A~OlV Bogotá, Enero 20 jde 1900 NUM.13p
--..... ·~.,..---
ORGANO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO
DIUCTOR AI)..HONORZM, FRANCISCO J. VERGARA y V.
Coronel, Miembro de la Sociedad Colorol)iana de Ingenieros
Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y
Oficiales del Ejército de la República
OFICIAL
~:m~:mG:RA~A
RtP._Mhlica d~ c;/ombia-Ministerio d~ Gobier no-Ánapoima, I 6 dt
Enero de I 900
Sr. General José Santos, Ministro de Guerra-Bogotá
Tengo el honor de comunicar á V. S. que por Decreto de
la fecha se ha adscrito, mientras dura ]a perturbarión del orden
público, la Jefatura Civil y Militar de Cundinamarca al Ministerio
de Guerra.
Dios guarde á V. S.
RAFAEL M. PALACIO
--···--
:c:m 1900
(14 DE ENERO)
• por el tual ae honn la memori'l de lns Sre . General .'Edm ntlo García Herreros y Co-roneles
Camilo Sánchez y Ezequiel V1llarraga
El Presidente de la República
CONSIDERANDO
Que han muerto recientem'!nte los Sres. General Edmundo
García Herreros· y Coroneles Camilo Sánchcz y Ezequiel Villarraga,
los dos primeros en el campo de batalla y el tíltimo en s rvicio
activo, después de concurrir con lucimiento á peligrosa
jornada¡
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BOLETíN MiLITAR ,
Que los OficialeR generales nombrados se distinguieron siempre
como militares disciplinados, leales y valerosos, y dejan familia
de la cual eran único amparo,
DECRETA
Art. I .0 El Gobierno lamenta el faiJecimiento de los Sres.
General E-1mundo García Herreros y Coroneles Camilo Sánchez
y Ezequiel Villarraga, y reconoce los servicios que siempre le
prestaron con decisión y patriotismo.
Art. 2.0 El Ejército tributará á la memoria de los citados
Oficiales generales Jos honores que les corresponden.
Art. 3· 0 El Ministerio de Guerra solicitará del próximo
Congreso vote en favor de las familias de los muertos la recompensa
á que tienen derecho, y dispone mientras tanto que les sea pagado
el sueldo que en vida correspondía á los Jefes cuya memoria
se honra.
Art. 4·? Copia auténtica de este Decreto será enviada por el
Ministerio de Guerra á Jos deudos de los Sres. General Edmundo
García Herreros y Coroneles Camilo Sánchez y Ezequiel Villarraga.
Dado en Bogotá, á 14 de Enero de 1900.
Por delegación del Excmo. Sr. Presidente de la República,
El Ministro de Guerra,
JOSE SANTOS
I>:&lOP-31'0 N'C"~:mP.O .... :O E 1900
(13 DE ENERO)
por el cual ee organiza la Ambulancia del Ejército del Norte
El Presidente Je In Rcpúblüa
DECRETA
Art. t.• Organízase una Ambulancia destinada al Ejército del Norte,
la e u 1 constará del siguiente pcr onal:
Un primer médic cirujano en jefe, con la asignaci6n especial
que por resolución del .Ministerio de Guerra se le set1alará; un segundo
médico cirujano ~n jefe, asimilado á Coronel; un primer Capellán,
asimilado á Coronel; tre!"> médicos auxiliares, asimilados á Coroneles;
cuatro practicantes, asimilados á Sargentos Mayores; ocho Hermanas
de la Caridad, asimiladas á Capitanes; y cuatro sirvientes, asimilados á
Sargentos primeros.
Art. z.o El primer médico en jefe de esta Ambulancia tendrá el
ma o sobre los demás médicos que actualmente se hallen en los diverSt>
s acantonamientos del Ejército del Norte, y sus órdenes serán atendidas
y obedecidas por éstos para evitar el desconcierto, y aprovechar
z.ncjor los servicios de todos ellos.
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BOLETlN MILITAR 67
Art. 3. 0 Ninguno de los miembros de la Ambulancia queda obligado
á prestar otros servicios que no sean aquellos dei orden científico,
y en relación con su cargo.
Art. 4.o Por la Intendencia general del Ejército de la capital se
suministrarán los instrumentos, drogas, camillas, vendajes y demás enseres
necesarios para el servicio de esta Ambulancia, así como los bagajes
de silla y de carga indispensables para su movilización.
Art. 5. 0 Las funciones de la Ambulancia se extenderán también
al Ejército de Reserva, y á todas las fuerzas que tenga el Gobierno en
el Norte, como también á~los heridos del~enemigo, ya queden en el campamento
donde estén los defensores de la Legitimidad, ya en el campo
contrario.
Art. 6. 0 Hácense los siguientes nombramientos para la expresada
Ambulancia: primer médico cirujano en Jefe, Dr. Carlos E. Putnam; y
segundo í:l. íd. al Dr. Pompilio Martínez; y primer Capellán del Ejército
del Norte al Sr. Canónigo Dr. Manuel María Camargo, á cuyo fin
se solicitará la venia respectiva del Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. Arzobizpo
de Bogotá.
§. Por Decreto separado se harán los demás nombramientos para
completar el personal de la Ambulancia.
Comuníquese y publíquese.
Dado en Bogotá, á 1 3 de Bnero de 1900.
Por delegación del Excmo. Sr. Presidente de la República,
El Ministro de Guerra, JOsÉ SANTOS
Rtpúblita de C1lombia-MiniJteria de Guerra-Bogotá, Enero de 1900
Sr. General, Comandante en Jefe del Ejército-Presente
V arias veces se ha dirigido este Despacho á esa Comandancia
en Jefe en el sentido de impedir que se le nombre servicio de Jefe
de Día á los individuos que se embriaguen, y parece que estas órdenes
no han sido debidamente obedecidas, puesto que el que desempeñaba
este puesto el día de ayer . .. * con su comitiva se encontraban
anoche en completo estado de beodez; y tanto fue así, que
el Sr ...... , estando á c.abaJlo, se cayó de él á tiempo de alcanzarle
una copa con licor á uno de los Oficiales que Jo acompañaban.
Como estos hechos son altamente desdorosos, y si se repiten
con frecuencia pueden producir gravísimas consecu7ncias, si se
tiene en cuenta Jo delicado de las funciones que desempeña un
Jefe de Día, ruégoos que por medio de enérgica Orden general
dictéis medidas fuertes é impongáis severos castigos para corregir
la intemperancia.
Soy vuestro atento servidor, JOSE SANTOS
• Por ahora ae auprime el nombre propio; pero tal consideración no ae guardará ei
elhecho ae repite.
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RELACION DE LOS JEFES DE CUERPO
Prim~ra División-Batallones: Bárhula, Jefe Coronel Eduardo
Ortiz; Boyacá, Jefe Coronel Aniceto Polanco; Nariño, Jefe
Coronel Antonio Gómez; Cazadores de Gámhita, Jefe Coronel
Belarmino Ortiz.
Segunda División-Batallones: Holguín, Jefe Coronel Antonio
Arenas G.; Granaderos, Jefe Coronel Rafael Colmenares; Su~
re, Jefe Coronel Antonio M. Merizalde.
Tercera División-Batallones: Pamplona, Jefe Sargento May
r A. Contreras; Pamplonita, Jefe Coronel Nicanor Llach M.;
Cúcuta, Jefe Coronel Luis Morales Berti; .Arboledas número I.0
,
Jefe General graduado Olegario Ortiz; Mutiscua, Jefe Coronel Daniel
Serrano; Patriota, Jefe Coronel Florentino Serrano; Chinátota,
Jefe Teniente Coronel Juan Camargo.
Cuarta División-Batallones: Julio .Arboleda, Jefe Coronel
Marciano Madrid; Tenerifi, Jefe Coronel Rubén Barón; ro.o del
Cauca, Jefe Coronel Jesús Gómez; I !.0 del Cauca, Jefe Teniente
Coronel Octavio González; 13. 0 del Cauca, Jefe Teniente Coronel
Lttcindo Rivera; Escuadrón .Antioquia, Jefe Sargento Mayor
Lisandro Delgado.
lt.uinta División-Batallones: Cundinamarca, Jefe Coronel
Antonio Alvarado; Bolívar, Jefe Corone] Pioquinto Ampudia;
Sancltmente, Jefe Coronel Eloy Caicedo; Escuadrones: Neira,
Jefe, Coronel José Sáenz M.; Santos, Jefe Coronel Reinaldo
Forero.
Sexta División-Batallones: Bolívar número 2.0 , Jefe Coronel
Antonio Martínez; Canal, Jefe Coronel Nemesio Dulcey;
Berna4 Jefe Teniente Coronel Rafael Vesga; Ricaurte, Jefe Coronel
Agapito Sarmiento.
· Síptima División-Batallones: Ya/derrama, Jefe Coronel Juan
Lozano; Briceño, Jefe Coronel Benjamín Valderrama; Güicán,
Jefe Coronel Aristides Barrera; Primero del Norte, Jefe Coronel
Ismael Mejía; Regimiento Bolívar, Jefe Coronel Santos Lozano.
Octa'IJa División-Batallones: Málaga, Jefe Coronel Ignacio
Rodríguez; Córdoba, Jefe Coronel Gregorio U ribe; Ricaurte número
2.o, Jefe General graduado Antonio Ortiz; Pizano, Jefe
General graduado Marco Aurelio Duarte.
Novma División-Jefe de Estado Mayor, General Juan B.
Tobar (faltan datos)
Dícima Di'IJisión-Batallones: Bomhoná, Jefe Teniente Coronel
Julio Albán; Tiradores, Jefe Coronel Carlos Mendoza.
El Subsecretario, c. LOSA·DA
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DOLBTÍN MmiTA.R •
Bogotá, 1 5 de Diciembre de 1899
Srea. de )a Junt:t Dircctiv del Montepío Militar
Tengo el honor de informaros del resultado de las operaciones
~fectuadas en la Tesorería del Montepío Mtlitar en el mes de Noviembre
próxim.o pasado, así:
~bit o
Existencia ante1 ior ..... .. $
A Intereses ...........•......
A Anticipaciones de suel-dos
...........••............
A Contribuyentes volunta-rios
.......•.....•.........•
1'\. Remesas .•.... .. ... . ...•.
MOVIMIENTO DE CAJA
6,213 72t
848
40
7 so
412 35 -----
Crédito
Por Pensiones.. . . . • • . • .•. 8
Por gastos generales ...••.••
Suma .••.••..• ,
Resume11
Suma el Débito ......... .
Suma el Crédito ••••.....
81 S •••
so6 ..•
1 ,32. I
Suma ....... . 7,521 57t
Saldo en 30 de Nbre ... S 6,zoo 57t
También debo infonnaros que en virtud del Decreto de cuácter legishttivo,
echa 29 de Octubre íiltimo, que suspende tran itoriamente lo descuentos d.e M~ntepío
á las militares en crvicio activo, y por las dificultades que la actual sttuac16n 1
de guerra presenta para el recaudo regular ele intereses, así como por los pooos foudos
exi ·tentes eu caja, la Junta Directiva resolvi6 por uuanimidad dbstin:u Estos, y
los que en adelante puedan ct•lectarse, para el pago de lu g~&tos genen.les .del Establecimiento
y el de las pensione. , rebajadas al 50 por 100 de la asignación Jq,J.
Dioao os guarde.
El Genernl In pector general del Ejército, M. o. MONTUF!A.R
Conferencias de los Oficiales de la Misión Francesa
NOCIONES DE TOPOGRAFIA
(Continuación)
'ccción c¡runda
lnllrumet~to' fu zdados e11 la propiedad de la aguja imanada
BRÚJULAS
Propiedad de la agllja imanada-Una aguja imanada (aguja de acero
tocada por el im~in), suspendida libremente por su centro de gravedad,
toma una posición de equilibrio, en la C!Jal vuelve á ponerse después de
algunas oscilaciones, cuando se le desvia de cierta dirección. El plano
vertical gue pasa por esa dirección se llama meridiano magnético, y el
ángulo que este plano forma con el meridiano verdadero del lugar es lo
que se llama declinación de la aguja imanada. (El meridiano fltrdadtrfJ i
geográjico de un punto es el plano vertical que pasa por dicho punto y
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70 BOLETÍN MILITAR
los polos terrestres). Es siempre ]a misma punt~ de la aguja imanada,
ordinariamente pintada azul, la que se dirige al Norte magnético, y la
otra (blanca) al Sur.
La declinación es oriental ú occidental, según que la punta Norte
de la aguja imanada se halla al Este ó al Oeste del meridiano verdadero.
En la ?Ostción de equilibrio de la aguja imanada, una de las puntas
forma por debajo del horizonte un ángulo que se Hama itrclinación, y
que aumenta del ecuador al polo. Para el uso de la brújula se destruye
la inclinación, suspendiendo la aguja por un punto más alto que su centro
degravedad, y disminuyendo el peso de la punta que tiene tendencia
á dirigirse hacia la tierra, de tal modo que la aguja quede horizontal.
En esta disposición su dirección se llama meridiana mttgtrética, que es la
intersección del meridiano magnético con el plano horizontal.
La dirección de la meridiana magnética no es absolutamente invariable;
pero la declinación se puede considerar constante, sea en un
mismo lugar, durante algunos meses consecutivos, sea en los diferentes
puntos de un terreno poco extenso.
Estudiaremos más lejos la influencia de las diferentes causas que
desvían la aguja, y, por ahora, admitimos que en las condiciones de
tiempo y de lugar indicadas, la aguja imanada se conserva sensiblemen
·te en la misma dirección. El empleo de la brújula en las operaciones
topográficas se funda en esta permanencia de dirección.
Graduaciones uxagesimal y unte.simai-Algunos instrumentos de
topografía tienen limbos divididos en grados sexagesimales, que llamaremos
simplemente grados; por ejemplo: 20 grados, que escribiremos: zo•
(un ángulo recto vale 90 grados; un grado vale 6o minutos; y un minuto
6o segundos). En casi todos los instrumentos modernos fabricados en
Jrancia, se ha adoptado la división de la circunferencia en fOO grados,
que llamaremos grados centesimales, por ejemplo: 20 grados centesimales,
que escribiremos: 20g (un ángulo recto vale 100°; un grado vale
100 minutos; y un minuto 100 segundos centesimales, lo que facilita
los cá1culos).
Elementos de la brújula-Suponemos un limbo dividido en grados •
centesimales (en lo que sigue, hablaremos siempre de grados centesimales),
en el centro del cual hay un pequeño eje de acero; sobre este eje
reposa, por medio de una chapa de ágata ó de rubí, una aguja imanada
un poquito más corta que el diámetro del limbo, el todo encerrado
en una caja cuadrada, que tiene en el centro de su parte inferior un eje
de rota:ión que se puede poner vertical por medio de una rodilla, cuyo
mango se fija sobre un trípode; en fin, en el lado de la caja, paralelo al
diámetro del limbo marcado o 0:_200°, está fija una alidada de pínulas,
6 un anteojo, móvil al rededor de un eje horizontal, cuando el eje de la
caja está vertical, de manera que la visual determine un plano vertical
paralelo al diámetro o 0 -zoo0 del limbo ..
Tales son los elementos esenciales que constituyen una brújula
topográfica.
La verticalidad dei eje del instrumento se aprecia á menudo, á
ojo, ó más bien se deduce de la horizontalidad del limbo, que se obtiene
cuando las puntas de la aguja, supuesta bien equilibrada, igualan
constantemente en altura el borde del limbo. Muchas veces la brújula
está provista de un nivel esférico.
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BOLETfN MILITAtt
1. 0 Jalón excéTt.tr ictJ ó pltltlrf,
a excblfricn-EJ jalón que señala
el punto en que se dirige
la visual se coloca en el l unto
b, á una distancia de la c. taca
B, igual á la excennictdad
An de la alidada; esa distancia
se indica por medio de un pedazo
de listón T clavado c.;n el
pie del jalón.
Puede también cm plears ·
un jalón colocado en el punto
B, y prO\'isto de una plancha
excéntrica f/, cuya línea de fe
vertical b se halle ;Í u1 a Jistancia
del eje del jalón igual :i
la excentricidad de la alidada;
en c. te caso se dirige la visual
á la línea de fe.
En ambos casos, poniendo el
jalón ó la plancha del mismo
lado que la alidada respecto de
la línea llB, se mide el azi ..
mut de la línea ttb paralelo
á .AB.
2. 0 Viwales tÍ drruha y tÍ
izquierda-Se dirige una primera
visual á un jalón ordinario
colocado en B, dejando la
. alidada á la derc~.:ha, y una segunda
visual al mismo jal6n,
poniendo la alidada á la izquierda.
Se torna el término
medio de ambas lecturas hechas
frente á la punta Norte,
después de aumentar ó di minuír
la segunda en zooo. Este
término medio es el azimut
cexacto de la dirección .1B.
En efecto, los azimuts medi,
dos son :
73
Fig. 53
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BOLBT1N MILITAR
BDN=BAN+.ABD
y BGN~B.AN-GB.A
y como ABD=GBA
tendremos: BDN+BGN=BAN el azimut buscado.
2
--~--
SECCION DOCTBIN AL
A'l'AQ"C'E 'l'AOr:t'IOO
(Arreglado para el Boletín Militar)
En tesis general, por ataque se entiende en táctica la operación
militar que ejecuta el que toma la iniciativa en el campo de batalla.
La dirección y ejecución de un ataque constituye parte principalísima
de la táctica, y las modificaciones que ha sufrido en la serie de los siglos
1e deduce fácilmente de la manera como se le ha ejecutado en las
diversas épocas.
En la Antigüedad lo profundo de las formaciones en uso y la escasa
potencia de las armas de tiro, convirtieron el ataque en lucha de
hombre á hombre, en la cual el valor y fuerza del individuo tenían
influencia decisiva. Las masas compactas no se prestan á realizar un
ataque con ventaja. En los tiempos mcdioevales fue la caballería el
arma principal : era ella la que con su choque lograba romper la línea
enemiga, y por lo tanto la que ejecutaba el ataque. Al aparecer las armas
de fuego trató de utilizarse la infantería, pero el poco efecto del
tiro hacía ilusoria su acción, y la caballerfa conservó largo tiempo su
acción preponderante, como sucedió en las guerras de la Conquista, y
aun después en las campañas de las llanuras d el Orinoco. Sin embargo,
la proporción de la infantería aumentaba á diario hasta llegar á ser
la base de los ejércitos y ocupar ó poco menos el primer lugar. Fede-
- rico !( y el M arisca! de Sajonia hicieron ver e¡ u e la fuerza de la infantería
residía principalmente en la carga ejecutada en orden profundo
y en el fuego emrleado á boca de jarro, á causa ele la casi ninguna preci ·
sión y corto alcance del fusil de piedra. Bajo la Revolución surge el
1istema de emplear tiradores á vanguardia de los batall ones, con el
encargo de preparar y cubrir con su fuego la carga de ellos. Esta idea,
que en germen encerraba fntegra la táctica moderna, no se desarrolló
por entonces debidamente, porque las guerras 4el Imperio, al introducir
más regularidad y cohesión en las formaciones, hicieron olvidar las
ventajas que podían obtenerse de los tiradores, por lo cual, en vez de mirarloscomo
hecho principal, se les consideró como procedimiento accesorio.
Entre nosotro.;, seguramente por lo reducido de los ejércitos, no sucedió
lo mismo, de suerte que el combate de tiradores-guerrilla de San
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BOLBT.fx MILITAB 75
'Juan-fue el principal, si no e? Jnico sistema de ·ataque, aunque aplicado
de manera muy empírica y rutinaria, de suerte que se pudo decir que
los procedimientos europeos de la carga en columnas ccrradac; eran inaplicables
al país, y cuando al fin en Europa se remedió este mal, satisfechos
con nuestro ilusorio progreso, hicimos alto, y vinimos ~ quedar en la
materia en un atraso deplorable, agravado luégo con la adopción de la
llamada t6ctica de Upttm, hasta el pumo de que aun cuando el Gobierno
dictó reglamento ó instrucción para el combate, quedó como letra
muerta, pues no lo practicaron los cuerpos, no existiendo un solo batallón
que sepa aplicar los modernos principios del combate en orden disperso.
En Europa, en efecto, la adopción del fusil de tiro rápido introdujo
cambio fundamental en la manera como se ejecutaba el ataque en
la luc a: cuando hombres en posición disponen de un fusil que les
permite hacer 12. á 15 tiros por minuto, que tiene trayectoria tensa, grande
alcance y notable precisión, es imrosible á tropa alguna marchar al
ataque de ellos en orden cerrado: se verá obligada á adoptar una forma.
ción que le permita sustraerse á los efectos mortíferos del fuego y utilizar
á la vez la potencia de su propio tiro. El sil moderno, aun cuando
aumentó muchísimo la potencia material de la defensa, no ha podido
arrancar al ataque lo que constituye su fuerza, es decir, la iniciativa y
la exaltación de la moral en tropas que marchan hacia adelante, sostenidas
á cada instante por los progresos que hacen en el campo de batalla.
Por Jo demás, es claro que )a superioridad material de )a defensa
ha obligado al ataque á modificar us procedimiento prestando á aqué·
lla su manera de obrar. Las nuevas formaciones para el ataque, es decir,
las cadenas de tiradores de la Revolución, adoptadas y modificadas por
los prusianos, que en buena parte les debieron sus triunfos en J 866 y
1870, se impusieron desde entonces á todos los ejércitos dignos de tal
nombre, y á partir d esa época el estudio y la experiencia las perfeccionan
sin e esar.
Si desde el punto de vista táctico el que ataca posee la superioridad
moral, desde el punto de vista e!itratégico es más fuerte aún, porque
puede á veces sorprender al enemigo antes de que éste haya tomado
sus disposiciones y organizado su línea de combate; además está
listo el primero para la lucha, y por tener la iniciativa de Jos movimientos,
en capacidaá de obrar sobre las alas del enemigo para flanquearlo
ó envolverlo. Por lo dis,
que distan por esta vía 68 ks. á San Gil.
De Barichara á Zapatoca- también existe vía por La Robada, que
empata con la anterior al pie de Peña del Muerto y por todo mide
49 kilómetros (+3 por Guane). De Barichara, después de bajar la
pefia de.este nombre, el camino corre por un plano inclinado y cultivado
hasta otra 2efia que desciende para llegar al Suá .. ez (7t kilómetros)
en la Cabuya Pino, de donde se suben 5 kilómetros por un camino
pedregoso hasta el pueblo de Galán, á donde llega el del S. por la
izquierda del río. Luégo camino casi llano con algunos barrizales, que
cruza las qutbradaJ Chirivití (á 6 kilómetro ), otra pec;¡ueña y Ja Pao
(S kilómetros), que crecidas demoran el paso. En fin, se emprende la
subida (6~ kilómetros) por terreno resbaloso, en parte deleznable, hasta
el alto ya citado. De San Gil á Barichara se ascienden 300 metros, se
bajan casi 8oo al Suárez, se suben 1,2oo á la Pefia del Muerto, se
bajan 300 á Zapatoca, se suben casi otros tantos y se bajan más de
I,ooo al Sogamoso y casi otro tanto se asciende para llegar á Lo
Santos.
San Gil á Feliuo, fiÍa de M á lag a: 58 kilómetros, diez y seis horu
de marcha. De la ciudad á Curití, por la vía de Paloblc.nco ( 1 2~ kilómetros),
queda descrito el camino; de este pueblo se sigue por el pie de
la Pefia (10 kilómetros) por sabanas que forman un plano inclinado aseen·
dente hasta la cumbre aonde hay un pequeño bosque, luégo se toma la
bajada, pedregosa y muy pendiente al principio, después más suave hasta
el paso de la quebrada P itiguao, donde se cruza el camino de Aratoca
á Mogotes por el pie de la explanada. Hasta Pitaguo (2i kilómetros),
el camino sigue por lomas tendidas, casi llano y algo resbaloso,
continuando así hasta el paso de la otra quebrada, tras lo cual se encuentran
varias 5ubidas y bajadas hasta el caserío de Colmenas (camino de
2 5 kilómetros á Aratoca ~or Quebradahonda, quróradn Can tabarra y la
otra quebrada PitiguaQ), ósea por ui kilómetros. Continúa (8 kilómetros)
otra serie de bajada.s por lomas limpias y pedregosas hasta ' el
paso de la queb~ada Cobalía (Mararayes), donde se juntan los caminos
que vienen de Mogotes y Petaquero. En fin (12~ kilómetros), se faldean
los cerros pedregosos que se pierden sobre el Chicamocha y se 11ega á
la Cabuya de Felisco. De aquí á Málaga por el Alto de la Carbonera
(2 5 kilómetros, once horas), se suben unas lomas pedregosas de
piso deleznable, siguen otras de piso regular, se cruza una montafiucla..
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
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10
en ae¡uida (S kil6metroe), ec; tabe áDa e ateta y se baja la altura por
omino resbaloso en p•rtes, con altibajos, se pasan dos ftU!Jr"J"J y el
~o Chiacuncá y se entra al pueblo de Onzaga. Después (18 kil6metros),
se vuelve á pasar el Chiacuncá, luégo la t¡subrada Siachía y se
:halla una cuesta regular, con algunas piedras y barrizales, hasta la cum-re
del Paramito, donde se aparta el camino (z 3 kilómetros) quebrado
que guía en derechura á Susacón. En fin ( 15 kilómetros), la bajada del •
Paramito empieza por una travesía de buen piso, que luégo se torna
algo pendiente, por entre bosque primero y por loma de pajonales después:
pasada una qklbrada sigue por suelo cultivado y ondulado y pedregoso
hasta cerca de la ciudad, donde el piso es bueno. Del río Onzaga
al Paramito se ascienden 1,300 metros y se bajan otros tantos á
oatá y sólo Soo á Susacón.
De Barichara hay camino á Curitf y Aratoca. A Ourití (zo kilómetros,
6 horas), por una loma limpia y de buen piso, se sube in.
sensiblemente (10 kilómetros) hasta el alto del Chorro; luégo sepa:
an dos qttlÓraditaJ, y por terreno elevado y combado se alcanza (S
ilómetros) el alto de Paloblanco, donde se corta uno de los camlJW&
del Sube. En fin (S kilómetros), por suelo casi llano se baja inensiblemente
hasta pasar la quebrada Curití, se cortan antes los otros
4:aminos del Sube y se llega al pueblo. A Aratoca (z8! kilómetros,
Jo horas): por una loma tendida sube el camino ( I3t kilómetros), bucen
lo general, hasta la csplanada de Macaregua; luégo (8 ktlómerros)
por unos cerros tendidos baja suavemente hasta la qutbrada Lajas
abajo Montegrande); en fin (7 kilómetros), se presenta una subida
suave hasta la Mesa de Aratoca, que se cruza y termina con una bajada
astantc áspera ha:;ta el puel:flo, que ocupa una meseta inferior al pie
tiel cerro.
De Zapat(}Ca á Chima (65 kilómetros, 19 horas), e1 camino queda
descrito hasta La Robada (:z S kilómetros), en el resto cruza los pueblos
de Palmar y Simacota, y las quebradas Seca, Oroco, Cinco mil, ~imacota,
Santa Rosa, Los Indios y Montegrande. Es una serie (que sigue
igual otro tanto al Sur) de 17 subidas y bajadas principales, en partes
pendientes, maHsimas en invierno, con trechos montuosos, saltos y
estrechuras, pefiascos en el paso de las t¡ttlbradas y algunas travesías en
las cumbres de !os estribos de los Lloriquícs.
De 8Mtá á Capitanejo (33 kilómetros, t :z horas de marcha). De
Soatá al alto Macomo ó Ahorcacio (6 kilómetros), el camino es bueno,
con aJgunas piedras y barro, pero tendido y pJblado: se pasan las dos
fUtbrodaJ de Soatá.y Pacoque. Luégo (S kilómetros) hasta Granadillo,
es en trc llano, algo pedregoso, con una bajada y una subida suaves: se
pasa la qttebnida Ahorcado; sigue (4 kilómetros) en descenso muy
uave, poblado, hasta el vecindario de Tipacoque. Se pasa una qttebrada,
se sube un cerro limpio, el alto Nogal, y se baja hasta Gonzalito (3
kilómetros), por descenso suave, con algunas piedras: á la izquierda
sigue camino para Covarachía y Málaga, á la derecha para el Cocuy,
¡>orla Capilla. Luégo (5 kilómetros) es una bajada tendida de buen
piso, entre sementeras, hasta el vecindario de Carrera: se pasa una
flllÓrada. En fin ( 10 kilómetros), continúa )a bajada suave ha>ta cerca
del Chicamocha, y de aquí sigue por plano inclinado hasta el río y se
~ontinúa orillando, por vegas pedregosas hasta pasarlo por puente y llegar
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
11
á Capitaaejo, de donde parten Yarioe caainoe, doe para el Norte y ano
para Oriente· al talir de Carrera se pasa la fM16rllill Cantarrana, y antea
del río la de Cuyacoque. De Soatá al río se suben 300 metro• y te
bajan I,ooo.
Cuanto á la vía de Málaga (por todo 59 kilómetros, zo horas),
Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año IV N. 135", -:-, 1900. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691052/), el día 2026-04-04.
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