AN"OlV Bogotá, Marzo 17 de 1900 NUM. 143
--~·~--
ORGA O DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO
DIR~CTOR AD-HONOR'I':M, FRANGJSGO J. VERGARA y V.
General, Miembro de la Sociedad Colombiana de Ingenieros
Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y
Oficiales del Ejército de la República
O ICIAL
D:mo~.~ero NU'M~?.O 661 :CE 1900 ,
( 12 DE MARZO)
por el cual se otorga una gracia
El Presidente de la República
CONSIDERA N 1.>0
Que es un deber de todo Gobierno civilizado reconocer los
esfuerzos y estimular el patriotismo de sus servidores ;
Que, por regla general, los ciudadanos que inmolan su vida
en defensa de la causa de la Legitimidad, se ven obligados á abandonar
el hogar y mueren dejando á sus familias en orfandad completa;
y
Que ya está sentado el precedente de que á la familia de todo
militar que rinde la vida en servicio del Gobierno, éste le reconoce,
como alivio inmediato, el sueldo que correspondía al respectivo
deudo,
DECRETA
Art. 1.0 Los deudos de militares ó de individuos que, haciendo
parte del Ejército ó de la Marina de la República, hayan muerto
ó mueran en la presente guerra por cau a del servicio, y carezcan
de bienes de fortuna, disfrutarán, en calidad de recompensa
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provisional, del sueldo de que gozaba el finado, desde el día de su
fallecimiento, sin perjuicio del derecho que les asista, conforme á
la Ley 194 de 1 896.
Art. 2.o Los deudos favorecidos por el presente Decreto son
los comprendidos dentro de los grados de parentesco señalados en
la citada ley para la asignación de recompensas.
Art. 3· 0 En cada caso, previas las comprobaciones de muerte,
etc., que el Ministerio de Guerra crea conveniente exigir, éste
dará las órdenes necesarias para que en la Pagaduría Central se
cubran los sueldos respectivos en la forma usada para el pago de las
radicaciones militares, las que continuarán pagándose á los agraciados
mientras aparejan los precitados comprobantes.
. Art. 4.o El derecho para cobrar los sueldos de que se trata
cesará tan pronto como el Congre o re uelva si hay lugar ó nó al
pago de pensión ó recompensa á los interesado~, ó estos hagan uso
del derecho que les confiere la ley sobre la materia.
Art. 5.0 Los deudos de los individuos de tropa muertos en
servicio del Gobierno, en las mismas circunstancia:-; de que tratan
los artículos precedente , tendran derecho á que se les abonen por
el Ministerio de Guerra, por ur1 ola vez, las raciones que hubieran
corresp ndido al finad en el término de ei meses. Las
reclamaciones de esta especie serán <::levadas por conducto del Estado
Mayor generalísimo, quien les dará curso inmediato, rindiendo
los informe de su incumbencia.
Art. 6.0 Los gastos que oca ione el presente Decreto se imputarán
al capítulo 41, artículo 249, del Pre u puesto vigente.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Tena, Departamento de Cundinamarca, á 12 de
Marzo de I 900.
MANUEL A. SANCLEMENTE
El Ministro de Gobierno, PAFAEL M. PALACio-El Ministro
de Relaciones Exteriores, CA.R LOS CuERvo MARQUEZEl
Ministro de Hacienda, CARLOS CALDERON- El Ministro
de Guerra, JosE SANTOS - El Ministro del Tesoro, MARCELIANO
VARGAs-El Ministro de Instrucción Pública, MARCO
F. SuAJ.tEZ.
Conferencias de los Oficiales de la Misión Francesa
SERVICIO DEL CAÑÓN DE MONTAÑA
(Continuación)
DESCARGAR EL MATEil IAL
7· Antes de hacer descargar las mulas el instructor las hace colocar
en hilera, la mula de cureña á tres metros de la de ruedas, ambas
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DOLETÍN MILITAR 323
dando frente hacia adelante, la mula de pieza á tres metros de la mula
de ruedas con frente á retaguardia, y la mula de cajillas á ocho metros
de la mula de pieza, dándole frente.
Los primeros sirvientes á la altura de la mula de pieza, los segundos
sirvientes á la de la mula de ruedas, los terceros sirvientes á la de
la mula de cureña, todos dando frente á donde quede la cabeza de las
mulas. El primer sirviente de derecha se coloca á la izquierda de la
mula de pieza y el primer sirviente de izquierda á la derecha; los otros
sirvientes se colocan del lado de sus puestos con respecto á las mulas de
ruedas y de cureña.
DESCARGAR LA MULA DE RUEDAS
8. Remmn1 de ltl maniobra-Deshebillar la limonera y las ruedas.
Quitar la limonera y las ruedas. Colocarlas en tierra. Quitar la palanca
y los frenos.
Para hacer descargar la mula de ruedas el instructor manda: 1. 0
Prepílrtnse tÍ dncargar la mula de rued(u; 2. 0 DeJCarguen la mula dt
ruedaJ.
A la voz prep áreme ti dncarg,¡r la mula dt ruedru, los terceros sirvientes
'e sitúan á paso de trote cerca de la m u la de ruedas, los segundos
y terceros sirvientes deshebillan la limonera y después las ruedas,
los terceros sirvientes colocados cerca de la cabeza de la mula.
A la voz deJCargum la mula de rucdaJ, Jo terceros $Írvicntes quitan
la· limonera, el escobillón y la palanca de repuesto, y los colocan en el
suelo, la cabeza de la limonera tres metros hacia atrás, los brazos á la
altura de la grupa de la mula.
Los terceros sirvientes quitan las ruedas y las colocan en el suelo
detrás de ellos, recostadas sobre el pequeño cabo del cubo. Las llevan
después cerca de la mula de cureña y se colocan á la altura del eje.
Los segundos sirvientes quitan los frenos, el segundo sirviente de
derecha quita además la palanca, que coloca sobre la limonera. Ambos
se acercan á la mula de curctía y se colocan frente á la grupa de esta
mula.
El conductor de la mula de ruedas sitúa su mula descarghda á un
metro atrás de la mula de cajillas.
DESCAR..GAR LA MULA DE CURERA
9· Rnumen de la matJiobra-Deshebillar la curefia. Bajar la curefia.
Poner la contera en tierra. Sostener la cabeza de curefia. Volver á
colocar las ruedas. Levantar las sobremuñoneras.
Para hacer descargar la mula de cureña, el instructor manda: x.o
Prepárenu á dncargar la mtJltl de cureña; 2.0 DeJCargrun la mula Je
c11reña.
A la voz prepáreme á deJCargar la mula de cureña, los terceros sirvientes
deshebillan la cureña y agarran, cada uno de su lado, los pesoncs
del eje, dando frt!nte á la grupa de la mula; los segun.dos sirvientes agarran
la contera.
A la voz dncarguen la mula de confl'ra, y á la indicación alcen, hecha
por el segundo sirviente de derecha, todos levantan la cureña y la
colocan entre las ruedas.
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Los segundos sirvientes colocan la contera en el suelo (el segundo
airviente de derecha coloca el pie so~re la contera para impedirle que
resbale), el segundo sirviente de Izquierda se coloca junto á .a cabeza
de la cureña y la sostiene con ambas manos.
Los terceros sirvientes quitan los pernos y las arandelas. colocan
las ruedas y vucl ven á colocar las arandelas y los pernos.
El segundo sirviente de izquierda levanta las sobremuñoneras y
vuelve á ocupar su puesto á la altura de la contera. El segundo sirviente
de derecha agarra la palanca de culata, el lazo y el escob.ll6n y se
sitúa detrás de la mula de pie:.a . Los terceros sirvientes ocupan sus
puestos cerca de la cajilla de izquierda. El conductor de la mu.a de cureña
lleva su mula á un metro atrás de la mula de ruedas.
DEiCARGAR LA MULA DE PIEZA
lO. Re1umen de la maniobra-Quitar el tapaboca y el ta_ aculata.
Colocar la palanca y el escobillón. Levantar la pieza. Colocarla sobre
la curelia. Volver á colocar las sobremuñoneras.
Para hacer descargar la mula de pieza el instructor mmda: 1 .o
• Prepárenu á deuargar la mula de pieza; z.o Deuarguen la mula de pieza.
A la voz prepáreme á dncargar la mula de pifza, los prioeros sirvientes
quitan: el de derecha el tapaculata, el primero de izq ierda el
tapaboca, que coloca en la cureña junto con el tapaculata que recibe del
primer sirl'iente de derecha, y deshebillan la pieza. El primer sirviente
de derecha coloca la palanca, que le pasa el segundo sirviente de derecha,
debajo de la culata y Ja agarra con ambas manos. El p imer sirviente
de izquierda amarra la culata á la palanca con el lazo, y la agarra
con ambas manos. Los primeros sirvientes dan frente á la grupa de
la mula.
El segundo sirviente introduce el escobillón en el ánima, el atacador
hacia afuera y lo agarra con ambas manos.
A la voz deuarguen la mula de pieza, y á la indicación alcm, hecha
por el segundo sirviente de derecha, todos levantan la pieza y la colocan
sobre la cureña, haciéndola pasar por encima de la rueda derecha.
El segundo sirviente de derecha coloca las sobremuñontras, saca
el escobillón del ánima y vuelve á ocupar su puesto.
El primer sirviente de izquierda suelta el lazo, coloca 1 alza en
au canal y vuelve á ocupar su puesto.
El primer siniente de derecha va á colocar la palanca sobre las
mufioneras, saca el tirafrictor y ocupa su puesto.
El segundo sirviente de izquierda baja el tornillo de puntería y
vuelve á su puesto.
El conductor de la mula de pieza la sitúa un metro a:rás de la
mula de curefia.
DESCARGAR LA MUI:A DE CAJILLAS
1 1. Para hacer descargar la mula de cajillas el instructor manda:
J .o Prepáreme á deuargar la mula de cajilla1; 2.
0 Deuarguen lJ mula dt
cajillas.
A la voz prepá,-enu á deuargar la mttla de ca} illa1, los primeros
sirvientes se acercan con rapidez á la cajilla de su lado, lo: tercero$
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BOLETÍN MILITAR 325
sirvientes deshebillan cada uno del lado de su hilera la sobrecincha.
Todos agarran las empuñaduras, los sirvientes de izquierda la más
próxima á la cabeza de la mula.
A la voz descarguen la mula de cajillas, y á la indicación alcen, hecha
por el tercer sirviente de derecha, todos quitan las cajillas descolgando
las cadenas y las colocan á la derecha y á. la izquierda de la mula.
Los primeros sirvientes vuelven á la pieza. Los terceros sirvientes
entran á sus puestos.
CARGAR LAS MULAS
12. Antes de hacer cargar las mulas, el instructor dispone todo el
personal corno está prescrito en el número 2.
Para hacer cargar simultáneamente la pieza, la cureña, las ruedas
y las cajillas, el instructor manda: cargue11 las mulas.
A la vuz cargue• ltu mulru, los conductores de las mulas de e u re fía
y de pieza colocan con rapidez sus mulas en el puesto indicado para la
carga, pasando á la derecha de los elementos á pie firme; el conrluctor
de la mula de ruedas sitúa la suya fre11te a frente de la de pieza y á un
metro de distancia, lJsta para colocarla entre las ruedas cuando se alce
la cureña; el conductor de la mula de las cajillas coloca la suya entre
las cajillas.
Los artilleros ejecutan sucesivamente y sin interrupción los mo,_mientos
rrescritos para cargar las mula5. Cuando ha conduído la carga,
la mula de pieza da media vuelta y todas las bestias estrechan la distancia
hasta reducirla á un metro.
DESCARGAR LAS MULAS
1 3· Antes de hacer descargar las mulas el instructor iispone todo
el personal como está prescrito en el número 7·
Para hacer descargar simultáneamente las cajillas, las fuedas, la
cureña y la pieza, el instructor manda: de.scarguen las mulas.
A la voz descargum las mulns, los artilleros ejecutan sucesivamente
y sin interrupción lo que está prescrito para descargar las mulas de
ruedas, de cureña, de pieza y de cajillas.
ENGANCHAR LAS MULAS DE Pll!:ZA Y DE CUREÑA
14-· Estando la pieza armada con su limonera, los sirvientes en sus
puestos y las mulas en hilera detrás de las cajillas como queda dicho en
el número z, para ejercitar los artilleros á enganchar las mula~ de pieza
y de cureña, el instructor manda, después de haber hecho girar á la
pieza: tngandeJI las mulas.
A est 1 voz los conductores de las mulas de pieza y de cureña
traen sus mulas hacia adelante, en la dirección de la limonera, la mula
de cureña delante de la mula de pieza. Cuando están dispuestas, los segundo!-
ó sirvientes hacen adelantar la pieza cou la ayuda de los primeros
sirvientes, que se aplican á las ruedas como para el movimiento á brllzo
tÍ retngt.~t~rdia. Los segundos sirvientes colocan !os brazos de la limonera
en los sostenes de la sobrecincha y cierran las hebillas de las
correas de retranca pasándolas por los grampones de atrás.
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El segundo sirviente de izquierda baja lo más que se pueda el tornillo
de puntería.
El conductor de la mula de pieza quita los contrafuertes de la pechera
de los anillos del basto y los asegura á los grampones de los extremos
de ]a asa de l a limonera.
El conductor de la mula de cureña quita los contrafuertes de la
pechera de los anillos del basto, desarrolla los cables y los engancha
por la argolla á los ganchos de tiro de la limonera, empezando por el
cable derecho; después hace templar un poco los cables.
Los primeros y segundos sirvientes vuelven á ocupar sus puestos y
dan frente al mismo lado que las mulas.
Cuaudo se enganchan las mulas, el segundo sirvienre de izquierda
engancha la cadenita á la cadena de la clavija para impedir la salida
de ésta de su alojamiento durante la marcha.
DESENGANCHAR LAS MULAS
1 S· Para hacer desenganchar las mulas de pie7.a y de curefia, el
instructor mand:1: dtJtngtlluhen !aJ mulaJ.
A esta voz el conductor de la mula de cureña hace retroceder su
mula, desengancha los cables, los enrolla y los cuelga á los ganchos de
atrás del basto, después hace adelantar su mula tres metros y vuelve
á asegurar el contrafuerte de la pechera á los anillos del basto; el conductor
de la mula de pieza de hebilla los contrafuertes de la pechera,
los quita de los grampones y vuelve á asegurarlos á los anillos del basto.
Los segundos sirvientes deshebillan las correas de retranca, las
quitan ae los grampones de tiro y vuelven á cerrarlas, sostienen la limonera
y sacan los brazos de lo sostenes de la sobrecincha mientras
que el conductor hace adelantar su mula. Después ponen la contera
en el suelo.
Los primeros y segundos sirvientes vuelven á ocupar ~us puestos
frente á la pieza-(Co1Jtinúa)
AO!.A~AOION
Bogotá, Marzo 12 de 1900
Sr. Director del Boletín Militar-E. S. D.
En el número 142 de su importante semanario, correspondiente
al 10 del presente, en la sección Oficial, Crmfirencias sobre el
servicio del coñón d1. montaña, transporte del material á lomo
de m u la, se enser. a que según lo previene el reglamento francés
sobre la máteria, levantarán la pieza y la conducirán sobre la mula
tres sirvientes, cosa impracticable entre nuestros soldados, por no
tener las condiciones de estatura y de fuerza que se requieren en
los ejércitos europeos para ser artilleros.
En la práctica he tenido que hacer ejecutar la maniobra de
cargar las mulas del modo siguiente:
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BOLETÍN MILITAR 327
C1rgar la mufa de pieza-Los dos primeros sirvientes y el
segundo sirviente de la derecha ejecutarán los movimientos que
previene el reglamento francés; el tercer sirviente de fa derecha
tomará la palanca de caña, la pasará por deb1jo de la parte cónica
de la pieza, lo más cerca p ible de las muñoneras, la asegurará
con una cue.·JJ. como la palanca de culata, y á la voz de alcen
ayudará á levantar la pieza y á cargarla sobre la mula como está
prescrito en el reglamento.
Cargar fa mufa de curtña-Los segundos y terceros sirvientes
ejecutarán la maniobra como e tá prescrito, los primeros sirvientes
se colocarán al lado d'! la cureña, en us respectivos puestos, para
ayudarla á levantar por las gualderas á la voz de alcen y colocarla
sobre la montura.
El sistema para cargar las mulas de ruedas y de cajillas no
ofrece dificultad algtlfla en la práctica.
Me he tomado, Sr. Director, la libertad de hacer estós indicacione
, para que us ted, i lo e tima convenientr., lo haga poner
en práctica en las mAniobras que juzgo se ejecutarán en el Cuerpo
de Artillería de esta ca pi tal.
Quedo del Sr. Director afectísimo seguro servidor y amigo,
JO!É M. FORERo
Antiguo ComandantE: de batería
• •
SECCION DOCTBIN AL
SEG6N ARD .\~T DU PIC *.
LO .i\10RAL Y LO MATERIAL
La acción de un ejército, de una tropa, sobre otra fuerza es
á un tiempo moral y material. La primera es su potencia destr~ctora;
la segunda el temor que inspira.
_• El C ~ tOn e l fnn cés~ autor de los e turltos. que hoy vertemos libremente 11 }
espanl)l, rnun6 en 1 70 baJO lo · mur_o de .:\fetz, y apen¡¡ s lo dejó en borrador; pero
c~Hno fuer o n pro lucto d e s ~ lll i! S d octrm;L , lu · añ o ~ h ·m pn arlo sobre ellos, in inutilizarlo
en lo g e n e r.d. D e s .. g uro e_l va le ro o j e f e fr a n é.-, si en sn trab¡¡jo pensó an
tes ~t las b 'l t.·d_l a c¡u l! en es .t t rá gt ca gn •rra "t:tn 16 B ,t z ·line. cl eb16 sufrir tortura~
h o r11hle:;; y VIVIr h~r;ts lllllY . o nbrías en prescnci·t de lo c>rrores de l manclo y dt> la
falsa t eorí t qu y_nvaba e u 6 - te: la de las guerra corta , c o n la nece ühd ele gran~
es b n_ta_ll_'l~ de '1St vas c omo con ecuPnci 1 d e l p e rfe c cionamiento de la ~ armas y la
Il?fH>slbtltd t d de cl c r~otar á qt~i e n ocup t rt hta e n as po si ciones, sin contar la ignor:Jilc~
a del cálc ulo c. pe-:_• •tl q ••e n ~e lo r e ff: rentc á la gu rra . Un j efe incap¡¡z y ~ubordtnaclo
-. _tfli C nr! k. th 'l tl e r. z aga, e¡ , frente d e hombres expE· tto-. en u ofi .: io; fa ltos
del esptl'ttu de t ll l ciatlv.t. r~· e nplazado por !-.iugular pu ilanimid:ül moral, de ec;a que
no excluye el valor per on tl, y que contrastaba con lo procedere. de los jefes ad-
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s28 BOLETfu MILITAR
Ahora bien: en el combate accionei morales, más aún que
materiales, entran en juego y tri un fa la más fuerte: de ordinario
el vencedor pierde por el fuego mayor número de hombres
que el vencido, porque la acción moral no se presenta en razón
directa de la potencia destructora real, sino más bien en razón
de esa potencia presumida por el contrario, y que se manifiesta
ora en forma de una fuerte reserva pronta á continuar la lucha,
ora con un ataque resuelto por el frente, ó por tropas que se dejan
ver sobre uno ó sobre ambos flancos.
La acción material es tanto mayor cuanto más perfectas son
las armas que se u an, más numeroso , robustos ó instruídos en su
oficio los hombres que las manejan, ó porque pueden resistir más
largo tiempo las fatigas del combate. A igual potencia destructora,
y aun con una inferior, vence quien por su resolución y su energía
marcha hacia adelante, y por sus di posiciones y movimientos
hace flotar sobre su adversario la amenaza de una nueva acción
material, es decir adquiere, en un:1 palabr., el ascendiente de la acción
moral. Esta última no e , pue:: , sino el temor que inspira el
más resuelto, con poco esfuerzo se cambia en terror para el enemigo,
y quien lo consigue ha hecho suya la victoria.
Lo que constituyó la fuerza de los conquistadores antiguos
fue el terror; fue no tanto u fuerza real cuanto su ferocidad:
asesinaban todo lo que resi tía, a esinaban sin buscar siquiera la
excusa de la resistencia. El terror por heraldo abatía los corazones.
La necesidad de vencer ó morir exalta .... la cobardía, y el
pueblo invadido se rendía .••. por temor de ser vencido.
Cuando la confianza que se finca en una incontestable superioridadad
material para mantener el enemigo á distancia, resulta
fallida por la resolucióu con que éste se acerca al mejor armado,
afrontando tales armas, la acción moral del enemigo se aumenta
con toda la confianza perdida por las propias tropas, y esa acción
domina el campo y los amilanados huyen. Así ceden las tropas
atrincheradas ó que fían su defensa á las llamadas buenas posiciones
militares *.
El sentimiento del impulso moral es el sentimiento de la resolución
que anima á una tropa, sentido por el enemigo. En Arosteten,
según se afirma, una tr0pa en línea esperó, hasta llegar al
ve1sarios. Amargos debieron er su últimos momeutos, irviendo i 6rdene de un
superior :.in voluntad, incapaz de tomar re ueltamente un pntido y meno· de imponer
el cumplimiento de 6rrlenes que daba in fe. Cuando en Mars-la-Túllr lo franceses,
más numerosos y en mejore condicione que lo pru iauo , en la jornada del 15
no pudieron obtener una vict01ia decisiva, probaron que er;, n inca pace de luchar con
los invasores, y !emejante e"pectáeulo no era por ·ierto con oladora esperanza para
quien morfa como bravo por su patria, después de ca i ptofetizar los de astres que
~ufriera el ejército francés.
• Ya Federico el Grande había dicho que en caminar al enemigo; otro tanto sucede con la confianza que se tiene
en las :urnas de fuego perfeccionadas cuya acción se limita al alcance
normal del arma, lo mismo que antes. De lo dicho resulta
que las carga á la b:,¡yoneta (en las que nunca hay bayonetazo ), *
ó en otros términos, la marcha hacia adelante bajo el fuego, tendrá
día p?r día un tjectiJ m~yor, quedand la victoria por q 1ien en tales
marchas logre reunir á un tiempo el mayor orden y la más enérgica
re· lución, por cierto difíciles de adunar, pero factible cosa
con inteligencia y buena voluntad, pues al mantener con firmeza
tropas de sostén in mediato, es posible defender ó ganar y conservar
el terreno que se disputa.
Por lo dicho no se puede prescindir nunca de usar la acción
destructora ante:; de emplear la moral; no se puede prescindir de
tener tiradores por enjambres, ya que sin el! s ningún ataq11e llegará
á su último período, porque iendo tiro de azar el rápid de
los modernos fusile , e· preci~o multiplicar ese azar cuanto sea
dable para intimi lar al adversario.
Desde las trincheras de Friburgo hasta Areola y Solferino,
las hi torias narran intinidad de maravillosa empre a , ó sea relato
de la toma de fuerte po tctone, por imple ataque de frente,
que engañan á todo·, general e:> y burgueses, y provocan la repeti-
• La histotia milit!lr confirma e t¡L al parecet extraña a erción.
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330 BOLETÍN MIL IT .A.R
ción de f. tale errores: en efecto, en ninguno de los tres casos citados
los atrincheramientos fueron tomados por simple ataque de
frente *.
Siempre la mala costumbre, ]a impaciencia del resultado sin
atender á lo medios para conseguirlo. Por lo demás, claro está
que juzgar cuá 1 e el momento propicio para el ataque, y saberlo
prtparar anteladamente, son la indicativa del buen jefe de tropas.
Verdad que sin cañón y sin maniobras se ha conquistado más de
una posici6n, pero á trueque de qué sacrificio ! Cuántas veces,
después de perder un mundo de tropas en ataques ciegos, ó mejor
dicho, loco , se ordenó lo que debió hacerse desde un principio,
quebrantar á cañonazos la resistencia del contrario.
Difícil es, en verdad, imaginarse la justa diferencia que existe
entre la prá ctica y la teoría en asuntos de guerra. Cuántas veces
un General en rn ni obras emplea ' us tropas dando á su su bordinados
órd~.;;nes como" Coronel, vaya allá abajo;" y al preguntar el
Coronel: "H ace dme el favor, rni General, de precisarme qué dircrción
llevo, de qué punto á qué punto debo ocupar al fuego, qué
tropa quedarán á mi derecha y á mi izquierda, etc.," re ponde el
eneral: " i a rche usted sobre el enemigo; e o basta, me parece;
¿qué sio-nifican . us vacilaciones?" Y como es natural, la razón
e tá de parte del Coronel, á quien pueden ofrecerse múltiples m~ncra.
Je cumplir la orden. En este ca o potlemos agregar: "¿Si no
sabéis elegir la buena dirección é indicarla con claridad á vuestro
·ubordinado, comprender y aclarar sus dudas, seréis realmente General
?"
Cuanto al combate mismo, al empleo de las acc:iones material
y moral, bueno es recordar que desde hace tiempo el Príncipe
Lign'! dio al traste con los órdenes de batalla, sobre todo con el
famoso orden oblicuo, y que Napoleón puso punto final á la cuestión
por no tratarse en el particular sin de mera pedantería. Mas
no se confundan tales órdenes con el establecí miento de la tropa en
csc::tlone, porque moralmente hablando e ta dispusición se basa en
la certidumbre del so tén, la defensa del flanco, la sucesión de los
e fuerzas, la amenaza suspendida sobre el enemigo.
Y no hemos hablado sino del infante, porque es para él, hoy
como ayer, que el combate es más terrible: en la antigüedad, si era
vencido, por u lentitud q uedG ba á merced del vencedor; en la actu
a lidad el jinete corre al través del peligro-el caballo incita á
hu1r, - cn tanto que el infante sólo marcha: en el mismo lugar, y
á \ eces largo tiempo, ha de permat1ecer inmóvil ante la muerte.
Q¿_1ien conozca la moral del infante, la sometida á pruebas más rudas
en el comb.tte, ése conoce lo que es la moral de todo el ejército.
• :\lucho: on lo ejemplo que pudieran citarse en corroboración de e ta afirmación.
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UOLETÍN MILITAR 331
EJEMJ?LOS r:t'AOTIOOS
POR H. HELVIG, DEL ESTA DO MAYOR ALEMÁN
Versión libre para el Boietin ~filit,-.r
PAK'.I'E PRilUEKA-EI, Hrio.'.I'ALLON
TERCER EJEMPLO
Un batallón contra batallón y medio (cuatro compañía contra sei• compaftiu)
Comideraciones tácticas
Ante fuerzas superiores es preciso, en todc} caso, tener reunida en
reserva una porción disponible de tropas, pues sólo con esa reserva pueden
intentarsr. cortos conrraaraqucs que detengan la marcha ofensiva
del enemigo, y, llegado el caso, cuhran nuestra retirada. En consecuencia,
tan luego como esa reserva éntre en línea, es preciso constituír sin
demora olra, por pequeña que sea.
El batallón marcha de frente; primera compañía de vanguardia; .regunda
compañía de sostén; tercera y cuarta C?mpaií ías de grueso, en columnas
de com~añía á intervalo de desp.iegue.
PRIMER MOMENTo-E/ enemigo 4 • 4 • • • 4 • ._• • * 4 * • • • •.., * • • • • • • 4 • •
avanza con dos comptliíí4s contra el
ala derecha de la primera compañía.
I)J posición: primera comptliíía,
dos pelotones en tiradores; segunda
compt~ííía, prolonga la cadena de
tiradores hacia la derecha con dos
pelo ton es; tercera y cuarta compa·
ñías, 300 pasos á retaguardia de la
cadena.
®!81® ®®®
0~~ 181181®
)811810 ~0®
4 .a J.a
Primer momeJlto
• • • • •* *• ""• • • .... • * • * • * • * • • • • * * • SEGUNDO MOMENTO- El enemigo
1. n. 2. n parece pretende atacar nuestras dos
~ ......
l8H8!® 181®181
®181® 18l®®
®®181 ®®®
... //}.·.:.>.13· a
Segundo momell!o
alas envolviéndolas; sobre el frmte
ntttstros tiradores contienen á los
suyos.
Uisposiclón: la cadena de tira·
dores es reforzada por los sostenes;
tercera y cuart11 compaíiías, se sitúan
I 50 pasos atrás del ala derecha:
ante todo importa rechazar el ataque
contra el ala que vencida
ponga en peligro nuestra línea de
retirada
TERCER MOMENTo-El etumigo muestra tL1l medio batallón tras cada
una de las alas de su línea de tiradores, las cttales fuerzas avanzan co11tra
nuestras propias alc:s.
Oisposición: trimera comptlñía, permanece en posición y trata de
contener con fuego rápido al enemigo que está frente á ella; tercera
compaíiía, se despliega íntegra para reforzar la stgttnda,· c11arta c~mpañía,
por pelotones se establece como sostén 1 o o pasos atráb del ala derecha.
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332 BOLETÍN MILITAR
Señal: marchen! marchen! Las compañíai ugrmda, terctra y cuarta se
lanzarán al ataque al oírla; el comandante indicará un pliegue del terreno,
aun cuando sea insignificante, como límite de hasta dónde se
impulsar:.l el ataque.
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e u arto momento
CuAJtTO MOMENTo-E/ ala
izquierda enemiga Je r;e obligada
á detuurJe; laJ compañíaJ
que el advenari1 tenía
reu!lidm traJ ella principian
á de1plegane.
Señale J: marchen! marchen!
primera compañía, futgl rápido!
• • • • • • • • • • • • • • • : 2.1\
QurNTO MOMENTO- El enemigo
rtpliega JU altJ izquitrda
así trtacada, pero en cambio
aprieta vivamente nuntra izquierda.
• • • • • • • a• • • •• l.
DI posición: pri1fura compañía,
martillo defensivo (ala
izquierda); terce~a y crurrta
compañíai, en ret1rada, pelotón
por pelotón, á reunirse
zoo pasos atrás de la primera.
Stñaln: cumdo esas compafiías
han ocupado su nueva
posición: ugunda compañía,
el/ retirada, lentamente!
• • • •
'· ',"" * * •• 1
1
1
1
1
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\
*' .. \\',',,,
•• •• •• ..
Quinto m~mento
~ . • • ~. ·~ ... '\. . . · ...
-~
Sexto momento
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DOLE'l'ÍN MILITAR 333
SExTo MOMENTO- El numigo c~ntinúa aflanzando JU derecha, frurü
it unaJ cuatro compañíaJ, y obliga á 1JtleJfra primera compañía á retirarse.
Dispo~ldóo: tercera _Y cuarta compaiííaJ, cada una dos pelotones
en tiradores para relevar la primera que se bate en retirada; primera
flmpañía, se retira d pidarnen te después de relevada; ugrmda compañía,
se liga por su izquierda con la nueva cadena de tiradores.
Señal: fuego rápido!
S:áPTIMO MOMENTo-La marcha oftnriva del enemigo eJ contenidtt momentáneamente
por el fuego de loJ cuatro pelotonu.
Disposición: primera compañía, reunión y á situarse como reserva
300 pasos atrás de la tercera y cuarta compaiííaJ .
ÜCTAVO MOMENTo-E/ enemigo
no ha dejado frente tÍ la
ugunda compañía Jho 1111 cor''
número de tiradorn y ruin~
todaJ JttJ fuerzaJ contra nuntrl
ntteflo frente.
Dlsposldén: ugunda compañía,
reúne dos pelotones
que se sitúan tras el ala izquierda
de ella misma; pri·
mera compañía, avanza á reforzar
el ala izquierda.
• • ••• •••••••• ••••• •• •• .. ~ ..• ~~ .:· "). • • •• .. ~
•• ..&.~ ~
• ~ b<..
NovENO MOMENTo-E/ enemigo attiva Jtt fuego, aproxima á JUJ tiradoru
laJ tropa! que mantinu en formación unida y prepara un ataqtu
general.
Disposición;: sostenes sobre la cadena de tiradores; primera compañía,
al ala izquierda, á paso gimnástico, para flanquear al enemigo
con fuegos de descargas y tiradores.
Señal: marchen! marchen! al oírla las subdivisiones de las compañía!
.segunda y primera pronunciarán su ataque contra los ílancos del enemigo .
.Lh_ ...... $v- •••••
~: 2.a
•• e¡¡.
-$-•• ,.., .
• • '!!>
.,.. b<." •• .181~.· .~.·.
I.a ~
Nofleno momenta
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334: BOLETÍN MILITAR
DÉciMO MOMENTo-Sobrevitne el ataque general del enemigo.
Señal: fuego rtípido!
UNDÉCIMO MOMENTo-E/ elJenJigo Je detie11e en Jtt fllurcha o.fensifJa.
Señal: marchen! marchen!
-f-..........••
• • ~d
•• ~ c-i
-f-.........• '*
t
U1tdéc imo mome11to
••• •• •••
• f/J~~
Duodécimo momento
• •
DuonÉcrMo MOME "To-Los tirridorcs
emunig?s retroceden un poco,
pero JJucstro propi1 ataque es
recibido con tu: f11ego fliolento, y
110 podemos gtmar más tfrreno hae
Ítl addti7Jfe.
Seíirdes: altrJ, para todos, en
retirada! Las compañías primera
)' ugrmda cubren la retirada con
fuertes enjambres de tiradores;
la tercera y cuarta se: reúnen dunmtc
la marcha en retirada.
La ametralladora Gatling, en uso en Colombia, consta de
diez cañones de fusil, de 12 milímetros de calibre y 50 centímetros
de longitud, colocados al rededor de un eje central y movibles
con él, atornillados por su extremo posterior en un disco metálico
soldado al eje, y pas(:)dos por la boca en otro disco, también f. jo al
mismo eje. Este es bastante más brgo que los cañones en unas,
saliendo apenas algo por delante de su b 1Jcas en otras, y prolongándose
por detrá en todas para atravesar la culata fija, donde se
encierra el mecanismo que hace fun("ionar el arma.
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BOLETÍN MILITA:U 335
Esta va sostenida por un marco con nuñones, en el que el
eje gira libremente, apoyado por su extremo anterior en una muñonera
· ó abertura colocada en la parte anterior del marco, y por
su otro extremo en una placa que hay en la caja de la culata; el
movimiento se produce por un manubrio colocado ya detras, ya al
costado derecho de la pieza, y que, ó por medio de un piíión, engrana
en una rueda dentada en que termina el eje, ó mueve directamente
éste.
Los cañones son de ánimas recamaradas, y omo están invariablemente
unidos á lo disco , gir n con ello , e tando dispuesta·
las piezas de la culata de modo que todos los cañones se car ~ uen
y disparen mientras dan una vuelta completa.
El mecanismo con el cual e obtiene suce::,ivamente, y de un
modo continuo la car;a y el disparo de todos lo cañone , e tá
contenido en un tubo de br nce, fijo concentricamente al cilindro
que forma la culata. e comp ne de un cilindro hueco de metal,
cuya superficie exterior 1leva diez canales emicirculares, correspondiendo
cada una de ellas al án1ma de uno de los c~uíones, en
cuya prolongación e tán, para recibir y guiar lo cartucho que
vayan cayendo del depósito ó proveedor ha ta llevarlo~ á sus re -
pectivas recámara·. T'ambié.l sirven e tas canale~ de guía para
sacar luégo las vaina .
Detrás de este cilindro hay otro, también unido al eje, en
cuya superficie van sujetos los obturadores con el mecani mo de
percusión.
Cada obturador l'eva, además del cilinJro de obturación, un
extractor de uña, unido á é!, que obligado por la forma del rebajo
que hay en la recamara del cai1ón, agarra el reborde del cartucho
para poder arrastrar hacia atrás la vaina después del dispJro. En d
interior de los émbolos de obturación va el percutor, que es una
aguja movida por un muelle en espiral, la que termina por un tope
que puede correr á lo largo del émbolo para comprimir el muelle,
por lo cual puede retirarse la aguja y quedar montada para hacer el
disparo.
El mecanismo que sirve para abrir y cerrar la culata, retirando
los obturadores para que puedan entrar los cartuchos y montar
al mismo tiempo las agujas, consiste en un anillo que va detrás
del cilindro cerrador y está cortado interiormente de modo que
presente dos filete helizoidales, inclinados entre Sl y enlazados
por una pequeña superficie plana.
Los cilindros obturadores tienen un movimiento longitudinal,
apoyando constantemente su extremo sobre los filetes del anillo,
yendo hacia adelante ó hacia atrás, según la inclinación de los
filetes : para esto cada cilindro lleva un diente ó resalto esférico
que sirve para guiarlo.
La amplitud del movimiento de los obturadores es suficiente
para que, cuando retroceden, puedan colocar e delante de ellos los
cartuchos y avanzan luégo lo bastante para hacerlos entrar en la
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336 BOLETÍN MILITAR
recámara, cerrándola por completo, y quedando apoyados en su
extremo posterior para aguantar la reacción producida por cada
d1sparo.
La aguja se monta por medio del resalte ó botón, que es
cogido por el principio de la curva helizoidal y empujado hacia
atrás, á medida que ésta va girando; el re orte encerrado en el cilindro
se distiende, y cuaHdo lo está por completo, el tope encuentra
bruscamente la rotura de la curva que lo deja e. capar, y p0r consiguiente
la aguja, impulsada por el resorte, que se recoge, va á
inflamar el cartucho.
El cilindro guía de los cartuchos, está cubierto por encima
del marco por una tapadera metálica, semicilíndrica, que en su
parte superior lleva una abertura de la forma y magnitud necesaria
para que pueda pasat un solo cartucho á las canales, según se
van presentando éstas debajo. Sobre dicha abertura es donde se
colora el depósito de cartuchos que surte al arma, cayendo uno
tras otro en las canales, á medida que van haciéndose los disparos.
La parte inferior del cilindro guía de cartuchos, está descubierta
para que las vainas puedan caer al suelo, á medida que las van sacando
les cxtractore~.
Los cartuchos (42 gramos) son de cobre, de igni~ión central,
muy semejantes á los de rémington, y los proyectiles oblongos, de
plomo, y de 25 gramos de p :so; la carga de pólvora es de 5 gramos
y la velocidad ini ial pasa de 420 metros en el primer se-gundo.
. . . .
Las cajas ó depósitos de cartuchos que se colocan sobre las
ametralladoras son de hoja de lata, largas y e trechas, de sección
trapezoidal, y están abiertas solo por abajo; también hay otras
que son ciltndricas y de palastro: las primer<-~s llevan 40 cartuchos,
y las últimas, que sólo se emplean en cierta· ametralladora de las
de pequeño calibre, tienen diez y eis divisione , agrupadas alrededor
de su eje, y en cada una de ellas van 20 artucho , ó sea 320
por caja.
El depósito deja caer lo· cartuchos uno á uno sobre las canales
del cilindro, y suce.;;ivamente de sus di. tintas seccione , si es cilíndrico.
Cuando se \'acia•uno, :se le su:tituye con otro por un movimiento
sencillísimo, y que requiere un intervalo de tiempo casi
inapreciable.
Un agujero ó ranura practicado en la caja permite observar
con el dedo ó con la vista cuándo pasa d último cartucho, y entonces
es cuando se ]a reemplaza por otra llena, pudiendo continuar
el fuego durante esta operación, pues e obtiene aquel indicio
permanentemente ó cuando resten aun cinco ó seis cartuchos
sin disparar.
Esta ametralladora se coloca sobr~ u na cureña semejante á la
de los cañones ordinarios de campaña, y puecL montarse también
sobre uno de plaza ó marino, ó sobre un trípode, según el servicio
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BOLETÍN .MILITAR 337
á que se la destine; con el primer sistema fácilmente la arrastran
dos bestias.
El tornillo de puntería es semejante al que se emplea en las
piezas de campaña.
También se aplica á esta arma un aparato que sirve para dar
un movimiento automático de dispersión á los disparos sucesi·vos.
Para esto, en la de cañones descubiertos, hay unido al eje de la manivela
un cilindro que lleva en su superficie dos ranuras helizoidales
abiertas en sentido contrario, y en las cuales entra la punta
de una aguja ó tope que va unido á un brazo que parte del tornillo
de puntería, y cu:1ndo gira la manivela, la aguja, moviéndose
en las ranuras helizoidales, da un movimiento de vaivén á los cañones,
cuya amplitud suele ser de tres grados. En las qus tienen
los cañones cubiertos, el vaivén resulta de la mi5ma fuerza que
hay que aplicar á la manivela para hacerla girar, y como es defectuoso
el procedimiento y mal empleado perjudica la buena marcha
del fuego, preferible es no usarlo en las situaciones difíciles.
Cuando no se quieren dispersar los disparos, se suelta la aguja
para que no engrane en el cilindro, ó se aprieta el resorte que, distendido,
deja oscilar la pieza.
La manera cie funcionar e ta ametralladora es co'llo sigue:
colocado el depósito ó almacén de cartuchos, y arreglado el tornillo
de puntería y el disp.:rsador ó regadera, si se ha de emplear, el
sirviente co&e con su mano derecha el manubrio, y lo hace dar
vueltas, con lo cual el eje, movido por su engranaje, ó directamente,
hará girar el cilindro guía de cartuchos y el cerrador con
sus obturadores. Las diez canales se irán así presentando sucesivamente
debajo del alrnar.én ú depósito colocado en la plataforma
ó tapa, é irán recibiendo los cartuchos, que caen por su propio
peso, sin que puedan salirse de la ranura respectiva, por la envuelta
semicilíndrica que lo cubre; al mismo tiempo el movimiento del
cilindro cerrador produce el de los obtura ores, aproximándolos
primero á las recámara· de los cañones, á donde hacen entrar los
cartuchos, y empujándolos luego hasta que ocupen completamente
la recámara, cuya abertura e u bren, sirviendo de pieza de cierre.
Al verificarse e~ta primera parte del movimiento, es detenido
por su tope ó botón el muelle de cada aguja (en tanto que el obturador
ha avanzad ), resultando así preparado cada cañón; el extractor
corre'pondiente entra en su caja, y en virtud del plano inclinado
de ella viene á coóer fu~rtcmente con su ul.a el rebvrde
del cartuch . Er1 el mo:n--nto en q e el ejl.! del cañón así dispuesto
llega á OLupar la posición inferior, deja de ser contenida el tope
de la aguja, y ésta se ese tp t con fuerza, produciéndose un disparo.)
Continuando el giro de lo clñ' >nes, se inicia el movimiento
de retirada del obturador, arra trado por su tope, y como el extractor
va unido á él, sacará la vaina del cartucho disparado, soltándola
en cu1nto se halle fuera dd ánima, :í causa de su elasticidad, que
2
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338 BOLETÍN MILITAR
lo hace levantarse un poco, con lo cual la vaina es lanzada al
suelo.
Como se ve, en cada vuelta corresponde á cada cañón y su
mecanismo, la serie de operaciones que siguen: recibir un cartucho
del depósito, llevarlo á la recámara, cerrar ésta, montar la aguja,
dar fuego, sacar la vaina y preparar el hueco ó canal para recibtr
otro cartucho; se deduce, por lo tanto, que en cada vuelta completa
del aparato se harán diez disparo , los que se reproducirán
de un modo continuo, mientras se dé vueltas al manubrio y haya
cartuchos en el depósito.
Entre más rápic!o sea el movimiento de rotación, mayor ~erá
d número de disparos que e haga en un tiempo determinado, pudiendo,
para hacer un fuego muy sostenido, colocar un depósito
auxiliar sobre el ordmario de la ametralladora, reemplazándole en
cuanto éste se vacía, de manera que el depósito inferior esté siempre
lleno.
Para servir esta pieza se necesitan tres hombres, de los cuales
uno da vuelta al manubrio, otro col ca los depósitos de cartuchos,
y el tercero cuida de apuntar en la dirección conveniente. Además
se necesitan tres hotll bres que preparen las cajas de cartuchos
para entregarlas al que las coloca sobre la ametralladora.
De este modo se pueden hacer de 100 á 16o disparos por
minuto.
El mecanismo es sencillo, dados los muchos movimientos que
han de ejecutarse, y sólido; pero exige una gran perfección al
construírlo y mucho cuidado en su conservación y manejo; tiene
el inconveniente de que si se acuña un cartucho al entrar ó una
vaina al salir, ó se calza un cañón, basta esto para estropear el mecanismo
del cañon en que esto sucede, y sólo con dificultad puede
seguirse disparando con los otros.
Cuando.por cualquier circunstancia convenga sacar los cartuchos
después de estar en los cañones ó canales, se quita el pepósito
superior y se da vueltas al manubrie en sentido contrario
al de hacer fuego.
Otro de los inconvenientes de esta arma es que se caldea demasiado
cuando se hace un fuego un poco sostenido, y que expone
un gran número de cartuchos á ser destruídos con facilidad por el
tiro del cañón enemigo.
Esta ametralladora produce un fuego continuo mientras tiene
cartuchos; no se parece, como otras, á los cañones de campaña, y
alcanza eficazmente á I,ooo metros: con la cureña pesa 530 kilogramos
incluso el armón.
Las modificaciones introducidas en el mecanismo primitivo
han sido reemplazar el engranaje del eje por una rueda que va fija
en él, pero que toma su movimiento de un tornillo sin fin que
mueve el manubrio. Los tambores de carga, que daban lugar á
detenciones frecuentes en el tiro, también se cambiaron por cajas
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BOLETÍN MILITAR 339
de 40 cartuchos, que se colocan verticalmente, con una corredera,
encima del eje de la ametralladora, y además en la corta de diez
cañones se ha puesto la manivela sobre el mismo árbol que los cañones,
en ve? de estarlo en el costado. El mecanismo de disper ión
es distinto en algunas ametralladoras de diez cañones, y en muchas
una cubierta de bronce protege lr's cañones y el mecanismo, dándoles
el aspecto de un cañón de campaña.
La de cinco cañones cortos, que no existe aquí, se monta en
un trípode para la defensa de fortificaciones, y pesa menos de so
kilogramos; puede también colocarse sobre una cureña ligera para
1levarla con la caballería y aun transportarla á lomo. El armón de
la de diez caíiones, ligera, contiene 2,ooo cartuchos en so cajas,
y con ella se pueden hacer de ordinario I oo disparos por minuto;
con la de cinco se pueden obtener 8o tiros por minuto.
Otra modificación que- se encuentra en las ametralladoras
aquí en uso, es que en ellas se pueJen separar ó colocar los obturadores
en el arma sin necesidad de separar la plancha del cascabel,
la que se h:tce perforada con tal objeto, cerrando su abertura con
una llave ó pestillo que sirve p~ra el fin mencionado.
El ángulo de tiro es ilimitado, pue si el montaje lo permite,
puede dispararse la ametralladora colocada verticalmente, con la
boca hacia arriba ó hacia abajo; pero en este caso lus proveedores
dt!ben llevar resorte que empuje lo; cartuchos, que entonces no
pueden avanzar movidos por su peso.
La fuerza de penetración de los proyectiles es considerable,
y lanzándolos sobre un mismo punto del blanco, en pocos minutos
pueden destruírse ó perforarse obstáculos considerables.
Conviene, al emplear estas ametralladoras, disparar con cierta
mesura, tanto para evitar daños al mecanismo como para no consumir
municiones con exceso. La rapidez máxima no debe emplearse
sino en los casos extraordinarios y por bre\'es momentos.
SOBRE EL EJÉRCI'rO ALE~IÁN
(Continuación)
La memorable jornada de Saint-Privat, particularmente, y las
pérdidas enormes sufridas por la infantería prusiana al atravesar
bajo un fuego mortífero esa descubierta y vasta llanura, parece
haber contribuído en gran manera para dar á las ideas sobre la instrucción
de las tropas, la dirección que tiene hoy día.
En todas partes, en efecto, se estudian activa mente las más
apropia'-las formaciones para conducir un ataque en terreno descubierto,
sufriendo el menor número posible de pérdidas. Cada cual
busca á su modo la solución del problema y la variedad de las solu-
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340 BOLETÍN MILITAR
dones propuestas, con las discusiones á que dan lugar, excitan por
todas partes el más vivo interés.
He visto también á algunos coroneles, dejando á U'l lado enteramente
los ejercicios en terreno llano, es forzarse por lograr regularidad
en las formaciones y la mayor precisión posible en las
maniobras operando sobre un terreno tnuy quf>brado. E problema
no es tan fácil de resolver-, . 'J bre todo cuando se quiere al propio
tiempo no ejecutar sino formaciones tácticamente apr piadas á
la naturaleza del terreno. S e puede afirmar que es mucho más dificil
conseguir aquello que alcanzar esta p erfeccion verdcderamente
ideal, de que la mayor parte de lo s regimientos dan el e pectáculo
cuando maniobran sobre un terreno igual y descubiert . No hay
exageración en las palabras perfección ideal. Yo he visto r- egimientos,
con motivo de su prese ntación, p.l ar por toda la seri de ejercicios
con una regularidad tan absoluta, una corrección 3e tal manera
ptdantesca, que á menos de haber sido te. tigo, es imposible
formarse idea. Pero lo que hay de más notable en est es que
los regimientos h~ bi tuado. á ejercí tarse en terrenos quebrados,
se muestran en general super íore á los otros, y que la precisión
de sus movimientos excede á todo lo que ~e pueda imaginar.
• Lo que no prueba, por otra parte, sino una cosa, y es ue la maniobra
en los lugares de ejercicios viene á ser fácil parad que está
acostumbrado á conservar el orden y la regularidad en un terreno
quebrado.
Después de esta exposición en globo de los ejercic os del período
de primavera, nos queda todavía por anotar su fisonomía
general y sus rasgos característicos : en primer lugar, omo acabamos
de decir, la precisión y un rigor meticuloso en la ejecución
de los movimientos.
Hay, además, en todas circunstancias, una calma y un silencio
tan completos, que causan en el espectador la mejor impresión.
Se exige que los soldados ~e alíneen por sí mismos á la v z de alto,
y lo hacen generalmente con una rapidez y una exactiud que no
dejan nada que desear. Después de mandar firmes, la i 1 movilidad
es absoluta. En lo que respecta á los oficiales de todas h.s graduaciones,
jamás se verá la menor turbación, ni montar en cólera, ni
proferir gritos, cosas todas ellas que les están por lo cemás formalmente
prohibidas, hasta el punto de que se ha visto á oficiales
relevados de su cargo por habérselas permitido. Salvo las voces
de mando, dadas siempre en un tono extremadamente breve y
enérgico, no se oye el más ligero rumor durante la maniobra. Si
se comete alguna falta, el instructor detiene el movimiento, se
aproxima al oficial que se ha equivocado, y le explica tranquilamente
lo que debe hacer.
Muchos prefieren esperar al fin del ejercicio, y sola"'lcnte entonces,
en el círculo que forman los oficiales á su alr!dedor, es
cuando hacen notar los errores de cada uno. A un en presencia del
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BOLETÍN MILITAR 341
soberano, las cosas pasan exactamente lo mismo que de ordinario.
Los ayudantes de campo y oficiales de órdenes no se ponen en
movimiento sino que en•circunstancias muy excepc:ionales, y puede
decirse que casi nunca se les ve por parte alguna.
Es de principio en 1o5 ejercicios, no repetir jamás ninguna
orden. El que la haya dad ~l, espera pacientemente su ejecución, y
ai algún sub'lrdi nado vacila ó se equivoca, se contenta con hacerle
la observación cuando tiene lugar la crítica con que termina
siempre la instrucción. Pero se recomienda especialmente que durante
el ejercicio haya posibilidad y al mismo tiempo la obligación,
de reflexionar y decidirse por sí mismo para asegurar la ejecución
del movimiento que se manda.
Promover y desm·rollar la iniciativa individual tn todos l?s grados
de la jerarquía, desde el último subteniente hasta el general, tal
u el fin al cual se tiende constantemente y sin descanso en el ejército
alemán. Y hé aquí cómo un jefe de este ejército me explicaba las
ideas inveteradas que sobre este punto había entre todos sus colegas:
"Por más que nosotros tengamos- me decía-el perfecto derecho
de hacer observaciones en todo caso á nuestros inferiores, nos
abstenemos de ello por principio, aun cuando les oigamos exponer,
en sus críticas., opiniones no conformes con las nuéstras. No todos,
en efecto, tienen el mismo modo de ver las cosas, y estimamos que
antes de juzgar un sistema es preciso esperar y ver á qué resultados
conduce. Cuando llega el día de nuestra inspección, podemos entonces
formular nuestras exigencias y dar á conocer á la vez nuestra
opinión. Lo que se persigue, ante todo, es desarrollar entre
nuestros oficiales la iniciativa y el gusto por el oficio, y pensamos
que el mejor medio de conseguirlo es dejarles siempre plena
y entera libertad en la elección de la senda que deben seguir
para alcanzar el fin que les hayamos fijado. Por otra parte, oyendo
sus crític:1s, recogemos á la vez estimables elemento~ de apreciación
sobre su valimiento personal."
'rales son las ideas y los principios en vigor en el ejército
prusiano, pri nci pi os que, por otra parte, no se con ten tan con formular
teoricamente, sino que se conforman á ellos cuidadosamente
en la práctica. Y compLce verdaderamente ver la sangre fría y
facilidad perfecta con las que en semejantes circunstancia lvs oficiales
más jóvenes desarrollan su ideas frentt.: á sus superiores, sin
que ]a presencia de é<>tos, aun cuando sean de la más alta graduación,
parezca en n1odo alguno turbarles ó cohibirles en la expresión
de su manera de pensar.
Véase aquí, por lo demás, un hecho del que yo he sido testigo
y que puede dar una idea del modo como habitualmente suelen
ocurrir las cosas.
Un comandante instruye su batallón en el campo de maniobl
as, cuando \e aparecer un general que se dirige hacia el pu ntu
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342 BOLETÍN MILITAR
donde se encuentra. Al instante detiene su tropa y manda firmu,
y saliendo al encuentro de su superior le dice: Mr g eneral, el hatalifm
N., dtl regimientD N., hace. sus ejercicios de hatallón.-Continúe
usted.-El comandante vuelve hacia su tropa y continúa en efecto
con la mayor calma y sin preocuparse ya más del general, quien
por su parte va y viene como simple espectador de la maniobra.
·rerminada ésta, el comandante, siguiendo el uso establecido, hace
á sus oficiales formar en círculo, y empieza la crítica, discutiendo
ampliamente sobre lo que se ha hecho, censurando á unos, elogiando
á otros, etc. El general se aproxima al grupo para escuchar
sus observaciones. El comandante, sin manifestar ninguna
turbación por su presencia, concluye lo que tenía que decir, y después,
dirigiéndose á él, dice: El ejerciciD ha terrninado, mi gen, ral;
¿me permite usted retirarme con el batallón? Signo de asentimiento,
saludo del comandante y marcha de la tropa, que se retira tranquilamente
á su cuartel, mientras que el general se aleja sin decir
una palabra, y se dirige á otro punto del campo, donde la misma
escena se re pi te.
No omitamos hacer constar que semejante sistema, además
de la poderosa manera con que contribuye á desenvolver la iniciativa
individual, tiene aún la gran ventaja de obligar á todos los
oficiale , cualquiera que sea su grado, á conocer su oficio en los
más pequeños detalles, á elaborar maduramente su plan de instrucci0n
y á pesar cuidadosamente cada palabra de su crítica.
Otro rasgo saliente de los ejercicios es la vivacidad not b)e
con que se ej ecutan todos los movimientos, vivacidad que da al
conjunto un car á cter de animación extraordinaria. En mar ha,
todas las formaciones ó c~mbios de una á otra se hacen al paso
ligero en medio de una confusión que no es más que apar~nte y
que se disipa tan pronto como el movimiento ha terminado, tom:¡
ndo inmediatamente entonces cada uno el paso ordinario, ó marcando
fuertemente ]a cadencia. Pero no bien restablecido el orden
sobreviene un nuevo mando del instructor, que parece tener el propósito
de que se sucedan sin tregua los unos á los otros, no dejando
entre ellos más que el intervalo estrictamente necesario para su
ejecución. La cosa es en verdad un tanto fatigosa para los hombres,
pero la maniobra gana con ello en interés, la atención está
siempre despierta, y todo el mundo, oficiales y tropa, concluyen
por adquirir una destreza y una agilidad de espíritu y de cu rpo
verdaderamente maravillosas. Bien entendido, como ya lo he os
dichú, que estos ejercicios doctrinales se sujetan religiosamente
á todas las prescripciones del reglamento de maniobras, siendo únic::
tmente para este objeto que los alemanes estiman verdadera su
utilidad práctica. Para ellos no es más que un medio proclamado
altamente indispensable de subordinación y disciplina. Y es
solamente á este título que aún se conservan hoy multitud de
disposiciones, tales como las formaciones en tres filas, el cu3ldro,
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BOLETÍ.N MILITAR 343
el relevo de una línea de tiradores, sus movimientos avanzando
ó en retirada por escalones, etc., que unánimemente se han considerado
como inútiles ó inaplicables en la guerra.
De todos estos movimientos se exige en el campo de ejercicios
la ejecución más minuciosamente correcta, en virtud del principio
de que es preciso en tiempo de paz pedir lo más para obtener
lo menos en tiempo de guerra. Y el resultado más directo y más
es ti mab1e de e ·tos ejercicios doctrinales es disciplinar la tropa y
ponerla admirablemente á merced del jefe.
Véase aquí, por lo demás, el resumen de las opiniones que
en este asunto se profesan por la mayor parte de los oficiales prusianos:
"Todas las formaciones reglamentarias son por nuestra
parte objeto de un estudio profundo, y las concedemos una importancia
extrema. Nuestros soldados no sirven má!t que tres años;
ninguno de ellos ha estado en campaña., y por consecuencia les es
imposible juzgar por sí mismos la mayor ó menor utilidad que
puede presentar tal ó cuál formación que se les mande. No vemos
inconveniente alguno en dejarles creer que todos estos movim ientos
deben ejecutarse así bajo el fuego J ··l enemigo. Con ello no
estarán sino más atento; á la voz d~ su jefe y más dispuestos á
obedecerle. Si, por el contrario, interpretamos el reglamento á
nuestro antojo, no tardarían nuestros soldados en figurarse que
para la guerra no hay ya reglas, y que todo se modific3 según las
circunstancia : esto daría lugar á la disper i6n. A í como se conoce
al soldado disciplinado en su manera de entender el deber y el
honor militares, se puede también apreciar hasta qué punto una
tropa está verdaderamente disciplinada y obediente á su jefe, en el
modo como sabe y practica su reglamento de maniobras. El reglamento
es la piedra de toque para probar la disciplina, y muchos
de sus artículos no tienen importancia sino desde este punto de
vista. Así es también como lo consideran todos los buenos oficiales,
y en estas condiciones no no preocupamos porque pueda
encontrarse eu él tal ó cuál imperfección. Estamos seguros de
que, dado el caso, se hará siempre su aplicación de una manera inteligente."
Por lo que toca á las medidas á que se recurre en tiempo
de paz para asegurar sobre el campo Je batalla lo que se ha llamado
la disci'plina del fiugo (J ur disciplin), esto es, para permitir
al comandante de una tropa conservar siempre la dirección del
fuego de su gente, nadie ha podicio darme una respuesta categórica.
La opinión general es que un jefe sólo podrá, hasta cierto
punto, mantener su tropa tan obediente en lo que á esto se
refiere, como la tenga en todo lo demás. Ninguna regla especial
se ha dictado á este respecto, y nadie piensa en formularla. La
disciplina del fuego no es con iderada por tot' os más que como un
caso particular de la disciplina gen eral, y como ésta, debe estar asegurada
por idénticos medios, es decir, por el completo sistema
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344 BOLE1.'ÍN :MILITAR
de educación ll)ilitar del tiempo de paz, cuyo objeto constante debe
ser: mant~ner al soldado, en todas partes y en todas las circunstancias
del servicio, dócil á la voz de su jefe directo, atento á sus
órdenes y con confianza en él.
Así pues, á adyuirir e te ascendiente moral sobre sus hombres,
es á lo que han de tender todos los esfu e rzos de un oficial;
entonces soh1mente podrá comcguir, hasta cierto punto, dirigir
el fuego de su t1opa. Hemos subrayado estas últimas palabras
intencionalmente, porque todos los oficiales prusianos están de
acuerdo en reconocer que hay instantes sllpremos en la lucha, en
los que la excitaci4n es tan grande, la emoción tan poderosa,
que no está en l2s facultades de todo el mundo el conservar la sangre
fría necesaria para obedecer lo que se mande, sin perturbación
en el ánimo. Es más: en las maniobras de tiempo de paz
no es raro ver, durante un fuego violento, equivocarse un l'oldado
y tomar un ruido cualquiera por la voz de su jefe. Con cuánta
más frecuencia el mismo hecho no se reproducirá en medio de
las escenas tumultuosas de una batalla. Aun cuando en los ejercicios
de escuela del tiempo de paz se cuida riguro amente de la ejecución
metódica del fuego por descargas, nadie se hace la ilusión
sobre la posibilidad de aplicarlo realmente en la guerra. En toda
la última campaña no se cita más que un ejemplo: un capitán
pretende haber conseguido se hiciera una descarga por su compañía
contra la caballería francesa en la batalla de Sedán; todavía
esta descarga única, por confesión misma de su autor, estuvo muy
lejos de ser pura y degeneró inmediatamente en fuego rápido.
Para terminar nuestras reflexiones sobre este asunto, creemos
deber decir aquí algunas palabras sobre el nuevo reglamento de
maniobras con que se ha dotado á la infantería alemana en I 876, y
el que tanto por su aspecto exterior como por su contenido simboliza
admirablemente las ideas puestas á la orden del día en este
momento en el ejérdto prusiano.
Se compone de dos partes muy distintas: una puramente reglamentaria,
obligatoria para todos, y que indica los movimientos
que deben ejecutarse, puesto de cada uno y voces de mando que
corresponden; y la otra parte, llamada táctica, no da si no consejos
é indicaciones sobre el empleo que debe hacerse de las formaciones
reglamentarias.
La primera parte comprende la escuela del soldado y todo lo
concerniente á las de compañía, batallón y brigada para los movimientos
y formaciones en orden cerrado; en una palabra: todo lo
que constituye la Schul-Exercieren. Esta no es, en definitiva, más
que un tratado metódico de disciplina y de enseñanza preparatoria,
pero de la cual, por esta misma razón, se ejecutan todas sus
prescripciones con el mayor rigor.
En cambio, es preciso reconocer que todo ello se encuentra
tan reducido y condensado como es posible, puesto que este volu-
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.BOLETíN MILITAR 345
men de pequeña forma é impreso en grandes caracteres, contiene
en 226 páginas t do lo relativo á Jos ejl'rcicio individuales, de
compañia, de batallón y de brigada, y además las reglas concernientes
á órdenes de parada, modo de recibir y de pedir la bandera,
toques y toda la parte dctica. Una co.a que debe señalarse,
es la · usencia de figuras para la xplir:.!ción de los mo imientos.
No hay más que dos en total: una pé.ira la formación del cuadro,
y Otra para la columna de regimi · to Ul ]as pzradas que, vista SU
complicaci(;n, habría sido bastante difícil explicar con el texto
solo. Todas las demá formacione son de tal St1erte sencillas y de
tal manera bien conocidas por tod s, que se ha juzgado el texto
perfectamente suficiente para hac<.r cornprencer ó recordar los deralle!,
que puditran haber escapado de la memoria de alguno.
Además, y por princij>io, se ha evitPdo hacer uso de dibujos
en la parte tá tic a dd libro. Se q uicre, c>n efecto, evitar así todo
menoscabo á la iniciativa individual y á la independencia que se
entiende ha de dejar e á cada uno cuando e trata de aplicar sobre
el terreno las formaciones rcglamcntari€.s. 'T'éme~e que con una
figura dada como ejemplo se inspire á los espíritus la falsa idea
de que al modelo es preci o, por obligación, conformarse.
No menos notable es todavía la opinión, muy extendida, de
que en la parte táctica las láminas serían más perjudiciaLs que
convenientes, porque dicen que .e Jlcg. ría :í aplicarlas pura y simplemente
en muchos ca os en los que valiera má imaginar cualquiera
otra cosa. Esto ~ería la muerte del trabajo intelectual y de
la ren r~ xión con que cada uno debe formarse p:~ra sí mismo una
opinión sobre los casos que pueden presentarse en la guerra.
Así pues, como se ve, el desarrollo de la iniciativa in di vidual
que los prusianos consideran como una de la más grandes
fuerzas de su ejército, se encuentra francamente consagrada por
su reglamento.
Podría pensarse quizás que de esta iniciativa desarrollada así,
y de la ausencia de figuras en la parte r eglamenta,.ia, resultara cierto
defecto de uniformidad en la ejecución de los movimientos entre
los diversos regimientos del ejército. En realidad no hay nada de
esto. Por d contrario, puede decirse que las formaciones reglamentarias
están, en cierto modo, de tal manera enct::rnadas entre
todos los oficiale~, que no se nota en este asunto, de un cuerpo á
otro, la menor diferencia. Precisamente esto es lo que ha permitido
prescindir de figuras que indiquen disposiciones bien conoéidas
de todos, y á las cuales se halla habituado el ejército desde
hace muchos años.
Debe ad· ertirse que el reglamento no contiene artÍculo alguno
especial para los ejercicios de regimiento, que considera,
sin duda, corno mero intermediario entre los de batallón y los de
brigada. En cuanto á las evoluciones de una división entera, ya
hemos dicho que los prusianos jamas las hacen, no admitiendo
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34:6 BOLETlN MILITAR
que una división pueda en caso alguno desplegarse sin dejar un~
de sus brigadas en reserva. V ale más entonces, dicen, hacer maniobrar
estas dos brigadas aisladamente, que dejar una con los
brazos cruzados contemplar á la otra.
En tin, no creo poder terminar mejor lo que acabo de decir
sobre el reglamento, que con la cita de esta reflexión hecha un
día ante mí por un olicial del ejército: "Para mandar bien una
campañía, basta un militar instruído y que conozca bien su reglamento;
pero el mando de un batallón exige ya una seria preparación
táctica"-( Continúa).
CAMPARAS NAPOLEÓNICAS
(Selección arreglada para el Boletín Militar)
1-lto.lia: opero.ciooe contra Ocaulicu
{Continuación)
El 15, aún más que el 14 por la noche, sonreía á Napoleón la perspectivJ.
de obligar á los piamonteses á pedir la paz; á nada podía conducirle
la p -.. rsccución de los austriacos, cuyo contacto había perdido,
por 1 cual estaban en capacidad de rehuír la lucha, y en este caso
moverse sobre ellos era dar golpe en vago. Además, entre tanto Colli
podía replegarse Sl>hre Turín, cubrir la capital y poner á salvo sus tropas,
con lo cual ya no era posible imponerle la paz, dejar fuera de
combate uno de los dos adversarios y adquirir la ansiada superioridad
numéricl. Ahora bien, el plan de campaña descansaba sobre esta premisa:
después de separar las fuerzas aliad :u, obligar inmediatamente á
los piamonte~cs á pedir la paz, á fin de as:gurar e una buena base para
las opcrctciones futuras y no tener en ellas al frente sino un solo advers:
uio. La historia militar rcgistrd numerosos ejemplos de generales que
se dejaron arrastrar por el éxito táctico á explotar directamente las ventajas
aJquiridas sin atender al plan general de las operaciones •; Napoleón,
llegado á este momento decisivo, no pierde la cabeza, y obedecicnd0
á los dictados de la lógica, avanza sobre los piamonteses.
Debe observarse sí que Narolc6n principió el segundo período de
las operaciones por enviar la división Laharpe vía de Sassello, y aun
la hizo sostener por Massena, operación no muy inteligible, pero es de
observar que son grandes las lagunas existentes en la correspondencia
de la campaña; además es prúbable que muchas cuestiones se trataron
de vi va voz, porque Napoleón se imponía fatigas durísimas á trueque de
intervenir dondequiera que su persona era necesaria. ''Mi vida aquí
es inconcebible, escribió al Dir~ctorio, llego á la dormida fatigado, y sin
embargo me es preciso pas1r la noche en vigilia para administrar é ir á
todas partes para re'tablecer el orden."
• Conforme lo prueba de modo amargo nuestra historia militar.
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BOLETÍN MILITAR 347
El 16 de Abril Augcreau fue dirigido sobre la postciOn atrincherada
de Ceva, y al caer el día había Árrojado de ella á los piamonteses,
que se replegaron vía de Mondovi. El 17 llama á Laharpe á Dego, y
Massena y Serurrier se mueven sobre Ceva, .i donde el último llega por
la poche. Napoleón traslada su cuartel gener 1 á Saliceto. El 19 se ataca
á Colli; Serurrier se carga á la izquierda para en vol ver al enemigo y
coparle el camino de Mondovi; Augereau avanza á envolver la derecha
por Castellino, y Massena ataca directamente, ó sea por el frente. Colli
intenta replegarse sobre Mondovi, y aún obtiene ventajas parciales sobre
Serurrier.
Napoleón se ha trasladado á Ceva entre tanto; hacia media noche
avanza hasta Lesegno, y allí, á la una, da la orden de ejecutar un ataque
general contra Colli, complementando 1 uégo sus instrucciones cuando
ya conoce la v~rdadera posición del en..:migo. Según esas nuevas órdenes,
Massena debe marchar 5obre Lesegno con parte de las tropas de
Augereau; el resto de éstas tomará posición, parte en Castellino para
amenazar el flanco izquierdo de los pi:tmonteses, parte en Mombarcaro
para observar el valle del Bormida, por donde pueden llegar los austriacos.
Para mayor seg~ridad, Laharpe es llamado igualmente á Mombarcaro
con orden de guardar la posición atrincherada de Ceva, no dejando
en el Cairo sino una brigada.
El 21 á las 2 de la madrugada Massena cruza el Tanaro y marcha
sobre Lesegno; en la mañana Serurrier recibe la orden de pasar el Cursaglia
por el puente de Torre y caer sobre el flanc<;> derecho del enemigo,
que ocupaba posiciones tras el dicho Cursaglia, y en seguida avanzar
hacia Mondovi. Empero, el enemigo no espera el ataque y se retira por
Mondovi. Serurrier no logra alcanzar sino una retaguardia en posición
sobre la línea Mondovi Niella-Castellino, y en cierto modo permanece
inmóvil La composición del ejército republicano exigía sin duda un
tiempo de alw absolutamente indisrensable para reformar los lazos tácticos,
y Napoleón no estaba seguro de que Colli no pretendía tomar la
ofensiva. Como el enemigo nada intenta, el 23 dispone que Scrurrier
continúe marcha por la vía de Fossano y 1\-[assena por la de Chcrasco,
ambos con orden de adelantarse hasta más allá de Pesio; Augereau pasa
á Dogliani, y Laharpc seguirá el 24 hasta Niclla.
En Lesegno Napoleón dicta una orden para reprimir el merodeo
entre las tropas. Él, como todos los grandes capitane~, explotó siempre
hasta el extremo los rcc ursos del territorio en beneficio de sus tropas,
pero siempre prohibió el pillaje por considerarlo como seguro destructor
de la disciplina. Además, el saqueo repugnaba á su naturaleza, tan
benévola é indulgente en el fondo, que no supo odiar ni aun á sus
enemigos.
El 23, en tanto que sus columnas pasaban el Pesio, recibió una nota
de Colli pidiéndole un armisticio, á la que con testó estaba pronto·á conceder
lo pedido si se le entregaban las pi azas fuertes de Alejandría, Coni
y Tortona, y si en seguida se iniciaban negociaciones para acordar un
tratado de paz, lo cual fue aceptado por los piarnonr~scs, por lo qtrc el
2 8 cesaron las operaciones militares contra ésto5.
Y hemos llegado al término del primer período, victorioso, de la
primera campaña napoleónica, cuyo examen habrá de: suministrarnos
una primera luz sobre el genio militar de Bonaparte.
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348 BOLETIN MILITAR
El examen de estas operaciones mili tares da en primer término preciosa
característ1ca sobre el genio militar de Napoleón. Desde luego lo
que más llama la atención es el desenfado con que el joven General acepta
la carga y desempeña su papel: nada de é'Citos á medias ó reveses que
le sirvan de ?enosa escuela para aprender su oficio; principia por un
golpe de maestro, 1o mismo que Alejandro, Aníbal y Carlos xu. Fuera
de duda está que ciertas cualidades físicas é in . electuales deben hallarse
reunidas en un hombre para que sean posibles tales resultados, pero
también es cierto que en achaques de guerra hay cosas que pueden y
deben aprenderse para conseguir el éxito. En vano se posee el espíritu
más elástico y brillante: esto no suple el trabajo previo, porque el arte
de la guerra tiene su lado profesional Rl mismo Napoleón lo dijo :
"Aquiles fue hijo de una diosa y un mortal, y por eso es la imagen
del genio de la guerra." Todos saben cuánto se había preparado bien el
joven Capitán para entrar á. la carrera militar, cuánto el teatro de guerra
italiano había sido objeto de sus maduras reflexiones. Ahora bien,
como á esto debe agregarse que la fortuna fue pród1ga con él en dones
naturales, el éxito no sólo era merecido sino forzoso. En nuestros días
Gam betta es ejemplo de que Ir: m tÍJ grtmdt rnergía adu11ada al espíritu
mrjor dotado no puede co11q11iJtar f,z victori11 cuando falta el collccimiento
del oficio.
Si ahora examinamos en detal los actos de Napoleón, podremos
apreciar j un tamen te su resolución y la habilidad de ejecución, dada la
peligrosa situación estratégica en que encontró e1 ejército francés, desgranado
en una estrecha faja de tierra entre los montes y el mar; la
única vía que lo enlazaba con Marsella quedaba por un lado expuesta
á las intentonas de un enemigo superior en número que podía desembocar
por el Col de Tende para cortarla, y por otra á los insultos de la
flota inglesa, dueña del mar, sin contar con que á retaguardia del ejército
carecía de protección, pues como línea de comunicaciones prolongaba
el flanco izquierdo, es decir, creaba una de las situaciones más
desfavorables conforme el mismo Napoleón lo hizo sentir á los prusianos
en 1 So6. ¿Qué partido saca de tan peligrosa situación? Tres semanas
después el ejército francés, aseguradas sus comunicaciones, está ya
concentrado debidamente, uno de los adversarios derrotado y arrojado
lejos, y el otro vencido y con su capital amenazada.
En los albores mismos de la campaña se destaca la característica
del genio napoleónico: la noción clara del empleo de la masa. Jornini,
e u ya grandiosa teoría surgió de los actos del más grande de los prácticos,
dijo "que el principio fundamental de la guerra consiste: 1 •0 , en
llevar sucesivamente por medio de combinaciones estratégicas el grueso
de las fuerzas á los puntos decisivos del teatro de guerra, en cuanto sea
posible sobre las comunicaciones dd enemigo sin comprometer las propias;
z.o, en maniobrar de suerte que se empeñe el dicho grueso de las
fuerzas sólo contra fracciones del ejército enemigo."
Esta verdad Napoleón la conoció a priori, pues en I 794 se expresó
a í: "Los sistemas de guerra deben ser como los si ti os: se reúnen las
fuerzas contra un solo punto, y abierta la brecha queda roto el equilibrio,
todas las dem-ls defensas resultan inútiles, y la plaza cae. Luego en vez
de diseminar los ataques se debe concentrarlos." En 1799, cuando vio á
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BOLETÍN MILITAR 349
Moreau por primera vez, la conversación rodó sobre las cosas de guerra.
n Siempre el mayor número vence al pequeño," dijo Moreau. "Tenéis
razón, replicó con viveza Napoleón, siempre el mayor número
vence al menor," y luégo añadió á guisa de comentari o : "Cuando con
fuerzas inferiores me he encontrado en preseñcia de un gran ejército,
agrupo con rapidez el mío, caigo como el rayo sobre una de las alas, y
la arrollo. Aprovecho el desorden que esta maniobra causa siempre en
las líneas contrarias para atacar otra porción de ellas, siempre con fuerzas
superiores. Así pues, derrotaba en detal al enemigo, y esa victoria,
como lo veis, era el triunfo del mayor número sobre el m á s pequeño."
En la aplicación de este principio reside todo el secreto del arre
napoleónico; pero para aplicarlo es preciso adem·ís, y siempre, de una
ojeada, saber encontrar el punto donde debe empeñarse la masa y tener
cabeza suficiente para despreciar los accesorios por importantes que
parezcan á primera vista, para no lanzar aquélla sino sobre el punto decisivo.
Es principalmente esa clarovidencia, esa lógica en el raciocinio
estratégico, comprobada en Napoleón, lo que causa nuestra admiración
y hace fecundo el estudio de sus campañas. Al fin de esta campaña que
analizamos, cuando victorioso cruzó á 1 tali para entrar á Ausrria, dijo
á propósito de su método de guerra: "Existen en Europa muchos buenos
generales, pero se fijan en muchas cosas á un tiempo, en tanto que yo
no veo sino una: las masas enemigas, y trato de destruí das, seguro de
que los accesorios caerán 1 uégo por sí mismos."
Por esto al principio de la campaña lo vemos tranquilamente
abandonar el camino de Génova á Beaulieu, limitarse á observar á
Colli y arrojarse con fuerzas
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 143", -:-, 1900. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691060/), el día 2026-03-10.
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