BoGOTÁ, juLIO 28 DE 1900
-------------------- ----------- ~~ ---_------------------------ --·
lle•111r~tu
~~
Or¡rano del :Jiiraisterio de
(Guerra y del Ejército
on colaboradores de este periódico Jos Jefes y
Oficiales del Ejército
Direct3r ad honorem
Franci!llco J. Verg"ara V.
General, Miembro de la StJCiedad Colom~ia.a
de IngE>nieros
JSTU1V.J:. 182
)]}~@ .._:. ~Jjp@ Jt\jo 0 •• M~ lJ.®@@
(r I DE JULIO)
reform 11 torio clel q•le orgnniz!\ un Consejo ele Gue:rra vetbal permanente
El Presidente de la República
DECRETA
Art. I .0 Para evitar las dificuitades que se han presentado
para la constitución e instalación de un Con ejo de Guerra verbal
permanente, creado por Decreto anterior, dicho Consejo quedará
~onstituído por cinco miembros, de acuerdo con el Código Militar,
así: dos Generales, dos Coroneles y un Sargento Mayor;
tendrá además un Coronel Fiscal y un Oficial Secretario.
Art. 2. 0 N 6m brase p ara tal efecto á los Sres. Generales
Antonio B. Rebollo y Agu s tín Garzón; á los Coroneles Francisco
·robar Morales y Julio Escallón; y al Sargento Mayor J O!)é Luis
Pieschacón.
Art. 3. 0 Los nombrados en el anterior Decreto que no figuren
en el presente ocuparán los destinos que tenían antes d'! la
expedición del Decreto reformado.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Vi lleta, Cundinamarca, á r I de Julio de rgoo.
MANUEL A. SANCLEMENTE
El Ministro de Gobierno, RAFAEL M. PALACio-El Ministro
de Relaciones Exteriores, CARLOS CuERvo MÁRQUEz-El
vn~-7
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~
Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA-El Ministro del
Tesoro, F. J. lNSIGNAREs-El Ministro de Instrucción Pública,
Encargado del Despacho de Hacienda, MAR.Co .F. SuÁREZ.
--~·---
riDmJ©Jmm~~© ~.o .• m>~ JI®®®
(18 DEJULIO)
por el cual se traspasa una fa culta d al Director general de la Policía Nacional
El Presidente de la República
DECRETA
Artículo único. Desde la publicación del presente Decreto corresponde
únicamente al D i rector g eneral de la Policía Nacional
la facultad de expedir salvoconductos y pasaportes á extranjeros y
personas civiles para transitar en el Departamento y fuera de él.
§. El Director general de la Policía cobrará por la expedición
de salvoconductos y pasaportes los 11 ismos derechos que hoy cobra
la Jefatura Civil y Militar de Cundinamarca, y los fondos que de
esa manera se recauden ingresarán en la Administración de Hacienda
de este Departamento.
Comuníquese.
Dado en Bogotá, á I 8 de Julio de I 900.
Por delegación del Excmo_ Sr. Presidente,
El Ministro de Guerra, MANUEL CASABIANCA
--~·---
Rqpúó/ica dt Cq/omb i a- MiniJ te r io dt Guerra- Sección 1.•- Número
547-lJtJgotá, 4 de No v iembre de 1899
ir. General Comandante en Jefe de i E j ército
Por Decreto de car~cter legislativo, de 18 de Octubre próximo
pasado, del cual debéis ten e r conocimiento, se di~puso que, en
atención al excesivo trabajo en el Mini sterio de Guerra, se aumentara,
como en efecto se aum e ntó, en un 50 por 100 el sueldo
de los en1pleados civiL:! s del Mini terio de Guerra; hoy me permito
signiScaros que e ta gracia se ha he h > extensiva al Habilitado
del Cuartel general del Ejército, Sr . .t.milio García, al Teniente
Bruno de los Santos y al Subteniente Jacinto Uribe, estos dos
últimos Adjuntos al Estado Mayor generaltsimo, y que trabajan
en este Despacho.
Lo que tengo el honor de comunicaros para los fines consiguientes.
Soy vuestro atento servidor,
Por el Sr. Miniitro, el Subsecretario, cLÍMACo LOSADA
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'--y--'
(Cor.t:nuaci6n)
Repartición de las fue'rzas
91
Para defender un país de montaña es indispensable, como
e queda repetido, recurrir al empleo combinado de la ofensiva y
lla defensiva: para lograrlo hay que di,·i(lir las fuerzas generalJmente
eu tres líneas, ó más bien fajas, una detrás de otra, como
een el servicio avanzado, com<:> en la guarda de 'l.U~ ·río, como en
tto(lo cornbate en general. La primera, de tinada á obse'rVaJ· a
nemigo y también opon(•Jle, cna11do ataque, la mayor resisten-}
<..Cla pOlSi u le. Ularo elS, por con iguien te, que llO basta formarla
tcon pequeños puestos, <]ue fúcilmeute sean rechazados y reba-sados:
es pr{)ciso, al contrario, colocar eu ella tropas suficienttes
y bien situadas para mauterwrle en jaque. La línea extrema
sse conformará á las reglas generales del ervicio avanzado;
1 pero como en las montañas se agravan las penalidades por el
suelo y por el clima, debe reducirse el efecti\·o á lo estrictameutte
necesario.
Eu segurllla línea, y á distancia. variable de la primera,
ddeben apostarse los primeros apoyos, sostenes 6 'reservas, que
aalguuos denominan tácticas, por opo icióu á las segundas reser'
•a , más lejanas y en terc~ra líuea, que llaman estratégica~ .
.P.Aceptaudo los dos aer{t e _mplearlas prt~fprentemente en el servicio
(\e a va nzatlct, put> 'to q u • t'l'ito.s rnon ta Ji eses conocerán
perfectanwnte sn propio uelo .Y tPrulrún iuteré.s en cleferulerlo.
Siu embcngo, no tlt>be Cdntian~e por t:>tnero este servicio á
gentes que, sin instnwción militar, ,' 1n ("Xperi('JH:ia de la guerra
J expue~tas de ~Suyo á alanuas inftlltdada~, podrían abarHlonar
prematuramente, eu ca8o de at<-HJIH', ciertos pnutos principales.
(Jouviene, pues, alternar, intt~rcalar en lo~ puestos mús importantes
fuerzas del ejército rt'g-nlar. De todos modos, los partidarios
6 guerrilleros (si reúnen la' cotHliciones rHlo el papel mpo á la llegada dt~ las rel'\er\'as f'~::~tratégicas,
6 para Pjecn.tar laR maniobr-a~ Jll'(•paratoria¡.; de nn golpe deci-)
sivo, el eomanclante (le la re~Pr\'a túetiea no dl'lle ¡wHlouar meuio
de entorpecer el progrt:>so y el axanee, ya multiplicando los
obstáculos artificiale , ya apr·ovt>ehan1lo los tmtllralt~s, hacieudo
frente al a.tlversario eu pnntos relati\·autente fLwrte~ preparados
al · efecto, y tentÍt'CtÍ\·o total oe
las tropas, si se qnier • qne l<1s ru. 'l'lTas tficticas lleueu completameute
su encargo. A u lllt'tl taudt) esta pt oport•ióu, se debi lital'Íau
las reservas estraJétJicas, apo. t;.tter~e de dos tt•reio:-., ó pot lo meuos rvar lilH·rtad de :te<~ ión, no dehen estar demashido
próxi me:H5 ~ las rcst•t·,·as lác:ticas; al c,,n tnnio, lm~tan te
detrás, en lo8 punto, .n te e¡ ne en este pn nto, ó Pll su proximi<
lajano de 1 a primera línea. de defensa,
conviene cliRtrihnírlas Pn l;ts líneas interior(.>S de comunicación 6
de nwniolwa e¡ ne cortPn tra n~v<>rHaluwn te las de operacioue~.
Así h1s tropas fHH·den vivir, alojarsP, alimet:tar:e más c6mollamente,
y t>jt>cntar tamhiéu eon mayor holgura y rapidez los
m o vi mi en tos y m a niohras necesarios.
Cnanclo las líneas ~tiu.ulas ú Hllft>usiva, 11i esperar el ataque en posiciones preparada.
· IPs :in auxilio de tig-nras qna en esto ca,os más
mbrollan que ~ · ~clarpe 1 11.
Ahnndan <·ft>etivam •ntP •11 laR comareas montañosa, 1M~
pm;ir.ion es, : i 11 }.!111 a l'IIJt•u h~ rlf:lcns i ¡;as. e¡ ne reúueu la tlia tan grave inconveniente,
adoptando para los flancos (que se pt' ocnrará adelantar todo lo
posible) una. formación escalonada, cubierta por talas ú otros
obstáculos.
Si el defensor <.lel valle apoya uno de ~ns flancos en un arroyo
ó torrente, ordinariamente muy encajonado, deberá vigilar el
lecho con suma atención, no aólo cuando venga eco, sino aunque
traiga mncha agua.. Nunca dejará ele ocupar la margen
opnesta; porque si se de defian por nimias ciertas precauciones,
una columna enemiga quizá logre deslizarse por el lecho
del torrente, casi siempre practicable, y tomar al defensor de
flanco y de revés.
Generalmente las buenas posiciones con el frente á la
cabecera del valle, no sc:1encuentran sino en aquellos parajes en
que otros valles y cañadas la.terales ó ~ecundarias vienen á
conflnfr en el va.He principal, sir-viendo en cierto modo como
de foso á aquellas posiciones. En este caso la pendiente de la
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montaña, sobre la cual se establece el defensor, es rápida hacía
el enemigo; las comnnicacionPs por Jo g-E-neral están Jpjos, y á
vece::; no conducen si u o á la ca.becera del valle inrnPdiato; y
entonces se pne(len cortar ~. tos cnmino~, lo que obligará al
arlvt>rsario á moYirnientos muy ex<·éntrico~, f>n los que perderá
mucho tiE-mpo, elNnento e~f>ucial en la cl.-fell~a rel-ltiva.
Ent.re las (lesventajas de estas po-.,iciones en el foudo de un
valle, la mayor es qne casi siempre hallo
sobre la corriente fecto. Con dt>nP, pnes, ren nnciar ft tales posiciones,
sobre todo en valles algo' anchos, porqn~ PS marchar á uu descalabro
inevitable, sin consegnir el re ·nltale.
Mejor será en tale~:~ casos retírar~e des1le lu.-go, y retroceder al
punto más próximo en qne el valle se estreche.
Las po~iciones en el fo11llo del valle, con el fr·ente á la de3-
embocadura, tienen por lo regular la ventaja de ser dominantes,
porque tanto la solera del valle como ltts alturas qne la circundan
van gradualmente :'!ubien1lo á medi1la que se remonta á la
cabecera. Siempre cotn"Í(>ne protf'ger lo~ fhtucos con formaciones
e~calona.das á vangnarclia; annqne bi n se comprende que
Jo~ moví mi en tos envolventes del enemigo han de aumentar en
dificulta(leu con .. iderar corno inatacables
de ft·cnh.•, porqne el enf'mi~o, expnesto al fuego •lomi
nante del defensor, eMá ohlig-aclo primeramente á pa -arel río
ó arroyo que corre por delante uel frente, y cuan~· n:-lor. Y eomo la ejecución
de nn movimiento envoh·ente cuesta mnebo tiempo, y el
tiempo, repetimos, es f;.tctor mny principal en la defensa, se
pnede conclnír eon segnrWad qne e~tas po iciones á media ladera
son las qn , ofl'ecen mrts VPntaja. en paí~ de montañas.
Lo movimientos euvol\~eutes y de flaneo son f:-lcile de
contrarrestar, :r el eneargo ntorpe?cerlos pue- ·
de darse al paisanaje, que guardará los pa.~os uifíciles siu gran
esfuerzo. ·
Las posiciones sobre nna cumb't·e donde se reúnan dos 6
más ' valles necesitan, tanto en la dPfenRa como en el ataque,
fuerza relativament€ con. iclPI'ahle. La primP.ra se guardará
biPu de abandounr con flnjPclaH ~rtos ó pa.~os, y apostará
desde luego la ·reserva táctica en ellos rnistuos, lo más cerca posible
del borde de la vertiente que mira al enemigo, y que se
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reforzará con trincheras, talas, etc. A la vez estas posicione1
dan la ventaja al clefensor de tomar la ofensiva, cuando le parezca
opoL·tnno, y lle\ar la guerra al territorio enemigo.
Respecto á las cwnb~·es ó al tu ras, se com prencle q ne las
reglas para su elección, ocupación y ct.efensa han ele variar según
su respectivo pn:fil .( :.:tsí se llama un cort~ imaginario ó
.sección transversal de la montaña); según la mayor ó menor
pendiente de las faldas ó laderas, y según también la naturaleza
cubierta 6 rasa y la e ·tructura del sueto que las forme. Este
ángulo de inclinaci \ n ó declh·e, es decir, el que la vertiente
forma con el plano borizonta,l, determina ~eusibles tliferencias.
El de 45 grados, ó mitad tlel ángulo recto, se considera " técuicameute"
como inacct"sible ó impracticable; el de 42 grados,
en terreno areni co es el limite casi para el cazador suelto; el
de 35 es muy difícil todavía; el de lfl lo es para acémilas cargadas;
el de 7 á 8 se considera como máxiruo para carruajes.
De manera que puede llamarse declive, ó pendiente, ó rampa.
l!mave la que varía eutre 8 y 15 gnulos; fuerte ó agria, desde
30 hasta 40.
Aquélla favorece el fuego rasante y la reacción ofensiva
contra el que ataca: esta última perjudica bajo ambos a~pectos.
VisiblemeJtte la primera, más casi que defensiva, está in·
dicada como posición ofensiva: mientras que la segunda, por
lo que embaraza y dificulta los movimientos agresivo , con\·ida
á la defen a patJiva y absoluta. Por eso el sistema de alturas
con alternativa de pendient~ · , con r~~a.ltos 6 rellauos, hermas
y escaloues, da á la posición un carácter mixto, que concilia
ventajosamente los llos extremos.
La de pendiente muy suave y descubierta (de 8 á 15 grados)
se ocupa, ó técnicamente, se co?"·ona, di~poniendo el grueso
de 1~ infantería á 40 ó 50 pasos lo más ele la cresta 'militar,
como suele llamarse á ht arista ó línea, no muy marcada, de
encuentro rlel plano de la 1Jenrliente con el de la cumbre, cima. ó
mes¿ota. Sobre ella se esta )lece la artillería, destinada á barrer
con fuego ?'·a~ante la rampa d uhitla. Ma , por suave y li~a
que ésta sea, .·iempre tendrá alguno~ árboles, mataH, hoyos y
asperezas qne utilizarán los bueno~ tiradore . Estos, al avanzar
el euemigo, cuidan inacioues de infinit.
a variedad que sería. prolijo tlescribir.
Si un gran ,·el llano corta la pendiente en dos, la defensa lo
utiliza, <.lh·idiendo también su fuerza én dos trozos. Pero cuida
do mucho ele la cmnunicación, para que al eva.cuar el esca.
lót hajo, no sólo sea pronta y segura la. -retirada, sobre todo de
la rtilleda qne se hubiese esta.blecillo, sino que el frente quede
al punto despejado, pM O COMANDANTE DE AVANZADAS Ó JEFE DE VANGUARDIA
Para las situaciones particulares en que la infantería va siempr
·e apoyada por un destacamento de caballería, y á veces por algwn
~as piezas de artillería, no encuentra el jefe de batallón, ni en
la t:eorías ni en las escuelas del tiempo de paz, las instrucciones
ne.! cesarias relativamente al ejercicio de su mando; y sólo la práctic::
a de la guerra ha confirmado la verdad los textos reglamentariros,
según el cual "es preciso que en cada caso el criterio priva-
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'--"y-"
do sepa discernir: 1 .0
, cuáles son las condiciones de cumplimiento
de la misión principal, cuyo fin es asegurar en todas ci~cunstancias
al grueso del ejército, e11 estación ó en marcha, el tiempo que
le es necesario para tomar sus disposiciones de combate; 2.0 , qué
fuerzas deben emplearse para lograr ese res ultado."
Las prescripciones de los reglamentos se encaminan más bien
á dar á las tropas una instrucción uniforme, que á trazar reglas
invariables para esta rama del servicio.
La nueva manera de hacer la guerra ha puesto ya muchas
veces en aplicación, para el servicio de exploración y seguridad de
las tropas avanzadas, nuevos principios que, teórica y prácticamente,
no están del todo fijados todavía, y que rara vez llegan á
ser comprendidos aun en las maniobras de paz, donde ante todo se
trata de hacer un estudio instructivo de las prescripciones generales.
De impor:tancia suma es que el jefe de batallón que se halle
en la guerra en situación de adoptar disposiciones particulares convenientes
á la dirección de un servicio de vanguardia ó avanzadas,
sepa claramente, á este propósito, las medidas que puede dictar, la
situación y las disposiciones que debe prescribir á las compañías y
al destacamento de caballería colocado á sus órdenes. Impórtale,
ante todo, cumplir su cometido, gastando lo menos posible de s us
medios y sus fuerzas; porque durante la guerra, en que con frecuenciA
es desempeñado el servicio de exploración y de seguridad
largu tiempo por unas mismas tropa , antes de que sea dable relevarlas
con otras, es esencial que la s economice, y que sepa en qué
límites puede hacerlo, sin perjuicio de la buena ejecución del servicio,
y sin comprometer su res pon abilidad personal. Un jefe en
cuya cabeza no haya sino ejemplos sacados de los ejercicios de paz
y de los reglamentos, está m u y predi ~ puesto á exigir de su tropa
un servicio sumamente dificil y penoso, sin que por eso logre mejor
el objeto capital de su misión, que consi te: 1.0
, en informarse
de todo, rápida, exactamente y en tiempo oportuno, para poder
ponerse siempre en seguridad contra las empresas del ene mi g o;
2.0 , en tratar de descubrir los emplazamientos que e l adversario
ocupa y los movimientos que efectúa, y dar noticia de ellos con
exactitud.
Un comandante de vanguardia ó avanzadas necesita, más
que cualquier otro jefe de tropa en lí nea, saber orienta rse con
prontitud sobre el terreno y sobre el mapa, y abarcar la situación
en su conjunto estratégico. Debe igualmente, por medio de indicacione;)
cortas y precisas, trazar á sus subordina dos la línea de
conducta que hayan de seguir en cada caso particular, cuidando
con sumo esmero de no infundirles aprensiones demasiado vivas,
ni una seguridad tal que los incline á la negligencia.
Como no siempre puede contar, para el cumplimiento de su
misión, con subordinados que sepan juzgar por sí mismos, pron-
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tam1ehte y con inteligencia, de la manera como habrán de cumplir
las misiones que se les confíen, de:berá indicarles la regla que
hay1an de seguir, y trazarles, en todos los casos, su acción personal
y hasta la parte de iniciativa que podrán tomar; pero evitará
dar cometidos demasiado difíciles á quienes no posean la suficiente
ccapacidad para desempeñarlos cumplidamente; y de no serie
dabJle esto, auxiliará á los nombrados con la claridad de sus instru
cciones.
En circunstancias importantes no ha de temer dar personalme!
nte instrucciones minuciosas á los oficiales ó á las patrullas,
puees este es uno de los caso<> en que procede precisar el límite de
la JJibertad de acción que debe dejarse á los jefes subalternos para
el ccumplimiento de su ·servicio. Sin embargo, el jefe de batallón
quee descendiese continuamente hasta los más mínimos det:-tlles,
desstruiría con tal conducta en sus subordinados todo espíritu de
iniiciativa personal, todo deseo de emplear su inteligencia en cumpli
! r bien.
Por otra parte, es esencial que, en ciertos casos importantes,
has.sta el establecimiento de un centinela, ó la fuerza, ó la marcha
de las patrullas, sean determinados por el mismo jefe del batallón.
De todo esco resulta que no es posible trazarle sus deberes
poor medio de reglas fijas, dado que, por lo general, cada situación
ex~ige medidas particulares. Hay que limitarse, pues, á indicar ciertoss
medios que han sido reconocidos prácticamente como exactos
en1 numerosos casos, por más que algunos pormenores puedan apareccer
en contradicción con las teorías actuales y las prácticas del
tieem po de paz.
1. 0 En la marcha en avance hay razón para considerar como
de · suma importancia el que la exploración del terrer10 no ocasione
dettenciones á la misma marcha (cosa que, desde luego, prescribe
el , reglamento).
Estas detenciones son inevitables cuando la exploración corre
á ( cargo de la infantería, para la que siempre es dificultoso en extreemo
efectuar esta clase de 'operaciones; al paso que, aun en terreeno
enteramente cortado, las patrullas de húsares poseen la suficciente
aptitud para trepar á las alturas cuyas pendientes no sean
deemasiado pronunciadas, proporcionándose así un campo de vista
maá exten o. Igualmente les es posible, aun en países en insurrecci<
ión, atravesar al galope los pueblos; y tienen, además, la facultad
dee envolver al enemigo en un vasto círculo, y, á favor de la velocicidad
de sus caballo , señalar por dondeq uier.i. la presencia de sus
deestacamentos. Verdad es que muchas veces la"l patrullas de caballeer-
a, al llegar ante pueblos ó ante bosques, han debido retirarse
poor causa del fuego de algunos guerrilleros ó partidarios, y esperar
á < q Je h infantería les despejase el camino; pero á consecuencia
dee las mejoras que ha recibido el armamento podrá la caballería,
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11ft . BOLETIN MILITAR
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en semejantes casos, mostrarse mucho más osada en lo sucesivo.
Si no penetra de frente en una posición, le será factible, por lo
menos, ocupar audazmente, mediante rodeos, sus avenidas.
En todas partes ha quedado demostrado que el mejor servicio
de seguridad de marcha, lo mismo que la mejor exploración del
terreno, no consiste exclusivamente en registros más ó menos minuciosos,
sino por el contrario,•en buscar al enemigo, enviando á
largas distancias á u encuentro, y por todos los caminos que á él
conducen, patrullas mandadas por oficiales, ó partidas de caballería.
Un comandante de vanguardia, aunque pertenezca al arma
de infantería, debe evidentemente poseer ciertas nociones de todos
·estos de~alles, con el fin de poder tomar sus disposiciones en consecuencia.
En un terreno muy cortado los destacamentos de infantería
de escasa fuerza que operan aisladamente, se exponen á algunos
riesgos á causa del ataque que pueden recibir por sus flancos ó su
retaguardia; cuyos riesgos, sin embargo, es fácil conjurar con una
poca circunspección. Pero cuando se trata de gruesas columnas
importa saber dónde se encuentra el enemigo y la dirección en
que marcha; cosas que se averiguan recorriendo todos los caminos
y no haciendo ejecutar simples exploraciones.
Cuando se presume que el adversario puede atacar uno de
nuestros flancos, no hay cosa mejor que disponer que marche, por
el camino paralelo más cercano, un destacamento de suficiente
fuerza, y compuesto de las tres armas. El paso de grandes columnas
al través . de los desfiladeros de las más ásperas montañas, ha
demostrado, durante las últimas guerra5, en las que el enlace no
ha sido posible sino por medio de destacamentos de caballería enviados
por las carreteras transversales, que la mejor seguridad en
un terreno cortado consiste en avanzar por gran número de caminos
á la vez, haciéndose preceder por la caballería.
Por este medio, en efecto, los pequeños destacamentos contrarios
que han podido ocupar algunas posiciones favorables, se
ven obligados á una retirada inmediata, si no quieren exponerse
al peligro de ser cortados por una de las columnas contiguas.
Aun en las grandes selvas, de las que se trata de desalojar al
ene~igo, es preferible mantenerse á lo largo de Jos caminos y servirse
de ellos para avanzar en varios destacamentos, enlazados entre
sí por patrullas de caballería dirigidas por las sendas transversales,
más bien que dejarse arrastrar, por temor á las emboscadas,
á hacer explorar la selva por extensas líneas de tiradores, incapaces
de una ofensiva enérgica, como de una resistencia eficaz. Un
solo caso hay en que es indispensable hacer explorar minuciosamente
el terreno por la infantería (y es en dicho caso cuando más
ae prescinde de ello), á saber: cuando se trata de perseguir al contrario
en un terreno cubierto ó quebrado, sobre todo después de
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un largo combate, que ha tenido por objeto desalojarle de una posición.
Conviene entonces emplear en e:.te servicio una parte de
la vanguardia (aunque nunca la que abre la marcha), la cual batirá
detenidamente el terreno en busca de los soldados extraviados,
de los heridos y aun de los mismos enemigos ocultos bajo cualquier
disfraz. Con este último objeto se deben registrar en los
pueblos y aldeas hasta las casas particulares.
2. 0 La misión de la vanguardia, cuando se encuentra con el
adve sario en marcha ó en posición, se ha representado muchas
veces como una operación esencialmente defensiva ó demostrativ~
cual si dicha tropa no tuviese otro com~tido que entretener al
enemigo, ó contenerle hasta que el cuerpo principal se halle dispuesto
al combate, ó conservar la posición que se le haya designado
e la línea t:le batalla. Incontestable es que la vanguardia llenará
mucho mejor su misión, la mayor parte de las veces, to,nando
sin tardanza una vigorosa ofensiva, puesto que en los primeros
m mentos no tiene que habérselas sino con las tropas avanzadas
q e ocultan las fuerzas principales del contrario. En la operación
de rechazar estas tropas avanzadas, es en lo que consiste el verdadero
reconocimiento de la posición enemiga, el cual da al jefe del
gr ue:so la posibilidad de tomar, con pleno conocimiento de causa,
su:.s disposiciones de ataque.
La vanguardia debe, por lo menos, tratar de apoderarse de
ciertos puntos que no sea posible atacar sin un gran despliegue de
fu terz as, y susceptibles de ser socorridos por fuertes destacamentos
qwe puedan aproximarse á cubierto.
En este caso el papel principal corresponde á la infantería;
la caballería se establece en observación á retaguardia de una de
las; alas, ó de ambas á la vez; gana los puntos desde los que es dahice
wer á lo lejos; explora todos los caminos que van hacia el enem
ii gc>; y por último, puede desde una de las alas lanzar de improvü:
so oficiales acompañados por un corto número de jinetes bien
mraciones militares en los puntos que
.admiten varia solución. Desde luego el avance del Ejército de
Ocaña fue excesivo, por tardío, en la fecha en que se llevó á
cabo; ejecutado en momentos en que el grueso de los rebeldes
aún estaba en Bucaramanga y el Ejército del Norte podía ya
tomar la ofensiva, habría sido correcto hasta Salazar y Gramalote,
ó bien no ten::iríamos tacha que oponerle si detiene su vanguardia
en Salazar ínterin entraba en comunicación con la masa principal
de tropas legitimistas. Claro que si el Jefe de las fuerzas de
Ocaña ignoraba lo que sucedía más al Sur, y tenía ~otivos para
suponer á los rebeldes contenidos en Bucaramanga por el Ejército
del Norte, su avance no es censurable, aun cuando sí se ejecutó
sin todas las precauciones que demanda una operación de esa naturaleza.
En todo caso, de lo sucedido sí se desprende una grande en-eñanza,
la de que entre nosotro'> ha sido deficiente la coordinación
de movimientos de masas distantes, por falta de cartas geográficas
correctas y Estados Mayores organizados á la europea,
por lo cual es preciso que en tales casos cada jefe obre en lo futuro
como si estuviese aislado, á fin de evitar desagradables y funestas
sorpresas.
Los revolucionarios en la situación indicada, es decir, una
masa central entre dos tropas distantes, ó sea poseyendo una línea
central de maniobra entre las dos separadas sobre las cuales se movía
el adversario, aprovecharon su situación para intentar batirlo
en detall, lo cual les fue posible, porque el punto de convergencia
de los segundos e taba dentro de la misma zuna base de su contcndor.
Sabido es que el Ejército de Ocaña fue sorprendido en Terán
y batido completamente por un enemigo superior en número; pero
lo que no tiene la misma notoriedad es que los revolucionarios,
á pesar de su ventajosa situación, no alcanzaron la victoria sino
ocurriendo á medios reprobados entre soldados de honor, cual es e
de fingirse tropas amigas para acercarse ó envolver al adversario.
Cierto que e'5te peligro no debe olvidarse por ningún jefe, pero
el descuido del uno no absuelve la villana cobardía del segundo.
La rota de Terán prueba que si el Ejército de Ocaña es más numeroso
ó se guarda mejor, ó su acción se ejecuta en combinación
real con el del Norte, el resultado de la lucha habría sido muy
distinto.
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80LETII MILITAI
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lll
Cuanto al ejército del Norte, es más dificil aún juzgar coR
~cie to sus operaciones en tales momentos por ser diverso el sentir
de los jefes superiores, sin duda en todos ellos basado en las noticias
que poseían sobre el contrario y susceptibles de diversa interpretación.
Para unos, aun á pesar del fracaso de Terán, y de los
rec rsos de que en ese campo se apoderó el enemigo, éste podía ser
bati o mediante pror-lta y enérgica ofensiva; para otros tal no era
la situación, porque juzgaban que aún quedaban restos del pánico
de La Laja, reagravados con 1<1 noticia de la derrota del Ejército
-de Ocaña.
Y aun cuando se llegase á publicar la exacta situación de los
Te beldes después de Terán, como el fallo j u to re ultaría a posteriori,
claro está que podrá emitirse en són de enseñanza práctica, pero
no en el de censura documentada sobre este ó aquel jefe. Reduciendo
el punto á mera opinión personal, creemos, con los partidarios
de la enérgica ofensiva~ que es muy seguro se hubiera triunfado
con ella por cuanto los cuantiosos elementos que los re~eldes espennban
de fuera aún no les habían llegado, r el.avance comunica
brío•s extraordinarios al soldad0.
Sea de ello lo que fuere, después del avance del Ejército del
Nou-te, y el repliegue de Jos revolucionarios, la situación fue análoga
á la establecida después del triunfo de Bucaramanga, con la
sola diferencia de cifras, por lo cual se tradujo en dos ejércitos frente
á frente, el uno apoyado en su base, el otro distante de la suya,
.sier11do de advertir que la zona ocupada por las tropas era mucho
maJVor, y el legitimista tenía que atender ahora á custodiar buena
p.arte de una larga línea de comunicaciones.
Los dos contendores, ya enfrentados, se cubrieron con buenos
atrimcheramientos que les impedían llegar á las manos Í!1te1 in alguno
1d'e ellos no se creyera con fuerzas suficientes para aventurar una
j og:ada que, por la marcha de los acontecí mi en tos, se presentaba
.cc::>n caracteres de decisiva.
Establecidos los dos campos en posiciones elegidas y reforz
:ad,os con cuidado, los rebeldes contra la frontera por donde recib,
íar los elementos que obtuvieran en el Extranjero, los legitimistas
em llas breñas de Pamplona en espera de los recursos demandados á
hu c:apital, se mantuvieron unos tres meses en mutuo acecho. La
tmr~a de los segundos era más difícil, puesto que obligados á cuhJrir-
las vías del interior, en e peciallas de Bucaramanga y Tunja,
y em definitiva á atacar al enemigo en sus propios reductos, necesi
ta.ban acrecenrar de modo serio sus fuerzas, y cada día de espera
rceswltaba en provecho de los primeros, quienes tan luégo como se
emc,ontraran suficientemente fuertes para tomar la ofensiva, tenían
amt~do en Alemania en 0.75 metros, 6 del paso del caballo, que, como
lo hemos dicho más arriba, dehe medirse de O 80 metros.
• Tod{)s saben que t:l ~alope es incomparablemente más: fatigoso en un picadero·
1•e en lfnea recta.
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llt
En todas las inspecciones pasadas á los dragones, húsares y
laul.anos, s~ hacen ejecutar ejercicios de combate á pie, con la so}
uctón de un pequeño problema táctico del género que he indicado
más arriba.
Ya he explicado en qué orden y manera los hombres se
desmontan del caballo cuando se trataba de combatir á pie, que
es en resumen todo lo que los reglamentos dicen sobre este
asunto. Al capitán corresponde hacer echar pie á tierra al número
de hombres que juzgue necesario st"gún las circunstancias: una,
dos ó tres secciones; la cuarta quedará generalmente á caba!lo, á
menos que se disponga de otro escuadrón para proteger á los encargados
de guardar los caballos. En cuanto á la formación de combate
de los hombres á pie, no está reglamentada de ninguna manera
y depende enteramente de las circunstancias. Así pues, podrán
constituír uno, dos ó tres grupos, ó bien con mayor frecuencia, se
desplegarán en tiradores para ocupar seguidamente una zanja, un
vallado, la linde de un bosyue, etc. Jamás esta maniobra se ejecuta
en terreno descubierto, á no ser como instrucción, para hacer
comprender á los hombres su mecanismo. Pero se juzga enteramente
inútil establecer otras reglas, porque las circunstancias en
que pueda tener lugar para la caballería el combate á pie son de tal
manera variables, que el despliegue en tiradores será, con la mayor
frecuencia, la sola disposición aplicable, y que es preciso dejar siempre
al jefe que haya dado la orden de combatir á pie, el cuidado de
indicar el fin que se debe alcanzar y de fijar el número de hombres
necesario para conseguirlo.
Yo creo que no e~tará fuera de lugar, puesto que se trata del
combate á pie, decir aquí algunas palabras sobre los experimentos
á que se han entregado varios regimientos de 1a Guardia para hallar
el mejor medio de llevar el arma de fuego del jinete. Los dragones
y los húsares prusianos tienen la carabina fijada á la derecha,
á lo largo de la silla, la boca de·l cañón hacia adelante y pasando
por una abertura practicada en la funda del capote ; la caja
del arma reposa !'obre el muslo del hombre. Es el modo de sujeción
que ha parecido menos molesto y más apropiado á su objeto.
Tiene, sin embargo, grandes inconvenientes. El arma colocada
así golpea sobre el muslo, y en los aires vivos estos choques repetidos
y bastante violentos deben ser muy sensibles. Después, cuando
el hombre desciende del ca hallo, en lugar de poder saltar vivamente
á tierra le es preciso perder algún tiempo en desatar su carabina.
No quiere esto decir que este tiempo sea muy interesante,
porque en los casos P.n que la caballería echa pie á tierra no son
generalmente tan apremiant~s que semejante retardo pueda tener
grande importancia. Pero ya no es lo mismo cuando se trata de
volver á montar á caballo. Entonces, y es lo más frecuente, es pre-
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ciso apresurarse á toda costa * y se ha debido establecer como regla
que los hombres pongan simplemente su carabina en bandolera y
~e lancen vivamente á la silla ; y una vez saJidos del paso, apro'
Vechen el primer momento de espera para volver á colocar el arma
-en su lugar. Pero en el entretanto no habrán dejado de sufrir menos
con los choques reiterados de ésta que no está dispuesta para
ser llevada á la espalda y á lo cual no están habituados. En cuanto
á llevarla así constantemente, ajustándola ad hoc, no se ha conside.-
ado tal método como práctico, á causa de las contusiones que
·pudiera producir en la espalda del jinete, y aun á veces á su caballo.
Preciso es reconocer que los dos sistemas tienen el gran defecto de
. ser tanto uno como otro más ó menos molestos para el hombre y
~ cabaHo.
e han ensayado del mismo modo diferentes procedimientos de
-ajuste del sable á la silla con objeto de permitir á los dragones y húsares
dejarlo en aquélla cuando echan pie á tierra. Resulta, en efecto,
ec;;ta arma muy embarazosa para el combate á pie. Se han contentado
en un principio con suspender el sable en el costado izquierdo
de la silla, pero la cosa no ha parecido práctica, porque al toque
de á caballo, en lugar de montar los soldados con prontitud, debían,
.en primer lugar, desatar su sable y e11gancharlo en el cinturón.
Para remediar este defecto se ha imaginado fijar el sable horizon
·talmente al costado izquierdo de la silla, de tal manera que el soldado
pueda moutar á caballo sin tomarlo, quedando bajo su pierna
izquierda á la altura de la rodilla. lntítil in istir sobre lo que tiene
de poco práctico este método, de cuyo empleo podría resultar que
.al saltar rápidamente un hombre á caballo para perseguir al enemigo
ó huír de él, se viese obligado á galopar por largo tiempo con
.el sable bajo el muslo izquierdo. Sería mucho más sencillo dar á
.toda la caballería prusiana la chachka de nuestros dragone , arma
iigera y cómoda, tanto á pie como á caballo.
Análogos experimento · han tenido lugar en los re g imientos
de hulanos para buscar un medio de fijar á la silla á la vez el sable
.Y ta lanza, con el objeto de desembarazar al soldado cuando en una
marcha se vea obligado á conducir su caballo de la brida. Pero hasta
ahora todos estos ensayos no han terminado, y las carabinas permanecen
fijas al costado derecho de la silla mientras que los solda<
los conservan el sable á la cintura cuando echan pie á tierra.
A continuación de las inspecciones de escuadrón los regimientos
pasan á los ejercicios de regimiento y brigada. Más arriba
he dicho su objeto, su duración y el pequeño número de sesiones
que se les consagra. No habiendo podido asistir personalmente á
este período de instrucción anual, me conformaré con mencionar-
• Ya para dar remate á la victoria con una vigorosa per. ecudón, ya para re-
tirarse, en caso de descalabro, puesto que esta iíltima operación debe, como lo hemoa
•isto más arriba, efectuarse igualmente: al galope de carga.
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121
Jo aquí, recordando solamente que se termina de una manera
análoga á los demás., con las inspecciones de regimiento y de bri •
gada, pasaré desde luego al período siguiente, ó sea el del servicio
.de campaña-( Continúa).
.. ...
.POR LAS PROVINCIAS DEL NORTE DE LA NUEVA GRANADA, EN 18 50 Y t 8 51
I
21 de Enero de 1850
Era la mañana, y los primeros rayos del sol derramaban
eopiosa luz sobre Bogotá y la extensa planicie que demora al
frente de la ciudad andina. Leves vapores se alzaban desde el
pie de la cordillera inmediata, escalando lentamente las majestuosas
cimas de J\Iouserrate y Guadal u pe, C1aya sombra ·se proyectaba
l>ien ":tdelante de sns ba.ses, contrastando la sua\"'e
oscurid~d de éstas con la brillante iluminación de las crestas y
picachos salientes de la parte superior. El ambiente puro, ligero
y perfumado con los innumerables olores de los arbustos
de la ladera y de los rosales y campánulas que crecen silvestres
a orillas de Jos vallados y alamedas, producía en todo mi
sér una impresión indefinible de bienestar, sintiéndome vivir
desde el fácil movimiento del pulmón, vigorizado al aspirar
aquel aire diáfano y fresco, haBta la palpitación de las más pequeñas
arterias de mi cuerpo. Una brisa tenue mecía 1os flexibles
sanees de la Alameda ·vieja, por entre los cuales se veía
á intervalos la vecina pradera, verde-esmeralua, matizada de
innumeral>les flores de achicoria, y poblada de reses quepastaban
la menuda yerba cubierta ue luci e nte rocío cto. una simple abra de la cordillera del E.,
ft·outeriza á la Venta del Contento, le envía los vientos del páramo
y esteriliza el terreno: al paso que el abrigo de los cerros
de Fusc~ y Ja acción prolongada rle los rasos solares sobre la
ladera de Torca, determinan allí, á más de 2,700 met.ros de altura
sobre el mar, el crecimiento de un bosque robusto y elevado.
De esta manera no Rólo la altura de las planicie y valles
de nuestro país y la con. titución g e ológica del terreno, sino
aun las mPras sinuosidades y quiebras del suPlo, prodnm~n la
inagotable variedad de frutos con qn~ la Providencia ha euriquecido
las bellas y delicios a .· comarcas de los A.n<.les.
A poco andar 11eg~mo~ {l, un arroyuelo claro y purisimo,
que haja l d la vida, inocent~ y pura Hl principio, oprimida
(lespnés por las r~glas Rociales, perturbada y tumultuaria
al fiu, pt>rrliéndo~e eu las insondables tiuieulas s 9 líeito estar despiert()
eu tales po~adas, me apresuré á gastar el resto det dia
et visitar el Puente del Común, objt~to de nuestra detención
allí. Mide 440 vara8 de longitntl, iuclusos los camellones au.
juntos, y la obra es (le sillares y mampostería, bastante sólitla
para resistir el abandono en qne yace. Sobre el cuerpnio diligeute que haga valer su fecundidad.
Pero s, qué mucho que así vayan las cosas en orden á lo
material, cuaudo en lo intelectu3\- tiene que lamentar el patriota
la ausencia de una simple escuela primaria 1 Fincan :su empeño
los zipa.quireños en añadir lentamente piedra á piedra en
la fábrica de una iglesia colosal, espouja que embebe inútilmente
dineros que, empleados en fundar escu~las y mejorar
caminos, mautemlrían hoy próspera y floreciente la ciudad, en
vez egundo, y
ae le agreg11rá al sueldo dt! qué se trate.
BOGOTA-IMPRENTA NACIONAL
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