A~OIII Bogotá, Noviembre 1 8 de 1 899 NUM.126
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ORGANO DEL :MINISTERIO DE GUERRA Y DEL EJERCITO
DIRJ:CTOR AD-HONOR.EM, FRANCISCO J. VERSARA y V.
Coronel, Miembro de la Sociedad Coloml-,iana de Ingenieros
Son colaboradores natos de este periódico todos los Jefes y
Oficiales del EJército de la 'República
OFICIAL
( 29 DE OCTUBRE)
sobre Contabilidad militar
El Prnidenre de la República
En uso de las facultades extraordinarias de que está investido por
la Constitución nacional,
DECRETA
Art. 1.0 Los sueldo y asignaciones de los militares en serviCIO
activo, quedan exentos de los de¡cuentos del Montepío Militar y de
todo embargo administrativo, hasta nueva resolución del Gobierno.
En consecuencia, los PagaJores se abstendrán de retener parte alguna
de los sueldos y asignaciones militares por los motivos mencionados.
Art. 2.,. Los Comisarios Pag'ldores, los Intendentes del Ejércite,
los Contad?res de Marina, y, en general, todos los Pagad >res de gastos
militares en campafi:t, formularán su<; cuencas, mientras no se declare
re tablecido el orden público, y con el fin de facilitar su rendición, por
el sistema de Cargo y Data.
Se comprobarán los ingresos con las notas originales de remesa, 6
con las libranzas, según el caso, que expiden los emplead;')s de hacienda,
Recaud;~dores, ó que tengan carácter de tales ; y los egresos, con
el recibo del imeresadot previa ordenación del Ministerio de Guerra.
1 \ Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República, Colombia.
BOLETÍN MILITAR
6 del empleado militar que estuviere suficientemente autorizado para
ello por el Gobierno.
Art. 3. 0 Los recibos de egresos se extenderán por triplicado, debidamente
autoriz:¡dos por el ordenador, á fin de que la cuenta del responsable
lleve su comprobante natural, y pueda pedirse con las otras
dos la legalización de los gastos anticipados.
Art. 4. 0 Los Pagadores de que trata el artículo z.o remitirán por
correo ó cuando las circunstancias lo permitan, á la Pagaduría Central
de la República, una relación detallada de los gastos que hayan hecho,
con excepción de los pagos á los Habilitados, gue figurarán en la cuenta
de remesas, como lo dispone el artículo 7.o del Decreto número 365
de 10 de Agosto del presente año.
Art. 5. 0 Los Habilitados del Ejército describirán también sus csuentas,
duran te el estado de guerra, por el sistema de partida sencilla, y se
ajustarán en lo demás al Decreto citado en el artículo anterior.
Art. 6.o Los Ordenadores de gastos militares en campaña, llevarán
una relación pormenorizada de los gue decreten, la que presentarán
al Ministerio de Guerra para los efectos ulteriores.
Art. 7.0 La Corte de Cuentas no exigirá otros documentos que
los aquí señalados, en cuanto vinieren arreglados al presente Decreto,
para el examen definitivo de las cuentas de los responsables militares.
Art. 8. 0 Las dudas ó vacíos gue se notaren en la aplicación del
presente Decreto, se consultarán con el Ministerio de Guerra, ó se llenarán
por éste por medio de resoluciones.
Dado en Ana2oima, Departamento de Cundinamarca, á 29 de
Octubre de I 899.
MANUEL A. SANCLEMENTE
El Ministro de Gobierno, RAFAEL M. PALACIO-El Subsecretario
de Relaciones Exteriores, encargarlo del Despacho, ANTONIO GÓMEZ
REsTREPo-El Ministro de Hacienda, CARLOS CALDERÓN-El Ministro
de Guerra, JosÉ 6ANTos-El Ministro del Tesoro, RAFAEL ÜRTiz-El
Ministro de Instrucción Pública, MARCO F. SuÁREZ.
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:tNsrrPw uo==:toN
SOBRE TRANSPORTE DE TROPAS EN FERROCARRIL (1)
1.o Siempre que una tropa deba viajar en ferrocarril su jefe recibirá
del respectivo superior la orden de movimic1Jto por tren y Ll itinerario
del tren. La primera indicará: 1 .0 , la estación de partida y la de
llegada; 2.0 ' as estaciones donde el tren se demore; 3.0 el día y la hora
de partida; 4.o el día y la hora de llegada y el acantonamiento hacia el
cual debe dirigirse la tropa al desembarcar. El itinerario indicará: J.O
el efectivo del tren en material; 2.0 la hora de partida, la de llegada y
• De orden del Ministerio de Guerra se ha arreglAdo la presente instrucciÓn sumaria,
que regirá con el carácter ele provÍiÍonal hasta tanto no se disponga lo contrario.
!
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BOLETÍN MILITAR
la en que pasa por las estaciones intermedias donde el tren haya de demorarse
lo minutos por lo menos.
2.° Cuando el transporte no exija más de 8 carros el jefe militar
superior del lugar de la estación puede ordenar se haga uso de un tren
ordinario. En todo caso el jefe de la tropa que deba embarcarse apenas
reciba la flrden de m?vimiento pflr trelt, que se comunicará también al
jefe de la línea férrea, envía á la estación de partida un aviJo de tranrporte
que indique el personal de la tropa, el equipaje, caballerías y parque
que conduce el cuerpo, las estaciones de partida y de llegada, y la
hora de partida El jefe de estación devolverá inmediatamente el aviso
con la indicación del tren que hará el transporte.
3. 0 El Intendente militar ó quien haga sus veces, habrá ~ido avisado
del movimiento por el jefe militar superior, y de acuerdo con ese
aviso enviará al jefe de la tropa , que se mueve la hoja de viaje y un
Bono de firrocarri! para el personal que haya de transportarse.
4ositan
sus instrumentos.
El embarque principia en el acto. Si la tropa ha de 1apr en wagon,
dos clases suben al carro teniendo en la mano el aco y el fusil;
los soldados no montan•sino después de que sucesi'>amente les han pasado
las mochilas para que ellos las coloquen, bien debajo de los bancos, bien
en los asientos destinados ~{ tal fin. Una vez en el wagon los soldados se
sientan con el fusil entre las piernas, la culata sobre el piso del carro.
El jefe de cada wagon, que sube e::l último, dice en alta \-OZ el número
qel carro para que los soldados lo retengan en la memoria, recomienda
á 1a tropa compostura y ]a prohibe hablar en voz alta.
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BOLETÍN MILITAR 4:5!
Los oficiales dirigen y vigilan el embargue.
Las puertas de los carros no pueden ser cerradas smo por los empleados
del tren.
Si se trata de góndolas, se abrirá la banda del lado del embarque,
los morral es se colocan por hileras hacia el centro del carro por la,; do5
clases que s 1bieron primero y los soldados se acomodan á mujeriegas,
dando frente hacia donde se dirige el tren, con el fusil entre las piernas,
la culata sobr(! el piso; el jefe del carro además de lo dicho anteriorroen
te recome.1dará á la tropa afloje las 1 igad u ras de las alpargatas. Si
la tropa llevare cajas de cartuchos metálicos con viene repartirlos en las
góndolas para que sirvan de asiento á l os soldados. En todo caso, e n las
góndolas no se embarcará sino un núm ero tal de hombres que queden
20 centímetro entre éstos y las bandas del carro.
En seguida se embarcan las cantineras, que ocuparán uno ó m :ís
carros addante de los que llevan el material del cuerpo y su custodia, es
decir, la guardia ó piquete de policía, que irá en wagon tras ;~quéllas,
junto con la banda de :ornetas .
Por último, se embarcan los jefes y oficiales, cuyo carro id colocado
hacia el medio d .... l tren, tocando la retaguardia ú los carros de
bestias y equipajes.
Cuando se trata de tropas de caballería, los jefes cnidadn de que
á las bestias no se dé pienso desde dos horas antes de embarcarse, y se
les dé de beber antes de partir para la estación. Al llegar el escuadrón
á la estación, se forma en batal a en una fila, se manda echar pie á tierra,
se dividén hombres y caballos por fracciones, e¡ u e se ponen {¡ ór enes
de un Sargento, se de-...ensilla y se colocan las monturas á retaguardia
de l os caballos, que permanc~edn embridados. A la eíla] dt.:l caso
principia el embarque de bestias simultáneamente : dos soldados se sitúan
'le cada bdo de1 puente \'Olante, para a ·udar á reducir á lo~ cab:~llos
rebelde-;. El primer jinete de la derecha de cada fracción a\'an~a sin
vol ver [1 \'er su montura, que llevad cogid.-t de las riendas ccrc .del
freno, entra al wagon, cuando el caballo lo ha seguido gira á la dcrec 1:1
, e lo . n u ba aj e ac e do ccn as iNli c;a c'o es u 1 1 g e emple.
tdo (p rpendicular ó paralelamente <Í la \'Ía), y sale del carro. Despué
cacl:t jin~te coloca u e ballo contra el que ya lo e tá, y una vez
que se completa una üla ó grup , se tiempla una cucrJa que c:er v irá á
todos de pretal. En el espacio que quedn libre entre cada dos grupos de
caballos, s uben los guardianes de cah1l1eriza, quienes lo hará n sin armas
ni eq•tipo, las que confi~rJn al c~b o de . u escm:dra, para atender á
las bc~tias. Las sillas se ~mharcan en le • c.,rros en qnc monten los lwmbres,
quienes las llenn á eilos en eguida, después de Jo cual suben ~ su
turao conforme se indicó para la infanterfa.
El material y equ;po del cuerpo se habrá embarcado oportunamente,
pue;to que .~ 1.t estación lo conduce la guardia de policía. Los
caballos de lt> ofici.tles se embarcan , in deeensillar.
1 ~· C ·msigJta d!lralltf el fJttt}t-E"> prohibido á todo old.tdo pasar
de ur1 carro á otro, cantar 6 gritar, r fu111ar en Jos carros de bestias 6
equipo. En las esLaciones t4onde el trc11 hubiere de detenerse más de
diez minutos, tan l u g0 e m) se detenga, el jefe mandad. que el
Corneta toque alto: bajan los oriciales y un ciérto número de soldados
de la ~ttardia de policía ; se establecen éstos como centinelas, y se per-
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'BOLETÍN MILITAR
mite en seguida bajen al espacio así limitado los hombres, sin armas.
Donde la detención sea menor de diez minutos, el jefe de la guardia de
policía, por petición de los jefes de wagon, podrá permitir se desmonten
los hombres ¡ue tengan necesidades corporales urgentes que satisfacer.
En todo caso, tres minut.:>s antes de seguir la march 1 vuelven á
subir los hombres. En cada parada los oficiales darán un vistazo á los
carros.
Cuando por escasez de material la tropa viajare en parte con gran
incomodidad, si fuere preciso hacer en el camino un alto de alguna
duración, el jefe lo aprovechará para que perm.Jten las tropas que van
peor con las que hayan ido con menos incomodidad.
Rn los altos no se obliga á ningún soldado á que se desmonte,
pues esto es facultativo para cada cual.
Todo tren militar irá Frecedido por una locomotora con una góndola
á una distancia no menor de 3 kilómetros: en la máquina irá un
oficial de confianza. Prohíbese terminantemente el uso del pito en estos
trenes, quedando facultado el jefe de la fuerza embarcada para reducir
á prisión á los empleados del tren que la violaren, entregándolos á la
autoridad política del lugar para los efectos del caso. Es obligatorio para
el jefe de un tren hacerlo detener tan pronto como así lo pida el jefe de
la fuerza, por creerlo necesario ó conveniente á la operación militar que
se ejecuta.
I S· Llegada á la CJt~tciÓII término del viaje-En la estación que
precede á la terminal, los empleados del tren harán la advertencia del
caso á la tropa, para que ésta se prepare á desembarcar sin demora. A
la llegada al término del viaje, el jefe de la fuerza hace que en el acto
dos oficiales reconozcan el terreno, manda al jefe del piquete de policía
coloque los centinelas necesarios para guardar el orden, y designa
la porción de esa tropa que custodi&rá el material y lo conducirá al
cuartel ó al sitio donde debe cargarse á lomo de bestia. El oficial encargado
del viaje estudia rápidamente las disposiciones tomadas por el jefe
de estación para el desembarco de bestias y material, y da parte al jefe,
quien nombrará un piquete que ayude en la faena al personal de la línea,
si fuere necesario.
Al toque de,atenció11 y marchtl con seña de la fuerza, los hombre!
salen de los carros sin precipitación, con su fusil, teniendo en la mano
la vaina de la bayoneta : las mochilas les son pasadas por las dos clases
ya mencionadas. Los soldados cuidar'l n de no apoyar sus armas contra
los carros, y los músicos pasan á recoger sus instrumentos. U na vez que
los soldados se h::tn puesto el morral á la espalda, se forman por fracciones
frente á los carros, como se explicó para el embarque. El jefe
mueve por el flanco la tropa, y la retira sin demora de la estación,
para disponer vuelva á arreglarse por compañías así que salga de ella,
y la dirige al pu:1to señalado por la orden de marcha. Antes de que
partan las tropas los empleados recorrerán los carros, en compañía de 1
brigada y de las clases de plana mayor, á quien : s entregarán los objetos
que la tropa haya podido dejar ol \'Ídados.
De ordinario el desembarco de un batal Ión dura media hora, y el
doble el de un escuadrón. En la caballería á la llegada procede así: bajan
de Jos carros los soldados con su silla y la colocan delante del lugar
donde formará la tropa; después desembarcan sucesivamente lai bestias,
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BOLETÍN MILITAR 455
que se conducen al mismo pun•o, donde se ensilla y monta para salir
la tropa de la estación y obrar corno se dijo de la infantería.
El oficial encargado del viaje vigila el desembarco de las bestias de
oficiales y del material de la columna. ---- .. ..-. ----
Conferencias de los Oficiales de la Misi6n Francesa
SERVICIO DEL CAÑÓN DE MONTAÑA
(Continúa)
Escuela. de bateria
Escuela ae batería sin las mulas-La escuela de batería sin las mulas
tiene por objeto aco~tumbrar el personal de cada batería á la disciplina
del fuego y á la práctica de todas las operaciones que comporta
la ejecución del tiro.
Es enseñada por el Capitán desde cuando la instrucción esrecial
de puntería esté suficientemente adelantada.
El Capitán tendrá presente que los ejercicios de conjunto constituyen
el objeto principal, casi el único de la escuela de batería. Evita
dar las voces Para cambiar de puestos, Carga en cuatro tiempN, Carga á
a:·scruión, destinadas únicamente á servir de medios de instrucción
elemental. Indica á los Jefes de sección las condiciones en las cuales
se debe hacer el cambio del personal entre los varios puestos durante
las maniobras.
Aunque el presente reglamento no hable de una escuela de sección
sin las mulas, el Capit·1n emplea una parte de las maniobras de la
escuela de barerÍ.l en hacer rnamobrar las piezas bajo el mando de los
Jefes de sección. Estos enseilan, á su turno, á su sección, toda., las disposiciones
de detalle relativas á la ejecución de los fuegos.
Algunas veces el Capitán vuelve á hacer ejecutar el servicio de la
boca de fuego, y aun la instrucciÓn individual, c;i lo juzga conveniente,
dando á cada jefe de pieza el mando de su pieza.
Formación de la baterfa·--La batería o;e compone de 6 piezas y 12
cajas agrupadas en secciones de 2 piezas y 4 cajas. La batería la manda
el Capitán, cada sección un Teniente, cada pieza un Sargento. Hahní.,
además, un Sargento polvorista, encargado de dirigir la distribuci6n de
las municiones, auxiliado por 3 Cabos.
El Capitán y los Jefes de secciones no desenvainan el sable sino
para las maniobras de parada. No lo conservarán nunca en la mano duran
te el tiro.
Cuando los pelotones de sirvie!ltes esttÍ11 formados en batalla, cada jefe
de pieza c;e coloca á la derecha del pelotón de su pieza, en la primera
fila; cada Teniente á dos pasos delante del centro de su sección, y el
Capitán en el certtro de su batería, en el alineamiento de los Tenientes.
El Sargento polvorista se coloca á 4 pasos detrás de la izquierda
del pelotón de la 3· a pieza, y cada Cabo :1 la izquierda del pelotón de
las piezas de número par, en la primera fila.
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BOLET!N MILITAR
Cuando los pelotonn están en columna, cada jefe de pieza marcha á
la altura, y á un paso de la cabeza de su pelotón ; cada Teniente á
un paso y á la altura de su jefe de pieza que está á la cabeza de su
sección ; el Capitán á 4 metros del flanco de la columna y á la altura
del centro de su batería, del lado de la 1 .• fila. El Sargento polvorista
marcha á la altura de la cabeza del pelotón de la terc e ra pi e za, al lado
de la 2. • fila; y cada Cabo adelante de la primera hilera de su pieza.
Cuando los sirvimtn ntán en JttJ puestos, cada jefe de pieza se coloca
frente á su pieza, á la altura de la contera, á un paso atrás del segundo
sirviente de izquierda de la pieza; cada Teniente se coloca al frente
delante del centro de su secci ó n, á la altura de la mitad de la distancia
de las piezas á las cajas ; el Capitán, igualmente al frente y delante
del centro ó á 1 o metros afuera de uno de los flancos de la batería,
á igual distancia de la línea de las piezas y de la línea de los Jefes
de secciones. El Sargento polvorista se coloca al frente y delante del
centro de la batería, en el alineamiento de los terceros sirvientes de
derecha; cc.da Cabo se coloc ;., al frente y delante del centro de su sección,
sobre el mismo alineamiento que el Sargento polvorista.
En la instrucción, el Uapitán se traslada á donde quiera que sea
necesaria su presencia.
El material se coloca como está prescrito (número 5), con un intervalo
de 7 metros entre las piezas.
Entrar m batería-Para hacer entrar en batería por un movimiento
de conjunte, el Capitán hace marchar su tropa con un movimiento
por el flanco derecho (ó izquierdo), teniendo cada pelotón su izquierda
en cabeza, lleva la columna hacia la boca de los cañones, y manda: .A
1111 piezas.
A la voz A JtJJ piezas, cada jefe de pieza lleva su pelotón h;~cia
la boca de la suya, y manda : j/ ariación á sus puntos. A esta voz los
airvientes entran á sus puestos, como está prescrito (número 27), y se
equipan á la voz de sus jefes de pieza.
En cada sección, cuando los s irvientes están equipados, los terceros
sirvientes de ambas piezas marchan á lac; cajas de la pieza de la derecha,
y se colocan dando frente hacia adelante ; los de la primera pieza
á la derecha ; los de la segunda á la izquierda ; los terceros sirvientes
de izquierda, á la altura de los extremos anteriores de las cajas; y
los terceros ~ irvientes de derecha, i la altura de los extremos posteriores
de las mismas.
Los jefes de sección, los jefes de pieza, el Sargento polvorista y
los Cabos jefes de cajas, ocupan sus puestos de batería (número 72 ).
El Capitán hace poner armas ~ la espalda antes de entrar en batería
; si no lo mandare, loa artilleroi lo harán como si se hubiere mandado,
y 11egan á sus puestos.
Para hacer entrar rápidamente en batería rür movimientos individuales,
estando la tropa formada en batalla, en marcha ó á pie firme,
ó rotas las filas, el Capitán manda : 1.° Firmes; 2.0 .A JtLJ puntos.
A la voz A JUJ ptustos, cada uno se dirige á su puesto á paso de
trote. Los sirvientes se equipan á la voz de los jefes de pieza.
El Capitán puede hacer equipar los sirvientes antes de hacerlo~
entrát en batería ~ á su orden los apuntadores van á traer los juegos de
armas.
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BOLETÍN MILil.'.AR
Qtlitnr las limoneras-Estando equipados los sinientes, para hacer
quitar las limoneras el Capit;¡n manda : Quitt11 las lmwneras.
Este movimier.to se ejecuta como está prescrito en la escuela del
pelotón de la pieza (número.. ).
Po11er las lrmoneras (número r6)-Para hacer poner las limoneras
el Capitán manda : Po11gan /ds limourtu.
Este movimiento se ejecuta como está prescrito en la escuela de
]a pieza (número 1 8).
Ealtr de batería (número •. )-Antes de hacc.r salir de batería,
el Capitán manda poner las limonera~, y es de su deber (número .••. )
hacer desequipar Jos sirvientes.
Para hacer salir de batería por un movimiento de conjunto, manda:
1. 0 Por la derecha (ó izquierda) salgan de batería; 2.0 Marchm.
A la primera voz, los jefe:> de sección ~e colocan á 6 pasos atrás de
la línea de la boca de las riezas ó en la prolongación del centro de su
sección, frente hacia donde tiene su salida la columna; los jefes de pieza
se colocan en el alineamiento de los jefes de sección, frente al mismo
lado, sobre la prolongación de su pieza ; los Cabos se colocan á la delecha
(izquierda) de los jefes de pieza que están á la cabeza de cada
sección; y el Sarganto polvorista á la altura y á 4 pasos á la derecha
(izquierda) del jefe de sección del centro.
A la voz lv!arclun, cada pelotón ejecuta el movimiento prescrito
(número 1 3), gira á la izquierda (derecha), dejando el jefe de pieza al
lado de la primera fila ; desru~s marcha á colocarse en la prolongación
del pelotón que precede. Cada jefe de sección ·se coloca al lado del jefe
de pieza de la cabeza de su sección, y dirige este pelotón.
El pelotón de la pieza de derecha (izc¡uierda) marcha á paso redoblado.
Los otros pelotones marchan á paso de trote ; pero cuando entren
en col u m na, es decir, al llegar á la di, tancia de un paso del pelotón
que le precede, cada uno de ellos sigue á paso redoblado.
Estando formada la columna, el Capitán la dirige y la forma en
batalla por un movimiento de flanco, según lo pre crito en las maniobras
de infantería.
Para hacer salir de batería por movimientos individuales, el Capidn
se coloca á 4 paws delante del lugar en donde quiere formar la
tropa, á la altura del centro, dándole frente y levantando el br;~zo,
manda : A formar.
A esta voz los jefes de ~ección, los jefes de pieza, los Cabos, el
Sargento polvorista y lo artilleros, forman cada uno en su frente respec
ti vo.-(C o11tinuaní)
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DOCtJ~t"E! 1'0e l~ÉlD11.'0e
Camprzíia de t819-182o elt el Gnucrl
(Continuación)
Día 1.0 at Noviembre l1ns/d 4 ifu!ttsi'l•e.-He posado en Cali tratando
de dar cumplimiento á mi comisión. Nada se sabe del enemi¡o.
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Día S· Este día permanecí en el mismo lugar. Por la noche se
dio un vítor en h casa de mi alojamiento por el pueblo en obsequio
de los Libertadores, particularizando á los Excmos. Sres. Presidente y
Vicepresidente, al que concurrieron más de 7,ooo almas de ambos sexos
y todas edades que no cabían en toda la calle. Esta es la menor demostración
del entusiasmo de los habitantes de este lugar. Después un
gran baile y refresco.
6 incluJive hasta el 9· Estos días me he mantenido en Cali y no ha
ocurrido sino que el día se organizó una compañía de 8o hombres armados
de fusil y marchó para Popayán.
Día 1 o. Salí de Cali á las 7 de la mañana. A las 9 pasé el río
Meléndez, C!Ue siempre tiene vado; á las r 1 el Jamundí, que no tenía
vado, pero tiene puente para pasar de á pie; á la media hora de haber
pasado 1legamos al pueblo del mismo nombre, en donde comimos; á la
1 salimos de este lugar y llegamos al Cauca por el paso Jlamado La
Bolsa á las 3 ~' en donde pernoctamos.
Día 1 1. Salimos del paso del Cauca, á las 5, nos embarcamos en
el mismo río, porque el camino de tierra estaba malísimo. A las 1 I saltamos
á tierra y á la media hora de mal camino pasamos el Estero
de Taula, por balsa, que tendrá una cuadra. A las 7 de la noche
lJegamos á Quilichao, en donde nos quedamos. Este camino es llano
pero malísimo.
Días J 2 y 1 3· Permanecí en Quilichao buscando bestias para continuar
la marcha. Nada se sabe del enemigo.
Día 14. Salimos de Quilichao á las 8 de la mañana y despllés de
haber caminado una hora pasamos el río Alegrías, después de otra el
río M andibá, y á hora y media de éste, pasamos el río M un domo, que
es bastante grande y al llover impide el paso. A una hora y cuarto
pasamos el río de Ovejas por puente, que es muy correntoso; á tres
cuartos de hora pasamos el Cabuya], que no impide el paso aun cuando
Jlueva; ~media hora de éste se pasa el río Pescador; éste es bastante
correntoso y en invierno no da paso porque no tiene puente. A las 5
llegamos á una venta llamada M cleno, en donde: pernoctamos.
Día 1 S· Salimos de Meleno á las 7 ~ de la mañana y á media hora
se pasa la qlitbrada de Tunfa y á tres horas de ésta el río Piendamó;
éste es bastante caudaloso, pero se pasa por puente. A media hora se
pasa el río Miraflores, y á una hora el Cofre, bastante grande, pero tiene
pucn te; á media hora de éste el do Blanco, que no es grande; y á otra
hora de este 1 ugar se 11ega al río Ca u ca, que 11e pasa por un famoso
puente de cal y canto, y á una de éste entramos á Popayán, en donde
encontramos al Sr. Gobernador, que desde el 7 había llegado; indagando
con dicho señor acerca del enemigo, me dijo que nada sabía, ni aun de
la posición que ocupan, pero que ya había mandado espías y el 12 había
mandado una Compañía del Batallón Cazadores y un piquete de caballería
sobre el camino de Paría con el objeto de ver sí se descubría
algo.
Día 16. Esta noche llegó un Oficial de los que habían salido el
12 sobre el camino de Patfa y dice que fueron 6 leguas distante de
aquí y que absolutamente nada descubrieron.
Día 17. Nada se sabe del enemigo; este día se estableció la maestranza
y se principió á coser la ropa para la. tropa, pero de l.1 tierra.
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BOLETÍN MILI1.'AR Ui9
Día t8. Llegó la partida que estaba sobre el camino de Patía y
po!' un indio que el Comandante cogió, de esta Compaiiía, se calculan
1, 500 hombres enemigos de Patía hasta Pasto. Se dio una comisión
para formar un E:>cuadrón de cabalJería en la jurisdicción de Buga. En
este día llegó un oficio del Comandante en que da parte que en los
puntos de Iscuandé y Barro, en la costa, hay una partida de 2 5 hombres
mandados por D. Manuel Silvestre Val verde. Se ha dado orcien
para que salga igual número á batirlos. El expresado Valverde es astuto,
malo, malísimo.
Día 20. En Popayán sin novedad alguna notable.
Día 2 1. Nada ha habido notable en este día.
Día 22. Este día salieron dos partidas: una por la vía de Timbío
hasta Antón Moreno, dos leguas distante de aquí, y la otra por la vía
de Chime hasta Río Hondo, dos y media leguas distante de aquí. Nada
de particular han descubierto. Estos dos caminos se dirigen á Patía,
pero por el de Antón por Timbío se va á Pasto sin tocar con Patía.
Día 23. Hasta este día no se tuvo noticia del Capitán Gutiérre¡
que de Cartago salió en persecución de Mcndigurcn el 23 de Diciembre,
éste comunica que á su llegada á Quinchfa (que es un pueblo en la
jurisdicción de Anselma) se dispersó la partida enemiga; los españoles
juntos se metieron á los montes y dos Oficiales americ::tnos con 20 soldados
armados se presentaron á Gutiérrez, el re~to se había dispersado,
pero ya se estaban presentando.
Día 24. Este día ha venido un parte del puerto de Anchicayá, dado
por el ciudadano J. Antonio 1\fuñoz, en que comunica que una fragata
de la Escuadra de Buenos Aires y Estados Unidos de Chile ha ocupado
el 30 del próximo pasado el puesto del Banco, habiendo cogido dos
buques, unos emigrados de Popayán y dos españoles comerciantes que
se hacían <{ la vda para Panam·í . El Tenient~ Valverde y el Capitán
de bandidos de Patía, Vicente Parra, que ocupaban esl~ ·punto, han
escapado tirándose al monte, hubo algunos heridos y prisioneros de
parte enemiga. I•"n este mi mo día salieron tre compañías del Batallón
Cazadores de Nueva Granada por el camino de Timbío y 30 hombres
de caballería por la vía de Patía. Hasta ahora no se sabe nada de sus
operaciones.
Día 25. Este día se recibió un parte del Capidn Fernando Var·
gas, que fue de Comandante de la partida que salió para Patfa, en qu~
dice que ha ocupado la cuchilla y que sabe por varias noticias que el
enemigo se ha retirado al Cabuya!, distante 6 leguas de la cuchilla,
pero que ignora cu,tl sea la fuerza que tenga.
Día 26. Este día se recibieron unos pliegos que dirige el inglés
Comandante de la fragata que tomó el punto del Banco al General en
Jefe, los que siguieron p r la posta, con ]a última prontitud.
En este mismo día entró s ensillan, embridan, montan y se dirigen
al sitio cle ignado para la reunión. Si sólo deben ensillarse
los caballos, pero sin sacarlos de la caballeriza, e toca botasillas;
al o~rse esta seí1al los hc .. mbres ensillan ;' esperan el toque de á caballo
para embridar y s:...lir de la caballeriza. Cada oficial inspecciona
su pdotón, hace pasar li ta por el sargento y da parte al comandante
del cscuadrun, quien reúne la tropa y manda contar
cuatros. Si se trata de un regimiento, en seguida los Nlayores dan
parte, á su turno, al comandante, el que des pues de rec1 bir los partes
de sus subordinados, reune la fuerza y pasa á dar parte al primer
jefe y á recibir sus órdenes. Cuando la tropa deba reunirse á
pie, e hará tocar llamada uatro veces consecutivas: al uír e ta
seiíal los hombr~.s forman y luego se practica la revista y se dan
los partes conforme se dijo atrás.
ALr EAMIJ:: , " 1 os - El 1 layor se sitúa fuera del ala que va á
servir de ba e p 1ra el movimiento, en la prolongación de la línea
que haya e·cogido; coloca sobre esa línea al jefe de pelotón más
próximo y manda: Por la d eredzá (izquierda) ALir-:.!ARSE. A esta
voz los jefes de los otros tres pelotones se ali11ean sobre el que ya
está situado, el sargento del centro y los cabos de las alas de los
pelotones se colocan 1 i metros atrás de su jefe respectivo, y cada
pel0tón se alínea como está prescrito. 'ran luego como los jefes
de pelotón estén ordenados, el comandante del escuadrón manda:
firmes.
A aRIR Y CERRAR F 1 LAs-Se ejecuta conforme se explicó en
la escuela de pelotón.
RETROCEDER-Para mover el escuadrón á retaguardia, sólo
algunos pasos, el jefe manda: Escuadrón, á retaguard10, MARC.HEN;
escuadrón, ALTO.
MARCHA DIRECTA EN BATALLA-La marcha directa del escuadrón
en batalla se ejecuta conforme se indicó en la escuela del
pelotón. El comandante, colocado delante del centro del escua-
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DOLETÍN MILI'l' A.R
drón, á medio frente de distancia, sirve de guía. Al jefe del segundo
pelotón regla su marcha de modo que el centro de la tropa
se encuentre siempre á la distancia prescrita y en la dirección marcada
con respecto al comandante del escuadrón. Los otros jefes
de pelotón se ahnean sobre el del 2. 0 y conserva.n Jos intervalos
que deben separarlos de él. La fila exterior vigila que el sargento
del centro marche exactamente detrás del jefe de cada pelotón. El
comandante pone el escuadrón en n·ovimiento á la voz de Escuadrón,
de frente, MARCHEN, y lo detiene con la de Escuadrón, ALTO.
Cada vez que el e cuadrón se detenga después de haber marchado
en batalla, los jefes de pelotón rectificarán su alineamiento sobre
eldel2. 0
Los cambios de aire ó paso se ejecutan conforme se prescribió
para el pelotón. Pata ganar terreno hacia uno de los flancos,
el jefe mandará: Pelotones, á la dtrecha (izquierda), de frente, MARCHEN.
La tropa vuelve á su frente primitivo á la voz de PelfJtones,
á la izquierda (o derecha), MARCHEN, y luégo se ordenará: De
frente, MARCHEN, Ó ALTO.
Estando el escuadrón en batalla, en marcha ó á pie firme,
para hacerlo marchar á retaguardia el jefe manda: Pelotones, media
vuelta, á la derecha (ó izquíerda), MARCHEN. Este movimiento se
ejecuta á la vez en cada pelotón, como en su lugar se indicó. Terminadas
las conversiones, los pelotones avanzan de frente á la voz
De frente dada por el jefe. Si en vez de avanzar, el jefe quiere
detener su tropa, mandaní: ALTO, en el momento en que los pelotones
van á terminar la conversión. En tanto que los pelotones
dan la media vuelta, el comand::1.nte avanza á situarse sobre el nuevo
frente, pasando para ello por entre los dos pelotones del
centro.
CoNVERSIONEs-La conversión del escuadrón en batalla sobre
eje fijo se ejecuta á pie firme o marchando, á las voces de:
Escuadrón, á la derecha (izquierda), semiderecha ( emizquierda),
MA.f< CHEN, DE FRENTE, ó AL' o, del mismo modo ordenado en la
escuela del pelotón. El jefe, que es el guía del escuadrón, se conforma
con lo prevenido en su lugar á los jf"fes de pelotón. Estos
regularán su marcha de acuerdo con el movimiento que debe ejecutar
el escuadrón, y los pelotones siguen á sus jefes.
La conversión sobre eje 111ovible se emplea para cambiar de
dirección cua:1do. e está en columna de pdotone , y se ejecuta
á las voces de mando y conforme á lo principios fijados para los
pelotones, con la ola diferencia de que el comandante regula su
moviTI'iento de suerte que el jefe del segundo pelotón dd lado del
f je conserve el aire á que se marchaba. El radio del arco de círculo
que describe el Mayor es de 32 metros por lo común.
l'viAI\CHA OBLICUA INDIVIDUAL Ó POR PELOTONES- La marcha
oblicua individual se ejecuta del mi;)mo modo que se prescribió
para el pelotón. El1\1ayor, los jtfes de pelotón y los soldados dan
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BOLETm MILITA..It
un cuarto deo vuelta á la derecha ( ó izquierda), y avanzan de frente.
El movimiento se emplea cuando sólo se trata de ganar algún te-rreno
á vanguardia y sobre el costado. ·
Cuando la marcha oblicua en cuestión debe prolongarse algún
tanto, ó cuando se quiere oblicuar ganando m ás terreno hacia
un costado, el Mayor mandará: p eloton es, semiderecha (ó semiizquierda),
de frente, MARCHEN. Cada pelotón ejecuta una conversión
sobre eje fijo, y en seguida avanza conformándose á lo ordenado
para la marcha de frente. Los jefes de los tres últ;mos pelotones
pondrán la cabeza de sus caballos uno ó dos pasos afuera y
á la dtura de la paleta del caballo de 2.• fila del ala del pelotón
que les precede, mar han do en la dirección que sigue el jefe del
pelotón que forma la cabeza. Para volver el escuadrón á la anterior
formación en b ataHa, el i\tlayor mandará: p loto11n, semiizquierda
(ó semid,· ruha), de frent, , MARCHEN, 6 ALTO. Esté el escuadrón
á pie firme ó en marcha, se puede ejecutar el movimiento á todos
tres aires, á saber: al paso, al trote y al galope.
CoLUM rA DE PELOTO l ES: formaciones, marchas y despliegues.
FoRMACIONEs-Estando el escuadrón en batalla, para formarlo en
columna hacia uno de l0s flancos, el j e fe mandará: A la derecha
(ó izqui~-rda), en colu nna de pelotó n, MARCHEN. Cada pelotón ejecuta
una conver ión sobre eje fijo, del lado indicado, y terminada,
sigue marchando de frente. Si el Capitán quiere detener el escuadrón
una vez formada la columna, en el momento en que los
pelotones van á terminar la conversión mandará: ALTO.
Estando el escuadrón en batalla, para formarlo en columna
de pelotone á vanguardia del frente primitivo el jefe manda: en
columna, Mr RCH EN. El p e lotón de la derecha (primer pelotón)
avanza directamente á vanguardia; el segundo ejecuta un semi á
la der~:. cha, gira en seguida á la i¿q uierda conversando sobre eje
móvil y sigue al primero; el tercero y el cuarto giran á la derecha,
avanzan de frente y luégo tornan á girar á la izquierda, sucesivamente
para colocarse detrás de los dos primeros. Para ejecutar
el mi rno movimiento rompiendo la batalla por la izquierda,
se manda: Por la zzquicrda, en columna, MARCH~N. Si el jefe quiere
á la vez que estos movimiento se ejecuten á aire s más vivos,
hará seguir la voz preparatoria de la indicación del caso: en columna,
al trote (ó galopt ), MARCHE r . El movimiento se ejecuta del
mismo modo esté á pie firme ó en marcha la tropa desplegada en
batalla.
MARCHAs-El Jefe no tiene puesto fijo: cuando quiere dirigir
personalmente la columna, se coloca á un frente de pelotón
adelante del centro clel pelotón de cabeza y sirve de guía, pero en
todo caso indica el punto de dirección al Jefe del pelotón que marcha
en cabeza y sirv ~ de guía, siempre que el Mayor no de empeñe
ese papel. El segundo Jefe del e cuadrón marcha sobre uno de los
flancos y vigila para que el movimiento se ejecute con regularidad
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4.64: :BOLETÍN MILlT.A.lt
Durante el tiempo de la marcha, los j e fes de pelotón se mantienen
sobre el mismo eje, y es esencial que •e pongan en mo imiento á
la vez y marchen á un aire igu a l, á fin de que conserven la distancia:
si pierden ésta, la recobrarán poco á poco.
La columna se pone en movimiento á la voz de: columna, de
frente, MARCHEN, y se detiene á la de columna, ALTO. Cuando la
columna encuentra un desfiladero que no permita el paso con el
frente de pelotón, sin que tarnp.)co obligue á formar columna de
viaje, por ser de corta longitud, cada pelotón marcha sucesivamente
á voluntad, lo cu:.tl se ejecuta á la voz á volu"ltad, dada por
el jefe del pelotón al salir del des filad e ro. Cada pelotón recobra su
formación normal á la voz de r eunión conforme está prescrito.
Los cambios de dirección de la columna de pelotones se ejecutan
por medio de co lVersiones suce ~ i vas sobre eje móvil, á las
voces de cabeza de c1Jlum'1a á la d erecha ( ó izquierda), á la semiderecha
(ó izquierda), dadas por el Jefe. El pelotón de cabeza conversa
y sigue de frente, y los otros ejecutan sucesivamente la misma
op:ración al llegar al terreno en que la efectuó el primero. En
el acto en que se ejecuta el cambio de dirección, el Mayor indica al
Jefe del primer pelotón el nuevo punto hacia el cual debe dirigirse
la columna. También puede cambiar de dirección la columna de
pelotones con la simple indicación que para ello haga el ] efe, señalando
el nuevo objetivo de la marcha, conforme se explicó para
el pelotón: si el Mayor está á la ctt bez.a de la columna, le basta
colocar su cabalgadura en la nueva dirección en que debe moverse
la tropa.
La marcha oblicua individual se manda y ejecuta como en la
escuela de pelotón: en ella los jefes de pe! tón cuidarán de mantenerse
á la misma altura, sobre un ·1 lín e a perpendicular al frente.
También puede hacer5e ganar terrt: no á la columna hacia uno de
los flancos empleando la marcha oblicu 1 por tropas: el jefe manda:
pelotones, semiderecha (ó izquierd ), de fr nte, M -\.RCHE'l. Cada pelotón
ejecuta una conversión sobre eje fijo, y avanza en seguida.
Los jefes de los otros tres pelotones proceden como está ordenado.
Para volver el escuadrón á la e lumna primitiva, el jefe manda:
pe fotones, semi izquierda (derecha). D~ frente, M -\RCH E ¡ J' Ó bien,
ALTO. \1archando el escuadrón en columna de pe lotones, para hacerlo
ganar terreno perpendicularme nte á un de los flancos, el
Jefe manda: pelotones, á la dert?cha ( ó izquierda), de frente, MARCHE
!'l. A la vez todos los pelotones pro'"'edcn como está ordenado.
Para marchar á retaguardia se manda: p ebtones, m edia vuelta á la
derecha (ó izquierda), de frente, MARCHEN.
DESPLIEGUEs-La columna de oelotones se despliega sobre
u na línea paralela, perpendicular ú oblicua á su frente. Para mandar
tl despliegue el Jefe SP coloca sobre la línea directriz que debe
seguir el centro del escuadrón des pué ' de e ... tabl cicla la nueva formación;
cuando se trata del despliegue á van gu trdi'l, esa línea puede
no ser paralela á la dirección seguida por la columna.
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.BOLE'l'ÍN MILl'r AR 465
Estando la columna á pie firme ó en marcha, al p.1S'J, para
longitudes, de tal modo que el hecho sucederá aun cuando la divergencia
se cumpla á poca di~tancia del origen de los dos ríos; 2.0 No
-es necesario que corran en el mismo sentido, puesto que la depresión
existirá aun en el caso de que los dos nos corran con rumbos
opuestos, sólo que entonces por lo comúr. la línea que une los
codos es oblicua con respecto al eje de la línea de cumbres: en este
caso y en el anterior un arroyo marca con frecuencia la línea que
guía al puerto; 3.0 la ley se cumple igualmente en el caso de que
sólo uno de los ríos sea el que cambia de rumbo, siendo de advertir
que el puerto quedará entonces en la perpendicular levantada
sobre el codo del río que cambió de rumbo hacia á aquel que conserva
el suyo. En fin, la ley se cumple sin atender á la distancia que
. separa los thalwegs con tal que se trate de la vaguada de dos hoyas
hidrográficas contiguas, aun cuando tengan independencia desde el"
punto de vista orográfico ó el paralelismo torne á restablecerse de
nuevo á mayor distancia de las cabeceras: el famoso boquerón del
Carbón al pie de los encumbrados páramos de Cachirí y Santurbán,
etc.
La ley es independiente de la forma de agrupación de las montañas,
de su magnitud y de su t:onstitucion geológica.
Segunda ley-La Línea que une los puntos más próximos de dos
ríos que riegan valles contiguos, corran en el mismo sentido ó con rumbo
contrario, corta la cresta intermedia en un puerto-Para que se
cumpla es preciso que la aproximación de los ríos sea muy acen·tuada,
y entonces las ramas de sus codos prolongadas forman cada
una de las generatrices de la hiperboloide (x) cuya garganta será el
puerto, que e encontrará donde se crucen dichas prolongaciOnes,
pudiendo su tipo variar dentro de toda la serie mencionada. Los ejemplos
de e ta ley son mucho menos numerosos que para el caso anterior,
y su explicación sencilla por demás. Claro es entonces, por
otra parte, que si un río corre por el pie de una línea de alturas
que no le dan tributo sensible, r al opuesto lado sólo nacen riachuelos
pe~pendiculares al eje orográfico, se trata de una cresta de
altura sostenida en la cual no habrá puerto digno del nombre de tál.
4.0 El puerto y la geología-Cuanto á la forma del puerto, es
decir, la topografía del terreno en la depresión y sus alrededores,
depende, en primer término, de la estructura geológica de la crestería,
presentándose á este respecto la misma variedad que en los
terrenos ó suelos existentes de ordinario en los continentes, á
saber : en los arcillosos y pizarrosos raro es que no sean cols ó pasos
entre moles redondeadas ; en los calcáreos suelen ser una especie
de zanjas entre murallones casi perpendiculares, es decir, se
aproximan al tipo garganta; en los areniscos abunda la estrechura
sinuosa con el pie calzado por enormes derrumbes antiquísimos ;.
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472 ROLETíN ~IILIT AR
en los cristalin?s se abren, ora entre verdaderas puntas de sierra,.
ora en cuchilla de lomo sostenido, siendo en ellos donde con más
frecuencia se halla el tipo del boquerón, y aun las brecha totales
que aprovechan los ríos para salir de las regiones intercordilleranas.
Como se cumprende, es en los puntos de contacto de dos formaciones
geológicas distintas donde pueden hallarse los ejemplares
más perfectos y grandiosos del puerto seco ó de montañas _
5· Puertos y caminos-Siempre será conveniente en el trazo
de las vías de comunicación buscar el paso por los puertos de las
cumbres; pero es preciso huír de las vaguadas ó líneas de máxima
pendiente, en cada vertiente de la sierra, al buscar el punto de
partida ó cumbre del puerto. Los caminos en los puertos exigen
conservación muy esmerada, como que son fatigosos en la
su bid a y expuestos en la bajada, pues de ordinario se encuentran
en el antepuerto las mayores y más fuertes pendientes de la vía.
Como el puerto es siempre un punto elevado, en especial si se trata
de las mayores cordilleras, está expuesto á grandes fríos, granizadas
y constantes garúas en invierno ; los vientos son de ordinario
de grande intensidad, pues vienen enfilados por la cañada, hasta
hacer imposible el paso en ciertos tiempos, etc. Par esto, cuando
en una cordillera hay varios puertos accesibles, al proyectar operaciones
debe pesarse con cuidado si será más conveniente alargar
la marcha para pasar por un puerto más bajo ó cómodo que otro,
ó si, por el contrario, la disminución de la línea recorrida resultaría
más adecuada al fin que se persigue. En tesis general, deben
preferirse los puertos abrigados, por la menor fuerza que su travesía
hace gastar á un ejército.
Militarmente considerado, el puerto no es sino un desfiladero,
y su ataque ó defensa se sujeta á los principios que rigen el ataque
ó la defen a de las ere ta . Cuanto á las observaciones que
anteceden, palmaria es su importancia para encontrar en las montaña
pasos practicable á v c,e desconocidos aun á los mismos habitante
, de lo cual podríamo citar más de un clá ico ejemplo.
En re. u m en : la cab za de los valles no se aplica á la en illadura
de las cre · tas, ino á la ma as montañosas que guardan
esa depresión. Dicha cabeza ó antepuerto rara vez es angular,
pues de ordinario e mue:tra crateriforme ó dispuesta en anfiteatro
cuadrangular con ángulos cortados. En todo caso, las masas
ó altas crestas que alineadas marcan el lomo de la sierra, e tán
divididas unas de otra por puertos comprendidos entre los estribos
que apoyan dos de esas masas contigua , cuya existencia no es
revelada ni por el examen de las líneas hidrográficas, ni por el genero
de agrupación de las moles de la cordilJera.
6. Además, no basta mostrar la correlación estrecha de los puertos
y de la:s leyes que rigen la agrupación y e~tructura de las montañas
en las cuales e tán abiertos; preciso es también indicar cómo.
.aquellos contribuyen á traz2.r la marcha natural que debe seguirse
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BOLET1~ MILITAR 47S
en el estudio de los relieves y qué ventajas deriva el espíritu de
compaginar su posición con los principales caracteres orográficos
y geológicos de la región. Por esto en tratándose de macizos cristalinos
aunque los veamos aislados aparentemente, no podemos deducir
que entre ellos no hay enlace alguno. En efecto, el eje de
cada cordillera estará siempre formado en primer término por una
especie dada de rocas, que ya emergen como islotes, ya desaparecen
cubiertas por otros terrenos no alcanzados á romper ó que se formaron
después en las depresiones. El enlace siempre existe aun
cuando sea subterráneo; en especial si el eje es cristalino, puede
comparársele á una línea de arrecifes que afloran de trecho en trecho:
entre dos macizos consecutivos el eje presenta una serie indeterminada
de otros ocultos, análogos á las romp1entes que estárt
siempre sumergidas, lo que explica porque aun dislocados en todo¡
sentidos los terrenos intermediarios están cruzados por una haz
de brechas y de puertos.
Lo esencial es, pues, conocer los rasgos que caracterizan la
fisonomía de la comarca, por lo cual el estudio de una cordillera
debe abarcar;
1.0 Los macizos cristalinos, centros de erupción, con orientación
y altitud de sus cimas, depresiones que los aislan de las rnasas
vecinas, torrentes que de ellos descienden y caracteres de lo·
valles que dominan.
2.° Cadenas y macizos secundarios que se alzan á uno ó
ambos lado~ del eje principal, con los mismos datos.
3.0 Puertos existente. al pie de los macizos cristalinos, en los
puntos de arranque de las masas ~ecundarias y en el desarroJlo de
estas; dividiéndolos en haces ó grupos relacionados con los grandes
valles gue ponen en comunicación.
4.0 El estudio del glacis que e apoya por uno ó ambos lado
sobre la cordillera cual si fueran las gravas de un acantilado y que
desciende hacia la va g uada de un río en valle longitudinal. Este
glacis puede dividir se en una serie de conos de deyección de base
amplificada, puesto que en coniunto no e sino el amontonamientG
de despojos de todo tamaño (limo ó cantos errático~ ), que tuvie
ron por vehículo principal antiguos glaciares ó aguas diluviale .
__ __,..·~--
(Concluye)
Napoleón concurrió al Haya Santa á infundir confianza "
::,US soldados con su rostro sereno. Allí permaneció bajo una lluviJ.
-Je balas, contemplando tranquilo los resplandores con que llenabaa
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DOLETÍN MILITAR
el aire las granadas. A su lado mataron al jefe de la artillería de
la guardia . .Por lo que le informó un oficial del Mariscal Grouchy,
que había logrado llegar hasta él, comprendió Napoleón que su
ala derecha no entraría en batalla, porque el Mariscal no habí-t
ni comprendido sus órdenes, ni se había dado cuenta de la topografía
del terreno. Pensar en retirar su ejercito era una temeridad,
porque se p día ver envuelto, dando, ademá , á sus e(lemigos
el derecho de creerse victoriosos, y á sembrar en sus soldados la
desconfianza. Así pues, resolvió contrarrestar, hacerle frente á la
situación, y modificó su pla11: ::. u nuevo proyecto consistía en
acoger á los prusianos de una manera tan vigoro a, que permanecieran
anonadados por el golpe durante una ó dos horas; encaminarse
en seguida por el camino de Bruselas á la meseta, con el
cuerpo de Erlon, la guardia con sus caballerías, y las demás tropas
que pudiera tomar, para terminar la jornada con un acto de
desesperación; pero para poder obrar así necesitaba hacerse dueño
del Haya Santa para contenerlos mientras se contemporizaba,-y
acumular tropas allí para llegar en pocos momentos á donde estaba
W éllington. Ordenó á Ney tomar esta posición á todo precio, y
que una vez establecido en ella, esperase la señal para emprender
una acción definitiva contra los ingleses. El Príncipe Jerónimo
tomó en este momento la capilla de Hougoumont y parte de los
edificios adyacentes, después de haber batallado inútilmente por
espacio de cinco horas para ser evacuada momentos después, recobrada
de nuevo y abandonada en seguida, sin obtener con esto más
ventaja que pegarle fuego, á costa del aniquilamiento de aquellas
bizarras divisiones. El .Emperador envió orden de propagar el incendio
con obús y redoblar el cañoneo.
Ney reunió las divi iones de Erlon, colocándolas de manera
que pudieran avanzar á la meseta prontamente; se puso al frente
de la división Donzelot, y principió la carga contra el Haya Santa.
Con violencia y coraje formidables lo atacaron todo; echaron
abajo la puerta, y á sangre y fuego de trozaron el batallón alemán
que la defendía; pues de quinientos hombres que eran, sólo cuarenta
lograron salir prófugos. Dos b:1talloncs b:1jaron del camino
de Ohain, en protección de este pequeño re to del desdichado batallón:
N e y lanzó sobre ellos á lo coraceros; á su vista, los dos
batallones formaron do;> cuadros que no pudieron resistir la furiosa
impetuosidad del ataque; los coraceros rompieron el primer cuadro,
le cogieron la bandera y lo acuchillaron; el otro contrarrestó
dos cargas, y ya iba á ceder, cuando los guardias de Somerset le
libraron de correr la misma suerte del primero. Dueño Ney del
Haya Santa, procedió á rehacer las columnas de ataque, un tanto
desorganizadas por las acometidas que acabamos de referir, y las
de Haie y Papelotte, posiciones que fueron con~uistadas después
de heroicos esfuerzos. A las 3 y 30' el cuerpo prusiano de Bülow
atacó con fuego nutrido al del Conde Loubau, quien no contestó
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BOLETÍN MILITAR
hasta que no se encontraron muy cerca unos de otro:,. Loubau
empezó con descargas consecutivas y rápidas, ordenando á la vez
á su primera fila que cargase á la bayoneta, logrando rechazar á
Bülow. Triunfo momentáneo que no sirvió sino para ganar un
poco de tiempo, porque ya empezaban nuevos cuerpos del ejército
prusiano á llegar al lugar de la lucha. Napoleón vio que los prusianos
avanzaban mucho, y que el Conde, á pesar de hacer cuanto
estaba á su alcance por sostenerse en el sitio, empezaba á perder terreno
aunque disputándolo palmo á palmo, porque la superioridad
numérica de su adversario le agobiaba, por lo cu<3l envió en su
auxilio á la división Duchesne, de la guardia, con veinte cañones
tomados de la gran batería: merced á tan oportuno refuerzo pudo
detenerlos, y aun cuando momentos después fue rechazado de nuevo,
continuó la lucha en esta forma hasta las cinco.
Napoleón permaneció en el centro con los quince batallones
restantes de la guardia y toda la reserva de caballería de línea.
Pensaba caer sobre los ingleses como un rayo, en cuanto viese rechazado
el ataque de los prusianos. Eran cerca de las cinco, y
Grouchy, á quien esperaba ansioso, no tardaría en presentarse á
sembrar con su llegada el e3panto en las masas prusianas atacándolas
por retaguardia, contribuyendo al fin á un triunfo brillante y
decisivo.
Ney pidió refuerzos de infantería, pero Napoleón se limitó á
enviarle los coraceros de Milhaud para que con ellos llenara el espacio
vacío que habí:a entre el Haya Santa y Hougoumont, recomendándole
que esperase. sus órdenes, para que fuera simultáneo
el ataque que debía decidir de la batalla. Los coraceros, al ponerse
en movimiento para situarse en el lugar ya citado, pa aron por
delaute de la caballería ligera de la guardia que mandaba LafevreDe
noete , á quien el jefe de los coraceros, e ·trechándole la mano,
le dijo: "voy á cargar, apóyamc::." Lafevre-Desnoetes creyó que
su amigo obedecía al Emperador; siguió su movimiento y se colocó
á u retaguardia. En e te m0mento Napoleón se encaminó á
la derecha, con el fin de dirigir personalmente el ataque contra
los prusianos.
El Duque de W éllington observaba con álgida serenidad los
flujos y reflujos de la liza, y en vista de los movimientos de los
franceses, concentró todas sus tropas sobre su centro y su izquierda,
dando á la vez orden de que ocuparan la derecha los veinte batallones
que había colocado detrás de los puntos de ataque. A caballo,
en medio de sus tropas, las aprestaba para un rudo golpe,
haciendo caso omiso de la mayor parte de la artillería que quedó
sola en el borde de la meseta á causa del movimiento retrógrado
de la infantería.
Ney, dueño del Haya Santa, en presencia de un enemigo que
retrocedía abandonando sus cañones, y con cerca de seis mil caballos,
no pudo esperar más, su impaciencia le devoraba, y resolvió
a tacar con sus jinetes.
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476 BOLETÍN MJLTTAR
Teniendo cerca de sí á la caballería de la guardiJ, en la falda
de una colina, se creyó capaz de pisotear á los ingleses con sus
tropas.
Fue entonces cuando principió aquella sublime carga, once
veces repetí da.
Los jinetes subieron á gran trote la meseta, divididos en tres
columnas, con el sable levantado blandiéndolo en el aire, y produciendo
un ruido espantoso, con el que se mezclaban gritos de
hombres, chasquidos, choques de cascos y de aceros, roncos bufidos,
y el resollar violento de 6,ooo caballos. Aquellos admirables~
asombrosos titanes, semejaban un huracán que hace temblar la
tierra. A pesar de que todo el Estado Mayor aplaudió el brioso
empuje de la caballería, Napoleón lo miró con profundo disgusto,
diciendo: "Se ha anticipado una hon:l,'' y se resignó á tener que
proteger una carga que daba al traste con ~u plan.
Los jinetes siguieron trepando. Aquellos hombres, no lo eran
ya, parecían centauros, transformados por el vértigo en atletas de
la guerra. "Viva el Emperador" gritaban, y entraron en combate.
El choque fue espantoso: masas de cab,dlos en vertiginosa carrera,
se estrellaron contra filas de bayonetas. La parte de la caballería
que atacó la extrema izquierda de los ingleses, descubrió demasiado
tarde, para poder evitarlo, el camino hondo de Ohain, en
el que qut>daron sepultados unos pocos centenares "te jinetes y de
caballos. No obstante, los demá pasaron por sobre ellos. A este
detalle de aquella gran batalla atribuyen algunos, erróneamente, el
resultado finetl de la jornada. Los ingleses no quisieron ceder, y los
franceses anhelaban vencer: de ahí la horrible carnicería que surgió,
dando por resultado formar montones de hombr~s y de caballos;
montones de carne con acero, en donde al caer las cabalgaduras se
hacían acervos de se re y de co~as; Pn donde se proyecta han, de
entre esa masa horripilante, brazos rígidos que aún empuñaban el
sable; en donde el jinete en tierra mordía furioso el jarrete del
corcel tendido que le destrozaba la cara con el casco, haciendo vanos
e fuerzos por levantarse; y en donde la metralla e tallaba, salpicando
á aquellos heroicos lidiadores moribundos con pedazos de
carne, fierro y lodo. Esta soberbia caballería casi destrozó las tropas
de Wéllington: despejó la meseta y atacó la reserva , las que
formaron cuadros por regimientos situando en sus respectivos centros
la artillería. El flanco del cuadro que recibía un ataque, lo
resi tía con ]as bayonetas, y luégo practicaba movimiento de conversión
por mitades, para dar paso á la artillería que vomitaba un
huracán de metralla que diezmaba á los franceses, y se cerraba luégo
con orden y precisión adm1rables.
El grueso de la caballería de la guardia debía seguir á los coraceros
según la orden de N ey, quien vi no á su encuentro, les
habló en terminas vehementes y llenos de convicción, manifestándoles
que eran los llam::tdos á sacar de allí á los pertinaces ingleses.
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1.3(JL ~'TfN M JLI1.'AR 4.71
Invitóles en su arenga á arrojarse contra el enemigo, y queriendo
dar el ejemplo, lanzóse como un león sobre los cuadros.
Esos hombres tántas veces triunfantes, in que nada hubiera ido
irrefragable para ellos, partieron á escape en pos de Ney. El Emperador,
previendo con su inimitable y sutil penetración que aquello
no tendría más resultado que privarlo, de pojarlo de su caballería,
arma final de sus batallas,-envió al gran Mariscal Bertrand
á detenerlos, pero por más que éste corrió no pudo alcanzarlos,y
diez mil caballo:: se precipitaron de nuevo sobre el ejército británico.
Esta terrible carga arrolló varios de sus cuadros, y la caballería
tomó 6o piezas de artillería y tres banderas. Pudo haber
decidido la batalla esa formidable e m besticia, pero Napoleón cometió
el error de no apoyarla con la infantería, y no pudo, en consecuencia,
conservarse en el terreno tan heroicamente conquistado,
ni desarraigar á aquel ejército fuertemente plantado allí. Si á la
~uardia joven se le hubiera hecho concurrir á continuar el ataque
con nuevas y vigorosas arr~metidas, en verdad que la victoria la
hubieran alcanzado las armas francesas, pero estos cuerpos se encontraban
abajo, á la derecha de Plachenois. Los regimientos de
Lord Elxbridge atacaron como leones á las caballerías de Ney,
pero se vieron precisados á retirarse, casi deshechos, para rehacerse.
El Mariscal Ney pidió al Emperador refuerzos de infantería,
pero este, dudando rnucho del buen resultado de aquella irreflexiva
carga, los negó porque temía que fueran tan 1-.>camente empleados
como las caballería . Pero si apoleón hubiera podido ver lo que
pasaba en la meseta, de ~eguro ordena cargar sobre ella á todas la
tropas de que disponía.
Vi .ndo Ney que no 11egaba el refuerzo de infantería que le
idió al Emper<1dor para proteger sus cargas ofreciéndole vencer
eon él si se lo enviaba, y mal podía llegar, puesto que la contestación
que recibió de apoleón fue ésta: "¿Infantería? ... ¿quiere
que yo la fabrique ? , " quiso suplir esta falta redoblando su valor,
y resolvió emprender la novena carga, diciendo: "Si no basta un
Ney, alla van seis." Se le vi partir, llegar, chocar con el cuadro
más avanzado, segar cabezas y desaparecer entre el humo. Pero
todo fue en vano, aun cuando hizo más de lo imaginable, era imposible
aniquilar tropas tres veces mayores que las suyas. Enton-
ces ideó un nuevo método de ataque: cargar con unos mientras
descansaban los otros; e:Ie esta manera obtendría una carga continua.
Principió con los coraceros. Po~o tardó en empezarse á ver
los benéfico resultados de esta idea, cuando llegaron los pru ianos
desembocando por todas part~s; dos cuerpos por Saint-Lambcrt y
uno por Ohain. 7 s,ooo prusianos vinieron á reforzar á los 7 s,ooo
ingleses de W éllington. Eran las seis y media de la tarde. El
Conde de Loubau, en medio de sus soldados, hacía cuanto estaba á
su alcance para retardar lo más posible la retirada que se vio obligado
á ejecutar por la enorme diferencia numérica de sus tropas
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BOLETÍN MILITAR
con las del enemigo: ya lanzaba las caballerías de Domon y de
Suberboie sobre los escuadrones del Príncipe Guillermo; ya su infantería
cargaba á la bayoneta á la infantería de Losthin que atacaba
su izquierda; ya á la d~ Hiller que invadía su derecha. Ciento
cincuenta mil hombres atacaron con furor á los restos del ejército
frances. La vieja guardia era la única fuerza con que contaba
Napoleón, quien, lejos de renunciar á la victoria, se puso á la cabeza
de aquellos pocos hombres, y se lanzó sobre el centro de los
ingleses ; una descarga de artillería rompió por cien partes aquel
puñado de héroes, y la línea de sus gorras de pelo continuó adelantando.
Las caballerías prusianas también los atacan ; ellos resisten,
pero, no habiendo tenido tiempo de formar cuadros, son
:iisueltos, y retrocedieron por primera y última vez, para reorganizarse
y formar los cuadros más abajo, en donde fueron cargados
ain cesar.
Ney, con c:l rostro cubierto de sangre, y salpicado de lodo; sudoroso,
agitado; con el antes correcto uniforme desgarrado á balazos;
pendiendo de uno de sus hombros un pedazo de charretera cortada
de un sablazo; con su espada rota; sin tricornio, y con la mirada
centellante y terrible, procuraba, andando aquí y allá, reunir tropas
para atacar la caballería prusiana. De repente, comprendiendo
que todo era ya inútil, se le ve, á la cabeza de 200 jinetes, partir
como ariete formidable en busca de la muerte, gritándole á sus
compañeros: "¡ Veníd á ver cómo muere un Mariscal del Imperio
! "
Inconcebible parece que ante esos 200 bravos, los prusianos
retrocedieran ; pero luégo, avergonzados, vuelven á la carga, trabándose
una lucha formidable ; y á Ney, allí donde había más
enemigo , se le veía aparecer y desaparecer con su espada vibrante
como una lengua de serpiente: buscaba la muerte, pero quería
matar sin tregua; y la muerte huía de el, y parecía que las balas
se apartaban á su paso.
Los ingleses, habiendo rechazado los ataques, y sintiéndose
reforzados en estos momentos por todo el ejército prusiano, cerca
de las ocho* comenzaron una acción general ; dejaron sus atrincheramientos,
y pa aran de la defensiva á la ofensiva. Tomaron
el Haya Santa y á Pappelot, tras una carnicería horripilante, después
de la cual se declaró la derrota en los franceses, que fueron luégo
acosados, perseguidos por todas partes á pesar de la oscuridad
de la noche. Los resto~ del primer cuerpo, desordenados, se dispersaron
; y el segundo, que se retiraba en algún orden por la
izquierda del camino real, fue á su vez dispersado por la caballería
pru .,ia na; el sexto y la nueva guardia lo fueron en Plachenois.
Las caballerías yacían tranquilas al lado de sus irreconciliabl
es enemigos, en la meseta del monte de San Juan.
En Bélgica, por los meses de Junio y Julio, anochece á las 9 p. m.
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BOLETÍN MlLIT.AR
Algunos cuadros de la guardia, inmóviles en medio de las
borrascas de aquella espantable derrota, como las rocas en el agua
que rebota sobre ellas, se mantuvieron firmes hasta el anochecer.
Llegada la noche, y con ella también la muerte, esperaron esta
doble sombra, é inmóviles, dejáronse envolver por ella. Abandonados
allí, vencidos, terribles, aquellos cuadros sombríos agonizaban
de un modo formidable: Ulm, Wagram, Jena, Friedland,
morían con ellos.
A la hora del crepúsculo, á eso de las nueve, quedaba todavía
uno al pie de la meseta del monte de San Juan. En aquel vaiJe
funesto, junto á aquella cuesta que subieron los c01aceros, inundada
ahora por las masas inglesas, bajo los fuegos convergentes
de la artillería enemiga victoriosa, blanco de una formidable tromba
de proyectiles, luchaba aún aquel cuadro que mandaba un
oscuro oficial llamado Cambronne. A cada descarga disminuía el
cuadro, sin dejar de resl-'onder. Replicaba á la metralla con sus
fuegos de fusilería, estrechando continuamente sus caras. Los
fugitivos, deteniéndose por momentos á cobrar respiración, escuchaban
de lejos, en las tinieblas, aquellos truenos so m bríos que
iban decreciendo sin cesar. Cuando aquella legión no era más
que un pui1ado de hombres; cuando su bandera no fue sino un
arambel; cuando sus fusiles, careciendo de balas, no eran sino meros
garrotes; cuando el montón de cadáveres fue mayor que el
grupo de vivos, hubo entre los vencedores una especie de terror
· sagrado en presencia de aquellos moribundos sublimes, y la artillería
inglesa, recobrando alientos, guardó silencio. Aquello fue
una especie de tregua. Aquellos combatientes tenían en derredor
suyo como un hormiguero de espectros, de sombras, hombres
á caballo, los negros lineamientos de los cañone , la blancura del
cielo vista al través de las ruedas de las cureña~; la colosal cabeza
de muerto que los heroes perciben entre el humo, en el fondo de
la batalla, avanzaba hacia dios y los miraba. Entonces pudieron
oír en la sombra, que cargaban las piezas; las mechas encendidas,
semejantes á ojos de tigre vi tos en la noche, describieron un círculo
alrededor de sus cabezas; todos los botafuegos de las baterías inglesas
se aproximaron á los caí1ones, y entonces compadecido, teniendo
el instante supremo 3uspe-ndido sobre las cabezas de aquellos
hombres, un General inglés, Colville, según unos, Maitland
según otros, les grito: Rend10s, bravos franceses! Cambronne
respondió: Mierda/ Otros afirman que agregó: "La guardia
muere pero no se rinde." ¿ ron unció ciertamente esta frase su blime,
aunque un poco teatral, ó, como lo dice V 1ctor Hugo, e
contentó con una palabra de seis letras, humillante y terrible para
el enemigo vencedor, una palabra de soldado, verdaderamente heroica
en su desdeñosa grosería? N o lo sabemos, pero lo cierto es
que aquella grandiosa contestación que fulmina y execra, fue respondida
con una descarga de artillería, y á cañonazos se demolió
glorioso el cuadro de la guardia.
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80 .BOLE'l'ÍN l11Ll'l'J1R
Cambronne no murió.
La caballería prusiana, viéndose victoriosa á tan poca costa,
arremetió á los fugitivos persiguiendolos, hostigándolos hasta larga
distancia.
Así cayó Napoleón.
El Mariscal Grouchy, terco y obcecado como nadie, había
continuado su inconcebible marcha á Wavre. Eran las doce y
media cuando llegó á Nil Saín-Vicente, desde donde podía dirigirse
á cruzar el Dile por el puente de Moustier, que por una
imprevisión, dichosa para los franceses, no había guardado el enemigo.
Si el Mariscal, entrando en razón, hubiera atravesado este
puente, habría llegado á Maransart, situado en frente de Plachenois,
en el mismo borde del barranco en donde se batía Loubau
.::on Bulon. Si hubiera efectuado este movimiento tan sencillo
como indicado, habría podido atacar á los prusianos por retaguardia,
haciéndolos precipitar en el barranco, donde los hubiera destruído,
toda vez que para salir de allí tendrían precisamente que
1epasar los bosques, en donde tánto trabajo les cost6 penetrar.
Pero Grouchy quería llegar á Wavre á despecho de todo, consiguiéndolo
á la~ 4 de la tarde. Allí encontró el cuerpo de Thielman,
fuerte de 25,000 hombres, en posesión de la ribera izquierda
fiel Dile; lo atacó y forzó el paso: acontecimiento de ninguna
importa.ncia, que costó mucha sangre inútilmente vertida, en los
momentos en que en Waterloo se decidía la suerte de la campaña.
El infortunado Mariscal, lejos de comprender que con su obstinación
ponía fin al vuelo de las águilas francesas, quizás cansadas
de cernirse victoriosas sobre tántos campos de batalla, creyó
cumplir con !o ordenado. ¿Hubo traición de parte de Grouchy?
~Fue difidente al Emperador ? No Jo creemos; tan sólo le faltó
astucia de soldado, perspicacia militar para haber comprendido
que el grueso del ejél ·ito prusiano marchaba á proteger á Wellington,
mientras él pertinazmente se empeñaba en perseguirlo,
en vez de interrumpirle la marcha atacándolo de flanco.
Militar subordinado, temió comprometer el plan general,
tomando una resolución atrevida, y prefirió ceñirse á lo que él
reía le habían ordenado la víspera.
ARTURO ACEBEDO V.
Capitán efectivo uel Ejército
IMPRENTA NACIONAL
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Citación recomendada (normas APA)
"Boletín Militar: órgano del Ministerio de Guerra y del Ejército - Año III N. 126", -:-, 1899. Consultado en línea en la Biblioteca Digital de Bogotá (https://www.bibliotecadigitaldebogota.gov.co/resources/3691043/), el día 2026-03-07.
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