ARO IV Bogotá, Mayo 16 de 1900 NUM. ~~3
BOL 'ETU\J IVULITAR __ ...,. . ...., __
ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO
0IUCTOJl AD•JfONOUM, FRANCISCO J. VERSARA y V.
Gene1·al, Miembro de la Sociedad Colombiana de ln&enteroa
Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefe• 7
Oficiales del Ejército de la Rept\blica
ECCION DOCXRIN AL
DISClPLIN A Y SUBORDIN ACION
!.Ja disciplina es el alma de los ('jércitos; del mantenimiento
y de la exacta observancia de la. di ciplina dependen
la salvación de lal'J tropas y el éxito ele "US empresas. La falta
1de disciplina destruye el conjunto tle la acción militar y aísla
los esfuerzol'f, que naturalmente tienen que ser impotentes;
sólo la disciplina puerle reunir todas las voluntades eu la del
jefe, alentar la energía y el valor de cada cual, y fundirlo en el
interés de todos para obtener, en fin, aquello que asegura la
victoria, gara.ntiza el orden y la confianza, sin lo cual el vigor
y la. abnegación son inútiles é infructuosos. Un pequeño número
disciplinado logra casi siempre vencer á otro mayor
que carece de disciplina; además, impidiendo los excesos . ~e
los vencedores, la disciplina dispone á los vencidos á la sutni·
sión, asegura así el éxito, y á menudo obtiene más resultados
que la fuerza y la victoria.
La se,·eridad de las leyes militares indica tompre la falta de disceruimiento y de inteJigeucia
en el militar. ¿Qué ymeordinacióu es tan culpable como
el que deserta al frente del euemigo; antbos son cobat·des, el
uno aute el deber y el otro ante la muerte; ambos atacan real ~
· · · · · · mente los intereses más preciosos de SLlS camaradas y del
ejército.
Los soldados que faltan {t la disciplit1a frecuentemente,
deshonran á su regimieuto; u:s camaradas no deben olvidar
que esos hombres son RUS peores enemigos, porque la discipli.
na es la. ley que protege el lwuor y la vida. de los bravos y de
los buenos sohlados.
Los camarada deben, pue", tener si e mpre nn gran interés
en volver á su deber al soldado iu olnt~ iutlif r neia por sí mi. · mo cotHluce á la reJajacióu
d todas la ooligaciou 'y 110 ta.rcla en hacer perder
á uu hombre su nwjore cualidades .
. El amor propio del . olc.hulo •s e e af,•cto houoraltle que
todo hombro c.lebe t~ ener~e •n proporción de u valor; seutimieuto
que toca á la estimauión do sí mi rno, que nos ha~e
tan scllsiole á los reprodws y á los ca · tig-os, que sin cesar nos
excita. á obrar bi n y aun m •joe, para merecer la aprobaciones
y las impatía d ~ los clemá .
El amor propio así ohm eutendic.lo siempre encuentra las
razones más adecuadas para ooedecer y nunca para resi tir.
- - ···--- ( Continúa)
•
El fusil G·ras e una arma de cerrqjo, adoptado en 1874
para el armamento de la. infa.n te ría. franca a, en la. cual de un
modo ú otro estln·o en servicio lla ta 1897, y en la actualidad
• Extracto~ de un libto que próximamente se publicará, profu amente ilustrado,
y que contendtá la descripción y mant:j de toda · la arm · s t'Xi ·tentes en el parque.
Como dato curios'> auotuemos aquí que los fu ilcs que en la actualidad gozan 6
han gozado de algún renombre on: .Albini- braendlin, .Amsler-ll1ilhank, Beaumont,
Beaumont-Vitalí, Budrm, B J.rer, Carean o, Chassep ot, Comblain, D ttuleteau, Dreyse,
Enfield-Snider, Engh, Friihwirth, G1.ffard, Gms, Jlebler, lfenry, Hiram-.Ma.rim, Ju.rmalln,
Krag-Joorgeuse (~), Kragpl'iersen, Kn1ka, Kropatscltel;, J,eht>l, Lee, Lee-Metford,
Lorenz, ~lanliclter {-1-), ,l[zrtini-Ilr,nry, ~lauser (-!-), Minie. Montalembert, Mourata,
Ptlravicílw-Carcano, Pe"!Jorty, Pu ·Levito, &rninglon, Uttbin, Ru.so rle 1891, Schmidt,
Sltarp, Ruider, Spencer, pitalcki, Springjield, Tersen, Treüillc de Beaulien, J'etterli ( ~ ),
Yitali, 1Viin:z.l, 1Va1let:z.el, 1Verder, JVenarJdl, Wiucltester.
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628 BOLETlN MILITAR
aún es reglamentario en Grecia, y en Colombia constituye el
arma introducida en mayor número en los últimos tiempos.
Como en todo~ los fn ·ilt>~, .·e di. tint:?;uen eu él el cafión, el mecanismo
de cierre y percm ión, la caja y las guarnicioues.
Oañ6n-El cafión, za. produce la expul~
ión u~ la ~aina al retirar el cilirulro obturador (cerrojo). Tam·
bién en el fondo, pero á la parte eL terior, ha.v otro tornillo que
njeta el muelle del cli para lor, en. ·a. uña. penetra al interior
por una ranura q ne para llo tiene la caja t>n cnestión. A la derecha
existe otro tornil1o que hace de tope (tornillo garbanzo)
é i m piel con 'U punta la salida del cil intlro obturador 6 cerrojo
en su movimi nto retrógrado.
Cilindro móvil ó cerrojo-E ta es la pi lza capital del arma,
pul'S contiene y mueve u órganos principales: el obturador,
el percutor y el extractre la parte anterior el el cilindro que comprime
dicha vaina. contra la recámara, impidiendo sn alitla por efecto
del disparo, y e~tá, por cou iguiente, c~ elante del cilindro, al
cual se liga por un re~alto, itnado encima, que lo t-oma al girar
aquél, pues el obturador sólo participa de los movimientos de
traslación del cerrojo y nunca de los rotativos. En el costado
derecho del refuerzo uperior hay una mortaja donde entra un
diente del cilindro al levantar la mauiv·ela; en tanto que en la
inferior exi, te la canal para que funcione el tornillo expul or y
no impida su movimiento de nt y \·en, y á la derecha de la
parte cilíndrica la en que juega el tornillo tope. Para que el
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BOLETÍN MILITAR 629
punzón 6 aguja llegue hasta el cartucho, el obturador está tal3-
drado, y para asegurar su completa inmoviljdad, la parte interior-
posterior de e~e taladro e prkmática, de la mL;: m a forma
que el trozo de punzón que en él se aloja, de , uerte que sólo
los extremos anteriore de amba pieza~ on cilíndricos.
b) Extractor-En uu estuche 6 cama praeticado en el refuerzo
clPl ohtnral]wrcutor, y en
el m nor tan olo. n e piga; (~.r terio ml'!nte el cilindro ti n .. aclberhla
una mauigueta. ó manin•la, ó mango n la. (]tte t-tjns ta
la cnñn-tope <1•1 gatillo al hac r la percusión 6 ir haeia
adelaute. La ele la cler cha recibe la cnfia-tope en la po. ición
inmediata á la p •tetvión. y la ranura ele la. izqui nla al estar
cerrarla la recámara; entre é. tnH la H(loción (~~de p( rtil heJi ·oirlal
qn , a poy{wclo 'H 'n otra <'orreHponcliellte do la c:uña-tope,
r~tira antOUlÚtHmllH.' Ilte el JlllllZOil, lJa •ieJit}O retrOCetlel' el gati·
llo al levautHr la mani,·ela.
rl) Gatillo-El gatillo colocado á continuación de la pit•za
< e.erita <.'~un cilindro con el refnerzo n la parte SUJH'l·ior
para s rvir d gnfa eu fm movimi nto de tra lación, cnyo refuerzo
termina. en uu tnlóu labrado, sobre el cual Re actúa
cuando ólo e qni n .. arnl-lrtillar el arma. La cuña-tope ó fiador
pen traen la corrpspon5 en 2- metro de 400 {ii 1200
en la Yarilla del co tac.lo izqni rtlo. Para los 1300 ·e apunta
por la ranura snperior. D • do t400 incln ~ive ha ta 1800 e hace
uso llas el
pavón duraría poco tiempo.-( Oonclu.irá)
T.~OTIO.~ DE ESTACIONAMIENTO
(Continúa)
CAPITULO II
PUESTOS AVAN7. DOS - SU DISPOSlCIÓN GE 'ERAL-.!STADLiCIMIENTO Y SERVI-CIO
DE LOS PUE STOS-REGL S DE CONDUCTA-PUESTOS IRREGULARES
Las di posicione de seguridad que en los cantones ó campamentos
tornan la tropa para ponerse al abrigo de cualquier ataque,
con tituyen un crvicio e pecial, que comprende varios puestos
avanzado hacia el enemi g o. Su 1nisión principal es resistir los
ataque· de fuerza upcriore. el tiempo necesari para que el
grueso Je la propias ocupe sus posiciones y se apreste al combate,
replegándose despué sobre ellas, aun los que no han sido hostilizados,
ó rechazar por sí solos los pequeños ataques que no exigen
una re. istencia superior á la que ellos pueden presentar.
Lo puestos . e e tabler.en á van guardia y sobre los flancos de
la posición de combate elegida por el cuerpo principal, la cual
deben Conocer (!Xactamente para obrar COn acierto, pues Ja f .. Jta
de este conocimiento podría dar lugar á su retirada prematura,
por rreer á aquél ya establecido, 6 á su estéril destrucción, por
resistir má · de lo necesario. Su fuerza varía según las circunstancias.
Ante un adversario que se retira batido, 110 debe ser tanta
como ante otro fu~rte }' entero que busca el combate; tropas aguerridas
y di.ciplinaJas requieren menos vigilancia que las bisoñas
ó desmoralizadas por un revé , así com las que se guarec(!n en
cantonee; de ben prevenirse más que las acampadas, y é ·tas, en una
sola noche de vivac, no necesitan guardarse tanto como en varias
ons e utiv ,ls. No e , pues, p sible dar reglas pr(!cisas; y, según las
a ntedicha. circun:tancias, la proximidad del enemigo y las coniicion
e· topográíacas del terreno, se emplea en e te servicio un
. fcctivo que pueJe variar entre -Ir y ! del total, con el mínimum
1ue la prudencia aconseje y teniendo en cuenta que el aumento
ue la armas modernas han dado á la fuerza de res'stencia de
cualquiera tropa y el apoyo que el terreno puede prestarle, permien
reducir algú11 tanto lo efectivo ·, . in gran detrimento de su
otencia defen iva.
El . ervicio ·1vanzado se cubre con infantería y caballería:
quélla para re::.istir, th ... upand la alturas, los terrenos ásperos y
odo · los punto · que exigen una defen a enérgica; ésta para reco-
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rrer y explorar los que le son accesibles, en toda la extensión que
permite su movilidad. La artillería sólo tiene aplicación en los
grandes puestos que cubren puntos de importancia.
La línea de puestos avanzados afecta la forma de un extenso
arco de círculo que cubre el cuerpo principal y sus posiciones, y
cierra las avenidas, caminos ó desfiladeros por donde se puede temer
una agresión, pasando por las alturas ~u e ofrecen un buen
radio de observación. Los puntos expuestos al ataque se guarnecen
sólidamente con infantería, y si hay tiempo se fortifican; los
de observación se cubren con efectivos menores de la misma arma,
y los espacios intermedios se vigilan desde los puestos, que durante
el día extienden por ellos su lfnea de centinelas hasta unirla con
]a del inmediato, y por la noche, destacan patrullas que los recorren,
y mantienen la comunicación entre todos.
Esta línea de infantería constituye la parte fija del servicio, ó
sea· la línea de resistencia; su complemento es la parte móvil ó la
línea de observación, formada por la caballería, ocupando una zon'a
más avanzada, distribuída en puestos volantes, cuyo punto de
estación se sitúa frente á los intervalos de los de infantería y bajo
su protección. Ambas líneas se apoyan recíprocamente, y cada una
completa la acción más ó menos eficétz que la otra puede ejercer
en los diferentes terrenos, puesto que en los descubiertos y poco
quebrados, que son los m~s impropios para la resistencia que
debe hacer la infantería, puede la caballería llevar muy lejos su
exploración, mientras que en los cubiertos y ásperos que no permiten
extenderla tanto, encuentra la infantería mayores recursos
defensivos, y por consiguiente los medios de contrarrestar los peligros
de la sorpresa.
La linea de puestos de infantería consta de cuatro escalones,
semejantes á los del orden de combate. El primero lo forma un
cordón de centinelas, el segundo los pequeños puestos intermedios,
el tercero las grandes guardias y el cuarto la reserva de éstas. En
una línea poco extensa que sólo tenga una ó dos grandes guardias
se suprime el cuarto escalón. Cada uno de ellos procede del inmediato
por retaguardia, que lo apoya y refuerza si es atat:ado; pero
así como en la disposición de combate, la resistencia se desarrolla
en el primero, que absorbe sucesiva mente á los demás, en
ésta tiene lugar sobre el tercero ó sea la gran guardia, que es la
que detiene al enemigo hasta que el cuerpo principal se halla dispuesto
á recibirlo.
Los centinelas son casi siempre dobles: uno fijo y otro que
se mueve en un radio determinado, explora el terreno y mantiene
la comunicación con los inmediatos. Los puestos intermedios son
pequeños y numerosos, compuestos regularmente de una escuadra
ó un pelotón, cuya cuarta parte se invierte en un trozo del cordón
de centinelas. Las grandes guardias constan de una sección, de
dos, ó de una compañía entera, y destacan la mitad de su fuerza
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BOLETÍN MILIT A.R 633
para formar los puestos intermedios. La reserva de éstas es igual
al otal de fuerza distribuída en los tres escalones primeros.
La distribución de la fuerza en cad:1 pue to no se sujeta á
reglas sistem'áticas que harían muy difícil su colocación conveniente
y acomodadc1 á las circun ~ tancias. A 1, por ejemplo, u~
batallón encargado de este servicio deja dos compañías en rese1va
y distribuye las otras dos en varias grandes guardias, mayores ó
menores, iguales ó desiguales, según la importancia del punto que
se les confia, y cada gran guardia destaca á su vez los puestos intermedios
que son necesarios, con igual libertad.
La distancia entre los escalones depende de la situación de
cada puesto con relación al enemigo, de sus condiciones de defensa
y de su alejamiento del cuerpo principal, al que deben proteger
de modo que lo mantengan en los primeros momentos de un
ataque fuera del alcance dt• la artillería agresora. En terreno regularmente
variado se puede establecer como tipo medio de distancias,
la de mil metros desde el cuerpo principal á la reserva, 8oo
desde ésta á las grandes guardias y 500 de la gran guardia á sus
puestos. La línea de centinelas se adel a nta uno 2 0 0 metros de
los puestos, con tal que todos sean vistos desde ellos, y la misma
distancia se deja entre lo dos centinelas de cada pareja. En terreno
muy quebrado se disminuyen las distancias prudencialmente,
y ]o mismo en los cuerpos pequeños, cuyo servicio más reducido
exige naturalmente mayor concentración. Algunas veces, sobre
todo durante la noche, es conveniente reemplazar los dos primero
escalones por una línea de pequeños puestos de un cabo y ocho
hombres, que ocultándose en las quiebras ó tendiéndose en tierra
á 300 ó 400 metros de la gran guardia, adelantan dos centinelas
ó escuchas á 20 ó 30 metros *.
La reserva de las grandes guardias se sitúa en un punto central
ó hacia el que más probabilidades tiene de ser atacado, y de
un modo análogo se colocan las grandes guardias sobre las avenidas
que les corresponde vigilar; los puestos intermedios ocupan los
caminos que cruzan su emplazamiento y los puntos más fáciles de
abordar por sorpresa.
Los distintos escalones mantienen una regular y continua
correspondencia entre sí, y el último con el cuerpo principal. Las
grandes guardias destacan además, durante la noche, pAtrullas que
recorren los intervalos entre los puestos y exploran el terreno delantero
á los centinelas, y el comandante del servicio y los de
ellas se aseguran de la vigilancia y exactitud con que se hace, recorriéndolas
con frecuencia.
Generalmente, ]as avanzadas vivaquean al raso; en las estaciones
muy crudas se permite á la reserva, y aun á las grandes
guardias, utilizar los lugares habitados comprendidos en su empla-
• Entre nosotro , por obvias razone . , e. te último .i tema deberá ser el normaJ.-(
J ... D.).
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634: BOLETíN MILITAR
zamiento; pero los puestos intermeJios nunca se guarecen bajo
techado, pudiendo cuand más re guarJarse de la intemperie detrás
de algún edificio, sin perder de vi ·ta los centinelas.
Los puesto. de caballería se constituyen de un modo análogo
á los de infantería, formando de ordinario cada gran guardia con un
escuadrón. Los volantes no tienen lugar fijo para establecerse, sino
un punto de partida y un radio determinado d~ exploración. La
reserva de los puestos de caballería se aleja dos ó. tre kilómetros
del cuerpo principal y destaca sus grande guardias á 1 ,6oo ó 1 ,8oo
metros; éstas adelantan sus puestos intermedios á I,ooo ó I,soo,
y los centinelas se sitúan á 6oo ó . 700 metros á vanguardia de
ellos. Por la nocht se repliegan los escalones sobre el último y
establecen un servicio mixto concentrado, que ]o:, dos primeros
escalones hacen á pie y con la carabina.
EETABLECIMIENTO Y SER\' ICIO DE LOS PUESTOS
Los puestos avanzados están á las órJene · de un oficial superior,
que recibe del Comandante en Jefe Je las fuerz.as la (.>rdenes
é instrucciones sobre la situacic>n general de la línea, apoyo
que debe tener, colocación de los má importantes y el santo y
seña de cada día; siendo responsable de la seguridad del campo ó
cantón.
Antes de instalar los puestos, reconoce detenidamente las posiciones
que han de cupar, elige el emplazamiento de cada uno,
comunica sus instrucciones á los comandantes y los despide á sus
destinos. Despué de instalados lo inspecciona, rectifica lo qu~ le
parece con\'eniente en su colocación, omp1eta las instrucciones
dadas y ordt!na la manera de hacer el servicio nocturno, para que
los comandantes puedan e.studiarlo durante el día; pasando despué:
i á situarse en la reserva ó puesto principal, desde donde se
mantiene en correspondencia con todo ellos.
El comandante de cada gran guardia, luégo que ha recibido
sus instrucciones, la conduce al puesto, llevando delante una vanguardia
ó patrulla exploradora, y llegado á él, reconoce el terreno
que ha de cubrir, elige loR puntos de instalación de los centinelas
y loR coloca por sí mismo, empC7,?.nJo por un extremo; Cll:tndo
ha e tablecido los del primer puc to, fija la situación de éste, y continúa
colocando los demás de igu.:~.l modo hasta concluír. Si 1
cord6n es muy extenso, le ayuda un subalterno que empieza p r
el extremo opuesto.
Los centinelas se colocan formanoo una línea que nadie pueda
atravesar sin ser visto, y alcance a enlazar con la de los puestos
inmediatos; las consignas deben hjar con claridad d radio Jt observación
de ada pareja, el m do de d .1r lu . a\ i o la conducta
que han de seguir si on •ltacad ~ ,y todo· deben on cer n exactitud
la situación del puesto á que pertenecen, la de los inmedia-
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BOLETÍN MILITAR 635
tos por ambos lados, la de la gran guardia y la dirección que
traerán las rondas y patrullas.
Establecido el cordón, el comandante de la gran guardia
rectifica si es necesario la situación de los puestos, de modo que
queden próximos al centro del trozo que cubren, á conveniente
distancia y ocultos en lo posible á la vist;.l del enemigo, señala las
horas de relevo, da sus últimas instruccione , se incorpora á la gran
guardia que hasta entonces habrá permanecido sobre las armas,
envía al jefe del servicio el parte de haberse efectuado la instalación
y ordena á su fuerza que organice d campo.
Todo comandante de gran guardia debe estar provisto de
papel, lápiz y unos gemelos de campaña, siendo conveniente que
tenga además una brújula de bolsillo para orientarse. Durante el
día se ocupa en recorrer el puesto, reconociendo sus caminos y
estudiando una buena disposici6n para el servicio de noche, y á la
vez elige para hacer agua y leña los lugares que la ofrecen más
cerca, visita con frecuencia los pequeños puestos y hace que lo
ejecuten también sus subalter110s.
El servicio de día lo reo u ce en lo que permite la seguridaJ,
para que descanse la mayvr fuerza po!'ible, y á la caída de la tarde
dispone la que debe prestar el de patrullas, pone la fuerza sobre
las armas, y hace una descubierta de los alrededo1 es preparándose
á la concentración.
Esta se ejecuta por retirada de todos los escalones sobre el
último, deteniéndose cada uno de vez en cuando para observar, y
volviendo á emprender la marcha hasta que el inmediato llega cerca
de él sin indicar noved:1d. Concentrado el puesto, rectifica la
disposición general con arreglo á la nueva situación que toman los
centinelas, los cuales coloca por sí evitando hacerlo en las partes más
elevadas para que no se destaquen y puedan ser vistos de lejos*. Si
el tiP-mpo es muy frío, permite encender algunas hogueras á retaguardia,
en sitio bajo ó en hoyos, teniendo prevenida agua ó tierra
junto á cada una, para apagarlas instantáneamente, y dispone que
la fuerza vaya por tandas á calentarse.
El servicio ~e patrullas empieza inmediatamente después de
Ja concentración, formándo e de dos clases: unas exteriores, que
reconocen el campo en dirección del enemigo, y otras de comunicación,
que marchan trasversalmente de un puesto á otro y mantienen
la relación entre ellos. Como su objeto no es combatir sino
observar ocultamente, se componen de un cabo ó s~rgento y cuatro
ó seis hombres escogidos como inteligentes y serenos, dando
á cada jefe instrucciones precisas s bre la dirección que ha de
llevar y puntos que debe reconocer con más detención, y fijándole
un tiempo prudencial para el regre o.
Procedimiento inver o, es decir, adelantar á la oración puestos m:mtenidos próxi"
mos durante el día, e impone en la lucha contra guerrillas.-L. D.
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636 BOLETlN MILITAR
La marcha de las patrullas debe ser pausada, sigilosa, bien
orientada, evitando los sitios muy despejados, la luz de la luna y
cuanto pueda descubrirla, deteniéndose de vez en cuando para
escuchar. Las exteriores esquivan el encuentro con las enemigas,
y si tropiezan con alguna superior en número, se ocultan dejándola
pasar ó procuran sorprenderla, y hacerla prisionera si es pequeña.
Las de comunicación marchan hasta encontrar á la del
puesto inmediato en un punto intermedio escogido de día, se reconocen
por seña convenida, y después de comunicarse una á otra
lo que hayan observado, regresan al punto de salida ; si no se encuentran,
continúan hasta el puesto inmediato para dar parte de
la falta y regresan al suyo.
Las patrullas de comunicación deben ir muy prevenidas para
reconocerse y salir á una hora fija de todos los puestos, siendo las
mejores las que median entre las de relevo de centinelas. A la
salida se informan de lo que éstos han observado, y al regreso comunican
al jefe del puesto el resultado de su exploración.
Hasta media noche la vigilancia se ejerce con facilid. d, pero
de esta hora en adelante el sueño empieza á rendir á la tropa, y
como el enemigo que intenta una sorpresa escoge los momentos de
mayor cansancio y abandono, es preciso redoblarla á medida que
avanza la noche, teniendo despierta u na parte de la fuerza. Media
hora antes de a•11anecer todo el puesto toma las armas y espera el
día para hacer la descubierta.
La fuerza encílrgada de ella sale luégo que ha amanecido, dividida
en tres patrullas, y se dirige á explorar el frente y los flancos.
La del centro lo hace directamente hacia el enemigo, precedida
de dos exploradores que avanzan poco á poco, deteniéndose
alguna vez y reconociendo las menores quiebras: á medida que
avanza, deja de trecho en trecho un hombre que sirve para no perder
la correspondencia con el puesto y continúa hasta llegar á una
distancia prudencial, eligiendo para detenerse un punto que ofrezca
buen radio de observación. Las otras patrullas proceden de igual
modo, saliendo por derecha é izquierda y describiendo en su exploración
un arco de círculo, que va á cerrar sobre el extremo de la
línea que sigue la patrulla central, en el cual se unen las tres, y
después de comunicarse sus observaciones, envían parte de ellas al
comandante del puesto. Este se adelanta entonces con su tropa á
tomar los puestos de día, y después de cerciorar~e por sí de que no
hay novedad, coloca los centinelas y pequeños puestos, hace retirar
las patrullas y envía al jefe del servicio avanzado parte de la instalación
con las novedades que hubiere.
Para ahorrar trabajo á las tropas es costumbre formar las patrullas
de descubierta con los mismos hombres que han de entrar
de centinela en el cordón de dia, y si han de ser muy fuertes, se
les agrega los que deben formar uno ó dos pequeños puestos.
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BOLETIN Mll1l~AR 687
Si al hacer la instalación observa el comandante que el enemigo
ha variado algo sus disposiciones, modifica con arreglo á
ellas la del puesto, y lo hace presente en el parte.
El servicio avanzado dura veinticuatro horas. Los relevos se
hacen al amanecer, en el momento de la descubierta, ó al oscurecer,
cuando se concentran los puestos. La fuerza entrante llega á ellos
en silencio, forma junto á la gran guardia saliente, y su comandante,
después de informarse por el de ésta, de las instrucciones
y consignas, reconoce el terreno que debe ocupar, y procede al
relevo de los pequeños puestos y centinelas.
Cuando el ejército se pone en marcha, los puestos avanzados
toman ]as armas para retirarse, pero no abandonan la línea, hasta
que la ha rebasado la extrema vanguardia, y si la marcha es retrógraaa,
esperan para hacerlo á que todo el ejército esté en movimiento
y se haya organizado el cuerpo de retaguardia. (Concluirá)
MANUEL M0RENO CHURRUCA
HABLAR Y ARENGAR Á LAS TROPAS
El General ti ne la strecba obligación de manten r una
coiTe8pondencia o tenida con su oberano y lo mini tro ;
debe darl cuenta acta de sus operacione'; necesita dictar
las órdenes general e , y expedir por e, crito la' particulares. Si
en todas estas circnn.·tancias no sabe escribir con pureza su
propia lengua; i su estilo uo reúne á la sencillez, la claridad,
la conci ·ión y la energía, sus despacho· y sus órdenes pueden
ser mal eutenrlidos y dar lugar á fnnestas equivocaciones. Los
Generales hallarán monto de hablar á: as tro·
pasante de la batalla, en el curso del combate y rlespu s de la
victoria, es un arte que el General debe poseer á la perfección.
Los malos arengadores, el énfa"·is de alguno Generales en cir·
constancias Recnudaria , el abuso que hacen de discursos y
órdenes escritas á la tropas, sólo sit·ven para poner de relieve
el maravillo o efecto de la arengas snbJimes de los grandes
capitanes de la antigüedad y de los tiempos modernos. En una
arenga militar pronunciada antes del combate, el General debe
hablar á sus soldados de la superioridad de su armamento, de
su instt·ucción, ele su di. cipliua y su , .. alor; debe llamarles la
atención hacia las ventajas de la posición que ocupan y del orden
en que se hallan colocados; en ese momento decisivo debo
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638 BOLETIN MILITAR
lisonjear los talentos y la bravura de los jefes en general, ¡y
quién osaría cotu1euarlo, si hablase de sí mi roo con un eierto
orgullo! Sin embargo, bé ahí un escollo; es necesario que todo
lo atribuya {~ la buena calidad de sus tropas, rebajando el
mérito de los enemig-os y guardáuclose bien rle infundir la idea
de un éxito difícil. Inferior en número, citará ejemplos en que
los ejércitos superiores han sido irremediablemente derrotados:
debe presentar el cuadro de las consecuencias de la derrota y
de la victoria, pero en semE>jante materia, las reglas oratorias
quedan muy atrá de los ejemplos. Citemo algnno,.
Unando Leouidas se encamiualJa á defender el pa o el~ l~s
Termópila~, alguien exclamó: llé ahí á lo.~ persas que se nos ·
aproximan. Y nosot·ros á ellos, con te tó el héroe tranquilamente.
Otro esparciata, habiendo diclw que el ol se ocult~ ría bajo
las uubes ele las flechas per a , tanto mejor, replicó Leonidas,
combatiremos á la somb1·a. Camilo, cerca de Satrico, ob ervando
que la pre encía tle las uumer .. a tropa .. enemigas aterrabn.
{t sus ·olda.do ·, monta á caballo, recorre las fila~ y 1 dice:
Oa1naradas, ¿ dónde se hallan ese gozo y esa ansiedad de combatir
que siempre he arll'e·rtido en vuestro se1n1Jlante . ¡ IlabéiR olvidado
quién soy yo, quién sois vosot1·o. y quién el enemigo ¡No
debéis la conquista de vue tras glorias á los volsco y ú los latinos 1
¡ No habéis bajo mi· 6rdene conquistado á Vije , de ·n ·otado á los
galos y libe>·tado á Roma? ¿Re dejado de se1· Camilo ? Marchad
como de co ·twnb>·e, y como de costumbre también, los enemigos
hui,·án despavorido .
~~~ la batalla. c.le üauuas, rnomeutos antes al dice á u~ oldatlo" : Basta, estlJ olo día para poner térmi"
o á vuestras fatigas; y hoy al dm·os el i'lnperio y los bienes do
lo& romanos, vais á ser dueiíos del Unit·e~·so. En otra ocasión:
Desp·ués de tres victo ·das con8e(;ut ·ivas, ¿qué discursos ni qué palabras
pueden atc.ima1·os mejor que vuest·ros propio· hechos 1 En
Farsalia, Cé ar ordena que se derriben las muralla y se siegueu
los fosos; porque, añndía,11a8aremos la noche tan cóm.odamente
cO?l'Z.O en el cantpo de Pom.peyo.
Arminio, eu los iu tan tes de combatir contra las tropas romanas,
que antes había derrotado casi en el mismo Jugar,
cuanclo estaban bajo las órdenes de Q. Varo, exclama al
frente de sus soldados: Hé ahí á Va1·o y sus legiones que van
á ser batidas pm· segunda vez.
Al>a-Suan, Capitán sarraceno, decía á sus soldados antes
de la batalla de Yarmoue: Fieles discípulos del g-ran profeta,
pensltd en que el pa1·aíso está adelante, el d1·ablo y el fuego atrás.
El Califa Ornar, al comenzar uua batalla: Combatid por
Dios, Él os dará la tier·ra.
Cuando en 1066 Guillermo el Conquistador abordó á Inglaterra,
creyó, para inflamar el -valor de sus soldado , que debía
quitarles toda esperanza de 1·etirada: Amigos, les dice,
anojando él mismo la prim ra tea sol>l'e ~n flota, este recuJ-.'lO es
hoy ·inútil, y pu.es que no tenéis el designio de huí·r y reg-,·esar á
Franc;ia, n14estro único asilo sefá Londres; ubrárnonos camino 6
perezcamos bajo nuestras bande·ras.
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
BOLE1'ÍN MILIT.A:R 639
Pocos Capitanes tuvieron, como Gonzalo, el talento de
hablar á las tropa y de reanimarlas, pareciendo contar sif>mpre
con su valor .V su fortuua. A los principios de uua acción,
ve volar sn almacéu de pólvora, y an eu los Jihros. Importaba
úuicam uto 1uo, t1 ·ar qn ·, • Pgún el earáct r d los Eljército
, sus j f,... mpleabau la ironía, el desdén, la gloria, l interé,,
la prome a d la r comp n a· la nwmoria de la grandes
accione.~, la. nohl 'Z' , ,¡orgullo, la religión y 1 honor. En otro
ortlen encoutraríamo · t•jemplos ·em jautes. A ·í, uu Uoronel
que 11 1~1 •ru , pronto ú carg·ar, uo abía. cómo animar á us
soldado , de ·contento. por halwr utnulo eu campaiia •in uniforme
, le· die : .1lli • amigo.·, hé aquí algo pa·ra con.~olaros :
tenéis la fortuna de hafla·ros en p·resencia de un regimiento que
hace ala·rde de sus uniformes nttevos; cw·guemo scon 1:igo·r, y vi&·
támonos.
Eu la uatalla o q u lo, que le m u e ven á él t
El arte de la. pa.laln·a le erú aún más nece ·ario en Jos Consejos
que ha a de r )unir bajo u Pre i
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 153", -:-, 1900. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691069/), el día 2026-04-04.
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