacó á las tropas inglesas en Kassassín, á donde éstas se reconcentraron
entonces con rapidez. El enemigo fue fácilmente rechazado
y perseguido hasta corta distancia de Tell-el-Kebir. L:1s
obras de defensa de los egipcios se habrían podido tomar en seguida
sin resistencia seria, pero las fuerzas inglesas disponibles en
ese momento no eran suficientes para obtener una victoria del
todo decisiva, y la cabal1ería no estaba en condición de ayudar á
coronar el éxito. En todo caso, el ataque de las trincheras enemigas
durante el día habría costado muchas pérdidas, y por esto las
tropas fueron retiradas y el ataque se aplazó hasta que todo estuvo
listo. A este movimiento retrógrado, momentáneo, siguió un
brillante triunfo, que justificó de modo evidente la demora.
(Contin~a)
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
BOLETIN MILITAR
~
ESTUDIO POR J. MECKEL, DEL ESTADO MAYOR ALEMÁK
Traducido libremente para el Boletín Militar
(Continóa)
U-Ofensiva y defen•iva
313
1.° Caracteres de la ofensiva y de la defensiva-Todo com·
bate puede librarse ofensiva ó defensivamente.
El ata.que (ofemsiva) tiene como característica buscar al ad·
versario para combatirlo.
Eu la defensa (defensiva), al contrario, se e&pera al cnemi·
go para oponer resistencia á su ataque.
El ataque tira. el golpe; la defensa lo pára.
Puede sucedér también que para librar el combate ambos
con ten dores tomen la ofensiva; en cambio, la simultánea defensiva
de ellos jamás puede producir un combate.
En fin, al priucipiarse la pugna puede presentarse contraste
l.>ieu marcado entre la defensiva y la ofensiva; pero en
el curso de ella siempre se prol Poder Ejecuti\·o de Uolombia, y no eu el Perú, donde
se hallaua. Por la ley orgánica militar de 18 de Abril de 1826
que,ló suprimida la clase de General en Jefe,~ yo conservo los
anteriores documentos como uua prueba. auténtica de que se
me creyó acreedor á este grado por la::; dos supremas autoridades
de la Nación.
A. S. E. el Libertndor Presidente de Colombia, etc., etc.
Excelentísimo Señor:
Bogotá, 3 de Octubre de 1826
La sorpresa que he recibirlo leyendo las actas de 28 de
Agosto de Guayaquil, y de 5 de Septiembre de Quito, es ignal
á las absurdijaute actos. Prescindiendo
de los falso8 argumentos en qne s apoyan, y de la absoluta
ignorancia. de los principios del derecho público que
manifiestan, ha taría para llt:'uaroe de amargura todo corazón
patriota, el ver que se babia de dictadura n la República de
olombia, cdieu te c·rvidor,
(Continúa) JOSÉ MANU!CL PESTREPO
DEL GENERAL PABLO MORILLO
(Continú 1)
El eRcmulróu de lanceros del Perú, que no pudo tomar
parte al comouzar la acció11, haeia la mitart> todo, á la llegada tan oportuna del esforzado
batallón de la Uuión, á la que (}ebe atriuuirse el éxito de la
joruaua; la firmeza y la experiencia militare que desplegó en
el momento más crítico, se sobrepouen al mejor elogio, por lo
cual todo el Ejército aplaudió la promoción del Mayor D. Manuel
Bausá, Jefe de este CuE-rpo, á Corouel, sobre el misruo
campo de batalla.
Pude, después de la victoria, calcular con exactitud las
fuerzas enemigas: antes del combate se elevaban á 2,000 soldados
de infautería y á una caballería no menos numerosa.
Los rebeldes llegaron á Calabozo, pero sin haber podido
ejecutar su retirada en orden; allí se de tu vieron tratando de
rehacerse, y para esperar los auxilios que t:lebía traerles Páez .
.Este Jefe se batía. separado de Bolívar desde el Sombrero para
ir á estrechar el sitio de San Fernando. l\1ás tarde hablaré de
la suerte funesta y gloriosa á la vez de esta ])laza á órdenes
del joven y valiente Capitán D. José María Quero.
El ejército real acampó e117 en San Juan de los Moro , á
donde el Brigadier D. Miguel de la '.rorre vino á tomar, iuterinamente,
el mando en jefe, mientras que ;yo me trasladaba á
Valencia, á n·ponerme de mi herilla. Al propio tiempo ~e urderon
a 1 ejército los batallones de Ca" tilla y lo de Pardos de
Caracas, con cuatro compañías del batallón Burgos. E.·tos
últimos cuerpos perma11 ci ron en San Jna.n de los 1\'loro , con
orden de ocupar suce ivamente á Ortiz y Parapara, á meclida
que avanza e el Ejército. Esta. allerífl, el ejérCito
retrogradaría dnra.ute la uoelle. En esta retirada se sufrió
primero por fa! ta de agua .Y u e pué· por la mala. calidad de
la que e logTú cOtiHegnir. A la ,•t•gnrHla jornada. eutró el ejército
á Ortiz., donde d Brigadier la 'forre onlenó que permuneeie
en aeompaii:i.tulole lo· bata! Ion ~s de Ca tilla, de la. Unión
y c.le Valeueia, y el P. ·cuculróu (lel l11faute D. Uarlos. Estas
fuerza' ruon tauan ~í mil lloruhr s; >} r sto de las tropas fue á
l>us<;ar otl'o.· sitio.· para situar·e: le:t iufant ríe .. u villa de Uura
y la eahallel'Ía. eu las aldeas Ycciuas, á orilla de Iet. Laguua.
El cuerpo del Uoruuel López r cibió onlcn de marchar hacia
la \'illa (lel Pao, y ·e ·eparó del grueso del ejército al terminar
la pl'i ruer<~ jornada.
Era dü cr·e .. rse que el enemigo, tras las derrotas reiteradas
qne había sufrido d~spué de la jornacla del ~..: ombrero, se encontraría
en impo ·ihilüla(l ,¡e emprcutler une,·o ataques, ó
que {t lo meuos e vería obligado á. tle8causar al abrigo tlel río
Apure y rle la plaza de Sc-l.u Fernando.
Siu embargo, apeua~ el ejército rea.l había ocupado los
puntos meneiouados arriba, cuaouo el 26 de Marzo los rebeldes
se presentaron frente á Ort1z, COll cerca fectuar
ninguna diversión sobre la derecha, por el camino del Som
brero, única maniobra que fácilmente podía ejecutar su caualleria.
-
Al principio de la acción nue tras 3'\"'anzadas contuvieron
con trabajo la impetuo idad del enemigo; pero el batallón
de Pardos de Valeucia, y bien pronto S de Calabozo para reorganizar su
infantería que había sufrido mucho.
En esta retirada varios soldado. del batallón de Numancia
yde la compañia del batallón deBal'iua._, que formaban la guarnición
jo y los Tizuados la direceióu del Sombrero y de
Bal'bacoas. A e ·te último Jefe le había dado yo el títnlo de Comandante
general de los Llanos, y la onleu de atacar al enemigo
tan luego como lo encontrase, para impedir q ne e uniesen
Bolívar y Páe~, lo que debía verificarse en San Carlos.
Mientras tanto el Coronel Calzada volvía á la Provincia
de BarinaR, cu. ' O mando ejer·cía; sn preRencia y su influencia
eran necesarias para coutener eu t'sta parte Jos progresos del
enemigo.
El Coronel López ganó ~in pérclida, de tiempo á Hatoviejo,
y des pué rte {t vario~ J(•fp y Oficiale.
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 169", -:-, 1900. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691085/), el día 2026-03-12.
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