ANO IV Bogotá, Febrero 10 de 1900 NUM. 138
BOL~ ~m MILITAR
--~·~--
ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO
DIUCTOR AD•HONOREM, FRANGISCO J. VERGARA y V.
Coronel, Miembro de 1& Sooiedad Colombiana de Ingenieros
Son colaboradores natoa de este periódico todos loa Jefes 7
Oficiales del EJército de la República
OFICIAL
Oonferencias de los Oficiales de la Misión Francesa
NOCIO~ES DE TOPOGRAFIA
(Continuación}
Sección · 3.•-Jn trurncntoa onfomé-trlcoa
Hay dos clases de instrumentos goniométricos: los que permiten
medir los ángulos en sus planos, y los que dan los ángulos de los planos
Yerticales que pasan por los puntos mirados, es decir, los ángulos horizontales.
§ 1.0 -Instrumentos que dan lo• ángtLlos en 1us planos
El principal instrumento de esta clase es el uxtantt, fundado en
el principio de la doble reflexión.
PriJJCipio de la doble rejlexióll-Cuando t.ln rayo de luz se refleja
sucesivamente sobre dos espejos, el ángulo 70J" (figura A A' A" 59) del rayo
incidente y del rayo reflectado es el doble del ángulo a. que forman los
dos espejos M y N. En efecto tenemos :
ct.=i+i'
y 'm'=2i+2.i'
de donde 70J"=2.ct.
Esta demostración no es exacta sino cuando la doble reflexi6n s~
hace en un plano perpendicular á ambos espejos.
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162 BOLETÍN HILIT.A.ít .
Sextantt-El sextante se compone esencialmente de los elementolt
siguientes (figura B 6o) :
MBC, sector de 6o0 , cuyo arco es un limbo graduado;
MD, alidada que puede girar al rededor del centro M;
M, grande espejo fijado en la alidada;
m, pequeño espejo fijado en el limbo, paralelamente á MC; su
mitad superior sin estafiar;
Y, par de pínulas ó anteojos.
Medi(/6n de un ángulo-El ojo colocado en el punto V puede ver:
1.0
1 directamente, por la parte no estañada del pequefio espejo, un objeto
O; 2.0 , por doble reflexión, un objeto 0', siempre que ambos objetos
estén en el plano de] limbo.
El ángulo OAO' que forman las direcciones de ambos puntos, es
igual al doble del ángulo que forman Jos espejos M y m, cuando se sobreponen
ambas imágenes; este ángulo es igual al ángulo CM D; se
lee el valor del ángulo de las dos direcciones en el limbo, dividido en
medi06 grados, y cifrado como si fueran grados enteros.
Con un par de pínulas se ve la línea de separación de las dos mitades
del pequefio espejo, y ambo:; objetos no son visibles sino en parte;
la auperpo5ición de las imágenes es muy difícil de obtener.
Con un anteojo, la línea de separación no se distingue, y ae pueden
ver las imágenes completas de ambos objetos; por consiguiente, es
más fácil hacer coincidir ambos objetos.
NoTA-No podemos estudiar la comprobación ni tampoco el manejo
de este instrumento, que no existe en el material de ingeniería de
que ~s ponemos.
§ 2. 0 -lnstrrsmento& qu1 dan ángulo1 hori%ontQlel
Algunos de estos instrumentos no permiten medir sino ángulos in-variables.
·
Tales son la escuadra de agrimensor ó cartabón, que mide ángulos
rectos y de 45°, y que ya hemos estudiado.
Otros pueden medir cualquier ángulo, y se componen de un limbo
graduado horizontal, sobre el cual se mueve, girando al rededor de
un eje vertical (eje de movimiento particular) una alidada provista de
nonios. Fijando la alidada sobre el limbo, el conjunto puede girar al
rededor de un eje concéntrico al primero (eje del movimiento general).
Las visuales se dirigen por medio de pínulas 6 anteojos fijados al limbo
y á la alidada. Estos instrumentos se llaman goniómetros.
Grafimetrtí-EI grafómetro es un limbo semicircular, graduado y
horizontal; uno de sus diámetros está provisto de un par de pínulas;
una alidada de pínulas puede moverse sobre el limbo. Con los dos pares
de píuulas se dirigen visuales á dos objetos; el ángulo se lec en el
limbo graduado. Se ha renunciado casi ror completo al empleo de est~
instrumento, incómodo ó inexacto.
Goniasmómetro-Este instrumento fue inventado en 1822 por un
Subteniente de Ingeniería, francés (figura O 61 ).
Se compone de dos cilindros iguales sobrepuestos, y cuyos ejes
coinciden; el eje puede ponerse vertical á ojo, ó mejor, por medio de un
nivel esférice. N. El cilindro inferior L eitá graduado y se emplea como
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BOLB1'b JDLITAB
el limbo del grafómetro; dos hendiduras que forman un plano visual, permiten
dirigir la visual correspondiente al diámetro marcado O. El cilindro
superior A reemplaza la alidada del grafómetro; e~tá provisto de
dos hendiduras, formando un plano visual movible, y de dos nonios en
los extremos de un diámetro.
Se puede fijar el cilindro inferior por un tornillo de presión P; .
haciendo girar el cilindro inferior, el superior sigue el movimiento (movimiento
general).
Por medio de un botón B, se puede hacer girar el cilindro superior
sobre el inferior, que queda fijo (movimiento particular).
Compro/Jafión del g~nitumómttro-1. 0 Dos hendiduras opuestas deben
determinar un plano, lo que ocurre si un mismo punto es siempre
visible, haciendo mover el eje á lo largo de una hendidura, sin variar
la posición del instrumento.
z.• Cuando se dirige la visual al mismo punto con el par de pínulas
del cilindro superior y con las hendiduras superiores, los nonios deben
marcar 0° y 180°; si no sucede así, hay un error constante (error
de colimación) que se debe corregir en todas las lecturas.
Se suprime este error, dirigiendo la visual en ambas direcciones
con el plano visual superior; la diferencia de las lecturas da el valor del
ángulo.
Precisión-La precisión del goniasmómetro es análoga' la del
cartabón: 5' á 6', si se emplean dos hendiduras; 101 á 12.1, si se emplea
una hendidura y un hilo.
OTA-Al tratar de la ni velación y de Jos instrumentos que permiten
medir ángulos verticales, estudiaremos la brújula de eclímetro y
el tacheómetro, que sirven para medir á la vez ángulos horizonLales y
verticales; y la regla de eclímetro, que es una alidada de pínulas, mejorada.
SEGU DA PARTE
NIVELACIÓN ·
O!Jjeto Je la niflelafión-Si los mapas topográficos indicaran únicamente
Jos detalles de la planimetría, el terreno representado por ellos
se convertiría en una superficie horizontal. Es preciso, para representar
las elevaciones y depresiones del suelo, hacer en el terreno una
serie de operaciones distintas de la planimetría. Es lo que se llama nifleladón
dtl terrm~.
Cotas y alturas-En la nivelación las diferentes quiebras del suelo
se representan tomando por superficie de comparación el nivel del mar
que idealmente se supone prolongado bajo Jos continentes. Para los
levantamientos de terrenos poco extensos, la parte correspondiente
de esta superficie de comparación puede confundirse sensiblemente con
un planfJ h1rizontal. Sólo nos serviremos, pues, de esta denominación.
Se refieren al plano horizontal de comparación (que reemplaza la
superficie del mar) todos los puntos del terreno, y se llama altura de un
punto la distancia vertical de este punto al plano de comparación. Expre~
ando en metros esta distancia vertical, el número que la repretea
se llama tola del punto.
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164: BOLETlN MILIT.A.lt
Ejemplo: Sea un terreno cuyo perfil (intersección con un plano
vertical) es representado por la línea r, 2, 3, 4 (fig. D 62). Si del punto
3 se traza la perpendicular 33' sobre la línea 1-4, que representa el
plano horizontal de comparación de la superficie del mar, y si la línea
33' es igual á 400 metros, diremos que el punto 3 tiene la cota 400, lo
• que significa que su altura sobre el nivel del ,mar es de 400 metros.
Diftrencia de nivel entre dos ptmtos-Ahora, si en lugar de la altura
del punto 3 acotado 400, se quiere conocer la altura de ese punto respecto
de otro punto 2 acotado 3 12, bastará ca1cular la diferencia
+oo- 312, ó sea 88 metros. Esta cantidad 88 metros es la altura relativa
del punto 3 respecto del punto 2; es lo que se llama la diferencia dt
nivel entre los puntos 3 y 2.
La noción de la diferencia de nivel permite, conocida que sea la
cota de un punto 2, y la diferencia de nivel entre los puntos 2 y 3, calcular
la cota desconocida del punto 3· De esta manera se evita tomar
constantemente el nivel del mar como plano de comparación, lo que
sería impracticable.
En la nivelación topográfica se buscan diferencias de nivel. Esas diferencias
servirán, conociendo la cota de un punto fijo, para determinar
la cota de un punto vecino, que servirá á su turno para determinar la
cota de otro punto, y así sucesivamente.
Lo más á menudo no se conoce la cota del punto fiJo, al cual se refieren
los demás puntos del terreno. Dec;de luego se le puede dar una
cota arbitraria, mayor que todas las diferencia _ de nivel entre este punto
fijo y todos los puntos más bajos del terreno. Es decir, que se escoge un
plano horizontal auxiliu de comparación, de manera que todos los puntos
cuya cota se busca queden encima de él. Cuando se trata de buscar
las cotas del fondo del mar, el plano auxiliar se escoge de manera que
todos los puntos queden debajo de él, es decir, que se escoge este plano
en el del nivel del mar.
Por consiguiente, para que sean inteligibles las cotas de un mapa
topográfico, es decir, su nivelación, será siempre preci o anotar junto
á la escala (que hace inteligible la planimetría) una nota análoga á la
siguiente:
NoTA-El punto fijo de comparación R., ~cotado 1oo,oo (por ejemplo),
es la parte superior del umbral de la puerta de entrada de tal
edificio.
Y en el plano se marca este punto, de un modo muy visible,
(( !::. R )) de manera que sea fácil reconocerlo en el terreno.
100,00
NoTA-Referir las cotas de los puntos nivelados á un punto fijo
acotado 1 oo,oo, por ejemplo, es escoger un plano horizontal de comparación
situado á 100 metros debajo del punto fijo.
Si, por acaso, algunos puntos del terreno se hallaren debajo del plano
de comparación, sus cotas 5erán negativas.
Las cotas se escriben en los planos dentro de un paréntesis, para
distinguirlas de las cifras de la planimetría.
Nivelación directa é indirecta-Hay dos clases de nivelaciones topográficas:
1.o La niflel6tiÍn directa, en la e u al la cota de un punto B se deduce
de la cota conocida de otro punto A, haciendo uso para medir la
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BOLETÍN MILITAR 167
S 3· Agrimen!ura y problemas que se resuelven con cadena y cartabón.
Capítulo ~.0 Generalidades sobre algunos aparatos empleados en
las operaciones topográficas.
§ 1. Anteojosólunetas.
§ 2. Mius.
; 3· Nonio ó vernier.
Capítulo 3. 0 Medición de distancias.
; 1. M edición directa de distancias. ·
; 2. Medición indirecta de distancias. Estadías.
Capítulo 4.• M edición de ángulos.
Sección 1. • Instrumentos goniográficos. Planche tu y alidadu.
Sección s.• Brújulas.
Sección 3· • Instrumentos goniométricos.
; 1. Instrumentos que dan los ángulos en sus planos. Sextante.
; ~. Instrumentos que dan ángulos horizontales.
Segunda parte-Nivelación
Capítulo 1.0 Nivelación directa.
Capitán SABAR THEZ (de Ingenieros)
N. DE LA D.- Has ta aquí había preparado el material de sus conferencias
el autnr, las que por lo tanto quedan truncas á causa de la
muerte del distinguido Capitán de ingenieros Sabarthez ya conocida de
nuestros lec tares.
-- ~· --
A~OEIVO NAOIONA:t,
DQCY~E~TOS INÉDITO~
Cnmpaña de I819-182o en el CattctJ
(Continuación)
El otro bando (que se publicó y dirigieron copias, como en él se
previene) contieue los siguientes artículos:
1.0 Que dentro del preciso y perentorio término de seis días, contados
desde la publtcación de él, todos los propietarios de cualquier estado,
clase 6 condición que sean, 6 sus mayordomos ó confidentes, presenten
todas las cabillllerías que posean, sin excepción de ninguna, inel
u si ve las yeguas mansas de silla, para oc u par unas y otras en s~rvicio
del Ejército.
2.0 Que se hará la presentación de ellas :al Juez Mayor del Departamento
por los que habiten en su cabecera, y al territorial, los que
en los res pec ti vos partidos;
3. 0 Se prohíbe, bajo el más serio apercibimiento, e] uso de otras
caballerías; y ofrece el Gobierno, luégo que se dé fin á la presente
campafía, devolverlas á sus respectivos duefíos, para lo que los Jueces
á quienes se consignen llevarán un libro formal en que consten las par-
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1~ BOLETfN MILIT A.R
tidas firmadas por él y el propietario, con demarcación de su seiíal,
para que á su tiempo no se traduzca equivocación;
4.0 Que todo individuo que no dé cumplimiento á lo prevenido,
· en el término setialado, á más de la pérdida de sus caballerías, será juzgado
como enemigo de la Patria;
5· u Que igual pena sufrirán los Jueces convencidos que por su
inacción, condescendencia 6 cualquier otro defecto culpable de su parte,
hagan ilusoria 6 entorpezca esta providencia;
6.0 Que será castigado cualquiera que trate de encubrir, ó que
siendo sabedor de alguna ocultación no la denunciare al Gobierno ó al
Juez que corresponda ;
¡.0 Que se somete la ejecución de esta providencia á los Jueces
Mayores 6 Partidarios á que corresponden los propietarios, y que luégo
que se hayan colectado las dirijan al Gobierno con ·los libros ó testimonios
de ellas;
S.o Que se faculta á todo individ~to para que vele en el particular
sobre la conducta de dichos Jueces Mayores y Partidarios, y dé cuenta
al Gobierno en caso de que ella no sea conforme.
Se sacaron copias para la Escribanía y s~ circularon.
Esta noche me ha informado el Sr. Juan Gregorio Hoyos, que
sigue de Administrador general de rentas <'1 las Provincias del Chocó,
que en el Zitará hay veinte cargas de tabacc que se remitieron de esta
Factoría. He dispuesto que se vendan y se remita su valor á este Gobierno.
711nio 1.0 -Se publicó un bando de este Gobierno, en que se
manda:
"Que todos los Administradores de rentas públicas den cuenta
exacta de las respectivas á su manejo, exhibiendo los intereses qur. existen
en su poder dentro del perentorio término de seis días;
"Que los empleados de dichas rentas que hayan malgastado tales
intereses y que por temor se hayan ocultado ó r.o descubran lafolnuia,
se presenten á rendir las cuentas de su cargo, como los demás, con la
buena fe que corresponde á la confianza pública, bajo la seguridad de
que en vista de los motivos que la hayan ocasionado y de sus padecimientos,
disimulará y abrogará los arbitrios convenientes para su reintegro,
sin perjuicio de sus personas y honor. Que el que no lo hiciere
así dentro del término asignado, ó se le probare mala fe, será castigado
conforme á las leyes de la materia y gravedad de circunstancias;
"Que todos los que sepan la existencia ú ocultación de bienes de
espafioles, europeos ú otros enemigos de la causa republicana, los denuncien
dentro de tres días. Que la misma obligación se impone á todos
los que tengan 6 supieren depósitos de intereses de cualesquier género ó
especie que sean. Que si pasado el término fijado no hubier~n cumplido
con estos deberes y se les probare el fraude de encubridores, responderán
con el duplo y sufrirán las demás penas á que haya lugar, como
unos enemigos perjudiciales á la sociedad.,.
Se revisó el Diario de operaciones del Comandante M urgueitio, el
16 del corriente, en que dice lo siguiente:
"''Que los 50 caballos ligeros y otros de línea pasaron el Palo á las
7 de la noche del día 1 5;
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BOLETÍN MILITAR 169
" Que á las dos de la m afian a del I 6 atacó al enemigo en el puente
de Japio y fue batido completamente;
"Que dejando guardia al campo marchó á Quilichao, donde á las
cinco de la mañana fue aprehendido en su cama el Comandante Rafael
Ledesma, y con él allí se hicieron trece pri~ioneros más;
"Que el resultado de esta acción ha sido las muchas muertes del
enemigo (82) y caballos ensillados, tres galápagos, tres sables, muchas
lanzas y alguna:a carabinas; que de nuestra parte sólo hubo un soldado
levemente herido y diez caballos cansados; que se remiten loa prisioneroc;
á este Cuartel divisionario."
Se ofició al Sr. Mini tro de Guerra y de Hacienda remitiéndole
el Diario de operaciones del Comandante M urgueilio del 16 del corriente,
y se le dice que aunque fueron cogidos algunos papeles, no se le
·acompañan por no tener nada de rarticular.
Se remitieron copia ' á los Jueces Mayores departamentales p~ra
que impusieran á los pueblos de las ventaja· obtenidas ~obre el enemigo
en J apio.
Ser cibicron tres oficios del Teniente Coronel Antonio Main,
Comandanre de la vanguardia de Cartago, con fecha 14- del corriente.
En el primero dice que el 12 llegó á aquella ciudad con la División de
retaguardia, y que en aquel punto e le entregaron las instrucciones
que le dejé con fecha 8 para su manejo; en el !egundo, que hará Jo que
le previne en oficio de 9 del prc ente acerca del relevo del Oficial y
tropa que quedó en Boquía; y en el tercero, que á pesar de la generosidad
con que se le ofreció garantía á D. Jerónimo Antonio Oruz (Comandante
enemigo entre los ansermcfios) con tal que presentasen las
armas, nada se ha con cguido sino un oficio de aquél, del punto El Indio,
con fecha 12 del corriente, en que dice ''que se halla en reposición
de la gran enfermedad que le acometió, por lo que es muy
corto el término que se le señala, por sede prcci o hacer la solicitud de
las pe .rc;qna~ por .el .riesgo en que. se . hallan las .armas, pues la noche que
se retiró, cada uno lo hizo con la que tenía; pero que si se confía en
su palabra, de las que acopie dará cuenta para su percibo.
A las siete de la noche ha llegado la primera Compañía del segundo
Escuadrón de caballería de línea de Cali, al mando del Subteniente
Sebastián Barbosa.
Junio 1 8-Se han recibido los prisioneros de ]apio; queda el
Qficial Ledesma en capilla y los demás en seguridad.
Se recibió oficio del Juez Mayor de Buga, en que dice ha recibido
las cuatro cargas de sal que le remitían de Cartago, y que de ellas
ha dejado un tercio para esa Provincia, y mitiendo á este Cuartel los
siete tercios restante~, y han sido entregados al Proveedor con una carga
de arroz que compró el mismo Juez en doce pesos, pagándolos de sesenta
que entregó Casimiro González, por cuenta del remate del paso
de ~Ioreno en Cauca; y en otro oficio dice que con Joaquín Peña Plaza
mafiana remite quinientos pesos que Vicente Ramírez ha consignado.
Se ha recibido el Diario de operaciones del Comandante Murgueitio,
correspo11diente al 16 y 17 del corriente. en que expresa que á
consecuencia de mi orden y con fecha de ayer, ha oficiado al Sr. General
Valdés, dándole aviso de mi llegada á este cuartel, y que com&
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170 BOLET1N MILITAR
yo le he prevenido en virtud de sus conocimientos en la Provincia, instruya
á dicho Sr. General del punto más conveniente para la reunión
de aquellas fuerzas con éstas; con fecha 17 se ha oficiado acompañándole
un mapa que á la ligera y sin instrumentos ha hecho para que elija
la senda más adaptable á las circunstancias, manifestándole las diversas
que hay, las dificultades y el tiempo que invertirá.
También le acompaño el Diario de sus operaciones desde el 16 y
17 del corriente: dice que el suceso del 15 ha hecho dasaparecer la
gran tllttmna de qperationts del Ya/le y hace una pintura de cuantos males
y horrores han hecho desde el Bolo á Popayán: que ha mandado zo
caballos ligeros y los de línea á reunir las pocas reses que andan dispersas
por las llanuras de Caloto y Quilichao para que sirvan de subsistencia
á la tropa; que los espías anuncian que el 16 huyó precipitadamente
para Popayán el español Eugenio Payo], comandante de los facinerosos,
C()n dos Compaí'Ías que tenía en Santa María, otra que ocupaba la
Balsa, los destacamentos de San Vicente y Cerrogordo y los derrotados
de Japio. Que la tropa de línea que cubría á Pitay6 ha contramarchado
á Popayán, dejando en aquel punto veinte paisanos lanceros al
mando de Antonio Lino Hurtado.
(Continúa) JOSÉ CONCHA
SECCION DOCTBIN AL
ARREGLADO SEGÚN LA ESTRATEGIA DE BLUME
En la guerra los acontecimientos aislados varían hasta lo infinito,
y los factores que los engendran son igualmente numerosos
y diversos; también las relaciones de tiempo y espacio en que se
cumplen dichos acontecimientos se diferencian sin cesar. Las combinaciones
resultantes de tales factores son tan varias, que jamás el
mismo hecho militar se reproduce de idéntico modo, por secundario
é insignificante que se le suponga.
Y sin embargo es preciso buscar los hilos conductores que nos
orienten en medio de esas m ú lti pies manifestaciones de la guerra;
preciso es estudiar la naturaleza de los factores de esas manifestaciones,
sus relaciones con el tiempo y el espacio, y luégo agrupar
los resultados del estudio en forma de reglas generales que en campaña
nos sirvan de puntos de apoyo para obrar con probabilidades
de acierto en cada circunstancia análoga que se nos presente, sin
olvidar, se entiende, que apenas es dado al hombre levantar una
punta del velo que cubre los secretos que entraña cada nueva guerra
<¡ue estalla delante de nosotros.
• El hoy General Bliime es mirado en Alemania como uno de los primeros expo·
sitores militaret de la época: su obra sobre Estr;ttegia, que le dio el nombre y la autoridad
de que soza1 la escribió siendo Coronel, Jefe de un Regimiento de infantería.
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:aOLET.fN MILITAR 171
En efecto, aun cuando una operación militar se combine con
toda la prudencia y habilidad que permiten las facultades humanas,
siempre en su ejecución quedara ~uficiente espacio donde aparezcan
incidentes que derriben los cálculos primeros, porque la previsión
del hombre no uede abarcar to ios los elementos y factores
que obran en una guerra, y porque la voluntad es impotente para
dominarlos todos á la vez.
En la guerra los actos de uno de los partidos se desprenden ó
deducen de los que ejecuta el contrario, y todo~ saben cuánto es
incierto el conocimiento que se adquiere de los actos y designios
del adversario; y cuánto interesa su conocimiento para obrar con
acierto. Además la exten ión ó superficie que debe'! abarcar el ojo
del Jefe de operaciones se acrece sin ce ar con el aumento de los
efectivo., la construcción de ferrocarriles, el mayor alcance de las
armas, etc., y la probabilidad de engañarse y adoptar resoluciones
viciosas, aumenta en la mi ma proporción.
De lo antedicho re u Ita que es inmen ·o el campo abierto al
azar y múltiples las probabilidades que tienen jefes y soldados de
hallarse á uiario en prc:sencia de circunstancias imprevistas. Creemos
al enemigo en retirada, y marcha sobre nosotros con intención
ue atacarno ; COih.:e ntrarnos fuerzas para acometerlo en la po ición
en que suponemo. re istirá, y allí ólo encontramos las cenizas de
las h Jg u e r as del vivac que prendi6 con el objeto de engañarnos;
p ~ n a 10 que el adver!'iario e tá en imposibilid~d de franquear una
e rra ni l para atacarn o s por el Ranc >y la \ruza, y quedamos exp•
re:tu' á peligro~í · ima agn:. sión. Rara vez obra el enemigo conforrr.
e 1 > habíanHJS imaginado, y feliz de aquél cuyos cálculos fundamentos
no resulten de baratados por eso. imprevi tos que lo· ignorantes.
suelen llamar sorpres:.ts. ·
Los rozamiento que se hallan al poner en obra los diverso~
<Írganos de un ejército, difieren con la especie de cada .uno de
ello. , pero siempre son múltiple · y variado, y por insignificantes
que parezcan, ejercen no obstante grande in fl ucncia sobre el curso
de los acontecimientos.
Desde luego ~ e comprende que son menos numerosos y graves
en un ejército bien organizado y adiestrado, que en tropa5 levantadas
en pocos días, pero su infl u encía perniciosa sub-iste: un
informe importante que no llega á su destino ó llega demasiado
tarde, porque el portador ó no cumplió su deber, ó un accidente
atrasó su marcha; una orden mal comprendida y que al p~merse en
práctica se lo hiz dándole giro contrario al deseado, porque su redacción
fue viciosa; una columna que se equivoca en su marcha,
porque la tropa no conoce el territorio y no llegó á tiempo donde se
la esperaba con ansiedad; un camino con el cual se contaba y resultó
impracticable por el invierno y la destrucción de los puentes que
salvaban ríos invadeables; un centinela que se distrae y acaba con
la necesaria vigilancia y seguridad allí donde se la creía asegura-
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172 nOLEt.tN 11ILITA.B
da; la enfermedad de un jefe que aniquila las esperanzas que se
fincaron en la comisión confiada á sus dotes personales, etc. La
historia militar encierra millares de ejemr>los de esta especie de
accidentes, cuya repetición siempre es posible y cuyas consecuencias
siempre serán nocivas.
Y, por último, no es raro tampoco que en la guerra los fenómenos
naturales burlen los cálculos mejor hechos; por causa de
un chubasco repentino crecen los ríos, destruyen los puentes ó
cierran el pa5o en un camino sobre cuya viabilidad se combinó
una operación delicada; una espesa bruma oculta al enemigo ó
hn, porque en la guerra I)Í el más grande genio
militar puede suplir la falta de iniciativa de su · subalternos *.
Para que los jefes puedan obrar con iniciativa es preciso, en
primer lugar, que sus conocimientos se extiendan bien allá de 1a
esfera de acción que se le imparte, y que comprendan las exigencias
y manifestaciones de la guerrJ.. Si así sucediere, cuando la
guerra los coloque en una situación particular, estarán en capacidad
de apreciar rápida y exactamente, no sólo la importancia de esa
situación, sino el lugar que le corre ponde con respecto al conjunto
de las operaciones de la campaña. En fin, esas cualidades son las
mejores garantías contra el peligro de la iniciativa extremada, traducido
en inconvenientes para la unidad de acción.
La iniciativa exige, además, el valor moral, gt acias al cual se
ejecuta resuelta y enérgicamente lo que se juzga oportuno hacer,
sin dejarse amilanar por el miedo de Ja responsabilidad.
Y el valor y el talento de un jefe quedarán particularmente
sometidos á ruda prueba cuando las hipótesis que dieron origen á
una orden recibida, resultan inexactas, y por lo tanto tiene:: que
• Buen testimonio de ello nos dan Grouchy en Waterloo1 Davoust en Auerstaedt
'1 Rondón en Pantano de Vargas,
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BOLE'l'ÍN MILITAR 177
hacer' caso omiso de ella, y sin embargo obrar tan conforme como
le sea posible con el pensamiento del que dio la orden.
En fin, para que se pueda apelar á la iniciativa de los subalternos
es preciso que éstos posean una abnegación tal, que se esté
seguro de que se someterán voluntaria y completamente á los designios
de los superiores que los dirigen. En este punto, que como
se comprende es de importancia nunca bien ponderada, se tendrá
la garantÍa deseable si los di versos grados de la jerarquía se otorgan
conforme á principios justos. La masa se inclina con gusto
ante la superioridad dd talento, la energía, el carácter y la veteranía,
en tanto que el sentimiento de una injusticia de que se es
víctima hace penosa la sub ' rdinación. Por esto si un cuerpo de
oficiales no posee verdadero espíritu militar, no se pueden evitar la
envi<.lia, los celos y los abusos de autoridad, ni aun con el mejor
sistema de ascensos dable. Cuando los subalternos tengan los defectos
apunta,dos es preciso restringir su iniciativa en guarda de la
unidad de acción.
El valor moral, indisolublemente ligado al espíritu de iniciativa,
casi siempre se presenta acompañado de otra cualidad que
hace aún mis nece aria una justa libutad de acción; nos referimos
al de ~ eo de obrar bien y distinguirse. Si los jefe·, por espíritu de
iniciativa, se e -fuerzan p~r acelerar la ejecución de disposicione5
del que m nda; si para conseguirlo utilizan toda! las ocasiones
favorables; si empeñan su responsabilidad para aprovechar el mom:
nto propicio sin dejarlo huír pidiendo explicaciones que llegarían
tarde, se produce en las operaciones ese brío y empuje que
duplica las fuerzas y paraliza las del adversario.
En ningún ejército el entusiasmo ser.í nunca excesivo, y b:uta
cuidar de que no d .... genere en una e:'p-cie de "carrera hacia
adelante," ·como sucedería: si lo's sub'alterr1os· olvidaran cúárita es' la ·
imp:>rtancia de la unidad d ... acción ó no la apreciaran de una m¡nera
conveniente. Sin embargo, en todo caso vale más exponerse
á que un vivo espíritu de iniciativa impulse á "correr hacia adelante,"
que á ahogar en un ejército el espíritu que engendra la iniciativa
y la personalidad. Al contrario, despertar y desarrollar ese
espíritu, guiarlo por el b:.1en camino y restringirlo á sus límites
racionales, será siempre una de las tlreas mis importantes, aun
cuando difícil, entre las confiadas á los que de un modo ú otro
están lla:nado á ejercer alguna influencia sobre la vida y la marcha
de un ejército.
Desde la organización misma del ejército, preciso es tomar
en cuenta estas consideraciones, porque si los di versos elementos de
ese 0rganismo no se regulan y hermanan de un modo racional, no
es posible hacerlos obrar con armonía y unidad de acción. Por esto
ciertos reglamentos y disposiciones tienen que ser comunes al
ejército, y otros han de referirse únicamente á las unidades que lo
componen, per0 cuidando de no reglar ni centralizar lo que puede: •
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178 BOLETÍN MILITAR
dejarse al criterio individual sin que se perjudique la unidad de
acción. Al dar al soldado reglas fijas, sobre todo lo que es elemental
y que para él se convierten entonces en hábito, se da al jefe
medio eficaz de desembarazarse de las cadenas que imponen el
cuidado constante de Jo¡ pequeños detalles; pero si se abusa de esas
reglas sólo se consigue ofuscar el espíritu.
En los países donde la dirección de las operaciones militares
está centralizada con exceso, los jefes de tropas pierden el hábito de
la iniciativa y noción de la responsabilidad; lo contrario sucede donde
desde tiempo de paz se deja á cada cual la parte de iniciativa que
comporta su esfera de acción. Y es cosa fuera de duda que la autoridad
de los superiores jamás está mejor asegurada que cuando,
al dar órdenes, se limitan á lo necesario y vigilan con toda severidad
su estricta ejecución; pero los superiores, al limitarse así en
sus mandatos, no deben descuidar la instrucción y educación de
sus inferiores. Creemos, por lo dicho, que debe declan"rse viciosa
toda educación que no sabe ni despertar la iniciativa de los inferiores,
ni obtener su sumisión vvluntaria y razonada.
Verdad es que semejante tarea no puede acometerse sino en
un. ejército donde el terreno se ha preparado con una previa instrucción
y educación del espíritu y el carácter de los oficiales, que
un día serán jefes. Son, pue ~ , los elementos componentes del cuerpo
de oficiales y el espíritu que en ellos se sostiene y desarrolla,
los que hacen que en caso de guerra el Estado pueda contar ó nó
con las grandes ventajas que procura la inteligente iniciativa por
parte de los jefes, cuya importancia ha crecido de modo extraordinario
con el aumento de los efectivos y la mayor amplitud de las
operaciones militares. Las masas obran con flojedad y penosamente,
aun á órdenes de un genio, si éste no cuenta con la iniciativa
de sus subordinados, la que debe ser mayor en los comandantes de
las grandes unidades, porque el jefe de una de éstas no podrá hacer
nada que valga la pena si no posee las dotes de un buen General
y no dispone de un buen Estado Mayor. Y tánto número de tales
hombres no se encuentra sino en un ejército donde se ha cultivado
con esmero el espíritu de iniciativa.
Para completar las consideraciones que sugiere el estudio de
la iniciativa importa averiguar hasta qué punto el telégrafo facilita
el mando, ya que este es un medio poderoso para obtener en la
guerra el acuerdo entre el jefe y sus diversos subalternos, por la
rapidez con que transmite órdenes, informes, preguntas y respuestas.
Mas si es cierto que en su empleo procura ventajas innegables,
también lo es que con frecuencia se exagera su importancia.
Desde luego la comunicación telegráfica no es tan rápida que la
ocasión propicia para obrar no pueda huír en el intervalo que siempre
media entre la pregunta y la respuesta, y se cifra de ordinario
por horas cuando no por dí as. Si del telégrafo se hace uri uso con~
iderable) los despachos se acumulan en las estaciones terminales ó
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BOLETÍN MILITAR 179
en las intermedias, y duermen en ~nas ú otras. Hasta cuando los
di versos grupos de tropas están ligados t:onvenientemente por el telégrafo,
las interrupciones son frecuentes, producidas por los fenómenos
naturales, por las tentativas del enemigo y mil otras causas
de todos conocidas, por lo cual sólo excepcionalmente se puede
contar con sostenida comunicación telegráfica entre el jefe y los
subalternos. Por esto, por importante que sea el telégrafo para
transmitir órdenes é informes y mantener entre las grandes unidades
la identidad de criterio, cuanto al conjunto de las operaciones
y la determinación de los objetivos que se persiguen, en manera
alguna puede suplir la iniciativa y espíritu de acción de los jefes, y
menos disminuír el valor de tales cualidades.
Además, la escasa seguridad de semejante medio de comunicación
exige que se le emplee con discernimiento, aun en los casos
~n que de él se dispone, tanto por los errores que suelen cometerse
en la transmisión de los despachos, co'mo para que los jefes no pierdan
el hábito de obrar con iniciativa y no se tornen indecisos y
vacilantes cuando el telégrafo falte. Servirse del telégrafo para enfrenar
á los subalternos y dirigir todos sus actos, entraña inconvenientes
que no guardan proporción con las aisladas. ventajas que
procura este medio de comunicación.
Lo antedicho se desprende principalmente de dos s:o!lsideraciones
capitales:
De la amplitud de la e fcra de acción de los jefes y del tiempo
necesario para que puedan comunicarse con sus superiores, ó
sea de la inseguridad del telegrafo ·y de la distancia que separ~ al
que manda del que ejecuta, en cuyo tiempo los acontecimientos
pueden precipitarse ó modificar<>e.
En <;onsecuencia, el jefe . superior á sus . inmediatos agentes
que obran independientemente uno de otro, sólo da directivas que
les trazan la marcha general que deben seguir para alcanzar los
objetivos inmediatos. Cuanto á los dichos agentes inmediatos tampoco
les será posible dirigir constantemente á sus propios subalternos
por medio de órdenes diarias, como que los partes de lo ocurrido
la víspera de ordinario llegan lo bastante tarde para que no
se les pueda utilizar para la redacción de las órdenes que se expedirán
á la mañana siguiente. Sólo será, pues, á los jefes de unidades
muy cercanas, que están en el mismo campamento por decirlo
así, á quienes se puede comunicar órdenes cada mañana ó cada
vez que lo exija la marcha de las operaciones.
En resumen, delimitar netamente las atribuciones de manera
que cada cual tenga su esfera de acción y no la rebase ,.;~n~a;
exigir que cada jefe no dé órdenes sino á sus subalternos inmediatos,
y sin nec<>sidad no se inmiscúe en ]as naturales atribuciones
de éstos; tales son, decimos, las condiciones esenciales que habrán
de satisfacerse para que sea buena la dirección de las operaciones
militares. ·
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iso BOLETÍN MILITAR
En circunstancias particulares, sobre todo en las diffciles, podrá
ser necesario, á veces, apartarse de los principios anterior('s: por
ejemplo, en un mismo día el jefe superior puede ver¡e obligado
ora á enviar nuevas instrucciones y aun dar órdenes precisas referentes
á detalle3 sobre la dirección de una fuerza, ora á disponer
directamente de ciertas fracciones de tropas, con la condición
sí que de ello informe lo más pronto posible á su jefe directo.
Y como este procedimiento á menudo es pernicioso, no debe
empleársele sino para hacer frente á inconvenientes más grandes
aún, porque es muy de temerse la incertidumbre que se apodera
de los jefes y la mayor fatiga que resulta á las tropa. si, por
abandonar la norma señalada, las órdenes se cambian durante la
ejecución de las anteriormente comunicadas.
Error sería, sin duda, creer que en la guerra no tendrán que
darse contraórdenes, pero tamaño mal debe evitarse en cuanto sea
posible, y de esta necesidad se desprende otra regla que abarca
todos los grados de la jerarquía militar: las prescripciones deben
detenerse allí donde se hace imposible prever los acontecimientos
del mañana con alguna exactitud. _
Por lo dicho, los jefes que éJan una orden deben tener presente
las reglas siguientes:
1.• U na orden que resulta inejecutable quebranta la autoridad
del que la da y disminuye la confianza que en él tenía el subordinado
que la recibe. Razón es esta, además, para no pretender preverlo
todo y para no limitar con ext:eso la acción de los subordinados.
En especial es nociva la impresión que produce una orden
inconsulta, cuando la imposibilidad de su ejecución depende de
errores palpables que se habrían podido evitar y así lo comprenden
los subordinados : por ejemplo, cuando no se tiene en cuenta el
tiempo que necesita la transmisión y la ejecu.ción de una orden.
Natural parece que esta cuestión del tiempo debiera siempre computarse
correctamente por l0s jefes; pero por desgracia se olvida con
tánta frecuencia, que hasta en las mismas órdenes de Napoleón se
han hallado errores de esta especie ;
2.• Si varios cuerpos de tropas ó fracciones de ellos resultan
mom-entáneamente reunidos para ejecutar una operación dada, es
de primera importancia colocarlos á órdenes de un solo jefe, ínterin
dura la operación. El olvido de esta regla también ha prúducido
con frecuencia funestas consecuencias ;
3.• La unidad de acción se facilita si los comandantes d
tropas conocen las misiones asignadas á las fuerzas vecinas, y en
muchas circunstancias convendrá dar á todas ellas la:; mismas
directivas generales;
4.• Para obtener la transmisión rápida y segura de las órde ..
nes es preciso que el jefe elija juiciosamente un punto para esta
blecerse, y desde allí entrar en relaciones con sus subordinados; s
prevé que tendrá que intervenir personalmente en cierta zona, s
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'BOLET .fN MILITAR J 181
puesto natural está en ella. Los subalternos deben poder aproximarse
al jefe en toda circunstancia y sin pérdida de tiempo, lo que
será imposible si él cambia de lugar con frecuencia;
S·" La rapidez y seguridad en la transmisión de las órden~s
depende del valor de lo~ órganos empleados en tal servicio y de la
confianza que inspiren, trátese de telégrafo, ayudantes ó jinetes
estafetas.
Para concluír, conviene poner de relieve las ventajas que procuran
la actividad y la iniciativa, por cuanto en la guerra el éxito
no depende de las fuerzas de que se dispone, sino de la habilidad
con que se las emplea. La historia militar no tributa admiración
á la (zurza qut rttrocede ni á la inteli'gtncia que deifallue. La historia
militar sólo honra el nombre de los que supieron emplear
con habilidad y energía las fuerzas confiadas á su dirección, aun
cuando no hayan recogido los laureles de la victoria, y condena,
al contrario, á los que en la guerra no hicieron todo aquello que
en sus manos estaba ejecutar y cumplir. Entre mayores esfuerzos
y sacrificios haga el Estado para asegurar el triunfo de sus armas,
con mayor intensidad también deberán buscar los jefes no sólo la
victoria, sino lo que es más importante, terminar la guerra en breve
plazo. Los grandes ejércitos cuestan demasiado caro para que
se les pueda sostener largo tiempo, y Ja duracic>n de la guerra
se abrevia dando vigoro ~ o impulso á 1as fuerzas en operaciones.
La rapidez de é tas, unida á su conveniente dirección, aumenta
las fuerzas del soldado y las del ejército. Tropas acostumbradas á
considerar una marcha de cuatro leguas como su tarea ordinaria, se
fatigan con más facilidad que las habituadas á caminar seis en el día.
La actividad en el empleo de las tropas aumenta su moral si
á la vez conciben la esperanza de que el éxito coronará sus esfuerzos:
marchas y contramarchas sin objeto producen contrario
resultado, por cuanto las tropas comprenden perfectamente cuándo
se las conduce con método y energía y cuánd con vacilaciones y
al acaso. Lt actividad y la rapidez en el empleo de las tropas equivalen
á aumentar los efectivos; un jefe que hoy bate una parte del
enemigo, y mañana, mediante una rápida marcha, cae sobre la otra
para aniquilarla, de hecho duplica las fuerzas de que dispone con
la energía y la r..tpidez de sus operaciones. "Actividad, energía, rapidez/'
fue la consigna de Napoleón á sus mari cales al principiar
en 1809 sus brillantes operaciones entre el A ns y el Isar, para
impulsarlos á que sacasen partido del tiempo y de los soldados
puestos á sus órdenes.
Ell la guerra las horas son preciosas; á menudo un ligero
avance en el tiempo decide del resultado de una operación capital.
*
Mediante la rapidez y la energía logramos que al enemigo sea
más diftcil el conocimiento de nuestros plane y le impedimos el
• Ejemplo capital de esta verdad hallamos er1 l• camp.tña de Boyac.i.
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182 BOLETIN MILITAR
oportuno empleo de las contramedidas con que pudiera contr2riarlos;
así obtendremos las ventajas que procura siempre la sorpre a. Además,
semejante procedimiento es en la guerra el único medio de
colocar al enemigo en una dependencia tal, que agote sus fuerzas
en obviar las malas consecuencias que le resulten de 11 uestra labor,
obligándolo por tanto á que renuncie á sus propios designios.
Obrar así es dar la ley al adversario, ganándole de mano. Y el
que tiene la batuta en la mano escoge los objetivos que le conviene
alcanzar, busca los puntos débiles de la línea enemiga y sobre
ellos acumula fuerzas superiores, lo que es un gaje de victoria. El
que espera á que el adversario obre para en consecuencia adoptar
su propia línea de conducta, llegará casi siempre tarde para plantearla
y se estrellará contra nuevas disposiciones del enemigo, que
trastornarán los proyectos que pretendía realizar Ganar de mano
levanta la moral del ejército; el que persigue un objetivo determinado
netamente, y para alcanzarlo emplea todas sus fuerzas, adquiere
superioridad moral sobre el que resulta obligado á tomar
como punto de partida las miras y operacivnes del contrario.
Por lo mismo que en la guerra es tan difícil saber á ciencia
cierta las intenciones del enemigo, el que subordina sus procederes
al conocimiento de esas intenciones sufre, militarmente hablando,
más que su adversario: del un lado voluntad clara y firm ,aumento
de la moral del soldado, desarrollo de las fuerzas fí icas é intelectuales
del ejército; del otro, dudas, vacilación con tante y lucha
interna que arruinan las mejores tropas. En resumen, sólo el que
emplea ofensivamente sus tropas puede sacar ventaja real de las faltas
del adversario; el que se limita á defender e tiene que reducirse
á buscar el éxito en las faltas que supone habrá de cometer el enemigo.
¿Y si no las cometiere á tiempo?
La iniciativa en las operaciones es el único remedio contra
las malas consecuencias que los olvidos, equivocaciones, etc., ocasionan
en campaña, ya difiriendo la realización de una idea, ya
buscando el mismo fin p .r otros caminos. En la defensiva las fatales
consecuencias de esos incidentes ~on irremediables. Si ya los
adversarios están en contacto, y un cuerpo no recibe á tiempo la
orden de marcha que se le envió, fácil es juzgar cuáles serán las
consecuencias, según que pertenezca al ej i: rcito que lleva la ofensiva
ó al que se defiende. El vencido por un adver ario .más resuelto
y activo podrá tempre citar un gran número de incidentes que
contrariaron sus designios y favorecieron los del enemigo, pero
nosotros no debemos olvidar que no es por casualidad, sino por a
fuerza misma de las cosas, que el que es activo recoge los frutos
que puede producir el azar.
En todos los siglos los grandes Generales emplearon siempre
sus tropas ofensivamente, hasta cuando estuvieron reducidos á la
defensiva estratégica.
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BOYACÁ
Ee&udle láctleo.,. eetraté8'1eo
(0ontinuaei6n)
Si bien es cierto que en las batallas, aun en las de encuentro,
lo ordinario es hallar, cuando se analiza su desarrollo, la existencia
de ciertas fases-momentos de los tácticos, -que en len1tuaje vulgar
podemos llamar preparación, desarrollo, ejecución ó combate decisivo
y ruptura de la lucha, \JUe se traduce en persecución ó retirada;
si esto es lo común, decimos, al tratarse de Boyacá f"ue tal la
rapiJez con que se desarrollaron y consumaron los acontecimientos,
que los períodos de la lucha se sobreponen, por decirlo así, hasta
confundir sus límites normales, y quizá no registra la historia otra
batalla rampal¡en que, como en ésta, haya sido más rápido el drama,
haya vacilado menos la fortuna, y el resultado de la jornada
haya sido tan decisivo, lo cual depende, conforme ya se dijo, de que
Boyacá no es sino el desenlace de Pantano de Vargas, y por lo
mismo, en el campo táctico, es el tipo pedecto de la batalla de encuentro,
pero tipo que rara vez se repetirá, ora por lo escase de los
efectivos en pugna, ora por la situ=tción política y social que servía
de razón de ser á la contienda, ya que la incapacidad del general
vencido sí es, por desgracia, hecho frecuente en la historia y
la clave de esa catástrofes que transforman la marcha de la humanidad,
aun eh ctpartadas regiones del planeta.
Empero, ante.i de engolfarnos en consideraciones de éierto
orden,. pl'eciso es dilucidar. algunos .puntos .mera.mente .históricos;
y en primer término la duración de la batalla propiamente dicha.
El Boletín no indica la hora á que terminó, pero dice que consumada
la ~errota de Barreiro, la vc1nguardia republicana "siguió
n el mismo acto en persecución de los dispersos," hasta Ventaquemada,
que dista cosa de 12 kilómetros del Puente. El día 8, á
las siete de la noche, llegó á Bogotá uno de los oficiales españoles
ue se salvaron de la derrota y había estado en la batalla hasta el
fin: la marcha Je e;;te oficial, que tenía que recorrer 24 leguas, no
udo durar más de veintisiete horas, lo cual indica que la jornada
oncluyó cuando más temprano á las cuatro de la tarde. La perseución
de la vanguardia es fama se detuvo en V entaquemada al ce-rar
la noche, y cr>mo in, destinado á la campaña de Cúcuta, bajo las órdenes del Coronel
Simón Bolívar, después Libertador de Colombia.
Desde la acción de annas en la Angostura de la Grita, territorio
de Venezuela, en Abril de 1813, empecé á ver mi nombre
con honor en las gacetas de aquella época*. Unas veces mandé
columnas bajo las órdenes inmediatas de otros Jefes, y otras las
mandé inde::pendientemente. Mientras que Bolívar llevaba á cabo,
con audacia inimitable, su gloriosa empresa de arrojar á Monteverde
de Caracas, yo quedé encargado Jc la seguridad del valle deCúcuta,
y después de varios encuentros con los enemigos en Lo
mapelada, San Faustino, Capacho y Zulia, en que fueron derrota~
dos, lo fui á mi turno en el llano de Carrillo. No me acusa m 1
conciencia de haber dejado de llenar mi deber en aquella desgracia·
Yo pedí un juicio militar, que se me negó por el Gubierno; pedí
mi licencia atJsoluta, y también se me negó. Seguí, pues, sirviendo
en aquel territorio bajo las órdenes ya del General escocés Mac
Gregor, ya del General granadino Rovira, y últimamente del General
U rdaneta, hasta Junio de I 81 5· Durante esta época el valle
de Cúcuta fue alternativamente ocupado por las tropas enemigas
y reocupado por las independientes.
(Continúa) F. DE P. SANTANDER
• En la Gaceta extraordinaria de Cunclinam;.rca, del 8 de Mayo de 1818, número
10, ae publicó el parte del Coronel Castillo sobre la jornada de la Angostura de la Grita.
Allí ee lee Jo siguitnte: "Destiné al Mayor Santander con las compañÍlls 1.• y 3.• del
batallón S·o á ocupar la altura de nuestra derecha, en cuya declinación estaba situado el
enemigo y apoyaba eu ala izquierda .• , Santander concluyó su operación ein eer notado,
y en tan corto tiempo y con tal astucia, que no será creíble sino a Jos que lo presenciamos,
y que logró subiendo por el escarpado, dejando á su espalda l:~s vi~ías del enemigo
...... entre tanto Santander batía al enemigo en su propio campo. Se han aguerrido
loa rcclutu, puee las dos compañías con que Santander batió al enemigo er.m de las del
batallón s.• ." Entre los recomendados está el Mayor Santander.
En el Argo1 de la Nueva GrtJnada, periódico del Gobierno general de la Unión,
se encuentran otros documentos, á saber: en el de 24
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 138", -:-, 1900. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691055/), el día 2026-04-04.
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