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258 BOLET1N MILITAR
Tenientes Coroneles: Leonardo Munévar, Erniliano Leiva, Francisco
Rodríguez y Enrique Raymond;
Sargentos Mayores: J crónimo Escobar, Nicolás Córdoba, Ignacio
Rodríguez, Emiliano Castro, Librado Sandoval, Indalccio Saavedra A.
y Carlos Tribín;
Capitanes: Guillermo Hernández, Francisco de P. Cuervo, Teodoro
.Pineda, Abcl A. Giraldo, Francisco Malo S., Fidel Mendoza y
Lisandro Castillo;
Tenientrs: .1\larcelino Gómez, Antonio S. de la Parra, José María
Rincó,l, Raf,tcl Perca, Román Rodríguez y Carlos N úfiez; y
Subtenientes: Aristides Russi, M a. co Tu lío Tello, Emilio Prieto,
Nepomuccno Ortega, Oliverio Ortega y Enrique Dávila.
§. Serán daJos de bc~ja en el Cuadro de Jefes y Oficiales en disponibilidad
los que á él pertenezcan de los nombrados, y llámanse á los
restantes al servicio activo.
Art. 7.0 El Cuartel General se situará, por ahora, en Tunja, y se
autoriza al Jefe C1vil y Militc1r de Buyacá para que, si fuere necesario,
modifique la organización del Ejército al cual se refiere el presente
Decreto.
Comuníquese y publíqucse.
Dado en Tena, á 20 de Febrero de I 900.
MANUEL A. SANCLEMENTE
Bogotá, Febrero 22 de 1900.
El .:Ministro de Guerra,
JOSÉ SANTOS
República dt Colombia-Mi11hterio de Guerra-Seuión 1.•-Númer1
597-BogottÍ, 24 de Febrero de 1900
Sr. General Com:mdante en Jefe del Ejército.
Pongo en. vuestro conocimiento 9-ue la au~or!zación con\erida .á
esa Comandancia para hacer nombramientos se hmtta tan solo a desunar
Ojicialn inferiorn del Depósito, para llenar las vacantes que ocurran
en los Cuerpos del Ejército, dando cuenta oportuna á este Despacho
para su aprobación. .
Los nombramientos de Jefes, los ascensos, el llamamiento de nue-vos
Oficiales al servicio ó al Cuadro de Oficiales, etc., requieren decre-to
expreso del Poder Ejecutivo. . . .
También os hago presente que la mov1hzactón de fuerzas no puede
efectuarse sin orden de este Despacho.
Soy vuestro atento servidor,
¡od SANTOS
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Se previene al Administrador de Rentas de Cali (y circuló á los
demás), que inmediatamente reciba cuentas á los subalternos de su cargo
y que forme las suyas; para que á su tiempo se rindan á l.í Tesorería
general, 6 á Jos comisionados que ésta dipute.
e le dice al Dr. Félix Vergara que, no obstante las razones que
expone en su oficio 17 del corriente, se presente en este Gobierno
como se le previno con fecha 1 S del mis1no, pues interesa al servicio
de la República.
Se oici6 á la Comisión de secuestros de Buga diciendo: que habiéndose
presentado verbalmente la mulata Juana, esclava de la Sra.
Matgarita Hoyos, en este Gobierno pidiendo que se le obligue á ésta '
que no la venda; y que como esta esclava y los demás bienes deben estar
secuestrados por pertenecer al espat'iol D. Gabriel Prado, se le previno
á dicha Juana ocurra á esa comisión por la providencia convenien~e
respecto ! que la Sra. Hoyos no puede usar de los bienes embargados,
ínterin no acredite, conforme al reglamento de la materia, el derecho
que tenga á ellos.
Al Capitán Custodio Gutiérrez se le ofici6 diciendo que hallAndoae
en el rfo Palo una p1eza perteneciente á la imprenta, haga las indagaciones
mú exactas y ofrezca gratificar á quien la saque 6 entregue. Que
no descuide la vigilancia sobre los movimientos del enemigo y que hap
otJ.ervar el mejor orden discipJina en la tropa y que vahéndose de
hombres de confianza introduzca el espionaje en el campo enemigo. Y
se le remite un tercio de sal para la subsistencia de la tropa.
Se e ofici6 al Juez Mayor de Cali diciendo que el Alcalde de
Vijea se presentó en este Gobierno acreditando que el toro que tom6
del Dr. V ergara, lo in virti6 en el sostenimiento de la tropa de la Rcpúbr
ca 1 que no se le haga cargo alguno.
Se re~ibieron del Sr. Coronel Cancino los
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BOLET.fN MILITAR
• • • • • • • • • • • • • • SEXTo MOMENTO - El enemigo
• • • • • • • • • • • • • • • repliega /enttzmente 111 ala derecha
Sexto momento
1&1&1&181
l.
S~PTIMO MOMENTo-E/ enemigo
que había ade/ant11do, y reJiJte en JU
nue'lJO frente formado por doJ tltnpaiíím
en tiradorn, apoyadas por otras
dos e7J jilaJ cerradaJ.
J)bposid6.D: cuarta compañía,
avanza hacia el ala izquierda, grupo
ror grupo, y se establece á la
altura de la primera; primera y
cuarta compañím, mantiene cada
una dos pelotones en tiradores para
entretener seriamente al enemigo;
tercera, se reúne cerca de la segunda;
y ambas se forman en columna
de compañía.
refuerza JUJ tiradortJ; parece pre- • • *0~ • *1&0• • • •®S • •0121• • • •
para un ata1ue contra nlltJtro frente. 4 . a 1 . a
DI po ld6n : primera y cuarta
tompañíaJ: Jos sosten e~ apoyan la
línea de tiradores; segunda} tercera
tompañíaJ, avanzan hacia la iz-quierda
para lanzarse de aHí contra
el flanco derecho del adversario,
apenas pronuncie su movimiento
de ataque.
Séptimo momento
ÜCTAVO MOMENTo-E/ enemig,> inicia JU ataque Jobre nuntro frente.
tJ.a
1
1
1
1
1
1
1 . t
t
; 2 a : .
¡
i
Octavo momentQ
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266 BOLETÍN MILIT A.R
a) SISTEMA BANGE-DATOS NUMERICOS
t.•-Dianen ione exteriores
Longitud total de la boca de fuego . .•..•..•.•.•.•...•...
Longitud del cubo (cañón) .................•....••••..
Longitud del refuerzo ó J'arte birolada .... .. ............ .
Longitud total del vuelo (parte del tubo adelante de los mu-ñones).
. . . • . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . ....•....•..•
Longitud de la parte cilíndrica del vuelo (adelante de la bi-rola
de calage) .. . . • • . ... .. .......•...••.••..••.
Longitud de la parte tronco-cónica del vuelo ...••••••.•.•
Longit~td de la platabanda de brocal ......•...•......••..
Longitud de la birold de culata ( in la saliente de las orejas).
Longitud de cada una de las dos birolas intermedias . . .• . •••
Longitud de la birola muñonera .••...•.••..•..•.•...•.•.
Longitud de la birola de calage . ... . . . . . . . ...•........
Longitud de la línea de mira (el ccn tro del ojillo de la alza
está 5 mm2 atrás del eje del canal triangular de la caja
de la alz ) . . . . . • . . . • . . . . . . • . . • . . . . • . . . . . • ..
Diámetro del refuerzo .•.....•.•..••..••......••..••.•
Diámetro exterior de la hirola de calage en su frente anterior
DJámetro de la platabanda del brocal .....•...........•••
D ., d 1 ( ba e mayor (á la altura de la cara an-tametro
e a parte t · d 1 b' 1 d 1 )
6
. d 1 J tenor e a 1ro a e ca age ....••
tronco-e mea e "'\ 1 d 1 ·
1 , base menor ( 1 a altura e a ansta
vue 0
• l_ posterior de la platabanda de brocal).
Diámetro de la parte cilíndrica del vuelo .•......••.•••.••
Diámetro del tubo dentro del birolaje •.•.••..••••.••.••
Longitud de los muñones . ..... . .........•.......••.••
Separación del zócalo de los muñones .••.•.• . .•••....•..
Diámetro de los muñones . . • . • . • . .. .. • ............ .
Diámetro de la cavidad cilíndrica de los mufiones ..••.••..•
Profundidad de dicha cavidad · que termina en una semiesfera.
Distancia del eje de muñones al corre po terior ...•........
Distancia del eje de m u ñon es al de la pieza.. • . • • . • . . . •.
Distancia de la lfnea de mira } vertical. .•....••..••.•....
al eje del cafión horizontal .••••.••••....••
2.•-Dimen•lones int.erlore•
Longitu~l de la parte fileteada del tornillo de culata .......•
Longitud de la fou arreglada para el juego del tornillo.. . ••
Longitud del alojamiento del obturador ..••..•.........•.
Longitud de la cámara de p6lvora .•.•......••..•••.•.•.
Longitud del cono de paso de nivel . • • • . . •••••••••••••
• lA lía~ lfct mir• 111 fipctJ'HmQA\11 pl&r.lell al lfl:._ le 11 pi.¿a.
Metro•
1.200
1.200
o.sso
o.6;o
o.oo6
o.626
o.o18
0.125
o. J 35
0 . 100
o.o6o
o.soo
0.16~
0.134
O.I lO
o. 12 5
0.102
0.128
0.125
0.063
0.170
o.o68
0.022
0.043
0.4-40
0.000
0.075
0.070
0.070
O.OIO
o.oz8
O.I 50
0.015
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268 BOLETÍN MILIT A..R
6." -Vureii;l. de Jmontaña
Peso de la cureña completa, con ruedas y frenos ..•..•••
Peso de la cureña sin ruedas y frenos ....•••.....•.•••
Peso de cada rueda (número S) .•...•....••.•••••••••
Peso de 1 a 1 i manera . • • . . • • • . • • • • • .•••••....••..••
Peso de un fr('no de resorte ...••..•.••.•..•...•.•••
Peso del basto de cureña con cojines .•..••....•....••.
Altura del eje de los muñones sobre un suelo horizontal
(pieza en batería).... • • . . • • • • ••..••.....•..••
Distancia del punto de apoyo de las ruedas al de la conte-ra
(pieza en batcrfa) . . . • . . • • . . . . . . . • . •••••••
Distancia de la extremidad de la contera á la parte delan-tera
de las ruedas. . . • . • • ••••...•..••••...•••••
Diámetro de las ruedas .•••.••...•••.•.•.••.•...•••
Vía (distancia entre las dos ruedas...... . • . •.••..••••
Distancia horizontal de los muñones al tornillo de puntería
Longitud de la cure11a (de la muñonera al argollón de con-tera)
..•..•...•..••..••.•••....••••......
Anchura m<íxima de las gualderas .•••.•••.•••••.•..•.
Separación media de las gualdcras .•••...•. - ••......•.
\bajo el horizonte (pic:za en batería en
L' . d l. < suelo horizontal) ..••.••...••..••••
Imite e tlro 1 sobre el horizonte (para el alcance má:xi-l
mo de 4,osom8 ) • •••••••••••••••••
'1.•-Pro yeetlle
) peso de la granada. . . • • • • • . • ••
G d d . · i carga interior de pólvora 6 carga
1. o rana a or tnana
de ruptura .......•..•...•••.
l peso total•(con espoleta) ••...•••
) peso de la granada ..••••..•••••
2.o Granada de balas.¿ peso de la carga .•.•••••.•.•••
(Shrapncll) l peso total •...••••...•••.••••
l número de balas .•...•••.•••••
~ peso tota 1 •••••• ~· ••• , ..•••••.•
3. 0 Bote de metralla número de balas ....••••.•.•••
peso de las balas ....•••...••••
e d 1 . ( d l .1 >{pólvora .••. arga e a pteza para to os os proyec t1 es
saquete ..••
8.•-Carga de mula
Primera mula: de pieza.. . una estaca-palanca.. 2 kilos
17 5 kilo1.
1 12 kilo!.
26 kilot.
18 kilm.
S
22ksoo
0-7S8
¡.moso
Im798
0.900
0-730
0.22
sk1oo
0.2f0
sk6oo
Skioo
0.1 so
S-970
93
s~csso
ss
oko44-
okcf.oo
0.015
~ la pieza ..••• - • • • • 10 S kilos
un escobillón...... 2 kilos 109 (B)
Pasan 109 _(B)
't• Enterrando la contera puerle aumentarse el ángulo y por ende el alcance.
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270 BOLETÍN MILITAR
tración y organización para que su movimientos no resultaran
paralizados en los momentos en que la principa l, si no la única
esperanza de éxito, e taba en la rapidez con que -e ejecutara su
audaz concepción de la camp ña. Lo!> primeros días lo empleó el .
General en asegurar los servicios de retaguardia: error sería suponer
que Napoleón se limitaba á a\·anzar, ~in inquietarse por la comida
de las tropas; al contrario, esta fue su preocup ciún constante,
aun cuando atendida de suerte que nunca perturbó ni la claridad
de su ojeada militar, ui la marcha <> dirección dt: las operaciones
militares. A este rt:specto siempre ubservl) l siguiente regla: "en
la dirección de nu stros ejército debemos !>Cr guiados por el principio
de que la guerra debe alimentar la guerra."
Y empleó tan bien su tiempo, que á po o de posegionado del
mando podía escribir á Parí : '' ~ ~ forrc1je e tá a e gurado para un
me~, las etapas provi!>tas ;" y sin temor por e e lado, dio principio á
la concentración del ejército sobre. u derecha, eg11nda parte Je su
tarea antes de abrir operacione . Sobrt: c.-te punto dijo: "El pa o
dd orden defensivo al ofensivo e u11 de la op e racione más Jelicadas
en la guerra.'' El plan de apoleón er" us grande Ji neamientos
era el mi ·mo que de arroll ra do año antes en c]á:;ic memoria:
atacar el centro de los aliado:-, que una vez cparado~ á causa
de la oposición de sus interese. , de btan retirarse t:n direccione divergentes;
imponer en segu·da rápid,unente la paz á Jo piamonteses,
y luégo rt:volvcr e Cúntra Jos au triactL, ya ai~l do . , y arrojarlos
de Italia. Cuanto al punto más fdvor ble para romper el centro
enemigo, reconoció era la depre i 5n que separa los Alpes de los
Apeninos, ó sea el punto donde hay meno altura que trepar, y
está marcado por el ca mi no de Savona- Ca di hona- Al tare-Carca re.
Hasta aquí el común de los escritores militares, que olvidan un
detalle capital en el asullto: que á la derecha de esa ruta se desprende
una crecida ma a montañosa que avanza hacia el Oriente,
casi paralela, de lejos, á la cresta central de los Alpes, y divide allí
el terreno en dos grandes cuenca. aled,tila , o upada cad una por
uno de los aliado·, de suerte que epar do · é tos y guarnecidas esas
breñas intermeJias por tropas francesas, era imposible á aquéllos
reunirse de nuevo sin retroceder mucho terreno, lo que á la vez de-·
jaba libres todas las vías de inva it)n de Francia hacia el Pi amonte,
y expuestas ]as de retirada de los au triacos sobre el ·rirol.
En conformi<."ad con lo dispuesto, las divi~iones se concentraron,
tropas suficientes aseguraron la retaguardia del ejército, y
el Cuartd gentra1, por etapas, avanzó á lo largo ,le la co· ta. Empero,
el adversario no permanecía inactivo: la pre. encia de destacamentos
france · es en Voltri de . pertó desconfianzas en el ánimo de
Beaulieu (austriaco) por la seguridad de Génova, y algunos movimientos
que ordfnócon tal motivo indicaron á Napoleón que había
fracasado su tentativa de sorprender al enemigo en sus cu<~rteles de
invierno. A la vez los piamonteses (Colii) estrechaban sus acantona-
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DOLE'l'ÍN IILITA.R 273
Los sorprendidos france. es, primero á la voz de Massena y luégo
á la de N:.tpolec)n, qu'- ll·ga vol.llldo al camp , se rehacen y resisten;
á las 2, reforz. do, vuelven á tomar la ofen~iva y arrollan al
enemigo sobre Spigno, tras inl1igirlc pérdida.:; enormes. Antes de
que pnncipiara e:,te combate, inf;,>nnado apnleón de que Beaulieu
pretendía dirigir:,e obre D_go, había detenidn la marcha de Laharpe,
y por e ·o puJo contar con lo:, refuerzo que re tablecieron la
Ii -1, un instante comprometida. Por lo que hace <Í Serurrier ha llegado
entre tanto frente á Ceva (valle del ·ranaro), y Auglereau se
pune en comu11icación con él al arribar á l 1ontczzemoo persiguiendo
á lo:; piamonte es.
Napoleón, que , caba de infligir una nueva derrota á los austriaco
·, queJa doblemente a egurado por este lado, en tanto que u
izquierd , }' '1 en contacto con el enemigo, n cierto modP Jo fija
sobre el terreno, á la ez que él mi m o, p, rticnd > de Dego, e
apr st.t á envolverlo y aniquilc~rlo. A los u triaco ha causado una
pérdi a de Jo,oo h more y le ha impuc to un d'!prc ión moral
tan grande, que Beaulieu, convencid d la superioridad numérica
de los franct: e , súl, pien a en reunir e 1 Acqui lo que le resta
de su~ soldado para cubrir con ellos á L 1bardía.
OChernuo
o
Dego0
0 Ce'lln lrlil!nimo
o
o .Acqui
~
o
o 2 3 4 5 leguas
! ______ ! ______ ! ______ ! ______ ! ______ L_
(Co1ztinuará)
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274 BOLETÍN MILITAR
SOBRE EL EJÉRCITO ALEMÁN
(Continuación)
b) Ejercicios de los ueleranos
Durante los dos períodos que acabamos de describir, el prepa~
ratorio y el de l.:1 instrucción individual ó de los reclutas, se subentiende
que ni los reclutas ni sus instructores hacen servicio alguno
de plaza ni mecánicn de cuartel, etc. Todo d peso del servicio
ordinario recae únicamente sobre los soldados veteranos * desde el
mes de Septiembre hasta mediados de Febrero. Así pues, en la<>
grandes ciudades suelen e tar de guardia cada tres ó cuatro días, sin
perjuicio de los de,nás servicios de rodas especies que les incurr.ben.
Resulta de esto que los capitanes de compañía rara vez pueden
disponer de toda su gente, no pudiendo, aden ás, ocupar á los veteranos
en otra coa que e11 ejercicio· de instrucción individual.
Al capitán corresponde dirigir éstos de manera que preparen
convenientemente su fuerza p.1ra las maniobra de primavera. U na
gran parte del tiempo se con~agra al tiro al blanco, á la giuanasia
y ,la enseñanza teórica. Además, reunidos los soldados en pequeños
grupos, se les ejercita en la práctica del servicio de campaña, bajo
la dirección de los oficiales á los cuaJe - está encomendada particularmente
esta instrucción. Tt~mbién los sargentos que revelan inteligencia
y aptitud para el servicio de exploración, practican sobre
el terreno con pequeña, fuerzas organizadas en patrullas, etc.
En virtud de los mismos princtpios de independencia, que no
autoriza á los jefes á intevenir más que en el caso de que el capitán
de compañía emplPase procedimientos de in>trucl.·ión manifiestamente
erróneos ó co11trarios á los reglamentos, éste es enteramente
dueño de organizar como le parezca la instrucción de sus soldados
veteranos, tanto desde el punto de vista de la JJaturaleza de los
ejercicios, como del tiempo que debe emplearse en cada uno de ellos.
La única obligación que se le impone es la de presentar su com pañía
en épocas determinadas á la inspección de sus superiores, cuyas
exigencias está entonces obligado á satisfacer. Al capitán compete
buscar Jos medios apropiados para alcanzar el fin que le ha
sido señalado y la mar~ha que debe seguir para dar á !:iUS soldados
los diversos géneros de instrucción. Jamás prescripción alguna de
sus superiores, incluso el jefe de su batall6n, se dará para indicar!,.
• Cuyo número se encuentra pur entonces reducido al mínimo por consecuencia:
J.o Del licenciamiento de los soldados que acaban 1lc pasar á la reserva; z..o Del envío á
aua ho~ares de cierto número de ho:nbre:i, á Jin de su seguntlo año ele servicio, en virtud
del Konig- Urtt,ub, de que ya hemos hablado anteriormente; 3·o y último, por cierto
número de toldados anti6uos, que se agrc:gan á la instrucción de los reclutas.
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Gimnftstiea y esgrimll •
trucción t 6rica
gi ie o de un
rrospecto á la cual
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manejo del Jlrma, dar una estocada 6 corte, etc. Esta instrucci6n
e aa siempre haciendo uso 'de las voces de mando reglamentarias
empleada en el ejército. Excusado es decir que todo esto agrada
en extremo á los muchacho , que entretienen sus días d,e vacaciones
en jugar á los soldados.
o debe extrañar, después de lo dicho, que los reclutas al llegar
al egnniento se encuentren ya algo instruídos, como lo hemos hecho
no r al hablar del reclutamiento. Gracias á su educación, estos
omllres son en cierto modo medio soldados. Saben marchar al paso,
hacer gimnasia, están ya familiarizados con las exigencias de la vida
militar, y el trabajo de su instructores se encuentra así facilitado.
En cada regimiento la formación de in tructores de gimna-ia
se confía á un oficial procedente del Instituto Central; pero por
consecuencia de lo difundidos que e tan los conocimientos gimnásticos
en el ejército, el oficial encargado de esta mi ión no tiene,
la mayor parte de las veces, nada que ha er para llenarla, y únicamente
cuando llega al empleo de capitán puede sacar provecho
de la enseñanza especial que ha recibido, supuesto que la instrucct6n
.de la g~mnasia, como todas la dem , se dan bajo la direcCIÓn
r YÍJilancia del capitán de la compañía. El tenic;nte que está
pec:aalmente encargado de ella tiene por mi ión velar que los
rgentos instructore sigan rigurosamente la progresión orden da
y expliquen correctamente á los soldado el objeto de cad mo imicnto
que se ejecute. Se exige que tod los oficiales y sargentos
llenen tado de ejecutar por í mismos todos los movi-entos,
pero ' veces se les agregan para dar la instrucción moora
especiales elegidos entre los soldados antiguos más inauídos.
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280 BOLETÍN MILITAR
En el invierno los soldados no se ponen la mochila más que
para el servicio de guardia y para el tiro al blanco. En general no
se empieza á usarla permanentemente hasta después de las maniobras
de primavera. Nluchos oficiales C>pinan que es ' preciso ah tenerse
de hacer poner á los soldados la mochila derna_iado pronto.
De otro modo, dicen, se impide el desarrollo · natural Cic su fuerza
y de su destreza. Es preciso al principio dejar al soldado libre de
toda traba, equilibrarse por decirlo así, y adquirir en los movimientos
del c.uerpo la soltura n<.!cesaria: agobiándole prematuramente
bajo el peso de una mochil<~, e le hará desmañado y poco
diestro, sus m o vi rnientos vendrán á ser torpe:> y embarazados.
La importancia de esta cuestión es tan generalmente reconocida,
que los jefe de regimiento e resen'an habitualmente fo mular
por sí mi~rnos las regla que deben eguir e á este respecto, y
de ordinario no se u a la mochila más que á partir de cierta época
del año, haciéndole variar prcwr ivamente el peso. Para lograrlo,
y también para evitar el deterioro de los e~ ctos con frecuentt>
S empaque~, no se ponen éstos en la mochila tná que en
ca o de neC'e~idad, y por lo regular se les r en"'plaza, ya con ladrillos,
ya con C'ajas ó saquitos lleno de arena, á los que e da fácilmente
el peso apetecido.
(Continuará)
Que la guerra sea un·a desgracia sin igual para la humanidad,
es cosa que nadie lo niega, y por lo mismo se justifican todos los
esíuerzos que hagan los hombre· de buena voluntad para alejarla
lo más posible, ya que no ~e la puede arrojar de nuestro planeta;
pero sostener que la guerra es impo ible por ca,.Jsa de los perfeccionamientos
d~l material con que se la hace, es error mayúsculo
que puede conducir á de. astres como los que en la actualidad ~ufre
el ejército inglés en el Sur de Africa.
Muchos son los soñadores que en Europa han incurrido en
tan singular desacierto, y au:J cuando ya lo habíamos combatido
en este semanario, no podemo!' dejar de traducir Jo que sigue, inserto
en el número de 9 de Dicicm bre pa ado, de la Revue Scienti-jique,
por la autoridad que tan connotada publicación viene á dar
á nuestras palabras.
La tesis de los verdaderos quimeri tas fue formulada a~í por
Ja pluma de un sabio: al declarar quimera los soldado'> la posibilidad
de extirpar la guerra, olvidan las grandes lt!cciones de la hi toria y
desconocen un hecho in11Lgable, y e que, gracias á lo que ellos mismos
han inventado r.n los últimos treinta añoJ, la guerra se ha convertido
en un imposible, nz una quimera.
Los argumentos en que esa misma pluma apoyó su tesis pueden
resumirse así: el ataque de una posición fortificada se ha he-
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282 BOLETíN MILITAR
es un plano horizontal? Generalmente el objetivo estará más alto
ó más bajo que la trinchera donde se halle el dt-fensor, por Jo cual,
sin sangre fría y buena puntería en altura, su fuego será ineficaz.
Y lo dicho no es todo: el defensor para apuntar tiene que descubrir
la cabeza y el pecho, y á su turno sufrirá bajas con~iderables.
'Hoy día la técnica ha realizado el sueño de que ei manejo
de las armas de acción más terrible exige precisamente menos
atención y sangre fría que en tiempo de los arcabuces.'
"Error también: al contrario, entre más se perfecciona un
útil, mis h.1bilidad se exige en el obrero que lo maneja, y manos
más finas y delicadas. Por ejemplo, dos baterías con los cañones
lisos de otra época podían luchar largo tiempo sin resultado decisivo,
aun cuando la instrucción de ellas fuera desigual. Hoy, con
los cañones de tiro rápido, la batería que por inhabilidad ó falta
de instrucción pierda algunos minutos, á veces uno so!J, estará perdida
ó á lo menos inmovilizada.
"Lo antedicho demuestra además la inanidad de esta otra
afirmación. 'La soJa artillería podrá exterminar ócho veces más
soldados que los que pueden alinear e en un campo de batalla';
porque esto no sucedería sino en el caso en que tales soldados se
presentaran ante la artillería como los blancos de un campo de
tiro, que ni tienen movimiento ni sólben utilizar el terreno; porque
esto no sucederá sino en el caso de que dicha artillería nad"
tenga que temer de los cañones enemigos, y adef(lás ejecute su
tiro con tanta calma y holgura corno en el polígono, y cuente
con jefes perfecto:; que no cometan ningún error de observación
ó apreciación. Quimera! podemos afirmar á nuestro turno. ¿Y esa
artillería podrá contar siempre con municiones suficientes? Gravísimo
problema es este, en el cual no piensa el que escribe los
errores corregidos, y que sin embargo suscita, con razón, inquietudes
en el ánimo de los militares.*
"Seguramente se nos objetará que si el defensor no puede
obten<"r de sus armas todo lo que ellas pueden dar, menor rendimiento
conseguirá el ofensor que avanza al descubierto, sin contar
con que el defensor puede acumular en sus posiciones toda clase
de defensas ú obstáculos que detengan el avance del segundo á
corta distancia de las trincheras y bajo un fuego horroroso; si el
une sufre pérdidas, el otro las contará mayores, y la superioridad
queda en definitiva en manos del defensor, á quien no se podrá
desalojar de su posición, de donde imposibilidad de obtener una
solución cualquiera por medio de la guerra. Pero á tal argumento
replicamos con una sula palabra que olvidan los que se entrometen
en el asunto sin ser militares: la maniobra.
• La derrota de Jos ingleses en el Tugela en Diciembre pasado, dicen l~s rela-to!!,
se debió en parte á habers~ agotado las municiones de artillería. l
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BOLETÍN MILITAR 285
de sorpresa su ataque decisivo. D .... hech0 impondrá al defensor el
momento y el lugar de la respue ta, p()rque no le d~ja libert..td, ni
tiempo de acudir allí con sus r.::serv.1s, y pu:te de su lado toJas las
prvb..tb' liJades de ser el más fuat en el punto d:1d0 d_l campo de
b.1talla. D.!l mismo m do q e Jo h.tcía N .1polec.>n, el a"altante mode-
rno allí acumulará C..Janto;; caJ1one:; pu .... J 1 pMa dominar la artillería
enemiga, y de seguro entre ell >~ los h tbrá capaces de arruinar
con proy~ctdes ex plo:,i vG~ las defensa y tri nch~ras del contrario
par abrir paso á las masas de inCantena.
"Entre más poderosos y perfectos seau los cañones, más serios
serán us efecto.;, más se inclinará La balanz 1 dd Lldo del asaltante.
El grande error '1 u e se comt:te al hacer la apologí.1 de la defensiva
está en representarla siempre provi ta de t )tlO:i sus medio de acción,
olvtdando adrede que el ataque principia por arruinar esos
medios con una poder >Sa concentración de fuego , y dispone á
su placer del tiempo y el espacio para maniobrc.~r. D..:sconóce~e,
por otr.t p· rte, lo fact ·>re · p-icol/)gi o:. que ejercen en la guerra
inlJ uencia tan considerable como la de los fctctores materiale .
"La defen a pre·ieme un peligro inm.inente, pero ignora dónde
y cuándo estallara la temp tad~ y u moral e resiente de semejante
expectactiva. El soldado tendrá el sentimiento de que sus
jefes, en ve"L. de dominar los acontecimientos, están dominados por
ellos, y carece además dd derivativo qu .... procura l..t actividad y el
movimiento. En fin, diferencia capital entre el defensor y el asaltante:
'El defen or no obtiene la victoria sino á trueque de ser
victoriosó eit to·ia la 'lír1ea, e'n 'taÍlto q'ue 'el ' asaltatúe ' tríunfa' con .
sólo que obtenga la ventaja en un punto del campo de batalla.'Yon
der Goltz.
"¿Quién osará al presente negar la exactitud de la siguiente
afirmacion: no hay resistencia, no hay fortaleza que no se domine
por medio de las maniobras?
"Las erradas ideas del escritor citado, sobre el valor intangible
de las posiciones forti licadas y la ~uperioridad de la defensiva
sobre la ofensiva, no son nuevas. A cada perfeccionamiento de las
armas han salido á luz idénticas opiniones: para no citar sino un
ejemplo, recordemos el fusil Chassepot, adoptado en J 866, que
hizo creer que siendo una arma de tiro tan rápido y tan eficaz,
comparada con las anteriore, tenía que hacer imposible todo ataque
dirigido contra una tropa bien apostada. Entonces se trató de
poner en práctica esa quimerd, se retrocedió al tiempo de las bellas
posiciones y se adoptó como norma fatal la resolución de no librar
sino batallas defensivas. Ya en la guerra franco-alemana pagamos
suficientemente caro ese error, para que no nos pongamos en
guardia contra teoría tan nefasta y perniciosa.
"¿Quiere decir lo dicho que nunca convendrá adoptar la forma
defensiva, siquiera sea momentáneamente? Tal no es nuestro
sentir. La ofensiva loca, atropellada, sin plan, sin tiempos de de-
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286 BOLETÍN 1\ULITAR
mora, sin organizac1on sumaria del terreno conquistado, conduciría
al desastre: los rusos se dieron cuenta clara de ello tra" de las dos
primeras batallas de Plevna, y el ardoroso Sk.obelev debió recordar
á las admirables tropas que mandaba la necesidad de consolidar los
éxitos parciales que pudieran alcanzarse.
"U na tropa que protege una columna en marcha, una flancguardia,
no debe buscar el combate y estará á la defensiva; otra
que espera refu~rzos se guard,lrá de atacar antes de haberlos recibido.
Pero estas situacwnes son excepcionales, y todo jefe, obligado
por las circunstancias á defenderse, no dc:=be olvidar que su recurso
supremo no está en el poder del fuego, sino en la disimulada preparaci?
n de los medios de parada y respuesta á la agresión del adversano.
"Muy bien que se trabaje por suprimir Ja guerra confiando
á tribunales internacionales las diferencias que ocurran entre los
pueblos; pero entre. tanto la guerra, lejos de ser una quimera es la
última ratio, á pesar de lo perieccionamiento~ de la. arma , y ~iempre
tendrá una solución . .F ·liz el ejército que tenga que combatir
un adver ario imbuído de las erróneas ideas apuntada sobre el valor
y la invulnerabibd.ld de las po~icioncs fortificadas y convencido
de la superioridad de la def~n iva, porque ·uya será la victoria.
Esperemos que no sea nutstro ejército el derrotado por tales
errores-X."
(Arreglado para el B11lelín Militar)
(Continuación)
La duración de la reacción parece ejercer poca influencia sobre la
constitución del pyrnxylo, r pnr lo mismo se han preconizado desde algunos
minutos hasta cuarenta y ocho horas: ambos términos son exagerados.
El remojo debe durar lo suficiente para que todo el algodón se transforme,
pero una vez concluída la nitrificación, no hay objeto en continuarlo;
al contrario, el ~e ido disucl ve siempre una cantidad apreciable
de algodón pólvora. En tesis general, con algodones bien cardados
y poco comprimidos en los vasos ó pilas de remojo, basta una hora
de nirrificación, pero de ordinario se les deja doce para tener seguridad
de que la operación resulta completa. Es de observarse que un exceso
de ácido sulfúrico en el baño sulfonírrico retarda la nirrificación;
empleando diez partes de ácido sulfúrico y una de ácido nítrico Ja operación
dura ocho horas para obtener un producto nitrado que desprenda
170 centímetros cúbic JS de byóxido de ázoe por gramo.
Durante el baño una rejilla de acero mantiene el algodón sumergido
y le imJ:ide que flote en la superficie, en cuyo caso una parte podría
sustraerse á la acción de los ácidos.
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Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 141", -:-, 1900. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691058/), el día 2026-03-10.
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