BoGOTA, AGosTo 11 DE 1900
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Ora-ano del Miuisterio de
Guerra y del Ejército
Director ad honorem
Francisco J. Ver¡rara V.
Ion colaboradores de este periódico los Jefes y
Oficiales del E jércit.,
General, Miembro de la Sociedad Colom'bia•a
de Ingeniero•
::N"U:LV.I:. 104
República de Colombia-Ministerio de Guerra-Sección I.•-BogDtá,
31 de ]ulio de I 900
Sr. Gener~l Francisco J. Yergara y Velasco-Presente.
El Poder Ejecutivo ha tenido á bien nombraras Comandante
de la Plaza. Lo que tengo el gusto de comunicaros.
GUILLERMO QUINTERO c.
~~---.o~GG!X9~
\ .. J)~~CTEJ:N AL ~~;
~dl!t @lli)~~~~ffi~~@
FRAGMENTO DE UN !:STUDIO ESPAÑOL SOBRE ASCENSOS Y lt.!COMPENSAI
I
Hasta aquí, como habrá podido observarse, hemos tratado
sólo de los ascensos en la~ diferentes jerarquías de los oficiales
particulares. Tócanos ya hablar del ingreso en el Generalato
y de las promociones dentro de esta elevada clase.
En España, país de los contrastes y viceversas, mientras
consideramos pecaminosa la elección en las graduaciones inferiores
á Ooronel, hallamos digna de reprobación Ja antigüedad
de Coronel para arriba. ¡A qué criterio obedece esta uüeren'.
Vlll-l:t._
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cia' Esto es lo que' procuraremos poner en claro, suavemente,
porque ha traído males sin cuento.
Por lo pronto á un estudiante o de e~cmulra!"
Uno de los j6,.·enes que mfts l10nrau al Ejército por su cultura,
por sus mérito·, por su e u tu iasmo y 'US incesantes tral,)
ajos, en notabilisimo estudio que ha consagrado á La Educa-
,
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ci6n JJUlitar *, recordando ciertas palabras de Taine acerca de
Ja Sociedad i~glesa., y aplieéJndola8 á la Soeieda.d militar, dice,
y con razón, quo no es fácil cosa llacer un General .v mucho
menos un camlitlo. Porque el geuio, en •fecto, no surge ni de
la Uuiversiditd, ni del campo de mauiobras. Francia, Italia y
Prusia buscan auhelo~as la selección más pura. Un.minando con
paso seguro Ingla.teira, 1mesta la Yista en el Generalato prusiano,
uo olvida aquellas ruda~ pero exactas palabras del Generalísimo
Wolseley: '•Los Generales qne 110 t'Studian, que ignoran
su graves y pesa,das obligaciones, sou unos asesinos.
Inspirémouos en la constitución del Generalato alem{ul ....
Nada de teóricos, ni de practicone~, ui de Geuerales de gabinete
.. Sencillamente hacen falta Generales que conozcau sus
deberes."
• * •
A mediados de Junio de 1894 publicaron los periódicos
franceses, la Gazette de France entre ellos, varios documentos
de extraordinaria importancia. hi~tóriea. Uno de dicllos documentos,
ele fecha 12 de Octn u re de 1880, era u u a carta reservada
del General Galifctt á Gaml>etta., Presidente de la Cámara
á la sazón.
"Estuve a.,rer-escribía el GeneraJ de.sde Tours-unas horas
eu París, con el objeto de evacuar alg-unos asuntos personales,
y he teuido oca~ión de recoger las opiniones emitidas por
Jos agregados militares extranjeros con motivo s son los Generales-aña
de Galifett,-y del Coronel ruso Kaulbars es la frase)."
"Este mismo Coronel. conversando con el General L'Hotte,
que manda la. caballería (lel 6. 0 cuerpo, ha quedado sorprendido
de sus pocos alcanee y de su 'rnediocrité, salvo en equita-
• La Etiucari611 AfilUar, por D. José Ibáñez Marfn, Comandante de infan .
~ería-Madrid, 1&99.
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ción. Las maniobras de la caballería han sido vergonzoHamente
malas. Se ha combatido á pie. Y en la caballería decimos
que el combate á pie es el recurso de aquellos que no saben
qué hacer con la caballería."
"Hay en esta arma, según se ha visto, muchos Capitanes,
Tenientes y Subtenientes de porvenir; algunos Coroneles, Tenientes
Coroneles y jefes de,escuadrón lo son también. Pero en
las maniobras verificadas entre Lunéville, Epinar y Mirecourt,
el director y los dos divisionarios han resultado de lo más medianos."
"El General de Brigada de Oools, que manda una Brigada
de caballería, es el único que entre nueve Generales ha sabido
lo que hacía. Sin embargo se le ha advertido inexperiencia en
el manejo de su arma. (E!Sto era natural: hacía su deb'ttt.)"
"En mi cuerpo de ejército, de los dos divisionarios uno de
ellos, Sonis, ha estado bi~n. El otro, Arnandeau, es absolutamente
incapaz. Con~tantemente se ha puesto en ridículo. Este
hombre, muy instruido en ciencias, no tiene aptitud militar de
ning.una clase. Es un hombre precioso en P~u· ís para una comisión
mixta de trabajos públicos."
"Todas estas cosas no han sido advertidas solamente por
Jos oficiales extranjeros. Ayer, durante las dos horas que he
pasado en el Mini. terio de la Guerra, lo he oído repetir en todos
los despachos."
"EL J\IlNIS'l'RO QUIZÁ SERÁ EL ÚNICO QUE 1.0 IGNORA,
Ó NO LE CONVENDRÁ QUE SEPAN QUE LO SABE, y dirá que los
Generales son buenos porque sirven al Gobierno de la República.
Es, en efecto, esencial servir al Gobierno con celo y lealtad;
pero hace falta también servirlo con inteligeucia."
Este documento no estaba destinado á la publicidad. Reune,
por lo tanto, todos los caractere de una confidencia sincera.
Del mismo modo debe ser apreciado el juicio que otro General,
ilustre también, hizo en 1880, en el terreno de las confidencias,
al Presiden te de la U á mara, á propósito de la promoción
de Generales preparada por fines de aquel año.
"Los que de erían elegirse-escribía-parecerían muy
modernos al J\linü;tro."
"Uarrelet es muy mediano; L'llotte viPjo y opuesto á tolo
progreso. Los demás no merecen ni que Re les cite. Latheulade,
l\'Ionterby, Oudinot, Gnyon-Vern1er, antereau Dupar, Du
Val de Dampierre, Petit, ele Flaynes, Guyot soluta..
La ofensiva mucho menos. Ya formen las moutañas un
simple obstáculo lineal é barrera, que se deba salvar como
largo desfiladero, para caer en el llano de la otra parte; ya
constituyan el teatro de la guerra y el núcleo defensivo, la acción
de la ofensiva debe ser eficaz, más aún que en las llanuras,
por su energü:t,, por su iniciativa estratégica, si bien tQmplada
por gran mesura y circunspeccióu táctica. en las marchas,
encuentros y combates. Si en la defensiva entra ¡Jor mucho el
terreno, la ofensiva requiere su exacto "conocimiento," que no
puede obtenerse sin continuos, prolijos y acertados reconocimientos.
Bien se ve qne sin aquél y sin éstos, los amagos, las
demostraciones, los falsos ataques y llamadas, tan recomendables
para que el enemigo se esparza y desatienda los puntos
codiciados, podrían llegar á ser una serie de choques sin resultado,
6 quizá una suma de sangrientos descalabros. Nada más
frecuente ni más censurable en la guerra de montaña que la
manía de tomar y perder, y volvf3r á tomar posiciones, dejándolas
encharcadas de sangre, para estar al fin de la jornada
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peor que al principio, y quizá teniendo á la e~palda más envalentonado
al enemigo qne antes estaba al frente.
Si en la guerra de montaña influye con preferencia la estructura
y naturaleza del tm·t'eno, no hay que desatender ideas
y elementos que se relaciouan con la organización y con lapolítica.
Esta última, singularmente, acrecientaJos embarazos al
constituír la g?.tet·ra y al proseguirla. Si unas veces conviene el
siRtema, hoy tan conocido en medicina, de similia si1nilibus, ó de
herir por los mismo filos, es decir, de contraguerrillas, de dis·
persión, de dislocación ; otras veces conveudrá localizar la guer?
·a, para. establecer una c~ntrarrevol'ución ó bloqueo, como hoy se
dice, hm·mético j otras, en fin, obrar, como el ariete sobre una
muralla, por golpes repetidos de una masa única y poderosa.
Demostrado hasta la evidencia cuán varia y complicada es
la guerra de m.ontaiia en su esencia, todas las reglas que se
quisieran Ueuucir para RUS opet·acionlJS secundarias y pormenores
ién el espacio de que <:;e disponga, la artillería con vivo
cañoneo podrá apoyar un rápido despliegue, ó con más frecuencia,
en valles encajonados, se t udr{¡, que romper el ataque desde
luego con las cabezas de columna. La ínstáeulos
localc .. quo pre ente la boca del desfiladero. Por demplo: en
un valle ó garganta, las primeras alturas ó estribos; en nu camino
entre bosques, los primeros manchone' y matorrales. En
tal dispo~ición la. artillería Se distribn ·e tlonle, espía el momento de cargar por el flanco {l. la
columna enemiga que avance. l3ieu se compreude qne una posición
de este g~nero lo misn1o puede tomarla una retaguardia
al cubrir retirada, que la vang'uardia de una tropa en marcha
ofeneiva.
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Y haremos aquí también una advertencia, repetida pero
necesaria, sobre la jar al desprenderse del grueso todo lo que
abulta y embaraza, incluyendo á veces basta lo indispensable,
como la mocllila y la grupa.
En grande y en pequeño, es indudable que el defensor, á
la entrada de ttn de.sfiladero, lleva implícitamente esa desventaja
iuicial y casi constante en la guerra del que espera y se
defiende. No ha.v, pues, más remedio qne suplir y comptlnsar
con táctica y valo1· lo desventajoso que la maniobra envuelve
en sí. En ella justamente no hay elección de terreno: forzoso
es acomodarse, cla"\·arse al suelo. Irse muy adelante es buscar
voluntariamente el ser envuelvo y cortado; es desatender el
objeto esencial, que cabalmente estriba en que ~l enemigo no
se anticipe y guarnezca ó corone la entrada. Más vale, cuando
ya no se pueda resistir el empuje, iniciar á tiempo el retroceso,
retirando despacio la artillería. y el escaso bagaje que se lleve,
y mientras una. parte escogida. corra. á establecerse en el interior
ó á la salida, verificar el repliegue con la calma y el orHen
posibles, comeuzando·por las alas ó por (>l centro, según eonvenga
. .A. la extrema retagua1·dia es á qui<.~n toca el peligroso
honor tlio tit·o de distancia si es
posible, enfila por el eje c..lel desfiladero, arroj< grauada · de roetralla
contra el enemigo, que naturalmente e ·tar{t aglomerado
dentro. Si no, toma colocación lateral para cruzar fuegos obre
la salida. La caballería bicu se ~e que ha de est~ r recogida hacia
las alas, para cargar, siempre de jlctnco, á la primera columna
que desemboque.
El ataque 6 paso ofensivo s guardias y
en sostenes sobre una milla de extensión, y para cubrir con ellos
no más que cada punto del terreno comprendido en la línea de
enlace.
En efecto, como el adversario más emprendedor no puede,
en la oscuridad, intentar nada absolutamente si no es siguiendo las
carreteras, dedúcese que una gran guardia que se establece con sus
centinelas para obtener el enlace entre dos caminos, es una fatiga
inútil que se impone ·á la tropa, y una causa de debilidad para los
destacamentos que tienen además que cubrir los dichos caminos.
Cuando éstos están próximos ó se cortan, es práctico situar, en el
punto de cruce, una tropa encargada de patrullar, y que, en vez
de centinelas, mantiene á su frente un incesante servicio de rondas.
Los ejercicios de paz, con sus reconocimientos en la oscuridad
de la noche, y su tendencia, con la mira de la instrucción del
soldado, á establecer en cuanto cabe, pero constantemente, un
~ordón continuo de centinelas con puesto de examen, patrullas
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volantes, de enlace y de ronda, han hecho nacer en el espíritu de
muchas gentes la idea de que siempre debía ser así en la guerra;
que en ausencia de un enlace sólido entre los centinelas, éstos y las
grandes guardias de que dependen, estaban muy expuestos; y por
último, que toda sorpresa debía ser coronada pQr el éxito.
En la guerra de movimientos, la seguridad de las avanzadas,
como ya dijimos para la vanguardia, consiste, por el contrario,
más en buscar al enemigo que en cubrir y batir todo el terreno.
No es el número de las grandes guardias, ni su enlace, lo que garantiza
á un cuerpo principal, establecido en campamento, la seguridad
más c¡>mpleta; muy al contrario, una línea continua de
avanzadas ofrece el primer inconveniente de hacer impracticable
el deseo que se puede tener de alojarlas al frente durante la noche,
medida que, en presencia del adversario en la guerra de movimientos,
sería ciertamente ventajosa en extremo, tanto desde el punto
de vista de la exploración cuanto desde el de la seguridad real.
La añeja teoría con arreglo á la cual se debía, durante la noche,
replegar las avanzadas, no tenía otra base que la idea de la
necesidad de un cordón no interrumpido de centinelas.
Siempre ha sido posible en la guerra enviar al frente compañías
durante la noche, sin riesgo alguno, hasta la distancia de media
milla poco más ó menos, y dejarlas aisladas, sin otro enlace
que un pelotón de caballería; y gran falta habría sido por parte de
dichas compañías querer guardarse por todos lados, mediante un
cordón continuo de centinelas, en vez de buscar su seguridad en
la ocupación sólida de un punto fácil de defender (una granja ó
cortijo, por ejemplo), y en patrullas dirigidas del lado del enemigo.
Es de notar, por el contrario, en la guerra de movimientos,
que aun en el caso de establecerse centinelas aislados á mucha distancia
al frente, el peligro que corren durante la noche es insignificante,
puesto que tienen la facultad de retirarse en caso de ataque
súbito. Sin embargo, conveniente es observar que la mayor
parte de las veces obra tan violentamente sobre el espíritu de ciertos
jefes el temor de no hallarse en seguridad, que con frecuencia
prefieren vivaquear en campo raso, sin leña y sin paja, lejos de
toda posición defensiva, á establecerse en una granja que les proporcionaría
abrigo, seguridad y facilidad de resistencia. El fantasma
de un enemigo que los sorprende, flota ante sus ojos, y no
quieren exponerse á esta eventualidad.
Empero, en la guerra de sitios ya no es lo mismo, y tampoco
durante ciertas largas suspensiones de operaciones; puesto que entonces
el contrario intentará de preferencia sorpresas, con grandes
probabilidades de éxito, gracias al exacto conocimiento que habrá
adquirido del terreno y todos sus accidentes. En estos casos precisamente
es en los que todo el mundo reconoce como evidente
que las grandes guardias deben, en cuanto quepa, ser establecida¡¡
Ylll-l~
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en casas de labranzas, cortijos, etc., para que estén más seguras y
más en aptitud de mayor resistencia; y si un centinela es destacado
á lo lejos á un punto de observación importante, ningún Jefe
creerá por eso correr un peligro particular, pues que tomará siempre
las medidas conv~ientes para ser advertido por las patrullas
de la aproximación del enemigo, lo suficientemente. á tiempo para
poder retirarse.
Hay en la humana naturaleza contradicciones de las más extrañas;
así, con frecuencia es condición de las organizaciones más
enérgicas y bravas, ver durante la noche toda clase de fantasmas.
Un jefe debe contar con semejantes dificultades, ó saber prevenirlas
haciendo notar, por ejemplo, la inmensa ventaja que precisamente
durante la noche tif>ne el defensor más débil, á quien es
dable disparar, desde un emplazamiento oculto, sobre un atacante
más fuerte, que se ve obligado, por causa de la oscuridad, á mantenerse
en el camino en una masa cerrada; debe también recordar
que lanzando un vigoroso ¡adelante! ó ¡á ellos! unos cuanto5
hombres pueden lograr intimidar á un agresor que no se halla en
estado de cerciorarse del número de adversarios que le acometen.
5. 0 Si en la guerra de movimientos, en la que en tan alto grado
ha de economizar la tropa, no hay nada más falso y más fatigoso
para aquélla que dispersarla en una multitud de pequeñas y
grandes guardias con cordón continuo de centinelas, en los bloqueos
y en Ja guerra de sitios ~s preciso, por el contrario, no descuidar
nunca esta disposición de las avanzadas; pues que importa
entonces no sólo garantirse de las salidas y de las sorpresas, sino
también impedir el paso .de las patrullas, el de los espías y de
cualesquiera otros individuos aislados. Prescríbese en. este caso
emplear buen número de grandes guardias y de puestos de sargentos,
porque las patrullas de caballería por sí solas no pueden
asegurar un acordonamiento. Entre los caminos y sendas, y sobre
todo en ciertos parajes propios para que en ellos se disimulen las
patrullas contrarias, es donde con viene establecer los centinelas.
Comoquiera que para un círculo de acordonamiento de gran
desarrollo no es posible disponer de rodas las fuerzas nece·arias
para vigilarlo todo perfectamente, preciso se hace que se recurra á
medios ingeniosos, que den á los centinelas (tan debiles en í mismos)
mayor fuerza de resistencia, y pongan impracticable en una
gran extensión el terreno intermedio. T'ambién se puede, durante
la noche, hacer retroceder la grandes guardias y los centinelas, á
fin de reducir y estrechar más el círculo de acordonamiento.
Igualmente debe ejercerse una exquisita vigilancia sobre las
gentes del país, que se presentan muchas veces con apariencias
inofensivas, y por último, tampoco corfviene tolerar que las casas
situadas en las inmediaciones de las avanzadas continúen habitadas,
por dura que pueda parecer una medida que consiste en echa( ! los habitantes de sus hogares. -
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6. 0 Durantt una larga suspensión de operaciones, Ó también 1n
los comienzos de una campaña, cuando el ejército verificntra un adversario figurado por algunos jinetes. Se procede
del mismo modo para la instrucción de unidades más considerables.
En fin, después de esta maniobra, la ca baile ría toma
también parte en Dtras, ejecutadas con el concurso de tropas de
las demás armas, y que habitualmente se organizan por simple
acuerdo entre los jefes de cuerpo.
• En el capítulo destinado especialmente á los oftciMle!,
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Todos los ejercicios del servicio de campaña se hacen con el
armamento completo, pero sin equipo; y se repasa en consecuencia
con ellos, durante todo este período, la instrucción individual,
á pie y á caballo. V uélvese del mismo mudo á la equitación en
pelo y bridón, y se vigila particularmente la de los reclutas.
No puedo dejar este asunto sin decir además algunas palabras
de las marchas ó etapas que con ella se relacionan naturalmente.
U na marcha se dice corta cuando no excede de 3 millas
( 22kil., 5); ordinaria, hasta 4- millas ( 30 kil.); larga, hasta 5 millas
.(37 kil.5), y forzada, cuando pasa de este límite. Por otra parte,
este nombre de marcha forzada se aplica menos á la longitud misma
de la jornada que á la forma en que se ha recorrido. Así pues,
podrían ~itarse muchas marchas mayores de cinco millas y que no
se han considerado de ningún modo como forzadas, porque se han
ejecutado en circunstancias muy favorables.
El aire empleado, el estado del tiempo y de los ca mi nos, el
de los mismos hombres y caballos, son otras tantas condiciones
que es preciso tener en cuenta para saber si una marcha debe ó
nó citarse como forzada. Si, por ejemplo, en una jornada de 3
millas se han hecho al trote los tres cuartos de cada milla, puede
decirse que es una marcha forzada.
Se admite como perfectamente posible recorrer durante las
marchas hasta una milla entera (7 kil., soo), al trote, y de un tirón.
Para hacer una milla se admite que habitualmente es preciso:
al paso, poco más de una hora ; al trote, 32 minutos ; con aires
mixtos, 45 minutos. Este aire mixto consiste en descomponer la
milla próximamente como s igue: un octavo al paso, otr·o al trote,
otro al paso otra vez, un cuarto al trote, un octavo al paso, y otro
cuarto pl trote. Lo que hace cinco octavos recorridos al trote en
20 minutos y tres octavoc:; al paso en 25 minutos, esto es, omo se
ve, un total de 4-5 minutos. En las últimas campañas, y aun á veces
durante la grandes maniobras, se citan casos en que la caballería
ha hecho 10 millas (7 5 kilómetros) en veinticuatro horas.
~ ~ ~.
A.~:t:EDADES -
'(Continuación)
(Continúa}
Por una pequeña y desvencijada puerta entramos á un
pasadizo, obstruido con vigas, cueros y tR bias viejas, y en se·
guida al patio poblado do auimales y nada limpio. Mo tráronnos
al frente la sala, dando este pomposo nom l>re á una pieza larga
con pavimento natural, es decir, ue tierra pisada, mesa empolvada
próxima á un poyo de ladrillo, dos sillas de cuero con·
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80LETIN !LITAR 187
'"-y--'
tempmráneas de la conquista, y en las paredes toda la corte
celestiial, representada en estampas al humo, gr~-.,barlas en madera,
ilumimulas Yalerosamente con azafrán y achiote, y nn
San .A\.ntonio de bulto, perdidos los colores, raído el hábito, y
extenuliendo las mutiladas manos hacia do sartales de friso les
interp>Olados con musgos que invadían la puerta. del nicho del
a:fiigiu.1o Ranto, como para impedirle la salida; y en verdad que
los bi en aventurados no debían permanecer allí sino prisioneros
y mal de su grado, en compaí1ía de las escandalosas gallinas,
que dle cuán(lo en cuándo trepaban llasta el andamio beatifido,
CO)n la manifiesta intención irrespetuosa de convertirlo en
nido. La po adera en jefe era una vit.•j \cilla enjuta de carnes,
de gernio agrio y al parecer rezandera, muy celosa de una muchacb
a mofletuda y desgreñada, de quien se hacía acompañar,
y la ccual, según las apariencia del rostro, manos y pies, profesabaa
tenazmente la teoría gallega de que "la cáscara guarda
al}laJJo." No quise vi~itar la, cocina porque estaba seguro de
perdefr, con detrimento del a.petito, el resto de las ilusiones que
aún n·ne quedal>an. Llegó por fin la hora de comer y cenar en
comp(leudio, y salirn.os heroicamente de aquel mal paso, cli~poniencUo
en segnic.la nuestra peuitentes camas en la sala y en
prese1 ucia de los santos susodichos, por cuanto el dormitorio no
se halbía barrido desde la coustrucción de la casa, y las dos
enjas allí ·oterradas no daban muchas garantías.
-"¡Oh señor!'' prorrumpió la voz de la patrona por debajo
dde sLl alto y amarille1 to sombrero (le palma: "¡cómo no
se acune tan en el dorrnitorio y uo aqui por onde una tiene que
dir á st cuarto 1"
-' .._:Tacla tema , rígida virtud," contestó mi compañero,
'' puess e hallarús hbrc de acechan7-aR ."
-'· Chau~aR 0? ajo ) 1 ·ujas! "
- -- '' r ora 1" continuó la interesante patroua un tanto pi·
cada, " ¡, m s no tá bueno qne no tenga una por oude pasar sin
que . .... · "
UJ ronquido nasal y vigoroso de mi compañero, y una súbita
cea m jada. mía.., pusieron fin al importuno diálogo: salióse
)a viej~ja, grnfi~nllo, y á pocos ruomeuto volvió, y procurando no
hacer-: r ido y empujando por delante á la jaspeada :Maritornes,
cansa t. ( e su .ser,·acióu, que e~pero ver clemostr
, al examinar la rotura de la cortlillera. hacia Saboyá y Pne
Nacional, pues deJa parte del llano se presentan rápidos y '
carnaclos cou escalone que manifieMan los sucesivos derr
bes que han padecido, al paso que del lado opuesto conser
fntegros sus declives deslle la cumure, y entera su form .ao
primitiva. Demn de esto, lo' croni · ta s de la couquista m
cionan por incidencia la gran laguna de Cncunubft y Ub
lugare · hoy enjutos y hturatlos, lo que hace creer que en ton
comenzaban en el primero do esto.· pneulos las aguas del 1
de F úquene, restos del antiguo mar dulce.
Poco más adelante de Ubaté He acaba el eamino llan
sigue por encima de cerros escarpados, uno de los cuale
Alto de BnenaYistn, mide 2,769 mett os de elevación, y la e
bre siguiente, llamacta Vol«dor «e Fú.quenc, 2,8!)5 m~tros, a
gándm~e y dificultándose uotal>lem eute el camiuo por aquel
eminencias, cuamlo ¡10dl"Ían rodearse fácilmente siguiend
• I~a exi stencia de tales lagos la niega la P aleontología con los restos de
tedonte que guardan en albuudancia nuestras al tiplanicit>s, y en cambio el autor
da la acción de las heleras, cuando la nieve las cubrió en el perfodo glaciar. A de
la teoría de los cataclismos es una hert:jfa para los geólogos modernos-L. D.
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de la laguna de Fúquene hasta Susa. Sin embargo, la cosre
y el espíritu de rutina conservan esa uispendiosa y bár-vía
de comunicación abierta por los indios y frecuentada 1
Jos espaf1oles cuando la llanura estaba anegada. Entonces
cesida.d los disculpaba: allora, varia<.las las cosas, es de ad-rse
cómco no se ha pensado en mf:\jorar y acelerar la comu-ción
eutr e Jos productivos valles de Ubaté, Susa y Simijaca.
De lo alf110 <.lel Volado¡· de Fúquene alcanza la vista sobre
~grande · xteusión de país hasta los linderos de la planicie
"'hiqni 1q nirá. Largo rato estuve contemplando aquella
:ma magnifica, aquel océano , H e1or. Todo peregrino qne por primera vez pasa
eumbt"e, d viaje á Ohiquiuquirá á cumplir promesa, pone
•·nz «le nun lera, ó la graba eu las peña~· ó en la. corteza de
irholcs,. c~onfurme 'Taya de prisa ó despacio.
-" Se~úin eso, y por la cantidad de tuue ·tra devotas que
:<:>n estre rea ino, la peregrinación á Chiquinquirá debe ser
' numen·o~sau.
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ioo BOLETIN MILITAR
~
-"Oh, señor, sí Jo es! El Cura de Chiquinquirá, coge más
de 20,000 pesos al año en misas, salves y ofrendas, por enseñar
la Virgen milagrosa.
-"¡,Y él clla, tamLiéu iucliuaua al culto de sautnari : tl. vecialcs,
ha producido una raza de lwwhre · fJUe aunque no creen que t•l
Cura de Chiqninquirá dice to(las las misas que l e c>neomicndan,
per isten en cr ~er que i uo ·au allá á ?.'isitar á la iTgen, nada
obtendrán d ella. Vau, pu ~, con el {mimo pue ·toen el divertido
viaje, y bien di. tantc 1 a. e.., tá ocupada
J¡>Or nuestro benemérito compatriota Z a. El J>oi rno de Veueznela, que 1
ha tomnado {t su cargo la libertad (le une tra u pim~la patria.
E~:itas . Provincias y el Ejéréito, ueudores al GeueL·al Bc,lí\?ar del
brillauute estado en que ·e llallau, deben, por otro acto de gratitud,
soometerse á la. autoridad qu'" cUguarueute l·jerce. Yo el
prime ro he renovado mis votos de obe(liencia, umisión y respeto
altl Gobierno venezolano. Por tanto, y sin ánimo de comprornenter
los derechos del pueblo granalicitar
á V. E. más sin duda por hal>er V. E. rcstableciuo el Gobierno
constitucional (le ella, que por un suce ol'dinario en el
orden de la justicia, como el de ht expresada elección.
(Siguen elogios de orclenanza)-Co pi a do del libro respectivo .
• • •
Parte del G~;neral Santander al General Bolívar, sobre el re~ultado de la invasión de lo1
enemigos en Casauare en 1819-Publicado en "El Correo del Ori noco"
Cuartel general en la Isla de Cazaderos, á 2 L de ..4.bril de 1819-9.0
Excelentísimo Sefior: El enemigo reunió todas sus fuerzas
por ~1arzo en las posiciones 1le Paya y La Salina, y amenazó
invadir los llanos egún tuve el houor de comunicarlo á V. E.
Hice un movimiento general sobre sn línea para tle~cnbrir si sus
verdaderas intenciones eran atacarme ó defenderse, y logré tomarle
algunos prisioneros y proteger sus desertores. Bl 6 del corriente
apareció en el Llano, por la vía
a en tres columuas cerradas sosteuitlns por una de 800
hombres de cal>allería, y luégo q u o alió á la llanura frente á
mi campo dirigí do colnmnas de infantería y caballería obre
su vanguardia y rctaguardü para detener algunos 'le u cuerpos,
y empeñarlo en utm función que me hnuie ·e ido favorable;
1 ero redobló o.:h marcha, . · apoyado á la cordillera ga.nó
terreno deba tante l>o C}n , y frustró mis d si•'HÍO . Bien pudiera
haberme dPcidido en e ta. o c a ióu á obligarlo á un combate
forzoso, si J>Ol' una p~ rte hnhie en esla.flo junto mjs de
600 hombres, qne ll garou al :ig-nientc dí(, y si por otra. no
hubiera tenido pr<;.'entes las órdeues do V. h., de ma.rwjarme
con prudencia v circuu ·pec ·ión, entre tanto qne las operaciones
que V. ~J. ba mandatlo hace r eri V~uezn ~ la. dan seguridad
á las mías. El 14 marchó el euemi o , obre la po.·ici6n del PalmaT,
que yo había dt.'jaüo, sitn{wlome más de tloJ leguas l~jos
de la serrauía.: nuestros p 1e ·tos a v t nz..- dos tirot ·~ ~ ban su descubierta,
y al resentarse un cuerpo de cab a llería para sostenerlos,
el enemigo cambió a.llería. y drag·one~, la evacuó y tomó el
~amino de 'l'ocaría, que había tra.ído.-Oontinúa
FRANCISCO DE P. SANTANDE&
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 164", -:-, 1900. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691080/), el día 2026-04-04.
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