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26 BOLETÍN 1\IILITAR
:Cl!lO?.Efl"JO NUMEP.O e :CE 1900
( FEBRERO 1 1 )
por el cual ae crean loa pueatos de Alcaidea de las Cárceles de preaos políticos
El Director general del Cuerpo de Policía Nacional
DECRETA
Art. 1.° Créanse los ruestos de Alcaides de las Cárceles de presos
políticos de Santa Inés, La EnseJ1anza y Colegio del Rosario, empleados
que serán de libre nombramiento y remoción de esta Dirección, con
aprobación del Ministerio rle Guerra.
Art. z.o Los Alcaides de las Cárceles de presos político., estarán á
órdenes de esta Direcció.1 y serán los encarg:tdos de atender al público
en todo lo relacionado con los presos, pudiendo solicicitar el apoyo de
la respectiva guardia siempre que lo necesiten.
Art. 3·u Para los efectos fiscales se asimilan á Comisarios Mayores
de 3.• clase de la Policía Nacional á los empleados creados por el presente
Decreto; y su sueldo se les cubrirá por la Habilitación del Cuerpo,
mediante la presentación de la respectiva nómina con el V iJto .Bueno
de esta Dirección.
Art. 4.° Consúltese con el Sr. Ministro de Guerra, y si fuere
aprobado, cúmplase.
Dado en Bogotá, á 11 de Febrero de 1900.
ARISTIDES FERNANDEZ
El Secretario, Pablo .A. M artínez.
Ministerio dt Guerra-Aprobado-El Ministro, JOSÉ SANTOS
Bogotá, 20 de Enero de 1900
Sres. de la Junta Directiva del Montepío Militar
Examinada por el suscrito la cuenta de la Tesorería del expresado
Establecimiento, correspondiente al mes de Diciembre último, tengo el
honor de informaros de su rcsul tado, así :
MOVIMIENTO DE CAJA EN EL Ml!:S DE DICIEMBRE DB 1899
Débito Crédito
E1i~tencia anterior ....... $ 6,200 57!
A Inter~ses.................. 1,673 75
A Deudorea á mutuo...... 60 ...
Suma ...... .. S 7,924 32!
Por Pensionea . .......... .. 1 825
p, r Fincas rafees........... 414
Por Gasto. generales...... 606
Suma ... ...... S 1,7+5 .. .
Resumen
Suma el Débito .......... S 7,924 32i
Suma el Crédito............ 1,746 ...
Saldo en 31 de Dbre ..... t 6,179 32t
])ios os guarde.
El General Inspector general del Ejército, M. D. MONTUFAR
:..¡
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BOLETÍN MILI'l'AR 227
SECCION DOCtTBIN AL
CAMPA.ftAS NAPOLEÓ .ICAS
(Selección arreglada para el Boietín Militar)
1-ltulia: operucionc• contra Ueaulleu
PosrciONES DEL EJÉRCITO FRANCÉS-3 5,ooo hombres distribuídos en
una línea de J 8 leguas, entre montañas, sin recursos de ninguna especie.
E:agerada exten ión del frente; una ala en peligrosa posición y
adosada á obstáculos casi infranqueables y al mar. Corrección, en parte,
de la mala situación militar, mediante la construcción de algunos reductos.
PostclONF.S o~L EJÉRCITO AUSTRO-SARDo-sz,ooo hombres en Hnea
de 28 leguas de longitud. Exte nsión aún más exagerada del frente de
operaciones; inercia para aprovechar la mala situación del adver ario.
10 DE ABRIL . .At,,qut combi11ado por los atutro-Jtlrdos. Combatt de Poitri-
El jefe austriaco no alcanza,{ discernir cu,íl es el punto decisivo
donde debe herir al adversario, y combina un ataque por completo ilógico,
en el que más de 20,000 hombres quedan inac ivos, y el centroenlace
con lo sardos-re ulta de guarneciclo. El error parece provino
de que Beaulieu suponía en Bonapartc la idea de adueñar e de Génova
á todo trance. Iniciado el ataque, la extrema derecha francesa que ocupaba
á Voltri (Cervoni) fue carg·tda por tierra r por mar, tuvo que
retroceder, y aun ... e hubiera \Ísto copada si Beaulieu dirige algunas tropas
por senderos de la monta1ia hacia la retaguardia 6 línea de retirada
de Cervoni.
· 11 DE ABRIL. CfJmbr1té dt · !111)1Jte...:Legilio__.:._ Tarde comprendió Beaulieu
cucÍl era el punto decisivo, ante el ruido del calión que repercuthn
los ecos de la montafia: el centro estaba en peligro, por lo cual le envió
refuerzos que llegaron tarde: en la guerra el tiempo tiene valor incalculable.
El centro austriaco, en tres column3~, había atacado en Monte-
Legino los reductos de los franceses, y aun cuando tomó dos, fracasó
en el asalto del tercero situado en la cumbre de la altura, por más que
aún no estuviera con el uído. Las ccnsecuenc ias de ese rechazo fueron
Inmensas.
12 DE AB~tiL. BATALLA DE M o 'TENorrE-Bonaparte desde Savona
observaba las operacione5 del enemigo; de la intensidad del ataque sobre
su derecha dedujo cuál era la intención de Beaulieu y la situación
del enemigo. Sin demora ataca de frente y de flanco parte de la derecha
austriaca (centro austro-sardo), la aísla del resto y la derrota completamente.
1 3 Y 14 DE ABRIL Batalla de ll1 il!esimo-El resto de la derecha
austriaca intenta reunirse con los suyos, pero es detenido en su marcha
y rechazado en las gargantas de Millesimo, y hace alto en las ruinas del
castillo de Cosseria para pasar la noche, con la mira de reunirse al siguiente
día con los sardos, pero los franceses no le dan tiempo, lo ata. ..
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BOLE~ÍN MILITÜ
can, y aun cuando fortísima la posición-un monte cuyos flancos ha·
rrían rocas despren:iidas de lo alto-fue rodeada, durmiendo los asaltantes
muy cerca de ]os sitiados, reducidos al castillo. Una de las columnas
francesas pudo, en efecto, reorganizarse, para tentar el asalto,
en un pliegue del terreno que resultó ángulo muerto. El 14, viendo los
austriacos que los sardos no pudieron libertarlos, capitularon.
I 3 Y 14 DE ABRIL. Combate de Cencio-Los sardos, cortados de los
austriacos que estaban en Dcgo, intentan dos veces (1 3 por la tarde y
I 4 por la mañana) vol ver á restablecer su comunicación con ellos, pero
su doble tentativa fue rechazada.
14 DE ABRIL. Primer combate de Dego-Los derrotados en Montenotte
se replegaron á la posición atrincherada de Dego, importantísima
porque su posesión permitía maniobrar á austriacos y sardos para vol ver
á reunirse: la constituían cuatro colinas con sendos reductos y al pie
el río Bormida, que le servía de foso. Los franceses vencedores en el citado
Montenotte llegaron el 13 frente á Dego, fueron reforzados poco
después y asaltaron la posición en cinco columnas, que atacan con vigor
por el frente y un flanco, y pronto hacen suya ]a victoria.
14 DE ABRIL (por la noche). E1putáctdo ftÍctico de /o1 do1 ejértitoJCuatro
días después de abierta la campaña los franceses, concentrado5,
dominaban las breñas del Apenino, y él hermoso ejército austro-sardo
aparecía dividido en varios grupos que obraban sin concierto y sin tener
conocimiento exacto de su mutua situación.
1 5 DE ABRIL. SoRPRESA DE DEco: doble combatt-U no de los grupos
austriacos en marcha haciaDego supo la toma de este lugar en la noche
del 14 al 15, pero salió de la falsa posición en que se encontraba, cayendo
de repente, al amanecer del I 5, sobre el flanco de los franceses,
á quienes sorprende y derrota. A los primeros disparos Bonaparte, que
no estaba lejos, acude con tropas frescas y recobra la perdida posición.
16 DE ABRIL. Toma del campo att·incherado de e eva-Lograda la separación
completa de sardos y austriacos con los anteriores combates,
Bonaparte resuelve dar á los primeros un golpe decisivo: para esto deja
una parte de sus fuerzas enfrente de los austriacos, con el resto cruza ...
los Apeninos • y alcanza el rico valle del Po. Los sardos en el campo
atrincherado de Ceva, bastante fuerte, sólo tenían 8,ooo hombres, y
su jefe apenas resistiÓ allí el tiempo necesario para reunir sus demás
hombres, pues en seguida, temeroso de quedar sitiado en Ceva, apro\·ech6
la noche para abandonarlo y retirarse apresuradamente sobre el
Cursaglia.
zo DE ABRIL. CoMBATE DI': SAN MI~UEL-Los sardos, después de
evacuar á Ceva, se establecieron en Sari Miguel, excelente posición á
cuyo frente rodaba el Cursaglia, torrente profundo; cubría el flanco izquierdo
con otro torrente afluente del anterior, y el derecho lo apoyaba
en el rÍQ Tanaro. Bonaparte no reconoció el terreno, olvido siempre costoso,
por lo que varias de las columnas de ataque resultaron dc::tenicias
por los fosos men:ionados; y aun cuando la izquierda logró pasar el
Cursaglia, intacto el frente, los franceses fueron rechazados.
• Fue en la cumbre de esta serranía donde pronunció las magníficas palabras que re4
fUman lo hecho; "Aníbal cruzó Loa Alpe•; nosotroa los hemos flanqueado,"
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230 BOLETÍN MILlTA.R
recían de puentes, en el río no quedaba una barca y la opuesta riben~ la
guardaban fuerzas numeros· s, Bonaparte tuvo que remontar el río. Reconocimientos
bien hechos informaron al G~!neral francés la ocupación
de Lodi por una columna austriaca y la marcha acelerada de otra, que
venía del Tcsino hacia el mismo lugtr. En el acto rec;olvió dirigirse
sobre Lodi, en la esperanza de cop :u la última c o lnmna citada (Wukassowich),
ó á lo menos impedir n cada uno de sus períodos
en particular. •
Clomo cons(cuencia de una larga práctica, e han llegado á
formuar ciertas reglas, distribuyendo los ejercicios de un modo
perfectamente apropiado á las exigencias de la guerra· y al carácter
de la nación y á las costumbres del país. Jamás orden alguna particular
vendrá á modificar estas reglas sancionadas por la experiencia.
Cada cual conoce su papel; trazado una vez por todas~ y lo
desempeña sin vacilación.
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234 BOLETÍN MILITAR
4.0 Período de servicio de campaña, que dura hasta la primera
mitad de Agosto.
5.o Período d e ejercicios de otaiíJ. Hasta el fin del mes de Agosto.
Estos ejercicios, que no deben confundirse con las maniobras de
otoño, ó grandes maniobras, no son, durante do· ó tres semanas,
sino la repetición de la . evoluciones de regimiento y de brigada
correspondientes al tercer período.
6. 0 Período de grandes maniobras, que alcanza á la segunda
mitad de Septiembre.
Tales son, aproximadamente, las duraciones relativas, con pocas
variantes, de los diversos períodos de instrucción que vamos
sucesivamente á examinar.
Podrá extraílar quizás que no se indique período especial para
lo:; ejercicios de tiro al blanco. Esto se explica sencillamente porque
tales ejercicios tienen lugar durante todo el año de una manera
continua.
r .0 P eríodo preparatorio
Después de la marcha de los reservistas y un descanso de
algunos días, . e empieza á preparar todo lo necesario para la recepción
é instrucción de los reclutas y para la del regimiento en
general.
E~tas operaciones preparatorias comprenden:
I.0 Elección y preparación de im•tructores destinados para los
reclutas.
2.0 Limpieza y arreglo de los uniformes de ejercicio.
3· 0 Asco y reparación de las habitaciones para los reclutas.
Todo esto se ejecuta bajo la inmediata vigilancia del capitán,
y el trabajo se dispone de manera que todo quede terminado el día
del arribo de los nuevos soldados.
Durante este tiempo, la gran pr~ocupación del capitán es la
elección y preparación de los illstructores á quienes h~ de confiar
sus reclutas, puesto que de ello depende casi exclusivamente el '
éxito de la instrucción, y como á causa de la corta duración del
servicio activo es difícil tener un número suficiente de clases
expt"rimentadas, su preparación absorbe completamente durante
este período todos los cuidados y todas las fuerzas del capitán.
Habitualmente se designan como instructores en cada compañía:
I oficial, 3 ó 4 sargentos y de 6 á 9 gefreites.
El capitán confía el cargo de instructor á aquel oficial que
le parece más apto para su desempeño .
.Este oficial dirige entonces la instrucción de los reclutas bajo
la inmediata vigilancia del capitán, quien se esfuerza por dejarle
la mayor latitud posibl , considerando que esa e una condición
indispensable para el mejor éxito de la instrucción y el medio más
adecuado para impedir que el oficial encargado desempeñe con disgusto
esta comisión, tan penosa de suyo, fí~ica y moralmente con-
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BOLETfN MILITAR 235
siderada. A cambio de e ta libertad de acci cín que se le concede, el
oficial instructor es enteramente responsable de lo. hom brts que se
le han confi;,:do. Sobre ellos ejerce su vigilancia, cuidando de que
no sean tratado: brutalmente por lo olJaJos antiguos. A los sargento~
y g;fi·eite que se ponen á . u. órdene da el ejemplo de la
urbanidad y compostura que deb ... ob cn·ar ~ e con los reclutas, á la
vez que estimula su celo para llenar ~ us deberes é impedir toda
violencia ó grosería de su parte.
Para ponerse en condiciones de desempeñar estz comisión, el
oficial e. d obligM:Io á prepararse seriamente durante todo el ptríodo
prepar 1torio. Repa a en detall los reglamentos sobre el servicio
interior y los diverso puntos <.le la in truccic)n individual, esforzándose
por perfeccionar la partes débilc de su instrucción práctica.
Para todo e to se vale de los con ejo de su capitán, en cuya
experiencia puede ca i ie mpre confiar. El capitán, por su parte,
ayuda eA todo á u oficial acon cjándole amigablemente, sin que
por esto se encargue per onalmente de su instruc ión; el papel
mi ~ mo que le incumbe de empeílar b tar para obligarle á estudiar
á fondo todo lo que uece ita saber para llenar una mi ión tan importante
como la in trucción de los recluta .
Respecto á lo argento , el capitán procura elegir uno ó
dos que hayan ra probad us aptitude como in tructores é igual
número de otro del mismo empleo, no mu, modernos y que manifiesten
tener condicione para esta funcionec:.
Obrando de esta suerte, e con igue á la vez dar á los reclu
tas instructore experimentados y preparu otros para el año siguiente.
Esta regla no tiene nada · de absoluta, pero generalmente se
aplica en la forma q11e .es .posible.
Ya <.lijimo . , al hablar del reclutamiento, que los reclutas de
cada compañía forman un pelotón e pecial, dividido generalmente
en tres e cuadras, confiada» cada una á un sargento instructor,
quien se aloja, siempre que se puede, en el mismo dormitorio que
los reclutas de cuya instrucción está encargado.
Cada sargento tiene á sus órdenes tres ó cuatro gefrcite que
están, como él, di pensados de todo servicio · durante el período
preparatorio y el de la instrucción individual. E tos gifrcite le
ayudan en sus funciones de instructor, e tando particularmente
encargado de en eílar á ]os reclutas las reglas del servicio interior.
Como sucede con frecuencia que el pdotón se aloja en varios dormitorios
diferentes, se de igna un gifreite para dormir en cada uno
de ellos. Allí e para los nuevos soldados como un antiguo compañero,
que al vivir en relación Íntima con ello., debe con su
ejemplo inculcarles el espíritu militar y sentimientos de honor y
disciplina. Así pues, se designa para c·ta funciones á aquellos
hombres que adems o ficiales y sold, dos entre sí, aun cuando
pertenezcan á un mi.:-mo regimiento, se hablan también de <'usted."
~1 "tú" no se emplea m~h que entre pariente ~ ó amigos particulares,
y solamente en actos ~u e no sean del servicio.
La duración del cur~o de instrucción e , como ya lo hemos
dicho, de doce á e~ torce semanas, según b exten i6n c1ue le asigna
el jefe de cada regimiento. V amo á examinar cómo se reglamenta
y conduce en la inf(wtería alemana.
Se trata en doce semanas de transformar un recluta en un soldado;
esto es, enseñarle las reglas del combate en orden disperso, el
manejo de las armas, el tiro, la gimnasia y todo lo que es nece.ario
para que, transcurrido este tiempo, pueda ocupar su puesto en las
filas de la compai1ía, tomar parte en los ejercicio,:) d.: conjunto y
desempeñar todos los deberes del servicio milit.ar en tiempo de paz.
Se comprende que para llegar á este resultado pare·¿can pequeños
todos los esfuerzos del capitán, quien debe apelar á toda su experiencia
para elaborar el plan de instruccióll y la progresión que debe
seguirse.
U na progre!:>ÍÓn rigurosa e , en efecto, ]J primera condición
para obtener el éxito dentro de las circun titn ias en que él se en- .
cuentia colocado. Esta verdad está admitida por todos, grandes y
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BOLETÍN MILITAR 239
peqüeños, en el ejército prusiano, y la autoridad superior cuida
enérgicamente de que durante el período de instrucción nada venga
á estorbar ó descomponer la sucesión regular de los ejercicios.
Debemos mencionar también como la parte más caracterí tica de
la instrucción militar, la atención extrema que se presta para fijar
en la inteligencia del recluta toda cosa que se le enseñe. Ningún
instructor r.lebe mandar nada, de cualquiera especie que seot, sin
explicar al mismo tiempo el objeto y utilidad del movimiento que
se va á ejecutar. Es cosa de una importancia particularísima en la
instrucción de los reclutas, para los cuale sin estas explicaciones
resultarían los movimientos completamente incomprensibles y hasta
llegarían á parecerles inútiles. Además, teniendo presente el capitán
que la práctica de ejercicios á los cuales no está habituado el
nuevo soldado debe producirle fuertes molestias físicas y morales, y
que prolongándolos mucho tiempo desde el primer día, se expone á
agotar Ja¡ fuerza de sus hombres y á comprometer el éxito de la
instrucción. Así pues, en todo el ejército alemán, hasta en los más
pequeños detalles, se gradúa la instrucción de una manera extremadamente
metódica y discretamente progre iva.
Señalemos aun el hecho de que jamás disposición alguna ha
sido dictada por los superiores para reglamentar la in trucción de
lo recluta . Todas las circulares ó reglamentos vigentes se concretan
á indicar el fin que se debe alcanzar, e vi tan do cuidadosamente
y por principio todo lo que pueda conducir á los detalles
de la ejecución. Al jefe directo, es decir, al jefe principal d~l rcg
' miento, incumbe decidir ha taqué grado debe conducirse la instrucción
de los soldados en cada época del año. Por lo que respecta
al procedimiento de la instrucción, división del tiempo que se dedica
á ella y progresión que debe seguirse, son cuestiones de la
e ·cJusiva incumbencia del capitán. · Entera y ·plena libertad :.e le
Cmpañía distribuídos en pequeños grupo5 que irLtruyen los sargentos
y los gifreite. El teniente instructor va de un grupo á
otro, siguiendo con atención todos los movimientos de los soldados
y la manera como los sargentos dan la instrucción. Si nota una
falta, jamás se dirige al soldado que la comete, sino al instructor,
á quien ordena la rectifique. Sólo en el caso de no ser comprendido
es cuando corrige por sí mismo lo hecho por el recluta.
N o lejos de allí se pasea de un lado á otro el capitán, sin perderlos
de vista, pero sin hablar más que á Sil teniente, á quien se contenta
con llamar la atenci<'5n sobre este e) el otro punt .
De cuándo en cuándo aparece igualmente el jefe del batallón
y el del regimiento, y pa an echando una rápida ojeada sobre la
instrucción, pero sin detenerse mu ho tiempo eu el mismo lugar,
porque temen que permaneciendo demasiado réltO cerca de una
compañía, se restrinja la independencia del capiüin y se quebrante
la confianza que u oldados deben tener en él.
El establecimiento de programas ernanales de que hemos hablado,
no tiene nada de obligatorio, y algunos capitanes prefieren
conducir la instrucción día por día, arreglándola ó reglamentándola
como lo juzguen conveniente. Pero el fin que se per igue, como
ya hemos dicho, y al cual tienden toJos los e fuerzos, es lograr
una gradación de ejercicios razonable, para no fatigar desmcdiJamente
á los nuevos soldados ni hacerle5 desagradable desde el primer
día de servicio su nuevo oficio. Así, por ejemplo, en la primera
semana habrá dos horas de ejercicio por la mañana y hora y
media por la tarde; en la segunda y tercera, dos horas y media por
la mañana y dos por la tarde, y en la cuarta, dos horas y media á
mañana y tarde.
Antes de cada sesión, los sargentos y ¡;ifreite deben revistar
á los soldados y asegurarse de que todas sus prendas e encuentran
en buen estado, lo cual harán con la debida anticipación, para que
el ejercicio pueda comenzar á la hora prescrita por el teniente
instructor.
Los reclutas son objeto de una vigilancia constante, hasta el
extremo de que durante la seis primeras semanas d~ su tiempo de
servicio no pueden salir del cuartel sin ser acompañados de su
gifreite. Es una medida que tiene su importancia, p•rticularmente
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242 BOLETíN MILITAR
del tiro, se facilita para lo futuro. Otros, por el contrario, deteniéndose
más en la gimnasia, no ponen el fusil en manos de los
rtclutas hasta la cuarta y aun la sexta semana.
En todo caso, los jefes de batallón y regimiento se abstienen
rigurosamente ue intervenir, y dejan plena libertad á los ca
pi~anes. Ocurre con frecuencia que viendo el coronel dos capitanes
de compañía que difieren por completo de parecer, é instruye
cada uno sus soldados por el método que ha imaginado, declara
alta !Dente que sigue con el mayor interés el experimento, y espera
impaciente el día de la inspección de los reclutas, para que
pueda probarse cuál de los dos sistemas da mejores resultados. No
puede menos de reconocerse que obrar de e5ta suerte, es para
un jefe de regimiento el medio más seguro para excitar á sus
capitanes á hacer física y moralmente los mayores esfuerzos para
llegar del modo más directo posible al fin que se hayan propuesto
alcanzar. La instrucción de los reclutas viene á ser para los capitanes
una verdadera lucha de emulación, que la au oridad superior,
y aun en ocasiones la literatura militar, siguen con el más vivo
interés en su~ diversas fases. De cualquier modo que sea, se llega
siempre en último término á tener soldados bien instruídos. Bien
entendido que toda esta libertad no va más allá dd método y progre
ión que debe segu1r e para la en eñanza; pue• en cuanto á la
naturaleza de ella, está determinada por los reglamentos militares,
á los cuales todo el mundo se somete estrictamente.
Escuela de tiradores
Esta instrucción comienza desde la segunda semana, y se da
cada día durante hora y media. En las seis primeras semanas, los
sargentos ejercitan aisladamente sus grupos en los toques de corneta,
que hace tocar el teniente instructor, colocado á retaguardia á
cierta distancia. De la séptima á la décima semana esta instrucción
no se da más que un día sí y otro no, y á partir de la undécima, el
teniente forma todos los reclutas de su compañía en una columna,
constituyendo cada grupo un solo pelotón formado en dos filas.
Los tres pelotones se colocan uno detrás de otro, y se obtiene así
una pequeña columna de compañía, que el teniente ejercita como
si fuera una compañía entera. Lo::, soldados pueden darse cuenta
por este medio de las diferencias que existen entre el orden disperso
y el cerrado, así como de los movimientos y formaciones particulares
de este último. Es para ellos la mejor preparación para la escuela
de compañía, á la que generalmente se pasa hacia hi trece ó
catorcena semana después de su incorporación.
Ejercicios de puntería
Son objeto de una instrucción á la que se dedica media hora
cada día.
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llOLETfN MILITAR
Se empieza siempre por enseñar á visar los objetos apoyando
el arma en un soporte y colocando al recluta frente á un blanco, á
fin de ejercitarle en dirigir la línea de mira sobre tal ó cual punto
que le indica el sargen_,to . .En seguida se le enseña á apuntar á brazo,
Juégo rodilla en tierra y por último cuerpo á tierra •
Como complemento de esta instrucción, lCJs gifrút~ enseñan
á los nuevos soldados el mecanismo clel fusil, las prescripciones relatí
vas á su conservación, á armarlo, desarmarlo, etc.
A partir de la quinta semana, los reclutas empiezan los ejercicios
con fusiles provistos de cañones para el tiro reducido. En
cua.Q!o al tiro real, es bastante difícil decir cuándo empieza para los
reclutas; la época varía mucho de unas compañías á otras, según la
manera de ver de cada capitán, de suerte que en el acto de la inspección
de los reclutas, los de ciertas compañías no han disparado
más que 10 cartuchos mientras que en otras han tirado hasta 40.
Trataremos de este punto en el capítulo consagrado á la instrucción
del tiro.
Gimnasia
Ba1jo este título se comprende:
1.0 Ejtrcicios preliminaru •, divididos en tres series de dificultad
creciente y de las qu~ cada una comprende movimientos de
cabeza, del cuerpo, brazos y piernas, así como el salto á pie firme
ó avanzando, la carrera, etc. .
Esta instrucción S'! da primero durante las sesiones de escuela
del soldado, en intermedios de 10 á I 5 minutos, con el objeto de
romper la monotonía. Más tarde se le dedica~1 ~esiones . especiales.
2.0 Estos mi. mos ejercicio:s prelimilures se ejecutan también
con el fusil, provistos p.ara e ~ tt caso los reclutas de fusiles especiales
llamados armas de esgrima * y de un peso superior al del Máuser.
El trabajo se hace así en condiciones más difíciles que la realidad, lo
que no puede menos de ser ventajoso.
3·0 La esgrima de bayoneta, ó mejor dicho, los ejercicios preparatorios
hechos sin armas. La esgrima con armas no forma parte
del curso de instrucción. No obstante, el instructor se provee de
un fusil á fin de hacer comprender á los reclutas el objeto de los
movimientos que les manda.
• Para la enseñanza de la puntería emplean unos pequeñes aparatos que fijan en lu
piezas del alza del fusil y que permiten al instructor saber si el recluta apunta convenientemente
al blanco.
• Estos ejercicios preliminares son lo que en Francia se llama assoupli.tumetJt.,
ejercicios prepar_atorios que, aplicados á b gimnasia, c .mstituyen los trabajos de gimnasia
higiénica sin ap3ratos, ó lo que en España se llama gimnasia de 1al(1. Hay completa semejanza
con los ejercicios gimnásticos que prescribe el reglamento, comprendidos bajo el
titülo de Ejercicius prelimin'lres.-(N. del T.)
• Generalmente son fusiles Yiejos fuera de aervicio1 ¡uarnecida la punta de h bayo•
"eta c;on un botón.
•
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2M BOLETÍN MILITAR
Estas diversas instrucciones están minuciosamente reglamentadas
en los programas q'Je fijan los capitanes, en los que cada uno
de ellos se esfuerza por adoptar la progresión y el método que les
parecen preferí bies.
+·o Ejercicios gimnásticos en los aparatos.-Los principales son:
barra transversal establecida á altura franqueable; caballo de madera;
valla de cuerdas; cuerda vertical, y mástil y viga transversal. ~a
duración de los ejercicios es de tres cuartos de hora por día próximamente.
Durante las cuatro primeras semanas todos los grupos son
uniformemente instruídos por un sargento. Después ae dividen
en dos partes, confiadas cada una á uno de ]os gefreite y comp estas:
una de los hombres más ágiles y otra de los menos. Todos estos
ejercicios tienen un carácter esencialmente práctico y los instructores
no hacen ejecutar uno solo sin explicar la aplicación que
puede tener en campaíia, con el objeto de dar á los soldados el medio
de utilizar sus conocimientos gimnásticos, salvando los obstáculos
que ae ·les puedan presentar en la guerra.
Instrucción sobre la reparación de los enseres y conservación de las armas
Esta instrucción se da á los hombres de cada grupo por un
sastre designado ad lzoc en el taller del regimiento. Los soldados
aprenden bajo su dirección á hacer por sí mismos, de una manera
conveniente, las pequeñas reparaciones que sus ropas puedan necesitar,
tales como: poner un botón, recoser un roto, etc., vigilado
todo por un gefreite que á la vez se encarga de enseñarles á cuidar
y limpiar las armas.
Instrucción de toques de corneta
Tiene lugar comúnmente por la tarde. Un corneta colocado
en medio del patio del cuartel ejecuta los distintos toques á intervalos
dados, y los gefrei te hacen la explicación á los soldados reunidos
á su alrededor en sus respectivos dormitorios. Con frecuencia se
utiliza para este ejercicio eJ tiempo dedicado á la limpieza de las
prendas y también para distraerles durante las horas que se dedican
á la reparación de enseres ó limpieza de las armas, ejercitándose
en cantarlos á coro.
Instrucción teórica
Comprende las obligaciones militares, el serviciO interior, el
de campaña y la teoría del tiro. No hay respecto á este asunto prescripción
oficial alguna; sólo sí un sinnúmero de manuales, entre
los cuales el que generalmente se observa es el de Weisshun •.
• Dienstunterricht des preussischen lnfanterie ¡emeinen, von Wcisahun.
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BOLETÍN MILITAR 24:5
Esta instrucción la da siempre el teniente instructor por sí
mismo, á razón de uno vez por semana, durante Jas cuatro primeras,
dos veces en las cuatro siguientes y tres en las cuatro últimas;
bien entendido que esta regla no es absoluta, pero por regla
general el número de lecciones va siempre en aumento desde el
comienzo hasta el fin de Ja instrucción. Al oficial encargado corresponde
determinar la progresi6n que debe seguirse. Debe igualmente
enseñarles las principales leyes militares, * con preferencia
las que les interesan más directamente. Por sí mismo redacta su
programa, que somete á la aprobación del capitán de la compañía.
La enseñanza se hace por medio de explicaciones orales entremezclando
numerosas preguntas dirigidas de improviso á los
soldados con el objeto de mantener siempre despierta su atención.
La distribución del tiempo y de los ejercicios depende únicamente
de los capitane~ y varía hasta el infinito. Como ejemplo de
programas de instrucción, vamos á dar el siguiente, dictado para
la primera semana de instrucción de loe; reclutas por uno de Jos
capitanes más experimentados del ejército alemán, y á él agregaremos
el programa del empleo del tiempo para un día de la cuarta
semana.
Orden para la primera semana de instrucción de los reclutas
La instrucción de los reclutas durante la próxima ~emana
aerá regulada como igue:
1 ." Duración de la instrucción-Todos los días por la mañana,
de 8~ y á I J~, comprendido aquí el tiempo necesario para ir
al ejercicio y un corto descanso de 20 minutos á eso de las 10.
Por la tarde de 2 á 4· P.or la noche de 6 á 7.
2.0 Trait!-Gorro, ·sin equipo ni armas. Inspecciónese minu ·
ciosamente el uniforme antes de salir. El soldado veterano encargado
de vigilar la limpieza de las prendas será respon able de toda
irregularjdad. Lo hombres se acostumbrarán así al aseo, que es la
primera virtud del soldado.
3.0 Ejercicios-Posición del soldado sin armas; marcha á discreción
*; cambios de dirección; marcha de frente; alineamientos
á vanguardia y retaguardia, etc. Los di versos movimientos individuales
deben enseñarse á cada hombre aisladamente y sin voces de
mando. Estas no serían entendidas por el recluta que las desconoce
aún. Es preciso primero colocarle correctamente é indicarle después
las voces de mando que corresponden á cada posición que se
le hace aprender. Exíjase que el soldado al marchar lo haga con aire
marcial, pero con naturalidad y sin rigidez. Los ge/rttte sobre t'0do
• Lo que lo alemanes llaman: Los artículos de guerra, Kriegs .Artikel.
De dese:use serÍ:t que nueJtros instructores se miraran en este espejo.
• Este ejercicio no tiene otro objetó que hacer adquirir al recluta marcialidad y soltura
cuantio marche aislado.
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246 BOLETÍN MILITAR
deben enseñar con el ejemplo: al principio que ejecuten pasos cortos,
alargándolos después poco á poco bajando ligeramente la punta
del pie. Es mejor al principio no hacer apoyar las manos en las
caderas, lo que hace tomar al soldado una posición violenta y molesta.
No recurrir al paso de ejercicio (balancirschritt) más que
con los m á:, torpes.
4.0 Rendir honores -Priméro saludando con la mano ; en
marcha la cabeza levantada, haciendo frente por tiempos. No enseñar
este último movimiento desde los primeros días, porque su
ejecución ex1ge cierta preparación.
5.o Ejercicios pre/iminares.-Mantenerse derecho, las manos
en las caderas, levantar y bajar las puntas de los pies. Flexión de
rodillas, levantar los pies alternativamente. Todo esto como preparación
á la marcha acompasada. 1\1ovimientos de torsión. Extender
los brazos hacia adelante, atrás y á los lados, marcando los
tiempos en voz alta. Giros de cab~za. Préstese al principio la mayor
atención á estos ejercicios, qu~ se ejecutarán siempre una hora
antes y otra después de la comiLla. Desarrollan el cuerpo, dan flexibilidad
y constituyen la m ejor preparación y el me io más seguro
para ejecutar bien los ejercicios ulteriores. No se haga jamás un
movimiento sin explicar para qué sirve y qué parte del cuerpo
tiene por objeto de arrollar. D .... e te modo la lección se comprende
mejor y e· más instructiva. A 1 comenzar Jebe ser dada á cada
hombre aislauarnen te.
6.0 /rzstrucción teórica-Indicaciones generales sobre Ja vida
militar. Termí:1ese cada lección con la explicación de los toques
de corneta. La paciencia debe ser la principal cualidad del instructor.
El o6.cial vigilará atentamente á los sargentos, cuyas explicaciones
y preguntas no suelen ser siempre m• y claras, como
consecuencia de la poca confianza que tienen en sus propios conocimientos,
cosa muy natural si se toma en cuenta la brevedad de
su tiempo de servicio.
Cuadro del empleo del tiempo en un día de la 4~ semana
MANA NA
A laa 6 ......... Se levantará la trop~.
A las 7......... Desayuno.
De 7i á 8t .... Instrucción teórica
A las S t........ Salida para el ejercicio.
De 9 á 9i .. . . . Ejercicio de puntería.
De 9i á 11 i ·.. Maniobras.
A lu u........ Comida.
TARDE
A la 1 i .. . . . . .. Salida para el ejercicio.
De 2 á 3-l- ..... Maniobras.
De 3t á 4•····· Gimnasia.
De 4 á 4t ... ... Ejercicios de puntería.
{
Instr ucción sobre la conDe
5 t á 6 i . . servación de las armas
y enseres.
De 6~ á 7 .... Instrucción de toques.
A las 7......... Cena.
A. las 9... . ..... Se acuesta la tropa.
( Continuará)
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248 :BOLETÍN MILITAR
pasa el algodón por una carda para que sus fibras queden netamente separadas;
un aparato especial lo arregla de modo que no se apelmace
durante el remojo, por cuanto los apelmazamientos harían desigual la
temperatura del baño en que se humedecen dichas fibras.
Antes de sumergir el algodón en el baño debe secársele completamente,
porque la más ligera humedad eleva la temperatura de los ácidos
y podría provocar inflamaciones, pues es sabido que toda combinación
de los elementos del agua con un ácido concentrado dc~prende calor.
Además, la presencia del agua di~minuye la concentración de los ácidos.
El algodón así preparado se sumerge en una mezcla de ácido nítrico
blanco á 480 Beaurnc y de ácido sulfúrico á 66. Los vapores nitrosos
disueltos en el ácido nítrico dan á éste un tinte arnarilloso y aun
rojizo: tales vapores disminuyen ]~ estabilidad del pyroxylo, pero contribuyen
á aumentar su dosis de bióxydo de ázoe.
La composición de la mezcla sulfonítrica y. la operación del remojo
varían según los preparadores. El General austriaco Von Lenck
empleaba una parte, en peso, de ácido azótico ( 1.48 á 1. 50 de densidad)
y dos de ácido sulfúrico (á 66°). En Bouchet se usa un volumen
del primero (á 48°) por dos del segundo (;¡ 66o). La mezcla más favorable,
según A. Poteaux, á quien seguimos en este estudio, parece
ser tres partes (en volumen) de ácido azótico á f8°, por siete (en volumen)
de ácido sulfúrico á 66o.
El ácido sulfúrico no interviene en la operación: su uso no tiene
otro objeto que el de absorber el agua á medida que la pone en libertad
la reacción y conservar así la necesaria concentración del ácido nítrico.
Cuanto al remojo, se han ensayado todos los géneros posibles, á
fin de utilizar varias veces el mismo baño y así realizar una cierta economía:
hase notado que los ba1íos agotados por el servicio pueden utilizarse
otra vez, añadiendo en proporciones convenientes ácidos nuevos;
pero este sistema tiene el grave defecto de no dar productos siempre
iguales. En la actualidad se sumerge poco á poco una parte de algodón
en diez de mezcla sulfonítrica: es preciso no introducir en el
bafio de una vez grand~s cantidacles de algodón, para evitar el peligro
de las inflamaciones. La o peración se verifica en potes de asperón, en
los cuales no se nitrifican de un golpe sino 5 kilogramos de algodón.
(Continúa) --···--
INFI/C'ENOI.A.
DEL NÚMERO EN LA GUERRA
(Extracto de Pri11cipes generaux des plans de Campag11e)
(Continuación)
Un ejemplo acabará de completar el asunto. ¿Cómo determinar,
supongamos, la conducta de un ejército encargado de cubrir
un sitio cuando llega otro de socorro ? ¿Saldrá al encuentro de
éste? ¿Lo espera en las líneas del sitio y cerca de la plaza? El prb-
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BOLETfN M1L1TAR 249
blema así planteado queda indeterminado porque es susceptible de
diversas soluciones; pero para resolverlo en cada ca o particular nc
hay que atender sino á la fuerza respectiva de los dos ejércitos.
~'Un ejército que quiere sitiar una plaza enfrente de un ejército
enemigo, debe ser bastante fuerte para poder contener la tropa
dr. socorro y al mismo tiempo formalizar el asedio. Los ingenieros
militares piden que el sitiador sea siete veces más numeroso que el
sitiado; si el ejército de socorro cuenta 8o,ooo y la guarnición
1 o,ooo, será preciso tener
(8o,ooo+(7 X 1o,ooo)= 1 so,ooo hombres
para sitiar la plaza. Reduciendo la fuerza encargada del sitio al
mínimum, es decir, á cuatro veces la guarnición, serán necesarios
(8o,ooo+(4>. 1o,ooo)= 12o,ooo hombres;
si no se contara sino con 9o,ooo, el ejército de observación no podría
ser sino de so,ooo hombres:
90-(4 X 10,000)= 50,000;
no tendría entonces independencia, y preciso le sería estar en situación
de ser socorrido en pocas horas por Jos sitiadores; si sólo se
dispusiera de 8o,ooo (es decir, que todo nuestro ejército apenas es
i~ual al de socorro), no quedarían sino 4o,ooo para el cuerpo de
observación. Preciso sería entonces que el todo se mantuviera en
las línea; del asedio, pues correría peligro al alejarse de ellos."Napol
tn, Comentarios sobre las campañas de ·rurena.
De lo dicho resulta claramente que los cálculos de los grandes
capitanes no tienen otra base fundamental sino las fuerzas en prt:sencia,
y ante. t~d asuntos políticos,
marchad como si no existieran, pues si me veo en el caso de tener
que dar un golpe, mis medidas están tan bien tomadas y con tanta
seguridad, que Europa no sabrá mi partida de París sino por la
ruina de mis enemigos."
En 1807, el 13 de Marzo: "1vli intención es marchar sobre
el enemigo dentro de unos quince días; por medio de marchás
cstudiad:1s puedo reunir 140,000 hombres y exterminarlo."
Y esa confianza en el éxito, cuando se tiene Ja superioridad
numérica, no es el todo: si la superioridad es grande, el ejército no
sólo e ·tá seguro de la victoria en una batalla campal, sino que impávidamente
puede exponer su espalda adelantándose ai enemigo
en la línea de ret irada d e é te, el cu a l, lejos de poder aprovechar la
en apariencia buena oportunidad, se verá obligado á correr á colocar
e d~ nuevo, lo más pronto posible, sobre !'U línea de retirada en .
peligro.
Por ejemplo, comentando apoleón los sucesos de la campaña
de .fvloreau en Alemania en 18oo, escribió: "¿Qué debía hacer
el General francés para sacar al Mariscal Kray de su campo· atrincherado
? U na sola cosa: tener voluntad, seguir un plan, por cuanto
le pertenui'a la iniciativa; estaba vencedor y tenía un ejército más
num eroso y de mejor calidad ..... El ejército austriaco podía abrigar
la pretewión de combatir y derrotar las divisiones francesas aisladas;
pero no podía luchar con el ejército de Moreau reunido."Napoleón,
Mem6rias.
¿Habrá algo más :,en cilio? Un ejército es amenazado por su
espalda por otro inferior en número: vuelve caras, lo ataca, lo derrota
y le copa toda retirada á causa de ]a posición misma que el enemigo
tomó para ejecutar su amenaza. Admira en verdad esta sencillez
de lenguaje y la tranquilidad de alma y la confianza absoluta
que suponen en el general cuyo ejército es superior en número al
enemigo, por cuanto reduce á nada los temores quiméricos de los
soúst.l .
Y no .se diga que en l~s ejemplos anteriores sólo puede verse
la confianza del Emperador en su genio, en el cual hallaba recursos
tan inagotables, que nada le inspiraba temor, y así nada podría temer
quien estuviera en su lugar. Sin duda esa confianza llenaba su
alma, pero no hasta el punto de que por puro capricho se expu-
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252 BOLETíN MILITAR
sidente Madrid salió de Chía precipitadamente con dirección á
Popayán, y Serviez se situó en Usaquén, á una legua de Santafé.
Las avanzadas del ejército aprehendieron un correo que el Presidente
Madrid enviaba con pliegos á Morillo, en qu~ manifestaba
su decisión á capitular y devolver al dominio del Rey los pueblos
que aún no lo estaban, y su pesar de que la oposición del ejército
de Serviez le hu bie e impedido llevar á efecto sus intenciones y los
deseos del Congreso federal, que había facultado al Presidente para
esta negociación * . .Felizmente para todos los que estábamos destinados
por Morillo al cadalso, y me atrevo á decir que también
para la Nueva Granada, todos los jefes y oficiales nos impusimos
de estas comunicaciones, y las ~abíamos de momoria cuando llegó
una orden del Presidente .~.\1adrid desde Funza, dirigida á mí, previniéndome
que diera pasaporte á Serviez y á todos los oficiales
que quisieran acompañarlo, y que me retirase con las tropas hacia
Popayán. ¿~ién, que hubiera conservado un poco de pudor, habría
cumplido una orden que llevaba envuelto el sacrificio seguro
de ser entregado á los españoles por una negociación? ¿Y con qué
tropas se había de hacer la retirada, cuando en el ejército se había
creado la opinión de que sólo en los Llanos podía encontrarse
salud para la patria, puesto que en Veuezuela habían quedado Cedeño,
Zaraza, Monaga , Rojas, haciendo frente á los españoles, y
que bs Llanos ofrecían abundantes medios de prolongar la guerra
sin nece. idad de fusile , de pólvora ni plomo, lo que no sucedía en
la parte montañosa del Sur? Hoy, que han pa ado veintiún a-os
desde dicho acontec-imiento, me felicito de haber encontrado gravísimos
inconvenientes para cumplir la orden de Madrid, y sal ado
unos resto que después ayudaron á la libertad de la Nueva
Granada en 1 8 I 9·
Yo manife té á Serviez la enunciada orden, y le pedí que n
junta general de jefes y oficiales se decidiese sobre su cumplimiento,
porque st había quienes me siguieran, no la cumpliría; Serviez
reunió la junta, hizo leer la orden y los oficios de Madrid á Mori1lo,
y esto fue bastante para que ni uno solo opinase por retira:-se
al Sur, abandonando la ruta de Casanare.
El ejército pasó por Santafé en retirada el 3 de Mayo, y el del•
enemigo comenzó á entrar á la ciudad el 6; .tan inme~liatos así estaban
uno de otro. Adelante de Cáqueza (8 á 10 leguas de Bogotá)
fue alcanzado el nuéstro (ya reducido á sólo 8oo infantes y 1~0
dragones, porque toda la demás caballería se había desertado) por
do compañías enemigas, á las cuales hicieron frente sólo los d·agones;
éstos las habrían derrotado si no hubiera sido muerto su
Comandante Espinosa y herido el Mayor Ugarte, que aún v ve
• El Dr. Macldcl, después de su regreso á Colombia en 1824, no negó este hecho,
sobre el cua.l expuso las razones que lo habían inducitlo á ejecutarlo. Exi1teu
el Gencr.al Mantilla, el General Parí~, el Sr. Burgos, el Coronel Neira, los Oficiales
Eu taquto Arce y C:ulos Ortega, que deben recordar estos ucesos.
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dicha Junta. No me acuerdo hoy de todos los que la compusimoos;
apenas tengo presente al Coronel José María Carreña, hoy Genneral,
y al Comandante Ranjel. Discutido el negocio, se acorrdó
nombrar un Presidente que, con un Secretario general, ejerciese.! la
autoridad superior, y un Jefe para el ejército reunido. La Presideencia
recayó en el honrado granadino .Ferpando Serrano, que habbía
dado muchas prueba , de actividad y patriotismo, siendo Gober adar
de Pamplona, y la Secretaría en el ilustrado y buen patrioota
Francisco Javier Y áñez, hoy existente en Casan are. Parecía nattural
que el nombramiento del Jefe del ejército hubiera recaído em el
General Rafael U rdaneta, como de superior graduación 1 experrto
en la guerra de Venezuela, ó en otro General, antes que en nní;
pero los jefes de la caballería tenían anteriores resenti míen tos ccon
Urdaneta; Serviez ra extranjero; yo vi con sorpresa que, hec ho
el escrutinio de los votos, resulté nombrado. Inútiles fueron toalas
mis súplicas para inhibirme: los militares de la Junta se mostrarron
inexorables.
Demasiado preveía yo que todo lo que SP. estaba haciendo se
desbarataría el día que lo quisiese alguno de aquellos Jefes, que wor
la analogía de costumbres debía tener influencia sobre los llaherros;
ya para entonces se me había tachado de enemigo de los venezol1anos
con motivo dé las diferencias suscitadas en Cúcuta entr'e .molívar
y Castillo. El re ultado correspondió á mis recelos: á los dios
meses de mi nuevo mando, los emigrados de Venezuela hicierron
revivir los celos entre granadinos y venezolanos, que tanto se lhabían
fomentado cuando Bolívar bloqueó á Cartagena en 1815. Se
quiso deponerme del mando haciendo rebelar á tres escuadrones, y
yo lo impedí presentándome con mi espada en la Junta de Olic.iales,
que estaban disponiendo el modo de verificarlo, y después frrente
á dichos escuadrones. Este pasaje deben recordarlo el Gen~ral
Páez y el Coronel Fernando Figueredo, que son los que viven de
de los que se hallaron en aquella Junta. El General .Flórez Y' el
General Urdaneta lo saben también. Reprimida esta tentativa, yo
no debía continuar mandando unos hombres propensos á la relbe- ~
lión, y en un país donde se creía deshonroso que un granadüno
mandase á venezolanos. No otra podía ser la causa de esta crecenda,
porque hasta entonces no había ocurrido el menor comb1ate
contra el enemigo para que me creyesen incapaz de dirigir wna
operación militar, ó de llenar mi deber. Renuncié el mando amte
el Presidente Serrano, me fue aceptada la renuncia, y nombró al
Comandante José Antonio Páez, distinguido siempre por un valor
personal poco común. Colocado Pácz al frente de sus tropas, decretó
la cesación de la autoriciad civil creada en Arauca, y declaró
que él reunía todo el poder que podía necesitarse en él país: organizó
el ejército en brigadas de caballtría, confiando la primera a)
General Urdaneta, la s~gunda á mí y la de reserva á Serviez, reserva
respetable, que contaba entre sus soldados á los hombres ilus-
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DOLETiN MILITAR 255
tres de Venezuela y Nueva Granada, que habían seguido al ejército
huyendo de la cuchilla española.
(Continúa) F. DE P. SANTANDER
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V .ARIEDADES
,
El.. OEOOO .A. MEDIADOS DEL eiGI.O
POR SANTIAGO PÉHEZ
(Continuación)
En él Chocó no hay grandes propiedades de territorio; en el
Chocó cada cual puede poseer ó posee la extensión de tierra que
alcanza á cultivar : y, sin embargo, lo repetimos, en el Chocó no
hay, ni habrá quién sabe hasta cuándo, independencia en los habitantes.
Pero se nos dirá que el ejemplo del Chocó no tiene mérito
demostrativo, porque los negros que lo habitan on semibárbaros.
A lo cual conte taremos, asegurando que no ~ólo son semibárbaros,
sino bárbaros por entero ; pero entonce., siendo bárbaros, y
siendo ó pudiendo ser, cuando lo quieran, propietarios, y no siendo,
sin embargo, independientes, lo que les falta es civilización}' no prqpiedad
territorial ; y que, por lo tanto, no es é ta sino aquélla la
que forma al ciudadano.
Mas puede decírsenos: de nada vale en el Chocó el poseer
tierra, porque el estado en que s~ encuentra de exigir anticipaciones
para d~smontarla . y hacerla salubre y cultibable, por una parte,
y la falta de población y de facilidades comerciales, por otra, no
permiten que tierras que se hallan en tales circunstancias, tengan
verdaderamente valor, mientra; esa· circum>tancias no varíen.
A lo cual contestaremos : cabal ! Luego la tierra por sí sola
carece de valor, hasta que con anticipaciones para poblarla y hacerla
cultivable y transitable, se convierte su intrínseca utilidad
pasiva en valor activo ; además, y principaurtente: luego si la propiedad
de tierras que aún no tienen valor, no da, como es claro,
riqueza, y es por tso que no da tampoco independencia, como sucede
en el Chocó, éntonces, concediendo por ahora que la riqueza
en cierto grado dé por sí soJa independencia, cuando la propiedad
de tierra la dé, no lo hará porgue sea propiedad de tierra, sino por
ser verdadera propiedad, ó propiedad de valor. Es decir que, en
la misma hipótesis, no es la tierra como tierra, sino la tierra como
valor, lo que se quiere, poniendo límite á su apropiación, colocar
al alcance de todos, para asegurar, según dicen, á todos su independencia
facilitándoles la propiedad.
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De aquí nace, pues, que aun en el caso de tener raz6n JoJ
partidarios de la limitación de la propiedad territoriaJ, en el fondo
no tienen lógica en su doctrina; pues para ser cónaccucntcs debían
sostener la justicia de limitar toda propiedad de tJaiDr, ya consistiera
éste en tierras, ya en metálico, ya en fábricas, ya en conocimientos,
etc.
Confesemos de paso que nosotros ho atinamos con la extensión
de tierra, que se permite poseer, cuando sólo se permite pgseer
la que uno a/ca'lct á cultivar. Si es la que alcance á cultivar con
sus propios brazos, unos podrán eer más, otros menos, y algunos
ntda podrán poseer, porqué! nada podrin cu1tivtr. Y si es la
que uno alcance á cultivar con su capital, a~más de suceder otro
tanto por la desigualdad de los capitales, ¡se sostiene por alguien
la necesidad de leyes que impidan al ciudadano hacer -el mal negocio
de arruinar e con la compra de tierras que no alcance á beneficiar,
para pagarse de sus anticipaciones y del valor invertido?
Por cierto que prosperaría mucho el Chocó, y lo mismo cualquiera
otra provincia que se encuentre en las mismas circunst -
cias, no permitiendo á lo dueños de capitales suficientes para emprender
las industrias que requieren grandes exten iones de "erra
el adquirirlas, sino fraccionando el territorio baldío en pequ - at
divisiones, y danCio á cada prfl/llarifJ la suya, para que dejara de
serlo, aun cuando no poseyera los medios indispcn ables para. utilizar
su propiedad, en )a cual seguramente se encerraría á per~r
de necesidad, por no descender otra vez á la condici6n de JOf_ •lero,
sacrificando su independenaa, asegurada ya pw su fiud• ;,4-
Ji,nab/e ••• ••••••
H'ce~ la navegación por los ríos del Chocó t'n canoas de
ayor ó menor capacidad, la cantidad de sus aguas 1 la n ..
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Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 140", -:-, 1900. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691057/), el día 2026-03-10.
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