Af:tOIV Bogotá, Mayo S de 1900 NUM.150
--~·~--
ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO
DIRECTOR AD-HONOREM 1 FRANCISCO J. VERGARA y V.
Genet·al, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros
Son colaboradores natos de este periódico todos loa Jefes y
Oficiales del Ejército de la República
OFICIAL
BAT.~L!.ON PO:.ITEONIOO
Conferencias de los Oficiales de la Misión Francesa
(Comunicadas por un anti¿-uo oficial del Cuerpo)
SERVICIO DEL CARÓN DE MONTARA
Puntería y tiro
El ángulo de tiro es el ángulo que el eje de la boca de fuego
hace con el plano horizontal: es también el ángulo que indica un
nivel colocado sobre la faceta del refuerzo.
La distancia de tiro es la distancia que hay de la pieza al
blanco sobre el cual se dispara.
El punto de caída es el punto donde el proyectil viene á
encontrar el suelo.
El alcance es la distancia que hay de la pieza a1 punto de
caída. El alcance (en los límites ordinarios de tiro) es tanto más
grande cuanto más inclinada e-tá la pieza.
La duración del trayecto es el tiempo que media desde la salida
del proyectil del cañón hasta la llegada á su punto de caída.
La trayectoria de un proyectil es la línea seguida por el proyectil
desde la boca de la pieza hasta el punto de caída.
El desvío es la cantidad de metros que el proyectil se separa
á la derecha de su dirección primitiva, por consecuencia de sumovimiento
de rotación.
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530 BOLETíN MILITAR
El rmvnmento del proyecti 1 puede ser comparado al movimiento
de un trompo durante u movimiento de rot&ción. Si se
inclina un poco, el trompo adquiere un movimiento lento que se
llama movimiento de preasión.
La flecha AB indica el movimiento de rotación del trompo;
y la flecha CD indica el movimiento de precesión. Los dos son
del mismo modo y CJmbus en el sentido de las agujas de un reloj.
Un proyectil en su trayectoria adquiere un movimiento de rotación
que le es dado por las rayas. Su pe o lo inclina un poco, y despues
toma un movimiento de j>ruesion del mismo lado que el movimiento
de rotación.
Principiando su movimiento de precesión el proyectil, se presenta
oblicuamente al aire, y de pués la resistencia del aire produce
un desvío, que es más grande en los cañones cuanto más grande
es el alcance. En esta separación que se llama dt!sv/o se ve que se
hace á la derecha para la pieza rayada ét let derecha, y á la izquierda,
para la pieza rayada á la izquierda.
El desvío de las tabla e la cantiJad de milímetros que se
necesita correr el trazo horizontal dd alza para corregir la desviación.
NoTA-En el fusil hay también de vío, pero se le corrige poniendo
la ranura 'le mira un poco á la izquierda ó á la derecha clel
eje del arma, según que el fusil sea rayado á la derecha ó á la
izquierda.
Un tiro es largo ó corto, según que el punto de caída esté
más lejos ó más cerca que el blanco.
Un tiro está á la derecha ó á la izquierda, según que el punto
de caída se halle á la derecha ó á la izquierda de la línea que va
de la pieza al blanco. Por efecto del viento el proyectil va á caer
del lado hacia el cual sopla.
Un desnivel de las ruedas hace de viar el tiro del lado de la
rueda más baja; á la izquierda, por ejemplo, si la rueda izquierda
está menos alta que la d,.recha.
Para averiguar si las ruedas están á una misma altura, el
apuntador debe colocarse atrás de la pieza y comprobar á la vista
ó con la ayuda de una plomada que el alza no e:;tá inclinada á
ningún lado.
Para di minuír la influencia de un desnivel de las rueda5 se
puede hacer una zanja en el puesto de la rueda más alta; en cada
caso debe siempre volverse á colocar la pieza en batería en el mismo
punto, 1~ más exactamente que sea posible.
La línea de mira es la línea recta que pasa por el centro del
ocular del alza y la mitad del intervalo de las puntas del guión.
El ángulo de situación es el ángulo que forman el plano horizontal
y la línea recta que une la pieza con el blanco.
Apuntar una pieza es colocarla en las condiciones precisas
para que el proyectil vaya á tocar el blanco.
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BOLETÍN MI LIT A R 531
Para apuntar una pieza es preci!o darle una inclinación t{tl
que el proyectil vaya á caer á .la altura del blanco, y en la dirección
co:1veniente para que t>l proyectil llegue sobre el blanco.
La puntería puede hacer;;e ya con el alza sola ó con la ayuda
del nivd de puntería; en este caso la dirección debe ser dada por
un procedimiento que varía con las circunstancias, no permitiendo
dar el nivel sino la inclinación.
La dirección se da, sea con una plomada si el apuntador, estando
de pie, detrás de la pieza, puede ver el blanco; sea dirigiendo
la línea de mira sobre un jalón ó un sable colocado en Ja dirección
del blanco. Casi siempre esta manera de obrar no se emplea
sino para primera puntería, y se tiene siempre cuidado de
tomar un punto de mira auxiliar sobre el cu<:~l se apunta la pieza
para lo otros ti ros.
En ciertos casos, en los cuales la punterÍ cort.> n hrgo, sep;LÍn que oculten
el objetivo cí que aq11cl "e divist! ~nhre li ha nube .
La ob-.;ervaci6n se ha,...e á h simple vista, y m ejor con ayuda
de un anteojo (, binóculo.
Arreglar el tiro de una batería, es hallar el alza que debe emplc<
trse para que los proyectile lanzad por su diferentes pieza ,
llegando á a~rupar e al red edor del objetivo, produzcan el mayor
efecto que se pueda. Se cono;igue este resultado por medio de la
observación de los punto de caída de cierto número de pro-
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534 BOLE'l'IN ?tiiLI'r.AR
yectiles, rectificando luégo metódicamente las alzas empleadas en
este tiro de ensayo.
Pero aun terminado el tiro de ensayo, se necesita \' eriftcar el
alza p.1ra evitar los errore~.
f/erijicación dtl alza- La verificación ~el alz.a es una operación
por la cual se asegura el artillero yue una alza da puntos de
caída próximos al blanco.
Esta verificación se hace de la manera siguiente: ·e observa
un tiro del alza para verificar, si este tiro es corto ó largo se
tira un segundo con el alza aumentada ó disminuí da en so metros.
Si los dos primeros tiros están del mismo lado, se tira un tercero,
aumentando ó disminuyendo también el alza en so metros.
Si el desvío no cambia· de lado, por el tercer tiro se \'erá si
1 verificación no sale bien y se vuelve á empezar el arreglo.
Ejemplo: alza para verificar á 2,250 metros.
2,2so corto.
2,300 corto.
2,350 corto. Arreglo y \'olver á empezar.
e aprecia, al contrario, que la vcrificaci6n ~ ale bien, ~ ¡ el
desvío cambia de lado, sea al segundo tiro, sea al tercero.
Se verifica el alza en las circunstancias siguiente":
1.0 Para la ejecucion del arreglo;
2.° Cuando en un tiro de conjunto se oh ervan olamentc
unos tiros del mismo lado;
3· 0 Si la eficacia del tiro no parece suficiente;
4.° Cuando la di ~ tancia del blanco es la que una artillería
ha hallado ante por un arreglo;
5.° Cuando se observa, durante el arreglo, un tiro en el
blanco.
La reglas para continuar el tiro despues de la verificacion
son las siguientes:
1.0 El dtsvío cambia ¡{ .. lad? al St!KU 'Id? ti1:;- i la vcri ficación
está hecha para la ejecucÍÓ;l del arreglo, 6 de . pues d<' un tiro de
conjunto que dio solamente tiros del mismo lado, e toma la mitad
entre las alzas empleadas para l0 ~ dos tiros.
Ejemplo: alza para verificar á 2,250 metros.
2,250 corto.
En lo
verificar.
2,300 largo. Se toma 2,2 7 5·
3. 0
, 4. 0 y 5. 0 casos, se vuelve á emplear el alza para
Ejemplo: durante el arreglo e ob ~ erva el alza de 2,4-00 metro
· que dio un tiro en el blanco, verificamo. :
2,400 corto.
2,450 largo.
Se vurlve á u ar d alza de 2,400 metro que dio un tiro en
el blanco.
2.0 El dtsvzo cambia de lado al tercer tiro.
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BOLE'l'ÍN MlL11.'AR. 535
Se toma en todiJs /IJs casos para continuar el tiro, la mitad de
las alzas con las cuales se tiraron estos tres tiros.
Ejemplo: alza para verificar 2,250 metros.
2,250 corto.
2,300 corto.
2,350 largo. Se toma 2,300 metros.
()rro ejemplo: el alza de 2,400 dio un tiro en el blanco; veriJiquémosla:
2,400 corto.
2,450 corto.
2,500 largo.
Se toma 2,450, aunque 2,400 metros diese un tiro al blanco
Arreglo dI tiro-Es sólo el Capitán quien regla las correcciones
relativas al error de alcanc~. Siendo corto el primer tiro,
hará tirar un segundo proyectil, un tercer\>, etc ... aumentando
cada vez el alza en 200 metros ó 400, según que la distancia sea
inferior ó superior á 3,000 metros.
Luégo qu~ por mt:di ,> ele este procedimiento se haya obtenido
un tiro largo, elt'apitán h.1rá tirar el siguiente con un al!.a igual
al valor medio Je lo do último tiros. Se continuará después el
tiro ele ensayo empleando como alza, á cada tiro nuevo, el alza
media entre las que han dado anteriormente el tiro largo y el tiro
' orto má aproximado: uno Je otro. Obrando de e~ta manera, ·e
obtendrán pronto Jos al.l..ts, cuya diferencia sea de 100 metros, y
que cor-re-pondan una á un tiro· largo y la otra á un tiro corto.
El Capitán indicará el alza media entre estas dos alza~, mandará la
vaijicación, y designará, si lv juzga convenientt":, una parte del
objetivo á cada sección ó cada pieza, como blanco, y hará emplec.~r
tiros de conjunto de cuatro tiros cada uno.
En los tiros de conjunto, lo tres en el blanco cuentan por
la mitad largos y por la mitad corto .
E 1 alz.1 pu~dc ser considerada como buena cuando svbrc
cuatro tiros resultan dos cortos y dos largos.
Cuando el objetivo es una tropa descubierta y en líne.1 delg
ada, s::: pued~ consiJerar como buena un alza que dio sobre
uatro tiros, dos ó tres tiros cortos, pero solamente si lo:, tres tiros
cortos no son los tre primeros del tiro de conjunto .
.El alza debe ser modificada en 25 metros después de cada
tiro de conjunto que no dio el resultado deseado.
Si los tres primeros tiros de un tiro de conjunto caen de.l mismo
lado, e verificará el alza empleada.
Ejemplos. El blanco es una línea de artillería.
A 3,500 metro:', viento medio viniendo de la derecha. Se cot re
el ocular á la derecha 7 milímetros.
3,500- I .a pieza, fuego. L:argo.
3, l0:)-2.~ pieza, fuego. Corto.
3,300- 3·n pieza, fuego. N o observado.
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1
536 BOLETÍN MILITAR
3,300-4. • pieza, fuego. Largo.
3,2oo-5.a pieza, fuego. Corto.
3.250-- Alza para verificar.
6. 11 pieza, fuego. Corto.
3,300-1 .n. pieza, fuego. Largo.
La verificación sale bien; se emplea el alza de 3,27 5·
3,275-Tiro de conjunto, 2.11 pieza, fuego. Corto.
3,27 5-Tiro de conjunto, 3.• pieza, fuego. Corto.
3,275-Tiro de conjunto, 4.• pieza, fuego. Corto.
Los tres primeros tiros resultaron cortos, se necesita verificar
el alza.
3,325-5.• pieza, fuego. Largo.
La verificación sale bien, se adopta 3,300 metros.
3,300 metros-6. • pieza. Larbo.
3,300 metros- I .a pieza. Corto.
3,300 metros-2. • pieza. Corto.
3,300 metros·-3.a pieza. Largo.
El alza está arreglada.-(Cmtinúa)
------~··~------
SECCION DOCTBfN AL
VJtllHÓN LIDilE PARA XL 11 DOLitTfN MILITAR" •
Apenas se llega á tierra montañosa, á la región de las cumbres
eminentes, y, recorriendo el terreno, se le estudia desde el
punto de vista militar, la derrota de ciertas ideas preconcebidas es
completa, y provoca hacer todo lo contrario de lo prescrito por el
reglamento, para poder t.plicarlo á la guerra en la m ntaña.
En efecto, los proccd· miento~ de marcha no pueden :;er los
mismos que en las llanuras ~n donde fuertes columnas pueden moverse
por carreteras bien conservadas, y los servicios de exploración
y seguridad exigen condiciones aJecuadas y aun diferentes.
El estacionamiento presentará numerosas y considerables dificultades.
El ataque y Ja d fcnsa de posiciones no se desarrolla del mismo
modo que en la ll..tnurci, t!onde la menor elevz.ciun dd terreno
se torna obstáculo formidable para el ataque, y facilita la defensa
creando extenso campo de tiro, en el cual es fácil la apreciación
de las distancias y donde la aplicación de los preceptos reglamentarios
puede hacerse sin mayores dificultades.
• Como término de e te trabajo hrtremo'! .tlgunas obsen·uciones indispensables
en nuestra cordilleras, tan distintas de los Alpes, y en las que si falta la nieve invernal,
en ca.nbio ·e p-te!:'ent .. n dificultades de otlo 1den, de t·ruo<'ida en la Europa
centr,l-(rf. del T.)
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BOLETiN MILITAR 537
En la montaña, 5Í las grandes leyes de la guerra permanecen
inmutables, pues no dependen del terreno, su aplicación no es
idéntica á lo que se hace en la llanura poblada y cultivada.
Una parte de las tropas de la Nación está encargada especialmente
de la defensa de la frontera alpina, y en el:a se encuentran
ya quienes, merced á una constante práctica, conocen la guerra de
motañas; el mayor número lo ignora aún. La fuerza no tiene ni
al equipo, ni la instrucción, ni l;J práctica necesarias. Los jefes,
desde l~s más jóvenes hasta los de mayor categoría, no poseen ni
el vigor-aumentado por el adestramicnto é intJtil sin él,-ni el
arte de manejar la tropa entre los riscos, sea en marcha, sea en
combate. Y no puede ser de otra manera:
V en idos de todos los rincones del país, in tener idea anterior
de lo que es una mo11taña, llegan y pa an, tras un sumario aprendizaje,
legando á los que los reemplazan los mismos errores y la
mismas ignorancias_ Preci ·o es variar el sistema de reclutamiento
de estas tropas y luégo establecer un reglamento de servicio deducido
de la práctica de los que allí sirvan, para que el día del peligro,
á falta de experiencia, á lo meno haya un libro que ilu tre á los
ignorantes y guíe á los presuntuosos y atropellado •
I- GE ERALIDADES
Haríamo bien en imitar á Descartes cuando hizo tabla ra a
de la ciencia y la fdosofía antiguas para no buscar la verdad ino
por mctlio del raciocinio, y por eso á nuestro turno nos serviremos
tan sol0 del raciocinio y la experiencia para indagar los mejores métodos
pétra marchar, descansar y combatir en la montaña. Para realizar
e te desiderátum debemos ocurrir á los montañeses, y de sus
prácticas deducir un esbozo de reglamento que ponuría luégo en
práctica una tropa de 100 hombres venidos de todos los rincones Jel
país, \larianuo cada día las fdtigas, los peligros y las pruebas que
habrían de vencer para dominar las cumbre . Hecho e to, fácil sería
entonces establecer un código de reglas segura y apropiadas para
enseñar á la mayoría de los habitantes á hacer la guerra en la
montaña.
Las primeras observaciones naturalmente habrán de referirse
al equipo y ve tid del soldado. El calzado debe ser ancho á la
vez que ajustauo al pie., on la. uela. obrcsaliente y guarnecida Je
cla\ os de abeza grande, con ·on.lún ¡nra amarrarlo por dchnte,
alto lo bastante para abrigar el tobillo pero in e torbar los movimientos
del pie. El calzado de cuero duro que no puede man tenerse
elástico y ab:,orbe la tran piración y el polvo es detestable y
lastima el pie, cuyo descanso no puede obt~ner e sino cambiando
de calzado si éste e.s apropiado para la marcha. Con el calzado
descubierto como la alpargata*, el pie queda demasiado libre, e
hincha y ]a$tÍma.
• Cue·tión de co!'tnmbre: 81JUÍ la tropa Oll calzJ.do ería iníítil en la montañ.y
con alpargatas 6 t¡ltimbas y aun descalza hace marcha asombrosas.
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538 BOLKTÍN MILITAR
Si tras una fue1 te marcha el pie adolorido se la va y seca, y en
seguida se recoge en un calzado sólido, resistente y á la justa medida,
descansará perfectamente, y el bienestar que de esto resulta
se extenderá á todo el organi mo. En una palabra: el soldado en
la montaña nece ita dos pares de botines, uno en los pies y otro
en el morral.
El uso de la media cort::t ó calcetín es excelente, puc da al
pie má elasticidad dentro del calzado, y aun cuando muchos soldados
pueden prescindir de él, dado su e~tado f1sico, es indispensable
en las altas cumbre , cuando el frío arrecia. No debe olvidarse
sí que esta prenda del vestido demanda aten ión especial, tanto
para su aseo como para el modo de usarla.
La higiene del pie es capital en campaña, y todo cuidado es
poco á fin de que en él no se produzcan heridas: es error comtín
que un par de botines medidos al pi convienen al individuo p:~ra
la marcha. 'l'al calzado que llena la condiciones de longitud, anchura
y aju. te, hiere de pués de do ó tre días de marcha, porque
s_ form:w pliegue· ó el pie se hincha, y ya no cabe bien, ó lo lastima
el ontrafuertc, cte.
El a eo es condición indispen able para conservar el pie en
buen e tado. Los diver os accidente que p:1eden producirse, ampoll.
t!' con tu. iones, lastimaduras, etc . ., deben curarse en el acto. Si
aca~o d dailo ocasiona dolore en tod un mú:culo de la pierna, se
impnne el reposo completo hasta que el dolor haya desaparecido, y
si ocurre una hemorragia hay que detenerla á cualquier precio,
inclu ive con cor~1pre a de yerba y ti rra en t2nto que 1 ega el
médico.
El calzado debe so:;tencr la garganta v el tobillo, pero el pantalón
debe caer con lib...rtad, ajuc;tar'e á las caderas y tener la amplitud
·uficiente en el fondo y entrepierna para que los músculos
pucJan j11gar con entera oltura. Por e<:.to todo calz,ón que apriete
la rodilla debe desecharse. Si se quiere ajustar lc1 parte inferior del
calz,ón, b.1 ta y sobra un alfiler de nodriza para arreglarlo, como lo
u. an lo ciclistas. Las band~s ó fajas de paño, dichas MolletierN,
son lÍtiles si no comprimen la pierna, porque preservan del polvo
y a u 11 del lodo que no puede penetrar en el calzado.
Es indispensable la franela. La camisa de génuo e n un cinturón
de franela no basta, porque es necesario que la tran piración
.ea absorbida sobre todo el cuerpo, en especial el pecho y los brazos;
la cintura en refer~ncia no garantiza ino el vientre, y en vez
d~ una rc · ultan dvs prenda, que debe cuidar el soldado.
El vestido erá amíllio, con mangas ancha , que no comprim1
los hombros ni el pecho y deje libre juego á la respiración.
U na blu a por el e~tilo de la que usan los cazadores, e el ve ti do
que llena mejc r e tas conJ.icioncs. Nuestra incómoda y antipática
chaqueta de inf.lntería es el más ckte table de lo,; vestidos: comprim
.... lm hombros y el tórax, apri'.!ta las caderas, mantiene los
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DOLE~'ÍN .l.\HLI~'AR 539
brazos como dentro de un estuche, ~e de arregla con el más Ji gero
movimiento, forma pliegues y aun la tima al soldado así que éste
tiene que hacer grandes esfuerzos, de suerte que se ve entonces
obligado á desabotonar los ú !ti m os botones p.1ra darle más amplitud
y estar con mayor comodidacl. Es el ve tido diarnetralm~nte
opueno al que se necesita en la montaiía.
El vestido debe ser completado con un manto: el actual capote
de infantería no es práctico, requiere estar á la medida, y no
lo es así, resultando ser muy ancho y feo, ó muy estrecho é incótnodo.
Se necesita, pues, no un capote sino una capa amplia,
que e u bra bien el cuerpo, e :; té pr~>vÍ:->ta de u na capucha, y
sirva no en la marcha si no en el vivac y en el servicio de avanzadas.
El mejor moJelo es el que usan lns rusos, cuyos delanteros se
cruzan sobre el pecho sin comprimir! , y tiene una capucha fijada
en la espalda.
En fin, se nece5ita un sonbrer que Cttbra Lts orejas y la
nuca; el birrete de los alpinistas es prenda de \'e tido de ópera
cómica; el kepis no tiene en su apoyo si no la costumbre. Lo que
sirve en la serranía es l<1 gorra de paiw de alas que pueden bajar e;
el pasa-montaña poco elegante, pero adecuado al fin á que se le
de tina.
Vestido el soldado, resta saber qué carga llevará sobre lo~
hombros, la cual entre más liviana mejor. Regla absoluta: todo el
cq ui po debe acomodarse sobre la espalda y hombros, y nada obre
las caderas. La mochila (morral) no debe encerrar sino lo indispen
able: una muda de ropa, aguja é hilo, y dos días de víveres.
El cinturón con cartucheras para 120 cartuchos, pero sostenido
por correas que hagan gravitar ~u peso sobre los homhrm;. l)cl
cinturil, un bastón herraJ ,>, la cantimplora,
y el soldado estará listo para la guerra de m rmtaña.
T .' CTICA DE MARCHA
I- Preparaci6n del soldado
·rres cosas son indispen'iables al soldado en la montaña: la
moral, el jarrete y el pulmón; las dos primeras se pueden adquirir
si faltan, en tanto que la última es independiente de nuestra voluntad.
1.0 La moral-Es el factor fundamental en el asunto. En la
montaña el soldado habrá de encontrarse enfrente de serias diíicultades,
de peligros reales de que no saldrá si no con erva la sangre
fría que permiten desplegar íntegros la energía y el valor.
La moral se adquiere, y aun fácilmente, si el hombre se adiestra
progresiva y metódicamente; primero es preciso habitu,trlo á
la fatiga que produce la carrera en la tl'_lontaña: desde que sepa
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BOLETÍN MILIT A.R
marchar sin dificultad, con seguridad y esté educado su jarrete, se
le hará abandonar lo3 5enderos transitados y atacar de frente las
pendientes.
En toda región de altas montañas las pendientes se muestran
de naturaleza y calidad muy diversas, pero que puede11 reducirse á
tres ti~os: la cubierta de césped ó de pedregales, el derrumbe y la
roca v1va.
La falda, pedregosa ó cubierta de césped, se sube no sin pena,
porque es resbaladiza, y la suela del zapato se alisa á los pocos pasos,
pero no presenta grandes dificultades, y de ordinario su inclinación
es mediana, sucediendo otro tanto con los pedregales.
Los derrumbes varían al infinito en forma, caracteres y extensión,
pero iempre pertenecen á uno de los tres tipos siguientes,
en cuanto composición: grava ó arena, piedra y cantos de roca.
Solament.:: la experiencia ense~ará cuál es el mejor sistema
para abordarlos, ya según la línea de máxi:na pendiente, ya en línea
oblicua que con aquélla forme ángulo más ó menos abierto.
Por regla general los derrumbes de grava deben ascenderse iguiciHlo
la línea de mayor pendiente, cualquiera que sea el sub-uelo
que los soporte, porque tomándolo al se g , si la tropl es
numerosa, abre un largo surco, y como entonces las capas superiores
quedan in apoyo, e deslizan empujada por su peso, y pueden
causar des·:tstres, formando aludes de piedras. El peligro aumenta
aún si el sub·uclo e de marga ó roca lisa, por lo que cualquiera
que sea la dificuitad, hay que subir los derrumbes por la línea de
mayor pendiente.
Los de piedras pueden atacarse oblicuamente· si el subsuelo
es firme, pues de lo contrario hay que proceder como en el caso
anterior.
Los de rocas sin vacilar deben afrontarse por la línea más
recta; la sola precaución que debe tomarse e que el guía de la
Cyar e ó el e·pacio se
reducido, corre inminente peligro de h1 erio caer al abismo que lo
atrae,
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BOLET~ MILJTAR •
Nadie puede afirmar que no es accesible al vértigo, porque
quien no lo siente en unos casos, puede sufrirlo en otros, en especial
cuando prolongada fatiga debilita las fuerzas y quebranta el
ánimo; pero conforme queda dicho, aparte de esos casos excepcio ·
nales, el vértigo es estado nen' ioso que se aprende á vencer.
El mal de montaña es causado por la rarefacción del aire:
constitúyelo una laxitud invencible seguida de fuerte fiebre, y no
tiene otro remedio.:> que un reposo absoluto. Nadie está exen lo de
este mal, ni aun los viejos montañeses, y según el tiempo, la estación
y el estado del organismo, se principia á sentirlo á los 3,ooo
metros de altura.
El vertigo, al contrario, nada tiene que ver con la altura: el
que lo sufre lo siente lo mismo en un balcón de tercer piso que
en una enhiesta roca, y desaparece con el menor apoyo, una cucrJa
que el menor e fuerzo rompería, y viceversa.
En todo caso, á partir de 2,ooo metro , aun cuando no se
ienta el mal de montaña, ya se respira con más dificultad, la¡
fuerzas disminuyen y la fatiga domina con mayor facili~ad.
Con la educación, pues, podemos producir la moral en el soldado,
es decir, la sangre fría, ]a energía, la audacia que vaya hasta
la temeridad, pero sin perder la razón; y esa moral se rctempla y
afirma á medida que se ejercita. Sólo el que ha hollado las cumbres
solitarias sabe cuánto placer se siente después de la ascensión,
no por el paisaje visto, ino por las fatigas y peligros vencidos, por
la dosis de energía, calma y sangre fría puestas en obra; por la
fuerza gastada, por el desdén de la muerte que lo acechaba á cada
paso, por el orgullo del triunfo obtenido sobre la naturaleza en
desigual batalla.-( Continúa)
H. BARAUDE ...
INFORME
SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN
(Continuación)
Remonta y desecho de caballos
Los caballos necesarios para la caballería, así cG>mo para la
artillería y el tren, se sacan directamente de los quince depósitos de
remonta, que contiene cada uno de 400 á 500 caballos, los que se entregan
á los cuerpos periódicamente y á medida de sus necesidades.
La provincia de la Prusia oriental contiene, para su servicio, siete
depósitos de éstos, y provee ella sola la mitad (3,ooo) del número
de caballos que son precisos anualmente á las tropas prusianas.
Estos depósitos de remonta dependen del Ministerio de Guerra,
pero están organizados sobre los mismos principios que las ye-
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542 BOLE'fJN MILITAR
guadas del Estado, es decir, que po een como éstas algunas tierras
que administran libremente.
En los depósitos los caballos están todo el año alimentados con
paja ó heno seco, y alojados en caballerizas capaces para 25 animales.
Pero aun cuando estas cuadra'\ están provistas de pe ebres, no
se ata en ellos á los caballo , que andan libremente. Dt>l cuello de
cada uno pende una placa de hoja de lata con un número que ha
de seguir al animal hasta e1 fin de su carrera militar. Estos números
se determinan para cada remonta, anualmente, y difieren de
un depósito á otro, de manera que se puede saber siempre, en el
acto, de qué depósito viene cada caballo y por quién ha sido comprado.
Sólo se compran, para los depósitos, caballos de tres años.
Los que se destinan á la caballería ligera (dragones y húsares)
deben tener una talla de cinco pie y dos á cuatro pulgadas
( 1"',37 5 á 1 m,625), y para la caballería pesada (hulanos y coracero~),
de cinco pies y cuatro á ocho pulgadas ( 1 m,62.5 á 1 ... ,727).
Los caballos que se tienen en más es ti rna son los de la Prusia
oriental.
Las compras se hacen directamente por cuenta de los depósi
ros de remonta, por seis comisiones especiales ( Remmte-AnkaufiCommissiolh'm),
operando cada una en radio determinado, del cual
llega de este modo á conocer bien lo productos. Cada comisión
se compone de un pre. idente (oficial superior ó capitán de caballería)
y de tres vocale (dos teniente y un veterinario). Tiene adjuntos
un secretario y algunos soldados ordenanzas.
Estas comisiones no se constituyen sino para el acto de las
compras, que empiezan el mes de Mavo. El pre · idente es el único
miembro permanente, y durante el ·invierno los seis presidentes
tienen su trabajo en el Ministerio de Guerra. Los otros miembros
de b comisión se nombran cad·{ año en los cuerpos, elegidos entre
los oficiales que conozcan bien los caballos y parezcan aptos para
ser más tarde presidentes. Así pues, se procura enviar á los mismos
oficiales varios ar1os seguidos para este servicio. Cuando se
terminan las compras, estos oficiales vuelven á sus cuerpos.
Algún tiempo antes de empezar estas operaciones, cada comisión
hace publicar la indicación de las localidades y los días en
que tendrá lugar lo que se llama los mercados ó ferias de remonta
(Remonte-Markte). En el día que se determine se traslada la comi:
aión á la localidad indicada y compra al precio corriente los caballos
de tres años que se le ofrecen.
Estos caballos se reúnen por grupos, y conducidos por destacamentos
que prororcionan los regimientos de caballería inme<
liatos, se dirigen al depósito de remonta más próximo, en donde
permanecen un aiío entero. Por excepción pueden algunos conservarse
allí dos años.
Para poner la dignidad del presidente al abrigo de todas las
proposiciones impertinentes de los corredores, está admitido que
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DOLETÍN MILITAR 543
sea él quien decida definitivamente la compra de cada caballo; pero
corresponde al teniente más antiguo gestionar el solo las condi
~iones de la venta con el propietario del animal, mientras que
el oficial más moderno hace proceder á su reseña, etc.
La reman ta de la caballería, arti llen'a y del tren del cjérci to
prusiano exige cada aiío próximamente 6,o:)O caballos. El reparto
por armas se hace . iempre por el inspector de remontas, quien
con este objeto pasa en tiempo oportuno la revista de todos lo
caballos de la remonta llegaban
Á los cuerpos en c·l otoiío, y tal cambio proviene principalmente
de que hasta ahora los caballo viajaban siempre por jornadas, lo
t:ual retardaba much su llegada. Hoy, por el contrario, se ha regl
mentado su tran porte por el cam1no de hierro, y no se recurre
al antiguo modo de conducción sino para los regimiento. que
se encuentran en punto ~ inmediatos al depó ito de remonta.
Como por otra parte los desecho d ~ caballo ólo se hacen al
fin de las gr.tndc;, maniobra~, resulta que durante algún tiemp el
efectivo de los caballos er1 los cuerpo es superior á la cifra reglamentaria.
Así pue . , se autoriza á los regimientos para de embarazarse
en parte de este excedente, vendiendo hasta 20 caballo inmediatamente
después de la llegada de las remontas.
Un regimiento de caballería recibe anualmente 63 caballos,
que se distribuyen á razón de I 2 ó I 3 por escuadrón, más un
número variable, según las necesidades, de caballos suplementarios
des ti na dos á la categoría de caballos de oficiales, que llaman
OJ!izier-Chargenpferde. · l'odos los tenientes de caballería, adern ás
de l caballo que deben poseer personalmente, tienen derecho á
tomar además otro de los de filas. Los del Chargenpferd no deben
entregarse al oficial sino después de una doma completa, porque
el mucho servicio del oficial de caballería no le permite entregarse
á esta operación, y se cuida esencialmente de que cada oficial posea
siempre un caballo bien amaestrado. Estos caballos, entregados
gratuitamente á los tcnien tes, vienen á ser propiedad del poseedor
al cabo de cinco años. Y el oficial que no hace uso de su derecho
de tomar caballo del escuadrón, recibe en cambio el precio medio
de caballo de remonta, pagado en cinco anualidades correspondientes
á los cinco años al cabo de los cuales el caballo hubiera
sido de su propiedad. A tales oficiales no por eso deja de obligárseles
á tener dos caballos, y en general se cuida rigurosamente en
el ejército prus;ano de que todo oficial, cualquiera que sea su
arma, tenga constantemente presentes en el cuerpo el número de
• E decir, desde el nño 1 75, que e al que el autor se refiere.
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544 BOLE'l'ÍN MILIT A.R
caballos que ordenan los reglamentos para el tiempo de paz. ~
otro modo, en caso de movili2'ación, no podría desempeñar el papel
que le incumbe. El inspector de remontas, al hacer la repartición
de los caballos en los depósitos, hace poner en la categoría
de Chargenpferde los que resultan rnejores desde todos los puntos
de vista. Esta designación, por otra parte, no limita en modo alguno
la libertad de elección de los oficiales, que pueden siempre
ejercerla entre todos los caballos de remonta, no directamente sin
emb:1rgo, sino con la intervención de una comisión compuesta dct
un jefe, un capitán y un teniente, la cual debe aprobar las
elecciones.
Por lo que respecta al desecho de los caballos, el reglamento
deja la más completa libertad á los capitanes, teniendo presente
que éstos, con conocimiento perfecto de todos los caballos del escuadrón,
están mejor que nadie en estado cle juzgar si tál ó cuál
es ó nó apto para el servicio.
No hay regla p a rticular al g una que determine la duración
normal del tiempo que debe servir un caballo; por lo regular su
entrada en el cuerpo es á lo cu a tro años, y permanecen, por término
medio, poco m á s de una decena de años; de manera que la
mayor parte de ellos s~ desecha n entre los catorce y quince años;
pero como en todo esto el capitán es el solo responsable, no se le
obliga á desechar sus caballos, y puede, si lo cree posible, conservarlos
en el servicio hasta la edad de veinte años. Este es el límite
extren1o, y, por r gla general, un caballo de veinte años debe ser
sustituído *.
1 comandante del escuadrón debe ser muy circun pecto en
sus desechos, porque estando determinado el número de caball06
de remonta una vez para siempre, sólo recibe anualmente la cantidad
de ellos así fijada (trece próximamente), no variando, por
lo demás, esta cifra sino á consecuencia del mayor ó menor
número de caballos designados para Chargenpjerde. Resulta de
esto que un capitán que haya recibido~ supongamos, trece caballos
en el mes de Julio, no desechará igualmente sino trece en
Septiembre, después de las maniobras, si bien puede ser que tenga
más de éstos en su escuadrón que merecieran ser desechados. Sucede
que, por ejemplo, un caballo muere en el curso del año, y no
se le reemplaza: en el otoño se procurará desechar uno meno>
para mantener siempre el completo del efectivo. Si esto es imposible,
y un capitán se viese obligado á desprenderse de más caballos
de los que ha recibido de la remonta, el déficit persiste durante
un año, y el número de hileras del escuadrón se encontrará,
por lo tanto, reducido.
• Sin embargo, se encuentran eh los cuct pos C;lbtlllos qne tienen veintiun6 y
aan veintidós año , como lo veremos má· adelante.
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BOLETÍN MILITAR 545
Puede también suceder que en el curso del año resulte un
caballo impropio para el servicio, y que el capitán del escuadrón
juzgue imposible conservarle en las filas. Entonces informa al jefe
del regimiento, quien da la orden para que se reúna la comisión
de examen (Pferde-Prüfungs-Commision), compuesta de un capitán,
dos tenientes y un veterinario, á cuya comisión se presenta el caballo,
y sin más apelación da su dicta.ntn, sin que haya tampoco
necesidad de que su decisión sea aprobada por la autoridad superior.
Si el caballo es declarado inútil para el servicio, se vende inmediatamente
en subasta. Cuando tenga lugar el desecho siguiente,
el capitán procura desprenderse de menos caballos para poner
al completo su escuadrón.
Se ve, pues, que en suma el capitán del escuadr6n es absolutamente
el dueño de sus caballos, y el mismo coronel no tiene el
derecho de exigirle se de~haga de tales ó cuáles caballos.
Aún se encuentra en e te momento en varios regimientos de
la caballería prusiana una categoría particular de caballos llamados
Augmmtations-Pferrle, di tri bu í dos entre los cuerpos para llenar
los vacíos que se produjeran durante la última guerra. El número
de estos caballos varía mucho naturalmente de un regimiento ó
de un escuadrón á otro. En algunos no lo hay, y en otros podrán
contarse unos 40, esto e , casi el tercio del efectivo. Esto depende
enteramente de las pérdida sufridas en el curso de la campaíia.
A í, por ejemlo, el 1.0 de dragones de la guardia, que perdió en
1V1ars-la-·rour casi la mitad de su caballos, tiene aún hoy de 30
á 40 Augnuntatior.s-Pfcrde por escuadrón.
En fin, exi::;te también cierta clase de cahallos ql!e se llama
,·aba/fas de compra ( Aukaufs-Pjn·dc), porque han sido comprados
por Jos mismos escuadrones. Hé aquí en qué forma. Hemos dicho
antes que el caballo que muere en el curso del aíio no se le reemplaza
inmediatamente, y que el escuadrón tiene que soportar este
déficit ha ta la llegada de la próxima remonta; pero en el ínterin
tl Gobierno continúa abonando al regimiento la cantidad de raciones
correspondientes á su efectivo reglamentario. De suerte
que el e cuadrón que haya perdido un caballo recibe, no obstante,
l;1s raciones para él como si estuviese siempre presente. El capitán
separa esta raciones, las vende, y con su producto compra un
nuevo caballo, que viene á ocupar en el escuadrón el puesto del que
fue baja. Compréndese, por otra parte, que estos caballos constituyen
realmente una excepción y que no se encontrarán en todos los
escuadrones.
Antes que algún caballo de desecho sea vendido, todos los
capitanes de escuadrün, no sólo del mismo regimiento, sino de
otros cuerpos de tropas á caballo de la guarnición, tienen el der~~cho
de elegir, entre los caballos de ech~dos por sus colegas, aquellos
que les parezcan mejores que tal ó cuál caballo que tenga
2
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546 BOLETÍN MILITAR
precisión de conservar en su propio cuerpo *. Así pues, cada vez
que un cuerpo cualquiera hace un desecho de caballos, se apresura
á advertirlo en tiempo oportuno á los cuerpos más próximos. Los
cambios se efectúan entonces amistosamente entre los capitanes y
sin que nadie tenga derecho á intervenir para cohibir la libertad
de sus elecciones en un sentido ó en otro. Cada cual no tiene aquí
más mira que la del bien del servicio, y se conJprende que un capitán,
responsable ente1amente del buen porte de su escuadrón, no
incurrirá jamás en el caso de hacer el cambio de un buen caballo
por otro malo.
Todo cuanto hemos dtcho relativo á la remonta de la caballería,
puede aplicarse por completo á la artillería. Los regimientos
de esta arma reciben los caballos que se les destina de los depósitos
de remonta más próximos, á razón de cuatro ó cinco cada
año por batería montada y de nueve por batería ;l caballo. Estos
caballos, como los que deben remontar al arma de caballería, son
comprados á la edad de tres años, y pasan un aíio ó dos en los depósitos,
con el objeto de que no lleguen nunca á los cuerpos antes
de haber cumplido los cuatro años.
La artillería nece s ita caballo de silla que atisfagan á las
mismas condiciones que lo · de la caballería y de caballo de tiro,
en los cuales se de ea más bien el vi ~ or que la ligereza. u alzada
debe estar comprendida entre 1 "',620 y 1 m,67 o .
Como las necesidades de lo cuerpo· respecto á caballos de
una y otra categoría, pueden variar ·f! glí n lo s años, los regimientos
deben manifestar con tiempo el número de caballerías de cada
especie que le son necesarias.
Los caballos llegan á los regimientos durante el verano, generalmente
en el mes de Julio, y quedan como excedente del efectivo
hasta después de terminadas las maniobras de otoño, en seguida
oe las cuales los jefes de regimiento determinan el número de
caballos que necesitan desechar en cada batería, según el de los
caballos de la remonta puestos á su di ·posición.
El ganado desechado se vende en pública subasta, y si ocurre
que un caballo resulta inútil para el servicio en otra épo~a del año,
se examina inmediatamente p r una comisión especial formada
en el regimiento, y se vende con la autorización del jefe de la
brigada.
Instrucciones de la caballería-Gtneralidades
El año de instrucción, comprendido en él la doíT1a de los caballos
de la remonta, comienza en la segunda mitad de Septiembre,
seguidamente después de las grandes maniobras. V éanse aquí
las divi~tiones principales: durante el otoño, el invierno y una
• Por consecuenci son, por el cnntnuio,
r elativameute tHt·nos nunH."roso.; en h caballerfa, como lo he1110 ' lllclw en el cupí·
tulo del 1edutamiento.
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548 BOLETÍN MILITAR
so de instrucción de la caballería deberá comenzar en esta época.
Y se ve que desde este punto de vista esta arma se encuentra en
peores condiciones que la infantería: esta última recibe el mismo
día la casi totalidad de sus reclutas, mientras que en caballería,
los hombres llegan en dos períodos, unos el 1.0 y los otros el 15 de
Octubre, y aun en la Guardia todavía más tarde.* De donde para
estos últimos un retardo en la instrucción que puede llegar á tres
y aun á seis semanas.
Compréndese, pues, que el período preparatorio no puede
existir en la caballería, ó por lo menos debe encontrársele confundido
con otros ejercicios . .En las dos semanas, y algunas veces menos,
que transcurren desde las grandes maniobras y la repetición
de las instrucciones, es difícil formar instructores para los reclutas.
Así pues, durante todo el año es cuando el capitán debe procurar
ir preparando poco á poco su personal á estas funciones delicadas.
Al mismo tiempo, busca también para los reclutas los
caballos más tranquilos, hace poner en buen estado los dormitorios
v trajes que se les destinan, etc., como lo hemos explicado á propósito
de la infantería.
Hé aquí, en suma, cómo se pueden designar los diversos períodos
entre Jos cuales se divide el año de in trucción con sus duraciones
aproximada~:
1.0 Período de la inst1 ucúón individual ó d~ los reclutasDesde
el 1.o de Octubre y 1.0 de Noviembre hasta 1.0 de ~1ayo.
2.o Ptríodo de los ejercit.ios de primavt•ra-Desde el 1.., de
Mayo hasta mediados de Junio.
3.0 Período de servicio de tampaña - · De~de mediados de J unio
hasta principios de Agosto.
4.0 Período de los ejercicios de otoií.!)- Durante la primera mitad
de A¡!osto.
5.n Período de las grandes maniobras-Hasta la segunda mitad
de Septiembre.
Examinaremos cada uno de estos p'=ríodos en particular;
pero antes vamos á decir algunas palabras sobre la doma de los
caballos.-( Continúa) --···--
:msrru:o:tcs
SOBRE EL UNIFORME MILITAR
(Continuación)
Equipo de los Institutos montados
En la investigación de las condiciones del uniforme se ha
tratado ya del que debiera vestir la caballería; pero nada se ha dicho
hasta ahora sobre el equipo de los institutos montado , y cier-
• Hacia mediado de Noviembre. Véase t:l capítulo obt·e el reclutamiento.
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lJOLET:fN MILITAR 549
tamente no faltan motivos para desear reformas en el actualmente
reglamentario, tanto para el jinete como p~ra el caba1lo.
Por razones no fáciles de alcanzar, se ve colocado sobre el
caballo el armamento que el jinete debe manejar cuando esté pie
á tierra, y por el contrario, el hombre lleva sobre su persona el que
sólo á caballo put·de e grirnir. ¿ Por qué no se ha de establecer el
orden que parece natural ? Vayan el sable ó la lanza sujetos al
caballo, pues que á caballo se juegan, y lleve sobre sí el soldado
la tercerola ó carabina, que es la única de sus armas que estando
desmontado usara con fruto.
El servicio avanzado y de exploración encomendado á la Cáballería,
encarece y extrema la conveniencia de que tenga aptitud
para defender un puesto pie á tierra, si no como oficio habitual,
por lo menos fortuitamente.
Hoy que la velocidad en Jos movimientos es tan importante
que á vece depende . u éxito de la cele.ridad con que se ejecutan,
¿no sería conveniente aprovechar en absoluto la idoneidad de la
caballería para e te efe cto, aumentando hasta el último límite su
ligereza?
¿ o sería útil el que e ta arma pueda ocupar rápidamente un
punto importante, anticip:ind o e al enemigo, y sostene1se en él
ha tala llega da de la infa ntería?
Re uelv a n otros má. competentes e tas arduas cuestiones, y
en ocasión más adecuada de exponer las razone que las puestas para conseguir la absoluta
inmovilidad del arma con relación al jinete, aun en los aires
más violentos. N o es el peso de la tercerola lo que más molesta
cuando se lleva á caballo, terciada á la espalda. Lo que más molesta
es el golpeteo del arma contra el dorso, y sobre todo ]o:; choques
del guardamonte con la columna vertebral y las costillas,
consecuencia natural de la disposición en que se lleva colgada.
Dos medios se ocurren, que empleados simultáneamente evitarían
tales molestias: J .• Que se aplique á la espalda uno de los
dos costados de la caja de la tercerola, que son aproximadamente
planos, en vez de la parte éJnterior cuyo perfil quiebra el aro del
guardamonte con su contorno saliente; 2. 0 Sujetar la tercerola de
suerte que no se mueva; para que esto se alcance sin que el portatercerola
ó bandolera ejerza exce:ii\'a compresión sobre el pecho,
es preciso variarlo en la forma que se dirá.
Se logrará que al colgar la tercerola quede de plano sobre la
espalda, colocando u na barreta en forma de puente en la unión de
la garganta de la caj~ con la parte casi plana de la culata. Para
facilitar el resbalo de la tercerola á lo largo de la correa portatercerola,
deberá e·tar el puente fijo cubierto por un1 coscoja.
En cuanto al segundo medio, razones idénticas á las empl"!
adas para proponer la su presión del correaje de la infantería,
aconsejan que la tercerola "'ya sujeta al coleto, no dejando otro
papel á la bandolera que el del lazo de unión que de empeña ahora
cuando la carabina queda enganchada; cuáles sean las disposicio-nes
adoptadas para llegar á e:lte fin y los recurso5 de que se ha
echado mano para conseguí rlo, es lo que á continuación se trata
de explicar lo más clar;:,mente que se ha acertado.
Se adoptarán sobre el coleto:
1.0 Un rectángulo de cuero de o,m 15 de ancho, por o,m4o
de largo, amoldándolo al fll)mbro izquierd desde la parte anterior.
Sobre este refuerzo de e-u .: ro irá ti jo por su rama más corta un
gancho de plancha de acero en figura de U y cuya rama libre
termi11a forma 1do una baguilla fija. La rama que e aplica sobre
el cuero deberá hallar e colocadél precisamente encima de la fosa
supra-espina del omoplato. (El papel de este gancho es sostener
la tercerola). 2: U na bagui11a fija algo más arriba de ]a cintura, en el costado
derecho de la espalda. (Esta baguilla servirá para sujetar la
bandolera).
3.• Dos baguillas fijas en la cintura, en el costado derecho
del pecho. (Por estas baguillas se pasará el látigo de la correa descrita
en el § s.o).
4·a U na correa de I metro 6o centímetros de longitud y
0,4 de anchura, que tendrá una hebilla en uno de sus extremos, y
á los 50 centímetros de la hebilla un tope.
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BOLETfN MILITAR 551
Esta correa se colocará pasando el látigo de abajo á arriba, por
la bagui lla fija en la espalda (§ 2 ... ), y después por la del gancho de
acero (§ r. .,), cruzándola hasta que la hebilla y el tope las toquen
respectivamente; tr 1yendo después el látigo por encima del hombro,
se cruzar:í por delante del pecho, sujetándolo por fin en la
hebilla que se ha quedado á la espalda. (El oficio de esta correa
sed el mismo qu.: d..:: em;)eñaactualmente la bandolera).
5.0 ()tra correa de .x_ metro de largo y o "\02 de ancho .
.Esta correa pasará por las Jos baguillas de la cintura(§ 3.o) y
vendrá á formar á la espalda un lazo en el cual se sujetará el
caii ón de la tercerola. *
Con estas dispo iciones, m<Ís engorrosas de explicar que difíciles
de concebir, quedará la t.:rcerola como se ha ofrecido, es
decir, colgada del gancho de acero, ter ·i·~Ja del hombro izquierdo
al coc.tado derecho, con la culata sobre aliendo del hombro, la
punta á la izquierda, y el talón hacia la cabeza, la boca del cañón
mirando al suelo, el guardamonte hacia abajo, las partes planas de
la caja, culatín y ca.1a apli~.:adas contra la esp.dda y sujeta con el
látigo hasta no tener movimiento. Claro está que la barreta y las
anilla del mod elo de 187 I deben desaparecer. •
De la colocación de la espada y de la lanza s6lo se dirá que
(h:bcn ir sujetas á la montura; la primera como la llevan l0s jine-
U~: . .trrullallilo ·1 g.w ·ho de pl.u\ ·ha de nccro '§ 1. 0 ) . ohre un plano re. tltnre
llll!l fig-ur.t de COIItOrliO ICl"l, ngulh 1C "1 ~ÍmétrÍt•a COll re pc•(."tn á U eje, de O.mJ5 ele
lougitud, y de diferente.· nndto, que ~erán (contan u la· lungitm.le:s eu .c:utitlu del
t·je ele inllttfn y la:- audtura~ pcrpendicnlarnh.•nte á él):
o .m 04 á cada lado del {'je, en lo. primetoo. o.m 06 de lougitnd.
o.m 02 á cacl.t lado del rje, en Jo ~ !>iguit•ntes 0.10 08 de longitud.
o.nliJ5 á cud lado d t:l ej ·, en lo: re~tnnte ... o.m ()1 ele longitud.
Uniendo los \ 'értice .-imHric:o. de lo . ángulo" cutrante:<, t¡uedará di,•iditla la
fi.gur:t en tres n:ctánguio:-, que ·e ll.mHtrán, para f.lCilitar !tU explicación, }.O, 2.o y
3.• rt:ctáugulo, y cuyu¡., lados tenc.ltán, en el
1 .0, t>u "~ntulo del eje, o. m Oü; pcrpcthlicnlnrmente á él, o. m 08.
2. 0
, en S,.litÍtlo del eje, Ü.mQ ; pcrpc tclicularmente á éJ, Q.m 04.
3. 0 , e!l eutido ele! l'je. O,m Ol; pet pcndicnlanncnte á él, o.m 10.
Par.t vul\'er á dar á C!-t 1 plancha de o. m 002 de grue ·o • u forma primitiva t·n
que hcl de usar:sc y que ·e h'.l de hecho al d~sarrollarla, e practicará lo iguiente:
J .o ;..,e con Tr~atá plano el primer rectá11gulo.
2.u s~ 1.'11<'011\' trá llllil l ougitud dt> o.m02.0 rectángulo, á partir de ia unión con
el 1.", for!twnd.l uw . upcrficic cilft,clrica t a ngente en su ori~t·n al plano d.el pri111cr
rectángulo y en !-.U ter ,11 in e ión á la p trie clcl :-egundo tcctángnlo t¡ue dt:be quedar
p ann. La !>ccdón tct"ta de e·. t .t ~npcilicie cilíndrica tendrít próximamente la figllla
de una como' invertill <•, p¡tra que lu pnrte que ha c¡uedat.lo plana del sl•gundo rec .
tángulo, .t: apli<¡ue sohn: l'i pt·i111ero. '
3.11 Las ch.s p:.t:tt's clcl t c r~er rectángulo c¡ue exceden de la anchura del segunrlo,
. e cl .. bla.áll h .. cii\ ,, ¡ rib:t de 1110 lo que '"engan á unirse, formando un:t b; guiila del
lado de Lt cara cxlcriot del .t·gumlo tel:tángul u , 6 sea t.lc la que uo e tá en contacto
con el pri tncro.
• P .t ra coluc.t r la tercerola :-":e hará lo :iguien:e:
l.' La tnano iz'luiercla recibirá ¡,, tercerola cogiéndola por la cañ3, con el dedo
pulgar cxt~..n.lidu .,.obre ella, eu prolougacióu del gnardan.o .. te y u ex!lemo próxi-
1\1 " á la aht czadcra; los cu tro restantes roclc:mdo al cartón por debajo del alza, de
t11odo c¡ue resulte el auna con el cañ611 ,ti fre11te, el pttcnt~ hacia arriba y LL boca
del célñ6n á In izquierd':t.
DE t ....
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554 BOLE'l'ÍN MILI'l'AR
Bu 1-t IIV'().nción tle Üc;tila. l!J ·fuerzo· acth'os hicieron
Jos DiptttcHlos t'llcarg:-Hlos del' ta. intriga Jl t()llu ful' inútil. I.Jcl'tador-Presid ·nt , ·que :vo lliO
pn•Ren té en l ·to.· n ·out •cimi uto.- han Yi ·ita1lo la Eur p; mu ·laos
dt- usi · ·ompat.l'iota:, y e toy .·,•guro qnc no hay uuo oJo qne
haya oído ha bi:J r de L1s p1· 'l 'tHl i,l a. ri<1 u<:zHs q w· .·e tlecía
hau r _yo depo:ilado en Jo.- banco de I11gla 'tTa., llolcuula,
cargo y data del 111p1é tito que deben senir para formar l.1 general, n(·ccdi6 . E. á
ello; pero no expedí t:ntonct·~ las 6rcle11t·. pon¡ue e~per anteriu1es dcbí.:n ya Jecibiu;e muy pronto¡ nw~ uo habil'ndo ~ucediJo a~f, por t 1
¡nóxir11o correo teclalllaté las que a(Jn f.dt~n.
Tengo 1·. honra de Cl.llt(•star á la nota de V. E., fecha 12, ele repetÍ! me con la
clebid" COI• idU';u·ión y respeto de Y. E. ob~dicute ervidur,
l. l. DEL CA .. TILLO
• El S.:ct"t"' ¡,¡de la Cáuur.1 de H.epre ·entantes, Dr. ~fanuel de Beruardo Alvare?.,
n:e dio la· certiftcal·iom:s <·orrc.pondienteo acreditando que la Cámara no había
l'llL'OIItrado t'iHJ:-a para una :'t..usncióll. E. tu ~nccdfa en l 827, cuando yo no ejerd
·, t•l Gobierno. L<~ iguiente nota (.fici:d e::. un documento i1 Lchabl~:.:
ReptiiJlicn de CulomiJin-Cámara de Reprneutuutes-Bogolá, á 16 de .1gosto de 1827
•• Al E:otcelentbimo .'r. Yicepresi•lente de la Re¡¡úblic:l, encarg¡ttlo del Poder Ejecutivo.
Exc:mo. Señot: Irupue~t 1 la Cámara de lte:preslntantes de la nota de V. E., ele 9
clelc nient<', l'n que recuerda la rt•peti !a~ .olit·ituth. que tn lastre.· l'.!one legi!
ativils ha hecho, pidiendo con ahinco tlue el Congre o examine su conducta públi(';
1 h. jo todo: a ·pecto , y exigiendo declare la Cálll<•ra i h;t hallado can a para in'
e:-tig .. n dich 1 conducta e< nf.1t m¿ al artü:ulo ~!) de la Co1 stitnción, y prirrcipalme11te
obre k. punt~·~ á que ~e refiere In nota de 12 de Mayo <¡U-! diligiú al Cougre. o, haueos, rd nueiorH•s. í'ontra
ellos. g¡ úrtieo hauco as eorr~:poncli•~ntN~.
La revolución paraL' ú VerH'7-IH·Ia dt.• la.
N neva Grnnade:l, Y• par. ju · t.iliear tllt <Ül ~ lltado tan criruinal t:;O
))ltl>licarou •nor·nw cargo· cont t'a luí, qne dchÍit opollt:'I'IUL' al
proyecto. u en. a iiol:l han pa:aa an't>pL•utido d • ~m <:oulleillstittteiollal. Donll tras q u o Dolí \Ta r' Hólo p 'IL ·ó •11 1 i huta,. estos paíse ~
de la dominación e.·p:v1ola, eontrayc11do excln. ·h·ameut ~ sn~
miras y o. fnerzo · {t ,lt.• truír el Pjército enemigo, . n~ empresal:i
fn ~ro1i heroiea ·, útilP: :ns sacrifieios ,\' gloriosos los re ·ulta·
do . 'fodos lt~ ayndamo ·ou pr·e ·teza, ton. Pt~ro lnégo
qne logró pasear trinrt6ute el e ·tligTo~a ·, por euyo HH.'s amigo~, .Y,
lo peor de todo, ele 'lWLtó algnua ' arnl>it~iont>s, t•cuni~mo (loude se
hundieron Uolor11bia: .ns IP:es, Bolín1l' y ~u glori:-t. Yo fui 11110
(le los q nc, sicudo Vi e •¡n·esidt•Jt te do Uolom bia, colltrat.lijt•J o11 y
re~istierou n • proyectos con firmeza y )(•g·al idad; me opuse ü la
tlietadnl'a. militar ú qne ·q a~·pin ba arcli •ut ·nHmte, fomeutaudo
reaccione tumultuaria, y a ·ona.das en el ej6rcito; me opuse al
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556 BOLE'l'ÍN MILI'l'AR
ultrHje y aholieión <](') 'ót ' tta t h ·o, Jiüpn lar y rrspon~a ble . . 1\J e bonro de
haber· bPc•ho fl BolíYar <.>~ta oposición, en C'ircnn. tancias tle haberme
ofrecia á envol\·er
con . us proycetm;; legi ·lativos. BoJh·ar staba pcr:nndiclo s en la. cnHl~t y prolong·ada guerra
ele la Iulatin>s á ella.
1\li/'\ t>IH'lliÍgos pr<'h'lltliPtOII di'Htlcr •1litnr la 'on. titución
de 'úenr:1, que yo XCI u. i n.tmeu te~ deHti mHlos ú zaherí r·nw, cartRto comprobaba,
que {t falta de hnena razones para corn· e1wcr al
• No se cncontra1á un .olo documento qne lo compruebe. En J819 y 20 creí
(~Uc la ci1cunstancias del momento cxigf:tn 1111 podf:'r fuerte en 111altO; tle llolívar
para hacer la guerra á lo: españoles, pero jamá corona, ni cetto,
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BOLETÍN MILITAR 557 .
país de lo pei:jmlicial qne le era el onlen político existente, y
r por la fnerza, R("" apelaba
á mi ·eraule personalidades y orlialeva<.la, anilm de Uit metro; y como al nd.·mo ti~mpo la
anehuta re ella dilatan su copas euredaOso.s que los
que meuciouamos antes de los caminos por tierra. En otnts
oca~iones el ataque se hace por la parte iuferior, eucontr{wdo.sc ·
de repente la cauoa como lJalauceánuo e sobre un pueute iuoportuuo,
tendido dH orilla á orille~, y qne con i ·te en el trouco
robusto de algún árbol de los de la Lu pida ti la que crece e u las
márgenes del río, al que alguua. borra ca de plomó ol>re él ruosa, y apoyan la palanca en las 1mnaneas
laterales, ó en el fondo mismo, si el río es ~o mero. El
extremo su¡wrior del palo ó gnaarcaeióu e11 aquello~ pnn tos e11 q ne la houd ara no les
permite hacer fuerza en el leeho dan con violencia nu:¡yor.
Eu la. uaYegación ~t' va siempre coRte:tllllo cnauastanll una ftH'rza más grande.
lJa de:-~ignal anchura de 1< corriente que s ~sig-ne ó que se
rcmon ta., y el di \'er. ·o en lor de sus ag·u as, so u la~ ítn ica cosas
en CJHe puede \·ariar, ó ntrí a , la per · pcctiva, qt.tebnuias mús ó menos cau
dalosas, que Yiencn á morir· al juntarse en la e tTiente eu que
todas se coufnllden.
La Yista no alcanza otro objoto qu<1 la faja de agnas escurriétttlose
por entre un monte no interrumpiusto~, las flore~ y las planta:-; se entretejen formando
como nua sola nuva ele \'enlura, de troneos, de ramas y colores
qne la naturaleza ha amontonado allí, t-;iglo tra. de siglo, en
toda la libertad del desierto y con todo el lnjo ala sobre las
piedras de u lecho, y el grito destemplado y monótono con
que acotupat'a el boga los golpf'S e por horas seguidas en aquellos
presa; lo que sólo
tendrá lugar cuando la. pohhlci0n .r las IIPce.sidal cual,
á pesar de todas su~ prpcaucioll< s, tuYo que exverimeutar mil.
cnhtmirado {t lu-tllar á su alrere llJÚ.' n·<·nr o~ que su habilidad
y la fortalezH y el ln'thito lln . tani •s para ~uplirlo todo y
~nrostrarlo todo; a. í como tamhi ~~~ ]a qne llay entre el que
trabaja por JHitriotismo: y t-1 qu ~ ante~ que otra co5a. busca su
propia utilidad.
Uumple ú lo. qu • lwmo ·iSIItero cou que está ejecutando
Ja obra de qu<• 11 ne. tra pa tli a, l'eeaba rá mú~ ventaja y
más gloria. Siga IUO~ a hora para Qni udó.
Por la que!Jrarla a 11 ta g)<·Ha • P e11 t nt en la dó nues·
tra persp~ctiva era hermosa co11 tocla la ltPrmoSlll'a de la novefla(
l y tle la esplendiamos, Jos rayos horizontales
del sol ponientt'. Majestuoso y gip:autesco el Atrato se dilataba.
como uua anclla IHmina de plata. y la cindaa sobre sus andamios :-'t contelllpli!rlo á sn paso.
(Continua¡ á)
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Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 150", -:-, 1900. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691066/), el día 2026-04-04.
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