AfitOlV Bogotá, Mayo 12 de 1900 NUM.lGl
--~· ..... --
ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO
DIRJtCTOR AD•HONOUM, FRANCISCO J. VERSARA y V.
General, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros
Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y
Oftc~ales del ~jército de la Re~ública
O ICIAL
EJERCICIO DE TIRO AL BLANCO
ITII Jnne~ 30 de Ahri1 último, ;\la 7 a. m., se pnso en marcha,
hacia á los afueras <1 ~ Bog·o r., unn. hat río. tl 1 Batallón
2.o de Artille·ría, llel"anclo nn eañón de monta fin. tle bO milímetros,
sist<.·Hna Bange, un cañón Withwort /1, rle 2~ lihnu:;, y una
ametralladora Gatling, con el objeto de practiear ejercicios de
tiro al blauco.
Se eligió como campo de t.iro una colina sobre el río San
01·istóbal, con el fin de acostumbrar á los Oficiales y tropa á
vcucer las dificultades qne presenta 1a conducción de una artillería
rm1arla por caminos quebrados.
Sobre un morro desigual y montuoso se hicieron entrar las
piezas en batería, tomando por blanco la boca de nna mina de
arena (que con el binóculo se divi aba tlel tamaño de un hombre),
situafla en una de las faldas clel cerro tle La Peña, terlien·
do de por medio la profunda cañad;.t atirlo con fuegos
oblicuos, que dieron el resultado que se expresa en el cuadro
siguiente : ' '
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562 BOLETÍN MILITAR
Oañón de montaña de 80 milímetros
Blanco, la boca de una mina de arena. Día opaco. Viento
euave y en la dirección del blanco. Altitud, 2,800 metros. Tiro
con granadas 01·dinarias.
Primer tiro á 300 metros. Corto.
Segnudo tiro á 500 metros. Corto
Tercer tiro á 700 metros. Blanco.
Cuarto tiro á 7 50 metros. Largo.
Quinto tiro á 700 metros. Blanco.
Se tomó para el tiro de · conjunto una alza de 725 metros.
Sexto tiro á 725 metros. Blanco.
Séptimo tiro á 725 metros. Blanco.
Octavo tiro á 725 metros. Blanco.
Noveno tiro á 725 metros. Blanco.
Los tres tiros restantes se dirigieron á puntos colocados á
la misma altura del blanco y eu sus cercanías, y ritaba la pieza basta dar el bote, y se
hacía imposible situarla exactamente en el mismo lugar donde
se había hecho el disparo anterior, quedando, por tal motivo,
desuiveladas en diferentes se11tidos la' ruedas, falta que se ob·
viaba haciendo en la escala de los desvíos las correcciones indicadas
en el reglamento. E tas misma (lificultades pusieron de
relieve la bondad de las piezas Bange, cuyo tiro es de una
exactitud que nada. deja que de~ear.
Oafión. Withw01·th de 22- libt·oa
Se hicieron con un cañón de este modelo 3 di paros que no
pudieron ol>serva.r e porque la gt'cHlu.da carecía de e poleta y
el terreno no se prestaba á que la caída. d.e aquélla levantara
una masa sufieieuto de tierra.
Amet,·alladot·a Oatling
E~ta pieza sólo e 11 vó al tcrr no ]>ara e tndiar los deft>ctos
qu preReuta el i. tt:>ma y proceder á su corrección, lo cual
He couaiguió como se t.le ·eal>a.
Conferencias de los Oft.ciales de la Misión Francesa
(Comunicadas por un antiguo oficial del Cuerpo)
SERVICIO DE.L CARÓN DE MONTA~A
(Conclusión)
Otro ejemplo. El blanco es una línea de infantería.
2,200 metros -El viento sopla muy fuerte y viene de la
izquierda.
A 2,200 metros-Correr el ocular, á la izquierda, 6 milí-metros.
2,200 metros- 6. 8 pieza, fuego. Largo.
2,ooo s.a pieza, fuego. Largo.
1,8oo 4.a pieza, (uego. Corto.
1,900 3·" pieza, fuego. Cvrto.
1,950 Alza para verificar.
1,950 2." pieza, fuego. Largo.
1,900 t. a pieza, fuego. Largo.
1,8 so 6. • pieza, fuego. Corto.
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564 BOLETlN MILITAR
La verificación sale bien al tercer tiro; se fija 1,900 metros
como distancia para el tiro de conjunto.
1,900 metros-s.a pieza, fuego. Largo.
I ,900 metros-4." pieza, fuego. Corto.
I ,900 metros-3. • pieza, fuego. Largo.
1,900 metros-2. • pieza, fuego. Largo.
El tiro de conjunto no dio el resultado deseado; se modi 1c2
el alza en 25 metros.
I 87 5 metros-l.• pieza, fuego. Corto.
· 6.• piez.a, fuego. Corto.
5· • pieza, fuego. Larga.
4·a pieza, fuego. Corto.
Como el blanco está al descubierto, el tiro de conjunt es
bueno.
Otro ejemplo. El blanco es una batería de artillería.
:t,500 metros-El viento es suave y viene de la derecha.
2.,500 metros--Correr el ocular 2 milímetros á la derecha.
2,500 metros-1.• pieza, fuego. Corto.
2.,700 metros-2.• pieza, fuego. C.:>rto.
2,900 metros-3.• pieza, fuego. No observado.
2,900 metros-4.• pieza, fuegG. No observado.
2,900 metras-s.• pieza, fuego. No observado.
Cuando tres tiros sucesivos no pueden observarse, se aumenta
el alza 200 metros.
3,1 oo metros- 6. • pieza, fuego. Corto.
3,300 metros- I. • pieza, fuego. Largo.
3,2oo metros-2. a pieza, fuego. Corto.
3,250 metros -Alza para verificar.
3,250 metros-3.• pieza, fuego. Corto.
3,300 metros-4.• pieza, fuego. Corto.
3,350 metros-5.• pieza, fuego. Corto.
Si la verificación no sale bien al tercer disparo, se vuelve á
empezar el reglaje del tiro.
3,500 metros-6. • pieza, fuego. Largo.
J,+oo metros- r. • pieza, fuego. Corto.
3,450 metros-Alza para verificar.
2. ~ pieza, fuego. Largo.
3,400 metros--3. a pieza, fuego. Corto.
Si la verificación sale bien, se toma como distancia para e ti o
de conjunto 3,425.
3,425 metros-4.• pieza, fuego. Corto.
3,425 metros-5.• pieza, fuego. Corto.
3,425 metros- 6.• pieza, fuego. Corto.
Si los tres primeros proyectiles caen del mismo lado, se r.ecesita
verificar el alza.
3,475 tnetros-1.• pieza, fuego. Largo.
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ROLETÍN MILITAR
Si la verificación sale bien, se necesita tomar 3,450 metros
ara otro tiro de conjunto.
Disparo con las espoletas de tiempo
El tiro de percusión no produce efecto en los alcances ntayoJres
de 1,200 metros, porque los proyectiles al caer con grandes
:ángulos se entierran, y por consiguiente sus balas ó sus cascos no
dan en el blanco; entonces debe r:mplearse el tiro de espoleta de
tiempo para hacer estallar los proyectiles en el aire á una distancia
de unos cincuenta metros adelante del blanco.
Con el cañón de 8o milímetros, de montaña, Bange, el
tiro de percusión es eficaz hasta I,ooo ó 1,200 metros; para los
alcances más grandes se necesita emplear las espoletas de tiempo.
Cuando estalla en el aire un proyectil armado de espoleta de
tiempo, las balas, después del estallido, se reparten en un haz
EA EB que se extiende más hacia atrá¡ del punto e, en donde
debiera caer el proyectil, que hacia adelante de este punto.
Cuando el punto del estallido resulta demasiado alto, en F, la
distancia de e~:te punto al blanco Fe es también dr:masiado
grande, y las bala:;, no teniendo á su llegada suficiente fuerza para
herir, se reparten en una superficie DK, demasiado grande, y el
haz no es suficientemente denso.
Lo contrario sucede cuando el punto de explosión se halla
muy bajo, en e, el haz demasiado tupido no produce efecto sino
en un limitado espacio HI.
Hay una altura del punto de estallido que da el máximum
de efecto, y esa altura se halla á los 1 0\, 0 del alcance. Esta altura
es la que se ve con 4 milímetros de alza (cañón de s~ milímetros,
Bange), ó con 5 ó 6 milímetros vistos al extremo del
brazo, según la talla del observador, ó también con 6 divisiones del
anteojo de batería.
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566 BOLETÍN MILITAR
Para los alcances ordinarios de guerra con el canon de 8o
milímetros de montaña, la altura de 1 0J 0 0 la distancia CB es de
unos 5 metros, y la distancia AC de unos 25 metros, pero el haz
será mucho más denso hacia la vecindad del punto e en donde debería
caer el proyectil.
Por consi~uiente resulta: I.0 , que cuando el tiro está más ó menos
arreglado, se puede obtener algún efecto; y 2.0
, que el máximum
de efecto se obtiene cuando la trayectoria atraviesa el pie del blanco.
Todos los proyectiles que estallan á la altura de -¡-0
8
0- 0- se
estiman á buena altura; los que e tallan abajo de e ta altura se
tienen como bajos; los que estallan entre una altura de ¡- 0
1
00 y dos
alturas de To~o 0 cada una, se reputan altos; y los que estallan arriba
de dos alturas de 1 0
8
0 0 cada una, se consideran muy altos.
El tiro con las espoletas de tiempo tiene una causa muy importante
de error, que es la influenc-ia de la altura del lugar donde
se ejecuta el disparo: cuanto mayor es la altura más se necesita
disminuír la duración indicada en ]as tablas de tiro del alza.
La regla para disminuír esta elevación, empleando el cañón
de So milímetros de montaña, es la siguiente: se multiplica el número
de kilómetros de la distancia por 2, y luégo otra vez por el
número de kilómetros de la altura del lugar donde se dispara. De
este modo se obtiene el número de divisiones de la escala en que
se necesita disminuír la del alza.
Ejemplo: tiramos á 2 kilómetros (2,000 metros), y el lugar
donde se ejecuta el disparo tiene 2 kilometros y medio de altura
(2,500 metros); multiplicamos 2 kilómetros de alcance por 2, cuyo
resultado es 4; después multiplicamos 4 por 2 y medio de altura,
lo que da por resultado 10. Se necesita, pues, disminuír 10 divisiones
del alza por causa de la altura.
Si el al-za indica una duración de 55, se emplea la de 45·
La regla para hallar la duración es la siguiente: se emplean
dos tiros para modificar la duración.
Después de dos tiros muy altos aumentar cuatro divisiones;
de un tiro muy alto y un tiro alto, aumentar tres;
de dos tiros altos y un tiro muy alto, aumentar do~;
de un tiro alto y uno á buena altura, aumentar uno;
de un tiro alto y uno bajo, no se cambia nada;
de un tiro bajo y uno á buena altura, disminuír uno;
de dos tiros bajos y uno á buena altura, disminuír dos;
de un tiro bajo y uno de percusión, disminuír tres;
de dos tiros de percusión, disminuír cuatro divisiones.
El arreglo del tiro se ejecuta primero obrando como en el de
percusión, y después ajustando la duración como se ha dicho antes.
Ejemplo: tiro á 2,ooo metros. ·
2,ooo metros- 1.• pieza . . . --C.
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BOLETíN MILITAR
2,200 metros-2. • pieza ...•... L.
2,1oo metros-3.• pieza ______ c.
2,150 metros Alza para verificar.
4·· · pieza·- __ ~. C.
2,200 metros-s.• pieza __ L.¡
1567
2,175 metros-6.• pieza __ e. 1 La verificación sale bien.
2.175 metros-La pieza .. C. ~Tiro de conjunto.
~,175 metros-2.• pieza __ L. 1 D .masiado corto, aumt. 25.
2,175 metros-3.a pieza .. C. J
2,200 metros -4.o. pieza ...•... L. 1 S · · r. •
a · L 1 ene sattstactona.
2,200 metros-5. pteza. . . . . . L S · 1 · corl
b a . e r e empteza e tiro 2,200 metros- . pteza. . . • . . 4 1 d · • . e J espo eta e ttempo. 2,200 metros- r. pteza . . . . . .
2,200. Duración de las tablas, 61. Pero estamos en Bogotá,
á ~,soo metros de altura; se necesita disminuír 2 x 2 X 2,5= 10.
Tomaremos 51.
2.• pieza C.
5 r -3.• pieza de percusión, tiro de espoleta de tiempo.
4· a pieza de pcrcu ión, disminuiremos 4·
5· a pieza de percusión.
6.• pieza de percusión.
47-1.• pieza. Bajo. Nueva duración.
2.• pieza. Bu e na altura, disminuiremos 1.
3.• pieza. B.
4.• pieza. B.
46 -5.• pieza. Alto. Nueva duración.
6.• pieza. Bajo. El tiro está arreghido.
Hay otra manera de conducir el fuego para empezar lo más
pronto posible el tiro con espoleta de tiempo.
Se "rregla con todas las piezas de la batería el tiro de percusión,
hasta yue se ha obtenido la tenaza de lOO metros; después,
partiendo su batería, el Capitán conserva en su mano una
sección para verificar el alza, ejecutar los tiros de conjunto y observar
los movimientos del blanco, si este blanco es una tropa.
Las otras dos secciones ejecutan, bajo la órdenes de sus jefes, un
tiro con espoleta de tiempo, pidiendo cada vez el alza de la sección
del Capitán, que se llama, por e ta razón, Sección guía, y arreglando
cada uno, con(! rrne á ella, la duración de sus espoletas.
Ejemplo:
1,ooo. C.
2,2oo. L.
2,100. C.
El Capitán da la orden de tomar 2, r 50 metros, y á las dos
secciones de izquierda, por ejemplo, de ejecutar un tiro con espoleta
de tiempo; con la sección de la derecha se verifica el alza.
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BOLETIN MILITAR
:t,I 50-1 .• pieza. C.
:1,200-2.• pieza. L.
Si la verificación sale bi<-n, el Capitán ejecuta el tiro de con-junto
con el alza de 2,17 5·
2,175-1.• pieza. L. ·
2,175-2.• pieza. L.
2,175-1.• pieza. L.
Si los tres primeros tiros de un tiro de conjunto resultan largo!,
se verifica el alza.
2,125-2.a pieza. C.
Si la verificación sale bien, se toma:
2,150--1.• pieza. L.
2,1 50-2.• pieza. C.
2,150-1.• pieza. L.
2,150-2. 8 pieza. C.
Los jefes de las Seccionu no guías piden cada vez el alza al
jefe de la Sucifm guía y arreglan sus espoletas por su cuenta.
SECCION D CTRI AL
VER~JON LIBRE PARA l:L 11 BOLETlN MILITAR"
(Continúa)
TÁCTICA DE MARCHA
Preparación del soldado
2.o El jarrete-Debe y mucho insistirse sobre esta cualidad
necesaria al montañés, agregando que con un adiestramiento progresivo
to o el mundo puede adquirirlo, y es más fácil conseguirlo
en la montaña que en la llanura. La marcha en caminos
planos y monótonos es penosa y fatigante, tanto para la parte moral
como para la física; la monotonía del paisaje obra de modo
nocivo sobre el espíritu, y el mismo movimiento, fatigando los
mismos músculos, produce más pronto la fatiga.
En la montaña nunca hay monotonía, las horas pasan y vuelan
trayendo en sus alas nuevos encantos, y las alternativas de las
cuestas, de las subidas y bajadas rápidas, al poner en movimiento
todos los músculos uno tras otro, les procuran á la par reposo y
fatiga. U na tropa enseñada puede marchar en la montaña más
tiempo que en la llanura.
3·0 El pulmón-Todos han visto á los montañeses subiendo
]as cuestas á paso cadenciado, lento al parecer y sin embargo increíblemente
rápido: sobre el pie bien sentado y la pierna ligeramente
plegada, e) cuerpo se balancea alternativamente hacia ade-
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BOLETÍN MILITAR
]ante sobre una y otra pierna. H é ahí el secreto de la marcha, en
la cual la velocidad no se- obtiene sino con el paso lento y rítmico;
sobre todo si se lleva carga como el soldado; si alguno quiere apurar
el movimiento, se sufoca, y si acaso llega el primero en trayectos
cortos, desde que la marcha alcanza cierta longitud pierde la ventaja,
se queda atrás y, por último, se ve obligado á hacer alto aun
cuando no le falten ni el jarrete ni el pulmón. ¿Por qué? Porque
no los aplica con método.
Y hasta cuando tenga buen pulmón, si de tiempo atrás no se
ha habituado á la montaña, aun marchanuo con método, á medida
que suba y el aire se rarifique, sentirá sufocación y tendrá que
detenerse á tomar aliento. El viajero muy ejercitado en un tiempo,
si tras un período de descanso vuelve á la montaña, siente la
necesidad de nuevo adiestramiento, y los primeros días le son
peRo. os.
En resumen, en la montaña se imponen los descanso., descansos
frecuentes para los que no son monuñese~, porque éstos ignoran
tal necesidad y no se cansan jamás: al soldado le ba'Sta detenerse
un minuto ó dos apoyándo~ e en un talud para acomodar bien
el morral sobre las espaldas y tomar resuello, y en seguida partir,
seguro de llegar á la jornada pronto y bien.
·raJes son las bases esenciales para la marcha en la montaña,
á las que deben añadirse las siguientes prescripciones de detalle:
En primer lugar, son indispensables ciertas condicione~ fisiológicas
en el soldado: ~1 asma y las enfermedades del corazón
pueden ocasionar accidentes graves en las cumbres" por lo cual
convendría que el examen médico se hiciera á este respecto con el
debido cuidado, evitando desgracias que no se presentarán si en
este caso se cambia el destino del oficial ó del recluta.
En alimentación es preciso introducir un régimen especial:
el desayuno debe ser ligero, té ó café ; el al rr.uerzo frugal, y sólo
la comida-merienda, al terminar la jornada, realme!lte digna de su
nombre para restaurar las fuerzas para el siguiente día. Agua adicionada
con té ó café, ó una pequeña cantidad de alcohol ser á la
bebida ordinaria: en todo caso, debe beberse muy poco, lo menos
posible, y desconfiar de la aguas de las montañas, que con frecuencia
<>on crudas y nocivas. El alcohol es funesto: inutiliza las piernas.
Siempre se hará alto en sitios abrigados contra el viento (abrigaños);
jamás en los boquerones donde reinan siempre corrientes
de aire helado, funestas para el soldado que allí llega bañado en sudor
después de una ascensión penosa.
Imposible es fijar hora normal de partida, pero en el particular
hay principios generales que no pueden violarse sin peligro:
si deben cruzarse nieves es preciso hacerlo antes de '-lue el sol haya
producido el deshielo de la superficie, porque verificado éste, la
menor imprudencia será de ·astrosa: eJe las ro a. m. á las 4- p. m.
es el tiempo de las lurtes. Es preciso partir de noche para llegar
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ó70 BOLETÍN MILITAR
temprano á los pasos difíciles, que ser~a una locura cruzar entre las
sombras. Es preciso esperar la tarde para bajar de ciertas cumbres,
porque el calor acumulado en las honduras durante el día es incómodo
y peligroso cuando se baja de cimas donde el aire es vivo
y fresco. En efecto, de temerse son los golpes de cabr si el descenso
se hace á medio día, ya que el calor se acumula si¿;uiendo una
línea de nivel tan marcada que al tocarla, en la bajada, se siente la
misma extraña impresión que al entrar de repente á una estufa.
Admítese que en la subida se ascienden 308 metros, en el
descenso se bajan 6oo y se avanzan tres kilómetros en una hora;
pero estas cifras varf an según el tiempo, el terreno y la fatiga del
soldado*.
I1 -INSTRUCCIÓN DE LOS CUADROS
Además de las cualidades provenientes del adiestramiento físico,
el jefe, cualquiera que sea su grado, deberá conocer á fondo la
montaña, y entiéndese por esto no el simple conocimiento de un
sector ó grupo de cerros ó de una región montañosa, sino el conocimiento
del régimen de toda ella, de suerte que transportado el militar
d'! una región á otra, sepa apreciar los terrenos, las dificultades
y ventajas que presentan para la marcha y el combate, y también
para valuar las distancias y el tiempo necesario para recorrerlas.
Como la guerra de montaña con iste en una multitud de combates
aislados, hasta en los grados inferiores habrá que dar prueba
de iniciativa y resolución, por lo cual terreno, pendientes, derrumbes,
debe ser familiar hasta á lzs clases para que puedan valuar correctamente
las dificultades de la marcha y el tiempo necesario
para vencerlas.
La apreciación de las distanciag y la valuación del tiempo son,
en efecto, los dos factores esenciales de la guerra de montañas, y
sólo un largo hábito permite cometer poco error en tales cálculos.
Horizontalmente se aprecian siempre muy cortas las distancia
: todo el que ha frecuentado la montaña conoce la alegría experimentada
á la vista del primer jirón de nieve que brilla á los
rayos del soL ___ está fuera del camino ____ quiérese correr para
alcanzarla: en diez minuto , en un cuarto de hora á lo sumo se
estará de vuelta ____ la ilusión corre delante, y muchas veces una
hora !.Hga pasa, y aun ni siquiera se ha llegado al punto deseado.
La vista con dificultad mide distancias y espacios que parecen
er diminutos en medio de las grandes moles que las dominan
por todas partes, y á las cuales falta todo término de comparación.
La medida de distancias de abajo arriba es muy difícil, porque
nunca se ve unida la pendiente que enlaza el ojo con la cumbre,
la que no se distingue sino al través de un caos de faldas, rocas y
barrancos que muestran la distancia como en abreviatura.
• Véase el n!ímet·o 118 de e te semnnnrio.
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BOLET.í.N MILITAR 571
Toda valuación de distancia entre dos puntos separados por
un valle profundo, es muy difícil: á fuerza de experiencia se lJega
á calcular la distancia horizontal., la proyección de la línea que
une aquellos dos puntos; pero es casi imposible hacerlo siquien.
sea aproximadamente, si se trata de la distancia dt marcha que los
separa, la que á menudo se eleva á ocho ó nueve horas para una
horizontal de una legua.
Ese estudio de terrenos y distáncias entraña el del tiempo
necesario para recorrerlos, y tal conocimiento no se adquiere sino
con incesante trabajo en toda clase de terrenos, en todo tiempo,
aislado, con pocos compañeros y con tropa de alguna fuerza, siendo
imposible fijar reglas sobre la progresión que más conviene
seguir á cada cual para alcanzarlo, pues lo único que puede afirmarse
es que el conocimiento de la montaña demanda mucho
tiempo.
Y si tenemos algunos batallones· aptos para la guerra de montañas
son muchos los que lo ignoran ó á lo sumo apenas tienen
idea de sus dificultades y tropiezos, siendo esto un defecto que
importa remediar cuanto antes.
lll-LA MARCHA PROPIAMENTE DICHA
Si una columna considerable se ..pone en marcha en la montaña
de acuerdo con las prescripciones del reglamento, produciráse
un alongamiento considerable, desproporcionado, si se compara
con Jo que sucede en la llanura, reagravado con una considerable
disminución de la velocidad de marcha, de donde forzosa conclusión:
es preciso fraccionar ]as columnas en pequeñas secciones.
En la montaña no debe esperarse hallar sino rara vez un
camino en la verdadera acepción de la palabra, y cuando se le halla,
de seguro no servirá sino para esca5a porción del itinerario,
pues de ordinario habrá que andar en fila india por estrechos
senderos.
En estas condiciones el hombre ocupa 1.50 m. y el caballo
6 m., ó lo que es lo mismo, 300 metros una compañía, 1,200 un
batallón, 4,ooo el regimiento y 1 I,ooo, sin intervalos, la brigada.
Supongamos que la columna encuentra un paso malo, lo que
es común, el sendero interrumpido por un derrumbe, descompuesto
por las lluvias ó el paso de otras tropas, mal trazado entre las rocas,
ó á media ladera sobre abismo peligroso, etc.: la longitud de la
columna se duplicará, y tendremos la brigada escalonada en fila india
sobre 20 kilómetros de longitud.
De esto resulta que en las marchas de paz ó lejos del enemigo,
la brigada es la unidad .nás fuerte que puede moverse, formando
por sí sola columna, y que por unidad de marcha se impone la más
pequeña de las fracciones constituídas, ó sea la compañía.
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li72 BOLETÍN MILITAR
_ En la montaña, entre las compañías, deberá dejarse un espacio
de 1 oo metros para hacer frente al alongamiento y dar cabida
á las monturas de los oficiales y las cargas de la compañía.
Pre:::iso es averiguar qué sitio corresponde en esa columna á
cada cual. Es indispensable que el oficial vea el terreno, que no
marche adherido á su tropa, sino que auba á los puntos que puedan
servir de observatorio, y de allí inspeccione el campo, y esté
siempre listo á hacer frente á todas las eventualidades que puedan
presentarse. Nunca debe confiarse en otros para ver, teniendo
como norma el principio de que sólo él tiene derecho y deber de
juzgar el terreno y la situación, por lo que necesita conocer lo que
es la montaña, y tener la t:ostumbre inteligente y razonada de resolver
tales problemas, ya que no puede contar sino con su misma
personalidad.
Las cartas geográficas, aun las mejores que poseemo , no valen
gran co a, no son sino la indicación general de una dirección y de
un nivelamiento: las pendiente , Jos terrenos y caminos jamás se
indican en nuestras cartas de un modo satisfactorio.
Los informes de los habitantes. Serán e · casos aun cuando exactos
cuando se puede hallar alguno á la mano, pero exactos para
otro montañé , por lo cual será preci o adecuarlos á tropa de velocidad
de marcha muy diversa á causa de su efecti o y su com-posición.
·
Las patrullas. No hay que fiarse de ellas; á menos de conocer
perfectamente el carácter de los sargentos que las manden, audaces
ó tímidos, vacilantes ó fanfarrones.
En la montaña, la medida es Jo esencial; hasta la audacia y la
temeridad deben ser medidas, razonadas, debiéndose temer por
igual los temperamentos tímidos y los carácteres fanfarrones, que
en una operación no ven sino el lado pintore~co ó el difícil, y suelen
sacrificar el verdadero éxito á la vana glorio la de franquear un
paso difícil.
En resumen, el puesto del capitán es á la cabeza de la compatíía,
nunca á retaguardia; ligero, bien adelante ó hacia los flancos,
se moverá de suerte que lo vea todo y de todo se dé cuenta.
La mejor clase de la compañh, como montañés, será guía de cabeza;
el teniente secundará al capitán y los otros oficiales, y e] sargento
1.0 se situarán á la izquierda de la tropa.
De lo dicho se desprende además ]a necesidad de que á la
oficialidad se equipe á lo montañés. Del coron~l al alférez, el
oficial no usará su caballo, salvo en los caminos y buenos senderos,
pues en los demás casos las monturas irán á la izquierda de ]a
columna junto con las bestias de carga y ambulancia.
Siempre se prestará especi41 atención á la policía é higiene
de ]a columna: en ello estriba la conser'Vtción de la salud y del
efectivo normal, que á la menor imprudencia se fundirá como la
nieve bajo las rayos del sol.
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:BOLETÍN MU..ITAR 573
En ningún caso una columna se comprometerá en un sendero
en zigzag sin las mayores precauciones: según la naturaleza
del terreno, piedras ó tierras se desprenden al impulso de los pies
de los soldados, y al deslizarse por la pendiente adquieren conside-rable
velocidad que hace su choque peligroso y aun mortal, por
pequeño que sea el volumen del proyectil. .En las faldas se evitará,
pues, formar zigzag cortos y numerosos que se superpongan los
unos á los otros, cuidando de que los empleados sean suficientemente
dilatados para contener íntegra una compañía.
Si es preciso orillar escarpas y picos, debe hacérselo m u y
contra la peña, para que las rocas que pudieran desprenderse de lo
alto y describen al saltar una parábola, pasen por sobre las cáb~zas.
Severamente se prohibirá arrojar objetos como piedras, troncos,
etc.; los soldados gustan verlos rodar á. saltos hasta caer en lus
precipicios, olvidando que con ello pueden causar gravísi m os daños.
En los pasos peligrosos, aristas de rocas, caminos de precipicios,
etc., conviene colocar algunos hombres en la orilla, dando
frente á la columna, para dar apoyo moral á los de cabeza débil.
Si es tan angosto el paso que dicha medida no pueda realizarse, se
recomendará á los soldados miren al frente y nunca al abi mo, y
mar:chen con calma y despacio; si el abi mo se encuentra á ambos
lados, los débiles y temerosos se colocarán entre los fuertes y serenos,
apoyándose en el bastón que éstos lleven, y se les hará conversar
para distraerles la imaginación.
La velocidad de marcha es muy varia y las cifras citadas apenas
son un término medio. La columna se detendrá dos minutos
cada quince minutos de t)1aícha: el soldado se apoyará contra la
barranca para soliviar el morral; cada cincuenta minutos de marcha
se hará un alto de diez, la cola cierra sobre la cabeza y los soldados
pueden sentarse con el fusil entre las piernas. Nunca en una cuesta
ó falda se reunirá la tropa, porque esto no procura jamás ventaja
alguna y aumenta las fatigas del soldado.
Los grandes altos, penosos en la llanura si no se hacen hacia
el fin de la jornada, cuando no falten ya sino un par de horas á lo
sumo para llegar á la dormida, son funestos en la montaña. El
hombre come en ellos cuanto pllede, porque el apetito está excitado
con la marcha y el aire vivo; se pone pesado, y si debe trepar en
seguida una cuesta, será tal el suplicio, que si no posee una grande
energía, la fatiga acabará por dominarlo, impidiéndole seguir.
Por lo tanto tales altos no se harán sino con suma prudencia,
y nunca en un puerto ó boquerón, ni en el fondo de una cañada.
Cuanto á ]ahora de partida, se tomarán en cuenta las siguientes
prescripciones: si por delante se tiene un camino ascendente, en
buen estado, débese partir aún oscuro, para llegar á los lugares peligrosos
con luz y evitar los valles profundos donde el calor se acumula
desde que sale el sol; si hay que atravesar nieves, debe hacerse esto
antes de que el sol ablande la superficie.
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574. DOLETÍN KILITAB
Al contrario, si hay que bajar de una cumbre, en día caluroso,
se dará á la tropa un largo descanso antes de empeñarla en las
honduras donde reina calor sufocante.
Por lo que hace á las marchas de noche, puede afirmarse que
si el terreno es dificil y peligroso será muy delicado usarlas, é
imposible en ciertos puntos. Además debilitan la moral del soldado
manteniendo su espíritu en tensión perpetua y presa de ansied
.. d y emoción continua. Sin embargo, la historia registra marchas
de noche cumplidas con éxito feliz en las peores condiciones
imaginables.-( Continúa)
E. BARAUDE
SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN
(Continuación)
Doma dt caballos
En virtud del tiempo que se le consagra y la manera como
se dirige, la dorna comprende en realidad dos períodos distintos.
En el ejército prusiano, en efecto, se cuida esencialmente de que
todos los caballos estén al cabo de un año en condiciones para entrar
en campaña si sobreviene una orden de movilización. El primer
año que pasan en el regimiento se emplea, pues, en obtener
este resultado, y constituye lo que llamaremos el período principal
de la enseñanza.
Los ejercicios para amaestrar á los caballos son por lo demás
sencillos y en pequeño número, pero se les juzga suficientes para
enseñar al caballo de guerra todo lo que debe saber. Preciso es
hacer notar que en Alemania no se ve generalmente entre los caballos
de tropa nada semejante á esos aires exageradamente refrenados
que acostumbra•nos en Rusia. En todas las maniobras á
que me ha sido dado asistir, me ha llamado siempre la atención lo
largas que se usaban las riendas. Los soldados cogen juntas las riendas
de brida y filete, y se sirven de las dos á la vez. Los aires son
siempre prolongados y los caballos andan bastante libres y abandonados
á sí mismos. En toda la caballería alemana se observa
que el hombre, sólido en la silla y capaz de manejar su caballo y
sus armas, sabe todo lo que es preciso para la práctica de la guerra.
Se estima que basta plenamente el sistema de enseñanza adoptado
dude el punto dt vista militar, y que al exigir más, si se obtiene
un caballo algo más diestro y de manejo más fácil, en camb'o
sólo se tendrá ya un caballo arruinado y mucho menos resistente
á la fatiga. Y el desenvolvimiento máximo de la marcha es el
objeto de la más constante atención.
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BOLETíN MILITAR . 1>11>
Período de la instrucción individual
a) Ejercicios de los reclutas
Todo lo que hemos dicho en el capítulo de la infantería,
sobre la manera de proceder con respecto á los reclutas, se aplica
igualmente á la caballería, y no lo rep~tiremos aquí.
Tan pronto como un escuadrón ha recibido su contingente
lo divide en grupos de diez á doce hombres, y confía cada uno d~
ellos á un sargento experimentado, elegido y enseñado exprofeso
para este objeto. En cuanto á los voluntarios de un año; en lugar
de ser como en infantería, separados del resto de los reclutas é instruídos
aparte hasta su admisión á la escuela de compañía, aprenden
ó repartidos entre los diferentes grupos, ó reunidos en uno de ellos:
según la manera de ver del capitán que manda el escuadrón. Lo
que sirve de base generalmente para esta repartición es la manera
como cada uno sabe montar á caballo. No obstante, como los voluntarios
van llegando al cuerpo desde el 1.0 de Octubre, es decir,
algunas semanas antes que los otros reclutas, ordinariamente forman
un grupo particular.
La vigilancia y dirección de todos los grupos del escuadrón se
confia á un oficial elegido por el capitán, no con arr glo á su antigüedad,
sino según su aptitud para llenar esta función como consecuencia
de su experiencia y carácter: el valimiento que más tarde
tendrá el escuadrón, depende enteramente de la manera como hayan
sido instruídos los reclutas. Un oficial demasiado joven no
tendría sobre los sargentos la autoridad necesaria para conducir los
ejercicios de un? manera completamente independiente; así pues,
se prefiere encargar de esta misión á un oficial experimentado,
capaz de dirigir todas las partes de la instrucción, de hacer notar
los errores cometidos por los sargentos y de tomar las medidas necesarias
para remediarlos. La elección de este oficial instructor
viene á ser cosa tanto más importante cuanto la caballería escasea
de buenos sargentos.
El capitán que manda el escuadrón, aunque siguiendo atentamente
la marcha de la instrucción, se contrae á dejar la mayor latitud
posible al teniente que ha elegido, y no interviene sino en
c:aso de absoluta necesidad. En la elección de los sargentos debe
también mostrarse muy circunspecto. Estos, en efecto, deben no
sólo conocer á fondo su oficio, sino también dar prueba de una
imparci ,didad completa, que de no tenerla, podría ocurrir que sus
subordinados fuesen tratados por ellos de una manera muy desigual.
A cada sargento instructur se le agrega además otro como
ayudante, elegido entre los más modernos de su grado, pero que
parezca te-ner aptitudes para estas funciones. Es un excelente medio
para formar instructores para el año siguiente y de ponerlos
inmediatan1ente á prueba.
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BOLETfN MILITAR
El teniente instructor, después de haberse preparado á su
dificil misión, elabora un plan de instrucción conforme á las exigencias
del reglamento y también según las miras que sobre este
punto tenga su capitán. Seguidamente, después de haberse entendido
con éste, y recibida todas la~ explicaciones necesarias, pónese
inmediatamente á la obra, distribuyendo por días el trabajo á sus
sargentos, indicándoles la marcha que deben seguir, los puntos sobre
los que deben particularmente insistir, etc.
Recibiendo anualmente el escuadrón de 35 á 45 reclutas, se
reparten éstos por lo común en tres ó cuatro grupos. Cuanto menos
numeroso sea un grupo, con más atención se pueden seguir
los progresos de cada soldado, y la instrucción general gana con
ello. Es menester decir también que se agregan á los reclutas aquellos
soldados antiguos que aún dejan bastante que desear respecto
á la equitación, obligándoles así, como castigo, á volver á pasar
por todos los ejercicios que ya han seguido una vez como reclutas.
Este método tiene la doble ventaja de completar la educación de
unos y de ofrecer á lo otros un saludable ejemplo que les impulsa
á hacer todos sus esfuerzos por no encontrarse á su vez n el año
siguiente en esta situación desagradable. Inútil es de ir que los
~oldadc;>s antiguos á quienes se les impone semejante humillclción,
son el blanco de las broma de sus compañeros, que los tratan de
quintos, tic.
Todo recluta, aun cuando resulte de primera fuerza en equitación,
debe pa:sar por toda la serie de los mismos ejercicios que
los demás. Es un caso que se presenta con bastante frecuencia en
la caballería alemana; porque la equitación es uno de los ejercicios
favoritos de la juventud del país, y entre los voluntarios de un año
se encuentran frecuentemente excelentes jinetes. Pero la regla es
siempre estrictamente observada, y se sujeta aun á los mejore3
jinetes á que aprendan si~temáticamente los principios elementales
que sirven de base á la instrucción.
El capitán se ocupa en elegir para los reclutas los caballos
más pacíficos y de más fácil manejo del escuadrón. Para juzgar
del grado de agilidad y aptitud para la equitación de sus nuevos
soldados, tiene precisamente medios durante los primeros días,
consagrados á darles nociones preparatorias, y en su consecuencia
reparte los caballos, dando los más mansos á los hombres más débiles.
Esta elección de caballos destinados á los reclutas es objeto
de una extrema atención, porque se considera que la buena ó mala
impresión que experimente un recluta el día en que monta á caballo
por primera vez, puede persistir con frecuencia hasta el fin
de su tiempo de servicio. Siempre es con alguna desconfianza,
quizá aun con cierto sentimiento de temor, con el que suben á su
cabalgadura; es, pues, de la mayor importancia que el recluta se
sienta holgado sobre el caballo y llegue al mismo tiempo á convencerse
de que la cosa no es tan terrible como parece.
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BOLETfN MILITAR 67'1
Por otra parte, no conviene tampoco que el caballo sea ya
demasiado manso y sin energía, pues esto inspiraría descuido en
el jinete. Así pues, se consideran como preferibles para los reclutas
aquellos que, muy bien educados, son en general sosegados,
aunque un poco vivos. Y para preparar mejor á estos animales al
papel que se les asigna, se confian durante algunas semanas de las
que preceden á la llegada de los nuevos soldados, á los mejores jinetes
del escuadrón, que se encargan de amaestrados particularmente
con este objeto.
El curso de equitación de los reclutas, que dura seis meses,
puede subdividirse como sigue:
1.0 Trabajos en picadero cubierto con bridón.
2. 0 ldem con silla y bridón.
3.o ldem con silla y brida.
4· • Id e m ídem con armas.
5.0 ldem en campo raso.
V amos á revistar rápidamente los ejercicios comprendidos en
estos cinco títulos, y procurando indicar el tiempo que se consagra
á cada uno de ellos.
1.0 Trabajos en picadero cubierto con bridón-La enseñanza
de los primeros principios, que: es de una importancia capital y
puede influír en todo lo que re ta de la instrucción, se da primero
con una circun pección extrema. No se emplean menos de dos
meses en el estudio de estos elementos, no pasando jamás de una
lección á otra antes de que el soldado haya comprendido perfectamente
la anterior, guardándose cuidadosamente de una precipitación
irreflexiva, que por el parecer de todos sólo podría dar malos
resultadvs. Desde este punto de vista, el primer título comprende
varias lecciones distintas.
a) Ocúpanse primero en hacer adquirir al soldado el asiento
ó equilibrio á caballo. Esta parte de la in trucción se da siempre en
el picadero para evitar los accidentes, en el caso en que algún
nuevo soldado no pudiese dominar su cabalgadura, y además para
nv exponer á bs reclutas á las burlas y críticas del público. Por otra
parte, en los regimientos que, como por ejemplo la mayor parte
de los de la línea, tienen varios picaderos, frecuentemente uno
por escuadrón, la serie de las instrucciones de los reclutas, !salvo,
bien entendido, las del título V, se dan en el picadero; pero allí
donde, corno en las grandes ciudades, el número de p;caderos es
insuficiente, es preciso, de buen ó mal grado, que la mayor parte
de los ejercicios se hagan fuera del cuartel.
Comúnmente se hace marchar en cabeza de la tanda un soldado
antiguo montado sobre un buen caballo. A( principio no
se insiste en la regularidad de la posición, no sosteniendo demasiado
tiempo los aires y haciéndose paradas frecuentes, durante las
cuales se dan á los reclutas las explicaciones necesarias, de modo que
se les enseñe poco á poco todas las reglas concernientes á la posi-
2
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578 "BOLETÍN MILITAU
ción del jinete á caballo. En cuanto á las distancias, no se observan
sino lo preciso para evitar demasiado desorden en la columna.
U na vez que el soldado ha conseguido alguna firmeza, se
comienza á hacerle conocer los principios del empleo de las
piernas y de los movimientos que deben hacerse para servirse de la
espuela. Cuando, en fin, torlo está bien comprendido y ejecutado
al paso, se pasa al trote. Este, no obstante, no debe sostenerse mucho
tiempo, y las paradas son entonces aún más necesarias para
dar á los soldados tiempo para descansar.
Durante estos ejercicios se concretan á hacer sostener las
riendas todo lo largas que sea posible, para impedir á los reclutas
que adquieran la costumbre de apoyar e en ellas. Se les permite, sin
embargo, no sólo asirlas con las dos mano, sino también reunirlas
alternativamente en la mano derecha ó en la izquierda. En
las primeras lecciones se con ten tan con hacerles marchar alrededor
de la pista in entrar en los ángulos: después, cuando se nota
que los reclutas comienzan á adquirir el hábito de inclinar, en
las vueltas, el cuerpo hacia el interior de la pista, entoncc , para
desarrollar en ellos má esta práctica de subordinar los movimientos
del cuerpo á los del caballo, se les hace trotar en círculo, cambiando
de mano con la maryor fr ec uencia, esto es, describiendo la
cifra 8. En caso de desobedecer el caballo, se permite al jinete
servirse de la fusta.
Cuando el oficial da por s í mismo la lección á los reclutas, se
colocan generalmente en los cuatro ángulos dd picadero, el sargento
instructor del grupo, un adjunto y uno ó dos gejreite. Estas
distintas clases no intervienen para dar la instrucción, pero ~iguen
con la vista la tanda, repitiendo en voz baja, á los hombres que
pasan ante ellos, las observaciones que hace el oficial, ó rectifican
las irregularidades de detalle.
Está expresamente prohibido á todo instructor tener m las manos
látigo ó fusta alguna; de otro modo podría ocurrir con frecuencia
que en un movimiento de impaciencia se fustigase inútilmente á
los caballos para excitarlos, y aun encolerizarse alguna vez sacudiéndoles
á golpes.
b) Después vienen las lecciones consagradas á dar á los soldados
una posición regular á caballo y hacerles conocer el uso de las
piernas, cosas á las que se concede una grande importancia. Los
ejercicios prácticos van siempre acompañados de explicaciones orales,
las cuales tienden, sobre todo, á que comprendan bien los
reclutas el empleo que deben hacer del peso de su propio cuerpo, á
la vez que se obra con las rienda y las piernas; porque de ordinario
en esto es en lo que más difícilmente consiguen los reclutas
adquirir seguridad. Se les enseña asimismo á servirse de la espuda,
á ejecutar cambios de dirección por la acción de una sola pierna,
revolverse hacia atrás, recoger el caballo al trote, siendo este aire
cada vez más acelerado.
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:BOLETÍN MILITAR
En estos ejercicios, como en todos los demás, hay un principio
del que no se desiste nunca: modificar en cada instrucción ti
orden en que se han hecho suceder los diferentes movimientos. Sin esta
precaución los caballos adquirirían tan fácilmente la costumbre de
hacer tal movimiento detrás del otro, que concluirían por ejecutar
ellos mismos lo que se mandara sin que el jinete hiciese nada para
cumplirlo. El oficial instructor es enteramente respon able á este
respecto. Debe vigilar que los sargentos se sometan á esta regla,
tanto más importante en esta ocasión cuanto siendo los caballos
destinados á los reclutas los más reposados y mejor amaestrados, están
inclinados más que los otros á ejecutar los movimientos que se
manden independientemente de la acción del jinete.
En fin, para evitar á los instructores, durante las instrucciones
de picadero, la necesidad de entrar en largas explicaciones orales
que desviasen su atención, la enseñanza teórica se conduce paralelamente
con los ejercicio:, y siempre los precede, de modo que
los hombres conozcan y comprendan totl.as las expresiones técnicas
que pueda haber necesidad de emplear al darles la lección.
e) Cumhios de diruci ón, vueltas y movimientos d e apoyo lateralLos
reclutas han adquirido ya la suficiente firmeza para s.ue se
pueda al presente hacerles salir del picatlero y continuar fuéra su
educación. Sin embarg , cuando el n .gir iento posee los pic11dero
en cantidad suficiente, siempre se hace la instrucción dentro de
sus muros. Los ejercicios son precedid os Je explicacione~ teóricas,
en las cuales se hace comprender á lo sold·\dos ~ue r.ara la ejecución
de todos estos movimientos es esencial que el jinete sepa mudar
convenientemente el p~so dt: su cuerpo en uno ó en otro sentido.
Se ejecutan las vueltas, en cuanto ea posible, hombre por
hombre, porque se ha observado que los caballos, marchando en la
pista, dan frecuentemente las vueltas sin que su jinete las indique.
U na vez bien confirmados los reclutas en estos principios, es
tiempo de pasar á la rquitación en orden disperso; en este ejercicio
l s jinetes recorren el picadero en todos sentidos, marchando á voluntad,
pero conservando el paso indicado por el instructor. Al
encontrarse se ceden recíprocamente la izquierda. Hé aquí, por
lo demás, la progresión que se sigue. Empiezan por hacer salir de
la tanda grupos de dos jinetes, del que cada uno ejecuta á voluntad
algunos movimientos individuales. Más tarde, cuando los reclutas
han adquirido alguna co tumbre de dirigir su cabalgadura,
se repite el mismo ej ·rcicio por todos á la vez. Cuando se verifica
en el terreno de ejercicio , el oficial instructor determina los límites
que no deben pa arse. Cuando este oficial quiere despué reunir
el pelotón, se coloca á algunos pa os del punto donde ha de
formarse uno de los R.ancos, indicando al mi mo tiempo la dirección
del frente. Entonces, á la voz Je mando ó toque de llamada,
los reclutas se reúnen al aire indicado.
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580 BOLETíN MILITAR
En los ejercicios de escuadrón estas reuniones se hacen siempre
al galope de carga.
Estos ejercicio individuales son considerados como el mejor
medio de enseñar á los soldados á manejar sus caballos con destreza
y hacer un prudente empleo de las ayudas, obligando á los
a ni males á ejecutar Jas vueltas y cambios de dirección en todos
los sentidos posibles. Con el mismo objeto se hacen practicar medias
vueltas y describir al mando diferentes f.guras, tales como la
cifra 8, etc. Pero cuídase ante todo de que cada soldado pase por
todos estos movimientos aisladamente y á voluntad, para ímpedir
que los caballos obren por imitación, limitándose á seguirse los
unos á los otros, sin que sus jinetes se molesten en dirigirlos. Si,
por ejemplo, se da la lección en el campo de ejercicios y en tanda,
se mandará: números impares, vuelta á la derecha, ó números pares,
vuelta á la izquierda, ó se les hará dar simultáneamente las vueltas
en sentido opuesto; en una palabra: no se descuida medio alguno
para conseguir que los caballos sean realmente conducidos por los
hombres y no contraigan la detestable costumbre de seguir á todaa
partes á sus compañeros, con frecuencia á de::,pecho de los esfuerzos
del jinete.
Al mi mo ti~mpo se enseña á los reclutas á hacer apoyar 5US
caballos á derecha ó á izquierda, ya sea á lo largo de la valla, ya sobre
el interior mismo del picadero; movimiento que se ejecuta primero
individualmente, después p r toda la tanda á la vez, volviendo
los caballos la cabeza hacia la valla y marchando de co. tado, guardando
entre sí las mismas distancias que en el trabajo sobre la pista.
d) Galope y salto de valla- Según lo3 reglamentos, el trote
de maniobra debe ser de 30:> pasos y el galope de 500 al minuto.
Pero en los ejercicios, y sobre todo en el picadero, es difícil impulsar
este último aire hasta tal velocidad, y en consecuencia se
contentan frecuentemente con el galope medio ó de picader0, dejando
para más tarde la práctica del galope real de maniobra.
Con la enseñanza del galope empiezan para los reclutas los
ejercicios de salto. Se coloca primero la barrera simplemente sobre
el suelo, y se hace pasar suce::;ivamente á los jinetes al paso, al
trote y al galope. Luégo, cuando los caballos pasan por encima
sin dificultad, se la eleva medio pie del suelo y se franquea de nuevo
á todos los aire , cuidándose particularmente de que los soldados
no den tirones de brida, conservando bien el asiento y dejando
al animal saltar libremente y como quiera. La misión del jinete
sólo debe consistir en obligar á su cabalgadura á abordar francamente
el obstáculo y conservar de pues del salto la misma marcha
que antes. Cuando este nuevo ejercicio está bien ejecutado, se
eleva la valla otro medio pie más, y así sucesivamente hasta darle
la altura reglamentaria.
. En la caballería prusiana el obstáculo normal que el soldado
debe franquear con armas y equipo completo, está representado
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BOLETÍN 1\ULI'l'AB 581
por una valla de tres pies (om91) de altura, ó por una zanja de seis
á ocho pies de ancho (1 111 80 á 2m45). Para desacostumbrar á jinetes
y caballos á arrimarse á las paredes cuando llegan al obstáculo,
se prefiere disponer la valla en medio del picadero. El salto de la
barrera se repite todos los días, por más que este ejercicio llega á
ser muy pronto familiar á hombres y caballos.
2. 0 Trabajo con silla y bridón-Cuando el jinete consigue
mantenerse sólidamente á caballo en el picadero, y conservar á
todos los aires buen asiento y posición regular, se pasa á la equitación
en silla y bridón, á la que se consagra un mes próximamente.
Al principio se hace montar á los reclutas sin estribos para
impedir contraigan la mala costumbre de tomar sobre ellos un
punto de apoyo exagerado, olvidando t}ue sólo deben servir para
dar al hombre más facilidad para ponerse en la silla y con ervar el
equilibrio en los aires violentos. En estas condiciones se pasan todos
los ejercicios ejecutado~ sin silla; de pués, al cabo de algún
tiempo, se empiezan á tomar los estribos al trote ó al galope, no
so~tc:.niendo al principio estos aires má que durante el menor
tiempo po ible; y en fin, cuando los reclutas han adquirido cierta
costumbre en la silla, se llega al uso permanente de Jos estribo .
La longitud normal á que deben llevarse éstos está determinada
por los reglamentos, pero para enseñar ::;u u o no se procede
en todos los cuerpo de la misma manera. Algunos oficiales
juzgan preferible exagerar mucho al principio esta longitud,
para acortarlos de pués poco á poco, á medida que el soldado ::;e habitúa
al uso del estribo. Otros, por el contrario, Jos hacen llevar
muy altos al principio, alarg:ndolos después gradualmente, porque
dicen que procediendo asf s~ Jlega conse ·uti\'amente á hacer comprender
al soldado el uso del estribo y se le habitúa á conservar
siempre su contacto. Yo debo decir, sin embargo, que la idea más
general es la de hacer poner siempre los estribos á la longitud normal,
aten ido que, en la mayor parte de los casos, parecerán todavía
demasiado largos al jinete que se sirve de ellos por la primera
vez. De ordinario se exige que á todos los aires el pie quede ligeramente
en contacto con e1 estribo, cuidando particularmente de
impedir á los reclutas lo sostengan con rigidez, pues esto no tendría
otro rt>sultado que el de producir á cada paso un choque del
estribo contra la bota.
Cuando los reclutas han conseguido servirse correctamente
de sus estribos, se juzga útil, en algunos regimientos, enseñarles
á trotar á la inglesa. Esto es, por lo demás, la excepción, y los
reglamentos nada dicen sobre este particular. Se admite que en
principio el trote á la inglesa aligera al caballo, pero c;olamente si
el jinete conserva un asiento muy correcto. Pero como es imposible
esperar que la masa general de los soldad s adquiera una habilidad
sufici("nte, resultaría que para la tropa el trote á la inglesa
sería más perjudicial que útil. No ob:ltante, he tenido ocasión de
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682 BOLETÍN MILITAR
ver regimientos enteros hacer uso de él no sólo en las marchas
sino también en los ej e rci ios, para ejecutar al trote movimientos
de una duración un poco hrga, porque los jefes de los cuerpos encontraban
que e te aire defendía mucho mejor la espina dorsal de
los caballos y hace para los hombres mucho menos sen si bies las
reacciones. (Continuará)
SOBRE EL UNIFORME MILITAR
(Co ntinuación)
Armamento
Lígas de los Jefes se hace la reforma de colocar
sobre los galones las estrellas con el objeto de que la vuelta pueda
bajarse sobre la mano cuando sea conveniente.
La diferencia de ancho entre las trencillas (3 milímetros) y
los galones (12 milímetros) no originaría confusión en los grados,
que sería fácilmente descubierta si sólo se tratara de confundirla
con malicia.
En el segundo sistema se adopta como base el indicar la calidad
de oficial por un galón de 1 o milímetros de ancho, de oro ó
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CLASES GRADOS EMPLEADOS
__ , ... 1 . ó • 1 -, , _ __;... __
(
~1 .....
~ i'
jj
e,) l
~r
~ L
Soldado de 1.• clase
Cabo 2.0 ............ .
eabo t.o ............ .
Furriel1 ............ .
Sargento 2.• ....... ..
Sargento 1.• ....... ..
Alférez .............. .
Teniente .......... ..
Capitán ............. ..
. ~ (1 Cot~andante ........ .
~ ~ ~ Temente Coronel...
..., 1 l Coronel ............. .
1
ll ~ r
1
Brigadier ........... .
~ 1. .Mariscal de campo
~ ~ lj Teniente General..
Capitán General..
I '- ....__ 1 t-
1 estrella de 4 puntas de g mm .••••••••••
2 estrella~ de ~ puntss de 9 mm ......... ..
3 estrellas d·e 4 puntas de 9 mm .••••••••••
1 estrella de 6 puntas de 18 mm .......... .
2 el'trellas de 6 pui1tas de 18 mm .••..•. . •.
3 estre1las de 6 p Ílntas de 18 in m .••••••••
1 estrella de ~ puntas de 18 mm •••••••••.
2 estrellas de 4 puntas de 18 mm .• .' ••••••.
3 estrellas de 4 puntas de 18 mm .••.••••••
1 estrella de 8 puntas de 38 mm ..••••••••.
2 estrellas de 8 puntas de 38 mm •••••••••.
3 estrellas de 8 puntas de 38 mm .••••.•••.
1 entorchado de 860 mm. y ·1 trencilla 8 mm.
1 entorchado de 360 mm. y 2 trencillas 1 mm.
1 entorchado de 360 mm. y 3 trencillas 3 mm.
3 entorchados .•••••••••••.••••••••••••.
- .
1 .~ . '11 d • • 1"" = • . t.renct a e v mm................................ 1. -o"' _g
1 .... ,.. u
2 trencillaa·~d, 6 mn1.......... ... ....... •• . .. . .. ... 1 ~ ~ ;
l· ce •
3 trencillas de 6 mm ................... ;........... e- ~ ~
1 trencilb de 1 11\Dl· y 1 g~16n de 12 mm.... ¡ J ~ S
'&16
2 trencillas de 1 mm. y 1 galón de 12 mm.... t ~ ;. ~
(. ::--. &1
3 trencillas de 1 mm. y 1 galón de 12 m:n.... 1 e ,, "'
l g~:-
1 trencilla de S mm.... ........................... :], :
e "' e 2 treucillRs de 3 mm............................ .. ~ o .u
• 4) ..... e
1 trencillas de 3 mm .................... ~ ......... ) Q ~..:!
1 trencilla de 3 mm. y 1 galón de 12 mm .... 1 ~ ~ ~ _g
1
~"' u
2 trencillas de 3 mm. y 1 ga16n de 12 mm.... "' ~ ~ ;
lOS o ~
3 trencillaa ~de 3 n\rn. y 1 galón de 12 mm.... ~], "'~
1 o ~ .
~ ~2~ S
:::::::::::::::::::::~::::::::::::::·::::::::::::::::::::: 11 : ~ ~ ~ '-=~"0 ············ ···· ····· ..... . ······ ·····················1 ~~ ~ ~ ~ u .. cG
.......................................................... ) Q ~ ~ ~
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t-3 :...,
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m ~ t
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BOLETlN MILITA.B 687
plata, según los cabos, la graduación de Alférez con una trencilla
de 2 milímetros, 5 de plata si los cabos son dorados, y de oro si son
de plata; la de 'l'eniente con una del mismo metal que los cabos;
la de Capitán con dos trencillas colocadas una en la parte su perior
y otra en la inferior, en la misma forma que los ·renientes
de navío de segunda clase; para las graduaciones de Jefes se sustituyen
las trencillas por galones de igual ancho y clase, el tomado
como base.
En el tercer si ·tema, que es el que se ha adoptado como base
de todas las combinaciones ulteriores, se indicará en los empleos y¡
grados del siguiente modo:
Las divisas que marcan el empleo efectivo irán sobre la bocamanga
en forma de suncho y sin hacer martillo.
Las estrellas que indican la graduación se colocarán separadas
entre sí y de las di visas de efectividad por una distancia igual
á su diámetro.
Los distintivos de los Oficiales Generales y de las clases de
tropa se colocarán sobre el r:.tño de la manga.
Las divisas de 1 s Oficiales Generales que pertenezcan á cuerpos
e peciale , y las de lo Jefes y Oficiales de todas las armas, se
colocarán sobre paño del col.:>r distintiv.o del cuerpo. Los galones y
trencill:ts obre una faja cuyo ancho exceda en 3 milímetro por
cada lado, del ancho de aquéllos, y las estrellas sohre polígonos,
cuyos vértices coincid-tn con las punta de· aquéllos.
Los Generales que hayan ejercido mando independiente, como
Tenientes Coroneles ó Coroneles, podrán usar las estrellas de estas
graduaciones colocadas sobre paño de color correspondiente al
cuerpo en que los hayan desempeñado.
Declarados los Brigadieres Oficiales Generales, es de rigor
que sea el entorchado de su uniforme del mismo metal Hue los
de las jerarquías superiores, para conservar la constante norma
que se observa en la progresión marcada por las divisas de los demás
empleos, que, como se ve, consiste en marcar con una, dos ó
tres trencillas los tres empleos comprendidos dentro de cada una
de las categorías de Oficiales y Generales. Exceptúase únicamente
de esta reglA la alta jerarquía de Capitán general de ejército.
Las divisas serán siempre de oro para todos los militares que
ten{?:an ó puedan tener mando de tropas, y de plata para los asimilados,
sin que obste el que los cabos del uniforme ~tean de oro ó
de plata.
Pudiera resolverse también que las divisas de los cuerpos asimilados
fueran de oro, como sucede en los de la armada.
El empleo efectivo se indicará en el capacete 'Ó gorra, con los
galones y trencillas que correspondan.
En los cuerpos en que haya dualismo, los empleos dentro del
cuerpo se marcarán en las caídas de la faja.
(Continúa) NAZARIO CALONJE
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BOLETÍN MILITAR
HISTORIA
AP"C'NTaMIENr:t'OS
PARA LAS MEMORIAS SOBRE COLOMBIA Y LA NUEVA GRANADA
(Continuación)
La opinión pública. del mundo liberal ha condenado ya ~
Bolívar bajo el carHcter de legislador, haciéndole la dehhb
justicill como el caudillo de las huestes libertadora fle Colorn·
bia, Perú y Bolivia. Ba~taríau los vigorosos escritos de Benja·
mfn Constant para que callasen los qne, por una ceguedat.
imperdonab)(~, todavía encomian Jos proyeetos de Bolívar, juz.
gados in apelación por la opinióu imparcial. !Jlegó á tal pnut
la confianza de Bolívar en su poder moral, que no temiend
reaccióu alguua del pueblo contra sn dictadura, se entregó á h.
más ciega seguridad: El ~5 de Septiembre de 1828 fue para é
un desengaño tan cruel, que descle aquella noche fatal perdi<
su energía. y su vigor. Del extremo de una seguridad ilimitad~
pasó al de una desconfianza . in igual. fJOS pnñale (le los conspi·
radores tl<~l 25 de Septiembre se le presentaban á la. imagina.
ción en sueño , en la müsa, en la calles, en todas parte . Y
Ain ser agente ui director de la con piración, sufrí por e11a hu
vengauzas de lo qne me bal>ían considerado uuo de los má
fuertes obstáculos {1 la realización de los plane. de Bolh·ar.
Es. difnHo eutrar •u los pormenores de un acontecimiento e
que, á la par ele la audacia de los jóvenes conspiradores, hul>< ·
una grande impreYisión. Eu vano se mitigan mi enemigos e
hacerme cómplice (le aquel acto: ni la Aenteneia lo aRegnra, u
el Gobierno mismo e atrevió {a. afirmarlo <>n la. circular á loa
Ministro d Colombia en Europa •. Yo no inteuto ahora jnsti·
• El infr;:scrito ccrc:tado de E . tado en el De. pncho del lntel'ior y Relacione&
Exteriores del Gohiernu de Nueva Gran¡¡da, certifico de orden de S. E. el Pre j .
deute de L1 R -:! pííhlica:
Que en t•l libro copi. rlor ele In corre pondeucia oficial de la Sccrf'taría ele R
Jacione 1-:xtcriore!'l de l~ autigua Co1olllbi , con ln Lcgal'i6n del misma en In.
glntcrra, abil'Jto en H· de Jnlio ele 1827, exil>te c opia, á l.1 página 77, de una n o tl
oficial del tcJ.or siguiente:
41 .Al honorable Jod Fenuinde:r; .Madrid, Envirrdo, etc. - Número 153-Nouiembre 14
de 1828.
'' Seiior:
"La caus, cguicta ~lo reos d · la conspirnci6n del 2.5 de Septiemhre contn
la per 1111 ;, y vicl.l de S. E. el J¿ibcrt•u.lor-Presidcnt l' , se ha termin~do ya del lllod•
(¡ue u<>ted \'Crá en el dictamen que t'n copi.t tf'ngo el houor de diriJórlc, dado por e
Consejo de Mini tros á S. E., en cons<-cuencis de In ~entencia ííltimamtntc prouuuci~
tda en d negocio. La ju . ticia ha obrado con los reo r¡ne se aprehcndit!rm
al principio. y ruya coopCJaci6n putlo comprobar e inmediatamente. Entone<' 111
porlfa haber lug. r ~la ciPmencia, porque el escnrmie11l0 era nece ario, y el p6blic•
deseaba un ca ·tigo muerte al c.>x-General Santan.
der y A otros cinco que fueron condenado á lu pérdida de la "iJa. antander no h1
resultado del proceso que hubiese tenido una parte inmediata y próxima en h
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BOLETfN MlLITAlt 589
.flcar ni condenar aquella conjuración: me limito á decir que no
la dirigí, ni la fomenté, y que el modo con que se me juzgó fue
más imcuo y más horrible que el que los españoles paciftcadores
emplearon contra los patriarcas de la Independencia. Si la
conjuración fue un crimen, mayor crimen fue toda vía fusilar á
sus autores y condenarnos á muerte á otroo, sin forma. de juicio
y sin oírnos una dbf~nsa. El solo hecho de omitir estas fórmulas
protectoras ue la vida y del honor, es el más grande crimen
que se ha podido cometer bajo la tlictatlnra. Bolívar se
mostró generoso conmigo, pot·que no vodía jamás comprobar
ante el mundo que yo había tenido parte en la coujuración del
25 de Septiembre; así fue que tuvo que apelar, para dar razón
de su clemencia, á que su gloria lo requería. Y(\ agradecí la
conducta de Bolívar, aunque declamaré ~ierupre contra el juicio
y contra la medtda gubernati\~a de conservarme preBo en
una de las fortalt'zas ían conseguido en Pasto uua capitulacióu, tan honrosa
para ellos como vergonzosa para Bolívar, en la cual, aun-conspiración
del 25 : hab{cl dado consejos y propuesto medios para que e verificase
una cuando saliera de Colombia para los Estados Unidos, á doude debía seguir
muy pronto á de empeñar el de tino de Plenipotenciario de e~ta República cerca de
aquel Gobierno: y estos consejos seguramente le hacían un criminal diguo de la
muerte, conforme al Decreto dado por el Libcrt •• dor acerca de con pir~tdore , y En
que e,tá fundada su .entencia pronunciada por el Comnnd11ntc general, que tan•bién
acompaño á u~.ra. N o hay duda ninguna sobre la inculpabilidad, en general, de
Santander, aunque st la hay en cuanto á la aprobación que le haya mcrt'CÍt o el
horrible iitentado cometido en la noche del 25; v esto ha movido al Ministeaio á
aconsejar al Libertador qne, ate11didas otras ra:to11t~ de política que no se ocult11rtin
'la penetración de U fa, prive fÍ ~autaudu de los mulios de st•r peligroso á la Rrptí.blica,
al mismu tiempo que le ·alva.(e la vida. cuyo acriticio sería quizás idítil :.i ,e
eonsegnía el otro y piÍncipal objeto. Si ~e hubiese Jlevado á efedo la s nten ia, {
la verd d ju!'tu, dada por la Com;wduncia general, como la pena no podía ni debía
recaer sobae la parte que pudo probar ele hubu téuido en 1 conspiración d l 25,
aino obre los na•dios que iutlic6 como muy á J>rop6aito para efectu-.r una cuando
llega e la ocu i6n, qnizll e haba fa :..tribuído cl>to á lllira. 110 sólo. jt: :ts d 1 car,<:ter
noble y gen ·ro. u del Libe1t dor, iuu alt u•tutt: ofen iv11a, y por tanto p rjudi ·i Jea
' u Gobierno. 'e h. mandado h cer la public ci6n de los proce os, y uu an li ia
de ello se insert •rá en la Gaceta. Remitirt! á U~.fa, en su oportunidad, aanb 1111-
J>n O!, y entonce polllá Uda uplir por í 111i mo lo11 de(cl'lo 1111e nota U fa en
esta comunicación, y que la premura dt!l ti mpo no me permite ::.uh~>aDfa lle guía }Jaru d¡¡r cuenta de él, biierv
ndo iempre ht drcun pec ·ióu que n todos <:~so , y princípalu.cute eu li te, ea
tan ne<'e._aria pura que e punga de mauifie to el acierto y geuerosidad con que ha
qu rido proceder el Libertauor.
"Soy de U ía, con perfecto respeto, muy obediente servidor,
ltSTANIILAO VERGARA"
"NoTA--La premnr. del tiempo no me p~rmite comunicar' los Sre:;. Palacio
y Bello los suce~os á que me n·fiero en e. ta 11ota; y por lo tanto et>pero que Usía
ae tlirva comunicárselo:. de mi orden, con remi i6n de una copia de los documento•
que acompaño. Lo mismo hará U fa con respecto al Sr. Tejada, nuestro Miuistro en
Rom."
Y para la debida constancia firmo el presente certificado, en Bogott, ' 16 de
Noviembre de 1836. LU•o DE POMBO
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590 BOLETÍN MILITAR
que ae había estipulado la libertad de los detenidos por la conjuración
det 25 de Septiembre, no se había cumplido. Bolívar
babía concebido la fal a idea de que teniéndome en un ca tillo
6 (lestPrrado en Europa, podfa llegar más fácil m~nte al poder
omnipotente que aRpiraua.. ¡Qué miserable eugaíio! Yo sufrí
mi del-iticrro, dulcificatlo, es veruad, con la bené,-ola acogida
que obtuve en Europa, y que jamás oh·idaré •, y Colomlli· seguía
ex¡wrimentaudo IlUc\·as agitaciones y tra tornos. El General
Uordoua se alzó en Antioquia contra la autoridad de
Bolh•ar, y 8llcnmbió á pesar de Ru m hre de 1829, y ~eg·uiclauwnte :se constituyó
Estado ~oberauo; el E ·uador hizo lo mi mo luégo. Los pueblos
todos manife tarou un odio mortal al proyecto <1~ monarquía
que el Oon~ejo de Gobierno había. acordatlo en ogot{t en Septiembre
de dicho ano, pr ... via iut ligeucia con los 1\lini tros extranjeros
de Francia~, de Inglat~rra. Colombia fue de ·apareciendo
poco á poco, {t impu1Ros de la opinión y ta los ciudadnnos. En Nueva
York fui obsequiado en püblico como no lo hab(u sido hijo alguno de la antigua
Colombia.
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.Paso del Cuento
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0 La Florida
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Teatro de la guerra en el Norte
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&92 BOLETíN MILIT A.R
Teatro de la guerra en el Norte
DISTANCIAS
C"chirf i Surntli .....••• :S leguas
Surat4 á Matanza ...•• 1 i
.Matanz:l i Ducararnr1nga 8
Bu cara mangn á Rionegro 5
Rionegro á Matanza ..... 5
Matan u á Tona .......... 5
Tona ! Bucaramanga .... 6
Tona ' Vetas............... 4
Vetas á Sumtá ............ . ..
Vetas á Mogorontoque .... .
Tona á l\fo~orontoque ... ..
Suratá á Pe.cadero ...... ..
Bucaramang& ·á Pescadero
Bucaramauga al Tau i~t zo
Rioncgro al Tablazo .......
4
7t
6i
10
10 .
7
8
legul\8
"Igualmente desierta y solitaria es la vasta porción de tierras
montuosas que pertenecen al cantón de Bucaramanga, · desde esta
orilla para el Norte hasta el espinazo de Las Jurisdicciones; país
regado por multitud de torrentes y catorce nos que bajan de las
serranías colosales del Oriente, despeñándose al Lebrija . .Entre Jos
complicados estribos de esta serranía quedan Rionegro, ceñido y
como aislado por selvas de majestuo a belleza; 11atanza y Suratá,
situados sobre la hoya del río así llamado; Tona, bañado por los
hielos del vecino páramo; y finalmente, Baja y Vetas, solares de
antiguas minas de oro y pla a.
"Hay entre Bucaramanga y l\1atanza casi ocho leguas de
fragoso camino, yendo siempre p r las riberas del Suratá, que rompe
sus aguas contra las peñas y ensordece con el perenne ruido.
Al principio es la marcha por el llano de Bucaramanga hasta la
cortadura del río '1 ona, de de la cual en adelante avanza el camino
por la hoya del Suratá, estrechada entre cerros revolcados
por las avenidas de este río, que n·coge las aguas vertientes de los
páramos Rico, Santurbán, Angostura y Botija, formando en el invierno
crecientes desastrosas por su volumen y velocidad. A trecho~
se anda bajo la sombra de caracolíes y arbustos cargados de
olorosas flores, entre frescor y verdura; á trechos por descampados
ardientes, sin vegetación ni abrigo, empobrecida la tierra por el
irracional sistema de incendiar matorrales para limpiarlas."
ANCIZAR
• A la fe ·ha la mayor pttrte de esas tierras está convertida en dehesas para
ganados y plautlo de café-L. D.
BOGOTA-IMPRENTA NACIONAL
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Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 151", -:-, 1900. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691067/), el día 2026-02-26.
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